Archive for 31 marzo 2016

Premio a la mejor maestra por trabajar con la no violencia

31 marzo, 2016

Fuente: http://www.utopiacontagiosa.org

Imagen de Edgardo W. Olivera

Fuente:  El Mundo.

La maestra palestina Hanan Al Hroub acaba de ser galardonada con el ‘Global Teacher Prize‘. O como ya la definen, acaba de ser reconocidad como “la mejor maestra del mundo de 2016″.

El premio -organizado por la Fundación Varkey y patrocinado por el emir de Dubai, Mohammed bin Rashid Al Maktoum- es algo más que una dotación económica cifrada en un millón de dólares. Se trata de un importante espaldarazo al mensaje de diálogo y paz de esta palestina. Al Hroub, que nació y creció en el campo de refugiados de Deheishe, en la zona de Belén, imparte clases en la escuela primaria Samiha Jalil en la localidad de Al Bireh, cerca de Ramala.

Nos encanta este reconocimiento a la educación en la noviolencia.  Sin esta educación alternativa es imposible soñar, trabajar y construir un mundo alternativo.  Precisamente en Palestina la necesidad de la noviolencia es crucial para poder desarrollar vidas que luchen contra las marcas indelebles que deja la violencia directa, estructural y cultural que sufren los palestinos.  En palabras de Hanan Al Hroub:

Uno de sus dos grandes eslóganes es “No a la violencia”. “Trabajar duro para liberar las mentes de los niños de la violencia y convertirlo en diálogos de belleza“, señaló al recibir el premio y recordar el trauma que vivieron sus hijos mientras iban al colegio debido un tiroteo en la zona.

“Sentí que ningún profesor me ayudaba en devolver a mis hijos al camino correcto”, comentó. “Cada día vemos el sufrimiento en los ojos de nuestros estudiantes y profesores causados por los puestos de control de la ocupación militar israelí. Queremos que nuestros hijos vivan en libertad y paz como el resto de niños en todo el mundo”, afirmó Al Hroub, que propone que el 2016 “sea declarado el año del profesor palestino para dar esperanzas a nuestros hijos”.

El segundo lema de la maestra palestina -clave para su victoria- es “Jugamos y aprendemos“, como reza el título de su libro.

Ojalá este ejemplo cunda entre los educadores de los lugares en conflicto, pero, sobre todo, ojalá cunda entre los educadores de los países del primer mundo que somos los que fabricamos, y nos lucramos, con las armas que se usan en el Tercer Mundo y los que mantenemos las estructuras económicas, políticas y sociales que transmiten la violencia estructural desde nuestras cómodas vidas a las del Tercer Mundo.

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Las incompetencias de los gurús mediáticos: el economista J.C. Díez

30 marzo, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 7 de enero de 2015.

Este artículo muestra la falta de rigor y credibilidad del economista J.C. Díez, uno de los más visibles en los medios de información y persuasión del país.

El documento que el Profesor Juan Torres y yo (titulado “Democratizar la economía para salir de la crisis mejorando la equidad, el bienestar y la calidad de vida. Una propuesta de debate para solucionar los problemas de la economía española”) hicimos a petición de Podemos (y que este partido ha distribuido ampliamente bajo el nombre de “Un proyecto económico para la gente”) ha despertado una gran hostilidad por parte de los mayores promotores de la sabiduría convencional que gozan de grandes cajas de resonancia puestas a su disposición por los grandes grupos financieros y empresariales del país, que ejercen una enorme influencia en los mayores medios de información y persuasión así como en los principales partidos políticos gobernantes del país. Estos defensores del statu quo – los economistas gurús mediáticos – marcan ahora las pautas de la campaña de desprestigio en contra del documento y también de sus autores.

Uno de estos economistas es José Carlos Díez, profesor de Perspectivas Económicas Globales de la Universidad de Alcalá, que tiene una columna en El País, desde donde promueve los dogmas del conocimiento económico dominante. También lo hizo en el programa La Sexta Noche que se dedicó, por primera vez, al documento que Juan Torres y yo escribimos. Y ha aparecido en muchos canales de televisión y estaciones radiofónicas manipulando les datos de nuestro documento sin ningún freno en sus manipulaciones y prácticas claramente deshonestas. Es, sin lugar a dudas, uno de los muchos economistas (algunos con chaquetas muy llamativas, y otros sin) promovidos por los medios de información del establishment financiero y económico.

Leyendo a tales gurús mediáticos, sin embargo, sorprende la tolerancia que existe en tales medios hacia su clara incompetencia. Tal tolerancia no se presenta en otras áreas de conocimiento. Si un médico, por ejemplo, se equivoca en su diagnóstico y tratamiento a un paciente, y dicho error ocurre con frecuencia, aquel médico es probable que pierda no solo su prestigio y respeto profesional, sino incluso su puesto de trabajo, con sanción incluida. Esto nunca ocurre, sin embargo, con los economistas cuyos diagnósticos y propuestas de tratamiento han sido erróneos y han dañado, en consecuencia, el bienestar de millones de personas. En realidad, continúan gozando de acceso a los medios, sin que sus probados errores e incompetencias les supongan el menor coste. Un caso claro es el del economista en cuestión, el Sr. José Carlos Díez, que fue asesor económico del gobierno Zapatero. La revista catalana Cafèambllet, en diciembre de 2014, ha publicado un extenso artículo que muestra los diagnósticos y pronósticos de este personaje, contrastándolos con los datos empíricos que muestran hasta qué grado tal individuo ha errado en su práctica profesional. Veamos algunos ejemplos, contrastando lo que predijo y lo que ocurrió:

En El Mundo escribió el 09.06.2006 que “la probabilidad de ver una caída significativa del precio de la vivienda es cercana a cero”. Datos: según el Instituto Nacional de Estadística, desde 2007, el precio de la vivienda cayó nada menos que un 36%.

En Economía Exterior, en abril de 2007, escribió que “se tiene que contrarrestar el mito de la burbuja inmobiliaria en España”. Predeciblemente la patronal de la construcción distribuyó ampliamente dicho diagnóstico como parte de su campaña para “desmitificar los mensajes negativos que afectan a la confianza del comprador… No hay ningún peligro de que los precios bajen”. Datos: los precios bajaron y mucho.

En Cinco Días, el 22.11.2009, escribió que “los precios han tocado fondo. La demanda de viviendas se está recuperando”. Datos: los precios continuaron bajando.

Todos los datos empíricos, fácilmente accesibles, muestran lo profundamente erróneos que fueron sus diagnósticos. La realidad era opuesta a lo que el Sr. Díez pontificaba. La burbuja inmobiliaria fue una realidad muy fácil de predecir (como algunos de nosotros así hicimos), y cuando explotó creó un desastre. Más tarde, el Sr. Díez intentó ridiculizar aquellas voces críticas – como lo hace ahora – que vaticinábamos que las políticas públicas que se estaban siguiendo nos llevaban a una situación muy negativa, realidad que este economista mediático continuó negando. En Cinco Días el 06.12.2009 escribió que “los escenarios apocalípticos de seis millones de parados, con tasas de desempleo del 25%, están siendo refutados por la realidad”. Los datos: España entró en recesión el año 2008, de la cual salió brevemente en el segundo trimestre de 2010, para entrar de nuevo en el 2011. En 2012 se alcanzó el 26% de paro, con 6,2 millones de parados.

Tal economista fue también de los que enfatizó con mayor intensidad la salud robusta del sistema financiero español, lo cual explica que el Sr. Zapatero fuera por el mundo señalando la ejemplaridad del sistema financiero español. Así, en Cinco Días, el 22.11.2009, indicó que “no sería posible contar la historia de nuestro Pura Sangre español (queriendo decir del supuesto éxito español) sin contar con un sistema bancario tan eficiente y no tengo ninguna duda que volverá a suceder en el próximo ciclo expansivo en el que ya estamos inmersos”. La realidad ha mostrado hasta que punto este señor ha estado equivocado. Negó que hubiera una burbuja inmobiliaria, que bajarían los precios, que íbamos hacia una crisis enorme, que el sistema financiero era muy deficiente, entre otras lecturas erróneas de la realidad y ahora tiene el atrevimiento de dar lecciones sobre cómo salir de crisis, y criticando como irrealizables las propuestas que Juan Torres y yo hicimos en el documento citado anteriormente. Ahora bien, les garantizo que este señor continuará apareciendo en los mayores medios. Sus evidentes errores no serán obstáculo para que continúe siendo promovido por los mayores medios de información y persuasión del país. Así es España.

Sobre la bandera tricolor, la bandera de España y su República

29 marzo, 2016

Fuente: http://www.ecorepublicano.es


  La bandera tricolor es la bandera de España, no la de una dinastía reinante que suplanta a la nación en sus símbolos externos

…la de España como unión de ciudadanos, libres e iguales
…Es constitucional, pues representó a un estado constitucional y democrático, representa por tanto valores constitucionales
…No está vigente, la vigente es otra, pero representa valores democráticos y constitucionales, y por ello puede ondear orgullosa al lado de cualquier otra bandera constitucional.
  No es la bandera de un partido, sino la de una ilusión, la de una España democrática, de ciudadanos y ciudadanas, dueños de sus destinos, fraterna y solidaria, donde los seres humanos no sean esclavos ni del dinero, ni de la propiedad
  Es fraterna con todos los pueblos, con las otras naciones, con los ciudadanos de no importa donde, pues siendo republicana/republicana es partícipe de la idea de la fraternidad universal
 Como representación simbólica de la libertad y la ciudadanía y de un estado radicalmente democrático, la Tricolor puede ondear fraternalmente con las de los otros pueblos o naciones, pues su idea de ciudadanía es fraterna y no niega la identidad de los demás ni lo necesita para afirmarse.
…Por ella dieron su vida cientos de miles de españoles de todos los credos e ideologías democráticas, pues sus colores amparan todos los sueños e ilusiones de fraternidad, a todos recoge, a todos ampara, incluso a aquellos que la niegan, pues esa es la grandeza de la idea republicana
  Es la expresión de un anhelo de libertad, de igualdad y fraternidad que sigue vivo en nuestro pueblo, por eso es atacada, negada, ninguneada, frivolizada, por eso se sigue atacando la memoria de la Segunda República, por eso la defendemos y la portamos con orgullo
 
10º La banderas rojas y negras, emblemas de la solidaridad obrera y del progreso de la humanidad son plenamente compatibles con ella, y si no lo son es que algo va mal
11º  Como bandera de un estado no puede ser patrimonio exclusivo de ninguna fuerza privada o particular, política, social, ciudadana, pero como representación de unos valores puede y debe ser mostrada simbólicamente, pues es un elemento de unión por encima de siglas o diferencias.
12º  El escudo constitucional de la República no incluye referencias a la monarquía, no tiene ni coronas (la corona superior), ni iconos de la dinastía (no lleva las flores de lis), sino iconos de los territorios históricos y de las ciudades libres que combatieron por sus libertades (el castillete o corona mural que algunos confunden con lo que no es), lo que unido a la franja morada que desde el XIX se interpretó como símbolo de la resistencia al poder real y de las libertades ciudadanas, conforma un conjunto simbólico completo.
13º  La República que representa la Tricolor no es una república cualquiera, sino la república «republicana», la que es democrática y defiende el bien común y la fraternidad, la república de trabajadores de toda clase organizados en régimen de libertad y justicia que decía la Constitución de 1931 que nunca fue derogada legalmente.
14º… Quienes consideren que la Bandera de la República es sólo apta para las calles y manifestaciones o para actos en cementerios y no vea oportuno defenderla y defender sus valores en las instituciones democráticas, en realidad está manipulando su uso para engañar conciencias.
15º …Ondear la bandera entraña una responsabilidad pues implica llevar «la voz de la República» allí donde estemos, en la calle, en los actos públicos, en las Cortes, en los ayuntamientos, en todas partes pero eso es sólo posible si ondea en nuestros corazones, lo que da valor a la bandera no son sus colores, sino la conducta virtuosa de quienes la porten.
16º …La bandera de la República es un trapo más como todas las otras banderas, pero es un trapo más que representa las ilusiones de un pueblo, no es un grito servil ni prueba de sometimiento, es un abrazo fraterno y una promesa de un mundo mejor y más digno.
17º …La bandera de la República española es la bandera de un país, España, que fue asesinado y sigue en manos de sus verdugos, por eso quienes digan defender la república y olviden la memoria, la dolorosa realidad de la impunidad del franquismo o a los cientos de miles de victimas que siguen en cunetas y fosas mientras los genocidas dan su nombre a calles, plazas o instituciones del estado, en realidad son cómplices de esos crímenes.
18º …Para los republicanos una nación no se entiende sin las personas que la habitan, la nuestra es una nación de ciudadanos, sin ciudadanos no existe la nación, sin libertad no existe la ciudadanía y no hay libertad cuando sólo el dinero y la propiedad dominan. Por eso la República es imprescindible para vencer a los mercados y el liberalismo, por eso la República del Pueblo, de los ciudadanos, del bien común, es el enemigo a batir que se ha fijado el capitalismo actual, quieren negar su ideal, su existencia, borrarla de la mente de la gente. La República es el campeón de los sencillos y humildes frente a los soberbios y poderosos. Por eso el republicanismo es enemigo mortal del liberalismo, pues éste niega la fraternidad y justifica a los poderosos. Por eso la República del pueblo es la garantía de la libertad. Por eso la República del Pueblo es la única que puede vencer a los mercados…
 
19º  Por todo ello, la bandera de la República tiene su lugar en las calles y plazas, en las anchas avenidas por las que pueblo celebrará algún día su victoria, porque la bandera de la República es la promesa de ese triunfo. La veremos ondear en las Cortes, en Cibeles, en Sol, como ondea siempre en los corazones de millones de españoles que nunca se rindieron, y ese día habremos recuperado nuestro país, nuestro futuro, nuestra soberanía, la riqueza no será otra cosa que el resultado del trabajo honrado de cada cual y los derechos y libertades de todos estarán garantizados.
20º  Cuando portéis o mostréis la bandera tricolor recordad estas palabras, que no son mías, sino las que aprendí de mis mayores y a las que intento honrar cada día de mi vida. Portar la bandera tricolor es un compromiso moral de primera magnitud. ¿Estáis dispuestos a defendedla con todo lo que implica? Leed en público estos puntos. Difundirlos, mirad en vuestros corazones.
Pedro A. García Bilbao

“No podemos ser un país unitario, porque en realidad no lo hemos sido nunca”

26 marzo, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

“Los únicos proyectos unitarios de verdad fueron el Omeya y el de Franco”, explica el historiador José Enrique Ruiz-Domènec

“En el siglo XVII España carece de un proyecto político seductor y tiene que imponerlo a la fuerza, y al imponerlo de ese modo, fracasa, y se hunde. Portugal se separa para siempre del proyecto español; Cataluña también pero por poco tiempo”

“Si cuando surge el desafío soberanista el presidente del Gobierno dice que eso es un “retorno a la Edad Media”, una de dos, o no sabe nada de lo que fue la Edad Media o desconoce la realidad soberanista catalana, o quizás ambas”

José Enrique Ruiz-Domènec y Ramón Lobo, durante la entrevista. Foto: Enric Catalá.

José Enrique Ruiz-Domènec y Ramón Lobo, durante la entrevista. Foto: Enric Catalá.

José Enrique Ruiz-Domènec (Granada, 1948) es historiador; uno de nuestros principales expertos en Europa y en la Edad Media, una época en la que se cuecen los mitos y se forjan las realidades que alumbraron los Estados. Es granadino con apellido mediterráneo, de catalanes que se fueron a Granada hace mucho tiempo en una inmigración al revés. Se considera un hombre de frontera: “Soy fronterizo porque entiendo perfectamente lo que es Cataluña y entiendo lo que es mi tierra de origen, que es Andalucía”.

Empezó a trabajar en la Universidad Autónoma de Barcelona en 1968, cuando se fundó. Ha sido profesor visitante en las Universidades de Génova y Poitiers. Es un férreo defensor del método de la Nouvelle Histoire francesa, otra manera de mirar la historia. Es el representante español en la comisión de 27 historiadores de los 27 países de la UE. Esta es la cuarta entrevista con un historiador español, un intento de averiguar quiénes somos, o al menos quiénes no somos.

Nos citamos en un bar histórico de Barcelona llamado El Velódromo, un templo que en los años 80 reunía la intelectualidad catalana. La entrevista fluye entre ruidos y conversaciones en voz alta. En eso los catalanes son como los españoles. La Edad Media y la narrativa del entrevistado atrapan a quien escucha creando un campo de silencio.

¿Es la corrupción un invento moderno o es consustancial al hombre y ha estado presente siempre en cualquier período histórico?

Hay un dicho que se atribuye a Graco, de los hermanos Graco, un viejo político romano de la época republicana: “Prefiero una república corrupta a una dictadura”. Es un dicho elegante para indicar que en la política no todo es puro. Lo malo es que las repúblicas corruptas terminan generando dictaduras. La corrupción es una tentación habitual en la vida política con independencia de la forma de gobierno, por tanto antes de que apareciera la democracia. La corrupción es sustancial a la historia. Ha habido casos extraordinarios pero en pocas ocasiones se ha producido la desfachatez moral en la que estamos ahora. La corrupción actual nace de un tipo de superioridad moral: muchos dicen, hemos logrado vencer la dictadura, lo cual es verdad, y por eso tenemos el derecho a hacer lo que queramos, todo es permisible. Ese maquiavelismo de vía estrecha es lo que ha provocado esta sensación espantosa del país en el que vivimos.

Lamentablemente, el esfuerzo que supuso la transición desde un régimen autoritario, una dictadura como la de Franco, a un Estado de derecho, más o menos democrático, ha terminado por provocar esta especie de miasma selectivo del que conocemos la parte que afecta a dos cosas que los españoles valoran demasiado, el dinero y la política. La corrupción está más allá del secuestro del dinero y del uso político. El día que desaparezca porque hayamos juzgado a todos los responsables de estos desfalcos, cohechos, prevaricaciones, etcétera, tendremos que atacar otros elementos de las instituciones donde la venalidad no se refleja tanto en aspectos del dinero sino en aspectos de la conducta moral. El tráfico de influencias es el cáncer de un país moderno.

Los políticos surgen de una sociedad que ve lícito no declarar todo a Hacienda, no pagar el IVA o aparcar en doble fila. ¿Falta ciudadanía, somos corruptos?

La corrupción es un gesto que se agranda a medida que se tiene oportunidad para hacerlo. Tan corrupción es llevarse un paquete de hojas del trabajo para usarlas en casa, en el fondo un pequeño hurto, como engordar una dieta 20 euros, que desviar un millón. La diferencia es cuantitativa. Un millón es un delito que persigue la justicia y aparece en los periódicos; nadie lleva a primera página que han sorprendido a un profesor llevándose un paquete de hojas a su casa. En este país llevarse los folios es normal, forma parte de lo que se llama a menudo picaresca aunque es otra cosa.

La picaresca, además de ser un género literario hermosísimo, con grandes obras como las de Mateo Alemán, es una rebeldía contra un sistema opresivo. Ahora no estamos en eso, nuestro sistema es defectuoso, pero no es opresivo. Esto es un Estado de derecho con sus leyes en el que la mayoría de la población se dedica a trabajar honradamente desde las ocho de la mañana a las seis de la tarde para buscar su porvenir y el porvenir de la familia. Ahora es diferente. No se puede llamar picaresca a la evasión fiscal.

¿Por qué somos tan distintos a los alemanes que dimiten por copiar una tesis?

Porque España no se ha creído nunca el orden social que se genera desde la sociedad; hay una especie de desprecio a las minorías que han pensado y propuesto ese orden social. Pero fueron las minorías las que diseñaron la Constitución democrática, por ejemplo. Para justificar ese comportamiento acudimos a nuestros tópicos: el español es envidioso, es cainita, no reconoce a los suyos, mira los mitos extranjeros. Lo peor que te puede ocurrir en España es tener un apellido español. Si lo tienes alemán o inglés, todo lo que digas es bien acogido. Si te llamas Martínez, enseguida sospechan de ti. En cambio, si el que lo dice se llama Brown, ya es otra cosa. Es como si nos gustara caer en el dirigismo; a veces el dirigismo es paternalista, otras, ilustrado. Todo para el pueblo pero sin el pueblo. Otras a veces es autoritario como el absolutismo de Fernando VII o la dictadura de Franco. Entonces surge el que como no tenemos arreglo que venga alguien y nos lo arregle. Es una percepción espantosa.

No sabemos quiénes somos. Hemos pasado de sentirnos muy poca cosa durante el franquismo a creernos los reyes del mambo con el boom económico, y no éramos ni una cosa ni otra.

Exacto, no somos ni una cosa ni otra.

Nos creímos ricos y ahora somos pobres. Ha sido un colapso.

Toda sociedad tiene un mecanismo de representación ante el espejo, y los espejos en los que se ha mirado la sociedad española en estos últimos tiempos han demostrado, por seguir su argumento, que España ha pasado de ser un país atrasado a uno importante en Europa. Fue por cálculo político: la comunidad internacional necesitaba que España no fuera un país atrasado. La apuesta era significativa porque existía una sospecha en Europa: saber si íbamos a ser capaces de entender lo que significa la cultura y el sistema político europeo creado tras la Segunda Guerra Mundial. Nos dieron la oportunidad porque el español había estado sometido durante muchos años a la ignorancia, a la pobreza y a una emigración forzada. La idea de que el español es de buen fuste nace de un subjetivismo kantiano, y lo kantiano les gusta mucho a los europeos. Por ese motivo sedujo la idea de rescatar a un pueblo de su casticismo, es decir, de su idiosincrasia, un pueblo al que los europeos conocían en su parte servil, por el turismo, pero que lo veían dispuesto a cambiar, agobiado por un sistema político que le impedía ir al ritmo que marcaba Europa, de una cerrazón ideológica, doctrinal y de costumbres. Recuerde que en los años sesenta, incluso en muchos sitios en los setenta, ver un bikini era como ver al diablo.

Se nos dio esa oportunidad y se nos concedieron los recursos necesarios para tenerla. Si el país estaba desvertebrado, desvertebrado territorialmente, se decidió vertebrarlo con autopistas; si lo era económicamente, nos dieron créditos. A partir de ahí comienza el desarrollo que nos llevó a ser un país moderno. España administró por primera vez en términos democráticos lo que se le daba, una situación nada comparable con lo ocurrido en el siglo XVI, cuando llegaba el oro y la plata de Las Indias, de América; entonces no había una sociedad democrática que fiscalizara la venalidad de la Administración.

En la Transición teníamos un sistema democrático, con partidos políticos, y en principio una prensa libre que podía denunciar determinadas acciones. Como fluía tanto dinero, se podía hacer todo lo que era conveniente hacer, aquello que no era conveniente y aquello que era mejor silenciar. Así se fue creando esta sensación de que mientras los fondos estructurales siguieran viniendo, España crecería de forma extraordinaria. Era El Dorado: crecimiento, trabajo y mucho dinero al especulador. Pero todo esto generó un mal proyecto de país.

El escritor griego Petros Márkaris, que utiliza la novela negra para hacer crítica social y política, dice que Grecia pasó de la cultura de la pobreza a la cultura de la riqueza sin transitar por la cultura del esfuerzo. ¿Sucedió lo mismo en España?

La necesidad angloamericana de evitar que Grecia se escorara al bloque comunista les empujó a pagar con una venda en los ojos todo lo que pidieron los griegos. Este no fue el caso de España. Claro que hubo un cierto chantaje político, cuando se decía que España había estado sometida a un régimen terrible, que visto desde Europa lo era, y mucho. Europa se sentía culpable de tener en su frontera sur un régimen que era propio de África. Los que venían de turista veían que al español le castigaban por cosas que él hacía, que los españoles no tenían acceso a bienes que él tenía, y eso genera mala conciencia, sobre todo porque el europeo de la posguerra, de la segunda posguerra, como decía Tony Judt acertadamente, la que comenzó en 1948, es un europeo socialdemócrata con una fuerte conciencia social. Aunque vinieran de una cierta riqueza, como era el caso de los alemanes, daneses, holandeses, suecos, se sentían mal. Si eras un poco obsceno resultaba sencillo convertirte en víctima, porque lo estaban deseando. Cuando al español le permites hacerse la víctima lo hace a las mil maravillas.

Al final pasamos de la pobreza a la riqueza, nos creímos ricos y no invertimos en nada importante, sólo en aquello que el dinamismo europeo nos exigía: vertebrar el territorio, vertebrar el crecimiento económico y en eso se aplicó una rígida política socialdemócrata de la que fue responsable el primer PSOE; rígida como se vio en Andalucía: aquí no habrá pobres, y se creó el PER; da igual que trabaje o no trabaje: va a estar cubierto. El demonio familiar español, que son los golpes de Estado, se solucionó convirtiendo a jefes, coroneles y generales en miembros de la OTAN, con sus misiones fuera de nuestras fronteras. Así, el Ejército no estaba aburrido ni le daba por pensar en lo que se hacía en el Parlamento.

La identidad es importante en la creación de un Estado. Parece que nosotros, los españoles, no hemos tenido mucha suerte en esto.

Cuando en ocasiones la historiografía insiste en la diferencia de la Historia de España con la historia de los países que nos son afines, es, en parte, verdad. Cada vez que ha habido un proyecto de vertebración, de estructuración de este territorio que los romanos denominaron Hispania, y a ellos mismos les costó entender cómo vertebrarlo, ha habido problemas. Ellos crearon dos grandes provincias, la interior, la ulterior, con diferencias de calado en relación con la metrópoli. No era lo mismo ser hispano de la Bética que de la Tarraconense.

Muchos países solucionan sus problemas en la Edad Media, un periodo en el que deciden qué quieren ser. Parece que nosotros no hemos solucionado ninguno.

Decir que España es diferente porque nuestra Edad Media fue diferente es en parte cierto, al menos en relación con la Europa de nuestro entorno. La Edad Media francesa, italiana, inglesa y alemana difiere en la manera de entender la forma de gobierno. El caso español es diferente porque en la península nunca se actuó de manera uniforme. El primer y único intento serio lo llevó a cabo la dinastía Omeya, que creó una unidad política, en torno a Córdoba, de religión musulmana y en alguna época bastante desarrollada cultural y artísticamente. Recibió, como es normal, la hostilidad de los pueblos del norte peninsular, astures, gallegos, navarros, aragoneses y de los condados catalanes, pero también la de las poblaciones interiores, especialmente de los bereberes que no veían cumplida su forma de vida en ese proyecto político. Por todos estos motivos se malogró.

Hubo una civilización que podría haber marcado una pauta importante pero dejó poco legado; el legado Omeya es un legado artístico y de nostalgia de una gran literatura, especialmente de la etapa final. El collar de la paloma pertenece a un exiliado de Córdoba –Ibn Hazm, un hombre de la aristocracia vinculada a la familia Omeya– que trabajaba en Denia y recuerda los viejos tiempos. Después se crean los Reinos de Taifas, que supone desvertebrar el país. Más tarde, en el siglo XIII, aparecen, los cinco reinos: Castilla, Aragón, Navarra, Portugal y Granada.

Que son la base de los problemas actuales.

Sí. Así es. A los diferentes territorios de la Península Ibérica les cuesta relacionarse entre sí; cuando conectan entre ellos provocan conflictos internos, guerras civiles, porque unos son partidarios del encuentro y otros, en cambio, prefieren el desencuentro. Las guerras civiles son intensas. En los dos últimos siglos de la Edad Media, el estado de guerra es permanente, justo cuando en la Europa occidental y central se estaban creando unas matrices culturales basadas en una organización urbanística que llegará prácticamente hasta la Edad Contemporánea, y unos principios de orden social, de creación de una clase media urbana, de una burguesía, que situaba el trabajo como elemento dinamizador, de la promoción personal, de la capilarización social.

Todo eso se interrumpe en España y aparece un embotamiento de castas dominantes, de recursos a la sangre, de persecuciones de los judíos y de su ulterior expulsión en 1492. Hasta que surge un proyecto político de unión dinástica en el que los únicos que creían en él de verdad eran los propios impulsores y un grupo de intelectuales afines en la Corte, grandes humanistas que introdujeron valores que procedían de Europa, como el erasmismo, que, sin embargo, se convirtió en un ente extraño al casticismo español.

Una vez más tenemos ese rasgo característico en España: las buenas ideas que vienen de fuera se convierten en entes extraños, como si la hechura del ser español, como la llamaba Américo Castro, lo impidiera, es como una costra dura que impide la permeabilidad de las ideas. El erasmismo no caló fuera de los círculos restrictivos de una élite muy cercana al poder político, hasta el punto de que cuando el poder político se debilitó o cambió de opinión, como sucede en la segunda parte del reinado de Felipe II, el erasmismo desaparece, se esfuma, e incluso muchos erasmistas fueron perseguidos y tuvieron que exiliarse, un gesto muy extendido entre los españoles.

Algunos venden que la unidad de España nace con los Reyes Católicos, y no es así.

En efecto, no es así. Los Reyes Católicos no crean la unidad de España, lo que hacen es una unión dinástica para sostener un proyecto político común entre reinos disímiles que llevaban siglos de enfrentamientos. No crean un Estado único ni crean una nación, pero en cambio evitan que los diferentes reinos hispánicos sobre los que ellos son reyes vuelvan a pelearse entre sí, tengan intereses comunes, y eso ya era mucho.

Cuando murió Isabel, Fernando se tuvo que ir; él era regente, no sucesor.

Sí, en efecto; Fernando se llevaba mal con su yerno, el célebre Felipe El Hermoso, duque de Borgoña. Tampoco entendía el carácter de su hija Juana, lo que generó una situación conflictiva sobre su pretendida locura. Finalmente salió de Castilla y volvió a su reino, la Corona de Aragón, para centrarse en la problemática italiana, sobre todo la napolitana. No estaba convencido de la lealtad de la persona clave que tenía allí en calidad de virrey, el Gran Capitán, un personaje que estudié en profundidad y escribí un libro muy largo sobre él [ El Gran Capitán. Retrato de una época; Península]. Era un noble cordobés que se adaptó a la vida de Granada, de hecho cuando murió quiso ser enterrado en Granada y allí está.

Fernando no se fiaba mucho de que ese andaluz, pese a ser pariente suyo. Sin unión dinástica, pensaba que no era el más adecuado para sostener el proyecto político que la Corona de Aragón tenía en el Reino de Nápoles. Por eso lo destituye. También hay cuestiones de celos y alguna cosa más. Pero no su pretendida veleidad; lo de las famosas cuentas del Gran Capitán es una leyenda; las verdaderas, las que envió a la Corte superarían una auditoría moderna de Morgan Stanley. Son perfectas y están en los archivos para su estudio. La unión entre Castilla y Aragón la vuelve a relanzar Carlos de Habsburgo, el emperador, pero siempre con la misma tesitura de evitar que los diferentes reinos peninsulares se enfrenten entre sí y eso se consigue hasta 1640.

¿Qué sucede en 1640?

En 1640 sucede algo extraño en la Historia de España, enormemente extraño porque casi nunca habían gobernado los del Sur. Hablamos del Conde Duque de Olivares, un noble del sur, un personaje que conocemos muy bien gracias al eminente historiador John Elliott, que escribió una gran biografía [ El Conde Duque de Olivares; Crítica]. Él vio que el sistema político de lo que nosotros llamamos los Austrias no funcionaba; era demasiado frágil y no estaba a la altura de la revolución monárquica que se estaba desarrollando en el país más dinámico entonces, que era Francia, ni con la revolución, republicana en este caso, en el otro país dinámico de la época, Inglaterra.

De manera que propuso una adaptación de la revolución monárquica francesa, el modelo del cardenal Richelieu, a España. La integración exigía una mayor cohesión fiscal, es decir, que el esfuerzo del imperio español, tanto en Europa como en el Atlántico, debía sostenerse por los reinos que aún no habían participado, Aragón en primer término, también Portugal. Ahí tocó un punto difícil: cuando los impuestos están dirigidos a financiar estados de guerra nunca son bien recibidos; no son bien recibidos ni una subida de impuestos ni un estado de guerra. Surgió entonces la revuelta de los catalanes, que coincidió con la revuelta de los portugueses, que aprovecharon la coyuntura para reafirmar su independencia, que habían perdido en la época de Felipe II en unas condiciones que ellos consideraban ilegítimas.

El fondo de esta trama es realmente lo triste. España carece de un proyecto político seductor y tiene que imponerlo a la fuerza, y al imponerlo de ese modo, fracasa, y se hunde: Portugal se separa para siempre del proyecto español; Cataluña también lo hace pero por poco tiempo, pues cae en manos de los franceses que era tanto como salir de las brasas para meterse en el fuego: si no quieres que nadie te controle, te vas con Richelieu, que era el mayor centralista y controlador de aquella época. Por eso, al cabo de unos años, Cataluña pidió ingresar de nuevo en el imperio español, y el rey lo aceptó. Andalucía, que estaba sumida en su proyecto, también de independencia, cedió ante la situación creada por el último Austria, Carlos II, en la que cada uno podrá hacer lo que quería y ese fue el mal. La muerte de Carlos II sitúa el problema sucesorio como un asunto de política internacional y a la vez de vertebración territorial. Demasiados problemas juntos.

La política internacional es muy importante, y España ha carecido de grandes diplomáticos en los momentos cruciales. Eso es lamentable, pero es así. En la sucesión de Carlos II, se hubiera necesitado un personaje que entendiera lo que pasaba en Europa, es decir, por qué Inglaterra, Holanda, Francia y Austria se enfrentaron en una guerra con el pretexto de la dinastía que debía gobernar en España. De este modo la Guerra de Sucesión fue una guerra europea que utilizó la Península Ibérica como arena de combate. Aquí se entendió como una guerra para decidir qué rey se iba a subir al trono.

Cuando los ingleses y holandeses estaban convencidos de que el poderío de los Borbones, uno en Madrid, otro en París, era insoportable, la causa a favor de la casa de Austria estaba ganada, pero cuando, por azar, el archiduque Carlos se convierte en emperador de Austria, Inglaterra y Holanda dudan, no saben qué es peor, si un rey Borbón en Madrid y otro en Francia, parientes entre sí, o que el rey de España sea también emperador de Austria, un hecho que recordaba demasiado a la figura de Carlos V. Por ese motivo abandonaron la guerra. Pero pocos políticos austracistas se enteraron de ese sutil cambio en la diplomacia internacional, y optaron por seguir la guerra con sus únicos medios contra una potencia como Francia; eso era un disparate, que se pagó caro. En las guerras internacionales, cuando no tienes aliados lo mejor es firmar una paz aunque sea poco honorable antes que esperar una amarga derrota. Aquí se optó por el segundo camino. Y se produjo la derrota.

José Enrique Ruiz-Domènec, en el bar en que se realizó la entrevista. Foto: Enric Catalá.

José Enrique Ruiz-Domènec, en el bar en que se realizó la entrevista. Foto: Enric Catalá.

Muchas de las cosas que no entendimos entonces tampoco las entendemos ahora.

En efecto, aquella compleja situación internacional es un problema no resuelto. Lo más grave es que no se ha explicado bien y las pocas veces que se ha hecho no ha tenido los efectos deseados. En primer lugar porque, desgraciadamente, los historiadores carecemos de audiencia. La tienen otras actividades creativas del ser humano. A España le gusta hoy como ayer la novela, el teatro y la poesía. De hecho la crisis de 1898 la gestaron novelistas, dramaturgos y poetas con mucho talento. Cuando hablamos de la Generación del 98 hablamos de ellos: pensemos en Baroja, Valle, Unamuno o Machado, aún con mucha audiencia en España.

Durante la Transición interesa poco la lectura. Los poetas llegan a través de la prosodia cantada. Los cantautores marcan la mentalidad colectiva de los españoles. La Transición son voces. En Cataluña estaba Raimon, en el resto de España, Paco Ibáñez daba a conocer quién era Neruda, hasta entonces restringido a unos pocos connaisseurs. Pese a ello, todo el mundo cantaba a Neruda y se quedaba entusiasmado. O a Antonio Machado a través de Joan Manuel Serrat.

De las canciones se iba a los libros. Da igual la forma como llegue la cultura. En el Siglo de Oro, la audiencia del teatro era extraordinaria. Lope de Vega, gran dramaturgo y además un hombre de éxito, sería un superventas en la actualidad. En algunos momentos críticos tiene éxito el ensayo de perfil filosófico, no la filosofía, eso lo vio muy bien Ortega y Gasset. Cuando le preguntaban “¿es usted filósofo?”, él respondía: “Sí, pero lo que yo ensayo son ideas”. Y era verdad: ensayaba ideas con perfil filosófico. En suma, la historia no forma parte de nuestros fundamentos culturales. Eso es algo que debemos pensar en serio.

Entonces en España no se escucha a los historiadores.

En efecto, así es. En España la historia interesa poco, aunque por un efecto paradójico se venden muchos libros de historia, especialmente biografías y crónicas de la guerra civil. De modo que hay que ser cauto cuando se leen esos libros que no ofrecen una reflexión de carácter histórico sobre el pasado y el presente.

Es lo contrario a lo que sucede en los países de nuestro entorno cercano. La crisis que superó Alemania la resolvieron sus historiadores, la recuperación de Francia después de la Segunda Guerra Mundial también fue una labor de historiadores que tuvieron un hándicap inmenso porque la Gestapo había fusilado al por entonces el historiador de referencia en Francia, a Marc Bloch. No le fue fácil nada fácil sin él; pero a falta del maestro crearon una escuela y nació la École des Hautes Études, uno de cuyos miembros más estelares, Fernand Braudel, hizo un análisis de la identidad francesa para profundizar y explicar a sus conciudadanos qué sucedió en junio de 1940, y así un grupo notable de historiadores se dedicaron a analizar en términos históricos la rendición de Pétain, el colaboracionismo con los nazis sin disparar y también, por supuesto, la resistencia.

La historia les sirvió para entender las pautas de una sociedad que aspiraba a volver a ser una potencia europea. En los momentos críticos, por ejemplo tras el Mayo del 68, la sociedad francesa buscó a sus historiadores para que explicaran lo que estaba pasando. Son los años de la emergencia y el éxito de público de la Nouvelle Histoire, formada por historiadores que eran profesores eminentes y académicos que vendían ochenta, noventa y cien mil ejemplares. Eran best sellers. Mi maestro Georges Duby actuaba a veces como un actor de cine. De su libro Le Dimanche de Bouvines, publicado como una novela en tapa blanca por la editorial Gallimard se vendieron 50.000 ejemplares; todo un suceso en Francia. Lo mismo sucedió con Le Roy Ladurie y sus 180.000 ejemplares vendidos de Montaillou o los 53.000 de Penser la Révolution française de Furet. En Alemania también ocurre algo parecido. Cuando cae el muro de Berlín, las miradas se dirigieron a los grandes historiadores alemanes para entender lo que estaba pasando. Pensemos en la influencia actual de un historiador como Karl Schlögel.

Este escuchar a los historiadores es lo que ha ido vertebrando Europa, y nosotros nos hemos quedado fuera. Fuera de muchas cosas.

Sí. Los españoles de la Transición no han estado enraizados en la alta cultura europea, cuyos valores pocas veces han sabido reconocer: apenas se han identificado con los cambios en la lectura de la historia, y han seguido viendo en ella un análisis parcial, sesgado, al servicio de una causa, no un relato imparcial, lleno de vida, tolerante, abierto. Por eso los historiadores no son referentes en los grandes debates. Lo contrario, por ejemplo, que vemos en el británico, inglés o escocés. Hace unos años en el Times, se publicó una lista de los cinco autores más influyentes en el Reino Unido en ese momento. Y entre ellos había algún historiador. Si hiciéramos algo así ahora en España no creo que encontráramos ninguno en esa posible lista. Así pues, la idea de que la historia esté presente en el debate ciudadano, político, social e intelectual, es una asignatura pendiente.

No escuchamos a los historiadores, pero escuchamos a los tertulianos, a los políticos y reinventamos la historia.

Así es. Hemos eliminado a los historiadores. Aquí, en la actualidad, se manipula la historia a través de algunos profesionales poco aptos, que tienen poco que perder. La historia es una disciplina, un oficio, que forma parte de una república internacional de las letras. Si te desacreditas, te desacreditas en esa república aunque tengas éxito en tu zona de influencia. Por mucho que te ensalcen porque sigues el maná de una doctrina política en un momento determinado, desde fuera se te ve ridículo. Y, por tanto, desacredita el oficio de todos los demás.

En Alemania, Angela Merkel se deja asesorar por historiadores, cuando tiene que afrontar un problema serio de política internacional como por ejemplo en nuestros días el asunto de Ucrania, que es de nuevo el problema de la frontera este alemana. Para actuar con precisión en esta asunto se requiere un buen conocimiento de la historia europea de los últimos 500 años, o quizás incluso más, desde la batalla de Tannenberg de 1410. Si no partes del conocimiento de esa historia de larga duración, difícilmente puedes tomar decisiones acertadas sobre lo que está sucediendo en Ucrania; puedes, eso sí, decir cuatro majaderías, pero eso es peligroso en la actual situación mundial.

Merkel atiende a los historiadores, que para ello son personajes eminentes y a los que las instituciones universitarias protegen y cuidan. Lo opuesto de lo que aquí ocurre. El espíritu crítico que ofrece el conocimiento de la historia es realmente constructivo para la política. En España se necesitaría grandes dosis de ese espíritu crítico. En pocas palabras, creo que el conocimiento de la historia es la verdadera pauta de una ciudadanía madura, responsable y por tanto democrática. Cuando un gran historiador de mi generación como Tony Judt llega a esta misma conclusión, en sus últimas reflexiones en las que invita a pensar el siglo XX, me doy cuenta de que ese es el camino correcto. Lo que tenemos en España en este momento es una mala lectura de nuestra historia. Así es difícil construir el futuro.

¿Trata el nacionalismo catatán de reescribir la guerra de sucesión de 1714?

Sí, por extraño que pueda parecer hoy en día en un mundo globalizado, unos cuantos historiadores de nómina oficial quieren convertir una guerra de sucesión en una guerra de secesión.

Pero eso es algo que cala en la opinión pública catalana.

Sí, claro. Pero aquí se pone de relieve un problema más profundo. Porque el inventar no sería tan grave siempre y cuando la comunidad, la república de las letras de la que hablaba, adoptara una actitud más firme, pero antes de que se iniciara este proceso de invención comenzó la laminación de la historia como disciplina y del oficio de historiador, apoyando con grandes recursos una desequilibrada especialización en temas locales y algunos delirios metodológicos bien conocidos, pero que siguen contando con el refrendo de las autoridades académicas y políticas.

En esto, todos somos algo culpables. El mal se conoce, pero por una extraña cortesía, no se habla de él. Si miramos a Francia, nos daríamos cuenta de que esta invención no hubiera sido posible. Allí, la república de historiadores, con gran audiencia en los medios de comunicación, no permite determinados delirios, sin someterlos a una dura crítica. Jamás en un país serio una Administración publica pagaría a impostores; y en nuestro país se hace, y mucho. Para sobrevivir a estos turbulentos años, los historiadores han tenido que o bien refugiarse en investigaciones sofisticadas que no llegan al público o rendirse ante la presión y dejar de publicar. Hay un camino diferente; el compromiso, pero ese cuesta muchos disgustos. Entre otras cosas porque exige el diálogo abierto, el debate sincero, con los otros.

Y aquí no sabemos escuchar al otro. Seguimos sin entendernos. Hay dos fuerzas reinventando hechos incapaces de escucharse, de ponerse en contacto.

Desde luego, y por una razón educativa. He pensado en esto muchas veces. Se suele decir que en cada español hay un seleccionador de futbol, pero creo que eso también vale para la historia: cada español es un historiador. Cualquiera opina de la estrategia de un partido, como del pasado. En ningún caso se paran a pensar que, para hacer historia, se requiere un método de análisis, una formación en la lectura de los textos del pasado y, lo que a menudo se olvida, leer permanentemente nuevas aportaciones ya que la historia es una disciplina en constante evolución.

Tengo muchos amigos que tienen un conocimiento somero de historia. Algunos, de forma bondadosa pero ingenua me dicen que no entiendo que a mi edad tenga que seguir leyendo libros de historia dos o tres horas diarias, si en su opinión ya está todo escrito.

Hay una creencia generalizada en nuestro país de que la historia está hecha y que uno puede impunemente decir, como he oído decir a algún político, que su historiador de cabecera es uno que murió hace 50 años. Cuando una persona cree que la historia que se escribió hace 50 años es suficiente para poder entender lo que está sucediendo en España es que no ha entendido nada. Como se trabaja ahora no se parece en nada a como se hacía 50 años atrás, al igual que pasa con la física o la ingeniería. Nosotros hemos cambiado igual que ellos y eso pocos los saben.

¿Estamos repitiendo los mismos errores y desastres desde la Edad Media?

Sí, porque sustentamos un modelo de ignorancia de la historia, la idea de que la historia es opinable. Se ha llegado a opinar sobre los hechos, cuando los hechos no son materia de opinión. Se pueden debatir, que no es lo mismo que opinar. Debatir con argumentos y pruebas en un sentido u otro. Cuando miro a mi espejo de hace 30 años descubro que escribo cosas diferentes de lo que escribí entonces. Es normal porque hay hallazgos nuevos; no sólo de información, también de metodología; ambos te permiten cambiar el punto de vista. Si cuando surge el desafío soberanista el presidente del Gobierno dice que eso es un “retorno a la Edad Media” o una de dos, o no sabe nada de lo que fue la Edad Media o desconoce la realidad soberanista catalana; o quizás ambas, no sabe ni una cosa ni otra. Me preocupan por igual ambos aspectos de su ignorancia. El primero explica por qué el Estado se desentiende del rigor y la excelencia en el estudio de la historia en nuestros centros docentes; el segundo explica que se puede ser presidente del Gobierno sin saber política, ni actuar a través de ella. Todo esto es insólito.

No soy experto en la Edad Media, pero he visto cómo se inventaban una mitología medieval en los Balcanes. ¿Sucede aquí lo mismo? En vez de encumbrar a Alfonso VI, que tomó Toledo en 1085 y se declaró rey de las tres religiones, lo que era bastante moderado para la época, preferimos al Cid Campeador, que era un mercenario.

La experiencia balcánica ha sido elevada en algunos foros al estatus de teoría política. Pero también tiene un rasgo que afecta a la historia. En el fondo en ambos casos se percibe la incapacidad de un pueblo de abandonar la manera de ver el pasado impuesta por el romanticismo y lo que le siguió el nacionalismo. La manera en que en España se legitimó la Restauración en los planes de enseñanza. Sobre ese particular, que es nuestro pasado próximo, que no pasa nunca, no se puede estar todo el rato en un tono de queja, como haría mi paisano Ganivet o Unamuno o Baroja. Hay que cambiar el punto de vista. Profundizar en el conocimiento del pasado y encontrar la manera de enseñarlo mediante una escritura adaptada a nuestro tiempo o una docencia que acepte el desafío global. No se puede seguir diciendo que nuestros actuales males proceden del absolutismo de Fernando VII o de la Guerra de la Independencia. Porque si empiezas así llegas a la conclusión de que nuestros males se detectan ya entre los iberos. Y no se trata de eso. La historia es un relato comprensivo del pasado que permite entender el presente siempre y cuando se realice de forma rigurosa. Lo otro es mera palabrería. Pero en España el modelo de la Restauración sigue fascinando a muchos, tanto a los que les gustaría imponerlo como a los que le gustaría enfrentarse a él. No hemos aprendido del pasado. Este es nuestro mayor problema, y no hemos aprendido porque lo hemos relatado mal.

Volveremos sobre eso. Pero ahora quisiera saber si en algún país se ha hecho de modo diferente al nuestro.

Sí, ciertamente. En la reunificación alemana tras la caída del murto de Berlín en 1989 se abrieron dos posibilidades: la de Frankfurt de 1848 o la berlinesa de 1870, cuando Prusia aglutina al resto de Estados “alemanes”. La del 48 había fracasado porque se vinculó a la revolución social y en parte al Manifiesto Comunista; la del 1870 triunfó porque conectó con el ser de un pueblo, aunque ese triunfo condujo a la creación del Segundo Reich, a la Primera Guerra Mundial, a la Republica de Weimar y al Tercer Reich. Tras ese mal paso, Alemania se había reconstruido en el 1948 como una República Federal. Cuando le preguntan a Konrad Adenauer cuál era su referente, dice cualquiera menos el ser un Reich. Por eso apostó por el modelo federal porque pensaban que era la mejor garantía para evitar ser un Reich. Los alemanes, por fortuna para ellos, habían aprendido de una época catastrófica y no estaban dispuestos a repetir el modelo. Su reunificación, aunque significara trasladar la capital a Berlín, fue por la vía federal. Nunca se ha olvidado el pasado que generó el Reich, incluso cuando se lee en términos nostálgicos como “el mundo de ayer”.

Al crecer su economía, los alemanes detectan el peligro de convertirse en Reich, saben que están corriendo demasiado en la dirección de 1870. ¿Cómo lo evitan? Apoyando la Unión Europea. Ellos son el motor, pero necesitan a italianos, a franceses y a todos los demás. Eso es tener una lectura buena de la historia. Cuando Merkel afirma “en este país no va a haber inflación mientras viva” sabe lo que dice, sabe lo que significó la inflación de la República de Weimar y sus consecuencias. La inflación provocó que el marco careciera de valor. Eso facilitó la llegada del nazismo. Los alemanes conocen la dinámica, conocen bien la historia y trabajan para que no se repita.

Y en España.

Eso se conoce bastante bien, pero no se han extraído sus consecuencias. España, después del franquismo, nos sentamos en torno a una mesa para impulsar una transición política y crear un nuevo país. Se reunieron los padres de la Constitución pero no hubo ningún historiador en esa mesa, para evitar determinadas cosas, evitar que se reprodujera un modelo que se parecía bastante al de la Restauración, incluso en la dinastía que ejercía la Jefatura del Estado. La sensación de estar repitiendo el modelo de la Restauración no fue suficientemente advertida. En un país democráticamente maduro, los historiadores hubieran llamado la atención sobre determinadas maneras de hacer política que en España provocó la grave crisis del 98, con la independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, los movimientos anarquistas en Barcelona, la Dictadura de Primo de Rivera y lo que siguió.

¿Tampoco podemos ser un país unitario? ¿Se puede decir que no hemos acertado en el modelo de Estado?

No podemos ser un país unitario, porque en realidad no lo hemos sido nunca. Los únicos proyectos unitarios de verdad fueron el Omeya y el de Franco, que se parecía mucho al Omeya con la única diferencia de que no era la religión musulmana la base integradora, sino el nacional catolicismo. No se puede olvidar la geografía. España, como todos los territorios que tienen una meseta central y tierras bajas alrededor, es un microcontinente y como tal solo es posible la unidad si la meseta desarrolla la idea de un imperio, que fue la solución de los Habsburgo en la Edad Moderna.

Pero tras un difícil paso por el siglo XVIII por la creciente tensión entre el centro y las periferias, tras la Guerra de la Independencia y el absolutismo que le siguió, en el periodo liberal del siglo XIX se apuesta de nuevo por las ciudades de la periferia. Barcelona, por ejemplo, muy tocada desde mediados del siglo XVII, renace al abrirse el canal de Suez. Luego siguieron otras. Sólo Madrid podía competir en el interior con estas ciudades de la periferia costera. Esas ciudades entonces buscan reproducir el modelo medieval cuando la meseta ya no tiene la capacidad de seducción que tenía y se produce un conflicto con los territorios de la periferia.

A finales del siglo XV, Castilla conquistó el Reino nazarí de Granada, que aglutinaba las actuales provincias de Almería, Granada, Málaga y parte de Cádiz y Jaén; toda la Costa del Sol, desde cabo de Gata hasta Cádiz, era de los sultanes granadinos, aunque en realidad era de los genoveses. Por entonces Castilla tiene poca costa: la mediterránea era de la Corona de Aragón mientras la atlántica era del Señorío de Vizcaya que, aunque formara parte de la Corona de Castilla, tenía una fuerte autonomía.

Con lo cual la meseta no tiene esa capacidad de convicción, de ofertar a los otros países una idea. No es el modelo francés, es más, el momento más importante de la historia de España, el único admirable, es el siglo XV, la verdadera época del Siglo de Oro de las Letras Hispánicas porque había grandes escritores en castellano, excelentes también en catalán. Esto escandaliza porque el siglo XVII es oficialmente el Siglo de Oro de las Letras castellanas, pero no lo es de las españolas. Cuando se dice como argumento que el catalán no es español le están dando la razón a los independentistas. ¡Claro que el catalán es español! Si no se parte de esto no existe otra solución que la que proponen unas cuantas gentes de aquí, a destiempo, mal planteado, mal llevado y mal gestionado, todo lo que queramos.

Pero la historia central no viene de ellos, viene de los demás cuando dicen, no, nuestro Siglo de Oro es el siglo de la Letra Castellana. No pongamos como Siglo de Oro el momento en el que junto a la gran literatura castellana aparece Tirant lo Blanc que es una obra valenciana, pero en una derivada lingüística del catalán que es el valenciano. Hay poetas increíblemente buenos en lengua catalana y en lengua valenciana, como poetas muy buenos en lengua castellana. Si los Reyes Católicos en vez de tener una manía constructiva hubieran creado el Estado que no lograron crear quizás ahora estaríamos en otra situación. Siempre estamos pendientes de resolver nuestra dificultad, que la tenemos, pero para eso se requiere imaginación. La Historia solo puede dar claves, no puede decir cómo hacerlo porque esa no es la labor de un historiador, la labor de un historiador es decir, esto ya se ha hecho mal y no ha salido.

En este momento se cuestiona la Transición. Parece que la tercera restauración ha fracasado. La corrupción es visible. Surge un partido del 15M, Podemos, que quiere representar a los ciudadanos, que se presenta como un partido de la ciudadanía contra la élite. ¿Es quizá una oportunidad para hacer las cosas bien?

Esa será la responsabilidad de este movimiento. He pensado mucho en esto y en lo que proponen los jóvenes de Podemos. Algunos de sus mentores son de mi generación, como Jiménez Villarejo, antiguo fiscal anticorrupción. Está bien que haya algo de transversalidad generacional. Aunque es evidente que este movimiento nace del impulso del 15M se ha alejado mucho de él. Utiliza elementos de aquella plataforma, como las redes sociales, el contacto vía internet o Twitter; también que el conocimiento y la soberanía se mueven en la Red pero sus objetivos y su metodología son bien diferentes. Tienen claro que para el asalto al poder tienen que utilizar el sistema vigente, que es un sistema de partidos y las elecciones generales. Por eso se han constituido en un partido político con un secretario general que será probablemente el cabeza de cartel en las próximas elecciones legislativas.

Hasta aquí todo bien. Está claro que la convulsión que genera Podemos nace, usted lo ha señalado, de la pérdida de impulso del proyecto de la Transición. Las costuras del Estado se han resquebrajado y eso ha afectado al sentido de la Constitución de 1978. Se la ve como una dificultad. De ahí que hablen de romper el “candado” constitucional, como si se tratara realmente de un freno a las aspiraciones sociales.

Yo tengo, de momento, bastante reservas sobre esa mayoría en crecimiento que se siente fascinada con sus mediáticas reflexiones socioeconómicas sobre la naturaleza de la Unión Europea, las perspectivas para una república que haga frente a la banca internacional, las metas de la acción colectiva y otras especulaciones parapolitólogicas por el estilo expuestas casi siempre en las tertulias de televisión o en reuniones donde son la única voz cantante. Pero, a la inversa, discrepo de aquellos que quieren deslegitimar sus propuestas mediante referencias a su opaca financiación y sus relaciones con países extranjeros. Lo más importante para mí es que, por lo que he escuchado hasta ahora, sus argumentos sobre Europa, que en realidad es lo que como historiador más me interesa, los encuentro bastante elusivos y metafísicos en muchas de sus presentaciones en público. Pero debo seguir de cerca sus planteamientos en este año electoral.

En una cosa tienen toda la razón. El poder público en España se ha debilitado, porque no tiene conciencia de su responsabilidad ciudadana. La venalidad de parte de la clase dirigente -pues eso no afecta no solo a políticos- es un grave síntoma de cierta “banalidad” de la función pública. Pensemos, por ejemplo, en aquella expresión tan frívola de una ministra que dijo que el dinero del Estado no era de nadie, cuando en realidad es de todos los ciudadanos, que lo depositan en las arcas del Estado a través de un severo sistema impositivo. La inacción ante el sentido del deber, la propia carencia de moral, convierte el patriotismo en cuestión de banderas y de sentimientos fogosos, jamás de responsabilidad cívica. Por eso la actual corrupción es algo más que el cohecho, la prevaricación o la mordida del 3% de la que habló un político catalán. La corrupción es una conducta inmoral hacia las obligaciones del cargo que una persona ocupa, incluso cuando al saberse nadie la denuncia para evitarse problemas. Al final, por este sentido equivocado del deber se podría aceptar decisiones ignominiosas. Ya se ha hecho antes.

¿Y Podemos qué papel juega en todo eso?

Podemos ha detectado la debilidad del Estado debido a la fractura moral que ha provocado la corrupción. Hay mala conciencia entre muchos dirigentes de haberla admitido por pasividad e incluso por colaboración de facto. No basta con las palabras; hay que ir a los hechos. Los que han robado deberían devolver el dinero robado, que se cuenta por decenas de millones de euros; verdaderas fortunas. Hemos perdido el sentido de las cosas.

El poder político se ha hecho débil porque no sabe qué decir ante la venalidad que le rodea y que salpica a tantos colaboradores o amigos. Podemos propone al menos un punto de partida. Puede que no sea el adecuado, pero al menos han tenido la valentía de poner los puntos sobre las íes. No pienso que el peor defecto de los partidos que sostuvieron la Transición sea su fracaso a la hora de analizar las causas profundas de la corrupción. Sin embargo, creo que su miopía política se debe a que no están atentos a la realidad del siglo XXI. Al fin y al cabo, ellos escuchan a los tertulianos de las televisiones y de las radios, los que apoyan a unos y critican a otros, jamás a quienes razonan desde la distancia, ajenos al tumulto mediático. Ésta es en el fondo la debilidad también de Podemos porque de momento no le he escuchado qué tipo de historia proponen en su análisis del presente y, con más razón, del pasado. Hablan mucho de economía y de sociología, algo de politología, pero poco de historia. Y eso me preocupa.

Estamos ante una disyuntiva compleja: nuevas instituciones o conseguir que las actuales funcionen.

En el fondo, la España de la Transición remite a la Restauración con un par de arreglos en el sistema electoral y en el régimen territorial. Pero el Derecho Civil es muy parecido, así como el de propiedad; se ha mantenido la distribución del poder y el pacto de que la industria esté en un sitio, la agricultura en otro y la Administración en un tercero. Existe la tentación de romper ese equilibrio, que era sobre todo territorial, y el temor de que se desestructure el acuerdo que puso fin al franquismo.

Fue esta falta de entidad a la hora de modernizar el país la que encuentro inaceptable. Y no es que la generación que canalizó la Transición desde finales de los setenta hasta comienzos del siglo XXI se encontrara confusa, sabía lo que hacía, pero aceptaron un acuerdo que les hizo débiles y potencialmente susceptibles de ser corrompidos. Alcanzaron la conciencia de este hecho cuando la historia les arrastró a un torbellino para el que sin duda no estaban preparados, el atentado de marzo del 2004 y la crisis económica de noviembre de 2007. Se enfrentaron entonces a todas las decisiones trágicas de esos años, no quedándoles más opción que huir hacia delante pensando que ninguno de ambos hechos era realmente significativo o dejar que lo tomaron otros, los medios de comunicación por ejemplo.

Entonces llega Podemos y dice que el problema de la corrupción es el responsable de la inacción política, ante una imagen deteriorada del Estado o ante el control de la banca durante la crisis. Por eso sostienen que utilizarán las instituciones del Estado para transformar el orden social, y una vez que se transforme crearán nuevas instituciones acordes a ese orden social. Podemos no está engañando a nadie, técnicamente es un proceso revolucionario pero no del modo clásico, pero es un proceso revolucionario.

Eso también pude valer para el problema territorial actual.

Por supuesto. El desafío que propone el proceso soberanista debería ser debatido desde sus puntos de vista. Hasta ahora hay cierta ambigüedad conceptual. He escuchado que están conforme al “derecho a decidir”. Una idea atractiva pero teóricamente débil. La realidad es el derecho de autodeterminación, y entonces deberemos plantear si un territorio de la actual España constitucional cumple los requisitos para aplicar el derecho de autodeterminación que se aprobó en el Tratado de Versalles al finalizar la Primera Guerra Mundial. Los juegos conceptuales, el nominalismo gramatical es un excelente ejercicio retórico pero resulta peligroso cuando se habla así en un país que en alguno de sus sectores, como en Podemos, se plantea la revolución como objetivo legítimo.

La situación histórica en 2014 es que España forma parte de la Unión Europea y sobre esa realidad se debe comenzar el debate. La creencia que eso es un elemento marginal al problema es sencillamente salir de la historia; vivir en un mundo que no existe en realidad. La soberanía de las naciones como España está limitada por las normas que rigen ese club que es la UE; pero eso también se aplica a Alemania o Francia. La cuestión es saber si queremos seguir formando parte de Europa, no en su plano geográfico que eso nadie lo puede discutir, sino político y económico.

¿Hemos pasado de ser los más europeístas a un cierto desencanto?

Quizás esté en lo cierto, pero para contestar con rigor necesitaré un mayor sentido del contexto. Quisiera recordar antes que nada que yo soy un europeísta convencido. Mis amigos también son europeístas convencidos, tanto aquí como en Francia, Alemania o Italia. En los países en los que habitualmente me muevo y doy clases o conferencias los europeístas lo son porque ven la UE no como un problema sino como una solución; más aún como la solución al peso de la historia en nuestro continente. Algunos afirman que el euro nos ha llevado a la ruina, porque cuando entramos precipitadamente nos hicieron pagar 166 por él. Es verdad, fue traumático. Nos dijeron que si queríamos pertenecer a la Europa rica tendríamos que empezar a aprender que un euro vale 166 pesetas. Nunca lo aprendimos.

Pero eso es un problema de nuestra manera de entender el presente. Hemos crecido a tanta velocidad que hemos sentido vértigo o simplemente nos hemos acostumbrado a creer que siempre sería así. La gente joven no recuerda que una España, y de eso hace poco tiempo, en los sesenta y los setenta, era un país atrasado, con malas carreteras y trenes que tardaban dos días en atravesar la península ibérica; al borde del colapso social y con un ejército amenazador. Europa nos llevó al buen camino; al espíritu de la democracia; al respeto por las opiniones ajenas; al valor de la alta cultura. Pero cuando lo creíamos tener en nuestras manos, el viento que sopló durante el trienio 2004-2007 se lo llevó casi por completo. Y hemos vuelto a aquel entonces, con cierta perplejidad.

¿Ha jugado la religión un papel negativo en España?

La religión ha dificultado el desarrollo porque recela de todo procedimiento que no sea el suyo; recela y por eso desconfía de la gente que aspira a secularizar el pensamiento y las normas sociales. Durante siglos en este país se ha pensado que unas minorías educadas y formadas al margen de la religión católica son unas minorías peligrosas. Para ver la historia de España en plenitud hay que entretejer los acontecimientos con esos elementos que proceden del espacio doctrinal católico.

¿Se puede decir que en España faltó guillotina como dice Arturo Pérez-Reverte?

No puedo estar de acuerdo con esta afirmación, aunque la entiendo como una boutade o quizás como una metáfora. El debate es para convencer nunca para vencer; el adversario jamás debe ser el enemigo. Esta manera de entender la historia falsifica el proceso social; es un planteamiento distorsionante sobre la realidad del presente. Por ejemplo, hoy consideramos que la verdadera grandeza de la Revolución Francesa fue saber como poner fin al Terror, es decir, al uso indiscriminado de la guillotina para los adversarios del régimen que eran muchos, como no puede ser menos. Hay que valorar a fondo el instante en que las fuerzas democráticas en París logran poner fin al derrape del Terror y condenan a Robespierre por abuso del poder.

Estoy convencido que un país capaz de acabar con la guillotina es un país serio y con futuro. Un país que la necesita para seguir es un país condenado a repetir sus errores. El uso de la guillotina conduce a la exaltación del terror y por ese camino hacia las formaciones totalitarias. No se puede enviar la guillotina o a la cárcel a todos los que no estén de acuerdo contigo. Eso es el fracaso de la historia. España por ejemplo nunca ha sabido superar sus crisis de forma positiva, siempre ha necesitado una dura catarsis. Pero decidir cómo liberarse de las fuerzas reaccionarias sin necesidad de recurrir a estos medios expeditivos supone todavía una tarea básica del historiador. Por lo que sabemos que ocurrió en la Europa del Este en la segunda mitad del siglo XX conviene tomarse estas cosas muy en serio.

¿Se podrían enmendar errores ahora que estamos en una crisis ética y política?

El debate está abierto en los tres planos que siempre ha tenido España. De esta resolución puede dejar de existir el problema que es España, o de esta resolución puede dejar de existir España, dicho de otra manera. Está claro que el proceso secesionista catalán es, técnicamente, un suceso histórico a destiempo, se plantea en un tiempo histórico indebido, pero eso no significa que no vaya a hacerse si no se plantean alternativas en serio. El problema territorial conducirá a fracturar España en dos, tres o cuatro, con lo cual el problema España habrá dejado de existir. Habrá otros problemas; existirá el problema catalán; Cataluña tendrá su propio problema, sabrá dónde se ha metido en los próximos diez años, llamando cada día a la puerta de la UE para que la deje entrar con una inflación galopante y un problema de corralito. He leído un artículo de un buen amigo mío, en el que pide que desdramaticemos. De acuerdo, no dramatizo, pero tampoco me dejo conducir por el error. El segundo plano es el problema social. Podemos plantea un problema social serio y es verdad que este país no puede mantener una juventud de entre 25 y 40 años cuyo su horizonte de vida es ganar 900 euros al mes.

Antes había una escalera salarial y social que subir, ya no hay escalera.

No hay escalera, y no la habrá. Para poder vivir necesitas hipotecarte toda la vida. Una pareja suma juntos 1800 euros. No hay perspectiva. Es mera supervivencia. Un país no puede funcionar con este horizonte de expectativas. Por eso hay una fractura social grave.

El tercer plano del que hablaba es el político.

Es el político. Lo que España no puede es seguir manteniendo que la corrupción es un mero accidente porque no lo es. No digo que todos los políticos sean indecentes, pero nadie ha hecho nada cuando sabía que el de al lado era corrupto. ¿Cuántas denuncias presentadas por políticos están en las fiscalías? ¿Cuántos profesores se reúnen un día y dicen, ese que han contratado es un enchufado? ¿Cuántos? Si el fiscal no recibe la denuncia por escrito no hará nada, si después de recibirla no hace nada entonces es problema de la fiscalía. Los políticos no son conscientes de que las leyes que ellos han creado, las leyes políticas que ellos han creado, permiten la aparición de estos individuos.

Tengo la sospecha de que nosotros no somos mejores que los políticos.

En efecto, es lo que estoy diciendo…

Y los empresarios, los periódicos…

También.

Se trata de la misma frecuencia ética.

Estoy de acuerdo. Se trata de la misma frecuencia ética. Por eso hay que contar la verdad como un ejercicio de responsabilidad cívica. Defraudar a Hacienda es un delito contra el bien público, no un ejercicio de picaresca; el que lo hace debe ser juzgado y en caso de ser culpable conducirlo a prisión, con independencia de quien sea. Hablar abiertamente de la falta de ética en la vida social, cultural o profesional abre la posibilidad de un país más justo y más prometedor.

En España nos falta educación cívica, formación ética.

En efecto nos falta y esto constituye un gran fracaso. La textura moral del español de hoy responde a modelos de comportamiento inadecuados. Cuando pensamos en los años cuarenta, en el estraperlo, el tráfico de influencias político para los afines al Movimiento Nacional, el recurso al enchufe del pariente o del amigo del amigo, creemos que se trata de un gesto moral producto del franquismo. Pero, al ver esos mismos comportamientos en nuestros días, con pequeñas variantes, cambiando Movimiento Nacional por el partido hegemónico de un territorio, nos damos cuenta que es un problema más hondo. Y entonces deberíamos haber recurrido a la historia para saber algo de eso. No lo hemos hecho. Seguimos parloteando de la falta de educación, de la ausencia de formación ética, de la vulgaridad en los debates, sin preguntarnos por qué la sociedad sigue premiando lo zafio, lo vulgar, por encima del comportamiento educado, civilizado.

Hay muchos ejemplos que podría traer a colación en este momento. Pero me centraré en uno, la educación como gesto social. Pongamos un caso sencillo. Una persona lanza un papel al suelo, aunque tiene una papelera a escasos metros o deja los restos de una comida campestre a la intemperie. Hay dos modalidades para evitar esto. La coercitiva. Un agente ve la acción y acude con la multa en la mano. Pero hay otra manera, enseñar que eso no debe hacerse por el bien de la comunidad. El camino es la educación. No me cabe duda. Y aquí aparece el verdadero escollo actual. ¿Cómo hacer que la educación sea un valor prioritario? Solo hay un camino. La referencia de la autoridad moral. El respeto por figuras de referencia. ¿Por qué España no recurre a ellas?

Eso: ¿por qué no recurre a ellas?

Porque se ha acostumbrado a vivir con la desagradable sensación de que aquí triunfa la mentira sobre la verdad desagradable; motivo por el cual se rechaza de forma inconsciente si se quiere a las figuras de referencia que descubren esa trampa, la descubren y la explican. Es de nuevo el caso del recurso a la historia, no a esas historietas inventadas a gusto de un consumidor que ya está acostumbrado a que le mientan: el papel del historiador es descubrir la verdad entre las mentiras, ponderar los hechos, informar, y ese es el principio de educación de un ciudadano del siglo XXI. Los gestos sociales carentes de educación cívica, desde tirar un papel en el suelo hasta calumniar en el trabajo, son corrosivos no solo por lo que respecta a la cualidad ejemplar propia de una sociedad democrática sino que lo son por conculcar los valores que han forjado un país a lo largo de los siglos.

Siempre aparece la historia.

Es verdad. En mis reflexiones siempre aparece la historia. Pero hoy la creo más necesaria que nunca. Diría incluso que la historia se está convirtiendo en un bien social en las sociedades avanzadas. Cuanto mejor es la historia de una país, más porvenir existe en ese país. Esta por ver qué decidirá al respecto la sociedad española actual tan erosionada por la crisis económica y los malos referentes morales de muchos de sus dirigentes. La regeneración va a ser un camino largo, pero no hay más remedio que hacerla. Cualquier otra solución nos llevaría al borde de la falacia.

La República vilipendiada en las escuelas, lo que no dicen los libros de texto

25 marzo, 2016

Fuente: http://www.ecorepublicano.es

Durante mucho tiempo hablar de República fue un tema tabú en España. Si analizamos los últimos 45 años, en los diferentes modelos educativos: EGB (1970), LOGSE (1990) y LOE (2006) -la mayoría de las veces-, en las escuelas se han pasado de puntillas el periodo de la Segunda República y casi siempre asociándolo a un periodo efímero, convulso y guerracivilista.

De esta forma, muchas generaciones han tenido una percepción distorsionada de lo que significó el republicanismo, la lucha por las libertades y la democracia en España, desconociendo a grandes rasgos el gran avance democrático y en derechos que supuso para nuestro país la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931.

Por el contrario, la instauración de la Monarquía se ha plasmado en los libros texto, como la llegada de la democracia y el final de la dictadura, ensalzando la Transición como modélica y fruto de un amplio consenso entre diferentes partidos, que culminaron en la aprobación de la Constitución Española de 1978. Los líderes políticos arraigados al franquismo como Adolfo Suárez o Manuel Fraga, de la noche a la mañana fueron convertidos en padres de la democracia y la figura del Rey Juan Carlos se identificó como ejemplar y salvapatrias de la intentona golpista el 23F en 1981. Por otro lado la Corona se ha descrito como austera, transparente, garante de la democracia y símbolo de la unidad de España. ¡toma morena!

Durante años, la República fue vilipendiada en los libros de texto que hablarían de Sublevación o Alzamiento cuando deberían referirse al 18 de julio de 1936, como un golpe militar fascista del genocida Franco contra un gobierno legítimo, democrático y legalmente constituido. En muchos casos, incluso se responsabilizó a la República del golpe militar. Se desprestigiaría a figuras como Manuel Azaña, Juan Negrín o Pasionaria. Se hablaría de quema de iglesias y conventos, se ocultarían los 150.000 republicanos enterrados de en fosas comunes y cunetas, se silenciarían los más de 300.000 niños robados del franquismo. Se evitaría hablar de los más de 7.000 republicanos confinados en campos de concentración nazis; se omitiría hablar del Gobierno de la República en el Exilio, de los luchadores por la libertad y de la lucha antifranquista.

Resumiendo, se idolatraría la monarquía y la transición, como un mal menor a la dictadura anterior. Los franquistas se convirtieron en demócratas y los luchadores por la libertad quedaron olvidados en las cunetas. Se llamaría democracia a algo que no lo es, entendiendo que en una democracia la Jefatura de Estado no puede heredarse de padres a hijos como si fuera un cortijo de feria. Hubo un engaño premeditado y con alevosía.

Los libros de texto, no hablaron de que el dictador Franco designó a Juan Carlos de Borbón como su heredero. No mencionan que Juan Carlos juró los principios del movimiento nacional franquista, jurando lealtad a Franco. No mencionan que una vez muerto el dictador, el rey Juan Carlos enterró con honores de Estado a Franco en el Valle de los Caídos, incluso luciendo un brazalete negro en señal de luto. No mencionan que la familia Franco continuó con su “status de poder” y que mantuvieron sus riquezas, la mayoría de ellas conseguidas fraudulentamente como consecuencia del expolio de la guerra civil.

Los libros, no se pronuncian respecto a cómo la familia Franco acogió en sus brazos a los Borbones, que ambos convivieron en la dictadura con placidez, normalidad y privilegios. Se olvidan que el rey Juan Carlos jamás condenó el franquismo; que los crímenes franquistas y sus responsables no han sido juzgados, que la Ley de Amnistía de 1977 permite que España sea el segundo país del mundo tras Camboya con más de 150.000 desaparecidos.

Los libros, no mencionan que el nuevo régimen monárquico prohibió a los partidos republicanos participar en las primeras elecciones, “supuestamente democráticas”. No se dice que la Constitución de 1978 se votó, incluyendo la monarquía en el lote, los libros no indican que no se realizó un referéndum para elegir República o Monarquía y que se impuso la voluntad de Franco de instaurar la monarquía tras su muerte.

Los libros, no indican que la monarquía acumula un Patrimonio de 1.790 millones según la revista Forbes y que nos cuesta, según diferentes estudios más de 560 millones de euros al año. Los libros, no explican que algunos testimonios de renombre ponen en entredicho la participación del rey en la intentona golpista del 23F.

Con toda seguridad, los nuevos libros de texto no hablarán de los últimos acontecimientos “reales”, no se pronunciarán sobre los Safaris de Botswana, ni de Corinna, ni de la imputación de la Infanta, ni de la reforma exprés que sin consultar previamente al pueblo, se realizó en 15 días para perpetuar la monarquía y poder coronar a Felipe VI.

En definitiva, queda mucho por explicar y por hacer.

Luis Egea

 
Extracto del cuaderno: “1978 una Constitución para el Pueblo”,  entregado a todos los escolares españoles. En la foto se puede apreciar que la bandera tricolor: roja, amarilla y morada es sustituida por la rojigualda, cuando se habla de la Constitución Republicana de 1931. En la redacción se habla, que Alfonso XIII abandona España, para “evitar un derramamiento de sangre”, omite que se fugó con 48 millones de euros depositados en Bancos de Suiza y Londres.

Mitos sobre Grecia y sobre Europa

24 marzo, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 5 de enero de 2015, y en catalán en el diario digital VILAWEB, 9 de enero de 2015.

Este artículo critica algunos de los supuestos que sostienen el pensamiento económico dominante en Europa, uno de los cuales afirma ahora que la victoria de Syriza en Grecia significaría su expulsión de la Eurozona.

El pensamiento económico dominante, que no es otro que el neoliberalismo, tiene su propio argumentario que utiliza constantemente para crear estados de ánimo que hagan más tolerables y aceptables sus propuestas, que siempre implican sacrificios para las clases populares. Estos argumentarios se repiten a través de los mayores medios de información y persuasión, convirtiéndose en la sabiduría convencional del país. Es decir, las “obviedades” promovidas por el pensamiento económico dominante se aceptan sin más, marginando a aquellos autores que las cuestionan. Estas “obviedades” son repetidas miles de veces por economistas mediáticos que intentan rezumar una seguridad que quiere aparentar competencia.

En cada una de estas obviedades, la evidencia que las avala es muy escasa, cuando no prácticamente nula. En realidad, tal evidencia (fácilmente accesible, por cierto) muestra su falsedad. Veamos varias de ellas, mirando primero lo que la sabiduría convencional dice y contrastándolo después con la evidencia que la contradice.

Primera supuesta obviedad. El problema de la Eurozona es que le falta liderazgo. No hay una figura o un poder político que lidere dicho proyecto. Le puedo citar un número largo de “gurús mediáticos” que, con un tono grave en su voz, resaltan esta falta de liderazgo como un problema mayor. Cualquier analista de las políticas públicas que están aplicando la mayoría de instituciones europeas (el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo), así como los gobiernos de la Eurozona, observará una gran coincidencia en la mayoría de ellas, resaltando las políticas de recortes del gasto público (lo que popularmente se llaman “los recortes”) y de reformas estructurales encaminadas a rebajar los salarios. Y dirigiendo todas ellas está el gobierno alemán dirigido por la Sra. Merkel, que está liderando las políticas públicas de la Eurozona. A pesar de la enorme evidencia de que estas políticas están causando un enorme daño a las clases populares, estas se están llevando a cabo bajo la supervisión y el mandato del gobierno Merkel. ¿Qué más muestras quieren ver de que existe tal liderazgo? Ni un solo país se ha rebelado frente a estas políticas, por mucho que de vez en cuando aparezcan voces tímidas de protesta.

Segunda supuesta obviedad. Las políticas “irresponsables” de los países periféricos de la Eurozona (los llamados PIGS) están llevando a la Eurozona a un desastre, abriendo la posibilidad de que el euro colapse. Se recordará que el colapso del euro ha sido durante estos últimos años un temor promovido por los economistas neoliberales (y sus aliados, los economistas socioliberales), que constantemente alertaban de que, a no ser que los países periféricos actuaran más responsablemente (es decir, que se recortara más y más el gasto público y se bajaran más y más los salarios), el euro caería. De nuevo, les puedo citar a numerosos gurús mediáticos que estaban ya calculando el día y hora en el que el euro caería.

Pues bien, el euro no cayó, ni siquiera estuvo en peligro de caer, como indiqué en medio de la histeria del supuesto colapso (ver “Causas y consecuencias del euro”, Público, 26.07.12). Y la causa de que no hubiera ningún peligro de que cayese era muy fácil de ver. Al capital financiero alemán, el eje del poder financiero (y político) europeo, le iba pero que muy bien la continuidad del euro, con este desequilibrio de fuerzas dentro de la Eurozona. En realidad, no le podía ir mejor. Estaba creando un flujo de dinero de la periferia al centro que beneficiaba al establishment financiero y económico alemán. El euro, lejos de estar muriendo, tenía una salud muy robusta.

Tercera supuesta obviedad. La victoria de Syriza en Grecia podría llevar a que Grecia fuera expulsada de la Eurozona. El programa de Syriza, que amenaza con reestructurar la deuda, e incluso impugnar un componente de ella, causará su expulsión. Esto lo habrá leído usted en los mayores medios miles de veces estos días. Todos los gurús mediáticos, incluyendo el gurú de El País, el Sr. J.C. Díez, lo han estado vaticinando. Y las voces conservadoras y neoliberales (incluyendo socioliberales) que dominan las tertulias están ahora augurando que Grecia terminará siendo expulsada. Y como prueba de ello se remiten a las declaraciones del Ministro de Finanzas alemán, de portavoces del FMI y un número largo de portavoces de la sabiduría convencional. Es el nuevo dogma mediático y político.

Pues bien, les aseguro que lo último que la banca alemana desea es que Grecia se vaya del euro. Y si no, esperen y lo verán. Y la causa de que a Grecia no la echarán de la Eurozona es que, si ello ocurriera, la banca alemana tendría un enorme problema. Alemania tiene invertidos 700.000 millones de euros en los PIGS, Portugal, Irlanda, Grecia y España (200.000 millones en este último). Esto es mucho dinero. Si Grecia es expulsada, es lógico que Grecia no pague esta deuda. Y el que tiene entonces un grave problema no es Grecia, sino Alemania. En realidad, todo el rescate a la banca española (para el que la UE ofreció hasta 100.000 millones de euros) era para pagarle la deuda a la banca alemana (como así constó en los discursos en el Parlamento Alemán, en el momento en que se tenían que aprobar tales fondos).

La victoria de Syriza significaría un paso para redefinir la dinámica Sur/Norte dentro de la Eurozona, lo que conllevaría por definición redefinir las relaciones de poder dentro de la Eurozona. En realidad, Grecia y España tienen más poder del que han tenido el coraje de utilizar. Y el poder es que deben muchísimo dinero prestado a Alemania, que este país no puede perder, lo cual ocurriría si estos países no pagaran. Si usted, lector, debe 100.000 euros a un banco y no los puede pagar, usted tiene un problema. Pero si usted debe 100.000 millones al banco y usted no los puede pagar, el banco tiene un gran problema. Y Alemania es plenamente consciente de ello. Ni que decir tiene que ahora todos los neoliberales y socioliberales se han movilizado para que Syriza no gane. Y utilizarán todo tipo de argumentos. Pero ello es parte de una narrativa que, como algunos hemos ido denunciando, carece de credibilidad. Así de claro.

Continuaremos negándonos a “guardar las fronteras”

23 marzo, 2016

Fuente: http://www.utopiacontagiosa.org

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Logos de los grupos promotores del Comunicado

 

Fuente: Antimilitaristas.org

Reproducimos por su interés el comunicado de los grupos de Objetorxs de Conciencia del Mediterráneo Oriental, que sacamos de la página web de antimilitaristas.org.

Comunicado

Somos objetores/as de conciencia de toda la región del Mediterráneo Oriental. Nuestra región ha sufrido durante mucho tiempo opresión, injusticia, militarización, ocupaciones militar y guerras, así como pobreza, analfabetismo, hambre y falta de infraestructura social. En este difícil periodo, en el que nuestra región parece hundirse aún más en el caos de la guerra, alzamos nuestra voz común por la paz y contra la militarización.

Nos negamos a permitir que continúe este ciclo de violencia, iniciado por estados opresivos e intereses económicos; nos negamos a ser parte de él; nos negamos a ser enemigos de gente simplemente porque tengan una nacionalidad o religión diferente; no nos van a arrastrar a sus guerras y ejércitos que llevan a la región a la destrucción y la muerte.

Nuestra región es una de las regiones más militarizadas del mundo, desde la conscripción forzada en toda la región, pasando por las fronteras altamente militarizadas y las soluciones militarizadas para cualquier conflicto, hasta las ocupaciones nuevas o en curso de poblaciones civiles por fuerzas armadas que matan y oprimen a hombres, mujeres y niños. Creemos que esta violencia es sistemática y afecta a toda la región, pero no es inherente a ella, y no es nuestra opción como habitantes de esta región que queremos vivir en paz. Nuestra región ha demostrado una y otra vez que las soluciones militares nunca son sostenibles y solo llevan a una mayor violencia a largo plazo, mientras que traen muerte y destrucción a corto plazo.

La reacción del mundo a la actual violencia regional debería consistir en construir sociedades, asistir a los refugiados, y mediar entre las partes beligerantes, no vender armas, bombardeos y proveer ayuda militar.

Las guerras en nuestra región han dado lugar a la mayor crisis de población refugiada desde la Segunda Guerra Mundial, con millones de personas escapando de las guerras y la opresión, solo para encontrar racismo, represión o incluso la muerte mientras intentan llegar a un lugar más seguro. Esta crisis ha conducido a “soluciones” militarizadas tales como participación y apoyo militar internacional, y la militarización de las fronteras. “Soluciones” que tratan a los refugiados como una amenaza a la seguridad y que solo aumentan la guerra y el caos en la región. Expresamos nuestra solidaridad con los refugiados, les damos la bienvenida y declaramos que continuaremos negándonos a “guardar las fronteras”, que llevan a la muerte y la reclusión de (decenas de) miles de personas refugiadas en la región.

Asociación de Objetores de Conciencia Griegos

Asociación de Objeción de Conciencia (Vicdani Ret Derneği), Turquía

Iniciativa por la Objeción de Conciencia en Chipre

Mesarvot, Israel

NoMilService, Egipto

– Liga de Objetores de Conciencia (LOC), Italia

El misterio del hombre que liberó París

22 marzo, 2016

Fuente: http://www.publico.es

A. Alvarez
Ciudadana española en Francia

Desde el pasado 6 de junio, en el país de los franceses se ha comenzado a celebrar el 70 aniversario de todo: desembarco, liberación… Pero se les olvida algo.

El 25 de Agosto de 1944, el periódico francés Libération publicaba en su portada la foto del primer soldado de Leclerc que entraba en París. El titular decía que era americano y no daba su nombre. En Francia se conocen obra y milagros de cualquier combatiente de última hora que pasaba por allí y no ha transcendido cómo se llamaba el primer soldado del ejército francés que el 24 de agosto entró en París para liberar la ciudad. ¿No les parece raro?

Fíjense bien en la foto de esa portada. Está tomada la noche del 24 en el Ayuntamiento de París. En el centro, George Bidault, presidente del Consejo Nacional de Resistencia, y a su derecha nuestro hombre, quien el 26 de agosto abría el desfile de la Victoria por los Campos Elíseos. Desfile en el que De Gaulle legitimó su posición frente a los aliados que hasta ese momento se frotaban las manos esperando “administrar” Francia.

A este soldado, sus convicciones democráticas le guiaron allí donde reside el poder civil de la ciudadanía. El Ayuntamiento de París se convirtió en símbolo del pueblo soberano por cuya defensa estaba dispuesto a morir. La Prefectura también se había sublevado, pero a esa no la vota el pueblo.

Nuestro hombre lleva uniforme americano, pertenece al ejército francés, ha luchado con Leclerc en el norte de África, pasado por Inglaterra, desembarcado en Normandía y por si fuera poco, se trata de un republicano español. ¿Acaso se le levantó un monumento al europeo del año? No, Francia se limitó a echarle de la historia con minúscula, la que se amolda a las necesidades políticas del momento.

Vichy creó escuela y la “razón de Estado” que todo lo justifica siguió ganando adeptos en la posguerra. Siempre hay alguien que quiere decidir lo que el pueblo debe o no debe saber. Necesitamos la verdad si queremos construir libertades.

Franceses y españoles siempre han estado preparados para saber la verdad

Los ciudadanos franceses y españoles, por mucho que sus gobernantes se hayan empeñado en lo contrario, siempre han estado preparados para conocer la verdad, cualquier verdad, incluso el nombre de este hombre y el de tantos miles de republicanos españoles que lucharon y murieron con las Fuerzas de la Francia Libre. En el ejército, en la resistencia y en la guerrilla. No fueron los únicos extranjeros, pero sí los más numerosos con diferencia. Ellos continuaban una guerra contra el fascismo que había empezado en España en el 36. Libertad, igualdad y fraternidad. Bonitas palabras que no significan nada si no hacemos justicia a la memoria de los hombres que sí creyeron en ellas y abrazaron la causa de Francia y de Europa porque era la causa de la libertad.

Qué inocencia o qué grandeza hacer la guerra por ideales y no por conquistar y mantener imperios que aseguren la explotación de los recursos del otro. Si el objetivo hubiera sido acabar con el fascismo, los aliados hubieran entrado en Madrid junto al ejército de la República española. Europa nos ha recordado, con la utilización de la crisis dentro de los parámetros de la doctrina del shock y los resultados electorales del 25-M, que no se acabó con el fascismo, más bien se le permitió mantenerse en un discreto segundo plano, a la espera de tiempos mejores.

Setenta años de silencio son demasiados. El hombre de la foto, el primer soldado aliado que entró en París, se llamaba Amado Granell. Oficial del Ejército Republicano Español y voluntario del Ejército de la Francia Libre, llegó al Hotel de Ville el 24 de agosto de 1944, tras ocho años de lucha contra el fascismo.

Granell no entró solo, le seguían sus hombres de La Nueve, la legendaria 9ª compañía del III Batallón de Marcha del Tchad, de la 2ª División Blindada (2ªDB), conocida como División Leclerc. Aunque había republicanos españoles en todo el ejército de la Francia Libre, La Nueve era conocida por su nombre en español, idioma oficial de la compañía. Dirigida por el Capitán Dronne y el Teniente Amado Granell, estaba compuesta por 160 soldados, de los que 146 eran españoles, ex combatientes del ejército republicano español. Habían empezado su lucha contra el fascismo de Hitler, Mussolini, Franco y Salazar en 1936, cuando la mayoría de ellos no contaba ni 20 años.

Con el Pacto de Múnich, Europa abandonaba a la República española, pero los republicanos españoles no abandonaron nunca ni sus ideales ni a Europa. Pagaban así una deuda de honor contraída con los Brigadistas Internacionales.

Los soldados eran héroes con un fuerte sentido de justicia y solidaridad

Granell y Dronne siguieron recorridos distintos y Granell llegó al ayuntamiento a las 21:20 horas después de cruzar el Sena. Hitler había dado la orden de destruir la ciudad y las Fuerzas del Interior (FFI) no aguantaban más. No había tiempo para comprobar si el puente estaba o no minado, Granell lo verificó sobre la marcha. Cruzando solo, al volante de su vehículo en un ejemplo de las muchas acciones casi suicidas que realizaban estos míticos soldados. Estaban hechos de otra pasta, héroes forzados por las circunstancias, con un fuerte sentido de justicia y solidaridad. Granell es el primer oficial del ejército francés que llega al ayuntamiento y es recibido por el Consejo Nacional de Resistencia que ocupa el palacio. En ese momento le toman la foto junto a G. Bidault.

Los half-tracks, vehículos blindados semiorugas de La Nueve, toman posiciones en la plaza del ayuntamiento y esperan acontecimientos. Llevan en el frente nombres como Gernika, Madrid, Don Quijote, Guadalajara, Teruel o España cañí. El Capitán Dronne llega más tarde con los tres tanques de la 501ª llamados Montmirail, Champaubert y Romilly, que curiosamente sí han pasado a la historia.

Suenan las campanas de Notre Damme y le siguen las de todo París. La radio entrevista a esos hombres y al exilio español ya no le cabe duda de que Madrid será la siguiente.
La Nueve era la compañía de choque de la 2ªDB de Leclerc. Siempre los primeros, siempre adelante, sin retroceder jamás. Desde Normandía hasta Berchtesgaden, el nido de las águilas de Hitler. De los 146 iniciales sólo llegaron 16. El General Leclerc conocía muy bien a estos hombres, por eso les confió París. Eran antimilitaristas e incluso pacifistas, pero estupendos soldados. Su iniciativa e independencia a la hora de hacer la guerra encajaba perfectamente con el espíritu indómito de Leclerc. Como él, no aceptaban órdenes estúpidas, necesitaban entender el objetivo y la razón de las mismas. Y sólo respetaban a los mandos que daban ejemplo en el combate y a los franceses libres de primera hora.

Los republicanos españoles salieron de España perseguidos por el ejército de Franco en el 39. Fueron internados como indeseables en los vergonzosos campos de concentración franceses. Al trasladarse la guerra a Europa, se ofrecieron como voluntarios para luchar bajo bandera española, pero sólo se les dio la opción de la Legión o la vuelta a España a una muerte segura. Algunos llevaban con Leclerc desde el principio, habían asistido al juramento de Koufra y participado en la epopeya del desierto desde el Tchad hasta la Cirenaica. Otros habían luchado desde Noruega a Bir Hakeim con la Legión. Muchos se unieron en cuanto pudieron desertar del ejército al servicio de Vichy tras el armisticio. No faltaban los que iban escapando de los campos de concentración franceses en el norte de África. Verdaderos centros de exterminio cuyos mandos fueron juzgados y algunos fusilados.

En la liberación de París, La Nueve participó en diversos combates y lo hizo junto a los cuatro mil compañeros españoles del exilio que estaban en la Resistencia y la guerrilla de la ciudad. La Nueve ocupa la posición de honor durante el desfile de la Liberación. El día 26, los half-tracks con nombres españoles y banderas de la República española escoltan a De Gaulle y al Consejo de las Fuerzas del Interior y reciben la aclamación y el cariño del pueblo francés. Los españoles ven más cerca el día en que los aliados les ayuden a entrar y liberar Madrid. Pero los aliados tienen otros planes y mantienen a Franco.

Granell vivió entregado a liberar a España del fascismo

Amado Granell sobrevivió a la guerra, recibió la Legión de Honor de manos de Leclerc y pasó el resto de su vida entregado a la causa de liberar pacíficamente a España del fascismo. No lo consiguió.

El 25 de agosto, 70 aniversario de la liberación de París, el presidente Hollande, que dice que “para que todo cambie no hay que borrar nada”, tiene la ocasión histórica de honrar la memoria de los luchadores por la libertad que parecen haber sido “borrados” de la historia de Francia. La Europa que ayudaron a liberar tiene una deuda de honor con los republicanos españoles.

El fin de semana del 24 de agosto, París tiene que ser una fiesta. Sin subvenciones ni ayudas se ha creado una asociación que ha organizado charlas, coloquios, teatro y una manifestación festiva por el recorrido de La Nueve. Estamos todos invitados.

Más información sobre actos en París en www.24-aout-1944.org

Campamento Dignidad, el corazón de la renta básica

20 marzo, 2016

Fuente: http://www.periodismohumano.com

Desde hace dos años, un colectivo social que nació en Mérida lucha por lograr la renta básica universal para toda la ciudadanía.

¿Es factible poner en marcha esta medida? Viajamos hasta el epicentro del movimiento

“Esta es nuestra oficina en la calle”. 12 del mediodía. Mes de agosto. Mérida. El sol se hace fuerte y pesa sobre las cabezas y los cuerpos invitando al refresco. Pero su ‘despacho’ –una mesa de camping con hojas informativas y de recogida de firmas, algún que otro bolígrafo y un pequeño cartel- no cierra. La lucha por la renta básica no tiene descanso ni sabe de horarios. En la puerta de una sede del Servicio Extremeño de Empleo (Sexpe), en Mérida, el Campamento Dignidad ha parapetado su resistencia, su presencia, su visibilidad.

“Llevamos en lucha constante desde hace dos años”, recuerda Manuel Cañada, uno de los miembros del Campamento. El nacimiento de este colectivo social convirtió esta esquina cualquiera en su sede, en su punto de encuentro y también el epicentro desde el que crecer. “Es nuestra casa, aquí comenzó todo el movimiento en Extremadura. Estuvimos 81 días acampados y es nuestra referencia”, confirma Ramón Carbonell, del colectivo.

Hacía frío aquellos primeros días de febrero de 2013, cuando sacaron las tiendas de campaña para confirmar que lo suyo iba en serio. Las cifras del paro, la falta de oportunidades, la desaparición de las ayudas… les llevó a exigir lo que consideran un derecho humano. Las inclemencias del tiempo no impidieron que cuajara una lucha social que se ha convertido en un referente en toda la región y también en el país, la de la renta básica.

Tres meses después del inicio de la acampada, concretamente el 23 de mayo de 2013, el Gobierno de Extremadura aprobó la “renta básica extremeña de inserción”. Alrededor de 22.000 personas la han solicitado desde entonces, se han tramitado unos 9.000 expedientes pero apenas 3.500 han sido aprobados. Casi dos de cada tres peticiones, uno de los proyectos estrellas del Gobierno de José Antonio Monago, están en el limbo burocrático. La aprobación de la ley no aflojó sus protestas. Más bien al contrario. “Nuestra reivindicación no es lo que se aprobó”, explica Petri Parejo, que cobra 399 euros tras casi un año de espera.

Con carácter universal

La propuesta inicial estaba escalonada en tres fases: primero que llegara a los parados sin cobertura, posteriormente a los que reciben distintos subsidios por debajo de 600 euros y finalmente que fuera universal. “En Extremadura han hecho una renta de inserción más. No hemos conseguido lo que queríamos, pero hemos logrado desbordar sus previsiones”, explica Cañada entre el entusiasmo y el malestar.

La renta básica tiene el matiz de universal por definición: “Es un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva”, explican en la web de la Red Renta Básica de Cataluña, uno de los primeros colectivos surgidos en el país sobre este asunto.

Entonces, ¿se puede definir la ley aprobada en Extremadura como una renta básica real? “Toma un huevo en una mano y una castaña en la otra: ¿se parecen? Creo que en nada. Lo que en el estatuto de Extremadura y en el de Andalucía se llama renta básica es un subsidio condicionado a determinadas situaciones”, responde el doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona y experto en la materia Daniel Raventós.

De Iniciativa Legislativa Popular a Podemos

La constante presencia en la calle del colectivo extemeño, que en un primer momento se identificó como Plataforma por la Renta Básica, ha vuelto a instaurar el debate sobre esta medida a lo largo y ancho del Estado español. Por ahora y tras ser admitida a trámite, una Iniciativa Legislativa Popular (ILP), promovida por el Movimiento Contra el Paro y la Precariedad-Por una Renta Básica Ya, trata de recoger las 500.000 firmas necesarias para llevar el tema al Congreso de los Diputados. El plazo finaliza en diciembre. “La renta básica es un eficaz instrumento de erradicación de la pobreza. Es una buena herramienta para luchar contra la precariedad laboral y conseguir la igualdad entre personas”, recoge una nota de prensa de esta ILP.

La propuesta que está sobre la mesa determina la cuantía de acuerdo con el umbral de pobreza, fijado en 645,33 euros mensuales, por el último Eurostat. ¿Cuáles son entonces los cálculos? “Groso modo, y sin quitar a los menores de edad de la ecuación, 47 millones de habitantes por 645 euros al mes es igual a 364.000 millones de euros al año”, apuntan desde la ILP. Y matizan: “De los gastos del Estado habría que descontar todas las prestaciones existentes por debajo de los 645 euros y calcular el ahorro en sanidad (menos enfermedades por una dieta y estilo de vida más saludable), seguridad (menor delincuencia), y educación (lo que puedan desarrollar los estudiantes), entre otros”.

Daniel Raventós, que lleva años trabajando en el tema, tiene claro que la creación de una renta básica es totalmente factible con otra política económica y con un importante cambio fiscal; incluso ha presentado cálculos para Cataluña. Y aclara: “Que todo el mundo reciba la renta básica no quiere decir que todo el mundo gane. Los ricos pierden en las propuestas de financiación políticamente interesantes. En el proyecto de financiación que realizamos algunos miembros de la Red Renta Básica para Cataluña en el año 2010, el 60 por ciento de la población con menos renta se beneficiaba con la renta básica, un 15 por ciento quedaba aproximadamente igual, y el 15 por ciento más rico perdía”.

Podemos, la plataforma política que ha revolucionado el bipartidismo imperante de los últimos años, lleva el tema en su programa lo que ha generalizado el debate al respecto. Un asunto que aparece esporádicamente en la agenda política y mediática (ha sido abordado en los parlamentos autonómicos de Andalucía y Cataluña y también en el Congreso hace unos años) y ha tomado un nuevo impulso en los últimos meses. Que “La renta básica no reemplaza al Estado de bienestar, sino que trata de adaptarlo a la nueva realidad socio-económica”, recoge el ‘Documento final del programa colaborativo’ de Podemos. La medida podría costar, según los cálculos de la organización, unos 145.000 millones de euros al año.

El asunto no es exclusivo de España. En Suiza está previsto un referendo sobre una renta mínima mensual de unos 2.000 euros para toda la ciudadanía, tenga o no empleo. Y en Alaska, una de las zonas con menos desigualdad de Estados Unidos, también existe una medida similar para todas las familias.

Camino inverso

Subsidios similares al extremeño existen en todas las comunidades autónomas. Pero la trayectoria avanza en sentido inverso a la universalidad. “Al final es un mecanismo para controlar y dividir a los pobres de solemnidad y al resto de la gente. Pero desde 2007 hay muchos nuevos pobres y ese mecanismo de rentas mínimas de inserción que hasta ahora funcionaba está saltando por los aires, porque ha cambiado la relación entre los viejos y los nuevos pobres”, analiza Cañada, que fue secretario general de Izquierda Unida en Extremadura. Ese camino inverso parece que se ha acentuado en los últimos días. El Gobierno de José Antonio Monago está tramitando un nuevo decreto que, de momento, ha paralizado la tramitación de nuevos expedientes.

La oficina de Mérida está en plena vorágine. “Tenemos que buscar alianzas con los iguales. Queremos que se vea la renta básica como una cuestión de derechos humanos”, explican a la puerta del Sexpe. Las movilizaciones, las acciones, las protestas y las reclamaciones se suceden. La renta básica fue su reivindicación inicial, ampliada ahora al reparto de alimentos, los comedores escolares o la lucha contra los desahucios. Incluso fueron el germen, junto con el SAT de Andalucía y el Frente Cívico, de las Marchas por la Dignidad que llegaron a Madrid desde diferentes puntos del país el pasado 22 de marzo.

El proceso parece largo pero se vislumbran algunos resultados, empezando por el empoderamiento. “De parados a asesores”, resume Jesús, que llegó al Campamento Dignidad pidiendo ayuda para frenar su desahucio y ha negociado ya con varias entidades financieras para impedir los de otras personas. “Tienes que apropiarte de las leyes”, afirma con una sonrisa. Desde el Campamento aseguran, incluso, que los servicios sociales les envían a personas para que ellos les asesoren. Aunque la delegada de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Mérida, Ana Blanco, lo niega e incluso considera que lo que hacen es “malinformar”, pues “dijeron a la gente que podían solicitar la renta básica todos los miembros de la familia y el sistema se colapsó”, apunta en conversación telefónica.

Campamento Dignidad es uno de los mayores movimientos ciudadanos en Extremadura, una región relegada a los últimos lugares cuando se habla de estadísticas de riqueza o de ingresos. Y es que, la ciudadanía extremeña cuenta con una renta per cápita de 16.700 euros, lejos de los 22.700 euros de media estatal; y un 34 por ciento de la población residente está en riesgo de pobreza, el porcentaje más alto de todo el país.

Han surgido réplicas en otras localidades extremeñas y el movimiento se ha extendido. Por el camino, repleto de obstáculos, se suceden varios juicios pendientes por escraches, por interrumpir una emisión de la televisión regional, por ocupaciones,  dificultades para encontrar empleo por su exposición pública. Tampoco faltan las anécdotas, como la de quien llegó con el carné del Partido Popular en la mano y hoy es una de las personas más activas. Campamento Dignidad sigue a pie de calle, su oficina está abierta, hace ya casi dos años que no dejan su esquina.

El Gobierno reconoce a escondidas que los impuestos subirán los próximos tres años

19 marzo, 2016

Fuente: http://www.elplural.com

Pese a su promesa de bajarlos, en su informe a la Unión Europea asegura que la presión fiscal se elevará un punto hasta el año 2017

M.T. Mar, 30 Dic 2014

Puede parecer habitual, al menos en los últimos años, que el Gobierno mienta a los ciudadanos. Pero con Bruselas, el Ejecutivo al menos guarda las formas y es en sus informes puntuales a la Unión Europea donde llama al pan, pan y al vino, vino. Eso sí, la última actualización del Programa de Estabilidad 2014-2017 la ha enviado durante las vacaciones de Navidad y en ella se reconoce que los impuestos, en vez de bajar como se ha prometido, seguirán subiendo.

Tras las subidas de impuestos, principalmente vía IRPF (declaración de la Renta) y e IVA, tanto el Gobierno como el Partido Popular se han empeñado en presumir de que, durante el 2015, los ciudadanos tendrían “más dinero en sus bolsillos” gracias a las rebajas fiscales. Pero a la hora de explicarse ante Bruselas, el Ejecutivo de Mariano Rajoy reconoce que la presión fiscal seguirá aumentando no sólo en 2015, sino durante los tres próximos años.

Casi un punto de subida
Según el documento enviado a la Unión Europea, al que ha accedido Voz Populi, en el año 2015 la presión fiscal subirá un 0,3% a través de impuestos medioambientales y tasas sobre las transacciones financieras. En el 2016, la presión fiscal subirá otro 0,3% y, por último, en 2017, volverá a subir un 0,2%. Así, para 2017, la presión fiscal habrá subido casi un punto, del 33,9% actual al 64,7%.

Caída del IRPF
En el documento enviado a Bruselas se reconoce que la presión fiscal subirá tanto si se mide  en ingresos totales –lo que el Gobierno justifica con la supuesta recuperación económica- pero también si se mide el porcentaje de impuestos sobre el PIB. El motivo de aumentar la carga impositiva es que tanto Gobierno como autonomías y ayuntamientos subirán otros impuestos para compensar la previsible caída de recaudación por el IRPF.