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Apología del boxeo

28 agosto, 2016

Fuente: http://www.rafaelnarbona.es

ALI 3

En The wire, la excelente serie David Simon y Ed Burns, un ex convicto que había trabajado como matón de una poderosa banda de traficantes de drogas, decide cambiar de vida al salir de la cárcel. Interpretado por Chad L. Coleman, Dennis “Cutty” Wise abre un modesto gimnasio de boxeo para atraer a los jóvenes que bordean la delincuencia y experimentan la tentación de integrarse en una banda para ganar dinero rápido y fácil. Al principio, los chavales no le toman en serio y creen que subir a un ring consiste en atizar hostias hasta machacar al adversario. Pronto descubren que el boxeo exige técnica, disciplina, autocontrol, coraje, resistencia y respeto hacia el contrincante. Los chicos incapaces de asimilar esa lección vuelven a las calles, a veces convirtiéndose en yonquis o en soldados de los narcotraficantes. Los que se quedan, mejoran su autoestima y se mantienen dentro de la ley, incorporando a sus vidas la lección básica del boxeo: no hay que odiar al rival y la victoria es tan importante como saber encajar los golpes. El pintor Eduardo Arroyo afirma que “el boxeador acepta el castigo, sabe cómo hacerlo. Y nadie acepta un castigo desde que dejamos la infancia. El boxeador que pierde, abraza al rival. Nunca he visto un mundo tan desprovisto de violencia como el boxeo”. Para Eduardo Arroyo el boxeo es “épica, poesía”, un “deporte antiguo”, “un cuadro iluminado donde ocurre todo”.

Julio Cortázar, apasionado del boxeo desde su juventud, acudía al Luna Park, el famoso estadio cubierto de Buenos Aires, con un libro bajo el brazo, pues entendía que la pelea entre los púgiles era “un fenómeno estético”. Nunca advirtió crueldad y violencia, sino “honestidad y nobleza”. “Son dos destinos que juegan el uno contra el otro”. Arroyo y Cortázar coinciden en su admiración por Sugar Ray Robinson: elegante, ágil, rápido, versátil, hábil con las dos manos y capaz de propinar cualquier clase de golpe con una técnica impecable. Muhammad Ali, que se autodenominaba “The Greatest” (El más grande), afirmaba que Robinson era el mejor boxeador de todos los tiempos y reconocía que sus combates le habían enseñado a moverse en el ring. Ali trascendió el mundo del boxeo. Al margen de su brillante carrera deportiva, su negativa a luchar en la guerra de Vietnam (“ningún Viet Cong me ha llamado nigger”) y su reivindicación del orgullo afroamericano le transformaron en un símbolo de la lucha contra la segregación racial. Al convertirse al Islam y adentrarse en el sufismo, cambió de nombre y declaró: “Ya no soy más Cassius Clay, aquel negro de Kentucky. Pertenezco al mundo, al mundo de la raza negra. Siempre tendré un hogar en Pakistán, Argelia o Etiopía. Eso tiene más valor que el dinero”.

TeofiloStevenson

El boxeador cubano Teófilo Stevenson, triple campeón olímpico, despierta las mismas simpatías que Ali. De hecho, su parecido físico es asombroso. Ambos eran altos, bailaban sobre la lona y poseían una pegada demoledora. Los dos eran carismáticos y no tenían miedo a manifestar sus ideas. Por diferentes motivos, nunca llegaron a combatir. La Revolución cubana no prohibió el boxeo, pero sí la profesionalización de los deportes, lo cual mantuvo a Stevenson en la condición de amateur. Aunque le ofrecieron grandes cantidades de dinero para abandonar la isla y convertirse en profesional, Stevenson rehusó: “Prefiero el cariño de ocho millones de cubanos. Y no cambiaría mi pedazo de Cuba por todo el dinero que me puedan ofrecer”. El compromiso de Teófilo Stevenson con la Revolución cubana suscitó que la revista norteamericana Sports Illustrated le dedicará su portada y escogiera como título: “Antes Rojo Que Rico”, pronosticando que más tarde o más temprano abandonaría la isla. Sin embargo, no lo hizo, tal vez porque la ética del boxeo le enseñó a no tirar la toalla y a luchar hasta el final. “En realidad yo nunca perdí –afirmó Teófilo, comentando los combates que se resolvieron a favor de su contrincante-, porque de las derrotas se sacan experiencias, y cuando se sacan experiencias, se gana”.
Ali tampoco se rindió cuando el Parkinson comenzó a ensañarse con él: “Lo importante de mi vida es lograr la paz. Dios me dio esta enfermedad para demostrarme que soy un hombre frágil como cualquiera”. Roberto Bolaño escribió: “Hay momentos para recitar poesías y momentos para boxear”. Los que se han subido a un cuadrilátero y han bailado entre sus dieciséis cuerdas, saben que el boxeo está a medio camino entre lo lírico y lo épico. Es un deporte maldito, que discurre por los márgenes de la sociedad, pero algunos aún apreciamos en él esa voluntad de grandeza y superación que inspiró a los héroes clásicos, acostumbrados a medirse con el dolor, el miedo y la fatalidad.

RAFAEL NARBONA

Publicado en Negra Tinta (15-03-2015). Si quieres leer el enlace original, pincha aquí.

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Hurricane ‘Huracán’ Carter, la vida después de la tormenta

5 septiembre, 2009
En la foto vemos a 'Huracán' cuando era un joven boxeador y tiempo después de salir de la cárcel donde injustamente había estado.

En la foto vemos a 'Huracán' cuando era un joven boxeador y tiempo después de salir de la cárcel donde injustamente había estado.

Bob Dylan cantó su inocencia y el cine contó su historia, pero los casi 20 años que Rubin ‘Huracán’ Carter pasó en prisión dejaron en él un poso insalvable. El ex boxeador, que “algún día podía ser el campeón del Mundo”, como clamaba Dylan, fue condenado por un crimen que nunca cometió y hoy, 23 años después de ser liberado, sigue luchando por los que sufrieron como él. Dylan cantaba su historia.

Basta recordar ‘Huracán’, la película protagonizada por Denzel Washington, por la que ganó el ‘Globo de Oro’ y el ‘Oso de Oro’ del Festival de Berlín al mejor actor protagonista, para enterarse de qué ocurrió.

Una noche, en un bar de Nueva Jersey, un triple asesinato sacudió el lugar. Todo terminó en una escena terrible. Alfred Bello, que acababa de robar en una casa cercana, afirmó haber sido testigo de lo ocurrido. Patty Valentine, la camarera, tampoco vio nada, pero ‘compró’ la versión de Bello: dos hombres de raza negra habían disparado y acababan de huír.

Llamaron a la policía y Rubin Carter, candidato al título mundial de los pesos medios, y un amigo eran acusados del crimen.

El contendiente número uno para la corona de los pesos medios de boxeo / no tiene ni idea de la mierda que le va a caer encima / Es como funcionan las cosas en Paterson / Si eres negro / mejor no aparezcas por la calle / a menos que quieras entrar en calor.

Tras un juicio más que cuestionable, ‘Huracán’ fue a la cárcel. Acababa de ganar al ex y futuro campeón del Mundo del peso medio Emile Griffith y al futuro campeón mundial del pesado Jimmy Ellis. Su pegada era legendaria. Pero su carrera se apagó cuando entró en la cárcel, y pasó de ser un deportista a un icono en la lucha por los derechos sociales.

Manifestaciones por todo el país, con la canción de Dylan convertida en himno, y la pelea de Carter no sirvieron de nada.

Hasta 1985 no fue liberado. El juez de Nueva Jersey que lo liberaba declaraba en la sentencia que la condena de Carter “estaba basada más en el racismo que en la razón”.

¿Cómo puede la vida de un hombre / estar en la palma de la mano de un idiota? / No podía hacer nada más que avergonzarme de vivir en esta tierra / donde la justicia es un juego.

Carter salió de la cárcel y desde entonces dedica su vida a combatir las injusticias que él vivió. Hasta 2005 presidió la Asociación para la Defensa de los Condenados Injustamente (ADWC, siglas en inglés) y hoy da charlas por todo el mundo.

“Sigue luchando, da igual cuál sea el obstáculo, porque la vida es una carrera de obstáculos que tienes que correr”, declaraba recientemente en una charla. “El odio me llevó a la cárcel, pero el amor me sacó de ella”, decía. Vive en Toronto, Canadá, y tiene dos doctorados honoríficos en leyes, por una universidad canadiense y otra australiana.

Con 71 años, ha vivido lo que nadie desearía vivir. Porque, como escribió Dylan… Esta es la historia del Huracán / el hombre al que las autoridades culparon / por algo que nunca hizo / Lo metieron en una celda / cuando podía haber sido / el campeón del Mundo.