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La guerra continúa

8 diciembre, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

José Álvarez Junco y los dioses útiles, o Gerhard L. Weinberg y la Segunda Guerra Mundial en menos de 200 páginas.

La guerra continúa

Johan Huizinga escribió que ninguna disciplina tenía sus portales tan abiertos al público en general como la historia. Y algunos de los libros publicados en los últimos meses constituyen un excelente ejemplo de eso.

La historia está cargada de mitos, aunque muchas veces no se encuentren pruebas para sustentarlos, y así lo recuerda José Álvarez Junco en Dioses útiles(Galaxia Gutenberg), su repaso a las teorías y construcción histórica en torno a las naciones y los nacionalismos, donde intenta explicar el caso español en términos comparados. Historia narrada con buen pulso, sin olvidar el análisis, que es lo que hace siempre tan bien este autor.

Resumir la guerra de 1939-1945 en menos de 200 páginas no es tarea sencilla, pero Gerhard L. Weinberg la borda en La Segunda Guerra Mundial (Crítica), partiendo de todos los conocimientos en investigaciones que había anticipado en su monumental Un mundo en armas.

Durante esos años de violencia y genocidio, cerca de 48.000 españoles combatieron en la División Azul. Xosé M. Núñez Seixas realiza en Camarada invierno (Crítica) una disección de quiénes eran, cuáles eran sus motivos y sus percepciones sobre la Alemania nazi y la Rusia soviética. Una historia basada en cartas, diarios y memorias, la mirada cotidiana de quienes vivieron aquella segunda cruzada contra el comunismo.

Fuera de Europa hubo también grandes masacres, aunque nuestra mirada occidental no les preste demasiada atención, e Iris Chang narra en La Violación de Nanking. El holocausto olvidado de la Segunda Guerra Mundial (Capitán Swing) la que tuvo lugar en diciembre de 1937, cuando el Ejército japonés entró en la entonces capital de China, Nanking, y asesinó a más de 300.000 civiles.Julio Prada Rodríguez,Jordi Ama

Tampoco cesa la literatura sobre la España más reciente. Hay para elegir, según los intereses de los lectores, que puede ser el Frente Popular, en la interpretación y relato detallado que 80 años después ofrece José Luis Martín Ramos en El Frente Popular. Victoria y derrota de la democracia en España (Pasado & Presente); la represión económica y el castigo que el franquismo aplicó a una buena parte de la sociedad gallega, objeto minucioso de estudio de Julio Prada Rodríguez en Marcharon con todo (Biblioteca Nueva); La primavera de Múnich (Tusquets), como denomina Jordi Amat en su excelente narración a lo que la dictadura de Franco bautizó en 1962 como el contubernio; el uso que los vencidos en la Guerra Civil hicieron de las coplas de Conchita Piquer, una original investigación de Stephanie Sieburth —Coplas para sobrevivir (Cátedra)—, muestra del vigor de los estudios culturales en los hispanistas más jóvenes; o el pormenorizado análisis de la izquierda radical durante la Transición por parte de Gonzalo Wilhelmi en Romper el consenso (Siglo XXI).

Y aunque tiene ya casi tres décadas, aparece una nueva edición de Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española (Crítica), la magistral obra de Ronald Fraser, la mejor guía para descubrir las historias escondidas de la guerra, más allá de mitos y disputas sobre las causas y responsables del acontecimiento central de la historia de España en el siglo XX.

Historias de gente común, de grandes acontecimientos políticos, de guerras y violencia. En grandes pinceladas y en miniatura. Para que los lectores decidan.

La guerra continúa

 

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Las lenguas como castigo

26 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace unos días, el periódico ABC publicaba en su tercera un artículo de opinión titulado El engaño firmado por José María Fernández de Sousa. Hacia el final del artículo, aparecía la siguiente afirmación traída muy por los pelos a raíz de la situación política en Cataluña:

“Conviene recordar la maldición bíblica de la Torre de Babel: hablar diferentes lenguas es una maldición. No une a los hombres, los separa. Que haya muchas lenguas no es un enriquecimiento, sino un empobrecimiento. En Papúa Nueva Guinea se habla una lengua diferente en cada pueblo y no se comunican, lo que da lugar a luchas constantes. Se estima que en el Mundo se hablan unos 7.000 idiomas diferentes. Una auténtica maldición. Así que ese es otro engaño, el que existan muchos idiomas es empobrecedor y no enriquecedor como se nos dice”.

Hoy en La Tercera de ABC, sobre las trampas de los catalanes y recuperando un poco el “muera la inteligencia” de Millán Astray.

La idea que subyace en la columna de ABC es que la existencia de distintas lenguas es una maldición y que lo deseable sería vivir en un mundo donde imperase el monocultivo lingüístico y se hablase un único idioma. A pesar de que este tipo de afirmaciones categóricas obvian la existencia de personas plurilingües y de profesionales cuya labor consiste precisamente en tender puentes entre comunidades lingüísticamente diferentes, no es esta la primera vez (ni será la última) que se interpreta la existencia de diversas lenguas como una desgracia. Entendemos el plurilingüismo como una catástrofe (o, por lo menos, un engorro) del que solo la utopía tecnológica a golpe de traducción automática (o, en el peor de los casos, el darwinismo lingüístico desaprensivo) podrá salvarnos.

La idea de que la existencia de múltiples lenguas es un castigo nos viene de lejos y está fuertemente arraigada en nuestra cultura y en nuestra forma de pensar. Quizá el mito judeocristiano de la Torre de Babel sea el más conocido o al menos el que más cerca nos queda, pero no es ni de lejos el único: son legión las leyendas procedentes de culturas y tradiciones muy distintas ( desde los pueblos nativos norteamericanos hasta las tribus polinesias) que explican el plurilingüismo como resultado de catástrofes, inundaciones y otros castigos divinos. En todas ellas la estructura es siempre la misma: una población que vive inicialmente en armonía y concordia bajo una única lengua sufre algún tipo de desgracia que desencadena la fragmentación de la lengua única primitiva en diferentes idiomas mutuamente ininteligibles. De acuerdo con estos mitos, la lengua original es una especie de Arcadia perdida de la que emanaba la fraternidad y el entendimiento entre los humanos frente al ominoso plurilingüismo, que solo nos trajo desarraigo, incomprensión mutua y enemistad entre semejantes y que es, en definitiva, la fuente de buena parte de nuestros males.

Pero la multiplicidad de lenguas no es un castigo ni un inconveniente que haya que sortear, y mucho menos una causa de empobrecimiento o hostilidad. Las lenguas son el vehículo de la cultura, el pensamiento y el conocimiento de las sociedades que las hablan y constituyen una parte fundamental del patrimonio humano común. Las lenguas son herramientas colectivas creadas colaborativamente por todos los hablantes y que representan y modelizan el mundo que nos rodea. La realidad es poliédrica e inabarcable y las distintas lenguas intentan dar cuenta de esta complejidad desde distintos puntos de vista y a través de estrategias variadas. Hay algo asombroso y emocionante en descubrir que  algunas lenguas consideran el azul y el verde distintas gamas de un mismo color o que en muchos idiomas distinguen número dual o trial además de nuestros tradicionales singular y plural. Estas diferencias trascendentales entre idiomas (algunas más radicales, otras más sutiles) nos permiten asomarnos a cómo otras sociedades interpretan, experimentan y conceptualizan la realidad. En último término, asomarnos a otra lengua es una manera fascinante de admirar cómo entienden el universo otros seres humanos.

Disfrutamos con la ficción porque, de algún modo, las historias son versiones en miniatura que narran y reflejan cómo percibimos el mundo. De una forma no muy distinta a cómo funciona la ficción, las lenguas son a su manera modelos que captan y recogen cómo experimentamos nuestro entorno. Solo a un descerebrado o a un fanático se le ocurría defender que nos iría mejor si viviésemos bajo un relato único que aspirase a dar cuenta de toda la complejidad de este mundo. La diversidad lingüística es una fuente de riqueza y asombro tan valiosa y fascinante como lo puede ser la diversidad de especies en biología.  El drama no es que existan muchas lenguas distintas; el drama sería que solamente existiese una, o unas pocas. Lejos de ser un castigo o una desgracia, las lenguas son un tesoro colectivo y merecen ser protegidas, fomentadas y celebradas.

El escritor que quería hacer historia

17 octubre, 2017

Fuente: http://www.elpais.com/cultura

La crónica de la Guerra Civil de Ludwig Renn, editada en alemán en 1955, ve la luz en España. Es literatura de combate comunista, sin lugar para la retórica o los sentimientos.

Voluntarios de las Brigadas Internacionales en el Cuartel de la Guardia Republicana en Albacete en 1936.
Voluntarios de las Brigadas Internacionales en el Cuartel de la Guardia Republicana en Albacete en 1936.REP

La guerra civil española fue en su origen un conflicto interno entre espa­ñoles, pero en su curso y desarrollo constituyó un episodio de una guerra civil ­europea que acabó en 1945.

Tras las subida de Hitler al poder, el sentimiento popular antibélico de los años veinte dio paso gradualmente a políticas de rearme y a una crisis de la seguridad internacional. En ese ambiente tan caldeado, para muchos ciudadanos eu­ropeos y norteamericanos, España se convirtió en el campo de batalla de un conflicto inevitable en el que al menos había tres contendientes: el fascismo, el comunismo —o la revolución— y la democracia.

Muchos narraron los hechos de primera mano, en el frente o en la retaguardia, transmitiendo al mundo historias de horror, heroicidad, compromiso y traiciones. Con las Brigadas Internacionales llegaron a España obreros manuales, aventureros en busca de emociones, intelectuales y profesionales de clases medias, corresponsales de guerra y escritores. La mayoría tenía claro que el fascismo era una amenaza internacional y España era el lugar apropiado para combatirlo. Se habían sentido atraídos por el Partido Comunista, que les daba amparo y una doctrina fuerte a la que agarrarse, en un momento en el que en París confluyeron un montón de exiliados de la Europa oriental, central y balcánica, huidos de la represión fascista y dictatorial.

El escritor que quería hacer historia

Ludwig Renn, aunque representaba todo eso, era un tipo singular. Nacido en una familia aristocrática de Dresde en 1889, Arnold Vieth von Golssenau combatió como oficial en un regimiento de Sajonia durante la I Guerra Mundial, una experiencia militar que relató con éxito en Krieg (guerra), en 1929, y continuó en Nachkrieg (posguerra), en 1930, cuando ya había abandonado el Ejército y su clase, incluido su nombre, para abrazar el comunismo y la ortodoxia estalinista.

Con el ascenso nazi al poder, estuvo en la cárcel año y medio y, tras ser liberado, huyó a Suiza, donde se enteró de la sublevación militar contra el Gobierno republicano en España. A principios de octubre de 1936 se subió a un tren con destino a Cerbère y después a Barcelona. Así comienza su crónica de la guerra civil española, editada en alemán en 1955 y que ve ahora la luz por primera vez en España, más de 600 páginas de literatura de combate comunista, sin apenas lugar para la retórica o los sentimientos, porque “el amor en el campo de batalla es una invención de los escritores. En el frente, la vida real no deja hueco a esos lujos”.

Alejado, por tanto, de las fantasías de los “tibios” burgueses de izquierda que nunca se jugaron el cuello, Ludwig Renn describe lo que él considera la auténtica realidad, dando fe, desde el principio hasta el final, del relato oficial comunista, frente a “anarcofascistas” (amigos del desorden y de la “palabrería”, inservible en la guerra); “socialtraidores”, representados por Largo Caballero y el “redomado golfo” Indalecio Prieto, y espías trotskistas y del POUM.

Renn arriesgó su vida en primera línea de fuego, como había hecho ya en la Guerra Mundial, primero como dirigente del batallón Thälmann y después como jefe del Estado Mayor de la XI Brigada Internacional. Estuvo en todas las grandes batallas, desde Madrid hasta Brunete, pasando por el Jarama y Guadalajara, hasta que a comienzos de septiembre de 1937 emprendió, con pasaporte español —Hitler le había despojado de la nacionalidad alemana—, una “misión oficial” de propaganda a favor de la República por Estados Unidos, Canadá y la Cuba de Batista.

Muchos narraron los hechos de primera mano, en el frente o en la retaguardia, transmitiendo al mundo historias de horror, heroicidad, compromiso y traiciones

El 21 de septiembre de 1938, Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, anunció en Ginebra, ante la Asamblea General de la Sociedad de Naciones, la retirada inmediata y sin condiciones de todos los combatientes no españoles en el Ejército republicano, con la esperanza de que el bando franquista hiciera lo mismo. Quedaban entonces en España aproximadamente un tercio de todos los que habían llegado para luchar contra el fascismo, y el 28 de octubre, un mes después de su retirada del frente, las Brigadas Internacionales desfilaron en Barcelona ante más de 250.000 personas. Allí estaba Renn, quien permaneció en España hasta la caída de Cataluña. De allí pasó a Francia, después a México y regresó a Alemania 10 años después.

El problema de la República, concluyó Renn, no fue “la falta de experiencia militar”, que tampoco la tenían, según él, las tropas de Franco, sino “el guirigay entre partidos”, donde sólo el comunista mantuvo el tipo: sin él, y sus “abnegados camaradas y amigos”, la República española “hubiera sido borrada del mapa en un santiamén”.

Renn no era sólo un escritor comprometido, que luchaba con la pluma y la palabra contra el fascismo. Como les dijo a algunos de sus colegas famosos en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en julio de 1937, él peleaba en el frente y había dejado la pluma porque no quería “escribir historias, sino hacer historia”.

La guerra civil española. Crónica de un escritor en las Brigadas Internacionales. Ludwig Renn. Traducción de Natalia Pérez Galdós. Fórcola Ediciones. Madrid, 2016. 721 páginas. 39,50 euros.

Rigor contra la manipulación del franquismo

7 agosto, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

Los historiadores arrojan luz sobre ese pasado traumático y demuestran que el rigor es el primer paso para evitar el uso político de esa época

Franco visita las obras del pantano de Santa Ana, en la cuenca del Ribagorzana, en 1955.
Franco visita las obras del pantano de Santa Ana, en la cuenca del Ribagorzana, en 1955. PÉREZ DE ROZAS

Franco comenzó el asalto al poder con una sublevación militar y lo consolidó tras la victoria en una guerra civil. Hasta 1945, él y su dictadura no fueron una excepción en aquella Europa de sistemas políticos autoritarios, totalitarios o fascistas. Pero tras el final de la II Guerra Mundial, las dictaduras derechistas, que habían sido dominantes desde los años veinte, desaparecieron de Europa, salvo en Portugal y España. Muertos Hitler y Mussolini, Franco siguió 30 años más.

Han pasado ya cuatro décadas sin él y, aunque la dictadura es todavía objeto de controversia política, con memorias divididas que proyectan su larga sombra sobre el presente, los historiadores han elaborado, a través de enfoques y métodos de indagación muy distintos, una fotografía bastante completa de ese pasado.

Una foto completa de Franco y su dictadura 40 años después

El Ejército, la Falange y la Iglesia representaron a los vencedores de la Guerra Civil, y de ellos salieron el alto personal dirigente, el sistema de poder local y los fieles siervos de la Administración. Esas tres burocracias rivalizaron entre ellas por incrementar las parcelas de poder, con un reparto difícil que creó tensiones desde los primeros años del régimen, cuando se estaba construyendo, examinados por Joan Maria Thomàs en Franquistas contra franquistas.

Aunque aparecieran desde el comienzo luchas entre franquistas, en lo que todos estuvieron de acuerdo fue en el culto rendido al general Franco, tema ya estudiado hace tiempo de forma exhaustiva por Paul Preston en su magnífica biografía, ahora ampliada, y en cuyos mitos incide también la reciente aproximación de Antonio Cazorla. El Caudillo fue rodeado de una aureola heroico-mesiánica que le equiparaba a los santos más grandes de la historia. Aparecían por todas partes estatuas, bustos, poesías, estampas, hagiografías. La imagen de Franco como militar salvador y redentor era cuidadosamente tratada e idealizada, y su retrato presidió durante los casi cuarenta años de dictadura las aulas, oficinas, establecimientos públicos y se repetía en sellos, monedas y billetes.

La gran empresa de Franco y los vencedores consistía en la regeneración total de una nación nueva forjada en la lucha contra el mal, el sistema parlamentario, la República laica y el ateísmo revolucionario. Como recordaba el 1 de abril de 1939 Leopoldo Eijo y Garay, obispo de la diócesis de Madrid, era “la hora de la liquidación de cuentas de la humanidad con la filosofía política de la Revolución Francesa”.

El Ejército, la Falange y la Iglesia rivalizaron por incrementar las parcelas de poder con un reparto que creó tensiones

Y para liquidar esas cuentas y que los vencidos pagaran las culpas se puso en marcha un terror institucionalizado y amparado por las leyes del nuevo Estado, un engranaje represivo y confiscador que causó estragos entre los vencidos, abriendo la veda para una persecución arbitraria y extrajudicial que en la vida cotidiana desembocó muy a menudo en el saqueo y en el pillaje. Como confirman investigaciones recientes en Cataluña, Aragón y Andalucía, en aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas se abrieron decenas de miles de expedientes a obreros y campesinos con recursos económicos escasos, pero también a clases medias republicanas con rentas más elevadas. Los afectados, condenados por los tribunales y señalados por los vecinos, quedaban hundidos en la más absoluta miseria. En muchos casos, las sentencias se impusieron a personas que ya habían sido ejecutadas.

Con el paso del tiempo, la violencia y la represión cambiaron de cara, la dictadura evolucionó, “dulcificó” sus métodos y, sin el acoso exterior, pudo descansar, ofrecer un rostro más amable, aunque nunca renunció a la Guerra Civil como acto fundacional, que recordó una y otra vez en un entramado simbólico de ritos, fiestas, monumentos y culto a los mártires.

Franco murió matando, como relata Carlos Fonseca en la reconstrucción de la semblanza de los últimos fusilados, pero los cambios producidos por las políticas desarrollistas a partir del Plan de Estabilización de 1959 y la machacona insistencia en que todo eso era producto de la paz de Franco dieron una nueva legitimidad a la dictadura y posibilitaron el apoyo, o la no resistencia, de millones de españoles.

Una foto completa de Franco y su dictadura 40 años después

Esos “buenos” años del desarrollismo, opuestos a la autarquía y el hambre, alimentaron la idea, sostenida todavía en la actualidad por la derecha política y defendida en el libro de Stanley G. Payne y Jesús Palacios, de que Franco fue un modernizador que habría dado a España una prosperidad sin precedentes. Y frente a ese mito del modernizador y salvador de la patria opone Ángel Viñas, con el rigor y exhaus­tiva aportación de pruebas que le caracteriza, La otra cara del Caudillo,la de las bases y naturaleza de su poder dictatorial.

Historias y mitos administrados por historiadores que persuaden, atraen al lector y demuestran que narrar con rigor, en obras bien informadas, es el primer paso para evitar el uso político de ese traumático pasado. Españoles, Franco ha muerto, titula su ensayo Justo Serna, quien recuerda que al franquismo no podemos liquidarlo con el olvido o la ignorancia.

Franquistas contra franquistas. Joan Maria Thomàs. Debate. Madrid, 2016. 318 páginas. 24,90 euros.

Franco. Paul Preston. Debate. Barcelona, 2015. 1.087 páginas. 32,90 euros.

Franco, biografía del mito. Antonio Cazorla. Alianza. Madrid, 2015. 392 páginas. 22,45 euros.

El “botín de guerra” en Andalucía. Miguel Gómez Oliver, Fernando Martínez y Antonio Barragán (coordinadores). Biblioteca Nueva. Madrid, 2015. 408 páginas. 28 euros.

Mañana cuando me maten. Carlos Fonseca. La Esfera de los Libros. Madrid, 2015. 392 páginas. 23,90 euros.

Franco, una biografía personal y política. Stanley G. Payne y Jesús Palacio. Espasa. Madrid, 2015. 800 páginas. 26,90 euros.

La otra cara del Caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco. Ángel Viñas. Crítica. Barcelona, 2015. 448 páginas. 21,75 euros.

Españoles, Franco ha muerto. Justo Serna. Punto de Vista Editores, 2015. 288 páginas. 16 euros.

“La poesía se hace más necesaria que nunca cuando te lo ponen tan difícil”

26 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Nacho Vegas presenta su nuevo libro,  Reanudación de las hostilidades (ESPASAesPOESÍA), susurrando. De alguna forma, una compilación de poemas, pensamientos y relatos dividido en tres partes – Los términos del conflicto La contienda Capitulación– le ha quitado todo el grito de su música. Quizá porque hay un aire bélico y sus verdades son tan duras que ya no hace falta decirlas en alto.

Tampoco necesita ya  el megáfono final de  El hombre que casi conoció a Michi Panero. Su discurso lleva manchado el calcañar de barro de trinchera: habla del colectivo, del sistema, de derrotas, de la clase obrera ilusionada como sus compañeros y de los señores con traje como enemigos. Y sin embargo, en su segunda incursión en la literatura, Nacho Vegas ha vuelto al intimismo de quien ya lo ha visto todo y prefiere regresar a Xixón a descansar. Pero sin claudicar.

Porque a juzgar por sus palabras, no se da por vencido aunque pueda hacerse el muerto. Y así no corromperse y estar en la brecha todo el tiempo posible. O quizá está tirado en el fango para poder recargar la canana con nuevas canciones que pidan revolución. Y solo así volver al grito.

El libro está planteado como una guerra, como una batalla, ¿contra quién es esa contienda? ¿Contra el mundo o contra usted mismo?

Es una metáfora de la vida entendida como una batalla diaria en la que se suceden las victorias y las derrotas, donde hay que ser consciente de que ninguna victoria es definitiva pero también de que ninguna derrota lo es. Así se avanza, a base de resistir y combatir. Es una batalla contra uno mismo y con las cosas que sentimos opresoras. Toda relación de poder en donde somos la parte oprimida -también aquellas donde somos la parte opresora, que conviene que revisemos estos privilegios- son las que trato de poner sobre la mesa a la hora de escribir y enfrentarlas con los poemas.

¿Por qué se ha pasado de una editorial independiente a una gran compañía como ESPASAesPOESÍA?

No fue una decisión consciente. No pensé en ese momento que Espasa perteneciera al Grupo Planeta, fue algo más humano, la presión de mi editora.

¿No tiene miedo de corromperse? 

La corrupción que hay alrededor tiene que ver con una posición de poder que no ostento ni ganas que tengo, demasiado que ver con una élite que acumula riqueza y creo que yo formo parte de la gente de más abajo. No pienso que corra ese riesgo.

Hay un discurso que encierra una postura profundamente reaccionaria, la de esa gente que te dice que no puedes criticar la mala praxis de una multinacional o de una gran corporación como, por ejemplo, El Corte Inglés, porque fabrique su ropa en algunos países en condiciones de explotación laboral y si compras allí estás siendo cómplice. Si tiras de ese hilo, todos somos cómplices por tener un móvil y tienes que mirar cada paso que das. Ese discurso interesa mucho y quien lo sostiene es gente que acaba diciéndote que precisamente comprar en Zara te hace cómplice de la explotación laboral y ya no tienes derecho a cuestionar nada, por tanto cállate la boca y vamos a dejar que las cosas sigan como están.

Nacho Vegas

Es la gente que no cree que se puede cambiar. Creo que no debemos sentirnos culpables de los crímenes de otros simplemente por hacer algo cotidiano como comprarte una camiseta. Aunque por supuesto hay gente que toma esas decisiones, acciones que tienen que ver con tu vida privada, con los compromisos que tú estableces. Pero hay un sistema que te empuja a vivir de determinada manera y a participar de él. Una de las cosas del capitalismo es que crea unas relaciones comerciales en las que el mercado está presente en nuestras vidas de una manera de la que es imposible sustraerse.

Cuando te dedicas a publicar discos y dar conciertos, no sabes por qué unos artistas tienen más éxito que otros. Son caprichos del mercado que tienen que ver con cómo durante años la música popular y la poesía se difundían de una manera más horizontal y sin el mercado metiendo sus garras en ellas. Ahora cada vez el mercado está más omnipresente. Por eso la escritura da fe de aquellas cosas que se escapan un poco al capitalismo. Pero por eso también es posible combatirlo.

¿Pasando de lo individual a lo colectivo?

Sí, la escritura siempre tiene ese viaje. Lo importante a la hora de escribir poemas o relatos, en la escritura de todo tipo, algo más palpable quizá en la música, es tener una voz propia en la que esté representada nuestra individualidad que se proyecta a lo universal, que nos pone en común y que testimonian lo que nos necesitamos unos seres a otros. Una individualidad que hace gala de la individualidad, pero donde no está representado el individualismo.

¿Se siente entonces como un caballo de Troya dentro del sistema?

¿En plan trotskista? [Risas] Sí, la escritura es un acto de resistencia. Yo entiendo que cuando escribes tienes que ser muy permeable a la realidad. La cultura popular de un tiempo tiene que ver con los procesos sociales en esos momentos. Aunque no los combatan, los reflejan. Pero puedes hacer una resistencia más activa y que realmente sean armas poderosas porque parece que el sistema nos obliga a vidas excesivamente prosaicas y a veces la poesía se hace más necesaria que nunca cuando te lo ponen tan difícil.

Como en las hostilidades del título, donde casi se presagia un retorno: ¿ante qué es hostil o ante qué lo volvería a ser?

Las hostilidades son las que hacen mucho más difícil las cosas que deberían ser naturales, que la gente se quiera o se cuide, en un capitalismo salvaje como este. Nos obliga a competir. Veo gente que tiene trabajos tan alienantes que no se pueden permitir ni ponerse enfermos, te despiden, y tienes que seguir haciéndote daño para seguir formando parte del engranaje.

Antes no sucedía. Creíamos que habíamos ganado ciertos derechos laborales y al final han conseguido desmovilizar de tal manera a la clase trabajadora que nos convertimos todos en egoístas, en competidores, y eso afecta a nuestra vida privada y a nuestras relaciones afectivas. Y las pudre. Hostilidades que vienen dadas de un sistema que nos dice que somos seres autosuficientes. Y aprender a lidiar con esas hostilidades, vencerlas, ilusionarse con que puedan cambiar las cosas y desilusionarse porque pueden volver a reanudarse es de lo que trata el libro.

Nacho Vegas durante la entrevista | Foto: David Conde
Nacho Vegas durante la entrevista | Foto: David Conde

¿Se ha desengañado?

Sí. Es verdad que en estos últimos años muchos nos ilusionamos mucho, pero es que yo vengo de una juventud en Asturias donde vi de cerca muchas derrotas obreras y esta ilusión la tomaba con cierta distancia. Pero cuando te ilusionas te dejas llevar. No sabíamos que nos íbamos a desilusionar tan rápido. Veíamos el horizonte de cambio mucho más cercano y luego se fue alejando. Pero estos ciclos de ilusión/desilusión son necesarios y no conviene perder la fe. Aunque sí ha habido desencanto. Con una parte de la política, pero con una parte muy concreta que no es la única. En los últimos años, yo he encontrado espacios culturales, sociales y políticos en los que las cosas son muy diferentes a como eran hace diez años y eso me hace pensar que se va cambiando poco a poco.

¿Por eso ha pasado de ser más revolucionario en los últimos discos a un Nacho Vegas más íntimo en el libro?

En aquel momento, cuando hice el ciclo de disco desde  Cómo hacer crac hasta el último, las canciones estaban imbuidas por ese clima social que se creó después del 15M. Un posicionamiento político que a mí no me importó que formara parte de mi trabajo. Digamos que era el momento: estaba tan presente en las conversaciones de cualquier sitio…

Mucha gente que no había militado o no se había preocupado porque consideraban que la política era cosa de cuatro señores con traje y que no les apelaba y que no podían hacer nada por cambiarlo, de repente se dieron cuenta de que podían empoderarse y cambiar las cosas y eso de manera natural se coló en las canciones. Y desvió mi mirada más confesional a lo colectivo.

Uno escribe lo que vive. ¿Cómo escribe esta revolución o cómo la escribiría?

No ha sido una revolución realmente, solo ha sido una revuelta y un cambio de clima. Se tendrían que volver a revolver las cosas. Incluso cuando escribo de experiencias vitales, no escribo en caliente. No sabes lo que ocurre hasta que no tomas perspectiva. Las canciones forman parte de un momento, pero nunca son punta de lanza de nada. No sé cómo contaría esto, necesitaría perspectiva para ver qué es lo que está cambiando. Las cosas han pasado muy rápidas en los últimos cinco o seis años, pero a la vez, al hacer balance, te das cuenta de que no han cambiado tantas cosas como creías que podían cambiar. Y de hecho has visto cómo se repetían viejos errores. Y a veces eso te desazona.

¿Quizás porque la política actual sí que se hace más en caliente que con perspectiva?

Sí, probablemente una de las cosas que más factura le pasó a Podemos en concreto se enfrascó en una máquina de guerra electoral por unas elecciones que se le venían encima y esto hizo que cometieran ciertos errores de los que les está costando despojarse. Les faltó un poco de mirada larga. Aunque ahora es el momento para volver a recuperarse.

¿Cómo?

Supongo que quitando el foco en algo que parece que es lo único que importa hoy en día en política, que es la parte institucional de ella. Y si algo aprendimos en estos últimos años es que la democracia en la que vivíamos era tan deficitaria precisamente porque la habías consagrado a las instituciones y además se las habíamos entregado a la derecha. Y habíamos olvidado el poder popular.

No solamente los partidos que estaban en las instituciones lo habían olvidado, sino que las clases populares se habían desmovilizado y necesitaban volver a tomar consciencia y volver a ser una parte fundamental de la democracia. Y eso que está en la calle es lo que debería presionar a esta política más institucional que está teniendo sus luchas intestinas que a veces son puros  Juegos de Tronos y que realmente no hablan de los problemas de la gente.

Pero es que ves los titulares de los grandes periódicos y hablan de las primarias del PSOE y no de los desahucios que hubo la semana pasada. Hay una maquinaria muy fuerte en los grandes grupos editoriales que están al servicio del sistema y que siguen teniendo poder. A pesar de que hayan surgido alternativas en los últimos años en cuanto a medios de comunicación, no esperaba que se pusiera en marcha una maquinaria tan poderosa y que a veces lo arrollara todo de una manera tan salvaje.

Pero pongamos que alguien dice “sepulcral”

y nadie sabe hacer otra cosa que cerrar la boca

salvo tú, que gritas con alborozo

estropeándolo todo.

Voy a usar ciertas partes del libro para hablar de temas muy concretos:

La infancia ha muerto: no hay posibilidad de ser feliz.

La felicidad es algo que cuando lo sientes o cuando lo eres no eres consciente. Es lo que les pasa a los niños. A los niños que no están, claro, en situaciones de pobreza o de explotación o en una situación jodida. Una infancia normal. Los niños no han perdido la inocencia y ni siquiera son conscientes de que lo son. Conforme te haces adulto la felicidad cada vez se vuelve más difícil y te haces más consciente de lo que es la infelicidad. Pero en el libro intento rebatirlo.

Creo que [el suicidio] tiene más que ver con estar cansado, muy cansado, demasiado.

He tenido algunos casos muy cercanos y lo primero es preguntarte por qué lo ha hecho. El suicidio es uno de los grandes tabúes. Se habla mucho menos y es algo que de forma consciente se evita en los datos de causas de muerte. Igual que se habla de las muertes en accidentes de tráfico para concienciar, resulta que no sabemos nada sobre el suicidio. Como no sabemos enfrentarlo, se evita. Es un tema que incomoda.

Leí un artículo de Santiago Alba Rico que hablaba de una compañía privada de transportes de ferrocarril catalana que en su publicidad se jactaban de ser la compañía más puntual, con un 98,5% si no recuerdo mal. Resulta que el 1,5% que no eran puntuales se debía a los suicidios, a la gente que se tiraba a las vías y se perdía tiempo en llamar al juez que levantara el cadáver. Y el director de la compañía logró presionar a la Generalitat para que agilizaran los trámites y lo que se tardaba 40 minutos se hiciera en 10 ó 15, de forma que fueran más puntuales. Y él decía con todo el cinismo del mundo que “sus clientes eran los vivos, no los muertos”. Este es el desprecio hacia la vida y el suicidio, simplemente un estorbo en una vía del tren, y no algo que resulta de carencias afectivas y que debería hacernos pensar mucho más.

La poesía es un acto inútil.

Puede ser inútil, pero depende de lo que entiendas por inutilidad. La poesía no es útil en el sentido funcional de la palabra, tiene un porqué muy poderoso pero no escribes para algo, no sirve para algo. Hay una urgencia que te empuja a escribir poesía, pero porque tiene un valor: no es útil, es necesaria.

Así acaban todos, tarde o temprano, todos los amores: podridos.

Bueno, el amor es algo precisamente que requiere algo tan importante como el compromiso. En uno de sus ensayos, César Rendueles habla de que lo opuesto al egoísmo no es el altruismo, como normalmente se piensa, porque en el altruismo conseguimos un beneficio -sentirnos mejor, una conciencia más limpia-, sino el amor y dentro de este, el compromiso: aquello que haces porque tienes que hacerlo. Hay que hacer las cosas porque tengas que hacerlas, no porque obtengas un rédito personal. Y cuando te enamoras, no lo haces por nada. Te enamoras y lo percibes como lo más importante y te olvidas del dolor, porque el amor, como la poesía, también es algo inútil: tiene vida y como todo lo que tiene vida, acaba muriendo y pudriéndose.

Hemos sido derrotados, pero no del todo.

La derrota tiene que ver con una relación de poder desigual en la que pasan por encima de ti. Cuando realmente existe una revolución, la parte débil consigue plantar cara. Y quizá no salir victorioso, pero por lo menos resistir. El mundo se articula en base a demasiadas relaciones desiguales de poder: no solo políticas, también afectivas, como el patriarcado. Y para cambiar esos términos, solo queda empoderarse.

En el libro incluso llega a relatar una violación de la forma más abrupta posible. La revolución de la que hablábamos antes, ¿será feminista o no será?

Una de las cosas que ha traído buenas el 15M ha sido que el discurso feminista se colocara en el centro del discurso político de la izquierda. Hay una parte de la vieja izquierda que hablaba de que la verdadera emancipación era la de la lucha de clases y que el feminismo era una lucha secundaria. Pero hoy en día se ha puesto de manifiesto un patriarcado en el que las relaciones de poder no solo provocan desigualdades, sino crímenes todos los días. Si no se combate, no tiene sentido la revolución. La revolución no es solo contra el capitalismo, sino también contra el patriarcado. Las mujeres tienen, además, esa doble lucha. Los hombres, como mucho, podemos ser agentes dobles, pero siempre estamos en la parte privilegiada.

Lo que hay que tender es al igualitarismo, pero lo que pasa es que cuando estás en un sistema patriarcal y quienes están al mando son hombres que tienen esa cultura tan metida en los genes hay que meter cuotas como paso intermedio. No estoy en contra de las cuotas en ciertos aspectos, pero porque no me fío de ciertos señores blancos, de mediana edad y con un poder adquisitivo importante.

¿A la igualdad se llegará después del feminismo?

Sí, claro. Como hombres blancos estamos cargados de privilegios y hay que revisar estos privilegios. El igualitarismo llevará muchas luchas y una revolución donde no se pueden olvidar los derechos, que vivimos en un patriarcado y que las fronteras protegen privilegios, no naciones ni personas. Tenemos que derribarlas, pero costará. Las fronteras justifican las desigualdades, solo protegen privilegios.

Nacho Vegas presenta 'Reanudación de las hostilidades' | Foto: David Conde
Nacho Vegas presenta ‘Reanudación de las hostilidades’ | Foto: David Conde

La nación y la revolución que no cesan

30 mayo, 2017

Fuente: http://www.cultura.elpais.com

Libros de historia para su mesilla: lo último de Javier Moreno Luzón y Xosé M. Núñez Seixas y de Julián Casanova.

Enrique Moradiellos, 17 de mayo de 2017. 76ª Feria del libro de Madrid.

La nación y la revolución que no cesan

La historiografía contemporánea siempre ha girado en torno a dos grandes fenómenos cuya trascendencia para nuestro tiempo es clave y muy actual: nación y revolución. Los tres libros aquí seleccionados abordan ambas cuestiones desde perspectivas novedosas, tanto españolas como europeas, pero siempre en clave crítica y comparativa. Así, Los colores de la patria. Símbolos nacionales en la España contemporánea (Tecnos), de Javier Moreno Luzón y Xosé M. Núñez Seixas, es quizá el mejor estudio global sobre los símbolos nacionales de España de la época contemporánea, encarnados sobre todo en unas imágenes (las banderas) y unos cánticos (los himnos). El trabajo analiza con mucha precisión y fundamento archivístico y hemerográfico el origen de esos variados símbolos, su conflictiva difusión y discusión a lo largo de las diferentes etapas de los siglos XIX y XX y las prácticas socio-políticas asociadas a sus usos y despliegues en entornos oficiales y de la vida cotidiana. El completo repaso acredita que la trayectoria histórica de los símbolos nacionales en España fue “singular pero en absoluto excepcional en el marco europeo”.

Por su parte, La venganza de los siervos: Rusia, 1917 (Crítica), de Julián Casanova, es una de las pocas aproximaciones españolas al gran fenómeno revolucionario ruso de 1917, que da origen al movimiento comunista internacional y a un régimen y país (la Unión Soviética) que perdura en la historia desde su origen hasta la crisis de 1989-1990. Constituye una síntesis muy solvente de aquel año crítico, de sus alternativas en conflicto y de sus antecedentes y consecuentes, apoyado en una base bibliográfica muy amplia, actualizada y bien comentada. No en vano, acierta al considerar la llamada “Revolución Rusa” como una “serie de revoluciones simultáneas y superpuestas” que alteraron profundamente la vida del país más grande del mundo.

Finalmente, Alfonso XIII visita España. Monarquía y nación (Comares), coordinado por Margarita Barral Martínez, reúne una decena de artículos de reputados especialistas en la época de la Restauración durante el reinado de Alfonso XIII y hasta su caída en 1931. Su hilo conductor es el intenso programa de visitas reales a las regiones españolas desplegado durante más de 20 años. Y se pasa revista a las expediciones hechas desde la capital y corte madrileña a la Extremadura de las Hurdes, pasando por la industriosa Barcelona, el entonces leal País Vasco, la apacible Galicia rural o las colonias del norte de África. Su lectura combinada ofrece nuevas luces sobre los éxitos y fracasos de las tentativas de nacionalización alrededor de la Corona en ese primer tercio del siglo XX.

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28 mayo, 2017

Fuente: http://www.cultura.elpais.com

La directora Nely Reguera es la única española en Nuev@s Director@s con la sorprendente ‘María (y los demás)’.

GREGORIO BELINCHÓN, San Sebastián, 21 de septiembre de 2016.

Nely Reguera (derecha) y Barbara Lennie, en San Sebastián. FOTO: JUAN HERRERO (EFE)

A sus 35 años, María está estancada. Cuida de un padre enfermo, su trabajo en una editorial acalla su voz literaria, sus relaciones sentimentales no fluyen… Y de repente su padre, recuperado, decide casarse con su enfermera, sus dos hermanos vuelven a casa a mangonear, puede que sí o que no la editorial publique su primera novela, y su relación de pareja empieza a crecer, al menos para ella, porque lo que es él… No, no es Bridget Jones, sino María (y los demás), de Nely Reguera, la única española presente en la sección Nuev@s Director@s, que ha dejado un buenísimo sabor de boca tras sus proyecciones en San Sebastián antes de su estreno comercial en diciembre. A María le da vida una soberbia Bárbara Lennie (actriz descomunal que nunca baja su nivel de exigencia ni de talento), y la película disfruta de un medido guion de Reguera (Barcelona, 1978), que tuvo que recortar su libreto para adecuarlo a sus escasas cuatro semanas de rodaje y que habla de la frustración, de la soledad, de las envidias familiares, de sentimientos muy humanos que en pantalla aparecen de forma orgánica.

Los problemas de producción se han olvidado tras el estreno en el Zinemaldia. Reguera, directora de cortos más duros como Pablo o Ausencias, y veterana ayudante de dirección, salta al largo con esta historia en la que presiona y presiona a su protagonista. “Más que eso, yo diría que son cosas que pasan en la vida. También es cierto que concretamos muchos cambios en apenas un mes, arrancando por ese padre-pilar de su existencia, una relación en la que María asume el rol de madre, que en su momento le ha servido como excusa para no lanzarse a vivir. Los miedos la tienen paralizada, y entre los temores y lo que le va viniendo construimos esa oportunidad maravillosa de filmar un cambio vital”. A la directora lo que le gusta de su María es su cerrazón. “En vez de ver que es algo bueno, que el cambio le impulsará a otros lados, lo vive desde el dolor: me dejan, me abandonan, dónde me coloco yo ahora… Y emprende su huida hacia adelante”.

A pesar de su ceguera emocional, María y las mujeres que le rodean son más listas que el universo masculino circundante. “No era mi intención dejar a los hombres tan mal. Los hermanos tienen defectos como ella. Tampoco quiero decir que los hombres son siempre los que se van [como sí ocurre en la película] y las mujeres las que se quedan al cuidado de los progenitores. Pero sí que me interesaba marcar el aislamiento de María en esa familia”. Como María, Bárbara Lennie muestra segundos de indecisión, de dudas vitales, en bastantes miradas en la pantalla. “Porque ella es muy segura en unas cosas, y a la vez absolutamente insegura en otras. Eso provoca la ternura que emana María, su humanidad. Estaba en el guion, pero también porque Bárbara es una enorme actriz que lo hace todo fácil”.

En diversos momentos María (y los demás) roza la comedia loca, sin embargo, lo rehúye. “Para mí era importante saber que estábamos contando un drama aunque priorizando el sentido del humor. Porque así es la cotidianidad”. ¿Y cuando ve Bridget Jones, no le da los siete males? “Vi solo la primera, me hizo mucha gracia. Si, es otra mujer buscando, aunque desde el histrionismo. Aquí hay elementos así… y otros que no”.

“Así es la vida, vas resolviendo cositas y sigues para adelante. Madurar es un camino de largo recorrido”

Reguera ha rodado en Galicia porque su familia viene de allí. “He pasado muchos veranos y navidades en esa Comunidad. El guion lo comencé en Galicia, y en seguida se impregnó del paisaje atlántico, con una playa de gran oleaje… Además, esas grandes reuniones familiares las relaciono, por mi experiencia familiar, más con Galicia que con Cataluña”. El reparto (además de Lennie, José Ángel Egido, Pablo Derqui -habitual del cine de Reguera-, Julián Villagrán, Vito Sanz, Miguel de Lira o María Vázquez) se sumó rápido al proyecto. “Sin embargo, encontrar su financiación ha supuesto años de esfuerzo. Y con lo exiguo del presupuesto tuvimos que recortar guion. Por suerte, tras tanto tiempo con ella, la historia estaba muy integrada, conocía su esencia. Y tuvimos ensayos, lo que me llevó al rodaje más tranquila”.

En sus cortos, Reguera defendía finales abiertos. Aquí… “Bueno, así es la vida, vas resolviendo cositas y sigues para adelante. Madurar es un camino de largo recorrido. María puede que solucione algunas dudas, pero poco más”.

El legado de Joan Fuster empieza a revivir

24 febrero, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La inauguración del museo dedicado al escritor es el primer paso para convertir a Sueca, la ciudad del autor de ‘Nosaltres, els valencians’, en un foco cultural y de investigación

La casa de Joan Fuster, en Sueca, convertida en museo

La casa de Joan Fuster, convertida en museo. JESÚS CÍSCAR

Adolf Beltra20/01/2017 – 19:49h

Veinticinco años después de su muerte, la memoria de Joan Fuster (1922-1992) revive en Sueca, la ciudad valenciana de la Ribera del Júcar en la que nació, murió y vivió incluso cuando ya se había convertido en un intelectual de referencia para importantes sectores de la opinión pública, sobre todo en el tránsito del franquismo a la democracia, un período tan convulso como productivo en el que defendió las libertades democráticas y reivindicó el derecho al autogobierno del País Valenciano desde una concepción nacional compartida con el resto de los territorios de lengua catalana.

El Espai Joan Fuster acoge también la biblioteca personal del escritor de Sueca

El Espai Joan Fuster acoge también la biblioteca personal del escritor de Sueca. JESÚS CÍSCAR

El día 25 de enero, en la capital de la Ribera Baja, en la que fue su casa, se inaugurará el Museu Fuster, primer paso largamente esperado de un proyecto que pretende hacer de este espacio un foco de cultura y un ámbito de investigación a la altura del talento del autor de incisivas obras de ensayo sobre temas universales como El descrèdit de la realitat ( El descrédito de la realidad), Contra Unamuno y los demás o Diccionari per a ociosos, de trabajos de historia cultural como Poetes, moriscos i capellans o Heretgies, revoltes i sermons, de revisiones críticas de la literatura clásica y contemporánea; de aforismos de volteriana agudeza o dietarios en la línea de un Josep Pla o un Montaigne; de guías de viaje eruditas y amenas como la famosa El País Valenciano y de aproximaciones a la cuestión civil e identitaria tan influyentes como Nosaltres, els valencians ( Nosotros los valencianos).

Dos edificios de principios del siglo XX, en los números 10 y 8 de la calle de Sant Josep, que corresponden a la propia casa de Fuster y a la contigua casa Pasqual Fos, ambas obras del arquitecto local Bonaventura Ferrando, conforman el Espai Fuster, en cuya planta baja se hallan las dependencias del museo. Se trata de una institución de dimensiones modestas organizada con piezas seleccionadas de su legado en las estancias que el autor de Nosaltres, els valencians ocupó, en buena parte con su gran biblioteca y sus abundantes papeles.

El Espai Joan Fuster, en Sueca

Las dos casas de la calle de Sant Josep que integran el Espai Fuster. JESÚS CÍSCAR

Para hacerlo posible, después de varias peripecias derivadas del cumplimiento de las voluntades testamentarias de Fuster y de las indecisiones de las administraciones implicadas, la Generalitat Valenciana ha cedido el uso de la casa de Fuster al Ayuntamiento de Sueca, que se ha hecho cargo de su gestión. Al Ayuntamiento le ha cedido también el heredero de Fuster, el escritor Josep Palàcios, el fondo de su propiedad, al no llegar a acordar los albaceas de la herencia una mejor propuesta en el plazo legalmente establecido.

Tres personas atenderán el museo. El Ayuntamiento de Sueca no ha podido contratar directamente al personal necesario debido a las restricciones administrativas. Por ello ha optado por convocar un concurso, al que se han presentado tres empresas. La ganadora aporta una persona con funciones de conserje, una guía y una monitora didáctica. Se trata del personal que atenderá al público que, de manera individual o en grupos organizados, visite el museo, la parte del Espai Fuster que ahora se abre al público.

En la primera planta, de momento, hay una única funcionaria a cargo del archivo documental del ensayista, mientras que el escritor Salvador Ortells ha sido designado por la Conselleria de Educación y Cultura como coordinador del Aula Didàctica de Cultura Contemporània ubicada en las dependencias superiores del complejo, desde la que se organizarán cursos, seminarios y congresos. También se realizarán exposiciones temporales y conciertos cuando, tal y como está previsto, se dote al patio porticado interior del edificio de una cubierta, una obra aún pendiente.

En la exposición, el mecanoscrito original de la emblemática obra de Joan Fuster 'Nosaltres els valencians'

En la exposición, el mecanoscrito original de la emblemática obra de Joan Fuster ‘Nosaltres els valencians’JESÚS CÍSCAR

Francesc Pérez Moragon es el director de todo el Espai Joan Fuster. Estudioso de la obra del ensayista, con el que tuvo oportunidad de colaborar por ejemplo en la redacción de la clásica Gran Enciclopedia de la Región Valenciana, Pérez Moragon se vinculó al proyecto a través de la Càtedra Joan Fuster de la Universidad de Valencia, que ha venido organizado en Sueca a lo largo de los años jornadas, presentaciones de libros y publicaciones relacionadas con la obra del escritor. “Cuando me jubilé”, explica, “acepté pasar a ser asesor extraordinario (sin remuneración) de la Casa Fuster”.

“Toda la correspondencia ya está digitalizada”, señala Pérez Moragon, que recita de memoria el contenido del fondo que atesora el Espai Fuster: 20.000 cartas, tarjetas y telegramas que el escritor legó a la Biblioteca de Cataluña, 250 obras de arte, 500 documentos gráficos, más de 2.000 fotografías, una biblioteca de 25.000 volúmenes y una hemeroteca de 12.000 unidades.

El museo, que ocupa la planta baja de los dos edificios, y singularmente el espacio de trabajo de Fuster, en el que tecleaba incansable su máquina de escribir, recibía a las visitas y se desarrollaban sus legendarias tertulias con todo tipo de visitantes, se articula en tres apartados dedicados a la vida, la obra y el trabajo del intelectual. Documentos personales, cartas, libros y fotografías, además de material audiovisual, conforman esta área museística que ahora se abre al público.

Los orígenes del escritor, hijo de un escultor de imágenes religiosas de adscripción carlista que acabaría siendo el primer alcalde de Sueca tras la Guerra Civil, y de una mujer de familia católica, se concentran en lo que se explica en una de las salas, en la que se revisan momentos relevantes de su biografía, con un punto de atención singular a los atentados que sufrió, como la explosión de un artefacto en esta misma casa el año 1981.

En otra de las estancias, una librería reúne ejemplares de todas las obras de Fuster, de aquellos volúmenes colectivos en los que participó y de aquellos estudios dedicados a su figura. El apartado periodístico, que fue considerablemente importante en la producción de un intelectual que, al estilo de su admirado Eugeni d’Ors, intervino en el debate público y siempre se ganó la vida como “escritor de periódicos”, es representado testimonialmente por un mural con las cabeceras que acogieron sus artículos, como las de Levante, Jornada, Telexprés, La Vanguardia, Informaciones, El País, Serra d’Or, Jano, Por Favor, Qué y Dónde o El Temps.

Por último, la tercera sala se aproxima a su ámbito de trabajo y de intercambio de ideas con otros escritores, políticos, artistas, amigos y visitantes más o menos ocasionales. Una pantalla reproduce escenas de la vida del ensayista, que en las dependencias del centro se complementan con la posibilidad de acceder a documentales, entrevistas televisivas y otros testimonios audiovisuales.

Francesc Pérez Moragón, director del Espai Fuster
Francesc Pérez Moragón, director del Espai Fuster. JESÚS CÍSCAR

“No puede ceñirse solo al museo”, alerta Pérez Moragon en referencia al proyecto completo del Espai Fuster. “Se deben aportar recursos, dinero y personal para el centro documental”. La idea es que no solo el Museu Fuster inicie una actividad continuada, sino que las dos plantas superiores –la primera acoge el almacén, con medios de conservación y técnicos homologados, de todo el legado documental, así como salas de trabajo para investigadores, y la segunda incluye una sala de actos y otra de reuniones– puedan abrirse a especialistas y estudiantes. “Sería necesario que la Generalitat se implicará”, apunta el director del Espai Fuster.

Vicent Marzà, conseller de Cultura, indica que la Generalitat Valenciana “ha destinado cerca de 300.000 euros a microfilmar documentos del archivo de Fuster” y que, así como el museo está a cargo del Ayuntamiento de Sueca, el Aula Didàctica de Cultura Contemporània es responsabilidad de su departamento. “Queremos que sea un espacio muy participativo”, comenta, y explica que, a partir de febrero, se pondrá ya en marcha una experiencia piloto con alumnos de centros educativos de Sueca “sobre la obra y la figura de Fuster”. Una iniciativa que será a la vez un ejercicio de innovación educativa. Una de las pocas obras para niños que publicó el escritor, titulada Abans que el sol no creme y centrada en el cultivo del arroz, sirve de hilo conductor de esta actividad que se ampliará progresivamente con nuevas propuestas a todos los centros educativos valencianos.

Marzà resalta que la gestión del legado del escritor, con su biblioteca y el archivo de su correspondencia en su núcleo, es competencia del Ayuntamiento de Sueca, pero añade inmediatamente su voluntad de colaborar. “Les acompañaremos”, se compromete. “La Conselleria de Cultura, junto al Ayuntamiento, ha desbloqueado un tema que había estado suspendido y escondido durante mucho tiempo. Esta debe ser una casa abierta. La del Espai Fuster debe ser mucho más que una visita a la casa en la que vivió uno de nuestros intelectuales más importantes”.

La alcaldesa de Sueca, Raquel Tamarit, a su vez, considera “un privilegio” tener en la ciudad un espacio que quiere convertir en “un auténtico eje cultural del territorio, dada la importancia intelectual del personaje”.

Si Fuster pudiera observar todo este revuelo alrededor de su legado, quizá levantaría una ceja con un gesto de escepticismo y convendría resignadamente que es mejor así porque, como advertía en uno de sus aforismos, “la muerte no consiste únicamente en morirse. Es morirse y ser olvidado. A corto o largo plazo, olvidado”.

El cuadro de la República de Alfredo Claros que se encuentra en el Espai Fuster de Sueca
El cuadro de la República de Alfredo Claros que se encuentra en el Espai Fuster de Sueca JESÚS CÍSCAR

Un cuadro de la República que salvó el padre del escritor

Maria Ortells murió el año 1965 y su marido, Joan Baptista Fuster, al año siguiente. Su hijo, ideológicamente tan alejado, atendió a sus padres, enfermos, “de una forma abnegada y completa”, según ha contado Francesc Pérez Moragon, que ha rescatado el texto en el que Joan Fuster, con una inconfundible ironía, recordaba el entierro de su padre: “Cuando murió, con un parkinson avanzado, deliraba con recuerdos del 36: tiros y cárceles. Cuando le enterramos, sus correligionarios no se atrevieron a ponerse la boina roja. Quizá ya me tenían miedo. Pero me dio mucha pena. El difunto se merecía un ‘Otamendi’ de charanga y un telegrama del ‘pretendiente’. Diez o doce amigos clérigos –no suyos, míos–, aun siendo posconciliares, le rezaron un responso. Hubo mucha sotana en el acto: sotanas anticarlistas. Insólitas”.

El padre de Fuster era carlista y fue el primer alcalde franquista de Sueca, pero también era escultor de imágenes religiosas y profesor de dibujo. Y salvó de la destrucción el cuadro de la República que presidía el salón de plenos del Ayuntamiento, quizá porque se trataba de una obra de arte, quizá también porque no era una mala persona. Lo hizo en silencio. El lienzo de la Alegoría de la República que Alfredo Claros (1895-1965) pintó en 1936 fue encontrado cuidadosamente enrollado en un desván de la casa de Fuster cuando se inventarió su legado, a finales del siglo XX.

Probablemente el escritor no llegó nunca a saber que su padre había salvado el cuadro y que lo guardaba en su casa hacía décadas. Ahora, debidamente restaurado, ocupa un lugar en el Espai Fuster, donde puede ser contemplado desde la elegante escalera de la casa Pasqual Fos.

La guerra que Japón no podía ganar

18 febrero, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

La historiadora Eri Hotta relata los meses que condujeron al ataque a Pearl Harbor y sus consecuencias en un libro que ayuda a derribar interpretaciones politizadas e incompletas

JULIÁN CASANOVA

Imagen de Pearl Harbor tras el ataque.

Imagen de Pearl Harbor tras el ataque. AP

8 ABR 2015 – 10:43 CEST

En las primeras horas de la mañana del 7 de diciembre de 1941, la división aérea de la Armada Imperial japonesa atacó la base naval estadounidense de Pearl Harbor en la isla de Oahu (Hawái). Unas 2.400 personas murieron durante el bombardeo, que dejó inutilizados numerosos barcos, aviones e instalaciones. Sin declaración de guerra, sin ruptura formal de las relaciones diplomáticas, aquella operación, seguida de otra en las principales bases de Estados Unidos en Filipinas, marcó el paso de una guerra europea a otra global, donde sólo unos pocos países quedaron fuera del conflicto.

La mayoría de los japoneses celebraron el ataque. Poetas y novelistas se apresuraron a alabar aquella “gran hazaña”. El ambiente festivo parecía dejar atrás años de penuria, de escasez de productos básicos, de cupones de racionamiento para obtener arroz, el alimento fundamental de la dieta nacional, que se habían vuelto más duros a medida que se prolongaba la guerra con China iniciada a mediados de 1937.

Pero no es el relato de Pearl Harbor, muy conocido en la historiografía de la II Guerra Mundial, el objeto de la obra de Eri Hotta, sino la historia de quiénes y qué llevaron a Japón a ese ataque. Como las consecuencias de esa “funesta decisión” fueron terribles para la población japonesa y de otros países, la autora traza una fotografía magistral de los principales actores, los líderes imprudentes que apostaron por una guerra que no podían ganar, y proporciona también al lector las claves para entender la conversión de Japón, en las décadas finales del siglo XIX y comienzos del XX, desde un régimen feudal hasta un Estado-nación moderno, industrial y militarizado, convencido de que el poder obtenido por las guerras y el expansionismo era el requisito esencial para sobrevivir al colonialismo occidental.

En los años treinta, cuando en casi todo el mundo se buscaban soluciones ideológicas extremas a los problemas socioeconómicos, una parte de la sociedad japonesa “sucumbió a la tentación fácil de culpar de sus males sociales a potencias extranjeras” (página 42), y la consecución de antiguos objetivos imperialistas, ya imposibles, se convirtió en el principal fin de la movilización ultranacionalista. Amparadas por ese nacionalismo agresivo, las tropas niponas invadieron Manchuria en septiembre de 1931, ocupando todo el noreste del país en los cinco meses siguientes, y establecieron allí el régimen títere del Manchukúo. Unos años después, la guerra abierta con China impulsó un nuevo sistema de reclutamiento militar que duplicó el número de hombres aptos para el servicio militar. Esa rápida expansión de las fuerzas armadas japonesas proporcionó una gran oportunidad a los soldados profesionales para ascender rápidamente. La sociedad se militarizó, con la puesta en marcha de asociaciones patrióticas de mujeres, vigilancia estricta de los disidentes y una rígida censura de los medios de comunicación.

Los éxitos militares de Hitler en Europa animaron todavía más a los estrategas japoneses a cumplir sus sueños imperiales. En septiembre de 1940, al mismo tiempo que ocupaban el norte de Indochina, firmaron el Pacto Tripartito con Alemania e Italia, lo cual provocó tensiones y represalias casi irresolubles entre Estados Unidos y Japón. El príncipe Fumimaro Konoe estuvo al frente del país en todo ese periodo en el que se agudizó la crisis internacional, con una política exterior “indecisa e impulsiva” (página 83). Cuando dimitió en octubre de 1941, le sustituyó su ministro del Ejército, el poderoso general Hideki Tojo. Con un militar en el Gobierno, los jefes del Estado Mayor de la Armada y del Ejército presionaron insistentemente para que se aceleraran los preparativos bélicos. El 1 de diciembre de 1941, el emperador Hirohito dio su aprobación a la guerra contra Estados Unidos. Lo que acaeció en los años siguientes fue una auténtica catástrofe nacional, de sufrimiento y muerte, que tuvo el más trágico de los finales con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.

Hotta concluye, tras ese minucioso relato de los ocho meses que condujeron a Pearl Harbor, que ninguno de los máximos líderes de Japón “tuvo suficiente voluntad, deseo o valor para frenar el impulso hacia la guerra” (página 344). Con su lenguaje agresivo y fatídicas decisiones, llevaron a Japón al desastre como si se tratara de un juego del que podían retirarse.

Tras la catástrofe, la tendencia oficial en Japón fue y ha sido hasta los debates recientes, como en otros muchos países con pasados traumáticos, buscar responsabilidades colectivas y “apartar la mirada de lo que no es agradable ni deseable en su historia” (página 351). Frente a esos intentos de huir del pasado, libros como el de la historiadora Eri Hotta ayudan a derribar interpretaciones parciales politizadas e incompletas.

Japón 1941. El camino a la infamia: Pearl Harbor.  Eri Hotta. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2015. 400 páginas. 26 euros.

Nelson Mandela, poder ubuntu

10 febrero, 2017

Fuente: http://www.blogs.elpais.com/historias

Nelson_mandela

Por: María José Turrión | 05 de diciembre de 2013

En el listado del Registro Memoria del Mundo que elabora la UNESCO, donde se van incluyendo aquellos archivos que representan un claro interés para la memoria de la humanidad y constituyen conjuntos documentales a preservar, restaurar y difundir, encontramos cuatro referidos a Sudáfrica: la colección Bleek; los Archivos de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (compartido con India, Indonesia y Sri Lanka); el Sumario del caso nº 253/1963 del Estado contra Nelson Mandela, incluido en la lista en el año 2007 y por último, la Colección de archivos vivos de la liberación.

Sobre el primero hemos de agradecer a Wilhelm Bleek la recopilación que realizó de la literatura oral sudafricana, en especial la del pueblo San y que nos haya llegado en soporte estable. En la actualidad existe un interesante programa  auspiciado por la Unión Europea, que bajo el título “Historias de cueva en cueva” pretende realizar una difusión en Europa y la propia Sudáfrica, de las historias sudafricanas recopiladas por Bleek y las narraciones más antiguas europeas. Todo ello en una interpretación vívida de voces y silencios en los entornos humanos más antiguos utilizados por el hombre, las cuevas prehistóricas: Atapuerca, Cueva de los Casares y, en Sudáfrica en los conjuntos de las Montañas del Cederberg.

La Compañía de la Indias Orientales, sin duda la más importante europea en lo relativo al comercio, fue propuesta por los Países Bajos en 2003. Más de veinticinco millones de documentos se conservan relativos en diversas ciudades de Asia y África que testimonian lo que fue y significó este gigante que se creado en 1602 y que duró hasta 1795.

La Colección de archivos vivos de la liberación en 2007 y el Sumario del caso Número 253/1963 del Estado contra Nelson Mandela y también otros componentes del Congreso Nacional Africano, que reúne las actas del proceso seguido contra los dirigentes de este movimiento terminan esta lista de Memoria del Mundo. Nelson Mandela fue condenado y enviado a la prisión de Robben Island. Desde el banquillo de los acusados realizó una defensa del movimiento del ANC  que quedaría grabada en las actas del sumario y escuchada en el mundo entero. En boca suya se estaba cometiendo un genocidio moral sobre el pueblo sudafricano y un cruel exterminio del respeto de un pueblo por sí mismo.

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Mandela, después de su liberación en 1990 tras 27 años en presidio y, elegido ya presidente en las primeras elecciones democráticas en 1994, iniciaría las políticas de reparación y convivencia en su país. Un país en el que se habían producido crímenes contra la humanidad, según la Resolución 556 del Consejo de Seguridad de 13 de septiembre de 1984 y que tuvo como Estado una reconciliación democrática nunca vista, al diseñar un organismo el de la Comisión Verdad y Reconciliación que instauraría un sistema de reparación de las víctimas a través del relato testimonio y una amnistía para el perpetrador con la condición de reconocer que los actos de violación contra los derechos humanos fueran ejecutados en base al seguimiento normativo de un sistema político, el del apartheid.

Los informes producidos por la Comisión Verdad y Reconciliación, creada en 1995 con el fin de establecer reparación a las víctimas una vez acabado el régimen del apartheid, que para muchos ha sido ejemplo en su actuación, reunió testimonios de personas víctimas de violación de derechos humanos, pero también de los verdugos, quienes declarando sus actos y crímenes y solicitando el perdón de las víctimas, se acogían a una ley de impunidad. Es en este punto precisamente donde se centrarán las mayores críticas hacia la Comisión, por permitir que actos que violentan los derechos humanos queden impunes. En este sentido Philippe Joseph Salazar, experto en la transición sudafricana, se preguntaba en el año 2009 sobre las razones para que “el primer régimen criminal, declarado crimen contra la humanidad, después del régimen nazi” no fuera sometido a un juicio internacional cuando reunía todos los requisitos para ello.

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No podemos hablar de la transición sudafricana del apartheid a la democracia, sin tener en cuenta a esta Comisión, clave a la hora de la reparación y de la amnistía, cuyo significado y consecuencias trasciende con mucho el derecho a la verdad, derecho fundamental en cualquier sociedad, por el que se informaba sobre los actos desarrollados durante el apartheid, tanto para los afines al régimen como para los que lucharon en su contra. Los miembros, diecisiete en total, fueron elegidos por Mandela de una lista corta de veinticinco candidatos seleccionados sobre doscientos noventa y nueve. La Comisión creada bajo el paraguas de la Ley Promotion of National Unity and Reconciliation Act del gobierno de Nelson Mandela tenía la potestad de amnistiar, si bien sus actuaciones no constituyeron en ningún momento un proceso judicial pues lo que buscaba era la reconciliación basada en la narración por parte de los verdugos de sus actos y en su arrepentimiento y petición de perdón a las víctimas. En este sentido Desmond Tutú, presidente de la Comisión diría que sin perdón no hay reconciliación, y que no puede haber perdón si con anterioridad no ha existido confesión.

Es posible que la actuación y repercusión que tuvo la Comisión en la sociedad sudafricana no hubiera sido posible sin la actuación de Mandela y sin el concepto filosófico que impregna ese continente y que se conoce con la palabra ubuntu, palabra que viene de las lenguas zulú y xhosa: “yo soy porque nosotros somos”, así lo resumiría Nelson Mandela. Pero para Madiba, Ubuntu era algo más, era respeto, ayuda, compartir, comunidad, cuidado, confianza, desinterés. El sistema filosófico conocido como ubuntu, trata de explicar una realidad social en la que el yo no existe si no es en función del otro. El yo no se puede construir sin el vosotros, sin el tú. En un momento clave para Sudáfrica como fue el post-apartheid, en el que había que crear una nueva realidad social y política, Mandela y sus colaboradores, acudieron a sus raíces filosóficas, al ubuntu. La víctima necesitando escuchar del perpetrador sus actos, conocerlos y saberlos, para poder vivir con lo que no se puede entender. Escuchando, pero también narrando sus experiencias, en una especie de catarsis colectiva donde el verdugo habla pero también escucha, a sí mismo y a  los demás. Narraciones y reparaciones donde se pone de manifiesto la filosofía ubuntu, “mi humanidad se hace posible a través de tu humanidad”, soy humano porque tú me haces humano.

La filosofía ubuntu aboga por recordar el sufrimiento sin sentir el rencor y la amargura en pos de conseguir una vida en paz, sin venganzas. “Yo soy lo que soy por lo que somos todos”. Un enlace intercomunitario, donde la fuerza de uno reside en la de los demás y donde los vínculos con otras sociedades funcionan de manera transversal y no en organizaciones centrales y jerárquicas. Cohesión e integración social basada en un todo regido por una ética universal de fuerza del todo frente a la debilidad de la individualidad.

Si pensamos en la realidad social una vez suprimido el país, ciertamente nos preguntamos cómo fue posible la etapa transicional sin el derramamiento de sangre. John Boorman, en la película “Country of my skull” protagonizada por Juliette Binoche y Samuel L. Jackson, nos muestra los trabajos de la Comisión al mismo tiempo que nos permite observar el clima social existente en la etapa post-apartheid. Un crisol de víctimas y de perpetradores, de culturas y de lenguas unidos por ubuntu. Una aceptación del pasado con una única mira, la de una nueva realidad social y política donde todos son y significan. La solidaridad y la filosofía ubuntu fue clave en el proceso de reconstrucción nacional de Sudáfrica, como lo había sido desde joven en la de Nelson Mandela.

En la actualidad difundido el sistema filosófico y visto el éxito obtenido en la reconstrucción sudafricana, muchas empresas en occidente y también muchos clubs deportivos la están poniendo en valor y utilizando en la gestión de recursos humanos.

Las cintas sonoras de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, ¿próximo registro en Memoria del Mundo de la Unesco?

Ubuntu, ¿Patrimonio Cultural Inmaterial de la humanidad?

In Memoriam.