Archive for 31 marzo 2014

85 ricos suman tanto dinero como 3.570 millones de pobres en el mundo

31 marzo, 2014

Fuente: diario EL PAÍS

El 1% más pudiente de EE UU concentra el 95% del crecimiento tras la crisis, según Oxfam

El 80% de los españoles cree que la ley favorece a los poderosos

Un niño, en un basurero en Guwahati, India. / FOTO: REUTERS / VÍDEO: ATLAS

La masiva concentración de los recursos económicos en manos de unos pocos abre una brecha que supone una gran amenaza para los sistemas políticos y económicos inclusivos, porque favorece a unos pocos en detrimento de la mayoría. Así que para luchar contra la pobreza es básico abordar la desigualdad. Esta es la conclusión del informe Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica, que publica hoy la ONG Oxfam Intermón.

El estudio parte de datos objetivos de varias instituciones oficiales e informes internacionales que constatan la “excesiva” concentración de la riqueza mundial en pocas manos. Datos como que 85 individuos acumulan tanta riqueza como los 3.570 millones de personas que forman la mitad más pobre de la población mundial. O que la mitad de la riqueza está en manos de apenas el 1% de todo el mundo. Eso sin contar, advierte el informe, que una considerable cantidad de esta riqueza está oculta en paraísos fiscales.

El informe de la organización, que será presentado en el Foro Económico Mundial de Davos junto a un clamor para que se adopten compromisos para frenar la desigualdad, advierte de que “las élites económicas están secuestrando el poder político para manipular las reglas del juego económico, que socava la democracia”.

El informe va acompañado de datos que plasman con nitidez el aumento de la concentración de riqueza en pocas manos desde 1980 hasta la actualidad. O cómo la concentración y la brecha siguen aumentando pese a la gran recesión del año 2008. En Estados Unidos, por ejemplo, el 1% más rico de la población ha concentrado el 95% del crecimiento posterior a la crisis financiera. En Europa, los ingresos conjuntos de las 10 personas más ricas superan el coste total de las medidas de estímulo aplicadas en la Unión Europea entre 2008 y 2010 (217.000 millones de euros frente a 200.000).

La tibieza en la presión fiscal a los ricos, los recortes sociales o el rescate de la banca con fondos públicos son ejemplos de un fenómeno que es tan visible que crece la conciencia pública del aumento de este poder. Oxfam Intermón apoya esta afirmación en una encuesta realizada en España, Brasil, India, Suráfrica, Reino Unido y Estados Unidos, que revela que la mayor parte de la población cree que las leyes están diseñadas para favorecer a los ricos. En España, el 80% de la población cree que las leyes están hechas con este objetivo.

Sobre el caso español, el director de Oxfam Intermón, José María Vera, afirma que el país “no escapa a esta dinámica” y que la actual crisis se explica en parte por ella: “Los casos en los que los intereses de una minoría económicamente poderosa se han impuesto a los intereses de la ciudadanía de a pie son numerosos en la historia de nuestra democracia.

La crisis económica, financiera, política y social que padece España hoy tiene buena parte de su origen precisamente en esas dinámicas perniciosas donde el interés público y los procesos democráticos han sido secuestrados por los intereses de una minoría”.

Entre las políticas diseñadas en los últimos años que favorecen a la minoría de ricos, la organización enumera la desregulación y opacidad financiera, los paraísos fiscales, la reducción de impuestos a las rentas más altas o los recortes de gasto en servicios e inversiones públicas. El informe constata cómo, en el caso de Europa, “las tremendas presiones de los mercados financieros han impulsado drásticas medidas de austeridad que han golpeado a las clases baja y media, mientras los grandes inversores se han aprovechado de los planes de rescate públicos”.

Por todo ello, Oxfam Intermón exigirá en el marco del Foro Económico Mundial de Davos a sus asistentes (sean particulares o representantes de Gobiernos) que adopten compromisos en áreas como los paraísos fiscales (que no se permita que se utilicen para evadir impuestos); que se hagan públicas las inversiones en empresas y fondos; que respalden sistemas fiscales progresivos; que exijan a sus Gobiernos que los impuestos se destinen a servicios públicos o que si lo son inviertan en atención sanitaria y en educación universales, o que las empresas que representan paguen salarios dignos a sus empleados y los países legislen en esta dirección, fortaleciendo umbrales salariales y derechos laborales.

Por si a alguien se le ocurre pensar que los planteamientos de Oxfam Intermón son utópicos, la organización recuerda que “esta peligrosa tendencia” es reversible y que existen ejemplos de ello. Fue el caso, recuerda, de Estados Unidos o Europa tras la II Guerra Mundial, cuando el crecimiento económico se compatibilizó con la reducción de la desigualdad, o el caso de América Latina, donde la brecha ha disminuido “significativamente durante la última década gracias a una fiscalidad más progresiva, los servicios públicos, la protección oficial y el empleo digno”.

El informe también contempla ejemplos de concentración en países en desarrollo y alude a la superminoritaria élite india, millonarios que en buena parte han forjado sus fortunas en sectores cuyos beneficios dependen del acceso a los servicios básicos; al poder de las élites en Pakistán y su influencia en la manipulación legal; a la desigualdad en África, pese a la abundancia de recursos, o a lo que llama “red mundial de secretos bancarios”, que no es otra que la que forman los paraísos fiscales.

“Me culpan de ser negra, mujer y extranjera”

30 marzo, 2014
Fuente: diario EL PAÍS
 
CÉCILE KYENGE. MINISTRA ITALIANA DE INTEGRACIÓN
 

“Me culpan de ser negra, mujer y extranjera”

La ministra italiana, víctima de constantes ataques racistas, confiesa que nunca pensó que viviría momentos tan duros en su lucha por evitar la “invisibilidad” de los inmigrantes

Cécile Kyenge, en su despacho del Ministerio de Integración y Cooperación Internacional en Roma, en octubre de 2013. / TONY GENTILE (REUTERS)

Italia tiene un problema. Un problema feo. Tal vez el más feo de los problemas. Su ministra de Integración, Cécile Kyenge, una mujer de 49 años, madre de dos hijas, oftalmóloga de profesión, es acosada e insultada desde hace ocho meses con una violencia feroz, en la calle, en el Parlamento, en la prensa y en la televisión. Pero no por sus ideas políticas de centroizquierda. Ni siquiera por intentar que los hijos de los inmigrantes nacidos en Italia tengan derecho a la nacionalidad —el ius soli— o por exigir la abolición de una ley —la Bossi-Fini, aprobada por Silvio Berlusconi con sus socios xenófobos de la Liga Norte— que convierte automáticamente en delincuentes a los inmigrantes irregulares. No. Los responsables de la Liga Norte, bajo la mirada pasiva de buena parte de la política y de la sociedad italiana, comparan a la ministra Kyenge con un orangután, le lanzan plátanos o diseñan un plan de acoso sistemático simplemente porque es negra.

Pregunta. ¿Qué siente cuando escucha tantos y tan graves ataques racistas contra usted?

Respuesta. Está claro que hieren, pero la grandeza de cada uno de nosotros está en saber mirar por encima, de ver el futuro. Estoy convencida de que todos estos ataques no pretenden solo destruir a la persona, sino que quieren comprometer, poner en riesgo, el futuro de Italia, la sociedad del futuro. Si tengo claro que mi objetivo es el de la diversidad, entonces es posible superar todos estos momentos tan duros. Porque está claro que han sido siete u ocho meses muy difíciles, que han llegado a influir también sobre mi vida privada, pero jamás los ataques me han afectado tanto como para pensar en abandonar mis objetivos…

P. ¿Nunca? ¿No lo ha llegado a pensar? ¿Ni ante la reacción tibia de quienes tendrían que defenderla?

R. No, no vale la pena abandonar. Yo desde pequeña no me he distraído nunca del objetivo. Quería convertirme en médico e hice todo lo que tenía que hacer, incluyendo marcharme del país donde nací [la República Democrática del Congo], hasta que lo logré. En todas las decisiones que he tomado en la vida, por difíciles que fueran, tenía presente un objetivo, poniendo en el centro el respeto a los demás. Por eso, todo lo que ha pasado desde el momento de mi nombramiento —insultos, provocaciones— lo tomo como un intento de desviar la atención. Quieren distraerme del objetivo principal, que es hacer entender a la sociedad italiana que la diversidad es una riqueza, que no debemos tener miedo del otro. Los intolerantes quieren hacernos creer otra cosa, quieren confundirnos, pero debemos tener la fuerza de no permitir que nos confundan.

P. Usted decidió salir de Congo para buscar un futuro mejor y pensó que en Italia podía encontrarlo. ¿Se parece esta Italia que insulta a una ministra por ser negra, esta Europa donde crecen los populismos, a aquella de sus sueños?

R. Está claro que estoy viviendo momentos tan duros como jamás habría podido soñar. Pero no por eso puedo decir que Italia es racista, porque ninguno nace racista. Por eso es tan importante que atajemos todos esos factores externos de intolerancia que hacen apartarse a las personas de la vía de la convivencia y las hacen tomar la de la xenofobia. Tenemos que conseguir una Italia y una Europa mejor, y ese es precisamente el objetivo que estamos llevando adelante con la Declaración de Roma, la que hemos suscrito con otros 17 países para llegar a un pacto 2014-2020 contra la xenofobia, contra el racismo, por la multiculturalidad, para poner la diversidad al centro de todo.

P. Cuando trabajaba como médico, ¿también sufrió los comportamientos racistas?

R. Sí, al principio sí. Pero el rechazo se fue desvaneciendo a medida que la gente iba conociendo mi forma de relacionarme con ellos, mi profesionalidad. Mi ausencia de miedo. Esto es importante. No hay que tener ni prejuicios ni miedo.

P. ¿Tampoco ante las descalificaciones de la Liga Norte? La culpan de traer todos los males a Italia…

R. ¡Me culpan de tantas cosas! Pero, lejos de hacerme sentir débil, refuerzan mi identidad. Yo he elegido Italia para vivir, pero mi identidad es múltiple y me siento cómoda así. Me echan la culpa de ser negra, de ser mujer y de ser extranjera. Incluso de una cuarta cosa: de haber estudiado. ¡Y esta [exclama sonriendo] sí que es una culpa terrible! Porque según el estereotipo, debería estar en casa fregando y haciendo hijos. Que no lo haga les parece imperdonable.

P. Su prioridad es el derecho a la ciudadanía italiana de los hijos de los inmigrantes y la suspensión del delito de clandestinidad, pero una parte del Gobierno de coalición se opone. ¿Ha logrado algún paso adelante? ¿Cree que lo conseguirá?

R. Para mí la primera satisfacción es que no se ha tratado solo de una discusión política. Nunca como en estos ocho meses se ha hablado de esto en todos los sitios. Tanto en los bares como en el Parlamento se ha discutido sobre ciudadanía. Esa toma de conciencia por parte de todos nos llevará a entender que no es un tema que preocupa a la ministra, sino a toda la sociedad. Tenemos un millón de niños en Italia que todavía tienen problemas de integración, que se sienten discriminados desde la escuela. Y si nosotros queremos hacer un regalo a nuestros hijos, el mejor de todos es ayudarlos a crecer haciéndoles entender que todos somos iguales, que el único futuro posible es el de la igualdad de oportunidades. No es un regalo solo para los hijos de los inmigrantes.

P. ¿Cómo vivió la tragedia de Lampedusa, en la que perdieron la vida cientos de inmigrantes africanos?

R. Lo primero que pensé fue que sobre aquella barca podía haber estado yo. Podíamos haber estado cualquiera de nosotros. De hecho, una persona crece si logra ponerse de verdad en las dificultades, en la tragedia del otro. Si logramos vivirlo así, cambiará el modo en que construimos las leyes. Por eso le decía que hay que mirar a la política de la inmigración no como un favor, sino como una necesidad. Si me pongo en el lugar del otro y luego hago una ley contra los inmigrantes, es como si hiciese una ley contra mí mismo. Esta idea mía, puesta del revés, me acompaña también en los momentos difíciles, cuando me insultan y me atacan. Si esto me lo hacen a mí, se lo pueden hacer a cualquiera. Por eso, si queremos combatir el racismo o cualquier otro tipo de marginación, no hay más remedio que ponerse en el lugar de la persona que sufre. En la piel del otro.

P. Se habla mucho de la inmigración que llega de África, pero muy cerca de aquí, en Prato, junto a Florencia, hay cientos de chinos que viven prácticamente en la esclavitud, trabajando y viviendo en naves industriales por sueldos de miseria…

R. No solo sucede en Prato y no solo con los chinos. Lo fundamental del asunto es que tenemos que ser capaces de dar la oportunidad a esas personas de denunciar sus condiciones de esclavitud. Tenemos que informarles de cuáles son sus derechos. Darle la posibilidad de conocer la lengua, de hablarla, de poder denunciar. Por eso hay que invertir en la mediación cultural. Esto solo se puede conseguir si las personas tienen un estado jurídico bien definido. Una persona que vive en la invisibilidad es una persona que cae en las manos de la criminalidad organizada. Por eso le digo que no se trata solo de Prato. Son muchos otros los lugares bajo un común denominador: son invisibles… Por eso, si una persona no tiene permiso de residencia, la estamos arrojando al pozo de la invisibilidad. Hay que darles posibilidades incluso de volver a su país de origen —una opción que muchos están pidiendo— o de ofrecerle una ruta de integración distinta, pero jamás arrojarlos a la ilegalidad. Hacer salir a la gente de la invisibilidad es además un instrumento potentísimo contra la criminalidad organizada. Hay que salvar a las personas débiles de las manos de quienes las están explotando.

Lo que no se quiere oír sobre Cataluña

29 marzo, 2014

Fuente: diario EL PAÍS

El problema del encaje catalán en España es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño

Hay cuestiones de fondo sobre Cataluña que no se quieren oír y, mucho menos, escuchar. No puedo obligar a nadie a escucharme pero, al menos, voy a intentar hacerme oír. En este artículo quiero aportar cuatro reflexiones sobre Cataluña y sobre la relación de Cataluña con España. Bien a un lado del Ebro, bien al otro o bien a los dos, estas cosas no se quieren oír. En primer lugar discutiré el “hecho diferencial” catalán desde la dialéctica Norte-Sur en la Europa actual. El problema del encaje de Cataluña en España, como el de Lombardía en Italia, es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño. A continuación caracterizaré a Cataluña como una sociedad compleja aún vertebrada por una mentalidad menestral cuyas raíces se remontan a la baja Edad Media. Cataluña se desarrolló y llegó a ser lo que es gracias al decreto de Nueva Planta de 1714, no a pesar de él. En tercer lugar argumentaré que el contencioso Cataluña-España oculta otro contencioso entre catalanes que tiene importantes consecuencias para la sociedad catalana. A España y a Cataluña les irá mejor juntas que separadas si consiguen un acuerdo de convivencia que potencie el futuro de ambas. Por último daré unas pinceladas sobre qué hacer en la situación actual. Mis argumentos surgen de consideraciones geográficas e históricas que considero razonables.

LOS CATALANES, EUROPEOS PATA NEGRA

Los catalanes son europeos desde el siglo IX. A eso, en castellano, se le llama ser pata negra. El concepto actual de Europa nació con Carlomagno, cuya capital Aquisgrán dista solo un centenar de kilómetros de las actuales capitales de la Unión Europea Bruselas y Luxemburgo. Esta coincidencia geográfica no es casual. Robert Kaplan señala en su reciente libro La venganza de la geografía que la columna vertebral de Europa sigue estando en la diagonal que va del Canal de la Mancha a los Alpes, ruta de comunicación principal del imperio franco. En ese mapa, carolingio y actual, Cataluña ocupa una situación peculiar. Desde finales del siglo VIII fue parte de la Marca Hispánica, zona defensiva entre el Imperio y Al-Ándalus que, según Vicens Vives, se caracterizaba no por ser una fortaleza de montaña sino por ser un corredor protegido por montañas. Este carácter de corredor y de portal de la península Ibérica hacia Europa ha conformado, para Vicens, el europeísmo distintivo de la mentalidad catalana y su “permanente éxtasis transpirenaico”. Esta mentalidad y este éxtasis constituyen, en mi opinión, el llamado “hecho diferencial catalán”.

Tony Judt se refiere repetidamente a Cataluña en su ensayo de 1996 ¿Una gran ilusión? Judt establece un paralelismo entre las regiones europeas de Baden-Württemberg, Rhône-Alpes, Cataluña y la antigua Lombardía carolingia, autodenominadas los Cuatro Motores de Europa en un acuerdo que firmaron en 1988. Son regiones prósperas, ninguna de las cuales incluye a la capital del Estado, que se consideran culturalmente más próximas entre sí que con otras regiones de sus respectivos países. Según Judt se sienten europeas, pagan sus impuestos, están mejor educadas, tienen una ética del trabajo y una industriosidad que no comparten otras regiones de los Estados a los que pertenecen —regiones a las que se ven obligadas a subvencionar— y tienen poco peso en la toma de decisiones de sus gobiernos. Como señala Kaplan, son regiones “norteñas, que no se sienten identificadas con las que creen regiones atrasadas, perezosas y subsidiadas del sur mediterráneo”. Vicens Vives nunca lo hubiese escrito tan crudamente. El problema del encaje catalán en España es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño. Es un problema de muy difícil solución, agravado por la ausencia histórica de un Cavour catalán que impulsase un proyecto nacional capaz de integrar a los demás pueblos de la Península. Es un problema que se arrastra desde hace siglos y que no se arreglará ignorándolo o negándolo.

Una anécdota del ya centenario Swann ayuda a entender quién es qué en la relación con Europa. Unos parvenus amigos suyos habían tenido la ocurrencia de contratar a unos aristócratas arruinados para ponerlos de porteros en su mansión. Swann se lo desaconsejó, advirtiéndoles que las visitas de calidad nunca pasarían del portal. En el debate sobre la integración en Europa de una Cataluña independiente, los independentistas tendrían todo que perder si el debate se situara en el terreno de la estricta legalidad de los Tratados, pero tendrían todo que ganar si se situase en el terreno de la legitimidad, es decir, si el debate fuese sobre quién es el parvenu. Lo más probable es que la discusión se sitúe, llegado el caso, en un punto intermedio entre las dos alternativas. Lo que desde Madrid se ve como un problema jurídico es, en realidad, un problema político en el que las autoridades españolas pueden llevarse más de una sorpresa. Quizá sea útil recordar, como precedente, la alfombra roja que se puso a otro pata negra europeo, la también carolingia Eslovenia, para su integración en la Unión Europea y en el euro en un tiempo récord. O la posición europea sobre el corredor mediterráneo.

UNA MENTALIDAD MENESTRAL

Sigo con Vicens Vives, buen conocedor de los catalanes. Y sigo con su ensayo Noticia de Cataluña, que debería ser leído y releído con mucha atención tanto al norte como al sur del Ebro. Para Vicens lo más distintivo de la mentalidad catalana, junto a su europeísmo, es su carácter menestral. La menestralía, con fuerte presencia ya en la Cataluña del siglo XIII, es “una mentalidad más que una situación, un concepto de la vida más que una forma de ganársela”. Surge de la “gente de gremio, pueblo menor, hombre y herramienta”. Los menestrales “acabaron ocupando un lugar entre las minorías dirigentes del país, desde el que difundieron el espíritu originario de clase: la dedicación al trabajo, la inclinación práctica de la vida y la limitación de horizontes” y “constituyeron la reserva humana y social de Cataluña, la plataforma sobre la que iban a montarse los siglos XVIII y XIX”. La mentalidad menestral sigue articulando hoy en día una sociedad catalana que, a pesar de su complejidad actual, se sigue reconociendo en el trabajo entendido no como “castigo divino” sino como “signo de elección” y sigue mostrando una característica falta de ambición en su proyección hacia el mundo exterior.

El feudalismo catalán, surgido dentro del imperio carolingio, tuvo muy poco que ver con el del resto de la Península. Fue mucho más robusto y “europeo”, y creó unas instituciones que, en lo esencial, perduraron hasta principios del siglo XVIII. Hasta el 11 de septiembre de 1714, para ser más precisos. Cuando Ortega achaca la anomalía histórica de España a la anomalía de su feudalismo y a la baja calidad de los godos que la invadieron, se olvida del caso catalán. Las instituciones medievales franco-catalanas fueron solidísimas, hasta el punto de poder asimilar la mentalidad menestral sin cambiar sustanciándote, porque la menestralía encajaba bien en el corporativismo de la época. Pero esa solidez institucional, en ausencia de un monarca absoluto que la pusiera en cuestión para afirmar su propio poder, fue la causa principal del estancamiento y declive de Cataluña desde mediados del siglo XV hasta principios del XVIII. Este declive fue tanto económico como cultural. Por poner un ejemplo de cada, ambos apuntados por Vicens, si Cataluña no se aprovechó del comercio con América hasta el siglo XVIII fue por falta de ambición y de emprendimiento, no porque tuviese ningún impedimento legal para hacerlo. Se aprovechaban los genoveses, portugueses, franceses, holandeses… pero no los catalanes. En el ámbito cultural, los siglos XVI y XVII, siglos de oro del castellano, el inglés y el francés, fueron un desierto para el catalán. Aherrojada por sus instituciones medievales, respetadas hasta por el Conde-Duque de Olivares, Cataluña dormitó durante dos siglos y medio hasta que un Borbón, Felipe V, precipitó el cambio y la empujó hacia la modernidad. ¿Qué hubiera pasado si en vez del Borbón hubiese ganado la guerra el Habsburgo? A mí me parece probable que Cataluña, constreñida por sus instituciones, se hubiese perdido la revolución industrial. Cataluña se desarrolló gracias al decreto de Nueva Planta, no a pesar de él.

La mentalidad menestral —trabajo, sentido práctico de la vida y limitación de horizontes— ha vertebrado Cataluña durante cinco siglos y sigue siendo la más relevante hoy en día. Esto es particularmente cierto para el independentismo catalán actual. Menestrales son la monja Forcades, Carme Forcadell y Oriol Junqueras, todos ellos en la versión casa pairal. En versión pro domo mea, menestrales son Jordi Pujol y Artur Mas, entre muchos otros. El denominador común de la menestralía es la nostalgia de un medioevo idealizado, el gusto por una fuerte regulación de la sociedad y de la actividad económica —de lo que es buena muestra el Estatuto catalán en vigor, con sus 223 artículos y 152 páginas— la limitación de horizontes y la falta de ambición para proponer un proyecto capaz de integrar a todos los catalanes y, también, a todos los españoles. El modelo de sociedad del independentismo menestral parece inspirado en el pueblo de los hobbits.

Sin embargo, proyectos ambiciosos de catalanizar España construyendo una sociedad moderna basada en el trabajo existieron en las segunda mitades de los siglos XVIII y del XIX. Relata Vicens cómo, en la primera circunstancia, se produjo una auténtica diáspora de catalanes por tierras de la antigua Corona de Castilla, colonizando Sierra Morena, renovando las artes de pesca en Galicia y Andalucía, estableciendo sus oficios en las ciudades de la meseta… Ilustrados como Campomanes soñaron con transformar España adoptando instituciones catalanas. En el siglo XIX “Cataluña predicó a las otras Españas el evangelio de la redención por el trabajo” para conseguir el resurgimiento económico y la industrialización. El fracaso de estos intentos provocó el retraimiento de los catalanes, que todavía dura, su aversión a participar en el gobierno del Estado tanto a nivel político como burocrático, que también perdura, y el fortalecimiento de la mentalidad menestral ante la quiebra de alternativas más ambiciosas.

CATALUÑA Y ESPAÑA SE NECESITAN

Tanto España como Cataluña necesitan desesperadamente un proyecto nacional. Como he recordado en otras ocasiones, para Ortega una nación es un proyecto de futuro con capacidad integradora. Ese proyecto no lo tienen ahora mismo ni España ni Cataluña. En el primer caso no hay proyecto para afrontar la cuádruple crisis —económica, institucional, territorial y moral— que tiene gripada a la sociedad española. El régimen político de 1978 está basando su supervivencia en la táctica del avestruz, negando las crisis para no tener que hacer ningún cambio significativo. Si no cambia de actitud, durará poco. En el caso catalán el único proyecto político explícito es el independentista. En cierto modo, también es una manera de negar una crisis que afecta a Cataluña de manera muy parecida a la del resto de España. En cualquier caso, el proyecto independentista no es un proyecto integrador puesto que divide profundamente a la sociedad catalana en dos partes de tamaño similar y de convivencia complicada. No es, por tanto, un proyecto nacional, al menos en el sentido que le da Ortega a este término.

España necesita a Cataluña por dos motivos, uno en negativo y otro en positivo. En negativo, porque la ruta previsible del presente conflicto territorial lleva a una bunkerización de posiciones en España y en Cataluña que será la excusa perfecta para que la clase política no aborde ninguna de las reformas imprescindibles para afrontar con éxito los retos del siglo XXI, en particular la mejora del capital humano necesaria para evitar la proletarización de la sociedad española en la economía global. En positivo, porque la gran asignatura pendiente de España es la adopción de una cultura del trabajo como opción de realización personal y no como castigo divino. Eso lo hizo Cataluña hace muchos siglos y la emulación con Cataluña en una casa común puede ser un estímulo importante para que España consiga hacerlo.

Cataluña necesita a España también por dos motivos y también hay uno en negativo y otro en positivo. En negativo Cataluña necesita a España por una razón simétrica a la del párrafo anterior. Las reformas que hay que hacer en Cataluña son similares a las que hay que hacer en el conjunto de España, empezando por la de la clase política. La bunkerización conduce a no hacerlas y a culpar al adversarios de todos los males propios. Además, una confrontación creciente deja al independentismo como único proyecto político posible y eso tendría efectos divisivos muy grandes para la sociedad catalana. Lo que ahora se presenta interesadamente como una confrontación entre Cataluña y España se revelaría como una confrontación entre catalanes en la que los que ambicionan pensar y actuar “en grande” en mundo globalizado quedarían marginados. En positivo, Cataluña necesita ambición. Necesita que sus grandes empresas se hagan mucho mayores y se globalicen. Al contrario que Baden-Württemberg o Rhône-Alpes, Cataluña no tiene grandes empresas con proyección global y no las tiene por falta de ambición, no porque esté oprimida o expoliada. España, cuyas grandes empresas son globales, tiene la ambición que a Cataluña le falta. La emulación con España en una casa común puede ser un estímulo importante para que Cataluña consiga hacerlo.

QUÉ HACER CON CATALUÑA

Por las razones aducidas en el epígrafe anterior, el debate sobre qué hacer con Cataluña sólo tiene pleno sentido en el marco más amplio del debate sobre qué hacer con España. Ahora bien, si este último debate no pudiera tener lugar, porque la clase política se negase a ello, o si fracasara el intento de construir un proyecto de futuro atractivo para los españoles, lo mejor que podrían hacer los catalanes es soltar lastre y plantearse el debate por separado. Por lo dicho hasta aquí, tampoco está claro a priori que a nivel catalán pudiera consensuarse un proyecto integrador y ambicioso pero, en mi opinión, estaría justificado intentarlo.

La actual discusión sobre Cataluña, restringida a dos interlocutores bunkerizados, sólo sirve para disimular tras las respectivas banderas la falta de proyectos nacionales a nivel español y catalán. El Gobierno de España considera la cuestión catalana como un problema estrictamente jurídico, no halla lugar en la Constitución para autorizar una consulta y no ve necesario ni conveniente tomar ninguna iniciativa política para proponer un nuevo encaje de Cataluña en la casa común. Los catalanes deben conformarse con lo que hay y, además, resignarse a una ofensiva recentralizadora y “españolizadora”. Por otra parte, el independentismo catalán, encabezado por el Gobierno de la Generalitat, acelera un plan para proclamar unilateralmente la independencia en algún momento de 2015. El choque de trenes parece muy probable, porque ambos gobiernos esperan sacar grandes réditos políticos del conflicto en el corto plazo, que es el único horizonte que parece importarles. Si el choque se produce, la independencia de Cataluña será prácticamente inevitable, a pesar de que irá en contra del interés general de los catalanes y de todos los españoles.

Es necesario superar esta situación. El contencioso no debe dejarse en las solas manos de quienes no tienen ningún interés en resolverlo. La sociedad civil debería tener un papel mucho más activo, impulsando los necesarios debates —que van mucho más allá de independentismo sí o independentismo no— y dando mucho más protagonismo a la ambición en los proyectos de futuro. La clase política no está por la labor. Las grandes empresas y las personalidades del mundo económico catalán deberían hacer oír su voz con más fuerza, con el pluralismo que ello entraña, y lo mismo deberían hacer las del resto de España. Madrid y Barcelona son, junto con Milán, las grandes concentraciones humanas, económicas e industriales del sur de Europa. Un eje de cooperación a todos los niveles entre las dos grandes ciudades españolas es necesario para complementar y contrapesar a la gran Banana Azul europea, que tiene su extremo sur en la ciudad del Po y termina por el norte en Liverpool.

No parece haber nadie en el mapa político que asuma la idea de España como nación de naciones para reconstruir sobre ella la casa común. A mí me parece que ya es demasiado tarde —no lo era hace cuatro años— para intentar una reforma federal de la constitución. Hay que ser más ambiciosos y la sociedad civil también tiene que tener un papel decisivo en este debate. No bastan albañiles: se necesitan arquitectos para evitar que se nos caiga la casa encima.

César Molinas publicó en 2013 el libro Qué hacer con España 

Olli Rehn es un payaso ladrón

28 marzo, 2014

Fuente: http://www.infolibre.es

Toni Garrido Actualizada 07/08/2013 a las 21:38

En la reciente entrada en su blog personal, Olli Rehn suscribe la propuesta del FMI de bajar los salarios un 10% en España para reducir el paro.

Para hacerlo, utiliza la canción de Bob Dylan The Ballad of a Thin Man.

 
https://www.youtube.com/watch?v=IwtXRW-Aa_s 

Interesante. 

Utilizar uno de los textos más oscuros de uno de los creadores contemporáneos más complejos para arrojar luz sobre nuestra economía parece atrevido.

Bueno, no sólo atrevido, es tan torpe como inútil. Tan político como idiota.

Habla Olli Rehn de Mr. Jones, el misterioso personaje central de la canción. Una canción que empieza así: 

* Entras a la habitación
con tu lápiz en la mano,
ves a alguien desnudo
y tú, tú dices, “¿quién es ese hombre?”

¿Lápiz en la mano? ¿Un hombre? ¿Desnudo?

Pues parece sencillo: Ese hombre sería Strauss-Kahn, el exdirector gerente del FMI. El mismo organismo que ahora sugiere que la gente en España gane menos dinero, para que más gente en España gane dinero.

Así de sencillo, quieren que tengamos menos dinero para ser más productivos, de manera que más gente pueda aprovecharse del ya maltrecho panorama para el trabajador en España.

Pero volvamos a lo musical. La canción está llena de referencias fálicas, algo que los especialistas en la obra de Dylan interpretan como crítica a la intolerancia de la sociedad con respecto a la homosexualidad. Dylan nunca ha explicitado quién es ese Mr. Jones. 

¿Podría ese enigmático personaje ser el propio Olli Rehn

La canción habla de payasos y ladrones. Por ejemplo, la quinta estrofa de la canción dice lo siguiente:

Has estado con catedráticos
y a todos ellos les gustaban tus ideas,
con grandes abogados has
discutido sobre leprosos y criminales,
te has empollado todos
los libros de F. Scott Fitzgerald,
eres un muy buen lector,
es cosa sabida.
Pero algo está ocurriendo aquí,
y no sabes lo que es, 
¿no es así, Mr. Jones?

¿Podría ser el comisario Europeo de asuntos Económicos ese Mr. Jones que no se entera de nada?

A Olli Rehn le pasa como a la mayoría de políticos del viejo continente, esos que confunden palabras con pensamientos y que se sienten en la obligación de hablar mucho, aunque no tengan nada que decir

Lo perverso del comisario europeo de Asuntos Económicos no es que utilice a Bob Dylan para darse la razón, lo perverso llega, cuando en ese texto afirma: “Aquellos que rechacen la propuesta de forma instantánea cargarán sobre sus hombros la enorme responsabilidad del coste social y humano”.

Es decir, si no aceptamos bajarnos el sueldo seremos nosotros los culpables del drama, presente y futuro, que vivimos en nuestro país. Y eso no es una opinión sobre prácticas o propuestas relacionadas con la economía (esa es su tarea), ese es un juicio de valor moral hacia los ciudadanos totalmente inaceptable.

Tan inaceptable como calificar a Olli Rehn de payaso ladrón.

O tan inadecuado como afirmar que el comisario es miembro de esa casta de tipos que se han metido en política para pagar sus propios vicios, siempre dispuestos a poner en riesgo su dignidad a cambio de una buena ocurrencia.

Lo cierto es que sus ideas son tan buenas como las de cualquier otro insecto.

Muchos de ellos en las próximas elecciones no pedirán el voto, sino el indulto.

Por que algo está ocurriendo, y no sabes lo que es.
¿No es así Mr. Jones?

* Nota: He tomado la traducción de The Ballad of a Thin Man de aquí. La canción es realmente compleja y entre todas las traducciones creo que esta es la que mejor captura la esencia del tema.

La ideología del esfuerzo

27 marzo, 2014

Fuente: diario EL PAÍS
El concepto, pilar de la reforma educativa, “es una invención: un encuadre interesado del esfuerzo”

La Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), recientemente aprobada por el Parlamento con los votos favorables del Partido Popular, es la expresión de una ideología: la ideología del esfuerzo. No es verdad, por tanto, que la reforma del sistema educativo impulsada por esa ley esté basada en evidencias. Ahora bien, ¿en qué consiste esta ideología?

El esfuerzo es una idea que todos podemos llegar a compartir, no en vano forma parte de una cultura que ha hecho del trabajo un modo de realización personal. La ideología del esfuerzo es otra cosa. La ideología del esfuerzo es una invención: un encuadre interesado del esfuerzo. Un producto de algunos de los mejores laboratorios de ideas del mundo destinado a cambiar la mentalidad de la ciudadanía para hacer tolerable la creciente desigualdad social aprovechando el arraigo de la idea de esfuerzo en nuestra cultura.

Esta ideología convierte la idea del esfuerzo en el bálsamo de Fierabras que cura todos nuestros males. El principio general sobre el que se ha construido no es difícil de formular: si todos nos esforzamos lo suficiente y aprovechamos nuestro talento nuestras vidas mejoran. Este principio es, para los ideólogos del esfuerzo, una verdad evidente de carácter universal sobre la que debería organizarse cualquier sociedad.

La ideología del esfuerzo forma parte de la contrarrevolución que Ronald Reagan y Margaret Thatcher pusieron en marcha en la década de los ochenta, y que José María Aznar trasladó a España. Este movimiento reaccionario se forjó durante décadas gracias a la colaboración de muchas personas e instituciones y a la fusión de tres componentes: 1) un marco ideológico surgido de una combinación de doctrinas, 2) un conjunto bien ordenado de iniciativas estratégicas incorporadas a los programas de gobierno de la derecha y 3) una utilización muy eficaz de las nuevas técnicas de marketing político (storytelling) unidas a las tradicionales técnicas de adoctrinamiento utilizadas por la iglesia (argumentarios).

Esta contrarrevolución tiene, como no podía ser menos, su propia utopía: un edén de pleno empleo, crecimiento sin límites e inflación cero, todo ello gracias al funcionamiento sin interferencias del mercado. El paraíso soñado de la ideología del esfuerzo se encuentra, según Mildton Friedman, en la Gran Bretaña del siglo XIX, donde, tras la derogación de las Leyes de Cereales, se inició un período de unos 75 años de duración que acabó tras el estallido de la Primera Guerra Mundial. Durante este período, descrito magistralmente por Dickens, el crecimiento económico fue rápido, aunque se crearon grandes círculos de pobreza y miseria, a la vez que se reducía enormemente el gasto público. El paraíso para los afortunados y el infierno para los desagraciados: un orden social en el que los ganadores se quedan con todo.

Esta utopía reaccionaria dispone de una base doctrinal y de una formula de gobierno. La combinación de conceptos heredados del pensamiento conservador (tradición, autoridad, jerarquía, derecho natural, merito) con otros heredados del pensamiento liberal (libertad, esfuerzo, competencia, interés, utilidad) en un relato moral basado en un concepción meritocrática de la justicia (a cada cual lo suyo) y en la confianza de los mercados como mecanismo de creación y distribución de riqueza conforman la base doctrinal de la ideología del esfuerzo. También dispone de una fórmula de gobierno muy sencilla basada en cuatro iniciativas estratégicas: desrregulación de la economía, liberalización del comercio y la industria, privatización y mercantilización de los servicios públicos, alivio fiscal (reducción de impuestos para las mayores rentas)

Esta contrarrevolución tiene sus héroes (los emprendedores) y sus villanos (los funcionarios). Tienen sus territorios conquistados (Chile, Argentina, Rusia, Polonia) y sus territorios asediados (Europa y Estados Unidos). Esta contrarrevolución no ignora a los más desfavorecidos pero su formula para ayudarles es muy distinta a todas las anteriores: si de verdad quiere ayudar a los pobres, hágase rico, porque cuanto más rico sea usted menos pobres serán ellos.

Esta particular visión del modo en que los ricos pueden mejorar las condiciones de vida de los pobres se conoce como la teoría del derrame o teoría del goteo o “trickle down effect”. El principio esencial de este teoría fue formulado por Robert Nozick de esta forma: “A cada quien de acuerdo con lo que beneficia a los otros que tienen los recursos para beneficiar a aquellos que los benefician.” (Nozick, 1991). De acuerdo con este principio para que los pobres mejoren sus condiciones de vida es necesario que los ricos aumenten sus riquezas para que puedan invertir y facilitar el crecimiento económico. Esta teoría se opone a la redistribución de la riqueza mediante cualquier sistema impositivo.

Como no podía ser menos esta contrarrevolución tiene un enemigo por excelencia: el consenso socialdemócrata. Una visión de la sociedad que, desde el final de la segunda guerra mundial, se hizo hegemónica y que, como tal, se había convertido en el sentido común mayoritario en toda Europa. Esta visión se basa en la combinación del Estado y el Mercado como dispositivos que permiten una distribución justa de los bienes y de los riesgos en cada una de las esferas de la sociedad. En este reparto de funciones, el Estado actuaría como agente de redistribución de la riqueza necesaria para garantizar unas condiciones de vida dignas para toda la ciudadanía, mientras que el Mercado actuaría como agente distribuidor del resto de la riqueza.

La ideología del esfuerzo es el caballo de Troya utilizado por las elites económicas, sociales y políticas en su rebelión contra cualquier forma de Estado o de gobierno comprometida con el bienestar de las personas. Una reacción frente a la hegemonía de la cultura de los derechos que, a su juicio, es la ideología de los perdedores. Las preguntas que los ideólogos del esfuerzo invitan a que todo el mundo se haga son las siguientes: ¿por qué conformarse con tener unos derechos garantizados cuando se puede tener todo?, ¿por qué renunciar a estar entre los ganadores y conformarse sólo con satisfacer las necesidades más elementales?, ¿por qué hay personas que se niegan a competir con otros cuando podrían ganar mucho más de lo que logran si sólo se limitan a cooperar?, ¿por qué debemos vivir en una sociedad protegida por el Estado, cuando podemos vivir en una sociedad libre y abierta al riesgo en la que es posible lograr cualquier cosa que uno desee si está dispuesto a perseverar en el esfuerzo?

 José Moya Otero es profesor titular del Departamento de Educación de la ULPG. Director General de Formación Profesional y Educación de Adultos del Gobierno de Canarias.

Casas sin gente y gente sin casas

25 marzo, 2014

Fuente: http://www.eldiario.es

eldiarioclm.es inicia una serie sobre la situación de la vivienda en Castilla-La Mancha

Las existencias de vivienda nueva caen un 6,9 por ciento en 2012, hasta 583.453

Un edificio de viviendas

Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2011 existían en Castilla-La Mancha 202.657 viviendas vacías, es decir desocupadas, disponibles para su alquiler o venta, e incluso abandonadas. Destaca la provincia de Toledo que es la cuarta en número de viviendas vacías en todo el estado. Este dato debe ponerse en relación con el crecimiento en el número de viviendas construidas en nuestra región en los últimos diez años, que hizo aumentar el parque en un 26,3 %, aunque las provincias de Guadalajara con un 37,4 % y de Toledo con un 36 % destacaron por ser la segunda y tercera respectivamente donde más se construyó en términos porcentuales en todo el país.

Del total de viviendas vacías existentes en Castilla-La Mancha un 29,8 % fueron construidas en los últimos diez años y no encuentran comprador, como es el caso de las 2.394 viviendas con protección pública de promoción privada que, según la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, están sin vender en la región. Además existe un importante stock de viviendas con protección pública promovidas directamente por la Junta, unas 800, que no se han vendido ni alquilado.

Paradójicamente el Registro de Demandantes de Vivienda con protección pública de la Junta de Comunidades tiene 27.477 inscritos, según los datos ofrecidos por la Defensora del Pueblo y que se recogen en su informe sobre vivienda protegida vacía, hecho público recientemente.

La existencia de un importante stock junto con un número apreciable de demandantes de vivienda con protección pública se explica por la supresión de las ayudas públicas a la adquisición y el endurecimiento del acceso a la financiación. Además los precios de la vivienda libre han bajado hasta competir con los de las protegidas.

En el caso de las viviendas en manos de la Junta no sólo no ha conseguido vender todas las que ha promovido directamente, sino que ha decidido comprar a sus promotores las denominadas viviendas de iniciativa público-privada (VIPP). Estas viviendas, impulsadas por el anterior gobierno, tenían una garantía de compra de forma que si los promotores no las vendían la Junta se comprometía a hacerlo al precio inicial, aunque ahora no lo valgan. En 2012 y 2013 en los Presupuestos de la empresa pública GICAMAN se han previsto 35 millones de euros destinados a adquirir parte de las 565 VIPP construidas y no vendidas.

La Junta intenta dar salida a su propio stock bajando los precios de venta y alquiler, y poniendo en alquiler viviendas destinadas inicialmente para su venta. Así en 2013 la Consejería de Fomento dice haber arrendado 316 viviendas de su propiedad con precios bajos, aunque si tenemos en cuenta que los inquilinos abonan altas en suministros, fianza, comunidad e incluso deben dotar las viviendas de electrodomésticos, de los que carecen porque su destino inicial era la venta y no el alquiler, no se puede hablar con propiedad de alquiler “social”. Además los inquilinos de la Junta no pueden optar a las ayudas de alquiler que convoca el propio gobierno regional.

Castro: “España está gobernada por los admiradores de Franco”

24 marzo, 2014

Fuente: http://www.minutodigital.com 

Castro asegura que, “no ignoramos que ahora en España gobiernan los admiradores de Franco, quien envió a miembros de la División Azul junto a las SS y las SA nazis para matar soviéticos”.

El expresidente cubano Fidel Castro ha denunciado que en España gobiernan actualmente “los admiradores de Franco” y ha considerado que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al igual que el exjefe de Gobierno José María Aznar forman parte de la “derecha fascista” y son “servidores” de Estados Unidos.

Así se ha pronunciado Castro en una de sus tradicionales Reflexiones en las que, además de arremeter contra Estados Unidos, critica la reacción que desde el Gobierno español hubo respecto a la muerte del disidente Wilman Villar tras 50 días de huelga de hambre, quien según el expresidente era un delincuente común.

Considera que al Gobierno español, que expresó su consternación por la muerte de Villar y pidió a La Habana la liberación de todos los presos políticos, más le valdría, “dadas sus excelentes relaciones con Washington”, viajar a Estados Unidos e informarse “de lo que ocurre en las cárceles yankis, la conducta despiadada que aplica a los millones de presos, la política que se practica con la silla eléctrica y los horrores que se cometen con los detenidos en las cárceles y los que protestan en las calles”.

“La derecha fascista de Aznar, Rajoy y otros servidores del imperio (Estados Unidos), debe conocer algo de las 16.000 bajas que tuvieron sus antecesores de la División Azul y las Cruces de Hierro con las que Hitler premió a los oficiales y soldados de esa división” por su participación en la que considera “la operación más cruel y dolorosa de aquella guerra: el cerco de Leningrado”.

Rajoy horror show

23 marzo, 2014

Fuente: http://www.eldiario.es

¿Qué ocurrirá cuando el presidente del Gobierno pierda gas en los carteles y en la vida, y se desplome sobre los españoles?

Maruja Torres 26/02/2014 – 20:44h

El PP pide una nueva ley de régimen jurídico de las administraciones públicas

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. / Efe

Por decirlo rápido y pronto: si mi herencia, mi hacienda y mi futuro se encontraran en manos de alguien que cree que acabamos de pasar felizmente por el Cabo de Hornos, buscaría para él -o ella- alivio en la psiquiatría y, posiblemente, intentaría inhabilitarle para no quedarme con lo puesto.

Nos gobierna alguien que ha elegido como ministro del Interior a un señor que va condecorando vírgenes, y a otro que se propone defender concebidos buscándolos bajo las piedras.

Lo del caballo de Calígula está empezando a convertirse, para nosotros, en una posibilidad no desdeñable. Es más, entre las vírgenes condecoradas y un caballo relinchando paganamente en el Senado, elijo lo último, si es que puedo elegir.

Si don Mariano cree que es cierto lo que dicen de él sus medios de comunicación subsidiados y, más mejor aún, si cree que es verdad lo que en las sesiones parlamentarias de estos días ha brotado de su propia boca, entonces nosotros tenemos otro problema añadido al de simplemente vivir en este país y conseguir que nuestros hijos salgan adelante. Tenemos que  gestionar el ego que él habita, y sus consecuencias.

Todo poder entraña pérdida del sentido de la realidad, algo que, por desgracia, nos hemos acostumbrado a asumir. Sin embargo, que casi simultáneamente en el tiempo se vean involucradas en nuestra gobernanza la Tierra de Fuego y Nuestra Señora del Amor, a mí me sobresalta, me sobrepasa y me sobre irrita.

Pero la cosa puede ir a peor.

Considerando que nos hallamos en el arranque electoral ante las europeas y que, aunque Rajoy no sea candidato, no dudará en respaldar al postulante, creyendo que le otorga un favor, ¿quién va a hacerle la foto para el póster, que le mostrará levitando? ¿Habrá un concurso público, o recurrirá directamente a Pixar?

Lo cual me lleva a otra interrogación, todavía más grave. ¿Qué ocurrirá cuando el presidente del Gobierno pierda gas en los carteles y en la vida, y se desplome sobre los españoles? Pues si la carrerilla de arranque para echarse a volar nos ha costado estar como estamos y sentir lo que sentimos -yo chapoteo en el asco hasta la campanilla-, me pregunto qué puede sucedernos cuando se desmorone, plof-plof-plof, y caiga sobre nuestras cabezas, hecha hilillos sin prestigio, su seguridad de estatua de sepulcro, y esa pose de prócer que entran en el casino con los íntimos de su círculo de medios arrecogíos sujetándole los faldones del chaqué. ¿Qué pasará si un día se mira al espejo y ve lo que nosotros? Es decir, si ve al tipo que escogió a un ministro del Interior que encuentra normal plantar en la frontera cilicios en forma de cuchillas y que hace sonar sus maracas entre las fuerzas del orden, al ritmo de cantos piadosos.

¿Qué haremos cuando el viento de la realidad barra las banderolas y arroje los pegajosos desperdicios del globo presidencial por asfaltos y aceras? ¿Tendremos que deslizarnos por las calles evitando los fanales y  ajustándonos a las paredes? ¿Cómo haremos para resistir el tsunami de caspa?

Pero la cosa puede ir a peor. Es decir, podríamos quedarnos así, soportando las ocurrencias. El Gobierno seguirá aumentando su presupuesto para campañas publicitarias institucionales y los medios sobornados continuarán batiéndole palmas y devolviéndole al presidente la imagen de lo que él cree ser.

Si fuera mi abuela ya le habría regalado una camisa de ruedas.

El castigo en las posguerras (1939-1945)

22 marzo, 2014

Fuente: blogs.elpais.com

Por: Julián Casanova | 10 de febrero de 2014

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Presos republicanos, durante una misa en la cárcel de Porlier en Madrid en 1943. / EFE

Hace ahora 75 años. El 9 de febrero de 1939, cuando se aproximaba “la total liberación de España”, Franco firmó en Burgos la Ley de Responsabilidades Políticas. Los republicanos eran los culpables y tenían que pagar por ello. Unos años después, cuando los nazis y fascistas fueron derrotados en Europa, decenas de miles de ellos fueron también víctimas de la violencia retributiva y vengadora de los vencedores. La comparación entre esas dos posguerras aporta notables enseñanzas sobre la represión, la colaboración, la resistencia o las memorias que quedaron de todo ese pasado de violencia.

Los vencedores de la guerra civil española decidieron durante años la suerte de los vencidos. Un paso esencial de esa violencia vengadora sobre la que se asentó el franquismo fue la Ley de Responsabilidades Políticas, de 9 de febrero de 1939. En ella se declaraba “la responsabilidad política de las personas, tanto jurídicas como físicas”, que, con efectos retroactivos, desde el 1 de octubre de 1934, “contribuyeron a crear o agravar la subversión de todo orden de que se hizo víctima a España” y que a partir del 18 de julio de 1936 se hubieron opuesto al “Movimiento Nacional con actos concretos o con pasividad grave”. Todos los partidos y “agrupaciones políticas y sociales” que habían integrado el Frente Popular, sus “aliados, las organizaciones separatistas”, quedaban “fuera de la Ley” y sufrirían “la pérdida absoluta de los derechos de toda clase y la pérdida total de todos sus bienes”, que pasarían “íntegramente a ser propiedad del Estado”.

La puesta en marcha de ese engranaje represivo y confiscador causó estragos entre los vencidos, abriendo la veda a una persecución arbitraria y extrajudicial que en la vida cotidiana desembocó muy a menudo en el saqueo y en el pillaje. Los odios, las venganzas y el rencor alimentaron el afán de rapiña sobre los miles de puestos que los asesinados y represaliados habían dejado libres en la administración del Estado, en los ayuntamientos e instituciones provinciales y locales.

Quienes habían provocado con la sublevación militar la guerra, la habían ganado y gestionaron desde el nuevo Estado la victoria, asentaron la idea, imposible de contestar, de que los republicanos eran los responsables de todos los desastres y crímenes que habían ocurrido en España desde 1931. Proyectar la culpa exclusivamente sobre los republicanos vencidos libraba a los vencedores de la más mínima sospecha. El supuesto sufrimiento colectivo dejaba paso al castigo de solo una parte. Franco, el máximo responsable de la represión, lo recordaba con el lenguaje religioso que le servía en bandeja la Iglesia católica: “No es un capricho el sufrimiento de una nación en un punto de su historia; es el castigo espiritual, castigo que Dios impone a una vida torcida, a una historia no limpia”.

Cargar la responsabilidad sobre los vencidos es algo que también se hizo en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Y aunque hubo un acuerdo general en concentrar en los alemanes la culpa, el castigo y la violencia vengadora contra quienes habían luchado o colaborado con los nazis, causó estragos y no fue nada ejemplar, aunque se intentara saldarlo para el recuerdo posterior con los juicios de Nuremberg. En realidad, como señala Isván Deák, “en los anales de la historia nunca ha habido tanta gente implicada en el proceso de colaboración, resistencia y castigo a los culpables como en Europa durante y después de la Segunda Guerra Mundial”. En España se perseguía con saña a la izquierda y en otros países eran los fascistas, nazis y colaboracionistas el blanco de las iras como devolución al sufrimiento que ellos habían causado.

Cientos de miles de personas fueron víctimas de esa violencia retributiva y vengadora, con un amplio catálogo de sistemas de persecución: desde linchamientos, especialmente en los últimos meses de la guerra, a sentencias de muerte, prisión o trabajos forzados. En Francia, casi diez mil colaboracionistas, o acusados de serlo, fueron linchados en los últimos instantes de la guerra y en el momento de la liberación. En Austria, los tribunales iniciaron procedimientos contra cerca de 137.000 personas, aparte de los cientos de miles de funcionarios destituidos de sus puestos.

Un caso paradigmático de violencia antifascista fue Hungría. Entre febrero de 1945 y abril de 1950, casi 60.000 personas pasaron por esos tribunales; 27.000 fueron declarados culpables, de los cuales 10.000 fueron sentenciadas a penas de prisión y 477 condenadas a muerte, aunque sólo 189 fueron ejecutadas. Según László Karsai, unos 300.000 ciudadanos húngaros, alrededor del 3 por ciento de la población, “sufrieron algún tipo de castigo durante las purgas de la inmediata posguerra”. Al contrario de lo que ocurrió en otros países, en Hungría no hubo linchamientos de supuestos colaboradores o criminales de guerra.

Hubo, sin embargo, castigos ejemplares, que salieron de los catorce grandes juicios políticos que tuvieron lugar entre 1945 y 1946. Cuatro ex presidentes de Gobierno, varios ministros y altos oficiales del ejército fueron ejecutados. Ése fue el destino, en el juicio más esperado, de Ferenç Szálasi, principal instigador del paraíso nacionalsocialista, convertido en pesadilla de cientos de miles de húngaros, ejecutado el 12 de marzo de 1946. Un año antes, un decreto del 17 de marzo de 1945 había ordenado la expropiación de las tierras y de las propiedades de los miembros de la Cruz Flechada y de los principales criminales de guerra.

La mayoría de los actos de castigo “retributivo” a los fascistas, como señala Tony Judt, fueron llevados a cabo antes de que se constituyeran formalmente los tribunales establecidos para que pasaran por un juicio. De las aproximadamente diez mil ejecuciones sumarias que tuvieron lugar en Francia en la transición desde Vichy a la Cuarta República, alrededor de un tercio ocurrieron antes del día D, 6 de junio de 1944, la fecha del inicio del desembarco de Normandía, y un 30% más durante los combates de las siguientes semanas. Algo parecido sucedió en los países del este y en Italia, donde la mayoría de las 15.000 personas asesinadas por fascistas o colaboracionistas encontraron ese fatal destino antes o durante los días de la liberación por las tropas aliadas.

Además, como ocurrió con la Ley de Responsabilidades Políticas, la “legislación retroactiva” fue una práctica general en Europa durante ese tiempo de odios. Los legisladores húngaros, por ejemplo, establecieron en 1945 que los criminales de guerra podrían ser procesados “incluso si en el momento que cometieron sus crímenes, esos hechos no estaban sujetos a persecución de acuerdo con las leyes entonces en vigor”.

Como puede observarse, la violencia directa, dirigida en el momento final de la guerra en España contra los republicanos y en Europa contra los fascistas, y los procedimientos judiciales que siguieron, adoptaron una considerable variedad de formas, perfectamente comparables. En muchos casos, antes de que se montaran los tribunales o las instituciones “legítimas”, ya se había hecho justicia. La diferencia esencial fue la duración de esas posguerras y de la violencia contra los vencidos.

En Europa, tras los dos primeros años de posguerra, las sentencias decrecieron y pronto llegaron las amnistías, un proceso acelerado por la Guerra Fría, que devolvieron el pleno derecho de ciudadanos a cientos de miles de ex nazis, sobre todo en Austria y Alemania. En el este, fascistas de bajo origen social fueron perdonados e incorporados a las filas comunistas y se pasó de perseguir a fascistas a “enemigos del comunismo”, que a menudo eran izquierdistas, mientras que en Occidente, donde las coaliciones de izquierdas se cayeron a plazos en 1947, la tendencia fuer perdonar a todo el mundo. La identificación y el castigo de los nazis había acabado en 1948 y era un tema olvidado a comienzos de los años cincuenta.

0001En España, sin embargo, la posguerra fue larga y sangrienta, con la negación del perdón y la reconciliación, y con Franco, los militares y la Iglesia católica mostrando un compromiso firme y persistente con la venganza. Las leyes que siguieron a la de Responsabilidades Políticas, la de Represión de Masonería y el Comunismo de primero de marzo de 1940, la de Seguridad y del Estado de 29 de marzo de 1941 y la que cerró ese círculo de represión legal, la de Orden Público de 30 de junio de 1959, fueron concebidas para seguir castigando, para mantener en las cárceles a miles de presos, para torturarlos y humillarlos hasta la muerte.

Hacia 1950, todos los países del este de Europa estaban en el campo de las “democracias populares”, pero en la década anterior a la consolidación del dominio comunista la experiencia de cada uno de esos países, durante la Segunda Guerra Mundial y en la inmediata posguerra, había sido muy distinta. Los partidos comunistas, bajo el amparo del ejército rojo soviético, neutralizaron y reprimieron a todos los demás partidos antifascistas que habían formado coaliciones nada más derrotar a las potencias del Eje. El comunismo, como hicieron algunas democracias y el franquismo en España, reinventó la historia y durante años negó a la población cualquier posibilidad de un conocimiento crítico sobre ese pasado reciente.

En la posguerra, el “pacto de silencio” se convirtió en una estrategia de la política europea y fue ampliamente adoptada durante el período de guerra fría, cuando muchas cosas tenían que olvidarse para consolidar la nueva alianza militar frente al bloque comunista. El término fue utilizado en 1983 por Hermann Lübbe, en una descripción retrospectiva, para mostrar que mantener silencio fue una “estrategia pragmática necesaria” adoptada en la posguerra en Alemania, y apoyada por los aliados, para facilitar la reconstrucción y la integración de los antiguos nazis.

EichmannAdolf Eichmann durante su juicio, en un fotograma de Hannah.


Tras un período en el que la guerra y sus terrores parecían hundirse en el olvido, generaciones más jóvenes comenzaron a preguntarse en Alemania, Francia o Italia, desde mediados de los años sesenta, qué había pasado durante la guerra y la posguerra. “El cambio paradigmático del modelo del “olvido” a una reorientación hacia el “recuerdo” ocurrió con la vuelta de la memoria del Holocausto, tras un período de estado latente”. Desde las imágenes del juicio a Adolfo Eichmann en Jerusalén en 1961 al reconocimiento posterior en Alemania de su pasado como verdugos, el recuerdo, “recordar para nunca olvidar”, se convirtió en la única respuesta adecuada para esa experiencia tan destructiva y devastadora y se rechazó el modelo, que había estado vigente hasta ese momento, de sellar el pasado traumático y mirar al futuro.

Desde 1989, la apertura de archivos en Europa del este desafió también algunas de las construcciones de la memoria y al recuerdo del Holocausto se sumó el del sufrimiento bajo el comunismo. Cómo adaptar las memorias a la historia y la gestión pública del pasado se convirtieron en asuntos relevantes en la última década del siglo XX y en la primera del XXI, cuando se asistió en muchos países a una reorientación general desde el olvido al recuerdo.  Una reorientación que también se ha producido en España y en ello estamos, en medio de debates entre historiadores, manipulaciones políticas e indiferencia de una buena parte de la sociedad hacia las víctimas de la dictadura. Pero no somos tan diferentes, como demuestra esa historia y las tensiones que su recuerdo provoca en el presente.

¿Se puede vivir sin recibo de la luz?

21 marzo, 2014

Fuente: http://www.eldiario.es

El cortometraje ‘Pocas Luces’, dirigido por Mauricio Valencia, denuncia el sistema eléctrico existente en España, así como el déficit de tarifa, ideado por Rodrigo Rato cuando gobernaba José María Aznar y que asciende a 30.000 millones de euros

05/01/2014 – 13:24h