La XXXI Gala de los Premios Goya y su reivindicación de la cultura

Anoche pudimos vivir la XXXI Gala de los Premios Goya, una edición que ha sido calificada de poco reivindicativa después de unas galas que han ido en contra de la Guerra de Irak en 2003 y de la subida del IVA cultural del 8 % al 21 % en 2012.  No se me ocurre mejor lugar reivindicativo que una de las galas por excelencia de la cultura española, y más con las muestras de solidaridad mostrada ayer entre los componentes de la Academia.

Vivir en la sociedad del espectáculo, de la instantaneidad y de la imagen nos hace ver una realidad muy diferente a lo que en verdad es. Solamente con algunos datos es fácil desmontar los bulos con los que se criminaliza la cultura del cine. Uno de ellos es que el gobierno español presupuestó en 2016 la cifra de 77 millones de € para este sector y recibió 108 solamente con el IVA recaudado. Otro es el mantra de que los actores viven muy bien. La realidad es que sufren unas condiciones laborales muy precarias con una cifra tan alta del 92 % de componentes del gremio que no puede vivir del cine. Parece que a muchos les cuesta entender que todos estos trabajadores no tienen chalets en La Moraleja ni son Penélope Cruz o Pedro Almodóvar. Por hacer un símil, cada año son noticia en los partidos de fútbol de copa del rey los equipos que cuentan en sus filas con trabajadores que compaginan su dedicación al fútbol con otro trabajo y los cuales se enfrentan a jugadores que pertenecen a equipos millonarios.

Fuera ya de estas aclaraciones, vayamos a la gala, la cual fue conducida por Dani Rovira por tercera vez de una manera notable con su introducción espartana, su beso con su “suegro” de Ocho apellidos vascos, Karra Errejalde, y su reivindicación femenina ante el menor número de mujeres nominadas en la Gala y su menor número en los puestos de dirección de las distintas producciones, como momentos más destacados. Por supuesto no se ha librado de las críticas, el deporte nacional por excelencia.

La película con más nominaciones, Un monstruo viene a verme, fue la mayor triunfadora. El trabajo de un “J” Bayona emocionado durante toda la noche y de su equipo cumplió con su papel de favorito en las distintas categorías. La otra gran triunfadora de la noche fue Tarde para la ira, dirigida por el joven director Raúl Arévalo, cuyo Goya a mejor película fue totalmente merecido, aunque seguramente haya mucha gente a la que sorprendió este Goya cuando la de Bayona había arrasado en todas las nominaciones.

Por lo que respecta a las diferentes secciones me gustaría hablar de algunas. Voy a empezar por la categoría de mejor película documental en la que resultó ganadora Frágil equilibrio de Guillermo García López. Esta categoría cinematográfica logra sensibilizarnos de manera especial. Junto a él estaba también nominado 2016. Nacido en Siria, la cual es de muy alta recomendación para comprobar el drama de los refugiados que nos acecha en Europa (aquí os dejo la entrevista a su autor en la radio libre, Carne Cruda:  https://www.ivoox.com/cc-256-nacido-siria-programa-completo-audios-mp3_rf_16531861_1.html). El cine también logra sensibilizar, lo cual hizo el director de Frágil equilibrio al recibir el premio y acordarse del expresidente uruguayo y referente mundial por su buen hacer José Múgica, de los muros que levantamos ante los inmigrantes y del drama continuado de los desahucios.

En la categoría de mejor dirección novel resultó premiada la producción de Raúl Arévalo, Tarde para la ira. Hubiese sido algo contradictorio que no lo hubiera logrado. Junto a las otras nominadas, sobre todo a título personal la dirigida por Marc Crehuet, El rey tuerto, muestran que nuestro cine y su futuro gozan de muy buena salud.

Menciono también la categoría de mejor actriz revelación cuyo premio recayó en Anna Castillo por su papel en El Olivo de Icíar Bollaín. El papel de Javier Gutiérrez y sus otros compañeros hicieron más fácil la tarea como ella mismo se encargó de señalar en su discurso. Icíar Bollaín es una de las directoras más destacadas del cine español actual. Sus trabajos destacan por su contenido en defensa de las causas justas de los que menos tienen. En este trabajo se ve la denuncia contra las multinacionales que anteponen cualquier interés frente a la pequeña propiedad de cualquier persona, en este caso simbolizada por una persona mayor y la pérdida de su olivo centenario.

Sin duda el motivo más emotivo de la noche, como seguramente ya hayáis visto, fue el fragmento de la canción dedicada a los desahuciados (No hay tanto pan) cuando Silvia Pérez subió a recoger su Goya en la categoría de mejor canción original (Ai, ai, ai, de la película musical de Edouard Cortés, Cerca de tu casa).

Mentiras, sonrisas y amapolas
Mentiras, sonrisas y amapolas
Discursos, periódicos, banqueros y trileros.
Canciones, monos y pistolas,

Bolsos, confetis, cruceros y puteros.
Te roban y te gritan
Y lo que no tienes también te lo quitan.

No hay tanto pan, pan, pan
No hay tanto pan, pan, pan

Es indecente y es indecente,
Gente sin casa y casas sin gente.”

Esperando que como este año las cifras económicas sean mejores en este sector cultural, nos vemos en la XXXII Gala y como dice la canción de Luis Eduardo Aute, “Cine, cine, cine, más cine por favor.”

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