Nación

Fuente: http://www.elmundo.es

02/07/2016 03:01

Volvemos a la nación. Volvemos a ese constructo social de raíces puramente emocionales, con un expediente atroz y un paradójico prestigio. Volvemos al doctor Jekill y al míster Hyde de la edad moderna: parapetada tras la racionalidad del Estado, un acuerdo colectivo basado en leyes, la nación alimenta su psicosis y lanza periódicas tormentas de idiotez y violencia. Incluso los diccionarios indican que Estado y nación son sinónimos. Como si el razonamiento y la emoción pudieran ser lo mismo. Quizá estemos condenados a caer eternamente en el error.

Los nacionalistas son mayoría. Pregunte a cualquiera de ellos. Pregúntese a usted mismo. La historia, dirá. La lengua. Por fin apelará a «lo que existe», porque para un nacionalista resulta obvio que la nación existe, igual que para un cristiano o un musulmán resulta obvio que existe Dios. Y en cierto sentido hay que conceder la razón. La nación existe. Si no fuera así, Europa se habría ahorrado decenas de millones de cadáveres. El orgullo nacional, los traidores que intentan destruir nuestra nación, etcétera. El viejo teatrillo de sombras que mantiene su éxito.Mariano Rajoy gana las elecciones invocando la unidad de España. Esquerra Republicana crece por la fe en Cataluña. Los británicos votan a favor de su ruina en nombre del pasado nacional. Centroeuropa es un hervidero de supuestas identidades colectivas. Resucita la ultraderecha nacionalista.

La Unión Europea, aburrida, insuficiente, cargada de errores y, sin embargo, la aspiración más noble y sensata de un minicontinente (el extremo occidental de Eurasia) tan ilustre como atormentado, se deshace por momentos. Incluso algunas personas lúcidas abogan por el repliegue sobre la nación, sobre las fronteras y la mitología de la aldea y la bandera, como fórmula para salvar la Unión. Bonito salvamento. Han sido los gobiernos nacionales y la propaganda nacional los que durante décadas han frenado la integración europea. Han mantenido la falacia de que sólo dentro de la nación cabe la democracia. Los mismos que consideran una aberración el nacionalismo catalán se horrorizan ante la posibilidad de votar como presidente a alguien que no hable español. Los mismos que se dicen de izquierdas no dejan de proferir la palabra “patria”.

Da igual que la civilización se haya extendido gracias a los imperios. La gran mayoría seguirá votando al Frente Popular de Judea y haciéndose la clásica pregunta: ¿qué han hecho los romanos por nosotros?

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