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El Gobierno de Trump lleva ante el juez a niños migrantes que ni siquiera saben lo que es un abogado

12 julio, 2018
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“Lo que nos invade ahora no es una ola conservadora, es una ola reaccionaria”

18 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Joaquín Estefanía (Madrid, 1951) acaba de publicar Revoluciones -Cincuenta años de rebeldía (1968-2018)- en Galaxia Gutenberg, un libro que trata sobre la vigencia de la memoria, de las ilusiones y las derrotas de una generación que creyó poder cambiar el mundo. Fue director de El País entre 1988 y 1993. Lleva ejerciendo el periodismo desde 1974. Durante más de 20 años ejerció de director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma/ El País. La entrevista se desarrolla en la sede de la editorial en Madrid.

¿Dónde está la izquierda? ¿Sabe de algún teléfono al que se pueda llamar?

En España existen dos izquierdas: una relativamente joven que ha envejecido mucho en los últimos cinco años y otra que está en crisis total, que busca una nueva identidad. En estos momentos no hay, desgraciadamente, ninguna forma de que esas dos izquierdas se conviertan en una sola, que es la única posibilidad de hacer frente al otro segmento ideológico de este país. Si te refieres al mundo en general se puede decir que hay una crisis de la socialdemocracia. En vez de permanecer en su sitio se ha ido en algunas ocasiones muy a la izquierda y ha tenido que competir con la otra izquierda, o en la mayor parte de las veces se ha ido a la derecha. Por eso carece de identidad.

¿Ve algún movimiento, como el de las mujeres -sobre todo en España el 8M- o el de los estudiantes contra las armas en EEUU que nos permita pensar que algo está pasando ahí fuera?

En EEUU permanece el espíritu del movimiento Occupy Wall Street que en las elecciones presidenciales encarnó Bernie Sanders. Es un segmento difuso que vuelve en determinados momentos y contagia el programa de los demócratas. Le doy muchísima importancia al movimiento de las mujeres. Lo que ha sucedido el día 8 no es más que la representación de algo que estaba ocurriendo desde hacía tiempo, que las mujeres han entrado en una cuarta ola feminista. Del mismo modo que en el pasado tuvieron que luchar por sus derechos políticos, ahora están luchando por sus derechos sociales.

¿Y los pensionistas?

Es más difuso, es de momento un fenómeno interno. Podría ocurrir, como pasó con el movimiento de los indignados, que prenda en otros países. Lo más significativo es que por primera desde hace mucho tiempo no se sabe quién es el sujeto protagonista del cambio, lo que antes llamábamos el sujeto redentor o el sujeto revolucionario. Eso se modifica en 1968. Hasta el 68 solo existía el monopolio de las luchas obreras que se manifestaba en las revoluciones. A partir del 68 emerge otro sujeto que son los jóvenes, mucho más transversal y ambiguo en el que caben casi todas las ideologías. Y ahora tenemos estos dos nuevos movimientos: el de las mujeres, que es específico, y el de los pensionistas, que todavía no sabemos lo que va a dar de sí. No sé si te has acercado a alguna de sus manifestaciones. Estuve hace unas semanas en la de la Puerta del Sol y me resultó sugerente comprobar que muchos de los que había allí eran los que se manifestaban en el 68. La gran diferencia es que les acompañaban las mujeres pensionistas. En el 68 no hubo una sola mujer protagonista de ningún movimiento.

Noam Chomsky hablaba del anarquismo en una entrevista en El País; decía que todo poder tiene que justificarse y ganarse el respeto de la sociedad.

Esto es muy interesante porque estamos difuminando fronteras que fueron terriblemente cerradas entre anarquismo, socialismo y comunismo. No se puede decir que el marxismo sea la ideología común en estos movimientos porque en ellos hay de todo, elementos que fueron incompatibles durante años, que se separaban y ahora están trabajando juntos en muchos sitios.

Pero los dirigentes siguen separados, cada uno en su casillero.

Claro, estos movimientos se dan en la sociedad civil. En casi ningún país se han producido movimientos institucionales políticos. En España, con los indignados; en EEUU, con Occupy Wall Street, y en Chile, con los estudiantes que entraron en los gobiernos de Bachelet, y ahora han salido. Aún no han contagiado el corazón del sistema, a los partidos políticos de izquierdas, que siguen viviendo en otro momento.

Una de las grandes virtudes de Podemos es su olfato, saber por dónde respira la sociedad, que parece conservar como se ha demostrado en la huelga feminista. Pero su acción política desde las elecciones de diciembre de 2015 no ha sido buena.

El año pasado el Centro Conde Duque mostró una exposición maravillosa de Basilio Martín Patino, que acababa de morir. Pasó desapercibida. Su última actividad cinematográfica fue salir a la calle el 15M. Rodó un documental, Libre te quiero con música de Amancio Prada. El 15M fue maravilloso. Se nos ha olvidado lo maravilloso que fue, la alegría que había, las demandas, los eslóganes tan extraordinarios. Todo eso se ha perdido. ¿Por qué? Tiene un factor positivo y uno negativo. El positivo es que la gente de los indignados, en este caso la parte de Podemos dentro de los indignados, decidió que no se puede estar en la calle permanentemente; creyeron -y creo que creyeron bien- que tendrían que entrar en las instituciones. Entrar en las instituciones es aburrido, tienes que profesionalizarte con gran rapidez, y eso es lo que no han hecho bien. Mucha gente va a seguir votando a Podemos casi por no votar a los demás, pero tienen la duda de si vale de algo votarles, si mejorará las condiciones de la vida de la gente.

¿Ha perdido Podemos su transversalidad y se ha convertido en un partido de la izquierda clásica?

Esa es la gran división que hay entre los que mandan en Podemos y la parte de Íñigo Errejón. Él acaba de escribir dos prólogos sobre este asunto, uno a un libro de Gramsci y otro a un texto de Ignacio Sánchez Cuenca. Sigue defendiendo una posición transversal para Podemos, si quiere gobernar, que es para lo que nació, y no para hacer oposición. La gente está un poco defraudada con las posiciones de Podemos. La incógnita es si se va a quedar en una especie de Izquierda Unida de Julio Anguita, es decir, en un partido minoritario. Podemos no nació para ser un partido minoritario de izquierdas.

El periodista y escritor Joaquín Estefanía.
El periodista y escritor Joaquín Estefanía en una entrevista con eldiario.es en una imagen de archivo.MARTA JARA

Habla en el libro de 1968, año con dos grandes acontecimientos: mayo en París y el aplastamiento de la primavera de Praga. ¿Qué queda de todo aquello?

Hubo un tercero: México.

Sí, la matanza de los estudiantes en la plaza de las Tres Culturas.

Eso es. Son tres acontecimientos diferentes: en París había capitalismo y los jóvenes y los obreros -que salieron muchos- querían acabar con el capitalismo; en Praga había comunismo y los que hicieron la Primavera de Praga querían acabar con el comunismo, y en México había una “dictadura perfecta” y los estudiantes, porque allí fueron solo estudiantes, querían tener la democracia que tenían los de París. Es curioso. En los tres casos había elementos que en aquel momento pensábamos que eran culturales y ahora son políticos, que hemos incorporado a nuestras vidas, como el ecologismo, el feminismo, una educación sin discriminaciones por razones de sexo, el comunitarismo o la lucha por los derechos civiles. Son ideales que nacieron en 1968. Esos son factores positivos, de éxito. Pero también hay factores de fracaso. Ni en París se acabó con el capitalismo ni en Praga se acabó con el comunismo ni en México se acabó con la dictadura perfecta. En las revoluciones duras, en las que se toma el poder a través de la violencia, no ha funcionado en ningún sitio. Casi todos los factores que denominamos culturales, y que eran políticos, se han incorporado a nuestra vida. La gran paradoja es que se ha conseguido mucho más a través de las reformas que a través de las revoluciones.

Las revoluciones duran poco, a veces solo meses antes de que los nuevos líderes acaben calzándose los zapatos de lo que han desplazado.

En casi todos los casos es así.

Quizá en Cuba duró años, pero desde la invasión de Bahía Cochinos todo cambió.

Sí, duró más años de lo habitual, pero también murió. Fíjate hasta qué punto eso es así que cuando se produce la matanza de Tlatelolco, el movimiento de los estudiantes mexicanos solo tenía una utopía, Cuba. En aquellos años había regímenes, había ideologías y países a los que los que salían a la calle querían parecerse. En estos momentos los indignados no tienen un país en el que reconocerse, tampoco una ideología en la que reconocerse. Son momentos diferentes.

Es quizá un momento más rico.

Mucho más rico. Tendríamos que vernos en un año para ver qué ha quedado de los movimientos de los que hablábamos al principio. Cuál es el sujeto que va a dirigir lo que va a ocurrir, porque lo que está ocurriendo es terriblemente negativo. Lo que nos invade ahora no es una ola conservadora, es una ola reaccionaria. Lo que está pasando en EEUU, las imágenes de Trump haciendo un casting de muros son terribles. Lo que está pasando en Inglaterra. Lo que está pasando en Europa del Este, donde hay un movimiento involutivo autoritario que en muchos casos semeja al fascismo. O lo que está pasando en Alemania, donde la principal fuerza de oposición después del gobierno de coalición es Alternativa por Alemania. Esto contribuye a que sea un momento espantoso para los derechos, no para los derechos económicos, como ha pasado en la crisis, sino también para los derechos políticos y los derechos civiles.

Después del mayo del 68 llegan Margaret Thatcher y Ronald Reagan y se produce la contrarrevolución conservadora que acaba con Keynes. Ese el momento de la Escuela de Chicago, del liberalismo puro. Desaparecen los controles, el capitalismo se descontrola, llega la barra libre.

No lo consiguen del todo. Si uno repasa lo que sucedió, sobre todo en Gran Bretaña, que es donde tenían un estado de bienestar más potente, porque en EEUU era menor, a pesar de que lo debilitaron, y sobre todo lo debilitaron emocionalmente en el sentido de que lo que era un orgullo para la sociedad británica a partir de ese momento empieza a convertirse en una rémora, no acaban con ello. Más bien habría que pensar qué ocurre después de Thatcher, qué ocurre con John Major, qué ocurre con Blair hasta hoy mismo, donde se sigue yendo hacia atrás. Hay un retroceso, pero no logran acabar con todo. Tampoco logran acabar con todo en el otro aspecto, en el aspecto cultural. La revolución conservadora tiene dos partes, quieren volver al capitalismo del laissez faire y quieren acabar con las conquistas del 68 y eso no lo han conseguido, eso no lo han conseguido de ninguna manera.

La crisis del 2008 se debe a la falta de controles. Los vigilantes del sistema son parte del mismo juego.

Pero sobre todo porque los vigilantes del sistema eran falsos vigilantes del sistema. O no creían en lo que hacían o no tenían medios para ser vigilantes. Eran unos organismos, unas instituciones que seguían existiendo porque aparentaban mucho que podía haber un control, pero que no pudieron hacerlo. Me refiero sobre todo a los organismos reguladores y supervisores, que existían, pero que no hicieron en ningún caso su labor. La Reserva Federal no se enteró de lo que llegaba. En muchos países, quizás entre ellos España, existían organismos reguladores pero no tenían medios.

Cuando estalló la crisis del 2008, Nicolas Sarkozy dijo en una cumbre del G20, “vamos a refundar el capitalismo”, pero acabaron refinanciando al mismo capitalismo.

Eso fue en un momento en el que todo parecía posible. Había caído Lehman Brothers, había contagio en la banca norteamericana. Eran meses en los que parece que todo podía ocurrir, que se podría ir el sistema al garete. Entonces Sarkozy dijo eso, como en otro momento dijo “hay que acabar con el 68, porque es lo que nos está matando”. Lo dice Sarkozy y le siguen todos. Sucede en la primera cumbre del G20 en la que se toman aquellas medidas contra los paraísos fiscales, en favor de la transparencia, que duran hasta la siguiente reunión del G20. En ese año se han recompuesto las cosas. Aunque todavía está todo mal ya se sabe que no va a caer el sistema financiero y van olvidando el manifiesto inicial. Fueron quitándole hojas. Primero los paraísos fiscales, luego los estímulos keynesianos para salir de la crisis, luego el rescate de los bancos no con dinero público sino con el dinero de los propios accionistas… Lo van deshojando hasta que llegamos a 2011 cuando no queda nada de aquello.

Ahí es cuando se produce la segunda revolución o contrarrevolución conservadora.

Hay una diferencia sustancial con la primera. Ronald Reagan era un vaquero; la gente que le acompaña era intuitiva pero poco formada, excepto algún caso como David Stockman. En cambio, a Margaret Thatcher la acompañan unos think tank conservadores muy potentes desde el punto de vista ideológico, que son los que dan la batalla. Luego llegan los “neocons” con Bush, algunos han trabajado con Reagan y están más formados, llegan con esa formación que había tenido Thatcher en el Reino Unido. Disponen de unos think tank con los que empiezan a construir una teoría sobre todo esto y que acaba el 11S. En ese momento se olvidan de todo, cambian de enemigo y de estrategia, invaden Afganistán e Irak. Ahora llega la tercera oleada, que es la de Donald Trump, que es una oleada mucho más contradictoria; tiene elementos neoconservadores y tiene otros disparatados, pero forma parte de lo mismo.

La izquierda no tuvo respuesta en la primera y en la segunda revolución conservadora. Ahora parece que tampoco la tiene.

Porque los valores de la revolución conservadora se hacen tan potentes que forman parte de eso que se llamó pensamiento único. El que no los tenía era expulsado de las cátedras, de los servicios de estudio, de los medios de comunicación. Esos valores conservadores impregnan a la socialdemocracia. Así nace “la tercera vía”. Cuando llega una crisis como la de 2008 no tienen nada que decir, solo pueden aportar una especie de thatcherismo de rostro humano. No sé si recuerdas aquella frase de Thatcher, cuando le  preguntaron, ¿qué es lo mejor que ha hecho usted en su vida?, y ella respondió: “Traer a Tony Blair”. Ese es el principal problema de la crisis de representación política. Ha sido tan profundo el contagio de los valores conservadores a la socialdemocracia que si hay que elegir entre el original y la copia la gente escoge el original, o busca elementos populistas de extrema derecha o extrema izquierda. La socialdemocracia está desapareciendo del mapa en un momento en el que las medidas de la socialdemocracia clásicas serían las más oportunas para arreglar los problemas.

Se aplicaron después de la Segunda Guerra Mundial y se salió de las crisis económica y política.

Esos valores, depurados por el tiempo, valdrían para obtener respuestas diferentes de las que hay ahora. ¿Qué va a pasar cuando empiece a aplicar la política económica de Europa el nuevo ministro de Finanzas, el socialdemócrata Olaf Scholz que ha sustituido a Wolfrang Schäuble en el gobierno alemán? ¿Vamos a notar una diferencia sustantiva, aparte de algún ambiente compasivo? Pues eso es lo que hay que ver, si han aprendido o no han aprendido.

¿Sería la utopía más pragmática de la izquierda regresar a los valores socialdemócratas o exigir que el capitalismo vuelva a estar regulado?

Estoy de acuerdo, pero lo diría de otra manera. El principal valor de la socialdemocracia es conservador, conservar lo que tuvimos, no perderlo. La principal labor de la izquierda es asegurar la igualdad de oportunidades, que es un valor probablemente liberal, que se cumple menos que hace una década. Nunca hubo una igualdad de oportunidades perfecta, pero el camino era progresivo, se iba consiguiendo, y en eso se ha producido una marcha atrás enorme.

El periodista y escritor Joaquín Estefanía.
Joaquín Estefanía, en una imagen de archivo. MARTA JARA

Da la sensación de que la izquierda, pienso en la española, se ha quedado atrapada en los eslóganes y ha ido perdiendo contenido. El feminismo podría ser una manera de reconectarse con la calle.

Exacto. Volvamos al programa mínimo, defendámoslo. Tuvimos un programa mínimo que era la democracia y un programa máximo que era el comunismo, el socialismo, la revolución. Volvamos al programa mínimo. ¿Qué puede defender la izquierda para diferenciarse de la derecha? Tres asuntos: la igualdad de oportunidades, que tiene que ver con los derechos sociales y económicos, los derechos humanos que incluyen la libertad de expresión y el cambio climático, el problema más importante que tiene la humanidad en estos momentos.

¿Son tan importantes los líderes o es importante que exista ese magma en la sociedad?

Me parece que fue Bernardo Bertolucci, aunque no estoy seguro, el que dijo “bienaventurado el país que no necesita líderes”. Siempre he creído que los líderes no son el principal elemento cuando se habla de la capacidad de liderazgo de un país. Es importante pero no es lo más importante para los cambios. En estos momentos tenemos unos líderes tan chatos en casi todos los casos, o tan nefastos como en el caso de Trump, que echamos de menos a alguno; hemos idealizado unos líderes que tampoco eran tan buenos pero que en comparación nos parecen maravillosos.

¿Es Merkel la líder más social de Europa aparte de lo que ha hecho a Grecia? Al menos es coherente.

Seguramente la más líder de todo. Con Macron estamos construyendo un mito. Decimos que tiene un discurso europeísta, pero Macron lleva casi un año y ese discurso no se ha concretado en una sola medida, y dentro de su país está aplicando las políticas de austeridad como las que aplicaba la derecha o el mismo Hollande y que le costaron la presidencia. Estamos haciendo un mito de Macron porque tiene esa capacidad de liderazgo de la que todo el mundo habla, y que debe ser cierta. La revista Letras libres publicó un perfil de Macron firmado por Emmanuel Carrère; en él, decía: “Si le miras a los ojos y él te da la mano, estás perdido”. Cuando lo leí, recordé que algo de eso tenía el Felipe González en 1982.

¿Estamos los periodistas aplicando la visión de la vieja política para analizar los nuevos movimientos?

Sin duda. Me alarma ver cómo ha desaparecido Europa del Este de los medios de comunicación con las cosas que están pasando, están matando periodistas, están restringiendo las libertades, incluidas las europeas. Pero no atendemos a este tipo de cosas, estamos en la política pequeña.

¿Ha sido un desastre para la UE la incorporación de los 10 países de Europa del Este, algunos de ellos parecen un caballo de Troya?

Ha sido un desastre monumental, pero hay que analizarlo. Cualquier cosa que se haga en Europa tiene que partir de esa idea, que dentro hay un caballo de Troya. Fíjate lo que está ocurriendo, que tampoco estamos tratándolo suficientemente: mientras todos hablamos del europeísmo de Macron, de lo bueno que va a ser que Macron y Merkel relancen la Unión Europea, los países del norte de Europa están vetando cualquier tipo de cambio de orientación. No quieren un presupuesto europeo potente, no quieren la mutualización de la deuda, no quieren una revisión de la forma de trabajar con el euro, están restringiendo de manera brutal los movimientos de personas. Todo eso está pasando al mismo tiempo que hablamos de la oportunidad que tiene Europa para cambiar en estos momentos.

A la vez está creciendo la xenofobia, la extrema derecha, el maltrato a los emigrantes.

La misma impregnación que había antes de la revolución conservadora hacia los socialdemócratas ocurre ahora entre los partidos de extrema derecha y los partidos de derecha que gobiernan. Ya sabemos que Marine Le Pen no ha ganado y que tampoco ganaron los holandeses, pero las ideas de Le Pen y de los holandeses impregnan en estos momentos los programas electorales.

Partidos de derechas de toda la vida con las ideas de extrema derecha.

Y tampoco lo estamos contando. Respiramos como si fuese una cosa extraordinaria que no hubiera ganado Le Pen, pero mira lo que está pasando en Francia, en Holanda o en Italia.

La Liga Norte pasó de ser un movimiento autonomista y oportunista a un movimiento de neofascista.

Tenemos que utilizar este tipo de calificativos para hablar de estas cosas. Es tremendo. ¿Qué pasó con Italia, con su izquierda y hasta te diría con su derecha, tan ilustradas, que avanzaron tanto, que fueron los padres del eurocomunismo y los padres de la austeridad? ¿Dónde están esos políticos? ¿Se han jubilado todos? Hace años en un mitin de D’Alema, que dirigía entonces la última fase del partido comunista italiano, alguien del público le gritó: “D’ Alema di algo de izquierdas, hombre”.

Ciudadanos llegó como un partido que iba a regenerar la derecha, pero de alguna forma también se ha visto atropellado por los acontecimientos.

En cuanto ha entrado en las instituciones. Volvemos al principio de la conversación, quién es el sujeto que va a protagonizar lo que está pasando. ¿Es el movimiento de los jubilados un 15M renacido con otras formas o se va a diluir en cuanto Rajoy introduzca varias medidas en el presupuesto que engañen un poco a una parte del movimiento? Esto no es discutible en el caso de la mujer. Tenemos que saber cómo se avanza después del 8 de marzo; escojamos dos o tres propuestas., cómo se avanza en la brecha digital, en la presencia de las mujeres en las instituciones, en las cuotas. O avanza o se diluirá.

Uno de los defectos que tenemos como país es la incapacidad para pensar fuera del marco. Decía el general David Petraeus, hablando de Irak, que todos los mandos militares que ascienden piensan de una manera parecida. Pasa en las empresas.

Y en los partidos políticos.

Y cuando surge un problema grave, como la crisis en Catalunya, nadie es capaz de pensar diferente. La política está para solucionar los problemas; aquí la utilizamos para crearlos.

Eso se debe a la adolescencia de nuestra democracia. Como tenemos una democracia más joven que la de los demás, es más endeble, somos rígidos con los procedimientos y con las normas de las que nos hemos dotado.

Algunos sectores del independentismo exprés dicen que España es un Estado autoritario.

Eso es una tontería, es no recordar cómo éramos hace 40 años cuando salimos del franquismo. Tenemos defectos y debilidades, y algunas nuevas que están emergiendo, pero no tienen nada que ver con un Estado autoritario. Este es un país normalizado desde el punto de vista democrático.

Como tampoco se puede hablar de golpe de Estado. Se podría hablar de crisis constitucional.

Y tampoco podemos hablar de amigos y enemigos. Entre la gente de mi generación y entre tus amigos y entre los míos hay muchos independentistas con los que todavía podemos seguir discutiendo. Probablemente no podremos discutir hoy con algunos, como tú has dicho antes, con los independentistas exprés, pero hay una buena parte con la que podemos discutir de muchísimas cosas.

¿Es optimista, en general, no solo con nuestro país?

No, no lo soy. En estos momentos no puedo ser optimista porque el contexto al que pertenece nuestro país es en estos momentos muy desfavorable. Hay una regresión, sin duda. Ha habido una regresión en los derechos sociales y económicos en los últimos diez años, y ahora, que parece que estamos saliendo, hay una regresión en los derechos políticos y en los derechos civiles. Es un mal momento para los derechos en el mundo y en ese sentido no puedo ser optimista.

El tribunal de Estrasburgo dictamina que es legal quemar un retrato del rey y unos días después, el Parlamento vota con el apoyo del PSOE mantener la tipificación de insultos al rey.

Eso es un ejemplo más del contagio. En cambio, me ha parecido valiente la decisión del Partido Socialista de no prorrogar la cadena perpetua revisable, de votar en contra aun sabiendo que es algo impopular en estos momentos. Bueno, eso es lo que tienen que hacer este tipo de partidos. Para eso los queremos y para eso los hemos votado.

¿Cree que el posfranquismo ha desaparecido completamente de España o sigue ahí?

Creo que ha desaparecido muchísimo, pero no del todo. Todos los días vemos, incluso en el Parlamento, algunas intervenciones que recuerdan a otros tiempos, pero creo que son minoritarios. En ese sentido, la aparición de Ciudadanos no va a modernizar tanto como creíamos a la derecha española, pero algo la va a modernizar.

Sánchez Cuenca me dijo en una entrevista con tal de que se vaya PP, que gobierne Ciudadanos.

Esa es la posición de Sánchez Cuenca que en buena parte corroboro. Creo en estos momentos el PP, aparte de todos los problemas que tiene relacionados con la corrupción, es un partido inútil para gobernar; están abrasados, no dan más de sí.

Un mar de plástico: la historia tras la impactante portada de National Geographic

6 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“Ocho millones de toneladas de plástico acaban en el océano cada año. Y esto es solo la punta del iceberg…”, es el subtítulo de la portada de National Geographic centrada en denunciar los peligros de un material que, según afirman en su página, empieza a biodegradarse a partir de 450 años. Ropa, botellas, anillas para latas… Son muchos los productos que atentan directamente contra la preservación de un planeta que lucha por no convertirse en un vertedero. Y, como reflejo de ello, la imagen con la que la revista abre su edición de junio: una enorme masa flotante que no es de hielo, sino de plástico.

El diseñador mexicano Jorge Gamboa es el responsable de una portada viralizada a través de redes sociales, donde algunos usuarios la catalogan de “memorable” e “impresionante”. También Vaughn Wallace, editor de la revista, considera que es una de esas imágenes que hacen historia. Sin embargo, no es la primera vez que se reconoce el potente mensaje de esta ilustración.

“La idea surgió por una asociación directa de elementos con los que he convivido a diario desde que estoy en la ciudad de Puebla (México)”, explica a este periódico el autor del cartel. Posteriormente, transformó aquellos objetos cotidianos en una imagen cargada de significado con una metáfora sencilla pero directa: “la punta del iceberg”. En este caso, de la contaminación.

El resultado final supuso unas seis horas de trabajo dedicadas a hacer fotografías, editarlas y lograr que aquel trozo de plástico pareciera un gran bloque de hielo. “Era necesario que el resultado final de la bolsa tuviera una punta para así asociar las formas de manera más directa y comprensible”, sostiene Gamboa, quien añade que para conseguirlo solo necesitó dos cosas: “Una cámara fotográfica y edición digital”. Pero también una tercera, quizá la más importante: la idea.

Con esa misma idea, el diseñador decidió participar en la Bienal del Cartel de Bolivia (BICeBé) de 2017, edición en la que recibieron más de 6.300 obras de 71 países del mundo. “Las evaluaciones analizan cada pieza por la claridad del mensaje, un buen cartel debe comunicar inequívocamente su propósito”, explica la coordinadora general del evento, Susana Machicao, a eldiario.es. Todo ello, unido al uso de la fuerza visual y semántica del lenguaje, convirtieron a la obra de Gamboa en ganadora de su categoría, la de mejor cartel político o social.

Una vez publicada la obra, al buzón electrónico del BICeBé llegaron cientos de mensajes pidiendo permiso para utilizarla en eventos o para hacer camisetas. “En 10 años de bienal ningún póster obtuvo la misma reacción”, aclaran desde la organización. Ya imaginaban que podía tener cierta repercusión, pero la respuesta superó toda expectativa. Según detalla Machicao, “al ser Jorge una persona muy reservada y alejada de las redes sociales”, fueron ellos quienes gestionaron toda aquella avalancha de peticiones “hasta establecer una confianza”.

Portada National Geographic

Desde entonces, como el BiCeBé  publica en Facebook, una decena de espacios comerciales y privados compraron o requirieron el cartel. Por ejemplo, la ONU Medio Ambiente en Brasil o Greenpeace España, entre otros. “De ninguna manera este tema se ha manejado de manera comercial, y los espacios que han pedido el uso han sido en su mayoría publicaciones medioambientales”, apunta Machicao. Continúa diciendo que, en algunos casos, “Jorge ha cedido los derechos sin coste alguno”, y que las dos únicas participaciones comerciales destacables son de Hugo Boss Alemania “que usará la imagen para su colección de camisetas de verano” y National Geographic, que “además hicieron un breve contrato”.

A pesar de ello, Gamboa matiza que en alguna ocasión ha rechazado posibles compradores o colaboradores “por cuestiones que desviaban la causa y el propósito de la imagen”. Lo que el diseñador busca, según detalla, es que “la imagen pueda llegar a diversos espectadores” para que así “genere un poco de conciencia sobre lo que está pasando con la industria del plástico”. Porque, al final, como el experto añade, “su problemática y solución también depende de cada uno de nosotros”.

Sin lugar para las 330 millones de toneladas

Justin Hofman | National Geographic
Justin Hofman | National Geographic

La portada se ha convertido en símbolo de conciencia medioambiental y, entre otras cosas, ha animado al National Geographic a eliminar el plástico de las publicaciones que llegan a sus suscriptores. Es solo un pequeño cambio que, como señalan en su web, “ahorrará al medio ambiente miles de bolsas no reutilizables”. No es suficiente, pero como apunta la directora editorial de Estados Unidos, Susan Goldberg, “es un ejemplo de esas simples medidas que empresas, Gobiernos y los ciudadanos podemos adoptar para garantizar un mundo menos contaminado”.

Como decía John Vidal, exjefe de la sección de Medio Ambiente de The Guardian,  “el plástico está en lo que comemos, bebemos y en el aire que respiramos y representa una amenaza cada vez más importante para la salud humana”. Y, como dato, el especialista medioambiental apunta que “en los años 50 el mundo producía dos millones de toneladas de plástico al año. Ahora son 330 millones de toneladas”.

A través de diferentes reportajes, la revista aborda los problemas derivados de los 5.700 millones de toneladas de residuos plásticos que no pasan por una planta de reciclaje. Y aunque la portada de Gamboa refleja todo esto en forma de metáfora, las imágenes más crudas se encuentran en el interior. Un caballito de mar agarrado a un bastocillo, una tortuga atrapada por unas redes, un león marino que ha ingerido un señuelo de pesca… Parece fauna y flora de un mundo posapocalíptico, pero es el presente.

Después de la enorme repercusión, ¿ha cambiado esta imagen la vida de Gamboa? El autor cree que es una pregunta bastante complicada de responder, al menos por ahora. Aun así, reconoce haber tenido varias “propuestas para realizar proyectos” y peticiones de personas interesadas “en cómo se realizó la toma fotográfica”. Asimismo, como estancarse en un solo diseño podría ser un error, el artista visual considera que necesita ponerse “nuevos retos”.

Por su parte, la coordinadora general del BICeBé señala que “la maravillosa reacción de la gente” se alinea con el objetivo principal de la organización, que no es otro que poner a los artistas latinoamericanos en la mira del mundo. “Este mes de junio, un diseñador mexicano invadirá el mundo con una portada que desde hace un poco más un año ha dado que hablar en redes sociales. Alegría hay de sobra”, agrega. Pero, a pesar de todo ¿es posible soñar un planeta sin plástico? “Sí, creo que, con el apoyo de la industria, la información y la voluntad puede ser posible”, responde Gamboa.

Jordi Chias | National Geographic
Jordi Chias | National Geographic

Dadles un salva-arañas y cambiarán el mundo

6 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Eran las 10 de la mañana cuando abrí la puerta de clase. Las niñas y los niños me saludaron y se dispusieron en una fila para salir. De repente se oyó un pequeño grito: “¡Una araña!”, gritó uno de ellos, a la vez que ponía cara de susto, abriendo mucho los ojos, agitando las manos y señalando a la pared. El resto de la clase se apartó también.

“Silencio”, les dije, “vamos a movernos sin hacer ruido, no sea que la araña nos haga una llave de yudo y nos inmovilice”. A lo cual respondieron con bastantes risas.

Nos separamos de la pared y les propuse hablar para ver qué podíamos hacer. Y les planteé una cuestión: “¿creéis que la araña prefiere estar con los suyos o con nosotras, a quienes además nos tiene que ver como seres gigantes? Poneos en su lugar y pensad si vosotros preferís estar con las arañas o con los compas de clase. Tal vez esté buscando la salida para ir a buscar a sus compis arañas”.

Fuera como fuese, lo que era cierto es que teníamos un problema de convivencia. ¿Qué hacer ante aquel problema?

“Tal vez deberíamos reflexionar sobre quién podía abrir la puerta o la ventana para que la araña pudiese salir. ¿Podría hacerlo ella misma (señalando a la araña) o tal vez lo tendría que hacer la gente gigante (señalando al grupo de personas que estábamos en la clase)?”. “¿Creéis que las chicas y los chicos que estábamos aquí somos mucho más grandes y fuertes que la araña?”. Y todo el mundo asintió sin dudarlo.

“¿Creéis que la gente grande y fuerte tiene que aprovechar su fuerza para ayudar o para ‘abusar’? En el lenguaje del patio de recreo ‘abusar’ significa imponer por la fuerza lo que tú quieres hacer. Y claro está, dijeron que para ayudar. “Y si en vez de una araña es un niño o niña más peque que yo, ¿qué tengo que hacer, ayudar si se ha caído o reírme de él: ‘anda canijo, que te has caído’?”. Ayudar, dijeron unánimemente otra vez.

“¿Pensáis que la gente grande tiene que ir dando collejas para hacerse el chulito o la chulita, o tiene que ayudar?” Ayudar, contestaron sin dudar. “¿Cómo creéis que se siente mejor una persona, haciendo daño o ayudando?”. Ayudando, dijo toda la clase. “¿Cómo lo pasáis mejor, cuando os portáis de forma violenta o cuando ayudáis?”. La respuesta fue inmediata: cuando ayudamos. “¿Cómo os gusta que se comporten vuestros amigos y vuestras amigas, con violencia o sin violencia?”. Sin violencia dijeron a la vez.

Y así estuvimos un ratito más, haciéndonos preguntas y dándonos las respuestas. Hablando de lo que se consigue con la violencia: enfadarse más, reñir más, perder amigas y amigos, pasar mal rato, llorar… Y hubiéramos estado mucho más tiempo pero el polideportivo nos estaba esperando y, claro está, nos teníamos que marchar. En dos días les volvería a ver y podríamos seguir hablando, pero antes de irnos teníamos que decidir: ¿Qué hacemos?

“Tenemos dos posibilidades: coger un trapo y darle golpes a la araña y luego tirarla a la papelera, como siempre se ha hecho; o ayudarla a salir de clase, el modo empático. Pensar en lo que hemos hablado y contestad lo que penséis de verdad”. Y nadie, absolutamente nadie, ni el niño que tanto se asustó, optó por golpear a la araña.

Empezamos hablando de una araña y terminamos con la convicción de que no hay que ser violento con los demás, sean de la especie que sean, de que hay que ser solidario, de que me siento mejor ayudando que haciendo daño, de que la violencia es mala y no sirve para relacionarse, de que la violencia no es buena para convivir… Teníamos un problema de convivencia, un conflicto de intereses que se puede resolver al modo tradicional, golpeando al ser que nos plantea el conflicto y deshaciéndonos del cadáver, o con empatía y sin violencia.

“Tenemos que elegir, y lo haremos libremente. Será nuestra decisión y, por supuesto, asumida y respetada por todo el grupo”. Puse toda mi confianza en aquellos peques que tenía delante, algo que tendríamos que hacer más a menudo. Resultado: todo el mundo eligió la empatía. Y eligieron la empatía porque nos dimos la oportunidad de hablar con afán de resolver y buscar la mejor solución para todas las partes; eligieron la empatía porque pusimos en entredicho el ‘modo tradicional’ de actuar; se eligió la empatía porque mostramos la realidad de la violencia, que es hacer daño o, peor aún, matar; se eligió la empatía porque entendimos que la araña tiene una vida y merece ser respetada; se eligió la empatía porque las niñas y los niños quieren convivir, pero convivir sin violencia.

Y además esta elección fue libre y soberana. Podían elegir entre la violencia o la empatía, y no defraudaron, eligieron la empatía. Una elección libre supone siempre una reflexión y un mínimo de espíritu crítico.

Y una vez que teníamos clara la decisión, llegó el momento de ayudar a la araña. ¿Quién cogería a la araña y la ayudaría a salir a la ventana, a la calle o al jardincito de enfrente? Y ahí es donde entra en juego un instrumento fantástico que me enseñó mí amiga Nelly: el salva-arañas. No es más que un cono de cartulina, preciosamente decorado y una base, de más o menos medio folio de tamaño, con su decoración correspondiente.

¿Cómo funciona este prodigio tecnológico? Pues muy fácilmente: ponemos la base cerca de la araña y cuando sube la tapamos con el cono y con todo el cuidado del mundo le sacamos al jardín, a la calle o a la ventana.

Ni que decir tiene que ahora cada clase tiene su salva-arañas. Cada cierto tiempo las niñas y niños de los últimos cursos hacen salva-arañas y los reparten por las clases para que así se pueda sacar a cualquier “bicho” que nos encontremos en clase sin necesidad de tener que matarlo.

Es digna de ver la cara de satisfacción que tienen cuando cogen el salva-arañas y son capaces de salvar la vida de un ser minúsculo. El orgullo y el gozo se les nota en el rostro alegre y satisfecho de quien sabe que ha contribuido a salvar una vida, y eso afianza y fortalece su autoestima.

Esta decisión de optar entre usar el salva-arañas o dar un pisotón o golpear con la bayeta es una decisión que las niñas y niños toman de forma autónoma, sin consultar con nadie. Y qué duda cabe que esa opción puede ser el principio de la asunción de la resolución de conflictos de forma pacífica, y la asimilación de que mi fuerza y mi conocimiento son para ayudar, no para infligir daño o intimidar.

Las niñas y niños de primaria no pueden elegir su comida ni pueden elegir dónde vivir, pero sí pueden elegir entre matar a la araña o a cualquier otro ser vivo pequeño, o ayudar a ese ser vivo que, aunque pequeño, no deja de ser un ser sintiente a fin de cuentas. Pueden elegir entre hacer un ejercicio de empatía o un ejercicio de violencia. Y cuando conocen la empatía, eligen la empatía, sin duda alguna. Y esa empatía la llevarán a sus relaciones sociales, a su modo de convivencia, a su forma de resolver los problemas con sus compañeras y compañeros de clase.

Démosles autonomía y poder de decisión, pero también démosles otra forma de actuar, otra forma de entender las relaciones, otra forma de solucionar sus discrepancias. En definitiva, otra forma de convivir, y veremos cómo la cordialidad, la mesura y el respeto entran en nuestras aulas.

Un sencillo cono les pone ante la disyuntiva de poder ejercer la empatía o ejercer la violencia; de usar el cono haciendo un ejercicio empático entendiendo que todos convivimos en el mismo espacio y que todos tenemos derecho a vivir o dejar el cono y actuar como se ha hecho siempre, como se ha hecho tradicionalmente, a base de golpes.

Un sencillo cono les puede iniciar en el camino de la convivencia sin violencia y absolutamente nadie puede dudar de que aprender a convivir sin violencia supone cambiar la sociedad, y cambiarla para bien. Por eso, dadles un salva-arañas y cambiarán el mundo.

“Lo fundamental de la renta básica es concebir que recibir un ingreso y vivir al margen del trabajo remunerado es justo”

5 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“¿Cuándo no tienes prisa?” Es una de las muchas preguntas que lanza Jorge Moruno al lector en su libro No tengo tiempo. Geografías de la precariedad (Akal) con el que trata de hacer reflexionar sobre el ritmo frenético instado en nuestras vidas, con las fronteras entre el trabajo y lo personal cada vez más difusas y en las que la precariedad va ganando terreno. Los “no me da la vida”, “no llego a nada” y “no tengo tiempo” no son “un efecto meteorológico, sino el resultado y a la vez productor de una serie de relaciones y de condiciones dadas”, advierte el sociólogo y responsable de discurso de Podemos desde su nacimiento hasta febrero de 2017. Las 124 páginas de su nuevo trabajo sirven también para advertir del camuflaje de la precariedad gracias al coaching empresarial: “Hace que vivamos nuestra servidumbre como si fuera una libertad”.

En el libro aborda la “descomposición de la sociedad del empleo”. 

Es consecuencia de la descomposición de todo un modo de convivencia, que vengo a definir como la sociedad del empleo. Empleo no es un sinónimo de trabajo remunerado. El empleo es la forma que adopta el trabajo en un periodo histórico muy concreto, especialmente en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la crisis de los años 70.  Ese modelo no se ha sustituido: se ha seguido pensando sobre el papel del empleo como vía de acceso a la condición de ciudadanía, a los derechos y a un consumo. Esto es lo que está puesto en duda, ya cada vez se garantiza menos encontrar un trabajo, y tener un trabajo ya no te garantiza tener una vida medianamente digna. Pero se sigue pensando que es la única vía de acceso para conseguirla.

Usted defiende que no lo es. 

Yo lo que trato de poner en cuestión es: ¿y si negamos la máxima? ¿Y si negamos que ser ciudadano solo se es si tenemos un empleo? Ahí está el debate y cómo eso trastoca los imaginarios forjados desde el siglo XIX, desde que se inaugura la sociedad de trabajadores. El trabajo tal y como lo entendemos es fruto de la modernidad industrial, antes no existía. Lo cual nos viene a decir que no tiene por qué funcionar una sociedad de la misma manera, que podría llegar a funcionar de otra.

En su opinión, no cambiar el discurso no conduce a una sociedad con un gran número de excluidos.

Lo fundamental es cómo imaginar el horizonte: la cuestión es que o vamos a una sociedad de pobres o tenemos la oportunidad de construir una sociedad del bienestar. Hay que pasar a la ofensiva de la sociedad de trabajadores a la sociedad del bienestar y apuntar todo lo alto que se pueda. En tanto que trabajadores solo podemos reproducirnos si encontramos un trabajo, pero ¿y si impugnamos nuestra condición de trabajador? ¿Y si podemos generar un modo de vida donde para poder vivir no tengas que ser necesariamente un trabajador?

¿Debemos cambiar la idea de que hay que acceder a un trabajo o hay que mejorar las condiciones del empleo que tenemos?

En mi opinión, el abismo que enfrenta el siglo XXI es la posibilidad de construir una sociedad que genera más riqueza con cada vez menos trabajo directamente empleado, menos trabajo humano. Eso abre las posibilidades de una sociedad más enfocada al bienestar, o a una sociedad que nos sigue obligando a regirnos por un baremo de la riqueza que se queda anacrónico, en el que el trabajo se convierte en un embudo por el que cada vez pasa menos gente y quien pasa tiene cada vez menos cosas garantizadas.

Esto que es fundamental tenerlo como horizonte debe ser combinable con el “mientras tanto”: mientras tanto qué hacemos. Es necesario crear empleo, mejorar los convenios colectivos, subir salarios, y enfocarse en sectores de mayor riqueza, pero esto no invalida la contradicción a la que creo que nos enfrentamos en el siglo XXI.

Uno de los retos del siglo que aborda es la robotización. 

El debate sobre la robotización no es entre una vida tipo Wallie, en la que nadie tiene que hacer nada porque las máquinas hacen todo o la opción en la que solo tenemos que reciclarnos laboralmente, hacernos un curso web y mejorar nuestras habilidades porque el empleo que se destruye en unos sectores se va a desplazar a otros. Yo creo que ninguna de estas dos opciones nos dicen mucho, lo importante es lo que pasa entre medias. Qué pasa con todas esas generaciones enteras que sufren entre medias ese desgarro, no les podemos decir que esto a lo mejor se soluciona en 50 o 70 años, pero que en el “mientras tanto” van a ser pobres.

¿Eso está comenzando a pasar?

¿Qué es lo que está sucediendo en Europa? Los equilibrios que sostenían un tipo de sociedad se están desmoronando, eso genera una incertidumbre, una pérdida de sentido. Y aquí hay que garantizar, si no es por la vía del trabajo remunerado, por otro tipo de vías, la libertad, la seguridad, las certezas.

En ausencia de una certeza, podemos acabar abrazando el orden del amo. Recuerdo mucho la película de La vida de Brian: cuando le meten en la cárcel a Brian y está el otro tipo colgado en la pared y dice “ay, yo daría todo lo que fuera por que el carcelero me escupiera en la cara, qué privilegiado eres”. En esta escalera del privilegiado, si asumimos la realidad como es y que no se puede cambiar, estar explotado va a ser un privilegio porque la otra opción es ser un excluido.

Jorge Moruno, durante la entrevista con eldiario.es
Jorge Moruno, durante la entrevista con eldiario.es DAVID CONDE

El tiempo y su relación con la precariedad son centrales en su libro. Habla de una cadena en la que en el eslabón más débil están los que tienen menos tiempo disponible.

El capitalismo nos lleva a una sociedad en la que aquel que tiene menos tiempo, menos decisión sobre su propio tiempo, es aquel que está en la escala más baja, más sometido. Y eso siempre recae sobre aquel que limpia. Aquellas que limpian, son las personas cuyo tiempo está totalmente subordinado al tiempo de otros. En nuestra sociedad aquel que utiliza Deliveroo, lo hace porque llega a casa y no sabe qué tiene en la cocina, a su vez tampoco tiene tiempo.

Para no moralizar: un precario es normal que utilice Ryanair si quiere moverse, aunque Ryanair genera a su vez precariedad. Es normal que, si quiere viajar, utilice Airbnb porque no puede costearse un hotel.

La precariedad sostiene que es un terreno para hacer negocio.

La precariedad y la falta de tiempo son un nicho de mercado donde aparecen innumerable oportunidades de negocio. De repente ahora aparecen los muebles de cartón, los potitos, salía el otro día una aplicación móvil que te revenden las sobras de las comidas de los restaurantes de otros, porque así te la venden un 70% más barata. Si eleváramos el nivel de vida de la sociedad, muchos de estos negocios no tendrían tanto sentido porque la gente no se vería abocada a tener que consumirlos.

En este punto aborda la llamada “economía colaborativa” o de plataformas. ¿Es siempre generadora de precariedad?

Las cosas nunca tienen sentido por sí mismas, sino que tienen un sentido dependiendo de la relación en la que se insertan. Wallapop uno podría pensar qué tiene de malo: se aprovechan más las cosas de segunda mano. En sí mismo no tiene un problema. El problema es dónde se inscriben todas estas oportunidades de negocio y lo hacen en una suerte de decrecimiento capitalista, donde como a raíz de la crisis la gente tiene menos poder adquisitivo, necesita –en una sociedad mediada por el dinero– ingresar más sea del modo que sea.

Yo creo que algunas de estas aplicaciones podrían tener un sentido municipal o un sentido público. ¿Por qué vamos a dejar en manos de Airbnb un sistema en el que gente que tenga una habitación pueda intercambiarla con otro? ¿Por qué tiene que estar todo sometido a unas empresas que no pagan impuestos, extraen una renta y se van fuera y no dejan nada en el país donde están?

Estas nuevas plataformas, defiende, tienen muchas veces un discurso con el que tratan de invisibilizar esta precariedad. 

Todos estos modelos, y coinciden los informes de la OCDE y de la OIT, abren una oportunidad para la gente que se queda fuera del ciclo laboral y que no tiene posibilidades de entrar. Se hace de la necesidad virtud, se trata de buscar soluciones a realidades infames, pero nunca se cuestiona lo infame que es la realidad.

El problema de esto es que la lucha de clases es también una lucha discursiva. Hablaba con uno en Twitter el otro día sobre Deliveroo y me decía que los riders no eran precarios, que eran microemprendedores que están tomando las riendas de su futuro. Claro, si tú sales a la calle y dices ‘voy a hacer un misión’, soy una especie de Indiana Jones que todas las mañanas tengo un reto, que es superarme a mí mismo.

Para llegar a estos planteamientos e imaginarios, destaca el papel del coaching empresarial.

La industria del coaching es tanto más fuerte cuanto peor se vive, cuanto más se degradan las condiciones de vida. Toda esta suerte de lenguaje, en el que no “trabajas para” sino que “colaboras con”, en el que no te “despiden” sino que te “desconectan”, donde no te “controlan” sino que te “valoran”, es una forma de reinterpretar cómo nos vemos en sociedad, qué es lo justo y lo injusto. Si nos hacen pensar que la situación que existe solo es fruto de nuestra actitud y de nuestro interés de conseguir el éxito, si no lo conseguimos es porque no hemos perseguido con suficiente tenacidad nuestros sueños.

Hacen que vivamos nuestra servidumbre como si fuera una libertad: tu libertad es precisamente no saber qué va a ser de ti mañana, eso lo tienes que vivir como una misión.

Una de las herramientas que aborda para llegar a la “sociedad del bienestar” es la renta básica universal.

No soy muy dado a fetichizar medidas. Creo que la renta básica en sí misma no nos dice nada, hay que explicarla. El sentido de la renta básica es en sí misma una batalla política. Porque alguien podría pensar que te dan una renta básica y te dan otro tipo de derechos y, por lo tanto, tú ya no te puedes quejar porque recibes un ingreso. Por eso, solo pensarla desde la perspectiva de acabar con la pobreza, que es fundamental, creo que es limitado y empodera poco.

¿Y cómo debe abordarse?

Lo que hay que hacer es incorporarla para incrementar el margen de libertad y el margen de acción. Es decir, contar con la renta básica y con muchos otros derechos –movilidad, alquiler social, etc–, contar con las garantías suficientes que te generan una seguridad para que puedas tener un mayor poder de negociación. Es decir, ahí donde alguien te ofrece un trabajo con unas condiciones miserables poder decirle ‘lo voy a rechazar’.

Dice que la renta básica es una batalla política y que requiere cambiar el imaginario.

Cuando dicen que la gente tiene una renta garantizada que se le da “a cambio de nada”, ¿qué entendemos por nada? Porque las mujeres realizan una media de 26 horas y media a la semana a trabajos no pagados, en trabajo doméstico, en ONG y demás. ¿Eso es nada? Según la visión del mundo en el que vivimos, solo es “algo” aquello por lo que alguien extrae un beneficio económico y el resto no es “nada”.

Además, si cada vez es más factible trabajar menos y se produce más riqueza, ¿por qué para poder comer hay que tener que trabajar?

¿Cómo se puede financiar la renta básica universal?

Ahí hay un problema de imaginario. No es que no sea importante hacer las cuentas, hay gente que las hace y llevan 20 años trabajando en ello, y es el profesor Raventós, la gente de Sin Permiso que buscan distintos métodos –sea por IRPF o por otro tipo de impuestos–, pero sinceramente yo creo que eso es secundario. Lo fundamental es concebir que eso es justo. Que recibir un ingreso y mantener una vida garantizada al margen del trabajo remunerado, o no solo dependiente de este, es justo. A no ser que pensemos que en el mundo no hay capacidad para que toda la sociedad tenga una vida digna.

Pero muchos critican la medida insistiendo en el “y esto cómo se paga”.  

Siempre todas las preguntas son “¿y eso cómo se paga?” cuando en realidad lo insostenible es otra cosa, el enfoque debe ser totalmente distinto. Debería ser “¿cómo se vive así, cómo se sobrevive en una sociedad en la que el 30% de la población en edad de trabajar están en riesgo de pobreza, que lo dice Adecco. Las preguntas deberían ser: ¿de qué sirve bajar los datos del paro si eso no garantiza la vida a la gente? ¿Es viable una sociedad en la que no para de aumentar la pobreza, la incertidumbre y la precariedad?

Si en 2004 había 84 personas que tenían un patrimonio de 30 millones de euros, ¿por qué en 2015 hay 549 personas? ¿Por qué en los últimos años los 200 más ricos del mundo han aumentado en más de 100.000 millones de euros su patrimonio?

En esa necesidad de cambiar el imaginario, usted destaca la labor del movimiento feminista. 

El feminismo es de los pocos movimientos si no el único que es capaz no solo de quejarse de cosas puntuales, sino que es capaz de modificar el orden de las razones. Es decir, que está yendo a las causas. Ese ahondar en las causas –por qué no se valoran una serie de trabajos y sí otros, por qué hay brecha salarial– tiene la posibilidad de alterar el modo en el que nos relacionamos.

Actualmente solo se le da valor a aquello por lo que alguien te paga. Si no te pagan, quiere decir que no tiene valor y por lo tanto es nada. Todo el trabajo reproductivo y de cuidados es nada. Y ahí es cuando las mujeres dicen que hay otro concepto de riqueza, que no se mide por esos baremos sino por otros criterios.

Considera, además, que mantener la deriva del empleo precario y la falta de tiempo hace perder talento a la sociedad. 

¿Qué es lo que permite a Virginia Wolf ser Virginia Wolf? Obviamente ella, pero necesita –como ella misma dice– unas condiciones para serlo, que es una herencia, es decir, un tiempo propio. Ese tiempo propio le permite poder desarrollar su obra. ¿Eso quiere decir que todo el mundo con un tiempo propio puede ser Virginia Wolf? No. Pero quiere decir que sin ese tiempo propio no podría haber sido Virginia Wolf. En un mundo en el que ese tiempo lo tiramos por el retrete en trabajos que nos aportan nada, que los hacemos simplemente porque necesitamos dinero, lo que hacemos es tirar la inteligencia de la sociedad en lugar de ponerla a trabajar para el beneficio común.

Jorge Moruno presenta su nuevo libro "No tengo tiempo"
Jorge Moruno presenta su nuevo libro ‘No tengo tiempo’ DAVID CONDE

¿Cómo podríamos empezar a caminar hacia la sociedad del bienestar que dibujas?

Para empezar, contar con un imaginario: que la gente desee otra cosa distinta. Una mentira nunca se combate con una verdad. Un imaginario instalado se combate con un imaginario más fuerte que atrae. Esto lo decía Baruch Spinoza, el filósofo, el ser humano no desea aquello que le parece bien, le parece bien aquello que desea. Por ejemplo, con el enfoque del pleno empleo: ahí nos va a ganar el Partido Popular, porque ellos van a bajar los datos de paro, aunque sea a costa de subir los datos de la miseria.

 Y una vez que construyes ese imaginario, que yo creo que todavía nos falta, que estamos en ese tránsito de tomar la crisis a la defensiva, no todavía a la ofensiva. Estamos en el “¿por qué nos hacéis esto?”, “¿por qué nos quitáis lo que se ha conseguido?”, “¿por qué desgarráis a la sociedad?”. Creo que poco eso va a ir transformándose, hay que convertirlo en otro imaginario que es “nos debéis cada vez más cosas” y “nos estáis robando todo y vamos a querer más.

¿Es posible en la actualidad esa transformación?

Todos los avances históricos del movimiento obrero han sido siempre porque han pensado que se podía vivir de otra manera. Los seres humanos nos movilizamos a través de imágenes. O construimos esas imágenes, o si no va a perdurar la del prohombre triunfador, el “búscate la vida”, el “si no puedes cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”. O le damos la vuelta y decimos “la única forma de cambiarte a ti mismo es cambiar el mundo”, o nos vamos a seguir rigiendo por una fórmula que nos aboca a competitividad extrema, a mordernos como pirañas para conseguir la mejor evaluación del jefe.

Siempre se suele calificar de pesimistas a aquellos que criticamos el statu quo, pero en realidad somos profundamente optimistas, porque no nos resignamos a pensar que el mundo tiene que ser de esta manera. Los autollamados optimistas, que nunca ponen en cuestión el porqué de las cosas y solo se preguntan cómo me puedo adaptar a ellas, son conformistas que es algo muy distinto. Lo que tenemos que hacer, como decía Andre Gorz, de las miserias del presente construir la riqueza de lo posible.

De himnos y rimas

27 abril, 2018

Fuente: http://www.lamarea.com

Algunas reflexiones tras la actuación de Marta Sánchez y la condena de Valtònyc: “Un camino te lleva a poner tu impulso artístico al lado del mejor postor, el otro al lado del que nunca puede pujar”.

21 febrero 2018
09:40
De himnos y rimas
El rapero Valtònyc junto a la Audiencia Nacional. FERNANDO SÁNCHEZ

Cuando hace unos meses, a propósito de la crisis catalana, escribía que España estaba más cerca de Turquía que de los Balcanes no pretendía exagerar nuestro contexto, sino trazar el rumbo del viaje que algunos han hecho emprender a este país hacia el recorte de libertades, hacia la deriva autoritaria. La actualidad, que es a veces suceso y a veces sucedáneo, va sobrada de escenografía, pero carece de escrúpulos, por lo que en apenas 48 horas nos ha brindado una nueva representación de este hundimiento.

El domingo, entre la chanza y la estupefacción, vimos cómo Marta Sánchez ponía letra al himno nacional. El espacio donde se cometió el letricidio no pudo ser más apropiado que el Teatro de la Zarzuela. En primer lugar, porque este giro precocinado de la actualidad a quien iba destinado era a las clases populares, lo mismo que el género chico. En segundo, porque si la Zarzuela recibe este nombre, coincidente con el del palacio de nuestra realeza, es porque las primeras representaciones tuvieron lugar allí. En tercer lugar, porque el himno nacional es la Marcha Real, que a fuerza de interpretarse en cada aparición regia acabó por ser asimilado popularmente a la encarnación musical de la nación.

Este país necesita urgentemente de muchas cosas, no se encuentra entre ellas una letra para su himno, como han insistido los líderes de la derecha azul y naranja en sus redes sociales. Que Marta Sánchez necesita dar impulso a su carrera, que siendo generosos podríamos calificar de descendente, parece obvio, casi tanto como que los políticos conservadores necesitan del rojigualdismo como la intérprete de Soldados del amor del aplauso del público.

Este país necesita urgentemente un nuevo modelo territorial, un plan de vivienda pública, sacar a su economía del ladrillazo, un modelo productivo que no esté basado en la precariedad, destronar a la corrupción de las instituciones y unas medidas efectivas contra la violencia de género. Como los políticos de la derecha azul y naranja o bien consideran a algunos de estos temas poco relevantes o bien su ideología les lleva a reafirmarlos, necesitan prefabricar actualidad de la manera que sea. Cuando meten a Venezuela en el armario, el miedo al coco comunista asusta menos y sus casos aislados de latrocinio se agitan, no hay nada como una buena ración de españolismo para salvar la cara.

Porque el españolismo es esto, no el amor hacia el país, sino la utilización de una idea muy concreta y retrógrada de país para tapar las vergüenzas y mantener los dineros. Lo de himno, que se pretendía épico, acaba siendo parodia porque detrás no hay un deseo sincero de una sociedad más decente, justa e igualitaria, sino de mantenerla como un cortijo para cuatro ratas codiciosas. Si las banderas ya destiñen en los balcones es, además de por su manufactura oriental, porque se van a necesitar muchos metros de tela colgados muchos meses para llevar el plan a cabo.

El rojigualdismo, sin embargo, no es la enfermedad sino el síntoma. Para acabar de cimentar el trono al Borbón regente y por ende al IBEX 35, auténtica corte de los milagros del felipismo, se necesita meter en vereda a toda esa gente que les dio un susto votando a quien no debía y saliendo a la calle más de lo que cualquier estabilidad burguesa aconseja. Para eso se necesita autoritarismo, es decir, convertir la porra y la toga no en una cesión de parte de nuestra soberanía ciudadana, sino en una imposición constante de la soberanía de unos pocos. Luego ayudan las divisiones de opinadores y los antidisturbios con columna que o bien te suavizan tal asuntillo o bien señalan al enemigo interior con insistencia.

Pero para que un sistema autoritario funcione, además es necesaria la connivencia de un grupo social lo suficientemente amplio, que no mayoritario, para hacer de correa de transmisión de tus necesidades. Si la pasada semana hablábamos de los anhelantes, esta nos referimos a los dispuestos. Al portero que señala, al estanquero que apunta, al limpiabotas que delata, a ese costumbrismo de pensión y brasero que vuelve. Gente que entiende que la idea que tienen del país los que presiden los consejos de administración es el país en sí mismo y que, por tanto, defendiendo a su España, lo único que hacen es defender al IBEX.

Últimamente repito mucho eso de que es políticamente baldío moralizar el gusto, sin embargo hoy me voy a permitir una excepción. Tengo pocas esperanzas en que alguien que saca una entrada para ver a Marta Sánchez entienda nada de esto, que se resume en que los que estaban aplaudiendo en la Zarzuela, el teatro, son un número despreciable en una estadística para los que aplauden en la Zarzuela, el palacio. No así que exista aún mucha gente, estos últimos meses entre estupefacta y atemorizada, que frente a la dureza insoslayable de su día a día vea este despliegue de patrioterismo como lo que es: un sainete trágico.

Otro cantante, Valtònyc, un rapero mallorquín de 23 años, ha sido condenado a tres años y seis meses de cárcel por sus rimas. Aunque posiblemente sea una cita apócrifa, producto de un tiempo de incertidumbres en que las buenas ideas necesitan de una autoridad moral para ser tenidas en cuenta, se atribuye a Woody Guthrie la siguiente frase: “El trabajo de un cantante popular es consolar a las personas apesadumbradas y molestar a las personas acomodadas”.

Valtònyc, sin guitarra pero con bases, se decidió por seguir los pasos de Guthrie en vez de los de cantantes ligeros que igual te valen para el hilo musical que para jugar a starlette en la Guerra del Golfo. Un camino es fácil, al menos en lo que a relación con lo penal se refiere, el otro no. Un camino está al servicio del entretenimiento, que no es nada malo salvo que se torne escapismo, el otro está al servicio de la turbación. Un camino te lleva a poner tu impulso artístico al lado del mejor postor, el otro al lado del que nunca puede pujar. Uno te convierte en una estrella o un payaso –a menudo ambas cosas a la vez–, el otro te suele mandar al ostracismo.

La rimas por las que Valtònyc ha sido condenado son a ratos descriptivas y a ratos brutales. Vivimos en un país de una institucionalidad corrupta porque así se ha construido esta economía y su relación con la política. El rapero, por tanto, describe lo que ve. Cuando, por contra, de lo que habla es de kalashnikovs, grupos terroristas y bombas nucleares, lo que hace es dar una respuesta brutal a un sistema brutal. Guthrie no utilizaba la violencia explícita en sus letras posiblemente porque la vivió, Valtònyc se expresa violentamente porque la pasión destruida renace en la pasión por la destrucción.

Se puede decir que la mayoría de personas que ahora tienen menos de 25 años comenzaron su vida adulta cuando palabras como recorte, ajuste y despido se hicieron parte consustancial de nuestro día a día. Que nadie espere ahora que, frente a este panorama, escriban letras amables y confiadas. Que Valtònyc se exprese con extrema crudeza es solo parte de una ecuación que pretende compensar las toneladas de sonrisas de una televisión que obvia las lágrimas. Es verdad que muchas de sus letras son desagradables, pero más lo fue ver a gente suicidándose por perder su casa y que ahora nos digan que todo eso nunca pasó.

Los señores de la toga saben que Valtònyc no es un peligro para nadie, pero esto no se trata de una cuestión judicial. Se trata de repetir a gran escala lo que ya pasó en Euskadi hace unas décadas, hacer que la Zona Especial Norte sea todo el país. Hacer que tengamos miedo a salir a la calle, a expresarnos en público, a tomar nuestras armas, que son teclados y micrófonos, para hablar de lo que nunca se habla y narrar a los que nunca son narrados. Para reducir nuestra vida a lo mostrenco, a un aplauso perpetuo a un ritmo decadente, a la angustia de pensar que estamos solos.

Toni Mejías: “Es imposible escapar del fútbol”

22 abril, 2018

Fuente: http://www.panenka.org

Charlamos durante 54 minutos que se consumen como si fueran un instante. El tiempo, efímero, no perdona y avanza imparable. Lo cierto es que, parafraseando a Amélie Poulain, no es una buena época para los soñadores y para los raperos, pero Toni Mejías (Benetúser, 1984), una de las voces de Los Chikos del Maíz y de Riot Propaganda, continúa utilizando la música para alzar la voz y para intentar cambiarlo todo. Tal y como canta él mismo en El peso del tiempo“todavía me niego a envejecer. Con la sonrisa de un niño y aún tanto por hacer. Un mundo por recorrer, un futuro que conquistar”.Con todo, conversar con Toni, un tipo que es de izquierdas incluso para sujetar el micro con el que proclama que “no nacimos para resistir, nacimos para vencer” y que lleva tatuado el Guernica de Pablo Picasso en un brazo y el rostro de una luchadora antifranquista en el otro, te hace constatar que el fútbol, una de sus grandes aficiones, es como un juguete roto al que ve con nostalgia. En los últimos años la ciudadanía ha perdido muchas cosas, y la esencia del fútbol, pervertida y maltratada continuamente a base de billetes, es una de ellas. Aun así, a pesar del evidente desencanto con un balompié irreconocible, admite que no es posible alejarse de él. “Es imposible escapar del fútbol”, reconoce el cantante valenciano, asumiendo con una sonrisa triste las grandes contradicciones que provoca el fútbol moderno entre quienes defienden las ideas de izquierdas. La suya puede parecer una posición de debilidad, y quizás efectivamente lo sea, pero en este mundo de zombis alineados deambulando en los escaparates, de modernos primates dirigidos por control remoto, de plástico y maniquís, puede que lo más valiente sea emular a Toni Mejías y a André Gomes: quitarse la careta, aceptar las propias inseguridades e intentar utilizarlas como trampolín para continuar andando.

En la parte final de Defensa de la alegría, Los Chikos del Maíz reproducen un fragmento de Por qué cantamos de Mario Benedetti, un poema en el que el célebre autor uruguayo aseguraba que “si estamos lejos como un horizonte, si allá quedaron árboles y cielo, si cada noche es siempre alguna ausencia y cada despertar un desencuentro; usted preguntará por qué cantamos. Cantamos porque el grito no es bastante y no es bastante el llanto ni la bronca. Cantamos porque creemos en la gente y porque venceremos la derrota. Cantamos porque llueve sobre el surco y somos militantes de la vida, y porque no podemos ni queremos dejar que la canción se haga ceniza”. Toni sigue cantando, también, porque aún sueña con que el mundo sea un lugar mejor para todos y con que el fútbol, “como decía Valdano, la cosa más importante de las cosas menos importantes”, vuelva a ser lo que un día fue. Y es que quizás el miedo nunca cambie de bando, y quizás los que siempre han ganado continúen ganando eternamente, pero Toni es de los que apuestan por mantener el puño en alto, por aguantar el chaparrón como sea y por continuar sonriendo desde el barro, que eso también les jode.

El día que empecé a preparar esta entrevista fue el mismo en el que falleció un ertzaina por los enfrentamientos entre los ultras del Athletic Club y el Spartak de Moscú; el mismo en el que, cuando fue preguntado por la relación entre Fernando Torres y el ‘Cholo’ Simeone, Vitolo respondió: “No somos mujeres como para ir metiendo cizaña”. Tal y como cantáis con Riot Propaganda en Plata o plomo, “el mundo continúa siendo un manicomio”.

El fútbol es un fiel reflejo de la sociedad. Es el deporte de masas, el más seguido, y también es el que mejor refleja cómo es una sociedad en la que el fascismo y el machismo continúan estando muy presentes. Al final, el fútbol no puede escapar de lo que es la sociedad. Lo bueno es que Vitolo tuvo que rectificar y que en el Frente Atlético y en otras graderías se está intentando empezar a expulsar a los fascistas violentos. Empieza a haber algunos cambios que espero que vayan para adelante.

Empecemos fuertes. ¿Odio eterno al fútbol moderno?

Sí… Pero es que tampoco puedes escapar de él. Es que si te plantearas todas las cosas que hay alrededor del fútbol no lo verías. Por ejemplo, aunque trabajo de músico, yo soy periodista titulado y este mundo me interesa mucho… Todo lo que ha perdido el periodismo deportivo durante estos años es tremendo, y creo que es uno de los grandes culpables de cómo se ve el fútbol actualmente y de cómo se vive, de la tensión y del odio que se genera, del hecho que la gente no pueda ver ni respetar a un jugador que no es de su equipo. Y, además de la gran parte de culpa que tiene el periodismo, también están los negocios que se hacen en los palcos entre políticos y empresarios, los fichajes millonarios que están cerrando los jeques árabes y rusos… Sí, el fútbol se está deteriorando muchísimo. Al final, intentas quedarte un poco con lo que sucede en el campo, disfrutar de los buenos jugadores y ser consciente de esas contradicciones con las que convivimos. Vivimos en una constante contradicción de la que no podemos escapar. Sufrimos el odio eterno a lo que es hoy el fútbol y a los negocios que se mueven alrededor de él, pero nos gusta y seguimos disfrutando del juego.

“Vivimos en una constante contradicción de la que no podemos escapar. Sufrimos el odio eterno a lo que es hoy el fútbol, pero nos gusta y seguimos disfrutando del juego”

Del Levante. ¿Por qué?

Realmente, yo no soy del Levante de cuna. De hecho, tengo que reconocer que de joven era del Valencia. Lo fui durante mucho tiempo, pero en la adolescencia me desentendí bastante del fútbol. Cuando volví a él, empezaba la etapa Ronaldinho y me comenzó a gustar el Barcelona porque me encantaba lo que veía. Y luego también empezamos a juntarnos con amigos que eran abonados del Levante para ir al Ciutat de València. Es un campo pequeño, con una afición distinta y un ambiente agradable, en el que se ve un fútbol un poco más a la vieja usanza. Empezó así: poco a poco, yendo a los partidos por ir, como por una especie de hobby. Ya llevo siete años siendo abonado y la verdad es que ahora sí que puedo decir que soy del Levante. Y, de hecho, ahora al Valencia le tengo bastante tirria por los Yomus y por todo lo que lo rodea a nivel político y empresarial. Está claro que en todos los equipos hay gente maravillosa, pero es así… Es raro, porque decía Galeano que uno puede cambiar de partido político y de mujer, pero que nunca puede cambiar de equipo de fútbol; y yo lo he conseguido.

¿Pones en duda a Galeano?

[Ríe]. Sí, sí, lo he contradicho… Es verdad que es algo muy extraño, pero es así: ahora no siento ninguna simpatía por el Valencia. De hecho, como decía, me da bastante tirria. Ahora casi todos los niños son del Barcelona o del Real Madrid, pero el sentimiento de pertenencia a un club más modesto y más cercano seguramente es inigualable. “Qué grande es ser pequeño”, escribiste hace unos meses, tras el empate del Levante en el Santiago Bernabéu en la tercera jornada de liga…

Joder, es que esa sensación… Ahora, hace poco, también empataron en el Ciutat de València. Yo estaba en el campo, y la verdad es que es una satisfacción enorme. No creo que el Levante gane nunca una Champions League y esté ahí para verlo, pero esto también es una satisfacción enorme… Es que uno del Madrid vale más que toda la plantilla del Levante. Claro, tú no sales en los medios de comunicación, y entonces es como: ‘Ahora vais a hablar de mí porque he conseguido empatar con el equipo de vuestros amores’. Al final, el Levante también es un club que tiene sus intereses económicos y políticos, y está claro que los que están en el campo tampoco son unos muertos de hambre, pero es como una manera de identificarte con algo más cercano a tu forma de entender y de ver el fútbol.

Acostumbrados a las derrotas cotidianas del día a día, empatar con el Real Madrid o el Barcelona es como una pequeña victoria para los aficionados de los equipos más humildes…

Claro, esos son los partidos que he vivido con más emoción. Recuerdo que hace 4 o 5 años ganamos al Madrid por 1-0 y, en el minuto 90, Ballesteros, a pesar de estar medio lesionado, le ganó una carrera a Cristiano Ronaldo. La grada enloqueció, el defensa que era como el estandarte y el alma del equipo le había ganado una carrera a uno de los mejores jugadores del mundo. Se vive de otra manera, aunque también es cierto que nadie escapa de lo que es el fútbol moderno. Ahora, con los malos resultados de esta temporada, la gente pita y cantaba ‘Muñiz, vete ya’. Estamos en Primera, que a lo mejor ni siquiera es donde debería estar el Levante por aspectos económicos y por trayectoria histórica, así que disfrutad. Y si bajamos, pues ya animaremos para volver a subir.

“Creo que nos mantendremos en Primera. Aunque tampoco me importa mucho, la Segunda tiene su encanto. Y así si subes, pues celebras algo”, decías en una entrevista de 2014, cuando el Levante también luchaba para no perder la categoría…

Es que estar en Primera es un premio. Sí, yo también quería que se fuera Muñiz para ver si así había un cambio de dinámica, pero yo qué sé… Es que a mí eso de pitar y de sacar pañuelos me parece muy absurdo. Yo no quiero sentir que tengo poder de influencia para que despidan a una persona. Yo disfruto del partido, y si perdemos nos vamos al bar, nos tomamos una cerveza y ya está. No voy a amargarme por un partido de fútbol, que hay cosas mucho más serias.

“No voy a amargarme por un partido de fútbol, que hay cosas mucho más serias”

La última en clave Levante. Por pura curiosidad, ¿de dónde nace tu admiración por Sergio Ballesteros?

Es que tú lo veías y no parecía futbolista. Es un tío gigante que de lejos parecía que estuviese gordo y pesado. No sé qué piensa políticamente, no sé si incluso estará liado con eso del amaño del partido contra el Zaragoza… No es una admiración personal, es a nivel futbolístico: era como un antihéroe. Antes sí que había más jugadores de este tipo, Ballesteros era como el último romántico en aquella época en la que todo ya estaba cambiando.

Hablemos del Rayo, tu segundo equipo. ¿Qué tiene Vallecas?

La grada del Rayo sigue siendo un sitio en el que se denuncian las injusticias sociales. Aunque esté en manos de quien está, la afición mantiene su esencia de barrio, de equipo pequeño frente a dos poderosos como el Madrid y el Atlético, e intenta utilizar el fútbol como una herramienta para construir un mundo mejor y una sociedad más justa. Esto es lo que refleja Vallecas, y por esto luego tiene todo lo que tiene detrás: muchísimas multas, muchos juicios y la mierda que les echa la prensa a los Bukaneros. Es tremendo, porque el Frente Atlético, los Ultras Sur, los Boixos Nois y muchas otras aficiones son lo que son, pero no sufren la presión que sufren los Bukaneros. Es un poco lo mismo que sucede en el resto de la sociedad, que la libertad de expresión existe para determinados grupos. No digo que sean monjas de caridad ni mucho menos, pero, mientras el fascismo continúa campando tranquilamente por el mundo del fútbol, las aficiones de izquierdas sufren una persecución brutal.

“Mientras el fascismo sigue campando tranquilamente por el mundo del fútbol, las aficiones de izquierdas sufren una persecución brutal”

“Soy Rosa Parks gritando ‘basta’ desde primera fila”, cantabas en La estanquera de Saigón¿Esto es lo que representan los clubes como el Rayo Vallecano, el Sankt Pauli o el CAP Ciudad de Murcia en el mundo del fútbol?

No diría que son clubes perfectos porque seguro que tienen sus errores, pero son modestos y tienen ese encanto que hace que mucha gente los vea como un ejemplo a seguir. Utilizan su pasión por el fútbol para hacer de altavoz para las luchas sociales, y creen que el fútbol tiene que ser para los socios y para los aficionados, que tiene que ser algo que le dé vida y futuro al barrio y no solo a los empresarios que manejan al equipo.

Estos clubes y aficiones humildes son una cara de la moneda. La otra, la menos amable, es la del fútbol como el nuevo opio del pueblo, como legitimador de dictaduras y adalid del capitalismo más feroz…

Quien tiene el poder es el que manda, quien tiene el poder es el que puede llevar camisetas de Qatar Foundation y hacer negocios con esos países y que no pase nada. Y quien tiene el poder es quien utiliza a los medios de comunicación y los partidos políticos para blanquear todo esto. Igual que hay jugadores y entrenadores que se van a Catar y dicen: ‘No, aquí se vive bien si no te metes en problemas’. A Xavi Hernández, por ejemplo, yo le tengo un respeto enorme como futbolista, pero hace algunas declaraciones sobre ese país… Es una pena, porque estos clubs no solo utilizan el poder para lograr todos los títulos y estar por encima del resto de equipos, sino que también lo hacen servir para legitimar dictaduras o para legitimar que en sus palcos se cierren negocios. Y después aún te dicen que no hay que mezclar el deporte con la política. Es que volvemos a caer en lo mismo, en que es una mierda y en que, si te lo pensaras bien, apagarías la tele y no volverías a ver un partido de Primera División en la vida, pero… ¿Cómo escapas de eso si te gusta el fútbol? ¿Y cómo escapas de comprar en ciertas tiendas? ¿Y cómo escapas de comer en determinados sitios? Tienes que intentar denunciarlo, pero es muy difícil escapar…

En una entrevista de hace unos meses asegurabas que “cuando existe un conflicto social como el que existe en el Estado español, y es algo tan latente y visible, si no te posicionas te estás posicionando a favor del discurso dominante”. Sin embargo, ¿cuántas veces has escuchado que el fútbol y la música no se deben mezclar con la política?

Es que eso lo dicen los que más mezclan el fútbol o la música con la política. Creo que todo lo que sea tomar partido es política. Ahora, por ejemplo, algunos dicen que la manifestación del 8 de marzo no era una manifestación política… ¿Desde cuando hay manifestaciones no políticas? Al final, lo hacen para intentar quitarle valor a las reivindicaciones. Desde el statu quo se dice que el fútbol no se debe mezclar con la política para que la gente lo asuma y lo interiorice, para intentar frenar cualquier reivindicación. Pero es que es lo mismo que hacen cuando dicen aquello de ‘todos los partidos iguales’, que a ellos les interesa que la gente se lo crea para que equipare que en Valencia hayan puesto un carril bici con que antes el Partido Popular robara millones. No se puede mezclar el deporte con la política si pitas el himno de España, pero luego el Barcelona o el Athletic Club van a cualquier campo del país y les reciben con banderas de España, les cantan ‘viva España’ y les gritan cánticos contra Cataluña o el País Vasco. Ellos lo que no quieren es que se mezcle el deporte con la política que no les gusta, esto es lo que les interesa: que no existan protestas contra el Rey, que no existan protestas a favor de la independencia de Cataluña, que no existan protestas contra los desahucios y el racismo.

“Desde el statu quo se dice que el fútbol no se debe mezclar con la política para que la gente lo asuma y lo interiorice, para intentar frenar cualquier reivindicación”

Con todo, desde la izquierda y desde el mundo de la cultura siempre se ha acostumbrado a mirar al fútbol con una cierta superioridad moral, como si fuera algo demasiado terrenal…

Claro que a mucha gente la distrae, pero igual que la puede distraer otro tipo de expresiones culturales. No creo que el fútbol sea el culpable de los males de la sociedad ni mucho menos. Está claro que queda muy bien decir eso de ‘yo odio el fútbol porque es el opio del pueblo, porque es todo negocio y dinero, porque son unos millonarios dando patadas a un balón’. Puede que tengan razón con todo eso y es cierto que hay muchas contradicciones en ver fútbol, pero creo que no es acertado señalarlo como el principal culpable de todos los males. Al final, si intentas quedarte con lo que viene a ser la esencia del deporte y huir un poco del negocio y del fanatismo tampoco está tan mal.

Continúa…

Yo cuando acabo de ver un partido de fútbol, apago la tele y me pongo a hacer otras cosas. El fútbol no me tapa que ha habido una reforma laboral, que hay millones de mujeres que han salido a la calle durante estos días y que la crisis económica sigue existiendo. Los medios de comunicación y los partidos políticos intentan cegarte con elementos como el fútbol para que no veas el problema real, pero el fútbol distrae a quien quiere que le distraiga. No creo que sea más tóxico que otras aficiones.

“El fútbol distrae a quien quiere que le distraiga”

Abramos un último melón. Tal y como está el mundo del periodismo, no parece una idea demasiado buena meterse ahí ahora mismo…

[Ríe]. Es que además yo empecé la carrera con 25 años, ya siendo consciente del error que era meterse ahí, pero bueno… Cuando empiezas la universidad a cierta edad ya no te cuela el discurso ese de: ‘Estudia algo de provecho, estudia una carrera con futuro’. A lo mejor no fue la mejor decisión, pero en aquel momento sentí que era la decisión que tenía que tomar. No puedes moverte siempre por la economía, a veces hay que ser un poco romántico. Siempre me ha gustado y siempre me ha interesado mucho el periodismo. Todavía no he empezado a ejercerlo, porque tengo otras obligaciones profesionales que no me han impulsado a hacerlo, pero sigo pensando que en algún momento centraré mi vida en el periodismo.Con todo, parece innegable que el periodismo y el periodismo deportivo no viven su época más gloriosa…

Yo no puedo con El Chiringuito, con los Jugones, con Deportes Cuatro y con Los Manolos… Es que no puedo, no veo ningún programa de este estilo porque me generan aversión al fútbol. Joder, es un deporte que me gusta y que me ha gustado siempre, pero es que te generan un conflicto interno de pensar: ¿De verdad me gusta esto? ¿De verdad hago bien apoyando esto? Me produce dolor de estómago. Es que es muy vomitivo todo, es muy lamentable. Igual que los periódicos deportivos. Es que no se libra casi ninguno, son todos iguales… Y eso también se extiende a gran parte de la prensa generalista.

“Creerte clase media y eso no existe, como en democracia occidental el periodismo libre”, cantáis con Riot Propaganda en Cambiarlo todo

Ahora los medios de comunicación son pequeñas partes de un cúmulo de empresas que tienen intereses en muchos sectores. Es que es imposible que en estos medios exista libertad cuando tienes empresas, instituciones o equipos de fútbol a los que no puedes criticar porque sino te cortan el grifo. Sí que existen los medios pequeños como eldiario.es o La Marea, pero claro… ¿Qué influencia tienen? Tú sigues a La Marea, y sigues a los cuatro periodistas de La Marea. Los lees y piensas que todo el mundo lo hace, pero al final somos cuatro que nos vamos retroalimentando entre nosotros. Es como cuando abres Twitter y dices: ‘¡Buah! La tercera república está aquí e Izquierda Unida va a ganar las elecciones generales con mayoría absoluta’. Luego está la realidad, que es que tú le preguntas a tu padre por La Marea y no tiene ni idea de lo que le hablas. ¿El periodismo libre existe? Sí, mientras no sea peligroso. Si La Marea consiguiera cierta repercusión y cierto poder ya habría quien le cortaría el grifo. El periodismo mayoritario, el periodismo generalista y de masas, no es libre en Occidente.

 

“El periodismo mayoritario, el periodismo generalista y de masas, no es libre en Occidente”

 

¿Denunciar las injusticias desde un periódico o desde un escenario?

Yo preferiría hacerlo desde un periódico, pero porque creo que le aportaría mayor seriedad y mayor amplitud de target. Son apartados distintos, pero creo que son compatibles.

Y desde un campo de fútbol, ¿por qué nadie lo hace?

Pero es que esta semana lees la noticia de Guardiola y el lazo amarillo… Primero le abren un expediente, luego lo comparan con el ISIS y con la esvástica y ahora le ponen una multa. Que para él son migajas, porque Guardiola 22.000 euros igual los gana en una mañana, pero al final consiguen que la gente lo vea mal y que lo señale, como si de verdad fuera como la esvástica o como el ISIS. Y eso es lo grave… Años atrás aquí ya pasó algo parecido con lo de Kanouté y Palestina. Es que en el fútbol español ahora mismo casi no existe la posibilidad de que reivindiquen alguna cosa porque dentro de los poderes… ¿Quién está al mando de la liga española?

Un tipo que ha llegado a decir que a veces echa de menos un Le Pen a la española…

¡Y que viene de Fuerza Nueva! Los clubes no quieren problemas, lo que quieren es mantener su negocio. Y los jugadores igual, porque saben las consecuencias que les puede acarrear. Mira a Piqué, que solo ha pedido que se vote y se le persigue por ello. La gente le odia y le grita, y todo esto al resto de los jugadores les genera un sentimiento de: ‘Yo paso’. Nosotros tenemos algún seguidor en Primera División, pero estoy seguro de que nunca harían una reivindicación en un partido de fútbol. Escuchan nuestras letras, pero saben que hacer algo les repercutiría de manera negativa en su carrera o en su persona. Y claro, supongo que están en su derecho de anteponer el pan a hacer una protesta.

En las primeras líneas de una entrevista con el cantante de La Raíz Pablo Sánchez, tu primer trabajo periodístico en Público, aseguras que “cuando se baja el telón y se apagan los focos, la purpurina se desvanece y el artista se humaniza, con sus miedos, sus penas, sus alegrías y sus retos”. Es de suponer que a los futbolistas les sucede lo mismo, pero hoy parecen dioses muy lejanos de los que les apoyan desde las gradas. Parecen seres que están por encima del bien y el mal con los que los aficionados ya no tienen ninguna relación…

Los futbolistas de los equipos grandes viven completamente alejados de la realidad. No tienen ningún tipo de cercanía con el pueblo ni con la realidad social. Y luego, en equipos más pequeños como el Levante, de un año a otro igual cambian 20 jugadores y casi nunca llegan a asentarse. Vienen aquí porque es la liga española, pero no conocen la historia del club ni la de la ciudad. Es que, al final, son gente que tiene un dineral en su cuenta del banco y que nunca va a comprender lo que siente el pueblo en el aspecto económico.

La Raíz, Zoo, Los Chikos del Maíz, Riot Propaganda… Quizás no es el objetivo principal, pero con vuestras letras empoderáis al público y le descubrís nuevas realidades.

Es muy difícil medir el alcance y la influencia que tienes realmente, pero sí que creo que puede servir. Es un estilo de música que conecta mucho con la gente más joven. Cuando tienes 14 o 15 años, leerte El Estado y la revolución no es lo más sencillo, así que nuestra música puede ser una primera conexión con la política. Mucha gente nos ha agradecido el haberles introducido en la vida política, el haberles descubierto un libro o una película, y eso es lo que más te emociona. Aunque es cierto que tampoco creo que tengamos tanto poder como algunos se quieren creer, porque si no las cosas estarían de otra forma.

“Una revolución sin baile no es una revolución que merezca la pena”, decía Emma Goldman. Reivindicar y molestar al poder, pero hacerlo siempre con humor y con una sonrisa…

Todo es más sencillo desde el humor, desde la ironía, desde la fiesta. No podemos estar siempre encerrados en libros, encerrados en ‘la sociedad está mal, voy a quedarme en mi casa’. Porque no, porque es lo que quieren ellos: que estemos amargados, que estemos tristes y serios, que sintamos que estamos perdiendo. También necesitamos tener el ánimo para cambiar las cosas, ese ánimo para seguir luchando desde distintas vertientes. Y salir a bailar una bachata también tiene su parte reivindicativa. Tenemos que contestarles desde la consciencia… Pero si puede ser con una sonrisa o apretando los dientes, mejor. 

Admitir que todo está hecho trizas, pero sonreír y salir a darlo todo en el concierto. Y el domingo, sentarse a ver fútbol.

Sí… Es que vives en constante contradicción, incluso con letras tuyas anteriores y con cosas que has dicho en el pasado. Porque la vida es evolución. La vida es cambio y es estar en constante aprendizaje. En definitiva, vivir es tener contradicciones continuamente, sobre todo cuando vives en una sociedad capitalista de la que no puedes escapar. Y sí, esta tarde me pondré el Levante. Y sí, el miércoles me pondré el Barça – Chelsea y veré a un jeque ruso como Abramovich en el palco y a futbolistas que cobran 50 millones de euros al año y que llevan publicidad de países poco democráticos en el césped. Me gusta el fútbol, pero tengo que aceptarlo así y no puedo decir que vivo al margen del negocio porque es imposible hacerlo. A Sabina le gustan los toros, que creo que es mucho peor.

8 de marzo: las mujeres han parado, ha cambiado todo

18 abril, 2018

Fuente: http://www.elsaltodiario.es

Como una ola, el feminismo ha arrastrado el 8 de marzo una fase de pasiones tristes y ha introducido nuevas herramientas para la conquistar la igualdad real.

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2018-03-08 20:19:00

El movimiento feminista del Estado español había marcado esta fecha como un momento definitivo para consolidar su potencia. Y ha protagonizado una jornada de manifestaciones, acciones y presencia en las calles que marca ya y marcará durante los próximos meses la agenda política. Millones de mujeres han protagonizado, en todo el territorio, una jornada que también se ve reforzada por el alcance internacional del 8 de marzo.

Las manifestaciones finales han puesto el colofón a un día en el que ha saltado por los aires una máxima no escrita de la movilización sociolaboral: que solo la llamada unidad sindical, un club restringido formado por CC OO y UGT, es capaz de romper el ritmo de productividad y actividad cotidiana a escala de todo el Estado.

En Madrid, desde las 19:30 la manifestación no podía avanzar por Atocha hasta Plaza de España, donde finalizaba la marcha. Son casi cuatro kilómetros de avenidas de más de seis carriles. Estaban llenos a las 19:45, y parte de la manifestación se extendía hasta Sol, la gran almendra del centro de la ciudad. También ha habido gigantescas movilizaciones en Barcelona, Valencia, Bilbao, Sevilla, Zaragoza, Coruña, millones de mujeres que se han volcado en las manifestaciones en las grandes y las pequeñas capitales de toda la península. Si se parte de la cifra que ha dado CC OO a las 12 del mediodía, más de cinco millones de personas habían participado en la jornada. Y el desborde ha continuado durante muchas más horas.

El colapso de las estaciones de cercanías y metros, y la quiebra del tráfico de coches a lo largo de todo el día en el centro de las ciudades; la actividad, frenada en la administración, las escuelas y las facultades, e interrumpida mediante acciones disruptivas en los comercios, ha hecho del 8 de marzo la primera jornada de huelga general protagonizada por mujeres en todo el territorio.

Los cuatro ejes de la huelga —laboral, de consumo, estudiantil y de cuidados— introducen en la agenda pública nuevos factores que van a ser determinantes en la reconfiguración de los modelos sindicales. La jornada también ha sido esclarecedora en cuanto a la incorporación en la vida política de adolescentes y jóvenes contra el machismo. No obstante, en los días previos, una parte significativa del feminismo racializado ha rechazado la convocatoria de hoy, según afirman, por no sentirse representada.

El movimiento feminista, con un funcionamiento horizontal que está en su genética, ha sido capaz de romper la cotidianidad de ciudades, medios de comunicación y redes sociales para reclamar una serie de objetivos políticos de urgencia —fin de la violencia machista, igualdad en todos los niveles— bien expuestos a lo largo de las últimas semanas. La pedagogía, el trabajo de base y de confluencia de lo social que han llevado a cabo las distintas Comisiones del 8 de Marzo abren una nueva fase de conflicto, en el que debe estar presente el objetivo de poner la vida en el centro de la política.

La calculada presencia de los sindicatos a nivel institucional y mediático no ha influido en que distintos sectores, comenzando por federaciones como la de Enseñanza de CC OO, hayan secundado y ayudado a generar una huelga que, con formas menos clásicas, ha tenido impacto en medios internacionales y ha integrado a mujeres de todas las edades a costa de la tipología de  varones que se identifican como actores principales de las huelgas generales. Los símbolos como los guantes de limpieza y los delantales, las pelucas y miles de pañuelos, lazos y sudaderas moradas también han sido mucho más visibles que las banderas en los balcones colgadas en otoño.

El ciclo largo de movilización del feminismo internacional ha introducido una cuña en la crisis global, marcada por las pasiones tristes y el auge de fascismos y reinvenciones neoliberales. La huelga del 8 de marzo ha herido hoy en su núcleo la posibilidad de una salida a la crisis de civilización en la que quede fuera mucho más de la mitad de la población. Si las mujeres paran se para todo. Y eso se ha oído hoy en todo el mundo.

Las mujeres me explican cosas

16 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Tras el éxito de la huelga feminista, ruego cuanto antes un “womansplaining”, para el que muchos hombres somos todo oídos. Parafraseando el conocido título de Rebecca Solnit, “Los hombres me explican cosas”, muchos hoy esperamos un “Las mujeres me explican cosas”, o más en concreto, “Las mujeres me explican cómo hacer una gran movilización”.

Que la huelga de este 8 de marzo ha sido un gran éxito no merece más de un párrafo, porque cuesta encontrar a alguien que lo discuta. Y es que la primera victoria, por goleada y por adelantado, fue la del relato y la hegemonía.

Ahí va el párrafo, por si alguien todavía duda del éxito: la huelga ha conseguido todo lo que se espera que consiga una huelga general en tiempos de precariedad, subempleo, autónomos, atomización laboral y coacción empresarial: no que paralice el país, sino que lo movilice. No las calles desiertas, persianas bajadas y fábricas paradas de otro tiempo, sino huelga total o parcial de quien todavía pueda hacerla (y han sido millones), concentraciones durante todo el día, cortes de tráfico, ocupaciones de centros, programaciones de televisión alteradas, y manifestaciones masivas al terminar el día. Fin del párrafo.

Lo contrario de toda huelga siempre es la “normalidad”, esa que siempre invocan los antihuelga. Y este jueves no ha tenido nada de normal. Un día excepcional, vivido por muchas y muchos como histórico, y donde vimos expresiones de lucha unitaria muy pocas veces logradas: por ejemplo, en el sector más visible, el periodismo. ¿Cuántas veces habíamos visto a periodistas de absolutamente todos los medios secundar una misma huelga y unirse en una misma concentración? Lo que no consiguieron años de precarización y despidos masivos, lo ha logrado el feminismo.

¿Cómo lo habéis hecho, compañeras? Habéis montado de la nada una huelga sin precedentes, observada con asombro por toda Europa. Habéis logrado que lo que hace pocos meses parecía una ocurrencia sin mucho recorrido (¡una huelga de mujeres!) acabase por unir a todo tipo de colectivos, tejer complicidades intergeneracionales e interclasistas, desbordar a los sindicatos mayoritarios, ganar las agendas política y mediática y la conversación en la calle, convencer a las y los dubitativos, excitar con el olor del peligro a obispos, patronos y la derecha política y tertuliana, y movilizar enérgicamente a una mayoría de mujeres con transversalidad abrumadora, de arriba abajo y de izquierda a derecha. ¿Cómo lo hicisteis, compañeras?

Las mujeres se propusieron parar el mundo, y lo que hicieron fue ponerlo en marcha: el feminismo sale imparable de este 8 de marzo. Cualquier movilización futura deberá tomar nota y aprender las muchas lecciones organizativas y discursivas de esta huelga. Desde las redes de apoyo y cuidados, hasta la elaboración de un imaginario inclusivo donde cabían todas y donde todas eran imprescindibles.

Gracias, compañeras, y por favor no dejéis de explicarme cómo se hace. Y muy especialmente, gracias a mi madre, Ángela Camacho, por educarme en el feminismo, y porque este jueves me dio otro enorme ejemplo de dignidad y coherencia. Muy orgulloso, mamá. Gracias.

Que no hable ni Dios

11 febrero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 06/12/2016 a las 06:00Actualizada 06/12/2016 a las 11:08  

Bueno, Dios sí. De las subvenciones que recibe la Palabra Revelada nunca hablan los que tanto gritan.

La polémica creada por el rescate de unas palabras que pronunció Fernando Trueba con motivo del estreno de su película La Reina de España significan el triunfo moral de la extrema derecha de este país. Un triunfo que viene avalado con la toma de sus consignas, de sus proclamas, por parte de la llamada “centro derecha”, que asume sus postulados suavizando las formas, con lo que se permiten decir las barbaridades a las que nos tienen acostumbrados desde “el respeto y la tolerancia”, ocupando un espacio que correspondería por sus reivindicaciones y su esencia a fuerzas extraparlamentarias. Lo mismo ha ocurrido en Francia con Fillon, el nuevo candidato a las elecciones presidenciales de 2017. Se ha celebrado mucho su victoria cuando sus planes en poco o nada difieren de los del Frente Nacional, salvo que estos los plantean con una retórica visceral cuya puesta en escena implica una militancia que sonroja a los republicanos franceses que ven en Fillon el justo término de lo que sería el signo de los tiempos.

Vengo de un mundo donde no existía, excepto para los fascistas, el “orgullo de ser español”. Era simple y llanamente una soberana estupidez. Algo totalmente ridículo, como la celebración cada 12 de octubre de “El Día de la Raza”. Nosotros, precisamente nosotros, los españoles, que llevamos cien sangres encima, si es que de pedigrí hablamos, incluidas las que más joden al español “de verdad”, la judía y la mora. Entonces, algunos, no adictos al régimen, ya proclamaban que sólo existía una raza: la raza humana. La raza española no vendía fuera del mercado de los patriotas que sostenían que los extranjeros del norte, esos decadentes demócratas, nos tenían envidia porque estaba demostrado que, sexualmente, éramos más potentes. Se reivindicaba como marca el latin lover.

Tampoco se paseaban los ciudadanos con la gloriosa enseña nacional por la calle con tanta alegría como ahora, salvo grupos de uniforme que pegaban a los que no les siguieran el juego o balbucearan al cantar los himnos que les reclamaran. Eso pasó hace tiempo, pero como todas las desgracias tuvo, curiosamente, un lado positivo: creó una ingente cantidad de ciudadanos, yo entre ellos, que repudiaban el nacionalismo español. Bueno, repudiaban y se acojonaban con él porque aquellos portadores de valores eternos que actuaban en manada pegaban palizas con total impunidad, al abrigo y protección de la Policía Nacional, que sólo aparecía si la cosa se ponía fea y el personal acorralaba a los matones para, paradójicamente, cascar a los agredidos y proteger a los fascistas. Esto no me lo han contado, lo ha visto mi menda varias veces. Durante una época todos los domingos en el Rastro de Madrid.

La consecuencia buena, como decía, fue que la usurpación de los símbolos “nacionales” por parte de la dictadura trajo consigo un antinacionalismo a celebrar. Yo, al menos, estoy muy orgulloso de ser un hijo de aquello.

Nunca me ha gustado cuando viajo a otros países ver a los jóvenes portando la bandera como un elemento ornamental fashion. Me parece un triste signo de alienación. Ocurría, especialmente, en los Países Nórdicos, sobre todo en Suecia, y en los EEUU. A mí, esta exhibición de la bandera, que cada vez se extiende más, siempre me ha parecido que lleva implícita el gen de la xenofobia. Tengo que reconocer que la única bandera que he lucido ha sido la Unión Jack por una cuestión estética: me gustan los mods.

Ahora que nos habían vendido que la bandera constitucionalista era de todos y que había que perder el pudor a pasearse con ella, esta polémica surgida en torno a aquellas palabras de Fernando Trueba, que no es tal sino una reivindicación del “espíritu nacional” digno de otros tiempos, demuestra por su sinrazón y sus formas que el “sentimiento nacional” y “el orgullo español” son chungos. Se le ha dicho de todo en los medios de comunicación afines al Gobierno, y en las redes sociales se le ha insultado de manera desproporcionada y deseado la muerte de diferentes maneras, la más curiosa ahogándose en el Mediterráneo, como los refugiados. Estos españoles “de verdad” le consideran una basura del calibre de los que vienen huyendo de la guerra con sus hijos y mueren por la indiferencia de los países ricos.

Si lo que pretenden es que Trueba recupere el sacrosanto orgullo de ser español, así no creo que lo consigan.

En fin, las opiniones menos viscerales se limitan a esgrimir los argumentos que ya sacó la derecha rancia española cuando el “No a la guerra” en torno a las subvenciones, así como llamando al boicot a la película y, para que luego digan que ese espíritu no lleva implícito el gen de la contradicción, por no decir de la estupidez: un ataque al cine español en su conjunto, con lo que demuestran poco amor por lo patrio.

Por supuesto, para rematar la faena, se despachan con consignas también características de los fachas de todo el mundo: se le invita a marcharse de España. Antes te mandaban a Moscú, ahora, como ya no hay telón de Acero, a las aguas del Mediterráneo.

Con tanto ruido se pierde la perspectiva de lo que ha ocurrido. Fernando Trueba es un artista y como tal tiene todo el derecho del mundo a pensar como le dé la gana, y a decir lo que quiera sin que pase nada. No es un cargo público que representa a todos los españoles, a los que le votan y a los que no, y está obligado a una normas, a mantener unas formas que, por cierto, estos señores del PP se saltan constantemente actuando desde sus cargos como hooligans de partido.

También los ciudadanos tienen derecho a expresar su rechazo ante sus declaraciones, pero creo que es desproporcionado que ante la manifestación de alguien que afirma no “sentirse español”, no tener “sentimiento nacional”, no tener “identidad cultural” y estar en contra de la creación de nuevas fronteras, que es lo que dice, entre otras cosas, en su discurso, tantos se hayan dado por aludidos y de una forma tan violenta y visceral que no hace sino ratificar que esto es sólo un síntoma de que algo grave está pasando. Es evidente que estos señores tan susceptibles no escuchan la radio por las mañanas, ni determinadas tertulias políticas donde en algunas emisoras y cadenas dicen a diario cosas gravísimas de personas con responsabilidades de gobierno, que van a afectar a sus vidas, a las de sus hijos, y que parecen no molestarles o, al menos, no se manifiestan con la vehemencia que lo hacen ante las declaraciones de un cineasta, hace un año, con motivo de la entrega de un premio.

Con respecto al dinero, tema que me atañe, porque a mí me llaman por la calle “millonario”, como si fuera un insulto, personas de apariencia pija, reclaman esos ofendidos patriotas que devuelva lo que ha ganado de los españoles que han pasado por taquilla. Creo que ignoran lo complicado que sería tal cuestión desde el punto de vista administrativo. ¿Debería devolver también lo que ha ganado con sus películas en Tailandia por no sentirse tailandés?

Indignado por esta jauría que no es más que un síntoma del retroceso en un derecho tan fundamental como es el de expresión, el domingo por la noche me fui a ver la película y no sólo entendí parte del origen de la campaña sino que no estoy de acuerdo con esa mayoría de críticas que la ponen a caldo. La película está muy bien. Me gustó mucho y reconozco que es difícil de compaginar lo que cuenta con el espíritu de sus detractores. Es una comedia que encierra un alegato a favor de la libertad, una condena de la dictadura y, sobre todo, una llamada contra la sumisión. ¿Hay una causa más noble?

Recomiendo que vayan a verla, queridos amigos. Entenderán el mundo del que venimos y también aquel al que nos quieren llevar. Y sobre todo la gran injusticia que se ha cometido con la película y su director.

Recuerdo que un profesor de la Universidad del País Vasco comentaba que lo peor de estar amenazado por ETA era que te quedabas solo. Debe ser el instinto de supervivencia el que llevaba a los otros a apartarse de él, o tal vez que no los relacionaran con el amenazado para no correr la misma suerte.

Desde luego es muy difícil que alguien que pretenda sacar adelante un proyecto pueda dar la cara en estas circunstancias por un compañero y eso, precisamente, es lo que se pretende: ¡Qué nadie hable!

Como digo, este estúpido circo que se ha montado en torno a Fernando Trueba no es otra cosa que la victoria moral de la extrema derecha en estos tiempos que corren.

Lo que ha pasado da más sentido todavía a esa película y demuestra que el daño que hicieron aquellos tiempos esta lejos de subsanarse.

Yo estoy con los de la película. Mi único orgullo es que nunca estuve en esa España de los vociferantes abanderados. Ni entonces ni ahora me echaron el lazo.