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“La fosa común que es el Mediterráneo le resuelve a Europa un problema invisibilizado”

15 febrero, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

“Se hunden sus cuerpos como un diluvio en el agua, en el ácido mar que deshace sus huesos, sin dejar rastro ni restos. Como si nada sucediera. Como si nunca hubieran sido. Como si no fueran nadie”. Así comienza el poema que Javier Gallego ‘Crudo’ escribió sobre los naufragios que día sí, y día también, se producen en el Mediterráneo dejando miles de muertos.

El escrito se hizo viral, apareció publicado en un libro anterior (El grito en el cielo, 2017) y ahora se ha convertido en una novela gráfica oscura, que emociona y desgarra a partes iguales: Como si nunca hubieran sido (Reservoir Books). ¿Se puede hacer algo bello relatando algo tan horrible? “Sí”, dicen al unísono Javier y Juan Gallego, hermanos y pareja creativa en este proyecto al que el primero pone letra y el segundo ilustraciones. “Esto es una obra de denuncia y de visibilización de un conflicto que tenemos en nuestras costas”, explica Javier casi al comienzo de la entrevista.

¿Cómo surge la idea de esta novela gráfica?

Javier: Surge de las ganas de dos hermanos ‘comiqueros’ de hacer un cómic juntos. Hacía tiempo que me venía pidiendo un guion para ponerle imágenes y, mientras yo trabajaba en ese guion, que ya está terminado, él cogió un poema mío publicado en el libro anterior y me dijo que iba a hacer una pequeña historia para Por Causa.

Yo vi que aquello podría tener más recorrido porque es un poema muy largo y además pensé que tendría muchas más salidas y difusión si hacíamos una historia contando todo el trayecto. Desde que salen de las costas de África, fundamentalmente.

Juan: Le mandé tres páginas. Como me gustaba lo que estaba saliendo, se lo enseñé. Enseguida me respondió diciendo que lo teníamos que hacer largo. Nada de diez o doce páginas.

Javier: Había que hacer toda la historia porque si no, hubiera quedado muy resumido, sin llegar a apreciar la odisea que pasan las personas que intentan llegar aquí en patera.

Hablar y dibujar de gente que muere ahogada en el mar huyendo del hambre o de las guerras requiere de una gran sensibilidad. ¿Ha sido complicado hacer los equilibrios necesarios entre sensibilidad y crudeza?

Juan: Están muriendo miles de personas y la gente solo ve números. En ese sentido, había que meter un poco de caña. Evidentemente desde el respeto, pero este punto no me generó mucha preocupación. Sí que había ciertas imágenes que a mí me daba cierto pudor usar. Por ejemplo, la de Aylan la quería evitar a toda costa. Me parecía un topicazo, me cuesta muchísimo verla porque tengo hijas pequeñas y se me encoge el corazón. Salvando este tipo de imágenes, sí que quería que hubiera imágenes dramáticas.

Javier: Esto es una obra de denuncia y de visibilización de un conflicto que tenemos en nuestras costas y que hemos invisibilizado.

Juan: Lo hemos convertido en números. Y ese es el problema. Es como… ‘se han ahogado mil’, como si no fueran nada.

Javier: Como si no existieran. De hecho el poema surge de un titular que, como periodistas, sabemos que no es un titular: “Podrían haber muerto…”. Un titular es la afirmación de un hecho y de un hecho contrastado. Aquí ni se sabe si han muerto. Es tal el desconocimiento. Hemos publicado la lista que se va actualizando día a día de las desapariciones que hay en el Mediterráneo en el tiempo más o menos en el que se ha hecho el libro y muchas de las personas no se sabe si han muerto.

Javier Gallego 'Crudo' escribió un poema al que su hermano Juan ha puesto imágenes en forma de cómic lírico
Javier Gallego ‘Crudo’ escribió un poema al que su hermano Juan ha puesto imágenes en forma de cómic lírico PATRICIA GARCINUÑO

¿Cómo se puede interpretar la fría imagen de un grupo de turistas mirando con los brazos en jarra cuerpos de migrantes que el mar ha llevado a la arena?

Javier: Esa si que es una de las imágenes que hemos visto en prensa y que hemos reproducido.

Juan: ¿Cómo digerimos eso? Yo no soy capaz.

Javier: Yo creo que porque no les vemos como personas. No les vemos como nosotros y, de hecho, este cómic lo que intenta en sus páginas finales, con los rostros de los desaparecidos, es intentar decir que somos nosotros, que podríamos ser nosotros. En este país y en muchos países que nos rodean muchas personas han tenido que marcharse a buscar una vida mejor, huyendo de una guerra, de la miseria o de la violencia. Y el problema es que cuando vemos esos cuerpos ahí tendidos no los vemos como personas porque los hemos vaciado de contenido.

Ilustración del cómic 'Como si nunca hubieran sido' que pretende mostrar que cualquiera podría ser una víctima en el Mediterráneo
Ilustración del cómic ‘Como si nunca hubieran sido’ que pretende mostrar que cualquiera podría ser una víctima en el Mediterráneo

Hace menos de una semana, un hombre me abordó en la plaza de Lavapiés para decirme que los refugiados en su mayoría eran delincuentes. ¿Hay algo que hacer con estas personas?

Javier: Lo que hay que hacer es mucha información, información veraz, y mucha pedagogía. La información veraz dice que la cifra de personas que llega por mar en estas condiciones a Europa muy baja. Es una cifra absolutamente despreciable que no se corresponde con esos titulares de invasión, llegada masiva… eso es incierto. De hecho, muchos de los que lo intentan no llegan y muchos llegan en barcas muy pequeñas.

Aun así, Europa tiene capacidad para asumir eso y más. Nuestros países han avanzado gracias a la inmigración igual que ocurre en grandes potencias como EEUU. Lo que pasa es que hay un discurso xenófobo que se sustenta y crece gracias a agitar discursos racistas y nacionalistas. Estamos además en un momento de resurgimiento de los fascismos que se apoya en la idea de que el que viene de fuera os va a quitar lo poco que tenéis. Y no es cierto. A veces los que vienen de fuera han conseguido que las economías florezcan.

Pero es que además no es un problema numérico real. Hacemos obras como esta y existen medios de comunicación que intentan desactivar ese mensaje. Es difícil porque esos mensajes xenófobos apelan a los instintos más básicos.

En este cómic, se relata la salida y el naufragio de una patera en alta mar, se puede ver también el trabajo de los equipos de rescate. No se tocan temas como el de los gobiernos europeos o el de los CIE. ¿En qué está fallando Europa y por qué no se podría expresar en un poema?

Javier: Haría falta quizá un ensayo más que un poema. Aunque bueno, los poemas pueden ser ensayos y hay poemas manifiesto. Y este cómic lo que intenta es movilizar a las sociedades para que sean las que reclamen a sus gobiernos una reacción. Lo que le pasa a Europa es que el Mediterráneo le está resolviendo un problema, es una fosa común de la que no tiene que preocuparse y además está invisibilizada, no aparece en los medios. No tiene la presión social que solo sucede cuando aparecen imágenes como la de Aylan que escandalizan hasta tal punto que, por fin, la sociedad despierta.

Tres euros de cada libro vendido irán a parar a Médicos sin Fronteras. ¿Qué sería de los migrantes sin el trabajo de las ONG?

Juan: Pues ya todo es un desastre con ellos, pues ya sin ellos no me lo quiero imaginar.

Javier: El número de muertes aumentaría.

Juan: El problema es que están haciendo el trabajo de los gobiernos. El trabajo que corresponde a los gobiernos lo están haciendo las ONG e incluso a veces entidades medio privadas. Y eso es una vergüenza.

Juan Gallego, en un momento de la entrevista
Juan Gallego, en un momento de la entrevista PATRICIA GARCINUÑO

¿Se podría haber dibujado esta historia en color en vez de en blanco y negro?

Juan: Puede ser, pero yo quería la aspereza que da el gris. El gris es consciente y pensé que me iba a dar una dureza en las imágenes que el color igual suavizaba un poco.

Javier: Yo ahora ya no me lo podría imaginar a color. Una reflexión que se me ha ocurrido en torno a esto es que, a veces, es difícil hacer en torno a la miseria o sobre algo horrible algo bello, que es lo que a veces hace el arte. El arte de denuncia hace algo que es muy hermoso y que es muy bello. Creo que no se puede dejar de intentar hacer una obra atractiva que de alguna manera te atrape, pero también que tenga esa dureza que te recuerde que no estamos hablando de un posado en Instagram.

¿Se ha inspirado en imágenes reales? La imagen de un cuerpo que sale de la red de un barco pesquero compunge…

Juan: Sobre esa imagen hay noticias, pero no me basé en ninguna otra, es más de cabeza.

Javier: Para mí, es una de mis imágenes favoritas. Hay una cosa que se sugiere en el poema, lo que pasa es que no quise meterlo porque es una cosa bestial, y es que las personas que se ahogan son devoradas por los peces, peces que nosotros después pescamos y nos comemos. De alguna manera es una metáfora de lo que realmente pasa.

Imagen del cómic 'Como si nunca hubieran sido'
Imagen del cómic ‘Como si nunca hubieran sido’

Tengo que decir que el ritmo durante la secuencia en la que se produce el naufragio y la fuerza del dibujo, me han recordado a los dibujos de Miller del momento en el que los persas se enfrentan a los espartanos en las Termópilas. ¿Qué dibujantes han sido sus referentes?

Juan: Como gran seguidor de los cómics, Frank Miller siempre me ha encantado.

Javier: Eso ya se lo dije yo: ¡Esto es muy Miller!

Juan: No lo hago de una manera consciente, pero creo que sale. Me influye mucho la narración visual de Miller, técnicamente más imperfecto, pero muy expresivo.

Dentro de 20 años, y siguiendo con esta historia, ¿qué os gustaría estar contando y dibujando? ¿Cuál sería la continuación soñada?

Javier: Pues una que se llame Como si fueran. Una que cuente las vidas de esas personas como lo que son, como lo que se dice al final del poema. Que contase la vida de esa persona, no solo en el drama. Porque lo que pasa es que siempre hablamos de estas personas cuando están muriendo, cuando les cae una bomba encima. Pero son personas que tienen una vida, que van al cine, que aman, que toman té, que tienen niños que juegan al baloncesto, que hablan de las mismas cosas que hablamos nosotros, que leen cómics… y me gustaría poder contar esa historia, pero a ver si puede ser antes de 20 años.

28/11/2018 – 

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La cara B de la cultura es tan fea como la pintan

23 enero, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

En el siglo XIX nació Julia Pastrana, una mexicana que debido a sus rasgos indígenas fue catalogada en el gremio del espectáculo como “la mujer más fea del mundo”. Su rareza era tal que decidieron llevarla hasta Europa, donde actuó de acuerdo con la moral victoriana: cantó, bailó y fue sometida a exámenes médicos en público que revelaban de forma “científica” su exotismo. Se convirtió en un ejemplo de lo que estaba fuera de la norma y de lo que, precisamente por ello, debía ser señalado.

“Muchas culturas a lo largo de la historia han discriminado a personas con discapacidades, deformidades y enfermedades, y estas tensiones consecuentes continúan”, explica a eldiario.es Gretchen E. Henderson, profesora de Literatura Inglesa, investigadora de Historia del Arte y autora del libro Fealdad: una historia cultural recientemente publicado por la editorial Turner. Este no intenta filosofar en términos estéticos ni redefinir la “fealdad”, sino rastrearla a través de la historia para mostrar cómo nos hemos relacionado con un concepto que, según la propia docente, es “ambiguo y cambiante”.

Todo comenzó cuando Henderson exploraba otro aspecto también vinculado al de fealdad: el de deformidad. Fue entonces cuando descubrió la Ugly Face Club, una hermandad del siglo XVIII en Liverpool dedicada a luchar por el reconocimiento de personas feas en una sociedad donde lo importante es la belleza. De hecho, la palabra feo en inglés surge de un término medieval que significaba aterrador o repulsivo, a su vez derivado del nórdico antiguo como “ser temido”. Pero el concepto venía de mucho antes.

Anuncio de la exposición de Julia Pastrana, 'La mujer lobo' (1860)
Anuncio de la exposición de Julia Pastrana, ‘La mujer lobo’ (1860)

“La fealdad crece de muchas fuentes: desde Aristóteles, que llamó a las mujeres hombres deformes, pasando por los cuentos medievales de brujas convertidas en bellezas, a los espectáculos “monstruosos” del siglo XIX”, afirma la escritora. Y entrar dentro de esta categoría, además, tenía implicaciones más allá de las visuales. “En la antigüedad, la práctica de la fisonomía correlacionaba la apariencia externa con el valor interno, a menudo en términos morales”, añade la experta.

Sin embargo, lo feo no siempre tiene connotaciones negativas ni es lo opuesto a la concepción occidental de belleza. Como pone de ejemplo la escritora, “el arte japonés wabi-sabi valora la imperfección, lo degradado y marchito, lo torcido y envejecido”, atributos pueden que no sean bien recibidos en otras culturas. Este aprecio por “lo feo” también se ha utilizado para desafiar estándares sociales, ya sea en forma de el campo pictórico o en el de la publicidad menos corriente. “Recuperemos lo feo”, anunciaban con la obra musical de Shrek.

De esta forma, Henderson propone un recorrido por la historia de la fealdad dividida en tres capítulos. El tema es el mismo, pero las perspectivas cambian y, como consecuencia, también lo que es apartado de la norma. Resumimos algunos de sus puntos clave.

Lo “feo” como animal

En sí mismas las bestias no son feas, pero han terminado adquiriendo esa connotación cuando empezaron a rozar lo infrahumano, a convertirse en híbridos de personas y animales que han encarnado los miedos culturales a lo largo del tiempo. No obstante, este apartado no se reduce a un catálogo de fenómenos de feria, sino a personajes que lograron negociar su propia fealdad.

Un ejemplo de esto es el cíclope Polifemo, cuya historia se reelaboró y pasó de monstruoso a cómico. Mientras que en la Odisea de Homero es una bestia aterradora que mata a los hombres de Ulises, en la versión del poeta griego Eurípides la fealdad de Polifemo ya no aterroriza. Es un ser presentado como ridículo, borracho, que aúlla por doquier sin afinar.

'Busto de Polifemo', de Johann Heinrich Wihelm Tischbein, copiado de una escultura antigua.
‘Busto de Polifemo’, de Johann Heinrich Wihelm Tischbein, copiado de una escultura antigua.

“La historia de la fealdad no sigue una progresión ascendente a la iluminación, sino que se eleva y se sumerge como una curva sinusoide a medida que el mundo cambia y ‘la diferencia’ se presenta en nuevas formas”, destaca la docente. Pero el de Polifemo no es la única muestra.

El cuadro de La duquesa fea, realizado por el pintor flamenco Quentin Massys en 1513, fue subastado en 1920 bajo la premisa de que era “el retrato más feo del mundo” debido a que su objeto es una aristócrata “famosa por sus rasgos repugnantes”. La realidad, es que sufría una deformación facial fruto de la enfermedad de Paget. “Cuanto más contrapuestas sean las figuras, por ejemplo, los deformes frente a los hermosos, los viejos frente a los jóvenes, los fuertes frente a los débiles, más gustará el cuadro”, recogía Leonardo Da Vinci en su Tratado sobre la pintura. En ese contexto nació La duquesa fea.

Lo “feo” como grupo

Este segundo capítulo se pregunta por las prácticas en torno los considerados como grupos “feos”. Es decir, cómo ciertos colectivos, a veces alineados con cuestiones de raza, género o clase, eran tratados en base a lo que significaban sus cuerpos en. Los casos son múltiples y variados: son santificados, erotizados y hasta comercializados.

Paul Strand, 'Mujer ciega', 1916, fotograbado
Paul Strand, ‘Mujer ciega’, 1916, fotograbado

La obra de Henderson detalla cómo el emperador romano Heliogábalo tenía la costumbre de invitar a sus banquetes a hombres calvos, tuertos, altos o gordos para reírse al verlos todos juntos. Esto lo heredaron los británicos neoclásicos, quienes incluían comidas servidas por camareros con piernas de madera o manos temblorosas, cenas de tartamudos y carreras en las que competían lisiados, ancianos u obesos.

Los españoles tampoco se quedan atrás. En 1512 los conquistadores justificaban la conquista y esclavización de indios americanos por considerarlos “animales parlantes”. Palabras como “primitivo”, “salvaje” o “no civilizado” se caracterizaban fundamentalmente con lo ajeno, algo que era “demostrado” a través de estudios pseudocientíficos que en el fondo solo buscaban tener argumentos para la invasión.

“Los choques surgen cuando una cultura se ve a sí misma como mejor y estandariza las normas que pueden dejar a otros vulnerables a malos tratos. Este comportamiento puede tener graves consecuencias, desde leyes discriminatorias hasta la aparición de la eugenesia y el genocidio”, advierte Henderson.

Lo “feo” en los cinco sentidos

'Test de los muñecos', un experimento llevado a cabo en 1947 en EEUU para comprobar cómo el racismo influía en las decisiones de los niños
‘Test de los muñecos’, un experimento llevado a cabo en 1947 en EEUU para comprobar cómo el racismo influía en las decisiones de los niños GORDON PARKS,

Las personas no solo ven, también oyen, saborean, huelen y tocan. Precisamente por ello, esta parte está centrada en analizar la fealdad a través de los cinco sentidos. En lo que respecta a lo óptico, muchas culturas creían que un “mal de ojo” podía hacer daño o que atisbar algo horroroso tenía implicaciones más allá de lo visible. Uno de esos mitos estuvo presente desde la Antigüedad hasta el siglo XIX y, según este, una mujer embarazada no podía ver algo aterrador porque de lo contrario acabaría deformando a su hijo en gestación.

La fealdad puede ser una puñalada crítica, pero también un grito de guerra, una dualidad bien presentada en lo sonoro. Desde sus comienzos, el jazz estuvo ligado al estereotipo racial, convirtiéndose en algo admirado y a la vez condenado. “El lenguaje de los monos, los chillidos y gruñidos de la jungla”, dijo Henry Ford en el periódico neoyorquino The Dearborn Independent.

El rock fue otro género denostado. Gran parte de culpa la tiene el trasfondo de la caza de brujas contra los comunistas en EEUU de los años 50, contexto que motivó a Frank Sinatra a ridiculizarlo como “la forma de expresión más brutal, fea, degenerada y viciosa”. Hoy día, esa misma música llena estadios. Porque, como recalca Henderson, al final la palabra feo “puede sugerir más sobre el observador que sobre lo observado”.

Juan Wijngaard. Detalle de una 'dama odiosa', de Selina Hastings, 'Sir Gawain and the Loathly Lady (1987)
Juan Wijngaard. Detalle de una ‘dama odiosa’, de Selina Hastings, ‘Sir Gawain and the Loathly Lady (1987)

El libro ‘Pan y toros’ documenta el antitaurinismo como parte de nuestra historia y de nuestra identidad cultural

22 enero, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

El antitaurinismo no es una moda: desde el siglo XIII, grandes personajes de nuestra historia (juristas, escritores, pintores, filósofos, religiosos, políticos, periodistas e historiadores), han alzado su voz, generación tras generación, contra los espectáculos taurinos, considerándolos una muestra de barbarie.

En otros, Quevedo, Jovellanos, Unamuno, Larra, Emilia Pardo Bazán, Carolina Coronado, Pío Baroja, Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez, Eugenio Noel, Clarín, Azorín o Antonio Machado

Publicamos la Introducción al libro Pan y toros. Breve historia del pensamiento antitaurino español, del periodista y profesor Juan Ignacio Codina, que publica Plaza y Valdés Editores y se presentará el sábado 17 de noviembre en la librería Traficantes de Sueños de Madrid

El caballo de Nietzsche, 6 de noviembre de 2018

Me gusta definirme como antitaurino y como activista en defensa de los derechos de los animales. Desde muy pequeño no he tolerado ningún tipo de abuso sobre ningún ser de cualquier especie y, tal vez por ello, las causas humanitarias siempre me han atraído. Esto ha sido así hasta el punto de que la preocupación por los más débiles ha sido una constante en mi vida personal y profesional. En este sentido, hace algunos años que decidí dedicar mi vida casi exclusivamente a combatir los espectáculos taurinos, ya que, dentro del amplio catálogo de las barbaries que actualmente se cometen sobre los animales -que son muchas y en muy distintos ámbitos-, estas diversiones me parecen de lo más execrable. En pleno siglo XXI no se puede tolerar que la crueldad ejercida sobre toros, novillos, becerros o vacas sea convertida en un espectáculo y que, encima, se trate de algo normalizado, subvencionado y fomentado desde los poderes públicos. Además, como español, me duele e indigna que la tauromaquia sea una bolsa de crueldad que se ha mantenido especialmente activa en nuestro país, hasta el extremo de que, aunque equivocada y artificialmente, se utilice como seña de identidad cultural de lo español, lo cual resulta muy triste para los millones de españoles sensatos que no comulgamos con estas prácticas. Por tanto, ¿quiénes mejores que los españoles para denunciar la tauromaquia?

Como activista, a lo largo de los últimos años he acudido a múltiples manifestaciones antitaurinas, la mayoría de ellas celebradas a las puertas de las plazas de toros instantes antes de que empezara una corrida. Y, como todas y todos los que allí estábamos, he sentido la impotencia y la pena de no poder evitar lo que sucedía dentro de la plaza. Además, he militado y he sido candidato del Partido Animalista (Pacma), y también he colaborado muy activamente en organizaciones como AnimaNaturalis. Asimismo, desde 2012 soy subdirector de otra organización animalista, el Observatorio Justicia y Defensa Animal, del cual también soy uno de sus fundadores y que, entre otras cosas, se dedica a mejorar la protección legal de los animales en nuestro país. En definitiva, llevo varios años conociendo de cerca el mundo del activismo, participando en actos en la calle, delante de circos con animales y delfinarios, en mesas informativas de veganismo, en carpas electorales de Pacma o en manifestaciones antitaurinas, compartiendo la causa de la defensa de los animales con hombres y mujeres que, como yo, tienen el sueño y la esperanza de poder vivir en un mundo mejor, más justo y equitativo para todos, también para los animales no humanos.

Pero los que buscamos esa justicia debemos saber que tenemos enfrente a un enemigo muy poderoso. Son muchos los intereses que se esconden detrás de la explotación a la que nuestra sociedad somete a los animales: el primero y más destacado, el económico, en menor medida, el político y, en tercer lugar y no menos importante, la costumbre. Por eso esta empresa, la de tratar de conseguir un mundo más justo, va a requerir lo mejor de nosotros mismos. Cada uno en su ámbito deberá dar lo mejor que tenga y prepararse bien porque no será fácil, pero, al final, el esfuerzo merecerá la pena, no tengo ninguna duda.

Con este pensamiento en la mente decidí hacer una tesis doctoral, un trabajo académico serio y riguroso -como corresponde a toda tesis- que no solo me interesara a mí, sino que pudiera ayudar, en la medida que fuera, a mejorar las cosas. Así, después de tres años de trabajo, en mayo de 2018 defendí mi investigación en la Universidad de las Illes Balears, presentada bajo el título de El pensamiento antitaurino en España, de la Ilustración del XVIII hasta la actualidad. Me gustaría contar brevemente cómo surgió la idea de llevar a cabo esta tesis doctoral, porque lo que provocó la chispa inicial fue algo muy sencillo. De hecho, en realidad todo empezó con una mezcla de hartazgo y cansancio que dio lugar a una gran indignación. Me cansé de leer en algunos medios de comunicación que el antitaurinismo era una simple moda. ¿Una moda? Lógicamente, quienes sostenían esto eran taurinos que pretendían desacreditar y menospreciar al antitaurinismo: «es una mera moda que ya pasará, como pasaron los pantalones de campana o como pasa la canción del verano». ¿Qué verdad había en esto?, ¿es el antitaurinismo una moda? Con estas sencillas pregu tas comenzó todo.

Al final, la tesis doctoral ocupó unas mil doscientas páginas y más de doscientos epígrafes. Por supuesto, demostré que de moda nada de nada: el antitaurinismo es tan antiguo como la propia tauromaquia. De hecho, en la tesis se evidencia que el pensamiento antitaurino no solo no es una moda, sino que forma parte de una antigua y arraigada tradición histórica en nuestro país que ha ido consolidándose y evolucionando con el paso del tiempo hasta llegar hasta nuestros días. Como digo, esta es una de las hipótesis que quedaron demostradas con la investigación y que también es recogida y desarrollada en este libro. Pero, además, existen otras facetas de la tesis que resultan sorprendentes, las cuales he tratado de plasmar en el presente volumen. En mi opinión, se trata de incómodos hallazgos acerca de la tauromaquia que nunca antes se han manifestado en este país y que, probablemente, no gustarán a ciertos sectores de nuestra sociedad. Como suele suceder, la verdad hace daño, y molesta, pero considero que ya ha llegado el momento de poner sobre la mesa, con criterio científico, la realidad de esta cuestión. Con ello espero arrojar algo de luz sobre las falacias que se perpetúan alrededor de una costumbre que, a día de hoy, debería desaparecer de nuestra sociedad.

Por otra parte, la labor de sintetizar las conclusiones y de exponer los descubrimientos más relevantes de una tesis de más de mil páginas no ha sido una tarea sencilla, pero creo que lo más esencial de mi investigación ha quedado recogido en el presente volumen. En la escritura del libro he intentado ser lo más divulgativo posible, tratando de llegar a todos los públicos, porque el conocimiento debe expandirse y calar en la sociedad, haciendo frente a la oscuridad, la ignorancia y la superstición. Para ello, y como herramientas de difusión del antitaurinismo, he usado figuras como el sarcasmo, la sátira y, en algunas ocasiones, la irreverencia hacia lo taurino. Por supuesto, el libro también está compuesto de citas, de personajes históricos y de datos, pero, como digo, he tratado de combinar todo eso con reflexiones personales, así como con pensamientos acerca de cómo veo la situación actual y qué posibles salidas tiene.

En definitiva, a lo largo de las siguientes páginas se podrá apreciar que la tauromaquia ha generado críticas prácticamente desde el siglo XIII. Desde aquel momento inicial, grandes personajes de nuestra historia han alzado su voz, generación tras generación, contra los espectáculos taurinos, considerándolos como una muestra de barbarie que debe ser cuestionada, combatida y, en último extremo, erradicada. Así, veremos cómo destacadas personalidades, juristas, escritores, pintores, filósofos, religiosos, políticos -desde presidentes de Gobierno hasta relevantes ministros, pasando por senadores y diputados-, periodistas e historiadores, todos ellos, mujeres y hombres, denunciaron en cada época la tauromaquia. Y, además, lejos de ser el antitaurinismo una cuestión de las élites, también evidenciaré cómo la ciudadanía se organizó horizontalmente para, llegado un determinado momento, mostrar su oposición a estos espectáculos. Finalmente, creo humildemente que en el libro también se evidencia que, desde muy antiguo, uno de los fundamentos históricos del antitaurinismo español consiste en denunciar que el sufrimiento de un animal jamás puede ser entendido ni mucho menos justificado como un entretenimiento o una diversión.

Hay otra cosa que quiero señalar. Si, como parece, los espectáculos taurinos son reivindicados por su carácter tradicional y por ser, supuestamente, parte de la historia de nuestro país, con este libro se demuestra que el antitaurinismo también forma parte de nuestra historia y de nuestra identidad cultural. El antitaurinismo es, por tanto, un importante patrimonio cultural español que los taurinos han pretendido enterrar simplemente porque era contrario a sus intereses. Pero, como digo, ha llegado el momento de evidenciar la realidad histórica, con argumentos y datos, y de reivindicar a personajes como Quevedo, Juan de Mariana, Gabriel Alonso de Herrera, Jovellanos, José María Blanco White, José de Cadalso, Unamuno, Larra, Mesonero Romanos, Emilia Pardo Bazán, Carolina Coronado, Blasco Ibáñez, Pío Baroja, Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez, Francesc Pi i Margall, Modesto Lafuente, Joaquín Costa, Clarín, Azorín, Antonio Machado, Emilio Castelar o Francisco Silvela, entre muchos otros. Porque todos ellos, como muchos de nosotros, tienen en común su oposición a la tauromaquia.

Entonces, si el antitaurinismo es tan antiguo como las propias corridas de toros, ¿por qué esta corriente de pensamiento es tan desconocida? La respuesta es muy sencilla: porque a determinados sectores no les ha interesado que se conozca. La imposición de un pensamiento único taurino ha supuesto el silencio para todas y todos aquellos que históricamente han denunciado la tauromaquia. Y esta es una cuestión que también se va a afrontar en el presente libro, porque ha llegado el momento de empezar a cambiar las cosas. Nuestra responsabilidad es evitar que esta importante corriente de pensamiento antitaurino sea olvidada. Tampoco podemos consentir que sea silenciada, ni que siga siendo desconocida. La historia de nuestro país está repleta de destacados personajes que, con gran valentía, se rebelaron contra las corridas y, en épocas en las que no se gozaba de tantas libertades como ahora, no debió resultarles nada sencillo. Pero, aun así, lo hicieron. Por respeto a su memoria, por justicia con los millones de toros muertos en las corridas y por nosotros mismos, debemos enorgullecernos de nuestro pasado y reivindicar una historia, la del antitaurinismo, que nos pertenece tanto o más que cualquier otra. Este libro pretende abrir una puerta a ese pasado que jamás debió quedar silenciado. Si permitimos que la rica tradición antitaurina española caiga en el olvido, estaremos condenados a un futuro sin justicia, sin civilización y sin humanidad. Estoy seguro de que, entre todas y todos, no vamos a permitir ese fatal escenario.

Espero que este libro te pueda ayudar dándote argumentos, ideas y razones para defender el antitaurinismo. En este sentido, he pretendido que sea una herramienta con la cual podamos combatir, desde el conocimiento, la tauromaquia, porque contra la barbarie no se lucha con más barbarie, sino con la fuerza del pensamiento, de la razón y de la justicia. Por eso espero que en tus manos este libro se convierta en un instrumento que te permita mejorar, llegar más lejos y alcanzar metas, porque, sin duda, eso es lo mínimo que se merecen los millones de seres vivos que han sido y siguen siendo víctimas de esta práctica. Ah, y que nadie te engañe, si eres antitaurina o antitaurino, estás del lado correcto: el de la justicia, la compasión y el civismo. Como muchísimos importantes personajes de nuestra historia, estás luchando para que las cosas se transformen. Y, aunque no vaya a resultar fácil, debes tener la certeza de que este cambio es posible. Ojalá que este libro nos ayude, porque lo cierto es que existen costumbres que son contrarias al sentir ético y social mayoritario del siglo XXI y la tauromaquia es una de ellas.

Para terminar, una última cuestión. El título del libro, Pan y toros, pretende ser un homenaje a grandes antitaurinos que nos han precedido y que en su época ya utilizaron esta máxima para denunciar la tauromaquia. Ahora mismo se me vienen a la cabeza nombres como los de León de Arroyal o Martín Sarmiento, de los siglos XVIII y XIX, o los de Miguel de Unamuno o Eugenio Noel, de comienzos del XX. Todos ellos, y muchos otros, ya publicaron libros y artículos en los que esta antigua expresión -una versión española del pan y circo romano- les servía para criticar la utilización de la tauromaquia con fines políticos. No en vano, tal y como se verá en el capítulo 5 del presente volumen, esta cuestión, la del pan y toros, ha dado mucho que hablar desde hace varios siglos. Pero esta no ha sido, ni mucho menos, la única denuncia que históricamente se ha planteado acerca de la tauromaquia. De hecho, las siguientes páginas te sorprenderán gratamente del mismo modo en que yo mismo me iba sorprendiendo a medida que avanzaba en mi investigación. Es posible que también te indignes, como me ha pasado a mí, y que sientas rabia. Lejos de dejarnos llevar por estas emociones, debemos ser capaces de transformarlas en energía, tesón y determinación para intentar cambiar las cosas. Y, para cambiar las cosas, para mejorarlas, lo primero que debemos hacer es afrontarlas. A eso nos ha enseñado la historia, y a eso tiende la humanidad. Todo suma, todo cuenta, todo aporta. El cambio es posible, y este libro aspira a convertirse en tu humilde aliado para conseguirlo. Pero el verdadero motor del cambio, tenlo siempre presente, eres tú mismo, eres tú misma.

Argentina, del Pleistoceno a los Kirchner

15 enero, 2019

Fuente: http://www.elpais.com

Por: Manuel Morales 21 de agosto de 2014

Argentina

Perón jura como presidente en su segundo mandato el 4 de junio de 1952 bajo la mirada de su esposa, Eva Duarte. / AP

Ahora que Argentina ha estado en las portadas por la suspensión de pagos, acuciada por los llamados fondos buitre, resulta interesante conocer la apasionante historia de este país que existe desde hace solo dos siglos. Ello se intenta en las casi 400 páginas de Historia mínima de Argentina (Turner), publicado este año. Coordinados por Pablo Yankelevich, doctor en estudios latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México, siete autores desarrollan desde la Prehistoria el devenir de este país de 3,7 millones de kilómetros cuadrados, “si se incluyen islas y parte antártica” y 40 millones de habitantes. “Hemos contado cómo se construyó esta nación, con miradas plurales y sin apologías”, señala Yankelevich. Esta Historia mínima… se suma a la colección de libros de idéntica factura y título sobre España, País Vasco, México y Cuba, entre otros.

La obra arranca con el capítulo Tiempos prehispánicos, descritos por el profesor en historia de la Universidad de Buenos Aires Raúl Mandrini, que se remonta 14.000 años atrás para explicar que “los pueblos originarios” fueron diversos y experimentaron grandes cambios. “Tradicionalmente, la historiografía argentina había ocultado esa etapa anterior a la llegada de los españoles”, subraya Yankelevich.

De la lucha por vivir de los primeros pobladores, cazadores y recolectores, después agricultores, que a veces guerreaban entre ellos, se pasó muchos siglos más tarde a la llegada, a comienzos del XVI, de “nueva gentes que no se asemejaban a nada conocido”. Conquista y colonia es el segundo capítulo, escrito por Jorge Gelman, quien destaca que el dominio hispano fue “lento y difícil si se compara con territorios más complejos como México y Perú”. Entre las razones, apunta a que era una tierra con menos riquezas y la población más escasa y dispersa. El asentamiento español no abarcó una fracción importante del territorio argentino, que siguió en su mayoría bajo control indígena. Fue Pedro de Mendoza, quien al mando de 2.000 personas emprendió la conquista hasta fundar en febrero de 1536 “la ciudad y puerto de Nuestra Señora del Buen Ayre”. Su aventura duró solo cinco años porque con un ejército aislado tuvo que abandonar el lugar por las enfermedades, el hambre y la hostilidad de los indígenas. La posterior reconquista convirtió a Buenos Aires en una capital fundada dos veces, la segunda en 1580.

Gelman detalla la “caída demográfica” por el sistema semiesclavista en que pasó a vivir gran parte de la población en las explotaciones agrarias y en las minas de la región de Potosí, que entonces pertenecía a la misma división administrativa, el virreinato de Perú, hasta que se estableció en 1776 el de la Plata. La Guerra de Independencia española frente a Napoleón abre, a su vez, la vía a la independencia de las colonias. El apartado El largo siglo XIX explica cómo el territorio argentino se convirtió en el primero que se desligó de España, en 1810. “Fue en un larguísimo proceso de guerra, hasta 1824. Además, de esta zona salieron los ejércitos que liberan Chile y Perú”, añade Yankelevich.Ese “largo siglo XIX” que explica Pilar González, doctora en Historia por la Universidad de París, es una lucha por cómo organizar políticamente el país: monarquía o república. Además, dentro de las filas republicanas hay dos bandos: centralistas y federalistas. Y a ello se añade el problema de la capital, Buenos Aires, el puerto que aúna el poder político y el económico por ser la gran aduana de entrada de mercancías y que “se niega a ser una más entre las provincias y a ceder parte de sus ingresos a la caja común”, subraya Yankelevich.

A mediados del XIX comenzará un proceso que dibuja el rostro del país: la masiva emigración, fundamentalmente desde Europa, para poblar una tierra prometida que hay que explotar y en la que solo el 40% del espacio estaba habitado. “Se produce una cuestión central en la historia de Argentina”, apunta el coordinador del libro. “La expansión de las fronteras se vincula al Ejército y se establece una estrecha relación entre los grandes propietarios de haciendas y el poder militar. El problema” -incide Yankelevich- “es que cuando el país crece económicamente y surgen nuevos sectores sociales” que reclaman participar en la política, el Ejército se resiste a abandonar su papel. De ahí el golpe de Estado de septiembre de 1930, que encabeza José Félix Uriburu.

En una de las sucesivas asonadas, la del 4 de junio de 1943, participó el coronel Juan Domingo Perón, “fascinado por la organización del Estado fascista desde su visita a Italia en 1939”, apunta Loris Zanatta, profesor de historia de la Universidad de Bolonia, que explica cómo Perón se acerca a los obreros gracias a su uso de los medios de comunicación y a la ayuda de su joven esposa, la actriz Eva Duarte. “En el peronismo había una voluntad democratizadora y de aumentar los derechos sociales pero, a la vez, había una pulsión autoritaria, antiliberal y de represión a la oposición”, dice Yankelevich.

El fervor por Perón lo convierte en peligroso para sus colegas del Ejército, que lo encarcelan. Sin embargo, la base social que había cultivado marcha hacia la capital y lo libera el 17 de octubre de 1945, un día que cambia la historia de Argentina en el siglo XX. Perón gana las elecciones de febrero de 1946 y comienza a alejarse de algunos sectores que le habían apoyado, como la Iglesia, espantada del culto a Evita, que muere en julio de 1952. Los problemas económicos y la inestabilidad social propician un golpe que derroca a Perón el 16 de septiembre de 1955. El líder se exilia en Madrid y su movimiento queda proscrito casi 20 años hasta que vuelve al poder en 1973 en la persona de Héctor J. Cámpora, respaldado por Perón, y después con la esposa del viejo líder, Isabel.

Sin embargo, la crisis económica, los enfrentamientos en las calles y los asesinatos políticos precipitan el último golpe militar el 24 de marzo de 1976, “el de los desaparecidos, con el asesinato de más de 10.000 personas”, escribe Marcos Novaro. Del entusiasmo nacionalista por la victoria en el Mundial de Fútbol que organiza Argentina en 1978, se pasa a la derrota en la guerra de las Malvinas ante Inglaterra, en junio de 1982, que “pulverizó el poder militar”.

Cristina

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, en su visita al Vaticano con el papa Francisco en marzo de 2013. / REUTERS

La estabilidad política no trajo la económica (suspensiones de pagos en 1989, 2001 y la de ahora). Historia mínima de Argentina se detiene con la sucesión de Néstor Kirchner en su esposa, Cristina Fernández, en 2007. “Es un peronismo que recupera las banderas más combativas de los jóvenes de los 70”, apunta Yankelevich. “La muerte de Néstor Kirchner reconcilió a la opinión pública con su viuda”, según Novaro, lo que le llevó al triunfo en las presidenciales de 2011.

Yankelevich quiere ser optimista con el futuro. Más que los fondos buitre, prefiere la “gran noticia” de que la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, se haya reencontrado casi 40 años después con su nieto, uno de los bebés robados por la última dictadura. Si como cantaba Gardel en Volver, “20 años no es nada”, los dos siglos de vida de Argentina han dado para muchísimo.

20 años del Nobel a Saramago: un homenaje a la lucha de sus abuelos y una batalla contra la Iglesia

1 enero, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

“No embarques. Tienes el Nobel”. Solo bastó una llamada de su editor y cinco palabras para marcar un hito en la historia de la literatura. Al otro lado del teléfono se encontraba el escritor portugués José Saramago, que un año antes publicó la novela Todos los nombres. La noticia tampoco fue una gran sorpresa: en cada edición era uno de los señalados para alzarse con el mismo premio que previamente consiguieron figuras como Juan Ramón Jiménez o Pablo Neruda. Pero no llegaba. No lo hizo hasta ese 8 de octubre de 1998.

El nacido en Azinhaga, un pequeño pueblo portugués a 90 kilómetros de Lisboa, tuvo que esperar hasta los 76 años para levantar el Nobel de Literatura y ser reconocido por la Academia Sueca como uno de los grandes iconos de las letras por, como recuerda la BBC, “volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”.

Muestra de ello eran obras como Ensayo sobre la ceguera (1995), que le acercó al gran público, o El evangelio de Jesucristo (1991), que provocó un escándalo en la Iglesia e hizo que tuviera que cambiar su país natal por Lanzarote.

José Saramago recibiendo el Premio Nobel en 1998 en Estocolmo con los reyes de Suecia
José Saramago recibiendo el Premio Nobel en 1998 en Estocolmo con los reyes de Suecia GTRES | AP PHOTO (JONAS EKSTROMER)

Los ánimos eclesiásticos no se calmaron, ni siquiera dos lustros después. Ni siquiera después de muerto. La esquela dedicada por el Vaticano un día tras su fallecimiento por leucemia (el 18 de junio de 2010) le definía como un “populista extremista” de ideología antirreligiosa. Esta animadversión no era nueva. Fue cultivada por ambas partes con el paso del tiempo, en momentos tan puntuales como el discurso de recogida del Nobel que pronunció en Estocolmo dos meses después de ser declarado ganador.

“Gente popular que conocí, engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente permanentemente vigilada por la policía, gente, cuántas y cuántas veces, víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia falsa”, criticaba el autor ante la Academia Sueca.

“Las arbitrariedades de una justicia falsa”

Saramago entró al salón noble vestido con un traje azul oscuro y camisa blanca ante la atenta mirada de los allí presentes. Sin embargo, a pesar de lo ornamental de la cita, el novelista aprovechó la ocasión para poner el foco en un lugar alejado de las grandes estrellas literarias.

“El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”, comenzaba su discurso el escritor, hijo de campesinos y sin estudios universitarios. Esperó a estar en lo más alto para centrarse en lo más bajo: sus raíces. “Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama”, explicaba el portugués.

Pero el relato de Saramago no era una entrañable historia de amor familiar, sino la defensa de una forma de vida basada en la humildad y alejada de las altas esferas. Una en la que “debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta”.

Como repasa el texto de la BBC, Saramago pasaba el tiempo en Azinhaga jugando en el río con sus amigos y escuchando las historias de su abuelo hasta que se mudó a Lisboa. Una vez en la capital lusa, ante la incapacidad de sus padres para afrontar sus estudios, este se dedicó a trabajó como cerrajero, en una empresa metalúrgica y en una agencia de servicios sociales. “Soy un comunista hormonal, mi cuerpo contiene hormonas que hacen crecer mi barba y otras que me hacen comunista”, reconoció en una entrevista con la cadena británica.

El discurso de recogida del Nobel de Literatura concentró todo lo que Saramago defendió a través de sus textos, pero también todo lo que criticó. Por ello, culminó haciendo referencia a su Ensayo sobre la ceguera y a cómo “la dignidad del ser humano es insultada todos los días por los poderosos de nuestro mundo”, ya que “la mentira universal ocupa el lugar de las verdades plurales” y “el hombre dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a su semejante”. Y, como punto final, otra dosis de su característica ironía punzante: “Perdonadme si os pareció poco esto que para mí es todo”.

“Nos hallamos en fase de demolición de nuestra sociedad y no hemos logrado poner en marcha un recambio”

21 diciembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Desde el mismo título y desde la primera frase, Isaac Rosa (Sevilla, 1974) quiere dejar bien claro que en su novela Feliz final (Seix Barral) pretende darle la vuelta a las convenciones sobre las relaciones amorosas. Del mismo modo que ese Feliz final invierte la apostilla habitual, la novela recién publicada arranca con un epílogo y acaba con un prólogo. “Es decir”, cuenta el escritor, “que el epílogo está contado desde un piso vacío como símbolo de una separación de pareja mientras el prólogo narra los bonitos tiempos del enamoramiento y de la seducción”. La frase con la que empieza Feliz final también adquiere todo un sentido de aquello que el lector puede esperar. Dice así: “Nosotros íbamos a envejecer juntos”.

“No he escrito una novela contra el amor romántico”, confiesa Isaac Rosa, “pero es cierto que puede resultar una historia desoladora, triste y que intenta reflejar el desconcierto y la incertidumbre en la que vivimos. Hemos asistido a la demolición del amor romántico, pero hemos sido incapaces de construir nuevos imaginarios amorosos. En cualquier caso, la novela representa una especie de autopsia de las formas del amor en la actualidad”, explica en conversación con eldiario.es.

En esta historia narrada a dos voces, un hombre y una mujer de mediana edad, surge al fondo del relato la España de los últimos años marcados por la precariedad laboral, las protestas sociales, la crisis de las instituciones, la pérdida de derechos… Y si bien los protagonistas son profesionales urbanos (un periodista y una profesora en torno a los 40 años) Isaac Rosa ha tratado de plasmar un relato que vaya más allá de un retrato generacional. En definitiva, una historia de amor/desamor universal, aunque ambientada en el aquí y ahora hasta el punto de que el escritor afirma con rotundidad: “Narra una historia sentimental, pero es mi novela más política”.

Anda preocupado este novelista, uno de los más premiados y reconocidos de su generación, por la obsolescencia que define nuestra época. “Cada vez”, señala, “la fugacidad de las cosas es más intensa, cada vez todo tiene una fecha de caducidad más temprana. En ocasiones da la sensación de que necesitamos vivir varias vidas y estar continuamente presentes en las redes sociales o en retransmitir al minuto nuestras experiencias, deseos u obsesiones”.

Alto y espigado, de hablar pausado, este novelista con aire de aplicado profesor de instituto responde que la elaboración de Feliz final ha sido la más rápida en su carrera de escritor que se inició hace ya dos décadas con un libro con título provocador, ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!, y que desde entonces ha alternado la literatura con el periodismo y siempre desde la actitud de un compromiso político con la izquierda. “Nos hallamos”, opina, “en una fase de demolición en todos los terrenos de la vida y de nuestra sociedad. Pero desgraciadamente no hemos logrado poner en marcha un recambio, lanzar alternativas… Quizá sea la incertidumbre lo que más marca hoy las conductas. Así esta falta de certezas planea sobre la política, la economía, la cultura o el amor. Parece que hablamos siempre de las relaciones amorosas entre comillas. A lo mejor tenemos que salvar la lealtad, el compromiso, no lo sé. ¿O nos quedamos a la intemperie?”, cuestiona.

Desde una posición que no rehuye la autocrítica, Isaac Rosa se muestra un tanto decepcionado con el papel de la literatura española de esta última década. Tras subrayar que el balance de los llamados a ser narradores de la crisis no ha sido muy satisfactorio ni en cantidad ni en calidad, el novelista dice con mucha claridad: “Los novelistas no hemos sido capaces de contar desde la ficción lo que nos ha pasado en estos años de crisis”.

David Macián adapta "La mano invisible", de Isaac Rosa, para su primer largo
Isaac Rosa EFE

Para remarcar esta opinión Isaac Rosa acude a citar la autoficción como el género literario de moda. “Con todos mis respetos por la autoficción”, comenta a lo largo de la entrevista, “no deja de resultar paradójico que un género intimista y replegado en sí mismo se haya convertido en la opción preferida para muchos narradores”.

Por el contrario, Isaac Rosa resalta el papel de compromiso social que está cumpliendo el teatro en nuestro país. Autor de algunas piezas teatrales y aficionado declarado a la escena no descarta el novelista irrumpir en el futuro en el mundo de las tablas. “Me gusta el teatro”, declara, “porque supone una experiencia colectiva, una puesta en común y, en el caso de los escritores, una auténtica cura de humildad”.

Volviendo a su reciente novela, Isaac Rosa no oculta la dificultad de una narración a dos voces, masculina y femenina, y aclara que ha tenido especial cuidado en que los dos narradores se diferenciaran tanto en el fondo del relato como en la forma estilística. “No tenía dudas”, explica, “de que Feliz final debía de ser narrado con las dos voces de la pareja. De hecho, el amor significa un relato común y la pérdida del amor se traduce en la nostalgia por un relato común perdido. Antonio y Ángela, los protagonistas de mi novela, llaman a ese relato común el parque temático de una relación”.

De todas maneras, Isaac Rosa insiste en que su historia es una novela y no un tratado sobre las relaciones amorosas. No obstante, el escritor recuerda en los agradecimientos al final del libro que en la novela resuenan ideas de teóricos de referencia sobre el amor como Roland Barthes, Elisabeth Badinter, Erich Fromm, Eva Illouz o Marina Garcés.

Fiel desde su juventud a una doble dedicación a la literatura y al periodismo, que ejerce en varios medios, entre ellos eldiario.es,  Isaac Rosa ha tenido que aparcar durante un tiempo la segunda faceta para volcarse de lleno en este libro.  De cualquier modo, confiesa que se siente cómodo al compaginar literatura y periodismo y rechaza que, en su caso, unos géneros literarios contaminen a los otros.  “Creo más bien”, cuenta, “todo lo contrario. Es decir, que literatura y periodismo circulan por canales de ida y vuelta que se retroalimentan y que enriquecen al escritor”.

Josep Fontana: maestro de maestros

20 octubre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Es difícil escribir estas líneas después de la muerte del que ha sido un referente personal e historiográfico no de una sino de muchas generaciones de historiadores y ciudadanos en Catalunya y España. Generaciones que aprendimos con él, según una feliz expresión de su maestro Pierre Vilar, a pensar históricamente nuestro presente, revistando incesantemente el pasado para ver en él no sólo los caminos que llevaban hasta nosotros y cómo se produce el cambio histórico, sino también, como le gustaba citar de T.S. Eliot, “por el corredor que no tomamos, hacia las puertas que no abrimos”: por el corredor que aún podemos tomar, hacia la puerta que todavía podemos abrir. Y es difícil escribir estas líneas porque en ellas no se puede sintetizar lo que significó la obra y la vida de Josep Fontana (una tarea ingente que abordaran sin duda los hijos de la Casta de Clío en los próximos años), como imposible es sustraerse del impacto emocional de su ausencia. Del impacto emocional de saber que el primer libro de historia que cayó en mis manos, encontrado en la biblioteca en mi primer año de instituto, no fue otro que el de “Historia. Análisis del pasado y proyecto social” o de haber podido asistir años después a sus clases de doctorado y encontrar en las conversaciones con él el estímulo del que ha sido sin duda un maestro de maestros.

Alumno de Vicens Vives, pero muy especialmente de Pierre Vilar, Josep Fontana estuvo marcado por su militancia temprana en el antifranquismo catalán y por su intento renovado de dar sabia en nuestras tierras al proyecto de Historia total, aunque con el tiempo fue mucho más allá de ella. Sus dos líneas principales de trabajo y preocupación constantes se interrelacionaron en este sentido de manera fecunda (a pesar de que su camino nos llevó también mucho más allá, hacia la historia del siglo XX o la construcción de una reflexión sobre el hecho nacional catalán). La primera de ellas intentaba analizar y explicar el tránsito del antiguo régimen al capitalismo, y del absolutismo al Estado liberal, no como una realidad “necesaria” “de un progreso definido de manera unívoca”, sino como un proceso complejo donde se impusieron unas opciones frente a la diversidad de líneas de desarrollo posible, como la construcción de un nuevo mundo que en sus contradicciones llega hasta nuestros días. En este campo sus obras son prolijas y van desde su primer libro “La quiebra de la monarquía absoluta (1814-1820)”, con un impacto enorme en la historiografía de los años setenta, hasta la culminación, que no conclusión, de este proyecto con ese diamante de sabiduría que fue “De en medio del tiempo” publicado en 2006.

Pero es imposible comprender estos trabajos sin su constante preocupación, en lo que fue su segunda gran línea de aportaciones a nuestro conocimiento, por la teoría social y la historiografía que lo situó siempre a la vanguardia de la ciencia histórica durante décadas. Trabajos que se cimentaron desde la publicación en los primeros ochenta de “Historia. Análisis del pasado y proyecto social” hasta el impresionante “La historia de los hombres” en 2006, pasando por ese grito contestatario de un viejo rockero inmensamente joven que fue “La historia después del fin de la historia” a principios de los noventa, cuando Fukuyama y todos los propagandistas del nuevo orden neoliberal pretendían convencernos de que la historia había terminado y sólo nos restaba vivir bajo su yugo. Con esos trabajos insustituibles, marcados por el compromiso constante con el cambio político, social y cultural, nos introdujo en la escuela de los historiadores marxistas británicos, la escuela de los E.P. Thompson, los Hobsbawm, los Hill o Rodney Hilton, fue sin duda uno de los mejores lectores de Gramsci, Lukács y Korsch entre nosotros, hizo de Walter Benjamin y Marc Bloch una fuente de inspiración para la renovación de nuestra historiografía y con ello, con todos ellos, remontándose desde Ibn Khaldun o Vico hasta Ranahit Guha, construyó uno de los legados más fecundos de nuestra historiografía.

Todo ello nos alejó de cualquier mecanicismo y nos enseñó que aquello que no trascendió al proceso histórico, que es tan rico en términos de experiencia histórica como lo que trascendió, no puede ser obviado sin más. Porque la obra y la vida de Josep Fontana estuvieron marcados por el compromiso. Por el compromiso con la enseñanza, y de ello da fe su trabajo constante con profesores de historia de secundaría para la renovación pedagógica, con el compromiso con la vida. Le escribía Pierre Vilar en una carta de 1957 a un joven Fontana “No es una ciencia fría la que queremos, pero es una ciencia”. Y fue a partir de allí que construyó una obra que nos iluminó de forma diferente el siglo XIX y XX en un proyecto de “Una historia que se realice en el interior de este mundo revolucionado y cambiante (…) que cumpla la exigencia que formulaba Bloch de convertirse (…) y que nos ayude a rencontrar la dimensión de la utopía: la esperanza, como decía Martí i Pol, del hecho que “todo está por hacer y todo es posible” (…) Porque hay algo que conviene que quede claro. De todo lo que sosteníamos en el pasado, hay algo que no nos avergüenza y de lo que no hemos renegado: el propósito de seguir luchando por un mundo donde haya la mejor igualdad posible dentro de la mayor libertad. En este combate no importa perder una batalla, porque sabemos que otros lo seguirán. E incluso si hubiéramos sabido de avanzada que era inútil, porque todas las batallas se perderían, habría valido la pena librarlas”. Porque, como afirmaba en un pasaje especialmente querido por él de Paul Éluard, “otros las ganarán. Todos los otros”.

Jardiel Poncela, la risa inteligente que no supo entender ni Franco ni la República

19 octubre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Enrique Jardiel Poncela vivió solo 51 años, pero aprovechó cada minuto. Si no, no se explica cómo consiguió escribir cuatro novelas, más de 80 obras de teatro y cientos de artículos, cuentos y ensayos para revistas y otras publicaciones. Además, le dio tiempo a trabajar en el cine de Hollywood, a hacer ilustraciones, a diseñar decorados e incluso a idear un teatro en miniatura para niños basado en el funcionamiento de un tocadiscos. Y todo ello sin perder el humor, al menos en su trabajo. Tantas cosas hizo que todavía hoy, cuando ya se han cumplido más de 60 años desde su muerte, aún se publican nuevos libros con sus obras.

Este 2018 han sido dos editoriales sevillanas la encargadas de recuperar su figura. Barlett ha sacado al mercado el libro Jardieladas, con textos de Pepe Viyuela, Miqui Otero o Isabel Valdés acompañando a los de Jardiel (algunos inéditos). Por su parte, Renacimiento ha recuperado Las infamias de un vizconde y otros cuentos de buen humor. El nieto del escritor y gran estudioso de su trabajo, Enrique Gallud Jardiel, ha participado en ambas ediciones.

Portada 'Jardieladas'

Poncela nunca llegó a encajar en su época, aunque tocó la cima del éxito. No perteneció a la Generación del 98, pero tampoco llegó a la del 27. Su sitio fue una especie de limbo. Se dedicó plenamente al humor, género considerado como menor y se le incluyó en la conocida como “otra” Generación del 27, la que según Pedro Laín Entralgo era “de los ‘renovadores’-los creadores más bien- del humor contemporáneo”. Con él estaban Ramón Gómez de la Serna, Miguel Mihura, José López Rubio o Edgar Neville, entre otros.

El autor era hijo de intelectuales. Su padre, de quien heredó el nombre, era periodista en La Correspondencia de España y su madre, Marcelina, fue una de las primeras mujeres en estudiar Bellas Artes en Madrid. Ella se encargó de su educación y la de sus hermanas, en una línea progresista pero muy severa (algo que le marcó mucho). Empezó a firmar textos a principios de los años 20 en el periódico de su padre y en otras publicaciones como Los lunes de El Imparcial, Buen Humor o La Nueva Humanidad y a moverse por los cafés que acabaron siendo su lugar de trabajo.

A finales de la década publicó sus dos primeras novelas:  Amor se escribe sin hache y Espérame en Siberia, vida mía, así como diversas obras de teatro como La banda de SaboyaLa hogueraLa noche en el metro o No se culpe a nadie de mi muerte.

Mientra tanto, conoció y convivió con el primer gran amor de su vida, Josefina Peñalver, que desapareció tres meses después de tener a su hija Evangelina. Jardiel se quedó con ella y la crió con la ayuda de su hermana Angelina, según explica María José Conde Guerri, experta en literatura de Jardiel, en el documentalInverosímil, Jardiel Poncela, de Marisa Paniagua y Talía Martínez de Marañón para TVE.

Las luces

Su primer gran éxito fue la obra de teatro Una noche de primavera sin sueño en el 27. En ese momento se dio cuenta de que lo que daba de comer era la dramaturgia y no la narrativa, aunque después publicó dos novelas más: Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? y La tournée de Dios.

'Angelina y el honor de un brigadier'

Además, probó el mundo del cine en Hollywood, donde se dedicó principalmente a las versiones españolas que la Fox hacía de sus películas. Su verdadero trabajo importante allí fue una película basada en su propia obra de teatro Angelina o el honor de un brigadier, protagonizada por Rosita Díaz, estrella de la época. Fue el primer filme en verso de la historia.

Estuvo allí en el 32 y en el 35. Conoció a Charles Chaplin -y se dice que a Groucho Marx- y todas aquellas experiencias empaparon sus trabajos posteriores. En España también trabajó en el cine, haciendo lo que él llamó “celuloides rancios” (poner voz en off a fotogramas de películas) sin saber que décadas después esa práctica sería un boom en Internet.
La Guerra Civil le pilló en Madrid y después de una breve estancia en una checa, salió de España en 1937 a través de Barcelona rumbo a Argentina, en donde le esperaba Gómez de la Serna. Regresó al año siguiente y durante la primera mitad década de los 40 vivió el punto álgido de su carrera.
Obras como Eloísa está debajo de un almendro (1940), Las tres advertencias de Satanás, Los ladrones somos gente honrada, Madre, el drama padre (1941), Blanca por fuera y Rosa por dentro (1943)  o A las seis en la esquina del bulevar (1943) fueron triunfos totales. Eloísa incluso se adaptó al cine, dirigida por Rafael Gil en 1943. Pese a todo, la crítica ponía sus obras a caldo y, aunque se jactaba de leer los artículos meses después, esto le afectaba profundamente.

Las sombras

Su adhesión al régimen -o más bien, su no oposición- le pesó durante su vida y el estigma continúa hasta hoy. Lo hizo, según sus propias palabras, por “aristocratismo”, pero llegó a reconocerle a su hija Evangelina que en política se había equivocado. Irónicamente sus novelas estuvieron prohibidas en la República y censuradas por la dictadura de Franco. Las dobles lecturas no se le daban bien a los que manejaban las tijeras.

Su ideología contribuyó a su declive profesional. En 1944 volvió a Argentina para empezar una guía por América Latina con su compañía, pero fue un fracaso total. Los exiliados republicanos le rechazaron, especialmente en Montevideo, donde tuvieron que suspender la función porque el público empezó a arrancar las butacas para tirarlas al escenario. Regresó a España sin dinero, sin ánimos y ya enfermo del cáncer de laringe que le llevó a la tumba. Ese mismo año murió su padre, lo que le hundió aún más.

Todos los amores de Jardiel Poncela, en todas sus mujeres
Jardiel Poncela (izquierda), novelista y dramaturgo EFE

La otra gran crítica a Jardiel es su misoginia. Las mujeres que salen en sus escritos suelen ser exageradas, vanidosas, un tanto manipuladoras y mentirosas porque se supone que él no quería representar la realidad, sino un mundo imaginado, histriónico.

Era mujeriego, de eso no hay duda, por un complejo de Edipo mal disimulado. Se enamoró de mujeres como la mencionada Josefina o Carmen Sánchez García de los Ríos, una actriz de su propia compañía que le dejó en Argentina y le destrozó el corazón. Su otro gran amor fue Carmen Labajos, con quien tuvo a su hija Mari Luz y que le acompañó durante toda la vida (un gran ejercicio de paciencia, hay que decir). Como su madre, todas eran fuertes, independientes, cultas y con un carácter que les permitió contrarrestar el de Jardiel.

En su defensa siempre acude la frase: “Lo peor que existe en el mundo son las mujeres, exceptuando a los hombres”. El desprecio de Poncela iba dirigido más bien a la humanidad y casi podría decirse que quiso más a su perro Bobby que a muchos de sus allegados. Lo evidenció al decir que: “Insultar a un hombre llamándole perro, es insultar al perro”. El autor murió el 12 de febrero de 1952 y Bobby 15 días después. En solo medio siglo Jardiel Poncela escribió algunas de las mejores obras de la literatura española, incluyendo su famoso y clarividente epitafio: “Si buscáis los máximos elogios, moríos”.

Josep Fontana, la huella de un historiador

2 octubre, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Josep Fontana fue un historiador de referencia, respetado y seguido por quienes buscaban caminos de renovación en la enseñanza y escritura de la historia.

Josep Fontana en una entrevista en 2017.
Josep Fontana en una entrevista en 2017. ALBERT GARCIA EL PAÍS

 

La victoria franquista en abril de 1939 y las posteriores décadas de dictadura se manifestaron, por lo que a la historiografía se refiere, en la imposición de una perspectiva reaccionaria y antiliberal que ignoró en todo momento la esfera socioeconómica y que levantó un poderoso dique de contención frente a las nuevas corrientes en las ciencias sociales occidentales y los análisis de fuerzas anónimas y colectivas.

Cuando en los últimos años de la dictadura pudo salirse poco a poco de esa miseria, no había, sobre la edad contemporánea, tradición historiográfica que reivindicar y se tuvo que aportar en unos pocos años todo un nuevo repertorio de hipótesis, problemas y estudios empíricos. Josep Fontana fue uno de los primeros en hacerlo y sus investigaciones sobre la crisis del Antiguo Régimen y las transformaciones del siglo XIX español le convirtieron, ya desde comienzos de los setenta, en un historiador de referencia, respetado y seguido por quienes buscaban caminos de renovación en la enseñanza y escritura de la historia.

En una profesión muy dada a la especialización y a las preocupaciones microscópicas, Fontana demostró dominar un amplio campo de acción. Cuando la historiografía y la teoría de la historia apenas formaban parte del aprendizaje del historiador, publicó Historia. Análisis del pasado y proyecto social (1982), tratado pionero en España. Casi 50 años separan La quiebra de la monarquía absoluta (1814-1820), publicada en 1971, de su última obra, El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914 (2017). Cinco décadas, en suma, de investigaciones, hipótesis, teorías y preguntas sobre el quehacer del historiador.

Pero la huella de Fontana va mucho más allá de su obra y de su trayectoria como profesor universitario. Desde la editorial Crítica, de la mano durante muchos años de Gonzalo Pontón, acercó al público español a algunos de los historiadores más distinguidos del mundo, desde Eric Hobsbawm a E. P. Thompson, pasando por Mary Beard, Pierre Vilar o David S. Landes. Su currículo está lleno de libros, artículos en revistas científicas, decenas de conferencias en América Latina y, sobre todo, charlas en los centros de educación secundaria.

En los últimos años fue discutido por otros historiadores por su defensa del marxismo, por su compromiso político y por sus ideas acerca de España y Cataluña, expuestas en escritos y entrevistas en medios de comunicación. Disputas y desprecios al margen, muchos le recordarán por sus fecundos escritos sobre la España contemporánea y por su rechazo de la historia como una serie de grandes acontecimientos orquestados por los grandes hombres. Ahora parece fácil asumirlo, pero en las universidades españolas de los años setenta eso sonaba a música subversiva.

Julián Casanova es catedrático de Historia de la Universidad de Zaragoza.

1914: más hechos que la guerra

2 septiembre, 2018

Fuente: blogs.elpais.com

Por: Tereixa Constenla 24 de julio de 2014

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El 31 de julio de 1914 fue asesinado en París Jean Léon Jaurès, líder socialista francés, mientras cenaba en el Café du Croissant junto a otros compañeros del partido y del diario L’Humanité. El asesino, Raoul Villain, se libró de un linchamiento popular por la rápida intervención de la policía. “Estaba claro que la actitud antibelicista de Jaurès había sido la causante directa del crimen”, sostiene el historiador Antonio López Vega, en su libro 1914. El año que cambió la historia.

Pero la obra, publicada recientemente por Taurus, no aborda los aspectos políticos o militares que llevaron al desencadenamiento del conflicto (o no sólo). López Vega se detiene en otros episodios históricos ocurridos durante 1914, que resultaron cruciales para el futuro como el sufragismo, la eclosión de la vanguardia artística o el estreno de nuevas vías de comunicación como la apertura del canal de Panamá.

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El vapor Ancón, en su viaje inaugural en el canal de Panamá el 15 de agosto de 1914.

Estructurado en 12 capítulos, correspondientes a los meses del año, el libro arranca con una mirada al optimismo que desprendía Europa el 1 de enero de 1914: “Stefan Zweig se refería de manera categórica en sus memorias a la sensación que cundía en el inicio de aquel año: ‘Nunca fue Europa más fuerte, rica y hermosa (…) En 1900-1910 hubo más libertad, despreocupación y desenfado que en los cien años anteriores’. A ojos del celebradísimo escritor austriaco, por todos lados cundía la confianza, el optimismo ciego en las posibilidades de Europa, en su fortaleza, en su futuro”.

En los siguientes meses ocurren cosas como el ataque a la Venus del espejo de Velázquez en National Gallery por parte de Mary Richardson en una de las acciones violentas de las sufragistas contra su Gobierno (que ignoraba sus reivindicaciones para conceder el derecho al voto de las mujeres y desplegaba una política de mano dura contra sus activistas), la toma de Veracruz por parte de marines estadounidenses (la primera de las dos intervenciones ordenada por el presidente Woodrow Wilson en México) o los asesinatos de Jaurés y el archiduque Francisco Fernando y su esposa en Sarajevo.

En diciembre, el ambiente en Europa es sombrío. Ya se sabe que la guerra no será corta, como se presumió inicialmente. “Se afrontaba una nueva situación de catastróficas consecuencias, que iba a actuar como catalizador definitivo de las diferentes fuerzas –sociales, económicas, políticas- que venían operando desde tiempo atrás y que, a partir de la experiencia de 1914, alterarían la fisonomía del mundo”, escribe el autor.

Aquí puedes leer el primer capítulo de 1914. El año que cambió la historia.