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De Marhuendas y Rajoys: la irresponsabilidad franquista de la derecha española

28 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“No des mi nombre, te lo ruego”; “por favor, no me menciones porque temo que puedan tomar represalias con mi hija”; “te cuento lo que quieras, pero no me cites… la situación aquí está muy tensa”. Después de 27 años ejerciendo esta agridulce profesión y de haber pateado unas cuantas naciones sometidas por tiranías o arrasadas por las guerras, jamás pensé que tendría que escuchar este tipo de cosas en mi propio país. Pues sí; es aquí, en una localidad murciana llamada Fuente Álamo donde parece imperar la ley del miedo y del silencio.

Desde hace cuatro años, La Falange y el PP lideran a un amplio grupo de nostálgicos franquistas con el objetivo de evitar que el colegio de público deje de llamarse “José Antonio”. Su campaña ha logrado amedrentar, pero no doblegar, a los profesores y padres de alumnos que, a través del Consejo Escolar, han pedido que el centro educativo deje de estar consagrado a un líder antidemocrático: el fundador del partido fascista español que tanto protagonismo tuvo en la sublevación franquista y en la posterior dictadura que secuestró nuestras libertades durante cuarenta largos años.

El pasado sábado por la noche, el alcalde de la localidad seguía haciendo frente a las amenazas e insultos vertidos por los ultras. En las casas cercanas, profesores y padres de alumnos leían atónitos los panfletos distribuidos por La Falange en los que se exigía el mantenimiento del nombre porque, entre otras cosas, Primo de Rivera “amó a España y a los españoles” y “dirigió a la juventud española para intentar salvar la patria”. A esas horas, quienes en Fuente Álamo trataban de escapar de la inquietud y el silencio encendiendo sus televisores se encontraban en La Sexta a Eduardo Inda comparando a Franco con Napoleón y a Francisco Marhuenda defendiendo con arrojo la dictadura antes de afirmar, sin siquiera sonrojarse, que en su “puta vida” ha sido franquista.

Algunos creen que los Marhuindas son una especie de dúo cómico inofensivo que nos ameniza algunas noches aburridas; se equivocan. Uno por convicción y el otro porque encaja en el personaje que él mismo se ha creado dotan de argumentos (falaces, pero argumentos) a falangistas, viejos franquistas y a sus nuevos cachorros de Hogar Social y de otras organizaciones neofascistas. No son los únicos irresponsables que juegan a esto. Nuestras ondas, webs, kioscos y librerías están repletas de revisionistas que, tras alardear de demócratas, blanquean la dictadura, justifican sus crímenes y defienden con razonamientos infantiles, pero eficaces, el mantenimiento de sus símbolos.

Este nuevo Movimiento solo ha podido alcanzar tamaña magnitud porque detrás de él se encuentra, nada menos, que el partido que tiene la responsabilidad de gobierno. Marhuenda no hablaría como habla si no contara con el aplauso de su amo, Mariano Rajoy.

España está pagando y va a seguir pagando esta gravísima irresponsabilidad de los conservadores españoles. Una buena parte de la derecha política, periodística, intelectual, eclesiástica y empresarial no ha querido desvincularse del fascismo. Nuestra derecha es una mancha de totalitarismo en Europa y algún día debería seguir, de una vez, el ejemplo del centro derecha francés o de la CDU alemana de Ángela Merkel que son abiertamente antifascistas. Nadie en la derecha sensata germana se plantearía hoy justificar la llegada de Hitler al poder por la violencia política que se vivía en el país o por la amenaza de un contagio soviético en los movimientos obreros; nadie blanquearía el nazismo porque los Aliados cometieron atrocidades terribles al bombardear Dresde o Hamburgo; nadie compararía al Führer con Napoleón o con Alejandro Magno para justificar la existencia de monumentos en su honor…

No. España no es Alemania y eso se debe, en buena medida, a que el PP no es esa CDU antifascista. Nuestro presidente del Gobierno fue un nostálgico franquista más que escondió, poco a poco, su camisa azul en lo más profundo de su armario. En los años 80 aún escribía artículos en la prensa reafirmando la superioridad física e intelectual de “los hijos de la buena estirpe” y autorizaba, como secretario general del PP gallego, la distribución de cartas alabando la figura del dictador.

Ese es el líder político que se ha declarado, orgullosamente, insumiso a una ley aprobada democráticamente como es la Ley de Memoria Histórica. Él y otros como él son los que han propiciado que aprendices, como Rafael Hernando o Pablo Casado, hagan méritos para ascender en el partido a base de humillar a las víctimas del franquismo y a sus familiares en los platós de televisión.

La derecha verdaderamente democrática, que la hay, debería de una vez por todas romper los hilos que la siguen atando a la dictadura. Sin duda perderán unos cuantos miles de votos, pero España necesita un Partido Popular que deje de peregrinar al Valle de los Caídos y se dedique a hacer pedagogía para evitar casos como el de Fuente Álamo. Allí es su grupo municipal, el popular, el primero en defender, con uñas y dientes, el que sus hijos estudien en un colegio llamado “José Antonio”.

Al igual que en Salamanca es su alcalde popular el que retrasa hasta el infinito la retirada de su Plaza Mayor, ordenada por un juez, del medallón dedicado al dictador. Al igual que en Alicante son sus concejales populares los que han logrado que se repongan los nombres de las calles franquistas. Al igual que en Madrid es su grupo político el que se opone a la retirada total de los vestigios de la dictadura. Al igual que en Alberche y Guadiana del Caudillo son sus alcaldes los que son premiados por la Fundación Francisco Franco. Al igual que en Baralla, Aljubé, Mora, Alella, Melilla, Navalmoral de la Mata, Vitoria, Callosa de Segura, Oviedo…

Son los Marhuendas y los Rajoys los que permiten, toleran y alientan esta complicidad intelectual con la dictadura. Son ellos los que llevan años creando el caldo de cultivo en el que sobrevive y, poco a poco, resurge el monstruo del totalitarismo. Son ellos,  los Marhuendas y los Rajoys los que provocan que España esté repleta de Fuente Álamos.

El resurgimiento del fascismo en España

19 mayo, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Vicenç Navarro, 3 de diciembre de 2013. 

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas.

Universidad Pompeu Fabra

Uno de los mitos que ha promovido la estructura de poder centrado en el estado español es que la dictadura que existió en España desde 1939 a 1978 fue un régimen autoritario pero no totalitario, distinción desarrollada por el politólogo Juan Linz, que ha tenido una gran influencia en la cultura politológica del mundo académico español, desde el que se ha extendido a los establishments políticos y mediáticos del país. Este autor dividió los regímenes dictatoriales en regímenes totalitarios, que promovían una ideología totalizante que intentaba cambiar la sociedad y a los individuos que vivían en ella, tal como -según Linz- lo hacían los regímenes comunistas, y en regímenes autoritarios, que eran regímenes que utilizaban el poder del estado para defender una estructura de poder mediante medios autoritarios, no democráticos, pero sin intentar cambiar la sociedad, careciendo de una ideología que la cohesionara y que intentara cambiarla. Según Linz, un ejemplo de ello fue el régimen liderado por el General Franco. Ni que decir tiene que los defensores y apologistas del régimen dictatorial español promovieron esta versión de lo que fue aquella dictadura, negando su carácter totalitario, portador y promotor de ideologías totalizantes.

Encuentro esta versión de lo que fue la dictadura profundamente apologética y propagandística, carente de credibilidad científica. Es importante señalar que España es uno de los pocos países en el que se conoce a aquella dictadura con el nombre de dictadura franquista. En la mayoría de países democráticos a esa dictadura, sin embargo, se la conocía y definía como fascista. Cuando, por ejemplo, el Sr. Samaranch fue a Atlanta, EEUU, para preparar los Juegos Olímpicos en aquella ciudad, el The New York Times se refirió a él como “el delegado de deportes del régimen fascista liderado por el General Franco”.

El término franquista, utilizado en España, conlleva la asunción de que aquella dictadura fue un régimen caudillista, es decir un régimen liderado por un caudillo cuyo objetivo era mantener el orden social del país, lo cual hacía utilizando medios autoritarios. En este esquema, desaparecido el dictador, desaparece la dictadura. Ahora bien, el régimen era mucho más que caudillista. La ideología que sostenía aquella dictadura era una ideología totalizante, que se reproducía predominantemente a través del estado y que sobrevivió al dictador y a la dictadura. Esta ideología fue el nacional-catolicismo, promovido por los aparatos ideológicos del estado, que afectaba a la totalidad de la sociedad y a los individuos que vivían en ella, invadiendo incluso las esferas más íntimas de la personalidad de los españoles, que incluían desde el comportamiento sexual, al idioma y cultura mediante los que el individuo debía expresarse. El régimen imponía toda una serie de normas de comportamiento y de pensamiento. En realidad, fue uno de los regímenes con una ideología más totalizante que hayan existido en Europa.

El nacionalismo españolista era un nacionalismo extremo, de carácter racista (el día nacional se llamaba el día de la raza), sumamente excluyente, que estaba basado en una visión imperial del Reino de España y con una concepción radial del estado, centrado en Madrid, la capital del Reino. España era la única nación del país y la más antigua de Europa y tenía una misión civilizadora. Otras concepciones de España eran reprimidas y eliminadas, definiéndoselas como anti España. Este nacionalismo españolista estaba intrínsecamente ligado al catolicismo clerical jerárquico español, que era parte del Estado español. No es que la Iglesia apoyara la dictadura; la Iglesia fue un componente claro de la dictadura, hecho que la jerarquía católica todavía hoy niega a pesar de la enorme evidencia de lo contrario. Los sacerdotes estaban pagados por el Estado y el dictador nombraba a sus obispos. La hipocresía de la Iglesia, negando esta realidad, alcanzaba niveles hiperbólicos.

Los aparatos apologéticos del Estado –incluso ahora, los existentes en la llamada época democrática- negaron las características de aquel estado, siendo la máxima expresión de este aparato el Diccionario Biográfico Español  promovido por nada menos que la Real Academia de la Historia, que une a su ausencia de rigor científico una desvergüenza antidemocrática. Un gran número de sus capítulos solo pueden definirse como meros panfletos ultraderechistas que en muchos países democráticos estarían prohibidos o serían ampliamente rechazados.

Aunque estos volúmenes alcanzan niveles extremos de reproducción de esa visión nacional-católica españolista, el hecho es que esa ideología impregna a grandes sectores de la sociedad española. Cuarenta años de dictadura, seguidos de treinta y cinco años de una democracia enormemente limitada y supervisada por la Monarquía y por el Ejército, han imposibilitado el cambio profundo de esta ideología, que la derecha española (que, en el abanico de opciones políticas europeo, encaja en la ultraderecha) y personalidades de la socialdemocracia española como José Bono y compañía (entre otros) sostienen.

Declaraciones recientes de dirigentes españolistas reproducen esta ideología. Ejemplos: El Sr. Aznar sostiene que “España es la nación más antigua de Europa”, el cardenal Rouco que “cuestionar la unidad de España es inmoral”, el Sr. Bono que “la grandeza de España se basa en su unidad” y un largo etcétera. En estas declaraciones, la unidad implica una visión excluyente de España que no admite otro tipo de Estado plurinacional que no sea el actual mononacional.

Esta visión está alcanzando un nivel asfixiante con las medidas represivas que el actual gobierno del PP está imponiendo como la de multar con 30.000 euros a lo que un policía –la mayoría de mentalidad de derechas- defina como un insulto a España, medida altamente represiva que recuerda a la dictadura. Es el reavivamiento del fascismo que nunca nos dejó.

Una última observación. Este sistema totalizante se reproduce también a través de los medios. Existe hoy una dictadura mediática –sí, una dictadura mediática- que no permite la diversidad ideológica que debería estar presente en una democracia. Un ejemplo de ello es que este artículo no sería aceptado para su publicación en ninguno de los cinco rotativos más importantes de España. De ahí que tenga que pedirle al lector que, independientemente de su acuerdo o desacuerdo con su contenido, lo distribuya ampliamente, por mera coherencia con su sensibilidad democrática.

Un día en la Transición según Pablo Martín Sánchez

23 marzo, 2017

Fuente: http://www.rafaelnarbona.es

Publicado el por Holmes

A veces compro un libro por la portada. Es una vieja costumbre que procede de mi adolescencia, cuando me gastaba mi escasa paga semanal en adquirir un vinilo o un libro. Esa forma de actuar me costó más de un disgusto, pues en ocasiones descubría que había dilapidado mis recursos, adquiriendo un tostón monumental. Cuando hace unas semanas descubrí la portada de Tuyo es el mañana sobre el expositor de una librería, experimenté un flechazo. La imagen en blanco y negro de un galgo corriendo sobre la pista de un canódromo me hizo sonreír con melancolía, pues conviví durante diez años con un galgo presuntamente abandonado al acabar la temporada de caza. Siempre pensé que lo habían maltratado, pues temblaba de miedo ante los desconocidos, pero cuando paseábamos por el campo parecía feliz, especialmente si surgía una liebre y podía perseguirla durante un trecho. Al igual que el galgo de la portada, levantaba la arena de los caminos, estirando el morro para vencer la resistencia del aire. Alguna vez, atrapaba a su presa y la desnucaba con violentos meneos de cabeza. Después, se acercaba a mí y la depositaba a mis pies. No me agradaba que lo hiciera, pero evitaba exteriorizar mi malestar. Me parecía absurdo enfadarme con un galgo por actuar como un galgo. El instinto no repara en distinciones morales.

No conocía a Pablo Martín Sánchez. Sabía que debía leer El anarquista que se llamaba como yo, pues la crítica le había dedicado elogios unánimes, pero casi siempre postergaba la ocasión, pues la pereza −y tal vez la edad− me empujaba hacia la relectura de mis obras favoritas. Desde que cumplí los cincuenta, releer se ha convertido en una experiencia mucho más tentadora que arriesgarme con una novedad. Sin embargo, la imagen del galgo constituía una tentación ineludible. Descubrir que el editor era Acantilado constituía un estímulo, pues sus ediciones son exquisitas, tanto en la forma como en el contenido. Eso sí, esperaba que la obra de Martín Sánchez no resultara tan dura como Desgracia, la memorable novela de Coetzee, con un final desolador y también con un perro en la portada. Al principio, no reparé en que el título procedía de la famosa canción del grupo musical Vino Tinto, empleada –si la memoria no me falla− para invitar a la sociedad española a participar en el referéndum de 1976, que planteaba la reforma del régimen desde dentro. Saber que el autor había venido al mundo en 1977 cerca de Reus me hizo pensar que el título quizá pretendía reflejar el talante de la primera generación nacida después de la dictadura. Yo nací en 1963 y aún conservo secuelas de lo que significó vivir esos años. En un colegio de curas del centro de Madrid, asimilé enseguida la esencia del régimen: miedo, inseguridad, impotencia, indefensión. La violencia de los curas reproducía la violencia de los militares en el poder. Y los niños copiaban la conducta de los adultos, utilizando la fuerza y la intimidación con los más débiles. Los seis personajes de Tuyo es el mañana se mueven en ese ambiente de coacción y abuso. Clara Molina Santos sufre el acoso de Pena, uno de sus compañeros de colegio. Hija de una portera, vive en el mismo edificio que José María Raich y Ros de Olano, un empresario inmobiliario que aprovecha su poder e influencia para obtener todo lo que desea: sexo, acuerdos comerciales, un nieto… Solitario VI es un galgo del canódromo, que soporta las palizas de Atilano cuando se atreve a ladrar o a remolonear en la pista. Gerardo Fernández Zoilo es un profesor de la Escuela de Periodismo que pasó un mes en Tejas Verdes, un campo de concentración de la dictadura chilena, sufriendo toda clase de torturas y vejaciones. Carlota Felip Bigorra, una joven estudiante de periodismo, convive con las manifestaciones violentamente reprimidas por las autoridades, que se resisten a conceder una amnistía total. María Dolores Ros de Olano y Figueroa, madre de José María, lamenta los aires de cambio que se han levantado, cuestionando la obra del Generalísimo, paladín de la España católica, unida e imperial.

Ambientada en Cataluña y, en menor medida, en Roma, Tuyo es el mañana recorre un arco temporal de veinticuatro horas, concretamente el 18 de marzo de 1977, el año más convulso de la Transición, un proceso mitificado hasta hace poco y cada vez más cuestionado. El 18 de marzo es un día más, un trozo de vida cotidiana, como indica la cita de Séneca que precede a la novela, pero en ese breve período se agitan infinidad de pasiones y un fantasma, que habla desde un hipotético más allá. Clara urde un plan para no participar en una excursión organizada por su escuela. No quiere ser humillada una vez más por su compañero Pena. En su hogar, no se respira felicidad, sino insatisfacción. Solitario VI sueña con una niña que lo adopte, librándole del incierto destino de los galgos que pierden una carrera tras otra. José María da rienda suelta a sus perversiones, que incluyen una pedofilia parcialmente frustrada por la impotencia. María Dolores observa la marcha del mundo, deplorando que el libertinaje se propague como una epidemia. Gerardo aún cree que la violencia es la partera de la historia, y Carlota, su alumna y amante, sospecha que las apariencias siempre ocultan la verdad, favoreciendo los atropellos y las mentiras.

Pablo Martín Sánchez aborda muchos temas desde una perspectiva deliberadamente oblicua: la ambigüedad de los afectos, las zonas más oscuras del deseo, el tránsito de la infancia a la madurez, el conflicto entre revolución y reforma, la represión política, la memoria como forma de resistencia, la penumbra de las utopías, la opacidad del espíritu humano, el significado cambiante del arte, el sufrimiento callado de los animales abocados a vivir conforme al deseo de los hombres. Todos estos temas componen un laberinto que exige una lectura atenta, pues los distintos aspectos de la trama convergen en una salida que no implica una apoteosis hermenéutica, sino una invitación a seguir fabulando.

Estamos ante un escritor meticuloso y un extraordinario narrador. Su escritura teje firmemente el hilo de Ariadna, pero reserva el último cabo al lector. Hay un grupo terrorista, pero no sabemos a qué organización pertenece. José María Raich y Ros de Olano parece un jerarca del franquismo. Sabemos que luchó en el frente del Ebro, pero ignoramos si ha ocupado cargos en el régimen. Intuimos que Clara ha sido desdichada con sus padres, pero no conocemos su historia al completo. La pintura desempeña un importante papel en la trama, pero su significado es impreciso. ¿La ninfa de pechos incipientes del cuadro reversible representa a la sociedad española, condenada a perder su inocencia tras las ilusiones suscitadas por el cambio de modelo político? ¿O es simplemente una prueba de la hipocresía de la burguesía católica, que condena el aborto y la homosexualidad, pero comete toda clase de aberraciones de forma clandestina?

Pablo Martín Sánchez es un narrador en estado puro. Su prosa es ágil, fluida, elegante, pero no se hincha, ni se retuerce. No pretende escribir una novela lírica, sino contar una historia. Su propósito se materializa plenamente, enganchando al lector desde el principio. Sus personajes tienen una voz nítida, inconfundible, plenamente creíble, que se despliega sobre un escenario cuidadosamente documentado. El año 1977 no es una vaga referencia, sino una burbuja espaciotemporal que incluye sus señas de identidad más características: la matanza de los abogados de Atocha, la calabaza Ruperta del Un, dos, tres, la música de Lluís Llach, el supercomisario Roberto Conesa y el sádico Billy el Niño, el recuerdo de Salvador Allende, Curro Jiménez, el bronco y casi ininteligible Manuel Fraga Iribarne, el empalagoso Tigretón, Interviú, Cambio 16, la ETA, Fuerza Nueva, los secuestros de Oriol y Villaescusa, las violentas cargas de los antidisturbios, las piernas de Ornella Muti, el psicodrama, los chascarrillos sobre la «ley de Murphy», los cruentos documentales de Félix Rodríguez de la Fuente, las cabinas telefónicas que funcionan con fichas, el Simca y el 1430, el Cacaolat, los walkie-talkies, las pintadas tronchantes: «Heidi reaccionaria», «Pipi al poder», «Húnete a Fuerza Nueva», «Ructura no, revolución» . A diferencia del Cuéntame, donde todo es de cartón piedra, aquí todo es real y encaja en la historia de forma natural, casi inadvertida.

Es evidente que cada lector desarrolla sus preferencias, conforme avanza la trama. Yo sentí debilidad desde un principio por Clara y Solitario VI, que más tarde se convertirá en Raqui (por raquítico, claro). La combinación de una niña hambrienta de afecto y un perro apaleado que también suspira por algo de cariño puede ser insoportablemente ñoña o verdaderamente emotiva. Pablo Martín Sánchez no se despeña por el sentimentalismo gratuito, sino por una inteligente comprensión de los afectos. Solitario VI no es Berganza relatando a Cipión sus infortunios con distintos amos, sino un galeote que sueña con la libertad. Quienes hemos convivido con un galgo conocemos sobradamente su hipersensibilidad. Por eso no nos extraña que exclame: «no duelen tanto las palizas que te dan como los abrazos que te niegan». Los malos tratos que soportan los galgos evocan las torturas que aguantó Gerardo, el profesor de origen chileno que combatió en las filas del MIR. El canódromo se parece a Tejas Verdes. Ambos espacios son campos de concentración, sin otra expectativa que la explotación, la vejación o el exterminio. «Me gustan los niños porque son como nosotros», comenta Solitario VI, que no puede contenerse la primera vez que descubre a Clara, caminando con una mochila a la espalda: «Quiero irme con ella, ¡quiero irme con ella!» El galgo explica que le gustan los niños porque «ven la vida a ras de suelo». Es decir, porque tienen la misma perspectiva que un perro. Valle-Inclán afirmaba que sólo escribe de rodillas quien pretende atribuir a sus personajes la condición de héroe, pero Solitario VI, con un punto de vista semejante, aprecia más bien el aspecto más ridículo del ser humano. Saber que durante la Guerra Civil los anarquistas convirtieron en prisión las jaulas del canódromo de Guinardó le produce un enorme regocijo: «¡Me parto, me parto! ¡Que se jodan, que se jodan!» Su alegría por este hecho no afecta a la delicadeza de sus sentimientos hacia Clara: «Hace un rato ni siquiera la conocía y ahora tengo la sensación de que mi existencia está unida a la suya por un lazo más fuerte que la más fuerte de las cadenas».

Casi todos los personajes de Tuyo es el mañana exhiben cicatrices. Aunque procedan del azar o la fatalidad, no son meras marcas, sino huellas de una historia. Como apunta Carlota, «las cicatrices tienen el extraño poder de recordarnos que nuestro pasado es real». A veces, las cicatrices no son visibles a primera vista, pues se han grabado en el interior. Es lo que le sucede al mendigo que habla con Clara en el metro. Con una pluma azul en el pelo, una cuchara en el ojal y un gatito de días escondido en el abrigo, le confiesa que lo perdió todo por culpa del juego, pero que rozó la fortuna con un billete de lotería. Quizá la cicatriz más profunda sea la del niño robado que nacerá ese 18 de marzo y será separado de su madre para crecer en el seno de un matrimonio de la burguesía, incapaz de engendrar su propia descendencia. La Transición ocultó las miserias del franquismo, incluido el vergonzoso tráfico de bebés que necesitaría varias décadas para salir a la luz.

He de admitir que esta vez la portada no me ha jugado una mala pasada. La imagen del galgo me ha deparado una novela intensa, que recrea un día de nuestra historia reciente, combinando con destreza la introspección, el humor, la intriga y el análisis político. Otro galgo abandonado sustituyó al galgo que me acompañó diez años. En realidad, es una mezcla de galgo, podenco y quizás algo más. Al igual que Solitario VI, se ha comido alguna paloma en mi jardín. Lo sé por el rastro de plumas que han dejado sus dentelladas. No he llorado, como Clara cuando descubre el instinto depredador de su nuevo amigo, pero sí he lamentado que el mundo funcione de un modo tan truculento. Pablo Martín Sánchez, con enorme sabiduría, se abstiene de realizar valoraciones. Eso sí, no se advierte en su literatura desgarro existencial, sino la serenidad del que no exige a la vida más de lo que puede depararnos.

Por cierto, no abandonaré mi manía de comprar libros por la portada. A veces funciona y nos permite reencontrarnos con fragmentos de nuestro pasado, como un lejano día de 1977, que yo debí de pasar entre la escuela y mi casa, ignorando que en Vitoria se había convocado una manifestación para exigir amnistía total y en la universidad de Barcelona los PNN (profesores no numerarios) se habían aliado con los estudiantes para enfrentarse a los catedráticos más reaccionarios.

RAFAEL NARBONA

Publicado en Revista de Libros (20-01-2017). Del blog Viaje a Siracusa. Si quieres leer el enlace original, pincha aquí.

18 de julio de 1936

21 enero, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

La cruel contienda fratricida traumatizó a una sociedad y es el origen de nuestro tiempo presente

Enrique Moradiellos, 17 de julio de 2016.

Durante la dictadura del general Franco, entre 1936 y 1975, el 18 de julio era “Fiesta Nacional” conmemorativa de la “Iniciación del Glorioso Alzamiento Nacional”. No en vano, ese día se extendió por toda España la sublevación militar comenzada el 17 en las guarniciones del Protectorado de Marruecos, que sólo triunfaría parcialmente en la mitad del país, abriendo la vía a la conversión del golpe militar en una guerra civil.

MÁS INFORMACIÓN

· 18 de julio, cambio del curso de la historia

Como resultado de esa división de España surgieron dos bandos combatientes que librarían una contienda de casi tres años de duración, hasta abril de 1939. Por un lado, una España republicana donde el acosado gobierno reformista del Frente Popular lograría aplastar inicialmente a los insurrectos con el recurso a fuerzas armadas leales y la ayuda de fuerzas milicianas revolucionarias. Por otro, una España insurgente de perfil reaccionario y contrarrevolucionario donde los militares sublevados afirmarían su poder omnímodo como paso previo al asalto del territorio enemigo.

La guerra de 1936-1939 fue una cruel contienda fratricida que constituye el hito transcendental de la historia contemporánea española y está en el origen de nuestro tiempo presente. De hecho, fue un cataclismo colectivo que abrió un cisma de extrema violencia en la convivencia de una sociedad atravesada por múltiples líneas de fractura interna (tensiones entre clases sociales, entre sentimientos nacionales, entre mentalidades culturales…) y grandes reservas de odio y miedo conjugados.

La contienda española fue así una forma de “guerra salvaje” precisamente por librarse entre vecinos y familiares conocidos, bastante iguales y siempre cercanos (no por ser todos desconocidos, diferentes y ajenos). Y por eso produjo en el país, ante todo, una cosecha brutal de sangre: sangre de amigos, de vecinos, de hombres, de mujeres, de culpables y de inocentes. Sencillamente porque en una guerra civil el frente de combate es una trágica línea imprecisa que atraviesa familias, casas, ciudades y regiones, llevando a su paso un deplorable catálogo de atrocidades homicidas, ignominias morales y a veces también de actos heroicos y conductas filantrópicas.

“La guerra civil abrió las puertas al abismo en España. No trajo la Paz sino la Victoria y una larga dictadura.”

El triste corolario de una contienda de esta naturaleza fue apuntado por el general De Gaulle: “Todas las guerras son malas, porque simbolizan el fracaso de toda política. Pero las guerras civiles, en las que en ambas trincheras hay hermanos, son imperdonables, porque la paz no nace cuando la guerra termina”.

En efecto, al término de la brutal contienda civil de 1936-1939 no habría de llegar a España la Paz sino la Victoria y una larga dictadura. Y entonces pudo comprobarse que, cualesquiera que hubieran sido los graves problemas imperantes en el verano de 1936, el recurso a las armas había sido una mala “solución” política y una pésima opción humanitaria. Simplemente porque había ocasionado sufrimientos inenarrables a la población afectada, devastaciones inmensas en todos los órdenes de la vida socio-económica, daños profundos en la fibra moral que sostiene unida toda colectividad cívica y un legado de penurias y heridas, materiales y espirituales, que tardarían generaciones en ser reparadas.

El balance de pérdidas humanas es terrorífico, puesto que registró las siguientes víctimas mortales: 1º) Entre 150.000 y 200.000 muertos en acciones de guerra (combates, operaciones bélicas, bombardeos). 2º) Alrededor de 155.000 muertos en acciones de represión en retaguardia: cien mil en zona franquista y el resto en zona republicana. Y 3º) En torno a 350.000 muertos por sobre-mortalidad durante el trienio bélico, derivada de enfermedades, hambrunas y privaciones.

Por si fuera poco, a esa abultada cifra de víctimas habría que añadir otras dos categorías de pérdidas cruciales para el devenir socio-económico del país: 1º) El desplome de las tasas de natalidad generado por la guerra, que provocó una reducción del número de nacimientos que se ha situado en unos 500.000 niños “no nacidos”. 2º) El incremento espectacular en el número de exiliados que abandonaron el país, ya de manera temporal (quizá hasta 734.000 personas) o ya de forma definitiva (300.000: el exilio republicano español de 1939).

Recordar hoy aquel 18 de julio de hace 80 años que abrió las puertas al abismo en España no sólo quiere dar a conocer mejor lo que fue una inmensa carnicería que traumatizó a una sociedad. También supone ejercitar una obligación de profilaxis cívica apuntada dos milenios atrás por Cicerón, que padeció en primera persona las guerras civiles que acabaron con la República en Roma: “Cualquier género de paz entre los ciudadanos me parecería preferible a una guerra civil”. Con su corolario: “Nunca más la guerra civil”.

Enrique Moradiellos es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura.

Mitos y realidades de una guerra anunciada

18 julio, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

El asesinato de José Calvo Sotelo fue esgrimido por los sublevados como la causa que les empujó a la rebelión. La documentación demuestran que el golpe de Estado había comenzado a planificarse meses antes

Los últimos estudios sobre la represión en ambas zonas establecen unos datos esclarecedores: 50.000 asesinados extrajudicialmente por el bando republicano y unos 150.000 por el bando franquista

El dictador Francisco Franco EFE

Ochenta años después del inicio del golpe de Estado que provocó la guerra, parte de la sociedad española sigue desconociendo la verdad de este negro pero crucial capítulo de nuestra historia. Durante cuatro décadas, la dictadura franquista se encargó de adulterar la realidad de lo ocurrido para satanizar a la República y glorificar el papel jugado por ellos mismos, los golpistas.

Los historiadores franquistas y sus herederos justifican la sublevación militar por la “insostenible” situación de caos, anticlericalismo y violencia que, según ellos, se sufrió durante el periodo republicano. Los hechos y los datos demuestran, sin embargo, que una buena parte de la derecha española juró acabar con la República el mismo día en que fue proclamada y comenzó a conspirar contra ella desde aquel 14 de abril de 1931. Las razones de esta animadversión se resumen en dos: poder y dinero.

El nuevo régimen amenazaba el histórico statu quo de los estamentos que habían dirigido nuestro país durante siglos: la oligarquía económica, los terratenientes, el Ejército y la Iglesia católica. La República se planteaba, entre otros objetivos, una ambiciosa reforma agraria que acabara con la situación de miseria que sufrían más de dos millones de jornaleros sin tierra; una reforma militar para democratizar el ejército y extirparle su ADN golpista; una reforma religiosa que terminara con los privilegios de la Iglesia y le arrebatara el control de la educación; una descentralización del poder que, según se decía en la Constitución de 1931, garantizaba la integridad del Estado “compatible con la Autonomía de los Municipios y las Regiones”.

Maquis - Asombrario

Maquis – Asombrario

A todo ello hay que sumar otra afrenta global contra el amo y señor de la España tradicional: el hombre. En solo dos años la República equiparó a la mujer en derechos y libertades concediéndole el derecho al voto antes que otras naciones europeas como Francia o Grecia.

La tormenta ideológica perfecta

La España de los años 30 reflejaba la tensa situación política que se vivía en toda Europa. El auge del fascismo coincidía con el extremismo revolucionario de los grupos anarquistas y de los movimientos comunistas que miraban con admiración hacia la Unión Soviética de Stalin. Las revueltas obreras y los actos de violencia eran frecuentes en todo el continente. En la España republicana hubo sucesos especialmente graves como la matanza de Casas Viejas o el levantamiento revolucionario de 1934.

Hechos que se saldaron con centenares de muertos y que fueron originados por la constante lucha entre quienes deseaban acelerar las reformas y aquellos que trataban de frenarlas a toda costa. La derecha que acabaría sublevándose contra la República contribuyó decisivamente a generar ese clima de tensión y violencia ejerciendo de pirómano para después presentarse como el bombero salvador. Sus líderes políticos trataron constantemente de minar la credibilidad del régimen; sus militares conspiraron en la sombra, protagonizaron varias intentonas golpistas y ejercieron la represión con especial virulencia, tal y como hizo el propio Franco para sofocar la revolución en Asturias; sus matones de la Falange sembraron el terror y provocaron la reacción violenta de sus adversarios; hasta sus terratenientes ejercieron de saboteadores profesionales dejando que sus latifundios quedaran inertes en lugar de permitir que fueran explotados por los hambrientos pero combativos jornaleros: “No queríais República, pues ahora comed República”, espetaban los grandes propietarios a los agricultores sin tierra.

Nuevas fotografías de la Guerra Civil halladas en el municipio de Arucas

Nuevas fotografías de la Guerra Civil halladas en el municipio de Arucas

La izquierda por su parte se desangraba fruto de sus peleas internas y se debatía entre la lealtad al nuevo régimen y el deseo de sobrepasarlo, instaurando sistemas revolucionarios inspirados en ideales libertarios o comunistas. Numerosos anarquistas, socialistas y comunistas no veían la República como un fin, sino como un instrumento provisional para conseguir objetivos políticos más ambiciosos.

Los preparativos y el detonante

El asesinato de José Calvo Sotelo fue esgrimido por los sublevados como la causa que les empujó a la rebelión. La documentación hallada y el testimonio de numerosos protagonistas demuestran que el golpe de Estado había comenzado a planificarse meses antes de la violenta muerte del político monárquico. De hecho, el propio Calvo Sotelo y Gil Robles, líder de la mayoría parlamentaria de derechas, participaban activamente en la conspiración para recuperar por la fuerza el poder que habían perdido en las urnas.

Tras años de preparativos e intentonas fallidas, el detonante final no fue otro que el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936.

Un golpe de Estado “rápido y limpio”

El capitán de aviación Virgilio Leret fue, probablemente, la primera víctima de la rebelión militar. El 17 de julio trató de hacer frente en Melilla a la sublevación que se había iniciado en Canarias y en las colonias del norte de África. Leret fue capturado y fusilado esa misma noche por los rebeldes. Al día siguiente la rebelión se extendió a la Península.

El golpe de Estado estaba liderado por un grupo de generales encabezados por José Sanjurjo y contaba con el apoyo de los partidos de la derecha parlamentaria, sectores monárquicos, financieros y empresariales, movimientos fascistas como la Falange y el respaldo directo de Hitler y Mussolini. Los rebeldes planeaban hacerse con el control del país en poco más de 72 horas. No contaban con que una parte del Ejército iba a mantener su juramento de lealtad al Gobierno legítimo de la República, ni preveía que los obreros y agricultores iban a lanzarse a las calles de ciudades y pueblos para defender la democracia con las armas en la mano.

“Cueste lo que cueste”

Tras la oportuna muerte de Sanjurjo en un accidente de aviación el 20 de julio, Franco comenzó a perfilarse como líder de los rebeldes. A esas alturas ya no había dudas de que el golpe había fracasado y que el nuevo escenario era una guerra de dimensiones catastróficas. Un panorama que no desanimaba al nuevo jefe de los sublevados.

El 27 de julio el corresponsal británico del News Chronicle, Jay Allen, relataba su entrevista con Franco en Tetuán: “A mi pregunta ¿ahora que el golpe ha fracasado en sus objetivos, por cuánto tiempo seguirá la matanza?”, contestó tranquilamente: “No habrá compromiso ni tregua, seguiré preparando mi avance hacia Madrid. Avanzaré —gritó—, tomaré la capital. Salvaré España del marxismo, cueste lo que cueste” (…). “¿Eso significa que tendrá que matar a la mitad de España?”. El general Franco sacudió la cabeza con sonrisa escéptica, pero dijo: “Repito, cueste lo que cueste”.

La decisiva “no intervención”

“Las democracias europeas dejaron caer la República. Por un lado creían que así apaciguarían a Hitler; pero por otro le tenían más miedo a la revolución social republicana que a un posible gobierno autoritario y fascista. Por eso el pacto de no intervención fue, en realidad, una intervención en toda regla para facilitar la victoria de Franco”.

Así de contundente se muestra el hispanista de la Universidad de Pau, Jean Ortiz. Los hechos le dan la razón. Además de la ayuda prestada en la preparación del golpe de Estado, Alemania e Italia comenzaron a enviar aviones, material de guerra y asesores militares al bando franquista desde el inicio del golpe. Francia y el Reino Unido contestaron promoviendo un acuerdo de “no intervención” que acabó convirtiéndose en una farsa. 27 naciones europeas se sumaron a él, entre ellos Italia, Alemania y Portugal que no dejaron de violarlo sistemática y descaradamente durante los tres años que duró la guerra.

Ya los corresponsales extranjeros que cubrieron el conflicto bélico coincidieron en señalar en sus crónicas que Franco jamás habría podido ganar la guerra sin el respaldo militar de Hitler y Mussolini. Enfrente, la única ayuda exterior que recibió la República fue la de miles de voluntarios poco preparados que formaron las Brigadas Internacionales y el apoyo más sustancial, pero infinitamente menor que el que aportaron Alemania e Italia al bando franquista, que le brindó la Unión Soviética.

Víctimas de guerra y de la represión

Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre las víctimas que provocó la guerra. La cifra que más puede acercarse a la realidad es la que aportan investigadores como Paul Preston: 300.000 muertos en los frentes de batalla y 200.000 víctimas de la represión en ambos bandos. Preston no se atreve a aventurar una cifra de civiles fallecidos en bombardeos y combates.

Los últimos estudios sobre la represión en ambas zonas establecen unos datos esclarecedores: 50.000 asesinados extrajudicialmente por el bando republicano y unos 150.000 por el bando franquista. La represión en la zona republicana se produjo mayoritariamente durante 1936, provocada por el caos inicial generado por el golpe, por la entrega de armas a la población civil y, por extensión, a grupos extremistas y por la ausencia de un mando único capaz de hacer cumplir la ley.

Fue en estos meses cuando también se produjo la mayor parte de los asesinatos de religiosos y de la destrucción de templos como injustificable respuesta al inmediato apoyo que la Iglesia brindó a los sublevados. Esta situación fue poco a poco controlada y las autoridades republicanas no solo lucharon contra cualquier exceso cometido por sus tropas, sino que llegaron a juzgar a algunos de los responsables de los mismos.

Por contra, el bando franquista utilizó el terror como arma de guerra. El asesinato, la violación de mujeres, las torturas eran parte de la estrategia diseñada por sus líderes para eliminar y, de paso, doblegar al enemigo. Los alcaldes, concejales, diputados, maestros y militantes de las organizaciones republicanas eran sistemáticamente exterminados en las poblaciones conquistadas. No se trataba de una política secreta, los generales rebeldes alardeaban públicamente de ella.

Existen decenas de ejemplos pero citaremos solo dos de los más significativos. El general Mola, pocos días después del inicio del golpe, afirmaba: “Hay que sembrar el terror… hay que dar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros. Nada de cobardías. Si vacilamos un momento y no procedemos con la máxima energía, no ganamos la partida”. Su colega, el general Queipo de Llano, se hizo célebre por sus arengas desde radio Sevilla en las que animaba a sus tropas a asesinar a los republicanos y violar a sus mujeres: “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres… y de paso también a sus mujeres. Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”

Un extraño final

La caída de Cataluña en enero de 1939 supuso el principio del fin para la República. Medio millón de hombres, mujeres y niños cruzaron la frontera hacia Francia huyendo del avance franquista en los primeros días del mes de febrero.

Muchos de los combatientes deseaban embarcarse inmediatamente rumbo hacia Valencia para seguir defendiendo “su” República que aún controlaba un tercio de la Península incluyendo Madrid; las autoridades francesas les desarmaron y les impidieron retornar a España.

Aunque se encontraba en una situación desesperada, el presidente Negrín apostaba por resistir unos meses más; confiaba en que el estallido de la ya inevitable guerra mundial hiciera salir de su falsa neutralidad a las democracias europeas. Su ensoñación terminó en los primeros días de marzo cuando sus hasta entonces compañeros de trinchera se sublevaron contra él. El coronel Casado, con el apoyo de todas las organizaciones republicanas salvo el PCE y un sector del PSOE, ejecutó un golpe de Estado que derribó el Gobierno de Negrín.

Creían que una rendición pactada les permitiría eludir las represalias de los vencedores. Se equivocaron: las tropas franquistas ocuparon Madrid y el resto del territorio republicano sin apenas resistencia e impusieron un régimen de represión y terror que se prolongaría durante casi 40 años.

Los mecenas de Franco:

http://www.eldiario.es/sociedad/mecenas-Franco-rebeldes_0_537197146.html?utm_source=adelanto&utm_medium=email&utm_content=Socio&utm_campaign=16-07-17-adelanto&goal=0_10e11ebad6-ac0a27ee3e-56325097

Dinamitar el Valle de los Caídos:

http://www.eldiario.es/zonacritica/Dinamitar-Valle-Caidos_6_538306169.html?utm_source=adelanto&utm_medium=email&utm_content=Socio&utm_campaign=16-07-17-adelanto&goal=0_10e11ebad6-ac0a27ee3e-56325097

“No hay posibilidad ni escenarios para proponer la República”

14 junio, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

El catedrático de Historia Contemporánea Julián Casanova acusa al PP de actuar como un “obstáculo” en la recuperación de la memoria de los represaliados en la dictadura: “Cuando huelen a franquismo se ponen colorados”

“Podemos se ha dado cuenta de que no podía tomar la República como signo de identidad”

El historiador Julián Casanova.

El historiador Julián Casanova.

Casi dos años después del relevo en la Corona española, ¿hay lugar para un debate público sobre la Monarquía? El catedrático de Historia Contemporánea Julián Casanova (Teruel, 1956) sostiene que no. “Solo ha habido una crisis antes de la abdicación de Juan Carlos I y la llegada de su hijo la limitó”. La entrada de nuevos partidos, añade, tampoco ha relanzado la discusión porque “ninguno quiere tomar la República como signo de identidad por miedo a perder electorado”.

Autor de libros como Europa contra Europa (2011) o La guerra civil española (coordinado junto a Paul Preston), Casanova lleva más de treinta años observando los acontecimientos del siglo XX. Y hasta finales, recalca, no percibió una verdadera voluntad de recuperar la memoria y la dignidad de los represaliados por el franquismo. “Hubo muchos documentales, asociaciones muy activas y hasta una Ley de Memoria Histórica, pero la crisis lo evaporó”.

Atribuye al Gobierno del PP buena parte de la responsabilidad al actuar  como un “obstáculo”cuando se ha reclamado la colaboración de la justicia española en una causa (la única) abierta por una jueza argentina para investigar los crímenes de la dictadura.

Felipe VI apoyó al imputado Javier López Madrid. ¿Estamos ante la primera crisis de imagen del nuevo rey?

No, creo que la imagen del rey no se ha visto deteriorada entre otras cosas porque hay un sector importante de la población que no castiga la corrupción. También por una cuestión histórica: si miramos hacia atrás, está clarísimo que el elogio de la Monarquía de Juan Carlos I iba en paralelo al desprecio por la experiencia republicana, incluso tratándola como fuente de todos los males que vinieron después. Esto contrastaba a menudo con la excelencia del reinado de Juan Carlos, y así también se proyectaba en las aulas.

La llegada de su hijo sirvió para limitar su primera crisis, provocada fundamentalmente por la cacería de elefantes en Botsuana. Ese dique de contención también estuvo formado por muchos medios de comunicación. Así que, hoy por hoy, no hay posibilidad ni escenarios para proponer la República como alternativa a la Monarquía.

¿Los nuevos partidos se han puesto de perfil en lo que se refiere a su postura sobre la institución?

Podemos se ha dado cuenta de que no podía tomar la República como signo de identidad, como sí ha hecho históricamente Izquierda Unida, porque eso les alejaba de un electorado amplio. Ya había precedentes sobre esto: pasó con el Partido Comunista durante la Transición, cuya popularidad se limitó, además de por la palabra comunista, por tomar la República como bandera. Podemos viene a decir que primero hay que cambiar lo importante y luego ya se verá, el típico accidentalismo de las formas de gobierno.

¿Hay esperanza de que con un cambio de Gobierno se relancen las políticas públicas para la recuperación de la memoria de las víctimas del franquismo?

Depende de qué cambio sea. Creo que un Gobierno del PSOE relanzaría de algún modo lo que ya empezaron y Podemos también. Habría que ver cuánto dinero hay a disposición para hacerlo, pero está claro que la voluntad sería mucho mayor, porque en estos años el PP no ha sido más que un obstáculo. Cuando huelen a franquismo se ponen colorados.

El PP tiene un cordón umbilical muy claro. No es un partido de derecha normal, sino que, con la figura de Manuel Fraga, evidencian que viene de una dictadura. Otras derechas europeas surgen después de la derrota de los fascismos en los años cuarenta y, en muchos casos, no tienen dudas sobre el pasado fascista. El PP, sin embargo, nunca ha colocado la violación de los derechos elementales como hilo conductor del franquismo. Siempre que sale el tema, nos dicen que no removamos el pasado y aluden a que todos mataron. Esto, además, no les quita votos, así que les preocupa poco.

¿Va a prosperar la causa argentina contra los crímenes franquistas?

Lo veo difícil. Como historiador, creo más en la compensación jurídica y moral que punitiva. Teniendo en cuenta la experiencia de otros países, es difícil que vayan a pillar y castigar a Martín Villa (uno de los imputados por la jueza Servini de Cubría en Argentina). Pero si todo esto sirve para abrir un proceso de información y verdad ya sería un triunfo. En cualquier caso, comprendo y empatizo con la necesidad de compensación de las familias de las víctimas.

¿Hemos avanzado como sociedad en devolver la dignidad a los represaliados y represaliadas?

Hay un momento a principios de este siglo en el que se produce el auge de documentales, asociaciones, leyes… Pero la crisis lo para todo. En la comisión de investigación fallida creada por Baltasar Garzón en la que participé como representante de las familias, la prioridad era exhumar los restos, darles dignidad. Esto es importante, pero no suficiente si no lo trasladamos a la educación.

En general no ha habido una gestión política y pública de la memoria del pasado. Creo que aún no tenemos muy claro qué hacer con los lugares de memoria de los vencedores. Las memorias puedes coexistir si sabemos explicarlas. La exaltación no cabe en esta democracia, eso es evidente, pero no significa que borremos todos los restos. No se trata de borrar, sino de no exaltar. A nadie se le ocurrió cargarse los campos de concentración, como a nadie se le ocurre visitarlos y explicarlos con una teoría negacionista del Holocausto. Y esto es justo lo que pasa en España, que muchos siguen mirando el Valle de los Caídos negando la represión del franquismo e ignorando la connivencia entre Iglesia y dictadura.

Homenaje a los maestros represaliados por el fascismo

28 mayo, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 24 de mayo de 2016.

Este artículo, como se indica en su nota introductoria, es el discurso que el Profesor Navarro dio el sábado pasado en homenaje a los maestros republicanos represaliados por la dictadura. Lo que ha ocurrido en este país con los maestros de la escuela pública de la República es vergonzoso, y tiene que denunciarse el silencio hacia aquella brutal represión liderada por la Iglesia y la Falange.

Discurso del Profesor Navarro en el homenaje a los maestros republicanos represaliados en Gironella, provincia de Barcelona, el día 21 de mayo de 2016. El discurso original fue en catalán, y está expuesto en la sección catalana del blog del profesor Navarro (www.vnavarro.org).

Hoy nos reunimos aquí, vecinos y amigos de la villa de Gironella, en el Berguedà, para homenajear a los maestros de la villa que fueron represaliados por las tropas fascistas que la ocuparon la noche del 1 de febrero de 1939. Eran las mismas tropas que establecieron en Catalunya y en el resto de España una de las dictaduras más sangrientas que ha habido en Europa durante el siglo XX. Nunca deberíamos olvidar que por cada asesinato político que cometió el régimen fascista italiano liderado por el Mariscal Mussolini, el régimen fascista español liderado por el General Franco cometió 10.000.

Ante esta realidad, tenemos que preguntarnos por qué tanta represión. Y la respuesta a esta pregunta es fácil de ver. El hecho que fuera una dictadura que implantó el terror como política de Estado se debió al hecho de que la dictadura era consciente y sabía que la mayoría de la población, y muy en particular de las clases populares, estaban en su contra, situación que era evidente aquí en Catalunya, donde reprimieron brutalmente la cultura y la identidad nacional de todo un pueblo. Por este motivo aquel régimen se caracterizó por el terror que impuso a la población. El recuerdo de esta represión y el temor que dejó en la población explican que incluso hoy, casi cuarenta años después del establecimiento de la democracia, mucha gente de edad avanzada todavía tenga temor a explicar lo que pasó entonces.

La represión contra los maestros republicanos

Un sector de la población que sufrió una represión especial fue el de los maestros de las escuelas públicas de la República. Y de nuevo tenemos que preguntarnos por qué esta especial represión en contra de los maestros republicanos. Y la respuesta es que aquellos maestros eran percibidos por el régimen fascista como sumamente peligrosos, porque estaban sembrando las semillas de un país democrático, de un país más justo y más solidario, que recuperara su cultura y su identidad como nación. Esto es lo que hacían con gran ilusión estos maestros represaliados a los cuales hoy estamos homenajeando. Y es por eso que fueron represaliados, siendo expulsados de Gironella, humillados y separados de sus discípulos a los cuales tanto amaron. Y tengo constancia que los amaron muchísimo, puesto que mis padres, que están entre los que hoy homenajeamos, siempre nos lo dijeron. Y sabemos también, porque así lo expresaron sus discípulos, que el amor y aprecio eran recíprocos.

Durante la República, mi padre era el director de la Escuela Pública de niños de Gironella y mi madre la directora de la Escuela Pública de niñas. Los dos se conocieron y se casaron aquí. Y por este motivo sus tres hijos nacimos aquí. Amaban la docencia, amaban a sus discípulos y amaban los valores que transmitían: libertad, democracia, solidaridad y justicia. Y eran conscientes de que la escuela era la cuna de la nueva sociedad que deseaban. Y sabían que sus discípulos eran, para ellos, personas muy importantes, porque eran ciudadanos del futuro en el que creían. Eran republicanos orgullosos de ser maestros, que creyeron y defendieron la Escuela Pública Republicana.

La dictadura eliminó estos valores que ellos defendían, y los expulsó de la Escuela Pública y de Gironella, delatados por una maestra, Rosa Jornet, perteneciente al partido fascista, la Falange, que los denunció y pasó a ocupar el cargo que tenía mi madre, Francesca López. Mis padres, a partir de entonces, y como todos los otros maestros represaliados, sufrieron mucho. Mi padre fue expulsado del magisterio, y trabajó de oficinista en una empresa textil en Barcelona, viviendo en La Sagrera, el barrio obrero más conocido de Barcelona y que se distinguió por su lucha contra la dictadura. Y mi madre, expulsada de Gironella y degradada de su escalafón, tuvo que trabajar en otros pueblos de Catalunya, separada de mi padre por razones laborales. Nosotros, mi hermano, mi hermana y yo, vivimos con nuestra madre hasta los 10 años, y después fuimos a vivir con nuestro padre en Barcelona, donde estudiamos el Bachillerato. Nuestros padres estuvieron separados por razones laborales, debido a causas políticas, durante la mayor parte de nuestra niñez y nuestra juventud.

Tenemos que recuperar la memoria que ha sido ocultada a nuestra juventud

Tenemos que recordar lo que fue la República, lo que fue la dictadura y lo que fue la represión. Y tenemos que hacerlo por varias razones. En primer lugar por un sentido elemental de justicia. No puede ser que unas personas que dieron tanto de su vida por la libertad y la democracia sean olvidadas. No se puede permitir que se los olvide, hay que recuperarlos como parte esencial de nuestra historia, puesto que su sacrificio tendría que ser un punto de referencia para las nuevas generaciones. La juventud tiene que saber que los “crímenes” por los cuales se los castigó, según la denuncia escrita, incluían, entre otras causas, haberse casado por lo civil, que mi padre fuera miembro y secretario del Comité Provisional de la República Catalana de la Federación Española, y que mi madre hubiera dado clases a los adultos en la escuela y en sus casas, todas ellas faltas que tenían que ser sancionadas por el régimen fascista.

La segunda razón es que hay que corregir la versión fascista de nuestra historia que, por desgracia, no se ha eliminado del todo. Estos maestros fueron presentados por la dictadura como la “mala gente” (terminología sacada de los documentos oficiales del régimen) que supuestamente habían dañado a España. Aquel régimen satanizó a los maestros republicanos. En realidad, la peor parte de la represión fue precisamente la psicológica. Nuestros padres nunca hablaron de todo lo que sufrieron, ni tampoco de lo que habían hecho. Callaron sobre sus vidas, y lo hicieron para protegernos a nosotros, sus hijos. Por ejemplo, nosotros no supimos, hasta muy tarde, que nuestros tíos, hermanos y cuñados de mis padres, también maestros algunos de ellos, habían sido del PSUC, habían huido a Francia y, como miles de catalanes y españoles, empezaron la resistencia antinazi en Francia. Tampoco supimos que una tía nuestra había sido detenida por los nazis y había estado en un campo de concentración nazi. Tampoco supimos que nuestra tía había vuelto y vivido en clandestinidad en Catalunya. Y tampoco supimos que después se juntaron con la diáspora republicana, y que emigraron a América Latina, creando nuestras tías una escuela de arte en Venezuela.

La tergiversación de la historia

¿Cómo es que estos hechos, que ennoblecen a una persona, a una familia y a un país, se ocultaban? La respuesta a esta pregunta es también clara. Para el fascismo todos estos hechos eran hechos criminales y denunciables. Eran parte de la demonización de la República y de sus maestros. De ahí que no supimos de estos hechos hasta más tarde, porque nuestros padres querían protegernos a nosotros, puesto que si, como niños, hubiéramos hablado de ellos en público, hubiéramos puesto a toda la familia en peligro. El régimen terrorista quería constantemente presentar a los republicanos como personas que habían hecho mucho daño, habían dañado el país –la “patria española”, como decían ellos-, gente que había que marginar, cuando no eliminar física o intelectualmente. Y nosotros, hijos de la “mala gente”, teníamos que estar callados.

Pero Catalunya y España han callado durante demasiado tiempo. ¿Por qué hemos esperado casi cuarenta años para homenajear a estos maestros, y a miles como ellos? Y ahí, de nuevo, la respuesta es también clara. La transición de la dictadura a la democracia se hizo en términos muy favorables a las fuerzas que controlaron el Estado fascista. Y aún hay miedo.

Estamos aquí reunidos ciudadanos, amigos unos, desconocidos otros, y también discípulos, así como los hijos y nietos de los maestros republicanos represaliados, las víctimas de aquel régimen terrorista. Somos los herederos de aquellas víctimas. Pero también hay los herederos de los victimizadores, de las instituciones que apoyaron el fascismo, que incluyeron la jerarquía de la Iglesia Católica, que quería recuperar su control sobre el sistema educativo y que, junto con el partido fascista, la Falange, lideró la represión contra los maestros republicanos. No fue casualidad que el que dirigió el infame y nefasto informe sobre los maestros republicanos represaliados aquí en Gironella fuera un vecino de esta localidad, un tal Domingo Sanz Canal, miembro de la Junta Provisional de las Escuelas de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, institución que, según consta en los documentos, ofrecía las máximas garantías de zelo y adhesión al “Glorioso Movimiento Nacional”. Este documento pasó a ser el documento central en la Comisión Depuradora del Magisterio de la Provincia de Barcelona. Pero la Iglesia y la Falange no fueron los únicos que participaron en este proceso depurador. Colaboraron otras fuerzas del Estado fascista, como por ejemplo el Ejército, las grandes fortunas, grupos empresariales y financieros, así como las fuerzas políticas o movimientos sociales que constituyeron y continúan constituyendo las derechas de este país, tanto en Catalunya como en España, que siguen teniendo mucho poder tanto en las instituciones económicas y financieras como en las instituciones representativas y mediáticas de Catalunya y de España. Y es debido a esta situación que persiste el temor.

La enorme urgencia de romper el silencio y abandonar el temor

Este acto es, por lo tanto, muy importante, pues rompe con el miedo. Porque muestra que ya nos hemos librado del miedo. Y cuando un pueblo no tiene miedo, es invencible. Celebramos a aquellos que lucharon y sufrieron tanto para que viviéramos en libertad. Sus sucesores no queremos revancha. Queremos justicia, reconocimiento de nuestros antepasados y celebración de los valores por los cuales ellos lucharon. Y queremos ayudar a transmitir estos valores a las nuevas generaciones.

Este es uno de los primeros homenajes que se han hecho en Catalunya a los maestros republicanos represaliados. Nos tenemos que movilizar para que estos homenajes se generalicen como parte de la recuperación de nuestra historia. Agradezco que este acto sea presidido por el alcalde de Gironella, y veo a representantes políticos de la ciudadanía en la audiencia, en esta sala de este precioso edificio, llena a rebosar. Lamento que este homenaje haya tardado tanto. Pero os pido a todos los representantes políticos que, por la salud democrática de nuestro país, vosotros, nuestros representantes, exijáis en el Parlamento de Catalunya que se haga este homenaje a todos los maestros represaliados de la República. Hoy hemos añadido nuestra voz a un movimiento creciente que empodera a las clases populares, al ver que, por fin, se ha perdido el miedo y se homenajea a sus maestros republicanos y a los valores que ellos promovieron, es decir, la libertad, la democracia, la justicia, la solidaridad y la identidad y nacionalidad catalana, que fueron suyos y ahora son nuestros. Esta lucha por nuestro futuro nos hará fuertes si reconocemos y homenajeamos a los que nos precedieron, en condiciones dificilísimas, en esta labor.

Y es aquí donde, en este acto, quiero dar las gracias a los discípulos de mi padre –Vicenç Navarro Ibáñez- y de mi madre –Francesca López Buenaposada- y de los otros maestros represaliados –Heribert Rutllan Claret y Josep Bernaus Araña, y otros desaparecidos- que se han movilizado a una edad ya avanzada para asegurarse que se hiciera justicia y que tuviera lugar el homenaje de hoy. También, y muy especialmente, quiero dar las gracias a Gemma Valls, sin cuya persistencia y compromiso este acto no hubiera tenido lugar. Y también a todas las personas voluntarias y a los historiadores que nos han ayudado a recuperar parte de aquella memoria que nunca se tendría que haber perdido. Gracias a todos. Y os invito a que en su memoria todos gritemos, en voz alta, en su honor: ¡viva la Escuela Pública Republicana, y viva la República!

IU advierte a Botella que poner una placa a Carrero Blanco es ilegal y que, de llevarse a cabo, acudirá a los tribunales

9 noviembre, 2015

Fuente: http://www.larepublica.es

IU rechaza y se opone de forma contundente el argumento falaz esgrimido por Ana Botella para, acogiéndose a una proposición adoptada en el pleno del Ayuntamiento de Madrid por unanimidad, de todos los grupos, a fin de otorgar recuerdo y reconocimiento a las víctimas del terrorismo tras la recuperación de la democracia en 1978, otorgar una placa a Carrero Blanco, una de las figuras más negras de nuestra historia.

En este sentido, el responsable de Memoria Democrática de IUCM, José Antonio Moreno, ha advertido a Botella que “ni IU ni su Grupo Municipal han avalado semejante barbaridad y, de llevarse a cabo, iremos a los tribunales ya que es una iniciativa ilegal que contraviene lo previsto en la Ley 52/2007, conocida como Ley de la Memoria Histórica, la cual prohíbe actos, signos y símbolos de exaltación y/o apología de la dictadura franquista”.

“Botella aprovecha un acuerdo institucional consensuado para refrescar sus raíces franquistas, niega a las víctimas y hace apología de los liberticidas, poniendo en pie de igualdad a víctimas con victimarios, algo que nuestro Grupo Municipal en el Ayuntamiento de Madrid va a combatir”.

“En cualquier otro país del mundo, sería impensable que un jerarca de una dictadura tuviera una placa de reconocimiento. En este sentido, envidiamos las políticas de memoria de países como Francia, Alemania o Italia”, ha señalado.

Por ello, ha instado nuevamente tanto al Gobierno de la Comunidad de Madrid como a los Ayuntamientos tanto de la Capital como del resto de municipios madrileños a “aplicar la Ley 52/2007 y retirar no sólo los símbolos y monumentos de exaltación franquista y antidemocrática sino a eliminar de las calles de nuestros pueblos y ciudades nombres de genocidas y liberticidas que oprimieron y reprimieron al pueblo español durante décadas”.

Igualmente, Moreno ha anunciado que “desde IU se van a tomar las iniciativas oportunas para homenajear a los caídos en Madrid víctimas del terrorismo fascista, como Yolanda Gonzalez, o víctimas del terrorismo de estado, como Enrique Ruano, en su calidad de luchadores por la libertad y la democracia en España”.

El dirigente de IU también ha reclamado al Poder Judicial que “cumpla con la orden de detención y correspondiente extradición emanada de la justicia argentina respecto a Martín Villa y Utrera Molina en su calidad de cómplices de delitos contra la humanidad (detenciones forzadas, torturas, asesinatos…) en cuanto jerarcas del franquismo y – por tanto- responsables de las atrocidades cometidas”.

Finalmente, ha exigido al gobierno de España “la aplicación de las recomendaciones del Consejo de Derechos Humanos de NNUU en lo referente al cumplimiento por España de lo prevenido en la Convención Internacional sobre prevención de Desapariciones Forzadas y facilite la localización y exhumación de las fosas de las víctimas del franquismo, así como que viabilice políticas públicas de memoria democrática que hagan posible la VERDAD, la JUSTICIA y la REPARACIÓN para con dichas víctimas”.

TVE olvida a los 114.000 desaparecidos durante la dictadura franquista

25 abril, 2015

Fuente: http://www.eldiario.es

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica estudia acciones legales por no mencionar a los desaparecidos españoles en una pieza del Telediario.
Se emitió una información coincidiendo con el Día Internacional de los Desaparecidos en la que se hablaba de los casos de los Balcanes o Colombia.

01/09/2014 – 13:19h

Información emitida en el Telediario 2 del 30 de agosto de 2014

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica estudia acciones legales contra Televisión Española por ocultar las 114.000 desapariciones forzosas que tuvieron lugar en nuestro país durante la dictadura franquista en sus informaciones sobre el Día Internacional de los Desaparecidos emitidas este sábado en las diferentes ediciones del Telediario.

La Asociación considera que no mencionar las desapariciones españolas supone “una forma de negacionismo y maltrato” hacia las víctimas del “peor delito que puede cometerse contra un ser humano”. y por ello, además de estudiar medidas legales, remitirá quejas a la Comisión Mixta de Control Parlamentario de RTVE, la dirección del grupo, la Defensora del Espectador y el Consejo de Informativos de la televisión pública.

“Una televisión pública, que tiene el deber de informar con rigor y pluralidad, no puede hacer desaparecer a esos 114.226 desaparecidos, porque es una grave ocultación de nuestra historia reciente y un agravio”, afirma la organización, que también informará de la omisión al Grupo de Trabajo contra la Desaparición Forzada de la ONU.

La ONU, que es mencionada en varias ocasiones en la información emitida en el Telediario, ha hecho públicos en el último mes dos informes en los que se alerta de la situación de los desaparecidos españoles y se insta al Gobierno a presentar un plan de búsqueda en un plazo de 90 días.

La impunidad del franquismo se quiebra en Argentina

22 diciembre, 2013

Fuente: http://www.eldiario.es

El cierre de puertas que el sistema judicial español ha reiterado a las víctimas ha propiciado la oportunidad que ahora surge en Argentina.

Todas las violaciones de derechos humanos quedaron supuestamente saldadas en la transición. Sus responsables tuvieron la posibilidad de blanquear su biografías.

Emilio Silva  – Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

20/09/2013 – 13:38h

Víctimas del franquismo piden a la ONU que inste al Gobierno a investigar las desapariciones y abrir las fosas comunes

Manifestación de víctimas del Franquismo

Son crímenes de lesa humanidad y no prescriben. Desde ese contundente argumento, la jueza argentina, María Servini de Cubría, ha dictado una orden internacional de detención contra cuatro torturadores de la dictadura del general Francisco Franco. Su auto relata y argumenta con contundencia la actividad represiva del régimen franquista y explica someramente por qué la justicia argentina es competente para investigación de esos crímenes.

La que se conoce entre las víctimas de la dictadura franquista como Querella Argentina, fue presentada el 14 de abril de 2010, centrada fundamentalmente en el caso de Darío Rivas, un nonagenario que reside en Argentina desde los años treinta del pasado siglo, cuyo padre fue ilegalmente detenido, asesinado y hecho desaparecer por un grupo de falangistas.

Desde el momento en que la justicia argentina acepto el casó, el Gobierno español comenzó a dificultar la evolución de la investigación. Primero el entonces fiscal general del Estado, Cándido Conde Pumpido; después el actual Gobierno que bloqueó hace unas semanas unas vídeoconferencias que se iban a tener lugar en la embajada argentina en Madrid, con las que la jueza quería tomar declaración a algunas de las víctimas.

En estos casi tres años y medio se han ido sumando a la querella diferentes colectivos y víctimas, que tratan de obtener la verdad, la justicia y a la reparación a la que tiene derecho y que sistemáticamente les ha negado el Estado español. Uno de los principales pilares sobre los que se consolidó lo que para algunos es una transición ejemplar fue la impunidad. La falta de responsabilidades penales para las violaciones de derechos humanos de la dictadura se ha convertido con el paso de los años en una cultura política, un hábito para una élite que ha conocido y disfrutado de la posibilidad de cometer terribles delitos y no tener por qué responder con ellos.

La dura represión que permitió al dictador Francisco Franco morir en la cama abarca innumerables delitos. Desde las más de 113.000 desapariciones forzadas, pasando por el robo de bebés a las familias republicanas, la negación de derechos a las mujeres, la persecución de homosexuales, los miles de presos y presas por razones políticas, los niños y niñas que contrajeron la poliomielitis por ser hijos de la “antiespaña” y no poder acceder a las vacunas o los miles de presos políticos que trabajaron como esclavos para enriquecer en sus orígenes a algunas de las constructoras más importantes que hoy cotizan en el IBEX 35.

Todas aquellas inmensas e incontables violaciones de derechos humanos quedaron supuestamente saldadas en la transición. Con la colaboración de la izquierda parlamentaria que aceptó la amnistía y el secuestro del debate sobre el modelo de Estado, la dictadura franquista quedó convertida en el crimen perfecto. El Estado comenzó a fabricar ignorancia, secuestrando de los centros de enseñanza el conocimiento de ese pasado y numerosos franquistas han podido morir en estos años enterrados como progenitores de la democracia.

Nuestra élite política convivió con la impunidad, como un precio que se pagaba para obtener desarrollo económico y ni siquiera la Unión Europea le puso como condición al Estado español en su ingreso las mínimas prácticas de higiene democrática. Lo mismo ocurrió con las élites académicas y culturales, formadas mayoritariamente por las universidades de la dictadura a las que habían tenido acceso en la mayoría de los casos por pertenecer a familias del régimen.

La orden de detención que ha cursado la justicia argentina es un gran paso contra la impunidad que ocurre después de más de una década de intenso trabajo de la sociedad civil. Las exhumaciones de fosas, la labor de investigación del Canal de los Presos de Andalucía o el conocimiento del robo de bebés a las presas republicanas que podían contagiar a sus hijos el gen marxista han ido cambiando la mirada hacia el pasado y construyendo la idea del fin de la impunidad.

En ese proceso ha sido muy importante la aparición de los presos y presas del último franquismo, cuyos testimonios han sido la base para la imputación de los cuatro torturadores a los que la Interpol ordenará su detención que finalmente dependerá del Gobierno español.

Argentina es quizás el país que más ha avanzado en la persecución de las violaciones de derechos humanos de una dictadura. Tras la detención y el encarcelamiento de numerosos perpetradores ahora inician incluso la investigación judicial de la trama económica, algo que si ocurriera en España pondría patas arriba buena parte de su estructura económica.

De los cuatro torturadores cuyos crímenes considera perseguibles la justicia argentina viven tres. Alguno de ellos, José Antonio González Pacheco alias Billy  el niño, ha sido condecorado tras la muerte del dictador e incluso podría decirse que han disfrutado de cierto amparo en ámbitos políticos o económicos que tienen mucho que agradecer a la dictadura.

Durante mucho tiempo la élite franquista ha disfrutado de la posibilidad que le dio la transición de blanquear su biografía. El actual presidente de Alemania, Joachim Gauck, afirmó hace algunos años que la transición española había sido un ataque contra los derechos. Añadía que un modelo de recuperación de la democracia como el nuestro parecía a corto plazo solucionar los problemas pero el coste que supone dejar toda esa impunidad impregnando el sistema político suponía un enorme lastre.

El cierre de puertas que el sistema judicial español ha reiterado a las víctimas de la dictadura franquista ha propiciado la oportunidad que ahora surge en Argentina. Tras estas imputaciones puede que ocurran otras a responsables políticos del franquismo, algo que removerá la tranquilidad de esa élite que ha vivido a sus anchas en una democracia que para buena parte de la ciudadanía resulta demasiado estrecha.

El Poder Judicial español aceptó la persecución de delitos similares cometidos a miles de kilómetros; en Chile, Argentina o Guatemala. Ahora vamos a comprobar si la Justicia Universal que tanto avanzó gracias a esa labor lo es realmente o era simplemente una forma de simular que aquí las cosas ya estaban resueltas.