Pasaje en patera a la muerte

Fuente: http://www.elpais.com

EL PAÍS localiza a uno de los siete desaparecidos en el choque de una patrullera de la Guardia Civil con un bote de inmigrantes.

Los dos menores que sobrevivieron al naufragio no quieren mostrar sus rostros. / MARIO CARREÑO

La bandera de España cuelga lánguida, como avergonzada, en la Delegación Insular del Gobierno en Arrecife (Lanzarote). En esta ciudad, algunos lugareños se echan al mar al alba, con sus aparejos y sus remos. Buscan pescado y placer. A pocos kilómetros, en Sidi Ifni (Marruecos), el paisaje cambia en el color de la bandera. Y en la edad de los que se echan al mar para ganarse la vida. A veces pescando, otras emigrando.

El trecho de agua que separa Marruecos de Lanzarote a ojos de los jóvenes varones de Sidi Ifni se representa como un túnel del tiempo. La máquina que los traslada es la patera. Eso sí, la patera puede servir como tumba o como catapulta. Y todos lo saben. Y se arriesgan. “Cuando no hay pan, no hay futuro”, dice Ossama K., superviviente del impacto entre una patera ocupada por 25 inmigrantes, que chocó con una patrullera de la Guardia Civil la noche del pasado 13 de diciembre, cerca de Teguise. Hoy hace un mes.

Ossama tiene 16 años. Sus ojos siguen asustados. A él nadie le ha preguntado nada desde que llegó. A su lado, callado, Boujamâa M., su amigo y compañero de viaje. Son de la misma edad.

—¿Por qué un niño de 16 años sube a una patera para venir a Canarias?

—Busco un futuro, responde Ossama.

—¿Qué pasó esa noche?

—Vimos la patrullera pasar. Nos quedamos quietos y callados. Apagamos el motor. Después, la Guardia Civil encendió la luz. Y nos iluminó. Se acercó mucho y nos dio un golpe.

—¿Cayeron todos al agua?

—Sí, todos.

—¿Cuánto tiempo estuvieron en el agua?

—15 minutos más o menos.

—¿Quién te rescató?

— Me tiraron una cuerda. Sé nadar… y aguanté.

—¿No lanzaron salvavidas?

—No, yo no los vi.

Al lado de Ossama viajaba Boujamâa y tras él Alí F. Al caer al agua, vio cómo Alí intentaba aguantar con uno de los hoy desaparecidos que parecía no moverse. Le miró. Alí le dijo que siguiese, que llegase a la cuerda y subiese. Probablemente fueran sus últimas palabras. Su cadáver lo vomitó el mar pocas horas después.

El cuerpo de Alí lleva un mes en Lanzarote. Youseff, residente en esta isla, es su hermano. Tras una semana “esperando una prueba de ADN que tenía que ir a Madrid”, pudo entrar a la morgue y comprobar que era su hermano menor. “Alí tiene golpes en todos lados: en la cara, el cuello…”, dice mientras se señala con dos dedos varias zonas del cuerpo. Enciende otro cigarrillo: “¿Y qué hago yo?¿Qué puedo hacer?” “¿Qué le digo a mi madre que nono para de llorar?” A Alí le gustaba el fútbol y el Real Madrid. Y más particularmente, Roberto Carlos, su ídolo.

Youssef es partidario de repatriar el cadáver cuanto antes. Es lo que le pide su madre, que quiere que descanse junto al padre. Pero un mes después, no conoce la autopsia ni qué le causó la muerte. Ni tampoco el origen de tantos golpes.

En la patera viajaban 25 personas. Sobrevivieron 17. Apareció un cadáver. La Guardia Civil da por desaparecidos a los siete restantes. Pues bien, los desaparecidos son solo seis. Porque uno de ellos logró llegar a tierra a nado.Tardó más de una hora en llegar con su pasaporte a salvo. Localizado por EL PAÍS, Prefiere ocultar su identidad y pide que no se haga público dónde está. Pide que se le llame Brahim.

“Cuando la Guardia Civil encendió la luz, pensé dos cosas: o me tiro al agua o acabo encerrado y me devuelven a Marruecos”, asegura Brahim. Saltó al agua y nadó. Nadó a oscuras, a más de una milla de tierra, sin saber a dónde. Hasta que tocó la piel de Lanzarote. “Tardé más de una hora en llegar. Caminé y por la mañana llamé a un amigo”, añade Brahim, que ya había estado antes en Lanzarote. Allí trabajó un tiempo la primera vez que emigró. “Estábamos todos asustados. Cuando estaba nadando había mucho ruido. Yo solo nadaba”. En su periplo migratorio anterior también estuvo en Madrid, Barcelona y Amsterdam, hasta que fue devuelto a Marruecos.

Cerca de Amsterdam, en Kortrijk (Bélgica), vive Khalid Saliki, de 28 años. Su hermano Nouredine está desaparecido desde el 13 de diciembre. Lleva nueve días en Arrecife llamando a tocas las puertas y preguntando que pasó. Busca un abogado que pueda aclarar el asunto de su único hermano. En Kortrijk ha dejado a su mujer y su trabajo en una fábrica de patatas fritas. No se marchará hasta saber lo ocurrido.

Nouredine Saliki también había estado antes en España, en Lanzarote, trabajando de cocinero. Uno de sus empleadores recuerda que “Nouredine era un chico fantástico. Sólo sabía trabajar y trabajar”. Viajó a Madrid, donde la vida no le sonrió y acabo deportado a Marruecos y volviendo a Sidi Ifni. Con 34 años había decidido que tenía que volverlo a intentar. Y lo intentó por última vez el 13 de diciembre pasado.

En Sidi Ifni hay cierta indignación. Esta semana un programa de una televisión local dedicaba una hora a mostrar a las familias de los desaparecidos, sus reclamaciones y su desesperación. El gobierno local no presta demasiada atención al asunto.

Quince de los sobrevivientes están en un Centro de Internamiento de Extranjeros con orden de expulsión de España. Los dos menores, en otro centro junto a otros niños que llegaron en patera “en busca de un futuro” que no encontraron.

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