Archive for 30 septiembre 2013

La excelencia de la purria

30 septiembre, 2013

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

JAVIER MARÍAS 14 JUL 2013 – 00:00 CET

Lo que uno ve desde que nace le parece “lo normal” durante años, o por lo menos normal, hasta que se asoma al mundo y comprueba su variedad infinita, lo que se ha perdido u otros se pierden, las pautas tan diferentes por las que se rigen los individuos. Sería ingenuo o fanático dar por bueno cuanto aprendió uno en su casa, pero hay conductas que, sometidas a la comparación más tarde, y sopesadas con la razón –no con la mera costumbre–, sigue encontrando recomendables o incluso obligadas. Una de ellas es la de no favorecer a un hijo, a un progenitor, a un hermano, a un cuñado o a un cónyuge si se ejerce un cargo público –y por tanto se maneja dinero de los contribuyentes– o si se goza de una posición de poder o influencia en un campo determinado, o de una tribuna en prensa como la de esta página. O por lo menos debe uno advertir, en este último caso, de la vinculación existente. Las veces en que he hablado aquí, o en otro sitio, del libro o la pelícu­la de un amigo, creo haber confesado de antemano lo que nos unía, para que el lector tuviera todos los datos y supiera que mi opinión podía ser parcial, aunque fuera sincera o así yo lo creyera. Cuando he hablado de mi padre, he solido disculparme por ello y casi siempre me he limitado a hablar de la persona y de su biografía, no del escritor que fue, sobre el cual difícilmente podría ser objetivo. Mientras vivió, los dos procuramos evitar al máximo opinar públicamente sobre la obra del otro, aunque, ante la insistencia de periodistas, quizá no siempre lo conseguimos. Nos resultaba empalagoso que un padre elogiara a un hijo o un hijo a un padre: no como individuos particu­lares, lo cual es más o menos aceptable, sino como “profesionales”, ya que eso nos podía reportar “beneficios”. Pero no era sólo una cuestión de buen o mal gusto: también nos parecía que no era algo muy recto, y que era mejor abstenerse.

Lo he recordado recientemente en una entrevista: hace casi veinte años una de mis novelas fue candidata al Premio Fastenrath, que otorgaba la Real Academia Española. En la sesión deliberatoria, mi padre se ausentó del pleno para que sus compañeros opinaran con entera libertad, y no participó en la votación, como es lógico. En su día expliqué que durante doce años –desde la primera vez que se me “tanteó”– no quise ni oír hablar de mi posible candidatura a esa misma institución: mientras mi padre viviera y perteneciera a ella, lo juzgaba improcedente. Nada más ser nombrado mi hermano Miguel Director General de Cinematografía, bajo el Ministro Semprún, entregó un escrito en el que más o menos decía: “El director de cine Jesús Franco es tío mío; el también cineasta Ricardo Franco es primo mío; el novelista Javier Marías es hermano mío. Ante cualquier proyecto en el que estén involucrados cualquiera de ellos, me abstendré de opinar y de influir a favor o en contra de posibles ayudas del Ministerio”.

Nada de esto me parecía digno de elogio ni de mérito, sino algo de cajón, obligado. Por eso me cuesta comprender que en España la norma sea más bien la contraria. Da lo mismo que mi cuñado sea un profesional competentísimo, e idóneo para tal puesto que de mí o de mi partido depende: precisamente por ser mi cuñado, no puede ocuparlo. ¿Salimos perjudicados? Muy posible. Pero así deberían ser las reglas: a veces se ha de ser perjudicado para que no quepa duda de que no se ha sido favorecido. Desde los tiempos del hermano de Alfonso Guerra hasta hoy, la tendencia de nuestros políticos ha sido la opuesta: colocan a sus cónyuges, a sus vástagos y a la parentela al completo. Privatizan empresas públicas y se las entregan a sus compañeros de colegio, cuando no a sí mismos mediante la “puerta giratoria”: quien fue consejero de Sanidad y privatizó hospitales pasa, al cabo de un ridículo lapso de tiempo que la ley exige, a tener un importante cargo en la empresa que los explota ahora. Sólo siete años después de ser nadie en política, la mujer de Aznar ya fue alcaldesa de Madrid (no elegida como tal por los votantes). Un tal Baltar, cacique gallego, ha colocado a decenas de personas con las que tenía parentesco o amistad y ha dejado de delfín a su hijo, como Pujol casi al suyo. La familia de Carlos Fabra lleva generaciones repartiéndose o pasándose cargos, no es raro que su hija Andrea les gritara “¡Que se jodan!” a los parados, en el mismísimo Parlamento. Y así hasta la náusea.

Hace poco vi cómo tres periodistas opinaban, en la televisión pública, sobre la política de becas del Ministro Wert, calificada por casi todo el mundo de injusta, discriminatoria y clasista. Una de esas periodistas era su actual pareja o cónyuge o lo que sea. Para mi sorpresa –sí, aún me sorprendo por estas cosas–, no se retiró de la mesa, ni se excusó de hacer su comentario (favorable al Ministro, claro está); que yo sepa (no vi todo el programa), ni siquiera advirtió a los espectadores de que su visión del asunto podía estar comprensiblemente sesgada. No: con entero ­desahogo habló de “críticas demagógicas” y de “aversión al mérito y a la excelencia” (cito de memoria). A los políticos del PP y periodistas afines se les llena la boca con esta última palabra. No se miran. No ven lo mediocres e ineptos que son la mayoría, ni su falta de mérito para desempeñar sus cargos. Ni su corrupción de nepotismo y amiguismo. No ven que en demasiados de ellos la palabra “excelencia” suena a chiste cruel. Como si se la aplicara a sí misma la purria que retrata en sus novelas Eduardo Mendoza. Que, dicho sea de paso, es amigo mío.

elpaissemanal@elpais.es

Un grupo de empresarios canarios apuesta por la economía del bien común

29 septiembre, 2013

Fuente: http://www.canariasahora.es

17 de agosto de 2013 (15:30 h.)

UNA OPCIÓN DIFERENTE PARA SALIR DE LA CRISIS

IVÁN SUÁREZ

Una decena de empresas de las islas está apostando por un modelo de negocio basado en valores éticos. Algunas son pioneras en aplicar las tesis de Christian Felber en España.

Canarias ha retrocedido cuatro décadas en los indicadores que miden el nivel de desigualdad social. La brecha entre ricos y pobres ha aumentado un 25% en cinco años de crisis económica, según el último informe del Consejo Económico y Social (CES) de España, que sitúa al Archipiélago como una de las regiones, junto a Andalucía y Madrid, con los peores registros en materia de igualdad. La última Encuesta de Población Activa (EPA), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), refleja que la tasa de desempleo ronda el 33% en unas islas donde se han cerrado más de 12.000 empresas entre 2007 y 2012. Cáritas ya ha advertido que la pobreza amenaza a la mitad de la población canaria.

En toda España, el peso en los ingresos familiares de los recursos procedentes de las prestaciones sociales ha crecido del 18% de 2005 al 48% de 2010, según revela el estudio ‘Desigualdad y Estado Social’ realizado por la Fundación 1º de Mayo, que también señala que la renta de los trabajadores bajó un 6,2% desde el estallido de la burbuja inmobiliaria hasta el pasado año. Mientras, los beneficios empresariales se han incrementado un 2,7% en el mismo periodo  y la cifra de millonarios, de ciudadanos con un activo financiero de al menos 740.000 euros, ha subido un 5,4% en 2012.

 La tasa de desempleo ronda el 33% en unas islas donde se han cerrado más de 12.000 empresas entre 2007 y 2012. Cáritas ya ha advertido que la pobreza amenaza a la mitad de la población canaria.

La crisis económica ha acentuado la polarización de la sociedad española,  que ya padecía una importante fisura desde hace décadas por factores  vinculados a la estructura del  sistema productivo. Ante unos datos tan demoledores, tras los que se esconde el sufrimiento de un sector de la población cada vez mayor, son numerosas las voces que vienen reclamando desde hace tiempo un cambio de paradigma económico, un sistema alejado del modo de proceder de las grandes corporaciones que se han enriquecido con operaciones especulativas y una concepción cortoplacista y depredadora de la actividad empresarial.  

Desde el pasado mes de diciembre, en la isla de Gran Canaria ha comenzado a abrirse camino un grupo de empresarios que promueve la denominada Economía del Bien Común, una propuesta formulada por el austriaco Christian Felber, profesor de Economía de la Universidad de Viena. Felber articula un discurso que intenta conducir el descontento y el deseo de cambio de los ciudadanos hacia un nuevo modelo que prime a las empresas que desarrollen valores que la sociedad considera positivos en las relaciones personales, como la cooperación, la confianza o la solidaridad, y que castigue a aquellas compañías que se muevan por un desmedido afán de lucro y por lo que llama ‘contrapetencia’, es decir, la competencia destructiva, aquella que intenta hacer desaparecer a la otra empresa para poder ocupar su espacio y acumular más poder.

El proyecto impulsado por Felber cambia las reglas de juego del capitalismo. El beneficio económico, el dinero,  ya no es el fin de la actividad empresarial, sino un medio para alcanzar su objetivo último: conformar un nuevo orden económico que anteponga la contribución al bien común,  la gestión y venta ética, la calidad del puesto de trabajo, el reparto justo de la renta, los procesos de democracia interna y de transparencia y la reducción de los efectos ecológicos a la cuenta de resultados financieros.

Matías González, doctor en Economía Aplicada por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, explica que el proyecto parte de una impugnación global del orden económico. “El actual ordenamiento está fundamentado en principios y normas que conducen cíclicamente a situaciones de profunda crisis con secuelas de tasas de desempleo extraordinarias. Además, está instalado en una crisis estructural permanente, que se agrava cada vez más, entre la capacidad de la naturaleza de proveer recursos y la velocidad a la que el sistema económico lo demanda, con una huella ecológica que ya es tres o cuatro veces el tamaño del planeta”, dice.     

Esta impugnación del sistema cristaliza en un movimiento de ciudadanos, empresas, asociaciones… que intenta construir una alternativa económica a partir de un elemento que González considera clave: la toma de conciencia de nuestro poder como ciudadanos cuando decidimos qué comprar, dónde depositar nuestros ahorros y a quién dar o quitar poder en función de cómo actúe y qué beneficios reporte a la sociedad. “Una alimentación de proximidad, de kilómetro cero, ecológica, va a configurar un sistema productivo que prioriza la calidad y que preserva el paisaje”, expone como ejemplo el profesor universitario.

Balance del bien común

Para concretar la contribución de las empresas al bien común, el proyecto de Felber aplica una herramienta, la matriz del bien común, que permite auditar a las empresas y otorgarles una puntuación en función de determinados parámetros.

El proyecto del austriaco Christian Felber cambia las reglas de juego del capitalismo. El dinero ya no es el fin. El beneficio financiero pasa a ser un medio.

Entre los 17 indicadores que valora la Economía del Bien Común se encuentran la limitación de la diferencia entre el sueldo mínimo y el máximo (el economista plantea que no se supere la proporción 1:20); la eliminación de la brecha salarial entre hombres y mujeres; la reducción del  horario de trabajo retribuido (hasta las 30 horas semanales) y de las horas extra; la imposición de un salario mínimo que garantice unas condiciones de vida dignas (en España se situaría en torno a los 1.000 euros); la oferta de productos ecológicos de calidad; la reducción de efectos medioambientales hasta reducir a cero la huella ecológica (emisión de dióxido de carbono); el apoyo mutuo y la cooperación con otras empresas, la toma de decisiones entre todos los trabajadores, o no repartir beneficios a propietarios externos, que no trabajan en la empresa.

De esta matriz sale una puntuación que determinará la contribución de la empresa al bien común y que se ubicará en los códigos de barra de los productos con una marca de color –rojo (de 0 a 200 puntos), naranja (de 200 a 400), amarillo (de 400 a 600), verde claro (de 600 a 800) o verde oscuro (de 800 a 1.000)- y un pequeño resumen para que el cliente conozca quién lo fabrica y cómo lo hace, en qué condiciones. 

Hacia un nuevo ordenamiento jurídico

Matías González sostiene que, en el ámbito económico actual, la empresa de éxito es “amoral, asocial, tiene un fuerte impacto ecológico y, normalmente, está radicada en paraísos fiscales”. “Si uno se comporta como un caimán, como un lobo, progresa, pero lo hace a costa del otro, de provocar más sufrimiento humano del que podemos imaginar. La EBC quiere recuperar la democracia real, que ha sido secuestrada por un conglomerado de intereses con las grandes corporaciones y las élites políticas que se subordinan a ellas y que priorizan sacar de la crisis a quienes la han provocado”, asevera.

Y es que tras esta impugnación del sistema que se manifiesta en un movimiento de ciudadanos y empresas que toma conciencia de su poder de transformación y lo ejerce de forma responsable, la Economía del Bien Común plantea un horizonte más ambicioso. Este proyecto económico alternativo, que se formula ‘de abajo a arriba’,  aspira a crear un nuevo ordenamiento jurídico con un sistema fiscal donde las empresas que más contribuyan al bien común paguen menos impuestos y las que más daño produzcan a la sociedad y al medio ambiente asuman una mayor fiscalidad.

“Este sistema modificaría los precios relativos. Los bienes y servicios producidos con un comportamiento moral, social y ecológico, que ahora son más caros, serían más baratos. Así los ciudadanos tendrían un incentivo para consumir los productos que fabriquen las empresas que tengan un mejor balance del bien común”, afirma González.

Para el doctor en Economía, la propuesta de Felber no guarda ninguna similitud con la responsabilidad social corporativa, ya que, a su juicio, ésta se ha convertido en “una pequeña expresión de voluntad de hacer algo positivo para la sociedad incluso en empresas cuya esencia es profundamente antisocial”. “Una empresa puede hacer de una actividad el 99,5% antisocial, puede usar mano de obra infantil o arrasar el entorno,  y luego, sin modificar esto, hacer dos o tres acciones al año que se incluyen en su declaración de responsabilidad social. El balance de la EBC sería 0 o negativo, ese 0,5% en absoluto compensaría la actividad antihumana”, agrega. 

El pleno empleo y los años sabáticos

¿Es posible crear un sistema económico de pleno empleo que además  garantice un salario digno a los trabajadores para satisfacer sus necesidades? Para los impulsores de la Economía del Bien Común no es una quimera, no sólo es deseable, sino que también es factible. El proyecto plantea reorientar el potencial productivo que el ordenamiento económico vigente ha destruido hacia el diseño y la construcción de empresas guiadas por la identificación de necesidades sociales y por la satisfacción de las mismas. Según Matías González, “la sociedad atesora suficiente potencial para generar oportunidades para toda la población activa”. 

Por otro lado, la Economía del Bien Común recoge propuestas que ya se comenzaron a escuchar en los años 80 sobre el reparto del tiempo de trabajo, como la concesión de un año sabático a los trabajadores tras una década de ejercicio en la profesión para liberar oportunidades que permitan emplear al conjunto de la población. “La EBC no puede vender duros a cuatro pesetas. La economía sostenible que pregona este modelo es mucho más intensiva en mano de obra, la producción de energías renovables da más trabajo que la convencional, la agricultura ecológica incorpora más mano de obra con el mismo coste”, menciona a modo de ilustración el profesor universitario.

Además de la reorientación de las actividades de producción y del reparto del tiempo de trabajo, la meta del pleno empleo se conseguiría con la ya mencionada redistribución de los niveles retributivos en las empresas. “En el sector financiero de Estados Unidos, el ingreso más alto es hasta 360.000 veces más alto que el más bajo. No hay nada que lo justifique, es inmoral. Las diferencias pueden ser de 1:10, 1:20 o incluso 1:30, pero nunca de 1:360.000. Si bajas el salario más alto hasta 1:10 puedes subir el de varios miles”, explica.

González rechaza el planteamiento de algunos economistas que defienden que la reducción de esta brecha salarial puede desincentivar a los trabajadores más talentosos: “¿Qué talento, el de individuos que inflaron con operaciones absolutamente tóxicas el valor de los activos para hacerse ricos y luego pincharlos? Un ser humano que además de muy capaz sea muy sensato consideraría razonable cobrar como mucho 20 o 30 veces más que el que menos cobre. Los que no quieren ni oír hablar de esto son una estricta minoría, que ya se conoce y se tiene identificada, y los que viven de la relación que han establecido con éstos, algunas élites políticas”.

Una utopía realizable

En el primer capítulo de su libro sobre la Economía del Bien Común, Felber dice que si creyera que la propuesta no tiene ningún viso de poder enraizar en la sociedad, no se hubiera tomado la molestia de impulsarla. El austriaco se basa en los datos de una encuesta realizada por una prestigiosa y solvente fundación alemana, Bertelsmann, que concluye que el 88% de los alemanes y el 90% de los austriacos anhelan un cambio de modelo económico.

Para conseguir la meta del pleno empleo, propone reorientar las actividades productivas, un reparto del tiempo de trabajo y la redistribución de salarios.

‘’Hay un deseo transformador, pero no hemos encontrado la forma de llegar a ello porque nadie confía en alcanzar una sociedad diferente por votar a un partido diferente, la Economía del Bien Común también quiere cubrir el déficit de participación ciudadana”, señala el doctor Matías González, que cita estudios de investigación de las últimas décadas en psicología social y economía del comportamiento para sostener que la acumulación material no tiene una incidencia significativa en la felicidad de las personas. “Segregas más hormonas de la felicidad cuando compartes lo que tienes que cuando te apropias de lo que no te corresponde, los valores que hacen que nos sintamos personas o sociedades de éxito no están alineados con el egoísmo”, apunta.

Aunque la Economía del Bien Común nace de un planteamiento que pudiera parecer utópico, para el profesor de Economía Aplicada es un proyecto “perfectamente realizable desde este mismo momento y que ya se está realizando”. De hecho, cada vez son más las empresas que se han embarcado en la iniciativa o que han mostrado interés en una propuesta que, por otro lado, ha dado nombre y cobertura a algo en lo que ya creían muchos empresarios y que han venido aplicando como filosofía de negocio en los últimos años.

En la isla de Gran Canaria, empresas como Oceanográfica o Limonium Canarias, que están siendo auditadas, han sido pioneras en la aplicación de un modelo que ya están implantando, con mayor o menor grado de desarrollo, otras como Huertos El Farmero, Red.es, La Raíz, Diego Delgado nutricionistas, Plántate, Envía Verde, MBR Gestión o Apartamentos El Paseo.

A nivel comunitario, el desarrollo de la Economía del Bien Común es todavía incipiente, aunque en algunas zonas se han experimentado importantes avances. En una región austriaca las autoridades se han comprometido a elaborar políticas para promover el bien común, estableciendo incentivos para que las empresas orienten sus trabajos en esta dirección, prestándoles asistencia técnica o promocionando determinados tipos de consumo.

En Gran Canaria, ayuntamientos de la comarca del sureste como Agüimes y Santa Lucía también han realizado los primeros movimientos  para tratar de fomentar la implantación en estos municipios de empresas que operen con estos valores. Matías González advierte, no obstante, que habrá que extremar las preocupaciones ante la posibilidad de que la propuesta intente instrumentalizarse desde determinados ámbitos políticos y económicos.

‘’Hay gente que ya no se siente como el llanero solitario, sino partícipe de una idea y un movimiento que comparten cada vez más personas, que da energía para seguir batallando en esta tarea. Hay un saludable entusiasmo en los que siguen haciendo las cosas que ya hacían, pero ahora con un renovado ímpetu. El mundo ya está cambiando con la Economía del Bien Común”, concluye el profesor de la ULPGC. 

Oceanográfica

En 2011 fue nombrada por la Comisión Europea como una de las 50 historias de éxito de jóvenes empresarios europeos. Fundada en 2002 por dos licenciados en Ciencias del Mar, Oceanográfica es una empresa de divulgación científica que paga a sus trabajadores un mínimo de 1.400 euros mensuales, con un gerente que no percibe más de 2.000, que avanza hacia el balance cero en la emisión de dióxido de carbono y a la que no le importa embarcarse en proyectos poco rentables económicamente para promover la protección y preservación del patrimonio natural de Canarias. Nunca ha repartido beneficios y es una empresa rentable. Es pionera en Canarias en la realización de una auditoría bajo los parámetros de la Economía del Bien Común.

Limonium Canarias

Creada en 1996 por un ingeniero de Telecomunicaciones y una licenciada en Ciencias del Mar, Limonium Canarias nació con una vocación didáctica, de transmisión de valores de respeto a la naturaleza y al medio ambiente, el campo de juego en el que se mueve esta empresa de turismo activo que ofrece actividades como la escalada, el rappel, el senderismo, la orientación o los circuitos multiaventura con un importante componente de conciencia verde. Para compensar sus emisiones de dióxido de carbono y hacer desaparecer por completo su huella ecológica, ha invertido en una planta de energía fotovoltaica. La mayoría de los empleados cumple una jornada de 35 horas semanales y la proporción entre el salario máximo y el mínimo no supera la relación 1:3. 

Envía Verde

Se mueven en bicicleta por Las Palmas de Gran Canaria para recoger y entregar documentos y pequeña paquetería a cualquier punto de la ciudad, pero también para gestionar todos los trámites que se deben realizar tras el nacimiento de un niño. Envía Verde fue creada en diciembre de 2011 por un historiador onubense y una consultora informática de Toulouse que decidieron asentarse en Gran Canaria, última parada de un largo viaje. Con una media de 50 kilómetros al día a bordo de la bicicleta, la empresa ahorra el equivalente a 30 o 40 kilogramos de dióxido de carbono, que es lo que emitirían en esa distancia una moto y un coche, respectivamente. Aseguran que su servicio es más económico, más rápido y más ecológico. Además colabora con otras empresas mediante intercambio de servicios.

Plántate

Es el único centro especial de empleo –empresas que deben contar con una plantilla donde más del 70% de los trabajadores sean personas con discapacidad- dedicado a la reforestación ambiental en Canarias. La idea partió de un técnico en capacitación agraria que quería vincular su experiencia forestal con la integración en el mundo laboral de discapacitados. Dispone de un local en el barrio de Casablanca III ha sido financiado a través de un préstamo suscrito con la banca ética. Uno de sus proyectos más ambiciosos es el denominado ‘Senderos sin barreras’, que organiza actividades de senderismo adaptado para personas con movilidad reducida o algún tipo de discapacidad. La empresa usa productos ecológicos para realizar tratamientos fitosanitarios y aceite de origen vegetal en la maquinaria forestal. 

La superviviente que dibujó el horror nazi

17 septiembre, 2013

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Helga Weissová sobrevivió a tres campos de concentración. También sus dibujos. Con 12 años documentó su paso por Terezín, Auschwitz, Mauthausen… Hoy nos lo cuenta en su casa

ILUSTRACIÓN DE HOLGA WEISSOVÁ

Lo peor de todo era el transporte… El tiempo que pasaba entre la llegada de uno u otro tren podía soportarse con cierta decencia en Terezín antes de que el gueto quedara superpoblado a medida que se iba aplicando la solución final. Pero cuando llegaba el transporte caía de golpe la angustia. Aquellos trenes terminaban con la tregua de cada espera fundamentada, con una más que razonable terquedad, en la necesaria evasión de la supervivencia.

Cuando crujían las ruedas sobre los raíles y se perdían en mitad de la niebla matinal de Bohemia, rumbo a Auschwitz, a Treblinka o Mauthausen, las familias quedaban rotas, las vidas cobraban el valor de una sentencia de muerte, a todos les invadía una sensación de despedida definitiva y el tiempo, la vida, se diluía sin remisión en un inquietante chasquido metálico y un crujir de maderas de vagón llenas de futuros cadáveres. Quienes entraban en aquellos vehículos dejaban atrás un paréntesis de espejismos dedicado por parte de los nazis a dar buena imagen ante las inspecciones de la Cruz Roja Internacional. El gueto de Terezín, a unos 50 kilómetros de Praga, ofrecía escenas cotidianas de supervivencia poco traumática para los estándares del Holocausto.

A pesar de que allí, de los 144.000 judíos que pasaron por sus contornos, perecieron 35.000 –“sin cámaras de gas ni asesinatos en masa, solo por razones de enfermedad, insalubridad y hacinamiento”, según relata Vojtech Blodig, vicedirector del Terezin Memorial–, los chavales jugaban con normalidad en aquel pueblo fortificado entre 1780 y 1790 por los efectivos del Imperio Austrohúngaro para defenderse de las probables invasiones. “Para un niño era un sueño, no había escuela, ni deberes, pasabas hambre, cierto, pero no como en otros campos, nos daban carne una vez por semana”, cuenta hoy el escritor, también superviviente en Terezín, Ivan Klima, autor de El espíritu de Praga (El Acantilado). “Ahora sí, sabías que al entrar en aquellos trenes no volverías jamás”.

Entre las anchas avenidas, los restos de talleres y los patios conservados hoy, resulta fácil imaginar a los viejos fumando para combatir el frío del destino. También a las mujeres con sus labores y a los artistas mientras entretenían con conciertos y obras de teatro aquella espera contemplada con sorna por los oficiales alemanes, plenamente conscientes del final que tenían reservado para todos aquellos judíos a algunos kilómetros al norte.

Los camastros en campos de concentración como Auschwitz acogían a varios presos por literia.

Terezín ha pasado a la historia por ser el campo de los artistas. Su museo muestra el paso de varias leyendas checas y eslovacas por sus barracones. No solo en la Segunda Guerra, también allí fue recluido Gavrilo Princip, autor del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, un acto que provocó, por ejemplo, la guerra de 1914.

En los habitáculos del gueto, un tanto alejado del campo para prisioneros comunes en cuya entrada luce hoy una enorme estrella de David junto a varias tumbas, quedan reproducidos los espacios acotados y también los escenarios improvisados para las representaciones. Allí fue a parar la joven Helga Weissová, que hoy, en la misma casa de Praga de donde salió rumbo al incierto impasse de Terezín, recuerda las vivencias y las imágenes plasmadas en cuadros y dibujos que fueron perfilando su vocación de artista hasta el presente.

Helga fue una niña feliz antes de la ocupación, según relata en suDiario, publicado por la editorial Sexto Piso. Vivía su preadolescencia de lógicas preocupaciones arropada en una familia sin agobios con padre empleado en un banco estatal y madre modista. Hoy nos invita a escuchar su historia sentados en el salón de su casa. Destila un humor envidiable y sus dotes de negociante para vendernos el libro con sus dibujos reproducidos. Los originales no los quiere mostrar… “Necesitan su oscuridad. Los tengo escondidos”, se excusa.

“Nos dejaron llevar 50 kilos de equipaje”, cuenta la superviviente. Allí debía entrar todo: “ropa de abrigo para el invierno, comida, hornillos, velas y, en mi caso, unas acuarelas o crayones con los que pintar y dos muñecas”. Más o menos, así son los objetos que muestran sus dibujos. En ellos, las mantas desbordan las ventanas, los calcetines cuelgan de unos finísimos hilos en el interior, los atriles se hacen hueco entre cada bulto, los camastros parecen despedir un hedor aterrado ante el sueño imposible de conciliar, el gesto sonriente de los niños se va tornando en gélido desamparo y los colores templados dan paso sucesivamente al dramatismo de las sombras.

Weissová tenía 12 años cuando comenzó su recorrido por el horror.

Son trazos proverbiales, de gran valor documental. Cuando Helga llegó a Terezín con su familia, no había plazo ni fecha de regreso. La vida cambió radicalmente. Lo que para el pequeño Klima, hoy escritor reconocido en todo el mundo, suponía cierta liberación, para la joven pintora resultaba preocupante. “Los niños por encima de 13 años debían trabajar en el campo, plantar patatas, verduras. Prohibieron la educación, no había clases, si querías aprender algo, dependías de que algún adulto te explicara matemáticas, geografía, inglés…”.

La falta de disciplina escolar para los niños contrastaba con la promoción de actividades culturales. Para los nazis, lo último rentaba más en términos de propaganda. Se mostraban obsesionados en el cinismo de querer esconder sus verdaderas intenciones y de paso aparentar que tampoco era para tanto… De allí han salido novelas, obras de teatro, composiciones musicales como la ópera Brundibar, de Hans Krása, quien, aunque la concibió antes de entrar en el gueto, la reconstruyó en Terezín para ser representada allí con los niños del campo. “Fue muy importante, porque participar en aquellas iniciativas conservaba en nosotros la conciencia de que éramos seres humanos”.

Terezín fue un lugar en el que tanto ella como sus compañeros de penurias comprendieron en una dimensión única el significado de la amistad. “Quienes hemos sobrevivido de allí, permanecimos siempre en contacto”. Ahora todo es más fácil con Internet. Pero esa necesidad de apego permanente comenzó muy pronto entre ellos. Empezaron con cartas, ansiosamente, después de haber sufrido restricciones en el envío o descubrir más tarde métodos truculentos. “En muchos casos, los soldados obligaban a los prisioneros a poner fechas posteriores en sus misivas, de forma que cuando las recibían sus familiares ya estaban muertos”.

El día en que llegó su temido transporte le dieron 24 horas para recoger sus cosas. Salió de allí con su madre. Su padre partió en otro tren. Con los hombres…

En octubre de 1944 llegaron a Auschwitz. “Habíamos viajado en vagones de ganado apilados durante 48 horas. No nos dejaron sacar nuestras pertenencias del tren. Nos alinearon y pese a tener 15 años tuve la suerte de que me apartaran para trabajar, junto a quienes tenían más de 16. Los más pequeños iban a la cámara de gas, así que me salvé. Fui uno de los 100 que pudieron seguir con vida entre los 15.000 niños que gasearon”, recuerda Weissová imponiendo su conciencia superviviente.

“No digáis que estáis enfermos. Insistid en que no para que os pongan a trabajar”, les aconsejaban quienes llevaban algún tiempo en sus barracones. Así es como la posteridad debe entender ese macabro eslogan que los nazis pintaban a la entrada de cada campo y que también puede leerse hoy tanto en Terezín como en Auschwitz: “Arbeit macht frei” (El trabajo os hará libres).

Helga Weissová pintó las escenas de Terezín en color mientras que las de Auschwitz y Mauthausen se reflejan en blanco, negro y sepia.

Su madre, que entonces había cumplido 38 años, también valía para trabajar. Y para aterrorizarse, porque cada vez que las enviaban a las duchas creían que no volverían a salir… Cuando el agua cesaba dentro, continuaba fuera porque las echaban al barro para rematarlas de una pulmonía cuando caían chuzos de punta.

De Auschwitz salieron para Mauthausen, allí necesitaban refuerzos para trabajar en una fábrica de piezas para la aviación. Pero las condiciones en el nuevo campo eran terribles. Ya ni comían, fueron dejándolas a merced del hambre y del frío. “Tan solo unos españoles nos acogieron y nos ayudaron a sobrevivir esos días. Con solo acotarles un espacio donde dormir en el suelo, fueron tirando. Se habían rendido. Únicamente cabía dejarse morir. Helga guarda el nombre y la dirección de uno de ellos: Manuel Caballero Domínguez, de Barcelona. “Me gustaría saber qué fue de él”.

¿Y los cuadros? ¿Cómo sobrevivieron? “Se los dejé a un tío mío que antes de salir los ocultó en la pared del campo tras unas piedras. Cuando todo acabó, volvimos y allí estaban. Un milagro”. ¿Y ahora no me los va a dejar ver? “No”, responde recelosa esta mujer heroica, testigo en lápiz y acuarela del apocalipsis. “Aunque está usted encima de ellos…”, asegura mirando al asiento que hace las veces de baúl. Un baúl donde Helga Weissová oculta los turbios tesoros del horror que entonces vivió.

Un retroceso de ciencia ficción

16 septiembre, 2013

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

A la persona de esta fotografía le costó un ojo manifestarse durante la huelga general del 14-N en Barcelona. Lo que veníamos llamando “espíritu de las leyes” ha desaparecido

MASSIMILIANO MINOCRI

A Ester Quintana, la persona de la imagen, le costó un ojo de la cara manifestarse durante la huelga general del 14-N en Barcelona. Lo del ojo de la cara no es un chiste fácil, ojalá fuera eso, un chiste idiota y no un ejemplo más de la deriva del pensamiento figurado hacia las costas del pensamiento literal. Significa que vivimos momentos de implosión filosófica. Lo que veníamos llamando, por ejemplo, “espíritu de las leyes” ha desaparecido. Las leyes se han quedado en el mero cuerpo, en su literalidad más prosaica, de la que se beneficia la peña de guante blanco, un modo de decir los ricos, los políticos, los parientes del Rey. Según el espíritu de las leyes, por poner un ejemplo, un militante del PP, o de otro partido, no debería presidir el Tribunal Constitucional. ¿Qué hacemos? Pues nos agarramos como a un clavo ardiendo a su literalidad, y nada por aquí, nada por allá, ahí tienen a Pérez de los Cobos instalado en la silla. La implosión, que decíamos, el regreso a las formas más primitivas del pensamiento, la muerte de la metáfora. Pongamos la subida de las tasas universitarias. Podríamos decir, en sentido figurado, que cuestan un riñón. Eso era antes: ahora mismo hay chicas que las están pagando con la venta de sus óvulos. Estudiar les cuesta un óvulo, pero un óvulo literal. Mientras se lo extraen, quizá el nuevo tesorero del PP siga, como Bárcenas, trasladando de un sitio a otro el dinero a espuertas. A espuertas literales, es decir, en esos canastos de dos asas que en las obras utilizan para mover los escombros. Un retroceso de ciencia ficción.

El Gran Mar de Arena

15 septiembre, 2013

Fuente: El País Semanal

El desierto Líbico, al noroeste del Sáhara, es uno de los lugares más extremos del mundo. Un infierno dentro del infierno

Cuatro amigos, siete beduinos y 20 dromedarios para llevar a cabo una travesía que solo el explorador alemán Gerhard Rohlfs había conseguido recorrer 130 años antes

Sol, arena y la gran belleza de un lugar al que otro aventurero, el conde Almásy, llamó “la gran soledad”

 9 AGO 2013 – 00:00 

Imponentes cordilleras de dunas móviles se extienden de norte a sur. / SEBASTIÁN ÁLVARO

Entre los tesoros de la tumba de Tutankamón que se pueden admirar en el Museo Egipcio de El Cairo se encuentra una joya excepcional. Lo es porque uno de sus adornos está creado con un elemento mineral todavía más raro y escaso que el diamante. Se trata de un collar en el que destaca un escarabajo sagrado tallado en un cristal traslúcido de color verdoso. Solo hay un lugar en toda la Tierra donde pueda encontrarse ese tipo de cristal. Está a cientos de kilómetros al suroeste de lo que fuera el centro del imperio faraónico, en un valle remoto del Gran Mar de Arena: un desierto dentro del desierto del Sáhara, un infierno dentro del infierno. Ese era el destino que había elegido para llevar a cabo una de las aventuras más extraordinarias de cuantas hemos vivido.

Segunda entrega de una serie dedicada a las expediciones emblemáticas del programa de Televisión Española Al filo de lo imposible. Su creador narra el recuerdo de aquellos hitos. Consulta la primera entrega.

Corría el mes de diciembre de un año extraordinariamente convulso. El atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid y el ambiente siempre revuelto en el norte de África no aconsejaban viajar a países árabes. Pero hacía tiempo que la decisión estaba tomada. Muy pronto nos convertiríamos en nómadas, algo bastante extraño en un mundo globalizado que, definitivamente, ya los ha desterrado. Nos íbamos a internar en un espacio yermo, pero de extraordinaria belleza, que se extiende desde orillas del Mediterráneo hacia el sur, hasta el lugar donde unas líneas artificiales hicieron confluir las fronteras de Libia, Egipto y Sudán.

El punto de partida de nuestra expedición fue el oasis de Siwa, donde se encontraba el legendario oráculo de Zeus Amón, tan importante en su época como el de Tebas. Aunque era el lugar ideal para llevar todos los materiales necesarios y comenzar la travesía, en realidad lo que más influyó en esta elección fue la historia que allí comenzó un joven macedonio ávido de gloria inmortal. En Siwa, ocultas entre miles de palmeras, encontramos las ruinas del templo que acogiera al famoso oráculo que Alejandro Magno quiso consultar antes de conquistar el imperio persa. En este lugar, aquel joven, llamado a cambiar el mundo, confirmó lo que tanto anhelaba: ser reconocido como hijo de la divinidad. Solo entonces Alejandro partió para derrotar a Darío y luego, sin aparente lógica, se lanzó hasta el fin del mundo conocido, llevando la influencia helenística hasta los actuales Pakistán, India y Afganistán. Pero además Siwa y su oráculo también desempeñaron un papel clave en una tragedia de gigantescas proporciones de la que dio cuenta el historiador Heródoto. Al parecer, un ejército persa de 50.000 hombres enviado por el rey Cambises se dirigió hacia Siwa en el año 520 a. C. con la intención de destruir el templo. Pero antes de llegar, según cuenta el historiador griego, “… brotó una borrasca de viento de mediodía que, levantando las montañas de arena, les dejó debajo, enterrados, y así desaparecieron todos”.

Este desierto, capaz de tragarse un ejército entero, era el elegido para adentrarnos en una travesía a pie sin retorno. El itinerario, estudiado durante varios años, era el mismo, aunque en sentido contrario, al seguido por Gerhard Rohlfs, el único que lo había logrado recorrer hasta entonces. El explorador alemán había llegado al oasis de Siwa, con sus últimas fuerzas y provisiones, en febrero de 1874 tras una peripecia que casi le cuesta la vida. Desde entonces habían pasado 130 años y nadie había vuelto a realizar esta travesía.

Aquella primera noche a la puerta del desierto recordé los tres años que había dedicado a preparar la aventura. Los nativos del Sáhara acostumbran a decir que en el desierto el azar siempre juega en tu contra, que no se puede cometer un error, pues probablemente sea el último. Y lo había tenido muy en cuenta. Cuatro amigos experimentados en otras aventuras, 7 beduinos expertos y 20 dromedarios seleccionados entre los mejores ejemplares en los oasis de Dakhla y Farafra que cargarían con el agua, equipo y comida. Eso era todo lo que necesitaba para internarnos en uno de los espacios más áridos y estériles de la Tierra. Nos encontrábamos en el último reducto vegetal a las puertas de uno de los desiertos más extremos del mundo. Théodore Monod, el gran conocedor del Sáhara, dijo que había que entrar en el desierto con la solemnidad con la que se entra en un templo. En unas horas nos pondríamos en marcha y ya no habría vuelta atrás. Estaba conmovido y preocupado. Esa excitación que precede a momentos de gran incertidumbre. Lo que nos sucede siempre, nos sucede dentro; lo que nos conmueve, nunca se nos olvida; aquello que conseguimos con esfuerzo nos hace mejores. Después de varias horas de insomnio y cavilaciones, me digo que ese es, precisamente, el sentido de estar aquí.

Muy temprano nos ponemos en marcha. Tardamos dos horas en ordenar las cargas y repartirlas en los dromedarios. Comenzamos a adentrarnos en un espacio salvaje de aridez extrema y ausencia de límites. Imponentes cordilleras de dunas móviles, apoyadas unas en otras semejando lomos de gigantescas ballenas, se extienden de norte a sur, en la dirección de los vientos dominantes. Todos realizaremos el trayecto caminando, pues solo llevamos el número de camellos imprescindibles para la carga. Marcamos el rumbo con la brújula y muy pronto los palmerales verdes y los lagos turquesas de Siwa no son más que manchas difuminadas a nuestras espaldas. Hemos elegido la época del otoño más cercana al invierno porque, a pesar de las pocas horas de luz, las temperaturas son las mejores para realizar un intenso esfuerzo físico.

Caminamos durante cinco horas siguiendo la marcha de la caravana de dromedarios. Procuramos llevar un ritmo vivo, entre cinco y seis kilómetros a la hora, a veces nada fácil en las zonas en las que nos hundimos en la arena por encima de los tobillos. En numerosas ocasiones la caravana se desperdiga a lo largo de kilómetros, pero al mediodía nos reagrupamos, nos protegemos del viento con los camellos y hacemos una parada de media hora para comer una manzana, un puñado de frutos secos y algo de jamón. Luego caminamos otras cuatro horas. Antes del atardecer nos ponemos a buscar un lugar entre las dunas para montar las tiendas. Al terminar esta labor aún quedan otras tareas: organizar las cargas; “lavarnos” con un pequeño espray pulverizador, que nos recuerda cuán preciosa es aquí el agua; cocinar la cena, escribir el diario, apuntar las coordenadas en el mapa y, por fin, tener unos minutos para uno mismo. Entonces me alejo del campamento o me subo a una duna a ver el desolador horizonte. Observando este hermoso paisaje, que tanto esfuerzo exige, me siento aplastado bajo esta soledad buscada, mientras las colinas arenosas se vuelven de un luminoso rojo anaranjado con las últimas luces del día. En ese momento, los cambios de temperatura son tan intensos como rápidos. Es la fiesta de los colores en el desierto, cuando se inunda de púrpuras, dorados, rojizos y rosados hasta que el negro de la noche abraza este océano mineral.

Comenzamos la jornada al amanecer, cuando todavía es de noche y la temperatura no supera los cero grados, sacudiendo las tiendas cubiertas de una ligera escarcha. Pero en cuanto el sol se enseñorea del horizonte, los dígitos del termómetro comienzan a galopar hacia arriba, llegando incluso a superar los 45 grados aunque estemos en diciembre. Gracias a la experiencia adquirida en el desierto del Taklamakán cuatro años antes, hemos calculado unos cuatro litros de agua necesarios por persona y día, y a ese cálculo nos debemos someter por más que el calor, el viento y el ritmo de la marcha requieran algunos días más líquido con el que reponernos. Los dromedarios aguantan sin beber entre los dos lugares donde encontraremos agua para rellenar los bidones y que son nuestros puntos obligados de paso. Comemos sentados en la arena y nos repartimos las tareas de cocina. El desierto impone austeridad de medios. Es la adaptación a lo mínimo, a lo esencial. Los primeros días se hacen muy duros. Tengo rozaduras en los pies y llego exhausto al final de las jornadas. Pero muy pronto este paisaje implacable nos moldea a su imagen y semejanza, haciéndonos insensibles a los propios sufrimientos. Adaptarse y comprender un desierto tan inhóspito requiere tiempo, paciencia y tenacidad; se aprende poco a poco, caminando día tras día.

Esta atracción por lo elemental, por los espacios desnudos, trae a la memoria el recuerdo de un gran explorador de este desierto: el conde Almásy. Este húngaro, amante de la aviación, de los coches y del Sáhara, fue el protagonista de la muy oscarizada película El paciente inglés. Durante la II Guerra Mundial, Almásy participó activamente del lado alemán, introduciendo dos espías en zona británica. Pudimos encontrar restos de esa guerra librada en el desierto por aquellos hombres que poco antes habían sido colaboradores de las mejores exploraciones del Sáhara. Se trataba de un vehículo militar perteneciente a las famosas Ratas del Desierto. Así se conocía a una unidad creada por los británicos para luchar contra las fuerzas de Rommel, el famoso Zorro del Desierto, por el control de la frontera entre Egipto y Libia.

Almásy estuvo realizando exploraciones al oeste de Egipto desde la década de 1920, atrapado por la fascinación de “la gran soledad” como una vez llamó al desierto que tanto amaba. Se adentró en él, ya fuera en coche o avioneta, buscando los restos sepultados del ejército de Cambises bajo la arena o en busca del enigmático Zarzura, “el oasis de los pajarillos”. Almásy, al que los beduinos llamaban Abu Ramla, “padre de las arenas”, no encontró Zarzura (o quizá si, en los restos de vegetación de lo que un día pudo serlo), ni tampoco al ejército de Cambises, pero lo que logró fue un asombroso descubrimiento: la cueva de los Nadadores. En la zona de Gilf el Kebir, pintado en las paredes de dos abrigos, se halla un mundo para siempre perdido: el Sáhara que bullía de vida. Estas hermosas pinturas han sido llamadas “la Capilla Sixtina del arte rupestre africano”, y son la prueba palpable de nuestra vulnerabilidad, la constatación de que apenas una variación de unos pocos grados nos harían desaparecer de la Tierra como ya ocurrió allí. Pero al tiempo es también un recordatorio de que, como escribió Shakespeare, “somos de la misma sustancia de los sueños”, de nuestra afición a contar historias al amparo del fuego, como también hicimos nosotros en una noche estrellada observando las pinturas de aquellos artistas prehistóricos.

Imagen de la caravana entre Regenfeld y Dakhla. / SEBASTIÁN ÁLVARO

Después de varias semanas caminando, hacemos una pausa para desviarnos en busca del misterioso vidrio verdoso de la joya del faraón. Nuestra llegada al valle del cristal de sílice coincide con una violenta tormenta que convierte las arenas en mieses rojizas mecidas por el viento. Es una visión fascinante y que, al tiempo, inspira pavor. Tenemos la fortuna de ver el desierto en estado puro. Nos tenemos que cubrir por completo porque los granos de arena actúan como perdigones y el viento nos golpea sin cesar con bocanadas de arena que se cuelan por cada rendija de la ropa, por la nariz y los ojos. Resulta increíble pensar que alguna caravana en la época de los faraones fuese capaz de llegar hasta aquí persiguiendo una piedra preciosa con la que se elaboró el enigmático adorno de Tutankamón. El cómo se formó es también cuando menos asombroso. Según algunos expertos, esta roca es fruto de la explosión de un meteorito hace 28 millones de años. El increíble calor y la presión que generó el impacto fundieron literalmente las piedras de sílice, dando lugar a una roca única en el mundo: el cristal líbico, que ahora tenemos en las manos.

Cuando nuestra caravana reanuda la marcha, vivimos la jornada más extraña de todas. Durante varias horas caminamos sumergidos en una densa niebla que borra cualquier punto de referencia y nos obliga a abandonarnos al sueño de una navegación con la brújula que, más que nunca, nos hace estar perdidos en un océano de arena. Durante muchos meses y decenas de veces he recorrido con el dedo “nuestra” línea sobre el mapa, pero es ahora, en esta vasta extensión desolada, cuando lo imaginado se hace realidad y los fantasmas de todos esos exploradores y amantes del desierto, Rohlfs, Almásy, Monod, se difuminan en los jirones de niebla que el viento se lleva. En casi todas las grandes aventuras he vivido sensaciones parecidas, de plenitud y agradecimiento a la vida. De felicidad, emociones y esfuerzos compartidos con buenos amigos. Además, aquí es cuando valoro las dimensiones reales del Gran Mar de Arena, lo mismo que anteriormente me ha ocurrido en grandes montañas o en otros espacios desolados. Por sí mismos son grandes, inmensos, pero solo se vuelven grandiosos cuando los medimos a escala humana.

El 8 de diciembre alcanzamos una gran extensión de arena salpicada de fósiles marinos bautizada como Ammonites Hills. En realidad caminamos sobre el fondo del mar. En el Sáhara, el subsuelo está a la vista, sin plantas ni agua que lo cubran, mostrándose como un libro abierto en el que puede leerse directamente. Nos detenemos para observar los esqueletos de estos moluscos que tienen la estructura de algunas de esas naves espaciales que aparecen en las películas de ciencia ficción. Poco antes de acampar nos encontramos unos restos óseos de la mandíbula de un camello desperdigados en la arena. Estamos en uno de los lugares más inaccesibles del Gran Mar de Arena, por lo que deducimos que debieron de pertenecer a alguno de los animales que Rohlfs perdió por el camino en su desesperada carrera por salir del desierto.

Cuatro días más tarde llegamos al más famoso hito de piedras del Sáhara, el que levantó Rohlfs en este lugar que bautizó como Regenfeld, “campo de lluvia” en alemán. Este curioso aventurero romántico y anticlerical se había enamorado del desierto durante su estancia en Argelia como soldado de la Legión Extranjera. Su aventura de explorar el Gran Mar de Arena se inició en el oasis de Dakhla, adonde arribó con una imponente expedición de 105 camellos y 95 personas, con la intención de llegar hasta el oasis de Kufra, hoy en territorio de Libia. Pero apenas habían recorrido 200 kilómetros cuando ocurrió lo impensable en uno de los lugares más áridos de la Tierra. Durante 55 horas estuvo lloviendo de manera torrencial, en un lugar en el que lo hace una vez cada cien años. Rohlfs aprovechó para llenar sus bidones y comprendió que, si seguía el itinerario que tenía en mente, muy probablemente morirían todos, así que optó por girar 90 grados y dirigirse al norte, al oasis de Siwa, en una carrera a la desesperada durante la que estuvieron a punto de perecer y en la que perdería varios camellos. Rohlfs dejaría una botella enterrada con una nota en la que se preguntaba cuánto tiempo pasaría hasta que alguien la recogiera. Pasaron 50 años antes de que volviese a este lugar un ser humano. Era el príncipe egipcio Kamal el Din, el mecenas de Almásy, que recogió la nota de Rohlfs y apuntó, con cierto laconismo, que este paisaje era “lúgubremente impresionante”.

A partir de Regenfeld el desierto se vuelve más laberíntico, como islas reductos de antiguos mares que moldearon el paisaje hace cientos de millones de años. Todo sigue siendo una incógnita aunque el final lo tengamos más cerca y ya no nos duelan los pies. Para entonces ya solo somos animales adaptados a caminar, añorando una cama, un baño, una buena cerveza y un merecido descanso. Como siempre ocurre en toda gran aventura.

Seis días después, el 18 de diciembre, lográbamos llegar al templo de Dar el Haggar, el mismo lugar desde donde partió la caravana de Rohlfs. El explorador alemán y sus compañeros dejaron grabados sus nombres en las columnas que ahora tenemos delante de nosotros. El tiempo es tan malo y la luz tan miserable que apenas podemos filmar una pequeña secuencia y hacer dos o tres fotos. Por fin hemos terminado y podemos dejar de caminar. Hemos logrado repetir una aventura realizada 130 años antes, atravesar el Gran Mar de Arena caminando, simplemente utilizando la única tecnología durante siglos en la zona: una buena caravana de camellos. Hemos recorrido más de 700 kilómetros y para ello he necesitado dar millón y medio de pasos en 29 días. Nos abrazamos entre nosotros y también con los beduinos que nos han regalado una de las mejores experiencias que he vivido. Apenas estamos unos minutos, pero han sido unos de los más intensos y felices.

Quizá la respuesta a muchas preguntas, que solo se encuentran en el impulso indómito que late en nuestro corazón y en nuestra cabeza, nos la dio Almásy, uno de los últimos exploradores románticos del siglo XX. A este hombre le debemos una de las reflexiones más bellas sobre los desiertos y que explica el impulso que me llevó a recorrer el Gran Mar de Arena: “Amo el desierto. Amo la llanura infinita que centellea en el reflejo de los espejismos, las cumbres rocosas resquebrajadas, las cadenas de dunas semejantes a olas petrificadas. Y amo la vida sencilla y dura en campamentos primitivos, tanto en las noches claras y estrelladas en medio de un frío cortante como en la punzante tormenta de arena”.

Los idus de marzo

14 septiembre, 2013

Los idus de marzo es una película de 2011 escrita, dirigida y producida por George Clooney e interpretada por él y Ryan Gosling. Está basada en la obra de teatro Farragut north, representado en el Off-Broadway de 2008.

Stephen Meyers (Ryan Gosling) es un joven e idealista asesor de campañas políticas al servicio del gobernador demócrata de Pensilvania, Mike Morris (George Clooney). Stephen afrontará el mayor desafío de su carrera profesional al tratar de conseguir que Morris sea elegido por el Partido Demócrata para enfrentarse al candidato republicano en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2004.

Meyers contará con la ayuda del director de la campaña, Paul Zara (Philip Seymour Hoffman), para tratar de conseguir el apoyo del estado de Ohio para Morris, un candidato demócrata, lo cual garantizaría su nominación. Meyers es tanteado por Tom Duffy (Paul Giamatti), el jefe de la campaña del otro pre-candidato demócrata, ofreciéndole un puesto de importancia en la campaña del bando contrario, pero éste se niega. Meyers se verá involucrado en el mundo de la política, pleno de traiciones, cruel y mentiroso, en el que nada es lo que parece; sus ideales tratarán de permanecer por encima de la corrupción, sin conseguirlo. Un drama entre la moral y la política que en la cinta parecen no tener puntos comunes.

Además de todo esto, también podemos ver cómo interviene en la película el toque personal de ideas progresistas de Clooney. Ello se hace latente en las propuestas que como candidato demócrata propone pensando en cómo será el mundo futuro en el que vivirá su hija, si seguiremos con el petróleo o podremos dar con una solución de energías alternativas que hagan de nuestro planeta un mundo más habitable. Se hace latente también, al hilo del tema, su oposición a la guerra de Irak y a la relación con regímenes absolutistas como el de Arabia Saudí. 

Selecciono también un fragmento de la película en la que el candidato Morris discute en un debate televisado sobre la pena de muerte del que dice que no es partidario. El periodista le pregunta que qué haría si matan a su mujer y él le contesta que probablemente mataría al que ha matado a su mujer. El periodista le replica que entonces está a favor de la pena de muerte y Morris le contesta que está actuando en contra de la ley, que “la sociedad debe ser mejor que el individuo respecto a la pena de muerte, si matan a tu mujer es probable que tú mates, pero la sociedad desde el sentido común no lo hará.”

Por último, destacar como curiosidad el papel que la historia a asignado al pequeño Estado de Ohio en Estados Unidos ya que a pesar de su tamaño tiene una especial relevancia a la hora de elegir al futuro presidente del país americano. Esto se debe a que es uno de los estados conocido como swing state (estado cambiante), es decir, que no tiene asignado un particular voto a republicanos o demócratas como sí ocurre en otros estados con más delegados como Texas (republicanos) o California (demócratas). 

La naturaleza de la violencia

13 septiembre, 2013

Fuente: http://www.publico.es

11 nov 2011

 Josep Fontana Historiador | Ilustración de Miguel Ordóñez

Las conmemoraciones del 75 aniversario de la sublevación militar de 1936 han pasado con más pena que gloria. Nadie que tenga dos dedos de razón se atreve ya a reivindicar el viejo mito que legitimaba la insurrección como la respuesta a la amenaza de una revolución comunista, pero esta interpretación ha sido reemplazada por otra que reparte la responsabilidad entre los dos bandos: la Guerra Civil habría sido, simplemente, el resultado del choque entre dos violencias de derechas e izquierdas, de signo distinto pero igualmente culpables.

Basta con examinar lo ocurrido con la documentación adecuada para rechazar esta nueva legitimación de la revuelta. Esto es lo que nos permite hacer un libro realmente excepcional, aparecido recientemente. Se trata de la obra de José María García Márquez y Miguel Guardado Rodríguez, Morón: consumatum est. 1936-1953: Historia de un crimen de guerra (Planta Baja, Morón, 2011), que se basa en una investigación realizada en los archivos militares y judiciales y en más de un centenar de registros civiles, complementada con un impresionante caudal de escritos y testimonios personales.
La historia que se nos cuenta en estas páginas puede parecer al principio algo conocido: una población donde no hubo violencia alguna hasta que se combinaron la amenaza militar de las tropas sublevadas y la defección de la guardia civil local; una rápida ocupación militar con escasa resistencia (los defensores, que apenas tenían fusiles, combatían con escopetas de caza, pistolas y hasta sables) y, como culminación, la represión consiguiente. Pese a que la gente de izquierdas, que sabía lo que le esperaba a manos de Antonio Castejón, se había apresurado a huir del pueblo, hubo un primer e inmediato “escarmiento en el que sucumbieron unos 300 comunistas”, según escribía un salesiano, en una ciudad con “las calles con cadáveres, basuras, cenizas y efectos de los saqueos y casas incendiadas”. Queipo de Llano se apresuró a proclamar: “En cuanto a Morón: consumatum est. Se ha hecho un escarmiento que supongo impresionará a los pueblos que aún tienen la estulticia de creer en el marxismo y en la esperanza de podernos resistir”.

El minucioso trabajo realizado por los autores les permite establecer el balance numérico de las dos violencias: un total de 24 víctimas de la violencia “roja”, contra 440 muertos y 575 encarcelados como consecuencia de la violencia “azul”. Las cifras son elocuentes, pero aún lo es más la cronología. Hubo 33 detenidos derechistas en los primeros días, entre los cuales figuraban un sacerdote y dos salesianos, mientras el resto de curas y las monjas quedaron en libertad. Las únicas víctimas derechistas se produjeron el día 21 como consecuencia de la sublevación de la Guardia Civil: 16 muertos en el tiroteo, 6 asesinados y un desaparecido. La respuesta fue, inmediatamente después de la conquista, 302 asesinados “por aplicación de los bandos de guerra”, a los que hay que añadir 49 que lo fueron tras la sentencia de un consejo de guerra, además de 26 muertos en prisión.

Sólo un trabajo como este permite sacar a la luz esa primera oleada de violencia ejecutada sin ningún trámite judicial, que en su mayor parte no sólo no dejó ningún registro, sino que fue cuidadosamente ocultada después. Lo que conduce a hacernos ver que las cifras globales de víctimas del terror franquista que manejamos no sólo es que no sean completas, sino que nunca podrán completarse, ante la dificultad de repetir pueblo por pueblo una investigación como la que se ha realizado en Morón.

La aportación fundamental de los autores no consiste, sin embargo, en haber establecido estas cifras, con ser importantes, sino en haber recuperado la realidad cotidiana de la represión y habernos mostrado el rostro inhumano de la barbarie a través del seguimiento de cada asesinato.

Son cientos de historias personales de víctimas, de gentes sencillas como ese Francisco Rubio García, de 52 años de edad, un jornalero que no estaba afiliado a partido ni sindicato alguno. Trabajaba a sueldo en la siega en una finca cercana cuando lo detuvieron en Morón y lo encerraron en un barco-prisión en Sevilla. Declaró ante el juez que no sabía leer ni escribir y que no sabía nada sobre lo que le preguntaban. El instructor propuso que se le dejase en libertad, por no existir indicios de culpabilidad; pero fue entregado a un piquete que lo asesinó en la madrugada del 4 de septiembre de 1936. Su muerte no se inscribió en el registro civil.

O como Mercedes Luna, natural de Córdoba y también de 52 años de edad, que se dedicaba a las labores de su casa, sin que se le conociese militancia alguna. Detenida el 26 de julio, fue también enviada a Sevilla, donde, en el cuartelillo policial, sufrió fracturas y una conmoción cerebral que le provocaron la muerte el 29 de julio. Ante la demanda del juez militar, que preguntaba por ella, el comisario jefe le comunicó que “cuando se encontraba en el piso superior de este edificio, aprovechando un descuido del guardia que la custodiaba, se arrojó por un balcón al patio interior”. Tampoco se inscribió su muerte en el registro.

Pretender que la Guerra Civil fue la consecuencia de dos violencias enfrentadas, equiparando la culpabilidad de los Franciscos Rubios y las Mercedes Lunas con la de sus asesinos es no sólo un insulto a la razón sino una muestra de miseria moral.

Cuelgamuros ofende la memoria

10 septiembre, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

Restaurar esculturas no es más importante que ayudar a buscar restos de fusilados

 28 JUN 2013 – 00:01 

Las leyes están para cumplirlas. Esta es una consecuencia del Estado de derecho, del que un día sí y otro también tantos actores políticos se llenan la boca, para acto seguido vaciarlo de contenido a las primeras de cambio. Hace unos días, este diario informaba de la publicación en el BOE de un anuncio de licitación pública por un importe de 286.485 euros para la restauración de la portada de la basílica del llamado Valle de los Caídos, donde se encuentran –especificaba— las esculturas de la Piedad, los Evangelistas y las Virtudes. Y resulta ser que una ley vigente, la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medios a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, es decir, la Ley de Memoria Histórica, en su artículo 16.2 establece respecto del citado Valle que: “En ningún lugar del recinto podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo”.

Sin embargo, allí siguen enterrados un dictador de infausta memoria para la libertad y los derechos humanos de este país y el líder del fascismo español. Su mera permanencia todavía en ese establecimiento público constituye una exaltación de dichos sujetos, a la vez que una ofensa para la democracia y para tantos hijos y nietos de republicanos, que fueron enterrados en el mausoleo sin su consentimiento después de ser fusilados por un régimen liberticida.

La Ley de Memoria establece en su artículo 11 que “1. Las Administraciones públicas, en el marco de sus competencias, facilitarán a los descendientes directos de las víctimas que así lo soliciten las actividades de indagación, localización e identificación de las personas desaparecidas violentamente durante la Guerra Civil o la represión política posterior y cuyo paradero se ignore”. Pero la realidad es muy otra. Numerosas entidades de recuperación de la memoria democrática, así como particulares afectados por la desaparición de familiares, siguen en la búsqueda de sus restos para darles digna sepultura, sin que encuentren en las Administraciones públicas el apoyo necesario para llevarlo a cabo. En este contexto, cabe plantearse si destinar por el Gobierno la cantidad de la licitación pública aparecida en el BOE para restaurar unas esculturas religiosas es más importante que ayudar a ciudadanos que reclaman, tras muchas décadas del fin de la guerra y de la dictadura, la localización de los restos de sus familiares. Muchos de ellos asesinados por un régimen que se instauró y se desarrolló bajo la violencia institucional de quienes lo representaban.

Cabe preguntarse también qué justifica que los dos sátrapas y símbolos de la dictadura sigan enterrados en un lugar que, por otra parte, es objeto de visitas turísticas. La Ley 52/2007 supuso un muy tardío esfuerzo para establecer desde el poder público una modesta política de memoria democrática, a fin de dignificar y reparar a través del recuerdo el conocimiento histórico de la lucha por la libertad en España; una ley que respondía a la línea seguida por los países democráticos, en los que resultaría impensable encontrar un mausoleo público que mantuviese enterrados los restos de líderes del nacional-socialismo hitleriano o del fascismo italiano. Como igual de impensable resultaría ver condecorados a los excombatientes de las camisas pardas o negras en un acto público presidido por altos cargos de la Administración, como incomprensiblemente aquí ha ocurrido en más de una ocasión. La reconciliación jamás puede fundarse en la condecoración y el reconocimiento de quien se alzó contra un régimen democrático, como era el de la II República. ¿Qué política de memoria es esa?

El espantajo de la cruz en lo que fue el destacamento penal de Cuelgamuros se proyecta como símbolo del nacional-catolicismo sobre un establecimiento religioso construido con la mano de obra de presos políticos republicanos, y como un acto más de venganza de un régimen ominoso. Lo cuenta con precisión Nicolás Sánchez Albornoz, que siendo muy joven fue allí a parar como opositor al franquismo. A más de tres décadas de la reinstauración de la democracia por la Constitución de 1978, el mantenimiento en los actuales términos del complejo de Cuelgamuros es inaceptable.

Por ello, si un Estado de derecho que se precie de serlo hace del cumplimiento de la ley una de sus señas de identidad, habría que recordar lo que establece la disposición adicional sexta de la Ley de la Memoria: “La fundación gestora del Valle de los Caídos incluirá entre sus objetivos honrar y rehabilitar la memoria de todas las personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil de 1936-1939 y de la represión política que la siguió con objeto de profundizar en el conocimiento de este período histórico y de los valores constitucionales. Asimismo, fomentará las aspiraciones de reconciliación y convivencia que hay en nuestra sociedad”.

Que Cuelgamuros se rija estrictamente por las normas aplicables con carácter general a los lugares de culto —otra concesión de privilegio para la Iglesia católica— y a los cementerios públicos, no debería servir para incumplir la ley y, por supuesto, para deshonrar la memoria de las víctimas del franquismo.

Marc Carrillo es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Pompeu Fabra.

La náusea

9 septiembre, 2013

Fuente: http://www.eldiario.es

Javier Gallego 03/08/2013 – 22:37h

(Inicio de la cita) “La náusea”, Jean Paul Sartre: La verdad es que no puedo soltar la pluma; creo que voy a tener la Náusea y mi impresión es que la retardo escribiendo. Entonces escribo lo que me pasa por la cabeza:

La cara de Rajoy, esa cara tan grande que solo le cabe en una tele de plasma, mirándonos con la inocencia de un niño que no ha roto un plato y la tristeza de un hombre que ha sido traicionado por su mejor amigo, su amiguito del alma. La caraplasma, la cara dura como pedernal del presidente, que no nos pide perdón sino comprensión porque él no solo es inocente, inocente sino que además es la víctima. Esa jeta que nos pone ojitos para decirnos en tono melodramático: “Me he equivocado”. El presidente de la nación dice que se ha equivocado y sus acólitos estallan en un aplauso cerrado, cerril, en lugar de bajar la cabeza arrepentidos. Bravos, vivas y olés cuando termina la comedia.

La jauría aúlla. Ruge la marabunta. La misma marabunta que sale a contarse las vacaciones en el turno de palabra de los partidos minoritarios en el pleno extraordinario más tenso y crucial de la legislatura. La misma marabunta que gritó “que se jodan” a los parados cuando les recortaron el cuello, llama ahora “canalla” a gritos al portavoz de la Izquierda Plural. A ellos la pluralidad se la pela. Los parados se la pelan. Confunden la mayoría absoluta con la absoluta chulería. Como no necesitan a nadie para gobernar, no gobiernan para nadie más que para sí mismos. No se escuchan más que a sí mismos. Por eso Rajoy charlotea y se ríe mientras le hacen las preguntas y reproches que la ciudadanía quiere hacerle. A Soraya también se le contagia la risita. ¿De qué se ríen? Pues de nosotros, de qué se van a reír.

En la tribuna de invitados Rita Barberá también se ríe agarrada a un bolso de marca como los que le regalaba la Gürtel. Se ríen las hienas. A su lado Cospedal también sonríe como si todo fuera un chiste. Lo es para ella. Para ellos, lo es. Por eso se ríe también Marhuenda en La Sexta. Se ríe mientras dice con indisimulada arrogancia que el PP volverá a ganar las elecciones, que tendremos que tragarnos nuestras palabras y nuestra rabia otros seis años y medio más porque su líder y amiguito del alma, Don Mariano, ha vencido en el debate. También lo dice la portada de ABC aunque para demostrarlo “manipula y tergiversa” los datos de una encuestilla tan barata como el periodismo partidista y servil al que se ha entregado. Que la realidad no te estropee un titular. Los que dirigen el medio son la voz de su amo. Perros que ladran. Se ríen las hienas.

Se ríe Marhuenda una vez más, como el perro Risitas, por su ocurrente portada llamando al líder del PSOE, Rubalbárcenas. Jijijí y jajajá. Alfonso Rojo le ríe la gracia. Lo comentan todos los medios y es TT en twitter. Y claro, el señor Lara se parte de risa: Paquito el facha le da audiencia en su tele progre, lo peta en las redes y le vende su panfleto de derechas mientras hace propaganda al PP. Es para partirse el ojal. Paco miente más que habla pero hay que ver lo que nos hace reír. Qué gracioso el bufón del rey Mariano. Lo traemos para reírnos de él. Se ríe también la presentadora cuando Marhuenda dice que va a intentar ser objetivo. Yo tampoco puedo evitar reírme en casa pero se me congela la risa cuando me doy cuenta de que él se ríe más fuerte y se ríe aún más.

Se ríe cuando piensa en los miles de euros que se embolsa de tertulia en tertulia, amasando dinero con sus portaditas, inyectando veneno a un país enfermo y convirtiendo al periodismo en una farsa con la ayuda de algunos tertulianos feriantes a sueldo de partidos y de televisiones que les invitan una y otra vez para que den el espectáculo, para que hagan de la crisis un show. Viva el circo mediático, viva el frenopático. Viva el mal, viva el capital. Y jijijí y jajajá. ¿De qué se ríen? Los payasos de la tele ya no nos hacen reír, se ríen de nosotros.

Hasta hace nada me reía por no llorar pero ahora me llevan los demonios. No me hacen ni puñetera gracia porque hacen caja, hacen daño y hacen propaganda a costa de las preocupaciones y los dramas ajenos. Nos toman por tontos. ¿Lo somos? No lo sé pero la concentración de esta semana en Sol para pedir la dimisión de Rajoy apenas reunió a 300 personas. Cantaban el Grandola Vila Morena y otras viejas canciones revolucionarias y de izquierdas. Todo me pareció demasiado nostálgico. Como si no hubiera futuro. No puedo evitar sentirme triste y cansado. Estamos tan cansados. Tanto. Tan cansados que ya apenas reaccionamos cuando el gobierno da por perdidos 36.000 millones de los 52.000 que le dimos a la banca para rescatarla y que el PP nos aseguró que recuperaríamos con intereses. Una mentira más. Tantas que hemos perdido la cuenta. Tantas puñaladas que apenas sentimos una más. 

La doctrina del shock ha funcionado y ni pestañeamos porque uno de cada tres contratos firmados en julio sea un minijob, ni porque el FMI plantee a España una rebaja de sueldos de un 10%, ni porque Marruecos indulte a un pederasta español en respuesta a la petición de indultos que hizo el rey de España en su reciente visita al país vecino. Ni nos inmutamos cuando la Casa Real informa de que no se opondrá a este indulto ni cuando nos cuenta que la infanta desimputada se evade a Suiza. Como mucho le dedicamos unos tuits y una entrada en el FB. La náusea. Un vómito colectivo que nos tiene doblados. 

Entre arcadas alcanzo a pensar: la calle ya ha hecho lo que tenía que hacer que es protestar hasta el límite de sus fuerzas. ¿Dónde está la alternativa, dónde una opción de izquierdas que aúne sensibilidades diversas y dé respuestas rotundas y concretas a este desconcierto, a esta desafección y a este desconsuelo? Para mí esa es ahora la pregunta esencial a la que debemos dar respuesta pero de esto les hablaré en unos días, ahora no puedo seguir porque una inmensa repugnancia me invadió de improviso y la pluma se me cayó de los dedos escupiendo tinta. ¿Qué había pasado? ¿Tenía la Náusea? (Fin de la cita)

Sí. Siento náuseas. Y no es por el calor. 

Cospedal se niega a informar a las Cortes manchegas sobre el paradero de los 200.000 euros

5 septiembre, 2013

http://www.elplural.es

La presidenta de CLM está dispuesta a declarar ante el juez Ruz, pero nunca a rendir cuentas ante los parlamentarios, como sí lo hará Rajoy el día 1 de agosto
 
CARLOS ISERTE | 29/07/2013

La supuesta “mordida” de los 200.000 euros que el extesorero del PP entregó al gerente de María Dolores Cospedal en Castilla-La Mancha, José Ángel Cañas (ver recibí), a cambio de conceder supuestamente a Sacyr la recogida de basuras de Toledo, según declaraciones de Luis Bárcenas en sede judicial, seguirá en paradero desconocido y sin estar registrada en documento oficial contable alguno en ninguna sede popular, ya que la presidenta castellano-manchega y secretaria general del PP, que sí reconoce la “entrega legal” de esa cantidad, se niega a comparecer en las Cortes regionales para dar explicaciones sobre este asunto, que, sin embargo, la puede llevar ante el juez de Audiencia Nacional, Pablo Ruz, que atendiendo a la Fiscalía podría llamarla a declarar, e incluso a protagonizar un careo judicial con Bárcenas, como el preso más famoso de Soto del Real ha pedido ya al titular del Juzgado de Instrucción número 5 ante el desmentido de la número dos de Mariano Rajoy, quien hará todo lo contrario de su otrora mano derecha y sí comparecerá el 1 de agosto en el Congreso de los Diputados, aunque, eso sí, tras ser llevado “a rastras” por la presión política y mediática.

“Quien algo teme, algo debe”
Presión mediática que en Castilla-La Mancha no existe, ya que el 90 por ciento de los medios de comunicación se encuentran en la órbita del PP y bajo estricto control de María Dolores Cospedal. No así la presión política, que en palabras de la secretaria segunda de la Mesa de las Cortes de Castilla-La Mancha, la socialista Blanca Fernández, exige de nuevo la comparecencia de la presidenta “para que explique dónde están los 200.000 euros que ella reconoce que cobró el PP regional y que no aparecen”, añade, “si el dinero es limpio, debe estar en la contabilidad limpia del PP; lo que no nos valen son las contradicciones y la ausencia de explicaciones en las que han incurrido Cospedal y el PP hasta ahora”. Por todo ello la portavoz del PSOE lo tiene claro: “Si Cospedal no viene a las Cortes, funcionará el refranero que dice que quien calla, otorga, y que quien algo teme, algo debe”.

Entre “el esperpento y el ridículo”
Es más, la diputada socialista asegura que ”rozaría el esperpento y el ridículo que Cospedal se niegue a venir a las Cortes de Castilla-La Mancha a hablar de este asunto, y luego tengamos que ver que lo debe hacer en la Audiencia Nacional, en un careo judicial con Luis Bárcenas”. En este sentido, hay que recordar que la secretaria general está dispuesta a declarar ante Ruz, aunque se extraña que la Fiscalía solo haya pedido su comparecencia y no la del resto de sus antecesores en el cargo.

“Cospedal ya ha comparecido”
Ridículo que el Grupo Popular está cansado de protagonizar, según declaraciones de un diputado del PP a ELPLURAL.COM. “Primero nos negamos a que Cospedal compareciera en sede parlamentaria aludiendo defectos de forma, más tarde dijimos que la petición era una ilegalidad, y hoy nos negamos porque decimos que la presidenta ya ha dado explicaciones, ¿cuándo? ¿dónde?” El caso es que la Mesa con mayoría del PP ha vuelto a rechazar la comparecencia de la lideresa porque entiende que “ya ha dado las explicaciones necesarias en las Cortes, además de tratarse de un asunto que no se encuentra en la acción del Gobierno”.

Desprestigiar al adversario
Una mayoría política de apenas un diputado que el PP intenta utilizar para desprestigiar al adversario, concretamente al vicepresidente segundo de las Cortes de Castilla-La Mancha y secretario de Organización del PSOE, Jesús Fernández Vaquero, a quien la derecha manchega acusa de intentar “boicotear” el pleno del “pucherazo electoral” (reducción de los diputados a la mitad para que a Cospedal le sea más fácil ganar las elecciones). “Es un hecho sin precedentes, y por lo tanto debe tener una sanción sin precedentes”, ha reconocido el portavoz popular, Francisco Cañizares. Las mismas fuentes del PP no creen que Cospedal se atreva a “matar al mensajero, sería un escándalo de dimensiones incalculables y de repercusiones sociales irreversibles”, dice. Hay que recordar que el ahora presidente de las Cortes y señalado por Bárcenas en la supuesta “mordida” de los 200.000 euros, Vicente Tirado, llamó al entonces presidente de la Cámara regional, el socialista Francisco Pardo, “sinvergüenza” y otros improperios…y salvo las consabidas críticas no pasó nada.