Micropolítica

Fuente: http://www.ctxt.es


PEDRIPOL
30 DE DICIEMBRE DE 2015
Mi madre es una persona tranquila y muy capaz de soportar la conversación de cualquiera, por dura que sea. Pero mi madre también es sensible y el otro día, tras una comida familiar opípara también en la opinión y una conversación telefónica con un amigo de los que siempre lleva razón, no pudo más. “Joder —no es muy de decir tacos mi madre, pero así están las cosas—, es que estoy harta de que me digan que hay peligro de que España se rompa, que hay pactos que no son buenos para la estabilidad de España, que España necesita políticos con sentido de Estado… Y los españoles, ¿por qué no me hablan de lo que necesitan los españoles?”.
Y la verdad es que lo clavó. Como decía Hegel de la decadencia del régimen alemán de mitad del XIX, el nuestro “no hace más que imaginarse que cree en sí mismo y exige del mundo la misma fantasía”. Por eso, es comprensible que los directores de periódicos, radios y televisiones, los ansones, azúas y bustos, los grandes empresarios y los políticos profesionales jueguen a ser estadistas. Porque lo que se está rompiendo aquí y ahora no es España sino su fantasía, la burbuja de un régimen viejuno que envuelve el bipartidismo pero también a los medios tradicionales y a los modelos económicos de siempre.
Hace al menos cuatro años que esa burbuja distópica está agrietándose. Con el 15M empezó a hacerse grande un cuestionamiento que ha ido creciendo y que hoy no cabe en un sistema tan estrecho, sobre todo en términos de empatía. Lo que está pasando en España (y en muchos otros sitios, pero aquí excepcionalmente más rápido) es que la gente ha decidido dejar de creer en los dogmas de la macropolítica y ha empezado a actuar en función de necesidades micropolíticas, de sus necesidades.
Y ahora cito a Deleuze y me gano otra negrita de columnista de luxe. Él ya habló de este término para referirse a la oposición a las instituciones y al Estado. Pero, el antisistema, ¿se hace o lo hacen? Porque del mismo modo que los resultados de la macroeconomía se usan para que nos olvidemos de lo jodidos que estamos en lo microeconómico, las técnicas de hipnosis macropolíticas salen a la mínima que hay un cuestionamiento de lo que de verdad importa. Y sirven para trazar la línea entre el estás con nosotros o eres un perroflauta radical.
El peligro militar, la Transición ejemplar, ETA, la OTAN, los recortes necesarios, Europa, la unidad de España… Son algunos de los mantras que nos han ido repitiendo para que tengamos miedo a darnos cuenta de que lo que vale es lo que nos pasa cada día. Y ya no cuelan. Ahora, cada vez que alguien invoca la razón de Estado desde un púlpito mediático, mil ciudadanos y un gatito se lanzan a votar a un partido de los que llaman antisistema, a montar una plataforma de apoyo mutuo o a armar una estrategia de contracomunicación ciudadana.
La micropolítica, la política de los cuidados, como le gusta decir a Manuela Carmena, es la que se preocupa del cómo estamos y del cómo queremos estar, la que no entiende la situación del todo sin comprender la de sus partes. Es, por tanto, la política que importa, la del bien común. Lo demás es secundario. España estará bien cuando los españoles lo estemos y se romperá, o no, en función de lo que nos parezca a los que vivimos aquí, no de lo que diga Susana Díaz. España no puede ser más importante que los españoles. Es tan obvio que da hasta vergüenza escribirlo.
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