Archive for 27 octubre 2012

Manuel Chaves Nogales, la memoria y la Historia

27 octubre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS | Elvira Lindo

A fuerza de apelar a la palabra “memoria” casi hemos desterrado la otra más trabajosa, “historia”. La palabra “memoria” tiene mucho de sentimental, y está bien que así sea, está relacionada con el recuerdo azaroso de la mente humana, con lo que la memoria de cada uno astutamente clasifica en olvidos y recuerdos. También con el homenaje íntimo que rendimos a nuestros familiares, o en el tributo colectivo que dedicamos a los que dejaron algo memorable tras su marcha. No soy de las que abominan de lo sentimental. Al contrario. En España se suele confundir lo sentimental con el sentimentalismo y los creadores de ficción se esfuerzan en ser ásperos para que no se les tache de cursis. Pero puede ocurrir, como creo que de hecho ha ocurrido, que ese componente sentimental, tan de agradecer en los cuentos y en las películas, inunde como un tsunami la idea que se tiene de ciertos periodos históricos y que ya no importe lo que sucedió de verdad sino lo que cada uno de nosotros sienta y opine.

La opinión, en estos tiempos, se ha convertido en una cosa sagrada. Tan sagrada que ese opinador implacable que ha brotado de cada español se permite despreciar los datos que ignora o los libros que no ha leído o el juicio de los estudiosos para proclamar a los cuatro vientos que a él ningún puñetero historiador le va a mover un centímetro de lo que piensa. De esta manera, por ejemplo, se cumple el aniversario de la muerte de García Lorca y el comunista lo quiere convertir en comunista, el ácrata en ácrata, el gay militante en símbolo gay. Y todos parecen estar más interesados en llevarse al poeta a su terreno que en leer los reveladores libros que se han escrito sobre él o en escuchar su verdadera voz, sin permitir que una empecinada creencia la intoxique.

Manuel Chaves Nogales (izquierda) toma notas a los testigos presenciales del asesinato de un cura en octubre de 1934, en Sama (Asturias). / REVISTA AHORA

La memoria sentimental ha mitificado nuestra Guerra Civil hasta convertirla en el argumento de moda con el que se nutren novelas y películas, pero dudo mucho que nos haya hecho admirar más el trabajo callado y lento de los estudiosos. Parece superficial hablar de modas al referirse a un periodo tan trágico, pero hay que asumir que de moda está, porque los mismos que hoy la consideran un tema urgente hace dos décadas estaban a otras cosas, y esos mismos serán los que en diez años, con un olfato canino para detectar tendencias, la dejarán caer caprichosamente y a otra cosa mariposa.

La guerra se usa hoy como arma de discordia, y lo que al final consigue tanto memorioso apasionado es que olvidemos que hace ya tiempo que estábamos bastante reconciliados. Yo busco voces mesuradas en medio de tanto griterío, voces que en vez de animar y excusar las actitudes violentas apelen al análisis racional y alerten contra las opiniones que no mejoran sino empeoran un ambiente confuso y crispado. Así fue la voz del periodista Manuel Chaves Nogales en los años treinta, cuando dirigía el periódico Ahora y apoyaba con firmeza a la República sin dejarse tentar por las corrientes totalitarias que asolaban Europa. Chaves Nogales es el periodista que algunos quisiéramos leer ahora, los que sentimos la necesidad casi física de encontrar en la prensa una voz verdadera, sensata, ni pomposa ni simple, que no se deje llevar por discursos mitineros que se convierten en el alimento de un lector hambriento de sectarismo, que solo espera que alguien pase a limpio su bendita opinión. Chaves Nogales estuvo muchas veces en contra de sus lectores. Defendió activamente la República ante todo aquel que, cegado por una ideología absoluta, quisiera cargársela. Como suele ocurrir con los liberales españoles acabó en el exilio. No se puede decir que muriera fracasado, porque era un hombre alegre y vital que consiguió montar un pequeño periódico en Francia y, cuando esta fue ocupada por los alemanes, una agencia de noticias en Inglaterra.

Sigo su rastro desde hace tiempo. Las palabras que le han dedicado Trapiello, Espada o Muñoz Molina me lo descubrieron y me convirtieron en lectora de su Belmonte, su Juan Martínez o de ese prólogo de A sangre y fuego, que corta el aliento por no haber nada que lo supere en cuanto a análisis en tiempo presente del disparate que estaba ocurriendo. Pero detrás del redescubrimiento total de este periodista moderno, tanto en estilo como en pensamiento, es imposible no citar el trabajo callado, de hormiga, de la profesora María Isabel Cintas que, buscando tema para su tesis doctoral, encontró un tesoro en este periodista sevillano que había escrito la biografía del torero Belmonte y de Juan Martínez, un flamenco que fue testigo por accidente de la revolución rusa. La profesora Cintas ha dedicado años a rastrear la existencia de un hombre apasionado en su oficio y ecuánime en sus ideas políticas. Sus restos reposan entre dos lápidas en un cementerio inglés. Puede que algún día alguien tenga la iniciativa de grabar sobre piedra el nombre y los años entre los que transcurrió la peripecia vital de un hombre que dedicó gran parte de su tarea periodística a advertir a sus compatriotas de los peligros del enconamiento y el totalitarismo. De momento, una profesora sevillana ha hecho mucho por rescatar una vida que se lee, como dicen aquellos que no le tienen mucha fe al género biográfico, como una novela.

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El Papa que no pudo ser

26 octubre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS

Pablo Ordaz | Roma

Tal vez presumiendo que, a su muerte, todos se iban a pelear por su túnica, el cardenal Martini eligió la manera de marcharse. Su cómplice fue el párkinson, el verdugo que desde hacía 16 años le venía quitando la vida poco a poco, el mismo que, allá por la primavera de 2005, segó de un tajo su única posibilidad de salir de un cónclave convertido en Papa. Un Papa moderno, dialogante, crítico, con dudas. Un Papa imposible. Así que, el pasado 8 de agosto, Carlo Maria Martini —cardenal de Milán desde 1979 a 2002— recibió al también jesuita Georg Sporschill y le concedió una entrevista. Después de revisarla, incapaz ya de comer, de beber y casi de hablar, llamó a su médico y le dio las instrucciones precisas para que lo dejara morir en paz, sedado, sin tratamiento terapéutico. Fue su último acto de rebeldía. Un día después de su muerte, acaecida el 31 de agosto en la residencia de los jesuitas en Gallarate (Varese), el diario italiano Corriere della Sera publicaba la entrevista. Su testamento vital. Su llamada de atención:

—La Iglesia está cansada, en Europa y en América. Nuestras iglesias son grandes, nuestros conventos están vacíos y la burocracia de la Iglesia aumenta. Nuestros rituales y nuestra ropa son pomposos. ¿Expresan estas cosas lo que somos hoy día?

Aquel 8 de agosto, el jesuita alemán Georg Sporschill acudió a la residencia de Gallarate junto a Federica Radice Fossati Confalonieri, laica, amiga de ambos, encargada de traducir preguntas y respuestas. Sporschill hablaba en alemán. El cardenal Martini, en un italiano apenas audible. “Creíamos”, contó después Federica, “que íbamos a estar allí 10 minutos, pero la conversación se prolongó por dos horas”. El día 23, la traductora regresó a la residencia de los jesuitas y obtuvo de Damiano Modena, el secretario del cardenal, el visto bueno a la entrevista. Eso sí, con una petición: “El texto es estupendo, pero es muy fuerte. Esperemos a hacerlo público después de la muerte”. Todos tenían la seguridad entonces de que aquellas palabras estaban destinadas a ser incluidas en el testamento del Carlo Maria Martini. Las palabras del “cardenal del diálogo”, del “hombre que hablaba al corazón de todos” —así lo ha calificado la prensa italiana—, reflejan, desde hace años, su preocupación por el divorcio entre la Iglesia católica y el mundo que la rodea.

—Yo recomiendo tres muy fuertes. La primera es la conversión: la Iglesia debe reconocer sus errores y seguir un proceso de cambio radical, empezando por el Papa y los obispos. Los escándalos de pederastia nos empujan a emprender un camino de conversión. Las preguntas acerca de la sexualidad y todos los temas relacionados con el cuerpo son un ejemplo. Estos son importantes para todo el mundo y, en ocasiones, tal vez son demasiado importantes. Debemos preguntarnos si la gente sigue escuchando los consejos de la Iglesia en materia sexual. ¿En este campo la Iglesia sigue siendo una autoridad o solo es ya una caricatura en los medios? La segunda es la palabra de Dios. El Concilio Vaticano devolvió la Biblia para los católicos. Solo la persona que percibe en su corazón esta palabra puede ser parte de los que ayudan a la renovación de la Iglesia y responderán a las preguntas personales con una elección acertada. La palabra de Dios es simple y busca como compañero un corazón que escuche. Ni el clero ni el derecho canónico pueden sustituir a la interioridad del hombre. Todas las reglas externas, leyes, dogmas, son elementos para aclarar la voz interior y el discernimiento de los espíritus. ¿Para qué están los sacramentos? Estos son el tercer instrumento de sanación. Los sacramentos no son una herramienta para la disciplina, sino una ayuda a los hombres para el camino y las flaquezas de la vida. ¿Llevamos los sacramentos a las personas que necesitan fuerzas renovadas? Pienso en todas las parejas divorciadas y vueltas a casar, en las familias extendidas. Esta gente necesita una protección especial. La actitud que tomemos hacia las familias extendidas determinará la cercanía de la Iglesia a la generación de los hijos. Una mujer que es abandonada por su marido y tiene una nueva pareja que cuida de ella y sus tres hijos. Si esta familia es objeto de discriminación, se corta su relación con la Iglesia, no solo la relación de la madre, sino también la de sus hijos. Si los padres están fuera o no sienten el apoyo de la Iglesia, esta perderá la próxima generación…

Después de leer las reflexiones del cardenal Martini —las que hizo antes de morir y otras publicadas en libros o artículos de prensa—, no deja de llamar la atención que su sentido común pudiese ser piedra de escándalo en la Iglesia. Que hubiese quienes lo llegaran a considerar un anti-Papa. El propio cardenal se cuidó muy bien de mantener su lucha interior —entre la fe y la duda— dentro de la Iglesia. Su decisión de ser enterrado en la catedral de Milán —tras un funeral al que asistieron decenas de miles de personas— es el más claro ejemplo. Pero, por si cabía alguna duda, el general de los jesuitas, el español Adolfo Nicolás Pachón, quiso despejarla: “Era, ante todo, un hombre libre. Creo que Carlo Maria Martini ha sido un hijo de san Ignacio hasta el final”.

Usó su libertad, por ejemplo, para discrepar de la Iglesia y admitir con naturalidad las uniones civiles entre personas del mismo sexo: “Si dos personas gais desean firmar un pacto para dar una cierta estabilidad a su pareja, ¿por qué queremos que no sea así?”. O para condenar el encarnizamiento terapéutico, o para criticar la pompa y la burocracia del Vaticano:

—La Iglesia se ha quedado atrás 200 años. ¿Cómo no vamos a agitarnos? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en lugar de valor? La fe es el fundamento de la Iglesia. La fe, la confianza y el valor. Yo soy ya viejo y enfermo y dependo de otros. La buena gente a mi alrededor me hace sentir el amor. Este amor es más fuerte que el sentimiento de desconfianza que a veces se percibe hacia la Iglesia en Europa. Solo el amor vence a la fatiga. Dios es amor…

El entierro del cardenal Martini constituyó un espectáculo difícil de entender fuera de Italia. A la catedral de Milán acudió el jefe del Gobierno, Mario Monti, pero también líderes de la izquierda, representantes de otras confesiones religiosas y gente, mucha gente. Los periódicos dedicaron multitud de páginas y durante días las tertulias de la radio divagaron sobre una pregunta imposible: ¿qué sería de la Iglesia si Martini hubiese sido Papa…?

Las tongqi y sus matrimonios con homosexuales en China

25 octubre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS

Xiao Qiong se casó hace tres años con el amor de su vida, pero nunca se ha acostado con él. Ni siquiera se han besado. Su marido es homosexual y ella lo sabía desde el principio. Pero, tradicional hasta la médula como es, educada para sobresalir en la escuela, convertirse en una esposa abnegada y no alzar la voz en casa jamás, creyó que eso de ser gay era una moda y que ya se le pasaría. (…) Se define como una tongqi —término de argot que se forma a partir de tongzhi (literalmente, camarada, pero también se emplea para identificar a un hombre homosexual), y qizi (esposa)—, aunque nunca pronuncia esta palabra en público. No es un término ofensivo, pero le resulta humillante que la gente lo sepa porque nada en la vida le importaba tanto como casarse. Desde pequeña soñaba con el día de su boda y tenía planeada la ceremonia al detalle: sería junto al mar, no con el típico qipao o vestido tradicional rojo de novia, sino con un vestido de cola blanco, como las princesas y “las modelos de la Vogue”. Se descalzaría y bailaría sobre la arena con su marido mientras al fondo se ponía el sol. Ese era su plan. Desde pequeña se había empleado a fondo para ser un día la chica descalza de la playa, con el velo al viento. Al final todo le salió al revés.

Es difícil determinar con exactitud cuántas tongqi hay en China. Se cree que unos 16 millones de mujeres están casadas con homosexuales, pero podrían ser muchas más. Muchos homosexuales llevan una doble vida porque el coste de salir del armario es demasiado alto. La tolerancia que se practicaba en la antigüedad contrasta con el conservadurismo del último medio siglo.

Durante las dinastías Song, Ming y Qing, como en la Grecia antigua, el amor entre hombres era común, pero siempre se revestía de metáforas y ambigüedad. Algunos poemas hablan también de relaciones íntimas entre mujeres a las que separaban luego para que se casaran. La primera ley homófoba entró en vigor en 1740, durante la dinastía Qing, aunque los gais no fueron perseguidos sistemáticamente hasta 1949, con el nacimiento de la República Popular. Para el maoísmo, los gais eran contrarrevolucionarios, habían abrazado una perversión capitalista y, por tanto, había que eliminarlos. En el mejor de los casos los obligaban a casarse con una mujer y a tener hijos. En el peor, los castraban, torturaban o condenaban a trabajos forzados durante décadas. Los parques, las saunas y los retretes públicos se convirtieron en lugares de encuentros clandestinos entre hombres.

Ser gay siguió siendo delito hasta 1997 y solo al cabo de otros cuatro años dejó de describirse como una enfermedad mental. Hoy los homosexuales siguen sin poder donar sangre porque se les considera un grupo peligroso. Existen bares, asociaciones de apoyo y alguna revista gay, pero es un circuito muy limitado. Para la sociedad china, profundamente confuciana, casarse y procrear es fundamental. En el ámbito rural, los homosexuales que se niegan a contraer matrimonio para guardar las apariencias se exponen a un calvario. La sexóloga He Xiaopei, del colectivo gay Pink Space, me contó consternada que no sabía cómo ayudar a un campesino de 35 años de Sichuan, a tres mil kilómetros al suroeste de Pekín. El hombre vivía en una aldea remota y llevaba días llamándola: sus vecinos se habían enterado de que era homosexual y no había salido de su casa en varios meses por miedo a que lo lincharan.

Sincerarse es muy complicado. Muy poca gente se aventura a contarlo en casa. Cuando se acerca el Año Nuevo lunar, fecha en la que se reúnen las familias, empieza a aumentar la presión para los solteros en general, pero sobre todo para los homosexuales. Son conscientes de que en algún momento de la cena un familiar les preguntará por qué no tienen pareja y a qué esperan para encontrarla. Desde hace unos años, muchos gais y lesbianas se ponen en contacto a través de foros especiales de Internet y pactan falsos noviazgos. Van primero a casa de uno y después del otro para calmar a las familias respectivas, luego se vuelve cada uno a su hogar, y tan amigos. Al cabo de unas semanas anuncian que han roto o bien se casan y viven separados, pero mantienen las apariencias en las fiestas de guardar. (…)

Casarse con Xu Bing significaba para ella una mezcla de muchas cosas: sentirse útil al ayudar a un amigo con problemas, abandonar el nido familiar, dejar de verse como una perdedora social y tener con quien alquilar, por fin, una barca de remos en el parque. Pero, sobre todo, suponía una victoria histórica después de tanto tiempo, un final feliz en su novela rosa particular.

Las primeras discrepancias surgieron cuando empezaron a organizar la boda. Xiao Qiong no acababa de quitarse de la cabeza la playa, el velo, los invitados riendo y las luces indirectas. Xu Bing quería firmar un papel. Había conocido a un chico que le gustaba y lo que más le apetecía era brindar con él por su libertad. (…)

Fue una mañana de invierno. Después de firmar el certificado de matrimonio, comieron en un hotel, sin más pompa que la de cualquier cumpleaños. Los padres de ella y los padres de él, ni un invitado más. El novio llevó a cabo el ritual de servirle el té a sus suegros. Mientras llenaba los vasos, exclamó: “Padre, quédese tranquilo. Voy a cuidar de Xiao Qiong”. A la novia se le revolvió el estómago pero no dijo nada.

Después de la cena, acompañaron a los mayores a sus coches. Cuando los vieron alejarse, Xiao Qiong y Xu Bing también se dijeron adiós. Ella se fue a su piso y pasó su noche de bodas viendo la televisión y comiendo cacahuetes. Él se marchó al apartamento de su novio, donde se instaló desde el primer día. (…)

A Xiao Qiong le gusta que quedemos para pasear. Cuando empieza a andar no para: pueden pasar horas antes de que decida sentarse. Dice que así se relaja y que le viene bien para dormir. Lleva meses tomando infusiones de hierbas y raíces que su médico le prepara para conciliar el sueño. (…) “Creo que estoy angustiada desde la boda”, dice. “No tuve ni anillo, ni luna de miel, ni fiesta en condiciones y me siento frustrada. Cuando vi que ni siquiera pasaba la noche de bodas conmigo, me di cuenta de que no había ganado nada casándome, pero era como una espiral de la que no sabía cómo salir”.

Del libro Hablan los chinos (Aguilar), de Ana Fuentes, excorresponsal de la cadena SER en Pekín, que se publica el 19 de septiembre.

Triste situación en Sudáfrica

23 octubre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS

José Miguel Calatayud | Nairobi

La masacre del 16 de agosto en una mina de platino de Marikana, a unos 100 kilómetros de Johannesburgo, levantó de golpe a Sudáfrica del sueño que había comenzado en mayo de 1994, con la victoria de Nelson Mandela en las urnas que puso fin al régimen racista del apartheid. Ese día, al menos 34 mineros murieron por los disparos de la policía y 270 fueron arrestados durante unas protestas en las que los trabajadores exigían mejoras en sus condiciones laborales y un aumento de sueldo. En total, al menos 40 mineros, dos guardas de seguridad y dos policías han muerto en Marikana desde que unos 3.000 trabajadores de la mina se declararan en huelga el 10 de agosto.

“Creíamos que estábamos teniendo una pesadilla cuando vimos las imágenes de Marikana”, dijo esta semana Desmond Tutu, que en 1984 obtuvo el Premio Nobel de la Paz por su activismo contra el apartheid. “¿Ésos éramos nosotros? ¡No! Debía ser un flashback de los días horribles de las injusticias y la opresión. Pero no, sí que éramos nosotros, en 2012, en nuestra democracia”.

Las protestas se extendieron a otras minas y la Fiscalía dio un nuevo giro cuando usó una ley de la época del régimen racista para acusar a los 270 mineros arrestados del asesinato de sus 34 compañeros. Las comparaciones con el apartheid, que se empezaron a oír tras los sucesos de Marikana, se hicieron más comunes. “Me ponen muy nervioso estas comparaciones con el apartheid”, comenta desde Ciudad del Cabo Pierre de Vos, vicedecano del departamento de Derecho Público de la universidad de esta ciudad. “Ha habido enormes cambios en Sudáfrica desde 1994, ha surgido una clase media que antes estaba excluida”, sigue De Vos, “pero mucha gente no se siente incluida”.

Mineros durante una manifestación pedir una subida de sus salarios, en Marikana, Sudáfrica, el miércoles pasado. / KIM LUDBROOK (EFE)

Hace ya tiempo que casi todas las semanas hay protestas y manifestaciones en Sudáfrica. En 2004, hubo 10 protestas en todo el país por la falta de acceso a los servicios públicos. En 2008 fueron 27, el año pasado hubo 81 y solo desde enero hasta julio de 2012 hubo 113, según Municipal IQ, una organización privada sudafricana. Desde 1994, y todo este tiempo gobernada por el ANC, Sudáfrica ha conseguido reducir la pobreza en términos absolutos y ahora sólo el 23% de la población vive por debajo de la línea de pobreza. Sin embargo, las condiciones de gran parte de la población han empeorado desde el fin del apartheid. La esperanza de vida ha pasado de 61 años en 1994 a 52 en 2010, mientras que los ricos han aumentado tanto su riqueza que Sudáfrica tiene el mayor coeficiente Gini del mundo, que mide la desigualdad económica dentro de un país, según datos del Banco Mundial. Una gran parte de la población no tiene un acceso adecuado a agua corriente, electricidad, educación o sanidad mientras ve cómo la nueva élite negra ha usado el poder para enriquecerse.

Varias figuras son representativas de esta tendencia. Como la de Cyril Ramaphosa, uno de los líderes del ANC en la negociación que trajo el fin del régimen racista. Hoy, Ramaphosa es un hombre de negocios multimillonario y forma parte del consejo de administración de Lonmin, la empresa británica dueña de la mina de Marikana. Otro caso es el de Khulubuse Zuma, sobrino del actual presidente, Jacob Zuma, y Zondwa Mandela, nieto de Nelson Mandela. Los jóvenes Zuma y Mandela eran los administradores de la mina de oro Aurora y han sido acusados de no pagar a los trabajadores y de enriquecerse mediante la venta de activos de la mina. Los liquidadores expulsaron a su empresa de la mina y está en marcha un proceso judicial contra ellos.

“Tenemos una Constitución que contiene una carta de derechos humanos y uno esperaría que la policía respete estos derechos, algo que muchas veces no ocurre”, reflexiona desde Pretoria Johan Burger, investigador senior en el programa de Crimen y Justicia del Institute for Security Studies. “En todo el país los niveles de corrupción son enormes. Hay un sentimiento general de anarquía, de ausencia de respeto por el Estado de derecho”.

El Gobierno se ha visto incapaz de manejar la situación. Los mineros de Marikana se niegan a volver al trabajo, las huelgas y protestas se extienden a otras minas y las manifestaciones que exigen servicios públicos adecuados toman las calles de Sudáfrica. “Lo que necesitamos es un nuevo liderazgo”, señala Burger. “Necesitamos a alguien como Mandela, que mostró la capacidad de liderazgo y de dar ejemplo que es hoy la esperanza de todos los sudafricanos”.

El SOS de Luis de Guindos

22 octubre, 2012

Desde hace demasiado tiempo se ha dicho que la solución a la crisis económica necesita tanto de medidas de recorte del déficit como de políticas impulsoras de la economía, pero en nuestro país se están aplicando preferentemente solo las primeras, con lo que después de cada paquete de recortes que reducen el tamaño de nuestra economía es preciso aplicar otro nuevo porque los ingresos por impuestos de la maltrecha economía se han reducido y se precisa un nuevo ciclo de recortes del gasto público. Y así indefinidamente, ¿hasta cuándo?.

El objetivo fundamental del Gobierno desde el punto de vista de la política económica es que nuestra economía vuelva a crecer y a generar empleo, ha dicho el Ministro De Guindos recientemente en el Congreso de Diputados.

Todos sus compañeros de gabinete se han lanzado desde el principio de su mandato a una frenética competición para conseguir el premio de mayor recortador del reino. Eso está bien para las cuentas del Sr. Montoro, pero al mismo tiempo su colega de Economía necesita que todos y cada uno de los ministerios implementen políticas que permitan el crecimiento de la economía. Ya es hora de que comience la segunda competición entre los miembros del gobierno de medidas para impulsar la economía.

¡Sin crecimiento no hay vida!— Fernando Juanco y Martí Ruiz.

Las crueldades pequeñas, por Javier Marías

20 octubre, 2012

Muy ingenuos o fatuos han de ser los políticos para no haberse hecho a la idea de que nadie los quiere y en general caen fatal. De que, si dejan de gober­nar, es porque los votantes están hartos de ellos y ya no los pueden ni ver; y de que, si gobiernan, no es porque los ciudadanos les tengan confianza y les encuentren méritos, sino por el mero deseo de quitarse de encima a los anteriores. Es cierto que hay muchos políticos que, pese a todo, son fa­tuos (ingenuos me temo que no), pero hasta los más engreí­dos deben saber, a estas alturas, lo antipáticos que caen a la mayoría de la población. En vista de lo cual, parece como si casi todos hubieran decidido que de perdidos al río. ¿Resulto antipático? Pues se van a enterar los electores de lo que es la antipatía personificada.

Y sin embargo es curioso lo que le ocurre al Partido Popu­lar: de tarde en tarde, sus dirigentes se sorprenden y asustan del odio que han llegado a concitar. Se palpan la ropa, se ahuecan el cuello de la camisa para respirar, les entran sudores fríos, ponen cara de perplejos, se sienten ofendidísimos y, si los abuchean o les cae algún huevo, echan a correr y se escabullen por la puerta de atrás de donde estén. Les sucedió tras sus mentiras del 11-M de 2004, y durante varios años concentraron sus esfuerzos en dejar de dar miedo y en intentar atenuar su antipatía natural (esto último con escaso éxito, hay empresas que trascienden la voluntad de quienes las aco­meten). Si algo los ayudó, fue la antipatía o estupidez de de­masiados subordinados de Zapatero, que diluyó levemente las suyas. Ahora bien, en pocos meses el nuevo Gobierno del PP ha recuperado con creces el terreno perdido, y sus minis­tros se nos han hecho insoportables: la que no es una pava como Ana Mato, es un chuleta incongruente como Arias Ca­ñete; el que no es un metepatas como García Margallo (muy adecuado para la diplomacia), es un vaina como Soria, que convoca a los españoles a veranear aquí porque en el extran­jero hay mosquitos (!); el que no es un incompetente despec­tivo como Montoro, se torna un beato sádico como Gallardón, que quiere obligar a llevar una vida de sufrimiento constante a criaturas que maldecirán el día de su nacimiento, con toda probabilidad.

Pero a los gobernantes se los llega a odiar también -tal vez más- por los daños pequeños y gratuitos. El PP no se da cuen­ta de cuántas personas tienen una existencia tan limitada y modesta que para ellas es de suma importancia la televisión, y en particular la estatal, que consideran propia, con razón. Entre los aciertos de Zapatero estuvo el de convertirla en algo más que decente. Su director había de ser elegido por dos ter­cios del Parlamento, es decir, por consenso, y por tanto no podía ser un energúmeno ni un fanático ni un cobista, de un bando u otro. Se consiguió que los informativos fueran impar­ciales y dependieran más de los profesionales que de los polí­ticos que, sobre todo en la tenebrosa época de Aznar, los ha­bían sesgado a su favor. Eso se tradujo en que fueran los más seguidos con diferencia, recibieran elogios y premios interna­cionales, y que en alguno de éstos se los juzgara mejores que los de la BBC. En vista del éxito, el Gobierno ha cambiado por las bravas el método de elección de su director, y ha llenado sus informativos de esbirros de Telemadrid: el canal con peor fama, con más protestas abochornadas de sus trabajadores, hartos de su desfachatada parcialidad, y que menos gente ve. Como en TVE había periodistas que daban confianza a los es­pectadores -Xabier Fortes o Ana Pastor-, se ha prescindido de ellos a toda velocidad. Pero no es sólo eso: a los ciudadanos les complacían mucho tres o cuatro series de ficción: Águila Roja, Cuéntame, La República y la cotidiana Amar en tiempos revuel­tos. Pues fastidiémosles eso tam­bién. En cuanto se emitan los epi­sodios atrasados de esta temporada, Amar ya no se verá en TVE, sino, con variaciones forzosas (ay), en Antena 3, y algo semejante va a ocurrir con las demás. Todo con el pretexto de ahorrarse el chocolate del loro. Supongo que se trata de la operación habitual: se deteriora deliberadamente lo público para luego poder argüir que no es viable, se hace de lo decoroso una porquería para que las audiencias se hundan y “convenga” privatizar o eliminar lo público. Es el método de Aguirre y también fue el de Thatcher, que condujo. a Gran Bre­taña a su mayor decadencia. Pero la gente normal no se fija en esto: repara en que ya no puede ver unos informativos impar­ciales y sin censura, ni a sus favoritos Fortes o Pastor, ni oír a los de Radio Nacional, Lucas, Garrido o Pepa Fernández. Comprueba que la han privado de lo que para muchos era su único consuelo diario, las entregas de sus series preferidas. Ancianos, jubilados, parados, pobres, enfermos, individuos con vidas ingratas, tristes o solitarias, son numerosos los que sólo disponían de eso. Al PP se lo odiará de nuevo, quizá más que por sus otras despiadadas medidas, por estas crueldades pequeñas y gratuitas. Y lle­gará el día en que sus dirigentes volverán a sorprenderse, y se asustarán.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 2 de septiembre de 2012

Nazarbáyev, el faraón del frío

19 octubre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS | Georgina Higueras

Todos los embajadores acreditados en Astaná, representantes de las grandes compañías internacionales que operan en Kazajistán y un grupo de periodistas europeos invitados por el Gobierno kazajo, incluido EL PAÍS, asistían el pasado 25 de noviembre al discurso de Nursultán Nazarbáyev ante las huestes de su partido, Nur Otan (Luz de la Patria). “Hemos llegado donde nunca habríamos soñado”, arengaba el presidente a sus entregados seguidores. “Somos un partido de acciones concretas”. “Necesitamos ganar”, bramaba Nazarbáyev entre los aplausos y la agitación de centenares de banderitas de los congregados, como si a todos se les hubiera olvidado que su partido era el único presente en el Parlamento.

El corazón de Astaná había sido cerrado al tráfico para facilitar la llegada de los invitados y permitía contemplar en todo su esplendor el vecino Palacio de la Paz y la Reconciliación, la pirámide diseñada por Norman Foster, contra cuyos cristales se estrellaban los copos de nieve que desparramaba la fuerte ventisca, en la segunda capital más fría del mundo después de la mongola Ulan Bator.

Acabado el evento, nada mejor para escapar de los 12 grados bajo cero reinantes que adentrarse en otro de los símbolos de Astaná, la gigantesca yurta, una tienda de campaña donde los nómadas se refugian en las estepas de Asia Central, también obra del arquitecto británico, que cubre un lujoso centro comercial, cuya parte superior alberga una playa artificial con arena traída de las islas Maldivas y que, a una temperatura de 30 grados, permite, por 8.000 tengues por persona (42 euros), disfrutar del baño a grandes y chicos. Pero, aunque artificial, ese paraíso tropical es inalcanzable para la inmensa mayoría de los habitantes de Kazajistán, cuyo sueldo medio no alcanza los 80.000 tengues (420 euros) al mes.

Astaná es el espejo más nítido de la megalomanía del dictador, cuya fortuna estimada fuera de Kazajistán supera los 1.000 millones de dólares (750 millones de euros), además de las muchas empresas y bienes que posee su familia en el interior del país. En 1994, Nazarbáyev decidió trasladar la capital desde Alma Ata, en el sur del país, al norte, a un lugar en mitad de la estepa. El arquitecto japonés Kisho Kurokawa diseñó los planos de la que se convertiría en 1998 en la nueva capital, con una proyección de 800.000 habitantes para 2030. Pero en 2011 ya se habían alcanzado los 750.000 habitantes y, sin una red de transporte público, Astaná es un caos de tráfico y faraónicos edificios y monumentos.

Por aquellos días se acercaban las elecciones legislativas bajo la nueva ley electoral aprobada en 2009 y Nur Otan sabía que iba a dejar de ser “el único” partido. Para mostrar su voluntad democratizadora antes de ejercer en 2010 la presidencia de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) —lo que Nazarbáyev, obsesionado con hospedar cumbres y eventos internacionales, obtuvo porque es “nuestro dictador más querido”, según un diplomático europeo—, se modificó la ley electoral de manera que si ningún partido pasaba la barrera del 7% de la totalidad de los votos, el segundo más votado entraría de todas formas en el Parlamento. No hizo falta aplicar la enmienda.

Los comicios del pasado 15 de enero arrojaron unos resultados muy alentadores para la democracia kazaja: Nur Otan obtuvo el 81% de los votos y superaron la barrera del 7% dos partidos afines. La oposición se quedó fuera. El segundo grupo con escaños en el Parlamento es Ak Zhol (Camino Claro), que representa los intereses de los empresarios y está dirigido por Timur Kulikáyev, casado con una de las tres hijas de Nazarbáyev y ya colocado al frente de Samruk-Kazyna, el fondo soberano de riqueza de Kazajistán. Y el tercero es el Partido Comunista del Pueblo, formación salida del aparato del Partido Comunista que encabezó Nazarbáyev en 1989, al frente del cual se convertiría en el último presidente del Sóviet Supremo de la República Socialista Soviética de Kazajistán, hasta que el 24 de abril de 1990 asumió la presidencia del nuevo país independiente de Asia Central.

Nazarbáyev se presentó en 1991 a las elecciones presidenciales y las ganó con el 91,5% de los votos. Era el único candidato. En los sucesivos comicios dejó de competir contra sí mismo y permitió que algunos figurantes —políticos sin la menor relevancia— se presentaran como rivales, de manera que su listón de popularidad se mantuviera inalterable gracias a las artes fraudulentas de sus incondicionales. En las últimas elecciones, en 2011, se presentaron cuatro candidatos, y el presidente fue reelegido por el 95,54% de los votos. Hacía ya mucho tiempo que, por distintos motivos, habían desaparecido los contendientes que pudieron representar un desafío a su mandato.

Con una prensa amordazada, Internet controlado y una ley que facilita la liquidación de los periódicos y prohíbe a los periodistas que hayan colaborado con alguna publicación suspendida trabajar durante tres años, Nazarbáyev, de 71 años, decidió gozar hasta su muerte del culto a la personalidad que ha llenado Kazajistán de sus retratos y bustos. Para ello, ha establecido penas de prisión por todo insulto a su “honor” y a su “dignidad”, al tiempo que una ley le ha concedido inmunidad de por vida.

Magnífico y discreto anfitrión, Nazarbáyev gusta de invitar a los amantes de la caza, desde el rey Juan Carlos hasta el príncipe Andrés, pasando por Vladímir Putin, además de emires y sultanes. Todos parecen rendidos a los encantos de este hombre que controla con mano de hierro a su pueblo, y al que George Bush recibió con grandes honores en la Casa Blanca por su contribución a la lucha contra el terrorismo y su apoyo a la guerra de Afganistán.

Con una extensión de 2,5 millones de kilómetros cuadrados (cinco veces España) y sexto país del mundo en recursos naturales, Kazajistán guarda en su subsuelo enormes reservas de petróleo, gas, uranio, volframio, zinc, plata y otros muchos minerales. Con las puertas abiertas a la inversión extranjera, una situación estratégica —tiene fronteras con Rusia, una China sedienta de recursos para su veloz desarrollo, Turkmenistán, Uzbekistán y Kirguizistán— y sin querer casarse con nadie, Kazajistán es la novia de todos y la más cotizada.

Nazarbáyev, con sueños imperiales, casó a la menor de sus hijas, Aliya, con Aidar Akáyev, hijo del entonces presidente de Kirguizistán, Askar Akáyev, expulsado del poder en 2005 por la llamada Revolución de los Tulipanes. El matrimonio no funcionó, y la más emprendedora de las tres hijas del dictador se divorció para casarse después con un importante empresario kazajo, mientras su exmarido se explayaba en un libro sobre el nepotismo, la corrupción y la dictadura de Nazarbáyev. Aliya también ha escalado las cumbres del mundo empresarial y —al igual que Gulnara Karímova, la hija del dictador uzbeco— ha creado con los joyeros italianos Damiani una colección exclusiva de joyas denominada Alsara.

Nazarbáyev, que se trata en secreto en Alemania de cáncer de próstata, tampoco tuvo suerte con el marido de Dariga, su hija mayor: Rajat Aliyev, exiliado en Austria, donde fue embajador, y sentenciado en ausencia a 20 años de cárcel por el secuestro de dos banqueros hasta ahora desaparecidos. Aliyev adujo que fue un juicio político por criticar el intento de Nazarbáyev de 2007 de nombrarse presidente eterno. En 2008 fue condenado en ausencia por un tribunal militar a otros 20 años por intento de golpe de Estado. Austria siempre rechazó la extradición. Sin haberlo pedido y sin que su esposa le dijera nada, Aliyev recibió en junio de 2007 por fax la comunicación de su divorcio.

Carta para el ministro de incultura Wert

18 octubre, 2012
CARTA ABIERTA AL SEÑOR WERT
“Señor Wert:   Soy catalán, nacido en un pueblo cerca de Barcelona. Mi padre es andaluz. Mi madre, murciana. Nadie en mi casa me ha adoctrinado, ni en un sentido ni en otro. Tampoco en el colegio, aunque le parezca mentira. Tengo amigos íntimos castellanoparlantes y me gano la vida pensando y escribiendo en catalán. Me siento catalán porque es donde he nacido, donde he crecido y donde me he realizado como persona. Para más señas, mi esposa es francesa y mis dos hijas mezclan alegremente tres idiomas sin más problemas que algún malentendido de vez en cuando.
En mi casa tampoco adoctrinamos a nuestras hijas, tampoco en el colegio (por cierto, Señor Wert, una va a una escuela pública y, la otra, a una concertada) ni tienen problemas para hablar en castellano, pensar…en catalán o ver la televisión en francés. Es una suerte y una riqueza poder tener no una, sino dos y hasta tres culturas, y sobretodo sentirnos propietarios de la capacidad de alternarlas, combinarlas y disfrutarlas. Lo que pasa, Sr. Wert, es cada vez que alguien como usted abre la boca, suben las acciones de la intolerancia. Lo que usted y los que son como usted dicen se mueve en la fina línea que separa a lo absurdo de lo fascista.
O sea, Sr. Wert, que aunque me da por reir, al final lo que consigue es darme miedo. Consigue que cada vez que cruzo la frontera de Catalunya haya más miradas extrañas. Consigue que gente que nunca ha pisado esta tierra la odie ateniéndose a sus argumentos, y no a las pruebas. Consigue que hasta yo, apolítico, charnego y felizmente tricultural, tenga infinitas ganas de perderle a usted y a todos los que piensan como usted de vista.
Por cierto, Sr. Wert, se lo digo sin acritud. Está invitado a pasar unos días en casa. Incluso estoy dispuesto a volver a sintonizar Intereconomía, si ello le hace sentirse más confortable. Verá en pocos días que sustenta ideas, cuanto menos, poco afortunadas. Y de paso, en confianza, le preguntaré cómo alguien como usted puede llegar a ser ministro. Se me antoja que detrás de esta pregunta hay una historia fascinante.”

Rafa Navarro

Difícil distinción entre lo público y lo privado en los políticos

17 octubre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS

Carmen Sánchez Silva | Madrid

La salida de Iñaki Urdangarín del Consejo de Administración de Telefónica Internacional por su imputación en el caso Nóos ha vuelto a poner sobre la mesa esta semana la peligrosa relación que existe entre la política y la empresa. Una relación que iba en aumento en las compañías que cotizan en el Ibex 35 hasta este año, cuando la dimisión de Rodrigo Rato y el órgano rector en pleno de la intervenida Bankia (y sus participadas), ha dejado por el camino a muchos expolíticos convertidos en administradores.

El expresidente del Gobierno Felipe González es el político de mayor rango presente en los consejos de administración de las 35 mayores empresas españolas. Lo fichó Gas Natural a finales de 2010, pocos meses antes de que José María Aznar fuese contratado por Endesa (en su caso en calidad de asesor externo). Más de una decena de exministros ocupan los sillones de mando de otras tantas compañías del selectivo: Abengoa (José Borrell), FCC (Marcelino Oreja), IAG (José Pedro Pérez Llorca), Iberdrola (Ángel Acebes), OHL (Juan Miguel Villar Mir), Repsol (Luis Carlos Croissier), Técnicas Reunidas (Javier Gómez Navarro)… y, en dos de ellas, es por partida doble o triple, como en Banco Santander (Isabel Tocino, Abel Matutes y Matías Rodríguez Inciarte) y en Red Eléctrica (Miguel Boyer y Ángeles Amador).

¿Profesionales o conseguidores?, su designación genera conflictos de interés

Algunas optan por dirigentes de otros países, como Telefónica con el exministro brasileño Luis Fernando Furlán o Repsol con el exviceministro Henri Philippe Reichstul, también brasileño. En Gamesa, una comisaria europea (Benita Ferrero-Waldner) da lustre al consejo. En IAG se trata de un exsecretario del Tesoro de Estados Unidos (John Snow).

Pero hay mayor profusión de ex altos cargos públicos de menor responsabilidad sentados en los órganos de decisión de las empresas del Ibex. Abengoa, Abertis, Acerinox, ACS, Amadeus, Banco Santander, BBVA, Enagás, Ferrovial, IAG, Indra y Red Eléctrica han contratado a exsecretarios de Estado, antiguos subsecretarios, directores generales y subdirectores. En Enagás hay tres administradores de este tipo.

La lista de ex políticos consejeros es mucho más larga. Otra treintena de nombres que ocupan hoy los sillones de mando de las compañías líderes españolas pasaron por la Administración Pública estatal y autonómica, o fueron designados por ella para presidir empresas e instituciones participadas, o ejercieron como dirigentes de partidos políticos, como diputados o simplemente son familiares directos o amigos de políticos. Y podían haber sido más si no se hubiese parado el nombramiento del marido de María Dolores de Cospedal o del hermano de Álvaro Nadal como consejeros de Red Eléctrica en marzo de este año. O si CaixaBank no hubiese prescindido del alcalde de Banyoles como administrador.

La pregunta que subyace en torno a la entrada de políticos en los órganos de decisión de las empresas es si estas les contratan por su red de influencias o por su cualificación. Y es aquí donde los especialistas distinguen entre unos consejeros y otros. “Si se trata de políticos que antes trabajaron en el mundo privado, luego pasaron a la función pública y después vuelven al sector privado, la evolución de su carrera es buena y pueden aportar tanto en el ámbito público como en el privado. En cambio, si su trayectoria profesional es solo política y ahora usan esa plataforma para colocarse en el mundo de las finanzas, la fórmula puede ser perversa, porque lo que se deduce es que lo que aporta a la empresa son relaciones y eso puede derivar en conflicto de interés”, opina José Ramón Pin, profesor de IESE. En los consejos del Ibex, “de la primera tipología hay pocos. Son muchos más de la segunda”, matiza.

Francisco Longo, secretario general de Esade, establece otro tipo de distinción. Habla de políticos en activo y expolíticos. En su opinión, tiene poco sentido que políticos en activo entren en los consejos de administración, como ha sucedido en las cajas de ahorros, incluso cuando la participación pública en el capital de las empresas es alta. En el caso de los altos cargos que han dejado de serlo, “hay que conseguir un equilibrio aceptable. Cuando son buenos, tienen experiencia de Gobierno, pueden aportar a las compañías privadas y beneficiarlas. Pero tiene contraindicaciones. Puede ocurrir, y de hecho ocurre, que se les designe por sus contactos en lugar de por sus cualidades”.

Para Juan Iranzo, presidente del Club de Consejeros de España, los políticos aportan a los consejos de administración “conocimiento, experiencia y capacidad de decisión. Lo mismo que el resto de administradores”. Iranzo, miembro del politizado consejo de Red Eléctrica, del que descarta opinar, defiende una interrelación entre la vida política y empresarial, el trasvase de profesionales de un área a la otra.

Algo que el exministro Manuel Pimentel comparte, pero con matices, pues en su opinión los políticos no solo deben esperar los dos años que fija la ley de incompatibilidades para saltar a la esfera privada, sino “lo que aconseja la prudencia, que es dejar pasar al menos tres o cuatro años”. Pimentel recomienda tener cuidado con las compañías que solo buscan a ex altos cargos por sus contactos o como conseguidores. Lo que, según el cazatalentos Carlos Alemany, es lo más frecuente, ya que “existen políticos capaces, pero hasta ahora no han demostrado gran capacidad en el ámbito público, y muchos de ellos no han tenido nada que ver con la gestión”.

El hombre mejor pagado del mundo

Si hay un expolítico que acapare sillones en consejos de administración ese es Josep Piqué i Camps. Sin embargo, ejerce su poder fuera de las empresas del Ibex 35. Solo en lo que va de año, el actual presidente no ejecutivo de Vueling ha sumado tres nuevos asientos en los órganos de decisión de compañías cotizadas integrantes del mercado continuo. Ha entrado en calidad de independiente en EADS (como representante de la SEPI), también en Ezentis y en la constructora Grupo San José. Y el pasado julio abandonó la presidencia de Bodaclik, que ha reducido los miembros de su consejo de administración a cinco como consecuencia del plan de austeridad que ha acometido una vez superada su salida al Mercado Alternativo Bursátil (MAB).

El que fuera ministro de Industria y Energía, de Asuntos Exteriores, de Ciencia y Tecnología y Portavoz del Gobierno del PP entre 1996 y 2003, es consejero también de Applus Technologies, de GVC Gaesco, de Tradisa; preside la consultora Pangea XXI y figura en los consejos asesores de Seat, Reparalia, AT Kearney, Specer Stuart, UPS, ING España y Abertis, entre otras sociedades.

Aún hay más. Piqué preside el Círculo de Economía y la Fundación Consejo España-Japón; asesora a los Gobiernos de Bulgaria e Indonesia y también es consejero de la Cámara de Comercio de Uzbekistán y presidente de honor de la Cámara de Comercio Corea-España, constituida el pasado mes de junio. ¿Alguien da más?

Formariz, cien años sin amos

16 octubre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS | Suso de Toro

El invierno es muy largo en Sayago. El verano también. Algún roble, alguna encina, retamas de flor blanca, retamas de flor amarilla y decenas, cientos de paredes, muros de piedra que dividen las fincas. En uno de estos muros, incorporada como una piedra más, una cruz tosca. Las letras grabadas están gastadas, cuesta leerlas. A un lado, “Año DEP 1899”, y al otro, “Fino Francisco Alego”. Francisco Alejo, El Tío Francisquito, murió en ese lugar de un tiro. El amo de la dehesa de Formariz de Sayago (Zamora), donde trabajaba como colono, había decidido plantar bellotas para que naciesen encinas y no se podía cortar ni una rama de los árboles jóvenes que iban creciendo. Francisco Alejo fue a arar con sus vacas y cortó una rama para hacerse una aguijada. El capataz del amo, el montaraz, lo vio y discutieron. El montaraz iba armado y le metió un tiro. Una historia de un tiempo no tan lejano en que en tierras de Sayago había amos y casi esclavos que cultivaban sus tierras, una historia de un pasado que queremos olvidar, la vieja pobreza.

En 1912, 13 años después de ese crimen, los colonos compraron mancomunadamente las tierras del amo. Hace cien años empezó aquella aventura, nació un pueblo de gente de un nuevo linaje, pobres pero dueños. Formariz tiene su calendario particular, este año conmemora aquella fundación de un pueblo de gente libre y para abrir sus fiestas escogió la celebración de su poeta, Justo Alejo.

El poeta Justo Alejo. Ayuntamiento de Formariz.

Aquel hijo de este pueblo fue una figura apasionada y compleja. Escapar de la pobreza lo llevó a ser militar sin vocación ni saber mandar y su rebeldía personal y social lo hizo integrarse en la clandestina Unión Militar Democrática. Aquel militar atípico encerraba dentro a un poeta que se ahogaba, un poeta moderno que amaba perdidamente todo lo antiguo. Lo antiguo en Sayago es el sudor, el hambre y la sed; la pobreza. Justo buscó la esencia de esta tierra y cargó con su historia. Andarín por todo Sayago y por las vecinas tierras de Portugal; amigo de campesinos y huésped de los pastores en sus cabañas, Justo tomaba notas, apuntaba canciones, palabras. Escribía en la prensa sobre los oficios que se perdían, los ruidos del invierno añorado desde una oficina en Madrid y luchaba contra un progreso que veía llegar como un monstruo. Denunció el destino de una tierra encerrada contra una frontera y abandonada, destinada a ser expoliada mediante grandes embalses y una central nuclear mientras sus hijos tenían que emigrar. Por ello y por todo Justo recibió amenazas, fue acusado en la prensa regional de “agente de Moscú”. No podía detener la historia y su vida personal se complicaba más y más, en 1979, un año después de morir su adorada madre, llegó a su límite, vistió el uniforme de gala, se subió al balcón del Ministerio del Aire y se lanzó al aire, que no lo sostuvo. “Cuando me muera / llevadme al campo; meted mi cuerpo / bajo del árbol / o de la espiga”. Sus cenizas fueron esparcidas por las tierras de la antigua dehesa de Formariz y una piedra sostiene su nombre debajo de un roble.

Ahora su pueblo cuenta su vida, lee sus poemas, los cuelga en las ramas de ese árbol y colocan una placa en la casa en que vivió, se cumplen así los ritos de apropiación: el pueblo dice que aquel vecino es el poeta de esa tierra. Justo Alejo es un poeta que tiene un lugar, la tierra de Sayago, y esta es una tierra que tiene poeta. También tiene Sayago al Justo antropólogo, el que admiraba a José María Arguedas, el peruano que estuvo en 1958 allí haciendo un estudio sobre el comunitarismo sayagués. Arguedas, mestizo y suicida, dejó un retrato lleno de amor por la gente y los animales, Justo lo recuerda llevando carne a los “medrosos y desmedrados perros”. La semilla del suicidio de Arguedas prendió en la mente de Justo, el espíritu sensible iluminado por el franciscanismo. Solo se puede decir Formariz y la tierra de Sayago desde la renuncia y la asunción de la pobreza, desde la abertura al lugar y el amor a los animales y las plantas.

Un siglo después de nacer el pueblo, el año es seco, hasta la Llagona, la pequeña laguna cercana al pueblo, está seca. El agua, siempre buscándola con sed personas y animales. Hoy los pueblos de Sayago tienen agua corriente a cambio de ver sus mejores tierras bajo un embalse, pero antes hubo que abrir fuentes comunales y luego pozos a pico y pólvora. Tantos sudores conseguirlo todo. El agua, hace cien años, la tierra. Capitaneados por el cura, don Cipriano, que luego actuaría como una especie de alcalde autoritario y mal avenido, 47 vecinos, “un pastor y los demás labradores”, y seis vecinas, “viudas, dedicadas a las ocupaciones de su sexo”, le compraron a don Ángel Calderón y Ozores la dehesa de Formariz de “3.610 fanegas de marco provincial”. “En el centro de la finca hay una serie de construcciones rústicas, muchas de mampostería ordinaria, que sirven de albergue a los colonos de la dehesa y a los ganados de los mismos. También hay una iglesia y una escuela mixta”. “La capa laborable de esta es de poco espesor y de composición silícica-arcillosa, entrando la sílice en una proporción de un 70%”. Cuando firmaron ante el notario y fueron dueños, los colonos expulsaron del pueblo al montaraz, que se marchó con su rebaño de cabras. A continuación los nuevos dueños de Mondariz consiguieron pólvora y echaron cohetes al cielo de la noche. Pagaron a los amos 316.000 pesetas de hace cien años, para ello habían tenido que empeñarse con prestamistas de los pueblos del entorno. Comenzaron con cortar toda la leña de la dehesa para hacer carbón y venderlo. Y siguieron años muy duros, “tantos sudores conseguir”, eso modeló el carácter de esta comunidad. El pueblo tenía dos herreros y no paraban de trabajar, la tierra es pobre y el granito que aflora por todas partes come mucho hierro a la azada o el arado. Se daba el centeno, cebada, algo el trigo y el pasto para las ovejas.

Sayago es pobre, Formariz, además, es austero. Una austeridad y un espíritu comunitario que viene de ese nacimiento tan sacrificado, trabajos esclavos para pagar las deudas. Sobre el pueblo cayó la sombra de la emigración a América, a Europa, a Madrid y Barcelona, encajó el golpe del Movimiento Nacional conservando el espíritu comunitario y protegiéndose de los falangistas que llegaban de la cercana Fermoselle. Hoy los vecinos aún presumen de que cuando es necesario se toca “a fajina” para los trabajos comunitarios, pero ya no son trabajos agrícolas: los jubilados barren las calles, plantan árboles y riegan jardines. Se van cayendo los cientos de muros que dividieron la dehesa repartida entre los vecinos, “ya no se levanta una piedra caída” y las “cortinas”, fincas cultivadas, se convirtieron en prados. La escuela está cerrada desde los años sesenta, de aquel pueblo de cien niños hambrientos se pasó a este, que solo tiene un niño de once años, Víctor, y una niña de siete, Cintia. Hoy no les falta que comer a los niños en este pueblo de ancianos. Aunque también hay seis rebaños y unas seis mil ovejas que salen cada madrugada a pacer a los campos. Y todavía pervive un resto de orgullo de quienes se creyeron pobres y libres, y late el deseo de decir que este pueblo existió, que este pueblo resiste. Que la aventura de los colonos de Formariz tuvo sentido y valió la pena. Tal es su deseo de existir que el programa de las fiestas reza, “Formariz. En su primer centenario”. Si aquel Francisco Alejo, El Tío Francisquito, volviese a la vida se sorprendería mucho de todas estas cosas.