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La tauromaquia vulnera derechos humanos según Naciones Unidas

9 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Recientemente se ha abierto un interesante debate social y político en nuestro país a partir de la decisión del Comité de los Derechos del Niño de la ONU de instar a España a prohibir el acceso y la participación de los menores de 18 años en los espectáculos taurinos, a fin de prevenir los efectos nocivos de la violencia de la tauromaquia sobre la infancia y la adolescencia.

Para atender la instancia del citado Comité se ha presentado una proposición no de ley en el Congreso de los Diputados, promovida por APDDA, y sendas proposiciones de ley en la Asamblea de Madrid y en el Parlamento andaluz.

Conscientes de la decadencia que viene arrastrando la tauromaquia y del nulo interés de las nuevas generaciones, el lobby taurino no ha tardado en mostrar su desesperación. En mayo enviaron a los grupos parlamentarios de la Asamblea de Madrid una carta plagada de numerosas inexactitudes y afirmaciones que no se ajustan a la realidad, menoscabando el papel del Comité de los Derechos del Niño de la ONU.

Para dar respuesta a las mismas, la Fundación Franz Weber, organización consultora de la ONU, ha remitido a los portavoces del Congreso, del Senado y de la Asamblea de Madrid, así como a la nueva ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y al nuevo ministro de Cultura y Deporte, un  documento de 14 páginas que desmonta cada una de las falacias del lobby taurino. Aquí tenéis las siete principales rectificaciones o aclaraciones:

  1. El lobby taurino dice: “No se trata de una recomendación de la ONU”

Se equivocan. Sí es una recomendación de la ONU; y además, vinculante. La Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1989, es un Tratado Internacional que reconoce los derechos humanos de las personas menores de 18 años. Y el Comité de los Derechos del Niño (CDN) es un organismo de la ONU, creado para examinar el cumplimiento de las obligaciones contraídas por los Estados parte en la Convención sobre los Derechos del Niño. Se trata de un «órgano independiente integrado por 18 expertos de gran integridad moral y reconocida competencia en las esferas reguladas por la presente Convención», que «son elegidos, en votación secreta, de una lista de personas designadas por los Estados parte», en el campo de los derechos de la infancia procedentes de países y ordenamientos jurídicos distintos. Los Estados deben rendir cuentas ante el Comité presentando un informe cada 4 o 5 años.

La Convención sobre los Derechos del Niño es un tratado jurídicamente vinculante y de obligado cumplimiento para los Estados parte. Para España, dicha Convención entró en vigor el 5 de enero de 1991 y desde entonces forma parte de nuestro ordenamiento jurídico interno. Por otra parte, la Constitución española es clara al respecto y en su artículo 39 otorga expresamente a los niños (personas menores de edad) «la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por sus derechos». Por todo ello, las observaciones finales del CDN sí tienen un carácter interpretativo/jurisprudencial vinculante, pues, aunque no es un órgano jurisdiccional que dicte sentencias, sí es el órgano de interpretación, seguimiento y aplicación de un Tratado internacional jurídicamente vinculante para el Estado que lo ha ratificado.

  1. El lobby taurino dice: “Los miembros del Comité de los Derechos del Niño provienen de países completamente alejados de la tradición taurina”

No es cierto. Ha habido tres relatores de países taurinos. Los miembros del Comité son de todo el mundo, como no podía ser de otra manera. Y no podemos culpar a la ONU de que, de los 193 estados que forman Naciones Unidas, solo en ocho sea legal la práctica de la tauromaquia. En el resto, no es legal y en la mayoría sería un delito. A pesar de ser una minoría, en la composición del CDN en estos últimos cinco años en los que se ha evaluado a los estados taurinos ha habido, hasta febrero de 2017, una ecuatoriana, Sara Oviedo, que ha sido vicepresidenta; un español, Jorge Cardona, que obviamente se abstuvo de intervenir en el caso español (como es norma en el CDN); y un venezolano, José Ángel Rodríguez Reyes, que sí participó en el proceso sobre España. Son relatores procedentes de países de tradición taurina, que conocen la realidad taurina y que han participado en la aprobación de las instancias contra la tauromaquia en los estados taurinos que se han evaluado a lo largo de estos años: Portugal (2014), Colombia y México (2015), Francia y Perú (2016), Ecuador (2017) y España (2018).

  1. El lobby taurino dice: “Si los toros fueran nocivos para los niños, tendría que haberlo sido siempre. Sorprende esta repentina recomendación”

El Comité de los Derechos del Niño ha incluido por primera vez este pronunciamiento porque con anterioridad no disponía de ninguna información sobre el impacto físico y mental negativo de la tauromaquia en la infancia y la adolescencia. Tengamos en cuenta que, para el examen de los informes de los Estados parte sobre las medidas adoptadas para dar cumplimiento a los derechos reconocidos en la Convención, las ONG reconocidas con carácter consultivo ante las Naciones Unidas pueden presentar al Comité informes pertinentes y ser invitados a proporcionar asesoramiento (artículo 45 de la Convención). En este caso, a lo largo de los últimos cinco años, la Fundación Franz Weber ha presentado informes sobre la violencia de la tauromaquia y ha participado en las presesiones y sesiones correspondientes a los Estados de tradición taurina.

  1. El lobby taurino dice: “Entre la documentación aportada por el Comité por las organizaciones de la sociedad civil no hay nada que se refiera a los menores y la tauromaquia”

La presentación de informes y la asistencia a las reuniones con el Comité de los Derechos del Niño se coordina por la entidad Child Rights Connect. La emisión de los informes por las ONG y la asistencia a la presesión es confidencial en atención a la protección de los defensores de la infancia, y solo se hace pública la información si expresamente se solicita por la ONG pertinente. Por eso no existe información sobre el contenido de todos los informes presentados por las ONG en la web oficial del CDN.

  1. El lobby taurino dice: “Desconocemos si la Fundación Franz Weber ha tenido alguna relación con algún miembro de la Comisión para aportarle algún tipo de documento fuera de los cauces oficiales”

Pues no. La Fundación Franz Weber, como todas las ONG consultoras, ha actuado siempre en el marco regulado por la Convención, como no podría ser de otra manera. La FFW ha presentado informes de investigación detallando en profundidad cuáles son las actividades taurinas con niños en Portugal, Colombia, México, Francia, Perú, Ecuador y España, en el marco del procedimiento reglamentario estricto establecido para ello aplicable a todas las ONG, y ha asistido a Ginebra a las presesiones (internas) y sesiones (públicas, retransmitidas on line) con el Comité y las delegaciones de los Gobiernos, respectivamente. En el caso español, la presesión fue el 7 de junio de 2017 y la sesión, el 22 de enero de 2018. Estas actividades las has llevado a cabo la FFW desde 2013, sin que nadie las haya puesto en duda.

  1. El lobby taurino dice: “El único estudio científico realizado en España sobre el impacto de la asistencia de menores a espectáculos taurinos fue el encargado por la Comunidad de Madrid en 1999 a cuatro equipos independientes (incluyendo tres universidades españolas)”

De forma reiterada, el sector taurino menciona un Informe de 23 de julio de 1999, que el Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid encargó a distintos autores. De acuerdo con las conclusiones que el sector taurino se esfuerza por deducir del informe, no se podría considerar como peligrosa la contemplación de espectáculos taurinos por menores. En realidad ese informe tan reivindicado es, como reza el subtítulo, una «Valoración de los estudios realizados, recomendaciones específicas y conclusiones» que fueron elaboradas por Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco. Dicho informe refleja la valoración que este catedrático realiza a partir de cuatro estudios de cuatro equipos de psicólogos diferentes. Y visto el contenido de los cuatro informes, que sí ven impacto negativo en los niños, la verdad es que no parecen guardar coherencia con la conclusión que extrae el catedrático, que él mismo califica como «una reflexión personal», y que es el mantra que repiten los taurinos, el único clavo ardiendo al que pueden agarrarse. A la vista de lo anterior, queda suficientemente probado que no es posible utilizar dicho informe para justificar que no existen impactos negativos en los niños, niñas y adolescentes que asisten a espectáculos de tauromaquia.

En todo caso, debemos poner en valor que los especialistas de reconocido prestigio en la defensa de la infancia y adolescencia que forman el Comité de los Derechos del Niño en siete ocasiones han incluido la tauromaquia en el apartado relativo a la «Violencia en contra de los niños», haciendo expresa referencia al «Derecho del niño a no ser objeto de ninguna forma de violencia», un hecho que, por un lado, refuerza su convicción de que la tauromaquia es una actividad violenta y perjudicial para la sociedad, así como una fuente de educación en la violencia y, por otro, la vincula con los preceptos de la Convención que el Estado parte debe tener en cuenta para garantizar los derechos humanos de los menores de edad en este ámbito.

  1. El lobby taurino dice: “La tauromaquia es cultura, está incluso declarada por ley patrimonio cultural”

Parecen querer decir que la Convención sobre los Derechos del Niño respeta el patrimonio cultural y que por tanto no se podría cuestionar la tauromaquia, que es reconocida en España como patrimonio cultural por ley. Pues no es así. Para emitir sus Observaciones Finales, el Comité ha tenido en cuenta el interés superior del niño reconocido en el artículo 3 de la Convención, un principio universal también incorporado en el ordenamiento interno español, en virtud del cual, en este caso, el interés del niño a no ser expuesto a la violencia prima sobre cualquier otro interés legítimo que pudiera concurrir o entrar en conflicto, como el derecho a participar libremente en la vida cultural. Así, la prohibición o limitación de la tauromaquia a la infancia es una medida que no interfiere en la libertad del niño de pensamiento cultural o el derecho al acceso a la cultura, también expresada en la Convención en su artículo 31.

Respecto a la conjugación del principio de interés superior del niño con el respeto a la cultura, el Comité de los Derechos del Niño ha dictaminado lo siguiente en la Observación General nº 14 (2013): «Aunque debe tenerse en cuenta la preservación de los valores y las tradiciones religiosos y culturales como parte de la identidad del niño, las prácticas que sean incompatibles o estén reñidas con los derechos establecidos en la Convención no responden al interés superior del niño. La identidad cultural no puede excusar ni justificar que los responsables de la toma de decisiones y las autoridades perpetúen tradiciones y valores culturales que niegan al niño o los niños los derechos que les garantiza la Convención». También la Observación General nº 17 (2013) recoge que el Estado parte puede no respetar «el derecho de los niños a participar libremente en la vida cultural y las artes» cuando sea preciso «asegurar la protección del niño y la promoción de su interés superior», que es «una obligación» para los poderes públicos.

Habida cuenta de que el Comité de los Derechos del Niño considera que los espectáculos taurinos son una actividad violenta perjudicial para el niño, el acceso a esta actividad presuntamente cultural queda relegado frente a otros derechos prioritarios, como el derecho a su desarrollo físico, mental, moral y emocional. Por este motivo, en este caso, se considera que el interés superior del niño prevalece sobre el de participar libremente en la vida cultural.

Conclusión

Pues sí, es una instancia de la ONU, de uno de sus organismos. Y sí, es vinculante para España que ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño. Y sí, es habitual que las ONG con estatus de consultor de la ONU, como la Fundación Franz Weber, aporten informes sobre el cumplimiento de la Convención. Y no existe ningún estudio científico serio que niegue el impacto nocivo de la exposición a la violencia de la tauromaquia sobre niños, niñas y adolescentes. Y, aunque alguien creyera que un espectáculo de maltrato animal como la tauromaquia pueda ser patrimonio cultural, el interés superior del niño (esto es, las personas menores de edad) debe prevalecer sobre la participación en la vida cultural, tal como establece la Convención. Por eso, el Comité de los Derechos del Niño, el 2 de febrero de 2018, dentro del apartado E «Violencia en contra de los niños» de las «Observaciones Finales sobre los informes Periódicos Cinco y Seis combinados de España», incluyó este contundente párrafo número 25 dedicado a la Tauromaquia: «Para prevenir los efectos nocivos para los niños del espectáculo de los toros, el Comité recomienda que el Estado parte prohíba la participación de niños menores de 18 años como toreros y como público en espectáculos de tauromaquia».

Espero que este artículo y el documento completo convenzan a los lectores de la nula consistencia del contenido de la carta del lobby taurino, cuyo único interés es mantener una actividad que, tal como señala este organismo de la ONU, vulnera derechos humanos.

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Dar un paso adelante en defensa de los animales

4 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace algo más de un par de años publiqué en este mismo Caballo un artículo titulado El día que dejé de comer animales en el que anunciaba mi decisión de hacerme vegetariano y explicaba mis razones. Aunque era una decisión sedimentada desde hacía tiempo, el punto de partida fue la lectura de un libro, Comer animales, de Jonathan Safran Foer.

Ahora soy vegano y, si echo la vista atrás, creo que una de las decisiones más importantes que he tomado a lo largo de mi vida y de la que más orgulloso me siento es precisamente la de haber dejado de comer animales. Hoy lo veo como un paso inevitable para alguien que siempre ha sido sensible a las injusticias y el único ‘pero’ que me surge es por qué diablos no lo hice antes. Si uno puede vivir sin hacer daño a los demás, ¿por qué hacérselo?

Mi experiencia la he contado en un libro, El día que dejé de comer animales, pensado para la gente que aún no se ha atrevido a dar el paso y en el que traté de indagar en el tema y de armarme de argumentos a partir de entrevistas con filósofos, médicos, expertos en medioambiente o activistas, entre otras Ruth Toledano, fundadora de este Caballo, cuyo trote nos ha enseñado a mirar de otra manera a los animales y a quien siempre le estaré agradecido.

Cada vez somos más quienes pensamos que la cuestión de los animales, de su sufrimiento, es un asunto ético que nos interpela como especie, que nos cuestiona y nos condena por la manera en que los tratamos. La ética, pues, está detrás de la decisión de mantener el statu quo, de mirar o no hacia otro lado, de enfrentarnos a un “holocausto” que se lleva por delante cada año billones de vidas en todo el mundo. La búsqueda de argumentos éticos me llevó a hablar con Óscar Horta cuando estaba escribiendo mi libro. Profesor de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Santiago, activista, publica ahora un libro imprescindible para saber de qué hablamos cuando hablamos del sufrimiento que los humanos causamos a otros animales. Y de cómo evitarlo. Se titula Un paso adelante en defensa de los animales y lo ha edita Plaza y Valdés, un pequeño sello mexicano que desde su desembarco en España hace algunos años se ha convertido en un referente del ensayo alternativo.

El punto de partida de Un paso adelante en defensa de los animales es el antiespecismo, una corriente de la que Horta es quizás su máximo referente intelectual en España y que desmonta la idea de que los humanos tengamos más derechos que el resto de animales por el mero hecho de ser humanos. El antiespecismo deja al descubierto un sistema de explotación hacia nuestros semejantes que ha alcanzado su expresión más perturbadora con la ganadería industrial, pero que abarca todos los ámbitos, no solo el alimentario: la medicina, la cosmética, la moda o el ocio, entre otros.

En un tono didáctico y divulgativo, Óscar Horta se sitúa en la posición de un lector que se hace preguntas en torno al especismo y el maltrato animal, pero que aún no ha encontrado respuestas. ¿Por qué dejar de comer animales? ¿Por qué los circos son una condena inaceptable para los animales? ¿Las abejas son también animales? ¿Es saludable alimentarse solo con productos vegetales? ¿Qué es el veganismo? Creo que cualquier pregunta o duda que pueda plantearse el lector respecto al sufrimiento animal y sus variables la ha recogido minuciosamente Horta y, lo mejor de todo, la ha respondido con argumentos sólidos, siempre desde esa perspectiva antiespecista de la que hablaba.

Se trata de un libro que trata de abrir los ojos al lector, un ensayo consciente de que el especismo está tan arraigado en nuestra cultura que difícilmente podremos desprendernos de él de la noche a la mañana. Por eso recomienda al lector que se tome su tiempo, que se vaya fijando objetivos asumibles para él. Aunque la idea es reducir al máximo el daño que les causamos a los animales, cualquier paso en ese sentido será positivo.

Horta dedica también un apartado al conflicto entre el ecologismo y el antiespecismo. Por sintetizar, explica Horta, el ecologismo no defiende a los animales en concreto, como individuos que sufren, sino como parte de un colectivo, como habitantes de un ecosistema. Una visión que choca irremediablemente con el antiespecismo. Un ejemplo de este conflicto sería, por ejemplo, la distinta postura entre los ecologistas y los antiespecistas a la hora de solucionar la presencia masiva en determinados ecosistemas de especies “invasoras”.

Ahora bien ( y este es para mí el único punto discutible del libro), creo que el empeño de Horta de marcar las diferencias entre el antiespecismo y el ecologismo, que comparto en gran parte, no debería ser obstáculo para buscar puntos de encuentro, una convergencia. Es cierto que la mayor parte del ecologismo se ha quedado atrás. Que yo sepa (puede que me equivoque), de las principales ONG ambientales (Greenpeace, Ecologistas en Acción, SEO-Birdlife, WWF y Amigos de la Tierra) de España ninguna tiene entre sus líneas de trabajo el antiespecismo.  Más bien todo lo contrario. Y en eso lleva toda la razón Horta. El ecologismo, o buena parte de este movimiento al menos, debería hacer una reflexión muy seria en este sentido y replantearse una visión anclada en la preponderancia de los ecosistemas sobre los individuos. Pero al mismo tiempo,  no siempre quienes se declaran antiespecistas son congruentes con el bienestar de los animales a escala global, pues no tienen en cuenta los daños que los humanos estamos causando en el medioambiente y que, en todo caso, nos rebotarán como un bumerán. Desalojar los productos animales de nuestra alimentación es sin duda un paso importante para luchar por los derechos de los animales, para evitar su sufrimiento, y de paso beneficiará también al medioambiente. Pero si comemos frutas y verduras envasadas o traídas de países lejanos, por ejemplo, si abusamos del coche o del avión en nuestra vida cotidiana,  estaremos haciendo un flaco favor a los animales. La quema de combustibles fósiles para el transporte o para producir plástico está detrás de los gases de efecto invernadero que han modificado ya el clima en la Tierra y que está matando a millones de animales. Por supuesto, no digo que Horta no tenga en cuenta estos factores, pero desde mi punto de vista además de marcar las diferencias con el ecologismo necesitamos tender puentes, necesitamos de una respuesta global que garantice una vida digna y sostenible para todos los habitantes del planeta, humanos y no humanos, sin supremacías de ningún tipo. Para lograrla, será necesaria la confluencia de todos los movimientos de liberación, entre otros el feminismo o el ecologismo. El debate, en todo caso, está abierto y Un paso adelante en defensa de los animales nos proporciona argumentos sólidos y contundentes a quienes pensamos que otro mundo es posible, también respecto a los animales, incluidos los humanos.

Hacerse vegano en la madurez

11 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los prejuicios que acompañan al veganismo son muchos y muy variados. Desde que solo comemos lechuga hasta que vamos a morir por déficit de proteínas, pasando por que es una moda pasajera, propia de millenials alejados del mundo real.

Sin embargo, abrir los ojos no tiene edad, y hay decisiones que se toman mucho mejor cuando una ya se conoce de memoria, por dentro y por fuera. Cuando la lista de prioridades empieza a estar muy clara.

Hay resoluciones que, cuando se toman rondando la sesentena, ya no tienen marcha atrás. Hoy os contamos los testimonios de algunas personas que han decidido, en plena madurez, dejar a los animales fuera del menú.

¿Qué les llevó a ello? ¿Cómo ha cambiado sus vidas? ¿Qué ha sido lo más difícil? ¿Y lo más satisfactorio? Sofía, Rosa y Sebastián nos cuentan, en primera persona, cómo viven esta nueva etapa.

Sofía Meler, escritora, 63 años. Lleva 5 siendo vegana

“No puedes decir que te encantan los animales y luego someterlos a esa esclavitud perversa que es la industria”.

Sofía Meler
Sofía Meler

Por una serie de circunstancias yo empecé a usar las redes sociales, cosa que antes nunca me había planteado, y allí, a través de las cosas que mi hija compartía, conocí la realidad de la industria alimentaria.

Aquello me horrorizó, hasta el punto de no poder quitármelo de la cabeza, me acostaba por las noches y no conseguía olvidar las imágenes que había visto. Empecé a darle vueltas y decidí que no quería formar parte de esa cadena.

La decisión ha afectado a mi vida muy positivamente. No sólo siento que vivo con arreglo a mis principios, además es cierto que me siento mejor en general. Y será por mi alimentación, o por otros motivos, pero la realidad es que mi salud es muy buena.

Socialmente, quizá por mi edad, me miran un poco como si se me hubiese ido la pinza. A veces, cuando explico por qué he tomado esta decisión, me dicen que si te pones a pensar todas esas cosas no puedes vivir. Yo suelo responder que el problema es que yo no podría vivir si no pensase todas esas cosas.

El sistema es inviable, estamos destruyendo este mundo, y no solamente por la carga que supone una alimentación tal como está planteada actualmente. O se toman decisiones drásticas, o esto no tiene marcha atrás. Personalmente soy poco optimista al respecto, pero cualquier medida que se tome pasa por volver a un consumo más racional de los recursos y para ello es determinante un cambio en la alimentación del ser humano.

Lo más satisfactorio es, para mí, poder mirar a los animales con total honestidad. No puedes decir que te encantan y luego someterlos a esa esclavitud perversa que es la industria. Es una cuestión de honestidad y, cuando uno es honesto consigo mismo, es más fácil vivir.

El ser humano ha alcanzado un estadio de bienestar que le permite empatizar con el dolor ajeno. Cuando debíamos invertir todas nuestras fuerzas en mantenernos vivos esa empatía no era viable, éramos nosotros o ellos. Ahora estamos muy lejos de esa situación y aunque el ser humano es capaz de lo peor, también tiene la facultad de ponerse en el lugar del otro y ya no caben coartadas de ningún tipo.

Por primera vez podemos elegir y es evidente que mucha gente ya lo ha hecho. A aquellos de mi generación que estén pensando en probarlo les diría que no lo duden, que lo hagan de una vez. Aunque solamente sea porque su cuerpo se lo agradecerá.

Rosa de Francisco, ejecutiva pre-jubilada, 63 años. Lleva 8 siendo vegana

“Lo mejor es poder reunirme con toda mi familia cercana, marido, hijos y nietos, que cada uno a su tiempo han llegado al veganismo”.

Rosa de Francisco
Rosa de Francisco

A los cincuenta y dos años, en Corea, me invitaron a comer perro. Cuando vi sus costillas, las vi tan parecidas a las de un lechal que en ese momento decidí no volver a comer carne, y me hice ovolactovegetariana.

Mi hija me ayudó luego a dar el paso al veganismo. Racionalmente, me convenció un conocido vídeo de Gary Yourofsky. No pude terminar de consumir los productos de origen animal que tenía en casa.

La prioridad para tomar la decisión fue, en primer lugar, la empatía hacia los animales. Luego, a partes iguales, salud y medio ambiente.

En ese instante empecé a identificarme con cada momento de la vida de cada uno de los animales, a sentir su miedo, su sufrimiento. El dolor de los que están condenados por el mero hecho de haber nacido de otra especie.

Lo más complicado de ser vegana es, por un lado, tener que convivir y moverse en un mundo no vegano. Pero tampoco es tan difícil cuando se aprende cómo. Por el otro, la impotencia de ser testigo del enorme sufrimiento de tantos animales sin poder evitarlo o aliviarlo.

Respecto a mi entorno, mi familia cercana – marido, hijos y nietos – reaccionó muy bien. De hecho todos son veganos. En cuanto a la menos cercana, algunos han aprendido a respetar nuestra opción de vida. Los que no lo han sabido, o no lo han querido hacer, se han ido alejando.

A pesar de lo que pueda parecer, el veganismo no es una moda, es una opción de vida que por una razón u otra, afortunadamente, se está volviendo tendencia.

A todos aquellos de mi generación que se lo estén planteando, les diría que se decidan a dar el paso. Que es más fácil y satisfactorio de lo que puede parecer a primera vista.

Sebastián López, biólogo, 61 años. Lleva 3 siendo vegano

“Si tuviera que poner un pero a haberme hecho vegano con más de 50 años, es la pena por no haberlo hecho antes”.

Sebastián López
Sebastián López

En 2010 empecé a colaborar como voluntario en un refugio de perros abandonados. El trabajo directo con los animales me llevó a ampliar mi formación y me documenté desde todos los ámbitos, incluido el ético, por lo que me convertí en un devorador de libros, relacionados al principio con la etología, biología y evolución, y poco a poco con textos sobre defensa animal.

En esta avidez me topé con la película Earthlings (Terrícolas) que me dejó en estado de shock y fue el clic que necesitaba para dejar de participar en tanta explotación, empezando por la alimentación.

Más tarde, el libro de Jonathan Safran Foer Comer Animales acabó afianzando la decisión.

El cambio vital no es tanto en cuanto al ritmo de vida diaria o de los productos que consumes, sino de la perspectiva que adquieres sobre la relación con los animales. Es un cambio brutal que debes aprender a gestionar, pues millones de situaciones que antes te pasaban desapercibidas ahora se muestran de forma evidente.

Una consecuencia es que decidí adoptar una actitud proactiva y me he convertido en activista, lo cual sí que ha marcado fuertemente mi vida, ya que todo el tiempo libre lo dedico a trabajar por el cambio en la relación con los demás animales desde una organización de protección animal.

Lo más complicado de hacerse vegano es, sin duda, la aceptación social. En un entorno en el que el 99% de la población es omnívora, todavía te siguen mirando como una rareza.

Es verdad que ya no es tanto motivo de chanza, cosa que antes era una constante en el cine, la televisión o la publicidad. Normalizar el veganismo es una de las tareas pendientes de los que luchamos por un futuro sin explotación animal.

Lo más satisfactorio, por otro lado, es intentar que nuestras acciones causen el menor daño a los animales. Sabemos que conseguir esto en un mundo tan globalizado y mecanizado es imposible al 100% (la utilización indirecta u oculta de productos de origen animal es casi infinita y además, con nuestros impuestos, pagamos subvenciones a muchas actividades económicas como la ganadería que no podemos controlar), pero en tanto avanzamos a ese objetivo estamos contentos de producir el menor mal posible.

Sentirse no partícipe ya es suficiente, pero comprobar que existen muchas otras alternativas exentas de crueldad, más saludables y sostenibles, te da mucha satisfacción.

En cuanto a nuestro entorno social y familiar, al principio reaccionaron con desconcierto, después con aceptación y poco a poco con comprensión. Intentan ayudar, aunque a veces nos sentimos un poco marginados en ciertas celebraciones donde los animales son los protagonistas de la mesa.

En algunos casos ha supuesto un distanciamiento, pero lo vamos solventando poco a poco. La mayoría de nosotros no hemos nacido veganos y hay que ser respetuosos con las personas que empiezan a preguntarse por lo que estamos haciendo con los animales, aunque aún no abracen el veganismo.

A aquellos de mi generación que se lo estén planteando les diría que la edad para empezar a ser vegano es indiferente. Las dudas en cuanto a salud ya están resueltas sobradamente por los expertos en medicina y nutrición.

Si tuviera que poner un pero a haberme hecho vegano con más de 50 años, es la pena por no haberlo hecho antes. Por no haberme dado cuenta con muchos más años por delante para salvar a muchos más animales.

Que la muerte de la elefanta Diana sea la del circo con animales

12 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Belinda, Pira, Diana, Thai y Baby han saltado a los medios de comunicación debido al accidente de tráfico en el que murió una de ellas y otras dos resultaron heridas, el pasado lunes en Albacete. Son elefantas y su imagen en la autovía nos partió el alma. Vimos un cuerpo tirado en la cuneta que después fue retirado con una grúa, mediante unas enormes cinchas. Y vimos a las demás deambulando desorientadas, asustadas, algunas de ellas con enormes heridas sangrantes.

El accidente fue una tragedia de la que no nos podemos hacer idea de cómo se procesa en la cabeza de una elefanta, uno de los animales más inteligentes del planeta y con una capacidad emocional que solo podemos atisbar pero que sabemos sorprendente. No hace falta ser especialmente sensible para intuir lo que esos animales están sufriendo, más aún después de saber que todas ellas nacieron en Asia, en plena naturaleza, y fueron secuestradas en los años sesenta para su venta. Es decir, llevan más de cincuenta años cautivas, según ha explicado la asociación Libera!

Después de actuar en otros circos, explica Libera!, son propiedad del domador Joy Gartner, del circo Gottani, que tiene tres expedientes sancionadores en Galicia y que vive, como otros similares, rodeado por la polémica debido a un creciente rechazo a la explotación de animales en los circos. Las lentejuelas, la brillantina y la música estridente ya no bastan para ocultar el horror. No, no estamos en contra del circo. Estamos en contra de la explotación de animales en los circos, que es muy diferente.

Puede que la presencia de elefantes, como la de tigres, osos o leones atraiga al circo a personas a las que les gustan esos animales, y sobre todo a niños deseosos de verlos de cerca, pero seguro que todas esas personas se horrorizan al saber cómo son entrenados esos animales para hacer cosas que no entran en su naturaleza, que jamás harían si no es coaccionados por el pavor. De hecho, seguro que ninguna de esas personas pagaría una entrada para ir con sus hijos a ver una de esas sesiones de entrenamiento.

Cuando los elefantes son capturados en la naturaleza, sea para venderlos a circos o a empresas de turismo para pasear a los visitantes, son sometidos a un cruel adiestramiento que consiste, literalmente, en “romperles el alma” (traducción de la expresión ‘ Pajaan‘ que da nombre a la macabra técnica), porque no hay otra forma de someterlos a la voluntad humana. Los animales, de apenas un año de edad, lo que en el caso de los elefantes equivale a esa misma edad en un humano, son confinados y aislados de los demás elefantes para que sientan la soledad. Cuando ya están atemorizados, son privados de comida y agua. Y cuando además de aterrorizados están debilitados física y emocionalmente, son atados y azotados para empezar a adoptar posturas que les provocan un insoportable dolor. Las descargas eléctricas  llegan donde los palos se quedan cortos. Todo ello para que asuman que únicamente haciendo esos movimientos y adoptando esas posturas obtendrán comida y agua y dejarán de ser golpeados. Cuando el pavor se apodera de ellos y asumen que dependen de la voluntad humana para sobrevivir dejan de ser elefantes y se convierten en fantasmas listos para hacer cabriolas en el circo o para dejar que cualquiera se les suba encima para hacer una y otra vez la misma ruta.

Elefante de menos de un año de edad adiestrado con métodos violentos para el circo Ringling
Elefante de menos de un año de edad adiestrado con métodos violentos para el circo Ringling PETA

Sabemos cómo es ese entrenamiento gracias a unas imágenes que dieron la vuelta al mundo en la que varios empleados entrenan a bebés elefantes para el circo Ringling. Los animales lloran y chillan sin parar mientras los adiestradores, impasibles, aprietan aún más las cuerdas que obligan al elefante a estirar sus patas más y más. Algunos empleados aparecen riéndose en las imágenes, desprovistos de toda empatía.

Por supuesto, durante el espectáculo nada de eso se aprecia, pero los elefantes saben con quién se la están jugando y saben lo que hay debajo de las lentejuelas. Su alma quedó rota hace mucho tiempo. Ya solo queda someterse y sobrevivir. Salvo que mueras en un accidente de tráfico en mitad de una autopista a miles de kilómetros de tu hogar, del que ya ni te acuerdas.

Nada de esto es reconocido por los responsables del circo, sabedores de que su medio de vida llega a su fin, como llegó a su fin el de los mercaderes de esclavos, legal y normalizado en una determinada etapa de nuestra historia. Hablan de libertad para poder seguir teniendo animales en sus espectáculos, pero no hablan de la libertad robada a esos animales y a tantos otros. Se olvidan de que nadie tiene libertad para explotar a otros. Se olvidan de que otro circo es posible.

Dicen que los elefantes fueron atendidos, que su domador se desvive por ellos y que no les falta de nada. Mentira. No tenían ni siquiera paja en la que descansar después del accidente. Iban cinco en un camión, encadenados. Viven en remolques de los que solo salen para actuar o para pasar algunos ratos en recintos vallados en los que apenas pueden recorrer unos pocos metros. Su domador es la persona a la que obedecen por temor, no por cariño ni por gratitud. Les falta su hábitat, su familia, su manada. Su libertad. Esa libertad a la que nunca más podrán regresar porque no tienen alma. Se la rompieron al poco de nacer para que aprendieran a levantarse sobre dos patas encima de un taburete.

Una de las elefantas del circo Gottani durante una actuación.
Una de las elefantas del circo Gottani durante una actuación. FILMINGFORLIBERATION.COM

Solo mediante una violencia extrema, tanto física como emocional, se puede conseguir que un elefante, un león, un oso o un tigre haga cosas que no comprende, que son contrarias a su naturaleza y que percibe como peligrosas. Incluso con animales más proclives a la interacción con humanos no hay otra forma de conseguir semejante sinsentido. Un elefante a dos patas, un tigre saltando a través de un aro de fuego que rodea su cuerpo en el aire o un oso patinando son imágenes que solo pueden hablar de sufrimiento. No tienen nada de divertido.

Además de la atrocidad que supone para los propios animales, esos espectáculos comportan un riesgo para la salud pública que no tiene justificación alguna. En agosto de 2017 una de esas mismas elefantas se salió del recinto donde estaban recluidas mientras el circo Gottani se encontraba en Mazagón (Huelva). Accedió a la calle, comió de unos contenedores de basura y deambuló junto a una hilera de coches aparcados, todo ello en las inmediaciones de un colegio. Los animalistas que interpusieron la denuncia por negligencia contra el circo se alarmaron también ante las lesiones que el elefante presentaba en la piel, habituales en animales sometidos a cautiverio y ansiedad prolongados.

Infocircos coincide con la Federación de Veterinarios de Europa y con el Consejo General de Colegios de Veterinarios de España en la imposibilidad por parte de los circos itinerantes de garantizar la seguridad, la sanidad y la protección de esos animales, y han instado por ello a las autoridades competentes a prohibir esos espectáculos. De hecho, aseguran que algunas de esas elefantas debían haber sido confiscadas en Alemania, pero fueron sacadas “en secreto” del país antes de que pudiera ejecutarse esa confiscación y los animales reaparecieron poco después en Francia, Letonia, Lituania, Irlanda, y finalmente en España. El historial de incidentes de seguridad es largo en la familia Gottani.

Todo este horror, ¿para qué? No hay argumentos que justifiquen la presencia de animales en los circos. No se busca proteger a los animales, más bien al contrario, se sigue fomentando su captura para ser adiestrados y vendidos cuando las poblaciones de elefantes en África mermaron un 30% entre 2007 y 2014, según datos de la Fundación Franz Weber. No se busca educar en el amor a los animales. Ese amor empieza por respetarlos, a ellos y a su hábitat. No podemos inculcar a los niños el amor a los animales mostrándolos cautivos y sometidos, comportándose como jamás lo harían en libertad. De esa forma lo que enseñamos a los niños es que secuestrar a un animal y mantenerlo preso de por vida está justificado simplemente porque nos gusta verlo haciendo cosas absurdas.  Cada vez más circos están renunciando a la explotación de los animales, a los que permiten un retiro digno en santuarios, para remodelar sus espectáculos y adaptarlos a una creciente ética social.

Gottani y otros circos, como el Quirós o el Mundial, tienen una magnífica oportunidad de demostrar que quieren dejar de martirizar a sus animales, como ya han hecho otros, sin renunciar por ello al espectáculo. Mientras, desde la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Animales (APDDA) reclaman al Gobierno una ley estatal que prohíba el uso de animales en los circos, y la senadora de En Marea Vanesa Angustia ha dirigido varias preguntas al Ejecutivo para conocer sus planes en ese sentido tras el accidente. Pacma ha recogido más de 225.000 firmas en apenas tres días pidiendo al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la prohibición inmediata del uso de animales por parte del circo Gottani y la búsqueda de un retiro digno para las elefantas.

Por supuesto, desde el otro lado, no han tardado en llegar burdasy falsas acusasiones. El portavoz de Circos Reunidos, Ingacio Pedrera, afirmaba que no sería “la primera vez” que algo similar ocurre debido al sabotaje de grupos animalistas “muy radicales”. Como era de esperar, la revista Jara y Sedal se sumaba a la acusación. Quienes dicen “amar” a los animales pero disfrutan matándolos titulaban: “El accidente de los elefantes podría ser consecuencia de un sabotaje animalista”. Podría, si no fuera porque un sabotaje animalista jamás pondría en riesgo a los animales. Ni a los humanos ni a los no humanos. Podría, como también podría ser consecuencia del exceso de peso en el camión o de la falta de medidas decuadas para trasladar con garantías a esos animales. El director general de Tráfico, Gregorio Serrano, precisó inmediatamente que el accidente se está investigando pero las informaciones preliminares apuntan a que el camnión que trasladaba a las elefantas volcó al adelantar a otro vehículo de transporte especial. Nos queda por saber cuánto peso podía trasladar ese camión. Dicen que estaba homologado para el traslado de elefantes. Siendo así, ¿podía cargar a cinco elefantes?

InfoCircos ha arrojado luz en este punto: “Hace años que la Comisión Europea declaró oficialmente que el Reglamento 1/2005 sobre protección de los animales salvajes durante su transporte no se aplica a los animales de los circos. No existe una legislación específica para los animales utilizados en los circos, de manera que el transporte en el que viajaban los elefantes no estaba ‘homologado  para trasladar elefantes’, como se ha difundido desde el sector circense, simplemente porque no existe tal homologación”. De hecho, han iniciado una  recogida de firmas para pedir a la Comisión Europea que prohíba el uso de animales salvajes en los circos y su transporte para tal fin en todo el territorio comunitario.

Las falsas acusaciones de Pedrera siguen la senda de las ya formuladas por los responsables de estos circos contra activistas en defensa de los animales. Las insidias de este sector que se sabe abocado a su fin han sido  detenidamente desmontadas a pesar de que siguen encontrando eco en algunos medios de comunicación interesados igualmente, aunque el motivo se nos escapa, en mantener una actividad basada en la explotación y el sufrimiento.

Hasta ahora Catalunya, Galicia, Baleares y Murcia se han declarado libres de circos con animales, lo mismo que han hecho 470 municipios en toda España. El territorio en el que los explotadores de animales pueden seguir instalando sus espectáculos se va reduciendo, pero queda mucho por hacer, sobre todo para que su público potencial sepa la verdad y rechace financiarlo con su entrada, y para que las instituciones dejen de ampararlos, subvencionarlos y acogerlos en sus pueblos y ciudades.

Desde el circo Gottani insisten en que las elefantas están siendo atendidas pero no permiten que nadie compruebe cómo lo están siendo, qué lesiones tienen. Ni siquiera nos han dicho quién es la que ha muerto. Gracias a Alejandra García, responsable del Santuario Equidad implicada en el rescate y traslado de elefantes a santuarios, y que ha seguido de cerca a las elefantas del Gottani, hemos sabido que se trata de Diana. Tampoco nos han dicho quiénes son las heridas ni cuáles son sus lesiones. Suponemos que quieren tenerlas cuanto antes de nuevo  en su macabro espectáculo. Pero no pararemos hasta que Gottani y los demás dejen de explotar animales. No pararemos hasta que la presencia de animales en los circos sea una pesadilla del pasado. La muerte de Diana en una autopista en Albacete tiene que ser también la muerte de los circos con animales.

La gran familia animal no se olvidará de Forges

30 marzo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Antonio Fraguas ‘Forges’ nos conmovió siempre con las lágrimas que, en sus viñetas, caían de unos toros que se preguntaban por qué. Con ellos, el muy querido Forges se preguntaba por qué los toros son torturados en los ruedos y en los festejos españoles, por qué se considera y protege como cultura esa tortura que nos degrada como sociedad: “sañas de identidad”, las llamó, de este país cuya historia él ha ido narrando cada día, durante décadas, con humor, ternura, agudeza e inteligencia únicas. Los suyos, como ha señalado El Roto, “eran personajes que se preguntaban y se respondían a sí mismos”.

Forges siempre estuvo al lado de los animales y hoy todos los toros del mundo lloran el adiós de un amigo, de un cómplice, de un aliado. Con una bondad que era capaz de que encarnara en sus dibujos, Forges nunca tuvo pelos en el rotulador para acusar a quienes permiten su tormento: “¡Y que solo sean capaces de ponerse de acuerdo con nuestro dolor!”, se lamentaba uno de sus toritos para denunciar que tanto PP como PSOE (representantes mucho tiempo de un bipartidismo alternante que nada hizo por ellos) rechazaran penalizar las fiestas donde se produce maltrato animal. Era uno de sus tantos toros tristísimos, perplejos, solos ante un destino horrible que no querían, un toro como ese otro que escribe a los Reyes Magos para que los toreros “os hundáis en el más profundo olvido colectivo”. Forges no ha podido llegar a verlo pero, cuando ese olvido sea, gracias también a él, una realidad, su magna obra, inmortal, seguirá siendo recordada. Y con ella los toros que lloraban.

Hay muchas maneras de ser activista. Forges lo fue en defensa de los animales. Lo fue haciendo el mejor activismo que él podría haber hecho: a través de sus geniales viñetas. Pero, en coherencia con su compasión por las víctimas sin voz y con su compromiso por una España que llegue a superar la barbarie, siempre estuvo disponible para apoyar a otras personas y organizaciones. Cuando en enero de 2016 presentamos en Madrid el proyecto Capital Animal, no dudó en apadrinarlo con su presencia en la  rueda de prensa que se celebró en La Casa Encendida. Como no dudó en participar con una selección de sus viñetas antitaurinas en la exposición  ‘Otras Tauromaquias’ de Calcografía Nacional. Ni dudó en involucrar al Instituto Quevedo de las Artes del Humor, del que era director técnico, para organizar la exposición ‘Los animales y nosotr@s. La gran familia’ en CentroCentro.

Obra de Forges en la exposición 'Otras Tauromaquias' de Calcografía Nacional. Madrid Capital Animal 2016
Obra de Forges en la exposición ‘Otras Tauromaquias’ de Calcografía Nacional. Madrid Capital Animal 2016 CRISTIAN RODRÍGUEZ AGUDELO

Allí estuvo siempre Forges, con su generosidad, su ironía bondadosa y aquella sonrisa que se contagiaba e iluminaba este mundo de injusticias y dolores. “Yo, en todo lo que pueda, voy a evitar la violencia como sea”, dijo en aquella presentación, mientras contaba la historia de la cotorra Blasa y nombraba, uno a uno, a los perros que han formado parte de su familia (una familia, por cierto, con un gen maravilloso que reproduce personas como los periodistas Rafa Fraguas, su hermano, y Toño Fraguas, su hijo, con quien Forges renombró a los pájaros).

Mariano Norgan, Doña Jimena, Él, Ella, Cora, Flanhagam O’Reilly, Tosca, Montse Guinda, Willy, Tirso, Zeta, Perrón, Luna, Cibeles, Pestosi, Canelo, Tula, Oiga… Estos son los perros de la familia Fraguas que inspiraron a los que, rabicontentos o flemáticos, perros con hábito lector, nos han ido lanzando mensajes de sensatez y amor desde las viñetas de Forges: “Cuanto más conozco a los hombres más me gustan los gatos”, reflexiona uno de sus perros sabios. Todos esos perros con los que Forges el agnóstico (“por no decir ateo”) se reencontrará en el cielo, “porque todos los perros, y en general todos los animales, sí merecen un cielo”. Dedicó parte de su trabajo y de su vida a “intentar por todos los medios que por lo menos aquí, en la tierra, no pasen por ningún purgatorio”.

Presentación de Madrid Capital Animal en La Casa Encendida, en 2016. De izda a dcha: Lucía Casani, Rafael Doctor, Niño de Elche, Concha López, Forges, Ruth Toledano, Paco Catalán y José Guirao.
Presentación de Madrid Capital Animal en La Casa Encendida, en 2016. De izda a dcha: Lucía Casani, Rafael Doctor, Niño de Elche, Concha López, Forges, Ruth Toledano, Paco Catalán y José Guirao.

En la presentación de Madrid Capital Animal, Forges se dirigió a los periodistas: “Vosotros, que tenéis en la mano el poder de la información, tenéis la obligación moral y ética de propalar esta nueva de lo que está pasando aquí en este momento. Porque si las capitales fueran mucho más animales, seguro que los países serían mucho más merecedores de ese cielo”. Desde este espacio periodístico que es El caballo de Nietzsche manifestamos nuestra firme y fiel obediencia al mandato del maestro, y conminamos a hacerlo al resto de la profesión. Periodista, no te olvides de Forges.

Si he querido contar aquí nuestra experiencia particular con Forges es para dar cuenta de su apoyo a la causa animalista, para que no se olvide que un grande como él nunca olvidó a los olvidados. Lo hago desde una profunda e infinita gratitud. Y en nombre de todos los animales a quienes él puso rostro y dio su voz, y que hoy le dicen: gracias, amigo Forges, nos vemos en el cielo, desde donde ¡nos van a oír!.

La ONU insta a España a alejar a niños, niñas y adolescentes de la violencia de la tauromaquia

6 marzo, 2018

Fuente: http://www.kaosenlared.net

Por El caballo de Nietzsche

Naciones Unidas propone a España prohibir la exposición de los menores de edad a las actividades taurinas para protegerlos de su extrema violencia.

El caballo de Nietzsche publica un vídeo en el que ha recabado la opinión de Gehad Madi y Velina Todorova, miembros del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, así como la de varios expertos y personalidades de la cultura española

Luis Rojas-Marcos, psiquiatra; Anna Mulà, abogada; Carlos Vilagrasa, profesor de Derecho Civil; Chesús Yuste, coordinador de la APDDA; Rosa Montero, escritora; Nathalie Seseña, actriz; e Ignacio Escolar, director de eldiario.es, se pronuncian contra la exposición de niños, niñas y adolescentes a la violencia de la tauromaquia.

El Comité de los Derechos del Niño, que evalúa el cumplimiento de la Convención sobre los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se ha pronunciado hoy en contra de que España permita que los niños, niñas y adolescentes participen y asistan a eventos taurinos.

Tal y como explica en este vídeo Carlos Vilagrasa, profesor de Derecho Civil y presidente de la Asociación para la Defensa de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia, la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada en 1989 y ratificada por todos los países miembros de la ONU, recoge el derecho de todas las niñas, niños y adolescentes a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, moral y social, así como el deber del Estado de adoptar las medidas que les aseguren dicha protección.

“Para la Convención de los Derechos del Niño, que ha sido ratificada por las Cortes Generales españolas, el valor superior es la protección de la infancia y la adolescencia, y eso está por encima del gusto de los padres y obliga a los poderes públicos a tomar medidas para garantizarla”, señala el ex diputado Chesús Yuste, coordinador de la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Derechos Animales (APDDA).

La participación de la infancia en actividades taurinas, tanto asistiendo de espectadores a esos eventos como participando en ellos, les expone a una violencia extrema. La FFW presentó un informe en el que llamaba la atención del Comité sobre la existencia en España de eventos taurinos donde los niños y niñas presencian actos de extrema violencia, así como de escuelas taurinas (más de medio centenar) donde ponen en riesgo su integridad física y mental.

“El mundo civilizado está moralmente obligado a proteger a niños y adolescentes de los probados daños psicológicos que produce presenciar la normalización de la violencia y el sadismo en cualquiera de sus forma, incluyendo las corridas de toros”, asegura el psiquiatra Luis Rojas-Marcos, que ha sido durante varias décadas máximo responsable de los Servicios de Salud Mental, Alcoholismo y Drogodependencias de la ciudad de Nueva York, así como presidente del Sistema de Hospitales Públicos neoyorquino.

El pasado 22 de enero de 2018, tuvo lugar en Ginebra la sesión pública entre el Comité de la ONU y la Delegación del Gobierno de España, durante la cual España fue preguntada en varias ocasiones por dicha cuestión.

“La legislación española, como la de todos los países democráticos del mundo, protege a la infancia de la exposición a la violencia”, explica el director de eldiario.es, Ignacio Escolar. “Solo hace una excepción, que son las corridas de toros. Los menores de edad pueden entrar a las plazas a presenciar cómo se tortura a un animal y también pueden ser formados en las escuelas taurinas en cómo ejercer esa violencia y esa tortura. Hay una clarísima contradicción entre los tratados internacionales de protección a la infancia que España tiene firmados y lo que aplica con la tauromaquia”.

Los miembros de la delegación española en Ginebra respondieron con explicaciones que no convencieron al Comité, lo que ha provocado que en sus Observaciones Finales dirigidas a España se haya incluido una instancia para modificar la legislación y prohibir la participación y asistencia de niños, niñas y adolescentes a las diferentes actividades taurinas.

“La tauromaquia supone una extrema violencia para la infancia. Debería prohibirse para todos los niños menores de 18 años. No solo los niños toreros, sino también aquellos que asisten como espectadores. En el Comité estamos muy preocupados por proteger a los niños de estar expuestos a dicha violencia. Y esperamos que el Gobierno de España y de sus diferentes comunidades prohíban su participación en actividades taurinas”, afirma Gehad Madi, miembro del Comité de los Derechos del Niño.

Con esta instancia se consolida la posición de la ONU respecto a la vulneración que causan los eventos taurinos en los derechos de los niños, niñas y adolescentes, habiendo instado ya a todos los países en los que estas prácticas son legales a asegurar la protección de la infancia alejándola de la violencia de la tauromaquia.

“El principio del interés superior del niño, que es la esencia de la Convención, prevalece sobre el derecho de acceso a la cultura”, ha declarado Anna Mulá, abogada de la Fundación Franz Weber.

Rosa Montero, Premio Nacional de las Letras 2017, considera que “solo la gente verdaderamente cegada por el prejuicio puede sostener que está bien presentar a los niños y niñas esa violencia, esa salvajada, ese sadismo, esa crueldad”. La escritora alerta sobre la construcción de un futuro de ciudadanos faltos de empatía: “Encima se les dice que esa es nuestra cultura, que eso es lo que que tenemos que ser, lo que es galardonado y apreciado. Construye un modelo de sociedad terrorífico, en el que yo no quiero estar”.

“Pensar que puedes abusar, puedes maltratar, puedes matar a otro ser vivo, es muy peligroso”, reflexiona la popular actriz Nathalie Seseña, “porque la violencia siempre genera violencia”.

http://www.eldiario.es/caballodenietzsche/ONU-Espana-alejar-adolescentes-tauromaquia_6_735686446.html