De cada gramo de cocaína que se vende, 7,5 euros van a la narcoyihad

Fuente: http://www.elmundo.es

NARCOTRÁFICO Casi toda esta sustancia pasa por la conocida como ‘Autopista 10’

  • La ruta de la droga por el Sahel deja 15% de comisión a contrabandistas de Al Qaeda

  • Llega por la costa de Guinea Bissau o hasta el desierto en avión antes de saltar el estrecho

La ruta de la droga Vídeo: Giulio M. Piantadosi

ALBERTO ROJAS
PABLO HERRAIZ Madrid Actualizado: 01/12/2014 19:25 horas

 

Ramón va a celebrar, en compañía de dos amigos, una despedida de soltero en Madrid y ha comprado por 50 euros un gramo de cocaína a un camello de la capital. Este gramo, si se pagara al productor en Colombia, costaría 50 céntimos. O tres euros en las calles de Bogotá, Caracas o Ciudad Juárez. Pero aquí se multiplicará por 100 porque por el camino habrá que pagar viajes transatlánticos, militares sin escrúpulos, agentes de aduanas, a los clanes encargados del menudeo en España y, sobre todo, a los narcoyihadistas del Sahel, el eslabón esencial de esta nueva y rentable ruta de la cocaína.

Ramón y sus amigos ignoran que al menos un 15% de esos 50 euros que han pagado (aproximadamente unos 7,5 euros) van a los bolsillos de las redes criminales que expanden su yihad por todo el norte de África. Según revela un informe de Naciones Unidas, el paso del Sahel deja una jugosa comisión a estos grupos de narcoyihadistas, lo que encarece el kilo de cocaína de los 12.000 euros (cuando llega a África del Oeste) hasta los 20.000 euros (en la costa de Marruecos, Argelia o Libia, preparada para cruzar el Mediterráneo). Cuando el paquete alcance Madrid, varias veces cortado con harina, yeso, paracetamol y otras sustancias, tendrá un precio final cercano a los 50.000 euros.

La Autopista 10

La acción policial ha cambiado los hábitos de los cárteles y les ha obligado a probar otras rutas hacia Europa. Descartada Galicia como puerto de entrada, hoy casi toda la cocaína pasa por la conocida como Autopista 10, que no es otra cosa que una línea en el mapa: el paralelo 10, que va desde Colombia hasta las costas de África Occidental. Países fallidos como Sierra Leona, Mauritania o Liberia son los preferidos de los señores de la droga colombianos y mexicanos, ya que sus autoridades son fácilmente corrompibles. Fuentes policiales españolas ya hablan de la ruta del Sahel como la «principal puerta de entrada de cocaína en España».

Pero entre todos los países destaca Guinea-Bissau, un auténtico narcoestado que sirve, según Naciones Unidas, como almacén y lanzadera de la droga gracias a su caprichosa geografía: con más de 100 islas y 21 de ellas con aeródromos, es el lugar ideal para el desembarco impune de grandes envíos de droga, ya sea por mar o por aire. En una de esas islas fue visto recientemente el legendario Moktar Belmoktar, alias El Tuerto o Míster Marlboro, dado por muerto varias veces en su vida, el gran contrabandista y narcoyihadista del Sahel.

La agencia antidroga estadounidense (DEA) tiene constancia de varias reuniones desde 2010 entre los miembros de Al Qaeda en el Magreb Islámico y enviados de las FARC colombianas en distintos lugares del norte de África para pactar precios y comisiones. Una de ellas, según asegura el informe de la agente Daria Lupacchino, tuvo lugar en Melilla.

‘Air Cocaine’ en el Sahel

Los miembros de estos grupos criminales se han envuelto en la bandera negra de Al Qaeda para justificar sus actividades, censuradas por el Corán, como parte necesaria de la guerra santa, pero, como sostiene Beatriz Mesa, autora de La falsa yihad, «el salafismo no es más que un barniz religioso para conseguir el apoyo de los imanes radicales de la zona y ganarse el respeto de las tribus locales, con cuyas hijas han ido casando a sus líderes». Para Jesús Díez Alcalde, del Instituto de Estudios Estratégicos, «Al Qaeda en el Magreb Islámico, Ansar Dine o Mujao son más peligrosos por sus actividades criminales, incluyendo el lucrativo secuestro de occidentales, que por su supuesto yihadismo».

África del Oeste es el área ideal para poner en práctica, en estos tiempos de gran competencia, una táctica rentable desde el punto de vista empresarial: permite dividir los envíos de droga en muchos puntos. África funciona como almacén de la droga para optimizar los envíos.

Con esa atomización se minimiza el riesgo de perder la carga entera de una sola vez. Los narcos han aprendido de sus propios errores: en los 90, un cártel colombiano compró un avión Antonov, el gigante ruso de los cielos, para trasladar un envío de muchas toneladas de cocaína, pero el aparato se estrelló y el cártel acabó quebrando, igual que una empresa endeudada. Por otro lado, la droga que se envía en el estómago de los muleros en los llamados vuelos calientes, como el que antaño se llamaba “BBC” entre la Policía (Bogotá-Barajas-Carabanchel), es testimonial comparada con el de los viajes transatlánticos.

Los narcoyihadistas, que controlan un gran triángulo de tierra de nadie entre el norte de Mali y Níger, el sur de Libia y Argelia y el este de Mauritania, llevan la droga por carretera hasta esos puntos desde las islas de Guinea Bissau, Senegal o Mauritania o usan directamente pistas de arena en el desierto para que aterricen aviones cargados con cocaína desde el otro lado del Atlántico y sin radares, para no ser detectados.

Es la línea conocida como Air Cocaine, cuyos fletadores, cárteles colombianos, cuentan con al menos ocho aviones. El esqueleto quemado del noveno, un Boeing 727 con los depósitos modificados para hacer vuelos transatlánticos, reposa en medio del Sahel al intentar aterrizar con varias toneladas de polvo blanco en noviembre de 2009.

Los cárteles usan ex pilotos militares rusos, los únicos blancos a los que nadie secuestra cuando beben vodka en bares de hoteles enKidal o Tombuctú. De la pujanza de esta ruta dan cuenta los adinerados vecinos del barrio de Cocainburgo, el barrio con grandes mansiones para narcotraficantes y contrabandistas en Gao, la Ciudad Juárez africana.

Los muyahidines del crimen conducen esta cocaína en una caravana de vehículos 4×4, como queda recogido en los informes de la DEA, y atraviesan el desierto desde Gao hasta la costa mediterránea sobornando a cuantas autoridades se encuentran por el camino. No necesitan GPS porque se guían por las estrellas.

Mauritania era un buen puerto hasta que los narcos decidieron cambiarlo por Marruecos, con un Estado mucho más estable para hacer negocios. Libia, con la caída de Gadafi, también ofrece grandes posibilidades para ellos. Por eso ya exportan desde el puerto de Misrata hacia Malta, Nápoles, Valencia o Barcelona. Naciones Unidas cita a la Camorra como la mafia que realiza estos envíos en barco, de nuevo en alianza con las FARC colombianas.

El salto España

A España «la coca llega por tierra, mar y aire», como explica un experto policial en la lucha contra el narcotráfico. Las maneras son muy diversas, e incluyen lanchas rápidas, avionetas que sobrevuelan bajo el Estrecho de Gibraltar, camiones y coches con caletas ocultas en las que se esconde la droga, veleros con dobles fondos en el casco e incluso con las velas impregnadas de cocaína pura, contenedores con la droga escondida en frutas, flores, juguetes, objetos, ropa…

Los principales destinos desde el Magreb hacia Europa son la Península Ibérica, el oeste de Europa (Islas Británicas y Países Bajos) y el Mar Negro, según el último informe de Europol, de 2013, sobre el crimen organizado en el continente. Las rutas son cambiantes, dice este informe, y la cocaína tiene cuatro millones de consumidores estimados en Europa. España, Países Bajos, PoloniaGrecia y Moldavia son los países en los que se han detectado más laboratorios de procesado de la pasta base. Cada vez que la droga pasa por uno de estos laboratorios se encarece su precio y se rebaja su pureza.

Para entrar a España, los principales puntos son las costas andaluzas, los puertos de Barcelona y Valencia y el aeropuerto de Barajas. Las costas gallegas han perdido parte de su atractivo para los narcotraficantes, aunque ellos se van adaptando y prueban constantemente nuevas rutas, como explica la Policía. «Si les sale bien una, repiten, si no, intentan abrir otra, primero con cantidades más pequeñas y después, mayores».

Una vez que ha llegado a la Península, ya sea camuflada entre mercancías o directamente en un barco, una lancha o una avioneta, se suele dividir la carga de nuevo en varios envíos para arriesgar menos y llevarla a distintos puntos de venta. Las rutas más utilizadas son las autopistas, que, aunque puedan estar más vigiladas, son la manera más rápida de librarse del cargamento. Para ello se montan transportes en varios coches con escondites de lo más ingenioso, que pueden incluir sistemas hidráulicos para cerrar los compartimentos y modificaciones que suponen desmontar el coche entero en un taller.

Estos coches con la droga van precedidos siempre de vehículos lanzadera, sin droga, donde miembros de la banda vigilan y avisan a los transportistas sobre controles policiales. En algunos casos, se ha sobornado a militares para que conduzcan, incluso sin saber lo que llevan en el coche, para que en caso de ser detenidos por algún control les dejen continuar sin registrar su coche.

Así, la droga llegada de África va acercándose a sus destinos finales: los puntos de menudeo en toda España. Pero antes de eso pasará por distintos intermediarios. En muchos casos, en detrimento de los tradicionales narcos colombianos, son los nigerianos quienes están tomando el control, y también los mexicanos.

Los africanos, sin embargo, no tienen una relación muy estrecha con los clanes gitanos de la droga, y por eso negocian más con latinos y clanes mercheros, aunque se han detectado casos, sobre todo en el sur de la Comunidad de Madrid, donde también hacían negocios con clanes gitanos.

En España se suele distinguir entre traficantes grandes, medios y pequeños, según compren entre 10 y 100 kilos de droga, entre 10 y uno o menos de uno, respectivamente. Estos traficantes están jerarquizados y compran a los de categoría superior. Cada vez que la cocaína pasa de un eslabón a otro, vuelve a ser cortada y su precio sube de nuevo, hasta llegar a los 50.000 euros por kilo una vez que los pequeños traficantes la venden al menudeo, es decir, a 50 euros el gramo, que es lo que ha pagado Ramón por la dosis que consumirá en la despedida de soltero con sus amigos, sin saber que 7,5 euros de ese precio se han quedado por el camino para financiar a la narcoyihad.

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