Publicadas las memorias del cura ultraliberal que justificó el asesinato de religiosos

Fuente: http://www.elplural.com

Portada libro "Memorias de un cura exaltado"
Presenta a Fernando VII como un rey “aguijoneado por frailes, monjas, sacristanes, canónigos fanáticos…”
ELPLURAL.COM Dom, 20 Mar 2016

El cura Antonio María García Blanco, uno de los catedráticos fundadores de la Universidad Central de Madrid y diputado en Cortes, fue un liberal tan exaltado que justificó la quema de conventos y la matanza de frailes de julio de 1834, según consta en sus memorias, que se han publicado en edición crítica.

“Memorias de un cura exaltado (1800-1889)” (Alfar) es el título que el profesor de la Universidad de Sevilla Manuel Moreno Alonso, experto en el Liberalismo español y biógrafo de Napoleón y de José Bonaparte, además de autor de numerosos estudios sobre Blanco White, ha puesto a esta obra, de la que ha dicho a Efe que supone un recorrido “de primera mano por casi todo el XIX español”.

Maestro de dos presidentes de la Primera República, Salmerón y Castelar, García Blanco fue de un liberalismo que, según Moreno Alonso, “no podía ser más exaltado” ya que ante el incendio de conventos y la matanza de frailes registrada el 16 y el 17 de julio de 1834 en Madrid y otras ciudades españolas “no dudó en justificarlas” porque en su opinión las víctimas “actuaron antes como frailes que como religiosos”. Los religiosos asesinados en la revuelta liberal murieron, según García Blanco, “sin predicar de acuerdo con el Evangelio y sin hacer de mediadores entre el pueblo y la tiranía”.

Enemigo acérrimo del absolutismo monárquico, García Blanco “rechazó de plano el peligro de que los eclesiásticos, y particularmente el clero regular, formaran un estado dentro del Estado”, en lo que empeñó sus principales actuaciones políticas, según Moreno Alonso. En sus memorias, presenta al rey Fernando “aguijoneado por frailes, monjas, sacristanes, canónigos fanáticos, generales de las Órdenes y palaciegos inverecundos”.

Liberal exaltado

El suyo, según Moreno Alonso, fue “un liberalismo tan exaltado que lo mismo lo ponía de manifiesto en sus prédicas que en sus estudios filológicos (fue catedrático de Hebreo)”, en uno de los cuales llegó a escribir:

“Culpa será y efecto de un Gobierno despótico, que parece ha temido a la luz , de un sistema de oscurantismo que nos ha cubierto de oprobio y de ignorancia; de una circunstancia particular que parecía haber cortado relaciones con todo lo que conduce a saber , con la ilustración, con la claridad, con la verdad y con el orden”.

Anticlerical

En su tarea anticlerical, García Blanco, natural de Osuna (Sevilla), no fue el único eclesiástico, ya que “desde la guerra contra los franceses, entre las propias filas del clero surgió una corriente muy poderosa, de carácter radical, en contra de los abusos y para reformar la situación en que se encontraba la iglesia y, en particular, el clero regular”, ha explicado Moreno Alonso.

García Blanco fue “partidario de la igualdad de todos los individuos” y “del sostenimiento por el mismo pueblo de las instituciones que lo vinculaban a la revolución” que consideraba una “prioridad del servicio a la nación”, ha añadido.

Durante la Primera República fue una figura tan reconocida que fue designado para encabezar la representación española en la Exposición Universal de Viena de 1873, en la que llegó a encontrarse con el emperador Francisco José en el palacio de Schonbrun.

Maestro de Menéndez Pelayo

García Blanco también fue maestro de Menéndez Pelayo, quien le dedicó capítulo, como hizo Blanco White, en su “Historia de los heterodoxos españoles” y no precisamente como herético, sino queriendo disculparlo al afirmar que no le resultaba grato “amargar su cansada vejez con el recuerdo de los desvaríos políticos de sus mocedades” -algo que no comparte Moreno Alonso por sostener que el cura liberal dejó que aquellos “desvaríos” le acompañaran hasta el día de su muerte.

La edición crítica efectuada por Moreno Alonso, que también es uno de los principales especialistas en la Guerra de la Independencia y en el Cádiz de las Cortes, consta de casi 600 notas a pie de página, además de las casi doscientas páginas de la introducción.

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