Archive for 31 julio 2016

Los excluidos

31 julio, 2016

Fuente: http://www.rafaelnarbona.es

yonqui 18

Los excluidos, los que han malogrado su vida por diferentes razones, prefieren el anonimato, casi siempre porque perciben su situación como un fracaso personal y no como un fracaso de todos. Cerca de mi casa vive Rodrigo, un amigo de mi mujer. Es un compañero de juegos de la infancia, que se enganchó a la heroína en la adolescencia y ha logrado sobrevivir al SIDA, la hepatitis C y varias neumonías. Ahora es un hombre que ha superado los cincuenta años, pero conserva cierto aire juvenil, gracias a su delgadez y a una melena rubia, con escasas y casi inapreciables canas. Tiene los ojos azules y la piel tostada por el sol. Ya sea verano o invierno, pasa muchas horas a la intemperie, cuidando un huerto y alimentando a tres o cuatro ovejas, media docena de gallinas y un número indeterminado de conejos. Superó su adicción, pero la heroína le ha arrebatado casi todo. Eran cinco hermanos, pero se han dispersado o enemistado. De algunos no sabe nada. Otros, viven lejos y han roto sus lazos con el mundo. Ninguno se libró de una temporada en el infierno. Todos eran inestables y autodestructivos. Durante unos años, Rodrigo compartió su vida con una mujer, que también fumaba y se inyectaba heroína. Engendraron una hija. Se esforzaron en cambiar. Se apuntaron a un programa de metadona, lograron un trabajo, crearon una rutina apropiada para la niña, evitando el desorden y los excesos. Las cosas marchaban aparentemente bien, pero un día desaparecieron madre e hija. Nadie sabe por qué. Pasó el tiempo. Rodrigo nunca ha proporcionado muchas explicaciones. Aventuro que la madre volvió a la heroína. La niña creció y, con dieciséis o diecisiete años, se suicidó por motivos que ignoro. Las escasas veces que recuerda lo sucedido su voz se quiebra y su mirada se ensombrece. Solo le queda un diente y la pena acentúa sus rasgos angulosos. En esos instantes, sus ojos se agrandan y sus pómulos se vuelven puntiagudos, casi como la cornisa de una montaña azotada por un viento helado.

Durante un tiempo, Rodrigo vivió en la calle, durmiendo en cajeros y portales. Se desenganchó sin ayuda médica en un poblado de chabolas. En un precario refugio construido a base de plásticos y cartones, soportó dolores, vómitos y diarreas. Sintió que enloquecía, devorado por la ansiedad y las alucinaciones, pero aguantó hasta el final. Cuando se recuperó, pensó en regresar a casa de sus padres, pero le avergonzaba su pasado. En el pueblo, todo el mundo sabía que había sido yonqui, una palabra que implica un doloroso estigma. En Madrid, solo era un mendigo más, con las manos negras, el pelo sucio, la piel llena de escamas y las mejillas descarnadas. Cuando sus padres murieron, la casa quedó deshabitada. Era una pequeña vivienda de piedra con una sola planta. Yo la observaba con tristeza, pues la huerta y los árboles frutales  se secaron por falta de riego.  Solo un almendro continuaba floreciendo cada primavera.

Una mañana de enero descubrimos que salía un humo blanco por la chimenea. Mi mujer se acercó inmediatamente a la casa y llamó con timidez a la puerta, pulsando un timbre que no funcionaba. No sabíamos que la compañía eléctrica había cortado el suministro, pues desde hacía meses nadie se ocupaba de pagar las facturas. El agua y el gas habían corrido la misma suerte. Al igual que los árboles frutales, la casa se había apagado lentamente, pero ahora el humo blanco anunciaba el regreso de la vida, con la misma alegría que las flores de almendro. Al no obtener respuesta, mi mujer alzó la voz y llamó a su amigo por su nombre. Un perro empezó a ladrar en el jardín. Eran ladridos amistosos, sin ningún propósito intimidador. El perro había aparecido de pronto. Tal vez estaba tumbado, aprovechando el sol invernal y no salió de su letargo hasta escuchar ruido.

-¡Cállate, Domingo! –exclamó una voz, desde el interior de la casa-. No asustes a la gente. Adelante. Empujen sin miedo. La cerradura está rota y el perro es inofensivo.

Mi mujer empujó sin ningún temor, pues siempre hemos compartido nuestras vidas con perros y Domingo movía la cola, sin ocultar su júbilo. Se notaba que era viejo, pues tenía la cara llena de canas y las patas traseras apenas aguantaban su peso, cuando intentaba alzar las manos. Algo más pequeño que un labrador, con el pelo áspero y negro, las orejas caídas y una saliva copiosa, parecía esa clase de perro que languidece en una protectora, esperando una adopción que nunca llega, pues su aspecto no inspira ternura. Sin embargo, Domingo era afectuoso y alegre, con la desinhibición de un cachorro y la dulzura de un anciano que mata las horas, contemplando el paisaje desde una ventana.

Rodrigo salió al jardín y reconoció a mi mujer. Los dos se emocionaron y se fundieron en un abrazo. Enseguida, empezaron a hablar de la infancia, cuando pasaban tardes enteras corriendo por el campo en bicicleta, riéndose cada vez que lograban espantar a los conejos y a las perdices. No sospechaban que la niñez se acabaría tan rápido y el mundo se revelaría con todas sus aristas. Mi mujer disimuló la tristeza que le producía su deterioro físico, pues de joven había sido un muchacho fuerte y corpulento. No le preguntó nada, pero Rodrigo le contó su historia y le dijo que sobrevivía con la ayuda de Cáritas y los servicios sociales.
-Quiero ser autosuficiente –comentó, confiado-. Voy a sembrar un huerto, plantaré árboles frutales, compraré ovejas, conejos, gallinas. Mi filosofía es vivir con lo mínimo, no ser esclavo de lo material. Necesito muy poco para salir adelante.

Rodrigo no fantaseaba. Sembró un huerto, plantó árboles frutales y compró ovejas, conejos y gallinas. El huerto y los árboles producían más de lo que podía consumir y era incapaz de sacrificar a los animales, pues se había encariñado con ellos y le repugnaba la idea de comérselos. Las ovejas pastaban a su antojo, las gallinas ponían huevos y los conejos se multiplicaban, pero afortunadamente la mayoría se escapaban, aprovechando un agujero en una valla. Ahora Rodrigo vende los huevos, se los come o los regala. Hace lo mismo con la fruta y las hortalizas. Los vecinos le quieren y el cura, un muchacho joven y con una melena parecida a la de Camilo Sesto, le invita a comer a menudo, incitándole a beber vino de forma moderada, pues –al igual que Manuel Bueno, el sacerdote de la novela de Unamuno- considera que una leve embriaguez ayuda a encarar la vida con más alegría. Domingo convive con las gallinas y los conejos en una inverosímil armonía, sin manifestar el instinto depredador de su especie. A veces, les lame, casi como si fuera sus crías, con verdadera ternura maternal.

Miguel es el policía local más antiguo del pueblo. No es un joven que se muscula en un gimnasio, sino un padre de familia afectuoso y tranquilo. Al igual que mi mujer, le conoce desde la infancia e incluso cometió algunas fechorías con él. En una ocasión, los dos se lanzaron a la piscina de un vecino en bicicleta, provocando un notable revuelo, pues iban vestidos y querían impresionar a unas chicas, que se rieron mucho con el incidente. Les costó una buena bronca, pero ahora lo recuerdan con humor, preguntándose por qué la vida se complica con la edad. Miguel superó un cáncer linfático, pero bordeó la muerte y no puede descartar futuras recaídas. Solo le quedan cinco años para la jubilación.

-Tú serás un policía a punto de retirarte y yo un yonqui rehabilitado, pero los dos bailamos en la cuerda floja –bromea Rodrigo.

-Sería más correcto decir que tenemos la soga al cuello –contesta Miguel, fingiendo que se asfixia con las dos manos.

-No te pongas dramático, coño. Has visto muchas películas del oeste. Lo de la soga ya no se lleva.

-Creo que lo de la cuerda floja tampoco es muy moderno. Los jóvenes hablan de otra manera. Nos hemos hecho viejos.

Yo hablo con Rodrigo cada vez que nos cruzamos o se acerca a casa. Nos regala fruta, huevos, hortalizas y rechaza el dinero, si intentamos pagarle. Así que le regalamos cosas. Hace poco, le dimos un pequeño televisor de plasma, pues nos arreglamos con uno de tubo algo más grande y solo lo encendemos de tarde en tarde para ver una comedia, un western o un musical. Hace años que no vemos un programa de televisión y nuestra filmoteca, que incluye decenas de cintas en VHS, apenas contiene películas posteriores a la década de los setenta. La incipiente vejez quizás se manifiesta en nuestra resistencia hacia lo nuevo y actual. Rodrigo se mostró muy agradecido con el regalo, pero creo que acumula polvo en un rincón. No le gusta la tele. Prefiere pasear o chalar con cualquier vecino.

-Sois muy amables –nos repite a menudo, sin apreciar lo que aporta a nuestras vidas.

Desde los veinte años, lucho contra la tristeza. La prematura muerte de mi padre, el suicidio de mi hermano mayor, una depresión que vuelve una y otra vez, han convertido mi existencia en una interminable travesía por la melancolía y la angustia. Pensar en Dios me consuela, pero cada vez que me acerco a él, se escabulle por una esquina. Sin embargo, cuando abrazo a Rodrigo siento la presencia de Dios. Nunca se lo he dicho y no sé si lo entendería, pero creo que los excluidos son el rostro de Dios en la tierra. El humo blanco de su chimenea tal vez es la señal de un tiempo de esperanza que ha comenzado suavemente, anunciando que hay una mesa preparada para todos los que viven con sed de ternura.

RAFAEL NARBONA

Publicado en Negra Tinta (21-01-2015). Si quieres leer el enlace original, pincha aquí.

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La desvergüenza y complicidad del Estado español con la ocultación de los crímenes del fascismo

30 julio, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 31 de mayo de 2016.

Este artículo denuncia el silencio del Estado español sobre los crímenes del fascismo, alentando a los municipios a enjuiciar a aquellos que han sido responsables de tales crímenes en sus jurisdicciones, como ha hecho el Ayuntamiento de Tarragona.

La desatención, cuando no ocultación, de los crímenes realizados por el régimen dictatorial fascista que gobernó España durante casi cuarenta años (1939-1978) constituye un escándalo internacional desconocido, y también ocultado, por los grandes medios de información, que se han hecho cómplices de esta desvergüenza e ignominia. Aquel régimen asesinó a más de 400.000 personas civiles. Y todavía hoy hay más de 2.000 fosas comunes sin exhumar, y más de 88.000 personas asesinadas desaparecidas, sin que el Estado se haya responsabilizado de exhumar y encontrar a tales desaparecidos, convirtiendo a España en el país del mundo, después de Camboya, donde hay un mayor porcentaje de personas desaparecidas por motivos políticos y cuyos cuerpos no se han encontrado. No hay ningún otro país en el mundo donde no haya habido un enjuiciamiento contra responsables de tanta represión al terminar la dictadura.

Esta situación ha sido denunciada sistemáticamente por el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que ha exigido que se derogue la Ley de Amnistía del año 1977 y que se lleve a los tribunales a los responsables de tantos asesinatos y crímenes contra la humanidad, crímenes cuya dimensión es tal que varios historiadores extranjeros lo han definido como genocidio. Y para oprobio y vergüenza nacional, los responsables de tanto dolor, el dictador General Franco y el fundador del partido fascista, el Sr. José Antonio Primo de Rivera, tienen, todavía hoy, uno de los mayores mausoleos al fascismo que existe hoy en Europa, el Valle de los Caídos, construido por prisioneros políticos antifascistas, donde hay enterrados 33.847 cadáveres de personas, que incluyeron aquellas que lucharon frente a tal régimen sangriento, y cuyos cuerpos fueron desplazados a dicho mausoleo construido para honrar al dictador, sin el permiso de sus familiares.

Y todos los aparatos del Estado, desde la Monarquía hasta las ramas ejecutivas y legislativas, así como la judicial, son cómplices de este ocultamiento e insensibilidad hacia los derechos humanos de tantas y tantas víctimas españolas. En realidad, el aparato judicial inhabilitó al único juez, el Sr. Baltasar Garzón, que intentó abrir un sumario para investigar y depurar tantos crímenes en contra de la humanidad. La hipocresía, pomposidad, arrogancia y cinismo de tales aparatos del Estado, en su proclama de defensores de los derechos humanos y protectores de las víctimas, carece de credibilidad. Y la comunidad internacional es consciente de ello.

La querella argentina

Tal olvido y complicidad es uno de los muchos indicadores de lo inmodélica que fue la Transición de la dictadura a la democracia en España, transición que se hizo bajo el tutelaje y supervisión de las fuerzas conservadoras que controlaban el Estado fascista, tutelaje y supervisión que dejaron su imprimátur en el producto de aquella transición, es decir, una democracia enormemente limitada y de bajísima calidad. El Partido Popular, heredero de aquellas fuerzas (fundado por ministros de la dictadura), ha sido el máximo agente (junto con el Ejército y la Iglesia –ambos herederos del Ejército y de la Iglesia que existieron durante aquel régimen-, y el mundo empresarial) en esta ocultación y protección de los responsables de aquel régimen. Un caso claro de ello son las enormes dificultades que ha puesto para que se enjuicie a aquellos responsables.

El día 14 de abril del año 2010 –el mismo día que se proclamó la II República Española hacía 79 años- se presentó en Buenos Aires lo que ha pasado a conocerse como la querella argentina por parte del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, de Darío Rivas e Inés García Holgado –dos personas con familiares asesinados por el régimen fascista-, y más de veinte organizaciones en defensa de los derechos humanos. Familiares de otros desaparecidos se han sumado a la querella y más tarde también lo ha hecho el partido político catalán ERC, que ha exigido el enjuiciamiento a los responsables del asesinato del President de la Generalitat de Catalunya, el Sr. Lluís Companys.

La jueza argentina, María Servini de Cubría, lleva el caso y, como parte del proceso, se ha desplazado a España para interrogar a las personas a las que se acusa de tales crímenes, lo cual no ha podido realizar debido a la oposición de la judicatura española y del gobierno Rajoy. Como consecuencia de la investigación realizada bajo la dirección de tal juez, 19 personas han sido imputadas por la justicia argentina. Tales personajes incluyen varios exministros de aquel régimen, tales como Rodolfo Martín Villa, Antonio Carro, Licinio de la Fuente (ya fallecido), Antonio Barrera de Irimo (también fallecido), Alfonso Osorio, José Utrera Molina y Fernando Suárez. Todos ellos están protegidos por el Estado español, pero no fuera de España. En realidad, todos ellos pueden ser detenidos en el extranjero a petición de la justicia argentina, tal como le ocurrió al General Pinochet en el Reino Unido.

Las fuerzas democráticas deben gratitud a la jueza argentina, que está haciendo lo que la mal llamada “justicia” española debería haber hecho. Y otros partidos, además de ERC, deberían añadirse a esta querella, y muy en especial aquellos partidos como el PSOE y el PCE, que tuvieron gran número de miembros asesinados por aquel régimen fascista. Es más, se ha constituido una coordinadora española para apoyar tal querella (CEAQUA).

Pero también debería haber una movilización a lo largo del territorio español, exigiendo que se haga justicia con las víctimas del terrorismo fascista, pasando resoluciones a nivel municipal y autonómico para exigir el enjuiciamiento de los responsables de las víctimas de tal terrorismo existentes en cada municipio y comunidad autónoma. Es de aplaudir, en este sentido, la aprobación por parte del plenario del Ayuntamiento de Tarragona, en el pasado mes de marzo, de que establecerá una querella inicial para aclarar el asesinato de 62 personas con residencia en la ciudad -algunas asesinadas en la cárcel de Pilats (ver el excelente artículo “La querella argentina” en El Triangle del 25.05.16)-. La recuperación de la memoria histórica no es ni más ni menos que la corrección de la versión sesgada de la historia de España que, en su versión oficial, ha querido olvidar esta historia a fin de ocultar a los victimizadores de las víctimas silenciadas. Así de claro.

La carcoma del resentimiento

29 julio, 2016

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Perdonar no es fácil, pero fantasear con la venganza solo prolonga el rencor. Hay que pasar página, no hacerse tantas preguntas y pensar en el futuro

 

Hace tiempo impartí una conferencia en una prisión de hombres. En el discurso hablé de emociones tan corrientes como la vergüenza, la pena, la rabia, el miedo o el resentimiento. En el turno del debate, uno de los internos contó cómo al ingresar en el centro penitenciario se sentía muy dolido por algo que su novia y su mejor amigo le habían hecho. No dio más detalles. Simplemente explicó que cada día, al despertarse, se encontraba encerrado no solo tras las barreras físicas de la cárcel, sino en una auténtica jaula de rencor. El detalle más punzante es que confesó que estuvo varios años así. Un día se dio cuenta de que el resentimiento era absurdamente inútil. ¿Qué iba a conseguir fantaseando continuamente con vengarse? Semanas después, la bibliotecaria que me invitó a impartir aquella conferencia me contó que, a raíz de esa confesión, otros internos resentidos se acercaron a él porque también querían deshacerse de esa carcoma que sentían en el pecho. Después de escuchar el testimonio de su compañero, comprendieron que era posible dejar a un lado el rencor.

Desde la infancia, la sociedad inculca la importancia de aprender a perdonar. De hecho, la atmósfera judeocristiana está impregnada de ese mensaje. Pero desde la psicología se le ha dado otro significado al perdón. Lo que se desprende de los estudios realizados en este campo es que no se debe perdonar con fines altruistas, sino por puro egoísmo. Es decir, hay que olvidar para alimentar nuestra propia felicidad. Para entender el sentido de este verbo, lo mejor es aclarar lo que no significa.

No quiere decir que haya que olvidar. No existe ninguna cirugía que extraiga del cerebro recuerdos tan dolorosos como los que han sufrido las víctimas de malos tratos, o aquellos que fueron el blanco de una estafa o de cualquier otro tipo de abuso o humillación. Es muy complicado vivir con ese dolor sobre la espalda, pero al final se puede superar. El milagro del perdón es que su capacidad corrosiva se va diluyendo. No solo mengua su mordiente, sino su aparición en la conciencia. Los recuerdos permanecen allí, pero, si se logra dejarlos atrás, es posible que no afloren tan a menudo. Al final aparecerán solo cuando se les invoque, pero nunca lo harán por sí mismos. Es comprensible que cuando el rencor está en plena ebullición, el resentido no se crea esta teoría, pero hay que confiar.

La carcoma del resentimiento

“La gente no está dispuesta a renunciar a sus celos y preocupaciones, a sus resentimientos y culpabilidades, porque estas emociones negativas, con sus punzadas, les dan la sensación de estar vivos”, dijo el Maestro. Y puso este ejemplo: “Un cartero se metió con su bicicleta por un prado, a fin de atajar. A mitad de camino, un toro se fijó en él y se puso a perseguirlo. Finalmente, y después de pasar muchos apuros, el hombre consiguió ponerse a salvo. ‘Casi te agarra, ¿eh?’, le dijo alguien que había observado lo ocurrido. ‘Sí’, respondió el cartero, ‘como todos los días”.

Cuento recopilado por Anthony de Mello en Un minuto para el absurdo (editorial Sal Terrae, 2009).

No significa tener que entender al otro. Es más fácil superar el resentimiento si se conocen los motivos que han llevado a la otra persona a hacer daño, pero no siempre existe una explicación lógica. Y sin embargo es muy tentativo caer en el error de buscar argumentos racionales que fundamenten el daño sufrido. Pero si se sigue este camino, se acabará dando vueltas y más vueltas a todos los detalles, pero no se concretará nada. Es decir, se adentrará en un laberinto de difícil salida.

Fred Luskin, director del departamento de estudios relacionados con el perdón de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, aconseja que es bueno olvidarse de las expectativas sobre cómo deben actuar los demás para que ese laberinto del rencor se desplome por sí solo. Este lío llega a enzarzarse aún más cuando alguien se hace preguntas del estilo “¿Por qué a mí?”. Lo conveniente es intentar no dar respuesta a esta cuestión porque lo único que genera es más frustración.

No hay que reconciliarse forzosamente con el pecador. El perdón tiene más finales de los que nos enseñaron. No se trata obligatoriamente de poner la otra mejilla, quizá usted no esté dispuesto a arriesgarse más. Lo que cuenta es sentirse bien con uno mismo y quizá sea imposible volver a confiar en esa persona. Por este motivo, se puede llegar a perdonar a alguien y luego decidir si se quiere o no apartar a ese pecador de nuestra vida.

Entonces, ¿qué significa perdonar? Se trata simplemente de pasar página y olvidarse de la venganza. Un estudio dirigido por Christine Bogar y Diana Hulse-Killacky, de las universidades estadounidenses de Alabama del Sur y de Nueva Orleans, que fue publicado en 2011 por la revista Journal of Counseling & Development, muestra cómo el perdón fue la clave para que una decena de mujeres superaran los abusos sexuales que habían sufrido durante su infancia. Todas relataron que perdonar al agresor supuso un gran logro para dejar atrás ese capítulo de su vida. Saber olvidar es, por tanto, poner la felicidad en nuestras manos y no en manos del otro. Según algunas investigaciones, perdonar garantiza más años de vida, menos depresión y riesgo de infarto, una presión arterial más baja e ­incluso un sistema inmunitario fortalecido. En definitiva, la exoneración trae consigo bienestar y salud.

PELÍCULAS
Un largo viaje
Jonathan Teplitzky

Sin perdón
Clint Eastwood

Laberinto de mentiras
Julian Fellowes

En nombre de todos los míos
Robert Enrico

Mumford. Algo va a cambiar tu vida
Lawrence Kasdan

LIBROS
Saber perdonar
David W. Schell (San Pablo, 2013)

El arte de perdonar
Patrick Miller (RBA Libros, 2000)

Cómo perdonar cuando no sabes cómo hacerlo
Jacqui Bishop y Mary Grunte (Sirio, 2010)

Por lo costoso que muchas veces puede resultar, solo se puede perdonar si se crece interiormente. Everett Worthington es, además de ingeniero nuclear, catedrático de Psicología de la Universidad de Virginia (Estados Unidos) y está especializado en el tema del perdón. Worthington confesó en una entrevista que alguna vez él también se había sentido incapaz de olvidar. Un ladrón entró en casa de su madre y la golpeó brutalmente hasta matarla. Su primer pensamiento fue acabar con el agresor con su bate de béisbol. Por aquella época, Worthington acababa de publicar uno de sus libros sobre la capacidad de perdonar. Parecía que la vida le estaba gastando una broma de mal gusto para probar si en realidad sabría aplicarse el cuento. Al final superó la prueba. Se puso en el lugar del ladrón y pensó en el pánico que habría sentido al entrar a una casa que creía vacía y encontrarse a una señora. Entonces se dio cuenta de que él mismo no era mejor que el ladrón porque en realidad el asaltante reaccionó al pánico y, en cambio, él se había planteado que quería asesinarlo.

¿El tiempo ayuda? No es fácil controlar las emociones y sentirse humillado es bastante normal. Pero una vez superado este primer sentimiento debe hacer acto de presencia la voluntad. A partir de aquí el tiempo puede jugar a favor o en contra. Si el resentimiento se enquista, se volverá crónico; si se deja pasar, será más fácil seguir adelante. Aunque pueda parecer de una obviedad aplastante, es necesario querer pasar página. A veces, alguna parte de nosotros está gozando con ese sufrimiento. Nos hace sentir vivos, lo preferimos a la planicie que, se intuye, vendrá después. Hay que proponerse dejar atrás lo que nos daña, como hace el personaje de Scarlett O’Hara en la película Lo que el viento se llevó cuando dice: “A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre”.

Para liberar el resentimiento, los expertos también sugieren pensar en el futuro. Sin embargo, cuando se está dentro de la oscura habitación de la amargura y se mira al exterior, la luz puede cegar tanto que es imposible ver nada. En ese estado es fácil cuestionarse qué sentido tiene pensar en nuevos propósitos. Pero la vida sigue y hay que volver a acostumbrarse a la claridad del día. Poco a poco irán apareciendo nuevas siluetas que nos devuelvan la ilusión y den portazo a los sentimientos más dolorosos. La puerta de esa habitación se abrirá solo después de un acto sincero de introspección. Entonces saldremos sintiéndonos diferentes, habremos madurado y lo que encontraremos fuera será mucho mejor de lo que recordamos.

elpaissemanal@elpais.es

Eva Forest: Una extraña aventura

28 julio, 2016

Fuente: http://www.rafaelnarbona.es

Eva Forest nació en Barcelona en 1928. Hija de un pintor de convicciones anarquistas, no pisó una escuela hasta 1939, pues su padre consideraba que la enseñanza convencional solo era una forma de opresión concebida para socializar a los niños de acuerdo con los valores de las clases dominantes. Después de la guerra, Eva estudió psiquiatría y sociología. Casada con el dramaturgo Alfonso Sastre, sufriría su primera detención en 1962. Acusada de participar en una manifestación de apoyo a las huelgas mineras de Asturias, se negó a pagar la multa impuesta por el juez. Su decisión le costaría un mes en prisión con su hija Eva, recién nacida. Durante el Proceso de Burgos contra dieciséis militantes de ETA, creó en Madrid el Comité de Solidaridad con Euskadi. En 1974, escribió Operación Ogro con el pseudónimo Julen Agirre, entrevistándose con el comando Txikia, que había perpetrado el mortal atentado contra el almirante Luis Carrero Blanco. Ese mismo año, sería detenida y acusada de colaboración con ETA. Pasaría casi tres años en prisión preventiva en la cárcel de mujeres de Yeserías, pero antes soportaría el infierno de la tortura y la incomunicación durante diez días. La traumática experiencia se reflejaría en Una extraña aventura y en otros textos redactados durante su encierro. Algunos se publicarían antes de su liberación en 1977, burlando las medidas de seguridad de la prisión. Una extraña aventura apenas supera el centenar de páginas, pero en ellas se recrea, desmenuza y analiza una vivencia límite que traza la frontera entre lo humano y lo inhumano.

Una extraña aventura se despliega como una obra teatral, con monólogos discontinuos. Al principio, se presenta como un poema narrativo, con una mujer de negro ejerciendo de coro. Los primeros versos manifiestan la impotencia del lenguaje para reconstruir algo “extraordinario”, “extraño” y “deslumbrante”. El adjetivo “deslumbrante” no parece el más indicado para relatar el sufrimiento causado por la tortura, pero más adelante se explicará que el dolor físico y psíquico produce reacciones paradójicas: miedo, serenidad, angustia, despersonalización, pasmo, incredulidad, desdoblamiento. Los informes de las organizaciones humanitarias se limitan a referir las diferentes técnicas de tortura: la bañera, el quirófano, el pato, el shock eléctrico, las vejaciones sexuales, la privación de sueño. Son documentos de indudable valor, pero Eva Forest no se conforma con abordar las técnicas empleadas para obtener información, deshumanizar y humillar. Su formación como psiquiatra y socióloga le exige profundizar, buscando la llave de un recinto donde el yo se desintegra y la realidad se deforma grotescamente. Ninguna investigación científica puede usurpar el ejercicio de introspección de la víctima: “Lo más grave / lo que nos afectó de tan profunda manera / no está recogido en ninguna parte”. La tortura no es tan solo el martirio de la carne y el espíritu, sino una huella psíquica que perdura, convirtiendo el mundo en un lugar áspero y hostil. El cerebro nunca se libra de ese eco. Ser torturado significa emprender un viaje que se prolonga indefinidamente, pues aunque sobrevivas y regreses a tu entorno, todo ha cambiado y ya no puedes contemplar las cosas con los mismos ojos. En una confesión de cinco folios, no se pueden apreciar los estragos de un descenso a los abismos de la condición humana. La tortura es el desencuentro radical con el otro, pues el ideal de fraternidad se pulveriza de forma irremediable al descubrir que un semejante puede ser tu verdugo. Pese a todo, Eva Forest no desemboca en el pesimismo de un Jean Améry, brutalmente torturado por los nazis. Por el contrario, siente que su humanidad se ha ensanchado y que en cierta manera le han crecido alas para volar muy lejos. Se trata de un vuelo interior, espiritual, hacia una libertad ilimitada y quizás inexplicable, salvo por medio del arte, que trasciende los límites del lenguaje y la razón.
La tortura es un fenómeno complejo. No puede deslindarse lo psíquico de lo físico, lo trágico de lo grotesco, lo real y objetivo de lo inverosímil. No se puede decir tan solo “me llevaron a la bañera”, pues la angustia de la asfixia no es una simple sensación física. La experiencia de la tortura es intransferible y casi irrepresentable. Podemos esbozar un relato, pero siempre nos encontraremos a “años luz de distancia”. En cualquier caso, hay que liberar las pesadillas y tolerar que se expandan para que algún día acontezca la cura. Colectivizar el sufrimiento, socializar el dolor, no es una mala alternativa, pero incluso en ese caso conviene recordar que cada sesión de tortura es diferente. Aparentemente, la escenificación no cambia, pero la víctima vive y revive el dolor de forma distinta. Eva recuerda que escuchaba una rumba flamenca cada vez que la sacaban del agua “empapada, tiesa como una momia”, con “un frío glaciar en sus finas médulas”. Forcejear era inútil. El cuerpo siempre acababa sumergido hasta la cintura y los pulmones se rendían tras unos minutos, permitiendo que un agua oscura y llena de inmundicias entrara por la boca. Al regresar al exterior, un radiocasete reproducía una rumba, mientras llovían los puñetazos, los insultos y los pisotones. La conciencia –fragmentada, confusa- no reconocía una situación que se repetía una y otra vez, sino que identificaba algo nuevo y profundamente turbador. Cada vez era distinto, pues no se trataba de un rutina –al menos para el torturado-, sino de un viaje hacia “el horror”, esa región sombría que Joseph Conrad descubrió en el río Congo, pero que también puede aparecer en los calabozos de una comisaría. El espanto puede convertirse en ternura, cuando uno de los torturadores prodiga un gesto de amabilidad. Es una reacción previsible en una situación de profundo desamparo. La gratitud hacia el torturador que se muestra fugazmente considerado solo añade una nota de perversidad a los agravios sufridos.

Eva Forest considera que la tortura es el rostro desnudo del poder: “La tortura muestra lo que son / lo que se oculta detrás de la fachada del sistema”. Por eso, la víctima de la tortura se pregunta en algún momento por qué se ha desviado de la norma, por qué ha malogrado su posibilidad de llevar una tranquila vida familiar, involucrándose en una insurgencia con escasas posibilidades de triunfar. Ese pensamiento es una de las consecuencias de la tortura, que intenta reeducar y escarmentar. No al detenido, sino a la sociedad, que debe ser disuadida de rebelarse contra el orden establecido. La tortura intenta que sus víctimas retrocedan hasta sus terrores infantiles, mostrando que lo horrible es posible y real. En 1984, el protagonista sufre la amenaza de un martirio inconcebible: una rata devorará su rostro, si no confiesa. El animal espera al otro lado de una trampilla, desesperada por el hambre. Un simple gesto liberará su furia. A veces, las ficciones literarias prefiguran la realidad. Eva Forest escuchó sobrecogida que sería trasladada al cuartel de la Guardia Civil de Ondarroa, donde un enorme perro había sido entrenado para violar mujeres. Los forenses pueden reflejar los daños físicos, pero los psíquicos no dejan marcas y pueden durar toda una vida. “La bañera no es nada comparada con el terror a la bañera”, escribe Eva. El terror psíquico tiñe de irrealidad lo vivido, provocando la sensación de formar parte de un capricho de Goya. En ese mundo fantasmagórico, el yo pierde su identidad: “Yo no era yo. […] Te rebajan de tal forma que dejas de ser tú”.

Una extraña aventura es un alegato intemporal. No es un simple testimonio, sino un estudio que airea las entrañas del poder. Aunque refleja diez días de incomunicación en la España de 1976, su potencial explicativo trasciende su marco histórico, revelando que la esencia del Estado es su capacidad de infundir terror. El Estado no está hecho a la medida del ser humano. El Estado pretende fijar la medida del ser humano mediante la tortura. Antes o después, todos se derrumban. El porcentaje de los que resisten sin hablar es irrelevante. La tortura no es una excepción, sino un archipiélago que se extiende por todo el mundo. Guantánamo es la cara más visible de esta ignominia, pero sería un error concentrar todas las miradas en ese campo de detención. Estados Unidos emplea o ampara tortura en Iraq, Afganistán, México, Colombia o Israel. Los derechos humanos tampoco son respetados en China, Rusia, Corea del Norte e incluso la UE, según los informes de Amnistía Internacional. El mundo invita al pesimismo.

EVA FOREST 8

Una extraña aventura nos hace temblar de indignación, pero también nos revela que la inteligencia puede derrotar a la crueldad. Las víctimas de la tortura son un grito que se convierte en clamor cuando se conoce su sufrimiento. Ninguna vejación o maltrato puede pulverizar su dignidad. No se puede decir lo mismo de los torturadores, que pierden irremediablemente su humanidad, transformándose en los verdugos de sus semejantes. No comparto las convicciones políticas de Eva Forest, que hasta el final de sus días militó en Herri Batasuna y consiguió un acta de senadora por Guipúzcoa, pero creo que Una extraña aventura describe con rigor y precisión la experiencia de la tortura. Desgraciadamente, lo hace desde una perspectiva unilateral, lo cual rebaja el interés de la obra. Yo no percibo diferencias entre Gladys del Estal y José María Ryan. Gladys del Estal murió en Tudela (Navarra) por el disparo de un guardia civil el 3 de junio de 1979, mientras participaba en una manifestación contra la central nuclear de Lemóniz. José María Ryan, ingeniero jefe de la central nuclear de Lemóniz, fue secuestrado por ETA el 29 de enero de 1981. La organización terrorista concedió una semana de plazo para demoler la central. Amnistía Internacional solicitó su liberación y su esposa, y cinco hijos aparecieron en televisión, pidiendo compasión. Se celebró una manifestación multitudinaria en Bilbao, exigiendo que no se ejecutara la amenaza. Después de un juicio-farsa, inflamado de retórica revolucionaria, Ryan fue asesinado de un tiro en la nuca en un camino forestal. Su semana de cautividad constituyó una cruel forma de tortura física y psíquica, que horroriza a cualquier conciencia con un grado mínimo de empatía. El 9 de febrero se produjo una huelga general con notable seguimiento en todo el País Vasco para protestar contra el crimen de ETA. Convocaron PNV, PSE-PSOE, PCE, Euskadiko Ezkerra y los sindicatos CCOO, UGT y ELA-STV. Escribe Eva Forest: “La tortura degrada al que la practica; el que tortura se descompone, se hunde, se bestializa…”. Es una lástima que no aplicara el mismo razonamiento a los fanáticos que asesinaron a 859 personas, alegando que sus crímenes eran actos revolucionarios.
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José María Ryan, ingeniero jefe de la central nuclear de Lemóniz. Asesinado por ETA el 6 de febrero de 1981.

Bailar, luchar, vivir

27 julio, 2016

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Bailar, luchar, vivir

El párkinson es una enfermedad muy cruel. La gente suele relacionarla con la edad avanzada y con los temblores, pero en realidad puede manifestarse en individuos muy jóvenes y además su peor síntoma son los ataques de rigidez, tan inhabilitantes que los enfermos hablan de una vida on-off, es decir, de momentos en los que el cuerpo funciona y momentos en los que simplemente se apaga y se niega a responder. Y, por añadidura, se trata de una dolencia degenerativa, de manera que cada día el señor Parkinson, como muchos pacientes lo llaman, puede sorprenderte con algún nuevo truco desagradable.

Los humanos somos bichos tenaces y esta Gema guerrera bien podría ser la más tenaz de todas”

Gema Marín Granados es una de esas personas que se toparon con el párkinson a una edad dolorosamente temprana: solo tenía 28 años. Ahora tiene 39 y, como luego veremos, está en primera línea de la guerra por la supervivencia. Pero los primeros tiempos de la enfermedad fueron abrumadores: como tantas otras personas súbitamente desbaratadas por una desgracia que les cambia el mundo, durante varios años apenas pudo hacer otra cosa que repetirse obsesivamente las torturantes e inútiles preguntas: por qué yo, por qué a mí. Pero después, y pese a todo, ganó la vida. Los humanos somos bichos tenaces y esta Gema guerrera bien podría ser la más tenaz de todas las criaturas.

Ya escribí un artículo sobre ella hace un par de años. Entonces contaba que, tras toparse con el párkinson, Gema había tenido un hijo, había aprendido diseño web y había seguido trabajando regularmente en su profesión, que es la de profesora de música. Y también expliqué que, por entonces, estaba empezando a utilizar la música para superar los momentos de rigidez. Cuando se quedaba paralizada, simplemente se ponía los cascos y se echaba a bailar. Hace falta muchísima voluntad y una esperanza a prueba de bomba para intentar bailar cuando tu cuerpo es un tieso, muerto trozo de madera. Parecía una locura, pero a ella le servía.

Hace un par de años, la prestigiosa revista Nature publicó un estudio que demostraba que oír música podía generar subidas de dopamina, un neurotransmisor estrechamente relacionado con el placer. Y se da la circunstancia de que al parecer el párkinson está originado por una insuficiencia de dopamina. De manera que, después de todo, Gema no era una chiflada voluntarista que se engañaba a sí misma diciendo que podía danzar, sino que su actividad podría tener un efecto verdaderamente terapéutico. Desde entonces Gema ha sido sometida a diversas pruebas; un neuro­fisiólogo le midió la temperatura corporal, porque cuando se ­conecta a través de los cascos siente una subida de calor; y en la Universidad de Málaga le hicieron un TAC y una resonancia magnética para estudiar la actividad de su cerebro mientras escucha música. El material está siendo actualmente estudiado y los resultados aún no se han hecho públicos.

Pero, sobre todo, de entonces para acá Gema ha empezado a enseñar su método a otras personas, totalmente gratis, a través de una página web,http://musicaparkinson.es/, y de su facebook, Musica Musica Parkinson. Ahí pueden verse vídeos asombrosos de la activación de Gema en los momentos de rigidez. Pueden parecer unas películas banales, una simple chica joven con los cascos puestos y bailoteando tontamente, pero si alguna vez has contemplado a un enfermo de párkinson atrapado dentro de la cárcel de su cuerpo, en la dolorosa impotencia de un momento off, entonces te darás cuenta de que estás asistiendo a un verdadero prodigio.

Que conste: la música no sustituye a las medicinas convencionales para la enfermedad. Pero mejora la situación y puede ayudar a bajar las dosis. Para ello, explica Gema, hay que tomarse en serio esta actividad; es necesario incorporar la música a tu vida durante todo el día; debes llevar los cascos siempre encima, del mismo modo que el asmático lleva el ventolín por miedo a un ataque. Y no basta con escuchar una canción de fondo mientras se conversa con un amigo: “No, para que esto funcione tiene que ser una escucha intensa, activa. Tienes que meterte en lo que estás oyendo, dejar que la música te llene, vaciar la cabeza de preocupaciones, disfrutar y dejarte llevar…”. Todos los vídeos que Gema cuelga en su página se han grabado mientras ella estaba en off: quiere demostrar que lo que dice es real, que hay batallas en las que merece la pena combatir porque pueden vencerse. Abrió su facebook hace apenas dos meses y ya hay muchos enfermos siguiéndole el hilo de su formidable, sensatísima locura. Así de grande es el ser humano cuando no se rinde.

Twitter: @BrunaHusky

www.facebook.com/escritorarosamontero

www.rosa-montero.com

La exhumación de Timoteo Mendieta y 21 personas más, 80 años después

26 julio, 2016

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net

Por orden de la juez María Servini, y con cerca de dos años de retraso, hoy han comenzado los trabajos de exhumación de la fosa en la que la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica espera encontrar el cuerpo de Timoteo Mendieta y otras 21 personas ejecutadas por el franquismo en Guadalajara.
José Carmona 19/01/16 · 17:18

Álvaro Minguito

La Asociación por la Recuperación por la Memoria Histórica (ARMH) ha iniciado hoy la exhumación de una fosa común en el cementerio municipal de Guadalajara donde parece que se encuentran los restos de Timoteo, padre de Ascensión Mendienta, un mujer que ha dedicado su vida entera a una búsqueda, que ahora con 90 años parece que puede ver finalizar.

Así, la ARMH dará un paso fundamental en la recuperación de la historia de España, ya que la búsqueda de Timoteo ha sido larga, con trabas judiciales e incluido un bloqueo institucional que se rompió gracias a que una jueza argentina, María Romilda Servini, a través en un exhorto, hizo efectiva la apertura de la fosa en el cementerio de Guadalajara. Pese a que la orden se dio en 2014, han tenido que pasar muchos meses para que en España se atienda la petición y se tome en serio desde el Ayuntamiento de la provincia.

Timoteo Mendieta fue fusilado por ser leal a la República y participar en movimientos sindicales, principalmente en UGT. Pese a la victoria de la familia gracias a la intervención de la jueza, no hay que olvidar las dificultades que ha tenido el caso, incluyendo la declaración del juzgado de Guadalajara donde afirmaba que tras una inspección ocular, se concluía con que no era exacto que hubiese una fosa común en ese cementerio.

A las 8.30 de la mañana y a dos grados de temperatura por encima de cero, el equipo de la asociación llegaba al cementerio para preparar la exhumación, aprovechando así al máximo rendimiento todas las horas de luz posibles, ya que por las noches la falta de medios complica el trabajo de campo. Aun así, no se pudo tocar nada hasta que llegó el juez para que hiciese oficial el comienzo de la excavación y poder así empezar a trabajar, algo que ocurrió en torno a las nueve de la mañana. Minutos antes llegaba Ascensión acompañada de sus hijos, dispuesta a no perderse ni un minuto de los acontecimientos tan trascendentales que se irán desenvolviendo a lo largo de los días. La propia ARMH se ha dado un plazo de entre tres y quince días para finalizar todo el trabajo.

El equipo de trabajo se encontró a la entrada en el cementerio con pancartas reivindicativas en las que se leían frases como “Fosa común, víctimas de la represión franquista” o “Ejecutados por defender la libertad, la justicia y la democracia”, que, según trabajadores del cementerio, fueron colocadas el lunes. Se trata presuntamente de la organización de Foro por la Memoria, que también busca la justicia para los asesinados tras el Golpe de Estado de 1936.

Tras aliviar las tensiones emocionales lógicas en estos trances, el equipo pudo empezar a trabajar correctamente en torno a las 10.00 de la mañana en trabajos previos para ir sentando del todo la toma de contacto. En los trabajos relacionados con la difusión y tratamiento a los afectados, la ARMH colocó una mesa para atender a posibles familiares del resto de cuerpos encontrados en la fosa, dando accesibilidad también a fichas oficiales de la ONU para denunciar desapariciones forzosas. Hasta allí se trasladó una sobrina de uno de los hombres que presuntamente se encuentran en la fosa desde el 16 de noviembre de 1939, asesinado con 27 años.

El alcance mediático de este trabajo será mayor que el de otros por toda la polémica con la familia Mendieta, por lo que esperan que de los 22 cuerpos que encuentren, haya familiares que se acerquen hacia el cementerio durante estos días. Y es que esta asociación no sólo hace trabajo de campo, sino que también trabaja la pedagogía de la situación de cara al público para los curiosos y los interesados, además de facilitar documentación oficial de denuncias internacionales a los que quieran ayudar a la causa.

Pese a la cinta que acordonaba la zona facilitando el trabajo y alejando a la prensa por respeto de las víctimas, María Molinero, auxiliar de arqueología de la ARHM cuenta a Diagonal que Ascensión se mantuvo toda la mañana cerca para no perderse detalle. Bordeando la una de la tarde, la ARHM hacía oficial el encuentro de un primer cuerpo, confirmando entonces que la fosa corresponde a fusilados. Por tanto, a partir de aquí solo queda seguir trabajando en la misma zona, ya sabiendo cómo es más o menos la colocación de los asesinados.

Según vayan sacando los cadáveres, el forense de la ARMH irá analizando los cuerpos para ir teniendo más pistas al respecto y poder sacar a la luz las identidades, aunque será un trabajo que necesitará más reposo. Los datos claves para saber qué cuerpos son los que saldrán de la fosa son la edad y la altura. La edad, hemos sabido gracias al equipo de trabajo en Guadalajara, se puede saber por el estado de los huesos. Timoteo Mendieta, el protagonista de todo esto, fue asesinado a la edad de 40 años cuando su hija Ascensión tenía 13 años, sin poder llegar a conocer al benjamín.

En los días venideros se irá teniendo más información y se sabrá por fin si Ascensión cierra la historia de su vida y su padre puede descansar al fin donde su familia pueda visitarlo. Poco a poco, las fosas van abriéndose y descubriéndose sus localizaciones, y el Estado español sigue sin poner de su parte para que la memoria sea reconstruida en un país donde el número de fosas comunes sin abrir sólo es superado por la Camboya de Pol Pot.

Más información:

http://www.publico.es/politica/ascension-mendieta-mas-cerca-recuperar.html

http://www.eldiario.es/clm/Guadalajara-exhumacion-Guerra-Civil-argentina_0_474902861.html

http://www.eldiario.es/clm/Ascension-Mendieta-llegado-deberiamos-anos_0_475253199.html

http://www.elplural.com/2016/01/19/ascension-cumple-su-sueno-y-recupera-los-restos-de-su-padre-enterrado-en-una-fosa-comun-en-guadalajara/?utm_source=Newsletter&utm_campaign=cd67385a14-Newsletter_20_01_20161_19_2016&utm_medium=email&utm_term=0_416b6732d3-cd67385a14-219047589

De niña casada a los 13 años a escritora que quiere liberar a las mujeres afganas

25 julio, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

Zahra Yaganah rompe muchos tabúes en su libro Luz de cenizas: escribe explícitamente sobre la violación dentro del matrimonio, la menstruación y el daño de por vida que causan los matrimonios infantiles

Según su editor, el libro ha sido el éxito de ventas más rápido en la última década en Afganistán: las primeras mil copias se agotaron en tres meses

“Las mujeres podemos encontrar nuestro camino a pesar de los problemas que tenemos”, defiende la autora

La autora de 'Luz de cenizas', Zahra Yaganah

La autora de ‘Luz de cenizas’, Zahra Yaganah. FACEBOOK

Cuando Zahra Yaganah era una niña, su madre la golpeó tres veces. En una ocasión fue porque se le cayó una bandeja con copas de cristal. Otras dos veces, por dejar que se queme la comida por estar muy absorta leyendo Los miserables, de Victor Hugo.

Yaganah tenía 11 años y ya le gustaba mucho leer. Creció como refugiada afgana en Irán y de pequeña aprendió a cocinar gracias a su madre, una mujer muy trabajadora y de costumbres tradicionales. Pero su verdadera pasión era la palabra escrita. Luego, cuando su vida se convirtió en un purgatorio de violencia y maltrato, tanto la literatura como la cocina le serían de gran ayuda para liberarse.

En su libro, que se ha convertido en uno de los más rápidos éxitos de ventas de Afganistán, Yaganah narra su traumática vida. Luz de cenizas, publicado en marzo, es en parte ficción y en parte una devastadora autobiografía marcada por la opresión que –según ella– sufren todas las mujeres afganas.

Zahra espera que el libro ayude a las mujeres a liberarse. “Es imposible para una mujer afgana leer este libro y no encontrar algún tema que refleje parte de su propia historia”, señala. “Las mujeres podemos encontrar nuestro camino, a pesar de los problemas que tenemos”.

Para ayudar a liberarse de la opresión, Yaganah rompe muchos tabúes. Escribe explícitamente sobre temas como la violación dentro del matrimonio, la menstruación y el daño de por vida que causan los matrimonios infantiles.

Solo dos personas aparecen en el libro con su nombre real. Una es Zahra, la protagonista adolescente basada en la autora, obligada a casarse a los 13 años con un hombre que le dobla la edad.

El personaje del esposo la golpea salvajemente –igual que hacía el esposo de Yaganah en la vida real– y el dinero que ella gana trabajando en un horno de ladrillos, él se lo roba para mantener su adicción a las drogas. Es justamente el relato de su matrimonio lo que hace que el libro de Yaganah sea tan devastador y revolucionario a la vez.

La misma noche de bodas de Yaganah fue una travesía tremendamente dolorosa. “Yo pensaba que tenía que servir a mi esposo como a un rey”, dice. Apenas una adolescente, Zahra no tenía idea de lo que era el sexo con penetración. A la mañana siguiente se despertó en el hospital.

En el libro, relata: “Odiaba el matrimonio, la noche de bodas, el concepto de marido y mujer y todas las cosas que acababan siendo dolorosas. El odio era un vestido que me quedaba ajustado al cuerpo. Esa noche, nos llevaron a una habitación y sin haber siquiera intercambiado una palabra me encontré a Sultán a mi lado. Inmediatamente después sentí un dolor espantoso que atravesaba todo mi cuerpo. No recuerdo nada más. Cuando abrí los ojos, estaba en la cama de un hospital”.

Pedagogía para mujeres y hombres

Para Yaganah, el empoderamiento de la mujer está inextricablemente ligado a la educación sexual tanto de mujeres como de hombres. El sexo en el matrimonio en Afganistán a menudo es equivalente a una violación, y es algo que sufren muchísimas mujeres, afirma.

En un país en el que los hombres ignoran casi por completo la vida interior de las mujeres, Luz de cenizas está escrito no solo para que lo lean mujeres sino también hombres.

“Tengo un amigo que ahora tiene mucho cuidado con cómo se comporta, porque no quiere ser como esos hombres violentos. Su mujer dice que es mucho más amable después de haber leído mi libro”, dice entre risas. “Ahora incluso ayuda a fregar los platos”.

El otro personaje de la novela que aparece con su nombre real es Narges, la hija de Zahra.

Debido a la corta edad de su madre –Zahra tenía 14 cuando tuvo a su hija– la niña desarrolló un trastorno del crecimiento y murió a los 4 años.

Yaganah comenzó a escribir hace tres años. Después de escribir y revivir la muerte de Narges, tuvo que hacer una pausa de tres meses. Esta pérdida también toca una fibra sensible de los lectores.

“Me conmovió mucho”, dice Mohammad Hossein Saramat, director del instituto Marifat en Kabul y seguidor del trabajo de Yaganah. “Incluso el mencionarlo aquí contigo me conmueve”.

A finales de 2007, tras mudarse de Herat, en el oeste de Afganistán, a Irán, Yaganah se vio obligada a tomar una decisión. Una noche, después de no haberle entregado a su marido dinero para drogas, ella y sus dos hijos se despertaron rodeados de ropa incendiada. La puerta estaba bloqueada y las ventanas, con rejas. Afortunadamente, fueron rescatados por los vecinos.

Yaganah pidió el divorcio, una decisión radical en Afganistán, y huyó a Kabul con sus hijos. Allí, tuvo diferentes empleos hasta que un amigo la ayudó a conseguir un trabajo como cocinera en televisión, usando los conocimientos que había aprendido de pequeña. Reconstruyó su vida, luego actuó en teatro y se involucró en la lucha por los derechos de las mujeres.

Ahora vive con sus hijos en su propia casa. Su editor dice que su libro ha sido el más rápido éxito de ventas de la última década en Afganistán: las primeras mil copias prácticamente se agotaron en tres meses.

En la calle está aparcado un coche Daewoo Matiz rojo que Yaganah utiliza para llevar a los niños de picnic los fines de semana. Su hija tiene la misma edad que ella tenía cuando la obligaron a casarse, y su hijo es unos años menor.

El marido de Yaganah desapareció después del divorcio. Reapareció en Irán, donde fue arrestado por tráfico de drogas y condenado a ocho años de prisión, pero ahora está libre. Yaganah piensa que no debe de tener dinero para viajar a ningún sitio, pero de todas formas el hombre logra poner nerviosa a la familia. Hace poco, por primera vez en 10 años, llamó a la hija por teléfono desde Irán.

Pero Yaganah, ahora con 32 años de edad, ya no se deja intimidar, incluso cuando la sociedad afgana espera que lo esté.

“Cuando hablas, siendo una mujer, los hombres aquí se enfrentan a ti”, explica. “Te acusan de hablar contra los hombres. Siempre intentan que no hables en nombre de las mujeres”.

Traducción de Lucía Balducci

Publicidad con alevosía

24 julio, 2016

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

“Recochinearse. Los unos, en sus políticas de ajuste; los otros, en sus corrupciones”

JOSÉ LUIS AGREDA

 

Recochineo. “Burla o ironía molestas que acompañan a algo que se hace o dice”, según el DRAE. Pero me gusta más –y a ella la quiero– lo que nos cuenta María Moliner: “Burla, ensañamiento o refinamiento añadidos a una acción con que se molesta o perjudica a alguien: ‘Me han dejado el peor trabajo y, además, con recochineo”. La verdad es que, comparando las dos explicaciones, la primera parece hecha por un señorito; de la segunda no nos cabe duda de que la realizó una mujer tan trabajadora como sabia.

Recochineo, insisto. Una palabra que últimamente ha alcanzado una lamentable cualidad descriptiva de lo que nos ocurre. Recochinearse es lo que hacen. Los unos, en sus políticas de ajuste que definen el mundo que les gusta, el de los poderosos y los siervos. Los otros, en sus corrupciones, su impunidad y su cinismo.

Recochinearse. Los unos, en sus políticas de ajuste; los otros, en sus corrupciones”

Tomemos, por ejemplo, el caso de la publicidad de los bancos. Sí, los bancos, esos elementos fundamentales del puzle del fracaso español, con Bankia a la cabeza, que han recibido la pasta gansa europea que hemos de pagar nosotros, y que etcétera, etcétera, etcétera, pues sería recochineo repetirlo.

A mí se me caen los miriñaques del sombrajo cuando escucho que el banco tal o el banco cual promete dar no sé qué “sin comisiones”, o cuando presume de su plan de becas e iniciativas, o cuando alardea de humanidad y cercanía, o de cambios porque ha llegado el momento de cambiar, o cuando nos dice que no son un banco, sino prácticamente una obra benéfica. A mí, esa publicidad me revuelve el estómago.

Los bancos deberían saber que cualquier publicidad que emanen es contraproducente. Sobre todo los que han recibido dinero público, e incluso aquellos que no han necesitado el rescate, o cuyo comportamiento modélico –alguno habrá, digo yo– les permite lanzar la primera piedra. Deberían reflexionar sobre si la publicidad les ofrece los mismos resultados que a una marca de colonia o de galletas, que por ahora no le han hecho daño a nadie, pues no aconsejan que nos bebamos la primera y nos metamos las segundas por el canalillo, que es lo que nos vienen a decir los bancos: somos buenos, creed de nuevo en nosotros; mira, mira, mírame la patita, es blanca y soy un cordero.

Visto lo visto, y sufriendo lo que está sufriendo, el ciudadano español parece que concede el mismo porcentaje de desconfianza a los políticos y a los bancos: en torno al 95%, según el estudio Values and worldviews, presentado hace poco por una fundación bancaria, precisamente la del BBVA. No es de extrañar que cuando aparece en los cines el anuncio de Bankia de empezar por los principios, los pocos espectadores que hayan podido permitirse comprar la entrada se entreguen a abucheos sin precedentes. Yo lo hago, solita, pero con todas mis fuerzas, cuando lo escucho por la radio. Vocifero como posesa ante cualquier intento de lavado de rostro perpetrado por los entes bancarios que fueron más activos en sembrar el terror de las preferentes, y por aquellos –como quien dice, todos– que se entregan con entusiasmo al crimen de los desahucios. También me río con –aquí sí– amargo recochineo cuando recuerdo que, seis meses antes de ser absorbido por otro, Banesto se publicitaba como “el banco que aprendió a hacer las cosas de otra manera”. Ya te digo.

La ciudadanía está tan escamada de los bancos como de las campañas electorales políticas. Promesas incumplidas. Y contra eso no hay publicidad que valga, sino hechos.

Bajar del pedestal y mezclarse con la gente es algo tan recomendable en política como en banca. Claro que se arriesgan a que les escrachen con recochineo, pero así es la vida. Un toma y daca.

10 palabras que el castellano necesita apropiarse urgentemente del euskera

23 julio, 2016

Fuente: blogs.publico.es

Noemí Rivera 24 de noviembre de 2013

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Muchas veces, es difícil para un vasco comunicarse con alguien que sólo habla español sin introducir palabras en euskera, ya que existen muchos términos que son imposibles de decir en la lengua de Cervantes. Y no nos damos cuenta de que el castellano necesita de ellas hasta que uno se topa con un vasco: “¡Eguerdi on, Carlos! Pues nada, que el otro día estábamos yo y Mikel -que es un tipo súperjatorra– con un tripazorri horroroso -¡y eso que nos habíamos tomado un hamabitako enorme!- y le dije para ir de poteo y tomar unos pintxos y unos zuritos, Total, que nos liamos, zurito arriba y zurito abajo, y acabamos de gaupasa, ya ves, y eso que caía un sirimiri de lo más asqueroso”.

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Eguerdi on

Significado: buenos mediodías.

Por qué apropiarse de ella: No lo neguéis, a todos nos ha pasado que al ir a saludar a alguien, nos hemos tenido que pensar dos y hasta tres veces si decir “buenos días” o “buenas tardes” y después mirar el reloj. Y aunque en teoría la línea que divide la mañana y la tarde está en las 12:00, en la práctica, no resulta tan sencillo ya que salta al campo un tercer jugador: el mediodía. En euskera, han encontrado una fácil salida a ese dilema y saludan con un simple y efectivo eguerdi on; es decir, “buenos mediodías”.

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Potear

Significado: Ir de bar en bar, bebiendo baxoerdis o potes (medios vasos), de vino, cerveza…

Por qué apropiarse de ella: Porque “ir de bares” abarca infinidad de actividades susceptibles de ser realizadas dentro de un bar, el poteo va al grano, al meollo de la cuestión. Vamos de bares, sí, pero vamos de potes, ni cafecitos, ni tapas, ni leches; vamos a beber. Ahora este bar, luego el siguiente, luego el del final de la calle… Y con un poco de suerte no llegaremos dando tumbos a casa.

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Zurito

Significado: medio vaso de cerveza.

Por qué apropiarse de ella: El zurito es una pieza clave para que el poteo no acabe en catástrofe. Potear a cañas es un riesgo demasiado grande, por eso, por un eurillo, te sacan medio vaso de cerveza, para ir como un señor o una señora. Además, ir a zuritos ayuda a no estancarse en los bares para poder seguir con la ronda y no volver a casa a las tantas y a rastras. Algunos pueden pensar que los zuritos son “para mujeres o para maricas”, pero no lo es para nada. Es más, en algunos locales, los zuritos son tan generosos, que, según qué planes tengamos, podemos sustituirlos por las cañas y así ayudar al bolsillo. 

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Hamarretako, hamaiketako y hamabitako

Significado: bocado que se toma a las diez (hamar), a las once (hamaika) o a las doce (hamabi). Almuerzo.

Por qué apropiarse de ella: Es muy importante diferenciar la hora a la que se almuerza, no es lo mismo a las diez, a las, once o a las doce, más aún si almorzamos varias veces por la mañana entre el desayuno y la hora de comer. Además, con estos tres maravillosos conceptos, tenemos la excusa perfecta para pasarnos la mañana comiendo.

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Kalekume

Significado: Literalmente, cría de calle. Término despectivo empleado por las personas que viven en caserío para referirse a la gente de ciudad o que apenas tiene contacto con el mundo rural.

Por qué apropiarse de ella: Niños que no saben de dónde viene la leche y que si les dices que eso que va correteando por el campo es un pollo te dice que no flipes, que el pollo es una comida. O sin ser tan dramáticos, personas a las que les dan miedo las ovejas, que no salen a la calle cuando llueve porque se mojan, que no sabrían decir cómo es un arado ni aunque lo tuvieran delante, o que para ir de picnic al bosque aparecen con pantalones hiper-ajustados y tacones. “Kalekumeak!”, dan ganas de gritarles. Y con razón.

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Bizigarri

Significado: Lo que da vida, lo que da sabor, lo que anima, lo que da vigor.

Por qué apropiarse de ella: Un chorrito de coñac en el café, espolvorear un poco de pimentón en las lentejas, un café bien cargado a las 2:00 para poder seguir estudiando, una onza de chocolate después de comer, añadir una cucharada de miel a la leche… Todo ser humano necesita bizigarris a lo largo de su vida, ¡que no somos de piedra!

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Sirimiri

Significado: Lluvia débil y constante.

Por qué apropiarse de ella: Este tipo de lluvia sin fundamento tan característico del paisaje vasco ya ha sido incluido en el diccionario de la RAE, pero aún hace falta insistir en su uso. “¿Llueve?”, “No, hace sirimiri; pero sácate el paraguas igualmente”. ¿De qué otra manera se puede llamar a esa lluvia cansina y floja que se puede tirar días y días cayendo pero jamás causará una inundación? En castellano tienen calabobos, pero alguno se puede ofender…

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Gaupasa

Significado: pasar toda la noche de fiesta y llegar a casa al amanecer.

Por qué apropiarse de ella: Resulta sorprendente que no exista tal palabra en el idioma castellano. Salir de fiesta un finde a las 22:00 y volver a la mañana siguiente, con cogorza o sin ella, no es otra cosa sino gaupasa. Es decir, pasar la noche por ahí (gau: noche). Porque, no, no es lo mismo que trasnochar; la gaupasa lleva consigo el componente fiesta, y si no, preguntádselo a los pamplonicas.

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Tripazorri

Significado: hambre, sensación de hambre

Por qué apropiarse de ella: Llevas horas sin comer y empiezas a sentir que tu estómago ruge. Se mueve, se queja, notas como si cientos de bichillos corretearan y anduvieran dando saltos en tu estómago. Eso es el tripazorri (zorri = piojo), una sensación muy gráficamente descrita en una sola palabra. “Jo, menudo tripazorri que tengo, vamos a comer unos pintxos”. Ni más ni menos.

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Jatorra

Significado: puro, verdadero, castizo, majo, agradable…

Por qué apropiarse de ella: Una persona jatorra va más allá del ser maja o agradable. Cuando se dice que alguien es jatorra (sobre todo cuando se usa en castellano y marcando bien la jota hasta casi destrozarnos la garganta), decimos que es una persona auténtica, leal, de esas en las puedes confiar ciegamente, simpática, sincera, una persona castiza y sana, de dominación de origen. Vamos, todo un tesoro de persona y amigo.

La muerte de la literatura

22 julio, 2016

Fuente: http://www.rafaelnarbona.es

Las dictaduras siempre han soñado con un mundo sin literatura. Las famosas hogueras de la Alemania nazi no constituyen el primer acto de barbarie contra el saber. El 7 de febrero de 1497 los seguidores del Girolamo Savonarola encendieron la famosa “hoguera de las vanidades”, que devoró miles de libros y obras de arte por su supuesta inmoralidad. En nuestros días, el Estado Islámico obra con el mismo desprecio por la libertad y el conocimiento, destruyendo bibliotecas y tesoros artísticos. El fanatismo siempre es aparatoso y exhibicionista, pero la estupidez produce estragos similares sin apenas provocar ruido. Vivo en las afueras de Madrid, pero ayer me acerqué al centro y husmeé en las estanterías de un VIPS, mientras esperaba a un amigo. En los años noventa, aún se encontraban novelas, ensayos, textos filosóficos, poemarios y algún clásico. Los superventas ocupaban un lugar destacado, pero su presencia no impedía una oferta complementaria para un lector más exigente. En la actualidad, el panorama es completamente distinto. Después de recorrer los pasillos con los ojos bien abiertos, sólo descubrí una docena de títulos dignos de un hueco en el catálogo de una buena biblioteca. El resto eran novelas románticas, policiacas o históricas, con una prosa deleznable y unos personajes caricaturescos. Las portadas era un fiel reflejo del contenido: dibujos mediocres, colores chillones y, en muchos casos, letras con relieve.

Los libros de arte de gran formato aliviaron mi desolación, pero todo sugería que su función no era adentrarse en el mundo de la pintura, la escultura, la arquitectura o la fotografía, sino convertirse en objetos decorativos destinados a mejorar el aspecto de una elegante mesa de diseño. Las revistas de decoración suelen explotar este recurso, lo cual corrobora que el Duque de La Rochefoucauld no se equivocaba al afirmar que “la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud”. El tiempo le ha dado la razón a Andy Warhol y el arte ya sólo es un objeto de consumo, con la misma trascendencia que un bote de sopa Campbell. No puedo objetar nada contra los manuales de jardinería, bricolaje o cosmética, pero me deprime que sean más visibles que los libros de saldo, confinados en un rincón, cerca de los congelados y los cartones de leche o zumo. En ese triste furgón de cola descubrí Los Baroja, el libro de memorias de Julio Caro Baroja que recrea la peripecia de una familia saturada de creatividad y humor corrosivo. A su lado, yacía la monumental biografía de Peter Longerich sobre Goebbels, un personaje tan repulsivo como necesario para comprender el siglo XX. Mentiría si dijera que me enfrentaba a algo completamente nuevo. Hace unos años, encontré en otro VIPS la Crítica de la Razón Pura, de Immanuel Kant, aplastada por una biografía de Madonna, la ambición rubia. Imagino que el imperativo categórico no puede competir con “Material Girl”, un tema que ha marcado el rumbo de varias generaciones.

Tal vez el VIPS no es el mejor escaparate del nivel cultural de un país, pero si acudimos a las aulas la perspectiva no es más alentadora. La literatura se ha reducido al mínimo en las programaciones oficiales. La lingüística, una obra maestra de la pedantería, ha defenestrado a los clásicos. ¿Por qué perder el tiempo leyendo el Quijote o Luces de bohemia, cuando se pueden enseñar con énfasis académico las virtudes del objeto directo? ¿No es mejor aprender a identificar una oración de relativo que leer un poema de Juan Ramón Jiménez? Hace dos o tres cursos, escuché en una junta de evaluación a un profesor de literatura confesar con resignación: “Ya le he dicho a mis alumnos que se trata de memorizar nombres, títulos y fechas”. Sé que su concepto de la asignatura es mucho más inteligente, pero había claudicado ante los designios de las autoridades académicas. ¿Qué otra cosa puedes hacer cuando sólo dispones de un curso para enseñar lengua y la literatura española del XVIII, del XIX, del XX y lo que va del XXI? Si Valle-Inclán levantara la cabeza, indudablemente se liaría a bastonazos con los “cráneos privilegiados” que han elaborado un temario de estas características. Me pregunto cuántas líneas se reservan en los libros de texto a un autor como Gabriel Miró, quizás el mejor prosista de su generación. Pero claro, ¿a quién le importa el profundo escritor levantino? ¿No es mejor leer una incalificable memez como El niño con el pijama de rayas y familiarizarse con las subordinadas adverbiales comparativas y consecutivas?

Pío Baroja nunca mostró el más mínimo interés por la gramática, pero escribió piezas tan memorables como el “Elogio sentimental del acordeón”. El sentido común sugiere que la gramática se aprende leyendo y escribiendo, no con peregrinos y grotescos análisis gramaticales. La sintaxis no consiste en identificar sujeto, predicado y complementos, sino en saber leer un texto, con el ritmo, el énfasis y las pausas concebidos por el autor. En cualquier caso, la batalla está perdida. Las programaciones oficiales son tan fatales e ineludibles como los icebergs. Continúan avanzando, después de hundir un transatlántico, sin reparar en el daño causado. Si, además, los VIPS saldan los clásicos cerca de la vitrina de los yogures, sólo nos queda celebrar las exequias de la literatura, tal vez uno de los inventos más subversivos del ingenio humano. Leer un buen libro se ha convertido en una rareza, pero también en un acto de resistencia contra una época que parece empeñada en materializar las sombrías profecías de Ray Bradbury en Fahrenheit 451. Si alguien no ha leído la novela, le recomiendo que se haga con un ejemplar. No entretiene: duele y hace pensar, como todo lo que merece la pena en esta vida.