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El legado del anarquismo

2 febrero, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

El 4 de noviembre de 1936, hace ahora 80 años, sucedió un hecho trascendental e irrepetible: anarquistas entraron en el Gobierno de una nación.

La CNT en el Gobierno de la República. De izquierda a derecha, los ministros Bernardo Giner de los Ríos del partido Unión Republicana y Federica Montseny y Juan García Oliver de la FAI.
La CNT en el Gobierno de la República. De izquierda a derecha, los ministros Bernardo Giner de los Ríos del partido Unión Republicana y Federica Montseny y Juan García Oliver de la FAI.

El 4 de noviembre de 1936, hace ahora 80 años, cuatro dirigentes de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) —Federica Montseny, Juan García Oliver, Joan Peiró y Juan López— entraron en el nuevo Gobierno de la República en guerra presidido por el socialista Francisco Largo Caballero. Era un “hecho trascendental”, como afirmaba ese mismo día Solidaridad Obrera, el principal órgano de expresión libertario, porque los anarquistas nunca habían confiado en los poderes de la acción gubernamental, su objetivo siempre había sido abolir el Estado, con su prédica del antipoliticismo y de la acción directa, y porque era la primera vez que eso ocurría en la historia mundial. Anarquistas en el Gobierno de una nación: un hecho trascendental e irrepetible.

Desde que Giuseppe Fanelli llegó a España en noviembre de 1868 hasta el exilio de miles de militantes en los primeros meses de 1939, el movimiento anarquista protagonizó una frenética actividad propagandística, cultural y educativa; de huelgas e insurrecciones; de terrorismo y de violencia; de revoluciones abortadas y sueños igualitarios.

El anarquismo arrastró tras su bandera roja y negra a sectores populares diversos y muy amplios. Arraigó con fuerza en sitios tan dispares como la Cataluña industrial, en donde además, hasta la Guerra Civil, nunca había podido abrirse paso el socialismo organizado, y la Andalucía campesina. Si se convirtió tras la Primera Guerra Mundial, de forma extraordinaria, en un movimiento de masas —el único país de Europa en que eso sucedió— fue porque supo construir toda un red cultural alternativa, proletaria y campesina, de “base colectiva”. Pero como en ese recorrido le acompañó a menudo la violencia, su leyenda de honradez, sacrificio y combate, cultivada durante décadas por sus seguidores, fue siempre cuestionada por sus enemigos, a derecha e izquierda, que resaltaron la afición de los anarquistas a arrojar la bomba y empuñar el revolver.

Acabada la guerra, las cárceles, las ejecuciones y el exilio metieron al anarquismo en un túnel del que no volvería a salir. Mas no fueron solo la larga dictadura y la represión las que se lo tragaron y le impidieron volver, renacer tras la muerte de Franco, para convertirse ya un movimiento residual durante la consolidación de la democracia. España experimentó desde la década de los sesenta cambios económicos importantes, con un notable impacto en la sociedad. La distancia existente entre 1939 y los primeros años de la transición parecía insalvable.

Había emergido una nueva cultura política y sindical. Se había impuesto la negociación como forma de institucionalizar los conflictos. Nuevos movimientos sociales y nuevos protagonistas habían sustituido a los de clase, a los de esa clase obrera a la que se le asignaba la misión histórica de transformar la sociedad. El proletariado rural había descendido considerablemente y ya no protagonizaba huelgas. El analfabetismo se había reducido de forma drástica y ya no era, como se declaraba en el Congreso de la CNT de 1931, esa “lacra (…) que tiene hundido al pueblo en la mayor de las infamias”.

Los factores ambientales y culturales que habían permitido en épocas anteriores la apelación a mitos ancestrales y mesiánicos, eso que Gerald Brenan llamaba la “religiosidad al revés”, fáciles de reconocer en el anarquismo pero también en otros movimientos obreros de tipo marxista, eran ya historia. Aquel Estado débil, que había posibilitado la ilusión y el sueño de que las revoluciones dependían solo de las intenciones revolucionarias de obreros y campesinos, se había mudado en uno más fuerte, eficaz e intervencionista. El consumo hacía milagros: permitía al capital extenderse y a los obreros mejorar su nivel de vida. Sin el antipoliticismo, y con obreros que abandonaban el radicalismo ante la perspectiva de mejoras tangibles e inmediatas, que preferían el coche y la nevera al altruismo y al sacrificio por la causa, el anarquismo flaqueaba, dejaba de existir.

Pero, pese a que hoy el anarquismo sea solo historia, muy denigrada por otras ideologías y partidos parlamentarios, no hay ninguna duda de la validez y actualidad de algunos de sus planteamientos, como su crítica al Estado, al poder político y a las imágenes distorsionadas que siempre se transmiten desde arriba sobre el desorden y el espontaneísmo. Los anarquistas siempre pensaron que el Estado no podía hacer iguales a las personas y no parece que estuvieran muy equivocados, si vemos los resultados del comunismo en la Unión Soviética y en otros países. Nunca intentaron poner en marcha vastos proyectos de ingeniería social, como hicieron el comunismo y el fascismo, con las consecuencias que también conocemos. No fue la historia del anarquismo un lecho de rosas, pero hubo en ella algo más que bombas y pistolas.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y Visiting Professor de la Central European University de Budapest.

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De las colectivizaciones al 15M: 80 años de lucha por la autogestión en España

5 diciembre, 2016

Fuente: http://www.grupotortuga.com

Miércoles.23 de noviembre de 2016

Jose Luis Carretero, La Haine.

Ponencia presentada en el Panel “Las ocupaciones obreras y la autogestión a lo largo de la historia -vínculos con el presente. II Encuentro Euro – Mediterráneo “La Economía de los trabajadorxs” – Fábrica VIOME, Tesalónica, Grecia, 28/29/30 Octubre 2016. Participantes: Francesca Gabbriellini (Italia), Milos Vlaisavljevic (Croacia), Ozgur Narin (Turquía), Alan Tuckman y Tom Unterrainer (Reino Unido) y Mario Hernández (Argentina).

Esta ponencia habla de las colectivizaciones durante la Guerra Civil española, y de cómo esas ideas han tenido después su manifestación en el movimiento 15M que apareció en el Estado español en el año 2011. Hace 80 años, el 18 de julio de 1936, los militares fascistas inician un golpe de Estado contra la República española. Gran parte del país cae en sus manos en poco tiempo. Pero tienen un problema: Barcelona. En la capital de Cataluña los sindicatos de la CNT, la organización anarquista mayoritaria en el movimiento obrero, organizan la resistencia. Los disparos y enfrentamientos se extienden a toda la localidad. Antes de que acabe el día los militares han sido derrotados y los obreros se hacen dueños de la ciudad. Poco a poco las noticias sobre lo sucedido en Barcelona se extienden a otros sitios, aumentando las resistencias, en Madrid, Valencia, etc. En más de la mitad del país la resistencia al golpe triunfa comandada por las masas obreras ante la pasividad y la pusilanimidad de las autoridades republicanas que una vez más se niegan a dar las armas a las multitudes que defienden la democracia. Los militares y fascistas han sido derrotados. Muchos empresarios y terratenientes huyen a la zona nacional, las autoridades republicanas están escondidas, paralizadas. Los obreros son de hecho los dueños de las situaciones.

Pero, ¿qué es la democracia para los obreros? ¿Cómo es una democracia obrera? Antes de que el aparato estatal pueda reaccionar, los trabajadores proceden a construir un auténtico poder popular, incluso en el ámbito económico. Las patrullas de control formadas por las milicias de los sindicatos se hacen dueñas de los barrios obreros, un tribunal revolucionario sustituye a la justicia burguesa y gran parte de la industria y del campo queda en manos republicanas y es colectivizado en régimen de autogestión.

El 25 de julio el sindicato CNT de las Aguas de Barcelona advierte al pueblo que la ciudad no tiene nada que temer por lo que respecta al suministro, ya que el servicio queda totalmente garantizado por el Comité revolucionario obrero que ha incautado la empresa. Lo mismo ocurre con los tranvías, los autobuses, el metro, las redes ferroviarias, la industria de la madera, las agencias marítimas en las que la iniciativa de la colectivización viene de trabajadores sindicalizados en la UGT, el sindicato socialista, minoritario en Cataluña. También gran parte de las factorías de la metalurgia y la construcción.

Un ensayo curioso hoy, que se habla tanto de bienes comunes y servicios públicos socializados, fue el de las panaderías, constituyendo un mercado diseminado por el territorio en la forma de hornos y obradores pequeños; en un ambiente insano de locales anticuados los trabajadores pusieron un gran empeño en que la producción se realizara en el menor número de hornos posibles, mejorando las condiciones de seguridad e higiene y abaratando los costos. Por ejemplo, ¿cómo se hizo la colectivización de los tranvías? Un grupo de obreros armados se presentó en las oficinas de la Compañía de tranvías de Barcelona, situada en la Ronda de San Antonio, esquina a la calle Campo Sagrado. Incautándose de la misma y del fichero social que la Compañía poseía de los obreros, siendo quemado en la mitad de la calle.

Mientras tanto, las empresas de propiedad extranjera que no podían ser colectivizadas eran sometidas a mecanismos de control sindical y obrero. En la Telefónica de capital norteamericano, el control se extendía a todos los aspectos de la explotación, conservación, comunicaciones, construcción, incluso a las operaciones cambiarias. La compañía no podía retirar dinero de los bancos para la realización de pagos sin la autorización correspondiente del Comité de control compuesto por los delegados del CNT y dos de la UGT. Este Comité era nombrado por las asambleas de trabajadores, las atribuciones de la empresa se redujeron a la administración de los ingresos y las salidas.

En el campo también ocurría con las tierras abandonadas por los fascistas. Se establecían colectividades, organismos locales autogestionarios para realizar el trabajo en comunas. Parte de ellas también establecían el pago a los miembros en función de las necesidades familiares en lugar de las horas trabajadas, así como formas de moneda social local. Las colectividades establecían escuelas, hospitales, ateneos culturales, todos los servicios que faltaban en pueblos que habían sido sometidos durante décadas y siglos a una situación de atraso y miseria.

El anarcosindicalista José Negre indicaba en marzo de 1937, en una conferencia en Barcelona, cuál era el concepto dominante en el seno del proceso colectivizador: “La socialización es un régimen social en el cual los campos, las fábricas, talleres y todos los instrumentos de trabajo son propiedad de la sociedad, es decir, de todos en general y de nadie en particular. En el sistema de socialización, campos, fábricas y talleres quedan en manos de los productores, como asimismo la facultad de organizar la producción, trasporte y distribución de los productos, pues a nadie compete dicha misión más que a los trabajadores encuadrados en sus organismos sindicales, en sus sindicatos de industria y en las federaciones y confederaciones de los mismos. El señalar el volumen de producción, es decir la cantidad de productos que deben producirse para cubrir las necesidades de la sociedad, a dónde deben transportarse y cómo deben distribuirse será competencia de organismos superiores que se crearán para atender las necesidades de toda la sociedad, para coordinar la compleja vida de la relación social, de la sociedad en su conjunto”.

Estos organismos de coordinación de conjunto se van creando, instituyendo federaciones de ramo, industria y colectividades agrarias. El ejemplo más acabado es el llamado Consejo de Aragón, la zona donde la colectivización agraria es más completa, donde se instituye un gobierno basado en la democracia directa y en la autogestión por parte de los campesinos. El Consejo de Aragón tiene su correspondencia económica. Antonio Gambau Gil representante de la CNT de Abastos en el almacén de la Colectividad de Castel lo explica así: “El sistema que tenía como misión coordinar las necesidades de conjunto de las colectividades aragonesas era la Federación regional de colectividades. Una especie de banco sin cajas fuertes ni dinero. Su labor consistía en contabilizar las disponibilidades, es decir, los excedentes de producción de las colectividades y las necesidades de las mismas. Si una colectividad tenía la necesidad de ayuda, la Federación con la disponibilidad de otras comunidades, se la presentaba sin cobrar por ello ningún crédito. Por otra parte, aquellas colectividades con excedentes tampoco percibían ningún interés por sus depósitos que en sí constituían un fornido de solidaridad para los demás y hacia sí mismos”.

Para dar una idea de la dimensión del proceso indiquemos los datos que nos da el historiador Alejandro Rodríguez Díaz de Torres para los principales espacios geográficos implicados. Aragón: 450 colectividades máximo, integradas por más de 300.000 personas. Cataluña, colectividades agrícolas 297 mínimo, 400 máximo, 70.000 integrantes, promedio 350 colectividades a 250 personas cada una. Colectividades industriales 80% de los 700.000 obreros en empresas colectivas, 1.020.000 personas implicadas. Levante: 503 colectividades agrícolas mínimo, con unos 130.000 integrantes familiares, 30.000 personas implicadas en colectividades industriales. Solo son ejemplos, podríamos dar más. El proceso implicó a toda la España republicana y todos los estados económicos, desde los pueblos vitivinícolas de Castilla-La Mancha hasta empresas cinematográficas de Madrid.

El proceso colectivizador fue derrotado. Las contradicciones y enfrentamientos en el seno de los sectores populares, el rearme y la vuelta al poder de la burguesía republicana en la zona leal apoyada por el estalinismo que entendía que primero había que ganar la guerra y luego hacer la revolución provocando la desmoralización de las masas obreras catalanas junto con la derrota militar final, llevaron a la disolución a sangre y fuego de las colectivizaciones.

Son múltiples los testimonios de sorpresa de los antiguos patrones al volver a las instalaciones de sus fábricas y verlas mejoradas y reorganizadas de una manera más racional por los trabajadores. Los subproductos sociales de la derrota pueden rastrearse hasta el día de hoy en la ausencia de memoria histórica, en un país en el que los exiliados de la postguerra siguen enterrados en las cunetas de las carreteras y en las fosas comunes, sin que se les haya permitido a sus familiares darles digna sepultura. El miedo generalizado de la sociedad española a todo lo que suene a compromiso político o a subversión del orden existente, la despolitización social de generaciones que no conocen su propia historia y que no saben que el actual monarca es hijo del que el dictador puso al final en España. Esta experiencia colectivista desapareció al hilo de la derrota de la República y la brutal represión del franquismo. Ochenta años después, sin embargo, la autogestión se extiende en el sentido amplio, sigue siendo un elemento que actúa como un importante referente para amplias capas de la sociedad cuando se moviliza, como fue en el caso del llamado movimiento 15M que ha generado en gran medida la actual situación política española.

Tras la toma de la Puerta del Sol por las multitudes el 15 de mayo de 2011, tras el ciclo de movilizaciones sociales que se desató inmediatamente después, iniciado por la emergencia de centenares de asambleas en pueblos y barrios de toda España, los conceptos de democracia directa, una democracia real, y la autogestión actuaron como catalizadores de muchas de las experiencias desarrolladas en las luchas sociales subsiguientes. Las asambleas populares organizaron bancos de tiempo, monedas locales, cooperativas locales, grupos de consumo agroecológico, intercambios de conocimientos, proyectos de transformación de índole autogestionaria como la Cooperativa Integral catalana o el Mercado Social de Madrid, centros sociales autogestionados como el EKO o la Enredadera en Madrid, bancos de alimentos comunales como el Banco Bueno de la barriada degradada de Palma Palmilla en Málaga. Hay iniciativas de este tipo en toda la Península y son mucho más populares y conocidas que hace años atrás.

La llegada al poder municipal de los llamados “ayuntamientos del cambio” dirigidos por un sector puesto por el llamado “asalto institucional” asociándose para ello con partidos políticos nuevos y viejos ha abierto la posibilidad del debate para la remunicipalización de los servicios públicos privatizados en las décadas anteriores.

Ante esta oportunidad un amplio conjunto de trabajadores activistas y vecinos que apoyan dichas reivindicaciones están planteando que las mismas se hagan de una manera que permita la construcción de instituciones del común, es decir, autogestionadas por los trabajadores y usuarios. Generando un nuevo tipo de propiedad, ni privada ni estatal burocrática, sino comunal comunitaria.

En este escenario es que hay que entender la nueva propuesta de remunicipalización cooperativa del servicio público de limpieza de la ciudad de Madrid presentada por el Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA) y que tiene como objetivo abrir este debate y que será presentada en este mismo encuentro mañana.

Desde Solidaridad Obrera, desde una organización de trabajadores que se reclama heredera de la iniciativa de las colectivizaciones, entendemos que estos procesos tienen que ser profundizados, desarrollados y fortalecidos y que nuestro pueblo y nuestra clase tienen que empoderarse cada vez más para que conociendo el pasado podamos edificar la sociedad del futuro. Como decía en 1937 Alardo Prats y Beltrán de los colectivizadores de Aragón: “Todas estas muchedumbres de hombres, mujeres y jóvenes tienen en su memoria aún grabado de qué se trata un régimen de opresión y atraso y ante la realidad actual el contraste surge poderoso como argumento que aniquila toda una época para siempre derrumbada. Cualquier sombra de recelo por el porvenir está lejos de su espíritu. Da la impresión de que trabajan para la eternidad, tal es su seguridad en las decisiones que toman, tal es su ahínco en la perfección de los sistemas de trabajo y producción, tal es su fe en la victoria”.

(Solidaridad Obrera, España). Por Jose Luis Carretero.

Edición: Mario Hernández. Desgravación: Ana Laura XiquesLa Haine

Las conquistas del anarquismo combaten su leyenda negra

30 agosto, 2016

Fuente: http://www.publico.es

Frente a la criminalización actual que sufre, los anarquistas consiguieron desarrollar el movimiento obrero en España, una educación sin clases y sin distinción de género, abanderar la lucha por la emancipación de la mujer y una amplia producción cultural. La primera ministra de la historia de España, Federica Montseny, era anarquista y legisló la interrupción voluntaria del embarazo.

Frederica Montseny al míting de la CNT a Montjuïc el juliol de 1977.

Frederica Montseny en el mítin de la CNT a Montjuïc el juliol de 1977.

MADRID.- Hubo un tiempo en el que el anarquismo era top en España. La CNT tenía un millón de afiliados, sus tesis pedagógicas eran la vanguardia europea (Escuela Moderna y Ateneos libertarios), sus postulados sobre la emancipación de la mujer abanderan el movimiento feminista e, incluso, una mujer anarquista, Federica Montseny, se convirtió en la primera fémina en ocupar un ministerio de un Gobierno español (Octubre de 1936). Eran otros tiempos. Era otra sociedad. Prácticamente, era otro mundo. El sueño libertario de una sociedad sin clases parecía alcanzable. A la vuelta de la esquina.

Tan alcanzable que en los primeros meses de la Guerra Civil, Barcelona fue tomada por los anarquistas. George Orwell, autor de 1984, describía en Homenaje a Cataluña la Barcelona de 1936: “Por primera vez en mi vida, me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas. Casi todos los edificios, cualquiera que fuera su tamaño, estaban en manos de los trabajadores y cubiertos con banderas rojas o con la bandera roja y negra de los anarquistas”. 

Eran otros tiempos. Era otra sociedad. Prácticamente, era otro mundo. El sueño libertario de una sociedad sin clases parecía alcanzable

Sin duda, eran otros tiempos. Era la edad de oro del anarquismo en España. La situación actual difiere radicalmente. Rara vez aparece la palabra anarquista en un titular sin ir asociada a una detención por presunto terrorismo y a la criminalización de la ideología .

Prueba de ello es esa Biblia del siglo XXI, llamada Google, que establece el término “detenido”como segunda búsqueda más común asociada a anarquistas. De hecho, el año pasado asistimos a varias operaciones policiales desarrolladas contra grupos anarquistas acusados de pertenencia a “organización terrorista de tipo insurreccionista-anarquista” cuyo fin “era el de subvertir el orden público y alterar gravemente la paz”.

La última oportunidad para desacreditar, criminalizar y tratar de borrar del mapa a la ideología anarquista ha sido la detención y encarcelamiento de los dos titiriteros que representaron la obra La Bruja y Don Cristóbal, de claro mensaje libertario, en el Carnaval de Madrid. El hecho de que uno de los autores de la obra sea afiliado de la CNT y que el mensaje del espectáculo fuera claramente libertario ha sido aprovechado para una nueva ofensiva criminalizadora. Algunos medios de la ultraderecha, incluso, han llegado a relacionar a los autores de la obra de títeres con “grupos anarquistas y terroristas”.

“Frente a una política parlamentaria corrupta de las élites contraponen una alternativa política fuera del parlamento”

El problema de la criminalización de las ideologías y, en concreto, de la criminalización del anarquismo es que deja atrás, ignorado, arrinconado y con el sello de visto para el olvido todo un legado cultural, político, sindical y social que contribuyó a la emancipación de las clases obreras, de la mujer y que arrancó de las manos de la Iglesia el derecho a educar a los ciudadanos del Estado.

“El anarquismo en España fue un movimiento antipolítico y, sobre todo, antipolítica parlamentaria. Aquí se convierte en un movimiento de masas tras la I Guerra Mundial porque su discurso radical frente a una política parlamentaria corrupta de las élites contraponen una alternativa política fuera del parlamento. Tanto los anarcoindividualistas como los anarcosindicalistas comparten este elemento común: el antipoliticismo“, explica a Público el historiador Julián Casanova, autor, entre otras obras, de Tierra y Libertad. Cien años de anarquismo en España y del ensayo Anarquismo y violencia política en la España del siglo XX. 

Mujeres luchando en la milicia CNT-FAI

Mujeres luchando en la milicia CNT-FAI

El otro elemento común que comparten las diferentes corrientes anarquistas es “la posibilidad de que todo se produzca a través de pactos mutuos de libre elección sin autoridad política jerárquica“, prosigue Casanova, que destaca también el legado que han dejado los anarquistas bajo la fórmula “de críticas al Estado burocrático y tecnocrático que tenemos en la actualidad y del Estado como un mecanismo de coerción“.

La conquista histórica de la jornada de 8 horas por parte de los trabajadores no se hubiese conseguido nunca “sin la movilización de la CNT en las huelgas de los años 1917 y 1918”

Pero si algo ha dejado para las generaciones futuras el movimiento anarquista español del primer tercio del siglo XX fue su lucha por la emancipación obrera y de la mujer, la batalla por una educación de igual a igual fuera de la Iglesia, y un espectacular archivo artístico y cinematográfico gracias, en parte, a la colectivización de la industria cinematográfica de 1936 y a la obsesión de los anarquistas por la producción cultural y la contrainformación. En estos campos destacan nombres propios que con su trabajo cambiaron a España y cuyas contribuciones siguen siendo validas un siglo después. Se trata de sindicalistas como Joan Peiró y Buenaventura Durruti; de Federica Montseny, la primera mujer en ser ministra en España y la segunda de Europa; o Francesc Ferrer i Guàrdia, creador de la Escuela Moderna a principios del siglo XX.

La otrora periodista de El Mundo y hoy diputada por el PSOE, Irene Lozano, autora de la obra Federica Montseny. Una anarquista en el poder escribía en su blog que la conquista histórica de la jornada laboral de ocho horas por parte de los trabajadores no se hubiese conseguido nunca “sin la movilización de la CNT en las huelgas de los años 1917 y 1918”.  “Estos detalles no se pueden olvidar y mucho menos al abordar un fenómeno como el 15M, cuyos métodos deliberativos y de toma de decisiones son tan deudores del anarquismo español”, escribe Irene Lozano, que recuerda que la CNT cambiaba (y aún cambia) su dirección cada año, y también modificaba su ciudad de ubicación, de acuerdo con su carácter descentralizado y no jerárquico, o sea, como esa asociación en red y horizontal de los indignados.

De hecho, la respuesta más común a la pregunta qué nos ha legado el anarquismo de los años 30 a la España de 2016 es, en palabras del histórico anarquista Tomás Ibañez a este periódico, “los modos de debatir, de decidir, y de actuar que están basados en la democracia directa, en la horizontalidad, en el asamblearismo, en el respeto de las minorías, en la no delegación permanente y en la acción directa”.

“El 15-M tuvo, sin duda, importantes connotaciones anarquistas. El hecho de que el único sujeto político legítimo fuese el colectivo ya situaba al movimiento en el corazón de los principios anarquistas”

“El 15-M tuvo, sin duda, importantes connotaciones anarquistas. El mero hecho de que el único sujeto político legítimo en el seno de las plazas fuese el colectivo que las ocupaba y que estaba implicado en la lucha, desautorizando cualquier instancia exterior, ya situaba el movimiento en el corazón de los principios anarquistas”, relata Tomás Ibañez, autor deEl anarquismo en movimiento, que apunta que también la formación catalana CUP tiene “algunas prácticas” que “presentan afinidades con los planteamientos anarquistas, por ejemplo, el asamblearismo, la horizontalidad, cierta propensión a la acción directa y un anticapitalismo radical”. No obstante, Ibañez también señala que “la dimensión nacionalista de la CUP” marca a su entender una “clara incompatibilidad” con el anarquismo.

Imagen de una clase de la Escuela Moderna.- ESCUELA MODERNA

Imagen de una clase de la Escuela Moderna.- ESCUELA MODERNA

Una educación sin deferencia de sexos

No obstante, reducir el legado del anarquismo al asamblearismo del 15M sería poco más que realizar una caricatura de lo que fue este movimiento en el pasado de España. El profesor de Historia en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Pablo Sánchez León, recuerda que los postulados de Francesc Ferrer i Guàrdia con su Escuela Moderna (1901) “están por encima de lo que significa hoy la LOMCE del Partido Popular”.

Montseny, como ministra de Sanidad, reguló la interrupción voluntario del embarazo y estableció ‘liberatorios’ para prostitutas

“Ferrer i Guàrdia arrancó la educación de las manos de la Iglesia. Estableció que hombres y mujeres tenían que estudiar juntos [“que la humanidad masculina y femenina se compenetre, desde la infancia”] sin distinciones de clases sociales. Era un revolucionario. Llevó a cabo una educación libre, racional y laica, integral e igualitaria en 1901″, señala Sánchez León, que recuerda que en 1909, tras la rebelión antimilitarista de Barcelona que pasó a la historia con el nombre de la Semana Trágica, fue fusilado como chivo expiatorio. “Era un peligro público”, resume.

Los anarquistas también desarrollaron una red de Ateneos libertarios. De hecho, uno de los fundadores de la CNT, Anselmo Lorenzo insistía en que lo primero que debían hacer los sindicatos de cada localidad era crear un Ateneo libertario. Estos espacios fueron casi una Universidad popular para la clase obrera de todas las edades, donde fue adquiriendo la educación y la cultura que le había sido negada por el Estado español por su condición social. 

Montseny también quiso acabar con la prostitución y creó los liberatorios, espacios donde las prostitutas entraban y salían libremente

Asimismo, el profesor Julián Casanova destaca que el anarquismo fue la “ideología política más vinculada con el feminismo desde el siglo XIX”. “Defendían un feminismo muy moderno y aunque Federica Montseny nunca se declaró feminista, fue la primera mujer en ocupar un ministerio”. En este sentido, la Catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Málaga, María Dolores Ramos, recuerda que el anarquismo tuvo muy claro desde el principio que la “revolución social no es posible sin la emancipación femenina”, ya que “quedaría privada de su sentido igualitario y coja desde la perspectiva de clase”.

“Montseny llevó a cabo reformas imprescindibles en el terreno higiénico y de salud público, medidas pioneras sobre prevención de la enfermedad, eugenesia, sexualidad, control de la natalidad, destacando el decreto de interrupción voluntario del embarazo. En otro terreno, también quiso acabar con la prostitución y creó los liberatorios, espacios donde las prostitutas entraban y salían libremente, recibían instrucción y tratamiento médico, recuperaban autoestima y eran preparadas para incorporarse a la esfera laboral”, resume María Dolores Ramos, flamante ganadora del premio Meridiana 2016 del Instituto Andaluz de la Mujer “por contribuir a situar a las mujeres en la Historia”.

“Pretenden modificar la relación hombre/mujer y defienden el amor libre, por lo que se situaban en contra del matrimonio y de la familia, a la que consideraban el origen de la opresión”

En la lucha por la emancipación de la mujer fue especialmente importante la organización Mujeres libres, vinculada al sindicato CNT, que llegó a tener cerca de 20.000 afiliadas y que hizo especial hincapié en la preparación de la mujer para el mundo del trabajo ya que la independencia económica era una cuestión vital para la emancipación. “Mujeres libres fue la primera organización a escala mundial en comenzar a plantear que había que terminar con la relación jerárquica que asumían las mujeres dentro de la pareja. Pretenden modificar la relación hombre/mujer y defienden el amor libre, por lo que se situaban en contra del matrimonio y de la familia, a la que consideraban el origen de la opresión”, señala a Público Pilar Arias, miembro de la junta directiva de la Fundación Andreu Nin.

Cartel de la Guerra Civil

Cartel de la Guerra Civil

La violencia de los años 30

Frente a todas estas aportaciones, el anarquismo también tiene un pasado asociado a los magnicidios, al pistolerismo y a la acción directa contra el ‘dominador’. Eran otros tiempos. “Si el anarquismo en España se limitara a la violencia ejercida por algunos anarquistas o a la violencia que desplegaron durante la Guerra no hubiesen pasado a la historia. Hay un tópico y un mito entorno a eso y siempre que se habla de anarquismo se recurre a ello. Pero, evidentemente, la historia del anarquismo es importante porque arraigó en las masas y su importancia radica en lo que aportó al sindicalismo obrero, jornalero y a las luchas por la emancipación”, señala el historiador Julián Casanova.

En el capítulo del terror anarquista es especialmente destacable el documental El honor de las injuriasrealizado por el pintor Carlos García-Alix, que relata la trayectoria de un anarquista español, Felipe Sandoval. “Este hombre es un criminal y un revolucionario. Si me preguntan mi opinión, fue un revolucionario. ¿Si cometió crímenes? Claro que sí. La mayoría por decisiones de su propia organización”, señala García Alix durante el debate Comprender la violencia de nuestros antepasados: la Segunda República y la memoria de su defensa popular celebrado en el Teatro del Barrio.

“Pedirles a esta clase, con esta memoria de represión, de violencia, que cuando el 20 de julio de 1936 se hacen con armas se comporten de una manera cívica y educada es un disparate. Van a ir a ajustar las cuentas”

“La primera huelga general de Madrid se celebra en 1917. Estaba dirigida por el PSOE y UGT para derribar la monarquía. Fue masiva. La organización obrera decide que la manifestación la encabecen mujeres y niños pensando que los soldados del rey no actuarán. Pero lo hicieron. Fue una matanza. Se dio una masacre que fue censurada en la prensa. Cuando se ven algunas imágenes de aquello, se ve otro tipo de violencia: obreros famélicos, analfabetos e ignorantes. Pedirles a esta clase, con esta memoria de represión, de violencia, que cuando el 20 de julio de 1936 se hacen con armas se comporten de una manera cívica y educada es un disparate. Van a ir a ajustar las cuentas. Y así ocurrió. La izquierda tiene que reconocer esto y no abochornarse”, reflexiona el artista Garcia-Alix en el citado encuentro.

Tras la derrota de la Guerra Civil, todo rastro anarquista fue borrado del mapa. Los pocos que sobrevivieron a ‘la limpieza’ fascista se tuvieron que esconder en montes y montañas, desde donde continuaron su lucha contra la dominación franquista e iban siendo eliminados uno a uno por un régimen mucho más fuerte, armado y con más hombres. El exministro Joan Peiró fue capturado a España por la Gestapo y extraditado a España para su ejecución. Juan García Oliver murió en 1980 en el exilio mexicano. Juan López regresó a España en 1967, sin sufrir persecución, y murió en 1970, mientras que Federica Montseny regresó a España en 1977 y continuó con su activismo en pro de la CNT y del anarquismo. Así terminaron los cuatro ministros anarquistas de la II República.

Militantes Anarquistas de la CNT durante la Guerra Civil

Militantes Anarquistas de la CNT durante la Guerra Civil.

Quedan para el recuerdo los multitudinarios mitines de Federica Montseny en San Sebastián de los Reyes en 1977, cuando todavía no estaban legalizadas las organizaciones sindicales, o el que ofreció en Montjuic en el mismo año y cuya fotografía encabeza este artículo. Estos mitines, además del éxito puntual de publicaciones culturales como la revista Ajo blanco hicieron pensar que podía haber un nuevo auge del anarquismo en el país, pero no fui así. Además, el incendio provocado en la sala de fiestas Scala de Barcelona el 15 de enero de 1978, que causó la muerte de cuatro personas, y en el que se intentó inculpar a las organizaciones anarquistas CNT y FAI alejaron a las masas obreras del anarquismo, que volvía a quedar criminalizado..

“Somos herederos y continuadores de lo que fue aquella CNT”

La CNT actual, cuyo secretario general es Martín Paradelo, se reclama “heredera y continuadora” de la tradición anarcosindicalista. Asume la violencia ejercida como “hechos que se dieron en un determinado momento histórico” y saca pecho por las grandes conquistas que los anarquistas trajeron a España. Ahora, dice Paradelo, no se puede pensar como en los años 30 que es posible derrumbar el capitalismo y, por tanto, hay que trabajar “en la resistencia creando redes entre trabajadores y nuevas formas de vida”.“Pensar en una alternativa al capitalismo en Europa es ahora mismo imposible”, dice.

Los anarquistas de hoy día han aprendido que “el valor de las luchas no depende tanto de las promesas que encierran sino que radica en su propio acontecer”

Paradelo explica que la CNT rechaza las elecciones sindicales y considera que “los modelos de representación lo que hacen en realidad es eliminar la capacidad de actuación autónoma de los trabajadores. Asimismo, desde el sindicato apoyan y desarrollan “grupos de consumo alternativos, redes de economía alternativa e intentan poner en desarrollo consejos económicos y consejos de economía alternativa”.

¿Queda algo de aquel anarquismo en la actualidad? La pregunta parece pertinente viendo cómo ha cambiado España y Europa. El histórico dirigente de la CNT Tomás Ibáñez considera que el anarquismo de hoy día tiene “semejanzas notables” pero que también difiere en otros aspectos para poder “entroncar con la realidad social en la que está insertado y luchar contra las formas actuales de la dominación”. Considera que los anarquistas de hoy día han aprendido que “el valor de las luchas no depende tanto de las promesas que encierran sino que radica en su propio acontecer, en sus características substantivas, y en lo que permiten crear en el presente”.

“Lo que el anarquismo contemporáneo deja atrás es, entre otras cosas, un conjunto de ideas heredadas de la Ilustración, tales como la fe inquebrantable en el Progreso y el encumbramiento acrítico de La Razón. Atrás queda también una concepción demasiado simplificadora del poder, unas prácticas de lucha ordenadas en torno a una desaparecida centralidad del trabajo, y un imaginario revolucionario construido en torno a la gran insurrección del trabajo”, dice Ibáñez.

Si esto es lo que deja atrás, el anarquismo lega para el presente y el futuro su lucha por unas condiciones de trabajo dignas, por la socialización de los medios de producción, su tarea alfabetizadora de unas clases obreras depauperadas, su esfuerzo por llevar la cultura a todas las clases sociales y por impulsar el libre pensamiento de la mujer en la búsqueda por superar el patriarcado.