Archive for the ‘cultura’ Category

El legado del anarquismo

2 febrero, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

El 4 de noviembre de 1936, hace ahora 80 años, sucedió un hecho trascendental e irrepetible: anarquistas entraron en el Gobierno de una nación.

La CNT en el Gobierno de la República. De izquierda a derecha, los ministros Bernardo Giner de los Ríos del partido Unión Republicana y Federica Montseny y Juan García Oliver de la FAI.
La CNT en el Gobierno de la República. De izquierda a derecha, los ministros Bernardo Giner de los Ríos del partido Unión Republicana y Federica Montseny y Juan García Oliver de la FAI.

El 4 de noviembre de 1936, hace ahora 80 años, cuatro dirigentes de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) —Federica Montseny, Juan García Oliver, Joan Peiró y Juan López— entraron en el nuevo Gobierno de la República en guerra presidido por el socialista Francisco Largo Caballero. Era un “hecho trascendental”, como afirmaba ese mismo día Solidaridad Obrera, el principal órgano de expresión libertario, porque los anarquistas nunca habían confiado en los poderes de la acción gubernamental, su objetivo siempre había sido abolir el Estado, con su prédica del antipoliticismo y de la acción directa, y porque era la primera vez que eso ocurría en la historia mundial. Anarquistas en el Gobierno de una nación: un hecho trascendental e irrepetible.

Desde que Giuseppe Fanelli llegó a España en noviembre de 1868 hasta el exilio de miles de militantes en los primeros meses de 1939, el movimiento anarquista protagonizó una frenética actividad propagandística, cultural y educativa; de huelgas e insurrecciones; de terrorismo y de violencia; de revoluciones abortadas y sueños igualitarios.

El anarquismo arrastró tras su bandera roja y negra a sectores populares diversos y muy amplios. Arraigó con fuerza en sitios tan dispares como la Cataluña industrial, en donde además, hasta la Guerra Civil, nunca había podido abrirse paso el socialismo organizado, y la Andalucía campesina. Si se convirtió tras la Primera Guerra Mundial, de forma extraordinaria, en un movimiento de masas —el único país de Europa en que eso sucedió— fue porque supo construir toda un red cultural alternativa, proletaria y campesina, de “base colectiva”. Pero como en ese recorrido le acompañó a menudo la violencia, su leyenda de honradez, sacrificio y combate, cultivada durante décadas por sus seguidores, fue siempre cuestionada por sus enemigos, a derecha e izquierda, que resaltaron la afición de los anarquistas a arrojar la bomba y empuñar el revolver.

Acabada la guerra, las cárceles, las ejecuciones y el exilio metieron al anarquismo en un túnel del que no volvería a salir. Mas no fueron solo la larga dictadura y la represión las que se lo tragaron y le impidieron volver, renacer tras la muerte de Franco, para convertirse ya un movimiento residual durante la consolidación de la democracia. España experimentó desde la década de los sesenta cambios económicos importantes, con un notable impacto en la sociedad. La distancia existente entre 1939 y los primeros años de la transición parecía insalvable.

Había emergido una nueva cultura política y sindical. Se había impuesto la negociación como forma de institucionalizar los conflictos. Nuevos movimientos sociales y nuevos protagonistas habían sustituido a los de clase, a los de esa clase obrera a la que se le asignaba la misión histórica de transformar la sociedad. El proletariado rural había descendido considerablemente y ya no protagonizaba huelgas. El analfabetismo se había reducido de forma drástica y ya no era, como se declaraba en el Congreso de la CNT de 1931, esa “lacra (…) que tiene hundido al pueblo en la mayor de las infamias”.

Los factores ambientales y culturales que habían permitido en épocas anteriores la apelación a mitos ancestrales y mesiánicos, eso que Gerald Brenan llamaba la “religiosidad al revés”, fáciles de reconocer en el anarquismo pero también en otros movimientos obreros de tipo marxista, eran ya historia. Aquel Estado débil, que había posibilitado la ilusión y el sueño de que las revoluciones dependían solo de las intenciones revolucionarias de obreros y campesinos, se había mudado en uno más fuerte, eficaz e intervencionista. El consumo hacía milagros: permitía al capital extenderse y a los obreros mejorar su nivel de vida. Sin el antipoliticismo, y con obreros que abandonaban el radicalismo ante la perspectiva de mejoras tangibles e inmediatas, que preferían el coche y la nevera al altruismo y al sacrificio por la causa, el anarquismo flaqueaba, dejaba de existir.

Pero, pese a que hoy el anarquismo sea solo historia, muy denigrada por otras ideologías y partidos parlamentarios, no hay ninguna duda de la validez y actualidad de algunos de sus planteamientos, como su crítica al Estado, al poder político y a las imágenes distorsionadas que siempre se transmiten desde arriba sobre el desorden y el espontaneísmo. Los anarquistas siempre pensaron que el Estado no podía hacer iguales a las personas y no parece que estuvieran muy equivocados, si vemos los resultados del comunismo en la Unión Soviética y en otros países. Nunca intentaron poner en marcha vastos proyectos de ingeniería social, como hicieron el comunismo y el fascismo, con las consecuencias que también conocemos. No fue la historia del anarquismo un lecho de rosas, pero hubo en ella algo más que bombas y pistolas.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y Visiting Professor de la Central European University de Budapest.

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Una nueva literatura, al rescate de la España rural

1 febrero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Contra todo pronóstico y por sorpresa irrumpió hace poco más de un año en las librerías La España vacía (Turner), un ensayo cultural narrado a caballo entre la crónica histórica y el reportaje periodístico, escrito por Sergio del Molino (Madrid, 1979). Las buenas críticas en los medios de comunicación, los premios recibidos y, sobre todo, el boca a boca entre los lectores han convertido el libro en una indiscutible referencia y han marcado un antes y un después en la aproximación de las jóvenes generaciones a un mundo que se muere, a una civilización rural que desaparece.

Tras la estela de La España vacía han aparecido o se han reeditado títulos con el denominador común de estar escritos por autores jóvenes que se han aventurado por los caminos de esa enorme región de nuestro país azotada por el abandono, la emigración y el envejecimiento de sus poblaciones. En una lista que podría ser mucho más larga podemos destacar Los últimos. Voces de la Laponia española, de Paco Cerdá; Palabras mayores, de Emilio Gancedo; Vidas a la intemperie, de Marc Badal (estos tres en la editorial Pepitas de calabaza, una editorial radicada en La Rioja); o El viento derruido (editorial Almuzara), de Alejandro López Andrada.

Pero La España vacía ha ido más allá del éxito editorial al poner nombre literario a un territorio, al definir tanto una idea como un sentimiento. Sergio del Molino explica de esta manera a eldiario.es las claves del fenómeno: “Creo que la sensibilidad actual de la sociedad española estaba esperando un libro así. Podríamos decir que este ensayo ha conectado con un ambiente, un estado de ánimo, que estaba aguardando ese debate pendiente sobre la España rural”.

Muy lejos tanto de las idealizaciones de los paraísos perdidos como de los desprecios hacia la cultura campesina, Del Molino y los otros autores citados han abordado el tema desde la perspectiva de unos jóvenes nacidos en una España urbana y pretendidamente moderna, pero que ansían conocer el mundo que vivieron sus padres y sus abuelos.

Aquellas fueron unas generaciones que, en muchas ocasiones, no pudieron o no supieron contar los cambios inmensos que experimentó este país en la segunda mitad del siglo XX y cuyos efectos llegan hasta hoy mismo. Decía el antropólogo e historiador Julio Caro Baroja, una autoridad incuestionable, que durante 3.000 años la civilización apenas se transformó en sus aspectos esenciales hasta que llegó el paso de un mundo rural a otro urbano. Del Molino subraya que intentó, sobre todo, emprender un viaje cultural con La España vacía, “una aproximación de explorador” a un mundo que no había vivido pero que representa sus raíces y sus señas de identidad. Ahora bien, estos autores nacidos en los años setenta u ochenta reconocen que han bebido en la tradición reciente que arranca en un maestro como Antonio Machado, sigue con la brillantez de un Miguel Delibes y llega hasta Julio Llamazares que en 1988 publica La lluvia amarilla, una impresionante novela sobre el último superviviente en una aldea del Pirineo aragonés.

Imagen que ilustra la portada del libro 'La España vacía'
Imagen que ilustra la portada del libro ‘La España vacía’

Si bien Llamazares (Vegamián, León, 1955) cultiva diversos géneros y temáticas, que van de la novela al periodismo pasando por la poesía, los nuevos exploradores literarios de la España rural señalan al escritor leonés como su referencia más cercana. “Cuando publiqué La lluvia amarilla o Luna de lobos a finales de los ochenta”, comenta, “me consideraron un tipo raro, un friki, que se interesaba por historias extrañas. Pero siempre he pensado y sigo pensando que la España real, en la que incluyo por supuesto a ese mundo rural alejado de la costa y de las grandes ciudades, guarda poca relación con el país que aparece en los solemnes debates políticos o en las informaciones de muchos medios de comunicación. Así pues, existe una España callada que se preocupa por temas con fibra emocional como la memoria histórica o la despoblación del campo, unas historias muy importantes alejadas del eterno conflicto en Cataluña o de la corrupción interminable que ocupan toda la atención de la política o del periodismo”.

En una línea similar se manifiesta el editor Javier Santillán, responsable de Gadir, uno de los sellos que más ha publicado en los últimos años a clásicos contemporáneos que han narrado esa España marginada (Antonio Ferres, Abel Hernández, Dionisio Ridruejo…). A juicio de Santillán, varios factores están contribuyendo a que este género se abra un hueco entre los lectores. “Han coincidido”, afirma, “una cierta añoranza por la vida en el campo, una saturación urbana plagada de posmodernidad y de artificio, un libro que ha actuado de detonante como La España vacía y el apoyo de escritores y críticos de primera fila. Tampoco cabe olvidar que la literatura de viajes en este estilo es capaz de suscitar, por un motivo u otro, la empatía de un sector de lectores”.

Sin lanzar las campanas al vuelo y pese a sus temores de que este fenómeno se diluya como una moda más, el editor de Gadir reivindica las miradas inteligentes y sensibles sobre la España rural. Dentro de su catálogo cita El canto del cuco, un agridulce diario del escritor y periodista Abel Hernández nacido en 1937 en Sarnago, un pueblo de Soria deshabitado desde hace años y que un grupo de vecinos ha comenzado a reconstruir y habitar a temporadas en una respuesta popular que enlaza con movimientos como el de Teruel Existe.

La visibilización del abandono

Pero más allá del éxito literario, la pregunta que planea sobre este fenómeno apunta al revulsivo que pueda significar para los poderes públicos, asentados en las poltronas de lejanas urbes, y también para los propios habitantes de esa España vacía. ¿La carga reivindicativa de estos títulos puede colocar el problema en la agenda política? ¿Está provocando reacciones para impedir esta demotanasia (una muerte pacífica de la población), un término acuñado por la investigadora María Pilar Burillo? “Estamos observando ya algunos efectos, aunque sean escasos y con frecuencia oportunistas”, opina Del Molino, “y antes o después aumentará la exigencia a los políticos para que atiendan las necesidades de una parte abandonada de nuestro país donde viven gentes que son consideradas como ciudadanos de segunda”.

El autor de La España vacía no olvida que muchos habitantes de urbes como Madrid o Barcelona creen sentirse más cercanos a la vida en Hong Kong que a sus compatriotas de Cuenca o de Huesca, a apenas un par de horas de coche.

Tras décadas de lucha por visibilizar los problemas de esos territorios abandonados, Llamazares se declara escéptico, pero con un punto de esperanza. “La España rural”, concluye, “no es rentable políticamente porque representa pocos votos. Ahora bien, estamos viendo que los desequilibrios territoriales en nuestro país significan un lastre insoportable del que surgen otros desequilibrios políticos, económicos o sociales. ¿Acaso los incendios forestales no son más devastadores porque ya casi nadie cuida los bosques? ¿Acaso las nevadas no generan más dificultades porque ya no queda gente en los pueblos para retirar la nieve?”.

Una y otra vez sobrevuela sobre la España rural una lúcida y magnífica novela de Miguel Delibes, escrita en los años setenta, en plena euforia de recuperación de la democracia. Todavía hoy El disputado voto del señor Cayo se alza como una insuperable metáfora de la mirada paternalista y despectiva del poder hacia una España rural de la que procedemos todos. Aunque a veces lo ignoremos.

23/01/2018 – 

Conservar la memoria

24 enero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

  • El Gran Wyoming construye en memorias en tensión entre un aspecto público y común del recuerdo y otro íntimo e individual.
  • El presentador, humorista y músico considera que esta labor es una operación de “rescate”.

Publicada 25/11/2016 a las 06:00. Actualizada 24/11/2016 a las 22:15  

PortaPortada de 'De rodillas, Monzón'.da de 'De rodillas, Monzón'.

Portada de ‘De rodillas, Monzón’.

La infancia es un paraíso incómodo. Casi todos la añoran –más cuanto más lejos se está de ella- y casi todos la asocian también a un dolor muy particular, una melancolía aguda, una pérdida. La infancia es el terreno desconocido en el que, sospechamos, empezó todo. No es extraño que El Gran Wyoming, que un día fue conocido como José Miguel Monzón, se quedara atrapado en ella.

Porque ¡De rodillas, Monzón! (Planeta) no iba a ser el primer tomo de sus memorias, sino el único. Pero el humorista, presentador y músico cometió el error de empezar por el principio, por los días luminosos pateándose el barrio madrileño de la Prospe, por la extrañeza del pueblo, por la marcialidad de juguete de la OJE, por el misterioso comportamiento de los padres. El niño que fue y que había recuperado en su cabeza se rebeló: no quería crecer. Así que el autor se encogió de hombros y le regaló un libro.

“Tal vez ese empeño en revivir el pasado tenga que ver con mi conciencia de que estos recuerdos se perderán cuando las sucesivas ingestas etílicas vayan borrando mi memoria”, escribe Wyoming en el prólogo. Bromea, pero no. Considera que esta labor, la de poner por escrito la memoria, es una operación de “rescate”. Lo que equivale, en la práctica, a tener presente un inevitable agujero negro mental, un tiempo peor en el que la voz de la madre y los juegos estarán todavía más lejanos, o apenas perceptibles. La relación con el recuerdo es siempre conflictiva, y Wyoming, pese a su imagen pública de guasón y despreocupado, no iba a ser menos.

Quizás sea esto lo que más pueda sorprender al seguidor familiarizado con sus cara más cómica. ¡De rodillas, Monzón! no arranca carcajadas, no es un libro de batallitas. “No creo que la ironía y el humor sean cualidades innatas a mi persona, en realidad soy más bien serio, tiendo a trascender y a obsesionarme”, confiesa el autor en uno de los capítulos más oscuros. Quizás el espacio interior que le ha brindado la escritura del libro —hasta entonces sus títulos han sido marcadamente políticos, mirando hacia el afuera y no hacia el adentro— haya permitido que aflore este aspecto menos conocido del presentador. No es que el libro sea fúnebre. Es que es difícil que un hombre que se enfrenta al paraíso perdido —a por qué es quién es, a qué podría haber sido distinto— sea hilarante.

Hay en estas memorias, como en cualquiera, una interesante tensión entre un aspecto público y común del recuerdo y otro íntimo e individual. El autor insiste en el prólogo que sus recuerdos no son “sucesos reales”, sino el resultado de un proceso de selección y modificación que su cabeza ha llevado a cabo de manera automática durante décadas. Por tanto, concluye, “son únicos”. Esto quiere decir que el mundo que recrea es personal e intransferible, y que quizás no sea compartido ni por aquellos que lo vivieron junto a él. El viaje en bus desde Madrid al pueblo tiene un aire alucinado que hacen de la experiencia algo extraterrestre. La vivencia de la depresión materna, ingresada cada tanto en una institución, no es en absoluto común a los criados en una época en la que la enfermedad mental se consideraba, de tan oculta, inexistente. Pocos serían los niños que echaran una mano en la farmacia familiar, y pocos también los que no recuerden hambre en unos años en los que la miseria, aunque lejana a aquella de la posguerra, era mayoritaria.

Pero Wyoming se sabe también buen”testigo” —se lo dijo un espectador tras un concierto con el Reverendo—. “La vida me ha permitido observar la realidad con frialdad”, dice, capacidad que achaca a haberse ahorrado ser un trabajador asalariado que dedica ocho horas al día —a veces, muchas más— a algo que, en la mayoría de los casos, ni le va ni le viene. Eso, defiende, le ha mantenido “enajenado más tiempo que a la media nacional”. Y, como buen testigo, ¡De rodillas, Monzón! sirve también para señalar imprecisiones. Hay gente de su quinta, denuncia, “que tergiversa lo vivido según un prisma, diferente al mío, interesado, y llegan a llamar tiempos de extraordinaria placidez a momentos en los que la miseria de los que mandaban impregnaba la vida de todos, y que solo se pueden entender como de paz y armonía en las mentes de los que disfrutaban de privilegios que a los demás se les hurtaban”.

El autor, dotado de la autocrítica necesaria como para no convertir unas memorias en una loa a uno mismo y al metro cuadrado que ocupa en el mundo, no cae en la nostalgia. Si el libro no es un elogio del pasado, sino un testimonio para el futuro, es porque Wyoming ha creado cierta distancia con ese hombre de 60 años que echa la vista atrás. “Lo hubiera escrito aunque no me lo hubieran editado. Lo que uno dice, por los niños”, comentaba en la presentación a prensa¡De rodillas, Monzón! es un intento de conservar la memoria. Y de pasarla al siguiente.

*Clara Morales es periodista de infoLibre.

Los poderes de la historia (y de los historiadores)

19 enero, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Frente a la tiranía del presente y el corto plazo, Jo Guldi y David Armitage defienden la historiografía en la era digital como visión panorámica y ciencia social crítica.

'The Canons of Lu', fresco de Pier Francesco Guala (1698-1757).
‘The Canons of Lu’, fresco de Pier Francesco Guala (1698-1757). GETTY

“Un fantasma recorre nuestra época: el fantasma del corto plazo”. Así comienza el manifiesto por la historia de Jo Guldi y David Armitage. En este momento de crisis acelerada, cuando nos enfrentamos a grandes problemas, hay, según estos historiadores, una escasez de “pensamiento a largo plazo”, los políticos no miran más allá de las siguientes elecciones y la misma cortedad de miras afecta a los consejos directivos de las grandes empresas o a los líderes de las instituciones internacionales.

Hubo un tiempo en que los historiadores ofrecían relatos a gran escala, volvían la vista atrás para mirar hacia delante, influían en la política y proporcionaban orientaciones para situar la historia como hoja de ruta. Así lo hicieron, desde comienzos del siglo XX hasta sus décadas centrales, gente como R. H. Tawney, el matrimonio Beatrice y Sidney Webb, Eric J. Hobsbawm, E. P. Thompson o Fernand Braudel, el historiador que en 1958 inventó la longue durée.

Desde hace varias décadas, sin embargo, la mayoría de los historiadores comenzaron a abandonar ese largo plazo como horizonte temporal para la investigación y la escritura. El deseo de dominar los archivos y la obligación de reconstruir y analizar detalles cada vez más precisos llevó a los historiadores profesionales al “cortoplacismo”, a contraer el tiempo y el espacio en sus estudios, y cedieron la tarea de sintetizar el conocimiento, de siglos y milenios, a “autores no cualificados para ello”, especialmente a los economistas que idealizaban el libre mercado. Desapareció así la antigua finalidad de la historia de servir de guía de la vida pública. Y la longue durée, que tanto había florecido, se marchitó, salvo entre los sociólogos históricos y los investigadores de los sistemas mundiales.

Los poderes de la historia (y de los historiadores)

Además, esa concentración en escalas temporales de corto alcance dominó la formación universitaria en las Facultades de historia. A los estudiantes se les enseñaba a estrechar el campo de estudio, y cuando los doctores se multiplicaron, atender al detalle y rastrear nuevos archivos se convirtieron en la carta de presentación para conseguir un trabajo en la profesión. El resultado fue la producción de monografías históricas de extraordinaria complejidad, que nadie leía fuera del círculo profesional, y un supremo interés por la especialización, “por saber cada vez más sobre cada vez menos”. Y mientras la historia y las humanidades permanecieron retiradas del “dominio público”, fue más fácil que la gente asumiera mitos y relatos falsos sobre el triunfo del capitalismo, soluciones simplistas a grandes problemas, ante los que pocos podían hablar con autoridad.

Pero no todo está perdido y Guldi y Armitage vislumbran, no obstante, signos de que el largo plazo y el “gran alcance” están renaciendo, un retorno de la longue durée y de la “historia profunda”, un conocimiento del modo en que se desarrolla el pasado a lo largo de los siglos y de las orientaciones que puede proporcionarnos para nuestra supervivencia y desarrollo en el futuro. Para hacer frente a los desafíos que plantean los grandes temas de la actualidad, como el cambio climático, los sistemas de gobierno y la desi­gualdad, nuestro mundo necesita volver a la información sobre la relación entre el pasado y el futuro. Y ahí es donde la historia puede ser precisamente el árbitro.

La solución reside en superar esa pérdida de visión panorámica, devolver a la historia su misión de “ciencia social crítica”, escribir y hablar del pasado y del futuro en público, imaginar nuevas formas de relato y escritura que puedan ser leídas, comprendidas y asumidas por los profanos y fusionar lo “micro” y lo “macro”, lo mejor del trabajo de archivo con el ojo crítico para abordar el estudio a largo plazo.

Es una propuesta abierta para hacer, investigar y escribir historia en la era digital, para sacar de su complacencia “a los ciudadanos, a los responsables políticos y a los poderosos”. Una guía para quienes se preguntan para qué sirven la historia y los historiadores, para navegar por el siglo XXI.

Hay muchas posibles rutas. La que proponen Guldi y Armitage es plantear cuestiones a largo plazo, pensar en el pasado con el objeto de ver el futuro. Explicar las raíces de las instituciones, ideas, valores y problemas actuales. Y hacerlo de tal forma que los demás lo entiendan.

Manifiesto por la historia. Jo Guldi y David Armitage. Traducción de Marco Aurelio Galmarini. Alianza. Barcelona, 2016. 292 páginas. 11,20 euros

El legado de 13 mujeres que fallecieron en 2017 y no conoces por culpa del patriarcado

18 enero, 2018

Fuente: http://www.publico.es

El machismo afecta de muchas formas a las mujeres: la invisibilización es una de ellas. ‘Público’ recopila los hitos más importantes de varias mujeres cuya muerte y obra han pasado por alto para la mayoría.

Combo mujeres

No han abierto los telediarios, ni las portadas de los periódicos, pero su legado fue importante.

Lo que no se nombra, no existe. Y a las mujeres la historia, la ciencia y las artes apenas las nombran. La invisibilización es una de las consecuencias del patriarcado. No es la única. Ya conocemos cómo la violencia machista asesina a las mujeres, impide llegar a los altos cargos en los puestos de trabajo o provoca la feminización de la pobreza.

El silencio se produce durante sus vidas, pero también después: artistas, científicas o periodistas importantes de todo el mundo han fallecido durante este año y no nos hemos enterado. No han abierto los sumarios de los telediarios, ni las portadas de los periódicos. Apenas hay referencia de ellas en internet. Por eso, en Público hacemos una recopilación de algunas de estas mujeres, para evitar que su trabajo caiga en el olvido.

La reportera estadounidense, Clare Hollingworth

El 10 de enero de 2017 falleció Clare Hollingworth, nacida el 10 de octubre de 1911, periodista y autora inglesa que dio la primicia del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la que fue considerara como “la primicia del siglo”. No llevaba ni una semana trabajando para The Daily Telegraph cuando fue enviada como corresponsal de guerra a Polonia. Mientras viajaba en coche a lo largo de la frontera germano-polaca vio cómo tropas alemanas, tanques y blindados tomaban la frontera con Polonia.

Clare Hollingwortg.

Clare Hollingworth.

Desde entonces, se abrió paso como una de las grandes corresponsales de guerra: sus informes burlaban la censura y en Bucarest informó de la abdicación forzada del rey Carol II y los posteriores disturbios; fue reportera de guerra en Turquía, Grecia, El Cairo, Palestina, Irak y Persia, Adén y China. También cubrió la escena del bombardeo del Hotel Rey David en Jerusalén que causó la muerte de 91 personas en 1946. Y a principios de los 60, la guerra civil de Argelia. Más tarde, en 1967, estuvo en la guerra de Vietnam. Recibió el premio Mujer periodista del año en 1967 ​por sus reportajes de guerra.

La BBC destacó que, aunque no fue la primera mujer corresponsal de guerra, “su profundidad de visión técnica, táctica y estratégica la distinguió”. Y The New York Times la describió como “la indiscutible decana de los corresponsales de guerra”.

La maestra republicana Alejandra Soler

Alejandra Soler (Valencia, 8 de julio de 1913 – 1 de marzo de 2017) fue una maestra y militante comunista de la II República española, pionera en el asociacionismo universitario. No dudó en defender la educación a lo largo de sus 103 años frente a Primo de Rivera, Franco y Wert.

Alejandra Soler recibió la Alta Distinción de la Generalitat.- EFE

Alejandra Soler.  | EFE

Comenzó su militancia en la Federación Universitaria Escolar, movimiento de estudiantes que luchaba contra la dictadura de Primo de Rivera. En 1934 se afilió al Partido Comunista de España y un año después se licenció en Filosofía y Letras, convirtiéndose en una de las primeras mujeres graduadas en la universidad española.

En 1939, cuando el franquismo venció en la Guerra Civil Española, tuvo que huir y refugiarse en la URSS. No volvió a España hasta 1971. En este tiempo fue maestra en Moscú de niños españoles que la Unión Soviética había acogido. Durante la Segunda Guerra Mundial, vivió la batalla de Stalingrado en la que salvó a 14 niños que tenía a su cargo como alumnos, ayudándoles a cruzar el río Volga en unos pontones y ponerlos a salvo.

La poeta y rapera Gata Cattana

Gata Cattana. SILVIA DE LA ROSA

 

Gata Cattana. | SILVIA DE LA ROSA

La cantante Ana Isabel García Llorente, más conocida como Gata Cattana, falleció el pasado 2 de marzo con tan sólo 26 años. Fue una gran artista, rapera, poeta y politóloga andaluza. Creó un estilo propio combinando diferentes estilos y mensajes cargados de denuncia social. En sus letras abarcó temas que fueron desde la cultura clásica hasta la poesía, filosofía, existencialismo, antiglobalización y feminismo.

Gata conquistó el mundo del hip hop: en sus años de carrera pasó a ser conocida por muchos como la sucesora de Mala Rodríguez, y otros como la última esperanza del rap femenino. Tras su muerte hemos podido seguir escuchándola con el disco póstumo Banzai que volvió a demostrar que, como ella misma cantaba, era “mujer en toda regla, poetisa con mayúscula”.

Simone Veil, primera presidenta del Parlamento Europeo

Simone Veil, primera mujer que presidió el Parlamento Europeo y Premio Carlos V 2008.

Simone Veil.

Simone Veil fue la primera mujer elegida presidenta del Parlamento Europeo y dejó tras ella una historia de lucha en el feminismo. Falleció el 30 de junio con 89 años. Como ministra de Sanidad de Francia consiguió legalizar el aborto en el país en 1974. Pasó así a ser conocida su trayectoria por la Ley Veil.

Veil también es conocida por ser una de las adolescentes judías que sobrevivieron al campo de exterminio nazi de Auschwitz. Había nacido en Niza en 1927 en una familia de judíos no practicantes y fue detenida por la Gestapo en 1944 con buena parte de sus familiares, algunos de los cuales (sus padres y un hermano) no sobrevivieron al horror nazi.

La matemática Evseena Ratner

Marina Ratner.

Marina Ratner.

Marina Evseevna Rarnet, fallecida el 7 de julio en Estados Unidos, fue una matemática rusa cuyos trabajos en la teoría ergódica consiguieron varios teoremas que llevan su nombre. Nació en la entonces Unión Soviética en una familia de científicos judíos y desde pequeña mostró su predilección por las matemáticas, licenciandose en 1961 en la Universidad Estatal de Moscú.

Se doctoró en 1969 con una tesis sobre teoría ergódica e investigó sobre sistemas dinámicos geométricos que dieron lugar a los teoremas de Ratner. Fue miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, galardonada con el Premio Ostrowski y elegida para la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

La matemática Maryam Mirzakhani

Maryam Mirzakhani. Stanford Universiti/EFE

Maryam Mirzakhani. Stanford Universiti/EFE

Otra matemática que ha pasado a la historia. La iraní Maryam Mirzakhani falleció el 15 de julio con sólo 40 años. Fue la primera mujer galardonada con la Medalla Fields, un premio que es considerado por la comunidad científica como el Nobel de las matemáticas. Sus estudios se centraron en investigaciones sobre geometría y sistemas dinámicos.

Mirzakhani era catedrática de Matemáticas y destacó desde muy joven en el área de las ciencias, consiguiendo varios premios como la Olimpiada Internacional de Matemáticas de 1994 y 1995, lo que le sirvió para licenciarse en Ciencias en la Sharif University of Technology de Irán y doctorarse en Harvard en 2004. Tras hacer su tesis, trabajó como investigadora en el Instituto Clay de Matemáticas y en la Universidad de Princeton.

La periodista Malén Aznárez

Malen Aznárez

Malen Aznárez.

Malén Aznárez Torralvo murió el pasado 30 de julio siendo una de las pioneras de la profesión periodística durante la Transición española, presidenta de Reporteros sin Fronteras y redactora jefa de Sociedad y Defensora del Lector en el periódico El País. También fue reportera y entrevistadora para El País Semanal, especialmente centrada en temas de ciencia e investigación. Desde 2008 fue profesora en la Escuela de Periodismo de El País

Tras pasar como reportera por varios medios como el diario Arriba de Madrid, Posible Cuadernos para el Diálogo, en 1984 se incorporó como adjunta a la dirección de Radio Nacional de España. Entre 1985 y 1986, fue directora de los Servicios Informativos de RNE, cargo en el que también fue la primera mujer​. Desde 1987 y hasta su cierre, fue jefa de Información Nacional de la revista Globo.

La atleta australiana Betty Cuthbert

Betty Cuthbert.

Betty Cuthbert.

Elisabeth Betty Cuthbert falleció el pasado 6 de agosto. Fue la primera persona que consiguió ganar el oro olímpico en las tres pruebas de velocidad: 100, 200 y 400 metros. Ambas medallas las ganó de una vez convirtiéndose en la gran heroína de los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956. Un hito por el que fue apodada como The Golden Girl (La chica de oro).

Logró varios récords mundiales, entre ellos, el de 200 metros lisos con 23,2 segundo en Sidney en 1956 y el de 400 metros con un tiempo de 52 segundos en los Juegos de Tokio de 1964. En total, a lo largo de su carrera deportiva batió o igualó 18 récords del mundo en diferentes distancias.

La primera mujer en un Parlamento de África

Fátima Ahmed Ibrahim fue una feminista, política y activista de Sudán fallecida el pasado 12 de agosto. Desde muy joven, cuando aún acudía a la escuela secundaria, comenzó a luchar por los derechos de las mujeres. Creó el periódico Elra’edda (Chicas Pioneras) y lideró la primera huelga de mujeres en Sudán porque se eliminaron las lecciones de ciencia en los centros femeninos, siendo reemplazadas por clases de “ciencia familiar”.

Fátima Ahmed Ibrahim.

Fátima Ahmed Ibrahim .

Con tan sólo 14 años, creó en 1947 la Asociación de Mujeres Intelectuales. Y en 1952 fue cofundadora de la Unión Sudanesa de Mujeres de la que fue presidenta a los dos años de su formación. Entre sus objetivos estaba conseguir el derecho de sufragio para las mujeres y el derecho de estas a estar presentes en los espacios políticos, legislativos y empresariales, así como laborales.

A los 19 años se unió al Partido Comunista Sudanés, única formación política que admitía a las mujeres en sus filas y que estaba a la vanguardia del activismo en el país. En 1965 fue elegida diputada del parlamento convirtiéndose en la primera mujer en ser elegida como miembro del parlamento, no sólo en Sudán, sino en todo Oriente Medio y África.

La feminista Kate Millet

Kate Millet

 

Kate Millet.

Una de las grandes teóricas del feminismo, Kate Millet, falleció el 6 de septiembre en París dejando un gran legado en la teoría del feminismo. Fue una de las mujeres que marcaron que “lo personal es político” y fue una gran referente de la liberación de las mujeres por su activismo y su teoría reflejada en Política sexual.

A punto de cumplir los 83 años, Millet había sido escritora, cineasta, escultora y filósofa. En este tiempo no dudó en teorizar y escribir sobre planteamientos hasta entonces nunca realizados, ni en coger una pancarta y pedir en plena calle el derecho sobre su propio cuerpo y el aborto; en declararse abolicionista, señalar el sexismo de las artes o en proclamarse bisexual a pesar de la represión y rechazo que esto le supuso.

La primera ministra de un gobierno turco

Türkân Akyol.

Türkân Akyol.

Türkân Akyol murió el 7 de septiembre. Fue una famosa política, médica y académica turca. De hecho, fue la primera mujer ministra de un gobierno turco, y la primera rectora universitaria en la historia de Turquía.

Akyol estudió Medicina en la Universidad de Ankara, graduándose en 1953. En el año 1965 comenzó a dar clases en esa misma universidad. Quince años después, fue elegida rectora del centro.

En 1971 fue nombrada ministra de Salud y Seguridad Social en el gabinete de Nihat Erim, lo que la convirtió en la primera mujer nombrada ministra en Turquía. En política también cofundó en 1983 el Partido Socialdemócrata (SODEP) del que vicepresidenta.

La antropóloga feminista, Francoise Heritier

La antropóloga francesa Françoise Héritier

La antropóloga francesa Françoise Héritier.

El 15 de noviembre falleció la antropóloga francesa Françoise Héritier que dedicó su trabajo a fundamentar que la violencia de género no responde a ninguna lógica cultural, sino a un exceso de cultura patriarcal. Héritier sucedió al padre del estructuralismo, Claude Lévi-Strauss en el Colegio de Francia, donde estableció desde entonces su propia cátedra: la teoría de la alianza y las razones de la prohibición del incesto.

Explicó ambas teoría a través de lo que fundamentó como la clave de la subordinación femenina: la capacidad reproductiva de las mujeres. La antropóloga argumentaba que la desigualdad se basa en una concepción errónea de la debilidad femenina que viene del embarazo, la lactancia y la crianza. Para superarlo, Héritier reclamaba la necesidad de que las mujeres llegasen a los “ámbitos públicos” y superasen las “tres grandes privaciones para el género femenino”: la privación a decidir sobre sus propios cuerpos, sobre el acceso a la educación y el saber y a la autoridad, ya sea en instituciones políticas, económicas o religiosas.

La química que puso fin al bocio en España

Gabriella Morreale de Castro (Milán, 1930 – Madrid, 4 de diciembre de 2017) fue una química italoespañola precursora de la endocrinología moderna en España. La científica acumuló más de 200 trabajos publicados, pero en su trayectoria destaca la investigación sobre la tiroides, con la que logró la forma de erradicar el bocio por déficit de yodo en España, al incorporarse comercialmente la sal yodada.

Gabriella Morreale de Castro.

Gabriella Morreale de Castro.

Gracias a su trabajo por conocer el problema de la deficiencia de yodo, sus consecuencias psicosociales en los fetos y su corrección a través de la sal yodada en la década de los 80, su trabajo, según los científicos Juan Bernal y María Jesús Obregón del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Madrid, “ha tenido un gran impacto en acciones de salud pública que han evitado miles de casos de retraso mental”. De hecho, pocos años después de desarrollar su investigación, Unicef adoptó la prueba y comenzó a aplicarla en todo el mundo, y desde 1990 la OMS recoge en su tabla de derechos el consumo de yodo durante el embarazo y la primera infancia.

Ha recibido diversos premios científicos a lo largo de su vida, destacando en 1977 el Premio Nacional de Investigación en Medicina y en 1985 el Premio de Investigación de la European Thyroid Association.

Nueve años inciertos de la reina Juana

14 enero, 2018

Fuente: http://www.blogs.elpais.com

Por: EL PAÍS 11 de marzo de 2014

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Ignacio Panizo Santos

De los cinco hijos de los Reyes Católicos, Juana era la única que no estaba destinada a ser reina, sino archiduquesa. Su hermano Juan iba a suceder a sus padres y para eso concertaron una alianza dinástica con la familia Habsburgo de modo que el Príncipe de Asturias se casó con Margarita de Austria y Juana con Felipe “el Hermoso”. Lo que nadie podía prever es que la muerte se llevaría en tan solo cuatro años a cuatro herederos a la Corona de España.

De este modo tan insospechado llegó a convertirse Juana en princesa de Asturias y llamada a ser la heredera de los reinos de Castilla y Aragón. Al morir su madre en 1504, se convirtió en la nueva reina de Castilla y su marido, Felipe “el Hermoso”, en rey consorte. Ni su padre, Fernando el Católico, ni su esposo querían desempeñar un papel secundario y se aprovecharon de su personalidad inestable. Entonces el reino entró en una fase de grandes desequilibrios, con luchas de poder, facciones nobiliarias y revueltas. La diplomacia jugó sus cartas, con varios pactos que no acabaron de cuajar. Y una vez más, inesperadamente, la muerte apareció en Burgos en 1506 torciendo el rumbo del país.

http://www.mcu.es/archivos/MC/AHN/Novedades/AHN_Pieza_del_Mes_Marzo14.html

A través de la “Pieza del mes”, a la que pertenecen los documentos sobre la reina Juana I, el Archivo Histórico Nacional ofrece una pequeña ventana a nuestra historia, como el regalo de 50 cuadros de escuela española ofrecido a Napoleón por su hermano el rey José I, el cartel de un desafío que tuvo lugar en Madrid en 1637, los sucesos de Melilla de 1921, una relación de las víctimas del Dos de mayo de 1808, o una donación del Cid al monasterio de Silos en 1078.

Ignacio Panizo Santos es archivero del Archivo Histórico Nacional (AHN).

La sinatura de la carta reproducida arriba es la siguiente: [1506], abril, 14.- Valladolid. Misiva autógrafa de Fernando el Católico al duque de Alburquerque informándole de su marcha para recibir a sus hijos Felipe y Juana y solicitando su presencia para hablar con élAHN, DIVERSOS-COLECCIONES, 253, N.50

‘Las Meninas: Trap Remix’: lo que hay detrás del vídeo del momento

12 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

En ocasiones Internet nos regala contenidos que confirman que la magia cultural se reproduce a la velocidad de la luz entre la “alta” y la “baja” cultura, entre cultura de unos pocos y la cultura popular. Eso es lo que ha sucedido con ‘ Las Meninas: Trap Remix, un vídeo ideado por el humorista, músico y editor Christian Flores y lanzado en Fire, una de las secciones más gamberras de la revista Playground.

Si a estas alturas no has visto el vídeo, lo mejor será que lo veas sin prejuicios ni spoilers. Con suerte, extirpará de tu cabeza cualquier otro tarareo que haya estado sonando de forma persistente (lo sentimos Luis Fonsi, ya tocaba). ¿El problema? Es adictivo.

Bien. Ahora, si tienes la cabeza en tu sitio, podemos seguir.

Una de las cosas que más llaman la atención es que a pesar de tratarse de un contenido diseñado expresamente para Internet y con la intención de que se viralizara (de ahí que use el Trap como estilo musical), la parte principal del guión es fiel a la historia. “Cuando empecé a documentarme sobre el cuadro descubrí que la historia de la infanta Margarita, la protagonista del cuadro, era muy oscura”.

A menudo, las interpretaciones del cuadro se centran en la documentada genialidad de Velázquez. Hay quién dice que fue la antesala del Selfie. Foucault, por otro lado, precisó que se trata de una obra clave en la historia del arte en cuanto que el metarrelato propuesto por el autor convierte al espectador en parte de la obra. Pero quizá poca gente a la que ha llegado este vídeo sabía que la Infanta Margarita fue prometida a su tío Leopoldo para salvar la Monarquía hispánica y que murió a los 21 años a consecuencia de su cuarto parto. En efecto, el vídeo es un jijijajá de estilo trapero, pero que cuenta con rigor una parte importante de la historia. Y además, para Flores la clave es el machismo.

“En una ocasión, estaba en una fiesta familiar y varias abuelas le dijeron a una niña de cinco años, ‘si no estás guapa, nadie te va a querer'”. Cuando Flores se documentaba sobre la historia de la Infanta Margarita no podía evitar hacer una conexión entre su anécdota personal y lo que podría estar viviendo una niña a la que, además de presionarla para estar guapa, la forzaron a casarse con un hombre mayor de su familia y a ser una esclava reproductora. “Muchas mujeres que me rodean han lo ha sufrido eso mismo, esa presión por ser guapa”, recalca Flores. Y es que las monarquías y los cánones de belleza machistas siguen aquí, como en el siglo XVII.

Resulta curioso comprobar que a pesar de llevar años trabajando en hacer música, humor y vídeos para Internet (consulta su vídeo de hace unos años “ Busco trabajo” o su colaboración con David Sáinz en “Cómo no dejar a una novia“) Flores confiese que no estaba seguro de que el vídeo fuera a funcionar: “Lo parí con una inseguridad brutal… Y ahora me ha permitido hablar con gente que admiro, como David Pareja”. También reconoce que es una suerte trabajar en un lugar donde “la experimentación es clave y hay muy pocas líneas rojas”.

Sergi Cameron es el responsable de Playground Stories, departamento que se encarga de Fire. A su cargo tienen otros contenidos, como el formato de testimonios, donde hemos podido ver vídeos tan potentes como el de Pol Galofre, un chico trans que reflexionaba sobre la masculinidad dominante. Cameron, que además es cineasta y responsable de Nanouk Films, cuenta la importancia de la libertad creativa en su equipo: “Aunque tenemos un equipo de diez personas divididos en tres de guión, producción y montaje con sus respectivos responsables, lo cierto es que la experimentación es clave”.

El ensayo y error es clave. “Internet no tiene escrúpulos, si funciona o no es algo que se sabe muy rápido”. Cameron explica que a menudo esa experimentación se ve delimitada por determinados marcos, entre ellos el legal. “En el caso de este cuadro estaba claro que no habría problema porque es de dominio público”. El propio Flores comentaba que a él mismo le sucede que cualquier objeto cultural, por su espíritu comediante, le suscita reinterpretaciones. Lo que ambos describen es pura cultura de Internet.

Tal y como cita Jaron Rowan en su libro Memes: Inteligencia idiota, política rara y folclore digital, las Reglas de 4Chan pueden ayudarnos a entender esta cultura: la regla 3 es «somos anónimos». La 13, «cualquier cosa que digas puede ser convertida en otra cosa». La 20, «nada se debe tomar en serio». La 21, «los contenidos originales solo lo son durante unos segundos, antes de hacerse viejos». Y la 22, «el copy-paste se ha diseñado para arruinar cualquier principio de originalidad».

¿Cómo sería una cultura que de verdad potenciara la reinterpretación? Tal y como dice uno de los primeros comentarios del vídeo en Youtube: “¿Y si la historia la enseñasen así en el colegio? pensadlo…”. Quizás ahí reside su potencia: bajo el aspecto de un vídeo intrascendente con música trapera, nos cuentan una historia relevante. Una historia machista.

“Parece que a muchos españoles les repugna leer libros que fomenten el pensamiento”

11 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los argumentos de Gonzalo Pontón (Barcelona, 1944) resultan demoledores a la hora de definir la escasa afición de los españoles por los libros de ensayo. “A comienzos del siglo XIX”, comenta, “la tirada media de una obra de historia, política o filosofía se situaba en torno a los 1.500 ejemplares”. Como señala el autor, esa es una cifra que dos siglos después no ha crecido, convirtiéndose en un problema cultural de primer orden.

“A veces da la impresión de a que a muchos españoles les repugna pensar o leer libros que fomenten el pensamiento”, indica Pontón. A pesar de este deprimente panorama, este editor y maestro de editores, que ha recibido el Premio Nacional de Ensayo 2017 por su erudita obra La lucha por la desigualdad. Una historia del mundo occidental en el siglo XVIII, no ha tirado la toalla para lograr que el género ensayístico encuentre un espacio cada vez mayor en la cultura de nuestro país. Un empeño difícil, pero al que este intelectual ha dedicado más de medio siglo de su vida.

Pontón subraya que el 90% de la gente que lee literatura en España (solamente a la mitad de la población), se decanta por la novela. El ensayo, por tanto, ocupa una parte minúscula. Sobre él, y desde un respeto absoluto por la narrativa, este editor y autor novel a sus 73 años confiesa que requiere una mayor capacidad de concentración, un intento de comprender el mundo y la sociedad en la que vivimos,  así como una pasión por el conocimiento.

“Si lees un libro como el que he publicado”, explica, “no sales indemne de su lectura porque te deja pensativo y te obliga a reflexionar sobre muchas cosas”. Además, dice discrepar de aquellos que califican al género de no ficción como “algo aburrido y denso”, aunque pueda “resultar cierto en el caso de autores españoles con una tendencia nefasta al academicismo”. No obstante, Pontón cree que basta comprobar “la brillantez y el interés” de los ensayos anglosajones o franceses para darse cuenta de la altura que puede alcanzar una biografía histórica o un texto sobre ciencia.

En cualquier caso, el autor se muestra muy ácido con la Universidad española, a la que califica de “academia de juguete” y, como ilustración, cita la anécdota de un catedrático amigo que nunca habría escrito un libro como el suyo porque no le hubiera servido de nada en su carrera académica. O, abundando en la herida señala, que los intelectuales españoles se han interesado bien poco por otros países y por otras culturas. “Hay multitud de hispanistas extranjeros, pero ¿tú conoces algún ensayista español que sea un reputado germanista o anglicista?”

Pontón sabe bien de lo que habla, ya que a lo largo de las últimas décadas ha publicado en editoriales como Crítica y Ariel a escritores de la talla de Pierre Vilar, Manuel Azaña, Stephen Hawking, Gabriel Jackson, Josep Fontana o Noam Chomsky, por citar ejemplos muy distintos. Vinculado a las citadas editoriales del grupo Planeta hasta su jubilación, el ensayista siguió después al pie del cañón al fundar Pasado&Presente bajo el estandarte de que desea finalizar su carrera trabajando como editor.

Un editor transformado en escritor

No obstante , La lucha por la desigualdad, el libro premiado con el Nacional de Ensayo, significa pues una excepción en la promesa que se hizo a sí mismo en su juventud: que un editor no debía convertirse en escritor. Siete años de investigación y de redacción, fruto de su saber enciclopédico y de su dominio de varios idiomas, le han servido para obtener este galardón. A pesar de ello, y salvo que decida escribir sus memorias (iniciativa a la que le animan sus hijos), el editor barcelonés asegura que la experiencia de autor no se repetirá.

Mientras resuelve si escribe o no esas memorias, Pontón recalca su pasión por los temas históricos (al fin y al cabo es licenciado en Historia de formación) y lamenta el muy escaso bagaje de los españoles en el conocimiento de su pasado. “Conviene recordar”, afirma, “que la enseñanza de la historia ha estado, y todavía está de alguna manera, en manos de una Iglesia católica y tridentina que fue protegida por cuatro décadas de dictadura”. Una institución que, según el editor, nunca se interesó por que las nuevas generaciones conociesen el pasado reciente de su país. Precisamente por ello, considera que “el siglo XX sigue sin enseñarse y debatirse a fondo en los institutos y en las universidades”.

Al hilo de estas reflexiones, Gonzalo Pontón se queja del tradicional ninguneo de las disciplinas humanísticas en este país: “las carreras de letras eran para chicas y para maricas, según decían en el franquismo”. Ese paisaje de la cultura no ha cambiado mucho, desgraciadamente, en la etapa democrática. “Está claro”, opina, “que el desprecio de las humanidades impide que haya más lectores de ensayo y dificulta que las nuevas generaciones se animen a acercarse a la no ficción”.

Portada y contraportada de 'La lucha por la desigualdad. Una historia del mundo occidental en el siglo XVIII'
Portada y contraportada de ‘La lucha por la desigualdad. Una historia del mundo occidental en el siglo XVIII’

El editor rompe su habitual calma y se indigna cuando rebate ese tópico de que las humanidades no sirven para nada y mucho menos para entrar en el mercado laboral. “Suelo poner el ejemplo de un vendedor de coches que, cuanto más sepa de disciplinas diversas y cuantos más temas domine, más posibilidades tendrá de captar nuevos clientes”, explica. Continúa diciendo que la supuesta inutilidad de las humanidades es una falacia “ basada en un puro criterio utilitarista del capitalismo”.

Por otro lado, Gonzalo Pontón sostiene que la crisis económica y política vivida en España tampoco ha servido para provocar un acercamiento al ensayo literario. Ni siquiera de las nuevas generaciones, que ahora basculan entre la precariedad laboral y la indignación.  “Es cierto que la sociedad se ha vuelto a politizar, como ocurrió durante la Transición, pero esa efervescencia se ha reflejado en los votos a nuevos partidos o en una mayor movilización social de cabreo”, apunta. Aun así, considera que “desafortunadamente no se traduce en algo propositivo”.

A pesar de ser uno de los grandes expertos en los periodos revolucionarios de los últimos siglos, Pontón se muestra hoy escéptico sobre la perspectiva de transformaciones radicales. “Una revolución como la rusa o como el estallido de mayo del 68 resultan imposibles en la actualidad y, por otro lado, el reformismo suele ser de baja calidad”. Para él, la llamada “sociedad civil” debe movilizarse constantemente y no limitarse a “introducir una papeleta en una urna”. Por tanto, el único instrumento eficaz para cambiar las cosas y desafiar al poder serían “protestas masivas y constantes”.

Gonzalo Pontón no quiere despedir la conversación sin resaltar, una vez más, la importancia de la lucha contra las desigualdades, un tema que en su libro está planteado desde una visión materialista de la historia. Especialmente recalca una: la discriminación a las mujeres. “¿Por qué tienen que ganar un 30% de salario menos que los hombres por desempeñar el mismo trabajo?”, se pregunta airado. Y, a modo de consejo, deja una sentencia del filósofo neerlandés Baruch Spinoza: “La igualdad es el único principio básico de un Gobierno legítimo”.

‘Manchester by the sea’: el peso de la vida

10 enero, 2018

Fuente: http://www.elmundo.es

Fotograma de la película 'Manchester frente al mar'.

Fotograma de la película ‘Manchester frente al mar’.

LUIS MARTÍNEZ

¿Qué es la realidad? No esperen que una simple película dé con la clave a la más grave de las cuestiones. Lo que no ha respondido sin contradecirse la Historia de la Filosofía, no quieran que se lo resuelva en poco más de dos horas Kenneth Lonergan. De hecho, y para ser precisos, a este último lo que le preocupa no es tanto el qué como el cuánto. ¿Cuánto pesa la vida? ¿Qué hace que lo real siempre acaba por pegarse de forma tan agobiante al suelo, a la piel incluso? Esa sería la pregunta correcta que planea sobre la irrefutable Manchester frente el mar.

Un artefacto extraño, llamémoslo así, mucho más profundo, lúcido y relevante que un simple drama.

 

El director lleva años dedicado a dibujar personajes heridos; dañados por la pérdida. La idea es tal vez construir desde ellos el sentido más íntimo de todo, la densidad de lo real. La estrategia es vaciar primero para cobrar perspectiva, para atisbar a ver el verdadero sentido del hueco. Tan absurdo, tan doloroso y, créanme, a fuerza de disparatado, tan divertido. Aunque duela. Tan cruelmente divertido. Así era en la maldita y por siempre fallida Margaret, a vueltas con la insensatez del sentimiento de culpa, y así vuelve a ser ahora.

Un hombre recibe la noticia de la muerte de su hermano. Le espera un sobrino huérfano y adolescente al que atender. Llevan años sin verse. La culpa es de algo necesariamente trágico que sucedió tiempo atrás. Algo que, por su tamaño, acaba por serlo todo. La película entera se resuelve en los gestos cercanos. Quizá mínimos. En un día de pesca, en una pelea en el bar, en una jornada de trabajo. Y ahí su grandeza; ahí su capacidad para tocar lo más profundo. En la imposibilidad de hablar de lo único que no se puede mantener en silencio, en lo ridículo que resulta vivir cuando todo hiere tanto, en lo cómico que puede llegar a ser tener simplemente que levantarse cada mañana… ahí, decíamos, Manchester frente al marse hace grande a cada paso que da.

De esta manera, el director compone un artefacto extraño, llamémoslo así, mucho más profundo, lúcido y relevante que un simple drama. A medida que avanza la película, lo que importa no es tanto el azaroso peregrinar de unas vidas condenadas como la textura misma de todo lo que las rodea y hasta les da sentido. Si se quiere, la cinta se puede leer como una calculada radiografía, sociológica incluso, de un estrato de la sociedad americana cuanto menos defectuoso. Pero eso sería limitar de manera culpable la provocación, eso es, de Lonergan. En realidad, el laberinto de los personajes se parece demasiado en su vacío, en su irreflexiva huida hacia delante, al de cualquiera de nosotros. Es la incapacidad de poner orden en el sinsentido de todo esto lo que abruma; lo que, llegado el caso, desconcierta hasta la simple carcajada. Porque, no sé si no lo hemos dicho suficiente, Manchester… arrastra toda su tristeza hacia un lugar inidentificable que se acerca demasiado a la comedia. Por eso, su crueldad. Por eso, su lucidez.

Desde el trabajo monumental de Casey Afleck, Lonergan, decíamos, acierta a describir con una precisión que asusta la herida de una sociedad incapaz de poner orden en sus contradicciones (sociales y, si se quiere, existenciales). Pero no sólo eso. Es la propia vida la que avanza hasta depositarse en la mirada del espectador grave, profunda, delicada y sin piedad. La vida pesa. Hasta hacer desplomar al mismo alma. ¿Quién no se ha reído nunca de una caída? Decía Mack Sennet que una comedia es cuando un hombre se cae en una zanja y se mata. Cuando te sale un padrastro, eso es una tragedia. Pues eso. ¿No me digan que no es para partirse de risa? Aunque duela.

11 lecciones televisivas que nos deja El Ministerio del Tiempo

7 diciembre, 2017

Fuente: http://www.vertele.eldiario.es

El Ministerio del Tiempo

El Ministerio del Tiempo
 La serie de La 1 de TVE cerró este miércoles su tercera temporada, y todo apunta a que será la última y definitiva. Tres años en los que ha conquistado a crítica y público, pese a no destacar nunca en audiencias, y que nos dejan distintas enseñanzas que la ficción y la televisión española deben apuntar para el futuro

Aunque ha acabado relegada casi al late night por la política de programación de TVE y con datos que no hacen honor a su trayectoria, El Ministerio del Tiempo se ha despedido como una de las series españolas más importantes de los últimos años.

No es el juicio de un espectador, ni el de un medio como Vertele, sino que así lo atestiguan hechos como que El Ministerio del Tiempo sea la única ficción que ha logrado dos Premios Ondas consecutivos a la mejor serie española (2015 y 2016), además de seis Premios Iris de la Academia de Televisión, cuatro Premios de la Unión de Actores, tres Premios Fotogramas de Plata y tres Premios Madrid Imagen, entre otros.

Tanto la ficción en sí misma como su elenco de actores han logrado, en apenas tres temporadas, situarse como un referente en la televisión española. Pero en la pequeña pantalla las audiencias muchas veces pesan más que la calidad del producto, y este miércoles parece haber llegado a su final definitivo, con un aplaudido último capítulo en el que precisamente ha navegado de forma crítica en el panorama televisivo.

A modo más de aprendizaje que de homenaje, queremos resumir algunas de las muchas lecciones que El Ministerio del Tiempo ha dado a la ficción española, y también hacer un breve recuento de errores que, por el bien de las futuras producciones, convendría no repetir nunca más.

Las lecciones de El Ministerio del Tiempo

· Riesgo e innovación: La 1 de TVE, esa cadena con fama de estar dirigida solo a personas mayores y albergar formatos más tradicionales, recibió en febrero de 2015 una nueva serie con viajes en el tiempo, innovaciones en la estructura narrativa, un elenco joven y una propuesta tanto capitular como lineal.

Y tanta novedad, lejos de asustar al público, hizo que TVE sumase a su franja más débil, la de los más jóvenes, un importante impulso. Algo que ahora ha hecho “Estoy Vivo”, y que demuestra que innovar y arriesgar en la ficción tiene premio.

· Fenómeno transmedia y en redes: Hablando claro, El Ministerio del Tiempo jamás ha tenido audiencias masivas. De hecho, su récord histórico lo marcó el día de su estreno, con 2.981.000 espectadores y un 14.8% de cuota de pantalla. Pero ha logrado conectar como pocas series españolas con sus fans.

Los “ministéricos” han sido legión gracias a la estrategia transmedia mediante la app, contenidos independientes y exclusivos online, ficciones sonoras, realidad virtual, spin-offs en vídeoblogs y más innovaciones. También en las redes sociales, por las que desde el inicio apostó la serie, en una iniciativa que ha demostrado (y marcado el camino a otras) que el reconocimiento social también puede alargar la vida de una ficción y lograr que sea renovada.

Gracias a todos los que nos habéis acompañado. Ahora a descansar que vaya noche de emociones. Hay que reírse más de uno mismo 

· Netflix y las nuevas vías: Desde su primera temporada, El Ministerio del Tiempo contó con un presupuesto reducido que le hacía difícil competir en igualdad de condiciones contra otras series españolas. Algo que en parte logró solucionar al buscar un acuerdo con Netflix.

No es el primer ni el único ejemplo, claro está, pero lograr esa colaboración entre TVE y la plataforma de pago permitió a la serie plantear una tercera temporada con más recursos, y abrirse además las puertas a un futuro en Netflix, donde la exigencia continua de las audiencias no es tan asfixiante.

· Cameos de lujo y con sentido: Cuando un producto televisivo destaca por la calidad, casi todo el sector se vuelca en apoyarlo. En el caso de El Ministerio del Tiempo, decenas de prestigiosos actores han puesto su granito de arena, de forma testimonial o recurrente, para colaborar en su trama.

Precisamente ese ha sido un punto importante de todas esas colaboraciones: los actores se integraban para interpretar un papel, generalmente histórico, y convertirse en uno u otro personaje. Es decir, la serie no hacía un esfuerzo en su trama o guión por “incorporarlos” preparándoles un personaje, sino que eran ellos los que se metían en la piel de un determinado papel.

· Es posible enseñar sin ser una ficción educativa: la finalidad principal de El Ministerio del Tiempo no es educar a sus espectadores. Pero desde el primer capítulo, sus tramas y episodios siempre han incluido una nota histórica que ha permitido aprender sobre conquistadores, políticos, cineastas y un largo etcétera.

Javier Olivares ha mantenido desde el principio un acertado pulso a la historia, seleccionando para cada capítulo un hecho concreto de la biografía de sus personajes, o un capítulo determinado de la historia de un barrio (como en el caso de El Raval) que ha permitido entretener al mismo tiempo que sus espectadores se formaban históricamente.

· Una ventana de humor abierta a la actualidad: Un capítulo en el siglo XX, otro en el XIX, otro en el XVI, otro en el XIII… los viajes en el tiempo han llevado a la “cuadrilla” a muchas épocas, pero en todos ellos han mantenido un contacto con la actualidad gracias al humor.

El personaje de Julián Martínez (Rodolfo Sancho) fue el principal adalid de todos esos “guiños” a la actualidad que han sido tan aplaudidos, y que al mismo tiempo que recordaban al espectador que no es una serie histórica, creaban situaciones de comedia con un punto hilarante por la asincronía del momento.

· Los viajes en el tiempo gustan: Desde el principio, Javier Olivares dejó claro que El Ministerio del Tiempo no era ni mucho menos la primera serie que viajaba en el tiempo. Pero sí que ha sido la primera en España en usar ese recurso para centrar sus tramas, convirtiéndolo en eje principal de su desarrollo.

El acierto en este sentido no es únicamente esa apuesta arriesgada por los viajes en el tiempo, sino también cómo los han usado para introducir diferentes ingredientes, algunos de los cuales ya hemos repasado, y que se han convertido en sus exitosas señas de identidad.

· El placer por la televisión dentro de la televisión: Sin la necesidad de ser pionera, de hecho hace relativamente poco una ficción muy diferente como es LQSA también jugó con ello, pero El Ministerio del Tiempo ha jugado magníficamente con la metatelevisión.

En su último capítulo, como hemos explicado, la patrulla viajó al pasado para impedir que TVE diera luz verde a su propio proyecto. Se llenó de muchos guiños y referencias al mismo mundo de la pequeña pantalla, con defensas y críticas que fueron muy apreciadas por sus espectadores.

 Aprendamos de los errores

· Maltrato horario y de fechas: No ha sido cuestión de la serie, ni de su creador Javier Olivares, que de hecho ha sido uno de los que más ha lamentado públicamente los cambios y retrasos. Pero el papel de TVE ha sido fundamental en el desgaste exprés de la serie.

Resulta difícil comprender que un canal público, que hace muy poco promovió una campaña por la racionalización de horarios para que sus ofertas de prime time acabasen antes de la medianoche, inicie la emisión de una serie a las 23:00 horas. A ello se suma sus cambios de día, que han mareado a su audiencia hasta dispersarla y provocar una caída exprés de sus datos.

· Temporadas partidas y adiós inesperado: A ese “maltrato” horario en la parrilla diaria se le añade la mala planificación en la emisión de sus temporadas y capítulos. Cuando la audiencia se habituaba a ocupar una noche semanal con El Ministerio del Tiempo, ésta cambiaba o directamente dejaba de emitirse.

La durísima competencia de las cadenas rivales hace que sea muy difícil asentarse en una noche. Los cambios continuos de tu propia cadena, lo convierten en casi imposible. TVE decidió arrancar la tercera temporada de la serie en junio, la interrumpió en julio, y regresó en septiembre. Algo que ha demostrado favorecer su caída gradual.

· Cambio de protagonistas: Quizás el único factor que podría apuntarse a la serie, y no a la cadena, es que no haya podido mantener a dos de sus tres protagonistas. Pero lo cierto es que no es así, y que las bajas de Rodolfo Sancho y Aura Garrido han estado influenciadas por todo lo que ha pasado alrededor de la serie.

A actores que triunfan como ellos (y como Nacho Fresneda) les surgen muchos proyectos. Y si desde TVE no reciben el cuidado que consideran necesario, es lógico pensar que esa poca confianza en su trabajo se traslade a buscar un proyecto más seguro y gratificante. Pese a que El Ministerio del Tiempo logró suplirles con garantías gracias a Hugo Silva y Macarena García, el vacío de sus dos protagonistas originales también ha hecho variar los perfiles de sus personajes, que no podían ser idénticos y que han afectado a sus guiones y trama.