Cultiva salud, cultiva ecológico

Fuente: http://www.elmundo.es

20 JUL 2014 00:13 h

Mariano Bueno en L'Hort de les Flors de Benicarló. C. F.

Mariano Bueno en L´Hort de les Flors de Benicarló. C.F.

A Mariano Bueno no hace falta que le vengan con nuevos y definitivos estudios sobre los beneficios de los productos ecológicos (como el que acaba de firmar el profesor Carlo Leifert de la Universidad de Newcastle). Tampoco le pillarán por sorpresa cuando se publiquen artículos de réplica, en defensa de la agricultura convencional y a favor del uso de los plaguicidas y los abonos químicos en el nombre de la “seguridad alimentaria”.

“No creo que vaya a ser fácil, ni que podamos cantar aún victoria”, advierte el pionero y divulgador de la agricultura ecológica. “Por cada nuevo estudio a favor, siempre habrá una campaña de contrainformación. Pero el futuro va en la dirección de una mayor conciencia social y de una valorización imparable de las opciones más sanas y ecológicas”.

A Mariano Bueno le reclaman de todos los puntos de nuestra geografía, que recorre ahora con nuevo libro bajo el brazo (“Cultiva tus remedios”), más la espléndida reedición del clásico “El huerto familiar ecológico”, 50.000 ejemplares vendidos a lo largo de 15 años. Mariano reparte sabiduría, salud y energía a partes iguales, en una maratón sin meta posible de costa a costa.

Pero sus raíces están en Benicarló, el pueblo castellonense donde nació hace 56 años y donde creció con sus padres agricultores. Allí está también ese “espacio de ecodesarrollo personal y social” que bautizó como La Senieta y que lleva creciendo desde hace tres décadas (el 26 y 27 de julio tiene previsto por cierto su próximo taller teórico-práctico de huerto ecológico).

“En el año 81, mi padre transformó esta finca de secano a regadío, y en el 82 me la ofreció cuando vine de Francia, por si quería experimentar con la agricultura biológica”, recuerda Mariano. “Acepté el reto y desde entonces éste ha sido mi banco de pruebas para demostrar que se pueden cultivar productos sanos y ecológicos, sin recurrir a productos químicos que dañen las plantas y la salud de los consumidores”.

Antes de adentrarse en Francia y Suiza en el terreno de la Agricultura Ecológica y de la Geobiología (su segunda gran vocación, aunque tiene muchas otras), Mariano Bueno pasó como era de rigor por los cursos de Extensión Agraria. Fue a los quince años cuando encajó la indigestión de los fitosaniarios, los insecticidas y las “unidades de fertilizantes y abonos”.

No tardó en darse cuenta de que lo que le vendían como “revolución agraria” era en realidad “un adoctrinamiento” para abandonar los métodos tadicionales y caer en la espiral de los monocultivos y la producción intensiva a base de sustancias sintéticas que nos vendían las industrias agroquímicas. Algo le decía instintivamente que ése no era el camino, pero tuvo que salir fuera para otear el horizonte y vivir de cerca el “despertar ecológico” de finales de los años setenta.

En Centroeuropa aprendió también algo sobre las causas: “El movimiento de la comida sana se produjo como reacción a la alta contaminación de productos químicos y sustancias tóxicas. En países como Alemania, la industrialización de las prácticas agrícolas empezó muy pronto en el siglo XX y tuvo graves secuelas. La gente estaba enfermando, por eso hubo esa respuesta y esa busca de alternativas”.

“Los cambios suelen producirse por necesidad o por sufrimento”, asegura Mariano Bueno. “Y en esa tesitura estamos ahora los países opulentos, pensando en cómo gestionar mejor los recursos que tenemos en mitad de esta crisis y las que vendrán. A los países que están obligados a vivir en precario no les va ni mejor ni peor, simplemente les va igual que de constumbre. Ellos se adaptaron hace tiempo; ahora nos toca adaptarnos a nosotros”.

Esa “adaptación” pasa necesariamente por un cambio de dieta. Cuando escucha el socorrido argumento de que la agricultura ecológia no podría alimentar a 7.000 millones de bocas, Mariano Bueno responde que sí sería posible, con un simple cambio de hábitos alimenticios: “Se consume mucha carne a nivel mundial, que además se produce de manera intensiva. Reduciento el consumo de carne, y destinando al consumo humano los millones de toneladas de cereales y legumbres que hoy sirven para alimentar al ganado, triplicaríamos la disponibilidad de nutrientes disponibles. Se ha comprobado además que la agricultura ecológica podría sacar un rendimiento a la tierra similar al de la agricultura convencional?.

Los prejuicios contra la agricultura ecológica los ha vivido Mariano en su propia tierra. Hace un año abrió en Benicarló el proyecto de huerto-jardín participativo “L´Hort de les Flors”. El hijo pródigo de la agricultura ecológica puso su grano de arena en el diseño de la finca de 2.000 metros cuadrados cedida por el Colegio La Salle.

“La gente era escéptica al principio y nos decía: con lo ecológico se lo van a comer todo los bichos”, recuerda Mariano, que enseñó a sus paisanos a cultivar con un principio muy básico: “No pongáis en las plantas nada que no pondríais en la ensalada. Con ajos y guindillas podréis controlar pulgones, con yogur tendréis a raya a la mayoría de los hongos, con un preparado de ortigas podréis contener también la plagas”…

Dicho y hecho. En apenas un año, los bancales del huerto de las flores están rebosantes de tomateras, lechugas y coles… “Y tan bueno como lo que crece es la sinergia que ha creado alrededor: aquí vienen a cultivar no sólo los mayores, sino también los niños de la escuelas y los cultivar no sólo los mayores, sino también los niños de la escuelas y las personas con discapacidades físicas y mentales. De aquí se nutre en parte el comedor social. Esto se está convirtiendo en el gran punto de encuentro del pueblo, y el paso siguiente será aprovechar otros solares, y seguir creando huertos ecológicos”.

Nos hace una demostración Mariano de cómo remover la tierra en un bancal con la ayuda de una horca horquillo de doble mango, el mejor amigo del hortelano ecológico: “Nosotros lo llamamos el biomotocultor, porque funciona a base de “biocombustible”: garbanzos, lentejas, arroz… En fin, lo que comamos para ir haciendo músculo. La verdad es que es un gran invento. Si lo hubiera usado yo hace tiempo, a lo mejor me habría ahorrado las dos hernias”.

No vamos a engañarnos: el huerto exige sudor y esfuerzo, aunque es doblemente nutritivo y cumple funciones terapéuticas… “En este mundo urbano y tecnificado en el que nos movemos es muy saludable cultivar aunque sea en pequeños espacios, hasta una terraza o un balcón, y tener en casa si es posible nuestro propio botiquín natural de primeros auxilios”.

Eso es lo que propone Mariano Bueno en su último libro, “Cultiva tus remedios” (RBA), en el que nos invita a iniciarnos en una simple jardinera con una selección de plantas consideradas como remedios universales: albahaca, tomillo, salvia, mejorana, manzanilla, menta y estevia. Las “siete mágníficas” pueden compartir espacio y crecer con un sustrato que mezcle fibra de coco y humus de lombriz. Aunque el “hospital” casero necesitaría una maceta aparte para la octava maravilla: el aloe (cicactrizante, calmante, bactericida, antiinflamatorio, regenerador celular).

Podríamos pasarnos días enteros escuchando el saber enciclopédico de Mariano Bueno, o conversando con él sobre cualquiera de sus otros quince libros: de “Vivir en casa sana” a “Vida sana contada con sencillez”, pasando por “Fluir con la vida” o “La muerte: nacimiento a una nueva vida”.

Podríamos hablar también de los estudios que demuestran, desde hace tiempo, que los alimentos ecológicos tienen efectivamente”una mayor propoción de nutrientes esenciales, de antioxidantes y de polifenoles, además de sustancias antimutágenas como el licopeno de los tomates, el resveratrol de la uva negra o el sulforafano de los brócolis”.

Pero al final terminamos hablando de por qué todos los seres vivos somos “energívoros” por naturaleza, y cómo las plantas nos llevan ventaja y se alimentan directamente de la luz solar gracias a la fotosíntesis y a su increíble proceso adaptativo (“que es también la la razón por la que producen clorofila y son verdes, para reflejar el sol en su momento álgido, o si no se quemarían”).

Ahí acabó repentinamente nuestra conversación, en el andén de la estación de Benicarló, interrumpida por el último tren a Valencia (veníamos de Barcelona). Fue una despedida trepidante pero prometedora, endulzada con la mermelada de fresas que nos trajimos de La Senieta y la certeza de volver a cruzar nuestros caminos. Hasta pronto.

@cfresneda1

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