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¿Es mucho pedir una izquierda laicista?

14 julio, 2017

Fuente: http://www.info.nodo50.org

Martes 6 de junio de 2017. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Así habló Cicerón

Por Vimes

De verdad que no puedo más. El Ayuntamiento de Cádiz le concede una medalla a no sé qué virgen y salen todos los podemitas en tromba a defenderlo. Pablo Iglesias se descuelga con una entrevista donde viene a decir que esa virgen representa valores de dignidad popular. Teresa Rodríguez, con otra donde sostiene que la Semana Santa es del pueblo. Ahora Madrid se apunta a una marcha pro-Ramadán, con la presencia de concejales. Pedro Sánchez, lo mismo de lo mismo.

Iros. Todos. A. Cagar.

En serio. ¿Qué hay que hacer en este país para que aparezca un partido de izquierdas verdaderamente laicista? No pido tanto. Con cosas tan sencillas como las que hacen el alcalde de Zamora o el grupo municipal de IU en Algeciras me vale. ¡Si la laicidad del Estado es sobre todo cuestión de gestos! ¡En la mayor parte de los casos no cuesta un duro! Se trata simplemente de recordarles a las religiones cuál es su lugar: el ámbito social, de las relaciones entre ciudadanos. Nunca el ámbito político. Porque el Estado no tiene alma inmortal, así que es ilógico que asuma como propia una determinada religión.

El problema es que empiezas a hablar de esto y meapilas de todas las religiones, unidos en santa alianza, comienzan a mirarte mal. Y tú venga a justificarte, y a decir cosas tan obvias como que no está en tu agenda política prohibir la Semana Santa o que te da un poco lo mismo que la gente decida ayunar durante un mes. Eso si adoptas la postura de la indiferencia. ¡Ay de ti como te pongas un poco más radical y digas que, aunque no te vas a dedicar a impedirlas, esas tradiciones te parecen gilipolleces! Te caen doce campañas de firmas en Change.org, un boicot y tres querellas por escarnio a la religión e incitación al odio.

¿Y todo esto por qué? Pues aparecen las manidas justificaciones de siempre. Que si la tradición, que si la libertad religiosa, etc. Estupideces. Estupideces y confusión de planos. La libertad religiosa llega hasta donde llega: ampara que tú puedas celebrar tus ritos de forma libre siempre que dichos ritos no dañen a nadie ni vulneren ningún otro bien jurídico. Punto. Desde luego que no ampara a tu dios contra la crítica, la burla u ofensa. Y sin duda que no cubren que el Estado se apunte al carro de las ceremonias.

La versión (presuntamente) progresista del mismo argumento es la que habla de islamofobia. No trago, lo siento. Coincido en que la islamofobia es un problema real, pero estoy seguro de que podemos luchar contra ella sin que nuestros políticos acudan a actos religiosos en representación de toda la ciudadanía. No me trago que la única forma de impedir esa lacra sea que los representantes populares expandan propaganda musulmana en sus cuentas de Twitter. Podemos rechazar las ideas de que los musulmanes son terroristas que buscan destruir Occidente y de que los refugiados vienen a poner bombas sin que nos cuenten todas las bondades que tiene el Islam, muchas gracias.

¿De qué va esto? ¿Es electoralismo? ¿Intentar sacar votos de las comunidades musulmanas y no perderlos de las cristianas? ¿O es que de verdad se han creído que ser de izquierdas era esto? Porque si es así, van dados: la izquierda siempre se ha identificado con la laicidad y el anticlericalismo, y estos valores no han dejado de ser positivos y reivindicables (1). Prefiero pensar que es lo otro, que se trata de vender valores que fomentan la convivencia pacífica a cambio de un puñado de votos.

Parece una maldición. En cuanto un movimiento de izquierdas alcanza cierta preponderancia, comienza a moderarse y a buscar “el centro”, perdiendo por el camino los mismos valores que le han aupado hasta ahí. Genial. Y luego que si pierden un millón de votos, que si pucherazo por aquí y que si Indra por allá. No, joder: es que para votar a un PSOE 2.0., pues la gente vota al PSOE y así al menos ya sabe que en todas las elecciones van a prometer que eliminarán el concordato. Que a estas alturas, esa promesa electoral es una tradición equiparable a la Semana Santa.

Me cabrea, de verdad. Quiero poder votar a un partido de izquierdas verdaderamente laico, que no apoye fantasmadas como las medallas a estatuas, las procesiones con muñecos al hombro o los ayunos religiosos. Que no los apoye desde el partido y, desde luego, que no los fomente cuando gobierna. Que entienda que el papel de los poderes públicos en estos asuntos debería ser de exquisita neutralidad: limitarse a garantizar el derecho fundamental de libertad religiosa y a armonizarlo con el resto de libertades.

Por cierto, que aquí no tiene nada que ver un tema que sacan a pasear tanto Pablo Iglesias como Teresa Rodríguez en sus entrevistas, y es la idea de que algunos ritos o símbolos religiosos son “del pueblo” o incluso “de izquierdas”. No, joder, no. La aconfesionalidad de los poderes públicos no es una herramienta que podamos sacar contra los religiosos de derechas y esconder cuando aparecen símbolos o confesiones más al gusto de la izquierda.

Al contrario, la neutralidad religiosa es un principio importante por sí mismo. Facilita la convivencia, disciplina a la religión (2), permite mantener separados ámbitos distintos y es la mejor manera de garantizar los derechos fundamentales de todo el mundo. Por ello hay que defenderla siempre y frente a todas las circunstancias, y no usarla de forma interesada. Y sí, aceptar la aconfesionalidad puede significar a veces ir contra la voluntad de “el pueblo” que te pide que condecores a un trozo de madera. Ya lo veis, a veces la política incluye tomar decisiones.

Por desgracia, la izquierda (3) no parece haberlo entendido, y lo más que está dispuesto a hacer es aumentar el número de confesiones que hay en el espacio público. Para que ya no solo podamos topar con la iglesia sino también con la mezquita, con la sinagoga y con el templo evangélico.

No es un consuelo.

Notas:

(1) Sí, el anticlericalismo también. La RAE define “clericalismo” como “influencia excesiva del clero en los asuntos políticos” y como “marcada afección y sumisión al clero”. Estar en contra de eso es bueno.

(2) Las religiones son, por definición, fuerzas conservadoras. Así que mejor que no adquieran poder.

(3) En este artículo hablo sobre todo de Podemos porque son sus actos los que me han soliviantado, pero el PSOE tiene también su telita que cortar en esta área.

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Sitios donde aún mandan los curas y no deberían

30 abril, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Raquel Ejerique, 17 de marzo de 2017.-

La vicepresidenta del Gobierno junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez
La vicepresidenta del Gobierno junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez

En España hay sitios donde todavía mandan los curas y no deberían. Por ejemplo, en los despachos del Ministerio de Educación. Presionaron para que Religión (católica) se metiera en cuña como asignatura que computa para nota y la Lomce de Wert abrazó fraternalmente al lobby de los obispos. Las reformas de Méndez de Vigo no contemplan ni de lejos quitarles este privilegio educativo.

La mayoría de los colegios concertados en España son católicos (6 de cada 10), así que las plazas subvencionadas con dinero público incluyen rezos y crucifijos en el lote. Esos alumnos de lo público serán educados en lo católico. 

Los curas (nunca las monjas) también deciden sobre las vacunas, la vida y la muerte en los comités bioéticos de los hospitales públicos en Madrid, gracias a una idea de Gallardón. Quizás los eligió por su conexión directa con el otro mundo o porque es el mismo exministro que quiso devolver el aborto al siglo pasado.

Además, la Conferencia Episcopal tiene muchos infiltrados en la cúpula. Como reciente exponente, el exministro de Interior Jorge Fernández Díaz, que de tanta fe se desparramó y acabó por tomar decisiones tan rídículas como darle una medalla al mérito policial a una virgen.

Quizás se lo sugirió al oído su ángel de la guardia Marcelo. O quizás quiso complacer sus intereses privados desde su puesto público. Ahora se ha llevado el caso al Supremo, a ver si entiende que la Virgen del Amor merece la medalla pública tanto como un policía muerto en acto de servicio.

Los obispos, los más radicales, salen con su filosofía de puño y candado a acuñar “imperio gay” o “ideología de género” y les ponemos un manto de flores y unos micros, y su mensaje vuela y se escucha allá donde jamás habría llegado. Aún influyen demasiado. 

La Iglesia manda de más hasta en el IRPF. Cada año, por el mes de mayo o junio, nos la topamos en la declaración de la renta. Gracias a la casilla recaudaron 249 millones el año pasado –y aún así les pagamos aparte los profesores de Religión y las capillas de cuarteles y hospitales–.

Hemos acordado con el Vaticano que les vamos a financiar, sí, pero además que estarán libres de pies y manos. El Gobierno les han eximido de rendir cuentas. En qué gastan ese dinero sigue siendo un misterio mariano.

Los privilegios de la Iglesia en España son tantos y tan variados que es difícil decir de carrerilla “estado aconfesional” sin sonreírse. Pero  la definición en la Constitución es tan abierta que permite primar a la Iglesia católica tanto como quieran los dirigentes del momento.

Ese desbordamiento de privilegios políticos y económicos, y no las misas de La 2, es el hueso que hay que morder. El grupo Unidos-Podemos ha apuntado a la liturgia dominical –con 300.000 espectadores de media cada domingo– como un escándalo que no lo es. Una televisión pública debe dar servicio a una ciudadanía diversa y plural, y eso incluye el servicio religioso matinal en la segunda cadena en un país donde el 68% se declara católico. A la audiencia me remito. La proposición ha sido efectista y ha puesto el debate en la mesa, pero ha cubierto con tinta de calamar a la madre del cordero.

17/03/2017 – 20:12h