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¡A por ellas oé, a por ellas oé!

7 noviembre, 2017

Fuente: http://www.ctxt.es

La violencia siempre se ceba más con las mujeres. Especialmente con aquellas que han conquistado espacios que pertenecían a los hombres.
ANITA BOTWIN

<p>La portavoz de las CUP, Anna Gabriel, durante su intervención en el pleno del Parlament el pasado 10 de octubre.</p>

La portavoz de las CUP, Anna Gabriel, durante su intervención en el pleno del Parlament el pasado 10 de octubre.

PARLAMENT DE CATALUNYA (JOB VERMEULEN)

12 DE OCTUBRE DE 2017

La violencia siempre se ceba más con las mujeres. Especialmente con aquellas que han conquistado espacios que pertenecían a los hombres por el simple hecho de serlo.

Sin ir más lejos, el 10 de octubre  la portavoz de las CUP, Anna Gabriel, fue objeto de mofa. Las redes se incendiaron tras declararse “independentista sin fronteras” y la mayor parte de los comentarios al respecto fueron misóginos y machistas, aludiendo también a su forma de vestir o a su peinado. Cuando una mujer de la esfera pública se expone con algún comentario que a alguien pueda parecerle desafortunado, las respuestas que reciben son agresivas, lo que incluye apelaciones explícitas a violencias sexuales y machistas, que pasan por los cuerpos. Algo parecido le ocurrió a Inés Arrimadas cuando una mujer que se autodenominó machista le deseó que la violaran en grupo. El pasado 17 de abril, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, también anunció que denunciaría a un usuario que la insultó y la amenazó con violarla, vía Twitter. El tuit iba acompañado de la fotografía de una pistola semiautomática. Curiosamente, ese usuario también me amenazó a mí y a otras compañeras. Debe tener mucho odio dentro y mucho tiempo libre, también.

NO SÉ CÓMO NOS LAS APAÑAMOS, PERO NOSOTRAS SIEMPRE MENTIMOS, SIEMPRE PONEMOS DENUNCIAS FALSAS Y SIEMPRE, TAMBIÉN, SOMOS UNAS PERRAS, PUTAS Y TRAIDORAS MALFOLLADAS

Volviendo a Anna Gabriel, ya en su momento, el presentador de El Gato al Agua ,Eduardo García Serrano habló así de la diputada de la CUP: “De Anna Gabriel lo sabemos todo, porque ella misma nos lo ha contado, que es una puta, traidora, amargada y mal follada, tal cual se ve a sí misma. Y lo cierto es que por su forma de taparse, Anna Gabriel no se viste, se limita a tapar con harapos propagandísticos el cuerpo con el que la madre naturaleza la ha castigado. Es evidente que alguno de los adjetivos con los que Anna Gabriel se autodefine le quedan como anillo al dedo”.

La manera de mostrar el desacuerdo político por parte de medios de comunicación y de la ciudadanía se muestra en múltiples ocasiones con descalificativos relacionados con el cuerpo o la vestimenta, las relaciones sentimentales de cada una de nosotras, y nuestra tendencia sexual.

Como ya señalé en esta columna, el 1 de octubre también existió violencia sexual por parte de la policía y guardia civil hacia mujeres que fueron a votar, según ha denunciado la misma Ada Colau. Tras ilustrar el texto con la imagen de una de las agresiones a una mujer en un colegio electoral, también recibí comentarios agresivos en los que se ponía en duda mi profesionalidad porque la chica de la foto había mentido, según ellos juzgaban. No sé cómo nos las apañamos, pero nosotras siempre mentimos, siempre ponemos denuncias falsas y siempre, también, somos unas perras, putas y traidoras malfolladas. Y por supuesto, unas víctimas. En el momento en el que no hacemos lo que se pide y espera de nosotras, lo que se nos sugiere socialmente por nacer mujer, se nos descalifica y margina, silencia o agrede.
El 8 de octubre en las manifestaciones españolistas también se sucedieron violencias. En concreto, en uno de los vídeos del día puede verse a varios individuos con banderas de España gritando “chupapollas” a una mujer que está en su balcón. Ella responde y uno de ellos amenaza: “puta, baja aquí”.
Todas estas violencias son las que sufrimos a diario, de una manera u otra cada una de nosotras. En las redes sociales, como ya he denunciado varias veces, recibimos amenazas de muerte adornadas con fotos de cuerpos mutilados. Algunas somos las periodistas feministas que hemos sido amenazadas para que dejemos de hablar de feminismo. O dejemos de hablar a secas. La violencia machista sigue estando normalizada en nuestro país y no se toman las medidas oportunas para erradicarla.
Manuela Carmena tampoco se ha librado de la opinión sobre su aspecto. El juez Yusty Bastarreche, encargado de suspender el acto a favor del derecho a decidir en Madrid, hablaba así de la alcaldesa: “¡Pensar que semejante tropa está al mando de nuestras ciudades y villas, y puede estar en el Gobierno de España. Si por lo menos tuviesen un aspecto presentable”.. Sí, amigos, en pleno siglo XXI.
Como explica Nuria Varela en Feminismo para principiantes, “desde hace siglos hay feministas guapas y feas, ricas y pobres, gordas y delgadas, altas y bajas… Lo que no ha habido nunca, a lo largo de la historia, ha sido un movimiento político cuestionado por la belleza física de sus miembros”. Ahora que por fin hemos conquistado ciertos espacios de la esfera pública, aquellos que no solo no lo lo respetan, sino que lo detestan, no tienen otra arma que descalificarnos por la forma y no por el fondo y la complejidad de nuestros actos.

AUTORA: Anita Botwin

  • Gracias a miles de años de machismo, sé hacer pucheros de Estrella Michelin. No me dan la Estrella porque los premios son cosa de hombres. Y yo soy mujer, de izquierdas y del Atleti. Abierta a nuevas minorías. Teclear como forma de vida.
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Cuando eres feminista y no lo sabes

13 mayo, 2017

Fuente: http://www.ctxt.es

ANITA BOTWIN

MALAGÓN
5 DE ABRIL DE 2017

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RAE: feminismo.

Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna ‘mujer’ e -isme ‘-ismo’.

1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

Yo no soy feminista, soy femenina. Este es un mantra que se repiten miles de mujeres, pero lo cierto es que una feminista puede ser femenina y una femenina no ser feminista. No existe relación alguna entre ambas cuestiones. Es más, si decides depilarte, por poner un ejemplo, tienes todo el derecho a llamarte feminista. Que nadie te diga lo contrario. Puedes pintarte los labios y ser feminista, puedes llevar escote y ser feminista, puedes llevar bragas de encaje y ser feminista. Como también puedes hacer todo lo contrario y seguir siéndolo. Básicamente porque el feminismo no es un dogma, sino un movimiento que busca la igualdad entre hombres y mujeres.

Decirse femenina excluyendo el feminismo es una manera de tirar balones fuera para no reconocer que vivimos en una sociedad patriarcal en el que las mujeres tenemos menos privilegios. Reconocerse feminista es quitarse un velo y pasar a otro estado que supone dolor. Puede compararse a cuando una se divorcia o enviuda o pierde algo de su vida que le había acompañado por mucho tiempo. Ponerse las gafas moradas requiere de cierta valentía y preocupaciones nuevas. Y no estamos para más lío, que bastante tenemos ya. La cuestión es que vivir con ese velo eternamente tampoco te hará más feliz, sólo te hará vivir en una ignorancia que le viene muy bien al sistema en el que vivimos.

SER FEMINISTA POR DEFINICIÓN ES BUSCAR LA IGUALDAD ENTRE AMBOS SEXOS. SI CREES QUE MERECES EL DERECHO AL VOTO, ERES FEMINISTA

“Yo no soy feminista, soy igualitaria”. Eso es como decir no hace frío ni calor, estamos a cero grados. Ser feminista por definición es buscar la igualdad entre ambos sexos. Si crees que mereces el derecho al voto, eres feminista. Emily Wilding Davison no se tiró bajo un caballo para reivindicar que era igualitaria o femenina; la sufragista pedía el derecho a voto de las mujeres y lo pagó muriendo atropellada por el caballo del rey Jorge, al que intentaba poner una pancarta para obtener el sufragio femenino.

Si Clara Campoamor no hubiera dado un golpe sobre la mesa, cuando tenía todo y a todos en su contra, ya que preferían que la mujer no votara con tal de no perder la República, tú seguirías zurciendo los gayumbos de tu adorado marido sin tener ni voz ni voto. Estas mujeres no tenían miedo a llamarse feministas porque tenían claro cuál era el objetivo a pesar de estar solas, repudiadas y apartadas por la sociedad.

¿Por qué las mujeres han llegado a rechazar la palabra “feminismo”? Caitlin Moran cuenta en su mordaz obra Cómo ser mujer que quien no estuviera al tanto de los objetivos del feminismo, e intentara averiguarlo por las conversaciones que lo rodeaban, “creería que era una combinación espectacularmente poco atractiva de misandria, amargura e hipocresía, partidaria de la ropa fea, del malhumor y, seamos realistas, de que no hubiera sexo”. Sin embargo, el hecho de que sea una palabra infrautilizada y denigrada lo hace aún más molón, más provocador, más como la cresta de los punkis de los 70. Ahora todo el mundo quiere una, desde Miley Cyrus hasta Neymar.

Sucede algo similar con la idea “ser de izquierdas”. Se ha criminalizado esta ideología, y se ha asociado a ciertos regímenes que poco han tenido que ver finalmente con las ideas que promulgaban. Mientras tanto, la derecha campa a sus anchas, en nuestro país y en el nuevo desorden mundial. La izquierda no vende y es como ser de un equipo perdedor desde antes de que comience el partido. Sucede algo parecido con el feminismo. No son ideologías ganadoras porque no nos las hemos creído, porque no hemos levantado su bandera sin miedo, porque los mass media nos dejan a un lado o nos persiguen como si fuéramos delincuentes. Pues os diré algo, ser feminista mola, está de moda y empieza a ser un concepto ganador. Además, ya no nos queman en las hogueras y, lo quieras o no, eso es un punto a favor para empezar a serlo.

EL MIEDO A LLAMARSE FEMINISTA ES ALGO PARECIDO AL MIEDO QUE TIENE EL TRABAJADOR POBRE A ACEPTAR SU SITUACIÓN DE DESIGUALDAD

El miedo a llamarse feminista es algo parecido al miedo que tiene el trabajador pobre a aceptar su situación de desigualdad. El trabajador no tiene conciencia de clase, porque le han enseñado a pelearse con su compañero para obtener un puesto mejor para sobrevivir. Es una de las estrategias que tienen los de arriba para seguir siendo los de arriba, mientras los de abajo se pelean entre ellos.

“Yo no soy feminista, no tengo nada en contra de los hombres”. Tranquila, puedes ser feminista y no odiar a los hombres; de hecho, ser feminista nada tiene que ver con odiar a los hombres. Ser antirracista no es odiar a los blancos, sino defender las ideas de igualdad de derechos entre razas.

Si llegados a este punto aún tienes dudas sobre si eres feminista, imagino que no te importará que ingresen el salario en la cuenta de tu marido, ya que, total, la igualdad entre sexos te importa más bien poco. Si aun así tienes dudas, me gustaría conocer qué aspecto de la liberación de la mujer no va con vosotras.

Por suerte, nos encontramos en un momento álgido del movimiento feminista a nivel mundial, tomando cada vez más fuerza; de ahí que también se generen resistencias y suframos ataques, como puede leerse en este texto que escribimos Andrea Momoitio y yo. Sin embargo, es el momento de no tener miedo, de unirse en bloque mujeres y hombres feministas contra el patriarcado.

Si crees que las mujeres debemos tener los mismos derechos que los hombres y luchar por ellos, ¡enhorabuena!: eres feminista. No lo digo yo, lo dice la RAE.

AUTOR

  • Anita Botwin

    Gracias a miles de años de machismo, sé hacer pucheros de Estrella Michelin. No me dan la Estrella porque los premios son cosa de hombres. Y yo soy mujer, de izquierdas y del Atleti. Abierta a nuevas minorías. Teclear como forma de vida.

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