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Cuando Lorca llegó a Madrid y comenzó su triángulo de amor bizarro con Dalí y Buñuel

8 junio, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

Hay figuras fascinantes que generan efemérides con cada paso que dieron en vida. Ese es el caso de Federico García Lorca, cuya corta e intensísima existencia le ha convertido en un símbolo universal y reivindicado en cada rincón del mapa que cartografiaron sus movimientos.

De todos estos lugares, Madrid fue uno de los más importantes, donde se deshizo de las cadenas homófobas y conservadoras de Granada y fraguó amistad con los que serían sus dos mosqueteros incondicionales -o no tanto- hasta que la muerte le encontró con 38 años en un paredón de fusilamiento fascista.

Cuando Lorca se instaló de forma definitiva en la capital corría la primavera de 1919. La arboleda de la Residencia de Estudiantes estaba en su máximo esplendor, no muy alejada de cómo luce cien años después en un lateral del masificado Paseo de la Castellana. El edificio de ladrillo es el mismo, pero la atmósfera no tiene nada que ver con la que respiraban Federico, Salvador Dalí y Luis Buñuel en los locos años 20.

Ante el centenario de la llegada del poeta, Madrid ha querido recuperar aquella esencia homenajeándole con lecturas, proyecciones y rutas por los lugares favoritos de los tres enfants terribles. Algunos todavía existen, otros se han convertido en Starbucks y en muchos hace falta imaginación para visualizar las tertulias intelectuales y las juergas sin freno de aquel entonces. Es mucho más fácil hacerlo en compañía de alguien que lo ha estudiado tanto que parece que estuvo allí, incluso habiendo nacido en otro país.

El hispanista irlandés y entregado biógrafo de Lorca, Ian Gibson (Dublín, 1939), se sabe tantas anécdotas que cualquiera diría que fue el cuarto voyeur de la cuadrilla. Todo ese conocimiento bebe de la obra del poeta, el cineasta y el pintor, de los libros de Historia y de la correspondencia indiscreta, en ocasiones algo picante, que intercambiaban entre ellos y con otros visionarios del s.XX.

Buñuel y Lorca
Buñuel y Lorca

“Madrid para un chico de provincias era La Meca, el centro de la cultura española. Acababa de terminar la Primera Guerra Mundial y había artistas de toda Europa refugiándose de la represión. Era un ambiente fantástico: a mí me habría encantado vivirlo y a ti también”, dice Gibson con la mirada brillante.

Federico toma la decisión de mudarse animado por su amigo Antonio Machado y por su catedrático de Arte en Granada, Martín Domínguez Berrueta. Un talento así no estaba hecho para permanecer detrás de Sierra Nevada.

La capital estaba en pleno proceso de prosperidad urbanística con la inauguración de la Gran Vía, los planos de Arturo Soria o las obras de canalización del Manzanares. Pero sobre todo era un momento de ebullición intelectual. Querían a la generación mejor preparada del país prestando sus mentes al servicio de la propaganda nacional y su particular laboratorio de genios era la Residencia de Estudiantes, situada a unos minutos de Nuevos Ministerios.

Entrar allí no era nada fácil, pero Federico García Lorca tenía el visado desde la cuna. De familia burguesa y adinerada, madre maestra y padre comprometido con la política, el joven Federico creció entre algodones culturales. No es de extrañar que perteneciese al selecto círculo de los hijos de la élite progresista española que entraban a un centro diseñado para su florecimiento personal.

“La Residencia es el lugar más culto y libre de España, la continuación de la Institución de Libre Enseñanza. Preconizan una España en Europa, hablando idiomas, escuchando a los otros y organizando conferencias con las mentes más preclaras de Europa, entre los que se encuentran Einstein, Curie o Stravinsky”, explica Gibson. “Decían que era el Oxford o el Cambridge de España, con grandes jardines y acequias, la gente paseando y dialogando, y donde estaba prohibido el ruido. Ni siquiera al perro del jardinero se le permitía ladrar”, continúa.

Dalí, Lorca y Buñuel: vidas cruzadas en la capital
La Residencia de Estudiantes

Lorca completaba sus estudios de Derecho y Filosofía y Letras, “ese terrible moscardón del aburrimiento”, con lo que aprendía en la Residencia. Allí todo era distinto. No había separación entre ciencias y humanidades, e impulsaban todo tipo de nervio artístico -por eso él pintaba, leía, tocaba el piano e incluso actuaba en performances improvisadas con su querido Dalí-. La musicalidad de sus poemas se debe a esta etapa, que mejoró el bagaje poético que traía de Andalucía y le introdujo en la estética simbolista moderna.

“Había laboratorios y talleres donde les ayudaban a perfeccionar sus virtudes. Era increíble, un fenómeno único en este país. Y si no hubiera sido por la guerra maldita, la dictadura maldita y la diáspora maldita, España habría sido una nación floreciente porque estaba todo listo para que así fuera”, se lamenta su biógrafo.

Aunque conoció a Luis Buñuel nada más aterrizar en Madrid con 21 años, no sería hasta cuatro años más tarde, en 1923, cuando atravesó por la puerta un catalán extravagante que le rompería los esquemas. La relación que se estableció entre ellos tres fue arrolladora pero no carente de sombras, como quedó patente en sus misivas. Al final, al tiempo que pasaban en la Residencia había que sumarle una incesante vida social y nocturna que daba lugar a una sublimación de las pasiones.

Homosexualidad juzgada y celos ocultos

Sus lugares de alterne favoritos eran los bajos del Hotel Palace, donde se encontraba el Rector’s Club, y más tarde la coctelería Museo Chicote, definida por Buñuel como “la Capilla Sixtina de los martinis”. “Esto no para con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, en 1923, porque no era como el que va a venir después [Francisco Franco]. Primo de Rivera era mujeriego y noctámbulo, y así era Madrid también”, explica Gibson.

“El Palace es un local mítico, al lado del Congreso, para los líos amorosos y sexuales de los diputados, pero además cada noche un grupo de negros de Harlem montaba sesiones de jazz. Todos gastaban alegremente el dinero de sus padres en zarzuelas, teatros y en el Rectors Club”, rememora el biógrafo, quien asegura que entablaron una relación especial con los músicos neoyorquinos, a los que querían llevar a tocar a la Residencia.

Las noches menos hedonistas, acudían a las cafeterías del Paseo del Prado, atestadas de tertulias para todos los gustos: reuniones de médicos, de periodistas o de adictos a la filatelia. “La gente de Madrid hablaba mucho. Había veinte periódicos diarios porque el que sabía leer -había mucho analfabetismo todavía-, leía cuatro o cinco todos los días”, señala. Buñuel y Lorca estaban en sintonía ideológica, pero el único diferente era Dalí, “que tenía un buen cacao”. Eso no evitó que Federico, como señala el historiador, se enamorara perdidamente de él.

Dalí y Lorca
Dalí y Lorca

Dalí se resistía ferozmente a esa conquista por miedo a ser señalado como gay. Ya le estaba ocurriendo a Lorca en la propia Residencia, donde muchos de sus compañeros murmuraban sobre ese “defecto” que les hacía distanciarse. Incluso su gran amigo Buñuel le vilipendiaba por su sexualidad.

“En una carta a Pepín Bello, en 1926, se puede leer que Luis le escribe que ‘Federico es un asqueroso: primero, porque nació en Asquerosa (pueblo granadino) y segundo porque él es asqueroso'”, cuenta Gibson.

Por eso mismo, dice, es imprescindible la labor del biógrafo: para leer entre los silencios voluntarios de sus propias autobiografías. Buñuel nunca habló así a posteriori de Lorca, tampoco reconoció su dura crítica al Romancero Gitano ni la envidia que sentía por su relación con Dalí. Este último tampoco le reconoció en vida como su amor verdadero, pero se vislumbra en el “juego de seducción” que ambos mantuvieron por carta y que desesperó a Gala, que supuestamente rompió la mayoría de la correspondencia en un ataque de celos.

“Cuando entrevisté a Dalí, lloró recordando a Lorca”, dice Gibson, señalando que obviar la homosexualidad de Lorca es no entender su obra ni la razón de su muerte. El pintor murió en 1989 sintiéndose culpable por el asesinato de su mejor amigo, por haber sentido envidia de su genio, por no haber insistido más en que se mudase con él a Italia en 1936 y por juzgar su homosexualidad a su manera.

La memoria y la dictadura franquista dinamitaron el recuerdo de este triángulo curioso y fascinante de amistad. Pero nada puede borrar el legado que nació en la Residencia de Estudiantes, donde los tres consolidaron la “época dorada” de una institución llamada a revolucionar el Madrid de los años 20. Ya es tarde para eso; que sirva al menos para revolucionar su memoria.

Franquismo o fascismo

12 marzo, 2019

Fuente: http://www.blogs.publico.es

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

Hace ya años hubo un debate muy vivo e intenso en círculos politológicos en nuestro país sobre el tipo de régimen político que existía en España durante el periodo 1939-1978. Algunos politólogos, como el Sr. Juan Linz, de la Universidad de Yale (muy influyente en España, maestro de muchos de los profesores de Ciencias Políticas más conocidos en este país), sostenían que aquel régimen había sido un régimen autoritario, o lo que podría llamarse una dictadura a secas, sin más. Su misión era mantener el orden y la autoridad, siendo su dimensión represiva la más acentuada. Dirigida por un caudillo al que el régimen consideraba que tenía dotes casi sobrehumanas (“Caudillo por la gracia de Dios”, se decía en España para definir al Caudillo), tal tipo de Estado recibía el nombre de caudillista, siendo la forma de dictadura más común en América Latina, y que, según tales autores, incluía también la dictadura en España llamada franquista.

Esta visión de la dictadura fue la más común en el establishment político-mediático (es decir, la estructura de poder político y mediático) español, que la promovió extensamente no solo en sus medios de comunicación, sino también en las instituciones educativas del país. Parte del atractivo que esta visión tenía para dicho establishment era que estas dictaduras autoritarias iban debilitando su autoritarismo a medida que se desarrollaba la sociedad y aparecían unas clases sociales -como las clases medias- que, al añadir estabilidad al sistema político, hacían menos necesaria la represión, convirtiéndose más tarde en democracias, tal como el establishment político-mediático creyó que había ocurrido en España. Esta visión fue la preferida por los vencedores de la Guerra Civil, pues justificaba veladamente el golpe militar del 1936 y la dictadura que generó, ya que su autoritarismo era necesario para permitir el desarrollo del país, autoritarismo que fue diluyéndose con el paso del tiempo. De ahí la definición de aquel régimen como franquista, el término más utilizado en España para definir dicho régimen.

El régimen, sin embargo, fue mucho más que autoritario; fue también totalitario

La otra visión de aquel régimen creía que este fue mucho más que autoritario. Consideraba que fue totalitario, es decir, que intentó cambiar toda la sociedad creando un “nuevo hombre” (en aquel entonces la mujer no contaba mucho). Según el Sr. Juan Linz, los regímenes totalitarios eran aquellos que intentaban cambiar la sociedad a través de la imposición de una ideología totalizante (es decir, que afectaba todas las dimensiones del ser humano), como por ejemplo el comunismo, que utilizaba todos los instrumentos a su alcance (desde los educativos hasta los represores) para imponer sus valores. Este tipo de sociedades, decía Linz, eran incambiables, pues no tenían la capacidad de transformarse en democracias. Esta visión de las sociedades comunistas -como regímenes incambiables- fue utilizada durante muchos años por el gobierno federal de EEUU para justificar su gran tolerancia y apoyo a las dictaduras caudillistas latinoamericanas, y su hostilidad hacia las dictaduras comunistas.

Ni que decir tiene que el establishment político-mediático español nunca ha aceptado que el régimen que llamaba franquista fuera totalitario. Pero aquellos que vivimos y sufrimos aquel régimen, sin embargo, podemos dar testimonio de que el régimen dictatorial español fue enormemente represivo no solo físicamente y emocionalmente, sino también ideológicamente. El Estado controlaba todos los sistemas productores de valores, desde la educación hasta todos los medios de comunicación, con el objetivo no solo de mantener el orden y la autoridad, sino también y sobre todo de promover su ideología. Y tal ideología era totalizante en extremo, pues intervenía en todas las dimensiones del ser humano, desde el idioma que uno debía utilizar para comunicarse hasta la manera de realizar y conseguir el orgasmo. Es difícil encontrar una ideología más totalizante que la que existía durante la dictadura del general Franco.

¿Cuál era la ideología totalizante?

Y ahí es donde está el quid de la cuestión. ¿Cuál era la ideología de tal régimen? Naturalmente que aquellos que sostienen la teoría de que el régimen era meramente autoritario, sostienen también que no tenía ideología, lo cual contrasta con la experiencia de cualquier persona que haya sufrido aquel régimen. A mí, cuando era niño, en Barcelona, un policía franquista (se llamaban los grises) me pegó una bofetada por hablar catalán, mi lengua materna, gritándome “no hables como un perro, habla en cristiano”. Y la masturbación estaba prohibida. Si no se lo creen, pregúntenselo a sus abuelos (ver mi biografía personal “Una breve historia personal de nuestro país: biografía de Vicenç Navarro”, en vnavarro.org, 26.09.17)

Varias eran las características de su ideología. Una era la sumisión del mundo del trabajo al mundo empresarial (que se benefició extensamente del tal régimen) a través de los sindicatos verticales. No se ha enfatizado suficientemente el clasismo elevado (dominio y reproducción de clase) como característica de aquel régimen dictatorial, lo cual es sorprendente pues un objetivo mayor del golpe militar que lo creó y enalteció en 1936 fue precisamente la defensa de los intereses y principios de la clase dominante (incluyendo las élites económicas y financieras del país) frente a los avances sociales que la II República había estado consiguiendo como resultado de las presiones realizadas por las clases populares.

Otra característica era la sumisión (en realidad, eliminación) de los nacionalismos periféricos (catalán, vasco y gallego) al nacionalismo españolista uninacional enraizado en la monarquía y su pasado imperial. Esta característica definió también aquel régimen cuyo enaltecimiento fue creado bajo el lema de defender la “unidad de España”, unidad que, por cierto, no había estado amenazada, difundiéndose bajo este lema, no la unidad de España sino la continuidad de un estado monárquico borbónico, jerárquico, radial (centrado en la capital del Reino, que tuvo poco que ver con el Madrid popular) y uninacional, que consideraba como “antiEspaña” a la visión plurinacional de España, poliédrica, no radial, con una convivencia consensuada y no forzada por el Ejército.

Estas características, clasismo y nacionalismo extremo, eran características de las ideologías totalizantes conocidas en el siglo XX como nazismo y fascismo, y que se presentaron claramente en el golpe militar del 1936 que no hubiera sido posible sin la ayuda del nazismo alemán y del fascismo italiano. Y así fue percibido por la mayoría de las instituciones internacionales, incluyendo las Naciones Unidas, lo cual explica que fuera de España no se utilice el término franquista para definir el régimen dictatorial español, sino el término fascista. Cuando el Sr. Samaranch fue en el año 1996 a EEUU a inaugurar los Juegos Olímpicos de Atlanta, el New York Times, en su nota biográfica, lo definió como “el delegado de deportes del régimen fascista español liderado por el general Franco”. No era su intento insultarle, pues el término con el que se definió aquel régimen en la mayoría de los medios de comunicación occidentales fue el de fascismo. En realidad, el único país en el que no se utiliza el término fascismo es España, y ello no es por casualidad, pues le conviene al establishment político-mediático presentarlo como un caudillismo, ya que una vez desaparecido el caudillo, la dictadura desapareció.

La falacia que el término “dictadura franquista” oculta

Pero la realidad actual muestra el error de tal definición, pues muchos de los elementos de aquella ideología dominante durante la dictadura aparecen también hoy en la cultura dominante de este país, incluyendo el clasismo y el nacionalismo extremo uninacional.

Referente al clasismo, hay que recordar que muchas de las grandes empresas del Ibex 35 proceden del franquismo, como bien ha documentado Rubén Juste. Y su gran poder –junto con el de la Gran Patronal- explica este poder no sólo en lo económico sino también en lo político y mediático, ejerciendo una influencia sobre el estado que implica que los salarios continúan siendo de los más bajos de la Unión Europea de los Quince (UE-15), que el porcentaje de las rentas del trabajo sobre la totalidad de las rentas nacionales sea de los más bajas de la UE-15 (mientras que el porcentaje de las rentas del capital sean de las más elevadas); que los ingresos públicos del estado sean de los más bajos de la UE-15 y que el gasto público social en los servicios públicos como sanidad, educación, escuelas de infancia, vivienda social, servicios asistenciales, en las transferencias sea de los más bajos en tal comunidad europea (ver mi libro El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias, editorial Anagrama, 2006).

Elementos de continuidad dentro del Estado

Es sorprendente también ver la continuidad en las élites dirigentes del estado (desde el jefe de Estado a ministros y dirigentes estatales). Gran cantidad de funcionarios del Estado dictatorial y sus descendientes han ocupado y continúan ocupando puestos de gran responsabilidad. En realidad, los herederos de los vencedores de la Guerra Civil son muchos más en las cúspides del poder estatal, que no los herederos de los vencidos. La gran resistencia a corregir la tergiversación de la historia de España que continúa enseñándose en las escuelas tanto públicas como privadas es las comunidades históricamente dominadas por los primeros, la oposición a legislar la impunidad de los crímenes del franquismo, la intolerancia cuando no apoyó a monumentos al fascismo (como el Valle de los Caídos), la relación privilegiada del estado con la Iglesia, el enorme conservadurismo de la administración pública, la gran corrupción, la utilización de los aparatos del estado para fines partidistas, y muchos otros hechos, son indicadores de la continuación de la ideología mal llamada franquista.

El enorme énfasis en el “respeto a la ley y al orden” (en España, que es uno de los países de la UE-15 que tiene más policías por 100.000 habitantes y menos adultos trabajando en sanidad y educación) que existe en España, y el excesivo poder de la clase empresarial, (síntomas del clasismo heredado de la dictadura anterior), conseguido a costa del escaso poder del mundo sindical (que se traduce también en el escaso desarrollo de la cogestión en las empresas), y su movilización centrada en la bandera y el himno borbónico del lado vencedor, consideradas como los símbolos nacionales, son claro ejemplo de la legitimación de la ideología de aquel régimen. Ni que decir tiene que la forma y el contexto de tales características han ido variando sustancialmente. Pero estos cambios no ha significado su eliminación como indiqué en un artículo reciente, señalando que no ha habido una desnazificación o desfasticización de España como ocurrió en otros países que tuvieron regímenes parecidos como Alemania, Italia y la Francia de Vichy (ver en Público 21 de noviembre de 2017, “Franco no ha muerto”).

Ni que decir tiene que el Estado español y la sociedad española en la que tal estado ha estado ubicado ha cambiado muchísimo durante los casi cuarenta años que han pasado desde el fin de la dictadura. Y mucho bueno ha ocurrido en el reconocimiento de los derechos laborales y sociales, en el mejoramiento de las instituciones políticas y en la sensibilidad de la administración pública. Ahora bien, estos cambios, por muy significativos que hayan sido, no han alterado elementos clave y definitorios del estado anterior, que han continuado reproduciéndose en los aparatos del estado y en muchas de las políticas públicas aprobadas y desarrolladas por tal estado que son resultado de la continuidad de lo que se llama “cultura franquista” que tiene claros componentes de las características que definieron la ideología dominante del régimen dictatorial. Sin ello, no se explica que, por ejemplo, como consecuencia del clasismo extremo (cuyas formas de expresión han variado, pero que mantienen un gran dominio de los propietarios y gestores del mundo empresarial en la vida política del país), España continúe teniendo, cuarenta años después del fin de la dictadura, unos de los salarios y uno de los gastos públicos sociales más bajos de la UE-15. Lo que se llama continuación de la cultura franquista se refleja también con clara represión hacia ideologías distintas a la promovida por el Estado y su constitución en los grandes sectores de los aparatos del Estado como los aparatos policiales y judiciales del Estado central.

El continuismo de esta ideología uninacional y autoritaria en el comportamiento judicial en el caso de los presos políticos actuales

Prueba de lo dicho anteriormente es comparar el enjuiciamiento del exPresidente Puigdemont en las cortes belgas con las cortes españolas. Independientemente de la valoración y opinión que uno tenga del comportamiento del gobierno Junts pel Sí y su estrategia para alcanzar la independencia, conocida en Catalunya como el “procés”, (y que yo he sido muy crítico en este artículo “Los independentistas son también responsables de la enorme crisis en Catalunya”, Público, 8 de diciembre de 2017). Cualquier lector objetivo puede comparar la dureza y extremismo del sistema judicial español hacia el exPresidente Puigdemont con el sistema judicial belga. La petición del sistema judicial español de que se detuviera al Presidente Puigdemont y a sus consejeros por los supuestos delitos de rebelión y sedición que la juez de la Audiencia Nacional, la Sra. Carmen Lamela, había dictado fueron prácticamente desautorizados al considerar tales acusaciones exageradas e infundadas, entendiendo solo que los acusados habrían desobedecido, cuya pena no implicaba prisión. El temor a que el tribunal belga reafirmara esta conclusión, asustó al juez del Tribunal Supremo, el Sr. Pablo Llarena, y determinó que eliminara y borrara la petición de extradición pues sabía que el tribunal belga mostraría el carácter claramente político y represivo de la justicia española, clara herencia de la cultura que en España se continúa llamando franquista. No podía haberse mostrado de una manera más clara.

Los ochocientos curas que lucharon contra Franco y perdieron su sueldo oficial

2 marzo, 2019

Fuente: http://www.publico.es

Ochocientos sacerdotes decidieron renunciar en España a su salario oficial para vivir y trabajar con los más necesitados, al lado de los obreros y jornaleros marginados en la España del tardofranquismo. Eran las décadas de los 60, 70 y 80. Y aquellos curas obreros no se rendían en su lucha clandestina a favor de las libertades democráticas, a pesar de que el clero insistía que su papel estaba ligado a la dictadura.

Diamantino con jornaleros en una comida

Diamantino con jornaleros en una comida

El documental De la Cruz al martillo producido por Plano Katharsis, con la colaboración de Canal Sur, recupera la memoria olvidada y retrata el ejemplo de compromiso social de estos curas obreros. Muchos vinculados a la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), dejando una profunda huella en los movimientos reivindicativos surgidos durante la Transición, de manera especial en Andalucía.

Rafael Guerrero, periodista vinculado a la memoria histórica, es el director de contenidos de este documental inédito. En él recuerda el primer caso de cura obrero en España. Era el año 1963. El obispado de Bilbao autoriza al cura David Armentia a trabajar cinco horas en una fábrica. “Dejaron de ser agentes del Vaticano y se acercaban a la población, a las clases, y a la verdadera realidad social”. Y es que tal y como destaca Guerrero “aquellas curas obreros hicieron mucho más por las libertades democráticas y la justicia social en España de lo que se les ha reconocido realmente”. No fueron homenajeados por la oposición antifranquista ni los partidos de izquierdas con los que compartieron una labor clandestina durante los años del régimen.

Los precursores: Rovirosa y Malagón

Guillermo de Rovirosa y Tomás de Malagón fueron los precursores de este humanismo ético, que trabajó la figura del conocido cura obrero. Manuel Ganivet, ex cura obrero recuerda en el documental como “la iglesia sabía que muchos seminaristas no tenían una clara vocación y que era la única salida posible para poder estudiar en aquellos años”.

Enrique Priego lleva cincuenta años trabajando para los más necesitados como sacerdote en el municipio de Pedrera (Sevilla). En conversación con Público afirma que unos de los principales preocupaciones de estos dos impulsores, Rovirosa y Malagón fue su visita a los seminarios de toda España, creando los grupos de Jesús Obrero. “Rovirosa y Malagón quisieron implantar la nueva visión de ese cristianismo combativo y de valores progresistas que tenían como principio fundamental la dignidad del ser humano”.

Rovirosa y Malagón

Rovirosa y Malagón

Guillermo de Rovirosa es considerado el fundador de la HOAC. En los años 50 consigue que esta Hermandad crezca y se extienda. Diseña planes y métodos de formación: cursillos nocturnos, semanarios de estudio. De su curso con Tomás de Malagón, Enrique Priego rememora como la asignatura de justicia social marcó a todos sus compañeros. “Le decíamos si podíamos extender aquellas horas de clase porque no nos cansábamos ni un minuto de aprender”.

Malagón estuvo en el frente de Las Alpujarras con el bando republicano durante la guerra civil española. Tenía solo 19 años de edad. La historiadora Basilisa López cuenta en el documental que “la experiencia de estos años fue decisiva para su futuro”. En el frente conoció y trató con numerosos militantes anarquistas, socialistas y comunistas. Su aprendizaje, su evangelización entroncaba también con los principios de aquellos milicianos. Y decidió transmitir ese mensaje.

En el documental De la cruz al martillo no hay un solo protagonista. Cada uno de los sacerdotes, muchos de ellos fuera ya de la carrera eclesiástica, cuentan con emoción como fue aquel movimiento. Alfonso Alcaide destaca, como ex presidente de la HOAC como aquellos principios transmitidos por Rovirosa y Malagón suponían “un cambio en la evangelización mucho más cercano a la realidad social”.

Los curas obreros en la Sierra Sur de Sevilla

La corriente de los curas obreros se extiende por todos los puntos de la geografía española. Su integración en la vida cotidiana del pueblo les hacía estar totalmente en consonancia con sus vivencias. En 1969 llegan varios curas a los pueblos de la Sierra Sur de Sevilla, párrocos que cambiarían la perspectiva de vida y esperanza de sus vecinos. Enrique Priego llegaba a Pedrera, Juan Heredia a Gilena, Miguel Pérez a Martín de la Jara y Diamantino García Acosta, el fundador del que sería luego el Sindicato de Obreros del Campos (SOC) se asentaría en el municipio de Los Corrales.

“Decidimos vivir como jornaleros sin tierra, como jornaleros en la misma miseria en la que vivían los demás.”

“Era otra manera de vivir, de pensar. Cuando Diamantino García llega a los Corrales le pregunta a sus vecinos que hacían, dónde iban todas las temporadas para ir también con ellos e integrarse”. La famosa frase de Diamantino. “Y ahora el cura también se va con vosotros” se hizo realidad en poco tiempo. Y acompañaba a los jornaleros hasta las vendimias de Francia como uno más.

“Decidimos vivir como jornaleros sin tierra, como jornaleros en la misma miseria en la que vivían los demás”, recuerda Enrique Priego a Público.

La figura visible de Diamantino fue crucial para extender la labor de aquellos curas jornaleros y en la reivindicación de sus derechos. Enrique destaca “como Diamantino denunciaba ante la prensa la situación de los jornaleros que morían en las vendimias, las condiciones de hacinamiento para llegar a Francia, los salarios infrahumanos”.

Priego relata como a día de hoy después de cincuenta años en Pedrera (Sevilla) los problemas sociales continúan. “Yo tengo a una familia rumana en acogida dentro de mi casa desde hace once años. No podía soportar verlos dormir cada noche en el coche”. Y es que no era un solo problema del franquismo porque las desigualdades continúan en muchas zonas rurales de Andalucía, ahora con la discriminación a los inmigrantes.

La dura manifestación del 20 de julio de 1970 en Granada

Pepe Ganivet estuvo en los años 70 como cura en la parroquia de un barrio muy humilde de Granada conocido como la ‘Virgencica’. Rememora aquellos años con demasiada nostalgia y emocionado, a pesar de los años. “Hacíamos reuniones clandestinas dentro de la parroquia de un barrio que era marginal y que luego acabó desapareciendo”, apunta a Público.

Aquellos curas tampoco tenían miedo de enfrentarse a las manifestaciones. Pepe trabajaba a sus 26 años como coadjutor (ayudante de cura) y de encofrador para ganarse el sueldo. Era uno más, uno de los albañiles del barrio y dentro de la parroquia hacían sus reuniones para replantear ante la patronal las condiciones laborales.

Diamantino García

Diamantino García

“El día que la patronal se negó en redondo a estudiar las condiciones, cientos de albañiles salieron a la calle. La policía advirtió que era una manifestación ilegal y que habría represalias si continuaban”, relata Pepe a Público. Era el 20 de julio de 1970. Y Pepe se emociona al recordar aquellos días de lucha. “Algunos de los trabajadores lanzaban piedras en la sede sindical y aquellos agentes aún del franquismo no tenían piedad. Como la gente no se iba comenzaron a arremeter contra todos ellos”. Pepe se marcharían tras la manifestación a la parroquia, sin imaginar que nada había ocurrido. “El drama vino después cuando el párroco principal, Antonio Quitián me dijo entre lágrimas que habían muerto tres albañiles por los disparos de la Policía”. Pepe Ganivet se emociona al pensar en aquellos días donde los curas eran uno más ,donde los principios básicos de la Iglesia y el clero no eran los que identificaban a la verdadera vocación de estos párrocos.

El documental recoge también el emotivo testimonio de religiosos combativos como Elías Alcalde, párroco de Zafarraya (Málaga), quien convirtió el salón parroquial de aquellos años 70 en un centro de verdadera revolución social. “Luchamos con los jornaleros por las condiciones infrahumanas en las que vivían, donde pagaban la lechuga que recogían los temporeros a menos de una peseta y la vendían a más del doble. Eran unas condiciones abusivas por las que había que luchar”. Los jornaleros convocaron una marcha, llamaron a todos los medios y se organizaron junto a Comisiones Obreras CCOO en el año 1977, junto a Elías Alcalde, hasta la ciudad de Málaga para hacer una manifestación en aquellos años de prohibiciones. Alcalde señala que lograron que a los jornaleros le pagaran la lechuga a tres pesetas. A este episodios se le conoció los como “la guerra de las lechugas”. Eran condiciones mínimas, necesarias, para que la gente no muriera de hambre en el campo andaluz.

La anomalía de España con el fascismo: cuatro décadas de homenajes a la dictadura de Franco

3 febrero, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

Benito Mussolini murió colgado a manos de los partisanos. Adolf Hitler se suicidó en su búnker antes de que le pudiesen detener las tropas soviéticas. Pero Francisco Franco murió en la cama y fue enterrado en un mausoleo construido por mano de obra republicana y esclava. Y su sombra llega hasta hoy, 43 años después de su muerte, con una nueva celebración de su obra en el Valle de los Caídos.

En Portugal, se inaugurará en el próximo abril –no por casualidad, coincidiendo con el 45 aniversario de la Revolución de los Claveles–un museo en recuerdo a los que lucharon contra la dictadura de Salazar; Grecia tiene su símbolo de lucha contra la dictadura, el torpedero que simboliza la resistencia a los coroneles; Albania abrió un museo dedicado al espionaje de la dictadura de Enver  Hoxha; y el museo del genocidio camboyano es conocido en medio mundo… Pero España tiene el Valle de los Caídos y el 20N.

El historiador británico Paul Preston, hispanista y biógrafo de Franco califica la situación española como “anomalía en Europa”, al mantener un “lugar de peregrinaje para su dictador”. Preston calcula que de los más de 250.000 visitantes anuales del Valle, muchos son devotos de Franco y creen que “fue un benefactor para España. En Austria y Alemania no se encuentran monumentos a Hitler; ni en Italia, a Mussolini”.

No obstante, el cuerpo del dictador italiano yace en una cripta familiar en el cementerio de su localidad natal, Predappio, donde se congregan de tanto en tanto seguidores suyos.

El mausoleo del Valle contiene restos de casi 34.000 personas, de los bandos franquista y republicano. Franco calculó que el monumento estaría construido en cinco años, pero se tardó 18, y lo levantaron casi 20.000 trabajadores, muchos de ellos prisioneros políticos y de guerra.

Mientras el Valle de los Caídos se estaba construyendo, generales nazis afrontaban los juicios de Núremberg. Los lugartenientes de Hitler afrontaban la justicia, mientras que en España los torturadores franquistas aún están en la calle en virtud de la ley de amnistía. En Alemania no hubo seguimiento al régimen nazi, mientras que en España Franco legó en el rey Juan Carlos la jefatura del Estado. En Alemania existe un museo del Holocausto; en España, el Valle de los Caídos.

Spain's Foreign Minister Serrano Suner, left, the Spanish Head of State General Francisco Franco and Italy's Premier Benito Mussolini, right, photographed in Italy on March 5, 1941, during their recent meeting.
Spain’s Foreign Minister Serrano Suner, left, the Spanish Head of State General Francisco Franco and Italy’s Premier Benito Mussolini, right, photographed in Italy on March 5, 1941, during their recent meeting. AP PHOTO / GTRES

España nunca fue liberada, ni se constituyó, como otros muchos países europeos, sobre la victoria del fascismo. España no fue parte de esos ejes sobre los que se construyó Europa tras la Segunda Guerra Mundial: la lucha contra el fascismo y el Estado del Bienestar pactado entre socialdemócratas y democristianos frente al modelo soviético y estadounidense.

La evolución española fue opuesta: al margen de las cifras de muertes en la Guerra Civil –se calcula que las tropas franquistas ejecutaron a 200.000 personas, cuatro veces más que las republicanas–, Preston cifra en The Spanish Holocoust que unos 20.000 republicanos fueron asesinados tras la guerra, mientras miles morían en prisión o en campos de concentración.

La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, no obstante, calcula que hay 140.000 cuerpos de víctimas del franquismo en fosas comunes o sin identificar.

Jaime Alonso, vicepresidente de la Fundación Francisco Franco, explicaba a Politico: “Puedes compara a Franco con De Gaulle o Churchill. Puedes compararlo con Napoleón, sin ninguna duda. O con Cromwell en Inglaterra o Kemal Atatürk en Turquía, con todos aquellos que han preservado la nación de ser destruida”.

La anomalía española ha hecho que en lugar de perseguir los crímenes del franquismo, una ley de amnistía permite que torturadores como Billy el Niño se paseen por las calles; y que se facilite que la Fundación Franco, una organización dedicada a la loa y exaltación del dictador y su dictadura siga abierta en 2018.

La Fundación Francisco Franco, que incluso ha recibido dinero público, ha sido señalada recientemente en el Parlamento Europeo –a instancias de Podemos y BNG, a través del GUE y Verdes/EFA–, que ha pedido su prohibición –como la del resto de organizaciones profascistas– por extensión, al ser una entidad que exalta una dictadura.

La resolución del Parlamento Europeo sobre la violencia neofascista señala a organizaciones, partidos y asociaciones españolas, con el voto en contra del PP, que votaron a favor del texto consensuado, pero en contra de las enmiendas sobre la Fundación, el Valle y Hogar Social, que se han incorporado posteriormente. El Parlamento, en su texto, pedía al Gobierno español que acabe con la herencia simbólica del franquismo y que prohíba a entidades como la Fundación Francisco Franco por su exaltación del dictador.

Franco y Hitler hacen el saludo fascista durante su reunión en Hendaya en 1940
Franco y Hitler hacen el saludo fascista durante su reunión en Hendaya en 1940 HEINRICH HOFFMANN / NARODOWE ARCHIWUM CYFROWE

Hay que desenterrar la memoria de las cunetas

1 febrero, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

https://www.ivoox.com/player_ej_30188002_2_1.html?data=lJWemp2UdJOhhpywj5WcaZS1kZyah5yncZOhhpywj5WRaZi3jpWah5yncaTV09PSjajWucXVjJKYqsbdb9LpxpDRx9jJstXZ09fO1JDQpYzhxtLc1M7Fb8XZjNHO1ZDHuc-hhpywj6jFts_ZjKjf18nFcYarpJKh&

España desconoce lo que fue la dictadura de Franco. Sus herederos y cómplices impusieron por ley el olvido de los asesinatos, torturas, robos de bebés y este país ha terminado por creer que el franquismo tampoco era para tanto. Hasta la Academia de la Historia, nostálgica del pasado, se negaba a llamarle “dictador” y “régimen totalitario”. Lo dejaron todo atado y bien atado para que así fuera.

Desde el Rey que juró lealtad al genocida, hasta sus ministros, jueces, militares y policías se acostaron franquistas y se levantaron “demócratas”, enterraron la memoria con la ayuda de una izquierda traicionera y construyeron un recuerdo a su medida que ha blanqueado a Franco con éxito durante décadas.

Pero hay un silencio que grita desde las cunetas. Más de 100.000 asesinados por la dictadura que claman Justicia. No se trata de reabrir heridas, se trata de abrir agujeros para que las familias puedan enterrar a los suyos. Somos, después de Camboya, el país con más enterrados en fosas comunes. Somos un país que no permite juzgar a sus criminales fascistas, un país que no le da Justicia a las víctimas vivas y a las familias de los muertos, que tienen que irse a Argentina a pedirla.

En un documental francés reciente definían el franquismo como un régimen sanguinario y brutal que dio un golpe de Estado a una democracia, eliminó a la disidencia, cerró España y le impuso una moral ultracatólica con la ayuda de la Iglesia. Jamás me contaron así la dictadura en el colegio. Tampoco en la tele o en casa. No es eso lo que he oído sobre ella. Sí he oído mil veces que la culpa fue de la República, de la víctima, vaya. A la calle le han borrado la memoria y le han implantado una mentira.

Es hora de desenterrar la memoria de las cunetas y de las salas de tortura de la Dirección General de Seguridad, como hace “El silencio de otros”, la película que debería enseñarse a todos los españoles para que conozcan el relato que se enterró: el de los torturados, los ajusticiados, los bebés robados por el franquismo. El de las violaciones con barras de hierro, las humillaciones a los presos, los fusilamientos contra las tapias. El que nunca me contaron. Es desgarrador ver la lucha incansable de las víctimas por encontrar Justicia y devastador ver un país que ha olvidado lo que los franquistas les hicieron a miles de personas. Es la Infamia Nacional.

En otros países se avergüenzan y juzgan a los genocidas. Aquí se les aplaude y amnistía. Como me decía hace unos días Pablo Romero, hijo de un asesinado de ETA, olvidar a las víctimas es matarlas otra vez. Una víctima no olvida. Un país no puede olvidarla. Un Estado no puede perdonar los crímenes que cometió la dictadura. Ha pasado el tiempo suficiente para desenterrar la memoria de las cunetas. Sería un buen sitio para tirar los restos inmundos del carnicero del Valle de los Caídos.

ESTE MARTES 20N A LAS 10H EN WWW.CARNECRUDA.ES, “EL SILENCIO DE OTROS” DESENTIERRA LA MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DE LA DICTADURA DE FRANCO

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Volar el Valle de los Caídos

28 diciembre, 2018

http://www.agenteprovocador.es


El 12 agosto de 1962, un comando anarquista perteneciente a la organización Defensa Interior atentó contra la Basílica. No hubo heridos ni tampoco grandes desperfectos. A este atentado le siguieron otros

Eran solamente siete personas. Los integrantes de Defensa Interior (organización clandestina libertaria surgida en el seno del Movimiento de Liberación Español) debían ser invisibles. Nadie debería saber sus nombres, aunque pronto estos se hicieron conocidos entre la militancia anarquista. Su plan consistía en realizar acciones armadas para denunciar que España, lejos de la imagen de supuesta apertura que el régimen comenzaba a ofrecer al mundo, era eso mismo, una dictadura. Los atentados serían simbólicos, sin víctimas personales, y harían que la opinión pública tratase la falta de libertades, el totalitarismo y la represión del franquismo. En mayo de 1962 se decidió emprender una intensa campaña de acciones violentas. En los meses sucesivos explotarán numerosas bombas en bancos o edificios de la Iglesia, entre muchos otros. El 12 de agosto le llegó el turno al Valle de los Caídos. Francisco Sánchez Ruano, aunque no participó en el atentado, fue condenado de forma ejemplar: 28 años de prisión. Pasó 11 años en la cárcel de Burgos solamente por estar en el lugar y momento equivocados. Enseñaba la cripta en la que están enterrados José Antonio Primo de Rivera y Franco a unos amigos que visitaban España, entre los que estaba una chica que le gustaba. La detonación, que se produjo detrás del altar, lo dejó aturdido, pero corrió hacia fuera de la Basílica, inaugurada tan solo tres años antes, para ponerse a salvo. Fueron detenidos y la policía tomó sus nombres. Lo que vino a continuación fue un calvario: lo llevaron a comisaría y, durante toda una noche, recibió palizas a manos de policías para que confesara un crimen que no había cometido.

«Franco, ni en tu tumba te dejaremos descansar»

Mientras esto sucedía, los autores de la acción, desde París, donde tenían sus pisos clandestinos, publicaron un comunicado que advertía: «Franco, ni en tu tumba te dejaremos descansar». ABC calificó el atentado de «sacrílego y criminal». Fueron semanas muy agitadas. En distintos puntos del estado español detonaron bombas y se idearon planes para matar al dictador. Se estaban acercando: días después, el 19 de agosto, estalló una bomba a la entrada del Palacio de Aiete, en San Sebastián, donde veraneaba Franco. El comunicado advertía: «La próxima vez será la buena». Y ese mismo día, en Madrid, detonaban sendas bombas en la sede de los periódicos Ya y Pueblo. La prensa franquista habló de un «centro de reclutamiento terrorista en Toulouse». Se desató la caza del anarquista. En septiembre detuvieron a los «comunistas» (escribió ABC) y en octubre se realizó un consejo de guerra masivo que fue un perfecto teatro político.

ABC  informando de la detención de los supuestos autores de la campaña de atentados (23 de septiembre de 1962)
ABC INFORMANDO DE LA DETENCIÓN DE LOS SUPUESTOS AUTORES DE LA CAMPAÑA DE ATENTADOS (23 DE SEPTIEMBRE DE 1962)
Noticia publicada en el  Diario de Burgos  (23 de septiembre de 1962) sobre la detención de los «terroristas»

NOTICIA PUBLICADA EN EL DIARIO DE BURGOS (23 DE SEPTIEMBRE DE 1962) SOBRE LA DETENCIÓN DE LOS «TERRORISTAS»

BOMBAS Y TRUENOS

Los GRAPO, en abril de 1999, también hicieron algo parecido. Su bomba afectó a la cúpula y destrozó confesionarios y varios bancos. También el enorme órgano, que quedó inutilizado. El integrante del grupo se hizo pasar por un simple visitante de entre los muchos que lo visitaban. No perseguía causar daños personales, ya que estaba programada para explotar una vez que el lugar estuviese cerrado a las visitas. La acción coincidió con una tormenta: «Un fraile asegura que oyó un ruido muy fuerte, hacia las cuatro de la madrugada. Pero lo confundió con el de un trueno, puesto que a esa hora caía una fuerte tormenta eléctrica», afirmó un portavoz de Patrimonio Nacional a El País. El sismógrafo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, situado bajo la basílica del Valle, grabó la alteración provocada por la explosión. Sin embargo, aunque una persona, que habló en nombre del grupo, llamó a la prensa advirtiendo de la colocación del artefacto, la policía fue al lugar equivocado, a la confluencia de las calle de Alcalá y de Arturo Soria, donde en su momento estuvo situado un monumento a la Cruz de los Caídos. La Fundación Francisco Franco se refirió a lo sucedido como un atentado contra el símbolo de la «reconciliación nacional».

Instantes después del atentado de GRAPO contra la Basílica del Valle de los Caídos
INSTANTES DESPUÉS DEL ATENTADO DE GRAPO CONTRA LA BASÍLICA DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Aspecto de parte de los destrozos provocados por la acción de GRAPO
ASPECTO DE PARTE DE LOS DESTROZOS PROVOCADOS POR LA ACCIÓN DE GRAPO

ETA, años más tarde, en 2005 también atacó la Basílica por medio de un explosivo casero formado por varios kilos de nitrato sódico a base de fertilizante. Detonó en el exterior, en una zona ajardinada. El grupo lo reivindicó tiempo después, junto a otras acciones. Al menos ese día, no hubo tormenta alguna, ni truenos.

Ser exhumado es un privilegio

23 noviembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los restos de Franco serán exhumados, tras una sesión histórica en el Congreso. Pocas veces este adjetivo definió mejor lo expuesto, que no debatido, por la clase política del momento. La mayoría parlamentaria ha dado luz verde, con los grises del Partido Popular y de Ciudadanos, a dejar de loar en un mausoleo construido con sangre, dolor, abusos, esclavitud e ignominia a un dictador. Un mausoleo en el que algunas víctimas de la dictadura comparten espacio con su opresor. Sin que sus familias hayan sido consultadas. Sin que muchas ni tan siquiera sepan que yacen allí sus restos.

Hace años, los suficientes para que mi memoria sea hurgada con ahínco, participé en la exhumación de cuatro fosas comunes junto a las tapias del cementerio de Mérida, en Badajoz, Extremadura. Por situar, que nunca está de más cuando se habla de mi tierra. Eran tiempos en los que la Junta ofrecía esta ‘actividad’ de reconocimiento, dignidad y memoria a la juventud europea. Bajo el sol abrasador –de nuevo un adjetivo en el que no caben dudas– de un mes de agosto extremeño, un grupo de unas quince personas dedicamos dos semanas a mover tierra a palazos, a delimitar el terreno y, pincel en mano, a barrer palmo a palmo el suelo para buscar los cuerpos de las personas que habían sido asesinadas décadas antes y tiradas con un desdén que duele, que atormenta.

Abrimos cuatro fosas en los puntos indicados por un georradar. Y no había nada. Matizo: casi nada. Sólo en una esquinita, justo en la que yo estaba asignada, apareció un cráneo, parte del cuello, del omóplato y de las costillas. Fue el resto más ‘entero’ que ‘descubrimos’. Pero no fue el único: un pie casi completo pegado a una suela de zapato –duele escribir esto–, decenas de trozos óseos, de dientes, de hebillas de cinturones, de peines, de monedas, de trozos de metales variados, de restos de tejidos… fueron desenterrándose a medida que desempolvábamos la tierra. También aparecieron casquillos de balas, huellas de la crueldad extrema. Huellas de lo sufrido. Un tremendo olor a quemado fue apareciendo a medida que escarbábamos. Aún lo recuerdo, ahí mi memoria está más viva.

Un dictador que ha tenido una escultural sepultura durante décadas va a ser ahora dignamente desenterrado, con flores, rezos y, seguramente, algún ‘viva’. Muchas de las personas a las que asesinó su régimen ni siquiera podrán tener ese privilegio; porque no están, son polvo, son cenizas, son apenas un olor o las púas de un peine desdentado. Hasta la exhumación es una cuestión de privilegios.

Nunca supimos qué pasó con las personas lanzadas a las fosas comunes situadas junto a una de las fachadas del cementerio emeritense. Queríamos exhumarlas, tratar de identificarlas y hacerles un enterramiento digno. Ni eso les permitieron. Fueron despojadas hasta de su propia muerte.

Sólo supimos que fueron quemadas. ¿Cuándo? No sabemos. ¿Qué pasó con sus cenizas? Otra pregunta sin repuesta. La hipótesis de las personas investigadoras que dirigían el proyecto es que los restos fueron llevados al Valle de los Caídos, junto a Franco. Sus familias nunca lo sabrán. No podrán honrarles, recordarles ni exhumarles con dignidad. No podrán decidir dónde descasan. Ni llevarles flores.

Eso sí, en un intento de dignificar su memoria, todos los restos aparecidos en las fosas de Mérida fueron enterrados en tres pequeños féretros y en un mausoleo creado ad hoc . También se hizo una bonita ceremonia con algunos de los políticos del momento.

Este caso de no-exhumación, de ausencia de privilegios, no es único. Úrsula Sánchez Mate y Bernarda García Hernández, asesinadas el 26 de septiembre de 1936, tampoco tuvieron la suerte de ser exhumadas. Poco tiempo después acudí a apoyar en la apertura (y búsqueda) de las fosas comunes en Villanueva de la Vera, provincia de Cáceres, en las que se esperaba encontrarlas.

Estoy muy orgulloso, hoy comienza la historia; vamos a descubrir cómo las torturaron y cómo las asesinaron. Cuando las enterremos es cuando se cicatrizarán las heridas”, dijo entonces Jon Antón, bisnieto de Úrsula.

Aquella mañana, un lluvioso y húmedo día de octubre, la máquina excavadora, ante la atenta mirada de decenas de personas, estuvo removiendo tierra donde determinó el georradar. Nuevamente, nada de nada. No quedaba ni el olor. “Es un suelo muy ácido por el sustrato granítico, que con el agua tiene un efecto muy corrosivo en los materiales orgánicos, que con el paso del tiempo desaparecen”, explicó, como principal argumento, un experto del departamento de Antropología de la Sociedad Científica Aranzadi.

Nuevamente, no hubo exhumación. Los ejemplos, de vidas y muertes arrebatadas, de los que seguramente hay centenares, explican que Franco, 43 años después, sigue siendo un privilegiado. Sus familiares también. Pueden llevarle flores. Hay personas para las que este ‘pequeño’ gesto es inalcanzable.

Otros artículos sobre memoria histórica en Pikara Magazine:

–  La sede de Mujeres Antifascistas Vascas se convierte en una megatienda de Zara

–  Las 80 españolas que mató Videla

–  Y las tricotosas dejaron de sonar

 Las putas que clamaron por María Isabel

 Las mujeres que pararon dos meses a Franco

–  “Las sirvientas se valieron del prejuicio para huir de la represión franquista”

La cultura que escapó del franquismo por los Pirineos y sirvió de refugio a los exiliados

16 noviembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

El último verso de Antonio Machado no fue hallado en ningún poemario, sino en el bolsillo de un desgastado abrigo que le ayudó a soportar el paso por los Pirineos dirección Colliure, una pequeña comuna situada al sur de Francia. “Estos días azules y este sol de la infancia”, escribió el miembro más joven de la Generación del 98. Como él, muchos otros cruzaron la frontera para escapar del horror. Algunos consiguieron dejarlo atrás. Otros, como el poeta sevillano, no tuvieron tanta suerte.

Los caminos de cientos de españoles se bifurcaron en mil exilios, siendo la ciudad de Toulouse uno de los destinos más habituales. Esta no solo fue utilizada como refugio, sino como enclave para organizar y crear asociaciones de una resistencia que encontró en el papel impreso su particular arma. Los principales protagonistas fueron los anarquistas, pero no solo ellos se encargaron de dejar una profunda huella cultural que todavía hoy sigue muy presente en la localidad gala.

En 2019 se cumplen 80 años desde que Francisco Franco declaró su victoria e impuso una dictadura en la que todo contrario al régimen era perseguido y encarcelado en el mejor de los casos. Precisamente por ello, la muestra  Imprentas de la patria perdida disponible en el Instituto Cervantes de Madrid hasta el uno de febrero propone un recorrido por todo el legado intelectual de exilio español a través de libros, revistas, postales y fotografías procedentes de Toulouse.

“Cada cual tiene su historia sentimental con esta exposición, y cada cual encontrará un detalle que le inquiete. Emociona ver cómo aquellos españoles maltratados se levantaron y luego se unieron a la Resistencia para liberar a París de los nazis”, explica Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, durante la presentación de exhibición. El poeta, además, admitió sentirse “especialmente orgulloso” de este muestrario, ya que “explica de qué forma la cultura y el pensamiento se relacionan con el exilio español”.

Sin embargo, quien mejor conoce el esfuerzo tras la colección es Javier Campillo, bibliotecario del Instituto Cervantes de Toulouse y, por tanto, responsable de la recogida y documentación de todas las obras. Porque, como él mismo detalla, “esta es una historia que nace a partir de donaciones de diferentes generaciones que han facilitado al Instituto Cervantes confiando en su trabajo y en el de los investigadores”. ¿El objetivo? Recuperar el legado de personas que, como recalca Campillo, “encontraron en la cultura el consuelo para su lucha”.

De esta manera, Imprentas de la patria perdida propone un recorrido a través de 12 etapas: desde las circunstancias geográficas e históricas que convirtieron a Toulouse en la “capital del exilio” española hasta poemarios nacidos como refugio para la desesperación.

La obra reproduce la ilustración de portada del ilustrador de la CNT Toni Vidal. En su interior se recogen textos de canciones revolucionarias con indicaciones de las melodías que debían acompañarlas: 'Marsellesa anarquista', 'La alegría de la huerta', 'Nabucco'...
La obra reproduce la ilustración de portada del ilustrador de la CNT Toni Vidal. En su interior se recogen textos de canciones revolucionarias con indicaciones de las melodías que debían acompañarlas: ‘Marsellesa anarquista’, ‘La alegría de la huerta’, ‘Nabucco’… ‘TIERRA Y LIBERTAD’ (1947)

Era casi imposible sobreponerse al fortuito destierro, pero no intentar combatirlo desde la distancia a base de palabras que reflejaban el rencor de la derrota, la nostalgia de la patria o incluso la esperanza del regreso. Muestra de ello fue la escritora y dirigente anarquista Federica Montseny, de quien se encuentran expuestos la mayoría de los títulos. “Gran parte de esta explosión literaria fue causada por Montseny, que nació en una familia dedicada al periodismo y a la edición”. Fue, asimismo, ministra durante la Segunda República, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar un cargo de estas características.

La retirada a través de alambradas

En el punto álgido de 1939, Toulouse albergaba a más de 20.000 españoles cuando su población era de 200.000. Los testimonios, por tanto, irían en consonancia con el sentimiento general de indignación y desamparo. Las alambradas, la arena, el viento y el frío se convirtieron en protagonistas. Así lo demuestra Padre Nuestro, un poema escrito por Juan de Pena, dirigido a un Don Quijote erigido como patrón laico de los exiliados.

Es quizá esta parte, la de la retirada, la más cruda de la muestra. “El río humano continuaba desbordándose sobre Francia. Nada había previsto ni preparado para ellos”, escribió Federica Montseny en Pasión y muerte de los españoles en Francia. Esta huida supuso el desmoronamiento total de la república y de su presidente, Manuel Azaña, que presentó su dimisión el 27 de febrero de 1939.

Refugiados españoles en la estación de Toulouse en febrero de 1939
Refugiados españoles en la estación de Toulouse en febrero de 1939 GERMAINE CHAUMEL | ARCHIVOS MUNICIPALES DE TOULOUSE

Los protagonistas de la catástrofe deambularon hacia la frontera, soportando el trato recibido por las autoridades francesas y el internamiento masivo en campos de concentración improvisados. La desesperanza era todavía más cruel si cabe que la derrota. Mateo Santos, F. Contreras o la ya mencionada Montseny, todos presentes en la exposición, son testigos en primera persona de la crudeza del momento.

La libertad sexual y otros temas actuales

Para muchos el destierro no llevó a una mejor vida, sino a al trabajo forzado y al aislamiento. Sin embargo, todo cambiaría a partir de agosto de 1944 con la liberación de Francia. La victoria trajo el optimismo y, con ello, un gran auge de publicaciones culturales que lleva a recuperar referentes culturales como Lorca, Machado o Unamuno. También de hacer balance, de recordar a los caídos y de mirar hacia un posible futuro alejado del fascismo.

De izquierda a derecha: Julio R. Barcos (1883-1960) ‘Libertad sexual de las mujeres’ (1948); Federica Montseny (1905-1994). ‘La soif infinie’. Toulouse, CNT; Federica Montseny (1905-1994). ‘Cien días de la vida de una mujer: jaque a Franco’ (1949)
De izquierda a derecha: Julio R. Barcos (1883-1960) ‘Libertad sexual de las mujeres’ (1948); Federica Montseny (1905-1994). ‘La soif infinie’. Toulouse, CNT; Federica Montseny (1905-1994). ‘Cien días de la vida de una mujer: jaque a Franco’ (1949)

“Me llamó mucho la atención la modernidad de ciertos temas, de género, de transmisión sexual, de cómo cuidar a nuestros hijos… Era la inquietud intelectual de gente que no tenía nada”, dice sorprendido Javier Campillo.

De hecho, se pueden apreciar publicaciones recuperadas por los exiliados como Las enfermedades y sus remedios (1948), de Oscar Lavilleneuve; o Libertad sexual de las mujeres (1948), de Julio R. Barcos, un activista libertario argentino luchador por los derechos de los niños y las mujeres. En esta obra, advertía de la represión histórica sobre las mujeres y llamaba a incrementar su participación en la vida social y política.

No obstante, la finalización de la Segunda Guerra Mundial no trajo consigo la clausura del franquismo. El régimen dictatorial resistió, y no solo eso: el nuevo contexto de la Guerra fría hizo que los países occidentales lo aceptaran. A partir de entonces, pocos creyeron en un retorno que, como demuestra su próximo 80º aniversario, aún continúa en proceso de curación.

Vista general del interior de un barracón, campo de Bram.
Vista general del interior de un barracón, campo de Bram. AGUSTÍ CENTELLES | CENTRO DOCUMENTAL DE LA MEMORIA HISTÓRICA, ARCHIVO CENTELLES

Cunetas y trincheras

11 octubre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Hubo un tiempo en el que me avergonzaba ser español. Me daba lache -que en caló quiere decir vergüenza- pertenecer a un país donde los verdugos que habían matado al mejor poeta del mundo siguieran impunes.

En una ocasión, durante un viaje por las geografías del sur y llegando a la ciudad de Granada, me baje del coche para aliviar la vejiga. Pero me dio tanto reparo ponerme a humedecer la cuneta que utilicé una lata oxidada de melocotón en almíbar, encontrada por allí cerca. Sobra decir que lo hice por respeto, por si de estas cosas el cuerpo de Federico estuviese enterrado bajo aquella cuneta sembrada de cardos y de basura.

Porque el poeta Federico García Lorca forma parte de nuestro inconsciente colectivo y cuando escribo “nuestro” no escribo una palabra sino un hecho y con ello me refiero a  que Federico pertenece a los de abajo, a los hijos y nietos de los que perdieron la guerra civil; los de abajo, sí, los mismos que buscamos entre las cunetas los restos de la dignidad.

Para nosotros -y contra la casta-  escribió Lorca de manera premonitoria sus poemas más oscuros, contenidos en Poeta en Nueva York; versos con los que construye la crítica a un sistema despiadado que, cuando entra en crisis, da lugar al totalitarismo.

Parafraseando a Lorca, y como nunca es tarde para seguir esperando a que el mar recuerde, de pronto, el nombre de sus ahogados, se ha promovido la iniciativa para celebrar a Lorca con el Nobel de Literatura; no ya por ser un homenaje  que la memoria rinde a uno de los poetas más grandes que dio la tierra, sino para que el mundo entero sepa que en este país hubo un día gente de bien que fue asesinada por el fascismo y cuyos restos aún permanecen enterrados entre la sangre y la orina de las cunetas.  Mientras tanto, los herederos de aquellos verdugos siguen riéndose delante de nuestras propias narices con la impunidad que otorga el haber ganado una guerra que ellos mismos provocaron con un golpe de Estado.

Son los mismos que aprovechan cualquier momento para hacerse notar como lo que son: herederos del franquismo aunque reciclados en demócratas y que nombran a Lorca con la boca chica de la vergüenza. La misma vergüenza que nos hacen sentir a los de abajo cada vez que toca nombrar el país al que pertenecemos.

 

Massiel, la antifascista que cantó a la libertad y fue censurada en Televisión Española

12 septiembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace semanas, RTVE público en su página web un documento que hasta ahora había permanecido en un rincón oscuro de sus archivos.  Se trata del capítulo piloto del programa presentado por José María Íñigo La gente quiere saber, en el que un grupo de personas del público preguntaba al personaje invitado sobre su vida, su carrera o lo que fuese.

En ese episodio de prueba, la protagonista fue Massiel y sus respuestas no pasaron la censura franquista ni de lejos. Declarar públicamente ser antifascista y estar a favor del divorcio no estaba muy en la línea del régimen.

Aunque esa grabación de 1972 no llegó a emitirse, las ideas políticas de la artista no eran ningún secreto. Antes de ganar Eurovisión hace precisamente 50 años, ya se había hecho muy famosa con canciones como Rosas en el mar o Aleluya, firmadas por Luis Eduardo Aute. Versos como “Voy pidiendo libertad y no quieren oír/ Es una necesidad para poder vivir/ La libertad, la libertad/ Derecho de la humanidad /Es más fácil encontrar rosas en el mar”, la metieron inmediatamente en el saco de la canción protesta.

Puede que si Joan Manuel Serrat no se hubiese empeñado en cantar la versión en catalán de La La La para representar a España en el festival de Eurovisión, la carrera de la cantante hubiese sido diferente (y viceversa). Pero evidentemente a la dictadura ni se le ocurrió la posibilidad de que otra lengua que no fuese el castellano representase al país, así que tuvieron que llamar a una sustituta. Massiel estaba en aquel momento en México dando conciertos, así que se tuvo que coger el primer avión que encontró y plantarse en el Royal Albert Hall de Londres.

Según cuenta en  un reportaje de Jesús Ordovás en la 2 de TVE, todo fue una estratagema del mánager del Dúo Dinámico Lasso de la Vega. Sus representados son los autores de la canción, así que pensó que si se quitaba a Serrat de en medio actuarían ellos, pero en Televisión Española dijeron que querían a una chica y su estrategia se fue al garete.

“Yo no sabía ni cómo era la canción, pero pensé que si era buena para Serrat, sería buena para mí, porque por aquel entonces cantábamos cosas comprometidas. Yo cantaba de negro, sólo tenía un traje y al ganar un poco de dinero en México me lo copié en morado y rojo, que son mis colores. Iba con bota larga, vestido largo, muy existencialista, melena y un colgante de plata. Al llegar y escuchar la canción, me dije ‘Hay que hacer un estilismo. Ponte moderna, que esto va de pop’. Me fui a París y me encargué un traje en Courrèges que pagué con todo el dinero que había ganado en México. Menos mal que gané el festival y me lo pagaron”.

Massiel en un reportaje fotográfico antes de Eurovisión
Massiel en un reportaje fotográfico antes de Eurovisión EFE

Tan pegadizo es el estribillo de la canción, que Massiel no se ha podido desprender de él. Manolo de la Calva, uno de los dos compositores, la avisó de que iba a llevar la canción con ella toda la vida. Y, de hecho, en cada entrevista que le hacen declara que está harta de hablar de lo mismo una y otra vez. Ya se lo había soltado a Miguel de los Santos en el programa Retrato en vivo en 1979 y apenas habían pasado diez años. El tiempo no la ayudó en ese aspecto.

“Pintaban una cruz con patas, señorita”

Aunque ganar el festival la catapultó a la fama, ni su carácter ni sus ideales cambiaron. De hecho, le valieron un enfrentamiento con la dictadura por no querer ir al Pardo a recoger el Lazo de Dama de Isabel la Católica y sacarse la foto con Franco. Se lo mandaron por correo medio meses después y estuvo vetada en Televisión Española durante un año, según ha contado.

En 1970 se subió a los escenarios teatrales junto a Fernando Fernán Gómez para interpretar A los hombres futuros, yo, Bertolt Bretch, dirigida por Antonio Díaz Merat y estuvo de gira por todo el país (el disco con las canciones se publicó dos años después). Ese trabajo le otorgó el “carnet de roja”, al menos por parte del P.E.N.S (Partido Español Nacional-Socialista).

Agente Provocador, de la editorial La Felguera, ha rescatado un reportaje de la revista Triunfo en el que se cuenta el asalto a la casa de Massiel por parte de dos integrantes de la organización ultraderechista. Un ataque que más bien fue una astracanada y que, sobre todo, sufrió la pobre criada que se llamaba Adelina, tenía 18 años y era de León.

Los asaltantes la amordazaron y la ataron a una silla para poder hacer pintadas por toda la casa. Entre otras cosas, dibujaron cruces gamadas (incluso en el famoso abrigo de chinchilla de la cantante) y escribieron “Roja”, “PENS” o “Beethoven, sí!”.

Cuando la artista llegó a casa, acompañada por la portera y un técnico de televisión, se encontró con ese panorama y los dos delincuentes, que no debían de tener ni 20 años y que, según declaró a la publicación: “estaban más nerviosos que nosotros”. Le pidieron que no llamase a la policía hasta pasados 20 minutos y dijeron “no estamos de acuerdo con lo que hemos escrito, pero nos han obligado y pueden obligarte a ti también”.

Al final Massiel les metió prisa y se fueron, dejando a la pobre Adelina “obligada a estar atendida en un hospital psiquiátrico, víctima de un shock psíquico con traumas delirantes”. Repetía la frase: “Pintaban una cruz con patas, señorita, una cruz con patas”.

Massiel y el Dúo Dinámico en Londres tras la victoria en Eurovisión
Massiel y el Dúo Dinámico en Londres tras la victoria en Eurovisión EFE

Genio y figura

De Massiel se ha dicho de todo: que era una niña del régimen, que era más roja que la sangre, que se bebía hasta el agua de los floreros (esto se ha cansado de desmentirlo), que es una malhablada, que es divertida y un torbellino. Como poco. De todo esto lo que está claro es que tiene temperamento, lo que le ha servido para sobrevivir a muchas cosas, entre ellas al machismo imperante en su profesión. Así lo contó en Retrato en vivo:

“Soy muy luchadora, muy trabajadora, bastante profesional y entonces chocas con la gente que se cree que por tu condición femenina pueden abusar. Y se creen que esto no se puede hacer en serio, que es la niña que quiere cantar, que es unhobby… entonces es cuando vas y pones encima de la mesa todas las cartas y dices ‘no señor, esto es una profesión, este es mi modus vivendi, esto hay que tomárselo en serio’ y no te dejas avasallar. Ahí es cuando dicen que vas a protestar. Y no, simplemente exiges en la misma medida en la que te entregas en tu profesión. Yo procuro no pasar por nada por lo que no tenga que pasar”.

Massiel grabó 14 álbumes, actuó en cuatro películas y en numerosas obras de teatro. Se casó tres veces, tiene un hijo y un perro llamado Lenin. Detrás de su nombre artístico vive María de los Ángeles Félix Santamaría Espinosa, una mujer que tiene una carrera que va mucho más allá de aquel La La La que la hizo famosa y a la vez la eclipsó. Ella misma lo dice cada vez que le preguntan: “50 años hablando de lo mismo, qué aburrimiento”.