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El juicio a un predicador saudí por violar y matar a su hija desata la indignación

31 marzo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

Ángeles Espinosa | Dubái 9 FEB 2013 – 20:10

Nada va a devolverle la vida a Lama, una niña saudí de cinco años muerta como resultado de una brutal violación. Sin embargo, la campaña de las activistas saudíes y el escándalo internacional que ha desatado tal vez logren que el responsable sea castigado con una larga pena de prisión. Las sospechas recaen sobre el padre de la niña, un popular telepredicador que ha confesado haberla disciplinado ante su temor a que hubiera perdido la virginidad. Las promotoras de la movilización quieren evitar que el controvertido sistema judicial de Arabia Saudí le permita librarse de la cárcel con el pago de una mera compensación económica a la madre.

Solo el enunciado de lo ocurrido a Lama pone los pelos de punta. El 25 de diciembre de 2011, la niña ingresa en el hospital Rey Saud de Riad con el cráneo aplastado, el brazo izquierdo y varias costillas rotas y una uña arrancada. La madre, que está divorciada del padre y no tiene la custodia, ha declarado a la prensa local que el personal médico le dijo que su hija tenía el recto rasgado y que el causante había intentado cauterizárselo. Diez meses de agonía después, la pequeña Lama muere.

El rumor que se extendió a principios de esta semana, a raíz de la vista del caso que se celebró el pasado domingo, es que el padre fue excarcelado. Dada la falta de transparencia informativa que caracteriza al Reino del Desierto, varios medios anglosajones se hicieron eco de una noticia no contrastada según la cual el polémico clérigo, Fayhan al Ghamdi, había quedado en libertad tras pagar a su exesposa el equivalente a unos 35.000 euros en concepto de diyá, literalmente “dinero de sangre”, que es la compensación económica que la ley islámica (sharía) establece para los herederos de la víctima de una muerte violenta.

“No, no es en absoluto cierto”, desmiente Aziza al Yusef, una de las activistas saudíes que ha liderado la campaña para que se haga justicia con Lama. “Al Ghamdi sigue en prisión y el juicio continúa; la próxima vista será el miércoles”, asegura durante una conversación telefónica con esta corresponsal.

Gracias a la movilización de las activistas, la madre de la pequeña ha podido disponer de un abogado facilitado por la Organización de Derechos Humanos y el caso se ha conocido tanto dentro como fuera de Arabia Saudí. Eso ha sido suficiente para desatar la indignación generalizada, incluso en un país donde hay clérigos que para evitar el abuso infantil proponen que a las niñas se les tape la cara desde la cuna.

La policía detuvo a Al Ghamdi, un predicador que suele aparecer en las cadenas locales de televisión pontificando sobre moralidad. Según la filtración de su declaración ante las autoridades, sospechaba que su hija no era virgen y tras un examen ginecológico que no le dejó satisfecho, admitió haber usado un bastón y cables eléctricos con la niña.

De ser cierta, esa confesión sería suficiente para inculpar al perverso padre. Sin embargo, en Arabia Saudí no hay un código penal escrito y los jueces se basan en su particular entendimiento de la ley islámica, un laberinto de dichos y tradiciones, a menudo contradictorios y que se han probado gravemente misóginos. Según una de esas provisiones, a un padre no se le puede responsabilizar de la muerte de sus hijos porque su pérdida es ya suficiente castigo. De ahí, que haya surgido el temor de que un hombre con tanta labia como Al Ghamdi pueda librarse de la cárcel tras compensar a la madre.

La mujer, cuya identidad no se ha revelado, ha rechazado esa posibilidad. Al Yusef, que está en contacto permanente tanto con ella como con su abogado, recuerda que esta insiste en pedir la máxima pena posible, sea la condena a muerte o cadena perpetua. Sin embargo, las activistas quieren ir más allá y utilizar este caso como palanca para que se suprima el fundamento que permite semejante despropósito.

El hecho de que el caso de Lama haya salido a la luz y se esté debatiendo en los medios locales pone de relieve que, junto al horror del abuso infantil y la violencia doméstica, en Arabia Saudí empieza a existir conciencia del problema frente a un pasado no tan lejano en que esos asuntos se consideraban privados. De hecho, su caso llegó a las autoridades gracias a la denuncia del centro de protección infantil del hospital en que la niña fue ingresada. Ese centro es fruto de un Programa de Seguridad Nacional que se puso en marcha en 2005. Las mujeres que están detrás de ese esfuerzo, incluidas varias princesas, tuvieron que convencer al muftí para que declarara que la violencia doméstica era un crimen. Pero no lograron que emitiera una fétua.

Por una sanidad pública y universal, Miguel Martín

30 marzo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS SEMANAL

Joseba Elola 28 FEB 2013 – 17:14

Miguel Martín es un reconocido oncólogo que se toma el trabajo muy en serio. De ahí su presti­­gio. De ahí también la incorrección política de parte de su discurso. “No puede haber una defensa malentendida de los derechos de los trabajadores de manera que defendamos al vago”, dice en medio de esta entrevista. “Lo siento mucho: no puedes defender igual al que trabaja que al que es un cara”.

Jefe del servicio de oncología del hospital Gregorio Marañón de Madrid y fundador del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (Geicam), Martín se levanta cada día entre las cuatro y las cinco de la madrugada para conseguir la mayor de las elasticidades en su apretada agenda.

Uno de sus colegas de hospital lo describe como un médico “técnicamente magnífico”. Como docente, añade, es “un número uno”. Martín se pronuncia abiertamente sobre determinadas dinámicas internas en los hospitales. “Hay una gran tendencia a decir: ‘Bueno, este es un médico, y yo soy un celador, estamos en el mismo plano’. Así no pueden funcionar los hospitales. Yo lo siento mucho, hay una jerarquía de roles y eso no se puede cambiar. Un médico español que ha tenido que hacer seis años de carrera, cuatro de especialidad, y luchar como ha podido, tiene lo que hace falta para ocupar un rol determinado en el escalafón. Esto da vergüenza decirlo en España, porque te dicen que eres un clasista. Cada uno, en el nivel que tiene, y sin ningún tipo de concepto de inferioridad”.

A sus 58 años, este prestigioso doctor en Medicina también destaca en el terreno científico: ha publicado (con el apoyo de su equipo, puntualiza) más de 120 artículos en revistas especializadas; dos de ellos, en el prestigioso y exigente New England Journal of Medicine.

Corren días revueltos en la sanidad. Se cierran puntos de urgencias rurales en Castilla-La Mancha, se rebelan masivamente médicos de todo el espectro político contra las privatizaciones en Madrid, entran fondos de capital riesgo en los grupos privados que gestionan centros públicos y la marea blanca de ciudadanos y profesionales que se oponen a esta amenaza para la calidad del sistema sanitario se extiende por todo el país. Martín, miembro del Consejo Asesor del Ministerio de Sanidad, órgano consultivo formado por 35 expertos de prestigio, desgrana en esta entrevista su visión de un sistema de salud debilitado y que necesita cambios de hondo calado. Nadie se salva de su incisiva disección.

PREGUNTA: La idea de que la sanidad española es una de las mejores del mundo, ¿es cierta o es un mito?

RESPUESTA: Los médicos españoles, en particular, y los sanitarios españoles, en general, están entre los mejores del mundo. La sanidad española obtiene muy buenos resultados en macrocifras. Pero tenemos que ser autocríticos: es manifiestamente mejorable y ya lo era hace dos o tres años.

P: ¿Cuáles son las principales lacras o disfunciones del sistema sanitario español?

R: Primero, la gran dependencia política. Cada autonomía tiene un color político que puede condicionar la planificación sanitaria de su región, y a mí esto me parece inaceptable, constituye una fuente de inequidad. Lo segundo es que la planificación sanitaria en España siempre ha sido cortoplacista; siempre se van tapando agujeros presupuestarios.

P: El cortoplacismo, signo de los tiempos que vivimos…

R: Hay razones para ello. Hay una crisis. Y se aduce que no se puede saber cómo va a estar el mundo dentro de diez años. Pero puedes hacer una planificación modulable: el mundo dentro de diez años no va a ser como hoy, pero tampoco va a ser lo opuesto. La tercera lacra es una incomprensible falta de consenso entre los partidos políticos para definir un modelo de sanidad que sea aplicable a todas las comunidades. Yo creo que los españoles se lo han dicho muy claro a sus políticos: queremos una sanidad universal, equitativa y pública. No digo que la sanidad privada no pueda desempeñar un papel, pero la pública debe ser el eje. Para mí, la gestión privada de un hospital público es un contrasentido; supone admitir que la Administración pública no sabe gestionar. La Administración pública tiene que gestionar bien en vez de ceder la gestión a una entidad privada. En España tenemos que abordar el cambio en la función pública.

P: ¿A qué se refiere?

R: A una actitud que es poco eficiente y que hoy día no es muy defendible. El español medio tiene la obsesión de obtener un contrato de funcionario, ganar poco, trabajar de ocho a tres y desentenderse de su trabajo a partir de las tres; a cambio, quiere tener la plaza de por vida. Yo creo que esto es un error. Las plazas vitalicias son un lastre para la sociedad española. Habría que evaluar a las personas cada cinco años, con criterios objetivos, para que no haya venganzas. Eso sí, habría que hacerlo con unos sueldos más competitivos que los actuales. Un médico español, con los recortes, no gana 2.000 euros al mes. Uno portugués gana tres veces más. Es algo injusto, y las injusticas nunca acaban bien. El sueldo del médico español es el más bajo de Europa, por debajo de Grecia.

P: ¿Y cómo es esto posible y que, sin embargo, se diga que la sanidad española es tan buena?

R: Porque el salario no tiene que ver con la eficacia. El médico español se ha acostumbrado a esta idea: sabe que gana poco por la mañana y que por la tarde duplica o triplica lo de la mañana. A mí no me parece eficiente que un médico trabaje en dos sitios a la vez; y yo lo estoy haciendo, tengo una consulta de segundas opiniones un par de tardes por semana porque no puedo vivir con el sueldo del hospital. Pero a mí me gustaría vivir con un sueldo digno, y que el sueldo contemplara asimetrías, de modo que la persona que más trabaja y más produce pudiera recibir un sueldo diferente al que tiene menos motivación o quiere dedicar menos esfuerzo.

P: Políticos, médicos y pacientes. ¿Los pacientes deberíamos hacer también algún tipo de autocrítica?

R: Quisiera hacer un comentario general antes de responder esto. Todo lo que ocurre con los médicos, con los políticos, con los pacientes, tiene que ver con cómo somos los españoles. Los defectos son comunes a todos. España es un país que tiene unas peculiaridades que tenemos que intentar cambiar. Hay una gran facilidad para la envidia, para criticar a los demás en vez de negociar; para criticar a las personas, en vez de sus actos, lo cual es un craso error. Y además tenemos una enorme tolerancia con la corrupción. Yo soy profesor de universidad y hay gente muy prestigiosa que me llama cada día para pedirme que apruebe a su hijo que ha sacado un dos en el examen. Esto, para mí, es un modo de corrupción, un intento de tráfico de influencias. Y esto les parece normal. “Es humano”, dicen. A mí no me parece humano, me parece inaceptable, pero me veo obligado a tener que dar unas explicaciones como si yo fuera un monstruo o un loco, como si tuviera que justificar por qué no hago lo que me piden.

P: Este país está viviendo, de hecho, momentos tremendos en este frente. ¿Cree usted que existe una especie de tradición de corrupción?

R: España tiene gran tolerancia cultural con la corrupción o la corruptela. Si alguien puede aprovecharse de cosas en el trabajo, lo hace. La gente se lleva folios del lugar de trabajo, y bolígrafos. El que tiene acceso a folios, se lleva a folios; el político que tiene acceso a millones, se lleva millones. Usted me puede decir que no es lo mismo y tiene razón, no es lo mismo, pero deberíamos empezar por asumir cada uno de nosotros que como no hagamos un máximo esfuerzo de austeridad y no seamos firmes para eludir el favoritismo, el amiguismo y la corruptela, no vamos a poder cambiar el sistema global.

Miguel Martín responde a las preguntas erguido en su silla, impecablemente trajeado. Estamos en San Sebastián de los Reyes, a las afueras de Madrid, en las oficinas del Geicam, el grupo de investigación que dirige desde hace 17 años. Desde aquí se coordinan los ensayos clínicos que se realizan en 177 hospitales de toda España con nuevos fármacos contra el cáncer.

Martín es partidario de la sanidad pública, sí, pero considera que esta necesita reformas de fondo. Desembarcó en el servicio de oncología del hospital Gregorio Marañón hace cuatro años y, según describe uno de sus colegas, le dio la vuelta al departamento. Puso en marcha una unidad de ensayos clínicos y un programa de racionalización de gastos que permitió que los 14 millones de euros de desembolso en quimioterapéuticos se redujeran a 11. Para ello involucró a la industria farmacéutica en el pago de los ensayos clínicos. Es decir, atrajo dinero privado hacia la sanidad pública.

P: La cobertura sanitaria es una de las conquistas más preciadas del siglo XX. Llegar al Estado de bienestar costó años de lucha y esfuerzo. ¿Estamos asistiendo al desmantelamiento de la sanidad pública?

R: No. Los ciudadanos no lo permitirán. Los políticos deben ser conscientes de una cosa que a veces se les olvida: el pueblo español ha elegido una sanidad universal, equitativa y pública. Esto no lo pueden cambiar por su cuenta.

P: Pues el caso es que se están adoptando toda una serie de decisiones que, si se mantienen en el tiempo, son un modo de laminar la sanidad pública…

R: Esto que usted dice es el miedo que tenemos todos. La cuestión es complicada. El problema que ha habido, en particular en la Comunidad de Madrid, es que de golpe y porrazo ha habido una reducción de 500 millones de euros de financiación para la sanidad. La Consejería se ha encontrado con que tenía que ahorrar 500 millones de euros en un mes o dos meses, se quedaban sin dinero para las nóminas. Entonces han tomado la decisión de externalizar la gestión de algunos hospitales. Econó­­micamente les resuelve parte del problema, pero a mi modo de ver es un error. ¿De fondo hay un intento del PP de privatizar la sanidad española? Yo, sinceramente, no lo creo, porque serían tontos. No lo van a poder hacer aunque quieran. El pueblo español no lo va a permitir.

P: La dimisión en masa de directivos de centros de atención primaria que se produjo en Madrid a finales de enero ha sido algo excepcional. Fue una rebelión de médicos de latitudes políticas bien distintas. Si se ha producido, debe de responder a algo…

R: Usted mismo lo acaba de decir: personas de latitudes políticas muy distintas. Todos los médicos en España están esencialmente de acuerdo en que el sistema público es el que hay que seguir. Este tipo de cambios no van en consonancia con lo que todos en España queremos que sea la sanidad. Incluso médicos votantes del PP están en contra de estas aventuras que no sabemos en qué van a acabar. Está el modelo Alzira, el modelo de Andalucía… En Andalucía han hecho algo que es menos dañino, que es subcontratar alguna pequeña gestión. Pero la Administración debe mantener el control del hospital público. Si la cede a la empresa privada, esta puede plantearse el gobierno del hospital en términos meramente económicos.

P: Por acabar con el caso de Madrid, ¿las medidas que se adoptaron fueron consultadas con los profesionales?

R: Radicalmente, no.

P: Hay muchas voces críticas que sostienen que una cúpula política ha tomado decisiones sin tener todos los elementos de juicio en la mano.

R: Totalmente de acuerdo. No se ha consultado a los profesionales, y es un craso error, un error de principiante. No entiendo cómo los políticos pueden ser tan ingenuos. No se puede imponer una reforma médica en contra de los médicos. Hay que ser sensatos.

P: Tiene usted fama de ser independiente, de no entrar en cuadrillas políticas, ¿es así?

R: Yo he sido de todo. Cuando estaba en Valladolid, estudié Medicina y simultáneamente Historia. En aquella época, la política se hacía en la Universidad. Recuerdo que formé parte de los Grupos Autónomos Revolucionarios, un partido anarquista. Fue una experiencia increíble, incluso montamos una comuna en una buhardilla. Resultó una experiencia frustrada porque al cabo de un año no conseguimos que entrara ninguna chica… He pasado por todo el espectro político, y al final me he hecho muy realista. Hay que convivir con todos los partidos políticos, todos tienen derecho a existir. Yo no soy de ninguno, desde luego. He votado a varios, a algunos minoritarios. Y mi voto ahora ya está condicionado por la persona: si yo me fío de una persona, la voy a votar, me da igual la sigla. Corolario: estoy a favor de las listas abiertas; las listas cerradas son una perversión de la democracia. Soy partidario del modelo anglosajón, de una mayor proximidad del político a sus votantes. Como los políticos no se acerquen a los ciudadanos que les votan, van a seguir en esta dinámica de desprestigio.

Martín se muestra crítico con la clase política española. “El tema de la corrupción va a ser sometido a un control estricto, no me cabe la menor duda. Ellos pensaban que no iba a pasar nada, por eso robaron, pensaron que eran impunes”. En este campo vuelve a citar la cultura anglosajona, donde el comportamiento individual tiene trascendencia. “En Estados Unidos, un presidente miente y le hacen dimitir. Aquí no. Aquí puede mentir, rementir, y si es hábil con la mentira y cuenta con suficientes apoyos en número de parlamentarios y medios de comunicación, a lo mejor no dimite. Persona que miente en la política, persona que automáticamente debería dejar el cargo”. Considera, además, que habría que exigir una cualificación profesional a los gobernantes. “Yo no entiendo que un presidente del Gobierno no hable inglés. Y los cuatro últimos presidentes no lo hablaban. Las negociaciones se cierran en las cenas, no en las reuniones”.

P: Volviendo a la actividad de su fundación Geicam, en España, una de cada 12 mujeres sufrirá cáncer de mama a lo largo de su vida. Esta enfermedad es la primera causa de muerte en la población femenina española. ¿De los últimos avances que se han producido en el campo de la oncología, hay alguno que resulte especialmente esperanzador?

R: Lo primero que me gustaría contar es que el cáncer de mama se cura en un 80% de los casos, cuando hace 15 años solamente se curaba en un 60%. Este cambio no se ha visto en otros tumores, y tiene un origen curioso: la altísima frecuencia de la enfermedad. La gran cantidad de mujeres que hay con cáncer de mama nos permite realizar muchos estudios y avanzar hacia terapias mejores. En un año, el Geicam puede incluir 1.000 enfermas en un estudio. Nos hemos dado cuenta de que las mujeres son una población particularmente agradecida de cara a los médicos. La mujer es mucho más luchadora y altruista: es más capaz de entender lo que el médico le plantea cuando le propone entrar en un ensayo clínico. Los hombres, por desgracia, en cuanto tenemos un cáncer, tiramos la toalla. Y a menudo no colaboramos mucho con los médicos. La mujer afronta la enfermedad de una manera increíblemente positiva, que también ayuda mucho en el avance.

P: ¿Por qué existe este tabú en torno al cáncer?

R: Es una buena pregunta. Es un tabú que tiene antecedentes ancestrales, históricos. El cáncer era considerado sinónimo de muerte en el pasado. La Sociedad Española de Oncología médica está intentando, incluso a nivel de la Real Academia Española, que se evite esta acepción del cáncer como algo que destruye, como algo que inevitablemente lleva al desastre y a la perdición. Cuando yo empecé a hacer oncología, se curaban el 40% de los cánceres. Ahora se curan más del 65% de los casos, o sea, solo se muere una tercera parte. Se han producido unos avances increíbles. Y la única forma de que se sigan produciendo es afrontar la enfermedad con una mentalidad de ganadores.

No hay dinero ni para la alfalfa

29 marzo, 2013

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Juan José Millás 3 MAR 2013 – 00:00

Conocí en tiempos a una mujer de clase media que se compró un caballo de clase alta. Fue después de que Juan Guerra le regalara uno al hijo de su hermano Alfonso. De repente, la cosa de tener caballos devino en una excentricidad estándar, valga la contradicción. Estabas en el descanso de una reunión de trabajo, cuando alguien, dando vueltas al café, confesaba que había entrado en el club de los que poseían un equino. Digamos que llegó a ser una marca de estilo. Un caballo era como un tatuaje oculto. Confesar su posesión venía a ser como bajarse los pantalones para mostrar el dibujo de la nalga.

El caso es que cuando le pregunté a aquella mujer dónde lo guardaba, me dijo que en el hipódromo.

–Me lo cuidan por una cantidad equis al mes, yo solo voy los jueves a acariciarle un poco la crin y a contemplarlo, en plan zen.

Bueno, pasaron los años y parece que la moda del caballo, como la de los tatuajes, fue a más. A tanto, que dejamos de prestarle atención. No es que tener un caballo se convirtiera en una vulgaridad, pero ya no constituía la rareza de antes. Mira por dónde, el otro día nos enteramos de que muchos de aquellos animales adquiridos cuando éramos suecos están siendo sacrificados por falta de mantenimiento. Ya no hay dinero para la alfalfa ni para el mozo de cuadras, ni para el alquiler del establo. Los caballos de clase alta de la foto son algunos de los abandonados por sus dueños de clase media. Probablemente se dirigen al matadero. No sabemos si quienes por la misma época se hicieron tatuajes están también tratando de borrárselos.

Querella en Argentina contra Martín Villa, el suegro de Gallardón, torturadores y jueces del franquismo

28 marzo, 2013

Fuente: www.publico.es

ALEJANDRO TORRÚS       Madrid       08/03/2013 07:00            Actualizado: 08/03/2013 12:06

La causa por los delitos de genocidio y/o crímenes de lesa humanidad cometidos en España por la dictadura franquista entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977 continúa adelante en la Justicia argentina. Tras recoger más de trescientas querellas, la Red ciudadana contra los crímenes del franquismo (Red Aqua) ha decidido pasar a una segunda fase: pedir la imputación por crímenes de lesa humanidad de más de 300 responsables de la represión franquista.  

La documentación previa a la querella, a la que ha tenido acceso Público, contempla la petición de imputación de los exministros Rodolfo Martín Villa, por el asesinato de cinco obreros durante una huelga en Vitoria y José Utrera Molina (suegro de Gallardón), por firmar la condena a muerte de Puig Antich. Asimismo, también solicita la imputación del “torturador” de la Brigada Político Social (la policía política del franquismo) Juan Antonio González Pacheco, alias Billy el niño.

Por último, la querella también contempla la imputación del exministro de Trabajo Fernando Suárez y del guardia civil golpista Jesús Muñecas Aguilar, conocido por su célebre frase en el Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981: “No va a ocurrir nada, pero vamos a esperar un momento a que venga la Autoridad Militar competente para disponer lo que tenga que ser y lo que él mismo diga a todos nosotros”.

“Ya va siendo hora de que la Justicia condene de una puñetera vez a la dictadura, el franquismo y sus colaboradores, que después se vistieron de demócratas”, señala a Público José María Galante ‘Chato’, miembro de la asociación de expresos y presas del franquismo La Comuna.

La causa contra el franquismo en Argentina fue abierta el 14 de abril de 2010  tras la negativa de la Justicia española a investigar los crímenes de la dictadura española.  La denuncia apeló a que la Constitución argentina reconoce el principio de la jurisdicción universal para juzgar a los culpables de los delitos de lesa humanidad. A la querella inicial se han sumado ya otras trescientas que están siendo tramitadas ante el Juzgado Federal Nº 1 de Buenos Aires. La Justicia argentina contempla la pena de 25 a 30 años de prisión por este delito

La voluntad de los querellantes es que la causa abierta por la magistrada argentina María Servini termine con “la impunidad del franquismo”, “restablezca la verdad” y abra la vía a “la reparación de todo el dolor producido”. Reclaman la recuperación a cargo del Estado de los restos abandonados en fosas comunes y su devolución a los familiares, la anulación de todos los procesos judiciales de los tribunales especiales de la dictadura; la condena del expolio económico que sufrieron los republicanos por parte de los vencedores en la Guerra Civil; y, por último, la aplicación de la legislación de crímenes de lesa humanidad contra los supervivientes de la dictadura que tengan las manos manchadas de sangre.

1. Rodolfo Martín Villa, “la porra de la Transición”

El exministro, exsenador y exasambleario de la Asamblea de Madrid Rodolfo Martín Villa fue conocido durante su periodo como ministro de Gobernación  (76-79) como “la porra de la Transición” por la dureza empleada en la represión de las manifestaciones obreras y estudiantiles. Asimismo, se le acusa de ser parte responsable de la intensa actividad parapolicial que se desarrolló a lo largo de estos años con una nutrida implicación de organizaciones fascistas.

De manera más específica, la querella pedirá su imputación como ministro de Relaciones Sindicales y corresponsable de la muerte de cinco trabajadores en Vitoria durante la jornada de huelga del 3 de marzo de 1976 cuando la Policía asaltó la iglesia de Vitoria de San Francisco de Asís, lugar habitual de las reuniones de las Comisiones Representativas de las empresas en lucha, y disparó a bocajarro contra los más de 5.000 obreros que habían acudido a la asamblea.

Martín Villa es señalado como responsable del asesinato de cinco obreros en Vitoria El resultado: cinco trabajadores muertos (Pedro María Martínez Ocio de 27 años; Francisco Aznar Clemente de 17 años; Romualdo Barroso Chaparro de 19 años; José Castillo García de 32 años; Bienvenido Pereda Moral de 30 años) y alrededor de 150 heridos.

Martín Villa comenzó su carrera política en el régimen en 1962 como Jefe Nacional del Sindicato Español Universitario (SEU) alcanzando el puesto de Gobernador Civil en 1974 y ministro de Relaciones Sindicales en 1975. Ya en democracia, fue diputado en las Cortes por la provincia de León (UCD) y de la provincia de Madrid por el Partido Popular años después. Asimismo, también presidió la Comisión de Justicia e Interior del Congreso entre 1996 y 1997. En enero de 2003, fue nombrado comisionado del Gobierno para el desastre producido por el hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas de Galicia.

Su pasado franquista tampoco le impidió dar el salto al mundo empresarial. Desde diciembre de 2003 fue consejero de Sogecable y presidente del Consejo de Administración y de la Comisión Ejecutiva de la misma compañía desde marzo de 2004 hasta octubre de 2010. Asimismo, también fue presidente de Endesa, cuando era parcialmente pública, presidente de Endesa Italia o presidente de la Comisión de Control de Caja de Ahorros de Madrid (1993-1997) entre otros muchos cargos de relevancia.

2. José Utrera Molina, el suegro de Gallardón

La complicidad de Utrera Molina, de 86 años, con el régimen franquista ni siquiera ha sido disimulada en democracia. Actualmente, forma parte del Fundación Francisco Franco. Su carrera en el régimen franquista comenzó en el Frente de Juventudes (la organización juvenil del partido fascista) y finalizó en 1975 como Ministro Secretario General del Movimiento y vicepresidente del Consejo Nacional del Movimiento poco antes de la muerte del dictador. Además, fue presidente del Banco Rural desde marzo de 1975 hasta su dimisión el 3 de abril de 1978.

Utrera Molina firmó la ejecución de la sentencia de muerte de Puig Antich

La Red Aqua pide su imputación en la querella contra el franquismo por firmar el decreto o ‘enterado’ para la ejecución de la sentencia a muerte, por garrote vil, de Salvador Puig Antich,  condenado a muerte por un tribunal militar tras ser acusado por el asesinato en Barcelona del subinspector de la Brigada Político Social, Francisco Anguas Barragán, cuando se procedía a su detención.

En 2010, Utrera Molina escribió un artículo de opinión en el diario ABC en el que calificaba la Ley de Memoria Histórica y la retirada del monumento al teniente general Millán Astray como una “vandálica invasión del Gobierno socialista”. “Vivimos un tiempo en el que corremos el riesgo de avergonzarnos de pertenecer a una Nación gloriosa y antigua como ha sido España”, escribe.

3. Juan Antonio González Pacheco, alias Billy el niño

Dentro de todos los casos de torturas denunciados a lo largo de la larga noche de la dictadura franquista, el caso de González Pacheco, Billy el niño, miembro de la Brigada Político Social, es el más impactante.  De hecho, tiene un amplio dossier de diligencias judiciales por presuntas torturas en los últimos años del franquismo. Su nombre llega a aparecer hasta en 17 querellas, presentadas en Argentina, unido de manera indisoluble al delito de tortura.

En 1974 llegó a ser condenado, junto a otros tres policías, por el Juzgado Municipal número 19 de Madrid, a pagar 1.000 pesetas por una falta de malos tratos y otra de coacciones al estudiante Francisco Lobatón. Un año antes, en 1973, ya había sido condenado por otra falta de lesiones interpuesta por Enrique Aguilar Benítez de Lugo.

González Pacheco fue absuelto de todos los procesos judiciales en los que estaba envuelto por la Ley de AmnistíaEl resto de procesos pendientes se sobreseyeron tras no presentarse reiteradamente a los juicios en los que estaba encausado y beneficiarse, posteriormente, de la ley de Amnistía de 1977 que se extendió a “los delitos y faltas que pudieran haber cometido las autoridades, funcionarios y agentes del orden público con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los actos Incluidos en esta ley”. Así, también prestó declaración ante la Audiencia Nacional por su presunta relación con los asesinos de los abogados de Atocha y por los grupos antiterroristas paramilitares Antiterrorismo ETA y Batallón Vasco Español, autores de varios asesinatos durante la Transición.

Pero la Ley de Amnistía no fue suficiente para limpiar su honor. El 1 de julio de 1977 el Ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, le condecoró con la Medalla de Plata al Mérito Policial y se le organizó una cena homenaje “como desagravio a la persecución de la que es objeto por parte de algunos medios de comunicación”. Al acto asistieron cien policías, entre ellos Manuel Ballesteros que será Jefe del Mando Único de la Lucha Antiterrorista. Ese mismo año pasó a formar parte de la Brigada Central de Información, que más tarde daría lugar a la Brigada Antiterrorista donde actúa como segundo de Roberto Conesa, que también fue su superior en la BPS.

En 1985 González Pacheco aparece como jefe de seguridad de la empresa automovilística Talbot en Madrid, donde también trabaja en diversas empresas de seguridad. En 2011, según la documentación previa a la demanda de la Red Aqua, figura como jefe de tráfico de la empresa Loomis.

4. Jesús Muñecas, golpista del 23-F

Jesús Muñecas es, actualmente, propietario de un centro de equitación en Valdemoro. Recibe la pensión máxima de jubilación por sus servicios prestados al Estado a lo largo de su dilatada trayectoria como guardia civil. Su nombre no pasó a la historia, como el de Tejero, pero sí su intervención en el 23-F. Él fue el primero en dirigirse a los diputados para comunicarles la “próxima” llegada de la “autoridad, militar, por supuesto”. Durante el secuestro de los diputados en el hemiciclo, él mismo se ocupó de dirigir el grupo armado que tuvo a su cargo la vigilancia de las puertas del Parlamento.

Jesús Muñecas disfruta de la pensión máxima a pesar de haber protagonizado un golpe de Estado  Previamente, había sido denunciado en varias ocasiones por delitos de torturas en la Comandancia de Zarautz y en la Comandancia de la Guardia Civil de Tolosa, dependiente de la de San Sebastián. No fue condenado por ninguna de ellas. Sí lo fue tras el 23-F por “delito consumado de rebelión militar” por el que es condenado a tres años y seis meses de prisión. Salió en libertad en octubre de 1984, tras cumplir las tres cuartas partes de la condena y obtener setenta y cuatro días de reducción por trabajos realizados.

5. Fernando Suárez, en segunda fila

Fernando Suárez inicia su carrera política, como tantos otros políticos del régimen, en las filas del SEU donde fue jefe de la sección de Oviedo entre 1954 y 1956. Tras pasar por varios puestos de designación política de segundo nivel como director del Instituto de la Juventud o director general del Instituto Español de Emigración, da el salto al Gobierno en 1975 para ocupar la cartera de Trabajo.
Ese mismo año firma, junto al resto de ministros, la sentencia a muerte de los últimos asesinados por el franquismo en septiembre de 1975: José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, Juan Paredes Manot y Ángel Otaegui. Por ello, la Red Aqua pide su imputación como responsable directo de crímenes de lesa humanidad.

Por qué odian tanto a Chávez

27 marzo, 2013

Fuente: http://www.eldiario.es

Isaac Rosa | 07/03/2013 – 20:52h

De los muertos se habla bien, siempre que no se llamen Hugo Chávez. Intento recordar alguna muerte de las últimas décadas que haya merecido tanta mala baba como la que ayer chorreaba en la mayor parte de los medios españoles. Tirano, autócrata, caudillo, payaso, gorila, Hitler, Stalin, Kim Jong Il, demente, delincuente, zarrapastroso… Son términos leídos y oídos ayer para despedir al presidente venezolano.

Ni siquiera cuando murió Bin Laden hubo tanto ensañamiento. De verdad, repasen las hemerotecas y comprobarán cómo el líder de Al Qaeda mereció más respeto que Chávez por parte de la derecha mediática española.

Intento entender por qué odian tanto a Chávez, cómo han podido acumular todo ese odio. Qué había hecho Chávez que fuese tan imperdonable. Repaso todo lo dicho y escrito ayer, y junto al listado de insultos anoto también el listado de reproches: dio un golpe de Estado, era populista, se comportaba como un payaso, recortó las libertades, amordazó a la prensa, fue amigo de Cuba y de otros gobernantes “gamberros”, expropió empresas, dejó un país en crisis y no acabó con la pobreza y la corrupción.

Podría dedicarme a rebatir esos reproches, pero ya se han dedicado otros a hacerlo con buenos argumentos. Como mi propósito es averiguar por qué le odiaban tanto, voy a dar por buenas esas acusaciones: pongamos que todo ello fuese cierto (que no es el caso, pero déjenme que me haga el tonto un rato), y comprobemos si sería suficiente para explicar esa animadversión tan rabiosa. Venga, aceptamos pulpo como animal de compañía y Chávez como dictador: pongámonos en el lugar de sus detractores, a ver si así los entendemos.

Dar un golpe de Estado podría admitirse como motivo de odio, desde una defensa incondicional de la democracia. Pero sería válido si quienes nunca le han perdonado su golpismo hubiesen mostrado la misma inflexibilidad con los golpistas de 2002. Pero no ha sido así. Ni golpistas les llaman.

El golpismo sería aceptable como motivo de rechazo si se aplicase por igual a todos los golpistas que en el mundo hay. Pero no ocurre así con otros que no han ganado ni la mitad de elecciones que Chávez, y con los que no está mal visto firmar acuerdos, hacer negocios o compartir mesa. Lo mismo pasa con el populismo, el culto a la personalidad y las payasadas: podrían ser razón para rechazarlo si ese baremo de exquisitez se aplicase por igual a todos los gobernantes. Incluidos nuestros propios populismos y cultos personalistas.

El mismo razonamiento cabría hacer con el recorte a las libertades y la persecución de la prensa. Si damos por buenas ambas acusaciones (ven, pulpo, ven, bonito), el razonamiento se desmorona ante el silencio cómplice con que son tratados gobernantes que han practicado la guerra sucia, han ordenado asesinatos o han encarcelado periodistas. Nada de esto ha hecho Chávez, y sí otros dirigentes cuya muerte no merecería una mala palabra y sí más de un elogio.

Lo de que expropiaba empresas, casi mejor habría que preguntárselo a las propias empresas. Un caso claro de masoquismo, de maltratada que vuelve una y otra vez con su maltratador, pues pese a las expropiaciones las empresas seguían queriendo hacer negocios con Chávez. Muy buenos negocios, según reconocen. Lo mismo el gobierno español, que pese a quejarse de boquilla corría a venderle barcos con unos contratos históricos.

Lo de que deja un país en crisis, dicho desde un país quebrado e intervenido como el nuestro, casi mejor lo pasamos por alto. Y lo mismo con la corrupción, de la que pocas lecciones podemos dar desde lo alto de nuestra montaña de mierda. En cuanto a la pobreza, no llegó con Chávez, al contrario: bajo su mandato se redujo notablemente, algo que sus enemigos le reconocen aunque con la boca chica, como una minucia, nunca con la valoración que merece un éxito así.

¿Queda algo? Ah, sí: que era amigo de Castro y que se alió con los países más denostados. Nada, nada, calderilla comparado con todo lo anterior, no creo que unas buenas relaciones con Cuba (que son comunes a otros países), o una foto con el mismo Gadafi al que dimos la llave de oro de Madrid, justifiquen tanto rencor.

Entonces, si no parecen verosímiles todas esas razones para explicar el odio a Chávez, ¿por qué le odian tanto? Esperen, que devuelvo el pulpo al mar antes de contestar.

Le odian por todo aquello que no suelen nombrar, pero que se lee claramente subtitulado bajo las acusaciones de golpista, populista, liberticida o expropiador. Le odian porque con sus victorias electorales invalidó una y otra vez la etiqueta de dictador, y dio un mal ejemplo a otros pueblos: que la democracia podía ser una vía legitimadora de transformación social. Le odian porque no consiguieron derrotarlo en quince años, ni la oposición, ni los militares traidores, ni Estados Unidos, y ha tenido que ser un cáncer.

Le odian porque obligó a que respetasen el país quienes estaban acostumbrados a usarlo como un trapo. Le odian porque al hablar de tú a tú a Estados Unidos hizo más evidente la sumisión de otros. Le odian porque con su internacionalismo bolivariano sacudió una Latinoamérica que apenas se levantaba de décadas de dictaduras, CIA y neoliberalismo. Le odian, por último, por motivos ideológicos: porque hablaba de socialismo, con todas las letras, ese fantasma que algunos creían enterrado bajo los cascotes del muro de Berlín, y que Chávez ha mantenido como posibilidad durante una década, hasta llegar a este cambio de época en el que ya no vemos tan disparatado pensar en socialismo.

Otro día si quieren hablamos de sus errores, que no son pocos. Hoy no: yo sí respeto a los muertos, sobre todo cuando merecen tanto respeto como el que Chávez se ganó.

El mapa del horror nazi se ensancha

26 marzo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

Yolanda Monge  Washington 5 MAR 2013 – 01:42       

Existen los grandes e infames nombres que siempre conformaron la cartografía del horror: Auschwitz, Dachau, Treblinka, Varsovia. Y luego viene el vasto e interminable universo de grandes, medianos o pequeños campos de concentración y guetos que formaron el corazón del régimen nazi. Ahora, un estudio elaborado por investigadores del Museo del Holocausto de Estados Unidos en Washington ha cifrado en 42.500 los centros de la tortura, el sufrimiento y la muerte pensados y puestos en marcha por los nazis.

El total es tan inmensamente superior al que se creía hasta ahora que puede que la historia del Holocausto esté a punto de ser reescrita. De hecho, el hallazgo realizado por Geoffrey Megargee y Martin Dean —principales responsables del proyecto— es de tal envergadura en los números que aporta que ha caído como una auténtica bomba entre los especialistas del horror nazi y la solución final.

Según Megargee y Dean, entre 15 y 20 millones de personas murieron o fueron prisioneras en algunas de las instalaciones que el régimen nazi creó en Alemania o en sus países ocupados desde Francia a Rumanía, y que ahora se identifican en una gran enciclopedia cuyo último volumen está previsto que vea la luz en 2025. Los lugares ahora documentados no solo incluyen centros de la muerte, sino también 30.000 campos de trabajo forzado, 1.150 guetos judíos, 980 campos de concentración, 1.000 campos de prisioneros de guerra, 500 burdeles repletos de esclavas sexuales para los militares alemanes y miles de otros campos cuyo uso era practicar la eutanasia en los ancianos y enfermos, practicar abortos y germanizar a los prisioneros.

Hartmut Berghoff, director del Instituto Histórico Alemán en Washington, explica que cuando el Museo del Holocausto comenzó esta meticulosa investigación, “se creía que el número de campos y guetos estaba en los 7.000”. Partes enteras de la Europa en guerra se convirtieron en agujeros negros de muerte, tortura y esclavismo con la creación de campos y guetos durante el reinado de brutalidad de Hitler entre 1933 y 1945. “Ahora sabemos cómo de densa fue esa red, a pesar de que muchos campos fueran pequeños y tuvieran una vida corta”, explica.

Partes enteras de la Europa en guerra se convirtieron en agujeros negros de muerte, tortura y esclavismo con la creación de campos y guetos durante el reinado de brutalidad de Hitler entre 1933 y 1945

En un principio, los campos se construyeron para encerrar a los oponentes políticos del régimen, pero a medida que el nazismo se extendía como un cáncer por Europa, no solo se dio caza a los judíos sino también a gitanos, homosexuales, polacos, rusos, comunistas, republicanos españoles… Dependiendo de las necesidades de los nazis, los campos y los guetos variaban de tamaño y de organización, concluye el estudio.

El mayor gueto de triste fama es el de Varsovia, que durante su mayor ocupación albergó a 500.000 personas. El campo más pequeño identificado ahora por los investigadores del Museo del Holocausto tenía a una docena de personas realizando trabajos forzados en München-Schwabing (Alemania).

La investigación se ha alargado 13 años, a lo largo de los cuales las cifras del horror fueron creciendo sin parar a manos de los especialistas… hasta llegar a esos 42.500. El mapa que dibujan estos números ofrece una fotografía en la que literalmente no se podía ir a ningún lugar de Alemania sin encontrarse con un campo de trabajo o de concentración.

Durante años, muchos investigadores han centrado su trabajo en sacar a la luz a todas las víctimas del Holocausto, que muchos consideraban que era muy superior a la que se cita en los libros de texto. El número de judíos víctimas del nazismo se cifra en seis millones.

La investigación no solo abre la puerta a un nuevo capítulo de lo que la terminología nazi denominó la solución final, sino que posibilitará a los supervivientes del Holocausto presentar demandas o recuperar propiedades que les fueron robadas. Hasta la fecha, muchas peticiones a las compañías de seguro eran rechazadas porque las víctimas decían haber estado en un campo del que no se tenía registro. Eso acaba de cambiar. Aunque en opinión del profesor Berghoff, decir que la historia se va a reescribir sería “una exageración”. “La historia del Holocausto y su dimensión ya se conoce de sobra. Pero estamos sabiendo nuevos detalles, lo que es muy importante y deja los contornos mucho más claros”, apunta.

El trabajo ha recopilado documentación aportada por más de 400 investigadores e incluye también relatos de primera mano de las víctimas que describen con precisión cómo funcionaba el sistema y cuál era su propósito. Para algunos analistas, el hallazgo no solo es una herramienta fundamental para estudiosos y supervivientes sino un argumento más para combatir a los revisionistas y negacionistas del Holocausto.

El caso personal de Henry Greenbaum, superviviente del Holocausto, de 84 años y que vive a las afueras de Washington, queda recogido en la investigación del Museo. Es un claro ejemplo de la amplia variedad de sitios que los nazis utilizaron para aniquilar a los que consideraban enemigos de su doctrina. Greenbaum pasa hoy sus días mostrando el Museo del Holocausto a los visitantes. En su brazo está tatuado el número que el régimen le asignó: A188991. Su primera reclusión fue en el gueto de Starachowice (en su Polonia natal), donde los alemanes le encerraron a él y a su familia junto a otros habitantes judíos en 1940. Greenbaum tenía entonces 12 años.

Su familia fue enviada a morir en el campo de Treblinka, mientras él y su hermana fueron destinados a un campo de trabajos forzados. Su siguiente destino fue Auschwitz, de donde fue sacado para trabajar en una fábrica —también en Polonia— y después enviado a otro campo de trabajo en Flossenbürg, cerca de la frontera checa. Con 17 años, Henry Greenbaum había pasado por cinco encierros distintos e iba camino del sexto campo cuando fue liberado por los soldados norteamericanos en 1945.

El extremismo de las derechas en España

25 marzo, 2013

Fuente: www.publico.es

Vincenç Navarro, 5 de marzo de 2013.

Las consecuencias del enorme dominio que las fuerzas conservadoras tuvieron en España en el proceso de transición de la dictadura a la democracia han sido muchas, incluyendo la baja calidad de la democracia española, la escasa diversidad ideológica de los medios, y el profundo conservadurismo de las instituciones económicas (tales como la asociación de la Gran Patronal), financieras (como la asociación de la banca), religiosas (como la Iglesia católica), académicas (como las Reales Academias) y políticas del país. Los partidos de derechas (tales como los partidos conservadores y liberales) en España están más a la derecha que la mayoría de las derechas europeas y las izquierdas gobernantes, en general, han sido más moderadas que las izquierdas gobernantes en la mayoría de países de la Unión Europea.

Esto último, junto con el retraso histórico de España (resultado, a su vez, del enorme dominio que las derechas han tenido históricamente en las instituciones del Estado español), es directamente responsable, entro otros hechos, del escaso desarrollo del Estado del Bienestar español. Treinta y cinco años de democracia y España está todavía a la cola de la UE-15 (el grupo de países de la UE con nivel de desarrollo semejante al español) en el gasto público social.

Algo semejante ocurre en Catalunya, que ha sido gobernada durante la mayor parte de los últimos setenta y cuatro años por las derechas (primero por las fuerzas dictatoriales, y después, durante la democracia, por una coalición de dos partidos, uno conservador y el otro liberal). Su escaso gasto público social se debe a este hecho, un hecho ignorado, cuando no ocultado, por las fuerzas nacionalistas conservadoras catalanas cuando atribuyen tal retraso al déficit fiscal (es decir, la diferencia entre lo que Catalunya aporta al Estado central y lo que recibe de tal Estado, después de pagar los servicios comunes y la aportación solidaria a las otras CCAA) que Catalunya tiene respecto a España. Aunque tal déficit fiscal existe (y debería corregirse), no es el mayor responsable del retraso social de Catalunya (medido por el bajo gasto público social por habitante). El mayor responsable del retraso social de Catalunya y del resto de España es el nivel de los escasos ingresos al Estado, tanto central como autonómico, resultado de unas políticas fiscales escasamente progresistas (cuando se analiza la política fiscal real y no nominal) y del extendido fraude fiscal. Catalunya tiene esto en común con España, Grecia, Portugal e Italia, países todos ellos que están en profunda crisis (en parte por el dominio de las fuerzas conservadoras en el desarrollo de sus políticas públicas, tal como he señalado y documentado en mis escritos) (Ver El Subdesarrollo Social de España. Causas y Consecuencias. Anagrama. 2006)

Ejemplos del extremismo derechista

Tal extremismo de las derechas se ve en miles de hechos que aparecen en los medios diariamente. Veamos varios ejemplos. Las declaraciones del Sr. Berlusconi indicando que Mussolini hizo cosas buenas para Italia han generado una movilización y denuncia masivas por parte, no sólo de grandes sectores de la población, sino también del establishment político y mediático de aquel país (en la televisión pública, la RAI, se ha mostrado durante varios días una presentación de diez minutos cada hora, sobre los sufrimientos generados por el barbarismo nazi-fascista en Italia, narrado por víctimas de tal barbarismo). En España, sin embargo, varias figuras del partido gobernante han hecho declaraciones semejantes a las de Berlusconi acerca del Dictador Franco y el régimen que estableció, y no hubo una denuncia dentro del establishment político y mediático del país. En Italia está prohibida la alabanza al fascismo. En España, la Real Academia de Historia (financiada con fondos públicos) ha escrito varios capítulos laudatorios del fascismo español y de dirigentes de tal movimiento, incluyendo del Dictador.

En Italia, en Alemania y en Francia, las víctimas del nazismo y fascismo fueron honradas y apoyadas por el Estado. Miles de españoles exiliados lucharon y lideraron la resistencia antinazi en la Francia de Vichy, ocupada por las tropas nazis, y me consta (pues tengo familiares entre ellos) que el gobierno francés les honró condecorándoles, dándoles el honor que se merecían y recibiendo, además, una pensión hasta que murieron (como el caso de mis familiares en el exilio en Venezuela). En España, donde también lucharon contra el fascismo, el Estado no les honró y todavía hoy no existe ni siquiera un registro de las personas asesinadas por el fascismo, estando las familias de las victimas desaparecidas totalmente desatendidas.

Algo igual aparece en las áreas económicas. La dureza de la Gran Patronal en sus posturas laborales no tiene parangón en la UE-15. Véase ahora la repuesta del gobierno del Partido Popular, de la gran patronal y de la gran banca a la crisis, y compárese con la respuesta del gobierno francés. Independientemente de los méritos y deméritos de la reforma laboral del gobierno francés, el hecho es que este pacto fue fruto de un amplio acuerdo social y político. Para alcanzarlo, más de 300 representantes del gobierno, de los sindicatos y de la patronal, estuvieron reunidos a fin de alcanzar un acuerdo en el que un objetivo principal era crear empleo. En España se está destruyendo empleo (público y privado) para que (paradoja entre las paradojas) así “se salve al país de la crisis”. Y en Catalunya, gobernada por una coalición de un partido conservador cristianodemócrata y un partido liberal, la cadena de televisión pública, TV3, tiene un programa que titula “Lecciones de Economía” que lo protagoniza un economista ultraliberal, cuya filosofía económica es próxima al extremista Tea Party de EEUU.

La excesiva moderación de las izquierdas gobernantes

Sería deseable que las izquierdas exgobernantes, tanto en España como en Catalunya y otras CCAA, además de abandonar el neoliberalismo, perdieran su excesiva moderación. La socialdemocracia en España fue la que desarrolló el escasamente desarrollado Estado del Bienestar, con el apoyo primordialmente de los partidos a su izquierda. Tanto los gobiernos de Felipe González como los de José Luis Rodríguez Zapatero expandieron los servicios y transferencias del Estado del Bienestar. Ahora bien, su respuesta a la crisis fue ortodoxa neoliberal, más moderada que la radical del gobierno Rajoy, pero neoliberal de libro de texto. En realidad, las políticas de los recortes fueron iniciadas por el equipo económico del gobierno Zapatero. Juan Torres, Alberto Garzón y yo hemos mostrado que otras políticas alternativas a los recortes eran posibles. (Ver Hay Alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España. Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón. 2011). Y esta posibilidad es incluso ahora más acentuada.

Juan Torres, en un artículo publicado en Alternativa Económica (27.01.13) señala las alternativas que deberían haber sido ya puestas en marcha por la socialdemocracia española cuando gobernaba y que ahora las izquierdas (e incluso las derechas) deberían hacer suyas. Estas políticas incluyen: 1) la emisión de euros por el Banco de España, con los cuales comprar deuda pública (lo cual podría hacerse según la normativa que regula el funcionamiento del BCE y del Sistema Europeo de Bancos Centrales) y 2) crear agencias públicas de crédito que podrían también establecerse a nivel autonómico y que accedan –como lo hacen los bancos privados- al BCE a pedir prestada liquidez a los mismos intereses que se ofrece a la banca privada, posibilidad que presenta el Tratado de Lisboa.

El hecho de que estas medidas no se lleven a cabo se debe al enorme y excesivo poder que la banca tiene y que se refleja en el mundo político, mediático y académico. En España ningún partido político lo ha propuesto. ¿Por qué? Se me dirá, con razón, que tales medidas tampoco las han propuesto otros partidos socialdemócratas en la UE. Pero la situación en España (con un desempleo del 26% de la población activa) fuerza que las fuerzas progresistas deberían ser más atrevidas en la búsqueda de soluciones que aquellos partidos. En realidad, las propuestas hechas por la socialdemocracia europea han sido más adelantadas que las desarrolladas por los partidos socialdemócratas españoles todavía estancados en el neoliberalismo, los cuales ni siquiera han hecho una autocrítica de sus políticas neoliberales. Por lo visto, no se han dado cuenta de que, a no ser que se haga tal autocrítica, no recuperarán la credibilidad entre el electorado al que han abandonado.

La otra tragedia griega

25 marzo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

John Carlin 5 MAR 2013 – 00:00

Un afgano que huyó de su país porque se convirtió del islam al cristianismo y temía que lo fueran a linchar. Un sirio que abandonó su tierra cuando una bomba destrozó su casa. Un sudanés que cruzó la frontera a Libia después de que soldados mataran a su padre y violaran a sus hermanas. Los tres se han sumado a los ríos de refugiados que fluyen, como siempre desde comienzos de la historia humana, de los lugares más desdichados de la tierra, desem­­bocando hoy en Atenas, la capital más desdichada de Europa. Persiguen el sueño europeo, pero se encuentran atrapados en el pantano de la crisis griega: indocumentados, indeseados, despreciados, luchan día a día para sobrevivir y conviven con la amenaza permanente de volver a sufrir la violencia que creían haber dejado atrás en sus países de origen.

Los malos de esta historia son fáciles de identificar. El partido parlamentario de extrema derecha Amanecer Dorado (Chrysi Avgi en griego) utiliza a los migrantes extranjeros como los nazis utilizaban a los judíos: como los chivos expiatorios de las frustraciones y las desgracias que acosan a la sociedad. Amanecer Dorado gana adeptos alimentando la necesidad humana de desplazar a otros la responsabilidad por los problemas que uno tiene; señalan a los árabes, asiáticos y africanos (“subhumanos”, les llaman) que han entrado sin papeles legales en su país como los culpables de los males económicos de su pueblo. Acusándoles de infectar a los griegos con sus enfermedades y de convertir el centro de Atenas en una jungla criminal, jóvenes militantes de Amanecer Dorado van a la caza de los extranjeros en las calles, los mercados, los parques y los autobuses.

Los buenos de esta historia también son fáciles de identificar. Son trabajadores de ONG o voluntarios griegos que hacen lo posible para ayudar a los refugiados, muchos de ellos hambrientos, enfermos o sin techo. Pertenecen a esa reducida y heroica clase de personas que uno ve en todos los rincones de la tierra donde hay masas de gente pasándolo mal, pero en este caso su altruismo es especialmente sorprendente: ellos mismos padecen las consecuencias de la crisis económica que ha arrasado a su país, sabiendo que muchos de sus com­­patriotas compiten por comida con los refugiados en los basureros de Atenas. La misión de Médicos sin Fronteras (MSF), por ejemplo, consiste en ayudar a los refugiados (aunque muy pocos gozan del estatus oficial de “refugiado”), pero ellos, como otras ONG, oyen un clamor creciente de los propios griegos, el 30% de los cuales no tiene acceso hoy a la salud pública. Les preguntan: “¿Por qué no nos ayudáis a nosotros en vez de a ellos? ¿Quién les invitó?”.

Amanecer Dorado son los malos, pero no es difícil comprender por qué se han convertido en la tercera fuerza política del país, en vías de convertirse en la segunda. En tiempos de inseguridad, confusión e incertidumbre, los que salen ganando muchas veces son los que ofrecen salidas simplistas a problemas complejos. Vinculados a grupos neonazis en Alemania, han aprendido las lecciones populistas de la era Hitler. Magnifican el peligro que representan los refugiados y se postulan como los únicos y auténticos defensores del pueblo. No hay ningún griego que no se haya enterado de la existencia de un número de teléfono al que los pensionistas pueden llamar para que un par de gorilas del partido les acompañen a sus bancos, como protección contra los temidos “delincuentes” extranjeros, a recoger sus pagas mensuales. No está claro si es pura propaganda, pero llega a la gente. La última movida de Amanecer Dorado ha sido crear un organismo que llama “Médicos con Fronteras”. Cuenta, proclaman, con una red de médicos dispuestos a ofrecer consultas gratis solo para nativos.

Los griegos, muchos de ellos, odian a los refugiados. Los refugiados, muchos de ellos, odian a los griegos. Hablé con más de 20 personas, hombres y mujeres, procedentes de tres de los países más peligrosos de la tierra –Afganistán, Siria y Sudán–, y el consenso entre ellos era total: Grecia era un limbo infernal del que se querían ir lo antes posible, aunque con pocas posibilidades de hacerlo, ya que los países del norte donde pretenden perseguir sus sueños tampoco los quieren y presionan al Gobierno griego para impedir su salida.

Todos entran a Grecia vía Turquía, don­­de prácticamente cualquiera es libre de entrar sin visado. Hoy llegan en barco a las islas helenas desde Turquía, transportados por traficantes de personas a los que pagan prácticamente todo el dinero que han ahorrado a lo largo de sus vidas. Hasta finales del año pasado, la mayoría lo hacía atravesando un pequeño río en la frontera noreste de Grecia con el vecino país musulmán. Ya apenas pasan por ahí porque el mes pasado acabaron de construir un nuevo telón de acero en Europa, una serie de vallas metálicas similares a las que separan México de Estados Unidos.

Me encontré con gente que había entrado de ambas maneras, por río y mar, en las oscuras oficinas del Foro Griego para Refugiados, donde me invitaron a participar en una improvisada clase de inglés. Había 14 alumnos, hombres y mujeres, y un profesor que me hizo de traductor. Todos eran afganos. Cuando les pregunté qué significaba Grecia para ellos, me contestaron casi al unísono: “¡Una parada de autobús!”. Cuando interrogué a los 14, uno por uno, el mensaje quedó aún más claro: les horrorizaba la idea de que Grecia podría ser su destino final. Estaban aprendiendo inglés, precisamente, porque tenían toda la intención de irse al norte de Europa. Habían vivido todos arduas y peligrosas travesías, y quedarse en Grecia supondría rendirse. No se iban a rendir. Ni las más jóvenes o vulnerables. En el grupo había un par de hermanas de 14 y 24 años. Tras un mes de viaje por tierra –en autobús, en burro y a pie– se subieron a un barco en Turquía que partió hacia Grecia, pero tres veces casi se hundió y tres veces tuvo que regresar a puerto. Por fin tocaron tierra en una isla griega a mediados de diciembre. ¿Dónde pensaban ir? “España o Italia estarían bien porque hace buen tiempo, pero no hay trabajo”, dijo la mayor. “Mejor Noruega”. ¿Pero no hace demasiado frío allá? La hermana menor sonrió y contestó: “Mucho frío, sí. Pero como un helado”. Toda la clase se rio.

Llamaba la atención el buen humor de esta gente. Tenían todos pasados temibles, presentes difíciles y futuros tremendamente inciertos, pe­­ro mantenían todos la esperanza. O, más bien, la seguridad de que llegarían algún día a sus tierras prometidas, a Oslo, Estocolmo, Fráncfort, Londres. Los hombres me contaron que dormían junto a otros 20 en habitaciones poco más grandes que el cuarto en el que apenas cabíamos sentados 14. No muy agradable parada de autobús, les sugerí. “Ya”, contestó un chico animado de 20 años, “pero el autobús llegará. Sabemos que llegará”. Todos asintieron enérgicamente con la cabeza, todos volvieron a sonreír. Hasta que les pregunté a los hombres qué hacían durante el día, cómo era la calle ateniense, y el tono de la conversación cambió. Se acabaron las bromas y las risas.

“No entiendo por qué nos dejan entrar si después nos tratan tan mal”, dijo el chico de 20 años, generando murmullos de asentimiento. “La gente nos insulta en la calle todo el tiempo”, dijo un hombre de unos 45 años”. Y lo peor es que también nos asaltan”. Él y otro hombre, de los ocho reunidos ahí, habían sido asaltados en los tres meses anteriores. “Salí del lugar donde vivo”, dijo el primero, “vi a un niño pequeño, le saludé, el niño se lo contó a su padre y al poco rato aparecieron cuatro hombres con palos. Me dejaron tirado en la calle, inconsciente, y durante una semana no pude caminar”. El segundo hombre, de 30 años, fue atacado en un parque a medianoche por tres hombres con palos. “Lo reporté a la policía, pero descubrí que ellos estaban del lado de mis asaltantes. No me hicieron caso”.

¿Quiénes fueron los agresores? Me miraron como si fuera la persona más ingenua del mundo. “Amanecer Dorado, por supuesto”.

El día después de mi encuentro con los afganos en la clase de inglés, un paquistaní fue asesinado a cuchillazos. La policía no suele intervenir en casos de asaltos a los extranjeros, ni siquiera si se encuentran en la escena del crimen cuando ocurren. Pero en este caso no tuvieron más remedio. Detuvieron a dos griegos jóvenes en cuyas casas descubrieron material impreso electoral de Amanecer Dorado.

Yo no me enteré hasta que lo leí en los periódicos, pero ese mismo día del asesinato entrevisté a un sudanés llamado Hassan que también fue agredido por los hooligans de la extrema derecha griega, pero que se salvó de milagro. Tenía 32 años y era un tipo enorme; parecía un jugador de baloncesto de la NBA. Hablamos en un centro evangélico donde pastores estadounidenses ofrecen comida y duchas gratis a los refugiados, con la idea de que a cambio se sometan a clases de instrucción cristiana. Pocos su­­cumben, la mayoría sigue siendo musulmana, pero los pastores –de Oklahoma, de Carolina del Norte– no pierden la esperanza. Mantienen las puertas abiertas a todos. Teniendo en cuenta que la alternativa es deambular sin rumbo por Atenas, el lugar es acogedor. Tiene vistas que un hotel de cinco estrellas envidiaría. Mirando por un gran ventanal en un amplio espacio donde los refugiados comen, juegan al pimpón y en algunos casos rezan, se ve con claridad, montando guardia sobre la antigua ciudad, el Partenón. Pero a Hassan no pareció llamarle mucho la atención este recuerdo de las antiguas glorias griegas. Él lo que quería hacer era mostrarme sus cicatrices. Una en la frente, otra en un lateral de la cabeza y muchas más en su enorme espalda, como si un capitán del siglo XVIII le hubiera castigado con latigazos en un barco esclavo. O, en este caso, como si las tropas de asalto de Amanecer Dorado hubiesen querido marcar sus siglas, similares a la esvástica nazi, en sus musculadas carnes.

Hassan no sabía qué fue exactamente lo que pasó. Solo recordaba que caminaba por la calle a las once de la noche cuando le rodearon 12 hombres, todos montados en moto, todos gritando insultos racistas y pidiéndole que se volviera a “la mierda de su país”. “Se bajaron de las motos y me empezaron a pegar con palos en la cabeza. Me desmayé y cuando me desperté ya no estaban, pero tenía la cabeza y el cuerpo bañados de sangre. Solo puedo suponer que me cortaron la espalda con navajas”.

Dijo Hassan que a veces llegaba a pensar que Grecia era incluso más peligrosa que su país. Era mucho decir, ya que salió corriendo de su tierra en mayo de 2011, después de que soldados del ejército gubernamental irrumpieran en su pueblo, quemaran su casa, mataran a su padre y violaran a sus dos hermanas. Pero el caso fue que en Atenas, en la cuna de la democracia, volvió a vivir aquella pesadilla. Huyó de Sudán; quiere huir de Grecia. No puede porque no tiene dinero y porque Grecia no tiene frontera con ningún país Schengen; no hay posibilidad de moverse libremente por Europa sin salir primero de Grecia por aire o por mar.

Wahid, el converso cristiano afgano, se encuentra igualmente atrapado. Entró en Grecia a finales de 2011 por la frontera terrestre, tras cruzar el río, con su mujer y su hija pequeña. Se esperaba otra cosa.

“La policía nos llevó a un centro de detención”, recordó Wahid, de 34 años. “La primera sorpresa fue el trato violento; después, la cantidad de gente concentrada en un reducido espacio, el mal olor, la suciedad, los baños todos rotos. Mi niña, de 10 años, estaba enferma y con hambre, pero nadie le quiso dar de comer. Esperaba encontrarme con gente que respetase a las mujeres y a los niños, al menos, ya que la Unión Europea siempre habla de los derechos humanos en Afganistán”.

Esperaba demasiado. Todos los refugiados con los que hablé denunciaron las pésimas condiciones en los centros de detención como al que llevaron a Wahid, donde hay decenas de miles de extranjeros encarcelados. La propia Comisión Europea se ha sumado a las protestas, declarando que la gente está detenida en centros “superpoblados” y “muy por debajo de los estándares internacionales”. Wahid se sorprendió con lo que se encontró a su llegada, pero tras 15 meses en Grecia ha aprendido a reducir drásticamente sus expectativas. “La Administración pública es un desastre en todo, entonces, ¿cómo no lo va a ser a la hora de atender a los refugiados? Pedir asilo aquí es una pérdida de tiempo”. Lo es. Según Yunus Mohammadi, que preside el Foro Griego para Refugiados, donde participé en la clase de inglés, de las 6.000 solicitudes de asilo hechas desde 2004, solo seis han sido concedidas, el porcentaje más bajo de toda Europa. La mayoría de los refugiados no se molestan siquiera en iniciar las gestiones, me dijo Mohammadi, porque saben que tendrán que esperar “para siempre”.

Lo que le molesta a Wahid, un hombre menudo que habla bien el inglés, es que aparentemente no exista ningún funcionario público al que le interese saber por qué huyó de Afganistán. “Migrar no es una acción criminal. Quizá verían que tenemos buenos motivos para hacerlo, si solo nos preguntaran…”.

La historia de Wahid es inusual. Se fue a Irán con su familia en 1997 después de que los talibanes cerraran los colegios y las universidades de su país. Volvió a Afganistán en 2004 cuando las fuerzas de la OTAN ya habían expulsado a los talibanes del poder; aprendió inglés y periodismo, él solo; trabajó de periodista y después de traductor con el ejército estadounidense, acompañando a las tropas en sus misiones en tierra enemiga. Volvió al periodismo después de 14 meses, conoció a un predicador protestante americano y se convirtió al cristianismo. ¿Por qué?, le pregunté. “Por el mensaje de paz”. ¿No es el islam una religión que proclama la paz? “Puedes proclamar que tienes buen corazón, pero tus acciones revelarán la verdad”. ¿Según su experiencia, el islam no es pacífico? “No en mi experiencia, en la del mundo”.

Si Wahid delata amargura cuando habla de la religión de sus padres es porque tiene sus razones. “Ser cristiano abiertamente en Afganistán, aún con los americanos ahí, es como pertenecer a Al Qaeda en Europa. Imposible hacerlo abiertamente. Celebrábamos servicios religiosos en secreto, y un día, en 2010, la policía nos pilló. Solo que yo no estaba ese día. Se llevaron a cuatro compañeros a una celda, y si no hubiera sido por la intervención del embajador americano, una turba los habría linchado”. La hija de Wahid iba a un colegio donde, inevitablemente, le enseñaban el Corán. “Yo hablaba de amor y perdón en casa, ella volvía de las clases y nos decía que, según su profesora, teníamos que odiar a los infieles cristianos y que irían todos al infierno”. Aterrado de que su hija lo delatara sin querer en el colegio, Wahid decidió marcharse de Afganistán.

Algunos afganos huyen del peligro, como él. Otros emigran por razones económicas. No duda, me dijo, de que vendrán muchos más, por ambos motivos, cuando las tropas de combate estadounidenses dejen Afganistán en 2014. “Habrá anarquía, habrá terror, habrá una avalancha de refugiados hacia Europa”.

Hoy, en este preciso momento, la avalancha amenaza con venir de Siria, donde se está librando quizá la guerra más despiadada del mundo. Hablé con un hombre de allá en el centro evangélico de los pastores estadounidenses, con el épico Partenón una vez más de fondo. Se llamaba Gharib, tenía 52 años y el presente le pesaba demasiado como para dejarle tiempo para reflexionar sobre el significado histórico de esa famosa mole en cuyos alrededores los primeros filósofos inventaron la democracia. Para Gharib, un hombre de aspecto culto que si se pusiera traje y corbata parecería el gerente de un banco, Grecia es un país bárbaro. No tanto como el suyo hoy, pero sí comparado con lo que se había esperado de Europa.

Esa misma mañana, me contó, la policía le había echado de una casa abandonada, sin luz y agua, donde había estado viviendo con otros cuatro compatriotas sirios. No tenía dinero y, me dijo, no sabía dónde iba a dormir esa noche. Hablando como en trance –parte en inglés, parte en francés– me dijo que había llegado a Grecia a mediados del año pasado.

“Mi casa en Siria fue destruida por una bomba, y mis cuatro hijas y mi hijo y mi mujer están en la calle esperando a que les dé buenas noticias, pero no puedo ayudarles, pido perdón. No tenía dinero para traerlos a todos y me fui andando durante diez días a la frontera turca, y mi idea era venir a Europa y mandarles dinero y pagarles el viaje, pero me tuvieron tres meses en la cárcel y no he podido, pido perdón. En mi ciudad, mis hijos duermen en la calle con bombas, y yo duermo en la calle aquí sin bombas. Pido perdón”.

Gharib habla alemán. Su plan, imposible hoy por falta de fondos para pagar a los traficantes (que, según él, se encargan de que uno viaje en avión sin documentos legales), es irse a Austria o a Alemania. “Todas las noches rezo para poder irme de este país. Grecia es un burro; Alemania, un coche. Le pido a Dios que me deje subirme al coche”.

El problema es que la mayor parte de la población griega también quisiera subirse a un coche, quisiera ver señales de una mejora de vida, quisiera tener las seguridad de saber que mañana habrá comida sobre la mesa y un techo encima. Y no quieren tener que competir por estas necesidades básicas con gente cuya llegada a su país no podría haber sido menos providencial. Tuve una conversación en un contexto muy diferente al refugio de los evangélicos norteamericanos, en la planta noble de un edificio a pocos pasos del Parlamento griego, con el presidente de la Cámara de Comercio de la ciudad. Constantine Michalos me explicó la visión general que tienen los griegos de los extranjeros no invitados, que, en sus palabras, han “invadido” su capital. “Hay una bomba de relojería de criminalidad en el centro de Atenas”, me dijo. “He hablado con el jefe de policía y su mayor temor es que un día de estos explote. Esta gente que viene de fuera es muy violenta, y hay más de un millón de ellos”.

Quizá haya más de un millón, si se incluye a aquellos que están legalmente dentro del país; pero, según cifras aportadas por MSF, el número real de extranjeros sin papeles en Grecia se acerca más al medio millón, probablemente la mitad de ellos en Atenas. Aunque nadie sabe con seguridad los números verdaderos. La exactitud estadística no es un don de la Grecia moderna, y mucho menos de Amanecer Dorado, cuyo interés reside en agrandar los números para inflamar los sentimientos xenófobos. Michalos, un empresario privilegiado, educado en los mejores colegios ingleses, dice que aborrece el racismo de la extrema derecha de su país y que también lo aborrecen “tres cuartos” de los griegos que votan por ella. Pero aunque esto fuera verdad, lo que no está en duda es que un creciente porcentaje de la población ve un valor en su presencia callejera. Tampoco ven con malos ojos las atroces condiciones de vida en los centros de detención de los refugiados. Porque lo último que necesita el país más dañado por la crisis y con menos esperanza de salir de ella, según Michalos, es más personas a las que haya que dar de comer. “Los centros de detención mandan un mensaje: que Grecia no es la puerta del paraíso”, dice Michalos. “Y en cuanto a Amanecer Dorado, a través de ellos, por más abominables que sean, también se lanza un mensaje disuasorio. La realidad es que ellos hacen el trabajo sucio del Gobierno. Sé, porque tengo buenos conocidos en el Parlamento, que los políticos de centro-derecha que hoy gobiernan no critican tanto a Amanecer Dorado en privado como en público”.

Desde un punto de vista totalmente diferente, Yunus Mohammadi, presidente del Foro Griego para Refugiados, también detecta una conexión entre la extrema derecha y la agenda gubernamental. “El primer ministro ha dicho que hay que reocu­­par las ciudades, y en eso están”, dijo Mohammadi. “Antes de 2010, la sociedad estaba en contra de los ataques a los extranjeros, que ya ocurrían, pero en mucho menor volumen. Desde 2010, todo ha cambiado. Hay muchísimos más asaltos, y la gente normal se queda mirando, incluso riéndose. A mí me atacaron, sangré, se lo reporté a la policía y me dijeron que si me seguía quejando me meterían dos días en la cárcel, y eso que yo hablo griego. Los demás están aún más indefensos. El gravísimo problema ahora es que la sociedad acepta esta violencia; se ha convertido en violencia democrática. Es decir, Amanecer Dorado está ahora en el Parlamento, así que ahora su violencia está democráticamente justificada”. El concepto, según Yunus, está internalizado en buena parte de la sociedad griega.

Pero no en toda, como me señaló con admirable generosidad el gigante Hassan. Pese a lo que había sufrido en Grecia, dijo estar dispuesto a aceptar que no toda la sociedad griega es mala. “La verdad”, agregó, “es que no se puede decir de ningún pueblo que todos son malos”. Christos Christou le agradecería el gesto.

Christou, actual presidente de Médicos sin Fronteras en Grecia, es un cirujano especializado en trasplantes de riñón que ha estado sin trabajo desde hace más de seis meses. Podría trabajar fuera, pero no piensa abandonar su país. Se va a quedar, dice, para ayudar en la salud pública y para participar en la lucha política que su país tiene por delante. Participa y no se calla, y por ello hace unas semanas él mismo se salvó por poco en el portal de su casa de una paliza de los militantes de Amanecer Dorado. “Si no hubiera intervenido un vecino que simpatizaba con ellos, no sé lo que me habría pasado”. Habiendo vivido el peligro en carne propia, entiende muy bien el terror al que se ven sometidos los extranjeros a los que MSF ayuda. “Desde que Amanecer Dorado prometió ‘seguridad y limpieza’, los migrantes se esconden, están asustados y la policía mira para el otro lado”, dijo Christou. “También atacan a los homosexuales, por cierto. Pronto estarán quemando libros. Los líderes son nazis, son hooligans convertidos en políticos”. Reconoce que la naturaleza humana es tal, que el mensaje simplista de Amanecer Dorado inevitablemente va a encontrar eco en la sociedad griega. El concepto del chivo expiatorio fue un invento del antiguo teatro griego que todas las sociedades, a su manera, replican. En el caso de la Grecia moderna, explica Christou, los refugiados cumplen esta necesidad, sirven para expiar culpas y evitar enfrentarse a la indignidad en la que un pueblo orgulloso de su historia ha caído. Lo de los “Médicos con Fronteras” lo ve como una broma pesada, pero comprende la lógica populista de la idea. MSF, como otras ONG, recibe más y más solicitudes de sectores necesitados de la población griega. “Los migrantes siguen siendo la gente más abandonada, pero nuestros vecinos griegos buscan comida en las basuras, y la gente está enferma, y hay más griegos sin hogares que migrantes, y cada día la situación empeora. La gente no puede pagar sus alquileres. Muy rápidamente lo pierden todo y se encuentran en la calle”.

La medida del pozo en el que se ha hundido Grecia la da precisamente el hecho de que MSF, inicialmente concebida para ayudar a extranjeros necesitados, está debatiendo seriamente la posibilidad de extender sus servicios a la población nativa.

Exactamente en la misma tesitura se encuentra Nikos Gionakis, que preside un centro de salud mental llamado Babel, destinado hasta ahora a ayudar solo a extranjeros. El problema es que cuanto más se recortan los fondos para la salud pública, más necesidad hay de ayuda entre la población griega. El propio Gionakis necesita ayuda. Ni él ni ninguno de los que trabajan con él –psicólogos y psiquiatras, además de personal administrativo– han sido pagados desde junio del año pasado. No han pagado la luz ni el alquiler de sus oficinas desde septiembre. Mientras tanto, la potencial clientela de Babel está en plena expansión. “Mi temor”, die Gionakis, “es que el mes que viene vendrán niños con problemas severos y no podré ayudarles”. Pero ¿cómo se ayuda a sí mismo?, ¿cómo vive él? “Pues como los demás, gracias a la familia”, contesta. “Mi mujer trabaja. Mis padres nos compran la comida. Esto es Grecia hoy. Mientras tanto, esperamos”. Esperan, entre otras cosas, amenazas de Amanecer Dorado. O más amenazas, porque ya han recibido varias debido a la ayuda que prestan a los refugiados. Aun en tales condiciones, dice Gionakis, se ha dado un fenómeno alentador. Se están presentando cada vez más voluntarios en su centro a ofrecer ayuda gratis, entre ellos psicoanalistas de alto nivel. Incluso hay gente que ofrece dinero. “Cada acción genera su reacción”, explica Gionakis. “Al mismo tiempo que crece el sentimiento antiinmigrante también crece la solidaridad”.

Es la diferencia entre gente que piensa con fronteras y sin fronteras. Los problemas cotidianos de los griegos, dice Gionakis, son casi idénticos a los de los refugiados. “Ellos no confían en el Estado griego; los griegos tampoco confiamos en el Estado griego. Por eso, todos debemos ayudarnos como podamos”. Pero hay algo que divide a los refugiados de los griegos, independientemente de su orientación política. Los refugiados sienten más esperanza; confían en un futuro mejor. Sus condiciones de vida son más precarias, más insalubres, más peligrosas. Pero son personas más acostumbradas que los griegos a existir en condiciones de extrema vulnerabilidad. Hoy, los griegos luchan por sobrevivir; los refugiados, la mayoría de ellos, han luchado por sobrevivir desde el día en que nacieron. Y hoy, incluso más que los que se aferran a la ilusoria bandera neonazi, son gente con un proyecto, un sueño y un convencimiento de que, habiendo llegado tan lejos, nada les impedirá alcanzar su destino.

“No lamento haber dejado mi país”, dijo Hassan, víc­­tima de aquel ataque de los motociclistas de Amanecer Dorado. “No fue un error. Un día saldré de aquí a una vida mejor”. “Llegaré a Austria o a Alemania y conseguiré trabajo y traeré a mi familia. Confío en que Dios me ayudará”, confió Gharib, el sirio. “Grecia es mejor que Afganistán”, dijo Wahid, el cristiano converso, “aunque peor que el resto de la Unión Europea. Quizá pasen años, pero nos iremos de aquí y mi hija crecerá y vivirá en un país en paz”.

En la clase de inglés en el Foro Griego para Refugiados, esos 14 afganos y su profesor eran, a primera vista, los más desafortunados de la tierra. Pero tenían un plan, tenían una misión. Quizá una misión imposible, pero ellos no se daban por vencidos. El frío del Norte, como dijo la niña afgana de 14 años, no era un frío insoportable, era un apetecible helado. Lo que para otros podría parecer un limbo aterrador, para ellos era una parada de autobús. Por más tiempo que tuvieran que esperar, el autobús llegaría. Su sueño se cumpliría. A diferencia de muchos griegos y de muchos otros europeos, les arrastra la fuerza de la fe.

Que no dimitan

23 marzo, 2013

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Javier Marías 3 MAR 2013 – 00:00

Si no fuera todo tan ultrajante y la gente no estuviera sufriendo tanto; si durante un año de Gobierno del PP no se hubieran creado más de medio millón de desempleos nuevos y no se estuviera asfixiando a los ciudadanos con subidas continuas de impuestos y bajadas de salarios; si no hubiera tantos desahucios legales pero ilegítimos e inmisericordes, y los bancos salvados por el dinero de la población no estuvieran negándole modestos créditos a esa misma población para salir adelante, habría que celebrar este periodo y agradecer a ese partido, el Popular, que nos obsequie días tras día (ayudado por las demás formaciones, justo es reconocerlo) con espectáculos de hilaridad incomparable.

Ya saben, uno se harta de lo malo, y hay jornadas en las que el ánimo se rebela contra el abatimiento. Si a la situación indignante y deprimente añadimos un espíritu alicaído incesante (no que no haya motivos), entonces no se puede vivir. Así que a ratos uno logra mirar el entorno con distanciamiento, como si la catástrofe no fuera con uno ni con sus allegados, y se descubre soltando carcajadas encadenadas. El Gobierno, su partido y sus portavoces recuerdan cada vez más al piloto de coches Carlos Sainz, que padece calamidades inverosímiles en las pruebas que dispu­­ta desde hace demasiados años. El hombre intenta explicárnoslas y maldice su mala suerte, pero ha llegado un momento en el que, lejos de dar lástima, su empeño se ha convertido en algo cómico. ¿Qué le puede acaecer ahora?, se preguntan sus seguidores, confiando, en el fondo, en que por una vez salga airoso de sus competiciones. Al fin y al cabo no hace ningún mal ni engaña, y nadie le desea el infortunio. Los políticos (los más) son otra cuestión: ellos sí dañan a incontables personas, y tratan de engañar a la mayoría.


Que no se vayan, que sigan haciendo el idiota y soltando memeces, provocando la irrisión de la ciudadanía”

Pero, con todo, no me digan que no tiene gracia que el mayor hazmerreír del momento, un tal Floriano, se ponga un día ante las cámaras, con sus espantosos corbatones de gangster secundario, y suelte que es imposible despedir legalmente a un tal Sepúlveda, ex-marido de ministra implicado en la trama Gürtel, y a la mañana siguiente sus jefes despidan a ese ex tan legal y tranquilamente. O que jure que el ex-tesorero Bárcenas está apartado del PP desde hace tiempo y acto seguido se descubra que hasta anteayer estaba cobrando de él no se sabe si un finiquito generoso o un generoso sueldo raro. O que el propio Bárcenas asegure que la letra de sus supuestas cuentas no es la suya, y a continuación un batallón de grafólogos expertos dictamine que le pertenece sin asomo de duda. O que Montoro grite (con su vocezuela) que nadie inmerso en un proceso se ha beneficiado de su amnistía fiscal y en seguida aparezca una lista de reos acogidos a su merced. O que Wert reduzca el número de profesores, incremente el de alumnos por aula, suba las tasas universitarias a lo bestia y al instante anuncie que con todo eso la educación va a mejorar un huevo. O que ese Ignacio que nos ha dejado en malhadada herencia Esperanza, se ponga hecho un basilisco con el obispo de Getafe por advertir éste de los peligros de Eurovegas y lo mande a ocuparse de sus competencias –es decir, a cerrar el pico– cuando a él y a su partido les ha parecido siempre de perlas que los obispos se manifestaran furiosos contra leyes aprobadas por el Parlamento y aceptadas por la sociedad en su conjunto. O que Rajoy reconozca carecer de palabra y haber incumplido todas sus promesas, tras haber pedido dos minutos antes que se le crea cuando niega haber cobrado jamás dinero negro. O cuando publica, muy ufano, sus declaraciones de la renta para “demostrar” que nada oculta, cuando a Hacienda, justamente, no se le va a enseñar ninguna irregularidad ni sobresueldo; es como si un sospechoso de tráfico de drogas invitara a la policía a registrar su domicilio, donde es evidente que ningún presunto narco guardaría sus alijos. O que se descubra que hay un restaurante barcelonés por el que pasaban todos los políticos de todas las formaciones –no sé cómo no se chocaban–, las cuales, al parecer, encargaban espiar a sus rivales y correligionarios, con micrófonos bajo las mesas clave, a la misma agencia de detectives, que no debía de dar abasto y que tal vez, armada un lío, entregaba las grabaciones a quien no correspondía. O que Gallardón, tras encarecer los trámites para apelar a la justicia, declare que así ésta estará más al alcance de todos, incluidos los pobres. O que Camps y Barberá, además de trajes y bolsos caros, hicieran honor a su españolidad recibiendo de una empresa regalos tan nuestros como jamones y vino. Jamones y vino.

Hay días en que uno se sobrepone al panorama tétrico, y entonces lo ve todo tan chistoso que, lejos de unirse a las voces que piden la dimisión de este Gobierno y de otros políticos de diferentes partidos, desea que duren, que no se vayan, que sigan haciendo el idiota y soltando memeces, provocando la irrisión de la ciudadanía, rizando el rizo de la majadería, justificando los desmanes y embustes con razonamientos ridículos (es un decir, lo de razonamientos); y que continúen exhibiendo en televisión a ese Floriano que, si no fuera tan atravesado, guardaría cierta semejanza con Chico Marx, el soso de los famosos hermanos; con sus corbatones. No me digan que, dentro del desastre, no es un detalle que nos diviertan tanto.

Economía del bien común: la economía congruente

22 marzo, 2013

www.eldiario.es

Adolfo Moreno @adolfo_mg | 02/03/2013 –        21:27h        

“¿Desea usted un nuevo orden económico?” La respuesta del 88% de los   alemanes (del 90% en Austria) en una encuesta de la Fundación Bertelsmann   –ligada al establishment político-económico germano- fue “sí”. Y es  que  el shock de la crisis ha mostrado un abismo que está desgastando   exponencialmente la marca capitalismo. Distanciándose de los ríos de tinta que analizan las causas, los culpables y el futuro cortoplacista, el profesor de Economía en la Universidad de Viena Christian Felber (Salzburgo, 1972) propone dar un paso al frente en busca de una   solución, a la par que plantear un itinerario: la Economía del Bien Común (EBC). Un “sistema económico alternativo completo” que deja atrás   la economía planificada comunista, pero también los excesos del capitalismo financiero desregulado.

¿Por qué los valores que nos  hemos otorgado constitucionalmente y  que, además, son los que todos  impulsamos en nuestras relaciones  humanas –honestidad, aprecio,  confianza, responsabilidad, solidaridad y  generosidad-, se comprueban  radicalmente opuestos –avidez, envidia,  desconfianza, irresponsabilidad,  desconsideración y egoísmo- a los que  rigen en la economía? Para Felber y su equipo, se debe legislar en pos  de que las coordenadas de la  gráfica –que suele expresar moviendo los  brazos- que perfilan el actual  “orden económico legal” -afán de lucro y  competencia- dejen de ser  seductoras para los empresarios, y enfocar y  recompensar el éxito  económico remplazando (con el desarrollo de leyes  que serán explicadas  en las próximas líneas) dichas coordenadas por  las de la contribución al  bien común y la cooperación: las reglas del  juego económico en la EBC.

¿Utopía?  Felber, que se adelanta a esta pregunta recurrente, afirma  que sólo  pretende hacer “congruente” el comportamiento económico según  lo que  dictan las constituciones democráticas (cita el artículo 151 de  la  Constitución de Baviera -“Toda actividad económica sirve al bien  común”-  y el preámbulo de la Constitución española -“La Nación  española,  deseando (….) promover el bien de cuantos la integran (…)  proclama su  voluntad de garantizar la convivencia democrática dentro de  la  Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social   justo”) respecto a la contribución al bien común, un término acuñado  por  Tomás de Aquino y de cuyos beneficios sociales ya hablaba  Aristóteles.

El  profesor Felber, de personalidad magnética y retórica  consistente,  aboga por romper esta contradicción haciendo que el dinero  ocupe su rol  original: “Es un medio, un instrumento; no un fin: los  indicadores del  éxito deben medir el nuevo objetivo final, que es el  bien común”.  Actualmente, la unidad de medida en la macroeconomía es el  PIB, y en la  microeconomía el balance financiero de las empresas.  Ambos son  indicadores exclusivamente monetarios. Así, en lo que  califica de un  “error metodológico fundamental”, el PIB creciente de un  país no nos  refleja si su ciudadanía padece un conflicto bélico, vive  en una  dictadura o siente miedo, en vez de confianza, ante el futuro.  Por  tanto, la EBC propone, a nivel macro, conocer, anualmente, mediante   encuestas y asambleas comunales, el nivel de bienestar de la población   midiendo una veintena de factores sobre la calidad de vida.  

El Balance del Bien Común, en el código de barras

Pero  es a nivel microeconómico donde la EBC muestra una practicidad,  madurez  y conectividad para con la sociedad, en un proyecto que se  formula “de  abajo a arriba”. Los balances financieros tienen la misma  lógica  estrictamente monetaria que el PIB: ¿el éxito de esa empresa ha  sido a  costa de trabajo infantil, evadir impuestos o devastar el medio   ambiente?, ¿o quizá gracias a discriminar a las mujeres, esclavizar a los   trabajadores o destruir empleo? Buscando estas respuestas, y rechazando   la Responsabilidad Social Corporativa, que se ha mostrado netamente   propagandística, la EBC propugna algo similar a una auditoría, merced a   una herramienta que Felber considera el “corazón” del sistema: La  matriz  del Bien Común.

Esta -en constante evolución y mejora con la  aportación  de los actores económicos que se están sumando al proyecto  en todo el  mundo- consiste en un cuadrante que, mediante puntuaciones   correspondientes a la interacción de, por un lado, los factores   relacionados con valores constituciones (dignidad humana, solidaridad,   sostenibilidad ecológica, justicia social y participación democrática y   transparencia), que pueden sumar hasta 200 puntos cada uno y, por el   otro, los grupos de contacto o ‘stakeholders’ (proveedores, financiadores,   empleados –inclusive propietarios-,  clientes/productos/servicios/copropietarios y ámbito social), así como   los criterios negativos, que restan puntos, permite obtener la   puntuación final (entre 0 y 1.000) de cada empresa, ayuntamiento,   universidad, etc., de forma no solo cuantitativa, sino también   cualitativa. Por tanto, la empresa que tenga una gestión participativa   en las decisiones, que reduzca la huella ecológica o que iguale los   salarios de hombres y mujeres, por poner algunos ejemplos puntuables de   las células de este cuadrante, tendrá una mayor puntuación. Es decir,   estará más cerca de alcanzar el éxito en su meta: el bien común.

Y  aquí es donde toma protagonismo la persona que decide la  supervivencia  de cualquier empresa: el consumidor. Cada producto tendrá  un color en  su código de barras según su puntuación en el Balance del  Bien Común  -rojo (0-200 puntos), naranja (200-400), amarillo (400-600),  verde claro  (600-800) o verde oscuro (800-1000)- para que el cliente  pueda decidir  gracias a la transparencia (una aplicación de móvil  permitirá que cada  cual compruebe los datos que más le interesan) de  una información que  Felber califica de “holística”, ya que “no solo es  un sello de comercio  justo, o ecológico, o social; sino una visión  global de la  responsabilidad –cuyos parámetros son hoy día una  propuesta de la EBC  sujeta a modificaciones- de una empresa”.  

Legislación económica en favor de la mayoría

La  entrada en escena de la política es, llegados a este momento, la  clave.  Como sabemos, los productos poco éticos (fabricados con mano de  obra  infantil o arrasando el ecosistema, por ejemplo) son más baratos  que los  de comercio justo, gracias a que el marco legal favorece estas   prácticas. Felber plantea desarrollar legislativamente los principios   constitucionales y, así, las empresas, según se aproximen al objetivo   del bien común, obtendrían una reducción en los impuestos y tasas   aduaneras, créditos a interés reducido (Felber está fundando en Austria   el primero de una serie de bancos del bien común que sigan las líneas   comerciales de la banca en sus albores), la prioridad en la contratación   pública y la cooperación   con la investigación universitaria. Por su parte, las empresas que no  se  adecúen a la justicia social, verán aumentados sus gravámenes y no  se  podrán beneficiar de esta legislación, con lo que sus productos  dejarán  de ser más baratos que los de las empresas que opten por la  EBC.  Teniendo un precio similar, se presupone que la ciudadanía  desechará los  productos irresponsables, viéndose obligadas todas las  marcas a buscar  el nuevo éxito empresarial. O a desaparecer.

“La EBC sigue siendo  una economía de mercado, basada en empresas  privadas, en dinero, en  oferta y demanda –subrayó Felber en una   conferencia en Alcoy-. Por tanto  todas las empresas seguirán haciendo  sus balances financieros, pero  basados en una producción real, y no en  un capital que se multiplica por  sí solo, como ocurre con la economía  financiera globalizada anónima”.  Así, estos balances ya no serían un  fin, sino un medio, por lo que  propone, insistiendo una vez más en que  estas medidas “deberán ser  aprobadas en referéndums democráticos”,  prohibir cuatro usos de los  excedentes monetarios en esta economía  “postcapitalista”: las  inversiones financieras especulativas, el  absorber hostilmente otras  empresas, la distribución a personas que no  trabajen en esas empresas y  las donaciones a partidos políticos, para  evitar que el poder económico  y el poder político converjan.

Manteniendo el aroma quincemayista que  impregna sus propuestas, Felber  aboga por establecer el “consenso  sistémico” (un método que logra  concretar qué propuesta ofrece menor  resistencia por parte de la  población, y que suele ser un punto  intermedio entre los extremos) para  preguntar a la ciudadanía, entre  otras decisiones, si debería haber un  límite legal entre el salario  mínimo de un país y el sueldo máximo que  se pueda cobrar. En la  actualidad, en Austria el beneficio personal  máximo multiplica por 800  el salario mínimo, en Alemania por 5.000 y en  el sector financiero  estadounidense por 360.000. “Nada en exceso”,  advertían ya los antiguos  filósofos griegos.

Anteriormente se  analizó la primera de las dos  coordenadas (sustituir el afán de lucro  por la contribución al bien  común) que la EBC propone para un nuevo  marco legal. Abordando la  segunda de ellas (el reemplazo de la  competencia por la cooperación),  Felber reflexiona: “Competir viene de  las raíces latinas com (juntos) y  petere (buscar), por lo que su  significado original, buscar juntos,  estaría más cercano a lo que hoy  llamamos cooperar”. Y añade: “Se dice  que competir nos motiva, pero la  cooperación nos motiva, además,  emocionalmente. Con la fuerza  incomparable que ello tiene”. Se pregunta  también cuál es el factor de  motivación más fuerte en el cóctel  contemporáneo de la competencia. “El  miedo”, resuelve; y verbaliza sus  síntomas: estrés, presión, mobbing…  La EBC propone liberar a las  empresas de la “coerción” del crecimiento  infinito, con el objetivo de  que las empresas alcancen su tamaño óptimo  y, después, puedan ayudar a  otras empresas, fomentando la cooperación y  la solidaridad. “Si las  reglas del juego de la economía son las mismas  que los valores de la  vida privada, habrá más personas con ganas de  crear empresas”, asegura  Felber.  

Un movimiento creciente, desde abajo

“No  es una idea, sino un proyecto social”, una pata más de la mesa  sobre la  que escribir el futuro, que se sustenta junto con otros  elementos  (I+D+i científico y sanitario, educación universal en todos  los niveles,  partidos políticos verdaderamente representativos…). En  los siempre  complicados primeros dos años de vida, 935 empresas de más  de una docena  de países se han sumado al proyecto, la matriz del Bien  Común sigue  implementándose, y se han creado “campos de energía”  (grupos regionales  de la EBC que hacen pedagogía entre los actores  económicos de sus  zonas). La idea de Felber y su equipo es empezar de  abajo a arriba, con  asambleas locales a las que todas las personas,  empresas e instituciones  públicas están invitadas. Buscan madurar el  proyecto en asambleas  democráticas comunales y, entonces, pasar a un  proceso puramente  democrático a través de una Asamblea Económica  abierta cuyas decisiones,  en un mundo digital con infinidad de  posibilidades, se voten en  referéndum, para que la legislación  económica al fin conecte con los  valores constitucionales. ¿Se  comprometerá alguna formación política de  los países de la UE a pedir  el voto en las próximas elecciones para  legislar en favor de la EBC?

Felber  se muestra optimista de cara al  futuro: “Hoy es impensable. Mañana  será lógico”, ya que históricamente  “la autoridad natural vence, a  largo plazo, a la autoridad violenta”. No  tiene prisa, ni aguarda a que  las grandes multinacionales se sumen,  sino que apuesta por empezar en  nuestras ciudades, haciendo ver, cada  cual en sus posibilidades, el  atractivo que tiene para las empresas  aplicar el Balance del Bien Común  y diferenciarse del resto. Tampoco se  pone plazos: “El apocalipsis  tendrá lugar, independientemente de nuestra  velocidad”, bromea. Aspira a  que en unos años las grandes corporaciones  no puedan alegar  desconocimiento cuando se les pregunte por la EBC, y a  que el PIB ya  solo interese para investigaciones estadísticas.

Y es que, ya se sabe, no se puede ver el arcoíris sin haber sentido la tormenta.


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