Archive for the ‘Ley de Memoria Histórica’ Category

Galán y García: los capitanes de la primera tricolor

15 noviembre, 2017

Fuente: http://www.publico.es

El Gobierno de Aragón declara bienes de interés cultural las tumbas de los oficiales que lideraron el fallido levantamiento militar republicano de Jaca en diciembre de 1930.

Los capitanes Fermín  Galán y Ángel García Hernández fueron considerados ‘mártires’ por la iconografía de la Segunda República.

Los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández fueron considerados ‘mártires’ por la iconografía de la Segunda República.

La II República se declaró en Jaca (Huesca) cuando todavía faltaban cuatro meses para las elecciones de abril de 1931. La cosa duró poco, apenas ese viernes, un 12 de diciembre, y unas horas del sábado siguiente, aunque en el balcón de su ayuntamiento llegó a ondear por vez primera la tricolor, tejida por el sastre local Juan Borderas a petición del capitán Fermín Galán.

Este y los también capitales Ángel García Hernández y Salvador Sediles, entre otros, fueron los líderes militares de un fallido (y algo chapucero) levantamiento contra la monarquía alfonsina, frustrado, entre otras causas, por la descoordinación de un Comité Revolucionario estatal que retrasó la insurrección sin avisar a quienes debían iniciarla. Su represión, en la que participaron golpistas en ciernes como los generales Mola y Franco, junto con la persecución de los participantes en el Pacto de San Sebastián, terminaron de inclinar las posiciones políticas de la mayoría del país contra la monarquía de Alfonso XIII, apoyada en la ‘dictablanda’ del general Berenguer, y a favor del republicanismo.

Ahora, el Gobierno de Aragón acaba de declarar Bien de Interés Cultural (BIC, equivalente al monumento), como sitio histórico, las tumbas del cementerio de Huesca en las que reposan los restos de los generales Fermín Galán y Ángel García mediante un decreto en el que destaca cómo su levantamiento “supuso un impulso decisivo para el advenimiento de la Segunda República Española en abril de 1931, hechos de notable relevancia en nuestra historia reciente”.

“El disparate de fusilar a Galán y García”

“La monarquía cometió el disparate de fusilar a Galán y García Hernández, disparate que influyó no poco en la caída del trono”, anotó en su diario Manuel Azaña, presidente de una república que trató como mártires a los oficiales, cuya presencia borró años después el franquismo de los callejeros de numerosas ciudades españolas.

Aragón ha declarado Bien de Interés Cultural (BIC) las tumbas de los generales en el cementerio de Huesca.

La decisión del Gobierno de Aragón, que se enmarca en la línea de recuperación de la memoria democrática, permitirá conservar las tumbas, la de Galán junto a la tapia oeste del cementerio oscense, en el antiguo recinto civil y cercana a las de otros ilustres republicanos como Ramón Acín, y la de García Hernández en un pabellón de nichos cercano.

El enterramiento de los capitanes convirtió al cementerio de Huesca en un “lugar de peregrinación” entre 1931 y 1936, cuando “partidos políticos, organizaciones sindicales y entidades cívicas de distinta naturaleza, ayuntamientos en pleno de todo el país se daban cita a los pies de la tumba de Fermín Galán”, principalmente los 14 de abril y los primeros de mayo, señala el decreto.

Las tumbas quedaron abandonadas durante la dictadura, si bien “manos anónimas cuidaban la sepultura y repintaban los epígrafes”, narra la resolución, que también recuerda cómo la cara exterior de la tapia junto a la que se encuentran los restos de Galán fue lugar de fusilamientos en agosto de 1936 y entre octubre de 1938 hasta enero de 1945”.

Tres años y medio en Montjuïc

Galán fue el protagonista central del levantamiento fallido de Jaca, ciudad del Pirineo oscense a la que había sido destinado ese verano como territorio de castigo, tras ser amnistiado de su condena por participar en los preparativos de ‘la sanjuanada’, el fallido golpe de junio de 1926 contra el dictador Primo de Rivera.

Fermín Galán dirigió el levantamiento de Jaca, donde fue desterrado tras ser amnistiado de su condena por participar en el fallido golpe de ‘la sanjuanada’.

Fermín Galán dirigió el levantamiento de Jaca, donde fue desterrado tras ser amnistiado de su condena por participar en el fallido golpe de ‘la sanjuanada’.

“Era, además de un militar veterano, un hombre muy leído que había publicado varios libros y con muchos contactos en el mundo del anarquismo”, explica el historiador Eloy Fernández Clemente, que destaca cómo Jaca se solidarizó con los militares.

Pio Díaz Pradas, que ocuparía la primera alcaldía republicana las escasas horas que esta duró, fue durante la Segunda República alcalde honorario de buena parte de los ayuntamientos de España.

El emisario que no avisó

Ya en Jaca, tras pasar tres años y medio en la prisión barcelonesa de Montjuïc, Galán contacta con el resto de capitanes, por un lado, y, gracias a Ramón Acín, con el Comité Revolucionario que, tras la detención de la mayoría de los líderes políticos que habían participado en la confluencia republicana conocida como el Pacto de San Sebastián, preparaba un levantamiento para implantar la república. Aunque este resultó un ejemplo de descoordinación.

Varios cientos de republicanos, muchos de ellos estudiantes aunque también se movilizaron activistas relevantes como el economista Jesús Prados Arrate, llegaban los días previos a Jaca en tren y en autocares, en lo que aparentaba ser una afluencia de esquiadores fuera de lo habitual, mientras los capitanes, con la vista puesta en el 12 de diciembre, ultimaban los preparativos para alzarse con los 700 soldados de los cuarteles jaqueses.

Sin embargo, los planes habían cambiado. El comité había decidido posponer al lunes 15 los planes, que ahora incluían una huelga general y el levantamiento, también, del aeródromo madrileño de Cuatro Vientos. Y había enviado a Jaca para avisar a Santiago Casares Quiroga, quien seis años después afrontaría como presidente del Gobierno la sublevación franquista que dio origen a la guerra civil.

Fueron condenados a muerte por un consejo del que formaba parte el director de la academia militar de Zaragoza, el general Francisco Franco.

Pero Casares no llegó a tiempo. O sí. Arribó a la ciudad pirenaica la noche del 11 al 12, pero optó por acostarse y dejar para el día siguiente el contacto con Galán. Sin embargo, a las cinco de la mañana, antes de que el emisario se levantara, comenzaba la sublevación.
“Era un asunto preparado desde Madrid, pero hubo unos fallos de información y de comunicación enormes”, señala Fernández Clemente, que recuerda como no hubo movimientos en Cuatro Vientos, donde algunas fuentes señalan a Ramón Franco y al general Queipo de Llano como los encargados de la movilización.
Consejo de guerra con Franco
Pese a todo, esa tarde salieron hacia Huesca una columna dirigida por Galán en camiones y otra comandada por Sediles en tren. Antes de partir, por la mañana, el capitán había dictado un expeditivo bando en el que, “como Delegado del Comité Revolucionario Nacional”, establecía que “todo aquél que se oponga de palabra o por escrito, que conspire o haga armas contra la República naciente será fusilado sin formación de causa”.
Sin embargo, la mayoría de las tropas movilizadas para marchar hacia Huesca salieron en desbandada esa misma noche tras un enfrentamiento con el ejército en Ayerbe. Galán se entregaría la madrugada del sábado 13 en el cercano pueblo de Biscarrués, mientras el resto de oficiales y los colaboradores civiles iban siendo detenidos, en algunos casos por efectivos de la Dirección General de Seguridad que dirigía el general Emilio Mola.
Los oficiales eran condenados a muerte el sábado 14, en un consejo de guerra celebrado en Huesca y por un tribunal del que formaba parte el entonces director de la academia militar de Zaragoza, el general Franco. “No les dejaron ni siquiera defenderse”, apunta el historiador, quien señala a Galán y García Hernández “un poco como los protomártires de la república”.
Solo ellos dos llegaron a ser fusilados. El resto de condenados fueron indultados en los estertores de la monarquía alfonsina, como ocurrió con el capitán Sediles, o amnistiados al llegar la república, caso del economista.
La historia de Galán y García sería durante la II República el argumento de una película dirigida por Fernando Roldán y de una obra de teatro con libreto de Rafael Alberti. El drama comenzaba con estos versos de Antonio Machado: “La primavera ha venido / del brazo de un capitán. / Niñas, cantad a coro: / ¡Viva Fermín Galán!”.
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La España que dijo ‘no’ al fascismo

31 octubre, 2017

Fuente: http://www.publico.es

La periodista Montserrat Llor publica la obra ‘Atrapados’, en la que da voz a víctimas de Franco cuando se cumplen 85 años de la proclamación de la II República.

Imagen tomada en Madrid el 14 de abril de 1931, hace ahora 85 años

Imagen tomada en Madrid el 14 de abril de 1931, hace ahora 85 años

 

MADRID.- Hace 85 años, el 14 de abril de 1931, fue proclamada en España una República de “trabajadores de todas las clases”. Sería la primera experiencia democrática del país. El nuevo proyecto republicano puso en marcha la descentralización del Estado, reconoció la igualdad de la mujer y sus derechos políticos, puso en marcha la reforma agraria, implantó la laicidad del Estado y la educación pública y gratuita pasó de ser un privilegio a un derecho de todos los españoles. Pero todos estos proyectos, y sus defensores, fueron pasados por las armas.

Durante los años de dictadura franquista, el régimen justificó el levantamiento militar y golpe de Estado por “el peligro comunista”. Las justificaciones de los conservadores fueron evolucionando a lo largo de los años manteniendo siempre el mismo núcleo: la culpa de la Guerra Civil fue de la II República.

Así Manuel Fraga concedió a El País en 2007 una entrevista en la que aseguró: “Pero los muertos amontonados son de una guerra civil en la que toda responsabilidad, toda, fue de los políticos de la II República. ¡Toda!”. En esta misma línea se manifestó Esperanza Aguirre en un artículo publicado recientemente en ABC en el que afirmó: “La “II República fue un auténtico desastre para España y los españoles (…). Muchos políticos republicanos utilizaron el régimen recién nacido para intentar imponer sus proyectos y sus ideas -en algunos casos, absolutamente totalitarias- a los demás, y que faltó generosidad y patriotismo”.

En la primavera de 1936 no existía el terror rojo y sí un plan militar para emprender “la limpieza” de España.

Para desmontar estos y otros mitos del franquismo y de la derecha supuestamente democrática, nació la obra Los mitos del 18 de julio (Crítica), “uno de los mayores y más completos esfuerzos de demolición de ciertas interpretaciones sobre el golpe, y la Guerra Civil que sobrevino a continuación”, según describía el coordinador del obra Francisco Sánchez Pérez, en la que también participaban los historiadores Fernando Puell de la Villa, Julio Aróstegui, Eduardo González Calleja, Hilari Raguer, Xosé M. Núñez Seixas, Fernando Hernández Sánchez y José Luis Ledesma.

Esa obra, que fue recogida por Público en su momento, dejó negro sobre blanco que la II República no fue un fracaso que conducía “inexorablemente a una guerra” sino que fue “destruida por un golpe militar” que, al contar con la connivencia de un país extranjero y no triunfar en buena parte del país y en la capital, se encaminó automáticamente a la Guerra Civil. Demostró que el asesinato de Calvo Sotelo no precipitó nada y que la fecha del golpe de Estado dependía del apoyo fascista. Que los civiles monárquicos jugaron un papel crucial para el levantamiento armado contra la II República, que no había ninguna revolución comunista en marcha y que en la primavera de 1936 no existía el terror rojo y sí un plan organizado por los militares para extender el terror en la población y de “limpieza de España”.

Ahora, la periodista y autora de Vivos en el averno naziMontserrat Llor, publica Atrapados (Crítica), una obra que saca a la luz los testimonios de una quincena de personas que dijeron no al fascismo. Recuerda el prestigioso historiador y diplomático Ángel Viñas, que escribe el prólogo, que “España fue el único país de Europa en el que una parte sustancial de la ciudadanía se negó a aceptar el orden que, por la sangre y las bayonetas, quisieron imponer unos militares felones con concomitancias nazi-fascistas y que desembocó en una dictadura de casi cuarenta años”.

Viñas: “España fue el único país de Europa en el que una parte sustancial de la ciudadanía se negó a aceptar el orden que, por la sangre y las bayonetas, quisieron imponer unos militares felones con concomitancias nazi-fascistas”

Los vencidos de aquella Guerra Civil fueron calificados por el dictador naciente, Francisco Franco, como “la escoria” de la nación en uno de sus primeros discursos ante unas sumisas Cortes que se había inventado. La propaganda política del régimen fue seguida por la manipulación y el olvido de una educación católica y un gobierno represivo que desde el inicio de la Guerra Civil produjo un movimiento depurador salvaje que impuso un proceso de represión global, de sometimiento y control ideológico de la población que perduraría durante 40 años. Para los derrotados de la Guerra llegarían tiempos de persecución, de venganza, de muerte y de violencia.

Portada 'Atrapados'

Esos crímenes cometidos por el franquismo continúan siendo impunes a día de hoy. Ni la transición ni la democracia han querido investigar las matanzas franquistas ni tan siquiera buscar a las decenas de miles de republicanos que continúan desaparecidos en cualquiera de las más de dos mil cunetas que hay localizadas en todo el Estado. 

Estos son tres de los quince testimonios que la periodista Montserrat Llor recoge, de manera brillante, en Atrapados

Ángeles García-Madrid: compañera de prisión de Las Trece Rosas

Ángeles García Madrid falleció recientemente. Fue una más de las muchas mujeres ignoradas y olvidadas que pasó por las cárceles franquistas llegando a compartir prisión con Las Trece Rosas. Esta mujer entró a los dieciséis años en las Juventudes Socialistas con motivo de la revolución de 1934, a los dieciocho vivió el comienzo de la Guerra y con veintidós ya estaba en la cárcel. Fue condenada a más de treinta años de prisión aunque, afortunadamente para ella, sólo cumplió tres años más otros trece de libertad condicional, en los que estuvo presentándose ante la Guardia Civil y la Policía.

“Logré salir, aún no sé cómo y logré salir viva. Otros han pagado con la vida, como Las Trece Rosas. Ay, eso lo tengo clavado como una espina en mi corazón, no puedo recordarlo sin emocionarme, eran tan jóvenes y las fusilaron. Todas las compañeras llorábamos en la cárcel de Ventas…“, cuenta en la obra Ángeles.

“Logré salir, aún no sé cómo y logré salir viva. Otros han pagado con la vida, como Las Trece Rosas”, recuerda Ángeles

La primera vez que fueron a por ella fue la noche del 14 al 15 de mayo de 1939. Ángeles y su madre fueron detenidas en su domicilio junto con otros 26 vecinos del inmueble que, al parecer, fueron acusados por otra vecina. Varios policías de paisano se presentaron de noche, repentinamente, gritando, golpeando brutalmente la puerta de los vecinos, obligándoles a salir de sus camas, pistola en mano, en medio de un gran desconcierto. En esta primera detención fueron puestos todos en libertad, pero se produjo una segunda días después repitiendo los mismos esquemas.

Ángeles García Madrid

-¡Abran, la policía!- gritaba un hombre golpeando la puerta de su casa. Entraron como la furia tres individuos, armados con pistolas, intimidándola, obligándola a vestirse rápidamente. A las mujeres detenidas las llevaron al centro de detención de la calle Almagro y las dejaron esperando durante horas en una sala contigua a la estancia utilizada para interrogar y torturar a los detenidos. Desde allí se escuchaban día y noche gritos y lamentos, era el espacio utilizado para conseguir declaraciones, las que fueran, a fuerza de golpes.

“El comisario, de madrugada, nos tuvo allí a los siete que pertenecíamos a un partido, sólo a nosotros. Se pasó mucho, incluso a un hombre le rompieron las piernas a palos, sufrió brutales torturas hasta que, hundido y dolorido, le dijo a su mujer: “Ahora ya no voy a ser un hombre nunca más, déjame” y, al final, gritando, se tiró por la ventana, rompió la claraboya y se mató. Jamás olvidaré eso”, contaba Ángeles.

“Sentí todo el desprecio de aquellos hombres, me llamaron cínica, mentirosa, me gritaban, me insultaban, amenazaban hasta que uno me gritó: “¡Asquerosa, puta roja!”

Pronto llegó el turno de los ‘interrogatorios’ para Ángeles. Comenzaron las preguntas por sus vecinos, afiliaciones políticas, movimientos detectados… “Sentí todo el desprecio de aquellos hombres, me llamaron cínica, mentirosa, me gritaban, me insultaban, amenazaban hasta que uno me gritó: “¡Asquerosa, puta roja!”, decía Ángeles, que proseguía así su relato: “Aquello era un horror. Esa cárcel fue construida por Victoria Kent y cada celda fue pensada para dos presas. Pues mira, ¡yo fui la número once que entraba! No se cabía. Poníamos los pies en la cara de las otras y así, como podíamos, pasábamos la noche intentando dormir en el suelo, porque además quitaron todas las camas”.

Después llegaron las primeras sacas en la cárcel y pronto apareció la disentería. Para Ángeles fueron los dos peores momentos que vivió allí dentro. El primero, el fusilamiento de Las Trece Rosas; el segundo, ver morir a los niños ante el desconsuelo desgarrador de sus madres. En abril de 1940, Ángeles fue juzgada y condenada a un tribunal militar a doce años de prisión por “auxilio a la rebelión militar”. Fue condenado el 14 de mayo a 30 años de prisión y pasó por las cárceles de Tarragona, Barcelona y Gerona. Hasta 1942, que se le concedió la provisional.

Lluís Martí Bielsa: el hombre que escapa de la muerte

Lluís Martí Bielsa

“Madrugada del 26 de enero de 1939. Nuestro servicio era proteger a los ingenieros mientras hacían su trabajo, volar carreteras, puentes, todo lo que pudiera evitar o retrasar el avance del enemigo. Nos enviaron a Esplugues de Llobregat, donde los ingenieros hacían agujeros en el puente que después llenaban de explosivos para hacerlo volar por los aires. Las cargas de la dinamita ya estaban colocadas, pero el puente no explotó. El enemigo se había desviado de la carretera cortando camino, a unos cien metros de donde estábamos, impidiéndonos toda posibilidad de retirada. Quedamos en tierra de nadie. El sargento dijo: “Estamos cercados, nos tenemos que rendir”. Entonces vi que la guerra la teníamos perdida y vinieron a mi mente mis padres, mi familia. No me lo pensé dos veces. Los fascistas estaban emplazando aún una ametralladora. De cuatro saltos, atravesé la carretera y quedé fuera de su vista. Llamé a los compañeros, sólo uno se decidió…”

Lluís Martí Bielsa tenía poco más de quince años cuando se hizo guardia de asalto durante la Guerra Civil.

Cuenta la periodista Montserrat Llor que ésta fue la última misión del guarda de asalto de la República Lluís Martín Bielsa horas antes del hundimiento de Catalunya. Era el momento culminante de una serie de operaciones militares que, entre finales de 1938 y enero de 1939, habían tenido lugar en Catalunya, siempre posicionada en el bando republicano desde el inicio de la guerra.

Lluís Martí Bielsa tenía poco más de quince años cuando se hizo guardia de asaltodurante la Guerra Civil. Luchó en el frente y ante la derrota cruzó la frontera iniciando un peregrinaje por los campos de concentración franceses en su peor momento, el inicio del caos absoluto, el descontrol y la misera. Durante la II Guerra Mundial sus destinos fueron los campos de Argelès-sur-Mer, Agde, Barcarès y Saint-Cyprien. Después lograría zafarse de los campos nazis al huir de un convoy rumbo a Dachau. Se adhirió a la resistencia francesa y formaría parte de los maquis en la lucha contra el franquismo, donde tendría diversas misiones.

La última misión que cumplió le llevó a cruzar los Pirineos a pie transportando una imprenta para el PCE. Finalmente fue detenido y preso en tres cárceles: La Modelo, Ocaña y Burgos, donde coincidió con Marcos Ana. “Soy una persona totalmente responsable de llevar a cabo los principios en los que creo firmemente”, dice Martí Bielsa.

“Soy una persona totalmente responsable de llevar a cabo los principios en los que creo firmemente”, dice Martí Bielsa

En el año 2004, con motivo del 60º aniversario de la liberación de París, Bielsa fue uno de los veteranos homenajeados por el alcalde de París, quien descubrió un placa conmemorativa en honor a la participación española en la liberación de París. “Los nombres de los españoles presos en los campos nazis de la Francia ocupada figuran en algunas estelas que erigieron en Francia ya hace años. Y en España qué, ¿eh? Nada. Allí recuerdan a los patriotas muertos por su país. ¿Sabes qué pone? ‘Morts pour la Frances’, sentencia Martí. 

Alejandra Soler: de la lucha contra Franco a la denuncia de la ‘ley Wert

El 14 de abril de 1931 Alejandra tenía 18 años. Es la tercera valenciana que obtuvo una licenciatura, en su caso fue en Filosofía y Letras, y lleva más de 90 años dando guerra en las calles en defensa de la Educación pública, la democracia y la libertad. “Fui una vez y volvería cien veces más. Les dije a los jóvenes que no se fiaran de nadie y que nada ocurre porque sí, que busquen el origen de los acontecimientos y que aclaren por qué ha sucedido”, explicó Soler a Público, que hoy centra sus ataques en la “elitista ley Wert”.

Era horrible, veías montones de personas desfilar, cientos, miles, todo un pueblo, mujeres, niños, ancianos sin fuerzas”, recuerda hoy Alejandra

Dice Montserrat Llor que Soler es” una enciclopedia viviente, testimonio de dos guerras, ciento tres años de vida, treinta y tres de exilio fuera de España y ochenta de militancia comunista“. “Sorprendetemente activa y activista hasta que el cuerpo se lo permita, se muestra crítica con la violencia y las desigualdades sociales. Educa y compromete con su sencillez y candidez a los más jóvenes, apasiona a todos los que la escuchan, es una mujer que otea el horizonte”, escribe Llor.

Alejandra Soler, en el salón de su casa. ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA FUE

En febrero de 1936, Alejandra huyó por la frontera francesa. “No porque tuviera las manos manchadas de sangre ni nada, había hecho política, sí, pero no tenía que temer nada. Aun así, por ser comunista, si me hubiera quedado estaría en la cuneta, seguramente. Partí unas horas antes de que llegase a la frontera el ejército de Franco. Era horrible, veías montones de personas desfilar, cientos, miles, todo un pueblo, mujeres, niños, ancianos sin fuerzas”, recuerda hoy Alejandra, que fue a parar al centro de detención de Le Pouliguen.

De ese campo de detención, tanto Alejandra como su marido, Arnaldo ,escapan y consiguen cruzar hacia la URSS en el año 1939. Aún no había guerra en el mundo. Llegó a Leningrado el 4 de junio de 1939. La enviaron a una sanatorio de una ciudad en Ucrania, Járkov. De ahí fue a Moscú, como maestra en la casa de niños de la guerra nº 12. En 1942, Alejandra fue trasladada otra vez a la orilla derecha del Volga y no fue hasta septiembre de 1944 cuando pudo regresar a Moscú. El 9 de mayo de 1945 terminaría la guerra.

“En la Plaza Roja, alrededor del Kremlin, en la plaza del teatro Bolshoi y en la Plaza de Maniezla multitud se agolpaba, gritaba, lloraba o bailbaba o hacía todo a la vez.  Yo lo viví y nunca lo olvidaré pues era un espectáculo grandioso”, narra Alejandra, que en 1958 fue nombrada jefe de la cátedrade Lenguas Romances de la Escuela Superior de Diplomacia de Moscú, cargo que mantuvo hasta que, finalmente, volvió a España en 1971.

En los años 90, Alejandra volvió a tomar parte en diversos eventos organizados por los partidos de izquierda. En 2013, ya con ciento un años, participó como activista en el primer aniversario de la llamada Primavera Valenciana, por lo que fue conocida como la abuela del 15M. 

Dos holandesas volcadas en la lucha por la memoria histórica se convierten en las nuevas brigadistas internacionales

26 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Su presencia en manifestaciones o actos en los que se reivindica la memoria histórica no pasa desapercibida. Ambas lucen rubias cabelleras, llamativos ojos verdiazules y poseen un color de piel que no es nada habitual en estas latitudes.

Para aquel que aún albergara dudas, su acento las delata definitivamente como extranjeras. Tras encontrárselas en Madrid, Zaragoza, Guadalajara o París, participando en cualquier evento que homenajee a las víctimas del franquismo, cualquiera pensaría que son dos hijas más del exilio español; dos descendientes de alguno de los cientos de miles de republicanos que tuvieron que huir de España tras la victoria de Franco. Sin embargo, la realidad es muy diferente.

Jehanne van Woerkom y su hija Sarah son holandesas y su incondicional apoyo a quienes luchan en España para recuperar la memoria histórica obedece exclusivamente a dos razones: convicción y solidaridad. “Todo comenzó hacia el año 2011. Vi una fotografía en un periódico que llamó mi atención. Era la imagen de un grupo de gente mayor que llevaba retratos de familiares de desaparecidos —nos cuenta Jehanne—. Pensé que debía tratarse de Argentina o de Chile y cuando vi que era la Puerta del Sol de Madrid me quedé noqueada. ¡A solo dos horas de vuelo de mi casa…! Miles de desaparecidos y ¿cómo era posible que yo no supiera nada de ello?”.

Desde ese momento, se volcó en conocer esta historia que le resultaba tan desconocida y encontró la complicidad de su hija Sarah: “Al igual que le pasó a mi madre, mi imagen de España cambió radicalmente al saber que era el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos. Hice numerosos viajes en bicicleta por España, hablando con familiares de las víctimas, visitando algunos de los lugares que simbolizan la represión, horrorizándome con los cementerios en los que hay fosas comunes”.

El compromiso de ambas fue cada vez a más. Asistieron a manifestaciones en Madrid en solidaridad con el juez Baltasar Garzón; a homenajes a las víctimas de la dictadura en Guadalajara, Ronda, Valdenoceda, El Escorial… “Quizás la experiencia más tremenda –confiesa Sarah– fue asistir a la excavación de la fosa de Velilla de Jiloca en Aragón. Eso te marca y no se puede olvidar”.

Jehanne quiso, además, conocer a “la otra parte”, siendo testigo de la misa que se celebró en 2015, en memoria de Franco, en la iglesia de San Fermín de los Navarros: “Fue ver de cerca el rostro del fascismo español. Sentí espanto y escalofríos”.

Arte y militancia

Aunque ella prefiere que la definan como “activista”, no cabe duda de que Jehanne es también una artista. Fue en 1982 cuando comenzó a exponer sus obras para denunciar las situaciones de injusticia que se viven en nuestro mundo: “Ese año asesinaron a cuatro periodistas holandeses en El Salvador”, recuerda.

“El crimen fue orquestado por un alto militar. Era parte de la atroz represión ejercida por el Gobierno de aquel país. Uno de los asesinados era de mi pueblo, Bussum, por lo que decidí no quedarme cruzada de brazos: tenía que contar la verdad, como habían hecho esos periodistas hasta que les mataron”.

Una de las obras artísticas de Jehanne.
Una de las obras artísticas de Jehanne.

Jehanne empezó a tomar fotos de las noticias sobre El Salvador que daban en la televisión y en los periódicos… luego añadía pintura, textos y terminaba haciendo unas impactantes obras que acabó exhibiendo por todo el país. En las siguientes décadas, abordó otros temas sobre los que quería arrojar un poco de luz, como el expolio y los crímenes que los colonizadores europeos perpetraron en América o la matanza de Srebrenica en Bosnia: “Desde entonces, casi todos los años asisto en el cementerio de Potočari, a los actos en recuerdo de las víctimas de la masacre. Sus familiares me emocionan cuando me dicen “tú eres nuestro testigo'”.

En 2014 tuvo madura su primera obra sobre España y la estrenó en el Museo de la Resistencia de Ámsterdam: Memoria histórica, las secuelas amargas del franquismo. Sus impactantes fotomontajes saltaron al año siguiente al Instituto Neerlandés de Estudios de Guerra, Genocidio y Holocausto y en 2016 al Museo de la Paz de Gernika y al Museo de Zaragoza

“Me siento indignada por la forma en que el franquismo sigue presente en España y por la tragedia de sus víctimas. Intento también combatir la ignorancia en Europa, combatir su indiferencia sobre este escándalo que se produce en uno de sus países miembros”.

Sarah, además de apoyar a su madre, aprovecha sus estudios en la Facultad de Estudios Europeos de la Universidad de Ámsterdam para dar a conocer el caso español: “En Holanda el tema apenas se conoce y no se refleja en los cursos o trabajos académicos. Así, sigue oculta la cara más negra de nuestro vecino europeo”.

Estas nuevas brigadistas internacionales están decididas a seguir adelante con su lucha utilizando sus armas: la fotografía, la pintura y la palabra. De hecho, Jehanne tiene ya casi a punto una nueva exposición sobre el franquismo y sus víctimas: “Hoy por hoy la situación que se vive en España es el motor de mi creatividad. ¡Mostrarlo! Destruir el muro de silencio que construyeron a su alrededor. ¡Ese es mi objetivo!”.

Exhumando el ‘Paredón de España’

7 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Después de casi 42 años de la muerte de Franco, por fin van a comenzar las exhumaciones de las fosas comunes del que fue conocido como “el paredón de España”, desde la delegación de Memoria Histórica de la Diputación de Valencia hemos destinado casi el 80% de nuestro presupuesto para subvencionar exhumaciones de fosas comunes del franquismo porque somos el segundo país en número de desaparecidos forzosos después de Camboya.

Desde abril del 1939 hasta 1943 fueron fusilados 2.237 republicanos en la tapia del cementerio de Paterna. Algunos de los ejecutados eran trasladados al cementerio general de Valencia, ya que el de Paterna no podía absorber la enorme cantidad de cadáveres de sus tapias, pero la gran mayoría permanece allí, en las fosas comunes del cementerio de Paterna. En la España de Franco, los republicanos no eran dueños de sus vidas, ni de sus muertos, no tenían derecho ni a velarlos, ni a enterrarlos, ni casi a llorarlos. Así fue desde el principio y así fue hasta el final. La nuestra fue una dictadura donde el dictador murió en su cama, se declararon 30 días de luto, le lloró su familia y una buena parte de España y se le enterró en un mausoleo construido por sus víctimas.

A partir de ahí se supone que llegó la democracia, lo que debiera haber conllevado la exhumación sistematizada de las fosas comunes, la retirada de todos los símbolos franquistas, los cambios de nombres en calles, avenidas y plazas dedicadas a torturadores, secuestradores, asesinos y golpistas, reparación a la víctimas, la anulación de condenas como la de Miguel Hernández…pero nada de eso llegó, se hizo una auténtica política de desmemoria y ante cualquier atisbo de petición de justicia la contestación fue y, sigue siendo: “dejad tranquilos a los muertos”, evidentemente, quienes dicen eso, se refieren a los suyos.

Pero algunas no nos resignamos. No nos resignamos a que no exista una verdadera política de memoria, justicia y reparación porque, casi 42 años después de la muerte del dictador, todo está por hacer. Lamento profundamente que justamente comiencen las labores de exhumación el día después de la pérdida irreparable de uno de los imprescindibles: Carlos Slepoy, luchador por los Derechos Humanos contra la impunidad, tanto en Argentina como en nuestro país. El mejor homenaje, sin embargo, es demostrar que su legado se mantiene en demostrar que no abandonamos la batalla.

Como Diputada de Memoria Histórica de la Diputación de Valencia estoy orgullosa de que por fin vayamos a abrir las fosas de la vergüenza. Éste fue uno de los objetivos que tenía más claros cuando se creó la delegación, porque la exhumaciones son y deberían haber sido una obligación para las instituciones públicas, porque las víctimas de la dictadura no han tenido ni tan siquiera los derechos que con carácter general tiene cualquier víctima. Por lo que, al sentimiento de satisfacción se le suma el de vergüenza y, sobre todo, el de indignación porque las instituciones no hayan dado, después de décadas, la dignidad imprescindible a las víctimas del franquismo, esperando quizás que ya no quedara nadie vivo que reivindicara su memoria. Pero algunas no nos olvidamos.

Un historiador logra que ocho ayuntamientos homenajeen a sus vecinos deportados a campos nazis

6 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden cambiar las cosas”. La frase, verbalizada por la resistente antinazi, periodista y escritora francesa Françoise Giraud, resume el espíritu con el que se levanta, cada mañana, Víctor Peñalver Guirao. Con solo 25 años, este historiador murciano se conjuró para lograr que la Región de Murcia dejara de ser una de las comunidades autónomas más desmemoriadas de España.

Sin ningún tipo de ayuda ni apoyo institucional, comenzó a visitar ayuntamientos y grupos políticos municipales de las poblaciones cercanas a su localidad natal, Cehegín. Dos años después, su discreto y, a la vez, constante trabajo ha dado sus frutos: ocho consistorios, incluido el de la capital murciana, han aprobado mociones de reconocimiento y homenaje a sus vecinos deportados a campos de concentración nazis. Tres de ellos ya han inaugurado, además, monumentos con la misma finalidad y el resto tiene previsto erigirlos en los meses venideros.

Peñalver comenzó a ser conocido en Murcia por su trabajo sobre algunos centros de detención del franquismo y por su investigación sobre la utilización de prisioneros republicanos y la muerte de algunos de ellos, durante la construcción del embalse del Cenajo.

Ese último trabajo sirvió, además para que el ayuntamiento de Moratalla y el Grupo Socialista en el Congreso pidieran a la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) que retirara la placa que recordaba la inauguración del pantano, presidida por Franco, y colocara otra recordando el papel que jugaron los prisioneros republicanos. La CHS terminó cediendo, pero solo a medias. Quitaron la placa franquista sustituyéndola por otra que no mencionaba a los prisioneros esclavos.

Junto a esos trabajos, sus mayores esfuerzos se han centrado en reivindicar la figura de los españoles y españolas que pasaron por los campos de la muerte de Hitler: “Todo empezó en 2015 –nos dice–. Al cumplirse 70 años de la liberación de los campos de concentración aparecieron nuevos libros y se habló bastante sobre el tema. Sin embargo había un desconocimiento general entre la población porque este asunto ha sido y sigue siendo ocultado intencionadamente en los programas educativos”.

El joven historiador asegura que la Historia oficial “ha construido una sociedad que cree que los judíos fueron las únicas víctimas en esos campos; desconoce que también hubo más de 9.300 compatriotas nuestros, de los que 5.500 murieron allí”. Por ello, decidió que debía intentar “sacar del olvido a estos hombres y mujeres para que se reconociera su papel en la defensa de las libertades, primero en España y después en Europa”, afirma.

Primera parada, su pueblo

Lo primero que hizo fue reunir información sobre los vecinos, nacidos en municipios murcianos, que habían pasado por Mauthausen y por otros campos de concentración nazis. Después, se dedicó a redactar instancias y a presentarlas en los correspondientes ayuntamientos: “Empecé en mi pueblo, Cehegín, y en el de los municipios más cercanos de la Comarca del Noroeste de Murcia”.

Asegura que comenzó por esta zona “por puro pragmatismo”. En una sola mañana, prosigue, “podía visitar hasta cinco ayuntamientos para dar registro de entrada a los datos que había obtenido y a estas instancias en las que pedía la construcción de un lugar de memoria, ya fuera placa o monolito, en el que se incluyeran los nombres de sus vecinos deportados”.

Peñalver se encontró con reacciones de lo más diversas entre los políticos: “Primero, siempre, eran de sorpresa ante el hecho de que hubiese víctimas del genocidio nazi allí, en sus pueblos. Después hubo colaboración en unos casos y pasividad en muchos otros. De hecho hay ayuntamientos que tienen mi solicitud desde 2015 y, pese a insistirles mucho, todavía no tengo respuesta. Por eso, a veces, ante el silencio de los gobiernos municipales, decidía ponerme en contacto con partidos de la oposición, principalmente Izquierda Unida, para que llevaran mi solicitud a pleno y se votara”.

El historiador valora que, cuando ha logrado que sean llevadas a pleno, sus iniciativas siempre han sido aprobadas: “Hemos conseguido ocho pequeñas grandes victorias. Ocho mociones aprobadas en otros tantos municipios. Y casi siempre ha sido por unanimidad. Precisamente, la única excepción fue en mi pueblo”, dice.

Peñalver recuerda que “ en el debate la portavoz del PP en Cehegín dedicó su primer turno a hablar del paro, juventud, vivienda… Su segunda intervención la utilizó para pedir un reconocimiento a los caídos de la División Azul y para criticar mi labor como historiador. ¿Por qué aprovechó el debate sobre los deportados cehegineros para pedir un reconocimiento a sus verdugos, a los franquistas, a la División azul, a los aliados de Hitler? Yo creo que situaciones como esta demuestran que el relato franquista de la Historia no solo se mantiene, sino que es defendido por un gran número de personas”.

El superviviente del campo nazi de Mauthausen Juan Aznar interviene por videoconferencia en uno de los actos organizados / Foto cortesía familia Aznar
El superviviente del campo nazi de Mauthausen Juan Aznar interviene por videoconferencia en uno de los actos organizados / Foto cortesía familia Aznar

Cada acto es un premio

En el caso de la ciudad de Murcia y de Caravaca de la Cruz, el homenaje pudo ser disfrutado por los dos últimos deportados murcianos de Mauthausen que quedan con vida y que son naturales de estas dos localidades. Se trata de Francisco Griéguez y de Juan Aznar. “Confieso que su mera existencia fue otro de los motivos que me empujaron a seguir adelante con este trabajo. Tras más de setenta años de silencio y olvido, de los cuales cuarenta pertenecen al periodo democrático, teníamos la posibilidad de honrar y homenajear a dos personajes históricos y que ellos pudieran verlo y disfrutarlo en vida junto a sus familiares”, apunta.

Y así fue, en el acto de Caravaca de la Cruz, Juan Aznar pudo incluso intervenir a través de una videoconferencia realizada desde la localidad francesa en la que reside. “Escucharle, después de todo lo que sufrió en Mauthausen, hablar sin un ápice de rencor… con humildad y bondad; fue muy emocionante. Jamás pensé, cuando empecé con esto que se organizaría un acto así: una sala llena, multitud de vecinos, familiares de un deportado y un superviviente agradeciéndonos todo el cariño mostrado. Conocer a Juan ha sido el mejor momento que me ha brindado esta profesión”.

El historiador afirma que también le resulta muy gratificante ver a los descendientes de los homenajeados asistir a estos actos, aunque no puede evitar un cierto sentimiento de vergüenza. “Siento la necesidad de pedirles perdón; como ciudadano de un país democrático resulta hiriente que estos héroes hayan sido apartados de nuestra historia. Francia los acogió y les homenajeó; y, sin embargo, en España no encontraron ni un tímido gesto de cariño”, sostiene.

Mirando ya hacia el futuro, Peñalver piensa centrarse en recuperar la historia de las cárceles, centros de detención y campos de concentración franquistas que funcionaron en Murcia durante la dictadura y, nuevamente, en los deportados a campos nazis. Afirma que llevará estas propuestas a más ayuntamientos de la Región e incluso de fuera de ella.

“Ya he empezado en la provincia de Almería con el gobierno municipal de Carboneras. También voy a permanecer vigilante para que las localidades que aprobaron la moción, la cumplan íntegramente. Por otro lado, todo indica que la Asamblea Regional de Murcia aprobará igualmente un reconocimiento público a todos los deportados de la Comunidad. Parece que, poco a poco, conseguiremos que se ponga a nuestros deportados en el lugar que se merecen”, concluye.

Están entre nosotros

22 septiembre, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 27/09/2016 a las 06:00

Actualizada 26/09/2016 a las 21:12  
En una reunión de corresponsales extranjeros se hablaba del auge de la extrema derecha en Europa y de su expansión demagógica favorecida por la tentación xenófoba que late en el subsuelo, exacerbada con discursos populistas de miedo a la pérdida de la identidad cultural y secuestro de los puestos de trabajo por los llegados de fuera. Se maravillaban estos periodistas por la ausencia de esos movimientos en España. Ignoran que aquí no han resurgido porque siempre han estado, habitamos con ellos. En las instituciones. Nunca se fueron.

Cuando los aliados liberaron Europa del fascismo y el nazismo, hicieron una excepción con España porque sabían que Franco sería un colaborador indispensable, en un lugar de la máxima importancia estratégica, en la lucha contra el comunismo que llevó a cabo aquella Guerra Fría que ya se pergeñaba por parte del bloque occidental durante la Segunda Guerra Mundial. Franco también sabía que de su aproximación a las democracias occidentales dependía su supervivencia en el poder cuando la guerra ya estaba perdida y, desde la capitulación de Alemania, una vez desaparecido ese loco primo de “zumosol” que fue Hitler (quien, dicho sea de paso, siempre le despreció), se mantuvo en un perfil bajo, de disimulo, mostrando hacia el exterior su cara más inofensiva, siempre intentando cautivar a quien pudiera incluirle en las organizaciones internacionales que iban a regir el mundo.

Como dijo Aznar de Gadafi, Franco quedó como un extravagant friend, fuera de la ONU y del Plan Marshall, y ese aislamiento le permitió vivir su realidad dictatorial con total autonomía.

En Yalta, los líderes de las tres principales potencias aliadas: Churchill, Roosevelt y Stalin, acordaron que al finalizar la guerra los países liberados de Europa decidirían libremente, con elecciones democráticas, su propio destino. Como España no fue liberada, los compromisos de este tratado no le afectaron. La cosa quedó en que Franco siguiera calladito en su rincón si dar guerra. Lo que pasara aquí dentro sería un problema de los españoles. Nos abandonaron a nuestra suerte. Mala, por cierto.

No sería hasta quince años más tarde cuando se formalizarían las relaciones de cooperación entre España y EEUU con el acuerdo para la implantación de bases militares americanas en nuestro territorio, que le valió la entrada en la ONU al comprar con ese pacto todas las reticencias que un régimen dictatorial suponía para que España fuera incluida como miembro de esa organización. La visita, unos años después, de Eisenhower a España legitimó la dictadura como el régimen político que nos gobernaría hasta la muerte de Franco en 1975.

Tras su muerte, la Transición constituyó un periodo de reforma que se encargó de que los altos cargos de las diferentes instituciones que gobernaron este país durante 35 años, tanto de la política, como de la Policía, el Ejército y la Justicia, tuvieran cabida en la democracia. Muchos de estos funcionarios que ostentaban puestos de responsabilidad durante la dictadura se reciclaron en diferentes partidos ya en la democracia, sobre todo en Alianza Popular, formada por siete ministros de Franco, con Fraga a la cabeza, y otros más moderados en UCD (Unión de Centro Democrático), partido presidido por Adolfo Suárez, que había sido ministro secretario general del Movimiento, la cartera con mayor carga política de aquellos gobiernos de Franco, y que aglutinando infinidad de formaciones de diferentes tendencias de la derecha y el centro, supo representar como nadie la metamorfosis del cambio entre sistemas. Él pasó de la dictadura a la democracia. Ganó las dos primeras elecciones generales, demostración empírica de que la sociología que había creado el franquismo apostaba por una moderna continuidad, no quería cambio. Querían esto sin perder lo otro.

Esa amalgama de fuerzas que se integró a la perfección en la democracia continuó su aventura, salvo exabruptos nostálgicos irredentos, bajo un manto de armonía y disimulo que aparentó terminar con aquella España de los vencedores que exigieron una rendición incondicional para llevar adelante una paz a sangre y fuego. Del mismo modo que en la Alemania de la posguerra todo el mundo afirmaba que nadie sabía lo que estaba pasando en su país durante los años del nazismo, aquí no quedó ni un solo español adicto al régimen. Como san Pedro, todos negaron tres veces antes de que cantara el gallo que daba el pistoletazo de salida para las elecciones. Corrían tiempos nuevos. España se convirtió en el único país del mundo que carecía de una derecha política. El espectro iba desde la extrema izquierda al centro. Hasta ahí. Más allá sólo quedaba la caverna que festejaba los aniversarios pertinentes en el Valle de los Caídos, monumento faraónico que Franco construyó para que la posteridad no olvidara su Santa Cruzada, y del que los portadores de la llama de la España verdadera hicieron su reducto festivo, su particular “fachódromo”.

Nunca más se supo de los millones de españoles que abarrotaban la Plaza de Oriente de Madrid durante las apariciones públicas del dictador, ni de los que formaban la infinita cola para darle el último adiós al sátrapa de El Ferrol. Con Franco murieron, por lo visto, aquellos millones de españoles.

Así corrió el tiempo entre la euforia del derribo de los Pirineos, que era nuestro particular muro de Berlín, y la alegría de la incorporación a Europa, hasta que José María Aznar abrió la caja de los truenos y recuperó para esa España el orgullo de ser de derechas, que aquí es tanto como ser de aquello. Como decía Fraga, también con orgullo: “Nunca debemos olvidar de dónde venimos”. Ser de derechas en España es recuperar el mundo de los vencedores que no se dejan quitar un busto, un monumento a uno de los suyos, y tampoco desenterrar a los vencidos, a los asesinados en las cunetas, en las tapias de los cementerios y en los bosques para llevarlos junto a los suyos o darles sepultura como dios manda. Como a perros los mataron, como perros deben seguir. Y la Iglesia callada, como entonces.

Saca pecho Fernández Díaz, ese ministro que tiene una policía política a su servicio, como en los buenos tiempos, para difamar y buscar averías a sus rivales, que luego airean los medios de comunicación afines a los que pagan bien con la propaganda institucional, da la cara el ministro, decía, con motivo de la solicitud de traslado de los restos del general Mola por parte del Ayuntamiento de Pamplona que quiere que se los lleven a otro sitio, y suelta por esa boquita: “Algunos pretenden ganar la guerra cuarenta años después…”.

Entiende el señor ministro que son vencidos los que tal cosa pretenden. Y de sus palabras también se desprende que él se sitúa en el bando de los vencedores, aquellos que acabaron con la democracia y el orden constitucional a tiros tras fracasar el golpe de Estado de 1936.

Triste que tengamos un ministro todavía, ochenta años después, que reivindique aquellas salvajadas en lugar de encargarse, en cumplimiento de la ley que representa, debo entender que muy a su pesar, de limpiar de nuestro suelo, que no de nuestra memoria, esos monumentos y reliquias que dan gloria al fascismo. Alegan que eliminar los restos de aquella tiranía es atentar contra la Historia. Nunca han tenido vergüenza cuando se trata de salir en defensa de aquel fascismo al que dicen no haber servido ni representar. Les mueve una cuestión científica, intelectual. Los criminales, dicen, deben tener su espacio en nuestras ciudades, como lo tienen los huesos encontrados en Atapuerca. Forman parte de nuestra historia. Eso sí, cuando se denuncian atropellos, violaciones o crímenes, nos salimos del campo de la historia para pasar a remover el pasado, dividir a los españoles y pretender ganar una guerra que perdieron los demócratas.

También sale, cómo no, Esperanza Aguirre a echar gasolina en la trifulca que montan los legionarios intentando evitar que le quiten la calle a Millán Astray, fundador de la Legión, para sustituirla por otra llamada Avenida de la Inteligencia. Ella siempre se mueve por nobles ideales. Alega la defensora de esta causa, también la representación de su partido en el Ayuntamiento de Madrid, que Millán Astray no debe perder su calle porque hizo mucha obra social. Y pone algunos ejemplos. Yo le voy a recordar que Hitler hizo mucha más obra social que Millán Astray, para que le dé una vuelta al tema. A lo mejor habría que sustituir el nombre del general español por el del genocida alemán, si de obra social se trata. Hay que recordarle que no le quitan el nombre de la calle por haber fundado la Legión, ni por las virtudes que pudo tener, sino por su colaboración con el régimen franquista.

Les molesta que desaparezcan los vestigios de aquella España, tienen motivos, no los dicen. Nos toman por idiotas.

La sorpresa de los observadores internacionales ante la falta del resurgimiento de estos movimientos xenófobos, populistas, de extrema derecha, no debería ser tal. Como los marcianos, esa gente está entre nosotros. Por todas partes. Siempre estuvieron, nunca nos dejaron. Así nos luce el pelo.

Si los quieres ver, sólo tienes que quitar el nombre de una calle a un artífice de la dictadura. Aparecen como las moscas en torno a la miel, o a cualquier otra sustancia pestilente que, a usted, querido lector, le sugiera esta cuestión.

Qué hartura de fascismo. Ochenta años después.

No es posible recuperar la memoria histórica a través de la Ley de la Memoria Histórica

21 septiembre, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 27 de abril de 2017.

Este artículo es una crítica a los enormes obstáculos que se han estado aplicando por parte del Estado español a la recuperación de la memoria histórica, señalando que tales obstáculos tienen como objetivo impedir la corrección de las enormes tergiversaciones que se han hecho de la historia reciente de España. Es un tema de gran importancia que tiene muy escasa visibilidad mediática en nuestro país.

Las campañas de recuperación de la memoria histórica han centrado sus actividades en el reconocimiento de las víctimas de la enorme represión que caracterizó a aquel régimen dictatorial, uno de los más represivos de los que hayan existido en Europa en el siglo XX. Nunca debe dejar de enfatizarse que, según estudiosos de los regímenes fascistas y nazis en Europa, como el recientemente fallecido profesor Malefakis, de la Universidad de Columbia de Nueva York, por cada asesinato político que cometió el régimen fascista liderado por Mussolini, el liderado por el General Franco cometió 10.000. Consciente de que tenía a la mayoría de las clases populares en contra, el régimen dictatorial español utilizó el terror para mantenerse en el poder, estableciendo un miedo generalizado sobre el cual, y a través del control de todas las instituciones generadoras de valores (desde los medios de información hasta el sistema educativo) se estableció una cultura profundamente antidemocrática que incluso persiste hoy en España, y que explica que el Estado español haya condenado a una persona a un año de cárcel por haber insultado la memoria del Almirante Carrero Blanco, segundo en la jerarquía en el Estado dictatorial, después del propio dictador.

¿Cómo puede ser que esa cultura heredada del régimen dictatorial todavía exista?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en gran parte en la manera como se realizó la transición de la dictadura a la democracia, proceso que no significó una ruptura con el Estado que rigió España durante casi cuarenta años, sino una apertura para incorporar elementos de democracia. Las fuerzas conservadoras que controlaban el Estado dictatorial y los medios de información dominaron el proceso de transición, dominio que explica la baja calidad de la democracia española, el escaso desarrollo de su Estado del Bienestar y la persistencia de la cultura franquista. Tal dominio es lo que también explica la resistencia a la recuperación de la memoria histórica, incluyendo la demanda de rehabilitación y homenaje a las víctimas del régimen terrorista anterior. Tal resistencia se basa, por una parte, en la clara oposición de las fuerzas conservadoras que controlaban el aparato del Estado dictatorial y de sus herederos (que continúan ejerciendo una enorme influencia sobre el Estado actual), así como, por otra parte, en el limitadísimo compromiso con tal recuperación de la memoria histórica por parte de los líderes del PSOE, cuya integración en el nuevo Estado, a través del bipartidismo, se basó en una serie de renuncias y adaptaciones a ese nuevo Estado y a la cultura que transmitió. Y dicha oposición y/o limitadísimo compromiso en recuperar la memoria histórica (en su labor de rehabilitar y homenajear a las víctimas del franquismo) es el resultado de la toma de conciencia de que la demanda de reconocimiento de tales víctimas abre la posibilidad de que se genere otra demanda, parecida, pero distinta, de que se redefina la historia de España, corrigiendo la tergiversada historia que se continúa presentando en las instituciones reproductoras de valores del país, a fin de poder establecer una cultura opuesta a la actual, que sea continuadora de la cultura republicana que la franquista sustituyó. Este es el gran temor de las fuerzas bipartidistas de recuperar la memoria histórica.

El constante argumento que utilizaron las derechas en España en contra de aprobar una ley de memoria histórica fue que “abriría heridas” que se asume (erróneamente) que están cerradas. Pero tal argumento oculta el hecho de que la oposición a la recuperación de la memoria histórica tiene poco que ver con el estado de las heridas, y mucho que ver, por el contrario, con el deseo de evitar que se conozca la historia real de los distintos pueblos y naciones de España. Con ello se evita también que se cuestione la cultura franquista que persiste, impidiendo que reaparezca la cultura republicana. Ahí está el meollo de la cuestión.

La labor de ocultación de los medios de información y persuasión en España. El caso de El País

Durante muchísimos años, los medios de información han promovido y continúan promoviendo las instituciones monárquico-borbónicas, tergiversando tanto su pasado como su presente, ocultando realidades que pudieran dañarlas. Las grandes limitaciones de la libertad de prensa (un indicador más del enorme poder de las fuerzas conservadoras) aparecieron con toda claridad en esta protección de la Monarquía por parte de los medios, confundiendo persuasión y promoción con información. Un caso claro es el de El País. Este rotativo fue fundado por dirigentes del régimen anterior, y en su nacimiento intervinieron personajes como Fraga Iribarne, tal como reconoció recientemente el presidente del Grupo Prisa (al que pertenece este rotativo), Juan Luis Cebrián. En realidad, Cebrián proviene de una familia fascista, siendo su padre uno de los directores del diario Arriba, del partido fascista La Falange. Siguiendo los pasos de su padre, fue periodista y trabajó en periódicos del aparato fascista, como Pueblo (que era el diario propiedad de los sindicatos verticales). Más tarde fue uno de los directores de RTVE (concretamente, jefe del servicio de informativos) durante el último periodo de la dictadura, el máximo instrumento mediático el régimen.

Colaboró con otros elementos del Estado dictatorial para favorecer una apertura, presionando para que hubiera un cambio significativo en el Estado que facilitara el establecimiento del juego democrático, labor meritoria pero también limitada, pues estaba claro desde el principio que los límites de la apertura estaban fijados, permitiendo el debate dentro de unos parámetros sumamente limitados. Una consecuencia de ello fue que El País fue siempre hostil a fuerzas y personalidades de izquierda que pudieran cuestionar el Estado monárquico actual y que pudieran significar una amenaza para la continuación de las relaciones de poder dentro de tal Estado, resultado del maridaje entre el poder económico y financiero, por un lado, y el poder político y mediático por el otro. Ello explica su clara oposición a figuras como Alfonso Guerra y más tarde Josep Borrell en el PSOE, a Gerardo Iglesias y Julio Anguita en el PCE, y ahora a Pablo Iglesias en Podemos.

Las declaraciones de Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa, sobre la memoria histórica

Tal oposición de El País a las izquierdas se extiende a la Ley de la Recuperación de la Memoria Histórica. En una entrevista reciente en El Mundo (20.02.17), Cebrián expresa su oposición a la Ley de la Memoria Histórica, pues “genera conflictos y problemas”. Considera que el Estado no debería inmiscuirse en esta labor. Tras reconocer que “la mayoría de impulsores del periódico (El País) fueron personas vinculadas con el franquismo” añade, sin embargo, que él, en realidad, nunca fue franquista (sí, léalo y lo verá, dicho por el mismo individuo que dirigió los mayores medios de propaganda y persuasión de tal régimen). También cuestiona en esa entrevista que el régimen que él llama franquista fuera terrorista, criticando al Presidente Zapatero por haber éste indicado que su abuelo, asesinado por los golpistas, fue víctima del terrorismo, señalando Cebrián que ello no es cierto, pues no fue una víctima del régimen, sino una víctima de la guerra entre dos bandos, asumiendo (erróneamente) que los Estados de los dos bandos intentaron dominar a la población mediante el ejercicio del terror. Predeciblemente, niega también la plurinacionalidad de España, y considera que la ley está por encima de todo y de todos, ley que ha sido acordada en unas coordenadas de poder heredadas de la inmodélica Transición, muy desigual y poco equilibrada. Cebrián está en contra de la redefinición de España que reconozca su plurinacionalidad, y se muestra dispuesto a enviar a la Guardia Civil a Catalunya para poner orden, asegurándose de que la ley se respeta, exigiendo que los representantes parlamentarios que actúan para realizar un referéndum vayan a la cárcel, tal como el yerno del Rey Juan Carlos I debería hacer, poniendo un tema profundamente político (la relación de Catalunya con España) al mismo nivel que si fuera un caso de fraude y corrupción fiscal. No deja de ser paradójico que este personaje, que con su silencio a través de su diario cubrió en su día la enorme corrupción de Jordi Pujol, a fin de protegerlo, ahora exija la prisión para aquellos que piden la secesión. La doble moralidad de este personaje y el oportunismo mostrado a lo largo de su vida son un buen reflejo de la reproducción de la cultura y el comportamiento franquistas que continúa dándose en grandes secciones de tal rotativo. Ni que decir tiene que El País tiene profesionales de gran valor cuya credibilidad e integridad, sin embargo, debe cuestionarse por su silencio ensordecedor frente a los comportamientos sectarios, abusivos y claramente antidemocráticos de tal rotativo que se han ido acentuando en los últimos años en contra de las voces que exigen un cambio profundo para establecer una España más democrática, más justa, más plurinacional y con muchísima más pluralidad en sus medios. Tal silencio debe también denunciarse.

Quisiera añadir una nota personal. Procedo de una familia represaliada por el fascismo, por el mismo régimen al que sirvieron el padre y el hijo Cebrián. No podemos estar más lejos en cuanto a biografía y vida profesional. Que tal individuo presente mi deseo de desenmascarar tanta mentira y tanto cinismo como “un intento de abrir las heridas” es una muestra más, como mínimo, de la incomprensión que los hijos e hijas de los vencedores del golpe fascista militar muestran hacia el enorme mal que han hecho y continúan haciendo a España. Ahora bien, es probable que en lugar de incomprensión sea un caso más del cinismo y caradura (no hay otra manera de definirlo) que ha caracterizado a los oportunistas que han estado gobernando España durante tanto tiempo en defensa de sus intereses, reproduciendo la cultura franquista que está asfixiando al país.

Resumen de la presentación por el Profesor Navarro en el simposio celebrado en la New York University el día 24 de abril, “Imperfect Transition and Challenges of the Present Victims of Francoism, Terrorism and the State”

“Tener en el Valle de los Caídos al mayor asesino debajo de una cruz es un asco y una vergüenza”

17 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Ian Gibson (Dublín, 1939) llegó a España persiguiendo gansos y terminó persiguiendo la verdad. Vino para hacer una tesis doctoral sobre las raíces de García Lorca, y acabó investigando, en pleno franquismo, el paradero de su cuerpo y las circunstancias de su asesinato. Llegó un verano, con 18 años, y se quedó para siempre.

El conocido hispanista, biógrafo de Lorca, Dalí y autor de varias obras sobre los años de la Guerra Civil, acaba de publicar Aventuras ibéricas (Ediciones B), un compendio de historias sobre la Historia en el que repasa algunas de sus vivencias a lo largo de las seis décadas que lleva en nuestro país.

Enamorado de Lorca, de Machado y del Quijote. Enamorado de la Península y sus gentes. De los boquerones en vinagre. Bromea diciendo que cuando cruzaba la frontera a Francia le entraban unas ganas inmensas de volver porque no le ponían tapa con el vino. A sus 78 años, Gibson habla con pasión, con la misma con la que escribe. Contagia las ganas de querer conocer todo lo que está cerca. Mientras le preguntamos en su casa en Madrid, ciudad en la que reside desde hace años, coge papel y boli para tomar notas. Al contrario de lo que nos pasa a la mayoría de los españoles, él no acostumbra a hablar sin escuchar al de enfrente.

Con su libro dan unas ganas tremendas de conocer muchas cosas que tenemos cerca y que yo particularmente desconocía.

Es la idea. La península es fantástica, es cuestión de abrir los ojos y ver lo que hay cerca primero. Me encanta salir, soy ornitólogo, me interesa la botánica, salgo con los prismáticos, con mi cámara y voy en busca de aventuras, como el Quijote. Cada día tengo aventuras. Insisto en el microviaje porque siempre hay algo muy cerca. Entre las cosas muy cercanas esta el Museo Arqueológico Nacional, que es una maravilla. Cada vez que voy, aprendo.

Yo casi siempre iba a ver las salas romanas, ibéricas y celtas, que son las que a mí me fascinaban. Pero allí hay algo para todo el mundo. Luego también hay un museo estupendo en Valencia, en Córdoba, en Sevilla… toda la Península está llena de museos increíbles.

Es llamativo el momento en el que habla de Richard Ford, que en 1845 publicó una guía sobre España. Hace más de 170 años, describe que es un país que  no sabe “amalgamarse”, que es “un manojo de pequeñas entidades atadas con una soga de arena”. También habla de la corrupción generalizada y de que los españoles están gobernados por “funcionarios ineptos y corruptos”. Esto sigue más vigente que nunca.

Te voy a mostrar la primera edición [Gibson acerca una preciosa copia del libro impresa en 1845].  Yo lo puse al principio como estímulo para que la gente busque la traducción española, que merece la pena. Sus observaciones, muchas de ellas, siguen vigentes. Lo que él ve continúa en bastantes casos igual. Ford adora al pueblo llano español, la falta de esnobismo, la naturalidad de la gente, pero tiene una pésima idea de sus líderes.

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Ian Gibson durante la entrevista con eldiario.es / Foto: David Conde

¿Cómo era esa España que se encontró al llegar por primera vez en 1957, a la que vino porque un ornitólogo le dijo que en Doñana había ánsares?

Para mí, los ánsares eran, y siguen siendo, aves mágicas. Yo creía que no iban tan al sur, pero un ornitólogo inglés me dijo que había 80.000 ánsares en Doñana, apenas me lo creía. Y un día tuve que verlo.

Cruzar la frontera fue una sorpresa. Primero por el impacto del paisaje. Recuerdo la parada en el tren en Pancorbo después de las montañas del norte, que eran más o menos familiares, todo verde, y luego aquellos riscos, el desfiladero. Y después, la meseta. Fue para mí un shock. Una llanura de las dimensiones de Castilla bajo un sol de agosto, esa inmensidad.

En Madrid, yo no sabía nada de la dictadura, de la Guerra Civil, de los grises. Cuando la gente tocaba el tema de la guerra con un extranjero se notaba la inquietud. Cuando me volví la primera vez ya sabía lo que era una dictadura: mucho miedo. Eso de que “las paredes oían”.

A día de hoy ese miedo a hablar, a recordar, persiste a veces entre los más mayores. ¿Por qué cree que sigue pasando esto?

El miedo es el miedo, cala a un nivel profundísimo. El miedo instalado, miedo feroz a la represión. Ellos [los supervivientes] vieron cosas horribles, el hambre, el miedo a la tortura… Y el recuerdo de tantos muertos. Todo eso sigue influyendo. Ahora son los nietos quienes quieren saber.

¿Es en parte por cómo se trató el tema en la Transición?

Claro. Aquí la derecha se niega a asumir el holocausto. Aquí hubo un holocausto en toda regla. Una política de hacer desaparecer a la gente sin dejar huella. Tenemos la ley de Amnistía del año 77, que es preconstitucional. Dicen que no hay nada más que decir. Al final se deshicieron de Baltasar Garzón y hay una impunidad total. Es una vergüenza.

Diez años después de su aprobación, la Ley de Memoria Histórica se sigue incumpliendo y está sin presupuesto. El argumento defendido mil y una veces por el PP es que no hay que “reabrir heridas”.

Esta actitud es un espanto, una vil calumnia. Es torpe y además es una mentira terrible, no es verdad. Nadie está deseando reabrir heridas, las heridas no se han cerrado. Ellos están esperando que se mueran todos, los abuelos y las abuelas que no han podido localizar los restos de sus seres queridos y quieren olvido. La derecha quiere olvidar. Esto es un error fatal, con más de 100.000 fusilados en cunetas.

¿Cómo va a ser una cuestión de reabrir heridas, cuando ellos desenterraron a los suyos a lo largo de 40 años y les dieron decente entierro? Y no permitirlo a los otros, ¿esto es reabrir heridas? Lo dicen una y otra vez. Y han dicho cosas peores. Rafael Hernando ha dicho que buscan al abuelo cuando alguien les paga una subvención. Esto es para que [Hernando] se vaya para siempre de la política, pero como nadie dimite y nadie le llama la atención…

Recuerdo lo que dijo Mayor Oreja, lo tengo aquí conmigo [acerca un recorte de prensa en el que tiene destacada una frase] “bajo el franquismo muchos vivieron con extremada placidez”. Esto dicho por un ministro del PP. La extremada placidez para muchos, claro, para los capitalistas, para los que destrozaban el litoral. “Extremada placidez”. Hay que ser un cínico para decir eso con la gente que había en las cárceles, con los miles de homosexuales maltratados, con la ley de vagos y maleantes. Yo a él no le daría la mano. Hay que ser un cínico de la hostia para decir esto.

La derecha está  esperando que se mueran todos, los abuelos y las abuelas que no han podido localizar los restos de sus seres queridos y quieren olvido

¿Por qué otros países como Alemania, Chile o Portugal, sí han logrado hacer memoria y en España, tantos años después, seguimos igual?

El PSOE, cuando tuvo una mayoría abrumadora después de Tejero, pudo haber hecho el trabajo y no lo hizo. Eso sí que fue un terrible error y tal vez cobardía del PSOE, pensando que no era el momento. Oye, cuando a ti el pueblo te ha dado la mayoría es vuestra obligación limpiar el país de símbolos fascistas, aunque no se hubiera empezado con el problema de las cunetas, que también deberían de haberlo hecho, pero por lo menos quita estos nombres de calles, este busto de Franco, este caballo… No lo hicieron y estamos todavía con el tema, tantos años después.

Yo lo veo vergonzoso, e incluso digo la palabra ‘cobardía’. Alfonso Guerra me llevaría la contraria, que claro, que no fue posible en aquel momento. Bueno, pues lo siento. A los matones hay que hacerles frente y cuando tú tienes la mayoría que tienes de votos es tu obligación hacerlo.

Y luego más tarde cuando el PSOE tuvo en sus manos la redacción de la Ley de Memoria Histórica hubo parte de la izquierda que no quedó contenta con esa ley…

Por supuesto.

Ese sector pensó que había habido muchas cesiones, como la equiparación de las víctimas o que no se anularan los juicios.

Es una ley débil. Algo es algo, pero había que hacer mucho más. Anular las sentencias del franquismo que eran absolutamente ilegales y darle dignidad al asunto a nivel estatal y no dejarlo en manos de asociaciones para la memoria sin las debidas garantías. Creo que aquí también hubo falta de valentía, y esto es muy decepcionante.

Yo siempre cito el caso de Málaga, donde el alcalde del PP, Francisco de la Torre, no se opuso a las exhumaciones que se han hecho. Con solo no oponerse, esto se resuelve, y se podría resolver de la noche a la mañana sin odio y sin sed de venganza. Y sería la gran reconciliación. Pero no lo quieren ver así, porque no aceptan el horror del régimen franquista. Y tienen a Franco allí, todavía en el Valle de los Caídos, debajo de una cruz cristiana.

Aventuras ibéricas

Hay algunas iniciativas ahora en torno al Valle de los Caídos, una proposición no de ley del PSOE para sacar a Franco de allí o la sentencia que autorizaba las primeras exhumaciones. ¿Qué haría usted con el Valle de los Caídos?

El Valle de los Caídos es una vergüenza. Tener al mayor asesino debajo de una cruz, tener la cruz de Cristo más alta de Europa, al lado del fundador del fascismo español, allí cada mañana con flores frescas que pagamos todos. Es un asco. Es una vergüenza.

Primero, hay que sacar de allí a Franco y a José Antonio Primo de Rivera y devolver los restos de esos señores a sus familiares. Un Gobierno podría tomar esta decisión. Lo grande, como decía Manuel Vicent en su columna del otro día de El País, sería que la derecha se encargara de esto y no los otros, los “rojos”. Que una derecha civilizada se encargara de hacer esto, pero no la tenemos todavía.

Yo tengo esperanza. Con el hundimiento del bipartidismo, el PP tiene que pactar. El PP con mayoría absoluta jamás hará nada en ese sentido, lo dejará para que se hunda la cruz, dicen que hay posibilidades de que se hunda… Pero yo espero que un nuevo gobierno de izquierdas de una vez tome decisiones. Y el inicio es llevarse a Franco y Primo de Rivera.

¿Y con el resto? ¿Hay que dejarlo o convertirlo en otra cosa?

Allí están los restos de muchos seres humanos, no se puede poner una bomba y hacerlo saltar por los aires. Yo no sé que sería lo mejor… Yo sí sé que desmantelaría la cruz porque esa cruz no es la cruz de Jesucristo, es un insulto al mensaje de amor fraternal de Jesucristo. Y hay que convertirlo en un lugar para la memoria.

Uno de los capítulos del libro está dedicado a Lorca. Cuenta cómo usted llegó en un primer momento a hacer una tesis doctoral sobre las raíces lorquianas, sobre la Vega, pero la vida le llevó por otros derroteros.

Yo estaba ya enamorado de la obra lorquiana y enamorado del hombre. Pero no fui a Granada con la idea de hacer lo que hice. Pasé muchos meses trabajando en la tesis, pero a la vez mucha gente que iba cogiendo confianza me hablaba de sus experiencias en Granada durante la guerra. Esto fue en el año 65, a Franco le quedaban todavía 10 años en el poder. Tomé la decisión, subrepticiamente, de empezar una investigación sobre las circunstancias del asesinato del poeta. Fue el inicio de mi carrera como escritor, el inicio de todo. Sigo fascinado con Lorca.

Y tantos años después, tantas obras después, tantos intentos después de encontrar el cuerpo del poeta sigue sin localizarse.

Han sido intentos fallidos con errores en la investigación previa. Yo sigo pensando que sus restos están muy cerca de donde buscaron la primera vez, pero debieron haber ampliado el espacio de búsqueda en el parque de Alfacar, dedicado a su memoria.

Manuel Castilla, que sigo pensando que fue el enterrador de Lorca, me mostró en su día el sitio exacto, al lado de un olivo. Años después, cuando hacían el parque, aparecieron restos justamente al lado de ese olivo y no se investigó.

En aquel momento [2009], Ernesto Antonio Molina Linares, segundo presidente de la Diputación Provincial de Granada por el PSOE, dijo que cuando vallaron el recinto encontraron restos que estorbaban, que los pusieron en un saco y los enterraron en otro lugar para que se pudieran recuperar más adelante.  Esto nunca se ha investigado, y yo creo que hay que seguir buscando dentro del mismo recinto, con un georadar, que el lugar tampoco es tan grande.

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Ian Gibson durante la entrevista con eldiario.es / Foto: David Conde

¿Tiene algún dato más sobre la muerte de Lorca o sobre dónde está enterrado que todavía no ha contado?

Yo creo saber dónde está dentro del recinto. No te lo puedo decir porque esto implicaría a más gente y estamos esperando el momento. Pero yo sigo pensando, según las declaraciones de Ernesto Linares, que los restos están dentro del recinto y creo saber dónde. Pero como nadie me pregunta…

Yo creo saber dónde está Lorca, pero como nadie me pregunta…

¿Y si ahora alguien se lo propusiera daría esa información?

Desde luego que sí. Luego la derecha, cuando no se encontró nada, decía ‘¡pobre Gibson, que solo quería salir en la foto con la cabeza de Lorca!’, como Hamlet con el cráneo de Yorick . Eso es una vileza. Yo no podría aguantar la vista de los restos de Lorca. Pero quiero saber dónde esta, cómo murió.

¿Por qué es tan importante para usted?

Porque hay mil teorías, la familia no quiere saber nada, lo cual es un enigma. Les da igual. Federico es uno más. Hay mil versiones de dónde está y creo que la gente quiere saber dónde están los restos del poeta español más famoso de todos los tiempos, que sigue siendo leído y sus obras expuestas cada día en algún sitio del mundo. Es normal que queramos saber dónde está. ¡Es un desaparecido nuestro! Yo lo siento como un desaparecido mío, ¿comprendes? Como si fuera de mi familia, o mi abuelo, o mi hermano.

Estoy convencido de que no fue fusilado ‘limpiamente’. Creo que probablemente lo torturaron, y por todo el hecho de ser gay y rojo no se iban a contentar con pegarle un tiro en la nuca. Yo creo que hubo tortura y eso se sabría si viéramos los restos.

¿Hay también desmemoria cultural?

Hay mucha desmemoria, es el tema de siempre. Siento insistir, pero si este país tuviera una derecha culta, tipo británica, otro gallo cantaría. Hay una incultura radical, el país es muy inculto todavía en comparación con lo que podría ser.

La derecha maltrata a la cultura, a los creadores y a los jubilados como yo, que no nos deja de ganar más de 9.000 euros con nuestro trabajo cuando estamos en la cumbre de nuestra creatividad. Esto solo lo hace una derecha malévola, y además con un presidente que para “desgracia suya no ve películas españolas porque lee novelas”. ¡Hombre, por favor! Es tan patético que me produce vergüenza ajena.

En la presentación de su libro en Madrid estuvo acompañado de Pedro Sánchez, ¿por qué esta elección?

[Ríe] Porque le sigo, yo siempre he votado al PSOE, aunque no soy militante ni he tenido jamás el carné de ningún partido. Me gustan sus modales, su talante. Veo a los candidatos y es mi candidato. Nos vimos en una manifestación, me dijo que había leído varios libros míos y creo que lo dijo sinceramente. Y pensé que quería una presentación que conmoviera, que interesara, y que sería fantástico contar con él.

Podía contar con Antonio Martín Pallín [magistrado que también le acompañó en la presentación] porque le conozco desde hace años, y pensé que sería fantástico que Pedro presentara el libro porque despertaría mucho interés y que sería una provocación, yo soy muy provocador. Y como soy sanchista, seguidor de su campaña, pues le invité y él dijo que sí.

Ian Gibson-Pedro Sánchez, dos "aventureros ibéricos" en Madrid
Ian Gibson y Pedro Sánchez durante la presentación de ‘Aventuras ibéricas’ EFE

No cree que puede tener algo de culpa en la situación de división que se vive en el partido.

¿Él? Yo le veo como el único de ellos capaz de representar a España en Bruselas, es un hombre con idiomas, sofisticado, dialogante, que escucha al otro. El PSOE tiene que evolucionar, nunca más va a tener mayoría absoluta. Yo creo que Pedro es capaz de hablar con Podemos, y capaz de hablar con otros y eso es imprescindible. En el fondo lo que yo quiero es una coalición progresista y que parte del PSOE se abra a Podemos, son cinco millones de votantes, no todos son como Pablo Iglesias, que no me gustan sus modales en la Cámara, pero hay otro sector más comedido, y tiene que haber una unión, no rechazarlo de entrada.

No perdona a Pablo Iglesias que no apoyara el Gobierno de Pedro Sánchez.

Sí, no sé si tengo razón porque no soy politólogo. Pero me gustó la idea del gobierno con Ciudadanos y con Podemos, pero no fue posible porque Iglesias ya pensaba en el sorpasso nombrando ministros, en plan ególatra, y fue una decepción para mí porque creo que hubiera sido posible formar un gobierno de coalición y estaríamos legislando ya. Me cuesta trabajo perdonarle.

De todos los personajes con los que ha hablado en sus aventuras ibéricas, en trenes, cafés, en entrevistas, cuál fue el testimonio que le resultó más valioso, más útil o que le ha marcado por algún motivo.

No sé… he hablado con miles y miles de personas. En España, en mis investigaciones aquí, Ernesto Giménez Caballero, por ejemplo, aunque te parezca extraño. Cuando hice mi libro sobre José Antonio Primo de Rivera, hablando con él, el mayor teórico del fascismo de España, aprendí muchísimo. Recuerdo una de sus conversaciones… Fíjate, no me esperaba tu pregunta, pero ahora que lo pienso tal vez fue la persona que más me hizo comprender los orígenes del fascismo español.

Y con quién le gustaría, incluso viajando en el tiempo, haber podido tomarse una caña, con tapa, claro.

Con Indalecio Prieto.

¿Antes que con Lorca, incluso?

Lorca a lo mejor me consideraría un entrometido que ha hurgado demasiado en su vida privada. De vez en cuando me visita en sueños y en ellos hemos hablado un poco. Pero creo que Prieto sería el elegido.

Le preguntaría por cómo vivió aquel momento, en 1936, cuando el PSOE está dividido entre los prietistas y los caballeristas y no le dejan asumir la presidencia del Gobierno. Él sabía más que nadie lo que se tramaba. Y si él hubiera sido presidente del Gobierno, podría haber abortado la sublevación porque sabía del peligro de Franco. De modo que sí, me ratifico, elegiría a Prieto.

Cómo cree, con un adjetivo, que pasará a la Historia Mariano Rajoy.

Insulso.

Pedro Sánchez.

Muy prometedor.

Susana Díaz.

[Duda] Demasiado enfática.

Pablo Iglesias.

Perdedor [pausa] de una gran oportunidad

El juez Baltasar Garzón.

La víctima máxima.

Aurora Picornell, la Pasionaria de Mallorca ejecutada en la Guerra Civil a la que ahora conocerá el rey

14 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Aurora Picornell (Palma 1912 – Porreres 1937) fue una mujer pionera en la España del siglo XX. Política, escritora y sindicalista, fue asesinada con 26 años de edad por el régimen franquista, en el cementerio de Porreres, junto con otras cuatro compañeras del sindicato de costureras. También fueron asesinados su padre, sus hermanos y su marido, un agente de la Internacional Comunista.

Fue una destacada militante de la Liga Laica de Mallorca entre 1930 y 1931, año en que organizó el sindicato de costureras. Siguió con una alta actividad sindicalista hasta el 19 de julio de 1936, después de estallar el golpe de Estado contra la II República. Entre otros logros, Aurora promovió la primera conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora en la isla. Tras el alzamiento militar, acudió al Gobernador Civil del gobierno republicano, Antonio Espina, a reclamar armas para combatir el fascismo –hecho que Espina no estimó necesario–.

Durante aquel verano, Aurora se refugió en la Casa del Pueblo de Palma, pero fue detenida poco después y conducida a la prisión provincial. Trasladada a la cárcel de mujeres, en una noche de Reyes de 1937, Aurora fue ejecutada en manos de las tropas franquistas. Antes de irse, la joven se despidió de sus compañeras de celda, llevando con ella una bobina de hilo que prometió hacerles llegar si sobrevivía. Después de ser torturada en Montuïri, fue fusilada en Porreras. La bobina nunca regresó.

El regalo al rey

En Mallorca, el nombre de Aurora, una de las principales dirigentes del Partido Comunista, es conocido como una víctima icónica de la dictadura. Suele recibir el calificativo de “la Pasionaria de Mallorca”. Ahora, la joven ha recobrado interés tras el regalo que el presidente del Parlament balear, Baltasar Picornell, ha ofrecido al rey en el encuentro que han mantenido este viernes en el Palacio de la Almudaina.

En su dedicatoria escrita, el político de Podemos asegura que los hombres y mujeres que “lucharon por la democracia y la libertad merecen un trato humano y el esfuerzo de todos para devolverles la dignidad que nuestro país les negó durante tanto tiempo”.

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“Recuperar la dignidad de todas y todos”. Como regalo al Rey, un libro de Aurora Picornell, un ejemplo de lucha y dignidad de nuestras islas

Picornell –que no es familia de Aurora, aunque comparte apellido con ella– ha escogido el libro  Aurora Picornell (1912-1937). De la història al símbol, escrito por David Ginard Féron, porque la sindicalista es “un referente en las luchas por las libertades y el empoderamiento de la mujer”, según ha explicado a eldiario.es. También es “un ejemplo por la lucha republicana”, afirma el diputado balear, quien recalca que Aurora “murió por defender unos ideales y la gente que lucha por la democracia siempre es un referente”.

Para él, la entrega del libro es “una indirecta para decirle al Rey que en las Islas tenemos una Ley de personas desparecidas, y que éste debe ser el modelo a seguir”. “Quiero hacerle entender que en muchos lugares del Estado las víctimas del franquismo no están protegidas”, aclara el presidente del Parlament. En este sentido, comenta que “todas las autoridades deben implicarse en la recuperación de la dignidad de todas las personas”. “Es necesario tener en cuenta la Memoria Histórica”, reclama Picornell.

Por su parte, el Rey ha preguntado a Picornell si Aurora era familiar suya, hecho que el político ha negado. Después de este comentario, ambos han decidido cambiar de tema, según el diputado balear, quien hubiera querido entregarle el libro en persona –no lo hizo por cuestiones de organización–. El propio presidente del Parlament presentó el pasado mes de marzo una exposición dedicada a la sindicalista mallorquina, que es hija predilecta de su isla.

Franco, Queipo y la responsabilidad del Papa Francisco

11 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Llevo tiempo preguntándome por qué la Iglesia en general y la española en particular están consiguiendo permanecer de perfil en un tema que les afecta directísimamente como es la necesaria revisión histórica de nuestro pasado más reciente. Hasta ahora les ha funcionado la estrategia de no hacer absolutamente nada; algo que en este asunto, sin embargo, es hacer mucho porque supone dejar las cosas como están y como ahora vamos a repasar.

Durante 40 años la jerarquía eclesiástica y la mayor parte del clero se dedicaron a santificar la dictadura, a aplaudir el secuestro de nuestras libertades y a justificar las decenas de miles de asesinatos políticos cometidos por el régimen. Franco entraba en las iglesias bajo palio y los obispos le rendían pleitesía utilizando el saludo fascista. Los sacerdotes y las monjas reinaban en las cárceles y los campos de concentración franquistas; allí imponían disciplina, castigaban a los prisioneros que se negaban a comulgar, delataban a quienes pensaban diferente, robaban bebés y acompañaban a los piquetes en las ejecuciones. Fueron muy pocos los religiosos, la mayoría vascos y catalanes, que exhibieron algo de caridad cristiana y levantaron la voz contra los crímenes perpetrados por la dictadura.

En los 40 años siguientes de democracia la Iglesia se ha dedicado a silbar y a mirar para otro lado cuando alguien les recordaba ese papel ignominioso. No solo eso, la jerarquía eclesiástica ha seguido actuando de parte, como si su misión fuera exclusivamente la de servir a los españoles que comulgaron y comulgan con el franquismo. Solo así se explica que entre los centenares de “mártires de la Guerra Civil” beatificados por El Vaticano no se haya incluido a ninguno de los sacerdotes que fueron asesinados por los fascistas. Solo así se explica que mantenga protegidos en “suelo sagrado” los cuerpos de dos genocidas y criminales de guerra como fueron Queipo de Llano y Francisco Franco. Solo así se explica que siga sin pedir perdón por su complicidad con el dictador.

Y es que ese sería, justamente, el primer paso… el paso lógico: pedir perdón. Los herederos ideológicos del franquismo, vestidos hoy de políticos demócratas o de reputados tertulianos, tratan de convencernos de que solo los radicalesetarrasbolivarianos se atreven a pedir cosas así. Con esa estrategia ofensiva, pretenden ocultar que la realidad es, precisamente, la contraria: lo extraordinario y lo radical en este planeta llamado Tierra es la benevolencia, cuando no la simpatía, con que España analiza los hechos ocurridos durante la dictadura. Solo hay que mirar hacia fuera para constatar que somos nosotros los raros, que somos nosotros quienes constituimos una verdadera anomalía en el mundo democrático.

En Argentina, ya en el año 2.000, la Iglesia de ese país pidió perdón por su complicidad con la dictadura de los generales y por haber sido «indulgente» con los totalitarismos que «lesionaron libertades democráticas». En el vecino Chile sus obispos hablaron en 2013 de «reconciliación» tras el fin del pinochetismo, pero también de «verdad, justicia» y de que «no hay futuro sin Memoria». Incluso el mismísimo Vaticano pidió perdón en 1998 por su «insensibilidad» frente al Holocausto durante la II Guerra Mundial.

Donde ni siquiera podemos encontrar comparaciones es cuando abordamos la polémica generada por el tratamiento casi sagrado que se sigue dando a los restos mortales de Queipo de Llano y de Franco. En ningún país civilizado, ni incivilizado, la Iglesia acoge, agasaja y protege en sus templos los cadáveres de criminales de guerra y de dictadores. Aquí, sin embargo, los genocidas reposan al abrigo de la Santa Cruz. En ese engendro llamado El Valle de los Caídos son monjes benedictinos los que velan por el descanso eterno del fundador del partido fascista español y de un “Caudillo” que asesinó a un mínimo de 150.000 personas, encarceló a más de un millón de hombres y de mujeres por motivos políticos, forzó al exilio a otro medio millón e impidió durante cuatro décadas que tuviéramos derechos y libertades. En la Basílica de la Macarena es la diócesis de Sevilla la que bendice la permanencia del sepulcro de aquel general que animaba a sus tropas a violar mujeres. Más allá de sus vomitivas soflamas radiofónicas, Queipo de Llano fue el responsable del exterminio, solo en la provincia de Sevilla, de entre doce y quince mil personas.

Sin dejar a un lado la culpabilidad de los distintos gobiernos democráticos, esta situación insultante para las víctimas y para la democracia tiene otros dos responsables directos: Ricardo Blázquez y Jorge Mario Bergoglio. Son ellos, el presidente de la Conferencia Episcopal y, sobre todo, el mismísimo Papa de Roma, los que pueden acabar con este agravio histórico con mover un solo dedo. Mientras las cosas estén como están, mientras no pida perdón y siga custodiando las criptas de los genocidas, la Iglesia española seguirá siendo la heredera de aquella que hacía el saludo fascista, bendecía paredones, robaba bebés, denunciaba al disidente político y aplaudía a quienes gritaban «viva la muerte». En las manos de Blázquez y, especialmente, de Francisco está cambiar o no esta triste realidad. La elección y la responsabilidad es toda suya.