Cospedal consuma un Golpe de Estado institucional en Castilla-La Mancha

Fuente: http://www.ceronegativo.net

23 de julio de 2014.

En España los sistemas electorales injustos, diseñados «ad hoc» para favorecer determinadas opciones y perjudica otras, no son por desgracia nada infrecuentes. De hecho son lo normal, aunque debería escocer usar el término «normal» para algo, el pucherazo, que no debería poder considerarse normal nunca en un régimen que presume de democrático.

El hecho de que el sistema electoral español para las elecciones generales (o los 52 sistemas electorales, que también se puede ver así) son una lacra que incentiva gobiernos de derecha con una mayoría de escaños que no se corresponde con los la de votos que recoge es un mal que, a fuerza de décadas de denuncia por las fuerzas políticas democráticas, es bastante conocido. Es cierto que se suele cargar contra el pobre señor D’Hont, cuando el principal problema es la distribución de escaños por provincias sin compensación de restos ni nada, pero el caso es que el hecho de que es profundamente antidemocrático es un hecho ampliamente conocido y admitido.

Admitido, pero no resuelto: claro. A pesar de que incluso por los sectores más progresistas del bipartidismo se llegó a prometer algún tipo de reforma democrática de la ley electoral en la época no-tan-mala de Zapatero, lo cierto es que el escorpión no puede evitar ir en contra de su naturaleza y el PSOE prefirió que el PP sacara una mayoría absoluta inmerecida el 20-N a reformar la ley. Todo por no alterar sus posibilidades futuras (presuntas) de aprovecharse ellos del pucherazo y auparse a la Moncloa a lomos del turno neocanovista. El bipartidismo manda.

Siendo todo esto cierto a nivel nacional, no es menos cierto que, a nivel autonómico las cosas están igual de mal o peor, pero para más INRI son menos conocidas. Castilla-La Mancha era una de las comunidades autónomas modelo en el refinamiento del pucherazo. En la etapa final del PSOE, a la vista de que no podrían ganar unas elecciones autonómicas a medio plazo con el desgaste que tenían, se procedió a reformar la ley electoral autonómica para primar las provincias donde crearían el voto más fiel y tratar de hundir un poco más a lo que no fuera bipartidismo (léase IU por aquel entonces).

La cosa no salió bien para el PSOE, aunque sí para el bipartidismo, que colocó a María Dolores de Cospedal como presidenta con mayoría absoluta absolutísima y, como luego se vio, con vocación absolutista.
Pero el tiempo pasa, el régimen del 79 hace aguas por todas partes y ya ni con esta ley puede el PP mantenerse en el poder. Ya vimos en el pasado como Cospedal trató de impedir la labor de la oposición retirando el sueldo a los diputados que no fueran del PP, pero ahora el objetivo es que no haya más diputados que los del PP.

La reforma recién aprobada (y denunciada por los compañeros de IU-CLM con el lema «reservado el derecho de admisión») está hecha con los resultado electorales de las elecciones europeas en la mano para poder volver a sacar mayoría absoluta de escaños con el 35% del voto que (aún) conserva el PP, consiste en lo siguiente (y recordemos que hablamos de España, Europa, no de una república bananera centroamericana):
Los escaños a repartir pasan de 53 cuando Cospedal llegó al poder a 33. La cuenta es fácil: a menos escaños (divididos por 5 provincias) más concentración en el bipartidismo y particularmente en el partido que quede primero.

El cambio es tan extremo que ha necesitado modificar el Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha y pasar ese cambio por el Congreso de los Diputados, y ahí se ha inaugurado una nueva época: la de los cambios estatutarios en solitario, legitimados sólo por los votos del PP sin conseguir el apoyo ni siquiera del PSOE.
¿Les parece suficiente? Pues aún hay más: Por si las encuestas se ponen aún peor el PP se guarda otro as en la manga. Y es que resulta que hasta tres meses antes de las elecciones no se sabrá exactamente cuántos escaños elige cada provincia. Así el PP puede aún retorcer más la voluntad popular eligiendo que provincias tienen número par o impar de diputados.

¿El truco? Que podrá dejar con un número impar en las que tengan la certeza de que ganarán. Como el número de escaños es muy tan bajo con total seguridad hará falta una ventaja salvaje, de más de un 20% de los votos, para conseguir romper el empate en diputados en una provincia «par».

Como digo este sistema está diseñado para que el PP pueda conseguir mayoría absoluta con un 35% de los votos incluyo aunque hubiera otra fuerza más votada; y como segunda derivada a favorecer más el «voto útil» a las dos patas del bipartidismo ahora que vive su mayor crisis desde la segunda restauración.

Sólo espero que lo chusco y descarado de la maniobra se los pueda volver en contra y lleguen a surgir algún «polo democrático», o como quiera denominarse, que concentre eso, el voto democrático y pueda llegar a volver sus chanchullos en su contra.

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