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Mariano Rajoy vuelve a ignorar la ley de memoria histórica en su legislatura de “consenso”

11 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Los presupuestos de 2017 consolidan el ninguneo del Gobierno del PP a la exhumación de represaliados y la atención a víctimas del franquismo: la partida presupuestaria es cero.

Su socio principal, Ciudadanos, era partidario de las exhumaciones y el cambio de calles “sin campañas exageradas”.

Al llegar a Moncloa Rajoy quitó la Oficina de Víctimas, luego bajó a la mitad el presupuesto para exhumaciones, y un año después lo eliminó.

Raquel Ejerique

04/04/2017 – 21:17h

Trabajos en una fosa común
Trabajos en una fosa común

Rajoy ha dejado clara su postura ante la ley de memoria histórica desde que llegó a la Moncloa: desactivarla reduciendo primero su presupuesto y luego eliminándolo. En las cuentas de este 2017 incide en la misma línea, de modo que su anunciada legislatura de “consenso” ante la necesidad de acuerdos parlamentarios se estrena con cambios de posición en temas como educación o violencia de género, pero no van a alcanzar a las víctimas del franquismo, tal y como se puede comprobar en la decisión de negar la dotación presupuestaria en el primer año de su nueva legislatura. Es el cuarto año consecutivo que lo hace.

Su socio principal en las cuentas para este año, Ciudadanos, tampoco tenía como prioridad a los represaliados, aunque en su programa sí hablaba de facilitar exhumaciones (sin especificar si las debía financiar el Estado) y modificar los callejeros aunque advirtiendo de que “sin campañas exageradas”. Todo ello, sin dañar la “reconciliación entre españoles”, tomando parte por la hipótesis del PP de que la reparación de las víctimas puede ser peligrosa. Según el resultado final en los presupuestos 2017, la Memoria Histórica seguirá aparcada y no se ha tratado en las negociaciones entre ambos partidos.

Tras llegar a Moncloa en 2011, Rajoy tomó varias medidas que dejaban sin efecto la ley de Zapatero de 2007 y cualquier iniciativa de reparación. Primero, en marzo de 2012, suprimió la Oficina  de Víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura, un organismo creado por el gobierno socialista que se encargaba de atender a los familiares y facilitaba información y procedimientos para las exhumaciones: se calcula que en España quedan 2.000 fosas sin abrir donde yacen sin nombre ni sepultura unos 100.000 españoles.

El Gobierno del PP la integró en una subsecretaría de Justicia que se encarga de indultos, condecoraciones y títulos nobiliarios. Su cuarto cometido es poner “medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”. De momento no las hay.

Evolución del presupuesto a Memoria Histórica

pres.mem.histó

Su segunda medida fue recortar a menos de la mitad el presupuesto para la ley de Memoria Histórica, de 6,2 millones (en 2011) a 2,5 millones (en 2012). Con ese dinero se subvencionaban básicamente exhumaciones, a través de una Comisión Interministerial que dependía del Ministerio de Presidencia y que Rajoy borró de los presupuestos.

El año siguiente, en 2013, Rajoy inició la senda del cero. Cero euros para las víctimas, una decisión que le han afeado organismos internacionales como la ONU, que criticó en un duro informe que fueran los familiares quienes costean la recuperación de los cuerpos o los forenses y voluntarios en sus ratos libres sin remuneración. Pese a la reprimenda y a que España está en la senda opuesta de países como Chile, Italia, Alemania o Argentina, el Gobierno ha mantenido su postura hasta hoy.

Es más, el presidente se ha jactado en público de haber desactivado la ley quitándole el presupuesto [vídeo abajo]. Preguntado en un acto por qué no la había derogado, aclaraba que había hecho otra cosa que significaba en términos pragmáticos lo mismo: “Bueno, la dotación presupuestaria ha sido cero. La media es cero y fue cero todos los años”. Es decir, hay una ley pero no se puede cumplir porque el Gobierno la ha vaciado presupuestariamente.

En cuestión de dinero lo ha dejado claro, pero también con otras actuaciones que no requieren un desembolso. Por ejemplo, dilatar más de un año el cumplimiento de la sentencia que obliga al Gobierno a exhumar dos cuerpos del Valle de los Caídos o boicotear la querella argentina que investiga los crímenes del franquismo.

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Por alusiones

22 abril, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 05/04/2016 a las 06:00. Actualizada 04/04/2016 a las 22:32. 

A mí me gusta Ada Colau.

Es más, sin que ella lo sepa, presumo de ser amigo suyo a pesar de que hemos coincidido cuatro veces, las he contado. Tres antes de ser alcaldesa.

El primer encuentro se produjo en una comida en la que yo pretendía que tres mujeres de Barcelona, Itziar González Virós, Marina Garcés y Ada Colau escribieran sobre lo que hacían para editar un libro de gente que “hace cosas”, con el que financiar una película que llevaría el mismo nombre que el libro: No Estamos Solos.

En realidad el responsable de la cita fue Pere Joan Ventura, que dirigiría la película y me habló de ellas como de tres referentes interesantes para lo que queríamos contar. Se trataba de retratar la historia de personas que, al margen de la realidad que relatan los medios de comunicación, estaban ayudando de diferentes maneras a crear un espacio de convivencia nuevo, más justo, más equitativo. No eran noticia, pero conformaban una extensa red en todo el Estado que Itziar estaba ubicando en un mapa que llamaba “Cartografía de la Revuelta”. Al observar el mapa y descubrir la cantidad de colectivos que se encontraban “haciendo cosas” por los demás, diferentes movimientos que eran vecinos, con un mismo fin, ignorando los unos que existían los otros, se reproducía la imagen de las películas del oeste cuando los colonos al despertar se encontraban rodeados de indios. ¿De dónde salían? Ya estaban allí, pero no nos lo habían contado.

A pesar de mi edad provecta me caí del guindo. Yo que llevaba años trabajando en la televisión y en programas relacionados con la actualidad, con la información, creía que estaba en contacto con la realidad y descubrí que vivía en “la realidad de los medios de comunicación”. El tópico de que hay más mundos en éste se confirmaba. Había cientos de colectivos paliando la dramática situación en la que se encontraban miles de ciudadanos de los que no sabía nada de nada.

Comiendo con Pere Portabella, coproductor de la película, gran cineasta, muy buen testigo y que toda su vida ha estado pendiente de la política, fue senador independiente por el PSUC en los años ochenta, me dijo algo que me dejó perplejo: “Es la primera vez en mi vida que creo que las cosas van a cambiar”. Dicho por un señor que había vivido y participado en la Transición, que fue un cambio importante, aquellas palabras me dejaron noqueado. Yo no sospechaba que hubiera un cambio en marcha que marcara una diferencia sustancial con lo que había.

Todavía no se habían celebrado las elecciones europeas en las que Podemos concurrió con todos los sondeos vaticinando que no obtendría ningún diputado, salvo los más optimistas que planteaban la posibilidad de que obtuviera uno. Sacaron cinco e IU triplicó su resultado anterior obteniendo seis diputados. El voto útil estaba dejando de ser la opción de muchos votantes para evitar males mayores en beneficio de nuevas fuerzas. Recordé las palabras de Portabella. Por cierto, recomiendo la visión o revisión de su película Informe General sobre unas cuestiones de interés para una proyección pública (1977), un desfile de personajes políticos que tuvieron una trascendencia capital en el desarrollo de la política de España, donde se verán actitudes de personajes como Felipe González que en su día causaban desconcierto y ahora, cuarenta años después, se entienden perfectamente.

Aquella comida con las tres mujeres me impresionó. Era consciente de que estaba con tres personas muy especiales, de un bagaje personal, intelectual y humano difícil de encontrar. Reconozco que salí del restaurante convertido en admirador, salvo por un pequeño detalle que no entraba en mis previsiones.

Dada mi natural desidia, mi idea era que ellas, junto a otras diez personas, hicieran el trabajo y yo me proponía de coordinador, pero no me di cuenta de que estaba ante personal solvente que supo darle al vuelta a aquel propósito mío de capitalizar el esfuerzo ajeno, y Ada planteó la posibilidad el que el libro lo escribiera yo ya que era mi proyecto. Se salió con la suya. Fue una gran idea, porque implicó la obligación de realizar entrevistas extensas con cada una de las personas que aparecían en el libro y creo que ha sido la experiencia didáctica más importante de mi vida. Al tiempo que me reconcilió con el ser humano al darme una sobredosis de contacto con la buena gente, esa que no sólo se preocupa por sus semejantes sin pretender sacar beneficio de ello, sino que también dedica su tiempo, parte de su vida, a sacar adelante sus proyectos en lugar de, como yo, limitarse a describir los problemas en la barra de un bar o frente a la pantalla del ordenador. Además, lo hacen enfrentándose a la demonización de la mayoría de los medios de comunicación, de intelectuales clasistas premiados con puestos en las instituciones, y de la autoridad competente que viendo venir el peligro se inventa normas para, a través de castigos ejemplares, quitárselos de en medio. Con la ley en la mano, nadie lo niega.

Gracias a la idea de Ada Colau tuve que entrevistar a estas mujeres y mi opinión sobre ellas mejoró. Me dejaron pasmado, se convirtieron en protagonistas del libro.

Yo continuaba escéptico, encantado con la posibilidad de un cambio real, pero no creía que la población estuviera dispuesta a apoyar alternativas encabezadas por alguien tan demonizado como Ada Colau, cuando decidió presentarse a las elecciones municipales y autonómicas. Acepté encantado participar con ella en un debate al aire libre en Barcelona, consciente de la injusticia que se estaba cometiendo con su candidatura. Contra todo pronóstico iba la primera en la mayoría de los sondeos y ninguna televisión le concedió espacio alguno, a pesar de que sus intervenciones antes de convertirse en un peligro real, en una apestada, hacían subir la audiencia, en clara muestra de la pluralidad en la que vivimos. Aun así ganó.

Ahora tiene que sufrir los improperios de esa clase dominante que embutida en su esmoquin corona nuestras instituciones y se queja de la falta de cultura de la masa, mientras utiliza exabruptos de una educación dudosa, pero delatan el desprecio de la elite clasista hacia los ciudadanos, esos a los que venden que vivimos en una democracia con igualdad de oportunidades y a los que, paradójicamente, exigen un comportamiento exquisito y respetuoso con las instituciones.

No, no nos representan.

El fundador de Ciudadanos, colaborador de El País, recientemente elegido miembro de la RAE, Félix de Azúa, se indigna por la baja clase de la alcaldesa de Barcelona. Cree que debería estar vendiendo pescado. No se ha manifestado con tanta contundencia durante estos años ante personas que han ostentado cargos parecidos, también elegidos como ella, y que se han dedicado a saquear las arcas públicas de manera sistemática a lo largo y ancho de la geografía, pero probablemente le parecería que, al menos, tenían estilo. Yo los veo todos los días y no se lo encuentro. Me da la impresión de que esa salida de tono elitista es debido a lo que ella representa, no a lo que es, les puedo asegurar que sabe lo que dice y que tiene una verdad, y se le nota, por eso la silencian. Lo que no le gusta no es que sea un cateta, sino lo que dice, y lo dice bien, a pesar de ser bilingüe. Ha tenido un arrebato antiguo, manido, con el estilo que utilizan los señoritos cuando se ríen de las chachas y de los “tontos del pueblo”. De siempre la clase dominante apela a los estudios para distinguirse. Por eso le da risa, según afirma, cada vez que habla Pablo Iglesias, precisamente a él, qué casualidad, le hace gracia la incultura de estos personajes.

A mis sesenta años es difícil recordar la cantidad de veces que he escuchado ese comentario y siempre en la misma gente, no renuevan el repertorio. Es una mirada de arriba abajo. Sí, todavía hay clases, lo sabemos y no pasa nada, estamos acostumbrados, pero no es de buena cuna manifestar la superioridad que depara la abismal diferencia social, que en la mayoría de los casos no es mérito propio, fuera de la más estricta intimidad. No es de buen gusto.

Yo siempre he tenido un profundo respeto por los que trabajan para los demás, los que bajan y meten sus pies en esa basura en la que vive la gente baja, la hez social. Ada Colau lo hizo durante años. Yo no lo hago y se lo agradezco, los admiro, tratan de evitar que la mierda les supere el umbral del cuello y los incultos desfavorecidos se ahoguen en ella. No es mucho pedir que les traten con un respeto que se han ganado, del mismo modo que a los que dan comer todos los días a Félix de Azúa, a Ada Colau, a mí y a los que leen esto.

Bueno, dice que no pretendía insultarla al mandarla a vender pescado sino ponerla en el nivel cultural que le corresponde, y que es ella la que ofende a las pescaderas si tal cosa le parece horrible. Es lo malo de poseer tamaño poderío intelectual, que a uno no le entienden. También hay verduleras en el mercado, señor Azúa, lo digo por si un día quiere echar otro piropo a alguien, esta vez cercano, tal vez una candidata de su partido. El que extraiga un sentido peyorativo de esas palabras tiene un problema, ahora sabemos que lo dice como un elogio, como una simple tasación. A mí, que no tengo ese nivel, no se me ocurriría. Bueno, se me ocurre muchas veces, pero me reprimo, ahí reside mi concepto de respeto y educación, claro que yo no pertenezco a esa clase que habla de los de “bajo nivel cultural” como si fueran cosas, como los cazadores de safaris de las películas cuando se refieren a los negros porteadores y los califican delante de sus narices.

Lo malo, como decía, de estar tan por encima en los estudios es que uno corre el riesgo de ser interpretado erróneamente, y también de acabar pensando que los demás son gilipollas.

Cuide un poquito las formas porque va a terminar siendo un maestro de aquello que tanto le repatea, me refiero a eso que afirma de que en Cataluña se enseña a odiar al enemigo. Como cuando dice que “la ideología es para los tontos”. La verdad es que podría ser un poco menos lenguaraz y un poco más discreto porque se delata, y perdone que le diga que no es usted el único tasador del planeta, todos podemos ejercer en algún momento ese oficio y lamento confirmarle que usted tiene ideología, y ya puestos, más que yo, dicho desde el respeto.

No hay por qué ponerse así, no va tan mal la cosa; su líder político, Albert Rivera, ha llegado bastante lejos, y a la primera, creo yo.

Por cierto, por simple curiosidad, en ese mundo donde sólo la élite debería gobernar llamado aristocracia, ¿en qué oficio situaría usted a Albert?

Y sí, me he sentido aludido.

Los hermanitos siameses

19 enero, 2017

Aunque no sea noticia de actualidad, me gusta la visión previsora de El Gran Wyoming con lo que pasó hace ahora casi un año.

Fuente: http://www.infolibre.es

El Gran Wyoming, 19 de abril de 2016.
Hace un poco pasaron a la firma de escritores, políticos, agentes sociales y artistas, un manifiesto titulado: “Es posible y necesario un gobierno del cambio”, donde se pide a diversas formaciones que concurrieron a las elecciones que lleguen a un acuerdo para la formación de un gobierno y así evitar que se repitan las elecciones. Considera el manifiesto, que viene firmado por muchos amigos míos, que repetir las elecciones frustraría los intereses y anhelos de la mayoría. La mayoría ya se ha frustrado cuando ha visto cómo está el patio. El que tenía la llave del cambio, Pedro Sánchez, ha optado por el modelo andaluz de Susana Díaz, a la que le resulta más cómodo gobernar con la derecha que con la izquierda. Sus razones tendrá.
Afirma el manifiesto que las opciones no son muchas, y es verdad. Tampoco las que resultaran de una hipotética repetición de las elecciones, aunque casi nadie duda que una mayoría suficiente conseguida entre PP y Ciudadanos tendría muchas posibilidades de conformar un gobierno que perpetuara las políticas neoliberales sin contar con el resto de las fuerzas políticas, tal y como actúan siempre que pueden. Dejarían al PSOE de miranda, por si no se han enterado.
Ciudadanos es una fuerza emergente que se propone del cambio aunque, en realidad, su razón de existir es evitarlo. Me refiero al cambio real, no al cosmético, como cuando hablan de un pacto con el PP, pero sin Rajoy. Hay que ver qué manía le tienen al pobre Mariano. Sólo desde la aversión personal se entiende que si Mariano se retira estén encantados de pactar con Cospedal, Esperanza Aguirre, Rafael Hernando, Fernández Díaz, Morenés, Cañete, ahora Soria ya no, antes sí, y el largo etcétera de personal que milita en esas filas y cuyo paso por ayuntamientos y comunidades autónomas ha dejado el terreno calcinado y las arcas relucientes por dentro. ¿Estamos tontos o qué?
La formación de Rivera, en su pragmatismo neutral, apoya y se alía con la fuerza más votada donde quiera que concurra. Ésa es su norma. Esta cuestión crucial se obvia en los medios de comunicación, creo yo, de forma interesada. No se le da la importancia que tiene. Es decir, Ciudadanos a veces es fuerza del cambio y a veces no. A sus votantes parece que este hecho no les importa. Entienden que su líder establezca alianzas con el PP o con el PSOE con tal de llegar al poder, sin sentirse traicionados. ¿Se equivocan Rivera y su gente o son de los que opinan que PP y PSOE son la misma cosa?

No creo que sea el momento de explicar de qué va el PP, pero por resumir, digamos que es una formación política compuesta por casos individuales de personajes que operan con total autonomía para delinquir hasta que son sorprendidos y puestos ante la Justicia, siempre por elementos ajenos al partido, a pesar de que las fechorías, en muchos casos, se cometen delante de las narices de los jefes, en la propia sede del partido. Ni uno solo de los cientos de delitos aislados que se han perpetrado, incluidos los casos de los sucesivos tesoreros que han venido mangoneando desde la fundación del partido, ha levantado la menor sospecha de estos ingenuos dirigentes que, a veces, se encuentran empresas a su nombre en paraísos fiscales cuya existencia desconocían. Qué suerte. Vamos, como cuando a las amantes de los señoritos se les ponía una mercería. Sumidos en semejante estado de idiocia se proponen como los mejores administradores de lo público. ¿Son tontos? No: mienten.

En unos casos, una vez denunciado el delito y el delincuente, el partido se desentiende del presunto corrupto y en otros, según su ascendencia, le siguen pagando un salario o la defensa. La confluencia de casos aislados ha alcanzado tal magnitud que hasta miembros de la judicatura se han referido a esa formación afirmando que actúa como una banda organizada para delinquir. Una vergüenza que destacan también los diarios extranjeros.

Ciudadanos no tiene el menor problema moral para darles el poder en lugares tan importantes como la Comunidad de Madrid, con la que tienen liada. Los trabajadores de Telemadrid siguen en lucha, ahí no ha habido cambio.

¿Por qué el señor Rivera no ensaya esta fórmula del tripartito o cuatripartito en estos lugares si está por el cambio al que tanto se refiere y se quita de encima al PP? Esa me la sé: porque no necesita a Pedro Sánchez para sacar adelante sus políticas que, allá donde gobiernan en comandita, coinciden plenamente con las del PP. Sin problemas. De hecho, Rivera repite por activa y por pasiva que hay que intentar incorporar al PP al futuro gobierno porque una fuerza con tantos votos no puede quedar al margen. Esta empatía altruista de que vengan todos a la fiesta, así como su ecuanimidad a la hora de pactar con el más votado, se revela falsa cuando entra en juego Podemos. Ahí sí ven incompatibilidad ideológica. En ese caso, como cuando el PP es la fuerza más votada, tampoco quieren cambio. Están en su derecho, pero el argumento del más votado resulta cuando menos cuestionable, a mí me parece ridículo. Tengo moral e ideología, las dos cosas.

El manifiesto en cuestión parte como toda la escenificación que hemos vivido desde que Rajoy decidió no plantear su investidura, de un hecho incuestionable, y es que existe un pacto que bajó Sánchez de la mano de Rivera, como en su día hiciera Moisés en el Sinaí, que hay que aceptar como documento de partida, sí o sí según Sánchez, y como documento final según Rivera. En el manifiesto se habla de: “mediante las oportunas negociaciones, complementar, mejorar o ampliar un acuerdo…”, en ningún caso, de “crear un acuerdo”, que es lo que yo firmaría.

Contaminado por mi colega Krahe he terminado por darle valor a las palabras y no me gusta esa inconcreción de “un acuerdo”, así, como abstracto, cuando se hace referencia a un documento concreto. Tampoco acierta el manifiesto y se adorna de cierto cinismo o de tendencia al tocomocho cuando dice: “Si no fuese posible formar un Gobierno compuesto por miembros de partidos dispares se puede, si hay voluntad política, acordar un gobierno, encabezado por el líder del partido mayoritario del acuerdo, con algunos integrantes consensuados…” ¿Qué es eso del líder mayoritario del acuerdo? Se llama Pedro Sánchez. ¿O hablamos de alguien tapado? Es decir que, o gobierna Pedro Sánchez por decisión unánime de los concurrentes o gobierna Pedro Sánchez con la venia de los mismos. Cada uno es muy libre de hacer su oferta, pero no hay como hablar claro. Dígase: ¡Queremos que gobierne Pedro Sánchez con quien sea!

Parece que a mucha gente todavía no le ha quedado claro que ese pacto de las fuerzas del cambio no se ha llevado a cabo porque Pedro Sánchez no quiere. Algunos dicen que no puede, me da igual. Uno de los que se opone con vehemencia es el expresidente González, que ahora es propuesto por Esperanza Aguirre como candidato de consenso. Fue el que dijo que Anguita y Aznar eran la misma mierda. Ahora es el candidato de Esperanza. ¡Qué cruel es la hemeroteca!

Yo firmaría un pacto en el que las diferentes fuerzas políticas que llaman del cambio, que son muchas más que las que se sentaron el otro día, partieran de cero, como se hace en toda negociación cuando se quiere llegar a buen puerto y, por cierto, se piensa también en los votantes. Sin imposiciones previas. En todo este tiempo sólo ha habido una línea roja real que los medios de comunicación de masas se han encargado de evitar llamarla así, y es el pacto que hicieron con urgencia PSOE y Ciudadanos, que se convirtió de hecho en una coalición indisoluble que no existía antes de las elecciones. No es tiempo de reproches, pero tampoco de ruedas de molino.

En otra parte del documento se afirma: “Bloquear esta posibilidad frustra los intereses y anhelos de las grandes mayorías…” Parece que se hace responsable de ese bloqueo al que no suscriba el pacto con sus mejoras, ampliaciones y complementos. Para mí es evidente que quien está bloqueando el pacto, y con él el cambio, es quien impone las tesis de Ciudadanos como un dogma de fe a partir del cual se traza el camino a seguir con las reformas pertinentes. El malo, como en las películas, ya estaba señalado desde el principio: “El que se levante de la mesa de negociación”.

El mismo día 7 de abril en que se llevó a cabo el encuentro entre PSOE, Ciudadanos y Podemos, tanto el portavoz de Ciudadanos, José Manuel Villegas, como el propio Rivera, dieron por concluida la posible negociación y alegaron que leerían el documento que presentó la formación morada por cortesía. Es decir, fueron los primeros en levantarse de la mesa. Eso podría convertirles en los malos, razón por la cual los medios de comunicación omitieron valorar esas declaraciones. Podemos ese día no convocó a la prensa.

Es al día siguiente cuando Podemos dice algo parecido, señalando la incompatibilidad de ambas fuerzas cuando se convierten en saboteadores del proceso. Ahí va mi manifiesto: “Señor Sánchez, ¿sería usted tan amable de sentarse con las diferentes fuerzas del cambio, de progreso o como le guste llamarlas, para elaborar un documento que siente las bases de un posible gobierno de coalición?” No creo que sea complicado si hay voluntad de hacerlo. La cuestión es compleja porque, simple y llanamente, no se quiere hacer. Pedro Sánchez se reunió de forma unilateral con Rivera y a partir de ahí imponía su presencia en cualquier otra solicitud de encuentro. Se convirtieron en hermanitos siameses.

No me extraña que el PSOE tenga pánico a la repetición de las elecciones: ¿Qué campaña podrían hacer? ¿Presentarían a Rivera como el hombre del cambio y el progreso? ¿Concurrirían coaligados PSOE y Ciudadanos? Dada esa condición de indisolubles sería lo más coherente.

Por ir terminando, en ningún caso firmaría un manifiesto para la creación de un gobierno de consenso en el que Rivera sea el filtro, el árbitro que impone las condiciones, como ocurre ahora con el actual documento. Como decía una amiga actriz cuando llegaba cruzada: “No tengo el coño pa ruidos”. Firmaría uno sin condiciones, donde las diferentes fuerzas puedan aportar sus puntos de vista de cara a un objetivo común y cada uno diga lo que tenga que decir.

Esperemos que estos niños siameses se sometan a terapia reparadora, separadora, y que en el quirófano el cirujano descubra que están unidos por el pubis, porque como lo estén por el cerebro, estamos listos.

Los viajes que nunca hará Albert Rivera

27 mayo, 2016

Fuente: http://luchadisidente.wordpress.com

riveragolpista

Hoy, Albert Rivera se encuentra en Caracas, dentro de la embajada española, desde la cual ha podido confirmar que “la situación es insostenible”. Se encuentra allí para defender al líder opositor Leopoldo López, encarcelado por alentar a los jóvenes universitarios en 2014 a la protesta violenta contra el gobierno de Maduro, ganador en las elecciones, quedando como resultado 43 personas muertas, entre ellos policías, y centros públicos arrasados, como guarderías y hospitales. A esto, Albert Rivera lo llama preso político. Él, que defiende la Ley Mordaza. Él, que apoyó el encarcelamiento de los titiriteros. Él, que parece sentirse abrumadamente conmocionado por el encarcelamiento de un golpista reincidente parece no mostrar ni un atisbo de sentiemiento por…

  • Los 43 estudiantes desaparecidos (asesinados) en México.
  • Los más de 2.000 campesinos asesinados al año por paramilitares en Colombia, donde se encuentra la mayor fosa común de América Latina (Ah, Albert también está en contra de abrir las fosas de España).
  • El asesinato de Berta Cáceres en Honduras, donde en 2009 se produjo un golpe de estado neoliberal. Hoy es el país de América Latina donde más periodistas son asesinados.
  • El encarcelamiento de la activista indígena Milagro Sala en Argentina, primera presa política del gobierno Macri, esta nunca llamó a la violencia, no tiene 43 muertes a su espalda.
  • El encarcelamiento de un bloguero en Arabia Saudí, condenado a 1000 latigazos y decapitación de otros 47 opositores.

    ¿Veremos a Albert Rivera viajar a alguno de estos países? ideológicamente es cercano a Honduras, Argentina y Colombia, y ve Arabia Saudí como un manjar de oportunidades empresariales, donde los negocios superan a los derechos humanos como prioridad. Por tanto. No hemos escuchado a Albert ni una sola referencia a los países citados.¿Qué diría Albert si los 43 estudiantes presuntamente asesinados por el gobierno mexicano hubieran sido asesinados en Venezuela por el gobierno de Maduro? ¿Y si Venezuela, donde aduce una constante falta de libertad de prensa, tuviera los mismos periodistas muertos que Honduras? ¿Y si Maduro decapitase a 47 opositores y condenara a 1000 latigazos a un bloguero opositor? Seguramente la dimensión que tendrían estos crímenes sería mucho mayor gracias a sus voceros mediáticos y él mismo.

    A Albert Rivera nunca le han importado los derechos humanos, sólo va a Venezuela a comenzar la precampaña, porque sabe que Venezuela se ha convertido en una munición recurrente para atacar a su partido rival. Ni más ni menos, se trata de un farsante en todos los sentidos.

Antes loco que sencillo (o vendedor de aspiradoras)

17 abril, 2016

Fuente: http://www.lamarea.com

“Albert Rivera es un mago, un ilusionista, el vendedor de aspiradoras de los años 50, el comerciante de crecepelo, el traficante de ilusiones”, asegura el autor

18 diciembre 2015
09:22

Antes loco que sencillo (o vendedor de aspiradoras)
Albert Rivera, en una foto de archivo. Ciudadanos

Decía Marc Twain que un banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover. Albert Rivera es banquero, de los que jamás conoció por dentro una oficina del INEM, de los que tiene plan de pensiones privado: fue maravilloso escucharle decir esto con la boca pequeña y a regañadientes, sabe que es algo que le distancia del pueblo. No podemos probar si fue de esos que engañó a preferentistas y les hizo firmar abusivas cláusulas que hacían desaparecer los ahorros de toda una vida pero, sinceramente, tampoco nos lo imaginamos desobedeciendo una orden directa de un superior sin escrúpulos. Rivera es de los que saltan cuando el patrón dice salta y de los que muerden cuando el patrón dice que mordamos.

Albert Rivera es un mago, un ilusionista, es el vendedor de aspiradoras a domicilio de los años 50, el comerciante de crecepelo, el traficante de ilusiones. Personifica el paradigma del sueño americano y del hombre hecho a sí mismo que está encantando de haberse conocido: el último soldado de Occidente que nos librará del oscurantismo bolivariano, la última frontera entre el orden constitucional y la barbarie de esas hordas de desarrapados que claman justicia y arden en deseo de venganza. El cambio sensato, el hombre tranquilo que ama su trabajo, el que te vende un saco de arena en pleno desierto y como Dios, es omnipresente y quiere estar en todas partes:

Él dice estar en contra del maltrato animal, pero también está en los toros. Dice estar contra el Franquismo y por la memoria de las víctimas, pero luego está también con los que se abstienen de condenar la dictadura. Dice estar con el trabajador y las clases medias, pero se mueve como pez en el agua entre las grandes empresas del IBEX 35 (de hecho no duda en poner la mano para que le financien la campaña electoral). Dice estar con las víctimas de la violencia machista, pero quiere eliminar la protección a las mujeres y la discriminación positiva. Dice estar con el desahuciado, pero es un vendedor de preferentes a quien el Banco Popular le presta cuatro millones de euros para que ponga su cara en los edificios al más puro estilo Kim Jong-un. Rivera es moderado, bien vestido, bien parecido, es el yerno ideal con el que sueña el presidente de Iberdrola. El emprendedor que anuncia libros de autoayuda que ofrecen soluciones individuales a problemas que son colectivos. Sonríe o muere. Sé positivo, esfuérzate. Rivera es el coach, el trabajador pelota que nunca hace huelga y se preocupa más por los jefes que por sus compañeros. Rivera es gente de orden. El nuevo rico progresista en lo moral, de esos que saludan cortésmente a la pareja de vecinos gays y compra muebles en Ikea, pero profundamente conservador en lo económico: no me importa con quién te acuestes pero no me hagas huelga porque un país sale adelante a base de trabajo duro y de apretarse el cinturón. Y de cumplir con la Troika. Es el niño repelente y repeinado que siempre se chivaba al profesor cuando el rebelde de turno pintaba un enorme pene en la pizarra. El lugarteniente, el ojito derecho del abusón de clase. Siempre con los poderosos: el eterno capataz.

Pero hay más. Luego está Inés Arrimadas.

Inés Arrimadas es la chica aplicada, la española de bien, el anuncio de cosméticos que nos promete la juventud eterna a base de cremas y potingues caros: el burka occidental y a su vez el sueño de una noche de verano de cualquier encofrador. Arrimadas es la pija que llegaba a la facultad en un flamante Golf GTI mientras tú tenías que buscar monedas por casa para poder pillar el metro. Era la que todos los días comía en cafetería, la que siempre acudía a las fiestas más exclusivas, la que parecía sacada directamente de los años noventa -de Sensación de vivir más concretamente- y miraba con desprecio tu camiseta de Nirvana y tu pelo decolorado (algún día subiré esas fotos) mientras forraba su carpeta con fotos de Take That y New Kids on the Block. La chica popular que nunca pedía prestado un euro para tomar un café; esa chica a la que nunca le hubieras pedido un euro para fotocopias. La que cuando terminaba la carrera se hacía un master de 8.000 euros mientras tú conocías los tenebrosos pasillos de la empresa privada o la explotación descarnada entre hamburguesas de plástico, patatas de plástico y sueldo y nóminas de cartón piedra.

Sabemos quiénes son, son la derecha pop, los conservadores cool, los reaccionarios de toda la vida que abandonaron la misa diaria y el aguilucho por el Festival de Benicàssim y una canción de Russian Red. ¿Por qué cuando Iglesias va a El Hormiguero Pablo Motos se transforma en un periodista incisivo que lo cuestiona todo y en cambio cuando acude Rivera se le pone una alfombra roja y se le ríen todas las gracias? Básicamente porque Pablo Motos gana cuatro millones de euros al año y se pone a defender sus intereses de clase con uñas y dientes. ¿Cómo se vive con 300.000 euros al mes? ¿Quién vive en el país de Alicia señor Motos? Me quito el sombrero ante la paciencia infinita de Pablo Iglesias. Cuando por tercera vez el señor Motos me hubiera preguntado con cara de loco «¿pero dónde pensáis sacar el dinero para tanta propuesta?» le hubiera respondido sin pestañear: de tu maldita y engordada cuenta corriente jodido bufón de los poderosos. Hubiera estado genial. Pero por eso yo hago rap y Pablo hace política. La cuestión es que a los millonarios como Pablo Motos no les gusta pagar impuestos y por eso se ponen de los nervios cuando les recordamos que ya está bien de que la carga fiscal de este país recaiga sobre los trabajadores y no sobre las grandes empresas y millonarios.

Estoy harto de la gente moderada, de la gente sensata, de todos esos obtusos que perdieron la capacidad de soñar, de los agoreros. Dicen que la esperanza es un buen desayuno pero una mala cena. ¿Sabéis quién lo dice? Los mismos que cenan siempre en restaurantes de cinco tenedores. Yo creo que hacen falta locos. Y locas. La cordura es sumamente aburrida, previsible y sabemos a dónde conduce: paro, recortes, precariedad…

Soñemos. Seamos locas. Seamos Quijotes