Archive for the ‘cultura’ Category

“En este país se han destapado las cloacas y casi todo el mundo se ha puesto de perfil” 

2 julio, 2019

Fuente: http://www.publico.es

Entrevista a Carlos Bardem

El escritor, actor y guionista regresa con ‘Mongo Blanco’, la epopeya de Pedro Blanco Fernández de Trava, un marino malagueño que se convirtió en el mayor tratante de esclavos del siglo XIX.

Carlos Bardem posa en el Hotel Sardinero junto a su último libro, 'Mongo Blanco'.- JAIRO VARGAS

Carlos Bardem posa en el Hotel Sardinero junto a su último libro, ‘Mongo Blanco’.- JAIRO VARGAS

Una inocente nota al pie en una vetusta monografía del siglo XIX despertó el interés de Carlos Bardem. Decía algo así: «Pedro Blanco Fernández de Trava, el gran negrero del siglo XIX». Fue entonces cuando el escritor, actor y guionista Carlos Bardem empezó a rumiar Mongo Blanco (Plaza & Janés), la historia de un marino malagueño que terminó convirtiéndose en el Pablo Escobar de su época.

Un periplo vital único entre España, Cuba y África, narrado a modo de epopeya y profusamente documentado, de la mano de uno de los grandes negreros del siglo XIX y de sus coqueteos con la Corona y la Iglesia.

¿De dónde surge este ‘Mongo Blanco’?

Pues surge de una voluntad de recuperar memorias, de querer recomponer parte de la historia que nos han escamoteado los de siempre…

¿Quiénes son los de siempre?

Son los que hicieron fortuna en este país después de lo que considero que son sus dos cataclismos: la trata de esclavos en el siglo XIX y el franquismo. Creo que hay un hilo de continuidad fácilmente rastreable y que señala no sólo a grandes familias de este país, sino también a grandes instituciones como la bolsa de Barcelona, cuya razón de ser la encontramos en la necesidad de rentabilizar el capital amasado por los tratantes de esclavos de Cuba.

¿Cómo llega este marino malagueño a convertirse en uno de los hombres más importantes en el comercio de esclavos?

Supo asimilar lo aprendido de sus predecesores e innovar en su campo. Soy de los que piensa que no hay destinos grandiosos o terribles a los que estamos predestinados, cada momento de la historia crea las personas que necesita.

Se podría decir entonces que fue un hombre de su época…

Exacto. Fue un hombre de una época en la cual la esclavitud era un componente fundamental del sistema económico. El esclavismo había penetrado tanto en la sociedad que no sólo era cosa de los dueños de las grandes plantaciones algodoneras, sino que era más común de lo que pensamos y un pequeño colmado o un taller de costura tenían a su propio negro o negra para que les hiciera el trabajo.

Carlos Bardem.- JAIRO VARGAS

Carlos Bardem.- JAIRO VARGAS

Y buena parte de aquel comercio pasaba por las mismas manos…

Quizá sea un poco simplificador pero creo que Pedro Blanco era al comercio de esclavos, lo que Pablo Escóbar al tráfico de drogas. Cuando el abolicionismo había conseguido acabar con la trata en países como Francia o Inglaterra, Blanco sigue operando y aumentando exponencialmente su rentabilidad. Para que nos hagamos una idea del volumen de negocio y beneficios que gestionaba pensemos en que por un ser humano en el Golfo de Guinea pagaba unos 20 dólares o lo canjeaba por mercancías, mientras que al otro lado del Atlántico lo vendía en oro o en plata por el valor de 390 a 460 dólares. El nivel de rentabilidad es muy parecido a los grandes envíos de cocaína.

Describe a un tipo que comercia con seres humanos con claroscuros… ¿no es ser demasiado generoso?

Por mi experiencia como actor sé que nunca debes juzgar a tu personaje. Si lo haces, estás perdido porque es muy probable que caigas en clichés. Soy consciente que lo que hacía era una atrocidad, pero al mismo tiempo es muy difícil mantener el interés en una novela cuyo personaje principal es simplemente detestable. Es importante que el lector empatice de algún modo, entienda su cosmogonía y su cualidad intelectual.

¿Cómo revisita nuestro pasado como nación?, ¿cree que hemos de pedir perdón?

Yo creo que tenemos la obligación de recuperar nuestra memoria y escribir sobre ella. Es importante, por ejemplo, que se sepa que doña María Cristina de Borbón-Dos Sicilias fue la mayor propietaria de esclavos de España, junto con el Arzobispo de Toledo, que invertía las rentas del arzobispado en comprar negros bajo el pretexto de que por mal que vivieran como esclavos en Cuba allí al menos estarían bautizados, y eso siempre es mejor que vivir siendo paganos en sus selvas… Es importante saber todo esto, nosotros somos una anomalía histórica en muchos sentidos; aquí triunfó una dictadura fascista durante 40 años, lo que ha hecho que hayamos heredado una visión absolutamente falsaria y mitológica de nuestra historia.

Carlos Bardem.- JAIRO VARGAS

Carlos Bardem.- JAIRO VARGAS

¿Qué piensa cuando la ultraderecha reivindica nuestro pasado imperial?

Pues que son una vergüenza para nuestro país y que lo que reivindican es un pasado imperial falso. Nuestra historia tuvo momentos brillantes pero también tenebrosos. En América se cometieron atrocidades y fruto de aquello brotó una cultura y una legislación que protegió pasado el tiempo a los indígenas. Creo que pedir perdón cuando alguien se siente ofendido por lo que tú has hecho es un signo de fortaleza y no de debilidad. Muchas naciones lo han hecho a lo largo de la historia, lo que no podemos es enrocarnos en una suerte misión mitológica porque no fue así.

Y de la economía esclavista que plantea en su libro a la economía de mercado que nos atañe en la actualidad… Me vienen a la cabeza las declaraciones de Díaz Ayuso sobre los empleos basura…

Precisamente esas declaraciones están muy cerca de lo que es la mentalidad de un negrero. A fin de cuentas es algo que siempre ha estado ahí, la derecha lo que pretende es que nada cambie. Su marco ni siquiera es ideológico si me apuras; es pragmático. Todos defienden los mismos privilegios, apenas tienen diferencias, Vox no deja de ser una escisión del PP, ya estaban aquí, no son tipos que hayan bajado de un platillo volante. No les cuesta trabajo ponerse de acuerdo para saquear y mantener el poder.

No así a la izquierda y sus eternas cuitas…, ¿no cree que falta un poco de autocrítica?

Desde la izquierda lo que se plantea es un cambio –mayor o menor– del sistema. Es ahí donde empiezan los desencuentros; hay quienes quieren una cambio más extremo y quienes prefieren quedarse a medio camino… En cualquier caso, creo que lo que necesitamos es un diálogo intergeneracional, un diálogo que en su día tuvimos a raíz del 15M y que hemos ido perdiendo paulatinamente. Una pérdida que puede tener que ver con la desideologización general y con conceptos como la transversalidad, todo eso que dicen algunos de que ya no hay ni izquierdas ni derechas…

¿Discrepa de esto?

Bueno, yo creo que siempre habrá derechas e izquierdas… Pero no por nada en especial, sino porque creo que son la encarnación perfecta de dos maneras antagónicas de entender el mundo. Ahora bien, por supuesto que soy consciente de que la izquierda se ha de actualizar y que las herramientas de lucha también lo han de hacer. No olvidemos, en todo caso, que el sistema es muy fuerte, que no estamos luchando contra molinos, sino contra gigantes muy poderosos con los medios de comunicación de masas a su favor. Vivimos en un país en el que se han destapado las cloacas del Estado y casi todo el mundo se ha puesto de perfil.

Carlos Bardem.- JAIRO VARGAS

Carlos Bardem.- Jairo Vargas

 

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El bibliotecario que lucha por devolver miles de libros robados por los nazis a sus legítimos dueños

17 junio, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

“Es un bucle sin fin”. Así define su trabajo para eldiario.es Sebastian Finsterwalder. Él es el único bibliotecario de la ZLB, la Biblioteca Central y Regional de Berlín, que se dedica exclusivamente a la investigación del origen de los libros que, por los crímenes de la Alemania nazi, acabaron en las estanterías de la institución para la que trabaja.

Solo en la ZLB cuentan con 1,1 millones de ejemplares que, por estar publicados antes de 1945 y por su dudosa procedencia, han de someterse a un detallado análisis. En Alemania, Finsterwalder estima que hay unos 3,5 millones de libros que están en esta situación.

Obviamente, devolver esos millones de libros es demasiado trabajo para una sola persona. “Nuestra labor es una misión que no terminará nunca. Es de un tamaño increíble, porque hemos de mirar en todos los libros e investigarlos para obtener pistas en ellos, describirlos al detalle, extraer la información que contienen sobre su procedencia y meterlo todo en una base de datos”, explica Finsterwalder en su despacho.

Allí tiene varias decenas de libros sobre dos estanterías. Son los volúmenes que más cerca están de volver a los herederos de sus dueños, gracias a los avances en las investigaciones. Entre ellos figura un ejemplar en español de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes. Es una edición impresa en Leipzig fechada en 1874.

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Libros que buscan a sus dueños en la Biblioteca Central de Berlín ALDO MAS


Hay algo de quijotesco en el trabajo de Finsterwalder. Identificar a quién o a quiénes pertenecieron los libros de los berlineses que han recalado en las reservas de la ZLB no es nada fácil. “En el 99% de los casos, son de aquellos que fueron deportados de Berlín o asesinados o que se marcharon y dejaron sus pertenencias tras de sí”, explica Finsterwalder.

También hay muchos libros que tienen un origen religioso ya que los nazis robaron los mejores libros que pudieron encontrar en los monasterios. Y cómo no, aquellos que sustrajeron de las bibliotecas de las organizaciones de trabajadores, sindicatos y partidos políticos de izquierdas.

“Tenemos muchos libros que pertenecen a instituciones y organizaciones políticas. También hay libros que fueron robados a nivel internacional, procedentes de otros países”, dice Finsterwalder. No en vano, la Oficina Principal de Seguridad del Reich (RSHA, por sus siglas alemanas) llegó a tener como encargo del mismísimo Heinrich Himmler, el jefe de las SS, el proyecto de crear una “biblioteca de los enemigos del Reich”.

“Era una biblioteca sobre libros de partidos de izquierda, judíos, organizaciones judías, de todo aquello en lo que el Reich viera un enemigo. La idea era crear una biblioteca para la élite nazi, para que esta pudiera estudiar a los enemigos del país”, recuerda Finsterwalder.

También hay muchas novelas, guías de viajes o libros sobre cualquier tipo de temática. Buena parte provienen de berlineses anónimos. Devolverlos es la finalidad última del trabajo de este bibliotecario.

“Desde el principio nos dijimos que no queríamos solo ocuparnos de la investigación de la procedencia, también queríamos hacer las restituciones correspondientes. Queríamos que el trabajo de investigación tuviera un lado práctico”, plantea Finsterwalder.

Aunque ya han pasado casi tres cuartos de siglo desde que terminara la II Guerra Mundial, para encontrar los inicios de esta labor no hay que echar mucho la vista atrás.

“Cuando empezamos, en 2010, teníamos que registrar los datos de los libros en ordenadores sin tener conocimientos de bases de datos. En 2012 terminamos una base de datos y en 2014 empezamos a trabajar con otras bibliotecas, que hacen lo mismo en ciudades como Kiel, Hamburgo o Karlsruhe”, comenta Finsterwalder. “Todo lo hicimos con muy pocos medios, por nosotros mismos y sin tener soporte informático”, abunda el bibliotecario. Hoy esas bases de datos se pueden consultar online. En ellas se pueden encontrar referenciados algunos de esos 1,1 millones de libros de víctimas del nacionalsocialismo.

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Sebastian Finsterwalder trabajando en la biblioteca ALDO MAS

Una investigación digna de CSI

También hay personas que escriben preguntando por un determinado volumen que en otra época perteneció a un familiar. Finsterwalder reconoce que no les sobra el tiempo para atender este tipo de solicitudes, aunque también dice poner todo su empeño en hacerlo. La escasez de medios y lo reciente de las tareas de la ZLB en esta materia explican que, según las cuentas de la biblioteca, se hayan producido 146 restituciones en las que se han devuelto cerca de 900 libros, según los datos actualizados a finales de 2018.

Desde entonces, Finsterwalder ha seguido trabajando y ha devuelto más libros. El último volumen ha sido puesto en manos de los herederos de Max Anschel, un berlinés fallecido a finales del siglo XIX. Es un libro de rezo judío, escrito en hebreo y alemán, que ha de tener más de un siglo de historia.

De esa vida da cuenta alguna de las notas que sus propietarios habían dejado en sus páginas. En una de ellas se menciona a Max como nacido en Berlín en 1872. A partir de esa pista, Finsterwalder ha podido reconstruir el árbol genealógico de la familia de ese hombre, hasta llegar a dos generaciones después. Max Anschel, que falleció antes de que murieran probablemente a manos de los nazis sus hermanos Mortiz, Selma y Hertha, tiene hoy familia lejana en Canadá. El libro viajó desde la oficina de Finsterwalder con destino Toronto hace unos días.

“Es mucho trabajo”, reconoce el bibliotecario de la ZLB, aludiendo a restituciones como esa. Ha trabajado durante meses en ese caso. Es lo habitual, aunque también haya libros que pueden ser devueltos en poco tiempo. Pese a que la suya es una labor poco reconocida en el debate público, Finsterwalder es consciente de su importancia. “Lo que hacemos tiene mucho valor”, afirma el bibliotecario.

No lo dice por el valor económico que representan estos libros, aunque “un libro siempre es una obra de arte que será más o menos valiosa en función de lo bibliófilo que sea uno”, afirma. “Lo importante no es el libro en sí, sino la información que transmite. Estos libros permiten saber qué fue de los bisabuelos o tatarabuelos en una familia. En ocasiones son lo único que han sobrevivido al Holocausto en una familia”, concluye.

Los mejores blogs de viajes en castellano en el 2019

13 junio, 2019

Fuente: http://www.publico.es

Hoy os recomendamos algunos de los mejores blogs de viajes en castellano, donde podremos descubrir nuevas historias, anécdotas, destinos y consejos para viajar a todas las partes del mundo

Los sitios web de temática viajera en los que los protagonistas nos van narrando sus escapadas y trayectos en tiempo, en ocasiones, real, constituyen una fuente de consulta imprescindible para todos aquellos que se mueven por el mundo, así como para los que, por los motivos que sean, no les es posible y pueden disfrutar de la experiencia gracias a ellos. Leer, ver y soñar son placeres al alcance de todos. Así que hoy os recomendamos los mejores blogs de viajes en castellano, donde poder descubrir nuevas historias, anécdotas, destinos y consejos para viajar a todas partes del mundo.

Rojo cangrejo

Rojo cangrejo
Fuente: https://rojocangrejo.com/

Marta Goikoetxea Luquin es la protagonista de Rojo cangrejo. Esta navarra licenciada en Historia abrió su blog de viajes en el año 2014 para compartir su pasión con el resto del mundo.

Con frescura y humor, sin olvidar nunca el entretenimiento, Marta da los mejores consejos y cuenta sus experiencias en un blog que ha ganado el premio IATI 2019 en la categoría de mejor blog revelación y el premio Fitur 2019 al blog con mejor contenido.

Algo que recordar

Detrás del blog de viajes Algo que recordar se encuentran Lucía y Rubén, una pareja que lo dejó todo para convertir los viajes en una forma y estilo de vida, haciendo su sueño realidad.

Algo que recordar
Fuente: https://algoquerecordar.com/

Han dado la vuelta al mundo, rodado los cortometrajes El síndrome del eterno viajero y El síndrome del eterno viajero II, convertido su blog en un imprescindible. Tanto es así que Algo que recordar se hizo con el primer premio en la categoría de mejor blog de viajes en los Premios IATI 2019.

Japonismo

Japonismo
Fuente: https://japonismo.com/

Japonismo es todo un clásico dentro de los blogs de viajes y no es de extrañar. Resulta imprescindible para todo aquel que piense viajar a Japón o que quiera conocer en profundidad este fascinante país. Los secretos de su cultura, historia, sociedad y gastronomía, y todos los consejos que te puedas imaginar, los encontrarás aquí de la mano de Luis Rodríguez y Laura Tomás, quienes comenzaron su andadura en enero de 2006.

Además de información de todo tipo sobre los destinos, Japonismo es una fuente fabulosa para planear tu viaje a Japón: mapas, rutas, zonas de compras, festividades y festivales categorizados por mes a los que asistir, consejos para moverse en transporte público y para viajar al país con niños, etc. son algunas de las muchas secciones que encontrarás en él.

Viajeros 3.0

Viajeros 3.0
Fuente: https://viajeros30.com/

Viajeros 3.0 es el blog de Rebeca Serna, una apasionada de los viajes, fotógrafa y periodista, que abrió esta ventana al mundo a principios del 2014 y se ha convertido en otro de los blogs de referencia. Escapadas de fin de semana, turismo rural, rutas de senderismo y naturaleza los hallarás en esta bitácora, imprescindible si viajas por España, además de destinos en el resto de Europa, Asia, América y África. Y no dejes de consultar su sección sobre fotografía de viajes.

Nada incluido

Nada incluido
Fuente: https://www.nadaincluido.com/

Si eres de los que viajan con mochilacámara en mano y poco dinero en el bolsillo, Nada incluido ha de ser uno de tus blogs de referencia. De la mano de Sergio Otegui aquí encontrarás todo tipo de información práctica, lugares maravillosos para descubrir en África, América, Asia y Europa, con espectaculares fotografías, y útiles consejos.

La maleta de Carla

La maleta de Carla
Fuente: https://lamaletadecarla.com/

Un montón de información práctica y valiosos consejos son los que hallarás en otro de los blogs que no puedes perderte: La maleta de Carla, de la mano de Carla Llamas y Adrián Campa. El blog, que comenzó su andadura en enero de 2011, aporta información sobre destinos en Europa, Asia, América y África, con rutas, consejos, alojamientos, comparativas de productos de interés para viajeros, así como presupuesto necesario y datos prácticos en relación a cada localidad, entre otros.

Rutas y rutinas

Rutas y rutinas
Fuente: https://www.rutasyrutinas.com/es/

En Rutas y rutinas podrás descubrir el encanto de viajar de la mano de dos almas aventureras que también son apasionadas de la fotografía: Isabel y Casey. Aquí podrás consultar rutas e información sobre países como España, Vietnam, Estados Unidos, Grecia o India, entre muchos otros, además de librosconferencias, entrevistas… y cualquier tema que sirva de inspiración para los viajeros.

Salta conmigo

Salta conmigo
Fuente: https://saltaconmigo.com/blog/

Sara y JAAC viajan y saltan por el mundo para compartir las experiencias a través de su blog Salta conmigo. Estos viajeros que adoran la improvisación y que dejaron sus trabajos para irse de viaje a Sudamérica y la Antártida han convertido su  pasión en su estilo de vida. Países en los cinco continentes tienen su correspondiente sección en este recomendable blog en el que es imprescindible consultar la dedicada exclusivamente a consejos prácticos para todos los viajeros.

Con mochila

Con mochila
Fuente: https://www.conmochila.com/

Otro de los blogs que no puedes perderte este 2019 es Con mochila, de Toni Ródenas y  Carme Pellicer. Viajeros apasionados, en su bitácora puedes disfrutar de sus diarios de viaje, consultar información sobre seguros, visados y vacunas según cada destino, así como sus guías de viaje, consejos para mochileros y sobre salud, y leer sus reflexiones viajeras, entre otras secciones. El blog incluso cuenta con un apartado con libros de viaje gratuitos para descargarse en formato digital.

El rincón de Sele

El rincón de Sele
Fuente: https://www.elrincondesele.com/

Detrás de Sele se encuentra José Miguel Redondo, un viajero vocacional, Licenciado en Comunicación y fundador de las Tertulias viajeras que se organizan en Madrid desde el año 2013 con carácter mensual. El blog El rincón de Sele nació en el 2006, al regresar de un viaje de Oriente Medio y los Balcanes. Desde entonces, no ha dejado de crecer, al ritmo de los viajes de este backpacker colaborador de numerosos medios de comunicación.

 

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Escritora y redactora gallega. Autora de los libros Las nueve piedras y El Libro del Único Camino, así como de numerosos relatos en revistas de género, colabora asiduamente con sus artículos y columnas de opinión en diversos medios digitales. Con la pasión y la curiosidad que la caracterizan, descubre el mundo a través de su historia, su cultura, sus lugares y sus gentes para difundir y compartir todo tipo de sensaciones y hallazgos. Porque todo viaje comienza con un solo paso.

Cuando Lorca llegó a Madrid y comenzó su triángulo de amor bizarro con Dalí y Buñuel

8 junio, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

Hay figuras fascinantes que generan efemérides con cada paso que dieron en vida. Ese es el caso de Federico García Lorca, cuya corta e intensísima existencia le ha convertido en un símbolo universal y reivindicado en cada rincón del mapa que cartografiaron sus movimientos.

De todos estos lugares, Madrid fue uno de los más importantes, donde se deshizo de las cadenas homófobas y conservadoras de Granada y fraguó amistad con los que serían sus dos mosqueteros incondicionales -o no tanto- hasta que la muerte le encontró con 38 años en un paredón de fusilamiento fascista.

Cuando Lorca se instaló de forma definitiva en la capital corría la primavera de 1919. La arboleda de la Residencia de Estudiantes estaba en su máximo esplendor, no muy alejada de cómo luce cien años después en un lateral del masificado Paseo de la Castellana. El edificio de ladrillo es el mismo, pero la atmósfera no tiene nada que ver con la que respiraban Federico, Salvador Dalí y Luis Buñuel en los locos años 20.

Ante el centenario de la llegada del poeta, Madrid ha querido recuperar aquella esencia homenajeándole con lecturas, proyecciones y rutas por los lugares favoritos de los tres enfants terribles. Algunos todavía existen, otros se han convertido en Starbucks y en muchos hace falta imaginación para visualizar las tertulias intelectuales y las juergas sin freno de aquel entonces. Es mucho más fácil hacerlo en compañía de alguien que lo ha estudiado tanto que parece que estuvo allí, incluso habiendo nacido en otro país.

El hispanista irlandés y entregado biógrafo de Lorca, Ian Gibson (Dublín, 1939), se sabe tantas anécdotas que cualquiera diría que fue el cuarto voyeur de la cuadrilla. Todo ese conocimiento bebe de la obra del poeta, el cineasta y el pintor, de los libros de Historia y de la correspondencia indiscreta, en ocasiones algo picante, que intercambiaban entre ellos y con otros visionarios del s.XX.

Buñuel y Lorca
Buñuel y Lorca

“Madrid para un chico de provincias era La Meca, el centro de la cultura española. Acababa de terminar la Primera Guerra Mundial y había artistas de toda Europa refugiándose de la represión. Era un ambiente fantástico: a mí me habría encantado vivirlo y a ti también”, dice Gibson con la mirada brillante.

Federico toma la decisión de mudarse animado por su amigo Antonio Machado y por su catedrático de Arte en Granada, Martín Domínguez Berrueta. Un talento así no estaba hecho para permanecer detrás de Sierra Nevada.

La capital estaba en pleno proceso de prosperidad urbanística con la inauguración de la Gran Vía, los planos de Arturo Soria o las obras de canalización del Manzanares. Pero sobre todo era un momento de ebullición intelectual. Querían a la generación mejor preparada del país prestando sus mentes al servicio de la propaganda nacional y su particular laboratorio de genios era la Residencia de Estudiantes, situada a unos minutos de Nuevos Ministerios.

Entrar allí no era nada fácil, pero Federico García Lorca tenía el visado desde la cuna. De familia burguesa y adinerada, madre maestra y padre comprometido con la política, el joven Federico creció entre algodones culturales. No es de extrañar que perteneciese al selecto círculo de los hijos de la élite progresista española que entraban a un centro diseñado para su florecimiento personal.

“La Residencia es el lugar más culto y libre de España, la continuación de la Institución de Libre Enseñanza. Preconizan una España en Europa, hablando idiomas, escuchando a los otros y organizando conferencias con las mentes más preclaras de Europa, entre los que se encuentran Einstein, Curie o Stravinsky”, explica Gibson. “Decían que era el Oxford o el Cambridge de España, con grandes jardines y acequias, la gente paseando y dialogando, y donde estaba prohibido el ruido. Ni siquiera al perro del jardinero se le permitía ladrar”, continúa.

Dalí, Lorca y Buñuel: vidas cruzadas en la capital
La Residencia de Estudiantes

Lorca completaba sus estudios de Derecho y Filosofía y Letras, “ese terrible moscardón del aburrimiento”, con lo que aprendía en la Residencia. Allí todo era distinto. No había separación entre ciencias y humanidades, e impulsaban todo tipo de nervio artístico -por eso él pintaba, leía, tocaba el piano e incluso actuaba en performances improvisadas con su querido Dalí-. La musicalidad de sus poemas se debe a esta etapa, que mejoró el bagaje poético que traía de Andalucía y le introdujo en la estética simbolista moderna.

“Había laboratorios y talleres donde les ayudaban a perfeccionar sus virtudes. Era increíble, un fenómeno único en este país. Y si no hubiera sido por la guerra maldita, la dictadura maldita y la diáspora maldita, España habría sido una nación floreciente porque estaba todo listo para que así fuera”, se lamenta su biógrafo.

Aunque conoció a Luis Buñuel nada más aterrizar en Madrid con 21 años, no sería hasta cuatro años más tarde, en 1923, cuando atravesó por la puerta un catalán extravagante que le rompería los esquemas. La relación que se estableció entre ellos tres fue arrolladora pero no carente de sombras, como quedó patente en sus misivas. Al final, al tiempo que pasaban en la Residencia había que sumarle una incesante vida social y nocturna que daba lugar a una sublimación de las pasiones.

Homosexualidad juzgada y celos ocultos

Sus lugares de alterne favoritos eran los bajos del Hotel Palace, donde se encontraba el Rector’s Club, y más tarde la coctelería Museo Chicote, definida por Buñuel como “la Capilla Sixtina de los martinis”. “Esto no para con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, en 1923, porque no era como el que va a venir después [Francisco Franco]. Primo de Rivera era mujeriego y noctámbulo, y así era Madrid también”, explica Gibson.

“El Palace es un local mítico, al lado del Congreso, para los líos amorosos y sexuales de los diputados, pero además cada noche un grupo de negros de Harlem montaba sesiones de jazz. Todos gastaban alegremente el dinero de sus padres en zarzuelas, teatros y en el Rectors Club”, rememora el biógrafo, quien asegura que entablaron una relación especial con los músicos neoyorquinos, a los que querían llevar a tocar a la Residencia.

Las noches menos hedonistas, acudían a las cafeterías del Paseo del Prado, atestadas de tertulias para todos los gustos: reuniones de médicos, de periodistas o de adictos a la filatelia. “La gente de Madrid hablaba mucho. Había veinte periódicos diarios porque el que sabía leer -había mucho analfabetismo todavía-, leía cuatro o cinco todos los días”, señala. Buñuel y Lorca estaban en sintonía ideológica, pero el único diferente era Dalí, “que tenía un buen cacao”. Eso no evitó que Federico, como señala el historiador, se enamorara perdidamente de él.

Dalí y Lorca
Dalí y Lorca

Dalí se resistía ferozmente a esa conquista por miedo a ser señalado como gay. Ya le estaba ocurriendo a Lorca en la propia Residencia, donde muchos de sus compañeros murmuraban sobre ese “defecto” que les hacía distanciarse. Incluso su gran amigo Buñuel le vilipendiaba por su sexualidad.

“En una carta a Pepín Bello, en 1926, se puede leer que Luis le escribe que ‘Federico es un asqueroso: primero, porque nació en Asquerosa (pueblo granadino) y segundo porque él es asqueroso'”, cuenta Gibson.

Por eso mismo, dice, es imprescindible la labor del biógrafo: para leer entre los silencios voluntarios de sus propias autobiografías. Buñuel nunca habló así a posteriori de Lorca, tampoco reconoció su dura crítica al Romancero Gitano ni la envidia que sentía por su relación con Dalí. Este último tampoco le reconoció en vida como su amor verdadero, pero se vislumbra en el “juego de seducción” que ambos mantuvieron por carta y que desesperó a Gala, que supuestamente rompió la mayoría de la correspondencia en un ataque de celos.

“Cuando entrevisté a Dalí, lloró recordando a Lorca”, dice Gibson, señalando que obviar la homosexualidad de Lorca es no entender su obra ni la razón de su muerte. El pintor murió en 1989 sintiéndose culpable por el asesinato de su mejor amigo, por haber sentido envidia de su genio, por no haber insistido más en que se mudase con él a Italia en 1936 y por juzgar su homosexualidad a su manera.

La memoria y la dictadura franquista dinamitaron el recuerdo de este triángulo curioso y fascinante de amistad. Pero nada puede borrar el legado que nació en la Residencia de Estudiantes, donde los tres consolidaron la “época dorada” de una institución llamada a revolucionar el Madrid de los años 20. Ya es tarde para eso; que sirva al menos para revolucionar su memoria.

Sofonisba y Lavinia: las pintoras que el tiempo borró y que el Museo del Prado recupera del olvido

27 mayo, 2019

Fuente: smoda.elpais.com

De las 1.700 pinturas que cuelgan en sus paredes, tan solo siete están firmadas por mujeres. Ahora prepara una exposición de dos artistas influyentes en su momento para saldar una deuda histórica con la pintura femenina.

Sofonisba Anguissola

‘El juego de ajedrez’ (1555), de Sofonisba Anguissola. FOTO: GETTY IMAGES

En la sala 7 del Museo del Prado, rincón del caravagismo, cuelga la obra Nacimiento de San Juan Bautista de la pintora Artemisa Gentileschi (1593-1654). No se la puede ver siempre: en los últimos tiempos, Artemisa ha viajado tanto que es complicado encontrarla en casa. Y es que desde que el feminismo estadounidense de los años cincuenta, sesenta y setenta recuperase la obra de muchas artistas olvidadas, Gentileschi se ha revalorizado hasta el punto de ser más fácil verla en exposiciones dedicadas a su figura en lugares como Milán o París que en la sala 7 del museo. Además, por cuestiones de espacio y por la cantidad de piezas pictóricas que alberga el museo en sus almacenes, Artemisa comparte pared ­–alternándose según épocas– con el Martirio de San Lorenzo de Valentín de Boulogne.

La vida y obra de Gentileschi la han convertido en los últimos años en símbolo e icono del movimiento feminista. Que esté tan ocupada tiene su razón de ser: superviviente de una violación perpetrada por su mentor Agostino Tassi en el estudio de su padre a los 17 años, tuvo que soportar un intensísimo juicio de seis meses de duración en el que se puso en duda su versión de los hechos, además de pasar por una prueba ginecológica y el sometimiento a torturas para comprobar si variaba su testimonio. Artemisa no cambió jamás su versión y Tassi fue declarado culpable. Heredera de Caravaggio, en su obra se perciben las luces y las sombras de ser mujer: en su cuadro Judith decapitando a Holofernes podemos observar la violencia y la sed de venganza de su protagonista degollando al general enemigo y en Susana y los viejos, encontramos a una bíblica Susana asustada y repugnada por los hombres que la acosan, en lugar de mostrarse dócil y coqueta como la representaron otros artistas masculinos. Nacimiento de San Juan Bautista es, sin embargo, una escena íntima y luminosa en la que tres mujeres cuidan y asean al recién nacido.

“Artemisa lo cumple todo según nuestros parámetros actuales”, explica Leticia Ruíz, Jefe del Departamento de Pintura del Renacimiento del Museo del Prado, “desde 1999 hasta 2020, que se va a Londres a una exposición sobre ella, Artemisa ha estado muy reclamada”. Gentileschi es la chica de moda, pero no es la única mujer de El Prado: la italiana Sofonisba Anguissola (1535-1625), dama de compañía de la reina Isabel de Valois y excelente retratista y la pintora de bodegones flamenca Clara Peeters (1590-1621) son las otras dos artistas femeninas que podemos ver si dedicamos una tarde a pasear por el museo.

Artemisa Gentileschi

La historia de Artemisa tiene gancho y, a día de hoy, por fin se reconoce su figura e importancia. Sin embargo, existen nuevas corrientes que quieren reivindicarla sin tener presente en todo momento su violación a los 17 años, como no siempre –ni para todo– tenemos presente que Caravaggio mató a un hombre o que Munch pasó por centros de salud mental para explicar el grosso de su obra. Porque, aunque los hechos sean los hechos y sepamos que Artemisa fue violada y aunque podamos observar la sed de venganza de su Judith, no podemos afirmar que la artista pintase ese cuadro pensando en lo que a ella le sucedió. Esa revictimización constante de la artista puede ser un síntoma de observar su vida y su obra con ojos actuales y de reducirla a un único suceso para tratar de contextualizarlo todo: quizás Artemisa solo quería pintar como hacían los hombres y quizás, si pudo hacerlo, es porque no era ni mucho menos la única mujer que cogió unos pinceles. Gentileschi tuvo antecesoras y predecesoras y, si queremos hacer una buena cronología para rescatar a todas las mujeres artistas, es importante poner en valor sus referentes.

Artemisa Gentileschi

Sofonisba y Lavinia: dos formas distintas de entender y servirse de la pintura

Leticia Ruíz es también la comisaria de la próxima exposición Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, donde se busca recorrer la vida de dos mujeres artistas completamente diferentes a través de su obra. Sofonisba y Lavinia tienen puntos en común: ambas tuvieron éxito en su época y a través de su trabajo consiguieron alcanzar cierta fama, especialmente en Italia, sin embargo, tras su muerte, sus figuras se fueron diluyendo y, aunque en su país natal siempre quedase algún recuerdo, en el resto del mundo apenas aparecían como notas al margen de los libros de historia del arte.

Pero en poco más se parecen estas dos mujeres y esto es algo que la nueva exposición quiere que tengamos presente: “Sofonisba es el gran mito de mujer artista y sirvió como paraguas para todas aquellas que vinieron después, ya que representaba la referencia ‘digna’ de mujer artista, aunque ella nunca pretendió serlo, sino que se sirvió de la pintura en una campaña de promoción liderada por su padre para ocupar un lugar social importante”, nos cuenta Leticia Ruíz. Anguissola venía de una familia de aristócratas venida a menos en Cremona, cuyo padre tuvo la ‘mala fortuna’ de tener seis hijas y un solo hijo en una época en la que tener hijas significaba tener que darles una dote para casarse e incluso para entrar en un convento. Sofonisba tenía un talento artístico brillante, así que utilizó la pintura para convertirse en la dama de la corte más importante del momento: la corte de Felipe II. Sus capacidades, en este caso, le servirían para mejorar socialmente tanto su figura como la de su familia.

Lavinia Fontana (1552-1614) sería el polo opuesto: “Hija de un pintor, como Artemisa, cumplía con el perfil de la mayoría amplia de mujeres artistas: Fontana se formó en el ámbito familiar porque trascender lo doméstico era peligroso para el honor, la virtud y la decencia de las mujeres de la época, pero ella dio un paso más allá, porque fue la primera mujer que abrió un estudio propio”, explica la comisaria de la exposición. Fontana fue un caso fuera de lo común para la época, tanto en el espacio de lo público como en lo privado: su padre valoraba tanto su talento que, cuando le empezó a flaquear la salud y tuvo que buscar irremediablemente un marido para su hija, estipuló en el contrato matrimonial que marido y mujer debían vivir en la casa del padre para que Lavinia Fontana pudiera seguir haciendo uso de su taller. No solo eso, sino que, tras la muerte del padre, toda la familia Fontana ­–ella, su marido y los once hijos que tuvieron– siguieron viviendo de las habilidades pictóricas de Lavinia mientras que su marido se quedaba en casa cuidando de los niños, ocupándose de las tareas domésticas y ejerciendo de ayudante de su mujer. “Por lo que nos dice alguna crónica, el marido de Fontana fue objeto de escarnio y de burla por ocupar un papel que incluso, a día de hoy, muchos hombres se niegan a ocupar: el de reconocer la valía de su esposa y estar de soporte para ella”, nos cuenta Leticia Ruíz.

Lavinia Fontana

La obra de Lavinia Fontana, como su vida, también se salió de lo común: en la próxima exposición podremos ver incluso desnudos, algo casi impensable para la época puesto que las mujeres no podían recibir lecciones de anatomía de desnudos reales ya que se consideraba indecoroso e inapropiado. Por esta razón muchas artistas pintaron sobre todo bodegones y retratos. En este sentido, Fontana hizo la misma carrera que pudo hacer cualquier hombre de la época: “Lavinia pintó cuadros de grandes formatos, retratos, cuadros de historia, cuadros de altar de grandes dimensiones, pintura religiosa de pequeño formato y desnudos, incluso desnudos de gran atrevimiento”, explica la comisaria.

Recuperar a mujeres artistas a veces resulta complicado debido a la falsa atribución de algunas de sus obras, este fue el caso de Anguissola durante muchos años: “Algunos de los retratos que tenemos de Sofonisba Anguissola durante mucho tiempo han estado atribuidos a Alonso Sánchez Coello, que era el retratista oficial, mientras que el papel que ella ocupaba en la corte era el de dama de Isabel de Valois”, explica Leticia Ruíz. De nuevo, hay que entender el contexto histórico: ser dama de la corte era todo un honor y, aunque Sofonisba hubiese sido requerida por sus dotes pictóricas para enseñar a Isabel de Valois, no podía recibir un estipendio por ocuparse de pintar y, de hecho, hubiese sido incluso una afrenta para una mujer de su posición.

Se sabe, sin embargo, que Sofonisba continuó pintando y envió algunos retratos cuando todavía se encontraba en España, lo cual hizo que cosechase una fama que le valdría un nombre de regreso a su país natal: “Tras su muerte, poco a poco todo eso se pierde, no tanto en Italia, pero sí en España, donde Sofonisba no había firmado nada”, explica Leticia Ruíz. No fue hasta los años cuarenta del siglo pasado cuando varios estudiosos españoles señalaron que algunos de los retratos atribuidos a Coello tenían un estilo pictórico distinto y, valiéndose de datos y de crónicas de la época, comenzaron a pensar que aquellas obras pertenecían en realidad a Sofonisba Anguissola.

Sofonisba Anguissola

La cronología de las mujeres artistas: una deuda de museos y universidades

Reivindicar a las artistas que los museos olvidaron en sus almacenes y las universidades no incluyeron en sus temarios es casi una deuda por saldar para quienes ahora tienen el poder de redescubrírnoslas desde las instituciones. En los últimos tiempos, ha habido un interés creciente por conocer –y reconocer– la historia de mujeres del pasado que se valieron de las artes para posicionarse casi al mismo nivel que sus coetáneos masculinos pero, como bien explica Leticia Ruíz, no se trata solamente de mostrar a “señoras que pintaron”, sino de contextualizarlas de la misma manera que se ha hecho con los artistas masculinos y ponerlas en valor como artistas diferentes entre sí, no como anomalías, para no meterlas en una nota a pie de página que explique que también algunas mujeres se pusieron ante un lienzo.

“Recuperar las obras de muchas mujeres es una reflexión colectiva”, explica la comisaria de la exposición, “y es una labor necesaria que se debe hacer por parte de los museos y las universidades”. Hace años, figuras como Artemisa Gentileschi, Sofonisba Anguissola o Lavinia Fontana ni siquiera aparecían en los libros de Historia del Arte, más allá: ni siquiera se explicaba que hubo mujeres, aunque fueran pocas, que se dedicaron a la pintura. Hoy todavía cuesta encontrarlas. Siempre existirá la crítica de que ahora se está pecando de sobrerrepresentación o de exceso, pero teniendo en cuenta los años de olvido, de falsas atribuciones y de reposo en los almacenes de grandes museos nacionales, tan solo les están cediendo el espacio que les era merecido.

La exposición Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana se inaugura el próximo 22 de octubre en el Museo del Prado.

Ismael Serrano: “La derecha tiende a sobreactuar cuando pierde el poder, es algo recurrente en la historia de España”

18 mayo, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

Antes de saltar a los escenarios, Ismael Serrano recorrió los bares y salas de medio Madrid. Se confiesa deudor de todo lo que aprendió entonces, guitarra y cerveza en mano. Hace más de veinte años que publicó su primer disco, Atrapados en azul, pero la canción con la que abría aquel debut sigue sonando en multitud de casas, radios y hasta en mítines. Forma parte del patrimonio cultural de una generación que empezaba a votar y significarse políticamente en los noventa.

Sigue cantando Papá cuéntame otra vez  y sostiene que la canción ya tiene otro sentido, ahora que el padre es él. De hecho, no son pocas las letras suyas que han vuelto, de una forma u otra, parecen adquirir de pronto una actualidad férrea.

En su habilidad para tomarle el pulso al sentir de la calle, defiende que “hay que participar en política” porque sino “otros lo harán por ti”. En esta entrevista, sin ir más lejos, habla de la atomización como uno de los males endémicos de la izquierda. Días después un tuit suyo sobre la no confluencia de Izquierda Unida con Podemos en las elecciones autonómicas, se convertía en objeto de debate en la red social.

Tampoco se muestra demasiado afectado por la proyección que ha alcanzado como músico y como figura pública en nuestro país o fuera de nuestras fronteras. El ruido no le hace, jamás, alzar la voz.

Tras más de dos décadas dedicándose a la música, esta es su primera incursión en la ficción. ¿Cómo nace El viento me lleva?

Es mi primera incursión, sí, aunque ya había escrito algunas obras de teatro. También he comenzado alguna novela. Pero tenía esa cuenta pendiente de probar en el relato. A mí me encanta contar historias no solo en mis canciones, sino también entre canción y canción. Soy muy dado a contar historias. Es una tradición que viene de los juglares, los trovadores y las canciones río tipo romance, algo que entronca con la tradición anglosajona del storytelling.

Me gusta mucho, pero a veces me cuesta sintetizar. Soy un tipo que tiene canciones muy largas. Y el relato me permitía precisamente solventar ese problema, añadir matices, enlazar historias… En el libro pasa que cuando estás con una narración empieza otra. Son como las cerezas, que tiras de una y caen veinte.

Ismael Serrano
Ismael Serrano durante la entrevista. FOTO: PATRICIA J. GARCINUÑO

En uno de los relatos menciona que en los bares la música en directo se convierte en un diálogo. ¿Es lo que intenta hacer sobre el escenario: dialogar con su público?

Ese es el reto, sí. A mí me gusta entender las actuaciones como una especie de gran relato, aún cuando cantas canciones muy diferentes. Creo que la puesta en escena y la manera de estar en el escenario es también una forma de contar. Y cada vez me gusta más pensar en esa puesta en escena y ese guion que hila las canciones, darle un carácter teatral.

Por otro lado, esta voluntad a veces contradice el diálogo, que siempre nace de algo más espontáneo. Se trata de encontrar el equilibrio porque yo crecí y me formé musicalmente en los bares y en estos el diálogo era parte natural de la actuación. Era constante e inmediato. Mientras que en un teatro es más tácito. En esas estoy [risas].

En ese diálogo, usted ha construido una figura pública opuesta al artista alejado de la sociedad. Se ha implicado y significado políticamente en muchos temas. ¿Cree que eso le ha alejado o le ha acercado al público?

Me acerca a una parte y supongo que me aleja de otra. No sé si es consciente o inconsciente esa decisión, es natural para mí. Soy una persona a la que le interesa la política y que se siente interpelada con debates sociales. Soy consciente de que si no participas en política, otros lo harán por ti. Por eso quiero asumir ese papel en mi vida. De hecho, me cuesta entender que alguien no quiera hacerlo.

A veces también me pregunto si como figura pública debiera ser más prudente, pero luego me doy cuenta de que no sabría hacerlo de otra forma. Soy dado a meterme en todos los charcos. También hay que tener claro que no le puedes gustar a todo el mundo y tus opiniones tampoco. Pretenderlo me parece un error. Sé que es difícil en un país como el nuestro que suele ser bastante sectario en determinadas cuestiones políticas, así que asumo que mi visión sobre un tema de actualidad puede provocar que alguien se aleje de mi propuesta artística. Pero bueno, qué le vas a hacer. No sé hacerlo de otra forma.

Es cierto que he crecido en un entorno en el que la política estaba en la sobremesa, en el día día. Y supongo que lo he incorporado con naturalidad a mi vida. Resulta extraño explicar por qué alguien se define políticamente en la esfera pública, cuando debiera ser lo natural, ¿no? Quizás lo que debería ser más difícil de entender es cómo uno puede ser capaz de abstraerse y aislarse del mundo. Más en un momento como el que vivimos en el que hay temas que merecen nuestra atención urgente.

¿Por qué cree que ocurre esto? ¿Por qué impera la figura del cantante no-posicionado?

Parece que toda propuesta musical tiene que ver de manera obligatoria con el entretenimiento y el escapismo. Así que cuando lo que propones es un espacio de reflexión ya sea con tus canciones o en la esfera pública, de repente suena raro. Pareciera que el artista tiene que evadirse y ser esa estrella rutilante y extraña que no tiene los problemas del común de los mortales. Como si se impusiera esa figura del artista sobre las otras. Pero yo no creo en esa figura y me resulta llamativo que haya gente que prefiera no posicionarse.

A veces me he preguntado por qué. Me acuerdo de un vídeo de Andy y Lucas, que venía de una polémica con la madre de Gabriel, en el que uno de ellos decía ‘nosotros no hacemos nada político, nosotros vivimos de los ayuntamientos’. Y pensé: a lo mejor eso está instalado en el cerebro de muchos músicos. Como que no pueden hablar de política. Incluso puede que no lo hagan de forma consciente sino que ya sea un lugar común eso de que hay que cuidarse y no molestar a nadie porque al fin y al cabo el músico vive de los ayuntamientos. ¿No?

Esa percepción me resulta llamativa porque en todo caso uno podría pensar que un músico vive de su público. Del que acude a tus conciertos y compra tus entradas. Pero lo de los ayuntamientos me resulta, cuando menos, llamativo.

Ismael Serrano
Ismael Serrano durante la entrevista. FOTO: PATRICIA J. GARCINUÑO

Escribía usted en 2007 en la letra del tema Si se callase el ruido : “Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar las preguntas, los matices”, y “ruido de patriotas que se envuelven en banderas”. Parece que se trata de una canción que ha adquirido una inesperada actualidad. ¿Le ocurre a menudo esto?

¡Últimamente me ocurre mucho! Me acuerdo cuando era adolescente e iba por Moncloa, que era un clásico ver por allí a las bandas de neonazis pululando. Y tratabas de esconderte y de evitarlos. Incluso tuve amigos que recibieron palizas. Entonces escribí Mi vida, no hay derecho a salir con miedo a la calle. Hoy me digo, joder: tendré que volver a cantarla si se alientan discursos que tienen que ver con el odio, la intolerancia y el racismo.

Con Si se callase el ruido, que como comentas ahora parece haber adquirido un sentido de actualidad, me ha pasado también. Y con Al bando vencido, que decidí incluirla en un disco que he hice hace poco en acústico porque me parecía urgente el apelar a la memoria histórica y al derecho de los familiares que tienen muertos en cunetas a darles una sepultura digna. Me parecía urgente recordar que ese drama está ahí y que es una vergüenza y una deuda moral e histórica que tenemos como país.

Sí, sí que es curioso como canciones que ojalá se hubieran quedado obsoletas de repente recuperan su vigencia. Igual es que aquí la derecha siempre ha sido tendente a tener un sentido patrimonial del poder. Así que cuando lo pierde, cree que le han quitado algo suyo. Si se callase el ruido nació cuando el Partido Popular perdió las elecciones ante Zapatero. Entonces vimos un discurso que tenía que ver con agitar banderas, aunque en aquella ocasión era sobre las negociaciones con ETA. Esa tendencia a la sobreactuación de la derecha cuando pierden el poder es algo recurrente en la historia de España. Lo que pasa es que a veces esa sobreactuación ha adquirido tintes dramáticos.

Ahora tiene un tanto de esperpéntico pero empieza a adquirir un tinte trágico con la falta de pudor de ciertos elementos fascistas cuyo discurso de repente se normaliza. Eso es lo más preocupante. Antes esto era una anécdota y ahora es como lo normal y tiene un deje agresivo. Decía Marx que la historia se repite primero como tragedia y luego como farsa. Pues convengamos que cuando se repite tres veces pudiera parecer que estamos volviendo a la tragedia. Ojalá no.

En ese sentido, parece haberse instalado la sensación de que es la derecha la que dicta el tempo del debate político, la que marca la agenda de lo que se habla y de lo que no. ¿Cree que es un error de cálculo de la izquierda o que es un tema de responsabilidad de los medios de comunicación?

Creo que hay parte de las dos, pero principalmente es una responsabilidad de los medios de comunicación. Ahora, por ejemplo, el llevar a debates de televisión el tema de la tenencia de armas. Esto no hay que hablarlo. No es un tema que preocupe a la población. Hay problemas mucho más importantes que tienen que ver con el bienestar de la ciudadanía y sus derechos. Creo que en ese sentido los medios sí están sirviendo para amplificar y normalizar ciertas cuestiones que ni siquiera debieran estar presentes.

Aunque no olvidemos que cuando tú incorporas a toda esta gente que tiene discursos de tintes fascistas a las instituciones, también los estás normalizando. Tienen capacidad de influencia en tanto en cuanto pactas con ellos un gobierno. Y si pactas un gobierno pactas una agenda. Les das un carácter institucional normalizando su discurso.

Pero esto ha pasado tradicionalmente: esa capacidad de la ultraderecha de imponer cuales son los temas sobre los que hay que debatir. Efectivamente la izquierda tiene que replantearse por qué está ocurriendo. Ocurrió en Brasil con Bolsonaro, ocurrió en Estados Unidos con Trump… han creado dinámicas que, por así decirlo, se imitan unos a otros.

Así que sí, la izquierda debiera reflexionar sobre por qué no es capaz de tener la iniciativa. Hay instalada en ella una vocación de fracaso. Estamos tan acostumbrados a perder que yo creo que lo hemos incorporado a nuestra cultura política. Empezamos la carrera creyendo que vamos a perder. Ese sentimiento era algo con lo que rompió Podemos hace años. Pero hemos perdido ese impulso inicial y hemos vuelto otra vez a las actitudes derrotistas que parecen inherentes a la izquierda. Ahora parece estar en el imaginario que la derecha va a arrasar en las próximas elecciones. Joder, pues no lo sé. Si consiguieras convencer a esa multitud de abstencionistas que están ahí esperando a que alguien les diga qué va a ser de su vida, a lo mejor no.

También creo que tiene que ver con el hecho de que la izquierda a veces parece más preocupada en mirarse los unos a nosotros, en las competencias y conspiraciones que en estar en primera línea del debate político. Como que está revisándose todo el trato y haciendo un ejercicio de autocrítica constante. Y lo que hay que hacer es avanzar y no perdernos en el debate de las formas, el cómo, el dónde, el quién… esa búsqueda de líderes infinita…

Ismael Serrano
Ismael Serrano durante la entrevista. FOTO: PATRICIA J. GARCINUÑO

En lo que respecta a esos debates instalados de repente en los medios, recuerdo la controversia que vivió usted en Twitter por alertar del peligro de los antivacunas. ¿Cree que las redes sociales han alentado cierto clima de crispación y polémica constante?

Es posible. No hace mucho leía un artículo que explicaba por qué Facebook no operaba contra las fake news. Y fundamentalmente es porque les salen rentables, generan tráfico y movimiento. En psicología, dos de los principios que más hacen que la gente se revele proactiva, es decir, que influyen en nuestros ánimos a la hora de actuar, son el sexo -bien lo saben los publicistas-, y la ira. El odio genera más movimiento y más actividad que el bienestar y esto hace que actuemos en las redes cuando algo nos indigna de manera más contundente que cuando algo nos reafirma en nuestra entidad.

A lo que voy es que gran parte de la dinámica de las redes sociales se basa en eso. En nuestra reacción ante la indignación. En un clima de crispación cualquier debate en redes es insostenible: es como apagar una llama con gasolina. Gran parte de esa dinámica de las redes vive de eso, así que difícilmente van a cambiar estas dinámicas por más que nosotros intentemos a través de nuestros perfiles, tratar de calmar las aguas y tener otro tipo de comportamientos.

Hace unos días, millones de personas salían a la calle con el 8M. Sin embargo, existe el debate de si la izquierda es capaz de transformar ese movimiento en las calles, en votos en las urnas. ¿Qué opina? ¿Puede estar relacionado con el hecho de que los líderes políticos de nuestro país siguen siendo ‘muy hombres y mucho hombres’?

Claro, es que es muy necesario feminizar la política. De hecho, creo firmemente que lo que nos puede salvar del desastre en el futuro es el movimiento feminista. Y sí: la izquierda tendría que reflexionar sobre por qué el feminismo no se está canalizando en proyecciones de voto. Por qué no se siente representado. A lo mejor tiene que ver con eso. No ya con que exista una visión masculina, sino que el machismo sigue imperando en los discursos y en las formas de hacer política.

Pienso en lo de Rivera hablando de feminismo con cuatro mujeres detrás sin dejar hablar a ninguna de ellas. O en la foto -aunque él luego se desmarcase- de Pablo de Iglesias con ese Vuelve ‘Él‘, que parecía un anuncio de Varón Dandy. Entonces, claro. El machismo está ahí y hay que revisar donde está presente y apostar por candidaturas feministas y femeninas en las que haya presencia de mujeres. En Podemos hay mujeres increíbles con las que me siento muy representado.

Ismael Serrano. Foto: Patricia Garcinuño.
Ismael Serrano durante la entrevista. FOTO: PATRICIA J. GARCINUÑO

Dos décadas después, sigue cantando Papá cuéntamene otra vez sobre los escenarios. Sin embargo, ¿ha sentido alguna vez que debía de dejar de interpretar determinadas canciones?

Bueno, por ejemplo a los 18 años escribí una canción que se llamaba Tierna y dulce historia de amor, que compuse cuando Álvarez Cascos se divorció y se casó con una persona más joven. Pretendía reírme de esa doble moral del político que dice una cosa y hace otra. Y sobre todo retratar el patetismo del personaje, que resulta ridículo. Pero a día de hoy no me gusta demasiado cantarla. Primero porque ha cambiado la sensibilidad y la mirada, y segundo porque no sé hasta qué punto pudiera haber gente que no la interpretase en el sentido que yo la compuse.

Entiendo que puede dar lugar a interpretaciones que no se adecuan a lo que yo imaginé y como tampoco es que sea mi canción favorita, pues pienso si merece la pena seguir cantándola y si realmente me siento cómodo haciéndolo. Pero lo cierto es que no hay tantas canciones que crea que no debo cantar. Fíjate en que sigo cantando Papá cuéntame otra vez porque ha cambiado de sentido para mí. Y como ella otras tantas.

Papá cuéntame otra vez  es prácticamente un himno de la izquierda española. Pero tiene ya dos décadas y existe la sensación de que siempre se entonan los mismos cantos: L’estacaAl Vent… ¿Nos faltan referentes en el ámbito de la cultura que generen nuevas conciencias y nuevos himnos?

Yo creo que sí. En lo musical al menos ha habido un alejamiento entre lo que es la vida social y política, y la propuesta cultural que haces porque se ha impuesto el escapismo y la evasión permanente. Un himno nos ancla a una realidad, es una cuestión identitaria que nos define como colectivo. Pero le hemos cantado tanto a las aspiraciones individuales que difícilmente algo que tenga que ver con un ‘nosotros’ y no con un ‘yo’ se puede convertir en himno.

El himno nos identifica como parte de una sociedad con un proyecto común, pero cuando la música no habla de proyectos comunes sino personales e individuales, se generan otro tipo de fenómenos generacionales. La música ha dejado de hablar del colectivo y del ser humano como parte de una sociedad con la que se compromete. El ‘nosotros’ se ha desdibujado en el terreno musical.

Ismael Serrano. Foto: Patricia Garcinuño.
Ismael Serrano durante la entrevista. FOTO: PATRICIA J. GARCINUÑO

¿Para qué servían en Roma las monedas en las que se representaban posiciones sexuales?

13 mayo, 2019

Fuente: http://www.historiasdelahistoria.com


Igual que hace poco descubrimos una moneda de Roma con la forma de un jamón, ahora tenemos las spintriae, monedas o fichas en las que se representaban distintas posiciones sexuales en el anverso y una numeración en el reverso…

spintriae

¿Para qué se utilizaban este tipo de monedas?

Las versiones más conservadoras, y menos originales, establecen que las spintriae (acuñadas en la época de César Augusto y su hijo adoptivo Tiberio) se acuñaron como burla a la campaña de moralidad que implantó César Augusto. Según Suetonio, por tener alguna de estas monedas en las que se representase al emperador en un burdel o letrina, te podían acusar de alta traición. También se dice que podrían ser fichas de algún tipo de juego.

Pero yo me voy a quedar con otras versiones mucho más originales…

Sabiendo que en Roma tenían todo perfectamente organizado –la prostitución estaba regulada por la licentia Stupri– no me extrañaría nada que hubiesen sido utilizadas como fichas en los lupanares. Al entrar al lupanar, se pagaba al leno -el propietario- el servicio contratado, éste te entregaba la spintriae que representaba dicho servicio y en la que el número del reverso indicaba el habitáculo donde serías atendido. Sobre la puerta del habitáculo estaba pintado el número y en su interior tenían una cama de mortero sobre la que se colocaba un colchón de paja o plumón; unas lucernas y una palangana para asearse eran el único mobiliario. En el de Pompeya, todavía pueden verse los arañazos en sus paredes, idénticos a las que hoy pueblan los aseos de medio mundo, mostrando frases tipo “Varinia ama a Marcelo”, “el hornero es un felón”, “Craso la tiene de un palmo” o “Cato se tira a Lucila”…

Y puestos a darles utilidades -ésta rayando lo cómico-, se dice que las spintriae también podrían haber sido utilizadas por los legionarios. En sus conquistas por medio mundo, los legionarios tenían que tratar con gentes de diferentes lenguas que eran desconocidas para ellos, así que utilizando las spintriae le decían a los prostitutas locales el servicio que querían…

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Fuentes e imágenes: Coins WeeklyHistoria del arte eróticoThe Straight Dope

Nacionalista catalán, nacionalista español

4 mayo, 2019

Fuente: http://www.blogs.publico.es

Albert Pla

Me llaman nacionalista catalán, me llaman nacionalista español, pero cuando voy a América todos me llaman Gallego. Y como catalán nacionalista gallego español errante que soy, me parece que el nacionalismo castellano arrasa en España.

Los castellanos ocultan su nacionalismo, y sacan a relucir las vergüenzas de los otros nacionalismos.

¿Os habéis fijado?

Un hombre sostiene una bandera española junto a personas con banderas estelades, que participaban en la marcha por el derecho a decidir de este fin de semana en Madrid. REUTERS / Juan Medina
Un hombre sostiene una bandera española junto a personas con banderas estelades, que participaban en la marcha por el derecho a decidir de este fin de semana en Madrid. REUTERS / Juan Medina

Si un catalán dice que se siente catalán es un nacionalista, pero si dice que se siente tan catalán como español, no es nacionalista. Pero yo creo que la lógica y la matemática indican que es el doble de nacionalista. ¿O sentirse catalán y a la vez español no es ser el doble de nacionalista que sentirse solo catalán?

Porque si un catalán dice que ama Catalunya, es un nacionalista.

En cambio, si un español dice que es español, y que ama España, es lo normal.

Si un catalán dice que ama Catalunya, quiere decir es una persona que odia a todo el mundo menos a los catalanes. Pero un español que ama España, no es nacionalista, porque es una persona que ama a España y, cuando se ama España, se ama a todo el mundo.

Si un catalán habla catalán, es por que odia a las demás lenguas. Si un español habla español es lo normal.

Si un catalán lee en catalán, es un acto de nacionalismo. En cambio, que un español lea en castellano, es lo normal.

Si un catalán lee en catalán es porque está subvencionado por la totalidad de los españoles que no se explican porque un catalán lee en catalán pudiendo leer en castellano.

Si un español habla castellano es para entenderse con todo el mundo.

Pero si un catalán habla catalán, es para que nadie pueda entenderlo.

Que un español le diga a un catalán que hable en castellano es lógico.

Pero que un catalán le diga a un castellano que hable catalán, es intolerable.

Si un catalán se siente catalán es porque ha sido manipulado por una educación catalibán. Pero si un catalán se siente español, es porque funciona el sistema educativo plural español.

Si los españoles convencen a un catalán para que se sienta español no es un acto nacionalista, pero si un catalán convence a un catalán de que sea catalán, es un complot nacionalista.

Sentirse español es lo normal, sentirse catalán, es el resultado de un lavado de cerebro y de una educación corrupta. Porque los nacionalistas catalanes manipulan la historia para glorificar Catalunya, en cambio ningún español jamás ha manipulado la historia para glorificar España.

La bandera catalana es producto del nacionalismo catalán, pero la bandera española no tiene nada que ver con el nacionalismo. La bandera española, es un símbolo internacional de libertad en el mundo entero.

Si un catalán levanta una bandera catalana en Catalunya o en España, es una provocación nacionalista, pero que un español ondee una bandera en España o en Catalunya, es lo normal.

Si un catalán ondea según que bandera catalana puede ser hasta ilegal, pero que ondee una bandera española en Afganistán, es lo normal. Nada que ver con el nacionalismo. Es otro mensaje profundamente español no nacionalista de paz y amor universal.

Si los catalanes son nacionalistas, es porque quieren levantar fronteras para quedarse encerrados dentro de ellas y aislarse del mundo, sin dejar entrar ni salir a nadie. En cambio, los españoles no son nacionalistas, pero no conozco ninguna fuerza política nacional que defienda el derribo de todas las fronteras.

Los españoles no quieren fronteras y, menos aún, las de Catalunya y Gibraltar.

Pero en cambio, las fronteras de Ceuta y Melilla no son fronteras, son el resultado del sentir mayoritario de los ciudadanos africanos que viven ahí.

Si el nacionalismo es catalán, en España se hablará del problema nacionalista. Si el nacionalismo es español, no es un problema, es una cosa muy hermosa.

Si un catalán dice que España es una mierda, es casi un delito. Pero si a diario miles de españoles dicen que Catalunya es una mierda, es porque es normal que los españoles se expresen libremente.

Si un catalán gana una medalla olímpica u enarbola la bandera catalana es un nacionalista radical racista. Si un español gana y enarbola la bandera española es normal. Es más, los españoles no aplauden a los atletas españoles porque sean españoles, sino porque son grandes atletas.

Ser español es una cosa normal, natural, obvia, mientras que ser catalán es el resultado de la constante tergiversación de la historia.

Españolizar Catalunya es lo normal, pero catalanizar España es un disparate.

Por mucho que pienso, llego a la conclusión de que ser español no es ser nacionalista, en cambio ser catalán es ser nacionalista. Ser catalán es una ideología de regímenes totalitarios del pasado. Ser español es mi naturaleza, un orgullo, un privilegio, incluso a veces creo que soy español por gracia divina.

Es raro, igual se trata, no de españolizar Catalunya, más bien se trata de castellanizar España.

De momento, no conozco ni un catalán que no sepa hablar el castellano.

Pero conozco muchos catalanes que no hablan el catalán. Y nadie se espanta.

Aparte, y por último, una expresión muy española:

¿Puedes hablar en castellano para que te entienda todo el mundo?

¿Todo el mundo? A los catalanes nos hace mucha gracia.

Igual me equivoco, porque claro, pienso en catalán, pero pienso que la lengua catalana debería ser defendida por la totalidad de los españoles, porque también es una lengua española. Además, es una lengua minoritaria, muchas veces puesta en peligro, precisamente, por muchos gobiernos españoles a lo largo de la historia. El catalán es una lengua preciosa, un tesoro que debería ser mimado y no insultado y despreciado.

Pero, tristemente, seguro que muchos españoles leen este artículo y se piensan que odio España y el castellano.

“Los anarquistas fueron los más ignorados de los republicanos, los derrotados entre los derrotados”

29 abril, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

Después de una larga e intensa carrera periodística, la mayoría de ella en el diario El País, y de haber publicado unos cuantos ensayos y libros de reportajes, Javier Valenzuela (Granada, 1954) se lanzó hace unos pocos años a cumplir su sueño juvenil de escribir novelas policíacas. Así surgieron Tangerina y Limones negros para llegar ahora a Pólvora, tabaco y cuero (Huso, 2019), una original novela entre la crónica negra y la historia política que transcurre en un Madrid cercado por las tropas franquistas.

Pero la peculiaridad de este relato no se limita a un tiempo y un lugar muy especiales, sino que su protagonista es un comisario de policía anarquista encargado tanto de investigar delitos comunes como de descubrir a quintacolumnistas infiltrados. A través de esta novela negra desfilan personajes históricos como el general José Miaja, el líder anarquista Cipriano Mera o la pedagoga María Sánchez Arbós junto a gentes anónimas y de ficción en el escenario de un Madrid convertido en símbolo.

¿Por qué ambientó una novela policíaca en el Madrid de la guerra y en los círculos anarquistas?

En primer lugar quería rendir un homenaje a Madrid, una ciudad que siempre fue muy generosa con la gente que vinimos de fuera. Por otra parte, a la hora de elegir el momento más negro de su historia estaba claro que fue el asedio de las tropas franquistas durante la guerra, en especial en el otoño-invierno de 1936-1937, cuando los madrileños no solo sufrieron los bombardeos, sino también el hambre, el frío y las penalidades.

Además, convertir a un libertario, exguardia de asalto, en comisario policial me permitía reflejar la situación de los más ignorados entre los republicanos, los derrotados entre los derrotados, que fueron los anarquistas. La novela transcurre en buena parte en Tetuán, un barrio semirural en aquella época y donde vivían muchos albañiles anarquistas.

El relato mezcla personajes históricos con otros imaginarios. ¿Cuál fue su intención?

Esta combinación da mucha credibilidad a la novela, al tiempo que supone un desafío literario porque conocemos la proyección pública del general Miaja o del líder anarquista Mera o del escritor Arturo Barea, por ejemplo, pero no sus facetas personales, su condición de gente de carne y hueso. Me he documentado a fondo sobre ellos y al final del libro incluyo unas breves biografías de los personajes históricos que aparecen,

A propósito de documentación, ¿le ha resultado difícil reunir material sobre aquel momento histórico de Madrid?

La historiografía española se ha ocupado mucho de los grandes personajes y de los acontecimientos importantes, pero muy poco de la vida cotidiana de la gente. En ese punto tenemos mucho que aprender de la literatura anglosajona. Así, la vida cotidiana en el Madrid de la guerra está muy poco contada en la literatura. De hecho, existe poca documentación sobre cómo vivió la población madrileña aquella batalla y aquel asedio.

En cualquier caso, Madrid mantuvo su vitalismo durante la contienda y, dentro por supuesto de las limitaciones de la guerra, la capital siguió con una vida bastante normal. Es decir, que los transportes públicos más o menos funcionaban, los colegios seguían con sus clases como podían y los espectáculos como el cine o el teatro abrían sus puertas. En uno de los pasajes de la novela repaso la cartelera de cine de Madrid en aquellos meses.

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El periodista y escritor Javier Valenzuela ante la tumba de Machado en Collioure

No debió ser habitual que un anarquista se convirtiera en comisario de policía, en delegado de seguridad de un barrio, como su personaje principal, Ramón Toral.   

Bueno, el protagonista de Pólvora, tabaco y cuero procede de una familia humilde, ha combatido como soldado en la guerra de África y más tarde se ha integrado en la Guardia de Asalto, los antidisturbios de la República. Su conciencia de clase le impide reprimir una manifestación y es expulsado del cuerpo. Al final acaba siendo, durante la guerra, delegado de Seguridad del barrio de Tetuán elegido por los vecinos.

Es un tipo que se ocupa tanto de un delito común, como investigar el asesinato de una mujer a manos de su pareja, como de descubrir una trama política de robo de salvoconductos por parte de quintacolumnistas al servicio de Franco.

El arco de evolución del protagonista, Ramón Toral, daba mucho juego en la narración. De otro lado, no conviene olvidar que todos los grandes detectives de novela negra, desde los creados por Dashiell Hammett o Raymond Chandler al Carvalho de Vázquez Montalbán, tienen un talante libertario.

A partir de la investigación del crimen de una mujer aparecen en la novela las contradicciones de muchos hombres progresistas de aquella época y los inicios de la lucha feminista. ¿Qué papel desempeñaron organizaciones como Mujeres Libres?

El relato muestra, por un lado, que en tiempos de guerra también hay que ocuparse de los delitos llamados comunes y de ahí la tarea que cumplían los delegados de seguridad, en este caso el protagonista de la novela. Pero conviene recordar, sobre todo, que muchos hombres republicanos y de izquierdas no compartían que fuera delito que un varón engañado por su mujer se tomara la justicia por su mano y la matara a ella.

En esa tarea de toma de conciencia resultó fundamental la labor de Mujeres Libres, una organización anarquista que luchaba por una sociedad igualitaria que reconociera los mismos derechos para hombres y mujeres. Esa lucha por la igualdad llegó hasta  las milicianas que lucharon con las armas en sus manos en los primeros meses de la guerra. Más tarde, como sabemos, fueron obligadas por los propios militares republicanos a volver a la retaguardia.

Aquellas milicianas despertaron el pasmo admirativo en todo el mundo y algunas películas, como Tierra y libertad, de Ken Loach, han reflejado muy bien aquella situación.

La novela pasea a sus personajes por todo Madrid, desde zonas obreras como Lavapiés y Tetuán hasta distritos burgueses como el barrio de Salamanca. ¿Tuvo un interés especial en narrar esa vida cotidiana?

Por supuesto. El Madrid cotidiano de la guerra está poco contado, aunque algunos autores como Jorge Martínez Reverte o Fernando Cohnen han sido excepciones. Tan grande es el desconocimiento que la mayoría de madrileños ignora que el acomodado barrio de Salamanca, poblado por gente de derechas, nunca fue bombardeado por los franquistas. Todo un símbolo de lo que representaba cada bando en aquella guerra.

Es cierto que he tenido especial cuidado en recrear el ambiente e incluso el lenguaje de la época para evitar anacronismos. Así pues, en los años treinta no se hablaba de crímenes machistas, una terminología reciente. A diferencia de hoy, por ejemplo, la gente empleaba muchas expresiones taurinas o utilizaba con frecuencia palabras como caramba o cáspita, que en la actualidad se hallan en desuso.

De todas maneras, creo que en este sentido hemos de aprender mucho de los historiadores anglosajones, como Paul Preston o Antony Beevor, que escriben sus libros de historia como si fueran novelas. De este modo consiguen un público amplio.

“Nuestros bienes comunes no son productos que nos ofrece el Estado, son nuestras conquistas”

28 marzo, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

Las humanidades no son solo el conjunto de disciplinas a las que tradicionalmente hemos llamado ‘de letras’. Son todo aquello con lo que elaboramos nuestra experiencia como seres humanos. Es arte, idioma, pensamiento, cultura. Pero también es activismo y compromiso.

Así lo cree Marina Garcés y así lo ha defendido tanto en su trabajo como profesora de filosofía en la Universitat Oberta de Catalunya, como en su obra. Es autora de libros como Un mundo comúnFilosofía inacabada y Ciudad princesa. Su ensayo breve Nueva ilustración radical se convirtió en uno de los fenómenos editoriales más sonados de la filosofía en nuestro país en los últimos tiempos.

En 2016, el Intitut d’Humanitats de Barcelona la invitó a dirigir un proyecto transformador en torno a los temas clave del pensamiento actual. Así inició un ciclo de conferencias en los que participaron gente como David CasassasIngrid Guardiola, Joana Masó, Karo Moret o Brigitte Vasallo entre muchas otras. Ahora publica de la mano de la editorial Rayo Verde el libro Humanidades en acciónproyecto en el que escribe y coordina otros diecinueve ensayos que buscan confeccionar un mapa sobre quién y cómo se están ejerciendo las humanidades en la sociedad contemporánea. Qué significan cuando la ciudadanía busca significados para conceptos que aún no sabe cómo abordar.

En el ensayo que firma usted misma, apunta al concepto ‘Humanidades ZERO’ para explicar que hoy consumimos estas humanidades como si fueran un refresco de Coca-Cola. Ahora que se publican tantos libros de autoayuda, ensayos de todo tipo y se debate de estas materias en espacios mainstream, ¿han perdido parte de su capacidad crítica?

Ha habido dos clausuras de este potencial crítico de las humanidades. Una, la de tipo disciplinario: de neutralización por academicismo. Y la otra por la vía de la industria cultural y su mercantilización.

Las ‘Humanidades ZERO’ son aquellas que, debido a la banalización del ocio cultural, endulzan un poco la vida pero ni alimentan ni transforman nada. Como un refresco. Y de esto consumimos todo el tiempo porque en realidad somos grandísimos consumidores de cultura. Pero, ¿qué cultura y sobre todo al servicio de qué valores y formas de vida? ¿Qué posibilidades de transformación se producen en esta cultura? Es necesario preguntarnos por qué convivimos con formas de consumo cultural tan acrítico en todos los ámbitos.

Hace unos días, en una entrevista con el diario El Mundo, el filósofo coreano Byung-Chul Han afirmaba que hoy “el ocio sólo sirve hoy para descansar del trabajo”. ¿Está de acuerdo? Y, en cualquier caso, ¿puede un ocio crítico revertir esta situación?

Yo diría que nuestra relación con el ocio aún es peor que lo que apunta Chul Han porque si realmente pudiéramos descansar del trabajo, ya sería algo grande. El problema es que no podemos ni descansar. El tiempo de trabajo se funde con el tiempo de consumo y de ocio, en mundos que producen valor capitalista constantemente, como las redes sociales.

Así que creo que de lo que se trata es de apostar radicalmente por hacer que en nuestros tiempos -sean o no de trabajo-, podamos estar compartiendo las preguntas importantes. Y por las preguntas importantes no me refiero a ponerse serio y aparentar solemnidad, sino a poder percibir en cada caso qué está pasando con nosotros, con nuestras vidas, con nuestras relaciones. Eso es lo realmente relevante, el poder convertir nuestras herramientas culturales en herramientas de vida y de transformación.

Justo de eso habla el artículo de David Casassas en Humanidades en acción, pero él afirma que nos faltan las condiciones materiales para pararnos a pensar. No tenemos tiempo. Según él, para cultivar las artes y las humanidades, la renta básica podría ser una de las medidas para paliar la escasez de medios.

Es interesante que resaltes esta cuestión porque realmente resuena en otros de los artículos del libro. Se trata de esa dificultad de prestar atención a lo que vivimos y a lo que hacemos. ¿Cómo podemos reorientar la mirada hacia aquello que verdaderamente importa cuando estamos asaltados continuamente por todo tipo de urgencias? Son distracciones y nuevos tiempos de trabajo ingobernables que hacen que, de alguna manera, la vida nos pase por encima incluso cuando nos pensamos que estamos haciendo lo que más nos gusta.

David Casassas, como buen científico social, activista y persona altamente experta en el tema de la renta básica, propone la cuestión. Pero no se trata solo de que no podamos pensar porque no tenemos tiempo: esto es el efecto de una serie de cuestiones materiales y de sumisión de todo tiempo de vida a la producción de los recursos para sobrevivir.

Para mí es muy interesante que saquemos a las humanidades de ese cielo idealista de la subjetividad y las ciencias del espíritu para situarlas en el debate de que somos cuerpos que viven violentados por todo tipo de dinámicas económicas y materiales de sostén de la vida. Tenemos que preguntarnos cómo trabajamos y cómo vivimos para entender qué tipos de cultura, saber y arte estamos desarrollando.

Marina Garcés (Barcelona, 1973), filósofa y miembro del grupo Espai en Blanc
Marina Garcés (Barcelona, 1973), filósofa y miembro del grupo Espai en Blanc

Remedios Zafra decía en su ensayo El entusiasmo  que la pasión ya fuere la de un artista o de un investigador, se había convertido en otra forma de autoexplotación. ¿Cree que las humanidades han perdido capacidad crítica debido a esto? ¿Se han devaluado porque no tenemos tiempo de ejercerlas de forma reposada?

Las condiciones de autoexplotación en el mundo de la cultura son algo importantísimo. De hecho, yo incluiría también al mundo de los activismos porque los activistas de todo tipo acabamos autoexplotados y quemados por unas dinámicas imposibles de conciliar con la vida.

Pero este tema no se reduce solamente a qué condiciones laborales tiene cada uno. Son parte de unos ritmos de vidas que casi se podría decir que construimos por proyectos. Tenemos vidas en las que sumamos una dedicación a otras muchas y a cada una le transferimos el sentido de la siguiente. Estamos en un proyecto de vida para generar el siguiente y el siguiente y el siguiente. Vivimos como en una especie de fuga sin fin que muchas veces lo que hace es que perdamos el sentido de lo que estamos haciendo.

Hablamos mucho de afectos, hacemos esta aproximación más feminista a nuestras prácticas tanto culturales como políticas y en cambio, nos autoinflingimos altos niveles de violencia. De ritmos de vida imposibles, de acción e incluso de deseo.

Hay una llamada colectiva en este libro, por ejemplo, en el artículo de Ingrid Guardiola, para aprender a negarse. Que no es simplemente decir ‘no’ como en un libro de autoayuda, sino de plantear una negativa productiva para sustraernos de ciertas dinámicas de autoexplotación.

Ingrid Guardiola aborda en el libro el hecho de cómo expresarnos en la sociedad actual. Ella apunta a que “la libertad de expresión se ha convertido en una especie de condena, una enfermedad del habla, incontinencia del espíritu poseído por la polémica y la autoexhibición”. ¿Cómo cree que han afectado las redes sociales a nuestra forma de expresarnos y pensar?

Hay muchos elementos a analizar respecto a esto, pero creo que lo que más afecta de forma angustiante a nuestras formas de expresión son la continuidad y la transparencia. La primera es la no interrupción de toda expresión posible. Estamos empujados a tener que manifestarnos constantemente para existir. Y esta continuidad es una tiranía que impone unos determinados modos de pensar y compartir que no siempre son provechosos.

Y junto a eso, la transparencia. Esa cuestión de que todo en nuestra vida tenga que ser visible todo el tiempo, esta cosa de que todo tenga que estar ahí presente que en realidad es una gran mentira porque está presente para los que forman tu red. En realidad no hay nada menos transparente que las redes sociales, porque solo nos vemos y nos seguimos los unos a los otros.

Esto también ha ido creando una especie de autorreferencialidad muy engañosa que en el mundo de la política ya está teniendo resultados: uno tiende a pensar que el resto piensan como él y el disenso se convierte en un escándalo o en una agresión personal. Una fuente de enemistad radical. Mientras que en el mundo de los activismos o de la creación artística facilita la creación de burbujas que se miran a sí mismas y se autocomplacen.

En Nueva ilustración radical  hablabas del concepto de ‘analfabetismo ilustrado’ en el sentido de que hoy en día sabemos de todo pero no podemos hacer nada. ¿Cómo hemos llegado a esta situación y cómo nos es posible abrir nuevos caminos de diálogo y formas de pensar?

Para mí el analfabetismo ilustrado es esta condición tan paradójica de estar en sociedades en las que el acceso al conocimiento es una condición más o menos compartida, tenemos educación pública, información abierta y está al alcance de todos documentarse y conocer casi todos los saberes de nuestro tiempo y, sin embargo, somos muy incapaces de actuar a partir de esos saberes.

No tenemos relaciones significativas con las informaciones de nuestro día a día. Lo que tenemos es una sociedad altamente informada, relativamente educada pero muy analfabeta en relación con sus mundos. Nuestros saberes y capacidades están muy desconectados. No sabemos cómo convertir nuestros saberes en procesos de emancipación y de transformación colectiva.

¿Cree que la docencia juega un papel importante en este sentido? Sobre todo en un panorama como el nuestro en el que profesionales de la filosofía se encuentran luchando para que no se marginalice. ¿Cómo de necesarias son las humanidades en edades tempranas?

"Nuestros bienes comunes no son productos que nos ofrece el Estado, sino nuestras conquistas"

La cuestión de la educación es clave y creo que los poderes corporativos y económicos de nuestro tiempo lo han entendido así. De hecho, hay una operación global de poner la educación al servicio de un tipo de nuevas docilidades orientadas a producir sujetos adaptables, flexibles y permanentemente desorientados. Permanentemente enfrascados en la búsqueda de seguridad.

Tan importante me parece esta cuestión que creo que no debemos dejarla solo en manos del sector, es decir, en de los profesionales del mismo. Sería una grandísima irresponsabilidad social hacia ellos por parte del conjunto de la sociedad. La educación es una cuestión política, no de ideologías. Política en el sentido de que es ahí donde construimos las formas de vida en las que vamos a vivir en el futuro inmediato.

Para mí, la apuesta por la educación no solo tiene que reclamar ciertas cuotas de presencia de las humanidades o la filosofía, sino realmente entrar en la disputa de qué valores y formas de vida estamos construyendo en nuestros colegios y espacios de aprendizaje.

En este sentido, el de participar de la educación como sociedad, usted aboga por un papel proactivo de la ciudadanía en las humanidades. ¿Cree que hemos delegado demasiado nuestras decisiones en estamentos?

Sí. Creo que la captura de la decisión colectiva por parte de determinados estamentos institucionales tanto políticos como sectoriales -creer que la educación solo les corresponde a los pedagogos-, es algo que nos incumbe a todas. Es una situación que crea una cultura delegativa. Es decir: delegamos en otros para que piensen y decidan por nosotros. Y al mismo tiempo eso produce una cultura clientelar porque nos convertimos en clientes de aquellos a los que hemos delegado decisiones y posiciones.

Claro, esto es doblemente peligroso porque en lugar de ciudadanos nos convertimos en clientes de nuestras sociedades. Así que, como mucho, lo que nos queda pedir es la hoja de reclamaciones. Exigir una cuota de insatisfacción. Pero un cliente insatisfecho no es un ciudadano, es otra cosa.

Creo que tenemos que girar la mirada ahí claramente. Tenemos que volver a pensar que lo público somos nosotros. Y por lo tanto, aquello que consideramos que es parte de nuestra vida en común no son productos que nos ofrece el Estado sino nuestras propias conquistas. Nuestros  bienes comunes.