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Sobre la revolución en Venezuela

16 mayo, 2017

Fuente: http://www.blogs.publico.es

América Latina ha vivido importantes revoluciones sociales y políticas en las últimas décadas, y entre ellas se ha encontrado la más sonada: la de Venezuela. Aunque los procesos en Ecuador y Bolivia han sido interesantes, a mi juicio el proceso venezolano ha tenido mucha más importancia cuantitativa y cualitativa. En pocos años, el Gobierno de Chávez consiguió aprovechar la crisis política que atravesaba el país para darle la vuelta a la grave situación de desigualdad y pobreza que asolaba a la mayor parte de la población. La Revolución Bolivariana consiguió sacar de la pobreza a millones de personas que, por primera vez en la historia, podían alimentarse tres veces al día precisamente en un país donde el 1% más rico había dispuesto hasta entonces de la mayor parte de la riqueza y de la tierra así como de la totalidad del poder político, económico y social. El proceso venezolano, con Chávez a la cabeza, fue siempre muy singular tanto en sus aspectos culturales como en las innovaciones acometidas, y por ello resultó siempre extraño de entender para la izquierda occidental; víctima, claro está, del eurocentrismo y sus patrones culturales.

Sin embargo, la realidad es que Chávez logró convertirse en una referencia para millones de pobres que empezaban a vivir de nuevo gracias a la revolución bolivariana. Todo esto fue facilitado por la ayuda cubana en forma de misiones, por la construcción de tejido social autoorganizado en los barrios más populares y, claro está, por la propiedad pública del sector petrolero que proporcionaba los ingresos necesarios para acometer las reformas sociales.

Naturalmente tocar la propiedad privada de los grandes medios de producción, hasta entonces en escasas manos y con altos niveles de corrupción, supuso la inmediata reacción de la derecha oligárquica. Una derecha que no opera tampoco al estilo democrático-europeo sino que está acostumbrada a dominar militarmente. Una derecha educada, por decirlo así, al calor de los innumerables golpes de Estado que durante décadas frenaron o neutralizaron las revoluciones sociales en América Latina. Golpes siempre auspiciados o financiados por los servicios de inteligencia estadounidenses, como es el caso paradigmático de Chile en 1973. Una derecha, en suma, que no iba a dejar que le arrebataran el poder y los privilegios fácilmente.

En la mejor tradición, Marx ya había anticipado que las democracias burguesas son meras ilusiones y que cuando los socialistas –o cualquier movimiento enfrentado al poder económico- ganan las mayorías parlamentarias entonces es de esperar una reacción militar. De eso en España sabemos suficiente tras el episodio de 1936. La diferencia notable en el caso de Venezuela con esa advertencia del gran clásico fue que Chávez tenía a su lado el ejército, leal por ello a la nueva constitución venezolana. Aun así, en el año 2002 hubo un intento de golpe de estado que llegó a secuestrar al presidente y a recibir importantes apoyos internacionales, entre ellos el de José María Aznar (entonces presidente de España). Afortunadamente, la gente salió a la calle en multitudes y pudo revertir el Golpe. Y Chávez siguió ganando elecciones hasta su muerte, incluyendo un revocatorio en 2004 (un mecanismo para expulsar al Presidente; un mecanismo de la tradición republicana radical que no existe ni por asomo en las democracias occidentales, entre ellas la nuestra).

La derecha, torpe en su fragmentación pero dolida por los éxitos incuestionables del proceso bolivariano, ha intentado boicotear continuamente la revolución. Y lo ha hecho cada vez de forma más inteligente, asesorada por los conglomerados empresariales europeos y americanos, entre ellos una gran red empresarial española de la que el ciudadano Juan Carlos de Borbón fue representante máximo. Baste decir que los grandes empresarios de distribución se han coordinado en no pocas ocasiones para provocar episodios de escasez que enfurecieran a las masas. Al mismo tiempo, en una paradoja bastante común en la historia el proceso bolivariano iba constituyendo nuevas clases sociales que venían de la desposesión más absoluta pero que ahora se acostumbraban a cierto tipo de consumo; y estas clases fueron alejándose progresivamente del proceso bolivariano. El Gobierno, tras más de trece años, enfrentaba importantes problemas para seguir gobernando. A eso habría que unir la crisis financiera internacional y, particularmente, la caída en los precios del petróleo (principal fuente de ingresos que sostiene las políticas sociales). Finalmente, por añadir algunos elementos más, la corrupción y la ineficiencia del sector público ahondaban las grietas de la Revolución.

Al proceso revolucionario se le pueden, y se le deben, hacer muchas críticas. Pero yo sólo admito las críticas desde la izquierda, es decir, desde la lealtad a la revolución y con objeto de consolidarla y no derrumbarla. Me parece necesario plantear que el mayor error de la revolución ha sido no aprovechar los ingresos petroleros para industrializar y diversificar la estructura productiva, habiendo sido más ambiciosos frente a los grandes capitales y la oligarquía venezolana. Así lo han planteado muchos partidos aliados del PSUV, partido de Gobierno, y personalidades referenciadas claramente al chavismo.Es cierto que el clima de agresión permanente a los procesos latinoamericanos se ha acentuado. El Golpe de Estado en Honduras en 2009 fue el precursor de una nueva etapa de maniobras imperialistas en América Latina. Le siguieron los ataques sistemáticos a los gobiernos del ALBA y también del MERCOSUR, que concluyeron con la derrota del kirchsnerismo en Argentina y el golpe de Estado silencioso de 2016 en Brasil. Ecuador se juega este domingo la continuidad del proceso encabezado por Rafael Correa y Bolivia se mantiene a duras penas en un escenario de cada vez mayor abandono. Sin lugar a dudas, Venezuela es la pieza más importante a cobrarse por la oligarquía latinoamericana (que, insistimos, se apoya en la red empresarial y de comunicación también de Occidente; partidarios de una América Latina oligárquica y facilitadora de la extracción de rentas hacia Europa y América del Norte). De ahí la sobreactuación de los poderes políticos europeos, entre ellos de PP, PSOE y CS, en relación a la justa y razonable detención y encarcelamiento del golpista Leopoldo López.

En este contexto, complejo pero nítido, es en el que debemos valorar los recientes acontecimientos. El Gobierno de Venezuela está tomando decisiones, a mi juicio, demasiado precipitadas y poco meditadas frente a esta creciente agresión. En diciembre llegó a suprimir la validez de los billetes de 100 bolívares en una medida improvisada que provocó colas, desabastecimiento y mucha frustración entre la población. 72 horas más tarde tuvo que rectificar. Pero es un ejemplo, reciente, del grado de falta de estrategia que está manteniendo el Gobierno. El último acontecimiento, en relación a la suspensión de las atribuciones de la Asamblea, puede leerse en la misma clave. Ha sido una acción legal y constitucional y desde luego en ningún caso un Golpe de Estado como repiten los voceros de la derecha oligárquica, pero al mismo tiempo ha sido un error que ha dado facilidades a esa misma oligarquía. De ahí que yo dijera, ayer mismo, que me parecía una mala noticia y que lo que había que hacer era llamar al diálogo y a la calma (especialmente porque, por primera vez en décadas, la derecha ganó las elecciones parlamentarias y puso en aprietos a la revolución bolivariana). La fiscal general, de trayectoria chavista, así como cuatro exministros de Chávez han dicho exactamente lo mismo que yo había planteado; naturalmente de forma independiente. Y su opinión parece haber influido en el Gobierno de Venezuela, pues el presidente Maduro ya ha pedido al tribunal que rectifique esa decisión y ha llamado de nuevo al diálogo. Ojalá la situación se reconduzca y podamos salvaguardar la revolución de la oligarquía latinoamericana, europea y americana.

Quisiera añadir una cosa más, dirigido especialmente a la militancia de izquierdas en Europa. Ante cualquier proceso de estas características conviene estar absolutamente informado, combatiendo la desinformación que los principales medios de comunicación lanzan de forma interesada acerca de lo que sucede en Venezuela. Pero nuestra crítica ha de darse, y a mi juicio siempre fundamentada, rigurosa y leal. Muchos de los que llevamos años defendiendo a Venezuela públicamente, mientras la izquierda progresista calla o se suma al “sentido común” de la oligarquía, tenemos también la necesidad moral y política de subrayar los errores del proceso bolivariano. No se puede corregir lo que no se ve. Además, puede que uno quede regular cuando defiende incondicionalmente algunas medidas que los propios artífices acaban rectificando.

Al fin y al cabo, el socialismo no se construye desde la fe, sino desde el pensamiento y la acción crítica. Incluso aunque Venezuela fuera la nueva URSS, cosa que no hace falta ni discutir, la fe ciega en cualquier proceso es el mejor arma para la oligarquía que pretende destruirlos, y al mismo tiempo también la peor ayuda para construir aquí una izquierda socialista seria. Los que quieran rezar al mesías están en su derecho, pero algunos no creemos ni en dioses, ni en reyes ni en tribunos, y mucho menos en supremos salvadores.

Querida Audrey Hepburn

28 marzo, 2017

Fuente: http://www.rafaelnarbona.es

Publicado el por Holmes

Audrey Hepburn (Bruselas, Bélgica; 4 de mayo de 1929-Tolochenaz, Suiza; 20 de enero de 1993

¿Es posible enamorarse de un muerto? En Jennie (William Dieterle, 1948), Eben Adams, un pintor que lucha infructuosamente con la inspiración, incapaz de hallar su estilo y plasmar una obra a la altura de su ambición, se enamora de Jennie, una misteriosa mujer (Jennifer Jones) que se le aparece en Central Park, primero como una niña y, más tarde, como una bellísima mujer. Ignora que murió hace años, pero cuando lo descubre, lejos de resignarse, se enfrenta con el tiempo, intentando arrebatarle a la mujer que ama. La dolorosa e insalvable separación constituirá el tributo exigido por el arte para dispensar su gracia. En Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958), John «Scottie» Ferguson (James Stewart), un policía con acrofobia, experimenta una pasión incontrolable por Madeleine (Kim Novak), una melancólica y seductora mujer que aparentemente se suicida, arrojándose desde lo alto de un campanario. Su trágica muerte no apaga su amor, que se rebela contra la realidad, orquestando un simulacro de resurrección. De nuevo, triunfa la fatalidad. El policía superará su acrofobia −probablemente, una metáfora de una innombrable impotencia sexual−, pero a costa de sacrificar al ser amado. Ambos personajes reflejan un fenómeno relativamente común, pues, ¿quién no se ha enamorado de una actriz o un actor, sabiendo que su pasión insensata jamás se consumará?

De joven, yo amé temerariamente a Marilyn Monroe, exponiéndome a la ira de los tétricos sacerdotes que se ocupaban de mi educación. Su desmesurado e irracional sentido del pecado les impidió apreciar la belleza de la Monroe, posando desnuda sobre un paño rojo de aspecto cardenalicio. Yo cometí la imprudencia de pegar la famosa fotografía en el centro del collage que iluminaba mi triste clasificador de apuntes. Cuando un cura vasco y rabiosamente nacionalista descubrió la imagen, montó en cólera y me prohibió volver al colegio con la carpeta, pero la adolescencia suele mostrarse intolerante con la intolerancia. Por eso, al día siguiente aparecí con Marilyn bajo el brazo, sonriente y desafiante, lo cual me costó tres días de expulsión, que yo aproveché para releer una biografía de la actriz, donde narraba su infelicidad y su sentimiento crónico de vacío, fruto de una infancia con una madre ausente y un padre desconocido. A pesar de que escogí una fotografía de encendido erotismo, no percibía a Marilyn como un mito sexual, sino como una mujer triste, vulnerable e inadaptada. Elegí esa foto porque contrastaba con la infame educación sexual que nos impartía un sacerdote embarcado en una ardiente cruzada contra el onanismo. Para las paredes de mi cuarto, prefería otras imágenes de Marilyn, donde se apreciaba su melancolía y su carácter soñador. En esas fechas, no era capaz de apreciar el dulce encanto de Audrey Hepburn, otra mujer con tendencia a la tristeza y a la ensoñación.

Hija de un banquero inglés y una baronesa holandesa, con dos hijos de un matrimonio anterior, Audrey Kathleen Ruston nació en Ixelles, un municipio de Bruselas, en 1929. Pasó su niñez entre Bélgica, Reino Unido y Holanda, acudiendo a los mejores colegios. Cuando sus padres se divorciaron, Audrey y su madre se instalaron en Arnhem, pensando que los nazis no invadirían los Países Bajos. Sus expectativas no se cumplieron y Audrey sufrió los estragos de la guerra. Un tío y un primo de su madre fueron fusilados por combatir con la Resistencia. Uno de sus hermanastros acabó en un campo de concentración y, después del desembarco de Normandía, los alemanes confiscaron en la región alimentos y gasolina, sometiendo a la población civil a unas durísimas condiciones de vida. El bombardeo aliado sobre Arnhem durante la desastrosa operación Market Garden dejó la ciudad en ruinas. Muchas personas murieron de hambre y frío. Audrey sufrió anemia y problemas respiratorios. La desnutrición dejó una huella perdurable en su constitución, que más tarde se agravó con una anorexia nerviosa. Años después, evocó una de sus experiencias más sobrecogedoras: «Recuerdo estar en la estación de tren contemplando cómo se llevaban a los judíos, y recuerdo en particular a un niño con sus padres, muy pálido, muy rubio, enfundado en un abrigo que le quedaba muy grande, desapareciendo en un vagón. Yo era una niña observando a un niño». Es comprensible que Audrey se negara a interpretar el papel de Anna Frank, pues la peripecia de la niña judía deportada a Auschwitz le resultaba demasiado cercana e intolerablemente dolorosa. Anna tenía exactamente su edad. Las dos habían cumplido diez años al empezar la guerra y quince cuando finalizó. En 1947, Audrey leyó el Diario de Anna y le afectó terriblemente, pues le hizo revivir el brutal comportamiento de los invasores, que fusilaban en público a rehenes y opositores, dejando sus cadáveres expuestos en la calle. A pesar de todo, Audrey dedicó esos años a estudiar ballet clásico y piano, recaudando fondos de forma clandestina para la Resistencia. No ha podido comprobarse este dato, pero sí sabe que sus padres simpatizaban con los nazis. Durante el áspero invierno de 1944, Audrey combatía la ansiedad dibujando, pero nada podía aplacar una tristeza que ya no se separaría de ella. La guerra y la indiferencia de su padre, que nunca mostró demasiado interés por su hija, se conjuntaron para forjar un carácter depresivo: «Me convertí en una criatura melancólica, reservada y callada. Me gustaba mucho estar sola». Sus amigos solían describirla como una mujer hermosa, triste y romántica. El agente Henry Rogers, con el que mantuvo una larga amistad, declaró: «Raras veces la vi feliz». Audrey celebró la liberación de Arnhem devorando una lata de leche condensada, sin sospechar que el exceso de azúcar le costaría un cuadro de hiperglucemia.

Durante la posguerra, Audrey se trasladó a Ámsterdam y, algo más tarde, a Londres. Comenzó con pequeños papeles, donde destacó por su elegancia y espontaneidad. En 1953, William Wyler le hizo una prueba para el papel de princesa en Vacaciones en Roma y quedó deslumbrado: «Es absolutamente encantadora. Tiene talento, ingenio, belleza, inocencia. Es perfecta». Audrey sedujo al público en Vacaciones en Roma, mostrando que no era una actriz más, sino un mito destinado a simbolizar el poder de seducción del cine clásico. Es imposible –creo− no enamorarse de Audrey, disfrutando de su interpretación. Su escrupuloso sentido de la etiqueta se convierte en vulnerabilidad cuando aparece en camisón, lamentando no poder bailar en una barcaza que flota a orillas del Tíber. Ya habíamos intuido que su papel como heredera del trono de un pequeño e incierto país centroeuropeo –el guion omite el nombre−, le sobrepasaba, pues en una interminable recepción se liberaba de un zapato para poder frotarse un pie y aliviar el cansancio, provocando una situación embarazosa que se resolvía en el último momento. Sometida a la supervisión permanente de una repelente condesa y un anciano general, una crisis nerviosa le brinda la oportunidad de escapar de palacio y deambular por Roma. El azar quiere que el periodista norteamericano Joe Bradley (Gregory Peck) ejerza de guía durante su breve escapada, que acabará transformándose en un emotivo y divertido tránsito de la adolescencia a la madurez. Audrey seduce y conmueve cuando se monta por primera vez en un taxi, sustituye el camisón por un pijama, contempla Roma desde la terraza de una buhardilla de la pintoresca Via Margutta, pasea por un mercado, se corta el pelo cerca de la Fontana de Trevi y se come un helado en las escaleras de la Plaza de España. La escena en que Joe finge que la Boca de la Verdad –la célebre máscara de mármol pavonazzetto situada en la pared del pronaos de Santa Maria in Cosmedin−  ha engullido su mano y Ana grita horrorizada, se rodó con una sola toma. La ocurrencia fue de Gregory Peck y William Wyler consideró que no advertir a Audrey constituía una buena oportunidad de filmar una reacción auténtica. Audrey chilló espontáneamente hasta que descubrió el ardid y se echó a reír, con una deliciosa naturalidad.

Sin duda el momento más divertido de la película se produce cuando la princesa Ana se pone al mando de una Vespa, con Joe a sus espaldas, y causa mil tropelías por el centro de Roma. Cuando los damnificados acuden a prestar declaración en comisaría, ninguno le guarda rencor. ¿Cómo enfadarse con una muchacha que desprende frescura, alegría e inocencia? Audrey resulta muy convincente en todas las escenas. En el Café Rocca de la Via della Rotonda (hoy convertido en tienda de moda), se fuma su primer cigarrillo. Parece que es cierto, que es su primer contacto con el tabaco, pero en realidad Audrey era una fumadora empedernida habituada a tres paquetes diarios. También cuando besa a Joe –ambos empapados tras un inesperado chapuzón en el Tíber− parece que se trata de su primer beso y que está enamorada como una jovencita sin experiencia sentimental. Audrey es encantadora hasta cuando rompe una guitarra en la cabeza de un agente secreto de su país, que intenta devolverla discretamente a palacio. Aunque Vacaciones en Roma es una película luminosa, vital y optimista, la princesa Ana es un personaje solitario que vive atrapado entre el protocolo y las obligaciones de Estado. Cuando se despide de Joe, sus ojos desprenden esa tristeza que siempre acompañaba a Audrey.

En Sabrina (Billy Wilder, 1954), Audrey Hepburn brillaba otra vez en un nuevo cuento de hadas, encarnando a la hija de un chófer, locamente enamorada de David (William Holden), el hijo tarambana de una rica e influyente familia. Con ropa diseñada por Hubert de Givenchy, Sabrina transitaba de la sencillez de una muchacha humilde a la sofisticación de una jovencita con un irresistible poder de seducción. La presencia de Humphrey Bogart mostraba que no era una boba fatalmente atraída por un apuesto galán, sino una mujer que sabía apreciar la inteligencia y la creatividad. En el papel de Linus, el hermano mayor de la elitista familia Larrabee, Bogart inspiraba la ternura de un perro abandonado, con los ojos inundados de pena y desamparo. Audrey es una soñadora que fantasea con atrapar la luna, pero tras su paso por París, donde se transforma interior y externamente, descubre que es al revés, que la luna intenta atraparla a ella, pero al final preferirá quedarse a ras de tierra, doblando el ala del sombrero de Linus para que no parezca un enterrador y abrazándolo tiernamente en la cubierta de un barco, sin preocuparle la diferencia de edad que se interpone entre ellos.

Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961) nunca se ha encontrado entre mis películas favoritas. No sé quién escogió a George Peppard, un actor tedioso e inexpresivo que resulta inverosímil como escritor frustrado, y el guion no puede ser más desafortunado, pues no refleja ni de lejos la atmósfera del extraordinario relato de Truman Capote. Eso sí, Audrey volvió a deslumbrar con su vestido de Givenchy y sus gafas de sol Goldsmith. En Charada (Stanley Donen, 1963), un guión chispeante, la seducción perenne de Cary Grant, levemente diluida por la sombra de una horrible sospecha, una impecable colección de modelos de Givenchy y un director que rendía homenaje al genio de Hitchcock, imitando ese toque personal gracias al cual el suspense adquiere inflexiones particularmente excitantes, acompañaban a una Audrey frágil, pero con un gran instinto de supervivencia, que sufría engaños sucesivos, generalizando su desconfianza hacia todo. Angustiada por el temor de que la mentira contamine todos los aspectos de la existencia, Regina Lampert, su personaje, parecía un guiñol manipulado por un perverso titiritero.

No todo es glamour en la carrera cinematográfica de Audrey Hepburn. En La calumnia (William Wyler, 1961), Audrey se atreve con el tabú de la homosexualidad, con un guión de John Michael Hayes (La ventana indiscreta, Atrapa a un ladrón, El hombre que sabía demasiado). La película pasó inadvertida en una época lastrada por el puritanismo. En Dos en la carretera (Stanley Donen, 1967), Audrey recreó los sinsabores de un matrimonio plagado de encuentros y desencuentros. La película rebosa pesimismo y tristeza, sin hacer concesiones al sentimentalismo. En Robin y Marian (Richard Lester, 1976), Audrey ama hasta la desesperación. Un viejo Robin Hood (Sean Connery) agoniza a su lado, intentando comprender su trágica decisión de ingerir veneno y suministrarle una dosis sin su conocimiento. «¿Por qué?», pregunta, con el rostro fatigado. «Porque te amo –contesta Marian, apoyando la cabeza en la pared−. Te amo más que a todo. Más que a los niños. Más que a los campos que planté con mis manos. Más que a la plegaria de la mañana o a la paz. Más que a nuestros alimentos. Te amo más que al amor o a la alegría o a la vida entera. Te amo más que a Dios».

Audrey se despidió del cine interpretando a un ángel en Always (Steven Spielberg, 1989). Su vida se extinguió en 1993 por culpa del cáncer. No era joven, pero su muerte fue indudablemente injusta y prematura. Aunque en los últimos veinte años sólo había realizado cuatro películas, su desaparición produjo una honda sensación de vacío. Por esas fechas, yo aún suspiraba por Marilyn Monroe, pero ahora me siento más cerca de Audrey Hepburn, quizá porque el sufrimiento de Norma Jeane me resulta aterrador. Audrey nunca cortejó al suicidio. Su dolor fluyó suavemente, sin desencadenar cataclismos. Enamorarse de una persona ausente −¿puede decirse que Audrey ha muerto realmente?− proporciona una libertad ilimitada. Sé que no he citado películas memorables −como Guerra y paz (King Vidor, 1956), Una cara con ángel (Stanley Donen, 1957), Historia de una monja (Fred Zinnemann, 1959), Los que no perdonan (John Huston, 1960), My Fair Lady (George Cukor, 1964), Cómo robar un millón y… (William Wyler, 1966) o Sola en la oscuridad (Terence Young, 1967)−, pero los afectos no pretenden ser exhaustivos, ni objetivos. Jennie y Madeleine se desvanecen sin remedio, pero Audrey goza de una ubicuidad a veces agotadora. Quizás eso fue lo que me hizo no prestarle demasiada atención en el pasado. Es cierto que Marilyn disfruta del mismo privilegio, pero su trágica muerte preserva su autenticidad. Para los más jóvenes, Audrey tal vez sólo es un rostro en un bolso, pero los que crecimos con el cine clásico estadounidense –odiosamente maltratado por la censura franquista, que hizo eliminar hasta una escena de Sonrisas y lágrimas (Robert Wise, 1965)− sabemos que es mucho más que eso. Audrey es la princesa que soñó con una vida diferente, la hija de un chófer que no se resignó a ser una criada, la joven maestra que despierta una pasión prohibida en su mejor amiga, la mujer que aún nos hace fantasear con unos años dorados, donde la delicadeza y la belleza incendiaban la pantalla, creando una realidad alternativa y con la perfección de una esfera. La eternidad –me temo− no es el paraíso que profetizan distintas religiones, sino Audrey Hepburn saludando al Sena con los brazos extendidos.

Historia, tradición, memoria

28 febrero, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

Tribuna: El recuerdo de José Antonio Maravall

Carmen Iglesias, 19 de diciembre de 2006.

“Viviremos con mayor negligencia, hurtados a la querida autoridad de su mirada”, decía Plinio el joven en la oración fúnebre dedicada a su tío, el gran naturalista y sabio Plinio, víctima de la gran erupción del Vesubio del 79. Es un sentimiento que algunos hemos sentido intensamente ante la desaparición de contados maestros muy queridos. José Antonio Maravall Casesnoves ha sido uno de ellos. Hoy se cumplen 20 años de su fallecimiento y el mejor homenaje que se le puede hacer es recordar una vez más su rico legado historiográfico, del que se siguen publicando nuevas ediciones de sus obras tanto en España como en otros países europeos y americanos.

De ese riquísimo legado que escapa brillantemente, como es sabido, a los límites del especialismo y que abarcó amplios períodos de la historia de España, en cuya investigación supo aunar el detalle singular histórico, y siempre documentado rigurosamente, con un contexto europeo, podríamos preguntarnos qué temas actuales le interesarían más desde el punto de vista historiográfico en estos 20 años transcurridos en su ausencia. Pienso que, entre muchos otros -pues su curiosidad científica y humana era inagotable-, hay tres asuntos que inciden en lo que fue siempre para él preocupación constante en su quehacer historiográfico y que aparecen una y otra vez tanto en sus escritos sobre la España medieval como en la renacentista, en la barroca o en la ilustrada y, desde luego, en la contemporánea. Uno fue la insistente inserción de la historia de España dentro de la historia de Europa y homologable a la de cualquier otro país europeo; con sus caracteres particulares, pero fuera de todo excepcionalismo o diferencialismo narcisista. Junto con Caro Baroja, fueron dos principales y autorizadas voces combativas contra todo esencialismo hispano y contra el mito de los caracteres nacionales. Una segunda obsesión historiográfica fue siempre la articulación entre el sentimiento de unidad y la diferenciación de los distintos territorios de España en la formación y consolidación del Estado nacional. Como tercera preocupación, la necesidad de conocer y estudiar la historia de cada época, con los instrumentos historiográficos más depurados y distanciados posibles, frente a los estereotipos de la tradición y frente a los tópicos maniqueos que dividen la historia en “buenos y malos” y, erigidos en “jueces historiográficos”, condenan y absuelven a su gusto, utilizando la historia como arma política, como “un ladrillo que arrojar a la cabeza del contrario”.

En la España actual, los avatares de la Unión Europea, las crecientes competencias autonómicas que en ciertos casos plantean serios problemas de funcionamiento y lindan con el nacionalismo separatista y, por último, la discusión sobre la llamada ley de “memoria histórica” con su guerra de esquelas y el resurgimiento de reivindicaciones fratricidas, creo que hubieran ocupado -y preocupado- toda la atención de nuestro gran historiador.

El europeísmo de Maravall se basaba en una doble vertiente, especialmente destacada en su momento por el padre Batllori, que aunaba el interés por específicos problemas europeos y su organización supranacional con la citada insistencia en considerar siempre la historia de España inserta en la historia y en la vida de Europa, su obsesión por salir de cualquier ensimismamiento historiográfico de la “España diferente” como tópico que seguía enlazado con el nacionalismo histórico del siglo XIX y también con una corriente regeneracionista que admiraba a Europa pero que creía en caracteres esencialistas hispanos. Sin Europa no es concebible una libertad efectiva: “La libertad”, escribía ya en 1965, “es un modo de vida del europeo de hoy, radicalmente diferenciado de cuanto antes ha sido, un modo nuevo como resultado difícil de la tensión política y económica supranacional de nuestros días. Y ni que decir tiene que el que no participe en ese plan se queda sin Europa y sin libertad”. El desafío actual de una Europa inserta en un mundo globalizado que tantea las posibilidades de funcionar con cierta unidad económica y política y que, sin embargo, sigue al tiempo desunida en cuestiones decisivas para el futuro, entraría de lleno en la compleja reflexión histórica de lo que ha sido la formación de la cultura y civilización europeas. Y desde luego -ahora y para nosotros, como historiadores y ciudadanos, y en la estela de una de las direcciones del pensamiento maravalliano-, debería estar alejado de todo casticismo nacionalista, deudor de una tradición romántica que, si fue un lastre a escala nacional, sigue siéndolo en los nacionalismos periféricos y en las diferenciaciones narcisistas e interesadas para la afirmación de grupos políticos que crean sus propias clientelas y divisiones partidarias. “La historia es precisamente lo contrario de la tradición”, repitió nuestro historiador en varias ocasiones, y creer que existe en determinados pueblos o grupos humanos una esencia inmóvil que permanece por encima y por debajo de los acontecimientos históricos y evoluciones complejas, no como sedimento de la historia y de la acción de los seres humanos concretos, sino como caracteres fijos, no es más que uno de esos estereotipos rentables que hay que desmontar dondequiera que se reproduzcan. Y se reproducen desde luego con facilidad: por la propia inercia y pereza natural, por la seguridad que da el calor del grupo o de la tribu que descarga de responsabilidad individual a sus miembros, por el beneficio que a corto plazo procura a sus promotores y seguidores.

“En España -explicaba Maravall- es absolutamente imprescindible afirmar el pluralismo y la entidad propia de los grupos que por razones de múltiple naturaleza lo han constituido, pero no menos es necesario afirmar lo contrario, porque no serían lo que han sido ni se hubieran desarrollado como se han desarrollado si no hubiera sido por la combinación de los dos aspectos”. Maravall investigó rigurosamente “tanto en fuentes del lado castellano-leonés como en fuentes del lado catalán-aragonés” para desmontar uno de los estereotipos, “común en 1950”, que partía de que España no había sido durante siglos más que “una mera referencia geográfica”. “Y eso carece de sentido (…). Hay textos inequívocos que hablan de los de fuera, en el sentido de los de más allá del grupo de dentro, de modo que la historia de España está establecida en tres planos: los de fuera, los del grupo de los de España y el grupo particular al que se pertenece. Y eliminar cualquiera de esas tres dimensiones es falsear la historia de España”. Expresiones tan fuertes -proseguía- como la de Ramón Muntaner afirmando que “todos estos reyes -medievales- son una carne y una sangre, si se juntaran podrían contra todo otro Poder del mundo” no se hacen sobre un simple risco geográfico. Y buena parte de su inmenso trabajo sobre la formación del Estado nacional a través de los siglos, del carácter “protonacional” que aparece tempranamente y sobre el complejo desarrollo de lo que fue la monarquía hispánica y las múltiples corrientes reformistas que recorren el barroco y la ilustración, inciden en mostrar y explicar lo que fue una historia común, no exenta de tensiones y enfrentamientos, pero que abarca conjuntamente los distintos territorios de la historia española.

La constante preocupación de Maravall por una historia plural y rigurosa, por la historia comparada, por las evoluciones metodológicas en historiografía que permitieran una aproximación veraz al pasado, estarían desde luego, a mi parecer, muy lejos de las tristes polémicas sobre una ley de memoria histórica o sobre la “guerra de esquelas”. La historia es cosa muy distinta de la memoria, igual que lo era de la tradición. Como escribió en una de sus últimas monografías -precisamente sobre la concepción de la historia en Altamira-, toda la moderna historiografía ha luchado para “desalojar al juez historiográfico, esos jueces suplentes del Valle de Josapaht”, como los llamara Lucien Febvre, quien afirmaba que el historiador como tal “no era ni siquiera un juez de instrucción”. El historiador como tal no está en contra de tal o cual cosa, de tal o cual período histórico; como ciudadano claro que elige y se compromete, pero como científico social expone. Maravall comentaba gustoso una expresiva conversación con el duque de Maura, por el año 1945, cuyo libro sobre Carlos II estimaba como lo mejor en historia política que se había hecho: “Yo había publicado mi libro sobre el pensamiento político en el XVII español y Maura me comentó: ‘La diferencia entre nosotros y ustedes está en que nosotros, cuando hacíamos un libro de Historia, lo entendíamos como un ladrillo para arrojar a la cabeza del contrario y ustedes hacen libros para dar a entender el tema y dejan a los lectores que se peleen si quieren”. Frases -comentaba Maravall- llenas de humor y generosidad, que hoy en día, añadiría yo, con la nefasta intervención de los políticos y de la política en el juicio de la historia y en la distribución de bondades y maldades de forma maniquea, están lejos de ser realidad. La historia como piedra para arrojar al contrario no es la de los verdaderos historiadores.

Carmen Iglesias es catedrática de Historia de las Ideas y académica de la Española y de la Historia.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de diciembre de 2006

Prepárate para odiar a los estibadores

11 febrero, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Cada vez que un colectivo “privilegiado” pierde derechos, el efecto mariposa laboral nos acaba golpeando a todos

09/02/2017 – 20:52h

La patronal de estiba apoya a Fomento y apela a la

Hacía ya tiempo que no teníamos un colectivo de trabajadores al que odiar con todas nuestras fuerzas y poder gritarles “¡privilegiados!”. Hemos odiado a funcionarios (¡parásitos!), mineros (¡subvencionados!), profesores (¡vagos, todo el día de vacaciones!), y por supuesto a los más odiables de entre los odiosos: los controladores aéreos, que tan buenos ratitos de odio nos dieron un verano.

Pero estamos de enhorabuena, porque en los próximos días nos van a echar un nuevo hueso: los estibadores de puerto. No sabíamos nada de ellos hasta ahora, solo que son los que cargan y descargan barcos; pero resulta que también son unos privilegiados. Ahora el Gobierno prepara un decreto para liberalizar la actividad, y los trabajadores están dispuestos a ir a la huelga para defender sus derechos. Perdón, quiero decir que “los privilegiados están dispuestos a chantajearnos para defender sus privilegios”.

La secuencia es la habitual, la hemos visto muchas veces:

1.- Cogemos un colectivo que todavía no haya sucumbido a reformas laborales y precarización.

2.- Anunciamos recortes de sueldos y derechos, porque “lo manda Europa”, y con el argumentario habitual: liberalizar, ganar competitividad, modernizar, crear empleo…

3.- Señalamos a los trabajadores como “privilegiados”, “restos de un modelo anacrónico” (a ser posible del franquismo, para odiarlos más), y por supuesto “aristocracia sindical”.

4.- Informamos a la ciudadanía de los privilegios (sueldos altos, eso lo primero).

5.- Rompemos la negociación, por muy avanzada que esté, y no les dejamos más salida que la huelga.

6.- Acusamos a los huelguistas de dañar un “sector estratégico”.

7.- Lanzamos una campaña de desprestigio por tierra, mar y aire.

Además, hay que asegurarse de que los representantes sindicales no tengan voz, que ya sabemos lo manipuladores que son: si les dejamos, dirán que lo suyo no son privilegios sino derechos ganados en décadas de lucha, que la suya es una profesión especialmente dura y con alta siniestralidad, que hay otras opciones para cumplir con Europa, que los puertos son rentables y lo único que buscan gobierno y patronal es abaratar costes laborales (rebaja salarial ¡del 60%!, más horas de trabajo, flexibilidad laboral…).

Nada, ni caso. No escuchen a los trabajadores, que son capaces de convencernos. Yo ayer lo hice, atendí a sus razones, y me entraron dudas: a ver si van a tener razón… A ver si en realidad no son unos privilegiados… A ver si es que el único “privilegio” que tienen (el mismo “privilegio” que controladores, mineros o funcionarios; el mismo “privilegio” que hemos perdido la mayoría; el que les quieren quitar) es el “privilegio” de ser capaces de defender sus derechos, de tener conciencia de clase, organización y capacidad de lucha.

Tantas dudas me entraron que miré a ver qué sindicato es ese de los estibadores y descubrí que tiene unos principios que no parecen los propios de una mafia ni de una aristocracia insolidaria: una coordinadora que se define de clase, democrática, asamblearia, internacionalista y que defiende la solidaridad con toda la clase trabajadora (como demuestra su participación en sucesivas huelgas generales).

Uf, me ablandé, lo reconozco. Empecé a pensar que deberíamos apoyar la lucha de los estibadores. No por ellos, sino por nosotros: porque cada vez que un colectivo “privilegiado” pierde derechos, el efecto mariposa laboral nos acaba golpeando a todos. No ganamos nada y, a cambio, perdemos espacios de organización sindical que todavía resisten y que sirven como ejemplo.

Nada, un día tonto, en seguida se me pasa. En cuanto vea dos telediarios recordándome el sueldazo de los estibadores me sumaré otra vez al pelotón de odiadores. Hacedme sitio, que voy.

Nega: “Ana Rosa y Espejo Público hacen que los obreros parados voten al PP”

6 febrero, 2017

Fuente: http://www.elespanol.com

Entrevista a Los Chikos del Maíz.

“España debería perdonar ya a ETA: sería síntoma de normalidad democrática” / “Levy es derecha europea, el contrapunto a Fernández Díaz: del opus, franquista y rancio” / “Me sorprendería que Aznar duerma a pierna suelta, con más de un millón de muertos en Irak”.

Nega, rapero de Los Chikos del Maíz.

Nega, rapero de Los Chikos del Maíz.

@lorenagm7 | 07.01.2017 00:26 h.

Cuando, allá por 2005, Los Chikos del Maíz empezaron a apretarle las tuercas al panorama nacional, España aún era talante y ceja, un crío feliz en bicicleta aproximándose a un barranco. “Gobernaba Zapatero y se ataban los perros con longanizas, o eso creía la gente”, bromea Nega al otro lado del teléfono. El país se resquebrajó y el rap político estuvo ahí para doler, ofender y señalar las grietas, poniendo nombre y apellidos a los responsables, recordando a los sordos por culpa de quién se sangraba.

“No se puede separar a Los Chikos del Maíz de la crisis ni del surgimiento de Podemos, ni todos esos procesos de Los Chikos del Maíz, me atrevería a decir”. Ellos estaban ahí, en la era Tuerka, cuando el programa “lo veían cuatro frikis” y hasta Pablo Iglesias les pedía algún tema para promocionar el espacio. Los niños que pedían horca para Aznar, secuestro para Amancio Ortega -y decían que terrorismo no era la ‘kale borroka’, sino los Mossos y la Guardia Civil- se hicieron mayores y su discurso se sofisticó, se amoldó a las exigencias de la calle. De repente, era posible que voces subversivas y heridas de sistema como las suyas entrasen en el Congreso.

Era fácil decir barbaridades cuando la gente estaba metida en su casa, pero después salieron a las plazas, a protestar, y nosotros no podíamos hacer como si nada de eso hubiese ocurrido

A Nega no le gusta la palabra “radicales”. La siente manoseada. Pero reconoce que han crecido en madurez humana y política y que en los últimos tiempos luchaban por ser más “útiles”. “Lo de que la gente salga a la calle a quemarla y todo eso está muy bien como eslogan, no nos arrepentimos de nada, porque era el momento y teníamos la edad de decirlo; pero nos hemos dado cuenta de que la sociedad cambia y de que eso no sirve para hacer política de verdad”. La rabia no cabe en los programas políticos. “Era fácil decir barbaridades cuando la gente estaba metida en su casa, pero después salieron a las plazas, a protestar, y nosotros no podíamos hacer como si nada de eso hubiese ocurrido”. Un buen marxista, dice, tiene que ajustarse a la realidad.

Ahora son raspa en el ojo de la derecha en bloque y de la izquierda marginal: ya no hay manitas que levantar ni sueños de cócteles molotov. Trabajan con el verbo. O lo han hecho hasta este mismo mes, cuando han decidido darle un parón al grupo: no quieren cansar. Se despiden desde arriba, porque pueden, hasta próximo aviso; aunque Los Chikos del Maíz les haya atravesado la vida como una estaca y sea imposible obviar su capacidad transformadora.

Nega era Ricardo antes de ser Nega: un chaval de barrio que trabajaba como soldador, escuchaba hip hop, punk, reggae, salía de bares y se bebía después la biblioteca de su casa, construida a fuerza de años por sus padres. Cuenta que no ha cambiado en lo sustancial: al revés, los viajes, la literatura y la carrera que ha estudiado -Comunicación Audiovisual- le han dado “más argumentario, más razones” y han subrayado su posición ideológica y sus vértices culturales. Han sido once años de estirón y hoy duelen los huesos. Deja un mensaje para cuando pasen por aquí otros cinco: “Empezad a temblar”.

¿Estaba falta España de un rap político valiente?

Yo creo que sí. Nosotros venimos del hip hop que se hacía en el 93, en el 94… cuando surgió una ola de grupos -como Poetas Violentos-, igual grupos no tan politizados como nosotros, pero con letras sociales y políticas, antifascistas. Luego pegó un bajón a partir del 2005 y se implantó todo el tema del ego, del rap este más materialista, más consumista. Nosotros aparecimos en un momento en el que había que llenar un hueco.

¿Sois los únicos?

No, pero quizá sí los únicos que han llegado a cierto nivel. Mira, en un libro que se llama Historia de la canción protesta, en los 90, en el momento más álgido de Rage Against The Machine, le preguntaron a Tom Morello: “¿tú crees que la música comprometida vive un momento flojo?, ¿sois el único grupo…?”, y él respondió: “No somos el único grupo, pero somos el único que hace éxitos”. Algo parecido nos pasa a nosotros, pero hay un montón de grupos de hip hop políticos.

¿El rap español se autocensura?

No. Todo el mundo dice lo que piensa, pero es que los grupos de hip hop… algunos no dan más de sí. Si no dicen más cosas, es porque no las piensan. Si no hablan de política, es porque no les interesa. Hacen una canción política y dicen “los políticos son una mierda”, y en eso lo resumen todo. Pero está bien, cada uno hace su rollo. Si quieren hablar de movidas más personales, estupendo y fantástico. No creo que haya autocensuras.

¿Y vosotros, alguna vez os habéis mordido la lengua?

Nosotros no. A ver, con el tiempo hemos buscado decir lo mismo de una manera más elegante y, sobre todo, más elaborada. Tiene más mérito cuando consigues decir algo que cala, que llega, que es polémico, pero, a pesar de todo eso, no cae en lo vulgar. Desde el punto de vista artístico ha sido un reto plantearnos así las cosas: darle vueltas a algo para que no nos pillen. En este país es fácil que te lleven detenido por una letra o por un tuit, así que decidimos que el mensaje iba a ser el mismo pero no se lo íbamos a poner en bandeja, porque no quiero pisar la cárcel ni comerme un marrón, ni un multazo. Y además creo que si caemos en eso se lo damos hecho: el mensaje va a llegar a menos gente, porque la gente enseguida te pone el sambenito de “loco radical”.

Mirando en perspectiva, ¿qué problemas legales habéis tenido en estos 11 años?

Tuvimos una denuncia de la Asociación de Víctimas del Terrorismo que no se admitió a trámite, el juez la archivó. Luego… mil polémicas con el PP de Getafe, que, por cierto, ahora está imputado por corrupción. Juan Soler a la cabeza: imputado por corrupción, es que no falla. Cuanto más enarbolan la bandera del respeto, más delincuentes son. En Burgos hubo otra historia… pero todo esto es algo que de forma natural se ha ido corrigiendo y, salvo algún comentario en redes de algún pepero tronado, la cosa se calmó bastante. Es mejor. La polémica ya cansa. Cansa vivir pensando en “¿Me dejarán tocar aquí?”…

¿Cuáles son las tres rimas más bestias de vuestra carrera?

Uf, tendría que pensarlo… en realidad, las más bestias han sido en las que hemos dado nombre y apellido. Cuando dices fulanito de tal es un tal… bueno, forma parte de nuestra idiosincrasia como grupo. Nos ha pasado a veces eso de “¿lo metemos, no lo metemos?”, pero al final siempre hemos dicho “sí, sí, a la mierda”. Al final siempre ha sido un “que se jodan”. A la mierda.

¿De qué ha servido la agitación política de estos últimos años si sigue ganando el PP? ¿Cuál es el diagnóstico?

Buf… soy bastante pesimista, pero tengo que agarrarme a algo, porque si lo cogemos al pie de la letra, tal y como lo acabas de describir, que es una verdad como un templo… sólo nos queda sentarnos en un rincón a llorar y a esperar el fin de los días. Hay que agarrarse a que este país ha cambiado mucho, a que el mapa político ya es otro, a que la gente se ha vuelto más crítica, a que las cosas que antes se daban por sentadas hoy día ya no se dan por sentadas… la gente le pide más cuentas a sus representantes políticos, la gente no asume el proceder de los bancos ni que se eche a la gente de sus casas, ni que se rescaten autopistas… mira cómo el gobierno tiene que hacer verdaderas piruetas verbales para decir que no han recuperado las autopistas, porque saben que hacerlo con dinero público va a generar controversia.

¿Por qué la izquierda se ha hecho con la palabra “pueblo” si el pueblo vota a la derecha?

Ocurre porque, como decía Simone de Beauvoir, “para que exista dominación, los dominantes tienen que tener a muchos de los dominados entre sus filas”. Si no, no podrían. Los dominantes son muchos menos. Hay menos banqueros, menos ricos, menos grandes cargos. Pero en realidad es por los grandes medios de comunicación, por la publicidad, por el cine, que, de alguna manera, son canalizadores de ideología y explican que un obrero en paro vote al PP. Enciendes Espejo Público… escuchas a Susana Griso o a Ana Rosa y sabes por qué una madre soltera con tres hijos y en el paro vota al PP. ¡Ellos lo hacen!

Luego que si la beca de Errejón, que si Monedero, que si los de Podemos no sé cuánto… pero las cosas verdaderamente escandalosas, como el rescate de las autopistas o los interminables casos de corrupción del PP, ¡bueno! El tratamiento es distinto. Recuerdo la de portadas que le dieron a Errejón, mientras que el día que el presidente del gobierno se mandaba SMS con Bárcenas no apareció siquiera en la portada de ABC.

¿Y por qué la gente no se insonoriza, si ya sabe cómo funcionan estos mecanismos mediáticos?

No, no lo sabe. Aunque, por fortuna, lo sabemos cada día más gente, cómo funciona el tinglao. Yo cuando era un chaval, llegaba del curro a las 7 de la tarde, me duchaba, me fumaba un porro, y a las 8 y media cenaba, veía la tele y a dormir. No había tiempo, y no lo hay ahora, para buscar prensa alternativa, para formarte, para conocer opiniones distintas…

Toni El Sucio, Nega y Alberto Rodríguez, diputado de Podemos.

Toni El Sucio, Nega y Alberto Rodríguez, diputado de Podemos.

¿Estás seguro de que si la gente tuviese toda la información posible cambiaría de opinión?

Estoy seguro. Sé que si la tuvieran pensarían otra cosa. IU gobernaba con el PSOE en Andalucía y les decían “dame la cartera de Vivienda”. Y era como “no, no, pide la televisión”. Monta un programa de debate, enfoca las noticias de otra forma… en lugar de tener ahí a Susana Griso hablando de Diana Quer y Podemos. La gente necesita de un debate serio.

¿Qué papel juega ahí Jordi Évole?

Mira, aquí está el ejemplo perfecto. En Valencia sufrimos un accidente de metro. 43 personas muertas, sin responsables, sin acciones legales, sólo con un manto de silencio. Vamos, había gente de Valencia que ni sabía lo que había pasado. Y llegó el señor Évole con su programa de televisión de máxima audiencia: la asociación de víctimas se reunía todas las semanas en la Plaza de la Virgen, no sé si los lunes o los martes… eran cuatro familiares. Pues a la semana siguiente del programa estaba la plaza llena de miles de personas. Es el poder de la televisión. Pero claro, Évole tiene un programa a la semana los domingos, y la señora Susana Griso o la señora Ana Rosa Quintana están todos los santos días, cinco horas al día…

O sea, que hay que hacerse con las mañanas.

(Ríe). Sí, sí, totalmente. Pero vamos, que Jordi Évole ha sido lo mejor que le ha pasado a la televisión de este país en muchos años. Puso a la clase obrera en el mapa, a los trabajadores esclavos del franquismo, lo del accidente del metro… ha puesto en la agenda cosas que no estaban en la agenda. Y se ha hecho hueco de forma muy light: empezó tocando temas polémicos, pero no tan polémicos como los que hace ahora. Es buena estrategia. Lo ha hecho con trabajo de hormiguita. Lo ha hecho sin decir ¡viva la clase obrera!, sin sacar una bandera roja.

¿Y por qué está ahí, si molesta tanto? ¿Crees que se lo quieren cargar?

A ver, se ha metido en el sistema mediático español, y si sigue ahí es porque funciona. Funciona con números. Si pegara un bajón de unas décimas de audiencia, lo botan. No sé si se lo querrán cargar, porque el sistema es tan perverso que casi le da igual tu ideología mientras le generes beneficios… nos ha pasado a nosotros también. “¿Por qué tocáis en El Arenal?”. Porque metemos gente. ¿Crees que el dueño de un gran festival tiene preocupaciones sociales o políticas… crees que le importa lo que le pase al vecino? No, no. El sistema es cortoplacista. No piensa en que a la larga podamos incidir.

¿Morirá Podemos de escisión?

Yo espero que no. A ver cómo se va desarrollando todo. Es un panorama bastante triste, porque muchísima gente se había ilusionado y emocionado… y bueno, lo que ocurre es que la gente no está muy acostumbrada al debate. Esto ocurre en el PP. Llega Rajoy y dice “tú”, y ahí no hay debate ni se enfrentan ideas. Los medios, con rapiña, están amplificando cada mínima discrepancia o debate hasta niveles ensordecedores… ahora viene una legislatura larga. El PSOE, por mucho que dijera que no, creo que va a facilitar cada presupuesto y gobierno al PP, así que nosotros a lo nuestro. A crear partido, a crear base y tejido y a estar en todas partes: en las instituciones, en la calle, en los centros de trabajo, en las universidades…

¿Acogeríais en Podemos a Pedro Sánchez, que os puso ojitos en el programa de Évole?

Dijo lo que todos sabíamos. Vamos, lo que la izquierda de toda la vida sabía: que las grandes empresas y compañías dirigen los contenidos de este país, pero no lo dijo un okupa en una charla, sino el ex secretario general del PSOE. Que yo aceptara a Pedro Sánchez o no… si él aceptase nuestro programa y presupuestos, lo acepto a él y a quién sea.

¿Errejonista o Pablista?

¿Tú qué crees…? (Hace una pausa). Tanto Pablo como Errejón son dos de las cabezas más brillantes que ha dado intelectualmente este país, te lo digo de verdad. Se me parte el corazón de ver toda esta historia. Yo a Iñigo lo quiero un montón, lo conozco desde antes de Podemos, de La Tuerka… y ambos son lo suficientemente listos como para que esto no termine como el rosario de la aurora.

¿Qué tal Andrea Levy como icono cultural?

¿Icono cultural? ¿Porque va al FIB? (Ríe). Un icono cultural es Eduardo Galeano o algo así. Ella es una diputada del PP a la que se le concoe por ir al FIB y escuchar a Nacho Vegas. Forma parte de ese intento baldío de regeneración y renovación: una cara joven que no está imputada, una moderna que no escucha a Bertín Osborne y a la Pantoja, que es en lo que pensamos cuando vemos a alguien del PP… poco más te puedo decir de ella. Me cae bien.

Es de esas personas del PP a las que no odias como a Aznar, a Trillo, a Rato… esa hornada popular a la que odias a muerte… Levy es una derecha civilizada, no golpista, más europea… no viene de la tradición franquista. El contrapunto a gente como ella es Fernández Díaz: del opus, rancio, franquista, religioso, un poco lo peor.

Nega, rapero de Los Chikos del Maíz.

Nega, rapero de Los Chikos del Maíz.

Leí que dijiste en una ocasión que Rajoy era sólo “un tonto útil”. ¿Quién es entonces la cabeza pensante y “peligrosa” del PP?

Sí… un tonto útil para los designios de la derecha de este país. Peligroso, peligroso… pienso en Fátima Báñez. La veo, los veo tan poco capacitados para su cargo… ¿Cómo puede una señora ministra de trabajo pedir trabajo a una virgen? ¿Pero esto es de verdad? ¿Estamos en el 2016? Peligrosos son Aznar, Fernández Díaz, Rato. Ese PP de toda la vida, nacionalcatólico, que no viene de la tradición democrática, sino del franquismo más sociológico.

¿Sientes ternura hacia Rajoy?

(Ríe). Eso pasa a veces. Mucho españoles, el alcalde… esos lapsus que tiene. Si es incapaz de hilvanar un discurso de forma correcta, cómo va a llevar el mando de una nación. Ya vemos que no está capacitado: uno de cada tres niños está en la pobreza.

¿Debería España perdonar a ETA?

Sí.

¿Por qué?

Porque han pasado ya muchos años y porque sería un síntoma de normalidad democrática. Hace no mucho un miembro importante del IRA fue recibido por la reina de Inglaterra y no pasó nada. Le dio la mano, no se acabó el mundo. Han pasado muchos años y sería lo mejor para continuar, para no seguir enfrascados… nos queda la sensación, a los que lo vemos desde lejos, de que hay ciertos poderes que están empeñados en que ETA vuelva a las armas. Hace poco detuvieron a un activista francés que era el que estaba verificando el desarme de ETA.

A ver, estás demostrando que no quieres que ETA se desarme si estás deteniendo a este tipo. Hay intereses. Aún los hay. En lo más turbio y conservador y rancio de los aparatos del Estado, se le está poniendo la zancadilla a los procesos de paz. Están deseando que en algún momento ETA dijera “¡se acabó!, volvamos a lo de siempre!”. Y me entristece muchísimo.

¿Y por qué la opinión pública ha dejado escapar vivo a Aznar después del 11-M?

Y después de la guerra de Irak. Me sorprendería que el señor José María Aznar durmiera a pierna suelta todas las noches, con más de un millón de muertos en Irak. Se empeñó en mentir a los españoles diciendo que había sido ETA, manipuló a la policia y a los medios… es un personaje histórico que uf… es lo peor de la España reciente. En Alemania dimite un ministro si le pillan en que copió en la tesis que hizo hace diez años, pero Aznar de aquí no se mueve. No hay consecuencias. Porque hay carencias democráticas en este país, que arrastramos desde el franquismo, el tardofranquismo y ese maquillaje que se llamó Transición. Una mentira tan brutal como la suya le costó sólo el cargo, porque la gente lo echó, pero ninguna sanción más.

¿Somos muy buenos?

No es que seamos muy buenos, es que no tenemos los mecanismos. Oiga, señor presidente del gobierno, usted no puede engañar a la prensa, a la policía… si no tienes mecanismos, estás indefenso, por mucha voluntad o mucho enfado que le pongas. Al final se trata de burocracia. Si no hay leyes, lo dejas pasar.

¿La España actual luce herencias franquistas? ¿Cuándo nos vamos a sacudir el guerracivilismo?

Es que es un tema que no se ha cerrado. En este país se montan polémicas y se pone el grito en el cielo porque se retiran calles de generales golpistas… es de juzgado de guardia. Somos el país con más fosas comunes del mundo después de Camboya. No es venganza, revancha ni nada por el estilo, es no tener calles de fascistas y golpistas y saber dónde está enterrado mi abuelo o mi tío abuelo. Es que aquí cualquier cosa se sobredimensiona…

En Francia, la extrema derecha homenajea a los republicanos que ayudaron a liberar al país de la ocupación nazi. Un personaje tan siniestro y despreciable como es Berlusconi, cada 25 de abril homenajea a los partisanos. Pero aquí estamos con los malos. En Europa, hasta la derecha apoya a los héroes de la resistencia. Aquí están enterrados y nadie sabe dónde. Perdimos la guerra. Los demócratas perdimos la guerra.

Nega, rapero de Los Chikos del Maíz.

Nega, rapero de Los Chikos del Maíz.

Piden la dimisión de Lucas-Torres como alcalde

2 febrero, 2017

Fuente: http://www.ecologistasenaccion.org

3 de enero, por Ciudad Real

Ecologistas en Acción de Ciudad Real exige a Antonio Lucas Torres, Alcalde de Campo de Criptana y Portavoz del PP en la Diputación Provincial de Ciudad Real, su dimisión como servidor público al mentir en relación con la ZEPA Mancha Norte y los planes de gestión de las ZEPA de aves esteparias.

Ecologistas en Acción denuncia también que está actuando como lobista de ASAJA, soliviantando a los agricultores contra la Red Natura 2000, mintiendo y confundiendo sobre los valores ornitológicos de la parte norte del municipio de Campo de Criptana y haciendo dejación de sus funciones como representante público al incitar al incumplimiento de la legislación autonómica, estatal y comunitaria en materia de conservación de la naturaleza.

Para nosotros, afirmaciones como que “los agricultores están por encima de las aves y de los ecologistas” son impresentables, propias de un demagogo que incita al enfrentamiento y a la confusión, y que está ocultando a los ciudadanos que en el momento de aprobarse la demarcación de esta zona ZEPA en el año 2005 (Decreto 82/2005 CLM) él era el concejal de Medio Ambiente de su pueblo sin que de su boca saliera entonces, cuando era el momento, ni una sola argumentación en contra.

Ecologistas en Acción quiere recordar que la entrada de España en la Unión Europea obliga a nuestro país a cumplir con la legislación comunitaria, en este caso en materia de conservación de especies y espacios naturales, siendo la Red Natura 2000, con sus ZEPA y ZEC, la punta de lanza de las estrategias de conservación de la biodiversidad y de la naturaleza de la UE.

La identificación de la ZEPA Mancha Norte como ZEPA deriva de un estudio científico independiente encargado en el año 1994 por el Gobierno Regional al Museo Nacional de Ciencias Naturales adscrito al CSIC, bajo la dirección de la Dra. Carmen Martínez, estudio que sirvió de base para el diseño de la red de espacios a incluir como ZEPA para la conservación de las aves esteparias en Castilla-La Mancha y para elaborar el primer programa de medidas agroambientales para la conservación de las aves esteparias.

Una vez identificada de manera científica la parte norte del municipio de Campo de Criptana como lugar de alto valor ornitológico para las aves esteparias e incluida en Red Natura 2000, hay que puntualizar que un espacio que tiene que proteger a estas aves, entre las que se encuentran censadas las avutardas, sisones, gangas, ortegas y alcaravanes, entre otras muchas especies, tiene que organizar convenientemente la actividad agrícola, especialmente en lo que tiene que ver con las prácticas de regadío y gestión de cultivos. Así lo avalan todos los trabajos y dictámenes científicos a nivel internacional, estatal y regional, que concluyen que la intensificación de la actividad agraria vía la transformación a regadío es un factor determinante en el declive de las especies esteparias autóctonas.

Curiosamente no ha habido quejas por parte de agricultores desde la declaración de las ZEPA hasta que en algunas de ellas empezaron a proliferar los viñedos en espaldera (5.300 hectáreas) amparándose en una orden de 2012 del gobierno de Cospedal que eximía de evaluación de impacto ambiental muchas de esas plantaciones y que ha sido declarada ilegal por sentencia del TSJ de Castilla-La Mancha.

Frente a la actitud frentista de Lucas-Torres, Ecologistas en Acción de Ciudad Real, tiende la mano a los agricultores, poniéndose a su disposición para aclarar los malentendidos provocados por ASAJA y el alcalde de Campo de Criptana y exige a estos últimos que se sienten a trabajar en pro de los agricultores sin poner en cuestión a las aves, la ZEPA y los ecologistas, quienes, por cierto, acaban de reclamar a nivel regional la inmediata puesta en marcha de las ayudas de 40 millones de euros incorporadas al PDR de Castilla-La Mancha para compensar a los agricultores con cultivos en zonas ZEPA. “Lo que tienen que hacer ASAJA y Lucas-Torres es defender en Europa, en España y en Castilla-La Mancha que se premie y se ayude de forma efectiva y real por las buenas prácticas agrícolas desarrolladas tradicionalmente en Campo de Criptana por los agricultores, prácticas que han permitido que se conserve hasta nuestros días una de las mejores zonas de aves esteparias de la región”. En este sentido las asociaciones “ASAJA y Lucas Torres son un peligro para el futuro de los agricultores y no la ZEPA, las aves y los ecologistas”, han afirmado desde Ecologistas en Acción.

 

Leche y vida

1 febrero, 2017

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Casi nadie conoce la existencia de los bancos de leche; quizá sea por el machismo imperante.

El otro día estuve visitando una de las puertas de la vida. Es decir, estuve en la unidad de neonatología del hospital 12 de Octubre. Ahí es donde empiezan su lucha los bebés prematuros y también aquellos recién nacidos que, aun teniendo un peso normal, sufren alguna malformación y han de ser operados en sus primeros días. Niños heridos pero guerreros, con esa poderosa, conmovedora fuerza de la vida, que siempre se empeña en seguir viviendo.
Vi un bebé de apenas 700 gramos de peso y  una niña operada dos veces del estómago.
La unidad del 12 de Octubre ha sido y es pionera en España en su campo. Por ejemplo, fue la primera en implantar un régimen de puertas abiertas. Los padres y los hermanos pueden entrar a ver al pequeño las 24 horas del día, incluso a la UCI, y estar allí todo el tiempo que quieran. “Es que estamos hablando de ingresos de meses; la media de los niños se pasa aquí 60 días, pero algunos pueden estar un año. Son tiempos tan largos que las familias se desestructuran, hay que intentar facilitarles las cosas lo más posible”, me explicó Carmen Pallás, la jefa de servicio, mi guía en el territorio extraordinario de los neonatos. Entrar en la unidad es como viajar a Marte; hay máquinas increíbles por todas partes, modernísimos y complejos aparatos de luces parpadeantes que te hacen pensar en el puesto de mando de una nave intergaláctica (sí, pese a todo formamos parte del primer mundo: y qué ricos somos), y estos artefactos están mezclados con dibujos infantiles pegados en las paredes, pinturas alegres, muebles juveniles de colores vivos: “Intentamos que parezca un sitio normal, bonito”.
Vi un bebé de apenas 700 gramos de peso, vi una niña operada dos veces del estómago a los dos y a los cinco días de vida, y vi a muchas madres y a un par de padres con su minúscula criaturilla pegada al pecho, porque este hospital también ha sido pionero en la implantación del Método Canguro, que consiste en que el bebé permanezca en contacto con el cuerpo del progenitor el mayor tiempo posible, un procedimiento que se aplicó por primera vez en Colombia y que luego promocionó la pediatra francesa Nathalie Charpak, tras demostrar que contribuye de manera decisiva a la supervivencia y el desarrollo cognitivo del bebé. Emociona verles en ese abrazo tan básico, tan hermoso y animal, rodeados de máquinas chisporroteantes y futuristas.
Y hay algo más en lo que también son pioneros en este hospital: en la donación de leche. En 2007, el 12 de Octubre creó el primer banco de leche en una unidad neonatal de España, y desde entonces ayudaron a abrir otros bancos en el país (ahora mismo hay ocho). “Atendemos a niños muy frágiles y muy enfermos y hay una absoluta evidencia científica de que la leche materna es esencial para su maduración y su desarrollo y además les protege de enfermedades devastadoras”. Para ellos, en fin, ese fluido es una medicina que puede salvarles literalmente la vida. Pero muchas de las madres de prematuros, por el estrés de la situación, no tienen leche o tardan en tenerla. Y aquí entra la generosidad de las mujeres que donan.
Desde la creación del banco ha habido 1.173 donantes; ahora mismo están activas entre 80 y 100, y se recogen 1.600 litros de leche al año.
Algunas lo hacen por puro altruismo; otras, porque han tenido la desgracia de perder a su bebé, y bastantes, en fin, porque recibieron leche para sus niños en momentos críticos, y cuando ya pueden dar de mamar o en partos posteriores se convierten a su vez en donantes. Sea como sea, todas estas mujeres tienen la santa paciencia de sacarse la leche, congelarla y llevarla hasta el 12 de Octubre, un hospital lejos de todas partes, porque la unidad no dispone de servicio de recogida “y antes ni siquiera les pagábamos el parking, ahora por lo menos ya hemos conseguido darles un vale”. Y todo esto lo hacen recién paridas y con bebés propios, es decir, cuando menos tiempo tienen y más agobiadas están. Heroicas.
Sin embargo, casi nadie sabe de la existencia de estos bancos: tal vez sea por el machismo residual que aún arrastramos y que nos hace contemplar la lactancia como una cosa modesta, doméstica y secundaria. Desde la creación del banco ha habido 1.173 donantes; ahora mismo están activas entre 80 y 100, y se recogen 1.600 litros de leche al año que luego se pasteurizan y procesan. Para los bebés son utilizables 1.400 litros, y el resto se dedica a la investigación. Y es que de la leche materna no se sabe casi nada: no se han molestado en estudiarla. Por ejemplo, hasta el año 2012, es decir, ayer mismo, no se supo que la leche materna tenía 415 proteínas, y 261 de ellas se identificaron entonces por primera vez: “¡Parece que las mujeres no somos interesantes ni para la investigación!”. En la unidad de neonatología del 12 de Octubre ingresan mil niños al año. Mueren entre 10 y 15. “Cuando empecé aquí, en 1984, se nos morían entre 40 y 50”. Toda una victoria contra la Parca, gracias, entre otras cosas, a la humilde e ignorada leche de las donantes.
@BrunaHusky

¡Unidad, solidaridad y organización!

31 enero, 2017

Aquí os dejo una canción de rap llamada ‘Presión’ cuyo autor es Pipe Díez y va dirigida a la represión del Estado español contra los más débiles. Tú o yo podríamos ser los siguientes, es lo que tiene denunciar las desigualdades sociales y “ofender” a una monarquía ilegítima establecida por una dictadura.

Y también la canción ‘Juan Carlos el bobón’ por la que ha declarado su autor Pablo Hasél en la Audiencia Nacional. #AbsoluciónPabloHasél

El abuelo de la agricultura natural

30 enero, 2017

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Masanobu Fukuoka creía que una menor intervención en la tierra conducía a mejores cosechas

ALBERTO FRAILE29 MAR 2016 – 00:00 CEST

Masanobu Fukuoka.

Masanobu Fukuoka.

Masanobu Fukuoka (1913-2008) se expresaba enérgicamente. “No me gusta la palabra trabajo”, respondió cuando le preguntaron por la filosofía del no hacer (wu wei) que inspiró su método de agricultura natural. “Los seres humanos son los únicos animales que tienen que trabajar y esa es la cosa más ridícula del mundo. Otros subsisten simplemente viviendo, pero la gente trabaja como loca pensando que debe hacerlo para poder estar viva”.

No es que Fukuoka fuera un perezoso: fue un incansable investigador de los procesos naturales. Simplemente estaba convencido de que una menor intervención del agricultor conducía a mejores resultados. Lo demostró en su granja de Kochi, en la isla de Shikoku. Con sus prácticas de retorno a la naturaleza y mínimo impacto (sin empleo de maquinaria, combustible fósil, químicos, compost o poda) consiguió algo insólito: un rendimiento igual o mayor que el de cualquiera de la granjas productivas de Japón sin contaminar y mejorando la fertilidad de la tierra.

Las investigaciones de Fukuoka arrancaron en la década de los treinta. Tenía 25 años y una neumonía le provocó una crisis existencial que le llevaría a tomar una decisión trascendental: abandonaría su trabajo de fitopatólogo del Departamento de Aduanas de Yokohama, dejaría atrás un futuro prometedor en la Administración nipona y se instalaría en una cabaña en la granja familiar para experimentar sobre el terreno.

Allí, en lugar de preguntarse qué más podía hacer para incrementar la producción, Fukuoka se preguntó qué podía dejar de hacer. Y llegó a la conclusión de que pocas prácticas agrícolas eran necesarias. “Si se le da una oportunidad a la naturaleza, ella lo hace todo por su cuenta. ¡Nosotros no cultivamos la comida, la naturaleza cultiva la comida!”.

En los setenta, la vida del japonés tomó, de nuevo, un giro inesperado. La publicación de su obra más famosa, La revolución de una brizna de paja, coincidió con la primera crisis del petróleo en Japón. De la noche a la mañana, había que buscar métodos alternativos y Fukuoka tenía uno. Tras cuarenta años de trabajo anónimo, empezó a viajar por los cinco continentes compartiendo sus teorías naturales y ecológicas.

Fukuoka fue un autor radical y visionario: su filosofía y sus métodos de agricultura natural sacudieron el paradigma aún hoy dominante de la agricultura industrial e impulsaron el auge de la agricultura ecológica y la permacultura, disciplinas que lo consideran su abuelo. Ahora, gracias a un exitoso crowdfunding, acaba de publicarse en castellano la octava y última obra de Fukuoka, Sembrando en el desierto (Cauac Editorial Nativa), en la que se recogen las investigaciones de sus numerosos viajes para la regeneración vegetal de los desiertos.

En uno de ellos, en 1998, recaló en Mallorca. “No entiendo cómo a los turistas les puede gustar un sitio que muy pronto será un desierto”, dijo provocador. En la isla dejó huella y algunos discípulos. Desarrolló varios proyectos de regeneración y reforestación junto al diseñador Guillem Ferrer y el permacultor Julio Cantos. Ambos se grabaron a fuego los consejos del sabio agricultor y todavía hoy tratan de aplicarlos a sus iniciativas: “Observar a la naturaleza, imitarla humildemente y actuar sólo cuando es estrictamente necesario”.

Buenas intenciones, tibio resultado

29 enero, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

En la pantalla y en la vida real la mirada de Icíar Bollaín posee misterio, curiosidad, inteligencia y también puede ser burlona.

CARLOS BOYERO5 MAY 2016 – 23:16 CEST

Fotograma de ‘El Olivo’.

En la pantalla y en la vida real la mirada de Icíar Bollaín posee misterio, curiosidad, inteligencia y también puede ser burlona. Al igual que nos ocurrió con la niña Ana Torrent en El espíritu de la colmena, casi todos los espectadores nos quedamos colgados con la adolescente Icíar Bollaín en El Sur, interpretando a esa cría que amorosamente era cómplice de su atormentado padre, pero que no puede evitar que este sea trágicamente derrotado por sus fantasmas, sus recuerdos, la sensación de lo que pudo haber sido y no fue.

Y estaba claro que además de interpretar los personajes creados por otros, esta persona inquieta acabaría contando en imágenes, detrás de la cámara, las historias que le interesaran. ¿Y qué le preocupa a Icíar Bollaín? Pues el mundo que le rodea y particularmente las injusticias, los abusos, los entuertos, utilizando la realidad nacional o lo que ocurre en países lejanos. Digamos que su máxima preocupación son los seres humanos en situación de acorralamiento, explotados, sufrientes. Bueno, es una opción humanista e inconformista. Lo que sería deseable es que los resultados fueran artísticos, estéticos, veraces, apasionantes.

EL OLIVO

Dirección: Icíar Bollaín.

Intérpretes: Anna Castillo, Javier Gutiérrez, Manuel Cucala.

Género: drama. España, 2016.

Duración: 98 minutos.

La actitud del cine de Ken Loach imagino que siempre ha sido un modelo para Icíar Bollaín. Por mi parte, es un director que a veces me interesa mucho, sobre todo cuando centra sus lacerantes y subversivas historias en universos que conoce y los hace verosímiles, y en otras ocasiones me resulta tan previsible como aburrido. No solo de buenas intenciones vive el cine.

Y con el cine de Bollaín me ocurre algo parecido, cine que cada vez se emparenta más con el de Loach, al estar firmados los guiones de las tres últimas películas de ficción de esta directora por Paul Laverty, colaborador habitual de Loach en el proceso de escritura desde hace veinte años.

Siempre acudo con expectativas e ilusión a las películas de esta mujer. No compartí el generalizado entusiasmo ante su ópera prima, Hola, ¿estás sola? ( solo me perturbó aquella actriz tan extraña y sensual llamada Silke, de la cual, por cierto, hace demasiado tiempo de la que no sabemos nada, parece haber desaparecido del mapa del cine), pero me conmovió la historia de aquellas inmigrantes sudamericanas intentando sobrevivir en un pueblo de la España profunda que desarrollaba Flores de otro mundo. Había algo estremecedor en la tortuosa relación entre un maltratador al que se le va la mano, los celos, la psicopatía, el sadismo con su inocente y acojonada esposa, a la que después chantajea sentimentalmente con inútiles declaraciones de amor en Te doy mis ojos, y también estaba bien descrita la guerra del agua en Bolivia y en medio del rodaje de una película presuntamente concienciada También la lluvia. De la fracasada Mataharis me gustaba el problema de conciliar la profesión de detective con la de ama de casa.

La inmigración, el maltrato, el feminismo, la explotación de los débiles en cualquier parte, la vocación de hacer cine social forma una temática que merece ser desarrollada, pero también corre el peligro de que amenace el panfleto, o de quedarse en la exposición bienintencionada de los males del mundo. Para mi gusto, los eludía. Con talento. Algo fundamental. No basta con la honestidad.

No había huellas de ese talento en Katmandú. Un espejo en el cielo. Hablaba de lo jodido que puede ser nacer niña en Nepal. De acuerdo. He pasado por allí y por otros lugares azotados por la miseria y con tradiciones tan machistas como feroces. Pero al describirlo, Bollaín no lograba transmitirme nada perdurable. Sí irritación en algún momento con pretensiones líricas.

Y lamentablemente vuelve a ocurrirme lo mismo con El olivo. Narra la lucha de una cría muy gritona, llena de incertidumbres pero con sentido moral como para lograr que el olivo milenario que ha vendido su agobiada familia para que decore el vestíbulo de una multinacional retorne a su sitio natural, a sus raíces. El simbolismo es tan evidente como cansino. Y vale. Todo lo que de verdad importa está en venta. Pero quedan rebeldes. Pues vale.