Archive for the ‘cultura’ Category

“El orgullo patrio es una absurdez”

12 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los muros físicos se construyen con ladrillos, pero es mucho menos trabajoso erigir los ideológicos: basta con un trapo y un palo. La guerra de banderas que se ha desatado a raíz de la crisis en Catalunya es la semilla que inspiró la nueva recopilación de viñetas de Andrés Rábago (Madrid, 1947). El Roto: Contra muros y banderas (Reservoir Books) es su peculiar interpretación del uso partidista que se ha hecho en los últimos meses de la rojigualda y la estelada.

“Las banderas deberían estar solo en los espacios institucionales. Más allá de eso, el abuso que haga un partido de ella es espurio porque la bandera es de todos”, asegura el veterano viñetista mientras bebe a sorbos muy pequeños su vaso de agua. Sobre la mesa, un par de ejemplares de su libro lucen en la portada una reinterpretación de la célebre Riña de gatos de Goya. En lugar del ladrillo desgastado del original, un felino se posa sobre la bandera española y el otro sobre la senyera.

Aunque todo indique lo contrario, El Roto asegura que “no es un libro específico sobre Catalunya, sino contra la fragmentación”. No distingue entre la repartición del rojo y el amarillo sobre la tela porque, en su opinión, ambas “han dejado de ser símbolos para transformarse en instrumentos de poder, de diferenciación y de separación”.

'Contra muros y banderas'

Dice Rábago que la bandera española no debe tener más función que la de identificar a un país, “como a un navío en alta mar”, pero no ha sido ese su uso desde el pasado octubre. Ahora, buena parte de los ciudadanos españoles identifican la rojigualda con una postura en el debate soberanista con la que quizá no se sientan cómodos. Para El Roto, “es una utilización espuria por parte del Gobierno de un elemento común”, pero también porque “la izquierda ha mantenido esa vieja visión de la bandera como parte del imaginario franquista”.

Lo que es innegable es que el auge de los nacionalismos ha traído consigo una imagen aterradora de banderas ondeantes. En Hungría, Grecia o Austria, la ultraderecha se ha lanzado a las calles enfundada en la bandera del país a la vez que lanzaba consignas xenófobas y supremacistas. En España, el discurso por la unidad también brindó un hueco privilegiado a estos grupos para redoblar y visibilizar su mensaje ultra. “Son las sociedades más débiles las que se reorganizan alrededor de estos símbolos y adquieren identidades impostadas”, explica El Roto.

'Contra muros y banderas'

“El orgullo patrio es una absurdez. Sentirse orgulloso de ser de un sitio en concreto, una estupidez”, asevera. “El orgullo debería surgir por algo más que por un sentimiento de pertenencia. Porque tu nación sea más justa con sus ciudadanos o más culta. Pero ni siquiera eso es atribuible a uno mismo, sino a terceras personas”, piensa el Roto. Contra el “patriotismo de pulserita”, Rábago apela a la voluntad de trabajar por un país a través de nuestro propio comportamiento, no enarbolando una bandera. “¡Robaba, sí, pero pensando en la patria!”, como reza una de sus viñetas.

Las viñetas de la “concordia”

Aunque su opinión sobre el uso partidista de la rojigualda es inclemente, El Roto no es más sutil cuando le toca dibujar sobre el independentismo. Un aguijón de avispa, unas setas alucinógenas o un arcoíris bicolor que se alza en un horizonte de la tierra prometida son algunas de las hipérboles que ha usado en Contra muros y banderas.

“La sátira tiene unos mecanismos caricaturescos que le son propios, como la exageración”, reconoce el viñetista. “Pero no deja de haber algo de alucinógeno en todo esto, sobre todo de manipulación del consciente colectivo. Una hipnosis muy pegadiza”, resume.

'Contra muros y banderas'

Él, nacido y criado en Madrid, asegura que “los temas identitarios no me interesan”, pero que aún así le habría gustado realizar las viñetas desde Catalunya. “Es un asunto que nos afecta a todos, pero allí se vive con mucha más intensidad”, reconoce. En muchas de sus tiras hace referencia al socavón, casi precipicio, que ha generado la incapacidad de comunicarse de los políticos. “¿Y este abismo? Lo cavamos entre tú y yo, ¿no te acuerdas?”, dicen dos figuras negras marcadas con distintas banderas en una de las imágenes.

“Ha habido una dejación por parte del Estado de lo que debería haber sido su trabajo. Al poder central le interesaba ceder este territorio porque esos gobiernos locales le permitían ganar elecciones. No ha tenido en cuenta el interés ciudadano frente al interés partidista de cada momento”, atribuye el dibujante.

'Contra muros y banderas'

Respecto a las posibles salidas, El Roto no se muestra demasiado optimista. “Es un problema de largo alcance. Vamos a tener que convivir con él durante bastante tiempo. Este libro fija una posición y servirá de souvenir de una época que espero que, en algún momento, se convierta en un recuerdo de lo que pasó”, confía. “Es el momento de que la sociedad catalana se sienta acompañada, y todos debemos ayudar a reconducir la situación”.

En su opinión, el “librito”  Contra muros y banderas es su modesto intento de aportar al entendimiento. Haciendo referencia a viñetistas clásicos como Forges, Chummy Chúmez o Máximo, El Roto entiende la sátira como una herramienta “para criticar a los que abusan del poder y acompañar al que está sufriendo”. “Hay momentos en los que tienes que echar una madera al agua donde alguien se pueda agarrar o sentirse en compañía”, dice en referencia al “servicio público” del gremio de la viñeta.

Tampoco pierde la esperanza de alcanzar a los que hoy ondean banderas con tanto convencimiento. “Cuando estás en medio de una corriente de opinión poderosa, debes de ser muy, muy fuerte para mantenerte al margen”, admite. Con sus breves aforismos y el lenguaje visual de sus gruesas pinceladas, El Roto aspira a “elevar el pensamiento común” y a evitar que los poderosos “nos conviertan en sus banderas”.

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Miedo: España de mierda

27 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los caminos de la promoción son inescrutables. Estoy en el Teatro Nuevo Apolo en Madrid hace un mes, presentando ‘Miedo’. Y la mayoría de medios de comunicación no nos han hecho ni puto caso. Pero esta semana cambió todo. Me pasé toda la semana promocionando accidentalmente mi libro ‘España de mierda’. Que fue igualmente ninguneado hace dos años.

Resulta que un cantante que representará a España en Eurovisión, ha regalado a otra cantante el libro, y se ha armado la marimorena. Los pobres han tenido que salir a dar explicaciones. Les han dicho que no se puede representar a España en Eurovisión y regalar un libro que se llame España de mierda. A mí también me han pedido explicaciones. Alucinante. Igual esperaban que pidiera perdón por cantar o por escribir.Vaya chorrada. Otra prueba más de que el título de mi libro no va desencaminado.

Más que nunca, este país es una mierda, y es una mierda precisamente por eso.
Para ser sincero, también me importa una mierda Eurovisión. Y dicho sea de paso, también me importa una mierda el himno nacional, el mundial de fútbol, las procesiones de Semana Santa y la cabra de la legión. Y me parece una mierda que a los que nos parezca una mierda todas estas mierdas se nos trate como a mierdas.
Es una mierda y lo diría más a menudo, pero tengo miedo a decirlo.

Me callo. No grito lo que todo el mundo sabe. Tal vez tengo miedo de los culpables. 
Tengo miedo porque sé que son capaces de todo. Son gente que para no ir a la cárcel, meten a otras gentes en la cárcel. Tal vez sea eso lo que me hace tener miedo a cosas que antes no temía.

Tengo miedo a la democracia. Tengo miedo a la libertad. Tengo miedo a la Constitución. Tengo miedo a la ley y a la justicia. Tengo miedo de mi propio país.
Tengo miedo de los partidos políticos, de los parlamentarios, de los senadores, del rey y de su padre, y de sus hijos, y de la reina y de sus primos. Tengo miedo de los militares, de los policías, del tribunal constitucional y del tribunal supremo. Tengo miedo de los banqueros y de las corporaciones económicas.

Tengo miedo de los cascos, de las porras, de las togas, de las corbatas, de los uniformes, de la peluquería, del maquillaje y de la cirugía. Tengo miedo de los trajes y los vestidos elegantes, de la constitución, de los putos protocolos, de los cardenales, de los monumentos, de las iglesias, de las hipotecas, de los canales de televisión y de los presentadores de televisión, de las radios y de los locutores de radio, de los periódicos y de la gente que los maneja, porqué hacen sentir miedo hasta a mis amigos más valientes.

Y tengo miedo de tanta y tanta y tanta publicidad. Y de que sea todo tan invasivo y que no haya lugar para nada mas en esta mierda de país que reírles las gracias a estos desalmados que se nos cuelan hasta en la sopa. Y tengo mucho miedo de sus guardaespaldas. Tengo miedo a este monstruo que silencia todo lo hermoso. Tengo miedo de ser vuestra víctima o ser el culpable de algo.

A veces desearía poder cagarme en el gobierno y en los poderosos, como cuando hablo con un barman, con un taxista, o con un amigote. Debería poder decir bien alto que este país es una puta mierda y que me cago en estos  ‘hijosdeputadelaconchadesureputamadre’. Pero tengo miedo.

Seguiré como un cobarde,  haciendo función cada día, en el Teatro Nuevo Apolo,
al margen de vuestra locura. Sin nombraros. Ignorando la rabiosa actualidad que tanto os preocupa. Deseando que mientras dure la función alguien consiga olvidarse de toda esta mierda, aunque solo sea durante una hora y media.

Seguiré intentando que la gente vuelva al teatro después de ver ‘Miedo’.  O vuelva a leer un libro después de leer ‘España de mierda’.

Y tú no te enfades, que no te estaba hablando a ti.

Marisol, la obrera de la cultura que vendió sus premios franquistas para ayudar al comunismo

21 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Resulta difícil escribir sobre Marisol (Málaga, 1948), el nombre artístico de Pepa Flores, sin caer en el formato propio de las revistas del corazón. Al fin y al cabo, la niña prodigio del cine de la época franquista atrajo al público tanto por su trabajo como por su vida personal. Protagonizó cientos de portadas desde su debut hasta su retirada de la vida pública con 37 años, decisión que también generó montones de titulares y programas especiales.

Lo fácil es encontrar un motivo para recuperar su figura. Sin ir más lejos, la efeméride de su 70 cumpleaños este 2018, aunque es mucho más interesante su aparición en el disco que el sello Ace Records! publicó el pasado enero.

Se trata del recopilatorio Beat Girls Español! 1960s She-Pop From Spain, que lleva como subtítulo: “El lado femenino del pop español, incluídos algunos ejemplos del Sonido Torrelaguna” (característico de los arreglos de las canciones del sello Hispavox, situado en la calle Torrelaguna, en la época de Rafael Trabucchelli como director. Es decir, lo ye-yé).

En el volumen aparecen artistas como Concha Velasco, Rocío Dúrcal, Sonia (con una histórica versión en castellano del Get Out Of My Cloud de The Rolling Stones) y, por supuesto, Marisol.

Sus dos canciones poco tienen que ver con la niña rubia de Ha llegado un ángel y mucho con la artista adulta que llegó a ser: la archifamosa Corazón Contento y una versión desenfrenada de La Tarara, que interpreta en su película Las cuatro bodas de Marisol. La escena en la que la representa poco tiene que envidiar al mejor Tarantino.

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Instrumento del franquismo

Es el primer filme -el sexto de su filmografía- en el que se escucha su singular voz ronca y su imagen empieza a corresponderse con la de la joven de 20 años que es. Los esfuerzos de Manuel Goyanes, el productor que la llevó al estrellato, por mantener en la infancia a aquella mina de ojos azules que tanto dinero había generado ya no servían.

Fue la penúltima película de su etapa adolescente. En 1968 protagonizó junto al torero Palomo Linares, Solos los dos y se convirtió en ‘mujer’ a ojos del público. De paso, en el mismo año se casó con Carlos Goyanes, hijo del productor (que décadas después caería en la redada de la Operación Nécora) y con el que había convivido desde niña. Su ‘hermano’ se convirtió en su marido, un cambio de roles un tanto truculento pero rentable. La boda se convirtió en uno de los eventos más sonados del momento, con hordas de fans en la entrada de la iglesia y cientos de hojas de papel couché con ella vestida de blanco.

La actriz representaba en aquel momento el papel de esposa feliz que acataba y difundía los valores del régimen con alegría. Según su biografía autorizada (T&B editores, 2008), firmada por Javier Aguilar y Miguel Losada, Marisol llegó a declarar ante la prensa: “No sé si seguiré trabajando después de la boda porque pienso que la responsabilidad económica del hogar ha de recaer sobre el hombre. Si Carlos me manda que deje el cine, estoy dispuesta a hacerlo aunque preferiría seguir con mi carrera”. Dos años después se separaron y el matrimonio se anuló en 1973 por ‘inmadurez de ambos’.

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Pepa Flores relató que había sufrido abusos en su infancia (EFE)

La prehistoria del #Metoo

Poco había de verdad en todo aquello. Muchos años antes de que estallara el caso de Harvey Weinstein, Pepa Flores ya había hablado públicamente de los abusos que había sufrido desde que empezó en el mundo del cine siendo una niña. La periodista Pilar Eyre recuperó hace poco las declaraciones de la artista hizo a la revista Interviú hace décadas y que no levantaron ningún movimiento parecido al #MeToo. “A los ocho años no era la niña angelical que todo el mundo creía… ya estaba más sacudida que una estera”, por ejemplo.

Esa misma revista llegó a vender un millón de ejemplares con una portada que ya ha pasado a la posteridad: el desnudo de Marisol. La niña rubia del franquismo convertida en icono sexual al posar sin ropa para el fotógrafo César Lucas. Fue en 1976 y la publicación llevaba en su interior un artículo titulado “Marisol: el bello camino hacia la democracia”. Se libraron del secuestro por los pelos, aunque el fotógrafo tuvo problemas con la justicia hasta 1981, cuando le absolvieron de los cargos por atentado a la moral y escándalo público.

El verdadero problema es que la protagonista del retrato nunca dio el consentimiento para su publicación. Aquellas fotos se tomaron en 1970, por encargo de Carlos Goyanes “parece ser que con el fin de que las viera el director italiano Bernardo Bertolucci, con los ojos puestos en que Marisol trabajara con él y con el actor Alain Delon en una película. La sesión fotográfica había costando 90.000 pesetas”, aseguran Aguilar y Losada en su libro.

Pepa Flores nunca denunció ni a Lucas ni a la revista, pese a que habían vuelto a utilizar su cuerpo sin su aprobación. La imagen ha sido una de las más lucrativas de la publicación. En 1991 recuperaron la portada con motivo de su 15 aniversario y fue  la última que llegó al quiosco antes del cierre de la revista el pasado mes de enero.

interviú

@interviu

DESPEDIDA | La portada de Marisol es la elegida para decir adiós a todos nuestros seguidores. Puedes ver la edición en: http://pdf.interviu.es/edicion/?eid=44920 

Activismo paralelo

Curiosamente, la biografía de Pepa Flores guarda similitudes en algunos momentos con la de Jane Fonda aunque, de entrada, pueda parecer improbable. La norteamericana también tuvo que hacer esfuerzos para librarse del dichoso cartel de ‘mito erótico’ que le colgaron después de protagonizar Barbarella (Roger Vadim, 1968) vestida con el mítico bikini diseñado por Paco Rabanne.

A ambas les costó que las tomasen en serio profesionalmente pero también supieron sacarle partido a aquellos prejuicios. Fonda ganó mucho dinero con sus famosísimos vídeos de Aerobic Jane Fonda’s Workout que ‘ayudaban’ a las mujeres del mundo a conseguir un cuerpo como el suyo (y lucir así su propio bikini). Lo que no sabían sus seguidoras es que el dinero recaudado iba destinado a apoyar a las causas políticas en las que participaba.

Por su parte Marisol vendió los premios de oro que le habían otorgado en las fiestas del Caudillo en La Granja cuando aún era un instrumento perfecto de la dictadura, para apoyar a la izquierda española de la época. Se había implicado en el comunismo en la época en la que empezó su relación con Antonio Gades y, como personajes públicos, lideraron muchas de las protestas de la última época del franquismo y de la democracia. Gades y ella se casaron en Cuba en 1982 con Fidel Castro como padrino.

Llegaron a llamarla ‘La niña de Moscú’, estuvo afiliada al Partido Comunista y al Partido Comunista de los Pueblos de España y ella misma se declaró: “Una obrera de la cultura. Me fusilarán antes que traicionar a mi clase”.

Cumplió con su palabra y en 1985 protagonizó su última película Caso Cerrado, dirigida por Juan Caño. Fue la segunda en la que salió acreditada como Pepa Flores, después de Carmen (Carlos Saura, 1983). Poco tiempo después desapareció de la vida pública y se mudó a Málaga, el sitio de dónde venía. Viajó por todo el mundo, conoció a gente como Audrey Hepburn, Ann- Magret o Harpo Marx, compartió pantalla con Mel Ferrer y Jean Seberg y trabajó bajo las órdenes de Juan Antonio Bardem y Mario Camus, pero se hubiese cambiado por cualquiera de los que soñaban su vida desde sus casas.

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La actriz y cantante Pepa Flores durante su actuación en el campo de fútbol de Torrejón, donde culminó la marcha anti-OTAN en junio de 1982

El héroe del 2 de mayo

8 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Corría el mes de septiembre de 1969 cuando  John Lennon devolvió su medalla de miembro de la Orden del Imperio Británico junto a una carta en la que explicaba su proceder. Según escribió, era su forma de protesta contra la implicación de Reino Unido en el asunto Nigeria-Biafra y contra el apoyo a EE. UU en la guerra de Vietnam.

El resentimiento personal también estuvo presente en la devolución de la medalla por parte del músico pues, en su carta, denunció la censura sufrida por la canción ‘Cold Turkey’, tema que había grabado con The Plastic Ono Band y donde suena la guitarra de Eric Clapton. Una maravilla que fue condenada a figurar fuera de las listas de éxitos debido a que los biempensantes de la época la tomaron como una apología de la droga, en especial de la heroína.

En estos días, la actitud rebelde de John Lennon ha escalado mi memoria pues la rebeldía no es otra cosa que una conquista de la juventud y por eso, por rebeldía, un joven de noventa años se ha negado a ir a recoger la medalla que otorga el gobierno regional de Madrid. Ocurrió el pasado Dos de Mayo y este joven merece un aparte.

Se llama Emilio Lledó y es un pensador humanista, valga la redundancia. Su posicionamiento filosófico aspira a conseguir la justicia y la igualdad social. Lo que sucede es que, como lo de la justicia social es asunto que no se ha logrado, la posición de Emilio Lledó es vista como algo innecesario por las mismas personas que han querido pincharle la medalla en el pecho. Resulta una paradoja, pero, mirándolo con profundidad, lo de otorgar la medalla a un humanista como Lledó, es la manera que tienen los peperos de Madrid de premiarse a sí mismos, limpiándose las pulgas de la injusticia social que origina su política económica.

Emilio Lledó no se quiso pasar por el circo que el otro día le tenían montado. El inconformismo es un asunto de la juventud y Emilio Lledó demostró el suyo. Por contra, el conformismo estuvo representado por un Alfonso Ussía que confundió la rebeldía con la expresión discursiva ilegítima, convirtiendo en un funeral lo que en un principio iba a ser un circo pagado con dinero público. Estoy seguro de que John Lennon tampoco hubiese asistido.

Is Damnation the most woke us TV drama of all time?

5 abril, 2018

Fuente: http://www.celebyouth.org

WRITTEN BY HEATHER. POSTED IN NEWS

Damnation - Season 1

 

 

 

 

 

 

 

In the first few minutes of the opening episode of depression-era drama Damnation, one character asks another about the local farmers’ strike: ‘What are you striking against‘? The other replies: ‘The American economic system‘. As this pithy response suggests, Damnation is a mainstream US television series dramatising the struggle between capital and labour across 10 nail-biting episodes. It aired on the USA Network between November 2017 and January 2018 and is now to stream globally via Netflix. Damnation‘s viewing figures were low and a week after the season finale, the USA Network announced it would not be commissioning a second season. It’s not surprising it got cancelled after one season – what is surprising is that it got commissioned at all. So where does Damnation sit in the canon of woke US TV?

How woke is Damnation?

The drama centres on two characters: activist Seth and strikebreaker Creeley. Seth is masquerading as a preacher to enable him to organise farmers in Ohio  and to ‘break the system’s back one arsehole banker at a time‘. When one of his parishioners comments on his sermon that they’ve ‘never seen the pulpit used for politics like that‘, Seth replies with a line from Karl Marx ‘well, the point’s not to just understand the world but to change it‘. The confused local asks ‘Is that in the Bible‘? And Seth assures him: ‘It’s on every page‘. This blurring of God and Marx runs through the series. As the strike continues and the bankers’ efforts to break it intensify, the idea of workers becoming God’s body serves as a metaphor for solidarity and collectivism.

The show depicts what Marx called primitive accumulation, as big capital in the form of the banks commodifies land by dispossessing the farmers of their homes and livelihoods. It depicts how this process is driven by class hatred and shows the bankers in league with the white supremacist Black Legion, manipulating the media and the law, fixing elections and using an organisation called American Prosperity to spread their ideology. There are thinly-concealed parallels with today recalling how banks repossessed homes in the aftermath of the 2008 financial crisis and how Trump and the Republicans have risen to power backed by neo-Nazis and the KKK on the one hand and the billionaire Koch brothers’ organisation Americans for Prosperity on the other.

Series creator Tony Tost denies that Damnation aligns with the left‘I want the show to ask interesting questions about America without resorting to the left versus right political mania that has gotten in the way of any reasonable discussion in this country’. But Tost does admit that he has ‘a blue collar chip‘ on his shoulder and a political agenda to represent the working class: ‘I’ve always felt that the deck was stacked against someone with my class background. And I think blue collar life — whether white, black, latino, mixed or otherwise — is radically under-represented on American TV’. So while meanings don’t reside in any cultural text independent of how people engage with it, as Vox notes and as I discuss next, ‘it’s rare for an American television show to be as skeptical of capitalism as this one is’.

What’s the politics of US television?

Most US television drama appears not to have a politics but is perhaps best described as liberal. Liberals, as Phil Ochs so memorably put it, are ‘an outspoken group on many subjects. Ten degrees to the left of center in good times. Ten degrees to the right of center if it affects them personally’. From The West Wing to The Good Place to Gilmore Girls, there’s an underlying assumption that history is progressive and we’re all on the same side. Change comes from heroic individuals (whether presidents, angels or single mums) not collective action by ordinary folk. In contrast, in Damnation, viewers and characters are asked repeatedly ‘which side are you on‘? There’s no sense that things are inevitably going to get better; more likely the opposite. Any change is hard won and comes from the bottom up through solidarity and struggle: ‘Real change is the change the people make, but corralling the people in the same direction takes more than lighting the spark. It’s hard, backbreaking work, and it’s never, ever over‘.  You can’t win, but you can keep on fighting.

There are other US TV shows whose politics aren’t mired in liberalism. The Wire depicts the impact of deindustrialisation on the working class, the destructiveness of the so-called war on drugs and how schooling reproduces inequalities of race and class. Oz takes on the prison industrial complex, its violence and oppression, frequently pitching a white liberal’s failed approach to prison reform against the analysis of black Muslim leader. Deadwood plays with the same tropes as Damnation showing over three seasons the appropriation of land by the corporate bankers in a gold-rush town. These are all made by cable channel HBO who’ve never decided the fate of a show based on ratings alone. Yet none of them have staged the struggle between capital and labour in such stark terms as Damnation, based, as one character puts it, on ‘ tried and true European Marxist principles‘.

Television is popular pedagogy, if we want to change the world we need to do a lot of things – we need to be on the streets protesting and on the doorstep canvassing, writing emails, making phonecalls and putting forward alternative ideas. We also need to be creating engaging narratives that tell socialist histories. So if we want more woke TV dramas, we need to support the few we’ve got. So turn on Netflix, watch Damnation and if you like it spread the word and sign the petition to get a second season.

‘La forma del agua’, un cuento de hadas para princesas sin voz y príncipes feos

31 marzo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Virginie Despentes escribe en Teoría King Kong “desde la fealdad y para las feas, las viejas, las frígidas, las camioneras, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica”. Un mercado que ha nutrido a los cuentos de hadas desde el principio de los tiempos.

Lo que vienen a decir, en resumen, es que la mujer que no haya sido bendecida con los tres dones de la belleza, de la dulce voz y de hablar con los animales del bosque, no conseguirá un príncipe azul.

Guillermo del Toro ha creado un cuento para los marginados que no encajan en esa fantasía dictatorial. Un Frankenstein romántico que mezcla distintos clásicos del cine con fábulas literarias y cuyo resultado, aun sonando repetitivo, conmueve por su realismo mágico.  La forma del agua funciona por acumulación, y eso es algo que no se puede permitir cualquier director con elementos tan estereotipados como los de esta película.

Hay un malo muy malo; una chica rarita que resulta ser profundamente elocuente sin necesidad de hablar; una mujer negra que aúna en su trama todos los prejuicios de raza, clase y sexismo de los años sesenta; y un artista homosexual que ha perdido su trabajo por serlo. Por último, el galán anfibio, un plagio confeso del Monstruo de la Laguna Negra de 1954.

Nada de esto importa. Porque las múltiples y descaradas referencias de La forma del agua son en realidad un homenaje desinteresado al sexto y al séptimo arte. Del Toro no ha vendido su historia de amor como la más original, pero ha cuidado tanto los detalles que deja en el espectador un regusto de peculiaridad.

Elisa (Sally Hawkins) tiene por costumbre hervir tres huevos y masturbarse en la bañera cada noche antes de ir a trabajar. Por una extraña lesión en el cuello, es muda, lo que le proporciona una habilidad excepcional para escuchar a diario las quejas de su charlatana compañera Zelda (Octavia Spencer). Ambas son empleadas de la limpieza del turno de noche en un cetrino y monótono laboratorio científico de la Guerra Fría.

Todo cambiará para ellas cuando los científicos lleven al “activo más sensible que se ha alojado en la instalación”, un ser anfibio procedente del Amazonas y al que explotarán con crueldad para convertirlo en un arma de guerra contra los rusos. En ese momento ocurre justo lo que imaginamos: Elisa y el hombre pez se enamoran, pero al menos de una forma que subvierte las dinámicas románticas y algo casposas del cine. Es ella -por fin- la que corteja y rescata a su príncipe de una cápsula blindada de cristal.

La chica muda se siente ligada al monstruo por una fuerza magnética más intensa que la del flechazo peliculero de Hollywood: el rechazo de la sociedad. Ambos con dificultades para expresarse en un mundo que prefiere dar gritos antes que escuchar y que margina con saña al diferente, se enamoran más allá de las apariencias.

Frente al ruido y los golpes de los científicos, ella se acerca a la criatura través de la música de Glenn Miller, de la comida y de una versión muy básica de la lengua de signos. Pero no habría tensión sin drama y, como en toda buena fantasía, siempre hay un malo que se encarga de estallar las burbujas de corazones.

Michael Shannon y Sally Hawkins
Michael Shannon y Sally Hawkins

Moraleja poco panfletaria

Respecto al resto de secundarios, el personaje de Michael Shannon es sin duda el más caricaturizado y a su vez el más oportuno. El jefe de la operación anfibio es un tirano de manual, conservador, clasista, sin miedo a la muerte y machista hasta el tuétano. Tortura al anfibio hasta hacerle sangrar (aunque pierda algún dedo en el intento), se ríe de los negros de su laboratorio y encuentra una depravada atracción en la mudez de Elisa.

En definitiva, es el hombre blanco viril que se cree superior a todo lo que no sea un hombre blanco viril, y lo demuestra intimidando con insultos, acosando sexualmente o dando golpes a diestro y siniestro. Seguro que nos vienen a la mente varios símiles actuales.

Hay un par de escenas especialmente elocuentes en las que la mirada desquiciada de Shannon consigue infundir el miedo digno de una película para adultos y endurece el tono fabuloso del resto de la cinta. Pero lo cierto es que basta con rascar bajo  la preciosa fotografía de Dan Laustsen para encontrar otras moralejas útiles en los tiempos que corren.

Richard Jenkins como Giles junto al hombre anfibio
Richard Jenkins como Giles junto al hombre anfibio

A título personal, el personaje de Giles, interpretado por Richard Jenkins, es el que hila más fino. Este artista gráfico sexagenario y gay es mucho más que la figura del eterno castigado por su homosexualidad, pues también, en apenas unos fotogramas, habla del apoyo entre almas solitarias, del paso del tiempo, de la vanidad perdida, del deseo por alguien más joven y de la emoción por sentirse correspondido.

A modo de anciano de los huesos de cristal de Amèlie, Giles representa la complicada mezcla de bálsamo cómico y rol lacrimógeno. Junto al de Octavia Spencer, son los dos papeles que interpretan a Elisa para el espectador, que la protegen y la ayudan desde su posición marginal. Porque La forma del agua no es solo un canto al amor, sino también a la amistad y a la falta de egoísmo que paradójicamente poseen los que menos tienen.

Guillermo del Toro apela a estos sentimientos universales engatusando la retina y el oído (con la BSO de Alexandre Desplat) del espectador. Es un cuento comprometido pero nada panfletario, y eso, por otra parte, es lo que lo hace poco memorable. Queda en cada cual identificar si ese es su peor defecto o la mayor de sus virtudes.

A favor y en contra de Egon Schiele como un baluarte de la sexualidad femenina

24 marzo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“Mi responsabilidad es defender la libertad del arte”, decía Egon Schiele (1890-1918). Lo que no imaginaba el joven pintor es que aquella loable intención seguiría estando amenazada cien años después de su muerte. El aprendiz de Gustav Klimt mostró una predilección por el erotismo desde sus primeras pinceladas, algo que partió en dos a la burguesía decimonónica europea.

Le amaban en secreto o le consideraban un depravado sexual. E incluso ambas. Pero parece que aquel pudor ante la representación artística de los genitales no entiende de siglos. Este año, el del centenario del siècle vienés, más conocido como Sezession, la capital austriaca se inundará de exposiciones con los desnudos de Egon Schiele a la cabeza. La campaña ha sido tan exitosa que varios países de Europa han accedido a publicitarla en sus ciudades. Varios, menos dos: Alemania y Reino Unido.

Ambos territorios se han negado a llenar sus muros y vallas con enormes imágenes de las piezas más sexuales del artista. Su argumento es que se tratan de “pinturas pornográficas” y que no consideran “ético mostrar genitales públicamente”. De todas formas, la oficina de Turismo de Viena se ha salido con la suya.

Los carteles de Egon Schiele ya cubren los andenes del metro de Londres o Berlín, eso sí, con una banda de la vergüenza en la que se lee: “Lo siento, tiene 100 años pero sigue siendo demasiado atrevido para hoy”, junto al hashtag #ToArtItsFreedom (para el arte, es libertad).

How do you feel about nude paintings in public spaces? What do you think? © WienTourismus/Christian Lendl

Con esta censura, la línea que separa  el rechazo ante la cosificación del cuerpo femenino y el puritanismo se desvanece. Algunos consideran la prohibición a Schiele como una metáfora de lo molesto que aún resulta en la actualidad el sexo de la mujer. Sin embargo, usar como baluarte feminista a un hombre que llegó a estar en la cárcel por escándalos sexuales puede tener sus riesgos, sobre todo cuando la historia y las biografías cumplen su labor.

Previo apretón de manos en contra de cualquier forma de censura, nos batimos en duelo otra vez para analizar la figura del artista dentro del contexto feminista.

A favor

Las obras de arte no deben ser censuradas. Si una pintura es polémica, lo que hay que hacer es explicarla, contextualizarla, para que su lectura en el presente y en el futuro no reproduzca estereotipos o ideas que puedan incitar al odio, al machismo o a la xenofobia. Vetar a Schiele es vetar la representación de los genitales femeninos, porque la realidad es que las vulvas siguen siendo incómodas para el grueso de la sociedad.

Es imposible defender de manera tajante que Schiele fuese un baluarte del feminismo. En todo caso lo fue del naturalismo, del cuerpo humano en su máxima expresión y de la libertad sexual. Prohibirlo a él o  al cuadro de unas ninfas desnudas (que en realidad era un experimento de una galería de Manchester para la instalación de otra artista) es de mojigatos. Aunque Schiele no representase el cuerpo de las mujeres como un acto reivindicativo, todo lo que sea acercarnos al mundo de las vulvas bienvenido sea.

Durante siglos, la mujeres han convivido con el pudor que les ha producido hablar de sus genitales, mirarlos o llegar a comprenderlos. Probablemente, Schiele no sea un teórico y no pintase para liberar a la mujer de ningún yugo, pero sí que pudo dar una gran primera lección a la sociedad oprimida de comienzos del XX: hay coños de diferentes formas, tamaños y colores.

El valor para las mujeres de la obra de Schiele tiene más que ver con un primer acercamiento de la pintura popular al coño que con una obra que se defina como feminista. Schiele no fue un ‘Despentes’ ni tampoco trató de serlo. Schiele se zafó del discurso dominante y pintó a mujeres abiertas de piernas. Postura inaguantable, para muchas y para muchos, entonces y ahora.

Schiele representa una realidad sin idealización ni dramatización. La mujer tiene genitales, tiene pelo y, agarrada a su libertad, se abre de piernas. Las vulvas de sus cuadros no son una oda a la fertilidad ni a la pureza. Schiele les grita a sus contemporáneos que a las mujeres también les gusta el placer. Aquí cabe mencionar que este autor también pinta con la misma crudeza penes colgantes.

Alemania y Reino Unido se han negado a festejar los cien años de fin del siglo vienés con cartelería de los desnudos de Schiele. Para esquivar esta forma de censura hacia el cuerpo de la mujer, los organizadores de este centenario han añadido un lema sobre las partes del cuerpo que molestan a las autoridades. Una jugada magistral contra la tiranía de la opresión y del ideal de belleza.

En contra

Nadie duda de la belleza y el rupturismo del arte de Egon Schiele. Su concepción de la sexualidad sin mojigaterías, con la mujer gozando de su cuerpo y sus genitales casi siempre a solas, demostró al público de manera explícita que el placer no era un coto privado masculino. Pero de igual forma que Schiele no seguía los tratados morales y éticos de la época en su pintura, tampoco lo hacía en su vida privada.

Su muy corta biografía no estuvo exenta de escándalos sexuales. Para empezar, la relación casi incestuosa que decían que mantuvo con su hermana pequeña Gerty Schiele. Aunque nadie demostró que aquella unión fuese más allá de lo espiritual, lo que de verdad menoscabó su imagen fue la acusación de pedofilia y perversión sexual por las que llegó a estar tres semanas en prisión preventiva y tres días en la cárcel.

Suele ser peliagudo tomar como baluarte de una causa feminista a un hombre que vivió hace un siglo y nunca se consideró como tal. Más aún si gustaba de invitar a menores a su casa para retratarlos en posturas controvertidas (aunque retirasen los cargos de rapto y abuso sexual a niños, siempre quedarán los dibujos) y fue famoso por manipular a las mujeres que posaban para él.

En cierta parte, hay empoderamiento femenino en su obra, sobre todo en cuadros explícitos e incómodos como Vista en un sueño (1911). Pero este admirador de Freud no pintaba a las mujeres así para liberar su nervio pudendo. Puede ser metafórico si se obvia el contexto, y eso, como demostraron las ninfas desnudas de Manchester, es poco recomendable.

La otra alternativa pasa por la apropiación. Pero, como decía Mary Beard, la gracia consiste en tomar el ejemplo de hombres que no lo hicieron con buena intención y convertirlo con nuestras propias manos en acciones feministas. Y eso ya está pasando. Artistas como Liv Strömquist y su cómic El fruto prohibido, festivales como  Coño’s Project y procesiones como la del “coño insumiso” están rompiendo el tabú sobre la vagina. Sobre su variedad, su simbolismo, su invisibilización, su placer y su libertad.

Ellas lo manifiestan junto a una intención política que debe ser nuestro verdadero baluarte.  También sufren censura y están siendo multadas hoy en día. Si ese es el rasgo principal de un estandarte de la sexualidad femenina, no necesitamos a un señor decimonónico para defenderla.

Fernando VII, el tirano que logró engañar al pueblo

22 marzo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Déspota, cruel, tirano, oportunista y mentiroso son apenas algunos de los calificativos que se han aplicado a Fernando VII (El Escorial, 1784-Madrid, 1833) por parte de los historiadores que han estudiado ese periodo. Asimismo, el imaginario popular asocia la trayectoria de aquel Borbón con una de las épocas más sangrientas y conflictivas de nuestra historia reciente. Pero, a pesar de la trascendencia de su reinado, la figura del que fue llamado “el deseado” ha sido poco estudiada y mucho menos divulgada para el gran público que se ha quedado en los tópicos.

Ahora, la biografía del profesor Emilio La Parra ( Fernando VII, un rey deseado y detestado), que acaba de ganar el premio Comillas de la editorial Tusquets, viene a cubrir ese vacío. El jurado de este galardón, el más prestigioso en el género biográfico en nuestro país, reconoció el trabajo de La Parra durante una década de investigación, estudio y escritura de este libro que aparecerá en marzo en las librerías.

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alicante, Emilio La Parra (Palomares, Cuenca, 1949) es un experto en la primera mitad del siglo XIX que ya publicó una biografía de referencia sobre Manuel Godoy. Tras subrayar, sin duda alguna, que Fernando VII puede ostentar el desgraciado título del peor rey de la Historia reciente de España (que ya es decir), el profesor explica las razones de la popularidad de aquel monarca a pesar de su carácter despótico y sus modos dictatoriales.

“Fernando VII”, argumenta, “fue incluso más que un rey absolutista en el sentido de que tuvo plena autoridad sobre sus súbditos, no observó ningún reparo en saltarse las leyes y vigiló hasta los más mínimos detalles de su acción de gobierno. A la hora de preguntarnos por los motivos de su ascendiente sobre el pueblo pese a su despotismo, habría que resaltar que fue un monarca muy hábil para beneficiarse siempre del odio hacia sus enemigos”.

El experto añade que “Fernando VII se rodeó de una camarilla de nobles y altos cargos que fueron muy astutos al presentar siempre al rey como la encarnación del bien frente al mal que representaban los otros. Al principio, se erigió en adversario de Godoy, un gobernante muy impopular; más tarde figuró como el monarca que se oponía a Napoleón cuando en realidad fue un oportunista y un juguete en manos del emperador francés; y en tercer lugar tras la victoria en la guerra de la Independencia (1808-1814), gracias en buena medida a la resistencia de las clases populares, Fernando VII se atribuyó los méritos del triunfo. En definitiva, podríamos afirmar, con términos de hoy, que Fernando VII y sus más fieles consejeros fueron unos pioneros del marketing político ya a comienzos del siglo XIX”.

Retrato del rey Fernando VII de España (1784-1833) de Vicente López
Retrato del rey Fernando VII de España (1784-1833) de Vicente López

Traidor a su padre, Carlos IV; represor sin piedad de los liberales después de haber simulado su apoyo a la Constitución de Cádiz de 1812 con la ya famosa frase de “vayamos todos francamente y yo el primero por la senda constitucional”; y defensor a ultranza de los privilegios de la Iglesia y de la nobleza, Fernando VII fue desenmascarado por la mayoría del pueblo a partir de 1823 cuando imploró el apoyo de un ejército extranjero (los llamados 100.00 hijos de San Luis) para restaurar el absolutismo en España. No obstante, pudo mantener buena parte de su autoridad y de su carisma debido a su astucia para atraerse a sus enemigos.

“Sabía el monarca”, comenta su biógrafo, “llevar a los interlocutores a su terreno y siempre elegía actuar cuando las circunstancias políticas le favorecían. Así pues, se mostraba miedoso y sumiso con los poderosos, véase su entrega rastrera a Napoleón; pero actuaba como un déspota con los débiles y con todos aquellos que cuestionaron los modos de su reinado”. Al mismo tiempo, aquel monarca poco agraciado físicamente, campechano hasta casi la ordinariez y amigo de lujos y placeres, se significó como un auténtico equilibrista político al aplicar una combinación de palo y zanahoria tanto hacia los liberales como hacia los ultraconservadores. Y todo ello con el único objetivo de mantener el poder a toda costa.

De su sagacidad sin escrúpulos brinda el catedrático La Parra un ejemplo muy ilustrativo al recordar la actitud de Fernando VII frente a los afrancesados que, como Goya o Moratín, fueron considerados traidores y antipatriotas por amplios sectores populares durante la guerra de la Independencia. “Resulta muy curioso observar”, declara el profesor, “que a partir de 1823 permite el regreso de algunos afrancesados que habían marchado al exilio en la primera gran oleada de desterrados políticos de nuestra historia. Fernando VII no ignoraba la capacidad técnica y la talla intelectual de muchos afrancesados y les ofreció segundos escalones de poder en la Administración”.

Como muestra de esa actitud de atraer a los enemigos, el rey financió la edición de las obras de Leandro Fernández de Moratín, uno de los líderes del sector afrancesado y uno de los mejores escritores de su época. Ahora bien, el poder de Fernando VII empezó a resquebrajarse en la denominada década ominosa (1823-1833) cuando su obsesión para que heredara el trono alguien de su sangre le llevó a promulgar la Pragmática Sanción, que permitía de nuevo que reinaran las mujeres, en este caso su hija Isabel, en perjuicio de Carlos, hermano del monarca. Esta controvertida decisión del rey en 1833 estuvo en el origen de la primera guerra carlista.

De cualquier manera, tanto Emilio La Parra como el resto de estudiosos de aquella primera mitad del XIX coinciden en señalar que el reinado del deseado-detestado Fernando VII puso en pie un Estado policial, generó una pérdida de capital humano por los sucesivos exilios de liberales, frenó el desarrollo económico e industrial del país y, en definitiva, retrasó el progreso de España.

En esa línea, esta obra de referencia, ganadora del premio Comillas, reivindica la biografía como una forma de aproximarse a la Historia, un género denigrado durante mucho tiempo en España por muchos especialistas, a diferencia de otros países europeos.

Por otro lado, el libro de La Parra sobre Fernando VII viene a sumarse a la biografía de Isabel II, escrita por la catedrática Isabel Burdiel, que obtuvo en 2011 el premio Nacional de Historia. Tanto uno como otra han defendido siempre la utilidad de la biografía para estudiar y divulgar la Historia. Una tendencia que comienza a imponerse en España frente al academicismo de tantos expertos encastillados en sus eruditas investigaciones. “La biografía de un personaje clave sirve magníficamente como hilo conductor para explicar una época”, concluye Emilio La Parra.

‘Cuerda de presas’: 11 dolorosas historias de mujeres encarceladas por el franquismo

19 marzo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Una cuerda de presas es un conjunto de presidiarias atadas y en hilera para su traslado. Y también el título del cómic de Jorge García (guionista) y Fidel Martínez (dibujante) que la editorial Astiberri acaba de reeditar 12 años después de su primera aparición en el mercado. La obra cuenta las historias de 11 mujeres prisioneras del franquismo durante los primeros años de la dictadura.

Cada una de ellas tiene su propio drama: la embarazada que da a luz en la cárcel de Las Ventas, la lesbiana a la que confinan a una celda de aislamiento cuando la encuentran con otra compañera o a la que le perdonan su melena para resultar más atractiva a sus violadores. Tragedias dibujadas que fueron una cruda realidad hace no tanto tiempo.

Astiberri, que publicó por primera vez el libro en encuadernación rústica en 2005, lo ha recuperado con modificaciones con la intención de mejorar la primera entrega. Según el editor, Javier Zalbidegoitia: “Planteamos a Jorge y Fidel que creíamos que debía pasar por un ligero cambio de dimensiones, quitarle algo de altura y darle más anchura para que quedara la mancha del dibujo más proporcionada”. Además, aprovecharon para pasar al cartoné y poner una nueva ilustración en la portada para dar un mejor acabado a una obra considerada de referencia dentro del catálogo de la editorial.

Jorge García explica a eldiario.es que la idea de guion surgió por casualidad en el año 2003, mientras revolvía una pila de CDs de música de la Guerra Civil en una biblioteca pública de Salamanca. “Tropecé con un disco titulado Dones del 36(“Mujeres del 36″) interpretado por el grupo Maquis”. Como cuenta el guionista, el disco recreaba un concierto clandestino en los lavabos de la prisión de mujeres de Ventas en 1948, hecho que también recrea en las viñetas de su cómic.

Una de las once dolorosas historias que componen 'Cuerda de presas'
Una de las once dolorosas historias que componen ‘Cuerda de presas’

“Yo ya conocía la historia de las Trece Rosas Rojas por Crónicas del antifranquismode Pedro Vega y Fernando Jáuregui, pero era la primera vez que tomaba conciencia de la existencia de presas políticas durante el franquismo”, señala García. En su mente impactó la imagen de “esa música que hablaba de libertad escurriéndose a través de los barrotes de una prisión” y decidió materializarla en un libro para poder compartirla.

Aunque las historias son ficticias, estas no difieren demasiado de lo que ocurrió en realidad, algo que confirmó la expresa política María Salvo (cuya biografía fue reconstruida por el historiador Ricard Vinyes en El daño y la memoria) a Jorge García durante un encuentro en la universidad Can Fabra de Barcelona. “Me dijo que yo no había inventado nada. La rutina, las vejaciones, las monjas, la muerte. Desgraciadamente, todo fue real”, explica el autor. Continúa diciendo que “como decía García Márquez, hay obras que no pertenecen a quien las hace, sino a quien las padece”.

Cuando le propuso a Fidel Martínez que se encargase de ilustrar su guion, este aceptó atraído por una idea: la de visibilizar las vivencias de unas presas políticas que no han recibido tanta atención en la memoria histórica. “Cuando me aproximo a cualquier conflicto, ya sea como dibujante o como autor, me gusta prestar especial atención a todos aquellos aspectos que han sido despreciados o silenciados y a la mujer, en este tipo de situaciones, siempre se le ha otorgado un papel secundario”.

La dureza de los testimonios se refleja en el estilo de las ilustraciones, que el autor define como “de corte expresionista, con influencias del cartelismo utilizado en aquella época para difundir la diferente propaganda política”. El tipo de dibujo es importante a la hora de transmitir al lector la gravedad de los hechos que está contemplando. Por ello, menciona que para retratar sucesos tan trágicos hacía falta “un dibujo muy contrastado”, que fuera duro y cortante para “adaptarse a cada uno de los relatos”.

Escarbando en el pasado

En el proceso de documentación, que fue lento y laborioso, el guionista consultó numerosos detalles del tema. El punto de partida fue el ensayo Irredentas, de Ricard Vinyes. Le siguieron los testimonios de presas recogidos por Tomasa Cuevas durante los años 70 y 80, una monografía sobre la cárcel de Ventas en Madrid, el libro Rojas, de Mary Nash, la novela La voz dormida de Carmen Chacón y “en general, todo lo que caía en mis manos”.

Una historia que mezcla la rutina, las vejaciones, las monjas y la muerte
Un relato que mezcla la rutina, las vejaciones, las monjas y la muerte

El furgón de los locos, de Carlos Liscano, una novela donde el autor recuerda las experiencias que vivió durante el tiempo que pasó en la prisión de la Libertad de Montevideo en los años 70 y 80, fue la que le ayudó a concretar el tono del libro. “Me impresionó hondamente la frialdad de su prosa e intenté reproducirla en los 11 relatos de que consta Cuerda de presas“.

La labor de plasmar en imágenes las historias de las presas imaginadas por Jorge García tampoco fue sencilla. El ilustrador fue recibiendo el material que el guionista iba encontrando, como fotografías, pero tuvo que “inventar o recrear escenarios desde la mera suposición”.

A pesar de que Cuerda de presas tiene el claro objetivo de dar luz y concienciar sobre una parte de la historia que se vivió en España hace solo unas décadas, Fidel Martínez ve muy complicado el que se llegue a hacer justicia con las víctimas del franquismo. El dibujante cree que desde las instituciones públicas no existe interés por ello porque “aquí se dio paso de la dictadura a la democracia a través de un pacto, oscuro en muchos de sus aspectos”.

Para Martínez, hacer la memoria histórica en este país conllevaría “sacar todos los casos a la luz”, lo que no solo supondría la condena pública, sino también la judicial de los agentes implicados. “Agentes que todavía se mantienen activos y vigentes en la vida política de este país”, matiza el diseñador.

El contrastado dibujo de sus viñetas sirve para transmitir la gravedad de los hechos que se narran
El contrastado dibujo de sus viñetas sirve para transmitir la gravedad de los hechos que se narran

El legado del anarquismo

2 febrero, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

El 4 de noviembre de 1936, hace ahora 80 años, sucedió un hecho trascendental e irrepetible: anarquistas entraron en el Gobierno de una nación.

La CNT en el Gobierno de la República. De izquierda a derecha, los ministros Bernardo Giner de los Ríos del partido Unión Republicana y Federica Montseny y Juan García Oliver de la FAI.
La CNT en el Gobierno de la República. De izquierda a derecha, los ministros Bernardo Giner de los Ríos del partido Unión Republicana y Federica Montseny y Juan García Oliver de la FAI.

El 4 de noviembre de 1936, hace ahora 80 años, cuatro dirigentes de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) —Federica Montseny, Juan García Oliver, Joan Peiró y Juan López— entraron en el nuevo Gobierno de la República en guerra presidido por el socialista Francisco Largo Caballero. Era un “hecho trascendental”, como afirmaba ese mismo día Solidaridad Obrera, el principal órgano de expresión libertario, porque los anarquistas nunca habían confiado en los poderes de la acción gubernamental, su objetivo siempre había sido abolir el Estado, con su prédica del antipoliticismo y de la acción directa, y porque era la primera vez que eso ocurría en la historia mundial. Anarquistas en el Gobierno de una nación: un hecho trascendental e irrepetible.

Desde que Giuseppe Fanelli llegó a España en noviembre de 1868 hasta el exilio de miles de militantes en los primeros meses de 1939, el movimiento anarquista protagonizó una frenética actividad propagandística, cultural y educativa; de huelgas e insurrecciones; de terrorismo y de violencia; de revoluciones abortadas y sueños igualitarios.

El anarquismo arrastró tras su bandera roja y negra a sectores populares diversos y muy amplios. Arraigó con fuerza en sitios tan dispares como la Cataluña industrial, en donde además, hasta la Guerra Civil, nunca había podido abrirse paso el socialismo organizado, y la Andalucía campesina. Si se convirtió tras la Primera Guerra Mundial, de forma extraordinaria, en un movimiento de masas —el único país de Europa en que eso sucedió— fue porque supo construir toda un red cultural alternativa, proletaria y campesina, de “base colectiva”. Pero como en ese recorrido le acompañó a menudo la violencia, su leyenda de honradez, sacrificio y combate, cultivada durante décadas por sus seguidores, fue siempre cuestionada por sus enemigos, a derecha e izquierda, que resaltaron la afición de los anarquistas a arrojar la bomba y empuñar el revolver.

Acabada la guerra, las cárceles, las ejecuciones y el exilio metieron al anarquismo en un túnel del que no volvería a salir. Mas no fueron solo la larga dictadura y la represión las que se lo tragaron y le impidieron volver, renacer tras la muerte de Franco, para convertirse ya un movimiento residual durante la consolidación de la democracia. España experimentó desde la década de los sesenta cambios económicos importantes, con un notable impacto en la sociedad. La distancia existente entre 1939 y los primeros años de la transición parecía insalvable.

Había emergido una nueva cultura política y sindical. Se había impuesto la negociación como forma de institucionalizar los conflictos. Nuevos movimientos sociales y nuevos protagonistas habían sustituido a los de clase, a los de esa clase obrera a la que se le asignaba la misión histórica de transformar la sociedad. El proletariado rural había descendido considerablemente y ya no protagonizaba huelgas. El analfabetismo se había reducido de forma drástica y ya no era, como se declaraba en el Congreso de la CNT de 1931, esa “lacra (…) que tiene hundido al pueblo en la mayor de las infamias”.

Los factores ambientales y culturales que habían permitido en épocas anteriores la apelación a mitos ancestrales y mesiánicos, eso que Gerald Brenan llamaba la “religiosidad al revés”, fáciles de reconocer en el anarquismo pero también en otros movimientos obreros de tipo marxista, eran ya historia. Aquel Estado débil, que había posibilitado la ilusión y el sueño de que las revoluciones dependían solo de las intenciones revolucionarias de obreros y campesinos, se había mudado en uno más fuerte, eficaz e intervencionista. El consumo hacía milagros: permitía al capital extenderse y a los obreros mejorar su nivel de vida. Sin el antipoliticismo, y con obreros que abandonaban el radicalismo ante la perspectiva de mejoras tangibles e inmediatas, que preferían el coche y la nevera al altruismo y al sacrificio por la causa, el anarquismo flaqueaba, dejaba de existir.

Pero, pese a que hoy el anarquismo sea solo historia, muy denigrada por otras ideologías y partidos parlamentarios, no hay ninguna duda de la validez y actualidad de algunos de sus planteamientos, como su crítica al Estado, al poder político y a las imágenes distorsionadas que siempre se transmiten desde arriba sobre el desorden y el espontaneísmo. Los anarquistas siempre pensaron que el Estado no podía hacer iguales a las personas y no parece que estuvieran muy equivocados, si vemos los resultados del comunismo en la Unión Soviética y en otros países. Nunca intentaron poner en marcha vastos proyectos de ingeniería social, como hicieron el comunismo y el fascismo, con las consecuencias que también conocemos. No fue la historia del anarquismo un lecho de rosas, pero hubo en ella algo más que bombas y pistolas.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y Visiting Professor de la Central European University de Budapest.