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Je suis Demócrata

30 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Permítanme que comience escribiendo de la felicidad. Esta mañana al levantarme he leído, para aliviar la pesada carga de la actualidad española, un informe que habla de los países más felices. Hace tiempo que incluso el Desarrollo no se mira por las cifras macroeconómicas sino por las factores (IDH) que contribuyen al bienestar de los ciudadanos que habitan un territorio en sociedad. Finlandia encabeza ahora la lista de la ONU y siempre son los países nórdicos los que se encuentran en lo más alto de la clasificación. La igualdad y la educación marcan el camino y, por tanto, España, la España que regentan los conservadores, suele estar en lugares preocupantes de la tabla. Y cada día más. Porque vamos en sentido inverso.

Este jueves un emigrante senegalés, Mame Mbaye Ndiaye, que en 12 años no consiguió “papeles”,  murió de un infarto en el Barrio de Lavapiés en Madrid donde residía. Sus compañeros dicen que la muerte se produjo tras correr huyendo de una persecución policial. Mbaye tenía 34 años y vendía perfumes en el top manta. Entre los datos confusos barajados, el Ayuntamiento  confirma una persecución de la policía municipal aunque de Sol a Plaza Mayor, 20 minutos antes.

El hecho es que su muerte ha desatado una fuerte indignación en Lavapiés, disturbios, las ya habituales muestras de racismo y las también frecuentes amenazas. La policía atribuye la violencia a “radicales” y los desvincula del colectivo de manteros.  Periodistas presentes dicen que fueron hombres blancos encapuchados. Nuestro compañero, el periodista de eldiario.es  Moha Gerehou explica, en línea con el comunicado de SOS Racismo, que “no es una muerte casual, es consecuencia del racismo institucional”. El PP y Ciudadanos culpan a Ahora Madrid de crear un caldo de cultivo. Y la Asociación de la Policía Municipal de Madrid advierte de querellas a… Ramón Espinar, de Podemos, por escribir en un tuit: “Hemos fracasado como democracia”. Según advertía ABC. Venía a anticipar las portadas de la la prensa afín al PP que amanece este sábado culpando a Podemos de los disturbios.

En los vídeos de la noche, vimos cómo antidisturbios se acercaban a una persona que estaba sola en mitad de la plaza, le pegaban en la nuca, lo dejaban inconsciente y se iban, hasta que alguien volvió y se lo llevó a rastras, sin seguir los protocolos médicos en esta circunstancia. Déjenme que vuelva a la felicidad en Finlandia: una de las claves es que tienen “Poca policía, mucha seguridad”.

Juan Luis Sánchez lo ha encontrado en un hospital -dado que no figuraba en el registro de heridos-.  Se llama Arona Diakhate, senegalés también, y está ingresado por traumatismo craneoencefálico “por objeto duro y desconocido”. Le han dado veinte puntos en la cabeza. 

Veníamos de un día agobiante, donde se produjeron actitudes en el Congreso de los Diputados deleznables.  El PP quiere -por ideología e interés electoral- que no solo no se derogue la Prisión Permanente Revisable (Cadena Perpetua), sino que se endurezca. Y usa y alienta a algunos padres de jóvenes asesinados que, en contra de las razones contundes contrarias a la ley, parecen creer que penas ineficaces y ultraconservadoras calmarán su, muy explicable, dolor.

El Congreso se convirtió casi en el Coliseo de la Antigua Roma. La escena del diputado popular Bermúdez de Castro es de las que avergüenzan como país. La de Girauta de Ciudadanos tampoco se quedó atrás. Desde la tribuna de oradores, Bermúdez de Castro reta a la oposición para que miren la cara de los padres antes de votar. Estos aplauden o hacen gestos desde lo alto de la grada. Rajoy les saluda después. La imagen y las declaraciones de los padres de Diana Querr y Mari Luz abre el Teledario de TVE. La prensa concertada con el PP, como ABC, jalea desde portada.

Aupado en las encuestas por su dureza contra el “procés” en Catalunya, Ciudadanos cambia todo su discurso contrario a la Ley por un apoyo entusiasta, que es su apuesta favorita esta temporada. PP y Cs pelean por votos viscerales y no precisamente progresistas y en esa lid les vale todo. Asómbrense que hasta el editorial de El País recrimina a ambos partidos, también al de Rivera, su aprovechamiento de las víctimas para sus fines electorales.

Se suceden los indicios inquietantes. Los familiares de jóvenes asesinados  cargan contra el PSOE por su postura ante la prisión permanente revisable.  El PSOE dice, según la Cadena SER, que se apunta a dilatar el trámite de la ley como PP y Ciudadanos hasta que se enfríe el debate y se pronuncie el Tribunal Constitucional de la independiente justicia española.

Veníamos de la condena del Tribunal de Derechos Humanos de Estraburgo, por la que el Estado habrá de devolver la multa a quienes quemaron una foto de los reyes hoy eméritos porque han considerado es libertad de expresión. Veníamos de que, ni la sentencia ni las críticas a las prerrogativas y excepciones de las que goza el jefe del Estado español, han logrado que PP, PSOE y Ciudadanos se avengan a derogar el delito de injurias al Rey, como se debatió. Y ahí sigue, con sus secuela de damnificados.

 Ya no faltaba más que la multa de 40.000 euros a la Revista Mongolia por una caricatura del torero Ortega Cano. No puedo estar más de acuerdo con los razonamientos de Darío Adanti, uno de los autores de Mongolia: “El género satírico ha estado ligado especialmente a las democracias, no hay totalitarismo, del signo que sea, que soporte la sátira“.

La libertad de expresión en España se está poniendo muy cuesta arriba. Cualquier crítica puede ser objeto de querella si un juzgado la admite. Hechos consumados y públicos se archivan por falta de pruebas. Muchos coincidimos en que hay una flagrante diferencia de trato judicial “en función de criterios políticos, sociales e ideológicos”. Lo argumentaba ayer aquí Carlos Hernández.

La España de Rajoy y su PP que pretende heredar, en calco, Albert Rivera y sus Ciudadanos, está dando un sobrecogedor relato que nos está alejando de los estándares puramente democráticos. El Tribunal de Estrasburgo, en efecto, va a tener que hacer horas extra con nosotros. Esa pugna en los márgenes extremos de la derecha, sin importar usar en su provecho hasta el dolor de niños y grandes, augura días más tenebrosos todavía. Porque ya va sin freno. El PSOE podría cambiarla y hasta salvar los escasos muebles que le quedan, pero alguna de sus complicidades, como vemos, no van precisamente por esa senda.

Los vividores de esta España entierran con suma facilidad el malestar real de la gente. Con una voluntad de ignorancia a la que la realidad tumba una y otra vez. Confían en exceso en el buen funcionamiento de la manipulación que practican y, como en los viejos tiempos, inculpan a otros a ver si los desactivan. Olvídense de siglas, no se puede engañar permanente a tantos ciudadanos, a tantos sectores, sin que aflore. Ahí estamos las mujeres. Y los pensionistas. ¿Saben que el PP insinúa que los están utilizando? Ya se está planteando luchar también por la Democracia.

Un mayor bienestar es posible. En los países nórdicos se abren paso los fascismos de nuevo cuño como está ocurriendo en tantos lugares. Pero existe una mayoría social educada y educada en valores, que respeta y ama la democracia. Su posición civilizada les lleva a una calidad de vida que nosotros nunca hemos alcanzado. Los españoles vivimos más, por el clima, los alimentos y una cierta despreocupación de carácter. En el resto de los parámetros de “la felicidad” estamos en los sótanos. Lo explicó a la perfección Gil de Biedma al recordar cómo siempre caemos en el mal gobierno. España no es víctima de una maldición. “Son hombres quienes han vendido al hombre”. Y mujeres. Pero muchas y muchos otros despiertan para no caer en los mismos errores, algunos a bofetadas de realidad.

Educación, igualdad, justicia, información veraz, democracia sin mordazas: ése es el camino.

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Para evitar a la fiscalía… hazte franquista, cura o policía

29 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

El titular de este artículo es una broma, ligeramente parafraseada, que circula desde hace años entre los sectores progresistas de toda España. Un chiste, un sarcasmo y una exageración que, sin embargo, ha dejado ya de tener gracia porque lo que nació comedia, ha terminado convertido en un drama inquietantemente realista.

Es verdad que esto viene de muy lejos, podríamos decir que de las propias raíces del sistema. Son pocos los ingenuos que alguna vez se han creído eso de que “la Justicia es igual para todos”. Más allá del habitual trato de favor que el engranaje jurídico brinda porque sí al poderoso frente al robagallinas, ¿alguien puede o ha podido argumentar seriamente que, en un pleito, tiene las mismas oportunidades el reo defendido por un abogado de oficio, por brillante y trabajador que este sea, ante el ejército de letrados y bufetes que representa a un magnate, un político, un lobby o una gran empresa? Todos conocemos la respuesta a esa pregunta y nos la hemos tragado, a pesar de saber que suponía una flagrante violación del artículo 14 de nuestra Constitución. Tenemos tan asumida la desigualdad económica que, al fin y al cabo, ¿por qué iba ser diferente a la hora de sentarnos en el banquillo de los acusados?

Siendo grave esta normalización de la injusticia, aún lo es más que estemos tolerando que ese trato desigual, paso a paso, se vaya ampliando en función de criterios políticos, sociales e ideológicos. Basta repasar lo ocurrido en los últimos días para encontrarnos con algunos sangrantes ejemplos y poder visualizar aquellos perfiles y/o profesiones que te sitúan en una posición privilegiada a la hora de afrontar cualquier problema con la Justicia.

1.- POLICÍA. Este jueves conocíamos la noticia de que el policía que golpeó a varios fotoperiodistas en una manifestación, celebrada en 2014, no tendrá sanción alguna. La jueza, en un auto demencial, reconoce que el agente agredió al menos a dos fotógrafos, pero afirma que eso no supone una vulneración del derecho a la libertad de dar y recibir información porque no les confiscó sus equipos ni sus grabaciones. Les pegó hasta que cayeron al suelo, pero como no les robó las cámaras… ¡Claro que sí, señora jueza! ¡Si no siguieron informando desde el asfalto y con el cuerpo amoratado es porque no quisieron! Zanjado ese asunto por la magistrada, no existe delito, pero sí una falta de lesiones que, ¡oh sorpresa!, ha prescrito y, por tanto, no puede ser castigada. Lo que no dice la jueza en su fallo es que la demora temporal en el proceso que ha provocado la prescripción obedece a que el agente no llevaba visible su número de identificación y a que, posteriormente, sus superiores pusieron todo tipo de obstáculos para evitar que el tribunal conociera la identidad del agresor. En resumen, la estrategia de un presunto delincuente y de sus mandos, con la aquiescencia de la judicatura y de la Fiscalía, funcionó para que el hecho investigado quedara impune.

2.- SACERDOTE. El prior del Valle de los Caídos sigue hoy negándose a cumplir las sentencias judiciales que le obligan a facilitar varias exhumaciones en la mayor fosa común de España. Repito porque parece que no se ha entendido: “se niega a cumplir las sentencias judiciales…”. ¿Ha pasado algo? ¿Ha actuado la Fiscalía? ¿Ha ido la policía a garantizar que se cumplan los dictados de los jueces? No, no y no. Una pasividad que resulta aún más grave después de que conociéramos este miércoles el descorazonador estado en que se encuentran las decenas de miles de cuerpos enterrados en el Valle. No se trata de enterramientos muy “cristianos” que digamos y, por ello, resulta tan incomprensible la actitud de nuestra Justicia como la indiferencia inhumana de la Conferencia Episcopal. La Iglesia española y El Vaticano se han convertido en cómplices y corresponsables de todo lo que ha hecho, haga y vaya a hacer este religioso cuya mayor preocupación es depositar cada mañana flores frescas en la tumba de Francisco Franco. Un religioso que no solo incumple sentencias, sino que se ha burlado del Parlamento al negarse a comparecer ante él y que viola sistemáticamente la Ley de Memoria Histórica al ensalzar el franquismo y humillar a sus víctimas.

3.- GENERAL Y FRANQUISTA. Este lunes conocíamos  la carta en la que el general Juan Chicharro Ortega asumía la presidencia de la Fundación Nacional Francisco Franco. En un escrito con un insufrible tufillo golpista, el que fuera ayudante del rey Juan Carlos prometía “propagar las ideas” del dictador y, en definitiva, anunciaba su intención de violar la Ley de Memoria Histórica. La Ley de Memoria Histórica, sí, esa ley que hasta el presidente el Gobierno se jacta de incumplir.

4.- DELINCUENTES DE GUANTE BLANCO. El pasado domingo leíamos como el exalcalde de O Grove, condenado por blanqueo de capitales y absuelto de narcotráfico in extremis por el Tribunal Supremo, amenazaba de muerte a Nacho Carretero, el periodista que escribió Fariña. “Si yo no fuera creyente y tuviera un revólver buscaba al tipo y le pegaba un tiro en la cabeza”, dijo en una entrevista publicada por El Mundo. No sé a ustedes, pero a mí me recordó mucho al momento en que el radiopredicador ultraderechista Federico Jiménez Losantos expresó públicamente su deseo de asesinar a varios dirigentes de Podemos. ¿Ha actuado la Fiscalía de oficio en alguno de los dos casos? ¿Entendemos, por tanto, que es legal decir, por ejemplo, “si yo no fuera creyente y tuviera un revólver buscaba a Bea Gondar y le pegaba un tiro en la cabeza”? ¿Damos por hecho que un periodista, mañana, puede decir en una radio: “si veo a Rajoy, o a la Cospedal o a la Soraya y llevo la escopeta, disparo”?

Es solo una breve muestra que se puede ampliar hasta el infinito y más allá, según retrocedamos en la hemeroteca. En ese recorrido inverso encontraríamos infantas y presidentes del Gobierno testificando bajo palio, partidos políticos a los que se avisa una docena de veces antes de proceder a registrar sus sedes, cargos públicos absueltos por “inevitables” prescripciones, empresarios corruptores sobre los que la Fiscalía nunca pone el foco….

Me he ahorrado las comparaciones para que cada uno elija el alter ego de cada caso según sus propias inquietudes. Tienen donde elegir: titiriteros que son detenidos en plena función y enviados a la cárcel fulminantemente, vecinos de Murcia que acumulan más de 40.000 euros en multas por manifestarse contra las vías del AVE, tuiteros, raperos, humoristas y, últimamente y sobre todo, independentistas perseguidos inmisericordemente. Este mismo jueves hasta una revista satírica como Mongolia era condenada por… hacer humor. En todos estos casos, y los que cada uno quiera añadir, no solo se aplica la ley con rigor, sino que se retuerce la legislación vigente hasta donde haga falta. Incluso llegado el caso, tal y como ocurrió con el asesinato en Iraq del reportero de Telecinco José Couso, si el juez no se doblega ante las presiones políticas y las maniobras del ministerio fiscal para dejar impune el crimen… se cambia la ley para que el magistrado se quede sin caso y a tomar por saco. ¡Sin complejos!

Alguien decía esta semana en Twitter que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo no va a dar abasto ante la infinidad de recursos que le van a llegar desde España por las graves vulneraciones de derechos fundamentales cometidas en los juzgados a instancias de nuestros gobernantes. El fallo que ha dado la razón a los dos jóvenes que quemaron fotografías del Rey es solo el primero. Vendrán muchos más porque en nuestro país la Justicia ya no es ciega, es tuerta, y ve divinamente con su ojo derecho.

“Es milagroso que tras 500 años de discordia los españoles caminéis juntos. Quizá es vuestra manera de ser”

28 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Giles Tremlett (Plymouth, 1962) es un enamorado de España. Vive en Madrid y escribe para The Guardian. Es un viajero que aprendió a viajar de sus padres viajeros. Si hubiera nacido seis meses antes sería chipriota; si hubiera nacido seis meses después, tanzano. Llegó a Barcelona en 1992, el año olímpico y se quedó. Isabel la Católica (Debate) es su tercer libro sobre España. En él trata de desmitificar la figura de la reina, colocándola en un contexto más amplio. La entrevista se desarrolla en la cafetería de un centro de yoga. Aparte de sus virtudes terapéuticas tiene una imbatible: está al lado de su casa.

Lleva tres libros sobre España, Fantasmas de EspañaCatalina de Aragón y ahora Isabel la Católica. ¿Qué ha aprendido que nos pueda enseñar a los españoles?

He aprendido muchas cosas. Lo primero es que no hay un acuerdo básico sobre lo que es la historia de España. Eso ha sido la mayor sorpresa. Cómo la gente se acerca a la figura de Isabel la Católica. Muchos que la ven como un personaje diabólico. Me ha sorprendido la visceralidad de unos y la exageración de otros. No quiero caer en el tópico de las dos Españas, pero falta un acuerdo y falta un relato.

Esa falta de un acuerdo empieza en la Edad Media.

Empieza con ella, o con ellos, con Isabel y Fernando. Algunos nos culpan a los extranjeros de su mala imagen y de la leyenda negra, que si los italianos envidiosos y los protestantes no sé qué. Pero hay otra leyenda negra de fábrica nacional, la interna de España que tiene que ver con el franquismo que se apropia de Isabel y la convierte en uno de sus símbolos. Hay gente que no se puede acercar a su figura porque ha aceptado esa imagen franquista. Otros que la adoran por la misma razón. Hay que quitar todo esto para tener una mirada nueva, diferente.  

¿Se aproximaba la serie de televisión a su figura?

No la vi. Como sabía que iba a escribir sobre ella preferí no contaminarme con la ficción, pero los historiadores dicen que sí.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido después de hacer una inmersión en su figura y en una época en la que se estaba conformando esto que Mariano Rajoy llama España?

Lo más sorprendente es que sea una mujer. Estamos hablando del siglo XV. Si amplías un poco el foco y comparas con lo que está pasando en otros países, ves que ella es única por ser mujer. No hay una mujer tan poderosa en la historia de Europa antes de Isabel. También que todo lo malo y terrible de España no es tan malo y terrible cuando lo comparas con lo malo y terrible de todos los demás, incluso de los británicos. Nosotros expulsamos a los judíos a mediados del siglo XIII, dos siglos antes que los Reyes Católicos. Antes de acercarme a su figura también había interiorizado esa imagen de mujer malvada. Ahora la veo en sus actos como un personaje de su tiempo, pero excepcional por su condición femenina.

Toda mujer fuerte, inteligente y con poder es malvada; los hombres son estadistas.

Claro. Hemos tenido a Iván el Terrible. Hay miles de reyes y emperadores terroríficos, a los que de alguna manera les perdonamos su violencia y nos parecen maravillosos, pero a ella no le perdonamos su violencia.

¿Qué aportó Fernando al matrimonio?, Parece que formaban un buen equipo.

Formaban un equipo muy bueno. Lo que aporta Fernando es la capacidad de aceptar que una mujer pueda reinar y ejercer el poder. Todos los que le rodeaban esperaban que se hiciera con todo el poder, pero él es capaz de compartir. No me he adentrado demasiado en su figura para entender su psicología. Tenía una madre muy fuerte que había ejercido de representante de su marido en Catalunya. Cuando ella ejercía el poder su hijo andaba con ella. Él tenía un modelo de una mujer que ejercía el poder. A lo mejor esto le ayudó para llegar a un acuerdo matrimonial que es único, el acuerdo de compartir el poder entre dos personas. Es muy difícil encontrar a una mujer y un hombre que consiguen compartir un proyecto de poder, que es lo que es en el fondo, un trato político. Fue un éxito porque los dos lo sabían perfectamente.

Y tampoco eran tan católicos.

Lo de católicos es un regalo del papa por ayudarle en sus guerras. No eran piadosos. Otra cosa es que ella fuese muy estricta en el comportamiento de la mujer, en su imagen y reputación.

Antes de Fernando, Isabel estuvo cerca de casarse con el rey de Portugal. Hubiera cambiado por completo la historia de España.

No digo que sea una casualidad, pero se pueden llamar accidentes de la historia. Cosas que en un momento van en una dirección y cuatro meses después hubieran ido en la contraria. Su matrimonio con Fernando se debe a su tozudez. Todos los hombres que la rodean creen que son ellos los que van a decidir pero no, es ella la que decide.

Cuando muere Isabel el marido no hereda el trono, incluso se tiene que exiliar porque no es bien visto en Castilla. La España unida que presenta el PP no existe.  

Cuando muere Isabel se rompe España, si quieres expresarlo así, pero tampoco estaba tan unida como para decirlo. Castilla y Aragón eran dos coronas que se unen en un matrimonio y cuando una parte de ese matrimonio desaparece, desaparece también la unión. Su hija es la heredera pero no gobierna. Gobierna el marido de la hija sobre el padre de la hija y eso hace que Isabel sea también única en ese sentido.

¿Cuándo se puede decir que empieza esto que llamamos España?  

El problema es tener que poner una fecha de cuando empieza España, porque no la tiene, es un procés, un proceso. Empieza con ella y luego se rompe. ¿Cuándo arranca lo que es España? Tal vez cuando Fernando se anexa Navarra. En ese momento hay una unión bajo una corona, pero es una corona que tiene territorios en Italia, y cada territorio existe por su cuenta. Fue gradual. Se va asentando con los hijos y nietos, y los nietos de los nietos.  

Giles Tremlett durante su conversación con eldiario.es
Giles Tremlett durante su conversación con eldiario.es MARTA JARA

Se puede decir que hubo un Estado federado antes de haber un Estado.

Los que quieren ver un Estado en el XVI están viendo un Estado federal en ese sentido.

Seguimos en el siglo XXI con esos reinos: Castilla, Aragón sería Catalunya; Navarra podía ser el País Vasco, o al menos una parte; Granada es Andalucía… Es un problema sin resolver.

Es una realidad, y es una realidad que España lleva viviendo así 500 años. No hay nada nuevo. Lo curioso es que siga creando conflicto después de tanto tiempo.

Quizás el primer problema es que no aceptamos que tenemos un problema.

Falta un relato, un relato nacional. Un país que no tiene ni letra en su himno nacional es que tiene problemas con su pasado, porque los himnos nacionales suelen cantar las glorias de la nación, lo que ha hecho en el pasado, y aquí ni se ha podido hacer eso.

Inglaterra tiene un relato y muchos himnos.

Sí, ya, pero los relatos no son historia, los relatos son mentiras, leyendas, mitos, pero sobre todo son un bagaje cultural compartido. No lo tienes que creer, pero sí que te tienes que sentir cómodo porque forma parte de tu relato. Un sueco no se comporta hoy como un vikingo, no asesina, no viola, pero siente que es su relato.  

¿Somos el único país europeo que tiene este problema? ¿Lo han resuelto los demás?

No lo sé porque muchos países son muy recientes en ese sentido. También podemos darle la vuelta a la tortilla y decir que es milagroso que después de 500 años de discordia aún estéis  caminando juntos. A lo mejor es vuestra manera de ser y habría que convertirla en parte del relato. Es como una familia: nos peleamos, pero nos queremos.

El historiador francés Pierre Vilar insiste en su Historia de España en el factor geográfico, de cómo determina el carácter de las personas y de los reinos: un centro cerrado y menos permeable a las influencias modernizadoras y una periferia abierta y dedicada al comercio.

La orografía española es tremendamente accidentada, hay montañas y ríos que antes eran difíciles de cruzar. Por eso quedaron tan diferenciados los gallegos de los catalanes o de los andaluces. Era bastante difícil moverse por España. Así lo veían los viajeros ingleses del XVIII y el XIX. Esos territorios se han podido unir con túneles, puentes y carreteras. Con los trenes de alta velocidad estamos más conectados que nunca, una masa uniforme ve la misma televisión y comparte más cosas, pero paradójicamente parece más dispuesta a pelearse.  

Tenemos la capacidad de pasar del ‘somos una mierda’ al ‘somos los mejores’.

Es un poco bipolar, pero muy humano.

¿Somos un país bipolar?

No, no sois un país bipolar, quiero decir que la gente es así, incluso los británicos que damos la imagen de flemáticos y en cuanto se beben cuatro cervezas sale la bestia. A lo mejor el milagro de España también es este, que tiene una elasticidad emocional que le permite este tipo de bandazos, pasar del pesimismo al optimismo, lo que lo convertiría en un país tolerante.

¿Por qué carecemos de esa habilidad de dar la vuelta a los defectos y buscarle las virtudes? ¿Quizás por eso nos falta un relato aceptado?

Los relatos son también un problema. Son los que originan las guerras y el patriotismo más tonto y absurdo. Es más honesto cuestionarse como individuo e incluso como sociedad.  

¿De quién depende el relato, de las élites o de la gente?

El relato tiene mucha inercia, viene de muy atrás, no se puede crear de la nada. Aunque sí creo que los catalanes se lo están trabajando bien. Hay hasta una serie en la televisión catalana sobre los orígenes de Catalunya que es interesante. El relato se enseña en la escuela y en los medios en el sentido más amplio: los libros y la cultura. Con esto no quiero decir que hay que imponer un relato a los españoles. Lo que digo es que hay que sentirse cómodo dentro de la incomodidad de un relato en el que discrepas de ciertas cosas o que sabes que no son verdaderas pero que las aceptas. A mí, por ejemplo, me disgusta Churchill, pero acepto que forma parte del relato británico. Incluso diré que hay que tenerlo en cuenta para entender quiénes somos. No tanto porque yo crea todo el mito de Churchill, sino porque los demás sí que se lo creen.

Una de las virtudes de los ingleses es saber reírse de sí mismos.

Esto lo tienen los catalanes también. Bueno, últimamente menos.

El castellano tiene menos capacidad para reírse de sí mismo; se ríe mejor de los demás.

No sé si se ríe mucho de los demás, pero tiene menos capacidad para reírse de sí mismo.

La Guerra Civil y una dictadura dejó heridas a varias generaciones. Aún no hemos conseguido explicar de dónde venimos y solventar problemas básicos en el funcionamiento democrático.

La memoria histórica debería ser más un proceso más de añadir que de quitar. Pensemos en el monumento en Barcelona a José Antonio Primo de Rivera. Había fotos de Samaranch y de la gente del Movimiento con el brazo en alto. Me impresionó cuando llegué a Barcelona porque era enorme. Me di cuenta de que también había franquistas catalanes, de que en Catalunya hubo fascismo. Si lo quitas, dejas un vacío que se tiene que llenar con algo. Se puede llenar contando nuevos relatos. Prefiero mantener el monumento y poner al lado una explicación de lo que es, de qué representa. Debe ser un punto de discusión, no un borrón y cuenta nueva.

El discurso identitario de los independentistas obvia al reino de Aragón y cuál fue su relación con Catalunya.

Si volvemos al siglo XV hay momentos en los que Catalunya está peleando con Aragón y está buscando la ayuda de Castilla. En Barcelona cuando tienen problemas con Fernando hacen un esfuerzo por acercarse a Isabel, para tener una amiga al lado del rey. Mi broma es que ella fue la primera mediadora internacional en la cuestión catalana. La mimaron mucho en Barcelona para que fuese su amiga en la monarquía dual.

Portada del libro 'Isabel la Católica', de Giles Tremlett
Portada del libro ‘Isabel la Católica’, de Giles Tremlett

Catalunya era parte de Aragón, no una nación milenaria.

No creo que existan las naciones milenarias en ninguna parte del mundo, ni Inglaterra.  

¿Es difícil explicar el conflicto catalán a un extranjero?

Sí, muy difícil. Se ha complicado mucho por las fotos del 1 de octubre. La primera imagen que ven los que no sabían nada de Catalunya es la de la policía aporreando a votantes A partir de ahí empiezan a trenzar la historia. Muchos ni siquiera sabían dónde estaba Catalunya. Es difícil explicar cómo ha sucedido. Ahí el Gobierno la cagó y Rajoy perdió el relato. Fue un desastre. A las diez de la mañana vi en la web de La Vanguardia una foto de una señora con sangre en la cara. Decían: “A Rajoy le va a costar explicar esto”. Y eran solo las once de la mañana. Todavía estoy esperando una explicación detallada y convincente. Aún no entiendo qué pasó.

No supieron explicar a los medios extranjeros, a las televisiones, que no era un referéndum como el escocés. Lo organizaban los independentistas, votarían casi en exclusiva los independentistas y no había autoridad electoral imparcial.

Ahí puedo hacer crítica a la peña periodística. Yo sí que lo explicaba así, incluso antes. Pero, claro, es volver a lo mismo, a lo que se empieza con cinco imágenes. El periodismo es a veces muy simplista; a veces no hay capacidad en el lector para entender argumentos difíciles.  

¿Tiene la clase política española la capacidad para pensar fuera del marco?

Alguno sí. El problema es que el marco es la Constitución y para pensar fuera de él tienen que estar de acuerdo el 66% de los políticos, y eso es difícil. El problema es que el marco es a veces una jaula. Me gustan las constituciones, pero la ventaja de no tenerla como sucede en el Reino Unido es que no estás metido en una camisa de fuerza.

Los británicos tenéis unos acuerdos básicos de convivencia. Aquí tuvimos una dictadura.  

Me preocupa el lenguaje. ¿Qué te queda después de llamar a alguien nazi? No puedes ir más allá. Es el último eslabón. Me preocupa que la violencia de las palabras llegue a otra cosa algún día.

Catalunya tiene una sociedad civil más estructurada que en el resto del Estado y ha sido más permeable a las ideas modernizadoras, pero a cambio hay una debilidad emocional, no en todos, claro, que les lleva a relacionarse con España desde el agravio.

El problema está en que el mensaje tiene emisor y receptor. Si tú te escandalizas con cualquier cosa y te sientes humillado con cualquier cosa, es difícil, porque la ofensa está tanto en el que ofende como en el ofendido. En Catalunya hay gentes que están permanentemente ofendidas y a la espera de la próxima ofensa. Ahora esto tiene una doble vía. El otro día conocí a una señora de Madrid que no quiso ir a Barcelona a una convención de muñecas Nancy por miedo.

Ahora se abren dos vías. Si se actúa con inteligencia, ese 48% de independentistas bajará a un 30%. Y si se actúa con poca inteligencia desde el Gobierno…

Subirá al 75%.

Subirá a un 70% o 75% y podrían declarar la independencia unilateral.

Creo que sí, pero como británico les digo que hace mucho frío ahí fuera. Estoy a punto de perder mi ciudadanía europea, y eso tiene un valor altísimo. De lo que no se dan cuenta es que es un club de países y el país que ha entrado se llama España. Y si salen de ese país, pues salen de ese club. Y además los del club se defienden entre sí. Forman una unión de ayuda mutua. No basta con ir a la UE y decir mira, somos gente buena, pacífica y queremos votar. Es (Eso) no es suficiente Me parece lógico que los independentistas empiecen a ser euroescépticos.  

La CUP han sido claros desde el principio.

Sí, y ahora vemos que Puigdemont empieza a tirar por ahí. Es lógico, lo entiendo; incluso diría que eso es lo que hay que explicar a la gente, que si nos vamos nos vamos, nos vamos en el sentido más absoluto de la palabra.  

¿Cuál va a ser su siguiente libro sobre España?

Las Brigadas internacionales. En el fondo no es sobre España, es sobre Europa, y España como un elemento importante dentro de ella. Se puede decir, y esto enlaza con la reina Isabel, que los españoles no se dan cuenta de su importancia dentro de la historia europea. La Guerra Civil fue la gran causa de los años 30. Por eso vino gente a morir.

Gracias a las Brigadas, Madrid no cayó.

Bueno, en parte. Eso se ha exagerado un poco, pero sí, estaban en primera línea.

Hay figuras poco conocidas, como el general Miaja, que fueron claves no solo en la defensa de la ciudad, sino en parar los paseos y las sacas; él acabó con ello en noviembre de 1936.

A lo mejor habrá que escribir sobre Madrid, que es una historia muy interesante. Hace seis meses en una charla en Manchester se me acercó una señora muy mayor, una madrileña que llevaba mucho tiempo en Inglaterra. Me dijo: “Ay, hijo, vivía cerca de Ventas y recuerdo los camiones en los que llevaban a los que se iban a fusilar, y cómo se oían los llantos y los gritos, y recuerdo a mi padre que daba cabezazos contra la pared diciendo no puede ser, no puede ser”. No se conocen estas pequeñas historias. Hay mucho por contar.

Los periodistas españoles no hemos hecho un buen trabajo en los últimos años, sobre todo en el tema este de Catalunya. Se ha convertido en un periodismo de trinchera.

Algunos periódicos son difíciles de leer ya por ese tema. Pero siempre nos queda Juliana.

El libro de Isabel ya está en la Tercera edición. Hay interés en las figuras históricas.

Quiero que la gente empiece con ella donde empecé yo, pensando, ¿qué hace una mujer mandando en un país europeo en el siglo XV? Si empiezas ahí y dejas atrás el bagaje de España te puedes acercar a su figura. No tiene por qué caerte bien. Yo no la invitaría a cenar pero sí la entrevistaría. Como figura histórica es muy interesante. Luego hay otros temas que están por investigar, como la trata de esclavos que empieza con ella. O la Inquisición, que mató menos gente que la caza de brujas de los protestantes. El historiador [George Macaulay] Trevelyan dice algo así como que la magia de la historia es que personas como tú y yo paseamos por los mismos lugares por los que pasearon las figuras históricas hace 300 o 500 años, sintiendo las mismas emociones. El objetivo es llevar al lector a percibir la historia de esa manera, como un relato sobre personas reales que no dejan de ser seres humanos que intentan sobrellevar cada situación que encuentran.

De himnos y rimas

27 abril, 2018

Fuente: http://www.lamarea.com

Algunas reflexiones tras la actuación de Marta Sánchez y la condena de Valtònyc: “Un camino te lleva a poner tu impulso artístico al lado del mejor postor, el otro al lado del que nunca puede pujar”.

21 febrero 2018
09:40
De himnos y rimas
El rapero Valtònyc junto a la Audiencia Nacional. FERNANDO SÁNCHEZ

Cuando hace unos meses, a propósito de la crisis catalana, escribía que España estaba más cerca de Turquía que de los Balcanes no pretendía exagerar nuestro contexto, sino trazar el rumbo del viaje que algunos han hecho emprender a este país hacia el recorte de libertades, hacia la deriva autoritaria. La actualidad, que es a veces suceso y a veces sucedáneo, va sobrada de escenografía, pero carece de escrúpulos, por lo que en apenas 48 horas nos ha brindado una nueva representación de este hundimiento.

El domingo, entre la chanza y la estupefacción, vimos cómo Marta Sánchez ponía letra al himno nacional. El espacio donde se cometió el letricidio no pudo ser más apropiado que el Teatro de la Zarzuela. En primer lugar, porque este giro precocinado de la actualidad a quien iba destinado era a las clases populares, lo mismo que el género chico. En segundo, porque si la Zarzuela recibe este nombre, coincidente con el del palacio de nuestra realeza, es porque las primeras representaciones tuvieron lugar allí. En tercer lugar, porque el himno nacional es la Marcha Real, que a fuerza de interpretarse en cada aparición regia acabó por ser asimilado popularmente a la encarnación musical de la nación.

Este país necesita urgentemente de muchas cosas, no se encuentra entre ellas una letra para su himno, como han insistido los líderes de la derecha azul y naranja en sus redes sociales. Que Marta Sánchez necesita dar impulso a su carrera, que siendo generosos podríamos calificar de descendente, parece obvio, casi tanto como que los políticos conservadores necesitan del rojigualdismo como la intérprete de Soldados del amor del aplauso del público.

Este país necesita urgentemente un nuevo modelo territorial, un plan de vivienda pública, sacar a su economía del ladrillazo, un modelo productivo que no esté basado en la precariedad, destronar a la corrupción de las instituciones y unas medidas efectivas contra la violencia de género. Como los políticos de la derecha azul y naranja o bien consideran a algunos de estos temas poco relevantes o bien su ideología les lleva a reafirmarlos, necesitan prefabricar actualidad de la manera que sea. Cuando meten a Venezuela en el armario, el miedo al coco comunista asusta menos y sus casos aislados de latrocinio se agitan, no hay nada como una buena ración de españolismo para salvar la cara.

Porque el españolismo es esto, no el amor hacia el país, sino la utilización de una idea muy concreta y retrógrada de país para tapar las vergüenzas y mantener los dineros. Lo de himno, que se pretendía épico, acaba siendo parodia porque detrás no hay un deseo sincero de una sociedad más decente, justa e igualitaria, sino de mantenerla como un cortijo para cuatro ratas codiciosas. Si las banderas ya destiñen en los balcones es, además de por su manufactura oriental, porque se van a necesitar muchos metros de tela colgados muchos meses para llevar el plan a cabo.

El rojigualdismo, sin embargo, no es la enfermedad sino el síntoma. Para acabar de cimentar el trono al Borbón regente y por ende al IBEX 35, auténtica corte de los milagros del felipismo, se necesita meter en vereda a toda esa gente que les dio un susto votando a quien no debía y saliendo a la calle más de lo que cualquier estabilidad burguesa aconseja. Para eso se necesita autoritarismo, es decir, convertir la porra y la toga no en una cesión de parte de nuestra soberanía ciudadana, sino en una imposición constante de la soberanía de unos pocos. Luego ayudan las divisiones de opinadores y los antidisturbios con columna que o bien te suavizan tal asuntillo o bien señalan al enemigo interior con insistencia.

Pero para que un sistema autoritario funcione, además es necesaria la connivencia de un grupo social lo suficientemente amplio, que no mayoritario, para hacer de correa de transmisión de tus necesidades. Si la pasada semana hablábamos de los anhelantes, esta nos referimos a los dispuestos. Al portero que señala, al estanquero que apunta, al limpiabotas que delata, a ese costumbrismo de pensión y brasero que vuelve. Gente que entiende que la idea que tienen del país los que presiden los consejos de administración es el país en sí mismo y que, por tanto, defendiendo a su España, lo único que hacen es defender al IBEX.

Últimamente repito mucho eso de que es políticamente baldío moralizar el gusto, sin embargo hoy me voy a permitir una excepción. Tengo pocas esperanzas en que alguien que saca una entrada para ver a Marta Sánchez entienda nada de esto, que se resume en que los que estaban aplaudiendo en la Zarzuela, el teatro, son un número despreciable en una estadística para los que aplauden en la Zarzuela, el palacio. No así que exista aún mucha gente, estos últimos meses entre estupefacta y atemorizada, que frente a la dureza insoslayable de su día a día vea este despliegue de patrioterismo como lo que es: un sainete trágico.

Otro cantante, Valtònyc, un rapero mallorquín de 23 años, ha sido condenado a tres años y seis meses de cárcel por sus rimas. Aunque posiblemente sea una cita apócrifa, producto de un tiempo de incertidumbres en que las buenas ideas necesitan de una autoridad moral para ser tenidas en cuenta, se atribuye a Woody Guthrie la siguiente frase: “El trabajo de un cantante popular es consolar a las personas apesadumbradas y molestar a las personas acomodadas”.

Valtònyc, sin guitarra pero con bases, se decidió por seguir los pasos de Guthrie en vez de los de cantantes ligeros que igual te valen para el hilo musical que para jugar a starlette en la Guerra del Golfo. Un camino es fácil, al menos en lo que a relación con lo penal se refiere, el otro no. Un camino está al servicio del entretenimiento, que no es nada malo salvo que se torne escapismo, el otro está al servicio de la turbación. Un camino te lleva a poner tu impulso artístico al lado del mejor postor, el otro al lado del que nunca puede pujar. Uno te convierte en una estrella o un payaso –a menudo ambas cosas a la vez–, el otro te suele mandar al ostracismo.

La rimas por las que Valtònyc ha sido condenado son a ratos descriptivas y a ratos brutales. Vivimos en un país de una institucionalidad corrupta porque así se ha construido esta economía y su relación con la política. El rapero, por tanto, describe lo que ve. Cuando, por contra, de lo que habla es de kalashnikovs, grupos terroristas y bombas nucleares, lo que hace es dar una respuesta brutal a un sistema brutal. Guthrie no utilizaba la violencia explícita en sus letras posiblemente porque la vivió, Valtònyc se expresa violentamente porque la pasión destruida renace en la pasión por la destrucción.

Se puede decir que la mayoría de personas que ahora tienen menos de 25 años comenzaron su vida adulta cuando palabras como recorte, ajuste y despido se hicieron parte consustancial de nuestro día a día. Que nadie espere ahora que, frente a este panorama, escriban letras amables y confiadas. Que Valtònyc se exprese con extrema crudeza es solo parte de una ecuación que pretende compensar las toneladas de sonrisas de una televisión que obvia las lágrimas. Es verdad que muchas de sus letras son desagradables, pero más lo fue ver a gente suicidándose por perder su casa y que ahora nos digan que todo eso nunca pasó.

Los señores de la toga saben que Valtònyc no es un peligro para nadie, pero esto no se trata de una cuestión judicial. Se trata de repetir a gran escala lo que ya pasó en Euskadi hace unas décadas, hacer que la Zona Especial Norte sea todo el país. Hacer que tengamos miedo a salir a la calle, a expresarnos en público, a tomar nuestras armas, que son teclados y micrófonos, para hablar de lo que nunca se habla y narrar a los que nunca son narrados. Para reducir nuestra vida a lo mostrenco, a un aplauso perpetuo a un ritmo decadente, a la angustia de pensar que estamos solos.

Para qué sirve manifestarse

26 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Hay quien dice que no sirve para nada. Dice: nos manifestamos contra la guerra, y hubo guerra; nos manifestamos contra la corrupción, y hubo más corrupción. Nos manifestamos contra la privatización de la sanidad o la precarización de la enseñanza, y la privatización siguió su curso. El 15-M dijo “no somos mercancías en manos de políticos y banqueros”, pero hoy lo somos más que nunca: de políticos, de banqueros y hasta de plataformas tecnológicas extranjeras que venden nuestras intimidades al peso para la explotación indiscriminada de empresas de marketing, de seguros y, con el desmantelamiento de lo público, de servicios de necesidad crítica, como colegios, hospitales y centros de justicia.

Pronto celebraremos el 50 aniversario de Mayo del 68 y ya no sabemos para qué sirve salir a la calle. Hay muchas respuestas a esa pregunta, pero para mí solo importan dos. La primera es que la otra opción es no hacerlo y ambas te definen como persona.

Aquellos que conviven alegremente con la injusticia son la injusticia, aunque no lo sepan. Los que se sienten incómodos pero callan son sus facilitadores y también sus víctimas, aunque no lo sepan y aunque su silencio cobarde les ayude a medrar. El gran grupo que soporta la injusticia sin contestarla por miedo real a perder su medio de vida o la vida misma encuentra su única vía de resistencia en las manifestaciones. No se puede estar en los dos lados, y ambos lados te cambian. Manifestarse es decidir la clase de persona que quieres ser.

La segunda, que la función de la protesta no es convencer al injusto ni seducir al opresor. Está en la naturaleza del privilegio defender sus privilegios, por encima de la justicia, la lógica y la razón. La función de la protesta no es activar al tirano sino a los manifestantes. Como decía John Berger, “las manifestaciones son ensayos para la revolución”.

Ensayos para la Revolución

 La manifestación es una asamblea que, por el mero hecho de reunirse, toma posición de ciertos hechos dados”. Según una investigación reciente de las Universidades de Harvard y Estocolmo, el calor de la comunidad es el principal factor de éxito para la transformación de una manifestación en cambios políticos y legislativos. Curiosamente, su modelo de investigación no es la Primavera árabe ni los indignados del 15M sino el Tea Party, que nace con la crisis financiera de 2008 y la elección de Barack Obama como presidente de los EEUU. Las primeras manifestaciones estaban vinculadas con el gasto público y los impuestos, especialmente la convocada el 15 de abril de 2009, llamada “Tax Day”. 

Los académicos observan que, en aquellas partes del país donde la lluvia impidió una participación de los constituyentes superior al 60%, el nivel de participación posterior en elecciones locales y generales fue mucho más pequeño. “Cada manifestante de la marcha del Tax Day supuso un aumento de entre 7 y 14 votos para el partido republicano en las siguientes elecciones”. En otras palabras, el número de manifestantes tiene un impacto directo en la efectividad de la protesta, no porque den más miedo, sino porque activa a la población.

Según Jacquelien van Stekelenburg, jefa del Departamento de Sociología de la Universidad de Vrije (Amsterdam) y especialista en movilizaciones sociales, hay dos claves para el éxito de una manifestación. La primera es que genere graves problemas (cortes de tráfico, paros severos) y la consiguiente atención mediática. Para que una condición sea definida como problema social debe ser considerada como injusta por un grupo con influencia social. La segunda es que suceda en un entorno favorable: un régimen democrático, clima de desencanto general, un sistema abierto a modificaciones y el apoyo de aliados poderosos, como, por ejemplo, el resto de la comunidad internacional.

Si estos estudios universitarios tienen algún valor, ya podemos decir que el histórico 8M ha sido un éxito: 5,9 millones de mujeres – las que participaron en los paros, según los sindicatos- se han encontrado para rechazar la brecha salarial, la violencia de género y la discriminación sexual. La injusticia es ciega y sorda pero esas mujeres se han convertido en comunidad.

Equal Pay for Equal Work (Trafalgar Square, mayo de 1968)
Equal Pay for Equal Work (Trafalgar Square, mayo de 1968)

Lo personal es político y está en la calle

Para las mujeres, la conciencia de clase tiene un motto setentero: lo personal es político. Mucha gente lo ha entendido mal. No significa que hay que politizar lo íntimo, sino que es probable que el abuso no se justifique porque tu seas estúpida, incompetente, introvertida o cobarde. Que el defecto que te obliga a trabajar más horas y ganar menos dinero, recibir menos reconocimientos y aceptar comportamientos despreciables en el lugar de trabajo o de convivencia no es personal. Que tu incapacidad para acceder a puestos para los que estás cualificada, o ser tratada con respeto por tus jefes y compañeros no es algo que puedas corregir siendo más agresiva, más delgada, más deportista o más estéril. Que tu incapacidad para no ser asaltada por cinco borrachos en un callejón no se corrige siendo más fea, más religiosa, más lista o estando más sobria.

Todas esas son soluciones a un problema que probablemente no tienes. Y el lugar donde empezar a buscar soluciones no es el diván ni el podcast de autoayuda, pero tampoco Facebook. Es el lugar donde estamos todas juntas y todas a la vez.

Hay quien dice que esta manifestación no ha servido para nada. Dicen: los mismos machistas contra los que nos manifestamos capitalizan el movimiento feminista con alegres tuits y retuits. Los mismos machistas que han usado su posición de poder para explotarnos y menospreciarnos, normalizando el abuso en los espacios de trabajo, que han bloqueado activa y deliberadamente la llegada de mujeres a posiciones de decisión y no solo de responsabilidad, escriben posts donde nos explican lo que queremos las mujeres y lo que tenemos que hacer.

Para mí, esta manifestación ha servido para que sus nombres circulen a la velocidad del rayo en grupos de miles de mujeres que los apuntan cuidadosamente en listas de circulación interna. Si no ha servido para nada, esas listas de nombres saldrán también a la calle. Por suerte la era del feminismo es también la de los leaks.

Bolcheviques en el poder

25 abril, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

La revolución rusa de 1917, que este año cumple un siglo, culminó con la llegada de Lenin y su partido al liderazgo de un imperio en transformación.

Revolución de octubre
Lenin, en el centro, en un desfile en la plaza roja de Moscú el 25 de mayo de 1919. HERITAGE/GETTY

Durante el verano de 1917, la confianza en que “la Gran Revolución Rusa” uniría a los ciudadanos había dado paso a la división. Bajo ataques desde la derecha y la izquierda, los Gobiernos de Lvov y Kerensky se enfrentaron al desplome de las ilusiones sobre la capacidad del pueblo para fortalecer su concepto de democracia y ciudadanía Cuando se comprobó que las masas no lo apoyaban, esos Gobiernos recurrieron cada vez más a la fuerza del Estado como única forma de persuasión.

Las diferencias se hicieron irreconciliables. El lenguaje de clases, de revolución social y no sólo de reforma política se impuso a los otros lenguajes (liberal, democrático, constitucionalista) que compitieron en ese escenario de crisis de autoridad. Lo que había comenzado en febrero con un motín en la guarnición militar de Petrogrado, se había convertido tan solo ocho meses después en una violenta y radical revolución social, extendida al campo, a las fábricas, al frente y a los pueblos no rusos del imperio. A esa rebelión le faltaba que alguien supiera llenar el vacío de poder que estaban dejando el fracaso y la soledad del Gobierno de Kerensky tras el golpe frustrado del general Kornilov. El camino estaba despejado para un partido revolucionario y contrario a la guerra. Y ahí aparecieron los bolcheviques. Y Lenin.

La Revolución de Octubre de 1917 fue uno de los principales acontecimientos del siglo XX y los historiadores han mostrado en torno a él diferentes interpretaciones. Las investigaciones más recientes de Christopher Read, S. A. Smith, Peter Holquist o Rex A. Wade superan las clásicas disputas entre la propaganda soviética y la antimarxista y subrayan la importancia del eslogan “Todo el poder para los sóviets” y de cómo el apoyo popular a esas instituciones surgidas desde abajo allanó el camino a la conquista del poder por los bolcheviques.

Bolcheviques en el poder

El Gobierno provisional careció de legitimidad desde el principio. Desde el verano, estuvo atrapado por una serie de crisis en cadena: en el frente, en el campo, en las industrias y en la periferia no rusa. Pocos Gobiernos podrían haber hecho frente a todo eso, y menos sin un ejército en el que confiar. El apoyo de trabajadores, soldados y campesinos a los sóviets, la institución dedicada a promover la revolución social, se combinó con la decisión fatal de los Gobiernos provisionales de continuar la guerra. Y el fiasco del golpe de Kornilov en agosto de 1917 ya había mostrado que la derecha estaba todavía desorganizada y la contrarrevolución no tenía en ese momento posibilidades de vencer.

Con visional y los dirigentes del sóviet mostraban su incapacidad para solucionar los problemas, los bolcheviques se convirtieron en la alternativa política para los desi­lusionados y para quienes buscaban un nuevo liderazgo. Como no tenían responsabilidad política, recogieron los frutos de la división y declive de los otros dos partidos socialistas, los mencheviques y los socialrevolucionarios. Su rechazo al Gobierno provisional les dio, a los bolcheviques en general y a Lenin en particular, lo que el menchevique Nikolai N. Sukhanov (1882-1949) llamó en sus memorias una posición “comodín”, por la que podían representar y adaptarse a cualquier cosa.

Los vientos de cambio que soplaban desde el verano, impulsados por las críticas a las autoridades y las alabanzas a los sóviets, comenzaron a plasmarse desde finales de agosto en poder institucional. Bolcheviques, socialrevolucionarios de izquierda y mencheviques internacionalistas tomaron el control de los diferentes sóviets de distrito de Petrogrado, de los sindicatos y comités de fábricas, y de comités de soldados y campesinos en algunas provincias. El 25 de septiembre, el sóviet de Petrogrado, el principal bastión de poder desde la revolución de febrero, eligió una nueva dirección de izquierda radical, y León Trotski, que había salido de la cárcel el 4 de septiembre y que acababa de ingresar en el partido bolchevique, se convirtió en su presidente, sustituyendo al menchevique Chjeidze. Al mismo tiempo, los bolcheviques asumieron el control del sóviet de Delegados Obreros de Moscú.

Con tantos poderes en sus manos, podían reivindicar que hablaban y actuaban en nombre de la “democracia del sóviet”. Ese control del sóviet de Petrogrado y de otros en las provincias es lo que permitió la Revolución de Octubre, y sin ese proceso de conquista del poder en las semanas anteriores, sería difícil imaginarla. La Revolución de Octubre comenzó como una defensa de la idea del poder de los sóviets, posibilitada por una crisis profunda del Gobierno de Kerensky.

Puede ser que “octubre” fuera un “golpe” en la capital, señala Allan K. Wildman, “pero en el frente fue una revolución”. Los soldados no sólo no quisieron echar abajo a ese incipiente poder bolchevique, sino que frustraron los esfuerzos desesperados de Kerensky y del anterior “defensista” comité ejecutivo del sóviet de Petrogrado “para trastocar la victoria bolchevique, trasladando tropas desde el frente”. La participación de marinos de la flota del Báltico, que ya habían tenido una influencia notable en 1905 y en febrero y julio de 1917, fue también muy visible en octubre. El golpe de Kornilov había destruido allí la escasa autoridad que les quedaba a los oficiales.

La apuesta bolchevique había logrado su objetivo primordial, sin apenas resistencia. Petrogrado parecía seguro, pero, pese a su importancia como centro de poder político y de comunicaciones, era sólo una ciudad. Había que comprobar qué pasaría más allá de la capital, en el frente, en las otras ciudades y provincias y en la periferia del vasto imperio ruso. Y ver cómo responderían los trabajadores y los campesinos al nuevo poder; y todos los otros socialistas de izquierda que habían quedado fuera del Gobierno bolchevique.

A comienzos de noviembre, los bolcheviques tenían el control de las principales ciudades de la región industrial del centro, norte y este de Moscú, en los Urales, en las partes más cercanas del frente y entre los marinos de la flota del Báltico. Derrotados sus adversarios militares por el momento, asegurados los principales centros de poder, Lenin y los bolcheviques pudieron dedicarse a temas apremiantes: conseguir la paz, atender a las reformas radicales que había reclamado desde abajo el movimiento de los sóviets y reorganizar el poder, presionados por los socialrevolucionarios, para que ampliaran su Gobierno y convocaran la Asamblea Constituyente, algo que los anteriores Gobiernos provisionales habían aplazado una y otra vez hasta que finalizara la guerra.

Fragmento de ‘La venganza de los siervos’ (Crítica), de Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, que se publica esta semana.

La renta básica ante el 8M y la lucha por las pensiones

24 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Si alguien totalmente ajeno a la realidad del país hubiera paseado por las calles españolas hace unos meses, no habría encontrado ningún indicio de que el 15-M tuvo lugar. Las banderas y sus nacionalismos han tomado los balcones y en los Parlamentos apenas se oye el eco de los Indignados. Estas semanas, en cambio, las manifestaciones de jubilados están devolviendo a las avenidas su condición de espacio ciudadano frente al de mera superficie de consumo; algo que también se observa en el paro de mujeres organizado para el 8 de marzo. ¿Es una mera coincidencia que sean las mujeres y los mayores los que salen a la calle? ¿Son demandas tan alejadas la una de la otra como a priori pudiera parecer?

Albert Rivera afirmaba el otro día que el problema de las pensiones no se reduce a subirlas o bajarlas, que su origen está en las bajas tasas de natalidad. Acierta en señalar que se trata de un problema más profundo, pero no llega al final de la cuestión (¿quién da a luz, cría a los hijos y cuida de los mayores principalmente?). Las manifestaciones que estamos viendo son en última instancia exteriorizaciones de un mismo problema: un sistema económico que separa en compartimentos estancos las esferas productiva y reproductiva de la vida. Así, el modelo se construye en torno a una dicotomía que no existe en realidad, pues todos nos movemos de una esfera a otra constantemente y ambas contribuyen al crecimiento de la riqueza colectiva, a pesar de no recibir el mismo (mal)trato. En principio, todos debemos cuidar y todos queremos realizarnos en nuestra vida profesional, pero este sistema nos obliga a elegir, y cuando las mujeres deciden entrar al espacio productivo pero los hombres no hacen lo propio en el reproductivo, la burbuja estalla. Estos desequilibrios de género entre las esferas reproductiva y productiva también se reflejan en el sistema de pensiones, que contabiliza años de trabajo productivo y deja en desventaja a las personas (casi siempre mujeres) que se han dedicado a cuidar.

Sin los cuidados, la vida en sociedad se vuelve insostenible. No queda otra, hay que cambiar de modelo: la economía no es reductible a los mercados; economía es mantener la vida, sea o no a través de las esferas monetizadas, y necesitamos dotarnos de normas e instrumentos que se ajusten a esta idea elemental. Como la renta básica universal.

La RBU lleva sobre la mesa más de medio siglo y cuenta con numerosas experiencias positivas (entre otros: EE.UU. en los 60, Canadá en los 70, Namibia en 2008 y Kenia y Finlandia en la actualidad). Sin ser ninguna panacea (no es una política económica sino una medida que se inserta en ella), contribuye notablemente a solventar algunos de los problemas más importantes de la actualidad, como la pobreza, una realidad cada vez menos lejana para muchos españoles. En un contexto en el que tener trabajo ya no es sinónimo – si es que alguna vez lo fue – de disfrutar de una calidad de vida digna; las pensiones cada vez son más quiméricas; y el 47% de los trabajos (cualificados y no cualificados) están amenazados por la automatización, de acuerdo con el estudio llevado a cabo por la Universidad de Oxford en 2013 ( aquí), la renta básica constituye una medida tan necesaria como urgente. El planteamiento es sencillo: todo ciudadano por el hecho de serlo, a partir de cierta edad e independientemente de su condición social o de sus otras posibles fuentes de renta, recibe un ingreso del Estado que, como mínimo, se sitúa en el umbral de la pobreza de una sociedad dada, de tal forma que nadie quede por debajo de él. Es decir, se trata de disociar parcialmente la renta del empleo remunerado, no para sustituirlo sino como una garantía mínima de seguridad. Antes de llevarse las manos a la cabeza, conviene pensar en otros servicios públicos cuya universalidad no solo no se pone en cuestión, sino que se considera un valor añadido, como la educación, la sanidad o la justicia. El carácter monetario de la RBU no modifica el fondo.

¿Qué puede ofrecer una renta básica que no se obtenga ya por otras vías? Para empezar, y no es poco, erradicar la dimensión monetaria de la pobreza. Como todos los fenómenos económico-político-sociales, la pobreza es multidimensional, y no solo afecta a la renta sino que se relaciona con las capacidades y el uso de los tiempos; sin embargo, es indudable el efecto positivo (o negativo) que tienen los ingresos (o su ausencia) sobre ella. Con la renta básica esta dimensión desaparece: nadie vive por debajo del umbral de la pobreza. Sin embargo, a pesar de estar concebida únicamente para erradicar la pobreza en términos generales, está lejos de implicar que no tenga efectos específicos. La situación de vulnerabilidad de ciertos colectivos o sectores hace que, en la práctica, la renta básica suponga una transferencia hacia abajo no solo de riqueza sino también de poder: de hombres a mujeres, de ricos a pobres y de unas mujeres a otras. En lo que respecta al primer caso, el hecho de que se asigne de manera individual hace que se democratice la sociedad al tiempo que se democratizan los hogares, algo que, en realidad, debería ser condición sine qua non para conseguir la primera. La dependencia económica del marido que padecen muchas mujeres, más habitual entre las mujeres que hoy son pensionistas o están a punto de serlo, elimina la posibilidad de separarse de él si libremente quisieran hacerlo (ya sea por cuestiones relacionadas con la violencia de género o por simple deseo). En esta línea, la renta básica también mejoraría la situación de vulnerabilidad de los hogares monoparentales, en su mayoría conformados por mujeres con hijos y ancianos a su cargo (datos del informe AROPE).

Además, dota al trabajador de poder de negociación frente al empleador, proporcionándole unos ingresos externos que hagan efectivo el derecho a huelga, por ejemplo. La libertad no se mide tanto por la posibilidad de decir  como por la de decir no, y es esta última la que garantiza la renta básica. Este aumento potencial del poder de negociación se hace especialmente presente en el caso de las mujeres, dada la precariedad laboral y la feminización del sector de los servicios (cuidados) remunerados. En ese sentido, la transferencia también se produce entre mujeres de diferentes clases sociales, ya que muchas de las empleadas en este sector son inmigrantes que cuidan de dependientes y personas mayores. Teniendo en cuenta que la excesiva concentración de riqueza genera poder político, la RBU tiene un efecto igualador y democratizador que fortalece los vínculos de ciudadanía y la cohesión dentro de la comunidad en diferentes direcciones.

Por último, la renta básica revaloriza todo el conjunto de trabajos no monetizados, realizados en su mayoría por mujeres, que contribuyen a la riqueza colectiva y al desarrollo de las sociedades pero que han estado infravalorados socialmente y penalizados económicamente porque no se adaptaban al esquema valor = precio, como refleja la escuálida pensión no contributiva (además de la dependencia que se genera durante todo el camino hasta llegar a las pensiones). De esta manera, esa parte de la sociedad considerada como inactiva pero que en realidad ha participado activamente, no solo contribuiría a esa acumulación de riqueza sino que recibiría la parte correspondiente de la misma, algo que todavía hoy no sucede. El reconocimiento social iría ligado a una retribución económica, y el concepto de trabajo abarcaría mucho más que el empleo remunerado. Así, la RBU reconcilia las dos esferas de la vida, que se reconocen al fin como interdependientes. En consonancia, no solo se dejaría de penalizar a aquellos o aquellas que no trabajan por dedicarse a los cuidados, sino que se posibilitaría que las personas – hombres o mujeres – que desean reducir su jornada laboral para poder conciliar, también puedan hacerlo sin sufrir las consecuencias que ahora padecen.

Desde nuestro punto de vista, no es casualidad que salgan a la calle las mujeres, principales proveedoras de cuidados; y los mayores, principales dependientes de ellos. Porque no estamos ante una simple crisis económica, es todo el modelo lo que ha quebrado. Creemos que la RBU puede contribuir a solucionar diferentes necesidades de todos los grupos sociales, así como a construir un modelo social y productivo más respetuoso con la vida familiar y personal de los individuos. Esta transversalidad hace que pueda actuar como una demanda unificadora de las grandes luchas colectivas, que ya comienzan a salir del letargo.

 ¿A qué esperamos para unirnos?

Mindfulness en las empresas o el embudo para seguir tragando

23 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace algo más de dos años comencé a sentir mareos recurrentes. No eran desmayos repentinos sino una sensación permanente de haberme bajado del Dragon Khan. Además, empezaba a tener problemas para tragar cuando comía. Como una especie de nudo en la garganta. Al principio, no le di demasiada importancia. Ya se pasará, decía. Luego empecé a pensar en lo peor (es lo que se suele pensar a partir de cierta edad). Después de varias pruebas médicas, me diagnosticaron ansiedad y estrés laboral severo. Descansé durante un tiempo y, cuando los síntomas desaparecieron, volví a la vida de siempre. Había sido un pequeño bache pero ya era historia.

Un año después empezó a picarme todo el cuerpo. Todo el rato. Picores continuos salvo cuando estaba durmiendo. Los médicos no encontraron alergias ni enfermedades habituales asociadas a los picores. De nuevo, la ansiedad y el estrés por el curro. Aguanté así durante un tiempo -confiando en que podría controlarlo- hasta que el agobio desembocó en un bajón. Era el segundo aviso. Volví a descansar. Esta vez, más tiempo. Esta vez, con médicos especializados y pastillas. Y descubrí el mindfulness. La meditación.

En su día había estado indagando en ello: sus beneficios para combatir el estrés estaban científicamente comprobados desde hace tiempo pero los chamanes que enseñaban mindfulness en mi ciudad eran demasiado místicos para mi gusto. Hasta que encontré a un médico, muy acreditado y que en el pasado me había ayudado con éxito en varias lesiones deportivas. En los últimos años se había dedicado a formarse en las bondades del mindfulness para la salud, en especial, para las personas con dolor crónico.

Y con él me adiestré en el mindfulness: un tipo de meditación, alejado de sentimientos místicos y religiosos, para el que tan solo necesitaba una silla, cerrar los ojos y concentrarme en mi respiración. Lo simplificaré mucho, pero el espíritu del mindfulness consiste en la atención plena, en el ahora y aquí, en dejar que los pensamientos que inundan nuestra mente -ese run run que nos produce malestar- se alejen, en vivir el momento presente y no en lo que está por llegar. En no identificar nuestra identidad con nuestros pensamientos y lo que creemos que somos.

El mindfulness funcionaba. Comencé a sentir cierto bienestar y conseguí reducir el estrés. Más allá de las meditaciones diarias de 15 o 20 minutos, podía aplicarlo a cualquier momento del día. Un instante de atención plena en la comida, en un paseo caminando por la calle, jugar con mis hijas con la mente centrada exclusivamente en jugar con mis hijas… Los pensamientos que atiborran la mente se habían convertido en nubes que forman parte del paisaje pero que consigues apartar para que pasen a un segundo plano o, simplemente, desaparezcan.

Pero, como todo en esta sociedad de consumo en la que vivimos, también la meditación se ha puesto a la venta en el mercado. Y al calor del mindfulness se han acercado coaches, gurús, motivadores, influencers, responsables de recursos humanos, especialistas en marketing y toda esa cohorte de vendedores de humo que han nacido para hacernos felices, creativos y competitivos. Hay quien lo llama “la nueva cafeína de las empresas de Silicon Valley”. Las empresas de la nueva economía -las que tienen cancha de baloncesto en el curro pero los derechos laborales están soterrados con la instalación eléctrica- se han convertido en las abanderadas de esta moda. No es casualidad.

Hay ‘expertos en mindfulness’ que colocan a las empresas programas para difundir esta técnica de meditación entre sus empleados. Prometen a los empresarios que con la implantación del mindfulness se aumentará el compromiso de los empleados con la empresa, bajará el absentismo laboral y los trabajadores no protestarán tanto. “La práctica regular de la meditación consigue desarrollar habilidades de liderazgo y hace más eficiente el trabajo de uno mismo y el resto de las personas de un equipo”,  decía hace poco en Expansión Laurence Freeman, monje benedictino de 66 años -antes periodista y en el sector financiero, peligro- dedicado a vender la versión empresarial del mindfulness.

Y no es casualidad tampoco que esta apuesta por soluciones individuales como el mindfulness llegue en un momento en el que las élites neoliberales están intentando descuartizar las luchas colectivas en las empresas que, como demuestra la historia, han sido el mejor tratamiento médico para alcanzar unas condiciones mejores en el trabajo. Para estos gurús-empresarios de la meditación el malestar laboral, el estrés, el machaque de horas extra y todo lo demás son problemas del que los propios trabajadores son responsables. La solución no es la solidaridad y la lucha colectiva; la solución a los problemas laborales es la terapia personal.

Un colega de Madrid me contó hace meses que a su empresa habían enviado a un especialista en mindfulness. No era un médico ni nada eso. Era el típico vendeburras. En la empresa en cuestión los niveles de ansiedad de los currelas eran muy altos, había casos que rozaban el acoso laboral y las jornadas eran maratonianas. El típico curro que es un infierno. El vendeburras, apoyado por los jefes de la empresa, tergiversaba algunos de los fundamentos del mindfulness -hay que aceptar lo que viene y no juzgarlo- para propagar la resignación entre la plantilla y convencerles de que es una virtud. Como en ‘Un mundo feliz’ de Huxley la empresa manoseaba el mindfulness -una herramienta válida y muy provechosa- para conseguir que los currelas fueran felices siendo explotados.

Encima nos quieren convencer de que la mierda que nos estamos tragando sabe bien, me dijo mi colega. Pues eso.

Toni Mejías: “Es imposible escapar del fútbol”

22 abril, 2018

Fuente: http://www.panenka.org

Charlamos durante 54 minutos que se consumen como si fueran un instante. El tiempo, efímero, no perdona y avanza imparable. Lo cierto es que, parafraseando a Amélie Poulain, no es una buena época para los soñadores y para los raperos, pero Toni Mejías (Benetúser, 1984), una de las voces de Los Chikos del Maíz y de Riot Propaganda, continúa utilizando la música para alzar la voz y para intentar cambiarlo todo. Tal y como canta él mismo en El peso del tiempo“todavía me niego a envejecer. Con la sonrisa de un niño y aún tanto por hacer. Un mundo por recorrer, un futuro que conquistar”.Con todo, conversar con Toni, un tipo que es de izquierdas incluso para sujetar el micro con el que proclama que “no nacimos para resistir, nacimos para vencer” y que lleva tatuado el Guernica de Pablo Picasso en un brazo y el rostro de una luchadora antifranquista en el otro, te hace constatar que el fútbol, una de sus grandes aficiones, es como un juguete roto al que ve con nostalgia. En los últimos años la ciudadanía ha perdido muchas cosas, y la esencia del fútbol, pervertida y maltratada continuamente a base de billetes, es una de ellas. Aun así, a pesar del evidente desencanto con un balompié irreconocible, admite que no es posible alejarse de él. “Es imposible escapar del fútbol”, reconoce el cantante valenciano, asumiendo con una sonrisa triste las grandes contradicciones que provoca el fútbol moderno entre quienes defienden las ideas de izquierdas. La suya puede parecer una posición de debilidad, y quizás efectivamente lo sea, pero en este mundo de zombis alineados deambulando en los escaparates, de modernos primates dirigidos por control remoto, de plástico y maniquís, puede que lo más valiente sea emular a Toni Mejías y a André Gomes: quitarse la careta, aceptar las propias inseguridades e intentar utilizarlas como trampolín para continuar andando.

En la parte final de Defensa de la alegría, Los Chikos del Maíz reproducen un fragmento de Por qué cantamos de Mario Benedetti, un poema en el que el célebre autor uruguayo aseguraba que “si estamos lejos como un horizonte, si allá quedaron árboles y cielo, si cada noche es siempre alguna ausencia y cada despertar un desencuentro; usted preguntará por qué cantamos. Cantamos porque el grito no es bastante y no es bastante el llanto ni la bronca. Cantamos porque creemos en la gente y porque venceremos la derrota. Cantamos porque llueve sobre el surco y somos militantes de la vida, y porque no podemos ni queremos dejar que la canción se haga ceniza”. Toni sigue cantando, también, porque aún sueña con que el mundo sea un lugar mejor para todos y con que el fútbol, “como decía Valdano, la cosa más importante de las cosas menos importantes”, vuelva a ser lo que un día fue. Y es que quizás el miedo nunca cambie de bando, y quizás los que siempre han ganado continúen ganando eternamente, pero Toni es de los que apuestan por mantener el puño en alto, por aguantar el chaparrón como sea y por continuar sonriendo desde el barro, que eso también les jode.

El día que empecé a preparar esta entrevista fue el mismo en el que falleció un ertzaina por los enfrentamientos entre los ultras del Athletic Club y el Spartak de Moscú; el mismo en el que, cuando fue preguntado por la relación entre Fernando Torres y el ‘Cholo’ Simeone, Vitolo respondió: “No somos mujeres como para ir metiendo cizaña”. Tal y como cantáis con Riot Propaganda en Plata o plomo, “el mundo continúa siendo un manicomio”.

El fútbol es un fiel reflejo de la sociedad. Es el deporte de masas, el más seguido, y también es el que mejor refleja cómo es una sociedad en la que el fascismo y el machismo continúan estando muy presentes. Al final, el fútbol no puede escapar de lo que es la sociedad. Lo bueno es que Vitolo tuvo que rectificar y que en el Frente Atlético y en otras graderías se está intentando empezar a expulsar a los fascistas violentos. Empieza a haber algunos cambios que espero que vayan para adelante.

Empecemos fuertes. ¿Odio eterno al fútbol moderno?

Sí… Pero es que tampoco puedes escapar de él. Es que si te plantearas todas las cosas que hay alrededor del fútbol no lo verías. Por ejemplo, aunque trabajo de músico, yo soy periodista titulado y este mundo me interesa mucho… Todo lo que ha perdido el periodismo deportivo durante estos años es tremendo, y creo que es uno de los grandes culpables de cómo se ve el fútbol actualmente y de cómo se vive, de la tensión y del odio que se genera, del hecho que la gente no pueda ver ni respetar a un jugador que no es de su equipo. Y, además de la gran parte de culpa que tiene el periodismo, también están los negocios que se hacen en los palcos entre políticos y empresarios, los fichajes millonarios que están cerrando los jeques árabes y rusos… Sí, el fútbol se está deteriorando muchísimo. Al final, intentas quedarte un poco con lo que sucede en el campo, disfrutar de los buenos jugadores y ser consciente de esas contradicciones con las que convivimos. Vivimos en una constante contradicción de la que no podemos escapar. Sufrimos el odio eterno a lo que es hoy el fútbol y a los negocios que se mueven alrededor de él, pero nos gusta y seguimos disfrutando del juego.

“Vivimos en una constante contradicción de la que no podemos escapar. Sufrimos el odio eterno a lo que es hoy el fútbol, pero nos gusta y seguimos disfrutando del juego”

Del Levante. ¿Por qué?

Realmente, yo no soy del Levante de cuna. De hecho, tengo que reconocer que de joven era del Valencia. Lo fui durante mucho tiempo, pero en la adolescencia me desentendí bastante del fútbol. Cuando volví a él, empezaba la etapa Ronaldinho y me comenzó a gustar el Barcelona porque me encantaba lo que veía. Y luego también empezamos a juntarnos con amigos que eran abonados del Levante para ir al Ciutat de València. Es un campo pequeño, con una afición distinta y un ambiente agradable, en el que se ve un fútbol un poco más a la vieja usanza. Empezó así: poco a poco, yendo a los partidos por ir, como por una especie de hobby. Ya llevo siete años siendo abonado y la verdad es que ahora sí que puedo decir que soy del Levante. Y, de hecho, ahora al Valencia le tengo bastante tirria por los Yomus y por todo lo que lo rodea a nivel político y empresarial. Está claro que en todos los equipos hay gente maravillosa, pero es así… Es raro, porque decía Galeano que uno puede cambiar de partido político y de mujer, pero que nunca puede cambiar de equipo de fútbol; y yo lo he conseguido.

¿Pones en duda a Galeano?

[Ríe]. Sí, sí, lo he contradicho… Es verdad que es algo muy extraño, pero es así: ahora no siento ninguna simpatía por el Valencia. De hecho, como decía, me da bastante tirria. Ahora casi todos los niños son del Barcelona o del Real Madrid, pero el sentimiento de pertenencia a un club más modesto y más cercano seguramente es inigualable. “Qué grande es ser pequeño”, escribiste hace unos meses, tras el empate del Levante en el Santiago Bernabéu en la tercera jornada de liga…

Joder, es que esa sensación… Ahora, hace poco, también empataron en el Ciutat de València. Yo estaba en el campo, y la verdad es que es una satisfacción enorme. No creo que el Levante gane nunca una Champions League y esté ahí para verlo, pero esto también es una satisfacción enorme… Es que uno del Madrid vale más que toda la plantilla del Levante. Claro, tú no sales en los medios de comunicación, y entonces es como: ‘Ahora vais a hablar de mí porque he conseguido empatar con el equipo de vuestros amores’. Al final, el Levante también es un club que tiene sus intereses económicos y políticos, y está claro que los que están en el campo tampoco son unos muertos de hambre, pero es como una manera de identificarte con algo más cercano a tu forma de entender y de ver el fútbol.

Acostumbrados a las derrotas cotidianas del día a día, empatar con el Real Madrid o el Barcelona es como una pequeña victoria para los aficionados de los equipos más humildes…

Claro, esos son los partidos que he vivido con más emoción. Recuerdo que hace 4 o 5 años ganamos al Madrid por 1-0 y, en el minuto 90, Ballesteros, a pesar de estar medio lesionado, le ganó una carrera a Cristiano Ronaldo. La grada enloqueció, el defensa que era como el estandarte y el alma del equipo le había ganado una carrera a uno de los mejores jugadores del mundo. Se vive de otra manera, aunque también es cierto que nadie escapa de lo que es el fútbol moderno. Ahora, con los malos resultados de esta temporada, la gente pita y cantaba ‘Muñiz, vete ya’. Estamos en Primera, que a lo mejor ni siquiera es donde debería estar el Levante por aspectos económicos y por trayectoria histórica, así que disfrutad. Y si bajamos, pues ya animaremos para volver a subir.

“Creo que nos mantendremos en Primera. Aunque tampoco me importa mucho, la Segunda tiene su encanto. Y así si subes, pues celebras algo”, decías en una entrevista de 2014, cuando el Levante también luchaba para no perder la categoría…

Es que estar en Primera es un premio. Sí, yo también quería que se fuera Muñiz para ver si así había un cambio de dinámica, pero yo qué sé… Es que a mí eso de pitar y de sacar pañuelos me parece muy absurdo. Yo no quiero sentir que tengo poder de influencia para que despidan a una persona. Yo disfruto del partido, y si perdemos nos vamos al bar, nos tomamos una cerveza y ya está. No voy a amargarme por un partido de fútbol, que hay cosas mucho más serias.

“No voy a amargarme por un partido de fútbol, que hay cosas mucho más serias”

La última en clave Levante. Por pura curiosidad, ¿de dónde nace tu admiración por Sergio Ballesteros?

Es que tú lo veías y no parecía futbolista. Es un tío gigante que de lejos parecía que estuviese gordo y pesado. No sé qué piensa políticamente, no sé si incluso estará liado con eso del amaño del partido contra el Zaragoza… No es una admiración personal, es a nivel futbolístico: era como un antihéroe. Antes sí que había más jugadores de este tipo, Ballesteros era como el último romántico en aquella época en la que todo ya estaba cambiando.

Hablemos del Rayo, tu segundo equipo. ¿Qué tiene Vallecas?

La grada del Rayo sigue siendo un sitio en el que se denuncian las injusticias sociales. Aunque esté en manos de quien está, la afición mantiene su esencia de barrio, de equipo pequeño frente a dos poderosos como el Madrid y el Atlético, e intenta utilizar el fútbol como una herramienta para construir un mundo mejor y una sociedad más justa. Esto es lo que refleja Vallecas, y por esto luego tiene todo lo que tiene detrás: muchísimas multas, muchos juicios y la mierda que les echa la prensa a los Bukaneros. Es tremendo, porque el Frente Atlético, los Ultras Sur, los Boixos Nois y muchas otras aficiones son lo que son, pero no sufren la presión que sufren los Bukaneros. Es un poco lo mismo que sucede en el resto de la sociedad, que la libertad de expresión existe para determinados grupos. No digo que sean monjas de caridad ni mucho menos, pero, mientras el fascismo continúa campando tranquilamente por el mundo del fútbol, las aficiones de izquierdas sufren una persecución brutal.

“Mientras el fascismo sigue campando tranquilamente por el mundo del fútbol, las aficiones de izquierdas sufren una persecución brutal”

“Soy Rosa Parks gritando ‘basta’ desde primera fila”, cantabas en La estanquera de Saigón¿Esto es lo que representan los clubes como el Rayo Vallecano, el Sankt Pauli o el CAP Ciudad de Murcia en el mundo del fútbol?

No diría que son clubes perfectos porque seguro que tienen sus errores, pero son modestos y tienen ese encanto que hace que mucha gente los vea como un ejemplo a seguir. Utilizan su pasión por el fútbol para hacer de altavoz para las luchas sociales, y creen que el fútbol tiene que ser para los socios y para los aficionados, que tiene que ser algo que le dé vida y futuro al barrio y no solo a los empresarios que manejan al equipo.

Estos clubes y aficiones humildes son una cara de la moneda. La otra, la menos amable, es la del fútbol como el nuevo opio del pueblo, como legitimador de dictaduras y adalid del capitalismo más feroz…

Quien tiene el poder es el que manda, quien tiene el poder es el que puede llevar camisetas de Qatar Foundation y hacer negocios con esos países y que no pase nada. Y quien tiene el poder es quien utiliza a los medios de comunicación y los partidos políticos para blanquear todo esto. Igual que hay jugadores y entrenadores que se van a Catar y dicen: ‘No, aquí se vive bien si no te metes en problemas’. A Xavi Hernández, por ejemplo, yo le tengo un respeto enorme como futbolista, pero hace algunas declaraciones sobre ese país… Es una pena, porque estos clubs no solo utilizan el poder para lograr todos los títulos y estar por encima del resto de equipos, sino que también lo hacen servir para legitimar dictaduras o para legitimar que en sus palcos se cierren negocios. Y después aún te dicen que no hay que mezclar el deporte con la política. Es que volvemos a caer en lo mismo, en que es una mierda y en que, si te lo pensaras bien, apagarías la tele y no volverías a ver un partido de Primera División en la vida, pero… ¿Cómo escapas de eso si te gusta el fútbol? ¿Y cómo escapas de comprar en ciertas tiendas? ¿Y cómo escapas de comer en determinados sitios? Tienes que intentar denunciarlo, pero es muy difícil escapar…

En una entrevista de hace unos meses asegurabas que “cuando existe un conflicto social como el que existe en el Estado español, y es algo tan latente y visible, si no te posicionas te estás posicionando a favor del discurso dominante”. Sin embargo, ¿cuántas veces has escuchado que el fútbol y la música no se deben mezclar con la política?

Es que eso lo dicen los que más mezclan el fútbol o la música con la política. Creo que todo lo que sea tomar partido es política. Ahora, por ejemplo, algunos dicen que la manifestación del 8 de marzo no era una manifestación política… ¿Desde cuando hay manifestaciones no políticas? Al final, lo hacen para intentar quitarle valor a las reivindicaciones. Desde el statu quo se dice que el fútbol no se debe mezclar con la política para que la gente lo asuma y lo interiorice, para intentar frenar cualquier reivindicación. Pero es que es lo mismo que hacen cuando dicen aquello de ‘todos los partidos iguales’, que a ellos les interesa que la gente se lo crea para que equipare que en Valencia hayan puesto un carril bici con que antes el Partido Popular robara millones. No se puede mezclar el deporte con la política si pitas el himno de España, pero luego el Barcelona o el Athletic Club van a cualquier campo del país y les reciben con banderas de España, les cantan ‘viva España’ y les gritan cánticos contra Cataluña o el País Vasco. Ellos lo que no quieren es que se mezcle el deporte con la política que no les gusta, esto es lo que les interesa: que no existan protestas contra el Rey, que no existan protestas a favor de la independencia de Cataluña, que no existan protestas contra los desahucios y el racismo.

“Desde el statu quo se dice que el fútbol no se debe mezclar con la política para que la gente lo asuma y lo interiorice, para intentar frenar cualquier reivindicación”

Con todo, desde la izquierda y desde el mundo de la cultura siempre se ha acostumbrado a mirar al fútbol con una cierta superioridad moral, como si fuera algo demasiado terrenal…

Claro que a mucha gente la distrae, pero igual que la puede distraer otro tipo de expresiones culturales. No creo que el fútbol sea el culpable de los males de la sociedad ni mucho menos. Está claro que queda muy bien decir eso de ‘yo odio el fútbol porque es el opio del pueblo, porque es todo negocio y dinero, porque son unos millonarios dando patadas a un balón’. Puede que tengan razón con todo eso y es cierto que hay muchas contradicciones en ver fútbol, pero creo que no es acertado señalarlo como el principal culpable de todos los males. Al final, si intentas quedarte con lo que viene a ser la esencia del deporte y huir un poco del negocio y del fanatismo tampoco está tan mal.

Continúa…

Yo cuando acabo de ver un partido de fútbol, apago la tele y me pongo a hacer otras cosas. El fútbol no me tapa que ha habido una reforma laboral, que hay millones de mujeres que han salido a la calle durante estos días y que la crisis económica sigue existiendo. Los medios de comunicación y los partidos políticos intentan cegarte con elementos como el fútbol para que no veas el problema real, pero el fútbol distrae a quien quiere que le distraiga. No creo que sea más tóxico que otras aficiones.

“El fútbol distrae a quien quiere que le distraiga”

Abramos un último melón. Tal y como está el mundo del periodismo, no parece una idea demasiado buena meterse ahí ahora mismo…

[Ríe]. Es que además yo empecé la carrera con 25 años, ya siendo consciente del error que era meterse ahí, pero bueno… Cuando empiezas la universidad a cierta edad ya no te cuela el discurso ese de: ‘Estudia algo de provecho, estudia una carrera con futuro’. A lo mejor no fue la mejor decisión, pero en aquel momento sentí que era la decisión que tenía que tomar. No puedes moverte siempre por la economía, a veces hay que ser un poco romántico. Siempre me ha gustado y siempre me ha interesado mucho el periodismo. Todavía no he empezado a ejercerlo, porque tengo otras obligaciones profesionales que no me han impulsado a hacerlo, pero sigo pensando que en algún momento centraré mi vida en el periodismo.Con todo, parece innegable que el periodismo y el periodismo deportivo no viven su época más gloriosa…

Yo no puedo con El Chiringuito, con los Jugones, con Deportes Cuatro y con Los Manolos… Es que no puedo, no veo ningún programa de este estilo porque me generan aversión al fútbol. Joder, es un deporte que me gusta y que me ha gustado siempre, pero es que te generan un conflicto interno de pensar: ¿De verdad me gusta esto? ¿De verdad hago bien apoyando esto? Me produce dolor de estómago. Es que es muy vomitivo todo, es muy lamentable. Igual que los periódicos deportivos. Es que no se libra casi ninguno, son todos iguales… Y eso también se extiende a gran parte de la prensa generalista.

“Creerte clase media y eso no existe, como en democracia occidental el periodismo libre”, cantáis con Riot Propaganda en Cambiarlo todo

Ahora los medios de comunicación son pequeñas partes de un cúmulo de empresas que tienen intereses en muchos sectores. Es que es imposible que en estos medios exista libertad cuando tienes empresas, instituciones o equipos de fútbol a los que no puedes criticar porque sino te cortan el grifo. Sí que existen los medios pequeños como eldiario.es o La Marea, pero claro… ¿Qué influencia tienen? Tú sigues a La Marea, y sigues a los cuatro periodistas de La Marea. Los lees y piensas que todo el mundo lo hace, pero al final somos cuatro que nos vamos retroalimentando entre nosotros. Es como cuando abres Twitter y dices: ‘¡Buah! La tercera república está aquí e Izquierda Unida va a ganar las elecciones generales con mayoría absoluta’. Luego está la realidad, que es que tú le preguntas a tu padre por La Marea y no tiene ni idea de lo que le hablas. ¿El periodismo libre existe? Sí, mientras no sea peligroso. Si La Marea consiguiera cierta repercusión y cierto poder ya habría quien le cortaría el grifo. El periodismo mayoritario, el periodismo generalista y de masas, no es libre en Occidente.

 

“El periodismo mayoritario, el periodismo generalista y de masas, no es libre en Occidente”

 

¿Denunciar las injusticias desde un periódico o desde un escenario?

Yo preferiría hacerlo desde un periódico, pero porque creo que le aportaría mayor seriedad y mayor amplitud de target. Son apartados distintos, pero creo que son compatibles.

Y desde un campo de fútbol, ¿por qué nadie lo hace?

Pero es que esta semana lees la noticia de Guardiola y el lazo amarillo… Primero le abren un expediente, luego lo comparan con el ISIS y con la esvástica y ahora le ponen una multa. Que para él son migajas, porque Guardiola 22.000 euros igual los gana en una mañana, pero al final consiguen que la gente lo vea mal y que lo señale, como si de verdad fuera como la esvástica o como el ISIS. Y eso es lo grave… Años atrás aquí ya pasó algo parecido con lo de Kanouté y Palestina. Es que en el fútbol español ahora mismo casi no existe la posibilidad de que reivindiquen alguna cosa porque dentro de los poderes… ¿Quién está al mando de la liga española?

Un tipo que ha llegado a decir que a veces echa de menos un Le Pen a la española…

¡Y que viene de Fuerza Nueva! Los clubes no quieren problemas, lo que quieren es mantener su negocio. Y los jugadores igual, porque saben las consecuencias que les puede acarrear. Mira a Piqué, que solo ha pedido que se vote y se le persigue por ello. La gente le odia y le grita, y todo esto al resto de los jugadores les genera un sentimiento de: ‘Yo paso’. Nosotros tenemos algún seguidor en Primera División, pero estoy seguro de que nunca harían una reivindicación en un partido de fútbol. Escuchan nuestras letras, pero saben que hacer algo les repercutiría de manera negativa en su carrera o en su persona. Y claro, supongo que están en su derecho de anteponer el pan a hacer una protesta.

En las primeras líneas de una entrevista con el cantante de La Raíz Pablo Sánchez, tu primer trabajo periodístico en Público, aseguras que “cuando se baja el telón y se apagan los focos, la purpurina se desvanece y el artista se humaniza, con sus miedos, sus penas, sus alegrías y sus retos”. Es de suponer que a los futbolistas les sucede lo mismo, pero hoy parecen dioses muy lejanos de los que les apoyan desde las gradas. Parecen seres que están por encima del bien y el mal con los que los aficionados ya no tienen ninguna relación…

Los futbolistas de los equipos grandes viven completamente alejados de la realidad. No tienen ningún tipo de cercanía con el pueblo ni con la realidad social. Y luego, en equipos más pequeños como el Levante, de un año a otro igual cambian 20 jugadores y casi nunca llegan a asentarse. Vienen aquí porque es la liga española, pero no conocen la historia del club ni la de la ciudad. Es que, al final, son gente que tiene un dineral en su cuenta del banco y que nunca va a comprender lo que siente el pueblo en el aspecto económico.

La Raíz, Zoo, Los Chikos del Maíz, Riot Propaganda… Quizás no es el objetivo principal, pero con vuestras letras empoderáis al público y le descubrís nuevas realidades.

Es muy difícil medir el alcance y la influencia que tienes realmente, pero sí que creo que puede servir. Es un estilo de música que conecta mucho con la gente más joven. Cuando tienes 14 o 15 años, leerte El Estado y la revolución no es lo más sencillo, así que nuestra música puede ser una primera conexión con la política. Mucha gente nos ha agradecido el haberles introducido en la vida política, el haberles descubierto un libro o una película, y eso es lo que más te emociona. Aunque es cierto que tampoco creo que tengamos tanto poder como algunos se quieren creer, porque si no las cosas estarían de otra forma.

“Una revolución sin baile no es una revolución que merezca la pena”, decía Emma Goldman. Reivindicar y molestar al poder, pero hacerlo siempre con humor y con una sonrisa…

Todo es más sencillo desde el humor, desde la ironía, desde la fiesta. No podemos estar siempre encerrados en libros, encerrados en ‘la sociedad está mal, voy a quedarme en mi casa’. Porque no, porque es lo que quieren ellos: que estemos amargados, que estemos tristes y serios, que sintamos que estamos perdiendo. También necesitamos tener el ánimo para cambiar las cosas, ese ánimo para seguir luchando desde distintas vertientes. Y salir a bailar una bachata también tiene su parte reivindicativa. Tenemos que contestarles desde la consciencia… Pero si puede ser con una sonrisa o apretando los dientes, mejor. 

Admitir que todo está hecho trizas, pero sonreír y salir a darlo todo en el concierto. Y el domingo, sentarse a ver fútbol.

Sí… Es que vives en constante contradicción, incluso con letras tuyas anteriores y con cosas que has dicho en el pasado. Porque la vida es evolución. La vida es cambio y es estar en constante aprendizaje. En definitiva, vivir es tener contradicciones continuamente, sobre todo cuando vives en una sociedad capitalista de la que no puedes escapar. Y sí, esta tarde me pondré el Levante. Y sí, el miércoles me pondré el Barça – Chelsea y veré a un jeque ruso como Abramovich en el palco y a futbolistas que cobran 50 millones de euros al año y que llevan publicidad de países poco democráticos en el césped. Me gusta el fútbol, pero tengo que aceptarlo así y no puedo decir que vivo al margen del negocio porque es imposible hacerlo. A Sabina le gustan los toros, que creo que es mucho peor.

Que los robots coticen y ayuden a pagar las pensiones y una renta básica universal

21 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Las plataformas de pensionistas que el  pasado 22 de febrero, jueves, sorprendieron a Gobierno, oposición y sindicatos al tomar las calles de 86 ciudades españolas van a volver a ellas el próximo sábado, 17 de marzo. Los jubilados no estarán esta vez solos. Han convocado sus nuevas movilizaciones para un sábado para que puedan acompañarlos sus hijos, sus nietos y todo aquel que, activo o no activo, con empleo o sin empleo, esté preocupado por el presente y por el futuro de nuestro sistema público de pensiones.

Tras la gigantesca movilización feminista del pasado jueves 8, el Gobierno apenas ha reaccionado por ahora con un gesto mínimo: un lazo morado en la chaqueta del presidente, Mariano Rajoy, gesto que fue tachado de oportunista y cínico entre la oposición y que ha sido polémico incluso dentro de las filas del PP. Tras las movilizaciones de pensionistas de hace casi un mes, y la exhibición de fuerza delgrey power, el Ejecutivo sólo ha reaccionado por ahora con una ocurrencia del ministro de la caja de caudales, Cristóbal Montoro, que habló de manera inconcreta de bajarles el IRPF a algunos pensionistas de edad “muy avanzada”.

Este miércoles, en el pleno monográfico sobre las pensiones que celebrará el Congreso de los Diputados, tendrán Rajoy, el Gobierno y el PP una nueva oportunidad para afrontar el problema con algo más que una ocurrencia. ¿Cederán a la presión de la calle y de la oposición parlamentaria y cambiarán su propia ley para que la revalorización anual de las pensiones sea superior al 0,25% que fija la norma, paupérrima subida que ha sido uno de los detonantes de las protestas? ¿Irán incluso más allá, y admitirán que algunas pensiones se paguen desde los Presupuestos Generales del Estado, vía impuestos?

Sea ahora, sea un poco más adelante, en el PP previsiblemente se reaccionará con mayor convicción cuando vean que la marea de la calle les inunda los graneros de votos y deja alguno de ellos muy deteriorado. Puede estar empezando a pasar. Un dato: en el Barómetro del CIS de enero de 2017, el 34,6% de los encuestados de 65 años o más decían directamente que votarían al PP. Un año después, en el Barómetro del CIS de enero de 2018 -cuando los pensionistas ya sabían que la recuperación económica tan cacareada por el Gobierno les ha dado este año una subida de la pensión del 0,25%; es decir, 1,5 euros más al mes a muchos de ellos-, ese porcentaje ha bajado al 28,8%. Casi seis puntos porcentuales de caída en doce meses y ello pese a que cuando se hizo el campo del Barómetro de enero pasado aún no habían empezado las grandes movilizaciones de los pensionistas.

Reacciones rápidas y medidas a corto plazo aparte, la reflexión sobre el futuro de las pensiones ocupa cada vez más tiempo en instituciones públicas, partidos, sindicatos y think tanks. Entre las ideas que ahora se barajan, una que ya comenzó a debatirse hace un par de años: que los robots que están sustituyendo a personas en algunos empleos coticen a la Seguridad Social o que al menos aporten vía impuestos al erario cantidades significativas que permitan completar las políticas sociales, entre ellas el sostenimiento y mejora del sistema público de pensiones. Se sumó a ella hasta Bill Gates, el fundador de Microsoft, una de las grandes compañías aceleradoras de los procesos de automatización. “S i una persona hace un trabajo valorado en 50.000 dólares en una fábrica, esa cantidad es sometida a impuestos sobre la renta, impuestos de la Seguridad Social y todas esas cosas. Si un robot viene para hacer el mismo trabajo, pensarías que habría que ponerle un impuesto del mismo nivel “, comentó Gates.

La idea ha vuelto al primer plano del debate tras un estudio reciente sobre el impacto de la automatización en el empleo. Se titula ‘Will robots really steal our jobs’  (¿Realmente robarán los robots nuestros empleos?), lo ha hecho la consultora PwC y analiza la situación en 29 países. Las conclusiones, para el nuestro, son bastante inquietantes: en 2030, la automatización mediante robots de muchas tareas hará que el 34% de los empleos actuales estén entonces en peligro, pues se podrán hacer con máquinas inteligentes. Los empleados con menor formación y los sectores de transporte, logística e industria –y en menor medida los de alimentación y distribución- son los que mayor riesgo corren. El estudio de PwC confirma en gran medida lo que apuntaba otro de la OCDE que en 2016 situaba a España como el tercer país de entre los 21 de la organización analizados, tras Alemania y Austria, al que más afectaría la sustitución de empleados por máquinas con inteligencia artificial.

En octubre de 2016, poco después del estudio de la OCDE, Pepe Álvarez, recién llegado entonces a la secretaría general de UGT, planteó en un acto sindical en Asturias que las empresas compensaran a la Seguridad Social, mediante una cotización o alguna otra medida similar, por la pérdida de empleos que se producía con los avances tecnológicos en las cadenas de producción. “Que los robots paguen a la Seguridad Social por los trabajadores que no están en las empresas”, resumió Álvarez.

El asunto no era nuevo. Por aquel entonces, en el Parlamento Europeo ya se trabajaba en una iniciativa similar, impulsada por los grupos de izquierda. Un texto aprobado en la comisión parlamentaria señalaba que “considerando que el desarrollo de la robótica y la inteligencia artificial puede dar lugar a que los robots asuman gran parte del trabajo que ahora realizan los seres humanos sin que puedan reemplazarse por completo los empleos perdidos” debería “estudiarse la posibilidad de someter a impuesto el trabajo ejecutado por robots o exigir un gravamen por el uso y mantenimiento de cada robot” para financiar el reciclaje profesional de las personas que perdieran su puesto de trabajo. En el pleno del Europarlamento, ya en febrero de 2017, los grupos de derecha rebajaron el texto. Se instaba a la UE a que legislara sobre robots y automatización, pero se eliminaban las referencias al impacto de la robotización en el mercado laboral y a los posibles impuestos para compensarlo.

Ahora, tras el informe de PwC, Pepe Álvarez, el líder de UGT, insiste, y con más convicción. “Mantengo lo que dije. El debate está abierto, hemos de reflexionar sobre ello. Al PSOE no lo he convencido, a algunos dirigentes de Podemos sí”.

Su idea no la comparte su homólogo en Comisiones Obreras, Unai Sordo: “Nosotros más bien pensamos que si la robotización se implanta en las empresas es para mejorar la productividad, y que lo que hay que gravar es el beneficio empresarial con un funcionamiento mucho más activo del impuesto de sociedades”. El líder de Comisiones considera que “no hay que desincentivar la inversión tecnológica porque es necesaria para mejorar el tejido productivo español”. “Nuestra forma de buscar ‘la cotización de los robots’ es hacer que más empresas paguen realmente los impuestos que tienen”, concluye Sordo.

En CEOE tampoco están a favor de que los robots paguen impuestos. Consideran que hay que afrontar antes otras cuestiones derivadas del cambio tecnológico que en su opinión están afectando más que la automatización a la caja de la Seguridad Social: “La llamada ‘economía colaborativa’, que en ocasiones no es colaborativa, crea competencia desleal y no aporta cotizaciones sociales o cotiza muy poco”, en palabras de un dirigente de la patronal.

En sus conclusiones, el informe de PwC llega incluso a relacionar el auge de los robots y de la inteligencia artificial con los ingresos públicos y con un reparto también social de la riqueza generada. Propone que “además de invertir en educación, capacitación e infraestructura” se invierta “en redes de seguridad social más fuertes para aquellos que no son capaces de adaptarse fácilmente a la automatización”.

PwC lleva incluso el debate más allá, al recoger también en sus conclusiones una idea “más radical” que “ha ganado fuerza en Silicon Valley y en otras partes del mundo en los últimos años como una manera potencial de mantener los ingresos de aquellos que salen perdiendo en la automatización”. La idea de crear con parte de los beneficios extra generados por la robotización “una renta básica universal”. ¿Por generosidad, por altruismo, por justicia social? No solo. Porque -dice el informe- “el consumo es importante para mantener la economía en marcha”.