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Seis razones científicas por las que viajar es bueno para la salud

31 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

¿A quién no le gusta viajar? En 2016, los residentes en España realizaron 182 millones de viajes, el 8,6% al extranjero, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Comprar billetes, hacer las maletas, planificar recorridos y luego lanzarse a la aventura son actividades del agrado de casi todo el mundo. Y, a diferencia de tantas otras cosas que proporcionan placer, viajar no solo carece de contraindicaciones, sino que tiene muchos y variados beneficios para la salud. Así lo han comprobado diversos estudios científicos, tal como se resume a continuación.

1. Menos estrés y mayor bienestar emocional

La reducción del estrés parece el más evidente de los beneficios de viajar. Aunque sea una salida breve y a un destino no muy lejano, dejar atrás la rutina y el ritmo frenético de la vida en la ciudad permite desconectar, dejar atrás las angustias y disfrutar del presente. Pero atención: la actitud es importante, porque también existe el llamado “estrés vacacional”, un estado de tensión ocasionado por los preparativos del viaje, las inseguridades y dificultades que este pueda deparar, la sensación de que el tiempo no será suficiente para hacer en el destino todo “lo que hay que hacer”, etc.

Así, la medicina puede ser peor que la enfermedad. Muchos estudios refrendan estos datos, como uno realizado por investigadores de Arizona, Estados Unidos, según cuyas conclusiones las mujeres que se toman más vacaciones son menos proclives a estar tensas, cansadas o deprimidas e incluso están más satisfechas en su matrimonio. Es decir, tienen mayor calidad de vida.

2. El cerebro, agradecido

Hasta hace tiempo se creía que el cerebro, a partir de la edad adulta, ya no se modificaba. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que no es así: las neuronas pueden crear nuevas conexiones, e incluso se pueden formar nuevas neuronas, a lo largo de toda la vida. “Para ello es clave entrenar y estimular nuestro cerebro”, ha explicado José Manuel Moltó, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología (SEN), “y hay tres elementos claves para hacerlo: enfrentar nuestro cerebro a la novedad, la variedad y el desafío. Viajar cumple con los tres”.

Situaciones tan simples como la necesidad de adaptarse a nuevas sensaciones, paisajes, sonidos, aromas, etc., hacer un mapa mental del lugar en que uno está o tener que comunicarse en otro idioma estimulan el cerebro y lo vuelven más plástico y más creativo. “Viajar requiere, principalmente, aprender y memorizar todo lo extraño hasta que todo resulte normal y conocido. Esto es un desafío para tu cerebro y es como un entrenamiento acelerado”, añade Moltó. La SEN especifica que estos beneficios alcanzan incluso a personas que ya presentan una enfermedad neurológica.

Imagen: Max Pixel
Imagen: Max Pixel

3. Un corazón más fuerte y sano

Un estudio realizado en Estados Unidos determinó que viajar reduce el riesgo de padecer infarto de miocardio, sobre todo para las personas mayores. Las estadísticas indican que en los hombres que viajan con frecuencia las probabilidades de sufrir un ataque al corazón son un 21% más bajas. “Las vacaciones pueden ser buenas para su salud”, recomiendan las conclusiones de este trabajo.

Por su parte, una investigación efectuada por científicos de la Universidad de Jyväskylän, Finlandia, también halló una relación entre la movilidad corporal, originada por la “actividad social colectiva” que se da en los viajes, y un menor riesgo de mortalidad. Si bien los trabajos en este sentido se refieren en general a personas mayores, es claro que la actividad física derivada de los viajes es beneficiosa para cualquier persona, sobre todo para aquellas que llevan una rutina cotidiana muy sedentaria.

4. Autoestima sólida

Todo viaje representa una suma de desafíos: desplazarse, habituarse a un sitio desconocido, relacionarse con su gente. Y cuanto más lejano es el destino, mayor el reto, ya que implica entrar en contacto con costumbres exóticas, idiomas desconocidos e, inevitablemente, problemas de diversa índole. Buscar los recursos para resolverlos y poder salir adelante potencia la autoestima como pocas otras cosas pueden hacerlo.

El viaje, además, es una fuente de futuros recuerdos y anécdotas que contar, por no hablar de las posibilidades que brindan en este sentido las redes sociales. Como escribió George Eliot, seudónimo de la escritora británica del siglo XIX Mary Anne Evans, “nuestras andanzas viajan con nosotros desde lejos, y lo que hemos sido nos hace lo que somos”. Todo esto también contribuye con reforzar la confianza en uno mismo.

Imagen: Max Pixel
Imagen: Max Pixel

5. Mayor amplitud para afrontar los problemas

En su libro Go Away Just For The Health of It (algo así como “Vete lejos solo por lo saludable que es”), publicado en el año 2000, el prestigioso médico canadiense Mel Borins escribió: “Irse lejos contribuye a alejarse de las partes estresantes de la vida. Puede ayudar a mejorar tus perspectivas, a brindar nuevos puntos de vistay permite desarrollar nuevas estrategias de para afrontar los problemas”.

De eso se trata: cuando uno conoce otras realidades, toma distancia de su propia vida y puede ver los propios problemas en su verdadera dimensión. A menudo, después de un viaje muchas personas valoran mucho más lo que tienen y dejan de quejarse (o lo hacen menos) por lo que les falta, lo cual les conduce, también, a un mayor bienestar emocional. Y además, para citar a otro clásico del XIX, Gustave Flaubert: “viajar te hace modesto, porque te hace ver el pequeño lugar que ocupas en el mundo”.

6. Viajar te hace feliz

El psicólogo Thomas Gilovich, catedrático de la Universidad de Cornell, Estados Unidos, tiene desde hace años un objeto de estudio: la felicidad. A partir de sus estudios, ha llegado a un conclusión que, de todas formas, mucha gente sabe o intuye: viajar proporciona mayor felicidad que comprar cosas. La razón consiste en que los recuerdos almacenados, la suma de las experiencias, brindan un placer y un bienestar de largo plazo, mucho más tiempo de lo que dura la satisfacción que se siente al comprar algo.

Más aún, no solo el viaje se disfruta más que los bienes materiales, sino que la anticipación de las experiencias que se han de vivir durante el viaje genera una sensación de felicidad mayor que la anticipación de comprar objetos. En palabras de Gilovich, las experiencias mejoran las relaciones sociales, se valoran más en sí mismas y menos en comparación con las de otras personas, y forman parte de la propia identidad de quien las vive.

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Rosa Luxemburgo, el águila de la izquierda que callaron con una bala

30 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“Socialismo o barbarie”. Aunque los considerase antagónicos, en la vida de Rosa Luxemburgo (1871-1919) ambos conceptos fueron de la mano. Ella soñó con la revolución hasta que los freikorps le volaron la cabeza y lanzaron su cuerpo por el Canal Landwehr de Berlín. Luxemburgo nació en la Polonia rusa cuando aún se escuchaban los ecos de la Comuna de París y fue asesinada 48 años más tarde por proclamar la lucha obrera, el sufragio universal y una alternativa al “parásito” sistema capitalista.

Su figura ha estado unida cien años al imaginario de la revolución, pero aún hay mucha gente que desconoce la audacia de esta mujer excepcional. El libro La rosa roja se ha propuesto recuperar a la Rosa teórica, socialista y anticapitalista, pero también a la que amó a escondidas, la que sufrió violencia machista y la que, con sus contradicciones, quería libres a las mujeres de cualquier clase social.

Portada Rosa Luxemburgo

La ilustradora y activista británica Kate Evans publicó su novela gráfica en 2015 con Verso Books y dos años más tarde llega en castellano gracias a la editorial argentina Ediciones IPS-Pan y Rosas. También lanzaron un crowdfunding para publicarlo en España y superaron el objetivo inicial en menos de una semana.

Sus viñetas conjugan el humor con un análisis exhaustivo de la obra de Rosa Luxemburgo, sus artículos en prensa o la correspondencia personal que no se había traducido a nuestro idioma hasta ahora.

Tanto en unos textos como en otros, la protagonista muestra una inteligencia crítica que puso en jaque a los dirigentes del partido socialdemócrata alemán e incluso ciertas teorías de Marx, que desmontó en su libro La acumulación del capital (1913).

A pesar del estilo caricaturesco de los dibujos, el espíritu de Rosa Luxemburgo se conserva intacto gracias a las citas textuales. Ese es el gran acierto de la novela de Kate Evans: acercar una figura compleja y controvertida sin perder el peso didáctico de sus intervenciones públicas y de sus inspiradoras clases de economía marxista.

“Aunque es recordada como una mártir, ella es mucho más que eso, porque cada momento que vivió, lo hizo al máximo”, recuerda su última biógrafa. Que este nuevo homenaje sirva para recuperar las lecciones de uno de los personajes más combativos y brillantes de nuestra historia.

La socialista más joven

En casa de los Luxemburgo, a las mujeres se les reservaba la tarea de apretarse los corsés para reducir la cintura y de cuidar su hermosa melena larga para atraer a un hombre rico. Rosa, la hija más pequeña, pronto defendió que el valor de una mujer estaba en su intelecto, no en los centímetros de su cadera. Aunque se crió en un hogar profundamente judío, se deshizo también de la fe religiosa en cuanto descubrió al filósofo que le cambiaría la vida.

“Marx dijo que los dioses son producto de las regiones nebulosas del cerebro humano“, decía ella. “Tu abuelo es un rabino y te lavarás la boca con jabón, jovencita”, le recriminaba su familia. Para no calentar el ambiente en su casa, Luxemburgo escondía el Manifiesto comunista o Trabajo asalariado y capital de la vista de sus padres, pero disertaba abiertamente de capitalismo con sus hermanos.

Viñeta Rosa Luxemburgo

Con su preparación e inteligencia, a nadie le extrañó que una chica de 15 años se afiliase al movimiento socialista polaco, aunque viviese con la amenaza constante de ser atrapada y condenada en Siberia por el zar ruso. Al final, en 1889 se exilió a Zúrich para estudiar en la única universidad que admitía a mujeres. Allí cambió la botánica y la zoología por la ciencia del cambio social y las relaciones económicas. También aprendió once idiomas y trabajó como periodista mientras acababa un doctorado sobre la industrialización en Polonia. Su mantra: “Cuestionar todo”.

El azote de los conformistas

Las conferencias de Rosa Luxemburgo en la Internacional Socialista promovían la solidaridad entre países y la revolución mundial, mucho antes que el derecho a la autodeterminación que reclamaba Polonia. Defendía que la lucha obrera debía centrarse en el capitalismo, aunque el Manifiesto comunista de Marx llamase a la emancipación de los polacos. Esa filosofía, que compartía con su primer amor Leo Jogiches, la trasladó a Berlín en 1898, cuando se afilió al SPD alemán.

Rosa también se opuso a grandes figuras del partido socialdemócrata como Eduard Bernstein, rebatiéndole que “la lucha por la reforma es el medio, la revolución es el fin”. Pensaba que si las reformas se lograban a través de la lucha obrera, fortalecían al partido, pero si se obtenían por métodos parlamentarios o acuerdos entre partidos burgueses, esto sólo favorecía al capitalismo.

Viñeta Rosa Luxemburgo

Más tarde, se distanció de otros pesos pesados del SPD que la consideraban una “víbora bribona”, como su otrora gran colega Karl Kautsky. Una brecha que se abriría para siempre con la aprobación de los presupuestos de la Primera Guerra Mundial, a la que ella se oponía tajantemente, y con el retraso en las negociaciones del sufragio universal, y femenino.

La “no militancia” feminista

Otro importante contacto que hizo Rosa en Berlín fue Clara Zetkin, la activista que estaba al frente de la organización de mujeres socialistas y del periódico feminista Die Gleichheit ( La Igualdad). Juntas defendían el voto universal, aunque Luxemburgo nunca quiso encabezar el ala femenina para no perder los beneficios que tenía en el partido junto a los varones. Pensaba que era una estrategia de sus compañeros para desterrarla de la primera línea del debate teórico, donde reinaba el machismo.

“El voto femenino aterra al actual Estado capitalista porque, tras él, están los millones de mujeres que reforzarían al enemigo interior, es decir, a la socialdemocracia”, escribió. No compartía con Zetkin, sin embargo, la defensa solo del voto de las mujeres propietarias que pagaban impuestos. “Son derechos de las damas, no de las mujeres. No puedo hacer causa común con las señoras de la clase capitalista”, le espetaba Luxemburgo.

Viñeta Rosa Luxemburgo

Ambas participaron en 1907 en la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en la ciudad alemana de Stuttgart, que aprobó que los partidos socialistas del mundo luchasen obligatoriamente por el sufragio femenino. También en la Segunda Conferencia, llamada Guerra a la guerra, donde más de cien activistas de 17 países establecieron el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. En aquella época, Rosa empezó a sentirse cómoda con la etiqueta feminista y sus discursos tomaron un cariz más comprometido, como este que pronunció en 1912:

“El actual enérgico movimiento de millones de mujeres proletarias que consideran su falta de derechos políticos como una flagrante injusticia es señal infalible, señal de que las bases sociales del sistema imperante están podridas y que sus días están contados. Luchando por el sufragio femenino, también apresuraremos la hora en que la actual sociedad caiga en ruinas bajo los martillazos del proletariado revolucionario”

Una de las cosas que más lamentó Luxemburgo al final de sus días fue no haber defendido con ahínco el voto y la emancipación de la mujer. Por eso, a su salida de la cárcel en 1918 y cuando reorganizó la Liga Espartaquista, estableció como nueva consigna “la plena igualdad social y jurídica entre los sexos”.

La utopía antibelicista

Si bien el equidistante feminismo de Rosa Luxemburgo ha sido motivo de debates académicos, con su perfil pacifista no queda resquicio para la duda. La política enarboló un discurso antimilitarista durante toda su carrera, pero sobre todo a las puertas de la Primera Guerra Mundial, cuando su partido votó por primera vez a favor de unos presupuestos capitalistas que daban luz verde a la masacre.

Los razonamientos de Luxemburgo se podrían aplicar perfectamente hoy en día, cien años después de la Gran Guerra. Para ella, el conflicto “es indispensable para el desarrollo del capitalismo”, puesto que la industria armamentística mueve decenas de miles de millones y está controlada por señores de la guerra que deben justificar el gasto militar y el tráfico incontrolado de armas. Así, Rosa interpeló a sus propios camaradas en Utopías pacifistas (1911):

¿Cuál es nuestra tarea en la cuestión de la paz? (…) Si las naciones existentes realmente quisieran poner coto, seria y honestamente, a la carrera armamentista, tendrían que comenzar con el desarme en el terreno político comercial, abandonar sus rapaces campañas colonialistas y su política internacional de conquista de esferas de influencia en todas partes del mundo” .

Este hincapié en hacer “un llamamiento a la justicia y al fin de la violencia” durante los cuatro años de la guerra fue el que acabó con su vida. No caben medias tintas cuando se está en contra de precarizar vidas en el trabajo y en el campo de batalla. Al menos, no para Rosa Luxemburgo. Esta líder solo consideraba la vía del socialismo para acabar con la barbarie, y terminó sufriendo la barbarie en propias carnes por parte de los freikorps.

Pero la Rosa Roja vio que la dignidad humana estaba por encima de los partidos y de la economía militar. Y así se recordará siempre a la mujer que no huyó del barco naufragado y luchó hasta la muerte “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

Rosa Luxemburgo en un mítin en Berlín
Rosa Luxemburgo en un mítin en Berlín, 1910

Sube uso de víctimas del terrorismo, se mantiene Venezuela

29 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Es como un termómetro que permite en España detectar el volumen de pufos del poder a tapar. Hoy, la utilización de las víctimas del terrorismo se mantiene en máximos, baja algo Venezuela y sube Catalunya. Tema eterno que proporciona exaltación y votos con un mínimo esfuerzo. En realidad, los tres, en su conveniente dosis y combinación, les dan mucho mucho juego.

Ahora el filón del terrorismo, de sus víctimas, se abre de nuevo. Y alguien debería explicar qué es diferente hoy a hace 10 años, en el primer gran aniversario. El PP –que utilizó el nombre de Miguel Ángel Blanco para financiarse ilegalmente con la Gürtel, según la policía– pasa lista de adhesiones a la figura del concejal de su partido asesinado por ETA en 1997. Se atreve a cargar de gruesos insultos a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, porque pretendía organizar un acto conjunto con las víctimas del terrorismo, sin hacer distinciones. Al final cedió, parcialmente, en la pancarta que le exigían, le tienen bien pillado el punto. Pero eso no le ha evitado abucheos de las huestes aleccionadas. Cifuentes, presidenta de Madrid, la primera en azuzarlas, hoy los rechaza. El PP no tiene el menor escrúpulo en seguir utilizando lo más venerable para sus fines. Y su largo brazo mediático machaca de la mañana a la noche con el mensaje.

El PP ha dispuesto de 20 años para hacer homenajes a Miguel Ángel Blanco y pedir declaraciones institucionales del Congreso, pero da la impresión de que es hoy cuando tiene perfectamente estructurado el dispositivo de control y propaganda. En aquellos días de julio, millones de personas sosteníamos a Miguel Ángel Blanco deteniendo las pistolas con pasión… y nos lo mataron. Fue desolador. Aquella unidad pareció el principio de algo distinto en España, no fue así.

Hace 10 años, el recuerdo fue limitado, muy limitado. La AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) colocó un gran mural en la plaza de Colón de Madrid y hablaron la hermana de Miguel Ángel Blanco, el entonces alcalde Ruiz Gallardón y Ángel Acebes, éste de ETA, siempre de ETA, solo de ETA. El Rey Juan Carlos y Mariano Rajoy hicieron declaraciones en sendos actos en los que participaban sin relación con el hecho. Poco más.

Rajoy cargó duramente contra “ la política antiterrorista de Zapatero” como solía ser su costumbre, incluso de forma presencial en manifestaciones de protesta. Rajoy consideró “milagroso” que, “en medio de la confusión generada, la Guardia Civil y la Policía Nacional conserven su capacidad operativa”, dijo. Dando puntadas hacia sus objetivos cada vez que coge aguja e hilo. Hoy, imputados de su partido critican duramente a la Guardia Civil por investigar sus corrupciones.

En Informe Semanal de TVE hicimos un reportaje sobre el terreno. Ermua resultó ser un pueblo plagado de gente en las calles disfrutando de la vida, tantas como pocas veces he visto en España. Lo angosto del enclave, encajonado en la montaña, acentuaba la sensación. Todavía los políticos que entrevisté llevaban escolta por estar amenazados por ETA, literal o tácitamente. Se lamentaban de lo efímero que fue el espíritu de Ermua. La sensación de que la pesadilla terrorista nunca acabaría se notaba como una losa que parecía desbaratar toda salida. Los vecinos decían que Ermua no era un pueblo conflictivo y no sentían sensación de peligro. “Otra cosa son los políticos”, comentaban.

ETA dejó de matar, gracias precisamente “a la política antiterrorista de Zapatero”, y el País Vasco –también “los políticos”– disfruta de una manera de normalidad de la que careció en décadas. Con las gruesas huellas del dolor, sin duda.

No hay derecho a la campaña del PP y sus colaboradores mediáticos, que no periodistas en ejercicio. Ni a esta campaña ni a la que vuelve a copar las cabeceras de los informativos desde que el opositor al gobierno de Maduro en Venezuela Leopoldo López haya salido de la cárcel para quedar en arresto domiciliario.

Los textos de sociología, ciencia política y periodismo estudiarán en su día el descomunal montaje que las élites españolas han hecho con Venezuela y Podemos. Las élites tan poco ejemplares, por cierto. Un éxito, ya no hay vuelta atrás. Millones de personas, poco exigentes con el hábito de reflexionar, reaccionan al reclamo de Venezuela como el perro de Pavlov para asociarla a Podemos. Para asociar los desmanes que allí suceden ahora, atribuidos todos a Maduro aunque la aclamada oposición haya incluso quemado chavistas vivos. Un éxito la campaña de Venezuela, sí. Con la colaboración entusiasta de ciudadanos incapaces de percibir cómo por la misma vía y sonda les meten lo que quieran.

Es intolerable la frivolidad con la que se aborda el tema. Los disturbios, el número de muertos y heridos de ambos bandos, merecían rigor informativo. Contemplar la trayectoria real de un país al que el petróleo y numerosos dirigentes probadamente corruptos fueron sumiendo en el caos. Poco se informaba de ello. El problema surgió cuando el chavismo alteró algunos negocios. Las crónicas del golpe contra Chávez muestran asesorías de altura y que no suelen mencionarse. De verdadera potencia. Ahí quedan, con todas las reservas obligadas al hablar de Venezuela, pero no deja de ser curioso el silencio en torno a aquellos hechos. Se precisaría un filtro considerable para obtener información sin contaminar. De cualquier modo pocos dirigentes parecen santos canonizables en los altares de la más estricta democracia, y la desmesura de la derecha opositora –tan apoyada desde el exterior– augura días tenebrosos.

La desvergüenza española ha quedado más descarada, si cabe, por las noticias de estos días. Mosul, la segunda ciudad de Irak, ha sido oficialmente liberada de ISIS, aunque será muy costosa la recuperación de una sociedad acribillada por los contendientes. TurquÍa asistía a una multitudinaria protesta contra “el gobierno autoritario de Erdogan” tras una marcha por la justicia que se inició en Ankara hace un mes. Con la excusa del presunto golpe de Estado que sufrió, Erdogan ha detenido o purgado a decenas de miles de funcionarios, profesores, juristas, periodistas, escritores, intelectuales. Lo último había sido la detención de la presidenta de Amnistía Internacional en Turquía y otros siete trabajadores por los Derechos Humanos. Hacía falta mucho valor para salir así a la calle, y lo han pagado con más detenciones.

Ni se ha informado de estos hechos y otros similares con la entidad que merecen, ni los hipócritas habituales han expresado críticas y condenas como hacen con Venezuela. Ahí andan los Rivera y los González y las portavocías del PP. Hasta Gallardón. Volvemos a encontrar al antiguo alcalde de Madrid, investigado por sobrecostes en la M30. “Si alguien quiere saber qué significaría un Gobierno de Podemos sólo tiene que mirar a Venezuela”, declara por si alguien no había pillado la indirecta de sus colegas. Se da el caso de que el opositor López lo ha elegido como abogado. Al Gallardón que hace nada enterró a su suegro rodeado de brazos fascistas en alto y cantando el Cara al sol.

No se informa del destrozo de la sanidad pública que prevé nuevos recortes en el plan de estabilidad al que los socios políticos del PP prestan apoyo. Ni de la política real de Rajoy –desempleo, paro, prestaciones, pensiones, impuestos, gasto social–. Aconsejo leer el análisis del periodista Joaquín Estefanía con datos demoledores. En su lugar se vender una recuperación y una normalidad democrática que queda desdibujada frente a la realidad. Ni la corrupción, ni las leyes represoras, ni la manipulación, son anécdotas.

Un día tendremos que hablar a fondo de las “buenas personas” que sustentan este tinglado. Pero lo que está llegando a extremos extraordinarios es el papel de los medios que actúan de soporte. Llega un momento en el que resultan sospechosas cada una de las noticias de los telediarios y múltiples titulares. Es como si se vieran las cuerdas que los mueven. No digamos ya de las tertulias con intervinientes tocados o tiznados por completo. Y tiene consecuencias.

“Sostiene Pereira”, en la memorable novela histórica de Antonio Tabucchi, ambientada en la Lisboa de 1938, que llega un momento en el que la tibieza y el conformismo incomodan y hay que publicar la verdad que en su barbarie nos salpica. Siquiera para no terminar escribiendo una única necrológica posible –la especialidad de Pereira–: la necrológica de los valores.

Miguel Ángel Blanco: de asesinos y de hipócritas

28 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Ese día, el azar quiso que yo estuviera en el interior del Congreso de los Diputados. Había pleno y las bancadas estaban abarrotadas de parlamentarios que comentaban la noticia. Nunca olvidaré los rostros de Eduardo Zaplana y de Ángel Acebes. Estaban lívidos, indignados, anímicamente hundidos, más enfadados que tristes… No estaban fingiendo ni sobreactuando; realmente se veía que estaban destrozados. Los gestos de dolor y de rabia se percibían en toda el ala derecha del hemiciclo…

La escena que acabo de describir no corresponde al día del secuestro ni al del asesinato de Miguel Ángel Blanco, sino a un hecho que se produjo casi nueve años después. Era un 22 de marzo de 2006 y ETA acababa de declarar un alto el fuego permanente que se interpretaba como el verdadero principio del fin de la sangrienta banda terrorista. El semblante cariacontecido de los dirigentes populares fue muy comentado entre los veteranos periodistas que cubrían, desde hace largos años, la información parlamentaria. Los etarras llevaban más de tres años sin matar y todo apuntaba a que, muy probablemente, jamás volverían a hacerlo. ¿Por qué, entonces, ese indisimulado cabreo entre los populares? ¿Era, como apuntaban algunos analistas, sencillamente, porque no soportaban que el fin de la violencia llegara bajo un Gobierno que no fuera el suyo?

No daré yo la respuesta. Me limitaré a enmarcarla en la actitud que el PP y su legión mediática han mantenido siempre frente al terrorismo y que revela unas cotas de hipocresía y mezquindad difícilmente superables. Si alguien cree que estos calificativos son demasiado gruesos, que repase los informes policiales que apuntan a que el PP se financiaba irregularmente (también) desviando fondos destinados a homenajear a Miguel Ángel Blanco y a las víctimas del 11M. Quizás esta mercantilización corrupta de quienes cayeron bajo la barbarie terrorista sea el hecho más repugnante, pero ni de lejos es el más grave. Lo verdaderamente execrable es que al Partido Popular le ha interesado más utilizar políticamente a ETA, para sacar réditos electorales, que acabar con ella.

Es por eso por lo que, inmediatamente después de la escena que he descrito al inicio de este artículo, el PP y sus medios mercenarios se pusieron manos a la obra para abortar el incipiente proceso de paz de 2006. No dudaron en sacar a las víctimas a la calle y a pasearlas por los platós de televisión; a cuestionar cada paso que daba el Gobierno; a exigir, en ese momento de tregua, mayor rigor policial y judicial contra los etarras que cuando estos mataban diariamente. En tertulias, columnas e “informativos” se acusaba al Ejecutivo de ser cómplice de ETA y el mismísimo Mariano Rajoy no dudaba en decirle a Zapatero, desde la solemne tribuna del Congreso, que se había propuesto “traicionar a los muertos y permitir que ETA recupere posiciones…”.

Aunque discutible, esta posición habría sido legítima si el PP no hubiera tenido un pasado. Un pasado que, si nos pusiéramos al nivel falaz y embarrado del que hizo gala Rajoy, estuvo repleto de traiciones a los muertos. Un pasado de ‘buenrrollismo’ con los etarras que, precisamente, comenzó poco después de la muerte de Miguel Ángel Blanco. Solo habían pasado cuatro meses, cuatro, del secuestro y vil asesinato del concejal popular cuando el entonces portavoz del Gobierno, Miguel Ángel Rodríguez, afirmó públicamente que en la solución al conflicto vasco “no debe haber vencedores ni vencidos”. No era una declaración gratuita, el Ejecutivo sabía que se estaba fraguando una posible tregua y esa mera esperanza le llevó a realizar todo tipo de guiños a los terroristas. Mientras la banda seguía asesinando, entre atentado y atentado, el presidente Aznar aprovechaba cada entrevista periodística para ofrecer “generosidad” a los terroristas si dejaban de matar y para mostrarse decidido a “ser comprensivo” con los criminales.

Tras abonar el terreno desde la Moncloa, la tregua llegó y provocó ese aluvión de generosidad prometido por el Gobierno del Partido Popular. Poco importaba que hubieran pasado solo 13 meses desde la muerte de Miguel Ángel Blanco y apenas 80 días del asesinato del también concejal, Manuel Zamarreño. Lo de menos es que Aznar llegara a llamar a ETA, públicamente, “Movimiento Vasco de Liberación”, lo realmente trascendente es que el Ejecutivo acercó a más de 120 presos etarras a cárceles del País Vasco, metió la cuestión navarra en el debate político sobre el futuro de Euskadi, excarceló a decenas de reclusos de la organización terrorista, permitió el regreso a España de más de 300 miembros de la banda que residían fuera de nuestro país y negoció en Zurich, cara a cara, con los asesinos. Todo ello lo hizo a pesar de que las calles de Bilbao, Donostia o Rentería seguían incendiadas por la kale borroka. Entonces y siempre, el Gobierno del PP contó con el apoyo unánime de toda la oposición y de los medios de comunicación que no cuestionaron ni uno solo de sus pasos. Así fue y así debía ser porque el objetivo de conseguir que ETA dejara las armas merecía la pena.

Los políticos que tomaron todas aquellas generosas medidas y los periodistas palmeros que aplaudían cuando Aznar acercaba etarras o les llamaba libertadores, son los que seis años más tarde y con casi 200 cadáveres encima de la mesa, intentaron engañar a toda España vinculando a ETA con el 11M. Son los que dos años después de aquella histórica mentira masiva recibieron con aspecto fúnebre la tregua del 2006 y, después, se lanzaron a boicotear el proceso de paz, aún a sabiendas de que si lograban su objetivo, volverían los atentados y las calles se cubrirían nuevamente de sangre.

Esos son los que todavía tratan de darnos lecciones, presentándose ante la sociedad como cruzados justicieros, luchadores implacables contra ETA y defensores a ultranza de sus víctimas. Son los mismos que hoy están sacando a los presos etarras por la puerta de atrás de las cárceles mientras sus lacayos mediáticos callan. Son los que siempre han utilizado el terrorismo como arma política para arañar un puñado de votos e incluso, según estamos sabiendo ahora, para desviar unos cientos de miles de euros a sus cuentas corrientes. Son los que beatifican a las víctimas que creen que responden a sus intereses y desprecian, sin más, a aquellas que no les siguen el juego. Son los que rezan por “sus” asesinados mientras se burlan de la madre de una víctima del 11M, llaman filoterrorista a un socialista herido de por vida por una bomba lapa y justifican impúdicamente las decenas de miles de crímenes cometidos por el franquismo.

La mayoría de los españoles siempre hemos estado contra todo tipo de violencia y hemos apoyado al Gobierno, fuera del color que fuera, para que explorara el camino hacia una paz definitiva en Euskadi. Los otros, hoy que ETA ya empieza a ser solo un mal recuerdo, intentan seguir ordeñando la vaca terrorista para desviar la atención de sus recortes, sus salarios de miseria y, sobre todo, de sus corruptelas. Es por ello y solo para ello por lo que, en estos días, no dudan en instrumentalizar la figura de Miguel Ángel Blanco para arrojarla, sin pudor, contra sus adversarios políticos.

Desprecio de clase

27 agosto, 2017

Fuente: http://www.lamarea.com

Por Antonio Maestre

“Odi profanum vulgus, et arceo”. Se trata de una sentencia latina acuñada por Horacio que significa “odio al vulgo ignorante, y me alejo de él”. Es uno de los términos primigenios que explica el clasismo y la necesidad de mantenerse en un plano de superioridad de las clases dominantes. Aunque también de aquellos alienados que compran el relato que los margina y que son utilizados sin darse cuenta como quintacolumnistas de la clase obrera. Gente humilde con ínfulas que suplica un puesto entre los de arriba a costa de avergonzarse del lugar del que procede.

Los clasistas menosprecian y tratan de humillar a cualquiera que desde los barrios populares alcance lugares que creen reservados a los de su estirpe por nacimiento y origen. Atacan de manera furibunda a cualquiera que se haya esforzado de verdad. El que ha tenido una vida fácil, acomodada, privilegiada, no soporta que un elemento extraño de la plebe alcance con muchos más sacrificios el mismo sitio que ellos ocupan por razón social. No toleran que alguien del estrato social más bajo y sin capital social ni económico cuestione su posición heredada y quite el lugar que algunos tienen asegurado vía sanguínea o dotada por un conocido del colegio El Pilar. El dinero importa, pero no tanto como esa red social tejida a lo largo de la historia en la que unas pocas familias ocupan los lugares de preponderancia a costa de cortar el paso a los que valen mucho más pero no tienen amigos, conocidos o familia en los puestos de decisión.

En ocasiones, los clasistas pueden aceptar a algún individuo extraño en su círculo. Alguien que por su talento, esfuerzo, y suerte -el factor olvidado pero imprescindible- rompe las barreras de su clase y sale de un barrio obrero para alcanzar las cotas sociales que no le pertenecen. Para ello tiene que renegar de sus orígenes y aceptar el ideario neoliberal, matar al padre y olvidarse del relato de lucha de clases, de la solidaridad, del juntos somos fuertes y separados estamos jodidos. Avergonzarse de lo que es. Renegar de su ser.

Solo aceptan a individuos sin conciencia de clase para que no puedan contaminar con ideas ajenas los lugares de decisión y representación. A veces, las menos, algún elemento de los estratos populares que ocupa el lugar que no le corresponde no se adapta al relato del individualismo y de la cultura del esfuerzo. En vez de plegarse pone en valor el lugar de donde viene. Se enfrenta de manera sistemática al relato de marketing liberal que transmite que solo importa el tesón individual y que el origen social es sólo una excusa de las clases populares para no alcanzar sus metas. Cuando eso ocurre, ese elemento extraño es denostado de forma inmisericorde por los clasistas, aunque con escasa capacidad argumental.

La conciencia de clase es el elemento más peligroso para los de esta especie. Pone en cuestión todo sobre lo que se sustenta la psique política de su discurso basado en el individualismo y en la segregación del “nosotros” obrero. Según el filósofo Byung Hul Chan, el neoliberalismo ha logrado la alienación total del trabajador al convertirlo en empresario de sí mismo, en lo que denomina la “dictadura del capital”:

“Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema”

Esto supone negar la premisa misma de la revolución social, la existencia de la conciencia de que existen un explotador y un explotado. El sujeto se culpa y se aísla y convierte a su misma persona en culpable de su situación, mira a su interior en vez de mirar hacia arriba. La agresividad es autoinfligida, el yo revolucionario se torna depresivo. Por eso los garantes del sistema, los alienados, y los pusilánimes que necesitan ser aceptados por las élites atacan de manera iracunda a cualquiera que apele al nosotros.

La burbuja clasista del periodismo

“Hace tiempo, no describíamos la existencia de la gente común: formábamos parte de ella. Vivíamos en los mismos barrios. Los reporteros se percibían a sí mismos como miembros de la clase obrera. […] Y luego, personas más instruidas se han hecho periodistas, el salario aumentó; jóvenes aún mejor formados quisieron integrarse en la profesión. Antes, los reporteros tenían un nivel de vida ligeramente superior al de sus vecinos de su barrio, obreros. Desde los años 80, los periodistas tienen un nivel de vida ligeramente inferior al de sus vecinos de barrio, empresarios y abogados […] Su vida cotidiana les hace mucho más sensibles a los problemas de los privilegiados que a la suerte de los trabajadores que reciben el salario mínimo”. Son palabras de Richard Harwood, periodista d The Washington Post, recogidas por Serge Halimi en ‘Los nuevos perros guardianes’, narrando la evolución del periodismo en EEUU y mostrando la evidencia de uno de los mayores males de las cúpulas periodísticas y de algún redactor de base en nuestro país.

Sorprende, y alarma, que algunos periodistas puedan llegar a creer que trabajar dieciséis horas sea una invención. Que piensen que es imposible que un alumno de un barrio humilde esté dispuesto a dejar en segundo plano sus estudios para ser explotado por un sueldo mísero en un negocio de hostelería y satisfacer así los deseos inculcados por la publicidad. El simple hecho de dudar de unas cuestiones tan habituales, no ya en los años 90, sino en 2017, muestra una lejanía de la realidad que impide a cualquiera que se dedique a ser notario de la verdad ejercer su trabajo con un mínimo de rigor. La burbuja endogámica en la que viven muchos de los que narran las noticias al resto de la población les impide tener una visión acertada de la vida cotidiana de un ciudadano normal. No extraña que en algunas redacciones no sepan ver ni analizar movimientos como el 15M, el Brexit o la victoria de Trump. La distancia y el desdén con el que miran a la gente normal, gente de barrio, les obliga a inventarse palabras como posverdad cuando esas personas que trabajan dieciséis horas, y a las que niegan su misma existencia, se rebelan y echan por tierra todas esas previsiones, conclusiones sacadas de conversaciones de reservado de restaurantes de chefs Michelin. La realidad se encontraba en las cocinas de esos restaurantes, pero no la narraba el multipremiado cocinero, sino el silencio obligado del ‘stagier’.

Hasta que los puestos de representatividad en el periodismo no sean ocupados por mujeres, migrantes o ciudadanos de clase obrera, el problema de miopía se agravará. La profesión está cada día más alejada de la calle, de los barrios, de los pueblos, de las pedanías humildes. Es posible que la precarización del sector espabile de golpe a todos aquellos que habían olvidado su papel. Decía Montero Glez que el trabajo de un periodista es el de informar al pueblo. No hay nada mejor para eso que ser pueblo; o al menos, si el devenir no te ha otorgado una posición social humilde, aprender a no despreciarlo.

Zoido tiene razón: el efecto llamada existe

26 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Alguien debe vencer el miedo a la corrección política y alguien tiene que decirlo. Aunque el ministro Zoido no lo sepa, tiene razón. Existe un “efecto llamada”, pero no entre los migrantes, sino entre los ministros del Interior. Todo aquel que piensa que él es la Justicia siente la poderosa llamada de la cartera del Interior y acude como los osos a la miel o las moscas a la mierda.

Todos los tipos algo toscos en su manera de expresar su respeto a la legalidad vigente, confusos a la hora de manejar los conceptos de ley y orden, dispersos a la hora de distinguir entre el trabajo de policía al servicio de los ciudadanos y el trabajo de vigilante al servicio del ministro, con dificultades para empatizar con todo aquel ser humano que venga de fuera, hable otra lengua o sea diferente, se sienten irremediablemente llamados por un cargo que, al parecer, les permite hacer realidad esos sueños húmedos seguramente pergeñados durante tantas horas de películas de Charles Bronson y Chuck Norris.

La evidencia empírica sobre el “efecto llamada” en el Ministerio del Interior se acumula de manera abrumadora e incontestable. Primero tuvimos a Jorge Fernández Díaz, el ministro con un ángel que le aparcaba el coche, una brigada de Vengadores que le ayudaban a defender la unidad de España con sus dosieres y un ultraradar que le permitía detectar bolivarianos, independentistas e inmigrantes ilegales sólo con oírles respirar. Quedan ya para la Historia los centenares de miles de migrantes que acampaban a las puertas de Ceuta y Melilla listos para invadirnos y que sólo el ministro podía ver con sus superpoderes.

Ahora tenemos a Juan Ignacio Zoido, el ministro que siempre tiene algo que hacer en Sevilla los fines de semana, reparte medallas y destinos dorados entre los más leales y fieles servidores de su excelentísimo antecesor y avisa a las ONG que les va a poner un código de conducta para que dejen de animar a los migrantes a cruzar el Mediterráneo prometiéndoles unas vacaciones inolvidables con rescates llenos de riesgo y aventura excitantes. Su elaborada distinción entre “ayudar”, “favorecer” y “potenciar” para insinuar que los rescates de las ONG promovían un “efecto llamada” a la inmigración irregular demuestra que se perdió el capítulo de Barrio Sésamo dedicado a la humanidad.

Por supuesto, no existe ese supuesto “efecto llamada” que atrae a miles de migrantes que escogen su ruta perfectamente informados sobre las ventajas de las diferentes legislaciones migratorias nacionales, las comodidades de los barcos de las ONG o la permisividad de las vigilancias fronterizas conchabadas con mafias que siempre corrompen a las policías de los demás –nunca a la nuestra–.

No encontrarán un solo dato oficial o fiable que respalde las existencia de un efecto que solo se basa en los prejuicios, el racismo encubierto y la xenofobia disfrazada de preocupación por las victimas de las mafias. Al contrario, la información disponible nos dice que son países como Italia o Grecia quienes soportan hasta diez veces más la supuesta presión migratoria o “portuaria” que el Ministro alega para que España incumpla sistemáticamente sus compromisos de acogida con la UE mientras, eso sí, cobra puntualmente los millones de euros que Bruselas paga generosamente para financiar esos mismos compromisos incumplidos.

Las ONG responden a Zoido: “Creen que dejando morir a miles de refugiados disuadirán a quienes huyen”

24 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Primero fue Frontex, después el  fiscal de Catania. Luego llegó la propuesta de Italia y Libia de elaborar un código de conducta para “controlar” a las ONG que han desplegado barcos de rescate en el Mediterráneo. Este jueves fue el turno de Juan Ignacio Zoido. El ministro del Interior español ha insinuado que algunas organizaciones sociales “favorecen o potencian” la inmigración irregular por salvar a personas en peligro en el mar.

El Gobierno retoma así el antiguo argumento del “efecto llamada” para sumarse a lo que algunas ONG consideran como “una campaña” contra las organizaciones que, hace cerca de dos años, se vieron empujadas a movilizar barcos de rescate en el Mediterráneo ante las incesantes muertes de migrantes y el bloqueo de las autoridades europeas de una operación conjunta de salvamento marítimo. 

“Hay que concienciar a las ONG de que se está para ayudar y no se está para favorecer o potenciar la inmigración irregular, cuando esa inmigración irregular está dando lugar a que corran peligro en el Mediterráneo, como está sucediendo con demasiada frecuencia”, señaló el responsable de Interior sobre la medida estudiada en Bruselas que plantea la creación de un código de conducta para controlar la actuación de las organizaciones que rescatan embarcaciones de migrantes.

Aunque ya empiezan a acostumbrarse a las acusaciones recibidas, las ONG que cada mes están salvando centenares de vidas no han tardado en responder. “¿Ayudar a quién? No estamos para ayudar a los Estados insolidarios y sus políticas de externalizar fronteras que buscan frenar la llegada de quienes huyen. Estamos sacando del agua a la gente que deberían rescatar los Estados miembros”, contesta Paula Farias, responsable del proyecto de rescate de Médicos Sin Fronteras.

“Desde hace años, miles de personas desaparecen intentando llegar a Europa. Respondemos a una situación que ya existía antes de llegar nosotros”, señala Óscar Camps, director de Pro Activa Open Arms. “Desde que hay más ONG, hay más ojos. Vemos que ocurrían muchas más muertes de las que cuentan las cifras oficiales y eso no les gusta”, apunta.

“La UE y Frontex creen que dejando morir a unos miles de refugiados generarán un efecto disuasorio sobre quienes quieren huir”, asevera con indignación Camps. Por eso, dice, “han iniciado esta campaña en contra de nosotros, a la que se ha unido Zoido”.

“Para quienes huyen, lanzarse al mar no es una opción”

Tanto el director de la organización catalana como la responsable de la operación de salvamento de MSF recuerdan la suspensión de la operación de rescate italiana Mare Nostrum, que salvó 170.000 vidas. A su juicio, a partir de entonces, los Estados miembros dejaron un vacío que, dicen, se vieron obligados a suplir.

“La UE no destinó los fondos que pedía Italia sabiendo que esto traería miles de muertos. Continuó llegando cada vez más gente. Estamos en el Mediterráneo porque no es necesario que nadie fallezca en el mar”, añade Camps.

“El discurso del ‘efecto llamada’ es miserable porque pone sobre la mesa el debate de dejar que la gente se ahogue o rescatarlos. Si alguien piensa que, porque no haya una operación de salvamento, van a descender las salidas de Libia es que no entiende en absoluto la base de este problema”, considera Farias, que recuerda que, para estas personas, “lanzarse al mar no es una opción”.

Desde MSF, una de las primeras organizaciones en decidir enviar buques de salvamento al Mediterráneo, reiteran las explicaciones con las que, desde hace meses, responden a cada una de las acusaciones recibidas por salvar vidas en el mar. “Enviamos barcos de rescate porque las personas morían al ritmo de una guerra. Si estuvieras al lado de una persona que se está ahogando, ¿qué harías?”, sostienen en un vídeo realizado para desmontar argumentos que culminan en frases como las que Zoido hizo suyas este jueves.

“El código de conducta pretende eliminar testigos”

El “código de conducta” estudiado planteado por la Comisión Europea pretende poner a  estas organizaciones bajo control de las guardias costeras de Italia y Libia, que podrían así restringir su capacidad de salvar a los pasajeros de las inestables embarcaciones en las que viajan. En lo que va de año, 1.889 personas han muerto tratando de cruzar el Mediterráneo Central.

La medida fue impulsada por los gobiernos de Libia e Italia, pues consideran que las ONG que han movilizado barcos de rescate generan un supuesto efecto llamada hacia las costas italianas. “No tiene sentido porque nunca hacemos nada sin control.”, sostiene Camps. En la misma línea, Farias considera que pretenden “regular lo que ya está perfectamente regulado”.

Las labores de salvamento realizadas por estas organizaciones no se realizan de forma unilateral y sin normas, insisten. “Todas nuestras operaciones de búsqueda y rescate son coordinadas por la Guardia Costera italiana”, relatan desde MSF. “Ellos nos indican dónde y cuándo intervenir y a qué puerto llevar a las personas rescatadas”, explican. 

Por ello, apuntan, sospechan que la necesidad de “controlar” a las organizaciones esconde otras razones. “Buscan un límite para que no nos podamos acercar a la zona adonde pretenden enviar a la guardia costera libia, a la que financian barcos y armas. Quieren que no veamos lo que ocurre, cómo los frena esa supuesta guardia de un país sin gobierno”, dice el director de Pro Activa Open Arms. 

“Los Estados miembros, con la operación Sofía, buscan devolver a estas personas a un país del que huyen. En Libia los torturan, las violan, los ajustician de forma sumaria”, asevera Farias. “A lo mejor hay que decir al ministro Zoido que a quienes hay que concienciar es a los Estados miembros por estas políticas inhumanas”. 

Por qué las ONG actúan en el Mediterráneo

No es la primera vez que el Ejecutivo relaciona las operaciones de búsqueda y rescate en el Mediterráneo con un “efecto llamada” de migrantes y refugiados hacia la Unión Europea. El Gobierno español, junto a otras administraciones comunitarias, se esforzó en defender este razonamiento para rechazar la creación de una operación conjunta europea de salvamento marítimo, como proponía la Comisión Europea. 

El Consejo Europeo declinó en marzo de 2015 la aprobación de un organismo de rescate en el que se vieran implicados todos los Estados miembros. La cumbre de los líderes europeos en respuesta a los grandes naufragios de aquellos meses finalizó con una medida concreta: triplicar los fondos de la operación Tritón, cuyo mandato no consiste en salvar vidas, sino en vigilar las fronteras. Es decir, sus barcos solo rescatan cuando encuentran una embarcación en apuros o son avisados, como debe hacer cualquier buque.

“Frontex es una agencia que tiene por misión securizar las fronteras y no se puede convertir en una agencia de salvamento y rescate”, había defendido Jorge Fernández Díaz en las reuniones previas a la decisión. “El principio humanitario siempre está presente y, por tanto, bajo cualquier circunstancia si hay unas personas cuya vida corre riesgo esas personas deben ser rescatadas”, precisó el entonces ministro del Interior. “Pero una cosa es eso y otra cosa es que se pueda generar un efecto llamada porque se desnaturalice la misión que se está realizando”.

Fue a partir de entonces, cuando las ONG como Médicos Sin Fronteras observaron la falta de soluciones por parte de las autoridades europeas y decidieron llevar ellos mismos los barcos de rescate a las aguas fronterizas entre Italia y Libia, la ruta migratoria más mortífera.

“Criminaliza a quien salva vidas”

La Coordinadora Española de ONGD y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) han tachado las declaraciones del ministro del Interior de “irresponsables”. “Zoido, no contribuya a criminalizar a las ONG que hacen lo que deberían hacer los Estados: rescatar”, ha señalado Estrella Galán, secretaria general de Cear. “Son declaraciones peligrosas. No criminalice a quien salva vidas”, han reiterado desde la Plataforma que aglutina a las las organizaciones sin ánimo de lucro españolas más importantes.

Para Óscar Camps, tanto la Unión Europea como el Gobierno español buscan precisamente eso: criminalizar. “Como no nos pueden prohibir navegar en aguas internacionales, sí pueden influir en que la gente deje de realizar donaciones vertiendo semejantes acusaciones, como ya hacen sobre las personas que huyen”, añade.

“Nosotros no somos el problema. Estamos ahí porque Europa no ha dado ninguna respuesta. Nosotros no sabemos qué hacer con ellos, cómo evitar que tengan que migrar, lo que sí sabemos es que su muerte es innecesaria. Lo único que podemos hacer nosotros es evitar que mueran en el Mediterráneo. Y no vamos a dejar de hacerlo”, concluye Camps. 

El filtrador de los Papeles de la Castellana se merece una medalla, no la cárcel

23 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La Policía  detuvo hace un mes a una persona en Tenerife a la que acusa de filtrar los Papeles de la Castellana. Aún no está formalmente imputado y tampoco sabemos si realmente fue él quien nos hizo llegar esa información, pero es posible que el detenido se enfrente a una petición de condena de varios años de prisión. ¿Su presunto delito? El mismo que el de Edward Snowden, el de Julian Assange, el de Chelsea Manning: jugarse la cárcel por el bien común, para que la sociedad pudiese conocer los abusos de los poderosos.

Los Papeles de la Castellana han sido una de las mayores filtraciones de información fiscal de la historia de la prensa española: casi 40.000 documentos que demostraron cómo grandes fortunas, aristócratas e importantes empresarios habían utilizado todo tipo de trampas y artimañas para esconder su dinero en paraísos fiscales y pagar lo menos posible a Hacienda.

En la lista de los papeles de la Castellana no solo aparecían nombres relevantes, sino también todas las cifras de la evasión: los millones que escondían en Suiza, los años en los que estuvieron escapando del fisco y lo poquísimo que pagaron cuando parte de ese dinero fue legalizado gracias a la vergonzosa amnistía de Cristóbal Montoro.

Gracias a esa filtración, supimos que cuatro Borbones en la línea de sucesión escondieron durante décadas varios millones en Suiza. O que los mayores empresarios españoles de la sanidad privada  legalizaron 113 millones de euros con la amnistía fiscal. O que los señores del acero vascos escondían su fortuna en Liechtenstein y Suiza. O que el embajador español durante la postguerra de Irak acumuló una fortuna opaca en inversiones petrolíferas. O que la esposa del exconsejero delegado de Telefónica ocultó 1,2 millones de euros en Bahamas.

Gracias a este ‘whistleblower’ –sea quien sea–, pudimos conocer la lista de la amnistía fiscal revelada por Los Papeles de la Castellana: cuánto dinero tenían sin declarar y qué exiguo porcentaje pagaron gracias al Gobierno de Rajoy cuando lo legalizaron. O que la familia Borbón utilizó los mismos asesores y testaferros que Luis Bárcenas, Rodrigo Rato los Pujol. O que el fraude fiscal de las élites españolas viene de lejos, y por eso aparecen en estos papeles los hijos de ministros del franquismo, o los herederos del presidente de la restauración, Antonio Maura.

Como director de eldiario.es quiero dejar claras varias cosas. Fíltrala,  nuestro buzón seguro, no ha tenido  ningún fallo de seguridad: el detenido fue localizado por el rastro que, según la Policía, quedó en los servidores de un despacho de asesoría fiscal. Tampoco conocíamos su identidad hasta que se produjo esta operación policial.

Por ahora, nadie desde el juzgado que investiga los Papeles de la Castellana nos ha comunicado nada, nos ha preguntado nada ni nos ha acusado de nada. Nuestros abogados van a estar muy pendientes de este caso, que aún no sé qué consecuencias puede tener para eldiario.es. Solo tengo claro algo: que hemos cumplido con nuestro deber y que, si volviésemos a obtener una filtración como los Papeles de la Castellana, la publicaríamos otra vez.

¿Y la responsabilidad de los periodistas?

21 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La condena radical de la APM al que dio por sentado como un acoso de Podemos a los periodistas ha suscitado un apasionado debate entre los profesionales. Una especie de terapia de grupo pública con una descripción de nuestra profesión que tiene a gran parte del auditorio atónito. En algunos casos confirma sus peores presentimientos. Supimos que “la APM” –que encabeza su comunicado calificando de   “totalmente incompatible con el sistema democrático” la actitud de Podemos– se limitó en la práctica a la presidenta Victoria Prego y su mano derecha, el vicepresidente Nemesio Rodriguez López, que se basó en las acusaciones sin pruebas concretas de una decena de informadores, de los cuales no dieron nombres, y sin preguntar siquiera a los denunciados de Podemos.

 La “carnaza” estaba servida, como a propósito. A partir de ahí, volvieron a desatarse las portadas, editoriales, páginas y páginas, voces y voces, de alarmados notables. Periodistas y columnistas que se han comido con cucharón las graves presiones a muchos de sus propios compañeros en los medios, los despidos y las manipulaciones, saltan ofendidos como si hubieran nacido esa misma mañana libres de todo error. “Sin pecado original” en la gráfica versión de la Biblia.

Como a propósito. Basta contrastar la condena a Podemos, con la versallesca petición de una televisión pública independiente y profesionalizada, sin mencionar las reiteradas denuncias de manipulación, con redacciones paralelas al efecto,  constatables y verificadas, en respuesta a la petición de “medidas urgentes” requeridas por 2.225 trabajadores de RTVE. Arréglense ustedes –les instamos–. Para la APM no es “totalmente incompatible con el sistema democrático” hacer creer cada día a más de dos millones de seres que siguen los telediarios que viven en la arcadia feliz y apartar precisamente a profesionales independientes que darían una información más ajustada a la realidad.

Otros periodistas, los menos, se muestran escandalizados y destacan –en la Zona Crítica de este diario tienen numerosos y muy razonados ejemplos– la doble vara de medir que han empleado la Asociación de la Prensa de Madrid y sus palmeros en lo que es una trayectoria infame de acoso efectivo a periodistas. Iñigo Sáenz de Ugarte hizo un buen repaso de los últimos tiempos. En el pasado hubo también sus presiones, pasillos, traslados y humillaciones. Y, sin duda, quienes se plantaron a las llamadas de políticos. Jefes incluidos. Recuerdo el caso de Ramón Colom enInforme Semanal de TVE ante el Ministerio de Educación del PSOE, en una larga huelga de la Universidad, que daría para un tan lamentable como jocoso relato.

Todas estas reflexiones han aparecido estos días, lo que cuesta encontrar es una mención a la responsabilidad de los periodistas sobre lo que firman, sobre lo que firmamos. Se diría que nuestra profesión es la única que no admite crítica. Se da por hecho que las acusaciones de la APM son ciertas cuando no goza de especial prestigio. Y, por lo que voy leyendo y oyendo, se dibuja a esos “redactores de base” poco más que como un apéndice del teclado del ordenador o un disco mecánico que compone la voz para la noticia. De ser cierto ese papel, no hubieran expulsado a valiosos periodistas de El País, a Jesús Cintora de Cuatro, devuelto a Madrid a la que llamaron “polémica” corresponsal en Oriente Medio de TVE, Yolanda Álvarez, y a tantos recordados estos días que afrontaron sus informaciones.

Tienen razón quienes dicen que “ en ningún trabajo, va en el sueldo de un currante que le traten mal“. Cierto. La violencia es intolerable. Y hay relaciones que pueden llegar a rozar hasta la puerilidad por ambas partes como lo de “mirar con cara de odio” como ha dicho alguno de los denunciantes de Podemos. Pero no se puede olvidar que algunos trabajos acarrean especial responsabilidad. Y los hacemos y los avalamos al estampar la firma.

A nadie se le escapa que ha habido –y hay– artículos y titulares que mezclan información y opinión (cuando es regla del periodismo hacer una nítida diferencia). Acusaciones a miembros de Podemos que resultaron falsas. Titulares y artículos altamente sesgados. No solo contra Podemos y, dentro de la formación contra Pablo Iglesias en particular, Pedro Sánchez también sufrió durísimos rigores antes de ser defenestrado de la Secretaría General del PSOE, sin que los autores del golpe interno recibieran ni el mismo tratamiento, ni prácticamente críticas. Reparemos en las fotos editoriales de los líderes que quieren dejar en mal lugar, publicadas en sus peores tomas. Algunas veces rozan el esperpento. Esas expresiones agrias, desmejoradas. Hasta canas despeinadas pusieron a Iglesias en una portada. Pero es que ¿hace falta demostrar la deriva de buena parte de la prensa, radio y televisión en España? ¿No vemos sus manipulaciones y en definitiva su servicio al poder sin reparar en métodos? Las hemerotecas están llenas.

La firma es importante. Rubrica lo que hacemos. En los contratos mercantiles, tiene consecuencias. Hasta penales en incumplimientos. Cómo será que la propia Victoria Prego dijo en Los desayunos de RTVE que no hacía falta otro nombre que el suyo para demostrar la veracidad de los hechos. Decir Victoria Prego era suficiente. Con una encomiable autoestima para su bienestar personal, que olvida pasajes bien negros de su trayectoria. Aquel silencio en la conspiranoiaemprendida por Pedro J. Ramirez en el 11M que hoy se conmemora. La propia publicación de su entrevista a Rajoy en aquella jornada de reflexión con sus “convicciones morales” sobre la autoría de ETA. O el episodio de Suárez y el referéndum a la Monarquía por citar solo algunos de los más relevantes.

Indudablemente vivimos tiempos en los que la precariedad condiciona voluntades. Esta penosa circunstancia no es ajena a haber falseado u ocultado datos que la sociedad precisaba para tomar decisiones. Ni a la banalización de los contenidos. Pero cuando firmamos algo, cuando ponemos nuestra cara, voz y palabras, estamos contando a la audiencia lo que honestamente hemos visto, lo que necesita saber. No cabe la obediencia debida. Se observa una tendencia a exonerar al periodista de los contenidos que firma, como si fuera algo al margen de las directrices de su medio y, en su  caso,  intereses políticos.

Comparémoslo con otras profesiones. Medicina, ingeniería, conducción, lo que quieran. Y apliquen el método. Por ejemplo, si vender comida adulterada ocasiona problemas, imaginen lo que provoca  la información manipulada. Tiene consecuencias. Muchas más que una gastroenteritis. Los datos de la propia APM fueron categóricos: el 75% de los periodistas dijeron sucumbir a la presión de los jefes, y más del 75% se autocensura, es decir no informa de lo que en conciencia cree debería informar.  La audiencia no tiene la culpa.

En absoluto, digo sea el caso de los denunciantes dado que ni sabemos quiénes son, pero el hecho existe y es muy grave. ¿Estamos seguros, en esas condiciones, de que cumplen el servicio público a la sociedad que es nuestra misión? ¿La denuncia de la APM y de todos nosotros no debe ser la de saber y acabar con esa situación? ¿No es esto lo realmente “incompatible con el sistema democrático”? Nuestra vida puede ser muy triste, pero más lo es la de quienes sufren las consecuencias de una información con “verdades alternativas”. Es como poner los pies en un pantano cuando te han dicho que la explanada era de cemento.

¿Es política la generación millennial?

20 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Dos artículos dedicados a los millennials salieron el mismo día en el New York Times y en El País. El artículo de  Sarah Leonard y el de  Antonio Navalón hablaban del mismo tema, pero de formas completamente distintas, incluso opuestas. Navalón tenía un tono arrogante y vagamente reaccionario: según él, los millennials no han producido ninguna idea que no sea relativa a una nueva aplicación para el smartphone y no tienen ninguna opinión política.

Sarah Leonard observa, por el contrario, que los más jóvenes han votado mayoritariamente por Sanders, Corbyn y Mélenchon, es decir, tres viejos políticos con un nivel cultural incomparablemente superior a sus oponentes, que reivindican los valores políticos del socialismo y encarnan la coherencia ética de quien no se ha plegado al conformismo de la izquierda neoliberal.

¿Existe la generación millennial?

Antes de preguntarme quién de los dos tiene razón, me pregunto si es legítimo el uso de la noción de generación. ¿Se trata de un concepto sociológicamente fundado o políticamente homogéneo? Diría que no. No existe ninguna homogeneidad generacional sobre el plano de las expresiones culturales o políticas. Existe sin embargo una homogeneidad generacional que depende del contexto tecno-antropológico. Y esto cuenta muchísimo, naturalmente, sobre todo cuando estamos hablando del salto técnico gigantesco que representa hoy la transición digital.

Por tanto, es legítimo indagar en la especificidad de la generación conectiva que los periodistas han llamado “generación millennial”. Pero no me parece igualmente legítimo identificarla como si expresase comportamientos homogéneos sobre el plano electoral o el plano de la acción consciente.

El artículo de Sarah Leonard subraya el hecho de que esta generación está debiendo pagar las consecuencias de la agresividad neoliberal y busca ahora volver a vincularse a la generación de sus abuelos, experimentando un cierto disgusto por la miseria psíquica y moral de la de sus padres, que han aceptado el chantaje neoliberal. El artículo de Navalón me parece superficial e irritante, pero tampoco la aproximación de Leonard me convence del todo. Refiriéndose al comportamiento político, Navalón destaca el rechazo a comprometerse políticamente y la tendencia abstencionista de los más jóvenes, mientras que Leonard dice lo contrario. ¿Tienen razón ambos? ¿O ninguno de los dos?

La generación precaria, a pesar de estar capturada en el universo técnico conectivo, ha comenzado a rechazar la hipocresía de la izquierda neoliberal que la ha condenado a la precariedad y a los salarios de miseria en nombre del interés exclusivo del capital financiero. Pero me pregunto si en muchos casos los más jóvenes no manifiestan un desinterés total por la política por considerarlo un arte del pasado que no parece tener ya ninguna eficacia sobre el presente, reducido como está a ser un ritual de legitimación de los poderes financieros.

En los últimos días, todo el mundo se apresta a saludar al triunfador de las elecciones francesas, pero el acontecimiento significativo no ha sido la falsa victoria del polo de poder que promete desplegar una nueva ofensiva contra los trabajadores. El evento extraordinario ha sido que el 57% de los franceses no ha votado. Macron representa una minoría del electorado francés. Lo ha votado la burguesía de izquierda y la burguesía de derecha que pretenden hacer pagar a los trabajadores cada vez más precarios las cuentas de la sumisión al dominio financiero europeo.

Sufrimiento, malestar, precariedad

En el último decenio, he estudiado la primera generación conectiva (mis libros están dedicados sobre todo a este objeto misterioso). Pero no me he propuesto en absoluto definir a los millennials en términos políticos. Si queremos encontrar un elemento de especificidad es mejor no centrarse en las preferencias electorales, porque es un dato completamente superficial. Hay que enfocar más bien el sufrimiento, la soledad y el suicidio. Son el sufrimiento, el malestar y la precariedad como impotencia y como fragilidad las características que nos permiten, no tanto tener una definición, como aferrar un rasgo de subjetivación posible de la generación conectiva.

Tras la victoria de Trump muchas universidades americanas organizaron distintas iniciativas de apoyo psicológico para los estudiantes traumatizados por el giro que ha dado su país. Algo impensable para mi generación: habríamos arrasado la ciudad a hierro y fuego para detener el avance del fascismo. Pero sería un idiota si en esta oposición generacional me quedase con un aprecio reaccionario por la mitología agresiva de mi generación. La trayectoria de formación de la conciencia es indisociable de contextos técnicos y culturales que son totalmente diferentes.

En Estados Unidos se habla de snow flake generation (generación copo de nieve) para proponer una nueva definición de los súper-observados millennials. La fragilidad de un copo de nieve es una característica psicológica, tal vez estética, sólo de manera muy indirecta política.

Los blairistas-macronistas deberán responder ante el tribunal de la historia (que no existe) por la destrucción psíquica y la instrumentalización de una generación que contiene potencialidades inmensas, pero no ha sabido transformarlas en un proceso consciente y organizado. La izquierda neoliberal ha engañado a las generaciones emergentes, que ahora parecen empezar a comprender el truco y ya no se dejan capturar tan fácilmente en el mito idiota de la competición a muerte con fines de crecimiento y la auto-explotación.

Cuando los millennials se vuelvan capaces de transformar su fragilidad en autonomía comenzará quizá un proceso verdadero de liberación, que no pasa por las elecciones (o no sólo por ahí), sino que deberá involucrar la auto-organización del saber y la tecnología, la distribución de la riqueza, la libertad del trabajo y la emancipación del hacer.

Cuando los millennials se liberen de las mentiras en las cuales el blairismo-macronismo los ha enjaulado, cuando encuentren el camino hacia la amistad que hoy tanto les asusta, entonces tal vez la salida del infierno capitalista aparecerá como algo más simple de lo previsto: esta vía de salida coincide con la solidaridad y conduce a liberar la única potencia de la que disponemos (los millennials más que todas las generaciones precedentes): la inteligencia colectiva, la amistad en el conocimiento.

Una entrevista a Franco Berardi (Bifo) en ‘Interferencias’, por Amador Fernández-Savater:  “Una sublevación colectiva es antes que nada un fenómeno físico, afectivo, erótico”.