Archive for the ‘libros’ Category

1914: más hechos que la guerra

2 septiembre, 2018

Fuente: blogs.elpais.com

Por: Tereixa Constenla 24 de julio de 2014

Venus1

El 31 de julio de 1914 fue asesinado en París Jean Léon Jaurès, líder socialista francés, mientras cenaba en el Café du Croissant junto a otros compañeros del partido y del diario L’Humanité. El asesino, Raoul Villain, se libró de un linchamiento popular por la rápida intervención de la policía. “Estaba claro que la actitud antibelicista de Jaurès había sido la causante directa del crimen”, sostiene el historiador Antonio López Vega, en su libro 1914. El año que cambió la historia.

Pero la obra, publicada recientemente por Taurus, no aborda los aspectos políticos o militares que llevaron al desencadenamiento del conflicto (o no sólo). López Vega se detiene en otros episodios históricos ocurridos durante 1914, que resultaron cruciales para el futuro como el sufragismo, la eclosión de la vanguardia artística o el estreno de nuevas vías de comunicación como la apertura del canal de Panamá.

Ss-ancon-15-ago-1914-corte-culebra

El vapor Ancón, en su viaje inaugural en el canal de Panamá el 15 de agosto de 1914.

Estructurado en 12 capítulos, correspondientes a los meses del año, el libro arranca con una mirada al optimismo que desprendía Europa el 1 de enero de 1914: “Stefan Zweig se refería de manera categórica en sus memorias a la sensación que cundía en el inicio de aquel año: ‘Nunca fue Europa más fuerte, rica y hermosa (…) En 1900-1910 hubo más libertad, despreocupación y desenfado que en los cien años anteriores’. A ojos del celebradísimo escritor austriaco, por todos lados cundía la confianza, el optimismo ciego en las posibilidades de Europa, en su fortaleza, en su futuro”.

En los siguientes meses ocurren cosas como el ataque a la Venus del espejo de Velázquez en National Gallery por parte de Mary Richardson en una de las acciones violentas de las sufragistas contra su Gobierno (que ignoraba sus reivindicaciones para conceder el derecho al voto de las mujeres y desplegaba una política de mano dura contra sus activistas), la toma de Veracruz por parte de marines estadounidenses (la primera de las dos intervenciones ordenada por el presidente Woodrow Wilson en México) o los asesinatos de Jaurés y el archiduque Francisco Fernando y su esposa en Sarajevo.

En diciembre, el ambiente en Europa es sombrío. Ya se sabe que la guerra no será corta, como se presumió inicialmente. “Se afrontaba una nueva situación de catastróficas consecuencias, que iba a actuar como catalizador definitivo de las diferentes fuerzas –sociales, económicas, políticas- que venían operando desde tiempo atrás y que, a partir de la experiencia de 1914, alterarían la fisonomía del mundo”, escribe el autor.

Aquí puedes leer el primer capítulo de 1914. El año que cambió la historia.

 

Anuncios

Mafalda contra el ‘aguilucho’: así se utilizó a un personaje “antifascista” para hacer apología de lo contrario

16 agosto, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

La influencia de Mafalda va más allá de sus viñetas. La ilustración de Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, también se ha convertido en adalid de movimientos incluso contrarios al propio autor. ¿El último caso? Poner con un montaje al personaje  a favor de los grupos “provida” en medio del debate sobre legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en Argentina.

El dibujante de 86 años desmintió el bulo con un comunicado en el que aclaró que no había autorizado la imagen y que esta no reflejaba su posición. Sin embargo, no es la primera vez que los personajes de Quino acaban siendo apartados de su significado inicial para defender ideas políticas totalmente opuestas.

En España, el caso más llamativo fue cuando usaron los personajes del ilustrador argentino para convertirlos en iconografía franquista. Así lo recoge la historia narrada por el periodista Carlos García Santa Cecilia que fue portada de El País el 10 de abril de 1985.

En esas fechas, comenzaron a venderse pegatinas de personajes como Mafalda o Snoopy como si pertenecieran a la Falange. “En la época de los 80 estos símbolos eran utilizados por cierta derecha en torno al barrio de Salamanca (Madrid). Ponían estas figuras con banderas españolas, pero con el escudo de Franco”, recuerda el periodista en conversación con eldiario.es.

Pegatina de de Guille (el hermano de Mafalda) portando la bandera de la dictadura franquista a la venta en la página todocoleccion.net
Pegatina de de Guille (el hermano de Mafalda) portando la bandera de la dictadura franquista a la venta en la página todocoleccion.net TODOCOLECCION.NET

Las pegatinas que despertaron el enfado de Quino mostraban a Guille, el hermano pequeño de Mafalda, portando la bandera con el escudo correspondiente a la etapa de la dictadura. Como aparece en el texto de Carlos García, Quino manifestó entonces estar “profundamente molesto” por esto, ya que sus personajes “están a favor de la democracia y son, desde luego, antifascistas”.

Siendo de padres malagueños y familia republicana, al dibujante le costaba dar crédito de aquello. “No entiendo cómo han cogido a mis personajes, tan distintos de su ideología”, criticaba. Una ideología, la franquista que, como recoge la BBC, obligó a los editores a colocar una franja en la portada de Mafalda etiquetándola como obra “para adultos” cuando sus historietas llegaron a nuestro país.

El experto en cultura recuerda perfectamente el momento de la entrevista: “Quino estaba en una tertulia con amigos tomándose un wiski y allí había un periodista joven dándole la vara todo el rato. Ese periodista era yo”.

Fue entonces cuando el autor argentino le comentó que había visto estas pegatinas a la venta incluso en el propio ministerio de Cultura, una afirmación que posteriormente el profesional corroboró colándose en la institución. “Subí a la cuarta planta, donde había un ventanal en el que vendían tabaco y cuatro cosas más para los funcionarios. Entonces me acerqué y allí estaban las pegatinas. Es más, las compré”, rememora entre risas.

Dibujo de Quino que apareció en la portada de El País el 10 de abril de 1985
Dibujo de Quino que apareció en la portada de El País el 10 de abril de 1985 EL PAÍS | QUINO

Aun así, al relato de Carlos García Santa aún estaba incompleto. Ángel Fernández-Santos, que por entonces era subdirector de Cultura, pidió al periodista que consiguiera unas ilustraciones de Quino para mostrar a sus personajes protestando contra los franquistas, algo complicado cuando el artista hacía más de diez años que no dibujaba a aquellos personajes.

La negociación fue complicada y a contrarreloj, ya que restaban pocas horas para el cierre de esa edición, pero lo consiguió. “No sé cómo lo hice. Le insistí tanto que después de llevar tanto tiempo sin pintar a Mafalda al final lo hizo y luego fui corriendo al periódico”, menciona sobre unas ilustraciones que conserva enmarcadas en la pared de su casa.

El fenómeno de la apropiación

Isabella Cosse, profesora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) de Argentina, investigadora de  CONICET y autora del libro Mafalda: historia social y política (2014) explica a este periódico que es complicado saber por qué los defensores de Francisco Franco acabaron utilizando a Mafalda, ya que “siempre está el papel activo de quienes leen e interpretan una creación artística y cultural”. Por este motivo, sostiene que las apropiaciones “están vinculadas con la complejidad de la historieta, que pone en juego personajes con diferentes inscripciones ideológicas”.

A pesar de que su creador ha intentado desmentir algunas de estas”apropiaciones”, en ocasiones, dada la imparable tendencia, resulta casi imposible hacer frente a todas. “Son innumerables y constantes. La tira es sentida por muchos lectores y lectoras como propia y, con ella, sus personajes”, apunta Cosse, quien añade que Quino “ha rechazado los plagios y alteraciones. En especial, cuando eran parte de campañas políticas con efectos en el escenario de la opinión pública”.

“Mafalda estuvo en el centro del escenario político desde su origen”, afirma la docente. Así lo demuestran algunos de los usos sin permiso de Quino que recopila el diario argentino La Nación. Por ejemplo, cuando el Partido Justicialista del político Pablo Bruera utilizó la imagen de Mafalda para la campaña de 2005 en La Plata (Argentina). No fue ni la única vez ni la última. Otra viñeta falseada es aquella en la que Mafalda denuncia “el palito de abollar ideologías”, en referencia a las porras de los policías. No obstante, su significado cambió por completo. “La tergiversación, en cambio, mostraba a Manolito diciendo: “¡Ves Mafalda! Gracias a este palito, hoy podés ir a la escuela”, aclara la especialista en política.

Esta tendencia, según Cosse, pone de relieve “los esfuerzos por apropiarse de un símbolo con espíritu antiautoritario y reflejo la confrontación contra la represión política”, una intención que además entraba en consonancia con la intención de “la ultraderecha y las Fuerzas Armadas para ganar apoyo social y legitimar entre la población el golpe de Estado en Argentina de 1976”.

Con la llegada de las fake news y las redes sociales, los bulos en torno a Mafalda no han hecho más que incrementar. Ya sea a través de imágenes propagadas por WhatsApp o a través de páginas de Facebook, el personaje de Quino puede convertirse en portavoz de un contenido que jamás fue auténtico.

Pero Mafalda no es siempre empleada por aquellos a los que no representa. Como mantiene Cosse, “no es casual que su imagen haya estado en las últimas décadas dibujada en pancartas de estudiantes en la calle y de feministas en diferentes países”. La experta cree que esta ha servido para visualizar a “una joven rebelde, a las aspiraciones de las mujeres de entonces, en oposición al prototipo antiguo de la mujer burguesa”. Una lucha de roles y de significados que, a juzgar por el debate en torno al aborto, continúa presente.

Dibujos de Quino que ilustraron la portada de El País el 10 de abril de 1985
Dibujos de Quino que ilustraron la portada de El País el 10 de abril de 1985 EL PAÍS | QUINO

El día en que 27 republicanos asaltaron un barco y huyeron de la España franquista disfrazados de guardias civiles

9 agosto, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“Nos juntamos en el castillo de Ares. Los de aquí salimos como si fuésemos de la Guardia Civil. Rebón vestido de teniente, tres de guardias, yo de falangista y a los demás los hicimos pasar por presos. El único miedo era encontrarnos a la verdadera Guardia Civil”. Así relataba Juan Leal uno de los momentos álgidos de la huida que protagonizó en julio de 1939 de la España franquista, con otros 26 compañeros con los que compartía los valores democráticos y republicanos. Su testimonio se recoge en A fuxida do bou Ramón, un libro en el que se plasma la investigación desarrollada durante años por los investigadores Enrique Barrera y Eliseo Fernández.

La obra, ilustrada con dibujos de Fernando Ocampo, ha sido presentada este viernes en Ares, la localidad gallega en que se desarrollaron los hechos, coincidiendo con el 79 aniversario de la fuga.

Esta épica historia comienza, en realidad, tres años antes. El 18 de julio de 1936 se produce la sublevación franquista que triunfa en apenas diez días en toda Galicia. Lo ocurrido en este rincón de España es la mejor prueba de que la brutal represión ejercida por los militares rebeldes no fue una reacción ni una respuesta, sino una estrategia para imponer el terror que había sido diseñada mucho antes de producirse el golpe de Estado. En Galicia ni hubo guerra ni hubo víctimas de derechas. Sin embargo, en los tres años siguientes serían asesinados al menos 4.700 gallegos de ideología republicana.

Entre ellos se encontraban varios generales, almirantes, oficiales y soldados que no secundaron el golpe, los gobernadores civiles de las cuatro provincias, así como los alcaldes de Santiago, A Coruña, Ourense, Vigo y de otra treintena de localidades.

En ese contexto fueron muchos los hombres y mujeres que trataron de huir a territorio republicano a bordo de precarias embarcaciones de pesca. Quienes no pudieron hacerlo se escondieron durante años en bosques, montañas o zulos construidos para tal fin en el interior de la vivienda de algún familiar. Tras finalizar la guerra, el triunfo franquista empujó a 27 de estos “topos” a salir de sus madrigueras y planear una temeraria fuga. Uno de los conjurados era Antonio Santamaría, el último alcalde republicano de Ferrol. Santamaría fue detenido y condenado a muerte por los sublevados en julio de 1936, pero el día antes de su ejecución logró escaparse con otro compañero del cuartel de artillería en el que aguardaba la muerte.

Fueron muchos los vecinos anónimos que se jugaron la vida para mantenerle escondido durante tres largos años. Gracias al testimonio que dejó en su día alguno de los protagonistas y al de sus familiares, el libro reconstruye aquellos momentos.

El primer reto fue formar el grupo y consensuar el plan. Sus familiares más cercanos hicieron de correo entre los diferentes escondites. Entre todos, poco a poco, se fue organizando la fuga. El riesgo era enorme, pero todos sabían que las alternativas eran aún peores: la cárcel o el paredón.

Disfraces de guardias civiles para asaltar un barco

La decisión final fue la de asaltar un barco, el bou Ramón, en el que contaban con la complicidad de uno de sus diez tripulantes, y poner rumbo hacia el sur de Inglaterra. El vapor de 15 metros de eslora se encontraba fondeado en el puerto de Ares, en la ría de Betanzos, muy cerca de Ferrol. El problema radicaba en que 27 hombres buscados por las autoridades llegaran hasta él sin ser antes detenidos. El plan, un tanto suicida, fue hacerse pasar por un grupo de prisioneros custodiados por agentes de la Guardia Civil. Sus mujeres y sus madres se pusieron manos a la obra para tener a punto los disfraces para la fecha señalada.

La noche del 20 al 21 de julio de 1939 el grupo se reunió y puso en marcha la farsa. En aquellos tiempos a nadie sorprendió ver a un oficial del Ejército, tres guardias civiles y un falangista escoltando a un nutrido grupo de prisioneros. Así lograron llegar sin problemas hasta el puerto de Ares. Aún quedaba lo más difícil. Los republicanos que iban disfrazados subieron a un bote y abordaron el bou Ramón.

Metidos en su papel de guardias civiles, encañonaron con sus fusiles de madera a los miembros de la tripulación y los encerraron en la bodega. La excusa que les dieron para el asalto tuvo su punto de ironía: alegaron tener que inspeccionar el barco “porque en su interior podía haber rojos escondidos que trataban de escapar a Francia”.

En las primeras horas de aquel viernes el resto del grupo embarcó en el Ramón que inmediatamente partió hacia aguas internacionales. Los 27, según relataron años después, se fundieron en un gran abrazo. Atrás quedaba el infierno, aunque por delante les esperaba una complicada travesía. El barco llevaba carbón para navegar unas pocas millas, por lo que los republicanos tuvieron que quemar en las calderas toda la madera que encontraron a bordo. 24 horas después, cuando ya estaban casi a la deriva, se toparon con un barco francés que supuso su tabla de salvación.

Una amarga libertad con terribles consecuencias

La alegría que supuso para los fugados el éxito de su plan les duró muy poco tiempo. Tras ser desembarcados en el puerto francés de La Rochelle, las autoridades francesas les encerraron en el campo de concentración de Barcarès, donde ya se encontraban miles de exiliados republicanos. Mientras tanto, en Galicia sus esposas, hermanas y demás familiares sufrieron las represalias. El libro recoge, entre otros, el testimonio de una de ellas, Dolores Mayobre: “Nos llevaron al cuartel de la Guardia Civil, nos colgaron de los pulgares y nos daban latigazos en las piernas, mientras nos insultaban y nos preguntaban por nuestros hombres una y otra vez. Nos tuvieron encerradas tres días en un retrete apestoso y luego nos soltaron”. Otras detenidas pasaron varios meses en la cárcel.

Los fugados tampoco disfrutaron de un destino mucho mejor. Barrera y Fernández han investigado lo que fue de sus vidas tras pasar por el campo de Barcarès. Al menos siete combatieron contra Hitler en el Ejército francés o en las filas de la Resistencia; dos de ellos, Manuel Fernández y Jesús Morgade serían capturados por los nazis y deportados al campo de concentración de Mauthausen, de donde solo Morgade consiguió salir con vida. Otros tres miembros del grupo del bou Ramón serían detenidos por la Gestapo y entregados a las autoridades franquistas. Quienes lograron sobrevivir a todos estos avatares, salvo contadas excepciones, terminaron sus vidas en el más duro de los exilios.

Enrique Barrera, uno de los autores, confiesa a eldiario.es que con este libro se salda una parte de la deuda pendiente que tiene España con estos luchadores: “Si un grupo de noruegos, daneses, belgas, holandeses o franceses, hubieran secuestrado un barco delante de las narices de sus enemigos, para alcanzar Gran Bretaña, ya se habría hecho una película. Sin embargo, aquí el relato continúa siendo desconocido para la mayoría de la opinión pública”.

Documento que forma parte de la causa judicial abierta por las autoridades franquistas tras la fuga
Documento que forma parte de la causa judicial abierta por las autoridades franquistas tras la fuga

8 libros para entender el horror del 18 de julio

30 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“El pasado día 15, a las cuatro de la mañana, Elena dio a luz un hermoso niño”. No era un niño y mucho menos hermoso. Todo lo contrario. Acababa de nacer un monstruo en forma de sublevación militar contra la II República que originaría la Guerra Civil con un balance de cientos de miles de muertos, exiliados y encarcelados.

El entrecomillado anterior corresponde al telegrama que el general Emilio Mola envió a sus compañeros de armas a modo de pistoletazo de salida, en vísperas de lo que ellos llamaron glorioso alzamiento nacional, un calurosísimo sábado 18 de julio de 1936. La resistencia armada de millones de republicanos y de sus organizaciones políticas y sindicales logró frenar el golpe militar en buena parte de España, y convirtió el país en un terrible campo de batalla durante casi tres años.

Junto con la Segunda Guerra Mundial, la contienda española figura como uno de los episodios históricos que más novelas, ensayos o relatos han inspirado en todo el planeta. Desde gestas individuales hasta epopeyas colectivas. Desde infinidad de desgarradoras anécdotas particulares hasta profundos análisis de geopolítica. Desde lo más sublime de lo que es capaz un ser humano hasta lo más abominable. La Guerra Civil española representa una fuente constante, inagotable y apasionante de inspiración para los escritores.

Por ello una inmensa bibliografía, que resulta inabarcable para un lector no especializado, ha narrado aquel conflicto. En cualquier caso, algunos libros (unos ya clásicos, otros más recientes) han intentado analizar aquella tragedia y han aportado claves para comprender sus causas y su desarrollo.

Muchos de estos excelentes y divulgativos ejemplares fueron escritos por hispanistas anglosajones, quienes más y mejor han estudiado la Guerra Civil, salvo algunas honrosas excepciones de historiadores españoles, entre los que destacan nombres como Santos Juliá, Enrique Moradiellos o Julián Casanova. Aquí ofrecemos una selección citando algunas de las primeras ediciones, ya que de la mayoría de estos títulos se publican reediciones con frecuencia.

La velada en Benicarló. Manuel Azaña (Castalia, 1974)

Libro Manuel Hazaña

El que fuera jefe de Gobierno y, más tarde, presidente de la República, un intelectual que entró en política, reflejó en esta obra, entre la novela dialogada y la obra teatral, todo el drama del país a través de 11 personajes que coinciden casualmente una noche, en mitad del conflicto, en aquella localidad costera castellonense.

Los variados personajes que muestra Azaña en su obra, algunos alter egos del político republicano; la lucidez y profundidad de sus diálogos; la reflexión sobre la esencia de España y los españoles; o la encendida defensa de la democracia como única forma de convivencia; convierten a La velada en Benicarló, escrita en abril de 1937, en una pieza magistral que debería ser de obligada lectura en todos los colegios e institutos.

La Guerra Civil española. Hugh Thomas. (Grijalbo, 1976)

Libro La guerra civil española

Fascinado con nuestro país, este historiador británico ya fallecido de corte liberal-conservador, logró con este título escribir una obra amena, didáctica y muy ecuánime que pasa por ser un libro de referencia y un magnífico manual para cualquiera que intente un primer acercamiento al estudio del conflicto sin ser un especialista en la materia.

Años de investigación y de documentación, de trabajo con las fuentes, dieron como resultado un texto imprescindible, publicado por primera vez en español en la editorial parisina Ruedo Ibérico en 1962, que no ha envejecido con el paso del tiempo.

La República española y la Guerra Civil. Gabriel Jackson (Crítica, 1999)

Libro 3 Guerra Civil Española

Desde una perspectiva más comprometida con la izquierda, este historiador norteamericano, también fallecido, escribió otro de los libros clave para comprender el periodo que nace con la proclamación de la República en 1931 y acaba ahogado en sangre con el bando victorioso del general Francisco Franco el 1 de abril de 1939.

Con el ya habitual estilo periodístico de los historiadores anglosajones, Jackson se ocupó muy especialmente de los avatares, divisiones y debates de las fuerzas republicanas y de la izquierda. Otro título imprescindible.

La Guerra Civil española. Antony Beevor (Crítica, 2005)

Libro 4 Guerra Civil Española

Nuevo ejemplo de la apabullante bibliografía básica que los anglosajones han dejado del conflicto en este libro del historiador militar Beevor, uno de los ensayistas que mejor ha descrito y narrado la Segunda Guerra Mundial.

De nuevo, se unen el rigor documental, un estilo brillante y un acercamiento no sesgado ni sectario a una contienda tan ideologizada como la guerra española.

Leer al británico Beevor supone adentrarse en una serie de reportajes donde se entremezclan con maestría las microhistorias de mucha gente anónima con la macrohistoria de las batallas decisivas o la geopolítica de los dirigentes.

Franco, caudillo de España. Paul Preston. (Grijalbo, 1994)

Libro Aquí no Franco

Imposible entender la Guerra Civil sin la personalidad y la biografía del militar que encabezó la sublevación y, tras la victoria, gobernó el país como dictador durante casi cuatro décadas.

Paul Preston, un historiador que ha dedicado su vida entera al estudio de la España del siglo XX con multitud de obras ( Palomas de guerra, Idealistas bajo las balas) traza un retrato personal, político y militar de Franco en una biografía de incuestionable calidad. Se trata de una obra cumbre de la amplia bibliografía de Preston que, pese a su extensión, deja traslucir la brillante y ágil pluma de este historiador británico.

La República española en guerra (1936-1939). Helen Graham (Debate, 2006)

Libro La república española

Este ensayo de la historiadora británica, otra contribución anglosajona, representa una de las mejores y más certeras aproximaciones a la evolución de las fuerzas republicanas durante el conflicto.

El papel jugado por republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas y otros sectores aparece diseccionado en un tono muy riguroso, pero nada academicista, y desde una metodología marxista que se detiene con profundidad en el análisis de las distintas estrategias.

El estupendo libro nos hace recordar que de los ocho años de vida del régimen republicano, tres de ellos estuvieron marcados por la imperiosa necesidad de defender la democracia con las armas en la mano. Debates todavía hoy vigentes como la disyuntiva entre guerra y revolución son abordados con inteligencia y sutileza por Helen Graham.

Guerra y vicisitudes de los españoles. Julián Zugazagoitia (Tusquets, 2001)

Libro guerra civil 6

Periodista, escritor y político socialista, atrapado por la Gestapo en su exilio francés y fusilado por los franquistas en la posguerra, Zugazagoitia es un personaje destacadísimo de la República injustamente olvidado por la mayoría de sus compatriotas.

Fue ministro de la Gobernación en uno de los Ejecutivos de Juan Negrín y secretario de Defensa al final de la guerra pero sobre todo, un intelectual que batalló por la democracia y arrinconó una prometedora carrera como novelista por servir a sus ideales. El libro citado, entre el testimonio personal, la crónica política y el periodismo narrativo, se incluye entre los textos fundamentales escritos por españoles sobre la contienda.

Un pueblo español. Elliot Paul (Gadir, 2018)

último libro Guerra Civil

Por último, las memorias de un músico y escritor norteamericano que se afincó en la entonces idílica y plácida Ibiza en los años treinta y se vio sorprendido por la guerra que convirtió la isla en un infierno de represión y de crueldad.

El contraste entre la paz y la conflagración, el odio entre vecinos en el pueblo ibicenco de Santa Eulalia, la eliminación del adversario y el retrato de una España pobre y atrasada que la República trató de rescatar, elevan este libro poco conocido, comparable a El laberinto español de Gerald Brenan, a la categoría de un testimonio de primera fila. Un relato muy revelador de la vida cotidiana antes y después de una guerra que lo cambió todo.

Por qué la izquierda se cree moralmente superior

11 julio, 2018

Fuente: http://www.vice.com

Entrevistamos a Ignacio Sánchez- Cuenca, autor de “La superioridad moral de la izquierda”.

Ana Iris Simón

Iñigo Errejón, Alberto Garzón y Pablo Iglesias en el Congreso. Andrea Comas/Reuters

Andaba el filósofo y sociólogo Ignacio Sánchez-Cuenca leyendo el ABC cuando se topó con la oración: “la superioridad moral de la izquierda”. No era la primera vez, ni seguramente ha sido la última, que encontraba que esta asociación de términos (superioridad y moral) aparentemente positiva era usada como arma arrojadiza, como burla hacia la izquierda. Como instrumento para poner de relevancia su carencia de otros atributos, como la superioridad intelectual o la eficacia admnistrativa de las que hacen alarde las ideologías de derechas.

El caso es que decidió darle la vuelta desarrollando una teoría que llevaba tiempo rondándole la cabeza: las ideas de izquierdas son, en efecto, moralmente superiores a las de derechas. Pero eso no es algo de lo que avergonzarse.

El resultado de sus reflexiones es La superioridad moral de la izquierda, un ensayo publicado en la Colección Contextos de Lengua de Trapo y prologado por Íñigo Errejón. En él, el sociólogo y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III analiza por qué si la izquierda contempla las ideas más bellas sobre la justicia social y la igualdad acumula tantas derrotas.

Sostiene, además, que precisamente de esa superioridad moral emanaría una de las grandes lacras de las ideologías izquierdistas, su interminable división. A través de estas ideas analiza la crisis de la socialdemocracia y el papel de los partidos de izquierdas en ella y yo aproveché para preguntarle por algunos de sus planteamientos.

superioridad moral de la izquierda ignacio sanchez-cuenca
Portada de ‘La superioridad moral de la izquierda’

VICE: Aunque en tu ensayo aclaras que una cosa es la superioridad moral de las ideas y otra bien distinta las personas que las adoptan, ¿cómo nos posiciona esto ante el mundo? ¿Si uno es de derechas tiene más posibilidades de ser un cretino?
Ignacio Sánchez- Cuenca: No. Los cretinos están distribuidos de forma bastante igualitaria en todas las ideologías políticas. Sí creo, con todo, que, al menos en la teoría, las personas de izquierdas tienden a ser más abiertas intelectualmente y, sobre todo, más empáticas con los desfavorecidos.

Pero una cosa son las personas y otras las ideas. Las ideas se pueden valorar y ordenar en función de los principios morales que encarnan. El juicio sobre las personas es mucho más complejo, depende de muchos factores. Por ejemplo, desde un punto de vista moral, ¿qué comportamiento es más admirable, el de un obrero que defiende sus intereses votando a la izquierda y participando en el sindicato o el de un burgués que, en contra de sus intereses materiales, opta por un ideal de justicia social? Yo no me meto en este tipo de análisis en el libro.

¿Por qué si las ideas de izquierdas son moralmente superiores y no todo el mundo es de izquierdas, no todo el mundo las abraza como algo natural? 
Bueno, yo espero que lo acaben haciendo tras leer el libro… Bromas aparte, hay muchas formas de moralidad, a veces incluso se pueden considerar inconmensurables. Aun siendo consciente de mi perspectiva parcial, he intentado mostrar que el ideal de una sociedad igualitaria en el que todo el mundo tenga la posibilidad de autorrealizarse es imbatible desde un punto de vista filosófico. Otra cosa es que mucha gente en la derecha piense que ese ideal es inalcanzable, que no vale la pena luchar por él porque puede traer más desgracias que otra cosa.

“La izquierda tiene una noción de libertad más potente, pero más difícil de transmitir: la libertad como autorealización y autogobierno de la persona, como capacidad de actuar autónomamente”

El faro de la izquierda es la justicia social, la construcción de una sociedad igualitaria, un concepto imbatible, como dices, desde el punto de vista filosófico. Pero, ¿cuál es la razón de ser última de las ideas de derechas? 
La derecha es una ideología compleja y rica. En su versión más conservadora, el valor rector es el orden, la jerarquía y los valores tradicionales (familiares, sociales, etc.). En su versión más liberal, el valor supremo es la libertad entendida como reducto inalienable del individuo.

Sin embargo, en el ensayo sostienes que la libertad es igualmente valorada y tiene el mismo peso en la derecha que en la izquierda, aunque la derecha liberal la haya convertido en su patrimonio. ¿Viene la libertad a llenar ese vacío de sentido de la ideología de derechas, es más cómodo decir que uno está por la libertad que por el orden social establecido? 
El concepto liberal de la libertad es simple y convincente: una persona es libre si nadie le impide llevar a cabo sus planes. Cuando el Estado interfiere, mediante impuestos y regulaciones varias, la libertad se ve menoscabada. La libertad así entendida es, como dices, muy cómoda, pues nos exime de entrar en consideraciones sesudas sobre la justicia social en la medida en que la realización de dicha justicia pueda suponer una traba a dicha libertad.

La izquierda tiene una noción de libertad más potente, pero más difícil de transmitir: la libertad como autorrealización y autogobierno de la persona, como capacidad de actuar autónomamente. En tiempos recientes, ha tenido fortuna en la izquierda la concepción republicana de libertad, según la cual alguien es libre cuando está libre de cualquier forma de dominación (económica, ideológica, social…).

 

Hablas de la empatía como uno de los factores diferenciales entre la ideología de izquierdas y la de derechas. De ella emanaría la solidaridad. ¿Es la caridad la solidaridad de la derecha, sobre todo de la derecha católica, que es la tradicional en nuestro país? ¿Por qué crees que ocurre esto?
Esta pregunta es muy interesante. La derecha católica (lo que siempre se ha conocido como democracia cristiana) tiene una actitud compasiva hacia aquellos que sufren injusticia y privaciones. Por eso la democracia cristiana siempre ha estado a favor de la protección de las familias y de los esquemas de seguridad (seguro de desempleo, pensiones…). Sin embargo, la derecha católica, aun reconociendo injusticias, no se plantea eliminarlas radicalmente, sino que más bien piensa en paliar sus efectos, pues atribuye una gran importancia al orden y la estabilidad y eso la paraliza a la hora de pensar en reformas más profundas.

Siguiendo con la Iglesia católica, afirmas que “los valores de la izquierda son moralmente insuperables”. ¿Qué crees que diría alguien católico sobre ello? ¿Los católicos de verdad militan o deberían militar en la izquierda?
En el catolicismo, por supuesto, ha habido ramas o corrientes que han sentido una afinidad con ideas de izquierda y con la utopía de un comunismo primitivo, que no deja de ser una sociedad igualitaria. Piénsese, por ejemplo, en la teología de la liberación en Latinoamérica, o, en menor escala, a los católicos que militaban en el PCE en los años de la transición o en CC. OO. en los tiempos de Franco. Ahora bien, también hay un catolicismo que consagra el statu quo y no quiere oír hablar de justicia social más allá de actos de caridad y sacrificio personal. En este caso, aunque pueda haber motivaciones morales similares, lo que caracteriza al catolicismo es que no saca las consecuencias políticas de ello.

“El profesional de izquierdas, aun sabiendo que puede acabar pagando más impuestos por sus ingresos y riqueza, considera que la igualdad y la justicia son más importantes que sus propios intereses materiales”

Afirmas que la ideología que uno tiene tiene más que ver con su moral que con sus circunstancias materiales o con su genética. ¿Eso explicaría lo del obrero de derechas? 
Sí, explicaría tanto la figura del obrero de derechas como el profesional de izquierdas. El obrero de derechas considera que el intento de realizar la justicia social es ineficiente o incluso contraproducente (hace que los demás no se esfuercen tanto como él lo ha hecho durante su vida). El profesional de izquierdas, aun sabiendo que puede acabar pagando más impuestos por sus ingresos y riqueza, considera que la igualdad y la justicia son más importantes que sus propios intereses materiales.

¿La superioridad moral de la izquierda le resta eficacia? Es decir, ¿el idealismo de sus presupuestos hace que se centre en imaginar futuros en lugar de en tratar de mejorar el presente? 
La izquierda cree en una política de la trascendencia, de la superación del orden social existente, que considera injusto. Aspira a cambiar la sociedad, ya sea mediante la revolución, ya sea mediante una acumulación de reformas. Eso le confiere una fuerte carga idealista. Si, además, hay una conciencia de superioridad moral del proyecto defendido, las cosas se complican, pues es típico del izquierdista impaciente e impetuoso considerar que todos los obstáculos que se interponen en la realización de su esquema de justicia deben ser superados sin reparar en los medios para ello. Por tanto, yo no diría que le resta eficacia, sino que da pie a la adopción de posiciones sectarias o fanáticas.

Le dedicas el último capítulo del ensayo a la socialdemocracia. ¿Saldrá de esta o está en las últimas? 
La socialdemocracia está en el momento más bajo de la historia. A partir del cambio de siglo la bajada se acelera y desde la crisis económica puede decirse que está en caída libre. En momentos de zozobra y miedo para grandes capas de la población, la socialdemocracia ha de abandonar su discurso tecnocrático (justificando las políticas igualitarias porque mejoran la productividad, por ejemplo) y llenarlo con palabras que apelen de forma directa a valores y principios, denunciando las injusticias del presente. Con todo, es demasiado pronto para saber si la socialdemocracia se recuperará o entrará en una decadencia irreversible. Desde luego, es el eslabón más débil en la cadena de cambios que se están produciendo en los sistemas de partidos de los países desarrollados.

“Lo que nos invade ahora no es una ola conservadora, es una ola reaccionaria”

18 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Joaquín Estefanía (Madrid, 1951) acaba de publicar Revoluciones -Cincuenta años de rebeldía (1968-2018)- en Galaxia Gutenberg, un libro que trata sobre la vigencia de la memoria, de las ilusiones y las derrotas de una generación que creyó poder cambiar el mundo. Fue director de El País entre 1988 y 1993. Lleva ejerciendo el periodismo desde 1974. Durante más de 20 años ejerció de director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma/ El País. La entrevista se desarrolla en la sede de la editorial en Madrid.

¿Dónde está la izquierda? ¿Sabe de algún teléfono al que se pueda llamar?

En España existen dos izquierdas: una relativamente joven que ha envejecido mucho en los últimos cinco años y otra que está en crisis total, que busca una nueva identidad. En estos momentos no hay, desgraciadamente, ninguna forma de que esas dos izquierdas se conviertan en una sola, que es la única posibilidad de hacer frente al otro segmento ideológico de este país. Si te refieres al mundo en general se puede decir que hay una crisis de la socialdemocracia. En vez de permanecer en su sitio se ha ido en algunas ocasiones muy a la izquierda y ha tenido que competir con la otra izquierda, o en la mayor parte de las veces se ha ido a la derecha. Por eso carece de identidad.

¿Ve algún movimiento, como el de las mujeres -sobre todo en España el 8M- o el de los estudiantes contra las armas en EEUU que nos permita pensar que algo está pasando ahí fuera?

En EEUU permanece el espíritu del movimiento Occupy Wall Street que en las elecciones presidenciales encarnó Bernie Sanders. Es un segmento difuso que vuelve en determinados momentos y contagia el programa de los demócratas. Le doy muchísima importancia al movimiento de las mujeres. Lo que ha sucedido el día 8 no es más que la representación de algo que estaba ocurriendo desde hacía tiempo, que las mujeres han entrado en una cuarta ola feminista. Del mismo modo que en el pasado tuvieron que luchar por sus derechos políticos, ahora están luchando por sus derechos sociales.

¿Y los pensionistas?

Es más difuso, es de momento un fenómeno interno. Podría ocurrir, como pasó con el movimiento de los indignados, que prenda en otros países. Lo más significativo es que por primera desde hace mucho tiempo no se sabe quién es el sujeto protagonista del cambio, lo que antes llamábamos el sujeto redentor o el sujeto revolucionario. Eso se modifica en 1968. Hasta el 68 solo existía el monopolio de las luchas obreras que se manifestaba en las revoluciones. A partir del 68 emerge otro sujeto que son los jóvenes, mucho más transversal y ambiguo en el que caben casi todas las ideologías. Y ahora tenemos estos dos nuevos movimientos: el de las mujeres, que es específico, y el de los pensionistas, que todavía no sabemos lo que va a dar de sí. No sé si te has acercado a alguna de sus manifestaciones. Estuve hace unas semanas en la de la Puerta del Sol y me resultó sugerente comprobar que muchos de los que había allí eran los que se manifestaban en el 68. La gran diferencia es que les acompañaban las mujeres pensionistas. En el 68 no hubo una sola mujer protagonista de ningún movimiento.

Noam Chomsky hablaba del anarquismo en una entrevista en El País; decía que todo poder tiene que justificarse y ganarse el respeto de la sociedad.

Esto es muy interesante porque estamos difuminando fronteras que fueron terriblemente cerradas entre anarquismo, socialismo y comunismo. No se puede decir que el marxismo sea la ideología común en estos movimientos porque en ellos hay de todo, elementos que fueron incompatibles durante años, que se separaban y ahora están trabajando juntos en muchos sitios.

Pero los dirigentes siguen separados, cada uno en su casillero.

Claro, estos movimientos se dan en la sociedad civil. En casi ningún país se han producido movimientos institucionales políticos. En España, con los indignados; en EEUU, con Occupy Wall Street, y en Chile, con los estudiantes que entraron en los gobiernos de Bachelet, y ahora han salido. Aún no han contagiado el corazón del sistema, a los partidos políticos de izquierdas, que siguen viviendo en otro momento.

Una de las grandes virtudes de Podemos es su olfato, saber por dónde respira la sociedad, que parece conservar como se ha demostrado en la huelga feminista. Pero su acción política desde las elecciones de diciembre de 2015 no ha sido buena.

El año pasado el Centro Conde Duque mostró una exposición maravillosa de Basilio Martín Patino, que acababa de morir. Pasó desapercibida. Su última actividad cinematográfica fue salir a la calle el 15M. Rodó un documental, Libre te quiero con música de Amancio Prada. El 15M fue maravilloso. Se nos ha olvidado lo maravilloso que fue, la alegría que había, las demandas, los eslóganes tan extraordinarios. Todo eso se ha perdido. ¿Por qué? Tiene un factor positivo y uno negativo. El positivo es que la gente de los indignados, en este caso la parte de Podemos dentro de los indignados, decidió que no se puede estar en la calle permanentemente; creyeron -y creo que creyeron bien- que tendrían que entrar en las instituciones. Entrar en las instituciones es aburrido, tienes que profesionalizarte con gran rapidez, y eso es lo que no han hecho bien. Mucha gente va a seguir votando a Podemos casi por no votar a los demás, pero tienen la duda de si vale de algo votarles, si mejorará las condiciones de la vida de la gente.

¿Ha perdido Podemos su transversalidad y se ha convertido en un partido de la izquierda clásica?

Esa es la gran división que hay entre los que mandan en Podemos y la parte de Íñigo Errejón. Él acaba de escribir dos prólogos sobre este asunto, uno a un libro de Gramsci y otro a un texto de Ignacio Sánchez Cuenca. Sigue defendiendo una posición transversal para Podemos, si quiere gobernar, que es para lo que nació, y no para hacer oposición. La gente está un poco defraudada con las posiciones de Podemos. La incógnita es si se va a quedar en una especie de Izquierda Unida de Julio Anguita, es decir, en un partido minoritario. Podemos no nació para ser un partido minoritario de izquierdas.

El periodista y escritor Joaquín Estefanía.
El periodista y escritor Joaquín Estefanía en una entrevista con eldiario.es en una imagen de archivo.MARTA JARA

Habla en el libro de 1968, año con dos grandes acontecimientos: mayo en París y el aplastamiento de la primavera de Praga. ¿Qué queda de todo aquello?

Hubo un tercero: México.

Sí, la matanza de los estudiantes en la plaza de las Tres Culturas.

Eso es. Son tres acontecimientos diferentes: en París había capitalismo y los jóvenes y los obreros -que salieron muchos- querían acabar con el capitalismo; en Praga había comunismo y los que hicieron la Primavera de Praga querían acabar con el comunismo, y en México había una “dictadura perfecta” y los estudiantes, porque allí fueron solo estudiantes, querían tener la democracia que tenían los de París. Es curioso. En los tres casos había elementos que en aquel momento pensábamos que eran culturales y ahora son políticos, que hemos incorporado a nuestras vidas, como el ecologismo, el feminismo, una educación sin discriminaciones por razones de sexo, el comunitarismo o la lucha por los derechos civiles. Son ideales que nacieron en 1968. Esos son factores positivos, de éxito. Pero también hay factores de fracaso. Ni en París se acabó con el capitalismo ni en Praga se acabó con el comunismo ni en México se acabó con la dictadura perfecta. En las revoluciones duras, en las que se toma el poder a través de la violencia, no ha funcionado en ningún sitio. Casi todos los factores que denominamos culturales, y que eran políticos, se han incorporado a nuestra vida. La gran paradoja es que se ha conseguido mucho más a través de las reformas que a través de las revoluciones.

Las revoluciones duran poco, a veces solo meses antes de que los nuevos líderes acaben calzándose los zapatos de lo que han desplazado.

En casi todos los casos es así.

Quizá en Cuba duró años, pero desde la invasión de Bahía Cochinos todo cambió.

Sí, duró más años de lo habitual, pero también murió. Fíjate hasta qué punto eso es así que cuando se produce la matanza de Tlatelolco, el movimiento de los estudiantes mexicanos solo tenía una utopía, Cuba. En aquellos años había regímenes, había ideologías y países a los que los que salían a la calle querían parecerse. En estos momentos los indignados no tienen un país en el que reconocerse, tampoco una ideología en la que reconocerse. Son momentos diferentes.

Es quizá un momento más rico.

Mucho más rico. Tendríamos que vernos en un año para ver qué ha quedado de los movimientos de los que hablábamos al principio. Cuál es el sujeto que va a dirigir lo que va a ocurrir, porque lo que está ocurriendo es terriblemente negativo. Lo que nos invade ahora no es una ola conservadora, es una ola reaccionaria. Lo que está pasando en EEUU, las imágenes de Trump haciendo un casting de muros son terribles. Lo que está pasando en Inglaterra. Lo que está pasando en Europa del Este, donde hay un movimiento involutivo autoritario que en muchos casos semeja al fascismo. O lo que está pasando en Alemania, donde la principal fuerza de oposición después del gobierno de coalición es Alternativa por Alemania. Esto contribuye a que sea un momento espantoso para los derechos, no para los derechos económicos, como ha pasado en la crisis, sino también para los derechos políticos y los derechos civiles.

Después del mayo del 68 llegan Margaret Thatcher y Ronald Reagan y se produce la contrarrevolución conservadora que acaba con Keynes. Ese el momento de la Escuela de Chicago, del liberalismo puro. Desaparecen los controles, el capitalismo se descontrola, llega la barra libre.

No lo consiguen del todo. Si uno repasa lo que sucedió, sobre todo en Gran Bretaña, que es donde tenían un estado de bienestar más potente, porque en EEUU era menor, a pesar de que lo debilitaron, y sobre todo lo debilitaron emocionalmente en el sentido de que lo que era un orgullo para la sociedad británica a partir de ese momento empieza a convertirse en una rémora, no acaban con ello. Más bien habría que pensar qué ocurre después de Thatcher, qué ocurre con John Major, qué ocurre con Blair hasta hoy mismo, donde se sigue yendo hacia atrás. Hay un retroceso, pero no logran acabar con todo. Tampoco logran acabar con todo en el otro aspecto, en el aspecto cultural. La revolución conservadora tiene dos partes, quieren volver al capitalismo del laissez faire y quieren acabar con las conquistas del 68 y eso no lo han conseguido, eso no lo han conseguido de ninguna manera.

La crisis del 2008 se debe a la falta de controles. Los vigilantes del sistema son parte del mismo juego.

Pero sobre todo porque los vigilantes del sistema eran falsos vigilantes del sistema. O no creían en lo que hacían o no tenían medios para ser vigilantes. Eran unos organismos, unas instituciones que seguían existiendo porque aparentaban mucho que podía haber un control, pero que no pudieron hacerlo. Me refiero sobre todo a los organismos reguladores y supervisores, que existían, pero que no hicieron en ningún caso su labor. La Reserva Federal no se enteró de lo que llegaba. En muchos países, quizás entre ellos España, existían organismos reguladores pero no tenían medios.

Cuando estalló la crisis del 2008, Nicolas Sarkozy dijo en una cumbre del G20, “vamos a refundar el capitalismo”, pero acabaron refinanciando al mismo capitalismo.

Eso fue en un momento en el que todo parecía posible. Había caído Lehman Brothers, había contagio en la banca norteamericana. Eran meses en los que parece que todo podía ocurrir, que se podría ir el sistema al garete. Entonces Sarkozy dijo eso, como en otro momento dijo “hay que acabar con el 68, porque es lo que nos está matando”. Lo dice Sarkozy y le siguen todos. Sucede en la primera cumbre del G20 en la que se toman aquellas medidas contra los paraísos fiscales, en favor de la transparencia, que duran hasta la siguiente reunión del G20. En ese año se han recompuesto las cosas. Aunque todavía está todo mal ya se sabe que no va a caer el sistema financiero y van olvidando el manifiesto inicial. Fueron quitándole hojas. Primero los paraísos fiscales, luego los estímulos keynesianos para salir de la crisis, luego el rescate de los bancos no con dinero público sino con el dinero de los propios accionistas… Lo van deshojando hasta que llegamos a 2011 cuando no queda nada de aquello.

Ahí es cuando se produce la segunda revolución o contrarrevolución conservadora.

Hay una diferencia sustancial con la primera. Ronald Reagan era un vaquero; la gente que le acompaña era intuitiva pero poco formada, excepto algún caso como David Stockman. En cambio, a Margaret Thatcher la acompañan unos think tank conservadores muy potentes desde el punto de vista ideológico, que son los que dan la batalla. Luego llegan los “neocons” con Bush, algunos han trabajado con Reagan y están más formados, llegan con esa formación que había tenido Thatcher en el Reino Unido. Disponen de unos think tank con los que empiezan a construir una teoría sobre todo esto y que acaba el 11S. En ese momento se olvidan de todo, cambian de enemigo y de estrategia, invaden Afganistán e Irak. Ahora llega la tercera oleada, que es la de Donald Trump, que es una oleada mucho más contradictoria; tiene elementos neoconservadores y tiene otros disparatados, pero forma parte de lo mismo.

La izquierda no tuvo respuesta en la primera y en la segunda revolución conservadora. Ahora parece que tampoco la tiene.

Porque los valores de la revolución conservadora se hacen tan potentes que forman parte de eso que se llamó pensamiento único. El que no los tenía era expulsado de las cátedras, de los servicios de estudio, de los medios de comunicación. Esos valores conservadores impregnan a la socialdemocracia. Así nace “la tercera vía”. Cuando llega una crisis como la de 2008 no tienen nada que decir, solo pueden aportar una especie de thatcherismo de rostro humano. No sé si recuerdas aquella frase de Thatcher, cuando le  preguntaron, ¿qué es lo mejor que ha hecho usted en su vida?, y ella respondió: “Traer a Tony Blair”. Ese es el principal problema de la crisis de representación política. Ha sido tan profundo el contagio de los valores conservadores a la socialdemocracia que si hay que elegir entre el original y la copia la gente escoge el original, o busca elementos populistas de extrema derecha o extrema izquierda. La socialdemocracia está desapareciendo del mapa en un momento en el que las medidas de la socialdemocracia clásicas serían las más oportunas para arreglar los problemas.

Se aplicaron después de la Segunda Guerra Mundial y se salió de las crisis económica y política.

Esos valores, depurados por el tiempo, valdrían para obtener respuestas diferentes de las que hay ahora. ¿Qué va a pasar cuando empiece a aplicar la política económica de Europa el nuevo ministro de Finanzas, el socialdemócrata Olaf Scholz que ha sustituido a Wolfrang Schäuble en el gobierno alemán? ¿Vamos a notar una diferencia sustantiva, aparte de algún ambiente compasivo? Pues eso es lo que hay que ver, si han aprendido o no han aprendido.

¿Sería la utopía más pragmática de la izquierda regresar a los valores socialdemócratas o exigir que el capitalismo vuelva a estar regulado?

Estoy de acuerdo, pero lo diría de otra manera. El principal valor de la socialdemocracia es conservador, conservar lo que tuvimos, no perderlo. La principal labor de la izquierda es asegurar la igualdad de oportunidades, que es un valor probablemente liberal, que se cumple menos que hace una década. Nunca hubo una igualdad de oportunidades perfecta, pero el camino era progresivo, se iba consiguiendo, y en eso se ha producido una marcha atrás enorme.

El periodista y escritor Joaquín Estefanía.
Joaquín Estefanía, en una imagen de archivo. MARTA JARA

Da la sensación de que la izquierda, pienso en la española, se ha quedado atrapada en los eslóganes y ha ido perdiendo contenido. El feminismo podría ser una manera de reconectarse con la calle.

Exacto. Volvamos al programa mínimo, defendámoslo. Tuvimos un programa mínimo que era la democracia y un programa máximo que era el comunismo, el socialismo, la revolución. Volvamos al programa mínimo. ¿Qué puede defender la izquierda para diferenciarse de la derecha? Tres asuntos: la igualdad de oportunidades, que tiene que ver con los derechos sociales y económicos, los derechos humanos que incluyen la libertad de expresión y el cambio climático, el problema más importante que tiene la humanidad en estos momentos.

¿Son tan importantes los líderes o es importante que exista ese magma en la sociedad?

Me parece que fue Bernardo Bertolucci, aunque no estoy seguro, el que dijo “bienaventurado el país que no necesita líderes”. Siempre he creído que los líderes no son el principal elemento cuando se habla de la capacidad de liderazgo de un país. Es importante pero no es lo más importante para los cambios. En estos momentos tenemos unos líderes tan chatos en casi todos los casos, o tan nefastos como en el caso de Trump, que echamos de menos a alguno; hemos idealizado unos líderes que tampoco eran tan buenos pero que en comparación nos parecen maravillosos.

¿Es Merkel la líder más social de Europa aparte de lo que ha hecho a Grecia? Al menos es coherente.

Seguramente la más líder de todo. Con Macron estamos construyendo un mito. Decimos que tiene un discurso europeísta, pero Macron lleva casi un año y ese discurso no se ha concretado en una sola medida, y dentro de su país está aplicando las políticas de austeridad como las que aplicaba la derecha o el mismo Hollande y que le costaron la presidencia. Estamos haciendo un mito de Macron porque tiene esa capacidad de liderazgo de la que todo el mundo habla, y que debe ser cierta. La revista Letras libres publicó un perfil de Macron firmado por Emmanuel Carrère; en él, decía: “Si le miras a los ojos y él te da la mano, estás perdido”. Cuando lo leí, recordé que algo de eso tenía el Felipe González en 1982.

¿Estamos los periodistas aplicando la visión de la vieja política para analizar los nuevos movimientos?

Sin duda. Me alarma ver cómo ha desaparecido Europa del Este de los medios de comunicación con las cosas que están pasando, están matando periodistas, están restringiendo las libertades, incluidas las europeas. Pero no atendemos a este tipo de cosas, estamos en la política pequeña.

¿Ha sido un desastre para la UE la incorporación de los 10 países de Europa del Este, algunos de ellos parecen un caballo de Troya?

Ha sido un desastre monumental, pero hay que analizarlo. Cualquier cosa que se haga en Europa tiene que partir de esa idea, que dentro hay un caballo de Troya. Fíjate lo que está ocurriendo, que tampoco estamos tratándolo suficientemente: mientras todos hablamos del europeísmo de Macron, de lo bueno que va a ser que Macron y Merkel relancen la Unión Europea, los países del norte de Europa están vetando cualquier tipo de cambio de orientación. No quieren un presupuesto europeo potente, no quieren la mutualización de la deuda, no quieren una revisión de la forma de trabajar con el euro, están restringiendo de manera brutal los movimientos de personas. Todo eso está pasando al mismo tiempo que hablamos de la oportunidad que tiene Europa para cambiar en estos momentos.

A la vez está creciendo la xenofobia, la extrema derecha, el maltrato a los emigrantes.

La misma impregnación que había antes de la revolución conservadora hacia los socialdemócratas ocurre ahora entre los partidos de extrema derecha y los partidos de derecha que gobiernan. Ya sabemos que Marine Le Pen no ha ganado y que tampoco ganaron los holandeses, pero las ideas de Le Pen y de los holandeses impregnan en estos momentos los programas electorales.

Partidos de derechas de toda la vida con las ideas de extrema derecha.

Y tampoco lo estamos contando. Respiramos como si fuese una cosa extraordinaria que no hubiera ganado Le Pen, pero mira lo que está pasando en Francia, en Holanda o en Italia.

La Liga Norte pasó de ser un movimiento autonomista y oportunista a un movimiento de neofascista.

Tenemos que utilizar este tipo de calificativos para hablar de estas cosas. Es tremendo. ¿Qué pasó con Italia, con su izquierda y hasta te diría con su derecha, tan ilustradas, que avanzaron tanto, que fueron los padres del eurocomunismo y los padres de la austeridad? ¿Dónde están esos políticos? ¿Se han jubilado todos? Hace años en un mitin de D’Alema, que dirigía entonces la última fase del partido comunista italiano, alguien del público le gritó: “D’ Alema di algo de izquierdas, hombre”.

Ciudadanos llegó como un partido que iba a regenerar la derecha, pero de alguna forma también se ha visto atropellado por los acontecimientos.

En cuanto ha entrado en las instituciones. Volvemos al principio de la conversación, quién es el sujeto que va a protagonizar lo que está pasando. ¿Es el movimiento de los jubilados un 15M renacido con otras formas o se va a diluir en cuanto Rajoy introduzca varias medidas en el presupuesto que engañen un poco a una parte del movimiento? Esto no es discutible en el caso de la mujer. Tenemos que saber cómo se avanza después del 8 de marzo; escojamos dos o tres propuestas., cómo se avanza en la brecha digital, en la presencia de las mujeres en las instituciones, en las cuotas. O avanza o se diluirá.

Uno de los defectos que tenemos como país es la incapacidad para pensar fuera del marco. Decía el general David Petraeus, hablando de Irak, que todos los mandos militares que ascienden piensan de una manera parecida. Pasa en las empresas.

Y en los partidos políticos.

Y cuando surge un problema grave, como la crisis en Catalunya, nadie es capaz de pensar diferente. La política está para solucionar los problemas; aquí la utilizamos para crearlos.

Eso se debe a la adolescencia de nuestra democracia. Como tenemos una democracia más joven que la de los demás, es más endeble, somos rígidos con los procedimientos y con las normas de las que nos hemos dotado.

Algunos sectores del independentismo exprés dicen que España es un Estado autoritario.

Eso es una tontería, es no recordar cómo éramos hace 40 años cuando salimos del franquismo. Tenemos defectos y debilidades, y algunas nuevas que están emergiendo, pero no tienen nada que ver con un Estado autoritario. Este es un país normalizado desde el punto de vista democrático.

Como tampoco se puede hablar de golpe de Estado. Se podría hablar de crisis constitucional.

Y tampoco podemos hablar de amigos y enemigos. Entre la gente de mi generación y entre tus amigos y entre los míos hay muchos independentistas con los que todavía podemos seguir discutiendo. Probablemente no podremos discutir hoy con algunos, como tú has dicho antes, con los independentistas exprés, pero hay una buena parte con la que podemos discutir de muchísimas cosas.

¿Es optimista, en general, no solo con nuestro país?

No, no lo soy. En estos momentos no puedo ser optimista porque el contexto al que pertenece nuestro país es en estos momentos muy desfavorable. Hay una regresión, sin duda. Ha habido una regresión en los derechos sociales y económicos en los últimos diez años, y ahora, que parece que estamos saliendo, hay una regresión en los derechos políticos y en los derechos civiles. Es un mal momento para los derechos en el mundo y en ese sentido no puedo ser optimista.

El tribunal de Estrasburgo dictamina que es legal quemar un retrato del rey y unos días después, el Parlamento vota con el apoyo del PSOE mantener la tipificación de insultos al rey.

Eso es un ejemplo más del contagio. En cambio, me ha parecido valiente la decisión del Partido Socialista de no prorrogar la cadena perpetua revisable, de votar en contra aun sabiendo que es algo impopular en estos momentos. Bueno, eso es lo que tienen que hacer este tipo de partidos. Para eso los queremos y para eso los hemos votado.

¿Cree que el posfranquismo ha desaparecido completamente de España o sigue ahí?

Creo que ha desaparecido muchísimo, pero no del todo. Todos los días vemos, incluso en el Parlamento, algunas intervenciones que recuerdan a otros tiempos, pero creo que son minoritarios. En ese sentido, la aparición de Ciudadanos no va a modernizar tanto como creíamos a la derecha española, pero algo la va a modernizar.

Sánchez Cuenca me dijo en una entrevista con tal de que se vaya PP, que gobierne Ciudadanos.

Esa es la posición de Sánchez Cuenca que en buena parte corroboro. Creo en estos momentos el PP, aparte de todos los problemas que tiene relacionados con la corrupción, es un partido inútil para gobernar; están abrasados, no dan más de sí.

“El orgullo patrio es una absurdez”

12 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los muros físicos se construyen con ladrillos, pero es mucho menos trabajoso erigir los ideológicos: basta con un trapo y un palo. La guerra de banderas que se ha desatado a raíz de la crisis en Catalunya es la semilla que inspiró la nueva recopilación de viñetas de Andrés Rábago (Madrid, 1947). El Roto: Contra muros y banderas (Reservoir Books) es su peculiar interpretación del uso partidista que se ha hecho en los últimos meses de la rojigualda y la estelada.

“Las banderas deberían estar solo en los espacios institucionales. Más allá de eso, el abuso que haga un partido de ella es espurio porque la bandera es de todos”, asegura el veterano viñetista mientras bebe a sorbos muy pequeños su vaso de agua. Sobre la mesa, un par de ejemplares de su libro lucen en la portada una reinterpretación de la célebre Riña de gatos de Goya. En lugar del ladrillo desgastado del original, un felino se posa sobre la bandera española y el otro sobre la senyera.

Aunque todo indique lo contrario, El Roto asegura que “no es un libro específico sobre Catalunya, sino contra la fragmentación”. No distingue entre la repartición del rojo y el amarillo sobre la tela porque, en su opinión, ambas “han dejado de ser símbolos para transformarse en instrumentos de poder, de diferenciación y de separación”.

'Contra muros y banderas'

Dice Rábago que la bandera española no debe tener más función que la de identificar a un país, “como a un navío en alta mar”, pero no ha sido ese su uso desde el pasado octubre. Ahora, buena parte de los ciudadanos españoles identifican la rojigualda con una postura en el debate soberanista con la que quizá no se sientan cómodos. Para El Roto, “es una utilización espuria por parte del Gobierno de un elemento común”, pero también porque “la izquierda ha mantenido esa vieja visión de la bandera como parte del imaginario franquista”.

Lo que es innegable es que el auge de los nacionalismos ha traído consigo una imagen aterradora de banderas ondeantes. En Hungría, Grecia o Austria, la ultraderecha se ha lanzado a las calles enfundada en la bandera del país a la vez que lanzaba consignas xenófobas y supremacistas. En España, el discurso por la unidad también brindó un hueco privilegiado a estos grupos para redoblar y visibilizar su mensaje ultra. “Son las sociedades más débiles las que se reorganizan alrededor de estos símbolos y adquieren identidades impostadas”, explica El Roto.

'Contra muros y banderas'

“El orgullo patrio es una absurdez. Sentirse orgulloso de ser de un sitio en concreto, una estupidez”, asevera. “El orgullo debería surgir por algo más que por un sentimiento de pertenencia. Porque tu nación sea más justa con sus ciudadanos o más culta. Pero ni siquiera eso es atribuible a uno mismo, sino a terceras personas”, piensa el Roto. Contra el “patriotismo de pulserita”, Rábago apela a la voluntad de trabajar por un país a través de nuestro propio comportamiento, no enarbolando una bandera. “¡Robaba, sí, pero pensando en la patria!”, como reza una de sus viñetas.

Las viñetas de la “concordia”

Aunque su opinión sobre el uso partidista de la rojigualda es inclemente, El Roto no es más sutil cuando le toca dibujar sobre el independentismo. Un aguijón de avispa, unas setas alucinógenas o un arcoíris bicolor que se alza en un horizonte de la tierra prometida son algunas de las hipérboles que ha usado en Contra muros y banderas.

“La sátira tiene unos mecanismos caricaturescos que le son propios, como la exageración”, reconoce el viñetista. “Pero no deja de haber algo de alucinógeno en todo esto, sobre todo de manipulación del consciente colectivo. Una hipnosis muy pegadiza”, resume.

'Contra muros y banderas'

Él, nacido y criado en Madrid, asegura que “los temas identitarios no me interesan”, pero que aún así le habría gustado realizar las viñetas desde Catalunya. “Es un asunto que nos afecta a todos, pero allí se vive con mucha más intensidad”, reconoce. En muchas de sus tiras hace referencia al socavón, casi precipicio, que ha generado la incapacidad de comunicarse de los políticos. “¿Y este abismo? Lo cavamos entre tú y yo, ¿no te acuerdas?”, dicen dos figuras negras marcadas con distintas banderas en una de las imágenes.

“Ha habido una dejación por parte del Estado de lo que debería haber sido su trabajo. Al poder central le interesaba ceder este territorio porque esos gobiernos locales le permitían ganar elecciones. No ha tenido en cuenta el interés ciudadano frente al interés partidista de cada momento”, atribuye el dibujante.

'Contra muros y banderas'

Respecto a las posibles salidas, El Roto no se muestra demasiado optimista. “Es un problema de largo alcance. Vamos a tener que convivir con él durante bastante tiempo. Este libro fija una posición y servirá de souvenir de una época que espero que, en algún momento, se convierta en un recuerdo de lo que pasó”, confía. “Es el momento de que la sociedad catalana se sienta acompañada, y todos debemos ayudar a reconducir la situación”.

En su opinión, el “librito”  Contra muros y banderas es su modesto intento de aportar al entendimiento. Haciendo referencia a viñetistas clásicos como Forges, Chummy Chúmez o Máximo, El Roto entiende la sátira como una herramienta “para criticar a los que abusan del poder y acompañar al que está sufriendo”. “Hay momentos en los que tienes que echar una madera al agua donde alguien se pueda agarrar o sentirse en compañía”, dice en referencia al “servicio público” del gremio de la viñeta.

Tampoco pierde la esperanza de alcanzar a los que hoy ondean banderas con tanto convencimiento. “Cuando estás en medio de una corriente de opinión poderosa, debes de ser muy, muy fuerte para mantenerte al margen”, admite. Con sus breves aforismos y el lenguaje visual de sus gruesas pinceladas, El Roto aspira a “elevar el pensamiento común” y a evitar que los poderosos “nos conviertan en sus banderas”.

¿Cómo murió Cipriano Martos? Las torturas y el veneno que acabaron con la vida de un militante antifranquista

5 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Han pasado 45 años desde que Cipriano Martos murió solo, custodiado en una cama de hospital de Reus con el estómago destrozado por un corrosivo. Su familia sigue sin poder responder a la pregunta: ¿fue este joven militante antifranquista el que ingirió  voluntariamente el ácido que lo mató o se lo hicieron tragar los guardias civiles que le torturaron de forma brutal durante dos días?

“Lo último que quería el régimen era que esto se conociera y trataron de taparlo por todos los medios”, expone Roger Mateos, autor del libro Caso Cipriano Martos: vida y muerte de un militante antifranquista (Anagrama). Tras llegar a sus manos el sumario del caso y recuperar más de 50 testimonios, este periodista de la Agencia EFE reconstruye no solo los oscuros días de agosto de 1973 en los que Martos fue torturado y conducido a la muerte por ser militante del Partido Comunista de España (Marxista-Leninista), sino también las razones que llevaron a un tímido y casi analfabeto campesino de Granada a integrarse en una organización antifascista clandestina por la que se jugó –y perdió– la vida.

El propio libro supone un testimonio, con todo detalle, de la vida de una víctima del franquismo cuya muerte quedó en el olvido, reivindicada solo por los militantes de un partido que acabó siendo residual. Es ilustrativo el contraste con casos como el del anarquista Salvador Puig Antich, que fue detenido justamente ocho días después de la muerte de Martos, en septiembre del 73. “Puig Antich es un símbolo de la barbarie franquista, medio mundo se movilizó para frenar su ejecución, mientras que con Martos todo quedó silenciado”, sostiene Mateos.

Pese al miedo que durante años atenazó a la familia, finalmente su caso se ha acabado incorporando a  la macroquerella argentina que investiga los crímenes franquistas. El hermano de Cipriano, Antonio Martos, fue de los primeros en declarar ante un juez en esa causa, en los juzgados de Sabadell. “Quizás no es un caso de importancia universal, pero es tan grave y tan repugnante que no se puede mantener en el olvido”, defiende el autor del libro.

Las dudas sobre una muerte incómoda

Juan José Martos recibió la noticia de la muerte de su hermano en Reus por boca de un guardia municipal de su pueblo, Huétor Tájar (Granada), que le insinuó que se había tratado de un accidente laboral. La familia emprendió entonces un viaje a esa localidad de la provincia de Tarragona donde ni siquiera sabían que vivía Cipriano, puesto que en los últimos meses él había ido cortando todos sus lazos sociales debido a su actividad clandestina en el PCE(M-L).

Al llegar al hospital, la escena que describen sus familiares es estremecedora. No solo no les dejaron ver el cuerpo de Cipriano, sino que su cadáver fue trasladado al cementerio de Reus y arrojado a una fosa común sin su conocimiento. En el expediente de la funeraria constaba como responsable José Martos, el padre, que ni siquiera estaba en Reus, sino que se había quedado en Andalucía al estar enfermo. Aquel fue el primer indicio de una muerte incómoda que les confirmó una monja del hospital: Cipriano había fallecido por ingerir ácido sulfúrico.

Lápida de homenaje a Martos en la fosa común de Sabadell
Lápida de homenaje a Martos en la fosa común de Reus

Ahora Mateos recompone las piezas de los últimos días de Cipriano. Su detención tras una acción de propaganda en Igualada, la caída de la célula de Reus en la que él participaba… Y las torturas a las que fue sometido entre el 24 y el 27 de agosto, tras la las que fue trasladado al hospital. Después de varias entrevistas a sus compañeros, el libro acredita que Cipriano fue torturado por varios agentes, comandados por el teniente Braulio Ramo Ferreruela, que luego aseguraría ante el juez que le trataron correctamente.

Es de su declaración ante el juez de donde se pueden obtener algunos detalles sobre la ingesta del cáustico. Ramo afirma que le dejaron encima de la mesa para que los identificara todos los materiales que le habían incautado en su piso para fabricar cócteles molotov. “Es probable que pudiera haberse bebido cualquiera de los líquidos […] dado que estaban a su alcance”, sostuvo el teniente. A ello se le añade que el propio Cipriano dijo habérselo bebido él ante dos jueces y un médico, aunque sus declaraciones están repletas de contradicciones y pronunciadas en una situación extrema que harían desconfiar a cualquiera.

Ahí Mateos se pregunta: “¿Es posible que la Guardia Civil dejara material de un cóctel molotov al alcance de un preso supuestamente terrorista? ¿De alguien que podía haberlo utilizado para atacar a la policía? Es muy difícil de creer”.

Lo que ocurrió realmente solo lo saben Cipriano y los agentes. Quizás algún día algunos de ellos respondan ante la justicia argentina (el teniente murió en 1998), pero puede que desvelar quién empuñó el frasco con ácido no sea a estas alturas lo más relevante. “La pregunta más importante no es si fue un suicidio o un asesinato, sino si un suicidio eximiría de su responsabilidad a los torturadores. Y la respuesta es que no: lo llevaron a una situación límite”, apunta Mateos.

El 27 de agosto de 1973 Cipriano Martos fue trasladado al Hospital Sant Joan de Reus debido a la intoxicación. Agonizó durante 21 días en una de sus camas, custodiado por la policía, y sin que nadie –ni los familiares ni la militancia– supiera lo que le había ocurrido. Acabó traspasando el 17 de septiembre.

El periodista Roger Mateos, autor de 'Caso Cipriano Martos'
El periodista Roger Mateos, autor de ‘Caso Cipriano Martos’

Ensayo sobre la politización de un obrero

El libro Caso Cipriano Martos no es solo la reconstrucción periodística de unos hechos ocurridos en verano de 1973. Es también un ensayo sobre un proceso de politización. El de un joven campesino que emigró a Sabadell, donde trabajó en la construcción, y que, sin tener al parecer inquietudes sociales, “acabó militando en una de las organizaciones antifranquistas más radicales”, sostiene Mateos.

El PCE(M-L), escisión prochina del Partido Comunista en 1964, no era quizás el principal actor de la lucha antifranquista, pero sí tuvo una incidencia creciente en algunos barrios obreros a lo largo de los 70. Uno de ellos fue Ca n’Oriach, el barrio de Sabadell en el que Martos vivía con su prima. “Por primera vez vio luchas vecinales, reivindicaciones y tomó conciencia del movimiento obrero, al que se fue acercando también por las actividades culturales y de ocio que organizaban”, detalla Mateos.

El libro relata también la otra cara de la militancia: las peripecias tragicómicas de unos militantes a menudo demasiado jóvenes, tan impetuosos como erráticos, capaces de jugarse la vida para colgar carteles antiyanquis y a la vez desafiar todos los códigos de la clandestinidad celebrando una boda con toda la organización en la lista de invitados. Personas que no dejaron de ser jóvenes mientras se jugaban la vida por acabar con la dictadura.

Miedo: España de mierda

27 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los caminos de la promoción son inescrutables. Estoy en el Teatro Nuevo Apolo en Madrid hace un mes, presentando ‘Miedo’. Y la mayoría de medios de comunicación no nos han hecho ni puto caso. Pero esta semana cambió todo. Me pasé toda la semana promocionando accidentalmente mi libro ‘España de mierda’. Que fue igualmente ninguneado hace dos años.

Resulta que un cantante que representará a España en Eurovisión, ha regalado a otra cantante el libro, y se ha armado la marimorena. Los pobres han tenido que salir a dar explicaciones. Les han dicho que no se puede representar a España en Eurovisión y regalar un libro que se llame España de mierda. A mí también me han pedido explicaciones. Alucinante. Igual esperaban que pidiera perdón por cantar o por escribir.Vaya chorrada. Otra prueba más de que el título de mi libro no va desencaminado.

Más que nunca, este país es una mierda, y es una mierda precisamente por eso.
Para ser sincero, también me importa una mierda Eurovisión. Y dicho sea de paso, también me importa una mierda el himno nacional, el mundial de fútbol, las procesiones de Semana Santa y la cabra de la legión. Y me parece una mierda que a los que nos parezca una mierda todas estas mierdas se nos trate como a mierdas.
Es una mierda y lo diría más a menudo, pero tengo miedo a decirlo.

Me callo. No grito lo que todo el mundo sabe. Tal vez tengo miedo de los culpables. 
Tengo miedo porque sé que son capaces de todo. Son gente que para no ir a la cárcel, meten a otras gentes en la cárcel. Tal vez sea eso lo que me hace tener miedo a cosas que antes no temía.

Tengo miedo a la democracia. Tengo miedo a la libertad. Tengo miedo a la Constitución. Tengo miedo a la ley y a la justicia. Tengo miedo de mi propio país.
Tengo miedo de los partidos políticos, de los parlamentarios, de los senadores, del rey y de su padre, y de sus hijos, y de la reina y de sus primos. Tengo miedo de los militares, de los policías, del tribunal constitucional y del tribunal supremo. Tengo miedo de los banqueros y de las corporaciones económicas.

Tengo miedo de los cascos, de las porras, de las togas, de las corbatas, de los uniformes, de la peluquería, del maquillaje y de la cirugía. Tengo miedo de los trajes y los vestidos elegantes, de la constitución, de los putos protocolos, de los cardenales, de los monumentos, de las iglesias, de las hipotecas, de los canales de televisión y de los presentadores de televisión, de las radios y de los locutores de radio, de los periódicos y de la gente que los maneja, porqué hacen sentir miedo hasta a mis amigos más valientes.

Y tengo miedo de tanta y tanta y tanta publicidad. Y de que sea todo tan invasivo y que no haya lugar para nada mas en esta mierda de país que reírles las gracias a estos desalmados que se nos cuelan hasta en la sopa. Y tengo mucho miedo de sus guardaespaldas. Tengo miedo a este monstruo que silencia todo lo hermoso. Tengo miedo de ser vuestra víctima o ser el culpable de algo.

A veces desearía poder cagarme en el gobierno y en los poderosos, como cuando hablo con un barman, con un taxista, o con un amigote. Debería poder decir bien alto que este país es una puta mierda y que me cago en estos  ‘hijosdeputadelaconchadesureputamadre’. Pero tengo miedo.

Seguiré como un cobarde,  haciendo función cada día, en el Teatro Nuevo Apolo,
al margen de vuestra locura. Sin nombraros. Ignorando la rabiosa actualidad que tanto os preocupa. Deseando que mientras dure la función alguien consiga olvidarse de toda esta mierda, aunque solo sea durante una hora y media.

Seguiré intentando que la gente vuelva al teatro después de ver ‘Miedo’.  O vuelva a leer un libro después de leer ‘España de mierda’.

Y tú no te enfades, que no te estaba hablando a ti.

La Gran Guerra para todos los públicos

26 mayo, 2018

Fuente: blogs.elpais.com

Por: F. Javier Herrero 24 de abril de 2014

ARC8900385

Soldados alemanes manejan una ametralladora en las cercanías de Reims (Francia) / Bettmann.Corbis

“Los trenes se llenaban de reclutas recién alistados, ondeaban las banderas (…) y en Viena encontré toda la ciudad inmersa en un delirio. Se formaban manifestaciones en las calles, los reclutas desfilaban triunfantes, con los rostros iluminados, porque la gente los vitoreaba a ellos, los hombrecitos de cada día, en quienes nadie se había fijado nunca…”. Esta es la atmósfera de la Viena ilusionada que describe el escritor austríaco judío Stefan Zweig en su gran obra El mundo de ayer. Memorias de un europeo en agosto de 1914, recién iniciada la guerra en Europa. Hasta ese momento ningún conflicto bélico había surgido de un malentendido tan grave acerca de la magnitud de la catástrofe que se avecinaba y de las consecuencias y transformaciones que acarrearía. En el año del centenario de la Primera Guerra Mundial se suceden las novedades literarias sobre este acontecimiento histórico y hace pocas semanas ha visto la luz La I Guerra Mundial. De Lieja a Versalles (Alianza Editorial), una obra del editor y traductor Ricardo Artola que aborda todos los aspectos del conflicto desde un planteamiento de carácter divulgativo que sigue el patrón que ya empleó en 2005 para narrar la II Guerra Mundial. Su estructura sintética y lenguaje claro así como la cuidada cartografía, la colección gráfica comentada, las cronologías y los breves perfiles de los principales personajes ofrecen una herramienta muy útil para el lector que se acerca por primera vez a este tema. A buen seguro, los estudiantes de educación secundaria o bachillerato tienen aquí un manual adecuado para ampliar sus conocimientos.

La ilustración que trae la cubierta del libro podría ser una metáfora de lo que piensa el autor sobre el origen del conflicto. Un grupo de soldados británicos cegados por los efectos del gas venenoso son guiados por sus compañeros en el frente. Artola define a los gobiernos europeos antes de la guerra como un grupo de sonámbulos que se preparan  para una guerra que ven inevitable. ¿Era efectivamente inevitable la guerra?, ¿quién la provocó? Sobre el estallido de la guerra se han escrito miles de libros y la opinión del autor es que la guerra pudo evitarse y la culpa está de alguna manera repartida entre todos. Cuando estudiamos los conflictos localizados en los Balcanes y Marruecos en los años previos nos preguntamos si estamos ante los prolegómenos de la guerra o se pudo mantener la paz. La historiadora Margaret McMillan opina en su reciente 1914. De la paz a la guerra (Turner) que estamos ante una guerra que pudo haberse evitado y que los líderes políticos del momento no estuvieron a la altura que exigían las circunstancias. Faltaba un Bismarck o el Churchill de 1940 y Woodrow Wilson no fue escuchado en 1916 cuando tomó la iniciativa para negociar y lograr una paz sin victoria. El comportamiento de los estados mayores de algunos ejércitos, que no rendían cuentas a sus gobiernos sino a su emperador y trataron de neutralizar la labor diplomática en el aciago julio de 1914, como es el caso de rusos y alemanes, aceleró la movilización militar. Los análisis de Sebastián Haffner en Los siete pecados capitales (Destino) son elocuentes cuando describen los errores de la política internacional alemana que abandonó la realpolitik bismarckiana para echarse en brazos de la weltpolitiko política mundial, que impuso el káiser Guillermo II y que suponía la disputa con Inglaterra por el dominio global. Según Haffner, Alemania siempre tuvo en su poder la capacidad para desactivar por la vía diplomática esos picos de tensión, incluso de entablar una relación mutuamente favorable con los ingleses, pero tras el atentado de Sarajevo, los militares alemanes encontraron su excusa perfecta para plantarse en el callejón sin salida de la guerra.

Foto libro la-primera-guerra-mundial-de-lieja-a-versalles-9788420684215

Mientras el ejército francés conducía a sus soldados a los frentes de batalla con sus vistosos uniformes de colores rojo y azul que hacían imposible el camuflaje, cada soldado alemán de infantería portaba en su impedimenta un arma defensiva que caracterizaría el paisaje bélico de Europa en estos años, una pala para cavar trincheras. Desde septiembre de 1914 los frentes se llenaron de kilómetros de estas zanjas defensivas infestadas de alambradas y nidos de ametralladoras, cada vez más sofisticadas, que frenaron de manera muy eficaz las ofensivas del enemigo. Ricardo Artola dedica un amplio capítulo a estudiar este elemento determinante de la I Guerra Mundial, que a su vez fue escenario de los grandes avances tecnológicos aplicados al armamento. Aviones, submarinos, tanques, lanzallamas, morteros ligeros, artillería muy evolucionada (causante de la mayoría de las bajas) y los gases venenosos, se estrenaron en esta guerra. Mientras, en la retaguardia, se hizo necesaria un arma fundamental relativamente reciente, una buena red ferroviaria para movilizar el mayor número de soldados en el menor tiempo posible, y en ese terreno los alemanes también tomaron la delantera, sobre todo a la Rusia zarista, con 60.000 km. de vías de doble sentido y 30.000 locomotoras. Un desarrollo tecnológico que iba muy desequilibrado a favor de las armas defensivas junto a una estrategia militar anticuada que no valoraba los recursos humanos – el menosprecio de la alta oficialidad procedente de la aristocracia hacia la vida de sus soldados, de extracción obrera y campesina, fue casi una rutina que se dio con más frecuencia en los países de la Entente que en Alemania que era consciente de sus limitados recursos y tuvo en la figura del general italiano Cadorna su ejemplo más innoble- es la causa de las tremendas masacres que se sucedieron en cada ofensiva. El frente del Este aportó batallas que pasaron a la historia militar como Tanenberg (1914) o la Ofensiva Brusilov (1916) por la pericia militar demostrada pero otras se grabaron en el subconsciente colectivo de sociedades enteras. Como nos recuerda Norman Stone en su Breve Historia de la I Guerra Mundial (Ariel) al hablar de Verdún (1916), “fue tal el efecto de la batalla que el país jamás se recuperó del todo: aquella campaña fue el canto del cisne de Francia como gran potencia. La caída del país en 1940 se explica, en parte, porque la población no quería volver a pasar por otro Verdún”. El 1 de julio de 1916 caían muertos 20.000 soldados ingleses frente a las ametralladoras alemanas en el Somme, un río cuyas riberas solían estar llenas de amapolas, la flor que se hizo símbolo de los caídos británicos, que alcanzaron la cifra de 600.000 para acabar obteniendo apenas unos pocos kilómetros cuadrados de terreno enfangado.

0430 DEFENCE Somme

Soldados británicos franquean una trinchera durante la batalla del Somme / Cordon Press

Como afirma Artola, Gran Bretaña fue de derrota en derrota hasta la victoria final, y podemos decir que Alemania caminó por la senda contraria, de victoria en victoria hasta la catástrofe definitiva. Sus ejércitos no perdieron ni una sola batalla –hasta las retiradas del verano de 1918- y apenas cometieron errores graves en un sentido estrictamente militar. Falló el plan estratégico general. La jefatura militar alemana no se quitó la venda de los ojos hasta que ya era demasiado tarde para negociar ninguna paz honrosa. La guerra se llevó por delante cuatro imperios y reordenó de manera contundente el mapa europeo. En 1919 los vencedores redactaron la humillante Paz de Versalles –recordemos que Alemania, con gran miopía estratégica, le impuso a la Rusia bolchevique la misma degradante medicina en Brest-Litovsk un año antes, al arrebatarle una enorme extensión de territorio- que tuvieron que firmar al pie los vencidos y que estableció un orden mundial injusto y conflictivo, generador de los totalitarismos de los años treinta, con unas cláusulas durísimas para Alemania que, como botón de muestra, contenían unas “reparaciones” económicas tan onerosas que se han terminado de pagar en octubre de 2010.

En fechas próximas se publicarán nuevos títulos sobre las grandes batallas, el final de la guerra y sus tratados de paz, etc., y tendremos nuevos materiales para entender la segunda gran catástrofe del siglo XX. Pero si nos ponemos en la piel de muchos de los millones de soldados que estuvieron en las trincheras, trabajadores y hombres del campo sencillos, de humilde condición, la Primera Guerra Mundial fue una desgracia que les sobrevino, un tremendo infortunio contra el cual nada pudieron hacer y probablemente pensarían como el personaje del soldado italiano Bordin, camarada ejemplar entre sus compañeros de la batalla del Piave (1917), en el filme La Gran Guerra de Mario Monicellique les decía: “Solamente los muertos podrían decir la verdad sobre las guerras pero los muertos no hablan”.