Archive for 30 junio 2013

El apoyo del capital a la democracia

30 junio, 2013

Fuente: http://www.eldiario.es

El historiador belga Jacques Pauwels ofreció una conferencia en Compostela. Es una voz muy reconocida en el estudio de los fascismos y de la Segunda Guerra Mundial.

Marcos Pérez Pena 

02/05/2013 – 16:37h

Conferencia de Jacques Pauwels en Compostela

Conferencia de Jacques Pauwels en Compostela

El historiador belga Jacques Pauwels ofreció hace unas semanas una conferencia en Compostela organizada por las juventudes de Anova. Pauwels es una voz muy reconocida en el estudio de los fascismos y de la Segunda Guerra Mundial. Afirma de forma contundente que “los sistemas autoritarios de gobierno sin duda serían de nuevo introducidas si el Capital considerara que esa es la única manera de seguir teniendo grandes beneficios económicos o de evitar un cambio revolucionario”.

Se intenta ocultar la relación entre el nazismo y el empresariado alemán de los años 30. ¿Pero también el empresariado norteamericano miraba con buenos ojos el ascenso de Hitler?

Una buena cantidad de los principales hombres de negocios norteamericanos eran admiradores de Hitler en un comienzo y lo ayudaron, económicamente y de otras maneras, para que llegara al poder. Puedo citar los ejemplos de Henry Ford, el conocido fabricante de automóviles, y Walter C. Teagle, director general de la Standard Oil de Nueva Jersey, ahora conocida como Exxon. No sorprende que todos eran empresarios con inversiones importantes en Alemania. Al igual que sus socios alemanes, se dieron cuenta de que Hitler sería “bueno para los negocios”, por ejemplo eliminando a los sindicatos y a los partidos de izquierda y poniendo en marcha un programa de armamento que estimularía la producción e incrementaría sus beneficios. Ford ya le había enviado dinero a Hitler en 1922, más de diez años antes de que el fuehrer llegara al poder en Alemania. Casualmente, los fondos recogidos en los Estados Unidos para apoyar a Hitler eran gestionados a través de un banco de Nueva York, el Union Bank, cuyo director era Prescott Bush, padre de George Bush Sr. y abuelo de George W. Bush.

¿Se puede decir que el Capital apoya la democracia sólo cuando la democracia no supone un obstáculo para sus negocios?

De hecho, la historia nos muestra que el capital, o las grandes empresas, apoyan (o al menos toleran) la democracia sólo cuando en el marco de un sistema democrático es posible conseguir un nivel de beneficios económicos suficientemente alto. Sin embargo, los sistemas democráticos son por definición sensibles a las necesidades de los trabajadores y de otros miembros de las clases subalternas y por ese motivo a veces fija salarios más elevados, la asistencia sanitaria o la ayuda a los parados y otros servicios sociales, lo que tiende a reducir los márgenes de beneficios de las grandes empresas. En esos casos históricamente el Capital abandonó la democracia en favor de formas de gobierno autoritarias, normalmente de la manera de un hombre fuerte que vigilase sus intereses. Lo mismo sucedió cuando el Capital temió -de manera errónea o acertada- que la democracia podría traer un cambio revolucionario, por ejemplo bajo la forma de un triunfo electoral de un frente popular formado por socialistas, comunistas y anarquistas. Las diferentes formas de fascismo que surgieron en Europa en los años 20 y 30, lideradas por hombres fuertes como Mussolini, Hitler y Franco, y los espectaculares ejemplos de sistemas totalitarios fueron posibles gracias al apoyo del Capital, pero también de otros actores, por ejemplo, grandes terratenientes e incluso la iglesia.

El nazismo criticaba con dureza a burguesía. ¿Pero se puede decir que el nazismo era anticapitalista?

A la hora de estudiar el nazismo, y en general los fascismos, debemos diferenciar cuidadosamente entre las palabras y los hechos, entre la teoría y la práctica, entre la apariencia y la realidad. El partido de Hitler se llamaba Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes, y pretendía ser antiburgués, anticapitalista, y revolucionario. En realidad, ni era antiburgués, ni anticapitalista, ni socialista, y tampoco un partido de trabajadores. Los miembros de este partido eran mayoritariamente burgueses, más específicamente pequeñoburgueses, pero las políticas llevadas a cabo por el partido de Hitler una vez que llegó al poder beneficiaron a la alta burguesía, a los capitalistas. Y el partido de Hitler era revolucionario sólo en el nombre. Aquellos nazis que creían en la retórica revolucionaria y querían llevar a cabo algún tipo de revolución, por ejemplo Ernst Roehm, fueron salvajemente eliminados en la llamada Noche de los cuchillos largos en 1934. En realidad, a pesar de su retórica anticapitalista y revolucionaria, el partido de Hitler era contrarrevolucionario o, para usar otro término, reaccionario.

¿Fue el final de la Segunda Guerra Mundial -por ejemplo los bombardeos de Dresden- el inicio de la Guerra Fría?

La Guerra Fría entre los países occidentales capitalistas y la URSS comenzó realmente en 1918, justo después de la Revolución Rusa, cuando Gran Bretaña, Francia, y los Estados Unidos enviaron tropas a Rusia para ayudar a los Blancos en la guerra civil contra el Ejército Rojo. El objetivo era “ahogar el bebé del blochevismo” -como Churchill afirmó delicadamente- mientras aún estaba en la cuna. Aquella intervención no tuvo éxito, y durante la Segunda Guerra Mundial la URSS se convirtió en un aliado útil de las potencias occidentales. Pero una nueva guerra fría contra la URSS comenzó en el momento en que ya no eran necesarios para derrotar el nazismo, un par de meses antes del final de la guerra en Europa. Washington y Londres abrieron las hostilidades cuando decidieron conservar las armas capturadas a los alemanes para usarlas contra Moscú, algo deseado por muchos políticos y generales como Patton. Otro tipo de declaración implícita de guerra fría fue el bombardeo de Dresden de febrero de 1945, que tenía la intención de intimidar a los líderes soviéticos. Y Hiroshima y Nagasaki fueron también bombardeadas para aterrorizar los soviéticos y forzarlos a hacer todo tipo de concesiones en la reorganización de la postguerra en Europa y en el resto del mundo.

¿Existe un peligro real de resurgimiento de los fascismos?

Los sistemas autoritarios de gobierno, como las dictaduras fascistas de Mussolini y Hitler, sin duda serían de nuevo introducidas si el Capital considerara que esa es la única manera de seguir teniendo grandes beneficios económicos o de evitar un cambio revolucionario. Sucedió hace no tanto tiempo, en Chile en los años 70, cuando la posibilidad de que un gobierno democráticamente elegido había producido un cambio revolucionario fue derribado por la dictadura de Pinochet. Sin embargo, el Capital tiene otras opciones. En los últimos años los privilegios de las grandes corporaciones se mantuvieron con mucha efectividad a través de instituciones y acuerdos internacionales, como la UE o los acuerdos de libre comercio, que sirvieron para incrementar los beneficios de las grandes empresas y bancos a costa de la gente común, desmantelando el Estado del Bienestar. Fue un proceso iniciado por Thatcher y Reagan y más recientemente llevado a cabo a través de la imposición de medidas de austeridad. Todo dirigido a una perversa redistribución de la riqueza, desde los ciudadanos pobres y de clase media hacia las clases altas y el empresariado.

¿Es posible una historia objetiva o la historia es siempre una visión ideológica sobre el entorno?

Escribir una historia totalmente objetiva no es posible. Incluso cuando un historiador sólo aporta los hechos sobre, por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial, sería obviamente incapaz de ofrecer todos los hechos, y en cambio presenta una selección, y hacer esta selección necesariamente implica una elección subjetiva. Sin embargo, algunos relatos son más objetivos que otros, y sólo porque toman en consideración ciertos hechos importantes que son ignorados o minusvalorados por otros autores. Por ejemplo podemos decir que los soviéticos hicieron la aportación más importante para que los aliados ganaran la Segunda Guerra Mundial. Pero durante la Guerra Fría este hecho fue ignorado por la mayor parte de los historiadores occidentales, sobre todo por motivos políticos e ideológicos, e incluso hoy muchos historiadores defienden que el desembarco en Normandía fueron el punto de inflexión de la guerra. Esos relatos están lejos de ser objetivos.

Los historiadores no pueden ser totalmente objetivos, pues es imposible para ellos estar totalmente libres de sesgos ideológicos. Cuanto más objetivo y menos sesgado es un historiador, su relato serán más convincente para el lector. Sin embargo, los lectores también son subjetivos hasta cierto punto y también tienen sesgos en su interpretación. La conclusión es que entre el historiador y el lector nunca puede haber unanimidad sobre qué historias son más objetivas. El deber del historiador es ser lo más objetivo posible y debe tener en cuenta las criticas de sus lectores y de otros historiadores.

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El crimen de las sirvientas republicanas violadas y asesinadas por unos señoritos

29 junio, 2013

Fuente: http://www.publico.es

Una gran escultura recordará la matanza en El Aguaucho, que ilustra la intensa represión de los golpistas contra las mujeres en Fuentes de Andalucía, donde hubo 27 asesinadas

RAFAEL GUERRERO SEVILLA 31/05/2013 18:42 Actualizado: 02/06/2013 12:15

Representación teatral del 'Romance de el Aguaucho'.

Representación teatral del ‘Romance de el Aguaucho’.PÚBLICO

“Se llevaron a las más nuevas, a las más jóvenes”. Esa era la frase que repetían a mediados de los 90 los últimos testigos que vieron partir a un grupo de jóvenes raptadas por unos señoritos que las hicieron desaparecer el 27 de agosto de 1936 en lo que se conoce como el crimen de El Aguaucho. Entre los miles y miles de asesinatos de la represión franquista, el de este cortijo situado entre las poblaciones sevillanas de Fuentes de Andalucía y La Campana es de lo más execrable. De la tradición verbal sotovocce durante décadas ha pasado a ser reconocido, documentado y publicado por investigadores como José Moreno y José María García Márquez.

La represión en Fuentes de Andalucía estuvo revestida de unas características extremas en cuanto a intensidad y violencia, sin que hubiera ningún pretexto revanchista, ya que este pueblo de 8.400 habitantes entonces –ahora mil menos– fue tomado al día siguiente del golpe de estado. No hubo, por tanto, ninguna víctima de derecha y los asesinados izquierdistas fueron 114. Pero, además, este municipio sevillano, situado a 60 kilómetros de la capital, arrojó la mayor proporción de mujeres asesinadas: hasta un total de 27, entre las que se encuentran las cinco jóvenes de entre 16 y 22 años que fueron secuestradas, humilladas, violadas, asesinadas y arrojadas a un pozo de la finca de El Aguaucho.

José Moreno: “Me puse a investigar con los más viejos, comprobando que todavía a mediados de los años 90 había miedo a contar lo que pasó” Cuando el concepto memorialista aún no había tomado carta de naturaleza en España, el investigador local José Moreno comenzó a hacerse preguntas al comprobar cómo Rafael Jiménez Lora un veterano apodado “el rubito de las gaseosas” se cambiaba de acera de vez en cuando para evitar encararse con otros viandantes y se justificaba diciendo: “no quiero cruzarme con asesinos”. “Se me iluminó la mente y me puse a investigar con los más viejos, comprobando que todavía a mediados de los años 90 había miedo a contar lo que pasó”, comenta Moreno, que en 1999 publicaría un libro basado en la memoria oral que removió las conciencias, del que en pocos meses saldrá una segunda edición ampliada sobre la represión y, en especial, sobre la ‘matanza de El Aguaucho’.

Aunque durante mucho tiempo se ha especulado sobre cuántas fueron las jóvenes asesinadas allí, finalmente Moreno asegura a Público que fueron cinco: las hermanas Coral y Josefa García Lora (16 y 18 años), María Jesús Caro (18), Josefina Lora (18) y María León (22). Se da la circunstancia de que otra hermana de las dos primeras había sido fusilada diez días antes. El delito de las hermanas García Lora era haber confeccionado una bandera republicana y haberse señalado en la gran manifestación que recorrió el pueblo el 1º de Mayo del 36. Todas las asesinadas eran sirvientas en casas de señoritos y habían dejado de acudir al trabajo cuando sus señores decidieron boicotear la recolección de las cosechas para tensionar la República.

De modo que aquel 27 de agosto del 36 por la mañana los señoritos quisieron dar un escarmiento ejemplar. Las secuestraron, las subieron a una camioneta y se dirigieron a la finca El Aguaucho, donde las obligaron a cocinarles, las violaron, las asesinaron y las arrojaron a un pozo. A la caída de la tarde, se vio a los asesinos volver al pueblo en estado de embriaguez y con la ropa interior de las víctimas ensartada en sus fusiles a modo de trofeo de caza.

Los nombres y apellidos de los autores de los crímenes de Fuentes de Andalucía –de los muchos que hubo y no sólo de El Aguaucho– no se reflejan en ninguna publicación, aunque están en la mente de muchos. Virtudes Ávila (78 años) no olvida que le robaron una infancia familiar, ya que cuando tenía año y medio los golpistas fusilaron a su padre, que era teniente de alcalde, y dos meses después hicieron lo mismo con su madre, sin apiadarse de que estaba embarazada de ocho meses.

Para colmo, no dejaron que sus tías se hicieran cargo de ella y la internaron en un convento, donde las monjas le cambiaron el nombre. “Me bautizaron como Angelitas, porque eran de Sor Ángela de la Cruz, y me enseñaron a coser, a rezar y a pedir dinero”, nos dice. No como a las alumnas de pago, educadas para ser señoritas. Las huérfanas de los ‘rojos’ sólo podían ser sirvientas. “Una monja que me quería mucho me dijo: mira Angelita, esos muebles que nos han traído al convento eran de tus padres. Y es que no sólo se llevaron sus vidas; la casa se la quedó entera el criminal más grande que había en el pueblo”, dice Virtudes sin mentar su nombre.

Juan Morillo: “Es importante que en la comisión estén los hijos y los nietos de los dos bandos de la guerra”. Tantas historias de intensa represión derechista han dejado huella profunda en la configuración sociológica de Fuentes de Andalucía, sin duda una de los pueblos más de izquierdas de Andalucía y de España. De sus 15 concejales, 7 son de una escisión de IU –alcalde incluido–, otros 7 del PSOE y tan sólo uno pertenece al PP. Es un pueblo de gran compromiso memorialista, como se demuestra en que hace dos años se constituyó una comisión unitaria. Juan Morillo, su portavoz, se jacta de esa fuerte afición por la memoria histórica: “No es una asociación de memoria histórica al uso, es una comisión unitaria en la que están representadas todas las instancias del pueblo, desde el ayuntamiento, los pensionistas, los partidos, los sindicatos, los clubs deportivos, etc. Todos menos la Iglesia y la derecha. Además, es muy importante que en la comisión estén los hijos y los nietos de los dos bandos de la guerra”.

En dos años de funcionamiento de la Comisión por la Memoria Histórica Fontaniega se han impulsado multitud de actividades, como un gran festival musical y cultural para recaudar fondos y el estreno de una obra de teatro titulada El Romance de El Aguaucho escrita por Juan Morillo en recuerdo de aquel imborrable episodio de ignominia. El grupo de teatro amateur El Gallo Rojo ya ha sumado más de 40 representaciones por toda la provincia de Sevilla, pero sus actores confiesan “sentir la misma angustia, tristeza y pena” cada vez que salen al escenario.

La comisión memorialista va a culminar estos dos años de vida el próximo 23 de junio con la inauguración de un gran monumento costeado por suscripción popular (10.800€, de los que 5.000 pone el Ayuntamiento), que quedará emplazado en los jardines Luchadores por la Libertad de Fuentes de Andalucía con el que se rendirá homenaje a esas 27 mujeres asesinadas en 1936, representadas por las víctimas de El Aguaucho. Se trata de una obra de acero que se eleva hasta 10 metros de altura, “como un pozo hacia la vida” en palabras de Juan Morillo. El escultor Paco Parra asegura que no ha sentido ni disfrutado más que realizando esta obra, pese a sus veinte años de experiencia artística. Parra recuerda su inspiración cuando se lo propusieron: “Pensé en humedad, en libertad y en acero representándolo: un pozo invertido y palomas en su extremo fueron las figuras que afloraron en mi mente”.

La ley de los secretos para siempre

28 junio, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

Un centenar de investigadores pide la difusión de 10.000 documentos históricos clasificados

Villa Bens,10-1-1958.- Guerra de Ifni. Un buque anfibio descarga material para las tropas españolas en las proximidades de Cabo Juby. / EFE

Los historiadores británicos pueden hurgar en los papeles más escondidos de la guerra de las Malvinas (1982) —acaban de salir a la luz los documentos privados que Margaret Thatcher conservó y que prueban las disensiones en el seno de los conservadores— pero los españoles no pueden ni echar un ojo a documentos de guerras bastantes anteriores, como la de Ifni (1957-58) o el conflicto civil de 1936-39, que se custodian en archivos militares y que en su día fueron clasificados por tratarse de información sensible.

La anterior ministra de Defensa, Carme Chacón, trató de remediar en parte esta opacidad al proponer la desclasificación de 10.000 documentos, relativos a episodios comprendidos entre 1936 y 1968, que ya no representaban riesgo alguno para la seguridad del Estado. Los papeles se referían a aspectos como los campos de concentración y batallones de trabajo creados por el régimen franquista al inicio de la posguerra, la política del Protectorado español en Marruecos, proyectos para la construcción de armamento anteriores a 1968, la organización de unidades militares durante la Guerra Civil, operaciones en Sidi Ifni, dotaciones de buques de guerra italianos y alemanes durante la Segunda Guerra Mundial en puertos españoles o planes de fortificaciones en Baleares y Ceuta, entre otros.

Su iniciativa no llegó a buen puerto ya que las elecciones generales frustraron que el asunto llegase al Consejo de Ministros, si bien el procedimiento quedó listo, según fuentes del anterior equipo de Defensa. “El trabajo interno se dejó hecho”, indicaron, antes de achacar a una cuestión de “calendario” la paralización de la medida.

El tímido afán de transparencia histórica se aguó en la actual legislatura. “El nuevo ministro entrante, Pedro Morenés, no necesitó mucho tiempo para decidir que, si el PSOE no había considerado oportuno desclasificarlos, no sería él quien decidiera hacerlo”, señala Francisco Espinosa, uno de los tres historiadores, junto a Mirta Núñez Díaz-Balart y Manuel Álvaro Núñez, que solicitaron a Defensa el acceso a toda la información en junio de 2012. No estaban solos, respaldaban su petición un centenar de historiadores y juristas, incluidos Paul Preston, Josep Fontana, Ángel Viñas, Carlos Jiménez Villarejo, Matilde Eiroa, Ricardo Robledo o Ana Martínez Rus.

El intercambio burocrático entre Defensa y los historiadores, asesorados por Eva Moraga, abogada experta en acceso a la documentación pública, concluyó finalmente a comienzos de este año con un acuerdo de la Secretaría General Técnica de Defensa, que inadmitía el recurso de alzada de los historiadores Espinosa, Núñez y Álvaro al considerar que se dirigía contra un escrito que no era objeto de impugnación. Con él se cierra, al menos de momento, la posibilidad de que los historiadores puedan acceder a toda esa documentación para sus proyectos de investigación sobre el siglo XX español. Solo cabría un recurso contencioso-administrativo, que no está claro que vaya a ser interpuesto de momento. “Tendremos que reunirnos y ver qué se puede hacer a partir de ahora porque es increíble que existan reparos para que podamos investigar en determinadas áreas”, señala Mirta Núñez, directora de la cátedra de Memoria Histórica de la Universidad Complutense. La negativa del actual equipo de Defensa a liberar del apartado de material secreto a esos 10.000 documentos se trasluce del texto en el que rechazaron el recurso de alzada.

Por un lado afirman que no existió tal informe a favor de la desclasificación de la etapa de Carme Chacón: “No existía ninguna exteriorización formalizada por parte de los sucesivos responsables del Ministerio de propuesta, informe o resolución encaminada a someter al Consejo de Ministros la desclasificación de documentos relativos al periodo indicado”. En síntesis: no existió ningún escrito, aunque este periódico se hizo eco en diciembre de 2011 de la decisión de Defensa.

Por otro lado, recuerdan que se trata de material clasificado “al que no afectaban los tiempos establecidos en la ley reguladora del Patrimonio Histórico Español” (50 años tras el acontecimiento). La Ley de Secretos Oficiales, que data de 1968, tiene un efecto anómalo en comparación con otras democracias occidentales: el cerrojazo sobre un documento es para siempre salvo que se ordene desclasificar el documento por el Gobierno (o, según la ley, la Junta de Jefes de Estado Mayor, órgano que ya ni siquiera existe). Los historiadores contemporáneos tienen pues un limitado campo de actuación para desarrollar su trabajo, ya que sus búsquedas de información se detienen siempre ante el muro del secreto oficial. En la práctica, el acceso a la documentación reservada de los archivos militares depende a menudo de la arbitrariedad de sus responsables.

La abogada Eva Moraga considera que la ley debería establecer el tiempo máximo de la clasificación de un documento. “No puede ser que sea perenne y si el Gobierno de turno no decide desclasificarlo, nunca podrá salir a la luz”, señala. La segunda puntualización legal que debería introducirse, en su opinión, afectaría a los documentos con su condición de reservados en vigor. “Aún siendo clasificados deberían ser de acceso en caso de que exista un interés público mayor para difundirlos”, añade.

La posición de Defensa, con independencia del color del ministro de turno, suele ser “opaca”, según la abogada. “Consideran que las peticiones afectan al ministerio y, por lo tanto, a la seguridad nacional”, añade. O a las relaciones internacionales. Algo que en EE UU debe preocupar menos porque la desclasificación de documentos puede sacar a la luz información tan comprometida para su política internacional como fue la difusión del activo apoyo de Richard Nixon y Henry Kissinger para derrocar al chileno Salvador Allende en 1973.

“Roosevelt se lamentó de no dejar que la República comprase armas.”

21 junio, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

 Valencia 5 MAY 2013 – 00:15 

El presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, en 1935 a bordo de un buque de guerra de la armada.

Franklin Delano Roosevelt profesaba simpatía por la Segunda República española. Su mujer Eleonor siempre lo decía. No obstante, el presidente estadounidense hizo oídos sordos a la petición del Gobierno democrático de poder comprar armas en el mercado americano para combatir a los franquistas. Y no hizo la vista gorda, como en la coetánea guerra civil china, para relajar la neutralidad de EE UU y suministrar ayuda al Ejército republicano. Sabía poco de España, estaba centrado en salvar los obstáculos internos a su política intervencionista del New Deal para paliar la tremenda crisis del 29 y respaldaba la estrategia de sus aliados, Reino Unido y Francia, para contener el conflicto español. Pero, ¿qué hubiera pasado si esa simpatía de los Roosevelt se hubiese traducido en algún tipo de intervencionismo?

La historiadora Aurora Bosch arquea las cejas, casi imperceptiblemente. Ella no hace ficción, no ha escrito La conjura contra América, en la que Philip Roth imagina las consecuencias de la pérdida de las elecciones en 1940 por parte de Roosevelt frente al aviador filonazi Charles Lindberg, en una novela cuya excelente contextualización fue distinguida incluso por los historiadores. Esta catedrática de Historia Contemporánea de la Universitat de València ha escrito Miedo a la democracia. Estados Unidos ante la Segunda República y la guerra civil española (editorial Crítica) y acaba de ser premiada por la Organización de Historiadores Americanos por ser la autora del mejor libro de historia estadounidense publicado en lengua extranjera.

“No sabemos qué hubiera pasado, claro, pero lo que pedía el Gobierno español al estadounidense era relativamente poco: que le permitieran comprar armas en su mercado. La República tenía el oro del Banco de España, tenía más capital que el bando franquista que, sin embargo, se vio beneficiado por créditos y abastecimientos abundantes y regulares desde el principio. Pero Roosevelt tomó en 1937 la iniciativa de ahondar en el congreso el embargo legal y solo tuvo un voto en contra. Tenía muchas presiones e intereses electorales. Temía que su electorado se dividiera, porque buena parte de los católicos, la clase obrera de sus votantes, no le respaldaría si apoyaba al régimen republicano. Las noticias de la masacre contra el clero en España llegaban de forma escandalosa y la jerarquía y el lobby católico no querían que interviniera. Además, el presidente se jugaba el apoyo a sus reformas del New Deal, la mayoría de la ciudadanía defendía el pacifismo y la neutralidad y Francia e Inglaterra insistían en la no intervención”, explica Bosch.

A todo ello se unía “el temor entre las democracias liberales asentadas de que la extensión de la democracia y de la política de masas pudiera exceder el ámbito liberal por las tendencias revolucionarias, pues en medio de la crisis de los años treinta el debate político incluía el fascismo y el comunismo, además de la democracia y la dictadura”. De ahí el título de su libro Miedo a la democracia, que el jurado del premio Willi Paul Adams 2013 valoró por ser un “rico retrato de las complejas interacciones de los hechos que dieron forma a la política americana respecto a España durante ese periodo”.

Aurora Bosch, con su libro. / JOSÉ JORDÁN

“Hay historiadores que”, prosigue Bosch, “sin embargo, inciden en que Roosevelt había ganado las elecciones en 1936 con una mayoría abrumadora y, por tanto, podía haber hecho algo, transigir como con China. Tenía poco margen de actuación, pero lo tenía. Y no lo empleó”. Dos años después, tras el Pacto de Múnich y la batalla del Ebro, Roosevelt empieza a comprender el alcance de su error. Y en 1939, “transmite a su gabinete que la ley de neutralidad ha hecho lo contrario de lo que pretendía: beneficiar a los agresores”, relata la autora, que ha investigado en múltiples fuentes estadounidenses.

“El presidente se arrepintió y se lamentó de no haber permitido comprar armas a la República y así lo reconoció en enero y febrero de 1939, cuando sostiene que se podía haber establecido sin ningún riesgo la fórmula de cash and carry, es decir, paga y llévatelo en tus propios barcos, como vendieron unos pocos meses después a Inglaterra y Francia, con una opinión pública mayoritariamente favorable. De este modo se evitaban los problemas que tuvieron en la I Guerra Mundial, cuando transportaban sus armas en sus barcos”.

Autora también de Historia de los Estados Unidos, 1776-1945 (Crítica), entre otros libros, la catedrática valenciana de 59 años forma parte del pequeño grupo de historiadores españoles especializados en Estados Unidos (en Latinoamérica hay toda una escuela), formando Silvia Hilton o Carmen de la Guardia la vanguardia primigenia. La cercanía de los archivos y la rica historia de España facilitan el estudio autóctono.

Además, en la historiografía, sobre todo de orientación izquierdista, también se detectó un cierto prejuicio antiamericano, arraigado en buena parte de la ciudadanía española. “La guerra de Cuba está ahí, en la memoria, pero en los años veinte se disuelve el conflicto por los flujos e intercambios… Creo que el origen del antiamericanismo en España se remonta en realidad a la visita de Eisenhower en 1959, apoyando al régimen franquista y salvándole la cara internacional. También hizo mella en la sensibilidad española el intervencionismo de EE UU en los países latinoamericanos, defendiendo sus intereses por encima de la democracia”, opina Bosch.

“El antiamericanismo en general viene de la política exterior de Estados Unidos, y es hasta cierto punto comprensible”, añade. “Pero tampoco podemos olvidar de que el Plan Marshall fue fundamental para la reconstrucción europea, ni que cuando Europa no sabía qué hacer con el conflicto en la ex Yugoslavia, se optó por llamar a EE UU. En fin, hay que verlo todo”.

Desclasificados los papeles sobre sobornos del MI6 británico a militares de Franco

20 junio, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

Los documentos revelados confirman que se pagaron 200 millones de libras al círculo de generales

Los mensajes muestran el temor de Londres a la posible entrada de España en la II Guerra Mundial

 Madrid 23 MAY 2013 – 18:11  

Franco y Hitler, en su encuentro en Hendaya en octubre de 1940.

El MI6, el servicio de espionaje británico, sobornó a generales españoles para que estos disuadieran al dictador Francisco Franco de entrar en la Segunda Guerra Mundial del lado de Hitler. Documentos secretos ahora desclasificados revelan que se pagaron el equivalente a 232 millones de dólares de hoy que fueron a parar a militares del círculo del general Franco, armadores y varios agentes espías.

Esta información publicada hoy por el diario The Guardian en su web ha sido un asunto ya mencionado por historiadores británicos y españoles pero ahora parece que por fin se muestran detalles inéditos. El historiador Jorge M. Reverte asegura que estos pagos se gestionaron “a través del empresario balear Juan March”. Un agente inglés en la Embajada británica en Madrid era el intermediario. “March habló con generales importantes, como Aranda, y aunque simuló que el dinero lo ponía él, venía de los británicos”.

El dinero se entregó a través de una cuenta en Nueva York de un banco suizo, según el diario británico, que sitúa como urdidor de la trama al embajador británico en Madrid, Samuel Hoare. Los documentos desclasificados muestran a un Hoare preocupado porque pensaba que era inminente la entrada española en la Segunda Guerra Mundial y que, por lo tanto, Franco abandonaría la neutralidad mostrada al inicio del conflicto.

“Que España entre en la guerra depende de la rapidez de nuestra actuación”, telegrafió el embajador Hoare

En junio de 1940, nueve meses después de que Hitler hubiera empezado la guerra con la invasión de Polonia, Hoare pidió parte del dinero “sin retraso” al Foreign Office (Ministerio de Asuntos Exteriores) y añadía en su comunicación que si había dudas, se consultara al primer ministro, Winston Churchill, quien respondió posteriormente en un telegrama: “Sí, por supuesto”.

“Que España entre o no en la guerra depende de la rapidez de nuestra actuación”, telegrafió Hoare en un aviso al MI6 para que pagara a los agentes al servicio de los intereses británicos. “La situación es crucial. No puedo malgastar más tiempo en explicar nuestra posición en este asunto”.

La entrevista en Hendaya

La tensión aumentó cuando en octubre de 1940 se produjo la célebre y fotografiada entrevista de Hitler y Franco en Hendaya. Hoare explica incluso que hubo partidas que se destinaron a detener a aquellas personas que conspiraban para persuadir al dictador y que de una vez apoyara con tropas a Hitler. Entre los militares favorables a una España en guerra mundial estaba el general Muñoz Grandes”, señala Reverte. El historiador y escritor sostiene que un factor importante que tuvo en cuenta Franco fue el suministro de gasolina a una España recién salida de la Guerra Civil, en manos estadounidenses.

“Franco estuvo jugando hasta 1942 con esta posibilidad de entrar o no en la guerra, hasta que se produjo el desembarco aliado en el norte de África. Entonces vio que no había opciones de victoria nazi”, asegura el historiador, autor de obras como La batalla del EbroLa división azul.

En una de las comunicaciones secretas de Hoare con su superior, el secretario de Relaciones Exteriores, Lord Halifax, se mencionan también reuniones de agentes británicos con republicanos y guerrilleros españoles para animarlos a una insurrección en el caso de que en la Península entraran tropas alemanas. Ese mensaje secreto termina con una indicación clara a Halifax: “Por favor, quema esta carta cuando la hayas leído”.

Un espía vestido de mujer

Entre las peripecias novelescas de este asunto destaca la del oficial del MI6 Dudley Clarke, arrestado por la policía en Madrid en la Segunda Guerra Mundial cuando iba disfrazado de mujer. Clarke dijo a los agentes que era un periodista del diario The Times que quería escribir una novela sobre cómo reaccionaban los hombres al paso de las mujeres en la calle. Tan estrambótica historia mantiene el nivel cuando en el registro de los enseres de Clarke, les dice a los policías franquistas que la ropa de mujer de su maleta era para una señora de Gibraltar, pero que antes había decidido antes probársela él “para hacer una broma”. John Le Carré se quedaría boquiabierto al saber que la policía se maravilló también con un rollo de papel higiénico que llevaba Clarke en su maleta. La suavidad y textura del papel mosqueó a los agentes que se lo llevaron para someterlo a análisis químicos. Finalmente, Clarke fue puesto en libertad pero sus superiores le enviaron a Gibraltar. “Mantenedle vigilado y le mandáis en el próximo avión a Oriente Próximo”, ordenaron al gobernador de Gibraltar. Y por si antes mostraba “signos de trastorno mental”, una última indicación: “A casa en el primer barco”.

Sin embargo, cuando los contactos con estos republicanos españoles (los rojos, como se les llama en los documentos) llegó a oídos de Winston Churchill, este mostró su preocupación así que instó al ministro de la Guerra, Hugh Dalton, a que interviniera para acabar con las reuniones.

El legado del samurái, cuatro siglos después

19 junio, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

En 1613 partió de Japón con destino a España el noble Hasekura Tsunenaga para conseguir apoyo militar y naval de la entonces mayor potencia del mundo. La misión no consiguió sus objetivos, pero dejó huella

EVA VÁZQUEZ

Conocí a la discreta y principesca Naomi Kato en la Casa de América, el principal centro cultural iberoamericano de la capital de España, allá por el mes de octubre de 1996. Estaba entonces completando su formación hispánica para así, como novel diplomática de su país, Japón, mejor servir a las relaciones entre éste y las naciones iberoamericanas. La conversación y mi interés por la historia llevó a Naomi Kato a contarme un episodio magnífico y muy poco conocido de las relaciones históricas hispano-japonesas, un episodio en el que, por circunstancias extraordinarias de la vida, ella se había visto profunda y definitivamente envuelta: el de la embajada de Hasekura Rokuemon Tsunenaga, ahora denominada Embajada Keicho por haber tenido lugar en el año decimoctavo de la era japonesa del mismo nombre. Ésta es, muy brevemente, la sorprendente historia, una historia que ya fue en parte novelada por el escritor japonés Shusaku Endo.

En el año de 1613 partió del puerto japonés de Sendái, en un galeón de diseño y tecnología españoles, con destino a España, el noble japonés Hasekura Tsunenaga. Cristiano católico y embajador del señor del feudo de Bojú, Date Masemune, Hasekura iba acompañado del franciscano español Luis Sotelo y de un numeroso séquito de samuráis y comerciantes nipones. El objeto oficial de su misión era establecer relaciones políticas y comerciales con la Corona de España y lograr su ayuda para, entre otras cosas, impulsar el cristianismo en su país.

El séquito nipón pasó una larga estancia en México, la Nueva España, para, tras cruzar las montañas y desiertos de ese país, embarcarse hacia la vieja no sin antes hacer escala en la gran antilla de Cuba. El cinco de octubre de 1614 la embajada japonesa llegaba a Sanlúcar de Barrameda. Sin embargo, mucho habían cambiado las circunstancias desde su ya lejana partida de Cipango.

Japón vivía en los primeros decenios del siglo XVII un proceso de fuerte controversia religiosa y de reordenación política del país. El cristianismo, presente en la isla desde mediados de la anterior centuria precisamente por iniciativa del jesuita español Francisco Javier, tenía ya una fuerte implantación en el país asiático. Algunos dirigentes japoneses pensaron entonces que la religión cristiana podía ser una primera punta de lanza de una proyectada conquista española o ibérica o, cuando menos, de un plan de control y mediatización política y económica de la isla japonesa por parte de las potencias occidentales. Además, el país se hallaba en un momento de desgarradoras luchas intestinas entre señores feudales y poderes centrales por el control del Shogunado.

Fue en ese cambiante e inestable contexto cuando uno de los grandes señores feudales, Date Masemune, envió con el permiso del shogúnretirado Tokugawa Ieyasu la embajada Keicho, o Hasekura. Los historiadores coinciden en señalar que lo que se buscaba claramente era la transferencia de tecnología militar y naval de la entonces mayor potencia del mundo, España, para hacer fuertes las aspiraciones del señor de Bojú. Así, el proponer a Su Majestad Católica Felipe III la cesión de algunos medios para ayudar a la causa cristiana era, en principio, una estrategia lógica dentro de la pugna política y religiosa que se vivía en la isla del Sol Naciente.

Sin embargo, paradojas de la Historia, la misión de Hasekura Tsunenaga perdió su sentido antes incluso de llegar a su destino: la religión cristiana había sido prohibida y proscrita en el Imperio japonés precisamente durante el tiempo en que transcurría su viaje. Por otro lado las noticias contradictorias llegadas a la Corte española desde la Capitanía General de Filipinas sobre la situación y la estructura interna del Japón, y sobre la coyuntura del cristianismo en ese país hicieron que la posibilidad de una ayuda material fuese desestimada. También la legación diplomática fue considerada como de rango menor por no proceder clara y directamente del Emperador o del Shogún, sino de uno de sus vasallos, el citado señor de Bojú. Tampoco pasaron por alto las autoridades españolas el peligro objetivo que podía suponer para las posesiones hispanas en el océano Pacífico la transferencia de tecnología militar y naval a un pueblo fuertemente organizado y de gran tradición guerrera.

Hasekura y su séquito fueron protegidos y conducidos por las autoridades españolas que, tras aceptar la concesión de audiencia del legado japonés por parte del Rey, facilitaron y financiaron también su traslado a la Corte papal donde fueron recibidos por el Pontífice. Finalmente y tras muchos y denodados esfuerzos la comitiva japonesa emprendió el regreso a su país no sin antes hacer una nueva y necesaria escala en España. Sus objetivos no fueron logrados: los vientos de la Historia soplaban en muy diferente dirección.

Sin embargo, de su estancia en España y particularmente de su paso por la localidad sevillana de Coria del Río ha quedado un patrimonio histórico singular. Un legado genealógico y cultural excepcional que conservamos en la existencia y profusión del apellido Japón entre muchos de sus habitantes. Un claro recuerdo del grupo de nipones samuráis que decidió establecerse en España y no atravesar nuevamente dos inmensos océanos.

Este patrimonio histórico compartido hispano-japonés representado por el legado de la Embajada Hasekura en sus diversas manifestaciones comenzó a ser reconocido y divulgado en tiempos relativamente recientes con ocasión de la conmemoración en 1989 del cuarto centenario de la refundación de Sendái, el puerto japonés del que partió Hasekura en octubre de 1613 y que muchos recordarán hoy por las terribles consecuencias que sufrió a causa el maremoto desencadenado en 2011. También en los últimos decenios se han sucedido diversos actos recordatorios y conmemorativos de aquella misión diplomática destacando la mención realizada a su directa relación con el apellido español “Japón” con ocasión de la visita del Príncipe Naruhito a la Exposición Universal de Sevilla; o la erección en Coria del Río de una estatua de Hasekura Tsunenaga, réplica de la que se encuentra en Sendái. En octubre de 1996 el embajador japonés en España nombraba simbólicamente embajadores honorarios de Japón en España a las personas apellidadas Japón. El “legado Hasekura” comenzaba a ser recuperado.

La Embajada Keicho-Hasekura enviada a Felipe III constituye una de las más antiguas vinculaciones diplomáticas de Japón con Occidente: una misión anterior fue enviada al también Rey español Felipe II en las postrimerías del siglo XVI. Durante una centuria, entre 1540 y 1630 aproximadamente, las relaciones entre las dos potencias ibéricas, España y Portugal, y Japón, fueron además de intensas las primeras mantenidas por el país oriental con Occidente. Esa antigua y fructífera relación (hasta el voluntario aislamiento nipón a partir del segundo tercio del siglo XVII) no quedó restringida a la dimensión evangelizadora sino que se extendió a múltiples facetas técnicas, culturales, idiomáticas, comerciales y hasta gastronómicas. Algunos autores opinan, por ejemplo, que la introducción de arcabuces por las potencias ibéricas fue decisiva para acabar con la anárquica situación y para lograr la estabilización política interna del Japón. Más de trescientos años después, es bien sabido, Japón volvió a abrirse al mundo pero esta vez de la mano y la presión de las potencias occidentales anglosajonas. Desde entonces y hasta hoy pocas personas e instituciones en España y en Japón han recordado la fructífera relación que nos vinculó durante un siglo, y la primacía hispánica, en Occidente, en mantener relaciones oficiales y extraoficiales con el país del Sol Naciente.

Vuelvo ahora al inicio de mi historia. Como guiada por una suerte de espíritu invisible, por una atracción no explicada, Naomi Kato, católica por tradición familiar en un país mayoritariamente budista y sintoísta, decidió estudiar Cultura y Literatura Hispánicas en la Universidad al acabar el bachillerato. Durante ese tiempo de instrucción tomó también la decisión de escoger México (el primer país hispánico que pisó Hasekura) para, durante un año de estudio, conocer directamente el mundo y la lengua hispánicos. Al acabar la licenciatura se presentó a la oposición para la carrera diplomática de su país y, como nueva funcionaria especializada en el mundo de lengua española, fue destinada a España con el objeto de aumentar su bagaje formativo durante dos años más antes de tomar posesión de su primer destino oficial. Como lo fue Hasekura, también es Naomi Kato diplomática, y, como aquél, también fue enviada a España.

No eligió Naomi cualquier lugar de nuestro país sino que, una vez más guiada por ese “instinto”, se instaló durante su primer año en Sevilla, muy cerca de la villa de Coria del Río donde al menos cinco samuráis de aquel memorable séquito decidieron aposentarse definitivamente. Fue en realidad entonces cuando Naomi Kato, que si utilizase la regla española de llevar también el apellido materno sería Naomi Kato Hasekura por pertenecer al mismo linaje que el ya inmortal embajador, conoció la directa relación entre el apellido español Japón y la misión de Tsunenaga. Ni que decir tiene que, encontrándose todavía la joven en periodo preferentemente formativo, la embajada japonesa en Madrid lacomisionó también obviamente para algunas actividades representativas y conmemorativas de aquella antigua misión del señor de Bojú.

Había que articular y asegurar ese legado, rico en cultura, en historia y en ciudadanos españoles con apellido Japón. Con la iniciativa de Naomi K. Hasekura y el impulso de un gran defensor y promotor de este patrimonio, el coriano Virginio Carvajal Japón que en paz descanse, me cupo la satisfacción de contribuir a la articulación formal de la Asociación Hispano-Japonesa Hasekura. Hoy, bajo la presidencia honorífica de S. A. R. el Príncipe de Asturias y de S. A. I. el Príncipe Heredero de Japón, y con motivo de los cuatrocientos años de la Embajada Keicho-Hasekura, se pone felizmente en marcha el Año Dual España-Japón.

Todavía parece que el espíritu de Tsunenaga continuó influyendo en la trayectoria de su incomparable y lejanísima “sobrina”, y el primer destino oficial de ésta fue la bellísima Isla Española, la actual República Dominicana cuyas costas pudo muy probablemente divisar el embajador de Date Masemune durante su travesía hacia España. A todo esto recuerdo la profunda y mística puesta de sol que con la embajadoraHasekura pude admirar allí desde los restos de La Isabela, el primer asentamiento español y europeo en América. Desde ese lugar, el sol, poniente, nos indicaba la ruta del embajador inmortal y la situación del país que en todo el mundo es llamado del Sol Naciente.

 F. Álvaro Durántez P. es jurista

John H. Elliot: “Es un disparate”

18 junio, 2013

Fuente: http://www.elpais.es

 Madrid 6 JUN 2013 – 22:29 CET1373

 

El enfoque escogido por el Centro de Historia Contemporánea ha sido cuestionado por historiadores consultados por este diario. El hispanista inglés, John H. Elliot, mostró su perplejidad al conocer el contenido de las jornadas y no quiso conocer ni la primera circular del programa. “No vale la pena ni hablar. Con ese título (España contra Cataluña) ya sé que no me interesa. Es muy poco histórico y no tiene rigor ninguno. Es un disparate”, dijo el historiador en una breve conversación telefónica. José Álvarez Junco, catedrático de Historia de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, afirmó tras leer la circular que el esquema previo no tiene nada que ver con un simposio histórico o debate científico porque ya se dan por predeterminadas las conclusiones. Y cita que el mismo prólogo ya da por sentado las relaciones “siempre represivas” de España hacia Cataluña o las “condiciones de opresión del pueblo catalán”. A juicio de Álvarez Junco, la obligación de un historiador es conocer el pasado de la mejor forma posible aunque no necesariamente debe ser aséptica. “Pero una cosa es conocer el pasado y otra utilizarlo para fines políticos”, afirmó. “Lo que hubo entonces eran guerras internacionales y de dinastías entre los Borbones y los Hasburgo, que tenían el apoyo de Inglaterra. Y eso no tiene nada que ver absolutamente con los catalanes”, cuenta.

A su juicio, cualquier nacionalismo intenta utilizar el pasado y sospecha que eso intentarán las entidades catalanistas e independentistas de la misma forma que, por ejemplo, el nacionalismo español tiende a idealizar a “Viriato y Don Pelayo al decir que defendían la identidad española, monárquica y católica cuando España aún no existía. Era solo una denominación geográfica”, apuntó Álvarez Junco, nacido en Lleida aunque vive en Madrid. “En ese simposio sobre 1714 los historiadores por tanto no tenemos nada que opinar porque no es una reunión de tales. A mí no me han invitado. No soy muy nacionalista. Más bien soy antinacionalista español. Me critican por los dos lados. Pero yo no estoy dispuesto a que los nacionalismos me deformen”.

Frente a esta postura tan crítica, Josep Fontana, uno de los historiadores catalanes de más prestigio y que dictará la lección inaugural, confía de entrada en el rigor de las jornadas al garantizar que se habían encargado las conferencias a académicos “bastante serios”. Fontana asegura que el Centro de Historia no tiene ninguna conexión política y asegura que no es nada que organice el Gobierno catalán. “No conocía el título del simposio y puedo entender que es provocativo o desafortunado”, dijo para insistir en que no responde a una inspiración política concreta. “Si la hubiera habido yo no participaría. Se trata de hacer un análisis histórico y no político y si yo viera que se trata de propaganda no iría. Para formular un juicio tendré que esperar a ver quién interviene en el simposio”, afirmó Fontana, que no conocía aún al resto de participantes. Los organizadores han encargado a Fontana la lección inaugural titulada España y Cataluña, 300 años de conflicto. “Desde mi perspectiva, a partir de 1714 se inicia un proceso represivo, histórico y cultural”, afirmó.

La oposición al nazismo dentro de Alemania

17 junio, 2013

Fuente: http://www.jotdown.es

Publicado por 

Georg Groscurth

El cuatro de septiembre de 1943 tres agentes de la Gestapo se presentaron en una casa situada en la localidad de Wehrda, donde el matrimonio formado por Georg y Anneliese Groscurth pasaba unos días de vacaciones. Tras ser detenidos, a Georg lo enviaron a la prisión de Brandemburgo. Allí lo torturaron en busca de información y posteriormente fue juzgado y condenado por un tribunal del Reich. Finalmente el ocho de mayo del siguiente año murió ejecutado en la guillotina. ¿Pero cuál fue su delito?

Georg Groscurth era un médico de gran reputación, que contribuyó decisivamente al desarrollo de algunos fármacos y tuvo pacientes de gran influencia, como Rudolf Hess, uno de los más estrechos colaboradores de Hitler (al menos hasta que se lanzó en paracaídas sobre el Reino Unido en plena guerra en una demencial misión diplomática). Detestaba el antisemitismo que se había instaurado en Alemania con gran virulencia desde hacía unos años, y precisamente la protección que creía que le brindaban tales contactos, junto a su prestigio profesional, es lo que le dio el arrojo necesario para fundar en 1939 junto a varios amigos la organización secreta Unión Europea. Un grupo de resistencia antinazi que ofreció protección a judíos y disidentes políticos de la persecución del régimen, proporcionándoles un escondite y documentación falsa para su huida. Asimismo, en su condición de médico Georg hizo todo lo que estuvo a su alcance para sabotear la maquinaria de guerra nazi, declarando inhábiles para el servicio militar a los pacientes que le encargaban evaluar e incluso promovió la organización de la resistencia entre los soldados rusos prisioneros. Pero el paso que llevaría al grupo a la perdición fue la difusión de octavillas con la ayuda de una pequeña imprenta en las que exponían su ideario: la caída del fascismo en toda Europa, el restablecimiento de los derechos fundamentales democráticos, el socialismo sin dictadura estalinista y la unión política de todos los países europeos. Con ese gesto fueron demasiado lejos y pusieron a las autoridades tras su pista, su caída sería cuestión de semanas.

Conocedor de los eficaces y poco piadosos métodos de interrogación del régimen, Georg siempre procuró mantener al margen de sus actividades a su mujer, Anneliese, con el fin de proteger su vida. Tras la detención por la Gestapo ella resultó absuelta, pero decidida a honrar la memoria de su marido y continuar su causa. La guerra terminó poco tiempo después y creyó que entonces se reconocería esa labor de resistencia… no pudo estar más equivocada. Alguien dijo en alguna ocasión que tener razón 24 horas antes que el resto del mundo supone que durante ese día te tomarán por loco y posteriormente te odiarán por ello. Esto es exactamente lo que le pasó a Anneliese Groscurth y así lo recoge en su libro Mi año de asesino (Editorial Sajalín) el escritor Friedrich Christian Delius, uno de los autores alemanes más destacados de las últimas décadas y miembro del llamado “Grupo 47”, un conjunto de intelectuales de la posguerra como Günter Grass o Hans Magnus Enzensberger que, inspirándose en la Generación del 98 española, han intentado explicarse a sí mismos y al resto de los alemanes qué demonios había pasado en su país.

Como decíamos, el fin de la guerra parecía que iba a traer consigo un cambio radical de las cosas. Los Aliados se repartieron Alemania en cuatro sectores e iniciaron un proceso de desnazificación‎, intenso al principio pero que fue diluyéndose rápidamente ante la nueva prioridad que representaba la Guerra Fría con la nueva división de Alemania entre la RFA y la RDA. Muchos exnazis fueron entonces perdonados y se reincorporaron a sus puestos de trabajo (especialmente en el lado occidental). Paradójicamente lo que no podía perdonarse era el pasado antinazi de personas como Anneliese: “resultábamos especialmente sospechosos porque demostrábamos a millones de simpatizantes que ellos también podrían haber actuado con decencia”. Para echar más leña al fuego tuvo el atrevimiento de criticar el rearme alemán y la brutal represión policial a una manifestación que tuvo lugar en 1951, y lo hizo amparándose precisamente en la libertad de expresión que supuestamente garantizaba la nueva constitución del 49 de la Alemania Federal, uno de cuyos ejemplares enarbolaba como si de un estandarte se tratara, aunque por su aplicación práctica en ocasiones pareciera papel mojado. Perdió su empleo como médico, le retiraron el pasaporte, le negaron las ayudas como viuda de una víctima del nazismo y por todo ello estuvo envuelta en varios procesos judiciales, mientras su situación personal no cesaba de agravarse:

Desde entonces, la nueva marca le arde en la frente, en el talonario de recetas, en la placa de la consulta, en los cuadernos escolares de los hijos: “propagandista roja”. Se divulga entre los vecinos, el tendero, en la lavandería, en la peluquería, entre las personas diligentes de cuyos labios salía rápidamente el saludo hitleriano siete años atrás: propagandista roja. Luego llegan las cartas y las llamadas nocturnas: Desaparece, cerda roja, ¡Heil Hitler! Su empleada del hogar recibe amenazas: ¡Deje a esa comunista o se le complicará la vida! Y a los pacientes, los pocos que aún se atreven a ir, los abordan desconocidos en la calle: ¿Por qué va a visitarse con esa propagandista roja? ¿Acaso es usted también comunista?

Pero a pesar de todo ello y en contra de lo que le recomendaron insistentemente no quiso trasladarse a la Alemania Oriental, sabía que allí la disidencia política corría aún peor suerte y ella no era comunista, por mucho que emplearan ese término contra ella. Simplemente reivindicaba algo en apariencia tan fácil de comprender pero tan difícil de aplicar como que “el orden fundamental libre y democrático no consiste en decir siempre ‘sí’, sino en poder expresar opiniones críticas, discrepantes”. Ese es el tipo de sociedad en la que ella quería vivir y por la que murió su marido. Christian Delius conoció en su juventud a Anneliese y con el mencionado libro quiso contribuir al reconocimiento de ambos, que se vio ampliado con el título concedido en 2005 por Israel a la memoria de Georg como “Justo entre las Naciones”.

Georg y Anneliese Groscurth

 

Los que se llaman provida…

16 junio, 2013

Fuente: http://www.elplural.com

… han cambiado la estrategia, y ya no sólo insultan, graban y coaccionan a las mujeres y profesionales que practican el aborto, ahora se van también de escrache a las vallas publicitarias
 
ANÁLISIS DE PATRICIA HERNÁNDEZ | 15/05/2013
 
Los que se llaman provida… nunca han reclamado más dinero para la cooperación, ni han protestado por los recortes de estas partidas presupuestarias que han logrado salvar a tantos y tantas cuya vida, muchas veces, depende única y exclusivamente de que lleguen esas ayudas.

Los que se llaman provida… ven bien que Beatriz, una joven salvadoreña de 22 años, muera durante su embarazo. Les parece bien que muera antes que abortar un feto, que además, tiene anencefalia -carece de cerebro- y cuyas expectativas de supervivencia tras el parto son prácticamente nulas. A los que se llaman provida les da igual Beatriz, la salud de Beatriz, los derechos de Beatriz o la vida de Beatriz. Ante el riesgo cierto de muerte, si sigue su embarazo, la única propuesta que tienen es que lo lleve hasta el final. Si Beatriz aborta, salva su vida. Pero a los que se llaman próvida eso les importa un pimiento. Si Beatriz no aborta y muere, los provida habrán conseguido su objetivo: la muerte de los dos, madre e hijo es secundaria…, pero ellos habrán impedido un aborto.

Los que se llaman provida… no quieren que se hagan campañas de ‘sexo seguro’ para evitar embarazos no deseados. Los que se llaman provida no creen que se deba promover y fomentar el uso del condón ni en España, ni en Europa, ni en África, donde hay más de 3 millones de niños y niñas infectados con el virus VIH. A los que se llaman provida esto les importa otro pimiento. A ellos no les parece bien y se oponen a que se promueva el uso del preservativo en África, donde hay más de 23 millones de personas infectadas y donde sólo el año pasado murieron más de un millón de personas por causas relacionadas con el sida. Los que se llaman provida, aun así, están en contra de que se utilicen métodos de protección ante este virus mortal.

Los que se llaman provida… han guardado un silencio cómplice, cuando no han aplaudido, que el Gobierno de España haya dejado sin asistencia sanitaria a los inmigrantes en situación irregular. Los que se llaman provida (y el Gobierno) saben lo que esto significa, saben que esta medida implica que no se trataran las enfermedades y patologías que sufran esas personas, y que eso incluye la gripe, sí, pero también, insuficiencias renales, tuberculosis, hepatitis, diabetes, cáncer, VIH… Los que se llaman provida ( y el Gobierno) saben, que si las personas que sufren esas enfermedades o patologías no reciben tratamiento, la consecuencia es… la muerte. Pero debe importarles otro pimiento también, si de lo que estamos hablando es de vidas humanas de inmigrantes, y no de aborto.

Los que se llaman provida… han cambiado la estrategia, y ya no sólo insultan, graban y coaccionan a las mujeres y profesionales que entran en clínicas (legales, por supuesto) donde se practica la interrupción voluntaria del embarazo y ahora se van también de escrache a las vallas publicitarias (algún día sabremos quién y cómo se financian) para pedir que se derogue una ley que protege la salud sexual y reproductiva de las mujeres.

Los que se llaman provida… no han contratado vallas para denunciar la muerte del senegalés Alpha Pam, que murió en Baleares por no ser tratado de la tuberculosis que padecía. No ponen una valla porque el gobierno le negó la asistencia sanitaria, y con ella la vida, a Alpha Pam, simplemente por no tener los papeles en regla.

Los que se llaman provida… nunca se manifestaron contra los 500.000 abortos practicados en España cuando Aznar gobernaba.

Los que se llaman provida… cada vez engañan a menos gente. Está claro, que los “pecados” de los provida cada vez los conoce más gente. Así que, llegados a este punto, no estaría mal que se cambiaran el nombre.

Patricia Hernández es diputada socialista en el Congreso

En Twitter es @PatriciaHdezGut

Desabastecimiento en Venezuela, ¿de productos, ideas o decisiones?

15 junio, 2013

Fuente: http://www.comiendotierra.com 

 16 mayo, 2013 por Juan Carlos Monedero

 Los que conocen América Latina saben que la noticia en el continente no es que los ciudadanos hagan cola en los supermercados para adquirir pollo o azúcar y que la ausencia de papel higiénico no es un drama que convoque a un concierto de solidaridad en Lima. Desgraciadamente, el problema es que la gente no ha tenido nunca posibilidad siquiera de acercarse masivamente a los supermercados. Una parte importante del continente sabe de las compresas, a lo sumo, por los anuncios de las televisiones privadas, no porque haya tenido nunca capacidad adquisitiva para alcanzar ese espacio de comodidad y seguridad femeninas. Lo digo porque uno de los vídeos que airea la oposición ha escogido el tema de la falta de compresas como señal evidente de los males del “comunismo” (de dónde saca la oposición venezolana dinero para hacer tantos anuncios tan caros, sigue siendo un misterio). Los problemas en América Latina, aun siendo un avance sustancial tener acceso a todos los productos de higiene necesarios, siguen siendo, desgraciadamente, más urgentes. Como dijo en su día Lula, la revolución en América Latina significa comer tres veces al día. Cuando tienes resueltos los elementos esenciales de la supervivencia viene el resto. Es una buena noticia que la ciudadanía venezolana proteste reclamando los avances que va logrando.

Hoy, cuando los estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid están encerrados en el Rectorado porque van a ser expulsados por no poder hacer frente al último pago de la matrícula, volvemos a encontrarnos con noticias catastrofistas acerca del “desabastecimiento” en Venezuela. Cierto que allí los estudiantes universitarios no protestan (Venezuela tiene el segundo mayor número de estudiantes universitarios de toda América Latina), pero a los medios españoles les parece conveniente reseñar noticias de aquel país antes que del nuestro. ¿Acaso no es más relevante carecer de suficiente papel higiénico en comparación con tener a uno de cada dos jóvenes en paro? ¿No es más instructiva la foto de la gente haciendo cola en un supermercado caraqueño que la de un nuevo desahuciado que se quita la vida en Murcia? Pero que nadie se engañe: lo importante de que haya problemas con algunos productos en Venezuela tiene sentido solo si los medios de comunicación de Europa lo reseñan a bombo y platillo. Hay una parte de todo esto que es una estrategia. Recuerda demasiado al desabastecimiento en el Chile de Allende previo al golpe de Estado.

Que en el país caribeño y petrolero hay cuellos de botella puntuales en el acceso a algunos bienes no es una novedad, especialmente cuando una parte importante de la población ha subido de nivel social y tiene la posibilidad de alimentarse como no lo había hecho en los últimos cuarenta o cincuenta años. Dicho esto, es igualmente cierto que no hay ninguna razón de peso para que determinados productos no estén en los estantes de los supermercados de un país que no tiene problemas económicos (recordemos que Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo). ¿Qué está pasando entonces?

Tres asuntos están detrás de los problemas que ha habido estos días con la harina, el aceite, el azúcar, el pollo o algunos productos higiénicos. En primer lugar, es evidente que el desabastecimiento forma parte de la estrategia de desconocimiento del resultado electoral del 14 de abril por parte de la derecha venezolana. Son los mismos que no reconocen al Presidente Maduro –pese a que toda la comunidad internacional, salvo EEUU, lo ha hecho, y pese a que la auditoría del CNE demuestra una coincidencia del 99,98% en los datos– quienes están colaborando en crear esa ausencia de productos con una triple intención: debilitar al gobierno, subir los precios regulados de algunos bienes y arrancarle más dólares subvencionados que les permita seguir importando bienes que luego ponen en el mercado venezolano a precios desorbitados (estas dos últimas cosas ya las han conseguido en estos dos últimos días). La condición importadora de Venezuela, herencia de su condición de país rentista, sigue dando un peso desorbitado a los grandes empresarios de la distribución.

En segundo lugar, el clima de zozobra creado por la oposición (que, recordemos, ha sacado un altísimo resultado electoral), aireado hasta el paroxismo por los medios de comunicación (más del 80% de los medios de comunicación en Venezuela están en manos privadas), genera una situación de inquietud que invita a compras muy por encima de las necesidades incluso mensuales. Si mañana todos los españoles fuéramos a comprar la leche que consumimos en un mes, es bastante probable que hubiera unos días con desabastecimiento en las tiendas. Los medios llevan dos meses creando un clima que pareciera de guerra civil –que en absoluto se corresponde con la realidad- pero que lleva a mucha gente a acaparar por culpa del miedo que se genera.

Hay una tercera razón, no menos relevante, cuya responsabilidad corresponde enteramente al gobierno bolivariano. Es un problema acumulado en los 14 años de “revolución” y que reclama una solución urgente si no se quiere poner en peligro un proceso que se juega en cada elección avanzar o fracasar. El aumento de la capacidad de consumo de los venezolanos (en estos años, la pobreza se ha reducido a la mitad) no ha venido acompañado del incremento de la capacidad productiva interior suficiente para cubrirlo (pese a que se han intervenido 7 millones de hectáreas para hacerlas productivas). Esto ha determinado que ese incremento del consumo ha sido en buena medida importado.  Mientras el consumo per cápita creció en promedio 3.7%, la producción ha aumentado solamente el  0,8%. Igual ocurre con el crecimiento de la agricultura, muy por debajo en su participación en el PIB de lo que debiera (está en el 4’5% cuando debiera llegar, cuando menos, al 12%).

Desde 2003 existe en Venezuela un control de cambios que lleva a que sea el gobierno quien entregue los dólares necesarios para la importación. Esta medida fue tomada por Chávez durante el paro patronal debido a la salida masiva de capitales del país que lo amenazaban con su hundimiento (los ricos siempre tienen esas herramientas al margen de las urnas). Hay consenso en Venezuela de que el control de cambios ya no es útil, entre otras razones porque el gobierno entrega dólares a 6,30 bolívares y los importadores luego etiquetan los productos importados como si los hubieran pagado a 25 o 30 bolívares (el precio que alcanza el dólar en el mercado negro). El precio del dólar oficial es papel mojado para los especuladores en Venezuela. Al mismo tiempo, una ineficiente burocracia es incapaz de frenar los abusos de los especuladores, sin contar con que también existen sectores corruptos en la administración contra los que no se termina de actuar contundentemente.

Igualmente hay un control de precios finales, que ha intentado frenar la inflación y la especulación, pero tampoco han funcionado pues de nada sirve fijar el precio final de un producto si no se fijan también los precios de las materias primas, de la maquinaria y demás insumos (lo que puede desembocar, como ha ocurrido en no pocas ocasiones, en que no era rentable producir, fomentándose las importaciones). La ineficiencia no solamente es la que está detrás de la corrupción, sino también detrás de comportamientos que a veces hacen inútil el esfuerzo económico encaminado a pagar la deuda social que padeen aún los sectores más humildes.

Los empresarios presionan para que la entrega de dólares que otorga el gobierno fluya más deprisa (el negocio del siglo en Venezuela: aunque importaran contenedores de piedras se enriquecerían desmesuradamente) y para que desaparezcan los controles de precios (lo que dispararía la inflación aún más). En definitiva, el gobierno “rumbo al socialismo” está financiando a los empresarios importadores y a los especuladores, es decir, está enriqueciendo al sector menos productivo de la economía venezolana.

El apretado resultado que alcanzó el Presidente Maduro después del duro golpe que supuso la desaparición de Hugo Chávez exige al gobierno bolivariano respuestas decididas. Es difícil sentar las bases de la transición al socialismo con las armas melladas de una economía rentista y sometida a los estímulos desmesurados de la corrupción y la especulación. En España, la disciplina fiscal empezó cuando apareció en los periódicos Lola Flores esposada por defraudar a hacienda. Venezuela necesita mano dura contra los acaparadores, contra los especuladores y contra los corruptos. Necesita activar de manera más decidida los controles populares para frenar los comportamientos económicos lesivos para el conjunto, en primer lugar la inflación (mucho más problemática que la ausencia de papel higiénico). Y necesita poner en marcha una política económica que, al tiempo que garantiza el crecimiento del PIB (como ha sido el caso de estos años), logra que ese crecimiento sea “de calidad” (en expresión del economista Víctor Álvarez), fomentando la producción interna y dejando de subsidiar las importaciones. Y para ello, la política fiscal, estimulando un tipo de comportamientos y castigando otros, es esencial, como bien sabemos para nuestra desgracia en la Europa de la austeridad.

Todos los logros sociales que está alcanzando Venezuela, tanto dentro del país como en forma de impulso político en el continente, no pueden ponerse en almoneda por una mala gestión económica de no tan difícil solución. La Venezuela bolivariana necesita una gestión más sensata. Hace falta un esfuerzo decidido en la formación de servidores públicos capaces, concienciados y estables (¿por qué sigue vigente en “revolución” esa costumbre insalubre de cambiar todos los cuadros de una institución cuando cambia el titular, aun siendo del mismo signo político?). Un gobierno cohesionado y un cuerpo de funcionarios que ejecuten ese Plan de la patria 2013-2019 aprobado en dos elecciones. Venezuela sigue teniendo pendiente hacer gestores socialistas y hacer socialistas a los gestores. El socialismo también reclama eficiencia. Y la eficiencia hoy es tan revolucionaria como ayer lo era el asalto al palacio de invierno. El socialismo del siglo XXI necesita ser austero, pero no quiere tener nada que ver con ninguna escasez que no decidan los pueblos. Y el pueblo de Venezuela, a día de hoy, aún no ha decidido en esa dirección.