Suárez: el político que sabía correr

Fuente: http://www.theobjective.com

Pablo Iglesias, profesor de Ciencia Política en la Complutense. Es presentador de La Tuerka (PúblicoTV) y Fort Apache (HispanTV), bloguero en Público.es y comentarista político en varios programas de televisión.
@Pablo_Iglesias_

24.03.2014 – Nunca admiré a Suárez hasta que leí “Anatomía de un instante” de Javier Cercas. Mi falta de admiración no tenía tanto que ver con el hecho de que Suárez viniera del franquismo y fuera un político centrista, como por los límites de su formación intelectual. Según detractores y admiradores, Suárez no tuvo excesiva afición por el estudio y la lectura. Mi estupidez y mi esnobismo eran notables y propios de un idiota (en el sentido griego, el que no sabe de los asuntos públicos) al juzgar así al expresidente. La formación de un político tiene su relevancia, pero más importante que aquella es su sentido histórico de la realidad y Suárez lo tenía, a diferencia de otros más formados que él. La historia está llena de ejemplos; pondré uno doloroso para la izquierda. Pasionaria era mucho mejor política que Semprún aunque no escribiera como aquel “cabeza de chorlito” como le llamó. Sobre las escasas virtudes políticas de los intelectuales me abstendré de poner más ejemplos hoy, porque son cercanos y aún más dolorosos que el “affaire” de Dolores con Claudín y Semprún.

En algunas de las páginas de su ensayo, Cercas, describiendo a Suárez, me puso ante una de las mejores personificaciones de las virtudes políticas que Maquiavelo identificaba con Fernando de Aragón. Escribía el genio florentino en “El Príncipe” que la virtud de las acciones de Fernando era la de tener sorprendidos, admirados y ocupados a sus súbditos y a sus adversarios. Entre una y otra acción, el rey católico no daba tiempo a sus enemigos para poder urdir algo tranquilamente contra él. A eso en política se le llama saber correr y Suárez era un maestro en eso, como bien señala Cercas. En los meses de su primer gobierno, cada decisión audaz que tomaba venía seguida de otra aún más audaz de modo que cuando sus adversarios (fueran el búnker o la izquierda) se sentaban a planificar la respuesta, Suárez ya les llevaba dos cuerpos de ventaja con nuevas decisiones que redefinían el escenario. Aunque quizá no leyera a Danton, Suárez sabía lo que era la audacia como virtud táctica.

Desaparece hoy un político de los pocos que encarnó la “virtú” política para ser uno de los conductores de la transición que dio origen al régimen político español actual. Y desaparece al tiempo que ese régimen que contribuyó a construir, está viviendo su peor crisis de legitimidad.

Son estos tiempos de audacia, aptos para estudiar las habilidades de los políticos que, como Suárez, sabían correr. Descanse en paz.

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