Archive for the ‘opinión’ Category

Están entre nosotros

22 septiembre, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 27/09/2016 a las 06:00

Actualizada 26/09/2016 a las 21:12  
En una reunión de corresponsales extranjeros se hablaba del auge de la extrema derecha en Europa y de su expansión demagógica favorecida por la tentación xenófoba que late en el subsuelo, exacerbada con discursos populistas de miedo a la pérdida de la identidad cultural y secuestro de los puestos de trabajo por los llegados de fuera. Se maravillaban estos periodistas por la ausencia de esos movimientos en España. Ignoran que aquí no han resurgido porque siempre han estado, habitamos con ellos. En las instituciones. Nunca se fueron.

Cuando los aliados liberaron Europa del fascismo y el nazismo, hicieron una excepción con España porque sabían que Franco sería un colaborador indispensable, en un lugar de la máxima importancia estratégica, en la lucha contra el comunismo que llevó a cabo aquella Guerra Fría que ya se pergeñaba por parte del bloque occidental durante la Segunda Guerra Mundial. Franco también sabía que de su aproximación a las democracias occidentales dependía su supervivencia en el poder cuando la guerra ya estaba perdida y, desde la capitulación de Alemania, una vez desaparecido ese loco primo de “zumosol” que fue Hitler (quien, dicho sea de paso, siempre le despreció), se mantuvo en un perfil bajo, de disimulo, mostrando hacia el exterior su cara más inofensiva, siempre intentando cautivar a quien pudiera incluirle en las organizaciones internacionales que iban a regir el mundo.

Como dijo Aznar de Gadafi, Franco quedó como un extravagant friend, fuera de la ONU y del Plan Marshall, y ese aislamiento le permitió vivir su realidad dictatorial con total autonomía.

En Yalta, los líderes de las tres principales potencias aliadas: Churchill, Roosevelt y Stalin, acordaron que al finalizar la guerra los países liberados de Europa decidirían libremente, con elecciones democráticas, su propio destino. Como España no fue liberada, los compromisos de este tratado no le afectaron. La cosa quedó en que Franco siguiera calladito en su rincón si dar guerra. Lo que pasara aquí dentro sería un problema de los españoles. Nos abandonaron a nuestra suerte. Mala, por cierto.

No sería hasta quince años más tarde cuando se formalizarían las relaciones de cooperación entre España y EEUU con el acuerdo para la implantación de bases militares americanas en nuestro territorio, que le valió la entrada en la ONU al comprar con ese pacto todas las reticencias que un régimen dictatorial suponía para que España fuera incluida como miembro de esa organización. La visita, unos años después, de Eisenhower a España legitimó la dictadura como el régimen político que nos gobernaría hasta la muerte de Franco en 1975.

Tras su muerte, la Transición constituyó un periodo de reforma que se encargó de que los altos cargos de las diferentes instituciones que gobernaron este país durante 35 años, tanto de la política, como de la Policía, el Ejército y la Justicia, tuvieran cabida en la democracia. Muchos de estos funcionarios que ostentaban puestos de responsabilidad durante la dictadura se reciclaron en diferentes partidos ya en la democracia, sobre todo en Alianza Popular, formada por siete ministros de Franco, con Fraga a la cabeza, y otros más moderados en UCD (Unión de Centro Democrático), partido presidido por Adolfo Suárez, que había sido ministro secretario general del Movimiento, la cartera con mayor carga política de aquellos gobiernos de Franco, y que aglutinando infinidad de formaciones de diferentes tendencias de la derecha y el centro, supo representar como nadie la metamorfosis del cambio entre sistemas. Él pasó de la dictadura a la democracia. Ganó las dos primeras elecciones generales, demostración empírica de que la sociología que había creado el franquismo apostaba por una moderna continuidad, no quería cambio. Querían esto sin perder lo otro.

Esa amalgama de fuerzas que se integró a la perfección en la democracia continuó su aventura, salvo exabruptos nostálgicos irredentos, bajo un manto de armonía y disimulo que aparentó terminar con aquella España de los vencedores que exigieron una rendición incondicional para llevar adelante una paz a sangre y fuego. Del mismo modo que en la Alemania de la posguerra todo el mundo afirmaba que nadie sabía lo que estaba pasando en su país durante los años del nazismo, aquí no quedó ni un solo español adicto al régimen. Como san Pedro, todos negaron tres veces antes de que cantara el gallo que daba el pistoletazo de salida para las elecciones. Corrían tiempos nuevos. España se convirtió en el único país del mundo que carecía de una derecha política. El espectro iba desde la extrema izquierda al centro. Hasta ahí. Más allá sólo quedaba la caverna que festejaba los aniversarios pertinentes en el Valle de los Caídos, monumento faraónico que Franco construyó para que la posteridad no olvidara su Santa Cruzada, y del que los portadores de la llama de la España verdadera hicieron su reducto festivo, su particular “fachódromo”.

Nunca más se supo de los millones de españoles que abarrotaban la Plaza de Oriente de Madrid durante las apariciones públicas del dictador, ni de los que formaban la infinita cola para darle el último adiós al sátrapa de El Ferrol. Con Franco murieron, por lo visto, aquellos millones de españoles.

Así corrió el tiempo entre la euforia del derribo de los Pirineos, que era nuestro particular muro de Berlín, y la alegría de la incorporación a Europa, hasta que José María Aznar abrió la caja de los truenos y recuperó para esa España el orgullo de ser de derechas, que aquí es tanto como ser de aquello. Como decía Fraga, también con orgullo: “Nunca debemos olvidar de dónde venimos”. Ser de derechas en España es recuperar el mundo de los vencedores que no se dejan quitar un busto, un monumento a uno de los suyos, y tampoco desenterrar a los vencidos, a los asesinados en las cunetas, en las tapias de los cementerios y en los bosques para llevarlos junto a los suyos o darles sepultura como dios manda. Como a perros los mataron, como perros deben seguir. Y la Iglesia callada, como entonces.

Saca pecho Fernández Díaz, ese ministro que tiene una policía política a su servicio, como en los buenos tiempos, para difamar y buscar averías a sus rivales, que luego airean los medios de comunicación afines a los que pagan bien con la propaganda institucional, da la cara el ministro, decía, con motivo de la solicitud de traslado de los restos del general Mola por parte del Ayuntamiento de Pamplona que quiere que se los lleven a otro sitio, y suelta por esa boquita: “Algunos pretenden ganar la guerra cuarenta años después…”.

Entiende el señor ministro que son vencidos los que tal cosa pretenden. Y de sus palabras también se desprende que él se sitúa en el bando de los vencedores, aquellos que acabaron con la democracia y el orden constitucional a tiros tras fracasar el golpe de Estado de 1936.

Triste que tengamos un ministro todavía, ochenta años después, que reivindique aquellas salvajadas en lugar de encargarse, en cumplimiento de la ley que representa, debo entender que muy a su pesar, de limpiar de nuestro suelo, que no de nuestra memoria, esos monumentos y reliquias que dan gloria al fascismo. Alegan que eliminar los restos de aquella tiranía es atentar contra la Historia. Nunca han tenido vergüenza cuando se trata de salir en defensa de aquel fascismo al que dicen no haber servido ni representar. Les mueve una cuestión científica, intelectual. Los criminales, dicen, deben tener su espacio en nuestras ciudades, como lo tienen los huesos encontrados en Atapuerca. Forman parte de nuestra historia. Eso sí, cuando se denuncian atropellos, violaciones o crímenes, nos salimos del campo de la historia para pasar a remover el pasado, dividir a los españoles y pretender ganar una guerra que perdieron los demócratas.

También sale, cómo no, Esperanza Aguirre a echar gasolina en la trifulca que montan los legionarios intentando evitar que le quiten la calle a Millán Astray, fundador de la Legión, para sustituirla por otra llamada Avenida de la Inteligencia. Ella siempre se mueve por nobles ideales. Alega la defensora de esta causa, también la representación de su partido en el Ayuntamiento de Madrid, que Millán Astray no debe perder su calle porque hizo mucha obra social. Y pone algunos ejemplos. Yo le voy a recordar que Hitler hizo mucha más obra social que Millán Astray, para que le dé una vuelta al tema. A lo mejor habría que sustituir el nombre del general español por el del genocida alemán, si de obra social se trata. Hay que recordarle que no le quitan el nombre de la calle por haber fundado la Legión, ni por las virtudes que pudo tener, sino por su colaboración con el régimen franquista.

Les molesta que desaparezcan los vestigios de aquella España, tienen motivos, no los dicen. Nos toman por idiotas.

La sorpresa de los observadores internacionales ante la falta del resurgimiento de estos movimientos xenófobos, populistas, de extrema derecha, no debería ser tal. Como los marcianos, esa gente está entre nosotros. Por todas partes. Siempre estuvieron, nunca nos dejaron. Así nos luce el pelo.

Si los quieres ver, sólo tienes que quitar el nombre de una calle a un artífice de la dictadura. Aparecen como las moscas en torno a la miel, o a cualquier otra sustancia pestilente que, a usted, querido lector, le sugiera esta cuestión.

Qué hartura de fascismo. Ochenta años después.

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No es posible recuperar la memoria histórica a través de la Ley de la Memoria Histórica

21 septiembre, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 27 de abril de 2017.

Este artículo es una crítica a los enormes obstáculos que se han estado aplicando por parte del Estado español a la recuperación de la memoria histórica, señalando que tales obstáculos tienen como objetivo impedir la corrección de las enormes tergiversaciones que se han hecho de la historia reciente de España. Es un tema de gran importancia que tiene muy escasa visibilidad mediática en nuestro país.

Las campañas de recuperación de la memoria histórica han centrado sus actividades en el reconocimiento de las víctimas de la enorme represión que caracterizó a aquel régimen dictatorial, uno de los más represivos de los que hayan existido en Europa en el siglo XX. Nunca debe dejar de enfatizarse que, según estudiosos de los regímenes fascistas y nazis en Europa, como el recientemente fallecido profesor Malefakis, de la Universidad de Columbia de Nueva York, por cada asesinato político que cometió el régimen fascista liderado por Mussolini, el liderado por el General Franco cometió 10.000. Consciente de que tenía a la mayoría de las clases populares en contra, el régimen dictatorial español utilizó el terror para mantenerse en el poder, estableciendo un miedo generalizado sobre el cual, y a través del control de todas las instituciones generadoras de valores (desde los medios de información hasta el sistema educativo) se estableció una cultura profundamente antidemocrática que incluso persiste hoy en España, y que explica que el Estado español haya condenado a una persona a un año de cárcel por haber insultado la memoria del Almirante Carrero Blanco, segundo en la jerarquía en el Estado dictatorial, después del propio dictador.

¿Cómo puede ser que esa cultura heredada del régimen dictatorial todavía exista?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en gran parte en la manera como se realizó la transición de la dictadura a la democracia, proceso que no significó una ruptura con el Estado que rigió España durante casi cuarenta años, sino una apertura para incorporar elementos de democracia. Las fuerzas conservadoras que controlaban el Estado dictatorial y los medios de información dominaron el proceso de transición, dominio que explica la baja calidad de la democracia española, el escaso desarrollo de su Estado del Bienestar y la persistencia de la cultura franquista. Tal dominio es lo que también explica la resistencia a la recuperación de la memoria histórica, incluyendo la demanda de rehabilitación y homenaje a las víctimas del régimen terrorista anterior. Tal resistencia se basa, por una parte, en la clara oposición de las fuerzas conservadoras que controlaban el aparato del Estado dictatorial y de sus herederos (que continúan ejerciendo una enorme influencia sobre el Estado actual), así como, por otra parte, en el limitadísimo compromiso con tal recuperación de la memoria histórica por parte de los líderes del PSOE, cuya integración en el nuevo Estado, a través del bipartidismo, se basó en una serie de renuncias y adaptaciones a ese nuevo Estado y a la cultura que transmitió. Y dicha oposición y/o limitadísimo compromiso en recuperar la memoria histórica (en su labor de rehabilitar y homenajear a las víctimas del franquismo) es el resultado de la toma de conciencia de que la demanda de reconocimiento de tales víctimas abre la posibilidad de que se genere otra demanda, parecida, pero distinta, de que se redefina la historia de España, corrigiendo la tergiversada historia que se continúa presentando en las instituciones reproductoras de valores del país, a fin de poder establecer una cultura opuesta a la actual, que sea continuadora de la cultura republicana que la franquista sustituyó. Este es el gran temor de las fuerzas bipartidistas de recuperar la memoria histórica.

El constante argumento que utilizaron las derechas en España en contra de aprobar una ley de memoria histórica fue que “abriría heridas” que se asume (erróneamente) que están cerradas. Pero tal argumento oculta el hecho de que la oposición a la recuperación de la memoria histórica tiene poco que ver con el estado de las heridas, y mucho que ver, por el contrario, con el deseo de evitar que se conozca la historia real de los distintos pueblos y naciones de España. Con ello se evita también que se cuestione la cultura franquista que persiste, impidiendo que reaparezca la cultura republicana. Ahí está el meollo de la cuestión.

La labor de ocultación de los medios de información y persuasión en España. El caso de El País

Durante muchísimos años, los medios de información han promovido y continúan promoviendo las instituciones monárquico-borbónicas, tergiversando tanto su pasado como su presente, ocultando realidades que pudieran dañarlas. Las grandes limitaciones de la libertad de prensa (un indicador más del enorme poder de las fuerzas conservadoras) aparecieron con toda claridad en esta protección de la Monarquía por parte de los medios, confundiendo persuasión y promoción con información. Un caso claro es el de El País. Este rotativo fue fundado por dirigentes del régimen anterior, y en su nacimiento intervinieron personajes como Fraga Iribarne, tal como reconoció recientemente el presidente del Grupo Prisa (al que pertenece este rotativo), Juan Luis Cebrián. En realidad, Cebrián proviene de una familia fascista, siendo su padre uno de los directores del diario Arriba, del partido fascista La Falange. Siguiendo los pasos de su padre, fue periodista y trabajó en periódicos del aparato fascista, como Pueblo (que era el diario propiedad de los sindicatos verticales). Más tarde fue uno de los directores de RTVE (concretamente, jefe del servicio de informativos) durante el último periodo de la dictadura, el máximo instrumento mediático el régimen.

Colaboró con otros elementos del Estado dictatorial para favorecer una apertura, presionando para que hubiera un cambio significativo en el Estado que facilitara el establecimiento del juego democrático, labor meritoria pero también limitada, pues estaba claro desde el principio que los límites de la apertura estaban fijados, permitiendo el debate dentro de unos parámetros sumamente limitados. Una consecuencia de ello fue que El País fue siempre hostil a fuerzas y personalidades de izquierda que pudieran cuestionar el Estado monárquico actual y que pudieran significar una amenaza para la continuación de las relaciones de poder dentro de tal Estado, resultado del maridaje entre el poder económico y financiero, por un lado, y el poder político y mediático por el otro. Ello explica su clara oposición a figuras como Alfonso Guerra y más tarde Josep Borrell en el PSOE, a Gerardo Iglesias y Julio Anguita en el PCE, y ahora a Pablo Iglesias en Podemos.

Las declaraciones de Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa, sobre la memoria histórica

Tal oposición de El País a las izquierdas se extiende a la Ley de la Recuperación de la Memoria Histórica. En una entrevista reciente en El Mundo (20.02.17), Cebrián expresa su oposición a la Ley de la Memoria Histórica, pues “genera conflictos y problemas”. Considera que el Estado no debería inmiscuirse en esta labor. Tras reconocer que “la mayoría de impulsores del periódico (El País) fueron personas vinculadas con el franquismo” añade, sin embargo, que él, en realidad, nunca fue franquista (sí, léalo y lo verá, dicho por el mismo individuo que dirigió los mayores medios de propaganda y persuasión de tal régimen). También cuestiona en esa entrevista que el régimen que él llama franquista fuera terrorista, criticando al Presidente Zapatero por haber éste indicado que su abuelo, asesinado por los golpistas, fue víctima del terrorismo, señalando Cebrián que ello no es cierto, pues no fue una víctima del régimen, sino una víctima de la guerra entre dos bandos, asumiendo (erróneamente) que los Estados de los dos bandos intentaron dominar a la población mediante el ejercicio del terror. Predeciblemente, niega también la plurinacionalidad de España, y considera que la ley está por encima de todo y de todos, ley que ha sido acordada en unas coordenadas de poder heredadas de la inmodélica Transición, muy desigual y poco equilibrada. Cebrián está en contra de la redefinición de España que reconozca su plurinacionalidad, y se muestra dispuesto a enviar a la Guardia Civil a Catalunya para poner orden, asegurándose de que la ley se respeta, exigiendo que los representantes parlamentarios que actúan para realizar un referéndum vayan a la cárcel, tal como el yerno del Rey Juan Carlos I debería hacer, poniendo un tema profundamente político (la relación de Catalunya con España) al mismo nivel que si fuera un caso de fraude y corrupción fiscal. No deja de ser paradójico que este personaje, que con su silencio a través de su diario cubrió en su día la enorme corrupción de Jordi Pujol, a fin de protegerlo, ahora exija la prisión para aquellos que piden la secesión. La doble moralidad de este personaje y el oportunismo mostrado a lo largo de su vida son un buen reflejo de la reproducción de la cultura y el comportamiento franquistas que continúa dándose en grandes secciones de tal rotativo. Ni que decir tiene que El País tiene profesionales de gran valor cuya credibilidad e integridad, sin embargo, debe cuestionarse por su silencio ensordecedor frente a los comportamientos sectarios, abusivos y claramente antidemocráticos de tal rotativo que se han ido acentuando en los últimos años en contra de las voces que exigen un cambio profundo para establecer una España más democrática, más justa, más plurinacional y con muchísima más pluralidad en sus medios. Tal silencio debe también denunciarse.

Quisiera añadir una nota personal. Procedo de una familia represaliada por el fascismo, por el mismo régimen al que sirvieron el padre y el hijo Cebrián. No podemos estar más lejos en cuanto a biografía y vida profesional. Que tal individuo presente mi deseo de desenmascarar tanta mentira y tanto cinismo como “un intento de abrir las heridas” es una muestra más, como mínimo, de la incomprensión que los hijos e hijas de los vencedores del golpe fascista militar muestran hacia el enorme mal que han hecho y continúan haciendo a España. Ahora bien, es probable que en lugar de incomprensión sea un caso más del cinismo y caradura (no hay otra manera de definirlo) que ha caracterizado a los oportunistas que han estado gobernando España durante tanto tiempo en defensa de sus intereses, reproduciendo la cultura franquista que está asfixiando al país.

Resumen de la presentación por el Profesor Navarro en el simposio celebrado en la New York University el día 24 de abril, “Imperfect Transition and Challenges of the Present Victims of Francoism, Terrorism and the State”

“Trump conoce bien la ecuación estadounidense: la ignorancia lleva al miedo y el miedo al odio”

13 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace 15 años, el estreno de Bowling for Columbine, el emblemático documental de Michael Moore, se convirtió en un éxito nacional que despertó la polémica y cosechó los elogios de la crítica. Centrado en el tiroteo de el instituto de Columbine (1999) y en la emergente amenaza de la violencia con armas de fuego en EEUU, la cinta ganó el Oscar al mejor documental.

También sirvió como una profética advertencia de la agitación política y social que pronto tendría en vilo a la sociedad estadounidense. Como dijo el propio Moore, si se “presentara esta película este mismo viernes, por desgracia tendría probablemente la misma relevancia”.

Durante una charla pública celebrada junto a la proyección de  ‘Bowling for Columbine’ (la semana pasada se cumplió otro aniversario del tristemente célebre tiroteo) en el festival de cine de Tribeca, Moore y el pionero de los documentales D.A. Pennebaker ofrecieron su desalentadora perspectiva sobre el clima político en la era de Donald Trump.

“Creo que hemos pasado por 40 años de un país en el que se ha bajado el nivel intelectual”, dijo Moore. “Hemos desinvertido en nuestras escuelas y hemos dejado que queden en un estado deplorable. Las clases de arte han sido canceladas y, en la actualidad, las clases de educación cívica han desaparecido de un tercio de nuestras escuelas”, añadió.

La de Moore fue una de las pocas voces que durante las elecciones de EEUU se atrevieron a predecir la presidencia de Trump. En Tribeca recordó la vez en que fue abucheado durante de la grabación del programa de HBO Real Time with Bill Maher por decir que el magnate republicano se convertiría en una especie de rey supremo. “No lo dije porque quería que pasase, estaba tratando de advertir de algo que podía suceder”.

Moore opinó además sobre esa idea que caracteriza a las zonas urbanas como burbujas aisladas. “Hay una burbuja en Brooklyn, amigos, y es tóxica. Vi lo que sucedía en otras partes del país [tras la victoria de Trump] y todo el mundo estaba de fiesta”.

Pennebaker también dio su punto de vista sobre el presidente. “Trump es como alguien a quien le acabas de dar una Ferrari, no sabe conducir y, sin embargo, se aleja de tu vida con el coche”. “Con tu niño en el asiento delantero”, completó Moore con ironía.

El documental que cambió algunas cosas

Estrenada un año después de los ataques del 11 de septiembre, Bowling for Columbine provocó grandes cambios (en una de las secuencias más memorables, la cadena de supermercados Kmart decidió dejar de vender balas). Estaba llena de menciones a líderes conservadores del pasado, como George W. Bush, o el ya fallecido símbolo de la NRA (Asociación Nacional del Rifle), Charlton Heston, al que se lo ve durante una airada entrevista con Moore en su casa de Los Ángeles.

Pero, según Moore, nunca fue su intención que el documental se convirtiera en una proclama por el control de armas. “Hicimos la película para tener una mirada sobre nosotros mismos porque nos preguntábamos: ¿por qué nos pasa a nosotros?”, dijo haciendo referencia a la epidemia de armas que sufre EEUU y que no sufren otras partes del mundo. “Somos buena gente, somos un buen país. ¿Por qué estas cosas pasan aquí y no en otro lado? Todos nosotros tenemos la misma cantidad de cromosomas. Los canadienses no son mejores que nosotros… aunque no es tan fácil decir eso ahora, ¿no?”.

Moore dice con ironía que las razones detrás de la victoria de Trump y de la falta de acción por la violencia con armas de fuego son dos caras del mismo problema. “Es la ecuación estadounidense: baja el nivel intelectual de la población; conviértelos en ignorantes y estúpidos. La ignorancia lleva al miedo, y el miedo, al odio. Trump conocía muy bien esa parte de la ecuación. Y el odio lleva a la violencia”.

So I’m walking down the street one day, O’Reilly drives by, screeches to a halt, jumps out & starts yelling @ me. Ha!

Moore también opinó sobre las últimas noticias referidas a su archienemigo político Bill O’Reilly. El día que el presentador de Fox News fue despedido por la cadena. recordó una graciosa anécdota en Twitter. “O’Reilly pasaba con una limusina cerca de donde estaba yo en la calle. Me ve y le dice al conductor que frene de inmediato. Entonces sale disparado del coche gritándome. De casualidad alguien retrató el momento con una foto”, contó Moore. “Pero yo todavía sigo aquí y él no”.

Pese a todo, Moore compartió una visión esperanzadora del futuro. “Una gran cantidad de nuestros compatriotas estadounidenses ha empezado a moverse. Los políticos ya no son los únicos involucrados activamente en política. Ahora mismo hay mucha gente que está informada y participando”.

Traducido por Francisco de Zárate

Sobre azafatas, becarios, vientres de alquiler y capitalismo

9 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Son numerosas las ocasiones en que, en nuestras sociedades, se apela a la libertad del individuo para permitir las cosas. Es el caso de las azafatas cosificadas en eventos deportivos; el pasado mes de mayo en el circuito de Fórmula 1 de Barcelona se repitió el debate, y antes en Jérez de la Frontera. Organizaciones feministas y algunas políticas critican que se utilice como reclamo sexual del hombre y proponen eliminar la figura de la azafata sensual y ligera de ropa. Frente a ello, los defensores recurren a testimonios de algunas de esas mujeres justificando su trabajo y defendiendo su libertad individual.

El tema surgió de nuevo con los becarios de los restaurantes de lujo. No cobraban, pero los defensores expusieron a algunos de ellos defendiendo su labor porque aprendían y se abrían un hueco en el mercado laboral.

Ahora toca el turno a la gestación subrogada o vientres de alquiler. De nuevo se apela al derecho de la mujer a disponer de su útero para gestar un niño para otros.

Existe una constante entre quienes defienden azafatas floreros, becarios sin sueldo y vientres de alquiler: la libertad de elección de todos ellos. Esto nos hace reflexionar sobre el concepto de libertad en el capitalismo, es decir, en un sistema de reparto desigual de la riqueza, en un sistema que no garantiza tener cubiertas necesidades básicas (vivienda, alimentación, trabajo…) y menos aún en un marco internacional donde 795 millones de personas pasan hambre. En esta situación de desesperación no faltarían personas dispuestas a la mayor de las humillaciones para poder dar de comer a su hijo, habría refugiados y víctimas de catástrofes dispuestos a trabajar solo por un plato de comida. Si vas a la India y pones 30.000 euros encima de la mesa a cambio de un riñón, aparecerán miles de “voluntarios” dispuestos a donártelo “libremente”. ¿De verdad creemos que actúan todos ellos en libertad? En el capitalismo uno nunca es libre si necesita a otro (empresario que le contrate) para poder sobrevivir.

No se puede aceptar el criterio de que vale todo lo que alguien está dispuesto a asumir. Incluso en nuestro derecho mercantil existe el concepto de cláusulas abusivas en contratos en los que las dos partes pueden estar dispuestas a firmar. Las cláusulas abusivas de muchos bancos que ahora se están declarando ilegales las firmaron voluntariamente muchas personas. Probablemente muchas personas aceptarían –lo hacen– tener sexo a cambio de un contrato. Es voluntario, nadie les obliga. ¿Seguro? Cuando existe una necesidad básica sin satisfacer lo que haces para poder conseguirla no es libertad. Y tampoco resultará creíble la concesión generosa: el niño no trabaja diez horas al día ni voluntariamente ni por generosidad, el riñón no lo da un indigente indio a un estadounidense ni libremente ni por solidaridad y el hijo que una mujer pobre ha gestado durante nueve meses en su útero tampoco nos creemos que lo regala a unos ricos por razones humanitarias.

La auténtica libertad surge de las condiciones materiales, como decía Rousseau en El contrato social, que “nadie sea tan pobre como para querer venderse y nadie sea tan rico como para poder comprar a otros”.

Quienes pretendemos dignificar trabajos de azafata, becarios y mujeres nos hemos encontrado enfrente a todas las personas que sacan al mercado su cuerpo cosificado, su fuerza de trabajo o su útero. Ya sucedió en América Latina ante campañas de las ONG contra el trabajo infantil. Quienes más se oponían eran las familias pobres y sus niños porque necesitan ese dinero.

No tienen razón los explotadores que esgrimen la libertad y la voluntad como argumento para que les dejemos seguir exprimiendo a otros seres humanos. Pero tampoco quiénes se oponen si siguen defendiendo un modelo capitalista de sociedad donde es el dinero el que define lo que se puede o no se puede lograr. Si queremos que nadie se aproveche de la pobreza de los demás, se respete la dignidad de las personas y no se mercantilicen los cuerpos se debe ser anticapitalista.

Los catalanes no son menores de edad y los demás tampoco

7 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Entre presuntas encerronas y negadas inocencias seguimos avanzando en el duro tránsito hasta el 1 de Octubre, fecha del no menos presunto referéndum catalán. Los dramáticos atentados del terrorismo yihadista han venido a extremar la confrontación. Como punto culminante, la manifestación del sábado en Barcelona. Por ahora. La comparecencia, este miércoles, del presidente del PP y del gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso para responder por la Gürtel brindará a buen seguro nuevas ocasiones para imaginativas estrategias de acción y ocultación.

Moncloa cree que hubo una encerrona titula o mensajea la prensa de Madrid y alguna de Barcelona. ¿A quién? ¿Al PP que situó a sus figuras más destacadas rodeando a Felipe VI? ¿Al monarca? ¿Tampoco sabía el Rey de España a qué iba y por qué? ¿Desconocen que la etiqueta de la cortesía que aparca los conflictos no rige en la calle abierta? ¿Cabe menospreciar más a los ciudadanos que contarles la fábula de la encerrona? Lo que sí hemos hecho es aprender un poco más sobre este país en el que vivimos, sobre quienes lo gobiernan o quienes cuentan lo que ocurre.  Partamos de varias confusiones difundidas, varias de ellas –no todas- con total intencionalidad.

1º) Una manifestación no es un funeral.

Ya hubo su funeral oficial católico, para víctimas de distintas culturas por cierto. Y algunos más. En uno de ellos, en Madrid, el cura se volcó tanto en la unidad, la repulsa del terrorismo y la caridad cristiana que pidió el procesamiento de la alcaldesa Ada Colau, por no poder los bolardos que, según él, le ordenó el gobierno. Y para Manuela Carmena la edil de Madrid porque le cae mal y ya es suficiente razón.

2º) Una manifestación es política.

La vida de los ciudadanos se desarrolla en política. La política no muerde, ni siquiera cuando la hacen los contrarios limpiamente. Y de manifestaciones politizadas a lo grande y una se llenan las hemerotecas.

3º)   La reclamada unidad es una entelequia.

La sociedad no está unida, no es uniforme y difieren sus intereses. Lo cual, por cierto, enriquece. La unidad que reclama el intenso pensamiento dominante es la suya. Todo lo que se aparte de su idea es reprobable. Y en su unidad no cabe mayor táctica política. En la manifestación por las víctimas del terrorismo exigían la unidad de su concepto de España, como la exigen para sus políticas, formas y métodos. ¿Que el independentismo movió sus bazas? Por supuesto. Y los medios de forma ostentosa,  tan unánimes a favor de las tesis del PP de Rajoy y cuanto representa. Creo que muchos ciudadanos, muchos, miles de ellos, fueron con toda inocencia a plantar cara al terrorismo, a acompañar a las familias de los muertos y heridos.

4º) La Santa Inocencia.

Es la que no ha visto o no quiere ver el insistente juego sucio del ultranacionalismo español, tan vinculado a unas políticas concretas: muy conservadoras, muy injustas, muy tiznadas hasta de corrupción. Tampoco las fuerzas independentistas están limpias, y ni, por lo más remoto, lo que ofrecen es la panacea. Los errores del Procés retumban. Pero todo esto se sabía, se ha visto venir y crecer. Y ya está encima. Y toca lanzar sermones episcopales de unidad. Cuando, desde las portadas a los editoriales, pasando por artículos de variada intención, no hacen sino agrandar el problema. Que viene muy de lejos, y está muy enviciado y muy vapuleado.

Llama la atención que hasta catalanes de probada sensatez se apunten al asombro y la preocupación discriminada. Porque invariablemente, en la pretendida equidistancia, la mayor culpa recae en un solo lado. ¿No lo vieron venir? ¿No han asistido a la larga  historia de provocaciones y agravios? Hasta grabaciones existen de la guerra sucia desde Interior. Por no decir cómo calentaba el ambiente la prensa de Madrid hablando ya de boicot y acusando a Puigdemont en los días previos a la manifestación. Las cosas son como son y no como gustaría fueran.

5º) El paternalismo.

El factor más inadvertido, de enorme gravedad, germen de muchas conductas. Las declaraciones de los políticos españolistas y los titulares de la prensa de Madrid, han venido asegurando desde la manifestación de Barcelona que el independentismo boicoteó el acto, organizó la protesta. Algo que no ha destacado en absoluto la prensa internacional. El problema es que confieren al independentismo una capacidad de acción desmesurada para dirigir a las personas. A pobres seres sin voluntad propia que, con la dirección adecuada, van donde les lleven. Demuestran su propio pensamiento. Es muy evidente que ellos, esa prensa “de parte”, lo busca. Prensa, radio y televisión, y políticos de su círculo. Y deben creer que funciona. A ellos de alguna manera sí, pero las maniobras son tan burdas que presumiblemente algún día la gente se tropezará con ellas anudadas a su garganta e igual, antes de ahogarse, reacciona.

Lo preocupante es que hasta episcopados decentes y preocupados con causa estén llamando a una especie de autoridad que lo resuelva. Debe ser la educación en dictadura o  el profundo alejamiento que las élites demuestran tener del común de los mortales. La tentación del padre estricto no deja de crecer. Ocurre más en tiempos de desconcierto. George Lakoff lo definía muy bien en No pienses en un elefante, (UCM, 2004). Se ha impuesto la dirección y el castigo a compaginar con el despojo y el “apáñate como  puedas”.

Manténganse atentos porque el presidente prudente, el que no responde a las afrentas, el que se encuentra en una encerrona con el Rey rodeado de figuras de su partido y todos silbados por un grupo magnificado en su número, sin que nadie pudiera sospechar tal reacción, prepara más leyes restrictivas. Nueva vuelta al Código Penal propone. A ciertas ideologías siempre les da por lo mismo. Ningún país logra detener por completo los atentados, pero amordazar a sus ciudadanos se lleva mucho, es la moda del momento. Sánchez, secretario general del PSOE, ha pactado con Rajoy  “mantener una posición conjunta” ante, lo que llaman el “desafío soberanista catalán”. Será cosa del bipartidismo. O del sentido de Estado del bipartidismo.

En conclusión, desconfiemos del patriotismo de personas para quienes la única patria es el dinero y el poder. En cualquier territorio.

Llegados a este punto de enconamiento, la salida más razonable sería celebrar la consulta. Posiblemente saldría que no. Si siguen echando leña a la hoguera va arder toda esperanza. En genérico. Ya ni estamos en el escenario en el que otros países llevaron a cabo un referéndum  en circunstancias parecidas. Y la mala noticia es que en ningún caso se resolverán las fracturas. Ni la catalana, ni la española, ni la relacionada con ambas estructuras.

Los ciudadanos en general somos seres adultos  y responsables. No necesitamos un papá que nos guíe más allá de los 12 años. Ni una mamá siquiera. Créanme, salvo unos cuantos -millones incluso pero no al punto de representar la mayoría-, sabemos lo que queremos, y no nos gusta que nos manipulen, ni nos engañen.

Instrucciones para triunfar como político y como columnista

2 septiembre, 2017

Fuente: http://www.blogs.publico.es

19Jul 2017

Pascual Serrano (@pascual_serrano)

Periodista

Es curioso observar qué tipo de perfil personal, imagen pública o comportamiento mediático triunfa en los medios. Dos de ellos resultan dignos de análisis: los políticos y los columnistas de prensa. Respecto a los primeros descubrimos que resulta muy rentable aparentar ser modoso, cándido, recatado, blando, incluso, por qué no decirlo, casi medio tonto hasta el punto de ser objeto constante de burla y mofa. No nos referimos a todos los políticos, claro está, sino a los líderes de partidos mayoritarios. El objetivo es despertar rechazo o animadversión en el mínimo porcentaje de electores, de ahí que cuanto más plana sea su personalidad más servirá de comodín. Si además explotas tu imagen de bobalicón y poco inteligente el resultado es muy positivo, porque parece que los ciudadanos te perdonan todo con tal de que puedan creerse más listos que tú. El líder político permite su escarnio mientras encajamos su corrupción y robo. La burla se convierte en una válvula de escape al servicio de la reacción: te puedes reír del político mientras te roba. Humoristas y ciudadanos pueden llamar todos los días y a todas horas gilipollas y lerdos al presidente del gobierno, a Pedro Sánchez, a Albert Rivera, a Toni Cantó sin que nadie se moleste. Parece como si gran parte de la ciudadanía y de los periodistas se sintiesen cómodos riéndose de Mariano Rajoy juzgándolo corto de luces, a cambio de mantenerlo al frente del gobierno pero encantados de considerarse más inteligentes que su presidente. Frases como la de “cuanto mejor peor…” o “es alcalde el que quiere…”, no solo no tienen un coste político para Rajoy, sino que le hacen quedar como una persona sencilla, inocente y, por supuesto, con menos luces que nosotros. ¿Cómo me va a engañar o robar alguien más tonto que yo?

Expresiones de ese tipo o esa imagen que no crea enemigos, es algo muy importante en política cuando sabes que ni tu programa ni tu ideario levanta pasiones. Lo dijo Rajoy en otra de sus frases de Perogrullo: “Lo importante es caerle mejor a más que a menos”. Ni mejorar la sanidad ni construir escuelas, caer bien es la clave. El político acepta con humildad el desprecio de la joven generación, pero no le preocupa porque sabe que no maquinan su derrocamiento, a lo más utilizarle como objeto de chiste y sorna.

Sin duda aparentar poca capacidad mental es buena cosa para triunfar en la política española. Ahí está la trayectoria de Esperanza Aguirre, la lanzaron al estrellato los chistes burlándose de ella cuando era ministra de Cultura y la sorna del programa de humor Caiga quien caiga (CQC). No importaba que fuese mentira aquella reacción de Aguirre preguntando quién era la escritora Sara Mago, mientras nosotros nos reíamos. Miren qué clarito lo cuenta la lideresa en su biografía de 2006 escrita por Virginia Drake: “[Los reporteros de ‘CQC’] Me perseguían siempre, me querían pillar en todo y yo me lo tomaba a broma, pero mis jefes de prensa no hacían más que advertirme de cuándo aparecían para que saliera por otra puerta. Yo no les hacía caso, porque entendí que ‘CQC’ me proporcionaba una popularidad enorme y la posibilidad de darme a conocer, algo que hubiera costado muchísimos millones lograr”. ¿Qué daño puede hacer una política pija, que ni sabe quién es José Saramago, a alguien como a mí que me he leído sus libros? Y miren cómo dejó la sanidad y las cuentas de la Comunidad de Madrid.

Ahora veamos el caso de los columnistas. Aquí la forma de destacar es pegar patadas a la mesa, lo de menos es que sea con lucidez o talento. Hay que soltar un eructo en la comida o un sonoro pedo en el teatro para llamar la atención y que hablen de ti. Salvador Sostres lo sabe bien, nadie habla en positivo de una columna suya, pero todos lo leen para comprobar su última mamarrachada. Y a subir las estadísticas de accesos en internet. Javier Marías se ha apuntado al formato y ahora está más en el candelero que nunca. La fórmula es sencilla. Te encuentras, por un lado, en los días en que se celebra en WorldPride en Madrid; por otro, en tiempos en que la reivindicación de la mujer y el feminismo tiene una presencia y apoyo generalizado en los medios, y, por último, que próximamente se va a conmemorar el primer centenario del nacimiento de la poetisa Gloria Fuertes, como es sabido, feminista y lesbiana. Pues ya está, Marías escribe en El País una columna diciendo Gloria Fuertes no es una buen poeta y no hay que tomarle muy en serio, hace carambola y lo peta. Le responde en un tuit Pablo Iglesias llamándole “pollavieja”, el humorista Joaquín Reyes contraataca con otra columna de coña en el mismo diario que es referenciada en los mediosvuelve a responder Marías. Una orgía de chupar protagonismo en las redes.

Para triunfar en el columnismo hay que ser un trol, ni escribir bien ni tener ideas originales. Y además alardear de ser un bronca, como esos ultraderechistas xenófobos que se califican en su perfil de Twitter como “políticamente incorrectos” (y “mentalmente limitados” añadiría yo).

Parece que vamos en camino de cumplir la predicción de la distopía de la comedia cinematográfica Idiocracia, donde retrasados mentales, actores porno y mentes infantiloides acaban gobernando el mundo. Eso sí, con el apoyo de Sostres y Marías, y los medios que ganan dinero cuando leemos sus columnas que nos encabronan.

Perlas informativas del mes de agosto de 2017

1 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Internacional

Excarcelamiento

Cuando el juez ordena encarcelamiento, los medios publican que lo ordena Maduro y cuando es un excarcelamiento dicen que es la policía ( El País, 4 de agosto).

Pieza de El País
Pieza de El País

Unas decenas

Extra, extra, los venezolanos salen a la calle a protestar contra el gobierno. Bueno, unas decenas en una ciudad ( ABC, 6 de agosto).

Pieza de ABC
Pieza de ABC

Caos y sublevación

‘El caos reinó en Venezuela’ dice Tele5 el 7 de agosto porque un militar retirado y unos civiles disfrazados atacaron un cuartel. O “aplasta una sublevación militar”, según El Economista.

Pieza de El Economista
Pieza de El Economista

Rey bueno

Este sí que es un líder democrático que merece nuestro apoyo y no el de Venezuela que ni siquiera tiene sangre azul ( Efe, 7 de agosto).

Pieza de EFE en Público
Pieza del Público

Prefieren infidelidad

Pues como en España y en cualquier democracia, en eso consiste, en que los militares sean fieles al gobierno civil elegido. Parece que eso moleste en Venezuela ( El Mundo, 8 de agosto).

Pieza de El Mundo
Pieza de El Mundo

Joven introvertido

Cuando un nazi mata gente, en El País el 14 de enero se llama “joven introvertido y simpatizante de grupos supremacistas blancos”.

Tweet de El País
Tweet de El País

35 y 1.300

Mientras todos los medios informan de los 35 muertos en las inundaciones de Estados Unidos ignoraban los 1.200 de las inundaciones esos mismos días en Bangladesh y Nepal ( BBC, 30 de agosto).

España

Hucha de un niño

En España estamos muy orgullosos de que nuestra sanidad se financie con la hucha de los ahorros de un niño de 5 años ( La Sexta, 26 de julio).

Pieza de laSexta
Pieza de laSexta

Torturas en España y en Venezuela

Esta es la portada del diario El País el día que la ONU condena torturas en España y el día que condena a Venezuela (gracias a @AntonioMaestre).

Portadas de El País
Portadas de El País

Helados para perros

A mí me parece que esto del amor a los animales se nos está yendo de las manos (El Asombrario, 15 de agosto).

Helados para perros
Helados para perros

Antisistema

Como alguien dijo en un tuit, si los que se enfrentan al fascismo son antisistema es que nuestro sistema es fascista. ( Tuit Antena3, 18 de agosto).

Extrema derecha y "antisistemas", según Antena 3
Extrema derecha y “antisistemas”, según Antena 3

Triunfar con la muerte

Han muerto más de quince personas, pero qué bien nos han ido las audiencias (tuit RTVE, 19 de agosto).

TVE presume de audiencia después de los atentados
TVE presume de audiencia después de los atentados

Inda en acción

Pues sí, aquí ya vale todo. Bajo el titular de la imagen, el medio dirigido por Inda publica la fotografía en primer plano del rostro ensangrentado de Younes Abouyaaqoub tras ser matado por los Mossos. (Okdiario, 21 de agosto).

Portada de OkDiario.
Portada de OkDiario.

Profesión

Ya lo comentaron en algún tuit, de profesión musulmana (TVE, 26 de agosto).

Rótulo de TVE
Rótulo de TVE

Oráculo Marhuenda

No es que presente como periodismo la opinión, lo suyo ya es predicción de futuro ( tuit del 29 de agosto).

Tuit de Francisco Marhuenda
Tuit de Francisco Marhuenda

Pascual Serrano es periodista. Su último libro es ‘Medios democráticos. Una revolución pendiente en la comunicación’. Akal.

Miguel Ángel Blanco: de asesinos y de hipócritas

28 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Ese día, el azar quiso que yo estuviera en el interior del Congreso de los Diputados. Había pleno y las bancadas estaban abarrotadas de parlamentarios que comentaban la noticia. Nunca olvidaré los rostros de Eduardo Zaplana y de Ángel Acebes. Estaban lívidos, indignados, anímicamente hundidos, más enfadados que tristes… No estaban fingiendo ni sobreactuando; realmente se veía que estaban destrozados. Los gestos de dolor y de rabia se percibían en toda el ala derecha del hemiciclo…

La escena que acabo de describir no corresponde al día del secuestro ni al del asesinato de Miguel Ángel Blanco, sino a un hecho que se produjo casi nueve años después. Era un 22 de marzo de 2006 y ETA acababa de declarar un alto el fuego permanente que se interpretaba como el verdadero principio del fin de la sangrienta banda terrorista. El semblante cariacontecido de los dirigentes populares fue muy comentado entre los veteranos periodistas que cubrían, desde hace largos años, la información parlamentaria. Los etarras llevaban más de tres años sin matar y todo apuntaba a que, muy probablemente, jamás volverían a hacerlo. ¿Por qué, entonces, ese indisimulado cabreo entre los populares? ¿Era, como apuntaban algunos analistas, sencillamente, porque no soportaban que el fin de la violencia llegara bajo un Gobierno que no fuera el suyo?

No daré yo la respuesta. Me limitaré a enmarcarla en la actitud que el PP y su legión mediática han mantenido siempre frente al terrorismo y que revela unas cotas de hipocresía y mezquindad difícilmente superables. Si alguien cree que estos calificativos son demasiado gruesos, que repase los informes policiales que apuntan a que el PP se financiaba irregularmente (también) desviando fondos destinados a homenajear a Miguel Ángel Blanco y a las víctimas del 11M. Quizás esta mercantilización corrupta de quienes cayeron bajo la barbarie terrorista sea el hecho más repugnante, pero ni de lejos es el más grave. Lo verdaderamente execrable es que al Partido Popular le ha interesado más utilizar políticamente a ETA, para sacar réditos electorales, que acabar con ella.

Es por eso por lo que, inmediatamente después de la escena que he descrito al inicio de este artículo, el PP y sus medios mercenarios se pusieron manos a la obra para abortar el incipiente proceso de paz de 2006. No dudaron en sacar a las víctimas a la calle y a pasearlas por los platós de televisión; a cuestionar cada paso que daba el Gobierno; a exigir, en ese momento de tregua, mayor rigor policial y judicial contra los etarras que cuando estos mataban diariamente. En tertulias, columnas e “informativos” se acusaba al Ejecutivo de ser cómplice de ETA y el mismísimo Mariano Rajoy no dudaba en decirle a Zapatero, desde la solemne tribuna del Congreso, que se había propuesto “traicionar a los muertos y permitir que ETA recupere posiciones…”.

Aunque discutible, esta posición habría sido legítima si el PP no hubiera tenido un pasado. Un pasado que, si nos pusiéramos al nivel falaz y embarrado del que hizo gala Rajoy, estuvo repleto de traiciones a los muertos. Un pasado de ‘buenrrollismo’ con los etarras que, precisamente, comenzó poco después de la muerte de Miguel Ángel Blanco. Solo habían pasado cuatro meses, cuatro, del secuestro y vil asesinato del concejal popular cuando el entonces portavoz del Gobierno, Miguel Ángel Rodríguez, afirmó públicamente que en la solución al conflicto vasco “no debe haber vencedores ni vencidos”. No era una declaración gratuita, el Ejecutivo sabía que se estaba fraguando una posible tregua y esa mera esperanza le llevó a realizar todo tipo de guiños a los terroristas. Mientras la banda seguía asesinando, entre atentado y atentado, el presidente Aznar aprovechaba cada entrevista periodística para ofrecer “generosidad” a los terroristas si dejaban de matar y para mostrarse decidido a “ser comprensivo” con los criminales.

Tras abonar el terreno desde la Moncloa, la tregua llegó y provocó ese aluvión de generosidad prometido por el Gobierno del Partido Popular. Poco importaba que hubieran pasado solo 13 meses desde la muerte de Miguel Ángel Blanco y apenas 80 días del asesinato del también concejal, Manuel Zamarreño. Lo de menos es que Aznar llegara a llamar a ETA, públicamente, “Movimiento Vasco de Liberación”, lo realmente trascendente es que el Ejecutivo acercó a más de 120 presos etarras a cárceles del País Vasco, metió la cuestión navarra en el debate político sobre el futuro de Euskadi, excarceló a decenas de reclusos de la organización terrorista, permitió el regreso a España de más de 300 miembros de la banda que residían fuera de nuestro país y negoció en Zurich, cara a cara, con los asesinos. Todo ello lo hizo a pesar de que las calles de Bilbao, Donostia o Rentería seguían incendiadas por la kale borroka. Entonces y siempre, el Gobierno del PP contó con el apoyo unánime de toda la oposición y de los medios de comunicación que no cuestionaron ni uno solo de sus pasos. Así fue y así debía ser porque el objetivo de conseguir que ETA dejara las armas merecía la pena.

Los políticos que tomaron todas aquellas generosas medidas y los periodistas palmeros que aplaudían cuando Aznar acercaba etarras o les llamaba libertadores, son los que seis años más tarde y con casi 200 cadáveres encima de la mesa, intentaron engañar a toda España vinculando a ETA con el 11M. Son los que dos años después de aquella histórica mentira masiva recibieron con aspecto fúnebre la tregua del 2006 y, después, se lanzaron a boicotear el proceso de paz, aún a sabiendas de que si lograban su objetivo, volverían los atentados y las calles se cubrirían nuevamente de sangre.

Esos son los que todavía tratan de darnos lecciones, presentándose ante la sociedad como cruzados justicieros, luchadores implacables contra ETA y defensores a ultranza de sus víctimas. Son los mismos que hoy están sacando a los presos etarras por la puerta de atrás de las cárceles mientras sus lacayos mediáticos callan. Son los que siempre han utilizado el terrorismo como arma política para arañar un puñado de votos e incluso, según estamos sabiendo ahora, para desviar unos cientos de miles de euros a sus cuentas corrientes. Son los que beatifican a las víctimas que creen que responden a sus intereses y desprecian, sin más, a aquellas que no les siguen el juego. Son los que rezan por “sus” asesinados mientras se burlan de la madre de una víctima del 11M, llaman filoterrorista a un socialista herido de por vida por una bomba lapa y justifican impúdicamente las decenas de miles de crímenes cometidos por el franquismo.

La mayoría de los españoles siempre hemos estado contra todo tipo de violencia y hemos apoyado al Gobierno, fuera del color que fuera, para que explorara el camino hacia una paz definitiva en Euskadi. Los otros, hoy que ETA ya empieza a ser solo un mal recuerdo, intentan seguir ordeñando la vaca terrorista para desviar la atención de sus recortes, sus salarios de miseria y, sobre todo, de sus corruptelas. Es por ello y solo para ello por lo que, en estos días, no dudan en instrumentalizar la figura de Miguel Ángel Blanco para arrojarla, sin pudor, contra sus adversarios políticos.

Desprecio de clase

27 agosto, 2017

Fuente: http://www.lamarea.com

Por Antonio Maestre

“Odi profanum vulgus, et arceo”. Se trata de una sentencia latina acuñada por Horacio que significa “odio al vulgo ignorante, y me alejo de él”. Es uno de los términos primigenios que explica el clasismo y la necesidad de mantenerse en un plano de superioridad de las clases dominantes. Aunque también de aquellos alienados que compran el relato que los margina y que son utilizados sin darse cuenta como quintacolumnistas de la clase obrera. Gente humilde con ínfulas que suplica un puesto entre los de arriba a costa de avergonzarse del lugar del que procede.

Los clasistas menosprecian y tratan de humillar a cualquiera que desde los barrios populares alcance lugares que creen reservados a los de su estirpe por nacimiento y origen. Atacan de manera furibunda a cualquiera que se haya esforzado de verdad. El que ha tenido una vida fácil, acomodada, privilegiada, no soporta que un elemento extraño de la plebe alcance con muchos más sacrificios el mismo sitio que ellos ocupan por razón social. No toleran que alguien del estrato social más bajo y sin capital social ni económico cuestione su posición heredada y quite el lugar que algunos tienen asegurado vía sanguínea o dotada por un conocido del colegio El Pilar. El dinero importa, pero no tanto como esa red social tejida a lo largo de la historia en la que unas pocas familias ocupan los lugares de preponderancia a costa de cortar el paso a los que valen mucho más pero no tienen amigos, conocidos o familia en los puestos de decisión.

En ocasiones, los clasistas pueden aceptar a algún individuo extraño en su círculo. Alguien que por su talento, esfuerzo, y suerte -el factor olvidado pero imprescindible- rompe las barreras de su clase y sale de un barrio obrero para alcanzar las cotas sociales que no le pertenecen. Para ello tiene que renegar de sus orígenes y aceptar el ideario neoliberal, matar al padre y olvidarse del relato de lucha de clases, de la solidaridad, del juntos somos fuertes y separados estamos jodidos. Avergonzarse de lo que es. Renegar de su ser.

Solo aceptan a individuos sin conciencia de clase para que no puedan contaminar con ideas ajenas los lugares de decisión y representación. A veces, las menos, algún elemento de los estratos populares que ocupa el lugar que no le corresponde no se adapta al relato del individualismo y de la cultura del esfuerzo. En vez de plegarse pone en valor el lugar de donde viene. Se enfrenta de manera sistemática al relato de marketing liberal que transmite que solo importa el tesón individual y que el origen social es sólo una excusa de las clases populares para no alcanzar sus metas. Cuando eso ocurre, ese elemento extraño es denostado de forma inmisericorde por los clasistas, aunque con escasa capacidad argumental.

La conciencia de clase es el elemento más peligroso para los de esta especie. Pone en cuestión todo sobre lo que se sustenta la psique política de su discurso basado en el individualismo y en la segregación del “nosotros” obrero. Según el filósofo Byung Hul Chan, el neoliberalismo ha logrado la alienación total del trabajador al convertirlo en empresario de sí mismo, en lo que denomina la “dictadura del capital”:

“Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema”

Esto supone negar la premisa misma de la revolución social, la existencia de la conciencia de que existen un explotador y un explotado. El sujeto se culpa y se aísla y convierte a su misma persona en culpable de su situación, mira a su interior en vez de mirar hacia arriba. La agresividad es autoinfligida, el yo revolucionario se torna depresivo. Por eso los garantes del sistema, los alienados, y los pusilánimes que necesitan ser aceptados por las élites atacan de manera iracunda a cualquiera que apele al nosotros.

La burbuja clasista del periodismo

“Hace tiempo, no describíamos la existencia de la gente común: formábamos parte de ella. Vivíamos en los mismos barrios. Los reporteros se percibían a sí mismos como miembros de la clase obrera. […] Y luego, personas más instruidas se han hecho periodistas, el salario aumentó; jóvenes aún mejor formados quisieron integrarse en la profesión. Antes, los reporteros tenían un nivel de vida ligeramente superior al de sus vecinos de su barrio, obreros. Desde los años 80, los periodistas tienen un nivel de vida ligeramente inferior al de sus vecinos de barrio, empresarios y abogados […] Su vida cotidiana les hace mucho más sensibles a los problemas de los privilegiados que a la suerte de los trabajadores que reciben el salario mínimo”. Son palabras de Richard Harwood, periodista d The Washington Post, recogidas por Serge Halimi en ‘Los nuevos perros guardianes’, narrando la evolución del periodismo en EEUU y mostrando la evidencia de uno de los mayores males de las cúpulas periodísticas y de algún redactor de base en nuestro país.

Sorprende, y alarma, que algunos periodistas puedan llegar a creer que trabajar dieciséis horas sea una invención. Que piensen que es imposible que un alumno de un barrio humilde esté dispuesto a dejar en segundo plano sus estudios para ser explotado por un sueldo mísero en un negocio de hostelería y satisfacer así los deseos inculcados por la publicidad. El simple hecho de dudar de unas cuestiones tan habituales, no ya en los años 90, sino en 2017, muestra una lejanía de la realidad que impide a cualquiera que se dedique a ser notario de la verdad ejercer su trabajo con un mínimo de rigor. La burbuja endogámica en la que viven muchos de los que narran las noticias al resto de la población les impide tener una visión acertada de la vida cotidiana de un ciudadano normal. No extraña que en algunas redacciones no sepan ver ni analizar movimientos como el 15M, el Brexit o la victoria de Trump. La distancia y el desdén con el que miran a la gente normal, gente de barrio, les obliga a inventarse palabras como posverdad cuando esas personas que trabajan dieciséis horas, y a las que niegan su misma existencia, se rebelan y echan por tierra todas esas previsiones, conclusiones sacadas de conversaciones de reservado de restaurantes de chefs Michelin. La realidad se encontraba en las cocinas de esos restaurantes, pero no la narraba el multipremiado cocinero, sino el silencio obligado del ‘stagier’.

Hasta que los puestos de representatividad en el periodismo no sean ocupados por mujeres, migrantes o ciudadanos de clase obrera, el problema de miopía se agravará. La profesión está cada día más alejada de la calle, de los barrios, de los pueblos, de las pedanías humildes. Es posible que la precarización del sector espabile de golpe a todos aquellos que habían olvidado su papel. Decía Montero Glez que el trabajo de un periodista es el de informar al pueblo. No hay nada mejor para eso que ser pueblo; o al menos, si el devenir no te ha otorgado una posición social humilde, aprender a no despreciarlo.

Zoido tiene razón: el efecto llamada existe

26 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Alguien debe vencer el miedo a la corrección política y alguien tiene que decirlo. Aunque el ministro Zoido no lo sepa, tiene razón. Existe un “efecto llamada”, pero no entre los migrantes, sino entre los ministros del Interior. Todo aquel que piensa que él es la Justicia siente la poderosa llamada de la cartera del Interior y acude como los osos a la miel o las moscas a la mierda.

Todos los tipos algo toscos en su manera de expresar su respeto a la legalidad vigente, confusos a la hora de manejar los conceptos de ley y orden, dispersos a la hora de distinguir entre el trabajo de policía al servicio de los ciudadanos y el trabajo de vigilante al servicio del ministro, con dificultades para empatizar con todo aquel ser humano que venga de fuera, hable otra lengua o sea diferente, se sienten irremediablemente llamados por un cargo que, al parecer, les permite hacer realidad esos sueños húmedos seguramente pergeñados durante tantas horas de películas de Charles Bronson y Chuck Norris.

La evidencia empírica sobre el “efecto llamada” en el Ministerio del Interior se acumula de manera abrumadora e incontestable. Primero tuvimos a Jorge Fernández Díaz, el ministro con un ángel que le aparcaba el coche, una brigada de Vengadores que le ayudaban a defender la unidad de España con sus dosieres y un ultraradar que le permitía detectar bolivarianos, independentistas e inmigrantes ilegales sólo con oírles respirar. Quedan ya para la Historia los centenares de miles de migrantes que acampaban a las puertas de Ceuta y Melilla listos para invadirnos y que sólo el ministro podía ver con sus superpoderes.

Ahora tenemos a Juan Ignacio Zoido, el ministro que siempre tiene algo que hacer en Sevilla los fines de semana, reparte medallas y destinos dorados entre los más leales y fieles servidores de su excelentísimo antecesor y avisa a las ONG que les va a poner un código de conducta para que dejen de animar a los migrantes a cruzar el Mediterráneo prometiéndoles unas vacaciones inolvidables con rescates llenos de riesgo y aventura excitantes. Su elaborada distinción entre “ayudar”, “favorecer” y “potenciar” para insinuar que los rescates de las ONG promovían un “efecto llamada” a la inmigración irregular demuestra que se perdió el capítulo de Barrio Sésamo dedicado a la humanidad.

Por supuesto, no existe ese supuesto “efecto llamada” que atrae a miles de migrantes que escogen su ruta perfectamente informados sobre las ventajas de las diferentes legislaciones migratorias nacionales, las comodidades de los barcos de las ONG o la permisividad de las vigilancias fronterizas conchabadas con mafias que siempre corrompen a las policías de los demás –nunca a la nuestra–.

No encontrarán un solo dato oficial o fiable que respalde las existencia de un efecto que solo se basa en los prejuicios, el racismo encubierto y la xenofobia disfrazada de preocupación por las victimas de las mafias. Al contrario, la información disponible nos dice que son países como Italia o Grecia quienes soportan hasta diez veces más la supuesta presión migratoria o “portuaria” que el Ministro alega para que España incumpla sistemáticamente sus compromisos de acogida con la UE mientras, eso sí, cobra puntualmente los millones de euros que Bruselas paga generosamente para financiar esos mismos compromisos incumplidos.