Archive for 28 febrero 2017

Historia, tradición, memoria

28 febrero, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

Tribuna: El recuerdo de José Antonio Maravall

Carmen Iglesias, 19 de diciembre de 2006.

“Viviremos con mayor negligencia, hurtados a la querida autoridad de su mirada”, decía Plinio el joven en la oración fúnebre dedicada a su tío, el gran naturalista y sabio Plinio, víctima de la gran erupción del Vesubio del 79. Es un sentimiento que algunos hemos sentido intensamente ante la desaparición de contados maestros muy queridos. José Antonio Maravall Casesnoves ha sido uno de ellos. Hoy se cumplen 20 años de su fallecimiento y el mejor homenaje que se le puede hacer es recordar una vez más su rico legado historiográfico, del que se siguen publicando nuevas ediciones de sus obras tanto en España como en otros países europeos y americanos.

De ese riquísimo legado que escapa brillantemente, como es sabido, a los límites del especialismo y que abarcó amplios períodos de la historia de España, en cuya investigación supo aunar el detalle singular histórico, y siempre documentado rigurosamente, con un contexto europeo, podríamos preguntarnos qué temas actuales le interesarían más desde el punto de vista historiográfico en estos 20 años transcurridos en su ausencia. Pienso que, entre muchos otros -pues su curiosidad científica y humana era inagotable-, hay tres asuntos que inciden en lo que fue siempre para él preocupación constante en su quehacer historiográfico y que aparecen una y otra vez tanto en sus escritos sobre la España medieval como en la renacentista, en la barroca o en la ilustrada y, desde luego, en la contemporánea. Uno fue la insistente inserción de la historia de España dentro de la historia de Europa y homologable a la de cualquier otro país europeo; con sus caracteres particulares, pero fuera de todo excepcionalismo o diferencialismo narcisista. Junto con Caro Baroja, fueron dos principales y autorizadas voces combativas contra todo esencialismo hispano y contra el mito de los caracteres nacionales. Una segunda obsesión historiográfica fue siempre la articulación entre el sentimiento de unidad y la diferenciación de los distintos territorios de España en la formación y consolidación del Estado nacional. Como tercera preocupación, la necesidad de conocer y estudiar la historia de cada época, con los instrumentos historiográficos más depurados y distanciados posibles, frente a los estereotipos de la tradición y frente a los tópicos maniqueos que dividen la historia en “buenos y malos” y, erigidos en “jueces historiográficos”, condenan y absuelven a su gusto, utilizando la historia como arma política, como “un ladrillo que arrojar a la cabeza del contrario”.

En la España actual, los avatares de la Unión Europea, las crecientes competencias autonómicas que en ciertos casos plantean serios problemas de funcionamiento y lindan con el nacionalismo separatista y, por último, la discusión sobre la llamada ley de “memoria histórica” con su guerra de esquelas y el resurgimiento de reivindicaciones fratricidas, creo que hubieran ocupado -y preocupado- toda la atención de nuestro gran historiador.

El europeísmo de Maravall se basaba en una doble vertiente, especialmente destacada en su momento por el padre Batllori, que aunaba el interés por específicos problemas europeos y su organización supranacional con la citada insistencia en considerar siempre la historia de España inserta en la historia y en la vida de Europa, su obsesión por salir de cualquier ensimismamiento historiográfico de la “España diferente” como tópico que seguía enlazado con el nacionalismo histórico del siglo XIX y también con una corriente regeneracionista que admiraba a Europa pero que creía en caracteres esencialistas hispanos. Sin Europa no es concebible una libertad efectiva: “La libertad”, escribía ya en 1965, “es un modo de vida del europeo de hoy, radicalmente diferenciado de cuanto antes ha sido, un modo nuevo como resultado difícil de la tensión política y económica supranacional de nuestros días. Y ni que decir tiene que el que no participe en ese plan se queda sin Europa y sin libertad”. El desafío actual de una Europa inserta en un mundo globalizado que tantea las posibilidades de funcionar con cierta unidad económica y política y que, sin embargo, sigue al tiempo desunida en cuestiones decisivas para el futuro, entraría de lleno en la compleja reflexión histórica de lo que ha sido la formación de la cultura y civilización europeas. Y desde luego -ahora y para nosotros, como historiadores y ciudadanos, y en la estela de una de las direcciones del pensamiento maravalliano-, debería estar alejado de todo casticismo nacionalista, deudor de una tradición romántica que, si fue un lastre a escala nacional, sigue siéndolo en los nacionalismos periféricos y en las diferenciaciones narcisistas e interesadas para la afirmación de grupos políticos que crean sus propias clientelas y divisiones partidarias. “La historia es precisamente lo contrario de la tradición”, repitió nuestro historiador en varias ocasiones, y creer que existe en determinados pueblos o grupos humanos una esencia inmóvil que permanece por encima y por debajo de los acontecimientos históricos y evoluciones complejas, no como sedimento de la historia y de la acción de los seres humanos concretos, sino como caracteres fijos, no es más que uno de esos estereotipos rentables que hay que desmontar dondequiera que se reproduzcan. Y se reproducen desde luego con facilidad: por la propia inercia y pereza natural, por la seguridad que da el calor del grupo o de la tribu que descarga de responsabilidad individual a sus miembros, por el beneficio que a corto plazo procura a sus promotores y seguidores.

“En España -explicaba Maravall- es absolutamente imprescindible afirmar el pluralismo y la entidad propia de los grupos que por razones de múltiple naturaleza lo han constituido, pero no menos es necesario afirmar lo contrario, porque no serían lo que han sido ni se hubieran desarrollado como se han desarrollado si no hubiera sido por la combinación de los dos aspectos”. Maravall investigó rigurosamente “tanto en fuentes del lado castellano-leonés como en fuentes del lado catalán-aragonés” para desmontar uno de los estereotipos, “común en 1950”, que partía de que España no había sido durante siglos más que “una mera referencia geográfica”. “Y eso carece de sentido (…). Hay textos inequívocos que hablan de los de fuera, en el sentido de los de más allá del grupo de dentro, de modo que la historia de España está establecida en tres planos: los de fuera, los del grupo de los de España y el grupo particular al que se pertenece. Y eliminar cualquiera de esas tres dimensiones es falsear la historia de España”. Expresiones tan fuertes -proseguía- como la de Ramón Muntaner afirmando que “todos estos reyes -medievales- son una carne y una sangre, si se juntaran podrían contra todo otro Poder del mundo” no se hacen sobre un simple risco geográfico. Y buena parte de su inmenso trabajo sobre la formación del Estado nacional a través de los siglos, del carácter “protonacional” que aparece tempranamente y sobre el complejo desarrollo de lo que fue la monarquía hispánica y las múltiples corrientes reformistas que recorren el barroco y la ilustración, inciden en mostrar y explicar lo que fue una historia común, no exenta de tensiones y enfrentamientos, pero que abarca conjuntamente los distintos territorios de la historia española.

La constante preocupación de Maravall por una historia plural y rigurosa, por la historia comparada, por las evoluciones metodológicas en historiografía que permitieran una aproximación veraz al pasado, estarían desde luego, a mi parecer, muy lejos de las tristes polémicas sobre una ley de memoria histórica o sobre la “guerra de esquelas”. La historia es cosa muy distinta de la memoria, igual que lo era de la tradición. Como escribió en una de sus últimas monografías -precisamente sobre la concepción de la historia en Altamira-, toda la moderna historiografía ha luchado para “desalojar al juez historiográfico, esos jueces suplentes del Valle de Josapaht”, como los llamara Lucien Febvre, quien afirmaba que el historiador como tal “no era ni siquiera un juez de instrucción”. El historiador como tal no está en contra de tal o cual cosa, de tal o cual período histórico; como ciudadano claro que elige y se compromete, pero como científico social expone. Maravall comentaba gustoso una expresiva conversación con el duque de Maura, por el año 1945, cuyo libro sobre Carlos II estimaba como lo mejor en historia política que se había hecho: “Yo había publicado mi libro sobre el pensamiento político en el XVII español y Maura me comentó: ‘La diferencia entre nosotros y ustedes está en que nosotros, cuando hacíamos un libro de Historia, lo entendíamos como un ladrillo para arrojar a la cabeza del contrario y ustedes hacen libros para dar a entender el tema y dejan a los lectores que se peleen si quieren”. Frases -comentaba Maravall- llenas de humor y generosidad, que hoy en día, añadiría yo, con la nefasta intervención de los políticos y de la política en el juicio de la historia y en la distribución de bondades y maldades de forma maniquea, están lejos de ser realidad. La historia como piedra para arrojar al contrario no es la de los verdaderos historiadores.

Carmen Iglesias es catedrática de Historia de las Ideas y académica de la Española y de la Historia.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de diciembre de 2006

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El legado de Joan Fuster empieza a revivir

24 febrero, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La inauguración del museo dedicado al escritor es el primer paso para convertir a Sueca, la ciudad del autor de ‘Nosaltres, els valencians’, en un foco cultural y de investigación

La casa de Joan Fuster, en Sueca, convertida en museo

La casa de Joan Fuster, convertida en museo. JESÚS CÍSCAR

Adolf Beltra20/01/2017 – 19:49h

Veinticinco años después de su muerte, la memoria de Joan Fuster (1922-1992) revive en Sueca, la ciudad valenciana de la Ribera del Júcar en la que nació, murió y vivió incluso cuando ya se había convertido en un intelectual de referencia para importantes sectores de la opinión pública, sobre todo en el tránsito del franquismo a la democracia, un período tan convulso como productivo en el que defendió las libertades democráticas y reivindicó el derecho al autogobierno del País Valenciano desde una concepción nacional compartida con el resto de los territorios de lengua catalana.

El Espai Joan Fuster acoge también la biblioteca personal del escritor de Sueca

El Espai Joan Fuster acoge también la biblioteca personal del escritor de Sueca. JESÚS CÍSCAR

El día 25 de enero, en la capital de la Ribera Baja, en la que fue su casa, se inaugurará el Museu Fuster, primer paso largamente esperado de un proyecto que pretende hacer de este espacio un foco de cultura y un ámbito de investigación a la altura del talento del autor de incisivas obras de ensayo sobre temas universales como El descrèdit de la realitat ( El descrédito de la realidad), Contra Unamuno y los demás o Diccionari per a ociosos, de trabajos de historia cultural como Poetes, moriscos i capellans o Heretgies, revoltes i sermons, de revisiones críticas de la literatura clásica y contemporánea; de aforismos de volteriana agudeza o dietarios en la línea de un Josep Pla o un Montaigne; de guías de viaje eruditas y amenas como la famosa El País Valenciano y de aproximaciones a la cuestión civil e identitaria tan influyentes como Nosaltres, els valencians ( Nosotros los valencianos).

Dos edificios de principios del siglo XX, en los números 10 y 8 de la calle de Sant Josep, que corresponden a la propia casa de Fuster y a la contigua casa Pasqual Fos, ambas obras del arquitecto local Bonaventura Ferrando, conforman el Espai Fuster, en cuya planta baja se hallan las dependencias del museo. Se trata de una institución de dimensiones modestas organizada con piezas seleccionadas de su legado en las estancias que el autor de Nosaltres, els valencians ocupó, en buena parte con su gran biblioteca y sus abundantes papeles.

El Espai Joan Fuster, en Sueca

Las dos casas de la calle de Sant Josep que integran el Espai Fuster. JESÚS CÍSCAR

Para hacerlo posible, después de varias peripecias derivadas del cumplimiento de las voluntades testamentarias de Fuster y de las indecisiones de las administraciones implicadas, la Generalitat Valenciana ha cedido el uso de la casa de Fuster al Ayuntamiento de Sueca, que se ha hecho cargo de su gestión. Al Ayuntamiento le ha cedido también el heredero de Fuster, el escritor Josep Palàcios, el fondo de su propiedad, al no llegar a acordar los albaceas de la herencia una mejor propuesta en el plazo legalmente establecido.

Tres personas atenderán el museo. El Ayuntamiento de Sueca no ha podido contratar directamente al personal necesario debido a las restricciones administrativas. Por ello ha optado por convocar un concurso, al que se han presentado tres empresas. La ganadora aporta una persona con funciones de conserje, una guía y una monitora didáctica. Se trata del personal que atenderá al público que, de manera individual o en grupos organizados, visite el museo, la parte del Espai Fuster que ahora se abre al público.

En la primera planta, de momento, hay una única funcionaria a cargo del archivo documental del ensayista, mientras que el escritor Salvador Ortells ha sido designado por la Conselleria de Educación y Cultura como coordinador del Aula Didàctica de Cultura Contemporània ubicada en las dependencias superiores del complejo, desde la que se organizarán cursos, seminarios y congresos. También se realizarán exposiciones temporales y conciertos cuando, tal y como está previsto, se dote al patio porticado interior del edificio de una cubierta, una obra aún pendiente.

En la exposición, el mecanoscrito original de la emblemática obra de Joan Fuster 'Nosaltres els valencians'

En la exposición, el mecanoscrito original de la emblemática obra de Joan Fuster ‘Nosaltres els valencians’JESÚS CÍSCAR

Francesc Pérez Moragon es el director de todo el Espai Joan Fuster. Estudioso de la obra del ensayista, con el que tuvo oportunidad de colaborar por ejemplo en la redacción de la clásica Gran Enciclopedia de la Región Valenciana, Pérez Moragon se vinculó al proyecto a través de la Càtedra Joan Fuster de la Universidad de Valencia, que ha venido organizado en Sueca a lo largo de los años jornadas, presentaciones de libros y publicaciones relacionadas con la obra del escritor. “Cuando me jubilé”, explica, “acepté pasar a ser asesor extraordinario (sin remuneración) de la Casa Fuster”.

“Toda la correspondencia ya está digitalizada”, señala Pérez Moragon, que recita de memoria el contenido del fondo que atesora el Espai Fuster: 20.000 cartas, tarjetas y telegramas que el escritor legó a la Biblioteca de Cataluña, 250 obras de arte, 500 documentos gráficos, más de 2.000 fotografías, una biblioteca de 25.000 volúmenes y una hemeroteca de 12.000 unidades.

El museo, que ocupa la planta baja de los dos edificios, y singularmente el espacio de trabajo de Fuster, en el que tecleaba incansable su máquina de escribir, recibía a las visitas y se desarrollaban sus legendarias tertulias con todo tipo de visitantes, se articula en tres apartados dedicados a la vida, la obra y el trabajo del intelectual. Documentos personales, cartas, libros y fotografías, además de material audiovisual, conforman esta área museística que ahora se abre al público.

Los orígenes del escritor, hijo de un escultor de imágenes religiosas de adscripción carlista que acabaría siendo el primer alcalde de Sueca tras la Guerra Civil, y de una mujer de familia católica, se concentran en lo que se explica en una de las salas, en la que se revisan momentos relevantes de su biografía, con un punto de atención singular a los atentados que sufrió, como la explosión de un artefacto en esta misma casa el año 1981.

En otra de las estancias, una librería reúne ejemplares de todas las obras de Fuster, de aquellos volúmenes colectivos en los que participó y de aquellos estudios dedicados a su figura. El apartado periodístico, que fue considerablemente importante en la producción de un intelectual que, al estilo de su admirado Eugeni d’Ors, intervino en el debate público y siempre se ganó la vida como “escritor de periódicos”, es representado testimonialmente por un mural con las cabeceras que acogieron sus artículos, como las de Levante, Jornada, Telexprés, La Vanguardia, Informaciones, El País, Serra d’Or, Jano, Por Favor, Qué y Dónde o El Temps.

Por último, la tercera sala se aproxima a su ámbito de trabajo y de intercambio de ideas con otros escritores, políticos, artistas, amigos y visitantes más o menos ocasionales. Una pantalla reproduce escenas de la vida del ensayista, que en las dependencias del centro se complementan con la posibilidad de acceder a documentales, entrevistas televisivas y otros testimonios audiovisuales.

Francesc Pérez Moragón, director del Espai Fuster
Francesc Pérez Moragón, director del Espai Fuster. JESÚS CÍSCAR

“No puede ceñirse solo al museo”, alerta Pérez Moragon en referencia al proyecto completo del Espai Fuster. “Se deben aportar recursos, dinero y personal para el centro documental”. La idea es que no solo el Museu Fuster inicie una actividad continuada, sino que las dos plantas superiores –la primera acoge el almacén, con medios de conservación y técnicos homologados, de todo el legado documental, así como salas de trabajo para investigadores, y la segunda incluye una sala de actos y otra de reuniones– puedan abrirse a especialistas y estudiantes. “Sería necesario que la Generalitat se implicará”, apunta el director del Espai Fuster.

Vicent Marzà, conseller de Cultura, indica que la Generalitat Valenciana “ha destinado cerca de 300.000 euros a microfilmar documentos del archivo de Fuster” y que, así como el museo está a cargo del Ayuntamiento de Sueca, el Aula Didàctica de Cultura Contemporània es responsabilidad de su departamento. “Queremos que sea un espacio muy participativo”, comenta, y explica que, a partir de febrero, se pondrá ya en marcha una experiencia piloto con alumnos de centros educativos de Sueca “sobre la obra y la figura de Fuster”. Una iniciativa que será a la vez un ejercicio de innovación educativa. Una de las pocas obras para niños que publicó el escritor, titulada Abans que el sol no creme y centrada en el cultivo del arroz, sirve de hilo conductor de esta actividad que se ampliará progresivamente con nuevas propuestas a todos los centros educativos valencianos.

Marzà resalta que la gestión del legado del escritor, con su biblioteca y el archivo de su correspondencia en su núcleo, es competencia del Ayuntamiento de Sueca, pero añade inmediatamente su voluntad de colaborar. “Les acompañaremos”, se compromete. “La Conselleria de Cultura, junto al Ayuntamiento, ha desbloqueado un tema que había estado suspendido y escondido durante mucho tiempo. Esta debe ser una casa abierta. La del Espai Fuster debe ser mucho más que una visita a la casa en la que vivió uno de nuestros intelectuales más importantes”.

La alcaldesa de Sueca, Raquel Tamarit, a su vez, considera “un privilegio” tener en la ciudad un espacio que quiere convertir en “un auténtico eje cultural del territorio, dada la importancia intelectual del personaje”.

Si Fuster pudiera observar todo este revuelo alrededor de su legado, quizá levantaría una ceja con un gesto de escepticismo y convendría resignadamente que es mejor así porque, como advertía en uno de sus aforismos, “la muerte no consiste únicamente en morirse. Es morirse y ser olvidado. A corto o largo plazo, olvidado”.

El cuadro de la República de Alfredo Claros que se encuentra en el Espai Fuster de Sueca
El cuadro de la República de Alfredo Claros que se encuentra en el Espai Fuster de Sueca JESÚS CÍSCAR

Un cuadro de la República que salvó el padre del escritor

Maria Ortells murió el año 1965 y su marido, Joan Baptista Fuster, al año siguiente. Su hijo, ideológicamente tan alejado, atendió a sus padres, enfermos, “de una forma abnegada y completa”, según ha contado Francesc Pérez Moragon, que ha rescatado el texto en el que Joan Fuster, con una inconfundible ironía, recordaba el entierro de su padre: “Cuando murió, con un parkinson avanzado, deliraba con recuerdos del 36: tiros y cárceles. Cuando le enterramos, sus correligionarios no se atrevieron a ponerse la boina roja. Quizá ya me tenían miedo. Pero me dio mucha pena. El difunto se merecía un ‘Otamendi’ de charanga y un telegrama del ‘pretendiente’. Diez o doce amigos clérigos –no suyos, míos–, aun siendo posconciliares, le rezaron un responso. Hubo mucha sotana en el acto: sotanas anticarlistas. Insólitas”.

El padre de Fuster era carlista y fue el primer alcalde franquista de Sueca, pero también era escultor de imágenes religiosas y profesor de dibujo. Y salvó de la destrucción el cuadro de la República que presidía el salón de plenos del Ayuntamiento, quizá porque se trataba de una obra de arte, quizá también porque no era una mala persona. Lo hizo en silencio. El lienzo de la Alegoría de la República que Alfredo Claros (1895-1965) pintó en 1936 fue encontrado cuidadosamente enrollado en un desván de la casa de Fuster cuando se inventarió su legado, a finales del siglo XX.

Probablemente el escritor no llegó nunca a saber que su padre había salvado el cuadro y que lo guardaba en su casa hacía décadas. Ahora, debidamente restaurado, ocupa un lugar en el Espai Fuster, donde puede ser contemplado desde la elegante escalera de la casa Pasqual Fos.

José Antonio, la forja del mito y las claves del culto a la personalidad

23 febrero, 2017

Fuente: http://www.cultura.elpais.com

El escritor Joan Maria Thomàs desmenuza en una exhaustiva biografía del fundador de Falange su amplio conocimiento sobre el personaje y su contexto histórico

ENRIQUE MORADIELLOSMadrid 14 FEB 2017 – 15:12 CET

Siempre presente bajo la misteriosa advocación de “El Ausente”, sacralizado como el principal “mártir de la Cruzada por Dios y por España”, José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia (Madrid, 1903- Alicante, 1936) fue objeto de un culto oficial durante toda la dictadura franquista por su condición de fundador y primer Jefe de Falange Española, el partido fascista fundado en octubre de 1933 con el objetivo de acabar por la fuerza con la odiosa democracia republicana. Un culto sólo superado (con creces) por el ofrecido al victorioso militar que lograría ese propósito al compás de una cruenta guerra civil: el general Francisco Franco, “Caudillo de España”, su imprevisto “sucesor” en la jefatura de un régimen dictatorial de partido único modelado sobre el núcleo falangista bajo el título de Falange Española Tradicionalista y de las JONS.

No faltan biografías sobre la corta pero intensa vida de un joven y apuesto aristócrata (marqués de Estella con grandeza de España), hijo primogénito de dictador (el general Miguel Primo de Rivera), que cultivó casi a la par su profesión de respetado abogado con la actividad política de tintes mesiánicos en las filas antiliberales y los fugaces devaneos poético-literarios. De hecho, durante el franquismo, proliferaron las hagiografías desmesuradas con patrocinio oficial, como la biografía “apasionada” de Felipe Ximénez de Sandoval, publicada en 1941. Afortunadamente, desde la restauración democrática, también contamos con más templados y atinados retratos historiográficos debidos a autores diversos de la talla de Ian Gibson (1980), Julio Gil Pecharromán (1996), Stanley G. Payne (1997), Paul Preston (1998) o Ferran Gallego (2014).

Sin embargo, seguía sin existir un estudio intensivo y actualizado de ese político conocido como “José Antonio”, a secas, por su voluntad consciente de evitar el llamativo apellido para diferenciarse de su padre y a tono con el estilo plebeyo e igualitarista del fascismo-falangismo (tan poco apropiado, por otro lado, para quien era depositario de un título nobiliario). Por eso era especialmente esperada la obra firmada por Joan Maria Thomàs, uno de los grandes especialistas en la historia del fascismo español, que ha venido publicando una serie de obras canónicas sobre la temática que sirven de soporte y basamento a esta biografía: Lo que fue la Falange (1999), La Falange de Franco (2001), El Gran Golpe. El “caso Hedilla” o cómo Franco se quedó con Falange (2014).

Joan Maria Thomàs acomete su labor pertrechado por su exhaustivo conocimiento de todas las fuentes informativas disponibles sobre el personaje y su contexto histórico, sin olvidar los cruciales referentes internacionales (sobre todo italianos, dada la fascinación de José Antonio por Mussolini y su régimen fascista). Y articula su elegante exposición en cinco capítulos bien trabados que, si bien no revelan secretos sorprendentes sobre el personaje, tienen la virtud de sintetizar su vida y su tiempo con notable maestría.

Los tres capítulos iniciales abordan la vida de José Antonio desde sus primeros pasos y hasta su muerte en sendas etapas consecutivas. Una primera que sigue la formación de un vástago de una familia de rancio abolengo militar que se convierte en abogado a la sombra de un padre que será el primer dictador militar del siglo XX español. Una segunda que examina la trayectoria de un joven que desde 1930, tras la deposición y muerte del admirado progenitor, entra en política para reclamar su memoria y también para superar sus logros mediante la adaptación de la “novedad” del fascismo a las circunstancias democráticas españolas durante los primeros años de la Segunda República. Y, finalmente, una tercera fase que revisa los avatares desde 1933 de un líder fascista al frente de un nuevo partido volcado a la conquista del poder por sus propios medios o por los ajenos y que acaba perdiendo la vida en la tormenta de sangre de la guerra civil en una cárcel republicana de Alicante en noviembre de 1936, apenas cumplidos los 33 años.

Los dos últimos capítulos de la obra tienen ya otro carácter más monográfico y conceptual y abordan sucesivamente el “ideario fascista” de José Antonio y el culto necrófilo auspiciado por el franquismo después de su muerte (mantenida en secreto durante casi dos años enteros en plena guerra civil, hasta el 18 de julio de 1938).

En el primer caso, de manera muy consistente, Thomàs desmenuza los componentes de una “doctrina joséantoniana” que bebe de fuentes clásicas tomistas y modernas vitalistas (Ortega, D’Ors) para acabar seducido por la originalidad fascista mussoliniana. De ese modo, a partir de 1933, con la fundación de Falange Española, termina formulando un “fascismo teñido de cristianismo” que trata de competir sin mucho éxito con los movimientos monárquicos autoritarios y católico-corporativos que encuadraban ya a las masas contrarias al liberalismo democrático. En el segundo caso, disecciona las razones, formas y medios de un extraño culto casi herético a quien devino (en feliz expresión de Stanley Payne) “santo patrón secular del régimen franquista”.

En resolución, estamos ante una biografía del “Ausente” sólida, solvente y actualizada, que aporta nueva luz sobre la breve vida de quien quiso ser “rector del rumbo de la gran nave de la Patria” y perdió la vida en el intento, aunque luego subiera a los altares civiles de una dictadura que siempre contó con el apoyo de sus partidarios y seguidores, en un matrimonio de conveniencia de Falange y Franco que no terminaría hasta la muerte de este último el 20 de noviembre de 1975 (paradójicamente el mismo día del fusilamiento de José Antonio en la cárcel de Alicante).

EL CULTO A JOSÉ ANTONIO

Entre las páginas más logradas de la obra de Thomàs se encuentra el análisis del culto estatal a su memoria, mitificada hasta extremos de herejía por su comparación recurrente con la pasión de Cristo: ambos muertos a los 33 años, ambos sacrificados por una causa transcendente, ambos llorados por seguidores que juran seguir sus enseñanzas. El culto empezó con su exhumación en Alicante y el traslado de su cadáver, a hombros de 16 falangistas durante diez jornadas invernales de noviembre de 1939, hasta El Escorial, mausoleo funerario de la realeza española (luego sería nuevamente exhumado y trasladado en 1959 al trascoro de la recién terminada Basílica de El Valle de los Caídos, donde permanece). La procesión funeraria fue seguida masivamente por millares de espectadores que día y noche saludaban el paso de la comitiva brazo en alto y en silencio, acompañados de banderas falangistas, hogueras y antorchas, en un despliegue ritual nunca antes visto para ceremonias civiles (no militares ni religiosas).

Diego Cañamero: La humilde grandeza de un jornalero

22 febrero, 2017

Fuente: http://www.kaosenlared.net

Enric Llopis. Viernes, 27 de diciembre de 2013.

En una época en que la política (oficial) se basa en discursos huecos, posicionamientos estratégicos al margen de toda ética, argumentarios vacíos y ambición desmedida por el poder y el cargo, el sindicalista andaluz Diego Cañamero encarna un limpio contraejemplo…

Transmite humildad, vocación, simplicidad y entrega. La de la tierra y el campo donde ha laborado (y continúa haciéndolo) desde muy pequeño. Diego Cañamero ha participado en un acto público de apoyo al SAT organizado en la Universitat de Valencia por Intersindical Valenciana.

El autorretrato de Cañamero coincide con la onda que traslada desde un primer momento a su interlocutor. “Me considero bastante cristiano; una persona sencilla y humilde, bastante tímida y que cree en la justicia social”. ¿Y la política? “La veo como un servicio a los demás”, sentencia. De entrada, Cañamero abona su trayectoria con la década (intermitente) en la que ocupó la alcaldía de El Coronil (Sevilla), en la que –recuerda- “nunca pasé al Ayuntamiento dietas ni cafés”. Y cobraba menos que cualquiera de los 65 empleados que trabajaban en el consistorio.

El portavoz del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) nunca ha ido a la escuela. Pero su discurso, llano y radical, comunica mucho más que palabras y palabras de la jerga academicista. Cuando asiste a tertulias televisivas (de extrema derecha o no), mantiene el pulso firme, la posición inamovible y la denuncia de la pobreza (“somos de la extrema necesidad”) ante las insidias de los periodistas. Su voz no es la del tertuliano que tira de twitter o argumentario del partido, sino la del jornalero que empezó a trabajar en el campo a los ocho años, hijo de padres también jornaleros y con 11 hermanos. Hasta hace una semana, el sindicalista continuaba trabajando en la aceituna. Ahora cobra la correspondiente prestación.

Diego Cañamero es, junto con Juan Manuel Sánchez Gordillo, la cabeza visible del SAT, un sindicato que se diferencia totalmente (en la teoría y en la práctica) de las organizaciones sindicales mayoritarias. En el SAT convergen comunistas, anarquistas, nacionalistas, cristianos, marxistas….Su ámbito de actuación es Andalucía, donde cuenta con 20.000 afiliados. “No se trata de un sindicato tradicional sino, más bien, de un movimiento social que interviene en cuestiones laborales, pero también en problemas ambientales, la vivienda, la lucha contra la pobreza, por la tierra o el pacifismo”, aclara Cañamero.

En la práctica del SAT domina la “acción directa” (“un sindicato a pie de tajo”, se subtitula la página web). Tal vez por ello, aseguran en los actos públicos, “somos el sindicato más represaliado de Europa”. Diego Cañamero refresca los números: 800 procesados en la actualidad; peticiones de cárcel por valor de 130 años, y multas y fianzas por una cuantía de un millón de euros. El portavoz del sindicato recuerda que se ha declarado “insumiso judicial” con varias penas sobres sus espaldas y citaciones judiciales que constantemente desatiende.

La interpretación de la crisis que hace Cañamero tampoco se pierde en exquisiteces retóricas, tecnicismos y gráficos con sibilinas variables. Expresa razonamientos directos y desnudos: “No hay nada nuevo; el sistema capitalista siempre está en crisis; tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la economía artificial, los gobiernos se han apresurado a arrebatarle al pueblo sus derechos, conquistados tras 30 años de lucha; la crisis es, de hecho, una mera excusa para los ajustes, la reforma laboral o los recortes en las pensiones”. Su modo de hablar evoca la de un catedrático de Estructura Económica y gran humanista, José Luis Sampedro, que señalaba las ignominias del capitalismo con la sencillez y la pedagogía con la que el sabio se dirige a los niños.

Pero Diego Cañamero es ya un jornalero con largo recorrido político. En el año 1976 fue uno de los fundadores del SAT, con Paco Casero, Diamantino García y otros compañeros. Durante los diez años en que fue alcalde de El Coronil, recuerda que promovió la democracia participativa y la construcción de vivienda protegida (en venta o alquiler). Abandonó después el cargo para empeñarse por completo a la labor sindical. Fue secretario general del Sindicato de Obreros del Campo (SOC) entre 1984 y 2007, año en el que pasa a desempañar la portavocía nacional del SAT (en la que continúa hoy).

La figura de Cañamero hace tiempo que ha adquirido relevancia estatal, aunque su ámbito de actuación política se centra en Andalucía. “Yo no viví la época de la II República pero la propiedad de la tierra andaluza está concentrada en menos manos que entonces; la cosa ha cambiado muy poco; aunque es cierto que, gracias a la tecnología, una hectárea de trigo produce mucho más rendimiento hoy que en los años 30”. Y en un contexto, advierte, que causa escalofrío: Tasas de paro que alcanzan el 37% (67% de desempleo juvenil) y 2 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza en Andalucía.

La herramienta básica del SAT para afrontar la “cuestión agraria” es la “acción directa”. De ahí la ocupación de tierras y fincas como la de Somontes (Córdoba), de 400 hectáreas, en marzo de 2012, que su propietario –la Junta de Andalucía- tenía sin explotar. Destacan asimismo, tras una década de lucha, las 1.200 hectáreas (cortijo de El Humoso) del municipio sevillano de Marinaleda, donde funciona una cooperativa agrícola desde 1997, que abarca además procesos industriales y de transformación. Similar coherencia entre teoría y métodos revisten las ocupaciones de grandes supermercados, como Carrefour y Mercadona, en agosto de 2012, ampliamente criminalizadas por los medios de comunicación. El SAT también ha impulsado directamente la cooperativa “Tierra y Libertad”, dedicada al turismo rural, iniciativas de carácter ambiental y a la formación social. Con estos principios y esa praxis, la interacción con otras instituciones más conservadoras se antoja difícil. Por ejemplo, con los sindicatos mayoritarios. “No tenemos ningún contacto con ellos; con la Junta de Andalucía la frialdad de las relaciones es absoluta ya que, además, participa en la represión; en el mismo sentido, el Ministerio del Interior ha dado la orden de acabar con nuestro movimiento”, explica Cañamero. Quien, pese a la adversidad de los elementos, persiste en la lucha. Ahora, volcado con las marchas de parados (también de trabajadores) que confluirán el próximo 22 de marzo en Madrid con tres consignas: “No al pago de la deuda; la oposición a la política de recortes; y la dimisión de los gobiernos que fomentan la austeridad y de la Troika”.

Diego Cañamero ya no es, por lo demás, una persona anónima para la gente común. Las ocupaciones de supermercados el pasado verano atrajeron los focos de tertulias televisivas y otros foros mediáticos, que veían en estas acciones un reclamo para las audiencias. Pero ciertamente, subraya el sindicalista, “se utilizan las tertulias para ridiculizar nuestra lucha y pintar nuestras acciones como extremas ante la sociedad”. ¿Por qué participa en estos debates? “Son plataformas de la burguesía que nosotros utilizamos para que la sociedad pueda acceder a nuestro discurso; ellos, por el contrario, venden con nuestra presencia un supuesto pluralismo informativo; pero si no vamos, nos resulta imposible defendernos”, aclara.

El pasado 11 de noviembre tuvo lugar en Granada un episodio que quintaesencia la lucha del SAT y de sus dirigentes. El sindicato llamó a una concentración en la Plaza Nueva contra el macrojuicio en el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía por la ocupación de la finca de “Las Turquillas”, en verano de 2012. Han sido procesadas 54 personas, contra quienes pesan imputaciones por delito de usurpación, daños y desobediencia grave, informa el sindicato. Además, se han solicitado penas de 88 años de prisión y multas por valor de 275.000 euros. Y todo, “por exigir que la tierra tenga un uso social para crear empleo, en una comarca azotada por el paro masivo”, aseguran fuentes del SAT en un comunicado.

“Las Turquillas” es una finca de 1.200 hectáreas cuya titularidad corresponde a Patrimonio del Estado, aunque está cedida al Ministerio de Defensa. La mayor parte de la finca se encuentra infrautlizada. Además, se emplaza en la Sierra Sur de Sevilla, una de las comarcas de Andalucía con tasas de paro más elevadas. De hecho, todos los partidos (incluido el PP cuando estaba en la oposición) demandaron que la finca pasara al Ayuntamiento de Osuna con el fin de darle un uso social a la tierra, añade la nota del SAT. Diego Cañamero y Juan Manuel Sánchez Gordillo se encuentran entre los procesados (no se presentaron a declarar, al igual que 51 de los 54 encausados).

Entreculturas: Darío y Valle-Inclán

21 febrero, 2017

Fuente: http://www.rafaelnarbona.es

Publicado el por Holmes

Los mitos suelen basarse en confusiones, mentiras o paradojas. Al evocar su experiencia como librero, George Orwell relataba que los lectores siempre le pedían novelas, subrayando que no les interesaban los cuentos. Esta historia desmonta la ficción según la cual los anglosajones suelen estimar un género que el lector español menosprecia en la mayoría de los casos. No entiendo por qué la novela suscita más interés que el cuento. Quizás porque despliega una secuencia más dilatada que un relato, urdiendo una usurpación de lo real más duradera. Leer una novela se parece a realizar un largo viaje. En cambio, el cuento se asemeja a dar un paseo. Estéticamente, no hay ningún argumento que vincule la excelencia con la duración, pero es cierto que un viaje nos proporciona una prolongada ensoñación y un paseo sólo nos permite alejarnos brevemente de nuestra rutina. La literatura inglesa y la norteamericana contienen una deslumbrante galería de cuentistas: Poe, Stevenson, Melville, Chesterton, Oscar Wilde, Hemingway, Lovecraft, Faulkner, Carver. Salvo en el caso de Borges o Juan Rulfo, la resonancia de los autores de relatos en lengua castellana es mucho menor, pero eso no significa que escasee la inspiración y el talento. No se habla mucho de los cuentos de Rubén Darío, pero las piezas incluidas en Azul (1888) representaron una renovación del género que preparó el camino hacia una nueva forma de narrar, donde el lenguaje adquiría un relieve artístico desconocido hasta entonces, desempeñando un papel esencial en la creación de personajes y ambientes. Dentro del conjunto, “El fardo” es un perfecto ejemplo de innovación, ruptura y rebeldía, que postula una libertad ilimitada para un género presuntamente menor.

“El fardo” nos traslada al crepúsculo de un muelle, incendiando nuestra imaginación con los reflejos dorados del sol sobre un mar con aspecto de lienzo recién pintado: “Allá lejos, en la línea como trazada con un lápiz azul, que separa las aguas de los cielos, se iba hundiendo el sol, con sus polvos de oro y sus torbellinos de chispas purpuradas, como un gran disco de hierro candente”. La poderosa imagen adquiere sonido y su movimiento simula un balanceo perpetuo, con una pincelada fresca, libre, suelta: “El agua murmuraba debajo del muelle, y el húmedo viento salado, que sopla de mar afuera a la hora en que la noche sube, mantenía las lanchas cercanas en un continuo balanceo”. De inmediato aparece el protagonista: el viejo tío Lucas, un lanchero que se ha lastimado un pie al subir una barrica a una carreta. Con la pipa en la boca, contempla el mar con melancolía. El narrador entabla una amistosa charla con el marino, un hombre rudo, bravo y sencillo, que “se nutre con el grano del poroto y la sangre hirviente de la viña”. No tarda en averiguar su pasado como soldado heroico, que nunca conoció el miedo, pero su entereza se tambalea cuando relata la pérdida de uno de sus hijos, que falleció en un accidente de trabajo. El tío Lucas era padre de una ingente progenie, pues “su mujer llevaba la maldición del vientre de las pobres: la fecundidad”. En su hogar, “había mucha boca abierta que pedía pan, mucho chico sucio que se revolcaba en la basura, mucho cuerpo magro que temblaba de frío”. El hijo malogrado intentó aprender el oficio de herrero, pero su cuerpo desnutrido no soportó el esfuerzo. Volvió a casa y, milagrosamente, se recuperó, pese a vivir entre cuatro paredes mugrientas, soportando un hacinamiento inhumano. Allí pasó un tiempo, acompañado por los gritos de las alcahuetas, las prostitutas y los ladronzuelos, que se refugiaban en la penumbra hedionda de las callejuelas cercanas para hacer su negocio.

Cuando cumplió quince años, su padre compró una modesta embarcación. Faenaban al alba y volvían a la playa con el remo en alto, chorreando espuma. La alegría duró poco, pues un mal día sufrieron “la locura de la ola y el viento”. Naufragaron tras chocar contra una roca. Lograron salvarse y, desde entonces, se dedicaron a descargar mercancías de los grandes buques, empleando una modesta lancha. El reumatismo y la artrosis obligaron a Lucas a guardar cama. Su hijo continuó trabajando, pero “un bello día de luz clara, de sol de oro”, un pesado fardo, “ancho, gordo y oloroso a brea”, se soltó desde lo alto y lo aplastó. El narrador se despide del viejo, “haciendo filosofía con toda la cachaza de un poeta”, pero una brisa glacial procedente de mar adentro hiela sus pensamientos, pellizcándole cruelmente las narices y las orejas.

“El fardo” no es el cuento más célebre de Azul, felizmente prologado por Juan Valera, pero sí un perfecto ejemplo de una manera de narrar. Sin renunciar a la denuncia social del realismo y a la crudeza del naturalismo, Darío despliega una delicada sensibilidad para captar un ambiente, donde convergen el trabajo físico agotador, el misterio del mar y los cambios de luz, que transforman sin cesar los objetos y los rostros. El viento helado labra la carne y el alma, mientras un bosque de mástiles y jarcias parece avanzar sobre el mar. Esta fórmula influirá en autores como Valle-Inclán, Juan Rulfo o García Márquez, que logran crear mundos complejos en pocas páginas mediante un alto grado de elaboración literaria. La prosa rehúye la inmediatez para dramatizar las situaciones, incrementando su credibilidad –paradójicamente- mediante el artificio. En Rubén Darío, la prosa opta por una sintaxis musical y pródiga en adjetivos. Su estilo refleja la crisis material y espiritual del siglo XIX, que ha perdido la confianza de los ilustrados en un progreso indefinido hacia lo mejor. Más tarde, el Modernismo evoluciona hacia una estricta depuración, que selecciona lo más esencial y significativo, sin perder su vena inconformista. No hay menos artificio, pero el mecanismo que lo articula es diferente. Sin ese proceso, serían inimaginables los cuentos de Juan Rulfo, que introduce lo fantástico en lo cotidiano, cuestionando la filosofía de la historia del positivismo, basada en un empirismo dogmático.

Los logros novelísticos y teatrales de Valle-Inclán han eclipsado su faceta como cuentista. En su obra, se identifican dos épocas, a veces sin advertir que hay una indudable continuidad entre su etapa modernista y la de los esperpentos. En ambos períodos, palpita una tensión poética que se distancia claramente del realismo y su correlato literario: los modernos sistemas parlamentarios. Valle-Inclán opina que la realidad no se captura mediante un espejo convencional, sino con uno deformado. Podemos modificar la curvatura del cristal, pero no podemos prescindir de ella, salvo que nos conformemos con una visión plana y achatada de las cosas. El estilo no es una pirueta innecesaria, sino una interpretación del mundo, que postula lo absoluto. El arte siempre busca lo sublime, la plenitud que trasciende lo cotidiano. Del mismo modo, el sistema parlamentario actúa como un espejo tradicional: reproduce la realidad, pero no consigue llevarla a la perfección. Carlismo y anarquismo responden en Valle-Inclán a un mismo impulso: la insurrección violenta contra la burguesía. El escritor gallego se rebela contra la moderna sociedad industrial, exaltando un mundo primitivo y rural, donde la justicia no procede de las instituciones, sino del coraje de los espíritus indomables. Ahora que la Biblioteca Castro ha editado por primera vez su narrativa completa en tres hermosos volúmenes, no está de más rescatar “Mi bisabuelo”, un relato de Jardín umbrío, obra que apareció por primera vez en 1903 y que conoció sucesivas ampliaciones hasta 1928, cuando el autor ya había expuesto la estética “sistemáticamente deformada” del esperpento. El cuento refiere un episodio de la vida de Don Manuel Bermúdez y Bolaño, un caballero “orgulloso, violento y muy justiciero”. Alto, cenceño y de ojos verdes, su mejilla derecha algunos días mostraba una roséola, que los aldeanos atribuían al beso de las brujas. Su bisnieto le recuerda como “un viejo caduco y temblón”, que paseaba bordeando la iglesia. Sus descendientes le consideraban “un loco atrabiliario” y se rumoreaba que había pasado un tiempo en la cárcel de Santiago, quizás por un delito de sangre. Micaela la Galana, una vieja aldeana que ejerce de cronista de la familia, recuerda un incidente que revela su carácter fiero y paternal. Cuando una tarde volvía de cazar perdices, se reunió con Serenín de Bretal, un campesino ciego que caminaba guiado por una de sus hijas. Su voz temblaba de pena. El caballero le preguntó qué le sucedía y el ciego contestó que el escribano Malvido había peregrinado de puerta en puerta, mostrando una escritura que prohibía apacentar el ganado y recoger las hojas secas de las encinas en el monte. Las mujeres se quejan de la cobardía de los hombres y piden justicia. Don Manuel Bermúdez les aconseja matar al escribano como a un perro rabioso, pero el miedo paraliza a los aldeanos. La aparición de Águeda del Monte, antigua nodriza de Don Manuel, aviva los lamentos de rabia y desesperación. Es una mujer casi centenaria, muy alta y de ojos negros. Aunque está encorvada por el peso de los años, su estatura aún supera la de muchos hombres. Al contemplarla, la indignación de Don Manuel se convierte en ira. Ofrece su escopeta a los labriegos, pero nadie se atreve a empuñarla. De repente, aparece Malvido en lo alto de una cuesta, montado un asno. Águeda la del Monte, con el regazo lleno de piedras, se prepara para hacerle frente, pero Don Manuel llama al escribano, que acude confiado, y le desmonta de un tiro en la cabeza. Todos huyen, menos Águeda, que se arrodilla con los brazos abiertos a los pies del caballero. “¡Buena leche me has dado, madre Águeda!”, exclama Don Manuel, posando su mano en la cabeza de la anciana. El narrador nos cuenta que su bisabuelo fue a prisión, pero no por ese hecho, sino por acaudillar una partida carlista. Finaliza su relato, confesando que heredó el temperamento orgulloso de su ascendiente. Muchas veces, las viejas se santiguaban al verlo y comentaban sobrecogidas: “¡Otro Don Manuel Bermúdez! ¡Bendito Dios!”.

De nuevo, el estilo nos acerca al sufrimiento de los más humildes, pero falsificando la historia. Don Manuel Bermúdez es un rico propietario y Serenín de Bretal uno de sus cabezaleros o recaudadores de tributos. Según la fantasía del Valle-Inclán modernista, los mayorazgos protegen a los campesinos, con un paternalismo secular. Águeda llama a Don Manuel “amo”, pero el reconocimiento de su autoridad no implica una humillante esclavitud. De hecho, el “amo” les cobra un diezmo liviano y les permite utilizar el monte en su beneficio. En cambio, los impuestos que impone la corte son verdaderas exacciones y su forma de administrar las propiedades no contempla ningún gesto de generosidad. Se trata de una visión utópica que no se corresponde con los hechos. La generosidad de los amos consistía en limosnas o pequeños privilegios ajustados a una leal servidumbre. La sociedad industrial mantuvo las desigualdades, pero su dinámica de progreso incluyó la aparición de movimientos reformistas. Valle-Inclán nunca simpatizó con las reformas. La renuncia al carlismo no implicó una aproximación al liberalismo, sino al milenarismo anarquista, con su mística de la violencia, no muy alejada de las tácticas guerrilleras de los partidarios de Don Carlos. Valle-Inclán, un mitómano desinhibido, no pretendía comprender o explicar la realidad, sino subvertirla para obtener una gratificación narcisista. El narrador de “Mi bisabuelo” descubre que su carácter reproduce el temple de su abuelo justiciero. Dado que se habla en primera persona, puede deducirse que Valle-Inclán escribe un nuevo capítulo de su “novela familiar”, de acuerdo con la terminología de Freud. No pretende engañarnos, sino sortear la decepción que le produce la realidad. Incapaz de renunciar a su perspectiva utópica, que identifica el paraíso con una Arcadia feudal, elige vivir en un mundo de ensoñación.

“El fardo” y “Mi bisabuelo” expresan ese subjetivismo radical que marca la crisis de 1885, cuando la cultura europea advierte el carácter problemático de la razón, incapaz de establecer un modelo de referencia para la sociedad y el arte. “El fardo” expresa la impotencia del individuo ante el orden establecido, apuntado que la revolución formal puede constituir el umbral de una sociedad más fraterna e igualitaria. “Mi bisabuelo” refleja la concepción de la literatura como lujo, como “divina libertad” (Bataille) con el poder de impugnar la realidad, planteando alternativas utópicas. Se trata de piezas menores, pero que evidencian la creatividad de un género que aún lucha contra los prejuicios de los lectores, reacios a internarse en las pequeñas dimensiones del cuento. Sería absurdo rebajar los méritos de la novela, que moviliza infinidad de recursos en una larga secuencia, pero –al igual que el haiku o una miniatura flamenca- los cuentos poseen el encanto de una flecha que hace diana después de un corto vuelo.

RAFAEL NARBONA

Publicado en El Cultural (18-01-2017). Del blog Entreclásicos. Si quieres leer el enlace original, pincha aquí.

Desde ‘La Secta’

20 febrero, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

Actualizada 26/04/2016 a las 00:17  

Definitivamente, fue el Señor el que envió a Podemos al mundo con una misión: “Dignifícalo todo“.

Envió al mundo esa peste para que a su lado, con respecto a ellos, todos se sintieran mejor, más justos, más humanos, más dignos. Sus miembros cumplen la misma función que los participantes en los reality shows de televisión, tranquilizar a la mediocridad-ambiente haciendo que los espectadores se vean superiores.

También sabemos que la crueldad de Jehová es difícilmente superable y que a los agentes que envía a la tierra los dota de unos superpoderes extraños, como transformar el agua en vino, pero que no les sirven para evitar los suplicios que sufren en propia carne. No les aparta el cáliz. Con buena estrategia comercial prefiere convertirlos en referencias, en mártires cuyo símbolo puedan portar con orgullo los seguidores, solidarios con la injusticia que sufrió su mito. Eso está consiguiendo este Sistema con tanto demonizar a Podemos y hacer causa común en su contra.

Del mismo modo que la CIA advierte a sus sicarios de que si les pillan cometiendo las fechorías encomendadas nadie se hará responsable de sus suplicios ni dará la cara por ellos, la crucifixión del agente enviado del Más Allá para dignificar a los terrícolas está garantizada. Lo de las urnas era una broma. Para ascender al Congreso de los Diputados el calvario está siendo duro.

Digan lo que digan, y aunque sea desde la ofensa, el revulsivo que ha supuesto la presencia de Podemos ha venido bien a esta sociedad que se encontraba adormecida y con unos representantes políticos que, una vez elegidos, ocupaban su escaño desde la resignación, caminando por el estrecho margen que deja la coyuntura, y planteando propuestas que no contradijeran la voluntad de los poderes reales, esos contra los que no se puede luchar sin caer en la demagogia y el populismo porque son los amos de las cosas, aunque persigan, y en estos tiempos con más beligerancia que nunca, llevar al personal por la senda de la esclavitud. “Aceptemos una esclavitud digna”, era lo máximo que podían ofrecer nuestros representantes.

Si por algo se ha caracterizado la presencia de Podemos en el espectro político es por ser un permanente acicate de la susceptibilidad. Aquí pasa como en los dramas rurales, donde el honor era una causa por la que quitar o perder la vida, a no ser que fuera mancillado por el señorito, en cuyo caso prevalecía la resignación. Así, cuando a la moza casadera la dejaba preñada el amo, se asumía como parte inevitable del cruel destino pero, si era su novio, se presentaba el padre con la escopeta de caza para zanjar el asunto. No se admiten ofensas de un igual, y no digamos de un inferior.

Vivimos en esa sumisión atávica de respeto al señorito.

Viendo el éxito que tuvo esta fuerza emergente que se quedó a trescientos mil votos del PSOE, un partido con cien años de tradición, rigiéndose por las leyes del mercado, diferentes fuerzas políticas se apuntaron al carro y, del mismo modo que en los tiempos de la Movida Madrileña personajes insospechados aparecieron con el pelo teñido de verde, se habla de cosas tan raras como “democracia interna” en el seno de los partidos políticos. Ya no son importantes las relaciones con la cúpula, la fidelidad, la docilidad, ni los trienios de militancia, sino que hasta el PP habla de elecciones primarias. ¡Válgame dios!

Bien es cierto que el PSOE, que siempre presumía de ello, se encargaba de segarle la hierba de debajo de los pies al candidato que osaba disputar el liderazgo a aquel que proponía la oficialidad del partido. El caso de Borrel fue una risa. Mientras daba un mitin defendiendo su candidatura subido en una mesa, con un megáfono, en la puerta de la sede de su partido en una ciudad que ahora no recuerdo, porque el encargado de abrir aquello no apareció con la llave, al mismo tiempo, la oficialidad se encontraba en una plaza de toros, con sus primeros espadas, los históricos del partido, disfrutando de una fiesta mitin con fin de fiesta musical. Bueno, pues a pesar de todo ganó Borrel. No le sirvió de nada. Tampoco a las bases que le votaron. No fue candidato. Algo parecido a lo que le ha ocurrido a Pedro Sánchez, que alguna vez creyó que si ganaba en esas elecciones internas sería él quien mandase hasta que le contaron de qué iba el tema. A qué y a quién se debía.

En cualquier caso, y aunque sólo sea a nivel formal, los partidos hablan ahora de decencia, de limpieza, de regeneración democrática, de honradez, de cambio, de progresismo.

El niño Pablo les ha salido respondón y, mira tú por dónde, se dedica a ir señalando con el dedo lo que le parece mal y claro, no da una. Esas cosas sólo las puede hacer el amo. Lo digo yo que trabajo en un medio al que los señoritos de las instituciones llaman “La Secta”, sin que ningún compañero dé la cara por los periodistas que trabajan ahí, sin duda tan respetables como los demás, dividiéndose las opiniones de los profesionales entre los que repiten el calificativo como un chascarrillo basado en la realidad, y los más serios que lo entienden como una bromilla de la autoridad competente sin la menor importancia. Les hacen gracia Esperancita & Co. Eso sí, todos coinciden en señalar algo tan ridículo como que “La Secta” es el órgano de propaganda de Podemos, sólo porque no se caga en ellos.

Falló el vaticinio de Celia Villalobos cuando le dijo a Pablo Iglesias que al entrar en el Congreso dejaría la demagogia fuera. Con demagogia se refería a esas cosas que lleva Iglesias en su programa. Es decir, que una vez allí se compadrea en el bar y son todos colegas aunque de puertas afuera se mantenga la imagen de rivalidad. Se refería la señora Villalobos a esas cosas que se hacen en secreto, como negociar los puestos de las mesas, la Presidencia del Congreso y demás. Así, de cara a la votación de hace unos días para elegir a los miembros de la Diputación Permanente del Congreso se reunieron, como digo, en secreto, PP, PSOE y Ciudadanos para dejar fuera a Podemos, saltándose el sacrosanto aval que suponen los votos de los ciudadanos, al tiempo que vuelven a acusar a Pablo Iglesias de estar obsesionado con los sillones. Están más cómodos decidiendo entre ellos, en comandita, sin los tocapelotas de las mareas y el activismo. Lo explica muy bien el portavoz de Ciudadanos, abundando en las tesis de Villalobos cuando, después de pillar las sillas que no le correspondían, para demostrar que vienen a limpiar y regenerar la vieja política, decía que los señores de Podemos demostraban “una incapacidad para negociar, anticiparse a los acontecimientos y falta de conocimiento de dónde se está”. That is the question: No saben donde están. Les falta picardía. Aquel lugar en el que tan bien se mueve esta fuerza nueva, no tiene mucho que ver con la democracia externa, la de la calle, la de las urnas, sino con la interna, esa que toma decisiones en las sombras del Congreso a espaldas, y muchas veces en contra, del mandato popular. A eso se refería doña Celia cuando le dijo a Pablo Iglesias que ya le contaría de qué iba el tema más tranquilamente, tomando un gin tónic en el bar de la casa.

Pues no, no se dejaron la demagogia fuera, tampoco las rastas, ni el niño, y para charlas de los de abajo, no está preparado el personal.

Esa reacción general, unánime y, por primera vez, acompañada de una acción, de un gesto, como es el de levantarse de una charla porque los periodistas presentes se sienten ofendidos, viene bien. Ya era hora de que los periodistas, humillados constantemente, convertidos en difusores de la doctrina del partido gobernante al acudir a las ruedas de prensa donde no permiten hacer preguntas, se levantaran de sus sillas y no para hincar el lomo delante de un plasma donde aparece El Gran Hermano Mariano. Pablo Iglesias sí les provoca la “espantá” y en el tsunami de artículos, tertulias radiofónicas, reportajes, notas en los informativos de TVE y de otras cadenas, y demás elementos que han acompañado a esta reacción sorprendente, también han reconocido que otras veces no han estado tan susceptibles.

Bueno, pero eso es pasado. Ahora, una vez recuperada la dignidad gracias a la ofensa de Pablo Iglesias, se inaugura una nueva era en la que el derecho a la información tan reivindicado estos días va a primar sobre todo lo demás y, sin duda, veremos filas de periodistas levantándose en las ruedas de prensa cuando alguien ofenda a algún profesional de la información. Se puede empezar por los despidos de Telemadrid producidos tras una impresentable criba de represión política incompatible con un Estado democrático, donde la indignación de sus compañeros brilló por su ausencia.

Que no, que era broma. Que ha sido un hecho puntual para recordarle a Pablo Iglesias cuál es su sitio y que si un periodista dice en su medio que le hubiera pegado cuatro tiros con una escopeta, eso es parte del juego y que, como decía Gila, si no sabe aguantar bromas que se vaya del pueblo. O a un puesto de “pescatero”.

Recordará ahora Manuela Carmena cuando dijo que no tenía a ningún medio de su lado y se armó la de dios. También hubo una salida en tromba de la profesión periodística afirmando que no tenían por qué estar del lado de nadie. Tuvo que disculparse Carmena diciendo que no habían interpretado bien sus palabras. Se equivocaba, las interpretaron perfectamente, por eso se enfadaron. Se quedó corta, tenía a todos en contra. Otra cosa es por lo bajinis.

Clasismo. De eso hablamos.

Los medios de comunicación están cada vez más concentrados y financiados por los bancos y las grandes corporaciones que cubren sus pérdidas, para convertirlos en órganos de propaganda a su servicio. O comprados con propaganda institucional, que pagamos todos con nuestros impuestos, en algunos casos de forma tan vergonzosa como en Castilla-La Mancha, sacados del presupuesto destinado a un hospital.

Triste destino el de una cabecera como El País, que se pliega a los deseos de sus dueños apoyando al candidato que ordene el director de turno, decapitando a los redactores que dotaron de prestigio y dignidad a ese periódico, en un tiempo en que podían ir al despacho del director a pedir explicaciones por lo que consideraban manipulaciones o atentados a su independencia. Eso ya es historia y como lector me sentí estafado. Fueron muchos años paseándolo por la calle.

La indignación hoy pasa por defender el puesto de trabajo del que tiene que ganarse el huevo frito diario, y eso está bien. Nadie lo discute, pero yo he vivido cosas peores que las que ocurrieron en ese acto, muchas veces. El verdadero delito cometido por Pablo Iglesias ha sido señalar con el dedo y eso, ya lo decían las mamás, está muy feo. No ofende el hecho, se ofenden porque es él.

Lo demás, lo de la dignidad y el derecho a la información, está muy bien, ya nos gustaría a los ciudadanos que se cuidara un poco más. De momento, para mí, ese derecho se está disfrutando gracias a espacios como éste, reducido, que sobrevive a duras penas al margen de la publicidad que compra el espacio y la voluntad de los dueños de los medios. Otro día hablaremos de la huelga de Coca-Cola.

Yo iré esta tarde a “La Secta”, así nos llaman los que mandan sin ofender, por lo visto, la dignidad de nadie. ¡Qué suerte ser de los de arriba! Con ellos hay que sonreír cuando dicen esas cosillas, o cuando un presidente del Gobierno te mete el bolígrafo entre las tetas. 

Nosotros no tenemos dignidad, hace mucho que nos la comimos con patatas.

Recuperación de la dignidad. Esa es la buena consecuencia de lo ocurrido, a ver quién tiene huevos de mantenerla.

“Condescendientes con el de arriba e implacables con el de abajo. A eso lo llaman valentía y dignidad cuando no es más que el instinto de supervivencia que impone el orden establecido, Sancho”.

Bueno, la frase es mía, pero viene al caso de lo que hablamos y de los tiempos del centenario.

“Me gustaría escribir sobre una revolución que llegue hasta el final”

19 febrero, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El periodista y presentador de Carne Cruda publica su nuevo libro de poemas, El grito en el cielo, donde hace crónica política, social y sexual.

“Los periodistas tenemos la obligación de escribir lo que estamos viendo, aunque solo sea papel que sirva para calentar a los refugiados”.

“El oleaje de las mareas y el 15M nos impulsó a volver a comprometernos con nuestra sociedad”.

Javier Gallego 'Crudo'

Javier Gallego Crudo DAVID CONDE

Mónica Zas Marcos, 17/01/2017 – 21:08h

El grito en el cielo, publicado por la editorial Arrebato, son versos que atizan en la indiferencia y desgarran estómagos de acero. Javier Gallego habla tan pronto de las vergüenzas europeas y cementerios postcapitalistas, como nos acerca al sexo sin versos pudorosos.

El locutor de Carne Cruda ha escogido las palabras con cuidado para no banalizar las experiencias cotidianas ni aleccionar con las políticas. Sus poemas son viscerales y algo desoladores porque “muestran la crudeza de la situación”. Pero también ha querido dejar una rendija de luz con homenajes a la virtud humana de las mareas, el 15M y todas aquellas personas “que se arremangaron para echar una mano”.

El resultado es esa poesía que se aleja de torres de marfil y devuelve el poder artístico al pueblo. Un grito en el cielo que sirva como “arma de revolución”.

Le dedica el libro al chileno Raúl Zurita, ¿qué significa su figura para la poesía? ¿Y para la poesía de Javier Gallego?

Es uno de los gigantes vivos de la poesía. Zurita ha glosado como nadie, con una crudeza extraordinaria, toda la dictadura de Pinochet en Chile. Y como eso, todas las dictaduras y la violencia que han sufrido los países latinoamericanos.

En mi opinión, es el Bolaño de la poesía, siendo evidentemente un arte mucho más menospreciado y desconocido. Eso hace que Zurita no reciba el reconocimiento mundial que se merece en comparación con Nicanor Parra o Neruda.

¿Qué le inspiró en la obra de Zurita para escribir poesía política?

Su fisicidad al escribir me ayudó a buscar palabras que expresaran lo que estamos viviendo, sufriendo y padeciendo. Me costaba hacer poesía política y que no sonara a panfleto o manifiesto. Quería que me sonara, valga la redundancia, poética. Y él es capaz de expresar con enorme belleza algo muy horrible.

Cuando lo descubrí sufrí un deslumbramiento que sigue presente. Gracias a la editorial Arrebato tuve contacto directo con él y le mandamos el manuscrito. Nos dijo que El grito en el cielo le había emocionado y, para mí, ese es el mayor premio. Imagínate, alguien a quien admiras tanto se lee tus versos y encima le gustan.

Zurita habla en su dedicatoria de poemas “autistas e irrelevantes”. ¿Se está convirtiendo la poesía moderna en un arte egocéntrico?

Hay una tendencia, que no es nueva, de escribir poesía que se mire al ombligo y que la convierte en un arte demasiado solipsista. Hay mucha contemplación del yo y una inclinación a meterse el dedo en la propia llaga. Son poemas bellos como un animal disecado. Con falta de fiereza, de vida, de sangre y carácter palpitante. Yo he escrito muchos poemas confesionales, pero intento que tengan una trascendencia para el nosotros.

Por ejemplo, Raúl Zurita escribe a pedradas. Siempre digo que su potencia expresiva suena a piedras cayendo. Eso es lo que le hace falta a la poesía. Veo a muchos poetas en sus torres de marfil y, quizá por el desprecio que sufren por parte de los lectores, acaban encerrándose en sí mismos y escribiendo para otros poetas. Es una pescadilla que se muerde la cola.

Javier Gallego 'Crudo'

Javier Gallego Crudo. David Conde.

La poesía ha sido muchas veces un arma de revolución para el pueblo, un vehículo para que las sociedades se entiendan. No creo en esa poesía inofensiva y alejada, y muchas veces es culpa de los propios poetas.

Dice que Zurita suena a pedradas, pero  El grito en el cielo se siente casi de forma física. ¿Buscó mantener ese lenguaje visceral en todos los poemas?

Es verdad que, a posteriori, me di cuenta de que escribo a través de las sensaciones corporales. Creo que es en el cuerpo donde padecemos las consecuencias políticas, filosóficas o metafísicas. No fue intencionado, pero he hecho una constante referencia a las vísceras, los órganos o los dientes para expresar una desazón que es más espiritual.

Precisamente ahora me estoy leyendo el próximo libro de Santiago Alba Rico, Ser o no ser (un cuerpo), sobre cómo a las sociedades modernas nos han alienado de nuestro propio cuerpo. Creo que hay que volver a recuperarse a uno mismo para entender mejor el mundo, porque éste es también un cuerpo gigantesco devorándose a sí mismo. El ser humano, las sociedades capitalistas y un Occidente voraz lo destruyen como un tumor.

¿Qué ofrece la poesía, a diferencia de la columna de opinión, a la hora de hacer crónica social o política?

Primero, ofrece mayor precisión y contundencia. Un poema es la búsqueda de esa palabra exacta que, aunque muchas veces no se encuentra, permite ser más agudo. Con la poesía se consigue amplificar y decir con más potencia lo que en la prosa queda diluido. La opinión periodística, por su parte, está más pegada al día a día y yo quería hablar de un presente continuo.

Además, como toda escritura, la poesía es una pregunta. Y creo que hace preguntas más certeras porque te obliga a concentrar más el pensamiento. A decir mucho con muy poco. Y, en nuestra sociedad, parece que debemos expresar lo más horrible de manera artística para ser capaces de mirarlo. Lo que hace muchas veces el arte es buscar formas atractivas para enfrentarte a realidades nada atractivas.

Dedica varios poemas a la crisis de refugiados. Ayer, Isaac Rosa publicaba en eldiario.es la columna “En los campos pueden calentarse quemando artículos sobre “el drama de los refugiados”. ¿Se necesita más acción ante un exceso de tinta?

Necesitamos más acción, por supuesto, pero la tinta mueve a la reacción y a la concienciación. No deberían estar reñidos. Los periodistas tenemos la obligación de escribir lo que estamos viendo, aunque solo sea papel que sirva para calentar a los refugiados. Eso no quita que denunciemos la flagrante violación de derechos humanos que se está cometiendo o las penurias que sufren los más miserables.

¿Podríamos hacer más? Seguro. Y, evidentemente, el activismo es el que hace a pie de calle y de fango lo que no hace el periodismo. Pero también pienso, y eso lo sabe bien Isaac [Rosa], que el periodismo y la literatura sirven para cambiar las maneras de pensar. Un artículo o dos quizá no valgan de mucho, pero cientos de miles sí.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el filósofo Theodor Adorno dijo « Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie». Es verdad que tras haber visto la mayor crueldad humana te planteas para qué sirve un poema. Tan ridículo y tan pequeño. Pero no podemos rendirnos ante la devastación de la humanidad. Aunque un poema sea la única llama que luzca en la oscuridad, hay que seguir encendiendo esa vela.https://www.ivoox.com/player_ej_10655588_4_1.html?c1=ff6600

Además de los refugiados, basa varios poemas en el Detroit postcapitalista, los desahucios o el 15-M. ¿Por qué decidió incluir esos temas de actualidad y prescindir de otros?

Quise hacer un recorrido desde lo global a lo local. Empiezo el libro con el poema El grito en el cielo, que es un homenaje al Aullido de Allan Ginsberg y una visión desde todas las esquinas del mundo: la social, política, económica, pero también el dolor particular de todos los que sufren el capitalismo y este tipo de vida.

Luego me fui acercando a nuestras fronteras. Ahí vemos las consecuencias del capital sobre los más desfavorecidos y en el mismo corazón de la bestia, como es el caso de Detroit. Esa ciudad es el Hiroshima con una bomba de dólares. Y, por último, llego a nuestro país con Anatomía de España, un poema sobre lo que ha ocurrido en estos años y nuestra falta de reacción.

Aunque el tono del poemario es bastante oscuro, también incluye homenajes a activistas y mareas que recuerdan al “optimismo” de Walt Whitman.

Los oyentes siempre me dicen que demos algo de esperanza en la radio. Esa primera parte es muy oscura y desoladora, es verdad, por eso intenté buscar una luz. Hay poemas dedicados al Ejército de salvación, que para mí es la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, pero también a esas mareas que se han movilizado para ayudar a los que se quedaban en paro, sin casa o no tenían para comer. En definitiva, a todo aquel que se ha arremangado para echar una mano.

Javier Gallego 'Crudo'

Javier Gallego. David Conde.

Necesitaba dejar la puerta abierta para que entrase un poco de luz, porque yo mismo me deprimía al leer la primera parte [ríe]. La marea y Cuando fuimos tempestad (dedicados a las mareas y al 15M) representan muy bien ese oleaje que nos impulsó a volver a comprometernos con nuestra sociedad. Les debemos mucho y a mí es lo único que me mantiene animado. Se puede resumir en que mis poemas tienen el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad.

Pero no es todo política, también incluye poemas eróticos. ¿Es la poesía el mejor vehículo para hablar de sexo?

Igual no es el género más extendido, pero la poesía erótica lleva ahí desde Safo o incluso antes. En el Barroco había mucha poesía procaz, a veces incluso coplillas que se cantaban en la calle. En El grito en el cielo, he querido escribir con la misma crudeza un poema político que uno de contenido sexual. Intento tener un estilo visceral, en el sentido más literal de la palabra: escribir desde las tripas.

La misma lupa que pongo sobre cuestiones sociales, del amor o desamor, tenía que ponerla sobre el sexo. No entiendo que en sociedades avanzadas tengamos ese pudor hacia el cuerpo.

A la vez que existe este pudor, estamos viviendo un boom de literatura erótica que muchas veces refuerza los estereotipos.

Hay mucha literatura barata y machista que triunfa, como Cincuenta sombras de Grey. Reproducen estereotipos patriarcales, de sumisión de la mujer y huelen a un erotismo rancio y casposo. Yo quería escribir poemas de seres humanos en los que un hombre y una mujer, que también pueden ser dos hombres o dos mujeres, disfrutan de una experiencia deslumbrante. El sexo puede ser tan iluminador como llegar a una conclusión filosófica.

Para mí ha sido importante buscar dos cuerpos sin tabúes y sin disfraces, desnudarme y encontrar respuestas sobre la otra persona. También porque, frente a un entorno tan desolador, lo único que nos salva son las personas que nos quieren y nos cuidan. El sexo es una vía de conocimiento muy interesante. Y una forma de disfrute, vaya, de las pocas cosas que nos quedan en este asqueroso mundo, como diría Ramón Trecet.

¿Y cómo se consigue hacer arte de lo cotidiano (el sexo, el amor o el dolor) sin parecer demasiado ombliguista?

Hace tiempo que los escritores han demostrado que hay poesía en los lugares más insospechados. Cualquier acto y experiencia se puede convertir, gracias al arte, en un momento poético. De todas formas, no se debe confundir lo prosaico de la vida con lo poético de la vida.

Cuando la poesía es demasiado experiencial, en mi opinión pierde parte de su agudeza y de su poder de penetración. Yo hablo a veces de cosas muy cotidianas, trato de exprimirlas y de sacarles el máximo jugo, y a la vez alejarlas de lo más banal. Es un juego difícil. Lo que es seguro es que necesitamos la poesía para escapar de la banalidad de los días.

Si el movimiento social de los últimos años fue el motor de El grito en el cielo, ¿qué le inspiraría ahora para escribir un nuevo poema?

Este libro se ha hecho en parte como una necesidad de reacción. Notaba que los músculos se nos estaban entumeciendo otra vez y quería despertarlos a golpe de verso. A veces creo que necesitamos las palabras de los poetas para movilizarnos. Me sumo con mi pequeño grano a esa invocación de los poetas para que nos enciendan con sus palabras.

¿Y qué poema escribiría ahora? Me gustaría escribir sobre una revolución que llegue hasta el final. En España hemos tenido un conato de revolución que está corriendo a cámara lenta. Quizá porque vamos lejos, como decían en el 15M. Pero me gustaría escribir sobre un diluvio, no solo de la tempestad.

17/01/2017 – 21:08h

La guerra que Japón no podía ganar

18 febrero, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

La historiadora Eri Hotta relata los meses que condujeron al ataque a Pearl Harbor y sus consecuencias en un libro que ayuda a derribar interpretaciones politizadas e incompletas

JULIÁN CASANOVA

Imagen de Pearl Harbor tras el ataque.

Imagen de Pearl Harbor tras el ataque. AP

8 ABR 2015 – 10:43 CEST

En las primeras horas de la mañana del 7 de diciembre de 1941, la división aérea de la Armada Imperial japonesa atacó la base naval estadounidense de Pearl Harbor en la isla de Oahu (Hawái). Unas 2.400 personas murieron durante el bombardeo, que dejó inutilizados numerosos barcos, aviones e instalaciones. Sin declaración de guerra, sin ruptura formal de las relaciones diplomáticas, aquella operación, seguida de otra en las principales bases de Estados Unidos en Filipinas, marcó el paso de una guerra europea a otra global, donde sólo unos pocos países quedaron fuera del conflicto.

La mayoría de los japoneses celebraron el ataque. Poetas y novelistas se apresuraron a alabar aquella “gran hazaña”. El ambiente festivo parecía dejar atrás años de penuria, de escasez de productos básicos, de cupones de racionamiento para obtener arroz, el alimento fundamental de la dieta nacional, que se habían vuelto más duros a medida que se prolongaba la guerra con China iniciada a mediados de 1937.

Pero no es el relato de Pearl Harbor, muy conocido en la historiografía de la II Guerra Mundial, el objeto de la obra de Eri Hotta, sino la historia de quiénes y qué llevaron a Japón a ese ataque. Como las consecuencias de esa “funesta decisión” fueron terribles para la población japonesa y de otros países, la autora traza una fotografía magistral de los principales actores, los líderes imprudentes que apostaron por una guerra que no podían ganar, y proporciona también al lector las claves para entender la conversión de Japón, en las décadas finales del siglo XIX y comienzos del XX, desde un régimen feudal hasta un Estado-nación moderno, industrial y militarizado, convencido de que el poder obtenido por las guerras y el expansionismo era el requisito esencial para sobrevivir al colonialismo occidental.

En los años treinta, cuando en casi todo el mundo se buscaban soluciones ideológicas extremas a los problemas socioeconómicos, una parte de la sociedad japonesa “sucumbió a la tentación fácil de culpar de sus males sociales a potencias extranjeras” (página 42), y la consecución de antiguos objetivos imperialistas, ya imposibles, se convirtió en el principal fin de la movilización ultranacionalista. Amparadas por ese nacionalismo agresivo, las tropas niponas invadieron Manchuria en septiembre de 1931, ocupando todo el noreste del país en los cinco meses siguientes, y establecieron allí el régimen títere del Manchukúo. Unos años después, la guerra abierta con China impulsó un nuevo sistema de reclutamiento militar que duplicó el número de hombres aptos para el servicio militar. Esa rápida expansión de las fuerzas armadas japonesas proporcionó una gran oportunidad a los soldados profesionales para ascender rápidamente. La sociedad se militarizó, con la puesta en marcha de asociaciones patrióticas de mujeres, vigilancia estricta de los disidentes y una rígida censura de los medios de comunicación.

Los éxitos militares de Hitler en Europa animaron todavía más a los estrategas japoneses a cumplir sus sueños imperiales. En septiembre de 1940, al mismo tiempo que ocupaban el norte de Indochina, firmaron el Pacto Tripartito con Alemania e Italia, lo cual provocó tensiones y represalias casi irresolubles entre Estados Unidos y Japón. El príncipe Fumimaro Konoe estuvo al frente del país en todo ese periodo en el que se agudizó la crisis internacional, con una política exterior “indecisa e impulsiva” (página 83). Cuando dimitió en octubre de 1941, le sustituyó su ministro del Ejército, el poderoso general Hideki Tojo. Con un militar en el Gobierno, los jefes del Estado Mayor de la Armada y del Ejército presionaron insistentemente para que se aceleraran los preparativos bélicos. El 1 de diciembre de 1941, el emperador Hirohito dio su aprobación a la guerra contra Estados Unidos. Lo que acaeció en los años siguientes fue una auténtica catástrofe nacional, de sufrimiento y muerte, que tuvo el más trágico de los finales con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.

Hotta concluye, tras ese minucioso relato de los ocho meses que condujeron a Pearl Harbor, que ninguno de los máximos líderes de Japón “tuvo suficiente voluntad, deseo o valor para frenar el impulso hacia la guerra” (página 344). Con su lenguaje agresivo y fatídicas decisiones, llevaron a Japón al desastre como si se tratara de un juego del que podían retirarse.

Tras la catástrofe, la tendencia oficial en Japón fue y ha sido hasta los debates recientes, como en otros muchos países con pasados traumáticos, buscar responsabilidades colectivas y “apartar la mirada de lo que no es agradable ni deseable en su historia” (página 351). Frente a esos intentos de huir del pasado, libros como el de la historiadora Eri Hotta ayudan a derribar interpretaciones parciales politizadas e incompletas.

Japón 1941. El camino a la infamia: Pearl Harbor.  Eri Hotta. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2015. 400 páginas. 26 euros.

Todo lo que debemos a Chelsea Manning

17 febrero, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

18/01/2017 – 01:20h

Chelsea Manning ha salvado la vida. El soldado norteamericano que entregó a WikiLeaks centenares de miles de documentos sobre la guerra norteamericana en Irak y Afganistán ha visto conmutada su pena por Barack Obama para que salga de prisión el 17 de mayo cuando cumpla siete años entre rejas. Por sus circunstancias personales –intentó suicidarse en dos ocasiones– y las condiciones de su encarcelamiento, no es exagerado decir que no habría sobrevivido mucho tiempo a su condena a 35 años.

¿Qué debemos a Manning? Entregó a WikiLeaks vídeos de operaciones militares en Irak y Afganistán que demostraban la comisión de crímenes de guerra. El más conocido es el que WikiLeaks difundió con el título  Collateral Murder. Conviene detenerse en él porque es un buen ejemplo de lo que nos cuentan que ocurre en las guerras y lo que realmente sucede.

En las imágenes se ve a un helicóptero Apache disparar contra un grupo de personas al este de Bagdad. Entre los muertos, estaban dos empleados de la agencia Reuters, un fotógrafo y su conductor. La versión oficial indicaba que el helicóptero disparó contra un grupo de insurgentes que habían abierto fuego y se mantuvo después de que Reuters reclamara una investigación.

Las imágenes revelaron una escena muy diferente. Muestran que el Apache pide permiso para atacar a un grupo de personas porque dos de ellas parecen llevar armas. En concreto, dicen que tienen AK-47, aunque se trata del personal de Reuters que lleva encima su material de trabajo. Nadie está disparando sobre el helicóptero, porque nadie lleva armas y nadie parece consciente de que están siendo observados.

El helicóptero recibe permiso para disparar, a pesar de que las normas de combate impiden en principio abrir fuego contra nadie que no esté atacando a las fuerzas norteamericanas. “No tenemos gente al este de nuestra posición, así que pueden disparar”, escucha la tripulación del aparato. No hay soldados norteamericanos cerca, con lo que reciben permiso para abrir fuego.

Varias descargas acaban rápidamente con los congregados en la calle, entre ellos los reporteros. Uno de ellos se arrastra herido por el suelo. El Apache pide permiso para eliminarlo, pero están esperando a que coja un arma para disparar. “Mira a esos cabrones”, se escucha en la transmisión. Los que ven las imágenes felicitan a la tripulación.

Instantes después, aparece una furgoneta para recoger a los heridos. Tampoco se ve ningún arma y el Apache no dice que haya detectado ninguna. Sin embargo, vuelven a pedir permiso para disparar (“Vamos, dejadnos disparar”). Lo obtienen y destrozan el vehículo y a las personas que han salido de él para recoger los cadáveres. Comunican que han quedado entre diez y quince personas tendidas en el suelo.

Posteriormente, aparecen soldados norteamericanos en la zona y descubren que hay dos niños entre los heridos. En la transmisión, se oye: “Bueno, es culpa de ellos si llevan a los niños a los combates”. “Exacto”, responde otro.

Fue un caso entre muchos de la información conseguida gracias a Manning sobre lo que estaba ocurriendo en esas guerras. Revelaban también que el número de civiles iraquíes muertos era mucho mayor que el que reconocían los gobiernos norteamericano e iraquí y desmentían la información procedente del Pentágono y del Ejército, según la cual no estaban llevando un registro del número de bajas. Los listados conocidos gracias a Manning ofrecían una cifra superior a 100.000 iraquíes muertos entre 2004 y 2009, originados en todos los incidentes violentos en los que intervinieron los protagonistas de esa guerra.

Los documentos filtrados también revelaron las torturas y malos tratos sistemáticos cometidos en las prisiones del país, por militares iraquíes que colaboraban con las fuerzas norteamericanas, que sabían perfectamente lo que estaba sucediendo.

Esa filtración trazó una imagen de la guerra que ninguna propaganda pudo borrar después. Demostraron el horror que Irak había sufrido desde la invasión de 2003 y constituyeron la principal prueba documental del desastre ocasionado.

Manning también entregó 250.000 copias de telegramas diplomáticos enviados por las embajadas de EEUU en todo el mundo. Ese archivo es ya indispensable para conocer la historia de esos años. Los medios de comunicación de muchos países los han utilizado en infinidad de ocasiones, y lo siguen haciendo, para contar a sus lectores cómo es el mundo en que viven.

La lista es interminable. La corrupción de Estado afgano instaurado tras la invasión de 2001. La corrupción de varios estados de Oriente Medio y el norte de África que luego fueron derrocados por la rebelión de la Primavera Árabe. Las torturas cometidas por esos regímenes. El espionaje norteamericano en Naciones Unidas. El reconocimiento por diplomáticos norteamericanos de que el derrocamiento del presidente Zelaya en Honduras –el golpe de Estado– era ilegal y anticonstitucional. Las presiones de EEUU a los países europeos, negadas por esos gobiernos, para que aceptaran los transgénicos y lucharan contra la piratería digital.

También información desconocida en un asunto relacionado con España. Los informes de la embajada de EEUU en Madrid describían cómo el Gobierno de Zapatero se comprometió a hacer todo lo posible para poner fin a la investigación judicial en España del ataque al Hotel Palestina en el que murió José Couso. Gracias a ellos, descubrimos que el entonces ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, garantizó al embajador de EEUU, Eduardo Aguirre, que “el Ejecutivo pondría todo su empeño en cuestionar la decisión del juez basándose en argumentos técnicos”. En público, los ministros españoles afirmaban que respetaban la decisión judicial.

Mentiras, medias verdades y propaganda fueron anuladas por la información conseguida gracias a Chelsea Manning. Por ello, violó las leyes de su país y pagó un precio durísimo.

Tras ser encarcelada, fue confinada en solitario en una celda (el día después de su condena, en agosto de 2013, anunció en un comunicado que era una mujer y que su nuevo nombre era Chelsea Manning; en agosto de 2014 un tribunal aceptó el cambio de nombre). “Al principio, pensé que el internamiento en solitario era una forma de proteger su seguridad”, dijo en 2010 un amigo que le visitaba dos veces al mes. “Con el tiempo, he visto que esas condiciones –no tener una almohada o sábanas, no poder hacer ejercicio, no poder ver la televisión– son impuestas para castigarlo, no para protegerlo”.

Su abogado describió ese año en detalle en qué condiciones vivía. Pasaba 23 horas solo en su celda. “Los guardias tienen que comprobar cada cinco minutos que Manning está bien. Manning está obligado a responder que está bien. Por las noches, si los guardias no pueden ver bien a Manning, porque tiene una manta sobre la cabeza o está inclinada sobre la pared, le despiertan para asegurarse de que está bien”. “Le impiden hacer ejercicio en su celda. Si intenta hacer flexiones o cualquier otra forma de ejercicio, le obligan a parar. Tiene derecho a una hora de ‘ejercicio’ cada día fuera de su celda. Le llevan a una habitación vacía y sólo le permiten caminar”. “Cuando Manning se va a dormir, le obligan a quitarse toda su ropa, excepto los calzoncillos, y a entregarla a los guardias. Le devuelven la ropa al día siguiente por la mañana”.

Esas condiciones de encarcelamiento eran casi una forma de tortura destinada a quebrarla psicológicamente y conseguir que aportara más información que pudiera incriminar a los responsables de WikiLeaks. Los años transcurridos la estaban minando hasta el punto de que intentó matarse en dos ocasiones. Nunca iba a sobrevivir a su cautiverio.

Cuando fue condenada, difundió un comunicado que terminaba así:

“Como dijo una vez el ya fallecido Howard Zinn, ‘no existe bandera lo bastante grande como para tapar el asesinato de gente inocente’.

Sé que mis actos violaron la ley y lamento si mis actos han dañado a alguien o a los Estados Unidos. Nunca fue mi intención hacer daño a nadie. Sólo quería ayudar a la gente. Cuando decidí revelar información secreta, lo hice por amor a mi país y por un sentido del deber hacia otras personas.

Si ustedes rechazan mi petición de perdón, cumpliré mi pena sabiendo que a veces hay que pagar un alto precio para poder vivir en una sociedad libre. Lo pagaré muy gustoso si sirve para que tengamos un país inspirado en la libertad y con la idea de que todos los hombres y mujeres nacen iguales”.

El precio que ha tenido que pagar Chelsea Manning por sus actos es inmenso, como lo es la deuda que todos tenemos con ella.

Cinco datos que muestran que la desigualdad ha aumentado en España pese a la recuperación económica

16 febrero, 2017

Fuente: http://www.publico.es

España es el segundo país de la Unión Europea donde más crece la brecha entre ricos y pobres desde que estalló la crisis, y ésta sigue aumentado a pesar de los últimos años de crecimiento económico, según revela el último informe de Oxfam Intermón.

Un hombre consulta a su móvil junto a una tienda en cuya puerta hay una mujer pidiendo limosna, en el madrileño barrio de Salamanca. AFP/Gerard Julien

Un hombre consulta a su móvil junto a una tienda en cuya puerta hay una mujer pidiendo limosna, en el madrileño barrio de Salamanca. AFP/Gerard Julien

1. Siete mil nuevos millonarios

Según el informe de Oxfam, en 2015 hubo siete mil nuevos millonarios en España. Para la ONG, esta tendencia de acumulación de la riqueza en manos de unos pocos es una de las principales causas de la desigualdad. A la vez que crece el número de ricos se produce el deterioro de la situación de las personas más vulnerables.

Durante los años de la crisis, las personas más pobres fueron las más castigadas. De acuerdo con la OCDE, la renta media en España cayó un 9 % entre 2007 y 2014, pero la caída de la renta del 10% más pobre de la población fue de más del doble: un 21%.

2. Sólo tres personas acumulan la riqueza del 30% más pobre

En el último año, la fortuna de tan sólo tres personas (dos hombres y una mujer: Amancio Ortega, su hija Sandra Ortega Mera y Juan Roig) equivale ya a la riqueza del 30% más pobre del país, es decir, de 14,2 millones de personas. Mientras en 2015 este 30% más pobre vio reducida su riqueza en más de una tercera parte (-33,4%), la fortuna de las tres personas más ricas del país aumentó un 3%.

Las personas incluidas en los niveles de renta más bajos han visto caer su participación en la renta nacional. Así por ejemplo, mientras en 2013 el 10% más pobre en España concentraba el 1,9% de la renta nacional, en 2015 su participación se redujo un 10,5%, hasta concentrar sólo el 1,7%.

3. Los salarios más bajos han caído un 28%

El informe de Oxfam muestra como en los años de la crisis, desde 2008 hasta 2014, los salarios más bajos cayeron un 28% mientras los más altos apenas se movieron. En 2015 España llegó a un nivel en el que la remuneración del empresario con el salario más elevado multiplicaba por 96 la del trabajador promedio en las empresas del Ibex 35, y por 51 en el total de las empresas cotizadas.

Es decir, los aumentos de la productividad de las empresas sólo parecen afectar a los salarios de los altos directivos y a los niveles de beneficios con los que se retribuye a los propietarios.

4. Alta precariedad 

Los beneficios de las grandes empresas han recuperado los niveles anteriores a la crisis, mientras una de cada cinco personas en edad de trabajar no encuentra empleo. Y quienes lo encuentran, lo hacen en condiciones de alta precariedad mientras los salarios siguen 9 puntos por debajo de los niveles alcanzados en 2008.

España, a pesar de haber mostrado durante los últimos años una de las tasas de crecimiento más altas de Europa, no logra que este crecimiento sea inclusivo. Con crecimientos similares durante 2015, en Eslovaquia o Hungría consiguen reducir más la desigualdad y promover así un crecimiento más equitativo.

5. Un sistema fiscal que promueve la desigualdad

Esta desigualdad se amplifica por el efecto de un sistema fiscal que no es redistributivo. España es uno de los países europeos con menor capacidad para reducir las desigualdades a través del sistema fiscal, tan solo por detrás de Letonia, Bulgaria, Estonia y Lituania, indica el informe.

Las reformas legislativas siguen sin reconducir la regresividad histórica del sistema tributario ni apuntalar la capacidad recaudatoria que puede blindar la inversión en políticas sociales. Además, son las familias las que todavía soportan la mayor parte del peso tributario, aportando un 84% de la recaudación frente a un 13% de las empresas.

Para Oxfam, la falta de voluntad política para acabar con los paraísos fiscales y otras prácticas fiscales de las grandes empresas continúan dejando un agujero en los ingresos del Estado que ahonda la desigualdad de mercado. España dejó de ingresar aproximadamente 1.500 millones de euros como resultado de la actividad canalizada a través de los 15 paraísos fiscales más agresivos del mundo. Una cantidad que equivaldría al 58% del déficit que se estima tendrá el fondo de reserva de las pensiones en 2017.

Una economía para el 1%

El informe de Oxfam también muestra la situación de desigualdad en el resto del mundo. Las conclusiones a las que llega es que la economía sigue al servicio del 1% más rico que acumula el 99% por de la riqueza.  Tan sólo 8 personas (ocho hombres, según muestra el estudio) poseen ya la misma riqueza que 3.600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad. Por orden, estos hombres son Bill Gates, de Microsoft; Amancio Ortega, de Inditex; Warren Buffett, mayor accionista de Berkshire Hathaway; Carlos Slim, propietario del Grupo Carso; Jeff Bezos, de Amazon; Mark Zuckerberg, de Facebook; Larry Ellison, de Oracle; y Michael Bloomberg, de la agencia de información económica y financiera Bloomberg.

El hecho de que las personas que más riqueza acumulan sean hombres pone de manifiesto que las mujeres sufren mayores niveles de discriminación en el ámbito laboral y asumen la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado. Según Oxfam, al ritmo actual, llevará 170 años alcanzar la igualdad salarial entre hombres y mujeres.

El estudio también alerta de que durante los próximos 20 años, 500 personas legarán 2,1 billones de dólares a sus herederos, una suma que supera el PIB de la India, un país con una población de 1.300 millones de personas. Además, para que esta persona llegara a gastar la fortuna tendría que derrochar un millón de dólares al día durante 2.738 años. Frente a esta concentración de la riqueza, siete de cada diez personas vive en un país en el que la desigualdad ha aumentado en los últimos 30 años, indica el informe global.

Además, los ingresos del 10% más pobre de la población mundial han aumentado menos de 3 dólares al año entre 1988 y 2011, mientras que los del 1% más rico se han
incrementado 182 veces más. El director general de cualquier empresa incluida en el índice bursátil FTSE 100 gana en un año lo mismo que 10.000 trabajadores de las fábricas textiles de Bangladesh.

En este sentido, un nuevo estudio del economista Thomas Piketty revela que en Estados Unidos los ingresos del 50% más pobre de la población se han congelado en los últimos 30 años, mientras que los del 1% más rico han aumentado un 300% en el mismo periodo, a un ritmo de 11.800 dólares al año.