“El orgullo patrio es una absurdez”

12 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los muros físicos se construyen con ladrillos, pero es mucho menos trabajoso erigir los ideológicos: basta con un trapo y un palo. La guerra de banderas que se ha desatado a raíz de la crisis en Catalunya es la semilla que inspiró la nueva recopilación de viñetas de Andrés Rábago (Madrid, 1947). El Roto: Contra muros y banderas (Reservoir Books) es su peculiar interpretación del uso partidista que se ha hecho en los últimos meses de la rojigualda y la estelada.

“Las banderas deberían estar solo en los espacios institucionales. Más allá de eso, el abuso que haga un partido de ella es espurio porque la bandera es de todos”, asegura el veterano viñetista mientras bebe a sorbos muy pequeños su vaso de agua. Sobre la mesa, un par de ejemplares de su libro lucen en la portada una reinterpretación de la célebre Riña de gatos de Goya. En lugar del ladrillo desgastado del original, un felino se posa sobre la bandera española y el otro sobre la senyera.

Aunque todo indique lo contrario, El Roto asegura que “no es un libro específico sobre Catalunya, sino contra la fragmentación”. No distingue entre la repartición del rojo y el amarillo sobre la tela porque, en su opinión, ambas “han dejado de ser símbolos para transformarse en instrumentos de poder, de diferenciación y de separación”.

'Contra muros y banderas'

Dice Rábago que la bandera española no debe tener más función que la de identificar a un país, “como a un navío en alta mar”, pero no ha sido ese su uso desde el pasado octubre. Ahora, buena parte de los ciudadanos españoles identifican la rojigualda con una postura en el debate soberanista con la que quizá no se sientan cómodos. Para El Roto, “es una utilización espuria por parte del Gobierno de un elemento común”, pero también porque “la izquierda ha mantenido esa vieja visión de la bandera como parte del imaginario franquista”.

Lo que es innegable es que el auge de los nacionalismos ha traído consigo una imagen aterradora de banderas ondeantes. En Hungría, Grecia o Austria, la ultraderecha se ha lanzado a las calles enfundada en la bandera del país a la vez que lanzaba consignas xenófobas y supremacistas. En España, el discurso por la unidad también brindó un hueco privilegiado a estos grupos para redoblar y visibilizar su mensaje ultra. “Son las sociedades más débiles las que se reorganizan alrededor de estos símbolos y adquieren identidades impostadas”, explica El Roto.

'Contra muros y banderas'

“El orgullo patrio es una absurdez. Sentirse orgulloso de ser de un sitio en concreto, una estupidez”, asevera. “El orgullo debería surgir por algo más que por un sentimiento de pertenencia. Porque tu nación sea más justa con sus ciudadanos o más culta. Pero ni siquiera eso es atribuible a uno mismo, sino a terceras personas”, piensa el Roto. Contra el “patriotismo de pulserita”, Rábago apela a la voluntad de trabajar por un país a través de nuestro propio comportamiento, no enarbolando una bandera. “¡Robaba, sí, pero pensando en la patria!”, como reza una de sus viñetas.

Las viñetas de la “concordia”

Aunque su opinión sobre el uso partidista de la rojigualda es inclemente, El Roto no es más sutil cuando le toca dibujar sobre el independentismo. Un aguijón de avispa, unas setas alucinógenas o un arcoíris bicolor que se alza en un horizonte de la tierra prometida son algunas de las hipérboles que ha usado en Contra muros y banderas.

“La sátira tiene unos mecanismos caricaturescos que le son propios, como la exageración”, reconoce el viñetista. “Pero no deja de haber algo de alucinógeno en todo esto, sobre todo de manipulación del consciente colectivo. Una hipnosis muy pegadiza”, resume.

'Contra muros y banderas'

Él, nacido y criado en Madrid, asegura que “los temas identitarios no me interesan”, pero que aún así le habría gustado realizar las viñetas desde Catalunya. “Es un asunto que nos afecta a todos, pero allí se vive con mucha más intensidad”, reconoce. En muchas de sus tiras hace referencia al socavón, casi precipicio, que ha generado la incapacidad de comunicarse de los políticos. “¿Y este abismo? Lo cavamos entre tú y yo, ¿no te acuerdas?”, dicen dos figuras negras marcadas con distintas banderas en una de las imágenes.

“Ha habido una dejación por parte del Estado de lo que debería haber sido su trabajo. Al poder central le interesaba ceder este territorio porque esos gobiernos locales le permitían ganar elecciones. No ha tenido en cuenta el interés ciudadano frente al interés partidista de cada momento”, atribuye el dibujante.

'Contra muros y banderas'

Respecto a las posibles salidas, El Roto no se muestra demasiado optimista. “Es un problema de largo alcance. Vamos a tener que convivir con él durante bastante tiempo. Este libro fija una posición y servirá de souvenir de una época que espero que, en algún momento, se convierta en un recuerdo de lo que pasó”, confía. “Es el momento de que la sociedad catalana se sienta acompañada, y todos debemos ayudar a reconducir la situación”.

En su opinión, el “librito”  Contra muros y banderas es su modesto intento de aportar al entendimiento. Haciendo referencia a viñetistas clásicos como Forges, Chummy Chúmez o Máximo, El Roto entiende la sátira como una herramienta “para criticar a los que abusan del poder y acompañar al que está sufriendo”. “Hay momentos en los que tienes que echar una madera al agua donde alguien se pueda agarrar o sentirse en compañía”, dice en referencia al “servicio público” del gremio de la viñeta.

Tampoco pierde la esperanza de alcanzar a los que hoy ondean banderas con tanto convencimiento. “Cuando estás en medio de una corriente de opinión poderosa, debes de ser muy, muy fuerte para mantenerte al margen”, admite. Con sus breves aforismos y el lenguaje visual de sus gruesas pinceladas, El Roto aspira a “elevar el pensamiento común” y a evitar que los poderosos “nos conviertan en sus banderas”.

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Hacerse vegano en la madurez

11 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los prejuicios que acompañan al veganismo son muchos y muy variados. Desde que solo comemos lechuga hasta que vamos a morir por déficit de proteínas, pasando por que es una moda pasajera, propia de millenials alejados del mundo real.

Sin embargo, abrir los ojos no tiene edad, y hay decisiones que se toman mucho mejor cuando una ya se conoce de memoria, por dentro y por fuera. Cuando la lista de prioridades empieza a estar muy clara.

Hay resoluciones que, cuando se toman rondando la sesentena, ya no tienen marcha atrás. Hoy os contamos los testimonios de algunas personas que han decidido, en plena madurez, dejar a los animales fuera del menú.

¿Qué les llevó a ello? ¿Cómo ha cambiado sus vidas? ¿Qué ha sido lo más difícil? ¿Y lo más satisfactorio? Sofía, Rosa y Sebastián nos cuentan, en primera persona, cómo viven esta nueva etapa.

Sofía Meler, escritora, 63 años. Lleva 5 siendo vegana

“No puedes decir que te encantan los animales y luego someterlos a esa esclavitud perversa que es la industria”.

Sofía Meler
Sofía Meler

Por una serie de circunstancias yo empecé a usar las redes sociales, cosa que antes nunca me había planteado, y allí, a través de las cosas que mi hija compartía, conocí la realidad de la industria alimentaria.

Aquello me horrorizó, hasta el punto de no poder quitármelo de la cabeza, me acostaba por las noches y no conseguía olvidar las imágenes que había visto. Empecé a darle vueltas y decidí que no quería formar parte de esa cadena.

La decisión ha afectado a mi vida muy positivamente. No sólo siento que vivo con arreglo a mis principios, además es cierto que me siento mejor en general. Y será por mi alimentación, o por otros motivos, pero la realidad es que mi salud es muy buena.

Socialmente, quizá por mi edad, me miran un poco como si se me hubiese ido la pinza. A veces, cuando explico por qué he tomado esta decisión, me dicen que si te pones a pensar todas esas cosas no puedes vivir. Yo suelo responder que el problema es que yo no podría vivir si no pensase todas esas cosas.

El sistema es inviable, estamos destruyendo este mundo, y no solamente por la carga que supone una alimentación tal como está planteada actualmente. O se toman decisiones drásticas, o esto no tiene marcha atrás. Personalmente soy poco optimista al respecto, pero cualquier medida que se tome pasa por volver a un consumo más racional de los recursos y para ello es determinante un cambio en la alimentación del ser humano.

Lo más satisfactorio es, para mí, poder mirar a los animales con total honestidad. No puedes decir que te encantan y luego someterlos a esa esclavitud perversa que es la industria. Es una cuestión de honestidad y, cuando uno es honesto consigo mismo, es más fácil vivir.

El ser humano ha alcanzado un estadio de bienestar que le permite empatizar con el dolor ajeno. Cuando debíamos invertir todas nuestras fuerzas en mantenernos vivos esa empatía no era viable, éramos nosotros o ellos. Ahora estamos muy lejos de esa situación y aunque el ser humano es capaz de lo peor, también tiene la facultad de ponerse en el lugar del otro y ya no caben coartadas de ningún tipo.

Por primera vez podemos elegir y es evidente que mucha gente ya lo ha hecho. A aquellos de mi generación que estén pensando en probarlo les diría que no lo duden, que lo hagan de una vez. Aunque solamente sea porque su cuerpo se lo agradecerá.

Rosa de Francisco, ejecutiva pre-jubilada, 63 años. Lleva 8 siendo vegana

“Lo mejor es poder reunirme con toda mi familia cercana, marido, hijos y nietos, que cada uno a su tiempo han llegado al veganismo”.

Rosa de Francisco
Rosa de Francisco

A los cincuenta y dos años, en Corea, me invitaron a comer perro. Cuando vi sus costillas, las vi tan parecidas a las de un lechal que en ese momento decidí no volver a comer carne, y me hice ovolactovegetariana.

Mi hija me ayudó luego a dar el paso al veganismo. Racionalmente, me convenció un conocido vídeo de Gary Yourofsky. No pude terminar de consumir los productos de origen animal que tenía en casa.

La prioridad para tomar la decisión fue, en primer lugar, la empatía hacia los animales. Luego, a partes iguales, salud y medio ambiente.

En ese instante empecé a identificarme con cada momento de la vida de cada uno de los animales, a sentir su miedo, su sufrimiento. El dolor de los que están condenados por el mero hecho de haber nacido de otra especie.

Lo más complicado de ser vegana es, por un lado, tener que convivir y moverse en un mundo no vegano. Pero tampoco es tan difícil cuando se aprende cómo. Por el otro, la impotencia de ser testigo del enorme sufrimiento de tantos animales sin poder evitarlo o aliviarlo.

Respecto a mi entorno, mi familia cercana – marido, hijos y nietos – reaccionó muy bien. De hecho todos son veganos. En cuanto a la menos cercana, algunos han aprendido a respetar nuestra opción de vida. Los que no lo han sabido, o no lo han querido hacer, se han ido alejando.

A pesar de lo que pueda parecer, el veganismo no es una moda, es una opción de vida que por una razón u otra, afortunadamente, se está volviendo tendencia.

A todos aquellos de mi generación que se lo estén planteando, les diría que se decidan a dar el paso. Que es más fácil y satisfactorio de lo que puede parecer a primera vista.

Sebastián López, biólogo, 61 años. Lleva 3 siendo vegano

“Si tuviera que poner un pero a haberme hecho vegano con más de 50 años, es la pena por no haberlo hecho antes”.

Sebastián López
Sebastián López

En 2010 empecé a colaborar como voluntario en un refugio de perros abandonados. El trabajo directo con los animales me llevó a ampliar mi formación y me documenté desde todos los ámbitos, incluido el ético, por lo que me convertí en un devorador de libros, relacionados al principio con la etología, biología y evolución, y poco a poco con textos sobre defensa animal.

En esta avidez me topé con la película Earthlings (Terrícolas) que me dejó en estado de shock y fue el clic que necesitaba para dejar de participar en tanta explotación, empezando por la alimentación.

Más tarde, el libro de Jonathan Safran Foer Comer Animales acabó afianzando la decisión.

El cambio vital no es tanto en cuanto al ritmo de vida diaria o de los productos que consumes, sino de la perspectiva que adquieres sobre la relación con los animales. Es un cambio brutal que debes aprender a gestionar, pues millones de situaciones que antes te pasaban desapercibidas ahora se muestran de forma evidente.

Una consecuencia es que decidí adoptar una actitud proactiva y me he convertido en activista, lo cual sí que ha marcado fuertemente mi vida, ya que todo el tiempo libre lo dedico a trabajar por el cambio en la relación con los demás animales desde una organización de protección animal.

Lo más complicado de hacerse vegano es, sin duda, la aceptación social. En un entorno en el que el 99% de la población es omnívora, todavía te siguen mirando como una rareza.

Es verdad que ya no es tanto motivo de chanza, cosa que antes era una constante en el cine, la televisión o la publicidad. Normalizar el veganismo es una de las tareas pendientes de los que luchamos por un futuro sin explotación animal.

Lo más satisfactorio, por otro lado, es intentar que nuestras acciones causen el menor daño a los animales. Sabemos que conseguir esto en un mundo tan globalizado y mecanizado es imposible al 100% (la utilización indirecta u oculta de productos de origen animal es casi infinita y además, con nuestros impuestos, pagamos subvenciones a muchas actividades económicas como la ganadería que no podemos controlar), pero en tanto avanzamos a ese objetivo estamos contentos de producir el menor mal posible.

Sentirse no partícipe ya es suficiente, pero comprobar que existen muchas otras alternativas exentas de crueldad, más saludables y sostenibles, te da mucha satisfacción.

En cuanto a nuestro entorno social y familiar, al principio reaccionaron con desconcierto, después con aceptación y poco a poco con comprensión. Intentan ayudar, aunque a veces nos sentimos un poco marginados en ciertas celebraciones donde los animales son los protagonistas de la mesa.

En algunos casos ha supuesto un distanciamiento, pero lo vamos solventando poco a poco. La mayoría de nosotros no hemos nacido veganos y hay que ser respetuosos con las personas que empiezan a preguntarse por lo que estamos haciendo con los animales, aunque aún no abracen el veganismo.

A aquellos de mi generación que se lo estén planteando les diría que la edad para empezar a ser vegano es indiferente. Las dudas en cuanto a salud ya están resueltas sobradamente por los expertos en medicina y nutrición.

Si tuviera que poner un pero a haberme hecho vegano con más de 50 años, es la pena por no haberlo hecho antes. Por no haberme dado cuenta con muchos más años por delante para salvar a muchos más animales.

Un poco de mística no viene mal

10 junio, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 17/05/2017 a las 06:00Actualizada 16/05/2017 a las 20:29  

El arzobispo Cañizares se suma a los discursos de aquellos que hacen política desde afirmaciones que no se corresponden con la verdad. Ya no se habla de mentir en el lenguaje político, del mismo modo que ya no hay imputados. A este paso van a dejar el diccionario reducido a un folleto.

Tiene suerte de que su grey sea definida como rebaño, como ovejas a apacentar, por el mismo Cristo, aquel al que envió su padre para que arreglara los defectos de su obra, haciendo responsable de los mismos a los clientes que nada tuvieron que ver en el diseño, ni en la ejecución, y a los que ni siquiera se les dejó hacer una inspección ocular para firmar la recepción del “paraíso terrenal” en condiciones aceptables. Recordemos que el ser humano fue expulsado del mismo por acceder al árbol de la ciencia, del conocimiento. Le estaba prohibido, el creador le quería ignorante. Querer saber les costó una condena a Adán y Eva que pagamos todos, fue un pecado colectivo con el que cargamos, algunos, con mucha honra. Es el llamado “pecado original”, desde luego más original no puede ser.

Nacemos con una naturaleza pecadora que hay que enmendar: ¿Por qué al nacer no nos dan una garantía como a los electrodomésticos? Este defecto de origen también es ajeno, por lo visto, al fabricante, y lo pagamos el resto de nuestros días al tener que someternos a los únicos técnicos reconocidos por la casa matriz. Pero vamos, que queda claro que el conocimiento y el amor al saber no vienen de serie, sino todo lo contrario. Diversas hogueras han intentado a lo largo de la historia que científicos, tachados de herejes, que pretendían continuar con la rebeldía que ya estrenaron nuestros primeros padres allá en el paraíso, por encontrar soluciones a preguntas complejas, no metieran las narices donde nadie les llama, es decir, todo comienza y termina en el mismo punto, dios. Es la respuesta para todo: ¿Cómo estás? Como dios. ¿Qué va a pasar? Lo que dios quiera. ¿Quién ha puesto esas estrellas ahí? ¿Quién va a ser?, ¿Estás tonto o qué?

Todo ha sido él, el mismo que nos hizo a su imagen y semejanza.

No manifiesta la jerarquía eclesiástica una inteligencia especial al renegar del evolucionismo. Podría agarrarse en su defensa, para justificar lo dañino del ser humano, al hecho de que la naturaleza cogió un rumbo inesperado que deterioró la idea original con un resultado extravagante. Pero no. Con tal de no dar baza a nadie en este maravilloso panorama que contemplamos, intentan que cuele que todo esto lo hizo dios en seis días, utilizando el séptimo para descansar. ¿Se cansa dios? ¿Es posible que se cabree también? Con respecto a esto último, a los que hablan con él en exclusiva, no les cabe la menor duda y, de hecho, citan “la ira de dios”, cosa en la que no creo mucho porque castiga por igual a los buenos y a los malos y, desde luego, a los tiranos les rinde todos los honores de la mano de los que viven de predicar su palabra.

Como por el humo se sabe dónde está el fuego, yo tuve, como Newton, una revelación un día que me encontraba sentado a la sombra de un árbol. Un suceso inesperado me alejó de la fe. Vi pasar a una mariquita volando, y su errática trayectoria me llevó a conclusiones tajantes: ¿Qué sentido tiene esa mierda? ¿Acaso no eran suficientes los millones de especies que estudian los entomólogos para dar cabida a variaciones sin sentido? ¿Y los bichos palo? ¿Por qué animar a una brizna de paja dotándola de vida, para abandonarla a su suerte en un medio plagado de pájaros insaciables? ¿Y los niños que ejercen de monaguillos en la oscuridad de las sacristías? Son reflexiones teológicas de alto nivel que todo ser debería tener en algún momento de su existencia.

Afirman las escrituras, como decía, que dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Sin duda, y dado que, como hemos visto, el creador tiene sentimientos, he llegado a la conclusión de que el día que le dio por moldear la arcilla de la que salió Adán, estaba teniendo una crisis de autoestima. Hizo tonto al ser que heredaría su obra. Le dotó de encefalograma casi plano, detalle, como digo, de infravaloración, pues ¿a qué semejanza con dios remite semejante diseño? De esa tara, consecuencia de la circunstancia de que fuera a crear al hombre cuando tenía un mal día, vienen todas estas cosas que nos pasan.

Uno, en el fondo, acostumbrado a renunciar a sueños por culpa de la ignominia, la mentira, la crueldad y la desvergüenza absolutas en las que nos sumen nuestros próceres, acaba reconociendo que le gustaría que todo ese cuento en el que está basado el omnipotente negocio de la religión, fuera cierto. Pero cierto tal y como lo pinta la religión verdadera, o sea, la católica, la nuestra, la española, la que nos ha acompañado desde chicos y cuya jerarquía siempre ha estado y está al servicio de quien merecía la pena, los ganadores, el poder, el dinero: los más fachas. Me gustaría que hubiera un dios como ellos lo pintan: chungo, rencoroso, vengativo, que se puliera del tirón a tantos y tantos hijos de p… que en el mundo son, muchos de ellos, en su nombre. Un dios que juega a estas perversiones de dejar morir de hambre a los niños del tercer mundo, y nos condena si morimos en pecado al fuego eterno, a toda clase de torturas, por los siglos de los siglos, que nos quebrantará los huesos, nos hundirá en el lodo, nos azotará, y no se escucharán nuestras súplicas, nos arrojará a la niebla donde será el llanto y crujir de dientes, pero “nos ama”.

Ni siquiera se cumple lo de que la ira de dios pondría las cosas en su sitio. A mí me gustaría haberlo visto en sus buenos tiempos, cuando hacía milagros en público y sometía a los pecadores a las sofisticadas plagas que leemos en la Biblia. En una edición antigua, retocada para la posteridad, se describe cómo condenó a los filisteos a una epidemia de almorranas: Ése es mi dios.

Ahora los milagros se hacen en secreto, como los del papa Wojtyla, o Escrivá de Balaguer, y la Iglesia los reconoce sin dar testimonio público alguno, con lo útiles que serían estas demostraciones de superpoderes para captar agnósticos o dudosos. Pero ya digo que no, incluso la venganza en la que los malvados serán juzgados tendrá lugar, en todo caso, después de muertos: otra frustración por prescripción de los tiempos legales, como los casos de pederastia. De aquí se van de rositas.

Mientras, desde los púlpitos, nos advierten, como hacía este fin de semana el arzobispo Cañizares, sobre los peligros a los que se enfrenta la juventud, entristecido ante el panorama de esos jóvenes “sujetos a adicciones como drogas, alcohol o sexo”, que son “instrumentalizados por intereses inconfesables, rebajándoles a objetos”. Así es, y sabe de qué habla. Jóvenes, y menos jóvenes, usados como objetos sexuales, de los que el obispo de Tenerife decía: “Desean el abuso e incluso te provocan”. En su perversión, esos niños hacen pecar a los adultos que caen en la tentación de sus estrategias demoníacas.

También, aunque tarde, el arzobispo dedica un tiempo a la justicia social para “defender los derechos humanos inviolables y fundamentales” como el derecho “a la enseñanza y libertad de educación, claramente amenazados en nuestra tierra”.

Aunque algo tarde, es bueno que la Iglesia desde la cúpula se una a reivindicaciones que también hacen otros curas marginados por sus propios compañeros por defender a los pobres. Sin duda, con ese peligro amenazado que el arzobispo ve en el derecho a la educación, irrenunciable donde los haya, y dado que pronunciaba esas palabras en Valencia, se referiría a esos miles de niños que por culpa de las inversiones que han hecho sus correligionarios políticos, que han despistado la pasta de las arcas públicas a bolsillos de colegas, se han visto obligados a recibir las clases en barracones de obra donde el agua cae a turbión cuando llueve, y el frío dificulta su atención ante la perplejidad de sus maestros, que asisten atónitos a este expolio de nuestros dineros, en detrimento de una enseñanza impartida en unas condiciones vergonzosas. Esta situación provisional se ha prolongado durante años mientras el presupuesto se derivaba hacia otros centros concertados. Tiene razón el arzobispo cuando se refiere a la imposibilidad de elegir. A miles de niños de esa Comunidad se les ha obligado a estudiar en esas condiciones sin posibilidad de elección. La libertad de elección, tal y como afirma el arzobispo Cañizares, está amenazada en esa tierra.

También es de alabar que apueste por la aconfesionalidad de ese derecho, aunque sea de forma inconsciente, y la no imposición de dogmas de ningún tipo cuando denuncia que los niños “son manejados por ideologías tan engañosas y llenas de mentira por legislaciones ideológicas en el campo de la enseñanza”. Aunque no se trate de un ejercicio de honestidad, está bien que proclame que no pueden imponer dogma alguno a un niño desde las instituciones públicas o subvencionadas con fondos públicos.

Me van a permitir que repita de nuevo su enunciado porque creo que es difícil sintetizar mejor en una sola frase lo que se hace con la enseñanza de la religión que ellos pretenden obligatoria: “son manejados por ideologías tan engañosas y llenas de mentira por legislaciones ideológicas en el campo de la enseñanza.”

Estoy con él. Aunque parece una soflama radical, estoy de acuerdo en que no debe derivarse dinero público hacia otros centros mientras la educación pública no tenga sus necesidades cubiertas. Lo de enseñar mentiras bajo ideologías engañosas llenas de mentira a través de la legislación, me parece meridianamente claro aunque también un poco radical.

¿Se ha hecho la Iglesia de Podemos? ¿Son bolivarianos?

Tal vez he leído el artículo del señor Cañizares sacando interpretaciones erróneas, pero así, en una lectura somera, no puedo negar que tiene más razón que un santo. Y puede que esté en el camino. Es sabido que, como Tamariz, este personal se saca milagros de la manga.

La patria de Albert Rivera

9 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Albert Rivera admira a Lincoln, Luther King o Kennedy y le gustaría convertirse en el Macron español. Sueña con que su plataforma ‘España Ciudadana’ le lleve a la Moncloa como ‘En Marche!’ convirtió al joven político en el presidente de la República francesa.

Macron, como Rivera, se presentó como el único candidato capaz de superar las diferencias entre derecha e izquierda. Un año después se ha demostrado que tenía razón la BBC cuando definió al mandatario francés como un “populista de centro”. Repasando sus primeras medidas podría añadirse que de un centro cada vez más a la derecha.

Más semejanzas: el líder de ‘En Marche!’ era el preferido de las élites francesas como Rivera lo es de las altas esferas españolas, incluso de aquellas a las que su discurso del pasado del domingo les pareció excesivo. El plumero populista se exhibió hasta el punto de incomodar a algunos asistentes y las lágrimas por España de Marta Sánchez más que emocionar provocaron sonrojos de vergüenza ajena.

Hace un tiempo el líder de Ciudadanos presumía de que su partido no tiene “medios de comunicación ni intereses económicos de cabecera”. Un rápido repaso a la hemeroteca y a las tertulias televisivas permite desmontar esa afirmación. Aunque su triunfo también se explica por una capacidad de oratoria envidiable, por la errática estrategia de Pedro Sánchez y por los autogoles del PP y de Podemos. Todo le ha ayudado a ser el político con más y mejores padrinos de España.

Ahora bien, la misma hemeroteca es la que empieza a situar a Ciudadanos frente al espejo, ese que acaba de colocar a Pablo Iglesias ante sus propias contradicciones.

Rivera es quien aseguró que si un partido tenía imputados ni se molestase en levantar el teléfono. Pero Ciudadanos no solo coge las llamadas sino que ha permitido que el PP de la Gürtel y la Púnica, por citar los dos principales casos, siga gobernando la Comunidad de Madrid.

Como buen orador, el líder de Ciudadanos es autor de frases lapidarias. “No vamos a criminalizar ni a hacer un cordón sanitario a ningún partido”, prometió Rivera. Claro que ha dicho eso y lo contrario: “Todo lo que sea dejar fuera a los partidos nacionalistas de los pactos de Estado nos parece bien”.

Otra de las virtudes de Rivera es la capacidad de adaptar su discurso y estrategia según convenga. Puede desdeñar la huelga del 8-M por ser “anticapitalista” y a la vez  apuntarse el éxito de la manifestación feminista. Es más, incluso es capaz de echarle en cara a Rajoy que haya “minimizado los problemas de las mujeres”.

Rivera promete una España en la que las naciones que conviven o malviven en ella renunciarán a serlo solo porque él lo diga. En una de sus reflexiones más aplaudidas, Macron afirmó que las democracias europeas deben escuchar la cólera del pueblo para evitar que caigan en brazos de los populismos autoritarios. Escuchar la cólera no es alimentarla. Y eso es lo que está haciendo Ciudadanos.

Carta abierta a Jordi Cuixart

8 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

 Jordi Cuixart

Presidente de Òmnium Cultural

Módulo 10

Centro Penitenciario Madrid V

28791 Soto del Real (Madrid)

Estimat Jordi,

Te agradezco mucho tu amable carta de hace unos días, en respuesta a mi artículo en eldiario.es. Me encantaría poder darte las gracias en persona, pero sigues injustamente privado de libertad y de los derechos más elementales.

En mi artículo me refería a las nueve mujeres y hombres que lleváis meses en prisión preventiva. Esta carta va a tu nombre, pero podría ser igualmente dirigida a Jordi Sánchez, Joaquim Forn, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Carme Forcadell, Josep Rull, Dolors Bassa y Raül Romeva. Te agradecería que hicieses llegar mis palabras a Jordi Sánchez, con el que compartes prisión.

Escribí aquel artículo para denunciar una injusticia, pero también por comprobar si de verdad el rechazo a vuestro encarcelamiento es tan minoritario en la sociedad española como puede parecer a primera vista. Quiero que sepas que, tanto en público (en redes sociales) como en privado, son muchos los que me han expresado la misma mezcla de indignación y vergüenza por un encarcelamiento tan prolongado y sin sentido (o cuyo único sentido es castigar y humillar a adversarios políticos y lanzar una advertencia).

Sé que recibís muchas muestras de solidaridad, que espero alivien algo la dureza de la vida en prisión. Sin hablar en nombre de nadie, me atrevo a hacerte llegar, a ti y a tus compañeros, la solidaridad de muchas personas que en España compartimos esa indignación y vergüenza. Y estoy convencido de que seríamos muchos más si la propaganda de confrontación no os hubiese criminalizado y, aún peor, deshumanizado, convertido en “el enemigo”.

Sobran las razones para rechazar vuestro encarcelamiento, y deberían ser válidas para cualquiera con independencia de su posición política. Razones de justicia, en primer lugar, como señalan muchos juristas dentro y fuera de España. Razones humanitarias, por vosotros y por vuestras familias que sufren las consecuencias de una separación tan prolongada, obligados a largos desplazamientos y denigrantes visitas carcelarias. Y razones políticas, porque con independencia de la ideología de cada uno, vuestra prisión pospone cualquier solución del conflicto, agrava la crisis de la democracia española y está deteriorando alarmantemente la convivencia.

En tu carta añades un motivo que a mí me preocupa especialmente: como dice la campaña de varias entidades, “Mañana puedes ser tú”. La deriva represiva en España degrada la democracia y amenaza los derechos y libertades de todos.

Lo pensé al recibir tu carta: es la primera vez que tengo correspondencia con un encarcelado, y temo que no vaya a ser la última. Hace un par de años comentaba en broma cómo la agenda de contactos de mi teléfono se había llenado de repente de concejales, diputados y dirigentes políticos. No porque hubiese cambiado de amistades, sino porque muchos de mis conocidos habían pasado de los movimientos sociales a la actividad política e institucional. El nuevo tiempo se reflejaba en la agenda de mi teléfono.

En los últimos meses mi agenda de contactos incluye cada vez más detenidos, denunciados, imputados, multados, y ahora también encarcelados. No porque haya cambiado de amistades, sino porque muchos de mis amigos, vecinos, compañeros y conocidos ya han sufrido esa deriva represiva por haber participado en una manifestación o una huelga, detenido un desahucio o, como es tu caso, defender tus ideas políticas.

El “Mañana puedes ser tú” es demasiado optimista: digamos más bien “Hoy puedes ser tú”. La regresión democrática es una realidad, y si no denunciamos vuestro encarcelamiento y exigimos vuestra libertad, nos convertiremos en cómplices.

Termino haciendo mías tus palabras en defensa de la democracia, el diálogo y la construcción de puentes y espacios de encuentro. De la misma forma que muchos compartimos el rechazo a vuestro encarcelamiento, también creo que somos muchos los que apostamos por soluciones políticas a problemas políticos. Para que sea posible, os necesitamos fuera de la cárcel, hoy mismo.

Te envío una forta abraçada, que espero poder darte en persona muy pronto,

Isaac Rosa

De cómo los hispanos se convirtieron en árabes

7 junio, 2018

Fuente: blogs.elpais.com

Por: Eduardo Manzano Moreno 01 de mayo de 2014

Alhambra

Vista del mihrab en la Alhambra en una imagen del siglo XIX. / J. LAURENT (BIBLIOTECA NACIONAL)

Uno de los temas que más difícil nos resulta explicar a los historiadores es el significado que tienen los pueblos en la Historia. Hablamos de romanosvisigodos o árabes, pero pocas veces explicamos lo que queremos decir con esos apelativos. No es, pues, de extrañar que sigan muy presentes aquellas tediosas enseñanzas escolares que dibujaban a los romanos trayéndonos acueductos; a los visigodos, escudos y espadas; o a los árabes, en fin, regadíos y la Alhambra. Detrás de esta visión latía la idea de que “nuestros ancestros” habían sido dominados por estos pueblos en distintos momentos, mientras el “pueblo originario” -o los diversos “pueblos originarios”, dependiendo del prisma nacionalista que se elija- continuaban su larga andadura histórica. Fruto de esta visión, forjada en púpitres de madera con tintero, es que un antiguo presidente del Gobierno de España tuviera la peregrina ocurrencia de declarar que los árabes tenían que pedir perdón a los españoles por haberles conquistado.

Las cosas afortunadamente son algo más complejas y también bastante más interesantes. Me centraré en el caso de los árabes, que es el que mayores confusiones genera, pues no en vano los nacionalismos ibéricos han hecho de la idea de Reconquista su santo y seña particular.

Es un error muy común creer que los árabes eran un pueblo de camelleros nómadas en estado semi-salvaje antes de la aparición del islam. Lo que se sabe de la Arabia preislámica, por el contrario, es que albergaba poblaciones muy diversas, algunas de ellas instaladas en ciudades con larga tradición comercial y una cultura nada rústica. Las miles de inscripciones encontradas allí hablan en distintos dialectos y caracteres de una sociedad estrechamente relacionada con los grandes imperios antiguos, y en la que existían también pujantes reinos e incluso una literatura muy interesante, que ha dejado restos de una excepcional poesía.

Las grandes conquistas producidas tras la aparición del islam no fueron provocadas por un alocado movimiento de tribus montadas en camellos, sino que estuvieron dirigidas por la élite árabe nacida al amparo de la nueva religión predicada por el profeta Mahoma. Lo que sabemos sobre esas conquistas apunta hacia un patrón casi siempre muy similar: la gran debilidad de los estados de la época hacía que dependieran mucho de la suerte del ejército de su rey o de su emperador, de tal manera que su derrota en una o dos batallas campales dejaba sin defensa a unas poblaciones que quedaban abandonadas a su propia suerte. Los ejércitos árabes podían tomar entonces las principales ciudades -Damasco, Jerusalén, Ctesifón, Alejandría, Cartago, Córdoba o Toledo- sin encontrar mucha oposición. Tras hacerse con los resortes de la administración conseguían que la posible resistencia en otras zonas no pudiera reorganizarse y que fueran muchos quienes optaran entonces por pactar con los invasores. Ello permitió conquistas fulminantes de las que se benefició inmensamente la nueva élite, que se hizo construir grandes y hermosos palacios en lugares de la actual Siria y Jordania. En uno de ellos, Qusayr Amra, unas pinturas realizadas para el califa omeya en la primera mitad del siglo VIII muestran al rey visigodo Rodrigo -con una inscripción que le identifica- junto a los emperadores bizantino y sasánida: los grandes derrotados por los ejércitos de los califas.

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Precinto de plomo a nombre del gobernador árabe de al-Andalus Anbasa ibn Suhaym (721-726). Colección Tonegawa.

Se dice a veces que la conquista de Hispania del año 711 fue llevada cabo por tropas mayoritariamente bereberes -es decir, gentes procedentes del norte de África- lo cual significaría que de árabe no habría tenido mucho. Sin embargo, esa idea no es correcta, dado que tanto la dirección de la misma, como su orientación ideológica eran árabes, como también lo fue su resultado: la integración de Hispania -ahora llamada al-Andalus– en el imperio de los califas árabes de Damasco. De la misma manera que a nadie se le ocurre dudar del carácter de las conquistas de Roma por la variada procedencia de los legionarios que las realizaban, es erróneo poner en duda el carácter árabe e islámico de la conquista por el hecho de que muchas de sus tropas procedieran del norte de África. Además, en torno al año 741 un nuevo ejército árabe llegó a al-Andalus, y sus numerosas tropas se diseminaron por buena parte de este territorio, contribuyendo así a reforzar el carácter árabe e islámico de la ocupación. Quienes organizaron, dirigieron y administraron la conquista fueron, pues, los árabes, y los testimonios contemporáneos en papiros procedentes de latitudes como Egipto demuestran que, como todos los conquistadores, se tomaron muy en serio su papel de dominio sobre las poblaciones sometidas.

La consolidación de este dominio comenzó a cambiar las cosas. De hecho, es llamativo el destino de los bereberes llegados a la península. Perdieron rápidamente su propia lengua -que nada tenía que ver con el árabe- hasta el punto de que el castellano apenas incorporó palabras procedentes del bereber, al contrario de lo que haría con el árabe, del que proceden entre 4000 y 5000 vocablos. Estos bereberes, por lo tanto, se arabizaron muy rápidamente tanto en su lengua, como en sus nombres y usos culturales. Un sabio andalusí muy conocido, debido a que fue uno de los introductores del rito jurídico malikí, llamado Yahya b. Yahya (m en 848), tenía un nombre indistinguible de cualquier árabe, pero descendía de un ancestro bereber llegado con la conquista cien años antes.

También la población indígena comenzó a adoptar la lengua árabe de forma muy rápida. Hay muchas pruebas de ello. En un célebre texto, el escritor cristano Álvaro de Córdoba se quejaba en pleno siglo IX de que sus correligionarios más jóvenes apenas se interesaban por el latín y los escritos eclesiásticos, prefiriendo la lectura de los poetas árabes. Por la misma época, un gobernador árabe de Mérida, prendado de las antiguas inscripciones que todavía abundaban en la ciudad, quiso saber lo que decían, pero no encontró entre todos los cristianos a nadie que supiera descifrarlas, excepto un clérigo viejo y decrépito. Un siglo más tarde, libros sagrados como los Salmos o incluso el Evangelio tenían que ser traducidos al árabe, como también lo fueron los propios concilios de la iglesia hispana en pleno siglo XI. Todo ello demuestra que los cristianos que todavía quedaban en al-Andalus tenían que traducir sus textos religiosos al árabe para poder entenderlos.

Este proceso de cambio es conocido como arabización. A él contribuyeron también los matrimonios mixtos producidos después del año 711 entre mujeres indígenas y conquistadores. Fueron muy numerosos, -el más conocido el de Sara, la nieta del rey visigodo Witiza- aunque no eran muy bien vistos por las jerarquías eclesiásticas, tal y como demuestra una carta del papa Adriano, quien a finales del siglo VIII, se lamentaba de que en Hispania las gentes daban a sus hijas en matrimonio a los paganos. Estas quejas, sin embargo, poco podían hacer para detener unos procesos sociales imparables, que acabaron suponiendo la fusión de conquistadores y conquistados y la arabización completa de estos últimos. El resultado fue que varias generaciones después de la conquista mucha gente había perdido la conciencia de sus ancestros indígenas.

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Un caso muy evidente -y siempre citado- es el del gran escritor Ibn Hazm [en la imagen], autor de un magnífico tratado sobre el amor, El Collar de la Paloma (Tawq al-hamama), quien con toda probabilidad descendía de indígenas, pero para el cual las principales referencias culturales eran árabes y, por supuesto, islámicas. Los casos más extremos de arabización eran los de personajes que, a pesar de que descendían de bereberes o indígenas, pretendían tener ancestros en la Arabia preislámica, lo que da buena muestra del prestigio que esta noción tenía en la sociedad andalusí. La arabización lingüística, por lo demás, ha sido brillantemente demostrada por arabistas españoles como Federico Corriente, que han sido capaces de establecer los peculiares rasgos morfológicos, fonéticos y léxicos que tenía el árabe hablado por la inmensa mayoría de las gentes en al-Andalus.

Siempre que se habla de estas cosas, sin embargo, uno debe temerse lo peor. Es inevitable que surja el Unamuno de turno, que se tome todo esto a la tremenda y nos regale atormentadas disquisiciones, que insisten en ver en lo ocurrido hace mil y pico años los gérmenes de nuestra contemporánea aflicción. Tampoco suele faltar una visión nacionalista árabe que intente demostrar la superioridad de esta cultura a lo largo de los siglos. Las gentes aquejadas por estas visiones tan trascendentalistas del pasado -a pesar de que éste insiste en ser miserablemente materialista- suelen discutir entre sí con gran pasión y con información no muy veraz, lo que provoca embrollos sin cuento, que mezclan lo ocurrido en los siglos medievales con situaciones contemporáneas para perplejidad de los más sensatos.

Me consta que a muchos de mis colegas estos embrollos les provocan cierto tedio y una comprensible desgana por embarcarse en la divulgación de los conocimientos que atesoran. Pero me temo que nuestro compromiso social de historiadores no nos deja elección, y que, a despecho de malentendidos y tergiversaciones, debemos explicar lo que la investigación ha venido sacando pacientemente a la luz y que, en muchos casos, no son meras opiniones, sino hechos plenamente verificados. Y uno de esos hechos es que, tiempo después de la conquista militar, los descendientes de los hispanos sometidos comenzaron a convertirse en árabes desde el punto de vista cultural y lingüístico: algunos siguieron manteniendo su religión cristiana -los llamados mozárabes-, mientras que otros muchos se convirtieron al islam. Queda para otra ocasión este tema, el de la islamización religiosa, del que apenas hemos podido hablar aquí y que merece también una larga explicación.

Mientras tanto quédense con esta idea. Contrariamente a lo que pretende el pensamiento histórico más conservador (que anda últimamente muy desbocado), la Historia es un proceso continuo de cambio y transformación.

Un mar de plástico: la historia tras la impactante portada de National Geographic

6 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“Ocho millones de toneladas de plástico acaban en el océano cada año. Y esto es solo la punta del iceberg…”, es el subtítulo de la portada de National Geographic centrada en denunciar los peligros de un material que, según afirman en su página, empieza a biodegradarse a partir de 450 años. Ropa, botellas, anillas para latas… Son muchos los productos que atentan directamente contra la preservación de un planeta que lucha por no convertirse en un vertedero. Y, como reflejo de ello, la imagen con la que la revista abre su edición de junio: una enorme masa flotante que no es de hielo, sino de plástico.

El diseñador mexicano Jorge Gamboa es el responsable de una portada viralizada a través de redes sociales, donde algunos usuarios la catalogan de “memorable” e “impresionante”. También Vaughn Wallace, editor de la revista, considera que es una de esas imágenes que hacen historia. Sin embargo, no es la primera vez que se reconoce el potente mensaje de esta ilustración.

“La idea surgió por una asociación directa de elementos con los que he convivido a diario desde que estoy en la ciudad de Puebla (México)”, explica a este periódico el autor del cartel. Posteriormente, transformó aquellos objetos cotidianos en una imagen cargada de significado con una metáfora sencilla pero directa: “la punta del iceberg”. En este caso, de la contaminación.

El resultado final supuso unas seis horas de trabajo dedicadas a hacer fotografías, editarlas y lograr que aquel trozo de plástico pareciera un gran bloque de hielo. “Era necesario que el resultado final de la bolsa tuviera una punta para así asociar las formas de manera más directa y comprensible”, sostiene Gamboa, quien añade que para conseguirlo solo necesitó dos cosas: “Una cámara fotográfica y edición digital”. Pero también una tercera, quizá la más importante: la idea.

Con esa misma idea, el diseñador decidió participar en la Bienal del Cartel de Bolivia (BICeBé) de 2017, edición en la que recibieron más de 6.300 obras de 71 países del mundo. “Las evaluaciones analizan cada pieza por la claridad del mensaje, un buen cartel debe comunicar inequívocamente su propósito”, explica la coordinadora general del evento, Susana Machicao, a eldiario.es. Todo ello, unido al uso de la fuerza visual y semántica del lenguaje, convirtieron a la obra de Gamboa en ganadora de su categoría, la de mejor cartel político o social.

Una vez publicada la obra, al buzón electrónico del BICeBé llegaron cientos de mensajes pidiendo permiso para utilizarla en eventos o para hacer camisetas. “En 10 años de bienal ningún póster obtuvo la misma reacción”, aclaran desde la organización. Ya imaginaban que podía tener cierta repercusión, pero la respuesta superó toda expectativa. Según detalla Machicao, “al ser Jorge una persona muy reservada y alejada de las redes sociales”, fueron ellos quienes gestionaron toda aquella avalancha de peticiones “hasta establecer una confianza”.

Portada National Geographic

Desde entonces, como el BiCeBé  publica en Facebook, una decena de espacios comerciales y privados compraron o requirieron el cartel. Por ejemplo, la ONU Medio Ambiente en Brasil o Greenpeace España, entre otros. “De ninguna manera este tema se ha manejado de manera comercial, y los espacios que han pedido el uso han sido en su mayoría publicaciones medioambientales”, apunta Machicao. Continúa diciendo que, en algunos casos, “Jorge ha cedido los derechos sin coste alguno”, y que las dos únicas participaciones comerciales destacables son de Hugo Boss Alemania “que usará la imagen para su colección de camisetas de verano” y National Geographic, que “además hicieron un breve contrato”.

A pesar de ello, Gamboa matiza que en alguna ocasión ha rechazado posibles compradores o colaboradores “por cuestiones que desviaban la causa y el propósito de la imagen”. Lo que el diseñador busca, según detalla, es que “la imagen pueda llegar a diversos espectadores” para que así “genere un poco de conciencia sobre lo que está pasando con la industria del plástico”. Porque, al final, como el experto añade, “su problemática y solución también depende de cada uno de nosotros”.

Sin lugar para las 330 millones de toneladas

Justin Hofman | National Geographic
Justin Hofman | National Geographic

La portada se ha convertido en símbolo de conciencia medioambiental y, entre otras cosas, ha animado al National Geographic a eliminar el plástico de las publicaciones que llegan a sus suscriptores. Es solo un pequeño cambio que, como señalan en su web, “ahorrará al medio ambiente miles de bolsas no reutilizables”. No es suficiente, pero como apunta la directora editorial de Estados Unidos, Susan Goldberg, “es un ejemplo de esas simples medidas que empresas, Gobiernos y los ciudadanos podemos adoptar para garantizar un mundo menos contaminado”.

Como decía John Vidal, exjefe de la sección de Medio Ambiente de The Guardian,  “el plástico está en lo que comemos, bebemos y en el aire que respiramos y representa una amenaza cada vez más importante para la salud humana”. Y, como dato, el especialista medioambiental apunta que “en los años 50 el mundo producía dos millones de toneladas de plástico al año. Ahora son 330 millones de toneladas”.

A través de diferentes reportajes, la revista aborda los problemas derivados de los 5.700 millones de toneladas de residuos plásticos que no pasan por una planta de reciclaje. Y aunque la portada de Gamboa refleja todo esto en forma de metáfora, las imágenes más crudas se encuentran en el interior. Un caballito de mar agarrado a un bastocillo, una tortuga atrapada por unas redes, un león marino que ha ingerido un señuelo de pesca… Parece fauna y flora de un mundo posapocalíptico, pero es el presente.

Después de la enorme repercusión, ¿ha cambiado esta imagen la vida de Gamboa? El autor cree que es una pregunta bastante complicada de responder, al menos por ahora. Aun así, reconoce haber tenido varias “propuestas para realizar proyectos” y peticiones de personas interesadas “en cómo se realizó la toma fotográfica”. Asimismo, como estancarse en un solo diseño podría ser un error, el artista visual considera que necesita ponerse “nuevos retos”.

Por su parte, la coordinadora general del BICeBé señala que “la maravillosa reacción de la gente” se alinea con el objetivo principal de la organización, que no es otro que poner a los artistas latinoamericanos en la mira del mundo. “Este mes de junio, un diseñador mexicano invadirá el mundo con una portada que desde hace un poco más un año ha dado que hablar en redes sociales. Alegría hay de sobra”, agrega. Pero, a pesar de todo ¿es posible soñar un planeta sin plástico? “Sí, creo que, con el apoyo de la industria, la información y la voluntad puede ser posible”, responde Gamboa.

Jordi Chias | National Geographic
Jordi Chias | National Geographic

¿Cómo murió Cipriano Martos? Las torturas y el veneno que acabaron con la vida de un militante antifranquista

5 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Han pasado 45 años desde que Cipriano Martos murió solo, custodiado en una cama de hospital de Reus con el estómago destrozado por un corrosivo. Su familia sigue sin poder responder a la pregunta: ¿fue este joven militante antifranquista el que ingirió  voluntariamente el ácido que lo mató o se lo hicieron tragar los guardias civiles que le torturaron de forma brutal durante dos días?

“Lo último que quería el régimen era que esto se conociera y trataron de taparlo por todos los medios”, expone Roger Mateos, autor del libro Caso Cipriano Martos: vida y muerte de un militante antifranquista (Anagrama). Tras llegar a sus manos el sumario del caso y recuperar más de 50 testimonios, este periodista de la Agencia EFE reconstruye no solo los oscuros días de agosto de 1973 en los que Martos fue torturado y conducido a la muerte por ser militante del Partido Comunista de España (Marxista-Leninista), sino también las razones que llevaron a un tímido y casi analfabeto campesino de Granada a integrarse en una organización antifascista clandestina por la que se jugó –y perdió– la vida.

El propio libro supone un testimonio, con todo detalle, de la vida de una víctima del franquismo cuya muerte quedó en el olvido, reivindicada solo por los militantes de un partido que acabó siendo residual. Es ilustrativo el contraste con casos como el del anarquista Salvador Puig Antich, que fue detenido justamente ocho días después de la muerte de Martos, en septiembre del 73. “Puig Antich es un símbolo de la barbarie franquista, medio mundo se movilizó para frenar su ejecución, mientras que con Martos todo quedó silenciado”, sostiene Mateos.

Pese al miedo que durante años atenazó a la familia, finalmente su caso se ha acabado incorporando a  la macroquerella argentina que investiga los crímenes franquistas. El hermano de Cipriano, Antonio Martos, fue de los primeros en declarar ante un juez en esa causa, en los juzgados de Sabadell. “Quizás no es un caso de importancia universal, pero es tan grave y tan repugnante que no se puede mantener en el olvido”, defiende el autor del libro.

Las dudas sobre una muerte incómoda

Juan José Martos recibió la noticia de la muerte de su hermano en Reus por boca de un guardia municipal de su pueblo, Huétor Tájar (Granada), que le insinuó que se había tratado de un accidente laboral. La familia emprendió entonces un viaje a esa localidad de la provincia de Tarragona donde ni siquiera sabían que vivía Cipriano, puesto que en los últimos meses él había ido cortando todos sus lazos sociales debido a su actividad clandestina en el PCE(M-L).

Al llegar al hospital, la escena que describen sus familiares es estremecedora. No solo no les dejaron ver el cuerpo de Cipriano, sino que su cadáver fue trasladado al cementerio de Reus y arrojado a una fosa común sin su conocimiento. En el expediente de la funeraria constaba como responsable José Martos, el padre, que ni siquiera estaba en Reus, sino que se había quedado en Andalucía al estar enfermo. Aquel fue el primer indicio de una muerte incómoda que les confirmó una monja del hospital: Cipriano había fallecido por ingerir ácido sulfúrico.

Lápida de homenaje a Martos en la fosa común de Sabadell
Lápida de homenaje a Martos en la fosa común de Reus

Ahora Mateos recompone las piezas de los últimos días de Cipriano. Su detención tras una acción de propaganda en Igualada, la caída de la célula de Reus en la que él participaba… Y las torturas a las que fue sometido entre el 24 y el 27 de agosto, tras la las que fue trasladado al hospital. Después de varias entrevistas a sus compañeros, el libro acredita que Cipriano fue torturado por varios agentes, comandados por el teniente Braulio Ramo Ferreruela, que luego aseguraría ante el juez que le trataron correctamente.

Es de su declaración ante el juez de donde se pueden obtener algunos detalles sobre la ingesta del cáustico. Ramo afirma que le dejaron encima de la mesa para que los identificara todos los materiales que le habían incautado en su piso para fabricar cócteles molotov. “Es probable que pudiera haberse bebido cualquiera de los líquidos […] dado que estaban a su alcance”, sostuvo el teniente. A ello se le añade que el propio Cipriano dijo habérselo bebido él ante dos jueces y un médico, aunque sus declaraciones están repletas de contradicciones y pronunciadas en una situación extrema que harían desconfiar a cualquiera.

Ahí Mateos se pregunta: “¿Es posible que la Guardia Civil dejara material de un cóctel molotov al alcance de un preso supuestamente terrorista? ¿De alguien que podía haberlo utilizado para atacar a la policía? Es muy difícil de creer”.

Lo que ocurrió realmente solo lo saben Cipriano y los agentes. Quizás algún día algunos de ellos respondan ante la justicia argentina (el teniente murió en 1998), pero puede que desvelar quién empuñó el frasco con ácido no sea a estas alturas lo más relevante. “La pregunta más importante no es si fue un suicidio o un asesinato, sino si un suicidio eximiría de su responsabilidad a los torturadores. Y la respuesta es que no: lo llevaron a una situación límite”, apunta Mateos.

El 27 de agosto de 1973 Cipriano Martos fue trasladado al Hospital Sant Joan de Reus debido a la intoxicación. Agonizó durante 21 días en una de sus camas, custodiado por la policía, y sin que nadie –ni los familiares ni la militancia– supiera lo que le había ocurrido. Acabó traspasando el 17 de septiembre.

El periodista Roger Mateos, autor de 'Caso Cipriano Martos'
El periodista Roger Mateos, autor de ‘Caso Cipriano Martos’

Ensayo sobre la politización de un obrero

El libro Caso Cipriano Martos no es solo la reconstrucción periodística de unos hechos ocurridos en verano de 1973. Es también un ensayo sobre un proceso de politización. El de un joven campesino que emigró a Sabadell, donde trabajó en la construcción, y que, sin tener al parecer inquietudes sociales, “acabó militando en una de las organizaciones antifranquistas más radicales”, sostiene Mateos.

El PCE(M-L), escisión prochina del Partido Comunista en 1964, no era quizás el principal actor de la lucha antifranquista, pero sí tuvo una incidencia creciente en algunos barrios obreros a lo largo de los 70. Uno de ellos fue Ca n’Oriach, el barrio de Sabadell en el que Martos vivía con su prima. “Por primera vez vio luchas vecinales, reivindicaciones y tomó conciencia del movimiento obrero, al que se fue acercando también por las actividades culturales y de ocio que organizaban”, detalla Mateos.

El libro relata también la otra cara de la militancia: las peripecias tragicómicas de unos militantes a menudo demasiado jóvenes, tan impetuosos como erráticos, capaces de jugarse la vida para colgar carteles antiyanquis y a la vez desafiar todos los códigos de la clandestinidad celebrando una boda con toda la organización en la lista de invitados. Personas que no dejaron de ser jóvenes mientras se jugaban la vida por acabar con la dictadura.

La libertad de expresión de los enemigos de un Estado autoritario

4 junio, 2018

Fuente: http://www.jessicafillol.com

Publicado en 

Titiriterosraperosmás raperoscantantes de metalactoresdibujantesconcejalesconcejalasactivistas feministastwitterasmás twitterasanarquistes veganes… La lista de personas detenidas, imputadas o encarceladas por delitos relacionados con la libertad de expresión se hace ya difícil de mantener actualizada de lo larga que es, y crece por días. Y eso sin contar las multas al amparo de la ley mordaza. Todas las personas de la lista tienen un elemento en común: ser personas críticas con un Estado autoritario y expresarlo, de un modo u otro, ejerciendo su no-derecho a la libertad de expresión.

Desde vagas amenazas al Rey poco concretas y en absoluto materializables o injurias a la Corona que es por su parte tan intocable como inimputable; chistes sobre Carrero Blanco que suponen una vejación como víctima del terrorismo, condición que al parecer le exime también de toda crítica política o histórica por su papel en el régimen franquista; hasta que te lleven a juicio por un delito contra los sentimientos religiosos porque en tu perfil de facebook te has cagado en dios, que ya es como para mear y no echar gota.

La deriva autoritaria en la que estamos metidos de lleno está convirtiendo el ambiente en irrespirable. 2017 fue el peor año para la libertad de expresión desde el final del franquismo, y 2018 va camino de ser aún peor, pero solo para un sector de la sociedad. Los sectores más reaccionarios y ultramontanos están absolutamente enardecidos, sin que les alcance el más mínimo reproche judicial. Feministas, independentistas, activistas que luchan contra el racismo, la homofobia o la transfobia reciben, A DIARIO, CIENTOS de insultos y amenazas de muerte sin que ningún uniformado ni de azul ni de verde se digne a investigarlo. Es más, es que cientos de agentes uniformados y armados profiriendo amenazas nazis en un chat de whatapp contra la alcaldesa que les firma las nóminas no se considera un delito de odio.

A la mujer que, en su perfil personal de Facebook y sin citarla para que le llegara el mensaje, le deseó a Inés Arrimadas una violación en grupo le cayeron 4 meses de cárcel. Cuando a Anna Gabriel la amenazaron de muerte, la misma Inés Arrimadas dijo que lo condenaba pero que qué esperaba. A quienes envían tuits mencionando directamente a Puigdemont deseándole la muerte e insultándole, no les pasará absolutamente nada, y lo saben perfectamente. Los encapuchados que han mandado a 3 independentistas al hospital en una playa de Canet pueden mirarse en el espejo de los ultras que entraron en el Blanquerna como animales y saber que no les pasará nada: el Tribunal Supremo ha suspendido su entrada en prisión. Mientras, tanto el PSC como el delegado del gobierno silban mirando al techo cuando hay 3 personas que han necesitado asistencia médica y reclaman “la neutralidad de los espacios públicos”. En otras palabras: es que vais provocando.

Esta asimetría penal nos lleva a unos a la autocensura preventiva, y a otros a envalentonarse, a ser cada vez más agresivos y violentos, sabedores de la impunidad de la que disfruta el fascismo en España, mientras se permiten la osadía de llamarnos o racistas supremacistas, o feminazis.

Referencias:

La España que no ama Albert Rivera

3 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Tenemos un político, con aspiraciones a presidir el gobierno, que solo ve españoles allá por donde camina. Las bromas sobre su visión de la realidad -ni rojo, ni azul; ni viejo, ni joven; ni trabajadores, ni rentistas- no deben enmascarar el profundo problema: Albert Rivera solo ve españoles de su cuerda. Los que le caben en su mirar de un solo ojo profundamente derecho como evidencian sus palabras y  sus decisiones políticas. Rivera ha reeditado el discurso del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera. Y ha asustado hasta a sus mentores. Lo lanzó en un acto que tuvo su momento culminante, nos dicen,  con Marta Sánchez y “los versos que ella misma ha puesto a la Marcha Real”. Es como si todo fuera una versión de segunda mano del más antiguo y nefasto ultranacionalismo de siempre.

Es doblemente trágico en un momento en el que la derecha revienta por el PP y su nuevo detenido de peso: Eduardo Zaplana. Seguro de su triunfo (demoscópico), Rivera ya manda. Manda hasta incorporar delitos de ingeniera legal. Anticipatorios. O ampliando, por la brava, el artículo 155 de control al gobierno electo de Catalunya.  Pedro Sánchez en nombre del PSOE, se ha apuntado con fruición. Y al PP no hace falta animarle. Lista la gran coalición con la que soñaban los poderes del sistema. Se suelta tinta de calamar desde las cloacas del Estado contra los obstáculos – con motivo o sin él- y aquí gloria y después guerra.

Los expertos, sociólogos y politólogos, apuntan dos causas principales de este aparente viraje de la sociedad española hacía las posiciones retrógradas que acaudilla Rivera. La primera, que muchos lo ven como lo han vendido: de centro derecha, más a la izquierda del PP. Que ya es usar el modelo de Gafas Naranja. Y la otra, fundamental, que lleva a preguntarse: “ ¿Puedo mantenerme fiel a mi ideología o puedo votar por una vez a Ciudadanos para defender mi identidad”.  Esto se da, principalmente, entre votantes del PSOE, que han descubierto en su alma una bandera rojigualda de bandas anchas que lo tapa todo. Les oyes y parece que les va la vida en ello. Como a Ciudadanos y a PP.

Desde hace meses se advierte que el gran triunfo del “a por ellos” y, por tanto de Ciudadanos, está basado en llenar identidades perdidas o no halladas. En la necesidad de un sentido de pertenencia. Al margen de un notable rechazo hacia los diferentes. Vamos, lo que es todo nacionalismo excluyente. Todo. Pero cuesta creer que personas progresistas compartan la idea de España que abanderan Rivera o Cospedal como máximos exponentes del movimiento.

Es la España de los novios de la muerte, los toros, el eterno cerrado y sacristía, las banderas y los himnos. A los que se ha sumado Marta Sánchez , con sus “ versos” de fin de curso en Colegio concertado, gran aportación de 2018. La España de hacer la vista gorda a las trampas, a la desigualdad, a nada que perturbe el “así ha sido toda la vida”.

Con suerte, los  “patriotas civiles” –en definición de otra potente ideóloga del movimiento: Inés Arrimadas-  se pasan a la España de Campofrío, a lo alegres que somos.  A que nos dan las tantas en la calle.  A que compartimos un plato entre muchos. Aunque los mismos miren para otro lado al conocer las carencias reales de esos 10 millones de personas que en España viven bajo el umbral de la pobreza. Aunque otros se lo quiten de la boca y lo compartan fuera de los focos. Así somos. Como la mayoría de los pueblos.

Lo prioritario es la unidad –que renquea desde el nacimiento de España como nación- a la fuerza y sin condiciones.  Nos encontramos en pleno pulso suicida. Una cerrazón histórica –mutua- en busca de réditos electorales ha desembocado en un monstruo incontrolable ya, y que no lleva signo alguno siquiera de rebobinarse al menos hasta el aciago día en el que Rajoy llegó a la Moncloa.

En España hay viejos y jóvenes, mujeres a no excluir de los listados, y una notable diversidad de culturas y colores de piel.  Bastante más enriquecedora que la uniformidad que buscan. Más aún, hay zotes a barullo y gente inteligentísima. Personas honradas y auténticos forajidos. Mujeres y hombres  solidarios y generosos, y… políticos como muchos de los que ahora copan grandes espacios del escenario.

Nacer en un lugar o en otro es una cuestión accidental. De las definiciones de patriotismo clásicas, comparto la de George Bernad Shaw: “Patriotismo es tu convencimiento de que este país es  superior a todos los demás porque tú naciste en él”. Y ése es todo el argumento. Es cierto que a muchas personas, a la mayoría, el lugar donde se ha nacido y crecido les crea potentes lazos afectivos, vinculados a su desarrollo como seres humanos.  Pero de ahí, a construir todo un edificio de caracteres y superioridades sin tino va un trecho.

Nos están volviendo a vender una España de catálogo costumbrista y no la que empezaba a crecer. Una España abierta, con imaginación y creatividad. Con una capacidad de improvisación inigualable, debido a la falta de planificación previa concienzuda, en su caso. Siempre de una forma relativa, porque el peso de la España inamovible siempre se pega a los cimientos.  Y de abiertos y creativos tienen bien poco.

En la España que nos venden somos campeones en tolerancia a la corrupción. En autocomplacencia.  Lideramos la nueva lacra de los trabajadores pobres  que acaba de descubrir, aterrada, la Francia que salió de Manuel Valls para entrar en Emmanuel Macron. Compartimos con Hungría o Polonia leyes autoritarias que abochornan. Tenemos condenados por cantar. Encarcelados durante largo tiempo en prisión preventiva y privados de sus derechos por hacer política. Bajo delitos que varios países no consideran tales y por eso no entregan a los que se fueron. Por mucho que insistan como hace el juez Llarena.

Llevamos camino, como los EEUU de Trump, de un Hagamos grande España otra vez, la de la pandereta y el autoritarismo que tantas  veces ha acabado mal. Cuando podríamos  hacer una España habitable y prospera de la que sentirse orgulloso de verdad. La que, desde la Justicia a menudo obstaculizada, ya obtiene logros en su lucha contra la corrupción. La que se vuelque por la ciencia en lugar de frenarla. Por la cultura, que tanto nos ha dado a pesar de las trabas. Por la educación que es el auténtico punto de apoyo de toda sociedad civilizada. Por los ciudadanos libres y conscientes. Una España que ría, escriba y cante sin miedo. Que respete a las personas en lugar de intentar embrutecerlas para usarlas. Que no se empecine en tomarnos por idiotas. Que apueste de una vez por la decencia y erradique a tanto miserable que pudre hasta las entrañas del Estado. Por la cooperación. Por el entendimiento. Que no frene el progreso apenas lo ve despuntar. Que se quite la caspa y la gomina, o, al menos, no la imponga como modelo. Que aviente la envidia y el odio.

En pocas palabras, la idea de España que yo y muchos otros amamos, no es la España de Albert Rivera. Pero múltiples fuerzas apuestan por ella y contra nosotros.