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La segunda oportunidad

28 abril, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

La solución al dilema del bipartidismo que se mueve entre la derecha del PP o un PSOE que comparte tanto políticas europeas de recortes como servilismo internacional e intervenciones militares con la OTAN y Estados Unidos, solo pasa por lo que se ha denominado el sorpasso

Alberto Garzón, portavoz de IU-UP en el Congreso. EFE

Tras las últimas elecciones generales algunos vieron el vaso medio lleno y celebraron el fin del bipartidismo, otros no lo vimos tanto e insistimos en que los dos grandes partidos siguen gobernando las autonomías no nacionalistas y acaparan una mayoría absoluta en las urnas y en parlamentarios nacionales.

El despegue de Podemos y las candidaturas de cambio que se incorporan a su grupo político, a pesar de contar con un número de diputados que nunca llegó a conseguir Izquierda Unida, se enfrentan al mismo dilema que lleva sufriendo la coalición durante décadas, muy oportunamente explotado y rentabilizado por el PSOE y su entorno mediático: si no les apoya estará alineándose con la derecha montando la dichosa pinza, y si lo hace, un sector de sus votantes le dará la espalda por considerarles cómplices de las políticas neoliberales socialistas. El coste de ese dilema en términos de debate interno siempre terminó siendo tremendo para Izquierda Unida, si echamos la vista atrás veremos que todos los conflictos y escisiones han girado en torno a qué postura debía adoptarse ante una investidura socialista. Después, apoye o no apoye al PSOE, participe o no participe en un gobierno conjunto, termine la legislatura de ese gobierno socialista con más o menos apoyos ciudadanos, los resultados ante las siguientes elecciones nunca terminan siendo buenos para la coalición. La casuística -nacional o autonómica- recoge todas las situaciones para poder comprobarlo.

Ahora la historia se vuelve a repetir con Podemos: acusación de pinza, conflicto interno rentabilizado y magnificado por la prensa, frustración y desánimo ciudadano… La organización morada ha comprobado también algo que ya vivió Izquierda Unida: el PSOE prefiere aliarse con cualquier opción antes que con algo que considere que está a su izquierda para poder patrimonializar esa franja sociológica y, por supuesto, para seguir sirviendo a los intereses de los que es rehén desde la Transición. Lo hizo Felipe González en su última legislatura de gobierno cuando eligió gobernar con CiU y PNV antes que con IU, aunque eso le supusiese la caída. Y también Zapatero, en su segunda legislatura, optó por una investidura por mayoría simple y en segunda vuelta antes que cosechar el apoyo de la izquierda parlamentaria.

En las pasadas elecciones generales, la falta de un acuerdo entre Podemos e IU impidió una candidatura común que habría logrado más votos que el PSOE y 13 escaños más que los que ahora tienen

La solución al dilema del bipartidismo que se mueve entre la derecha del PP o un PSOE que comparte tanto políticas europeas de recortes como servilismo internacional e intervenciones militares con la OTAN y Estados Unidos, solo pasa por lo que se ha denominado el sorpasso. Es decir, que una alternativa de izquierdas, con todos los matices que puedan apreciarle los votantes y militantes de las diferentes organizaciones, logre superar en votos al PSOE. Será entonces cuando ese eterno dilema se supere. Eso es lo que ha sucedido, por ejemplo, en la ciudad de Valencia, donde Compromís logró más votos que el PSOE y han sido estos últimos los que han debido apoyar a Joan Ribó. Por supuesto, puede que la nueva opción en un futuro pueda resultar frustrante o no, pero el conjuro que nos tenía paralizados se habrá roto.

En las pasadas elecciones generales, la falta de un acuerdo estatal entre Podemos e Izquierda Unida impidió una candidatura común que, si hacemos el simplista ejercicio de sumar los votos conseguidos por ambas organizaciones, habría logrado más votos que el PSOE y 13 escaños más que los que ahora tienen. Cosas de la circunscripción provincial y la ley d’Hondt.

La probable repetición de las elecciones ofrece una nueva oportunidad que, considero, no se debería desaprovechar. Por supuesto, ambas organizaciones tienen diferencias en métodos, discurso y en algunas cuestiones de programa, pero es evidente que una única candidatura por motivos tácticos beneficiaría a ambas. Hemos de recordar que Izquierda Unida ha estado durante lustros presentándose a las elecciones europeas con Iniciativa per Catalunya y que los eurodiputados elegidos posteriormente se integraban en grupos políticos diferentes del Parlamento Europeo. En cambio, ahora los diputados de Podemos e Izquierda Unida -que se presentaron en candidaturas diferentes- se encuentran en el mismo grupo europeo trabajando con normalidad.

Aunque es probable que algunos votantes de Podemos se descuelguen por no verse “manchados de rojo” compartiendo candidatura con IU, y que algunos de la coalición lo rechacen por considerar que se descafeínan los principios, estoy convencido que otros muchos ciudadanos verán con ilusión esa confluencia electoral hasta poder compensar las pérdidas de apoyos. La historia de las victorias electorales de la izquierda está salpicada de ejemplos de unidad de este tipo. Frentes electorales en los que las diferentes organizaciones no perdían su identidad al tiempo que lograban levantar un entusiasmo que multiplicaba más que sumaba los apoyos. Podemos debería percibir que Izquierda Unida tiene detrás casi un millón de votos, e Izquierda Unida asumir que con el actual sistema electoral los 733.868 de sus votos que no han sido de Madrid no han servido para lograr escaños. Compárese con los nueve diputados que Compromís-Podemos logró en la Comunidad Valenciana con menos papeletas.

Mucho que temo que la ciudadanía se aboca frustrada y desilusionada a unas nuevas elecciones en las que percibe que se volverán a repetir unos resultados que no rompen el bipartidismo ni auguran cambios políticos para el país. Una candidatura conjunta, con el formato legal que se considere, pero que respete la identidad de sus componentes, puede ser el verdadero asalto a los cielos que los de Podemos prometieron y que los de IU nunca consiguieron.

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Micropolítica

4 enero, 2016

Fuente: http://www.ctxt.es


PEDRIPOL
30 DE DICIEMBRE DE 2015
Mi madre es una persona tranquila y muy capaz de soportar la conversación de cualquiera, por dura que sea. Pero mi madre también es sensible y el otro día, tras una comida familiar opípara también en la opinión y una conversación telefónica con un amigo de los que siempre lleva razón, no pudo más. “Joder —no es muy de decir tacos mi madre, pero así están las cosas—, es que estoy harta de que me digan que hay peligro de que España se rompa, que hay pactos que no son buenos para la estabilidad de España, que España necesita políticos con sentido de Estado… Y los españoles, ¿por qué no me hablan de lo que necesitan los españoles?”.
Y la verdad es que lo clavó. Como decía Hegel de la decadencia del régimen alemán de mitad del XIX, el nuestro “no hace más que imaginarse que cree en sí mismo y exige del mundo la misma fantasía”. Por eso, es comprensible que los directores de periódicos, radios y televisiones, los ansones, azúas y bustos, los grandes empresarios y los políticos profesionales jueguen a ser estadistas. Porque lo que se está rompiendo aquí y ahora no es España sino su fantasía, la burbuja de un régimen viejuno que envuelve el bipartidismo pero también a los medios tradicionales y a los modelos económicos de siempre.
Hace al menos cuatro años que esa burbuja distópica está agrietándose. Con el 15M empezó a hacerse grande un cuestionamiento que ha ido creciendo y que hoy no cabe en un sistema tan estrecho, sobre todo en términos de empatía. Lo que está pasando en España (y en muchos otros sitios, pero aquí excepcionalmente más rápido) es que la gente ha decidido dejar de creer en los dogmas de la macropolítica y ha empezado a actuar en función de necesidades micropolíticas, de sus necesidades.
Y ahora cito a Deleuze y me gano otra negrita de columnista de luxe. Él ya habló de este término para referirse a la oposición a las instituciones y al Estado. Pero, el antisistema, ¿se hace o lo hacen? Porque del mismo modo que los resultados de la macroeconomía se usan para que nos olvidemos de lo jodidos que estamos en lo microeconómico, las técnicas de hipnosis macropolíticas salen a la mínima que hay un cuestionamiento de lo que de verdad importa. Y sirven para trazar la línea entre el estás con nosotros o eres un perroflauta radical.
El peligro militar, la Transición ejemplar, ETA, la OTAN, los recortes necesarios, Europa, la unidad de España… Son algunos de los mantras que nos han ido repitiendo para que tengamos miedo a darnos cuenta de que lo que vale es lo que nos pasa cada día. Y ya no cuelan. Ahora, cada vez que alguien invoca la razón de Estado desde un púlpito mediático, mil ciudadanos y un gatito se lanzan a votar a un partido de los que llaman antisistema, a montar una plataforma de apoyo mutuo o a armar una estrategia de contracomunicación ciudadana.
La micropolítica, la política de los cuidados, como le gusta decir a Manuela Carmena, es la que se preocupa del cómo estamos y del cómo queremos estar, la que no entiende la situación del todo sin comprender la de sus partes. Es, por tanto, la política que importa, la del bien común. Lo demás es secundario. España estará bien cuando los españoles lo estemos y se romperá, o no, en función de lo que nos parezca a los que vivimos aquí, no de lo que diga Susana Díaz. España no puede ser más importante que los españoles. Es tan obvio que da hasta vergüenza escribirlo.

Gerardo Iglesias: “La vocación originaria de IU se acercaba a lo que representa Podemos”

11 octubre, 2015

Fuente: www.publico.es

Gerardo Iglesias (La Cerezal, Mieres, 1945) se afilió a los 15 años al PCE, al entrar a trabajar en la mina del Pozo Fondón en la cuenca del Nalón. Sindicalista en el antifranquismo, fue detenido por primera vez en la huelgona minera de 1962. Encarcelado y torturado en reiteradas ocasiones, llegaría a coordinar CCOO y el PC en Asturies, desde donde saltaría a la secretaría general del PCE de la mano de Santiago Carrillo. Al poco se enfrentó a éste y emprendió un intento de renovación, que culminó con la fundación de Izquierda Unida en 1986, de la que fue su ideólogo y primer coordinador general. Diputado en el Congreso, renunció a sus cargos en 1988 y volvió a Asturies. Le ofrecieron encabezar la candidatura autonómica, pero exigió que programa y candidatura se decidieran en asambleas abiertas a la ciudadanía. No funcionó y la Izquierda Unida asturiana, encabezada por el entonces ortodoxo Gaspar Llamazares, le mandó a paseo. Los suyos, nunca le perdonaron que quisiera disolver el PCE en IU: “me excomulgaron”, recuerda. Actualmente su salud es delicada tras un accidente laboral que sufrió en la mina, a la que volvió en 1990 tras abandonar la política, aunque sigue conservando esa magnífica oratoria de cuando estaba en la primera línea del partido.

Usted ha afirmado que la publicación de su libro Por qué estorba la memoria y la irrupción de Podemos le hicieron romper un silencio de 20 años. Y es que su caso fue ejemplar, dejó la política y volvió a la mina. ¿Echa de menos que más políticos hubieran seguido su camino?

No soy quien para decir a cada cual qué camino tomar, ni pretendo ofrecer como modelo el que yo tomé. Lo que echo de menos es que no existan mecanismos para expulsar de la vida política a los ladrones, a los que incumplen sus promesas descaradamente, a los que influyen y se dejan influir a conveniencia, y para que paguen sus fechorías penalmente. Echo de menos normas exigentes que obliguen a la rotación de cargos en las instituciones del Estado, en partidos, sindicatos y en todos los puestos de representación social.

Hoy vemos cómo crecen los aforamientos de facto y la impunidad. Parece que nadie paga por  sus actos.

Sí que paga alguien: los ciudadanos que cometen pequeños delitos y no tienen un amigo en el poder. Donde nadie paga es entre los de cuello blanco y si en algún caso los jueces obran en justicia, el diligente Gallardón tira de indulto rápidamente. En el caso Nóos, el fiscal no sólo recurre contra el juez que instruye el caso, sino que quiere sentar a éste en el banquillo, para que no cunda el ejemplo…

¿Por qué hubo tanta prisa en aforar al padre del rey? ¿Qué temían?

¡Es tan sumamente descarado! Yo viví en Madrid casi diez años y todo el mundo hablaba -eso sí, en voz baja- del petróleo, sus amigos árabes y unas cuantas cosas más; incluso del 23-F. Evidentemente había un pacto tácito para no tocar al rey. Pero llegó un momento en que las cosas se les fueron tanto de las manos -no sólo a la Casa Real, sino al propio sistema- que se resquebrajó todo y empezaron a aparecer cosas. ¿Y por qué se blinda al rey? Algo tendrá que esconder. Algo que, además, puede afectar al poder. ¡Incluso han aforado  a la niña que es Princesa de Asturias! No confían que la monarquía se sostenga con el apoyo popular.

¿Con la Transición heredamos la impunidad y las elites del franquismo?

El régimen de impunidad se asienta en la inmodélica Transición. Se transita de dictadura a democracia conservando el viejo edificio y la cultura franquistas, judicatura, policía, ejército y el tinglado financiero-empresarial montado a la sombra del caudillo. Todo permanece intacto. Al edificio franquista entran nuevos valores pero, como está cargado de mugre, lo nuevo se corrompe. Ya en la etapa de Felipe González la corrupción era institucionalizada. No hubo ruptura democrática y la Transición pactada se hizo a golpe de amenazas. ¡Y más que amenazas! Por otra parte, las contrarreformas del Gobierno del PP nos conducen a la frontera del franquismo y la democracia es cada vez más papel mojado. La Troika nos pone la soga al cuello y el Gobierno da más vueltas de tuerca.

Hay un intento de las élites de generar una segunda Transición. ¿Puede funcionar y que Felipe VI consolide la monarquía?

La aparición de Podemos es un puñetazo en el estómago del sistema bipartidista, del que es puntal la Casa Real. Con la caída libre de PP y PSOE, temen que cambie la correlación de fuerzas en el Parlamento. Además, tras la abdicación, el juez Castro confirmó la imputación de la hija del Rey. Pero la segunda Transición de la que hablan los gobernantes no tiene nada que ver con el cambio político que necesita este país. El sistema está podrido y no hay ninguna institución que no esté tocada: Familia Real, patronal, grandes partidos y ni siquiera los sindicatos, aunque CCOO sale mejor parada. Ya no sirven parches: necesitamos la apertura de un proceso constituyente.

En relación a la memoria histórica, sigue vigente el discurso de “no remover el pasado”…

Cuando escribí el libro ¿Por qué estorba la memoria?, me entrevisté con muchos familiares de víctimas y es impresionante. Te sientas con un familiar que ha vivido una tragedia tremenda y que va a contar su historia, y allí están sus hijos, que de repente dicen: “Pero papá, nosotros no sabíamos nada de esto”. Han pasado 60 años y no nos damos cuenta de hasta qué punto sigue vigente el miedo. Hay que explicar lo que significó el fascismo, poco conocido por las nuevas generaciones.

Todo esto explica que España aún esté plagada de símbolos fascistas. Y que sea la justicia argentina y no la española la que tome cartas en el asunto, con la oposición de nuestro poder político que obstaculiza la instrucción. Es una vergüenza para España. La querella argentina tuvo que ser impulsada por asociaciones civiles, mientras los partidos no se mojaron. No podemos borrar nuestra historia y hay que escribir un relato compartido de lo que fue aquello.

El PCE aceptó la monarquía cuando usted estaba en su dirección. ¿Se equivocaron?

A mí me tocó votar a favor de la monarquía y de la bandera. Fue en una reunión del Comité Central del PCE, donde esa cuestión no estaba en el orden del día. Parece ser que Carrillo recibió una llamada de Suárez. Santiago llegó con una declaración ya preparada que nos leyó. Al parecer los militares iban a venir a sacarnos de allí, no se sabía si para fusilarnos o para qué. Entonces, todos en un silencio absoluto, votamos sí a la monarquía y a la bandera. Entre paréntesis, creo que aquello ya estaba pactado por Carrillo.

Hemos de aceptar que las fuerzas de la oposición al régimen no reunieron la capacidad para provocar la ruptura, porque ni si quiera estaban unidas. Primero se creó la Junta Democrática, donde no estaba ni el PSOE ni otras fuerzas importantes. Después se creó la Platajunta, donde estaban todos, pero con una perspectiva de negociación. En aquellas circunstancias -y con un enorme deseo de que cesara la represión, salieran los presos, volvieran los exiliados…- se aceptó.

Lo que es inaceptable es que 35 años después el Estado democrático no haya condenado el golpe del 18 de julio de 1936 ni la dictadura. En la llamada ley de la Memoria Histórica, se dice “nos sumamos a la condena del Consejo de Europa que condena la dictadura franquista”, en plan vergonzante y a la defensiva. No se han anulado las sentencias de los Consejos de Guerra y los guerrilleros de la primera resistencia siguen apareciendo como bandoleros. Y desde el punto de vista humanitario, es sangrante que montes y cunetas estén llenos de cadáveres.

Es curiosa la evolución de Felipe González: asesor de Carlos Slim, consejero delegado de Gas Natural.

González es la expresión más clara de para quiénes gobierna el bipartidismo. Y de ahí se explican las puertas giratorias: salen del Gobierno y entran en Gas Natural y otras grandes empresas, que les pagan, según el propio Felipe, por no hacer nada, hasta el punto de aburrirse. Sí, sí. Es lo que dijo, que iba a dejar Gas Natural porque “es muy aburrido”. Me parece tremendo que se burle de esa manera de los ciudadanos.  Algo sí que hará, influir, que para eso está. La casta no guarda ni las formas. Y en el PSOE no veo síntomas de renovación, aun manda Felipe aunque parezca increíble [el propio Pedro Sánchez le ha considerado su referente].  Además, la defensa tan cerrada de la institución monárquica y ese do de pecho de Rubalcaba en sus últimos días… Aunque no es fervor monárquico; sino defensa del bipartidismo. Pero lo tienen complicado porque Podemos abre nuevas perspectivas para el cambio. Y les tiene preocupados. No es causal la campaña tan carroñera contra ellos y, particularmente, contra Pablo Iglesias.

Cayo Lara dice que “no es justo hablar de la casta” y que no creía en ella.

Es absolutamente cierto que existe la casta. Quien no se sienta parte del establishment de los mercados no tiene por qué sentirse aludido. Es más explícito que clase política y así lo percibe la sociedad. ¿Cuántos ciudadanos ven a los diputados por su barrio? Es una clase especial separada del resto de la ciudadanía.

Hay mucha gente que dice que Podemos les recuerda al espíritu del 1982.

Las situaciones son muy distintas. En aquel momento quien dirige el proceso son los franquistas y los poderes fácticos: el búnker, los militares… Hoy la situación es diferente, aunque no faltan campañas de criminalización. A Pablo Iglesias le han relacionado con el chavismo y con ETA. Y yo echo en falta que IU no haya salido al paso con fuerza  denunciando la campaña contra Podemos. Porque es importantísimo que Podemos se consolide. Esa fuerza no se crea en un despacho entre cuatro personas, sino que emerge del flujo social. Me recuerda cuando, al calor de la revolución industrial, irrumpió el movimiento obrero a la vida política, hasta entonces en manos de oligarquías. Y cambiaron la manera de hacer política. Estamos en un cambio de época.

Usted fundó IU aunque ya no milite en ella, ¿la IU que usted quiso construir en 1986 se corresponde con la actual?

No. Si leemos los documentos de aquel momento sobre la “política de convergencia”, la voluntad era crear un “movimiento social y político”, diferenciado de los partidos tradicionales en crisis. La vocación originaria de IU se acercaba bastante a lo que representa Podemos, aunque la inercia de lo tradicional tuvo mucha fuerza. Ahora valoran como algo positivo que acudieron a las elecciones europeas con 12 organizaciones, pero eso se puede construir entre 47 personas en 7 locales. Y eso es a lo que estuvo aferrada IU hasta ahora.

Por ejemplo, Gaspar Llamazares, que fue coordinador general de IU, formó su grupo dentro de IU, Izquierda Abierta, pero luego llegó a Asturias y lo eligieron a dedo como candidato al Congreso. ¡Menuda Izquierda Abierta! Por otra parte, he leído una valoración de la dirección de IU sobre las elecciones europeas en la que ven a Podemos como algo pasajero y se dan por satisfechos porque suben sustancialmente. ¡Pero es que si en medio de la marea de descontento no sucediera eso, estarían en vías de desaparición! Podemos pone de manifiesto su incapacidad para atraer a esa nueva izquierda emergente. Desearía infinitamente que IU fuera consciente de lo que está sucediendo en este país y soltara lastre para poder compartir con Podemos y otras fuerzas la configuración de una nueva alternativa. Porque IU nació para eso, aunque sus últimos movimientos son esperanzadores, si no quedan sólo en promocionar nuevos valores.

¿Se refiere a la llegada de Alberto Garzón a la portavocía de IU?

Siempre he visto a Garzón como una inyección de aire fresco. Aunque, siendo sincero, hubo momentos en que tuve la impresión de que la inercia de lo tradicional le estaba quitando espontaneidad. Falta saber si es portavoz de un pensamiento mayoritario en la renovación de IU o no.

Lara dice también que “hay una parte del discurso de Podemos que nosotros nunca vamos a hacer porque no forman parte de nuestro ADN” y critica el “no somos ni de izquierdas ni de derechas”. ¿Lo comparte?

IU arrastra conceptos del pasado, heredados del PCE. Hace 100 años las fronteras ideológicas estaban muy delimitadas. Hoy la frontera se refleja más por el programa que por la identificación con una doctrina. El PSOE dice que es de izquierdas, pero no su política. Es también importante presentar una imagen de coherencia. Si se quiere acabar con el bipartidismo casa mal gobernar en Andalucía con un PSOE corrompido hasta las cejas y en Extremadura con el PP. ¿Syriza habría tenido este resultado si hubiera aceptado entrar en el  Gobierno con los restos del Pasok y Nueva Democracia?

Al crear IU usted propuso disolver el PCE.

IU nació con una vocación a la que no supo responder más adelante. Además, le tomó gusto a las instituciones parlamentarias, alejándose de los movimientos sociales. La gente coge un apego al puesto tremendo, al coche oficial y las dietas. Sigo pensando como en el 86, un PCE organizado dentro de IU no ayuda a su renovación y acercamiento a las fuerzas emergentes. Los candidatos a elecciones y dirección no pueden ser elegidos en recinto cerrado, cuando no a dedo, por un aparato que mueve todas las teclas, mientras que la militancia es un cero a la izquierda. Pero no basta con que los afiliados participen en el gobierno del partido, sino que tiene que estar fiscalizado por la sociedad civil y han de intervenir otros sujetos sociales. Los partidos del futuro, o como se llamen, no pueden condicionar el pensamiento de los militantes. ¿Qué es eso de que en el Parlamento el líder del partido levanta el brazo y todos voten sin reflexionar? Hay pavor a poner en solfa a los aparatos.

“Podemos tiene una postura muy respetuosa hacia IU, pero hay actitudes de IU que no ayudan mucho”  A mí se me excomulgó por querer disolver el PCE, pero no soy ningún renegado. Si mañana se presentara una situación como la que se vivía cuando tenía 15 años y hubiera que plantar cara a la dictadura, volvería al PCE. Pero 40 años de anticomunismo feroz en nuestro país hacen que esas siglas estén lastradas para la sociedad en la que tenemos que apoyarnos para construir la nueva alternativa de izquierdas. El mayor honor que se puede rendir a los hombres y mujeres del PCE que dieron su vida por la libertad es contribuir a que cristalice una alternativa, sin aferrarse a siglas. Si se es de izquierdas, hay que contribuir desinteresadamente. Lo demás es retórica del pasado.

En un documento de IU dice ser “el eje del proyecto alternativo”. ¿Contribuye esa atribución a la convergencia? No son momentos de competir. Tampoco es el momento de aferrarse al cargo, sino de abrir paso a gente joven que interprete mejor la situación actual. La juventud no pasaba de la política, sino de los partidos tradicionales. Lo tradicional puede ayudar, pero ni pilotar ni hegemonizar lo nuevo.

¿Es necesario un frente de izquierdas?

No veo un frente de izquierdas clásico entre IU y Podemos. Podemos es muy heterogéneo y no todos los que les apoyan se sienten encantados con IU. Sí veo que trabajen juntos en los movimientos sociales. Y que en ayuntamientos pequeños fueran hacia candidaturas unitarias, donde elijan los vecinos, a miembros de IU, de Podemos o de ninguno. ¿La izquierda no quiere gobernar para el pueblo? Que el pueblo decida la candidatura en base a un programa, pero no que dos siglas se reúnan en un despacho y se repartan puestos mientras el pueblo no se entera de nada.

Por otra parte, he visto una postura muy respetuosa de Podemos hacia IU, pero he visto actitudes de IU que no me parece que ayuden mucho. Si vamos a hacer una reunión, no me convoquen como un invitado periférico, sentémonos y convoquemos conjuntamente: así se hace convergencia, no competencia.

Vive en Oviedo, ¿las fuerzas rupturistas pueden ganar en Oviedo (Podemos, 14.6%; IU, 9%, en las europeas) y en Asturias (Podemos 13.7%, IU, 12.9%) donde gobiernan PP y PSOE, respectivamente, desde hace dos décadas?

En Oviedo, si se buscara una forma de entendimiento sin tutelaje de nadie, una forma democrática y participativa, la alcaldía podría cambiar de manos. El PSOE está de capa caída y el alcalde es de un partido, el PP, que está llevando al país a las fronteras del franquismo. En Asturias, además, está el fenómeno de Foro y Álvarez Cascos, a quienes les votó mucha gente, incluida gente de izquierdas que buscaba regeneración. Pero Foro está en descenso y Podemos puede entrar en ese territorio. Y el PSOE, aunque salva algo los muebles, está débil. Si Podemos e IU encuentran fórmulas inteligentes y abiertas de entendimiento, pueden dar la sorpresa.

Usted fue secretario general de CCOO en Asturias y miembro de su dirección estatal, ¿no cree necesaria una regeneración de los sindicatos?

Estoy sorprendido por la indiferencia de los sindicatos hacia lo que está pasando. CCOO nació como un sindicalismo socio-político nuevo, pero terminó siendo un sindicato clásico, con gran aparato y muchos liberados. Son parte de la crisis del sistema, como los partidos. Pero da la impresión de que no va con ellos la cosa. El PSOE no renueva nada, pero hace alusiones a la necesidad de cambios. Los sindicatos ni eso.

Tengo grabada una imagen lapidaria. Cientos de manifestantes en las calles de Madrid, demandando referéndum sobre república o monarquía y los dos secretarios generales reunidos en Moncloa con Rajoy. Algunos movimientos sociales, como la PAH, cubren el vacío que han dejado. Por otra parte, algún dirigente de izquierdas dijo sobre ellos que “las críticas hay que hacerlas a puerta cerrada”. Pero es que no es democrático lavar los trapos sucios en casa y contribuye a la desafección social. Las malas prácticas hay que denunciarlas públicamente y llevar a la calle el debate.

La consulta española

6 octubre, 2015

Fuente: http://www.eldiario.es

¿Le encargaría la regeneración de su democracia a quienes la han degenerado durante más de 30 años, a los dos partidos que no han hecho limpieza hasta que la presión social y judicial ha sido insoportable?

¿Cree que un cáncer puede curar el cáncer, que Jack el Destripador es un buen cirujano, que la enfermedad es el remedio? ¿Cree que esta vez no le engañarán los partidos que le han engañado tantas veces antes? ¿Les volverá a votar?

¿Dejaría usted su casa a alguien que se la ha llenado de ladrones? ¿Se la volvería a dejar a quien la ha destrozado organizando una fiesta? ¿Confiaría la limpieza de su hogar a una persona que durante años ha descuidado la higiene de su propia casa y cuando se pone a limpiarla lo hace sólo a medias? ¿Le confiaría su dinero a un individuo que ha permitido que a usted le roben? ¿Nombraría usted director de su empresa a quien elige repetidamente a corruptos, chorizos y evasores para puestos de responsabilidad? ¿Le pondría usted al cargo de su familia, su casa, su negocio, su gobierno?

¿Le encargaría usted la administración de su país a una persona que eligió a un delincuente para llevar las cuentas de su partido y que siguió confiando en él incluso cuando ya era público su delito? ¿Pondría la economía de toda la nación en manos de un partido que se financió con dinero negro bajo la dirección de su actual presidente? ¿Le pediría usted que gestione su hacienda a quien evade a la Hacienda Pública? ¿Encargaría la reforma de su país a un partido que utilizó casi un millón de euros de dinero negro para pagar la reforma de su sede central? ¿Nombraría usted presidente del Gobierno a la persona que estaba al frente de la formación cuando sucedieron estos hechos y que asegura que no vio cómo le robaban durante años delante de sus narices? ¿Podría usted confiarle un país a un hombre al que no se le puede confiar ni un partido político?

¿Y podría usted fiarle el dinero de todos los españoles a ese individuo? ¿Se lo podría fiar a un partido que no ha expulsado a los presidentes autonómicos que tampoco vieron cómo robaban millones de euros destinados a cursos de formación para parados? ¿Dejaría la democracia de este país en manos de partidos que no convocan elecciones después de que sus presidentes tengan que apartarse del cargo por escándalos de corrupción? ¿Nombraría usted como responsables políticos a personas cuya única respuesta a la corrupción hasta ahora ha sido pedir perdón porque se ven obligados y a veces ni eso? ¿Les daría la máxima responsabilidad a individuos y partidos que rara vez se responsabilizan de sus actos?

¿Le daría la administración de justicia a un partido que destruye pruebas judiciales? ¿Y a un partido que indulta a banqueros corruptos? ¿Y a uno que le da el tercer grado antes de tiempo a un miembro de su partido encarcelado por corrupción? ¿Y a un partido que afora a sus presidentes autonómicos para evitar que sean investigados por una jueza? ¿Dejaría usted su futuro en manos de estos partidos que colocaron a los suyos en la caja y no hicieron nada para evitar que la saquearan? ¿Dejaría usted la educación de sus hijos, su sanidad, vivienda, trabajo, infraestructuras y servicios públicos a los partidos de la Gürtel, los ERES, Bankia, las tarjetas opacas o la operación Púnica? ¿Volvería usted a dejar el país en manos de los partidos de Rato, Blesa, Acebes, Aznar, Felipe González, Chaves, Griñán, Matas, Bárcenas, Zapatero, Rubalcaba, Cospedal, Aguirre o Rajoy?

¿Le encargaría la regeneración de su democracia a los dos partidos que la han degenerado durante más de 30 años? ¿Le encargaría la regeneración democrática a unos partidos que no han empezado a expulsar a sus corruptos hasta que la presión social y judicial ha sido insoportable? ¿Le encargaría un proceso constituyente a los dos partidos que reformaron la Constitución con alevosía para contentar a los mercados? ¿Cree que un cáncer puede curar el cáncer? ¿Cree que Jack el Destripador es un buen cirujano? ¿Cree que la enfermedad es el remedio? ¿Cree que esta vez no le engañarán los que le han engañado tantas veces antes? ¿Les volverá a votar?

Un análisis de la Unidad Popular desde la Economía Política

24 junio, 2015

Fuente: http://www.eldiario.es

“La Unidad Popular es el único instrumento posible para la salvación de una sociedad y una comunidad política que se está disputando una forma de vida”, afirma el autor.

Alberto Garzón Espinosa – Candidato de IU a la presidencia del Gobierno, 22/06/2015 – 20:10 h.

En los siglos XVIII y XIX los economistas clásicos analizaban los fenómenos sociales usando una herramienta llamada Economía Política, que expresaba en sí misma el error de analizar por separado los fenómenos económicos (de producción, distribución y consumo) de los políticos (relaciones institucionales de poder). La preocupación de estos economistas, que iban desde Adam Smith hasta Karl Marx, residía en las formas de distribución del excedente económico entre clases sociales. Es decir, otorgaban una importancia nuclear al análisis de las relaciones de producción y de las condiciones materiales de vida de las personas.

Con la llegada de la teoría neoclásica a los centros de estudio (universidades e instituciones de pensamiento) la economía política se vio desbordada por la llamada desde entonces ciencia económica o economics. Desde ese momento la economía se convertiría en un espacio fundamentalmente autónomo de la política y de cualquier otro ámbito social. Ya no importaba la estructura de clases en la sociedad ni tampoco la distribución funcional de la renta, sino que todo quedaba relegado a un análisis instrumental para la asignación de recursos escasos. La economía, vista así, pasaba a considerarse equivalente en rigor y capacidad a cualquier ciencia técnica. Así las cosas, emergía una consecuencia esencialmente política: sería posible formar a técnicos o tecnócratas de lo económico, capaces de gestionar los recursos desde la neutralidad ideológica. Emancipar las instituciones económicas, tales como los bancos centrales, de las decisiones políticas y democráticas sería por lo tanto una decisión correcta.

Curiosamente, casi al mismo tiempo y en el ámbito del análisis político una ola de pensadores también defendía la idoneidad de desconectarse de lo económico. Así, la idea de que existía una autonomía plena de lo político fue haciéndose fuerte entre los pensadores sociales. En la práctica significaba defender la posibilidad de explicar los fenómenos sociales –y también los electorales- sin atender a la estructura económica. La pobreza de esos análisis ha sido tal que ha derivado en meros estudios sobre la comunicación política, sobre el discurso político, sobre el tacticismo electoral y siempre bajo una concepción de la política puramente mercantilista. Es decir, análisis de lo político basados en la existencia de un mercado tanto de oferta (productos, que son los partidos y sus representantes) como de demanda (votos, que son los ciudadanos). Un lugar éste donde la ideología, lo económico y las condiciones materiales de vida de las personas no parecen explicar nada.

He comenzado con las precisiones anteriores porque me parece fundamental desvelar las insuficiencias y riesgos que arrastran los análisis que no aceptan la relación dialéctica que existe entre la economía y la política. No se trata de asumir que el hecho económico es el único hecho determinante, como establecían los estrechos manuales soviéticos. Se trata, más bien, de asumir que el análisis de la coyuntura se encuadra siempre en una estructura económica, y que dentro de ella se produce un juego recíproco de acciones y reacciones entre el aspecto económico y otros factores. Esa es, creo, la mejor tradición de análisis y la herramienta más potente para explicar los fenómenos sociales actuales.

Por eso conviene aclarar que considero imposible entender el momento actual sin atender al menos a tres aspectos. El primero, cómo se ha modificado la estructura social en las últimas décadas. El segundo, cómo ha variado la concepción del mundo de las gentes que conforman nuestra comunidad política. El tercero, cómo se desenvuelve el plano internacional, esto es, las relaciones dentro de la economía mundial. Sostengo que sin estudiar estos tres aspectos de análisis, cualquier intento de interpretar los fenómenos sociales es simplemente construir castillos en el aire.

El análisis de la coyuntura desde la economía política

En primer lugar, las transformaciones del capitalismo en España desde 1978 han sido extraordinarias. El proceso de inserción en la economía mundial, fundamentalmente a través del ingreso en la Unión Europea, ha conllevado un proceso de especialización productiva de nuestra economía así como un acentuado proceso de desindustrialización. Todo ello ha convertido a nuestra economía en dependiente tanto de centros industriales –caso de Alemania- como de la demanda internacional de turismo. La situación de fragilidad de nuestra economía es prácticamente total, con una especialización en sectores de bajo valor añadido y, en consecuencia, con difícil capacidad para elevar los salarios reales de los trabajadores en dichos sectores. En términos de modelo de crecimiento conviene insistir en que la burbuja inmobiliaria y el llamado milagro económico sólo fueron posibles gracias al elevado endeudamiento privado y la financiación por parte del sistema financiero privado internacional (especialmente bancos alemanes y franceses). Ambos fenómenos se retroalimentaban en un juego de relaciones económicas simbióticas consentido y promovido desde la propia Unión Europea.

Esa dinámica económica ha ido modificando claramente la estructura social del país. Al fin y al cabo, España no ha estado ajena a la transformación social ocurrida en todos los países capitalistas de Occidente en los que las formas de organización fordista han ido dando paso a formas posfordistas. Hasta tal punto que podríamos sostener que en nuestro país conviven hoy y al mismo tiempo dos sociedades antagónicas. Una es de carácter fordista, caracterizada por la seguridad laboral, los contratos indefinidos, la garantía de cobro de futuras pensiones y, en esencia, certezas económicas y vitales. La otra sociedad es de carácter posfordista, caracterizada prácticamente por todo lo contrario: los contratos temporales, parciales y de absoluta precariedad, la ausencia de propiedades y la incertidumbre respecto al futuro económico y vital. A ello hay que añadirle el análisis generacional, en tanto que la mayoría de los jóvenes caemos en la sociedad posfordista mientras que nuestros padres viven aún en la sociedad fordista. Estos fenómenos han sido a veces analizados como el fin de la clase media y la existencia de una ruptura generacional. Estoy de acuerdo, con matices, con tales tesis.

En segundo lugar, todos esos fenómenos económicos han modificado la concepción del mundo de las personas. ¿Cómo va a pensar la política y la economía de la misma forma quien cobra dos mil euros, tiene una vivienda en propiedad y veintitantos años cotizados que quien vive a salto de mata y sólo contempla la posibilidad de emigrar para intentar sobrevivir? Ello afecta, en consecuencia, a los relatos políticos, tales como los dominantes desde 1978 y la Cultura de la Transición, y también a los relatos vitales, tales como el famoso vivirás mejor que tus padres. Algo que es por cierto transversal políticamente, dado que afecta a izquierda y derecha de las organizaciones tradicionales. No es de extrañar, entonces, que uno de los motores de cambio sean las personas jóvenes que buscan nuevos relatos políticos así como oportunidades vitales. La creencia en lo tradicional se apaga y emerge la necesidad de la alternativa.

En tercer lugar, el plano internacional y cómo se desenvuelve la economía mundial también importa. Ya no estamos en los años inmediatos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, y actualmente son muchos las economías nacionales que compiten internacionalmente por un hueco en el mercado. Además, en las últimas décadas el dominio casi absoluto del capital financiero sobre la economía productiva y la política ha convertido a la economía mundial en terreno abonado para las crisis financieras. Las últimas inyecciones billonarias de liquidez al sistema financiero no es sino la enésima prueba de ello. Pero, también, la crisis económica de los países del sur ha sido aprovechada como oportunidad política para un mayor ajuste neoliberal. Un ajuste caracterizado por una nueva vuelta de tuerca consistente en procesos de desregulación, privatización, reformas laborales ampliamente regresivas y reformas de adelgazamiento del Estado en general.

Ello puede entenderse mejor si atendemos al verdadero proceso constituyente que ha dominado toda Europa en las últimas décadas. Un proceso que tiene como objetivo adecuar las instituciones políticas y jurídicas a las necesidades del capitalismo financiarizado y globalizado. Así es como debemos entender el Tratado de Maastricht, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, la fracasada Constitución Europea –recuperada en el Tratado de Lisboa- y el futuro Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos. Pero no sólo. La reforma del artículo 135 de la Constitución Española así como las reformas financieras, laborales, de las instancias del Estado y las administrativas son también parte del mismo proceso constituyente. Todo ello inserto en un escenario donde la economía se ha alzado como reina y ama de la política, dejando así a los gobiernos institucionales como meros apéndices del poder y, en el mejor de los casos, como pequeñas molestias desorganizadas.

Hablamos de un proceso constituyente dirigido por las oligarquías económicas y políticas de la Unión Europea, pero que necesita destituir a su vez el orden social e institucional precedente, es decir, el conocido como Estado Social. Precisamente eso es lo que está en juego en este momento en todo el sur de Europa, también en España. Y es la destrucción de esas conquistas sociales, que es una destrucción progresiva pero aparentemente imparable, la que ha provocado la reacción de la sociedad en diferentes formas. Con formas que ya predijo el propio Karl Polanyi con su tesis del doble movimiento.

El aspecto político del proceso

El hito del 15M fue, a todas luces, la manifestación de la frustración de la gente ante un proceso que aunque era imperceptible para la mayoría sí que provocaba efectos más que evidentes en sus vidas cotidianas. El paro, la precariedad y los desahucios alimentaban la conciencia de las gentes sencillas y corrientes, los de abajo, pero también el hambre, la miseria y la desigualdad amenazaban con convertir el escenario social en un hervidero.

El Fondo Monetario Internacional lo sabía, y por eso en su informe de Agosto de 2013 sobre España alertó sobre el riesgo de estallidos sociales y sobre el riesgo del desplome del bipartidismo. Era el verano en el que las mareas estaban demostrando su fuerza contra las privatizaciones y en defensa de los servicios públicos. También las marchas de la dignidad buscaban encontrar nuevas herramientas de organización al margen -o en el mejor de los casos junto con- los partidos políticos tradicionales y sindicatos. Ante ello, el Gobierno respondió en pocos meses con una Ley Mordaza y con mayor represión.

La irrupción de Podemos en la primavera de 2014 pilló al Régimen y las instituciones internacionales por sorpresa, obligándoles a reaccionar. La Casa Real fue la primera, con un lifting de restauración borbónica. Las grandes empresas y las grandes fortunas buscaron nuevas formas de responder, desde la política, a la canalización de la rabia y frustración que estaba haciendo la izquierda, ahora con porcentajes de estimación de voto que superaban el 25%. Así vino el apoyo empresarial y del Régimen a nuevas fuerzas políticas de restauración. Una restauración política que, en el seno del Estado, supondría la consolidación del neoliberalismo como forma de vida y del proceso constituyente neoliberal como forma institucional.

Este es el punto aproximado en el que nos encontramos en la actualidad. Con fuerzas sociales y políticas de transformación ofreciendo una alternativa al Régimen –en su aspecto más político- y al capital financiero europeo –en su aspecto más económico. Y con una fuerte respuesta de ambos enemigos, que es lo que son, tanto en Grecia como en España.

En esta tesitura sólo hay una oportunidad para la mayoría social: la Unidad Popular. El 24M ha emergido como segundo hito político, tras el 15M, para revelar la potencialidad que tiene la unidad popular como fuerza de desborde de las fuerzas políticas del bipartidismo y del Régimen en general. Sólo en las elecciones municipales, y particularmente en ciudades con presencia de candidaturas de Unidad Popular, ha sido posible romper la espina dorsal del bipartidismo. En los procesos autonómicos ha sido imposible. Conviene, además, saber distinguir entre los partidos del Régimen y el Régimen mismo, que suma a las nunca neutrales instituciones del Estado.

La Unidad Popular no es, por lo tanto, una herramienta para la maximización de actas de diputados. Tampoco es una consigna electoral. Es, por el contrario, el único instrumento posible para la salvación de una sociedad y una comunidad política que se está disputando una forma de vida. No sólo en el Estado español. Se trata de escoger entre la consolidación del neoliberalismo, facilitado por un futuro triunfo del bipartidismo, o entre la constitución de una alternativa económica y social construida desde la ruptura democrática y desde abajo. Desde las entrañas de una sociedad que demanda pan, trabajo, techo y dignidad. Reiteremos nuestro llamamiento a la altura de miras ante un momento político crucial para la historia de los pueblos de Europa.

El indescifrable enigma de los ciudadanos que se arrojan en brazos de Podemos

8 junio, 2015

Fuente: http://www.eldiario.es

El PP conoce mucho mejor a su electorado que el PSOE. Les sabe fieles hasta la muerte y masoquistas en la más genuina tradición española. Son de los que se casan para toda la vida y perdonan mentiras, traiciones y maltrato.
Pueden gritar los partidos y sus voceros mediáticos cuanto quieran que la realidad no cambia: la política en la que sueñan no existe, la sociedad defraudada ha pasado página, no es un enfado pasajero.

Rosa María Artal, 15/09/2014 – 20:52 h.

Siguiendo los pasos del manual, el PSOE ha pasado del “me quiere, volverá” al despecho –“con lo que yo he hecho por ella”, “nada sería sin mí”- y a buscar culpables fuera: las fuerzas cósmicas se alían para alejarles de los votantes. En particular, esa joven formación que les embauca con engaños y que terminará por darles una vida perra.

Se cumplen los peores augurios, pues, sobre la deriva de los socialistas, también en la nueva etapa de Pedro Sánchez, cuando cometen la torpeza de centrar su discurso en atacar a Podemos. ¡Y sin nombrarlos!, en el más puro estilo Rajoy, que debe ser lo que entienden por “sentido de Estado”. Ni en la más egoísta de las estrategias se comprende: le están regalando a Podemos las portadas.

El PP logra mantenerse, habiendo logrado la cuadratura del círculo: dar menos servicios por más impuestos, vender todo lo que tiene valor del patrimonio público –ahora AENA- y, si se tercia, de saldo, y endeudarnos pese a todo a niveles de récord histórico. Ya el 98,9% del PIB, en un ritmo que se acelera por horas, casi por minutos. En sus feudos municipales y autonómicos puede llegar a la ignominia de vender a fondos buitre viviendas sociales (por 51.000 euros, precio que no da a los inquilinos) para luego empezar a desahuciar. Mientras, rescata bancos y autopistas deficitarias, hijas de su gestión anterior. La lista de despropósitos y agravios es interminable.

El PP conoce mucho mejor a su electorado que el PSOE. Les sabe fieles hasta la muerte y masoquistas en la más genuina tradición española. Son de los que se casan para toda la vida y perdonan mentiras, traiciones y maltrato. Los sufren en silencio o ni siquiera les dan importancia, en su sagrada misión de sostener la familia como dios manda. El suyo de toda la vida, el dios de la regresión y el dinero. Todo antes de que se vaya con otra. Pero no son suficientes para sustentar mayorías absolutas.

Por eso, al resto, a esa marea que suele nadar o flotar en agua de nadie, le prometen “regeneración democrática”, una obscenidad añadida en un partido que más parece una empresa –muy turbia- nacida y gestionada para la consecución de sus intereses.

El vodevil de la política catalana y rancio españolismo, es tan cutre que sonroja. Ni siquiera podríamos exportar la serie caso de ser rodada. El molt honorable president Pujol evadiendo al fisco –como poco, es ésa solo de momento su confesión- durante 34 años, con toda su vasta prole creciendo en fortuna, privilegios y poder. Un poderoso colaborador de Rajoy, su mano derecha, Moragas, enviando mensajes a la ex novia del chico mayor, Victoria Álvarez, para que descubra lo que ella conoce del enriquecimiento presuntamente ilícito de los Pujol “ y salve España”. La entusiasta dirigente del PP catalán, entre tanto, se acerca a Álvarez, se cita con ella y con unos espías de método que contrata a través de un amigo entrañable del PSC. “Fue ella la que encargó la grabación a través de José Zaragoza, exsecretario del Organización del Partido Socialista Catalán”, dice eldiario.es. Luego, cuando el escándalo se desborda, le mandará más mensajes de la escuela Rajoy: “Aguanta Vicky”. A partir de ahí, se guardan los trapos sucios para cuando convenga. Y, como broche –por el momento-, sale la vicepresidenta del gobierno con cara impasible, tipo amianto, y dice que las comunicaciones de Moragas “son privadas”. Y España “no se salva” a su gusto, porque muchos catalanes tienen claras sus prioridades.

En el partido transgénico, UPyD, andan al degüello entre ellos mismos porque se ve venir que la próxima ración de tarta viene en talla recortes y cada bocado cuenta. Izquierda Unida muestra signos de recuperación, sobre todo en muchas individualidades que la han mantenido viva. Hasta se aviene a buscar consensos que parece la bestia negra de los llamados grandes partidos.

Y, así, a muy grandes rasgos, se presenta el idílico panorama de la política española. ¿Cómo es posible que los ciudadanos no estén entusiasmados con ella? ¿Qué locura o imperdonable traición les ha poseído para arrojarse en brazos de Podemos?

No lo quieren entender. Solo ven la amenaza a abatir. Podemos ha surgido por lógica, por su habilidad para aglutinar el enorme descontento de una parte de la sociedad que no se conforma con el ejercicio de una política que les aplasta. Por supervivencia, como debemos insistir. Fruto de la rabia, incluso. La nueva formación precisa asentarse y reflexionar para crecer, y en ello están. Revisar algunas salidas estentóreas. Su éxito se puede calificar de desbordante en el más puro sentido de la palabra y prueba de la necesidad social que lo genera. Es enorme su responsabilidad, tienen a decenas de miles de personas sujetas a la esperanza que han suscitado: otra forma de gestionar lo de todos, la búsqueda democrática del bien común, el fin de la estafa. De ésa que ya se renueva cíclicamente, sin ningún pudor. Otra vez dicen que la recesión amenaza Europa y hay que seguir con la tijera. Asombroso que cuele.

Cierto que muchas personas, mayores sobre todo, preferirían que todo lo sucedido fuera un mal sueño y que, con un par de retoques, el río volviera a su cauce. Incluso con sus defectos, nada es perfecto. Pero es que el mundo ha seguido girando y no va en esa dirección. El propio poder la ha trastocado y pervertido.

Pueden gritar los partidos y sus voceros mediáticos cuanto quieran que la realidad no cambia: la política en la que sueñan no existe, la sociedad defraudada ha pasado página, no es un enfado pasajero. Con presiones, reproches y exabruptos, no cambiará de parecer. Mucho menos, demonizando a quienes están planteando soluciones que ellos no quieren o no son capaces de afrontar. La viabilidad de buena parte de las propuestas -que la tiene-, depende de invertir las prioridades: trabajar para todos y no para unos pocos. No es fácil, sobre todo por las trabas de los privilegiados, pero tampoco imposible. Les cuesta entender que se trata de hablar desde el suelo, desde los problemas de las personas, no desde un pedestal metido en una cámara de vacío. Lo que se quiere y se pide es más democracia.

¿Cuánto más creen que se puede soportar este estado de cosas? ¿Por qué? El tren ha partido. Ni siquiera está muy claro su destino y si lo encontrará. Pero, nos guste o no -hoy por hoy, aquí y así-, en la vieja política no hay tierra a la que volver.

Seis claves por las que volverá a ganar el PP

27 abril, 2015

Fuente: http://www.lamarea.com

18 de febrero de 2014

Parece que todo da igual: los escándalos de corrupción, los recortes, el paro rampante, las promesas rotas, el rodillo legislativo de ultraderecha, las declaraciones desafortunadas -cuando no agramaticales-, los modos prepotentes, los insultos a la inteligencia y a las personas, las contradicciones flagrantes entre miembros del Gobierno, los bandazos, los globos sonda, las tensiones internas en el partido… Da la sensación de que no importa lo que haga el Gobierno del PP: sigue encabezando las encuestas de intención de voto. ¿Cómo es posible? ¿Qué tendría que pasar para que el PP se diera un batacazo electoral?

En el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas todos los políticos suspenden y más del 80% de los españoles piensa que la situación política es “mala o muy mala”. No importa. A pesar de que el PP va perdiendo votos poco a poco, a día de hoy, con la que está cayendo, Mariano Rajoy volvería a ganar unas elecciones. Lo haría con el 32,1% de los votos. Sería de nuevo el partido más votado. Existen varias explicaciones que, sumadas, pueden arrojar algo de luz sobre la resistencia del PP. Vamos a revisar seis de ellas:

1. Somos idiotas. La palabra ‘idiota’ etimológicamente hace referencia a aquel individuo que sólo piensa en sí mismo y que sólo se preocupa por lo privado, por lo que le afecta a él, desdeñando lo público. Sin ánimo de insultar y ciñéndonos a la etimología, podemos decir que la mayoría de los españoles tradicionalmente sólo se ha preocupado por lo propio, aunque cada vez en mayor número nos vamos dando cuenta de que lo individual no mejora si no defendemos lo colectivo.

2. Nos hemos creído un cuento. Una segunda explicación proviene del éxito de un relato fácilmente entendible por la gente: ‘La crisis es como una enfermedad. Para curarse hace falta tomar un fármaco desagradable (los recortes). Si hacemos el sacrificio, nos curaremos y volveremos a estar como antes’. En su fuero interno, muchas personas creen este cuento y piensan que el PP es un ‘médico estricto’ que está aplicando la única terapia posible. Una terapia dolorosa y desagradable, pero necesaria. El PSOE es visto sin embargo como un médico cobarde, que realizó exactamente el mismo diagnóstico que el PP pero no se atrevió a aplicar la terapia más agresiva, con lo que la enfermedad y el sufrimiento se prolongarían más años. Es decir, el PSOE abrazó el mismo relato que el PP, se creyó e intentó hacernos creer el mismo cuento. Para el elector la diferencia entre uno y otro es cuestión de grado de intensidad, no de diagnóstico ni de terapia. Por eso el PSOE, con un 26,6% de intención de voto, no remonta en las encuestas. En estos casos, entre el original y la copia, el elector prefiere al original.

3. Hemos sido secuestrados. La tercera explicación se esconde en esta frase: ‘Si hacemos el sacrificio, nos curaremos y volveremos a estar como antes’. Ese ‘como antes’ es el resorte psicológico que explica la motivación electoral de muchos votantes del PP. Los políticos lo llaman de varias maneras: ‘volver a la senda del crecimiento’, ‘recuperación’… siempre expresiones que idealizan el pasado. La gente no quiere oír hablar de que la prosperidad del pasado era falsa, de que sobre el ladrillo no se puede construir un país, de que hace falta un nuevo modelo de desarrollo. El PP jamás reconocerá ante sus electores que nunca vamos a estar ‘como antes’, que esta crisis no es una enfermedad que se supera y punto. Esta crisis es una mutación. La mayoría de los votantes del PP seguramente querrían votar por una vuelta al pasado: a que la casa por la que se entramparon vuelva a valer al menos tanto como valía entonces, al crédito fácil, al consumo desmedido, a la burbuja inmobiliaria, al espejismo de la prosperidad… ‘Vale, todo era falso, pero yo vivía mejor’, dirán. El cuento de la vuelta al pasado ha secuestrado las voluntades de aquéllos que volverán a votar al PP, de alguna manera esos futuros votantes padecen el síndrome de Estocolmo.

4. Somos insensibles. La saturación de noticias negativas y de escándalos de corrupción provoca cada vez menor indignación y mayor hastío, e incluso desidia. Las informaciones, por muy contrastadas y detalladas que sean, cada vez tienen menos efecto (y siempre en una audiencia limitada, garantizada por el rodillo desinformativo de los medios conservadores). Los escándalos se convierten en invisibles por acumulación. En España ha quedado pulverizado el concepto de ‘ciclo de noticias’ y los asesores de comunicación del PP lo saben bien. Volviendo a la metáfora de la enfermedad: no nos importa si el médico es corrupto o inmoral, pero que aplique el tratamiento y que dure lo menos posible.

5. Somos dóciles. Hay, finalmente, otro ingrediente sociológico que tiene que ver con la madurez democrática de buena parte de los españoles, su grado de participación ciudadana y su capacidad crítica. Todo ello está bajo mínimos y, aunque no queramos verlo, no ha cambiado sustancialmente desde el franquismo. Esa herencia de docilidad política es parte de aquello que Franco dejó ‘atado y bien atado’.

6. A esto hay que añadir el individualismo y materialismo fomentados en los ochenta y noventa (un auténtica idiotización de la sociedad). Por último no hay que olvidar las válvulas para aliviar presión permitidas e incluso alentadas desde el poder: el derecho al pataleo, al chascarrillo y a la fiesta (quizá los tres únicos derechos inalienables en España).

Vuelvo a la pregunta que planteaba al principio: ¿Qué tendría que pasar para que el PP se diera un batacazo electoral? La respuesta es simple: tendríamos que dejar de creer en cuentos y, desde luego, tendríamos que dejar de ser idiotas (en sentido etimológico, claro).

El voto de las sectas destructivas

19 marzo, 2015

Fuente: http://www.eldiario.es

El mayor peligro para la sociedad está en esas masas de abducidos que cierran los ojos ante toda amenaza aunque –como la peste fascista elegida en las urnas este 25 de Mayo- augure tiempos mucho peores.

La historia estudiará la enorme responsabilidad de los medios de masas en la programación de la sociedad.

Hurtando la realidad. Inyectando evasiones que les liberen de pensar y les induzcan a vivir despreocupados hasta de su propia vida.

Rosa María Artal, 26/05/2014 – 21:11h

Sí, algo está cambiando. El bipartidismo se ha llevado un sonoro batacazo. Esperanzador resulta como promesa de renovación el triunfo de Podemos en España o de Syriza en Grecia. En el conjunto de Europa se produce un voto de castigo a la política tradicional –bien es verdad que en algunos casos con tintes altamente preocupantes-. La llave sigue estando, sin embargo, en manos de las sectas destructivas de la sociedad. Y son capaces no solo de mantener la degradación actual sino de incrementarla como indica el resurgimiento del fascismo votado en las urnas.

“Somos los únicos que hemos ganado de todos los que han hecho reformas en Europa”, repiten en un PP que ha perdido un tercio de sus apoyos y 8 diputados. Pero tiene razón, han sacado más votos que el PSOE, el partido que realmente cae en barrena. No tanto por los porcentajes que son similares a la otra pata del bipartidismo, sino porque este resultado se produce estando presuntamente en la oposición y con las políticas de destrozo seguidas por el PP, conocidas por el eufemismo de “reformas”.

3.981.956 individuos han votado al PP. Evidentemente hay entre ellos beneficiarios de sus actuaciones, pero en un número necesariamente reducido porque el pastel no es de proporciones infinitas. En consecuencia existen en España casi cuatro millones de personas que avalan cuanto hace el PP, sin preguntarse nada más.

Dada la parquedad que con la realidad de este partido emplean los medios grandes, insistiré en un repaso –siquiera somero- de sus hitos reseñables. Se trata de una organización con Caja B y sueldos B procedente de donantes contratantes de obra pública, como ya ha certificado el juez instructor de la causa por corrupción de Gürtel/Bárcenas. Un partido que ha dado tales hachazos al Estado del Bienestar español que resulta irreconocible. Concretamente, el daño inferido a la sanidad pública –que era de las mejores del mundo- ocasiona ya víctimas reales y los repagos han convertido la salud en producto de consumo sujeto a precio y vaivenes del mercado. Los daños ocasionados en los derechos laborales son prácticamente irreversibles. El tandem interior/justicia se ha empleado a fondo en modificar los códigos con leyes francamente represivas e involucionistas. Y de sus acciones contra la mujer baste de ejemplo la elección de un candidato machista de manual que, por cierto, sale ya tan campante para Europa en nuestra representación.

Todo esto y más lo aprueban y secundan casi 4 millones de personas. Individuos aparentemente normales se comportan de forma que daña al conjunto de la sociedad. Es verdad que en sus feudos tradicionales, Madrid y la Comunidad valenciana, los apoyos al PP han bajado casi a la mitad. También en Galicia sufre un importante retroceso. Pero todavía hay en esos lugares tan asolados quien va a una urna y dice: venga, adelante con ello.

Las sectas destructivas no funcionan con lógica, les han programado para comportarse como soportes del líder al que siguen ciegamente. Para justificar sus atropellos con inverosímiles argumentos que en muchos casos ofenden a la inteligencia. Para amar a sus verdugos aunque llegaran a ejercer sobre ellos la tortura, y sin siquiera ser conscientes de ello. El personaje de la realista serie Juego de Tronos, Reek, Hediondo -desollado y mutilado, alojado entre los perros- que venera al tirano, sería un símbolo muy gráfico. Llevado al extremo, naturalmente.

Por supuesto las sectas destructivas se dan, con mayor o menor nivel de abducción mental, en otras formaciones. En quienes buscan justificaciones a derrotas empecinadas como ocurre en seguidores del PSOE. En ese clima, Rubalcaba que se va diciendo que el nuevo Congreso seguirá el trabajo. ¿Ha entendido bien lo que pasa? ¿Lo han entendido sus compañeros? O entre quienes consideran un buen resultado el obtenido por Izquierda Unida que, ni con la debacle del PSOE y aun subiendo, consigue siquiera el resultado de 1994: 13,44% entonces, ahora 9,9%. Su quinto puesto en la Comunidad de Madrid es definitorio. Izquierda Unida debe hablar… con Izquierda Unida en primer lugar.

Mucho más terrible aún es el ascenso de la extrema derecha en Europa. Esa Francia que, con el Frente Nacional, emprende una contrarrevolución bajo el lema: Répression, inégalité, haine et impunité ( Represión, desigualdad, odio e impunidad). Dinamarca, Finlandia, Grecia, Hungría, Reino Unido, o Alemania con un escaño para un partido directamente nazi, dibujan el desolador panorama.

¿Un voto de castigo? ¿A quién? ¿A ellos mismos? Les han programado para olvidar quiénes causaron la crisis, ya no se habla de los poderes financieros. Ni de las ayudas de dinero público que se les ha dado para mantenerse. Ni de las condiciones privilegiadas de las que gozan en sus préstamos. La culpa la tiene, oh, milagro, el pobre que vino en patera, o saltando una valla de cuchillas, a buscarse una vida mejor. Con enorme valentía, frente a la poca airosa actitud de los culpables de la crisis. O de quienes secundan desde sus casas la descomunal estafa. Votándola o absteniéndose como hicieron la mitad de los españoles y la mitad de los europeos.

¿Y quién programa a las sectas destructivas incapaces de ver la realidad?

En algunas formaciones son simplemente sus líderes o la endogamia que les hace dar vueltas a una habitación sin ventanas a la calle. Pero el mayor peligro para la sociedad está en esas masas de abducidos que cierran los ojos ante toda amenaza aunque –como la peste fascista elegida en las urnas este 25 de Mayo- augure tiempos mucho peores. Los que se vivieron en los años 30 del siglo pasado. No es una entelequia: están aquí, los han votado personas como Usted o como yo.

La historia estudiará la enorme responsabilidad de los medios de masas en la programación de la sociedad. Hurtando la realidad. O los datos objetivos que forman criterios. Inyectando –como el atracón de fútbol servido este fin de semana en particular por la televisión pública- evasiones que les liberen de pensar y les induzcan vivir despreocupados hasta de su propia vida. Con algunos de sus debates distorsionadores. Señalando a quien odiar. Alentando su pasividad. Con su frustrante modelo social. Con pocos escrúpulos éticos.

Ejércitos organizados de zombies ya comienzan a atacar el espectacular éxito de Podemos. Les ha descolocado. Podemos, claro que Podemos. Queremos, debemos, es nuestra obligación imperiosa, desprogramar a las sectas destructivas. Por el bien de la propia sociedad. Se hace con información, educación y apelando a su dignidad. Algo está cambiando, desde luego. Si a mejor o a peor dependerá de nosotros. Lo último, mirar cómo otros deciden la historia.

Cospedal consuma un Golpe de Estado institucional en Castilla-La Mancha

9 febrero, 2015

Fuente: http://www.ceronegativo.net

23 de julio de 2014.

En España los sistemas electorales injustos, diseñados «ad hoc» para favorecer determinadas opciones y perjudica otras, no son por desgracia nada infrecuentes. De hecho son lo normal, aunque debería escocer usar el término «normal» para algo, el pucherazo, que no debería poder considerarse normal nunca en un régimen que presume de democrático.

El hecho de que el sistema electoral español para las elecciones generales (o los 52 sistemas electorales, que también se puede ver así) son una lacra que incentiva gobiernos de derecha con una mayoría de escaños que no se corresponde con los la de votos que recoge es un mal que, a fuerza de décadas de denuncia por las fuerzas políticas democráticas, es bastante conocido. Es cierto que se suele cargar contra el pobre señor D’Hont, cuando el principal problema es la distribución de escaños por provincias sin compensación de restos ni nada, pero el caso es que el hecho de que es profundamente antidemocrático es un hecho ampliamente conocido y admitido.

Admitido, pero no resuelto: claro. A pesar de que incluso por los sectores más progresistas del bipartidismo se llegó a prometer algún tipo de reforma democrática de la ley electoral en la época no-tan-mala de Zapatero, lo cierto es que el escorpión no puede evitar ir en contra de su naturaleza y el PSOE prefirió que el PP sacara una mayoría absoluta inmerecida el 20-N a reformar la ley. Todo por no alterar sus posibilidades futuras (presuntas) de aprovecharse ellos del pucherazo y auparse a la Moncloa a lomos del turno neocanovista. El bipartidismo manda.

Siendo todo esto cierto a nivel nacional, no es menos cierto que, a nivel autonómico las cosas están igual de mal o peor, pero para más INRI son menos conocidas. Castilla-La Mancha era una de las comunidades autónomas modelo en el refinamiento del pucherazo. En la etapa final del PSOE, a la vista de que no podrían ganar unas elecciones autonómicas a medio plazo con el desgaste que tenían, se procedió a reformar la ley electoral autonómica para primar las provincias donde crearían el voto más fiel y tratar de hundir un poco más a lo que no fuera bipartidismo (léase IU por aquel entonces).

La cosa no salió bien para el PSOE, aunque sí para el bipartidismo, que colocó a María Dolores de Cospedal como presidenta con mayoría absoluta absolutísima y, como luego se vio, con vocación absolutista.
Pero el tiempo pasa, el régimen del 79 hace aguas por todas partes y ya ni con esta ley puede el PP mantenerse en el poder. Ya vimos en el pasado como Cospedal trató de impedir la labor de la oposición retirando el sueldo a los diputados que no fueran del PP, pero ahora el objetivo es que no haya más diputados que los del PP.

La reforma recién aprobada (y denunciada por los compañeros de IU-CLM con el lema «reservado el derecho de admisión») está hecha con los resultado electorales de las elecciones europeas en la mano para poder volver a sacar mayoría absoluta de escaños con el 35% del voto que (aún) conserva el PP, consiste en lo siguiente (y recordemos que hablamos de España, Europa, no de una república bananera centroamericana):
Los escaños a repartir pasan de 53 cuando Cospedal llegó al poder a 33. La cuenta es fácil: a menos escaños (divididos por 5 provincias) más concentración en el bipartidismo y particularmente en el partido que quede primero.

El cambio es tan extremo que ha necesitado modificar el Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha y pasar ese cambio por el Congreso de los Diputados, y ahí se ha inaugurado una nueva época: la de los cambios estatutarios en solitario, legitimados sólo por los votos del PP sin conseguir el apoyo ni siquiera del PSOE.
¿Les parece suficiente? Pues aún hay más: Por si las encuestas se ponen aún peor el PP se guarda otro as en la manga. Y es que resulta que hasta tres meses antes de las elecciones no se sabrá exactamente cuántos escaños elige cada provincia. Así el PP puede aún retorcer más la voluntad popular eligiendo que provincias tienen número par o impar de diputados.

¿El truco? Que podrá dejar con un número impar en las que tengan la certeza de que ganarán. Como el número de escaños es muy tan bajo con total seguridad hará falta una ventaja salvaje, de más de un 20% de los votos, para conseguir romper el empate en diputados en una provincia «par».

Como digo este sistema está diseñado para que el PP pueda conseguir mayoría absoluta con un 35% de los votos incluyo aunque hubiera otra fuerza más votada; y como segunda derivada a favorecer más el «voto útil» a las dos patas del bipartidismo ahora que vive su mayor crisis desde la segunda restauración.

Sólo espero que lo chusco y descarado de la maniobra se los pueda volver en contra y lleguen a surgir algún «polo democrático», o como quiera denominarse, que concentre eso, el voto democrático y pueda llegar a volver sus chanchullos en su contra.

De asesinatos comunes y campañas amañadas

15 enero, 2015

Fuente: http://www.comiendotierra.es

Publicado el 13 mayo, 2014 por Juan Carlos Monedero

La sensibilidad política del régimen del 78 está a la altura de un vertedero. Si fueran decentes, habría mil motivos para detener una campaña electoral. Por ejemplo, cuando un técnico de sonido se cae de una torre mientras está instalándola con prisas porque hay que salir al siguiente pueblo; cuando la furgoneta se sale de la carretera y los que montan el escenario se matan; cuando militantes y votantes tienen un accidente camino del mitin; cuando se ha suicidado un desempleado de larga duración, familiar del cámara de televisión que busca el plano de alguno de los dos candidatos; cuando le da un infarto a un desahuciado mientras escucha en una plaza las mentiras del político de turno… También cuando es asesinado un servidor público por razones que tienen que ver con su desempeño en favor de la comunidad. Estaría bueno.

Pero incluso en este último caso el Partido Popular es capaz de ensuciar algo que debiera encontrarnos. Sin ningún tipo de conversación con las demás fuerzas políticas, deciden suspender durante dos días los actos de campaña, obligando a todos los demás partidos a hacer lo mismo pues, de lo contrario, darían la sensación de insensibilidad. Sin embargo, tanto el PP como el PSOE deciden mantener el debate en la televisión donde las dos estrellas del bipartidismo pueden llegar a todo el país. “Mítines sí, debates en televisión no” dice el partido al que pertenecía la víctima (al igual que su asesina). Luego terminan retrasando un día más el debate. Cuando los demás partidos han tenido que suspender sus actos del miércoles. Cómo no pensar en 2004, cuando el atentado de Atocha. El PP nos dijo que había sido ETA y, unilateralmente, suspendió la campaña electoral. A ver si nos callaba esas 48 horas que les separaba del día de las elecciones. La hipocresía desborda. Pero vamos aprendiendo.

La Brunete mediática del PP ayer salió en tromba para hacer de la muerte de la militante del PP una oportunidad única para hacer campaña. Un imbécil que le echaba la culpa a una viñeta del diario satírico El Jueves del asesinato por haber criticado a la Presidente de la Diputación asesinada (que acumulaba otros doce cargos en el país de los seis millones de parados). Otro imbécil que decía que no iba a votar, pero que después del asesinato de una persona del PP se había decidido a hacerlo. Otra imbécil diciendo que detrás del asesinato estaban los escraches de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. El editorial insultante de El Mundo hoy diciendo que tenemos que dejar de pensar que la casta nos roba, nos miente y nos insulta porque sólo por pensar eso estamos siendo cómplices de sucesos como los que han acabado con la vida de la Presidenta del Partido Popular en León.

Es terrible que alguien muera por arma de fuego. O ahogado por cruzar el estrecho. O estrellado contra el suelo de la desesperación. O en una fábrica sin medidas de seguridad. O en la cárcel porque es pobre y no tiene influencias. La diferencia entre las muertes cotidianas y la muerte de Isabel Carrasco es que de las primeras no sabemos casi nada y de la segunda lo que nos han contado, sobre todo, han sido mentiras. Nadie nos informa de por qué se quitan la vida por su propia mano cada día -cada día- diez personas en nuestro país. Y no nos han querido contar que la presunta asesina de la Presidenta del PP también era militante del PP, al igual que su hija, al igual que su marido policía (al que pertenecía, al parecer, la pistola). Que habían tenido sus desencuentros en la pelea política interna. Y que entre ellos se traían relaciones que aún están por aclarar. Nada raro en ese partido donde cada dos por tres nos enteramos de alguna vuelta de tuerca más en la página del escándalo. Es más rentable presentar este hecho luctuoso como un asesinato político. Es mejor ser víctima que casta. Aún recuerdo cuando deseamos que detrás del accidente ferroviario de Angrois no hubiera razones ligadas a los recortes. El PP salió en tromba a insultar a los que sospechamos. Ahora ya sabemos, porque lo han dicho los jueces que, efectivamente, aquel accidente no tenía que haber pasado. Pero el PP hizo, como siempre, caja electoral con el asunto. La hipocresía no se gasta.

Dentro de las mentiras hay otra que se ha deslizado con maneras de patronal. Nos han dicho que los motivos del asesinato eran laborales. Como si los trabajadores se la pasen matando a los que los despiden. Por eso hay que hacer más represivo el código penal. Que ya se sabe cómo se la gastan los currantes. Hoy esa interpretación resulta aún más insultante cuando sabemos que unas trabajadoras gallegas pueden entrar en la cárcel por luchar durante la huelga por sus derechos (tres años de cárcel por echar pintura en una piscina, cuando, como nos recuerda Ignacio Escolar, por abandonar delante de un hospital a un trabajador al que has contratado ilegalmente -no sin antes amenazarle- y que ha perdido un brazo -que has tirado a la basura- se pagan sólo once meses).

Todo huele a casta. Incluidos los descerebrados -cierto que escasos- que han celebrado en ese recinto de valientes que es twiter el asesinato. Igual que lo han celebrado los patriotas del PP que no han dudado en ver la oportunidad electoral. Este país a veces es muy feo. El Partido Popular sigue queriendo llevarnos a la España de “Los santos inocentes”. El PSOE le hace el juego. No nos merecemos tanto bochorno. Es esencial que los partidos del 78 dejen de dictarnos los colores de nuestra democracia. Para que deje de ser tan gris.