Archive for the ‘laicismo’ Category

Rosa Luxemburgo, el águila de la izquierda que callaron con una bala

30 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“Socialismo o barbarie”. Aunque los considerase antagónicos, en la vida de Rosa Luxemburgo (1871-1919) ambos conceptos fueron de la mano. Ella soñó con la revolución hasta que los freikorps le volaron la cabeza y lanzaron su cuerpo por el Canal Landwehr de Berlín. Luxemburgo nació en la Polonia rusa cuando aún se escuchaban los ecos de la Comuna de París y fue asesinada 48 años más tarde por proclamar la lucha obrera, el sufragio universal y una alternativa al “parásito” sistema capitalista.

Su figura ha estado unida cien años al imaginario de la revolución, pero aún hay mucha gente que desconoce la audacia de esta mujer excepcional. El libro La rosa roja se ha propuesto recuperar a la Rosa teórica, socialista y anticapitalista, pero también a la que amó a escondidas, la que sufrió violencia machista y la que, con sus contradicciones, quería libres a las mujeres de cualquier clase social.

Portada Rosa Luxemburgo

La ilustradora y activista británica Kate Evans publicó su novela gráfica en 2015 con Verso Books y dos años más tarde llega en castellano gracias a la editorial argentina Ediciones IPS-Pan y Rosas. También lanzaron un crowdfunding para publicarlo en España y superaron el objetivo inicial en menos de una semana.

Sus viñetas conjugan el humor con un análisis exhaustivo de la obra de Rosa Luxemburgo, sus artículos en prensa o la correspondencia personal que no se había traducido a nuestro idioma hasta ahora.

Tanto en unos textos como en otros, la protagonista muestra una inteligencia crítica que puso en jaque a los dirigentes del partido socialdemócrata alemán e incluso ciertas teorías de Marx, que desmontó en su libro La acumulación del capital (1913).

A pesar del estilo caricaturesco de los dibujos, el espíritu de Rosa Luxemburgo se conserva intacto gracias a las citas textuales. Ese es el gran acierto de la novela de Kate Evans: acercar una figura compleja y controvertida sin perder el peso didáctico de sus intervenciones públicas y de sus inspiradoras clases de economía marxista.

“Aunque es recordada como una mártir, ella es mucho más que eso, porque cada momento que vivió, lo hizo al máximo”, recuerda su última biógrafa. Que este nuevo homenaje sirva para recuperar las lecciones de uno de los personajes más combativos y brillantes de nuestra historia.

La socialista más joven

En casa de los Luxemburgo, a las mujeres se les reservaba la tarea de apretarse los corsés para reducir la cintura y de cuidar su hermosa melena larga para atraer a un hombre rico. Rosa, la hija más pequeña, pronto defendió que el valor de una mujer estaba en su intelecto, no en los centímetros de su cadera. Aunque se crió en un hogar profundamente judío, se deshizo también de la fe religiosa en cuanto descubrió al filósofo que le cambiaría la vida.

“Marx dijo que los dioses son producto de las regiones nebulosas del cerebro humano“, decía ella. “Tu abuelo es un rabino y te lavarás la boca con jabón, jovencita”, le recriminaba su familia. Para no calentar el ambiente en su casa, Luxemburgo escondía el Manifiesto comunista o Trabajo asalariado y capital de la vista de sus padres, pero disertaba abiertamente de capitalismo con sus hermanos.

Viñeta Rosa Luxemburgo

Con su preparación e inteligencia, a nadie le extrañó que una chica de 15 años se afiliase al movimiento socialista polaco, aunque viviese con la amenaza constante de ser atrapada y condenada en Siberia por el zar ruso. Al final, en 1889 se exilió a Zúrich para estudiar en la única universidad que admitía a mujeres. Allí cambió la botánica y la zoología por la ciencia del cambio social y las relaciones económicas. También aprendió once idiomas y trabajó como periodista mientras acababa un doctorado sobre la industrialización en Polonia. Su mantra: “Cuestionar todo”.

El azote de los conformistas

Las conferencias de Rosa Luxemburgo en la Internacional Socialista promovían la solidaridad entre países y la revolución mundial, mucho antes que el derecho a la autodeterminación que reclamaba Polonia. Defendía que la lucha obrera debía centrarse en el capitalismo, aunque el Manifiesto comunista de Marx llamase a la emancipación de los polacos. Esa filosofía, que compartía con su primer amor Leo Jogiches, la trasladó a Berlín en 1898, cuando se afilió al SPD alemán.

Rosa también se opuso a grandes figuras del partido socialdemócrata como Eduard Bernstein, rebatiéndole que “la lucha por la reforma es el medio, la revolución es el fin”. Pensaba que si las reformas se lograban a través de la lucha obrera, fortalecían al partido, pero si se obtenían por métodos parlamentarios o acuerdos entre partidos burgueses, esto sólo favorecía al capitalismo.

Viñeta Rosa Luxemburgo

Más tarde, se distanció de otros pesos pesados del SPD que la consideraban una “víbora bribona”, como su otrora gran colega Karl Kautsky. Una brecha que se abriría para siempre con la aprobación de los presupuestos de la Primera Guerra Mundial, a la que ella se oponía tajantemente, y con el retraso en las negociaciones del sufragio universal, y femenino.

La “no militancia” feminista

Otro importante contacto que hizo Rosa en Berlín fue Clara Zetkin, la activista que estaba al frente de la organización de mujeres socialistas y del periódico feminista Die Gleichheit ( La Igualdad). Juntas defendían el voto universal, aunque Luxemburgo nunca quiso encabezar el ala femenina para no perder los beneficios que tenía en el partido junto a los varones. Pensaba que era una estrategia de sus compañeros para desterrarla de la primera línea del debate teórico, donde reinaba el machismo.

“El voto femenino aterra al actual Estado capitalista porque, tras él, están los millones de mujeres que reforzarían al enemigo interior, es decir, a la socialdemocracia”, escribió. No compartía con Zetkin, sin embargo, la defensa solo del voto de las mujeres propietarias que pagaban impuestos. “Son derechos de las damas, no de las mujeres. No puedo hacer causa común con las señoras de la clase capitalista”, le espetaba Luxemburgo.

Viñeta Rosa Luxemburgo

Ambas participaron en 1907 en la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en la ciudad alemana de Stuttgart, que aprobó que los partidos socialistas del mundo luchasen obligatoriamente por el sufragio femenino. También en la Segunda Conferencia, llamada Guerra a la guerra, donde más de cien activistas de 17 países establecieron el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. En aquella época, Rosa empezó a sentirse cómoda con la etiqueta feminista y sus discursos tomaron un cariz más comprometido, como este que pronunció en 1912:

“El actual enérgico movimiento de millones de mujeres proletarias que consideran su falta de derechos políticos como una flagrante injusticia es señal infalible, señal de que las bases sociales del sistema imperante están podridas y que sus días están contados. Luchando por el sufragio femenino, también apresuraremos la hora en que la actual sociedad caiga en ruinas bajo los martillazos del proletariado revolucionario”

Una de las cosas que más lamentó Luxemburgo al final de sus días fue no haber defendido con ahínco el voto y la emancipación de la mujer. Por eso, a su salida de la cárcel en 1918 y cuando reorganizó la Liga Espartaquista, estableció como nueva consigna “la plena igualdad social y jurídica entre los sexos”.

La utopía antibelicista

Si bien el equidistante feminismo de Rosa Luxemburgo ha sido motivo de debates académicos, con su perfil pacifista no queda resquicio para la duda. La política enarboló un discurso antimilitarista durante toda su carrera, pero sobre todo a las puertas de la Primera Guerra Mundial, cuando su partido votó por primera vez a favor de unos presupuestos capitalistas que daban luz verde a la masacre.

Los razonamientos de Luxemburgo se podrían aplicar perfectamente hoy en día, cien años después de la Gran Guerra. Para ella, el conflicto “es indispensable para el desarrollo del capitalismo”, puesto que la industria armamentística mueve decenas de miles de millones y está controlada por señores de la guerra que deben justificar el gasto militar y el tráfico incontrolado de armas. Así, Rosa interpeló a sus propios camaradas en Utopías pacifistas (1911):

¿Cuál es nuestra tarea en la cuestión de la paz? (…) Si las naciones existentes realmente quisieran poner coto, seria y honestamente, a la carrera armamentista, tendrían que comenzar con el desarme en el terreno político comercial, abandonar sus rapaces campañas colonialistas y su política internacional de conquista de esferas de influencia en todas partes del mundo” .

Este hincapié en hacer “un llamamiento a la justicia y al fin de la violencia” durante los cuatro años de la guerra fue el que acabó con su vida. No caben medias tintas cuando se está en contra de precarizar vidas en el trabajo y en el campo de batalla. Al menos, no para Rosa Luxemburgo. Esta líder solo consideraba la vía del socialismo para acabar con la barbarie, y terminó sufriendo la barbarie en propias carnes por parte de los freikorps.

Pero la Rosa Roja vio que la dignidad humana estaba por encima de los partidos y de la economía militar. Y así se recordará siempre a la mujer que no huyó del barco naufragado y luchó hasta la muerte “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

Rosa Luxemburgo en un mítin en Berlín
Rosa Luxemburgo en un mítin en Berlín, 1910

Anuncios

¿Es mucho pedir una izquierda laicista?

14 julio, 2017

Fuente: http://www.info.nodo50.org

Martes 6 de junio de 2017. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Así habló Cicerón

Por Vimes

De verdad que no puedo más. El Ayuntamiento de Cádiz le concede una medalla a no sé qué virgen y salen todos los podemitas en tromba a defenderlo. Pablo Iglesias se descuelga con una entrevista donde viene a decir que esa virgen representa valores de dignidad popular. Teresa Rodríguez, con otra donde sostiene que la Semana Santa es del pueblo. Ahora Madrid se apunta a una marcha pro-Ramadán, con la presencia de concejales. Pedro Sánchez, lo mismo de lo mismo.

Iros. Todos. A. Cagar.

En serio. ¿Qué hay que hacer en este país para que aparezca un partido de izquierdas verdaderamente laicista? No pido tanto. Con cosas tan sencillas como las que hacen el alcalde de Zamora o el grupo municipal de IU en Algeciras me vale. ¡Si la laicidad del Estado es sobre todo cuestión de gestos! ¡En la mayor parte de los casos no cuesta un duro! Se trata simplemente de recordarles a las religiones cuál es su lugar: el ámbito social, de las relaciones entre ciudadanos. Nunca el ámbito político. Porque el Estado no tiene alma inmortal, así que es ilógico que asuma como propia una determinada religión.

El problema es que empiezas a hablar de esto y meapilas de todas las religiones, unidos en santa alianza, comienzan a mirarte mal. Y tú venga a justificarte, y a decir cosas tan obvias como que no está en tu agenda política prohibir la Semana Santa o que te da un poco lo mismo que la gente decida ayunar durante un mes. Eso si adoptas la postura de la indiferencia. ¡Ay de ti como te pongas un poco más radical y digas que, aunque no te vas a dedicar a impedirlas, esas tradiciones te parecen gilipolleces! Te caen doce campañas de firmas en Change.org, un boicot y tres querellas por escarnio a la religión e incitación al odio.

¿Y todo esto por qué? Pues aparecen las manidas justificaciones de siempre. Que si la tradición, que si la libertad religiosa, etc. Estupideces. Estupideces y confusión de planos. La libertad religiosa llega hasta donde llega: ampara que tú puedas celebrar tus ritos de forma libre siempre que dichos ritos no dañen a nadie ni vulneren ningún otro bien jurídico. Punto. Desde luego que no ampara a tu dios contra la crítica, la burla u ofensa. Y sin duda que no cubren que el Estado se apunte al carro de las ceremonias.

La versión (presuntamente) progresista del mismo argumento es la que habla de islamofobia. No trago, lo siento. Coincido en que la islamofobia es un problema real, pero estoy seguro de que podemos luchar contra ella sin que nuestros políticos acudan a actos religiosos en representación de toda la ciudadanía. No me trago que la única forma de impedir esa lacra sea que los representantes populares expandan propaganda musulmana en sus cuentas de Twitter. Podemos rechazar las ideas de que los musulmanes son terroristas que buscan destruir Occidente y de que los refugiados vienen a poner bombas sin que nos cuenten todas las bondades que tiene el Islam, muchas gracias.

¿De qué va esto? ¿Es electoralismo? ¿Intentar sacar votos de las comunidades musulmanas y no perderlos de las cristianas? ¿O es que de verdad se han creído que ser de izquierdas era esto? Porque si es así, van dados: la izquierda siempre se ha identificado con la laicidad y el anticlericalismo, y estos valores no han dejado de ser positivos y reivindicables (1). Prefiero pensar que es lo otro, que se trata de vender valores que fomentan la convivencia pacífica a cambio de un puñado de votos.

Parece una maldición. En cuanto un movimiento de izquierdas alcanza cierta preponderancia, comienza a moderarse y a buscar “el centro”, perdiendo por el camino los mismos valores que le han aupado hasta ahí. Genial. Y luego que si pierden un millón de votos, que si pucherazo por aquí y que si Indra por allá. No, joder: es que para votar a un PSOE 2.0., pues la gente vota al PSOE y así al menos ya sabe que en todas las elecciones van a prometer que eliminarán el concordato. Que a estas alturas, esa promesa electoral es una tradición equiparable a la Semana Santa.

Me cabrea, de verdad. Quiero poder votar a un partido de izquierdas verdaderamente laico, que no apoye fantasmadas como las medallas a estatuas, las procesiones con muñecos al hombro o los ayunos religiosos. Que no los apoye desde el partido y, desde luego, que no los fomente cuando gobierna. Que entienda que el papel de los poderes públicos en estos asuntos debería ser de exquisita neutralidad: limitarse a garantizar el derecho fundamental de libertad religiosa y a armonizarlo con el resto de libertades.

Por cierto, que aquí no tiene nada que ver un tema que sacan a pasear tanto Pablo Iglesias como Teresa Rodríguez en sus entrevistas, y es la idea de que algunos ritos o símbolos religiosos son “del pueblo” o incluso “de izquierdas”. No, joder, no. La aconfesionalidad de los poderes públicos no es una herramienta que podamos sacar contra los religiosos de derechas y esconder cuando aparecen símbolos o confesiones más al gusto de la izquierda.

Al contrario, la neutralidad religiosa es un principio importante por sí mismo. Facilita la convivencia, disciplina a la religión (2), permite mantener separados ámbitos distintos y es la mejor manera de garantizar los derechos fundamentales de todo el mundo. Por ello hay que defenderla siempre y frente a todas las circunstancias, y no usarla de forma interesada. Y sí, aceptar la aconfesionalidad puede significar a veces ir contra la voluntad de “el pueblo” que te pide que condecores a un trozo de madera. Ya lo veis, a veces la política incluye tomar decisiones.

Por desgracia, la izquierda (3) no parece haberlo entendido, y lo más que está dispuesto a hacer es aumentar el número de confesiones que hay en el espacio público. Para que ya no solo podamos topar con la iglesia sino también con la mezquita, con la sinagoga y con el templo evangélico.

No es un consuelo.

Notas:

(1) Sí, el anticlericalismo también. La RAE define “clericalismo” como “influencia excesiva del clero en los asuntos políticos” y como “marcada afección y sumisión al clero”. Estar en contra de eso es bueno.

(2) Las religiones son, por definición, fuerzas conservadoras. Así que mejor que no adquieran poder.

(3) En este artículo hablo sobre todo de Podemos porque son sus actos los que me han soliviantado, pero el PSOE tiene también su telita que cortar en esta área.

JPEG - 36.1 KB

Sitios donde aún mandan los curas y no deberían

30 abril, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Raquel Ejerique, 17 de marzo de 2017.-

La vicepresidenta del Gobierno junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez
La vicepresidenta del Gobierno junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez

En España hay sitios donde todavía mandan los curas y no deberían. Por ejemplo, en los despachos del Ministerio de Educación. Presionaron para que Religión (católica) se metiera en cuña como asignatura que computa para nota y la Lomce de Wert abrazó fraternalmente al lobby de los obispos. Las reformas de Méndez de Vigo no contemplan ni de lejos quitarles este privilegio educativo.

La mayoría de los colegios concertados en España son católicos (6 de cada 10), así que las plazas subvencionadas con dinero público incluyen rezos y crucifijos en el lote. Esos alumnos de lo público serán educados en lo católico. 

Los curas (nunca las monjas) también deciden sobre las vacunas, la vida y la muerte en los comités bioéticos de los hospitales públicos en Madrid, gracias a una idea de Gallardón. Quizás los eligió por su conexión directa con el otro mundo o porque es el mismo exministro que quiso devolver el aborto al siglo pasado.

Además, la Conferencia Episcopal tiene muchos infiltrados en la cúpula. Como reciente exponente, el exministro de Interior Jorge Fernández Díaz, que de tanta fe se desparramó y acabó por tomar decisiones tan rídículas como darle una medalla al mérito policial a una virgen.

Quizás se lo sugirió al oído su ángel de la guardia Marcelo. O quizás quiso complacer sus intereses privados desde su puesto público. Ahora se ha llevado el caso al Supremo, a ver si entiende que la Virgen del Amor merece la medalla pública tanto como un policía muerto en acto de servicio.

Los obispos, los más radicales, salen con su filosofía de puño y candado a acuñar “imperio gay” o “ideología de género” y les ponemos un manto de flores y unos micros, y su mensaje vuela y se escucha allá donde jamás habría llegado. Aún influyen demasiado. 

La Iglesia manda de más hasta en el IRPF. Cada año, por el mes de mayo o junio, nos la topamos en la declaración de la renta. Gracias a la casilla recaudaron 249 millones el año pasado –y aún así les pagamos aparte los profesores de Religión y las capillas de cuarteles y hospitales–.

Hemos acordado con el Vaticano que les vamos a financiar, sí, pero además que estarán libres de pies y manos. El Gobierno les han eximido de rendir cuentas. En qué gastan ese dinero sigue siendo un misterio mariano.

Los privilegios de la Iglesia en España son tantos y tan variados que es difícil decir de carrerilla “estado aconfesional” sin sonreírse. Pero  la definición en la Constitución es tan abierta que permite primar a la Iglesia católica tanto como quieran los dirigentes del momento.

Ese desbordamiento de privilegios políticos y económicos, y no las misas de La 2, es el hueso que hay que morder. El grupo Unidos-Podemos ha apuntado a la liturgia dominical –con 300.000 espectadores de media cada domingo– como un escándalo que no lo es. Una televisión pública debe dar servicio a una ciudadanía diversa y plural, y eso incluye el servicio religioso matinal en la segunda cadena en un país donde el 68% se declara católico. A la audiencia me remito. La proposición ha sido efectista y ha puesto el debate en la mesa, pero ha cubierto con tinta de calamar a la madre del cordero.

17/03/2017 – 20:12h