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“La situación en Catalunya está sacando a flote odio en una sociedad que se jacta de ser tranquila y pacífica”

16 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El escritor y periodista Gregorio Morán (Oviedo, 1947) presenta Miseria, grandeza y agonía del PCE (Akal). Un libro reeditado que cumple ahora tres décadas. La obra de Morán, como todas las suyas, es un reportaje largo, erudito, prolijo en detalles, del principal partido en la dictadura y de su crisis a partir de la Transición.

Morán desarrolla un retrato crítico de sus principales dirigentes, de los procesos históricos en los que vivieron –muchos de los cuales él vivió en primera fila–, y del contexto en el que se pactó una Transición, de 1978, cuya arquitectura institucional parece sufrir con su 40º cumpleaños.

Morán fue despedido a la vuelta del verano de La Vanguardia, donde publicaba un artículo semanal desde hacía 30 años, “víctima del procès”, explica. Un procès con el que es muy crítico, y que le trae a la memoria un poema de Pier Paolo Pasolini de 1968,  Il PCI ai giovani, sobre las protestas estudiantiles de aquel año en el que el autor empatiza con los policías más que con los estudiantes, porque los primeros “viven con un salario miserable” y los otros “están mantenidos”.

¿Por qué la reedición del libro? ¿Qué está pasando en la actualidad para un libro que retrata de forma crítica el periodo de la Transición tenga interés?

En primer lugar, desempeña un papel importante la propia editorial, que estaba interesada en ese libro inencontrable que había tenido una vida si no azarosa, sí irregular. El libro es del año 1986, y fue creciendo en interés conforme se ocultaba. Ahora, los libros de viejo están a unos precios absolutamente hiperbólicos.

Yo creo que hay un interés por una parcela de la historia de la izquierda española tan capitidisminuida la pobre últimamente, y el libro viene a incidir en esa historia. Un pasado que parece de hace un siglo, pero que no es de tanto tiempo: del 86 hay poco más de 30 años. Pero lo más llamativo es que los protagonistas de esa historia han tenido una vida azarosa que les ha llevado desde la extrema izquierda, en algunos casos contra el revisionismo del PCE, hasta la extrema derecha del PP. No hay que olvidar que en España no existe una extrema derecha como partido porque está subsumida en ese partido de centro derecha que es el PP, que lo recoge todo siguiendo la norma que marcó la UCD de Adolfo Suárez. Es un retrato de época.

Retrato crítico.

Sí, claro, sí, eso ya va con uno.

Recordando los Mandarines, también, es esa forma periodística de reportajear una época en la que casi no queda títere con cabeza.

Es que los títeres eran muy títeres.

¿Por qué añade “agonía” al título del libro?

Cuando lo escribo en 1986 es miseria y grandeza, pero visto en perspectiva, en la parte última, es una agonía. Fue irrecuperable. Ya Izquierda Unida no tiene nada que ver con lo que era el PCE, y los restos del PCE pues es una cosa que está ahí como restos del naufragio, como un pecio. Yo creo que había que añadir lo de la agonía, porque en principio en 1986 no era obligatorio pronosticar el final, y ahora es una obviedad.

Es muy crítico también con el nivel intelectual de los líderes históricos del PCE, como Dolores Ibárruri, José Díaz, Santiago Carrillo… ¿Han faltado grandes teóricos marxistas al frente del PCE como sí hubo en otros partidos comunistas europeos?

La crisis del PCE es un antecedente de otras crisis de partidos comunistas europeos. La fragilidad intelectual del PCE, caracterizada por la propia fragilidad intelectual de Carrillo, de [Fernando] Claudín, es una imagen de marca, es una huella que está ahí. Hombres como [Manuel] Sacristán, que podrían haber introducido quizá elementos de racionalidad, o [Manuel] Vázquez Montalbán u otros, no muchos más, no tuvieron ningún peso.

El peso, no hay que olvidarlo, lo tenía Carrillo. Cuando saca un libro infumable, Eurocomunismo y Estado, absolutamente deleznable intelectual y políticamente, y los críticos dijeron que era una aportación al pensamiento de la izquierda mundial… Cuando pasa eso, uno piensa que nuestra base intelectual está ahí reflejada: no le vamos a pedir tampoco al PCE goyerías que están fuera de la realidad, porque el PSOE ha tenido un montón catedráticos de universidad, que, con todos mis respetos, la inmensa mayoría desempeñan cargos funcionariales: una inteligencia vicaria de quien les puso en la cátedra.

No creo que sea significativo solo del PCE, sino más general de una de las maldiciones de este país, que intelectualmente la izquierda es tan pobre como la derecha y, en ocasiones, más.

Y a menudo a gusto cerca del poder.

Intelectualidad y poder, ya lo he intentado explicar con El Cura y los Mandarines: el poder da relumbrón, todo lo que la sociedad no te da. Y más. En los cambios que se produjeron en la inteligencia de la izquierda en la Transición, que era entonces la izquierda más radical hasta ahora, son de poder. El poder que no les hizo caso y que sigue sin hacérselo, pero que sí les da privilegios o concesiones o beneficios de élites que hay que pagar. Y que se paga con la aceptación del “pensamiento dominante”.

¿La crisis del PCE en la Transición tiene que ver con las concesiones programáticas o con que la imagen de que quien pilota el partido es de los años 30?

Yo creo que la parte segunda es la más adecuada. La gran paradoja del PCE es que es el partido más joven en la España del 77, tanto como que sería el que suministraría los cuadros políticos al PSOE en los años por venir. Ese partido se presenta en junio de 1977 con las candidaturas más viejas, arcaicas y putrefactas que uno se pueda imaginar. A partir de ahí, ese elemento no fue suficientemente analizado por nosotros. Para una parte de los analistas o militantes, se consideraba una paradoja, pero tenía una explicación: para gente como Carrillo, la Transición y las elecciones del 15 de junio de 1977, hasta que el PSOE domina en octubre de 1982, consiste en ver pasar el último vagón del último tren: o coges ese tren en las condiciones que fueran o no pasa otro.

Nosotros teníamos una vida por delante, ellos tenían vida por detrás. Esto se convierte en una radiografía del PCE. ¿Cuál es el gran éxito del PSOE? Que no tenía ningún pasado. ¿100 años? No tenía nada, el pasado eran Llopis y compañía, ellos estaban virginales en todos los sentidos.

Julio Anguita a veces lo comenta: que fue clave el dominio del partido del exterior, mientras en el PSOE fue el del interior.

Eso es evidente. Es un rasgo definitivo. Pensaban en la posibilidad de una egregia y brillante jubilación. Y la figura de Carrillo ahí es fundamental. Él es la esencia de ese fenómeno. Ellos se han dedicado a la política desde los 16 años ¿y no has sido ni ministro y te vas a morir?

El libro tiene tanto detalle que no es suficiente con el archivo del PCE. ¿Quién le ayudó?

Mi historia, la gente con la que viví, y el haber vivido en primera persona con una buena parte de los protagonistas de esta historia.

Dicen que Romero Marín le echó una mano.

No, imposible. Nadie que lo conociera, que no queda precisamente bien en el libro, puede imaginarse haciendo confidencias. Yo he trabajado con él, pero era un coronel de tanquistas.

El Tanque, le llamaban.

Era el Tanque.

El actual líder de IU, Alberto Garzón, también es crítico con Carrillo. ¿Cree que representa un mayor nivel intelectual que echaba en falta en la historia del PCE?

Yo no le conozco. Conozco lo que aparece, no lo sé. No sé tampoco su edad. Es muy joven.

¿Y el grupo de líderes de Unidos Podemos, además de Garzón, con Iglesias y otros, que vienen de la universidad? ¿Hay un salto teórico?

Yo creo que sí. Es verdad que hay mejor formación, pero la política también requiere una veteranía que esta gente no tiene. Cómo está administrando Podemos la crisis de Catalunya es una prueba inequívoca de inmadurez política, tanto de los dirigentes como de los cuadros. No entro en si aciertan o no aciertan, pero sí en la falta de unas orientaciones que producen la veteranía. Seamos sinceros. Rajoy gana porque ya es el único veterano que queda, los otros han ido cayendo.

Hasta el mismo Aznar cuando se queja de Rajoy, hay que recordarle que si llega a poner a los otros candidatos que tenía en su famoso cuaderno, no me quiero ni imaginar a Rato haciendo de Rajoy, entre otras cosas porque estaría en la cárcel.

La veteranía no es todo como creía Carrillo, que creía que con eso bastaba, pero sí es imprescindible en política. Y a esta izquierda le falta curtirse. El problema es que curtiéndote te puedes resquebrajar, es muy difícil la situación. No es eso de que vamos a simular, aquí te la vas a jugar.

También la situación de ahora es muy complicada.

Exige talento, sí, y veteranía. Y aquí es el arte de la improvisación. A lo mejor la política futura se caracterizará por esos rasgos, pero no lo veo. Lo cierto es que lo que significó el PCE se ha desparramado en los diferentes grupos. Simplemente la formación de las élites políticas debe todo al PCE, desde la derecha a la izquierda.

¿Deberían disolverlo?

¿No está disuelto ya?

Hay cuotas, militantes, el Mundo Obrero, la fiesta anual…

Eso es como un club, ¿no? Hay gente que juega al golf, que le gustan los caballos…

A veces surge el vértigo de que una svolta della Bolognina a la española acabe como en Italia, sin fuerza marxista organizada.

Italia en política merece un respeto. Y en medios de comunicación, también. Aquí nos hemos dado de bruces con situaciones impensables. El partido que ha representado mejor la modernización de la derecha ha sido el PSOE, que gana las elecciones de octubre de 1982 con un programa radical de izquierda, en muchos aspectos rupturista, que luego no cumple. Si hoy me preguntaran qué queda del PCE, y yo sigo los medios, no sabría qué queda como PCE organizado, como estructura partidaria.

Lo que está pasando ahora con Catalunya, ¿hasta qué punto tiene que ver con una crisis del régimen del 78?

Tiene mucho que ver con una crisis de régimen catalán, poco trasladable al resto. Hay un jalón definitivo en la situación de Catalunya que dispara los acontecimientos: cuando se comprueba que el president de la Generalitat es un chorizo. El descubrimiento de Pujol como chorizo, no por sabido por minorías, no dejó de conmocionar a la vida política catalana. Y ahí empieza todo. No hay que olvidar que una de las exigencias de los indepes más egregios de la antigua Convergència es que la independencia significa una amnistía, cosa aceptada hasta por la CUP.

Entre realidad y tapadera, la situación en Catalunya es muy diferente a como la estamos explicando.

El periodista y escritor Gregorio Morán.
El periodista y escritor Gregorio Morán. MARTA JARA

¿No tiene tanto que ver con un concepto de país España?

Acabará teniendo que ver, pero es más el agotamiento de la clase política catalana. Ellos han tenido que cambiar de nombre el partido, esto solamente ocurrió con el PCE.

Y con AP.

Sí, pero AP y los magníficos duraron poco. Ya se consolidó como PP. La clase política catalana tiene una responsabilidad histórica y el pujolismo, también. Y mientras no veamos eso, no veremos el trasfondo auténtico de la situación.

Y ahí está esa expresión insólita y hasta divertida si no fuera patética, de políticos catalanes: nos vamos porque no nos quieren. El elemento de que te quieran o no en política… He planteado que fleten tres barcos desde Buenos Aires con psiquiatras y psicoanalistas que allí sobran y aquí faltan, para dar dosis de tranquilidad, de eliminar ese complejo de inferioridad… ¿Que no nos quieren? ¿Pero qué tiene que ver eso con la política? Yo nunca me he planteado si quiero o no quiero a mi vecino, es mi vecino, y sería raro que me tocara el timbre en mi casa y me preguntara si le quiero. Llamaría a urgencias.

Es una insistencia en este momento acojonante: si no nos quieren, nos vamos. ¿Tienen que mandarnos flores? Si tú tomas las calles, no te van a quitar con claveles. A ver si nos aclaramos: ahora queremos las revoluciones con tranquilidad 2.0. Pero usted va a pelear. Los otros nos dan duro, dicen. Pero, ¿para qué está la Guardia Civil? ¿Para mandarte a casa con flores?

Esa especie de buenismo… La izquierda buenista es más estúpida que la derecha buenista. Porque la derecha buenista sabe cómo conservar el poder y el dinero. Pero la izquierda buenista no tiene nada que conservar más que su propia estupidez. Ser de izquierda buenista es una cosa… Niega la lucha de clases, niega todo. Una de las cosas más llamativas: en Catalunya ha desaparecido la lucha de clases, porque estamos todos, en palabras de Montilla: “Zapatero, te queremos mucho, pero queremos más a Catalunya”. A mí me dice un tío eso de España y no le voto en la vida.

Se han transmutado los valores, todo esto se ha desparramado, no estamos pudiendo decir lo que debemos decir. No puede ser. No puede usted de pronto decidir que la lucha de clases no existe. Lo que ocurre es que hay clases abducidas por la hegemonía catalanista.

A mí los tuits me recuerdan a los váters públicos: “Tonto el que lo lea”; “me cago en tu madre”… Si me atuviera estrictamente a lo que dicen de mí, estaría deseando que me quisieran. Pero no es mi problema. No necesito que me quieran todos los días a todas las horas. Y si me dedicara a la política, sabría que tengo una base que me sustenta pero otra que tratará de machacarme.

¿Cómo se resuelve esto?

Los navajazos seguirán, las cuchilladas de uno y otro. Y yo a lo mejor escribo esta semana sobre el diálogo, pero qué manía. Me acuerdo de Gemma Nierga cuando lo de Lluch. ¿Parando a los tíos en el garaje para dialogar con unos tíos que te van a pegar un tiro en la nuca?

Usted quiere dialogar porque no quiere conflictos, porque no está involucrado en la pelea, porque quiere vivir en paz, y que maten a los demás… Pero dígalo todo. Usted no llega a esa situación para dialogar. ¿Sobre qué dialogamos? Uno con la Constitución y el otro con la independencia. ¿Está dispuesto a bajarse el burro? Está en una bici de piñón fijo, si no pedalea, se cae.

La cantidad de tópicos… ¿Dialogar? Usted dialoga con unos tipos que han considerado que quieren romper con el statu quo y están en su derecho, pero lo que no puede ser es que cuando vienen mal dadas y cuando el Estado reacciona, dices: vamos a dialogar. Pero, ¿sobre qué? Hay hechos consumados.

¿No podría haberse hecho algo distinto que el 155?

Sí, pero con tiempo. No ahora, ahora ya no. Porque ya la cosa está disparada, ahora es imposible. Porque Rajoy ha intentado por todos los medios no aplicar el 155: ha puesto más medios Rajoy para no aplicar el 155 que los otros para que lo apliquen. Pero una vez que venga la ola, hay mucha gente que no sabe nadar y que lo va a tener muy crudo. Y Rajoy no es el más duro de la cuadrilla, y que una situación política fuera de control significa que se va la sociedad capitalista que te está subvencionando a ti. El problema del PDeCAT, antigua CDC, es que ha matado la gallina de los huevos de oro, y que parece que va a disputar a ERC y la CUP las bases sociales.

Y eso que en España se han elegido siempre presidentes con 40 años, salvo Rajoy. Y a menudo también se estigmatiza el político profesional.

Primero, porque la política está mal considerada, y esto es una herencia del franquismo: haga como yo, no se meta en política. Pero los instrumentos pedagógicos de esta sociedad se limitan a las tertulias: tú discutes con un tío que es un analfabeto, tiene cultura visual. El tiempo que dedica la izquierda más radical a incidir en los medios visuales, yo no sé si a la larga eso será bueno para la sociedad, pero para ellos es malo.

¿Por qué?

Es una prueba de que todos somos lo mismo, que en un debate no gana el que tenga los argumentos más sólidos, sino el que sepa vender la moto con mayor eficacia. Los medios de comunicación han tendido a liquidar las hemerotecas, eso quiere decir que todos somos presentistas: no existe más que el presente.

El periodista y escritor Gregorio Morán.
El periodista y escritor Gregorio Morán. MARTA JARA

¿Qué papel desempeñan los medios a su juicio?

No muy feliz. Tenemos los medios más deleznables de Europa. En Catalunya queda la subvención y un magma que lo recubre todo, que es la opinión mayoritaria. Opinión mayoritaria según los sondeos, que están hechos para quien los paga, lo cual es un principio básico de la termodinámica social.

El desprestigio de los medios de comunicación en España es directamente proporcional a la actitud de los propios medios. Económicamente son de una fragilidad absoluta, viven de la subvención, y no puedes tener unos medios independientes si no te puedes subvencionar a ti mismo. Aquí tienen intereses los patronos que consideran cómo sacar dinero al Estado. En el caso de Catalunya es escandaloso porque la subvención abarca todo, y en el caso del resto, primero está la precariedad: significa que los salarios que se están pagando son de miseria y que no se hacen reportajes, no hay corresponsales, se depende de las grandes cadenas…

La situación de los medios de comunicación es de caída general, en un momento en el que la gente está feliz de haberse conocido con las redes. ¿Cuánto durarán las redes? Se cansarán, porque las redes tienen un límite. El poder decir las tonterías que quieras gratuitamente llegará un momento en el que eso no tenga más sentido que en su propio ombligo, pero eso no tiene ningún valor a la larga. Nadie contempla todavía la caída en picado de las redes, pero caerán como cae todo.

Además, las redes no pueden sustituir a los medios de comunicación convencionales. El poder está en el papel: el papel es caro y exige la lectura, lo otro exige la visualidad, que es otra cosa.

Volviendo a la historia del PCE y Catalunya. A menudo se compara a los comunes con el PSUC.

No tiene nada que ver. El PSUC era un partido, los comunes es una amalgama de personajes, de mayor o menor cuantía. No tiene nada que ver.

¿No heredan esa tradición?

No, no se hereda. Estamos viviendo una crisis del partido convencional, y manejar las amalgamas de grupos como los comunes o como Podemos, es una experiencia nueva, que exige talentos y una cosa que no gusta: personalismos muy fuertes, esa variante del populismo que son las personalidades fuertes que unen. Cuando se toman decisiones, no pueden convocar al soviet, no le sirve. La asamblea es cojonuda, pero, ¿quién ejecuta? ¿Siempre ejecuta la derecha? ¿Usted no gobierna, usted discute del gobierno? Eso ya lo teníamos aprendido del siglo XIX. Esos instrumentos políticos, que la gente piensa que por ahí está el futuro, el presente ya lo están teniendo difícil.

Tienen un momento de ascenso y éxito arrollador, pero esos instrumentos están hechos para sociedades como los verdes alemanes, sociedades institucionalizadas donde las sorpresas vienen de fuera. Pero aquí, ¿dónde hay que tomar decisiones?

Ese es el riesgo de las izquierdas con Catalunya, que hay que tomar una posición con validez como mínimo que dure algo más que unas horas.

Ellos están con el referéndum pactado, ¿no? Otra cosa es qué votarían cuando lo hubiera.

Sí, claro, pero es poco probable la primera parte, pero cuando tú has apoyado el referéndum no pactado, es muy difícil ese peso de tu verdad en el referéndum pactado. Porque tú has apoyado…

Lo llamaban movilización.

En eso el lenguaje da para todo. Llámalo como quieras, pero tú no has dicho que no al referéndum no pactado si no es con la boca pequeña. Es muy complicado. No son asambleas de la universidad. Seamos serios: yo no me imagino a la izquierda, incluido el señor Sánchez, abordando una situación como la de Catalunya.

No quiere decir que Rajoy lo esté haciendo mal, bien o regular. Pero se lo ha pensado. Otra cosa es que no piense lo que yo pienso. Pero me imagino a Sánchez en una situación así y me aterrorizo: no sabe ni cómo dirigir su propio partido. Y no digamos ya los comunes: lo de Colau no sé qué réditos electorales va a tener. Pero ese intento de que te quieran todos es muy difícil.

Vamos a unas elecciones en Catalunya, pero nada dice que vaya a cambiar la radiografía del voto. Las urnas las carga el diablo. Ya sé que esto está mal decirlo así brutalmente, pero mi confianza en el voto popular es muy relativa. He vivido situaciones en las cuales me recuerda mucho a esa gente que cuando detienen a un asesino dicen que le cuelguen, que me lo dejen a mí. No sé quién es peor, si el asesino o el asesino voluntario. La capacidad de linchamiento de la población.

Ahora los estudiosos más razonables están introduciendo una variante muy rica, que es la introducción del odio, que no existía hace 20 años. El odio ya es una categoría política en muchos países, y en sociedades como la catalana del buenismo, el odio está palpable e indiscutible. No hay empatía con lo que tú digas. Al contrario, si pueden, te machacan. Cuando dicen ‘somos pacíficos’, claro pero si no te pones en su camino.

¿Podemos hacerle escraches a la derecha con impunidad sólo porque tenemos razón? Nosotros tenemos razón y por tanto tenemos derecho: eso me recuerda viejas épocas. Si usted no quiere que saque una bandera, no me saque la suya. ¿Y cómo hacemos las protestas? Hay mil maneras, pero si usted quiere dominar la calle, está usted o la policía. La policía está para eso. Que no cumple la policía su finalidad, pues tendrá que cumplirla usted y habrá que detener a la policía. Usted sabrá lo que hace.

Por eso te digo que la veteranía es un grado, y no es que sea positivo, pero hay lecciones que ya las di y las aprendí hace muchos años. Una situación como la de Catalunya está sacando a flote odio en una sociedad que se jacta y se jactaba de ser pacífica, tranquila.

Yo soy una víctima colateral del procès. No olvides que el comité de empresa de La Vanguardia, que es indepe, mandó una carta al director pidiendo que mis artículos fueran censurados. Esto ni en el franquismo. Eso muy bestia, es haber cruzado una línea de fuego.

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Viaje de ida y vuelta al infierno

11 noviembre, 2017

Fuente: http://www.elpais.com/cultura

‘Descenso a los infiernos’, de Kershaw, es un libro claro y preciso sobre la historia de Europa que ilustra la importancia de la Primera Guerra Mundial en el devenir del continente.

Un momento de la firma del Tratado de Versalles en 1919.
Un momento de la firma del Tratado de Versalles en 1919. BETTMANN (CORBIS)

La Primera Guerra Mundial, que decidió el destino de Europa por la fuerza, tras décadas de primacía de la política y de la diplomacia, ha sido considerada por muchos historiadores como la auténtica línea divisoria de la historia de Europa del siglo XX. Ian ­Kershaw, acreditado historiador de Hitler y de la Alemania nazi, comparte plenamente esa tendencia, consolidada desde que Eric J. Hobsbawm comenzara en 1914 su ya clásico relato del “siglo XX corto”. Europa, que se había jactado de ser “el culmen de la civilización”, cayó entre 1914 y 1945 en la “sima de la barbarie”, hizo un viaje de ida al infierno en la primera mitad del siglo XX, para volver de él en la segunda.

Nada antes de 1914 había preparado el mundo para lo que iba a suceder, aunque la violencia había esparcido ya sus semillas. Por eso ­Kershaw emplea los primeros capítulos para identificar los componentes básicos que desde el siglo XIX allanaron el camino a la violencia que afloraría desde 1919: el nacionalismo étnico-racista; el imperialismo colonial; los conflictos de clase, agudizados por el triunfo de la revolución bolchevique, y una crisis prolongada del capitalismo.

Fue en Alemania donde el acoplamiento de esos cuatro elementos de la crisis se manifestó en su forma más extrema, tras cimentar Hitler su control dictatorial del Estado, y llegó a su punto culminante, en la Segunda Guerra Mundial, en el centro y este de Europa, las zonas más desestabilizadas del continente, principal escenario del genocidio y de la destrucción de todos los ideales de civilización surgidos desde la Ilustración.

Al conflicto bélico iniciado en 1914 se le puso la etiqueta de que había sido “una guerra para acabar con la guerra”, pero preparó el camino para otra aún mayor. Y Kershaw explica por qué esas esperanzas se evaporaron con rapidez y cómo Europa construyó los cimientos de una “peligrosa triada ideológica” —comunismo, fascismo y democracia liberal— que rivalizaron por imponer su dominio.

Viaje de ida y vuelta al infierno 

La crítica a la democracia ganó terreno tras los desastres de la guerra y con el miedo a la revolución y al comunismo que llegaban desde Rusia. Tras la Gran Depresión, que comenzó a sentirse con fuerza a partir de 1930, la democracia aguantó sólo en unos pocos países y un nuevo autoritarismo, representado por los fascismos y los movimientos populistas de derecha radical, triunfó en todos los demás, en un continente económica y políticamente roto.

El orden pactado de posguerra se desmoronó. La política de rearme emprendida por los principales países desde mediados de los años treinta creó un clima de incertidumbre y crisis que redujo la seguridad internacional. El comercio de armas se duplicó desde 1932 hasta 1937. Importantes eslabones en esa escalada a una nueva guerra fueron la conquista japonesa de Manchuria en 1931, la invasión italiana de Abisinia en 1935 y la intervención de las potencias fascistas y de la Unión Soviética en la guerra civil española. Pero lo que realmente cambió el escenario de la política internacional fueron las pretensiones revisionistas y ambiciones expansionistas de Hitler.

Esa crisis se resolvió por las armas, en una guerra combatida por poblaciones enteras, sin barreras entre soldados y civiles. Según ­Kershaw, a diferencia de la guerra de 1914-1918, “el genocidio constituyó la razón de ser misma” de la de 1939-1945, “un ataque contra la humanidad sin precedentes en la historia”. Toda la construcción de la cultura burguesa e imperial de Europa se hundió en el abismo en tres décadas.

Pero del apocalipsis emergió una Europa cambiada por completo. Estados Unidos y la Unión Soviética pasaron a ocupar el vacío dejado por la desaparición de las grandes potencias, con Alemania destruida y Francia y Reino Unido muy debilitadas. Mientras que la primera de esas guerras del siglo XX había dejado un legado de convulsión, la segunda, una catástrofe todavía peor, dio luz a un periodo de estabilidad imprevisible y, en la mitad occidental, a una prosperidad incomparable. Kershaw cierra el libro, y anuncia la continuación, con una explicación de los elementos que interactuaron para crear la simiente de esa transformación, desde el fin de la ambición de gran potencia de Alemania, hasta la división en dos bloques y la nueva amenaza de guerra atómica.

Esta historia de Europa de Kershaw no destaca por las nuevas aportaciones que hace, sino por el modo en que la cuenta e interpreta. Los mejores historiadores huyen de esos pesados manuales elaborados con una suma de historias nacionales. El telescopio sustituye al relato detallado y la escritura clara y precisa se aleja de las complejas narraciones supuestamente más científicas. La historia sale ganando y el lector lo agradece. Sobre todo cuando detrás de ella está alguien tan experto y documentado.

Descenso a los infiernos. Europa 1914-1949. Ian Kershaw. Traducción de Joan Rabasseda y Teófilo de Lozoya. Crítica. Barcelona, 2016. 769 páginas. 31,90 euros

Clarkston, el pueblo estadounidense que recibe a 1.500 refugiados por año

9 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En los últimos 25 años, Clarkston, un pequeño pueblo del sureño Estado de Georgia, recibió a más de 40.000 refugiados. Llegan de todas partes del mundo. Este año, vienen más congoleños que sirios. En las anteriores olas de reasentamiento, ya habían llegado de Bután, Eritrea, Etiopía, Somalia, Sudán, Liberia y Vietnam.

Todos tienen en común Clarkston, un pueblo común y corriente del Sur Profundo estadounidense, con una población de unos 13.000 habitantes.

El que mira más allá de los centros comerciales construidos a mediados de los 70, de los complejos de apartamentos y de los aparcamientos, encontrará cosas poco vistas en otras partes de Estados Unidos. Las fachadas marrones están cubiertas por signos que parecen letras del amhárico o del nepalés, seguidos de traducciones que remiten al inglés: Abasto Balageru, Almacén Cultural Africano de Injera (una variedad de pan típica de Etiopía), Almacén de Alimentos Orientales Numsok. Algunas mujeres reunidas en las cercanías se cubren la cabeza con coloridos pañuelos africanos. Otras llevan el largo cabello negro en una trenza hasta la espalda y ropas tradicionales de seda asiática.

Pero los extranjeros no son los únicos que se mudan a Clarkson. A la autoproclamada  “isla Ellis del sur” no solo llegan inmigrantes pobres y refugiados. Su reputación también ha atraído a profesionales estadounidenses de clase media. Según el alcalde del pueblo, Ted Terry (34), vienen “buscando la riqueza de la diversidad”.

El día en que el periódico the Guardian habló con él, Terry recibía a una delegación de Oriente Medio que quería entender cómo se las arreglaba Clarkson con una comunidad de refugiados tan diversa. Con barba hípster, camisa a cuadros y calcetines de dos juegos diferentes, Terry explica que su objetivo era “poner a Clarkson en el escaparate”. “Yo no hice de esta una comunidad compasiva… Sí la consagramos oficialmente pero era una comunidad compasiva y hospitalaria mucho antes de que yo llegara”.

¿Cómo sucede esto? ¿Cómo hace un polvoriento pueblo sureño y de clase trabajadora para albergar a 1.500 refugiados por año y hacerlos parte integral de la identidad del lugar?

Resulta que la historia de Clarkson no es sólo la de los recibidos: también es la de las personas que dan la bienvenida.

En la esquina de los aparcamientos del centro de Clarkson, un camión rojo brillante de comida ambulante vende café artesanal. Es el tipo de vehículo elegante y minimalista que encajaría perfectamente en San Francisco o en Nueva York.

Ted Terry, alcalde de Clarkston, Georgia, un publo que ha acogido a más de 40.000 refugiados en 25 años.
Ted Terry, alcalde de Clarkston, Georgia, un publo que ha acogido a más de 40.000 refugiados en 25 años.

 Café de refugiados”, dice un letrero en el camión, que es iniciativa de Kitti Murray, una de esos estadounidenses llegados hace poco al pueblo. Escritora freelance y abuela de ocho nietos, Murray lo compró hace dos años por 3.000 dólares en el sitio de anuncios de Internet Craigslist. Por un dólar al mes, alquiló el espacio en la entrada de un antiguo garaje. Allí puso sus mesas y sillas con el objetivo de crear un punto de encuentro para la comunidad, un lugar donde ofrecer formación laboral y donde “generar una historia más hermosa y auténtica sobre los refugiados”. “Nuestros empleados refugiados hacen eso por nosotros, solo por ser ellos mismos y por cómo hacen su trabajo”, dice Murray. Mientras ella habla, Ahmad, un sirio que antes de camarero era farmacéutico, sirve un café expreso bien negro.

Su clientela es notablemente blanca. “Al principio, cuando empezamos, me entristecía si pasaba el día sin un solo refugiado entre los clientes”, cuenta. “Pero si no hubiéramos atraído a la comunidad estadounidense, que es la que tiene el dinero, tendríamos que haber cerrado en esos primeros seis meses”.

Murray no es un caso raro, sino una más entre los muchos estadounidenses que se mudaron a Clarkston precisamente para trabajar con los refugiados y vivir junto a ellos. Recibir refugiados tal vez signifique largas horas en la casa de los recién llegados tomando té y tropezando torpemente con la barrera del idioma, pero los lazos que se generan suelen ser muy sólidos.

Arez, una refugiada siria que tras cuatro largos años en Turquía llegó con su esposo y dos hijos en 2015, desborda de entusiasmo cuando habla sobre Rebecca, la “hermana” estadounidense que la ayudó a establecerse en Clarkston: “¡Amo Estados Unidos! ¡Soy muy feliz aquí! Tengo amigos estadounidenses, me están enseñando a aprender inglés, mis hijos van a la escuela. Me encanta este lugar”.

Según Brian Bollinger, director de Friends of Refugees (una ONG local que ofrece servicios para refugiados), “recuperar el sentido de pertenencia a un lugar es en gran parte la esencia de este emprendimiento”, tanto para los refugiados como para los estadounidenses que vienen a Clarkston. Bollinger es cualquier cosa menos romántico para explicar el recibimiento que dio el pueblo a los refugiados. “Sería un tanto utópico insinuar que abrir los brazos para recibirlos fue el impulso original”, dice mientras come naan con curry en el Café Katmandú. “A fin de cuentas, fue un motivo económico”.

Gente joven y viviendas baratas

Según Bollinger, lo que hizo que Clarkston funcionara tan bien para los refugiados fueron las oportunidades que ofrecen sus masificados complejos de apartamentos y el buen tramado del transporte. Es fácil tomar una camioneta compartida para viajar una hora hacia al norte hasta la fábrica de pollos donde muchos encuentran su primer trabajo de bajo salario. Por eso Clarkston fue señalada a principios de los años 90 como un buen lugar de reasentamiento. Viviendas baratas y rápido acceso a la carretera interestatal son también los atractivos por los que hoy llegan jóvenes profesionales estadounidenses, desplazados de Atlanta por los altos precios.

Como recuerdan muchos habitantes de Clarkston, el pueblo no siempre fue tan hospitalario. Al principio, la llegada de los inmigrantes molestaba a los lugareños. Pero los viejos detractores ya se mudaron o se murieron, y fueron reemplazados por progresistas más jóvenes. Terry, el alcalde elegido en 2013, cuando solo tenía 31 años, es según Bollinger “la encarnación de ese cambio de perspectiva”.

Los pobladores más antiguos que se quedaron en el pueblo parecen conformes con llevar vidas paralelas a la de los vecinos refugiados. Betty Cardell (93) vive en Clarkston desde que en 1950 llegó de California como una “novia de guerra” y se lo toma con filosofía: “Bueno, están aquí. Así que, ¿qué se puede hacer? Son gente como uno. Jamás tuve ningún problema”. También dice que no tiene ningún interés en irse. “Me gusta Clarkston: sigue siendo un pequeño pueblo”.

Esa sensación de pequeño pueblo es parte del éxito de Clarkston como lugar de acogida, y también su limitación. Para los refugiados, es el pueblo donde empezar: tener éxito significa seguir adelante y dejar atrás sus complejos de apartamentos.

Heval Mohamed Kelli, un refugiado sirio que vivió seis años en Alemania y llegó a Clarkston tres semanas después del 11 de septiembre, es un ejemplo de esa transición. Hoy trabaja como cardiólogo y vive en el acaudalado pueblo de Lilburn (a unos 16 kilómetros de Clarkston). Comenzó lavando platos en Clarkston en su camino hacia el sueño americano (actualmente vive en una elegante casa a orillas de un lago y con un jardín perfectamente cuidado). En la calurosa tarde de sábado en que recibe a the Guardian, Kelli organiza una barbacoa en su casa “para celebrar la vida” con viejos y nuevos amigos: sirios, iraquíes, kurdos, sudaneses y estadounidenses.

El alcalde en la cafetería 'Café de refugiados', fundado por la escritora freelance Kitti Murray
El alcalde en la cafetería ‘Café de refugiados’, fundado por la escritora freelance Kitti Murray

Kelli es categórico cuando describe la bienvenida que le dieron en el pueblo, sobre todo al compararla con la falta de calidez que encontró en Alemania. “Dos días después de llegar a Clarkston, estábamos aterrados, y un montón de gente se presentó en nuestra puerta con comida y queriendo ayudarnos a aprender inglés”. Kelli se ríe cuando lo recuerda: “Pensábamos que todos esos estadounidenses blancos golpeando a nuestra puerta eran de la CIA o algo así”. Eran miembros de la Iglesia Episcopal de Todos los Santos de Clarkston. “No se parecían en nada a nosotros, pero cambiaron nuestras vidas”.

Kelli siente una gran deuda de gratitud hacia los que lo ayudaron y cada tanto vuelve a Clarkston para trabajar como voluntario en el centro de salud y ayudar como tutor de algunos estudiantes. Su barbacoa es un recordatorio de que si Clarkston funciona como comunidad también es por la propia hospitalidad de los refugiados.

Hay un montón de relatos acerca de los refugiados que gastan sus cupones de comida en regalos para agradecer a sus vecinos estadounidenses los pequeños actos de amabilidad. A Heidi Miller, nativa de Tennessee y representante en Clarkston de Embrace (un programa que asiste a mujeres refugiadas durante el embarazo y el parto) le hace reír la pregunta sobre la generosidad de los refugiados. “¡Claro que sí! Siempre le digo a la gente que uno piensa que sabe todo sobre la hospitalidad cuando viene al sur… ¡Hasta que va a la casa de un refugiado!”

Pero por supuesto Clarkston tampoco es el paraíso. Los bloques de apartamentos incendiados y en ruinas de las afueras del pueblo son prácticamente inhabitables, pero el alcalde no tiene autoridad para clausurarlos. En un pueblo con un índice de pobreza superior al 40%, la perspectiva de un alquiler más barato puede ser más importante que el miedo a una plaga de ratas y a la delincuencia.

También hay hostilidad fuera de los límites del pueblo: unos quince meses antes de que Trump lo intentara como presidente, el gobernador de Georgia, Nathan Deal, trató en 2015 de prohibir con un decreto la llegada de refugiados sirios.

¿Es una moda defender a los refugiados?

Pero Clarkston también se beneficia de redes de solidaridad más amplias. Desde que Trump proclamó en enero su decreto prohibiendo la entrada a refugiados sirios, las solicitudes para trabajar como voluntario en Amigos de los Refugiados aumentaron un 400%. La ONG tiene hoy a varios cientos de personas, el doble que otros años, haciendo trabajo voluntario cada una o cada dos semanas.

Hay varios que se muestran escépticos sobre lo que llaman la moda de defender a los refugiados. Se preguntan si Clarkston simplemente se ha convertido en un medio para que los progresistas activos de Atlanta canalicen su actual descontento y reivindiquen un fugaz compromiso con la justicia social mientras disfrutan de un café artesanal. Otros tienen la esperanza de que no sea algo efímero sino el comienzo de un movimiento.

Dentro de Georgia, Clarkston es conocido como la burbuja progresista, pero la realidad en el pueblo es más compleja y sorprendente. Los refugiados y sus vecinos estadounidenses parecen haber encontrado un sentido de pertenencia en el lugar. En un mundo cada vez más polarizado, fragmentado y enfadado, eso es también lo que buscan muchos estadounidenses.

Como dice Heidi Miller, “en Clarkston, hay muchos grupos étnicos que antes se llevaban mal y ahora son vecinos. Los vemos aprender a quererse; creo que los refugiados tienen mucho que enseñarles a los estadounidenses acerca del perdón”.

Traducido por Francisco de Zárate

Héroe

4 noviembre, 2017

Fuente: http://www.infamia.es

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Un héroe en la vida real es una casualidad, una circunstancia, un tipo o una tipa que hizo lo que hacía falta en un momento dado y al que luego otros sacan de contexto y le dan púrpura por sus propios intereses. Un héroe de ficción no, un héroe de ficción es un mensaje con un propósito, y ninguna de sus acciones es porque sí.

El Ministerio del Tiempo (2015-), de los hermanos Pablo y Javier Olivares y Anaïs Schaaf o Marc Vigil, entre otros, es una de las pocas ficciones españolas de la actualidad que intenta presentar un relato de país integrador que utiliza el pasado para proyectar un futuro sin complejos. Y el héroe que encarna esos valores es Alonso de Entrerríos, soldado de los tercios de Flandes, Cid Campeador y último de Filipinas.

Las críticas al Ministerio del Tiempo por detalles históricos concretos son lo de menos porque la serie no trata sobre la Historia de España en sí sino sobre nuestra percepción de la misma y cómo ayuda a construirnos como personas y como sociedad. La serie es POP autoconsciente: sabe que hace POP y lo goza sin complejos, pero también conoce el impacto cultural y político de su propio discurso.

Alonso de Entrerríos, encarnado por el actor Nacho Fresneda –hasta ahora mucho más conocido en Cataluña por sus apariciones en ficciones de TV3– es un soldado de los Tercios de Flandes traído desde el año 1569 a nuestro tiempo para ser el músculo de una patrulla de agentes del tiempo del Ministerio de 2015. A las órdenes de Amelia Folch –la ficticia primera mujer universitaria de la Historia de España– y con el enfermero Julián Martínez y el detective Pacino como compañeros, Alonso ha aprendido a enfrentarse a sus propios prejuicios

La tercera temporada ha vivido un momento clave en el desarrollo del personaje, que suele producirse más en off que el de sus compañeros. En la visita a América de los personajes, Alonso se encuentra con su abuelo, un tipo cruel, violento e irresponsable, completamente opuesto al héroe que le pintase su padre cuando era niño. El final del capítulo presenta al viejo soldado rememorando dichas historias, con amargura por la verdad pero cariño por el padre que necesitó inventar un abuelo más noble, tanto para que los valores del mismo hiciesen a Alonso crecer como un hombre mejor como, probablemente, por sí mismo.

La situación no dista mucha de la que vivió en la segunda temporada Pacino, el detective de cine quinqui que encarna Hugo Silva. Consigue cambiar el pasado y salvar la vida de su padre, sólo para tener que enfrentarse al pasado Franquista de este. Pero, en lugar de condenarlo, aunque acepta la herencia a sus espaldas como policía de la Dictadura, decide ayudarlo a redimirse y adaptarse a un mundo nuevo donde existe el divorcio y el Rayo puede jugar en Primera. Nosotros somos Alonso o Julián enfrentándonos sin complejos a esos aspectos del pasado de España que pueden no gustarnos pero cuya verdad debemos asumir con un relato que no nos avergüence.

En el discurso de la serie, si Julián o Pacino son el españolito medio –te guarde Dios– y Amelia es la intelectualidad y la esperanza de un futuro mejor, Alonso es el sentido de nobleza y justicia del carácter español. Que derrote a un Felipe II que representa a Franco y que ayude a detener un desahucio enfrentándose a media docena de antidisturbios no es casualidad.

El propio Javier Olivares ha admitido que el modelo de Alonso es el Soldado español de veinte siglos de la novela homónima de José Gómez de Arteche. No deja de tener su gracia que, en el capítulo 9 –2×01 si uno quiere notación anglosajona–, sustituya al Cid tomando su armadura para que pueda ganar su célebre batalla después de muerto: si Alonso es todos los españoles capaces de sobreponerse a sus prejuicios y extraer de nuestra Historia los valores positivos que encierra, entonces el Cid somos todos.

Ayudados por el carisma y el buen hacer de Fresneda, los creadores de El Ministerio del Tiempo han convertido a Alonso de Entrerríos en el héroe español definitivo, con características de Alatriste… o Superlópez… capaz de encarnar a El Cid o de salvar a gente cuyos valores no comparte –como Buñuel o el mismo Bolívar–. Al enfrentarse a Felipe II aprendió que ni siquiera nuestro brillante pasado imperial fue tan glorioso y al estar dispuesto a sacrificarse para salvar la Historia de la independencia de América mostró que los buenos soldados dejan el pasado atrás.

En estos tiempos de banderas como escudos y alarmismos nacionalistas, un héroe que no tiene ninguna y que obedece a un concepto de España más cultural y solidario que patriotero, capaz de detener desahucios y de dejar atrás sus ideales machistas, que aprende que los compañeros en la trinchera son más importantes que el rey y que merece más la pena morir por un bien mayor que por un honor absurdo, quizás no sea el héroe que España merece, pero probablemente sí el que necesita.

“España es el segundo país con más desaparecidos del mundo y aquí nadie habla de eso”

18 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

María Rozalén está en un tren. Viaja a Albacete, su ciudad natal, cuando descuelga el teléfono por la llamada de eldiario.es. Es temprano y tiene poco tiempo: su tercer disco se puso a la venta este viernes y la promoción le obliga a hacer como que cuenta con el don de la ubicuidad, aunque no lo tenga. “Me están haciendo 50.000 entrevistas, afortunadamente. Me he dejado el alma”, dice orgullosa sobre su tercer disco, Cuando el río suena… (Sony Music).

Rozalén creció en Letur (Albacete) escuchando las historias sobre su tío abuelo, que dependiendo de la familia que lo llamase era Ramón o era Justo. Ella estudió Psicología, aunque tocaba la bandurria desde los siete años, componía desde los 14  y había ganado su primer premio musical a los 19.

Durante la Guerra Civil Justo estaba en Transmisiones, en la quinta del Biberón. La compañía fue una de las últimas llamadas a filas por Manuel Azaña entre 1938 y 1939. El presidente de la Segunda República movilizó a jóvenes que por aquel entonces tendrían 17 o 18 años para ir al frente a luchar, por eso el apodo. Justo fue el único de su pelotón que no volvió.

“Mi abuela siempre me relacionaba con él porque también cantaba”, dice Rozalén. Justo era 8 años mayor que ella, que le vio irse con 10 años para no volver nunca más. Hay heridas que nunca terminar de cerrarse.

Hace dos años, mientras la cantautora preparaba el disco, conoció a Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. “Me pidió que le diese los datos: solo teníamos el nombre, los apellidos, el día que lo mataron y que era de Letur”, dice Rozalén. Hace un año recibe un WhatsApp de Silva, que le dice que su tío abuelo está registrado en una fosa común de Arganda del Rey (Madrid). “Mi familia ni se había planteado buscarlo. Después de 80 años, imagínate”.

Denuncia social, poesía y compromiso

Las cifras bailan cuando se habla de desaparecidos durante el franquismo. Hace apenas dos días, la ONU exigió a España que acelerase la búsqueda de muertos en cunetas. “Somos el segundo país con más desaparecidos del mundo y aquí nadie habla de eso”, denuncia Rozalén. Se estima que aún quedan unas 140.000 personas por encontrar dentro de las fronteras del estado español. “Falta información y falta humanidad”, continúa la artista.

Cuando el río suena… es un disco familiar y comprometido: Rozalén y las historias de sus antepasados, la poeta ante la denuncia social, la xenofobia, el racismo y la desmemoria que tienen los que dicen eso de “ya pasó”. También canta al amor, al despecho, a sus padres e incluso al feminismo.

“En La puerta violeta hablo con mi abuela, con la mujer de su tiempo y el mío”, continúa la cantautora, que confiesa que este tema es “una metáfora de apertura al feminismo que habla sobre un maltrato no físico”. Dice que solo lo podía explicar hablando sobre la diferencia generacional entre mujeres.

María Rozalén
María Rozalén

Para explicar esta brecha, Rozalén habla de cómo su abuela le abronca por no tener hijos aún a los 31 años -“ella dice que ya tenía cuatro hijos”- y de cómo el pensamiento ese de “si no tienes una familia no eres mujer” todavía permanece muy presente en los viejos. “También la filosofía esa de que debemos aguantar. Eso es algo que nuestras abuelas siempre dicen. Yo le contesto: ‘es que no tengo que aguantar esto'”, continúa.

Rozalén, que se congratula de no haber sufrido nunca el machismo en sus carnes, reconoce que “se nos exige mucho más por ser mujeres. Hay mucho que mejorar porque nos siguen asesinando en nuestras casas”. También lanza una crítica contra la corriente del “amor romántico” que últimamente embauca a los jóvenes: “el ‘es que si no tiene celos no me quiere’ está maltratando a muchas niñas jóvenes”. Por eso propone “reformar la Ley de Violencia de Género hasta que baje el número de muertes”.

Rozalén llega a Albacete justo al terminar esta conversación. Se va directa a otra entrevista. Empieza la gira de presentación del disco el día 2 de noviembre en Murcia. Su abuela estará con ella, porque sin su memoria ni la de Rozalén, Cuando el río suena… dejaría de llevar agua. Porque, como dice casi al final de la entrevista, “hay mucho hecho y mucho por hacer”.

El escritor que quería hacer historia

17 octubre, 2017

Fuente: http://www.elpais.com/cultura

La crónica de la Guerra Civil de Ludwig Renn, editada en alemán en 1955, ve la luz en España. Es literatura de combate comunista, sin lugar para la retórica o los sentimientos.

Voluntarios de las Brigadas Internacionales en el Cuartel de la Guardia Republicana en Albacete en 1936.
Voluntarios de las Brigadas Internacionales en el Cuartel de la Guardia Republicana en Albacete en 1936.REP

La guerra civil española fue en su origen un conflicto interno entre espa­ñoles, pero en su curso y desarrollo constituyó un episodio de una guerra civil ­europea que acabó en 1945.

Tras las subida de Hitler al poder, el sentimiento popular antibélico de los años veinte dio paso gradualmente a políticas de rearme y a una crisis de la seguridad internacional. En ese ambiente tan caldeado, para muchos ciudadanos eu­ropeos y norteamericanos, España se convirtió en el campo de batalla de un conflicto inevitable en el que al menos había tres contendientes: el fascismo, el comunismo —o la revolución— y la democracia.

Muchos narraron los hechos de primera mano, en el frente o en la retaguardia, transmitiendo al mundo historias de horror, heroicidad, compromiso y traiciones. Con las Brigadas Internacionales llegaron a España obreros manuales, aventureros en busca de emociones, intelectuales y profesionales de clases medias, corresponsales de guerra y escritores. La mayoría tenía claro que el fascismo era una amenaza internacional y España era el lugar apropiado para combatirlo. Se habían sentido atraídos por el Partido Comunista, que les daba amparo y una doctrina fuerte a la que agarrarse, en un momento en el que en París confluyeron un montón de exiliados de la Europa oriental, central y balcánica, huidos de la represión fascista y dictatorial.

El escritor que quería hacer historia

Ludwig Renn, aunque representaba todo eso, era un tipo singular. Nacido en una familia aristocrática de Dresde en 1889, Arnold Vieth von Golssenau combatió como oficial en un regimiento de Sajonia durante la I Guerra Mundial, una experiencia militar que relató con éxito en Krieg (guerra), en 1929, y continuó en Nachkrieg (posguerra), en 1930, cuando ya había abandonado el Ejército y su clase, incluido su nombre, para abrazar el comunismo y la ortodoxia estalinista.

Con el ascenso nazi al poder, estuvo en la cárcel año y medio y, tras ser liberado, huyó a Suiza, donde se enteró de la sublevación militar contra el Gobierno republicano en España. A principios de octubre de 1936 se subió a un tren con destino a Cerbère y después a Barcelona. Así comienza su crónica de la guerra civil española, editada en alemán en 1955 y que ve ahora la luz por primera vez en España, más de 600 páginas de literatura de combate comunista, sin apenas lugar para la retórica o los sentimientos, porque “el amor en el campo de batalla es una invención de los escritores. En el frente, la vida real no deja hueco a esos lujos”.

Alejado, por tanto, de las fantasías de los “tibios” burgueses de izquierda que nunca se jugaron el cuello, Ludwig Renn describe lo que él considera la auténtica realidad, dando fe, desde el principio hasta el final, del relato oficial comunista, frente a “anarcofascistas” (amigos del desorden y de la “palabrería”, inservible en la guerra); “socialtraidores”, representados por Largo Caballero y el “redomado golfo” Indalecio Prieto, y espías trotskistas y del POUM.

Renn arriesgó su vida en primera línea de fuego, como había hecho ya en la Guerra Mundial, primero como dirigente del batallón Thälmann y después como jefe del Estado Mayor de la XI Brigada Internacional. Estuvo en todas las grandes batallas, desde Madrid hasta Brunete, pasando por el Jarama y Guadalajara, hasta que a comienzos de septiembre de 1937 emprendió, con pasaporte español —Hitler le había despojado de la nacionalidad alemana—, una “misión oficial” de propaganda a favor de la República por Estados Unidos, Canadá y la Cuba de Batista.

Muchos narraron los hechos de primera mano, en el frente o en la retaguardia, transmitiendo al mundo historias de horror, heroicidad, compromiso y traiciones

El 21 de septiembre de 1938, Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, anunció en Ginebra, ante la Asamblea General de la Sociedad de Naciones, la retirada inmediata y sin condiciones de todos los combatientes no españoles en el Ejército republicano, con la esperanza de que el bando franquista hiciera lo mismo. Quedaban entonces en España aproximadamente un tercio de todos los que habían llegado para luchar contra el fascismo, y el 28 de octubre, un mes después de su retirada del frente, las Brigadas Internacionales desfilaron en Barcelona ante más de 250.000 personas. Allí estaba Renn, quien permaneció en España hasta la caída de Cataluña. De allí pasó a Francia, después a México y regresó a Alemania 10 años después.

El problema de la República, concluyó Renn, no fue “la falta de experiencia militar”, que tampoco la tenían, según él, las tropas de Franco, sino “el guirigay entre partidos”, donde sólo el comunista mantuvo el tipo: sin él, y sus “abnegados camaradas y amigos”, la República española “hubiera sido borrada del mapa en un santiamén”.

Renn no era sólo un escritor comprometido, que luchaba con la pluma y la palabra contra el fascismo. Como les dijo a algunos de sus colegas famosos en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en julio de 1937, él peleaba en el frente y había dejado la pluma porque no quería “escribir historias, sino hacer historia”.

La guerra civil española. Crónica de un escritor en las Brigadas Internacionales. Ludwig Renn. Traducción de Natalia Pérez Galdós. Fórcola Ediciones. Madrid, 2016. 721 páginas. 39,50 euros.

¿Qué profesiones son más de derechas y cuáles más de izquierdas?

13 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En nuestro día a día resulta corriente escuchar comentarios más o menos explícitos en los que se asocia a los directivos y empresarios con orientaciones de derecha y a ocupaciones manuales como obreros industriales con orientaciones de izquierda. Si bien la creencia de que la profesión de la persona influye de algún modo en sus preferencias políticas y nos ofrece un mapa interpretativo que nos ayuda a dar sentido a un mundo cambiante y extremadamente complejo, cabe plantearse hasta qué punto es válida. En este artículo examino este asunto y ofrezco desde la sociología una respuesta tentativa a dos preguntas: ¿Hasta qué punto sigue existiendo una asociación entre la profesión de la persona y su orientación ideológica? Si existen diferencias apreciables en la posición ideológica de distintas profesiones, ¿qué profesiones se autodefinen como más de derechas y cuáles como más de izquierdas?

Resulta informativo empezar considerando las profesiones de quienes se consideran más de derechas. En el gráfico presentado a continuación encontramos el listado con su valor de auto-ubicación medio. Algunos casos son sorprendentes y otros más predecibles. Entre los casos más predecibles encontramos a los profesionales de derecho (abogados, jueces, notarios o magistrados), varios tipos de directivos (de servicios de negocios, operaciones, industria y servicios profesionales), así como a los médicos y agentes de ventas. Entre los casos sorprendentes destaca la profesión más de derechas de entre las 79 consideradas: los asistentes de vuelo, conductores y guías. Dicho grupo incluye a los asistentes de vuelo y guías en aeropuertos y cuentan con una media de auto-ubicación ideológica 0,8 puntos mayor que la media en España. Dicho esto, el valor de la auto-ubicación ideológica no difiere significativamente entre estas 15 profesiones, por lo que que no conviene sobre-interpretar las diferencias entre ellas. Otros casos también sorprendentes en este grupo son los trabajadores de la confección y los profesores de educación primaria y preescolar. Por tanto, entre las profesiones más de derechas encontramos un grupo de ocupaciones muy bien remuneradas y con condiciones laborales ventajosas, junto a otro grupo más diverso de profesiones de estatus intermedio o intermedio bajo.

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Esta relativa diversidad en las profesiones más de derecha responde en parte al hecho de que en las sociedades post-industriales contemporáneas los ciudadanos cuentan con motivaciones diversas para fijar su auto-ubicación ideológica. Históricamente la identificación con la derecha o la izquierda derivaba de la posición de la persona en la jerarquía socio-económica y los intereses económicos que ello conllevaba. Las personas con mayores ingresos o riqueza tienen incentivos a apoyar políticas públicas que mantengan el orden social y la distancia entre grupos económicos, las cuales suelen promoverse por partidos de derechas. No obstante, desde los años setenta ha surgido una nueva dimensión de diferenciación ideológica entorno al apoyo a la tradición cultural, organizaciones religiosas y visiones clásicas de la familia versus el apoyo a la autonomía individual, la auto-expresión y la lucha contra la discriminación. El primer grupo de principios ha venido asociado con partidos de derechas y el segundo grupo de principios con partidos de izquierdas. Un ejemplo claro es la actitud hacia el matrimonio homosexual, que es ampliamente apoyado por las personas de izquierdas y menos aceptado por las personas de derechas. La existencia de estas dos motivaciones – una económica y otra cultural – supone que podamos tener personas muy de derechas debido a su clase social, otras por su conservadurismo cultural o normativo y otras por una combinación de estos dos factores.

Respecto a las 15 profesiones con una auto-ubicación ideológica más a la izquierda cabe identificar dos grandes grupos. En uno se encuentran ocupaciones creativas o de alto componente intelectual. Entre ellas destaca el grupo de artistas, músicos y actores. Con un valor muy alto también encontramos a autores, periodistas y lingüistas, profesionales del ámbito social y religioso y técnicos profesionales de las áreas legal, social y religiosa. Otra profesión de orientación intelectual que puede sorprender como una de las más de izquierdas es la de profesores de universidad y de educación superior. Si bien muchos de estos profesionales cuentan con remuneración superior a la media del país y relativa seguridad en el empleo, destacan por su compromiso con posiciones de izquierda. Muy probablemente esto se debe a que los profesores de universidad suelen estar especialmente comprometidos con la auto-expresión y la lucha contra toda forma de discriminación, tradicionalmente asociados con la izquierda. El segundo grupo de profesiones con mayor orientación a la izquierda son fundamentalmente del sector industrial o profesiones tradicionales con baja especialización. Ahí encontramos a los supervisores de la minería y la industria, los técnicos de control de procesos, trabajadores agrícolas y de la pesca y artesanos.  Resulta interesante comprobar que los médicos son particularmente de derechas y los enfermeros particularmente de izquierdas.

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En definitiva, este breve artículo demuestra la existencia de importantes diferencias en la auto-ubicación ideológica de 79 profesiones presentes en el mercado laboral español contemporáneo. De hecho, entre las profesiones más de derechas y más de izquierdas encontramos más de 2 puntos de diferencia en una escala 0-10. La profesión sigue influyendo en la orientación ideológica de las personas. Dicho esto, los resultados de este breve análisis sugieren una creciente complejidad en las motivaciones personales que inducen posiciones de derecha y de izquierda. Para muchas profesiones su posición viene fijada sustancialmente por sus oportunidades vitales derivadas de su posición en el mercado laboral y, por tanto, de las ventajas personales que pueden obtener de políticas redistributivas asociadas con la izquierda. Otras profesiones, en cambio, fijan su orientación sobre la base de su posición en un conflicto cultural emergente entre visiones tradicionalistas y aquellas más progresistas. Cabe esperar que en las próximas décadas la posición personal en el conflicto cultural sea cada vez más relevante en la ideología de las personas. No obstante, los datos presentados en este artículo indica que en la España contemporánea tanto los valores de las personas como sus intereses económicos influyen en la posición ideológica de distintos grupos profesionales, aunque también es posible que los jóvenes con cierta orientación ideológica sean más proclives a escoger ciertas profesiones.

Nota metodológica: Como indicador de posición ideológica, tomo el índice de auto-ubicación izquierda-derecha en el que 0 es extrema izquierda y 10 extrema derecha. Respecto a las profesiones, utilizo la clasificación ISCO a tres dígitos. Dicho nivel de desagregación ofrece el mejor equilibro entre suficiente concreción en el tipo de ocupación y un tamaño muestral suficiente de cada grupo. La fuente utilizada para el análisis es la Encuesta Social Europea (ESS). Para maximizar el número de profesiones consideradas en el análisis y que cada grupo incluya al menos 30 encuestados, fusiono las siete oleadas de la ESS realizadas hasta la fecha entre 2002 y 2014. El análisis finalmente incluye 79 profesiones distintas. La posición ideológica presentada a continuación ha sido estimada controlando por la edad y el género de la persona entrevistada. Limito la evidencia presentada a las 15 profesiones con valores más altos (más de derechas) y más bajos (más de izquierdas) para reducir la complejidad de la discusión.

Las exploradoras del Nuevo Mundo

12 octubre, 2017

Fuente: http://blogs.elpais.com/historias/

Por: Tereixa Constenla 06 de febrero de 2014

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Fotograma de la expedición de Mencía Calderón, en la serie ‘El corazón del océano’.

En el segundo viaje de Colón figuraban mujeres, un hecho casi desconocido fuera del ámbito académico. Fue el inicio de un flujo creciente e incesante de españolas hacia América. Algunas protagonizaron aventuras asombrosas y otras actuaron con crueldad.  Sin embargo, ni figuran en la Historia ni conocemos sus nombres. Solo algunos empeños pugnan por arrancar a estas mujeres, con sus luces y sombras, de las tinieblas. El más reciente es el de Eloísa Gómez-Lucena, que ha publicado Españolas del Nuevo Mundo(Cátedra), donde recompone 38 biografías femeninas. Contra el runrún popular, ni todas fueron monjas o prostitutas. Los investigadores han constatado que se trató de un fenómeno significativo y transversal. Su perfil fue tan diverso como la sociedad de la que partían: desde humildes costureras hasta hidalgas con vocación pedagógica. Al llegar allí, un mundo fascinante y peligroso que solapaba la destrucción de lo existente con la construcción de lo nuevo, se convirtieron en capitanas, guerreras, maestras, exploradoras… “Engrosaron las filas de los expedicionarios y, como ellos, desbrozaron selvas, atravesaron cordilleras y desiertos y navegaron por los grandes ríos. Hazañas y penalidades femeninas en raras ocasiones reconocidas por la Corona española o comentadas por los historiadores de la época”, escribe Gómez-Lucena en el ensayo introductorio. A cada una de las vidas reseñada le sobran argumentos para un guion cinematográfico. Hollywood no las habría desaprovechado. Acaso alguien se anime si lee la obra. De momento, ahora que la ficción histórica está de moda en televisión, se ha estrenado El corazón del océano, la serie que narra la odisea de Mencía Calderón, la extremeña que sobrevivió junto a una veintena de mujeres a una expedición de 17.000 kilómetros y seis años hasta llegar a Asunción (Paraguay). Estas son cuatro historias recogidas por Eloísa Gómez-Lucena.

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Escena del Lienzo de Tlaxcala donde figura una mujer que podría ser María de Estrada.

María de Estrada. Combatiente a las órdenes de Cortés. Cofundadora de Puebla de los Ángeles y Tetela del Volcán. (¿Sevilla, 1480?-Puebla de los Ángeles (México), 1535). La biógrafa avisa de que “nada se sabe de los años españoles y poco de los americanos” de esta mujer que participó en la expedición de Hernán Cortés a Nueva España (México). Aparece citada con tacañería por el cronista Bernal Díaz del Castillo, que reparó más en los caballos. “Describe hasta los 16 équidos que los acompañaban, pero se olvidó de anotar el nombre de las mujeres embarcadas o, al menos, mencionar el número”, se queja la autora del libro. De las hazañas de María dan fe otros cronistas, como el historiador mestizo Diego Muñoz Camargo que, en 1591, concluyó una obra donde se recogían los sucesos tras la Noche Triste, cuando los españoles huían de Tenochtitlan el 1 de julio de 1520: “Se mostró valerosamente una señora llamada María de Estrada, haciendo maravillosos y hazañeros hechos con una espada y una rodela en las manos, peleando valerosamente con tanta furia y ánimo que excedía al esfuerzo de cualquier varón”. Gómez-Lucena también da por cierto que la conquistadora es la figura femenina que cabalga junto a un capitán saliendo de Tenochtitlan, en un grupo comandado por Pedro de Alvarado, que figura en el Lienzo de Tlaxcala, un códice realizado en 1552 por encargo del Cabildo para narrar la conquista del imperio mexica. María de Estrada volvería a guerrear contra los indios tetelecas cerca de Puebla de los Ángeles, en cuya fundación participó junto a su primer marido, Pedro Sánchez Farfán.

Tenochitlán

Dibujo de Kim para el libro ‘De lo vi en las Yndias’.
Catalina Bustamante. Primera maestra de América. (Llerena, c.1490-Texcoco (México), ¿1546?). De probable origen hidalgo y con formación humanista, partió el 5 de mayo de 1514 de Sanlúcar de Barrameda junto a su marido, sus hijas y sus cuñadas hacia Santo Domingo, la primera ciudad europea del Nuevo Mundo. Durante 15 años se pierde su rastro “hasta que resurge en México a través de una protesta que la dignifica”. Escribe una carta a Carlos I en 1529 “exigiendo justicia por el atropello del que habían sido víctimas dos alumnas indígenas y, por extensión, el colegio de Texcoco que ella dirigía”. Para entonces Catalina Bustamente había enviudado y se ocupaba de la educación de las hijas de los capitanes de Hernán Cortés. Era terciaria, lo que la obligaba a una existencia decorosa y pía, una condición que la favoreció para ser nombrada directora del colegio de niñas indígenas de Texcoco. Aprendían a leer y escribir, cantaban oraciones, aprendían cuestiones domésticas y, las mayores, se iniciaban en algún oficio. “Catalina Bustamente fue inculcando en las adolescentes indígenas el derecho a formar una familia monógama e indisoluble, lejos del arbitrio paterno donde, hasta ese momento, las hijas eran mercancía para sellar alianzas con caciques o capitanes españoles. Animó a estas jóvenes a formarse una nueva conciencia regida por el derecho a elegir esposo y a vivir en sintonía con la moral cristiana”. Una noche de 1529 un grupo de indios asaltó el colegio para raptar a Inesica, hija de un cacique, y su criada por orden de un alcalde español encaprichado con la joven. La directora del colegio denunció al secuestro ante el obispo, que exigió la devolución de Inesica y su criada. “No conforme con eso, Catalina Bustamante denunció al alcalde por el atropello a la honra de las doncellas y el allanamiento del colegio para que sirviera de escarmiento ante los desmanes de otros altos cargos del virreinato”. No prosperó la vía judicial porque el presidente de la Audiencia de México era el hermano del regidor que había ordenado el secuestro. Fue entonces cuando Bustamente escribió a Carlos I, enredado por entonces en los detalles de su coronación como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La misiva acabaría en manos de su esposa, Isabel de Portugal, que se indignó ante la ofensa y ordenó reclutar “mujeres letradas de conducta ejemplar” para instruir a las niñas de Nueva España. A las elegidas les pagó el pasaje, la manutención y un ajuar. Catalina Bustamente regresó una vez a España, con 45 años, para denunciar ante la Corona la falta de apoyos a su labor pedagógica. Isabel de Portugal volvió a respaldarla con fondos y con el reclutamiento de tres terciarias maestras. La instrucción de niñas indígenas se expandió –también a las hijas de familias pobres- por México hasta que la peste de 1545 la truncó abruptamente. Entre los 800.000 fallecidos se incluyeron las alumnas y sus maestras, incluida Catalina Bustamante. Un monumento en Texcoco la honra como la “primera educadora de América”.

Ana de Ayala. Exploradora del Amazonas. (Trujillo, 1525-Panamá, finales XVI). Contra esa versión que la identifica como una prostituta, Gómez-Lucena afirma que Ana de Ayala, de origen humilde, se casó a los 19 años en Sevilla con Francisco de Orellana, mientras él preparaba la expedición para remontar el Amazonas desde el delta. La Corona le autorizó a llevar 100 hombres a caballo, 200 a pie, algunas esposas e hijos y solteras, ocho esclavos y otros tantos religiosos. En la práctica, cuando zarpó de Sanlúcar el 11 de mayo de 1545, “tuvo que incluir en la tripulación algunos individuos de malos antecedentes, prófugos de diversa condición: ladrones, bellacos, quizá algún homicida, pero también maridos que huían de sus mujeres, a quienes las Leyes de Indias prohibían pasar a América sin ellas”. Partieron entre 300 y 500 personas en cuatro naves. Cuando llegaron a Brasil para iniciar propiamente la aventura solo habían sobrevivido 150 y dos naves. Los infortunios siguieron acumulándose: faltaban alimentos, un nuevo naufragio, enfrentamientos con los indios… Finalmente, Orellana decidió continuar solo con el bergantín junto a Ana de Ayala, Juan de Peñalosa, el piloto Juan Griego y apenas medio centenar de tripulantes. “Vagaron en el bergantín durante 27 días, perdidos por afluentes o brazos muertos del Amazonas”. Regresaron a buscar a la isla donde habían dejado otros compañeros. No estaban. “Durante unos meses los buscaron río abajo. Ya todos iban enfermos o heridos y, con tan solo un puñado de maíz para cada pasajero, echaron el ancla en un recodo del río al distinguir un poblado en un claro del bosque. Revolvían las chozas y las empalizadas en busca de alimentos y animales cuando los emboscados indígenas, avisados de su llegada, flecharon a 17 hombres y a Orellana le atravesaron el corazón. Desconocemos el lugar y la fecha de su muerte. Sin embargo, por las declaraciones de su mujer Ana de Ayala y de los otros supervivientes, sucedió en los primeros días de noviembre de 1546, tal vez en Macapá, a unos 200 kilómetros del mar abierto. Lo enterraron al pie de un soberbio castaño de Brasil, tan pródigo en la Amazonía”. Dos semanas después, solo 26 personas de entre los centenares que zarparon de Sanlúcar arribaron a la isla Margarita. Ana era la única mujer superviviente. Tras la recuperación se fue a Panamá con el capitán Juan de Peñalosa aunque no volvió a casarse. Según Gómez-Lucena, lo desaconsejó una razón práctica: “Ana de Ayala habría interpuesto querella al Consejo de Indias con el propósito de reclamar los derechos de explotación de los territorios descubiertos por su marido, o bien, habría solicitado a la Corona española que le asignara encomiendas de indios con las que mantenerse, en consideración a los servicios de su marido y a los suyos propios”. El único rastro documental que dejó Ana de Ayala ocurrió en marzo de 1572 ante un tribunal de Panamá que debía valorar los servicios prestados por Peñalosa en la expedición de Orellana. Ella declaró como testigo. En el libro se recoge un extracto de sus respuestas que certifican las calamidades que afrontaron todos los expedicionarios: “Llegó a tanto la dicha hambre que se comieron los caballos que llevaban y los perros en 11 meses que anduvieron perdidos en el dicho río; en el cual dicho tiempo murió la mayor parte de la gente y, juntamente con ella, el dicho su marido; y sabe este testigo que solamente escaparon 44 hombres, uno de los cuales fue el dicho capitán Juan de Peñalosa”.

Isabel Barreto (Pontevedra, 1565-Castrovirreyna, Perú, 1612). Adelantada de los Mares del Sur (Melanesia). La familia Barreto Castro, acomodada y erasmista (lo que propició una esmerada instrucción a sus hijas), se instaló en 1585 en la Ciudad de los Reyes (actual Lima) en el séquito del virrey. Un año después Isabel se casó con el almirante Álvaro de Mendaña, descubridor de la islas Salomón, y contribuyó a buscar financiación para una nueva travesía a los mares del Sur. Zarparon en 1595 con una dotación formada en buena parte por soldados conflictivos. La expedición al completo estaba integrada por cuatro naves, con 280 hombres y 98 mujeres y niños. Durante los 35 días de navegación hasta las islas Marquesas, cuenta la biógrafa que se celebraron 15 bodas. Pero la travesía fue más pródiga en dificultades: enfrentamientos con indígenas, escasez de víveres y agua, desesperanza para encontrar las islas ansiadas. El retrato de Isabel Barreto que legó a la posteridad el cronista Pedro Fernández de Quirós (el piloto portugués) es el de una mujer manipuladora y dura. Este relató que, para resolver el enfrentamiento entre su marido, el adelantado Mendaña, y su maestre, ordenó su ejecución: “Señor, matadlo, o hacedlo matar: ¿qué más queréis, pues os ha venido a las manos?, y si no, yo le mataré con este machete”. Poco después se sucedería una sangría entre partidarios de uno y otro. El propio Mendaña fallecería poco después dejando como heredera a su esposa, que se convertiría en la gobernadora de los Mares del Sur. La almiranta decidió entonces enfilar hacia Manila en condiciones precarias y ambiente tenso. “Isabel Barreto prohibió desembarcar bajo pena de muerte. En la noche, un soldado casado y con un bebé fue en una barca hasta el poblado en busca de leche para su hijo. Al regresar, Isabel Barreto mandó ahorcarlo por no ser obedecida”.  El 11 de febrero de 1596 arribaron a Manila. La adelantada rehízo su fortuna con el comercio de telas de China y se casó de nuevo con Fernando de Castro, que defendió sin éxito ante el rey Felipe III los derechos de su esposa como gobernadora de las islas Salomón. La Corona otorgó, por el contrario, el beneplácito a Fernández de Quirós para organizar una nueva expedición a los mares del Sur.

 

Un blindado llamado ‘Santander’: Los españoles que entraron en París

9 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El 24 de agosto de 1944 fue el último día en el que la ciudad de París estuvo ocupada por los nazis. Las tropas alemanas habían invadido oficialmente la mitad de Francia, incluyendo la capital, el 22 de junio de 1940, fecha en la que Adolf Hitler exigió que la firma del armisticio se realizara en el mismo vagón ferroviario en el que, 22 años atrás, Alemania había rendido armas a las tropas aliadas, concluyendo de ese modo la llamada Primera Guerra Mundial. El general Pétain, héroe francés en esa contienda, fue el artífice por parte gala de esa claudicación, formando a partir de entonces un gobierno, el de Vichy, que durante los años que siguieron colaboró abiertamente no solo con el Tercer Reich, sino también con la España fascista de Franco.

En la tarde del mencionado 24 de agosto, la población de París contempló alborozada cómo varios blindados ( half-tracks) conducidos por soldados con uniforme estadounidense, acompañados por integrantes de la Resistencia, avanzaban desde las afueras de la ciudad, siguiendo el curso del Sena, hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento.

Sin embargo, aquellos soldados, en su gran mayoría, hablaban castellano en lugar de francés o inglés y en su uniforme americano lucían una pequeña bandera con los colores de la República Española. La misma bandera que adornaba los propios vehículos que conducían, que además llevaban escritos en la carrocería nombres tan netamente españoles como ‘Guadalajara’, ‘Madrid’, ‘Ebro’, ‘Teruel’, ‘Don Quichotte’, ‘Jarama’, ‘Guernica’, ‘Brunete’, ‘Belchite’ y ‘Santander’, entre otros. Se trataba de la avanzadilla de la 9ª Compañía de la 2ª División Blindada de la Francia Libre del General De Gaulle, conocida popularmente como la División Leclerc y formada casi íntegramente por republicanos españoles bajo mando francés.

El primer blindado en llegar a la plaza fue el ‘Guadalajara’ y después los restantes, situándose estratégicamente alrededor. A continuación, el capitán Amado Granell, antiguo oficial de la República en la guerra de España, accedió al edificio del Ayuntamiento para reunirse con los jefes de la Resistencia del Interior, que estaban esperando y los cuales se mostraron bastante sorprendidos ante aquel militar al que inicialmente habían supuesto francés. Eran las 9 horas y 22 minutos de la noche.

A partir de entonces los hechos se sucedieron vertiginosamente. Las tropas de La Nueve durante esa noche fueron tomando diversos edificios en los que se atrincheraban los últimos defensores alemanes hasta llegar, en la mañana del día siguiente, al hotel Meurice, en el cual se encontraba el puesto de mando del gobernador militar de París, general Von Choltitz, que al verse encañonado por los soldados españoles pidió la presencia de un oficial para proceder a su rendición según las leyes de la guerra.

El día 26 de agosto, por fin, una vez tomado el control de la ciudad, el grueso de las tropas aliadas entró triunfante en París. Ese mismo día los blindados de La Nueve, como homenaje a los primeros soldados que habían entrado a la capital, escoltaron al general De Gaulle en el Desfile de la Victoria por los Campos Elíseos.

Sin embargo, para los aproximadamente 150 españoles que formaban La Nueve en sus inicios, la entrada en París fue solamente un paso más en su intento de derrotar al fascismo y ganar, posteriormente, la libertad de su país. Antes quedaba el durísimo avance y los sangrientos combates junto con el resto de tropas aliadas hasta el corazón del imperio de Hitler cruzando el Rin y el Danubio. Cuando llegaron a Berschtesgaden, al sur de Salzburgo, y pisaron la residencia de montaña del Führer en el célebre Nido de las Águilas, a 1.800 metros de altura, apenas quedaban 16 de ellos.

Pero, ¿quiénes eran ellos? ¿Qué les había impulsado para llegar hasta allí? En 1939, con la derrota, miles de combatientes republicanos tomaron el camino del exilio. Muchos de ellos cruzaron la frontera hacia Francia. Otros, los que tuvieron suerte, embarcaron en el puerto de Alicante en el navío Stanbrook, el último en realizar la travesía hacia el norte de África. En la mayoría de los casos acabaron siendo víctimas de la injusta brutalidad del gobierno francés, que los confinó en campos de concentración como Argelés Sur Mer a lo largo del sur de Francia o en el desierto argelino. Muchos de ellos murieron víctimas de las durísimas condiciones y de los trabajos forzados.

Un blindado llamado 'Santander': Los españoles que entraron en París. | HÉCTOR HERRERÍA
Un blindado llamado ‘Santander’: Los españoles que entraron en París. | HÉCTOR HERRERÍA

A los supervivientes, ante la ocupación de Francia por parte de los nazis, el gobierno de Vichy les puso en la disyuntiva de enrolarse en la legión extranjera o ser devueltos a España. La mayoría, por motivos obvios, ingresó en el cuerpo militar. Con posterioridad, a partir de que el general De Gaulle, desde su exilio en Londres, se declarara insumiso al gobierno colaboracionista de Pétain y formara lo que se dio en llamar la Francia Libre, los refugiados españoles se vieron en la tesitura de tomar otra importante decisión. Paulatinamente fueron desertando de la Legión Extranjera o abandonando subrepticiamente los campos de trabajo para incorporarse al cuerpo de ejército que De Gaulle estaba formando en las colonias africanas, por mediación del general Leclerc, para sumarse a la lucha que los ejércitos de Inglaterra y Estados Unidos iban a enfrentar contra el dominio alemán.  Muchos de ellos se integraron en La Nueve, pero también engrosaron otras Compañías del ejército de Leclerc.

De este modo, una cantidad innumerable de republicanos, en su mayoría anarquistas, contemplaron la oportunidad de combatir contra aquellos que los habían derrotado en tierras españolas. El primer paso, en sus anhelos, sería liberar Europa de fascistas y posteriormente regresar a su país para acabar con el franquismo. De algún modo, interesadamente, los mandos franceses alentaban esas esperanzas. No en vano se encontraron con una fuerza combatiente experimentada a la que movía la certidumbre de liberar España.

Las acciones iniciales, en las que La Nueve es una importante fuerza de choque, se producen en las batallas que deciden el curso de la guerra en el frente del norte de África, donde se derrota a las tropas de Rommel y sus aliados italianos en lugares como Kufra y El Alamein, acabando de este manera con el dominio del Eje en las colonias africanas. Posteriormente las divisiones de De Gaulle son acantonadas en espera de su traslado hacia Inglaterra, donde sigilosamente se está tramando el desembarco de Normandía y a donde los soldados de la Nueve y sus blindados con nombre español llegarán en una segunda oleada para, tras no pocos combates, tomar rumbo hacia París.

En el blindado llamado ‘Santander’ se encontraba un joven que tenía por nombre Faustino Solana al que, según indica Evelyn Mesquida en su libro sobre La Nueve, apodaban ‘Canica’ y también ‘El Montañés’. Nació en Santander en 1914 y durante la guerra de España luchó en el Frente Norte, aunque al caer Asturias salió en un barco hacia Burdeos. Posteriormente regresó a Barcelona y combatió en un batallón alpino. Al finalizar la contienda volvió a Francia y fue recluido en un campo de concentración. Más adelante se enroló en la Legión Extranjera y fue enviado al norte de África. Dos años después desertó llevándose una cantimplora y un fusil para integrarse en las tropas de la Francia Libre de Leclerc. Tras la toma de París fue herido en los alrededores de Berschtesgaden. Al finalizar la guerra, con la desmovilización y el convencimiento de que los aliados van a desistir de liberar España, decidió quedarse en Francia.

Sobre Lucas Camons Portilla, también integrante de La Nueve y tripulante del blindado ‘Guernica’ con el grado de sargento-jefe, ha existido mayor controversia, dado que Evelyn Mesquida indica en su libro que es andaluz. Sin embargo, Jesús Gutiérrez Flores y Enrique Gudín de la Lama en el trabajo denominado ‘Cuatro derroteros militares en la Guerra Civil en Cantabria’ mencionan a su hermano, Eduardo Camons Portilla, como originario de Arnuero (Cantabria) y comandante del batallón 117 de la División 54 de Navamuel, que combatió en el Frente Norte. De Lucas señalan que tras la guerra de España se alistó en la Legión francesa, combatió contra el Afrika Korps de Rommel y entró en París en un tanque como miembro de la División Leclerc.

Posteriormente Mesquida, tal como aparece en un artículo de El Diario Montañés del 22 de octubre de 2014, manifiesta que tras la publicación del libro llegaron nuevos documentos a sus manos que sitúan a Lucas Camons como nacido en Santander.

Hoy en día, las penalidades y la gloria de Faustino Solana, de Lucas Camons y del resto de sus compañeros de La Nueve son apenas conocidas en España (y por ende en Cantabria), empeñado en ocultar o solapar una gran parte de la historia reciente. En Francia, tras el homenaje a sus acciones que supuso el Desfile de la Victoria del 26 de agosto de 1944 se fue olvidando deliberadamente la generosa contribución de aquellos españoles a la libertad del país vecino, con el objeto de ofrecer un rostro netamente francés a la victoria. Y, aunque recientemente se están dando algunos pasos en uno y otro país para recordarlos con diversos homenajes, el olvido prevalece. El silencio es un agravio más en la lista de los agravios.

Tres razones por las que recordar a José Luis Sampedro

3 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Se cumple este año el centenario del nacimiento de José Luis Sampedro: un buen pretexto, sin duda, para recordarle. No son pocos, desde luego, los motivos para hacerlo. Y no son los menores su extraordinaria personalidad y la calidad de su obra literaria. Nos importa sobre todo reivindicar su obra económica, probablemente mucho menos presente que la literaria y, sin embargo –opinión personal y discutible–, quizás más relevante. Aunque también son muchas las razones en este ámbito, en mor de la brevedad obligada me atrevo a destacar las tres que me parecen esenciales.

1. El análisis estructural de la economía

Hacia mediados de la década de 1950, Sampedro era ya un economista de prestigio: catedrático desde 1955 y profesor de enorme predicamento entre sus estudiantes, había publicado trabajos notables de carácter aplicado, pero en los que latía una creciente desconfianza frente a la economía neoclásica, que fue convenciéndole paulatinamente de la necesidad de un enfoque diferente para entender la realidad económica. Enfoque que fue modelando al calor de sus clases y que partía de una aproximación eminentemente inductiva, basada en la observación de la realidad y cimentada en un sólido conocimiento empírico, pero también pertrechada de un arsenal científico interdisciplinar, porque la realidad no es sólo económica ni su dimensión económica es total y perfectamente diferenciable de sus restantes dimensiones; razones por las que resulta incomprensible si se la observa con un instrumental exclusivamente económico.

Ésta es, sin duda, la gran aportación metodológica de José Luis Sampedro, que se materializa de forma integral en 1959 en su libro Realidad económica y análisis estructural, una obra que supuso una deslumbrante ruptura en el panorama económico español de la época y que fue completando a lo largo de los años siguientes hasta publicar en 1969, en colaboración con Rafael Martínez Cortiña,Estructura Económica. Teoría básica y estructura mundial, un apasionante manual a través del que muchos estudiantes de Económicas de este país pudimos intuir que otra forma de entender la Economía no sólo era posible, sino también más consistente, realista y eficaz para construir una sociedad mejor.

Su objetivo básico era desarrollar una forma más avanzada de observar e interpretar la realidad económica, que Sampedro modula a partir de múltiples enfoques previos para plantear una aproximación que los integra en lo que constituye su análisis estructural. Una metodología con la que entender la estructura profunda de la realidad, que para Sampedro radicaba ante todo en las interacciones establecidas entre los principales actores colectivos de la economía. Interacciones en las que son esenciales las relaciones de poder y de cuya dinámica –y especialmente de la conflictividad que surge entre ellas– dependen las causas del cambio. Un planteamiento en el que no es difícil encontrar ecos del marxismo, pero diluido en la metodología de Sampedro con aportaciones de numerosos ámbitos (la geografía, la historia, la antropología, la sociología, la psicología, la tecnología…) y de una nutridísima serie de influencias de múltiple carácter, desde clásicos semiolvidados a los más modernos estructuralismos.

Una lista impresionante que Sampedro va entrelazando en su enfoque de una forma sólo posible en alguien de su apabullante cultura, revelando un esfuerzo descomunal por evidenciar la necesidad de una mirada profundamente interdisciplinar. Una de las (muchas) razones por las que tan querido nos resulta Sampedro en Economistas sin Fronteras: su visión de la Economía como una ciencia eminentemente social, que sólo tiene sentido y adecuada capacidad analítica en la medida en que tenga presentes las múltiples dimensiones de la realidad y en que sepa observarla de la mano de otras disciplinas imprescindibles para captarla de forma no reduccionista.

Una Economía, en ese sentido, que quiere –también en el terreno conceptual– eliminar fronteras, que busca el enriquecimiento de diferentes perspectivas y que rechaza el autismo de quienes la perciben como un pensamiento único, centrado en sí mismo y, por ello, impotente para entender de forma consistente la realidad.

2. El subdesarrollo y los límites del desarrollo

La segunda gran aportación de Sampedro a la Economía se va consolidando a lo largo de la década de 1970, en el marco de un interés creciente en el estudio del subdesarrollo y del proceso de desarrollo: el campo, también, en el que se canaliza más claramente su alejamiento del ámbito estricto de la Economía, su cada vez más decidida opción por la heterodoxia.

En primer lugar, porque advierte la decisiva importancia de los factores sociales y políticos en el subdesarrollo, un fenómeno derivado –en su opinión– de la dependencia integral de los países llamados subdesarrollados. Pero también porque, paulatinamente, va percibiendo con claridad creciente que para entender cabalmente el subdesarrollo no basta con tomar en consideración variables sociales y políticas, porque el problema tiene raíces aún más profundas, que remiten al modelo de desarrollo dominante y al propio concepto de desarrollo en que se basa.

Es –pensaba– ese mismo modelo el que genera inevitablemente subdesarrollo, y no sólo en los países “pobres”; también en los considerados “desarrollados”, aunque se trate de un subdesarrollo diferente: al margen de la pobreza y desigualdad también existente en ellos, un subdesarrollo eminentemente ambiental y cultural, que deriva del sesgo brutalmente materialista que le caracteriza. Porque es un desarrollo –un mal desarrollo– que sólo aspira al crecimiento económico y que, en esa medida, prioriza desequilibradamente la dimensión económica, pero a costa de otras vertientes esenciales tanto para la sociedad como para el ser humano, olvidando que el verdadero desarrollo debe entenderse como un continuo “perfeccionamiento del hombre” y no como una absurda carrera que sólo tiene como objetivo la acumulación de mercancías.

Consideraba Sampedro que este modelo de desarrollo –y la aspiración al crecimiento en el que se basa–, pese a inducir aumentos en los niveles de bienestar material –aunque muy desiguales–, ha generado tres empobrecimientos crecientes: pobreza masiva, empobrecimiento imparable de la naturaleza y empobrecimiento de la dimensión interior del ser humano.

Empobrecimientos que comportan contradicciones cada vez más acusadas y límites cada vez más patentes (y cercanos) para el propio modelo de desarrollo, barreras cada vez más difícilmente franqueables para la sostenibilidad del crecimiento y del estilo de vida dominante. Una perspectiva en sintonía con el ecologismo político emergente en esos mismos años y con planteamientos paralelos en diferentes disciplinas, pero que Sampedro incorpora con especial claridad en el debate económico, anticipando cuestiones que se harán centrales unos cuantos años después en la polémica sobre el carácter del desarrollo, la inviabilidad del crecimiento permanente, las teorías sobre el decrecimiento y las concepciones alternativas del –y al– desarrollo.

3. La necesidad de un cambio de rumbo

En ello radica la tercera de las aportaciones de Sampedro que querría recordar: la necesidad de una reorientación fundamental no sólo del modelo de desarrollo, sino del modelo de vida y del modelo de sociedad, porque las contradicciones mencionadas son las señales inequívocas de un inapelable agotamiento de la forma actual de vida.

Un agotamiento que está en la base de la crisis estructural de nuestro tiempo, que sólo podría superarse –pensaba– desde un cambio cultural y de valores radical: cimentado en torno a una austeridad voluntaria y consciente que permitiera romper –o al menos debilitar– las cadenas mercantiles-consumistas que minimizan la autonomía del ser humano y que impiden plantear alternativas frente al caos al que el estilo de vida dominante conduce a la humanidad.

Una austeridad liberadora –”Aprender a vivir con más simplicidad, con lo esencial”, escribió– que debería convertirse en el eje de un nuevo modelo de economía y de vida, hacia el que sólo se podría avanzar dedicando una atención prioritaria a la vertiente cultural.

No olvidaba, no obstante, que los problemas que genera el modelo de desarrollo dominante tienen su raíz en los intereses dominantes y que, en consecuencia, el cambio de rumbo que propugnaba era, ante todo, un problema eminentemente político. Pero un problema –pensó siempre– que sólo podría afrontarse adecuadamente desde una base esencialmente cultural y educativa, porque sólo podría solventarse en la medida en que cambiasen las ideas, los valores y los objetivos vitales de la sociedad.

Algo que implicaba para Sampedro la necesidad de trascender la economía. Es decir, la necesidad de afrontar los problemas económicos con perspectivas y finalidades no sólo económicas, porque las aspiraciones sociales no pueden depender exclusivamente de criterios económicos, aunque las condicionen severamente.

A ello responde su reivindicación de lo que llamó “metaeconomía”: esa perspectiva más amplia que posibilita la conciencia de que, en momentos de crisis estructural como los actuales, no sólo hacen falta nuevos modelos de economía, sino también, y sobre todo, nuevos modelos de vida frente a los que impone la ciega racionalidad materialista: momentos –diría– en los que es necesario ante todo impulsar “una construcción interpretativa del mundo” diferente a la dominante y en los que, por ello, se hace particularmente urgente una labor previa  de “descolonización cultural”.

Hasta aquí las tres aportaciones. De las tres, probablemente sólo pueda considerarse estrictamente original la primera, precursora y profundamente iluminadora. Pero no menos importantes son las otras dos: incluso aunque otros hayan defendido en su tiempo ideas parecidas, no es en absoluto irrelevante para su crédito que un economista del prestigio, del carisma y de la popularidad de Sampedro las haya defendido con el sentido común, la consistencia, la brillantez y la capacidad comunicativa con que él lo hizo. En buena medida, ahí radica su valor. No son, insisto, las únicas razones para recordar al gran y entrañable José Luis Sampedro. Pero sí son tres buenas razones para hacerlo.

Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opinión del autor.