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Clarkston, el pueblo estadounidense que recibe a 1.500 refugiados por año

9 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En los últimos 25 años, Clarkston, un pequeño pueblo del sureño Estado de Georgia, recibió a más de 40.000 refugiados. Llegan de todas partes del mundo. Este año, vienen más congoleños que sirios. En las anteriores olas de reasentamiento, ya habían llegado de Bután, Eritrea, Etiopía, Somalia, Sudán, Liberia y Vietnam.

Todos tienen en común Clarkston, un pueblo común y corriente del Sur Profundo estadounidense, con una población de unos 13.000 habitantes.

El que mira más allá de los centros comerciales construidos a mediados de los 70, de los complejos de apartamentos y de los aparcamientos, encontrará cosas poco vistas en otras partes de Estados Unidos. Las fachadas marrones están cubiertas por signos que parecen letras del amhárico o del nepalés, seguidos de traducciones que remiten al inglés: Abasto Balageru, Almacén Cultural Africano de Injera (una variedad de pan típica de Etiopía), Almacén de Alimentos Orientales Numsok. Algunas mujeres reunidas en las cercanías se cubren la cabeza con coloridos pañuelos africanos. Otras llevan el largo cabello negro en una trenza hasta la espalda y ropas tradicionales de seda asiática.

Pero los extranjeros no son los únicos que se mudan a Clarkson. A la autoproclamada  “isla Ellis del sur” no solo llegan inmigrantes pobres y refugiados. Su reputación también ha atraído a profesionales estadounidenses de clase media. Según el alcalde del pueblo, Ted Terry (34), vienen “buscando la riqueza de la diversidad”.

El día en que el periódico the Guardian habló con él, Terry recibía a una delegación de Oriente Medio que quería entender cómo se las arreglaba Clarkson con una comunidad de refugiados tan diversa. Con barba hípster, camisa a cuadros y calcetines de dos juegos diferentes, Terry explica que su objetivo era “poner a Clarkson en el escaparate”. “Yo no hice de esta una comunidad compasiva… Sí la consagramos oficialmente pero era una comunidad compasiva y hospitalaria mucho antes de que yo llegara”.

¿Cómo sucede esto? ¿Cómo hace un polvoriento pueblo sureño y de clase trabajadora para albergar a 1.500 refugiados por año y hacerlos parte integral de la identidad del lugar?

Resulta que la historia de Clarkson no es sólo la de los recibidos: también es la de las personas que dan la bienvenida.

En la esquina de los aparcamientos del centro de Clarkson, un camión rojo brillante de comida ambulante vende café artesanal. Es el tipo de vehículo elegante y minimalista que encajaría perfectamente en San Francisco o en Nueva York.

Ted Terry, alcalde de Clarkston, Georgia, un publo que ha acogido a más de 40.000 refugiados en 25 años.
Ted Terry, alcalde de Clarkston, Georgia, un publo que ha acogido a más de 40.000 refugiados en 25 años.

 Café de refugiados”, dice un letrero en el camión, que es iniciativa de Kitti Murray, una de esos estadounidenses llegados hace poco al pueblo. Escritora freelance y abuela de ocho nietos, Murray lo compró hace dos años por 3.000 dólares en el sitio de anuncios de Internet Craigslist. Por un dólar al mes, alquiló el espacio en la entrada de un antiguo garaje. Allí puso sus mesas y sillas con el objetivo de crear un punto de encuentro para la comunidad, un lugar donde ofrecer formación laboral y donde “generar una historia más hermosa y auténtica sobre los refugiados”. “Nuestros empleados refugiados hacen eso por nosotros, solo por ser ellos mismos y por cómo hacen su trabajo”, dice Murray. Mientras ella habla, Ahmad, un sirio que antes de camarero era farmacéutico, sirve un café expreso bien negro.

Su clientela es notablemente blanca. “Al principio, cuando empezamos, me entristecía si pasaba el día sin un solo refugiado entre los clientes”, cuenta. “Pero si no hubiéramos atraído a la comunidad estadounidense, que es la que tiene el dinero, tendríamos que haber cerrado en esos primeros seis meses”.

Murray no es un caso raro, sino una más entre los muchos estadounidenses que se mudaron a Clarkston precisamente para trabajar con los refugiados y vivir junto a ellos. Recibir refugiados tal vez signifique largas horas en la casa de los recién llegados tomando té y tropezando torpemente con la barrera del idioma, pero los lazos que se generan suelen ser muy sólidos.

Arez, una refugiada siria que tras cuatro largos años en Turquía llegó con su esposo y dos hijos en 2015, desborda de entusiasmo cuando habla sobre Rebecca, la “hermana” estadounidense que la ayudó a establecerse en Clarkston: “¡Amo Estados Unidos! ¡Soy muy feliz aquí! Tengo amigos estadounidenses, me están enseñando a aprender inglés, mis hijos van a la escuela. Me encanta este lugar”.

Según Brian Bollinger, director de Friends of Refugees (una ONG local que ofrece servicios para refugiados), “recuperar el sentido de pertenencia a un lugar es en gran parte la esencia de este emprendimiento”, tanto para los refugiados como para los estadounidenses que vienen a Clarkston. Bollinger es cualquier cosa menos romántico para explicar el recibimiento que dio el pueblo a los refugiados. “Sería un tanto utópico insinuar que abrir los brazos para recibirlos fue el impulso original”, dice mientras come naan con curry en el Café Katmandú. “A fin de cuentas, fue un motivo económico”.

Gente joven y viviendas baratas

Según Bollinger, lo que hizo que Clarkston funcionara tan bien para los refugiados fueron las oportunidades que ofrecen sus masificados complejos de apartamentos y el buen tramado del transporte. Es fácil tomar una camioneta compartida para viajar una hora hacia al norte hasta la fábrica de pollos donde muchos encuentran su primer trabajo de bajo salario. Por eso Clarkston fue señalada a principios de los años 90 como un buen lugar de reasentamiento. Viviendas baratas y rápido acceso a la carretera interestatal son también los atractivos por los que hoy llegan jóvenes profesionales estadounidenses, desplazados de Atlanta por los altos precios.

Como recuerdan muchos habitantes de Clarkston, el pueblo no siempre fue tan hospitalario. Al principio, la llegada de los inmigrantes molestaba a los lugareños. Pero los viejos detractores ya se mudaron o se murieron, y fueron reemplazados por progresistas más jóvenes. Terry, el alcalde elegido en 2013, cuando solo tenía 31 años, es según Bollinger “la encarnación de ese cambio de perspectiva”.

Los pobladores más antiguos que se quedaron en el pueblo parecen conformes con llevar vidas paralelas a la de los vecinos refugiados. Betty Cardell (93) vive en Clarkston desde que en 1950 llegó de California como una “novia de guerra” y se lo toma con filosofía: “Bueno, están aquí. Así que, ¿qué se puede hacer? Son gente como uno. Jamás tuve ningún problema”. También dice que no tiene ningún interés en irse. “Me gusta Clarkston: sigue siendo un pequeño pueblo”.

Esa sensación de pequeño pueblo es parte del éxito de Clarkston como lugar de acogida, y también su limitación. Para los refugiados, es el pueblo donde empezar: tener éxito significa seguir adelante y dejar atrás sus complejos de apartamentos.

Heval Mohamed Kelli, un refugiado sirio que vivió seis años en Alemania y llegó a Clarkston tres semanas después del 11 de septiembre, es un ejemplo de esa transición. Hoy trabaja como cardiólogo y vive en el acaudalado pueblo de Lilburn (a unos 16 kilómetros de Clarkston). Comenzó lavando platos en Clarkston en su camino hacia el sueño americano (actualmente vive en una elegante casa a orillas de un lago y con un jardín perfectamente cuidado). En la calurosa tarde de sábado en que recibe a the Guardian, Kelli organiza una barbacoa en su casa “para celebrar la vida” con viejos y nuevos amigos: sirios, iraquíes, kurdos, sudaneses y estadounidenses.

El alcalde en la cafetería 'Café de refugiados', fundado por la escritora freelance Kitti Murray
El alcalde en la cafetería ‘Café de refugiados’, fundado por la escritora freelance Kitti Murray

Kelli es categórico cuando describe la bienvenida que le dieron en el pueblo, sobre todo al compararla con la falta de calidez que encontró en Alemania. “Dos días después de llegar a Clarkston, estábamos aterrados, y un montón de gente se presentó en nuestra puerta con comida y queriendo ayudarnos a aprender inglés”. Kelli se ríe cuando lo recuerda: “Pensábamos que todos esos estadounidenses blancos golpeando a nuestra puerta eran de la CIA o algo así”. Eran miembros de la Iglesia Episcopal de Todos los Santos de Clarkston. “No se parecían en nada a nosotros, pero cambiaron nuestras vidas”.

Kelli siente una gran deuda de gratitud hacia los que lo ayudaron y cada tanto vuelve a Clarkston para trabajar como voluntario en el centro de salud y ayudar como tutor de algunos estudiantes. Su barbacoa es un recordatorio de que si Clarkston funciona como comunidad también es por la propia hospitalidad de los refugiados.

Hay un montón de relatos acerca de los refugiados que gastan sus cupones de comida en regalos para agradecer a sus vecinos estadounidenses los pequeños actos de amabilidad. A Heidi Miller, nativa de Tennessee y representante en Clarkston de Embrace (un programa que asiste a mujeres refugiadas durante el embarazo y el parto) le hace reír la pregunta sobre la generosidad de los refugiados. “¡Claro que sí! Siempre le digo a la gente que uno piensa que sabe todo sobre la hospitalidad cuando viene al sur… ¡Hasta que va a la casa de un refugiado!”

Pero por supuesto Clarkston tampoco es el paraíso. Los bloques de apartamentos incendiados y en ruinas de las afueras del pueblo son prácticamente inhabitables, pero el alcalde no tiene autoridad para clausurarlos. En un pueblo con un índice de pobreza superior al 40%, la perspectiva de un alquiler más barato puede ser más importante que el miedo a una plaga de ratas y a la delincuencia.

También hay hostilidad fuera de los límites del pueblo: unos quince meses antes de que Trump lo intentara como presidente, el gobernador de Georgia, Nathan Deal, trató en 2015 de prohibir con un decreto la llegada de refugiados sirios.

¿Es una moda defender a los refugiados?

Pero Clarkston también se beneficia de redes de solidaridad más amplias. Desde que Trump proclamó en enero su decreto prohibiendo la entrada a refugiados sirios, las solicitudes para trabajar como voluntario en Amigos de los Refugiados aumentaron un 400%. La ONG tiene hoy a varios cientos de personas, el doble que otros años, haciendo trabajo voluntario cada una o cada dos semanas.

Hay varios que se muestran escépticos sobre lo que llaman la moda de defender a los refugiados. Se preguntan si Clarkston simplemente se ha convertido en un medio para que los progresistas activos de Atlanta canalicen su actual descontento y reivindiquen un fugaz compromiso con la justicia social mientras disfrutan de un café artesanal. Otros tienen la esperanza de que no sea algo efímero sino el comienzo de un movimiento.

Dentro de Georgia, Clarkston es conocido como la burbuja progresista, pero la realidad en el pueblo es más compleja y sorprendente. Los refugiados y sus vecinos estadounidenses parecen haber encontrado un sentido de pertenencia en el lugar. En un mundo cada vez más polarizado, fragmentado y enfadado, eso es también lo que buscan muchos estadounidenses.

Como dice Heidi Miller, “en Clarkston, hay muchos grupos étnicos que antes se llevaban mal y ahora son vecinos. Los vemos aprender a quererse; creo que los refugiados tienen mucho que enseñarles a los estadounidenses acerca del perdón”.

Traducido por Francisco de Zárate

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Kikito, el bebé que se asoma a la frontera con Estados Unidos

24 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La imagen de un niño asoma por encima de la valla de acero que separa México y Estados Unidos, mirando con curiosidad hacia Estados Unidos, con su atención puesta en algo al norte de la frontera.

Su expresión es juguetona pero el tamaño de la imagen –de casi 20 metros–empequeñece la valla y la hace parecer diminuta y escalable.

La semana pasada, el artista visual francés JR dejó al descubierto la monumental fotografía en las afueras de Tecate, una ciudad mexicana fronteriza con el Estado de California.

La instalación se ha convertido en una atracción turística por el creciente interés que suscita el muro propuesto por  Donald Trump para bloquear a las supuestas hordas de aspirantes a inmigrantes ilegales en Estados Unidos.

Pero Kikito, el niño de la foto, no es uno de ellos. Tampoco su familia. Desde su patio pueden estirarse y pasar la mano por la valla hasta tocar suelo estadounidense, pero no le encuentran ningún sentido. La familia prefiere vivir en México.

“Quiero quedarme y trabajar aquí”, dice Lizy Higareda, de 24 años, mientras Kikito, su hijo de 17 meses, juega a sus pies en el comedor de la casa familiar. “Mi carrera y mis raíces están aquí”.

La foto de Kikito lo muestra mirando hacia Estados Unidos, pero su curiosidad no se debe confundir con deseo, dice su madre, estudiante y empleada a tiempo parcial en una bodega. “Nuestras vidas están en Tecate. Es una buena vida. Es tranquila”.

¿Le gustaría ir un día a EEUU? Higareda se encoge de hombros. “A Disney y a Hawái, claro”.

La brisa de la California estadounidense llega hasta la cocina de Higareda, pero ella está satisfecha con su vida en México. De hecho, según el centro de investigación Pew, desde la gran recesión, hay más inmigrantes mexicanos saliendo de Estados Unidos que entrando.

Este cambio histórico no ha afectado a la promesa hecha por Trump durante la elección de 2016 de construir un “muro grande y hermoso” para mantener lejos a los “bad hombres” y otros indeseables. Un  acuerdo provisional con los demócratas en inmigración ha puesto en entredicho el destino del muro.

El padre de Higareda, José (82 años) es un maestro jubilado. Vivió brevemente en Estados Unidos y tiene el certificado de residencia permanente, pero prefiere la ciudad de Tecate, en un valle 64 kilómetros al este de San Diego. “Estoy muy orgulloso de ser mexicano. Es una buena vida, es digna. Podemos ser libres y trabajar”.

Irónicamente Kikito, el niño cuya imagen se cierne sobre la valla no muy lejos de su casa, se ha convertido en un símbolo del tráfico de personas hacia el norte: de aquellos que actualmente intentan cruzar la frontera y de los denominados dreamers, que llegaron a Estados Unidos de niños.

El Bansky francés

El discurso de Trump acerca del muro inspiró a JR –también conocido como la versión francesa de Banksy– la imagen de un niño que mira sobre la frontera. Mientras buscaba dónde ubicarlo conoció a los Higareda, que le autorizaron a tomar fotos de Kikito y a convertir su rostro en una instalación temporal.

“Orgulloso de ser mexicano”, el bebé de la frontera con Estados Unidos
“Orgulloso de ser mexicano”, el bebé de la frontera con Estados Unidos

Para facilitar que la gente encuentre la obra, el artista incluyó una entrada de Google Maps en su perfil de Instagram. Kikito se puede ver desde ambos lados de la frontera y el plan es retirar la instalación a principios de octubre.

“Kikito es famoso ahora”, dice Rosario Armenta, una visitante del lado de México. “Yo lo veo como un pequeño ángel diciendo algo a Estados Unidos, algo sobre los latinos que vamos para allá”.

Un promotor inmobiliario de San Diego que solo dio su nombre, Kevin, admira la obra desde el lado estadounidense. “Es una muestra muy buena eso que hicieron con el niño. Deberíamos permitir que más mexicanos entren legalmente en Estados Unidos”.

La cantidad de personas que cruzan la frontera de manera ilegal está cerca de alcanzar un mínimo histórico. Durante el año fiscal de 2016, la patrulla fronteriza de Estados Unidos capturó a 80 personas mientras cruzaban ilegalmente la frontera cerca de Tecate.

La familia Higareda espera que Kikito nunca se vea obligado a abandonar su hogar, una estructura de ladrillos en lo alto de una colina, llena de recovecos y adornada con decenas de fotos familiares. También hay un patio donde lucen un antiquísimo Pontiac, un Nissan aún más viejo, cuatro gatos, cinco perros y 18 gallinas.

La escuela del lugar está bien y Tecate es “mágica”, dice la madre de Kikito con una sonrisa burlona y entrecomillando sus palabras con un gesto. Conocida por una fábrica de cervezas que lleva su nombre, la ciudad forma parte de una lista federal de Pueblos Mágicos, lugares emblemáticos por su belleza natural o su importancia histórica o cultural.

Es una ciudad tranquila y amigable, según Higareda, pero también tiene corrupción y, de vez en cuando, violencia, un efecto indeseado de la  guerra contra las drogas que azota otras partes de México.

Una futura criminóloga

Higareda espera terminar la carrera de criminología el próximo año y trabajar como terapeuta en una cárcel. “No quiero pelear en la guerra contra las drogas. Quiero ayudar a terminarla”.

Mientras tanto Higareda trabaja en una bodega, donde gana 23 dólares a la semana por tres días de trabajo, para complementar el escaso sueldo de su esposo como operario en una fábrica y la jubilación de su padre. “Cuando Kikito empezó a caminar, yo estaba en el trabajo”, se lamenta. “La primera vez que dijo ‘mamá’, yo estaba en el trabajo”.

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Higareda espera que Kikito aprenda inglés (sería el primero de la familia) para tener un mejor sueldo, no para emigrar.

Kikito es su primer y último hijo, dice. El embarazo fue complicado y hay poco dinero. “Él se ha vuelto mi mundo, pero no quiero más”. La tasa de fertilidad de México, que ha llegado a ser la más alta del mundo, ha caído casi hasta los niveles de EEUU, otra de las razones por las que hay menos gente cruzando hacia el norte.

Durante la entrevista, la estrella local de Tecate juega con un zapato, gatea por el sofá, mira atentamente a uno de los gatos, vacía un bolso, abraza con fuerza una almohada y entra y sale de la cocina, donde su abuela prepara el almuerzo, antes de caer dormido en el regazo de su madre mientras toma un biberón con leche.

“Todavía no sabe qué es lo que hay al otro lado de la valla”, dice su madre. “No sabe que Donald Trump piensa que los mexicanos son asesinos y violadores. Kikito simplemente es curioso e inocente”.

Antes de la instalación, el artista francés JR explicó a Higareda cómo sería la obra y le regaló un libro con el título Can Art Change the World? (¿Puede el arte salvar al mundo?). Pero aún así el tamaño de la obra la tomó por sorpresa, dice. “Es tan grande. No me di cuenta de que la gente se iba a interesar por Kikito”.

Los turistas están embobados con Kikito y algunos dejan unos dólares para pañales y leche, el único beneficio económico que recibe la familia por esta obra. Pero eso no les molesta. “No se trata del dinero, se trata de algo especial que le pasa a tan temprana edad”, dice Higareda.

El abuelo José sonríe, de acuerdo. “El mundo entero quiere abrazarlo”.

Traducción de Francisco de Zarate

El capitalismo de amiguetes: Coca-Cola y el presidente Trump

15 septiembre, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 27 de julio de 2017.

Este artículo señala las consecuencias del capitalismo de amiguetes que ha establecido el presidente Trump en EEUU. Hoy Coca-Cola está dirigiendo la mayor agencia federal encargada de la nutrición en este país. El artículo indica los efectos de ello.

Una de las posturas ampliamente extendida entre economistas neoliberales (que goza de gran visibilidad mediática en los mayores medios de comunicación, tanto privados como públicos y tanto escritos como orales y televisivos) es que el mayor problema de la economía española es que el Estado ha sido gestionado y dirigido por gente muy poco competente, que no sobrevivirían en el sector privado. Según tales economistas, los gestores públicos no tienen ni idea de cómo debería gestionarse una empresa. Lo que se necesitaría, dicen tales autores, es permitir que sean grandes empresarios los que contribuyan con su experiencia a la eficiencia de la gestión pública. En Catalunya, el economista de mayor proyección mediática en la televisión pública TV3, de clara sensibilidad neoliberal, ha enfatizado en más de una ocasión que el problema del Estado español (y catalán) es que los que lo gestionan no tienen ninguna experiencia en la empresa privada, alentando que sean gestores de tales empresas los que gestionen también las públicas.

Trump como modelo de la gestión empresarial

Lo que hemos estado viendo en la Administración Trump es la toma del poder directo de los distintos aparatos del Estado por la clase empresarial del país, en un proceso en el que las mayores agencias del Estado pasan a ser dirigidas por grandes empresarios o gestores próximos a las grandes empresas del país sin ningún intermediario. Es la máxima expresión del “capitalismo de amiguetes” en el que todo el aparato del Estado está dirigido y gestionado por los amiguetes del presidente.

Uno de los casos más recientes es el que se ha dado en las agencias federales de Salud Pública, hoy dirigidas por personas procedentes de o próximas a las compañías comerciales del sector agropecuario, consideradas algunas de ellas las mayores promotoras de alimentos que no son considerados saludables, como en el caso de Coca-Cola. Veamos los datos.

En un excelente artículo publicado por Sheila Kaplan en primera plana del New York Times del 23 de julio de este año, se detalla como la empresa Coca-Cola influencia las políticas alimentarias del país, promoviendo las bebidas azucaradas, que se considera son la mayor causa de la obesidad infantil en EEUU. En realidad, tal obesidad ha alcanzado unos niveles epidémicos en toda la sociedad, pero muy en particular entre los niños y los jóvenes. Las causas de dicha epidemia se han estudiado con gran detalle y son conocidas. Investigaciones llevadas a cabo por la mayor agencia federal de investigación en salud pública, el Center for Disease Control -CDC- (localizado en el mismo Estado de Georgia donde está también ubicada la sede de la empresa Coca-Cola), han señalado, por ejemplo, que las bebidas azucaradas como la Coca-Cola (entre otras) son una de las mayores causas del crecimiento de la obesidad en EEUU, siendo también responsables del aumento de la diabetes tipo 2, de enfermedades del corazón, de enfermedades renales, de enfermedades del hígado, del aumento de cavidades dentales y caries, y de artritis. Tales bebidas no son las únicas causas. Hay otros alimentos, como los ricos en grasas (la típica hamburguesa McDonald’s es un ejemplo de ello), que son otros ejemplos de ello. En realidad, el mejoramiento de la dieta ha sido una de las campañas más centrales de las agencias de salud pública federales. ¡Al menos hasta ahora!

Ahora bien, tales empresas alimentarias, responsables de dicha epidemia (y a fin de diluir el énfasis en la dieta como medida preventiva), están enfatizando el ejercicio físico como la manera de prevenir la obesidad. Coca-Cola ha financiado en el mismo Estado de Georgia un programa gestionado por el Departamento de Salud Pública de tal Estado, que consiste en añadir media hora de ejercicio en las escuelas públicas de aquel Estado, convirtiéndose en la campaña central del programa contra la obesidad entre los jóvenes de Georgia. Ni que decir tiene que dicho programa tiene mérito propio, y es aconsejable que se continúe. Ahora bien, es dramáticamente insuficiente para prevenir el problema, pues como bien señala la profesora de nutrición de la New York University, la Dra. Marion Nestle -autora del excelente libro crítico con el consumo de soda, Soda Politics: Taking On Big Soda (and Winning)-, “una persona normal y corriente tiene que correr 3 millas (unos 5 kilómetros) para compensar las calorías existentes en una botella de 20 onzas de peso (un medio kilo)… Yo estoy muy a favor del ejercicio físico. Pero la realidad es que no hace mucho para reducir peso. De ahí que considere la campaña de perder peso a base primordialmente de hacer ejercicio físico (que es lo que la industria de la soda y comida basura promueven) como muy limitada, a no ser que vaya acompañada de un cambio de dieta, que es un factor más importante para resolver la epidemia de obesidad”.

Coca-Cola ahora tiene gran influencia en el gobierno federal y en el CDC

El presidente Trump ha nombrado directiva del CDC a la Dra. Fitzgerald, que era precisamente la Directora del Departamento de Salud del Estado de Georgia, cuando Coca-Cola financió el programa de aumentar media hora de ejercicio en las escuelas públicas. Coca-Cola tiene gran influencia en el Estado de Georgia y sobre sus representantes, la mayoría republicanos (incluido el famoso Newt Gingrich, asesor hoy del presidente Trump), influencia que ahora se ha extendido también al gobierno federal, siendo el nombramiento de la Dra. Fitzgerald un indicador de ello. Como consecuencia de ello, la gran amiga de Coca-Cola tendrá ahora una gran influencia en el diseño de las campañas de reducción de la obesidad. Consciente de la movilización en su contra de la comunidad salubrista de EEUU, la Dra. Fitzgerald ha subrayado recientemente su interés también en promover la ingesta de fruta y vegetales entre los niños. Pero como bien señala la autora del artículo, Sheila Kaplan (de la cual extraigo todos estos datos), es muy probable que a partir de ahora se enfatice mucho más el ejercicio físico que no la dieta para reducir la epidemia de obesidad en EEUU. En realidad, el artículo de la Dra. Fitzgerald sobre nutrición que aparece en la promoción de los programas en contra de la obesidad de la web de Coca-Cola lleva el significativo título de que “La solución de la obesidad infantil requiere movimiento (físico)”. Y las subvenciones federales a instituciones que están haciendo estudios sobre la obesidad se centrarán primordialmente en áreas no relacionadas con los productos que ellos promueven, tales como las sodas. Esta es la consecuencia del capitalismo de amiguetes que existe hoy en EEUU y que, sin lugar a dudas, va a afectar a España también.

“Trump conoce bien la ecuación estadounidense: la ignorancia lleva al miedo y el miedo al odio”

13 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace 15 años, el estreno de Bowling for Columbine, el emblemático documental de Michael Moore, se convirtió en un éxito nacional que despertó la polémica y cosechó los elogios de la crítica. Centrado en el tiroteo de el instituto de Columbine (1999) y en la emergente amenaza de la violencia con armas de fuego en EEUU, la cinta ganó el Oscar al mejor documental.

También sirvió como una profética advertencia de la agitación política y social que pronto tendría en vilo a la sociedad estadounidense. Como dijo el propio Moore, si se “presentara esta película este mismo viernes, por desgracia tendría probablemente la misma relevancia”.

Durante una charla pública celebrada junto a la proyección de  ‘Bowling for Columbine’ (la semana pasada se cumplió otro aniversario del tristemente célebre tiroteo) en el festival de cine de Tribeca, Moore y el pionero de los documentales D.A. Pennebaker ofrecieron su desalentadora perspectiva sobre el clima político en la era de Donald Trump.

“Creo que hemos pasado por 40 años de un país en el que se ha bajado el nivel intelectual”, dijo Moore. “Hemos desinvertido en nuestras escuelas y hemos dejado que queden en un estado deplorable. Las clases de arte han sido canceladas y, en la actualidad, las clases de educación cívica han desaparecido de un tercio de nuestras escuelas”, añadió.

La de Moore fue una de las pocas voces que durante las elecciones de EEUU se atrevieron a predecir la presidencia de Trump. En Tribeca recordó la vez en que fue abucheado durante de la grabación del programa de HBO Real Time with Bill Maher por decir que el magnate republicano se convertiría en una especie de rey supremo. “No lo dije porque quería que pasase, estaba tratando de advertir de algo que podía suceder”.

Moore opinó además sobre esa idea que caracteriza a las zonas urbanas como burbujas aisladas. “Hay una burbuja en Brooklyn, amigos, y es tóxica. Vi lo que sucedía en otras partes del país [tras la victoria de Trump] y todo el mundo estaba de fiesta”.

Pennebaker también dio su punto de vista sobre el presidente. “Trump es como alguien a quien le acabas de dar una Ferrari, no sabe conducir y, sin embargo, se aleja de tu vida con el coche”. “Con tu niño en el asiento delantero”, completó Moore con ironía.

El documental que cambió algunas cosas

Estrenada un año después de los ataques del 11 de septiembre, Bowling for Columbine provocó grandes cambios (en una de las secuencias más memorables, la cadena de supermercados Kmart decidió dejar de vender balas). Estaba llena de menciones a líderes conservadores del pasado, como George W. Bush, o el ya fallecido símbolo de la NRA (Asociación Nacional del Rifle), Charlton Heston, al que se lo ve durante una airada entrevista con Moore en su casa de Los Ángeles.

Pero, según Moore, nunca fue su intención que el documental se convirtiera en una proclama por el control de armas. “Hicimos la película para tener una mirada sobre nosotros mismos porque nos preguntábamos: ¿por qué nos pasa a nosotros?”, dijo haciendo referencia a la epidemia de armas que sufre EEUU y que no sufren otras partes del mundo. “Somos buena gente, somos un buen país. ¿Por qué estas cosas pasan aquí y no en otro lado? Todos nosotros tenemos la misma cantidad de cromosomas. Los canadienses no son mejores que nosotros… aunque no es tan fácil decir eso ahora, ¿no?”.

Moore dice con ironía que las razones detrás de la victoria de Trump y de la falta de acción por la violencia con armas de fuego son dos caras del mismo problema. “Es la ecuación estadounidense: baja el nivel intelectual de la población; conviértelos en ignorantes y estúpidos. La ignorancia lleva al miedo, y el miedo, al odio. Trump conocía muy bien esa parte de la ecuación. Y el odio lleva a la violencia”.

So I’m walking down the street one day, O’Reilly drives by, screeches to a halt, jumps out & starts yelling @ me. Ha!

Moore también opinó sobre las últimas noticias referidas a su archienemigo político Bill O’Reilly. El día que el presentador de Fox News fue despedido por la cadena. recordó una graciosa anécdota en Twitter. “O’Reilly pasaba con una limusina cerca de donde estaba yo en la calle. Me ve y le dice al conductor que frene de inmediato. Entonces sale disparado del coche gritándome. De casualidad alguien retrató el momento con una foto”, contó Moore. “Pero yo todavía sigo aquí y él no”.

Pese a todo, Moore compartió una visión esperanzadora del futuro. “Una gran cantidad de nuestros compatriotas estadounidenses ha empezado a moverse. Los políticos ya no son los únicos involucrados activamente en política. Ahora mismo hay mucha gente que está informada y participando”.

Traducido por Francisco de Zárate

Esta es la lista completa de los escándalos de Uber

10 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Uber se ha visto sacudido últimamente por una constante oleada de escándalos y publicidad negativa, incluyendo revelaciones de programas de espionaje, una demanda por tecnología de alto riesgo, reclamaciones de acoso sexual y discriminación, y vergonzosas filtraciones sobre la conducta de sus ejecutivos.

Los desastres de relaciones públicas culminaron con su director ejecutivo Travis Kalanick cogiendo una baja indefinida la semana pasada, y con las promesas de una reforma audaz que ignoraba en gran medida la relación tensa de la compañía con los conductores. Finalmente,  Kalanick ha dimitido por las presiones de los accionistas.

Por si te habías perdido algún capítulo del culebrón Uber, aquí va una lista cronológica con algunos de los escándalos más importantes.

Sexismo”boob-er” (febrero de 2014)

El ya ex director general de Uber, Travis Kalanick, habló en una entrevista sobre su creciente atractivo desde que es dueño de la empresa, y le dijo a un reportero de Esquire que debió llamarla “Boob-er” [‘boob’ se llama coloquialmente a los pechos de la mujer y ‘boober’ se puede significar pene]. 

Selección de competidores (agosto de 2014)

Uber se enfrentó a acusaciones porque reservó miles de paseos falsos de su competidor Lyft, en un intento de reducir sus beneficios y servicios. Los reclutadores de Uber también enviaron supuestamente spam a los pilotos de Lyft.

El escándalo “Vista de Dios” (noviembre de 2014)

El ejecutivo de Uber, Emil Michael, sugirió ensuciar la reputación de periodistas y difundir información personal de una periodista que criticaba a la compañía. Luego se disculpó. También reveló que Uber tiene una tecnología llamada “Vista de Dios” que permite a la compañía rastrear las ubicaciones de los usuarios, aumentando los problemas de privacidad. Además, un gerente accedió al perfil de una periodista sin su permiso.

Espiando a Beyoncé (diciembre de 2016)

Un exinvestigador de Uber reconoció que los empleados regularmente espiaban a políticos, ex y actuales personalidades, incluyendo a la cantante Beyoncé.

El fracaso del piloto automático

Los reguladores en California ordenaron a Uber que retirara vehículos automáticos de la carretera después de que la compañía hiciera pruebas sin permiso con coches sin conductor. El primer día del programa, los vehículos fueron pillados saltándose semáforos en rojo, y usuarios de  bicicletas de San Francisco plantearon dudas sobre los peligros que pueden suponer esos vehículos para los carriles bici. La compañía definió como “error humano” a los problemas de los semáforos en rojo, pero el New York Times afirmó más tarde que las declaraciones de la empresa eran falsas y que la tecnología automática fallaba.

Publicidad engañosa (enero de 2017)

Uber se vio obligado a pagar 20 millones de dólares (18 millones de euros aproximadamente) para resolver las acusaciones de haber engañado a los conductores prometiéndoles falsas ganancias. La Comisión Federal de Comercio alegó que la mayoría de los conductores de Uber ganaban mucho menos que las tarifas publicadas por Uber en Internet en 18 ciudades importantes de los Estados Unidos.

DeleteUber se hace viral (enero de 2017)

La campaña #DeleteUber se hizo viral después de que la compañía aumentara los precios durante la protesta de taxistas de Nueva York contra el veto migratorio de Donald Trump. Aproximadamente 500.000 usuarios borraron supuestamente sus cuentas tras el escándalo.

Lazos con Trump (febrero de 2017)

El director ejecutivo Travis Kalanick dimitió del consejo asesor de Trump después de que los usuarios amenazaran con un boicot. Kalanick dijo: “Unirse al grupo de asesores no significaba respaldar al presidente o sus políticas, pero desafortunadamente se ha interpretado mal”.

Escándalo de acoso sexual (febrero de 2017)

La exingeniera de Uber, Susan Fowler, se hizo pública con denuncias de acoso sexual y discriminación, lo que llevó a la compañía a contratar al exfiscal general Eric Holder para investigar sus acusaciones. Esta historia generó un amplio debate sobre el sexismo y la mala conducta en las empresas de Silicon Valley.

La demanda de Google (febrero de 2017)

Waymo, la compañía de coches automáticos de la sociedad matriz de Google Alphabet, presentó una demanda contra Uber, acusando a la empresa de robar su tecnología. La demanda, que podría ser un revés fatal para las ambiciones de coches autónomos de Uber, sostiene que un exempleado de Waymo, Anthony Levandowski, robó secretos comerciales para Uber. El ingenirero  Levandowski fue despedido más tarde por Uber.

Google dice que sus coches sin conductor han tenido 11 accidentes en 6 años
Google dice que sus coches sin conductor han tenido 11 accidentes en 6 años EFE

Aplicación para esquivar la ley (marzo de 2017)

El New York Times informó que Uber durante años utilizó una herramienta llamada Greyball para engañar sistemáticamente la aplicación de la ley en ciudades donde la compañía violaba las leyes locales. La compañía utilizó Greyball para identificar a las personas que se cree que están trabajando para agencias de la ciudad, llevando a cabo operaciones muy importantes, según informó el Times. Las revelaciones llevaron al lanzamiento de una  investigación federal.

El director grita a un conductor (marzo de 2017)

Kalanick fue grabado por una cámara discutiendo con un conductor de su propia empresa, que se quejaba sobre la dificultades de conseguir unos ingresos razonables con las malas tarifas de la compañía. El director ejecutivo gritó al conductor: “A algunas personas no les gusta asumir la responsabilidad de su propia mierda. … Culpan a alguien de todo lo que les ocurre en su vida. ¡Buena suerte!”. Más tarde emitió una disculpa y dijo que tenía la intención de obtener ayuda para “mejorar su liderazgo”.

Prostitutas en Seúl (marzo de 2017)

Según el periódico de información tecnológica the Information, un grupo de empleados de alto nivel, incluyendo a Kalanick, visitaron un bar “escort” y de karaoke en Seúl en 2014. Esto provocó una queja a Recursos Humanos de una gerente de marketing de Uber. Los clientes en este tipo de bares suelen seleccionar mujeres para cantar karaoke antes de llevárselas a casa.

Espiando a la competencia (abril de 2017)

Un programa secreto que Uber denominaba Hell (infierno) permitía a la compañía espiar a su rival Lyft para descubrir a los conductores que trabajaban para la competencia.

Conductores mal pagados (mayo de 2017)

Uber  aceptó pagar decenas de millones de dólares a los conductores de  Nueva York después de admitir que les pagó menos durante dos años, al hacer un descuento en las tarifas más alto del que tenía derecho a realizar. El promedio de desembolso por conductor se espera que sea alrededor de 900 dólares (807 euros, aproximadamente).

20 empleados despedidos (junio de 2017)

Uber confirmó que ha despedido a más de 20 empleados después de una investigación sobre las demandas de acoso sexual y una cultura sexista y agresiva en el lugar de trabajo.

Culpar a una víctima de violación

Los informes revelaron que un alto ejecutivo de Uber había obtenido el historial médico de una mujer que fue violada por un conductor de Uber en India, supuestamente para poner en duda el testimonio de la víctima. Según la web de tecnología Recode y el New York Times, el ejecutivo, Eric Alexander, fue despedido después de que los periodistas se enteraran del incidente. La mujer más tarde demandó a la compañía por violar sus derechos de privacidad y difamarla.

Kalanick de coge una baja indefinida (junio de 2017)

Kalanick anunció que se cogía una baja indefinida tras el informe sobre la cultura empresarial y el clima de trabajo, cuyas conclusiones recomendaban a Uber “revisar y reasignar” las responsabilidades del director ejecutivo.

Comentario machista en el consejo de administración (junio de 2017)

David Bonderman dimitía de la junta de Uber después de hacer un comentario machista a su compañera de la junta directiva, Ariana Huffington, durante una reunión pensada para mejorar la situación de acoso y sexismo en la empresa. El inversor bromeó con un comentario en el que insinuaba que las mujeres no hacen más que hablar. Se disculpó y dimitió horas después.

Traducido por Alicia Stein

Donald Trump y los terroristas “perdedores”

19 julio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“Muchos jóvenes, inocentes que estaban viviendo y disfrutando de la vida han sido asesinados por unos perdedores. No quiero llamarles monstruos porque les gustaría ese término. Creerían que es un buen nombre. Desde ahora, les llamaré perdedores porque eso es lo que son. Son unos perdedores. Y habrá muchos más. Pero son unos perdedores, simplemente recordad esto”. Es el modo en que reaccionó el presidente de Estados Unidos Donald Trump a los atentados de Manchester, donde, de momento, hay 22 personas muertas.

Obsérvese que el empresario, de todos los posibles calificativos, y a pesar de su carácter lenguaraz, elige “perdedores”. Ni criminales, ni asesinos, ni hijoputas, y hasta evita el de monstruos; su peor calificativo es el de “perdedores”. Vale la pena reflexionar sobre ello. La estructura mental del empresario neoliberal no se mueve dentro de coordenadas morales sino en un marco de competitividad, es decir, de ganadores y de perdedores. Es el marco conceptual que diría George Lakoff.

Las personas no son buenas o malas, morales o inmorales, respetuosas de la ley o violadoras de la ley, solidarias o insolidarias. En el mundo capitalista de Donald Trump los individuos se dividen entre ganadores o perdedores. Por supuesto, los buenos son los ganadores y los malos los perdedores. Por tanto, lo peor y más ofensivo que se le puede decir a un terrorista es que es un perdedor, no importa que quienes más hayan perdido –la vida– sean las víctimas de los atentados, que se jodan los de ISIS, que son unos perdedores.

En el marco conceptual neocon ser perdedor es lo más despreciable, porque no existe ni la solidaridad ni el apoyo al débil. Y lo que es peor, se es responsable de ser un perdedor. Es tan despreciable que es el calificativo que elige Trump para un terrorista de ISIS que asesina adolescentes en un concierto.

En su absurda ceguera neoliberal, el presidente de Estados Unidos no entiende que si hay algo que despierta el odio entre el terrorismo islámico es la sensación de que lo han perdido todo por culpa de Occidente y que lo ganarán gracias al paraíso prometido por el Islam. Ese terrorista que explotó en Manchester llevándose otras 22 vidas lo hizo sabiendo ya que era un perdedor y su miserable consuelo era conseguir convertir a unos adolescentes inocentes en perdedores como él. De modo que llamarle perdedor es solo recordarle a algunos el motivo por el que nos odian.

Europa escribió el libro de la demonización de los refugiados mucho antes que Trump

16 julio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Se ha convertido en un artículo de fe entre los progresistas sostener que Donald Trump es el mayor enemigo de los refugiados y los musulmanes mientras que la Unión Europea, de algún modo, les ofrece un refugio seguro. Después de todo, con su “podemos hacerlo”, Angela Merkel permitió la entrada a Alemania a un millón de refugiados. De forma paralela,  el veto migratorio de Trump ha cerrado de un portazo la entrada a algunas de las personas desplazadas más vulnerables del mundo.

En la mentalidad del progresista actual es el Brexit el que ha generado hostilidad contra los inmigrantes. Para ellos, la UE es un baluarte de los valores civilizados que protege a los refugiados de la amenaza de una extrema derecha resurgente.

Sin embargo, si tú fueses un inmigrante en un barco a la deriva que se aproxima a Lesbos, el trato que recibirías de Frontex, la patrulla fronteriza de la Unión Europea, no sería menos hostil que cualquier recibimiento que pudiese hacer Trump.

La semana pasada, un vídeo mostraba en Túnez a su policía fronteriza golpeando a inmigrantes asustados procedentes de otras partes del norte de África. Esta brutalidad está patrocinada por la UE. Como Libia, Marruecos, Turquía y Egipto, Túnez recibe financiación y formación de Bruselas a través de la Política Europea de Vecindad. Bajo un marco más amplio de “desarrollo” y “reformas”, los países incluidos en esta política comunitaria sirven como zona de seguridad, asegurándose que los refugiados son interceptados y forzados a darse la vuelta. O, como ocurre en el caso de Libia, encerrados y torturados en prisiones para refugiados antes de que esta gente desesperada pueda llegar a las costas de la Unión Europea.

La idea de que la Europa de Merkel y de Theresa May es más abierta a los refugiados que los Estados Unidos de Trump no está basada en hechos. El acuerdo de la Unión Europea con Turquía, criticado por agencias humanitarias, se asegura de que los refugiados que lleguen a Grecia, sin importar su punto de partida, sean enviados a Turquía. Con casi tres millones de personas, Turquía tiene actualmente la mayor población refugiada del mundo.

Este mes, Reino Unido ha abandonado su promesa de admitir a 3.000 menores refugiados no acompañados. Austria, preocupada por que la ruta de los Balcanes se convierta en una débil conexión de entrada a Europa, ha movilizado a Estados aspirantes a la UE en un proyecto de defensa de la frontera para fortificar los puntos de entrada de refugiados al ‘corredor balcánico’. Algunos de estos países son Macedonia, Serbia y Kosovo. De hecho, el año pasado, la policía de  Macedonia utilizó granadas de gas lacrimógeno y pistolas paralizantes contra los iraquíes y los sirios que intentaban atravesar una alambrada de cuchillas con el objetivo de entrar en el país.

Francia, por su parte, desmanteló el campo de Calais, dejando a los refugiados durmiendo a la intemperie en sus fríos bosques. La semana pasada, la policía de París colocó bloques debajo de un puente ferroviario cercano a un centro de refugiados con el objetivo de impedir que la gente durmiese ahí. Uno de ellos declaró al diario Daily Mail: “No podemos entrar en el centro, y se nos maltrata cuando intentamos dormir en sus proximidades. Las rocas son asquerosas e inhumanas”.

La Unión Europea incluso tiene vigilantes de extrema derecha cuidando sus fronteras, como el búlgaro Dinko Valev, que fue grabado atando a refugiados sirios, incluidas tres mujeres y un niño, y afirmando, según sus palabras, que venían al país “a matarnos como perros”. En otros vídeos que circulan en la red, muchas personas han acudido en masa a apoyar a los vigilantes, reivindicándose como “protectores de las mujeres y de la fe” y citando los  ataques de Colonia como su principal incentivo para proteger las fronteras de la Unión Europea.

En cualquier caso, la retórica contra los refugiados y los musulmanes utilizada por los vigilantes no es una característica exclusiva de la extrema derecha. Trump expresa abiertamente la hostilidad de Estados Unidos a los musulmanes de una forma en la que ningún político europeo convencional se atrevería. Las actitudes de Trump se pueden desafiar y denunciar, pero las de Europa se ponen en práctica de una forma mucho más encubierta. El actual foco sobre Trump supone que Europa pueda seguir descontrolada.

Por ejemplo, los progresistas se llevaron las manos a la cabeza cuando Trump, al anunciar su veto migratorio, declaró que los cristianos de Siria, y no los musulmanes, serían aceptados en Estados Unidos. Sin embargo, la UE reveló prioridades similares al admitir a Georgia en el espacio Schengen, por el que los nacionales comunitarios pueden moverse sin pasaporte. Repitiendo el argumento de Trump, el vicepresidente del Parlamento Europeo argumentó que Georgia es un país cristiano y corazón de Europa. Dichas declaraciones habrían sido recibidas con incredulidad no solo por parte de los refugiados, sino también por los ciudadanos de Kosovo, que está mucho más cerca que Georgia del corazón de Europa, pero que tiene principalmente una población musulmana. Los intentos de Kosovo de entrar en la UE han sido continuamente rechazados.

Trump justifica sus drásticas medidas dibujando una imagen de una Europa infestada de refugiados musulmanes que violan a las mujeres blancas y cometen atentados terroristas. Sin embargo, fue Europa quien escribió el libro de la demonización de los refugiados musulmanes.

La semana pasada, Bild, el periódico alemán de mayor difusión, tuvo que pedir disculpas por informaciones falsas que afirmaban que refugiados habían violado a mujeres alemanas en Frankfurt. La prensa británica de la derecha también alimenta el miedo a los refugiados a diario. Se nos ha dicho que Trump es un extremista sin igual en su retórica contra los musulmanes. En realidad, la actitud draconiana de Europa contra los refugiados y los musulmanes ha ayudado al presidente estadounidense a legitimar su estrategia.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

Cospedal, Trump y el mundo normal de Buenafuente

8 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En las filas de la patológica obsesión de Trump por aumentar las dotaciones y el presupuesto militar ya se han cuadrado sin rechistar –siniestros, esperpénticos- Cospedal y Morenés

Ruth Toledano, 26 de marzo de 2017.

María Dolores Cospedal y James Mattis, secretario de Defensa de Donald Trump. Foto: EFE
María Dolores Cospedal y James Mattis, secretario de Defensa de Donald Trump. Foto: EFE

Dice el humorista y presentador Andreu Buenafuente: “Si el mundo fuera normal, la mayoría sería de izquierdas, sin acritud. Buscarían la justicia social, oportunidades para todos, salud, educación”. Pues sí, eso es ser de izquierdas, ni más ni menos. “Pero el mundo”, añade, “nunca fue normal”. Tan poco normal es este mundo que, por el contrario, ataca a quienes tienen esas justas aspiraciones. De hecho, una mayoría de derechas ha inventado para esas personas un término de intención ofensiva: buenista. Como deja claro la escritora Elvira Lindo en un reciente artículo, lo que esa derecha gusta de ridiculizar es a quienes quieren un mundo que combata la xenofobia, la guerra, la destrucción del medio ambiente, la codicia, el exterminio de especies y de sus individuos, la desigualdad económica, la exclusión social…

“Ay, estos buenistas que no comprenden que la única vía es el ataque militar”, dice Lindo, y pareciera que transcribe a esa Cospedal que ha ido a hacer un mal negocio a Washington. Malo porque es el negocio de la guerra: la ministra de los ejércitos se ha comprometido a doblar en siete años el gasto español en Defensa, hasta alcanzar el 2% del PIB, el mayor presupuesto militar desde que el jefe era el Caudillo. Y malo también porque es el negocio de Trump: James Mattis, su secretario de Defensa, amenazó con “rebajar el apoyo” de Estados Unidos si “no se respalda el sistema de defensa común”, y ella le dijo sí, bwana. Sin más; sin arte ni para la guerra. Nombrándole embajador, el PP había enviado de avanzadilla a Morenés, ex ministro de Defensa, que seguro que también llama buenistas a quienes repudian el que siempre ha sido su negocio: el de las armas, incluidas las bombas de racimo que arrasan poblaciones y matan a civiles, incluidas las minas antipersona que arrancan brazos y piernas a los niños más pobres. Estos buenistas…

En las filas de la patológica obsesión de Trump por aumentar las dotaciones y el presupuesto militar ya se han cuadrado sin rechistar –siniestros, esperpénticos- Cospedal y Morenés (a quien Unidos Podemos  ha solicitado que comparezca en el Congreso para dar cuenta de sus trabajitos). Para algo que debiera honrarnos, que es el hecho de ser el tercer Estado europeo, tras Luxemburgo y Bélgica, que menos recursos destina a la paranoia defensiva, nos sumamos a la carrera armamentística del matón Trump: este Gobierno es un chiste de un humor tan negro que ya lo quisieran  Cassandra o Zapata para sí. A Trump no le tiembla el pulso del botón rojo para  recortar en programas que alimentan en escuelas a 40 millones de niños de países pobres (consiguiendo, por ejemplo, escolarizar al 100% de los niños de algunas zonas de Etiopía) y desviar esos fondos a Defensa. A Trump no le tiembla el pulso del botón rojo para  recortar las partidas presupuestarias destinadas al arte, la cultura y los medios públicos como radio y televisión, y desviar esos fondos a Defensa. Ese es el perfil del monstruo.

Y los nuestros no solo se arriman al monstruo sino que ratifican su monstruosidad. A quienes hayan llegado leyendo hasta aquí me veo en la obligación de advertirles de que las palabras con las que la ministra defendió al salir del Pentágono el aumento del presupuesto bélico español pueden herir la sensibilidad, a poquita que se tenga: “Si no tenemos garantizada nuestra defensa y nuestra seguridad da igual tener garantizado el subsidio de desempleo o la sanidad pública o la mejor educación porque lo primero que necesita un país es seguridad”. No, no han leído mal: es Mariadolores a saco, Mariadolores a lo loco, Mariadolores a la diferida y a la simulada, Mariadolores trabajando para seguir saqueando el país, Mariadolores la filósofa castrense, la política comprometida con esos Estados Unidos que bombardean civiles en Mosul.

Por supuesto, si el mundo fuera normal se escandalizaría con las palabras de Cospedal. Considerar que una discutible, si no falaz, seguridad -que además conlleva un elevadísimo gasto público y no se caracteriza precisamente por la transparencia en sus ya de por sí repugnantes transacciones- es prioritaria frente a la educación, la sanidad o el desempleo, da cuenta de la catadura política y moral de esta ministra y del modelo de sociedad que defienden ella y los suyos: el PP, Morenés, el amigo americano Trump y Mattis, brazo armado del amigo americano. Si el mundo fuera normal consideraría que una sociedad que cubre derechos básicos como la educación, la sanidad y el empleo necesita menos armas porque sabe también defenderse con la fuerza del conocimiento, la energía de la salud y el vigor del trabajo. Estos buenistas…

España necesita esos 14.000 millones en gasto militar que Cospedal, encomendándose al diablo, ha comprometido con Trump. Pero a Mariadolores la españolista las necesidades de España le dan igual. Como le da igual alistar a nuestro país en las peores, más chusqueras y más peligrosas filas del mundo. La derecha es así. La derecha, que saquea las arcas públicas desde la más escandalosa corrupción, no quiere, sin embargo, ser gorrona en la OTAN. Qué honesta es la derecha. Qué mundo propone tan distinto a ese otro de paz y justicia social, de oportunidades para todos, de salud y educación, que Buenfuente llama, simplemente, “normal”. Estos izquierdistas… Estos buenistas…

Tiempo de derecha, tiempo de gasto militar

10 abril, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Cospedal, la ministra que tan sobradas muestras ha dado, en diferido, de su capacidad intelectual, es la gran gestora de ese desorbitado aumento del presupuesto de Defensa, un 32% sobre 2016.

Echen un vistazo al dinero que se dedica en verdad a educación, sanidad, cultura, ciencia, a la dependencia o la pobreza infantil y vean cuánto de sociales son los presupuestos del PP.

Rosa María Artal04/04/2017 – 20:58h

María Dolores de Cospedal pasa revista a las tropas como ministra de Defensa. /
María Dolores de Cospedal pasa revista a las tropas como ministra de Defensa.

Imaginen a un padre de familia, abogado de formación, toledano, 51 años, sentado en el salón de su casa ante esta reflexión: “¿Y si alguien quisiera ponerle a mi hija un burka, qué haría? Enviarle a las Fuerzas Armadas”. ¿Como escudo humano y blindado para que no se le acercaran los hombres que colocan burkas por la calle a las mujeres con las que se cruzan? ¿Quiénes son esos hombres? Musulmanes, una comunidad de unos 1.200 millones de personas distribuidas por numerosos países del mundo. Pues así piensa Agustín Conde, el actual secretario de Estado de Defensa nombrado por la ministra Cospedal. Con esa mentalidad dispone de capacidad para, en efecto, hacer uso de aquello a lo que le impelen sus creencias. Y el Gobierno del que forma parte acaba de dotar a su Ministerio con un 32% más de presupuesto.

Conde es uno de los numerosos prototipos de la derecha más extrema que gobierna España por medio del PP. Sus exponentes son múltiples. Mariano Rajoy los ha situado en ministerios clave: Interior, defensa, justicia, empleo, educación y sanidad en algunos momentos, y bastantes perlas sueltas en otros puestos. Nos detendremos hoy solo en Defensa, premiada con un plus en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado.

A Agustín Conde lo encontramos ya en 2005, durante una intervención en el Senado, cuando se mostró partidario de que las parejas homosexuales no adoptaran hijos. Sin el menor rubor, ni base que es mucho peor, expuso los graves problemas que, en su opinión, aquejaban a esas criaturas que conviven con gays. Aseguró que sufren un enorme riesgo de ser violados por sus progenitores, cuantificado en el 29%, mientras en el caso de los heterosexuales el porcentaje se reduce al 0,6 %. Siempre en su línea, acusó –en un tuit, vaya por dios– a Yolanda Álvarez, entonces corresponsal de TVE en Oriente Medio, de ser “activista de Hamás”. Sin cortarse. Álvarez fue devuelta a Madrid. Añádanle unas puertas giratorias, una empresa energética no declarada o la defensa jurídica del Banco de Santander en casos de hipotecas impagadas.

Alférez de Fragata del Cuerpo General de la Armada en la Reserva Voluntaria, Conde declaró que ser secretario de Estado era “el cénit de su carrera profesional”. Y que María Dolores de Cospedal es quizás la persona por la que siente mayor admiración y respeto intelectual. “Como político”, concepto que incluso incluye a mujeres.

Cospedal, la ministra que tan sobradas muestras ha dado, en diferido, de su capacidad intelectual, es la gran gestora de ese desorbitado aumento del presupuesto de Defensa, un 32% sobre 2016. Es cierto que se ha visto obligada a aflorar, por mandato del Tribunal Constitucional, una herencia de su predecesor, Pedro Morenés, que utilizaba créditos extraordinarios aprobados por Real Decreto para comprar armamento. El programa que él aprobó asciende, por cierto, a 30.000 millones de euros de los que restan por pagar 20.000 millones. Aun así el presupuesto real aumenta y en algunas partidas de forma desorbitada, hasta un 442%.

Cospedal es la ministra idónea para los nuevos tiempos. Ha nombrado además un nuevo jefe del Estado Mayor del Aire que, según declara, “procura tener a Dios presente en todas sus decisiones”. Ha destinado precisamente a Morenés, exministro y vinculado a empresas de armamento, como embajador en Washington aunque no pertenece a la carrera diplomática. La misma ciudad donde reside Donald Trump. La también secretaria general del PP es la persona que definió perfectamente su ideología al declarar: “Lo primero que necesita un país es seguridad. Si no tenemos garantizada nuestra defensa y nuestra seguridad, da igual tener garantizado el subsidio de desempleo, la sanidad pública o la mejor educación“.

Lo mismo practica la actual administración estadounidense. El ya mayor presupuesto militar del mundo va a experimentar  un aumento del 10%, 54.000 millones de dólares que el magnate llegado a presidente detraerá de partidas sociales. Trump quiere “volver a ganar guerras”, dice. Trump quiere potenciar la muy lucrativa industria de la guerra. De hecho Trump pidió al PP aumentar también el gasto en defensa, y el PP lo hace. Por cumplir con el ultraconservador mandatario y, como él, por vocación.

Algo cambió cuando los Ministerios de la Guerra pasaron a llamarse Ministerios de Defensa: los eufemismos de la neolengua. Y de la propaganda y siembra de miedo que prende en los ciudadanos más indefensos mental o emocionalmente. Hasta hacerles temer más un hipotético atentado que la precariedad que mata todos los días. Los daños que ocasiona la pobreza y la injusticia son infinitamente superiores a los que causa la acción terrorista de los fanáticos. E incalculables los efectos nocivos de la demagogia. Pero la jugada actual es ésta. Algo huele inmensamente a podrido cuando se confirma la reunión para propiciar un canal secreto de contacto entre Trump y Putin y es el fundador de Blackwater quien la dirige. La empresa de mercenarios, contratada profusamente por George W. Bush, y que fue condenada por asesinato deliberado de civiles en Irak en 2007. ¿De qué seguridad y para quiénes hablan?

Conviene, pues, contrarrestar con información la propaganda de las portavocías mediáticas del PP cuando destacan un aumento del gasto social en estos presupuestos. Al margen de que sería una inversión, no un gasto. La mayor partida se la llevan las pensiones. Por el compromiso ineludible que se contrae al  pagar impuestos durante la vida laboral para disponer de un retiro. Al margen de las trampas –muy propias del personal que nos ocupa– para enmascarar que los presupuestos bajan, haciendo parecer que suben, la distribución de los fondos responde a la filosofía genuina de esta derecha.

Echen un vistazo al dinero que se dedica en verdad a educación, sanidad, cultura, ciencia, a la dependencia o la pobreza infantil y vean cuánto de sociales son los presupuestos del PP. Pagar los intereses de la Deuda Pública, incrementada a nivel de récord por Rajoy, se lleva más del 9% de los presupuestos: 32.447,7 millones. Es uno de las principales apartados y verán que no se destaca en los medios. Para la Hucha de las Pensiones (que el PP ha dejado en telarañas) van a emitir Deuda Pública. A devolver con intereses, ya saben. La pirámide fatal del endeudamiento. Y eso que Rajoy “nos ha sacado de la indigencia”.

Unos presupuestos absolutamente ideologizados, de derecha aguda y extrema. Para completar el dibujo van cero euros para la aplicación de la Ley de Memoria histórica, y un aumento de 43.000 en el presupuesto directo de la Casa del Rey, que la pobre llevaba algunos años congelada.

Y los presupuestos saldrán adelante con la colaboración de políticos tan conservadores y mercantilistas como el PP. Y  Rajoy seguirá mandado con ese equipo dotado de singular mesura, razón y capacidad intelectual. Y la corte mediática les hará la ola.

Cada vez son más los excluidos de su mundo, sin embargo. En ese limbo que no se quiere ver hay amplios sectores en los que abunda el suicidio, la droga y la muerte temprana, como contaba la economista Ann Pettifor sucede en Estados Unidos. Ocurre en lugares mucho más cercanos y va a más. Esta vez muchos votaron a Trump y similares. ¿A quién buscarán después? ¿Qué harán después?

Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

2 abril, 2017

Fuente: http://www.elperiodico.com

La construcción en auge de vallas en las fronteras se disparó tras el 11-S y con la irrupción de las primaveras árabes.

Los expertos cuestionan la eficacia de las barreras contra los migrantes y las vinculan al incremento de muertes en las áreas fronterizas.

Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

AFP / AHMAD GHARABLI

Guardias egipcios (derecha) observan desde una torre de vigilancia cómo sus homólogos israelís supervisan la construcción de una valla fronteriza entre Israel y Egipto, cerca de Eliat, el 15 de febrero del 2012.

 

Martí BenachMARTÍ BENACH BARCELONA

VIERNES, 24 DE FEBRERO DEL 2017 – 22:43 CET

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    EFE / FRANCISCO G. GUERRERO

    Policías españoles tratan de disuadir a inmigrantes encaramados a la valla de Melilla, fronteriza con Marruecos, el 22 de octubre del 2014.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AP / JASPER JUINEN

    Un trabajador repara la barrera de alambradas de Melilla, tras un intento de inmigrantes africanos por superarla desde Marruecos, el 5 de octubre del 2005.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AFP / RYAD KRAMDI

    Zghala, una mujer del Sáhara Occidental, mira hacia la valla en el área de Al-Mahbes, mientras acompaña a su hijo de 14 años para mostrarle el muro que separa Marruecos de la zona controlada por el Polisario, el 3 de febrero del 2017.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AFP / PATRICK HERTZOG

    Un coche traspasa el muro de arena en la frontera entre Marruecos y Mauritania, en el Sáhara Occidental, en una etapa del rali París-Dakar, el 8 de enero del 2001.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AFP / DIMITAR DILKOFF

    Tramo de alambrada de espino cerca del punto fronterizo de Kapitan Andreevo, entre Bulgaria y Turquía, el 11 de febrero del 2011.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    REUTERS / STOYAN NENOV

    El primer ministro húngaro, Viktor Orbán (centro, con chaqueta negra) y su homólogo búlgaro, Boiko Borisov (derecha) inspeccionan la valla de alambradas construida en la frontera con Turquía, cerca de Lesovo (Bulgaria), el 14 de septiembre del 2016.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AP / ZOLTAN GERGELY KELEMEN

    Policías húngaros vigilan a refugiados tras una valla temporal en la frontera con Serbia, cerca de Morahalom, el 22 de febrero del 2016.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    DARKO VOJINOVIK

    Un policía húngaro patrullando sobre la valla fronteriza con Serbia.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    REUTERS / DAVID BALOGH

    Internos de la prisión de alta seguridad de Csillag se disponen a completar la valla fronteriza entre Hungría y Serbia, cerca de la localidad húngara de Roszke, el 11 de septiembre del 2015.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AP / AHN YOUNG-JOON

    Soldados surcoreanos patrullan por la valla de alambradas en el norte de Seúl, cerca de la zona desmilitarizada de Panmunjom (Corea del Sur), el 12 de enero del 2003.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AP / AMAN SHARMA

    Soldados indios vigilan el lado paquistaní desde la valla en un lugar indeterminado de la frontera entre India y Pakistán, en el estado indio de Punyab, el 3 de enero del 2002.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    EFE / JAIPAL SINGH

    Militares indios patrullan en la valla de Chenab, cerca de la frontera entre India y Pakistán, a 60 kilómetros de Cachemira, el 26 de septiembre del 2016.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    RICARDO MIR DE FRANCIA

    Un coche de la Patrulla Fronteriza de EEUU peina la valla de casi cinco metros que separa buena de los dos Nogales, el estadounidense y el mexicano.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AFP / JIM WATSON

    Vehículos de la Patrulla Fronteriza con cámaras en la frontera entre EEUU y México, cerca de Lukeville (Arizona), el 16 de febrero del 2017.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AFP / FREDERIC J BROWN

    Una mujer y una niña pasan por delante de una barbería en Nogales, en el estado de Sonora (México), vistos a través de la valla fronteriza desde Nogales (Arizona), el 12 de octubre del 2016.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AP / MOHAMMED AZBA

    Niños palestinos de camino a la escuela, junto al muro construido por Israel cerca de Qalqilya (Cisjordania), el 22 de septiembre del 2003.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AFP / AHMAD GHARABLI

    Guardias egipcios (derecha) observan desde una torre de vigilancia cómo sus homólogos israelís supervisan la construcción de una valla fronteriza entre Israel y Egipto, cerca de Eliat, el 15 de febrero del 2012.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AFP / EITAN ABRAMOVICH

    Una familia palestina camina frente a un policía de fronteras israelí, junto al muro que divide en dos la localidad cisjordana de Abu Dis, el 9 de febrero del 2004.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AP / ARIEL SCHALIT

    Un palestino trepa por un bloque de cemento mientras otros caminan junto a la barrera israelí que separa la población cisjordana de Abu Dis, en las afueras de Jerusalén, el 19 de julio del 2004.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    AFP / YURI CORTEZ

    El sol se pone tras la alambrada en un área evacuada por el Ejército israelí en Beit Hanun, en la franja de Gaza, el 5 de agosto del 2004.

  • Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

    REUTERS / IBRAHEEM ABU MUSTAFA

    Un grupo de palestinos gesticulan a soldados israelís de guardia cerca de la valla entre Israel y la franja de Gaza, el 23 de noviembre del 2012.

El proyecto de Donald Trump de sellar por completo la frontera de EEUU con México choca por su flagrante hostilidad, pero en el fondo no es nada original. En 1989, tras la caída del Muro de Berlín, había 16 muros o vallas fronterizas en otros tantos países del mundo. Un cuarto de siglo después, se han multiplicado por cuatro. Según la investigadora Élisabeth Vallet, profesora de geopolítica de la Universidad de Quebec en Montreal (Canadá), el mundo contaba en el 2015 con 65 muros fronterizos (completados o en construcción). La cifra aumentó hasta el pasado octubre al menos a 70, más que en ningún otro periodo de la historia moderna.

Un mundo cada vez con más muros

Mapamundo de los muros y vallas en las fronteras

EL PERIÓDICO

La preocupación por la seguridad y el intento de frenar la inmigración irregular han expandido estas vallas, cuya construcción, constatan los expertos, se disparó tras los atentados terroristas del 11-S, en el 2001, y con la irrupción de las primaveras árabes. En un mundo cada vez más interconectado, lo cierto es que en pleno siglo XXI las fronteras físicas separan más que nunca a las personas y los países.

Vehículos de la Patrulla Fronteriza con cámaras en la frontera entre EEUU y México, cerca de Lukeville (Arizona), el 16 de febrero del 2017.

AFP / JIM WATSON

Vehículos de la Patrulla Fronteriza con cámaras en la frontera entre EEUU y México, cerca de Lukeville (Arizona), el 16 de febrero del 2017.

Según Reece Jones, experto de la Universidad de Hawái (EEUU) y autor de ‘Violent Borders’ (‘Fronteras Violentas’), varias razones explican este paradójico incremento. La primera es que tras el 11-S “el estigma que solía asociarse a la construcción de muros fue eliminado, y en vez de una práctica autoritaria, como simbolizaba el Muro de Berlín, levantar muros se convirtió en una cuestión clave entre las actividades de los estados para proteger a la población de la amenaza percibida del terrorismo”, explica. El pretexto terrorista, igual que la lucha contra el narcotráfico, se ha utilizado a menudo para justificar los muros fronterizos, pero como recuerda Jones, “casi siempre se han construido donde los pobres intentan cruzar las fronteras en busca de mejores oportunidades de trabajo”.

Frenar los flujos migratorios de los países del Sur e impedir el paso a los refugiados e inmigrantes ya es pues el primer objetivo de estos modernos muros, alzados con enormes bloques de cemento, alambradas y zanjas, cuya extensión supone un “retroceso vinculado a la globalización y a la desindustrialización de las sociedades occidentales, y a la creciente desigualdad económica en el resto del mundo”, afirma Vallet.

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AFP / PATRICK HERTZOG

Un coche traspasa el muro de arena en la frontera entre Marruecos y Mauritania, en el Sáhara Occidental, en una etapa del rali París-Dakar, el 8 de enero del 2001.

EFICACIA EN ENTREDICHO

Pese a las proclamas políticas, los expertos cuestionan la eficacia de estas barreras, a las que atribuyen un valor más simbólico que real. En el informe ‘Fear and Fences’ (‘Miedo y Vallas’, 2015) sobre su desarrollo en Europa, Amnistía Internacional ya concluía que “en vez de impedir la entrada de personas, estas vallas solo han redirigido los flujos hacia otras rutas terrestres o marítimas más peligrosas”. Vallet, autora de ‘Borders, Fences and Walls: State of Insecurity?’ (‘Fronteras, Vallas y Muros: ¿Estado de Inseguridad?’), asegura que no funcionan: “Desplazan los flujos, pero no disuaden. En EEUU, los traficantes las sortean cavando túneles o utilizando drones. Tampoco evitan el terrorismo: la mayor parte del terrorismo europeo, por ejemplo, tiene su origen en Europa”.

Jones considera que los muros “son efectivos para impedir el tránsito en una ubicación específica, como ha pasado en la frontera EEUU-México, pero no evitan que la crucen en su conjunto”. En su lugar, canalizan a los inmigrantes hacia accesos menos vigilados, otras rutas “a menudo más peligrosas, ya sea en remotos y desolados paisajes en EEUU o arduas travesías oceánicas hacia Europa o Australia”.

Pese a las docenas de muros erigidos en los últimos 30 años, el número de aspirantes a traspasarlos no solo no ha disminuido, sino que ha crecido. Jones vincula con estos muros el aumento de muertes en la frontera. “El 2016 marcó el récord de muertos en las fronteras, 7.200 en todo el mundo, debido al incremento de la seguridad fronteriza”, denuncia.

Policías húngaros vigilan a refugiados tras una valla temporal en la frontera con Serbia, cerca de Morahalom, el 22 de febrero del 2016.

AP / ZOLTAN GERGELY KELEMEN

Policías húngaros vigilan a refugiados tras una valla temporal en la frontera con Serbia, cerca de Morahalom, el 22 de febrero del 2016.

UN NEGOCIO MUY LUCRATIVO

La construcción de vallas fronterizas, sufragada por los gobiernos, a la vez que un dispendio para el erario público, constituye un formidable negocio para las empresas de seguridad. Según los expertos, vallar 800 metros con alambradas y cámaras puede costar entre un millón y 10 millones de dólares. En EEUU, el muro cuesta entre 700.000 euros y 4,6 millones de euros por kilómetro. Equipado con la tecnología necesaria (cámaras térmicas, sensores, etc.), el coste aumenta a 15 millones. Solo el mantenimiento del muro actual para los próximos 20 años se estima en 6.137 millones de euros. Y la ‘adición’ de Trump costará entre 5.600 y 37.500 millones de euros, según cálculos del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

“Existe una floreciente industria de la seguridad fronteriza que está prosperando mucho con la construcción de muros y armando a las fuerzas de seguridad en las fronteras”, asegura Reece Jones, que cita como ejemplo a Magal Security, una firma israelí que podría participar en el muro de Trump y cuyas acciones en bolsa han subido un 50% desde la elección del magnate republicano.