Los frikis del Partido Popular

Fuente: http://www.eldiario.es

Iker Armentia, 28/05/2014 – 19:55h

Asegura el gurú sociológico del PP, Pedro Arriola, que los de Podemos son unos frikis, y se entiende que por extensión puede llegar a ser friki todo el que le quite el sueño al Partido Popular. ¿Y en el PP? ¿En el Partido Popular hay frikis?

Jorge Fernández Díaz. Mientras el común de los mortales aprovecha su visita a Estados Unidos para zamparse una hamburguesa o disfrutar de un partido de la NBA, el ministro del Interior marchó a Las Vegas y en vez de liarla parda como obliga esa ciudad de perdición, Fernández Díaz optó por algo más comedido y descubrió a Dios. A partir de ahí toda una sucesión de acontecimientos espirituales ha desembocado en que el ministro medite habitualmente en el Valle de los Caídos (que, por cierto, para meditar en el Valle de los Caídos no hacía falta descubrir a Dios en un casino, con seguir por Twitter a Pío Moa es suficiente). Entre sus grandes logros está la condecoración policial que concedió a la Virgen, en concreto, a Nuestra Señora María Santísima del Amor. Lo más friki de todo es que ahora el Estado tendrá que defender la condecoración ante los tribunales y… ¿a dónde le van a mandar la citación judicial a la Virgen? El cielo existe pero para llegar allí, primero hay que palmarla, y no veo disposición entre el cuerpo de funcionarios para cumplir ese cometido. Muy friki.

Mariano Rajoy. El político al que menos le interesa la política en España ha llegado a presidente del Gobierno. Como si Vicente del Bosque aborreciera el fútbol. O al dueño de una eléctrica no le apeteciera subir el precio de la luz. En múltiples ocasiones ha sido visto con el Marca bajo el brazo, lo que no es ningún problema en sí mismo salvo que sea visto siempre exclusivamente con el Marca bajo el brazo. Ni siquiera con un libro de Dan Brown como Elena Valenciano. Viniendo de un presidente del Gobierno no me digan que no es un poco friki.

José Manuel Soria. Friki total. Cuando Aznar se deja bigote, el ministro de Industria lleva bigote. Cuando Aznar se lo quita, él también. Cuando está de moda el bigote no-bigote, ahí está Soria con esa especie de sombra extraña bajo la nariz. El aznarismo llevado a la dictadura estética. Eso no es amor, eso es obsesión. Yo si fuera Aznar no lo invitaba a cenar a casa.

Esteban González Pons. Esta semana sostuvo con vehemencia que en las elecciones europeas el bipartidismo no sufrió un correctivo, convirtiéndose así en el primer líder político de la historia en el Partido Popular que contradice una portada de La Razón. De este sesudo análisis de González Pons se extrae otra conclusión: el vicesecretario general de Estudios del PP no sabe hacer sumas y restas. O se hace trampas en el solitario para que cuadren con su realidad alternativa. Ahora se entiende que Rajoy lo dejara en el banquillo cuando formó el Gobierno. Perdón, lo friki es lo contrario, que sabiendo que es un hacha de la demagogia no lo hubiera incluido en su Gobierno.

Carlos Iturgaiz. Bruselas ha perdido un eurodiputado, España ha ganado un profesor de acordeón. Iturgaiz escaló al mainstream mediático gracias a su enfrentamiento en Bruselas con Ada Colau, pero mientras la mayoría de los intentos de criminalización de los movimientos sociales han generado más o menos temor, el puñetazo verbal de Iturgaiz a Colau lo único que provocó fueron risas. Iturgaiz es tan friki como para ser del PP y ni siquiera saber cómo acojonar un poco a los perroflautas.

Ana Botella. Marcharse de spa a Portugal en medio de una tragedia como la del Madrid Arena no es friki. Es otra cosa. Ustedes ya me entienden. Sin embargo, Botella se adentra en el terreno del frikismo cuando rompe una de las reglas de oro del insípido marianismo: para no fallar, mejor no hacer. Desde el ‘relaxing cup of coffee’ hasta la reescritura de la historia de la Humanidad introduciendo la reforma laboral, Botella no para de hacer (y de hablar) para acabar fallando casi siempre, quebrando así otra norma básica de la vida en general y de la actividad política en particular: de los errores, se aprende. Botella de los errores aprende a errar más.

Y la lista es larga: Esperanza Aguirre a la fuga en Madrid cuando todo el mundo sabe que los españoles de bien prefieren Suiza para saltarse la ley; Carlos Floriano, trapecista verbal sin red; las visiones de “más alegría en las calles” de Soraya Sáenz de Santamaría; Gallardón, el hombre que defiende a las mujeres atacándolas; Wert, tan friki que ya no parece ministro; Cristóbal Montoro, que cuando habla no se sabe si alaba o amenaza…

Aunque, reconozcámoslo, ellos no son frikis. Los frikis somos nosotros que tenemos que aguantarlos. Y, además, los frikis no sonríen con tanto entusiasmo cuando están mandando a miles de personas a la pobreza y la desesperanza. Eso, simplemente, es sadismo.

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