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Proceso constituyente

3 diciembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

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La bandera republicana ondea a lo largo de la manifestación del 14 de abril \ Foto: Alejandro Navarro

El país roto por sucesivas crisis, la clase política reprobada, el régimen que se desmorona, la Transición que chochea, el sistema que colapsa y ni por ésas piensa España en reformarse. Rajoy dijo ayer que es tontería tocar la Constitución si esto con dos decretos se arregla. Ahora sabemos que Sánchez también hizo una DUI y declaró unilateralmente el pacto con el PP porque lo necesitaba para justificar su apoyo al 155. Ciudadanos, a la derecha del Padre, ya ha advertido de que no cuenten con ellos para regalarles cambios del Texto Sagrado a “los golpistas”. Hay que darle la razón al independentismo, España es irreformable.

Así lo parece porque fuera de Cataluña, nadie está articulando con claridad, constancia y contundencia un discurso de reforma o revolución. Ha tenido que ser un grupo de juristas el que presente el proyecto más audaz de transformación política y territorial de la Carta Magna. Pero la izquierda española está perdiendo una ocasión inmejorable para implantar en el debate una de sus señas de identidad más atractivas, que estaba en los movimientos sociales que han inspirado a los partidos del cambio: el proceso constituyente.

Más preocupados por mostrar su solidaridad y comprensión con el rupturismo independentista que por construir su propio programa estatal de ruptura y refundación, los Comunes y Unidos Podemos están siendo triturados por los catalanistas, que les acusan de tibios, y los españolistas, que les llaman radicales. La única manera de escapar de la picadora nacional, es un proyecto propio que valga tanto para recuperar a Cataluña como para regenerar España y eso pasa por una defensa decidida de un proceso fundacional como el que se vivió hace 40 años, en el que podamos elegir qué modelo de Estado, organización territorial, sistema social, electoral y fiscal queremos. El derecho a decidir pero para todos y sobre todo.

Todo, incluido la monarquía, base sobre la que se sustenta la Corte, la Trama y la Casta que pudren este país. España puede volver a ser una república. Hay que decirlo más. No hay que tener miedo a proponer un proceso destituyente, constituyente y reconstituyente que impida el proceso restituyente que las élites han puesto en marcha justo cuando estaban más debilitadas. Curiosamente, este proceso debe aprovechar tanto la inercia como las fuerzas del procès que pueden convertirse en aliadas, una vez agotada la vía unilateral del procesismo.

Ante la manifiesta improbabilidad de la secesión territorial, la izquierda debería intentar movilizar ese impulso transformador -que no sólo es nacionalista, también tiene raíces en el 15M y en la cultura obrera y libertaria de larga tradición catalana-, para intentar darle la vuelta a este país, misión casi igual de imposible, pero que une a más gente en lugar de dividirla y es más solidaria y menos lesiva con la clase trabajadora. Y si no le damos la vuelta del todo, al menos evitemos que nos lo dejen como está.

Cataluña puede ser el martillo que apuntale el 78. Eso es lo que el régimen está intentando con la inestimable ayuda de la derecha catalana que tiene los mismos muebles que salvar, y de una Esquerra que al final se conformará con haber utilizado el soberanismo para gobernar con la barretina puesta, la estelada en una mano y el Evangelio en la otra. Pero Cataluña también puede ser la hoz para segar las malas hierbas. En efecto, los catalanes pueden ser els segadors.

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“La banca ética debe tener su propio reconocimiento normativo y fiscal”

28 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El nuevo presidente de la Federación Europea de las Bancas Éticas y Alternativas (FEBEA) es un pionero del sector. Pedro Manuel Sasia Santos lleva toda una vida dedicado a sacar adelante una banca que va a contracorriente de la lógica capitalista y de las normativas actuales. También presidente de Fiare Banca Ética en España y profesor en las universidades de Deusto y del País Vasco, Peru Sasia es doctor en Química Macromolecular por esta última.

En junio pasado, su larga experiencia en economía social fue reconocida al ser nombrado presidente de FEBEA, cuyas organizaciones miembro reúnen más 30.000 millones de euros en activos, 670.000 clientes, 3.300 empleados y 200.000 socios. La banca ética es más sana que ninguna otra. Sasia explica en esta entrevista los ejes que la caracterizan, su historia, sus éxitos, sus relaciones con la banca pública y sus retos de futuro.

¿Qué perspectiva hay para la banca ética y cooperativa, en España y en Europa?

Los bancos éticos y alternativos van creándose, consolidándose, institucionalizándose en redes. En FEBEA los miembros ya no traen sólo proyectos emergentes, sino realidades financieras que funcionan y que tienen una comunicación creciente con las administraciones públicas, incluso las europeas. Sin embargo, esa dinámica está extremadamente fragilizada con los marcos normativos que se puedan ir generando. La experiencia en nuestro país y en muchos otros países nos dice que esto se puede desmantelar o dificultar muchísimo si no se es consciente de su valor social.

¿FEBEA es distinta de otro tipo de entidad de finanzas éticas?

Nos constituyen varios ejes; uno es la manera en que entendemos las finanzas. Otro es la dimensión de la incidencia política y el compromiso con la transformación cultural y social más allá de la mera operativa financiera. El modelo de construcción de sociedades es una de las razones que justifica el porqué estamos construidos sobre unas dinámicas que tratan de ser extraordinariamente transparentes y participativas. Nosotros tratamos de cuidar muchísimo ese aspecto y eso se refleja en un modelo de gobierno, la mayor parte de las veces cooperativo.

¿Eso no siempre sucede?

Hay entidades financieras que reivindican un uso diferente y una manera distinta de entender las finanzas. Está la Global Alliance for Banking and Values, una alianza global de bancos con valores; está la Federación Europea de Banca Ética; está la Asociación Internacional de Inversores en la Economía Social (INAISE), y otras redes. Las entidades que consideran que lo importante es la naturaleza u orientación del instrumento financiero se agrupan en algunas como la Global Alliance. Quienes hacemos mucha incidencia en que no sólo es importante la operativa bancaria, sino la manera en cómo se desarrolla la entidad que promueve esa operativa, los efectos que genera en términos de transformación social, estamos en redes como FEBEA.

El suyo es un movimiento político…

Hay que actuar sobre la demanda. No puedo estar ocupado en desarrollar el proyecto más innovador, más bonito del mundo, si no consigo que la gente lo ponga en valor. El sistema económico actual es sobre todo un nicho cultural. Si no actúas sobre la demanda e incorporas un eje en el que los marcos normativos, los usos, el propio liderazgo de las administraciones a través de cláusulas sociales, de discriminación positiva de determinados circuitos que son buenos para las sociedades…; si no actúas sobre esos ejes, estarás haciendo hincapié sólo en el instrumento financiero.

Usted también está en la banca ética española. Han recibido de pronto muchísimo dinero, de gente harta de los bancos tradicionales. ¿Cómo lo gestionan? Dar crédito no parece fácil…

Lo afrontamos también desde las propias características del proyecto. Se nos acerca mucha gente y nos recomienda que desarrollemos dinámicas mucho más agresivas de crecimiento.

¿Qué significa “crecer agresivamente”?

Antes de responder a eso es importante destacar una cosa. Ninguna de nuestras entidades se creó en la crisis financiera. Se crearon mucho antes porque nuestro objetivo era proponer modelos alternativos. Entendíamos que el sistema financiero tal como estaba funcionando, cuando a todo el mundo le parecía una maravilla, era una bomba de relojería. Lamentablemente acertamos. Cuando llegó el momento de la crisis mucha gente nos decía que debíamos hacer inversiones fuertes, empezar a abrir oficinas, multiplicarnos por el mundo porque ahora venía el dinero. Nosotros no podemos, ni queremos, gestionar un proyecto a ese nivel. Nuestras dinámicas de crecimiento deben seguir tratando de velar por que se mantenga una cohesión con nuestra base social, y por que la transparencia se siga manteniendo. Nuestro modelo no va con muchos inversores porque la mayor parte de las veces gestionamos los beneficios sin repartir dividendos, o controlando muchísimo la revalorización de las acciones.

Pero a ustedes les llega dinero y algo tendrán que hacer con él…

A quién y cómo prestar es una pregunta que nos hacemos cada minuto. ¿Qué nuevos sectores? ¿Qué nueva economía? Estamos en un momento de exceso de liquidez. Quien diga que no tiene dinero para prestar está diciendo que no tiene ganas de prestar. Dinero hay. La pregunta es: ¿cómo prestar bien? Nosotros prestamos a los sospechosos habituales, a la economía social, solidaria, a asociaciones, cooperativas, etc…

Pero aunque sean de la economía social tampoco podrán prestar fácilmente…

Curiosamente tenemos unos índices de morosidad que son significativamente inferiores a los de la banca tradicional. ¿Cómo se hace eso? Todo tiene una coherencia interna. Conocemos muy bien el mercado en el que estamos. Se capilariza a través de las propias organizaciones y personas que nos constituyen, que es el mercado en el que queremos estar. Fiare en concreto es una herramienta financiera que ha surgido y vive de la economía solidaria. Es un entorno en donde nos conocemos y estamos legitimados. Todo eso genera dinámicas que son las que debería generar cualquier proceso de intermediación financiera, en el que el solicitante de financiación, quién intermedia y el dinero del que proviene, está basado un circuito de generación de confianza, de crédito en el sentido literal de la palabra. Uno de los efectos que tiene esto es que disminuye muchísimo la morosidad.

Hay exceso de liquidez, pero al mismo tiempo una buena parte de la economía social no tiene cómo financiarse… 

Sí. La razón puede ser doble: o porque no encuentra la entidad financiera que crea en ella y entienda bien el proyecto, o porque no es capaz, aceptado por ellos mismos, de presentar proyectos de crecimiento lo suficientemente sólidos. Hay sectores en que está ocurriendo eso. Las organizaciones no tienen la capacidad, porque la crisis ha golpeado en muchos lugares.

Hoy en España los alquileres han subido mucho. El acceso al crédito es muy complicado y no siempre es posible formar parte de una cooperativa de viviendas de cesión de uso, que es lo que ustedes exigen para dar un crédito a la vivienda. En esta búsqueda de a quién prestar, ¿han pensado en dar hipotecas personales?

En Italia, Fiare Banca Ética vende un montón de hipotecas. En España las vamos a comenzar a ofrecer en el conjunto del sector.

¿Por qué cuesta tanto dar hipotecas?

En nuestro caso, esto requiere una cierta dinámica. Hay gente en nuestra base social que opina que dar hipotecas a las personas es colaborar con un modelo de propiedad al que deberíamos oponernos. En cierta medida puede tener sentido. Hemos trabajado con nuestros grupos locales y organizaciones territoriales explicando lo que supondría empezar a vender préstamos hipotecarios a personas físicas. Dicho sea de paso, otra parte de nuestra propia base social nos lo lleva pidiendo desde hace un montón de tiempo. Hay gente que tiene hipotecas con entidades financieras con quienes no les gusta estar. El resultado es que vamos a vender créditos hipotecarios en seguida, cuando el sistema informático nos lo permita, y cuando podamos armar las condiciones de infraestructura suficientes. Pero no vamos a venderlos de cualquier manera. Precisamente la base social en esa reflexión nos dice que por ejemplo deberíamos —por la vía de los precios o alguna otra vía— promover aquella adquisición de vivienda que desde luego no sea vivienda especulativa, de lujo… Y que sería muy bueno promover también viviendas que trabajasen con un seguro ético, que se suministracen con energía renovable, etc., y todos los circuitos que permitan salvaguardar la economía solidaria a la que pertenecemos. Los créditos hipotecarios serán préstamos mucho más ventajosos o incluso serán los únicos aceptables.

Esto podría dar muchas oportunidades a la ESS, al generar más demanda…

Tiene un montón de posibilidades. Y ese es el modelo económico por el que apostamos. La consecución de esto no depende sólo de nosotros, sino de que haya otras realidades de ESS que estén alineadas con nosotros; de que se produzcan las condiciones normativas suficientes; y de que se trabaje un nicho cultural de personas que pongan en valor ese tipo de oferta. FEBEA está constituido por casi 30 entidades financieras, y estamos implantados en 15 países de Europa. Entre todas esas entidades se lleva desarrollando ese tipo de dinámica desde hace muchísimo tiempo, con resultados muy positivos.

¿Cuáles son las trabas con las que se topa la banca ética en Europa?

Las trabas más importantes tienen que ver con el hecho de que el legislador no comprende la propia naturaleza de nuestras entidades. Nosotros somos por naturaleza pequeños, comparados con los grandes grupos transnacionales. Hay muchas normativas que, de una manera más o menos eficaz o bienintencionada, se van implementando para determinados desmanes de las entidades financieras. Un bello intento. Pero cuando se aplican con entidades como las nuestras generan una presión tremenda.

¿Un ejemplo?

Las famosas normativas relacionadas con el capital suficiente para conceder financiación. Una entidad puede conceder crédito de determinado riesgo. Hay ciertos cálculos y ciertas fórmulas, en función del capital que tienes, de los fondos propios. Esto, que en principio tiene toda la lógica del mundo, requiere una estructura interna de control. Y supone el mismo coste para alguien con 200 trabajadores que para una entidad con 20.000. Es un problema de proporcionalidad. Pero además trata de proteger frente a algunas operativas que ciertas entidades como las nuestras no hacen nunca, con lo que se reconocería que los requisitos de capital podrían ser diferentes. Por ejemplo, no hacemos inversiones especulativas. Tampoco trabajamos con paraísos fiscales. Esto es una desventaja evidente en la cuenta de resultados y en el balance. Somos perdedores desde el punto de vista económico porque somos tan tontos que no utilizamos estrategias de elusión fiscal ni ingeniería financiera.

Eso debería prohibirse directamente…

Pero no existe. Hay un vacío legal. En nuestros pequeños éxitos hemos conseguido que se entienda que hay un fenómeno que se llama banca ética, que nos gustaría que tuviese reflejo y reconocimiento normativo, incluso fiscal, lo mismo que se reconoce la economía social o las empresas de inserción. Lo ha habido con las cajas de ahorros. Y en Italia ya ha ocurrido. La normativa bancaria oficial ha incorporado un artículo en donde reconocen las entidades de banca ética, las que tienen determinada característica, relacionadas con cómo nos gobernamos, con la horquilla de salarios, con el crédito, la transparencia y la participación. Se ha concretado económicamente en muy poca cosa, pero por lo menos existe el reconocimiento.

¿Cómo los ve la Unión Europea?

Se está avanzando. La UE recibe informes de organismos europeos, muchos de ellos consultivos, en los que se reconoce como valor la biodiversidad en el ecosistema financiero. En noviembre tenemos una sesión en el Parlamento Europeo en donde europarlamentarios presentarán la experiencia italiana para ver si otros países cogen la bandera y llevan a cabo cambios normativos similares. Hay avances. Hoy se ha promulgado por fin en Italia la ley que prohíbe el financiamiento de determinados circuitos de comercio de armas, algo en lo que  llevábamos insistiendo hace siete años.

En todo caso, hoy por hoy ser éticos tiene sus desventajas…

Vamos a contracorriente culturalmente desde todos los puntos de vista. Cuando dicen “vosotros no reunís el capital”, lo dicen como si fuésemos ineficaces. No tiene nada que ver. También está el asunto de la gobernanza. Hay muchas cooperativas que quedan en manos de la tecnoestructura y la socioestructura se gestiona en asambleas, en consejos. Nosotros nos rebelamos contra eso. En la normativa bancaria, al procurador lo que le interesa es apuntar a un responsable. Nosotros le decimos que no. Nuestra base social participa y para la normativa eso puede ser conflictivo.

¿Qué opina de estas nuevas formas de financiación vía crowdfunding ?

No la descarto de antemano, pero hay que hacerla muy bien. Y, como siempre, el punto de partida tiene que ser el contar con circuitos de base social lo suficientemente sólidos. Es decir, Fiare Banca Ética funciona bien porque hay miles de personas —no clientes, sino personas— no que consumen banca ética, sino que construyen banca ética. Esa es la clave. Luego deberás tener gente que consume banca ética, y que te genera ese retorno.

¿Qué relación puede tener la banca ética con la banca pública? 

Mucha. Estamos estudiando ese asunto. Y hay que marcar muy bien los términos. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de banca pública? ¿Es una entidad financiera en la que trabajan funcionarios públicos y hace lo que hacen todas las demás entidades? Porque las cajas de ahorros hasta ahora eran entidades sometidas a control público. El Instituto de Crédito Oficial es un instituto con dinero oficial… Cuando la banca pública funciona permite a las organizaciones capear mejor las crisis. En el momento en que se debilita alguno de los eslabones del circuito de intermediación financiera —ya sea vías suficientes para el ahorro, vías de financiación exentas de corrupción, nichos de crédito no bien entendidos—, la administración pública debe asumir y garantizar la financiación. Si estamos hablando de eso cuando hablamos de banca pública, es muy complementaria con la banca ética.

¿Ustedes trabajan en ello?

Fiare tiene acuerdos con muchas administraciones en las que la administración da instrumentos de garantía y Fiare genera dinámicas de microfinanciación para el desarrollo y emprendimiento local. Es evidente que la generación de unas condiciones para que se produzcan desarrollos económicos que merezcan la pena también es una responsabilidad pública. El crédito ya lo daremos los demás con dinero de la ciudadanía. El ahorro a nosotros nos viene espontáneamente. No tenemos que regalar bicicletas, ni calendarios, ni cuberterías. Nos llega. Tenemos que trabajar para conceder buen crédito donde queremos concederlo.

En una empresa tradicional un inversor se arriesgaría, pero querría mandar. Al no contar con esta posibilidad, las cooperativas tienen más dificultades de crecer sin el riesgo que les comportaría una deuda. ¿Qué alternativas existen?

La clave para asegurar un cierto colchón financiero que te permita crecer es tener una base social fuerte que aguante de sobras la actividad económica y las exigencias, el balance y la cuenta de resultados. O que la actividad sea tan exitosa que los propios beneficios se puedan reinvertir y generar más crecimiento. Si no, el círculo es vicioso. Porque la siguiente alternativa es que vengan inversores externos, que querrán estar informados y decidir.

Lo cual es lógico si ponen dinero…

Pero a veces vienen de culturas que no son la tuya… Para eso sales al mercado y te cotizas. Hay otra posibilidad para crecer que es formar parte de grupos, la experiencia de Mondragón tiene que ver con eso… Nosotros dentro del grupo Banca Ética tenemos el banco, una fundación, una serie de cosas, y una revista. El pertenecer a un grupo es un elemento de cohesión interesante. Caminar solos es difícil en estos tiempos.

[Esta entrevista ha sido publicada en el número de noviembre de la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

Finlandia demuestra que una renta básica para todos puede funcionar

25 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En un pequeño pueblo rural de Finlandia, un hombre recibe dinero gratis. Casi 560 euros entran en su cuenta corriente cada mes, sin ningún tipo de ataduras. Puede usar el dinero como quiera. ¿Quién es el benefactor? El Gobierno finlandés. Parece el preludio a una película de suspense, o a lo mejor a un reality de televisión. Aunque la historia de Juha Järvinen es más interesante. Es básicamente un ratón de laboratorio en un experimento que puede definir el futuro de Occidente.

Järvinen fue elegido la Navidad pasada por el Estado para formar parte junto a otros 2.000 desempleados en un ensayo de la renta básica universal. Puede que hayas oído hablar de la renta básica universal, o la política que se basa, literalmente, en dar dinero a la gente a cambio de nada. Es una idea que emociona tanto a gente abiertamente de izquierdas –John McDonell y Bernie Sanders– como a la élite económica de Silicon Valley –Mark Zuckerberg y Elon Musk–. Y en el largo período que ha transcurrido tras la crisis financiera, esta es una de las pocas alternativas que no dejan un sabor a refrito pasado de fecha.

Aun así, casi nadie sabe cómo sería. A raíz de todo el alboroto generado por esta propuesta, Finlandia será el primer país europeo en realizar un ensayo. No es la versión purista de la renta básica universal que daría un sueldo mensual a todos, incluyendo a los millonarios. Finlandia tampoco publicará resultados hasta que el periodo de prueba de dos años finalice en 2018. Mientras tanto, dependemos de los testimonios de los participantes como Järvinen. Así que vuelo a Helsinki y conduzco cinco horas para encontrarme con él.

Pregúntale a Järvinen que ha significado para él recibir dinero gratis cada mes y te conducirá a su taller. Ahí encontrarás equipos de producción cinematográfica, una pizarra con planes para una versión de Airbnb para artistas, y un pequeño cuarto en el que hace tambores Batá que vende por hasta 900 euros. Todo esto mientras que ayuda a criar seis niños. Todos esos euros gratis le han llevado a trabajar más duro que nunca.

Nada de esto habría sido posible sin la renta básica universal. Hasta este año, Järvinen vivía de su paga de desempleo. La oficina de empleo de Finlandia siempre estaba estudiando su caso, siempre entre solicitudes de empleo y talleres de formación. Las ideas brotan de Järvinen con la misma facilidad que el agua de un grifo, pero nunca podía desarrollar sus ideas por miedo a suscitar restricciones burocráticas.

Prestaciones sociales clásicas que imponen barreras

En un caso muy debatido el año pasado, un finés llamado Christian fue pillado tallando y vendiendo púas para guitarra. Era más un pasatiempo que un negocio, le sacaba poco más de 2.000 euros al año. Pero la suma no fue lo que enfureció a las autoridades, sino el tiempo que había dedicado a realizar cada púa, que podría haber empleado en la carrera de obstáculos oficial para encontrar trabajo.

Este era también el caso de Järvinen, hasta este año. Al igual que muchos británicos que sobreviven de las prestaciones sociales, él estaba atrapado en un sistema “humillante” que le daba poco menos que para alimentarse, al mismo tiempo que le negaba cualquier esperanza de satisfacción.

Entonces, ¿a qué se debe su cambio? Al dinero de la renta básica universal está claro que no. En Finlandia, 560 euros es menos de un  quinto del sueldo medio en el sector privado. “Tienes que ser un mago para sobrevivir con ese dinero”, dice Järvinen. Una y otra vez, se describe como “pobre”, sin rodeos.

Su liberación vino con la falta de condiciones ligadas al dinero. Si así desean, los finlandeses pueden meter el dinero en el banco y no hacer nada más. Pero al menos en el caso de Järvinen, la suma le ha quitado el miedo a la profunda miseria, dándole la libertad necesaria para hacer trabajos que para él son relevantes.

Suena simple. Es simple. Pero para los visitantes a la Gran Bretaña de la Austeridad, con su amplio abanico de escándalos relacionados con los subsidios sociales, desde el crédito universal a Concentrix o Atos, suena casi a fantasía.

Los parados no son vagos que no quieren trabajar

Este ensayo ha sido introducido por un gobierno de centroderecha que está llevando a cabo su propia versión de las políticas de austeridad, con grandes recortes a las prestaciones sociales y a las escuelas. Aún así, por mucho que intente imaginar a Theresa May o a Philip Hammond permitiendo el más mínimo cambio a los pobres sin cuestionarlo de manera alguna, no puedo imaginarlo.

Visito a la equivalente finlandesa del británico Ian Duncan Smith, la ministra de Asuntos Sociales, Pirkko Mattila. Recientemente alejada del partido populista Verdaderos Finlandeses, no tiene tendencias hippies a simple vista –ni siquiera unas varillas de incienso–. Aún así se muestra verdaderamente perpleja de que pueda haber resistencia política alguna a darle dinero a gente pobre para que se quede sentada en casa. “Personalmente, creo que los ciudadanos finlandeses quieren trabajar de verdad”, dice Mattila.

Esto demuestra cómo de moralmente corruptas se han vuelto las políticas de subsidios sociales en el Reino Unido en comparación con muchas otras partes de Europa. Se puede culpar a la austeridad del Partido Conservador, a los programas de trabajo a cambio de beneficios sociales del Nuevo Partido Laborista de Tony Blair, a los intentos thatcheristas de mandarnos a paseo, pero lo cierto es que hemos acabado con un sistema atravesado por dos creencias tóxicas.

Falsas creencias sobre la pobreza

En primer lugar, que la pobreza es el producto del fracaso moral personal. Para el ministro de Hacienda durante el mandato de David Cameron, George Osborne, era una cuestión de vagos contra luchadores. Para Iain Duncan Smith, la pobreza era la fruta podrida de las familias disfuncionales, la adicción o la deuda. Ninguno de ellos, ni los miembros de sus partidos, pueden admitir los que sus homólogos finlandeses sí hacen: que la pobreza no es más que la falta de dinero.

De ahí surge la segunda creencia falsa británica: la idea de que el sistema de ayudas sociales no es una red de seguridad para todos, sino un sistema de clasificación desmoralizado y falto de recursos para los vagos y los inútiles de los estratos más bajos de la sociedad.

Tratar a los pobres como a criminales en ciernes coloca al sistema de bienestar social como adjunto al sistema de justicia criminal. Significa declarar a gente moribunda como apta para el trabajo. Deja a las personas con minusvalía con temor a la próxima evaluación de su capacidad funcional; y a gente desempleada, castigada sin razón alguna.

Y todo esto es prácticamente inútil. La burocracia y los costes se trasladan a todas partes, desde la sanidad pública a la administración local y de ahí a las oficinas de atención al ciudadano. El gobierno no ha conseguido, basado en sus propias evaluaciones, en destinar una pequeña fracción de sus recortes a reformar las prestaciones por discapacidad. Piensa en todas las vidas que se han visto hechas pedazos, arruinadas. Y no se ha ahorrado casi ni un céntimo.

Si esta fuese la filosofía de los finlandeses, nunca habrían llevado a cabo este experimento, y Järvinen no estaría ahora soñando con decenas de proyectos.

Vete a Finlandia a buscar respuestas en relación a la renta básica universal, por supuesto. Pero ve preparado para volver con aún más preguntas de por qué Gran Bretaña maltrata a sus pobres.

Traducido por Marina Leiva

“El problema del PP no viene del postfranquismo, viene de la corrupción”

17 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Santos Juliá (Ferrol, 1940) es un catedrático e historiador de reconocido prestigio con obras de referencia como Manuel Azaña. Una biografía política y  Historias de las dos Españas, entre otras. La entrevista se celebra en su despacho, un apartamento invadido por los libros. Escribe en un ordenador último modelo. Al terminar la conversación, que se extendió más de la hora, hablamos de las críticas y de los déficits de la Transición. “Duró un año”, dice como defensa de aquel periodo, “el resto de los defectos del sistema político español son inherentes al desarrollo de la propia democracia”.

¿Estamos viviendo la peor crisis desde… 1979, 1981, la peor crisis territorial desde la Guerra Civil, desde el 98?

Bueno, territorial, sí, en cuanto a la unidad del Estado. Es lo más grave que ha ocurrido. Hay un momento. Indudablemente, la Guerra Civil está fuera de consideración aquí. No fue una crisis, fue la quiebra total de la posibilidad de convivir en paz. Habría que remontarse a la crisis de 1934 con Catalunya, que afectó a la otra democracia española del siglo XX, a la República.

¿Cómo le explicamos a un extranjero que Catalunya, que goza de una autonomía que tienen pocas regiones en Europa, quiere ser independiente? Hace unos días, el ex primer ministro de Francia, Manuel Valls, explicó en la televisión de su país que Catalunya tiene una policía propia, una televisión autonómica, el catalán se enseña en las escuelas y el castellano está casi al nivel del inglés o del francés.

Igual. No casi, igual.

¿Cómo teniendo el mayor grado de libertad y autonomía se plantea la independencia?

Hay un problema de fondo que se puede abordar desde distintos puntos de vista. El primero es que cuando un Estado tiene, en el sentido en el que lo utilizan los politólogos, fragmentos de Estado con un ámbito territorial específico, bien señalado y con la posibilidad reconocida en la Constitución de construir un poder de Estado dentro del Estado, la clase política que se forme dentro de ese fragmento tendrá siempre una presión, que vendrá de algunos sectores de la sociedad y de la misma clase política, a separarse y constituirse en Estado. A no ser que haya un pacto federal o confederal que obligue a la lealtad de cada uno de los fragmentos para no romper la unidad del Estado.

El problema que tiene hoy el Estado español es que por la propia Constitución y su desarrollo ha atribuido poderes de Estado a unas comunidades sin garantizar al mismo tiempo la obligación de lealtad a ese Estado. Tenemos un Estado federal sin instituciones federales, débil para mantener la unidad si hay una política de uno de esos fragmentos de Estado dirigida a separarse del Estado.

Una de las diferencias que tenemos con otros Estados federales es que en ellos las partes participan en el todo.

Participan más en el todo.

Aquí es casi unidireccional, ¿no?

Sí, claro. Cuando se abren las Cortes y se trata de la constitución territorial que el Estado va a tener, se emplea tres veces más la palabra “autonomía” que “solidaridad”. Las regiones que así eran reconocidas en la Segunda República se convierten en comunidades autónomas, cada una con un Estatuto de autonomía. La argamasa que va a consolidar el conjunto se fía a la solidaridad. En el momento en que la solidaridad falla, la lealtad no tiene garantizada una vía jurídico política. No hay instituciones. El Senado no está diseñado para un Estado federal. Hace tiempo que necesitamos una reforma constitucional.

Lo que se está produciendo tiene su origen en el intento de los catalanes de ir hacia una especie de Estado confederal sin una reforma constitucional. El Estatuto de 2006 no es una reforma del primero, sino uno de nueva planta con cientos de artículos. Era la manera de forzar la Constitución sin reformarla. Fue un error garrafal del tripartito entre socialistas, Esquerra e Izquierda Unida, que seguimos pagando.

Estoy releyendo Historia de España, de Pierre Vilar. Habla de la importancia de la geografía en la creación de las distintas idiosincrasias, de cómo el centro no ha sabido pactar con unas periferias más abiertas a la modernización. ¿Nos falta cultura política para resolver el problema actual?

Bueno, podría aceptar eso hasta cierto punto, porque Catalunya no plantea en el siglo XIX ningún problema de conexión con el Estado, nunca. El problema empieza en torno a 1898, cuando arranca un catalanismo político que llevaba como uno de sus elementos fundamentales la reforma del Estado español. Lo que reivindica es lo que [Francisco] Cambó denomina “autonomía integral”, en el sentido de que las regiones tendrían autonomía en aquello que concernía a la vida de la propia región dentro de un Estado español más fuerte y consolidado.

Durante el periodo de la monarquía hasta la república, e incluso dentro de la república, el catalanismo político piensa que la fortaleza del Estado español depende de la autonomía regional. El juego está siempre dentro del Estado, aunque se consideren una nación singular, la nación catalana. Sobre el hecho diferencial se discutió mucho en el debate constituyente de la Segunda República. Ese debate nunca estuvo unido a una reclamación de separación o de independencia, sino de reforma del Estado con objeto de hacerlo más moderno, más democrático y, es curioso, más fuerte.

¿Jugó a lo mismo Jordi Pujol?

Jugó durante un tiempo. Ahí hay un debate en torno a la transformación del catalanismo en el tardofranquismo y durante la Transición. Hay quien sostiene que desde el principio el objetivo final, el objetivo estratégico era la independencia. En los discursos políticos explícitos, cuando Pujol viene a Madrid y habla en el Ateneo o en el Club Siglo XXI, o más importante, durante el debate constitucional, no aparece la separación y la independencia, o la autodeterminación como un derecho. Existe un discurso sobre la autodeterminación de las nacionalidades y las regiones. El PSOE y el PCE recurren a él a finales de los 60 y en los 70.

Si se tiene en cuenta el contexto en el que se está reivindicando se la puede denominar autodeterminación interna, no como separación e independencia. Es una autodeterminación que mira a la capacidad de cada uno de los llamados pueblos de España de participar en la construcción del nuevo Estado que ha de sustituir a la Dictadura, no hacer de esto un conjunto de 17 repúblicas. En ese sentido recuerda más a las palabras “autodeterminación” y “Estado” en los debates de la Primera República o de la Segunda República que a un derecho de autodeterminación por que hubiera una situación de colonialismo o de ocupación por un extranjero.

Parece que la élite política de Catalunya, por lo menos la independentista, ha renunciado a la modernización de España.

Sí, ha renunciado a jugar el papel propio que identificó al catalanismo durante un siglo. Lo que estamos viendo ahora es el fin del catalanismo político, porque el catalanismo político, tal como se entendió desde Prat de la Riba hasta Jordi Pujol, era el de crear una Catalunya libre, próspera, autónoma, que fuera una especie de ejemplo, de motor, una vanguardia en relación con el resto de lo que se llamaban los pueblos de España.

¿Cuántos pueblos?

Eso fue debatido, cada uno de estos debates tiene su interés, pero hay que situarlos en su momento. En los años 40, cuando la Dictadura está en su mayor uso del terror para someter a los ya vencidos, es decir, en los años peores que ha pasado España en siglos, porque hasta el triunfo de los aliados, y todavía después, aquí existía un estado de terror. En el exilio se piensa que el triunfo de los aliados va a suponer la caída de Franco. Se discute sobre el futuro Estado español.

La delegación del Consell en EEUU presenta el caso de Catalunya a la nueva ONU, con más o menos autorización de la delegación en Londres, en la que está Carles Pi i Sunyer. Quieren que el futuro del Estado se construya a partir de una confederación de cuatro naciones: Castilla, Galicia, Euskadi y los Países Catalanes. Envían un mapa de España a la ONU en el que están los llamados Países catalanes”, o sea, Catalunya, Valencia y Baleares. En ese mapa, Euskadi tiene buena parte de Navarra.

El exilio español de México responde que las naciones o nacionalidades españolas son por lo menos 12, porque están Galicia, Euskadi, Catalunya y Castilla, pero ¿es Andalucía Castilla? ¿Lo es Valencia? ¿O León? Aparecen primero los planos de Luis Carretero y después, de su hijo, Anselmo, en los que se contrapone el plano de las cuatro naciones al nuevo plano de 12, 13, 14 naciones.

De alguna forma, seguimos atrapados por ese juego de los mapas.

Esta es la cuestión. Los Carreteros, Luis y su hijo Anselmo, hablan de unión de nacionalidades ibéricas. La palabra “nacionalidad” es de uso corriente mucho antes de la Constitución del 78. Ellos leen la historia a partir de la formación de los reinos históricos, visigodos, etc. Por eso salen como nacionalidades Aragón y Navarra, que es la que sucumbe más tarde a la idea de imperio de los Habsburgo. Aquello estaba pensado desde una reconstrucción histórica que se realiza en función de lo que se quiere proyectar para el futuro, pero ahora tenemos a todas las comunidades autónomas que han impulsado políticas de construcción de identidad nacional. Tenemos los nuevos estatutos de 2006, 2008. Andalucía se define como una realidad nacional. Aragón se define como una comunidad o realidad nacional. Valencia, también.

¿Cómo salimos de esto si todas aspiran a ser o dicen ser realidades nacionales? La única manera de hacerlo en paz, si aún quedara un resto de aquella llamada solidaridad entre los pueblos de España, sería por un acuerdo de las comunidades autónomas. A lo mejor digo un disparate, pero habría que idear alguna fórmula para que las comunidades autónomas entraran, a través de alguna iniciativa, en un proceso de reforma de la Constitución o de un nuevo proceso constituyente.

Más allá de la posible responsabilidad del Govern, que carece de un mandato claro para la independencia unilateral ni va a tener reconocimientos internacionales, está la del Gobierno central y una parte importante del PSOE y Ciudadanos. Las leyes tienen que ser útiles, pero las leyes cambian. Si no, seguiríamos en la esclavitud.

Claro, las leyes cambian, pero en el momento en que hay un poder de Estado que se rebela contra el conjunto del Estado, el conjunto del Estado tiene que reaccionar ateniéndose a la fuente de su propia legalidad. Por eso creo que en el origen de esto hay una rebelión a la antigua usanza. No hay una insurrección armada, como la que se intentó en 1934. No hay un recurso a las armas para lograr la independencia. ¿Cómo lo llamamos? Lo he llamado ruptura, una quiebra, una parte del Estado decide por su cuenta. Esa quiebra de la solidaridad origina un problema constitucional. Recurrir a la Constitución y que el Poder Judicial actúe en función de la presunción del delito que se está cometiendo es de cajón. No hay otro recurso.

Pero a la vez se podría abrir alguna ventana.

Exactamente, pero las han cerrado todas. El otro día leí un artículo de Tomás de la Quadra que estaba muy bien, recordando a la Generalitat que tenía la oportunidad, a partir del artículo 166 de la Constitución, de presentar en el Congreso un proyecto de reforma de la Constitución. Pero no lo han hecho. Han vulnerando todas las leyes posibles, incluso las propias. Lo ocurrido el 6 y el 7 de septiembre [en el Parlament] es inconcebible en un Estado de derecho.

El historiador Santos Juliá.
El historiador Santos Juliá. MARTA JARA

No sé si por falta de idiomas o de actores con prestigio de una parte, los soberanistas se han hecho con el relato exterior, sobre todo en las televisiones. El Gobierno ha sido incapaz de explicar que el referéndum del 1-O carecía de garantías, que no se parecía al escocés.

Claro. El 1 de octubre es clave. No estoy en el secreto del asunto, pero tengo la impresión de que el Gobierno llegó a creer que había desmantelado la posibilidad de que la gente acudiera a los colegios y que hubiera urnas y papeletas. En el momento en que por el comportamiento de los Mossos, de dejar hacer y dejar pasar, y que intervengan otros ya que han venido, el recurso de aporrear a gente que va a votar es lo peor que se le puede ocurrir a un gobernante. Si te han sorprendido, lo que tienes que hacer es mantener el orden, impedir si puedes que entren, pero nunca recurrir a la porra para quitarle una papeleta de voto a una mujer, a un hombre, a un niño, a quien fuera.

Es que esa es la imagen que ha quedado.

Claro, y seguro que no ha habido los 800 heridos. No hay una foto sola de ninguna autoridad catalana visitando a un herido en un hospital. Hubiera bastado que alguien quedara tan herido por la actuación policial para que fueran todos a hacerse la foto. En ese caso, el Gobierno habría acabado en la ruina más absoluta.

En un país normal el ministro del Interior tendría que haber dimitido inmediatamente por no parar el referéndum y por la actuación policial.

Por lo menos poner el cargo a disposición. Ese gesto hubiera sido digno de tener en cuenta. Un ministro tiene que ser leal al Gobierno y solo sale cuando el presidente decide que salga, pero poner el cargo a disposición del presidente del Gobierno, sí, desde luego.

¿Cree que todo el mundo es consciente de que estamos en un territorio muy peligroso?

Sí, lo que pasa que miden de distinta manera el peligro según en qué posición se encuentren, como siempre sucede en los enfrentamientos civiles. El peligro en el que incurre quien hace la cacerolada, sale a la calle o interrumpe el tráfico merece la pena si progresa el proceso de independencia, o si el sector que lo está organizando piensa que, en la relación de fuerzas que tiene con los otros sectores, le va a dar una posibilidad de presionar más, de tener una mayor capacidad de actuación.

Aparte del problema del choque entre el Estado constitucional y el conjunto de las fuerzas que pretenden romper al Estado, hay otro problema interno, que es el de la relación de fuerzas entre los independentistas. Hay un sector muy catalanista y nacionalista, pero hay otro sector al que el catalanismo y la nación catalana le han traído sin cuidado hasta ahora. Eran anticapitalistas, antiEstado, antieuro, antiEuropa, antipagar la deuda. No hablo de memoria, está en sus escritos. Llaman a este enfrentamiento “primer momento deconstituyente del Estado español”. La independencia de Catalunya, en este caso, está sobrevenida a la estrategia de “deconstituir el Estado”.

El segundo momento, que está argumentado en escritos publicados, es el de la demolición del Estado español. Eso no tiene que ver con lo que defienden el PDeCAT o Esquerra Republicana; ellos quieren que siga un Estado español, lo que quieren es independizarse de ese Estado. Estamos en un momento táctico, en el que coincide el objetivo estratégico: separación e independencia. Al final o en un momento del proceso va a tener duros choques.

A esto se suman los catalanes que no quieren independencia. Es lo que decía Joaquín Sabina, que el conflicto puede ser interno, entre catalanes, no tanto Estado contra Catalunya.

Claro, claro, pero forman parte de la defensa de la Constitución. Eso se refiere a una quiebra de la convivencia dentro de la sociedad catalana, pero no es porque los otros tengan un proyecto distinto al soberanista, sino porque forman parte del constitucionalismo español.

La profusión de banderas españolas, las agresiones de Valencia, discotecas que ponen el himno nacional y se escuchan gritos de “arriba España”.

No digo que sea buscado, pero en parte está previsto. Si la bandera española se vuelve a identificar con grupos de extrema derecha que recurren a la violencia, un motivo más para todo lo que se está diciendo en relación con “España, Estado opresor”, otra demostración de que es así. A los constitucionalistas o a quienes pensamos que todavía es posible una reforma de la Constitución, esta identificación nos lleva a momentos que se pensaron superados, pero eso forma parte de la estrategia política del independentismo.

Siempre se ha dicho que el PP asumía toda la derecha, que la extrema derecha se sentía representada, de hecho hay gente del PP que podrían ser del Frente Nacional en Francia. A cambio de tener esa extrema derecha domesticada, carecemos de un partido democrático europeo como la CDU alemana. Aquí no existe alguien como Angela Merkel.

Hombre, creo que el PP ha gobernado de acuerdo con la Constitución. No diría que no hay un partido conservador demócrata en España, no. Hay un partido conservador democrático que es el PP. Lo que ha habido es el fracaso de la formación de partidos de extrema derecha al estilo que han tenido los austriacos, los holandeses, los alemanes y los franceses. Cuando se han querido montar partidos de este tipo nunca han pasado del 5% del electorado, ni del 3%. Hay un sector dentro del PP que sí se sitúa dentro del extremo de la derecha, pero nunca han tenido hegemonía dentro del PP, nunca han impuesto sus políticas en el PP. Yo no veo que el PP haya tenido una política como la que propugna en Francia el Frente Nacional.

Pero es un partido que no ha roto claramente con el postfranquismo.

El problema del PP no viene de ahí del postfranquismo, viene de la corrupción, pero eso ha afectado también a los catalanes. Si el PP está atravesando una crisis en su electorado, en su capacidad de volver otra vez a conseguir una mayoría que le permita gobernar cómodamente, no procede de haber desarrollado políticas de extrema derecha, sino de no haber respondido con la rapidez, más que rapidez, urgencia, y la profundidad requerida a los casos de corrupción que han florecido como setas. Ese es el gran problema de la clase política española, no solo del PP, que en las comunidades autónomas se han montado redes clientelares que han servido como una colusión de intereses privados con intereses públicos que han salido a la luz en lo peor de la crisis económica. Esto destruye al partido mejor pintado del mundo.

Las instituciones más importantes del Estado, que debían tener ahora un papel decisivo, como el Tribunal Constitucional, la Fiscalía General del Estado o el Tribunal de Cuentas, están contaminados. Parecen tan ocupados como Televisión Española.

El Tribunal Constitucional pasó un mal momento, pero su peor momento no es este. Ha tenido sentencias ejemplares. Como aquella que permitía a la Generalitat presionar en cierto modo y ofrecía al Gobierno la posibilidad de que se organizara un referéndum. O por lo menos no cerraba el camino. Otra sentencia ejemplar es la de la lengua, favorable a la Generalitat. Creo que ha habido un momento complicado, porque no era solo esta política de los partidos de colonizar otras instituciones del Estado, que efectivamente se ha dado.

Lo ha hecho también el PSOE.

Evidente. El PSOE empezó. Es que era aquello del “Montesquieu ha muerto”, celebremos el enterramiento.

¿Hay una verdadera separación de poderes en España?

Si no hubiera separación de poderes, ningún tribunal hubiera procesado nunca a la hija del rey. No soy tan de blanco y negro. La Fiscalía, por su propia definición institucional, es un poder jerárquico dependiente del Estado; sería menester que el fiscal general pueda ser nombrado a través de un procedimiento algo más complejo y que refleje no solo la política del Gobierno sino del Estado. Que no haya un Poder Judicial independiente en España lo niega la práctica diaria de los casos de corrupción política que salen y son juzgados.

Los jueces que no dependen del poder político hacen su trabajo con libertad, el problema empieza cuando dependen de ese poder para ascender. Ahí empieza la contaminación.

No necesariamente, porque la Audiencia Nacional ha tenido un papel fundamental en todo esto. Creo que ha dependido de dos cosas: de que la Guardia Civil y la Policía han actuado, y han actuado profesionalmente. No han tenido en cuenta mandatos políticos para sacar toda la corrupción a la superficie. Y en segundo lugar, el Poder Judicial ha funcionado. La crisis de la democracia representativa por la que hemos atravesado tiene que ver con cuestiones que pasan también en otras democracias. Los dos poderes que han mostrado una actuación más independiente y más autónoma han sido las fuerzas de seguridad y el Poder Judicial. ¿Cuántos casos de corrupción hay ante los tribunales hoy? Es verdad que van lentos, bueno, pero eso es la propia máquina judicial.

¿Por qué decir aquí “referéndum pactado”, como el escocés o el québécois, es mencionar la bicha? ¿No sería una solución a corto o medio plazo?

Bueno, es que aquí la cuestión sobre los referéndum pactados en una parte del territorio no se refiere tanto al hecho del referéndum como a quiénes son los que tienen que votar cuando se va a cambiar una Constitución.

Hay un propuesta de Miquel Iceta: cambiar la Constitución, que se podría conseguir en poco tiempo si hay voluntad política, y hacer una votación en toda España; si en Catalunya sale no, convocar otro especifico en Catalunya.

Es una variante de una propuesta que hizo Santiago Muñoz Machado sobre la necesidad de proceder en un proceso, que sería mejor si fuera simultáneo, a una reforma constitucional, que, por tanto, habría una intervención catalana, como habría intervención de todos los diputados y senadores, y simultáneamente a una reforma del Estatuto de autonomía de Catalunya, y que se refrendaran a la vez. Esa sería la fórmula del posible referéndum pactado. El problema del referéndum pactado es que una parte del territorio pueda modificar toda la estructura del Estado en la que el resto de los ciudadanos son también sujetos de soberanía.

El historiador Santos Juliá.
El historiador Santos Juliá. MARTA JARA

Pero sí se soluciona un problema para los próximos 50 años, reforzando la lealtad.

Tienes que reformar antes la Constitución. Lo que no se puede es poner los huevos en una sola cesta y decir, un referéndum pactado sin reforma constitucional. Podría haber una consulta, no vinculante, como aquella que propuso Francisco Rubio Llorente. El problema de la consulta no vinculante es que la gente se siente más libre de votar aquello que puede poner en mayor aprietos. Como no es vinculante, pues entonces… No vinculante pero que obligara a las partes a negociar para resolver el problema.

Las salidas de empresas ha supuesto un choque de realidad para mucha gente.

Un choque de proporciones colosales. Ha sido una política basada en mentiras. Cuando se enfrentan identidades nacionales construyes al otro con todo lo que lo hace odiable. Por eso les resultaba imposible pensar que las empresas se fueran con aquel al que odias tanto. Lo que se han encontrado es el desmentido radical a algo que habían garantizado que nunca pasaría. Lo decía [Artur] Mas, “le puedo garantizar que ninguna empresa saldrá del territorio de Catalunya”. Bueno, han salido. ¿Ha salido el vicepresidente económico Oriol Junqueras a dar una explicación a la gente de por qué está pasando esto?

Tampoco va a haber reconocimiento de ningún país de la UE, EEUU o Rusia.

No lo va a haber. No lo va a haber.

En el fondo hay un conflicto entre legalidad y legitimidad.

Una legitimidad de un gobierno que se siente sostenido por una opinión pública. Esa opinión es la que permitía al franquismo afirmar que tenía un poder legítimo en ese sentido, no en el democrático. Han arrasado la legitimidad democrática al cerrar el Parlamento. Como decía Anna Gabriel, no hemos venido aquí a perder el tiempo en parlamentarismo autonómico, el parlamentarismo autonómico se ha acabado.

En la CUP son los más honestos.

Porque lo dicen todo, pero cambian rápidamente. Porque el juego que se trajeron para prestar o no apoyo…

El famoso empate.

El famoso empate. Esa es la mentira más grande que hemos presenciado en política, es decir, no ha habido nada similar, y se lo tragaron y da igual. Que tres mil doscientas y pico personas voten de tal manera que haya un empate aritmético, 1.251 y 1.251, es imposible. Pero por arte de birlibirloque se convirtió en posible, y el que había dicho que el resultado de las elecciones no daba para legitimar el inicio del proceso a la independencia, Antonio Baños, le pegaron la patada. Era el cabeza de lista y desapareció.

La frase final del documento que firmaron en una sala aledaña del Parlamento dice “los representantes legítimos de Catalunya”. ¿Los demás?

No lo son para los que firman.

La diputada de la CUP Mireia Boya acusó a los Comuns de Ada Colau de ser traidores. Hay catalanes buenos y catalanes malos.

Aquí hay una tendencia a calificar todo de fascismo, pero cuando se estudia el repertorio de acción colectiva de los fascismos, que es amplio, que los fascistas no tomaron el poder de la noche a la mañana, Mussolini fue más rápido, pero a Hitler le costó años, hay un repertorio de acción colectiva. Cuando un sector se identifica a la nación y los demás son excluidos, no eres alemán si vas a casarte con una judía o un judío. ¿Qué es lo alemán? ¿Qué es lo catalán?. Si se identifica con un sector de la sociedad, eso forma parte del repertorio nazi de acción política porque a los que tenían connivencia con los excluidos se les excluía también.

Cuando los 72 diputados titulan su declaración, que la hacen además en un desprecio al Parlamento, porque la firman en una dependencia aparte, “declaració dels representants de Catalunya”, están excluyendo al resto de los diputados que no firman. El artículo “los” indica la totalidad: somos los representantes de Catalunya. ¿El que no firma no es representante de Catalunya? Pues si eso lo cree usted, está actuando como, no digo que sean nazis, pero recurren al repertorio de acción colectiva propio de los movimientos fascistas cuando identifican nación con lo que ellos son. Nosotros tenemos una historia trágica de esto, una historia de guerras, por haber identificado la nación con la religión católica, con la España verdadera. ¿Cuál fue la legitimidad de los que se levantaron contra la República? Creerse los únicos legítimos representantes de la nación española.

¿Cree que toda experiencia acumulada nos servirá para evitar un conflicto?

Pues no está sirviendo.

Más allá del conflicto político, ¿está descartada por completo cualquier solución balcánica?

Hombre, lo balcánico, más que solución, es la guerra. Tal y como hoy está planteado, esto va camino de un enfrentamiento grave. Los politólogos dicen que llegado a un nivel determinado de renta per cápita, una nación no entra en una guerra ni en rupturas violentas. Pues no es verdad. Puede ocurrir.

Alemania era una nación muy culta.

Alemania era la nación más culta de Europa, con permiso de Gran Bretaña y Francia, pero cuando una fuerza social en movimiento se identifica con la nación y es solo cuantitativa y cualitativamente una parte de esa nación, la capacidad destructora no tiene límites.

Para garantizar que no haya ningún conflicto armado es esencial que el Estado mantenga el control del monopolio de la violencia. En Catalunya tenemos a los Mossos y no parece que todos estén en el mismo equipo.

No parece. Aquí también hay otro precedente. En la Guerra Civil, en mayo de 1937, hubo una pequeña guerra civil en Catalunya, pero sobre todo en Barcelona. Son los famosos “hechos de mayo”: la Generalitat junto con los comunistas frente a CNT, más o menos unida con el POUM. Intervino el Gobierno de la República. Su intervención fue quitar el mando de los Mossos a la Generalitat. El orden público quedó en manos de las fuerzas de la República. Eso creó un conflicto entre la Generalitat y el Gobierno.

No estamos en eso. La ventaja del 155 es que es flexible, se pueden tomar medidas en función de cómo está la situación. La desventaja es que no es claro, que no te dice qué es lo que vamos a hacer o qué hay que hacer en función de la Constitución. Entonces dependerá mucho de la prudencia, de la proporcionalidad y de algo a lo que nunca se debe dejar jugar más allá de la cuenta: el azar. Es una historia de irresponsables, de gente que está jugando con fuego, de gente que va al precipicio y cantando porque después del precipicio está la aurora. En eso recuerdan a la CNT: después del abismo, después del incendio viene la aurora.

Ese es el juego de la CUP, que recibe esa herencia.

Parte de esa herencia, sí, parte.

Una última pregunta: ¿estuvo bien el rey en su discurso o le faltó algo?

Escuchándolo no me llamó la atención. Me pareció sorprendente por la firmeza, la seriedad, la rotundidad con que habló de la vulneración de la Constitución y de las leyes. Pero cuando terminó dije: “¿Ya está? ¿Es todo?”. Eso fue lo que me sorprendió. Y no porque no adoptara una posición política concreta que había que desarrollar, en absoluto, porque ese no es su papel.

Creo que hasta el momento y en la crisis que hemos atravesado, el rey ha cumplido con la función que la Constitución le señala. Pero dentro de una estructura discursiva que estuviera dirigida a todos, pudo haber prolongado algo más, no mucho más. La Constitución le atribuye un papel moderador, arbitral, que no está tampoco muy claro en qué consiste. Pensó que esa parte de su función sería mejor no tocarla, y cumplió la otra, que fue llamar la atención sobre la vulneración de la Constitución, en lo que estoy totalmente de acuerdo. Sin entrar en mecanismos de arbitraje o moderación, que es complicado, quizá un recuerdo de lo que ha significado el trabajo conjunto de Catalunya y del resto de los pueblos de España en la construcción de la democracia, el papel de los catalanes en la oposición al franquismo, una llamada a la reflexión, a la prudencia, que todo es posible dentro de la ley y de la Constitución, incluso la reforma de la Constitución. Eso podría haber completado la firmeza y la fortaleza del discurso. Sin menguarlo, todo lo contrario, completándolo.

Esta entrevista forma parte una serie de conversaciones con diferentes expertos, historiadores y académicos. El objetivo es ofrecer un panorama de las diferentes sensibilidades que existen en torno a la cuestión catalana.

– José Álvarez Junco:  “La demostración de la fuerza de una Constitución está en su capacidad de ir adaptándose a los tiempos”

– Julián Casanova: “No sé si lo voy a ver, pero el proceso de independencia de Catalunya es imparable

– María Elvira Roca Barea: “De Cataluña no nos independizamos ni aunque se declare independiente”

– Josep Fontana: “No digo que esta sea una batalla entre buenos y malos, pero es una en la que posiblemente perdamos todos”

– José Enrique Ruiz-Domènec: “Se ha sustituido la democracia parlamentaria por una aparente democracia callejera y populista”

Datos que cuestionan el desastre económico anunciado para Catalunya

13 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“Escenario estresado”. Así califican los economistas al peor escenario posible dentro de una simulación de lo que puede suceder en la economía a medio plazo. En ese escenario apocalíptico, el vigilante de las cuentas públicas (la Airef) ha imaginado un futuro en el que la incertidumbre catalana impacta de forma evidente en la economía hasta dejar el crecimiento económico esperado en 2018 en un más que moderado 1,5%, frente al 2,7% que predicen las distintas casas de análisis.

Esta ha sido la guinda al pastel de predicciones penumbrosas que diferentes organismos (empezando por el Gobierno), actores sociales como la CEOE, o lobbies, como casi todas las patronales, han enviado en los últimos días. Estas cifras están aderezadas por el contador de empresas a la fuga, que el Colegio de Registradores ha decidido de forma extraordinaria actualizar a diario. Un maremágnum de datos que rodea a la opinión pública y complica aún más el análisis de la situación.

Pero ¿es esto así? ¿Ha entrado la economía catalana ya en zona de peligro? Los datos aún no lo confirman y los expertos no lo ven tan claro. Daniel Fuentes Castro, economista de AFI, cree que “conviene ser prudente a la hora de evaluar el impacto económico de eventos de riesgo político como el actual”.

Señala como precedente “las primeras estimaciones del impacto del Brexit sobre el crecimiento en el Reino Unido”, cuyos peores efectos anunciados en la economía real aún no se han llegado a materializar. En todo caso, recuerda Fuentes, “las perspectivas de crecimiento para la economía de Catalunya en el trimestre actual no son buenas”. AFI mantiene una previsión de crecimiento del 2,8% para España en 2018, aunque procederá a revisarla a la baja próximamente, “en torno a dos décimas.”

Si en las próximas semanas se recrudece el conflicto, los riesgos se pueden hacer realidad. La incertidumbre cotiza a la baja en la economía y es un elemento a tener muy en cuenta como freno para el clima económico. Pero a día de hoy las cifras no hablan de una situación aparentemente tan desbocada como transmiten algunos titulares.

Cuánto restaría a la economía una Catalunya estancada

En los modelos que manejan los expertos, si Catalunya en lugar de crecer a ritmos del 0,9% se estanca, drenaría alrededor de una o dos décimas al conjunto del crecimiento de la economía española, unos datos similares a los que maneja la Airef.

La nueva hipótesis que manejan ahora de forma más coherente el Gobierno y la Airef, con un crecimiento del 2,3%, no está tan alejada de las que manejan el resto de los organismos. El FMI publicó una mejora de la actividad económica española el 10 de octubre, varios días después del 1-O, en la que estimó que la economía crecería un 2,5%, frente al 2,4%, previsto inicialmente. Las cifras son, en cualquier caso, a un año vista, y la experiencia de la reciente crisis nos indicó que son muy susceptibles de ser superadas.

Las bolsas apenas se mueven, la prima no sube

Las revisiones del Gobierno y los anuncios de bajada de empleo de la CEOE han hecho las veces del mantra que normalmente se utiliza en estos casos: el de la prima de riesgo y la caída de los mercados. En un primer impase, los mercados penalizaron con relativa fuerza la crisis catalana, con una caída el 4 de octubre del 2,85%, que casi recuperó en la siguiente sesión al repuntar un 2,51%. Estos vaivenes se debieron, sobre todo, a las caídas de la banca catalana que vieron que mejoraban su comportamiento en bolsa tras decidir trasladar sus sedes fuera de Catalunya. Desde la sesión previa al 1-O, la bolsa solo se ha dejado un 1,04%.

Además, la prima de riesgo cotiza hoy en los 123 puntos y se sitúa por debajo de otros países como Italia, donde está en 164 puntos, o Portugal, en 191 puntos. De hecho, la rentabilidad del bono español a diez años ha bajado desde la sesión del 29 de septiembre cuando marcaba el 1,63% hasta este martes cuando se sitúa en el 1,54%.

Con estas cifras, se puede decir que los inversores no ven un riesgo inmediato ni en España ni en la economía catalana, cuyas empresas han cosechado numerosas subidas en bolsa solo con cambiar el domicilio social, sin desplazar por el momento a un solo efectivo.

Las empresas se van y se cuenta en tiempo real

Precisamente, la salida de las empresas es uno de los elementos que se está ondeando con más virulencia para demostrar el dramático momento que vive Catalunya. Este miércoles, el Colegio de Registradores de España volvió a actualizar el minuto y resultado de la fuga de empresas desde el lunes, 2 de octubre, con un total de 805 sociedades catalanas frente a las 43 empresas que llegaron procedentes de otras comunidades autónomas.

Algunos de esos traslados corresponden a filiales de otras sociedades que ya han anunciado su mudanza, como es el caso de Caixabank, Gas Natural (que las está moviendo a Madrid) o Abertis, que desde el miércoles ya es oficialmente objeto de una contraopa de ACS. La constructora de Florentino Pérez quiere llevarse a Alemania la sede de la concesionaria (una de las primeras en anunciar su traslado de Barcelona a Madrid) y competirá con la oferta de Atlantia (Italia).

Publicar estos datos sobre movimientos de sociedades fuera de una comunidad autónoma es una práctica absolutamente inusual (normalmente, esta información se actualiza de forma trimestral) que, según fuentes del Colegio, el organismo ha decidido llevar a cabo tras recibir “cientos de llamadas” de los medios de comunicación en los últimos días para solicitar esa información.

El pasado 11 de octubre, la Junta de Gobierno del Colegio de Registradores de España proclamó “su firme e irrenunciable compromiso de defensa de la legalidad vigente, la Constitución y los principios y valores que la inspiran” ante “la grave situación que se está viviendo en Cataluña”.

Entre las salidas conocidas este miércoles está la de la sucursal de la aseguradora Zurich Insurance, que se trasladará de Barcelona a Madrid. Entre las cotizadas, quedan todavía 17 empresas en Catalunya, tras la marcha de trece compañías en una sola semana. De esas 17, solo una (Grifols) cotiza en el Ibex 35, que hace un mes tenía siete compañías radicadas en Catalunya.

Por el momento, el impacto de estos movimientos está minimizado hasta que no se inicie un éxodo real de efectivos. La mayoría no se atreve ni a comentar esta posibilidad, pero ayer mismo Reuters publicó que Banco Sabadell baraja comenzar a trasladar empleados, y puede mover algunas direcciones de la actual sede central. Si la situación persiste, son varios los empresarios que sí reconocen que harán las maletas y abandonarán Catalunya, pero decisiones tan drásticas se tomarán pasadas unas posibles elecciones.

Se siguen vendiendo coches

En este ambiente de guerra de cifras, la Asociación Española de Fabricantes  de Automóviles y Camiones (Anfac) desmintió este miércoles que las ventas de coches en Catalunya se hayan desplomado entre un 30% y un 40% en solo 15 días, como afirmó el Gremio del Motor de Barcelona.

Según Anfac, que es la fuente oficial de este dato, durante las dos primeras semanas de octubre las matriculaciones en Catalunya “se mantienen estables” e incluso registran una ligera subida del 0,5% si las comparamos con el mismo periodo del año 2016″, con crecimientos de los dos principales canales, particulares (1,3%) y empresas (5,9%).

En la provincia de Barcelona, que concentra el mayor volumen, “en las primeras dos semanas de este mes el mercado de turismos sube un 4,2% frente al mismo periodo del pasado año”, con un repunte del 8,1% en el canal de particulares y del 7,5% entre las empresas. En cuanto a las matriculaciones por parte de empresas alquiladoras, descienden un 37%, pero Anfac subraya que suponen “escaso volumen”.

Fuga de capitales sin cifras

Sin emitir comunicados, los bancos también desmienten que los datos que se están publicando de fuga de capitales desde entidades catalanas sean ciertos. Aunque el runrún de una estampida lleva desde prácticamente el 2 de octubre, no ha sido hasta el desliz de la ministra Dolors Montserrat en Onda Cero (asegurando que en un día se habían volatilizado 4.000 millones de euros de cuentas bancarias catalanas), cuando se ha intentando cifrar la supuesta salida de este dinero. Algunos medios han hablado de hasta 9.000 millones de euros, cifras todas ellas negadas por la banca.

Lo cierto es que datos oficiales no hay, ni en Economía ni en el Banco de España, ni los habrá nunca con el detalle suficiente para conocer la veracidad de estas filtraciones. Pero sí hay algunos elementos de contexto. Primero, que el pasado 10 de octubre se realizó una subasta de liquidez en el Banco Central Europeo en el que se pidió un número inusualmente alto para los últimos seis meses de liquidez.

Fuentes financieras aseguran que sí que esta alta demanda fue motivada por las entidades españolas pero también recuerdan que la subasta se realizaba antes de un puente, cuando es muy normal que los bancos se pertrechen de efectivo.

Normalización de la banca

En cualquier caso, la subasta venció el 17 de octubre, el dinero se devolvió con normalidad y lo que es más importante, se hizo una petición en línea con cualquier subasta de semanas anteriores. “Esto hace pensar que se ha frenado el problema”, asegura el experto de la Universidad de Valencia, Joaquín Maudos.

A este economista le preocupaba que el cambio de domicilio hubiera frenado las retiradas de los temerosos a la inseguridad jurídica pero no de los que quisieran hacer un boicot a la entidad, y estas cifras hablan de una aparente normalidad.

Con todo, cabe resaltar que los bancos tienen en Catalunya depósitos por valor de casi 190.000 millones de euros, el 16% de toda España, según los datos del BDE del segundo trimestre del año que precisamente se publicaron ayer (y que habían subido en Catalunya).

El ladrillo a la expectativa

Otros sectores muy sensibles a la incertidumbre y a la inversión, como el turismo y el comercio, también han estado en el punto de mira de los titulares de estos días. Las dudas sobre el ladrillo las lanzó la Asociación de Empresas de Consultoría Inmobiliaria en un comunicado en el que aseguraba que “los últimos acontecimientos afectan gravemente el normal funcionamiento de la actividad inversora y el desarrollo de nuestro mercado inmobiliario”.

Los datos concretos a operaciones y de la inversión todavía no se conocen, ya que, el sector maneja datos a cierre del tercer trimestre que terminó el 30 de septiembre, justo antes del referéndum convocado por el Govern. Fuentes del sector decían la semana pasada que algunas empresas que habían mostrado interés en alguna operación, estaban ahora estaban esperando a ver cómo se solucionaba la crisis antes de seguir adelante.

En el terreno de las agencias inmobiliarias, las que venden pisos directamente al gran público, no ven un gran impacto en su actividad. Fuentes de Tecnocasa señalan que su cliente principal, el que necesita comprar una casa sigue estando activo, aunque apunta que los que están pensándolo más son aquellos pequeños inversores que van a comprar algo sin que sea una necesidad principal.

Emiliano Bermúdez, subdirector de DonPiso, contó a eldiario.es la semana pasada que lo que habían notado era una bajada en el número de llamadas pidiendo información, pero que esto todavía no era alarmante.

Por lo pronto, ayer se inauguró la Barcelona Meeting Point, la principal feria del sector en Barcelona. Aunque ningún expositor se ha dado de baja, desde el Gobierno aseguran que la cifra de visitantes extranjeros ha descendido un 15%.

El turismo de hoteles, el más afectado

El turismo ha sido otro de los sectores donde puede notarse la incertidumbre de estos días. Este es el principal sector de la economía catalana al representar aproximadamente un 12% de su PIB. El principal lobby turístico, Exceltur, cifró en un 20% las reservas que se habrían cancelado hasta final de año por la incertidumbre que se ha generado.

La cifra se basa en las respuestas de sus asociados a las encuestas de la asociación y que todavía no se han materializado sino que son en libros. Esto supondría, en el caso de materializarse, una reducción de casi 1.200 millones de euros y una rebaja de un punto del PIB turístico nacional frente al escenario previsto.

El vicepresidente de Meliá, Alfonso del Poyo, aseguró tras el 1-O que habían notado una “relevante caída de la demanda”. Tras el 1-O ha habido algunos cruceros que han desviado su ruta de Barcelona. El 4 de octubre dos barcos de la compañía Tui Cruises cambiaron su parada en Barcelona por Valencia.

Sin embargo, otros directivos del sector hotelero no ven un impacto tan fuerte. Antonio Catalán, fundador y presidente de la cadena de hoteles AC Hoteles by Marriot, cree que “el año va a terminar de forma más o menos como estaba previsto”. “El cliente día a día está funcionando exactamente igual y anulación de grupos ha habido muy pocas”, decía ayer en una entrevista en la Cadena Ser y añadía que “si este tema no dura demasiado tiempo se puede recuperar”. Catalán señalaba que Barcelona parte de una situación de ventaja frente a otros destinos y que está muy preparada, por ejemplo, para el turismo de congresos. “Lo que más ha perjudicado ha sido el día 1 con la intervención que hubo y cómo se publicó en todo el mundo”, apuntaba el directivo.

En el caso de los apartamentos, fuentes de Friendly Rentals señalan que por ahora “no lo están notando”. La empresa tiene alrededor de 200 apartamentos en Catalunya.  También la plataforma de alquiler de pisos turísticos Homeaway apunta que no han notado en su servicio de atención al cliente un repunte especial de llamadas por cancelaciones en pisos de Barcelona.

Una, grande y libre

22 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Para serles sincero, la unidad de España nunca me importó mucho, en realidad nada (menos mal que no tengo que estrenar ninguna película, como le pasó a Fernando Trueba). Siempre me recordó al lema de la propaganda franquista “Una, grande y libre”. Ese grito ultranacionalista y excluyente bajo el que este país vivió casi cuarenta años. Como decía, siempre pensé que esto de España era algo bastante dudoso y que solo cobraba sentido si la suma de los factores respetaba las diferencias.

Hoy, cuando la política cerril del PP, con Mariano Rajoy al frente, nos ha llevado al borde del precipicio, recuerdo una recopilación de cómics del genial Carlos Giménez, que también se titulaba España Una, Grande y Libre y que fue publicada por entregas en la revista El Papus entre 1976 y 1977. Contaba en vivo y en directo la historia de la Transición, esa piedra sagrada de la actual democracia que tantas cosas buenas tuvo, pero que tantas cosas dejó sin resolver.

Pues bien, si vamos a la Wikipedia descubrimos que “Una”, la primera parte de las historietas de Giménez, ponía de manifiesto que quienes seguían en el poder eran los herederos del franquismo. “Grande”, la segunda, hablaba de la violencia (visible e invisible, física y económica) que ejerce el poder; y “Libre”, la tercera, planteaba la necesidad de luchar contra la herencia franquista y la frustración popular.

La verdad es que estremece comprobar lo poco que hemos avanzado en los asuntos relacionados con la democracia. Salvamos un golpe de Estado, gobernó por años el PSOE, con holgadas mayorías absolutas, regresó la derecha de la mano del PP y José María Aznar, volvió a gobernar el PSOE, crecimos económicamente, se construyeron infraestructuras, España se puso de moda, nos creímos ricos y famosos y al final la crisis nos despertó del sueño y nos enfrentó a una realidad incómoda, antipática y en muchos aspectos miserable.

Tanto camino recorrido para que ahora, en 2017, en plena resaca de la crisis y la corrupción, encima tengamos que volver a sentir que Una: los herederos del franquismo siguen aquí; Grande: la violencia visible o invisible que ejerce el poder, permanece; y Libre: luchar contra todo esto nos empieza a generar una frustración insostenible.

Llevamos años dándole vueltas a cambiar la Constitución, cuando en realidad hay un montón de artículos que tienen que ver con libertades y derechos que o están aún sin desarrollar o se incumplen sistemáticamente. Con la mayoría absoluta del PP hemos sufrido a uno de los gobiernos más autoritarios de la historia reciente, que ha legislado contra las libertades, porque le tiene miedo a la gente. Que ha legislado contra los trabajadores, porque los desprecia. Y que ahora nos ha llevado a esta situación tremenda e incomprensible. Puede que todo lo que está pasando sea el final político de Rajoy, pero ni siquiera por eso, tan necesario, merece la pena tanto destrozo.

“España es el segundo país con más desaparecidos del mundo y aquí nadie habla de eso”

18 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

María Rozalén está en un tren. Viaja a Albacete, su ciudad natal, cuando descuelga el teléfono por la llamada de eldiario.es. Es temprano y tiene poco tiempo: su tercer disco se puso a la venta este viernes y la promoción le obliga a hacer como que cuenta con el don de la ubicuidad, aunque no lo tenga. “Me están haciendo 50.000 entrevistas, afortunadamente. Me he dejado el alma”, dice orgullosa sobre su tercer disco, Cuando el río suena… (Sony Music).

Rozalén creció en Letur (Albacete) escuchando las historias sobre su tío abuelo, que dependiendo de la familia que lo llamase era Ramón o era Justo. Ella estudió Psicología, aunque tocaba la bandurria desde los siete años, componía desde los 14  y había ganado su primer premio musical a los 19.

Durante la Guerra Civil Justo estaba en Transmisiones, en la quinta del Biberón. La compañía fue una de las últimas llamadas a filas por Manuel Azaña entre 1938 y 1939. El presidente de la Segunda República movilizó a jóvenes que por aquel entonces tendrían 17 o 18 años para ir al frente a luchar, por eso el apodo. Justo fue el único de su pelotón que no volvió.

“Mi abuela siempre me relacionaba con él porque también cantaba”, dice Rozalén. Justo era 8 años mayor que ella, que le vio irse con 10 años para no volver nunca más. Hay heridas que nunca terminar de cerrarse.

Hace dos años, mientras la cantautora preparaba el disco, conoció a Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. “Me pidió que le diese los datos: solo teníamos el nombre, los apellidos, el día que lo mataron y que era de Letur”, dice Rozalén. Hace un año recibe un WhatsApp de Silva, que le dice que su tío abuelo está registrado en una fosa común de Arganda del Rey (Madrid). “Mi familia ni se había planteado buscarlo. Después de 80 años, imagínate”.

Denuncia social, poesía y compromiso

Las cifras bailan cuando se habla de desaparecidos durante el franquismo. Hace apenas dos días, la ONU exigió a España que acelerase la búsqueda de muertos en cunetas. “Somos el segundo país con más desaparecidos del mundo y aquí nadie habla de eso”, denuncia Rozalén. Se estima que aún quedan unas 140.000 personas por encontrar dentro de las fronteras del estado español. “Falta información y falta humanidad”, continúa la artista.

Cuando el río suena… es un disco familiar y comprometido: Rozalén y las historias de sus antepasados, la poeta ante la denuncia social, la xenofobia, el racismo y la desmemoria que tienen los que dicen eso de “ya pasó”. También canta al amor, al despecho, a sus padres e incluso al feminismo.

“En La puerta violeta hablo con mi abuela, con la mujer de su tiempo y el mío”, continúa la cantautora, que confiesa que este tema es “una metáfora de apertura al feminismo que habla sobre un maltrato no físico”. Dice que solo lo podía explicar hablando sobre la diferencia generacional entre mujeres.

María Rozalén
María Rozalén

Para explicar esta brecha, Rozalén habla de cómo su abuela le abronca por no tener hijos aún a los 31 años -“ella dice que ya tenía cuatro hijos”- y de cómo el pensamiento ese de “si no tienes una familia no eres mujer” todavía permanece muy presente en los viejos. “También la filosofía esa de que debemos aguantar. Eso es algo que nuestras abuelas siempre dicen. Yo le contesto: ‘es que no tengo que aguantar esto'”, continúa.

Rozalén, que se congratula de no haber sufrido nunca el machismo en sus carnes, reconoce que “se nos exige mucho más por ser mujeres. Hay mucho que mejorar porque nos siguen asesinando en nuestras casas”. También lanza una crítica contra la corriente del “amor romántico” que últimamente embauca a los jóvenes: “el ‘es que si no tiene celos no me quiere’ está maltratando a muchas niñas jóvenes”. Por eso propone “reformar la Ley de Violencia de Género hasta que baje el número de muertes”.

Rozalén llega a Albacete justo al terminar esta conversación. Se va directa a otra entrevista. Empieza la gira de presentación del disco el día 2 de noviembre en Murcia. Su abuela estará con ella, porque sin su memoria ni la de Rozalén, Cuando el río suena… dejaría de llevar agua. Porque, como dice casi al final de la entrevista, “hay mucho hecho y mucho por hacer”.

Hagámonos jázaros

16 octubre, 2017

Fuente: http://www.ctxt.es

15 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Estamos produciendo una serie de entrevistas en vídeo sobre la era Trump en EE.UU. Si quieres ayudarnos a financiarla, puedes ver el tráiler en este enlace y donar aquí.

 

No se lo tomen a mal. No es nada personal. Ni siquiera es fruto de un calentón provocado por los recientes acontecimientos, o más bien por las reacciones a esos acontecimientos. Ni por las reacciones a los acontecimientos de hace ya bastante. De hecho, lo venía pensando tiempo atrás, pero lo de estos días, y lo que vendrá, me han determinado a dar testimonio, como dicen en los realities, o echar mis versos del alma, que reza la letra más conocida de Guantanamera. No se ofendan, pero el caso es que estoy sopesando si quitarme de español. Ser español es muy cansado y muy exigido, y hoy en día es una actividad que exige dedicación full time.

Reconozco que posiblemente tenga un déficit de espíritu patriótico, en el sentido que le daba Bernard Shaw de que era la convicción de que tu país era superior a todos los demás porque naciste en él. Pero es que creo que no es lógico sentirse orgulloso de algo que no has elegido ni conseguido, sino que te ha tocado. Puedes estar contento de ser rubio, o de ser alto, de haber nacido en una parte del mundo en la que la esperanza de vida supera los 55 años, pero, ¿orgulloso? Tampoco confundan mi falta de patrioterina en sangre con la misantropía. Estoy muy a gusto en donde estoy, y con la gente con la que estoy, todo ello con las naturales excepciones. Me supondría una auténtica tragedia tener que ausentarme para siempre (aunque a un par de años no diría que no). Es decir, no quiero hacer un Cristina de Borbón: no quiero “que acabe todo esto para no volver a pisar este país”. Y claro que estoy orgulloso de que en España existan una educación y una sanidad públicas y universales, todo lo mejorables que se quiera, pero más que buenas; como lo estoy del espíritu solidario de la gente ante las tragedias, del índice de donaciones… Eso sí son cosas que hemos conseguido entre todos.

Pero no me agrada ser el responsable alícuota de unas instituciones trufadas de trincones, escogidos y ratificados por mis conciudadanos en su libre albedrío. Ni tener unas muy altas instancias capitaneadas, todas y cada una, por señores que no superarían ninguna ITV ética o legal en un país del entorno al que creemos pertenecer. Y sufrir, en general, una de las clases dirigentes más torpes, mentirosas, maniobreras y rapaces al norte del ecuador. No me gusta que los empleos que promueven esas preclaras clases sean los de camareros para atender turistas, como antes fueron los de peones de albañil para levantar casas para que los bancos diesen créditos, mientras los jóvenes preparados con el sudor de sus frentes, los ahorros de sus familias y nuestros impuestos emigran como emigran las cigüeñas en pleno cambio climático: para no volver. Ni que las fiestas tradicionales se hayan convertido en aquelarres de alcohol mal destilado y peor bebido, con dosis de ruido ídem. Es decir, ni me seduce el presente ni el probable futuro.

LO QUE AGOTA LA BARRITA DE LA PACIENCIA ES VIVIR EN UN ESTADO DE ALARMA GENERALIZADO EN LA QUE CUALQUIER NIMIEDAD ES UN PROBLEMA Y LOS PROBLEMAS DE VERDAD SE TRATAN COMO SI FUESEN NIMIEDADES

Sé que todo eso es soportable con una cierta práctica de encogimiento moral de hombros y una dosis mañanera de actitud asocial (y una buena racha de resultados electorales, dirán los optimistas). Lo que agota la barrita de la paciencia es vivir en un estado de alarma generalizado en la que cualquier nimiedad es un problema y los problemas de verdad se tratan como si fuesen nimiedades. Aguantar una sempiterna situación de cable azul o cable rojo en la que estamos al borde del colapso de la civilización tal y como la entendíamos (en el supuesto de que hayamos entendido alguna vez que es eso). Una situación que te impide abrir los periódicos y encender las televisiones por temor a que se produzca la invasión de los ladrones de mentes. Habrán deducido que a mí lo que realmente me mata es más bien “lo español”, pero como una cosa y otra las ha unido el DNI ―algo que, por cierto, no has elegido, salvo que hayas nacido fuera― hasta que la muerte los separe, según un argumento muy usado estos días, pues eso es lo que hay. No pretendo dejar de pagar impuestos ni renunciar a los deberes ni a los ―cada vez menos― derechos derivados de ser nacido y residente en territorio DNI. Lo que reclamo es no sentirme concernido y esbozar una interesada y curiosa sonrisa de foráneo cuando, por ejemplo, escucho a Soraya Sáenz de Santamaría decir que no ha visto nunca nada tan antidemocrático como lo que sea, teniendo en casa lo que tiene.

Me hubiese gustado ser irlandés, porque lo que tienen lo han conseguido a pulso, sin desgraciar a prójimo alguno con la excusa de civilizarlos o enseñarles a explotar sus riquezas naturales. O de algún país nórdico, o incluso de esas pequeñas naciones de Europa central de historia un tanto acelerada, aunque ahí ya empezamos a tener esqueletos en los armarios, y no siempre de la familia. Pero eso supondría algo tan poco reconfortante como intentar sobreponerse a una relación conyugal fallida arrojándose por despecho a un enlace matrimonial con alguien vagamente conocido. Descarto el Reino de Redonda ese que rige Javier Marías, porque no veo en el horizonte un posible ofrecimiento (aunque lo atrabiliario de este texto quizá me haya hecho merecedor de los papeles de residente temporal) y, sinceramente, porque también me pasa como a Mark Twain, que prefería el cielo por el clima y el infierno por la compañía. Así que mejor echar mano de uno de esos pueblos a los que la historia sepultó.

Yo barrería para casa y propondría Galitzia, la Galicia de los Cárpatos, esa tierra de nadie y de todos, entre Polonia, Ucrania, Eslovaquia, Hungría y Rumanía, la patria de origen de Billy Wilder, que fue principado y reino antes de acabar aplastada por la II Guerra Mundial y luego repartida entre los vencedores. Pero tengo la íntima presunción de que quizá a alguien le pase lo mismo que a mí y se apunte, o sea, que mejor una opción menos personalista. Por ejemplo los khazar o jázaros. Los jázaros, que estaban asentados en la ribera norte del mar Caspio y eran aliados de Bizancio, fueron el único imperio que tuvo la originalidad de escoger como religión la judía, en el siglo IX, para desaparecer de forma misteriosa en las nieblas de la Historia en el X. Un hipotético pasaporte jázaro no molestaría a nadie, porque nada tendrían que reclamar sus poseedores ni sus descendientes. Anímense. Yo, parafraseando a Manquiña en Airbag, lo dejo, esto de ser español es muy estresante.

Exhumando el ‘Paredón de España’

7 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Después de casi 42 años de la muerte de Franco, por fin van a comenzar las exhumaciones de las fosas comunes del que fue conocido como “el paredón de España”, desde la delegación de Memoria Histórica de la Diputación de Valencia hemos destinado casi el 80% de nuestro presupuesto para subvencionar exhumaciones de fosas comunes del franquismo porque somos el segundo país en número de desaparecidos forzosos después de Camboya.

Desde abril del 1939 hasta 1943 fueron fusilados 2.237 republicanos en la tapia del cementerio de Paterna. Algunos de los ejecutados eran trasladados al cementerio general de Valencia, ya que el de Paterna no podía absorber la enorme cantidad de cadáveres de sus tapias, pero la gran mayoría permanece allí, en las fosas comunes del cementerio de Paterna. En la España de Franco, los republicanos no eran dueños de sus vidas, ni de sus muertos, no tenían derecho ni a velarlos, ni a enterrarlos, ni casi a llorarlos. Así fue desde el principio y así fue hasta el final. La nuestra fue una dictadura donde el dictador murió en su cama, se declararon 30 días de luto, le lloró su familia y una buena parte de España y se le enterró en un mausoleo construido por sus víctimas.

A partir de ahí se supone que llegó la democracia, lo que debiera haber conllevado la exhumación sistematizada de las fosas comunes, la retirada de todos los símbolos franquistas, los cambios de nombres en calles, avenidas y plazas dedicadas a torturadores, secuestradores, asesinos y golpistas, reparación a la víctimas, la anulación de condenas como la de Miguel Hernández…pero nada de eso llegó, se hizo una auténtica política de desmemoria y ante cualquier atisbo de petición de justicia la contestación fue y, sigue siendo: “dejad tranquilos a los muertos”, evidentemente, quienes dicen eso, se refieren a los suyos.

Pero algunas no nos resignamos. No nos resignamos a que no exista una verdadera política de memoria, justicia y reparación porque, casi 42 años después de la muerte del dictador, todo está por hacer. Lamento profundamente que justamente comiencen las labores de exhumación el día después de la pérdida irreparable de uno de los imprescindibles: Carlos Slepoy, luchador por los Derechos Humanos contra la impunidad, tanto en Argentina como en nuestro país. El mejor homenaje, sin embargo, es demostrar que su legado se mantiene en demostrar que no abandonamos la batalla.

Como Diputada de Memoria Histórica de la Diputación de Valencia estoy orgullosa de que por fin vayamos a abrir las fosas de la vergüenza. Éste fue uno de los objetivos que tenía más claros cuando se creó la delegación, porque la exhumaciones son y deberían haber sido una obligación para las instituciones públicas, porque las víctimas de la dictadura no han tenido ni tan siquiera los derechos que con carácter general tiene cualquier víctima. Por lo que, al sentimiento de satisfacción se le suma el de vergüenza y, sobre todo, el de indignación porque las instituciones no hayan dado, después de décadas, la dignidad imprescindible a las víctimas del franquismo, esperando quizás que ya no quedara nadie vivo que reivindicara su memoria. Pero algunas no nos olvidamos.

“La demostración de la fuerza de una Constitución está en su capacidad de ir adaptándose a los tiempos”

1 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

José Álvarez Junco (Viella, 1942) es un historiador español de referencia con una amplia obra centrada en el anarquismo español, el nacionalismo y la cultura política española de los siglos XIX y XX. Su libro Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX (2001) fue premio nacional de Ensayo. Se jubiló como catedrático de Historia de la Universidad Complutense después de 50 años de enseñanza, ocho de ellos en Boston (EEUU). Se le considera un representante de la tercera España, a mitad de camino entre las dos de Antonio Machado. La entrevista se realiza en su casa de Madrid.

¿Seremos capaces de encontrar una solución después del día 2?

Muy difícil, ojalá. No hay manera de saberlo. Es impredecible. Pueden ocurrir acontecimientos más violentos que otras veces. Hasta ahora, el proceso de independencia catalán, pese a estar impulsado por grupos muy radicales y decididos, ha sido bastante pacífico, notablemente pacífico, hay que tenerlo en cuenta y anotárselo a su favor, e incluso festivo, pero el entusiasmo que le está echando mucha gente y la previsible frustración del día 1 pueden dar lugar a situaciones de rauxa [arrebato, rabia], que es lo contrario del seny [sensatez].

Hay un sector soberanista, no sabemos si grande, que cree que la independencia va a ser automática, y esto no va a ser así.

No, lógicamente eso va a ser difícil. Ya veremos si habrá lugares en los que se pueda celebrar algún tipo de votación. En sitios pequeños en la Catalunya rural con alcaldes implicados en la causa independentista se acabarán poniendo algunas urnas o alguna parecido. ¿Qué ocurrirá allí? ¿Irá la Guardia Civil a quitarlas? Pues puede haber escenas de enfrentamiento. En otros sitios, como en Barcelona, lo previsible es que no llegue ni a haber urnas.

¿Cree que el Gobierno central está jugando bien sus cartas o había otras mejores?

El Gobierno central las ha jugado bastante mal hasta ahora, hasta hace unos meses, mientras la negociación era posible. Habría que haber emprendido algún tipo de negociación política. [Mariano] Rajoy parece un tipo bastante tranquilo, poco dado a tomar decisiones, sobre todo drásticas y rápidas, y eso viene bien en la situación actual. Prefiero tener a alguien así a tener otro que se deje llevar por su genio y dé puñetazos en la mesa.

Ortega decía que Catalunya era un problema irresoluble, ¿no será España el problema?

Las dos cosas son lo mismo. El problema no es ni Catalunya ni España, el problema es el encaje de Catalunya en España. Y el encaje de Catalunya en España ha sido… en fin, esto daría para hablar tres horas, como comprenderás es difícil de sintetizar en un par de frases. El problema ha sido que una región, un reino medieval o más bien un principado, un conjunto de condados que tenía unas instituciones de autogobierno que a finales del siglo XVII estaban integradas en una monarquía de Antiguo Régimen con unas funciones ceremoniales y poco más, o sea, que no servían para gran cosa, que pero a las que tenían mucho afecto y apego, las pierde tras la Guerra de Sucesión [1701–1714] con un proceso de centralización propio de los Borbones porque siguen el modelo francés, pero también propio de todos los Estados centralizados europeos. En todas partes los Estados se iban centralizando y homogeneizando.

Eso no produce problemas a lo largo de todo el siglo XVIII ni en la primera mitad del XIX. Es el momento en que Catalunya se convierte en una región industrial avanzada, en el motor de la economía española, Barcelona rivaliza con Madrid en muchos sentidos. Se idealiza entonces la situación anterior y se lanza un proyecto nacionalista moderno de construcción de un Estado propio. A eso es muy difícil darle acomodo dentro de un Estado nacional. Habría que haber elaborado una fórmula federal, pero las fórmulas federales en general vienen de abajo. Son una serie de unidades políticas autónomas que deciden unirse, federarse, mientras que esta es una fórmula federal que viene desde arriba. Se plantean arreglar la situación concediendo un poco más de autonomía a regiones que hasta entonces eran administrativas y dependían de Madrid. Es una cosa bastante difícil.

Dos momentos claves pudieron ser la apertura del Canal de Suez en 1867, que resucitó a las ciudades del Mediterráneo, Génova, Marsella y Barcelona entre ellas, y la pérdida en 1898 de las últimas colonias españolas que dañó gravemente a los industriales catalanes.

Sí, eso fue muy importante pero también lo es la industrialización. Es el hecho de que la gran Barcelona se convierte en un área industrial, sobre todo, de la industria algodonera y textil. Tiene más dinero, más recursos, más modernidad y más conexiones con Europa que Madrid, a la que algunos llamaban “un poblacho manchego”. La verdad es que el Madrid de finales del siglo XIX era bastante inferior a Barcelona en muchos sentidos.

Por eso generaba tensiones que el centro político estuviera en Madrid. Querer aplicar a España el modelo francés, que es lo que intentó el liberalismo español a lo largo del siglo XIX, o sea, creerse que Madrid tenía con Barcelona la misma relación que París con Marsella, Burdeos o Lyon fue un error.

José Álvarez Junco, catedrático de Historia en la Universidad Complutense de Madrid. / Marta Jara
José Álvarez Junco, en una imagen de archivo. MARTA JARA

No sé quién me dijo que cuando un país es mesetario, como España, la meseta solo puede dominar al resto cuando es imperial o a través de un pacto.

Este país era igual de mesetario en el siglo XV, cuando Castilla tenía 10 veces más población que Catalunya y 10 o 20 veces más riqueza, porque en ese momento tenía la industria de la lana y el comercio, la producción de materias primas y la importación de textiles desde Holanda. La red de ciudades del norte de Castilla era uno de los emporios comerciales e industriales de Europa. El tercero o cuarto, quizás, después del norte de Italia, Flandes y la Liga Hanseática. La Castilla de los tiempos de Isabel la Católica tenía mucha fuerza. Aragón se une a Castilla en una situación de inferioridad. En ese momento Castilla tenía cinco millones de habitantes y Aragón tenía menos de dos. Catalunya, menos de medio millón.

La Catalunya que siempre ha estado interesada en la modernización de España, ¿ha dejado de estarlo, ha renunciado a su modernización?

La versión que da el catalanismo es que lo intentaron y fue imposible, y al final se han dado cuenta de que la única salida es el independentismo.

¿Se puede decir que estamos aún bajo el franquismo política y culturalmente?

No estamos bajo el franquismo, aunque quedan bastantes restos, entre otros una visión de España en términos castellanistas por parte de una parte de la población, minoritaria quizás pero que sigue estando ahí, y que no comprende en absoluto ni está dispuesta a aceptar la diversidad cultural del país. Pero no estamos bajo el franquismo porque la Constitución del 78 organizó una descentralización espectacular, la más grande que se haya producido en Europa. No hay ningún ejemplo parecido al español, pasar de un Estado centralizado a un Estado descentralizado y con muchos visos de federal, como el que tiene España en este momento. Eso hay que reconocerlo. En España se han cambiado muchas cosas en los últimos 40 años y eso es algo que deberíamos tener en cuenta todos, incluidos los independentistas. Se pueden cambiar cosas.

Y se pueden cambiar más todavía.

Por supuesto, se pueden cambiar muchas más.

¿Por qué hay tanta alergia a hablar de abrir la Constitución, de reformarla, incluso de ir a un referéndum tipo Quebec o Escocia, y resolver el problema por 50 años?

Pues no lo sé. La derecha española, que se opuso a la Constitución del 78, no lo olvidemos, José María Aznar, por ejemplo, se ha agarrado ahora a la Constitución del 78 para que no cambie nada más. Hay un fundamentalismo constitucionalista exagerado. La demostración de la fuerza de una Constitución está en su capacidad de cambiar, de ir adaptándose a los tiempos. La Constitución norteamericana, que es la más antigua que existe en el mundo, tiene veintitantas enmiendas, algunas de las cuales han significado cambios drásticos. Gracias a eso, a que va cambiando, la Constitución sobrevive.

Esa rigidez de no cambiar la Constitución impide cualquier tipo de oferta política. Habrá una parte de los catalanes que quieren la independencia y otros que no.

Lo que dicen las encuestas es que la mayoría de los catalanes lo que desean tener es una doble identidad y lo que querrían es un acomodo con España con un grado de autogobierno muy alto, pero sin separarse del país. Pues intentemos explorar esa vía.

Jordi Pujol rechazó un concierto económico similar al vasco.

Sí, en el momento de la redacción de la Constitución, Pujol y el nacionalismo catalán moderado no quisieron un concierto económico. Ahora consideran que fue un error.

¿Podría ser esa una de las soluciones?

No sería muy partidario de los conciertos económicos. El resto de los españoles estamos subvencionando a los vascos en algunos servicios comunes; en el Ejército, la diplomacia, en servicios que nos favorecen a todos. Los vascos aportan menos de lo que corresponde a su cuota, siendo además una zona del país de renta francamente alta. Eso es injusto y no se pueden sumar más regiones ricas a una situación similar.

Cualquiera lo toca ahora.

Ahora es imposible de tocar. Además se crearía un problema político en Navarra, donde nunca lo ha habido.

Si se da a Catalunya una ventaja económica, entonces Andalucía…

De las regiones ricas quedaría Madrid, La Rioja, Baleares. ¿Van a pagar todos los gastos comunes? Lógicamente no puede ser.

Catalunya ya se fue una vez de España en mil seiscientos…

En 1640, en la sublevación de los segadores, sí.

Se fue con Francia, que era más centralista.

Aquello no fue un conflicto de tipo nacionalista, sino uno del Antiguo Régimen, es decir, de las élites y de la propia población, que estaban cansados de pagar los gastos de guerra y soportar el mantenimiento de los ejércitos castellanos. Se sublevaron, igual que se sublevó Portugal. Lo que hicieron fue elegir un mal protector. Eligieron a Francia, que era tan centralista o más que España.

¿Y podría llegar esta situación que llegue un momento en el que se produzca un cansancio y haya un regreso?

Sí, sí podría.

Podría ser agotador si después del día 2 sigue este tira y afloja durante años.

No es lo peor que puede pasar, pero sí lo más probable. Lo más probable es que sigamos en una situación parecida a la actual, con tensiones, con un alto grado de frustración en los que han puesto muchas ilusiones y muchas esperanzas en el proceso independentista. Pero también puede producirse un cansancio y un retroceso. En el País Vasco, el independentismo tiene la mitad de los apoyos que tenía hace diez años. Como en Escocia, donde ha bajado también.

En Québec los nuevos jóvenes, los centennials, no están interesados en la independencia.

Ya no quieren saber nada, no están interesados, cuando llegó un momento en que eran prácticamente el 50%. En uno de los referéndums consiguieron el 49%.

En el segundo perdieron por 70.000 votos. ¿Es el Gobierno el que tiene que ofrecer alguna salida, no descartar un referéndum pactado con unas condiciones claras?

Yo creo que el Gobierno debería hacer alguna oferta de negociación y debería hacerlo ahora, antes del día 1. Eso no quiere decir que tenga que ponerse a negociar de inmediato porque ahora la negociación es imposible, y menos aún con independentistas radicales como Puigdemont o Junqueras. Lo que hay que hacer es aplicar la ley, es cierto. Pero incluso en este momento en el que se exige aplicar la ley, debería hacer una oferta, una promesa de negociación para el día 2 de octubre.

Un referéndum pactado por ambas partes debería ser como un contrato con las reglas claras para que solucione el problema durante 30, 40 o 50 años. Que establezca quiénes son los catalanes con derecho a voto, los porcentajes, la autoridad que vigila el proceso.

Claro. Es a lo que hay que aspirar, a que no se vuelva a plantear el problema de una manera drástica por lo menos en los próximos 30, 40, 50 años.

El PSOE está como cogido entre dos fuegos.

Sí, y eso es lo malo. El PSOE podía ser la gran esperanza blanca porque ha tenido una base muy importante en Catalunya con el PSC hasta hace relativamente poco, aunque ahora sea mínima. Y a la vez tenía gran arraigo en el resto de España, como partido de gobierno que ha sido. El PSOE podría facilitar la conexión. Tiene credibilidad entre la izquierda, aunque vaya disminuyendo. Lo que pasa es que el PSOE está dividido en esta cuestión.

Miquel Iceta propone una reforma constitucional, referéndum en toda España y, si en Catalunya sale no, referéndum específico en Catalunya.

Sí, podría ser una solución. Naturalmente en el referéndum de Catalunya habría que plantear como mínimo tres opciones: independencia, seguir como estamos o lograr una integración en España con un grado de autogobierno mayor que el actual y condiciones más satisfactorias para la población catalana. Estoy seguro de que, si se dan esas tres opciones, ganaría la tercera.

En un Estado federal como el alemán, las instituciones están repartidas por el país. El Tribunal Constitucional no tiene por qué estar en Madrid.

¿Por qué no puede estar el Senado en Barcelona, el Tribunal Constitucional en Bilbao, el Tribunal de Cuentas en Sevilla, etc.? ¿Por qué? No deberíamos imitar la organización a la francesa, porque no somos un país a la francesa. Aquí no hay una capital, como París, que domine indiscutiblemente sobre las demás en términos demográficos, económicos o culturales.

No solucionamos en la Edad Media los problemas de unidad, tampoco en el siglo XIX.

En la Edad Media eran reinos independientes, no existía España. No se puede hablar de España en la Edad Media. Existía la península ibérica, de la cual formaba parte Portugal igual que el Reino de Aragón. Ni siquiera Catalunya, que era una parte del Reino de Aragón. En la Edad Media no se planteaba este tipo de problemas, construir Estados–nación. Lo que había eran muchas unidades políticas de diverso tipo.

Solo a partir de la Edad Moderna, a partir de la unión con los Reyes Católicos, se organizó una única monarquía, aunque de tipo confederal; y la nación moderna surgió con la guerra napoleónica y las Cortes de Cádiz. Sobre un modelo de Estado centralizado, de tipo francés. Ese es el modelo que tienen en la cabeza los liberales españoles, no tanto los liberales catalanes que piensan más en una fórmula con mayor reconocimiento de la diversidad cultural, pero tampoco en un federalismo, en un primer momento.

La historia es muy larga y complicada. Los catalanes, en el siglo XIX, eran unos nacionalistas españoles, aunque fuertemente catalanes, con fuerte adhesión a su personalidad regional, pero esa personalidad era subordinada a la unidad política española y al sujeto de la soberanía, que era España.

¿Se puede decir que esto es en el fondo una guerra de élites, que hay otras élites que pugnan por una parte del poder?

Sí, es un conflicto político entre élites políticas, sin duda alguna, no es un conflicto étnico entre comunidades. Aquí no ocurre lo que ocurría en Yugoslavia donde bosnios, serbios y croatas no se casaban entre ellos, vivían en distintos barrios e iban a distintos bares. No, en Catalunya hay dos lenguas, hay bilingüismo, pero nunca ha habido, que sepa, una pelea en un bar entre castellanoparlantes y catalanoparlantes. Pasan de una lengua a otra con la mayor naturalidad. No hay un enfrentamiento entre poblaciones, sino entre élites políticas que discuten sobre recursos y competencias.

Pero se puede acabar creando un problema entre las poblaciones.

Naturalmente, se puede acabar creando un problema. Ese es mi miedo para el 1 de octubre, que puedan producirse enfrentamientos entre la población. Las élites independentistas le han echado tanta carne al asador y tanta pasión, han suscitado tanto entusiasmo, que probablemente mucha gente se va a sentir frustrada y es ahí cuando se pueden producir enfrentamientos.

El discurso soberanista está basado en un ‘buenismo’: todo va a ir bien, ¿cómo no nos van a querer en la UE? De alguna forma es el discurso del Brexit.

Sí, nos convertiremos en un país nórdico, como Dinamarca, la UE nos aceptará desde el primer momento, no habrá problemas con las pensiones, ni problemas de la deuda externa, mientras que ahora en España sí los hay… Todo eso son ensoñaciones. Los indicios son que no va a ocurrir nada de eso, que sería una situación muy problemática.

Varios países de la UE tienen problemas territoriales. No van a facilitar nada.

No. Ni la UE ni la comunidad  internacional en general van a aceptar ni van a ver con buenos ojos el proceso independentista catalán. Porque les puede ocurrir lo mismo en sus países. En Francia, sobre todo, están los bretones y los corsos, además de que el catalanismo tiene reivindicaciones sobre territorio francés.

Italia, Bélgica…

Y no digamos Bélgica y tantos otros sitios. Prácticamente en todos los países europeos hay una situación que podría seguir el camino de Catalunya si los independentistas tienen éxito.

Que el Brexit le salga mal a los británicos, que sea un Brexit duro, ¿perjudica a Catalunya?

Yo creo que sí, porque el Brexit se basó también en muchas promesas parecidas, que de repente íbamos a resolver nuestros problemas económicos, que Europa nos roba, que Europa se está quedando con el dinero británico y que solos nos va a ir mejor, podremos pagar mejor las pensiones, afrontar mejor la deuda pública. Ahora, cuando llega el momento de la negociación, se ve que no.

¿Cree que, como decía el otro día el jefe de la OTAN, vivimos un momento más peligroso de los últimos 30 o 40 años?

No, tanto como eso no lo creo. El mayor peligro que hay ahora para el mundo occidental en general, incluido Estados Unidos, es el terrorismo islamista. Algo que no es comparable con lo que era la amenaza soviética en los peores momentos.

El papel que juega Podemos en todo este debate de soberanismo es en realidad un papel de puente entre dos discursos que no se mueven. ¿Por qué ese ataque visceral por parte de los constitucionalistas?

Podemos podría desempeñar un papel constructivo e interesante porque es creíble como izquierda y aceptable como tal en los círculos izquierdistas radicales catalanes. Podría ser una fuerza puente. Pese a no ser claramente nacionalista, está apoyando hasta cierto punto al nacionalismo. Apoyan la idea del referéndum pactado, un referéndum en el que ellos recomendarían el ‘no’ a la independencia.

Ada Colau está navegando en unas aguas muy complicadas.

Colau está navegando con bastante habilidad, pero también con bastante oportunismo. Y ya veremos. Aún no está claro lo que va a hacer el día 1.

Da la sensación de que tiene bastante futuro político, y no solo en Catalunya.

Da la impresión de que en Catalunya tiene bastante futuro político, pero eso de que no solo en Catalunya ya veremos, porque el salto de la política regional, por muy exitosa que sea, a la nacional es complicado.

Felipe González y Guerra, ¿han involucionado o siempre han estado en esa posición?

Alfonso Guerra siempre fue muy unitarista y ha comprendido poco o le ha tenido muy poca simpatía a la cuestión catalana y al reconocimiento de un hecho diferencial en Catalunya. Felipe González era más hábil, se llevó mejor con Pujol y convirtió a Catalunya en un inmenso saco de votos para él. Pero no estoy seguro de que tuviera demasiada simpatía al catalanismo.

¿Cree que hubo un pacto con Jordi Pujol en el caso Banca Catalana: si usted me mantiene el chiringuito dentro yo no le toco las narices?

Naturalmente, hubo un pacto. Y fue un error.

En Catalunya hablan de la corrupción en España como una de las razones para irse, pero ellos también tienen bastante corrupción.

Claro, pero eso forma parte del discurso nacionalista: echar todos los males al enemigo. Si nos vamos de España, se acabará la corrupción, porque la corrupción es un problema español. No, mire usted, ya hemos visto lo que era Pujol y lo que era Convergència, un partido que se financiaba con el famoso 3%, igual que hacían el PP y el PSOE, los grandes partidos españoles. La financiación de los partidos fue la fuente inicial de la corrupción.

¿Todo esto puede ser también una gran oportunidad para repensar lo que no se terminó de hacer en la Transición y dar un impulso?

Debería serlo, sí. El problema catalán no debería verse en términos estrictamente catalanes, sino entre los problemas estructurales de la democracia española.

¿Cree que somos capaces de afrontar ese reto?

Lo veo muy difícil, porque no existe el clima de consenso y de relativa buena voluntad que había en los partidos a finales de los 70. Entonces, todos estaban convencidos de que había que cambiar muchas cosas en relación con el franquismo. Se sentaron en una mesa y vieron cuáles eran los mínimos aceptables para todos. Ahora no existe eso. Entre el PSOE y el PP no hay un mínimo de convivencia. Parece que frente al problema catalán sí, hay un poco más de acuerdo, pero hasta hace tres meses las relaciones eran prácticamente inexistentes.

¿Y Ciudadanos, que parecía que venía a modernizar la derecha?

Pues no, se ha quedado en un partido blando que no es capaz ni de obligar al PP a rectificar sus sendas más erróneas.

¿Es optimista?

Soy pesimista en general. Creo que es cierta la norma de que si algo puede ir mal irá mal, pero me parece imposible que un país que ha dado el salto hacia adelante que ha dado España en los últimos 40 años, o incluso más, porque el despegue económico viene de antes; un país que ha superado problemas de pobreza y el desfase con la Europa económicamente más avanzada; que ha conseguido acabar con su inestabilidad política y establecer una democracia consolidada y respetable, con sus problemas, pero todas las democracias los tienen; que ha conseguido eliminar el golpismo militar, que era endémico en el siglo XIX y la primera mitad del XX; que ha conseguido más o menos pasar a un segundo plano el problema del clericalismo y del anticlericalismo, la influencia de la Iglesia y la imposibilidad de salir de un catolicismo monolítico, pese a que la Iglesia siga influyendo todo lo que puede y un poquito más todavía hoy… Después de que hemos superado todos estos problemas, seguimos encallados en el de la organización territorial del Estado, que es el único problema heredado del siglo XIX. Estamos en el XXI y seguimos sin encontrar la fórmula.

Esta entrevista forma parte una serie de conversaciones con diferentes expertos, historiadores y académicos. El objetivo es ofrecer un panorama de las diferentes sensibilidades que existen en torno a la cuestión catalana.

– Julián Casanova: “No sé si lo voy a ver, pero el proceso de independencia de Catalunya es imparable

– María Elvira Roca Barea: “De Cataluña no nos independizamos ni aunque se declare independiente”

– Josep Fontana: “No digo que esta sea una batalla entre buenos y malos, pero es una en la que posiblemente perdamos todos”

– José Enrique Ruiz-Domènec: “Se ha sustituido la democracia parlamentaria por una aparente democracia callejera y populista”