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Don Arturo Pérez-Reverte, canción de Día Sexto

30 junio, 2017

El grupo musical Día Sexto ha dedicado al malandrín de Arturo Pérez-Reverte unas letras ácidas y llenas de ironía de acorde a la personalidad que habitualmente suele mostrar el académico de la RAE. Nunca viene mal un poco de ironía para reflejar el comportamiento de personas que se creen superhéroes debido a su privilegiada posición.

Soy Pérez Reverte ilustrado contemporáneo
Dispongo de cabello mas me puede ver el cráneo
Acuden espontáneos, malditos zascandiles
Yo moraba en Yugoslavia con armas de fuego a miles
Y ahora mírales, analfabetos funcionales
Acuden a mis redes profiriendo insultos tales
Bravucones amparados en finas pantallas
Les reto a un duelo a muerte a las 12 en plaza de España
Vaya maña para dar guantazos traigo
Yo he sufrido los conflictos bélicos no me distraigo
¿acaso usted me reta con esa languidez que trae?
Ansioso me hallo SILLA T, los jueves en la RAE
A lomos de Rocinante voy alcohólico
Retozando con hembras seres diabólicos
Su vagina es mi narcótico distópico
Alzo mi mano al céfiro hacia su pandero utópico.

PÉREZ-REVERTE

MONARCA DE LAS TILDES Y LOS PRADOS
NOVELISTA REPORTERO (UN TIPO FÉRREO) MUY LETRADO
LA DEIDAD QUE ALUMBRA A TODOS LOS CUÑADOS 
DAGA VIZCAÍNA A QUIEN SE AFANE MI PUTO VENADO

Soy Pérez Reverte el vástago el ícono
HARAGANES Y GAZNÁPIROS ANSÍAN MI TRONO
Diviso porno tras sus ojos que me incitan
Conozco un palacete al que escaparnos señorita
Es una cita, me odian mas yo amo a las mujeres
Antaño eran amables, serviciales, mas renacen radicales por estas redes sociales execrables,
El feminismo es una lacra hacia mis genitales.
Desconocen la guerra mis adversarios
Leo a Conrad tras afilar dagas bajo el sol de mayo
Jamás he errado una palabra, humilde legendario
Mas si ocurriera la incluiría al diccionario
Soy harto necesario, el adalid de la cultura
Incapaces de toserme porque no están a la altura
Bravura y finura, literatura desnuda tientos
Somos nietos de aquel concilio de Trento.

EMPERADOR DE ESPAÑA LICENCIADO
(LA ) CULTURA ES LO QUE YO (LE) DICTAMINE (A USTED) SO VAGO
BORRASCA DE HALAGOS A MI RABO EMPALMADO
TRAIDORES ADVENEDIZOS TRAS FELIPE IV

A perturbaciones en la atmósfera medioambiental, rostro jocundo. ROSTRO JOCUNDO.
Quien a buen ejemplar de arboríceo adulto se aproxima, buena proyección obscura de la luz le cubre y tutela
No por despertar prontamente en exceso, la tierra gira sobre su eje a mayor velocidad de la estipulada

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Parte del gasto militar español bastaría para evitar la pobreza extrema mundial

29 junio, 2017

Fuente: http://www.utopiacontagiosa.org

Imagen de Paulo Slachevsky

Fuente:  El Orden Mundial.

¿Es posible acabar con la pobreza mundial?

Esta es una pregunta muy pertinente porque actualmente más de 1.000 millones de personas viven con menos de un dólar al día.  Es lo que se llama pobreza extrema.

Que todas estas personas pudiesen vivir con 5 dólares al día supondría un gasto anual de 4.000 millones de dólares.

Sin duda, este aumento en sus ingresos supondría un gran cambio en sus vidas.  No sabemos si suficiente, tal vez no.  Pero sí suponemos que tendrían bastante para comer, al menos, y para cubrir algunas de sus necesidades más acuciantes.

Que viviesen con 10 dólares al día, supondría un gasto anual de 9.000 millones de dólares.

Es un gasto elevado, pero una inversión de futuro.  Estos 1.000 millones de personas empezarían a generar riqueza en sus barrios, en los comercios de la zona.  Y esta riqueza haría, en principio, que aumentase el nivel de vida global.

¿Qué podría hacer España en este contexto?  ¿Poco, nada?  Quizá no pudiésemos con el hambre en todo el mundo, pero, ¿podríamos acabar con la pobreza extrema en África?

¿Aportaría algo a nuestra política exterior el hecho de intentar acabar con la pobreza extrema en el mundo?  ¿Dejaría España de ser vista como un enemigo dado que somos uno de los países que más practica la injerencia militar en el extranjero?  ¿Estaríamos orgullosos con este esfuerzo?

¿Podría colaborar nuestra política de defensa, si en vez de orientarse hacia la Defensa Nacional militarista se orientase hacia la Seguridad Humana y, por lo tanto, se ocupase de defendernos, entre otras cosas, de la pobreza extrema?

Algunos datos:

El Ministerio de Defensa va a gastar en 2017 7.638’54 millones de €.

Sin embargo, el militarismo español oculta 8.852’29 millones de € en otros ministerios fuera del de defensa.

Cierto es que hay un gasto, el de clases pasivas militares, que nos parece que no puede ser suprimido sin más.  Tampoco nos parece oportuno suprimir los programas sociales de ISFAS.  Por lo tanto, 3.923’39 millones de € podrían ser utilizados para este fin utilizando lo que el Ministerio de Defensa oculta como Gasto Militar en otros ministerios. Supondría el 43’59 % de lo necesario.

Pensamos que, además, lo presupuestado para los Programas Especiales de Armamento, PEAS, 1.824’47 millones de €, podrían contribuir al objetivo de acabar con el hambre en el mundo.

Y, por supuesto, sería lógico dejar de tener una política exterior y de defensa tan agresiva y militarista como la actual.  Por ello, también podríamos utilizar los 771’11 millones que, al menos, gastaremos en 2017 para Operaciones Militares en el Exterior.

Al final se dispondría de 6.518,97 millones de € para combatir la pobreza extrema.  Llegaríamos al 72’43 % del objetivo mundial.

Y eso sólo con un país.

Con la ayuda de Portugal, y/o Italia, habría posibilidades de atender por completo a este problema.

La existencia de la pobreza extrema es, por tanto, una decisión política del primer mundo, nuestra.

Una política de transarme sería útil y es necesaria.

De Marhuendas y Rajoys: la irresponsabilidad franquista de la derecha española

28 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“No des mi nombre, te lo ruego”; “por favor, no me menciones porque temo que puedan tomar represalias con mi hija”; “te cuento lo que quieras, pero no me cites… la situación aquí está muy tensa”. Después de 27 años ejerciendo esta agridulce profesión y de haber pateado unas cuantas naciones sometidas por tiranías o arrasadas por las guerras, jamás pensé que tendría que escuchar este tipo de cosas en mi propio país. Pues sí; es aquí, en una localidad murciana llamada Fuente Álamo donde parece imperar la ley del miedo y del silencio.

Desde hace cuatro años, La Falange y el PP lideran a un amplio grupo de nostálgicos franquistas con el objetivo de evitar que el colegio de público deje de llamarse “José Antonio”. Su campaña ha logrado amedrentar, pero no doblegar, a los profesores y padres de alumnos que, a través del Consejo Escolar, han pedido que el centro educativo deje de estar consagrado a un líder antidemocrático: el fundador del partido fascista español que tanto protagonismo tuvo en la sublevación franquista y en la posterior dictadura que secuestró nuestras libertades durante cuarenta largos años.

El pasado sábado por la noche, el alcalde de la localidad seguía haciendo frente a las amenazas e insultos vertidos por los ultras. En las casas cercanas, profesores y padres de alumnos leían atónitos los panfletos distribuidos por La Falange en los que se exigía el mantenimiento del nombre porque, entre otras cosas, Primo de Rivera “amó a España y a los españoles” y “dirigió a la juventud española para intentar salvar la patria”. A esas horas, quienes en Fuente Álamo trataban de escapar de la inquietud y el silencio encendiendo sus televisores se encontraban en La Sexta a Eduardo Inda comparando a Franco con Napoleón y a Francisco Marhuenda defendiendo con arrojo la dictadura antes de afirmar, sin siquiera sonrojarse, que en su “puta vida” ha sido franquista.

Algunos creen que los Marhuindas son una especie de dúo cómico inofensivo que nos ameniza algunas noches aburridas; se equivocan. Uno por convicción y el otro porque encaja en el personaje que él mismo se ha creado dotan de argumentos (falaces, pero argumentos) a falangistas, viejos franquistas y a sus nuevos cachorros de Hogar Social y de otras organizaciones neofascistas. No son los únicos irresponsables que juegan a esto. Nuestras ondas, webs, kioscos y librerías están repletas de revisionistas que, tras alardear de demócratas, blanquean la dictadura, justifican sus crímenes y defienden con razonamientos infantiles, pero eficaces, el mantenimiento de sus símbolos.

Este nuevo Movimiento solo ha podido alcanzar tamaña magnitud porque detrás de él se encuentra, nada menos, que el partido que tiene la responsabilidad de gobierno. Marhuenda no hablaría como habla si no contara con el aplauso de su amo, Mariano Rajoy.

España está pagando y va a seguir pagando esta gravísima irresponsabilidad de los conservadores españoles. Una buena parte de la derecha política, periodística, intelectual, eclesiástica y empresarial no ha querido desvincularse del fascismo. Nuestra derecha es una mancha de totalitarismo en Europa y algún día debería seguir, de una vez, el ejemplo del centro derecha francés o de la CDU alemana de Ángela Merkel que son abiertamente antifascistas. Nadie en la derecha sensata germana se plantearía hoy justificar la llegada de Hitler al poder por la violencia política que se vivía en el país o por la amenaza de un contagio soviético en los movimientos obreros; nadie blanquearía el nazismo porque los Aliados cometieron atrocidades terribles al bombardear Dresde o Hamburgo; nadie compararía al Führer con Napoleón o con Alejandro Magno para justificar la existencia de monumentos en su honor…

No. España no es Alemania y eso se debe, en buena medida, a que el PP no es esa CDU antifascista. Nuestro presidente del Gobierno fue un nostálgico franquista más que escondió, poco a poco, su camisa azul en lo más profundo de su armario. En los años 80 aún escribía artículos en la prensa reafirmando la superioridad física e intelectual de “los hijos de la buena estirpe” y autorizaba, como secretario general del PP gallego, la distribución de cartas alabando la figura del dictador.

Ese es el líder político que se ha declarado, orgullosamente, insumiso a una ley aprobada democráticamente como es la Ley de Memoria Histórica. Él y otros como él son los que han propiciado que aprendices, como Rafael Hernando o Pablo Casado, hagan méritos para ascender en el partido a base de humillar a las víctimas del franquismo y a sus familiares en los platós de televisión.

La derecha verdaderamente democrática, que la hay, debería de una vez por todas romper los hilos que la siguen atando a la dictadura. Sin duda perderán unos cuantos miles de votos, pero España necesita un Partido Popular que deje de peregrinar al Valle de los Caídos y se dedique a hacer pedagogía para evitar casos como el de Fuente Álamo. Allí es su grupo municipal, el popular, el primero en defender, con uñas y dientes, el que sus hijos estudien en un colegio llamado “José Antonio”.

Al igual que en Salamanca es su alcalde popular el que retrasa hasta el infinito la retirada de su Plaza Mayor, ordenada por un juez, del medallón dedicado al dictador. Al igual que en Alicante son sus concejales populares los que han logrado que se repongan los nombres de las calles franquistas. Al igual que en Madrid es su grupo político el que se opone a la retirada total de los vestigios de la dictadura. Al igual que en Alberche y Guadiana del Caudillo son sus alcaldes los que son premiados por la Fundación Francisco Franco. Al igual que en Baralla, Aljubé, Mora, Alella, Melilla, Navalmoral de la Mata, Vitoria, Callosa de Segura, Oviedo…

Son los Marhuendas y los Rajoys los que permiten, toleran y alientan esta complicidad intelectual con la dictadura. Son ellos los que llevan años creando el caldo de cultivo en el que sobrevive y, poco a poco, resurge el monstruo del totalitarismo. Son ellos,  los Marhuendas y los Rajoys los que provocan que España esté repleta de Fuente Álamos.

15-M

27 junio, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

blicada 17/05/2016 a las 06:00Actualizada 16/05/2016 a las 22:08  
Se ha celebrado el quinto aniversario del movimiento llamado 15-M, que supuso un auténtico revulsivo en nuestro país y que también tuvo resonancia internacional: Spanish Revolution, lo llamaron.

Da la casualidad de que yo también cumplo años ese mismo día.

La cuestión que planteaban los que tomaron la Puerta del Sol, gente de diferentes pelajes, edades e ideologías, era que la política, establecida como clase, con los partidos políticos como única vía de expresión de la voluntad popular, totalmente profesionalizados, se había acomodado en el bipartidismo. La falta de operatividad, de toma de decisiones en favor de los ciudadanos más desfavorecidos se había agudizado con la llegada de lo que llamaron y que siguen llamando crisis y que no es tal, en una clara dejación de funciones ante situaciones dramáticas de una injusticia palmaria que requerían soluciones urgentes, medidas de choque. Abandonaron a su pueblo, soberano en el período electoral, demonizado y reprimido con crueldad cuando protesta en el período entre urnas.

La crisis, como término, hace referencia a un episodio puntual, a una coyuntura susceptible de evolución provocada por factores externos y que revierte cuando estos desaparecen. Esto que nos está tocando vivir no tiene nada que ver con eso, es un cambio de modelo, un nuevo orden social. Los que lo pergeñaron, ya en los años setenta, así como los que lo han impuesto, no tienen la menor intención de revertirlo y, además, está fabricado desde dentro, lo llaman “Reformas Estructurales Profundas”, y es lo que son. Un cambio profundo en la estructura de un sistema político no tiene nada que ver con una crisis y su tratamiento paliativo, que requiere medidas puntuales, transitorias.

En este cambio profundo de las estructuras, puede haber periodos de crisis, pero cuando se resuelvan, los problemas que acucian a los ciudadanos –como la pérdida de poder adquisitivo, la temporalidad de los trabajos, la indefensión de los trabajadores frente al poder absoluto de las grandes corporaciones que deciden su vida, la falta de estabilidad para poder diseñar un plan de vida, la pérdida de derechos sociales y libertades– no se van a solucionar. Cuando los analistas den por concluida la crisis, como de hecho proclaman cada vez que se acercan las elecciones, ni siquiera cuando demuestran con cifras que la economía repunta, mejora la situación de los ciudadanos. Nos cuentan el cuento de la micro y la macroeconomía. Nos crían con cuentos, nos duermen con cuentos. Se llama redistribución y está diseñada para una desigualdad creciente.

A este drama hay que sumar la deriva tomada por los socialdemócratas. No siempre fueron así. Hasta mediados del siglo XX caminaban en dirección opuesta a los de ahora. Su función en nuestros días parece ser ocupar el espacio de la izquierda inhibiendo de forma competitiva movimientos sociales espontáneos en lugar de hacer lo que les correspondería: ponerse a la cabeza. Me hacen recordar un juego infantil de mis tiempos en que cantábamos: “A tapar la calle que no pase nadie”.

Estas maniobras, que culminaron el sueño de los llamados neoliberales, que pretenden la abolición del Estado eliminando cualquier tipo de control o intervención en la llamada economía, aunque las maniobras de los potentados tiendan a esclavizar a esa población que los dirigentes políticos deberían proteger, se llevaron a cabo sin ningún tipo de debate, simplemente con la conjunción de la clase empresarial y la política. Para ello también se urdieron una serie de maniobras necesarias como son la concentración de medios de comunicación en esas mismas manosasí como la demonización de los sindicatos que, dicho sea de paso, también se estaban acomodando a las pretensiones de la clase dominante.

Contra esta tesitura, llevada a cabo en una época en la que el paro amedrentaba a la clase trabajadora, donde se eliminaron prácticamente los contratos indefinidos como medida de coacción, y donde la juventud fue desplazada del mercado laboral, dejándola solamente como mano de obra complementaria, obligándola a aceptar contratos de aprendizaje que representan un nivel de explotación desconocido desde mediados del siglo XX, se revelaron los ciudadanos en lo que se conoció como “movimiento de los indignados”.

La doctrina del shock implantada a un pueblo amenazado con la pérdida del trabajo, y criminalizado por quienes les causaban el quebranto, acusándoles de vivir por encima de sus posibilidades, no encontró alivio en la acción política, no encontró respaldo en sus representantes, que sumidos en debates de otra índole, consentían los despidos masivos, los ERE, los desahucios y las estafas de los bancos. Manos Limpias representaba la única acción en los tribunales ante tanto desmán delictivo: manda huevos. Los partidos no eran partidarios de judicializar la política. La impunidad se había establecido.

Bueno, no todo fue inactividad. Ante el latrocinio perpetrado por los consejeros de bancos y cajas de ahorros, ahí sí, tomaron la iniciativa con medidas de choque que vendidas como un crédito para evitar el “rescate” se convirtieron por arte de magia en otra carga para las arcas del Estado, anunciándonos que esos millones pagados a los bancos eran un regalo que tendríamos que restituir entre todos: ¡ahí sí interviene el Estado! Nacionalizaron parte de la banca para, una vez reflotada, devolvérsela a los que ellos entienden que son sus legítimos propietarios.

No tomaron medidas de choque para frenar la desgracia que afectaba a la inmensa mayoría de los ciudadanos. No se pusieron de su lado. De ahí surgió un eslogan muy acertado: No nos representan.

Como ya hiciera Sarkozy en Francia ante la estafa de Lehman Brothers y aquellas hipotecas subprime que se usaron de coartada para la implantación de este cambio de modelo, cuando salió en defensa de los ciudadanos atacando al “capitalismo salvaje” –¡¡Sarkozy!! anunciando que había que refundarlo–, en España también los líderes políticos desplegaron los capotes para recibir a portagayola, con alegría, a este movimiento de indignados y darle más tarde un par de pases cambiados con la muleta, tras manifestar su alegría con el despertar del pueblo y asegurar de forma unánime: “¡Los indignados tiene razón! ¡Estamos de vuestro lado!”.

No les gustó la respuesta que encontraron cuando desde el movimiento de indignados les anunciaron que ellos no estaban del suyo, señalando a la clase política como parte del problema y no de la solución. Perdieron la gracia de esa clase política que demostraba su anquilosis ante la falta de reacción frente al drama social que se vivía, así como a la hora de atajar una corrupción que rebasaba las alcantarillas de la política para rezumar por los sumideros e invadir las calles de pestilencia y, entonces sí, tras constatar que era imposible la alianza con el enemigo, les calificaron de antisistema, les demonizaron, al tiempo que les invitaban a participar en las generosas instituciones que nos gobiernan desde el fin de la dictadura. A jugar con las mismas herramientas que ellos y no limitarse a criticar a los toros desde la barrera: les invitaron a saltar al ruedo de la política.

Así lo hicieron y entonces esa anquilosis, esa artrosis del Sistema se activó, pero no para solucionar los problemas de los ciudadanos sino para evitar que el cambio del modelo social que habían llevado a cabo con alevosía y sin contar con el beneplácito del pueblo, pudiera revertirse.

Este movimiento de indignados, convertido en fuerza política alternativa entró en el Congreso de los diputados, y desde el primer momento quedó manifiesto que aquello de que nadie les representaba era cierto. La mayoría de fuerzas políticas del hemiciclo, y con especial virulencia los dos partidos mayoritarios, aunque con diferente estilo, claro está, les mostraron un desprecio que superó las normas de la educación elemental y, sobre todo, pisotearon eso que tanto habían reclamado, el respeto a los representantes del pueblo que exigían cada vez que se les cuestionaba su condición de casta que vivía de espaldas a la realidad social. A Podemos, esa fuerza que se estrenaba, también la habían votado ciudadanos españoles para los que no se aplicó el principio de respeto que siempre han exigido los representantes del Congreso para sus votantes. Fueron tratados como chusma. Y sus votantes también, por extensión: solo chusma pudo llevar hasta allí a esa chusma. Mal olor, peligro de parasitosis pedicular, marginarlos con triquiñuelas de las Mesas del Congreso y Senado y sentarlos en la andanada fue su democrática, educada y peculiar forma de darles la bienvenida.

Mientras, la otra fuerza emergente, fue recibida de una forma mucho más civilizada, tal vez como consecuencia del poco peligro que representan para las estructuras del poderestablecido que, dicho sea de paso, no cuestionan los impolutos, aseados y bellos miembros de Ciudadanos.

Tras la última jugarreta, tras una votación pactada entre PP, PSOE y Ciudadanos para dejarles fuera de la Diputación Permanente del Congreso, comentaban con sorna la falta de picardía y estrategia parlamentaria de los advenedizos pardillos: “No saben dónde están”. Sí lo saben, por eso han ido. En fin, la esperanza de sus votantes es que no olviden “para qué están”.

Especial sorpresa causó en los días posteriores al 20-D la actitud de Pedro Sánchez, que tras prometer diálogo con todos, izquierda y derecha, mientras escribo este artículo el 14 de mayo, le escucho en la radio volver a decir lo mismo, a pesar de lo que hemos vivido en los últimos tiempos, convirtiéndose en aliado indisoluble y exclusivo de Albert Rivera, al que nombró único interlocutor válido para acceder a su persona. Los suyos, al parecer, lo entienden. Sus votantes, lo dudo.

Los ciudadanos que no se veían representados, por primera vez en muchos años, han tomado la iniciativa y se han plantado en el hemiciclo para decir allí lo que nadie escuchaba cuando lo hacían en la calle los profesores; los profesionales de la sanidad; las mujeres que vinieron desde todos los puntos de Europa a traer el manifiesto que elaboraron las Comadres de Gijón para protestar por la reforma de la ley del aborto; para exigir la dación en pago, esa de la que ya disfrutan los promotores inmobiliarios, para todos los ciudadanos; para pedir la reforma de la ley electoral que anula cientos de miles de votos que no encuentran representante y van a parar, por la cara, al candidato rival; para que se revise la situación del modelo de país; para exigir el derecho a decidir; para que nuestros jóvenes no tengan que emigrar al extranjero dejando a sus familias y sus estudios atráscomo en la España negra de la dictadura; para que no se suprima el derecho al voto de los que viven fuera; para que las grandes corporaciones paguen impuestos, escaqueo que representa la inmensa mayoría del fraude fiscal; para que dejen de existir los paraísos fiscales; para que se consulte a los ciudadanos cuando se vayan a hacer cambios políticos que empeoren sus condiciones de vida; para que no nos impongan el TTIP gestionado con desprecio a la democracia, en secreto e impidiendo que nuestros representantes, tratados como delincuentes cuando quieren verlo, lo estudien y nos informen; para que la deuda y el déficit puedan ser estudiados por agentes independientes que nos certifiquen su legitimidad; para que se puedan debatir en Bruselas unas condiciones dignas de la salida de esta situación económica; para acabar con esta política de recortes exclusivamente en lo social; para acabar con la impunidad de la clase que opera al servicio del Gran Capital; para prohibir las puertas giratorias; para abolir los sobornos a los diputados que promulgan leyes en lo que ahora llaman lobbismo; para evitar por ese mismo método la privatización del Estado… Para crear desde la voluntad popular una democracia real con gobernantes al servicio de los ciudadanos y no de aquellos que los esclavizan.

Así es: bienvenidos los ciudadanos al mundo de la política entendida como el arte de mejorar las condiciones para una mejor convivencia.

Esperanza Aguirre ha sido, como siempre, clara y dice que ha vuelto para evitar que gane Podemos. Y lo ha dicho donde se dicen las cosas importantes en este país: el programa de Bertín.

Están jodidos… y lo saben. Ya era hora.

Ha merecido la pena. Gracias a todos los que hicieron lo que había que hacer.

Por aquellos que no arrojan la toalla
, que piensan en términos de “nosotros”, no de “yo”, que no renuncian a la esperanza en un mundo mejor, grito una y mil veces: ¡viva el 15 M!

Manque pierda.

“La poesía se hace más necesaria que nunca cuando te lo ponen tan difícil”

26 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Nacho Vegas presenta su nuevo libro,  Reanudación de las hostilidades (ESPASAesPOESÍA), susurrando. De alguna forma, una compilación de poemas, pensamientos y relatos dividido en tres partes – Los términos del conflicto La contienda Capitulación– le ha quitado todo el grito de su música. Quizá porque hay un aire bélico y sus verdades son tan duras que ya no hace falta decirlas en alto.

Tampoco necesita ya  el megáfono final de  El hombre que casi conoció a Michi Panero. Su discurso lleva manchado el calcañar de barro de trinchera: habla del colectivo, del sistema, de derrotas, de la clase obrera ilusionada como sus compañeros y de los señores con traje como enemigos. Y sin embargo, en su segunda incursión en la literatura, Nacho Vegas ha vuelto al intimismo de quien ya lo ha visto todo y prefiere regresar a Xixón a descansar. Pero sin claudicar.

Porque a juzgar por sus palabras, no se da por vencido aunque pueda hacerse el muerto. Y así no corromperse y estar en la brecha todo el tiempo posible. O quizá está tirado en el fango para poder recargar la canana con nuevas canciones que pidan revolución. Y solo así volver al grito.

El libro está planteado como una guerra, como una batalla, ¿contra quién es esa contienda? ¿Contra el mundo o contra usted mismo?

Es una metáfora de la vida entendida como una batalla diaria en la que se suceden las victorias y las derrotas, donde hay que ser consciente de que ninguna victoria es definitiva pero también de que ninguna derrota lo es. Así se avanza, a base de resistir y combatir. Es una batalla contra uno mismo y con las cosas que sentimos opresoras. Toda relación de poder en donde somos la parte oprimida -también aquellas donde somos la parte opresora, que conviene que revisemos estos privilegios- son las que trato de poner sobre la mesa a la hora de escribir y enfrentarlas con los poemas.

¿Por qué se ha pasado de una editorial independiente a una gran compañía como ESPASAesPOESÍA?

No fue una decisión consciente. No pensé en ese momento que Espasa perteneciera al Grupo Planeta, fue algo más humano, la presión de mi editora.

¿No tiene miedo de corromperse? 

La corrupción que hay alrededor tiene que ver con una posición de poder que no ostento ni ganas que tengo, demasiado que ver con una élite que acumula riqueza y creo que yo formo parte de la gente de más abajo. No pienso que corra ese riesgo.

Hay un discurso que encierra una postura profundamente reaccionaria, la de esa gente que te dice que no puedes criticar la mala praxis de una multinacional o de una gran corporación como, por ejemplo, El Corte Inglés, porque fabrique su ropa en algunos países en condiciones de explotación laboral y si compras allí estás siendo cómplice. Si tiras de ese hilo, todos somos cómplices por tener un móvil y tienes que mirar cada paso que das. Ese discurso interesa mucho y quien lo sostiene es gente que acaba diciéndote que precisamente comprar en Zara te hace cómplice de la explotación laboral y ya no tienes derecho a cuestionar nada, por tanto cállate la boca y vamos a dejar que las cosas sigan como están.

Nacho Vegas

Es la gente que no cree que se puede cambiar. Creo que no debemos sentirnos culpables de los crímenes de otros simplemente por hacer algo cotidiano como comprarte una camiseta. Aunque por supuesto hay gente que toma esas decisiones, acciones que tienen que ver con tu vida privada, con los compromisos que tú estableces. Pero hay un sistema que te empuja a vivir de determinada manera y a participar de él. Una de las cosas del capitalismo es que crea unas relaciones comerciales en las que el mercado está presente en nuestras vidas de una manera de la que es imposible sustraerse.

Cuando te dedicas a publicar discos y dar conciertos, no sabes por qué unos artistas tienen más éxito que otros. Son caprichos del mercado que tienen que ver con cómo durante años la música popular y la poesía se difundían de una manera más horizontal y sin el mercado metiendo sus garras en ellas. Ahora cada vez el mercado está más omnipresente. Por eso la escritura da fe de aquellas cosas que se escapan un poco al capitalismo. Pero por eso también es posible combatirlo.

¿Pasando de lo individual a lo colectivo?

Sí, la escritura siempre tiene ese viaje. Lo importante a la hora de escribir poemas o relatos, en la escritura de todo tipo, algo más palpable quizá en la música, es tener una voz propia en la que esté representada nuestra individualidad que se proyecta a lo universal, que nos pone en común y que testimonian lo que nos necesitamos unos seres a otros. Una individualidad que hace gala de la individualidad, pero donde no está representado el individualismo.

¿Se siente entonces como un caballo de Troya dentro del sistema?

¿En plan trotskista? [Risas] Sí, la escritura es un acto de resistencia. Yo entiendo que cuando escribes tienes que ser muy permeable a la realidad. La cultura popular de un tiempo tiene que ver con los procesos sociales en esos momentos. Aunque no los combatan, los reflejan. Pero puedes hacer una resistencia más activa y que realmente sean armas poderosas porque parece que el sistema nos obliga a vidas excesivamente prosaicas y a veces la poesía se hace más necesaria que nunca cuando te lo ponen tan difícil.

Como en las hostilidades del título, donde casi se presagia un retorno: ¿ante qué es hostil o ante qué lo volvería a ser?

Las hostilidades son las que hacen mucho más difícil las cosas que deberían ser naturales, que la gente se quiera o se cuide, en un capitalismo salvaje como este. Nos obliga a competir. Veo gente que tiene trabajos tan alienantes que no se pueden permitir ni ponerse enfermos, te despiden, y tienes que seguir haciéndote daño para seguir formando parte del engranaje.

Antes no sucedía. Creíamos que habíamos ganado ciertos derechos laborales y al final han conseguido desmovilizar de tal manera a la clase trabajadora que nos convertimos todos en egoístas, en competidores, y eso afecta a nuestra vida privada y a nuestras relaciones afectivas. Y las pudre. Hostilidades que vienen dadas de un sistema que nos dice que somos seres autosuficientes. Y aprender a lidiar con esas hostilidades, vencerlas, ilusionarse con que puedan cambiar las cosas y desilusionarse porque pueden volver a reanudarse es de lo que trata el libro.

Nacho Vegas durante la entrevista | Foto: David Conde
Nacho Vegas durante la entrevista | Foto: David Conde

¿Se ha desengañado?

Sí. Es verdad que en estos últimos años muchos nos ilusionamos mucho, pero es que yo vengo de una juventud en Asturias donde vi de cerca muchas derrotas obreras y esta ilusión la tomaba con cierta distancia. Pero cuando te ilusionas te dejas llevar. No sabíamos que nos íbamos a desilusionar tan rápido. Veíamos el horizonte de cambio mucho más cercano y luego se fue alejando. Pero estos ciclos de ilusión/desilusión son necesarios y no conviene perder la fe. Aunque sí ha habido desencanto. Con una parte de la política, pero con una parte muy concreta que no es la única. En los últimos años, yo he encontrado espacios culturales, sociales y políticos en los que las cosas son muy diferentes a como eran hace diez años y eso me hace pensar que se va cambiando poco a poco.

¿Por eso ha pasado de ser más revolucionario en los últimos discos a un Nacho Vegas más íntimo en el libro?

En aquel momento, cuando hice el ciclo de disco desde  Cómo hacer crac hasta el último, las canciones estaban imbuidas por ese clima social que se creó después del 15M. Un posicionamiento político que a mí no me importó que formara parte de mi trabajo. Digamos que era el momento: estaba tan presente en las conversaciones de cualquier sitio…

Mucha gente que no había militado o no se había preocupado porque consideraban que la política era cosa de cuatro señores con traje y que no les apelaba y que no podían hacer nada por cambiarlo, de repente se dieron cuenta de que podían empoderarse y cambiar las cosas y eso de manera natural se coló en las canciones. Y desvió mi mirada más confesional a lo colectivo.

Uno escribe lo que vive. ¿Cómo escribe esta revolución o cómo la escribiría?

No ha sido una revolución realmente, solo ha sido una revuelta y un cambio de clima. Se tendrían que volver a revolver las cosas. Incluso cuando escribo de experiencias vitales, no escribo en caliente. No sabes lo que ocurre hasta que no tomas perspectiva. Las canciones forman parte de un momento, pero nunca son punta de lanza de nada. No sé cómo contaría esto, necesitaría perspectiva para ver qué es lo que está cambiando. Las cosas han pasado muy rápidas en los últimos cinco o seis años, pero a la vez, al hacer balance, te das cuenta de que no han cambiado tantas cosas como creías que podían cambiar. Y de hecho has visto cómo se repetían viejos errores. Y a veces eso te desazona.

¿Quizás porque la política actual sí que se hace más en caliente que con perspectiva?

Sí, probablemente una de las cosas que más factura le pasó a Podemos en concreto se enfrascó en una máquina de guerra electoral por unas elecciones que se le venían encima y esto hizo que cometieran ciertos errores de los que les está costando despojarse. Les faltó un poco de mirada larga. Aunque ahora es el momento para volver a recuperarse.

¿Cómo?

Supongo que quitando el foco en algo que parece que es lo único que importa hoy en día en política, que es la parte institucional de ella. Y si algo aprendimos en estos últimos años es que la democracia en la que vivíamos era tan deficitaria precisamente porque la habías consagrado a las instituciones y además se las habíamos entregado a la derecha. Y habíamos olvidado el poder popular.

No solamente los partidos que estaban en las instituciones lo habían olvidado, sino que las clases populares se habían desmovilizado y necesitaban volver a tomar consciencia y volver a ser una parte fundamental de la democracia. Y eso que está en la calle es lo que debería presionar a esta política más institucional que está teniendo sus luchas intestinas que a veces son puros  Juegos de Tronos y que realmente no hablan de los problemas de la gente.

Pero es que ves los titulares de los grandes periódicos y hablan de las primarias del PSOE y no de los desahucios que hubo la semana pasada. Hay una maquinaria muy fuerte en los grandes grupos editoriales que están al servicio del sistema y que siguen teniendo poder. A pesar de que hayan surgido alternativas en los últimos años en cuanto a medios de comunicación, no esperaba que se pusiera en marcha una maquinaria tan poderosa y que a veces lo arrollara todo de una manera tan salvaje.

Pero pongamos que alguien dice “sepulcral”

y nadie sabe hacer otra cosa que cerrar la boca

salvo tú, que gritas con alborozo

estropeándolo todo.

Voy a usar ciertas partes del libro para hablar de temas muy concretos:

La infancia ha muerto: no hay posibilidad de ser feliz.

La felicidad es algo que cuando lo sientes o cuando lo eres no eres consciente. Es lo que les pasa a los niños. A los niños que no están, claro, en situaciones de pobreza o de explotación o en una situación jodida. Una infancia normal. Los niños no han perdido la inocencia y ni siquiera son conscientes de que lo son. Conforme te haces adulto la felicidad cada vez se vuelve más difícil y te haces más consciente de lo que es la infelicidad. Pero en el libro intento rebatirlo.

Creo que [el suicidio] tiene más que ver con estar cansado, muy cansado, demasiado.

He tenido algunos casos muy cercanos y lo primero es preguntarte por qué lo ha hecho. El suicidio es uno de los grandes tabúes. Se habla mucho menos y es algo que de forma consciente se evita en los datos de causas de muerte. Igual que se habla de las muertes en accidentes de tráfico para concienciar, resulta que no sabemos nada sobre el suicidio. Como no sabemos enfrentarlo, se evita. Es un tema que incomoda.

Leí un artículo de Santiago Alba Rico que hablaba de una compañía privada de transportes de ferrocarril catalana que en su publicidad se jactaban de ser la compañía más puntual, con un 98,5% si no recuerdo mal. Resulta que el 1,5% que no eran puntuales se debía a los suicidios, a la gente que se tiraba a las vías y se perdía tiempo en llamar al juez que levantara el cadáver. Y el director de la compañía logró presionar a la Generalitat para que agilizaran los trámites y lo que se tardaba 40 minutos se hiciera en 10 ó 15, de forma que fueran más puntuales. Y él decía con todo el cinismo del mundo que “sus clientes eran los vivos, no los muertos”. Este es el desprecio hacia la vida y el suicidio, simplemente un estorbo en una vía del tren, y no algo que resulta de carencias afectivas y que debería hacernos pensar mucho más.

La poesía es un acto inútil.

Puede ser inútil, pero depende de lo que entiendas por inutilidad. La poesía no es útil en el sentido funcional de la palabra, tiene un porqué muy poderoso pero no escribes para algo, no sirve para algo. Hay una urgencia que te empuja a escribir poesía, pero porque tiene un valor: no es útil, es necesaria.

Así acaban todos, tarde o temprano, todos los amores: podridos.

Bueno, el amor es algo precisamente que requiere algo tan importante como el compromiso. En uno de sus ensayos, César Rendueles habla de que lo opuesto al egoísmo no es el altruismo, como normalmente se piensa, porque en el altruismo conseguimos un beneficio -sentirnos mejor, una conciencia más limpia-, sino el amor y dentro de este, el compromiso: aquello que haces porque tienes que hacerlo. Hay que hacer las cosas porque tengas que hacerlas, no porque obtengas un rédito personal. Y cuando te enamoras, no lo haces por nada. Te enamoras y lo percibes como lo más importante y te olvidas del dolor, porque el amor, como la poesía, también es algo inútil: tiene vida y como todo lo que tiene vida, acaba muriendo y pudriéndose.

Hemos sido derrotados, pero no del todo.

La derrota tiene que ver con una relación de poder desigual en la que pasan por encima de ti. Cuando realmente existe una revolución, la parte débil consigue plantar cara. Y quizá no salir victorioso, pero por lo menos resistir. El mundo se articula en base a demasiadas relaciones desiguales de poder: no solo políticas, también afectivas, como el patriarcado. Y para cambiar esos términos, solo queda empoderarse.

En el libro incluso llega a relatar una violación de la forma más abrupta posible. La revolución de la que hablábamos antes, ¿será feminista o no será?

Una de las cosas que ha traído buenas el 15M ha sido que el discurso feminista se colocara en el centro del discurso político de la izquierda. Hay una parte de la vieja izquierda que hablaba de que la verdadera emancipación era la de la lucha de clases y que el feminismo era una lucha secundaria. Pero hoy en día se ha puesto de manifiesto un patriarcado en el que las relaciones de poder no solo provocan desigualdades, sino crímenes todos los días. Si no se combate, no tiene sentido la revolución. La revolución no es solo contra el capitalismo, sino también contra el patriarcado. Las mujeres tienen, además, esa doble lucha. Los hombres, como mucho, podemos ser agentes dobles, pero siempre estamos en la parte privilegiada.

Lo que hay que tender es al igualitarismo, pero lo que pasa es que cuando estás en un sistema patriarcal y quienes están al mando son hombres que tienen esa cultura tan metida en los genes hay que meter cuotas como paso intermedio. No estoy en contra de las cuotas en ciertos aspectos, pero porque no me fío de ciertos señores blancos, de mediana edad y con un poder adquisitivo importante.

¿A la igualdad se llegará después del feminismo?

Sí, claro. Como hombres blancos estamos cargados de privilegios y hay que revisar estos privilegios. El igualitarismo llevará muchas luchas y una revolución donde no se pueden olvidar los derechos, que vivimos en un patriarcado y que las fronteras protegen privilegios, no naciones ni personas. Tenemos que derribarlas, pero costará. Las fronteras justifican las desigualdades, solo protegen privilegios.

Nacho Vegas presenta 'Reanudación de las hostilidades' | Foto: David Conde
Nacho Vegas presenta ‘Reanudación de las hostilidades’ | Foto: David Conde

Si Messi no paga impuestos, no se puede arreglar el colegio

25 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El Departamento de Educación ha acordado con las tres Haciendas vascas poner en marcha a partir del curso escolar 2017-2018 sesiones de “educación tributaria” en institutos públicos y concertados, inicialmente unos 150. El objetivo de la iniciativa, presentada este lunes en Vitoria por todas las instituciones participantes, es meridiano: que los alumnos de 16 años (4º de la ESO) no crean que el que no contribuye es más listo y pícaro que el resto, sino que logra que no se arreglen los colegios, que se resienta la calidad de los hospitales o que sea más difícil enviar a los abuelos a una residencia.

El programa no es nuevo, ya que lleva cuatro años llevándose a cabo “de manera muy positiva” en 30 centros de Gipuzkoa, con 1.000 jóvenes alcanzados. Su diputado de Hacienda, Jabier Larrañaga, ha explicado que se emplean casos “de actualidad” para mostrar a los estudiantes la importancia de cumplir aquello de que ‘Hacienda somos todos’. Un héroe juvenil como el futbolista del FC Barcelona Lionel Messi ha sido condenado a 21 meses de cárcel por fraude. Y su ‘alter ego’ en el Real Madrid, Cristiano Ronaldo, también tiene una investigación abierta por los mismos motivos. Y, si ellos no pagan, no habrá manera de tener servicios públicos para todos. “Que desde pequeños tengamos la cultura de pagar. Si lo interiorizamos bien, veremos el daño que hace el fraude”, ha señalado Larrañaga.

La consejera de Educación, Cristina Uriarte, ha explicado que la educación tributaria no va a ser una nueva asignatura ‘per se’. Se trata de una “unidad didáctica” a la que “voluntariamente” pueden sumarse los centros, que recibirán formación y materiales por parte de los ‘berritzegune’ (centros de innovación educativa) como ahora ocurre con los derechos humanos o el medioambiente. Serán los institutos, “desde su autonomía”, ha puntualizado Uriarte, los que decidan si se suman a la campaña y cómo lo hacen. No se han facilitado muchas concreciones, pero la consejera ha asegurado que se prevé que unos 150 centros puedan participar en el plan ya desde el próximo curso, aproximadamente la mitad de la red educativa vasca.

El diputado de Hacienda de Bizkaia, José María Iruarrizaga, ha confiado en que “en un par de años” el “100%” de los institutos se adhieran a la campaña. Ha recordado que el proyecto tiene “muy bajo coste”. En concreto, el programa apenas supondrá 190.000 euros, que se sufragarán a medias entre el Gobierno vasco y las diputaciones. Es el 0,0076% del presupuesto global de Educación, 2.500 millones, la cantidad que habitualmente se señala como la bolsa de fraude aproximada existente en el País Vasco (sin contar lo que se escapa de la caja de la Seguridad Social).

“Es una inversión que merece la pena abordar”, ha apuntado Iruarrizaga. “Queremos adelantarnos y trabajar en la prevención”, ha abundado el titular de Hacienda en Álava, José Luis Cimiano. “Muestra el compromiso contra el fraude de las instituciones vascas”, ha enfatizado el consejero de Hacienda, Pedro Azpiazu, que ha ejercido de maestro de ceremonias de la presentación, un plan que hoy será ratificado por las cuatro instituciones implicadas en sus respectivos consejos de Gobierno.

A los defraudadores también se les “enseña”

El catedrático de la Universidad del País Vasco Ignacio Zubiri, experto en la lucha contra el fraude fiscal y coautor del último estudio sobre el fenómeno en Euskadi, sostiene que es importante explicar que “el que paga no es el extraño, sino el normal” lo mismo que alguien ha “enseñado” a los defraudadores los resquicios de un sistema en el que “nadie defrauda solo”. Sin embargo, sostiene que la iniciativa tiene que formar parte de un “paquete” más amplio que muestre a los ciudadanos el compromiso de la Administración contra la picaresca (en Bizkaia estalló el ‘caso Ibarra’ y en Gipuzkoa el ‘caso Bravo’, en los que se perdonaba a determinados contribuyentes) y que las políticas de gasto sirven para cubrir las necesidades ciudadanas.

“El ciudadano tiene la sensación de que los que defraudan salen de rositas, por ejemplo. Y en otros países hay información continua sobre la lucha contra el fraude”, indica Zubiri. El experto señala que su propuesta de crear un Observatorio especializado siguen vigente, ya que “el fraude está repuntando con la salida de la crisis”.

Que el mundo se pare, que hay que esperar al PSOE

24 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La perversión del lenguaje se refina hasta límites demasiados similares a algunas páginas de  1984. Las esferas del poder multiplican sus escenificaciones. Cada vez más lo que dicen es lo opuesto a lo que hacen. Llaman responsabilidad a mantener silencio ante la corrupción y acusan de desorden a quienes exigen cambios.

Dicho en palabras de Rajoy, es “con el Gobierno del PP cuando se actúa contra la corrupción”. La “estabilidad” es que el PSOE siga manteniendo al PP en el Gobierno, y que de una forma u otra, le facilite sacar adelante sus presupuestos. Así lo han expresado diversos integrantes del PP y plumas periodísticas afines. La paz es la guerra y el odio es el amor. Incluso la tabacalera más grande del mundo, Philip Morris, afirma que quiere “un mundo libre de humos”.

Las elites intentan comprar tiempo, con la esperanza de que mientras tanto, las fuerzas políticas y sociales que buscan un cambio decaigan, pierdan fuelle, se cansen, sean derrotadas. En su empeño por mantener la continuidad de sus planes está dispuesta a teatros, mentiras, manipulación del lenguaje, autoritarismos, recortes de libertades e incluso a guerras mayores, en función de cómo se desarrollen los acontecimientos.

En España buscan ganar tiempo de muchas formas. La última de ellas consiste en estigmatizar la moción de censura presentada por Unidos Podemos. Las voces del establishment piden que se retire; dicen que hay que esperar a que el PSOE -que lleva año y medio largo decidiendo qué quiere ser- esté preparado. Que ahora no es el momento. Que hay que darle tiempo.

Dentro de esa estrategia se está difundiendo la idea de que Unidos Podemos y las confluencias no ofrecieron presentar la moción de censura conjuntamente con el PSOE. Se está tapando la oferta que dichas formaciones presentaron tanto antes de las primarias como después. Solo horas después de que Pedro Sánchez ganara la interna tanto Pablo Echenique como Alberto Garzón dijeron que si Sánchez tiene intención de presentar una moción de censura, ellos retirarán la suya. Lo han vuelto a reiterar a lo largo de la semana diversos representantes de Unidos Podemos y las confluencias.

Pero las espadas están afiladas: en este mundo del revés esperar es responsabilidad, intentar poner fin cuanto antes a la corrupción institucionalizada es desorden. No hacer nada es sentido común. Hay incluso quienes dicen que esperar a que se pueda ganar es lo serio. Como si los avances, al igual que el arte o el aprendizaje, no precisaran de movimiento. Si nada se intenta, nada se logra.

Mientras se debate de estas cuestiones, Bárcenas y el PP mantienen su pacto de silencio para protegerse y no destruirse. Una jueza apartada de los juicios de Gürtel por su proximidad al Partido Popular ha alcanzado la presidencia de la Sala de lo Penal la Audiencia Nacional. El sistema judicial está profundamente intervenido. Un diputado socio del PSOE en Canarias se muestra firme para apoyar los presupuestos generales del PP. Es el voto que le falta a Rajoy para que sus presupuestos prosperen.

Pero una moción de censura puede esperar. La lucha contra la precariedad y el combate a la corrupción no son algo urgente. La protesta contra las políticas injustas es una irresponsabilidad. Quienes no se definen y se aferran a la ambigüedad sí son “ presidenciables“. Adoptar posiciones éticas no sirve para nada, no marca agenda, no subraya la gravedad del momento. Al fin y al cabo, ¿qué es la ética?

Que el mundo se pare, que el PSOE sigue sin saber qué quiere ser, y mientras lo decide que nadie más actúe. Algo magnífico para seguir ganando tiempo y que el guión pueda completarse.

¿Quién teme a la competencia y quién vive del Estado?

23 junio, 2017

Fuente: http://www.juantorreslopez.es

Uno de los mitos económicos que con mayor éxito se han difundido siempre es el que vincula la mayor competencia con los intereses de las empresas y su defensa con la práctica de las derechas, mientras que a los trabajadores y a sus representantes, sindicatos o partidos de izquierdas, se les achaca el querer siempre vivir a expensas del Estado y de las rentas que generan los demás.

Parece mentira que después de tantos años de poder comprobar cómo funcionan en realidad las economías capitalistas se pueda decir algo así, pero lo cierto es que se dice a diario y con un extraordinario efecto de convicción.

Parece mentira porque lo cierto es que las grandes empresas no sólo no desean la competencia, que es el principal motor de los mercados eficientes, sino que son, por regla general, la primera causa de que desaparezca. No creo que se pudiera encontrar en todo el planeta una sola gran empresa que se precie y que no tenga un departamento orientado precisamente a combatir la competencia y, más concretamente, a tratar de influir de cualquier modo para que los gobiernos legislen de la manera que les sea más conveniente, concediéndole privilegios y más poder de mercado. Se podrían contar por miles las normas legales, desde las leyes más generales a las directrices más concretas, que han salido directamente de alguno de esos departamentos sin que en los parlamentos se haya podido modificar una coma en beneficio colectivo. Quien ha tenido alguna experiencia legislativa o de gestión lo sabe perfectamente.

La colusión y los acuerdos para acabar con la competencia son la regla precisamente porque ésta es el mayor enemigo de las empresas que solo buscan ganar cada vez más dinero, puesto que allí donde hay más competencia los precios son más bajos y no se disfruta de beneficios extraordinarios. Por eso, las absorciones, las fusiones, los cárteles, los holdings… las diferentes formas de concentración y centralización del capital han sido siempre el hilo conductor del capitalismo y no hay un sector económico consolidado en donde la lógica imperante no sea la de cada vez menos empresas dominando el mercado. Mercado sí, pero sin competencia y bien protegido por las normas que el Estado promulgue al dictado de la gran empresa o de la banca.

El gran Adam Smith se dio cuenta muy pronto de ello y lo expresó con palabras tan sabias como bellas: “Rara vez se verán juntarse los de la misma profesión u oficio, aunque sea con motivo de diversión o de otro accidente extraordinario, que no concluyan sus juntas y sus conversaciones en alguna combinación o concierto contra el beneficio común, conviniéndose en levantar los precios de sus artefactos o mercaderías”.

La competencia suele ser el caldo de cultivo de las innovaciones, del progreso y del lucro, pero la paradoja es que su efecto benéfico desaparece en la misma medida en que el afán de lucro creciente se impone y la destruye. Las empresas y bancos que quieren ser cada día más grandes y aumentar sin descanso sus cifras de resultados saben que es verdad lo que se ponía en boca del Nobel de Economía John Nash en la película Una mente maravillosa: “la competencia siempre produce perdedores”. Por eso no la desean y luchan diariamente por acabar con ella.

A pesar de ello, como decía, el relato dominante es que las empresas y las derechas que defienden sus intereses buscan generalizar la competencia en los mercados mientras que los trabajadores solo quieren vivir de los demás.

Muchos datos reflejan que tampoco esto último es cierto, ni lo es ahora ni lo ha sido a lo largo de la historia.

En mi libro Economía para no dejarse engañar por los economistas menciono, por ejemplo, los resultados de diversas investigaciones realizadas por Anwar Shaikh y Ahmet Tonak que demuestran para Estados Unidos que quienes se “benefician” del Estado de Bienestar (que los liberales consideran como el mayor de los expolios) contribuyen a financiarlo a través de impuestos con cantidades mayores de las que suponen los beneficios que reciben. Y a conclusiones parecidas se ha llegado en otros países. Como en España, donde sabemos que las transferencias monetarias del Estado benefician en mayor medida a los grupos de mayor renta. Por no hablar de las ayudas estatales directas o indirectas de todo tipo que viene recibiendo los bancos y grandes oligopolios o, más sencillamente, las decisiones de gasto que toman los gobiernos sin otro sentido que proporcionarles negocio tras negocio. ¿Qué gran empresa, qué banco, qué gran fortuna existiría como tal en España sin la ayuda del Estado? Posiblemente sobrarían dedos de las manos para poder contarlas.

Afirmar que las clases trabajadoras son los grupos sociales parasitarios que viven de los demás no es solo un mito sin fundamento sino una contradicción en su propio término porque es materialmente imposible que se pueda crear cualquier tipo de riqueza sin el trabajo y lo cierto es que los propietarios del trabajo solo reciben una pequeña parte del valor total que generan con su colaboración de todo tipo en la producción.

Son las grandes empresas, los bancos y las grandes fortunas que se generan en su entorno quienes han asaltado los Estados y conquistado el poder que les permite vivir de rentas y no de la innovación y el riesgo, protegerse con normas y leyes que ellos mismos escriben y apropiarse de la riqueza de otros, limpiamente unas veces y corruptamente las más, como desgraciadamente estamos viendo día a día en nuestro país.

Dicho esto, no puede negarse, sin embargo, que si el mito se ha difundido hasta la saciedad es en cierta medida porque buena parte de las izquierdas y de la representación de las clases trabajadoras han tenido históricamente una evidente confusión sobre la realidad que hay detrás del capitalismo. Lo han vinculado equivocadamente con el mercado y no han sabido apreciar que, aunque parezca una paradoja, la competencia y la eficacia en la generación de riqueza son y deben ser perfectamente compatibles con la solidaridad, con el bienestar colectivo e incluso con la cooperación. Y han creído con demasiada frecuencia que los ingresos y la riqueza son una especie de don o que el progreso y lo revolucionario consiste en creer que todo es gratis.

“La tauromaquia es un moribundo al que mantienen vivo con subvenciones”

22 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El Roto publica junto a Manuel Vicent AntiTauromaquia, conjunto de textos e ilustraciones antitaurinas que desmontan todos los tópicos de los defensores de las corridas de toros.

“Que hayan bajado el IVA a los toros al 10%, mientras el cine lo mantienen al 21%, es un escándalo mayúsculo”.

“Si lo quieren llamar cultura, son libres de llamarlo como quieran, pero objetivamente lo que hay ahí es la tortura del animal”.

Vanesa Rodríguez

Las mulillas arrastran al desolladero un cuerpo al terminar la faena. Es el fin del espectáculo, de la ‘fiesta nacional’. El público aplaude enfervorecido en los tendidos. Agitan sus pañuelos blancos pidiendo al presidente los trofeos del animal. Una oreja. La otra. ¡El rabo! Pero en esta ocasión no vemos un toro ensangrentado, con la lengua fuera, rebozado por el albero al son de los cascabeles. El arrastrado es el torero. Porque esta no es la imagen de una tauromaquia al uso: esta es la de El Roto.

Andrés Rábago (Madrid, 1947) ilustra la recopilación de columnas antitaurinas que su compañero Manuel Vicent ha escrito durante 20 años al calor de eventos como la Feria de San Isidro. Textos críticos y directos que no se andan con ambages, empezando con un lema que grita en la primera página: “Si el toreo es cultura, el canibalismo es gastronomía”.

Rábago, más conocido como El Roto, salpica las páginas de AntiTauromaquia (Random House) con 36 ilustraciones como 36 banderillas, dirigidas a clavarse en la conciencia de aquellos que todavía defienden ese espectáculo.

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Ilustración de El Roto para ‘AntiTauromaquia’

El resultado es, como define Vicent en el prólogo, “un panfleto” contra la crueldad en el que las “terribles y misteriosas imágenes de El Roto no dan ninguna escapatoria”.

La serie vuelve del revés el toreo, pinta las reflexiones del animal y, sobre todo, lo hace visible. Porque, según explica El Roto en conversación con eldiario.es, en la plaza no se le ve. “Nadie ve al toro. Si lo viesen, serían incapaces de estar allí. Saltarían al ruedo a detener al torero, gritando: “¡Pero qué está haciendo! ¡Está usted loco! ¡Pero si no le ha hecho nada!”, enfatiza el dibujante.

Un animal invisible que es torturado sin tregua en un cruel juego de espejos en el que el público se ve reflejado en el matador. “El toro es un comparsa”, añade, “los espectadores solo ven al torero porque, en el ruedo, se ven a sí mismos y se figuran allí delante”.

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Ilustración de El Roto para ‘AntiTauromaquia’


Para abordar la labor de ilustrar esta AntiTauromaquia, El Roto se documentó buscando información gráfica, centrándose en la etapa en la que se produjo la transición previa al boom de las corridas con la explosión del turismo en los años 60. “Busqué en las revistas, como El Ruedo, que es muy interesante desde el punto de vista sociológico. Y a partir de ahí fueron surgiendo algunas ideas”.

En la serie, que “prácticamente podrían ser carteles o estampas populares”, se reflejan las distintas fases de las corridas de toros, desde las dehesas hasta el matadero. En ocasiones, los toros hablan.

“No creo que los toros piensen lo que dibujo”, cuenta el ilustrador sobre los aforismos que introduce a veces en sus estampas. “Nosotros somos incapaces de conocer al animal por dentro, pero podemos, sin más, como seres vivos, imaginar lo que eso les puede suponer”, expresa.

En la imaginación de El Roto, los toros intentan dialogar con el matador, llueven libros en lugar de almohadillas en el ruedo, el capote se transforma en un lienzo y el estoque en un pincel. Toreros que salen a hombros de indigentes después de haber bordado una faena matando moscas. Toreros que sonríen pese a haber sido corneados, de tan valientes que son.

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Ilustración de El Roto para ‘AntiTauromaquia’


En ocasiones, un dibujo mudo lo dice todo. En otras, basta una frase o un título. Y luego están las ilustraciones que transmiten algo diferente cada vez que se pasa por ellas.

“Muchas imágenes tienen un contenido casi metafórico y no se pueden traducir directamente a palabras porque entonces serían literatura”, explica El Roto sobre sus creaciones más crípticas. “Es algo que te produce sensaciones y esa es la función de una buena imagen, despertar algo en ti: emociones, sensaciones, estados de ánimo”, añade.

“Escándalo mayúsculo”

A veces, transmiten rabia. Porque los que tienen en su mano acabar con este espectáculo reman en la dirección contraria.

“Tenemos que cambiar de Gobierno”, clama tajantemente el dibujante ante el hecho de que se sigan dando subvenciones a la tauromaquia y además sin transparencia, “en un territorio poco claro”. Arremete también contra la bajada del IVA a las corridas de toros: “Lo han bajado a un 10% mientras que al cine lo mantienen al 21%. Es un escándalo mayúsculo”.

En sus viñetas antitaurinas hay banqueros, curas y hasta un Franco torero. Ante esa parte de la autodenominada modernidad, que reivindica ahora las corridas de toros, y en ocasiones desde la izquierda, El Roto aplica la misma vara de medir que “a la derecha cavernícola y rancia”, ya que se sitúan “en el mismo lugar que los otros”.

Aun así, ve mayoritariamente que surgen “movimientos a favor de un mejor trato a los seres vivos, a los que necesariamente deberíamos considerar como hermanos menores” y lamenta que pueda “haber una pequeña partida de gente” que hoy en día abogue por lo contrario.

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Ilustración de El Roto para ‘AntiTauromaquia’

Los argumentos de los taurinos son para El Roto “adornos” y una manera de “lavar la imagen de lo que, en algún lugar de ellos mismos, claramente les avergüenza”.

Para el pintor, no cabe ninguna duda de que no hay un ápice de cultura en las corridas de toros. “Lo que objetivamente ocurre es que un animal sale a un ruedo, intenta huir y es sometido hasta su muerte, eso es lo que hay”, denuncia. “Si lo quieren llamar cultura, son libres de llamarlo como quieran, pero objetivamente lo que hay ahí es la tortura del animal”, apostilla.

Manuel Vicent critica en AntiTauromaquia que los toros sigan ocupando espacio en las páginas del diario en el que escribe y pide no darle cobertura para que “el lector sensible no tenga que pasar por la humillación de contemplar”, en la sección de Cultura de El País, “esa morcilla acribillada y sangrante que un día fue un bello animal”.

El Roto también considera inadecuado que se dedique espacio a los toros en Cultura, o “que simplemente, se le dedique una página a algo así”. Y destaca que para él las lecturas de esas crónicas “reflejan la decadencia y la miseria del espectáculo”.

“Solo con leerlo te das cuenta de que es algo muerto. Lo que se llama ‘la fiesta’ está en una clara decadencia, es un moribundo que se mantiene vivo artificialmente a través de subvenciones”, señala.

Lamenta El Roto que por este motivo “todavía falte algún tiempo” para que podamos ver el fin de este muerto viviente que son las corridas de toros, “una decadencia penosa con la que habrá que acabar en algún momento”. Tal vez sea solo cuestión de darle la puntilla.

No todos los economistas predicen mal

21 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Los economistas tenemos mala fama por muchas cosas pero principalmente por lo poco que acertamos en nuestras predicciones.

La crítica parece que tiene fundamento si nos atenemos a lo que ocurre con las más conocidas, las que suelen difundirse con privilegio en los medios y las que hacen los economistas más afamados. La verdad es que los fallos de predicción sobre circunstancias tan importantes como una gigantesca crisis económica mundial son tan evidentes que resulta fácil pensar que no hay otra profesión tan propensa al error como la de los economistas.

Incluso cuando la crisis estaba ya enseñando sus pezuñas por debajo de las puertas, los expertos de los grandes organismos económicos internacionales, de los gobiernos y los que entonces asesoraban a los grandes partidos políticos, afirmaban con toda seguridad que la economía iba viento en popa.

En su Informe Anual de 2006, los economistas del Banco de España (los mismos que se presentan siempre a la gente como los únicos que saben lo que hay que hacer para arreglar nuestros problemas) decían muy seguros en 2007 que proseguía “la fase de expansión de la economía española” y las perspectivas apuntaban “a su continuidad en el horizonte más inmediato”. En su opinión, solo cabía esperar “algunas incertidumbres sobre la continuidad del crecimiento de la economía”, pero “en horizontes más alejados”. Y en el que elaboraron a mediados de 2008 decían que lo ocurrido en 2007 era solamente un “episodio de inestabilidad financiera”. Los economistas que hacían las predicciones de la OCDE escribían en el informe de Perspectivas Económicas de septiembre de 2007 cuyo “pronóstico central” [sobre la situación económica venidera] seguía siendo “bastante benigno”. Y los que se creen los más grandes entre los grandes oráculos de la economía dominante, los economistas del Fondo Monetario Internacional, decían a mediados de 2007 que no había “razones para preocuparse por la economía mundial”. Su subdirector gerente hablaba en ese momento de “la favorable situación económica mundial” y el ínclito Rodrigo Rato, que por entonces combinaba sus negocios corruptos con la máxima jefatura del FMI, aseguraba que la economía mundial mantendría “su buena marcha”. A nadie pudo extrañar entonces que los economistas que asesoraron al Partido Popular y al PSOE para elaborar sus respectivos programas electorales asegurasen en ellos que en la legislatura 2008-2012 se alcanzaría en España el pleno empleo. Auténticas luminarias todos ellos.

Recurrentemente, desde finales de los años ochenta se vienen presentando informes sobre los escenarios futuros de nuestro sistema de pensiones públicas. Diversos economistas los elaboraban con cálculos sofisticados que les permitían predecir que en los años venideros, 1995, 2000, 2005, 2010… nuestra Seguridad Social entraría en déficit. Ninguno de ellos acertó en alguna ocasión. Se equivocaron siempre en sus predicciones.

Los economistas que trabajaban en las grandes agencias de calificación para evaluar los productos financieros que difundían los bancos también se equivocaron radicalmente en sus valoraciones y predicciones. Algunos estudios posteriores han demostrado con sus propios datos internos que el riesgo de que se produjeran insolvencias en sus cálculos resultó 230 veces más bajo que el real.

Se podrían poner docenas de ejemplos más de este tipo de fallos clamorosos de predicción, pero no vale la pena torturarse. Lo cierto es que se producen y que la gente asume que los economistas no aciertan nunca. Pero no es cierto que eso le ocurra a los economistas en general.

La idea de que los economistas no aciertan a predecir ni el pasado solo se puede mantener si se contempla la opinión más divulgada, las predicciones de los economistas vinculados a los grandes centros del poder y a una sola parte de la profesión. Basta con abrirse a otros ámbitos de la investigación económica para comprobar que muchos economistas sí que predicen con acierto. Como también es fácil descubrir que hay unas claras pautas de análisis, hipótesis de partida que son las que llevan a equivocarse mientras que a partir de otras diferentes se descubre con acierto lo que puede ir ocurriendo en el futuro.

La clave del asunto radica en que los que más se equivocan son casualmente los economistas que defienden las políticas dominantes, los vinculados a los grandes centros del poder o los que escriben financiados por todos ellos y quienes parten de las hipótesis analíticas más ortodoxas. Puede parecer un prejuicio, pero creo que es la verdad. Como detallo en mi libro Economía para no dejarse engañar por los economistas, cuando se repasan los organismos que peores predicciones han hecho sobre la evolución del PIB español en los últimos años, por ejemplo, los que aparecen son el Banco de España, el FMI, la OCDE, el gobierno de España, la Comisión Europea, el Consejo Superior de Cámaras de Comercio o el Banco Santander. Es decir, los grandes centros del poder económico y financiero. Y si se repasa la lista de los economistas que han hecho predicciones sobre el futuro de la seguridad social, es fácil comprobar que quienes se han equivocado más son casualmente los autores de informes financiados por entidades financieras.

Es verdad que las causas de los errores de predicción de los economistas no son solamente el irrealismo de sus postulados analíticos o la dependencia del poder. Influye también la dificultad intrínseca que tienen los hechos económicos para ser analizados debido a su naturaleza compleja y a lo complicado que resulta medir las variables a partir de las que se pueden analizar (Samuel Williamson ha descubierto que la pregunta sobre cuánto creció el PIB del Reino Unido en 1959 ha tenido 18 diferentes respuestas por parte de diversas oficinas estadísticas y diferentes investigadores). Como también influye la prepotencia de la profesión, que rechaza más que ninguna otra, según indican las encuestas, el contacto con otras ciencias o la diversidad de planteamientos teóricos.

Pero, en todo caso, basta con ir a las bibliotecas para comprobar que todos los economistas no se equivocan a la hora de analizar la realidad o de hacer predicciones.

El caso de la crisis reciente es otra vez paradigmático. ¡Cuántas veces se ha dicho que nadie pudo preverla! Tantas, que la gente ha terminado por creerlo y por pensar que los economistas somos todos un desastre. Sin embargo, Dirk Bezemer analizó la producción científica de un buen número de ellos tratando de averiguar si era cierto que ninguno había anticipado la crisis financiera de las hipotecas basura y sus consecuencias inmediatas. Encontró que al menos doce habían publicado trabajos o artículos con una predicción concreta y certera y con alguna referencia temporal sobre lo que iba a ocurrir a partir de sus propios análisis de la situación económica y financiera. Y lo interesante es que su análisis de esos aciertos muestra que se producen desde posiciones teóricas o ideológicas dispares pero que coinciden en hipótesis esenciales que no asumen otros economistas sobre las finanzas y la deuda y en realizar sus investigaciones con independencia de los grandes grupos de interés. Hay economistas que aciertan. Los que son independientes y no se aferran a su exclusivo saber sino que recurren al de los demás y están dispuestos a dudar de sus propios postulados. Para descubrirlos solo es necesario ir un poco más allá de donde nos quieren hacer creer que acaban las fronteras del saber que no es sino allí donde se ponga algo en cuestión el orden establecido.

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Aquí puedes leer el anterior artículo de Juan Torres de la serie Desvelando mentiras, mitos y medias verdades económicas: ¿Quién teme a la competencia y quién vive del Estado?