Archive for 26 julio 2012

El origen de la sífilis

26 julio, 2012

Leyendo el libro del que es para mí el mejor autor de libros de viajes de la actualidad, Javier Reverte, leo en su libro El río de la desolación: un viaje por el Amazonas la curiosa historia de los conquistadores peninsulares en los Andes, sus necesidades sexuales y la contracción de la enfermedad que fue conocida como el ‘mal español’ y que es conocida como sífilis. Aquí os dejo el fragmento:

“Los conquistadores hispanos, cuando alcanzaron la puna (tierra alta, próxima a la cordillera de los Andes) en el siglo XVI, enviaron a España varios cientos de llamas y alpacas para intentar aclimatarlas y crear una industria con la lana de estas ‘ovejas de cuello largo’, como las llamaron entonces. Todos los animales murieron a causa de la sarna y el negocio se fue al garete.

No obstante, la llama dejó un histórico legado en carnes españolas: la sífilis, que se extendió como una lengua de fuego por el resto de Europa. La llama, al parecer, tiene el sexo muy parecido al de la hembra humana y los solitarios soldados de los territorios imperiales de América desahogaban sus pasiones con este larguirucho y desagradecido ovejón que, quizás como venganza por tanto abuso, les contagiaba la enfermedad. A mi país le cabe la gloria de que, durante siglos, la sífilis haya sido conocida en el mundo como ‘el mal español’. Se trata de uno de los rasgos que, junto con la guerrilla, don Quijote, el festejo de los toros y la siesta, han hecho a la patria española famosa en todo el orbe.”

REVERTE, Javier, El río de la desolación: un viaje por el Amazonas, Barcelona, Editorial Areté, 2004. Pág. 33.

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Yo también soy minero y de Isaac Rosa

11 julio, 2012

Isaac Rosa vuelve a escribir un artículo muy recomendable en www.eldiario.es. Esta vez el asunto es sobre los mineros, sobre su justa lucha y la defensa de sus derechos que han protagonizado hasta su llegada anoche al centro neurálgico de la Puerta de Sol. Ojalá y ellos sean la luz al final del túnel.

“Que en estos tiempos hipertecnologizados hayan tenido que ser los mineros los que enseñen el camino al resto de trabajadores, da que pensar. Que en la época de empresas flexibles, sociedad de la información, economía global, riqueza virtual y trabajadores desubicados y desideologizados, hayan tenido que ser los viejos mineros, con sus duras herramientas, sus manos callosas y su fuerte conciencia de colectivo, los que salgan a la luz y echen a andar para que los sigamos, debería hacernos pensar qué nos ha pasado a los trabajadores durante los últimos años, qué hemos hecho y dejado de hacer, qué nos han hecho y qué nos hemos dejado hacer.

Habrá quien diga que el protagonismo minero de estos días es pura coherencia: si la crisis y las políticas anticrisis suponen para los trabajadores un salto atrás en el tiempo, un regreso a trompicones al siglo XIX, nadie mejor que los mineros al frente de la manifestación, ellos que con tanta rotundidad encarnan aquellos tiempos iniciales del movimiento obrero. Pero no estamos ante un asunto de coherencia histórica, sino mucho más.

Las emocionantes escenas vividas en cada pueblo por donde han pasado los mineros en su marcha hacia Madrid, la acogida, las palabras de ánimo, las ayudas recibidas, la solidaridad extendida por todo el país, en las calles y en las redes sociales, y finalmente el recibimiento en la capital y el acompañamiento en su protesta por tantos trabajadores, deberían ser un revulsivo, marcar un punto de inflexión en la construcción de resistencias colectivas. Los mineros han roto algo, han despertado algo que dormía en nosotros, nos han empujado.

Sé que hay un componente no pequeño de simpatía que escapa a las razones de su protesta. Hay algo de justicia histórica, de memoria, de sentimentalidad obrera si quieren, en el cariño que los mineros reciben estos días, y digo cariño con intención, porque en ocasiones se trata de cariño más que de comprensión de sus reivindicaciones. La figura del minero, con su casco, su lámpara y su rostro ennegrecido está fuertemente arraigado en el imaginario de la clase trabajadora desde hace siglos, y por eso con los mineros no funciona el habitual discurso de los “privilegiados” con que algunos intentan anularlos desde la derecha mediática (por eso, y porque la minería representa desde siempre lo más duro y peligroso del mundo del trabajo, y su fatiga, lesiones, enfermedades y accidentes no casan bien con ningún privilegio). Por todo ello, por su condición popular de héroes de la clase obrera (demostrada, por otra parte, en tantos episodios de lucha en efecto heroica a través de siglos), parece natural que los mineros encuentren todo ese calor a su paso por los pueblos. No creo que una marcha a pie de, pongamos, camareros, albañiles, periodistas o funcionarios, lograse tanto apoyo, tanto cariño, tantos recibimientos, homenajes y adhesiones, por justas que fuesen sus reivindicaciones.

Pero más allá de ese componente emocional, importa el momento en que se ha producido esta salida de los pozos. En un momento de terror económico como este, cuando los trabajadores nos sentimos acorralados, desesperanzados, y nuestra resistencia se limita a adivinar por dónde vendrá el siguiente golpe, la aparición en escena de los mineros puede ser la lucecilla al final del túnel (el túnel en que andamos perdidos los trabajadores, no el tópico túnel de la salida de la crisis donde la única luz que se ve es la del tren que viene de frente), la señal que estábamos esperando. Los mineros nos están dando una lección que no deberíamos dejar pasar, y que va más allá de sus reivindicaciones por justas que puedan ser.

Y lo son. Los mineros tienen razón en su lucha, y no voy ahora a extenderme en por qué tienen razón. La tienen por todos los motivos que ya habrán oído y leído estos días, pero incluso si no tuviesen esos motivos, seguirían teniendo la razón de su lado, por una elemental cuestión de justicia histórica. Se lo debemos, a ellos y a las generaciones de mineros que les anteceden, y eso basta para que estemos obligados a respetar su medio de vida y sus territorios, ofrecerles salidas dignas y no escatimarles un dinero que es calderilla comparado con los rescates financieros. Pero insisto: lo que hoy me interesa no es tanto su lucha particular (que apoyo), sino esa lección de dignidad, solidaridad y resistencia que nos dan al resto de trabajadores. Todos nos hemos sentido interpelados estos días por la lucha de los mineros, en dos direcciones: porque en su reivindicación de un futuro digno cabemos todos los que igualmente carecemos de ese futuro; y porque la contundencia de su lucha hace más evidente nuestra pobre reacción ante los ataques sufridos.

En cuanto a lo primero, la reivindicación de los mineros es extensible a todos nosotros. En los mineros vemos nuestro pasado, nuestra conciencia de clase que en algún momento perdimos o nos arrebataron, las posibilidades de lucha colectiva que hoy no encontramos. Pero sobre todo, vemos en ellos nuestro futuro: en su grito para no ser abandonados, para no desaparecer, para no ver arrasados sus pueblos y comarcas por el paro y la inactividad, asoma un resquicio del futuro que nos espera a todos, convertidos todos en trabajadores abandonados a nuestra suerte, abocados a un largo tiempo de escasez, de miseria; a merced de un viento que no deja nada en pie; con millones de empleos en extinción, y toda España convertida en una gran comarca minera amenazada por la desolación y la falta de salidas.

En cuanto a lo segundo, la dureza clásica con que resisten los mineros, la violencia con que responden a la violencia, hace que debamos buscar otra palabra para denominar lo que hacemos los demás, eso que a menudo llamamos de manera exagerada resistencia. Mientras nosotros ‘incendiamos’ las redes sociales, los mineros prenden fuego real a las barricadas en las autopistas. Mientras nosotros convocamos una huelga cada dos años, sin mucha convicción y sobre todo sin continuidad, los mineros eligen la huelga indefinida durante semanas, inflexible. Mientras nosotros escribimos posts y tuits de denuncia contra los recortes (yo el primero), ellos se encierran en los pozos, paralizan el tráfico, levantan en pie de guerra comarcas enteras, y finalmente echan a andar por la carretera. Mientras nosotros pintamos ingeniosas pancartas y componemos simpáticos pareados para gritar en manifestación, ellos se enfrentan a cuerpo con la Guardia Civil. Mientras nosotros retuiteamos y damos miles de “me gusta” para apoyar las reivindicaciones de los colectivos más castigados, ellos van pueblo por pueblo dando y recibiendo abrazos, compartiendo comidas y techo. Mientras esperamos al próximo aniversario para volver a tomar las plazas, ellos se plantan en la Puerta del Sol tras haber hecho suyas las plazas de todas aquellas localidades por las que pasaron.

La lección está clara: ante el ataque total contra los trabajadores, estos no son tiempos de hashtag, sino de barricada. Frente a la solidaridad efímera de la red social y la indignación inofensiva, son tiempos de caminar juntos, de compartir encierro o marcha, de encontrarse en las calles, de abrazarse como ya no nos abrazábamos, como estos días se abrazaban los mineros con quienes los esperaban a la entrada de cada pueblo.

Por todo ello, el gobierno no puede permitir que los mineros ganen este pulso: porque si triunfan, estarán dando un mal ejemplo para el resto de trabajadores, que podríamos tomar nota, aprender la lección, seguir su ejemplo para ser escuchados, para no ser pisoteados, para no seguir perdiendo: luchar, resistir, construir redes de solidaridad, ser firmes, llegar hasta las últimas consecuencias, tomar la calle, recuperarla. Por eso la durísima represión policial contra los mineros y su criminalización mediática.

Por las mismas razones los trabajadores necesitamos que los mineros ganen este pulso: porque su victoria despeja el camino para nosotros, y en cambio su derrota nos haría más difícil levantar la resistencia. Por eso hoy todos somos mineros, y tenemos que estar con ellos. Por justicia, por historia, por memoria, porque lo merecen. Pero también por nosotros, porque si ellos temen por su futuro, el nuestro es más que negro, negro carbón.”

Yo también quiero ser francés

5 julio, 2012

Maruja Torres y Javier Gallego han escrito, una en El País y otro en su blog de Carne Cruda, sobre las diferencias entre el Estado vecino y el nuestro. Muchas son las diferencias en una España donde los más poderosos siguen con el poder, ese poder adquirido con la oscuridad de la Dictadura franquista y que los convierte en intocables. Me moriré sin ver que existe una verdadera justicia en este país.

Artículo de Maruja Torres en el diario El País el 5 de julio titulado Guillotina:

“Pueden encajar, sin que se les descuelgue un solo músculo facial, los desaires de los funcionarios, el furor de los mineros, la angustia de los pensionistas, de los enfermos, de los desahuciados; el temor de las familias de clase media que empiezan a tener que comer de lo poco ahorrado; el abandono del país por parte de los jóvenes en paro; el vagabundeo callejero de los inmigrantes. Por resumir: se quedan tan anchos ante las reclamaciones de los recortados y de los suprimidos. Sin embargo, se ven reducidos a la nada cuando quienes son dueños de la pasta —los únicos a quienes respetan— se ponen gallitos.

Al ministro Montoro se le descuajaringa el almidón de los puños de la camisa, y se le agudiza el trémolo, cuando los evasores de dineros, asesorados por sus expertos, se ofenden ante las súplicas de Hacienda para que devuelvan algo de lo que se llevaron por la cara. Busquen en este periódico —en digital es fácil: Montoro, Gobierno, defraudadores; vienen a ser lo mismo— y encontrarán la información acerca de la miel que, sobre las hojuelas, se dispone a ofrecerles nuestro melifluo de cabecera.

Nunca desde Franco había querido con tanta intensidad ser de Francia. No sólo por el anuncio de que van a gravar con impuestos a quienes más tienen —Hollande, mon homme—, sino porque ahora mismo se me hace la boca agua pensando en ese registro en el apartamento de Carla Bruni, con los gendarmes dando vueltas —a la manera de Irma la Dulce—, mientras abren y cierran los zapatos de Sarkozy, en busca de pruebas incriminatorias escondidas en sus tacones, o en las reservas de colágeno de la señora Bruni.

¿Qué nos diferencia de ellos? ¿La Inquisición, el glamour, la educación, la cousine du risque? Por encima de todo: la guillotina, utilizada a tiempo.”

Artículo de Javier Gallego el día 4 de julio en su blog de Carne Cruda:

“Yo soy español, español, español pero voy a pedir la nacionalidad francesa, a ver si cuela. Lo decidí ayer comparando la actualidad en Francia y España. Sale mucho mejor ser francés en estos tiempos por muchas razones.

En España, el presidente del gobierno nos ha vuelto a amenazar esta semana con más recortes. Bueno, él las llama “reformas” porque nunca llama a las cosas por su nombre. Por eso, en lugar de decirnos que nos va a atropellar con nuevas subidas de impuestos, ha dicho que “toca pisar el acelerador”. O sea, que nos va a pasar con el coche por encima a gran velocidad. Y como suele hacer, luego se dará a la fuga. Para que luego digan que no hay condiciones al rescate. Las hay y una de ellas, casi con total seguridad, será una nueva subida del IVA, un impuesto que grava igual al que tiene mucho que al que no tiene nada. A eso lo llamo yo egalité.

En Francia, sin embargo, el presidente ha prometido que no pondrá en marcha la subida del IVA que Sarkozy tenía prevista y que para reducir el déficit cumplirá con lo que prometió en su programa (igualito que nuestro gobierno, vaya): subirá los impuestos a los más ricos que pueden llegar a pagar hasta un 75% de su fortuna y evitará cargar contra las clases medias y trabajadoras. “Quiero la justicia fiscal”, afirmó Hollande. En España, a la “justicia fiscal” la llamamos “amnistía fiscal” y no es “justa” sino que “se ajusta” a los deseos de los defraudadores.

Acabamos de saber que Hacienda les dará nuevas facilidades para blanquear su dinero después de que estos ladrones se quejaran de que no lograban suficientes ventajas. No les parece suficiente ventaja robarle al Estado más del 70% del dinero que debería recaudar. Parece que al gobierno tampoco y ahora les ofrece que paguen mucho menos del 10% de gravamen que se dijo inicialmente y anuncia que no comprobarán sus declaraciones. A esto le llamo yo fraternité con los ladrones. Igualito que a ti, pobre desgraciado, que te miran hasta los tickets del taxi. Francés, no sé, pero me están dando ganas de hacerme defraudador.

En Francia, la policía entró ayer en la casa del ex presidente Nicolás Sarkozy para investigar una posible financiación ilegal de su campaña. En España, no ha entrado aún ni un financiero en la casa de todos, el Parlamento, para responder por las posibles ilegalidades que han llevado a nuestra banca a la quiebra. El gobierno prometió una Ley de Transparencia tan transparente que ni la hemos visto. Lo que sí está aplicando a rajatabla es una Ley de Opacidad.

En Francia, el ejecutivo va a crear un banco público para fomentar la inversión. En España, en lugar de nacionalizar la banca, socializa sus pérdidas. En Francia, Hollande va a crear 150 mil puestos de trabajo público para contratar a más policías y profesores. En España, ya sabéis, a los profesores se les echa a la calle donde son perseguidos por la policía. En Francia, el gobierno ha prometido la legalización del matrimonio y la adopción gay para el año que viene. En España, el gobierno actual pidió ante el Tribunal Constitucional la supresión del matrimonio homosexual. En Francia, el parlamento elegirá por consenso al nuevo presidente de la radiotelevisión pública, en lugar de que lo haga el presidente como hasta ahora. Y como ahora en España.

Por el bien de nuestros hijos, deberíamos pedir que nuestros niños que vienen de París se queden allí. Estarán mejor comiendo cruasanes que comiendo quina. Allí el nuevo gobierno parece estar aplicando de veras el lema que ha hecho grande a la república francesa: Liberté, Egalité, Fraternité. Aquí ni tenemos la liberté de manifestarnos, ni a los ciudadanos se nos trata con egalité y los gobiernos estatal y autonómicos sienten muy poca fraternité por nosotros.

Nosotros también tenemos un lema: las comparaciones son odiosas. Pero más que compararnos aprendamos lo bueno de nuestros vecinos. Cuando un gobierno no funciona, los franceses dice “basta” y toma la Bastilla. Y cuando el gobernante no gobierna bien, le cortan la cabeza.”

Los presupuestos en ciencia y fútbol

3 julio, 2012

Leo hoy una noticia que me hace pensar sobre el mundo en el que vivimos y la avaricia humana. Es una comparación entre lo invertido en fútbol (con los equipos de la Liga BBVA) y lo que se invierte en ciencia. Los datos son escandalosos y reflejan que cuando enfermemos gravemente no habrá remedio porque no hay presupuesto pero en cambio podrás ver el fútbol en la televisión hasta que te mueras.

“Un pequeño club de fútbol como el Villarreal, que este año no ha conseguido siquiera mantenerse en primera división, cuenta con un presupuesto anual superior al del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), el gran laboratorio de la lucha contra el cáncer en España. Y con lo que gana una estrella como Leo Messi, que ronda los 33 millones de euros, sería posible mantener durante un año el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), el “hermano” del CNIO dedicado al estudio de la otra gran causa de mortalidad en el mundo occidental, las enfermedades cardiovasculares.

Los ocho centros incluidos en la comparación no son necesariamente los que tienen el mayor presupuesto de España. Se eligieron por haber sido distinguidos con el Severo Ochoa, un programa creado el año pasado por el Ministerio de Ciencia e Innovación para destacar a los centros españoles más competitivos a nivel internacional.

En esta lista faltarían algunas instituciones como el Centro de Regulación Genómica, con más de 30 millones de euros de presupuesto es uno de los mejores centros de investigación de España y su exclusión de los Severo Ochoa fue muy polémica. No obstante, la clasificación puede servir como ejemplo de los recursos dedicados a la excelencia científica frente a la excelencia futbolística.

Los clubes de fútbol, al contrario que los grandes centros de investigación, son empresas privadas. Pero eso es cierto a medias. Los poderes públicos siempre ofrecen un trato de favor a los clubes. Los equipos de primera división, por ejemplo, le deben a Hacienda 489 millones de euros, 165 millones más que lo dedicado al programa de ayudas del Plan Nacional de I+D+i y no son extraños los casos en los que los ayuntamientos avalan créditos para salvar al equipo de la ciudad.

Una última muestra de lo que son las prioridades y de cómo ven los políticos la ciencia y el fútbol es la comparecencia en el Congreso pedida el año pasado para que el Gobierno explicase el sueldo de 131.000 euros del director del Consorcio de Apoyo a la Investigación Biomédica en Red (CAIBER), Joaquín Casariego. Entonces, el diputado Miguel Barrachina calificó este sueldo de “disparatado”.”

Fuente: http://esmateria.com/2012/07/02/futbol-frente-a-ciencia/

No nos rendimos

1 julio, 2012

On lâche rien es el título de la canción perteneciente al primer álbum del grupo HK et les Saltimbanks. Esta canción se ha convertido en todo un himno en la población francesa, por ejemplo, era habitual escucharla en los mítines de la izquierda durante las últimas elecciones francesas. En ella se arremete contra los políticos y sus mentiras, los mercados, los que persiguen a los sin papeles tratándose de ganar al proletariado… Aquí veis primero la traducción del último párrafo y después os dejo el vídeo con la letra entera de la canción en francés.

“En tanto hay lucha, hay esperanza

en tanto hay vida, hay combate

en tanto nos batimos, es que estamos de pie

en tanto estamos de pie, no nos rendiremos

la rabia de vencer corre por nuestras venas

ahora sabemos por qué peleamos

nuestro ideal es mucho más que un sueño

otro mundo, no tenemos opción,

no nos rendimos, no nos rendimos.”

Du fond de ma cité HLM

Jusque dans ta campagne profonde

Notre réalité est la même et partout la révolte gronde

Dans ce monde on avait pas notre place

On avait pas la gueule de l’emploi

On est pas né dans un palace

On avait pas la CB à papa SDF, chômeur, ouvriers

Paysans, immigré, sans papiers

Ils ont voulut nous diviser

Faut dire qu’ils y sont arrivés

Tant que c’était chacun pour sa gueule leur système pouvait prospérer

Mais fallait bien qu’un jour on se réveil et qu’les têtes s’remettes à tomber

Refrain : On lache rien, on lache rien on lache rien,

ON lache riiiiiien

On lache rien (wallou)

On lache rien (wallou)

On lache rien, on lache rien

Ils nous parlaient d’égalité et comme des cons on les a cru

Démocratie fait moi marrer

Si c’était le cas on l’aurai su

Que pèse notre bulletin de vote face à la loi du marché,

C’est con mes chers compatriotes mais on s’est bien fait baiser

Que baise les droits de l’homme face à la vente d’un airbus

Au fond y a qu’une règle en somme se vendre plus pour vendre plus

La république se prostitue sur le trottoir des dictateurs

Leurs belles paroles on y croit plus,

Nos dirigeants sont des menteurs
REFRAIN
C’est tellement con, tellement banal de parler d’paix,

d’fraternité quand des SDF crève sur la dalle

et qu’on mène la chasse au sans papiers

Qu’on jette des miettes aux prolétaires

Juste histoire de les calmer, qu’ils s’en prennent pas

aux patrons millionnaires trop précieux pour notre société

C’est fou comme ils sont protégés tout nos riches et nos puissants

Y a pas à dire ça peut aider d’être l’ami du Président

Chers camarades, chers électeurs, chers citoyens consommateurs

le réveil à sonné il est l’heure

D’remettre à zéro les compteurs

Tant qu’y a d’la lutte,

Y a dl’espoir Tant qu’y a dl’a vie,

Y a du combat Tant qu’on se bat c’est qu’on est debout

Tant qu’on est debout on lâchera pas

La rage de vaincre coule dans nos veines maintenant

tu sais pourquoi on s’bat notre idéal bien plus qu’un rêve

Un autre monde , on a pas l’choix
REFRAIN