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“Trump conoce bien la ecuación estadounidense: la ignorancia lleva al miedo y el miedo al odio”

13 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace 15 años, el estreno de Bowling for Columbine, el emblemático documental de Michael Moore, se convirtió en un éxito nacional que despertó la polémica y cosechó los elogios de la crítica. Centrado en el tiroteo de el instituto de Columbine (1999) y en la emergente amenaza de la violencia con armas de fuego en EEUU, la cinta ganó el Oscar al mejor documental.

También sirvió como una profética advertencia de la agitación política y social que pronto tendría en vilo a la sociedad estadounidense. Como dijo el propio Moore, si se “presentara esta película este mismo viernes, por desgracia tendría probablemente la misma relevancia”.

Durante una charla pública celebrada junto a la proyección de  ‘Bowling for Columbine’ (la semana pasada se cumplió otro aniversario del tristemente célebre tiroteo) en el festival de cine de Tribeca, Moore y el pionero de los documentales D.A. Pennebaker ofrecieron su desalentadora perspectiva sobre el clima político en la era de Donald Trump.

“Creo que hemos pasado por 40 años de un país en el que se ha bajado el nivel intelectual”, dijo Moore. “Hemos desinvertido en nuestras escuelas y hemos dejado que queden en un estado deplorable. Las clases de arte han sido canceladas y, en la actualidad, las clases de educación cívica han desaparecido de un tercio de nuestras escuelas”, añadió.

La de Moore fue una de las pocas voces que durante las elecciones de EEUU se atrevieron a predecir la presidencia de Trump. En Tribeca recordó la vez en que fue abucheado durante de la grabación del programa de HBO Real Time with Bill Maher por decir que el magnate republicano se convertiría en una especie de rey supremo. “No lo dije porque quería que pasase, estaba tratando de advertir de algo que podía suceder”.

Moore opinó además sobre esa idea que caracteriza a las zonas urbanas como burbujas aisladas. “Hay una burbuja en Brooklyn, amigos, y es tóxica. Vi lo que sucedía en otras partes del país [tras la victoria de Trump] y todo el mundo estaba de fiesta”.

Pennebaker también dio su punto de vista sobre el presidente. “Trump es como alguien a quien le acabas de dar una Ferrari, no sabe conducir y, sin embargo, se aleja de tu vida con el coche”. “Con tu niño en el asiento delantero”, completó Moore con ironía.

El documental que cambió algunas cosas

Estrenada un año después de los ataques del 11 de septiembre, Bowling for Columbine provocó grandes cambios (en una de las secuencias más memorables, la cadena de supermercados Kmart decidió dejar de vender balas). Estaba llena de menciones a líderes conservadores del pasado, como George W. Bush, o el ya fallecido símbolo de la NRA (Asociación Nacional del Rifle), Charlton Heston, al que se lo ve durante una airada entrevista con Moore en su casa de Los Ángeles.

Pero, según Moore, nunca fue su intención que el documental se convirtiera en una proclama por el control de armas. “Hicimos la película para tener una mirada sobre nosotros mismos porque nos preguntábamos: ¿por qué nos pasa a nosotros?”, dijo haciendo referencia a la epidemia de armas que sufre EEUU y que no sufren otras partes del mundo. “Somos buena gente, somos un buen país. ¿Por qué estas cosas pasan aquí y no en otro lado? Todos nosotros tenemos la misma cantidad de cromosomas. Los canadienses no son mejores que nosotros… aunque no es tan fácil decir eso ahora, ¿no?”.

Moore dice con ironía que las razones detrás de la victoria de Trump y de la falta de acción por la violencia con armas de fuego son dos caras del mismo problema. “Es la ecuación estadounidense: baja el nivel intelectual de la población; conviértelos en ignorantes y estúpidos. La ignorancia lleva al miedo, y el miedo, al odio. Trump conocía muy bien esa parte de la ecuación. Y el odio lleva a la violencia”.

So I’m walking down the street one day, O’Reilly drives by, screeches to a halt, jumps out & starts yelling @ me. Ha!

Moore también opinó sobre las últimas noticias referidas a su archienemigo político Bill O’Reilly. El día que el presentador de Fox News fue despedido por la cadena. recordó una graciosa anécdota en Twitter. “O’Reilly pasaba con una limusina cerca de donde estaba yo en la calle. Me ve y le dice al conductor que frene de inmediato. Entonces sale disparado del coche gritándome. De casualidad alguien retrató el momento con una foto”, contó Moore. “Pero yo todavía sigo aquí y él no”.

Pese a todo, Moore compartió una visión esperanzadora del futuro. “Una gran cantidad de nuestros compatriotas estadounidenses ha empezado a moverse. Los políticos ya no son los únicos involucrados activamente en política. Ahora mismo hay mucha gente que está informada y participando”.

Traducido por Francisco de Zárate

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28 mayo, 2017

Fuente: http://www.cultura.elpais.com

La directora Nely Reguera es la única española en Nuev@s Director@s con la sorprendente ‘María (y los demás)’.

GREGORIO BELINCHÓN, San Sebastián, 21 de septiembre de 2016.

Nely Reguera (derecha) y Barbara Lennie, en San Sebastián. FOTO: JUAN HERRERO (EFE)

A sus 35 años, María está estancada. Cuida de un padre enfermo, su trabajo en una editorial acalla su voz literaria, sus relaciones sentimentales no fluyen… Y de repente su padre, recuperado, decide casarse con su enfermera, sus dos hermanos vuelven a casa a mangonear, puede que sí o que no la editorial publique su primera novela, y su relación de pareja empieza a crecer, al menos para ella, porque lo que es él… No, no es Bridget Jones, sino María (y los demás), de Nely Reguera, la única española presente en la sección Nuev@s Director@s, que ha dejado un buenísimo sabor de boca tras sus proyecciones en San Sebastián antes de su estreno comercial en diciembre. A María le da vida una soberbia Bárbara Lennie (actriz descomunal que nunca baja su nivel de exigencia ni de talento), y la película disfruta de un medido guion de Reguera (Barcelona, 1978), que tuvo que recortar su libreto para adecuarlo a sus escasas cuatro semanas de rodaje y que habla de la frustración, de la soledad, de las envidias familiares, de sentimientos muy humanos que en pantalla aparecen de forma orgánica.

Los problemas de producción se han olvidado tras el estreno en el Zinemaldia. Reguera, directora de cortos más duros como Pablo o Ausencias, y veterana ayudante de dirección, salta al largo con esta historia en la que presiona y presiona a su protagonista. “Más que eso, yo diría que son cosas que pasan en la vida. También es cierto que concretamos muchos cambios en apenas un mes, arrancando por ese padre-pilar de su existencia, una relación en la que María asume el rol de madre, que en su momento le ha servido como excusa para no lanzarse a vivir. Los miedos la tienen paralizada, y entre los temores y lo que le va viniendo construimos esa oportunidad maravillosa de filmar un cambio vital”. A la directora lo que le gusta de su María es su cerrazón. “En vez de ver que es algo bueno, que el cambio le impulsará a otros lados, lo vive desde el dolor: me dejan, me abandonan, dónde me coloco yo ahora… Y emprende su huida hacia adelante”.

A pesar de su ceguera emocional, María y las mujeres que le rodean son más listas que el universo masculino circundante. “No era mi intención dejar a los hombres tan mal. Los hermanos tienen defectos como ella. Tampoco quiero decir que los hombres son siempre los que se van [como sí ocurre en la película] y las mujeres las que se quedan al cuidado de los progenitores. Pero sí que me interesaba marcar el aislamiento de María en esa familia”. Como María, Bárbara Lennie muestra segundos de indecisión, de dudas vitales, en bastantes miradas en la pantalla. “Porque ella es muy segura en unas cosas, y a la vez absolutamente insegura en otras. Eso provoca la ternura que emana María, su humanidad. Estaba en el guion, pero también porque Bárbara es una enorme actriz que lo hace todo fácil”.

En diversos momentos María (y los demás) roza la comedia loca, sin embargo, lo rehúye. “Para mí era importante saber que estábamos contando un drama aunque priorizando el sentido del humor. Porque así es la cotidianidad”. ¿Y cuando ve Bridget Jones, no le da los siete males? “Vi solo la primera, me hizo mucha gracia. Si, es otra mujer buscando, aunque desde el histrionismo. Aquí hay elementos así… y otros que no”.

“Así es la vida, vas resolviendo cositas y sigues para adelante. Madurar es un camino de largo recorrido”

Reguera ha rodado en Galicia porque su familia viene de allí. “He pasado muchos veranos y navidades en esa Comunidad. El guion lo comencé en Galicia, y en seguida se impregnó del paisaje atlántico, con una playa de gran oleaje… Además, esas grandes reuniones familiares las relaciono, por mi experiencia familiar, más con Galicia que con Cataluña”. El reparto (además de Lennie, José Ángel Egido, Pablo Derqui -habitual del cine de Reguera-, Julián Villagrán, Vito Sanz, Miguel de Lira o María Vázquez) se sumó rápido al proyecto. “Sin embargo, encontrar su financiación ha supuesto años de esfuerzo. Y con lo exiguo del presupuesto tuvimos que recortar guion. Por suerte, tras tanto tiempo con ella, la historia estaba muy integrada, conocía su esencia. Y tuvimos ensayos, lo que me llevó al rodaje más tranquila”.

En sus cortos, Reguera defendía finales abiertos. Aquí… “Bueno, así es la vida, vas resolviendo cositas y sigues para adelante. Madurar es un camino de largo recorrido. María puede que solucione algunas dudas, pero poco más”.

La XXXI Gala de los Premios Goya y su reivindicación de la cultura

5 febrero, 2017

Anoche pudimos vivir la XXXI Gala de los Premios Goya, una edición que ha sido calificada de poco reivindicativa después de unas galas que han ido en contra de la Guerra de Irak en 2003 y de la subida del IVA cultural del 8 % al 21 % en 2012.  No se me ocurre mejor lugar reivindicativo que una de las galas por excelencia de la cultura española, y más con las muestras de solidaridad mostrada ayer entre los componentes de la Academia.

Vivir en la sociedad del espectáculo, de la instantaneidad y de la imagen nos hace ver una realidad muy diferente a lo que en verdad es. Solamente con algunos datos es fácil desmontar los bulos con los que se criminaliza la cultura del cine. Uno de ellos es que el gobierno español presupuestó en 2016 la cifra de 77 millones de € para este sector y recibió 108 solamente con el IVA recaudado. Otro es el mantra de que los actores viven muy bien. La realidad es que sufren unas condiciones laborales muy precarias con una cifra tan alta del 92 % de componentes del gremio que no puede vivir del cine. Parece que a muchos les cuesta entender que todos estos trabajadores no tienen chalets en La Moraleja ni son Penélope Cruz o Pedro Almodóvar. Por hacer un símil, cada año son noticia en los partidos de fútbol de copa del rey los equipos que cuentan en sus filas con trabajadores que compaginan su dedicación al fútbol con otro trabajo y los cuales se enfrentan a jugadores que pertenecen a equipos millonarios.

Fuera ya de estas aclaraciones, vayamos a la gala, la cual fue conducida por Dani Rovira por tercera vez de una manera notable con su introducción espartana, su beso con su “suegro” de Ocho apellidos vascos, Karra Errejalde, y su reivindicación femenina ante el menor número de mujeres nominadas en la Gala y su menor número en los puestos de dirección de las distintas producciones, como momentos más destacados. Por supuesto no se ha librado de las críticas, el deporte nacional por excelencia.

La película con más nominaciones, Un monstruo viene a verme, fue la mayor triunfadora. El trabajo de un “J” Bayona emocionado durante toda la noche y de su equipo cumplió con su papel de favorito en las distintas categorías. La otra gran triunfadora de la noche fue Tarde para la ira, dirigida por el joven director Raúl Arévalo, cuyo Goya a mejor película fue totalmente merecido, aunque seguramente haya mucha gente a la que sorprendió este Goya cuando la de Bayona había arrasado en todas las nominaciones.

Por lo que respecta a las diferentes secciones me gustaría hablar de algunas. Voy a empezar por la categoría de mejor película documental en la que resultó ganadora Frágil equilibrio de Guillermo García López. Esta categoría cinematográfica logra sensibilizarnos de manera especial. Junto a él estaba también nominado 2016. Nacido en Siria, la cual es de muy alta recomendación para comprobar el drama de los refugiados que nos acecha en Europa (aquí os dejo la entrevista a su autor en la radio libre, Carne Cruda:  https://www.ivoox.com/cc-256-nacido-siria-programa-completo-audios-mp3_rf_16531861_1.html). El cine también logra sensibilizar, lo cual hizo el director de Frágil equilibrio al recibir el premio y acordarse del expresidente uruguayo y referente mundial por su buen hacer José Múgica, de los muros que levantamos ante los inmigrantes y del drama continuado de los desahucios.

En la categoría de mejor dirección novel resultó premiada la producción de Raúl Arévalo, Tarde para la ira. Hubiese sido algo contradictorio que no lo hubiera logrado. Junto a las otras nominadas, sobre todo a título personal la dirigida por Marc Crehuet, El rey tuerto, muestran que nuestro cine y su futuro gozan de muy buena salud.

Menciono también la categoría de mejor actriz revelación cuyo premio recayó en Anna Castillo por su papel en El Olivo de Icíar Bollaín. El papel de Javier Gutiérrez y sus otros compañeros hicieron más fácil la tarea como ella mismo se encargó de señalar en su discurso. Icíar Bollaín es una de las directoras más destacadas del cine español actual. Sus trabajos destacan por su contenido en defensa de las causas justas de los que menos tienen. En este trabajo se ve la denuncia contra las multinacionales que anteponen cualquier interés frente a la pequeña propiedad de cualquier persona, en este caso simbolizada por una persona mayor y la pérdida de su olivo centenario.

Sin duda el motivo más emotivo de la noche, como seguramente ya hayáis visto, fue el fragmento de la canción dedicada a los desahuciados (No hay tanto pan) cuando Silvia Pérez subió a recoger su Goya en la categoría de mejor canción original (Ai, ai, ai, de la película musical de Edouard Cortés, Cerca de tu casa).

Mentiras, sonrisas y amapolas
Mentiras, sonrisas y amapolas
Discursos, periódicos, banqueros y trileros.
Canciones, monos y pistolas,

Bolsos, confetis, cruceros y puteros.
Te roban y te gritan
Y lo que no tienes también te lo quitan.

No hay tanto pan, pan, pan
No hay tanto pan, pan, pan

Es indecente y es indecente,
Gente sin casa y casas sin gente.”

Esperando que como este año las cifras económicas sean mejores en este sector cultural, nos vemos en la XXXII Gala y como dice la canción de Luis Eduardo Aute, “Cine, cine, cine, más cine por favor.”

Buenas intenciones, tibio resultado

29 enero, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

En la pantalla y en la vida real la mirada de Icíar Bollaín posee misterio, curiosidad, inteligencia y también puede ser burlona.

CARLOS BOYERO5 MAY 2016 – 23:16 CEST

Fotograma de ‘El Olivo’.

En la pantalla y en la vida real la mirada de Icíar Bollaín posee misterio, curiosidad, inteligencia y también puede ser burlona. Al igual que nos ocurrió con la niña Ana Torrent en El espíritu de la colmena, casi todos los espectadores nos quedamos colgados con la adolescente Icíar Bollaín en El Sur, interpretando a esa cría que amorosamente era cómplice de su atormentado padre, pero que no puede evitar que este sea trágicamente derrotado por sus fantasmas, sus recuerdos, la sensación de lo que pudo haber sido y no fue.

Y estaba claro que además de interpretar los personajes creados por otros, esta persona inquieta acabaría contando en imágenes, detrás de la cámara, las historias que le interesaran. ¿Y qué le preocupa a Icíar Bollaín? Pues el mundo que le rodea y particularmente las injusticias, los abusos, los entuertos, utilizando la realidad nacional o lo que ocurre en países lejanos. Digamos que su máxima preocupación son los seres humanos en situación de acorralamiento, explotados, sufrientes. Bueno, es una opción humanista e inconformista. Lo que sería deseable es que los resultados fueran artísticos, estéticos, veraces, apasionantes.

EL OLIVO

Dirección: Icíar Bollaín.

Intérpretes: Anna Castillo, Javier Gutiérrez, Manuel Cucala.

Género: drama. España, 2016.

Duración: 98 minutos.

La actitud del cine de Ken Loach imagino que siempre ha sido un modelo para Icíar Bollaín. Por mi parte, es un director que a veces me interesa mucho, sobre todo cuando centra sus lacerantes y subversivas historias en universos que conoce y los hace verosímiles, y en otras ocasiones me resulta tan previsible como aburrido. No solo de buenas intenciones vive el cine.

Y con el cine de Bollaín me ocurre algo parecido, cine que cada vez se emparenta más con el de Loach, al estar firmados los guiones de las tres últimas películas de ficción de esta directora por Paul Laverty, colaborador habitual de Loach en el proceso de escritura desde hace veinte años.

Siempre acudo con expectativas e ilusión a las películas de esta mujer. No compartí el generalizado entusiasmo ante su ópera prima, Hola, ¿estás sola? ( solo me perturbó aquella actriz tan extraña y sensual llamada Silke, de la cual, por cierto, hace demasiado tiempo de la que no sabemos nada, parece haber desaparecido del mapa del cine), pero me conmovió la historia de aquellas inmigrantes sudamericanas intentando sobrevivir en un pueblo de la España profunda que desarrollaba Flores de otro mundo. Había algo estremecedor en la tortuosa relación entre un maltratador al que se le va la mano, los celos, la psicopatía, el sadismo con su inocente y acojonada esposa, a la que después chantajea sentimentalmente con inútiles declaraciones de amor en Te doy mis ojos, y también estaba bien descrita la guerra del agua en Bolivia y en medio del rodaje de una película presuntamente concienciada También la lluvia. De la fracasada Mataharis me gustaba el problema de conciliar la profesión de detective con la de ama de casa.

La inmigración, el maltrato, el feminismo, la explotación de los débiles en cualquier parte, la vocación de hacer cine social forma una temática que merece ser desarrollada, pero también corre el peligro de que amenace el panfleto, o de quedarse en la exposición bienintencionada de los males del mundo. Para mi gusto, los eludía. Con talento. Algo fundamental. No basta con la honestidad.

No había huellas de ese talento en Katmandú. Un espejo en el cielo. Hablaba de lo jodido que puede ser nacer niña en Nepal. De acuerdo. He pasado por allí y por otros lugares azotados por la miseria y con tradiciones tan machistas como feroces. Pero al describirlo, Bollaín no lograba transmitirme nada perdurable. Sí irritación en algún momento con pretensiones líricas.

Y lamentablemente vuelve a ocurrirme lo mismo con El olivo. Narra la lucha de una cría muy gritona, llena de incertidumbres pero con sentido moral como para lograr que el olivo milenario que ha vendido su agobiada familia para que decore el vestíbulo de una multinacional retorne a su sitio natural, a sus raíces. El simbolismo es tan evidente como cansino. Y vale. Todo lo que de verdad importa está en venta. Pero quedan rebeldes. Pues vale.

“Sería preocupante que a estas alturas no se pudiese representar a Franco”

21 diciembre, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

Hablamos con el cineasta de las últimas polémicas que han rodeado el estreno de La reina de España y de la necesaria educación en memoria histórica

“Mis personajes son unos cagaos como casi todas las personas. El ser humano es un antihéroe”

“El guionista es la base de esta industria. Toda la debilidad actual de las películas españolas viene de eso”

Fernando Trueba con Penélope Cruz en el rodaje de 'La reina de España'
Fernando Trueba con Penélope Cruz en el rodaje de ‘La reina de España’

MÁS INFO

Hablamos con Fernando Trueba en el lluvioso rodaje de La reina de España seis meses atrás. Allí nos confesó que nunca le habían atraído las segundas partes, aunque se lo ofrecieron con Ópera Prima y Belle Époque. Pero de repente ahí está, engrosando la larga lista de reencuentros casi dos décadas después del estreno de La niña de tus ojos. Más talluditos y con una baja importante, la del guionista Rafael Azcona, pero tan nostálgicos que no descartan embarcarse en una tercera “si estamos todos cerca y con ganas, aunque tengamos 95 años”.

Lo que no imaginaba el director era que el lanzamiento de su nueva producción levantaría ampollas del pasado y alimentaría tantos titulares. Aunque siempre ha presumido de ensalzar los valores artísticos en su cine y dejar de lado el mensaje político, cierta parte del público no está dispuesta a disociarlo.

La reina de España ha sufrido la embestida de quienes no toleraron que confesase no sentirse español “ni cinco minutos” de su vida. Aunque la llamada al boicot de un puñado de detractores animase aún más a la gente a ir a las salas este viernes, eso demuestra –dice– que este país “no tolera la diferencia de opiniones”. Y eso le entristece enormemente.

Tanto La reina de España como la anterior se sitúan entre los bastidores del cine: primero del Tercer Reich y luego el Hollywood rodado en suelo franquista. ¿Dónde le gustaría ambientar una tercera?

Nunca lo planeo a largo plazo. Creo que sería muy agradable si en el futuro estamos todos cerca y con ganas, aunque tengamos 95 años. De momento lo máximo que hemos hecho ha sido jugar con la idea y yo les decía que me gustaría ambientarla en Mayo del 68. ¿En París? No, en Madrid, en la época de los spaguetti western.

¿Le atrae mucho el Lejano Oeste?

¡Qué va! Creo que fue una época horrible para el cine y en la que se hicieron un montón de cosas feas. Pero había una cosa graciosa. Aunque casi todas las películas se rodaron en Almería, las que no tenían dinero ni para irse al sur se rodaban en Torrelodones. Ahí hay un pueblo con decorados western donde aún queda algo.

Storyboard de 'La reina de España'
Storyboard de ‘La reina de España’

Esta película es una comedia pero con un trasfondo contundente. ¿Tienen los personajes más compromiso político que en La niña de tus ojos?

Es imposible evitarlo, está ahí y más cuando hablas de conflictos de época. Siempre es bueno que la comedia tenga ese trasfondo político que le aleje de la frivolidad. Pero mis personajes no son nada heroicos en ninguna de las dos películas, son muy precavidos e incluso diría que son unos cagaos. Como la mayor parte de la gente, vaya. Los seres humanos somos antihéroes, en todo caso somos más valientes en un momento concreto de ofuscación.

¿Diría que es valiente atreverse a hacer una representación cómica de Franco? 

Debería preocuparnos que, a estas alturas ya del curso, no se pueda representar el franquismo o a Franco. De todas formas no he pretendido hacer una caricatura en ningún momento. Le dejé muy claro a Carlos Areces que debía tratar al personaje con cierto realismo, hacer una encarnación. No quería que saliese como una parodia política de Polònia. El resultado es muy fino y, aunque es una escena con puntos duros, la gente se meaba de risa en la butaca.

Justo ahora que Telecinco ha estrenado su drama romántico sobre Serrano Suñer, ¿hace falta hablar claro de los franquistas desde las artes?

No entiendo a los que critican que haya tantas películas sobre la Guerra Civil. Es nuestro pasado, ¿cómo no vamos a hablar de ello? Lo que hace falta es más cultura e información. La ignorancia es un problema muy grave y muy extendido, y necesitamos combatirla con mejor educación. No puedo creer que la gente vea esa serie de Telecinco sin caer en que Serrano Suñer era un nazi (de las pocas veces que podemos utilizar esa palabra con su significado real).

No quiero ser grandilocuente, pero están en juego la civilización occidental y las conquistas del progreso de las últimas décadas. Estamos viviendo un retroceso al embrutecimiento, a una especie de hooliganismo moral.

En la película es la estrella emigrada a Hollywood, Macarena, la que habla sin pelos en la lengua de la represión franquista. ¿Por qué ahora se castiga más a los actores que se posicionan políticamente y trabajan fuera de España? (como la misma Cruz o Bardem)

Recuerdo que hace años estaba en una manifestación contra Fidel Castro por una serie de encarcelamientos en Cuba. De repente vi a un grupo con una pancarta contra la familia Bardem. Me acerqué y les dije: ¿tú has visto la película Antes de que anochezca? Ahí Javier Bardem interpreta al disidente cubano Reinaldo Arenas. ¿Has hecho algo por la libertad en Cuba mejor que eso?, dije. Les increpé, aunque no los conocía, pero me no me pude contener (ríe).

A usted también le ha salido caro expresar su ideología, ¿cómo sienta que pidan boicotear su arte por sus creencias?

Qué pretenden, ¿asustarme? Que se vayan a la mierda. Me ha salido caro, pero uno tiene que seguir haciéndolo y más en el sector en el que estamos. Sienta fatal, me entristece enormemente. He trabajado y rodado en este país, y creo que me he ganado el derecho a ser yo mismo y a poder hablar con tranquilidad. No me meto con nadie, solo intento hacer películas bonitas para que la gente se lo pase bien. Por eso no entiendo qué les he hecho para merecerme esto.

En otros países como EEUU o Francia, muchos artistas tienen posiciones políticas conocidas. ¿Por qué cree que aquí se condena más?

Aquí hay gente que tiene afición al odio. En cualquier sitio los actores o los directores hablan de su ideología o de las políticas actuales, y no pasa nada. Se acepta que cada uno tenga sus ideas. Pero aquí no hay tolerancia, en eso sí que vamos por detrás.

Penélope Cruz en 'La niña de tus ojos'
Penélope Cruz en ‘La niña de tus ojos’

La otra polémica de la película es la demanda que le han interpuesto los dos coguionistas de La niña de tus ojos por volver a usar los personajes.

Eso se resume muy fácilmente. Estos señores escribieron un guión y la productora que se lo había comprado me lo ofreció. Lo leí y no me gustó. Así que empecé a escribirlo de nuevo con Rafael Azcona y tardamos años hasta que David [Trueba] nos ayudó a hacer las últimas versiones. Jamás llegamos a usar aquel guión ni a trabajar con ellos, aunque haya veces que la prensa diga lo contrario.

¿Tampoco usaron los personajes?

El guión trataba de un hecho histórico, que es una troupe que va a rodar a Alemania, inspirado en Imperio Argentina, Florián Rey y Carmela de Triana. Nosotros también nos basamos en los españoles que se iban a hacer películas a Berlín. Pero nuestros personajes no tenían nada que ver con ellos. Su protagonista era una actriz famosa, desagradable y trepa. Nuestra Macarena es una actriz desconocida, joven, generosa. En definitiva, un personaje positivo.

Pero no solo lo digo yo. Los mismos productores que me ofrecieron el guión también coinciden. Hemos solicitado incluso un peritaje independiente, que ha comparado los dos guiones con análisis lexicológicos, y han llegado a la misma conclusión.

Hablando de Rafael Azcona, la gran falta de esta película, ¿le han echado mucho de menos?

Lo hago todos los días, no solo escribiendo el guión. Una de las mejores cosas que me ha pasado fue conocerle. Fue mi maestro sin pretenderlo y la persona que más me ha influido en la vida.

Imagen cedida por Zenit Comunicación
Fernando Trueba y Javier Cámara

En una época en la que los guionistas denuncian su falta de visibilidad, ¿hace falta recordar figuras como Azcona para reivindicar su importancia?

Las cuatro mejores películas del cine español son Plácido, El verdugo, El cochecito y El pisito. Por ese orden: dos de Berlanga, dos de Ferreri. Y las cuatro las escribió él. Es una figura clave no solo del cine, sino de la literatura española de la posguerra. Pero el reconocimiento público lo tienen que tener los guionistas por su trabajo. El respeto y la admiración se ganan haciendo un producto de calidad.

Por ejemplo, Azcona no daba entrevistas ni iba a festivales porque decía que las películas pertenecen al director. Pero eso no lo hacía menos imprescindible. El guionista es la base de esta industria. Toda la debilidad actual de las películas españolas viene de eso.

¿No tiene que ver también con que no haya (otra vez) un Ministerio de Cultura?

Este país siente un desprecio total por la cultura. Y la mayor evidencia es este Ministerio triple: Educación, Cultura y Deporte en el mismo saco. ¡Con lo necesaria que es la educación! Es el mal del mundo ahora mismo. Si en Estados Unidos hubiera una educación como hace falta, no habría ganado Trump las elecciones. Por eso precisamente tienen tanto interés por que el sistema educativo sea una mierda.

Siempre dice que no le gusta hablar de política en promoción, ¿no es necesario que las voces públicas se manifiesten sobre las injusticias?

Yo lo entiendo. Pero precisamente por eso me he visto envuelto en unas situaciones muy incómodas. Es supertriste sentirse atacado de forma gratuita. Claro que pienso que hay que estar informado, porque si no te la meten hasta el fondo. También defendiendo a la gente, la sanidad o la educación en atriles y en la calle. Pero estoy agotado de nuestra política y muy decepcionado.

Hay veces que sigo más la política internacional que la española. Prefiero no estar chapoteando en el barro cotidiano. Cada día salen tantas tramas diferentes o sinvergonzonerías diferentes, que hasta eso se ha dejado de castigar en las urnas. Tengo la sensación de que me ensucio solo de escucharlo. Prefiero estar leyendo a Didi-Huberman o a Diderot que ver un telediario.

Pieles rojas

9 noviembre, 2016

Fuente: http://www.rafaelnarbona.es

Nací en 1963. He intentado muchas veces rescatar mi primer recuerdo, pero nunca lo he conseguido. Creo que todos los hombres experimentan la misma frustración. De nuestros primeros años de vida, sólo perviven imágenes difusas, aisladas, con una cronología imprecisa y una objetividad relativa. Si intentamos ordenar nuestros recuerdos, nunca lograremos desprendernos de la sospecha de haber perpetrado una falsificación. No podría decir cuándo vi mi primera película de indios y vaqueros, una verdadera mitología que educó tempranamente mi sensibilidad y enriqueció mi rudimentaria moralidad, fuertemente condicionada por los valores de la escuela católica y franquista. Sí recuerdo que, hasta mis ocho años, mi padre me compraba indios de plástico en una caseta del Paseo del Pintor Rosales. Una señora mayor –o quizá no tanto– vendía chucherías, pistolas de juguete, coches en miniatura, caretas, canicas y figuras de plástico divididas en tres categorías: soldados del mundo, caballeros medievales y personajes del Lejano Oeste, casi siempre yanquis, vaqueros o indios. Yo mostraba predilección por los soldados y oficiales confederados: no por lo que representaban –incomprensible a mi edad–, sino por su rareza. Los uniformes grises y la bandera del Sur eran tan insólitos y codiciados como los sellos de países exóticos. No he olvidado a la señora del quiosco: pelo negro con algunas canas, manos con manchas de color café, ojos castaños, piel morena. Casi siempre llevaba un pañuelo en la cabeza, un delantal y unas enormes faldas de colores que le cubrían hasta los pies, increíblemente diminutos. Su mirada llamaba poderosamente mi atención. Sus ojos parecían despintados, borrosos, casi a punto de borrarse o desvanecerse. Presumo que tenía cataratas, pero mi conciencia infantil apenas comprendía lo que significaba la vejez. ¿Estoy fantaseando o recreo fielmente mis recuerdos? Es imposible saberlo. Si fabulo o distorsiono, no incurro en una mentira, sino en esa creatividad inherente a nuestra memoria, que suprime, añade o combina, convirtiendo los recuerdos en una pequeña obra de arte.

En mis juegos infantiles, los indios desempeñaban inevitablemente el papel de salvajes que hostigaban a los colonos y luchaban contra el Séptimo de Caballería, cortando la cabellera de sus enemigos. Me seducían sus plumas y sus arcos, su habilidad para montar a caballo sobre una tosca manta, sus tipis con dibujos geométricos y sus tótems policromados, sus pinturas de guerra y sus hechiceros con gorros de piel de búfalo, adornados con unos amenazantes cuernos. Con los años, descubrí que los indios no eran los malos, sino las víctimas de la colonización europea. En mi adolescencia, Caballo Loco se reveló como un personaje infinitamente más atractivo que Custer, un militar ambicioso, histriónico y sin escrúpulos. Decepcionado, admití que el Séptimo de Caballería no era una trompeta lejana que anunciaba una milagrosa salvación, sino el regimiento que el 27 de noviembre de 1868 cargó sin previo aviso contra un poblado de sioux y cheyennes levantado a orillas del río Washita, asesinando indiscriminadamente a mujeres, ancianos y niños. Custer no se contentó con eso, sino que –además– mató a doscientos caballos, asegurando la aniquilación de un poblado nómada, cuya montura representaba la vida. Se calcula que murieron quinientos nativos, la mayoría civiles. El regimiento únicamente sufrió veinte bajas. Hasta los años setenta, sólo unos pocos historiadores se atrevían a nombrar la matanza del río Washita. No parecía apropiado mencionarla después de Little Big Horn, que había convertido al Séptimo de Caballería en un mito. Se ocultaba que, en su última batalla, Custer había actuado como un militar incompetente, lanzando un ataque contra unas fuerzas muy superiores. Caballo Loco exterminó a sus hombres, impidiendo que se repitiera una masacre como la del río Washita. El cine homenajeó el falso heroísmo de Custer en Murieron con las botas puestas (1941), una excelente película de Raoul Walsh, con un inolvidable –e inverosímil– Errol Flynn combatiendo con la alegre despreocupación de un adolescente en un lance deportivo. Arthur Penn restituyó la verdad histórica en Pequeño gran hombre (1970), un film con aires de tesis doctoral y unas gotas de comedia, concebidas para amenizar su vocación didáctica. Saber que una ficción puede ser infinitamente más seductora que la verdad nos obliga a reconocer la autonomía del arte, cuya grandeza no reside en su calidad moral, sino en su perfección formal.

El Séptimo de Caballería añadió una nueva página negra a su historia el 29 de abril de 1890, cuando asesinó en Wounded Knee a noventa guerreros y doscientas mujeres y niños. Se trataba de un grupo de indios lakota que vagaba sin rumbo, buscando algo de caza o la ribera de un río donde poder establecerse. La matanza se desató cuando Black Coyote, un viejo sordo y testarudo, forcejeó con los soldados para conservar su rifle, alegando que le había costado muy caro. El arma se disparó y los soldados abrieron fuego sin miramientos de ninguna clase, matando en la confusión a una docena de compañeros. Los soldados que acreditaron más bajas enemigas recibieron la Medalla de Honor. Se evitó hablar de las bajas causadas por el fuego amigo. Wounded Knee volvió a ser noticia en 1973, cuando doscientos miembros del Movimiento Amerindio se apoderaron de la localidad y proclamaron su independencia. Esta vez no hubo muertos, pues los activistas accedieron a negociar y se retiraron pacíficamente.

Las películas que han intentado desagraviar a los pueblos nativos norteamericanos no se han caracterizado por su inspiración. Robert Aldrich puso su mejor intención en Apache (1954), protagonizada por Burt Lancaster, pero Lancaster, con sus ojos azules, no era creíble como apache y la trama resultaba tediosa y poco original. En cambio, La venganza de Ulzana (1972) demostró el talento de Robert Aldrich para enfrentarse a verdades incómodas. Se trata de una película durísima que ofrece una visión demoledora de la condición humana. Un pelotón de apaches escapa de una reserva de Arizona y arrasa los ranchos de la zona, torturando sin piedad a sus víctimas. Burt Lancaster acompaña al ejército como explorador. Conoce las costumbres y las tácticas de guerra de los apaches. El joven oficial al mando se sobrecoge al descubrir el cadáver de un colono atado a un árbol y con señales de haber sido quemado vivo. «¿No odia a los apaches?», pregunta lleno de rabia. El viejo explorador contesta con calma: «En absoluto. Sería como odiar al desierto porque no tiene agua». Se acusó a Aldrich de adoptar un planteamiento racista, pero ocultar la ferocidad de los apaches es tan ridículo como negar las matanzas del ejército norteamericano. De hecho, las películas que procuraron dignificar a los pueblos nativos con planteamientos esquemáticos han caído en un justificado olvido. Soldado Azul (Ralph Nelson, 1970) recrea la masacre de Sand Creek con crudeza, pero sólo produce un espanto helado, complaciéndose en los aspectos más truculentos. Un hombre llamado caballo (Eliot Silverstein, 1970) se adentra en los ritos y costumbres de los sioux, pero con un discurso antropológico que recuerda al tramposo misticismo de Carlos Castañeda. Bailando con lobos (Kevin Costner, 1990) no carece de encanto, pero su visión ecológica de los indios maquilla el verdadero carácter de unos pueblos nómadas con un estilo de vida basado en la caza y la guerra. Los nativos norteamericanos no eran ecologistas que apostaban por el desarrollo sostenible, sino hombres y mujeres endurecidos por un entorno hostil, que les obligaba en muchas ocasiones a actuar con violencia. Lo cierto es que aún no se ha filmado una película que haga justicia a los mal llamados indios. Su cultura sigue constituyendo un misterio para el hombre blanco, que sólo es capaz de oscilar entre el prejuicio y el mito.

Conservo algunos de los indios de plástico que me regaló mi padre. Están desgastados y despintados, como los ojos de la señora del quiosco del Paseo del Pintor Rosales. A veces me he preguntado si se trataba de una india, quizás una mujer apache que había cruzado el Atlántico por azar y que hablaba castellano porque había crecido cerca de México. Es altamente improbable. La realidad no suele regalarnos prodigios semejantes. El quiosco desapareció, presuntamente la señora murió, los niños ya no juegan con indios de plástico, pero los pieles rojas continúan agitándose en el inconsciente colectivo. Como Caballo Loco, simbolizan la resistencia al mundo moderno, con sus pequeños horizontes y sus prosaicas rutinas. Tal vez me equivoque, pero creo que todos los que hemos superado los cincuenta años, alguna vez hemos soñado –y no sólo en la niñez– con ser pieles rojas, con su legendario estoicismo, su coraje sin límites, sus visiones oníricas y su indomable sentido de la libertad.

RAFAEL NARBONA

Publicado en Revista de Libros (27-05-2016). Si quieres leer el enlace original, pincha aquí.

Ellas también hablan: los diez mejores discursos jamás oídos en una película

5 noviembre, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

La semana pasada, la revista Jot Down elaboró una lista con los mejores discursos de la historia del cine: todos estaban pronunciados por hombres.

La culpa no es suya: un estudio reciente sobre 2.000 películas de Hollywood demuestra que en el 75% de los filmes, el peso del guión recae sobre ellos.

Uma Thurman en Kill Bill vol.2

Uma Thurman en Kill Bill vol.2

La web Polygraph realizó en abril  un estudio para demostrar (o desmontar) una tesis recurrente: que Hollywood está dominado por el hombre blanco. Agruparon 2.000 guiones de películas, clasificados por décadas y géneros, y contaron cuántas palabras pronunciaban ellas y cuántas ellos. Con esa metodología pretendían llegar mucho más allá de lo que llega el  test de Bechdel, un sistema que es únicamente referencial. Comenzaron por los clásicos Disney, acabaron por El renacido. El resultado fue, al mismo tiempo, decepcionante y atronador.

En 1.513 de las películas, el peso del guión lo llevan entre el 60% y el 100% los hombres. Lograron encontrar paridad en los diálogos en 314 títulos, y sólo en 9 de las 2.000, el peso de la trama recaía en ellas al 90%.

Había otros datos muy reveladores, como los extraídos del despliegue por edades: el 70% de los diálogos femeninos son entre mujeres de entre 21 y 42 años. En los personajes protagonizados por hombres, ese mismo porcentaje sube a un rango de entre 32 y 65 años. Y muchas curiosidades: en Mulán, una película cuya tesis es que una mujer tiene derecho y capacidad para hacer el mismo trabajo que un hombre, las chicas no ganan en frases de diálogo. Cabe señalar que el estudio no tuvo en cuenta a los distintos grupos étnicos.

Por esto, no es raro que cuando Jot Down presentó una lista de los que considera los 16 mejores discursos cinematográficos de la historia para que sus lectores elijan entre ellos su favorito, todos los haya pronunciado un hombre. Tampoco nos debemos extrañar si ni siquiera nos damos cuenta, o si lo pasamos por alto. Que lo normal, lo neutral y lo universal es el hombre lo sabemos desde que en 1949 Simone de Beauvoir publicó El segundo sexo.

El resultado es lógico y sintomático: si ellos protagonizan más escenas y hablan más, también dan más y mejores monólogos. Hay que tener en cuenta otros datos: actualmente sólo el 19% de las películas de Hollywood las dirigen mujeres. Y entre las películas más valoradas en IMDB apenas hay largometrajes con protagonistas femeninas absolutas ( Amèlie y Eva al desnudo).  En el debate generado, alguien alegaba que no es culpa de los hombres que las mujeres no estén a la altura en pantalla. Pero sí es culpa de algunos hombres; los que han reinado en el séptimo arte durante décadas.  

A pesar de todo, sí existen discursos femeninos memorables. Con ayuda de los lectores y usuarios de Twitter, hemos elaborado una contralista de diez momentos que toda actriz (y actor) soñaría con interpretar. Y que queda abierta en los comentarios para sugerencias.

Por cierto: como hemos tratado de seleccionar escenas que el imaginario colectivo considera realmente emblemáticas, casi todas pertenecen a películas dirigidas por hombres. Y todas las protagonistas son blancas. Pero esas son otras historias de las que hemos hablado y hablaremos en otra ocasión.

Vivien Leight en Lo que el viento se llevó

Antonia San Juan en Todo sobre mi madre

Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses

Hillary Swank en Million Dollar Baby

Uma Thurman en Kill Bill. vol. 2

Susan Sarandon (en colaboración con Geena Davis) en Thelma & Louise

Meryl Streep en La decisión de Sophie

Julian Moore en Magnolia

Meryl Streep (otra vez) en Sufragistas

Candela Peña en Princesas

10 +1: Emilia Clarke en  Juego de Tronos

Sabemos que hablamos de cine y que es trampa. Pero si se habla de discursos, pensamos en ella.

Gernika

10 octubre, 2016

Fuente: http://www.burgosdijital.net

gernika

Por Eduardo Nabal y Juan Argelina

Koldo Serra nos obsequia con una versión simplemente discreta, convencional y algo apagada de los días  previos bombardeo de Gernika, al convertir una tragedia universal en una historia poco original  de romance y guerra, protagonizada por un periodista neoyorkino y una joven bilbaína perteneciente al bando republicano. Cuando el espectador español dice “hay demasiadas películas sobre la guerra civil”, se delata, o al menos delata un subconsciente colectivo adocenado, en el que el franquismo, por medio de sus hoy poderosos descendientes, sigue campando a sus anchas, controlando aún las más altas instituciones del Estado.

La memoria incomoda a quien incomoda,  como a quienes han votado a un ministro que se siente triunfador de una guerra civil, o a una elementa que defiende a Millán Astray, el de “muera la inteligencia. Viva la muerte”, o a muchos otros, que hoy parecen ser favoritos políticos para un amplio sector del pueblo español. Nadie diría “hay demasiadas películas del oeste”, como si todas tuvieran la misma calidad fílmica o nivel cinematográfico, y fueran una repetición continuada. Otra cosa es: hay demasiadas películas malas sobre la guerra civil, pero muy pocas si las comparamos con la Segunda Guerra Mundial o cualquier otra guerra del siglo pasado con millones de muertos en sus listas, por no hablar de los desparecidos y casi nunca buscados.

Este “Gernika”, del realizador vasco Koldo Serra (“El bosque de las sombras”) no pasa de ser un melodrama dinámico y tremendamente efectivo en algunas secuencias, aunque los actores y actrices no sean de gran altura ni brillen en sus personajes más allá del drama de amor, suspense, amistad y guerra, bien rodado pero sin grandes logros ni algún tipo de innovación. Muy por debajo de “Pan negro”, “La buena nueva” o “Silencio roto” (por citar tres de las grandes películas sobre la Guerra Civil),  el film de Serra cuenta uno de los episodios más terroríficos de la historia del siglo pasado, y aunque apenas se sale de la “historia oficial” con su comedimiento esperable, consigue algunas imágenes potentes (sobre todo en el dantesco final con el pueblo arrasado y sembrado de cadáveres)   y mantener la atención del público,  a pesar de sus ribetes cada vez más folletinescos.

Pero para muchos sólo es otra película “sobre la guerra civil” sin matiz alguno. El tiempo se ha parado en un tema sobre el que sabemos muy poco aunque creemos saber mucho. Recuerdo un joven pero ya de mentalidad gris, uno de esos casposos columnistas del Diario de Burgos que, después de ver “Brokeback mountain” titulaba su mediocre y tendenciosa columna “Sobresaturación de homosexualidad”, cuando en Burgos podríamos poner “saturación de extraterrestres, curas y policías” o “sobresaturación de comedias heteropetardas” o “sobresaturación de autobombo municipal”  pero, de momento,  no otra cosa. El caso es que el pueblo español, corto de memoria y, en ocasiones,  de miras en asuntos de política, rodeado de fosas comunes, prefiere decir que ya “ha visto suficientes películas de la guerra civil” por si acaso en aquellos seres del pasado reconoce los rasgos de algunos de los del presente, lleven sotana, uniforme o escriban en pizarras, incluso dirijan gobiernos. Gernika ahora, además de un Picasso muy famoso que trató de plasmar el horror de un pueblo bajo las bombas, es ahora una peli más sobre “la guerra civil”; la historia y sus heridas deben dejarse atrás para que la extraña “conciliación”  de este país donde abundan aún los  hipócritas y farsantes siga su camino hacia la autodestrucción y el olvido.

Gracias a este misterioso pacto y transacción nos gobiernan los de siempre, y la gente, sin pensarlo dos veces, dice “hay demasiadas películas de la guerra civil”, como si le quedara tan lejos como la era de los dinosaurios, sobre la que Burgos excava y excava a la par que presume sin parar, buscando huesos de seres del pasado más remoto, sin saber o, más bien, sin querer saber donde pueden estar enterrados sus antepasados mas cercanos.

El tiempo se ha parado, si, en un “impasse” trágico de repleto de manipulaciones y desvíos de atención, que ahora evidencia las contradicciones de la mal llamada “reconciliación” nacional de la Transición. Como decía Paul Preston “la pervivencia de la cultura franquista es un hecho en grandes sectores de la población española”, sobre todo en el sector económico de la gran patronal. Quedó demostrado en la capciosa pregunta que el profesor Antón Costas, presidente del Círculo de Economía, el mayor foro del mundo empresarial de Cataluña, hizo a Pablo Iglesias, cuando éste presentó el programa económico de Podemos en las jornadas que se celebraron en Sitges hace unos meses: “Sr. Pablo Iglesias, ¿usted, personalmente, cree en la propiedad privada, en el talento, en el mérito y en Dios?”. Seguramente casi nadie sepa que los conceptos incluidos en la pregunta eran los mismos que aparecían en la propaganda del movimiento golpista de 1936 (“para defender a Dios y al orden establecido– justificado por el mérito y talento de las élites gobernantes-, y a la propiedad privada”).

Lo único que ha cambiado es el orden de los conceptos. La incapacidad de entender y asumir los retos del hecho diferencial vasco y catalán, hace que todo lo relativo a la Guerra Civil y el debate sobre las responsabilidades criminales y las consecuencias políticas de la represión que siguió, sean cortados de raíz o manipulados en un falso discurso edulcorado llevado a cabo tanto por los medios de comunicación (series de televisión de amplia audiencia sobre ese periodo) como por un cine que revisa la Historia sin ánimo de “ofender”. El franquismo ya intentó maquillar los hechos inmediatamente después de producirse, pero la controversia aún no se ha cerrado. Ni entonces ni ahora ha podido evitarse que la tragedia de Gernika sea un obstáculo inamovible para la comprensión de la realidad vasca por parte del centralismo de Madrid. La brutal realidad económica y social de la Guerra Civil actúa aún tras el estandarte de la Cruzada.

Ficha en filmaffinity:

http://www.filmaffinity.com/es/film916048.html

Programa de Carne Cruda en el cual se habló de dicha película:

https://www.ivoox.com/cc-205-gernika-otra-pelicula-de-la-audios-mp3_rf_12902734_1.html

King Kong, un cuento ibérico

8 septiembre, 2015

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

El primer alarido del simio resonó en ‘Jardín de flores curiosas’ (1571), obra de Antonio de Torquemada

Fotograma de la película ‘Kin Kong’, de 1933.

Todos sabemos que Moby Dick es la ballena blanca creada por Melville, aunque Mocha Dick –un cachalote albino que asoló las costas de Chile y Perú hasta que fue cazado en 1835– sea menos conocido que su versión novelesca. Sin duda Melville escuchó a los balleneros del Callao hablar de aquella criatura, y gracias a Mocha Dick hemos podido disfrutar de una novela extraordinaria. Asimismo, a Lovecraft se le ocurrieron los terroríficos Nyarlathotep y Yog-Sothoth mientras curioseaba grabados de dioses precolombinos peruanos, igual que Edgar Allan Poe decidió que el horrendo pájaro que mató de un susto al Duque de l’Omelette tenía que ser peruano. Me sentí tan conmovido cuando descubrí que todos esos monstruos eran peruanos, que espero que los españoles sientan lo mismo cuando sepan que King Kong también tiene denominación de origen ibérica.

Antonio de Torquemada narró la historia de una mujer desterrada en una isla, donde fue atendida por una horda de simios.

El primer alarido de King Kong resonó a través de las páginas del Jardín de flores curiosas (1571) de Antonio de Torquemada, quien narró la historia de una mujer desterrada en una isla, donde fue atendida por una horda de simios liderados por uno gigantesco y “se fue con ellos hasta el monte, adonde el simio mayor la metió en una cueva, y allí acudían todos los otros, proveyéndola de los mantenimientos que ellos usaban y tenían”. Según Torquemada, una mañana la mujer vio un barco y decidió escapar, y así “los simios salieron todos a la ribera, siendo tan grande la multitud de ellos como de un ejército, y el mayor, con el amor y afición bestial que con la mujer tenía, se metió tras ella por el agua, tanto, que corrió muy gran peligro de ahogarse, y las voces y aullidos que daba y los chirriados bien daban a entender que sentía la burla que se le había hecho”.

Este episodio fue recogido por el jesuita Martín del Río, autor del tratado de demonología más importante del barroco –Disquisitionum Magicarum Libri Sex (1599)–, quien además de consignar que la mujer “se vio rodeada de una caterva de monos, muy abundantes en la isla, todos dando gritos, hasta que llegó otro más corpulento”, agregó que fue violada y parió dos criaturas, de manera que cuando fue rescatada “se presenta el mono reclamando a su cónyuge, con ademanes groseros y con rugidos. Y al ver las velas hinchadas al viento, de una carrera toma a uno de sus hijos, y mostrándolo a la madre amenaza con tirarlo al mar si no regresaba. Y así lo hizo, sin pensarlo dos veces. Con igual prisa vuelve a la orilla, y mostrando a la otra criatura repite su amenaza, y la ahoga. Fuera de sí, avanza y trata de seguir a nado a la nave, hasta que las olas le vencen”.

La historia era tan conocida que Lope de Vega le dedicó un relato La mujer y el simio (1597), que en su pórtico llevaba la siguiente letrilla: Cuentan de una mujer / que a un simio tuvo afición, / tratándole en ocasión / que no pudo más hacer / que de una nave perdida / a una isla despoblada / salió, en una tabla asida, / donde fue dél regalada; / y al fin le quiso, querida. Por lo tanto, a nadie en la España del siglo XVII le habría extrañado que King Kong hubiera escalado la Giralda para proteger a su chica, porque la leyenda del gorila enamorado era uno de los cuentos ibéricos más famosos. Teniendo en cuenta que Godzilla en Japón se llama Gojira –que resulta de la suma de gorira (gorila) y kujira (ballena)–, la síntesis entre lo peruano y lo español es un monstruo japonés.

elpaissemanal@elpais.es

Cultura de paz a través del cine

11 julio, 2015

Fuente: http://www.unitedexplanations.org

Sonia Herrera, 15/01/2013

El cine no sólo nos presenta a seres de carne y hueso, sino a los sueños de esos seres también convertidos en carne y hueso. En este sentido, el cine alcanza ese punto del espíritu donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo, dejan de percibirse contradictoriamente.

André Bretón

Los medios de comunicación en general, y el cine en particular como uno de los principales elementos de socialización, tienen una doble potencialidad que los convierten en una eficaz herramienta para la educación en valores y el fomento de la cultura de paz: por un lado, el cine refleja la sociedad que le rodea en cada momento histórico y, a su vez, colabora en la conformación de nuevos modelos, valores e ideologías.

En esta misma línea Manuela Castro Santiago (2006) define el cine “como un reflejo indirecto del conjunto de situaciones, aspiraciones, creencias, deseos, costumbres, modas, conflictos y hábitos que se manifiestan en cada época histórica. Pero también es un elemento “configurador” de un determinado orden moral, político y social en un contexto histórico concreto”.

Asimismo, en su obra Aprender con el cine, aprender de película. Una visión didáctica para aprender e investigar con el cine, Martínez Salanova (2002) afirma que “el cine es un instrumento de comunicación de masas porque llega a todo el mundo y de comunicación social porque nos ayuda a conocer mejor nuestro entorno” y que no basta con ver una película, sino que es necesario “analizarla con ojos críticos con el fin de sacarle todo el partido posible, para comprenderla mejor y valorar el cine como contador de historias, como transmisor de valores, y como portador de arte y de conocimientos”.

No cabe duda, pues, de que el cine es un atractivo y poderoso instrumento de aprendizaje que potencia la lectura crítica de la realidad y de los conflictos que nos rodean, ya sean de carácter bélico, laboral, personal, de convivencia intercultural, o de cualquier otra índole. De esa lectura crítica, en resulta, se desprenderá el acercamiento a las causas y consecuencias de dicho conflicto, a nuevas perspectivas sobre el mismo, y a sus posibles vías de resolución, así como el desarrollo de conductas como el respeto, la empatía o la tolerancia hacia los diferentes agentes involucrados en el mismo.

¿Pero qué es la cultura de paz?

La paz es mucho más que una toma de postura: es una auténtica revolución, un modo de vivir, un modo de habitar el planeta, un modo de ser persona. María Zambrano.

El derecho humano a la paz se sustenta en el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales. La paz va mucho más allá de la ausencia de guerras y conflictos armados y no es necesario que estos existan para trabajar contra las injusticias y el sufrimiento que estos generan, contribuyendo así a la construcción de un mundo mejor, libre de violencia y desigualdades.

Según la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona, la cultura de paz se define como el “conjunto de valores, actitudes y comportamientos que reflejan el respeto a la vida, al ser humano y su dignidad. La cultura de paz pone en primer plano los derechos humanos, el rechazo a la violencia en todas sus formas y la adhesión a los principios de libertad, justicia, solidaridad y tolerancia, así como la comprensión entre los pueblos, los colectivos y las personas”.

Apostando por un cine por la paz

El cine por la paz y los derechos humanos despierta interés y nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre los conflictos, así como “conocer ciertos aspectos de la realidad que, quizá por lejanía o por exclusión, difícilmente salen a la luz”, tal como pone de manifiesto el Movimiento por la Paz -MPDL- mediante su Ciclo de Cine por la Paz. Son muchas las organizaciones y entidades que en los últimos años se han ido sumando a esta acción contra los conflictos y contra todo forma de agresión y violencia, dando lugar a distintas redes, festivales, ciclos y muestras como el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, el Festival de Cine y Derechos Humanos de Barcelona/París/NYC, la Red de Festivales Internacionales de Cine, Paz y Derechos Humanos, la Human Rights Film Festival Network o la Red de Cine Social y Derechos Humanos de América Latina y el Caribe, entre otros.

Son muchos los títulos que se pueden recomendar y que han sido incluidos en algunos de esos festivales. Sobre los desastres y el absurdo de la guerra, se pueden citar películas como Senderos de gloria, La delgada línea roja, En tierra de nadie, Diamantes de sangre, En el valle de Elah, Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima, Fahrenheit 9/11, Apocalypse now, Las trece rosas, Tierra y libertad o Las flores de Harrison. Por otra parte Salvador, La verdad de Soraya M., Pena de muerte, La vida de David Gale, Camino a Guantánamo, Cadena perpetua, El viento que agita la cebada, La noche de los lápices, El violín, La buena nueva, Hotel Rwanda, El gran dictador, La vida es bella, La Misión, El niño con el pijama de rayas, El pianista, Sophie Scholl: Los últimos días, Grbavica, Osama, Agua, Kandahar, Te doy mis ojos, Promises, American History X, Huracán Carter o Adiós Bafana, son algunos de los filmes que abordan otros tipos de violencia como la pena de muerte, la tortura, las desapariciones forzosas, la violencia machista en cualquiera de sus manifestaciones, los genocidios o los conflictos interculturales.

Llegados a este punto cabe añadir que para colaborar en la construcción de la paz debemos saber interrogar adecuadamente a los filmes que se nos presentan de forma que podamos pasar de ser meros/as espectadores/as a ser activistas críticos/as que sean capaces de promover nuevas percepciones del mundo y de imaginar formas alternativas de resolución de conflictos para proyectar un futuro en paz.

Ésta es una explicación-opinión sin ánimo de lucro.