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De cómo los hispanos se convirtieron en árabes

7 junio, 2018

Fuente: blogs.elpais.com

Por: Eduardo Manzano Moreno 01 de mayo de 2014

Alhambra

Vista del mihrab en la Alhambra en una imagen del siglo XIX. / J. LAURENT (BIBLIOTECA NACIONAL)

Uno de los temas que más difícil nos resulta explicar a los historiadores es el significado que tienen los pueblos en la Historia. Hablamos de romanosvisigodos o árabes, pero pocas veces explicamos lo que queremos decir con esos apelativos. No es, pues, de extrañar que sigan muy presentes aquellas tediosas enseñanzas escolares que dibujaban a los romanos trayéndonos acueductos; a los visigodos, escudos y espadas; o a los árabes, en fin, regadíos y la Alhambra. Detrás de esta visión latía la idea de que “nuestros ancestros” habían sido dominados por estos pueblos en distintos momentos, mientras el “pueblo originario” -o los diversos “pueblos originarios”, dependiendo del prisma nacionalista que se elija- continuaban su larga andadura histórica. Fruto de esta visión, forjada en púpitres de madera con tintero, es que un antiguo presidente del Gobierno de España tuviera la peregrina ocurrencia de declarar que los árabes tenían que pedir perdón a los españoles por haberles conquistado.

Las cosas afortunadamente son algo más complejas y también bastante más interesantes. Me centraré en el caso de los árabes, que es el que mayores confusiones genera, pues no en vano los nacionalismos ibéricos han hecho de la idea de Reconquista su santo y seña particular.

Es un error muy común creer que los árabes eran un pueblo de camelleros nómadas en estado semi-salvaje antes de la aparición del islam. Lo que se sabe de la Arabia preislámica, por el contrario, es que albergaba poblaciones muy diversas, algunas de ellas instaladas en ciudades con larga tradición comercial y una cultura nada rústica. Las miles de inscripciones encontradas allí hablan en distintos dialectos y caracteres de una sociedad estrechamente relacionada con los grandes imperios antiguos, y en la que existían también pujantes reinos e incluso una literatura muy interesante, que ha dejado restos de una excepcional poesía.

Las grandes conquistas producidas tras la aparición del islam no fueron provocadas por un alocado movimiento de tribus montadas en camellos, sino que estuvieron dirigidas por la élite árabe nacida al amparo de la nueva religión predicada por el profeta Mahoma. Lo que sabemos sobre esas conquistas apunta hacia un patrón casi siempre muy similar: la gran debilidad de los estados de la época hacía que dependieran mucho de la suerte del ejército de su rey o de su emperador, de tal manera que su derrota en una o dos batallas campales dejaba sin defensa a unas poblaciones que quedaban abandonadas a su propia suerte. Los ejércitos árabes podían tomar entonces las principales ciudades -Damasco, Jerusalén, Ctesifón, Alejandría, Cartago, Córdoba o Toledo- sin encontrar mucha oposición. Tras hacerse con los resortes de la administración conseguían que la posible resistencia en otras zonas no pudiera reorganizarse y que fueran muchos quienes optaran entonces por pactar con los invasores. Ello permitió conquistas fulminantes de las que se benefició inmensamente la nueva élite, que se hizo construir grandes y hermosos palacios en lugares de la actual Siria y Jordania. En uno de ellos, Qusayr Amra, unas pinturas realizadas para el califa omeya en la primera mitad del siglo VIII muestran al rey visigodo Rodrigo -con una inscripción que le identifica- junto a los emperadores bizantino y sasánida: los grandes derrotados por los ejércitos de los califas.

Sello

Precinto de plomo a nombre del gobernador árabe de al-Andalus Anbasa ibn Suhaym (721-726). Colección Tonegawa.

Se dice a veces que la conquista de Hispania del año 711 fue llevada cabo por tropas mayoritariamente bereberes -es decir, gentes procedentes del norte de África- lo cual significaría que de árabe no habría tenido mucho. Sin embargo, esa idea no es correcta, dado que tanto la dirección de la misma, como su orientación ideológica eran árabes, como también lo fue su resultado: la integración de Hispania -ahora llamada al-Andalus– en el imperio de los califas árabes de Damasco. De la misma manera que a nadie se le ocurre dudar del carácter de las conquistas de Roma por la variada procedencia de los legionarios que las realizaban, es erróneo poner en duda el carácter árabe e islámico de la conquista por el hecho de que muchas de sus tropas procedieran del norte de África. Además, en torno al año 741 un nuevo ejército árabe llegó a al-Andalus, y sus numerosas tropas se diseminaron por buena parte de este territorio, contribuyendo así a reforzar el carácter árabe e islámico de la ocupación. Quienes organizaron, dirigieron y administraron la conquista fueron, pues, los árabes, y los testimonios contemporáneos en papiros procedentes de latitudes como Egipto demuestran que, como todos los conquistadores, se tomaron muy en serio su papel de dominio sobre las poblaciones sometidas.

La consolidación de este dominio comenzó a cambiar las cosas. De hecho, es llamativo el destino de los bereberes llegados a la península. Perdieron rápidamente su propia lengua -que nada tenía que ver con el árabe- hasta el punto de que el castellano apenas incorporó palabras procedentes del bereber, al contrario de lo que haría con el árabe, del que proceden entre 4000 y 5000 vocablos. Estos bereberes, por lo tanto, se arabizaron muy rápidamente tanto en su lengua, como en sus nombres y usos culturales. Un sabio andalusí muy conocido, debido a que fue uno de los introductores del rito jurídico malikí, llamado Yahya b. Yahya (m en 848), tenía un nombre indistinguible de cualquier árabe, pero descendía de un ancestro bereber llegado con la conquista cien años antes.

También la población indígena comenzó a adoptar la lengua árabe de forma muy rápida. Hay muchas pruebas de ello. En un célebre texto, el escritor cristano Álvaro de Córdoba se quejaba en pleno siglo IX de que sus correligionarios más jóvenes apenas se interesaban por el latín y los escritos eclesiásticos, prefiriendo la lectura de los poetas árabes. Por la misma época, un gobernador árabe de Mérida, prendado de las antiguas inscripciones que todavía abundaban en la ciudad, quiso saber lo que decían, pero no encontró entre todos los cristianos a nadie que supiera descifrarlas, excepto un clérigo viejo y decrépito. Un siglo más tarde, libros sagrados como los Salmos o incluso el Evangelio tenían que ser traducidos al árabe, como también lo fueron los propios concilios de la iglesia hispana en pleno siglo XI. Todo ello demuestra que los cristianos que todavía quedaban en al-Andalus tenían que traducir sus textos religiosos al árabe para poder entenderlos.

Este proceso de cambio es conocido como arabización. A él contribuyeron también los matrimonios mixtos producidos después del año 711 entre mujeres indígenas y conquistadores. Fueron muy numerosos, -el más conocido el de Sara, la nieta del rey visigodo Witiza- aunque no eran muy bien vistos por las jerarquías eclesiásticas, tal y como demuestra una carta del papa Adriano, quien a finales del siglo VIII, se lamentaba de que en Hispania las gentes daban a sus hijas en matrimonio a los paganos. Estas quejas, sin embargo, poco podían hacer para detener unos procesos sociales imparables, que acabaron suponiendo la fusión de conquistadores y conquistados y la arabización completa de estos últimos. El resultado fue que varias generaciones después de la conquista mucha gente había perdido la conciencia de sus ancestros indígenas.

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Un caso muy evidente -y siempre citado- es el del gran escritor Ibn Hazm [en la imagen], autor de un magnífico tratado sobre el amor, El Collar de la Paloma (Tawq al-hamama), quien con toda probabilidad descendía de indígenas, pero para el cual las principales referencias culturales eran árabes y, por supuesto, islámicas. Los casos más extremos de arabización eran los de personajes que, a pesar de que descendían de bereberes o indígenas, pretendían tener ancestros en la Arabia preislámica, lo que da buena muestra del prestigio que esta noción tenía en la sociedad andalusí. La arabización lingüística, por lo demás, ha sido brillantemente demostrada por arabistas españoles como Federico Corriente, que han sido capaces de establecer los peculiares rasgos morfológicos, fonéticos y léxicos que tenía el árabe hablado por la inmensa mayoría de las gentes en al-Andalus.

Siempre que se habla de estas cosas, sin embargo, uno debe temerse lo peor. Es inevitable que surja el Unamuno de turno, que se tome todo esto a la tremenda y nos regale atormentadas disquisiciones, que insisten en ver en lo ocurrido hace mil y pico años los gérmenes de nuestra contemporánea aflicción. Tampoco suele faltar una visión nacionalista árabe que intente demostrar la superioridad de esta cultura a lo largo de los siglos. Las gentes aquejadas por estas visiones tan trascendentalistas del pasado -a pesar de que éste insiste en ser miserablemente materialista- suelen discutir entre sí con gran pasión y con información no muy veraz, lo que provoca embrollos sin cuento, que mezclan lo ocurrido en los siglos medievales con situaciones contemporáneas para perplejidad de los más sensatos.

Me consta que a muchos de mis colegas estos embrollos les provocan cierto tedio y una comprensible desgana por embarcarse en la divulgación de los conocimientos que atesoran. Pero me temo que nuestro compromiso social de historiadores no nos deja elección, y que, a despecho de malentendidos y tergiversaciones, debemos explicar lo que la investigación ha venido sacando pacientemente a la luz y que, en muchos casos, no son meras opiniones, sino hechos plenamente verificados. Y uno de esos hechos es que, tiempo después de la conquista militar, los descendientes de los hispanos sometidos comenzaron a convertirse en árabes desde el punto de vista cultural y lingüístico: algunos siguieron manteniendo su religión cristiana -los llamados mozárabes-, mientras que otros muchos se convirtieron al islam. Queda para otra ocasión este tema, el de la islamización religiosa, del que apenas hemos podido hablar aquí y que merece también una larga explicación.

Mientras tanto quédense con esta idea. Contrariamente a lo que pretende el pensamiento histórico más conservador (que anda últimamente muy desbocado), la Historia es un proceso continuo de cambio y transformación.

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Localizan el paso de la sierra que comunicó Al-Andalus y el norte de España durante 10 siglos

16 julio, 2014

Fuente: http://www.publico.es

Los investigadores afirman que este camino se conocía con el nombre de Balat Humayd y que fue “el paso más importante” de zona centro, tras la calzada romana, pues se trataba de una “auténtica autopista medieval”

EUROPA PRESS MADRID 20/04/2014 13:17 Actualizado: 20/04/2014 13:31

Un equipo de investigadores de la Sociedad Geográfica del Guadarrama y la Sociedad Caminera del Manzanares ha localizado el paso histórico de la Sierra de Guadarrama, que servía de comunicación entre Al-Andalus y el norte de España entre los siglos VIII y XVIII. Así lo ha confirmado uno de los responsables de la investigación, Ricardo Fanjul, quien ha señalado que este camino se conocía con el nombre de Balat Humayd y que fue “el paso más importante” de zona centro, tras la calzada romana, pues se trataba de una “auténtica autopista medieval” y que en la actualidad se puede comparar con la Autopista de A Coruña.

Fanjul ha relatado que el equipo ha localizado un tramo de camino de casi 30 kilómetros y que el mismo se encuentra en “buen estado”, entre el apeadero de Tablada, en Guadarrama y el municipio segoviano de Coca. “Tanto el paso de montaña como el camino en ambas vertientes fueron quedando en un inmerecido olvido. Con este trabajo, esperamos que las autoridades lo protejan”, ha asegurado.

“Era el paso del noroeste más utilizado por viajantes, comerciantes y guerreros, hasta que se inauguró el Puerto de los Leones, en 1759. Está documentado desde el siglo VIII, con la conquista árabe, que lo utilizaron las tropas y que después en la reconquista cristina también se utilizó para recuperar la zona de Madrid y Castilla-La Mancha. Estamos hablando del camino más importante, sin ninguna duda, pues era lo mismo que es ahora la Carretera de la Coruña, si no que por un tramo diferente y en otra época”, ha añadido.

El investigador ha explicado que los trabajos de campo y documentación para localizar el camino se han desarrollado a lo largo de tres años. “Hay tramos en los que se aprecia que es una auténtica autopista de la Edad Media, aunque hay otros tramos de 10 y 20 metros en los que el desuso y las inclemencias del tiempo han provocado cierta erosión, pero el camino es fácilmente identificable. Es espectacular por su belleza y apasionante por su historia”, ha asegurado.

Fanjul ha indicado que el objetivo de la investigación es que las autoridades se hagan cargo de la protección del camino y que lo difundan, pues es un camino “bastante conocido” entre arqueólogos e historiadores. “Si las autoridades tuvieran la visión histórica, que tienen en algunas otras comunidades, verían que este es el camino más importante de la sierra, superando incluso la calzada romana”, ha subrayado.

En el ‘Libro del buen amor’

Fanjul ha indicado que el Balat Humayd servía de unión entre Al-Andalus y el resto del territorio hispano-visigodo conquistado en el siglo VIII. “Es bastante conocido desde Toledo hasta Guadarrama. Pero en Castilla y León, donde apenas fueron arabizados sus habitantes, nadie ha oído hablar de uno de sus principales caminos: el eje vertebrador por donde Abd al-Rahman III y Almanzor subieron en sus famosas y sanguinarias racias. El mismo camino por el que los cristianos fueron reconquistando siglos más tarde el territorio de Segovia y de Madrid, con continuas incursiones a través de este camino y su puerto, el Balathome”, ha explicado.

De este modo, ha indicado que “en un principio” la intención de los documentalistas y camineros involucrados en este proyecto era conocer el tramo segoviano que llega hasta las minas romanas de Otero de Herreros. Pero que “finalmente”, la documentación y la aparición de nuevos caminos sin identificar, llevaron a los estudiosos del Balat hasta Simancas (Valladolid), donde se celebró una de las batallas “más decisivas de la reconquista con la humillación de las tropas sarracenas”.

Además del trazado de este camino por los bosques de El Espinar, “recién nombrados” Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, esta investigación “ha permitido confirmar la verdadera ubicación” de varias ventas históricas, “algunas de ellas citadas” por el Arcipreste de Hita en su ‘Libro del Buen amor’. “Se ha podido confirmar la localización de la famosa Venta de Tablada (Guadarrama), que ha resultado ser el emplazamiento original de la alberguería árabe (Fayy Humayd) que servía y defensa en la que era la peligrosa frontera (Marca Media) para ambos mundos enfrentados”, ha indicado.

Fanjul ha explicado que en Madrid este camino “ha sido ya estudiado” desde Toledo en su ascenso por el margen derecho del río Guadarrama hasta Calitalifa (Villaviciosa de Odón), Brunete y El Pardillo, donde se solapa con la calzada Romana Vía XXIV. “Desde aquí, ambos caminos discurren juntos por Colmenarejo y Galapagar hasta el término de Guadarrama, donde cada una de las vías escoge un paso distinto para cruzar la Sierra”, ha aclarado.

“La importancia del Balat Humayd no sólo se refiere a las continuas campañas militares que lo transitaron, sino que la parte más importante de las repoblaciones posteriores que se realizaron en Castilla la Nueva se hicieron a través del Balathome. Sin embargo, y a pesar de que las repoblaciones de Madrid se hicieron por este camino y su paso de montaña, el nombre árabe fue poco a poco castellanizado (Balathome) donde fue árabe; y olvidado donde nunca lo fue, como era el caso de Segovia y Valladolid, que nunca asumieron la nomenclatura enemiga de este camino”, ha puntualizado.

De este modo, ha concluido que “tras siglos en el olvido” el Balat Humayd, su paso de la Sierra y los restos de sus ventas medievales, “se van a presentar al público” de ambas Castillas para “recuperar el esplendor que tuvo durante siglos”. “Esperamos que esto no suponga una amenaza para los espectaculares montes y valles que aún lo guardan en silencio en muchos de sus tramos”, ha finalizado.