La Monarquía, centro del establisment español

25 mayo, 2013

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 11 de abril de 2013

Este artículo señala la posición fundamental que la Monarquía juega en el mantenimiento y reproducción de las instituciones del Estado español que se caracterizan por su enorme insuficiencia democrática. El artículo también critica a Paul Preston por su idealización de la figura del Rey y de la Monarquía en España que contrasta con su demonización del dirigente comunista Carrillo.

Hoy estamos viendo en España, incluyendo en Catalunya, la crisis más profunda que haya existido desde el momento de la Transición, crisis que no es sólo financiera y económica, sino también política. La crisis de legitimidad del sistema representativo es profunda, como muestran varios indicadores, siendo el más significativo el elevado acuerdo existente entre la población con el eslogan, enunciado inicialmente por el movimiento 15-M, de que los políticos que nos gobiernan y constituyen la clase política gobernante “no nos representan”. Tal pérdida de apoyo popular y cuestionamiento de su legitimidad, incluye desde la Corona y el Congreso de los Diputados hasta los distintos componentes del Estado español, sea éste central, autonómico o local. Contribuyendo a esta situación, existe la protesta ciudadana, resultado de una mayor y creciente exigencia democrática y consecuente rechazo a la corrupción, que se percibe que está generalizada entre la clase política gobernante- Tal rechazo está bien definido en el eslogan, también del movimiento 15-M, que indica que “no hay pan para tanto chorizo”. Tal percepción de la existencia de corrupción es extensa y afecta a todas las instituciones del Estado, desde la Corona hasta los distintos niveles de la administración pública, percepción de corrupción que es incluso más acentuada en el mundo financiero y gran empresarial, cuya excesiva influencia sobre la clase política es una de las causas de la baja calidad de la democracia española. Un indicador de tal influencia son las políticas de austeridad, con recortes de derechos sociales y laborales, impuestas a la población, tanto por el gobierno conservador español, como por el gobierno conservador catalán, políticas que no tienen ningún apoyo ni mandato popular, pues no estaban en las propuestas y programas electorales de los partidos gobernantes.

La Transición inmodélica, causa de la enorme crisis política. 

1. La limitada democracia española, que se expresa en las limitadísimas oportunidades que tiene la ciudadanía en la gobernanza del país (limitándose a votar cada cuatro años) y en sistemas electorales escasamente representativos (muy poco proporcionales), es fruto del enorme dominio que las fuerzas ultraconservadoras tenían sobre el aparato del Estado y sobre los medios de información y persuasión en el momento de la transición de la Dictadura a la Democracia.

2. Tal proceso fue profundamente inmodélico, pues fue resultado de un enorme desequilibrio de las fuerzas políticas en aquel proceso. La nomenclatura procedente del Estado dictatorial (que controlaba todas las ramas del Estado, desde el ejecutivo al legislativo, así como el judicial, policial y fuerzas armadas) era enormemente fuerte, y su cúspide era la Monarquía, máxima autoridad en todas las ramas del Estado. Las izquierdas (que habían liderado el movimiento democrático) por el contrario, eran débiles y no pudieron canalizar la enorme protesta popular que había forzado el fin de la dictadura. Tales fuerzas políticas acababan de salir de prisión y/o habían vuelto del exilio. La enorme represión del régimen dictatorial (por cada asesinato político cometido por Mussolini, la dictadura de Franco cometió 10.000) había debilitado tales partidos políticos hasta entonces clandestinos.

3. Hablar de que la Transición fue resultado de un consenso entre los herederos de los vencedores y los herederos de los vencidos de la Guerra Civil, como Santos Juliá, Javier Pradera y gran número de intelectuales del establishment mediático español han presentado aquel proceso es una exagerada idealización de aquella Transición. El primer objetivo de las izquierdas fue que se permitiera su existencia, aún cuando ello fuera en situación de desventaja, como así fue. Hablar de consenso entre los herederos de los vencedores y los herederos de los vencidos, cuando los primeros lo tenían prácticamente todo y los segundos casi nada, es abusar del término “consenso”.

4. La Constitución fue fruto de este desequilibrio. Los mismos autores que promovieron la definición de aquella Transición como modélica, defendieron aquella Constitución como ejemplar, “siendo una de las más avanzadas de las hoy existentes en Europa”, tal como Santos Juliá la definió. En realidad, tal documento se caracterizó por su insensibilidad social y su inhabilidad en reconocer el carácter plurinacional del Estado español. Como consecuencia, España continúa hoy, tras más de treinta años en esta democracia, con uno de los gastos públicos sociales por habitante más bajos de la Unión Europea de los Quince, y sin todavía haber admitido que Catalunya, por ejemplo, es una nación. El “café para todos” es un producto de esta Constitución. Y el Tribunal Constitucional es un fruto de tal Constitución y del proceso inmodélico que la creó.

5. La Transición significó una apertura del Estado, heredado de la dictadura, altamente desequilibrado, permitiendo la entrada de las izquierdas y otras fuerzas democráticas en su seno, pero dentro de un contexto en el que las fuerzas conservadoras tenían una influencia desmesurada en los aparatos del Estado (tanto a nivel central como autonómico) y en el que los grupos fácticos, como la banca y la gran patronal, continuaron teniendo un enorme dominio en la vida política del país. Acaba de publicarse un libro Oligarquía financiera y poder político en España, escrito por un ex banquero, Manuel Puerto Ducet, que a pesar de sus obvias limitaciones (presenta al presidente de la compañía Abertis como un empresario ejemplar –la compañía Abertis debe su supuesto éxito empresarial precisamente a sus conexiones políticas con los gobiernos conservadores que han dominado la vida política de Catalunya desde el inicio de la democracia-) contiene información que, como el autor señala, muestra como los vencedores de la Guerra Civil y la nomenclatura del régimen dictatorial continúan controlando el capital financiero de este país. Lo que la Transición significó fue la abertura de tal sistema a las izquierdas, con la incorporación de personalidades de las izquierdas gobernantes en un entramado financiero-empresarial-político que constituye el establishment español (incluyendo el catalán) y  que controla la vida política y también mediática del país.

6. El poder de tal establishment se mantiene predominantemente a través de tres tipos de intervenciones. La primera es el enorme control de los medios de información y persuasión, tanto públicos como privados, con clara marginación y discriminación hacia las izquierdas (lo que ocurre tanto en España como en Catalunya). Esta enorme represión ideológica es un indicador de su enorme inseguridad. Hoy España (incluyendo Catalunya) es el país de la Unión Europea con menor pluralidad ideológica en sus medios, sin prácticamente medios de izquierda. El establishment español, incluyendo el catalán, es consciente de que se asienta sobre un volcán potencial, pues las encuestas muestran que la población española y catalana está más a la izquierda que el establishment, siendo también el país en la Unión Europea en el que su población está menos satisfecha con sus instituciones llamadas representativas, tanto las españolas (incluyendo las catalanas) como las europeas. De ahí el enorme temor y represión a voces de izquierdas, pues saben que el potencial de movilización es muy elevado.

El segundo tipo de intervenciones es la represión económica, creando gran inseguridad entre las clases populares, lo cual consiguen a través del aumento del desempleo (que crea inseguridad y temor en toda la población) y el descenso de la protección social.

Y el tercer tipo de intervención es la represión física y policial que ha aumentado con el gobierno PP. España tiene el mayor número de policías y el menor número de personas adultas por 10.000 habitantes trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar de los países de la Unión Europea de los Quince.

7. La Monarquía es el centro del establishment y es el que le da garantías de seguridad. Todos los mecanismos de información de mayor difusión se movilizan para crear una popularidad de los miembros de la Corona, comenzando por el Rey, (desde la imagen errónea de que el Monarca haya sido el que ha traído la democracia a España, a su supuesta accesibilidad y campechanía. En realidad, gran número de personajes, incluso progresistas, ha sucumbido a esta percepción, siendo el caso más extremo el de Paul Preston en su libro Juan Carlos. Un Rey del Pueblo. Tal libro es de un oportunismo denunciable, pues idealiza la imagen del Rey sin percibirse que la Monarquía es el centro del establishment español responsable de las enormes limitaciones de la democracia española. Es incoherente en extremo denunciar, como hace Preston, el silencio sobre los desaparecidos o “la corrupción masiva que hay en España, herencia del franquismo” (entrevista a Paul Preston en La Vanguardia 06.04.13) y a la vez alabar al Rey y a la Monarquía que ha contribuido en gran manera al silencio sobre el pasado y a que tal corrupción exista en España. Y no me estoy refiriendo sólo a los miembros de su familia real, sino a todo el sistema de corrupción heredado del dominio ultraconservador sobre los aparatos del Estado. Tal generosidad con el Rey contrasta, por cierto, con la dureza de Paul Preston en su libro sobre Santiago Carrillo, Zorro Rojo. Conocí a Santiago Carrillo, con el cual tuve desacuerdos, así como acuerdos. Pero me desagrada en extremo el oportunismo de Paul Preston, que aparece de nuevo ahora al escribir tal libro, sólo unas semanas después de su muerte, acusando a tal dirigente comunista de ser ambicioso en extremo, y de haber alcanzado su deseada prominencia a base de sacrificar a sus colaboradores. ¿No cree Preston que el Rey fue enormemente ambicioso, sacrificando a amigos y colaboradores en su deseo de retener el trono, a costa de fuera quien fuera, incluyendo a su padre? El contraste como Paul Preston trata al Monarca, idealizándolo, con la manera como analiza al dirigente comunista Carrillo, demonizándolo, es signo, además de oportunismo (en sus formas y calendario), de falta de coherencia y rigor. Paul Preston debería haber sido más riguroso y exigente en su análisis del contexto político que determinó la existencia de la Monarquía en España y el papel central que tal institución juega en la reproducción de las enormes limitaciones que tiene la democracia española.

Existe hoy un intento muy visible mediáticamente de evitar el desprestigio total de la institución monárquica, aupando la figura del Príncipe Felipe para que pueda sustituir al Monarca actual. Los medios de mayor difusión están trabajando cuarenta y ocho horas al día para promover tal figura, pues son conscientes de la centralidad que el Rey (que, según la Constitución, es el jefe de las Fuerzas Armadas) y la Monarquía, juegan en el entramado de poder que gobierna nuestro país. Su desaparición significaría el inicio de la pérdida de tal entramado. De ahí la enorme preocupación por su posible disolución.

Delaciones muy cristianas

24 mayo, 2013
Fuente: EL PAÍS SEMANAL
 27 MAR 2013 – 00:00
 

SONIA PULIDO

Hace unas semanas me refería de pasada a las portadas –nada menos– y reportajes y artículos que les habían caído, en la prensa más secuaz del Gobierno, a Maribel Verdú y a la demás gente de cine que en la gala de los premios Goya se atrevieron a hacer alguna crítica a la innegablemente desastrosa situación económica, en la que sobre todo están padeciendo las clases pobres y medias y de la que es muy responsable ese Gobierno. Con una puerilidad ridícula, sólo comparable a su mala fe –sólo que ésta casi nunca es ridícula–, dicha prensa vino a defender esta tesis anticuada y grotesca: “Si ganas dinero y posees alguna propiedad, si te va bien y vives bien, no tienes derecho a meterte con el capitalismo; menos aún a censurar las injusticias de los políticos al servicio de ese sistema; ni siquiera a afearles que hayan incumplido todas sus promesas electorales, favorecido los desahucios a menudo abusivos e inmisericordes, subido todos los impuestos y bajado los sueldos de los funcionarios, recortado brutalmente en educación, investigación, sanidad y cultura, y además se nieguen a dar explicaciones sobre los graves indicios de corrupción y financiación ilegal que pesan sobre su partido; ni siquiera tienes derecho a llamar la atención sobre la desgracia a que están abocadas muchas personas”.

Esta prensa, mucha de ella “profundamente religiosa y católica”, se delata a sí misma con el anterior razonamiento, ya que lo que viene a decir es también esto: “Hay que ahondar la separación entre ricos y pobres. Si uno es lo primero, tiene que desentenderse de los segundos, ahí se pudran, y cerrar filas con todos los ricos, a los que pertenece. Está obligado a apoyar la exclusión de los desfavorecidos y torpes, o su marginación, o su hundimiento. Ha de estar a favor de la banca, de los grandes empresarios y de los políticos que los protegen”. Para esos periodistas, no existen diferencias respecto a la forma de haber hecho fortuna. Y sin embargo no es lo mismo haberla hecho con el propio trabajo o con la propia suerte, sin robar, engañar, estafar, explotar ni corromper a nadie, que haberla conseguido gracias al esfuerzo ajeno, a la especulación, a la usura, al aprovechamiento de los apuros de otros, al latrocinio, al enchufe o al amiguismo. Con esto no quiero decir que todos los bancos y los grandes empresarios se hayan dedicado a eso. En absoluto. Pero sí que difícilmente los actores, músicos, escritores, pintores y artistas en general han podido incurrir en nada de ello. No es tan improbable en el caso de productores, editores, etc. Pero lo que son los “creadores” –como se los llama cursimente–, lo tienen casi imposible. Si a una actriz se le paga un gran sueldo, es porque los espectadores han decidido que les gusta ir a verla en masa, y no les quepa duda de que quien le ofrece ese salario sabe que va a enjugar el gasto y además a obtener beneficios. Lo mismo ocurre con el cantante cuyas canciones se escuchan o con el escritor cuyas novelas se leen. Estos últimos suelen percibir sólo el 10% de lo que al comprador le cuesta su libro, y el resto va al editor (que ha arriesgado su dinero), al distribuidor y al librero. Es mucha la gente que depende de que un “creador” de éxito “cree” algo nuevo … y le vuelva a sonreír la suerte, que jamás está garantizada.

En el diario católico por excelencia, veo un reportaje titulado “El capitalismo sienta bien a los actores más críticos”, en el que, a lo largo de tres páginas enteras, se detalla, en plan denuncia McCarthista, lo que éstos poseen, con algunos datos que deben de ser privados y provenir, por tanto, de un informante de Hacienda. ¡Y vean qué escándalo! La actriz A tiene un apartamento de 50 metros en su localidad natal y un piso de 90 en Madrid, cómo osa criticar nada. La actriz B, que se refirió a los desahucios, hizo hace años un anuncio de hipotecas (¿es que todas son engañosas?) y es propietaria de tres o cuatro pisos, alguno junto con sus hermanas, qué canallada. Y su marido es productor de éxito, menuda infamia. El cómico C, “que todo lo critica”, se compró “un unifamiliar” con una hipoteca de La Caixa, como si no hubieran recurrido a ellas todos los españoles –incluso los banqueros más acaudalados– que han adquirido una casa. Y así uno por uno de los que se atrevieron a alzar la voz en los Goya. El lector manipulable, e ingenuo, el fanático o el meramente idiota, exclamará: “Qué pandilla de cínicos”. Y el reportaje-delación contribuirá a que quien las está pasando canutas se cabree con los actores por tener éstos dinero … todavía. No se parará a pensar en que lo han ganado honradamente y sin abusar de nadie.

Vivimos en un sistema capitalista (ahora muy salvaje y despiadado), lo hemos elegido o nos lo han servido, tanto da. No nos queda más remedio que adecuarnos a él, pero eso no nos impide preocuparnos por los demás, procurar que no se los esquilme ni engañe, que no se los saquee ni se los arroje a la indigencia, independientemente de nuestra particular fortuna. Es lo que el catolicismo ha dicho predicar siempre. Algunos de los periódicos más beatos y papistas, sin embargo, se indignan porque los agraciados no se olviden de los desdichados y despojados, y presentan a aquéllos como poco menos que a bandidos. ¡Tienen pisos y empresas, fíjense, qué sinvergüenzas! Eso se llama, en efecto, espíritu cristiano.

elpaissemanal@elpais.es

A esa tierra la llamó Florida

23 mayo, 2013

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

 31 MAR 2013 – 00:00

Como no podía ser de otra forma, Ponce de León murió a consecuencia de un flechazo indígena en 1521. En este óleo de Thomas Moran se narra su encuentro con los nativos de Florida en 1513. / ALBUM / PHOTOAISA

¿Sabía que la bandera de España ha ondeado en el territorio que hoy es Estados Unidos durante 308 años frente a los 237 de la enseña de las barras y estrellas? Los tres siglos de presencia española en Norteamérica fueron una aventura tan extraordinaria como desconocida.

Centrémonos, obviando Canadá y México, en la tierra que hoy ocupa EE UU. La historia europea del hoy país más poderoso del mundo empezó cuando Juan Ponce de León llegó el 27 de marzo de 1513, hace 500 años, a las costas de una península que llamó Florida por la frescura de su vegetación y porque, como hoy, era Domingo de Resurrección, Día de la Pascua Florida.

Ponce fue el descubridor oficial de Florida, pero hoy sabemos que cuando él y sus hombres pisaron tierra, después de ser recibidos a flechazo limpio por los indios, encontraron al menos a uno de ellos que chapurreaba el español. Se cree que hubo una partida de españoles que recorrió aquella tierra (¿1499?) en busca de esclavos.

Repasemos la vida y milagros de Ponce antes de acercarnos a la asombrosa huella de España en Estados Unidos. En sus Mitos y utopías del Descubrimiento, el profesor Juan Gil, miembro de la Real Academia Española, dice que, según el cronista de Indias Gonzalo Fernández de Oviedo, Ponce nació “hacia 1474”. Otros autores apuntan a 1460. Su lugar de nacimiento pudo ser Santervás de Campos (Valladolid) o San Servos (León). Guerreó en la Reconquista hasta que, en 1493, pasó a Indias. Ayudó primero a colonizar La Española y en 1508 conquistó la isla de Borinquen, hoy Puerto Rico, de la que fue gobernador.

En 1513 pone proa a la misteriosa isla de Bimini, pero llega a la costa de Florida. Bordea sus cayos y es el primero en enfrentarse a la corriente del Golfo, clave para la navegación en los siglos venideros. Ponce no busca la fuente de la juventud. Esta fábula, como las siete ciudades de Cíbola, hechas de oro, venía de atrás. Hubo aventureros que hablaban de baños relajantes en una isla paradisíaca, llena de árboles, flores y mujeres, por supuesto desnudas. El de 1521 fue su último viaje. Los indios volvieron a recibirlo con el arco presto. Herido de un flechazo, regresó a Cuba para morir en La Habana a los 61 años. Su tumba está en la catedral de San Juan de Puerto Rico.

Ponce fue el descubridor oficial de Florida, pero no el primero en llegar. Cristóbal Colón también descubrió oficialmente América en 1492. Pero tampoco fue el primero. Según el historiador estadounidense David J. Weber, hubo exploradores asiáticos que llegaron por el estrecho de Bering. Y grupos nórdicos que se instalaron hacia el año 1000 en Terranova.

Retrato de Ponce de León como “descubridor de la Florida”, el primer español y europeo que pisó tierra norteamericana de forma oficial. /ORONOZ / PHOTOAISA

Es verdad que españoles fueron los primeros europeos en toparse con el impresionante río Misisipi (río Espíritu Santo, lo llamaron), si bien en aquel momento no estaba Hernando de Soto, como siempre se ha escrito, sino uno de sus hombres, Álvarez de Pineda. El descomunal Gran Cañón del Colorado (Arizona) también fue descubierto por españoles, aunque entre aquellos no figuraba Francisco Vázquez de Coronado, de quien se ha dicho que fue el primero en verlo: fue una partida que él envió bajo el mando de García López de Cárdenas.

San Agustín, en Florida, es la primera ciudad permanente de EE UU. Fundada por Pedro Menéndez de Avilés en el año 1565, en su impresionante castillo de San Marcos aún ondea la Cruz de San Andrés o Cruz de Borgoña, bandera de España en el siglo XVI.

Al rebuscar en la historia nos encontramos con tres asentamientos que, aunque no prosperaron, son anteriores a San Agustín: San Miguel de Guadalupe (1526), Santa María de Filipino (1559) y Santa Elena (1560), sobre la que Weber dice que sus restos estuvieron hasta finales de 1990 “¡bajo el hoyo ocho del campo de golf de los marines estacionados en Parris Island, en Carolina del Sur!”.

La investigadora María Antonia Sainz Sastre (La Florida en el siglo XVI. Exploración y colonización; Fundación Mapfre) sostiene que Menéndez de Avilés “lleva consigo al primer negro libre en la historia de Norteamérica, Juan Garrido”, y que “dispuso de tanta confianza de Felipe II que este le ofreció en 1574 comandar una gran armada para luchar contra los herejes en Flandes y donde fuera necesario”. Pero el conquistador murió aquel mismo año de tabardillo, una especie de tifus.

San Agustín desmiente que el Thanksgiving Day, la gran fiesta familiar estado­unidense, proceda de la primera comida de acción de gracias que hicieron los pioneros ingleses en Plymouth en 1621, al año de bajarse del Mayflower. Según el historiador de Florida Michael Gannon, la primera misa, celebrada por el padre Francisco López de Mendoza, y la primera comida de acción de gracias fueron en San Agustín, donde los españoles comulgaron y compartieron sus alimentos con los indios. Fue en 1564, 57 años antes del Thanksgiving Day.

La gesta española empieza en Florida y se extiende por el territorio. California, por ejemplo, le debe mucho al conquistador catalán Gaspar de Portolá y a fray Junípero Serra. El primero, desde los presidios (fortalezas militares), y el segundo, desde sus misiones. Ahí tenemos San Francisco, Los Ángeles o San Diego. Todo empezó con el apoyo de tres grandes hombres: el rey Carlos III, el conde de Aranda y el ministro de Indias José de Gálvez.

Gálvez es apellido respetado en EE UU. Más que nada por el sobrino de José, Bernardo de Gálvez. Al general Washington le hubiera costado ganar la Guerra de Independencia contra los ingleses (1775-1783) si no hubiera sido por la campaña de este joven brigadier en 1779. España apoyó a los americanos contra una Inglaterra dispuesta a devolver Gibraltar si se mantenía neutral. Según el profesor José Manuel Pérez Prendes, “este dato, que aún hoy sorprende, está recogido en documentos oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores del año 1966”.

La intervención de Gálvez y su flotilla fue crucial para los patriotas: despejó el puerto de Nueva Orleans y tomó la mayor base inglesa en el sur, Pensacola. Atravesó la bahía de Mobile bajo el fuego cruzado de los cañones enemigos. Lo hizo solo. Nadie más se atrevió. Por eso Carlos III le permitiría más tarde llevar el lema “Yo solo” en su escudo de armas. La ciudad de Galveston, en Tejas, lleva su nombre.

El menorquín Jorge Farragut también luchó en aquella guerra. Acabó de comandante del Ejército americano. Y de tal palo, tal astilla. Su hijo David Farragut, ya nacido en EE UU, tuvo un papel extraordinario en la guerra civil (1861-1865) al lado de la Unión, presidida por Abraham Lincoln, cuando arrebató Mobile Bay y Nueva Orleans a los confederados. Como Gálvez antes, cruzó en barco la bahía mientras bramaba: “¡Al carajo los torpedos! ¡A toda máquina!”. David Farragut, de sangre española, fue, nada menos, el primer almirante de la Armada de Estados Unidos.

Mapa de Florida de 1570 perteneciente al ‘Theatrum Orbis Terrarum’, considerado el primer atlas moderno. / ALBUM /ORONOZ / PHOTOAISA

Por cierto: cuando George Washington jura su cargo como primer presidente de EE UU (Nueva York, 30 de abril de 1789), en la ceremonia, muy bien sentado, está el embajador de España, Diego de Gardoqui.

Curiosa historia la del dólar. Se llamó Spanish dollar. Aún lleva en su signo las dos columnas de Hércules. Según Pérez Prendes, la moneda es de origen mexicano: al ocupar parte del territorio de la Nueva España, los gringos exigieron a sus habitantes un peso como tributo. A este impuesto los lugareños lo llamaron “un dolor”.

Y qué decir del ‘cowboy’ americano, que no es sino un trasunto descarado del vaquero español desde el sombrero del jinete hasta las pezuñas del caballo. Como españoles eran el pastoreo, la trashumancia y el propio ganado: vacas, ovejas o cerdos llevados a América desde las marismas del Guadalquivir. Abramos un diccionario inglés: buckaroo (vaquero), sombreroSpanish saddle (silla de montar), lasso (lazo),bronc (bronco), mustang (mesteño), cinch (cincha), chaps (chaparreras), lariat (la ­reata), hackamore (jáquima, cabestro). Por no hablar de corral, hacienda, plaza o siesta.

¿Le sorprende que un pionero americano como Daniel Boone (1734-1820) adoptara la nacionalidad española y fuera nombrado por un gobernador español comandante de un distrito de Misuri?

Volvamos al principio: la bandera española se plantó en Florida en 1513 y se arrió en 1821, 308 años más tarde, aunque la inmensa mayoría de los americanos cree que todo empezó con la colonia de Jamestown (Virginia) en 1607. Olvidan que los jesuitas establecieron allí sus misiones 37 años antes. No es extraño: la, por otra parte, magnífica Enciclopedia Británica, en su entrada sobre la historia de EE UU (Global Edition, 2009), despacha a Ponce con una línea; dedica un párrafo a Hernando de Soto y un tercero, compartido, a Menéndez de Avilés y Coronado. Reconoce como españolas San Agustín y Santa Fe (de Los Ángeles o San Francisco, ni pío), y remata el brevísimo texto con una frase que produce sonrojo: “Pese a estos comienzos, los españoles tuvieron poco que ver con el desarrollo inicial de los Estados Unidos”.

Dicen los americanos que España fue al Nuevo Mundo buscando “tres ges” (God, gold and glory: Dios, oro y gloria). No está mal visto. Pero si conocieran a fondo sus orígenes europeos, a lo mejor se daban cuenta de que el famoso “sueño americano” empezó siendo un sueño español.

Monarquía o República

22 mayo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

 6 ABR 2013 – 16:49
 
No resulta fácil ofrecer una visión general de la sociedad española, de esta larga crisis, de los límites de la democracia y de la decadencia del sistema de representación política. Parecemos un país moribundo, con menos riqueza y poder de lo que presumíamos, con corrupción y mala administración, sin instituciones en las que confiar. Como si de una vieja historia se tratara, repetida ya otras veces a lo largo del siglo XX, hemos pasado del triunfalismo al desengaño. Mucha gente vomita cabreo, decepción, incluso protesta. Pero frente a los diagnósticos catastrofistas y el pesimismo sobre el futuro, no aparecen soluciones, más allá de ese término en boca de muchos, regeneración, poco original en un país que ya intentó varias. ¿Está el sistema agotado? ¿Necesitamos un cambio de régimen?

Lo primero que hay que decir es que, desde arriba, hay muy poca voluntad de emprender el camino del cambio. Los políticos forman partidos de notables y clientelas, que repiten los mismos nombres y vicios adquiridos y solo movilizan a la opinión pública en tiempos de elecciones. Y desde abajo, pese a lo mucho que podemos gritar o escandalizarnos, y al tono de condena moral presente en muchas declaraciones, hemos aceptado con bastante conformidad, y hasta deferencia, la trama de intereses, corruptelas y negocios privados que, desde la política local al Parlamento, se ha tejido en varios lustros de bonanza económica. Por arriba y por abajo, el espacio para la acción política alternativa, de oposición, es ahora, como consecuencia también de años de inmovilismo y apatía, escaso, casi inexistente.

La derecha en el poder, amparada por una amplia red de medios de comunicación afines, va a mover pocas fichas, porque sabe que el problema lo tiene la izquierda, donde cunde el desaliento, fragmentada, sin liderazgo y a la que puede echar sobre sus espaldas el origen de la crisis, las expresiones de disidencia y la radicalización de la movilización social en la calle —desde el 15-M al escrache—. Y aunque esas acusaciones sean falsas, es indiscutible que la izquierda parlamentaria tiene hoy serios problemas para representar el descontento popular y plantar cara al acoso y derribo del Estado de bienestar.

Nadie parece dispuesto a renunciar a sus prerrogativas. La política institucional está en crisis y para regenerarla ya no se puede contar con el concurso de la Corona. Desde la muerte de Franco, y sobre todo a partir del fallido golpe de Estado de febrero de 1981, a muchos les dio por presumir de Rey, protegerlo frente a las críticas y el debate público, para preservar lo conseguido y cambiar el pobre bagaje democrático que la historia de la Monarquía borbónica podía exhibir antes de 1931. Para ello se ocultó, rompiéndolo, el cordón umbilical que unía a don Juan Carlos con la dictadura de Franco, de donde procedía en ese momento su única legitimidad, y se estigmatizó a la República, ya liquidada por las armas y la represión, como la causante de todos los conflictos y enfrentamientos que llevaron a la Guerra Civil. No puede negarse el éxito de esa operación de lavado del pasado, capaz de sobrevivir, sin grandes cambios, hasta en los libros de texto, durante más de tres décadas de democracia.

Al mismo tiempo, una buena parte de la clase política trató de borrar los recuerdos más incómodos de la dictadura de Franco y cuando, ya en el siglo XXI, el Estado puso en marcha, aunque con mucha timidez, políticas públicas de memoria, recordar el pasado para aprender, y no para castigar o condenar, una parte importante de la sociedad reaccionó en contra. No resulta extraño escuchar a los políticos del PP afirmar que la Segunda República fue un desastre, reproducir en ese tema las ideas de los vencedores de la guerra civil y de los voceros neofranquistas, falsear la historia a gusto de la Iglesia, la Monarquía y las buenas gentes de orden.

La crisis actual, los escándalos en torno a la Casa del Rey, graves para la buena salud de la democracia, al margen de cómo acabe la imputación de la infanta Cristina, y la falta de transparencia y de respuesta ante ellos van a marcar, no obstante, un punto de inflexión para la legitimidad de la Monarquía. El cambio en España tiene que ir acompañado de una renovación cultural y educativa, de nuevas ideas sobre el mundo del trabajo y de una lucha por la democratización de las instituciones. Un movimiento político que reaccione frente a los excesos del poder, que persiga el establecimiento de un Estado laico, que recupere el compromiso de mantener los servicios sociales y la distribución de forma más equitativa de la riqueza. Esa nueva cultura cívica y participativa puede, y debe, alejarse del marco institucional monárquico y retomar la mejor tradición del ideal republicano. Hacer política sin oligarcas ni corruptos, recuperar el interés por la gestión de los recursos comunes y por los asuntos públicos. En eso consiste la república.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, autor de España partida en dos.

Qué está en crisis y qué está manteniendo España

21 mayo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

Por: José Juan Toharia | 10 de abril de 2013

¿La profunda y prolongada crisis económica actual está causando en nuestro país una paralela crisis de confianza ciudadana en las instituciones? La respuesta que cabe extraer de los datos del Cuarto Barómetro de Confianza Institucional que Metroscopia elabora trimestralmente para El País es, a la vez, afirmativa y negativa. Existe una clara y profunda crisis de confianza en todo lo que tiene que ver con el ámbito político; pero, en cambio, se mantiene intacto, y por tanto reafirmado, el crédito que merecen los principales grupos sociales que conforman la sociedad civil, así como nuestras principales instituciones de signo altruista y protector.

La erosión de las instituciones políticas lleva ya meses anclada en niveles extremos: el saldo aprobación/desaprobación de políticos y de partidos es ahora de -87 y -84, respectivamente. Los españoles reprochan a ambos de forma masiva (sin diferencias en función de la edad o de la ideología) su incapacidad para alcanzar los grandes acuerdos que demanda la actual coyuntura. Los datos disponibles indican con claridad que no estamos ante un NO ciudadano a la política o a la democracia: no hay a la vista oleada antisistema alguna que amenace con anegar nuestra vida pública. El actual desapego afecta exclusivamente a la forma —mediocre, mezquina— en que gestionan, unos y otros, los asuntos públicos. Y no sirve de consuelo saber que esta decepción con el ámbito político se detecta en comparable medida en la mayoría de las democracias actuales, desde Francia o Italia a Estados Unidos o Gran Bretaña. Pues ocurre que los españoles —los de más edad y los jóvenes, por igual— saben que las cosas aquí fueron una vez distintas. Pese a la creciente distancia temporal, ha pervivido intacto, como referente quizá idealizado pero no por ello menos valorado, el recuerdo de aquellos años de la Transición en que, por encima de sus diferencias ideológicas, nuestros partidos sabían alcanzar pactos y consensos fundamentales. Y eso es lo que la ciudadanía añora. Y eso es, exclusivamente, lo que reclama: más grandeza de espíritu, menos mezquindad cortoplacista.

Esta caída en picado del crédito ciudadano afecta ahora también a la propia figura del Rey: una novedad tan inquietante como inoportuna. Durante casi tres decenios el rey Juan Carlos ocupó, sistemáticamente, los primeros lugares en este tipo de rankings  de evaluación ciudadana. Con el caso Nóos (al que vino a añadirse el malhadado viaje a Botsuana) el grado de desapego, y aun de enfado ciudadano, con el Jefe del Estado no ha hecho sino crecer, especialmente en el caso de los más jóvenes (entre ellos el saldo evaluativo del Rey ha quedado ahora en un espectacular -42). ¿Está en peligro la institución monárquica? Más bien parece estarse produciendo un acelerado reemplazo del hasta ahora dominante “juancarlismo” por un pujante “felipismo”. En efecto, el desgaste de imagen que está padeciendo el Rey (y que cada vez parece menos fácilmente reversible) se presenta acompañado de una básica estabilidad de la buena evaluación ciudadana que merece el Príncipe Felipe, que en esta oleada del Barómetro obtiene un saldo de +28 (frente al de -13 del Rey: 41 puntos de distancia). Además, siete de cada diez ciudadanos consideran que Don Felipe está ya suficientemente preparado para ejercer con total garantía las funciones de Jefe del estado, y una proporción similar considera que Don Juan Carlos debería fijar una fecha —no muy lejana— para cederle el testigo. Todo esto, por cierto, al mismo tiempo que se reconoce, y agradece, de forma ampliamente mayoritaria el modo formidable en que el Rey ha desempeñado sus funciones durante tantos, y tan complejos años. Queda abierta la cuestión de si, en algún momento y en caso de no remitir, este desgaste —por ahora controlado— de la Corona puede terminar afectando  también a la figura del Príncipe Felipe.

Lo que impide, pese al desgaste de instituciones y figuras tan fundamentales como las que conforman nuestro entramado político básico, que nuestra sociedad derive hacia la descomposición, el caos y la desesperanza es la pujanza de la sociedad civil y de algunas de las instituciones que la articulan: es el caso de científicosmédicosdocentes,pequeños y medianos empresarios, instituciones asistenciales (desde Cáritas,  a los servicios sociales municipales, incluyendo a la sanidad pública), instituciones protectoras (como Guardia Civil, policía, Fuerzas Armadas y ONGs, incluyendo la PAH))y —¡oh, sorpresa!— los abogados (a los que la ciudadanía parece reconocer de forma clara su contribución al interés general mediante su entrega a la defensa de derechos e intereses particulares). Ellos mantienen articulada nuestra quebrantada vida colectiva y permiten que, pese a todo, y como hace poco destacaba Rosa Montero, podamos seguir considerándonos un país serio.

Una novedad destacable es que en esta oleada del Barómetro se sumen a la nómina de instituciones merecedoras de crédito y aprobación ciudadanos las distintas instancias judiciales: desde los fiscales hasta el Tribunal Constitucional. Algo sin precedentes y que es probablemente explicable por su actuación en el asunto de las hipotecas, de tan amplia cobertura mediática.

¿Y qué hay del estallido social? Nada parece indicar que vaya a producirse mañana. Ni que esté cercano. Nuestra ciudadanía parece haberse replegado en torno a lo —mucho, por fortuna— que considera que sigue funcionando bien, a la espera de tiempos mejores. Dos de cada tres españoles (el 66%; y, significativamente, 65% de los votantes del PP, 69% de los del PSOE, 68% de los de IU y 67% de los de UPyD) piensan que, en estos momentos,España es un país fundamentalmente pacífico y con fuertes valores cívicos que, al final, acaba arreglándoselas para hallar el modo de solventar mediante acuerdos los problemas. Solo una minoría (27%) cree en cambio que en la hora actual somos más bien un país con tendencia a la violencia y a la confrontación y que por tanto, en cualquier momento, podemos encaminarnos hacia un estallido social.

El apoyo al rey se desploma, sobre todo entre los jóvenes

20 mayo, 2013

Fuente: http://www.elpais.com 

El Príncipe tiene un nivel de aprobación entre los ciudadanos muy por encima del de su padre

La valoración ciudadana del Rey se ha desplomado en los últimos meses, según el resultado de la encuesta de Metroscopia para EL PAÍS, realizada antes de que se conociera la imputación de la infanta Cristina.

Por primera vez, su nota es negativa, muy por debajo incluso de la valoración que tenía hace un año, cuando el episodio de la cacería en Botsuana y la posterior petición pública de disculpas.

El pasado mes de diciembre su nota (diferencia entre los que aprueban y los que desaprueban la forma en que ejerce sus funciones) era de 21 y ahora es de -11; es decir, que en solo tres meses ha perdido 32 puntos. Su valoración está por debajo de la de otras 27 instituciones o colectivos sociales valorados. Por ejemplo, tienen mejor valoración los inspectores de Hacienda que don Juan Carlos.

La tendencia se ha acentuado en un periodo muy corto de tiempo y coincide con la decisión del Gobierno de no incluir más su valoración en las encuestas oficiales del CIS.

Del sondeo de Metroscopia se deduce la situación significativa de que el Rey ha perdido especialmente apoyo entre los votantes del PSOE y entre los más jóvenes.

Fuente: Metroscopia / EL PAÍS

Oficialmente, el partido de Alfredo Pérez Rubalcaba sostiene a la Monarquía, pero sus votantes le dan una nota de -22, frente al 34 de los del PP.

Por edades, el sondeo muestra que el gran activo del Rey —la democracia y su papel en episodios como el 23-F— ya no supone un plus, porque los jóvenes carecen de esa referencia. Por eso los menores de 34 años le dan una nota de -41. Su mayor respaldo sigue estando entre los mayores de 55, es decir, los que sí tienen referencia de la Transición.

El Príncipe obtiene una valoración muy superior a la de su padre, aunque su nota ha bajado también en tres meses, en menor medida, pero de un 37 a un 28. También los de mayor edad son los que mejor le valoran, pero los más jóvenes le mantienen en nota positiva.

El arte sirio en guerra cruza a Dubái

19 mayo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

  Dubái 31 MAR 2013 – 00:22

El beso, de Klimt, se superpone a una fachada acribillada por la artillería. Una recreación del Guernica de Picasso adquiere connotaciones damascenas. Y en casi todos los cuadros ruedan cabezas. Las cabezas de los muertos. La guerra siria ha llegado a Dubái de la mano de los artistas exiliados por el conflicto. Se ha visto la semana pasada en Art Dubai, la principal feria del arte de la región; pero sigue presente en la Galería Ayyam, que no solo expone obras de pintores sirios, sino que les está ayudando a dejar atrás el infierno de las bombas.

Iba a decir de la “guerra civil”, pero Tammam Azzam me corrige. “Nosotros lo llamamos revolución”, señala. En su opinión, no se puede hablar de guerra civil, “cuando una parte tiene todas las armas y la otra no”.

Azzam (Damasco, 1979) es el autor de Freedom graffitti, el cuadro que sobreimpresiona El beso a la fachada agujereada, una técnica que también ha aplicado a La Gioconda, La danza, de Matisse, o el Elvis, de Warhol. El contraste entre el optimismo romántico de la pintura de Klimt y la crueldad que se desprende de la foto digital que le sirve de base busca denunciar el abandono del resto del mundo hacia los acontecimientos que desde hace dos años sacuden Siria. Y ha logrado su objetivo porque desde que se colgó en la web la imagen se ha hecho viral, con más de 20.000 “me gusta” y compartido 14.000 veces en las primeras cinco horas.

La elección del grafiti resulta particularmente significativo. La revuelta siria se inició a raíz de que unos chavales fueran detenidos y torturados por unas pintadas contra el régimen en Deraa, al sur del país, muy cerca de Sweida, la localidad de origen de la familia Azzam. Luego, a falta de mejor escaparate, muchos artistas han convertido la web en un lienzo y el arte ha pasado a ser otro instrumento de comunicación tanto o más que una forma de expresión individual.

Conversamos en casa de Khalid Samawi, quien junto a su primo Hisham Samawi y la esposa de este, Jouhayna, abrieron la galería Ayyam en Dubái en 2008 para dar a conocer la prometedora escena artística siria. Originarios de Siria, aunque nacidos en Libia, los primos eran coleccionistas de arte contemporáneo árabe y persa, y con los aires de cambio que inicialmente trajo la llegada al poder de Bachar el Asad habían iniciado la aventura de la galería en Damasco dos años antes. Hoy, tienen espacios en Beirut, Londres y Yeddah, además de Dubái. Pero la sede inicial en la capital siria ha cambiado de actividad.

“A los pocos meses de empezar la revuelta nos trajimos las obras aquí y a Beirut”, explica Jouhayna. Pero salvar los cuadros ha sido el menor de los retos. Su preocupación se ha centrado en salvar a los artistas, el compromiso político de muchos de los cuales hacía insostenible su presencia en el país. “La galería de Damasco se ha convertido en taller-vivienda para aquellos que han tenido que dejar sus casas en los barrios más peligrosos y hemos ayudado a salir a todos los que hemos podido”, añade la empresaria.

Azzam ha sido uno de ellos. También es uno de los más activos en expresar su apoyo a la revuelta. Ver su país en llamas le produjo tal desasosiego que prendió fuego a uno de sus cuadros y lo exhibió junto a un corazón quemado.

“Me fui porque empezaban a reclutar a gente para el Ejército y la alternativa era unirme a la milicia del Ejército Libre de Siria. No estaba preparado para matar o morir”, admite con un brillo de emoción en los ojos. Según la ONU, ya son 70.000 los muertos desde 2011. Gracias a los Samawi hace poco más de un año pudo trasladarse junto a su mujer y su hija de seis años a Dubái, donde sigue trabajando.

“Dejamos todo, el estudio donde yo trabajaba, nuestra casa, todo”, rememora ante el asentimiento cómplice de su mujer. “No sabemos si podremos volver porque no está claro cuándo va a terminar la revolución”, añade esta. Sea cuando sea, Azzam se muestra convencido de que “va a ganar el pueblo”.

Entretanto, el arte se ha convertido para él en un doloroso vínculo con su país. No es el único. Oussama Diab con su The new Guernica o Safwan Dahoul a través de su primera obra digital, Moving dream, que también remite al pintor malagueño, reflejan el peso del conflicto en la obra de los artistas sirios.

“La mayoría ha abandonado Siria, hacia los vecinos Líbano y Jordania, sobre todo; aquí, que yo conozca, somos unos 30”, señala Azzam. Y es que los artistas no se han librado del éxodo al que la violencia ha empujado a dos millones de sus conciudadanos. En un gesto hacia ellos, Art Dubai ha comprometido la recaudación de las entradas y las ventas de catálogos y otros productos para los desplazados sirios a través del Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

Feijóo y el contrabandista

18 mayo, 2013
Fuente: diario EL PAÍS
 /  Santiago de Compostela 30 MAR 2013 – 22:15

Fueron amigos durante unos años, y uno acabó al frente del Gobierno gallego y el otro en la cárcel por narcotráfico. El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, del PP,mantuvo a mediados de los años noventa, mientras ocupaba altos cargos en los Gobiernos gallego y central, una estrecha amistad con el histórico contrabandista Marcial Dorado Baúlde. Entonces Dorado ya era muy conocido por sus actividades como uno de los jefes del contrabando de tabaco en Galicia, y Feijóo ocupaba destacados puestos en la Administración sanitaria, primero en la autonómica y luego en la estatal. La relación incluyó invitaciones a Feijóo a la casa y al barco de Dorado, además de viajes que realizaron juntos.

En aquella época el contrabandista había sido detenido dos veces: en 1983, en la primera gran redada contra el negocio ilegal del tabaco en las Rías Baixas, y en 1990, por orden del juez Baltasar Garzón, dentro de la Operación Nécora, aunque luego lo excarcelaron y no llegó a ir juicio. Años después de su relación con Feijóo, Dorado fue arrestado por narcotráfico y ahora mismo se encuentra en la cárcel cumpliendo una condena a 14 años.

EL PAÍS se reunió con Feijóo el pasado día 20. En esa reunión el presidente de la Xunta pudo ver las fotos a las que había tenido acceso este periódico y ofreció su versión de los hechos. EL PAÍS había obtenido las fotos días antes, pero no contactó con el líder conservador gallego hasta que comprobó la veracidad de las mismas. Feijóo y el contrabandista se conocieron a través del que fuera durante años testaferro de este último en sus múltiples negocios, Manuel Cruz López —luego fallecido en accidente de tráfico—, militante del PP en Ferrol y chófer oficial de consejeros de la Xunta como José Manuel Romay Becaria, principal impulsor de la ascendente trayectoria de Feijóo como gestor en la Administración y de su meteórica carrera política hasta su nombramiento como sucesor de Manuel Fraga en 2004.

Cuando conoció al contrabandista, Feijóo tenía 34 años, vivía en Santiago y era el número dos de la Consejería de Sanidad que dirigía Romay. Su amistad con Dorado se mantuvo unos meses después de la marcha del actual presidente gallego a Madrid, reclutado por el propio Romay para dirigir el desaparecido Insalud. El entonces prometedor alto cargo empezó a acompañar a Cruz en sus asiduas visitas a la espléndida mansión de Dorado en A Illa de Arousa (Pontevedra), donde se celebraban comidas y reuniones a las que asistía personal de confianza del contrabandista, incluso algunos mandos uniformados.

La amistad entre el político y el contrabandista se fue estrechando. Entre 1995 y 1998, Feijóo acudió durante los veranos a otra casa que Dorado tenía en Baiona, cerca de Vigo. En estas escapadas no faltaba el paseo a bordo del yate que el empresario tabaquero tenía atracado en el Club Náutico de esta localidad turística. En algunas de esas excursiones participó también la que era entonces la pareja del que llegaría a ser jefe del Gobierno gallego. La afición de Dorado por los barcos de recreo llevó a Feijóo a pasear a bordo de uno de los yates insignia del contrabandista, el Oratus, que tenía fondeado en Ibiza. Esta embarcación sería intervenida años después en una operación contra el blanqueo de dinero, tras la detención de Dorado en relación con un cargamento de seis toneladas de cocaína, en octubre de 2003.

El contrabandista Marcial Dorado Baúlde (izquierda) y Alberto Núñez Feijóo, en un barco del primero en el verano de 1995, entre Baiona y las islas Cíes, en la ría de Vigo.

Feijóo también fue con Dorado a Portugal, donde este tenía negocios, y a Andorra. El Principado era entonces uno de los destinos frecuentes de los contrabandistas para evadir dinero. Personas próximas a Dorado, algunos exsocios en la importación ilegal de tabaco, recuerdan a Feijóo como una persona discreta pero muy integrado en las fiestas que organizaba su anfitrión. Era el amigo de Cruz, mano derecha del contrabandista, y apenas conocían detalles de su vida profesional. La sorpresa vino años después, cuando alcanzó la presidencia de la Xunta.

En aquella época, Dorado ya había amasado una de las más potentes fortunas a la sombra del negocio tabaquero con varias sociedades inmobiliarias y gasolineras. En Portugal se había introducido en el mercado vinícola con una importante plantación mientras orientaba parte de sus inversiones hacia Marruecos con la producción de aceite.

Feijóo explica que empezó a tratar a Dorado, en torno a 1995, a través de Cruz, con quien había trabado amistad en la Xunta. Su relación, asegura, se limitó al ámbito personal en reuniones en su tiempo de ocio en las que participaban más amigos. Reconoce que estuvo en su barco, en su casa y que al menos hizo un viaje con él, aunque insiste en que siempre había más amigos presentes. El presidente de la Xunta niega tajantemente que tuviera cualquier tipo de lazo económico con Dorado ni que estuviera al tanto de sus negocios ni que su relación con él hubiese tenido la menor influencia en sus decisiones como cargo público. Insiste en que también desconocía que Cruz participase en los negocios del contrabandista.

Según el jefe del Gobierno gallego, en aquel momento confió en la palabra de los amigos comunes, que le aseguraron que Dorado ya no se dedicaba al contrabando de tabaco. Y resalta que, cuando se produjeron los hechos, tampoco había ningún procedimiento judicial abierto contra él. Hacia 1997, en cuanto tuvo noticia de que la Audiencia Nacional había abierto una investigación a Dorado por una supuesta operación de contrabando, el presidente gallego afirma que cortó toda la relación con él y que desde entonces ni se han vuelto a ver ni han hablado nunca.

En conversación con EL PAÍS, Feijóo señala que en 2004 tuvo conocimiento de que fotografías suyas con Dorado habían sido requisadas durante un registro policial en el domicilio de este. Más tarde, durante la campaña de las elecciones autonómicas de 2009 —en las que alcanzó la presidencia de la Xunta—, asegura que dirigentes del PSOE le amenazaron con difundir esas imágenes si el PP no bajaba el tono de sus ataques. El presidente gallego sostiene que transmitió a los socialistas que no le importaba que se hicieran públicas porque entendía que no le comprometían en nada ilegal. En esos mismos días, el PP hizo circular una imagen del entonces vicepresidente de la Xunta, el nacionalista Anxo Quintana, en el yate de un empresario que había recibido contratos de la Xunta. Mariano Rajoy llegó a pedir la dimisión de Quintana por esa foto.

Desde su implicación en la gran redada contra los tabaqueros gallegos en 1983, Marcial Dorado, uno de los 94 procesados en este macrosumario, es uno de los que más páginas de periódicos ha acaparado. Aunque el asunto fue archivado por la Audiencia Nacional 15 años después, Dorado Baúlde fue objeto de múltiples investigaciones del Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA) hasta el punto de que en 1998 la dirección de Aduanas en Madrid ya había diseñado la operación para detenerle bautizada como Cabeza de Vaca, en alusión al conquistador español y su relación con la leyenda de El Dorado. La operación fue desactivada coincidiendo con la fulgurante destitución de la entonces cúpula del SVA. De los históricos del contrabando de tabaco en Galicia, Dorado era el único al que nunca se había podido implicar en el tráfico de drogas.

Cuando su relación con Feijóo ya había concluido, Dorado acabó condenado a tres años por sobornar a dos guardias civiles. En 2003 le detuvieron por primera vez acusado de narcotráfico. Era el último de los históricos en caer y el único que permanecía en pie viviendo de las rentas de la importación de tabaco ilegal.

Dorado, que pronto cumplirá 63 años,comenzó en el contrabando como jefe de una de las tres grandes compañías que se formaron en la clandestinidad a finales de los años setenta en la Ría de Arousa, denominadas ROS, Sito Carnicero y Marcial, por los nombres de sus jefes. Parte de su niñez la había pasado a bordo del barco en el que su padre traía y llevaba pasajeros y víveres de la isla de Arousa a tierra. Al igual que sus colegas, Dorado se refugió en Portugal cuando se desató en las Rías Baixas la gran redada de diciembre de 1983. Y fue uno de los que coincidieron en un lujoso hotel de la localidad de Viana do Castelo, donde se alojaban los fugitivos contrabandistas, con el entonces presidente de la Xunta Gerardo Fernández Albor (de Alianza Popular), cuando este asistía a un acto oficial.

Albor accedió a entrevistarse con los fugados, que le pidieron que intermediara para negociar su regreso a España. Meses después, Dorado y el resto de los exiliados se entregaron voluntariamente en la Audiencia Nacional, donde el caso se archivaría años más tarde porque los delitos prescribieron antes de ser juzgados. Durante esa época, históricos contrabandistas gallegos como Vicente Otero Terito eran reconocidos militantes de Alianza Popular

Cuentas en Suiza y en Bahamas

Antes de conocer a Alberto Núñez Feijóo, Marcial Dorado ya era un habitual en los periódicos por asuntos como la llamada peseta connection, una investigación judicial franco-suiza que en 1989 le implicó en una red internacional de blanqueo. La investigación nunca dio fruto y Dorado fue esquivando a la justicia hasta 2003, cuando Aduanas lo vinculó con un gran alijo de cocaína. La Audiencia Nacional le condenó a 17 años de cárcel, que el Supremo rebajó a 14. Dorado llegó a confesar su actividad como contrabandista, pero negó que traficase con drogas.

En 2009, el juez Fernando Grande Marlaska ordenó el embargo de sus bienes, valorados en más de 12 millones de euros, incluida su mansión de A Illa de Arousa. Entre su patrimonio figuran tres estaciones de servicio, otras tantas bateas de mejillón, 170 fincas rústicas, 12 plazas de garaje y 16 locales comerciales. En los bancos, la Agencia Tributaria le bloqueó 4,1 millones de euros: 1,8 millones en Suiza, 1,5 en el paraíso fiscal de las Bahamas, 300.000 en Portugal y 500.000 en España. En la causa estaba imputado como testaferro Manuel Cruz (el fallecido amigo de Feijóo), varios abogados y un teniente coronel de la Guardia Civil acusados de blanqueo de dinero. El asunto está ahora en manos del magistrado Javier Gómez Bermúdez, atascado por el volumen de respuestas a las comisiones rogatorias enviadas sobre todo a Suiza que hay que traducir.

Gaspar cavó su propia fosa

17 mayo, 2013

Un pueblo de Burgos homenajea a 24 fusilados en 1936 maniatados por la espalda

 

Era 20 de noviembre de 1936. Tenía 55 años, mujer y seis hijos, tres de ellos menores de edad. “Esa noche, él debió intuir lo que iba a pasar porque antes de salir de casa, al contrario que las otras dos noches, se despidió de mi abuela y de mi tía con un beso”, explica su nieta, Ana Pereda.

Gaspar Pereda fue fusilado y arrojado a una fosa de 6,5 metros de largo y 2,5 de ancho en una finca de cultivo de Loma de Montija (Burgos) con otros 22 hombres y una mujer. Un equipo de 25 técnicos de la sociedad de ciencias Aranzadi exhumó los cuerpos, enterrados a 50 centímetros de profundidad, en abril de 2011. La mitad tenía las manos atadas por la espalda con alambre.

Tras analizar los restos genéticamente en el laboratorio de la facultad de Medicina de la Universidad del País Vasco, ayer se celebró en Gayangos (Burgos) la localidad de donde procedían la mayoría de las víctimas, un homenaje. Sus familiares volvieron a enterrarlos juntos, pero bajo una lápida con sus nombres y apellidos.

Ahora tienen un lugar al que llevarles flores cuando quieran. Francisco Etxeberria, el forense que dirigió los trabajos de exhumación e identificación de las víctimas, ha abierto más de un centenar de fosas del franquismo desde el año 2000, pero cuenta que en esta los familiares de las víctimas le contaron un episodio que le sobrecogió especialmente. “El hijo de uno de los fusilados me dijo que había ido al sitio con su madre dos años después de que mataran a su padre para dejar unas flores. Al llegar, les apedrearon vecinos del pueblo. Tuvieron que escaparse corriendo. El hombre decía que ese era el recuerdo más triste de su vida”.

Los familiares de las víctimas siempre supieron que sus seres queridos habían ido a parar a esta fosa porque un hombre logró escapar aquella noche de la muerte. “El tiro le dejó herido, pero no le mató. Así que cuando los asesinos se fueron, bajó al pueblo y contó lo que había pasado antes de marcharse para siempre”, relata Ana Pereda. “En el pueblo, los familiares de los muertos pactaron no decir que lo habían visto por temor a que los falangistas mataran a toda su familia en represalia por haber sobrevivido”.

Para entonces, a la familia Pereda ya le habían provocado un sufrimiento inmenso. Gaspar era, la noche que lo mataron, un padre con el corazón roto que sabía que el mayor de sus hijos, Lucas, de 24 años, había sido asesinado por los falangistas y que su cuerpo estaba tirado en cualquier cuneta. “A Lucas lo fueron a buscar un mes antes de que mataran a mi abuelo. Los dos eran labradores, gente de campo. No estaban metidos en política, pero estaban marcados por votar a la izquierda. En el pueblo contaban que había sido el cura el que había hecho la lista de fusilados para los falangistas”, relata Pereda.

Tras el asesinato de Lucas, los hijos de Gaspar se fueron a esconder al monte. En la casa solo se quedaron las mujeres, el más pequeño de los hijos y el propio Gaspar, que no quiso dejarles solos. Hasta que la tercera noche, los falangistas no le dejaron volver a casa después de haberle obligado a cavar su tercera y última fosa.

Pero como en tantos otros pueblos, los asesinos no se conformaron con matar a los hombres. Y después de fusilar a Lucas y a Gaspar, humillaron a las mujeres. A las viudas. “El día de la fiesta del pueblo cogieron a mi abuela y a mi tía, les raparon la cabeza delante de todo el mundo y las obligaron a barrer así la plaza del pueblo. También les dieron aceite de ricino”, cuenta Pereda. “A ellas y a todas las mujeres de rojos”. “Mi padre nos contó lo que había pasado, pero nunca quién lo había hecho. Decía que no tenía sentido aumentar los odios, porque había que convivir con quienes habían hecho todo aquello”.

Agustín Fernández buscaba en esta fosa a su abuela, Severina Pérez. Él fue quien promovió la exhumación e inició el papeleo para solicitar los permisos, la subvención del Gobierno… Pero no ha tenido suerte. Ninguno de los restos hallados se corresponde con su abuela. “Pensábamos que la habían traído aquí. Sabemos que los falangistas la subieron a un camión junto a su hija Lucía, que llevaba en brazos a Esperanza, un bebé de poco tiempo”, relata. Finalmente, al negarse Lucía a dejar a su bebé, la dejaron bajar. Pero Severina, que tenía entonces 62 años y estaba viuda, no pudo librarse. “Mi abuela tenía un negocio de ultramarinos con una taberna en la parte baja de la casa y yo creo que la mataron porque tenían deudas con ella”.

Sus hijos estaban en el frente, luchando con los republicanos, cuando fusilaron a su madre. Al regresar, fueron enviados a distintos penales: Santoña, Cádiz, Valdenoceda… Esperanza, el bebé que salvó a su madre de continuar el trayecto en aquel camión, relató durante la exhumación que uno de sus primeros recuerdos de pequeña era precisamente el de ver a su madre y a sus tías escribir cartas a los hombres: al frente de guerra primero y a la cárcel después.

Agustín asegura que seguirá buscando a su abuela. Ana promete hacer lo posible por rescatar de la cuneta a la que fue arrojado, los restos de su tío. Lo harán solos, sin apoyo económico, porque la de Loma de Montija fue una de las últimas exhumaciones que se realizaron con subvención del Gobierno. Ya no hay dinero para la recuperación de la memoria.

Esta vez perdió el cura pederasta

16 mayo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

 Palma de Mallorca 30 MAR 2013 – 20:37

“Haz lo que quieras. En todo caso, ganaremos nosotros”. El vicario episcopal de Mallorca lanzó esta advertencia a un catequista de Can Picafort, de 18 años, el hoy periodista Mateu Ferrer, que en 1998 denunció a su cura párroco, Pere Barceló, ante la autoridad eclesiástica y en la Fiscalía por pederastia. Entonces, el asunto quedó en nada, fue tapado en la Iglesia y archivado en la justicia ordinaria, y el sacerdote siguió en activo. Pero 15 años más tarde, su historia negra ocupa una causa judicial canónica de 500 folios. El cura Barceló, de 60 años, ha sido sentenciado por el Tribunal Eclesiástico de Mallorca con la pena máxima, la expulsión del estado clerical y la prohibición total para ejercer de sacerdote por ser culpable de “gravísimos delitos”.

El clérigo expulsado tiene pendiente de resolver las imputaciones en la justicia ordinaria: tres causas penales por abusos sexuales de los que le acusan tres mujeres. Una de ellas, que tiene 24 años, es la menor que el catequista presenció, semidesnuda, cuando tenía nueve años con el cura reclinado sobre ella, en el sofá del salón parroquial. Las otras dos eran niñas cuando acudían a Cala Ratjada, un destino anterior del párroco. En el tribunal religioso, en los juzgados y en el cuartel de la Guardia Civil, las tres víctimas y el catequista han formulado sus alegatos. En dos años, el obispado ha sustanciado el sumario. En los juzgados se avanza con declaraciones y pruebas.

En la Iglesia existe ahora un “nuevo orden y concierto” para la pederastia desde el cambio de rumbo impuesto por el papa emérito Benedicto XVI, se reconoce ahora desde el tribunal.

El Promotor de Justicia del obispado de Mallorca, Nadal Bernat, de 42 años, ha sido el instructor del proceso al ser el vicario judicial de la diócesis, delegado del obispo, una especie de presidente del tribunal. Interrogó al acusado, testigos y peritos, junto al notario de actas y los abogados ante los jueces. Desempeñó al final el papel de acusador, en un rol parecido al de fiscal en un tribunal civil. Tres eclesiásticos, presbíteros de peso especialistas en Derecho Canónico (Gerard Villalonga, Bartomeu Vaquer y Gabriel Seguí) dictaron la sentencia, una condena unánime plasmada en 46 folios de hechos probados y argumentaciones.

El proceso se desarrolló en una humilde sala-celda del antiguo seminario de Palma. Un ejemplar de la Biblia, sin oropel, una pluma de ave en un tintero de escritorio antiguo y un ordenador son los únicos detalles que interrumpen el frío vacío, cierto aire lúgubre y la austeridad monacal del lugar. Un crucifijo preside la habitación, dos mesas de oficina corrientes y unas pocas sillas. No hay un decorado litúrgico especial.

“El de Barceló es un caso grave y excepcional”, narran en el obispado. La condena es inédita en España porque implica la expulsión de un cura aún antes de un pronunciamiento de la justicia ordinaria, que puede representar hasta 18 años de cárcel. Antes, los religiosos reos eran destinados a parroquias lejanas o enclaustrados. La Iglesia respondía al escándalo con silencio. En este caso “se dieron líneas muy claras para no ocultar nada”, dice un sacerdote conocedor del proceso.

El caso de Can Picafort, silenciado en 1998, renació en 2011 por las explicaciones del testigo en un documental sobre abusos a la infancia y su eco en la prensa local, lo que provocó que el Tribunal Eclesiástico investigara el olvido inicial. Desde el Vaticano se alentó la causa y se siguió muy de cerca. En Roma, en el Secretariado de la Congregación para la Doctrina de la Fe, está Luis Ladaria, un arzobispo jesuita mallorquín, que avaló el juicio. La cúpula de la Iglesia resaltó su singularidad, ejemplaridad y novedad en España. La Conferencia Episcopal simplemente remite a “la competencia del obispado” mallorquín.

El anterior obispo de Mallorca, Jesús Murgui, apartó de manera cautelar de su parroquia hace dos años al cura Barceló. El actual prelado de Mallorca, Javier Salinas, defendió la condena dura, la explicó personalmente al expulsado y, en su blog en Internet, pidió públicamente perdón a las víctimas por el dolor e injusticia causados.

Con las innovaciones de Benedicto XVI, las denuncias podrán efectuarse hasta 20 años después de que la víctima alcance la mayoría de edad, los 18 años. Antes, la edad máxima para denunciar abusos en la infancia era 28 años. Ahora el posible límite está en los 38 años de edad, por lo que, en este aspecto, el derecho canónico es más contundente que el penal.

Mateu Ferrer, el testigo catequista, tuvo que contestar a unas 70 preguntas del defensor de Barceló durante su declaración. “A veces era hiriente hasta el extremo de que me llamó mentiroso”, recuerda. El tribunal amparó al testigo de cargo. Una monja que trabajó en los ochenta en Burundi junto a Barceló compareció ante el tribunal y en los juzgados para explicar los comentarios que recibió en África por supuestos abusos a menores. El cura condenado logró que le autorizaran ser defendido por un letrado penalista. Es una excepción a la regla, porque los que acuden al tribunal son canonistas acreditados ante el mismo. En Mallorca hay unos 13 y el 99% de su trabajo se centra en las nulidades matrimoniales.

Entre colegas párrocos del cura abusador se han expresado opiniones públicas de incomprensión ante la contundencia de la condena. Ese caldo de reacción se calentó al reabrirse el escándalo públicamente, en 2011, con la salida del cura de su parroquia. El obispo Murgui recibió reproches de religiosos en sesiones del Consejo Presbiterial, en especial por parte de párrocos de los pueblos.

Para romper el corporativismo y marcar la independencia del proceso, uno de los tres jueces designados en el tribunal eclesiástico provenía del obispado de Menorca, Gerard Villalonga. Se trata de evitar presiones, algo habitual en diócesis pequeñas e insulares en casos graves en los que están implicados curas populares entre sus compañeros. En la defensa del cura condenado se ha llegado, por parte de un párroco, a lanzar sospechas sobre la moralidad de una de las mujeres denunciantes.

Un párroco que ha salido repetidamente en defensa de Pere Barceló, mosén Miguel Mulet, llegó a replicar al obispo Javier Salinas en su propio blog. Y se puso como ejemplo. Mulet reveló que, hace 55 años, él mismo fue víctima de abusos. “Perdoné y sanseacabó”, escribió en un comentario. Cree que si Barceló “se rehabilita y pide perdón” puede seguir siendo sacerdote.

En la doble vía judicial del caso de este cura abusador, la canónica y la penal, ha ganado la primera. Los tres jueces de instrucción que indagan las tres denuncias penales a Pere Barceló reclamaron al tribunal eclesiástico que aportara las piezas del sumario instruido sobre los mismos hechos. El abogado de una de las víctimas, Carlos Nadal, entiende que no se ha correspondido desde la Iglesia a la reclamación pero que, en todo caso, se pedirá que la sentencia sea aportada a la justicia ordinaria. Los tres procesos, posiblemente, se subsumirán en uno solo.

Apoyo oficial tras una condena a 21 años

Edelmiro Rial, expárroco de Baredo (Pontevedra) fue defendido por la Iglesia hasta después de que el Supremo elevara en febrero de 2004 su condena de 15 a 21 años por abusar reiteradamente de seis niños e intentarlo con otros dos. El trato de favor que recibió de la Iglesia, incluso después de ser condenado, choca con la celeridad con la que acaba de ser sancionado Pere Barceló. “Nadie puede atribuir infalibilidad a la sentencia”, dijo tras conocer la decisión del alto tribunal el entonces obispo Tui-Vigo, José Diéguez Reboredo, que aseguró que, pese a la resolución, seguía creyendo en la inocencia de Rial.

El Supremo concluyó que el párroco se llevaba a los menores —alumnos del instituto en el que impartía religión y monaguillos— a la casa parroquial, donde aprovechándose de su superioridad abusaba de ellos. De los 21 años de condena cumplió cuatro. En 2008 obtuvo el tercer grado por “su conducta ejemplar”, según apreció el juez de vigilancia. Un portavoz de la diócesis de Tui-Vigo recuerda hoy que, solo cuando Rial estuvo a punto de entrar en prisión, el obispo y el párroco, “de mutuo acuerdo, pidieron la secularización a Roma”. Ahora, vive y trabaja en Vigo “como cualquier otro seglar”.


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