Archive for the ‘Religión’ Category

Sitios donde aún mandan los curas y no deberían

30 abril, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Raquel Ejerique, 17 de marzo de 2017.-

La vicepresidenta del Gobierno junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez
La vicepresidenta del Gobierno junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez

En España hay sitios donde todavía mandan los curas y no deberían. Por ejemplo, en los despachos del Ministerio de Educación. Presionaron para que Religión (católica) se metiera en cuña como asignatura que computa para nota y la Lomce de Wert abrazó fraternalmente al lobby de los obispos. Las reformas de Méndez de Vigo no contemplan ni de lejos quitarles este privilegio educativo.

La mayoría de los colegios concertados en España son católicos (6 de cada 10), así que las plazas subvencionadas con dinero público incluyen rezos y crucifijos en el lote. Esos alumnos de lo público serán educados en lo católico. 

Los curas (nunca las monjas) también deciden sobre las vacunas, la vida y la muerte en los comités bioéticos de los hospitales públicos en Madrid, gracias a una idea de Gallardón. Quizás los eligió por su conexión directa con el otro mundo o porque es el mismo exministro que quiso devolver el aborto al siglo pasado.

Además, la Conferencia Episcopal tiene muchos infiltrados en la cúpula. Como reciente exponente, el exministro de Interior Jorge Fernández Díaz, que de tanta fe se desparramó y acabó por tomar decisiones tan rídículas como darle una medalla al mérito policial a una virgen.

Quizás se lo sugirió al oído su ángel de la guardia Marcelo. O quizás quiso complacer sus intereses privados desde su puesto público. Ahora se ha llevado el caso al Supremo, a ver si entiende que la Virgen del Amor merece la medalla pública tanto como un policía muerto en acto de servicio.

Los obispos, los más radicales, salen con su filosofía de puño y candado a acuñar “imperio gay” o “ideología de género” y les ponemos un manto de flores y unos micros, y su mensaje vuela y se escucha allá donde jamás habría llegado. Aún influyen demasiado. 

La Iglesia manda de más hasta en el IRPF. Cada año, por el mes de mayo o junio, nos la topamos en la declaración de la renta. Gracias a la casilla recaudaron 249 millones el año pasado –y aún así les pagamos aparte los profesores de Religión y las capillas de cuarteles y hospitales–.

Hemos acordado con el Vaticano que les vamos a financiar, sí, pero además que estarán libres de pies y manos. El Gobierno les han eximido de rendir cuentas. En qué gastan ese dinero sigue siendo un misterio mariano.

Los privilegios de la Iglesia en España son tantos y tan variados que es difícil decir de carrerilla “estado aconfesional” sin sonreírse. Pero  la definición en la Constitución es tan abierta que permite primar a la Iglesia católica tanto como quieran los dirigentes del momento.

Ese desbordamiento de privilegios políticos y económicos, y no las misas de La 2, es el hueso que hay que morder. El grupo Unidos-Podemos ha apuntado a la liturgia dominical –con 300.000 espectadores de media cada domingo– como un escándalo que no lo es. Una televisión pública debe dar servicio a una ciudadanía diversa y plural, y eso incluye el servicio religioso matinal en la segunda cadena en un país donde el 68% se declara católico. A la audiencia me remito. La proposición ha sido efectista y ha puesto el debate en la mesa, pero ha cubierto con tinta de calamar a la madre del cordero.

17/03/2017 – 20:12h

Así gasta la Iglesia el dinero público recaudado por el IRPF libre de control fiscal

17 abril, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Parte de los 250 millones que recibe a través de la casilla de la X va a sueldos de curas y obispos, rehabilitar parroquias o pagar universidades privadas católicas

Jesús Bastante11/01/2017 – 20:45h

La vicepresidenta del Gobierno junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez
La vicepresidenta del Gobierno junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez / EFE

El Congreso exigirá al Tribunal de Cuentas la fiscalización del dinero que la Iglesia recibe a través del IRPF después de que el tribunal haya rechazado hacerlo con los votos de los representantes del PP. Han sido 251 millones en el último ejercicio, y cuyo reparto se decide, de manera unilateral, por los responsables de la Conferencia Episcopal. Lo que se sabe del reparto del IRPF es muy poco.

En la última Memoria Justificativa de Actividades presentada por la Conferencia Episcopal (CEE), el órgano de gobierno de la Iglesia española, se relata a grandes rasgos a qué destina ese dinero público, aunque dejando muchas lagunas y sin ninguna precisión. Estos millones que recibe a través de la Declaración de la Renta son una mínima parte de todos los que recibe procedentes de fondos públicos.

Salarios de curas

¿A qué se dedica el dinero del IRPF? Siempre según dicha memoria, a trece apartados, aunque el 81% de los recursos (199,7 millones de euros) se envían directamente a las diócesis “para la realización de sus actividades pastorales”. ¿Qué significa eso? Durante años, nada se ha explicado sobre esto, más allá de suponer que el grueso de esa cantidad iba a pagar el salario de los curas y obispos en nuestro país, ya que  las diócesis con más parroquias y sacerdotes son las que más dinero reciben. Lo cual supondría que, en la práctica, el Estado financia el sueldo del clero católico y su jerarquía.

¿Y cuánto cobra un cura en España? El sueldo medio de uno de los 19.000 sacerdotes españoles está en torno a los 900 euros al mes, en catorce mensualidades, mientras que el de un obispo asciende a unos 1.250 euros al mes. A ello hay que sumar los gastos comunes de las casas parroquiales o sedes episcopales –asumidas por la comunidad o la diócesis correspondiente– y lo recaudado como donativos o por el cobro de los “servicios pastorales” (bodas, comuniones, funerales, bautizos, etc..), que no se registran y, por lo tanto, no están sujetos a investigación alguna.

Para la CEE, en el reparto se tienen en cuenta “la extensión de la diócesis, el número de habitantes, el número de parroquias, el número de sacerdotes, seminarios y pastoral vocacional”. Lo que también deja claro la memoria es que, una vez hecho el reparto, cada diócesis “lo integra dentro de su reparto, atendiendo a las normas propias de organización económica”, sin más explicación.

Madrid es la diócesis más beneficiada, con más de 14 millones de euros, seguida por Valencia (8,7), Toledo (5,4) o Santiago de Compostela (5,2), mientas que el Arzobispado Castrense, con 129.000 euros, es el que menos recibe, aunque hay que añadir que, en este caso, el sueldo de sus sacerdotes es asumido por Defensa (los capellanes castrenses son personal militar a sueldo del Estado). Ibiza, Jaca, Menorca reciben menos de un millón de euros.

Seguridad Social, Cáritas, Universidades

El 19% restante de los recursos del IRPF (casi 52 millones), siempre según la Conferencia, se emplea en una docena de actividades. La más significativa es el “importe de las cotizaciones pagadas a la Seguridad Social por el conjunto de sacerdotes diocesanos”, que alcanzó los 16 millones de euros. Los sacerdotes españoles cotizan por el Salario Mínimo Interprofesional.

Aunque Cáritas y sus proyectos reciben otro tipo de financiación, tanto por la casilla de “otros fines” como por la financiación de sus actividades sociales y caritativas, una parte mínima del IRPF de la Iglesia católica, en concreto seis millones, también se dedica a “aportaciones extraordinarias” a las Cáritas diocesanas, en un gesto de la CEE durante la crisis que se ha mantenido.

También se incluiría en el IRPF una parte para la comunicación, en cuyo conglomerado está la televisión 13TV . Como dijo el responsable de las finanzas de la Conferencia:  “Con ese dinero las diócesis atienden todas las obligaciones de la Iglesia(…)  y algunas acciones pastorales estratégicas, desde una beatificación…, televisión o cualquier otro”. No especificó más. 

Bajo el epígrafe “Ayudas a distintos centros de formación”, la Iglesia dota 5,99 millones de euros, que se reparten a distintas facultades eclesiásticas, la Universidad Pontificia de Salamanca (propiedad de la Conferencia) y distintos colegios en Roma y Jerusalén.

Las “Campañas de Financiación de la Iglesia” superaron los 4,6 millones de euros, entre la campaña de la Asignación Tributaria (3,6) y el Día de la Iglesia Diocesana (1,02). La “Rehabilitación y construcción de templos” se lleva 4,58 millones de euros de la “X” de la Iglesia, mientras que “el funcionamiento de la estructura de la Conferencia Episcopal” suma otros 2,6 millones de euros.

El dinero de la Renta también se dedica, aunque en menor medida, a financiar “actividades pastorales en el extranjero” (1,27 millones de euros), y la Conferencia de Religiosos (Confer) apenas recibe un millón de euros, siempre según esta memoria.

Los últimos epígrafes se dedican a un mínimo fondo para “Insularidad”, que cobran las diócesis de Canarias, Tenerife, Mallorca, Menorca, Ibiza, Málaga (por Melilla) y Cádiz (por Ceuta), de medio millón de euros, y la “Aportación a instituciones de la Santa Sede, que no alcanza el medio millón de euros. Después del reparto, los obispos obtuvieron un superávit de 4,8 millones de euros, que se aplicaron al denominado “Fondo de Estabilización del Sistema”.

Otras vías de financiación

Los 251 millones recaudados por la Iglesia vía IRPF no son, ni mucho menos, todo el dinero que la institución recibe anualmente de fondos públicos. Un informe de la organización Europa Laica hizo una estimación que elevó esa cantidad hasta los 11.000 millones de euros en distintos conceptos, que van desde los conciertos a los colegios católicos a la financiación de centros sanitarios, sociales o militares gestionados por la Iglesia.

Ese cálculo incluye las exenciones fiscales como en el caso del IBI valoradas en 3.000 millones al año, 4.600 millones para pagar a los 16.000 profesores de Religión y los conciertos con los centros religiosos, 3.200 millones para dispensarios y centros para transeúntes, como hospitales y centros de salud dirigidos por órdenes religiosas, y otros 500 millones para la conservación del patrimonio artístico propiedad de la Iglesia, entre otros.

El IRPF es el 23% de lo que recauda

El dinero del IRPF solo supone el 23,5% del presupuesto de las diócesis españolas, según se afirma en la memoria, que coloca a las “aportaciones directas y voluntarias de los fieles” como su principal fuente de financiación, en torno a un 37% (unos 350 millones de euros que, recordemos, no se declaran al considerarse donativos). Otro 21% (240 millones) se engloba bajo el término “Otros ingresos corrientes”, que no se estipula, como tampoco el 11% (unos 110 millones de euros) que sale de “Ingresos por patrimonio y otras actividades”, otro 6% llamado “Ingresos extraordinarios” (que suele tratarse de herencias) y un 2% de “Necesidades de financiación” (tampoco explicitadas).

Santa indignación

16 abril, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

No basta pelear solo la Misa dominical en la televisión pública, hace falta que los políticos nos sustraigan definitivamente esa cruz aconfesional a la que nos ató la transición

15/03/2017 – 20:40h

Captura de la retransmisión de la misa en el programa 'El día del señor' / RTVE
Captura de la retransmisión de la misa en el programa ‘El día del señor’ / RTVE

Han sonado truenos de santa indignación ante la campaña de Podemos para que la televisión pública deje de emitir la Misa de los domingos. ¡Hasta borrachos de cerveza caliente les han llamado! Mientras haya venencias y fino frío…

Es mentar la bicha y caerte con toda la impedimenta. No falla. Sucede que Podemos se queda corto en este empeño si lo que pretende es sólo acabar con una de las muchas e inaceptables manifestaciones de la presencia indiscriminada de la Iglesia Católica en el ámbito de lo público. Eso más que una trama es una red de telarañas que, pareciendo transparente, cae sobre nosotros de una forma invisible y pegajosa que lo enrancia todo. No basta pelear un hecho aislado. Hace falta que los políticos nos sustraigan definitivamente esa cruz aconfesional a la que nos ató una transición temerosa de los militares pero también temerosa de Dios. Un Estado laico, ya. De todas las secuelas del franquismo, la del nacionalcatolicismo es probablemente la que colea con más desenfado en la España actual.

El PSOE siempre ha amagado y nunca se ha atrevido a denunciar el ominoso concordato con la Santa Sede. La última vez que lo sacó a escena fue en 2013. Nada. Necesitamos políticos que enarbolen la bandera de la sociedad laica que pretende que el respeto a la identidad religiosa no se convierta en una suerte de supremacía de un credo al que nos mantienen amarrados todavía.

Yo, lo confieso, soy profundamente anticlerical y no es esta sino una forma de respetar profundamente a los creyentes, a los que concedo un reconocimiento que no puedo tener para las estructuras jerárquicas de la Iglesia, que son las que quieren mantener a toda costa unos privilegios que no son admisibles ya.

Hablemos de las inmatriculaciones de bienes inmuebles que se vienen realizando a nombre de la Iglesia desde 1978 y, de manera exponencial, desde la reforma de la Ley Hipotecaria por Aznar. Este expolio no sólo debe parar sino que los bienes deben revertir al dominio público. Claro que si la Iglesia tuviera que pagar IBI, como todo hijo de vecino, quizá su fiebre inmobiliaria estuviera más atemperada. Ni de los casoplones en los que viven los príncipes de la Iglesia pagan impuestos.

Disponen de una casilla en la declaración de la renta –que por lo visto algunos asesores fiscales rellenan de oficio– y de las subvenciones que inyectan dinero público a colegios religiosos, incluidos aquellos que segregan por sexo y que imparten doctrina católica ultraortodoxa ajena incluso a la realidad constitucional. La religión católica cuenta como nota para las medias, los profesores de Religión que ellos eligen los pagamos todos y seguimos manteniendo capillas en universidades y hospitales públicos de toda la geografía.

¿Quieren más? La Fiscalía trabaja como mordaza de sus intereses iniciando procedimientos contra aquellos que consideran poco menos que blasfemos, siendo que la blasfemia ya no es delito en España. Diligencias a la drag queen canaria, proceso al artista Azcona, juicio por el padrenuestro feminista, juicio por la procesión del coño… Todo para acabar en nada pero consiguiendo estigmatizar y autocensurar las posturas cívicas contrarias a la preponderancia de la Iglesia Católica en nuestro espacio público.

Condecoraciones a vírgenes, crucifijos y símbolos religiosos en colegios electorales, crucifijos en el acto de toma de posesión de los cargos públicos y otras tantas señales de la pervivencia de un estado confesional que no tiene lugar. Puedo seguir dándoles ideas a los líderes de Podemos. El Ejército sigue acompañando a las procesiones “porque luce” y a Chacón le llovió encima la España eterna cuando intentó cambiar una situación que no es de recibo en una democracia como la nuestra. Sólo se consiguió que no se pagara con fondos públicos pero, a cambio, tenemos el hecho incuestionable de que en Semana Santa le alquilamos compañías de honores a las cofradías para que todo les quede más bonito. Hasta un barco de guerra prestamos para llevar legionarios al puerto de Málaga cada año. A esto hay que unirle el privilegio de los indultos que conservan algunas de estas organizaciones religiosas.

Y está bien indignarse por el autobús de los de HazteOir pero mejor está darse cuenta que ese mensaje no es distinto al que predican algunos de los obispos de este país. Saber que el propio Papa ha manifestado que “el adoctrinamiento de niños con la ideología de género es una maldad”. Fue en una rueda de prensa con periodistas en el avión vaticano que recogió Aciprensa, una agencia católica, para los que vayan a decirme que eso no es cierto. Así que los del bus no hacen sino seguir ese discurso y con gran éxito.

Si alguien se dio cuenta hace años que en los medios de comunicación estaba el futuro fue la Iglesia. ¿Por qué se creen que fundaron escuelas de periodismo? ¿Por qué Herrera Oria fundó la Asociación Católica de Propagandistas? Son dignos hijos y nosotros les hacemos el caldo. Por no hablar de las relaciones encontradas en sede judicial entre esta organización y una sociedad secreta católica denominada Yunque, cuya misión final es lograr implantar un régimen teocrático. Ayatolás de la cruz.

Y respecto a la misa dominical, lo cierto es que la Iglesia Católica tiene concedidas frecuencias del espectro radioeléctrico público para poder difundir su magisterio y su fe. Darle además espacio en la televisión pública es un privilegio añadido.

Así que respetando todas las creencias y el derecho a practicarlas, como recoge la Constitución y las declaraciones de Derechos Humanos, ¿para cuándo acabar con una situación que es una rémora innegable del franquismo? Si lo de Podemos es un principio para cambiar todo esto que sea bienvenido por todos aquellos que también ardemos de indignación laica.

La agonía del catolicismo

12 abril, 2017

Fuente: http://www.rafaelnarbona.es

Publicado el por Holmes

¿Se puede ser católico en el siglo XXI sin desafiar a la razón y agraviar a los que aún hoy sufren los prejuicios de la iglesia, particularmente los hombres y mujeres que reivindican su legítima autonomía para vivir libremente su sexualidad o afrontar experiencias tan decisivas como la maternidad o la muerte? Las reformas del papa Francisco no se han caracterizado por su radicalismo, pero incluso los más tímidos cambios han suscitado el rechazo de los obispos que añoran la santa intransigencia de otras épocas, cuando el altar y el trono mantenían una estrecha alianza para disfrutar de un poder absoluto. El espíritu regresivo de ciertos prelados y de algunos movimientos eclesiales está provocando que el catolicismo –particularmente en España− se reduzca a una numantina oposición al aborto, la eutanasia, la homosexualidad y el preservativo. Este mensaje sólo puede seducir a los sectores más intolerantes de la sociedad. No es extraño que algunos obispos confraternicen con la ultraderecha, recobrando de forma más o menos velada el discurso del nacionalcatolicismo. Todo esto explica que las parroquias cada vez disfruten de menor poder de convocatoria. Sólo hace falta asomarse a las misas que se celebran a diario para descubrir un menguante número de feligreses, limitándose a cumplir con unos ritos mecánicos y de dudoso valor espiritual.

¿Qué habría sucedido si los cambios impulsados por Juan XXIII hubieran fructificado y no hubiesen sufrido el boicot de Juan Pablo II, que combatió sin tregua a los teólogos reformistas −como Hans Küng,  Leonardo Boff o Jon Sobrino−, mientras proporcionaba toda clase de privilegios a las organizaciones integristas? ¿Qué habría pasado si el papa polaco no hubiera arrebatado al padre Pedro Arrupe el liderazgo de la Compañía de Jesús, que en el documento elaborado en 1975 tras la XXXII Congregación General advertía: «Es absolutamente impensable que la Compañía pueda promover eficazmente en todas partes la justicia y la dignidad humana si la mejor parte de su apostolado se identifica con los ricos y poderosos o se funda en la seguridad de la propiedad, de la ciencia o del poder»? En América Latina, los jesuitas que asumieron este planteamiento sufrieron las iras de las oligarquías. Los padres Rutilio Grande e Ignacio Ellacuría fueron asesinados por el ejército salvadoreño, acusados falsamente de colaborar con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI concedieron ninguna clase de reconocimiento a los dos jesuitas (ni a otros sacerdotes que corrieron la misma suerte), lo cual no impidió vertiginosas beatificaciones y canonizaciones de religiosos con una trayectoria mucho menos ejemplar, o incluso con preocupantes sombras.

En su semblanza sobre Juan XXIII, Hannah Arendt citaba la perplejidad de una humilde mujer romana, que le comentó mientras agonizaba el pontífice: «Señora, este papa era auténtico cristiano. ¿Cómo era posible tal cosa? ¿Cómo pudo ocurrir que un verdadero cristiano se sentara en la silla de san Pedro?» La pensadora judía señalaba en su retrato que todos los testimonios sobre Juan XXIII «muestran la completa independencia que proviene de un auténtico desprendimiento respecto de las cosas de este mundo, de esa espléndida libertad respecto al prejuicio y la conveniencia, que a menudo podía dar lugar a una agudeza casi voltairiana». Arendt añade que la Iglesia, desde la Contrarreforma, estaba más preocupada «por mantener la creencia en los dogmas que por la simplicidad de la fe, [por lo cual] no dejaba que a la carrera eclesiástica accedieran hombres que se tomasen al pie de la letra la invitación “Sígueme”» (Hombres en tiempos de oscuridad. Angelo Giuseppe Roncalli. Un cristiano en la silla de san Pedro, 1958-1963, trad. de Claudia Ferrari y Agustín Serrano de Haro, Barcelona, Gedisa, 2001). Juan XXIII, que sí tomó al pie de la letra la invitación evangélica, quiso actualizar el mensaje cristiano, abrirlo a la totalidad de los hombres y promover el compromiso por un mundo más equitativo, pero Juan Pablo II frenó esa tendencia, restableciendo la prioridad del dogma eclesial. El Jesús del catecismo no es el Cristo vivo. El «Cristo vivo –aclara Hans Küng en Ser cristiano (trad. de José María Bravo Navalpotro, Madrid, Trotta, 1986)− no invita a una adoración sin más ni a una unión mística. Tampoco invita a una copia servil, sino a una imitación práctica y personal». Y, ¿en qué consiste esa imitación práctica y personal? Según Küng, en «la identificación con los débiles, los enfermos, los pobres, los desheredados, los oprimidos y los moralmente fracasados; [en] el perdón sin límite, el servicio mutuo sin consideraciones jerárquicas, la renuncia sin contrapartida; [en] la supresión de fronteras entre compañeros y no compañeros, próximos y extraños, buenos y malos, en aras de un amor que no excluye ni siquiera al adversario y enemigo». Ese amor no es un vacuo y retórico sentimentalismo, sino «un estar alerta, con apertura y disponibilidad, en el marco de una actitud creadora, de una fantasía fecunda y de una acción que sabe amoldarse a cada caso y situación».

No debe confundirse el compromiso cristiano con la praxis revolucionaria de ninguna ideología, incluido el marxismo. La violencia sólo agrava los problemas, pues siempre produce una reacción que desemboca en una confrontación cada vez más cruel. Las revoluciones que se imponen con las armas siempre engendran nuevos cuadros de opresión. La historia nos proporciona infinidad de ejemplos. El totalitarismo puede ser de derechas o de izquierdas, pero sus diferencias ideológicas acaban difuminándose hasta converger en un despotismo brutal. Es perfectamente comprensible que los soviéticos aprovecharan los antiguos campos de concentración nazis para recluir a sus adversarios. La iglesia católica, heredera del antiguo Imperio Romano, ha caracterizado a Dios como un monarca absoluto, pero –como subraya Küng− el Dios cristiano «es el buen Dios […] que no pide, sino que da; que no humilla, sino que levanta; que no hiere, sino que cura». Entiendo que a Peter Watson le horrorice la perspectiva de un universo gobernado por un Dios omnipotente con el poder de salvar o condenar eternamente, pero no creo que ése sea el verdadero Dios cristiano. La teóloga Uta Ranke-Heinemann, excomulgada por el Vaticano en 1987 por cuestionar el nacimiento virginal de Jesús, especuló que tal vez el rasgo esencial del Dios cristiano no es la omnipotencia, sino la misericordia, quizás algo decepcionante para una Iglesia con prerrogativas de Estado. Desde mi punto de vista, la especulación sobre la existencia de Dios no es un anacronismo, sino una necesidad impuesta por carácter problemático de lo real. Los últimos interrogantes sobre la condición de posibilidad del ser plantean ineludibles dudas sobre el origen, la finalidad y el significado del cosmos. Sartre y Camus, enemistados en lo político, coinciden en lo metafísico, afirmando que un universo que fluye ciegamente y sin propósito no deja otras alternativas que la náusea y la angustia. Si el fondo último del ser es lo absurdo y la perfecta gratuidad, la conciencia está condenada a debatirse con la desesperación, cayendo en muchos casos en el nihilismo existencial. Puede celebrarse el instante, circunscribir la dicha al momento, afirmar un saber trágico que sólo reconoce «episódicos y radiantes brotes de gozo» (George Santayana), pero nada de eso podrá evitar la desolación y la impotencia que nos produce la muerte, especialmente cuando no es un pensamiento lejano, sino una pérdida y un vacío inminentes.

La fe es una opción, pero debe ser una opción adulta, meditada y abierta a la duda, pues, de lo contrario, se convierte en dogma o, lo que es peor, superstición. El hombre continuará interrogándose sobre su finitud y la posibilidad de lo infinito, pero el catolicismo dejará de proporcionar respuestas razonables si prosigue su deriva hacia el dogmatismo intransigente. La esperanza sembrada por el Concilio Vaticano II, incluso entre los escépticos y los no creyentes, se ha apagado o debilitado con los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, alejando de la iglesia católica a los espíritus más libres y críticos. No ha vuelto a surgir un teólogo de la altura de Karl Rahner, pero, en cambio, proliferan los fundamentalismos clericales. De hecho, un presbítero español de sotana y sombrero de teja escribe sin descanso manuales de exorcismos y demonología, imitando los «antiguos tratados escolásticos». El catolicismo agoniza y podría degenerar en simple secta. Suele ser la fase final de las tradiciones malogradas. El autobús naranja que ha circulado por Madrid estas últimas semanas con unas frases grotescas y ofensivas no es algo anecdótico, sino un preocupante síntoma de decadencia. El cristianismo es una buena nueva que convierte la desesperación en esperanza. El odio, en cambio, no produce nada, salvo desesperanza.

RAFAEL NARBONA

Publicado en Revista de Libros (10-03-2017). Del blog Viaje a Siracusa. Si quieres leer el enlace original, pincha aquí.