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¿Qué fue la guerra civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes

4 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Como mucha gente miente cuando le preguntan por su intención de voto, los sociólogos se tienen que buscar las vueltas para averiguar a qué partido vota cada encuestado. Uno de los trucos habituales es buscar “ideologemas” que compartan los votantes de un partido y no los del resto. Y hay uno que no falla nunca: “¿Está usted de acuerdo con que todos los políticos son iguales?”. Cuando la respuesta es un sí rotunto, sabemos con certeza que nos encontramos ante un votante del Partido Popular (haya dicho lo que haya dicho sobre su intención de voto).

Portada del libro '¿Qué fue la guerra civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes', de Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas.
Portada del libro ‘¿Qué fue la guerra civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes’, de Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas.

Algo parecido ocurre con el asunto de la guerra civil. Como es imposible defender en voz alta el golpe de Estado, la brutal represión y la instauración de un sistema teocrático durante 40 años, el refugio de los nostálgicos (conscientes o inconscientes) es una equidistancia impostada entre todos los bandos.

Uno de los argumentos favoritos de estos nacional-católicos de incógnito es sostener que los dos bandos cometieron atrocidades, argumento peregrino que consiste en pasar por alto algo muy elemental: cuando las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad se rebelan contra el Gobierno, el Gobierno se queda sin ninguna herramienta con la que garantizar el orden público y, por lo tanto, es previsible que se cometan atrocidades. Pero no son comparables las atrocidades que cometen los cuerpos armados rebeldes y las que no puede evitar el Gobierno legítimo precisamente por carecer de cuerpos armados.

Otra perla en la misma dirección es la que trata de presentar a todos como “igualmente radicales”. El programa reformista con el que el Frente Popular ganó las elecciones en 1936 le parecía radical a la oligarquía, a un ejército del siglo XIX, a los caciques locales y a la Iglesia Católica (con un voto cautivo organizado en partidos que se reconocían en el fascismo italiano y el nazismo alemán).

Sin embargo, basta mirar ese programa electoral a la luz de la Constitución del 78 (no la de los Soviets) para descubrir que (bendito progreso) todo lo que se defendía forma hoy parte del más elemental sentido común: cierta separación entre la Iglesia y el Estado, una tímida mejora de la justicia social, la instauración de un sistema educativo que no fuera una mera catequesis nacional, un pequeño brote de emancipación de las mujeres y el reconocimiento de un margen de autonomía para las nacionalidades históricas. Sólo desde posiciones pre-constitucionales puede parecer “demasiado radical” el programa del Frente Popular.

El libro que acaban de publicar Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas, con ilustraciones de David Ouro ( ¿Qué fue la guerra civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes), viene a poner un poco de orden en este asunto. Planteado como una respuesta al libro de Pérez Reverte, muestra hasta qué punto es disparatado pretender que la justicia se halla en el punto medio entre las víctimas y los verdugos.

Y ni siquiera es necesario contar mentiras para construir un relato radicalmente injusto: basta seleccionar ciertos datos y esconder otros; basta pasar por alto las cuestiones esenciales que Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas ponen de manifiesto en este libro escrito para jóvenes y adolescentes: el papel de la Iglesia, la posición de los y las intelectuales, la intervención de Hitler y Mussolini frente a la pasividad cobarde de las democracias occidentales, la política cultural de ambos bandos, la lucha feminista frente al ideal femenino del franquismo, y, por supuesto, el problema de fondo: esa ley de hierro que ha gobernado todo el siglo XX según la cual se ha reconocido a las fuerzas de izquierdas el derecho a presentarse a las elecciones, pero no a ganarlas; pues cada vez que una fuerza de izquierdas ha estado en condiciones de amenazar los intereses de los dueños del poder real, no ha tardado en producirse un golpe de Estado que ha dado al traste con el orden constitucional completo. El caso de España en 1936 fue paradigmático y conviene que no se nos olvide. Por dignidad y por no perder el hilo histórico de esa España de la que sí podemos sentirnos orgullosos.

Los mitos sobre el comercio internacional y las ventajas del librecambio

25 julio, 2017

Fuente: http://www.juantorreslopez.com

Publicado en eldiario.es el 5 de junio de 2017

Uno de los ámbitos de la teoría y la política económicas en donde más mitos y mentiras se han difundido es el relativo al comercio internacional. En particular, los economistas de ideología liberal y quienes defienden los intereses de las grandes corporaciones siempre se ha empeñado en proclamar que liberalizarlo por completo tiene más ventajas que cualquier otro régimen comercial. Pero casi siempre lo hacen sorteando la evidencia empírica y forzando los argumentos para dar por bueno lo que carece de suficiente fundamento científico.

Voy a comentar brevemente cinco principales mitos que desde hace ya muchos años sirven de fundamento para defender la supuesta superioridad del comercio sin trabas o protección de ningún tipo.

La teoría económica convencional afirma que el librecambio, entendido como la máxima liberalización comercial y financiera, proporciona aumento del comercio, crecimiento económico acelerado, cambio tecnológico más rápido y una asignación más eficiente de los recursos en el interior de la economía que lo practica. A partir de ahí, se asegura que proporciona muchas más ventajas que el proteccionismo.

Sin embargo, para poder establecer esta tesis los economistas que la defienden han de partir de dos hipótesis esenciales, ninguna de las cuales es posible que se dé en la realidad, salvo casos verdaderamente excepcionales.

En primer lugar, que las naciones comercian entre sí en función de los costes relativos de las mercancías, es decir, que se especializan en una u otra siempre que la puedan obtener a menor coste que las demás. En segundo lugar, que los mercados en donde comercian todas las naciones o empresas son de competencia perfecta (lo que quiere decir que en ellos no hay ninguna empresa o grupo de empresas que tenga poder suficiente para influir sobre las condiciones del intercambio, que los productos que se intercambian son completamente idénticos, que no hay ningún tipo de dificultad para que se incorpore al mercado cualquier nueva empresa y que empresas y consumidores tienen información perfecta y gratuita sobre todas las circunstancias que afectan al intercambio en el mercado).

Si se dan ambas hipótesis al completo (y otros supuestos complementarios más complicados que no puedo comentar aquí) se pueden deducir las tesis que justifican la ventaja o superioridad del librecambio. A saber: todas las economías tenderán a ser igual de competitivas; la relación entre las importaciones y exportaciones se modifica automáticamente en todas ellas para igualar su saldo, de modo que no habrá déficit ni superávit comerciales sostenidos en los diferentes países; los salarios reales y las tasas de beneficio se igualarán en todas las economías; y ninguno de esos ajustes producirá pérdidas netas de empleo, salvo algunas a corto plazo que se irán compensando.

No hace falta ser un premio Nobel para saber que en la realidad no se dan esas condiciones, imprescindibles para que la liberalización total de los intercambios comerciales produzca los efectos benéficos que aseguran sus defensores: los mercados no son de competencia perfecta, las economías no son todas igual de competitivas, todas ellas presentan continuamente desequilibrios comerciales, el desempleo es un mal generalizado en las economías contemporáneas, y mucho más en las últimas etapas de mayor liberalización comercial, y hay grandes diferencias entre los salarios reales y las tasas de beneficio.

Es verdad que en los últimos años se han desarrollado planteamientos más sofisticados ante el irrealismo, las incoherencias y la debilidad de estas hipótesis, pero lo cierto es que tampoco se corresponden con lo que ocurre en la realidad y que hoy día sigue siendo cierto lo que se demostró hace años: solo se puede decir que el librecambio es superior al proteccionismo estableciendo hipótesis que chocan frontalmente con la realidad y contra toda evidencia empírica. Más concretamente, solo se puede afirmar que el librecambio sería más favorable para una economía si y sólo si todos los mercados fueran de competencia perfecta, si todos los trabajadores que pierden su empleo a causa de la apertura comercial encuentra otro de semejante categoría y retribución y si el ajuste comercial que se produzca deja inalterada la distribución final de la renta (además de otras condiciones más complejas que no tengo espacio para exponer aquí). Unas condiciones que es materialmente imposible que se den en el realidad y mucho más en su conjunto.

Por tanto, si no se dan esas condiciones teóricas, es posible que políticas proteccionistas sean mucho mejores, más eficientes y más eficaces para promover actividad económica, empleo y bienestar que las liberalizadoras.

2. Los países que quieran progresar deben abrir al máximo sus fronteras y practicar el librecambio.

Esta idea es también un mito completamente desmentido por la realidad. Sencillamente, es imposible mostrar el caso de algún país cuya economía haya llegado a encontrarse en algún momento entre las más avanzadas del mundo y que lo haya conseguido abriendo sus fronteras y practicando el librecambio. Todas las grandes potencias económicas, financieras y comerciales de la historia han llegado a serlo gracias al proteccionismo ejercido bajo cualquiera de sus diferentes formas. Y las grandes economías de hoy día (Estados Unidos, Unión Europea, Japón, China…) siguen siendo proteccionistas aunque, eso sí, dicen defender el libre comercio para poder exigir a los demás países que liberalicen sus economías, justamente para que así se consoliden las relaciones de asimetría que les favorecen.

Si algunas han liberalizado sus relaciones comerciales en algún momento de su historia ha sido cuando ya habían llegado a la cúspide del progreso económico y disfrutaban de suficiente ventaja sobre las demás. Lo que han hecho y siguen haciendo es, como escribió Friedrich List en 1885, “darle una patada a la escalera por la que se ha subido, privando así a otros de la posibilidad de subir detrás”.

Por tanto, no es verdad que lo que convenga hoy día a las economías en peores condiciones sea no protegerse, que es lo que hicieron en su día todas las grandes potencias para progresar. Por el contrario, sí sabemos que lo que les perjudica es mantenerse en el régimen de asimetría y doble moral hoy día imperante, es decir, abrirse de par en par a las potencias mientras que éstas les cierran sus puertas.

3. Las normas internacionales que regulan el comercio internacional promueven el librecambio como requisito para aumentar el comercio, el crecimiento económico y el empleo.

La tesis dominante entre los defensores de la liberalización comercial, ampliamente impuesta en los últimos cuarenta años de políticas neoliberales, es que gracias a ella aumenta el comercio y que el incremento de las relaciones comerciales es lo que permite que haya más empleo, menos pobreza y mayor bienestar.

Las evidencias empíricas al respecto también son abundantes y claras. Puede aceptarse que mayores tasas de crecimiento económico estén asociadas a mayor volumen de exportaciones pero no hay ninguna relación entre el crecimiento económico y el de las exportaciones con la existencia de más o menos restricciones nacionales al comercio. Lo mismo que ninguna potencia ha llegado a serlo con políticas de liberalización comercial y renunciando al proteccionismo, no hay tampoco ningún país que hayan alcanzado tasas notables de crecimiento de la producción y de las exportaciones aplicando políticas de liberalización generalizada.

Las evidencias apuntan en el sentido contrario. Por un lado, los países que han cosechado más éxito económico en los últimos decenios han sido precisamente los que han tenido políticas más proteccionistas (Corea, Taiwán, Japón, China, como también las potencias de siempre). Por otro, países como la mayoría de los latinoamericanos que liberalizaron por completo sus relaciones comerciales han pagado una factura muy alta en términos de crecimiento, desempleo y pobreza. Algo que es bastante lógico si se tiene en cuenta que la mayor apertura está asociada a más inestabilidad y que ésta es negativa para el crecimiento.

Lo que se busca cuando se establecen medidas liberalizadoras del comercio no es promover el comercio porque los datos demuestran que así no se consigue. Y mucho menos cuando esa liberalización, tal y como viene ocurriendo en los últimos decenios, es asimétrica y solo se orienta a dar mayor libertad de acción y mayor poder a las grandes corporaciones. Por eso lo que ha aumentado en los últimos años de liberalización comercial han sido los beneficios y no el crecimiento económico, el empleo y el bienestar.

5. Los tratados comerciales como el TTIP o el CETA buscan favorecer el librecambio entre quienes los firman

Los tratados que se han ido firmando en los últimos años, o que se quiere firmar en estos momentos, como el TTIP o el CETA, se presentan a la opinión pública como tratados “de libre comercio” pero no es verdad que lo sean.

Ya hemos dicho que para que el libre comercio sea realmente ventajoso debe darse en condiciones de competencia perfecta que en la realidad no pueden existir. Y dichos tratados no solo no establecen la competencia perfecta sino que ni siquiera se dirigen en esa dirección. Son acuerdos que lo que proporcionan  son mejores condiciones a las grandes corporaciones que controlan los mercados y que, por tanto, refuerzan la naturaleza oligopólica de los mercados y restringen de facto y de iure la competencia.

La mejor prueba de ello es que los que se presentan como tratados de libre comercio y que supuestamente buscan igualar a las partes lo que hacen es mantener la asimetría original y, por tanto, tratar igual a los desiguales que es justo lo que mejor conviene a los más poderosos.

Uno de los últimos tratados de “libre comercio” es el suscrito por Estados Unidos y Colombia en 2012 y sus efectos son bastante elocuentes: las exportaciones de Colombia a la gran potencia han bajado un 54% desde entonces, se han perdido 51.000 empleos en el sector agropecuario y 106.000 en la industria manufacturera de ese país, y el superávit con Estados Unidos de 8.244 millones de dólares que tenía a su favor se ha convertido en un déficit de 1.414 millones.

6. Los economistas que critican las supuestas ventajas del librecambio y la organización actual del comercio internacional defienden la autarquía y el aislacionismo comercial

Como comento en mi libro ‘ Economía para no dejarse engañar por los economistas‘, Ravi Batra afirma que la idea de que el librecambio es mucho mejor para todas las economías “ha llegado a ser casi un dogma para los economistas, hasta tal punto que cualquiera que la cuestione se expone al ridículo “. Y así es, aunque la evidencia empírica indique que es justamente la teoría convencional la que peca de irrealismo.

Desgraciadamente, lo que suele ocurrir es que los economistas convencionales que defienden estas ideas librecambistas no refutan los argumentos de quienes las han criticado a lo largo de muchos años y con todo tipo de análisis sino que recurren a la descalificación, cuando no al insulto. Una típica respuesta es limitarse a decir que lo que quieren los críticos con la realidad del comercio internacional y con los postulados liberalizadores es la autarquía, es decir, acabar con el comercio entre las naciones y aumentar la intervención del Estado a toda cosa.

Para mostrar que no exagero ni invento, traigo aquí los comentarios de dos economistas españoles muy conocidos e influyentes.

José Carlos Díez hizo en su cuenta de Twitter el siguiente comentario para atacar las críticas que Pablo Iglesias había hecho al comercio internacional de nuestros días:  “Pablo Iglesias discípulo de Marx y contrario al libro comercio. Revival de la autarquía franquista. Menudo elemento”.

Es cierto que se trata de un economista de poca solidez teórica y que interviene en el debate económico más como cruzado al servicio de una causa política que como buscador de la verdad, pero me parece que refleja claramente la actitud de la ideología económica dominante ante las posiciones teóricas que la ponen en cuestión.  Daniel Lacalle (un buen amigo a pesar de las casi infinitas diferencias de pensamiento que tengo con él) titulaba, por su parte, un artículo sobre estos temas diciendo “El proteccionismo solo protege al gobierno”, cuando es de una evidencia clamorosa que son las grandes empresas las que reclaman y consiguen esa protección que él denuncia y que son ellas quienes principalmente se benefician del proteccionismo tradicional hoy día dominante.

Quienes criticamos las tesis que defienden el imposible y falso librecomercio de nuestra época no defendemos la autarquía ni estamos en contra del comercio o de las relaciones económicas internacionales. Ni siquiera defendemos el proteccionismo a la vieja usanza que no es garantía de progreso sino de incremento de las desigualdades. Defendemos, en todo caso, un buen comercio, la protección de la población, de los recursos económicos y del medio ambiente que sea compatible con la eficiencia y el máximo nivel posible de equidad.

El mal modo en que funciona el comercio internacional en las últimas décadas y el predominio de una ideología económica que, con independencia de cuál sea su intención, solo lleva a aumentar el privilegio de las grandes corporaciones, tienen mucho que ver con los grandes problemas actuales de la economía mundial. Huir de prejuicios y de planteamientos maniqueos, poner en cuestión las ideas que se comprueban claramente contrarias  a la realidad y acabar con los privilegios que no tienen más justificación que el desigual poder de las partes es hoy una exigencia de primer orden en nuestro mundo.

Troya no se rinde

21 julio, 2017

Fuente: blogs.elpais.com/historias

Por: Manuel Morales 27 de enero de 2014

 

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Ilustración del alemán Heinrich Schliemann dibujando en las ruinas de Troya. / CORBIS

Si hay un lugar fascinante para la arqueología por el mito que representa es Troya. La guerra que Homero plasmó en La Ilíada, aupado como uno de los grandes clásicos de la literatura universal, sigue dando noticias. Troya no se rinde, se resiste a mostrar los misterios que los investigadores aún no han podido dilucidar. El periodista inglés Michael Wood (1948) intentó sintetizar en el libro En busca de la guerra de Troya las excavaciones practicadas en el montículo de Hisarlik, el lugar que se supone fue el escenario del asedio y destrucción de la ciudad legendaria, en el noroeste de Turquía. Esta obra publicada en 1985 y revisada veinte años después, se ha traducido al español (Crítica). El texto de Wood -autor de superventas y productor de documentales televisivos- es respetado por unos y vilipendiado por otros, es decir, que recoge la división entre los historiadores que dan carta de realidad a parte de La Ilíada y los que ven en el relato pura fantasía.

En busca de la guerra de Troya es más un libro de preguntas que de respuestas, no es una novela histórica pero tampoco un texto de lectura fácil y amena para aficionados. Estos son algunos de los nombres y cuestiones estudiadas por Wood:

Heinrich Schliemann. El millonario alemán (1822-1890) dedicó los últimos veinte años de su vida “a su obsesión, a su sueño infantil”, como dice Wood: hallar las ruinas de Troya y demostrar la verdad del relato de Homero. La historia de este personaje está teñida de aventuras, ambición, entusiasmo e imprudencia. De sí mismo dijo: “Mi peor defecto, ser un fanfarrón y un farolero… pero me proporcionó innumerables ventajas”. De Schliemann, que bebió del primer gran explorador de Troya, el inglés Frank Calvert, se conservan 175 volúmenes de cuadernos de excavaciones, 20.000 artículos y 60.000 cartas. Wood lo retrata como un aficionado que paradójicamente podría “ser considerado el padre de la arqueología y, a la vez, un narrador de cuentos chinos”. Llegó a ser acusado de amañar las pruebas de sus descubrimientos; fue lo contrario al ejemplo de investigador escrupuloso y metódico. Con su ejército de obreros excavó grandes trincheras, extrajo toneladas de tierra y se llevó por delante parte de las murallas que buscaba. Sin embargo, fijó la clave del yacimiento: Hisarlik era una sucesión de estratos -el más antiguo, del 3.000 a.C.-, fruto de una costumbre de la zona, la constante reedificación, y de sus siguientes colonizadores. Uno de esos estratos fue el escenario de lo que se convirtió en el célebre relato.

‘La Ilíada’ y Homero. Wood recoge “la opinión general” de que esta obra fue compuesta por un poeta que recopiló antiguos relatos orales. El autor señala que Homero (“si es que este existió”) vivió “quizá” en el siglo VIII a.C., cuando el relato de Troya ya se contaba en las cortes egeas. Su calidad como bardo le llevó a difundirlo, a su vez, en otros palacios. La tradición siguió hasta que un tirano de la poderosa Atenas del VII a.C., por aquello de construir un relato épico nacional, decidió que los sucesores de Homero pusieran por escrito la gran epopeya, en la que los siempre enfrentados pueblos de la Hélade habían actuado unidos frente al enemigo troyano.

La fecha de la guerra. Wood se basa, entre otros restos, en la cerámica y las cartas escritas en tablillas por los diplomáticos de la época para aventurar que el asedio y destrucción del asentamiento junto al estrecho de los Dardanelos pudo ocurrir en el siglo XIII a. C. (aproximadamente entre 1275 y 1260). Antes de que fuera una ruina calcinada, Wood, tras recopilar todos los hallazgos y excavaciones, se atreve a dibujar cómo pudo ser aquella “ciudad de ovejas, con fábricas rurales, que criaba caballos” y se defendía de los invasores gracias a sus sólidas murallas.

Korfmann

De la principal puerta de entrada a la histórica población “partía una calle adoquinada” que subía hasta el palacio del rey. Bajo este había una veintena de casas en las que vivían los familiares y también los sirvientes del monarca. A la izquierda de la puerta, una enorme torre cuadrada de bloques de piedra caliza que albergaba un altar. A la derecha, una casa alargada para realizar sacrificios de fuego. Finalmente, Wood conjetura que de las casas conservadas se desprende que Troya podía tener en aquella época unos 1.000 habitantes en el interior de las murallas y una extensión de 183 por 137 metros. A estos troyanos se sumarían unos 5.000 en la ciudad inferior y en la llanura.

La guerra se libró en un periodo en el que eran habituales las incursiones de los griegos en Asia Menor para derrocar reyes. Entre estos reinos, Troya tenía una posición dominante, era una ciudad con riquezas, fruto de la navegación marítima y de los derechos aduaneros, y cuya rapiña convertiría además a sus habitantes en esclavos. Wood supone que algún conflicto diplomático provocó que aquel apetecible cruce de caminos se convirtiera en objetivo de los griegos. Y no hay que olvidar que en la era homérica, ser “saqueador de ciudades” era un gran halago para un rey.

Manfred Korfmann. Después de Schliemann, los otros protagonistas de las excavaciones de “la ruina de una ruina” son el también alemán Wilhelm Dörpfeld (1853-1940) y el estadounidense Carl Blegen (1887-1971), que cerró las trincheras en Troya en 1938. Hubo que esperar medio siglo para nuevos descubrimientos, los de Manfred Korfmann (1942-2005), arqueólogo alemán, que pasó sus últimos 17 años revitalizando las excavaciones. Korfmann, el otro nombre germano vinculado a Troya para siempre, acabó de forma muy distinta a Schliemann. Mientras que este no pudo volver a Hisarlik porque los turcos le acusaban de sacar piezas del país sin su permiso y fue un “maltratador de las ruinas”, Korfmann logró que la zona fuera declarada parque nacional por el Gobierno de Ankara para una mayor protección y su labor le permitió obtener la nacionalidad turca.

En la foto, Manfred Korfmann en las ruinas troyanas. / AP

“El mayor éxito del PP y de Rajoy en los últimos años: conseguir hacer normal lo que es insostenible”

20 julio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Jesús Maraña (Sahagún, León; 1961) acaba de publicar Al fondo a la izquierda (Planeta), una crónica periodística de la reorganización de la izquierda, es decir, de la sucesión de crisis que han sacudido al PSOE, el nacimiento y división de Podemos y las mudanzas de IU. Siempre se dijo que en España dos tipos de izquierda forman dos corrientes y un tercero, una escisión. Esa incapacidad congénita para compartir utopías, programas o apuestas concretas en la modernización de España no es nueva, es anterior a la proclamación de la II República. Maraña nos recibe en su despacho de Infolibre. La redacción aún echa humo tras su éxito en el caso Moix.

Ha ganado Pedro Sánchez por goleada, pero no parece que Susana Díaz esté dispuesta a ponerlo fácil. ¿Qué va a pasar en el PSOE?

Si el resultado hubiera sido muy ajustado, que era lo que preveíamos casi todos, hubiese ganado ella o él, la batalla sería tan encarnizada como ha sido hasta ahora. La holgura de la victoria de Pedro Sánchez, que es la verdadera sorpresa, debe ayudar a suavizar tensiones, que van a seguir porque la fractura ha sido tan enorme y el enconamiento de tal magnitud que no son fáciles de cerrar. Va a depender de la generosidad del ganador y de la humildad de los derrotados.

No sabemos si Pedro Sánchez ha aprendido de los errores de su primera etapa. Las señales que emite el ‘susanismo’ no permiten ser optimistas.

Da la impresión de que la mayoría de los barones que han estado arropando a Susana Díaz están en la idea de intentar limar asperezas y pactar. Los pasos que ha dado Susana Díaz, y lo que trasladó gestualmente en las primeras horas, indican que quiere blindar su territorio de poder, que es Andalucía. El adelanto del congreso regional indica que quiere resistir.

Narra en su libro los relevos al frente de la secretaría general de José Luis Rodríguez Zapatero y de Alfredo Pérez Rubalcaba. Susana Díaz siempre ha estado detrás manejando los hilos. Cuenta que tras las elecciones europeas, en las que Rubalcaba pierde cuatro millones y medio de votos, Susana Díaz le llama por teléfono: “Si no dimites hoy, mañana voy a pedir públicamente tu dimisión”.

La mayor pérdida de votos que se ha producido en el PSOE entre 2008 y la actualidad fue en la etapa de Rubalcaba. De los diez millones y medio largos que tuvo Zapatero se han dividido prácticamente por la mitad entre el PSOE y Podemos. El papel de Susana Díaz en todo desarrollo, fuera por aspiraciones propias o por negarse a dar el salto que otros pretendían que diera, ha estado presente en todo el proceso. Una de las cosas que me han sorprendido, en el relato que he reconstruido del Congreso de Sevilla, es que dirigentes socialistas que apoyaron a Rubalcaba en la sucesión de Zapatero, reconocen hoy que fue un error. Admiten Chacón hubiese supuesto una renovación, mientras que la de Rubalcaba fue un bloqueo o incluso, como lo define alguno de los dirigentes en el libro, un salto hacia atrás. No hubo renovación generacional sino un blindaje de la vieja guardia, de los modos institucionales y pactistas eternizados desde la Transición. Eso ha causado un daño evidente, ha afectado a la credibilidad del partido ante su electorado. Tras la dimisión de Rubalcaba, tras las europeas, se produce el nuevo error: la manera en la que se hizo la sucesión en favor de Pedro Sánchez.

Eduardo Madina tarda en decidir si se postula para reemplazar a Rubalcaba. El mismo reconoce que le falta instinto asesino en política. Poco después de anunciar que se presenta a las primarias, los mismos que le habían alentado se pasan al bando de Susana Díaz. Ella también duda, pero ve en Madina un rival que le impediría dar el salto a Madrid. Hay una operación casi de Estado para que se retire Madina y dejar abierta la vía de la proclamación. Como se niega, Susana apuesta por Pedro Sánchez como líder provisional: ‘ocupa el puesto, no toques nada, que ya te diremos cuándo tienes que irte’. Nada más derrotar a Madina, Sánchez empieza a pensar por su cuenta.

Sí, así es: los mismos que aúpan a Madina, tienen miedo. Creen que no es tutelable. Consideran que el relevo tiene que recaer en alguien que simbolice la experiencia, la oficialidad, la estabilidad; también que Susana Díaz cumple esos requisitos, o que con ella se corren menos riesgos. Pero Susana Díaz y su entorno andaluz creen que no es el momento de dar el paso, que es demasiado arriesgado. Ella aún no ha pasado por unas elecciones. Es presidenta de la Junta de Andalucía por decisión de José Antonio Griñán. Pedro Sánchez está en el lugar oportuno en el momento oportuno. Se produce una concatenación de casualidades, que se repiten en distintas fases de la carrera de Pedro Sánchez: entra en el Congreso por carambola, porque no sale elegido. Sustituye a Pedro Solbes cuando dimite y a Cristina Narbona cuando deja el escaño para ir al Consejo de Seguridad Nuclear. El azar es importante en la carrera de Pedro Sánchez, que está marcada por una ambición política muy clara, algo legítimo por otro lado. Hay dirigentes que le ponen peros porque no se fían. Uno de los que mejor le conoce es Tomás Gómez. Está convencido de que Sánchez lo va a matar políticamente en cuanto tenga una oportunidad. Por eso exige una reunión de referentes del partido con Susana Díaz, Ximo Puig, él mismo y Zapatero, que hace de garante de lo pactado. Hay una frase que resume ese carácter de provisionalidad que todos quieren dar a Sánchez. Es de Susana Díaz y la pronuncia a la salida: “Este chico no vale, pero nos vale”. Un mes después del Congreso, Sánchez anuncia en el primer comité federal que se celebra que va a ser candidato a la presidencia del Gobierno. Ahí nace la ruptura y la desconfianza absoluta entre Susana Díaz y Pedro Sánchez.

Un alto dirigente del PSOE me dijo antes de las primarias: “Si gana Pedro no hay día después; si gana Susana habrá día después, aunque quizás no mucho más”. Por ahora ha habido día después.

A veces los políticos son muy taxativos en la definición de posibles abismos. Los periodistas, también. Una de las conclusiones que uno saca cuando intenta establecer un relato con testimonios, datos y  documentos sobre lo que ha ocurrido en el espacio de la izquierda, es que la política es una evolución permanente en la que abunda el tacticismo. Por eso hay tanta improvisación en las decisiones. Las  grandes estrategias que se han elaborado a posteriori no son tantas. Es algo que me asombra. En el PSOE ha habido múltiples errores, sobre todo la obsesión por los liderazgos personales. Han querido solucionar cada etapa con un cambio de liderazgo personal y se han equivocado constantemente, tal como han demostrado las urnas. Se equivocaron dando el paso a Rubalcaba y dejando claro además que no creían en las primarias. Es decir, en el voto de los militantes. Se equivocaron en el momento en que dieron paso a Pedro Sánchez. Pase lo que pase a partir de ahora, lo ocurrido es la mayor fractura que ha tenido el PSOE desde los tiempos de Suresnes. Nunca nadie había conseguido congregar en contra a tantos dirigentes que no tienen mayores puntos de acuerdo entre sí. Susana Díaz y Eduardo Madina no tienen, por ejemplo, la misma visión de España.

Da la sensación de que el aparato solo piensa en sí mismo. Cuando dicen ‘si gana Pedro Sánchez, se acaba el PSOE’, igual solo se acaba su PSOE, su presencia en la dirección o su peso en los medios de comunicación. Que ellos desaparezcan no significa que se acabe el partido.

Es así. La principal incógnita ahora mismo es averiguar quién es definitivamente Pedro Sánchez, cuál es el verdadero: el del abrazo a Ciudadanos, el del viaje a Lisboa para escuchar los consejos de António Costa sobre el gobierno a la portuguesa, el que viaja a Berlín antes del 26-J y escucha a Sigmar Gabriel los consejos sobre la gran coalición, el que cree que hay que abstenerse en la segunda votación o el que vuelve de Mojácar a mediados de agosto y dice: ‘lo que quieren es que yo me coma el marrón de la abstención y luego liquidarme, y no estoy dispuesto’. Desde ese momento crea un relato, actúa desde el “no es no” que ha construido el Pedro Sánchez que conecta con las bases y con los votantes del PSOE. Las bases dicen: ‘admitimos muchas cosas, pero no dar el gobierno al adversario’. Es tan sencillo que sorprende que los referentes del partido y quienes han arropado a Susana Díaz no hayan sido conscientes de que, una vez más, el problema es de credibilidad.

¿Y por qué las élites de los partidos, y las élites en general, tienen tantos problemas para leer la realidad y entender lo que piensa la gente? Afecta incluso a periodistas.

Sí, sorprende mucho. En el caso del PSOE, y esto está reflejado en el libro, no se puede entender lo que ha pasado, no ya en la última fase, sino en los últimos veinte o treinta años, sin tener en cuenta la interdependencia del PSOE con el grupo Prisa, con ‘El País’ en particular, y con Juan Luis Cebrián en lo personal. Lo reconoce el propio Cebrián en sus memorias. Primero dice: “El País nunca ha sido un periódico de izquierdas”; luego añade: “Tengo una relación y una amistad íntima con Felipe González y con Alfredo Pérez Rubalcaba”. Esa relación, como expresan en el libro varios dirigentes socialistas, ha supuesto la externalización del músculo intelectual del PSOE. Han estado condicionados en gran parte de las decisiones importantes por lo que pensaba o creían personalidades ajenas al partido con unos intereses concretos. Eso tiene que ver con la evolución que ha tenido el PSOE y con la evolución que han tenido el Grupo Prisa y ‘El País’. Y con los condicionamientos de los poderes económicos y financieros que tienen un papel permanente en lo que ha pasado, y un objetivo que no se han preocupado en disimular. Consideraban que cualquier opción a la izquierda que contara con Podemos era perjudicial para el país, España, y para ‘El País’ periódico. Lo han expresado editorialmente. Consideran que sería una catástrofe para los intereses económicos de este país. No hay más que comprobar los mensajes que han lanzado a través de editoriales, artículos y entrevistas con Felipe González en los momentos más sensibles en la evolución del PSOE.

Pero luego la gente no hace caso.

Esa es la gran sorpresa para ellos, y la gran reflexión que deberían hacer. Cuesta entender la ceguera. Llevamos años, por lo menos desde el 15-M, en los que el electorado progresista, en un sentido transversal, ha expresado de forma clara que quiere cambio. Cuando la gente visualiza distintas opciones que representan lo que se ha hecho siempre en los últimos treinta años y entre ellas hay un botón, el que sea, que representa el cambio, la gente pulsa cambio. En este caso, el botón es Pedro Sánchez. Probablemente en otra fase, en Sevilla, hubiese sido Carmen Chacón.

Pedro Sánchez llega ungido por la militancia contra del aparato. Llega libre. La primera vez se lo debía al aparato que quería bloquear a Madina; ahora llega investido de una gran auctóritas. Posiblemente es la peor noticia para Pablo Iglesias, porque puede competir en el mismo lenguaje, presumir que ha derrotado a su propio sistema. Además, puede competir desde la responsabilidad, está en un partido que ha presidido gobiernos. A ver cómo lo maneja.

Pedro Sánchez tiene la oportunidad de recuperar la credibilidad del PSOE ante su electorado. La tiene, y en ese sentido puede sentirse liberado de todo tipo de ataduras. Ha tenido enfrente a todos los referentes de poder en el partido, y a los referentes mediáticos y económicos. Ha ganado a pecho descubierto, arropado por las bases. Este es el relato que ha construido, y es un éxito. Tiene la oportunidad de ejecutarlo. ¿Dudas? Las tengo. Es lógico que las tenga por la evolución errática de Pedro Sánchez. Es verdad que la ha tenido en un periodo en el que estaba muy condicionado, pero en  algún momento pudo dar pasos que no dio. Si leía la realidad durante el año de ciclo electoral como la ha leído ahora, por qué no convocó un comité federal para decir:’ señores, no debemos mantener las líneas rojas del 28 de diciembre; quiero plantear esto otro’. Después de fracasar en la investidura con Ciudadanos, ¿por qué no dio ese paso para explorar un gobierno progresista? El riesgo era perder la secretaría general. Durante esta fase, y lo demuestran los hechos que se relatan en el libro, la prioridad de Pedro Sánchez era mantenerse en la secretaría general. Pedro Sánchez transmite que ha cambiado, que ha madurado y aprendido, que es consciente de los errores cometidos. Si lee bien lo ocurrido tendrá una oportunidad para recuperar la credibilidad del partido.

En la noche de las primarias escribí en un tuit: lo ocurrido es un 15-M para el aparato del PSOE.

Es indudable que es un golpe para quienes siempre han sido contemplados como los guardianes de las esencias y de la sabiduría política dentro del partido.

La incapacidad del PSOE de captar los cambios en el humor de la sociedad permitió el nacimiento y el crecimiento de Podemos, que se especializó, sobre todo en la primera fase, en leer muy bien la realidad y de marcar, como dice en su libro, el lenguaje político, de colocar ideas que van a ser el centro del debate. Esto es evidente desde las elecciones europeas y las municipales y autonómicas. Quizás el error de Podemos fue pensar que el 20-D era una oportunidad única, un ahora o nunca, cuando en verdad empezaba todo.

Sí, si se analiza toda la cadencia de cómo fueron los hechos, desde el 20-D hasta el 26-J, es evidente que fue la desconfianza total entre el PSOE y Podemos y la equivocación en la estrategia de los dos lo que impidió el acercamiento. El PSOE cree que Podemos quiere liquidarle y Podemos que el único interés del PSOE es evitar el ‘sorpasso’, que es la prioridad de Podemos, sobre todo del equipo de Pablo Iglesias. Las urnas demostraron el 26-J que esa lectura fue errónea por ambas partes. En esa fase hubo una oportunidad clarísima. El análisis más técnico dentro de Podemos lo hizo Carolina Bescansa. Decía que la causa de la pérdida de un millón de votos el 26-J no fue tanto la alianza con Izquierda Unida, sino que una parte importante del electorado les reprochó no haber intentado sacar al PP de Gobierno.

Una solución tipo la serie Borgen era el pacto entre Podemos, Ciudadanos y el PSOE. Si se quiere, un Gobierno del PSOE con independientes apoyado desde fuera por los otros dos y una agenda de regeneración radical, como que el Parlamento elija al Fiscal General del Estado por una mayoría de dos tercios, y que no se pueda cambiar con una mayoría absoluta, tener una RTVE de todos. En una entrevista con Jordi Évole antes de diciembre, Pablo Iglesias y Albert Rivera parecían llevarse bien.

Porque ambos representaban el cambio.

Esto se acaba después del 20-D. Es como si alguien le dijera a Rivera, ‘de buen rollito, nada’, y empieza a atacar. Iglesias, que no necesita mucho para saltar, salta. A Pedro Sánchez, además de sus errores, le pusieron tantas rayas rojas que no supo qué hacer. Los tres perdieron la gran oportunidad de sacar al PP del Gobierno.

Esto es lo que piensa mucha gente, por lo ocurrido el 26-J con la recuperación de una parte del voto del PP. En la fase en la que había ese buen rollito, como dices, Pablo Iglesias y Albert Rivera estaban convencidos de que no competían entre sí y que representaban el cambio. Después del 20-D, se ve claramente que hay presión para que Ciudadanos establezca su incompatibilidad con Podemos. Y Podemos decide ser incompatible con Ciudadanos en su estrategia de superar al PSOE. No todo el mundo dentro Podemos pensaba lo mismo ni lo analizaba igual, como se ha visualizado después. En aquellas fechas algunos analistas reflexionábamos sobre la solución de un gobierno del PSOE con apoyo desde fuera o desde dentro de Ciudadanos y la abstención de Podemos. Eso situaba a Podemos en la labor de principal referente de la oposición. Todas las medidas obligadas, debido a la presión desde Bruselas y del BCE, se las hubiera comido el PSOE. Todo lo que fuera regeneración hubiera sido gracias a Podemos. No se entiende bien, desde el punto de vista de quienes no estamos en ninguna militancia, que no se valorara lo suficiente ese escenario y se arriesgara tanto en el otro, que ha resultado fallido. Esta oportunidad estaba condicionada porque Ciudadanos es una cuña de los poderes económico-financieros, que no ocultan que quieren que haga el papel de frenar a Podemos, que evite cualquier posibilidad de que Podemos participe o apoye un gobierno por la izquierda.

¿Por qué ese miedo cerval a Podemos?

No es tanto el miedo que trasladan, la cosa bolivariana y todo esto, es porque supondrían un muro frente al neoliberalismo, para la aplicación de las medidas que se han aplicado estos años.

Y que se acabaría el chiringuito en el que todo se lo reparten sin concurso público. Miedo a que se levanten las alfombras, como se han empezado a levantar.

Es otro error en la lectura de la realidad por parte de las élites, también las del Partido Popular, porque estamos viendo casos que no dependen tanto de que haya un gobierno progresista o no, sino de que funcionen las instituciones, los mecanismos democráticos. Cuando hay un juez, unos fiscales o unos investigadores que hacen su oficio y cumplen su función, el gobierno de turno no lo tiene fácil, como se está demostrando. A pesar de la escandalosa contaminación de los órganos judiciales desde el poder político, estamos viendo que cosas que se han ocultado durante una década están saltando, y eso que no está gobernando Podemos.

¿Qué le puede estropear la legislatura a Rajoy? 

La legislatura depende más de lo judicial que de lo político. La aprobación de los presupuestos le garantiza el Gobierno hasta 2019. Esto ha servido para dar solidez al relato de Pedro Sánchez, porque se ha demostrado que no hacía falta el harakiri de la abstención para que hubiera gobernabilidad. Rajoy decidirá en qué momento le interesa convocar elecciones. Sin descartar que quiera que coincidan en 2019 las autonómicas, las municipales, las europeas y las generales. Está en sus manos. ¿Qué puede distorsionar que Rajoy mueva el calendario electoral como más le interese? Que los estallidos de los casos de corrupción y los avances judiciales sobre ese asunto hagan irresistible esa situación.

El editor de Infolibre, Jesús Maraña.
El editor de Infolibre, Jesús Maraña. MARTA JARA

Es increíble que el futuro del PP o el de Cristina Cifuentes pueda depender de quién es el titular del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional [al que volverá casi después de 17 años su titular Manuel García Castellón].

No olvidemos que el PP está gobernando gracias a Ciudadanos. Las promesas de regeneración de Ciudadanos incluían una batería de propuestas que se firmaron con el PP, entre ellas las que garantizaban avances en la independencia judicial. Pero no se han producido esos avances, no se han ejecutado hasta el punto que podamos fiarnos en que no hay esa contaminación que decíamos antes. Si el gobierno tiene la posibilidad de controlar la Fiscalía General del Estado y el Consejo General del Poder Judicial, existe la posibilidad de control de  los nombramientos que, aunque tienen su mecánica normativa, están condicionados por las decisiones de las mayorías en los órganos correspondientes. Vemos nombramientos de jueces en destinos internacionales muy bien pagados que crean huecos en el escalafón que después corresponden a algún juez que puede convenirles más. Federico Trillo era un especialista en esto. Durante años condicionó la persecución de la corrupción.

Con lo que han desvelado las exclusivas de InfoLibre sobre el fiscal anticorrupción, y con el fiscal general y el ministro de Justicia reprobados en el Parlamento, Rajoy se dedica a hacer bromas sobre la Coca-Cola de Ramón Espinar.

Es una técnica. El mayor éxito del PP y de Mariano Rajoy en los últimos años: conseguir hacer normal lo que es insostenible. Han conseguido que entren en la normalidad todo tipo de actuaciones que, en cualquier democracia mínimamente solvente, no serían aceptables.

¿De quién es la culpa que esta normalidad se haya instalado como forma de gobierno?

Tiene mucho que ver con el hecho de que el PP ha conseguido manejar los mensajes y los marcos de discusión mediática, aprovechando incluso las nuevas herramientas para que un escándalo que se produce a las diez de la mañana, quede fagocitado a la una por el siguiente. Es una técnica que está muy estudiada. No es algo improvisado. En eso han demostrado una gran habilidad. También se han aprovechado de la división que ha habido enfrente. Cuando Felipe González define a Rajoy como el único animal que avanza sin moverse hay que complementarlo con el hecho de que los demás se han movido en direcciones equivocadas; si no, no hubieran podido sostenerse.

A la guerra interna del PSOE se suma la división en Podemos, donde parece evidente que hay una purga de ‘errejonistas’. ¿Qué futuro tiene Podemos?

En Vistalegre II ganó una hoja de ruta y una estrategia, la de Pablo Iglesias, que consiste en mantener e incentivar la movilización social, priorizar la calle sobre un trabajo institucional que creen que no es eficaz en estas circunstancias políticas y parlamentarias. Tiene su explicación. Es verdad que, como está demostrando el gobierno de Rajoy, la arquitectura que tenemos desde la transición hace que, aunque el gobierno esté en minoría en el Parlamento, la mayoría de las iniciativas no resultan eficaces porque el gobierno tiene capacidad de bloqueo. Esta situación no le obliga a desmontar las principales medidas y las leyes aprobadas cuando tenía mayoría absoluta. Está consiguiendo dilatar la reforma laboral, la ley de RTVE, etc. En este sentido, la teoría de Podemos tiene una base. Otra cuestión es lo que se abre a partir de ahora. Habrá que comprobar si se ha aprendido algo en el recorrido. Lo esencial es que es muy difícil que cambie el gobierno del PP si no hay algún tipo de entendimiento colaborativo entre el PSOE y Podemos. Luego se puede entrar en las fórmulas y en los matices. La única vez que hubo en este país un acuerdo pre-electoral de las fuerzas que en aquel momento podían ser paralelas a las de hoy, fue un fracaso absoluto, el de Almunia y Paco Frutos en su día. Pero no tenemos ni las mismas circunstancias ni tiene por qué ser una fórmula pre-electoral. La cuestión es que la mayoría del electorado quiere un cambio en las políticas que se han venido practicando y en la gestión de la crisis. Si eso no lo asumen Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, y sus respectivos equipos, seguirán desgastándose mutuamente y seguirá gobernando el PP.

Da la sensación de que Podemos ha elegido ser oposición, no aspirante a gobernar o a influir en un gobierno. La victoria de Pedro Sánchez, como se ha producido, obligará a modificar la estrategia. Sorprende de Podemos que teniendo una enorme capacidad de lectura de la política no hayan tenido desde diciembre la misma capacidad para hacer política.

Podemos ha cometido errores desde el 20-D. Afectan a lo que era su mayor potencial: la capacidad de estrategia política, muy conectada con el 15-M y a la movilización social. ¿Va a haber rectificación? Da la impresión que incluso los partidos nuevos no tienen tantos reflejos. En el último mes y medio, dos meses, Podemos ha lanzado el Tramabús, que conecta con Vistalegre y la movilización en la calle. Pero a la vez, han presentado una moción de censura, que está en la vía de la pelea parlamentaria. No sé si se podrán manejar todas las bolas a la vez. Es verdad que el triunfo de Sánchez les complica las cosas.

Podemos es consciente de que Pablo Iglesias tiene mala imagen, lo dicen las encuestas. Es cierto que muchos medios de comunicación le han hecho un traje, pero algo de culpa tendrá él.

Esa es la sensación, que los medios de comunicación le han hecho el traje y que ellos han cometido errores graves. Un 70% puede ser el traje, y un 30% lo han puesto ellos. Para Podemos el mayor riesgo es un exceso de tacticismo. Si la gente, tu propia gente, percibe que algunos de pasos son más ficción que realidad, volvemos al problema de fondo que ha tenido el PSOE estos años, que es el de la credibilidad. El origen de la crisis política y de la crisis en la izquierda, especialmente del PSOE, es un déficit de credibilidad. Es paralelo a la crisis de la prensa y del periodismo. Las genialidades del marketing político tienen el altísimo riesgo de redundar en la falta de credibilidad y eso puede desgastar el importantísimo apoyo que tienen. Sin embargo hay cosas que no tienen marcha atrás. Estamos viviendo un cambio, un corte demográfico y generacional. Las generaciones más jóvenes, más dinámicas, más urbanas, más profesionales han establecido un mensaje claro. Ya no vale todo.

¿Puede recuperar el PSOE parte del discurso que le ha robado Podemos, ir a por la transversalidad al que parece ha renunciado Iglesias? Pero hay algo en la escenografía que no ayuda, aunque sea emotivo: cantar La Internacional puño en alto. Podían buscar algo más neutro.

No ayuda sobre todo en términos de credibilidad. Hay una distorsión entre la imagen que has creado de ti mismo durante años y la solidez con la que se le ve cantar o gestualizar un himno que ha sido de las bases socialistas, aunque no siempre se ha correspondido con las políticas que han ejecutado. De ahí la decepción de su electorado.

Es evidente que con cuatro partidos en el escenario nacional nadie va a tener mayorías absolutas. Si el PSOE quiere volver al gobierno solo tiene dos vías: una gran coalición con el PP o un pacto con Podemos. Aunque Podemos superara al PSOE y el PSOE quedara reducido a cuarenta diputados, tampoco podría gobernar sin ellos. Están condenados a entenderse.

A entenderse de la manera que sea. Es una de las conclusiones que deberían haber percibido mucho antes. Es verdad que ha habido muchos obstáculos para que eso fraguara, pero hay que empezar admitiendo que los obstáculos venían desde sí mismos. Ni Podemos ni el PSOE dirigido entonces por Pedro Sánchez mostraron que esta fuera la prioridad. Se intentaron otras cosas creyendo que eso fortalecía o debilitaba menos, Ha sido un error. Se abre un tiempo completamente distinto, y eso va a condicionar, no tanto la longitud de la legislatura, como el futuro de la izquierda y la posibilidad de cambio o no en este país.

En la cuestión catalana, Podemos defiende un referéndum con pregunta clara y unas condiciones pactadas. El PSOE no quiere pronunciar la palabra consulta. Pero la única forma de finalizar con el pulso permanente es con un referéndum.

La posición de Podemos le ha dado una solidez en Cataluña. La defensa del derecho a decidir es clara, le ha diferenciado del PSOE y aportado un apoyo clarísimo desde el primer momento. En el libro relato la influencia que ha tenido el asunto de Cataluña en la crisis de los socialistas. El PSOE nunca ha podido gobernar en España sin haber obtenido un buen resultado en Cataluña. El PSOE necesitaría revisar su relación con el llamado ‘problema catalán’ si quiere volver a recuperar el gobierno de la nación. O confiarlo todo a una alianza con Podemos, al margen de las diferencias que hay en este asunto. Siempre ponemos el foco en que no ha sido posible el cambio de gobierno por la batalla entre Podemos y el PSOE, pero la realidad parlamentaria es que no ha habido forma de sumar, mientras se consideren apestados los escaños de las formaciones independentistas.

El editor de Infolibre, Jesús Maraña.
El editor de Infolibre, Jesús Maraña. MARTA JARA

La campaña contra Manuela Carmena por ceder un espacio a Puigdemont en Madrid ha sido poco democrática. En una democracia también se puede defender la independencia.

Lo que me asombra es que parezca más democrático no escuchar. Se intenta poner en solfa que Carmena decidiera ceder un local del Ayuntamiento, o alquilarlo, para que dieran su conferencia. Aunque discrepes de lo que va a decir Puigdemont, en una democracia que funciona lo normal es que los dirigentes de otras formaciones vayan a escuchar. Eso sería lo normal y lo inteligente. No se trata de poner de acuerdo a quien ha decidido que Cataluña tiene que ser independiente, y quienes dicen que se va a aplicar la ley y que vía tribunales se va a pararlo. Son posiciones que no parecen tener puntos de confluencia. ¿De qué se trata? De convencer al mayor número posible de ciudadanos en Cataluña, y del resto de España, de que no vayan a la independencia, que se queden para construir otra realidad. En el libro he llegado a una conclusión, que no tenía tan clara antes de empezar: muchos dirigentes del PSOE que están anclados en la Declaración de Granada, son conscientes en privado de que hay de que dar algún paso más. Que sin empezar por el referéndum cabe hablar de la posibilidad de un estado plurinacional que garantice la igualdad de derechos y la singularidad de quienes quieran ser nación, expresarse como nación y funcionar como nación. Dicen que habrá que planteárselo en el fututo. El problema es saber dónde está el futuro: si se te está escapando, o si sirve como cree Rajoy para debilitar el apoyo independentista.

Parece que estamos metidos en el juego de la gallina, el de llevar los coches hasta el precipicio. Da la sensación de que ese es el juego entre los partidos y entidades soberanistas. Su esperanza es que Rajoy cometa un error y puedan echar la culpa a Madrid. ¿Qué le van a decir a todos los catalanes que quieren la independencia? ¿Volverán a convocar elecciones plebiscitarias?

Es muy arriesgado. Los análisis que escucho, sobre todo en Cataluña, y cuando hablas con las fuentes, señalan que en esa disputa entre dos polos, el PP y Junts pel Sí, entre lo que representa Rajoy y lo que representa Artur Mas, los ganadores serán Oriol Junqueras y ERC. Se considera que este proceso puede fortalecer a quien tiene toda la credibilidad en el mundo del independentismo. Es posible que en el Gobierno estén considerando que al final el interlocutor válido será Junqueras.

Me dijeron en Barcelona que Junqueras es como José Bono, tiene talento para cambiar de opinión.

Y para acordar.

También me dijeron que en el entorno de Soraya Sáenz de Santamaría le quieren ver como un nuevo Santiago Carrillo. El tipo que va a reconducir sus huestes y meterlas en el corral.

Está todo por ver. Es una situación distinta al 9-N. Después de lo ocurrido por la vía judicial, las dos partes tienen unas herramientas más claras. Será muy difícil que se celebre el referendo. Lo que es inevitable es que se convoquen elecciones o que hagan una declaración unilateral.

¿Qué efecto tendría una declaración de independencia unilateral en el reconocimiento exterior?

Tiene un efecto político y un mensaje hacia el exterior, que es en el que más se están volcando desde Cataluña las fuerzas independentistas. Intentan relacionar todo con el respaldo o la legitimidad que les den internacionalmente. Creen que esa es la vía para fortalecerse. No tengo claro que ellos mismos estén convencidos de que esto no tiene otra salida que la independencia, que es lo que trasmiten. Recuerdo un almuerzo con Artur Mas en Madrid hace unos meses en el que claramente reconoció: “bueno, no tuve más remedio que subirme a una ola que era imparable”. Y eso es lo que ha ocurrido al menos por parte de uno de los dos actores principales que es la antigua CiU. Lo que no se ha terminado de asumir desde aquí es que lo que está ocurriendo no está en manos de unos partidos independentistas, sino en manos de una parte importante de la sociedad catalana que ha dado la espalda a España desde la sentencia del Estatut. Y mientras no se asuma esa realidad y no se contemple políticamente como algo que hay que manejar, que hay que avanzar, que hay que discutir, que no se puede empezar una discusión por el final. Ni por quien dice ‘solo puede ser independencia’ ni por quien dice ‘para esto están los tribunales’. Sigo confiando en que la realidad nos llevará a alguna situación que modificará la Constitución del 78 y establecerá una convivencia del tipo que sea.

Muchos sostienen que más que un problema catalán hay un problema español. Seguimos anclados mentalmente en los mismos cinco reinos de la Edad Media. Parece que a diferencia de los años treinta Cataluña ha renunciado a la modernización de España.

Sí. Y además hay una tesis, históricamente muy asentada y argumentada: los brotes más fuertes de independentismo surgen en etapas en las que falla el Estado o en las que hay una debilidad clara por parte del Estado español. Creo que la situación política de aquí, la caída del bipartidismo y la crisis económica, han contribuido a que el mensaje independista tenga mucha más fuerza.

Las encuestas indican que la mayoría de los catalanes está por el referéndum, pero pactado.

Sí. Esa es una realidad. Se equivocan quienes niegan un referéndum. Ya no estamos hablando de la contraposición independentismo y federalismo, estado autonómico o lo que usted quiera. Estamos hablando de que un 70% o un 75% de la población de un territorio quiere expresarse. ¿Por qué no se intenta negociar el orden de esa expresión?

Y las condiciones. Artur Mas dijo a Jordi Évole en una entrevista que estaba a favor de una mayoría cualificada. Junqueras hablaba de un consenso amplio. Javier Solana, que fue el responsable como ministro de Exteriores de la UE, de organizar el referéndum de Montenegro, impuso la condición de superar el 55% de síes. Parece razonable. No puede independizarte con un 45%.

En eso las fuerzas independentistas hicieron una trampa, han bloqueado la posibilidad de desarrollar esta parte del debate. Cuando celebraron las últimas elecciones que calificaron de plebiscitarias, para decidir sobre la independencia, obtuvieron un 48%. Pese a este resultado continuaron con la hoja de ruta independentista. Es una mala base para fomentar la confianza en una negociación. No tienen mayoría para seguir con la hoja de ruta independentista. Así dan armas a la posición contraria, la del PP, para mantenerse en ese choque. Un referéndum, en la hipótesis que sea, es contemplable dentro de una reforma constitucional que llevará también a un referéndum en Cataluña. Soy partidario de un referéndum en el que la gente exprese lo que quiere ser. Y habrá que hacer una oferta cautivadora, atractiva, seductora para que se queden, pero eso no se contempla.

No sé qué porcentaje del 48% independentista es emocional, es decir, que se le pueda atraer desde un lenguaje distinto y con una oferta interesante.

Pedro Sánchez defendió de nuevo la idea de ‘nación de naciones’, pero habló más bien de una nación cultural. El sector más independentista no ve un cambio en sus palabras, dicen que no se termina de entender lo que está pasando. Es evidente que Cataluña es un tema complejo. Si no, no llevaríamos siglos con esta historia. Me parece que hay una oportunidad, como la hubo con la reforma del Estatut en el 2006. Tenemos abierta una oportunidad que conecta con lo que estamos viviendo: los cambios generacionales y la globalización, que podrían permitir la construcción de un Estado más plural.

Es posible que la negociación del Brexit, el precio que tendrá que pagar el Reino Unido por dejar de  pertenecer a la UE, sea un aviso para los partidos independentistas en Cataluña.

Cuando hablo con representantes del independentismo, utilizan referentes que puedan servir para armar su discurso y, sobre este tema se refieren más a Escocia, y al hecho de que el Reino Unido decidiera dar la voz y que Escocia decidiera. A pesar de que decidieron en contra de lo que ellos plantean, ¿no? Lo más interesante del Brexit es que vuelve  a abrir el melón de Escocia

No hay melón si el Reino Unido no acepta un nuevo referéndum.

Puede convertirse en un referente derrotado. Las armaduras de ese discurso se van a ceñir cada vez más a la reivindicación de la libertad de un pueblo para decidir su futuro. Otras cuestiones son las condiciones, las mayorías, porque partir un pueblo por la mitad tampoco es democrático. La solución a la cuestión catalana depende más de la inteligencia de aquí que de la fortaleza de allá.

Muchas gracias, Jesús Maraña.

El editor de Infolibre, Jesús Maraña.
El editor de Infolibre, Jesús Maraña. MARTA JARA

Arturo Barea, la forja de una memoria

1 julio, 2017

Fuente: http://www.jotdown.es

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Esta historia comienza en el año 2010, en los alrededores de Oxford, cuando un hispanista inglés, William Chislett, rebusca lo que queda de alguien en las letras desdibujadas de una lápida. También podría empezar en 1977, en una librería de Vallecas, donde un joven afiliado al Partido Comunista compra una trilogía de libros hasta entonces desconocida. O quizá empiece mucho antes, antes incluso de que esos libros se escribieran, cuando su autor, Arturo Barea, cruzó la frontera de su país en el año 1938 para nunca regresar.

Las historias grandiosas comienzan siendo un relato doméstico. Los hechos siempre se engendran de manera humilde. Tal vez seamos nosotros, el eco que los transmite, los que nos encarguemos de barnizarlos de épica. Al igual que las ondas que crea la piedra al caer en el río, esta historia comenzó como un secreto clandestino. Un rumor que ha acabado por expandirse de manera concéntrica.

Arturo Barea había sido muchas cosas antes de ser un exiliado. Aunque lo primero que le tocó fue ser pobre. Un niño remendado de madre lavandera al que la suerte le sacó de un destino harapiento. Gracias a la generosidad de un tío adinerado, el joven Arturo pudo estudiar como los niños ricos y acudió a las Escuelas Pías de San Fernando, ese edificio imponente del barrio de Lavapiés que hoy alberga una universidad y una magnífica vista de los tejados de Madrid.

El milagro duró solo hasta los trece años, momento en el que el tío falleció. A partir de entonces, como cualquier contemporáneo de origen humilde, Barea se buscó las lentejas en los empleos más dispares: aprendiz en un comercio, botones en un banco, joven emprendedor de una fábrica de juguetes que acabó en quiebra. Fue testigo de la guerra de Marruecos y a su regreso militó en la UGT. Más tarde acabó en la Oficina de Censura de Corresponsales Extranjeros, situada en el famoso edificio de la Telefónica, en la Gran Vía de Madrid. Corría el año 1936 y España olía a guerra.

Tras un primer matrimonio fallido, Arturo se topó con Ilse Kulcsar, una periodista austriaca que también trabajaba en el edificio. Ilse era judía, activista y comunista. Había llegado a España con Leopold, su marido, para apoyar la causa republicana. Ilse colaboró con Arturo en que la imagen de la República de cara al extranjero fuera intachable. Y como pasa en las historias de celuloide, mientras el mundo se derrumbaba los dos se enamoraron.

La guerra, la destrucción, el hambre, la pobreza… Barea fue testigo de todo lo que unos ojos son capaces de soportar sin hacerse añicos. Huyó con sus vivencias hasta Francia y, una vez allí, se dio cuenta del dolor que transportaba.

Pienso en Arturo Barea y en su pie traspasando la frontera. Puede que hasta entonces no se hubiera visto a sí mismo como un refugiado. Debe de ser difícil asumir que la destrucción de alrededor es cierta. Que el mundo se desmorona. Que tu casa ya no existe. Que el estrépito de las bombas siempre permanece.

Tras un peregrinaje por hostales y penurias, el matrimonio desembarcó en Inglaterra en busca de un exilio soportable. Un lugar en el que dejar atrás las pesadillas. Mientras su país de acogida se enfangaba en la siguiente guerra, Barea se dispuso a dar cauce a su memoria. A sus vivencias.

Los tres libros que suman La forja de un rebelde no fueron los primeros de Barea, pero sí los más auténticos. Componen una autobiografía. Un testimonio que anidó en él al tiempo que lo hacía la desgracia. Como lingüista experta, Ilse se encargó de trasladar todo al inglés. A ella le debemos poder leer hoy la mayoría de los libros de Barea. Alrededor de ellos hay mucha leyenda, pues algunos fragmentos sólo nos han llegado a través de esas traducciones. Muchos originales se perdieron.

Cuando The forge se publicó en Inglaterra, el libro tuvo tan buena acogida que su autor pudo continuar escribiendo. Arturo Barea llegó a ser el quinto español más traducido en el mundo en los años cincuenta, al mismo tiempo que su obra era aclamada en los Estados Unidos. Al igual que otros españoles exiliados, sobrevivió con un espacio en la BBC hasta el fin de sus días, donde pudo desarrollar su profesión de cronista y disfrutar de un exilio tranquilo.

Pero este es solo uno de los finales. Antes decíamos que esta historia tiene muchos comienzos. Nos trasladamos al año 2010, cuando William Chislett toma el testigo. Corresponsal en España del diario Times, Chislett había conocido La forja de un rebelde a través de la serie de televisión de 1990. No fue el único. Cuando Mario Camusrealizó la adaptación de la trilogía de Barea, treinta y tres años después de su muerte, poca gente del país conocía la existencia del autor. Hasta entonces, la trilogía solo había sido un murmullo, un libro que había corrido de mano en mano impulsado por las asociaciones de izquierdas. Muy pocos hogares españoles habían conocido a Barea en los años posteriores a la transición, pues La forja de un rebelde no se publicó en España hasta 1977.

Pero volvamos a William Chislett y a su obsesión. A ese punto de partida que le hizo interesarse por Barea y por su memoria. Chislett devoró sus libros, traducidos al inglés, y se zambulló de lleno en la figura del autor. Si su rastro era débil en España, apenas quedaba nada en Inglaterra, solo una lápida maltrecha que a Chislett le costó cuatro viajes encontrar: «Había oído que su lápida conmemorativa (no la de enterramiento, ya que fue incinerado) estaba en un cementerio en las afueras de Oxford. Como yo soy de allí, en 2008 acudí para encontrarla. Y regresé tres veces más sin resultado. Nadie me había contado que había un anexo al cementerio a trescientos metros de la iglesia. Caminé, subí una pequeña colina y encontré el anexo con más tumbas. Ahí estaba la lapida conmemorativa de Barea».

En la lápida, realizada con un granito local muy erosionado, apenas quedaba rastro de los nombres de Arturo Barea, de su mujer, Ilse Kulcsar, ni de los de los padres de ellarefugiados judíos que huyeron del nazismo. Barea había pasado sus últimos años en esa finca gracias a la generosidad de Lord Faringdon, un personaje inglés de biografía apasionante.

Gavin Henderson, segundo duque de Faringdon, podría tratarse del típico de personaje que inspira un buen relato de ficción. Descrito como excéntrico y algo afeminado, Lord Faringdon es conocido sobre todo por sus gestas comprometidas, sorprendentes por provenir de un noble: acogió en su finca a un grupo de niños supervivientes del bombardeo de Gernika y convirtió su Rolls Royce en ambulancia antes de viajar con él a España y transportar heridos en el frente de Aragón. Ya de regreso, cuando la causa estaba perdida y más que olvidada, Faringdon ofreció a Barea y a su esposa habitar una de las casas de su propiedad, el hogar en el que, tras años de exilió, ambos morirían.

Conmocionado por el mal estado de la lápida, Chislett regresó a España y contó el suceso a un grupo de amigos íntimos que le ayudaron a restaurarla. El catedrático de español en Oxford, Edwin WilliamsonElvira LindoAntonio Muñoz MolinaGabriel JacksonJavier MaríasPaul Preston… un reducido grupo de intelectuales que aportaron una pequeña cantidad para restaurarla.

Pero Chislett no estaba dispuesto a dejarlo ahí. La sobrina de Ilse, una octogenaria que aún vive en Londres, le habló de The Volunteer, el pub preferido de Barea. Y Chislett volvió a convocar a la lista de conocidos, esta vez para crear una placa en su honor. Un tributo que fue diseñado, irónicamente, por Herminio Martínez, uno de esos niños supervivientes de Gernika. Las vivencias empezaban a trenzarse. Había comenzado la recuperación de Barea.

«Después me dije que era un poco raro que Barea estuviera mejor recordado en su país de exilio que en su país de origen». Así que Chislett decidió pedir al Ayuntamiento de Madrid una calle para él. Junto con Isabel Fernández y Yolanda Sánchez, las otras dos promotoras, iniciaron una recogida de firmas y en poco tiempo consiguieron recaudar dos mil quinientas peticiones.

Fascinada por la generosidad de la iniciativa, me digo que necesito un testimonio de otro de los benefactores, a ser posible local y con perspectiva histórica. Elvira Lindo me recibe en su casa de Madrid. Desde la óptica de alguien que se interesó por los primeros relatos de los abuelos, que presenció los inicios de la democracia, hablamos de Barea, de la memoria y de la guerra, de esas ondas concéntricas que aún nos llegan. Una pregunta sobrevuela en todo este asunto y es la de por qué hemos esperado tanto para rescatar figuras como la de Barea. Lindo no cree que en España se haya hecho un pacto de silencio, más bien es de la opinión de que en los primeros años de democracia, las historias de la guerra no interesaban: «El país estaba entregado a una cultura modernizadora en la que cabían poco estos temas. Ni siquiera en la literatura. No se trataban. Todo lo de la guerra tenía un halo de ranciedad para la gente». Lindo también me habla de la dimensión política: «Realmente quien tenía que haber cumplido ese papel de recuperación fue el PSOE. Alianza Popular no iba a hacerlo, eran hijos o descendientes de los vencedores. El PCE era un partido importante pero mucho más pequeño y el PSOE ganó las elecciones en el 82. Hubiera sido deseable que ellos hubieran puesto sobre la mesa que había que compensar a los vencidos y que era necesario sacar esa cultura del olvido».

Cuando le pregunto a Chislett por este asunto, opina que es por una cuestión temporal y de ausencia. Barea murió en 1957 y al contrario que otros escritores, como Alberti, jamás regresó a su tierra.

El regreso. Tal vez sea esa la respuesta. En lo que queda de nosotros cuando nos marchamos. No solo en nuestra presencia, sino en la memoria de los que aguardan. Los que viven para contarte. «Una guerra civil es un trauma muy grande para un país —prosigue Lindo—. Necesitamos actos testimoniales que recuperen voces de gente que vivió la guerra. Hacerlo de manera abierta. Ni rencorosa ni resentida, pero con sentido de la justicia. Hay que reparar a la gente que sufrió. El problema de la guerra es que le siguieron cuarenta años de dictadura en los que la victoria se celebró hasta el último día. Eso precisa una reparación para los que no ganaron. Para esas personas que tuvieron que irse al exilio o tuvieron que vivir aquí al día siguiente siendo humillados».

Creo compartir lo que Elvira Lindo me cuenta. Cuando era pequeña yo también pedía a mis abuelos que me contarán historias de la guerra. Tenían un tono épico, como de antiguas gestas. Y, sin embargo, eran reales. Aunque puede que hubieran vencido al tiempo por lo inverosímil de esa realidad. Los de mi generación hemos preguntado sin filtros, sin costuras, con inocencia. Con la tranquilidad del que se ve seguro y sin nada que temer. Puede que haya llegado el momento de hablar en serio de esa maldita guerra. Aunque Elvira me advierte, no es tan sencillo: «En España se dejó de hablar de la guerra durante tanto tiempo que te pones ahora a discutir con la misma vehemencia que como si estuviera reciente. Y si no somos capaces de hablar de la guerra sin considerar al otro sospechoso de algo, es imposible hablar de ello». De ser así, tal vez en este caso debiéramos empeñarnos en reivindicar la esencia. Hablar simplemente de literatura.

Como condición para solicitar la calle, Chislett pidió dos requisitos indispensables: que no se quitara el nombre de otra persona para colocar el de Barea y que la petición no fuera amparada por la Ley de la Memoria Histórica. Me sorprende descubrir este dato y le pregunto el motivo: «Queríamos que los cuatro partidos aprobaran la calle, que fuera unánime. Y tal vez de otro modo no lo hubiéramos conseguido. Además, no queríamos politizar el asunto. Barea es de todos, aunque él fuera de izquierdas».

Otra condición deseable era que el nombre de Arturo Barea estuviera localizado en el barrio de Lavapiés, el lugar donde se crió y que tan bien se refleja en La forja de un rebelde. Hubo algún que otro requiebro. En un principio, el Ayuntamiento planeó sustituir la calle del general Asensio Cabanillas por la de Barea, pero después rectificó. Finalmente se acordó que el escritor tuviera su plaza en Lavapiés, justo delante la famosa corrala de Mesón de Paredes, frente a las Escuelas Pías. Esas que el mismo Barea vio arder. Un lugar que llevaba aguardándole desde su partida, pues curiosamente jamás tuvo un nombre asignado.

Chislett me dice que desde que comenzara esta aventura, percibe un rumor, como si algo se estuviera tejiendo entre la gente. En un acto del Ateneo, el pasado mayo, se sorprendió al descubrir el gran número de personas que acudieron a conmemorar a Barea. También la iniciativa ciudadana que hace unos meses recorrió Lavapiés, enlazando su obra, su barrio y su memoria. El hispanista inglés cree que se debe a una especie de culto. Una admiración que permanecía en la sombra y que ahora está aflorando en las personas cuyos padres conservaron los libros. Tal vez lleve razón e hizo falta que llegáramos nosotros, los nietos, y que empezáramos a preguntar. Nosotros, los que nacimos en democracia y descubrimos la trilogía arrumbada en una estantería. Que aún nos sorprendemos del tono sepia que adquieren estas historias en blanco y negro.

Antes de marcharme de su casa, Elvira me lleva a ver un tesoro: la máquina de escribir de Barea. Un aparato rescatado del olvido que llegó a ellos por casualidad. Lo único de Barea que ha regresado a España es esa máquina de escribir inglesa. Ni siquiera las trece cajas que la sobrina de Ilse conserva en Londres y que contienen todo lo que queda de él volverán a su tierra. Se quedarán en la Biblioteca Bodleian de la Universidad de Oxford, en Inglaterra, el país que le propició un final tranquilo y que incluso le otorgó un pasaporte. Al ser inglesa, la máquina no tiene tecla de tildes. En los manuscritos originales que quedan, Barea había escrito todas con un lápiz azul. Se aseguró de no perder ni uno solo de los atributos de su lengua. Como si de una metáfora del exilio se tratara, se empeñó en no olvidar sus orígenes.

Pero nos falta contar la resolución de la aventura. De cómo Chislett consiguió las firmas, la calle y fue aplaudido por el pleno del Ayuntamiento. Me lo confiesa, orgulloso, y pienso que no es para menos. Pues alguien que nos ha recuperado la memoria de Barea sería digno de otro homenaje. Pienso que estamos en deuda con su empeño. A él le debemos que Barea regrese al barrio que le vio crecer.

Quien haya vivido alguna vez en Lavapiés, será de allí para siempre. Cuando me mudé a ese barrio, buscando redefinir mi vida, alguien muy querido me hizo esa advertencia. Años después, tras constatar los testimonios de amigos y conocidos, puedo decir que la afirmación es cierta. Pero lo que no esperaba es que también lo fuera para Barea:

Si resuena «el Avapiés» en mí, como fondo sobre todas las resonancias de mi vida, es por dos razones:

Allí aprendí todo lo que sé, lo bueno y lo malo. A rezar a Dios y a maldecirle. A odiar y a querer. A ver la vida cruda y desnuda, tal y como es. Y a sentir el ansia infinita de subir y ayudar a subir a todos el escalón de más arriba. Esta es una razón.

La otra razón es que allí vivió mi madre. Pero esta razón es mía.

Puede que estas líneas, extraídas del primer tomo de La forja de un rebelde, sean motivo suficiente. Lavapiés, el barrio que acoge a todo el mundo, es el que debe albergar su recuerdo.

No vimos a Barea regresar, pero aún conservamos sus calles. Ese escenario que retrata fielmente en sus libros. El mejor modo para contarle. El lugar en el que consiguió zafarse para siempre del olvido.

“La tauromaquia es un moribundo al que mantienen vivo con subvenciones”

22 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El Roto publica junto a Manuel Vicent AntiTauromaquia, conjunto de textos e ilustraciones antitaurinas que desmontan todos los tópicos de los defensores de las corridas de toros.

“Que hayan bajado el IVA a los toros al 10%, mientras el cine lo mantienen al 21%, es un escándalo mayúsculo”.

“Si lo quieren llamar cultura, son libres de llamarlo como quieran, pero objetivamente lo que hay ahí es la tortura del animal”.

Vanesa Rodríguez

Las mulillas arrastran al desolladero un cuerpo al terminar la faena. Es el fin del espectáculo, de la ‘fiesta nacional’. El público aplaude enfervorecido en los tendidos. Agitan sus pañuelos blancos pidiendo al presidente los trofeos del animal. Una oreja. La otra. ¡El rabo! Pero en esta ocasión no vemos un toro ensangrentado, con la lengua fuera, rebozado por el albero al son de los cascabeles. El arrastrado es el torero. Porque esta no es la imagen de una tauromaquia al uso: esta es la de El Roto.

Andrés Rábago (Madrid, 1947) ilustra la recopilación de columnas antitaurinas que su compañero Manuel Vicent ha escrito durante 20 años al calor de eventos como la Feria de San Isidro. Textos críticos y directos que no se andan con ambages, empezando con un lema que grita en la primera página: “Si el toreo es cultura, el canibalismo es gastronomía”.

Rábago, más conocido como El Roto, salpica las páginas de AntiTauromaquia (Random House) con 36 ilustraciones como 36 banderillas, dirigidas a clavarse en la conciencia de aquellos que todavía defienden ese espectáculo.

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Ilustración de El Roto para ‘AntiTauromaquia’

El resultado es, como define Vicent en el prólogo, “un panfleto” contra la crueldad en el que las “terribles y misteriosas imágenes de El Roto no dan ninguna escapatoria”.

La serie vuelve del revés el toreo, pinta las reflexiones del animal y, sobre todo, lo hace visible. Porque, según explica El Roto en conversación con eldiario.es, en la plaza no se le ve. “Nadie ve al toro. Si lo viesen, serían incapaces de estar allí. Saltarían al ruedo a detener al torero, gritando: “¡Pero qué está haciendo! ¡Está usted loco! ¡Pero si no le ha hecho nada!”, enfatiza el dibujante.

Un animal invisible que es torturado sin tregua en un cruel juego de espejos en el que el público se ve reflejado en el matador. “El toro es un comparsa”, añade, “los espectadores solo ven al torero porque, en el ruedo, se ven a sí mismos y se figuran allí delante”.

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Ilustración de El Roto para ‘AntiTauromaquia’


Para abordar la labor de ilustrar esta AntiTauromaquia, El Roto se documentó buscando información gráfica, centrándose en la etapa en la que se produjo la transición previa al boom de las corridas con la explosión del turismo en los años 60. “Busqué en las revistas, como El Ruedo, que es muy interesante desde el punto de vista sociológico. Y a partir de ahí fueron surgiendo algunas ideas”.

En la serie, que “prácticamente podrían ser carteles o estampas populares”, se reflejan las distintas fases de las corridas de toros, desde las dehesas hasta el matadero. En ocasiones, los toros hablan.

“No creo que los toros piensen lo que dibujo”, cuenta el ilustrador sobre los aforismos que introduce a veces en sus estampas. “Nosotros somos incapaces de conocer al animal por dentro, pero podemos, sin más, como seres vivos, imaginar lo que eso les puede suponer”, expresa.

En la imaginación de El Roto, los toros intentan dialogar con el matador, llueven libros en lugar de almohadillas en el ruedo, el capote se transforma en un lienzo y el estoque en un pincel. Toreros que salen a hombros de indigentes después de haber bordado una faena matando moscas. Toreros que sonríen pese a haber sido corneados, de tan valientes que son.

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Ilustración de El Roto para ‘AntiTauromaquia’


En ocasiones, un dibujo mudo lo dice todo. En otras, basta una frase o un título. Y luego están las ilustraciones que transmiten algo diferente cada vez que se pasa por ellas.

“Muchas imágenes tienen un contenido casi metafórico y no se pueden traducir directamente a palabras porque entonces serían literatura”, explica El Roto sobre sus creaciones más crípticas. “Es algo que te produce sensaciones y esa es la función de una buena imagen, despertar algo en ti: emociones, sensaciones, estados de ánimo”, añade.

“Escándalo mayúsculo”

A veces, transmiten rabia. Porque los que tienen en su mano acabar con este espectáculo reman en la dirección contraria.

“Tenemos que cambiar de Gobierno”, clama tajantemente el dibujante ante el hecho de que se sigan dando subvenciones a la tauromaquia y además sin transparencia, “en un territorio poco claro”. Arremete también contra la bajada del IVA a las corridas de toros: “Lo han bajado a un 10% mientras que al cine lo mantienen al 21%. Es un escándalo mayúsculo”.

En sus viñetas antitaurinas hay banqueros, curas y hasta un Franco torero. Ante esa parte de la autodenominada modernidad, que reivindica ahora las corridas de toros, y en ocasiones desde la izquierda, El Roto aplica la misma vara de medir que “a la derecha cavernícola y rancia”, ya que se sitúan “en el mismo lugar que los otros”.

Aun así, ve mayoritariamente que surgen “movimientos a favor de un mejor trato a los seres vivos, a los que necesariamente deberíamos considerar como hermanos menores” y lamenta que pueda “haber una pequeña partida de gente” que hoy en día abogue por lo contrario.

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Ilustración de El Roto para ‘AntiTauromaquia’

Los argumentos de los taurinos son para El Roto “adornos” y una manera de “lavar la imagen de lo que, en algún lugar de ellos mismos, claramente les avergüenza”.

Para el pintor, no cabe ninguna duda de que no hay un ápice de cultura en las corridas de toros. “Lo que objetivamente ocurre es que un animal sale a un ruedo, intenta huir y es sometido hasta su muerte, eso es lo que hay”, denuncia. “Si lo quieren llamar cultura, son libres de llamarlo como quieran, pero objetivamente lo que hay ahí es la tortura del animal”, apostilla.

Manuel Vicent critica en AntiTauromaquia que los toros sigan ocupando espacio en las páginas del diario en el que escribe y pide no darle cobertura para que “el lector sensible no tenga que pasar por la humillación de contemplar”, en la sección de Cultura de El País, “esa morcilla acribillada y sangrante que un día fue un bello animal”.

El Roto también considera inadecuado que se dedique espacio a los toros en Cultura, o “que simplemente, se le dedique una página a algo así”. Y destaca que para él las lecturas de esas crónicas “reflejan la decadencia y la miseria del espectáculo”.

“Solo con leerlo te das cuenta de que es algo muerto. Lo que se llama ‘la fiesta’ está en una clara decadencia, es un moribundo que se mantiene vivo artificialmente a través de subvenciones”, señala.

Lamenta El Roto que por este motivo “todavía falte algún tiempo” para que podamos ver el fin de este muerto viviente que son las corridas de toros, “una decadencia penosa con la que habrá que acabar en algún momento”. Tal vez sea solo cuestión de darle la puntilla.

“Franco debe ser entregado a su familia y el Valle de los Caídos, demolido”

20 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“España es un país sin historia y sin memoria”.  Una tierra que mira de lado a su última experiencia democrática, destruida por un cruento golpe militar, y que  permite la tumba del dictador en un mausoleo levantado por esclavos y que cuesta dinero público. Un país donde el franquismo sociológico anida sin inconvenientes y la ley de Memoria Histórica es “boicoteada por la derecha desde el principio hasta nuestros días”, en palabras del  historiador  Francisco Espinosa Maestre (Villafranca de los Barros, Badajoz, 1954).

España niega a las víctimas de los golpistas verdad, justicia y reparación, dice. Un proceso de olvido construido durante décadas de dictadura y reforzado en un “ peculiar modelo de transición”. Con páginas manchadas por el terror fundacional del franquismo e historias trágicas, y claves, como las que Espinosa Maestre relata en su libro La columna de la muerte (Crítica). Un volumen de referencia “agotado” y reeditado 14 años después, que recupera “la obra completa, revisando el texto y actualizando los listados de víctimas y otros anexos”.

Al hilo de la votación en el Congreso sobre la tumba del dictador, ¿debe Franco seguir enterrado en el Valle de los Caídos?

Todos los restos allí depositados deben ser identificados en la medida de lo posible y recibir digna sepultura. Los restos de Franco y Primo de Rivera deben ser entregados a sus familiares para que los lleven donde crean convenientes.

¿Está por la resignificación o demolición del mausoleo franquista?

Estoy porque se deje de invertir dinero público en aquel lugar y sea demolido o se abandone a su suerte. Ni un solo euro más debe ir dedicado a aquel despropósito. Por lo demás parece que aquello no está en condiciones de durar mucho. Cuanto antes desaparezca, mejor.

Coronel Yagüe, el 'carnicero de Badajoz'
Coronel Yagüe, el ‘carnicero de Badajoz’

¿España sigue sin leer bien las páginas más crudas de su historia contemporánea?

España es un país sin historia y sin memoria. Una especie de país al que no le circula bien la sangre, con uno de los índices de corrupción mayores de Europa y en el que ninguno de los partidos mayoritarios, PP y PSOE, ha querido plantearse qué hacer con el pasado. Unos porque se sienten a gusto con él y otros porque siempre lo temieron.

¿Por qué es necesaria la memoria histórica?

Por las tres claves: verdad, justicia y reparación. Un país cuya última experiencia democrática fue destruida por un salvaje golpe militar, una guerra civil, una larga dictadura y un peculiar modelo de transición requiere un proceso por el que la sociedad pueda conocer la verdad de lo ocurrido en toda su dimensión. E igualmente requiere que sus responsables sean llamados por las palabras que la justicia y la historia tienen para definirlos.

Y la ley de Memoria Histórica estatal, ¿es un éxito o un fracaso?

Fue un proyecto tardío y fallido. No recogió ni una sola de las reivindicaciones fundamentales y su medida más atrevida, la desaparición de la simbología franquista, ha sido boicoteada por la derecha desde el principio hasta nuestros días.

Detención de civiles
Detención de civiles.

¿Qué explica la existencia de calles o plazas con nombres fascistas?

La salida anómala de la dictadura. Ningún país democrático permitiría que se dedicasen calles a criminales de guerra y fascistas de toda laya. Esto pasa aquí porque, al contrario que en Alemania e Italia, el fascismo triunfó y se perpetuó.

¿Considera Alemania como paradigma?

Allí el nazismo fue derrotado y a partir de los años ochenta se han realizado políticas de memoria muy importantes.

Y aunque perpetuado de algún modo, ¿parte el franquismo de un fracaso, el golpe de Estado del 36?

Fracasó parcialmente. Salvo en zonas muy concretas, todo el territorio tuvo que ser ocupado pueblo a pueblo. La mayoría de la gente rechazaba el golpe y no quería una dictadura. Triunfó donde contaban con fuerzas militares suficientes para imponerse. Pero poca confianza tenían los golpistas cuando lo primero que hicieron fue traerse a la península las fuerzas africanas.

¿Qué papel juega el Ejército de África en las matanzas?

Las  rutas por las que pasaron las columnas africanas son fácilmente reconocibles. Pese a la dureza represiva de todas las fuerzas al servicio del golpe, no hay nada parecido a lo que van dejando a su paso por Cádiz, Sevilla, Badajoz, Toledo y Madrid. La diferencia la marca el terror impuesto por el Ejército de África, estrechamente asociado a Franco.

El 'carnicero de Badajoz' junto a Adolf Hitler. | ASRD
El ‘carnicero de Badajoz’ junto a Adolf Hitler. | ASRD

¿Qué nivel alcanzó aquel terror fundacional del franquismo?

Unas cotas desconocidas hasta entonces en nuestra historia. Los golpistas pusieron en marcha un plan de hechos consumados que impidiera la marcha atrás de sus protagonistas. Las fuerzas africanas carecían de límite. Podían asesinar, violar y robar sin problema alguno. Solo debían tener claro quién era el enemigo y no equivocarse. Una vez ocupada una localidad, disponían de un tiempo para hacer lo que les viniera en gana. Antes de partir a otra localidad vendían los objetos con los que no podían cargar. Pueblos y ciudades fueron saqueados.

¿Cómo?

La aviación de Tablada a veces bombardeaba previamente las ciudades a ocupar, usaron abundantemente la artillería… el resto se dejaba a moros y legionarios. Y realizaban una primera matanza de personas señaladas por la oligarquía local.

Es lo que define como La columna de la muerte.

Eran fuerzas de choque y miles de personas. Con el grueso del Ejército de África, ya en Sevilla se unen diversas fuerzas militares fuera de la ley y milicias fascistas. Nunca en ese recorrido tuvieron en contra una fuerza no ya similar sino simplemente que pudiera frenarlos, pero necesitaron ocupar pueblo a pueblo imponiéndose por el terror.

La matanza de Badajoz en un periódico francés
La matanza de Badajoz en un periódico francés.

¿Qué aportó y aporta su libro  La columna de la muerte ?

La gran aportación de La columna de la muerte fue mostrar con rigor la operación quizás más importante de los días siguientes al golpe militar del 18 de julio una vez trasvasado a Sevilla el Ejército de África. La conocíamos a grandes rasgos pero no con la precisión que el caso requería. Hablamos de dos semanas, las que van de la salida de las columnas desde Sevilla hasta la ocupación de Badajoz el día 14 de agosto. Se estudian las operaciones de la columna central de Asensio y las que Castejón y Tella fueron realizando sobre poblaciones cercanas a la carretera general.

Y poner nombres y apellidos.

Sí, los listados con los nombres de quienes formaron parte de los comités antifascistas, de los presos de derechas y de las víctimas, tanto de derechas como de izquierdas. Estos últimos deben ser completados cuando podamos acceder a todos los archivos.

Archivos que siguen cerrados a cal y canto.

Nuestros ‘archivos del terror’  siguen inaccesibles. Y son los que podrían darnos información exhaustiva sobre el golpe y sus consecuencias.

Concluye, de algún modo, que la masacre de Badajoz es una especie de anticipo de Auschwitz.

La referencia a Auschwitz surgía al pensar en un plan de exterminio aplicado sobre la población civil, con un modelo que no dejaba a nadie fuera. Un genocidio donde lo fundamental no era la raza sino la ideología y la pertenencia a una clase social, y todo ello con la firme voluntad de aniquilar a quienes dieron vida a la II República y de que nunca más hubiera posibilidad de que renaciera.

Tropas del ejército rebelde, en el asedio a población civil durante 'la desbandá'.
Tropas del ejército rebelde, en el asedio a población civil durante ‘la desbandá’.

El objetivo del ataque indiscriminado contra población civil era…

No era otro que el de paralizar por el terror. Alguna gente con más conciencia de lo que podía ocurrir partió de sus pueblos y los que se quedaron fueron víctimas de la represión. Era violencia de  carácter ejemplarizante. Nadie pudo imaginar que la ‘limpieza’ se llevaría también por delante a cientos de mujeres e incluso a menores de edad.

¿La guerra civil española sirve, también así, como antesala de la Segunda Guerra Mundial?

Para el nazifascismo formó parte del plan que pondrían en marcha a partir de septiembre de 1939, unos meses después del final de la guerra civil. El apoyo al golpe militar en España fue pieza clave de ese plan. Por otra parte, por iniciativa de Inglaterra y Francia, numerosos países europeos decidieron abandonar a su suerte a la República y, desde agosto del 36, pusieron en marcha la farsa del Comité de No Intervención. Fue así como, mientras las democracias miraban hacia otro lado, Alemania, Italia y Portugal siguieron ayudando a sus colegas fascistas españoles.

'La columna de la muerte', de Francisco Espinosa Maestre.
‘La columna de la muerte’, de Francisco Espinosa Maestre.

¿Hubiera ganado Franco sin la ayuda de Hitler y Mussolini?

El golpe no hubiera triunfado sin el Ejército de África, trasladado a la península a lo largo de varios meses desde el 18 de julio. Y esto no hubiera sido posible sin la ayuda nazi y fascista, proporcionando hombres y medios desde el primer momento. El 7 de noviembre de 1936, tras el fracaso ante Madrid, de nuevo la Alemania nazi y la Italia fascista salvan del desastre a los golpistas españoles con más ayuda. Fue un momento clave. El Ejército de Franco creía que iba a ser una marcha militar victoriosa pero derivó en guerra convencional.

Y hay una pieza clave en esta historia:  Juan Yagüe, ‘el carnicero de Badajoz’.

Es pieza clave en la sublevación en el norte de África. A su condición de africanista unía la de fascista. Yagüe, jefe de la Columna de la Muerte, se incorpora a ella en Mérida y es responsable de lo ocurrido en el trayecto desde Badajoz a Toledo pasando por Talavera de la Reina, de cuyo paso nos queda la fotografía de la masacre realizada por sus fuerzas en la calle Carnicerías que figura en la portada de La columna de la muerte y cuya historia se cuenta en uno de los anexos. Como todos estos militares sanguinarios, luego intentó lavar su imagen como falangista bueno y benefactor de su Soria natal. Resulta macabro que los nombres de estos individuos pasasen posteriormente a dar nombres a los hospitales en diversas ciudades.

Sofía Casanova, una reportera en la Gran Guerra

9 junio, 2017

Fuente: blogs..elpais.com/historias

Por: María José Turrión | 23 de enero de 2014

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Junto con Emilia Pardo Bazán y Concha Espina, la gallega Sofía Casanova forma parte de la tríada de mujeres que, en el 75 aniversario de la aparición de la revista Blanco y Negro, figuran entre los escritores, poetas y periodistas seleccionados en el especial dedicado a las letras que se publica. Entre ellos, Rafael Alberti, Antonio Machado, Ramón Gómez de la Serna, Ramón Pérez de Ayala o Juan Ramón Jiménez, un elenco importante de la cultura española. De las 33 figuras incluidas en el cuadro de honor del suplemento, solo se reseñan estas tres mujeres.

Si Pardo Bazán y Concha Espina son mujeres ampliamente conocidas en la sociedad actual, no ocurre lo mismo con Sofía Casanova, y ello a pesar de los interesantes actos, estudios y escritos realizados por particulares en los últimos años, como la biografía que escribe Rosario Martínez Martínez, o la organización de actos por parte de instituciones como, la Casa del Lector y el Instituto Polaco de Cultura que en fechas recientes hicieron un homenaje a la escritora en forma de mesa redonda. También en el último año se ha estrenado el documental A maleta de Sofía, película que narra una parte de la vida de la autora. Asunción Bernárdez Nodal, en Sofía Casanova en la I Guerra Mundial: una reportera en busca de la paz de la guerra, realiza un estudio del pacifismo en su obra, desde la óptica cristiana y desde su condición de mujer.

Sofía Casanova sin embargo fue ampliamente conocida y también reconocida por sus contemporáneos. En 1906 es elegida miembro de la Real Academia Gallega. Se la agasajó en vida. Sus conferencias fueron aplaudidas por hombres y mujeres. El hecho de ser la única española en las conflictivas Tierras de sangre, dispuesta a narrar sus peripecias, sus posturas personales frente a los conflictos, sobre todo el de la I Guerra Mundial y la Revolución rusa, hizo que fuera tratada de heroína, al convertirse como en alguna ocasión se la ha llamado en “notaria de la realidad”.

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I Guerra Mundial, 1914-1918.

Fue una mujer culta, muy conocida en los ambientes literarios de la época. De profunda tradición católica, mantuvo posturas a favor de Franco durante la Guerra Civil Española. En diciembre de 1938, declaraba a La Voz de Galicia, con ocasión de su marcha a Varsovia, que estaba convencida de que el golpe de Estado provocado por un sector del Ejército traería momentos de desarrollo y esplendor a España: “Creo en el caudillo como se cree en un ser superior, y la suerte de España guiada por él será la más grande y más fecunda de nuestra historia”. Este apoyo, que se contradice en ocasiones con su experiencia vital y profesional, no explicaría el porqué la dictadura la olvidó después de esa manera. Ni sus novelas, ni sus poesías, ni sus artículos periodísticos, de gran agudeza en sus análisis políticos, lograron sobrevivir a la segunda mitad del siglo XX. En realidad, no lograron sobrevivir al nazismo.

En desacuerdo con la República y profundamente monárquica, rompe con ABC, de cuya cabecera fue cronista durante la I Guerra Mundial y la Revolución rusa, cuando a la edad de 80 años manda su primera crónica después de la invasión polaca de 1939. Con gran esfuerzo por su ceguera, consigue escribir un artículo que, como única respuesta por parte del director del periódico, Luca de Tena, obtiene la negativa a publicar “nada que vaya en contra de los alemanes”. En palabras de su nieto, esta respuesta constituyó una muerte en vida. Desengañada de los suyos y atrapada en el totalitarismo que sufrió Polonia, primero nazi y después soviético, Sofía fue apagándose en su longeva y apasionante existencia.

Sofía Casanova, en realidad Sofía Guadalupe Pérez Casanova (A Coruña, España, 1861-Poznan, Polonia 1958), fue una escritora de novela y poesía, autora de obras de teatro y cartas. Fue también traductora, hablaba cinco idiomas, y publicaría además de en España, en Francia, Polonia y Suecia. Trabajos que compaginó con el periodismo, escribiendo artículos para los periódicos ABC, El Liberal, La Época y El Imparcial entre otros, y fuera de nuestras fronteras  en el New York Times o en la Gazeta Polska. Aunque Carmen de Burgos fue pionera, como mujer, en el reporterismo de guerra, al cubrir para el Heraldo de Madrid la guerra de Marruecos en 1909, Casanova lleva a cabo la corresponsalía de la I Guerra Mundial y la revolución rusa de 1917. Realiza una entrevista a Trotski, más propia de una aventurera reportera contemporánea que de una católica conservadora de su época: “Cuando hace cuatro días me decidí en secreto de mi familia a ir al Instituto Smolny, una nevada densa y callada, caía sobre San Petersburgo. Deseaba y temía ir –porqué no confesarlo– al apartado lugar donde funcionan todas las dependencias del Gobierno Popular… Obscuras [sic] las calles resbaladizas como vidrios enjabonados y completamente solitarias a aquella hora –cinco de la tarde- tras muchos tumbos encontramos un iswostchik somnoliento en el pescante del trineo…” Sofía, en compañía de Pepa, la señora que le acompañó desde Galicia en su periplo polaco, logró entrar en el Palacio Smolny sin ningún impedimento, solo el propio rechazo y el miedo que le provocaban los marxistas, entonces llamados maximalistas. Realizó la entrevista a Trotski, ministro de Asuntos Extranjeros, y a quien Sofía consideraba como la persona más interesante de las que rodeaban a Lenin.

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Asalto al Palacio de Invierno de San Petersburgo en noviembre de 1917.

Gran viajera, en el sentido más completo y complejo de la palabra. La oportunidad de viajar y aprender idiomas le vino al casarse con el diplomático Wincenty Lutoslawaski. Con él, noble terrateniente polaco, diplomático y filósofo, que había venido a Madrid a estudiar el pesimismo en la literatura española, y recién casada se traslada a Polonia en 1887. Desde entonces, llevará su Galicia natal en el alma, también las tertulias y reuniones literarias, a las que le había dado acceso Ramón de Campoamor, quien además fue el que le presentó a su futuro marido en una de estas reuniones. En estas tertulias, frecuentaba la amistad de Blanca de los Ríos o de Emilia Pardo Bazán. Sin embargo, su vida quedará prendida para siempre y atrapada en un país, Polonia, y, como él, padecerá y quedará presa de los totalitarismos alemán y soviético.

El hecho de vivir en primera persona los grandes conflictos de la Europa del siglo XX, la hizo tomar parte en ellos. Fue esencialmente una defensora a ultranza del nacionalismo polaco, país por el que sintió una gran admiración y devoción. Una Polonia que desde 1795 estaba fragmentada y dividida entre Rusia, Austria y Prusia, y que está de manera continua presente en sus escritos. El 7 de abril de 1916, publicaba María de Echarri en La Acción, unas palabras de la escritora, en las que Sofía trataba de enmendar la plana al cronista de prensa Schneider:

“Siento viva satisfacción en que la causa de Polonia se conozca extensamente en mi Patria… Polonia, mayor seis veces que Bélgica, es, de todos los pueblos mínimos arrasados y engañados por los grandes en el cataclismo actual, del que menos se habla públicamente en la Europa beligerante y la de los neutrales. Yo creo que hará obra de justicia y propaganda de la verdad, quién de a conocer, al menos en las naciones neutrales, la significación internacional de Polonia, sus aptitudes de self governements, su cultura y su indomable voluntad de vida independiente… Rompa usted señor Schneider, una lanza en pro del porvenir de Polonia, pero teniendo ‘solo’ en cuenta su ‘vivo’ e ineludible interés nacional, no los intereses de los imperios centrales o del coloso ruso, que argumentan con la fuerza de sus cañones”.

También la vemos alentando a la mujer española a ocupar un lugar en la vida pública para “mejorar, suavizar y engrandecer” la sociedad. Entendiendo la importancia de la educación de la mujer en la cultura y en la sociedad de un país:  “Nada hay que dé tan exacta idea de la cultura de un pueblo como la situación que en su sociedad ocupa una mujer. La instrucción de esta, que es factor importantísimo en el desarrollo general, se cuida extremadamente en Polonia. El estudio de los idiomas forma parte principalísima del programa educativo… la gran mayoría de las educandas habla y escribe cinco y seis lenguas europeas”. Lo escribía Sofía en 1926, aún no se había proclamado la II República en España, momento en el que llegaron algunos hitos importantes para el desarrollo de la mujer española y sistema frente al cual demuestra abierto rechazo. Mucho antes, ella había fundado el Instituto de Higiene Popular y fue condecorada con la Gran Cruz de la Beneficiencia.

Horrorizada por las atrocidades de la I Guerra Mundial, que la sorprende en la hacienda familiar de Drozdovo en Polonia, y que al ser invadida por los alemanes da lugar a una diáspora familiar que la aísla de los suyos. En estas circunstancias decide dedicarse al cuidado de los heridos, en los hospitales del frente y retaguardia. Experiencia que volcará en sus artículos, crónicas y conferencias, dando a conocer los desastres de la guerra y también la importancia y la defensa del papel de la mujer en la sociedad. 6a00d8341bfb1653ef01a51059043b970c

Estaba convencida de que la intrusión de la mujer en el escenario público aligeraría a las sociedades de la violencia y agresividad. Una agresividad que conoce de cerca cuando trabaja para la Cruz Roja. Es entonces cuando vive una de sus peores experiencias al ser destinada, en compañía de otras enfermeras, a recoger a 700 soldados heridos en el frente de batalla. Marcha en tren a la ciudad de Skierniewice en un recorrido difícil y duro en el que los aldeanos les advertían de no poder seguir avanzando sin riesgo de caer en manos de los alemanes: “Por el lado izquierdo aparecía todo el horizonte enrojecido por el intensísimo fuego, que no cesaba ni un instante, por el lado derecho la Rusia blanca y silenciosa… Y por fin llegamos a Skierniewice. ¡Cómo estaba aquello, Dios mío! Heridos, muertos, terror”. Y sin embargo Sofía todavía recuerda con mayor horror los últimos meses de 1915: “Cuando la ola de hambrientos, de famélicos, de extenuados, no nos dejaban curar a los cuatro o cinco mil heridos que recibíamos a diario”. Por aquel entonces ella y su familia se alimentaban de pan negro amasado con paja. Por la labor que hizo en los hospitales durante la I Guerra Mundial, fue condecorada por el zar Nicolás II con la Medalla de Santa Ana.

Vivió de cerca la revolución rusa y la lucha entre los partidarios de Trotsky y de Lenin. Se conmovió profundamente con el asesinato de la familia del zar, con los encarcelamientos de obispos católicos, las purgas y asesinatos, todo ello la llevaría a ser una anticomunista convencida. La revolución de Octubre, además de en sus crónicas y artículos periodísticos, quedará reflejada en De la revolución rusa de 1917; La revolución bolchevista. Diario de un testigo y En la Corte de los Zares. Del principio y del fin de un imperio.

En este año que se recuerda el centenario del inicio del gran conflicto bélico que supuso la I Guerra Mundial, cabe ocuparnos de una mujer inusual para su época, una escritora y reportera atrapada en la crudeza de las grandes guerras y conflictos del siglo XX, que murió casi centenaria, ciega y olvidada  en la gélida Polonia soviética.

“Soy la única mujer española que vengo de aquellos lugares de desolación y muerte, en donde los hambrientos cavan sus fosas y en ellas se matan con sus mujeres e hijos”.

Para qué nos sirve Camus

1 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Le dieron el Nobel de Literatura en 1957 “por su importante producción literaria, cuya clarividente franqueza iluminaba el problema de la conciencia humana en nuestro tiempo”. En su primer centenario su optimismo humanista es más necesario que nunca; si aquellos tiempos fueron negros, los nuestros lo son quizá más. ¿Para qué nos sirve leer a Camus en estos tiempos desesperados?

Para aprender a escribir. Más cercano a Hemingway, Dostoevsky y el lirismo de Jean Genet que a la prosa-enredadera de su colega Jean Paul Sartre, Camus tiene algunos de los mejores principios de la historia de la literatura. El extranjero“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. El telegrama del asilo decía ‘Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias’. Pero no quiere decir nada. Podría haber sido ayer”. ( El extranjero) . “La única cuestión filosófica seria que existe es la del suicidio”. ( El Mito de Sísifo).

Sus finales, siempre demoledores, tampoco se quedan atrás: “Para sentirme menos solo, la única esperanza que me quedaba era que el día de mi ejecución hubiera una multitud de espectadores que me saludaran con gritos de odio”. ( El extranjero).

Para rechazar la violencia. Camus era un iluminado ateo, un pacifista revolucionario y todas sus falsas contradicciones son en realidad reflejo de una coherencia extrema, igual que el absurdo de Alicia en el País de las Maravillas refleja la tensión entre la lógica matemática y el lenguaje ilógico y extraño de la sociedad. Su ateísmo es humanista, está en contra de cualquier ideología que justifique el sufrimiento humano y posponga su felicidad al más allá: “Sólo hay un infierno y está en este mundo”. Nuestra tarea en la vida es rechazarlo.

No le salió gratis. Se peleó con su gran amigo Jean Paul Sartre porque Sartre creía en la violencia revolucionaria y Camus la rechazaba (“ La violencia es inevitable e injustificable“). Su rechazo a la pena de muerte, que no hacía excepción con los colaboradores del nazismo y los “terroristas” de la FLN, le hizo abandonar el Partido Comunista y atacar al Frente de Liberación Nacional argelino:

“No importa la causa que uno defienda, sufrirá la desgracia permanente si recurre al ataque ciego contra multitudes de gente inocente”.

Cuando murió a los 46 años en un supuesto accidente de coche en enero de 1960 su persistente defensa de la no violencia le había convertido en el enemigo de todos: la izquierda, la derecha, los argelinos, los franceses. Sólo muchos años después, cuando se publicaron sus Cuadernos de Argelia, quedó claro que los años no le habían aburguesado sino todo lo contrario.

Para abandonar el activismo de sofá. En plena guerra de Argelia, Camus rompió con el estalinismo y escribió El hombre rebelde (1951) donde cuestionaba la construcción del antisistema romántico y polemizaba sobre el papel de ciertos héroes revolucionarios, incluyendo los de la sagrada Revolución Francesa. Su conclusión fue que todas las revoluciones habían acabado por reforzar la autoridad del Estado sobre la ciudadanía.

Pero Camus no era un cobarde y participó heroicamente en la resistencia durante la IIGM, una lucha que retrató como metáfora en La peste y apuntó con el dedo a los que, como su enemigo íntimo Sartre, alientan la lucha desde el sofá:

“Cada uno justifica sus propias acciones señalando los crímenes de sus adversarios. Esta es una casuística de la sangre con la que los intelectuales no deberían, pienso yo, tener nada que ver, salvo que estén preparados para coger las armas con sus propias manos”.

Para practicar la tolerancia. Camus era un pied-noir, un argelino francés. Su madre era pobre y analfabeta. Su papel en la guerra de Argelia se caracterizó por una inmunidad a las trampas del nacionalismo, el rencor y la venganza, y una capacidad para ver a las personas con más claridad que los eslóganes. Después de una visita a la región bereber de Cabilia en 1939, escribió con su claridad habitual: “Una familia de ocho necesita aproximadamente 120 kilos de trigo para un solo mes de pan. Me dijeron que los indigentes que vi tenían 10 kilos para el mes entero“. Su humanidad es ejemplar en la historia de la filosofía: “Hay más en el hombre para admirar que para despreciar”. Y no es especifista; es el único en recordar (en La Peste) que las ratas son víctimas también.

Para ser feliz. A la pregunta aristotélica de cuál es el significado de la existencia, Camus rechaza todas las construcciones científicas, religiosas, políticas, teológicas o metafísicas posibles para declarar que la existencia es un absurdo, y sólo cabe decir que la existencia misma es su propia razón de ser. Ante el castigo mitológico de Sísifo, condenado a subir eternamente una roca por una colina, el dios del ateo Camus es la voluntad de ser feliz:

“Todo el gozo silencioso de Sísifo se encuentra en eso. Su destino le pertenece. Su roca es todo lo que posee. (…) La lucha por alcanzar las cimas basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginar a Sísifo feliz”.

La nación y la revolución que no cesan

30 mayo, 2017

Fuente: http://www.cultura.elpais.com

Libros de historia para su mesilla: lo último de Javier Moreno Luzón y Xosé M. Núñez Seixas y de Julián Casanova.

Enrique Moradiellos, 17 de mayo de 2017. 76ª Feria del libro de Madrid.

La nación y la revolución que no cesan

La historiografía contemporánea siempre ha girado en torno a dos grandes fenómenos cuya trascendencia para nuestro tiempo es clave y muy actual: nación y revolución. Los tres libros aquí seleccionados abordan ambas cuestiones desde perspectivas novedosas, tanto españolas como europeas, pero siempre en clave crítica y comparativa. Así, Los colores de la patria. Símbolos nacionales en la España contemporánea (Tecnos), de Javier Moreno Luzón y Xosé M. Núñez Seixas, es quizá el mejor estudio global sobre los símbolos nacionales de España de la época contemporánea, encarnados sobre todo en unas imágenes (las banderas) y unos cánticos (los himnos). El trabajo analiza con mucha precisión y fundamento archivístico y hemerográfico el origen de esos variados símbolos, su conflictiva difusión y discusión a lo largo de las diferentes etapas de los siglos XIX y XX y las prácticas socio-políticas asociadas a sus usos y despliegues en entornos oficiales y de la vida cotidiana. El completo repaso acredita que la trayectoria histórica de los símbolos nacionales en España fue “singular pero en absoluto excepcional en el marco europeo”.

Por su parte, La venganza de los siervos: Rusia, 1917 (Crítica), de Julián Casanova, es una de las pocas aproximaciones españolas al gran fenómeno revolucionario ruso de 1917, que da origen al movimiento comunista internacional y a un régimen y país (la Unión Soviética) que perdura en la historia desde su origen hasta la crisis de 1989-1990. Constituye una síntesis muy solvente de aquel año crítico, de sus alternativas en conflicto y de sus antecedentes y consecuentes, apoyado en una base bibliográfica muy amplia, actualizada y bien comentada. No en vano, acierta al considerar la llamada “Revolución Rusa” como una “serie de revoluciones simultáneas y superpuestas” que alteraron profundamente la vida del país más grande del mundo.

Finalmente, Alfonso XIII visita España. Monarquía y nación (Comares), coordinado por Margarita Barral Martínez, reúne una decena de artículos de reputados especialistas en la época de la Restauración durante el reinado de Alfonso XIII y hasta su caída en 1931. Su hilo conductor es el intenso programa de visitas reales a las regiones españolas desplegado durante más de 20 años. Y se pasa revista a las expediciones hechas desde la capital y corte madrileña a la Extremadura de las Hurdes, pasando por la industriosa Barcelona, el entonces leal País Vasco, la apacible Galicia rural o las colonias del norte de África. Su lectura combinada ofrece nuevas luces sobre los éxitos y fracasos de las tentativas de nacionalización alrededor de la Corona en ese primer tercio del siglo XX.

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