Así explica Disney la desigualdad social: los ricos tienen problemas y los pobres son felices

Fuente: http://www.eldiario.es

Un estudio de la Universidad de Duke concluye que las películas de Disney sobrerrepresentan la riqueza, banalizan la pobreza y hacen ver que el ascenso económico depende solo del esfuerzo personal

En ‘Aladdin’ se pone a la misma altura los problemas del protagonista, que roba comida para sobrevivir, con los de la princesa, aburrida por no tomar sus propias decisiones en su vida palaciega

Una de las autoras del estudio alerta sobre la perpetuación de los mitos desde la niñez gracias a estas populares películas

Foto de la serie ‘Princesas caídas’ de la fotógrada Dina Goldstein.

En las películas de Disney, de los 67 personajes considerados como principales 38 encajarían en la clase alta, 11 en la clase trabajadora y tan solo tres serían considerados ‘pobres’, con Aladdin como principal representante de este colectivo en el universo animado. Un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Duke hace este análisis sobre representación de la pobreza y desigualdad en estos filmes infantiles. Si nos ciñéramos a lo que vemos en estas películas y lo trasladáramos a la realidad, entenderíamos que: ser pobre no es un gran problema, trabajar es algo que siempre te hace feliz y, si eres una buena persona (o guapa) además de ambiciosa, llegarás a ser rico, porque la clase alta siempre te hará un hueco.

Analizar cómo muestra Disney a la sociedad no es algo nuevo en el mundo académico. Ariel Dorfman, en su libro ‘Para leer al Pato Donald’ desgrana los argumentos con los que concluye que el universo Disney ayuda -y mucho- al sustento del sistema capitalista, transmitiendo sus mensajes y valores en todos los niveles sin plantear perspectivas alternativas. También se ha relacionado a las películas del gigante de animación con la sociedad heteropatriarcal y la perpetuación de roles de género machistas.

Pero volviendo al enfoque socioeconómico, la sobrerrepresentación de la riqueza en estos cuentos es epecialmente llamativa, con personajes de dinero infinito como el Tío Gilito o princesas en castillos bañados de lujo como la Elsa de ‘Frozen’. La coordinadora del proyecto de investigación, Jessi Streib, tiene claro el mensaje que lanzan, y es la idealización de estas situaciones: “la desigualdad es benigna”. Streib lamenta que se perpetúen los mitos alrededor de la desigualdad social a través de los ojos de los niños. En España,  un 30% de los niños (alrededor de 2,5 millones) viven en “riesgo de pobreza”.

Un vistazo a algunas de las películas más emblemáticas de la factoría Disney, de las más antiguas a otras de nuestros días, muestran como en casi ochenta años de historia la percepción de estos amables dibujos prácticamente no ha variado.

Blancanieves y los siete enanitos

En la película de 1938, los pequeños amigos con los que convive la princesa acuden puntualmente a su cita laboral en una mina de diamantes como si fuera una de las tareas más divertidas del mundo. Ver a Gruñón, Feliz, Tímido y Mocoso cavar bajo las órdenes de Sabio mientras canturrean contrasta con la realidad traumática de lo que supone un trabajo así, especialmente en los yacimientos donde realmente hay diamantes: en África.

Por ejemplo, en este reportaje interactivo de la NBC se puede comprobar que la realidad dista mucho de lo mostrado en las historias de Disney. Ahí, los enanitos cada mañana salen cantando y silbando felices para volver de la misma forma sin un ápice de cansancio en sus cuerpos porque, según ellos mismos cantan, “es lo que nos gusta hacer”.

El estudio critica esta visión idílica del trabajo, más cuando se trata de uno de los más criticados e inseguros del mundo. Además, es llamativo el contraste entre estos dos mundos, con los enanitos mineros atendiendo a la aristocrática Blancanieves que, encima, es la que tiene un problema por ser buena y bella.

Aladdin

Equiparar los problemas de las personas ricas y personas pobres es otro de los aspectos que señala el estudio como perjudiciales, un mensaje equivocado directo a las mentes de los más pequeños. En Aladdin la comparación es muy clara. El joven protagonista, pobre hasta el punto de tener que robar comida para sobrevivir, se enamora de la princesa Jasmine, aburrida de su vida palaciega.

Cuando se conocen y comparten sus historias y los sentimientos que les generan, ambos concluyen que se sienten “atrapados”, uno por la pobreza y la otra por el poco espacio para tomar sus propias decisiones como “donde ir y cómo vestir”. El estudio critica que se esté poniendo a la misma altura un problema de supervivencia con otro de gestión de la riqueza, minimizando así las dificultades derivadas de las cuestiones económicas.

Lo cierto es que situaciones de desigualdad social extrema como la que se representa en la película  Aladdín, acarrean cualquier cosa menos felicidad. Dos investigadores de Oxford y de la London School of Economics  han estudiado la relación entre desigualdad y felicidad para concluir que cuando una sociedad tiene brechas tan importantes, es en su conjunto mucho más infeliz.

Frozen

El caso del último gran boom de la factoría Disney sigue el patrón de otras películas que tienen como protagonista común a una mujer de clase alta, en este caso Elsa. Una vez más, desde el personaje principal -siempre con sus joyas- al resto de personajes de Frozen viven rodeados de riqueza, en grandes castillos y con vidas idílicas trufadas por grandes bailes, coronaciones y fastuosos paisajes.

Los problemas que les rodean tienen encaje en su clase socioeconómica, al estilo ‘pobres niñas ricas’. Con un estereotipo claramente nórdico, la idealización de estas vidas en las películas  suele ser criticada por la falsa imagen que transmiten en países con realidades muy distintas donde se visualizan estos filmes. Al menos, Frozen ha sido declarada como uno de los  pocos personajes femeninos no estereotipados en términos de género.

Ratatouille

A todos nos divirtió y emocionó la historia contada en  Ratatouille, como la rata Remy cumplía su sueño de ser chef, aunque fuera de una manera algo disparatada manejando a una persona que no se caracterizaba por su habilidad y destreza. No obstante, los orígenes de Remy muestran una familia pobre, que vive en el alcantarillado pero cuyas referencias a la pobreza están basadas solo en la mala calidad y sabor de la comida. De nuevo, la felicidad en el mundo de la pobreza se vuelve a representar como algo habitual, alejado del sufrimiento, de una forma banal.

Sin embargo, como explicaba en este medio el sociólogo Pablo Gracia, “en las sociedades postindustriales el origen social tiene un peso determinante sobre indicadores básicos de bienestar, como son el nivel educativo, la ocupación, el salario o la salud” y es casi imposible salir del estrato social asignado por la familia en la que se nade. “La reproducción de la desigualdad social tiene costes importantes […] Un país donde los grupos desfavorecidos no tienen las mismas oportunidades que los grupos privilegiados presenta claros déficits democráticos y de justicia social”.

Así, la movilidad social se mide por el origen de “cuna” y no por la meritocracia,explican en Piedras de Papel. La exitosa historia de éxito de Ratatouille es casi imposible en la escalera social actual.

Cars

Esta película, en la que los coches toman vida, gira en torno al conocido Rayo McQueen. La desigualdad económica se muestra en el personaje Sally que [ojospoiler] termina enamorada del protagonista. Sally abandona una próspera vida de abogada por el estrés laboral que le produce y se traslada al pequeño pueblo de clase trabajadora, donde se concluye que la vida es mucho más fácil que en la ciudad cobrando una nómina importante. Para las autoras del estudio, surge aquí la equiparación de los problemas de los ricos y los pobres, llegando incluso a insinuar que la vida de pobre es la mejor. La realidad de la  mujer en medio rurales mucho menos idílica que la que representa la película.

El Tío Gilito

Un clásico del mundo Disney es el Tío Gilito, familiar del Pato Donald. Nunca ha destacado por su simpatía y, aunque en la factoría de animación nos hayan dicho que para llegar a rico hay que ser buena persona, nada en montañas de dinero que tiene almacenado. El signo del dólar se repite allá por donde va, independientemente del contexto en el que se encuentre y aunque aparezca junto a personajes como su propio sobrino, al que no se puede considerar rico precisamente.

El Tío Gilito, cuya existencia se basa en acaparar más y más riqueza, guarda paralelismos con las grandes fortunas españolas que aumentan año tras año, llegando a cifras mareantes. Aunque en cierta forma en Disney -que no se caracteriza por un humor especialmente irónico- parodian esta acumulación de riqueza, es una de las cuestiones que más problemas está causando en la sociedad actual. ONG como Intermón Oxfam llevan años advirtiendo de las graves consecuencias de la acumulación de riqueza en unos pocos, y organismos como el FMI avisan de que este desigual reparto lastra el crecimiento.

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