Archive for the ‘cultura’ Category

Josep Fontana (1931-2018)

21 octubre, 2018

Fuente: http://www.vientosur.info

In memoriam
Josep Fontana (1931-2018)
28/08/2018 | Xaquín Pastoriza
Hay figuras que parecen eternas, con un legado tan vivo que uno las cree inmortales. Abridoras de nuevos caminos, puentes entre generaciones, se convierten clásicos en vida. Por eso, la noticia del fallecimiento del historiador Josep Fontana nos golpea especialmente, dejando huérfanos a todos los que creemos en una historia crítica y alternativa como la que él práctico y nos dejó como herencia a través de su ingente obra. Por desgracia, en el Estado español no contamos con demasiadas personalidades de esta talla, y vemos con desolación como nos abandonan referentes críticos, como Antoni Domenech recientemente fallecido.

Introductor en el Estado español de la historiografía marxista, en un maridaje fecundo con la tradición de los Annales, supo aunar las lecciones de E. P. Thompson con las de Marc Bloch, combatiendo por la Historia cuando muchos la dieron por muerta. En ese sentido, no podemos olvidar a uno de los padres intelectuales de Fontana, el historiador marxista francés Pierre Vilar, quien alumbró la historia de Catalunya y el Estado español con un nuevo enfoque a partir de una aplicación creativa y nada mecánica de las líneas metodológicas esbozadas por Marx y Engels y reforzadas por la Historia desde abajo de los Annales.

Podemos arriesgarnos a afirmar que la vivencia en su infancia de la Guerra Civil y la represión franquista marcó su biografía intelectual y política: “En 1939, aprendí, a los 7 años de edad, que me iba a tocar vivir en una España que, como resultado del triunfo de una insurrección contra la inteligencia, combatía la libertad cultural y se defendía del peligro de los libros censurándolos y destruyéndolos.“

Su evolución como historiador viene marcada por un compromiso con la verdad y contra la manipulación interesada, ofreciendo siempre una visión lúcida que busca desentrañar las apariencias y los esquemas prefijados, sobre todo en el campo en el que brilló con luz propia, el estudio de la crisis del Antiguo Régimen y la formación del capitalismo en el Estado español y Catalunya. Desveló la formación de un bloque social y político marcado por rupturas pero también por continuidades, con el predominio de una burguesía rentista fuertemente centralista, con particularidades pero también con tendencias comunes a la conformación de las formaciones sociales contemporáneas en Europa. Destacan en este ámbito obras como “La quiebra de la monarquía absoluta 1814-1820” o la más reciente “La crisis del Antiguo Régimen (1808-1832)”.

Fontana fue un historiador consciente de la importancia de la reflexión teórica sobre su disciplina, sobre el necesario proceso de cuestionamiento estratégico de las tareas del historiador, el cómo pero también el por qué. En este ámbito no podemos olvidar la deuda enorme que muchos tenemos con su obra “Historia, análisis del pasado y proyecto social”, que nos abrió los ojos a una historia social de la historiografía, a las estructuras de poder y a los diversos intereses económicos y sociales que se ocultan detrás de determinados enfoques y escuelas. Cuando la caída del muro parecía barrer de un plumazo la opción de escribir una historia diferente a la trazada bajo los intereses de los grupos sociales dominantes, Fontana reaccionó rearmando la tradición histórica marxista con su “La Historia después del Fin de la Historia”, en la que destroza al historiador liberal de moda, Francis Fukuyama y sus pretensiones de declarar la inviabilidad de cualquier proyecto alternativo al capitalismo, separando el derrumbe de los regímenes estalinistas del Este de la tan proclamada caducidad del pensamiento marxista. Reacciona también a la consideración caricaturesca del marxismo como doctrina revelada y apuesta por una historia crítica que ponga en el presente el centro de sus preocupaciones.

Al hablar de Fontana estamos hablando por tanto, de un historiador partisano, militante y comprometido con la tradición de los oprimidos, que se mancha de compromiso político en las filas del PSUC, lejos de neutralidades abstractas. Su militancia antifranquista supone su expulsión de la universidad en 1966, en tiempos en los que el compromiso académico y social no eran realidades separadas. Rojo y catalanista, batalló hasta el final por el proyecto socialista y por la libertades y derechos democráticos de Catalunya. En base a esta coherencia criticó la Transición española por lo que tuvo de transacción hacia las herencias del franquismo, en una época en que la heterodoxia con respecto al relato dominante podía acarrear el ostracismo intelectual y político.

Una figura tan grande como la de Fontana, con toda su solidez intelectual, no puede dejar de tener aristas, como por ejemplo, su desprecio indulgente hacia el movimiento estudiantil en mayo del 68, “los niños esos que se creían que se estaban cargando el mundo para construir uno nuevo”. También se puede señalar la condescendencia benévola con la que trata la actuación del bloque soviético en la Guerra Fría en su monumental y por otra parte muy bien documentada “Por el Bien del Imperio”. Una interpretación quizás en exceso esquemática, que atribuye todas las culpas a la política ofensiva de las potencias imperialistas sin un análisis riguroso de las contradicciones de los regímenes del socialismo real, y deudora en parte del campismo en el que desarrolló su actividad política en los 60 y 70.

En sus últimos años de vida, coincidiendo con el desarrollo del Procès, pondrá el foco de atención en Catalunya y la formación de la identidad nacional catalana, una obra valiente pero que esconde cierto esencialismo al establecer un hilo de continuidad identitaria entre la Catalunya medieval y la actual.

Sin embargo, estos matices no relativizan su estatura intelectual, al contrario, la engrandecen, y nos devuelven la imagen real y no mitificada de uno de los mayores referentes de la historiografía en el Estado español. A pesar de la enfermedad que padecía, estuvo hasta el último momento al pie del cañón en la batalla por construir una historia de los vencidos, una historia sin finales fijados de antemano, una herramienta crítica que ayude a transformar el mundo de base.

Xaquiín Pastoriza es profesor de Historia, militante de Anticapitalistas Galiza y miembro del Consejo Asesor de Viento sur.

 

 

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Josep Fontana: maestro de maestros

20 octubre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Es difícil escribir estas líneas después de la muerte del que ha sido un referente personal e historiográfico no de una sino de muchas generaciones de historiadores y ciudadanos en Catalunya y España. Generaciones que aprendimos con él, según una feliz expresión de su maestro Pierre Vilar, a pensar históricamente nuestro presente, revistando incesantemente el pasado para ver en él no sólo los caminos que llevaban hasta nosotros y cómo se produce el cambio histórico, sino también, como le gustaba citar de T.S. Eliot, “por el corredor que no tomamos, hacia las puertas que no abrimos”: por el corredor que aún podemos tomar, hacia la puerta que todavía podemos abrir. Y es difícil escribir estas líneas porque en ellas no se puede sintetizar lo que significó la obra y la vida de Josep Fontana (una tarea ingente que abordaran sin duda los hijos de la Casta de Clío en los próximos años), como imposible es sustraerse del impacto emocional de su ausencia. Del impacto emocional de saber que el primer libro de historia que cayó en mis manos, encontrado en la biblioteca en mi primer año de instituto, no fue otro que el de “Historia. Análisis del pasado y proyecto social” o de haber podido asistir años después a sus clases de doctorado y encontrar en las conversaciones con él el estímulo del que ha sido sin duda un maestro de maestros.

Alumno de Vicens Vives, pero muy especialmente de Pierre Vilar, Josep Fontana estuvo marcado por su militancia temprana en el antifranquismo catalán y por su intento renovado de dar sabia en nuestras tierras al proyecto de Historia total, aunque con el tiempo fue mucho más allá de ella. Sus dos líneas principales de trabajo y preocupación constantes se interrelacionaron en este sentido de manera fecunda (a pesar de que su camino nos llevó también mucho más allá, hacia la historia del siglo XX o la construcción de una reflexión sobre el hecho nacional catalán). La primera de ellas intentaba analizar y explicar el tránsito del antiguo régimen al capitalismo, y del absolutismo al Estado liberal, no como una realidad “necesaria” “de un progreso definido de manera unívoca”, sino como un proceso complejo donde se impusieron unas opciones frente a la diversidad de líneas de desarrollo posible, como la construcción de un nuevo mundo que en sus contradicciones llega hasta nuestros días. En este campo sus obras son prolijas y van desde su primer libro “La quiebra de la monarquía absoluta (1814-1820)”, con un impacto enorme en la historiografía de los años setenta, hasta la culminación, que no conclusión, de este proyecto con ese diamante de sabiduría que fue “De en medio del tiempo” publicado en 2006.

Pero es imposible comprender estos trabajos sin su constante preocupación, en lo que fue su segunda gran línea de aportaciones a nuestro conocimiento, por la teoría social y la historiografía que lo situó siempre a la vanguardia de la ciencia histórica durante décadas. Trabajos que se cimentaron desde la publicación en los primeros ochenta de “Historia. Análisis del pasado y proyecto social” hasta el impresionante “La historia de los hombres” en 2006, pasando por ese grito contestatario de un viejo rockero inmensamente joven que fue “La historia después del fin de la historia” a principios de los noventa, cuando Fukuyama y todos los propagandistas del nuevo orden neoliberal pretendían convencernos de que la historia había terminado y sólo nos restaba vivir bajo su yugo. Con esos trabajos insustituibles, marcados por el compromiso constante con el cambio político, social y cultural, nos introdujo en la escuela de los historiadores marxistas británicos, la escuela de los E.P. Thompson, los Hobsbawm, los Hill o Rodney Hilton, fue sin duda uno de los mejores lectores de Gramsci, Lukács y Korsch entre nosotros, hizo de Walter Benjamin y Marc Bloch una fuente de inspiración para la renovación de nuestra historiografía y con ello, con todos ellos, remontándose desde Ibn Khaldun o Vico hasta Ranahit Guha, construyó uno de los legados más fecundos de nuestra historiografía.

Todo ello nos alejó de cualquier mecanicismo y nos enseñó que aquello que no trascendió al proceso histórico, que es tan rico en términos de experiencia histórica como lo que trascendió, no puede ser obviado sin más. Porque la obra y la vida de Josep Fontana estuvieron marcados por el compromiso. Por el compromiso con la enseñanza, y de ello da fe su trabajo constante con profesores de historia de secundaría para la renovación pedagógica, con el compromiso con la vida. Le escribía Pierre Vilar en una carta de 1957 a un joven Fontana “No es una ciencia fría la que queremos, pero es una ciencia”. Y fue a partir de allí que construyó una obra que nos iluminó de forma diferente el siglo XIX y XX en un proyecto de “Una historia que se realice en el interior de este mundo revolucionado y cambiante (…) que cumpla la exigencia que formulaba Bloch de convertirse (…) y que nos ayude a rencontrar la dimensión de la utopía: la esperanza, como decía Martí i Pol, del hecho que “todo está por hacer y todo es posible” (…) Porque hay algo que conviene que quede claro. De todo lo que sosteníamos en el pasado, hay algo que no nos avergüenza y de lo que no hemos renegado: el propósito de seguir luchando por un mundo donde haya la mejor igualdad posible dentro de la mayor libertad. En este combate no importa perder una batalla, porque sabemos que otros lo seguirán. E incluso si hubiéramos sabido de avanzada que era inútil, porque todas las batallas se perderían, habría valido la pena librarlas”. Porque, como afirmaba en un pasaje especialmente querido por él de Paul Éluard, “otros las ganarán. Todos los otros”.

Jardiel Poncela, la risa inteligente que no supo entender ni Franco ni la República

19 octubre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Enrique Jardiel Poncela vivió solo 51 años, pero aprovechó cada minuto. Si no, no se explica cómo consiguió escribir cuatro novelas, más de 80 obras de teatro y cientos de artículos, cuentos y ensayos para revistas y otras publicaciones. Además, le dio tiempo a trabajar en el cine de Hollywood, a hacer ilustraciones, a diseñar decorados e incluso a idear un teatro en miniatura para niños basado en el funcionamiento de un tocadiscos. Y todo ello sin perder el humor, al menos en su trabajo. Tantas cosas hizo que todavía hoy, cuando ya se han cumplido más de 60 años desde su muerte, aún se publican nuevos libros con sus obras.

Este 2018 han sido dos editoriales sevillanas la encargadas de recuperar su figura. Barlett ha sacado al mercado el libro Jardieladas, con textos de Pepe Viyuela, Miqui Otero o Isabel Valdés acompañando a los de Jardiel (algunos inéditos). Por su parte, Renacimiento ha recuperado Las infamias de un vizconde y otros cuentos de buen humor. El nieto del escritor y gran estudioso de su trabajo, Enrique Gallud Jardiel, ha participado en ambas ediciones.

Portada 'Jardieladas'

Poncela nunca llegó a encajar en su época, aunque tocó la cima del éxito. No perteneció a la Generación del 98, pero tampoco llegó a la del 27. Su sitio fue una especie de limbo. Se dedicó plenamente al humor, género considerado como menor y se le incluyó en la conocida como “otra” Generación del 27, la que según Pedro Laín Entralgo era “de los ‘renovadores’-los creadores más bien- del humor contemporáneo”. Con él estaban Ramón Gómez de la Serna, Miguel Mihura, José López Rubio o Edgar Neville, entre otros.

El autor era hijo de intelectuales. Su padre, de quien heredó el nombre, era periodista en La Correspondencia de España y su madre, Marcelina, fue una de las primeras mujeres en estudiar Bellas Artes en Madrid. Ella se encargó de su educación y la de sus hermanas, en una línea progresista pero muy severa (algo que le marcó mucho). Empezó a firmar textos a principios de los años 20 en el periódico de su padre y en otras publicaciones como Los lunes de El Imparcial, Buen Humor o La Nueva Humanidad y a moverse por los cafés que acabaron siendo su lugar de trabajo.

A finales de la década publicó sus dos primeras novelas:  Amor se escribe sin hache y Espérame en Siberia, vida mía, así como diversas obras de teatro como La banda de SaboyaLa hogueraLa noche en el metro o No se culpe a nadie de mi muerte.

Mientra tanto, conoció y convivió con el primer gran amor de su vida, Josefina Peñalver, que desapareció tres meses después de tener a su hija Evangelina. Jardiel se quedó con ella y la crió con la ayuda de su hermana Angelina, según explica María José Conde Guerri, experta en literatura de Jardiel, en el documentalInverosímil, Jardiel Poncela, de Marisa Paniagua y Talía Martínez de Marañón para TVE.

Las luces

Su primer gran éxito fue la obra de teatro Una noche de primavera sin sueño en el 27. En ese momento se dio cuenta de que lo que daba de comer era la dramaturgia y no la narrativa, aunque después publicó dos novelas más: Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? y La tournée de Dios.

'Angelina y el honor de un brigadier'

Además, probó el mundo del cine en Hollywood, donde se dedicó principalmente a las versiones españolas que la Fox hacía de sus películas. Su verdadero trabajo importante allí fue una película basada en su propia obra de teatro Angelina o el honor de un brigadier, protagonizada por Rosita Díaz, estrella de la época. Fue el primer filme en verso de la historia.

Estuvo allí en el 32 y en el 35. Conoció a Charles Chaplin -y se dice que a Groucho Marx- y todas aquellas experiencias empaparon sus trabajos posteriores. En España también trabajó en el cine, haciendo lo que él llamó “celuloides rancios” (poner voz en off a fotogramas de películas) sin saber que décadas después esa práctica sería un boom en Internet.
La Guerra Civil le pilló en Madrid y después de una breve estancia en una checa, salió de España en 1937 a través de Barcelona rumbo a Argentina, en donde le esperaba Gómez de la Serna. Regresó al año siguiente y durante la primera mitad década de los 40 vivió el punto álgido de su carrera.
Obras como Eloísa está debajo de un almendro (1940), Las tres advertencias de Satanás, Los ladrones somos gente honrada, Madre, el drama padre (1941), Blanca por fuera y Rosa por dentro (1943)  o A las seis en la esquina del bulevar (1943) fueron triunfos totales. Eloísa incluso se adaptó al cine, dirigida por Rafael Gil en 1943. Pese a todo, la crítica ponía sus obras a caldo y, aunque se jactaba de leer los artículos meses después, esto le afectaba profundamente.

Las sombras

Su adhesión al régimen -o más bien, su no oposición- le pesó durante su vida y el estigma continúa hasta hoy. Lo hizo, según sus propias palabras, por “aristocratismo”, pero llegó a reconocerle a su hija Evangelina que en política se había equivocado. Irónicamente sus novelas estuvieron prohibidas en la República y censuradas por la dictadura de Franco. Las dobles lecturas no se le daban bien a los que manejaban las tijeras.

Su ideología contribuyó a su declive profesional. En 1944 volvió a Argentina para empezar una guía por América Latina con su compañía, pero fue un fracaso total. Los exiliados republicanos le rechazaron, especialmente en Montevideo, donde tuvieron que suspender la función porque el público empezó a arrancar las butacas para tirarlas al escenario. Regresó a España sin dinero, sin ánimos y ya enfermo del cáncer de laringe que le llevó a la tumba. Ese mismo año murió su padre, lo que le hundió aún más.

Todos los amores de Jardiel Poncela, en todas sus mujeres
Jardiel Poncela (izquierda), novelista y dramaturgo EFE

La otra gran crítica a Jardiel es su misoginia. Las mujeres que salen en sus escritos suelen ser exageradas, vanidosas, un tanto manipuladoras y mentirosas porque se supone que él no quería representar la realidad, sino un mundo imaginado, histriónico.

Era mujeriego, de eso no hay duda, por un complejo de Edipo mal disimulado. Se enamoró de mujeres como la mencionada Josefina o Carmen Sánchez García de los Ríos, una actriz de su propia compañía que le dejó en Argentina y le destrozó el corazón. Su otro gran amor fue Carmen Labajos, con quien tuvo a su hija Mari Luz y que le acompañó durante toda la vida (un gran ejercicio de paciencia, hay que decir). Como su madre, todas eran fuertes, independientes, cultas y con un carácter que les permitió contrarrestar el de Jardiel.

En su defensa siempre acude la frase: “Lo peor que existe en el mundo son las mujeres, exceptuando a los hombres”. El desprecio de Poncela iba dirigido más bien a la humanidad y casi podría decirse que quiso más a su perro Bobby que a muchos de sus allegados. Lo evidenció al decir que: “Insultar a un hombre llamándole perro, es insultar al perro”. El autor murió el 12 de febrero de 1952 y Bobby 15 días después. En solo medio siglo Jardiel Poncela escribió algunas de las mejores obras de la literatura española, incluyendo su famoso y clarividente epitafio: “Si buscáis los máximos elogios, moríos”.

Los diez principales mitos sobre Japón que creemos los turistas españoles

18 octubre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Japón, el país del sintoísmo, la cultura zen y la tecnología más puntera, entre muchas otras cosas, está de moda entre los turistas hasta un punto que está empezando a crear preocupación entre sus autoridades por las consecuencias del  incremento disparado de visitas. No sería raro, en consecuencia, que estuviésemos pensando en ir en el futuro o incluso que tengamos el viaje ya planificado y contratado para el próximo otoño o el hanami en primavera, la semana de floración de los cerezos.

En tal caso, es muy posible que poseamos una serie de ideas preconcebidas sobre ciertos puntos, muy extendidas en España pero que son bastante equivocadas. Algunas de ellas no pasan de ser meras curiosidades y anécdotas, pero otras nos pueden provocar algún que otro disgusto, pues pueden hacer que planifiquemos el viaje erróneamente.

A continuación se exponen los diez mitos equivocados que los españoles tenemos sobre Japón y cuya aclaración nos puede servir para hacer más intensa y grata nuestra experiencia de viaje.

1. El alojamiento es muy caro

Como en todos sitios, el alojamiento en Japón es bastante variado en calidades y precios. Hay desde los riokan, un tipo de hospedaje tradicional lujoso y caro, hasta hostels de habitaciones compartidas para mochileros, por cierto muy económicos y abundantes. Entre medias existen en casi todas las ciudades los numerosos hoteles para ejecutivos, que tienen un precio bastante moderado y una calidad aceptable, a precios por debajo del estándar en España. En general, los precios son sobre un 20% más bajos de lo que podríamos encontrar en España.

2. Es un país altamente digitalizado

A pesar de Japón es uno de los grandes creadores de electrodomésticos, consolas de videojuegos y numeroso hardware tecnológico, el país está bastante atrasado en lo que a digitalización se refiere. La mayoría de locales no suele disponer de acceso y si bien existen numerosas redes wifi públicas, suelen ser bastante débiles y estar saturadas. Por otro lado, en los hoteles no siempre llega la señal de red a las habitaciones. Por eso no está de más contratar una tarjeta SIM local con contrato de consumo de datos.

3. Se puede pagar con tarjeta en todos sitios

Los japoneses tienen por costumbre pagar todo en efectivo, incluso en el caso de grandes cantidades. Las ciudades están repletas de cajeros para sacar dinero donde ellos acuden con frecuencia. Una consecuencia de estos es que en las ciudades no turísticas, como Tokio, Osaka, Yokohama, etc.,  los datáfonos son muy rudimentarios y no suelen leer tarjetas extranjeras porque leen bandas magnéticas pero no el chip.

Por descontado, no se puede pagar con el teléfono ni el reloj. Es posible que se rían de ti si lo intentas; no lo hacen con mala intención pero es que están muy lejos mentalmente de estos avances, que les parecen extravagantes. La consecuencia directa para nosotros es que, como no viajemos con mucho efectivo traído de España, podemos vernos en  aprietos: no nos aceptarán las tarjetas en muchos sitios, cadenas de ropa como Zara incluidas. Además, no es tan fácil sacar dinero, ya que son pocos los cajeros que aceptan este tipo de operaciones con tarjetas no japonesas.

La solución es llevar todo el efectivo desde España; no hay riesgo porque Japón es un país muy seguro. Una alternativa es contar con una tarjeta Revolut, un formato que permite sacar dinero en la mayoría de los cajeros y además hacerlo sin comisiones extraordinarias en los cambios de moneda.

Foto: Jsmuns
Foto: Jsmuns

4. No hay turismo masivo

En otoño y en primavera prepárate para vivir rodeado de turistas en los principales destinos turísticos, como Kioto, Nara, Hiroshima, etc. En verano, casi que también. Estas zonas están todo el año saturadas, al estilo París o Praga, y la experiencia termina siendo muy desagradable a pesar de la belleza de los templos y barrios que visitaremos.

Como muchos de ellos resultan imprescindibles por su valor, lo mejor es tomar la estrategia de levantarnos muy temprano para ser los primeros en visitarlos, o bien concentrar su visita en un par de días y buscar después otras ciudades menos visitadas pero que albergan también monumentos de gran interés, como Takamaya, Matsuyama, Kanazawa, Naoshima o Takamatsu, entre otras.

5. Abundan los restaurantes de sushi

Los japoneses comen tanto sushi como nosotros paella. Es decir, de vez en cuando. Si vas a Japón buscando sushi, lo encontrarás, pero o bien lo pagarás caro -lo que cuenta es la calidad del género- o pagarás por pescado peor que el que puedas tener en España si vas a sitios muy baratos. Además te perderás el resto de la oferta gastronómica japonesa, que es muy variada y completa.

6. La comida es muy diferente a la nuestra

En esencia, y salvando el pescado crudo y la ausencia de lácteos y embutidos, la comida japonesa es muy similar a la española. Abundan los fritos -tempura-, las gambas al ajillo, el filete empanado o la casquería en barbacoa.

También el arroz, la pasta -soba y udon-, las sopas -no solo la de miso- y las ensaladas, aunque le incluyan algas y tofu. No le hagas ascos a ninguna pequeña tasca -que por cierto son bastante baratas- y no caigas en el error de recurrir siempre a la pizzería de turno, donde pagarás de más y comerás peor.

Foto: Jsmuns
Foto: Jsmuns

7. El vino es caro y difícil de encontrar

Si bien no en las tradicionales tascas de pocas mesas a pie de calle, en japón se puede pedir vino en bastantes restaurantes. Suele ser joven e importado de Australia o China, aunque también lo hay español. El precio de la botella se sitúa en torno a los 15 o 20 euros, más de lo que merece, pero por copas suele estar en torno a los cuatro euros, y son generosas.

8. La cerveza es barata

Una jarra de cerveza vale lo mismo que una copa de vino y a veces más, lo que la hace  inusualmente cara. El motivo es que el alcohol paga impuestos por volumen, no por grado alcohólico, y lo mismo vale medio litro de sake -entre 40% y 60% de alcohol- que de cerveza, con 4,5%. Si te tomas tres jarras durante la cena, por ejemplo, corres el riesgo de doblar el pecio de la misma. Y en verano, con el calor extremo que hace en Japón, es posible que lo hagas. Por cierto que los japoneses prefieren cenar con sake…

9. No hay cafeterías

Muchas personas creen que en Japón solo se toma té. Es cierto que esta bebida goza de un gran prestigio y una larga y rica tradición, pero en las ciudades japonesas abundan las cafeterías -a los japoneses les gusta mucho el café de calidad-, por lo que no nos será difícil encontrar dónde tomarlo. Eso sí, es tan caro como la cerveza.

10. El sake es una bebida

Si pides sake para cenar, te pueden poner en un aprieto cuando te pregunten cual. Literalmente, la palabra sake quiere decir “alcohol”, y se utiliza para definir los destilados japoneses, que pueden ser fermentados de arroz, patata, cereales, etc. Este artículo te explica los diferentes tipos de sake que te pueden proponer, todos con elevado grado alcohólico. Recuerda que los japoneses y las japonesas son muy bebedores y están acostumbrados a los alcoholes fuertes mientras cenan, pero que a ti un botellín de sake puede tumbarte.

El tesoro del Carambolo no procede de la Atlántida

7 octubre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

En 1958 unos obreros cavaban en un cerro del municipio de Camas, cerca de Sevilla, para la construcción del nuevo Club de Tiro cuando encontraron primero un brazalate y luego un jarrón cerámico repleto de piezas metálicas que resultaron ser el hoy conocido como tesoro del Carambolo.

21 piezas de oro de 24 kilates, casi 3 kilos del preciado metal, labrado en una serie de joyas finamente trabajadas algunas de las cuales llevan marcas de haber portado piedras preciosas incrustadas. Nacía así un misterio: ¿ quién elaboró aquellas piezas, y cuándo?

Desde su mismo descubrimiento la procedencia de estas joyas ha sido controvertida: su estilo es orientalizante y hay quien las asigna al arte fenicio o cartaginés, mientras que otros opinan que se trata de joyería del mítico reino de Tartessos.

Para algunos iluminados su belleza y delicada estética son prueba de que su origen está en la Atlántida, nada menos.

Pero nada más lejos de la realidad: un pequeño fragmento de oro desprendido de una de las joyas ha permitido analizar química e isotópicamente el metal confirmando que el oro proviene de minas locales.

En concreto de las asociadas a los dólmenes de Valencina de la Concepción (cerca de la zona), datados en el año 3000 a.C.

O sea, que las joyas del Carambolo no vienen de la inexistente Atlántida, sino de Tartessos; mucho más real y misteriosa todavía.

Dorothea Tanning, la pintora surrealista que se negó a planchar el mantel de su casa

6 octubre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

La expresión “llegar a mesa puesta” tiene un sentido de servidumbre que la mayoría de las veces se relaciona con el machismo en los hogares. El hombre se encuentra el guiso caliente en el puchero, el pan en la cesta, la vajilla colocada y el mantel pulcro y perfectamente planchado por su mujer cuando llega de trabajar. Pero, ¿qué pasaría si ella lo presentase un día arrugado y lleno de pliegues?

En la pintura de Dorothea Tanning (Illinois, 1910), el hule y el mantel es un elemento recurrente que simboliza algo más que un simple cobertor. Es un guiño al ángel del hogar, a la mujer que no podía eludir sus labores caseras y recibía una vía de escape en sus cuadros a través de algo tan inocente como un mantel mal planchado.

Se puede ver en Algunas rosas y sus fantasmas (1952), La trucha hervida (1952) o en Retrato de familia (1954), cuatro de las obras incluidas en la exposición Detrás de la puerta, invisible, otra puerta que el Museo Reina Sofía dedica a la figura de la artista estadounidense hasta el 7 de enero de 2019. Después de pasar por Madrid, Dorothea Tanning llegará en primavera a la Tate Modern de Londres.

“Vemos la importancia que tienen ciertos interiores, la importancia de una crítica a las nociones básicas de la sociedad burguesa, como la familia patriarcal, y cómo ella los cuestiona sobre todo a partir de los años 50 en unas pinturas con unos manteles que son rectilíneos y nos remiten a la cuadrícula, a lo ordenado. En definitiva, a lo que ella está tratando de cambiar”, ha explicado ante los medios el director general del museo, Manuel Borja Villel.

'Some roses and their phantoms', Dorothea Tanning/ Cedidas por el Museo Reina Sofía
‘Some roses and their phantoms’, Dorothea Tanning/ Cedidas por el Museo Reina Sofía

Tanning fue una de las figuras más importantes del movimiento surrealista, aunque nunca concibió el concepto de mujer artista: “No existe nada ni nadie que se pueda definir así. Es una contradicción tan evidente como la de hombre artistaelefante artista“. Aún así, fue una de las pocas mujeres que atravesó el lienzo de los pintores surrealistas y consiguió hacerse un nombre junto a sus compañeros más allá de la incómoda figura de la musa.

No se limitó a la pintura, ya que dejó su impronta en la escultura, la poesía, el cine, el diseño de vestuario y la escenografía teatral. Quizá por eso tampoco se sentía a gusto con la descripción hermética de artista surrealista.

En el año 2002, cuando Dorothea tenía 92 años (murió con 102), le preguntaron qué opinaba al respecto de esta etiqueta: “Es como si lo llevara tatuado: ‘D ama a S’. Aún creo en la idea surrealista de que hay que esforzarse por sondear las profundidades de nuestro subconsciente para descubrir quiénes somos. Pero, por favor, no digan que soy una abanderada del surrealismo”.

No es extraño que ella y otras artistas relacionadas con el movimiento renegasen en cierto punto de él. El surrealismo defendía la libertad expresiva y sexual, pero según las pocas mujeres que lo conformaban, también malinterpretaba el cuerpo femenino como si fuese un mero objeto de fetiche.

Así, la americana Lee Miller lo subvertió presentando una glándula mamaria en un plato sobre un mantel (de nuevo) impoluto, la bella Bridget Tichenor se deshizo de su famosa cabellera rubia en un autorretrato lleno de cabezas calvas, y Tanning pintó su Mujer artista, posando desnuda (1985-87) como una Venus devorada por su propia voluptuosidad.

'Woman Artist, Nude, Standing', Dorothea Tanning/ Cedidas por el Museo Reina Sofía
‘Woman Artist, Nude, Standing’, Dorothea Tanning/ Cedidas por el Museo Reina Sofía

“Aunque [los varones] apoyaban la igualdad y su opción artística, siempre verían más musas que creadoras. Defendían la igualdad de sexo, sí, pero en la práctica las mujeres no tendrían las mismas oportunidades que sus compañeros, quedando casi siempre silenciadas”, ha dicho el consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, Jaime de los Santos. En el caso de Tanning, además, tuvo que zafarse de la sombra de su marido, el maestro alemán del surrealismo Max Ernst.

La partida junto a Max Ernst

Dorothea Tanning descubrió la “ilimitada extensión de posibilidad” del surrealismo en la exposición Fantastic Art Dada Surrealism del MoMa de Nueva York en 1936. Intentó viajar a París para imbuirse de sus principales exponentes, pero la Segunda Guerra Mundial le obligó a regresar a EEUU, donde colaboró como ilustradora para diversos grandes almacenes como el famoso Macy’s. En estos años pintó su poderoso Cumpleaños (1942), un autorretrato que cambiaría su futuro para siempre.

Fue Max Ernst, por entonces uno de los pintores más cotizados del mundo, quien lo descubrió en su taller y la eligió para la mítica exposición de Peggy Guggenheim 31 mujeres, donde compartió cartel en 1943  junto a pioneras como Leonora Carrington o Frida Kahlo.

Tres años después se casó en Hollywood con Ernst, un matrimonio enriquecedor y en ocasiones tormentoso que relató tanto en sus escritos como en su pintura. El ajedrez fue el juego de habilidad que ambos eligieron para mandarse mensajes a través de sus cuadros. La muestra del Reina Sofía dedica una sala a esta temática en la que destaca Fin del juego (1944), donde un zapato de satén blanco destruye a un obispo simbolizado con un alfil y, por extensión, a la Iglesia y a sus códigos morales.

'End of the game', Dorothea Tanning/ Cedidas por el Museo Reina Sofía
‘End of the game’, Dorothea Tanning/ Cedidas por el Museo Reina Sofía

Las obras que se presentan datan desde 1930 hasta 1997, quizá los setenta años más convulsos de la historia de nuestro mundo. En esos momentos de huida hacia lugares seguros, la puerta se convirtió en uno de los elementos preferidos de Tanning. En un principio se trataba de un portal de acceso a un País de las Maravillas de sueños y de metamorfosis, fruto de la pasión de la artista por el cuento de Lewis Carroll.

Con la madurez, la puerta pasó también a simbolizar una cueva demoníaca y más tarde un símbolo erótico por su capacidad de aislar el espacio privado del público y controlarlo. A diferencia de otros como Marcel Duchamp, Tanning da prioridad en estas obras a las figuras femeninas “que siembran el caos en los espacios en los que se encuentran y sus extremidades se retuercen para desafiar la mirada del voyeur en lugar de complacerla”, como ha explicado la comisaria Alyce Mahon sobre  Hotel du Pavot o Door 84.

Hoy en día, las puertas de Dorothea Tanning podrían ser una invitación a merodear con libertad, a dejar pasar a las artistas que fueron recibidas con desprecio durante toda su carrera y que por fin ahora ventilan de par en par el machismo de aquella sociedad patriarcal.

'Eine Kleine Nachtmusik', Dorothea Tanning/ Cedidas por el Museo Reina Sofía
‘Eine Kleine Nachtmusik’, Dorothea Tanning/ Cedidas por el Museo Reina Sofía

Josep Fontana, la huella de un historiador

2 octubre, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Josep Fontana fue un historiador de referencia, respetado y seguido por quienes buscaban caminos de renovación en la enseñanza y escritura de la historia.

Josep Fontana en una entrevista en 2017.
Josep Fontana en una entrevista en 2017. ALBERT GARCIA EL PAÍS

 

La victoria franquista en abril de 1939 y las posteriores décadas de dictadura se manifestaron, por lo que a la historiografía se refiere, en la imposición de una perspectiva reaccionaria y antiliberal que ignoró en todo momento la esfera socioeconómica y que levantó un poderoso dique de contención frente a las nuevas corrientes en las ciencias sociales occidentales y los análisis de fuerzas anónimas y colectivas.

Cuando en los últimos años de la dictadura pudo salirse poco a poco de esa miseria, no había, sobre la edad contemporánea, tradición historiográfica que reivindicar y se tuvo que aportar en unos pocos años todo un nuevo repertorio de hipótesis, problemas y estudios empíricos. Josep Fontana fue uno de los primeros en hacerlo y sus investigaciones sobre la crisis del Antiguo Régimen y las transformaciones del siglo XIX español le convirtieron, ya desde comienzos de los setenta, en un historiador de referencia, respetado y seguido por quienes buscaban caminos de renovación en la enseñanza y escritura de la historia.

En una profesión muy dada a la especialización y a las preocupaciones microscópicas, Fontana demostró dominar un amplio campo de acción. Cuando la historiografía y la teoría de la historia apenas formaban parte del aprendizaje del historiador, publicó Historia. Análisis del pasado y proyecto social (1982), tratado pionero en España. Casi 50 años separan La quiebra de la monarquía absoluta (1814-1820), publicada en 1971, de su última obra, El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914 (2017). Cinco décadas, en suma, de investigaciones, hipótesis, teorías y preguntas sobre el quehacer del historiador.

Pero la huella de Fontana va mucho más allá de su obra y de su trayectoria como profesor universitario. Desde la editorial Crítica, de la mano durante muchos años de Gonzalo Pontón, acercó al público español a algunos de los historiadores más distinguidos del mundo, desde Eric Hobsbawm a E. P. Thompson, pasando por Mary Beard, Pierre Vilar o David S. Landes. Su currículo está lleno de libros, artículos en revistas científicas, decenas de conferencias en América Latina y, sobre todo, charlas en los centros de educación secundaria.

En los últimos años fue discutido por otros historiadores por su defensa del marxismo, por su compromiso político y por sus ideas acerca de España y Cataluña, expuestas en escritos y entrevistas en medios de comunicación. Disputas y desprecios al margen, muchos le recordarán por sus fecundos escritos sobre la España contemporánea y por su rechazo de la historia como una serie de grandes acontecimientos orquestados por los grandes hombres. Ahora parece fácil asumirlo, pero en las universidades españolas de los años setenta eso sonaba a música subversiva.

Julián Casanova es catedrático de Historia de la Universidad de Zaragoza.

Los diez grandes equívocos sobre el vino blanco en que caemos los españoles

27 septiembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

En agosto beber vino tinto se hace fuerte al paladar y por tanto pasan mucho mejor los blancos, especialmente si son frescos. Aún así, para muchos consumidores “vineros”el blanco es un vino menor, que se consume “porque no hay otra cosa bebible” y ante la alternativa del rosado, que en España tiene muy poco éxito.

Es un gran error el que cometemos si despreciamos estos vinos, pues también merece la pena seleccionar y experimentar con los blancos, ya que nos pueden dar tantas sorpresas como los tintos, y no solo en verano. De hecho el buen aficionado sabe apreciar tanto unos como otros y conoce el modo adecuado de maridar cada uno.

He aquí los diez grandes equívocos sobre el vino blanco  que conviene desterrar si realmente tenemos curiosidad, amor y respeto por el mundo de la enología.

1 Tienen menos registro de aromas y sabores

Vinos como nuestro”jerez”son la prueba de que esto no es cierto, ya que dentro de esta denominación de blancos entran desde el fino, al oloroso, amontillado, manzanilla, palo cortado, etc. También tenemos en los tokaj húngaros toda una gama de sabores peculiares, o en los oportos blancos, así como el losriesling alemanes o el los albariño gallegos.

Entre los blancos más ortodoxos también hay mucha diferencia entre un Verdejo, por ejemplo, y una garnacha blanca, que tiene una estructura cercana a los tintos. También entre los blancos gallegos está el godello, el ribeiro, etc. Además, tenemos los dulces como el moscatel o el sauternes francés, que tan bien ligan con los postres.

2. Suelen tener menos alcohol

Es verdad que en el pasado, cuando se gustaba más de ellos, tenían algo menos de grado, pues se cortaba la fermentación del azúcar antes que en los tintos y en general era algo dulces. Pero a día de hoy, cuando imperanlos vinos secos y varietales, los blancos se fermentan hasta el final y ofrecen tanto grado como los tintos. Actualmente es difícil encontrar blancos con un volumen de alcohol inferior al 13%.

3. Solo casan con la paella y la merluza

Los gastrónomos destacan que algunos blancos ligeros pueden casar bien con algunos guisos potentes como el bacalao, el atún o las zarzuelas de pescado. Del mismo modo, con guisos de carne de ave pueden funcionar ciertos blancos con personalidad, así como patés, con la pasta, sopas o platos que no contengan carnes.

Foto: Max Pixel
Foto: Max Pixel

4. No se pueden tomar con quesos

Cuando pasamos a la más amplia gama de quesos tipo brie, a los más tiernos e incluso a ciertos quesos curados, un blanco tipo moscatel,  riesling tokaj osauternes pueden resultar reveladores.

5. Para pasar bien tienen que estar muy fríos

Determinados blancos muy jóvenes y con una elevada acidez puede servirse muy fríos, pero es solo porque sus cualidades son limitadas. En cuanto un blanco gana temperatura, hasta un límite de unos 12º centígrados, asoman unas cualidades aromáticas que por debajo de los 8º pasan desapercibidas.

6. Carecen de cuerpo

Su maceración con la piel de la uva ha sido mucho más corta que en el caso de los tintos y ello les reporta menos taninos y otras sustancias vegetales que contribuyen a la estructura del vino. Pero si la variedad de uva es potente, el vino blanco heredará sus buenas cualidades. Una muestra de ello son las garnachas blancas de la denominación de origen Terra Alta, en la frontera entre Teruel y Tarragona, o algunos Rioja elaborados con viura/macabeo.

Foto: Max Pixel
Foto: Max Pixel

 

7. No aguantan más de un año en botella

El vino blanco puede envejecer en barrica de roble y dar un excelente resultado. Desde los albariño a las garnachas blancas, pasando por la variedad pedro ximenez y muchas otras atlánticas, aceptan bien la crianza para dar vinos interesantes. Aunque no es lo habitual, pueden encontrarse buenos blancos con crianza e incluso con reserva y más de diez años de envejecimiento en botella.

8. Son demasiado ácidos

En general, por su corta maceración, su grado de acidez es mayor, pero este se ve muchas veces compensado por el azúcar, residual o añadido, que presenten, así como por los aromas afrutados de cada variedad.

9. Siempre saben dulces

En el pasado sí era más normal que los blancos tuvieran un punto dulce más o menos pronunciado debido a que su fermentación era menor, pero en la actualidad hay una mayor oferta de blancos secos que de dulces.

10. Los expertos no los valoran

Existen numerosos vinos blancos con una excelente puntuación, por encima de 90 puntos, tanto de expertos como Parker como de Peñín y diversas guías.

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Un mundo de abstinencia sexual gracias a Netflix

18 septiembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Llega a casa, ve a su pareja y está nerviosa. Tiene hambre, pero no le importa dejar la cena para más tarde o convertirla en el desayuno del día siguiente. Va corriendo al cuarto, se quita la ropa del trabajo y se pone cómoda. Hace mucho calor en Madrid. Baja las persianas y abre una rendija la ventana, enciende la tablet y se tira en la cama: “¡Venga cari, que pongo la serie!”

Diferentes estudios realizados en los últimos años concluyen que la gente prefiere ver series en plataformas como Netflix o HBO por encima de todas las cosas. Ni leer, ni cenar, ni hacer el amor… ¿Estamos a un paso de la extinción de la raza humana? Seguramente no, pero una investigación liderada por el profesor David Spiegelhalter de la Universidad de Cambridge halló que, ahora mismo, las parejas hacen el amor un 40% menos que hace 20 años. Si la tendencia continua, las parejas dejarán de tener sexo en el año 2030.

“Si me preguntas por qué, los estadísticos te dirán que no lo saben. Uno de los investigadores mencionó la palabra iPad. Yo creo que es Netflix. ¡Oh dios mío! Tengo que ver la segunda temporada completa de Juego de Tronos”, bromea el profesor Spiegelhalter en una entrevista publicada en el Telegraph.

“La clave está en la conectividad masiva y en la revisión constante de nuestros teléfonos móviles, algo que no hacíamos hace unos años, cuando la televisión dejaba de emitir cosas interesantes a las diez de la noche y no había nada mejor que hacer”, apunta. Te suena el móvil. Es una simple notificación de Instagram, igual alguien a quien ni siquiera conoces ha subido una foto en la playa. No importa lo que estés haciendo o si estás en la cama. Desbloqueas la pantalla, la miras y quedas en paz.

¿Hará Netflix una serie sobre esto? Claro que sí y, mientras la veamos, probablemente estemos más pendientes de calcular cuántos capítulos seguidos podemos ver para dormir siete horas y rendir al día siguiente en el trabajo que a la realidad que se dibujaría ante un mundo de abstinencia. Somos adictos a las series y nos molesta no poder comentar el último capítulo de El Cuento de la Criada. No conozco a nadie que le haya pasado esto mismo con un libro.

Otro estudio más reciente llevado a cabo por la  Universidad de Lancaster se ha basado en la alteración de los ritmos de consumo energético para concluir que ahora lo que se lleva por las noches es estar conectado a Internet. Entre las 21.00 y las 23.00 hay un pico de consumo energético y de dispositivos electrónicos conectados.

Imagen promocional de 'Vikings'
Imagen promocional de ‘Vikings’

“Ayer me vi ocho capítulos seguidos de Vikings“, he oído decir a cierto hermano mayor con orgullo. Y nada de esto nos chirría. Estar hasta las cuatro de la mañana frente al ordenador con tu pareja es socialmente correcto. “Este fin de semana me he visto la serie nueva de Netflix”, “¿Ah sí? ¿De qué va?”, “Es como de adolescentes en EEUU”, “Ya… ¿y cómo se llama?”, “Buf tío, no me acuerdo”. Esto es lo que se llama invertir bien el tiempo.

Otro estudio que acaba de ser publicado ha analizado a personas de 80 países y ha demostrado que ver la televisión está asociado con “una reducción del 6% de posibilidades de haber tenido sexo la semana anterior, lo que concuerda con un pequeño grado de sustitución entre la televisión y la actividad sexual”.

Es decir, si estás al día de todas tus series y ya ves hasta las películas repetidas en tu plataforma favorita, hay una probabilidad más bien alta de que lleves meses abonado al celibato.

Son las dos de la mañana. Sigue haciendo muchísimo calor en Madrid, pero entra un poco de aire por la rendija de la ventana. Ya han visto tres capítulos seguidos, se sienten invencibles y terminan por besarse. “Cari, ¿y si mejor lo dejamos para mañana?”, “Mejor para el miércoles, que mañana hay capítulo nuevo”.

Los ‘niños de Berlín’, “yonquis” de la adrenalina que se juegan la vida con cada grafiti

16 septiembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

La adrenalina es una hormona segregada por el organismo en respuesta a los estímulos percibidos como amenaza para la supervivencia. Bajo sus efectos, el corazón se acelera, la respiración también, los vasos sanguíneos se contraen en una hiperexcitación que conocen bien, por ejemplo, quienes practican deportes de riesgo. Para el fotógrafo alemán Thomas von Wittich, esa sustancia da nombre a su serie de fotografías sobre los “Berlin Kidz” – o “Niños de Berlín” en alemán callejero. Esta banda de artistas callejeros se juega la vida en cada pintada. Tienen entre 16 y 35 años.

Von Wittich les ha acompañado para retratar sus acciones más espectaculares. Los “Kidz” dicen evitar trabajar. “No queremos formar parte de un sistema que te fuerza a trabajar para los sueños de otras personas”, dice a eldiario.es uno de ellos, conocido por su firma: Paradox – “Paradoja”. “No nos vemos en un trabajo de nueve de la mañana a cinco de la tarde para después pasar el resto de nuestra vida delante de la televisión”, señala “Paradoja”. Los “Kidz”, dice él, “viven para las letras”. En sus características pintadas, siempre hay grandes letras. Entre ellas se esconden, escritos en pequeño, mensajes que llaman a la rebeldía o la libertad.

Uno de los grafiteros subido en la iglesia de San Bonifacio de Berlín, una obra arquitectónica neogótica con fecha de principios del siglo XIX
Uno de los grafiteros subido en la iglesia de San Bonifacio de Berlín, una obra arquitectónica neogótica con fecha de principios del siglo XIX VON WITTICH

El gran desafío de cada grafiti que firman “Paradoja” y compañía es situarlo cuanto más alto en la ciudad, mejor. Así es cómo estos “niños” llevan ya años dejando su marca en infinidad edificios berlineses. Entre sus objetivos destaca la parte más alta de uno de los campanarios gemelos de la iglesia de San Bonifacio de Berlín, una obra arquitectónica neogótica con fecha de principios del siglo XIX situada en el céntrico barrio berlinés de Kreuzberg.

La pasada primavera, una pareja de los “niños” berlineses se subió allí arriba, a una altura equivalente a la de un decimoprimer piso. Escribieron: “Libertad sobre todas las cosas”. Lo hicieron con las ya características letras rojas y azules que suelen emplear estos grafiteros. Von Wittich, subido a un tejado frente a la iglesia, inmortalizó la escena.

Hacía frío. El fotógrafo iba parapetado con tres pantalones y dos jerséis. “También tenía un termo con té y un sandwich enorme”, recuerda Von Wittich a eldiario.es frente a la fotografía de aquella acción de los “Kidz”. Habla en la Open Walls Gallery, la galería berlinesa que expone regularmente sus trabajos.

Aquella no era la primera ni la segunda pintada de los “Kidz” a la que asistía para tomar fotos este joven nacido en Osnabrück (oeste germano) hace 35 años. Von Wittich ya estaba acostumbrado a fotografiarles y a subir a tejados sin permiso de nadie para tener las mejores vistas a lo que estaban haciendo los grafiteros. Pero frente a la iglesia de San Bonifacio, a Von Wittich le pusieron el corazón en un puño.

“El techo de esa iglesia está realmente muy inclinado, no es un sitio donde uno quiera estar o ver a otras personas”, recuerda. “Después de dos horas allí, preparándose y pintando, veo que uno de ellos me hacía señales con la luz del teléfono móvil, no me había dado cuenta de que me había llamado veinticinco veces para preguntarme si tenía boquillas [pulsadores, ndlr.]; se les olvidaron, y me dijo: ‘vuelvo en media hora'”, cuenta Von Wittich.

El grafitero se marchó a por lo que le faltaba. Regresó corriendo. También lo hizo por el tejado, aunque éste solo ofrecía una superficie de unos diez centímetros para caminar sobre él. “Corría con los brazos abiertos para mantener el equilibrio y en la última parte saltaba y corría, al ver aquello me entraron arcadas”, cuenta Von Wittich. “Esa fue la única vez en la que de verdad tuve miedo por ellos”, añade.

Cocinero de barco, después fotógrafo

Este fotógrafo podría haber tenido una vida mucho más tranquila. Viene de una buena familia, de “clase media alta, un ambiente de ricos, dirían algunos”, según sus términos. “Uno de mis abuelos hizo mucho dinero como coleccionista de arte, crecí con esa idea de que el dinero era súperimportante, al igual que el apellido”, explica. La familia Von Wittich sigue utilizando su escudo de armas.

Thomas Von Wittich, sin embargo, entró en conflicto con la idiosincrasia familiar nada más llegar la adolescencia. A los trece años ya había trabajado en una cadena de empaquetado de carne y se ocupaba de cocinar para marineros a bordo de un barco. A los dieciocho tuvo problemas con la Justicia. La policía lo pilló haciendo una pintada, algo que acabó convirtiéndose en una multa de 20.000 euros. Hace tiempo que dejó el grafiti pero haber tenido su experiencia hacía de él un buen candidato para seguir a los “Kidz”.

“Desde el principio me pusieron a prueba para ver qué era capaz de hacer y qué no; juzgaban mi estado de forma”, cuenta Von Wittich. Una de sus imágenes de la serie “Adrenalina” está sacada en el hueco de un edificio, donde normalmente iría un ascensor, dispositivo del que carecen buena parte de las construcciones menos recientes en Berlín. El fotógrafo escaló por ese hueco veinte metros junto con el grafitero que le acompañaba. Era la segunda salida de Von Wittich con los “Kidz”.

En su avance por el edificio, el grafitero forzó cuantas puertas y ventanas fueron necesarias para que Von Wittich llegara al tejado y buscara desde allí una perspectiva interesante. En aquella ocasión, tomó las fachadas del Cuvrybrache, un rincón de Kreuzberg conocido por las enormes pintadas del artista italiano Blu que han decorado el lugar durante años.

Un día de invierno de 2014, esas fachadas aparecieron cubiertas de negro. Existe el proyecto de hacer en ese lugar nuevas edificaciones. Ello pasaba, según los promotores, por acabar con unas pintadas consideradas míticas por la escena internacional del arte callejero. Los “Kidz” no estaban de acuerdo con esas intenciones. Por eso pintaron una mano haciendo una enorme peseta en una de esas fachadas negras.

Cada pintada, como atracar un banco

Mensaje de los grafiteros a quienes quieren cambiar el que los "niños" consideran "su" barrio
Mensaje de los grafiteros a quienes quieren cambiar el que los “niños” consideran “su” barrio VON WITTICH

Entre otras lindezas dirigidas a quienes quieren cambiar el que los “niños” consideran “su” barrio, éstos escribían en inglés: Fuck you – “que os jodan”. Para esa, y para la mayoría de sus pintadas, los “Kidz” utilizan cuerdas fijadas en los tejados que emplean para quedar colgados y pintar con sus espráis mientras hacen una suerte de arriesgadísimo rápel urbano.

“Cada pintada se planea como si fuera un atraco a un banco, tiene que ser así, porque ellos van mucho más allá que el resto de grafiteros, han llevado el grafiti a otro nivel, utilizan cuerdas desde los tejados. También tienen que asegurarse de que, de algún modo, van a llegar a los tejados, tienen que abrir puertas y ventanas, organizar esto implica ir al sitio con antelación”, expone Von Wittich.

El fotógrafo conviene en definir a estos chicos berlineses como “malhechores”, pero deseosos, no “sólo de poner su nombre en un muro, sino de actuar contra algo, poniendo mensajes como ‘mantén la cabeza alta’ o ‘libertad'”, explica. “Creo que hay en ellos un 30% de querer ver su nombre pintado en un sitio, otro 30% de expresar ‘esta ciudad es mía y hago lo que quiero en ella’ y otro 30% de lucha contra la gentrificación”, abunda.

Con ese término alude el fotógrafo a la transformación que está viviendo la capital alemana y que obliga a que las poblaciones que tradicionalmente habitaron ciertos barrios tengan que abandonarlos por los incrementos del coste de la vivienda. “Queremos mostrar que no estamos contentos con el modo en que está evolucionando la ciudad y queremos hacer algo contra esto”, apunta sobre esta cuestión Paradox, el miembro de los “Kidz”.

Una “droga” llamada adrenalina

En las cuentas de Von Wittich faltaba un 10%. Es el de la adrenalina. Esta es el otro pilar que mantiene la actividad de los “Kidz”, a quienes el fotógrafo define incluso como “yonquis de la adrenalina”. Para ellos, el peligro “cuenta mucho”, porque “cuando empiezas a acostumbrarte a él empiezas a cometer errores”, asegura el que firma como Paradox.

La adrenalina, una "droga" difícil de abandonar
La adrenalina, una “droga” difícil de abandonar VON WITTICH

A base de ir con los “niños de Berlín”, Von Wittich acabó probando “la droga” de la que abusan estos grafiteros acróbatas. Tras haber realizado alguna fotos de estos “niños” haciendo ‘train-surfing’, peligrosa práctica que consiste en subir sobre los tejados de vagones de trenes de cercanías o de metro cuando están en marcha, Von Wittich pidió consejo sobre su trabajo al fotógrafo danés Jacob Aue Sobol.

Este genio de la fotografía, que trabaja para la prestigiosa agencia internacional Magnum y que ha ganado, entre otros, un premio World Press Photo, instó a Von Wittich a que se acercara más a los “Kidz”, para poder ponerse en su lugar y tomar imágenes. Von Wittich terminó por hacer una serie de fotografías sobre el techo de un vagón de un tren de cercanías.

“Los ‘Kidz’ encontraron un buen tramo para hacerlo conmigo, era un tramo de tren de cercanías largo, de unos siete minutos, sin puentes ni túneles que obliguen a agacharse o tumbarse estando ahí arriba”, cuenta. “Aún así, hay que saltar cuando el tren está en marcha, porque si no alguien puede delatarte al conductor”, aclara, antes de poner palabras a la dosis de adrenalina a la que sometió su cuerpo.

“Al caer sobre el techo me sentí Spiderman, me costó ponerme de pie, pero cuando lo hice me sentía muy estimulado, pude hacer las fotos al miembro de los ‘Kidz’ que me acompañaba, él estaba haciendo posturas todo el rato, sacando medio cuerpo fuera del techo del vagón y payasadas de ese tipo”, recuerda.

Bajar del techo del vagón una vez terminado el trayecto no fue difícil. “Cuando estas bajo los efectos de la adrenalina ves que eso es fácil”, comenta. “Pero poco después de aquello, noté como mi estómago se revolvía, me temblaban las piernas, tuve que sentarme y fumarme un cigarrillo”, añade.

Von Wittich no ha vuelto a repetir un chute de esos. Desde hace algo más de un año vive en París, donde documenta el trabajo de otros artistas. Por su parte, los “niños de Berlín” siguen haciendo de las suyas. “Siempre y cuando nadie se haga daño, todo va bien”, concluye el chico que firma com Paradox.

"Cuando estas bajo los efectos de la adrenalina ves que eso es fácil", explica el fotógrafo alemán Thomas von Wittich
“Cuando estas bajo los efectos de la adrenalina ves que eso es fácil”, explica el fotógrafo alemán Thomas von Wittich THOMAS VON WITTICH