Archive for the ‘opinión’ Category

Siente a un franquista en el plató

19 septiembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Se ha puesto de moda estas semanas de canícula en bucle argumental llevar  a un/a franquista a las teles, al plató o al dúplex -¿perdona?, no escucho bien con el retardo, y así se gana un plató el interfecto- , para que evacúe ditirambos al dictador Franco; de repente presentado como luz de donde el sol la toma en lo tocante a estrategia militar, un Moltke de El Pardo, vaya.

Con el paso del tiempo, Franco se ha agigantado y sería hasta alto, según sus hagiógrafos locuaces, un piropo más y NBA. La pregunta es: ¿por qué llevan mis colegas a estos sujetos ultras, franquistas, grasientos, y les dan carrete? ¿Cómo es posible que tengan minutos, y no basura, por parte de gentes engominadas intelectualmente, capaces de presentarnos a Franco como un trufado de Napoleón, Churchill y Montgomery, y su comando color caqui en la batalla del Alamein?

Es posible que se trate de cuestión de picos de audiencia, de sumar espectadores, como cuando llevaban a Revilla y sus anchoas  -¡pedazo de foto con el canalla que lleva a Charles Mason en la camiseta y hace una peineta!-; es probable que todo tenga que ver con el tontorrón adorno según el cual todas las opiniones son respetables, una sandez propagada por el uso y que no se sostiene argumentalmente:¿es igual de respetable la opinión de quien defiende la ablación de clítoris de quienes la negamos y pedimos cárcel por ella?

El caso es que estamos en que siente un franquista a su mesa. Con cámaras , mejor. Se empatan así opiniones inigualables y aparecen militares franquistas y jefas de prensa del Caudillo, comprendedores y justificadores del golpe de Estado contra el gobierno legítimo de la República, como si estuvieran cargados de razón.

A esta patulea ultra, que nunca se ha visto en otra en cuanto a protagonismo, tienen que rebatirla pacientemente militares demócratas, esos que dicen algo tan obvio como que los militares deben obedecer a los civiles y no salirse de la Constitución.

Los que hace años llamaríamos ‘turiferarios del régimen’ o ‘nostálgicos del franquismo’, se ponen ahora estupendos y evacúan un manifiesto que parece redactado por Pemán, José María, que veía en las entradas de Franco bajo palio en las catedrales un síntoma de que en España había vuelto a amanecer.

El manifiesto predemocrático de los militares contra la exhumación de los restos del dictador debería ser motivo de pena, retirada de pensión o apercibimiento, pero no de reiterada propaganda mediática en régimen de supuesto respeto de todas las opiniones, que nunca serán iguales.

Al menos tenemos una reacción de militares demócratas, que dicen que Franco no merece ni respeto, ni desagravio, que además era un militar de chichinabo, mediocre antes que supuesto austero.

Todo parece que se excita ante la inminente salida de los restos inhumanos del dictador de Cuelgamuros, como enuncia Nicolás Sánchez Albornoz. Nicolás, sí.

De la misma forma que no podemos empatar la voz de un criminal con la voz  de su víctima, tantas veces muerta, no deberíamos presentar como iguales las palabras de gente que nos hubiera metido en la cárcel o nos hubiera fusilado, con las de personas demócratas, militares o no. No hay empate posible entre golpistas y demócratas.

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La España de Mr. Wonderful

6 agosto, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

No alcanzo a entender cómo puede ser este país nuestro un parque temático del fascismo, con tanta manita arriba, o una sociedad dividida y al borde de la fractura civil o un sindiós permanente del que es casi imposible escapar si, en realidad, España es el paraíso de Mr. Wonderful, ese mundo rosa y azul de nubecitas en el que navegan leyendas cursis de autoayuda junto a unicornios rosas. En una de ellas aparece el lema que debiera inscribirse en el escudo nacional y, sin ir más allá, sería el de “No hay nada imposible” esa frase “para recordar que los límites sólo te los marcas tú y que TODO, TODO, TODO es posible”.

Supongo que los inventores de la gallina de los huevos de oro que es la firma Mr. Wonderful no tendrían inconveniente en hacer grandes descuentos al Estado si se compraran millones de ellas para instalarlas convenientemente incluso en los centros oficiales junto a la fotografía del monarca. ¡Dónde mejor que junto a la fotografía del monarca! Aun así no bastaría. Harían falta copias para las capillas. Y también para los domicilios y los negocios particulares. Y sobre todo para las salas de vistas. No hay nada imposible. El lema que inspira y anima a tantos y tantos que se pasan el día haciendo lo que les sale de las meninges. Todos con corifeo que los aplaude, nutrido por millones de españoles admirados por el unicornio rosa que algunos lucen en la frente y que les permite hacer aquello que gusten. Sin mayor problema. A fin de cuentas siempre hemos sido un país de ácratas, aunque en algunos poderes a eso le llamen ser creativo.

En primer lugar, como no, vamos a fijarnos en el Mr. Wonderful bajo el que delibera la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra. Esa que ayer resolvió los recursos presentados por las partes contra su propia y polémica resolución de dejar en libertad a los miembros de ‘la manada’ tras ser condenados por ellos mismos a nueve años. Esa que lleva CATORCE días sin dictar un auto para acordar si procede cambiar la situación personal de Antonio Manuel Guerrero después de que éste intentara obtener un pasaporte y tras haber llevado a cabo una comparecencia de las previstas en el artículo 505 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. ¿Esto ha pasado alguna vez? Pues no. Inédito, inaudito e insólito que un juez o un tribunal no dicte ese auto el mismo día o a lo sumo al día siguiente de haberse producido la vista. ¿Pueden hacerlo? Ya les digo. Inspirados en su Mr. Wonderful de cabecera porque nada es imposible y que les recuerda que los límites se los ponen sólo ellos. A ellos no les importa la imagen de desidia y enfrentamiento que puedan enviar ni que pueda añadir escarnio a una imagen de la Justicia que están dejando, ellos sí y no la gente, por los mismos suelos.

Esperemos que no estén esperando a que la Sala de lo Civil-Penal del Tribunal Superior de Justicia resuelva los recursos a la sentencia condenatoria pero todo, todo es posible si tú quieres. También alterar el uso habitual de ese tribunal y hacer que sean cinco magistrados y no tres los que estudien la cuestión. Ya ven, la presión social no cambia nada las cosas. No afecta nada. Es Mr. Wonderful el que ha decidido que como todo, todo, todo es posible, también lo es cambiar la composición de las salas y meter a todos los magistrados quizá para diluir el marrón entre más personas o quizá, a sabiendas de los equilibrios, para alterarlos. No lo sabremos. Esto se ha puesto de moda. Se lo inventó Grande-Marlaska haciendo de unicornio mayor para introducir una lectura de la ley que nunca se había hecho y que donde dice “en los casos en los que no se disponga otra cosa, para formar sala bastarán tres magistrados” se leyera que basten, que sean suficientes, no implica que no puedan ser todos los que se quieran, obviando que existe esa parte que dice que si fuera lo que desea el legislador ya estaría dispuesto de otra manera, es decir, que dice que cuando hacen falta más o menos ya lo indica la propia ley. ¡Que ningún unicornio te empañe! Así se neutralizó al tribunal de Gürtel en la Audiencia Nacional para la comparecencia del 505 de los condenados que dejó fuera a Rosalía con 12 años de condena. No lo olvides, español, los límites te los pones sólo tú.

Teniendo tal rosado unicornio una simple audiencia, un tribunal superior o la mismísima Audiencia Nacional ¡cómo se iba a quedar sin su póster y su lema y su unicornio rosa el todopoderoso Tribunal Supremo! El más grande de la casa está instalado en el despacho del juez Llarena. Es muy inspirador. ¿Puede el juez Llarena renunciar a la entrega de Puigdemont sólo por malversación? No, no puede como tampoco podía retirar la euroorden cuando lo hizo. No, porque en las leyes españolas no rige el principio de conveniencia o de oportunidad sino el principio de legalidad y ese es el que obliga a un juez a perseguir el delito y al delincuente siempre y esté donde esté. ¡Pero eso es porque los legisladores no consideraban la existencia del unicornio mágico del espíritu español siempre creando, siempre inventando, siempre maquinando! Es sólo un ejemplo de todas las cuestiones que Mr. Wonderful ha inspirado al inspirado instructor. “No hay nada imposible”, no hay límites, todo depende de tu voluntad, repite insidioso el que ya hemos adoptado como lema patrio.

¿Puede el abad del Valle de los Caídos enrocarse con los restos de Franco a pesar de lo que diga el Arzobispado? En la basílica el unicornio ha sustituido un panel del tradicional retablo. Ya lo hizo, anticipándose al éxito de la sociedad infantilizada, el propio dictador de forma bien cruel. ¿Puedo hacerme un homenaje de faraón? No tienes límites,  eres el dictador y allí no hacía falta ni Mr. Wonderful ni la madre que lo parió y bastaba la gónada única del generalito. ¿Puedo unir escarnio a mi genocidio profanando tumbas y trayéndome los cadáveres que quiera hasta aquí para darle a esto un toque? Franquito, todo, todo lo que imagines puede ser hecho. El abad es un mindundi en el mundo canónico que parece que quiere enrocarse en los deseos de los nietos del dictador y no hacer caso al presidente de la Conferencia Episcopal que no ve problema en la exhumación. Quizá haga valer el abad su dependencia directa de la Confederación Benedictina -son unos monjes federales- y de su actual Abad Primado que creo que se llama Gregory Poland, en todo caso éste sí depende jerárquicamente del Papa así que creo que no, que el abad no puede enfrentarse sólo al Gobierno de España pero, como será devoto de Mr. Wonderful, no se habrá cuestionado siquiera que haya límites más allá de su criterio. Lo va a descubrir pronto, al tiempo.

El unicornio que nos posee. Piensen en más ejemplos. Piensen en todos los discípulos de la orden del unicornio de sus santas narices que no son sólo los que lo nutren sino también los que están dispuestos a justificarlo todo, a explicarlo todo y a defenderlo todo. Lo dicho: la España de la taza de autoayuda y del unicornio. Está por todas partes. Y si sus fieles dudan y si se permiten dudar de si las cosas deberían hacerse de otra manera, tiran de su taza de café de Mr. Wonderful con otra frase inspiradora: Todo va a salir bien, porque tú eres la leche.

Andalucía 1918: país de hambre y de incultura

22 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

En enero de 1918 se celebró la Asamblea de Ronda. En este año se conmemora su centenario y se resalta que en ella se aprobaron los símbolos políticos de Andalucía, su bandera y escudo. Su dimensión política  ha querido ser disminuida, como si otros cónclaves peninsulares contemporáneos  hubieran adquirido magnitud inasible. Un recuerdo institucional, por otra parte, tímido, que solo quiere quedarse en los símbolos, lo menos que se despacha. Pero creo que eso fue solo la guinda; es útil remarcarlo, claro, sobre todo para aquellos que piensan que los símbolos andaluces son la elucubración de un grupo de diseñadores modernos a sueldo, al socaire de las aspiraciones descentralizadoras de 1978. Y no.

Los asambleístas se reunieron en Ronda en unas condiciones internas y externas muy significativas. La Gran Guerra europea, la Revolución Rusa, con sus interpretaciones locales; por otra parte, la descomposición interna del régimen político español, la monarquía borbónica, y, cómo no, las hambrunas y las continuas guerras de Marruecos, una sangría para el pueblo al dictado de los intereses de las oligarquías norteñas españolas.

Los reunidos en Ronda sabían o creían que algo iba a pasar y, en todo caso, que algo debería de pasar. La situación de Andalucía era insostenible, la agitación se extendía, las condiciones económicas de la “a veces, decían, nación más civilizada” eran insoportables, “un país de hambre y de incultura”. Pretendían menear las conciencias, afirmar y dar visibilidad, como sujeto político, a una Andalucía que debía integrarse en igualdad en el concierto español. En una España que debía, no ya regenerarse, sino renovarse. Tiempos nuevos, ideas nuevas, hombres nuevos.

El centralismo denunciado se mostraba no sólo un sistema ineficaz sino, además, el vector separador de los pueblos de España, a los que enfrentaba, constantemente, como herramienta de perpetuación del propio centralismo. También entonces había conflicto catalán. La solución para los asambleístas, contra el vicio del centralismo separador, no era otra que acabar con el caciquismo y la oligarquía, soportes y consecuencias de la monarquía corrupta, en lo económico y en lo político. Para ello, los asambleístas, tributarios de los principios federales contenidos en el proyecto de Constitución federal de Antequera de 1883, proponían una federación ibérica, cimentada en los valores republicanos, progresistas, para construir una nueva España, solidaria, respetuosa con sus pueblos, igualitaria.

No es de extrañar que no haya mucho entusiasmo en resaltar lo defendido en Ronda. Por eso nos quedamos en los símbolos. Tras la terminación de aquel encuentro, tanto desde Sevilla como desde Granada, se pedía a los poderes centrales, con federación o sin ella, un estatuto integral de autonomía para Andalucía, por primera vez en su historia; a la Asamblea de Ronda siguió la de Córdoba. Construir desde los municipios, era la idea, otro orden territorial para España, otro reparto del poder, y permitir que Andalucía, por sí, pudiera salir de su atraso secular.

Ni más ni menos, esa es la actualidad del pensamiento de Ronda. Respeto, entendimiento entre los pueblos , federalismo, valores republicanos. Y sin perder de vista la justicia social, la educación, que a eso se referían los asambleístas cuando afirmaban la incultura de los andaluces.

En su programa, educación, siempre educación, para todos y por todas las comarcas andaluzas, reparto de la tierra, crédito públicos, aprovechamiento de los recursos naturales, repoblación forestal, agua, riqueza, trabajo, emprendimiento, comunicaciones, frenar la emigración forzosa. Y separación de poderes, y acabar con la corrupción judicial. ¡Cómo no os vamos a recordar!

Han pasado cien años, de ellos casi cuarenta con autogobierno. Hemos mejorado, pero los problemas y el diagnóstico siguen. Centralismo, dependencia, paro, hambre en los más desfavorecidos, educación insuficiente, caciques y oligarcas, los modernos corruptos de hoy, atentados constantes contra el medio ambiente, déficits en las comunicaciones, monocultivo productivo, nueva emigración. Las estadísticas de los problemas que ya señalaban los asambleístas de Ronda no son las mejores, ni en igualdad, ni en educación… Valgan de ejemplo Granada que lleva más de tres años sin tren; Algeciras, que sigue enclavada: siendo el mejor puerto del sur de Europa, solo unos tímidos 26 kilometros nos alumbran con el nuevo Gobierno central; Almería que sigue olvidada de su corredor, con una de las agriculturas más competitivas de la UE, y así podríamos seguir.

El recuerdo de Ronda no es solo el de banderas y escudos. Debería ser una llamada de atención a nuestras conciencias, de lo que nos queda por hacer, de que dependemos de nosotros mismos. Un llamamiento a los que entonces llamaban ya las clases neutras, para que confiemos en nosotros. No renunciar a la visibilidad y al protagonismo, no dejarse corroer por los vicios de siempre, que han pasado cien años.

Diez proposiciones sobre la clase trabajadora actual

17 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

En noviembre de 2016, Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos y una parte del mainstream estadounidense se echó las manos a la cabeza mientras se preguntaba por cómo un multimillonario machista y xenófobo había obtenido casi 63 millones de votos. En la búsqueda de respuestas cobró fama un libro escrito en 1997 por Jim Goad en el que se desarrollaba una polémica tesis que parecía, veinte años después, toda una profecía. Según el ‘Manifiesto Redneck’, la izquierda había sido responsable de mantener durante décadas un peligroso discurso que excluía a la clase obrera blanca, mientras al mismo tiempo abrazaba y defendía preferentemente las demandas de colectivos como las mujeres o las minorías étnicas. Esas políticas, llamadas de identidad, estarían provocando un rencor y resentimiento creciente en la clase obrera blanca que explicaría que ésta fuera el motor principal del ascenso de un personaje como Trump.

Con el ascenso de organizaciones populistas de extrema derecha en toda Europa este debate ha traspasado el ámbito estadounidense y no son pocos los que han concluido que, efectivamente, la culpa de las nuevas formas de fascismo europeo y del Brexit la tiene la clase trabajadora y las políticas de identidad de la izquierda. En este artículo trataré de defender que esta tesis no sólo es falsa sino también peligrosa.

Qué es la clase trabajadora y por qué se fragmenta

Una de las virtudes que tiene este debate es que ha puesto el foco en la clase trabajadora. Frente a los cantos de sirena que hablan de la desaparición de las clases, este tipo de ejercicios de recuperación me parecen fundamentales. En todo caso, la primera pregunta que deberíamos hacernos es: ¿qué significa exactamente ser clase trabajadora? Grosso modo, podríamos contestar dos respuestas generales.

En primer lugar, podemos considerar a la clase trabajadora como una realidad objetiva que se define por el lugar que ocupa en las relaciones sociales de producción. Así, suele decirse que son clase trabajadora todos los asalariados, los que no tienen más posibilidad que vender su fuerza de trabajo a un tercero o los que carecen de medios de producción propios. No obstante, esto está lejos de ser claro, ya que las relaciones sociales de producción también incluyen aspectos como el control y la supervisión del trabajo, y es obvio que no todos los trabajadores ocupan el mismo rol en esas relaciones. Hay trabajadores de cuello azul, de cuello blanco, supervisores, directivos y profesionales, cualificados y no cualificados…todos los cuales tienen unas remuneraciones, modos de vida y actitudes sociales y políticas de gran heterogeneidad. En todo caso, con esta fórmula somos capaces de ubicar a las personas en la categoría de clase trabajadora sin necesidad de preguntarles.

En segundo lugar, podemos considerar que la clase trabajadora se define de manera subjetiva, es decir, a partir del reconocimiento explícito de identificación como clase trabajadora. Esta otra concepción se refiere, en consecuencia, a la identidad de la persona en cuestión, y no es necesariamente incompatible con la primera definición. En mi opinión, y esto es lo que he tratado de argumentar en ‘Por qué soy comunista’, ambas concepciones son útiles y necesarias siempre que las definamos y combinemos bien. Yo defiendo que la clase no es ni un mero hueco en las relaciones de producción ni tampoco sólo una construcción social; son ambas cosas.

Como se ha visto recientemente en el debate con el escritor Daniel Bernabé, a quien hay que agradecer su amabilidad y disposición militante así como haber reabierto este debate, algunos analistas han considerado que la clase trabajadora ha visto fragmentada su identidad desde la emergencia del neoliberalismo. Yo creo, en cambio, y esta es mi primera proposición, que la clase trabajadora ya estaba fragmentada subjetivamente antes de los años ochenta. Además, y esta es la segunda proposición, opino que esta fragmentación se debe a causas económicas y no a factores exógenos tales como la influencia del posmodernismo o el neoliberalismo.

Hay que tener presente que todos los países occidentales han vivido en las últimas décadas transformaciones en su estructura social que han alterado la composición de las clases. La desindustrialización, las nuevas formas de gestión empresarial, el uso de las tecnologías, la globalización, etc. han producido de forma general una reducción de las categorías profesionales de trabajadores no cualificados y de rutina, que suelen vincularse con una concepción estrecha de clase trabajadora. En efecto, si se considera que clase trabajadora son sólo aquellos trabajadores de cuello azul, como mineros, campesinos o trabajadores industriales de rutina, entonces ha habido un descenso cuantitativo. Lo que yo defiendo es que estas transformaciones, con la creación y extensión de nuevas ocupaciones laborales, han empujado a que los hijos e hijas de la clase trabajadora se sientan de clase media o, como mínimo, distintos de la clase trabajadora de toda la vida.

No obstante, hay diferencias entre países. Por ejemplo, en la década de los cincuenta, el 60% de las personas en Estados Unidos se consideraban de clase trabajadora frente al 40% que se consideraban de clase media. A inicios de este siglo, sin embargo, sólo el 41% se consideraba clase trabajadora frente al 59% que se considera clase media. Estos datos cuestionan el exceso de idealización sobre la clase trabajadora en los cincuenta, puesto que ya entonces casi la mitad se consideraba de clase media, pero confirmarían que la tendencia es hacia la pérdida de identidad de la clase trabajadora como tal.

Ahora bien, ¿eso es debido a que los trabajadores de cuello azul han disminuido en número o a que culturalmente han sido permeados por la ideología neoliberal? En mi opinión, es más probable que haya sido el primer factor, aunque sin duda tal fenómeno va acompañado de un relato de ascenso social que exalta ideológicamente las virtudes del capitalismo. Por otra parte, en otros países ese comportamiento no ha sido idéntico o, al menos, es más lento. En Gran Bretaña en los años ochenta el 60% se identificaba como clase trabajadora frente al 34% que lo hacía como clase media. Actualmente el 60% sigue considerándose clase trabajadora frente al 40% que se considera clase media. Apenas hay cambios en los últimos cuarenta años. Estos datos rechazarían igualmente la tesis de la mitificación de la clase trabajadora del pasado, pero también pone en cuestión su rápida fragmentación subjetiva en el tiempo. Sugiere, en suma, que la identificación con la clase es una batalla cultural que depende de muchos factores más allá de la ubicación en las relaciones sociales de producción.

En consecuencia, mi tercera proposición es que con la fragmentación económica se incrementa la autopercepción de pertenecer a la clase media, que opera como un cajón de sastre en el que se sitúa toda persona que no es ni muy rica ni muy pobre. En consecuencia, la tesis que sostengo es que la clase media no es meramente una ficción cultural sino una forma de denominar un fenómeno real y material derivado de la dinámica capitalista, esto es, la fragmentación objetiva de la clase trabajadora. En efecto, la economía capitalista se ha desarrollado no polarizando entre clases, como preveía Marx, sino fragmentando y diversificando las ocupaciones productivas tanto a nivel internacional como nacional. Aunque llamemos clase trabajadora a todas las personas asalariadas, dentro de ese conjunto hay una enorme diversidad de salarios y modos de vida y de reproducción social que, desde luego, no son el simple reflejo de un proyecto cultural inoculado desde fuera. Al fin y al cabo, la clase media es, como la clase trabajadora, un hecho material y también un constructo social.

¿De qué tiene culpa la clase trabajadora?

En un estudio clásico de la sociología, a finales de los años cincuenta el profesor Martin Lipset sostuvo que la clase trabajadora defendía valores de redistribución en lo económico (apoyando la intervención del Estado en la economía), pero que mostraba valores autoritarios en relación a derechos civiles (por ejemplo, prejuicios raciales, rechazo a los homosexuales, oposición a la igualdad de género, intolerancia hacia el diferente…). Por el contrario, afirmaba que la clase media era más partidaria del libre mercado y más abierta en relación a los derechos civiles.

Todavía hoy hay un gran debate abierto acerca de estas hipótesis de Lipset. No obstante, hay consenso en que la ubicación en los estratos inferiores del sistema productivo –los peor remunerados- sí está vinculada con la defensa del intervencionismo del Estado en la economía. En suma, la clase trabajadora (trabajadores industriales, trabajadores manuales no cualificados…) es menos partidaria del libre mercado que la clase media (gestores de pequeñas empresas, profesionales cualificados, autoempleados…). Esto es, desde el punto de vista marxista, lo que cabría esperar.

Sin embargo, sobre la otra hipótesis existe más controversia. Aun así, se han encontrado pruebas suficientes de que la educación o formación cultural –simplificando: lo que Bourdieu llamaba capital cultural- es una variable fundamental para explicar la actitud respecto a los derechos civiles. Todos los estudios han demostrado que cuanto más formadas culturalmente están las personas, más tolerantes y abiertas son; y cuando menor capital cultural se tiene, ocurre al revés. Naturalmente existe una relación entre tener poco capital cultural y ser de clase trabajadora, pero en mi opinión no sería correcto asumir que el capital cultural es una variable que refleja la clase social. Mi proposición cuarta es que ser de clase trabajadora favorece la probabilidad de exigir políticas de redistribución, y mi proposición quinta es que cuanto menor capital cultural tiene una persona más probable es que tenga actitudes morales conservadoras.

El problema es que son todas estas pistas las que han señalado a la clase trabajadora como culpable del crecimiento del monstruo. Los estudios parecen describir al votante prototipo de la extrema derecha como hombre, con poco capital cultural y desempleado o de clase trabajadora. Pero, ¿y si en realidad no es la clase trabajadora la que está detrás del ascenso de la extrema derecha?, ¿y si no es el rechazo a las políticas de identidad lo que mueve el voto de la extrema derecha?, ¿y si, después de todo, resulta que los errores de la izquierda en ganarse a toda la clase trabajadora no tienen nada que ver con las políticas de identidad?

Una de las tesis más extendidas sobre el crecimiento de la extrema derecha es que la globalización es un proceso que ha creado ganadores y perdedores en las sociedades occidentales, estando estos últimos situados entre las clases populares (clase trabajadora industrial, clases medias expuestas a la competencia internacional, etc.). Esta es de hecho la tesis a la que yo me adscribo. Desde mi punto de vista, hay razones económicas que explican por qué surgen oportunidades para el crecimiento de posiciones anti-establishment y anti-sistema, que se combinan con otro tipo de oportunidades generadas en otros ámbitos (por ejemplo, la existencia de un peso grande de inmigrantes o la desconfianza en el sistema político).

Por eso, mi proposición sexta es que la extrema derecha crece porque sabe utilizar la rabia y el descontento de las clases populares ante unas expectativas de futuro de inseguridad y desprotección tanto económica como civil. En definitiva, el ascenso de la extrema derecha no es debido a la clase trabajadora sino a una parte de la clase trabajadora y de otras clases que, además de ser víctimas de la globalización tienen actitudes morales conservadoras.

El trabajo del profesor Rodríguez-Pose ha demostrado que la extrema derecha populista ha sido más votada en las zonas desindustrializadas y en las regiones que se han quedado atrás en el desarrollo económico. Es decir, en el ascenso de la ultraderecha importa más el carácter geográfico-espacial que la clase. Por ejemplo, a Trump le votaron más en Ohio y Wisconsin que en Nueva York, aunque los más pobres de Nueva York son mucho más pobres que los de Ohio y Wisconsin. Así, también las mujeres, negros y latinos votaron masivamente por Clinton y también son clase trabajadora –y de hecho incluso más precaria. Por otra parte, Le Pen fue incapaz de ganar en ninguna gran ciudad, pero obtuvo sus mejores resultados en las áreas rurales y desindustrializadas del país. Similarmente, en Reino Unido el referéndum del Brexit fue empujado por el voto favorable de las áreas rurales frente a la negativa de las ciudades y las zonas dinámicas del país.

Este planteamiento es coherente con lo que sabemos sobre el capital cultural y su influencia en los valores civiles. Así, las grandes ciudades se han beneficiado de la globalización y han atraído no sólo el capital económico sino también a las personas más cualificadas del resto del país. Y eso ha hecho que las grandes ciudades occidentales, como París, Berlín, Nueva York, Londres, Madrid, Barcelona… suelan estar gobernadas por la izquierda, que se apoya en una estrategia que combina la redistribución y las políticas de identidad. Esto es lo que parece ocurrir también en España. Por ejemplo, en las últimas elecciones municipales de 2015 en la capital ganó la candidatura municipalista de AhoraMadrid. Y lo hizo apoyándose en todos los distritos del sur, en una división casi perfecta entre las zonas ricas y las zonas pobres. Obsérvese el siguiente mapa:

Mapa distritos de Madrid según el voto

De hecho, al menos en el caso español –como en las grandes ciudad de las sociedades ricas- no parece haber pruebas de que la izquierda que combina discursos de la identidad con otros de redistribución esté perdiendo el apoyo de la clase trabajadora. Es más, podría ser incluso parte de la explicación de su éxito en las grandes ciudades.

Las políticas de identidad

También podríamos contemplarlo desde otro punto de vista. Se da la paradoja de que el partido neofascista Liga Norte sigue rentabilizando en Italia el discurso anti-inmigración a pesar de que los datos objetivos demuestran que la llegada de inmigrantes se ha reducido drásticamente en los últimos años. Es algo aparentemente inexplicable. Pero se ha demostrado que el clima dominante contribuye a formar las actitudes sociales, así que donde la extrema-derecha ha logrado centrar el debate con sus temas, también el clima político se ha colocado a su favor y con ello también ha recibido nuevos votantes.

¿Y si, siguiendo el mismo razonamiento, las políticas de identidad en España fueran también una vacuna contra el fascismo? Recordemos que las derechas en nuestro país tuvieron que retroceder en su discurso anti-feminista precisamente por la potencia del movimiento feminista y del clima generado por sus demandas. Hace unos años se manifestaba contra el aborto y el matrimonio homosexual gente que hoy no se atreve a criticar ambos fenómenos. Incluso respecto a la inmigración la derecha sigue arrinconada frente a la ofensiva humanista y solidaria de la izquierda sociológica. Así, podría ser que en ausencia de esas políticas de identidad, compuestas también por muchos gestos políticos aparentemente intrascendentes, el fascismo se hubiera abierto paso con mucha más fuerza. Es decir, mi proposición séptima es que la tolerancia hacia las políticas de identidad es mayor según más alto sea el capital cultural colectivo, lo que depende a su vez de las prácticas políticas que se ejecutan en su favor y conforman el clima general (sea llevado a cabo por un ayuntamiento o cualquier institución de la sociedad civil).

Adicionalmente, la proposición octava es que las políticas de identidad son complementarias y no sustitutivas de las políticas de clase. Si hay algo que hace a la clase social central en los análisis políticos es que se refiere a las relaciones sociales de producción, es decir, que afecta a las condiciones materiales necesarias para la reproducción de la vida. Por eso la clase social es importante, porque la facilidad o no para la reproducción de nuestra propia vida depende de la clase social a la que pertenezcamos. Ahora bien, para que exista esa reproducción de la vida es necesario también que se cumplan dos precondiciones: que también exista un planeta habitable para la vida y que se satisfagan los cuidados de la vida. Estas dos últimas condiciones son las que llamamos ecologismo y feminismo, y que muchos autores suelen situar en las políticas de identidad. Efectivamente nos preocupamos de tener salarios dignos porque sin ellos no podemos reproducir nuestra vida en condiciones dignas, como también sucedería si destruimos el planeta o carecemos de comunidades sociales y afectivas.

En todo caso, ¿qué es lo que se busca cuando se señala a las políticas de identidad como culpables del ascenso de la ultraderecha? Realmente, no queda claro. Pero mi proposición novena es que el camino lógico que conlleva creer que existe una trampa de la diversidad-identidad-interseccionalidad conduce al alejamiento de la clase trabajadora respecto a la izquierda. O, dicho de otra forma, el riesgo de situar el foco –negativamente- en las políticas de identidad es la proliferación de un cierto obrerismo reaccionario, es decir, del crecimiento de una posición reduccionista y políticamente estéril que afirma a que todo es reducible a un conflicto de clase. Esa posición política, que siempre ha existido, tiende a rechazar todo conflicto no-de-clase como algo innecesario y secundario, alejando así a quienes siendo clase trabajadora entienden y sienten esos conflictos también como principales y, en definitiva, estrechando el margen de acción de la izquierda política.

Finalmente, mi proposición décima es que la desconexión de una parte de la clase trabajadora con la izquierda tiene que ver con la incapacidad de ésta para estructurar una propuesta de solución para sus problemas materiales. Se podrá argumentar que este es también el argumento de alguien como Bernabé, por ejemplo, pero es algo que sólo puedo aceptar a medias. Porque en mi proposición las políticas de identidad no afectan en absoluto, y en todo caso lo hacen positivamente, mientras que en la suya suponen una trampa. La diferencia, a todos los efectos, no es menor.

Efectivamente, la izquierda política radical europea se apoya en una base social de personas con altos ingresos y con alto capital cultural. Esa base social es partidaria de políticas de redistribución, pero también de identidad. Eso es bueno, pero también insuficiente. Lo que falta, y que muchos hemos advertido sistemáticamente, es que no conseguimos llegar de forma general a los estratos sociales más desfavorecidos (menos ingresos, menos capital cultural…). Pero, ¿eso se resuelve denunciando las políticas de identidad, a modo de chivo expiatorio? En mi opinión, en ningún caso.

Es importante recordar que la historia demuestra que cuando el movimiento obrero logra sus conquistas, como el Estado Social que permite ampliar su capital cultural, los hijos e hijas de la clase obrera se empiezan a preocupar también por cuestiones postmateriales –esta es la tesis de Ronald Inglehart. Pero, insisto, esto no es un problema sino una conquista. Que los hijos e hijas de la clase obrera se preocupen por la vida de los toros, el consumo de aceite de palma, la educación LGTBI o el efecto medioambiental del plástico más que por su hambre es un aspecto positivo que se deriva de la mejora de sus condiciones de vida. Lo que tiene que trabajar la izquierda es un proyecto que combine todas esas demandas con la de clase, como hace el ecosocialismo o el feminismo anticapitalista. En definitiva, como trabaja la izquierda que cree en la interseccionalidad.

Y es que, además, de los conflictos de clase hay otros muchos otros conflictos que no son de clase, y que a veces tienen implicaciones sociales incluso más fuertes –y algunos de ellos son identitarios, como el nacionalismo. La izquierda tiene que atender todos ellos. El problema emerge cuando se subraya sólo uno de ellos (sea el animalismo, el obrerismo o cualquier otro). Pero no hay ninguna trampa, o no diferente de la que podría existir con el sindicalismo o la tecnología. No en vano el sindicalismo puede animar una huelga general revolucionaria pero también un pacto social para desmovilizar la calle; la tecnología puede ayudar a mejorar la coordinación de una organización pero también ayudar a la represión y censura del pensamiento; y la subida legal del SMI puede incrementar la conciencia de clase o reducir el ansia revolucionaria. ¿Hay trampas en cada uno de esos instrumentos? No menos que en las políticas de identidad, que pueden servir para mejorar la imagen de una banquera pero también para desmontar el represivo sistema judicial. Mi opinión es que si todo puede ser una trampa… entonces es que no hay trampa.

No obstante, otro problema adicional sucede cuando aceptamos que subrayar los conflictos de clase es simplemente acentuar un discurso de clase –cualquier cosa que sea eso. Y es que a veces da la impresión de que una parte de la izquierda cree que la solución es repetir todo el rato el significante compuesto de clase trabajadora. Pero no se gana la confianza de un trabajador reaccionario únicamente insistiéndole discursivamente en que es clase trabajadora. Es más, el objetivo no puede ser ganarse la confianza de ese trabajador reaccionario sino convencerle de nuestro proyecto político socialista (que es de clase pero no sólo). Como se sabe, una cosa es identificarse con la clase trabajadora y otra asumir que existe la lucha de clases y que hay que superar el capitalismo. Lo primero es bastante más sencillo que lo segundo, y el salto de una cosa a otra se llama conciencia de clase. Pero para ello, para que se funde esa conciencia de clase, ese proyecto de clase que alumbra una nueva concepción del mundo, es necesario incidir social y políticamente sobre las bases materiales de esa misma clase. Eso se hace recuperando, con discursos y prácticas materiales que combinen tanto la redistribución como la identidad, los barrios, las asociaciones de vecinos, los centros de trabajo, las cooperativas de consumo, esto es, los espacios de socialización de la clase trabajadora. Por eso las políticas de identidad son, en este marco, no un obstáculo sino una oportunidad.

Todo por la pasta

27 junio, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

El gran Wyoming

Publicada 30/05/2017 a las 06:00Actualizada 29/05/2017 a las 20:23  
La aprobación de los Presupuestos de este año es una metáfora de lo que nos deparan estos tiempos.

Del mismo modo que Aznar tuvo que ponerse de rodillas con los pantalones bajados delante de Jordi Pujol al día siguiente de que sus huestes gritaran bajo el balcón de Génova lo de “Pujol, enano, habla castellano”, para conseguir eso que los grandes estadistas llaman “gobernabilidad”, y que consiste en juntar una amalgama de intereses contrapuestos de manera que todos saquen tajada con el fin de que nada cambie y se conserven las esencias del amor a la patria que, básicamente, consiste en seguir gobernando para los señoritos mientras se empobrece a los currantes, que son los que deciden las cosas con su voto, ahora vivimos, de nuevo, tiempos de “gobernabilidad”.

También con Jordi Pujol tuvo un detalle de gobernabilidad Felipe González cuando paralizó las investigaciones que llevaban a cabo los fiscales Villarejo y Mena, evitando su procesamiento cuando el muy honorable y viejo zorro catalán se encontraba con el agua al cuello con motivo de la descapitalización de Banca Catalana. Le tenían pillado, pero era un maestro a la hora de dar el Gobierno, tanto al PP como al PSOE, a él le daba lo mismo, sólo deseaba lo mejor para Cataluña a la que hacía sinónima de sí mismo, como demostró al envolverse en la senyera dando vivas a la patria, asomado al balcón en la Plaza de San Jordi, cuando los tribunales osaron imputarle y llamarle a declarar. El pueblo catalán se echó a la calle en la mayor concentración que se conocía hasta entonces, movido por las palabras de su adorado Jordi, que se había recorrido de joven Cataluña con un seiscientos y un megáfono dando mítines por los pueblos, reivindicando la patria catalana, y les hizo creer que la justicia española venía a secuestrar su esencia nacional, la razón de su existir.

Con la ayuda de González, aquella estafa en la que el señor Pujol estaba implicado, quedó archivada, y sabiéndose respaldado por la gobernabilidad de los constitucionalistas de Madrid, y por el fervor nacional de su propio pueblo, se entregó junto a su señora al saqueo que hoy conocemos y entonces ya se sabía. Pero como daba el Gobierno de España a quien lo necesitara, esa virtud de ser un maestro de la gobernabilidad, le convertía en intocable. A él le daba lo mismo uno que otro, pero no ocho que ochenta. Siempre con un ojo puesto en sus recónditas cuentas, manejaba el cotarro con la simple fórmula de “ustedes hagan y dejen hacer”. A buen entendedor pocas palabras bastan y todos se aplicaron el cuento.

Finalmente, y por cosas del independentismo, todo esto de los ingresos de la familia Pujol ha salido a la luz. El latrocinio estaba amparado por la gobernabilidad, pero sin ella no se sostiene. Estos cachorros independentistas, hijos y nietos de aquellas doctrinas que diera Pujol con su megáfono, han venido a echar por tierra todo el tinglado que se tenían montado los adalides de la gobernabilidad a mayor gloria de su identidad catalana o española, que tanto les daba, y han puesto en práctica los principios de la identidad nacional de forma drástica, sin ofrecerlos antes al libre mercado, donde se compran y se venden estos sentimientos profundos e irrenunciables a cambio de un módico o un desorbitado precio, según sean las necesidades de aquel que pretende el Gobierno.

Como las lluvias en los trópicos, todo vuelve por la característica de los planetas de ser redondos y girar sobre sí mismos, al tiempo que lo hacen alrededor de las estrellas en las diferentes constelaciones. Todo regresa. También la gobernabilidad y las camisas de flores.

Ahora vivimos tiempos de “gobernabilidad” y se abren las carteras, al tiempo que se guardan los principios para que esa virtud de dejar las tareas de Gobierno al mejor postor se imponga sobre cualquier otra cuestión.

Se acabó la borrachera del gasto público, nos anuncia el señor Montoro al presentar los Presupuestos, el mismo que ejercía de dios Baco, en compañía de otros, cuando, en efecto, la fiesta de la dilapidación de los fondos públicos se celebraba en el gran templo del esplendor desarrollista de las burbujas que nos explotaron en la cara. Ellos dilapidaron nuestro dinero en lugar de construir un país, derivando fondos tanto al partido como a los bolsillos de los colegas, que se cuentan imputados por centenares en los diferentes procesos abiertos y que, también ahora, se intentan parar, encubrir y archivar, con todo tipo de triquiñuelas, incluyendo el descaro de poner la frente del gobierno de la Justicia tanto a personal personal afín sin escrúpulos, como a fiscales y magistrados que más parecen trabajar para la causa juzgada que para la juzgadora. Y en esas estamos. Ellos se emborrachan, y nosotros pagamos las copas. También sufrimos la resaca cuando llega la hora de aprobar las cuentas.

Aparecen los que tienen la posibilidad de hacer “gobernabilidad” con sus sacas abiertas corriendo a por el botín. El Gobierno, conocedor del juego, se reúne en despachos donde se trilea y se pergeña el trato hasta llegar al apretón de manos, porque si pierde el poder, cuya legitimidad ya dejó hace tiempo en el camino con sus diferentes acciones al margen de la ley, se le puede acabar el cuento. Ahora entenderán muchos por qué estos pequeños partidos aplaudían la pluralidad que se veía en el hemiciclo. Echaban cuentas contando escaños y calculando el precio que tendrían los suyos se les iba la cabeza como en su día se le fue a Sagaseta cuando entró Tejero pegando tiros. Son imprescindibles para la gobernabilidad y vienen a cosechar su valor de mercado a la hora de aprobar unas cuentas que según dicen expertos agudizan el deterioro del Estado de Bienestar y a incrementar la desigualdad y la pobreza.

“Si quieres grano, Aitor, te dejaré mi tractor”. Y así ha sido. Aitor se ha llevado una buena cosecha a costa de dejar vendido al resto del personal, cosa que a los representantes del PNV, que siempre presumen de honrados y de que entre sus filas no se dan casos de corrupción, les importa un carajo porque, nacionalistas en esencia, miran para lo suyo que es lo que les proporciona el voto. Un problema salía al paso. Una vez salvado el culo aquí, quedaba por salvar la cara allí. Cómo se presentaban con la saca en su pueblo pactando con un partido al que saben corrupto, facha y poco amigo de los vascos, a los que consideran terroristas en potencia y, al PNV, en concreto, tibio y necesario para que aquel horror sucediera. Han salido del paso ideológico apuntalando al Gobierno de Madrid con un posible acercamiento de presos.

Esa reivindicación siempre negada en la que el PP se mostraba intransigente y, en tanto tal, único valedor de la lucha contra el terrorismo, ha sido doblegada por la “gobernabilidad”. Ya no se es batasuno ni afín a los que matan por pretender eso del acercamiento de presos. El sufrimiento infringido a las familias era, por tanto, gratuito. Con tal de estar allí donde se recaudan los dineros de los ciudadanos, es posible que regresen los tiempos en los que Aznar se refería a esos que luego eran terroristas que se pudrirían en la cárcel, como Movimiento de Liberación Vasco.

Se impone la necesidad de aguantar en el poder para no perder el control de las instituciones, en unos tiempos tan delicados que hasta Acebes, en conversación telefónica con Ignacio González, afirma que podrían tener serias dificultades. En este estado de emergencia, se salta hasta esa gruesa y sagrada línea roja que marca el terrorismo y sus secuelas, y que tiene trazado un círculo sanitario alrededor de varios kilómetros.

No hay ideales, no hay moral, no hay religión ni norma, sólo un norte: La pasta y su incautación.

Los canarios, por su parte, sin concesiones políticas de gran alcance sólo quieren dinero. Rehecha la injusticia que según ellos desequilibraba la balanza, no tienen el menor problema en apuntalar a este Gobierno que además suele contar con ellos para presidir, en tanto neutrales, comisiones de investigación.

Mientras, en las tertulias y foros de politólogos se debate la estrategia a seguir, si la moción de censura continúa, pero con una conclusión común: plantearla a sabiendas de que se va a perder y sin pactos previos es ridículo. Hacen mención a las anteriores llevadas a cabo por Felipe González y Hernández Mancha. No coincido con ellos. En ninguno de los dos casos la situación era tan grave y descarada como la actual. Mientras, el PSOE tiene un grave dilema que le lleva a plantearse si votará no, o se abstendrá. Terrible tesitura que no sé a quién puede importarle.

Más de lo mismo. Sí, que son ladrones no se discute, pero la cosa es a ver qué saco yo de todo esto.

No habrá borrachera de gasto público. Son tiempos de “gobernabilidad” y las borracheras de despilfarro se hacen a puerta cerrada, se apañan en los despachos.

Quién sabe si para cuando se les pueda desbancar será tarde. Desde luego no dejan títere con cabeza, ni juzgado sin vigilante.

El Estado de Derecho será sinónimo de Estado de Derechas porque habrá que ser de lo segundo para poder administrar el primero.

Coincide este tiempo de gobernabilidad con el de la declaración de la renta, recuerden: Hacienda somos todos. Aunque aquella abogada del Estado, dando la cara por la infanta imputada, en lugar de por el Estado en cuestión, durante el juicio del caso Nóos, nos recordara que el que piensa eso es un gilorio.

Renta básica y renta máxima

19 junio, 2018

Fuente: http://www.attac.com

1 junio 2018 |

Daniel Raventós – Consejo Científico de ATTAC España

Hay ricos y pobres. Una constatación trivial. Las causas aducidas para explicar o justificar la existencia de ricos y pobres son tan abundantes como las setas en otoño (o a finales de verano cuando la meteorología es propicia). Hay quien encuentra esta realidad tan natural como la atracción sexual o la ley de la gravedad. Y la justifica normativamente: por méritos, por capacidad de iniciativa e innovación, por motivación competitiva. Cristianos y religiosos en general, liberales doctrinarios, seguidores de la escuela austríaca, neoliberales, darwinistas sociales… han aportado distintas justificaciones filosóficas o pseudofilosóficas ante esta constante histórica de la existencia de ricos y pobres. Otros la critican a partir de criterios que pueden ir desde la “inmoralidad” de las grandes fortunas hasta la ineficiencia económica.

Para la concepción de la libertad republicana o “republicanismo” como se acostumbra a abreviar, los factores o elementos explicativos interesantes son, aunque puedan diferir en la formulación según los autores y las épocas, muy sencillos de explicar. Para la variante democrática del republicanismo, la libertad política y el ejercicio de la ciudadanía no son compatibles bajo relaciones de dominación. Y ¿qué es la dominación para el republicanismo? La dominación ­–el dominium en la literatura republicana histórica- es por supuesto proteica, pero la forma de regular la propiedad [1] ha sido la cuestión más relevante que ha prevalecido y ha conformado los distintos diseños institucionales que hemos conocido. La “distinción principal” dirá Aristóteles ya hace más de 2300 años, para entender cualquier sociedad, es la que se establece entre ricos y pobres. Y lo que separa  a unos y otros en esta distinción fundamental es la propiedad, la cuestión relevante. Entiéndase bien: relevante no quiere dar a entender que me refiero a única. La dominación la ejercen los ricos propietarios sobre todas aquellas personas que no tienen la existencia material garantizada porque no disponen de propiedad. Lo que equivale a decir que en una relación de dominación como la que viven la mayor parte de las personas no ricas, estas no pueden ser libres.

Los grandes ricos, debido a una configuración política de los mercados pro domo sua que este dominio les posibilita, inciden directamente en el imperium, es decir, en la degeneración despótica de las instituciones que podían ser una contención del dominium. No es escasa precisamente la literatura proveniente de los más diversos campos académicos sobre la capacidad de los grandes ricos propietarios para poner a su servicio las instituciones públicas. Lo de las puertas giratorias sería solamente una manifestación de las más visibles, pero tan solo una más.

Informe tras informe constata las inmensas riquezas que de forma constante y creciente está acumulando una ultraminoría de nuestra especie. Por ejemplo el The Wealth Report 2018 que vale la pena consultar. También son conocidos los de Capgemini y los de Oxfam. La tendencia implacable: los ricos incrementan en los últimos años su riqueza, los demás la ven decrecer. Que la crisis ha ido mal a todo el mundo es una broma malintencionada. Solamente un dato entre muchos referido al Reino de España: en los años 2012 y 2013, calificados como los más duros de la crisis económica, la diferencia entre los que ganaban más y los que ganaban menos aumentó. Las grandes diferencias entre las fortunas y la total carencia de las mismas crea algo bien reconocido hasta por las mentes más proclives a justificarlo todo: desigualdad. Pero para el republicanismo democrático  hay si cabe algo políticamente más importante: el peligro para la libertad de la mayoría no rica que estas grandes desigualdades suponen.

La propuesta de la renta básica, una asignación monetaria incondicional a toda la población, podría significar una gran medida para la mayor parte de la población no rica. Cierto. Porque esta gran mayoría dispondría de las bases mínimas para la existencia material, condición para ejercer la libertad. Y eso es mucho. Pero, quizás a diferencia de otras interpretaciones, lo que podría esperarse de la renta básica en un mundo como el actual tampoco sea demasiado. Hace unos trece años, antes por tanto de la gran crisis económica y las políticas económicas que atacaron aún más las condiciones de vida de la mayoría no rica, escribía con una amiga y un amigo que ya no está con nosotros:

“¿Qué puede esperarse, en un mundo así, de una propuesta modesta como es la de una renta básica? No mucho, si la renta básica es concebida solamente como un conjunto de medidas contra la pobreza. Menos aún, si es entendida como una dádiva para los desposeídos del primer mundo; o como un amortiguador de la crisis de los Estados de Bienestar europeos.”

Y poco después:

“Ahora bien; una buena renta básica aumentaría la libertad de la ciudadanía; haría a los pobres y a los desposeídos más independientes. Más independientes, y por lo mismo, más prontos también a organizarse. Más capaces de resistir a los procesos de desposesión y de forjar autónomamente las bases materiales de su existencia social: (…) y más capaces, también materialmente, de fomentar el asociacionismo y el cooperativismo, de llevar a cabo iniciativas como las de la recuperación de fábricas y empresas abandonadas o echadas a perder por la incuria especulativa de sus propietarios[2]. Más capaces de luchar contra las políticas neoliberales, promotoras de la polarizada desigualdad entre los países ricos y los países pobres, y dentro de cada país, entre los ricos y los pobres.”

Que la renta básica es una propuesta que formaría parte de un conjunto de otras medidas de política económica y social, incluso de la política sin calificativos, se ha repetido muchas veces. Es algo elemental puesto que nadie en su sano juicio pretende que la renta básica puede hacer frente a todas las realidades que, al menos para las personas de izquierda, son muy importantes y decisivas en la configuración de nuestras vidas y existencia. Como ejemplos: el enorme poder de las grandes fortunas y de las transnacionales que atentan a las condiciones de existencia material de toda la población no rica, la acelerada degradación ambiental de nuestro planeta, la política monetaria para embridar al sistema financiero, las condiciones de trabajo asalariado cada vez más literalmente semejantes al “esclavismo a tiempo parcial” de Aristóteles y recuperado por Marx, las condiciones de muchas mujeres en el ámbito público y privado (es decir, no solamente en la vida familiar sino en la empresa privada que, según la perspectiva republicana, nunca ha sido un lugar público) y, para terminar en algún sitio, una realidad política en muchos lugares completamente apartada del laicismo y la existencia de monarquías aún legales.

Detengámonos solamente en una medida para hacer frente a una realidad que configura nuestras vidas. Así, algunos defensores republicanos de la renta básica, la propuesta debe ir acompañada de una renta máxima. Entiéndase bien: no se está diciendo que la renta básica o “va junto a” o no vale la pena, sino que si “va junto a” más interesantes beneficios según la concepción de la libertad histórica republicana democrática puede tener. Renta máxima: a partir de determinada cantidad no se puede ganar más, es decir, 100% de tasa impositiva. Liberales, simpatizantes de izquierda respetuosos del orden existente, técnicos de lo viejo conocido, peritos en legitimación… reaccionan contrariamente ante esta propuesta porque aducen problemas del tipo: la ingeniería fiscal permitirá eludir la medida, se producirá fuga de capitales, no incentivará la iniciativa… Republicanamente las grandes fortunas que por la lógica de las cosas a su dominium agregan el imperium  a su conveniencia, son incompatibles con la libertad de la gran mayoría. De ahí precisamente que la neutralidad republicana, a diferencia de la liberal que se conforma con que el estado no tome partido por una concepción determinada de la buena vida en detrimento de las otras que puedan existir, exige acabar con los grandes poderes privados que tienen la capacidad (y la ejercen) de imponer su concepción privada de la buena vida y de disputarle al estado esta prerrogativa.  Cierto que lo más frecuente no es que disputen al estado esta imposición del bien privado como público, sino que le dicten lo que debe hacer[3], una muestra de imperium que cualquiera con ojos de ver puede constatar.

Garantizar la existencia material de toda la población, condición para ejercer la libertad,  impedir que los grandes poderes privados sean capaces de imponer a su arbitrio los destinos públicos, condición también para ejercer la libertad, y dos medidas para ello: la renta básica incondicional y la renta máxima. No son las únicas medidas para combatir el dominium  y el imperium, pues algunas más deberían acompañarlas como, por ejemplo, determinadas propuestas realizadas con acierto provenientes del feminismo, la teoría económica y el ecologismo. Se convendrá, empero, que una renta básica y una renta máxima conformarían una sociedad que, para la inmensa mayoría de la población, sería más libre. Esta es la razón por la que muchas personas creen que vale la pena el esfuerzo de luchar por ello.


[1] La concepción de la propiedad que el liberalismo hizo posteriormente suya (hasta hoy) fue la de William Blackstone: “el dominio exclusivo y despótico que un hombre exige y ejerce sobre las cosas externas del mundo, con exclusión total de cualquier otro individuo en el universo”. Por supuesto muy diferente a otras concepciones de la propiedad que ya contemplaba el derecho civil romano, por no decir la que tenían republicanos contemporáneos de Blackstone como Maximilien Robespierre.

[2] Este artículo fue escrito para Le Monde Diplomatique del cono sur en unos momentos en que algunas fábricas y empresas argentinas habían sido abandonadas por sus dueños y seguían funcionando por la actividad autogestionaria de sus trabajadores y trabajadoras.

[3] Rutherford Birchard Hayes, 19 presidente de EEUU, dejó dicho al respecto algo difícil de igualar en claridad: “este gobierno es de las empresas, por las empresas y para las empresas”. Actualmente podría decirse lo mismo de muchos gobiernos sin necesidad de forzar un ápice la realidad.

 

Daniel Raventós es editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del Comité Científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, “Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa” (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, “Against Charity” (Counterpunch, 2018).

ATTAC España no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

Paz incivil

17 junio, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

La historia del siglo XX y la más actual enseña también que las guerras civiles son conflictos de largo alcance, muy difíciles de acabar.

Una calle de Raqqa destruida por los bombardeos.
Una calle de Raqqa destruida por los bombardeos. EUROPA PRESS

La historia de las guerras civiles está cargada de mitos y múltiples explicaciones. Más allá de eso, sin embargo, siempre aparece la misma realidad: las guerras civiles son operaciones quirúrgicas que se saldan con miles de asesinatos, violaciones, exilios masivos y, en los casos más extremos, genocidios.

Pero la historia del siglo XX y la más actual enseña también que las guerras civiles son conflictos de largo alcance, muy difíciles de acabar. Pocas han visto su final en medio de negociaciones y con una aparente conciliación. Lo más común es que terminen con la completa victoria militar de un bando sobre el otro, en una paz acompañada de violencia atroz e incesantes violaciones de derechos humanos.

La paz incivil que siguió a la guerra civil española resulta desde ese punto de vista paradigmática. A partir del 1 de abril de 1939, la destrucción del vencido se convirtió en prioridad absoluta. La cultura política de la violencia y de la división entre vencedores y vencidos, “patriotas y traidores”, se impuso al menos durante dos décadas después del final de la guerra. Los vencidos tuvieron que adaptarse a las formas de convivencia impuestas por los vencedores. La amenaza de ser perseguido, humillado, la necesidad de disponer de avales y buenos informes para sobrevivir, podía alcanzar a cualquiera que no acreditara una adhesión inquebrantable al Movimiento o un pasado limpio de pecado republicano.

Un paso esencial de esa violencia vengadora sobre la que se asentó el franquismo fue la Ley de Responsabilidades Políticas, de 9 de febrero de 1939. La puesta en marcha de ese engranaje represivo y confiscador causó estragos entre los vencidos, abriendo la veda a una persecución arbitraria y extrajudicial que en la vida cotidiana desembocó muy a menudo en el saqueo y en el pillaje. Los afectados, condenados por los tribunales y señalados por los vecinos, quedaban hundidos en la más absoluta miseria.

La posguerra fue en España larga, con la negación del perdón y la reconciliación, y con Franco, los militares y la Iglesia católica mostrando un compromiso firme y persistente con la venganza. Franco y los vencedores de la guerra tuvieron la gran fortuna de poder construir su paz en un momento en que casi toda Europa estaba bajo la bota nazi. La situación internacional, en verdad, fue muy propicia para el franquismo, desde sus orígenes hasta el final. Muertos Hitler y Mussolini, a las potencias democráticas vencedoras en la Segunda Guerra Mundial les importó muy poco que allá por el sur de Europa, en un país de segunda fila que nada contaba en la política exterior de aquellos años, se perpetuara un dictador sembrando el terror e incumpliendo las normas más elementales del llamado derecho internacional.

En Siria las cosas podrían ser diferentes y las democracias deberían evitar la paz incivil que pretende y que construirá, sin duda, si tiene la oportunidad, Bachar el Asad. Pero dado el fracaso rotundo de la vía diplomática y el apoyo de Rusia e Irán al dictador, lo predecible es que Siria sufra una victoria absoluta, incondicional, inclemente. Así fue la historia y así parece ser el presente.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

Un poco de mística no viene mal

10 junio, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 17/05/2017 a las 06:00Actualizada 16/05/2017 a las 20:29  

El arzobispo Cañizares se suma a los discursos de aquellos que hacen política desde afirmaciones que no se corresponden con la verdad. Ya no se habla de mentir en el lenguaje político, del mismo modo que ya no hay imputados. A este paso van a dejar el diccionario reducido a un folleto.

Tiene suerte de que su grey sea definida como rebaño, como ovejas a apacentar, por el mismo Cristo, aquel al que envió su padre para que arreglara los defectos de su obra, haciendo responsable de los mismos a los clientes que nada tuvieron que ver en el diseño, ni en la ejecución, y a los que ni siquiera se les dejó hacer una inspección ocular para firmar la recepción del “paraíso terrenal” en condiciones aceptables. Recordemos que el ser humano fue expulsado del mismo por acceder al árbol de la ciencia, del conocimiento. Le estaba prohibido, el creador le quería ignorante. Querer saber les costó una condena a Adán y Eva que pagamos todos, fue un pecado colectivo con el que cargamos, algunos, con mucha honra. Es el llamado “pecado original”, desde luego más original no puede ser.

Nacemos con una naturaleza pecadora que hay que enmendar: ¿Por qué al nacer no nos dan una garantía como a los electrodomésticos? Este defecto de origen también es ajeno, por lo visto, al fabricante, y lo pagamos el resto de nuestros días al tener que someternos a los únicos técnicos reconocidos por la casa matriz. Pero vamos, que queda claro que el conocimiento y el amor al saber no vienen de serie, sino todo lo contrario. Diversas hogueras han intentado a lo largo de la historia que científicos, tachados de herejes, que pretendían continuar con la rebeldía que ya estrenaron nuestros primeros padres allá en el paraíso, por encontrar soluciones a preguntas complejas, no metieran las narices donde nadie les llama, es decir, todo comienza y termina en el mismo punto, dios. Es la respuesta para todo: ¿Cómo estás? Como dios. ¿Qué va a pasar? Lo que dios quiera. ¿Quién ha puesto esas estrellas ahí? ¿Quién va a ser?, ¿Estás tonto o qué?

Todo ha sido él, el mismo que nos hizo a su imagen y semejanza.

No manifiesta la jerarquía eclesiástica una inteligencia especial al renegar del evolucionismo. Podría agarrarse en su defensa, para justificar lo dañino del ser humano, al hecho de que la naturaleza cogió un rumbo inesperado que deterioró la idea original con un resultado extravagante. Pero no. Con tal de no dar baza a nadie en este maravilloso panorama que contemplamos, intentan que cuele que todo esto lo hizo dios en seis días, utilizando el séptimo para descansar. ¿Se cansa dios? ¿Es posible que se cabree también? Con respecto a esto último, a los que hablan con él en exclusiva, no les cabe la menor duda y, de hecho, citan “la ira de dios”, cosa en la que no creo mucho porque castiga por igual a los buenos y a los malos y, desde luego, a los tiranos les rinde todos los honores de la mano de los que viven de predicar su palabra.

Como por el humo se sabe dónde está el fuego, yo tuve, como Newton, una revelación un día que me encontraba sentado a la sombra de un árbol. Un suceso inesperado me alejó de la fe. Vi pasar a una mariquita volando, y su errática trayectoria me llevó a conclusiones tajantes: ¿Qué sentido tiene esa mierda? ¿Acaso no eran suficientes los millones de especies que estudian los entomólogos para dar cabida a variaciones sin sentido? ¿Y los bichos palo? ¿Por qué animar a una brizna de paja dotándola de vida, para abandonarla a su suerte en un medio plagado de pájaros insaciables? ¿Y los niños que ejercen de monaguillos en la oscuridad de las sacristías? Son reflexiones teológicas de alto nivel que todo ser debería tener en algún momento de su existencia.

Afirman las escrituras, como decía, que dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Sin duda, y dado que, como hemos visto, el creador tiene sentimientos, he llegado a la conclusión de que el día que le dio por moldear la arcilla de la que salió Adán, estaba teniendo una crisis de autoestima. Hizo tonto al ser que heredaría su obra. Le dotó de encefalograma casi plano, detalle, como digo, de infravaloración, pues ¿a qué semejanza con dios remite semejante diseño? De esa tara, consecuencia de la circunstancia de que fuera a crear al hombre cuando tenía un mal día, vienen todas estas cosas que nos pasan.

Uno, en el fondo, acostumbrado a renunciar a sueños por culpa de la ignominia, la mentira, la crueldad y la desvergüenza absolutas en las que nos sumen nuestros próceres, acaba reconociendo que le gustaría que todo ese cuento en el que está basado el omnipotente negocio de la religión, fuera cierto. Pero cierto tal y como lo pinta la religión verdadera, o sea, la católica, la nuestra, la española, la que nos ha acompañado desde chicos y cuya jerarquía siempre ha estado y está al servicio de quien merecía la pena, los ganadores, el poder, el dinero: los más fachas. Me gustaría que hubiera un dios como ellos lo pintan: chungo, rencoroso, vengativo, que se puliera del tirón a tantos y tantos hijos de p… que en el mundo son, muchos de ellos, en su nombre. Un dios que juega a estas perversiones de dejar morir de hambre a los niños del tercer mundo, y nos condena si morimos en pecado al fuego eterno, a toda clase de torturas, por los siglos de los siglos, que nos quebrantará los huesos, nos hundirá en el lodo, nos azotará, y no se escucharán nuestras súplicas, nos arrojará a la niebla donde será el llanto y crujir de dientes, pero “nos ama”.

Ni siquiera se cumple lo de que la ira de dios pondría las cosas en su sitio. A mí me gustaría haberlo visto en sus buenos tiempos, cuando hacía milagros en público y sometía a los pecadores a las sofisticadas plagas que leemos en la Biblia. En una edición antigua, retocada para la posteridad, se describe cómo condenó a los filisteos a una epidemia de almorranas: Ése es mi dios.

Ahora los milagros se hacen en secreto, como los del papa Wojtyla, o Escrivá de Balaguer, y la Iglesia los reconoce sin dar testimonio público alguno, con lo útiles que serían estas demostraciones de superpoderes para captar agnósticos o dudosos. Pero ya digo que no, incluso la venganza en la que los malvados serán juzgados tendrá lugar, en todo caso, después de muertos: otra frustración por prescripción de los tiempos legales, como los casos de pederastia. De aquí se van de rositas.

Mientras, desde los púlpitos, nos advierten, como hacía este fin de semana el arzobispo Cañizares, sobre los peligros a los que se enfrenta la juventud, entristecido ante el panorama de esos jóvenes “sujetos a adicciones como drogas, alcohol o sexo”, que son “instrumentalizados por intereses inconfesables, rebajándoles a objetos”. Así es, y sabe de qué habla. Jóvenes, y menos jóvenes, usados como objetos sexuales, de los que el obispo de Tenerife decía: “Desean el abuso e incluso te provocan”. En su perversión, esos niños hacen pecar a los adultos que caen en la tentación de sus estrategias demoníacas.

También, aunque tarde, el arzobispo dedica un tiempo a la justicia social para “defender los derechos humanos inviolables y fundamentales” como el derecho “a la enseñanza y libertad de educación, claramente amenazados en nuestra tierra”.

Aunque algo tarde, es bueno que la Iglesia desde la cúpula se una a reivindicaciones que también hacen otros curas marginados por sus propios compañeros por defender a los pobres. Sin duda, con ese peligro amenazado que el arzobispo ve en el derecho a la educación, irrenunciable donde los haya, y dado que pronunciaba esas palabras en Valencia, se referiría a esos miles de niños que por culpa de las inversiones que han hecho sus correligionarios políticos, que han despistado la pasta de las arcas públicas a bolsillos de colegas, se han visto obligados a recibir las clases en barracones de obra donde el agua cae a turbión cuando llueve, y el frío dificulta su atención ante la perplejidad de sus maestros, que asisten atónitos a este expolio de nuestros dineros, en detrimento de una enseñanza impartida en unas condiciones vergonzosas. Esta situación provisional se ha prolongado durante años mientras el presupuesto se derivaba hacia otros centros concertados. Tiene razón el arzobispo cuando se refiere a la imposibilidad de elegir. A miles de niños de esa Comunidad se les ha obligado a estudiar en esas condiciones sin posibilidad de elección. La libertad de elección, tal y como afirma el arzobispo Cañizares, está amenazada en esa tierra.

También es de alabar que apueste por la aconfesionalidad de ese derecho, aunque sea de forma inconsciente, y la no imposición de dogmas de ningún tipo cuando denuncia que los niños “son manejados por ideologías tan engañosas y llenas de mentira por legislaciones ideológicas en el campo de la enseñanza”. Aunque no se trate de un ejercicio de honestidad, está bien que proclame que no pueden imponer dogma alguno a un niño desde las instituciones públicas o subvencionadas con fondos públicos.

Me van a permitir que repita de nuevo su enunciado porque creo que es difícil sintetizar mejor en una sola frase lo que se hace con la enseñanza de la religión que ellos pretenden obligatoria: “son manejados por ideologías tan engañosas y llenas de mentira por legislaciones ideológicas en el campo de la enseñanza.”

Estoy con él. Aunque parece una soflama radical, estoy de acuerdo en que no debe derivarse dinero público hacia otros centros mientras la educación pública no tenga sus necesidades cubiertas. Lo de enseñar mentiras bajo ideologías engañosas llenas de mentira a través de la legislación, me parece meridianamente claro aunque también un poco radical.

¿Se ha hecho la Iglesia de Podemos? ¿Son bolivarianos?

Tal vez he leído el artículo del señor Cañizares sacando interpretaciones erróneas, pero así, en una lectura somera, no puedo negar que tiene más razón que un santo. Y puede que esté en el camino. Es sabido que, como Tamariz, este personal se saca milagros de la manga.

Carta abierta a Jordi Cuixart

8 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

 Jordi Cuixart

Presidente de Òmnium Cultural

Módulo 10

Centro Penitenciario Madrid V

28791 Soto del Real (Madrid)

Estimat Jordi,

Te agradezco mucho tu amable carta de hace unos días, en respuesta a mi artículo en eldiario.es. Me encantaría poder darte las gracias en persona, pero sigues injustamente privado de libertad y de los derechos más elementales.

En mi artículo me refería a las nueve mujeres y hombres que lleváis meses en prisión preventiva. Esta carta va a tu nombre, pero podría ser igualmente dirigida a Jordi Sánchez, Joaquim Forn, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Carme Forcadell, Josep Rull, Dolors Bassa y Raül Romeva. Te agradecería que hicieses llegar mis palabras a Jordi Sánchez, con el que compartes prisión.

Escribí aquel artículo para denunciar una injusticia, pero también por comprobar si de verdad el rechazo a vuestro encarcelamiento es tan minoritario en la sociedad española como puede parecer a primera vista. Quiero que sepas que, tanto en público (en redes sociales) como en privado, son muchos los que me han expresado la misma mezcla de indignación y vergüenza por un encarcelamiento tan prolongado y sin sentido (o cuyo único sentido es castigar y humillar a adversarios políticos y lanzar una advertencia).

Sé que recibís muchas muestras de solidaridad, que espero alivien algo la dureza de la vida en prisión. Sin hablar en nombre de nadie, me atrevo a hacerte llegar, a ti y a tus compañeros, la solidaridad de muchas personas que en España compartimos esa indignación y vergüenza. Y estoy convencido de que seríamos muchos más si la propaganda de confrontación no os hubiese criminalizado y, aún peor, deshumanizado, convertido en “el enemigo”.

Sobran las razones para rechazar vuestro encarcelamiento, y deberían ser válidas para cualquiera con independencia de su posición política. Razones de justicia, en primer lugar, como señalan muchos juristas dentro y fuera de España. Razones humanitarias, por vosotros y por vuestras familias que sufren las consecuencias de una separación tan prolongada, obligados a largos desplazamientos y denigrantes visitas carcelarias. Y razones políticas, porque con independencia de la ideología de cada uno, vuestra prisión pospone cualquier solución del conflicto, agrava la crisis de la democracia española y está deteriorando alarmantemente la convivencia.

En tu carta añades un motivo que a mí me preocupa especialmente: como dice la campaña de varias entidades, “Mañana puedes ser tú”. La deriva represiva en España degrada la democracia y amenaza los derechos y libertades de todos.

Lo pensé al recibir tu carta: es la primera vez que tengo correspondencia con un encarcelado, y temo que no vaya a ser la última. Hace un par de años comentaba en broma cómo la agenda de contactos de mi teléfono se había llenado de repente de concejales, diputados y dirigentes políticos. No porque hubiese cambiado de amistades, sino porque muchos de mis conocidos habían pasado de los movimientos sociales a la actividad política e institucional. El nuevo tiempo se reflejaba en la agenda de mi teléfono.

En los últimos meses mi agenda de contactos incluye cada vez más detenidos, denunciados, imputados, multados, y ahora también encarcelados. No porque haya cambiado de amistades, sino porque muchos de mis amigos, vecinos, compañeros y conocidos ya han sufrido esa deriva represiva por haber participado en una manifestación o una huelga, detenido un desahucio o, como es tu caso, defender tus ideas políticas.

El “Mañana puedes ser tú” es demasiado optimista: digamos más bien “Hoy puedes ser tú”. La regresión democrática es una realidad, y si no denunciamos vuestro encarcelamiento y exigimos vuestra libertad, nos convertiremos en cómplices.

Termino haciendo mías tus palabras en defensa de la democracia, el diálogo y la construcción de puentes y espacios de encuentro. De la misma forma que muchos compartimos el rechazo a vuestro encarcelamiento, también creo que somos muchos los que apostamos por soluciones políticas a problemas políticos. Para que sea posible, os necesitamos fuera de la cárcel, hoy mismo.

Te envío una forta abraçada, que espero poder darte en persona muy pronto,

Isaac Rosa

Ese sol que también es de ellos

28 mayo, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

El Gran Wyoming, 22 de marzo de 2017.

Ya asoma por el este el sol de la primavera que viene a cobrarse el impuesto de esa radiación que nos da la vida, y que los neoliberales recaudan a aquellos que pretenden escapar de este sistema de voracidad casi tan infinita como su crueldad. “Nada es gratis y tampoco la vida”, decía Pablo Guerrero. Se lo cobran a los ingenuos que intentan cierta autonomía en su provisión de energía, por cierto, respetuosa, no destructora del planeta que parasitamos. “Estáis atrapados en la red. Sois súbditos de las grandes corporaciones”, pregonan los servidores del gran capital al que eligen sus correligionarios una y otra vez para que nos pongan en nuestro sitio.

Crecido está el presidente de la nación, que representa a una minoría indómita e irreconciliable y restrictiva con la libertad y los derechos de los demás, tras ese letargo en el que vivieron unos años, aparentemente apartados del poder.

Primero en el ostracismo de la marginalidad cuando eran llamados “nostálgicos” para, más tarde, resurgir entre las cenizas de aquel centro que dinamitaron desde dentro, y formar sin la competencia de los reformistas el partido heredero de los entusiastas del imperio y la dictadura, de los supervivientes, de los hijos y nietos de los que acabaron con el régimen de libertades que impidió, una vez más, la posibilidad de que España entrara en la normalidad, en la modernidad, en la honradez, que acariciara aunque fuera por un instante la libertad. Esa breve República demonizada, criminalizada, que nos puso en el centro del mundo del arte, de la cultura, en la vanguardia de la emancipación de la mujer. Esa República a la que hoy se hace corresponsable del genocidio del Ejército golpista pretendiendo confundir los crímenes de los soldados de uno u otro bando, con las órdenes de exterminio, violación y saqueo dadas desde el mando por los generales de Franco.

Volviendo a esta tierra que nace hoy a la primavera, decía que el presidente y su Gobierno están crecidos porque no ven competencia ya que siempre encuentran quien apuntale sus proyectos, como hacen ahora estos cachorros de la nueva derecha que saldrán a su rescate cuando sea necesario a la voz de “conoce, conoce”, mientras pregonan soflamas a favor de la lucha contra la corrupción en los periodos de transición, para tranquilizar a aquellos votantes que exigen algún gesto que justifique su elección en las urnas.

Esta derecha que se llama a sí misma nueva, tacha de corruptos a aquellos con los que se asocia, pensando que su presencia, no contaminada en lo personal, blanquea la fechorías de sus compañeros en esta aventura hacia la regresión. Dicen luchar contra la corrupción mientras la perpetúan en el poder. A veces, incluso votan contra sus propias propuestas, como en la retirada del impuesto por el uso del sol, que también parecen haberlo privatizado: todo es tramoya.

Eso de la lucha contra la corrupción se convierte en la única razón de existir de esta nueva formación liberal sin entender, y aquí es donde entra la ideología, que es desde la legalidad donde el partido del Gobierno hace más daño a su pueblo. En la destrucción de la sanidad y la educación públicas, en el rescate de las entidades financieras, que se han hundido mientras hacían multimillonarios a sus gestores con la colaboración y el silencio cómplice de los órganos de vigilancia que debían controlar este desmadre, y utilizando el dinero público del rescate para realizar inversiones que enriquecen, exclusivamente, a los miembros de la cúpula de esas instituciones, en lugar de ayudar a reflotar la maltrecha economía doméstica que se hunde en la miseria debido a los salarios de hambre que se están pagando, sin justificación alguna, en los planes llamados de productividad, que no dejan de ser de explotación en la impunidad. Gracias a este recorte en un gasto fundamental como es el de personal, el de los salarios, las empresas incrementan espectacularmente los beneficios y dan lustre a las cifras optimistas que adornan la recuperación de nuestra economía. Los beneficios empresariales se incrementan año tras año, mientras la pobreza crece entre los trabajadores, a los que se les niega la más mínima posibilidad de tener una vida que pueda ser calificada de tal. Y no es una crisis, sino el producto de una “reforma estructural profunda” que el Gobierno dice ahora que se niega a revertir a pesar de que prevé tiempos de bonanza y recuperación. Lo que se quitó en la “coyuntura” del hundimiento pasa, y pasará, a la cuenta de beneficios en el crecimiento.

Los que se apretaron el cinturón estarán también cómodos con la recuperación económica porque con la inanición dejará de oprimirles.

La lucha contra la corrupción no es un fin, es algo elemental y que no puede ser reivindicado como bandera porque en un sistema democrático dicha cuestión está resuelta, no existen categorías de ladrones. No tienen cabida los delincuentes de “casa”, y tampoco “los otros”. Claro que, en un país donde la democracia haya calado entre la ciudadanía, tampoco existe la opinión, que dicen que hay que respetar, que afirma que “todos roban” como argumento para volver a poner al frente de las instituciones al delincuente que, en algunos casos, sólo es presunto, aunque todos sepan que su patrimonio no concuerda con sus ingresos.

En Murcia eligen a Pedro Antonio Sánchez, que está siendo investigado por corrupción, con más del 93% de los votos, descontando los nulos, el 96%. El resto en blanco, ni uno solo en contra.

Mientras, en Madrid, se despedía la labor de Esperanza Aguirre, artífice de la destrucción de los servicios de sanidad y educación que los madrileños nos habíamos dado con nuestro dinero, y que convirtió a la capital del reino en uno de los centros de la corrupción generalizada donde se expoliaba desde las instituciones, al tiempo que sus colaboradores se enriquecían de manera legal, compatibilizando, como en el caso del señor Lamela, negocios inmobiliarios con sus consejerías de Sanidad o Transportes para retirarse, tras diferentes imputaciones, trabajando en el lucrativo mundo de la sanidad privada a la que tanto dio desde su cargo. Lo llaman puertas giratorias, son pagos por servicios.

Dice la expresidenta que pecó “in vigilando”. Hubiera bastado con que desecara la charca para que las ranas cambiaran de ecosistema, pero vivían todos muy felices bajo la tutela de la batracia madre, que siempre encontraba una contestación más o menos educada, más o menos chulesca, más o menos castiza, con la que defender a sus renacuajos, que croaban con fruición hasta que caían en desgracia y daban con sus ancas en la trena. La rana no se transformaba en príncipe sino en sapo hediondo.

La despiden como un ejemplo a seguir. ¡Y lo es! Su ejemplo aniquilará la otra Esperanza, la de los madrileños en un mundo mejor.

Así está el patio. Esa es la regeneración de un partido que no encontró nada que revisar en su último congreso, que fue un baño de felicitaciones y reconocimientos a pesar de los ochocientos “investigados”. No les gusta que les llamemos por su nombre, ni siquiera el de imputados, que es técnico. Recuerdan con sus imposiciones en el léxico a los eufemismos que se usan en las casas de los señoritos cuando reprenden a las empleadas de la casa por responder a una llamada diciendo que el señor está durmiendo. “El señor no duerme, descansa”, reconvienen a la chacha. Estos empleados del hogar a veces olvidan que sus amos no son humanos.

Pues no, no salió un joven, o viejo, para el caso tanto da, que dijera en ese congreso: “¿Qué está pasando aquí?”. “¿Es que no hay nadie honrado en nuestras filas que plante cara a este estado de cosas?”. “Aunque pierda”. No. Parece que no lo hay. Nadie quiere regenerar desde la decencia a costa de aminorar sus posibilidades de ascenso en ese paraíso liberal que garantiza el futuro de los políticos en activo durante generaciones. Esa es la característica distintiva de nuestra derecha. Por eso a los procesados y condenados se les queda esa cara de resentimiento. Parecen sentirse víctimas de un agravio comparativo, se deben decir a sí mismos: “No hacía nada que no estuvieran haciendo los demás”. A sus jefes sólo parece dolerles que aparezcan cuentas corrientes imprevistas. Por lo demás, los investigados disfrutan de la protección del partido –“Hacemos lo que podemos”– y de defensas colegiadas para que nadie realice declaraciones extravagantes que se salgan del guión y comprometan al colectivo.

Ahora se enfadan al tener un contratiempo en la votación de una reforma porque no comprenden las normas elementales de la democracia, según las cuales para gobernar por decreto, como a ellos les gusta, sin contar con nadie, yendo contra los demás, hace falta mayoría absoluta. Al carecer de ella, les repugna la posibilidad de que les lleven la contraria aunque sea de forma testimonial, por estrategia, como hace Ciudadanos, y exigen a sus rivales, a los que consideran y sienten como enemigos, que se sumen a sus despropósitos porque aquí, desde siempre, han mandado ellos, sus padres y sus abuelos.

Apelan a la responsabilidad para gobernar España y seguir, como siguen, con el expolio de lo público. Trabajando para las corporaciones a las que pertenecen sus predecesores y a las que pertenecerán ellos cuando terminen con esta misión histórica de portar la antorcha del privilegio que nunca debió salir de sus manos y hoy, en demasiadas ocasiones, se ven obligados a compartir con advenedizos de centro izquierda en las mesas de los consejos de administración.

Llega la estación de la vida y se sienten seguros en sus horizontes de progreso en lo personal, con la colaboración de unos y la abstención de otros, mientras los ciudadanos testigos de este aquelarre aniquilador, paganos de la fiesta, tienen que volver, como hace nuestra admirada Raquel Martos, a Antonio Machado para esperar, como el Olmo hendido por el rayo, otro milagro de la primavera.