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Je suis Demócrata

30 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Permítanme que comience escribiendo de la felicidad. Esta mañana al levantarme he leído, para aliviar la pesada carga de la actualidad española, un informe que habla de los países más felices. Hace tiempo que incluso el Desarrollo no se mira por las cifras macroeconómicas sino por las factores (IDH) que contribuyen al bienestar de los ciudadanos que habitan un territorio en sociedad. Finlandia encabeza ahora la lista de la ONU y siempre son los países nórdicos los que se encuentran en lo más alto de la clasificación. La igualdad y la educación marcan el camino y, por tanto, España, la España que regentan los conservadores, suele estar en lugares preocupantes de la tabla. Y cada día más. Porque vamos en sentido inverso.

Este jueves un emigrante senegalés, Mame Mbaye Ndiaye, que en 12 años no consiguió “papeles”,  murió de un infarto en el Barrio de Lavapiés en Madrid donde residía. Sus compañeros dicen que la muerte se produjo tras correr huyendo de una persecución policial. Mbaye tenía 34 años y vendía perfumes en el top manta. Entre los datos confusos barajados, el Ayuntamiento  confirma una persecución de la policía municipal aunque de Sol a Plaza Mayor, 20 minutos antes.

El hecho es que su muerte ha desatado una fuerte indignación en Lavapiés, disturbios, las ya habituales muestras de racismo y las también frecuentes amenazas. La policía atribuye la violencia a “radicales” y los desvincula del colectivo de manteros.  Periodistas presentes dicen que fueron hombres blancos encapuchados. Nuestro compañero, el periodista de eldiario.es  Moha Gerehou explica, en línea con el comunicado de SOS Racismo, que “no es una muerte casual, es consecuencia del racismo institucional”. El PP y Ciudadanos culpan a Ahora Madrid de crear un caldo de cultivo. Y la Asociación de la Policía Municipal de Madrid advierte de querellas a… Ramón Espinar, de Podemos, por escribir en un tuit: “Hemos fracasado como democracia”. Según advertía ABC. Venía a anticipar las portadas de la la prensa afín al PP que amanece este sábado culpando a Podemos de los disturbios.

En los vídeos de la noche, vimos cómo antidisturbios se acercaban a una persona que estaba sola en mitad de la plaza, le pegaban en la nuca, lo dejaban inconsciente y se iban, hasta que alguien volvió y se lo llevó a rastras, sin seguir los protocolos médicos en esta circunstancia. Déjenme que vuelva a la felicidad en Finlandia: una de las claves es que tienen “Poca policía, mucha seguridad”.

Juan Luis Sánchez lo ha encontrado en un hospital -dado que no figuraba en el registro de heridos-.  Se llama Arona Diakhate, senegalés también, y está ingresado por traumatismo craneoencefálico “por objeto duro y desconocido”. Le han dado veinte puntos en la cabeza. 

Veníamos de un día agobiante, donde se produjeron actitudes en el Congreso de los Diputados deleznables.  El PP quiere -por ideología e interés electoral- que no solo no se derogue la Prisión Permanente Revisable (Cadena Perpetua), sino que se endurezca. Y usa y alienta a algunos padres de jóvenes asesinados que, en contra de las razones contundes contrarias a la ley, parecen creer que penas ineficaces y ultraconservadoras calmarán su, muy explicable, dolor.

El Congreso se convirtió casi en el Coliseo de la Antigua Roma. La escena del diputado popular Bermúdez de Castro es de las que avergüenzan como país. La de Girauta de Ciudadanos tampoco se quedó atrás. Desde la tribuna de oradores, Bermúdez de Castro reta a la oposición para que miren la cara de los padres antes de votar. Estos aplauden o hacen gestos desde lo alto de la grada. Rajoy les saluda después. La imagen y las declaraciones de los padres de Diana Querr y Mari Luz abre el Teledario de TVE. La prensa concertada con el PP, como ABC, jalea desde portada.

Aupado en las encuestas por su dureza contra el “procés” en Catalunya, Ciudadanos cambia todo su discurso contrario a la Ley por un apoyo entusiasta, que es su apuesta favorita esta temporada. PP y Cs pelean por votos viscerales y no precisamente progresistas y en esa lid les vale todo. Asómbrense que hasta el editorial de El País recrimina a ambos partidos, también al de Rivera, su aprovechamiento de las víctimas para sus fines electorales.

Se suceden los indicios inquietantes. Los familiares de jóvenes asesinados  cargan contra el PSOE por su postura ante la prisión permanente revisable.  El PSOE dice, según la Cadena SER, que se apunta a dilatar el trámite de la ley como PP y Ciudadanos hasta que se enfríe el debate y se pronuncie el Tribunal Constitucional de la independiente justicia española.

Veníamos de la condena del Tribunal de Derechos Humanos de Estraburgo, por la que el Estado habrá de devolver la multa a quienes quemaron una foto de los reyes hoy eméritos porque han considerado es libertad de expresión. Veníamos de que, ni la sentencia ni las críticas a las prerrogativas y excepciones de las que goza el jefe del Estado español, han logrado que PP, PSOE y Ciudadanos se avengan a derogar el delito de injurias al Rey, como se debatió. Y ahí sigue, con sus secuela de damnificados.

 Ya no faltaba más que la multa de 40.000 euros a la Revista Mongolia por una caricatura del torero Ortega Cano. No puedo estar más de acuerdo con los razonamientos de Darío Adanti, uno de los autores de Mongolia: “El género satírico ha estado ligado especialmente a las democracias, no hay totalitarismo, del signo que sea, que soporte la sátira“.

La libertad de expresión en España se está poniendo muy cuesta arriba. Cualquier crítica puede ser objeto de querella si un juzgado la admite. Hechos consumados y públicos se archivan por falta de pruebas. Muchos coincidimos en que hay una flagrante diferencia de trato judicial “en función de criterios políticos, sociales e ideológicos”. Lo argumentaba ayer aquí Carlos Hernández.

La España de Rajoy y su PP que pretende heredar, en calco, Albert Rivera y sus Ciudadanos, está dando un sobrecogedor relato que nos está alejando de los estándares puramente democráticos. El Tribunal de Estrasburgo, en efecto, va a tener que hacer horas extra con nosotros. Esa pugna en los márgenes extremos de la derecha, sin importar usar en su provecho hasta el dolor de niños y grandes, augura días más tenebrosos todavía. Porque ya va sin freno. El PSOE podría cambiarla y hasta salvar los escasos muebles que le quedan, pero alguna de sus complicidades, como vemos, no van precisamente por esa senda.

Los vividores de esta España entierran con suma facilidad el malestar real de la gente. Con una voluntad de ignorancia a la que la realidad tumba una y otra vez. Confían en exceso en el buen funcionamiento de la manipulación que practican y, como en los viejos tiempos, inculpan a otros a ver si los desactivan. Olvídense de siglas, no se puede engañar permanente a tantos ciudadanos, a tantos sectores, sin que aflore. Ahí estamos las mujeres. Y los pensionistas. ¿Saben que el PP insinúa que los están utilizando? Ya se está planteando luchar también por la Democracia.

Un mayor bienestar es posible. En los países nórdicos se abren paso los fascismos de nuevo cuño como está ocurriendo en tantos lugares. Pero existe una mayoría social educada y educada en valores, que respeta y ama la democracia. Su posición civilizada les lleva a una calidad de vida que nosotros nunca hemos alcanzado. Los españoles vivimos más, por el clima, los alimentos y una cierta despreocupación de carácter. En el resto de los parámetros de “la felicidad” estamos en los sótanos. Lo explicó a la perfección Gil de Biedma al recordar cómo siempre caemos en el mal gobierno. España no es víctima de una maldición. “Son hombres quienes han vendido al hombre”. Y mujeres. Pero muchas y muchos otros despiertan para no caer en los mismos errores, algunos a bofetadas de realidad.

Educación, igualdad, justicia, información veraz, democracia sin mordazas: ése es el camino.

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¿Quién teme a la clase obrera?

7 febrero, 2018

Fuente: http://www.publico.es

27 Ene 2018

Ricardo Romero “Nega”
Cantante de Los Chikos del Maíz y Riot Propaganda (@Nega_Maiz)
Arantxa Tirado
Politóloga (@aran_tirado)
Ambos son autores de La clase obrera no va al paraíso. Crónica de una desaparición forzada (Ediciones Akal, 2016)

En las últimas semanas hemos asistido a enconados debates y enfrentamientos que giran alrededor de lo que parece haberse convertido en uno de los problemas fundamentales que sacuden los cimientos de la izquierda transformadora: la cuestión de la clase obrera. El enésimo retorno al centro de la discusión política (al menos en Twitter y otras redes sociales) de la clase destinada a asaltar los cielos y socavar para siempre el orden capitalista se produce por varios motivos, pero el fundamental es para justificar el ascenso de los ahora denominados “populismos de derechas” (la ultraderecha de toda la vida): Trump en EEUU, Lepen en Francia y, a escala local, el auge de Ciudadanos en el antaño cinturón rojo industrial de Barcelona. No deja de ser interesante ya que, los mismos que durante años nos dijeron que la clase obrera ya no existía y nombrarla era un anacronismo, ahora la resucitan para justificar las sucesivas derrotas de la izquierda convirtiéndola en su particular chivo expiatorio. Gran parte de la izquierda académica la enterró alegando que ahora todos éramos precariado (y gays, lesbianas, migrantes o ecologistas, pero no trabajadores y trabajadoras); la socialdemocracia y la derecha dictaron su defunción sobre la base de que todos éramos clase media. ¿Cómo iba a existir la clase obrera si un trabajador compartía con su jefe el mismo programa de televisión, visitaba los mismos lugares de recreo, leía el mismo periódico, usaba la misma pasta de dientes y el negro tenía un Cadillac? (Marcuse dixit). Pero igual que Galileo (ojo, no confundir con Copérnico, Álvaro Ojeda) dijo aquello de “Eppur si muove”, unos pocos se empeñaron en mantener que, sin embargo, la clase obrera seguía existiendo.

En este acalorado debate tenemos, en un extremo, a fundamentalistas de corte machista-leninista para los que todas las luchas quedan subyugadas a la lucha principal que es la emancipación de la clase trabajadora. El feminismo, la ecología, el animalismo, la defensa de las minorías racializadas… son luchas menores de corte pequeñoburgués que nos desvían del sagrado objetivo que no es otro que la extirpación completa del orden burgués. Se trata, generalmente, de adolescentes blancos heterosexuales, demasiado jóvenes para conocer los tenebrosos pasillos de una empresa privada y demasiado cafres para convivir en armonía con distintas identidades sexuales. Otra forma de identificarles reside en sus nicks y avatares, la foto de perfil siempre es Lenin y el nombre en Twitter Sidorenko (en honor al famoso francotirador soviético).

En el extremo opuesto tenemos a los obrerofóbicos. Provienen de profesiones liberales, muchos de ellos pertenecen al mundo académico precarizado, aunque sus familias de origen no sean nada precarias. Quizás por eso les suena tan exótico oír hablar del “orgullo obrero” o cuestionan que pueda existir una clase obrera en el siglo XXI que no pase por sus novedosas categorías analíticas. Eran los que, desde su todoterreno en el centro de Madrid, tildaron la lucha minera de “porno para comunistas” porque, ya se sabe, el carbón contamina muchísimo. Defienden el poliamor, el Primavera Sound y el carril bici. Se les suele ver por Lavapiés y Malasaña en Madrid (o en los barrios hipsters equivalentes en cada ciudad del Estado), a veces hablan raro y la pareja de humoristas Pantomima Full los ha descrito a la perfección como ningún sociólogo o politólogo ha conseguido. Son los que se empeñan en mantener el retrato folclórico y acartonado de la clase obrera; el famoso obrero de mono azul que fuma Ducados. En realidad, el pobre hombre se tiene que haber muerto ya de tanto fumar trujas.

Las caricaturas, aunque resulten incómodas, a nosotras nos gustan y en ocasiones sirven para describir realidades sociológicas representativas. Pero tanta distorsión, exageración y tergiversación intencionada desvirtúa el debate de fondo: ¿por qué molesta tanto que la clase obrera tome la palabra y denuncie que otros están hablando por ella? Entonces, saltan las alarmas y cierta izquierda que no proviene de nuestra clase, se incomoda con el debate y tilda de “obrerista” (como si esto fuera un insulto) a quien pone el incómodo tema de la clase en el centro.

Entre todo el ruido, la clase obrera sigue ahí, a lo suyo, a lo que le es propio, haciendo malabarismos para llegar a fin de mes y sufriendo los vaivenes de un mercado laboral que ya no es flexible sino que se rompió en mil pedazos. Gritándonos en la cara que se puede ser obrera y lesbiana, gritándonos que se puede ser obrero y ecologista, que se puede ser cajero de supermercado y practicar el poliamor, que se puede ser transexual y trabajar en una oficina, que se pueden levantar tabiques en una obra y ser vegano. La clase obrera grita pero nadie escucha, seguramente porque no lo hace desde Twitter ni desde tribunas como ésta. De hecho, con el estómago vacío, es decir sin un trabajo, resulta complicado lanzarse a defender otras luchas; parece evidente que la lucha obrera y por los derechos laborales tiene algo de nuclear. La discriminación positiva, estandarte de muchas luchas e instrumento de normalización, se da siempre en el ámbito laboral.

Y mientras la clase obrera grita y nadie escucha (y volviendo al escenario electoral) resulta evidente que existe una desconexión entre las clases populares y obreras y los partidos de izquierda transformadora situados a la izquierda de los tradicionales partidos socialdemócratas. En realidad, no es tanto que la clase trabajadora vote mayoritariamente a Trump (es un mantra que con los datos en la mano no se sostiene, como bien explicó en su momento Sarah Smarsh, una periodista que proviene de la clase obrera estadounidense) ni que el cinturón rojo barcelonés se haya vuelto por completo de Ciudadanos (a C’s lo votan en mucho mayor porcentaje en Pedralbes que en Nou Barris y en las municipales Nou Barris opta por Colau, que nadie lo olvide). El problema no es que voten a quien no nos gusta, el problema nuclear sigue siendo que las clases populares sencillamente no votan en el mismo porcentaje que otras clases sociales. La desconexión no es sólo electoral sino intrínsecamente política: la izquierda –salvo honrosas excepciones- está dirigida por personas que dicen defender a la clase obrera pero que sólo han pisado un barrio obrero en campaña electoral. Efectivamente, la clase obrera milita menos y, cuando lo hace, no tiene la misma “habilidad” para trepar en los partidos que otros que gozan de mayor capital cultural, son “hijos de” o, sencillamente, le echan tanta jeta a la vida que son capaces de fraguarse carreras políticas fulgurantes a sus tiernas edades.

Las excusas para explicar este divorcio entre la clase obrera y la izquierda son de distinta índole, algunos afirman que el feminismo y la lucha LGTBI nos alejan de las clases populares, al margen de elitista es falso: el PSOE (y gran parte de la socialdemocracia europea) ha asumido esas luchas como propias y el ansiado sorpasso no tiene visos de producirse. Otros culpan a la ofensiva mediática, no podemos ganar porque los medios están en contra nuestra. Pero Donald Trump ganó en medio de innumerables escándalos aireados por la prensa, teniendo en contra al The New York Times, la revista Time, parte del establishment estadounidense y a prácticamente toda la opinión pública mundial progresista. Lo mismo podríamos decir de Lepen, caso que duele más todavía pues no se trata de un multimillonario excéntrico de infinitos recursos económicos sino de un partido proveniente de las clases medias de corte eminentemente pequeñoburgués que en los años 90 era prácticamente testimonial. El comodín de la prensa se perfila cada vez como más endeble, aunque no negamos que también juegue su papel.

Ante un panorama tan desolador, todo el mundo parece tener soluciones y propuestas, algunas afortunadas, otras directamente erróneas o hilarantes. En esta línea nos gustaría mencionar el caso de El Sobresalto (CTXT), un autodenominado grupo de millenials “que viene a liarla” y que piensa que la mejor forma de conectar con los jóvenes provenientes de la clase trabajadora es ponerse un disfraz de quinqui, glorificar Mujeres y Hombres y Viceversa (MYHYV) y fomentar el consumo de perico (cocaína). En otras palabras, perpetuar todos y cada uno de los estereotipos más nocivos que vinculan a la gente de abajo con la delincuencia, el consumo de drogas y la televisión basura. En la misma línea parecen moverse revistas como Vice o Jenesaispop, fomentando, día y noche, artistas de trap, no ya machistas, sino que en muchas ocasiones fomentan de forma abierta la violencia física contra la mujer. ¿Existiría la misma tolerancia si en lugar de violencia contra la mujer fuera violencia contra los negros o los árabes? Ante esta disyuntiva gravita lo que el tuitero Jonathan Martínez calificó como una digestión muy indigesta del libro de Owen Jones Chavs, la demonización de la clase obrera. Pero el bueno de Jones no tiene la culpa de que algunos no hayan entendido el clasismo que quiso denunciar y confundan su libro con una invitación a embrutecer a la clase obrera. De alguna manera todo está permitido, todo es relativo y desde luego no somos nadie para ir con nuestra “superioridad moral” (concepto clave y fetiche) a decirle a nadie qué es lo correcto y lo que no. Así, si un artista trap insulta a las mujeres se le tolera porque “es que viene de la calle”, si una concursante de MYHYV insulta a trabajadores y se ríe de su físico no importa, viene de abajo y además un día escribió un tuit feminista (locurón). Por lo visto tampoco se puede poner el grito en el cielo y denunciar a Espejo PúblicoEl Programa de Ana Rosa o el Sálvame Deluxe porque son programas que ve el pueblo.

Este tipo de clasismo, el paternalista, es el más peligroso que existe, pues niega la posibilidad de emancipación. ¿En los barrios obreros no existen jóvenes con conciencia feminista? ¿Para venir de la calle hay que insultar a las mujeres y llamarlas putas veinticinco veces en una canción? ¿Una hija de un fontanero y una limpiadora no puede ver HBO y odiar con toda su alma MYHYV? ¿Si una joven trabaja en una peluquería debemos suponer que lee el Hola y no a Ángela Davis? Quizá ha llegado el momento de sacudirnos tanto complejo y paternalismo, quizá ha llegado el momento de asumir que sí, nuestra moral es superior porque somos feministas, anti-racistas y antifascistas y creemos firmemente en la redistribución de la riqueza. Y no pasa nada por decirlo. Y tenemos una noticia que quizá sorprende a algunos: en muchas barriadas obreras existe un montón de gente así. Muchos lo sabrían si su relación con los de abajo se diera de forma material viniendo al barrio y no mediatizada a través de una canción de trap o el twitter de una concursante de MYHYV. En nuestros barrios hay gente que lee a Benedetti, Galeano, incluso a Marx, pero también gente que ve los documentales de La2 en lugar del Sálvame, que escucha a Silvio, a Leonard Cohen y que tiene una gran cultura –no necesariamente adquirida a través de estudios formales, pues la clase obrera todavía está lejos de haber conquistado la Universidad- conseguida de manera autodidacta. Por supuesto que en nuestros barrios también existen los fans de MYHYV, del Sálvame, Ana Rosa, lectores del Hola, etc., y no tenemos problema en criticar los programas que ven (que no a ellos y ellas). La diferencia es que la crítica suena muy distinta cuando se hace desde afuera de nuestra clase, a cuando la hacemos desde adentro, conscientes de que se trata de rescatar esos tiempos gloriosos en los que la mayoría de la clase obrera hacía un esfuerzo por formarse tras su jornada laboral, cuando había organizaciones políticas dirigidas por la clase obrera para la clase obrera, ateneos republicanos, casas del pueblo, círculos de estudio, etc. Aquí es donde los sindicatos (los que se dicen de clase y tradicionales) al parecer convidados de piedra a este debate, deberían jugar su papel, el que cumplían antaño, es decir, no sólo como agentes defensores de los derechos laborales sino como espacios físicos de socialización. Pero por lo visto ni están ni se les espera. No deja de ser curioso (e irritante) que este debate lo mantengan principalmente periodistas, miembros de partidos y activistas y todavía no hayamos escuchado a ningún sindicalista.

No existen fórmulas mágicas y queda mucho camino por hacer y recorrer, pero un buen inicio sería no tratar a los miembros de la clase obrera como si fueran seres inferiores o niños consentidos y malcriados. Pensamos que entre el núcleo irradiador y las diatribas cibernéticas de los postmodernos patrios y el ponerse un disfraz de quinqui en plan “mira soy como tú”, existe un espacio político (un centro si se nos permite el chiste) que debe ser explorado y trabajado. La izquierda ha asumido, al menos en la teoría, que cuando se habla de recortes en sanidad hay que escuchar a los sanitarios y profesionales médicos; que cuando se habla de violencia machista hay que escuchar a las mujeres; que cuando se hable de racismo hay que escuchar a personas negras o árabes; que cuando se habla de medio rural hay que escuchar a la gente que vive en el medio rural. Y es completamente lógico, razonable y justo que así sea. Pero en cambio es lo más normal del mundo que un señor politólogo que en su vida ha trabajado para una empresa privada, nunca vivió en un barrio obrero y además proviene de una familia acomodada, nos diga lo que es la clase obrera. Ante este argumento hay quien, sin pudor, saca a relucir los ejemplos de Marx, Engels o Lenin, todos ellos provenientes de la clase acomodada. Compararse con los padres del socialismo científico es tener un ego del tamaño de la Vía Láctea, pero no teman, estamos dispuestas a escuchar a quien renuncie a sus privilegios y se dedique a expropiar a su padre, como Fidel Castro, o a armar a los trabajadores con fusiles para asaltar palacios.

Recientemente se ha desatado en Alemania la huelga del metal más salvaje que se recuerda. El principal motivo de la lucha es la obtención de las 28 horas semanales (ya tienen las 37) para poder combinar su vida profesional con el cuidado de los hijos y las tareas del hogar, en otras palabras, una huelga feminista en toda regla. Convocada en un sector mayoritariamente masculino. “Queremos que los empleadores reconozcan que los roles tradicionales de género en las familias modernas están cambiando, y queremos que los trabajadores tengan la oportunidad de hacer un trabajo importante para la sociedad” ha declarado un líder sindical. El obrero del mono azul siempre vuelve, pero ahora ya no fuma Ducados, es feminista.

Lo que parece urgente a todas vistas es la necesidad de que la clase obrera tenga sus propios portavoces y referentes en el seno de la izquierda. Las Kellys, las trabajadoras organizadas de Bershka (que bien podrían participar en seminarios feministas), las estibadoras, los trabajadores del metal alemanes… Tenemos ejemplos de sobra. La clase obrera necesita ser escuchada y sentirse representada por gente que se le parezca dentro de su diversidad. Si esto no ocurre pronto, serán los Jim Goads de turno quienes lo hagan. Y eso tendrá muy poco de gracioso.

Por qué las clases populares no votan a la izquierda y qué hacer para corregirlo

5 febrero, 2018

Fuente: http://www.elconfidencial.com

Alberto Garzón Espinosa

¿Cómo es posible que los estratos sociales más bajos, las clases populares e incluso la clase obrera tradicional, esté optando por políticas de derechas como solución a sus problemas?

Foto: Mesa de votación en las elecciones catalanas. (EFE)
Mesa de votación en las elecciones catalanas. (EFE)

El resultado de las elecciones catalanas ha reabierto un debate clásico en la izquierda política: la cuestión de la afinidad política e ideológica de las clases populares. El hecho de que en los barrios obreros catalanes haya sido primera fuerza Ciudadanos ha hecho disparar de nuevo todas las alarmas. Pero no es la primera vez que sucede. En estas mismas páginas, y también en sus libros, Esteban Hernández ha ido destacando partes de este proceso desde hace años. La pregunta que tanto él como otros nos hacemos es la siguiente: ¿cómo es posible que los estratos sociales más bajos, las clases populares e incluso la clase obrera tradicional, esté optando por políticas de derechas como solución a sus problemas?

Lo primero que cabe advertir es que este no es un fenómeno que se circunscriba solo a nuestro país. En el año 2016 el politólogo Luis Ramiro publicó un estudio sobre la izquierda radical europea en el que se ponía de relieve que no existe una relación directa entre pertenecer a un estrato social desfavorecido y votar a un partido radical de izquierdas. O, dicho claramente, que los partidos de la izquierda radical europea dicen representar a las clases populares pero estas no se sienten representadas. Este estudio, y muchos otros, han demostrado que el votante medio de la izquierda radical europea no tiene nada que ver con el perfil del votante típico de los partidos de extrema derecha que están ganando peso en Europa y Estados Unidos. Como hemos explorado en otro lugar, el perfil de ese votante es el de una persona desempleada, poco cualificada, muy expuesta a la competencia económica internacional y con sentimientos nacionalistas que se realzan como una forma de protección ante esa situación general de vulnerabilidad. El problema general, por lo tanto, es que la izquierda no está siendo capaz de atraer a las personas más afectadas por la crisis y por la globalización neoliberal, y ese lugar lo están ocupando los partidos de derechas cuyos proyectos, además, tienen en muchos casos un espíritu reaccionario, racista y antidemócrata.

El problema no está en cómo representar a las clases populares sino en cómo ser parte de esas clases populares

La tesis que defiendo aquí es que el problema no está en cómo representar a las clases populares sino en cómo ser parte de esas clases populares. Durante décadas la izquierda política europea se ha ido desconectando de los estratos sociales más bajos con discursos cada vez menos vinculados a sus problemas cotidianos al tiempo que ha abandonado la construcción de redes sociales en barrios, vecindarios y centros de trabajo. En lugar de eso la izquierda ha concentrado su actividad en la participación en diferentes ciclos electorales y ha basado su crecimiento electoral en los sectores ideologizados de las autoconsideradas clases medias. Mientras eso sucedía, la globalización ha ido transformando las relaciones económicas y de clase en los países desarrollados, empobreciendo a las clases populares y haciendo descender de escalones a parte de la clase media. Este proceso está lejos de acabar. Transitamos hacia una sociedad polarizada, de enormes desigualdades y en la que la izquierda solo tendrá oportunidad de ganar la batalla a la derecha si es capaz de volver a penetrar en los barrios populares a través de prácticas que conecten con sus problemas cotidianos y materiales. Nuestro mundo se asemeja cada vez más al del siglo XIX que al de la llamada época dorada del capitalismo.

Cómo hemos llegado hasta aquí

Cuando Marx y Engels escribieron sobre la clase obrera en el siglo XIX, esta sobrevivía en unas condiciones verdaderamente miserables. Además, ambos fueron testigos de cómo los beneficios del crecimiento económico recaían exclusivamente en unas pocas manos, la de los propietarios de las grandes industrias y de los bancos. Y en su estudio del capitalismo llegaron a la conclusión de que esa situación se mantendría o se radicalizaría hasta la revolución. Es más, pensaban que la proletarización de la mayor parte de la población sería inevitable: tenderos, artistas, profesionales y otros trabajadores no industriales acabarían convirtiéndose en proletarios pobres como consecuencia del propio funcionamiento del sistema. Quedaría un puñado de capitalistas y una gran masa, que sería mayoría, de empobrecidos trabajadores asalariados.

VÍCTOR LENORE

Sin embargo, las predicciones de Marx y Engels sobre la polarización parecieron desvanecerse a finales del siglo XIX y, sobre todo, tras la II Guerra Mundial. Gracias a las luchas obreras los trabajadores occidentales consiguieron hacerse copartícipes de los beneficios del crecimiento económico. Incluso aunque ese crecimiento derivara del saqueo y expolio de otros pueblos del mundo mediante la colonización. Ya a comienzos del siglo XX surgieron las tesis de la aristocracia obrera de Lenin y del imperialismo de los autores marxistas que trataban de explicar por qué la clase obrera se estaba “aburguesando” a costa del sudor de los trabajadores de los países colonizados. Pero empezaba también a nacer la llamada clase media, trabajadores que ya no vivían en condiciones de subsistencia sino que aspiraban a ser propietarios de viviendas y de automóviles y que disfrutaban de los servicios públicos arrancados a las clases dominantes a través de las huelgas y la lucha política. El compromiso keynesiano de posguerra consistió en institucionalizar el conflicto capital-trabajo y en repartir los beneficios del crecimiento de la productividad. Pero ahí estaba la paradoja: la victoria de la clase obrera occidental en la conquista de sus derechos supuso también el cambio de agenda de sus organizaciones políticas.

El problema, como señaló Adam Przeworski en su magnífico libro ‘Capitalism and social democracy’, es que emergió un dilema político-electoral. Lo que sucedió realmente es que creció la heterogeneidad entre los asalariados, de modo que ahora cabía dirigirse exclusivamente a la clase trabajadora tradicional, que era una minoría, o tratar de incorporar nuevos sectores sociales que no necesariamente tenían los mismos intereses. La primera opción te condenaba a perder las elecciones, y la segunda a desnaturalizarte. La solución natural de la mayoría de los partidos europeos fue la de mantener cierta retórica obrerista al tiempo que se adaptaba el discurso para llegar más allá de la clase trabajadora tradicional. De ese modo, la gran atención de la izquierda política se fue desplazando progresivamente hacia los sectores que más crecían y que además suponían el grueso de los votantes en los sistemas electorales: la llamada clase media. De forma correspondiente, los discursos fueron cambiando y la atención a las condiciones materiales de vida (salarios, pobreza, etc.) fue perdiendo peso en beneficio de las condiciones inmateriales de vida (calidad de la democracia, cuestiones de igualdad horizontal, etc.). No sorprendentemente también el propio marxismo hizo en los años cincuenta y sesenta un giro cultural similar, dejando a un lado la Economía Política –y la temática de la explotación– y priorizando las cuestiones culturales y psicológicas –y la temática de la alienación y la identidad–, como bien recuerda Perry Anderson en Consideraciones sobre el marxismo occidental. Nunca dejaron de existir los trabajadores manuales no cualificados, la categoría más próxima a la clase obrera sobre la que teorizó Marx y que aún hoy representa el 25% de la fuerza laboral en España, pero fueron dejándose de lado.

La desigualdad dentro de cada país se ha disparado, especialmente si comparamos el enriquecimiento del 1% más rico con el resto de la población.
Qué está sucediendo en las clases populares

Paradójicamente, desde los años ochenta nuestro mundo se va pareciendo cada vez más al de Marx y al del siglo XIX. La globalización neoliberal ha significado la liberalización del comercio mundial, las deslocalizaciones de las grandes empresas productivas, la privatización de las empresas públicas, la reducción de los sistemas fiscales progresivos y, en suma, el progresivo desmantelamiento del Estado Social. Con dos consecuencias esenciales, una de carácter nacional y otra de carácter internacional.

La primera es que la desigualdad dentro de cada país se ha disparado de nuevo, especialmente si comparamos el enriquecimiento del 1 por ciento más rico de cada país con el resto de la población. Como demostró Thomas Piketty en ‘Capital in the twenty-first century’, justo antes de la crisis el porcentaje sobre el total de riqueza del 1 por ciento más rico de Estados Unidos alcanzó los niveles de 1929. Esa concentración de la riqueza había disminuido radicalmente desde la II Guerra Mundial como consecuencia de los mecanismos redistributivos del Estado, pero empezó a crecer de nuevo a partir de los años ochenta. Hay que recordar que en la década de los años cincuenta el tipo impositivo marginal máximo –el tipo más elevado que se paga, lógicamente los ricos– era de hasta el 90% en Reino Unido o Estados Unidos, mientras que actualmente ronda el 40% en esos países. De ahí que David Harvey y otros autores hayan definido al neoliberalismo como la revuelta de las élites frente a los mecanismos redistributivos del Estado Social. O, dicho de otra forma, los ricos se cansaron de pagar los servicios públicos a los pobres y ya no tenían miedo a la revolución, así que organizaron una verdadera contra-revolución para acabar con las conquistas de la clase trabajadora.

La segunda es que la globalización está generando ganadores y perdedores también a nivel mundial, como demuestran los datos del libro ‘Global inequality’ de Branko Milanovic. Los ingresos reales de las clases populares de Europa y Estados Unidos se han estancado o han caído en las últimas décadas mientras han subido los ingresos reales de las clases medias urbanas de los países asiáticos y sobre todo de los superricos de todos los países del mundo. Dicho de otra forma, la globalización ha aumentado la desigualdad dentro de cada país, entre los poseedores de capital financiero y los trabajadores manuales, por ejemplo, pero también ha provocado que a nivel mundial el salario de un trabajador asiático se vaya pareciendo cada vez más al de un trabajador europeo medio. Esta es, exactamente, una predicción típicamente marxista: el desarrollo del capitalismo a nivel mundial igualaría las condiciones de vida de los trabajadores mientras haría aún más ricos a los propietarios de capital de todo el mundo. Un mundo dividido en clases y no en naciones.

No es que la clase obrera industrial haya desaparecido, sino que se ha deslocalizado desde Europa hacia Asia.

Ambas consecuencias están interrelacionadas. Por ejemplo, no es que la clase obrera industrial haya desaparecido, sino que se ha deslocalizado desde Europa hacia Asia. La incorporación de China e India al mercado mundial es la incorporación de más de 1.100 millones de personas para competir con otras a lo largo de todo el mundo. Esa nueva realidad opera como presión a la baja de los salarios en las diferentes secciones productivas europeas en las que se están especializando los países asiáticos. Por ejemplo, aquellos sectores expuestos a la competencia internacional, por lo general los de menor valor añadido, tienden a tener salarios más bajos. Y España, que está tecnológicamente atrasada, sufre especialmente ese drama. De igual manera, la globalización permite una mayor división del trabajo dentro de cada empresa, con procesos de deslocalización parcial y subcontrataciones, lo que lleva a que algunas empresas ofrezcan salarios muy altos y otras salarios muy bajos. Todo ello aumenta aún más la desigualdad de ingresos entre las clases populares, especialmente las no cualificadas, y las clases altas.

La consecuencia más obvia de estas transformaciones es que las estructuras de clase de los países occidentales, incluyendo España, están polarizándose. La globalización neoliberal está produciendo una nueva división entre ganadores y perdedores a nivel mundial y nacional que está quebrando al estrato intermedio de la sociedad occidental, las llamadas clases medias. Hay quien ha hablado, entre ellos Esteban Hernández, de “el fin de la clase media“. Pero más bien lo que está ocurriendo es que la clase media se está polarizando, con sus estratos sociales más altos manteniendo su posición y con los estratos sociales más bajos empeorando la suya. Los análisis del politólogo Pau Marí-Klose para España revelan que durante la crisis en nuestro país la distancia entre la clase media-alta y la clase media-baja ha aumentado.

Y por lo general los estudios económicos demuestran que el elemento clave es la cualificación formal y la estructura productiva. A mayor cualificación, más posibilidades de caer en el club de ganadores, pues se accede a puestos de trabajo más protegidos de la competencia internacional y que reparten más valor añadido. El problema es que la estructura productiva opera como limitante, como sucede con el caso español. Puedes tener a mucha gente muy cualificada pero que no es absorbida por la ausencia de tejido industrial de alto valor añadido, lo que lleva a la sobrecualificación.

A mayor cualificación, más posibilidades de caer en el club de ganadores, pues se accede a puestos más protegidos de la competencia internacional.

Llama la atención, por ejemplo, que otro estudio de Raúl Gómez, Laura Morales y Luis Ramiro revelara que el tipo de votantes de los partidos anticapitalistas tradicionales (como los partidos comunistas ortodoxos de Portugal o Grecia) y de los partidos de nueva izquierda (como Izquierda Unida o el Bloco de Esquerda en Portugal) apenas se diferencian en términos de edad, género, ubicación territorial o conciencia de clase, pero que sí hubiera diferencia en que los votantes de la nueva izquierda tienden a estar más cualificados que los votantes de los partidos tradicionales. En el caso español, en un reciente estudio publicado en 2017, Luis Ramiro y Raúl Gómez encontraron que el tipo de votante de Podemos y de IU tenía el mismo perfil, a saber, el de personas progresistas altamente cualificadas. Este tipo de estudios sugiere que la izquierda radical española está menos conectada aún a los perdedores de la globalización. Sus votantes no son los que más sufren.

Por lo tanto, lo que ocurre en España, como en toda Europa, es que el viejo mundo del compromiso de clase y de una clase media que sostiene el Estado Social está tocando a su fin. Con ella, las ilusiones de amplios sectores sociales que se autoconsideraban de clase media se desvanece. Milanovic, en su ya citado libro, considera que en los años ochenta en España había un 34% de personas situadas objetivamente en la clase media, y que en el año 2010 ese porcentaje era del 31%. Una dinámica descendente que se estaría dando en todos los países, especialmente aguda en Estados Unidos y Reino Unido. Por otra parte, la socióloga Belén Barreiro ha tratado este tema en su libro ‘La sociedad que seremos’ y desvela que el porcentaje de personas que se consideran subjetivamente de clase media ha descendido desde el 63,4% de 2007 hasta el 52,3% del 2014, cifras aun significativamente altas.

Y es cierto que las políticas neoliberales han causado esto, pero también es cierto que ha sucedido como respuesta a la propia lógica de un sistema capitalista que por su propia naturaleza es global. El ascenso de políticas proteccionistas de carácter nacionalista, como ocurre con la extrema derecha, hay que entenderlo desde esta lógica de defensa frente a estas amenazas de empobrecimiento. En otros casos la ilusión consiste precisamente en mantener la ilusión, esto es, en prometer a los votantes que volverán los tiempos de antaño y que las llamadas clases medias recuperarán su posición. Como si no existieran los 1.100 millones de nuevos trabajadores chinos e indios o no existiera la coerción de la competencia a nivel mundial. Como si quisiéramos ignorar, en definitiva, que lo que está en juego es el lugar de Europa y sus ciudadanos en el sistema económico mundial.

La izquierda radical española está menos conectada aún a los perdedores de la globalización. Sus votantes no son los que más sufren.

Cómo llegar a las clases populares

Lo importante, a mi juicio, es tener presente que la clase social no es solo una entidad objetiva que puede analizarse en los estudios económicos clasificando a la sociedad a partir de distintos criterios. La clase social es también un constructo social, una identidad, que se va construyendo en la práctica política. La clave es, entonces, cómo se construye clase social o, dicho de otra forma, cómo se consigue unir en un mismo proyecto político a la clase trabajadora que sufre la crisis y la globalización.

Algunas de las propuestas existentes son de carácter discursivo y consisten, fundamentalmente, en adaptar los discursos a las nuevas realidades políticas. Si las estructuras de clase han cambiado, parece evidente que los discursos políticos tienen que adaptarse a esos cambios. Esto es tan obvio que parece insultante tener que repetirlo. El problema es que esto por sí solo no vale. La construcción de relatos o narrativas, es decir, de historias que intentan atraer a una base social es insuficiente. Además, en comparación con los recursos para contar historias de otros partidos de derechas, financiados por los ricos, las posibilidades de éxito se reducen exponencialmente.

La clase social es también un constructo social, una identidad, que se va construyendo en la práctica.

Otras propuestas que se han dado son de ánimo organizativo, como las que sugieren la creación de una cuota obrera que obligue a las organizaciones a tener representantes de esos estratos sociales. Esta idea, recuperada hace poco por Nega y Arantxa Tirado en su libro ‘La clase obrera no va al paraíso’, recuerda la extendida prohibición que existió durante mucho tiempo entre los partidos socialistas respecto a la aceptación de militantes de extracción social burguesa. En todo caso, esta idea sería totalmente innecesaria si las cosas se hicieran bien, es decir, si la izquierda fuera de las clases populares y no solo se limitara a representarla.

La clave, a mi juicio, reside en la práctica material. Y este es un terreno desgraciadamente inexplorado por la izquierda europea actual. Se trata de aceptar que las subjetividades se crean sobre todo en la práctica, y que una organización que reside y está presente en el territorio, o que directamente está situada allá donde se da un conflicto político, es la que consigue convertirse en el instrumento de las clases populares.

Esto es algo que el movimiento obrero del siglo XIX siempre tuvo presente. De hecho, la función principal del SPD era formar a la clase más allá de las instituciones, esto es, en la práctica cotidiana. Como recordaba Antoni Domenech en su ‘El eclipse de la fraternidad’ en esa red se incluían “grandes sindicatos; cooperativas agrícolas; mutualidades; bolsas del trabajo; ligas campesinas; secciones y círculos socialistas y anarquistas; asociaciones deportivas y recreativas; círculos culturales; muchedumbre de periódico e imprentas; casas del pueblo; ateneos obreros; bibliotecas y teatros culturales; universidades populares; escuelas de formación de cuadros sindicales y políticos; cajas de seguro de enfermedad; cooperativas de consumo…”. Los grandes empresarios alemanes tenían absolutamente claro que la fuerza del SPD provenía no tanto de sus votos como de su presencia en la sociedad y de esas vastas redes sociales. El SPD logró el 34% de los votos en 1912 precisamente como consecuencia de esa fuerza. Algo que el fascismo italiano de Mussolini sabía muy bien cuando mandó a los violentos grupos de las camisas negras a destruir el tejido social que el comunismo italiano estaba construyendo en su país.

En la actualidad, cuando nuestro país y toda Europa ha iniciado una tendencia hacia las condiciones laborales del siglo XIX, conviene tener muy presente estas enseñanzas. Y recordar, sobre todo, que la función esencial de una organización política es convertirse en una sociedad alternativa, algo que se consigue siendo parte del tejido social y no solo tratando de representarlo. Si somos inteligentes en la izquierda europea, comprenderemos que la mejor manera de combatir a la extrema derecha, de ganar las elecciones y de poner en marcha un nuevo proyecto de país es precisamente a través del despliegue práctico y material de nuestra organización en todos los espacios de socialización. Y quizás todo empiece por preguntarnos si realmente nuestro objetivo es representar a las clases populares o ser las clases populares.

La balanza

17 enero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 08/11/2016 a las 06:00 Actualizada 08/11/2016 a las 10:47  

Una de las cuestiones que más me plantean en las entrevistas, pero también por la calle, es por qué en el programa en el que trabajo se le da tanta caña al PP. La impresión que percibe un sector de la audiencia es que la balanza está muy descompensada.

Cuando te detienes y les comentas que sólo se debe “dar caña” al que comete fechorías, la respuesta es siempre la misma: “Todos las hacen”. Entiende el personal que vive en un estercolero y que aquellos que no son denunciados es porque gozan de la bendición de los medios de comunicación que ocultan sus felonías. Es en ese contexto en el que se entiende que un partido político procesado como tal y que ha tenido, como en el caso de la corporación municipal valenciana, a nueve de sus diez concejales imputados, a los que decidieron no aplicar sus propias normas de control para no desaparecer del Ayuntamiento, no se haya convertido en un partido marginal.

Los votantes extrapolan la corrupción porque les resulta inadmisible creer que “los suyos” son peores que “los otros”, ya que esto les situaría en una posición moral comprometida, y más en el que caso de España, donde la derecha estaba toda unida en un solo partido, situación que ha rendido unos réditos extraordinarios gracias al sistema electoral. La renuncia a votar su opción por una cuestión ética les dejaría sin alternativa ya que, como hemos visto, el crecimiento de Ciudadanos se ha desinflado cuando hicieron la puesta en escena de aquella alianza ficticia con el PSOE. Alianza, aunque no se entendió bien, pero que cumplía una doble función. Por un lado permitía al PSOE excluir a Podemos de cualquier posibilidad de pacto. Por otro, situaba a Ciudadanos más en el centro de lo que lo hacía la ciudadanía, empeñada en que se trataba de la marca blanca del PP, al posicionarse como una fuerza que apostaba por la gobernabilidad sin tener en cuenta la ideología, ese espacio de los que se llaman apolíticos que se empeñan en que no hay derechas ni izquierdas, pero votan a la derecha.

Sin embargo, esa actitud de compadreo con el PSOE, que le ha funcionado a Susana Díaz en Andalucía para quitarse de encima el muerto de tener que pactar con la izquierda, a ellos no les va bien. No fue bien vista cuando se planteó a nivel nacional y llevó a muchos de los votantes de Ciudadanos a volver a la casa matriz, a la nave nodriza en las siguientes elecciones en las que el PP recuperó parte de lo perdido. Aquellos que apostaban por Ciudadanos para que este partido entregara su voto al PP, con lo que salvaban los escrúpulos de votar a políticos corruptos a sabiendas, al tiempo que se escogía la opción deseada, se sintieron engañados ante la posibilidad de que gobernara Pedro Sánchez. Se trataba de un voto en diferido que, al plantear la posibilidad de dar el gobierno al enemigo, se revirtió, como no podía ser de otra manera.

Así llegamos a esta disposición en la que el PP quiere recuperar su integridad, lavar su imagen, sin renunciar a sus privilegios, sin dejar de hacer de las suyas, porque esta gente no se dedica a la política por vocación de servicio, no está en su naturaleza servir, para eso tienen a los subalternos, a los empleados, a las chachas. Ven en la administración de lo público “una oportunidad de negocio”, que es el eslogan que utilizaron en la Comunidad de Madrid en los cursos de captación de inversores cuando organizaban la privatización de la sanidad pública. El mismo eslogan de Jeb Bush en su recorrido europeo para reclutar aliados de cara a la guerra de Irak. Decía que había mucha pasta para los vencedores de aquella guerra. Motivo suficiente para masacrar a una población de millones de habitantes, por lo visto.

Estos transeúntes que me abordan para decirme que dé caña a los demás, lo que me están pidiendo es que compense el deterioro que las acciones delictivas de sus líderes provoca en sus formaciones, me piden que hunda también la reputación de los rivales. Con o sin razón para ello, y esta forma de sentir se refleja en los medios de comunicación, que son el mejor termómetro de la calidad del sistema.

Recuerdo que al día siguiente de la crisis del PSOE, con la consecuente defenestración de Pedro Sánchez y la constitución de la gestora, todos los diarios de papel en los kioscos festejaban en sus portadas los hechos y bendecían la nueva situación, así como la decisión de los nuevos dirigentes del partido de abstenerse en la votación de investidura. Ni una sola opinión editorial adversa a pesar de que, por lo visto, tanto la militancia del partido como la mayoría de los votantes estaban en contra de esa decisión. Algo huele a podrido en Dinamarca. Fue cuando nos contaron que el PSOE no estaba por la democracia directa sino por la participativa, razón por la que habían decidido tomar una decisión tan importante sin consultar a nadie. Algo se había quebrado en nuestra democracia. Se volvía a la aristocracia y por primera vez existía una opinión única de todos los diarios en torno a un tema controvertido como pocos.

En este nuevo orden informativo en el que andamos inmersos, esta semana hemos vivido un tsunami informativo en torno a la venta del piso de Espinar. El hecho no parecía tener mucho recorrido. Había comprado un piso de protección oficial y luego lo había vendido sin llegar a ocuparlo al precio que marcaba la ley obteniendo un beneficio. Todos coincidían en que la operación era legal, pero remarcaban la cuestión de la responsabilidad política recuperando declaraciones de propio Espinar en el sentido de que estas viviendas no se hacían para especular, así como fotos de su asistencia a manifestaciones a favor del derecho a la vivienda. Se obviaba una pequeña cuestión que ha asolado a los miembros de esta formación, cuando los hechos sucedieron no pertenecía a un partido que ni siquiera existía. También Zapata está siendo juzgado esta misma mañana de lunes, a pesar de que el caso ha sido archivado en cuatro ocasiones parece no terminar nunca, por unos hechos que carecen de relevancia y también ocurrieron cuando no se dedicaba a la actividad pública. El pasado también ha perseguido a Rita Maestre y a otros miembros de la formación. “Ya que han decidido no delinquir saquemos la mierda del pasado”. Esa parece ser la consigna.

A pesar de la escasa relevancia que para los ciudadanos tiene la venta del piso que llevó a cabo Espinar, durante la semana pasada llenó la prensa de artículos, en algún diario ocupó la portada y la contraportada, monopolizó las tertulias televisivas, las de radio, fue motivo de artículos editoriales y abrió informativos televisivos. Se podría estudiar en las universidades como ejemplo de algo que se convierte en importante por el tratamiento masivo que le dan los medios informativos que impiden que alguien se pare a considerar de qué se está hablando.

La onda que se emite se suma a la que viene de vuelta y entra en resonancia creándose la tormenta perfecta que convierte en indefendible una fechoría inexistente.

En el colmo de los disparates, cuando se hace crítica a esta eclosión informativa desde miembros de Podemos se les acusa de intentar matar al mensajero y concretamente a Pablo Iglesias: “De arremeter contra los medios que no controla”. La pregunta que cabe hacerse es: “¿Cuáles son los medios que controla?”. Es evidente que esta ha sido la prueba de afinidad de que tal y como vaticinaba Manuela Carmena, declaración por la que fue vapuleada, “tienen a todos los medios en contra”. Tal vez fuera una expresión exagerada, hay algunos medios que parecen no estar en contra, pero desde luego no conozco ninguno que esté a favor y, mucho menos, que controle dicha formación. LaSexta, cadena en la que trabajo y que es la que dicen que, a su vez, trabaja para ellos, desde luego que no. Eso sí, hay muchas opiniones a favor de que se les vete en esa cadena, como la de Alfonso Guerra que se echa las manos a la cabeza porque en algunos programas: “les dan un micrófono”. Ya le digo yo que no, que luego lo tienen que devolver, pero ignoran al afirmar tales cosas que estos perroflautas forman la tercera fuerza política del Parlamento.

Destaca infoLibre, diario digital que muchos de ustedes conocen, que, durante el mandato de Ana Botellase regalaron trece propiedades de tapadillo, sin pasar por caja y por un valor de 300.000 euros al fondo buitre Blackstone, que se hizo no con un piso, sino con 1.860 a precio de saldo. Esa vez no hubo especulación sino desalojos, que es mucho menos grave para esos medios de comunicación prosistema. Es una pena que en su día, cuando los afectados que vivían en esos pisos a los que se les hurtó su derecho preferente a la compra, y se encontraron con que sus nuevos arrendatarios eran esos fondos buitres que les subieron, contra lo prometido por el Ayuntamiento, la renta mensual, estos medios tan preocupados por el destino de la vivienda social hicieran oídos sordos a sus desesperadas denuncias. Sus demandas no fueron tratadas como la venta de Espinar. Esas acciones delictivas que causan quebranto a la población y a las arcas públicas en beneficio de las empresas de los amigos entran dentro de la lógica. Han venido a por la pasta y obran en consecuencia. Tampoco tuvo excesivo eco en esos medios cuando se descubrió que nuestra flamante ministra de Defensa gastó nada más y nada menos que cien millones de euros de un crédito concedido para la construcción de un hospital en Toledo en otros menesteres más urgentes como, por ejemplo, publicidad, cuando faltaba un mes para las elecciones. Cien millones, nada menos, que se volatilizaron y ni un céntimo fue destinado al fin para el que se concedió el crédito que ahora hay que pagar. Estas cosas, entienden estos informadores, no interesan a los españoles. Una pena.

Para que nos entendamos, lo que destacan los medios de forma masiva es la falta de moralidad en la acción de Espinar, eso es lo que les preocupa, la salvación de su alma.

Después del crimen de Espinar los votantes del PP pueden seguir apoyando a su partido sin taparse la nariz al introducir su voto en la urna porque “la balanza está compensada”. Todos, los nuevos y los viejos, son iguales: corruptos. Ahora sí, los votantes del partido del Gobierno festejarán sin complejos su victoria.

Mientras, los que se lucran del expolio de lo público podrán brindar con sus compinches, porque tienen quien les lava la cara y les peina todas las mañanitas, y mirarán a la patria con la vista puesta en un futuro mejor, con la satisfacción del trabajo bien hecho que, citando a Pablo Guerrero, “como un licor suavísimo les llena de contento”.

Por qué apoyo a Podemos, al nuevo Podem Catalunya y a En Comú Podem

14 diciembre, 2017

Fuente: blogs.publico.es

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

Como estudioso de la situación social de España he estado más que preocupado por el deterioro del bienestar y calidad de vida de las clases populares, que constituyen la mayoría de la población española (incluyendo la catalana), deterioro que ha ocurrido durante estos años de crisis conocidos como la Gran Recesión (que para millones de españoles ha significado la Gran Depresión), y que debería también titularse la Gran Crisis Social, pues ha sido (y por mucho) la mayor crisis social que España (incluyendo Catalunya) ha sufrido durante su periodo democrático. He documentado extensamente este deterioro en mis escritos, tanto académicos (Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Ed. Anagrama, 2015) como en prensa general (ver “El mayor problema que tiene hoy Catalunya del cual no se habla: la crisis social”Público, 30.06.2017 y “El nuevo régimen social de España”Público, 23.06.2017).

El deterioro es tal que por primera vez en el periodo democrático los hijos están teniendo un nivel de vida inferior al de sus padres. En Catalunya, por ejemplo, el 40% de la población tiene un nivel de vida (medido en unidades de compra estandarizadas) menor que el de sus padres. Y relacionado con este hecho, vemos también otro fenómeno preocupante: el número de personas que ascienden en la escala de movilidad social es, en Catalunya, inferior al número de personas que desciende en tal escala. Ahora bien, no a todos les va igual de mal. En realidad, a algunos les ha ido bastante bien. Así, en Catalunya los ingresos del quintil superior en nivel de renta (el 20% de renta superior, un grupo de enorme poder político y mediático) ha visto crecer sus ingresos considerablemente mientras la mayoría de la población los ha visto reducir, habiendo alcanzado Catalunya (y España) una de las desigualdades mayores en la Unión Europea. En nuestro país, las clases populares están sufriendo. De ahí que la imagen que los establishments financieros y económicos están promoviendo, con la ayuda de los establishments políticos y mediáticos del país (tanto en España como también en Catalunya), de que estamos ya “recuperándonos” no describe acertadamente lo que está ocurriendo. Si asumimos que recuperación quiere decir volver a los niveles de vida y renta anteriores a la crisis, entonces los datos muestran la falsedad de este supuesto. Hoy ser mileurista (que era un término para definir escasez antes de la crisis) ha pasado ya a ser un sueño para millones de catalanes y españoles. 

Por qué esta gran crisis social

En realidad, por extraño que parezca las causas de tal crisis son bastante fáciles de ver, aun cuando es más que probable que el lector no las vea, ni las oiga, ni las lea en los mayores medios de comunicación del país. Las causas han sido las políticas públicas realizadas por los partidos gobernantes, tanto en España como en Catalunya, durante todos estos años, y que responden a un ideario neoliberal que ha dominado el pensamiento económico catalán, español y europeo, ideario promovido también durante muchos años por los establishments europeos como el Consejo Europeo, la Comisión Europea, el Ecofin (los ministros de Economía y Hacienda de la UE), el Banco Central Europeo (BCE) y también el Fondo Monetario Internacional (FMI). Estas políticas han incluido reformas laborales que han debilitado a los sindicatos y que han creado un gran deterioro de los salarios (un 10% como promedio desde 2007) y la calidad del trabajo, con aumentos masivo de la precariedad en el empleo, como demuestran los datos: el 57% de los empleos creados entre el 2º trimestre de 2014 y el 2º trimestre de 2017 son temporales, en donde los contratos más frecuentes son solo de 15 días, así como un aumento elevadísimo del desempleo, que ha llegado a alcanzar un 52% entre los jóvenes y ello a pesar de que un millón y medio de ellos han dejado España, siendo nuestro país uno de los que exporta más jóvenes al extranjero.

El otro gran componente de estas políticas públicas neoliberales han sido las políticas de recortes del gasto público, muy acentuadas en las transferencias públicas como las pensiones (que, producto de estos recortes, se calcula se reducirán en un 30% de aquí a unos treinta años) y las ayudas a las familias, así como en los servicios públicos del Estado del bienestar como sanidad, educación, servicios sociales, servicios destinados a ayudar a las personas con dependencia y vivienda social, entre muchos otros. Estos recortes, junto con las privatizaciones en tales servicios, han contribuido a la dramática reducción del bienestar y calidad de vida de las clases populares. La gente normal y corriente lo está pasando muy mal, y puesto que estas clases populares constituyen la mayoría de la población uno esperaría que esta crisis social centrara la atención del debate político en estas elecciones del 21 de diciembre. Y, en cambio, no lo centra. ¿Por qué no? Para entender esto tenemos que entender quiénes son los que imponen (y digo imponen porque ninguna de estas políticas públicas neoliberales estaba en los programas electorales de los partidos gobernantes) y cuánto poder político y mediático tienen. 

¿Quién aplica estas políticas?

La respuesta a esta pregunta es también muy fácil de ver, aunque tampoco el lector la verá, oirá o leerá en los medios. La respuesta es tan fácil que a los responsables de estas políticas se los puede describir con nombres y apellidos, todos ellos con gran proyección mediática, aunque ninguno de ellos aparezca en los medios por su responsabilidad por haber creado la enorme Gran Crisis Social. Hagamos una lista de los partidos neoliberales.

En primer lugar hay que poner al gobierno Rajoy, que ha aplicado con gran dureza tales políticas –reformas laborales y recortes- que han causado tanto sufrimiento. Junto al PP hay que poner a Ciudadanos, que es incluso más papista que el Papa. Es hoy el partido más neoliberal existente en España. Conocido como la “rama política del Ibex-35”, su compromiso con tales políticas es muy acusado y ello a pesar de que hay cada vez más voces dentro de la ortodoxia neoliberal que comienzan a dudar de la sabiduría y conveniencia de tales políticas. Nada menos que el Sr. Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, ha admitido recientemente que las políticas de austeridad (“recortes”) han sido un error para la Unión Europea, y el Sr. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, y la Sra. Lagarde, presidenta del Fondo Monetario Internacional, han indicado que los salarios en España (incluyendo Catalunya) son demasiado bajos. Y en España incluso El País, que es el mayor órgano de difusión del neoliberalismo, editorializó recientemente que puede que los salarios sean demasiado bajos. La derecha dura española, el PP y Ciudadanos, sin embargo, permanece fiel a su dogma neoliberal, pase lo que pase. Después de todo, los intereses económicos que los financian lo están pasando muy bien. Los beneficios del Ibex-35 nunca habían alcanzado niveles tan altos. El dato más indicativo de ello es que mientras que las rentas del trabajo (sobre el total de rentas) han ido disminuyendo durante la Gran Crisis Social, las rentas del capital han ido subiendo.

En Catalunya, el partido neoliberal más importante es Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), ahora rebautizado como PDeCAT, un partido clientelar, con un largo historial de corrupción, perteneciente a la misma familia política europea que Ciudadanos; ambos se presentan como de centro cuando en realidad han sido de los partidos que han propuesto y/o votado más leyes neoliberales en las Cortes Españolas.

Y por extraño que parezca hay que incluir al PSOE de Zapatero en esta categoría, pues fue tal gobierno el que comenzó las políticas neoliberales que fueron más tarde continuadas y expandidas por las derechas gobernantes que lo sucedieron. E incluyo en esta categoría al PSC, pues aun cuando sus bases (a diferencia del PP, Ciudadanos y el PDeCAT) son de gente de izquierdas (que prioriza políticas antineoliberales), las direcciones y aparatos de ambos partidos han reaccionado a la crisis financiera con políticas neoliberales de libro de texto. Hay que reconocer y aplaudir que el PSOE y el PSC jugaran un papel clave en el establecimiento del Estado del Bienestar en España. Pero, repito, su respuesta a la crisis fue típicamente neoliberal y no hay indicios de que Pedro Sánchez esté comprometido en romper con el neoliberalismo. Me encantaría estar equivocado. El PSOE tiene economistas de gran valía, de tradición socialdemócrata, pero todavía hoy los que han asesorado a los gobiernos socialistas han sido de claro corte socioliberal (la versión light del neoliberalismo). Hasta ahora, Pedro Sánchez parece haber renunciado, una vez más, a su compromiso de aliarse con otras fuerzas progresistas como Unidos Podemos para realizar el cambio tan urgente que el país necesita. 

La situación de las izquierdas catalanas

En Catalunya, ERC fue uno de los componentes de la coalición de izquierda –el Tripartit-, que ha sido el único gobierno de izquierdas que Catalunya ha tenido en su periodo democrático. Es un partido que es un paraguas de muchas sensibilidades políticas, desde marxistas a liberales: lo único o lo más importante que las une es su independentismo. Ahora bien, me apena que su equipo económico parezca compartir las tesis del dogma neoliberal. Varios indicadores refuerzan mi impresión. La Ley de Presupuesto aprobada por Junts Pel Sí fue una continuación de los presupuestos anteriores de Convergència i Unió, sin cambios significativos. Sus políticas asistenciales (como combatir la pobreza energética) iban por buen camino pero han sido insuficientes. Pero en temas clave no ha habido una ruptura con el neoliberalismo, dejando intactas las mayores intervenciones realizadas por Convergència (hoy PDeCAT) que han dañado al mundo del trabajo y al Estado del Bienestar. Es también sorprendente y decepcionante que en el famoso debate Borrell-Junqueras en TV3, este último tomara como su punto de referencia al gurú ultraliberal del movimiento independentista, el Sr. Sala i Martín.  Parecen estar mal aconsejados si se dejan influenciar por tal economista, el economista más promocionado por el mayor instrumento mediático del gobierno de Junts pel Sí, TV3, pagado por los contribuyentes catalanes, la gran mayoría de los cuales no comparte la ideología neoliberal promocionada por tal economista en la televisión pública catalana en estos días preparatorios para las elecciones.

Por último, la CUP, aun cuando se presenta de izquierdas y muy radical en su mensaje, en realidad siempre antepone el tema nacional al tema social, convirtiéndose en la práctica en un aliado imprescindible de Junts pel Sí.

En este resumen del panorama político en Catalunya y España puedo predecir que a no ser que haya un cambio significativo en las políticas públicas del PSOE, PSC y ERC, será muy difícil que se salga de la Gran Crisis. Esperar que cambien las derechas me parece un error. Ello me lleva a explicar por qué apoyo a Podemos, IU, En Marea, Catalunya en Comú-Podem y Podem Catalunya. La respuesta es muy lógica: son los únicos partidos que se han opuesto al neoliberalismo, y donde han gobernado han mostrado que otras políticas alternativas eran y son posibles. La evidencia de ello es abrumadora. Donde gobiernan estas fuerzas políticas se aplican políticas diferentes y opuestas a las neoliberales, como en las principales ciudades de España. 

Pero hay también otras razones de por qué las apoyo. La plurinacionalidad de España

Pero hay otra razón. Como catalán y español, que vengo de una familia represaliada por su apoyo y compromiso con el bienestar de las clases populares de los distintos pueblos y naciones de España, así como por su visión republicana y no borbónica del Estado, me siento identificado con el único espacio político (Unidos Podemos, En Comú Podem, En Marea) que considero heredero de esta tradición y cultura republicana. Su reconocimiento del plurinacionalismo de España es una característica que lo hace atractivo a todos aquellos que quieren vivir juntos en España, en fraternidad, solidaridad, con respeto a la diversidad y plurinacionalidad, construyendo una España policéntrica y no radial, como ahora.

Hoy esta visión variada y plurinacional es más necesaria que nunca pues los nacionalismos extremos -el nacionalismo borbónico por un lado, y los secesionistas independentistas por el otro- están llevando el país a un desastre no solo social, sino también nacional. No es casualidad, por cierto, que los mismos partidos que quieren imponer su visión uninacional de España, el PP y Ciudadanos (liderando el nacionalismo españolista), y el PDeCAT (liderando el nacionalismo independentista) sean también los partidos más neoliberales. Están todos ellos utilizando las banderas para esconder su neoliberalismo, lo que constituye un caso típico de esconderse detrás de las banderas para ocultar unas políticas que están causando tanto daño. La evidencia de que existe dicha utilización de las banderas (la borbónica por los primeros, y la estelada por los segundos) para ocultar su defensa de los grandes intereses económicos y financieros que representan es abrumadora. Es doloroso ver cómo Ciudadanos, cuyas políticas neoliberales están dañando a la clase trabajadora en Catalunya y en España, sea el que consiga más apoyo en los barrios obreros debido a su defensa de la “unidad de España”. 

Últimas observaciones sobre Podem Catalunya

Una de las causas del enorme poder de las derechas en España y en Catalunya se debe a la gran división de las izquierdas  (ver “La desunión de las izquierdas: una de las mayores causas de la gran crisis social”, Público, 08.11.2017). De ahí la enorme necesidad de que las izquierdas catalanas, muy divididas, establezcan coaliciones tendentes hacia una unidad. Ello ha sido posible a nivel del Estado cuando se estableció En Comú/Podem, que ganó las elecciones generales en Catalunya dos veces. Es la unión de Barcelona en Comú, ICV y EUiA con Podem, la rama catalana de Podemos. Esta coalición, sin embargo, no se ha establecido en Catalunya hasta ahora.

Y es ahí donde deben entenderse varios puntos pues, como era de esperar, los medios –en su campaña de hostilidad hacia esta izquierda- han estado tergiversando las noticias sobre el cambio de liderazgo en Podem Catalunya. No son ciertos varios hechos. No es cierto que Pablo Iglesias haya intervenido en Podem Catalunya de la misma manera que Rajoy ha intervenido el Gobierno catalán. Esta versión, interesadamente promovida por la dirección saliente de Podem, es falsa, pues no fue “Madrid” sino la máxima autoridad de Podem Catalunya, los inscritos, los que votaron masivamente en contra de la dirección anterior y a favor de la coalición con Catalunya en Comú. En realidad, el descontento de muchos miembros de Podem con la dirección política del equipo anterior, próximo a la CUP y a ERC, era bien conocido y la gran participación –que batió todos los récords-, con un no a la política de la dirección saliente y un sí rotundo a la coalición, era previsible.

Por otra parte, la convocatoria inmediata de elecciones el 21D por parte del gobierno Rajoy creó problemas de calendario que imposibilitaron los procedimientos característicos de culturas participativas como la de Podem, como son las primarias y la preparación de las listas electorales, lo cual explica que no solo Podem sino muchas otras formaciones políticas no pudieran seguir tales procedimientos. Es más, Podemos nombró una gestora integrada por personas conocidas, a las cuales se reconocía como favorables al mandato del nivel más soberano de Podem, los inscritos. Esta gestora se estableció después de haber hecho la lista electoral, pues su función era distinta: preparar la campaña electoral junto con Catalunya en Comú y también preparar la Asamblea Ciudadana para elegir la nueva dirección de Podem. Y, como era de esperar, hay miembros que, coherentes con su desacuerdo con el mandato de los inscritos, están dejando Podem Catalunya, lo que queda compensado por un número mayor de miembros que se están movilizando para establecer el nuevo Podem, cumpliendo así el objetivo de la unidad de las fuerzas progresistas que Catalunya necesita como el aire que respira. Y, un primer paso para ello, es el establecimiento de la coalición Catalunya en Comú-Podem que es la única fuerza política hoy en Catalunya que combina una crítica al neoliberalismo, que ha dañado tanto a la mayoría de la población catalana, con propuestas alternativas que han mostrado su factibilidad donde han gobernado, junto con un reconocimiento de la plurinacionalidad de España con una propuesta real y realizable para llevarla a cabo.

¿Qué tienen los diputados?

30 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Desde hace un tiempo, nuestros parlamentarios ponen a disposición de todos nosotros sus declaraciones de bienes. Es una información extensa que nos permite arrojar luz sobre su situación patrimonial cuando entran en el parlamento.

Sin embargo, mas allá de la puntual anécdota de si el diputado A tiene tanto en el banco o la diputada B tiene tanto menos en fondos de inversión, ningún medio de comunicación que conozca se ha molestado en revisar esta información de forma sistemática. Es comprensible: los medios deben responder rápidamente a la actualidad, y poner esos datos en orden es, en muchas ocasiones, una auténtica tortura.

Si además tenemos en cuenta el coste de oportunidad de dicho trabajo, la presencia casi omnímoda de algunos temas en el panorama informativo y, en consecuencia, el impacto limitado que seguramente pueden tener este tipo de trabajos, se entiende que dichas labores apenas se vean. Por eso es una suerte escribir en Piedras de Papel. Aquí, además de tratar de los asuntos de extrema urgencia, nos tomamos el tiempo para abordar otros que ahora no concitan tanta atención, pero sí pueden servir para aportar algo de información y argumentos que pretendan ir más allá de la mera opinión.

He recopilado todas las declaraciones de bienes de Diputados de esta legislatura. Además del sueldo, hay información sobre dividendos y participación en beneficios de sociedades, cantidad de bienes, el saldo de los depósitos y mucha otra información. Incluido el saldo pendiente o si el diputado tiene una embarcación (hay tres que tienen) o una aeronave (ninguno tiene).

Además de esta información –para la que  Miguel Ángel Lara Otaola de la Universidad de Sussex ha sido clave- también hay algún dato de carácter biográfico de los representantes. Ha llevado algún tiempo realizar la base de datos. Esto implica que puede haber algunos pequeños desajustes. Por ejemplo, en esta base, la diputada de Podemos Nagua Alba (por Guipúzcoa) es la más joven cuando hoy su lugar lo ocupa la vallisoletana Raquel Alonso, del PP. La diferencia radica en que la primera se incorpora a su escaño en julio de 2016 mientras que la segunda sustituye a Tomás Burgos el pasado noviembre.

Lo primero que presento es la distribución de los bienes e inmuebles de naturaleza urbana. De los 350 congresistas, 290 declaran propiedades urbanas y 60 no. Un matiz: en esta categoría de bienes e inmuebles urbanos entran viviendas pero también plazas de garaje o trasteros. He agrupado la categoría de tres o más propiedades de los diputados y las presento por partidos en la tabla siguiente. Agrupo en la categoría ‘Resto’ a los diputados de los grupos nacionalistas y los del grupo mixto.

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En los tres gráficos, Podemos incluye Unidos Podemos y confluencias.

Los diputados del PP y del PSOE tienen en promedio más propiedades que el resto de los grupos, mientras que los de Unidos Podemos y confluencias son los que menos tienen. El gráfico de caja de abajo resume la información de forma desagregada, además de proporcionarnos información sobre la igualdad o desigualdad entre los diputados respecto al número de propiedades urbanas. La base de la caja representa el 25% de los datos de ese grupo. La parte superior de la caja recoge el tercer cuartil o el 75% de los datos.

La raya en la caja representa la mediana de los datos (el punto en el que se encuentra el 50% de los casos). Las barras (superiores e inferiores), también conocidas como bigotes, recogen una medida de dispersión de los datos. Por último, los puntos fuera de los bigotes, son los valores extremos o atípicos para cada partido. Así, hay tres parlamentarios del PP que se van por mucho de la distribución de los parlamentarios de la bancada popular (con 9, 11 y 18). En cambio, en Unidos Podemos y confluencias, hay tres diputados con más propiedades (dos con cuatro y uno con cinco) que el resto de los diputados del grupo de Pablo Iglesias.

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Hay 60 diputados que no declaran ninguna propiedad urbana, siendo 32 de estos de Unidos Podemos y confluencias. Una lectura posible es que los diputados de Unidos Podemos y confluencias provienen de un entorno socioeconómico menos privilegiado que los del resto de los congresistas. Puede ser una explicación. La otra que se me ocurre es la edad de los representantes: los de Unidos Podemos y confluencias son significativamente más jóvenes que el resto. El promedio indica que el diputado medio de Unidos Podemos y confluencias tiene 42, por 46 del de Ciudadanos, 51 el del PSOE y 52 el del PP.

Rara vez que alguien compra una propiedad lo hace firmando una hipoteca. lo que conlleva tener deuda. Dicho de otro modo, se puede tener una, dos o más propiedades, pero también tener un saldo negativo (es decir, deber dinero) porque se tiene una hipoteca. Hay 221 diputados que proporcionan su saldo pendiente. El promedio de lo que deben es algo más de 128.000 euros. Por partidos, hay diferencias: el promedio de lo que deben los diputados del PP son 153.000 euros; los de Ciudadanos, 131.000; los del PSOE 114.000 y 78.000 los de Unidos Podemos y confluencias.

Como antes, el gráfico presenta la distribución por partidos y permite ver las diferencias por partidos. Cabe destacar la dispersión de los diputados de Ciudadanos. Y también que mientras los diputados del PSOE tienen, en promedio, el mismo número de propiedades urbanas que los del PP, sus saldos pendientes son sustantivamente inferiores.

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Obviamente, estos primeros resultados son exploratorios y extraer conclusiones definitivas puede ser precipitado. A algunos les parecerá que nuestros diputados tienen demasiadas propiedades. A otros no. Creo que lo importante es que los ciudadanos podamos acceder a este tipo de datos para conocer con qué y cuánto se entra en política y con qué y cuánto se sale de ella. En segundo lugar, he optado por presentar algunos pocos datos. Otras entradas pueden arrojar luz sobre otros aspectos de nuestros diputados. Por último, esta información es pública y de libre acceso. Está en formato pdf. La he puesto en un formato manejable (Excel) para poder realizar estos breves análisis. Si quiere acceder a ella para realizar sus propios análisis o por mera curiosidad, envíeme un correo y se la mando.

Cuando la madre devora a sus hijos

20 octubre, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

El Gran Wyoming, 12 de octubre de 2016.

Parece que el PSOE, por boca del presidente de la gestora, le está cogiendo gustillo a aquello que tanto se invocaba en otros tiempos para justificar lo injustificable, y es decir y hacer las cosas en el nombre de España.  

No en nombre propio, que implica asumir la responsabilidad de aquella empresa que se acomete, sino en nombre de la patria, lo que convierte al actor en un agente receptor de destinos superiores cuya transmisión es ajena a su voluntad y conveniencia, sacrificando su ideología, sus deseos, voliciones y razones en aras de un orden místico ajeno a su condición terrenal.

Otros lo hacen en el nombre de dios.

Tendemos a entender que cuando se dice España se hace referencia a los españoles. No es así. A mí me gusta más cuando se hacen las cosas por el bien de los ciudadanos porque creo que todo, incluida la idea de la patria, debe estar supeditado al bien común.

Los españoles somos reales, España es una idea en la que cabe de todo y en su nombre se llevan a cabo infinidad de actos, unos para bien y otros execrables. Es tan amplia la idea que, como vemos, entra hasta la abstención. Piqué, no. Parece que hay una manera, y sólo una, de ser español y ahí la cuestión se vuelve restrictiva. Como con el tema de la enseña nacional. Veo un vídeo en internet que ha colgado una asociación, Pacma, en contra del maltrato animal, en el que un toro es acosado con automóviles por el campo. Le golpean con banderas españolas. Es otro de los usos de la patria, se puede atizar con ella al rival. Ya lo dijo Franco de Berlanga cuando vio Bienvenido Mr. Marshall: “Es peor que un comunista, es un mal español”. Sí, amigos, hay una forma buena de ser español.

De dar crédito a las palabras del presidente de la gestora, Javier Fernández, habría que aceptar que aquel que no comparta sus decisiones no quiere el bien de España. Yo no sé qué quiere España porque con ella me pasa como con dios, que no me habla, debe estar siempre ocupada con nuestros representantes.

Hay que reconocer que unos, los del PP, han sido, históricamente, más españoles que otros, los del PSOE. Se han adelantado en el tiempo y han llevado a cabo esa usurpación de la propiedad de España con mayor intensidad, con la misma pasión con la que han incautado los dineros públicos. El Partido Popular debe estar tenso con esta estratagema del PSOE de usar España como burladero. Es su rollo. Es su marca de toda la vida. Tienen los huesos rojos y gualdas. Son expertos en el tema, por eso ponen el himno español en sus actos: es suyo. Hay paisanos que no son muy fans de un servidor y me lo cantan cuando voy por ahí para tocarme las narices: es suyo. También se cubren con la bandera con cualquier excusa: es suya. Se la ponen en el reloj, en el retrovisor, de pulserita, en los niquis, en las gafas de sol, atada al cuello de capa al estilo de los superhéroes, y hasta hacen condones con la bandera. Supongo que en el 20N se los pondrán a media asta. La bandera también es suya. Te la enseñan agitándola porque les pertenece. Les representa. A mí, no.

Por eso creo que el PSOE se mete en un jardín. Empezaron con lo de España Una, y van camino de todo lo demás.

Intentar convencer al personal de que se va a consentir un gobierno del PP por el bien de España es complicado. La mayoría de los españoles han votado para que tal cosa no ocurriera. Dada la actividad revanchista y antidemocrática que emplea el PP cuando tiene mayoría absoluta, consigue que existan dos clases de votantes: los suyos y todos los demás. Quiero decir que, salvo en el caso de Ciudadanos, que la cosa es más discutible, el que no vota PP vota contra el PP. Y si hiciéramos caso de lo que dicen los líderes de Ciudadanos en el sentido de que han venido a regenerar la política, concluiremos que el número de votantes que no quiere un gobierno del PP, según han manifestado su deseo en las urnas,es casi el doble de los que han votado a los que nos van a gobernar. Lo llaman Democracia. Sólo el PSOE y Podemos les sacan más de un millón y medio de votos, pero esto no es un mensaje que cale en el ánimo del señor que preside la gestora de Ferraz. Piensa que a pesar de lo que hayan expresado los ciudadanos, España quiere otra cosa. 

Claro que para justificar tamaña falacia ya tienen otro discurso-consigna preparado: “La tendencia a la democracia directa no está en la cultura del PSOE, que no es una organización partidaria de los plebiscitos y tiene cultura representativa”. No es su tendencia seguir el dictado de los que les votan, lo que se llama voluntad popular, sino que son más de representarles. Lo malo es que ahora no representan a los votantes sino a España, como los cantantes de Eurovisión. Eso no es democracia representativa, es una estafa.

El PSOE está dispuesto a permitir gobernar al PP aunque está en minoría absoluta. ¿Se enteran estos señores lo que está pasando en la Audiencia Nacional? ¿Van a poner a esa banda al frente de esa España cuyo bien procuran?

Se da la paradoja de que se entrega el Gobierno de España, por el bien de España, a los que el PSOE afirma que quieren hundir España, tal y como nos llevan contando sus líderes desde hace cuarenta años. Bueno, también que la entrada en la OTAN no estaba bien, o que el derecho de autodeterminación era tal. En fin, como cuenta Baltasar Garzón en su último libro, Felipe González le contestó en tono jocoso al demandarle el cumplimiento de un compromiso de su programa: “Las promesas electorales están para no cumplirlas”. “No es no”, dijeron.

Afirma el presidente de la gestora que “se ha revelado imposible otra opción de Gobierno, por lo que ahora se requiere un aterrizaje forzoso en el principio de realidad, que no sintoniza con el sentimiento de los militantes más fervorosos”. Dice que se ha revelado imposible otra opción de Gobierno como si él no tuviera nada que ver con eso. Le ha faltado añadir: “De eso me encargo yo”. Claro que se ha revelado imposible, precisamente cuando él y sus compañeros “críticos” han decidido quitarse la careta y plantar cara a esa posibilidad que es mayoritaria, por más que ellos y sus afines mediáticos se empeñen en decir que lo blanco es negro y que los números no son los que son. Si tal imposibilidad fuera cierta, no habría hecho falta que Susana Díaz desembarcara en Ferraz con sus huestes rocieras tomando la plaza al asalto. Habría bastado con que sentara sus reales en las calles aledañas tomando un cafelito, como en su día se sitiaban las plazas, hasta ver caer desde la almena a su rival acuciado por esa “imposibilidad” y recibir la llave de su casa como en su día hiciera Isabel La Católica con la de Granada.

Fue, precisamente, la existencia de tal “posibilidad” lo que catalizó el bochornoso espectáculo de la abolición de democracia interna, así como la invalidación de la decisión del Comité Federal de votar “no” en la investidura. Comité Federal que ahora, superado este proceso de enajenación, vuelven a vender como incuestionable y verosímil, no risible. Lo que ocurrió es que dicho comité se limitó a interpretar lo que querían sus militantes y votantes en lugar de los deseos de España que, como decimos, no siempre coinciden, y hubo que ponerlo en su sitio. Los que quieren el bien de España se encargaron de ello. Entienden que las riendas deben estar en manos de personas responsables con altura de miras. Como decimos, están más por la democracia representativa. Y ese sacrificio no siempre se entiende. Desde luego los del IBEX y la prensa de la derecha, o sea, toda menos estas cosas digitales populistas en las que me hallo, lo han entendido y celebrado. Es mosqueante, ¿no? También quieren el bien de España mientras la desangran.

Pues nada, habrá que aceptar a Rajoy como animal de compañía y escuchar a los que le dan el Gobierno decir que es un corrupto y todo eso, y que legisla en contra de los intereses de los españoles, eso sí, ahí coincidirán: por el bien de España.

Nosotros tendremos que ir, poco a poco, “aterrizando en la realidad”, como dice Javier Fernández, y abandonar esta utopía de políticos honrados al servicio de los ciudadanos, de los españoles. Una pena que España no nos dé amparo y su bien sea nuestra congoja, nuestra miseria, nuestra desesperación.

¿Quién nos librará de esa madre cruel despótica e inmisericorde que nunca quiso a sus hijos?

¿De verdad nos van a poner otra vez a estos que renegaban de los ladrones para pedir su absolución y proclamar que no se cumplen las garantías procesales?

Estos delincuentes nos van a laminar y la gestora les regala la apisonadora.

Lecciones francesas para España

14 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Mientras Albert Rivera y Mariano Rajoy corren a ponerse en el viento de cola que empuja a Enmanuel Macron e intentan apuntarse su victoria como otro logro del centro liberal y reformista que ambos proclaman representar y su franquicia como signo de los triunfos electorales que les aguardan, el PSOE y Podemos se imputan mutuamente el desastre del Partido Socialista francés o la polémica ambigüedad de Jean-Luc Mélenchon con su decisión de no apoyar expresamente al candidato ganador frente a la derecha extrema de Marine Le Pen. Unos se disputan la victoria y el gobierno mientras los otros compiten por explicar la derrota y el liderazgo de la oposición. Nada nuevo bajo el sol desde hace ya más de dos legislaturas en España.

Los datos que acaba de publicar el CIS resumen la causa y el efecto de semejante dinámica. El PP saca 11 puntos de ventaja a los segundos. La suma de las derechas obtiene cinco puntos de ventaja sobre la suma de las izquierdas. Si hacemos caso a quienes sitúan al PSOE fuera de la izquierda, la ventaja se dispara a 25 puntos. La revisión de los porcentajes de intención directa de voto para evitar la cocina reduce levemente esas diferencias pero no altera las posiciones y confirma que el nivel de indecisión no parece especialmente elevado. La gran mayoría de los españoles parece tener muy decidido su voto y la lectura de sus intenciones indica que, a día de hoy, sólo parece viable un gobierno de derechas en España.

En Francia Macron ha ganado sumando dos millones de votos más que François Hollande en su día, papeletas que recogió provenientes de electores que en la primera vuelta optaron por el republicano François Fillon. El nuevo presidente de la República mantuvo intacto el voto de izquierda que había derrotado a Nicolas Sarkozy en 2012 y logró ampliar sus apoyos pescando en el centro derecha.

El éxito logrado por Mélenchon y su llamada a no elegir entre Macron y Le Pen, elevando el voto en blanco o nulo hasta un 12%, se queda en una victoria pírrica que no oculta cómo la mayoría de sus votantes eligieron parar al Frente Nacional. Puede sucederle otra vez en las legislativas de junio si buena parte de sus electores vuelven a concluir que la no definición conduce irremediablemente a la irrelevancia.

En Portugal el partido conservador fue es el más votado pero gobierna el innovador entendimiento entre tres fuerzas de izquierda tan alejadas y distintas como, por ejemplo, sucede en España. El Bloque de Izquierda y el Partido Comunista apoyan un Gobierno minoritario de los socialistas lusos con António Costa a la cabeza. Los tres actores de la izquierda lusa han sabido decidir y elegir cuándo tenían que competir y cuándo debían cooperar y llegar a acuerdos y compromisos para lograr el gobierno y ejercerlo de manera efectiva.

Han aprendido a negociar y renunciar a posiciones y elementos de sus respecticos programas para construir un programa de gobierno y un espacio común de colaboración que va poniendo fin a las políticas de recortes y ha empezado a recuperar derechos y programas sociales. Las lecciones no pueden estar más claras.

Siempre demoniza quien menos debe

29 mayo, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

El Gran Wyoming, 10 de mayo de 2016.

Para empezar no entiendo el gran drama que, al parecer, supone la repetición de las elecciones.

Otros países tienen segundas vueltas y no se echan las manos a la cabeza, pero desde luego, para lo que se ofrecía con tono lastimero como mal menor tratando de evitar que gobernara el PP: un pacto surrealista en el que la otra parte insistía que el PP debería estar en el Gobierno, casi mejor que se repitan. Me refiero a la alianza entre PSOE y Ciudadanos, donde el PSOE exigía pasar por el filtro de Rivera para poder sentarse a hablar con Sánchez. Le colocaron de portero de discoteca. También tenía su gracia que para poder revisar el acuerdo que habían firmado previamente dichos partidos, en su generoso afán por incluir a otros en la coalición, antes de sentarse a la mesa de negociación, había que suscribir las doscientas páginas acordadas, lo que daba derecho a estar en una mesa que no admitía “líneas rojas”. Sí, suena a camelo y lo es, lo llaman coherencia, gobernabilidad y sentido de Estado.

Bueno, pues como el acuerdo no ha servido de nada porque se han quedado solos los dos firmantes, así de generosa era la oferta, los partidarios del mismo consideran que es un insulto para la ciudadanía que se la convoque de nuevo porque es tanto como decir que el votante se ha equivocado. Pues sí, es posible que, visto lo visto, muchos se hayan equivocado. Han comprado sardinas en aceite creyendo que compraban alcachofas.

Humildemente creo que hay mucha gente que se equivoca. Yo me he dado cuenta de que me he equivocado al votar, más de una vez, cuando he comprobado el resultado posterior. El único que no se equivoca es el votante del PP. Ese lo clava. Sabe de qué van sus candidatos, a lo que se dedican, y cuenta con ello. Algunos dicen estar sorprendidos cuando ven a sus mitos entrar en la cárcel: mienten.

Sí, creo que me he equivocado al votar alguna vez porque me he sentido engañado o, mejor dicho, me han engañado. Puede que algunos no se enteren, pero si Felipe González fue sincero cuando dijo que la dictadura de Pinochet “era más respetuosa con los derechos humanos que el paraíso de Maduro”, ha engañado, y durante mucho tiempo, a los que algún día creyeron en él. Esa declaración no sólo es falsa, sino que es característica de un líder de extrema derecha. Habría que recordarle que de ser cierto lo que afirma, toda esta labor humanitaria que está llevando a cabo por la liberación de los presos políticos en Venezuela sería inútil porque estarían ya bajo tierra como se hacía en aquella dictadura que cortó las manos al cantante Víctor Jara antes de asesinarlo, junto a otras 3.200 personas, según reconocen los datos oficiales, a los que hay que sumar los desaparecidos y los más de 38.000 torturados que también reconocen esos datos. Creo que el señor González ya es mayorcito para ir a Barrio Sésamo a aprender la diferencia entre más y menos, si es que de comparar grados de respeto a los derechos humanos se trata.

La afirmación es un agravio de tal calibre para las víctimas de las dictaduras y los defensores de la justicia y la libertad, que sólo puede entenderse desde un calentón para ganarse el aplauso del público presente en el acto donde soltó el exabrupto, o un homenaje a la señora que tenía al lado cuyo marido se encuentra en prisión en Venezuela.

Estos líderes políticos que dicen representar al socialismo, y más en su caso, que ha sido el presidente que más años ha estado al frente de esta nación en democracia, deberían ser discretos, ya que pedir honestidad parece exigir mucho, porque hacen reconsiderar a mucha gente si ha sido estafada cuando votó a candidatos de semejante catadura moral que, desde luego, en nada se corresponden con la forma de entender el mundo de lo que se ha dado en llamar “la izquierda”, espacio que ocupan de cara a los comicios electorales. No creo que esas afirmaciones le hubieran dado muchos votos entonces, cuando los contemporáneos de aquel régimen dictatorial, como yo, estábamos al día de lo que allí ocurría. Los socialistas chilenos, señor González, su gente, eran secuestrados, encerrados en campos de internamiento militar y brutalmente torturados. Muchos eran asesinados después.

Por abundar en el tema, el paraíso de Maduro, como él lo llama, no lo creó, como el “Terrenal”, en plan capricho, dios nuestro señor. Es la consecuencia de la victoria de Chávez en unas elecciones democráticas, cuando todavía los plebiscitos venezolanos no estaban manipulados, tal y como ocurre ahora según afirma todo el mundo, con un 56,2% de los votos, la segunda mayor victoria de la historia de Venezuela en cuarenta años. Una barbaridad para alguien que se presentaba por primera vez a unas elecciones. Por cierto, estos señores bolivarianos se han debido cansar de ejercer el mal y han decidido ceder el testigo porque con el grado de manipulación electoral con el que aseguraban que se iban a celebrar las elecciones en Venezuela, resulta que ha ganado la oposición a Maduro.

¿Por qué ocurrió algo así?. ¿Cómo pudo sacar Chávez tantos votos?

El país se había sumergido en una profunda crisis a raíz de diferentes políticas de dudosa honestidad cuando llegó al poder por segunda vez, en 1989, Carlos Andrés Pérez, amigo íntimo de Felipe González, con un discurso de los que ahora llamarían populista. La primera presidencia la abandonó dejando un escándalo por corrupción en su currículum. En esta segunda, diez años después, decidió emprender medidas “neoliberales” que no estaban en su programa siguiendo el dictado del FMI y, así, desregularizó la economía, liberalizándola por completo, llevando a cabo las clásicas privatizaciones de turno que tan ricos hacen a terceros, y generando gran quebranto entre las clases más desfavorecidas. El petróleo subió de golpe un 30%, el transporte un 100%. Se crearon inmensas bolsas de pobreza y se produjeron movilizaciones masivas. Estas movilizaciones culminaron en lo que se llamó El Caracazo, con el resultado de miles de ciudadanos muertos a manos de la policía y el ejército en las calles de Caracas por orden de Carlos Andrés Pérez, que además de presidente era Comandante en Jefe del Ejército.

La cifra de muertos no está clara. El gobierno reconoció en su día 276 víctimas de la represión. Tras la exhumación de una fosa común conocida como La Peste, por orden judicial, donde aparecieron 68 nuevos cuerpos sin identificar, todo quedó pendiente de esclarecer. Hasta hoy. Esa fue la forma de actuar de la autoridad democrática competente: asesinar, recoger cuerpos de las calles y enterrarlos en fosas comunes. Lo llaman desparecidos. Ese número oscila entre 2.000 y 4.000 según las fuentes. El Caracazo fue considerado el genocidio más brutal de la historia de Venezuela. Corría el año 1989. Felipe González, en 2010, cifró el número de muertos en unas decenas, menos que los propios autores.

Es la ventaja de contar desaparecidos en lugar de muertos, los desaparecidos no son un atentado a los Derechos Humanos, pertenecen al campo del misterio, salen de la jurisdicción oficial para entrar en la de Iker Jiménez.

El país, tras esta matanza, se sumió en el caos. El deterioro de la situación social y una corrupción creciente que se instaló en el poder provocaron dos intentos de golpe de Estado abortados. En uno de ellos participó Chávez. Aprovechando la tesitura, Carlos Andrés Pérez derechizó mucho más sus políticas. Los artículos de primera necesidad alcanzaron precios desorbitados para los pobres. No fue la matanza del Caracazo lo que le apartó del poder, fue expulsado de la presidencia por la Corte Suprema de Venezuela: había hecho desaparecer 17 millones de dólares de una partida secreta. Ya estando fuera del país, también descubrieron cuentas secretas a su nombre en EEUU. CAP está considerado el gobernante más corrupto de la historia de Venezuela. De hecho, murió en Miami como un fugitivo, ya que el gobierno venezolano, con Chávez en el poder, pidió su extradición para ser juzgado cuando aparecieron las cuentas secretas y nunca regresó.

En fin, este hombre tan peculiar, tan alejado de la honradez como de los derechos humanos, fue considerado en su tiempo, junto a Willy Brandt, el padrino de Felipe González. De hecho, al morir Franco, González regresó a España en el avión privado de Carlos Andrés Pérez. Los socialistas todavía vivían en España en la clandestinidad.

Quiero decir que, si quisiera, Felipe González podría hablar largo y tendido sobre corrupción y derechos humanos en Venezuela y sobre el origen del Paraíso de Maduro. También de financiación desde Venezuela del PSOE en un tiempo en que esas cosas no estaban mal vistas. CAP no sufrió una campaña de demonización de años y años durante su presidencia, ni siquiera cuando masacró a su pueblo o tuvo que dejar el país por robar.

¿Alguien se imagina qué ocurriría si Maduro matara a 2.000 personas en una sola noche? ¿O Fidel Castro?

A estas horas ya le hubieran invadido fuerzas defensoras de la democracia.

Hablar de esto ahora es como, en su día, denunciar que las “armas de destrucción masiva” eran una coartada para aniquilar al pueblo iraquí y robarle el petróleo te convertía en un defensor de Sadam Husein. Denunciar que la historia de Venezuela no empieza en Chávez te convierte en un defensor de Maduro y en un radical propagandista, pero cada palo tiene que aguantar su vela y fue el padrino de Felipe González, CAP, que llegó a presidir nada menos que la Internacional Socialista, el que sumió Venezuela en el caos y la corrupción poniendo su país en manos de un capitalismo salvaje que arrasó a sus ciudadanos condenando a las clases populares a la extrema pobreza.

Ahora que se repiten las elecciones en España se demoniza a los que han tenido contacto o trabajado para el gobierno de Venezuela. Tiene gracia que en esta campaña participen los que tienen como líder al que viajaba en el avión privado del presidente de aquel país, considerado el más corrupto de su historia, y al que Felipe González dedicó una emocionada carta de despedida cuando murió en Miami, carta publicada en su día en el diario El País, que todavía puede leerse en Internet.

Deberían preocuparse menos los analistas políticos por el hecho de que tener que repetir unas elecciones sea una gran frustración, y denunciar con contundencia a los que hacen equivocarse a los votantes por traicionar sus programas electorales y, entonces sí, transmitir la sensación más que real de estafa a los electores y al propio sistema.

No pasa nada por repetir unas elecciones. Esta segunda vuelta también tiene algo positivo, ha puesto más claras cosas, define un poco más dónde está cada uno y con quién.

¿Quién teme a las urnas?

Bueno, la verdad, visto lo visto, todos un poco.

Mariano Rajoy vuelve a ignorar la ley de memoria histórica en su legislatura de “consenso”

11 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Los presupuestos de 2017 consolidan el ninguneo del Gobierno del PP a la exhumación de represaliados y la atención a víctimas del franquismo: la partida presupuestaria es cero.

Su socio principal, Ciudadanos, era partidario de las exhumaciones y el cambio de calles “sin campañas exageradas”.

Al llegar a Moncloa Rajoy quitó la Oficina de Víctimas, luego bajó a la mitad el presupuesto para exhumaciones, y un año después lo eliminó.

Raquel Ejerique

04/04/2017 – 21:17h

Trabajos en una fosa común
Trabajos en una fosa común

Rajoy ha dejado clara su postura ante la ley de memoria histórica desde que llegó a la Moncloa: desactivarla reduciendo primero su presupuesto y luego eliminándolo. En las cuentas de este 2017 incide en la misma línea, de modo que su anunciada legislatura de “consenso” ante la necesidad de acuerdos parlamentarios se estrena con cambios de posición en temas como educación o violencia de género, pero no van a alcanzar a las víctimas del franquismo, tal y como se puede comprobar en la decisión de negar la dotación presupuestaria en el primer año de su nueva legislatura. Es el cuarto año consecutivo que lo hace.

Su socio principal en las cuentas para este año, Ciudadanos, tampoco tenía como prioridad a los represaliados, aunque en su programa sí hablaba de facilitar exhumaciones (sin especificar si las debía financiar el Estado) y modificar los callejeros aunque advirtiendo de que “sin campañas exageradas”. Todo ello, sin dañar la “reconciliación entre españoles”, tomando parte por la hipótesis del PP de que la reparación de las víctimas puede ser peligrosa. Según el resultado final en los presupuestos 2017, la Memoria Histórica seguirá aparcada y no se ha tratado en las negociaciones entre ambos partidos.

Tras llegar a Moncloa en 2011, Rajoy tomó varias medidas que dejaban sin efecto la ley de Zapatero de 2007 y cualquier iniciativa de reparación. Primero, en marzo de 2012, suprimió la Oficina  de Víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura, un organismo creado por el gobierno socialista que se encargaba de atender a los familiares y facilitaba información y procedimientos para las exhumaciones: se calcula que en España quedan 2.000 fosas sin abrir donde yacen sin nombre ni sepultura unos 100.000 españoles.

El Gobierno del PP la integró en una subsecretaría de Justicia que se encarga de indultos, condecoraciones y títulos nobiliarios. Su cuarto cometido es poner “medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”. De momento no las hay.

Evolución del presupuesto a Memoria Histórica

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Su segunda medida fue recortar a menos de la mitad el presupuesto para la ley de Memoria Histórica, de 6,2 millones (en 2011) a 2,5 millones (en 2012). Con ese dinero se subvencionaban básicamente exhumaciones, a través de una Comisión Interministerial que dependía del Ministerio de Presidencia y que Rajoy borró de los presupuestos.

El año siguiente, en 2013, Rajoy inició la senda del cero. Cero euros para las víctimas, una decisión que le han afeado organismos internacionales como la ONU, que criticó en un duro informe que fueran los familiares quienes costean la recuperación de los cuerpos o los forenses y voluntarios en sus ratos libres sin remuneración. Pese a la reprimenda y a que España está en la senda opuesta de países como Chile, Italia, Alemania o Argentina, el Gobierno ha mantenido su postura hasta hoy.

Es más, el presidente se ha jactado en público de haber desactivado la ley quitándole el presupuesto [vídeo abajo]. Preguntado en un acto por qué no la había derogado, aclaraba que había hecho otra cosa que significaba en términos pragmáticos lo mismo: “Bueno, la dotación presupuestaria ha sido cero. La media es cero y fue cero todos los años”. Es decir, hay una ley pero no se puede cumplir porque el Gobierno la ha vaciado presupuestariamente.

En cuestión de dinero lo ha dejado claro, pero también con otras actuaciones que no requieren un desembolso. Por ejemplo, dilatar más de un año el cumplimiento de la sentencia que obliga al Gobierno a exhumar dos cuerpos del Valle de los Caídos o boicotear la querella argentina que investiga los crímenes del franquismo.

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