Archive for the ‘Historia contemporánea’ Category

Leizaola, un lehendakari al servicio del espionaje británico en la II Guerra Mundial

13 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La biografía oficial de Jesús María de Leizaola (San Sebastián, 1896-1989) revela que este dirigente histórico del PNV fue diputado en las Cortes Generales la II República, consejero de Justicia y Cultura (y portavoz) del primer Gobierno de Euzkadi durante la Guerra Civil y, sobre todo, lehendakari en el exilio a la muerte de José Antonio Aguirre. Ya en democracia y de vuelta a suelo vasco, fue parlamentario autonómico y tuvo el honor de haber pronunciado las primeras palabras que constan en el diario de sesiones de la Cámara vasca (“Buenos días nos dé Dios […]. Los vascos de hoy hemos sobrevivido a una guerra dura y terrible”). Una reciente investigación historiográfica, sin embargo, revela que también fue el agente vasco más reconocido al servicio del espionaje británico durante la II Guerra Mundial, en la que la Inteligencia vasca conformada por Aguirre tuvo un papel muy relevante en el concierto internacional merced a sus acuerdos con Estados Unidos y con otras potencias aliadas a pesar de ser una organización sin territorio y sin apenas recursos económicos.

El archivo HS9/910/6 de “Leisaola”

La desclasificación de documentos históricos secretos está lejos de ser una realidad en España (precisamente el PNV es el que más ha insistido en el Congreso), pero en países como Estados Unidos o el Reino Unido la información publicada es muy abundante y abarca períodos tan sensibles como la II Guerra Mundial. Si en los archivos de la CIA consta la estrecha colaboración del espionaje estadounidense (entonces OSS) con el denominado Servicio Vasco de Información (SVI) y con el propio Aguirre, el entendimiento con el Reino Unido no fue menor. El Gobierno británico ha revelado la lista completa de espías al servicio de una agencia llamada SOE (Secret Operations Executive), un equipo de inteligencia creado por Winston Churchill en 1940, en pleno conflicto bélico, y que perseguía captar información en Alemania y en los países ocupados para luego llevar a cabo operaciones encubiertas de sabotaje y resistencia. Y entre la larga relación de agentes del SOE, en los que se cuentan varios vascos y varias decenas más de españoles opositores al franquismo, sobresale el nombre de Jesús María de Leizaola, citado como “Leisaola” en el archivo HS9/910/6, desclasificado en marzo de este año e incorporado a la reciente investigación de los expertos Pedro J. Oiarzabal y Guillermo Tabernilla sobre vascos en la II Guerra Mundial, editada en formato de revista por la asociación Sancho de Beurko.

Cuartel general del SOE en la Baker Street de Londres
Cuartel general del SOE en la Baker Street de Londres

Estos historiadores sostienen que “la historiografía española ha infravalorado claramente” el papel del espionaje vasco diseñado y dirigido por Aguirre (desde América) y Leizaola (desde Europa) durante el exilio que siguió a la caída del frente del Norte en 1937 y al escenario de guerra global en Europa. En su reciente trabajo, que aborda muchos aspectos del Servicio Vasco de Información con documentos originales inéditos en su mayoría, Oiarzabal y Tabernilla desglosan operaciones detalladas de agentes vascos, incluyendo la privilegiada relación de Leizaola con el SOE.

El SOE fue creado en 1940 por el propio primer ministro Churchill como un servicio de espionaje más moderno y operativo para lograr infiltraciones en Alemania y en los países ocupados y a partir de ahí llevar a cabo operaciones especiales de sabotaje en favor de los aliados. En esas fechas, Estados Unidos también puso en marcha el embrión de la actual CIA, una agencia conocida como OSS (Office of Strategic Services). El SOE tenía su cuartel general en la conocida Baker Street de Londres y controlaba varias secciones de espionaje, propaganda y operaciones que se distribuían en varios territorios.

Leizaola operaba desde Francia, en donde era el máximo responsable del Gobierno de Euzkadi en el exilio con Aguirre en la clandestinidad. Según los datos de Oiarzabal y Tabernilla, la colaboración del dirigente del PNV con el Reino Unido se inició en 1942, cuando Francia y la Francia ocupada era un objetivo prioritario. Ese mismo año, Aguirre reapareció y consiguió instalarse en Estados Unidos, con cuyos servicios de Inteligencia acordó un trabajo compartido que se mantuvo varios años en el tiempo y que incluyó servicios en América y en Europa e incluso algunas operaciones en el Norte de África. Los expertos defienden que Leizaola realizaba “tareas clave de coordinación del SVI con el SOE” y que “distribuía los fondos económicos que desde Estados Unidos Aguirre le hacía llegar para la subsistencia de los miembros de la organización”. “El SOE facilitaba tantos los contactos entre Aguirre y Leizaola como el acceso a dichos fondos”, remarcan.

Otros vascos en el “Ejército secreto” de Churchill

Otros agentes vascos del SOE (conocido en la época como “Ejército secreto de Churchill” o como “The Racket” pero nunca por sus siglas reales) fueron Jacinto Marín Echeverre (un viajante), Federico Gallastegui Gutiérrez (ferroviario), Benito González Eizaguirre (contrabandista), Juan Solabarrieta y Bengoechea (capitán mercante) y, sobre todo, Juan Bandrés Jauregui. Éste último, exiliado en Francia y que se hacía llamar ‘Punch’, saboteó la base de submarinos italianos en Burdeos y posteriormente se refugió en Gibraltar con apoyo del SOE.

Base de datos del SOE
Base de datos del SOE

La llamada sección H del SOE también operó dentro de suelo español, incluyendo el protectorado de Marruecos, aunque según Oiarzabal y Tabernilla el embajador británico, Samuel Hoare, se oponía a este tipo de operaciones “subversivas” secretas y apostaba más por las vías diplomáticas. En todo caso, el SOE (“en colaboración presumiblemente con agentes de la OSS”) destapó en mayo de 1944 en Behobia, junto a la frontera hispanofrancesa, “uno de los mayores alijos de wolframio (40 toneladas)” que España, aparentemente neutral en el conflicto, suministraba a Alemania para su industria armamentística.

En la II Guerra Mundial, el País Vasco era un nido de espías. Si los aliados tenían una actividad muy intensa con apoyo del SVI y la oposición republicana, la España franquista posibilitó una fuerte penetración de la Alemania nazi. La Abwehr, por ejemplo, ‘regaló’ a la DGS franquista la cabeza de una treintena de agentes al servicio del Reino Unido aunque en su mayoría eran de nacionalidad española. Eso ocurrió en febrero de 1943 y Oirzabal y Tabernilla inciden en que en octubre de ese año España dio otro golpe al espionaje británico, a la denominada ‘Red San Miguel’, creada en Bilbao y que entonces tenía sede en León.

El homenaje que la democracia española le debe al héroe Francesc Boix

8 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Se llamaba Francesc Boix y en otro país distinto su nombre y su historia se enseñaría en las escuelas. Es el único español que declaró como testigo en los juicios de Nüremberg contra la cúpula del III Reich. Fue una de sus víctimas y también un héroe que ayudó a documentar el horror del régimen nazi. Boix acaba de ser homenajeado… en Francia. En España, su historia es ignorada.

Boix sobrevivió cuatro años y tres meses en Mauthausen. Fue uno de los 9.328 republicanos españoles que acabaron en los campos de concentración alemanes. Como todos los demás, Boix llegó allí tras la caída de la República, el exilio y la invasión alemana de Francia, donde fue capturado tras la derrota del ejército francés. Cuando entró en el campo de Mauthausen, Boix ya llevaba dos guerras sobre sus espaldas. Apenas tenía 20 años.

La mayor parte de los soldados derrotados por la invasión nazi de Francia acabó en campos de prisioneros convencionales, donde Alemania respetaba la convención de Ginebra. No fue el destino final para los soldados republicanos españoles que lucharon del lado francés en la Segunda Guerra Mundial. Tras unos meses en esos campos de prisioneros, después de las conversaciones entre Madrid y Berlín, los españoles fueron trasladados a otro lugar mucho peor por petición expresa de la dictadura franquista: los campos de exterminio nazis.

En su uniforme a rayas de Mauthausen, Boix llevaba cosido un triángulo azul, el símbolo con el que los nazis identificaban a los apátridas, con una contradictoria ‘S’ de spanier. Era un español sin patria, víctima de dos gobiernos totalitarios: el de Hitler pero también el de Franco, que colaboró con el dictador nazi en el exterminio de los “rojos” y judíos españoles.

Boix sabía de fotografía. Durante la guerra de España había trabajado como fotógrafo para una revista catalana. Esa experiencia le sirvió para que las SS le destinaran como ayudante del laboratorio fotográfico. Allí, con la ayuda de otros prisioneros españoles, Boix logró robar copias y negativos del campo de concentración, una documentación que probó la complicidad y el conocimiento de varios altos mandos alemanes en los horrores de Mauthausen. Aquellas fotografías se proyectaron en los juicios de Nüremberg y, junto al testimonio de Boix, fueron claves en algunas condenas.

Boix murió en París con apenas 30 años por una enfermedad renal; su paso por Mauthausen arruinó su salud para siempre. Desde este viernes, descansa en el Père Lachaise, el cementerio de las celebridades de París, al que fue trasladado en una ceremonia de homenaje presidida por la alcaldesa de París a la que también asistió el alcalde en funciones de su ciudad natal, Barcelona, y un consejero de la Generalitat de Cataluña. El Gobierno español fue el gran ausente. Solo acudieron dos miembros de la embajada, a pesar de que el Congreso en pleno le instó a enviar una delegación oficial a este homenaje.

Mariano Rajoy estaba ese día en París, pero no tenía tiempo para estas cosas.

No es ni siquiera la primera vez que el Congreso vota una cosa y el Gobierno de Rajoy lo incumple. Hace más de dos años, la mayoría del Parlamento pidió un homenaje para los 9.328 españoles que pasaron por los campos de concentración alemanes. Hoy sigue pendiente.

Hay víctimas y víctimas. Y el Partido Popular no solo desprecia constantemente a las víctimas del franquismo. También los españoles víctimas del nazismo son víctimas incómodas, víctimas que recuerdan la complicidad de la dictadura española con los peores crímenes del siglo XX, víctimas que  dejan en evidencia esa versión manipulada de la historia que iguala al bando republicano y al golpista en un “todos fueron igual de malos“. Víctimas de segunda fila.

Mauthausen, Gusen, Dachau, Buchenwald… De los 9.328 españoles que pasaron por estos campos de concentración solo sobrevivieron 3.809. Solo uno de cada tres.

Apenas una docena de esos supervivientes hoy sigue vivo. Hace dos años, cuando el Congreso aprobó un homenaje para ellos, estaban vivos 25.

Todos ellos probablemente morirán sin que el Gobierno de su país, España, les honre como merecen. Porque estas víctimas solo son héroes en Francia.

DOCUMENTAL | Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno

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¿Qué fue la guerra civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes

4 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Como mucha gente miente cuando le preguntan por su intención de voto, los sociólogos se tienen que buscar las vueltas para averiguar a qué partido vota cada encuestado. Uno de los trucos habituales es buscar “ideologemas” que compartan los votantes de un partido y no los del resto. Y hay uno que no falla nunca: “¿Está usted de acuerdo con que todos los políticos son iguales?”. Cuando la respuesta es un sí rotunto, sabemos con certeza que nos encontramos ante un votante del Partido Popular (haya dicho lo que haya dicho sobre su intención de voto).

Portada del libro '¿Qué fue la guerra civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes', de Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas.
Portada del libro ‘¿Qué fue la guerra civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes’, de Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas.

Algo parecido ocurre con el asunto de la guerra civil. Como es imposible defender en voz alta el golpe de Estado, la brutal represión y la instauración de un sistema teocrático durante 40 años, el refugio de los nostálgicos (conscientes o inconscientes) es una equidistancia impostada entre todos los bandos.

Uno de los argumentos favoritos de estos nacional-católicos de incógnito es sostener que los dos bandos cometieron atrocidades, argumento peregrino que consiste en pasar por alto algo muy elemental: cuando las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad se rebelan contra el Gobierno, el Gobierno se queda sin ninguna herramienta con la que garantizar el orden público y, por lo tanto, es previsible que se cometan atrocidades. Pero no son comparables las atrocidades que cometen los cuerpos armados rebeldes y las que no puede evitar el Gobierno legítimo precisamente por carecer de cuerpos armados.

Otra perla en la misma dirección es la que trata de presentar a todos como “igualmente radicales”. El programa reformista con el que el Frente Popular ganó las elecciones en 1936 le parecía radical a la oligarquía, a un ejército del siglo XIX, a los caciques locales y a la Iglesia Católica (con un voto cautivo organizado en partidos que se reconocían en el fascismo italiano y el nazismo alemán).

Sin embargo, basta mirar ese programa electoral a la luz de la Constitución del 78 (no la de los Soviets) para descubrir que (bendito progreso) todo lo que se defendía forma hoy parte del más elemental sentido común: cierta separación entre la Iglesia y el Estado, una tímida mejora de la justicia social, la instauración de un sistema educativo que no fuera una mera catequesis nacional, un pequeño brote de emancipación de las mujeres y el reconocimiento de un margen de autonomía para las nacionalidades históricas. Sólo desde posiciones pre-constitucionales puede parecer “demasiado radical” el programa del Frente Popular.

El libro que acaban de publicar Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas, con ilustraciones de David Ouro ( ¿Qué fue la guerra civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes), viene a poner un poco de orden en este asunto. Planteado como una respuesta al libro de Pérez Reverte, muestra hasta qué punto es disparatado pretender que la justicia se halla en el punto medio entre las víctimas y los verdugos.

Y ni siquiera es necesario contar mentiras para construir un relato radicalmente injusto: basta seleccionar ciertos datos y esconder otros; basta pasar por alto las cuestiones esenciales que Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas ponen de manifiesto en este libro escrito para jóvenes y adolescentes: el papel de la Iglesia, la posición de los y las intelectuales, la intervención de Hitler y Mussolini frente a la pasividad cobarde de las democracias occidentales, la política cultural de ambos bandos, la lucha feminista frente al ideal femenino del franquismo, y, por supuesto, el problema de fondo: esa ley de hierro que ha gobernado todo el siglo XX según la cual se ha reconocido a las fuerzas de izquierdas el derecho a presentarse a las elecciones, pero no a ganarlas; pues cada vez que una fuerza de izquierdas ha estado en condiciones de amenazar los intereses de los dueños del poder real, no ha tardado en producirse un golpe de Estado que ha dado al traste con el orden constitucional completo. El caso de España en 1936 fue paradigmático y conviene que no se nos olvide. Por dignidad y por no perder el hilo histórico de esa España de la que sí podemos sentirnos orgullosos.

Nos dijeron que era la última guerra: 80 años de ‘La gran ilusión’

27 julio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Corría la década de los treinta. En las carteleras habían destacado diversas películas, como Sin novedad en el frente o Las cruces de maderaque revisaron la I Guerra Mundial con talante antibelicista. Los horrores de la trinchera, las armas químicas y las ametralladoras de gran calibre, parecían haber calado en la sensibilidad de los cineastas. Aún así, cintas como Alas sobrevolaban los campos de batalla para proponer espectaculares combates aéreos entre caballeros del aire.

La Alemania hitleriana todavía no se había anexionado Austria ni había invadido Polonia, pero comenzaba a vislumbrarse otra confrontación bélica a gran escala. En este contexto, Jean Renoir, hijo del pintor Pierre-Auguste Renoir, filmó La gran ilusión, un clásico atemporal y un atípico filme de guerra sin guerra, emotivo y con un discurso quizá más socialista que patriótico.

Los protagonistas de la película de la que se cumplen ahora 80 años son militares franceses capturados por el ejército alemán durante la I Guerra Mundial. Pasan toda la película lejos del frente. Charlan, organizan actividades e intentan engañar a sus carceleros mientras preparan planes de fuga. Juegan a la guerra, aunque arriesgan su vida de verdad. Con este relato, Renoir no rompió completamente con el cine bélico de camaradería, canciones y sacrificio, pero se alejó de la épica. Y destacó el factor humano y la empatía entre individuos enfrentados por motivos dificílmente comprensibles.

El realizador francés se anticipó a ese Hollywood antifascista que recordaba la I Guerra Mundial para dialogar con el presente. Películas como Regimiento heroico (1940) o El sargento York (1941) prepararían a la audiencia para otro estallido bélico con el viejo enemigo alemán. La gran ilusión, por su parte, no azuzaba las enemistades entre naciones, sino que resultaba una variante castrense del realismo poético francés y su simpatía hacia el proletariado.

Solidaridad y conflictos de clase

La propuesta de Renoir, que sintonizaba con el gobierno del Frente Popular francés, y el guionista Charles Spaak se fundamentaba en una visión izquierdista del conflicto. La guerra se representa como un asunto de la oligarquía, como un problema ajeno en el que el pueblo se ve forzado a intervenir. El protagonista es un mecánico ascendido a oficial, interpretado por el popularísimo Jean Gabin: Maréchal asume a regañadientes la lógica nacionalista de la guerra, pero tiene tan presentes las diferencias de clase como la lucha de banderas.

En paralelo, se rehuía deshumanizar al enemigo. Abundan los carceleros sensibles con el sufrimiento de los prisioneros. Y una campesina germana también aparece en la ficción, ayudando a los franceses fugitivos. En un momento dado, les enseña las fotografías de los hombres de su familia: todos han muerto en la guerra. En la linea del realismo poético de El muelle de las brumas o Al despertar el día, se retrata el sufrimiento de los desfavorecidos y también su capacidad solidaria. Un amor fugaz, quizá imposible, solía ser el premio de consolación a una vida de contratiempos.

La gran ilusión fotograma 2
Jean Gabin (en el centro) fue uno de los rostros del realismo poético francés, asociado con el gobierno del Frente Popular

Un personaje de la película tiene especialmente claro que la guerra es un asunto de clase: el oficial alemán interpretado por Erich von Stroheim. Pero la contienda también le parece fútil: cree que, venza quien venza, los privilegios hereditarios acabarán perdiendo relevancia. Con ese sentimiento de fatalidad, y con un clasismo y un racismo expresados con palabras correctísimas, el mayor von Rauffenstein intenta sobrevivir la guerra con el máximo fair play y dedicando atenciones al enemigo al que ve como un igual: el aristocrático teniente de Boeldieu.

Von Rauffenstein puede entenderse como símbolo de un imperio especialmente antidemocrático, pero Renoir también le dota de humanidad al mostrarlo profundamente conmovido por una muerte. Boeldieu, por su parte, representa a una élite que acepta el signo de los tiempos y coopera con un mecánico y un rico de origen judío. Por eso, aunque sea de manera conflictiva, La gran ilusión permite una cierta conciliación con el discurso oficial. Con tensión, incluso con insultos, tres personajes muy diferentes colaboran por una causa nacional que coincide, en algunos aspectos, con la causa progresista.

A pesar de ello, el resultado no servía como obra propagandística. El substrato internacionalista del filme incomodó a la mayoría de las partes en unos tiempos en que no se permitían las sutilezas: lo censuraron la Alemania nazi, la Francia republicana y el régimen colaboracionista de Vichy.

Un clásico cuestionado

Después de la guerra, la película también tuvo sus detractores. Aunque siguió siendo loada por su sensibilidad, sus personajes memorables y sus momentos de  belleza y emotividad, quizá mostraba una guerra demasiado limpia para una realidad de genocidios planificados en campos de concentración y de bombardeos atómicos e incendiarios sobre ciudades habitadas. Quizá a Renoir le movía el decoro cuando evitaba representar las muertes usando delicados movimientos de cámara. Quizá también influyó una cierta nostalgia de la juventud: Gabin vestía el mismo uniforme que el cineasta portó en sus tiempos de piloto.

Renoir incluso fue acusado de producir un filme colaboracionista, de anticiparse al gobierno de Vichy, por su retrato de un personaje de ascendencia judía. La acusación parece excesivamente dura. La caracterización de Rosenthal partía de una mirada etnocéntrica, de la contemplación del otro como alguien peculiar y destinado a un papel secundario. Pero el cineasta invertió los estereotipos antisemitas para dibujar un personaje generoso y empático, uno más del trío interclasista de camaradas. Aunque algunos héroes lo sean más que otros, y el proletario interpretado por Gabin reine en la pantalla.

La gran ilusión cartel
El filme fue prohibido tanto por el gobierno francés republicano como por el régimen de Vichy

Dejamos para el final un último tema de la película. Su mismo título sugiere algo que explicitan varios diálogos del filme: la gran guerra fue un engaño. Figuras como el presidente estadounidense Woodrow Wilson o el escritor  H. G. Wells (que se arrepintió de su arrebato militarista) hablaron de una guerra que terminaría con todas las guerras. Como se comprobó posteriormente, la peculiar estrategia de acabar con la violencia a través de la violencia resultó ser un espejismo por el cual marcharon y lucharon millones de soldados. Muchos de ellos pagaron con sus vidas.

Durante el rodaje de La gran ilusión, Renoir aún no podía saber que ese discurso volvería a usarse de cara a la II Guerra Mundial. Un par de años después, filmó La regla del juego, una comedia más esquiva, menos popular, muy marcada por el clima pre-bélico. Posteriormente, el director se exiliaría en los Estados Unidos y filmaría una de las obras más memorables del Hollywood propagandístico posterior a Pearl Harbor: la antifascista Esta tierra es mía.

Si en los años 50 contrataste los servicios de una puta en San Francisco, puede que la CIA te grabase

12 julio, 2017

Fuente: http://www.historiasdelahistoria.com

JAVIER SANZ  

En la década de los años 50, cuando era director de la CIA Allen Dulles y bajo la denominación de Proyect MKULTRA, se iniciaron una serie de investigaciones y experimentaciones para manipular la conducta humana y estudiar sus consecuencias. A través de su División Científica, y con un prepuesto del 6% del total de la Agencia, se comenzó a experimentar con diversos métodos (hipnosis, privaciones sensoriales e incluso la administración de LSD y otras sustancias químicas) para alterar las funciones cerebrales y estudiar el comportamiento humano. Los experimentos comenzaron con voluntarios pero no conseguían los resultados esperados ya que los agentes no se empleaban a fondo y, además, los sujetos estaban condicionados por saber que iban a ser sometidos a examen. Así que, dentro del Proyecto MKULTRA se creó el programa Operation Midnight Climax (Operación Clímax de Medianoche).

Midnight Climax

Este programa, de sugerente nombre, iba a investigar los efectos del LSD y otras drogas en ciudadanos anónimos que nunca sabrían que fueron cobayas humanas. Para ello, la CIA contrató a varias prostitutas y montó varios prostíbulos en los que los ciudadanos que contratasen este tipo de servicios iban a ser narcotizados y vigilados (micrófonos, cámaras e incluso espejos tras los que los agentes de la CIA comprobaban en directo el espectáculo). El problema es que se les fue de las manos y, como consecuencia de excesivas dosis de LSD o por la mezcla con alcohol, un cliente se tiró por la ventana pensando que podía volar. El LSD fue desestimado finalmente por los investigadores porque sus efectos eran demasiado imprevisibles. Así que, si estuvisteis en San Francisco en los años 50 y contratasteis los servicios de una señorita de compañía en el barrio de Telegraph Hill, igual fuisteis utilizados como cobayas y la CIA os grabó “con el culo al aire“. También tenían establecimientos de este tipo en Nueva York.

La Operation Midnight Climax salió a la luz en la primavera de 1963 gracias a un informe del agente John K. Vance que lo puso en conocimiento de la Office of the Inspector General (organización encargada de controlar que los organismos gubernamentales y militares funcionen de acuerdo con las políticas establecidas). Se cerraron los establecimientos y se canceló la operación, pero el Proyecto MKULTRA siguió en vigor hasta que lo destapó el periódico The New York Times en los años 70. En 1975 se crearon dos comisiones de investigación en el Congreso de los EEUU para destapar aquel maquiavélico proyecto. A pesar de que la mayoría de la documentación relativa al proyecto fue destruida por Richard Helms, director de la CIA en aquel momento, gracias al testimonio de varios participantes y a algunos documentos encontrados se pudo demostrar el macabro proyecto de la CIA.

Ilustración: El Heraldo Psicotrónico

“Negrín es el representante de la élite cosmopolita abierta al mundo cuando predominaba el casticismo”

11 julio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Valencia homenajea a Juan Negrín, ‘su’ presidente del Gobierno de la República. La Generalitat y les Corts valencianes han celebrado varios actos a lo largo de este miércoles de desagravio al último presidente del Gobierno de la Segunda República.

El historiador Ángel Viñas ha ofrecido una conferencia sobre el presidente en el Palau de la Generalitat, lleno a rebosar, en el que ha puesto en valor la figura de Negrín junto a Patricio Azcárate, hijo del embajador Pablo Azcárate, y uno de los pocos amigos del jefe de Gobierno que aún sobreviven.

Viñas comenzó a estudiar a Negrín en los setenta de forma indirecta. En 1976, siendo catedrático en la Universidad de Valencia, realizó su primera investigación sobre el oro de Moscú, una las supuestas traiciones que parte de la historiografía y que tanto la izquierda como la derecha no supo perdonar al presidente, pese a que “no está demostrada”. Desde ese primer trabajo “reconozco la obligación moral de hacer mi humilde aportación a contribuir a la recuperación del honor y de la verdad sobre un político vapuleado”, ha explicado el historiador.

Autor de múltiples libros sobre la segunda república española, ha introducido a un atento público algunos aspectos sobre la vida y trayectoria de Negrín: “era una figura atípica; no encajó ni por su educación, ni por su carrera profesional, ni por su posición política”, señalaba Viñas.

“La historiografía proanarquista, procomunista, prosindicalista y profranquista lo convirtieron en el hombre de Moscú sin tener pruebas”, explicaba el historiador, quién también ha incidido en los múltiples boicots que sufrió el presidente desde su Gobierno y la pésima coyuntura que le acompañó. “En el 36 la situación era devastadora: los soviéticos aún no habían echado una mano, la banca bloqueaba las divisas y la política de no intervención hacía estragos”, ha insistido Viñas. Sin embargo, Negrín “el hombre idóneo para dirigir la guerra con mano de hiserro”, es quien “ejemplifica la resistencia antifascista en España”.

<blockquote class=”twitter-tweet” data-lang=”es”><p lang=”es” dir=”ltr”>Reconocer a <a href=”https://twitter.com/hashtag/JuanNegr%C3%ADn?src=hash”>#JuanNegrín</a&gt; es reconocernos a todos en ese espacio común. Debemos recordar para saber hacia donde queremos transitar <a href=”https://twitter.com/ximopuig”>@ximopuig</a&gt; <a href=”https://t.co/snXMAtI9Kr”>pic.twitter.com/snXMAtI9Kr</a></p>&mdash; Generalitat (@generalitat) <a href=”https://twitter.com/generalitat/status/864916456114356225″>17 de mayo de 2017</a></blockquote>
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Homenaje institucional

La Generalitat y el parlamento valenciano han homenajeado en sendos actos de desagravio al presidente del gobierno de la Segunda República Juan Negrín, en el 80 aniversario de su nombramiento precisamente cuando Valencia era capital de la República. En la actual sede de las Corts Valencianes fue donde Manuel Azaña, presidente de la República, otorgó a Negrín los poderes como jefe de Gobierno en 1937, tras la crisis que llevó a la dimisión de Largo Caballero.

Negrín, nacido en las Palmas de Gran Canaria en 1892, se afilió al PSOE en mayo de 1929 y desde la proclamación de la República se dedicó plenamente a la política, abandonando su profesión de médico, y su labor universitaria. Próximo al sector de Indalecio Prieto, fue elegido diputado en las tres legislaturas republicanas hasta constituir el primer Gobierno en Valencia.

El presidente de las Corts, Enric Morera, junto a representantes del PSPV-PSOE, Compromís y Podemos, ha recibido a la nieta del último jefe de Gobierno de la Segunda República, Carmen Negrín y al presidente de la Fundación Negrín, José Medina, en un acto al que no han acudido representantes del PP ni de Ciudadanos.

Morera ha reivindicado a Negrín como “un gran presidente” y símbolo de la democracia en España, cuya figura es fundamental recordar como parte de la memoria democrática para “evitar repetir errores pasados”. “Aquí hace 80 años, durante la noche fue nombrado primer ministro. Eran tiempos difíciles y ha sido el presidente más preparado que hemos tenido”, ha recordado Morera. “Este es un acto de reparación, justicia y dignidad; el pasado es el pasado y la memoria se ha de cultivar, pero no puede hacerse desde el olvido”, ha señalado el presidente de les Corts.

La nieta del presidente ha agradecido que “finalmente puedan celebrarse estos actos con normalidad”, ya que la figura de su abuelo ha estado condenada al ostracismo desde la guerra (fue incluso expulsado en los años de posguerra por su partido, el PSOE, que no lo rehabilitó hasta 2008). “Hay quien prefiere homenajear a quién llevó al país a la ruina”, ha dicho en referencia a los símbolos franquistas que persisten en las calles, “pero es un honor este homenaje a mi abuelo. En España la transición ha sido muy lenta y con estos eventos vemos cambios fundamentales”, ha concluido la nieta del presidente republicano.

Medina, presidente de la fundación, ha entregado dos libros para la biblioteca de les Corts, uno sobre la faceta científica de Negrín y otro sobre su faceta humanista, un recopilatorio y resumen de los 15.000 documentos del presidente que fueron trasladados por Valencia, Madrid, Tolouse y Marsella para poder salvarse, hasta que finalmente volvieron a la familia en los cincuenta.

Morera, por su parte, ha entregado a la fundación una reproducción del azulejo del suelo en el que se realizó el nombramiento de Negrín, un ejemplar del diario El Mercantil Valenciano del 18 de mayo de 1937 que recogía su nombramiento y un libro sobre el Palau dels Borja, sede del parlamento valenciano.

Arturo Barea, la forja de una memoria

1 julio, 2017

Fuente: http://www.jotdown.es

Publicado por 

Esta historia comienza en el año 2010, en los alrededores de Oxford, cuando un hispanista inglés, William Chislett, rebusca lo que queda de alguien en las letras desdibujadas de una lápida. También podría empezar en 1977, en una librería de Vallecas, donde un joven afiliado al Partido Comunista compra una trilogía de libros hasta entonces desconocida. O quizá empiece mucho antes, antes incluso de que esos libros se escribieran, cuando su autor, Arturo Barea, cruzó la frontera de su país en el año 1938 para nunca regresar.

Las historias grandiosas comienzan siendo un relato doméstico. Los hechos siempre se engendran de manera humilde. Tal vez seamos nosotros, el eco que los transmite, los que nos encarguemos de barnizarlos de épica. Al igual que las ondas que crea la piedra al caer en el río, esta historia comenzó como un secreto clandestino. Un rumor que ha acabado por expandirse de manera concéntrica.

Arturo Barea había sido muchas cosas antes de ser un exiliado. Aunque lo primero que le tocó fue ser pobre. Un niño remendado de madre lavandera al que la suerte le sacó de un destino harapiento. Gracias a la generosidad de un tío adinerado, el joven Arturo pudo estudiar como los niños ricos y acudió a las Escuelas Pías de San Fernando, ese edificio imponente del barrio de Lavapiés que hoy alberga una universidad y una magnífica vista de los tejados de Madrid.

El milagro duró solo hasta los trece años, momento en el que el tío falleció. A partir de entonces, como cualquier contemporáneo de origen humilde, Barea se buscó las lentejas en los empleos más dispares: aprendiz en un comercio, botones en un banco, joven emprendedor de una fábrica de juguetes que acabó en quiebra. Fue testigo de la guerra de Marruecos y a su regreso militó en la UGT. Más tarde acabó en la Oficina de Censura de Corresponsales Extranjeros, situada en el famoso edificio de la Telefónica, en la Gran Vía de Madrid. Corría el año 1936 y España olía a guerra.

Tras un primer matrimonio fallido, Arturo se topó con Ilse Kulcsar, una periodista austriaca que también trabajaba en el edificio. Ilse era judía, activista y comunista. Había llegado a España con Leopold, su marido, para apoyar la causa republicana. Ilse colaboró con Arturo en que la imagen de la República de cara al extranjero fuera intachable. Y como pasa en las historias de celuloide, mientras el mundo se derrumbaba los dos se enamoraron.

La guerra, la destrucción, el hambre, la pobreza… Barea fue testigo de todo lo que unos ojos son capaces de soportar sin hacerse añicos. Huyó con sus vivencias hasta Francia y, una vez allí, se dio cuenta del dolor que transportaba.

Pienso en Arturo Barea y en su pie traspasando la frontera. Puede que hasta entonces no se hubiera visto a sí mismo como un refugiado. Debe de ser difícil asumir que la destrucción de alrededor es cierta. Que el mundo se desmorona. Que tu casa ya no existe. Que el estrépito de las bombas siempre permanece.

Tras un peregrinaje por hostales y penurias, el matrimonio desembarcó en Inglaterra en busca de un exilio soportable. Un lugar en el que dejar atrás las pesadillas. Mientras su país de acogida se enfangaba en la siguiente guerra, Barea se dispuso a dar cauce a su memoria. A sus vivencias.

Los tres libros que suman La forja de un rebelde no fueron los primeros de Barea, pero sí los más auténticos. Componen una autobiografía. Un testimonio que anidó en él al tiempo que lo hacía la desgracia. Como lingüista experta, Ilse se encargó de trasladar todo al inglés. A ella le debemos poder leer hoy la mayoría de los libros de Barea. Alrededor de ellos hay mucha leyenda, pues algunos fragmentos sólo nos han llegado a través de esas traducciones. Muchos originales se perdieron.

Cuando The forge se publicó en Inglaterra, el libro tuvo tan buena acogida que su autor pudo continuar escribiendo. Arturo Barea llegó a ser el quinto español más traducido en el mundo en los años cincuenta, al mismo tiempo que su obra era aclamada en los Estados Unidos. Al igual que otros españoles exiliados, sobrevivió con un espacio en la BBC hasta el fin de sus días, donde pudo desarrollar su profesión de cronista y disfrutar de un exilio tranquilo.

Pero este es solo uno de los finales. Antes decíamos que esta historia tiene muchos comienzos. Nos trasladamos al año 2010, cuando William Chislett toma el testigo. Corresponsal en España del diario Times, Chislett había conocido La forja de un rebelde a través de la serie de televisión de 1990. No fue el único. Cuando Mario Camusrealizó la adaptación de la trilogía de Barea, treinta y tres años después de su muerte, poca gente del país conocía la existencia del autor. Hasta entonces, la trilogía solo había sido un murmullo, un libro que había corrido de mano en mano impulsado por las asociaciones de izquierdas. Muy pocos hogares españoles habían conocido a Barea en los años posteriores a la transición, pues La forja de un rebelde no se publicó en España hasta 1977.

Pero volvamos a William Chislett y a su obsesión. A ese punto de partida que le hizo interesarse por Barea y por su memoria. Chislett devoró sus libros, traducidos al inglés, y se zambulló de lleno en la figura del autor. Si su rastro era débil en España, apenas quedaba nada en Inglaterra, solo una lápida maltrecha que a Chislett le costó cuatro viajes encontrar: «Había oído que su lápida conmemorativa (no la de enterramiento, ya que fue incinerado) estaba en un cementerio en las afueras de Oxford. Como yo soy de allí, en 2008 acudí para encontrarla. Y regresé tres veces más sin resultado. Nadie me había contado que había un anexo al cementerio a trescientos metros de la iglesia. Caminé, subí una pequeña colina y encontré el anexo con más tumbas. Ahí estaba la lapida conmemorativa de Barea».

En la lápida, realizada con un granito local muy erosionado, apenas quedaba rastro de los nombres de Arturo Barea, de su mujer, Ilse Kulcsar, ni de los de los padres de ellarefugiados judíos que huyeron del nazismo. Barea había pasado sus últimos años en esa finca gracias a la generosidad de Lord Faringdon, un personaje inglés de biografía apasionante.

Gavin Henderson, segundo duque de Faringdon, podría tratarse del típico de personaje que inspira un buen relato de ficción. Descrito como excéntrico y algo afeminado, Lord Faringdon es conocido sobre todo por sus gestas comprometidas, sorprendentes por provenir de un noble: acogió en su finca a un grupo de niños supervivientes del bombardeo de Gernika y convirtió su Rolls Royce en ambulancia antes de viajar con él a España y transportar heridos en el frente de Aragón. Ya de regreso, cuando la causa estaba perdida y más que olvidada, Faringdon ofreció a Barea y a su esposa habitar una de las casas de su propiedad, el hogar en el que, tras años de exilió, ambos morirían.

Conmocionado por el mal estado de la lápida, Chislett regresó a España y contó el suceso a un grupo de amigos íntimos que le ayudaron a restaurarla. El catedrático de español en Oxford, Edwin WilliamsonElvira LindoAntonio Muñoz MolinaGabriel JacksonJavier MaríasPaul Preston… un reducido grupo de intelectuales que aportaron una pequeña cantidad para restaurarla.

Pero Chislett no estaba dispuesto a dejarlo ahí. La sobrina de Ilse, una octogenaria que aún vive en Londres, le habló de The Volunteer, el pub preferido de Barea. Y Chislett volvió a convocar a la lista de conocidos, esta vez para crear una placa en su honor. Un tributo que fue diseñado, irónicamente, por Herminio Martínez, uno de esos niños supervivientes de Gernika. Las vivencias empezaban a trenzarse. Había comenzado la recuperación de Barea.

«Después me dije que era un poco raro que Barea estuviera mejor recordado en su país de exilio que en su país de origen». Así que Chislett decidió pedir al Ayuntamiento de Madrid una calle para él. Junto con Isabel Fernández y Yolanda Sánchez, las otras dos promotoras, iniciaron una recogida de firmas y en poco tiempo consiguieron recaudar dos mil quinientas peticiones.

Fascinada por la generosidad de la iniciativa, me digo que necesito un testimonio de otro de los benefactores, a ser posible local y con perspectiva histórica. Elvira Lindo me recibe en su casa de Madrid. Desde la óptica de alguien que se interesó por los primeros relatos de los abuelos, que presenció los inicios de la democracia, hablamos de Barea, de la memoria y de la guerra, de esas ondas concéntricas que aún nos llegan. Una pregunta sobrevuela en todo este asunto y es la de por qué hemos esperado tanto para rescatar figuras como la de Barea. Lindo no cree que en España se haya hecho un pacto de silencio, más bien es de la opinión de que en los primeros años de democracia, las historias de la guerra no interesaban: «El país estaba entregado a una cultura modernizadora en la que cabían poco estos temas. Ni siquiera en la literatura. No se trataban. Todo lo de la guerra tenía un halo de ranciedad para la gente». Lindo también me habla de la dimensión política: «Realmente quien tenía que haber cumplido ese papel de recuperación fue el PSOE. Alianza Popular no iba a hacerlo, eran hijos o descendientes de los vencedores. El PCE era un partido importante pero mucho más pequeño y el PSOE ganó las elecciones en el 82. Hubiera sido deseable que ellos hubieran puesto sobre la mesa que había que compensar a los vencidos y que era necesario sacar esa cultura del olvido».

Cuando le pregunto a Chislett por este asunto, opina que es por una cuestión temporal y de ausencia. Barea murió en 1957 y al contrario que otros escritores, como Alberti, jamás regresó a su tierra.

El regreso. Tal vez sea esa la respuesta. En lo que queda de nosotros cuando nos marchamos. No solo en nuestra presencia, sino en la memoria de los que aguardan. Los que viven para contarte. «Una guerra civil es un trauma muy grande para un país —prosigue Lindo—. Necesitamos actos testimoniales que recuperen voces de gente que vivió la guerra. Hacerlo de manera abierta. Ni rencorosa ni resentida, pero con sentido de la justicia. Hay que reparar a la gente que sufrió. El problema de la guerra es que le siguieron cuarenta años de dictadura en los que la victoria se celebró hasta el último día. Eso precisa una reparación para los que no ganaron. Para esas personas que tuvieron que irse al exilio o tuvieron que vivir aquí al día siguiente siendo humillados».

Creo compartir lo que Elvira Lindo me cuenta. Cuando era pequeña yo también pedía a mis abuelos que me contarán historias de la guerra. Tenían un tono épico, como de antiguas gestas. Y, sin embargo, eran reales. Aunque puede que hubieran vencido al tiempo por lo inverosímil de esa realidad. Los de mi generación hemos preguntado sin filtros, sin costuras, con inocencia. Con la tranquilidad del que se ve seguro y sin nada que temer. Puede que haya llegado el momento de hablar en serio de esa maldita guerra. Aunque Elvira me advierte, no es tan sencillo: «En España se dejó de hablar de la guerra durante tanto tiempo que te pones ahora a discutir con la misma vehemencia que como si estuviera reciente. Y si no somos capaces de hablar de la guerra sin considerar al otro sospechoso de algo, es imposible hablar de ello». De ser así, tal vez en este caso debiéramos empeñarnos en reivindicar la esencia. Hablar simplemente de literatura.

Como condición para solicitar la calle, Chislett pidió dos requisitos indispensables: que no se quitara el nombre de otra persona para colocar el de Barea y que la petición no fuera amparada por la Ley de la Memoria Histórica. Me sorprende descubrir este dato y le pregunto el motivo: «Queríamos que los cuatro partidos aprobaran la calle, que fuera unánime. Y tal vez de otro modo no lo hubiéramos conseguido. Además, no queríamos politizar el asunto. Barea es de todos, aunque él fuera de izquierdas».

Otra condición deseable era que el nombre de Arturo Barea estuviera localizado en el barrio de Lavapiés, el lugar donde se crió y que tan bien se refleja en La forja de un rebelde. Hubo algún que otro requiebro. En un principio, el Ayuntamiento planeó sustituir la calle del general Asensio Cabanillas por la de Barea, pero después rectificó. Finalmente se acordó que el escritor tuviera su plaza en Lavapiés, justo delante la famosa corrala de Mesón de Paredes, frente a las Escuelas Pías. Esas que el mismo Barea vio arder. Un lugar que llevaba aguardándole desde su partida, pues curiosamente jamás tuvo un nombre asignado.

Chislett me dice que desde que comenzara esta aventura, percibe un rumor, como si algo se estuviera tejiendo entre la gente. En un acto del Ateneo, el pasado mayo, se sorprendió al descubrir el gran número de personas que acudieron a conmemorar a Barea. También la iniciativa ciudadana que hace unos meses recorrió Lavapiés, enlazando su obra, su barrio y su memoria. El hispanista inglés cree que se debe a una especie de culto. Una admiración que permanecía en la sombra y que ahora está aflorando en las personas cuyos padres conservaron los libros. Tal vez lleve razón e hizo falta que llegáramos nosotros, los nietos, y que empezáramos a preguntar. Nosotros, los que nacimos en democracia y descubrimos la trilogía arrumbada en una estantería. Que aún nos sorprendemos del tono sepia que adquieren estas historias en blanco y negro.

Antes de marcharme de su casa, Elvira me lleva a ver un tesoro: la máquina de escribir de Barea. Un aparato rescatado del olvido que llegó a ellos por casualidad. Lo único de Barea que ha regresado a España es esa máquina de escribir inglesa. Ni siquiera las trece cajas que la sobrina de Ilse conserva en Londres y que contienen todo lo que queda de él volverán a su tierra. Se quedarán en la Biblioteca Bodleian de la Universidad de Oxford, en Inglaterra, el país que le propició un final tranquilo y que incluso le otorgó un pasaporte. Al ser inglesa, la máquina no tiene tecla de tildes. En los manuscritos originales que quedan, Barea había escrito todas con un lápiz azul. Se aseguró de no perder ni uno solo de los atributos de su lengua. Como si de una metáfora del exilio se tratara, se empeñó en no olvidar sus orígenes.

Pero nos falta contar la resolución de la aventura. De cómo Chislett consiguió las firmas, la calle y fue aplaudido por el pleno del Ayuntamiento. Me lo confiesa, orgulloso, y pienso que no es para menos. Pues alguien que nos ha recuperado la memoria de Barea sería digno de otro homenaje. Pienso que estamos en deuda con su empeño. A él le debemos que Barea regrese al barrio que le vio crecer.

Quien haya vivido alguna vez en Lavapiés, será de allí para siempre. Cuando me mudé a ese barrio, buscando redefinir mi vida, alguien muy querido me hizo esa advertencia. Años después, tras constatar los testimonios de amigos y conocidos, puedo decir que la afirmación es cierta. Pero lo que no esperaba es que también lo fuera para Barea:

Si resuena «el Avapiés» en mí, como fondo sobre todas las resonancias de mi vida, es por dos razones:

Allí aprendí todo lo que sé, lo bueno y lo malo. A rezar a Dios y a maldecirle. A odiar y a querer. A ver la vida cruda y desnuda, tal y como es. Y a sentir el ansia infinita de subir y ayudar a subir a todos el escalón de más arriba. Esta es una razón.

La otra razón es que allí vivió mi madre. Pero esta razón es mía.

Puede que estas líneas, extraídas del primer tomo de La forja de un rebelde, sean motivo suficiente. Lavapiés, el barrio que acoge a todo el mundo, es el que debe albergar su recuerdo.

No vimos a Barea regresar, pero aún conservamos sus calles. Ese escenario que retrata fielmente en sus libros. El mejor modo para contarle. El lugar en el que consiguió zafarse para siempre del olvido.

“Franco debe ser entregado a su familia y el Valle de los Caídos, demolido”

20 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“España es un país sin historia y sin memoria”.  Una tierra que mira de lado a su última experiencia democrática, destruida por un cruento golpe militar, y que  permite la tumba del dictador en un mausoleo levantado por esclavos y que cuesta dinero público. Un país donde el franquismo sociológico anida sin inconvenientes y la ley de Memoria Histórica es “boicoteada por la derecha desde el principio hasta nuestros días”, en palabras del  historiador  Francisco Espinosa Maestre (Villafranca de los Barros, Badajoz, 1954).

España niega a las víctimas de los golpistas verdad, justicia y reparación, dice. Un proceso de olvido construido durante décadas de dictadura y reforzado en un “ peculiar modelo de transición”. Con páginas manchadas por el terror fundacional del franquismo e historias trágicas, y claves, como las que Espinosa Maestre relata en su libro La columna de la muerte (Crítica). Un volumen de referencia “agotado” y reeditado 14 años después, que recupera “la obra completa, revisando el texto y actualizando los listados de víctimas y otros anexos”.

Al hilo de la votación en el Congreso sobre la tumba del dictador, ¿debe Franco seguir enterrado en el Valle de los Caídos?

Todos los restos allí depositados deben ser identificados en la medida de lo posible y recibir digna sepultura. Los restos de Franco y Primo de Rivera deben ser entregados a sus familiares para que los lleven donde crean convenientes.

¿Está por la resignificación o demolición del mausoleo franquista?

Estoy porque se deje de invertir dinero público en aquel lugar y sea demolido o se abandone a su suerte. Ni un solo euro más debe ir dedicado a aquel despropósito. Por lo demás parece que aquello no está en condiciones de durar mucho. Cuanto antes desaparezca, mejor.

Coronel Yagüe, el 'carnicero de Badajoz'
Coronel Yagüe, el ‘carnicero de Badajoz’

¿España sigue sin leer bien las páginas más crudas de su historia contemporánea?

España es un país sin historia y sin memoria. Una especie de país al que no le circula bien la sangre, con uno de los índices de corrupción mayores de Europa y en el que ninguno de los partidos mayoritarios, PP y PSOE, ha querido plantearse qué hacer con el pasado. Unos porque se sienten a gusto con él y otros porque siempre lo temieron.

¿Por qué es necesaria la memoria histórica?

Por las tres claves: verdad, justicia y reparación. Un país cuya última experiencia democrática fue destruida por un salvaje golpe militar, una guerra civil, una larga dictadura y un peculiar modelo de transición requiere un proceso por el que la sociedad pueda conocer la verdad de lo ocurrido en toda su dimensión. E igualmente requiere que sus responsables sean llamados por las palabras que la justicia y la historia tienen para definirlos.

Y la ley de Memoria Histórica estatal, ¿es un éxito o un fracaso?

Fue un proyecto tardío y fallido. No recogió ni una sola de las reivindicaciones fundamentales y su medida más atrevida, la desaparición de la simbología franquista, ha sido boicoteada por la derecha desde el principio hasta nuestros días.

Detención de civiles
Detención de civiles.

¿Qué explica la existencia de calles o plazas con nombres fascistas?

La salida anómala de la dictadura. Ningún país democrático permitiría que se dedicasen calles a criminales de guerra y fascistas de toda laya. Esto pasa aquí porque, al contrario que en Alemania e Italia, el fascismo triunfó y se perpetuó.

¿Considera Alemania como paradigma?

Allí el nazismo fue derrotado y a partir de los años ochenta se han realizado políticas de memoria muy importantes.

Y aunque perpetuado de algún modo, ¿parte el franquismo de un fracaso, el golpe de Estado del 36?

Fracasó parcialmente. Salvo en zonas muy concretas, todo el territorio tuvo que ser ocupado pueblo a pueblo. La mayoría de la gente rechazaba el golpe y no quería una dictadura. Triunfó donde contaban con fuerzas militares suficientes para imponerse. Pero poca confianza tenían los golpistas cuando lo primero que hicieron fue traerse a la península las fuerzas africanas.

¿Qué papel juega el Ejército de África en las matanzas?

Las  rutas por las que pasaron las columnas africanas son fácilmente reconocibles. Pese a la dureza represiva de todas las fuerzas al servicio del golpe, no hay nada parecido a lo que van dejando a su paso por Cádiz, Sevilla, Badajoz, Toledo y Madrid. La diferencia la marca el terror impuesto por el Ejército de África, estrechamente asociado a Franco.

El 'carnicero de Badajoz' junto a Adolf Hitler. | ASRD
El ‘carnicero de Badajoz’ junto a Adolf Hitler. | ASRD

¿Qué nivel alcanzó aquel terror fundacional del franquismo?

Unas cotas desconocidas hasta entonces en nuestra historia. Los golpistas pusieron en marcha un plan de hechos consumados que impidiera la marcha atrás de sus protagonistas. Las fuerzas africanas carecían de límite. Podían asesinar, violar y robar sin problema alguno. Solo debían tener claro quién era el enemigo y no equivocarse. Una vez ocupada una localidad, disponían de un tiempo para hacer lo que les viniera en gana. Antes de partir a otra localidad vendían los objetos con los que no podían cargar. Pueblos y ciudades fueron saqueados.

¿Cómo?

La aviación de Tablada a veces bombardeaba previamente las ciudades a ocupar, usaron abundantemente la artillería… el resto se dejaba a moros y legionarios. Y realizaban una primera matanza de personas señaladas por la oligarquía local.

Es lo que define como La columna de la muerte.

Eran fuerzas de choque y miles de personas. Con el grueso del Ejército de África, ya en Sevilla se unen diversas fuerzas militares fuera de la ley y milicias fascistas. Nunca en ese recorrido tuvieron en contra una fuerza no ya similar sino simplemente que pudiera frenarlos, pero necesitaron ocupar pueblo a pueblo imponiéndose por el terror.

La matanza de Badajoz en un periódico francés
La matanza de Badajoz en un periódico francés.

¿Qué aportó y aporta su libro  La columna de la muerte ?

La gran aportación de La columna de la muerte fue mostrar con rigor la operación quizás más importante de los días siguientes al golpe militar del 18 de julio una vez trasvasado a Sevilla el Ejército de África. La conocíamos a grandes rasgos pero no con la precisión que el caso requería. Hablamos de dos semanas, las que van de la salida de las columnas desde Sevilla hasta la ocupación de Badajoz el día 14 de agosto. Se estudian las operaciones de la columna central de Asensio y las que Castejón y Tella fueron realizando sobre poblaciones cercanas a la carretera general.

Y poner nombres y apellidos.

Sí, los listados con los nombres de quienes formaron parte de los comités antifascistas, de los presos de derechas y de las víctimas, tanto de derechas como de izquierdas. Estos últimos deben ser completados cuando podamos acceder a todos los archivos.

Archivos que siguen cerrados a cal y canto.

Nuestros ‘archivos del terror’  siguen inaccesibles. Y son los que podrían darnos información exhaustiva sobre el golpe y sus consecuencias.

Concluye, de algún modo, que la masacre de Badajoz es una especie de anticipo de Auschwitz.

La referencia a Auschwitz surgía al pensar en un plan de exterminio aplicado sobre la población civil, con un modelo que no dejaba a nadie fuera. Un genocidio donde lo fundamental no era la raza sino la ideología y la pertenencia a una clase social, y todo ello con la firme voluntad de aniquilar a quienes dieron vida a la II República y de que nunca más hubiera posibilidad de que renaciera.

Tropas del ejército rebelde, en el asedio a población civil durante 'la desbandá'.
Tropas del ejército rebelde, en el asedio a población civil durante ‘la desbandá’.

El objetivo del ataque indiscriminado contra población civil era…

No era otro que el de paralizar por el terror. Alguna gente con más conciencia de lo que podía ocurrir partió de sus pueblos y los que se quedaron fueron víctimas de la represión. Era violencia de  carácter ejemplarizante. Nadie pudo imaginar que la ‘limpieza’ se llevaría también por delante a cientos de mujeres e incluso a menores de edad.

¿La guerra civil española sirve, también así, como antesala de la Segunda Guerra Mundial?

Para el nazifascismo formó parte del plan que pondrían en marcha a partir de septiembre de 1939, unos meses después del final de la guerra civil. El apoyo al golpe militar en España fue pieza clave de ese plan. Por otra parte, por iniciativa de Inglaterra y Francia, numerosos países europeos decidieron abandonar a su suerte a la República y, desde agosto del 36, pusieron en marcha la farsa del Comité de No Intervención. Fue así como, mientras las democracias miraban hacia otro lado, Alemania, Italia y Portugal siguieron ayudando a sus colegas fascistas españoles.

'La columna de la muerte', de Francisco Espinosa Maestre.
‘La columna de la muerte’, de Francisco Espinosa Maestre.

¿Hubiera ganado Franco sin la ayuda de Hitler y Mussolini?

El golpe no hubiera triunfado sin el Ejército de África, trasladado a la península a lo largo de varios meses desde el 18 de julio. Y esto no hubiera sido posible sin la ayuda nazi y fascista, proporcionando hombres y medios desde el primer momento. El 7 de noviembre de 1936, tras el fracaso ante Madrid, de nuevo la Alemania nazi y la Italia fascista salvan del desastre a los golpistas españoles con más ayuda. Fue un momento clave. El Ejército de Franco creía que iba a ser una marcha militar victoriosa pero derivó en guerra convencional.

Y hay una pieza clave en esta historia:  Juan Yagüe, ‘el carnicero de Badajoz’.

Es pieza clave en la sublevación en el norte de África. A su condición de africanista unía la de fascista. Yagüe, jefe de la Columna de la Muerte, se incorpora a ella en Mérida y es responsable de lo ocurrido en el trayecto desde Badajoz a Toledo pasando por Talavera de la Reina, de cuyo paso nos queda la fotografía de la masacre realizada por sus fuerzas en la calle Carnicerías que figura en la portada de La columna de la muerte y cuya historia se cuenta en uno de los anexos. Como todos estos militares sanguinarios, luego intentó lavar su imagen como falangista bueno y benefactor de su Soria natal. Resulta macabro que los nombres de estos individuos pasasen posteriormente a dar nombres a los hospitales en diversas ciudades.

El espíritu de la Transición

19 junio, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

Quienes más alaban sus virtudes son herederos de AP, partido que colaboró en dinamitar la UCD.

Julián Casanova, 10 de febrero de 2016.

La Transición española atrajo la atención de historiadores, científicos sociales y dirigentes políticos de otros países porque fue tomada como un modelo exitoso del que podían extraerse claras lecciones.

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Han pasado ya cuatro décadas desde que comenzó, forma parte de la historia, pero en los últimos años se ha convertido también en objeto de controversia política para examinar y enjuiciar los defectos de nuestra democracia. Hay lecturas para todos los gustos, desde las que plantean la necesidad de una “segunda Transición” a quienes, ante la crisis actual y las dificultades para formar gobierno, reivindican su supuesto “espíritu” de convivencia y reconciliación. Suelen ser lecturas sesgadas, alejadas del conocimiento histórico y puestas al servicio de los proyectos políticos del presente.

Vistas las cosas desde su fruto final, todo parece, efectivamente, feliz. Porque aunque hubo que superar numerosos conflictos y obstáculos como montañas, desde una larguísima dictadura se pasó en tan sólo unos años a una democracia plena. Nada que ver con la traumática historia de España hasta entonces. Pero, ¿fue ese milagro consecuencia del llamado “espíritu de la Transición”?.

Poco espíritu de convivencia y reconciliación tenía el presidente del primer Gobierno de la Monarquía, Carlos Arias Navarro, nombrado por Franco, ratificado por el nuevo Rey, enemigo de cualquier cambio que amenazara la perpetuación en el poder de la élite política de la dictadura. Y es verdad que otros ministros de ese Gobierno, viejos servidores de Franco, presentaban un perfil más reformista, pero prescindieron de la oposición para su proyecto de reforma política y basaron su autoridad en el control del aparato represivo y de la Administración del Estado franquistas. Ante el aluvión de protestas, conflictos y demandas de todo tipo, la política de orden público de Manuel Fraga Iribarne seguía basada en la represión, la cárcel, las sanciones administrativas, las multas y la censura.

Será difícil encontrar las virtudes de su supuesto espíritu de pacto, y de superación de los intereses partidistas, en los Gobiernos de Suárez.

Con esos protagonistas, la reforma no podía ir más lejos. El Rey exigió a Arias su dimisión el 1 de julio de 1976 y nombró a Adolfo Suárez, un joven falangista católico que había pasado por la secretaría general del Movimiento.

Suárez tomó la iniciativa y en menos de un año puso en marcha un proyecto de Ley para la Reforma Política, que sirvió de guía hasta las elecciones generales de junio de 1977, en un escenario sembrado de miedo, terrorismo, recuerdos constantes al pasado traumático y llamadas a la paz, al orden y a la estabilidad. La Unión de Centro Democrático (UCD) de Suárez, constituida cinco semanas antes por grupos de origen muy distinto, ganó las elecciones con el 34,4% de votos y 165 escaños, pero para gobernar no tuvo que pactar con la oposición, el PSOE, 29,3% de los votos y 119 diputados, sino que le bastó el apoyo de los 16 diputados de AP, 13 de los cuales habían sido ministros de Franco.

Y aunque Suárez volvió a ganar en las elecciones de marzo de 1979, las que siguieron a la aprobación de la Constitución, de nuevo sin mayoría absoluta, su figura se deterioró con la misma rapidez con la que había brillado y tuvo que dimitir menos de dos años después, el 29 de enero de 1981, en medio de una profunda división en su partido, de enfrentamientos personales y de presiones de sus principales dirigentes. Cuando se celebraron las siguientes elecciones, en octubre de 1982, UCD, ese conglomerado de facciones y dirigentes procedentes la mayoría del franquismo, apenas sobrevivió con un 7% de los votos y Suárez había creado un nuevo partido, de escasa y corta vida política.

Resulta curioso que quienes más apelan ahora a ese “espíritu de la Transición” sean los herederos directos de AP, el partido que ni siquiera votó unánimemente la Constitución —cinco de sus 16 diputados los hicieron en contra—, y que con la “mayoría natural” que reclamaba Fraga contribuyó a dinamitar a la UCD para recoger después los restos de su naufragio.

La Transición, conducida desde arriba por las élites políticas procedentes de la dictadura, empujada desde abajo por la oposición democrática y una amplia movilización social, puede ser modelo de muchas o pocas cosas, dependiendo del relato, pero será difícil encontrar las virtudes de su supuesto espíritu de pacto, y de superación de los intereses partidistas, en aquellos Gobiernos. A no ser que se defienda la leyenda rosa del pasado ejemplar.

Julián Casanova es, junto con Carlos Gil Andrés, autor de Historia de España en el siglo XX (Ariel).

Nueve preguntas y respuestas sobre el futuro de Franco en el Valle de los Caídos

17 junio, 2017

Fuente: http://www.publico.es

El Congreso ha aprobado este jueves una Proposición No de Ley que insta al Gobierno de Mariano Rajoy a exhumar los restos del dictador del Valle de Cuelgamuros.

El Valle de los Caídos, en el interior de cuya basílica descansan los restos de más de 33.400 víctimas de la Guerra Civil. EFE

El Valle de los Caídos, en el interior de cuya basílica descansan los restos de más de 33.400 víctimas de la Guerra Civil. EFE

En este artículo intentamos resolverte todas las dudas que puedes tener sobre qué hay que hacer para sacar al dictador del Valle de los Caídos y qué es lo que se ha hecho hasta ahora.

1. ¿Cuándo se sacará a Franco del Valle de los Caídos?

No se sabe. La Proposición No de Ley (PNL) aprobada por el Congreso no tiene carácter vinculante y, por tanto, tampoco establece una fecha concreta para su ejecución. El Gobierno no tiene por qué  atender al contenido de la misma. Además, es descatable que cada año el Congreso suele aprobar más de 1.000 PNL al año.

2. ¿Puede sacar el Gobierno a Franco del Valle?

No. El Estado no puede exhumar unilateralmente a Franco del Valle de los Caídos. El lugar donde está enterrada Franco no es un lugar público, sino que se rige por la normativa de la Iglesia Católica. Así lo recoge el artículo 16 de la Ley de Memoria Histórica. Por tanto, la competencia en este tema es de la Iglesia católica y de la familia del difunto dictador.

3. ¿Qué puede hacer el Gobierno para sacar a Franco?

El Gobierno puede resignificar el espacio del Valle de los Caídos, que se asemeje a un Centro de Interpretación de la Guerra Civil y honrar a la memoria de las víctimas por igual. Es decir, el Gobierno puede hacer lo que quiera con el espacio, pero no con lo que hay dentro de la basílica.

No obstante, el Gobierno sí que puede emplazar a la Comunidad Benedictina que gestiona la Iglesia del Valle de los Caídos a abrir una negociación e incluso tomar medidas de presión para que se permita la exhumación de los restos del dictador ya que esta comunidad recibe dinero público. Por poder, el Estado puede hasta tratar de convencer a los Franco para que soliciten el traslado el panteón familiar.

4. ¿Por qué está Franco en el Valle de los Caídos?

La lista de motivos puede ser interminable. Nos limitamos a señalar que fue decisión del rey Juan Carlos I y del Gobierno de la época entregar los restos de Francisco Franco a la protección de la Comunidad Benedictina en el Valle de los Caídos. En multitud de ocasiones se ha señalado que ni Franco ni su familia querían que sus restos terminaran allí.

También es destacable que en 40 años de democracia ninguno de los diferentes gobiernos democráticos ha tenido a bien buscar la fórmula de sacar a un dictador genocida de un lugar público que le rinde homenaje.

5. ¿Implica un cambio en el resto del Valle de los Caídos?

La PNL aprobada hoy en el Congreso incluye un total de 16 medidas entre las que se encuentra “redefinir” el Valle de los Caídos “para que deje de ser un lugar de memoria franquista y nacional católica y reconvertirlo en un espacio para la reconciliación de la memoria colectiva democrática y de dignificación de las víctimas de la Guerra civil y de la dictadura”. Sin embargo, el Gobierno no tiene por qué aplicar estos cambios.

6. ¿Qué pasa con Primo de Rivera?

La PNL pide al Ejecutivo que saque a Primo de Rivera del lugar preeminente donde está enterrado, pero añade que sus restos pueden permanecer junto al resto de víctimas que están en el Valle de los Caídos ya que fue “una víctima más de la Guerra Civil”, según el PSOE. El problema en este punto es el mismo que con Franco. La potestad es de la Comunidad Benedictina.

7. ¿Por qué el PSOE dice digo donde dijo Diego?

Llama la atención mucho que el PSOE incluya entre las propuestas de su PNL que se someta a estudio si se debe declarar la nulidad de las condenas y que a la vez rechace la enmienda de Unidos Podemos de anular los juicios del franquismo.

Asimismo, esta petición del PSOE contrasta con la actitud de los socialistas cuando estaban en el Gobierno. En el año 2010, con los votos de PP y PSOE, el Pleno del Congreso rechazó una moción de ERC en la que reclamaba al Gobierno de Zapatero que impulsase las reformas legales necesarias para se pudiera solicitar la revisión de las sentencias políticas dictadas durante el franquismo, ya que fueron declaradas ilegítimas por la conocida como Ley de Memoria Histórica de 2007. La iniciativa sólo recibió el apoyo de los nacionalistas y las minorías de izquierda.

8. ¿Cambiará la Ley de Memoria Histórica? 

Salvo sorpresa mayúscula, la Ley de Memoria Histórica continuará igual que la aprobó el Congreso en el año 2007 ya que, como se ha señalado, el Gobierno no tiene obligación ninguna de acatar la petición del Congreso de los Diputados.

Asimismo, cabe destacar que Mariano Rajoy lleva cinco años consecutivos sin dotar de un euro la Ley de Memoria por lo que en la práctica ha sido derogada en muchos aspectos.

9. ¿Hay algo de oportunismo en la petición del PSOE?

En opinión del que firma este artículo, sí. No deja de ser curioso que el PSOE vuelva a retomar la batalla por la Memoria Histórica cuando las encuestas parecían darle la espalda y, sobre todo, cuando más necesitaba distanciarse del Partido Popular y postularse como un partido de izquierdas. Tampoco es casual que esta medida coincida en el tiempo con la aprobación en Andalucía de una Ley de Memoria Histórica en un momento en el que Susana Díaz también necesita proyectar al exterior una imagen más izquierdista para paliar esas críticas que la acerca ideológicamente al PP.