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El terrorista Évole

20 febrero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

La noche del domingo 4 de febrero de 2018 quedará como un hito de la televisión generalista porque el programa Salvados de Jordi Évole ha mostrado en prime time el horror de las granjas de explotación animal. El reputado periodista pidió permiso a varias empresas porcinas para conocer por dentro las instalaciones donde se encuentran los cerdos y todas, sin excepción, le negaron la entrada. Un oscurantismo tan sospechoso que le impulsó a infiltrarse en una de ellas, acompañado por activistas de la organización animalista Igualdad Animal. Lo que encontró tras esos muros tan férreamente protegidos por los explotadores fue un infierno dantesco: animales cautivos, hacinados, enfermos, enloquecidos, deformes. Évole se refirió a ellos como “monstruos”, impactado por las malformaciones, heridas, mutilaciones y enormes tumores que padecen, espantado por el abismo de sufrimiento al que son sistemáticamente sometidos en aquella oscuridad.

De la carne de los monstruos que vio Évole proceden las salchichas, los embutidos, las lonchitas de york, la cinta de lomo adobada, el jamón que se vende en los supermercados y que consume alegremente nuestra sociedad. La industria que quiso ocultar a Salvados cómo viven y mueren esos animales vende esos productos maquillando esa infernal realidad, iluminándola de sonrisas, haciendo una publicidad más que engañosa donde solo se ven verdes praderas e impolutos empaquetados. Mintiendo. Entre las empresas de esa industria está la famosa marca El Pozo, a la que provee de esa basura, material y moral, la granja donde se infiltró Évole. Los verdaderos monstruos son los directivos de El Pozo, los accionistas, los comerciales, los veterinarios mercenarios que certifican con sus sellos de calidad una enorme, cruel y peligrosa mentira. Los verdaderos monstruos son los médicos y pediatras que, comprados por el lobby de la carne, recomiendan alimentar a los niños con esos productos. Los verdaderos monstruos son los medios de comunicación que, salvo excepciones, han silenciado durante demasiado tiempo la terrible injusticia, contra humanos y no humanos, que comete la industria de la carne, cómplices de su engaño (eldiario.es publica El caballo de Nietzsche, primer espacio antiespecista en un periódico, desde el que informamos y denunciamos sistemáticamente las prácticas de esta industria).

Que Salvados se haya atrevido a hacer un programa así demuestra que las cosas están cambiando, que el tiempo de la impunidad de la industria de explotación animal se encamina a su fin, que la liberación de los otros animales está más cerca. Y si un programa así ha sido posible es gracias a los muchos activistas y organizaciones de defensa animal que llevan años denunciando lo que esa industria quiere ocultar. Organizaciones que han sido despreciadas, ninguneadas, silenciadas. Activistas que incluso han sido encarcelados y tachados de terroristas por hacer lo que ahora ha hecho Évole: infiltrarse en las granjas y mataderos para grabar y mostrar al mundo lo que sucede en ese pozo de los horrores. El terrorista Évole.

Ha sido gracias a las innumerables investigaciones clandestinas de Igualdad Animal, que con empeño y rigor ha logrado llevar a los telediarios de máxima audiencia las imágenes de su arduo trabajo; gracias a los numerosos reportajes fotográficos y a un documental como ‘Matadero. Lo que la industria cárnica esconde’, que el fotoperiodista Tras los Muros ha realizado grabando de forma encubierta en 58 mataderos de México; gracias al activismo audiovisual de Filming for Liberation; gracias a las personas comprometidas con las víctimas no humanas que día tras día difunden estos trabajos, interceptan camiones a las puertas de un matadero, contribuyen al sostenimiento de los santuarios que han refugiado a los supervivientes. Gracias al movimiento animalista es posible que una cadena como LaSexta vea llegado el momento de hacerse eco de lo que ya es un clamor: la industria cárnica miente.

La industria cárnica miente sobre las condiciones de vida de los animales. La industria cárnica miente acerca de los probados daños para la salud humana que provoca el consumo de carne, como ya ha admitido la propia Organización Mundial de la Salud a pesar de la presión recibida durante décadas por parte del lobby carnista. La industria cárnica miente sobre los devastadores efectos medioambientales de sus explotaciones. La industria cárnica miente acerca de la relación entre su actividad y el hambre en el mundo. La industria cárnica miente sobre el régimen, de esclavitud, en el que se encuentran sus trabajadores, la mayoría migrantes sin opciones. La industria cárnica miente aunque produzca, como Campofrío,  flamantes anuncios en los que la cineasta Isabel Coixet dirige a un elenco de caras famosas no solo dispuestas a dejarse engañar sino cómplices de una explotación y un maltrato reiteradamente denunciados (esperemos que a través de Salvados se enteren de una vez).

Tras el programa Salvados, la industria volverá a mentir, aduciendo que las imágenes televisadas son un hecho aislado. Mentirán de nuevo: en todas las granjas industriales de cerdos (y de otros animales destinados al consumo humano) a las que han accedido, entre otras, las organizaciones y activistas mencionadas, se ha encontrado siempre el mismo dantesco panorama: cerdas inmovilizadas durante semanas en jaulas de gestación, cerdos permanentemente encerrados, cerdos con grandes heridas abiertas y abcesos de pus, cerdos con las patas rotas y malformadas, cerdos agonizantes, cerdos a reventar de antibióticos, lechones estampados contra la pared o mutilados sin anestesia. La industria cárnica querrá lavar la sangre, el pus, los medicamentos y el estiércol acumulados en su imagen, y lanzará una campaña con asépticas instalaciones y animales presuntamente sanos y felices. Mentirán: esa sangre, ese pus, esos medicamentos y esa mierda es lo que hacen llegar a los platos.

Pero la industria de la carne sabe también que no podrá seguir mintiendo mucho tiempo más. Por eso InterPorc, el mayor lobby español de explotadores de cerdos, puso en marcha su perversa campaña  ‘Pork Lovers Tour’ y ha comprado anuncios en Google donde aparecen posicionados en primer lugar si se hace una búsqueda con los términos ‘maltrato animal cerdos’. Por eso Campofrío ya no ridiculiza en sus anuncios a los vegetarianos sino que anda haciendo publicidad de hamburguesas vegetales. Por eso Tyson Foods, el mayor productor de carne en Estados Unidos, está  invirtiendo en desarrollar tecnologías para producir ‘carne limpia’ (células alimentadas). Por eso China, el mayor productor de carne en el mundo, donde se mata a 700 millones de cerdos al año, está sumándose también a esta alternativa incruenta, más barata y sin emisiones que suponen una de las principales causas del calentamiento global. Por eso en España  importantes editoriales han publicado en los últimos meses varios libros centrados en los derechos animales y planteándolos como un asunto político al que ha llegado la hora de atender.

Por eso Jordi Évole se ha infiltrado con los activistas en las granjas de los explotadores de animales y ha denunciado sin (apenas) mordazas a una gran empresa como El Pozo. El terrorista Évole.

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Mi Toisón de oro

19 febrero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Yo vine a un mundo en el que ya no estaba Franco. Nací el 24 de noviembre de 1975. Fue mi padre quien me dio la noticia: “Gabriela, tú naciste el mismo año en que murió Francisco Franco”. ¿De qué demonios hablaba mi papá? ¿Qué importancia podía tener eso para una niña nacida en Lima, Perú, que no sabía ni dónde estaba la península ibérica? Ni siquiera tenía unos abuelos españoles que hubieran huido de la guerra, pero mis padres sí eran unos tremendos comunistas de los 70 que cantaban himnos republicanos de un país que no habían pisado en su vida. Había una estantería en mi casa llena de libros sobre La República y los antifascistas, todos forrados para guardar las apariencias, porque en esa época te podían encerrar por un libro, como ahora. Yo estaba en la panza de mi madre cuando a mi padre lo metió preso la dictadura de Velasco, que oh paradojas, era llamado gobierno revolucionario de las fuerzas armadas, el de la reforma agraria, pero reformista al fin, demasiado poco para esos jóvenes comunistas que al general le gustaba meter a la cárcel.

El fanatismo por “España” lo había heredado mi padre de mi abuelo Carlos –un empleado de la Compañía Peruana de teléfonos, cuando esa compañía todavía era peruana y no existía la transnacional Telefónica ni Movistar–, que no era ni de izquierdas, pero sí un antifraquista visceral, amante de la historia y los crucigramas. Las guerras mundiales eran un temazo en las comidas familiares, y mi padre y mi tío Hugo –que luego se harían trotskistas– pensaban como mi abuelo que la Guerra Mundial se había decidido gracias a la vergonzosa política de los países europeos con la guerra española. Antes de que yo naciera, mi papá, mi mamá y mis tíos iban al cineclub a ver Morir en Madrid y salían cantando: “que caiga Franco, que caiga Franco”. Y eso que allí teníamos nuestros propios problemas, nuestros propios francos. Pero en esa época había algo llamado internacionalismo y algo llamado miedo. Yo un par de veces le presté mi cama de niña a un chileno exiliado. Por eso no puedo ver a un militar sin que me duela algo.

Así también llegaron a mí algunas canciones clásicas de la Guerra Civil, que íbamos recreando porque los discos de vinilo se rayaban. Por esos días ni me imaginaba que iba a pasarme 15 años ya en este país. También cantábamos “La hierba de los caminos”, la versión que Víctor Jara cantaba antes de que Pinochet le cortara las manos para que no tocara nunca más su guitarra y le disparara 40 balazos: “qué culpa tiene el tomate que está tranquilo en la mata, y llega un hijo de puta y lo mete en una lata…Cuándo querrá Dios del cielo que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda”. Creíamos que era una canción de la Guerra Civil española, supongo que porque el tomate y la tortilla son cosas de españoles, como la guerra.

Por eso mis padres me regalaron, apenas pudieron, como si me dieran un aparatoso y pesado Toisón, España aparta de mi este cáliz, el poemario que el poeta peruano César Vallejo le dedicó a la Guerra Civil española, pero la edición en gran formato, ilustrada y en tapa dura. Tenía fotos tamaño A3 en blanco y negro de los niños llenos de agujeros, sin nombres, solo eran números en los carteles que colgaban de sus cuellos. No podía creer que las balas pudieran hacer eso, que la gente pudiera hacer eso, que mis padres quisieran que yo viera fotos de niños españoles muertos, niños fusilados, niños bombardeados, amontonados en piras. Me aprendí de memoria ese poema que empieza: “Niños del mundo, si cae España, digo, es un decir…” No entendía todo lo que escribía Vallejo pero sí entendía: “¡Qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano, qué viejo vuestro dos en el cuaderno!”. Entendí que podían envejecer los números, la matemática, porque ya no habría niños para estudiarlas. Esos niños agujereados de las fotos iban a “bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena”. ¿Cuál era la letra en que nació la pena? Si la madre España cae, decía el sudaca Vallejo, salid niños del mundo, id a buscarla.

Pero no salieron. Yo, que nací el año que murió Franco, recuerdo que lo que más me alucinaba de niña es que una dictadura pudiera durar tantos años, una dictadura que no era una dictadura del proletariado, la única buena según mi rojimio padre, sino una de las malas, de las peores. Y a los 11 años no podía asimilar que toda esa gente tuviera que esperar a que muriera el tirano para liberarse de sus cadenas. Solo mucho después supe de los alcances del exterminio, del exilio, de la represión, de los nazis, de la monarquía, de la Transición, de la traición.

Yo nací en un país de mierda, con dictadores de todo pelaje, pero al menos allí no hay un rey, ni una reina. Ver la ceremonia de la entrega de aquella joya medieval a la heredera es para los que venimos de repúblicas como ver una rata duchándose con jabón, algo difícil de creer hasta que lo ves. Felipe no le va a contar a su hija Leonor esa otra parte de la historia que sus propios ancestros han ayudado a forjar, menos en una de esas comidas diarias familiares en las que, como sospechábamos, se dicen naderías, como en el discurso del rey en Navidad. Me temo que no vamos a ver cómo se abrasa la lengua Leonor de pura impresión de saber lo de Cataluña o que todavía hay 143.353 desaparecidos del franquismo, que España es el segundo país con más fosas comunes después de Camboya, que podrían ser 2500 o 5000, y solo se han abierto 300. Y, claro, que los niños perdidos no están en el País de Nunca jamás, sino en el País de Nunca habrá Justicia. ¿Entonces mi papá se equivocó y yo no nací en un mundo sin Franco? ¿Leonor nació en una España sin Franco? ¿O Leonor es Franco?

Cuando salimos de fiesta con mis amigos españoles, con mi amiga Cristina, que siempre habla de las fosas comunes y las cunetas, y otros a los que el franquismo les mató a sus abuelos y abuelas, a esa hora en que todo se vuelve melancólico, y ellos se ponen a cantar canciones de la Guerra Civil, yo todavía me sorprendo de poder acompañar algunas estrofas, y me acuerdo del miedo y de mi padre y de mi libro-toisón, y cuando ya no puedo seguir me pongo a recitarles a Vallejo: “milicianos de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón, cuando marcha a matar con su agonía mundial, no sé verdaderamente qué hacer, dónde ponerme, corro, escribo, aplaudo, lloro, atisbo, destrozo…”. Yo tampoco sé dónde ponerme, amigos.

No te movilices, solo firma en internet

12 febrero, 2018

Fuente: http://www.publico.es

30 de enero de 2018

Pascual Serrano
Periodista

El pasado 15 de enero una adolescente de 17 años murió atropellada en la carretera M-117 en la localidad de Fuente el Saz de Jarama, al norte de Madrid. Parece que los vecinos eran conscientes de que algo podía pasar y estaban muy preocupados por las condiciones de peligrosidad de ese tramo de carretera, sin arcén y con apenas luminosidad. Según difundieron algunos medios miles de vecinos habían apoyado una campaña de recogida de firmas en change.org exigiendo a la Comunidad de Madrid que mejorara las condiciones de esa vía. Por su parte, la Comunidad de Madrid afirma no haber recibido ninguna petición al respecto.

Estamos ante una de esas campañas de firmas en internet mediante las cuales muchas personas bienintencionadas creen participar en un activismo con el que puede resolver problemas sin demasiado esfuerzo. Todos firmaron en un portal de internet pero quizás nadie dirigió un escrito a la Comunidad de Madrid, ni a los responsables de Tráfico, ni a los grupos de la oposición para que les apoyaran si consideraban que el gobierno de turno no atendía sus demandas. Quizás tampoco se dirigieron a la prensa para presionar a los cargos oportunos. Por supuesto no habría manifestaciones ni concentraciones de protesta, ya se habían “movilizado” firmando en internet.

He mirado en change.org y hay al menos dos campañas de recogidas de firmas, cada una con miles de adhesiones. Son escritos que dicen que se entregarán a la presidenta de la Comunidad de Madrid, no se sabe cuánto tiempo llevan colgados recogiendo firmas, no hay información que aclare si se ha enviado al gobierno madrileño o a alguna autoridad. Simplemente la petición está ahí colgada, la gente entra, la lee, firma y ahí queda.

Uno de los efectos estúpidos de internet y las redes sociales es hacernos creer que estamos participando en la toma de decisiones (empoderando llaman algunos) cuando solo estamos entrando en un portal que está ingresando dinero por publicidad con nuestros clicks y de poco sirve lo que “votemos”. Por no hablar de asuntos sobre los que, en mi opinión, no correspondería la participación ciudadana, y que también son objeto de campañas en internet. Se recogen firmas para pedir financiación para determinados proyectos de investigación médica, como si los firmantes supieran si es mejor destinar recursos a una investigación de la Universidad de Sevilla sobre el cáncer de páncreas o a otra sobre el glaucoma en el Hospital Clínico de Madrid. Y los ciudadanos haciendo su propia campaña entre su entorno en las redes sociales.

Cuando la jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela envió a prisión preventiva a Jordi Cuixat y Jordi Sánchez se abrió una campaña en change.org para pedir su inhabilitación como jueza, como si los jueces se nominaran o expulsaran en una votación popular como las de Operación Triunfo o Gran Hermano.

Desde las plataformas de firmas se ponen en marcha, con gran apoyo y difusión ciudadana, campañas para que metan en la cárcel determinado acusado o dimita el presidente de cualquier país.

Hace unas semanas, en uno de mis grupos de WhatsApp, bajo la bandera de la defensa de la escuela pública, se pedía que votáramos en internet a un determinado colegio público para la concesión de un premio de “markenting educativo” que concedía un banco. La votación, organizada por el propio banco, ni siquiera era vinculante, pero servía para publicitarse tanto la entidad como su fundación y su supuesto desvelo por la educación. Por supuesto, nadie se planteaba qué significa el “marketing educativo” para una escuela pública.

El sistema de participación ciudadana por internet permite entretener a la gente en causas absurdas en detrimento de movilizaciones por motivos más necesarios. Así se consigue que 145.000 personas voten para que se incluya un pueblo de 77 habitantes en un nuevo Monopoly. ¿Se imaginan esas 145.000 personas movilizándose para que mejoren la carretera de ese pueblo, el colegio o la asistencia médica?

Los mecanismos del poder para entretener o desmovilizar son muchos, pero el más exitoso de todos es cuando consiguen desmovilizarnos mientras creemos que estamos luchando.

Por qué las clases populares no votan a la izquierda y qué hacer para corregirlo

5 febrero, 2018

Fuente: http://www.elconfidencial.com

Alberto Garzón Espinosa

¿Cómo es posible que los estratos sociales más bajos, las clases populares e incluso la clase obrera tradicional, esté optando por políticas de derechas como solución a sus problemas?

Foto: Mesa de votación en las elecciones catalanas. (EFE)
Mesa de votación en las elecciones catalanas. (EFE)

El resultado de las elecciones catalanas ha reabierto un debate clásico en la izquierda política: la cuestión de la afinidad política e ideológica de las clases populares. El hecho de que en los barrios obreros catalanes haya sido primera fuerza Ciudadanos ha hecho disparar de nuevo todas las alarmas. Pero no es la primera vez que sucede. En estas mismas páginas, y también en sus libros, Esteban Hernández ha ido destacando partes de este proceso desde hace años. La pregunta que tanto él como otros nos hacemos es la siguiente: ¿cómo es posible que los estratos sociales más bajos, las clases populares e incluso la clase obrera tradicional, esté optando por políticas de derechas como solución a sus problemas?

Lo primero que cabe advertir es que este no es un fenómeno que se circunscriba solo a nuestro país. En el año 2016 el politólogo Luis Ramiro publicó un estudio sobre la izquierda radical europea en el que se ponía de relieve que no existe una relación directa entre pertenecer a un estrato social desfavorecido y votar a un partido radical de izquierdas. O, dicho claramente, que los partidos de la izquierda radical europea dicen representar a las clases populares pero estas no se sienten representadas. Este estudio, y muchos otros, han demostrado que el votante medio de la izquierda radical europea no tiene nada que ver con el perfil del votante típico de los partidos de extrema derecha que están ganando peso en Europa y Estados Unidos. Como hemos explorado en otro lugar, el perfil de ese votante es el de una persona desempleada, poco cualificada, muy expuesta a la competencia económica internacional y con sentimientos nacionalistas que se realzan como una forma de protección ante esa situación general de vulnerabilidad. El problema general, por lo tanto, es que la izquierda no está siendo capaz de atraer a las personas más afectadas por la crisis y por la globalización neoliberal, y ese lugar lo están ocupando los partidos de derechas cuyos proyectos, además, tienen en muchos casos un espíritu reaccionario, racista y antidemócrata.

El problema no está en cómo representar a las clases populares sino en cómo ser parte de esas clases populares

La tesis que defiendo aquí es que el problema no está en cómo representar a las clases populares sino en cómo ser parte de esas clases populares. Durante décadas la izquierda política europea se ha ido desconectando de los estratos sociales más bajos con discursos cada vez menos vinculados a sus problemas cotidianos al tiempo que ha abandonado la construcción de redes sociales en barrios, vecindarios y centros de trabajo. En lugar de eso la izquierda ha concentrado su actividad en la participación en diferentes ciclos electorales y ha basado su crecimiento electoral en los sectores ideologizados de las autoconsideradas clases medias. Mientras eso sucedía, la globalización ha ido transformando las relaciones económicas y de clase en los países desarrollados, empobreciendo a las clases populares y haciendo descender de escalones a parte de la clase media. Este proceso está lejos de acabar. Transitamos hacia una sociedad polarizada, de enormes desigualdades y en la que la izquierda solo tendrá oportunidad de ganar la batalla a la derecha si es capaz de volver a penetrar en los barrios populares a través de prácticas que conecten con sus problemas cotidianos y materiales. Nuestro mundo se asemeja cada vez más al del siglo XIX que al de la llamada época dorada del capitalismo.

Cómo hemos llegado hasta aquí

Cuando Marx y Engels escribieron sobre la clase obrera en el siglo XIX, esta sobrevivía en unas condiciones verdaderamente miserables. Además, ambos fueron testigos de cómo los beneficios del crecimiento económico recaían exclusivamente en unas pocas manos, la de los propietarios de las grandes industrias y de los bancos. Y en su estudio del capitalismo llegaron a la conclusión de que esa situación se mantendría o se radicalizaría hasta la revolución. Es más, pensaban que la proletarización de la mayor parte de la población sería inevitable: tenderos, artistas, profesionales y otros trabajadores no industriales acabarían convirtiéndose en proletarios pobres como consecuencia del propio funcionamiento del sistema. Quedaría un puñado de capitalistas y una gran masa, que sería mayoría, de empobrecidos trabajadores asalariados.

VÍCTOR LENORE

Sin embargo, las predicciones de Marx y Engels sobre la polarización parecieron desvanecerse a finales del siglo XIX y, sobre todo, tras la II Guerra Mundial. Gracias a las luchas obreras los trabajadores occidentales consiguieron hacerse copartícipes de los beneficios del crecimiento económico. Incluso aunque ese crecimiento derivara del saqueo y expolio de otros pueblos del mundo mediante la colonización. Ya a comienzos del siglo XX surgieron las tesis de la aristocracia obrera de Lenin y del imperialismo de los autores marxistas que trataban de explicar por qué la clase obrera se estaba “aburguesando” a costa del sudor de los trabajadores de los países colonizados. Pero empezaba también a nacer la llamada clase media, trabajadores que ya no vivían en condiciones de subsistencia sino que aspiraban a ser propietarios de viviendas y de automóviles y que disfrutaban de los servicios públicos arrancados a las clases dominantes a través de las huelgas y la lucha política. El compromiso keynesiano de posguerra consistió en institucionalizar el conflicto capital-trabajo y en repartir los beneficios del crecimiento de la productividad. Pero ahí estaba la paradoja: la victoria de la clase obrera occidental en la conquista de sus derechos supuso también el cambio de agenda de sus organizaciones políticas.

El problema, como señaló Adam Przeworski en su magnífico libro ‘Capitalism and social democracy’, es que emergió un dilema político-electoral. Lo que sucedió realmente es que creció la heterogeneidad entre los asalariados, de modo que ahora cabía dirigirse exclusivamente a la clase trabajadora tradicional, que era una minoría, o tratar de incorporar nuevos sectores sociales que no necesariamente tenían los mismos intereses. La primera opción te condenaba a perder las elecciones, y la segunda a desnaturalizarte. La solución natural de la mayoría de los partidos europeos fue la de mantener cierta retórica obrerista al tiempo que se adaptaba el discurso para llegar más allá de la clase trabajadora tradicional. De ese modo, la gran atención de la izquierda política se fue desplazando progresivamente hacia los sectores que más crecían y que además suponían el grueso de los votantes en los sistemas electorales: la llamada clase media. De forma correspondiente, los discursos fueron cambiando y la atención a las condiciones materiales de vida (salarios, pobreza, etc.) fue perdiendo peso en beneficio de las condiciones inmateriales de vida (calidad de la democracia, cuestiones de igualdad horizontal, etc.). No sorprendentemente también el propio marxismo hizo en los años cincuenta y sesenta un giro cultural similar, dejando a un lado la Economía Política –y la temática de la explotación– y priorizando las cuestiones culturales y psicológicas –y la temática de la alienación y la identidad–, como bien recuerda Perry Anderson en Consideraciones sobre el marxismo occidental. Nunca dejaron de existir los trabajadores manuales no cualificados, la categoría más próxima a la clase obrera sobre la que teorizó Marx y que aún hoy representa el 25% de la fuerza laboral en España, pero fueron dejándose de lado.

La desigualdad dentro de cada país se ha disparado, especialmente si comparamos el enriquecimiento del 1% más rico con el resto de la población.
Qué está sucediendo en las clases populares

Paradójicamente, desde los años ochenta nuestro mundo se va pareciendo cada vez más al de Marx y al del siglo XIX. La globalización neoliberal ha significado la liberalización del comercio mundial, las deslocalizaciones de las grandes empresas productivas, la privatización de las empresas públicas, la reducción de los sistemas fiscales progresivos y, en suma, el progresivo desmantelamiento del Estado Social. Con dos consecuencias esenciales, una de carácter nacional y otra de carácter internacional.

La primera es que la desigualdad dentro de cada país se ha disparado de nuevo, especialmente si comparamos el enriquecimiento del 1 por ciento más rico de cada país con el resto de la población. Como demostró Thomas Piketty en ‘Capital in the twenty-first century’, justo antes de la crisis el porcentaje sobre el total de riqueza del 1 por ciento más rico de Estados Unidos alcanzó los niveles de 1929. Esa concentración de la riqueza había disminuido radicalmente desde la II Guerra Mundial como consecuencia de los mecanismos redistributivos del Estado, pero empezó a crecer de nuevo a partir de los años ochenta. Hay que recordar que en la década de los años cincuenta el tipo impositivo marginal máximo –el tipo más elevado que se paga, lógicamente los ricos– era de hasta el 90% en Reino Unido o Estados Unidos, mientras que actualmente ronda el 40% en esos países. De ahí que David Harvey y otros autores hayan definido al neoliberalismo como la revuelta de las élites frente a los mecanismos redistributivos del Estado Social. O, dicho de otra forma, los ricos se cansaron de pagar los servicios públicos a los pobres y ya no tenían miedo a la revolución, así que organizaron una verdadera contra-revolución para acabar con las conquistas de la clase trabajadora.

La segunda es que la globalización está generando ganadores y perdedores también a nivel mundial, como demuestran los datos del libro ‘Global inequality’ de Branko Milanovic. Los ingresos reales de las clases populares de Europa y Estados Unidos se han estancado o han caído en las últimas décadas mientras han subido los ingresos reales de las clases medias urbanas de los países asiáticos y sobre todo de los superricos de todos los países del mundo. Dicho de otra forma, la globalización ha aumentado la desigualdad dentro de cada país, entre los poseedores de capital financiero y los trabajadores manuales, por ejemplo, pero también ha provocado que a nivel mundial el salario de un trabajador asiático se vaya pareciendo cada vez más al de un trabajador europeo medio. Esta es, exactamente, una predicción típicamente marxista: el desarrollo del capitalismo a nivel mundial igualaría las condiciones de vida de los trabajadores mientras haría aún más ricos a los propietarios de capital de todo el mundo. Un mundo dividido en clases y no en naciones.

No es que la clase obrera industrial haya desaparecido, sino que se ha deslocalizado desde Europa hacia Asia.

Ambas consecuencias están interrelacionadas. Por ejemplo, no es que la clase obrera industrial haya desaparecido, sino que se ha deslocalizado desde Europa hacia Asia. La incorporación de China e India al mercado mundial es la incorporación de más de 1.100 millones de personas para competir con otras a lo largo de todo el mundo. Esa nueva realidad opera como presión a la baja de los salarios en las diferentes secciones productivas europeas en las que se están especializando los países asiáticos. Por ejemplo, aquellos sectores expuestos a la competencia internacional, por lo general los de menor valor añadido, tienden a tener salarios más bajos. Y España, que está tecnológicamente atrasada, sufre especialmente ese drama. De igual manera, la globalización permite una mayor división del trabajo dentro de cada empresa, con procesos de deslocalización parcial y subcontrataciones, lo que lleva a que algunas empresas ofrezcan salarios muy altos y otras salarios muy bajos. Todo ello aumenta aún más la desigualdad de ingresos entre las clases populares, especialmente las no cualificadas, y las clases altas.

La consecuencia más obvia de estas transformaciones es que las estructuras de clase de los países occidentales, incluyendo España, están polarizándose. La globalización neoliberal está produciendo una nueva división entre ganadores y perdedores a nivel mundial y nacional que está quebrando al estrato intermedio de la sociedad occidental, las llamadas clases medias. Hay quien ha hablado, entre ellos Esteban Hernández, de “el fin de la clase media“. Pero más bien lo que está ocurriendo es que la clase media se está polarizando, con sus estratos sociales más altos manteniendo su posición y con los estratos sociales más bajos empeorando la suya. Los análisis del politólogo Pau Marí-Klose para España revelan que durante la crisis en nuestro país la distancia entre la clase media-alta y la clase media-baja ha aumentado.

Y por lo general los estudios económicos demuestran que el elemento clave es la cualificación formal y la estructura productiva. A mayor cualificación, más posibilidades de caer en el club de ganadores, pues se accede a puestos de trabajo más protegidos de la competencia internacional y que reparten más valor añadido. El problema es que la estructura productiva opera como limitante, como sucede con el caso español. Puedes tener a mucha gente muy cualificada pero que no es absorbida por la ausencia de tejido industrial de alto valor añadido, lo que lleva a la sobrecualificación.

A mayor cualificación, más posibilidades de caer en el club de ganadores, pues se accede a puestos más protegidos de la competencia internacional.

Llama la atención, por ejemplo, que otro estudio de Raúl Gómez, Laura Morales y Luis Ramiro revelara que el tipo de votantes de los partidos anticapitalistas tradicionales (como los partidos comunistas ortodoxos de Portugal o Grecia) y de los partidos de nueva izquierda (como Izquierda Unida o el Bloco de Esquerda en Portugal) apenas se diferencian en términos de edad, género, ubicación territorial o conciencia de clase, pero que sí hubiera diferencia en que los votantes de la nueva izquierda tienden a estar más cualificados que los votantes de los partidos tradicionales. En el caso español, en un reciente estudio publicado en 2017, Luis Ramiro y Raúl Gómez encontraron que el tipo de votante de Podemos y de IU tenía el mismo perfil, a saber, el de personas progresistas altamente cualificadas. Este tipo de estudios sugiere que la izquierda radical española está menos conectada aún a los perdedores de la globalización. Sus votantes no son los que más sufren.

Por lo tanto, lo que ocurre en España, como en toda Europa, es que el viejo mundo del compromiso de clase y de una clase media que sostiene el Estado Social está tocando a su fin. Con ella, las ilusiones de amplios sectores sociales que se autoconsideraban de clase media se desvanece. Milanovic, en su ya citado libro, considera que en los años ochenta en España había un 34% de personas situadas objetivamente en la clase media, y que en el año 2010 ese porcentaje era del 31%. Una dinámica descendente que se estaría dando en todos los países, especialmente aguda en Estados Unidos y Reino Unido. Por otra parte, la socióloga Belén Barreiro ha tratado este tema en su libro ‘La sociedad que seremos’ y desvela que el porcentaje de personas que se consideran subjetivamente de clase media ha descendido desde el 63,4% de 2007 hasta el 52,3% del 2014, cifras aun significativamente altas.

Y es cierto que las políticas neoliberales han causado esto, pero también es cierto que ha sucedido como respuesta a la propia lógica de un sistema capitalista que por su propia naturaleza es global. El ascenso de políticas proteccionistas de carácter nacionalista, como ocurre con la extrema derecha, hay que entenderlo desde esta lógica de defensa frente a estas amenazas de empobrecimiento. En otros casos la ilusión consiste precisamente en mantener la ilusión, esto es, en prometer a los votantes que volverán los tiempos de antaño y que las llamadas clases medias recuperarán su posición. Como si no existieran los 1.100 millones de nuevos trabajadores chinos e indios o no existiera la coerción de la competencia a nivel mundial. Como si quisiéramos ignorar, en definitiva, que lo que está en juego es el lugar de Europa y sus ciudadanos en el sistema económico mundial.

La izquierda radical española está menos conectada aún a los perdedores de la globalización. Sus votantes no son los que más sufren.

Cómo llegar a las clases populares

Lo importante, a mi juicio, es tener presente que la clase social no es solo una entidad objetiva que puede analizarse en los estudios económicos clasificando a la sociedad a partir de distintos criterios. La clase social es también un constructo social, una identidad, que se va construyendo en la práctica política. La clave es, entonces, cómo se construye clase social o, dicho de otra forma, cómo se consigue unir en un mismo proyecto político a la clase trabajadora que sufre la crisis y la globalización.

Algunas de las propuestas existentes son de carácter discursivo y consisten, fundamentalmente, en adaptar los discursos a las nuevas realidades políticas. Si las estructuras de clase han cambiado, parece evidente que los discursos políticos tienen que adaptarse a esos cambios. Esto es tan obvio que parece insultante tener que repetirlo. El problema es que esto por sí solo no vale. La construcción de relatos o narrativas, es decir, de historias que intentan atraer a una base social es insuficiente. Además, en comparación con los recursos para contar historias de otros partidos de derechas, financiados por los ricos, las posibilidades de éxito se reducen exponencialmente.

La clase social es también un constructo social, una identidad, que se va construyendo en la práctica.

Otras propuestas que se han dado son de ánimo organizativo, como las que sugieren la creación de una cuota obrera que obligue a las organizaciones a tener representantes de esos estratos sociales. Esta idea, recuperada hace poco por Nega y Arantxa Tirado en su libro ‘La clase obrera no va al paraíso’, recuerda la extendida prohibición que existió durante mucho tiempo entre los partidos socialistas respecto a la aceptación de militantes de extracción social burguesa. En todo caso, esta idea sería totalmente innecesaria si las cosas se hicieran bien, es decir, si la izquierda fuera de las clases populares y no solo se limitara a representarla.

La clave, a mi juicio, reside en la práctica material. Y este es un terreno desgraciadamente inexplorado por la izquierda europea actual. Se trata de aceptar que las subjetividades se crean sobre todo en la práctica, y que una organización que reside y está presente en el territorio, o que directamente está situada allá donde se da un conflicto político, es la que consigue convertirse en el instrumento de las clases populares.

Esto es algo que el movimiento obrero del siglo XIX siempre tuvo presente. De hecho, la función principal del SPD era formar a la clase más allá de las instituciones, esto es, en la práctica cotidiana. Como recordaba Antoni Domenech en su ‘El eclipse de la fraternidad’ en esa red se incluían “grandes sindicatos; cooperativas agrícolas; mutualidades; bolsas del trabajo; ligas campesinas; secciones y círculos socialistas y anarquistas; asociaciones deportivas y recreativas; círculos culturales; muchedumbre de periódico e imprentas; casas del pueblo; ateneos obreros; bibliotecas y teatros culturales; universidades populares; escuelas de formación de cuadros sindicales y políticos; cajas de seguro de enfermedad; cooperativas de consumo…”. Los grandes empresarios alemanes tenían absolutamente claro que la fuerza del SPD provenía no tanto de sus votos como de su presencia en la sociedad y de esas vastas redes sociales. El SPD logró el 34% de los votos en 1912 precisamente como consecuencia de esa fuerza. Algo que el fascismo italiano de Mussolini sabía muy bien cuando mandó a los violentos grupos de las camisas negras a destruir el tejido social que el comunismo italiano estaba construyendo en su país.

En la actualidad, cuando nuestro país y toda Europa ha iniciado una tendencia hacia las condiciones laborales del siglo XIX, conviene tener muy presente estas enseñanzas. Y recordar, sobre todo, que la función esencial de una organización política es convertirse en una sociedad alternativa, algo que se consigue siendo parte del tejido social y no solo tratando de representarlo. Si somos inteligentes en la izquierda europea, comprenderemos que la mejor manera de combatir a la extrema derecha, de ganar las elecciones y de poner en marcha un nuevo proyecto de país es precisamente a través del despliegue práctico y material de nuestra organización en todos los espacios de socialización. Y quizás todo empiece por preguntarnos si realmente nuestro objetivo es representar a las clases populares o ser las clases populares.

Al margen de la justicia

31 enero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

 justicia

Publicada 30/11/2016 a las 06:00. Actualizada 29/11/2016 a las 20:06  

Existe un palo flamenco que se llama mirabrás y una de sus letras más conocidas reza: “Y a mí qué me importa que un rey me culpe si el pueblo es grande y me abona. Voz del pueblo voz del cielo”.
Don Antonio Chacón se convirtió en el gran recopilador de letras y cantes y la hizo popular en los tablaos de Madrid en tiempos de Alfonso XIII. Muchos encontraban en esos versos un desafío a las leyes vigentes reivindicando el poder del pueblo como moralmente superior al que ejercían los reyes.

En el afán irredento de alcanzar la impunidad que llevan adelante los que han esquilmado lo público, en una especie de venganza contra esa democracia que les arrebató el poder absoluto del que han disfrutado a lo largo de la historia, el actual ministro de Justicia quiere aportar su granito de arena para que los poderosos vivan al margen de esa entelequia que, como aquella que afirma que “Hacienda somos todos”, reza que “la justicia es igual para todos”. Je, je je.

Con cara de buen chico, de no haber roto un plato, dice barbaridades que sobrepasan la cautela y la prudencia exigibles a alguien que ejerce ese cargo tan delicado y del que depende la credibilidad y calidad del sistema en el que nos ha tocado vivir.

Como en la letra del mirabrás, el ministro de Justicia opina que la responsabilidad política “en nuestro sistema se salda con ocasión de las elecciones… ha habido ocasión para que los ciudadanos emitan su veredicto”. Ese código moral deriva en la impunidad, precisamente la carcoma de la institución que preside el ministro. Esa interpretación del voto como una absolución, hecha por un ministro de Justicia adquiere especial gravedad. La regeneración de esta organización política, el PP, como vemos, no está prevista. Nos quieren hacer creer que las cosas no ocurren, al tiempo que prohíben el consumo de drogas. Nos lo ponen muy difícil. Según su peculiar manera de entender la democracia, alguien puede cometer tropelías, que si los ciudadanos le votan, como en el cante, lo sitúan por encima de la ley y moralmente está legitimado para seguir actuando a su manera. El voto les eleva a un plano superior a cualquier otro código moral, por encima de lo que pueda dictar el sentido común, que tanto gusta a Rajoy; el más elemental sentido de la honradez, que tanto gusta a los ciudadanos que padecen las consecuencias del latrocinio de esta agrupación, o el sentido de la vergüenza del que carecen de una forma tan característica y generalizada que debería ser estudiado por algún aula de psiquiatría. Esta jeta no es común, habría que visitar la sala griega del Museo Británico para encontrar una colección de rostros de tamaña consistencia.

A título personal se expresa en una admiración sorprendente por la figura política de Rita Barberá sentenciando que “cada uno tendrá sobre su conciencia lo que ha hecho y ha dicho de ella, las barbaridades que se le han atribuido sin ninguna prueba y justificación”. Sin duda se trata de una amnesia puntual debida a algún fallo en el riego cerebral lo que le lleva a pronunciar esas palabras, porque de otro modo, si de verdad piensa lo que dice, es decir, que es inocente, debería haber hecho algo para que pudiera demostrar esa inocencia ante los tribunales. Creíamos que lo de nombrarla miembro de la Comisión Permanente del Senado para que no perdiera su aforamiento en el periodo entre dos legislaturas era sólo parte del juego sucio al que con tanta frecuencia recurre este Gobierno y al que no nos queremos acostumbrar, precisamente, para que la Justicia no pudiera actuar en su caso. En aquel momento fue una medida excesivamente profiláctica ya que todavía no estaba siendo investigada, ni imputada, ni se la relacionaba con la operación Taula, por lo que ellos sabían algo que nosotros ignorábamos. Deben de tener a su servicio una pitonisa de gran efectividad o, simplemente, creían lo mismo que el resto de los mortales, que el cerco se estrechaba y que era imposible que todos los que la rodeaban, personas de su máxima confianza, estuvieran haciendo el mal sin que ella, cabeza visible del PP desde siempre, “la mejor” según Rajoy, se enterara de nada. Los que venden la buena gestión nombran a mangantes que ejercen con descaro el choriceo sin que salten las alarmas del que los nombra. En Madrid pasa lo mismo con Esperanza Aguirre y su colección de batracios que saltan del cieno a palacio para que la marquesa que afirma que nadie debe estar más de ocho años viviendo de lo público (¿es o no es una cachonda?) les dé la bendición y los convierta en príncipes, cosa que, dicho sea de paso, sólo pasa en este nauseabundo cuento con el que nos obligan a comulgar. Nadie sabe nada del dinero que desaparece delante de las narices de los responsables de la administración de los fondos públicos. Como tienen fe en el más allá, tienen fe en los cargos que nombran y no sospechan nada. No se les puede criticar por tener fe. La fe mueve montañas y también transfiere fondos allende nuestras fronteras.

El cerco, en efecto, se estrechaba en torno a Rita, y este blindaje molestó a algunos de su camarilla.  Varios miembros de su partido, antaño colaboradores suyos, la señalaron como responsable del tema de blanqueo de dinero, cuando se enteraron de que se iban a comer el marrón en solitario.

Todo tenía un sentido, en tanto actúan como banda, no olvidemos la segunda parte del glorioso SMS de nuestro presidente, la que dice: “Hacemos lo que podemos”. Es decir, ellos, en comandita, en grupo, no es el mensaje del amiguete Mariano para dar ánimo a un colega que lo está pasando mal, sino el de alguien que representa a un grupo que trabaja en algo para intentar solucionar un problema. La cuestión es que Bárcenas ya estaba en manos de los jueces y sólo se podía trabajar presionando a los magistrados, o de otra manera que a mí se me escapa, a no ser que Rajoy hubiera mandado una legión de zapadores para hacer un túnel que procurara la fuga de Luis, al que algunos de los suyos dicen que le llamaban “el Cabrón”, y otros que no, y dicen que hay más, por lo visto, que merecen ese apodo.

La cuestión es que si creemos al ministro cuando una vez fallecida Rita Barberá carga contra los que la critican “sin motivo” porque, a su parecer, es inocente, y a la vez trabaja en comandita con el grupo a través de maniobras torticeras para evitar que pueda demostrarlo ante un tribunal, sólo nos queda pensar que Catalá no confía en la justicia, y eso es peor, porque siendo el ministro del ramo debe saber de qué habla, y si la fallecida exalcaldesa de Valencia, con el ministro de Justicia de su lado, no puede tener un juicio con todas las garantías que exige nuestra Constitución, ¿quién podría tenerlo?

Para rematar la faena, el ministro, preguntado por la financiación ilegal y los pagos en negro, dice: “la corrupción es de personas, no de organizaciones”. ¡Qué más quisiéramos! ¡Ojalá los mensajes y las consignas internas fueran en singular y no en plural!

Adelanta más sustos en su carrera por el blindaje de los suyos. Quiere limitar la acción popular en los juicios y que sea el ministerio fiscal el que lleve a cabo la investigación y que la policía judicial esté a su servicio. La acusación particular es la que ha permitido que se lleven adelante juicios como el de los fondos reservados, NoosBankia, en los que la fiscalía en algunos casos no sólo no veía nada sino que se pronunciaba a favor del acusado con mayor vehemencia que los abogados. Recordemos que es una institución jerárquica que depende del Fiscal General que es nombrado por el gobierno y que en más de una ocasión ha dado la orden de retirar la acusación de casos sorprendentes y, casualmente, siempre a favor de obra. Los fiscales deben acatar la orden de su superior. Eso salvó a Pujol en su día de lo que ahora se le juzga.

Estamos ante un ministro que trabaja por la impunidad de los suyos, y como el resto de sus compañeros, a la hora del fallecimiento de Rita Barberá salió a gritar las consignas que evitaran que su muerte se volviera contra ellos. Uno: era una de los nuestros. Dos: nunca la hemos abandonado. Tres: la expulsamos para protegerla. Cuatro: era inocente porque nunca hizo nada punible. Cinco: dentro de una hora queremos un minuto de silencio, aunque sea saltándose las normas del Congreso. Era una orden de Rajoy y la señora Pastor se limitó a obedecer la voz de su amo.

Todo un paradigma de actuación cuando sólo había pasado una hora del fallecimiento. Gente que sabe sacar tamaño rédito de la muerte de una compañera vilipendiada por los suyos que murió marginada, es difícil de concebir, pero esa frialdad y claridad de pensamiento ante el olor de la sangre, como también vimos tras el 11–M, es de caballo ganador. El mundo es de los crueles y los intransigentes, juegan con ventaja.

Ahora, después del aluvión de propaganda para restituir el honor de la exalcaldesa de Valencia toca fabricar desde las instituciones un sistema en el que ese tipo de política, la de Rita Barberá, sea legítima. Así ahorrarán problemas.

Toca levantar el muro de la impunidad que el ministro Catalá, trabajando para el partido, no para los ciudadanos ni la justicia, está levantando sin licencia y en un terreno en el que no se puede construir pero que, siguiendo su tradición, intentarán privatizar del todo.

Como llamar terroristas a estos seres amorales que condenan a muerte a los servidores públicos sin pruebas ni motivo es muy fuerte, también está acuñado el término que dentro de poco será coloquial para definir a los que denuncian el latrocinio generalizado: Hienas.

Ante la ausencia de ETA ya se han sacado de la manga el nuevo terrorismo: el mediático.

La información mata. Por eso escribo en opinión.

La balanza

17 enero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 08/11/2016 a las 06:00 Actualizada 08/11/2016 a las 10:47  

Una de las cuestiones que más me plantean en las entrevistas, pero también por la calle, es por qué en el programa en el que trabajo se le da tanta caña al PP. La impresión que percibe un sector de la audiencia es que la balanza está muy descompensada.

Cuando te detienes y les comentas que sólo se debe “dar caña” al que comete fechorías, la respuesta es siempre la misma: “Todos las hacen”. Entiende el personal que vive en un estercolero y que aquellos que no son denunciados es porque gozan de la bendición de los medios de comunicación que ocultan sus felonías. Es en ese contexto en el que se entiende que un partido político procesado como tal y que ha tenido, como en el caso de la corporación municipal valenciana, a nueve de sus diez concejales imputados, a los que decidieron no aplicar sus propias normas de control para no desaparecer del Ayuntamiento, no se haya convertido en un partido marginal.

Los votantes extrapolan la corrupción porque les resulta inadmisible creer que “los suyos” son peores que “los otros”, ya que esto les situaría en una posición moral comprometida, y más en el que caso de España, donde la derecha estaba toda unida en un solo partido, situación que ha rendido unos réditos extraordinarios gracias al sistema electoral. La renuncia a votar su opción por una cuestión ética les dejaría sin alternativa ya que, como hemos visto, el crecimiento de Ciudadanos se ha desinflado cuando hicieron la puesta en escena de aquella alianza ficticia con el PSOE. Alianza, aunque no se entendió bien, pero que cumplía una doble función. Por un lado permitía al PSOE excluir a Podemos de cualquier posibilidad de pacto. Por otro, situaba a Ciudadanos más en el centro de lo que lo hacía la ciudadanía, empeñada en que se trataba de la marca blanca del PP, al posicionarse como una fuerza que apostaba por la gobernabilidad sin tener en cuenta la ideología, ese espacio de los que se llaman apolíticos que se empeñan en que no hay derechas ni izquierdas, pero votan a la derecha.

Sin embargo, esa actitud de compadreo con el PSOE, que le ha funcionado a Susana Díaz en Andalucía para quitarse de encima el muerto de tener que pactar con la izquierda, a ellos no les va bien. No fue bien vista cuando se planteó a nivel nacional y llevó a muchos de los votantes de Ciudadanos a volver a la casa matriz, a la nave nodriza en las siguientes elecciones en las que el PP recuperó parte de lo perdido. Aquellos que apostaban por Ciudadanos para que este partido entregara su voto al PP, con lo que salvaban los escrúpulos de votar a políticos corruptos a sabiendas, al tiempo que se escogía la opción deseada, se sintieron engañados ante la posibilidad de que gobernara Pedro Sánchez. Se trataba de un voto en diferido que, al plantear la posibilidad de dar el gobierno al enemigo, se revirtió, como no podía ser de otra manera.

Así llegamos a esta disposición en la que el PP quiere recuperar su integridad, lavar su imagen, sin renunciar a sus privilegios, sin dejar de hacer de las suyas, porque esta gente no se dedica a la política por vocación de servicio, no está en su naturaleza servir, para eso tienen a los subalternos, a los empleados, a las chachas. Ven en la administración de lo público “una oportunidad de negocio”, que es el eslogan que utilizaron en la Comunidad de Madrid en los cursos de captación de inversores cuando organizaban la privatización de la sanidad pública. El mismo eslogan de Jeb Bush en su recorrido europeo para reclutar aliados de cara a la guerra de Irak. Decía que había mucha pasta para los vencedores de aquella guerra. Motivo suficiente para masacrar a una población de millones de habitantes, por lo visto.

Estos transeúntes que me abordan para decirme que dé caña a los demás, lo que me están pidiendo es que compense el deterioro que las acciones delictivas de sus líderes provoca en sus formaciones, me piden que hunda también la reputación de los rivales. Con o sin razón para ello, y esta forma de sentir se refleja en los medios de comunicación, que son el mejor termómetro de la calidad del sistema.

Recuerdo que al día siguiente de la crisis del PSOE, con la consecuente defenestración de Pedro Sánchez y la constitución de la gestora, todos los diarios de papel en los kioscos festejaban en sus portadas los hechos y bendecían la nueva situación, así como la decisión de los nuevos dirigentes del partido de abstenerse en la votación de investidura. Ni una sola opinión editorial adversa a pesar de que, por lo visto, tanto la militancia del partido como la mayoría de los votantes estaban en contra de esa decisión. Algo huele a podrido en Dinamarca. Fue cuando nos contaron que el PSOE no estaba por la democracia directa sino por la participativa, razón por la que habían decidido tomar una decisión tan importante sin consultar a nadie. Algo se había quebrado en nuestra democracia. Se volvía a la aristocracia y por primera vez existía una opinión única de todos los diarios en torno a un tema controvertido como pocos.

En este nuevo orden informativo en el que andamos inmersos, esta semana hemos vivido un tsunami informativo en torno a la venta del piso de Espinar. El hecho no parecía tener mucho recorrido. Había comprado un piso de protección oficial y luego lo había vendido sin llegar a ocuparlo al precio que marcaba la ley obteniendo un beneficio. Todos coincidían en que la operación era legal, pero remarcaban la cuestión de la responsabilidad política recuperando declaraciones de propio Espinar en el sentido de que estas viviendas no se hacían para especular, así como fotos de su asistencia a manifestaciones a favor del derecho a la vivienda. Se obviaba una pequeña cuestión que ha asolado a los miembros de esta formación, cuando los hechos sucedieron no pertenecía a un partido que ni siquiera existía. También Zapata está siendo juzgado esta misma mañana de lunes, a pesar de que el caso ha sido archivado en cuatro ocasiones parece no terminar nunca, por unos hechos que carecen de relevancia y también ocurrieron cuando no se dedicaba a la actividad pública. El pasado también ha perseguido a Rita Maestre y a otros miembros de la formación. “Ya que han decidido no delinquir saquemos la mierda del pasado”. Esa parece ser la consigna.

A pesar de la escasa relevancia que para los ciudadanos tiene la venta del piso que llevó a cabo Espinar, durante la semana pasada llenó la prensa de artículos, en algún diario ocupó la portada y la contraportada, monopolizó las tertulias televisivas, las de radio, fue motivo de artículos editoriales y abrió informativos televisivos. Se podría estudiar en las universidades como ejemplo de algo que se convierte en importante por el tratamiento masivo que le dan los medios informativos que impiden que alguien se pare a considerar de qué se está hablando.

La onda que se emite se suma a la que viene de vuelta y entra en resonancia creándose la tormenta perfecta que convierte en indefendible una fechoría inexistente.

En el colmo de los disparates, cuando se hace crítica a esta eclosión informativa desde miembros de Podemos se les acusa de intentar matar al mensajero y concretamente a Pablo Iglesias: “De arremeter contra los medios que no controla”. La pregunta que cabe hacerse es: “¿Cuáles son los medios que controla?”. Es evidente que esta ha sido la prueba de afinidad de que tal y como vaticinaba Manuela Carmena, declaración por la que fue vapuleada, “tienen a todos los medios en contra”. Tal vez fuera una expresión exagerada, hay algunos medios que parecen no estar en contra, pero desde luego no conozco ninguno que esté a favor y, mucho menos, que controle dicha formación. LaSexta, cadena en la que trabajo y que es la que dicen que, a su vez, trabaja para ellos, desde luego que no. Eso sí, hay muchas opiniones a favor de que se les vete en esa cadena, como la de Alfonso Guerra que se echa las manos a la cabeza porque en algunos programas: “les dan un micrófono”. Ya le digo yo que no, que luego lo tienen que devolver, pero ignoran al afirmar tales cosas que estos perroflautas forman la tercera fuerza política del Parlamento.

Destaca infoLibre, diario digital que muchos de ustedes conocen, que, durante el mandato de Ana Botellase regalaron trece propiedades de tapadillo, sin pasar por caja y por un valor de 300.000 euros al fondo buitre Blackstone, que se hizo no con un piso, sino con 1.860 a precio de saldo. Esa vez no hubo especulación sino desalojos, que es mucho menos grave para esos medios de comunicación prosistema. Es una pena que en su día, cuando los afectados que vivían en esos pisos a los que se les hurtó su derecho preferente a la compra, y se encontraron con que sus nuevos arrendatarios eran esos fondos buitres que les subieron, contra lo prometido por el Ayuntamiento, la renta mensual, estos medios tan preocupados por el destino de la vivienda social hicieran oídos sordos a sus desesperadas denuncias. Sus demandas no fueron tratadas como la venta de Espinar. Esas acciones delictivas que causan quebranto a la población y a las arcas públicas en beneficio de las empresas de los amigos entran dentro de la lógica. Han venido a por la pasta y obran en consecuencia. Tampoco tuvo excesivo eco en esos medios cuando se descubrió que nuestra flamante ministra de Defensa gastó nada más y nada menos que cien millones de euros de un crédito concedido para la construcción de un hospital en Toledo en otros menesteres más urgentes como, por ejemplo, publicidad, cuando faltaba un mes para las elecciones. Cien millones, nada menos, que se volatilizaron y ni un céntimo fue destinado al fin para el que se concedió el crédito que ahora hay que pagar. Estas cosas, entienden estos informadores, no interesan a los españoles. Una pena.

Para que nos entendamos, lo que destacan los medios de forma masiva es la falta de moralidad en la acción de Espinar, eso es lo que les preocupa, la salvación de su alma.

Después del crimen de Espinar los votantes del PP pueden seguir apoyando a su partido sin taparse la nariz al introducir su voto en la urna porque “la balanza está compensada”. Todos, los nuevos y los viejos, son iguales: corruptos. Ahora sí, los votantes del partido del Gobierno festejarán sin complejos su victoria.

Mientras, los que se lucran del expolio de lo público podrán brindar con sus compinches, porque tienen quien les lava la cara y les peina todas las mañanitas, y mirarán a la patria con la vista puesta en un futuro mejor, con la satisfacción del trabajo bien hecho que, citando a Pablo Guerrero, “como un licor suavísimo les llena de contento”.

La invasión de los ultracuerpos

16 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

https://www.ivoox.com/player_ej_22322835_4_1.html?c1=ff6600

Después de la manada sexual, otro grupo de whatsapp nos ha descubierto a una manada de policías municipales de Madrid que, en un chat de trabajo, desean la muerte violenta de políticos y periodistas de izquierdas, fantasean con asesinar a inmigrantes y alaban a Hitler. El agente que puso los hechos en conocimiento de un juez y gracias al cual eldiario.es tuvo acceso a estas conversaciones, ha tenido que solicitar escolta y darse de baja ante los insultos y amenazas de sus compañeros.

Sin embargo, la mayoría de sindicatos policiales no han salido en su defensa por el acoso sufrido, ni mucho menos han alabado su valentía por enfrentarse y denunciar a los fascistas. Al contrario, han apoyado casi con unanimidad a los violentos. Se escandalizan más con la revelación de las conversaciones que con su contenido. Obvian que pertenecen a un foro laboral compartido por más de un centenar de agentes. Está plenamente justificada su publicación. En una democracia, no son tolerables esas actitudes en quienes portan armas y tienen el monopolio de la violencia.

Captura del chat de policías municipales.

Como en cualquier mafia, se protegen entre sí frente a quien delata. Lo que se deduce de ello es que no sólo tenemos a unos cuantos fachos sueltos en el cuerpo sino que hay una invasión de los ultracuerpos en la policía. Si no es cierto, no sé a qué espera el resto de municipales a salir a desmentirlo, a reprobar a los mafiosos y solidarizarse con su compañero perseguido. Por ahora se comportan como manada: mientras los lobos aúllan y salen de cacería, el rebaño calla.

No es extraño. Vivimos en un país en el que se autorizan homenajes al franquismo junto a fosas del genocidio y no se invierte un euro en la exhumación de víctimas pero hay una fundación Francisco Franco que se beneficia de exenciones fiscales. Todavía hay símbolos franquistas y manifestaciones xenófobas en las calles. Aquí se encarcela antes a activistas pacíficos que a fascistas violentos y se llama a declarar antes a un tuitero o un titiritero que a un neonazi. Aquí se expulsa ilegalmente a inmigrantes, se les recibe con cuchillas, se les dispara cuando están en el agua y se condecora a quien da la orden de hacerlo…

En un país así, no puede sorprendernos que haya extrema derecha en la policía porque también la hay en la justicia, la gran empresa, el ejército, la prensa, la radio y la televisión mayoritarias, las tertulias de máxima audiencia, la élite política, las cloacas del Estado y, por supuesto, el gobierno. La crisis catalana ha sido sólo la excusa que necesitaba la manada ultra para salir de su madriguera. Pero nunca se ha ido. A España le huele el sobaco a franquismo.

MARTES, 10H EN WWW.CARNECRUDA.ES: EL DOLOR, TE MATA Y TE SALVA

Si quienes disfrutáis de nuestros contenidos, hacéis una aportación al programa, la que sea, podremos seguir haciendo esta radio y este periodismo.

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A mis vecinos fachas

15 enero, 2018

Fuente: http://colectivonoaobelen.blogspot.com.es

Miércoles, 4 de octubre de 2017.

Esto va dirigido a toda esa gente de bien que ha engalanado sus ventanas y balcones con la rojigualda, sin que haya fútbol. Aunque algunos aprovechasteis el mundial para sacarla sin miedo y ya no quitarla, pillines.
No os engañéis a vosotros mismos, no defendéis a los españoles, porque nunca os hemos visto defender otra cosa que la patria. O eso que entendéis por “patria”: toros, fútbol e Iglesia (que no religión, representáis todo lo opuesto al mensaje de los Evangelios).
Ya asomásteis la patita con lo de la familia y el aborto, los refugiados, y con lo de “ayudas sociales para los españoles”. Sólo participáis de la res pública (no hace falta hablar como escribe Ussía para ser culto, idiotas) para pedir que se le quiten derechos a los demás, para ir a misa y para votar al PP (ahora ya os podéis creer plurales, ya tenéis más opciones), nunca en busca de un bien colectivo (lo de la pegatina de Cruz Roja en la solapa que se acabe ya, por dios).
Lo del “maricón de la tele” os parece gracioso, pero sois profundamente homófobos, porque una cosa es la libertad y otra el libertinaje, que esto ya parece Sodoma y Gomorra. Criticáis a las mujeres “descocadas” que visten “provocativamente” pero lo de “irse de putas” está en la base de vuestro acervo cultural. Criticáis la coacción que sufren los hombres por la ley contra la violencia de género, pero empatizáis antes con el agresor que con la víctima, soltando falacias sobre supuestas denuncias falsas que os han contando en Okdiario.
Tenéis todo el día en la boca a las Fuerzas y Cuerpos de Serguridad del Estado, pero los agentes os importan lo mismo que los españoles, una mierda. Porque nunca se os ha visto apoyando la democratización de la Guardia Civil como pide la AUGC, ni se os oye hablar por los bares de la equiparación salarial entre los distintos cuerpos  (estos días sí, para criticar a los mossos, aunque cuando abrían cabezas en las huelgas estudiantiles no os parecían tan malos).
También tenéis todo el día en la boca el orden público y el necesario cumplimiento de la ley para garantizar el funcionamiento del Estado de Derecho, pero votáis a delincuentes una y otra vez, orgullosos de hacerlo.
Y ahora tenéis la excusa de Catalunya. Habláis de convivencia y aplaudís con entusiasmo el guerracivilismo del gobierno y la brutalidad policial. Con el discurso de Felipe alguno hasta se habrá cuadrado frente a la televisión. No queréis que Catalunya se vaya pero la estáis echando.
Os creeis librepensadores, pero únicamente tratáis torpemente de repetir el argumentario de La Razón e Intereconomía (saberse la lista de los reyes godos no es sinónimo de cultura ni de inteligencia, mentecatos). Os creéis valientes pero no sois más que siervos temerosos del amo, chivatos y esquiroles.
Individualmente no sois nada, pero como minoría ruidosa sí tenéis peligro. Sin duda entre vosotros hay buena gente, sensible y solidaria. Pero como colectivo vuestra bandera no es la rojigualda, es la mezquindad. El problema es que ante la falta de alternativa, podéis arrastrar a los más despistados y desesperados. Además sois el caldo de cultivo social perfecto para la impunidad de las bandas fascistas. Pero lo más peligroso es que sois la base electoral de la reacción y la corrupción. Tener una cosa clara, esta vez no pasaréis.

Perlas informativas del mes de diciembre 2017

6 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Internacional

Jerusalén no es Israel

En el informativo de las 21:00 h. en Antena3, día 9 de diciembre, al hilo de la decisión del presidente estadounidense Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital israelí, presentan una crónica donde en el subtítulo aparece “Jerusalén, Israel”.  Parece que Antena3 actúa a las órdenes de Trump, la anexión israelí de la ciudad de Jerusalén está rechazada y condenada por la comunidad internacional y así queda reflejada en la resolución 478 del Consejo de Seguridad de la ONU, que la consideró contraria al Derecho internacional.

Garras de Stalin

Durante la guerra civil española, 3.500 niños fueron enviados por sus familias a Rusia para protegerse de la violencia de la guerra. Allí crecerían, vivirían la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, lo que les hizo objetivo de interés para la CIA cuando volvieron a algunos a España, todavía bajo el franquismo. Pues así titula la historia de estos niños El País el 14 de diciembre: “Niños de Rusia entre las garras de Stalin y los ojos de la CIA”. ¿Imaginan a España acogiendo a miles de niños sirios que huyen de la guerra de su país y la prensa titulando “entre las garras de Rajoy”?

Maduro prohíbe partidos

En la edición digital del 21 de diciembre aparece el siguiente titular: “Maduro da el primer paso para la prohibición de los partidos políticos”. Cuando pinchamos en el título y vamos a la noticia el titular ya es otro: “El chavismo amenaza a la oposición venezolana con excluirla de las elecciones”. Cuando leemos la noticia vemos que dice que la Asamblea Nacional Constituyente (no Maduro) ha aprobado un decreto para que los partidos que boicoteen unas elecciones deban reinscribirse para participar en las siguientes. No encontramos nada de la “prohibición de los partidos políticos”.

Maduro prohíbe los partidos
Maduro prohíbe los partidos

Periódicos para envolver regalos

Dónde hemos llevado el periodismo que un periódico alemán ha triunfado destinando dos de sus páginas a imprimirlas en colores para que sean utilizadas para envolver regalos. Se me ocurren algunos españoles que podían dedicar todas sus páginas y así tendrían más éxito.

Papel de regalo en los periódicos
Papel de regalo en los periódicos

España

Si eres mujer, mejor no seas inteligente

¿Eres o te consideras una mujer inteligente? Pues, según El País del 4 de diciembre, tienes un problema. Lo titulan “La soledad de las mujeres inteligentes” y vienen a decir que los hombres no te van a querer (“Cuando una chica demostraba ser más inteligente que los chicos, por “arte de magia” dejaba de ser tan atractiva a los ojos de los hombre”). Todo un mensaje para la juventud: si eres hombre, tendrás éxito y rechazarás a las mujeres inteligentes; si eres mujer, te rechazarán los hombres y te quedarás sola.

El ABC vota

No hay como ver la portada de los periódicos para saber quiénes son los suyos en cada momento.

Portada del ABC en la jornada de reflexión
Portada del ABC en la jornada de reflexión

Culto a la personalidad

Este Kim Jong-un, siempre con su culto a la personalidad ( Tuit El País, 13 de diciembre).

Moneda del rey Felipe VI
Moneda del rey Felipe VI

Huelgas que nos fastidian

Ante todo neutralidad y llamar al derecho de huelga por su nombre: “fastidiarte las navidades” ( El País, 22 de diciembre). Por supuesto vale para todas las huelgas: fastidiarte la consulta del médico si es una huelga sanitaria, fastidiar las clases de tu hijo si es una huelga de educación, fastidiarte las calles si es una huelga de limpieza… Es lo que tienen los obreros, que cuando paran de trabajar fastidian mucho.

Huelgas navideñas en El País
Huelgas navideñas en El País

Bancos y pasos de cebra

Atención, estamos salvados gracias a las fundaciones privadas y los bancos que se desvelan por nosotros con grandes proyectos sociales como… un paso de cebra. Por supuesto, inaugurado con el boato que una gran de obra de esa envergadura requiere ( El Comercio, 22 de diciembre).

Fernando Alonso inaugura un paso de cebra
Fernando Alonso inaugura un paso de cebra

Que aquello no era verdad

Pues eso, que lo que contamos hace unos días nos lo inventamos (El País, 28 de diciembre).

El País: portada de rectificación
El País: portada de rectificación

El País: rectificación
El País: rectificación

Tres décimas

Obsérvese en el gráfico de este tuit de Mariano Rajoy el 29 de diciembre cómo afecta a la columna de España una variación de tres décimas.

Tuit gráfico Rajoy
Tuit gráfico Rajoy

Análisi gráfico tuit Rajoy
Análisis gráfico tuit Rajoy

Nos dejan pagar nuestro análisis

Qué bueno es nuestro gobierno, que nos deja que nos hagamos las pruebas de VIH pagándolas de nuestro bolsillo. Tuit de la ministra de Sanidad el 29 de diciembre.

Tuit ministra VIH
Tuit ministra VIH

Medallas periodísticas

¿Para qué vamos a ponernos dramáticos si podemos ponernos unas medallas periodísticas? Tuit del 31 de diciembre.

Tuit medalla periodística
Tuit medalla periodística

Nunca se lo perdonaremos

5 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Puede ocurrir que  una ‘drag’ vestida de peluche en una Cabalgata de Reyes se convierta en un escándalo nacional. Puede ocurrir que un corrupto vestido de traje malversando fondos en una Cabalgata de Reyes sea aplaudido, le voten y le paguen el sueldo. Puede pasar que una ‘drag’, disfrazada de animal, en una de las dieciséis carrozas de un desfile de barrio de Magos de Oriente, sea una amenaza. Puede pasar que la trama Púnica también se lucrase con las cabalgatas, pero eso ya no escandaliza. Es una más.

Recuerdo aquellas informaciones sobre  las presuntas irregularidades corruptas en el patrocinio de las cabalgatas de Reyes de 2010, 2011 y 2012 en Madrid. Tan obsceno como corromperse con la visita del Papa o las ayudas a los países pobres. No vi decir que era una ofensa a la tradición cristiana a los que ahora se rasgan las vestiduras con el escándalo ‘drag’. Eso sí, la condición sexual o la vestimenta de una actriz en una de las muchas carrozas puede “confundir a los niños”, a los que luego les harán memorizar el “no robarás”.

Verán llenarse la boca, llevarse las manos a la cabeza y  hasta amenazas de muerte por el escandaloso caso de la ‘drag’. No moverán un dedo por el comienzo de año con subida de la luz, del gas, del agua, del teléfono o de la gasolina. Ni por el 7% de contratos fijos, ni por el enésimo caso de corrupción, mientras Europa nos dice que no cumplimos ni una sola de las medidas propuestas contra el saqueo. Pero estamos que lo petamos con la recuperación y tenemos un Gobierno cada vez más transparente. Nadie diría que si una ‘drag’ es apariencia y transformismo, España es cada vez más ‘drag’.

Pero ocurre que rascas un poco y sale lo rancio. Ese respeto a la diversidad de boquilla, con esa homofobia, ese odio primario, ese ataque a lo distinto y a la libertad. Esa España cavernaria, que aún la tenemos y la sufrimos. Esa hipocresía, hablemos claro. Esa exageración de lo que conviene, porque estamos atentos a que Carmena y los podemitas alteren el orden establecido, perviertan las buenas costumbres y hasta trunquen la ilusión de la infancia.

Que estos rojos son unos comeniños, oiga. Los podemitas quieren acabar con las Cabalgatas de Reyes, con la Semana Santa, te quitarán los pisos vacíos, todo lo que pase de los mil euros de sueldo y están a las órdenes de Maduro y de Irán. Igual que Zapatero iba a entregar Navarra a ETA o Rusia quiere desestabilizarnos con sus robots. Ya solo nos faltaba que Carmena ganara la alcaldía y ahora quiera confundir a nuestros hijos y volverlos mariquitas en una tarde de Reyes. Por ahí no paso. Eso nunca se lo perdonaremos.