Disuélvanse y entreguen las armas

Fuente: http://www.eldiario.es

Si la gente piensa que los políticos son todos unos corruptos, no es culpa de la gente, es culpa de los políticos. Es cierto que no son todos corruptos pero, cuando hay tanta corrupción a su alrededor, los inocentes no lo son tanto.

También son responsables quienes bajan la cabeza resignados cuando las cúpulas no asumen la responsabilidad de la Gürtel, Bárcenas, la caja B o los ERE falsos. No pagan justos por pecadores. Pagan sumisos por pecadores.

En este país no te acostarás sin conocer un caso de corrupción más. No salimos de uno y ya estamos en otro. Cuando aún no nos habíamos recuperado de las tarjetas negras y la imputación del exministro Acebes, la policía detiene a 51 personas, casi todos políticos del PP o el PSOE, por el cobro de comisiones ilegales por la concesión de contratos públicos. Entre ellos, Francisco Granados, ex mano derecha de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid. Al bipartidismo no les cabe más corrupción dentro y por eso le sale toda fuera. A borbotones. Dicen que no se puede generalizar pero la corrupción está generalizada en los dos grandes partidos.

Si será grave el asunto que hasta Rajoy se ha dignado enviar un mensaje al pueblo llano. ¡Y sin plasma! Tampoco es que haya comparecido, no nos volvamos locos. Ha aprovechado una pregunta en el Senado para pedir perdón a todos los españoles por haber dado puestos de confianza a quien la ha traicionado. Pero ha vuelto a exculpar a los partidos políticos. Discrepo radicalmente y creo que ahí radica el problema. Los partidos políticos son responsables de sus casos de corrupción, no sólo por permitir que se les metan los ladrones en casa, sino por tolerarlos durante años. Si fueran casos aislados, podría excusarse pero, cuando son tantos, es evidente que ha habido tolerancia, complicidad o, lo que es peor, participación en los hechos. No cabe otra. Basta con ver la falta de contundencia con la que han actuado cuando los casos salían a la luz como para imaginar la tibieza con la que permitían la corrupción cuando estaba en la sombra.

Un ejemplo claro de esta tolerancia es Esperanza Aguirre. Ahora dice que “está alucinando en colores” con la operación Púnica. Más nos alucina a nosotros que siga siendo la presidenta del PP de Madrid la señora que ganó las elecciones gracias a un amaño, dio contratos a la Gürtel, escribía correos a Blesa para pedirle favores, tuvo de segundo al evasor Francisco Granados y ahora tiene a un porrón de ediles en el calabozo por chorizos. Alucinamos en colores porque después de esto aún tiene la desfachatez de decir que asumirá su responsabilidad. ¿Cuál, dimitir? Hará como ha hecho siempre: pisar el acelerador y salir pitando del lugar de los hechos. Estaba rodeada de delincuentes y era la única en no enterarse. Como tonta no es, sólo queda pensar que se lo hace.

Así que sus lloriqueos y los de Rajoy y los de Tomás Gómez no nos ablandan. Si la gente piensa que los políticos son todos unos corruptos, no es culpa de la gente, es culpa de los políticos. Es cierto que no son todos corruptos pero, cuando hay tanta corrupción a su alrededor, los inocentes no lo son tanto. También tienen una responsabilidad por no haberlo atajado, por callar, por mirar hacia otra parte. También son responsables quienes bajan la cabeza resignados cuando las cúpulas no asumen la responsabilidad de la Gürtel, Bárcenas, la caja B, la financiación ilegal o los ERE falsos. No pagan justos por pecadores. Pagan sumisos por pecadores. Tienen tanta responsabilidad como los votantes que una y otra vez eligen a corruptos o a quienes les amparan.

Aunque ahora expulsan a toda prisa a algunos de los corruptos a los que ha pillado la justicia o la policía, ya es demasiado tarde. Ya nadie les cree. ¿Quién se va a creer el pacto anticorrupción que están negociando los dos partidos más corruptos? Han tardando tanto en retirar el cadáver que podemos ver a los gusanos comiéndole las tripas. El final del régimen está durando tanto que el cadáver en descomposición expele un hedor insoportable. Por eso es urgente enterrar ya a estos enterradores. Hablan de la ingobernabilidad del país si cae el bipartidismo, pero es el bipartidismo el que está haciendo este país ingobernable. La confianza que ganaron en las urnas la han tirado por el retrete en el que flotan sus siglas.

En una democracia medianamente seria, el Gobierno tendría que convocar unas elecciones anticipadas para renovar sus votos después de todo lo que ha pasado. Como tendría que haberlo hecho el PSOE en Andalucía nada más conocerse la trama de los ERE fraudulentos. En una democracia verdadera, tendrían que disolverse y entregar las armas.

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