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“Quien aplica la unilateralidad es el Estado español”

29 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Tienen posibilidades de ser diputadas en la legislatura que arrancará a partir del 21D. Se presentan por los partidos que apoyaron la vía unilateral a la independencia. Las tres tienen relación con el mundo de la cultura. Laura Borràs (Junts per Catalunya) es filóloga y profesora; Jenn Díaz (ERC) y Bel Olid (CUP) son escritoras. La conversación se desarrolla en la terraza de la cafetería de la librería Laie, una de las de referencia en Barcelona.

¿Qué se ha aprendido del procés desde el 1-O? ¿Qué no debería repetir? ¿Quizá la prisa?

Jenn Díaz (ERC): Nosotras no estábamos en el 1-O. La autocrítica la hago desde fuera. Hemos aprendido que existe una comunión entre la ciudadanía y la política catalana y a no subestimar la violencia del Estado español, a todo lo que están dispuestos a hacer y a no ser ingenuos. A partir de ahora hay que ir por proyectos más que poner una fecha límite.

Laura Borràs (JpC): Hemos perdido la virginidad de pensar que estábamos en un Estado democrático: se ha quitado la máscara. Nunca he subestimado al Estado español en cuanto a su capacidad de imponer la autoridad, pero la línea roja de la violencia, aunque haya gente que frivolice, me parece brutal y simbólica. Dirijo la Institució de les Lletres Catalanes, que fue de las primeras entidades sometidas a una vigilancia especial. El 20 de septiembre nos bloquearon las cuentas que se quedaron a cero euros. Estamos a diciembre y ese dinero no ha vuelto. Nos lo han robado. El 1 de octubre fue la eclosión del todo vale, desde las cloacas del Estado, hasta mensajes institucionales de vergüenza ajena por parte del jefe del Estado. Lo más duro ha sido la sensación de indefensión absoluta. Ver a líderes pacíficos de la sociedad civil en prisión, acusados de sedición, que es un concepto del siglo XIX, es alucinante.

Bel Olid (CUP): Para los que ya estábamos desvirgados, los que nos habían pegado, los que sabíamos de qué iba la cosa, fue al contrario. Creo que hemos ganado. Mucha gente que veía por primera vez la violencia policial se ha vuelto antisistema. Nosotros éramos los antisistema que luchábamos por temas relativamente minoritarios. Como solo nos pegaban a nosotros, no pasaba nada. De repente pegan a la vecina del tercero, que es una señora mayor, alguien que se ha encontrado más o menos cómoda con las cosas que pasaban. Y esa señora dice, “pues vaya mierda de sistema que tenemos”. La sensación de hermandad ha generado la necesidad de estar cerca porque fue una experiencia de trauma colectivo. Una cosa es cuando te pegan a ti y otra cosa cuando pegan a todos. Nos han abierto los ojos como pueblo catalán.

Bel Olid de la Cup; Jenn Díaz de ERC y Laura Borràs de Junts per Catalunya
Bel Olid, de la Cup © SANDRA LÁZARO

El Govern tenía dos opciones en el 1-O: celebrar el referéndum o que hubiera represión. Fue un éxito porque logró las dos. Aunque la violencia estuvo concentrada en una docena de colegios las imágenes que han quedado en el imaginario son contundentes.  

Laura Borràs (JpC): Y el titular era “aquí no ha pasado nada”. Por más que veamos los vídeos esa de la que hablas se mantiene, es como si lo volviéramos a vivir. Es muy sano no normalizarlo. Ver a la gente defendiendo esas urnas, que la policía tratara de robarlas me parece de una violencia considerable. No solo es ver sangre.

La sociedad civil catalana está más estructurada que la española, tiene una mayor capacidad política, o tenía una mayor flexibilidad. También es una sociedad -no toda, claro-, con una cierta inmadurez emocional: necesita relacionarse desde el agravio.  

Bel Olid (CUP): Lo del agravio me ofende especialmente. Que desde una posición de privilegio nos acusen de vivir desde el agravio me parece insultante. Hay muchas cosas que haces con naturalidad en tu vida diaria que yo no las puedo hacer. Desde la cosa más tonta de llevar a mis hijos a ver una peli en su lengua. No es lo más importante del mundo…

No está prohibido el cine en catalán. He visto en Madrid Verano del 93 en catalán.

Jenn Díaz (ERC): Esa está rodada en catalán, pero en cambio una película de Disney…

Bel Olid (CUP): No vamos a discutir. Te puedes informar de cuántas salas en Catalunya dan cine en catalán. El único sitio del universo donde puedo tener un doctorado en mi lengua es en mi país, y si un alumno dice que no entiende catalán, el profesor pasa al castellano. El único país del mundo en el que puedo dar mi doctorado en catalán es este y si no entiendes la lengua, lo siento, podemos ayudarte a aprenderla.

Laura Borràs (JpC): Me parece especialmente perverso que se hable de agravio cuando hemos estado desfavorecidos en infraestructuras. Nos hemos tenido que buscar la vida de manera sistemática. Tenemos los clásicos griegos y latinos traducidos al catalán gracias a una suscripción popular de 8.000 personas. Fue necesaria para tenerlos en nuestra lengua.  

Es un problema de demanda, lo mismo sucede en el cine; si no es rentable…

Laura Borràs (JpC): Eso es trampa. No vale.

Bel Olid (CUP): En Islandia son 300.000 personas que hablan islandés. No hay más en el mundo. Si somos optimistas hay 12 millones de personas que podrían entender el catalán. No es una cuestión de público, sino de si tu sociedad cree que es importante o no. Pagamos al Instituto Cervantes y ni les interesamos como escritoras que escriben en catalán. El Cervantes no ha invitado en los últimos 15 años a ningún escritor que escriba en catalán.

Jenn Díaz (ERC): Ni a mí en castellano.

Bel Olid de la Cup; Jenn Díaz de ERC y Laura Borràs de Junts per Catalunya
Jenn Díaz, de ERC, en el centro de la imagen © SANDRA LÁZARO

Hay una perversión en las palabras, nos hemos acostumbrado a la exageración: golpe de Estado, estado de excepción…

Laura Borràs (JpC): Mantendría el Estado totalitario y el estado de excepción. La persona que puede convocar elecciones en mi país es el presidente de la Generalitat, y él no las ha convocando. Lo ha hecho alguien que en virtud de un determinado artículo de la Constitución disuelve un Parlamento y decide convocarlas para crear un gobierno que ya existía.  

Pero las tres os presentáis a esas elecciones

Jenn Díaz (ERC): Si no, nos arrasan.

Bel Olid (CUP): No vamos a dejar la vía libre a Ciudadanos.

Laura Borràs (JpC): Votaremos las veces que haga falta. No tenemos miedo de votar, hemos reclamado votar, pero estas elecciones son una imposición. Y aun así estamos dispuestas a ir a las urnas porque no nos da miedo.

Jenn Díaz (ERC): Las consideramos ilegítimas del todo.

En los ambientes independentistas se habla mucho de un pucherazo. ¿Es real ese miedo?  

Jenn Díaz (ERC): Han llegado algunas tarjetas censales a casas que no se corresponden. Dicen que es muy difícil modificar y hacer variar los números, y que somos demasiado torpes para modificarlo, que se notaría. Pero lo cierto es que existen esas tarjetas censales que nadie sabe de dónde salen y en el momento en que estamos esto nos hace dudar.  

Bel Olid (CUP): Hemos perdido la inocencia. Nos podemos esperar prácticamente todo. Si gana C’s por mayoría es que ha habido pucherazo.

Laura Borràs (JpC): La indefensión que notamos es ofensiva cuando hay gente con sentencias firmes por violencia, como los del ataque a Blanquerna en Madrid, que han esquivado la prisión porque tienen hijos y se les podría causar daños irreparables. ¿No tienen los Jordis y los consellers familia e hijos? Ya estamos hartos de tener que aguantar lo que es inaguantable, discriminatorio, cruel. Para mí no son presos políticos, son rehenes.

Jenn Olid (CUP): Son presos por sus ideas. Si nos fijamos en el 20 de septiembre, que es por lo que están presos los Jordis, y lo comparamos con lo de Blanquerna… Hay vídeos en los que se ve a los Jordis pidiendo calma a la gente. Incluso pidieron permiso para subirse al coche. La gente se enfadó por pedirles que se fueran a casa. La sociedad les ha visto demasiado flojos y encima están en la cárcel.

Bel Olid (CUP): Desde el momento en que los dejan libres por decir que la Constitución no está tan mal o que cambian sus ideas, más claro agua.

¿Puede que uno de los errores haya sido no tener suficiente apoyo dentro y fuera? No hay más de un 48% en 2015.

Bel Olid (CUP): Hay gente dispuesta a partirse la cara por sus derechos. Hay otros que dicen ‘no me voy a partir la cara pero si me consiguen los derechos serán bienvenidos’. Los hay que tienen problemas para llenar la nevera, pagar el alquiler o comprar un libro de texto a sus hijos y no salen a manifestarse. No se les puede contar como que están en contra de la independencia.

¿Cómo lo contamos?  

Bel Olid (CUP): ¡Coño, en un referéndum!

¿Qué tipo de referéndum?  

Bel Olid (CUP): Ya lo hemos hecho.

Laura Borràs (JpC): Si tuviéramos delante un Estado normal como Reino Unido o Canadá, habría sido pactado. Una gente tan orgullosa de ser español podrá ofrecer cosas a los que no quieren ser españoles.

Jenn Díaz (ERC): Uno de los discursos posibles podría haber sido, ‘catalanes, no queremos que os vayáis’. Una de las opciones antes del 9N era vamos a hacer todo lo posible para que esta gente quiera quedarse. Y ¿qué han hecho? Nos han humillado. Y esa gente que no había votado , ahora sí que votarán porque nos han humillado. Porque la alternativa es nefasta.

Laura Borràs (JpC): Siempre levantan el fantasma de sois la mitad, o ni siquiera la mitad. No me gusta que hagáis trampas cuando decís que las elecciones de 2015 solo se ganaron en escaños y no en votos. Los españoles están con una especie de furor legalista.

Bel Olid de la Cup; Jenn Díaz de ERC y Laura Borràs de Junts per Catalunya
Laura Borràs de Junts per Catalunya © SANDRA LÁZARO

Para cambiar una coma al Estatut hacía falta dos tercios, 90 escaños. No hay mandato para la unilateralidad.

Laura Borràs (JpC): No estoy de acuerdo, quien aplica la unilateralidad es el Estado español. Todo lo hemos hecho de acuerdo a una legalidad vigente.  La independencia te da el marco legal.

¿Se va a ir más despacio después del 21D?

Laura Borràs (JpC): La independencia se proclama y se implementa.

Bel Olid (CUP): Vamos a hacerlo en serio y desde las instituciones. Eso está muy bien, pero necesitamos a la gente actuando de forma más o menos coordinada. Los CDRs [Comités de Defensa de la República] tienen temblando al Ibex 35. ¿Por qué vienen a pegarnos? ¿Por la independencia? No, vienen porque estamos cambiando a la gente, la estamos empoderando. Estamos ofreciendo una salida distinta al régimen que tenemos. Y esta salida se puede hacer en el marco de la independencia. Desde España no van a solucionar nuestros problemas.

¿Una independencia fuera de Europa?

Bel Olid (CUP): ¿Europa para qué?

Laura Borràs (JpC): Con Europa lo hemos visto con los inmigrantes, hemos reclamado que queremos acoger, la sociedad civil catalana tiene una larga tradición. Yo soy europeísta por tradición cultural, no de un club de personas intransigentes, insensibles.

Jenn Díaz (ERC): ¡Qué vamos a esperar de una Europa que dejó tirados a nuestros padres y abuelos y ahora nos está dejando tirados a todos!

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Sin estelada en el pueblo más independentista de Catalunya

21 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Antonio es del Real Madrid, frutero y vive en L’Esquirol, un municipio de 2.200 habitantes, 90 kilómetros al norte de Barcelona. Está acodado en el bar Rovi con su chándal blanco. Es alto y fuerte. Reconoce que a veces tiene que aguantar chanzas pero dice que todos le respetan. Lo suyo es una heroicidad porque L’Esquirol es el pueblo más independentista de Catalunya. La suma de Junts Pel Sí y la CUP alcanzó el 92,6% en las elecciones de 2015. El PP obtuvo solo 33 votos.

Hace frío. La gente que entra en el bar se pega enseguida a la chimenea para calentarse. La plaza está decorada con lazos amarillos, un símbolo que sirve para reclamar la libertad de los presos. Un gran mural grita “Visca la terra” bajo la palabra Independencia, con un payés con aires de Garibaldi local armado de dos pistolas de pólvora. En la comarca de Osona están el segundo y tercer pueblo más independentista de Catalunya, Folgueroles y Sant Julià de Vilatorta. Parece que hay una cierta unanimidad en la causa.

Alex Montanya, alcalde de L'Esquirol
Alex Montanya, alcalde de L’Esquirol, ante un mural con el lema ‘Visca la terra’ JORDI PUIG

Alex Montanya tiene 43 años y es el alcalde de L’Esquirol. También es uno de los 700 alcaldes que se encuentran bajo amenaza de investigación judicial por cooperar en la consulta del 1-O. Es un hombre viajado. Vivió en Francia y Alaska. Pertenece a un partido asociado a ERC. Por orden del jefe local de los Mossos ha tenido que retirar del Ayuntamiento una estelada y un cartel que pedía la libertad de los detenidos. “Los volveré a colocar el 22”.

Cuando habla de la respuesta del Estado tras el 1-O y la aplicación del 155 diferencia España del PP: “No son lo mismo”. No es una matización frecuente en estos días. También es original al hablar de la violencia del Estado; no se queda en las imágenes del 1-O en algunos colegios electorales, la amplía al uso de la Fiscalía general para encarcelar a los Jordis y a una parte del Govern, y a la aprobación de leyes. También dice que no se esperaban esta reacción por parte del Estado.

Le parecería muy mal que ganara Ciudadanos el 21-D, pero respetaría el resultado siempre que sea limpio. Asegura que no sería lógica esa victoria porque no se correspondería con la realidad de Catalunya: “Ellos no tienen ningún ayuntamiento”. El alcalde asegura que es posible que tengan que pausar el ritmo hacia la independencia, pero asegura que en pueblos como el suyo la desconexión de España es un hecho desde hace tiempo. “Nosotros ya vivimos como si fuéramos independientes”.

Asegura el alcalde que el 1-O y los días siguientes han servido para reforzar los lazos de pertenencia, “la gente se siente más unida”. Montanya no tiene miedo a las consecuencias de una eventual salida de la UE: “Somos gente férrea, acostumbrada a organizarse por su cuenta”.

Paul Barbanguida, párroco de L'Esquirol
Paul Barbanguida, párroco de L’Esquirol JORDI PUIG

El párroco del pueblo más independentista de Catalunya se llama Paul Babanguida. Nació en el centro de la República Democrática de Congo. Lleva en España seis años y habla catalán, idioma que utiliza en sus misas y en sus prédicas. “Ya sabía castellano antes de venir. Lo estudié en Kinshasa. Cuando vine a España, desconocía que aquí se hablaba catalán. No me ha costado mucho aprenderlo porque también sé francés. Estoy aquí en misión. Antes iban los misioneros blancos a África y ahora venimos nosotros por la falta de sacerdotes”. Su despacho al lado de la iglesia está decorado con un calendario del Barça y una foto del Papa. “Francisco es del Real Madrid”, bromeo al verle vestido de blanco. Babanguida replica: “No, no, él es argentino”.

L’Esquirol, que en catalán significa ardilla, tiene origen en el apellido de una de las familias fundadoras del pueblo, los Querol, que regentaban un hostal en el camino real entre Vic y Olot. En el siglo XIX, los habitantes de L’Esquirol rompieron una huelga de la vecina Manlleu, dando el nombre del pueblo a los que se prestan a ocupar el puesto de un huelguista. “Es una de las aportaciones del catalán a la lengua española”, dice un editor que trabaja en Barcelona.

Más allá de la casa señorial de los Querol, ya en desuso, vive Xavier Pàmies, de 58 años. A pesar de llevar más de cien libros traducidos del inglés, francés y portugués al catalán, algunos de clásicos como Charles Dickens, se le conoce como el traductor de Harry Potter. Dejó Barcelona hace años. Vive permanentemente en L’Esquirol. Pàmies es un aventurero, no un hombre encerrado en sus libros. Ha realizado entre 1986 y 1995 cuatro largos viajes, dos de ellos de un año: Suramérica, dos a África y uno a Asia (entre 1986 y 1995). Su mujer aún pinta cuadros con escenas de su último viaje al Congo, el país del cura Babanguida.

El traductor Xavier Pàmies, en su domicilio de L'Esquirol
El traductor Xavier Pàmies, en su domicilio de L’Esquirol JORDI PUIG

Pàmies dice que el movimiento independentista es transversal y transgeneracional, y que él mismo no lo era hace unos años. Su caso es el de muchos catalanes que se han sentido expulsados de España. “Empezó con la imagen del PP recogiendo cuatro millones de votos contra el Estatut”, dice. Asegura que no tiene nada contra España, conoce y ama su cultura. La educación en Catalunya ha impulsado varias generaciones de catalanopensantes, no solo de catalanoparlantes.

El traductor de Harry Potter sostiene que el procés va a ir más despacio después del 21D y que el 155 tiene como fin el desmantelamiento del soberanismo. Si se asegura que la independencia era una utopía, Pàmies cree que la reforma de la Constitución es otra. “El PSOE lo dice para quedar bien, pero no me lo creo”. De Podemos dice que se ha convertido en un partido convencional alejándose del espíritu del 15M del que nacen. También se siente decepcionado con Europa. Acepta la broma de que solo la magia de Harry Potter puede sacar a Catalunya y a España del laberinto en el que se encuentran.

Vic, la capital de la comarca, está a 18 kilómetros de L’Esquirol. En una de las rotondas de la entrada hay un letrero que informa de que es un municipio a favor de la independencia. Es día de mercado y su plaza medieval está abarrotada de vendedores y compradores. En el medio cuelga una gran sábana que reza ‘Llibertat Presos Polítics’.

En la vecina plaza del Pes hay un olivo repleto de peticiones navideñas. Algunas contienen deseos políticos. Dos niñas de unos 12 años cuelgan las suyas en medio de un bosque de palabras. Les pregunto por el contenido de la petición. “Que ganemos el concurso de gimnasia”, responde una. En la plaza medieval ya no están las jaulas dedicadas a los presos. Servían para denunciar la privación de libertad de los Jordis, después ampliada a medio Govern. Las jaulas están ahora en Olot. Se han convertido en itinerantes. Es la memoria que se mueve para que nadie olvide.

18/12/2017 – 

La balanza

17 enero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 08/11/2016 a las 06:00 Actualizada 08/11/2016 a las 10:47  

Una de las cuestiones que más me plantean en las entrevistas, pero también por la calle, es por qué en el programa en el que trabajo se le da tanta caña al PP. La impresión que percibe un sector de la audiencia es que la balanza está muy descompensada.

Cuando te detienes y les comentas que sólo se debe “dar caña” al que comete fechorías, la respuesta es siempre la misma: “Todos las hacen”. Entiende el personal que vive en un estercolero y que aquellos que no son denunciados es porque gozan de la bendición de los medios de comunicación que ocultan sus felonías. Es en ese contexto en el que se entiende que un partido político procesado como tal y que ha tenido, como en el caso de la corporación municipal valenciana, a nueve de sus diez concejales imputados, a los que decidieron no aplicar sus propias normas de control para no desaparecer del Ayuntamiento, no se haya convertido en un partido marginal.

Los votantes extrapolan la corrupción porque les resulta inadmisible creer que “los suyos” son peores que “los otros”, ya que esto les situaría en una posición moral comprometida, y más en el que caso de España, donde la derecha estaba toda unida en un solo partido, situación que ha rendido unos réditos extraordinarios gracias al sistema electoral. La renuncia a votar su opción por una cuestión ética les dejaría sin alternativa ya que, como hemos visto, el crecimiento de Ciudadanos se ha desinflado cuando hicieron la puesta en escena de aquella alianza ficticia con el PSOE. Alianza, aunque no se entendió bien, pero que cumplía una doble función. Por un lado permitía al PSOE excluir a Podemos de cualquier posibilidad de pacto. Por otro, situaba a Ciudadanos más en el centro de lo que lo hacía la ciudadanía, empeñada en que se trataba de la marca blanca del PP, al posicionarse como una fuerza que apostaba por la gobernabilidad sin tener en cuenta la ideología, ese espacio de los que se llaman apolíticos que se empeñan en que no hay derechas ni izquierdas, pero votan a la derecha.

Sin embargo, esa actitud de compadreo con el PSOE, que le ha funcionado a Susana Díaz en Andalucía para quitarse de encima el muerto de tener que pactar con la izquierda, a ellos no les va bien. No fue bien vista cuando se planteó a nivel nacional y llevó a muchos de los votantes de Ciudadanos a volver a la casa matriz, a la nave nodriza en las siguientes elecciones en las que el PP recuperó parte de lo perdido. Aquellos que apostaban por Ciudadanos para que este partido entregara su voto al PP, con lo que salvaban los escrúpulos de votar a políticos corruptos a sabiendas, al tiempo que se escogía la opción deseada, se sintieron engañados ante la posibilidad de que gobernara Pedro Sánchez. Se trataba de un voto en diferido que, al plantear la posibilidad de dar el gobierno al enemigo, se revirtió, como no podía ser de otra manera.

Así llegamos a esta disposición en la que el PP quiere recuperar su integridad, lavar su imagen, sin renunciar a sus privilegios, sin dejar de hacer de las suyas, porque esta gente no se dedica a la política por vocación de servicio, no está en su naturaleza servir, para eso tienen a los subalternos, a los empleados, a las chachas. Ven en la administración de lo público “una oportunidad de negocio”, que es el eslogan que utilizaron en la Comunidad de Madrid en los cursos de captación de inversores cuando organizaban la privatización de la sanidad pública. El mismo eslogan de Jeb Bush en su recorrido europeo para reclutar aliados de cara a la guerra de Irak. Decía que había mucha pasta para los vencedores de aquella guerra. Motivo suficiente para masacrar a una población de millones de habitantes, por lo visto.

Estos transeúntes que me abordan para decirme que dé caña a los demás, lo que me están pidiendo es que compense el deterioro que las acciones delictivas de sus líderes provoca en sus formaciones, me piden que hunda también la reputación de los rivales. Con o sin razón para ello, y esta forma de sentir se refleja en los medios de comunicación, que son el mejor termómetro de la calidad del sistema.

Recuerdo que al día siguiente de la crisis del PSOE, con la consecuente defenestración de Pedro Sánchez y la constitución de la gestora, todos los diarios de papel en los kioscos festejaban en sus portadas los hechos y bendecían la nueva situación, así como la decisión de los nuevos dirigentes del partido de abstenerse en la votación de investidura. Ni una sola opinión editorial adversa a pesar de que, por lo visto, tanto la militancia del partido como la mayoría de los votantes estaban en contra de esa decisión. Algo huele a podrido en Dinamarca. Fue cuando nos contaron que el PSOE no estaba por la democracia directa sino por la participativa, razón por la que habían decidido tomar una decisión tan importante sin consultar a nadie. Algo se había quebrado en nuestra democracia. Se volvía a la aristocracia y por primera vez existía una opinión única de todos los diarios en torno a un tema controvertido como pocos.

En este nuevo orden informativo en el que andamos inmersos, esta semana hemos vivido un tsunami informativo en torno a la venta del piso de Espinar. El hecho no parecía tener mucho recorrido. Había comprado un piso de protección oficial y luego lo había vendido sin llegar a ocuparlo al precio que marcaba la ley obteniendo un beneficio. Todos coincidían en que la operación era legal, pero remarcaban la cuestión de la responsabilidad política recuperando declaraciones de propio Espinar en el sentido de que estas viviendas no se hacían para especular, así como fotos de su asistencia a manifestaciones a favor del derecho a la vivienda. Se obviaba una pequeña cuestión que ha asolado a los miembros de esta formación, cuando los hechos sucedieron no pertenecía a un partido que ni siquiera existía. También Zapata está siendo juzgado esta misma mañana de lunes, a pesar de que el caso ha sido archivado en cuatro ocasiones parece no terminar nunca, por unos hechos que carecen de relevancia y también ocurrieron cuando no se dedicaba a la actividad pública. El pasado también ha perseguido a Rita Maestre y a otros miembros de la formación. “Ya que han decidido no delinquir saquemos la mierda del pasado”. Esa parece ser la consigna.

A pesar de la escasa relevancia que para los ciudadanos tiene la venta del piso que llevó a cabo Espinar, durante la semana pasada llenó la prensa de artículos, en algún diario ocupó la portada y la contraportada, monopolizó las tertulias televisivas, las de radio, fue motivo de artículos editoriales y abrió informativos televisivos. Se podría estudiar en las universidades como ejemplo de algo que se convierte en importante por el tratamiento masivo que le dan los medios informativos que impiden que alguien se pare a considerar de qué se está hablando.

La onda que se emite se suma a la que viene de vuelta y entra en resonancia creándose la tormenta perfecta que convierte en indefendible una fechoría inexistente.

En el colmo de los disparates, cuando se hace crítica a esta eclosión informativa desde miembros de Podemos se les acusa de intentar matar al mensajero y concretamente a Pablo Iglesias: “De arremeter contra los medios que no controla”. La pregunta que cabe hacerse es: “¿Cuáles son los medios que controla?”. Es evidente que esta ha sido la prueba de afinidad de que tal y como vaticinaba Manuela Carmena, declaración por la que fue vapuleada, “tienen a todos los medios en contra”. Tal vez fuera una expresión exagerada, hay algunos medios que parecen no estar en contra, pero desde luego no conozco ninguno que esté a favor y, mucho menos, que controle dicha formación. LaSexta, cadena en la que trabajo y que es la que dicen que, a su vez, trabaja para ellos, desde luego que no. Eso sí, hay muchas opiniones a favor de que se les vete en esa cadena, como la de Alfonso Guerra que se echa las manos a la cabeza porque en algunos programas: “les dan un micrófono”. Ya le digo yo que no, que luego lo tienen que devolver, pero ignoran al afirmar tales cosas que estos perroflautas forman la tercera fuerza política del Parlamento.

Destaca infoLibre, diario digital que muchos de ustedes conocen, que, durante el mandato de Ana Botellase regalaron trece propiedades de tapadillo, sin pasar por caja y por un valor de 300.000 euros al fondo buitre Blackstone, que se hizo no con un piso, sino con 1.860 a precio de saldo. Esa vez no hubo especulación sino desalojos, que es mucho menos grave para esos medios de comunicación prosistema. Es una pena que en su día, cuando los afectados que vivían en esos pisos a los que se les hurtó su derecho preferente a la compra, y se encontraron con que sus nuevos arrendatarios eran esos fondos buitres que les subieron, contra lo prometido por el Ayuntamiento, la renta mensual, estos medios tan preocupados por el destino de la vivienda social hicieran oídos sordos a sus desesperadas denuncias. Sus demandas no fueron tratadas como la venta de Espinar. Esas acciones delictivas que causan quebranto a la población y a las arcas públicas en beneficio de las empresas de los amigos entran dentro de la lógica. Han venido a por la pasta y obran en consecuencia. Tampoco tuvo excesivo eco en esos medios cuando se descubrió que nuestra flamante ministra de Defensa gastó nada más y nada menos que cien millones de euros de un crédito concedido para la construcción de un hospital en Toledo en otros menesteres más urgentes como, por ejemplo, publicidad, cuando faltaba un mes para las elecciones. Cien millones, nada menos, que se volatilizaron y ni un céntimo fue destinado al fin para el que se concedió el crédito que ahora hay que pagar. Estas cosas, entienden estos informadores, no interesan a los españoles. Una pena.

Para que nos entendamos, lo que destacan los medios de forma masiva es la falta de moralidad en la acción de Espinar, eso es lo que les preocupa, la salvación de su alma.

Después del crimen de Espinar los votantes del PP pueden seguir apoyando a su partido sin taparse la nariz al introducir su voto en la urna porque “la balanza está compensada”. Todos, los nuevos y los viejos, son iguales: corruptos. Ahora sí, los votantes del partido del Gobierno festejarán sin complejos su victoria.

Mientras, los que se lucran del expolio de lo público podrán brindar con sus compinches, porque tienen quien les lava la cara y les peina todas las mañanitas, y mirarán a la patria con la vista puesta en un futuro mejor, con la satisfacción del trabajo bien hecho que, citando a Pablo Guerrero, “como un licor suavísimo les llena de contento”.

Jordi Amat: “Nadie trabaja para desactivar las minas porque su existencia es rentabilizada políticamente”

13 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Jordi Amat (Barcelona, 1978) es filólogo y escritor. Acaba de publicar ‘La conjura de los irresponsables’ (Cuadernos Anagrama), un ensayo sobre la trama del procés y su reverso español en el que analiza las relaciones entre Cataluña y el Estado, y el impacto de la sentencia del Tribunal Constitucional que dinamitó el Estatut hace siete años.

¿Qué han aprendido los impulsores del procés?

La cuestión es lo que deberían haber aprendido. Como estamos en campaña no hay señales de que hayan aprendido demasiado. Siguen enfrascados en la propaganda. El éxito inesperado, y tal vez ingestionable, es el 1 de octubre. Hay algo que deberían haber aprendido: la independencia es posiblemente imposible. La hipótesis de la crisis de régimen que debía posibilitarla no se ha producido; ha sucedido más bien lo contrario, que el régimen se ha reforzado a costa de una degradación democrática que a su vez ha reforzado la estabilidad del sistema. Es algo que sería importante asumir para ver de qué manera se puede recuperar el autogobierno. Eso no forma parte del debate en el que estamos y es un problema porque ese es el debate. La dificultad es situar durante años el debate político en un terreno que se va alejando progresivamente de la realidad. La gente es cautiva porque le estás dando política emocional. No sé si se ha aprendido esa lección, pero es la necesaria para volver a empezar. Vivimos en una anormalidad institucional indiscutible. El asunto es ¿cómo se retorna? No sé si se puede volver al escenario previo al 6 de septiembre o al escenario previo al procés. Seguramente no vamos a poder volver, pero nadie dice con realismo a dónde queremos ir a corto, medio y largo plazo.

La política admite grandes piruetas. Es lo que puede suceder el 22-D, pero ¿cómo se reconduce a los dos millones de personas que creyeron en la utopía disponible, que dice Marina Subirats?

En realidad no tienes por qué reconducirla. La gente puede seguir viviendo en esa utopía disponible. El asunto es que los políticos deberían empezar a decir algunas verdades. No me parece necesario el reconocimiento de errores, todos los cometemos, lo que es necesario es un diagnóstico de cómo se llega al colapso, del precio que se paga. Lo que se necesita es un restablecimiento de la verdad sobre qué puede y qué no puede hacerse, cuál es el papel de las mayorías y las minorías. Necesitamos un saneamiento del lenguaje para que los políticos vuelvan a decir las cosas por su nombre y a enseñar a la gente qué es lo real. Con la intensidad emocional en la que estamos difícilmente podremos posibilitar esa huida del relato que, para mí, ha sido tan nefasta para que la política vuelva a estar más pendiente de la realidad que del relato, porque esa es la única posibilidad. Sobre si causa decepción, no lo sé, pero la gente agradece que le digan la verdad.

Desde que Carles Puigdemont se refugió en Bélgica parece que su huida de la realidad es creciente, ¿es parte de la estrategia de campaña?

Puigdemont es el primer presidente de la Generalitat que es un independentista desde el arranque de su trayectoria, no solo política sino ciudadana. Lo interesante de este caso es cómo dentro de una fuerza como Convergencia –regionalista- fueron madurando líderes independentistas potenciales. Lo que veo como problemático es que, en el caso Bruselas, se mezclan el drama personal, la imposibilidad de asumir el fracaso al que se ha llevado institucionalmente al país y la campaña. No ha recuperado lo que es un problema desde el Artur Mas de 2012: no ser el presidente de todos. Es algo que estas elecciones deberían empezar a solucionar. No puede ser que la gente que no le vota no se sientan interpelados por el presidente de su comunidad. Es necesario para desarmar una dinámica de bloques que beneficia a los extremos. No veo voluntad de corregir esa dinámica que tiene consecuencias sociológicas más que políticas, y no son buenas. La situación es anómala porque además estamos en una campaña que no puede ser más excéntrica. El 155 se plantea como un mecanismo de retorno a la legalidad, es decir a la normalidad, pero a una normalidad que no existe y lo inquietante es que las elecciones no van a resolver esa anormalidad. Siempre he creído que deberán gobernar juntos partidos de uno y otro bloque porque si no la gente sigue bloqueada.

En el cierre de campaña del referéndum del 1-O en Montjuic, la diputada de la CUP Mireia Boya llamó traidores a los Comuns. ¿Es peligroso un discurso de buenos y malos catalanes?

Cuando interpela a los Comuns Boya dice que Roma no paga traidores y que tendremos memoria. ¿Qué escenario de futuro creas cuando le estás diciendo a alguien que no piensa como tú que tienes memoria? Si yo he manifestado una discrepancia y lo consideras una traición y dices que tendrás memoria. ¿Qué va a pasar conmigo? Es un poco frívolo cómo se juega con este tipo de expresiones. La frase “vamos a tener memoria” es parte del discurso de la confrontación y si tienes memoria es que das por hecho que habrá venganza.

Es un discurso que los años 30 tenía un nombre, los buenos alemanes, los malos alemanes.

No se puede hacer un uso banal del lenguaje de la confrontación como si fuera irrelevante y no tuviera consecuencias. Lo que pasa es que podemos jugar frívolamente con este lenguaje porque a pesar de la anormalidad, porque vivimos en una realidad grotesca, hay un marco de estabilidad que nos permite jugar y no es el marco de los años 30.

De alguna forma el nacionalismo necesita que el juego sea eterno.

Hay dos frases de Jordi Pujol que no están en La conjura de los irresponsables pero las tenía muy presentes al escribir el libro. Tras el pacto de Majestic en 1996, en la primera legislatura de Aznar, en la que hablaba en catalán en la intimidad, TV3 preguntó a Pujol, “¿cuándo termina el proceso de construcción nacional?” Él respondió, “la nación nunca se acaba de construir”. Varios años después, siete u ocho años del arranque de la primer legislatura Maragall, varios políticos catalanes fueron a Salamanca para resolver el asunto del archivo y la documentación de la Guerra Civil. Carod Rovira cuenta que al volver a Barcelona se encontró con Pujol. Le preguntó si consideraba bueno el pacto alcanzado, y él respondió, “no, esto es un desastre, las heridas siempre tienen que seguir abiertas”. El asunto es si se quieren o no suturar. No se ha querido suturar la del Estatut de 2010. ¿Entiende el Estado que deberá suturar la que provocó el 1 de octubre? Al día de hoy no. No asume que la gestión del Estado fue ese día una catástrofe. Hay una herida abierta, una herida instrumentalizada por los nacionalismos eternamente. Y mientras esa herida siga instrumentalizada habrá conflicto y mientras haya conflicto habrá colapso y mientras haya colapso no volveremos a la normalidad.

Jordi Amat, escriptor
Amat, durante la entrevista © SANDRA LÁZARO

¿Debería el Estado dar el primer paso? ¿Cuál debería ser?

Debe haber un reconocimiento de la herida y del fracaso de la gestión, de imposibilitar que las urnas llegaran a los colegios electorales. Me parece una humillación para el Estado tremenda. Demuestra el profundo arraigo social del movimiento independentista en todo el territorio catalán. Negar eso es absurdo. Los errores de la gestión política por parte del Gobierno se deben al desconocimiento del nivel de profundidad y compromiso de la gente común con esta historia, un compromiso que ha sido fundador de una nueva comunidad en un momento de distancia entre ciudadanía e instituciones. Y el Estado no lo entiende, no entiende sus raíces. Recuerdo semanas antes al ministro [de Justicia, Rafael] Catalá diciendo, “será una butifarrada y se votará en cuatro pueblos”. La verdad es que fue impresionante. Para mí de ese día no surge un mandato político, porque es imposible en términos de pulcritud democrática considerarlo un referéndum, pero para la gente involucrada fue la experiencia política de sus vidas. También por la represión. Mientras que el gobierno no entienda que es un problema al que debe dar respuesta, esto no se arregla. La responsabilidad máxima es suya.

Una tentación es sentirse ganador después del 155 y buscar la humillación. Un síntoma podría ser cómo se ha gestionado el traslado del tesoro de Sijena.

No conozco con precisión el recorrido histórico del caso. Las sentencias judiciales se tienen que cumplir pero pueden implementarse en un momento inteligente. No sé si el episodio que vivimos hace unos días fue consecuencia del 155. Creo que no, pero es imposible no leerlo en esta clave cuando la Generalitat carece de representantes políticos que defiendan sus intereses porque los han destituido. Hay una instrumentalización de unos y otros que revela que el problema nuclear es la falta de lealtad en un proyecto común por parte de las élites que posibilita una trama de intereses. La fórmula para la preservación de la trama ha sido darle kilos y kilos de emocionalidad a la política.

¿Se refiere a la élite catalana?

Y a la española. Si escenificas la llegada de las piezas de arte medieval como una victoria estás humillando a la gente que siente que sacándolas del museo están sufriendo una derrota. Estás poniendo minas a una convivencia. Nadie trabaja para desactivar las minas porque su existencia es rentabilizada políticamente. Por las dos partes.

Después del 21-D se abren dos escenarios. Si el Estado Central es inteligente, que ya sería mucho suponer, se logre bajar la cifra de independentistas al 30% o si se hace mal que suba a 75%. Con un 70% la Declaración Unilateral de Independencia sería posible.

El principal error del independentismo fue no asumir que las elecciones de 27 de septiembre de 2015, planteadas como plebiscito, se perdieron y obligaban a replantear la estrategia. Ese error precipita una serie de decisiones equivocadas. ¿Qué porcentaje necesita el independentismo para que la comunidad internacional perciba la existencia de un mandato democrático indiscutible?. No lo sabemos, pero está claro que con 75% todo sería distinto. Lo que nos dicen los datos electorales de los últimos años es que los bloques se han movido poco. La sociedad catalana es, y durante muchos años lo ha sido para bien aunque ahora lo complica, una sociedad mezclada. Esa mezcla no ha sido problemática cuando existía un consenso amplio en cuestiones que no fuesen identitarias. Si después de lo que ha sucedido, y de la ingeniería social que el independentismo manejó de manera brillante, no ha conseguido sumar más en los tres últimos años, veo difícil llegar a 75% a corto o medio plazo. Te comentaba que he releído la entrevista que le hiciste a Josep Fontana. Él hablaba de la necesidad de imponerse a objetivos posibles. Creo que en esa política realista en las cuestiones sociales y en la consolidación del autogobierno. ¿Por qué no hacer de tu proyecto político la denuncia de la ineficiencia del Estado para mejorarlo?

Se habla mucho de Ítaca como símbolo de una Cataluña independiente, pero en el poema de Cavafis dice que en Ítaca no hay nada y que la riqueza está en el camino.

Lo importante es el viaje. Es en el camino donde hay que actuar. Lo que resulta más desconcertante, no sé si fruto de la frivolidad, de la irresponsabilidad o de la incapacidad, es olvidar que el viento también puede soplar en contra. Cuando se plantea la autocrítica, el independentismo dice que no era consciente de que el Estado actuaría de esta manera. Me parece peor la ignorancia.

Jordi Amat, escriptor
“Estamos muy lejos del 78 porque estamos mucho mejor que en el 78” © SANDRA LÁZARO

¿Pudo el Estado actuar de otra manera para evitar lo ocurrido?

¿Por qué no evitó que esta gente se tirara por el precipicio? Llega un momento, por error de omisión o desidia, en que entienden que se van a tirar por el precipicio. No impiden la espiral, la aceleración, porque quieren que se tiren por el precipicio. Esto me parece irresponsable. La cuenta de resultados del procés es negativa en casi todo. ¿No habremos creado las condiciones necesarias para que el nacionalismo español de vocación uniformizadora tenga la coyuntura óptima para hacer lo que no podía en otro contexto? Es decir, ¿tan poco se pensó en la correlación de fuerzas y las consecuencias que tiene asumir un desafío de esta naturaleza donde entran en conflicto culturas nacionalistas y que la hegemónica que es la que tiene el poder encuentre la coartada para avanzar en su vocación unificadora? ¿No se pensó de verdad en eso? Porque hemos creado las condiciones para que suceda.

¿Nadie lo advirtió dentro del Govern?

En nuestra vida civil no está asumida la discrepancia. Las élites que nos gobiernan no entienden que para ellos es mejor tener gente que les diga lo mal que lo están haciendo, pero sólo quieren aduladores. No se ha privilegiado desde el punto de vista institucional a las voces que contrapesaban el relato. No se han asumido razones del otro como un capital político, algo que debía pautar las decisiones que se iban tomando.

No aceptamos que el otro pueda tener ideas que nos aporten.

Por omisión o complicidad, los medios son responsables. Tiene que ver con la lectura de esos medios a través de las redes sociales y de cómo hemos decidido informarnos. Preferimos leer los medios que refuerzan nuestra posición ideológica. Hubo un episodio antes de 1 de octubre que me fascinó. El consejo de administración del diario Ara optó por no publicar publicidad institucional del referéndum del 1 de octubre. Hubo una campaña en contra de esa decisión. Algunos se dieron de baja porque no publican ese material. ¿Quiere esto decir —aunque no sabemos si es verdad—,que la gente compra un periódico por la publicidad que viene en él o lo lee para tener una mejor información y poder hacer un análisis más preciso de la realidad? La forma que tenemos de participar en el debate civil es buscando la adhesión entre los nuestros. Es una cuestión de baja calidad en el debate democrático. Es un fenómeno que deberemos estudiar: cómo elegimos medios que no cuestionan nuestro punto de vista sino que lo refuerzan, y tal vez los gobernantes actúan de la misma manera. Al no pensar en las razones del otro también olvidas cuál es su capacidad de actuación. El otro día leí el horroroso panfleto que escribió Fernando Savater sobre el discurso del rey, en el que decía que lo mejor del discurso era que no había introducido la palabra diálogo.

No hay nadie tendiendo puentes, bueno hay pero se les escucha poco.

Se les escucha poco. Electoralmente no han sido privilegiados y en un panorama progresivamente polarizado no interesan. Nos hemos acostumbrado al debate político como si fuera un partido de fútbol, y eso complica la solución, el cómo salimos de aquí.

Hay confusión entre el Estado y el Gobierno y falta prestigio en muchas de sus instituciones clave.

En el caso catalán, más: existe una sociedad civil que construye su mecánica de funcionamiento al margen del Estado, y eso es algo que el Estado tampoco entiende. Ha habido un largo periodo de descrédito de muchas de las instituciones clave. Eso hace que su capacidad para intervenir, por la legitimidad que la gente le otorga, no sea tan clara como en otras ocasiones. La crisis del Estado ha sido real, por la corrupción, por cómo los partidos políticos se han incrustado en organismos del Estado que debieron ser más independientes.

Esta pérdida de prestigio ha sido clave.

Hay un votante de Convergencia de toda la vida, moderado y de orden, que defiende el modelo social en el que vivimos, que llega a la conclusión de que puede saltarse la ley. De que saltársela es lo mejor para él y lo más justo. Uno de los motivos por los que se llega a esa conclusión equivocada es debido a la falta de prestigio de las instituciones. No han sabido regenerarse, ¿Cómo voy a otorgar autoridad a un sistema que sabemos que en parte está podrido por la corrupción?

Se ha perdido el control del lenguaje. Se habla de golpe de estado, de estado de excepción, etc. Todo está situado en unos máximos. Si los discutes eres un traidor.

Tiene que ver con la educación democrática. Es un poco decepcionante que después del período más largo que hemos vivido de democracia en siglos, aún no hayamos consolidado una educación del funcionamiento del sistema y de las palabras, o del cuidado que hay que tener con el uso de las palabras sagradas en la mecánica democrática. Hace unos años se puso de moda el story telling y el relato y creo que ha sido nefasto, fue un falseamiento de la vida política, era como si la política fuesen palabras. Lo importante no eran las acciones políticas sino tener un relato interesante. Eso aleja a la gente de la realidad, son más fácilmente instrumentalizables porque viven en un mundo de palabras y esas palabras mutan sus sentidos. No hemos tenido mecanismos de rectificación, no hemos sabido invertir la dinámica en virtud de la cual el poder nos iba imponiendo su propio diccionario. Escribí un libro denunciando lo que me pareció una deriva en algunos de los intelectuales más reconocidos de Cataluña convertidos en orgánicos del procés. No esperaba que me aplaudiesen. Pero debía restablecerse la dignidad de esa palabra: intelectual crítico. Hay una nueva hegemonía intelectual relacionada con el poder que ha limado la parcialidad de la crítica interna.

¿Podría ayudar en el aterrizaje en la realidad una solución satisfactoria en el reparto económico de las autonomías? ¿O ya es tarde?

Nunca es tarde. Necesitamos una solución política para salir del colapso institucional y regresar a la normalidad que es algo que las sociedades Española y Catalana necesitan. No podemos vivir durante periodos largos con un clima de tensión emocional y de perversión de lenguaje como en el que estamos. Cualquier medida inteligente para que la vida política sea más eficiente ayudará a desacelerar el nivel de emocionalidad en el que estamos instalados. Eso es lo que esperamos de los políticos. Lo que espero de ellos es que si hay un problema con los trenes de cercanías en Barcelona lo resuelvan. Me parece difícil que se sienten a hablar sobre si puede haber un referéndum. La única manera de que la ciudadanía pueda dejar de pensar en Ítaca y comience a pensar en que su tren pueda salir puntual es que su tren salga puntual. Si hay una reivindicación que puede ser compartida sobre las políticas ferroviarias, pues los gobiernos la compartan. Si hay un problema de financiación en los servicios traspasados por el gobierno entre las comunidades, pues que arreglen eso.

Tenemos un Estado cuasi federal pero no sus ventajas. Las autonomías, o como lo queramos llamar, no participan en la construcción del Estado común desde un pacto de lealtad.

Hay lealtad en el pacto de 1978, pero se va degradando por diversos motivos. Veintitrés años de pujolismo son determinantes en la dinámica catalana. No es tan importante el reconocimiento de la plurinacionalidad, pero eso es opinable. No se ha trabajado lo suficiente en que la diferencia cultural sea asumida como patrimonio de todos. Si lo situamos en el plano de la identidad tenemos un problema porque sabemos que es un mal camino. Si lo planteamos en términos de culturas y lenguas compartidas puede formar parte de nueva lealtad que es necesaria.

¿Cree que existe el consenso similar al del 78 para una reforma a la Constitución?

Estamos muy lejos del 78 porque estamos mucho mejor que en el 78. La consciencia de la gente que participa en la forja de aquel consenso parte del convencimiento de que ha habido mucha mierda durante demasiados años y que el país no puede seguir instalado en un clima de esa naturaleza. Los partidos eran aún estructuras sanas. Hay un cierto patriotismo de que debemos arreglar esto y de que cuantos más estemos en el proceso de arreglarlo, mejor. Hoy no estamos en esta coyuntura. En los últimos años hemos vivido una degradación del sistema para la que no se han introducido reformas de peso y es obvio que el problema catalán ha provocado una crisis institucional que necesita una solución. Puede ser una votación excepcional. Unas elecciones autonómicas o unas generales no lo resuelven. Una votación excepcional sería la renovación del contrato territorial y eso pasa por una reforma constitucional que deshaga el nudo creado porque si no se deshace el nudo, cada parte tira y la cuerda esta se romperá y lo que queremos es deshacer el nudo.

¿Se puede decir que todo nace de abajo y que el poder se suma después para controlarlo o es un movimiento que nace desde el poder y las élites?

El independentismo es algo que con mayor o menor presencia ha existido durante décadas con una presencia escasa. En Cataluña ha existido siempre. Ha habido gente que nunca ha dejado de abanderar la reivindicación de la autodeterminación y ha llevado la bandera de la ruptura. Llega un momento que ese mundo conecta con los hijos del pujolismo y se hace mayoritario en la sociedad movilizada. Eso se ha instrumentalizado por las élites. Las élites ven en la aceleración de ese movimiento su forma de perpetuarse también. Sería reduccionista decir que es un invento de las élites. Se vendió como una revuelta de las clases medias con la paradoja de que las clases medias no querían que cambiara nada. Hay una escena que muestra cómo para esas clases medias el proceso ha tenido algo de lampedusiano. El día que algunos trabajadores de la sede central de la Caixa cortan la Diagonal, salen al grito de “las calles serán nuestras”, que es uno de los lemas de la CUP. ¡Pero hombre si las calles ya son vuestras y siempre serán vuestras!

¿Va Cataluña hacia un euroescepticismo? Empiezan a sonar las frases ‘Europa nos ha traicionado’ o ‘ya no queremos estar en Europa” ¿Eso es aún minoritario?

Creo que por suerte es muy minoritario. Es el discurso de la decepción ante lo que ha sucedido. En lugar de asumir las flaquezas propias, transfieres la responsabilidad. Como ya no la puedes traspasar a Madrid las traspasas a Europa porque no nos ha ayudado Es una respuesta banal porque es una respuesta brexiter.

Jordi Amat, escriptor
“Nos hemos acostumbrado al debate político como si fuera un partido de fútbol, y eso complica la solución” © SANDRA LÁZARO

Testimonis expliquen que alguns policies espanyols mostraven símptomes d’haver pres estupefaents

8 enero, 2018

Fuente: http://www.naciodigital.cat

 Així ho ha explicat el quart tinent alcalde de l’Ajuntament de Barcelona, Jaume Asens

 El consistori de la capital catalana es personarà en els casos més greus de violència policial

Redacció | 02/10/2017 a les 18:55h
El quart tinent d’alcaldia de Barcelona, Jaume Asens, ha explicat aquest dilluns que hi ha testimonis de les càrregues policials de diumenge que han traslladat que alguns agents de policia mostraven símptomes “evidents” d’haver consumit substàncies estupefaents. “No sabem si és cert o no, s’haurà de corroborar”, ha afegit Asens en roda de premsa, on ha explicat que l’Ajuntament es personarà en els casos més greus de violència policial que es van produir per aturar el referèndum de l’1 d’octubre.

Un cas clar és l’home que va rebre un cop de pilota de goma a l’ull i que corre el risc de perdre la visió. També tenen registrats dos testimonis d’agressions sexuals. El consistori, a més, acompanyarà i assessorarà legalment els afectats en els processos judicials. Hi ha comptabilitzades 302 a Barcelona persones ferides o contusionades.

El 30% de les persones ferides o contusionades diumenge ho van ser a Barcelona, de les quals dues continuen ingressades: un home que va ser operat d’un ull i un altre que va patir un infart a Lleida. Dels 302 afectats barcelonins, 195 van anar a centres d’atenció primària o hospitals pel seu propi peu i 107 van ser atesos pel SEM en el lloc dels fets o traslladats a centres mèdics. Els serveis mèdics van atendre contusions, ferides, traumes, fractures i atacs d’ansietat.

L’Ajuntament vol ara donar assessorament a tots aquells afectats que vulgui denunciar i per això subratlla que cal tenir un part mèdic i també fotografies de les agressions. Si hi ha imatges gravades, cal conservar el format i el nom original.

Força sense advertència

Asens subratlla que hi ha imatges on sembla que les forces policials, tot i tenir cobertura judicial, van utilitzar la força sense cap advertència prèvia. El tinent d’alcaldia ha subratllat també que hi ha escenes de tracte vexatori, situacions de pànic, acarnissament i plors, fins i tot amb víctimes vulnerables. L’Ajuntament obrirà un correu especial per rebre relats i denúncies dels ciutadans, que seran assessorats per l’Oficina per la No Discriminació.

L’Ajuntament farà “litigi estratègic”, ha dit, o sigui que es personarà en aquells casos més greus de “violència institucional”, com el cas d’un home que pot perdre la visió per l’impacte d’una bala de goma. Asens ha opinat que els agents policials van sortir “amb un ànim més exaltat del que és normal” perquè portaven tancats diversos dies en vaixells i perquè existia també un “clima de tensió i animadversió” alimentat per responsables polítics.

 

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La renta básica y la prueba de la felicidad

4 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace unos días el mundo del ajedrez se conmocionó ante la aplastante victoria de AlphaZero, la nueva inteligencia artificial creada por la empresa DeepMind de Google, sobre el hasta entonces mejor programa, Stockfish. Lo asombroso era el hecho de que a AlphaZero tan solo se le habían dado las reglas del juego y ella misma se había enseñado a jugar en tan solo unas pocas horas. Ni teoría de aperturas, ni finales de partidas, nada de bases de datos; la máquina, programada con la habilidad de aprender, aprendió jugando contra sí misma. Más allá del terreno ajedrecístico, se abren un sinfín de posibilidades para muchos otros campos. En el futuro no solo se automatizarán los trabajos más rutinarios y básicos sino también algunos de los más cualificados. Y esto ocurrirá en un mundo donde ya de entrada no hay empleo para todos.

Todos los lunes, pero este especialmente tras los días festivos del puente, las redes sociales se llenan de lágrimas y angustias, poniendo una vez más en evidencia la cantidad de gente que, aunque afortunada por tener un trabajo pagado, sufre este como un castigo necesario. En un libro apasionante, El diario de un hombre decepcionado, su autor, W. N. P. Barbellion, hace gala de una fuerte vocación como naturalista y capacidad para la investigación que se ven frustradas al tener que aceptar un empleo rutinario. En una entrada del año 1915 el joven amargado habla de “la prueba de la felicidad”, que consistiría en no saber en qué día de la semana se vive: “El hombre desgraciado lo tiene en cuenta incluso cuando duerme. Ser tan alegre y sonrosado en lunes como en sábado, en el desayuno y en la cena, es lo que hace de un hombre un marido ideal”. Un siglo después, sustituyendo “marido” por “persona”, podríamos decir lo mismo sin mover una coma.

En un contexto así la renta básica es un asunto que tiene que estar, que está, sobre la mesa. Se ha estrenado estos días el documental Free Lunch Society, del austriaco Christian Tod, que se pregunta qué pasaría si cada uno de los ciudadanos de un país dispusieran, por el mero hecho de serlo, de un dinero que les permitiera vivir con las necesidades básicas cubiertas. Varios estudios e investigaciones que se han hecho al respecto concluyen que, a diferencia de lo que pudiera pensarse, la gran mayoría seguiría manteniendo su puesto de trabajo, quizás algunos reduciendo la jornada. Lo que es seguro es que los empresarios acostumbrados hasta ahora a hacer caja gracias a la explotación o al trabajo semiesclavo se quedarían sin su poderosa arma de chantaje. También se destaca el efecto dinamizador sobre el consumo y la inversión productiva.

El multimillonario Götz Werner, que aparece en la película, hace una reflexión muy interesante sobre lo que supondría desligar la idea de trabajo de la de salario. ¿Trabajaría con más empeño Angela Merkel en sus relaciones diplomáticas con otros países si cobrara más?, se pregunta. Y es que pensamos en el dinero o el éxito como únicas categorías asociadas al trabajo cuando no siempre son, a la hora de la verdad, las determinantes. Al ajedrecista indio Vishy Anand últimamente le preguntan con insistencia cuándo se va a retirar, dados sus no muy halagüeños últimos resultados. Su respuesta: “No sé qué tiene que ver… Si me gusta jugar, pues juego… Qué tienen que ver mis resultados con mi deseo de jugar”.

Comentando la proeza de Alphazero, el excampeón mundial Gari Kasparov destacaba las maravillosas implicaciones que se derivan del hecho de que una máquina sea capaz de establecer reglas que los humanos no han sido capaces de detectar. En efecto, es en ese salto de máquina como mera receptora de datos a máquina con capacidad para crearlos donde está lo más interesante. En el mundo no es que falten recursos o que no haya riqueza para todos, lo que falta es dilucidar nuevas reglas que establezcan nuevas relaciones. La capacidad de aprender es después de todo lo que hasta ahora ha distinguido al ser humano.

Los políticos no están para prometer la felicidad pero sí para establecer las mejores condiciones posibles para que cada uno de los ciudadanos la encuentre. La felicidad no reside en la ausencia de dolor -estar tumbado mano sobre mano día tras día- sino en la actividad productiva satisfactoria, y cada persona tendrá una manera distinta de realizarse a través de una ocupación u otra. El documental Free Lunch Society termina con una breve escena de Star Treck en la que unos humanos le preguntan al capitán Jean-Luc Picard qué hacer en un mundo con todas las necesidades materiales cubiertas. Dónde está el reto, preguntan, desorientados. -El reto, Sr. Hoffmanhaus, es mejorarse a uno mismo, crecer -responde Picard-. Disfrútelo.

Tiempo de fariseos

29 diciembre, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 25/10/2016 a las 06:00Actualizada 24/10/2016 a las 18:22  

Mientras que el PSOE copa las portadas por aquello que ha hecho, a Podemos se las dan por aquello que no ha hecho.

Es un pequeño matiz que define la baja calidad informativa que disfrutamos, consecuencia del pequeño resquicio de democracia que nos otorgan los poderes fácticos a los que servimos. No los partidos a los que votamos. Como muy bien se encargan de recordarnos los líderes del PSOE cuando tienen que deshacer sus propias decisiones tomadas democráticamente, sirviendo a los intereses de terceros, no estamos en una democracia directa sino representativa. Lo que se vote es intrascendente, ya será interpretado por quien corresponda. Uno puede votar al PSOE para que gobierne el PP. A esta estafa también la llaman democracia y dicen que se arregla con pedagogía: es ahí donde entran los medios de comunicación.

Hablan de división interna, de críticos, de comités, de renovaciones internas, de la militancia, de la disidencia, de la disciplina, pero nadie habla de su único capital, sus votos. Sin los votos no serían nada. Y han demostrado ser tramposos, no tener palabra. Sólo dicen la verdad cuando afirman que unas terceras elecciones serían nefastas para ellos. Claro que sí. Sería muy difícil que a estas alturas alguien se creyera que concurren a las elecciones generales para arrebatar el Gobierno al PP ya que la mayoría absoluta les queda lejos y no están dispuestos a aliarse con otros, porque no quieren o, lo que es más triste, no les dejan. Alguien se imagina el resultado si dijeran la verdad: que se abstendrían en una sesión de investidura y que no pactarían con Podemos ni admitirían la abstención de los nacionalistas. Tal vez quedarían convertidos en un grupo residual porque el votante lo que desea es que su elección sea efectiva, o sea, ganar o, en su defecto, que el voto represente su manera de sentir, su ideología. Algo que sigue siendo importante para muchos ciudadanos porque, aunque estos señores sacerdotes de la democracia representativa no lo crean, en este país todavía queda gente honrada.

Resulta que no era Ciudadanos sino el PSOE la opción del ÍBEX 35 para que el cambio que ansiaba la mayoría de la población –que sacó muchos más votos que la opción que nos va a gobernar, digan lo que digan los medios de comunicación todavía sabemos sumar– no sucediera. Ciudadanos era el señuelo, la maniobra de despiste. Ahora se entiende la incomprensible exclusividad que el PSOE otorgó a Ciudadanos a la hora de negociar. Nadie entendió aquel flechazo. Para justificar esa intransigencia previamente había que demonizar, criminalizar al socio con el que sus propios votantes les empujaban a pactar: Podemos.

Ahí entraron los medios de comunicación en tromba. Recuerdo cuando Manuela Carmena dijo que era muy difícil gobernar cuando no se tiene a ningún medio de comunicación de tu lado y salieron indignados calificando esas palabras como dignas de un líder de dictadura bolivariana –que, por cierto, no hay ninguna–, defendiendo su independencia y proclamando que los medios de comunicación no están del lado de nadie. ¡Manda huevos!

Y sí, pudo haber desaciertos en las formas, pero eso no es lo importante, a no ser que se anden buscando excusas. También el PP ha dicho una y otra vez que el PSOE está del lado de ETA y pisotea la memoria de las víctimas sin que esto sea un inconveniente para ponerles al frente del Gobierno. Con un pequeño matiz: esto es falso, lo del terrorismo de Estado, por desgracia, no, y varios cargos, incluidos el ministro de Interior y el secretario de Estado para la Seguridad, fueron condenados por ello. Barrionuevo, Vera y Sancristóbal, a diez años de cárcel; Francisco Álvarez, Miguel Planchuelo y José Amedo, a nueve años y seis meses; Ricardo García Damborenea a siete años. También fueron condenados cinco policías más. Claro que sacar esto no viene a cuento a la hora de hacer amigos, pero no debe servir de excusa para evitar sentarse a hablar. Los excesos verbales de los dirigentes pueden ser un inconveniente, pero nunca una imposibilidad. Los votantes trabajan todos los días y esperan soluciones y que dejen de hurtarles derechos y servicios que les pertenecen.

Para justificar la continuidad del Gobierno del PP había que criminalizar a través de los medios de comunicación al que todos creíamos que sería el socio de Gobierno del PSOE, la formación Unidos Podemos y sus confluencias, que ya gobernaban juntos en ayuntamientos y comunidades autónomas.

La constatación del ejercicio de manipulación en el que se ha convertido la información es una muestra más de la abolición progresiva de derechos fundamentales sin los que el sistema democrático carece de sentido.

La maniobra es sencilla y burda.

Se pide a los movimientos que nacen de la indignación de los ciudadanos ante la inoperancia de los que ostentan el monopolio de la acción política que se alternan en el poder, y que dicen representarles, que se integren en la democracia formal y dejen de convocar algaradas y concentraciones en calles y plazas, que expongan sus posturas en el marco de la política parlamentaria para que sus demandas sean efectivas y se demuestre cuál es su fuerza real. Se les pide que luchen con las mismas herramientas que el resto de los partidos políticos y que dejen de atribuirse la exclusiva representación de la voz del pueblo. Aceptado el reto, contra viento y marea, sin financiación ilegal, sin soporte económico de las grandes corporaciones y la banca –que tanto ha apoyado a los partidos tradicionales para tenerles cercados, domesticados, a su servicio, convirtiéndoles en rehenes gracias a unas deudas descomunales que siempre quedan pendientes de cobro–, esas fuerzas emergentes que brotan del descontento, la humillación, la rabia y la explotación logran un éxito espectacular, impensable en nuestra depauperada democracia aunque lo cuenten de otra manera y por reiteración les coloquen el sambenito de “vieja política” sin llegar a estrenarse. Mala opinión tienen de sí mismas estas fuerzas tradicionales si a lo que de malo ven en las nuevas formaciones lo tachan de “vieja política”, de reflejo de lo que ellos ya son.

Una vez aceptado el reto y conseguido el objetivo de formar parte del llamado arco parlamentario se procede a su exterminio por la vía de la criminalización. Convertidos en malhechores, en elementos antisistema prototerroristas, su aportación a la gobernanza del país queda automáticamente descartadaen tanto constituyen el principal enemigo de la democracia y la libertad: “Son autoritarios”. Por activa y por pasiva los diferentes portavoces de la “gestora” lo afirman de forma categórica: es imposible una alianza con ellos. Sólo queda la abstención.

La reciente protesta de un grupo de estudiantes en la Universidad Autónoma de Madrid que impidió dar una charla a Felipe González y a Juan Luis Cebrián, actos que se han producido en numerosas ocasiones a lo largo de estos años, se ha convertido en un número circense mediático que no debió ocupar más que un espacio razonable, proporcional a la trascendencia de los hechos. Sin embargo, ha copado durante varios días portadas, informativos televisivos y de radio, editoriales, debates y artículos de opinión, y todo ello con un solo fin: criminalizar a Podemos.

La opinión mediática ha sido unánime: los estudiantes que boicotearon la charla de Cebrián y González en la Universidad Autónoma de Madrid son “fascistas”. Ya no son energúmenos, ni exaltados, ni radicales, como en las anteriores ocasiones, ahora son fascistas. A las portadas de la prensa de la derecha tradicional que van por libre se suma con una vehemencia inusitada su nueva incorporación, el diario El País, ya que su presidente era uno de los dos ponentes. Todos coinciden en mayor o menor grado en que detrás de las protestas está Podemos así que ya saben, dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí. Ya tenemos la consigna a seguir: Podemos representa al nuevo fascismo.

A estas acusaciones se suman destacados líderes del PSOE señalando sin recato a Podemos como instigador y responsable de los hechos, olvidando cuando se indignaban porque el PP insinuaba, sin llegar a pronunciarse de manera tan directa e indigna a como hacen ellos ahora, que los socialistas pudieran estar tras las protestas que sufrió en su día Aznar. Ahora PP y PSOE forman parte de un mismo coro. Tienen un enemigo común.

Nunca se ha dado tanta importancia a este tipo de acciones. Es más, como consecuencia de la represión policial a los actos de protesta que se montaron con motivo de la presencia de Aznar en la Universidad Autónoma de Barcelona, el mismo presidente del Gobierno fue declarado persona non grata por esa universidad. También su delegada el Gobierno Julia García Valdecasas y la propia policía nacional. Era el año 1999. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

Criminalizar al rival. Con eso queda justificada la supuesta gobernabilidad de España y la abstención. Esta debe ser la “mucha pedagogía” a la que hacían referencia los miembros de la gestora cuando decían que los españoles entenderían su abstención para facilitar el gobierno de Rajoy.

Antes, estas acciones llevadas a cabo por un grupo de jóvenes universitarios no tenían mayor recorrido. Ahora sí. Son de una trascendencia capital. A los carteles del acercamiento de presos se les llama pancartas pro-ETA. A las alusiones al terrorismo de Estado, difamaciones. A los tumultos, violentas agresiones de las que, por cierto, nadie salió herido.

El PSOE se ha encargado de inhibir los millones de votos que pedían el cambio.

El lunes el PP celebraba alborozado una victoria que no le dieron las urnas, que se manifestaron en sentido contrario. Dicen que la abstención no es apoyo, pero no dicen lo que es: una estafa. Ni quito ni pongo rey…

Toca la hora de la pedagogía con la que los que se llaman socialistas deben explicar al personal las cosas de la “alta política”, es decir, convencer a la gente de que no son recaudadores de votos de la derecha aunque el efecto sea el mismo.

Toca pedagogía y a los líderes de Podemos buscarse un abogado, como a los 300 sindicalistas pendientes de juicio para los que piden cárcel: Fernández Díaz, con la abstención del PSOE, sigue de ministro al frente de su policía política.

¡Y la gente votó mayoritariamente cambio!

Las huelgas no sirven para nada

28 diciembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de los estibadores, que ya sé que han conseguido mantener el 100% de puestos de trabajo frente a la patronal y el Gobierno. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como el transporte marítimo de mercancías. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de la recogida de basuras de Madrid, que ya sé que no hizo falta más que anunciarla para que las empresas aceptasen una sola mesa y negociar un convenio único para todos los trabajadores. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la recogida de basura de la capital. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo del aeropuerto de Ibiza, que ya sé que los trabajadores lograron que la empresa pague los atrasos y les abone también los días de huelga. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como un aeropuerto turístico. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de Nissan en Ávila, que ya sé que los trabajadores han garantizado que la fábrica no cierre, y suavizar mucho el ajuste que pretendía la empresa. Su caso no es representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la automoción. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de El Periódico de Cataluña, que ya sé que sus trabajadores han logrado la devolución de la rebaja salarial. Su caso no es representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como el periodismo. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de Cuétara, que ya sé que han conseguido subidas salariales, más puestos fijos y pluses de nocturnidad. Su caso no es representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la fabricación de galletas. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de Enviser, que ya sé que han logrado su primer convenio en diez años; ni lo de la Residencia Miravilla, que ya sé que han obtenido subidas salariales y reducción de jornada; ni lo de Zardoya Otis, que ya sé que la empresa se ha comprometido a no aplicar la reforma laboral y convertir en indefinidos al 90%; ni lo de los actores de doblaje, que ya sé lo de su nuevo convenio con mejores condiciones. Ninguno de ellos es representativo: son todos colectivos privilegiados y con capacidad de paralizar sectores tan estratégicos como la recogida de residuos, la residencia de mayores, la fabricación de ascensores o el doblaje de series y películas. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, ni en España ni en Eslovaquia, que ya sé que los trabajadores de Volkswagen en ese país han conseguido una subida salarial del 14%. Su caso no es representativo etc., etc. y etc. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de los repartidores de Deliveroo. No me extrañaría que acabasen consiguiendo una mejora de sus condiciones, pues sin duda son un colectivo privilegiado (todo el día en bici, qué felicidad) y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la comida a domicilio. Así cualquiera.

(Lo dejo aquí, aunque podría seguir unos cuantos párrafos más enumerando únicamente las huelgas exitosas de los últimos meses. Lo de “las huelgas no sirven para nada” es un estribillo que llevo oyendo hace años. Lo interesante es que últimamente lo oigo más veces en clave irónica, como este artículo. Algo debe de estar cambiando).

Los buenos gestores

27 diciembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

A las autonomías con problemas de financiación –casi todas– el Gobierno les deja la opción de las lentejas. O las tomas o las dejas. O firmas un convenio con la industria farmacéutica que discrimina a los genéricos, o te quedas fuera de las ayudas financieras que reparte Cristóbal Montoro para la Sanidad, como si el dinero fuese suyo y no de todos.

La información que ayer publicamos en eldiario.es sobre cómo el Ministerio de Hacienda niega la ayuda financiera a las autonomías si no firman un convenio que beneficia a las grandes farmacéuticas es un escándalo gravísimo. No solo porque pueda generar sobrecostes innecesarios a todos los españoles –los genéricos son igual de eficaces y más baratos–. También por la forma antidemocrática con la que el Gobierno del PP impone su programa político a administraciones donde no gobierna, a ciudadanos que no le votaron, en competencias que no son las suyas.

Las autonomías y ayuntamientos son administraciones igual de dignas y democráticas que el Ejecutivo central; no son gobiernos de segunda, supeditados al Consejo de Ministros de Rajoy. No vivimos en un Estado centralizado donde solo haya una autoridad y el reparto de competencias en España deja bastante claro de qué se ocupa cada una. Por eso no es tolerable que el Gobierno central invada las funciones de las demás para exclusivo beneficio de su partido, en contra de los intereses de los propios ciudadanos. Es lo que hace con los genéricos y este convenio con las farmacéuticas de obligado cumplimiento para las autonomías, cuando la sanidad está transferida. Es lo mismo que ha hecho con el Ayuntamiento de Madrid y la intervención de sus presupuestos.

Es un enorme abuso que un Gobierno incapaz de cumplir sus compromisos de déficit, que se salta su propia ley de gasto, intervenga las cuentas de un Ayuntamiento con superávit. Es el mismo PP que antes arruinó el consistorio madrileño. Es el mismo PP que aplica un rasero distinto con otros ayuntamientos igualmente endeudados –el de Jaén–, pero donde los suyos gobiernan. Y es el mismo PP que utiliza el Gobierno de todos para atacar a sus rivales políticos.

Con la intervención de Madrid, el Gobierno quiere bloquear las inversiones que el Ayuntamiento tenía previstas para los dos últimos años del mandato de Manuela Carmena, como la peatonalización parcial de la Gran Vía. Es una decisión meramente política que busca asfixiar al primer ayuntamiento de España, el más simbólico, no vaya a ser que la izquierda haga una buena gestión que les deje en evidencia. En palabras de la concejal del PSOE Erica Rodríguez: “Montoro busca desestabilizar al Ayuntamiento de Madrid porque hace una política distinta”.

En una impúdica respuesta parlamentaria, la semana pasada, el Gobierno justificó que esté apretando a las administraciones locales –que tienen superávit– porque ese dinero es necesario para corregir el déficit. El déficit del propio Gobierno central.

Es la misma excusa que pone Montoro cuando añade letra pequeña a los fondos autonómicos: te doy el dinero pero yo te diré cómo lo empleas. Como si el Gobierno fuese el padre responsable que le da la paga semanal a sus hijos, pero les ordena que no se lo gasten todo en golosinas.

Pero, ¿quién es aquí el gestor responsable? Sin duda, no Cristóbal Montoro, el responsable de una amnistía fiscal inconstitucional que nos ha costado carísima; autor de esa famosa frase de “que caiga España, que ya la levantaremos nosotros” para justificar que el PP no apoyase al Gobierno de Zapatero en una votación donde se jugaba la intervención del país.

Tampoco es precisamente responsable el Gobierno de Mariano Rajoy, que aprobó una rebaja de impuestos en año electoral; el mismo Gobierno que ha anunciado otra rebaja similar para cuando toque votar de nuevo.

Son los buenos gestores… de lo suyo.

“Hay muy pocas soluciones alternativas a la reforma constitucional”

22 diciembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, Córdoba, 1949), es un jurista dedicado a la cultura que encuentra tiempo para casi todo: catedrático de Derecho Administrativo, miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, entre otras actividades. Acaba de publicar Hablamos la misma lengua (Historia política del español en América desde la conquista hasta la independencia). Pero la conversación tiene más que ver con un libro anterior, Catalunya y las demás Españas (también en Crítica). Acaba de publicar un libro de 787 páginas sobre el castellano en América Latina.

¿Puede ser el idioma un medio para comunicarse y servir otras veces de barrera?

En el libro cuento cómo el idioma fue una barrera para los españoles que llegaban a América que se superó paulatinamente hasta establecerse como lengua general. Fue un esfuerzo de más de tres siglos. Fueron los españoles los que aprendieron las lenguas indígenas y no al revés. Las lenguas comunican pero también incomunican. Esa puede ser la experiencia de este estudio. Los españoles llevamos a América cosas que nunca habíamos tenido aquí: una lengua común y una unidad jurídica que no existía debido a los foralismos. Fueron dos grandes aportaciones. Ahora, el español lo hablan 500 millones de habitantes en el mundo y, sin perjuicio de fomentar y mantener las lenguas regionales, que son un patrimonio que debe preservarse y cuidarse, no parece políticamente lo más sensato empeñarse en excluir un buen conocimiento del español de la formación de los ciudadanos de aquellos territorios.

¿Cómo hemos pasado a percibir esa riqueza idiomática y cultural como un problema?

Porque llevamos cinco años de protestas catalanas, menosprecios en algunos casos al resto delos territorios y ciudadanos españoles, de políticas erráticas y de deslealtades, de falta de afecto desde Catalunya, o de los grupos nacionalistas catalanes al resto de España. Es natural que haya una reacción. Esto no existía antes a pesar de lo mucho que los nacionalistas catalanes imputan esa queja al resto de España. Antes no existía un desafecto, ahora se está notando más. Es una reacción lógica ante tantos estímulos negativos.

¿Se puede reconstruir la relación? ¿Necesitará tiempo o ya es muy difícil?

Sí, perfectamente. En primer lugar es necesario evitar las crispaciones. Dicen los nacionalistas catalanes con mucho orgullo que no ha habido en ningún momento violencia y que se han aplicado métodos democráticos muy pacíficos, pero no es verdad. La violencia no consiste solo en pegarse garrotazos, consiste también en mantener argumentos intolerables e intolerantes y mantener una rigidez absoluta en la negociación sobre la integración con el resto del Estado. Hay que dejar esa actitud por las dos partes y buscar puntos de encuentro, que los hay.

El título de su libro ‘Cataluña y las demás Españas’ reconoce una pluralidad nacional.

No, reconozco que Catalunya es una España, una parte de España y que además de Catalunya hay otras Españas dentro del territorio del Estado. Quiero decir con esto que España es muy plural y que tiene muchos territorios que cuentan con una historia propia, que han tenido autogobierno en tiempos pasados y que esa historia marca la diferencia entre los demás territorios. Eso es lo que significa Catalunya y las demás Españas. También invoco las Españas porque es una fórmula de referencia al territorio del Estado que se ha usado mucho en la literatura y en la legislación de los siglos medievales y modernos. La clave para salir de esta crisis es la reforma constitucional, sobre todo el Título VIII.

¿Es un melón difícil el que quedó sin resolver en 1978?

Es difícil pero no tanto. Se arguye por parte del Gobierno esa historia del melón, que no (se) sabe a dónde nos va a llevar, pero me parece que es una excusa no válida, no útil. Hay que iniciar la reforma sin tenerla toda en la cabeza desde el primer día. Tiene que ser el resultado de una negociación. No podemos dibujar un final hasta que no lleguemos a ese punto. Pero tiene sus dificultades porque las fuerzas políticas ahora en España están muy encontradas y hay mucho populismo y nacionalismo que no había en el mismo grado en 1978. Pero la verdad es que si lo piensan un poco y lo estudian, cosa que no han hecho, verán que hay muy pocas soluciones alternativas a la reforma constitucional. No es necesario manejar un abanico de posibilidades cuando estamos en un momento en el que unos piden la independencia, algo imposible en términos razonables y constitucionales. El sistema de autonomías ha funcionado bien, de modo que lo que hay que hacer es ver qué hay que mejorar en ese sistema autonómico.

¿Hay peligro de regresión? ¿Algunos sectores del PP quieren aprovechar la reforma para reorganizar las autonomías?

Regresión es una palabra un poco gruesa si se entiende por ello un retorno a la centralización estricta. No hay nadie en este país de ningún partido político que crea que hay que volver a recentralizar. Lo que sí se oye es que el encaje de las autonomías en el Estado consiste en que la posición del Estado sea distinta de cómo es actualmente en algunas materias, tal vez revisando las posiciones del Estado se puedan conseguir economías más eficaces y una gestión mejor de algunos servicios de interés general.

El historiador Santiago Muñoz Machado.
Santiago Muñoz Machado, catedrático de Derecho Administrativo y miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. MARTA JARA

¿Qué aspectos debería tocar la reforma de la Constitución?

El Senado. Siempre se señala al Senado como la primera pieza que hay que retocar y, en efecto, hay que retocarla. Después, en el Título VIII hay que revisar todo el sistema de reparto de competencias, que está muy defectuosamente planteado técnicamente, y eso incluye que se definan mejor las competencias del Estado en la Constitución y que deje la Constitución a los estatutos de autonomía la definición o la determinación de las competencias de las propias comunidades autónomas. Bueno, también hay que cambiar el régimen de los estatutos de autonomía, quiero decir que ahora son simultáneamente leyes orgánicas del Estado, y eso hay que revisarlo, hay que replantearlo para utilizar una fórmula que se parezca más a la que es común en los sistemas federales.

Tenemos un cuasi Estado federal, pero sin todas las ventajas del Estado federal. Algunos historiadores que he entrevistado sostienen que no tenemos una relación de ida y vuelta, las autonomías participan poco en la gestión del Estado. 

Sí, participan poco en las decisiones del Estado. Hay dos maneras de hacerlo; una, a través del Senado con una participación directa de las autonomías en la legislación del Estado cuando afecta a sus competencias. Después estaría la participación de las comunidades autónomas en algunos tipos de órganos reguladores, con mayor presencia en la Comisión del Mercado y de la Competencia, por ejemplo, o en organismos como el Tribunal Constitucional, que también se puede revisar para que haya una representación mejor de las comunidades autónomas, o en otro tipo de órganos constitucionales. Pero también hace falta constituir, crear, hacer que funcionen mejor órganos de relación intergubernamental, como la Conferencia de Presidentes, y que se reúna con más frecuencia.

Santos Juliá hablaba de la necesidad de un pacto de lealtad de las comunidades con el Estado y del Estado con las comunidades.

La Constitución es el lugar del pacto para la lealtad. La Constitución supone una norma aceptada por todos y que todos se comprometen a cumplir. En eso consiste la lealtad, no en procurar buscar subterfugios o circunvalaciones para desatender las determinaciones de la Constitución. Estoy de acuerdo en que la lealtad es algo esencial para el funcionamiento de un sistema de autonomías, pero no mejora porque se haga un pacto distinto a la Constitución.

Algunas partidos, Podemos y Comuns, proponen un referéndum pactado. Miquel Iceta habla de una reforma constitucional y un referéndum nacional que si en Catalunya saliera “no” se podría hacer una consulta específica. Usted propone una reforma constitucional y otra del estatuto catalán simultáneas que exigirían dos referéndums, uno nacional que incluiría a Cataluña, y uno específico de Catalunya sobre su estatuto.

Sí, es la tesis que sostengo en mi libro Catalunya y las demás Españas, y que afortunadamente veo ahora muy extendida y aceptada. Ya no soy solo yo el que habla de que esa es la solución. Es frecuente escucharla en las tertulias de radio o leerla en los editoriales de los periódicos. En el de El País, por ejemplo, la he visto como un criterio de su propia línea editorial. En mi condición de promotor y defensor de la fórmula, creo que es la única salida posible.

Se percibe un cierto cambio de fondo en el PDeCAT y en ERC, da la sensación de que hay una modificación del discurso, que se va a una cierta pausa. ¿Usted percibe lo mismo? ¿Se abre un espacio para buscar soluciones alternativas?

Sí, creo que ese espacio se ha abierto, a pesar de que se oye a los representantes políticos catalanes, a los que han defendido la independencia, decir que no ha pasado nada, que es un proyecto a largo plazo. Es una interpretación a posteriori de un fracaso. Lo que ha ocurrido es que pretendían que la declaración de independencia llegara a la constitución de una república independiente y eso no ha ocurrido. Se han dado cuenta tardía y torpemente porque no habían estudiado lo suficiente ni valorado lo que significa un Estado, la fuerza del Estado y de los resortes institucionales de los que dispone. Es una valoración para no admitir el fracaso.

Ahora lo han reinterpretado al decir que era una declaración simbólica y una mera escaramuza para medir fuerzas. Son banalidades. Ante este fracaso no creo que vuelvan a intentar de modo inmediato reiniciar el camino y lo que ocurrirá es que tendrán que abrirse a una solución. Hace poco participé en un coloquio del Club Siglo XXI, en el que estaban Mas y Montilla y algunos otros representantes de las fuerzas políticas catalanas, y lo dije delante de ellos. Aquí hay dos alternativas: la independencia, que no la habrá nunca mientras el Estado español mantenga la fortaleza que tiene, cualquiera que sea el avance del independentismo en aquella región, o buscar fórmulas de articulación de Catalunya en el Estado. Y esto tiene un nombre. Esa articulación se hace mediante una norma que se llama estatuto de autonomía. Si se han aburrido de llamar al estatuto de esa manera se puede buscar otra denominación, pero al final lo que hará falta es que Catalunya cuente con una norma, llámese como se llame, que defina sus instituciones, es decir, sus estructuras de poder, que determine sus competencias, fije las relaciones con el Estado y establezca las garantías de estabilidad de su propia autonomía.

El historiador Santiago Muñoz Machado.
El historiador Santiago Muñoz Machado, durante la entrevista . MARTA JARA

Entre los dos millones de personas que han apoyado el proyecto ─aceptando las cifras del referéndum del 1-O, que era unilateral y sin ningún tipo de garantías─, habrá de todo: gente ilusionada y gente enfadada. ¿Cómo se les puede recuperar?, ¿Cómo contarles que no es posible la independencia y que todo se aplaza sine die?

Ese será el problema de los que han promovido todo ese movimiento, es un problema de ellos. Pero la recuperación de una parte de esa población es cuestión de que cambie la coyuntura. Sabemos que en Catalunya hay de modo persistente un 30% de la población más o menos que tiene el independentismo en la genética, que mantiene la voluntad de separarse de España. Lo que va del 30% al 50% es una masa fluctuante de gente que lo es o no lo es dependiendo de las ofertas. De esos dos millones de personas no creo que todos sean independentistas, hay personas que sería fácil llevarlas a opciones menos radicales, de búsqueda de nuevas formas de integración. Quizás los dos millones que votaron lo que querían era decidir y nonecesariamente la independencia. Eso que llaman “decidir” es una cosa un poco abstrusa.

El problema de fondo se mantendría a no ser que se aproveche la crisis para hacer una reforma de la Constitución y de más cosas que permitan que el Estado sea más atractivo.

Hay que buscar una solución que sea atractiva para al menos un 20% más de catalanes y poder tirar un poco de tiempo, una solución que sirva para otros 40 años. Tiene que ser una solución que les resulte atractiva a ellos y al resto de España, porque las comunidades autónomas tienen algo que decir en todo esto.

Entre lo mejorable está la separación de poderes, que no está clara o, por lo menos, sufre de una gran contaminación. Tampoco ayuda que un partido imputado por corrupción esté dando lecciones de legalidad.

Eso ya es pura política. La separación de poderes existe en España. No soy quién ni me meto en las cuestiones de la conducta de los partidos, pero la separación de poderes existe, está establecida en la Constitución, y el Poder Judicial es un poder independiente. Lo que ocurre es que en los periodos en los que los gobiernos tienen mayoría absoluta se difumina esa separación. El Parlamento no funciona con suficiente independencia, sino que depende de las iniciativas del Gobierno. La presunción de que el Gobierno interfiere en las decisiones de la justicia es una imputación exagerada, normalmente no ocurre. En España hay 5.000 jueces que tienen ideas políticas y votan a los diferentes partidos, a los que es muy difícil convencer de que fallen de un modo prevaricador para ayudar a una corriente política determinada. Y quien cree que los jueces, no sé, cualquier tribunal, pueden ser influenciados todos los días. No digo que en alguna ocasión en asuntos de extrema importancia política no se dejen influenciar por las presiones. Son seres humanos, pero, en general, quien esté en la práctica judicial de cada día, sabe de sobra que mientras más recomendaciones, peor.

En los casos del Govern preso y de los Jordis, la aplicación de delitos de rebelión y sedición puedan estar forzados políticamente. ¿Está justificada la prisión incondicional sin fianza?

Los jueces de instrucción españoles toman decisiones discutibles todos los días en materia de prisión provisional. Ocurre, claro, que los casos que resuelven no son tan llamativos como este sobre el que estamos hablando, pero el grado de libertad, de discrecionalidad que tienen los jueces para adoptar una u otra decisión es amplísimo. Son puntos de vista y la mayoría procura hacerlo del modo más objetivo. Me resulta llamativo que algunos jueces se hayan manifestado en los medios de comunicación contra la decisión de la jueza Lamela o incluso organizaciones de jueces que la han criticado no sepan que en esas cosas ellos mismos deciden todos los días con un margen de arbitrio amplísimo. Lo que más ha sorprendido es la diferencia de criterio entre el Supremo, que dio una semana más a la defensa, y la Audiencia Nacional, o la manera de aplicar la prisión. Si yo hubiese sido … a lo mejor tendría un criterio distinto del que ha tenido la señora jueza, y más próximo al del Tribunal Supremo. Me parece que podían adoptarse medidas adicionales menos gravosas que las que ha adoptado la jueza de la Audiencia Nacional, pero es cuestión de criterios. Los jueces están habituados a adoptar decisiones de prisión provisional todos los días, algunas de una duración desmesurada, y que no se critican cuando se trata de casos que a la ciudadanía le parece que son delitos horribles, poniendo en juego la presunción de inocencia por más que reproblable que sea el personaje.

Aparte del problema territorial ¿se puede decir que la corrupción es el mayor problema que tiene la democracia española?

Sí, sí, por lo menos uno de los mayores. La descentralización contribuye a que haya más salpicaduras de corrupción. Cuando son los gobiernos locales los que tienen que adoptar decisiones económicas importantes en materia de urbanismo es más fácil utilizar mecanismos de corrupción. Otras veces, la corrupción no consiste en quedarse con el dinero ajeno, consiste en adoptar decisiones y resoluciones que son injustas.