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Economía social y solidaria: ni entramado ni clientelismo

13 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Algunos medios de comunicación convencionales se lanzaron hace poco más de un mes a la generación de una falsa polémica en torno a la relación que desde el Ayuntamiento de Madrid se mantiene con el tejido cooperativo de la ciudad. Las secciones dedicadas a información de Madrid en El País y El Mundo consideraron que la tormenta que terminó forzando la dimisión de Cifuentes era el mejor momento para hablar del volumen de la contratación menor en el Ayuntamiento de Madrid y, en concreto, la facturación que a través de este mecanismo de contratación pública había recaído sobre entidades de la Economía Social.

Bajando a lo concreto, para El País las informaciones ofrecidas entraban dentro del marco de “una investigación (…) que los lectores tienen derecho a conocer, gobierne quien gobierne” y se escudó en la veracidad de los datos publicados. Además a través de Lola Galán, la defensora del lector, el diario recordaba que “en un país democrático la prensa tiene una misión fiscalizadora de enorme importancia que no debe ser torpedeada bajo ningún concepto”. Hasta aquí es fácil estar de acuerdo con la defensa de los contenidos vertidos sobre la Economía Social y Solidaria (ESS). Sin embargo, este postulado no justifica bajo ningún concepto el uso tendencioso, el maltrato informativo y la parcialización con el que estas empresas periodísticas han intentado machacar durante un mes al tejido organizado que en esta ciudad trabaja por la consolidación de formas de economía ajenas a la lógica capitalista. Economías sociales, solidarias, feministas, sostenibles y que se basan en la cooperación y no en la competencia o el lucro.

Nadie puede discutir que cada medio de comunicación establece su línea editorial y no es ninguna sorpresa que empresas del tamaño de Prisa o Unidad Editorial tienen poco en común con los valores que sostienen los objetivos de la ESS, pero justificar lo que ha sido un ataque mediático en el derecho a la información para despejar las críticas a su labor periodística no deja de ser tramposo. Y es que, analizando sus excusas, ¿no consideran de interés para el lector el vínculo que el mismo Ayuntamiento mantiene con estas sociedades? Sus convenios de colaboración, patrocinios o inversiones de fondos públicos en publicidad institucional también son datos a los que se puede acceder a través del portal de transparencia del Ayuntamiento, pero no han sido aún merecedores de ninguna investigación y, menos, han ocupado titulares. De entrada, y al margen de criterios políticos, esta colaboración es igual de lícita que la que se fomenta con el tejido cooperativo de Madrid.

La publicación orquestada y escalonada de informaciones sesgadas disfrazadas de hecho noticiable y novedoso, además de distraer a la audiencia del fraude del master de Cifuentes y su episodio con las cremas, sirvió para que PP, Cs y PSOE pudieran colgar de estos titulares su oportunismo político y discursivo. Sin ir más lejos, el portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid hablaba abiertamente de “red clientelar”. Evidentemente, Almeida azuzaba sin poder probar ni una sola irregularidad en la contratación y sin haber denunciado esta presunta “trama” ante los tribunales, por más que las querellas de humo hayan caracterizado la labor política desde la oposición de su grupo y Cs durante esta legislatura.

La información sometida al interés político de la oposición

Para el PP -banda organizada para el saqueo de fondos públicos desde el poder político, como ha confirmado recientemente la sentencia de la Gürtel-, la contratación legal de servicios a cooperativas o las medidas municipales aplicadas para reforzar la labor de la ESS supone ahora “fomentar una red clientelar”; en la campaña electoral de 2015, sin embargo, prometían estudiar las fórmulas necesarias para que la economía social jugase en Madrid “un papel fundamental”. En debate organizado en mayo de 2015 por la Federación de Cooperativas Madrileñas (FECOMA), el candidato Carlos Izquierdo se posicionaba claramente a favor de “reducir las trabas administrativas a las empresas de la economía social” y aludía a la necesidad de aumentar los conciertos públicos con este tipo de entidades dado su rol como “aliadas”. En la misma línea se posicionó Alberto Reyero (Ciudadanos), defendiendo la inserción de cláusulas sociales y proponiendo ventajas fiscales a través de “bonos de impacto social” que beneficiasen a las iniciativas cooperativas basadas en la no competitividad. Se mostró además muy favorable a la existencia de convenios para beneficiar a este tipo de entidades porque “un factor importante es que no se persiga el lucro”. De hecho, y sin que resulten ejemplares las medidas del gobierno de la Comunidad de Madrid para impulsar el cooperativismo, el 3 de mayo de este año se publicaba un acuerdo del Consejo de Gobierno para reservar hasta un 8% del importe en la licitación de contratados a favor de empresas de inserción, que se incrementará hasta un 10% en los próximos años. Además, también se incorporaba la posibilidad de que las entidades de la ESS accediesen de forma prioritaria a determinados procesos de contratación.

El fomento de una economía justa que sitúe a las personas en el centro es un compromiso político que Ahora Madrid adquirió hace tres años en las urnas y es prioritario defender tanto la legitimidad de cada expediente como los efectos positivos que el crecimiento de economías no lucrativas y alternativas al capitalismo tiene sobre la sociedad. Es fundamental no dejarse arrastrar por una presión mediática desatada por los grupos empresariales de Prisa y Unidad Editorial y que se enmarca en su papel de dique de contención de las políticas de cambio de cara a la generación de opinión pública. La equiparación con prácticas corruptas a base de informaciones tendenciosas redactadas con el objetivo de sembrar sospechas infundadas, la información contada a medias, la no diferenciación entre contratación menor y concursos públicos, el señalamiento público de personas que no han cometido ninguna irregularidad, la comparación con Bárcenas, el uso de terminología propia de las informaciones sobre hechos delictivos (trama, entramado, conexión…) y el desigual trato a la información dependiendo de si el objeto es el Ayuntamiento de Madrid o la Comunidad son síntomas de manipulación informativa por más que se retuerzan datos verídicos hasta la deformación. El País y El Mundo han incurrido en este tipo de prácticas y las han justificado tirando de dignidad profesional y de una supuesta relevancia informativa. Eso sí, cuando el 30 de abril los mismos medios vendieron su portada íntegra a una reconocida empresa de automoción, el discurso del deber informativo y la libertad de prensa pasó, por desgracia, a un segundo plano.

Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opinión de la autora y ésta no compromete a ninguna de las organizaciones con las que colabora.

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Por mí y por todas mis compañeras: el ataque a la economía social y solidaria

30 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

En las últimas semanas se está produciendo un importante ataque desde dos grandes medios de comunicación, El Mundo y El País, a las empresas de la Economía Social y Solidaria que trabajan con el Ayuntamiento de Madrid, así como a varios concejales, asesores y quizá de fondo a la alcaldesa. Se inventan una “trama” y sueltan nombres de personas que trabajan en la economía social o trabajaron en ella y hoy lo hacen en el Ayuntamiento. Las personas nombradas no tienen capacidad de contratación de servicios, pero se insinúa que la tienen y que usan su poder para crear una red clientelar.

No es una novedad. Desde 2015, el intento de descrédito mediático ha sido una constante. De forma recurrente, los nombres de personas y empresas de la economía social se han utilizado como arma arrojadiza contra el gobierno de Ahora Madrid.

Sin embargo, quizás porque se acercan unas nuevas elecciones, este último ataque es más intenso y, llamadme malpensada, parece estar coordinado entre varios medios de comunicación y algunos partidos políticos. Intuyo que, después de unas semanas de sacar todo tipo de información confusa e insidiosa, se terminará produciendo alguna querella infundada del PP, Ciudadanos o ambos, contra Ahora Madrid, que, como en otros casos acabará desestimada o archivada pero que generará ruido de cara a la contienda electoral. La economía social y solidaria y el cooperativismo es el terreno de combate que han elegido para poner en marcha esta estrategia.

En este marco de acoso a las cooperativas, el pasado lunes 30 de abril, se lanzaba una noticia que me afectaba a mí directamente. La escribía un periodista de El País, Luca Constantini, entregado desde hace meses a la causa de mezclar palabras, hechos y nombres en artículos venenosos de escaso rigor y calidad.

Ese lunes pude experimentar el dolor, el agobio y la rabia que da que alguien te difame en un medio de difusión masivo, y exponga una imagen distorsionada de ti ante miles de personas que no te conocen y a las que no puedes llegar para aclarar. Es curioso, pero no estuve tranquila hasta que pude comunicarme con mis hermanos y hermanas, que no son activistas, y solo se me saltaron las lágrimas cuando me expresaron su apoyo y confianza incondicional. Imagino que también se sentirán así Fernando Sabín, compañero imprescindible que, en una serie de piezas aún más delirantes que las que hablan de mí, está sufriendo un acoso tremendo por parte de periodistas de El Mundo; o Toño Hernández, el compañero de activismo y de vida más generoso.

Siento la necesidad de explicar cuáles son las falsedades y las medias verdades con las que Costantini construyó la noticia, que siguen la misma lógica del resto de noticias de este periodista contra Tangente y muy similares a las que El Mundo está usando con otras personas y empresas de la economía social. Siento la obligación de hacerlo ante muchas personas que me conocen y a las que no tengo el derecho de exigir actos de fe ni confianza ciega.

En mi caso, la noticia dice que he sido impulsora y fundadora de la candidatura de Ahora Madrid y además participante de una empresa cooperativa. A partir de esas dos afirmaciones, y sin realizar ningún tipo de acusación concreta, se insinúan todo tipo de uso de influencias y poderes que consiguieron que Carmena haya terminado “dando” 300.000 euros a mi “firma” (mismo término que usa El Mundo para dirigirse a las empresas de economía social). La entradilla del artículo afirma textualmente que “la cooperativa fundada por Yayo Herrero, activista de IU y Ganemos, pertenece a un grupo que ha obtenido ya 1.000.000 de euros del Ayuntamiento de Madrid”.

Me gustaría aclarar algunos aspectos respecto a la información publicada.

Uno. Una cooperativa no es la “firma” de nadie. Es una empresa en la que las personas socias-trabajadoras son dueñas y, por tanto, quienes deciden democráticamente sobre todos los aspectos: una trabajadora, un voto.

Yo, efectivamente, fui una de las socias fundadoras de Garúa S. Coop. Mad. hace más de 10 años. En enero de 2012 decidí aceptar una oferta de trabajo externa y dejé de ser socia-trabajadora. Es decir, desde hace casi seis años y medio –salí de Garúa más de tres años antes de las elecciones de 2015- no formo parte de la empresa, y, por no ser trabajadora, no participo ni tengo voto sobre sus proyectos y actividad.

Dos. Tangente es un grupo cooperativo que aglutina a varias empresas –14 en total– de la economía social y que engloba el trabajo de unos 130 profesionales. Se conformó como grupo a finales de 2013, después de que yo hubiese dejado de trabajar en Garúa; por tanto, nunca he tenido la oportunidad de participar ni trabajar en él. Desconozco cuáles son los concursos a los que legítimamente se presenta y los que gana.

Tres. No soy activista ni de IU, ni de Ganemos, ni de ninguna de las organizaciones que construyeron la candidatura de Ahora Madrid. Se lo dejé claro al periodista por correo electrónico el día antes de que sacara la noticia. Me consta que recibió el correo porque recoge fragmentos del mismo en su artículo, pero prefirió mantener la mentira en su titular, supongo que para poder sostener su rocambolesca teoría.

Cuatro. Tampoco fui, como se insinúa, fundadora de Ahora Madrid; no impulsé la creación de la confluencia, no participé en la organización de la campaña electoral de Ahora Madrid. Es cierto que recibí propuestas, e incluso algo de presión, para incluirme en las listas de la candidatura, pero quienes me conocen saben que hasta el momento he optado por no participar en iniciativas que tengan como objetivo presentarse a elecciones. Tampoco he aceptado propuestas que supusiesen trabajar de forma remunerada en la política institucional ni como liberada en movimientos sociales, aunque me parece legítimo y necesario que otras personas lo hagan.

Asistí durante la campaña a un encuentro de Manuela Carmena con las entidades de la economía social madrileña, similar a los que se mantienen con candidatos de otros partidos, en la que le informamos de lo que éramos y le trasladamos nuestras expectativas.

Acudí como ciudadana a los actos de campaña que me interesaban y reivindico mi derecho a hacerlo sin tener que dar explicaciones ni disculparme ante nadie por ello.

Cinco. El artículo de Luca Costantini dice que, aunque yo le he dicho por escrito que no tengo ni he querido tener vinculación orgánica ni económica con el Ayuntamiento, “Herrero sí colaboró con el Consistorio en la auditoría ciudadana de la deuda, por la que se pagaron 500.000 euros en informes y contratos donde participaron miembros de Fuhem, otro colectivo dirigido por Herrero”.

Este es un asunto sobre el que el mismo periodista trató de ensuciar en otros artículos previos. Lo explico de nuevo. Varias personas fuimos invitadas a participar en el consejo de la auditoría de la deuda. La realización de esta auditoría era una de las promesas centrales del programa con el que Ahora Madrid concurrió a las elecciones. El consejo asesor está integrado por personas expertas en los diferentes ámbitos que se pretendían auditar y la participación en este consejo es voluntaria y gratuita. Mi aportación se centra en proporcionar criterios para la evaluación de políticas públicas en materia medioambiental, cosa en la que, faltando a la modestia, he de decir que tengo conocimientos más que suficientes y contrastados.

Las personas que estamos en el consejo asesor no participamos en la decisión de a qué empresas o personas se adjudican esos trabajos técnicos. En cualquier caso, el colmo de la cutrez periodística es decir que en esos informes y contratos adjudicados participaron miembros de Fuhem. Una compañera, que además de trabajar en Fuhem colabora con una universidad, se postuló, en nombre de ésta última, como candidata para coordinar el trabajo de la auditoría. Su candidatura no ganó la licitación, pero la noticia sugiere lo contrario.

Además, y como aclaración, Fuhem – el periodista escribió mal el nombre en el artículo– no es un colectivo, sino que es una fundación de reconocido prestigio en el conjunto del Estado y en especial en Madrid, con casi 60 años de historia. Lo que sí es cierto es que tengo el orgullo de ser su directora desde enero de 2012, aunque siempre he observado con escrúpulo la distancia entre mi actividad política y mi trabajo profesional.

Vamos, que ni trabajo en Garúa, ni formo parte de Tangente, ni soy activista de IU o Ganemos. No he formado, ni formo parte del proyecto de Ahora Madrid. No hay personas de Fuhem que hayan trabajado en la auditoría de la deuda. No cobro por ser parte del consejo asesor, ni participo en la asignación de esos trabajos. Costantini sabía todo esto porque yo se lo explicité, pero en su artículo insinúa lo contrario.

Señalar a la economía social

Pienso mucho lo que cuesta llevar las prácticas feministas a la política. No se está consiguiendo ni en la organización de los tiempos, ni en las formas, ni en la capacidad de debatir, ni de buscar acuerdos. Creo que algunos medios, con ataques infundados como estos, tienen una parte importante de culpa y se convierten en importantes aliados del patriarcado más rancio.

He de decir que la calidad del artículo de Luca Costantini me parece pésima y, aunque soy crítica desde hace años con la línea editorial de El País, me parece tremendo que un diario de esa tirada no tenga controles de calidad que impidan que personas como esta arrastren el nivel y prestigio de su periódico hasta extremos tan bajos.

Pero no quiero reivindicar solo mi nombre o mi honestidad. No quiero ponerme de perfil ante lo que es el propósito de fondo de esta campaña de El País y El Mundo que trata de meter miedo, hacer pensar que todos somos iguales y señalar a la Economía Social y Solidaria y a quienes trabajan en ella como un atajo de advenedizos que ocupan un lugar que no les corresponde.

Defiendo que cualquier persona puede intentar ocupar con honestidad el lugar en el que desee estar. La gente tiene derecho a participar en la política institucional independientemente de dónde haya trabajado en el pasado y a ser tratada en los medios con el debido respeto y rigor. La institución tiene que vigilar la honestidad de las actuaciones, velar por la correcta gestión de lo público y actuar con firmeza ante cualquier irregularidad. Es precisamente la impunidad la que iguala a honestos y a corruptos.

Quiero decir, también, que Garúa es una excelente empresa, integrada por profesionales enormemente cualificados. Es el lugar donde, sin duda, volveré a trabajar. Es la empresa en la que es posible hacer tareas con sentido, criar hijos e hijas a la vez que se trabaja, desarrollar proyectos propios.

No me sorprende que mis excompañeras hayan obtenido tres contratos en diferentes concejalías en torno al diseño de un “proceso participativo”, la implementación de un “plan de consumo sostenible” y “actividades formativas para la introducción de la alimentación ecológica”. En esos tres aspectos, Garúa es una referencia. Me alegra mucho que el Ayuntamiento, a partir de los procedimientos administrativos que tiene establecidos, les haya seleccionado.

El proyecto de 292.000 euros al que hace referencia el titular de El País está adjudicado a una UTE (Unión Temporal de Empresas) formada por otra entidad (que lleva el 95% del trabajo y la facturación) y Garúa (que lleva el 5% restante). Es curioso que solo aparezca el nombre de Garúa. Quizás sea porque era la única forma de poder construir “el notición”. Y esa ausencia resulta aún más relevante por el hecho de que la otra entidad es la que lleva prestando ese servicio desde 2004, cuando ni siquiera era soñado el 15M y gobernaba el PP.

El objetivo: generar miedo

Cuando los artículos hablan de “dar a dedo”, se pretende equiparar y confundir millonarias dádivas mediante sobres y comisiones ilegales con la adjudicación de trabajos concretos y verificables que, según los propios datos de El País, y teniendo en cuenta que en Tangente trabajan 130 personas, han supuesto una retribución bruta de unos 2.500 euros por trabajadora y año. Es obvio que el “pelotazo” descubierto por el sagaz periodista suena ridículo y que para las empresas de Tangente, el Ayuntamiento de Madrid es un cliente más.

El propósito de esta ofensiva mediática es triple. Por un lado, hacer pensar que da lo mismo quién esté en las instituciones. Hagamos creer que todo es lo mismo. Fabriquemos supuestas “tramas corruptas” que salpiquen a concejales, asesoras y a sus espacios de procedencia.

En segundo lugar, se persigue asestar un golpe a una forma alternativa de concebir la economía y las empresas. Se ensucian los nombres de muchas personas y de entidades empresariales que llevan años construyendo modelos económicos alternativos que tienen como prioridad la autoorganización, el bienestar, el mantenimiento y crecimiento del empleo, a la vez que se producen servicios socialmente necesarios que no destruyen la naturaleza y resuelven necesidades humanas.

Y el tercer objetivo es generar miedo. Miedo a defender y llevar a cabo los programas; miedo a ocupar espacios legítimos, miedo a emplear otros lenguajes y otras prácticas… Después de casi tres años de acoso mediático en el Ayuntamiento es ya hora de no tener miedo. Han sido muchos meses de querer pasar inadvertidos ante ofensivas que no van a cesar hasta que desaparezcas o dejes de ser lo que eres.

Canto en un coro de mujeres y nuestra directora utiliza las mejores metáforas para explicarnos cómo tenemos que interpretar un tema. A veces, cuando no estamos seguras, no llegamos a las notas más altas, desafinamos o el sonido no sale limpio. En esos momentos nos dice “chicas, están cantando con miedo y así la canción no expresa nada. Canten sin miedo, canten como si la voz les saliera de los ovarios”. Y oye, la voz termina saliendo, y juntas somos capaces de conquistar las notas más altas.

Por eso, hoy quiero sacar mi voz también de los ovarios, porque no quiero tener miedo.

Voy a seguir defendiendo que la economía social y solidaria es una opción necesaria para revertir un modelo económico que echa a las personas de sus casas para luego especular con ellas; que le corta la luz a la gente cuando no puede pagar; que hace expedientes de regulación de empleo, a veces incluso teniendo beneficios; que recorta en servicios públicos; que pretende encerrar a la mujeres en casa para que se ocupen de sostener la reproducción cotidiana; que genera masas de personas desempleadas, las culpa y estigmatiza por no tener empleo; que destruye bienes finitos y desregula los ciclos naturales de los que dependemos.

Quiero reivindicar el derecho de las personas a trabajar, a construir empresas y a ser activistas o participar en la institución si así lo desean. No hay que esconder que muchas nos organizamos para transformar un modelo que le declara la guerra a la vida. Lo hacemos consciente y orgullosamente.

He intentado tener siempre un buen nivel de diálogo en todas las organizaciones políticas a las que he podido acceder o me han prestado atención, con el fin, confieso, de tratar de influir en la transversalización de las cuestiones ecológicas y feministas en sus programas y acciones y proponer alianzas y confluencias. Pienso seguir haciéndolo.

He hablado, como dice Costantini, de economía social en ámbitos de “IU, Ganemos e incluso de Podemos”. Sí, lo he hecho y también en ámbitos del PSOE, del PNV o de la CUP. He hablado de economía ecosocial invitada por ayuntamientos de todos los colores políticos, también del PP, en universidades de todo el Estado, en centros sociales ocupados, en parroquias, conventos, asociaciones de budistas, en cursos para jueces y juezas, en formaciones para sindicalistas de todo el espectro… En todos los lugares en los que he tenido la oportunidad de hacerlo.

Lo voy a seguir haciendo, aún más si puedo, y además, trabajaré en las empresas de economía social que quiera y nos presentaremos a todos los concursos públicos que podamos, porque el espacio de la economía es también nuestro espacio y tenemos derecho a estar en él.

Seguiré firmando los manifiestos que me parezcan oportunos y apoyando todas aquellas causas que crea debo apoyar. No creo que se llegue a más gente ocultando las ideas en las que una cree. Lo transversal es saber explicarlas y estar dispuesta a debatirlas con cualquiera, con respeto y poniendo el cuerpo cuando haga falta.

No todos somos iguales

Tener posición política clara es un derecho perfectamente compatible con poner en marcha empresas y pretender vivir del trabajo en ellas. La clave es hacerlo con honestidad y transparencia, ahí están los portales del ayuntamiento en los que se detallan los contratos adjudicados. También son accesibles las cuentas de las empresas de la economía social, que no sólo miden sus resultados en términos monetarios, sino que también hacen balances sociales que incluyen la calidad del empleo y de los servicios prestados, la sostenibilidad o la igualdad de género.

No todas somos iguales. Ni las empresas son iguales, ni las organizaciones empresariales, ni las personas que gobiernan, ni las que están en la judicatura, ni tampoco los periodistas. En algunas de mis charlas, durante el coloquio la gente más fatalista suele plantear que cuando las economías alternativas cojan fuerza, el sistema iría a saco a por ellas. Puede que estemos llegando a ese momento y, de ser así, habrá que disputar esa hegemonía económica.

A mí me sirve de inspiración el movimiento feminista que ha pasado activamente a reclamarlo y exigirlo todo. Ante la violencia estructural o mediática estamos obligadas a dar un paso adelante, no dejar estas agresiones sin respuesta y defendernos colectivamente.

Apindep: sí, se puede

10 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La cooperativa de consumo y usuarios Apindep, formada por familiares de niños con discapacidad intelectual, es un ejemplo de cómo se puede salir adelante si se trabaja en común.

El estrecho vínculo con el territorio ha sido clave en el éxito de la organización, con sede en Santa Eulàlia de Ronçana (Barcelona).

Sus responsables quieren construir viviendas para los usuarios y mejorar las leyes para que se adapten a las situaciones de cada persona.

Mariana Vilnitzky

03/04/2017 – 21:19h

Tres usuarios de Apindep, en el huerto de la cooperativa catalana. Foto: APINDEP
Tres usuarios de Apindep, en el huerto de la cooperativa catalana. FOTO: APINDEP

Prueba de que se puede. Prueba de que a la adversidad hay que ganarle la partida. Prueba de que la unión hace la fuerza. Ese es el ejemplo que da Apindep, una cooperativa de consumo y usuarios, sin ánimo de lucro y de iniciativa social, formada por familiares de niños con discapacidad intelectual en el pequeño pueblo de Santa Eulàlia de Ronçana (Barcelona).

“Habíamos creado un grupo de madres en 1993, porque queríamos que nuestros hijos estuvieran integrados, pero luego buscábamos más: un lugar donde nuestros hijos pudieran estar bien. En la escuela estaban todo el día, pero después de que terminaran la escuela, ¿qué?, ¿dónde irían mientras trabajábamos?”, cuenta Mercè Llauradó, directora de la organización.

Al principio, Apindep era una asociación, pero en 2006 se transformó en cooperativa, con el objetivo de crear recursos a la dependencia, innovar y garantizar la autonomía de sus hijos durante todo el ciclo vital.

Llauradó camina por las instalaciones de Apindep y muestra con calidez y emoción el milagro que la cooperativa ha logrado construir: en dos hectáreas de terreno, una estructura de 1.500 metros cuadrados en donde trabajan 27 personas y que tiene capacidad para acoger a más de 64 usuarios (sólo en la parte del centro ocupacional). El espacio tiene grandes ventanales que dan al jardín y lugares de ocio, trabajo, educación física, comedor y aprendizaje.

“No teníamos un duro”, agrega Llauradó. “Nos hemos unido y hemos salido adelante. Es una cooperativa muy ligada al territorio. El Ayuntamiento y la gente se han involucrado mucho. El terreno nos lo vendió un señor de aquí, pero nos lo dio en propiedad antes, para que se lo fuésemos pagando cuando pudiéramos. El arquitecto puso a su gente a trabajar sin coste”.

Al lado de Llauradó camina con cierta dificultad su hijo Sergi, con discapacidad física y psíquica, que se muestra también orgulloso de lo que han logrado juntos: un huerto (accesible para silla de ruedas) donde aprenden no sólo a sembrar, sino también a sentirse útiles. Además de integrarse, Sergi ha conocido en Apindep su amor por los animales, especialmente por los perros, a los que ha aprendido a bañar como parte del servicio de peluquería canina en la cooperativa.

Apindep ha luchado mucho para recibir ayudas estatales que creían que les correspondían. Llauradó misma llegó a llamar a un ministro y no se quedó quieta hasta conseguir que Apindep pudiera percibir dinero de fines sociales, a través de la casilla del IRPF (no reunía los requisitos por tratarse de una organización local).

Pero además, en pocos años ha constituido un centro ocupacional. Interactúa también con colegios, con la biblioteca, con centros para la tercera edad, y a su vez con personas provenientes de la cárcel para su integración en la sociedad.

Parte del dinero proviene también de las actividades laborales de la cooperativa. Además de practicar la horticultura y la jardinería (más que nada es una actividad de aprendizaje, pero obtiene algunos productos para su propio comedor), recicla papel, gestiona el bar del Instituto La Vall del Tenes y, entre otras cosas, tiene una peluquería canina.

La cooperativa sigue luchando por sus sueños. No parará hasta conseguirlos. Entre otras cosas, quiere construir pisos con soporte para los usuarios, y mejorar las leyes para que se adapten a las situaciones de cada persona. “Mi hijo, por ejemplo, consiguió un trabajo de una hora semanal en un negocio del pueblo. Pero con sólo esa hora perdía su subvención por discapacidad. Queremos que las ayudas se den a las personas por su condición, más allá de que de vez en cuando puedan conseguir algún trabajo”, explica Llauradó.

Hay también otros sueños, más o menos ambiciosos, como construir una piscina para refrescarse durante el verano. Algo ya aparentemente fácil, después de haber conseguido todo lo que ha logrado.

[Este artículo ha sido publicado en el número de marzo de la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente conuna suscripción]

“La clase trabajadora debe volver a darse cuenta de que lo es”

24 noviembre, 2014

Fuente: http://www.eldiario.es

Mariana Vilnitzky 30/06/2014 – 20:22h

Salvador Bolancer es uno de los pioneros que llevaron adelante la empresa recuperada Mol Matric, con más de 30 años de experiencia y una de las primeras, si no la primera, en España. También es impulsor de otras cooperativas, del movimiento cooperativo en sí, y de organizaciones de economía social y solidaria como Coop57. Hoy jubilado, sigue colaborando y dando charlas sobre su experiencia. Le motiva saber que lo que cuenta puede impulsar movilizaciones por un futuro mejor en quienes más lo necesitan.

En Mol Matric recuperaron la empresa en un momento muy complicado, 1981. ¿Qué puede recomendar a la gente hoy, que pierde el empleo con las quiebras?

La gente que se encuentra en la misma circunstancia en la que estábamos nosotros reacciona de otra manera. Yo les diría que sean capaces de no arrugarse a la primera de cambio; de no echarse para atrás. Cuando les dicen: “Aquí se ha acabado la empresa”, mucha gente responde: “Prefiero que me den el paro y los cuatro duros de indemnización que me toquen, y ya me espabilaré luego. Prefiero olvidarme de todos los problemas”. Yo les digo que empiecen a pensar que hoy en día, después de que se les acabe ese paro, no se sabe cuánto van a tardar en conseguir alguna otra cosa. Además, cuando consigan algo, será por menos de la mitad de lo que estaban cobrando anteriormente. Ante esa perspectiva, hay motivos válidos para decir: “Vamos a ser valientes: vamos a implicarnos”.

¿Qué significa exactamente “implicarse”?

Significa entre otras cosas, por ejemplo, involucrarse en la gestión y dirección de su propia empresa, cooperativizada. Ojo, en nuestro caso no era que la compañía no tuviera trabajo o no hubiera mercado. Había mercado y así se demostró. Por eso pudimos sacarlo adelante. Ahora también existen estos casos, pero no se reacciona.

Pero aunque lo hagan, hoy van a juicio, se presentan los trabajadores para quedarse con la empresa, y muchos pierden. No ganan a pesar de que tengan argumentos válidos en el concurso.
Eso también pasaba en nuestra época. Se ganaba en los tribunales porque los trabajadores apretaban. Si los trabajadores iban arrugados, el juez les daba carpetazo. Si los trabajadores iban en lucha, al final terminaban ganando.

Pero hoy muchos trabajadores se van a la primera negativa.

Eso también pasaba antes. En nuestro caso, que era una empresa de 50 trabajadores, 15 o 20 se dieron a la desbandada a la primera. El empresario había montado otra cosa y se fueron con él. Nos quedamos 30. Luego había gente con la que era imposible pactar nada. No es fácil. Eso suele ocurrir en todas partes.

¿Qué hicieron ustedes?

Nuestra lucha comenzó cuando vimos que empezaba a haber movimiento en la empresa, que sacaban las máquinas y las herramientas. No era simplemente una quiebra. Nos habían dejado de pagar, nos debían meses. Entonces, lo primero que hicimos fue proteger la empresa. ¿Qué quiere decir eso? No dejamos que nadie se llevara ninguna máquina de valor. Que a nadie se le ocurriera llevarse nada, ni siquiera entre los mismos trabajadores, que siempre hay el típico listillo que se lleva cosas. Lo que nos dimos cuenta es de que podían desaparecer materiales que luego nos costaría muchísimo recuperar.

¿Cómo protegían la empresa?

Siempre, día y noche, alguno de nosotros hacía guardia hasta ver qué ocurría. Intentábamos no dejar pasar nada más que a la gente que tenía que trabajar.

¿Cómo no llegó la policía y los sacó, si la empresa no era suya?

Era un momento delicado. La policía no podía venir así como así. Era 1981, en plena Transición. Estaba Adolfo Suárez en el Gobierno. Los políticos no se atrevían a decir: “Tira a quemarropa”. No era posible.

Pero ahora la policía intervendría.

Creo que si a los trabajadores no les pagan, los dejan en la calle, se hacen fuertes y se quedan en la empresa, algo tendrán que ganar. La resistencia a veces es muy sorprendente. Pero para eso necesitas tener un núcleo de gente que esté dispuesta a una serie de cosas, a manifestarse, a dormir en las instalaciones, a hacer de eso su vida. No es decir: “Me voy a una manifestación, vuelvo por la tarde, y mañana Dios dirá”. Deben quedarse y seguir, por la noche y durante el día, con todo el mundo implicado, la familia, los niños, y todos lo que tengan alrededor; si tienen, también los amigos. Especialmente tiene que estar implicada la familia directa. Así ocurrió con nosotros.

¿Llevaban a la familia a la fábrica?

Las familias ayudaban mucho. Por ejemplo, hicimos algo que ahora le llaman “escrache”, que era ir a buscar al responsable de la desgracia. Ahora se ha puesto de moda por los desahucios, pero entonces lo hacíamos nosotros. Organizamos una marcha a Cadaqués porque nos enteramos de que el dueño tenía una casa allí, que usaba en el verano. Alquilamos un autocar y nos fuimos con todas las familias, vestidos de azul, con niños y carritos. Todas las familias. Nos presentamos frente a su casa unas 70 personas, y quien primero nos recibió fue la Guardia Civil. Pero sus miembros se quedaron desbordados. “Miren”, les dijimos, “nosotros no queremos hacerle ningún mal a nadie, pero hay un señor ahí que lleva ya dos meses sin pagarnos y no sabemos nada de él. No nos dice nada y venimos a ver si podemos entrevistarle aquí”. Como no estaba, porque sabía que iríamos, le dejamos escrito en la puerta a lo que habíamos ido, y por qué lo estábamos buscando, y nos fuimos pegando pasquines. Después fuimos a su casa de Martorell, a otro taller que tenía. Intentamos hacer una lucha muy constante. Día sí y día también. Mientras, había un grupo que se quedaba en la fábrica. La fábrica nunca se quedó sola. Teníamos un retén por la noche y durante el día.

¿Por qué en casos similares la gente no hace lo mismo hoy?

En nuestro caso, era una época política muy distinta de la de ahora. Durante la crisis de los años ochenta existía una lucha obrera muy constante, muy fuerte. Los trabajadores eran muy conscientes de que eran trabajadores y no otra cosa. La democracia burguesa se ha preocupado mucho de hacer que los trabajadores se individualicen muchísimo, y cada uno piense que ya no es trabajador, sino otra cosa. Decían que los trabajadores éramos clase media. Hasta hace no mucho, el trabajador que de alguna manera ganaba un salario mínimamente bueno en una empresa saneada, y con eso quiero decir que percibía alrededor de dos mil euros limpios, ya pensaba que no estaba en la clase trabajadora, sino en la clase media. Eso se terminó en el momento en que ha llegó la hecatombe. Muchísima gente que se embarcó en una serie de circunstancias en su vida, ahora está en una pobreza absoluta, sujeta a desahucios.

La lucha de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca parece, en la actualidad, la más cercana a la de ustedes…

Curiosamente, hasta hace poco, a las reuniones de desahuciados solo iban los inmigrantes. Los españoles desahuciados no querían dejarse ver, se ocultaban. Querían que no se supiera que ellos eran pobres también. Últimamente ha cambiado el chip y la gente comienza a decir sin vergüenza cuál es su situación. Formaba parte de esa característica de no reconocer la clase social en la que se encuentran.

Aun así, los trabajadores no parecen movilizarse como ustedes… Hoy, un obrero a quien explotan puede que vaya a votar a un partido liberal que rebajará sus derechos, o a uno de ultraderecha que culpabilizará a inmigrantes…

Cuando la bonanza económica y la burbuja inmobiliaria han convencido a la gente para que se endeudara de tal manera que no pudiera ni rechistar. Ahí nos hemos desorganizado. Antes, mientras la clase trabajadora estaba muy organizada, la clase burguesa casi no lo estaba. La CEOE, por ejemplo, no existía. Se la inventaron entonces. Los patrones estaban bastante más desorganizados que los trabajadores. Ahora ocurre lo contrario. Los trabajadores están desorganizados, y los patrones están muy organizados. Saben cuáles son sus objetivos y los han conseguido. Querían el neoliberalismo europeo y estadounidense, y lo han logrado. Aun así, creo que hay signos de que todo puede cambiar.

¿Antes no había nada que perder?

Nada. Estaba todo perdido. Eso lo está comenzando a sentir ahora la gente joven. Hasta hace unos años, un chico de 25 años podía pensar que pronto se compraría un coche. Ahora muy pocos pueden pensarlo. No encuentran trabajo. No encuentran futuro. Viven con la pensión de los abuelos.

¿Pero hay conciencia entre ellos?

Si todavía creyéramos que somos trabajadores, juntos tendríamos prácticamente todo en nuestras manos. Si se quiere producir algo, lo tienen que hacer los trabajadores; no lo pueden hacer los capitalistas porque, entre otras cosas, son pocos y algunos no saben nada del trabajo en sí. Por tanto, somos los trabajadores quienes tenemos que tirar adelante cualquier iniciativa de trabajo y para crear nuevas expectativas económicas. Esta es una idea antigua, pero es aquí a donde tenemos que volver. Sí que hay signos de esperanza. Hace poco estuve en las Marchas de la Dignidad, en Madrid. Sin que estuvieran los sindicatos mayoritarios, que sin ellos antes era muy difícil movilizar a la gente, hubo una gran marcha. Se ha conseguido todo eso sin ellos.

Ha habido el 15 M, ha habido marchas y, sin embargo, ha sido un año nefasto para los trabajadores. Ha habido ERE, despidos indiscriminados más sencillos y con menores indemnizaciones… Las marchas terminan y toda la fuerza de la ley permite que continúen los ERE.

Aquí está el quid de la cuestión. Tenemos que intentar que este tipo de movimientos no sean como los hongos y se acaben. Que sea una cosa continuada. Esto es lo que se están planteando muchas organizaciones todavía pequeñas, pero que más adelante pienso que pueden ser muchísimo más potentes.

¿Qué papel desempeñan los sindicatos?

Se han ido desclasando, burocratizándose muchísimo. En los años setenta no podíamos ni pensar que un sindicalista fuese corrupto. Ahora tenemos sindicalistas implicados en fraudes. Hay sindicalistas que se han convertido en funcionarios, y eso no puede ser. Tiene que ser gente trabajadora. Ante estas circunstancias, hay una desmotivación generalizada. Seguro que las organizaciones sindicales no tienen toda la culpa, sino la misma sociedad que hemos creado entre todos.

A veces no se continúa, o no se empieza, con empresas cooperativas porque los mismos trabajadores no se ponen de acuerdo. ¿Cómo se hace para cambiarlo?

En Mol Matric había un buen grupo de gente concienciada y además un grupo que creíamos posible que nosotros, como trabajadores, en cooperativa, podríamos continuar con la empresa. Pero había otros grupos, organizados políticamente, que no creían que el cooperativismo fuera una salida para nada. Incluso más, creían que era una especie de parche, y de autoexplotación que ayudaba al capitalismo. Toda esta gente se fue apartando, y quedamos los que creíamos que sí podíamos.

¿De verdad las cooperativas no corren el riesgo de autoexplotarse?

Inicialmente es posible que lo hagan, pero eso luego debe cambiar. En nuestro caso, al principio nos pusimos unos salarios de subsistencia, algo que duró unos cinco años. Eso le sucede a cualquiera que quiera tirar adelante un proyecto. Nosotros nos pusimos en consonancia con el sector, y tuvimos que trabajar muchísimo la solidaridad interna. Eso quiere decir que si había que repartir 1.000 euros, se daban 100 a cada uno, sin categorías. Luego hubo que regularizarlo. Un peón no puede ganar lo mismo que un director, porque nadie querría ser director. Hay que tenerlo muy regularizado, y deben entenderlo todos. Eso, sin que se dispare mucho. Una diferencia de 1 a 3 o 1 a 5 en un nivel muy alto.

También deben tener conocimientos empresariales. ¿Eso cómo se consigue?

Tienen que buscar buenos asesores. En nuestro caso nos ayudó mucho David Santacana, del Colectivo Ronda. Era un economista que cambió las multinacionales por la economía social. Nos planteó, por ejemplo, que no teníamos que embarcarnos con un cliente en más del 30%. ¿Por qué? Porque si en un momento determinado ese cliente se va o no te paga, te hunde. Si te deja de pagar el 30% te hace tambalear, pero no te hunde.
Santacana se reunía con nosotros una vez por semana en el consejo rector.
Existen actualmente personas que asesoran para que las iniciativas puedan salir adelante. Solo hay que querer hacerlo, y esforzarse para seguir adelante.

Democracia

“Hay que saber pactar para continuar”

Muchas veces las cooperativas se rompen porque las personas no se ponen de acuerdo. ¿Cómo se hace?
En una cooperativa, sin pactos no vas a ninguna parte. Si la gente que lidera, que hace de motor, se cree el proyecto y convence al resto, entonces se puede salir adelante. Si todo el mundo quiere dirigir la orquesta, se rompe. Cada uno tiene que ser eficiente en el sitio en que sirve. El gerente debe tener conocimientos para ser cooperativista y capacidad para dirigir.

El riesgo es que el líder no considere otras opiniones, y el resto se desmotive…

Es normal. En un principio, eso nos pasó a nosotros. El resto no veía el proyecto claro, y empezaron a ver a los líderes como si fueran los dueños. Y claro, si es así el enfrentamiento está servido y se pierde el interés. Entre nosotros hubo gente que planteó que había que hacer grupos sindicales. Esa no es la salida en el cooperativismo. Si no estás de acuerdo con los líderes, debes presentarte al consejo rector y dirigir la cooperativa desde ahí. En los consejos rectores está la gente elegida por todos los trabajadores. O se cambia de chip desde el principio o no funciona.

¿Qué decisiones puede tomar el consejo rector?

Nuestro consejo rector se reunía semanalmente y tomaba las decisiones cotidianas. Si había cualquier asunto mínimamente difícil, una reducción en el salario, aceptar según qué trabajo, todo eso se llevaba a la asamblea general, con el voto de todos los trabajadores. Se hacían inicialmente muchísimas y eran larguísimas. Luego, las asambleas se hacen cada tres meses, y más si hay alguna eventualidad.
Normalmente, se intenta por todos los medios que las asambleas sean lo más democráticas posible. Siempre hay quienes son más influyentes y tienen más peso que otros. Pero las cooperativas funcionan así: un socio, un voto.

Solidaridad

Claves de 30 años de cooperativismo

¿Cuál es la clave del éxito de Mol Matric, después de 30 años como empresa recuperada?

Lo que nos ha funcionado es que haya una parte de la gente muy técnica, que supiera del trabajo y de los números, pero también una parte social, solidaria en lo interno y en lo externo de la cooperativa. La parte social es tan importante como el trabajo en sí. Debe haber gente que piense en las personas, desde la posibilidad de realizar una salida al campo con todas las compañeras y las familias, hasta la posibilidad de hacer una recolecta y mandársela a los más pobres de la tierra, como nosotros, que tenemos proyectos de solidaridad con el Sáhara y con Nicaragua. También tenemos una masía que compartimos, y una parte de las tierras se las prestamos a una gente para ver si pueden sacar adelante un proyecto agroecológico propio.

También supongo que influyen unas buenas cuentas…

Por supuesto, hay que comer. Hay que mantener el estómago y el espíritu. Cuando se forma una cooperativa, hay que pensar en ganar tres veces los salarios: una parte es el salario, el equivalente va para Hacienda, y el otro igual sirve para reponer maquinaria, material, y parte social. Si la gente gana dos mil, la empresa tiene que generar seis mil.