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No es proteccionismo contra libre cambio: es guerra comercial

20 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

El establecimiento de aranceles y otras medidas de proteccionismo comercial en los Estados Unidos se están interpretando como una agresión liderada por su presidente con el fin de defender los intereses nacionales de su país a costa del libre comercio que hasta su llegada prevalecía en el planeta.

Es verdad que Trump emprende esta batalla afirmando a todo el mundo que “América es lo primero y sólo América la primera” pero yo creo que ésa es una interpretación simplista e incluso interesada que no refleja la realidad de lo que está sucediendo, ni de lo que ha sucedido antes, ni permite anticipar lo que muy posiblemente vaya a ocurrir en el futuro.

No es verdad que Trump esté combatiendo el libre comercio por la sencilla razón de que el libre comercio no ha existido nunca en nuestro planeta como régimen comercial mínimamente extendido. Lo reconocía hace unos meses alguien tan poco sospechoso como Pascal Lamy, ex director general de la Organización Mundial del Comercio: “El libre comercio no existe (…) Es un falso tema de controversia. Estas discusiones sobre el libre comercio son en gran medida fantasía. Lo que existe en la realidad es un movimiento de apertura comercial, que ha experimentado aceleraciones y desaceleraciones a lo largo de la historia” (Pascal Lamy: Libre-échange et discours protectionnistes).

Es verdad que en los últimos decenios se ha producido un incremento continuado del comercio internacional pero eso se ha producido en un doble contexto de protección comercial.

Por un lado, las grandes potencias (Estados Unidos, Unión Europea, Japón, China…) han protegido sus intereses, la mayoría de las veces sin disimulo, mediante todo tipo de medidas: subsidios a su producción, aranceles cuando han podido, cuotas de importación, devaluaciones competitivas de sus monedas… Según el Global TradeAlert elaborado por CreditSuisse, a la llegada de Trump en Estados Unidos se mantenían 1.280 medidas proteccionistas en vigor y según un estudio reciente en los últimos cuatro años se han tomado 3.439  nuevas medidas de este tipo en todo el mundo ( Protectionism. Trade war reloaded).

También es cierto, por otro lado, que se han firmado un buen número de acuerdos presentados como “de libre comercio” pero, en realidad, no lo son. Unas veces, porque se basan en tratar igual a los desiguales y eso simplemente protege el interés de los más fuertes. Y otras, porque lo que buscan y consiguen no es promover abiertamente el comercio en general y en igualdad de condiciones sino proteger a las grandes compañías transnacionales (proporcionándoles mejores condiciones de actuación, jurisdicciones privilegiadas, menos controles o menos sujeción a obligaciones sociales o medioambientales…).

El país más proteccionista del mundo

Es imposible poner un solo ejemplo de una gran potencia que haya llegado a serlo renunciando al proteccionismo e impulsando sincera y efectivamente el libre comercio. Lo que siempre han hecho ha sido protegerse a sí mismas y a sus grandes empresas y utilizar su poder para obligar a que las economías más débiles abran sus fronteras. Y Estados Unidos en concreto ha sido, con mucha diferencia, el país más proteccionista del mundo de 1990 a 2013, según el mencionado informe de CreditSuisse.

El planeta ha vivido en los últimos decenios bajo un régimen comercial de proteccionismo de las grandes potencias mutuamente consentido (y que, precisamente por ello, ha podido desarrollarse en condiciones de suficiente equilibrio), en un contexto, eso sí, de progresiva apertura comercial.

La novedad de las medidas de Trump no es, por tanto, que sean proteccionistas o contrarias al libre comercio sino que se están llevando a cabo de modo explícito, sin disimulos, unilateral y agresivo, pudiendo llevar consigo una auténtica guerra comercial.

La diferencia puede parecer demasiado sutil o incluso un simple juego de palabras, pero creo que no lo es.

Es cierto que el proteccionismo de las grandes potencias, que nunca ha desaparecido, como acabo de señalar, representa siempre una cierta agresión hacia las demás: el resto de los países no han dejado de reclamar a China, por ejemplo, que deje de manipular su moneda para no darle ventajas artificiales a sus exportaciones, y Europa y Estados Unidos no han dejado nunca de tener controversias y conflictos comerciales por sus diferentes formas de regular o incluso por sus subvenciones o aranceles. Pero lo que está empezando a ocurrir ahora es que las medidas de Estados Unidos no se dan en el anterior clima de concesión mutua y de respeto al status quo, que es lo que diferencia un clima de competencia económica, más o menos agresiva pero aceptada, de una guerra comercial .

Cuando se produce una escalada de respuestas más o menos generalizadas a la agresión inicial (como ocurrió en 1930 cuando Estados Unidos elevó unilateral y rápidamente sus aranceles), cuando se desata la guerra, lo  que viene inmediatamente después es una caída en cadena del comercio internacional con efectos depresivos ya ampliamente analizados en la historia económica.

Hoy día sabemos que las guerras comerciales casi nunca resuelven los problemas que supuestamente trata de solventar el país que las desata con sus medidas proteccionistas. En este caso, Trump no va a defender los intereses de América y de los americanos en su conjunto ni va a salvar a los sectores económicos que pretende proteger. Actualmente, las empresas estadounidenses y en realidad todo su comercio internacional forman parte de cadenas internacionales de valor, de modo que las medidas proteccionistas de Trump sólo van a producir subidas de precios que proporcionarán beneficios extraordinarios a unas pocas empresas pero menos renta efectiva y menos ventas al conjunto de la economía (los aranceles sobre las importaciones de acero o aluminio, por ejemplo, van a perjudicar a las industrias del automóvil y la construcción). Tampoco van a hacer más competitivos a los sectores a quienes se trata de proteger porque éstos tienen problemas estructurales que no se curan eliminando la competencia exterior.

Cuando la protección no es mutuamente consentida, como ahora, se busca hacer daño con ella. Y eso es lo que harán China o Europa apuntando a los intereses y sectores que más empleo generan en Estados Unidos o incluso a los que en mayor medida apoyan electoralmente a su presidente. Trump ni siquiera conseguirá mejorar el balance exterior estadounidense porque está estableciendo aranceles a productos que se utilizan como inputs intermedios en su industria nacional: lo comido por lo servido. Estados Unidos se va a pegar un tiro en el pie.

La historia económica también nos ha enseñado que las guerras comerciales suelen traer consigo problemas monetarios de toda índole y crisis financieras, que las medidas agresivas que llevan consigo se imponen rápidamente pero luego son más difíciles de eliminar y que no suelen tener vencedores sino que pierden casi todos los que se ven involucrados en ellas.

Pero si hay algo especialmente preocupante de entre lo que nos enseña la historia económica de las guerras comerciales es que, con mucha frecuencia, terminan en conflictos armados y a veces generalizados. No lo olvidemos, porque quién sabe si detrás de una estrategia comercial de apariencia nacionalista y de factura económica tan torpe lo que hay en realidad es una ofensiva de la poderosa industria armamentística.

Aspirar a que exista un comercio completamente libre es una excusa para proteger a los más fuertes y creerse el discurso de quienes dicen que lo defienden es una ingenuidad que se paga caro. Pero pensar que el proteccionismo a ultranza puede resolver los problemas de las sociedades modernas es una simpleza quizá peor. Se necesita un sistema mundial de acuerdos multilaterales basados en la equidad y el equilibrio, en la protección de los más débiles, en el uso sostenible de los recursos naturales y en la salvaguarda de los intereses futuros de la humanidad. Todo lo contrario de lo que lleva a la guerra que se avecina.

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Economía social y solidaria: ni entramado ni clientelismo

13 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Algunos medios de comunicación convencionales se lanzaron hace poco más de un mes a la generación de una falsa polémica en torno a la relación que desde el Ayuntamiento de Madrid se mantiene con el tejido cooperativo de la ciudad. Las secciones dedicadas a información de Madrid en El País y El Mundo consideraron que la tormenta que terminó forzando la dimisión de Cifuentes era el mejor momento para hablar del volumen de la contratación menor en el Ayuntamiento de Madrid y, en concreto, la facturación que a través de este mecanismo de contratación pública había recaído sobre entidades de la Economía Social.

Bajando a lo concreto, para El País las informaciones ofrecidas entraban dentro del marco de “una investigación (…) que los lectores tienen derecho a conocer, gobierne quien gobierne” y se escudó en la veracidad de los datos publicados. Además a través de Lola Galán, la defensora del lector, el diario recordaba que “en un país democrático la prensa tiene una misión fiscalizadora de enorme importancia que no debe ser torpedeada bajo ningún concepto”. Hasta aquí es fácil estar de acuerdo con la defensa de los contenidos vertidos sobre la Economía Social y Solidaria (ESS). Sin embargo, este postulado no justifica bajo ningún concepto el uso tendencioso, el maltrato informativo y la parcialización con el que estas empresas periodísticas han intentado machacar durante un mes al tejido organizado que en esta ciudad trabaja por la consolidación de formas de economía ajenas a la lógica capitalista. Economías sociales, solidarias, feministas, sostenibles y que se basan en la cooperación y no en la competencia o el lucro.

Nadie puede discutir que cada medio de comunicación establece su línea editorial y no es ninguna sorpresa que empresas del tamaño de Prisa o Unidad Editorial tienen poco en común con los valores que sostienen los objetivos de la ESS, pero justificar lo que ha sido un ataque mediático en el derecho a la información para despejar las críticas a su labor periodística no deja de ser tramposo. Y es que, analizando sus excusas, ¿no consideran de interés para el lector el vínculo que el mismo Ayuntamiento mantiene con estas sociedades? Sus convenios de colaboración, patrocinios o inversiones de fondos públicos en publicidad institucional también son datos a los que se puede acceder a través del portal de transparencia del Ayuntamiento, pero no han sido aún merecedores de ninguna investigación y, menos, han ocupado titulares. De entrada, y al margen de criterios políticos, esta colaboración es igual de lícita que la que se fomenta con el tejido cooperativo de Madrid.

La publicación orquestada y escalonada de informaciones sesgadas disfrazadas de hecho noticiable y novedoso, además de distraer a la audiencia del fraude del master de Cifuentes y su episodio con las cremas, sirvió para que PP, Cs y PSOE pudieran colgar de estos titulares su oportunismo político y discursivo. Sin ir más lejos, el portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid hablaba abiertamente de “red clientelar”. Evidentemente, Almeida azuzaba sin poder probar ni una sola irregularidad en la contratación y sin haber denunciado esta presunta “trama” ante los tribunales, por más que las querellas de humo hayan caracterizado la labor política desde la oposición de su grupo y Cs durante esta legislatura.

La información sometida al interés político de la oposición

Para el PP -banda organizada para el saqueo de fondos públicos desde el poder político, como ha confirmado recientemente la sentencia de la Gürtel-, la contratación legal de servicios a cooperativas o las medidas municipales aplicadas para reforzar la labor de la ESS supone ahora “fomentar una red clientelar”; en la campaña electoral de 2015, sin embargo, prometían estudiar las fórmulas necesarias para que la economía social jugase en Madrid “un papel fundamental”. En debate organizado en mayo de 2015 por la Federación de Cooperativas Madrileñas (FECOMA), el candidato Carlos Izquierdo se posicionaba claramente a favor de “reducir las trabas administrativas a las empresas de la economía social” y aludía a la necesidad de aumentar los conciertos públicos con este tipo de entidades dado su rol como “aliadas”. En la misma línea se posicionó Alberto Reyero (Ciudadanos), defendiendo la inserción de cláusulas sociales y proponiendo ventajas fiscales a través de “bonos de impacto social” que beneficiasen a las iniciativas cooperativas basadas en la no competitividad. Se mostró además muy favorable a la existencia de convenios para beneficiar a este tipo de entidades porque “un factor importante es que no se persiga el lucro”. De hecho, y sin que resulten ejemplares las medidas del gobierno de la Comunidad de Madrid para impulsar el cooperativismo, el 3 de mayo de este año se publicaba un acuerdo del Consejo de Gobierno para reservar hasta un 8% del importe en la licitación de contratados a favor de empresas de inserción, que se incrementará hasta un 10% en los próximos años. Además, también se incorporaba la posibilidad de que las entidades de la ESS accediesen de forma prioritaria a determinados procesos de contratación.

El fomento de una economía justa que sitúe a las personas en el centro es un compromiso político que Ahora Madrid adquirió hace tres años en las urnas y es prioritario defender tanto la legitimidad de cada expediente como los efectos positivos que el crecimiento de economías no lucrativas y alternativas al capitalismo tiene sobre la sociedad. Es fundamental no dejarse arrastrar por una presión mediática desatada por los grupos empresariales de Prisa y Unidad Editorial y que se enmarca en su papel de dique de contención de las políticas de cambio de cara a la generación de opinión pública. La equiparación con prácticas corruptas a base de informaciones tendenciosas redactadas con el objetivo de sembrar sospechas infundadas, la información contada a medias, la no diferenciación entre contratación menor y concursos públicos, el señalamiento público de personas que no han cometido ninguna irregularidad, la comparación con Bárcenas, el uso de terminología propia de las informaciones sobre hechos delictivos (trama, entramado, conexión…) y el desigual trato a la información dependiendo de si el objeto es el Ayuntamiento de Madrid o la Comunidad son síntomas de manipulación informativa por más que se retuerzan datos verídicos hasta la deformación. El País y El Mundo han incurrido en este tipo de prácticas y las han justificado tirando de dignidad profesional y de una supuesta relevancia informativa. Eso sí, cuando el 30 de abril los mismos medios vendieron su portada íntegra a una reconocida empresa de automoción, el discurso del deber informativo y la libertad de prensa pasó, por desgracia, a un segundo plano.

Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opinión de la autora y ésta no compromete a ninguna de las organizaciones con las que colabora.

Por mí y por todas mis compañeras: el ataque a la economía social y solidaria

30 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

En las últimas semanas se está produciendo un importante ataque desde dos grandes medios de comunicación, El Mundo y El País, a las empresas de la Economía Social y Solidaria que trabajan con el Ayuntamiento de Madrid, así como a varios concejales, asesores y quizá de fondo a la alcaldesa. Se inventan una “trama” y sueltan nombres de personas que trabajan en la economía social o trabajaron en ella y hoy lo hacen en el Ayuntamiento. Las personas nombradas no tienen capacidad de contratación de servicios, pero se insinúa que la tienen y que usan su poder para crear una red clientelar.

No es una novedad. Desde 2015, el intento de descrédito mediático ha sido una constante. De forma recurrente, los nombres de personas y empresas de la economía social se han utilizado como arma arrojadiza contra el gobierno de Ahora Madrid.

Sin embargo, quizás porque se acercan unas nuevas elecciones, este último ataque es más intenso y, llamadme malpensada, parece estar coordinado entre varios medios de comunicación y algunos partidos políticos. Intuyo que, después de unas semanas de sacar todo tipo de información confusa e insidiosa, se terminará produciendo alguna querella infundada del PP, Ciudadanos o ambos, contra Ahora Madrid, que, como en otros casos acabará desestimada o archivada pero que generará ruido de cara a la contienda electoral. La economía social y solidaria y el cooperativismo es el terreno de combate que han elegido para poner en marcha esta estrategia.

En este marco de acoso a las cooperativas, el pasado lunes 30 de abril, se lanzaba una noticia que me afectaba a mí directamente. La escribía un periodista de El País, Luca Constantini, entregado desde hace meses a la causa de mezclar palabras, hechos y nombres en artículos venenosos de escaso rigor y calidad.

Ese lunes pude experimentar el dolor, el agobio y la rabia que da que alguien te difame en un medio de difusión masivo, y exponga una imagen distorsionada de ti ante miles de personas que no te conocen y a las que no puedes llegar para aclarar. Es curioso, pero no estuve tranquila hasta que pude comunicarme con mis hermanos y hermanas, que no son activistas, y solo se me saltaron las lágrimas cuando me expresaron su apoyo y confianza incondicional. Imagino que también se sentirán así Fernando Sabín, compañero imprescindible que, en una serie de piezas aún más delirantes que las que hablan de mí, está sufriendo un acoso tremendo por parte de periodistas de El Mundo; o Toño Hernández, el compañero de activismo y de vida más generoso.

Siento la necesidad de explicar cuáles son las falsedades y las medias verdades con las que Costantini construyó la noticia, que siguen la misma lógica del resto de noticias de este periodista contra Tangente y muy similares a las que El Mundo está usando con otras personas y empresas de la economía social. Siento la obligación de hacerlo ante muchas personas que me conocen y a las que no tengo el derecho de exigir actos de fe ni confianza ciega.

En mi caso, la noticia dice que he sido impulsora y fundadora de la candidatura de Ahora Madrid y además participante de una empresa cooperativa. A partir de esas dos afirmaciones, y sin realizar ningún tipo de acusación concreta, se insinúan todo tipo de uso de influencias y poderes que consiguieron que Carmena haya terminado “dando” 300.000 euros a mi “firma” (mismo término que usa El Mundo para dirigirse a las empresas de economía social). La entradilla del artículo afirma textualmente que “la cooperativa fundada por Yayo Herrero, activista de IU y Ganemos, pertenece a un grupo que ha obtenido ya 1.000.000 de euros del Ayuntamiento de Madrid”.

Me gustaría aclarar algunos aspectos respecto a la información publicada.

Uno. Una cooperativa no es la “firma” de nadie. Es una empresa en la que las personas socias-trabajadoras son dueñas y, por tanto, quienes deciden democráticamente sobre todos los aspectos: una trabajadora, un voto.

Yo, efectivamente, fui una de las socias fundadoras de Garúa S. Coop. Mad. hace más de 10 años. En enero de 2012 decidí aceptar una oferta de trabajo externa y dejé de ser socia-trabajadora. Es decir, desde hace casi seis años y medio –salí de Garúa más de tres años antes de las elecciones de 2015- no formo parte de la empresa, y, por no ser trabajadora, no participo ni tengo voto sobre sus proyectos y actividad.

Dos. Tangente es un grupo cooperativo que aglutina a varias empresas –14 en total– de la economía social y que engloba el trabajo de unos 130 profesionales. Se conformó como grupo a finales de 2013, después de que yo hubiese dejado de trabajar en Garúa; por tanto, nunca he tenido la oportunidad de participar ni trabajar en él. Desconozco cuáles son los concursos a los que legítimamente se presenta y los que gana.

Tres. No soy activista ni de IU, ni de Ganemos, ni de ninguna de las organizaciones que construyeron la candidatura de Ahora Madrid. Se lo dejé claro al periodista por correo electrónico el día antes de que sacara la noticia. Me consta que recibió el correo porque recoge fragmentos del mismo en su artículo, pero prefirió mantener la mentira en su titular, supongo que para poder sostener su rocambolesca teoría.

Cuatro. Tampoco fui, como se insinúa, fundadora de Ahora Madrid; no impulsé la creación de la confluencia, no participé en la organización de la campaña electoral de Ahora Madrid. Es cierto que recibí propuestas, e incluso algo de presión, para incluirme en las listas de la candidatura, pero quienes me conocen saben que hasta el momento he optado por no participar en iniciativas que tengan como objetivo presentarse a elecciones. Tampoco he aceptado propuestas que supusiesen trabajar de forma remunerada en la política institucional ni como liberada en movimientos sociales, aunque me parece legítimo y necesario que otras personas lo hagan.

Asistí durante la campaña a un encuentro de Manuela Carmena con las entidades de la economía social madrileña, similar a los que se mantienen con candidatos de otros partidos, en la que le informamos de lo que éramos y le trasladamos nuestras expectativas.

Acudí como ciudadana a los actos de campaña que me interesaban y reivindico mi derecho a hacerlo sin tener que dar explicaciones ni disculparme ante nadie por ello.

Cinco. El artículo de Luca Costantini dice que, aunque yo le he dicho por escrito que no tengo ni he querido tener vinculación orgánica ni económica con el Ayuntamiento, “Herrero sí colaboró con el Consistorio en la auditoría ciudadana de la deuda, por la que se pagaron 500.000 euros en informes y contratos donde participaron miembros de Fuhem, otro colectivo dirigido por Herrero”.

Este es un asunto sobre el que el mismo periodista trató de ensuciar en otros artículos previos. Lo explico de nuevo. Varias personas fuimos invitadas a participar en el consejo de la auditoría de la deuda. La realización de esta auditoría era una de las promesas centrales del programa con el que Ahora Madrid concurrió a las elecciones. El consejo asesor está integrado por personas expertas en los diferentes ámbitos que se pretendían auditar y la participación en este consejo es voluntaria y gratuita. Mi aportación se centra en proporcionar criterios para la evaluación de políticas públicas en materia medioambiental, cosa en la que, faltando a la modestia, he de decir que tengo conocimientos más que suficientes y contrastados.

Las personas que estamos en el consejo asesor no participamos en la decisión de a qué empresas o personas se adjudican esos trabajos técnicos. En cualquier caso, el colmo de la cutrez periodística es decir que en esos informes y contratos adjudicados participaron miembros de Fuhem. Una compañera, que además de trabajar en Fuhem colabora con una universidad, se postuló, en nombre de ésta última, como candidata para coordinar el trabajo de la auditoría. Su candidatura no ganó la licitación, pero la noticia sugiere lo contrario.

Además, y como aclaración, Fuhem – el periodista escribió mal el nombre en el artículo– no es un colectivo, sino que es una fundación de reconocido prestigio en el conjunto del Estado y en especial en Madrid, con casi 60 años de historia. Lo que sí es cierto es que tengo el orgullo de ser su directora desde enero de 2012, aunque siempre he observado con escrúpulo la distancia entre mi actividad política y mi trabajo profesional.

Vamos, que ni trabajo en Garúa, ni formo parte de Tangente, ni soy activista de IU o Ganemos. No he formado, ni formo parte del proyecto de Ahora Madrid. No hay personas de Fuhem que hayan trabajado en la auditoría de la deuda. No cobro por ser parte del consejo asesor, ni participo en la asignación de esos trabajos. Costantini sabía todo esto porque yo se lo explicité, pero en su artículo insinúa lo contrario.

Señalar a la economía social

Pienso mucho lo que cuesta llevar las prácticas feministas a la política. No se está consiguiendo ni en la organización de los tiempos, ni en las formas, ni en la capacidad de debatir, ni de buscar acuerdos. Creo que algunos medios, con ataques infundados como estos, tienen una parte importante de culpa y se convierten en importantes aliados del patriarcado más rancio.

He de decir que la calidad del artículo de Luca Costantini me parece pésima y, aunque soy crítica desde hace años con la línea editorial de El País, me parece tremendo que un diario de esa tirada no tenga controles de calidad que impidan que personas como esta arrastren el nivel y prestigio de su periódico hasta extremos tan bajos.

Pero no quiero reivindicar solo mi nombre o mi honestidad. No quiero ponerme de perfil ante lo que es el propósito de fondo de esta campaña de El País y El Mundo que trata de meter miedo, hacer pensar que todos somos iguales y señalar a la Economía Social y Solidaria y a quienes trabajan en ella como un atajo de advenedizos que ocupan un lugar que no les corresponde.

Defiendo que cualquier persona puede intentar ocupar con honestidad el lugar en el que desee estar. La gente tiene derecho a participar en la política institucional independientemente de dónde haya trabajado en el pasado y a ser tratada en los medios con el debido respeto y rigor. La institución tiene que vigilar la honestidad de las actuaciones, velar por la correcta gestión de lo público y actuar con firmeza ante cualquier irregularidad. Es precisamente la impunidad la que iguala a honestos y a corruptos.

Quiero decir, también, que Garúa es una excelente empresa, integrada por profesionales enormemente cualificados. Es el lugar donde, sin duda, volveré a trabajar. Es la empresa en la que es posible hacer tareas con sentido, criar hijos e hijas a la vez que se trabaja, desarrollar proyectos propios.

No me sorprende que mis excompañeras hayan obtenido tres contratos en diferentes concejalías en torno al diseño de un “proceso participativo”, la implementación de un “plan de consumo sostenible” y “actividades formativas para la introducción de la alimentación ecológica”. En esos tres aspectos, Garúa es una referencia. Me alegra mucho que el Ayuntamiento, a partir de los procedimientos administrativos que tiene establecidos, les haya seleccionado.

El proyecto de 292.000 euros al que hace referencia el titular de El País está adjudicado a una UTE (Unión Temporal de Empresas) formada por otra entidad (que lleva el 95% del trabajo y la facturación) y Garúa (que lleva el 5% restante). Es curioso que solo aparezca el nombre de Garúa. Quizás sea porque era la única forma de poder construir “el notición”. Y esa ausencia resulta aún más relevante por el hecho de que la otra entidad es la que lleva prestando ese servicio desde 2004, cuando ni siquiera era soñado el 15M y gobernaba el PP.

El objetivo: generar miedo

Cuando los artículos hablan de “dar a dedo”, se pretende equiparar y confundir millonarias dádivas mediante sobres y comisiones ilegales con la adjudicación de trabajos concretos y verificables que, según los propios datos de El País, y teniendo en cuenta que en Tangente trabajan 130 personas, han supuesto una retribución bruta de unos 2.500 euros por trabajadora y año. Es obvio que el “pelotazo” descubierto por el sagaz periodista suena ridículo y que para las empresas de Tangente, el Ayuntamiento de Madrid es un cliente más.

El propósito de esta ofensiva mediática es triple. Por un lado, hacer pensar que da lo mismo quién esté en las instituciones. Hagamos creer que todo es lo mismo. Fabriquemos supuestas “tramas corruptas” que salpiquen a concejales, asesoras y a sus espacios de procedencia.

En segundo lugar, se persigue asestar un golpe a una forma alternativa de concebir la economía y las empresas. Se ensucian los nombres de muchas personas y de entidades empresariales que llevan años construyendo modelos económicos alternativos que tienen como prioridad la autoorganización, el bienestar, el mantenimiento y crecimiento del empleo, a la vez que se producen servicios socialmente necesarios que no destruyen la naturaleza y resuelven necesidades humanas.

Y el tercer objetivo es generar miedo. Miedo a defender y llevar a cabo los programas; miedo a ocupar espacios legítimos, miedo a emplear otros lenguajes y otras prácticas… Después de casi tres años de acoso mediático en el Ayuntamiento es ya hora de no tener miedo. Han sido muchos meses de querer pasar inadvertidos ante ofensivas que no van a cesar hasta que desaparezcas o dejes de ser lo que eres.

Canto en un coro de mujeres y nuestra directora utiliza las mejores metáforas para explicarnos cómo tenemos que interpretar un tema. A veces, cuando no estamos seguras, no llegamos a las notas más altas, desafinamos o el sonido no sale limpio. En esos momentos nos dice “chicas, están cantando con miedo y así la canción no expresa nada. Canten sin miedo, canten como si la voz les saliera de los ovarios”. Y oye, la voz termina saliendo, y juntas somos capaces de conquistar las notas más altas.

Por eso, hoy quiero sacar mi voz también de los ovarios, porque no quiero tener miedo.

Voy a seguir defendiendo que la economía social y solidaria es una opción necesaria para revertir un modelo económico que echa a las personas de sus casas para luego especular con ellas; que le corta la luz a la gente cuando no puede pagar; que hace expedientes de regulación de empleo, a veces incluso teniendo beneficios; que recorta en servicios públicos; que pretende encerrar a la mujeres en casa para que se ocupen de sostener la reproducción cotidiana; que genera masas de personas desempleadas, las culpa y estigmatiza por no tener empleo; que destruye bienes finitos y desregula los ciclos naturales de los que dependemos.

Quiero reivindicar el derecho de las personas a trabajar, a construir empresas y a ser activistas o participar en la institución si así lo desean. No hay que esconder que muchas nos organizamos para transformar un modelo que le declara la guerra a la vida. Lo hacemos consciente y orgullosamente.

He intentado tener siempre un buen nivel de diálogo en todas las organizaciones políticas a las que he podido acceder o me han prestado atención, con el fin, confieso, de tratar de influir en la transversalización de las cuestiones ecológicas y feministas en sus programas y acciones y proponer alianzas y confluencias. Pienso seguir haciéndolo.

He hablado, como dice Costantini, de economía social en ámbitos de “IU, Ganemos e incluso de Podemos”. Sí, lo he hecho y también en ámbitos del PSOE, del PNV o de la CUP. He hablado de economía ecosocial invitada por ayuntamientos de todos los colores políticos, también del PP, en universidades de todo el Estado, en centros sociales ocupados, en parroquias, conventos, asociaciones de budistas, en cursos para jueces y juezas, en formaciones para sindicalistas de todo el espectro… En todos los lugares en los que he tenido la oportunidad de hacerlo.

Lo voy a seguir haciendo, aún más si puedo, y además, trabajaré en las empresas de economía social que quiera y nos presentaremos a todos los concursos públicos que podamos, porque el espacio de la economía es también nuestro espacio y tenemos derecho a estar en él.

Seguiré firmando los manifiestos que me parezcan oportunos y apoyando todas aquellas causas que crea debo apoyar. No creo que se llegue a más gente ocultando las ideas en las que una cree. Lo transversal es saber explicarlas y estar dispuesta a debatirlas con cualquiera, con respeto y poniendo el cuerpo cuando haga falta.

No todos somos iguales

Tener posición política clara es un derecho perfectamente compatible con poner en marcha empresas y pretender vivir del trabajo en ellas. La clave es hacerlo con honestidad y transparencia, ahí están los portales del ayuntamiento en los que se detallan los contratos adjudicados. También son accesibles las cuentas de las empresas de la economía social, que no sólo miden sus resultados en términos monetarios, sino que también hacen balances sociales que incluyen la calidad del empleo y de los servicios prestados, la sostenibilidad o la igualdad de género.

No todas somos iguales. Ni las empresas son iguales, ni las organizaciones empresariales, ni las personas que gobiernan, ni las que están en la judicatura, ni tampoco los periodistas. En algunas de mis charlas, durante el coloquio la gente más fatalista suele plantear que cuando las economías alternativas cojan fuerza, el sistema iría a saco a por ellas. Puede que estemos llegando a ese momento y, de ser así, habrá que disputar esa hegemonía económica.

A mí me sirve de inspiración el movimiento feminista que ha pasado activamente a reclamarlo y exigirlo todo. Ante la violencia estructural o mediática estamos obligadas a dar un paso adelante, no dejar estas agresiones sin respuesta y defendernos colectivamente.

La renta básica saca un 9,1 entre los expertos

25 mayo, 2018

Fuente: ctxt.es

Según un informe, la medida se sitúa por encima de la educación terciaria gratuita y es la más valorada entre profesionales a la hora de analizar las políticas sociales más beneficiosas para el futuro.
ARTURO TENA

LA BOCA DEL LOGO
24 DE ABRIL DE 2018
Espacio realizado con la colaboración del
Observatorio Social de “la Caixa”.

Las políticas de garantía de renta se asientan como una solución de consenso general para el bienestar social del futuro. Según el informe 50 estrategias para 2050. El trabajo y la revolución digital en España, elaborado por la Fundación Telefónica, la renta básica es la iniciativa más valorada (con una media del 9,1 en una escala de 0 a 10) por los expertos encuestados por su impacto positivo a la hora de mejorar la cohesión social.

Esta encuesta, que no especifica la fórmula o formato concreto de renta de inserción, va en la misma línea de lo que ya señalaban otros estudios de opinión como los de GESOP en CataluñaGizaker en Euskadi sobre la Renta de Garantía de Ingreso (RGI) o, sobre todo, el de Dalia Research a nivel estatal y europeo. Este último sostiene que el 69% de los españoles (una bajada de 2 puntos con respecto a la misma encuesta de 2016 (71%) ) está a favor de la introducción de una renta básica. Estos datos sitúan a los españoles únicamente por detrás de los italianos (75%) en Europa, al mismo nivel que los británicos (69%), y por encima de países como Alemania (68%) o Francia (60%).

El informe de la Fundación Telefónica se basa en la publicación Futuro del Trabajo y la Tecnología en 2050, desarrollada en 50 países, en la que han participado más de 300 expertos. Para el caso español, la Fundación ha utilizado el método de encuesta Delphi, con 25 profesionales consultados de distintos ámbitos y sectores de la sociedad española. La puntuación media de la renta básica es 1,6 más alta que la segunda estrategia con más valoración: la educación universitaria y terciaria gratuita para todos (7,5). Además de estas dos medidas, los expertos sitúan, entre las tácticas sociales mejor valoradas para el futuro, soluciones como la inclusión de las disciplinas científicas y tecnológicas en todos los niveles de educación (7,1), la duplicación de los presupuestos en I+D+i para 2020 (7,1) y el aprovechamiento de la riqueza generada por las nuevas tecnologías para financiar políticas públicas (7,1).

El trabajo de esta fundación ya menciona “el establecimiento de una renta básica como derecho fundamental” dentro de su resumen ejecutivo. Más adelante, el informe coloca a la renta básica como uno de los ejes de un buen sistema de protección social. Si bien se recoge que los expertos consideran un reto el hecho de que estas políticas no se vuelvan “desincentivadoras para el desarrollo personal y profesional”, destaca que existe un “gran consenso en torno a la idea de garantizar rentas mínimas”. En su segundo punto, el informe pone de manifiesto también la importancia de disponer de un empleo de buena calidad y de redistribuir la riqueza a través de una política fiscal “ambiciosa y progresiva”. El informe sostiene que, si no hay una renta mínima y una política impositiva de este tipo, la estabilidad social “se vería seriamente comprometida”.

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Espacio de información realizado con la colaboración del Observatorio Social de “la Caixa”.

Autor: Arturo Tena @ARTENA_

¿Cuánto cuesta realmente una camiseta de 3 euros?

24 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Al pensar en la complejidad de la cadena de producción por la que pasa cada prenda hasta llegar a los escaparates, parece difícil creer que hoy compremos un 60% más de artículos que hace tan sólo 15 años. Este aumento del consumo tan solo puede explicarse por un descenso vertiginoso de los precios de las prendas, pero ¿son esos sus precios reales? y, si no lo son ¿quién está pagando el precio real de la ropa con que nos vestimos?

Hoy conmemoramos el aniversario de la catástrofe de Rana Plaza, en la que hace cinco años murieron 1134 personas en el derrumbe de un edificio de talleres textiles en Bangladesh. En la fábrica se producían prendas que serían más tarde vendidas por marcas internacionales en todo el mundo; entre ellas el Corte Inglés, Mango, o Inditex. El desastre supuso para muchos un despertar: sólo ajustando cada céntimo se consiguen los precios -y los beneficios- de una industria como la de la “fast fashion”; y ajustar cada céntimo es un eufemismo que enmascara más horas extra, aguantar unos meses más antes de cambiar una escalera de incendios oxidada, o ahorrar unos días en las jornadas de formación sobre el trabajo con productos químicos peligrosos.

En efecto, la industria textil es la segunda más contaminante del planeta tras la del petróleo y  la que mayor número de niños trabajadores explota. ¿Son todas las empresas de la industria textil culpables de ello? Evidentemente no, pero datos agregados tan escalofriantes no pueden esconder sino verdades incómodas. Y es la responsabilidad de los poderes públicos atajar un problema de cuya solución depende la vida de millones de personas y la confianza de los consumidores europeos que quieren poder comprar artículos con la tranquilidad de que ninguno de ellos ha sido cosido con trabajo esclavo o pagado con sangre.

El año pasado el Parlamento Europeo dio un paso adelante decisivo con la aprobación de una Resolución sobre el sector de la confección (2016/2140(INI)) en que pedía a la Comisión Europea una propuesta legislativa. El Parlamento expresó una posición clara: las iniciativas de empresas que, voluntariamente, deciden actuar de forma más responsable son loables, pero insuficientes. Deben ser complementadas con una iniciativa legislativa que exija a las empresas procedimientos de obligado cumplimiento y que tenga capacidad de establecer   responsabilidades para las que no los respeten en una justicia extraterritorial. La comunidad internacional está negociando en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU de Ginebra la elaboración de una Norma internacional obligatoria que asegure el cumplimiento de los derechos humanos a través de su protección, su respeto y su reparación en todo el mundo. Esa es también nuestra exigencia.

Ha pasado un año y la Comisión no ha avanzado aún hacia la elaboración de esta legislación, pero muchos eurodiputados seguimos insistiendo en la urgencia de ello. No podemos seguir de brazos cruzados lamentándonos de que “estas sean las reglas del juego en el mundo globalizado”. La globalización es un hecho y es nuestra responsabilidad adaptar la legislación europea e internacional a este nuevo contexto. Es un derecho para los consumidores, que merecen que nadie les haga cómplices de estos hechos; para las pequeñas empresas que quieren reglas claras y una justa competencia para todos; y, sobre todo, para las víctimas, porque otro Rana Plaza no debe repetirse. Porque entre todos tenemos que evitar la explotación y la esclavitud laboral y la vulneración de las normas internaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y los derechos humanos.

Lola Sánchez Caldentey y Ramón Jáuregui son eurodiputados y coanfitriones de una exposición de las fotografías de la bangladesí Taslima Akhter que se inaugura este martes, 24 de abril, en el Parlamento Europeo. En ellas se muestra la urgencia de atajar las violaciones de derechos humanos en el sector textil.

Economía del Bien Común: una puerta a un futuro sostenible

25 marzo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Sentido y coherencia. Si tuviera que describir la Economía del Bien Común (EBC) con dos palabras serían estas dos, y, si se me permitiera una tercera, añadiría la palabra esperanza.

La Economía del Bien Común propone un modelo económico que da sentido a aquello que hacemos porque es coherente con las motivaciones humanas y, con ello, abre un espacio de construcción de un futuro esperanzador. Se centra en la persona y sus necesidades desde una visión global del ser humano. Bajo esta perspectiva, la economía conforma las dinámicas de los recursos, bienes y flujos monetarios que permiten satisfacer las necesidades de todas las personas, que estamos organizadas en sociedad y que a la vez formamos parte de un sistema ecológico. Desde esta posición, con la persona en el centro e interrelacionada con todos los seres humanos y con la naturaleza, los valores que deben guiar nuestras acciones son la justicia social, la dignidad humana, la sostenibilidad ecológica y la participación democrática.

Como personas, actuar desde estos valores nos invita al autoconocimiento, a cuidar el bien común, a consumir de manera consciente y responsable y a participar desde la comunidad para construir un modo de vida justo y sostenible. Y como empresas, a medir la contribución al bien común utilizando la herramienta del Balance del Bien Común (BBC).

Sea cual sea la forma jurídica o punto de partida de cada empresa, el BBC permite analizar cómo se están aplicando estos valores en la relación diaria entre la empresa y los diferentes grupos de interés (proveedores, financiadores, empleados, clientes y la sociedad), se identifican evidencias, indicadores y, a través de un proceso participativo, se establecen áreas de mejora para avanzar en la contribución al bien común. Todo ello supone cambiar la competencia dominante por una actuación basada en la cooperación y entender el beneficio financiero, el dinero, como un medio para lograr el bien común y no como un fin en sí mismo. El resultado del BBC se traduce en un sello que la empresa puede comunicar en sus productos o servicios y que permite a las personas consumidoras ejercer su derecho a consumir de forma responsable premiando a quienes actúan de forma ética y cuidan el bien común.

Mercado ético europeo

Las administraciones públicas, como generadoras de políticas sociales y económicas, son las responsables de facilitar estos comportamientos, por ejemplo, a través de ventajas fiscales o preferencias en la compra pública. En este sentido, son especialmente destacables los pronunciamientos de la Unión Europea respecto a la EBC. En septiembre de 2015, el Comité Económico y Social Europeo (CESE) publicó una  opinión favorable respecto a la EBC como modelo adecuado para la creación de un mercado ético europeo y, a finales de 2017, esta vez por encargo de la Comisión Europea, se establece la EBC como modelo alternativo nuevo y se crea un grupo de trabajo para encontrar la manera de encauzar los diferentes movimientos económicos alternativos.

La EBC se suma a los movimientos con voluntad de transformación del sistema económico como, por ejemplo, la economía social y solidaria y con ellos conforma el ecosistema de las nuevas economías. Es un movimiento en constante formación y evolución desde la base, a través de los campos de energía y las asociaciones que, especialmente en Europa y Sudamérica trabajan para expandir esta manera de entender las relaciones socioeconómicas entre las personas, las empresas e instituciones y con el medioambiente.

La EBC podría llegar a ser el enfoque holístico que como humanidad necesitamos para hacer frente al presente incierto y complejo y para asegurar un futuro digno, justo, democrático y sostenible para las nuevas generaciones, porque permite crear un nuevo relato económico inclusivo, propone una herramienta, el BBC, para la gestión empresarial y apuesta por la participación democrática real para construir el futuro. Como escribe Rebecca Solnit en su libro Esperanza en la oscuridad, “la esperanza no es una puerta, sino la sensación de que en algún momento podría haber una puerta, una salida a los problemas del presente, incluso antes que encontremos o sigamos el camino”. La EBC podría ser esta puerta.

Montse Junyent es presidenta de la A ssociació Catalana per al Foment de l’Economia del Bé Comú (EBC Catalunya).

[Este artículo ha sido publicado en el número 55 de la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente conuna suscripción]

Ruta electoral por las palizas del 1 de octubre

17 marzo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Las colas han sido la primera gran foto. Al ser día laboral muchos han preferido votar a primera hora. Damià no recuerda tanta gente: “Todo es raro, son elecciones anormales convocadas de manera ilegal”.

En el colegio Joan Fuster la policía se llevó las urnas a golpes. Lo ocurrido el 1-O en estos colegios ha quedado impreso en la memoria colectiva.

Ramón Lobo

El rumor era este: “si vas con un lazo amarillo, no te dejan votar”. Oriol empuja un cochecito con su hijo de ocho meses. El chupete es amarillo, igual que la funda que le protege del frío. Junto al manillar ha recortado una estrella amarilla de papel que lleva prendida en la cabecera. No es el único, muchos exhiben pañuelos, bufandas, sudaderas y jerséis del color maldito. El amarillo representa la petición de libertad de los presos,  algo que la autoridad electoral considera propaganda política.

En el colegio Congres-Indians se ha formado una fila mañanera que ocupaba dos manzanas. Ayudó que abriera con nueve minutos de retraso. Las colas han sido la primera gran foto. Al ser día laboral muchos han preferido votar a primera hora. Otros lo harán a mediodía o antes de cerrar las urnas. Damià no recuerda tanta gente: “Todo es raro, son elecciones anormales convocadas de manera ilegal”. Después de empezar la conversación con tanto brío, apuesta por el acuerdo. “Es necesario sentarse a negociar. Todos hemos ido demasiado deprisa”.

En la escuela L’Estel, cerca de la avenida de Felipe II, también hay mucha gente. Es una de las atacadas por los antidisturbios el 1-O. Sandra dice el recinto que no tiene nada de especial ni es símbolo de nada, “solo tiene acceso fácil, es sencillo entrar y salir porque la calle es ancha. No eligieron centros en calles pequeñas en los que podrían verse rodeados”.

Sandra es apoderada de ERC, igual que su marido Jordi. Los acreditados por los partidos independentistas utilizan cordones amarillos. Los de la CUP usan tarjetas plastificadas de ese color pero no hay acuerdo en los cordones: blancos, negros, de zapatos. Bromeo con uno de ellos si tanta variedad representa a cada una de las corrientes.

Santi es un fanático del Barça. Le encanta el fútbol, pero prefiere que Junts per Catalunya gane las elecciones a que su equipo arrase el sábado en el estadio Santiago Bernabéu. “Como si el Real Madrid nos gana 10-0”. Tras las risas admite que su posición tiene truco, “os llevamos 11 puntos” en la clasificación.

 Numerosos ciudadanos guardan cola en el colegio electoral de la Plaza de la Universidad de la ciudad condal. EFE/Javier Etxezarreta
Numerosos ciudadanos guardan cola en el colegio electoral de la Plaza de la Universidad de la ciudad condal. EFE / Javier Etxezarreta

Al lado de la avenida Meridiana, detrás de la parroquia de Don Bosco, está el Joan Fuster, otro de los atacados el 1 de octubre.

David es apoderado de los comuns. Explica que lo ocurrido en el Fuster y en L’Estel propagó el miedo en los demás colegios de La Sagrera, Maragall y Congrés, que son barrios obreros y de clase media raspada. El bar de Rosa, en Congrés, es un laboratorio de esa Barcelona emigrante integrada que también se ha sentido expulsada por el PP. En octubre hubo temor a las porras, hoy los sentimientos son de decepción e inquietud. Nadie sabe qué va a pasar.

El Joan Fuster es grande. La gente aguarda su turno en un pabellón de deportes. Un espejo trasero multiplica las colas. Muchos de los que quieren votar son personas mayores que se despistan con la tarjeta censal. Los apoderados les socorren con amabilidad y sin consignas de última hora. Abundan las sillas de ruedas. En el Fuster y en los demás colegios visitados hay rampas de acceso. Bromeo con Anna, interventora de ERC, “¡claro, como esto es Europa!”.

Guillermo es de la CUP. Le hablo en castellano, él responde en catalán. Nos entendemos. Dice que después de todo lo ocurrido desde el 1-O ha aprendido que el Govern fue muy tímido, que debió llamar a la gente a la defensa de las instituciones. “Nosotros estábamos preparados”. Se queja de la campaña mediática desde Madrid y de los medios desplegados por Ciudadanos en esta campaña. “¿De dónde sacan el dinero?”, se pregunta.

En el Joan Fuster la policía se llevó las urnas a golpes. Lo ocurrido el 1-O en estos colegios ha quedado impreso en la memoria colectiva. Las imágenes fueron terribles. Aún corren vídeos que refrescan la memoria. El independentismo se aferrado a esa herida, la última de tantas. Sorprende que el Gobierno central no haya encontrado argumentos para paliar la sensación de humillación. Hubiera bastado reconocer el exceso policial y destituir al ministro de Interior. La violencia y los presos son argumentos que sobrepasan las fronteras del independentismo.

Arnau también es del Barça y de Messi; regala el partido del Bernabéu y la lotería de mañana a cambio de una victoria de los partidos independentistas. “Esto es más importante porque nos afecta a todos, sean cuales sean tus colores”. Hay buen ambiente. Parece un domingo fresco de primavera en vez del inicio del invierno.

Entre los apoderados de Ciudadanos está Guillermo Díaz, que es diputado en el Congreso. Cree que una participación alta favorecerá a Inés Arrimadas. No ve a C’s convirtiendo a Miquel Iceta en president. “No sería lógico apoyar al cuarto clasificado. Esto no tiene nada que ver con [la serie de televisión] Borgen”. Su tarjeta de apoderado lleva una cinta de color naranja.

Civil guards clear people away from the entrance of a sports center, assigned to be a polling station by the Catalan government in Sant Julia de Ramis, near Girona, Spain, Sunday, Oct. 1, 2017. Scuffles have erupted as voters protested as dozens of anti-rioting police broke into a polling station where the regional leader was expected to show up for voting on Sunday.
Policías nacionales se enfrentan a ciudadanos que quieren votar en Sant Juliá de Ramis, cerca de Girona. FOTO: AP Photo / Francisco Seco.

A la salida del instituto un grupo de jubilados forman un tapón en la puerta. Uno dice que se llama Domicilano y no Domingo como le han llamado los de la mesa. También asegura que ha votado a Podemos. “Tiene usted nombre de emperador”, le digo. “Ojalá, pero me llega tarde”, responde.

Otro instituto apaleado, en esta ruta del exceso policial, fue el Jaime Balmes. Sorprende que fuera uno de los objetivos elegidos porque es muy pequeño. Solo tres mesas. Ahí es donde encuentro a Anna, de 44 años, con quien bromeé sobre las rampas. Espera que ERC gane y que todo se pause. “Estoy cansada. Muy cansada de la respuesta del PP, de su falta de empatía”. Se siente agredida en su cultura y en su lengua, dice que no ve respeto desde el Gobierno. “Pero en Cataluña se puede enseñar en catalán”, le apunto. “Sí, pero estoy cansada de que me amenacen todo el tiempo y de tener que justificarme”.

Nadie se atreve a anticipar resultados ni qué tipo de pactos podrán darse en los próximos días. “Si gana Arrimadas no significa nada; hoy no se vota presidente, el presidente lo eligen los diputados y diputadas del Parlamento. Ella no tendrá una mayoría suficiente”, dice Guillermo, el miembro de la CUP que se expresa en catalán. Anna afirma que cualquier solución está en la educación, “educar la tolerancia”.

Debajo del ruido político y de sus altavoces mediáticos, está la gente que vota, que pasea, que toma un café, que habla en los dos idiomas sin problemas ni barreras”. “Solo pedimos respeto, que funcionen los cercanías y que tengamos el corredor Mediterráneo y un AVE”, dice Anna. Al final debajo de las palabras grandilocuentes, de las epopeyas, está el día a día. Quizá solo falte eso: gente normal haciendo cosas normales al frente de la nave.

La renta básica y la prueba de la felicidad

4 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace unos días el mundo del ajedrez se conmocionó ante la aplastante victoria de AlphaZero, la nueva inteligencia artificial creada por la empresa DeepMind de Google, sobre el hasta entonces mejor programa, Stockfish. Lo asombroso era el hecho de que a AlphaZero tan solo se le habían dado las reglas del juego y ella misma se había enseñado a jugar en tan solo unas pocas horas. Ni teoría de aperturas, ni finales de partidas, nada de bases de datos; la máquina, programada con la habilidad de aprender, aprendió jugando contra sí misma. Más allá del terreno ajedrecístico, se abren un sinfín de posibilidades para muchos otros campos. En el futuro no solo se automatizarán los trabajos más rutinarios y básicos sino también algunos de los más cualificados. Y esto ocurrirá en un mundo donde ya de entrada no hay empleo para todos.

Todos los lunes, pero este especialmente tras los días festivos del puente, las redes sociales se llenan de lágrimas y angustias, poniendo una vez más en evidencia la cantidad de gente que, aunque afortunada por tener un trabajo pagado, sufre este como un castigo necesario. En un libro apasionante, El diario de un hombre decepcionado, su autor, W. N. P. Barbellion, hace gala de una fuerte vocación como naturalista y capacidad para la investigación que se ven frustradas al tener que aceptar un empleo rutinario. En una entrada del año 1915 el joven amargado habla de “la prueba de la felicidad”, que consistiría en no saber en qué día de la semana se vive: “El hombre desgraciado lo tiene en cuenta incluso cuando duerme. Ser tan alegre y sonrosado en lunes como en sábado, en el desayuno y en la cena, es lo que hace de un hombre un marido ideal”. Un siglo después, sustituyendo “marido” por “persona”, podríamos decir lo mismo sin mover una coma.

En un contexto así la renta básica es un asunto que tiene que estar, que está, sobre la mesa. Se ha estrenado estos días el documental Free Lunch Society, del austriaco Christian Tod, que se pregunta qué pasaría si cada uno de los ciudadanos de un país dispusieran, por el mero hecho de serlo, de un dinero que les permitiera vivir con las necesidades básicas cubiertas. Varios estudios e investigaciones que se han hecho al respecto concluyen que, a diferencia de lo que pudiera pensarse, la gran mayoría seguiría manteniendo su puesto de trabajo, quizás algunos reduciendo la jornada. Lo que es seguro es que los empresarios acostumbrados hasta ahora a hacer caja gracias a la explotación o al trabajo semiesclavo se quedarían sin su poderosa arma de chantaje. También se destaca el efecto dinamizador sobre el consumo y la inversión productiva.

El multimillonario Götz Werner, que aparece en la película, hace una reflexión muy interesante sobre lo que supondría desligar la idea de trabajo de la de salario. ¿Trabajaría con más empeño Angela Merkel en sus relaciones diplomáticas con otros países si cobrara más?, se pregunta. Y es que pensamos en el dinero o el éxito como únicas categorías asociadas al trabajo cuando no siempre son, a la hora de la verdad, las determinantes. Al ajedrecista indio Vishy Anand últimamente le preguntan con insistencia cuándo se va a retirar, dados sus no muy halagüeños últimos resultados. Su respuesta: “No sé qué tiene que ver… Si me gusta jugar, pues juego… Qué tienen que ver mis resultados con mi deseo de jugar”.

Comentando la proeza de Alphazero, el excampeón mundial Gari Kasparov destacaba las maravillosas implicaciones que se derivan del hecho de que una máquina sea capaz de establecer reglas que los humanos no han sido capaces de detectar. En efecto, es en ese salto de máquina como mera receptora de datos a máquina con capacidad para crearlos donde está lo más interesante. En el mundo no es que falten recursos o que no haya riqueza para todos, lo que falta es dilucidar nuevas reglas que establezcan nuevas relaciones. La capacidad de aprender es después de todo lo que hasta ahora ha distinguido al ser humano.

Los políticos no están para prometer la felicidad pero sí para establecer las mejores condiciones posibles para que cada uno de los ciudadanos la encuentre. La felicidad no reside en la ausencia de dolor -estar tumbado mano sobre mano día tras día- sino en la actividad productiva satisfactoria, y cada persona tendrá una manera distinta de realizarse a través de una ocupación u otra. El documental Free Lunch Society termina con una breve escena de Star Treck en la que unos humanos le preguntan al capitán Jean-Luc Picard qué hacer en un mundo con todas las necesidades materiales cubiertas. Dónde está el reto, preguntan, desorientados. -El reto, Sr. Hoffmanhaus, es mejorarse a uno mismo, crecer -responde Picard-. Disfrútelo.

Las huelgas no sirven para nada

28 diciembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de los estibadores, que ya sé que han conseguido mantener el 100% de puestos de trabajo frente a la patronal y el Gobierno. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como el transporte marítimo de mercancías. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de la recogida de basuras de Madrid, que ya sé que no hizo falta más que anunciarla para que las empresas aceptasen una sola mesa y negociar un convenio único para todos los trabajadores. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la recogida de basura de la capital. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo del aeropuerto de Ibiza, que ya sé que los trabajadores lograron que la empresa pague los atrasos y les abone también los días de huelga. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como un aeropuerto turístico. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de Nissan en Ávila, que ya sé que los trabajadores han garantizado que la fábrica no cierre, y suavizar mucho el ajuste que pretendía la empresa. Su caso no es representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la automoción. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de El Periódico de Cataluña, que ya sé que sus trabajadores han logrado la devolución de la rebaja salarial. Su caso no es representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como el periodismo. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de Cuétara, que ya sé que han conseguido subidas salariales, más puestos fijos y pluses de nocturnidad. Su caso no es representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la fabricación de galletas. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de Enviser, que ya sé que han logrado su primer convenio en diez años; ni lo de la Residencia Miravilla, que ya sé que han obtenido subidas salariales y reducción de jornada; ni lo de Zardoya Otis, que ya sé que la empresa se ha comprometido a no aplicar la reforma laboral y convertir en indefinidos al 90%; ni lo de los actores de doblaje, que ya sé lo de su nuevo convenio con mejores condiciones. Ninguno de ellos es representativo: son todos colectivos privilegiados y con capacidad de paralizar sectores tan estratégicos como la recogida de residuos, la residencia de mayores, la fabricación de ascensores o el doblaje de series y películas. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, ni en España ni en Eslovaquia, que ya sé que los trabajadores de Volkswagen en ese país han conseguido una subida salarial del 14%. Su caso no es representativo etc., etc. y etc. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de los repartidores de Deliveroo. No me extrañaría que acabasen consiguiendo una mejora de sus condiciones, pues sin duda son un colectivo privilegiado (todo el día en bici, qué felicidad) y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la comida a domicilio. Así cualquiera.

(Lo dejo aquí, aunque podría seguir unos cuantos párrafos más enumerando únicamente las huelgas exitosas de los últimos meses. Lo de “las huelgas no sirven para nada” es un estribillo que llevo oyendo hace años. Lo interesante es que últimamente lo oigo más veces en clave irónica, como este artículo. Algo debe de estar cambiando).

“La banca ética debe tener su propio reconocimiento normativo y fiscal”

28 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El nuevo presidente de la Federación Europea de las Bancas Éticas y Alternativas (FEBEA) es un pionero del sector. Pedro Manuel Sasia Santos lleva toda una vida dedicado a sacar adelante una banca que va a contracorriente de la lógica capitalista y de las normativas actuales. También presidente de Fiare Banca Ética en España y profesor en las universidades de Deusto y del País Vasco, Peru Sasia es doctor en Química Macromolecular por esta última.

En junio pasado, su larga experiencia en economía social fue reconocida al ser nombrado presidente de FEBEA, cuyas organizaciones miembro reúnen más 30.000 millones de euros en activos, 670.000 clientes, 3.300 empleados y 200.000 socios. La banca ética es más sana que ninguna otra. Sasia explica en esta entrevista los ejes que la caracterizan, su historia, sus éxitos, sus relaciones con la banca pública y sus retos de futuro.

¿Qué perspectiva hay para la banca ética y cooperativa, en España y en Europa?

Los bancos éticos y alternativos van creándose, consolidándose, institucionalizándose en redes. En FEBEA los miembros ya no traen sólo proyectos emergentes, sino realidades financieras que funcionan y que tienen una comunicación creciente con las administraciones públicas, incluso las europeas. Sin embargo, esa dinámica está extremadamente fragilizada con los marcos normativos que se puedan ir generando. La experiencia en nuestro país y en muchos otros países nos dice que esto se puede desmantelar o dificultar muchísimo si no se es consciente de su valor social.

¿FEBEA es distinta de otro tipo de entidad de finanzas éticas?

Nos constituyen varios ejes; uno es la manera en que entendemos las finanzas. Otro es la dimensión de la incidencia política y el compromiso con la transformación cultural y social más allá de la mera operativa financiera. El modelo de construcción de sociedades es una de las razones que justifica el porqué estamos construidos sobre unas dinámicas que tratan de ser extraordinariamente transparentes y participativas. Nosotros tratamos de cuidar muchísimo ese aspecto y eso se refleja en un modelo de gobierno, la mayor parte de las veces cooperativo.

¿Eso no siempre sucede?

Hay entidades financieras que reivindican un uso diferente y una manera distinta de entender las finanzas. Está la Global Alliance for Banking and Values, una alianza global de bancos con valores; está la Federación Europea de Banca Ética; está la Asociación Internacional de Inversores en la Economía Social (INAISE), y otras redes. Las entidades que consideran que lo importante es la naturaleza u orientación del instrumento financiero se agrupan en algunas como la Global Alliance. Quienes hacemos mucha incidencia en que no sólo es importante la operativa bancaria, sino la manera en cómo se desarrolla la entidad que promueve esa operativa, los efectos que genera en términos de transformación social, estamos en redes como FEBEA.

El suyo es un movimiento político…

Hay que actuar sobre la demanda. No puedo estar ocupado en desarrollar el proyecto más innovador, más bonito del mundo, si no consigo que la gente lo ponga en valor. El sistema económico actual es sobre todo un nicho cultural. Si no actúas sobre la demanda e incorporas un eje en el que los marcos normativos, los usos, el propio liderazgo de las administraciones a través de cláusulas sociales, de discriminación positiva de determinados circuitos que son buenos para las sociedades…; si no actúas sobre esos ejes, estarás haciendo hincapié sólo en el instrumento financiero.

Usted también está en la banca ética española. Han recibido de pronto muchísimo dinero, de gente harta de los bancos tradicionales. ¿Cómo lo gestionan? Dar crédito no parece fácil…

Lo afrontamos también desde las propias características del proyecto. Se nos acerca mucha gente y nos recomienda que desarrollemos dinámicas mucho más agresivas de crecimiento.

¿Qué significa “crecer agresivamente”?

Antes de responder a eso es importante destacar una cosa. Ninguna de nuestras entidades se creó en la crisis financiera. Se crearon mucho antes porque nuestro objetivo era proponer modelos alternativos. Entendíamos que el sistema financiero tal como estaba funcionando, cuando a todo el mundo le parecía una maravilla, era una bomba de relojería. Lamentablemente acertamos. Cuando llegó el momento de la crisis mucha gente nos decía que debíamos hacer inversiones fuertes, empezar a abrir oficinas, multiplicarnos por el mundo porque ahora venía el dinero. Nosotros no podemos, ni queremos, gestionar un proyecto a ese nivel. Nuestras dinámicas de crecimiento deben seguir tratando de velar por que se mantenga una cohesión con nuestra base social, y por que la transparencia se siga manteniendo. Nuestro modelo no va con muchos inversores porque la mayor parte de las veces gestionamos los beneficios sin repartir dividendos, o controlando muchísimo la revalorización de las acciones.

Pero a ustedes les llega dinero y algo tendrán que hacer con él…

A quién y cómo prestar es una pregunta que nos hacemos cada minuto. ¿Qué nuevos sectores? ¿Qué nueva economía? Estamos en un momento de exceso de liquidez. Quien diga que no tiene dinero para prestar está diciendo que no tiene ganas de prestar. Dinero hay. La pregunta es: ¿cómo prestar bien? Nosotros prestamos a los sospechosos habituales, a la economía social, solidaria, a asociaciones, cooperativas, etc…

Pero aunque sean de la economía social tampoco podrán prestar fácilmente…

Curiosamente tenemos unos índices de morosidad que son significativamente inferiores a los de la banca tradicional. ¿Cómo se hace eso? Todo tiene una coherencia interna. Conocemos muy bien el mercado en el que estamos. Se capilariza a través de las propias organizaciones y personas que nos constituyen, que es el mercado en el que queremos estar. Fiare en concreto es una herramienta financiera que ha surgido y vive de la economía solidaria. Es un entorno en donde nos conocemos y estamos legitimados. Todo eso genera dinámicas que son las que debería generar cualquier proceso de intermediación financiera, en el que el solicitante de financiación, quién intermedia y el dinero del que proviene, está basado un circuito de generación de confianza, de crédito en el sentido literal de la palabra. Uno de los efectos que tiene esto es que disminuye muchísimo la morosidad.

Hay exceso de liquidez, pero al mismo tiempo una buena parte de la economía social no tiene cómo financiarse… 

Sí. La razón puede ser doble: o porque no encuentra la entidad financiera que crea en ella y entienda bien el proyecto, o porque no es capaz, aceptado por ellos mismos, de presentar proyectos de crecimiento lo suficientemente sólidos. Hay sectores en que está ocurriendo eso. Las organizaciones no tienen la capacidad, porque la crisis ha golpeado en muchos lugares.

Hoy en España los alquileres han subido mucho. El acceso al crédito es muy complicado y no siempre es posible formar parte de una cooperativa de viviendas de cesión de uso, que es lo que ustedes exigen para dar un crédito a la vivienda. En esta búsqueda de a quién prestar, ¿han pensado en dar hipotecas personales?

En Italia, Fiare Banca Ética vende un montón de hipotecas. En España las vamos a comenzar a ofrecer en el conjunto del sector.

¿Por qué cuesta tanto dar hipotecas?

En nuestro caso, esto requiere una cierta dinámica. Hay gente en nuestra base social que opina que dar hipotecas a las personas es colaborar con un modelo de propiedad al que deberíamos oponernos. En cierta medida puede tener sentido. Hemos trabajado con nuestros grupos locales y organizaciones territoriales explicando lo que supondría empezar a vender préstamos hipotecarios a personas físicas. Dicho sea de paso, otra parte de nuestra propia base social nos lo lleva pidiendo desde hace un montón de tiempo. Hay gente que tiene hipotecas con entidades financieras con quienes no les gusta estar. El resultado es que vamos a vender créditos hipotecarios en seguida, cuando el sistema informático nos lo permita, y cuando podamos armar las condiciones de infraestructura suficientes. Pero no vamos a venderlos de cualquier manera. Precisamente la base social en esa reflexión nos dice que por ejemplo deberíamos —por la vía de los precios o alguna otra vía— promover aquella adquisición de vivienda que desde luego no sea vivienda especulativa, de lujo… Y que sería muy bueno promover también viviendas que trabajasen con un seguro ético, que se suministracen con energía renovable, etc., y todos los circuitos que permitan salvaguardar la economía solidaria a la que pertenecemos. Los créditos hipotecarios serán préstamos mucho más ventajosos o incluso serán los únicos aceptables.

Esto podría dar muchas oportunidades a la ESS, al generar más demanda…

Tiene un montón de posibilidades. Y ese es el modelo económico por el que apostamos. La consecución de esto no depende sólo de nosotros, sino de que haya otras realidades de ESS que estén alineadas con nosotros; de que se produzcan las condiciones normativas suficientes; y de que se trabaje un nicho cultural de personas que pongan en valor ese tipo de oferta. FEBEA está constituido por casi 30 entidades financieras, y estamos implantados en 15 países de Europa. Entre todas esas entidades se lleva desarrollando ese tipo de dinámica desde hace muchísimo tiempo, con resultados muy positivos.

¿Cuáles son las trabas con las que se topa la banca ética en Europa?

Las trabas más importantes tienen que ver con el hecho de que el legislador no comprende la propia naturaleza de nuestras entidades. Nosotros somos por naturaleza pequeños, comparados con los grandes grupos transnacionales. Hay muchas normativas que, de una manera más o menos eficaz o bienintencionada, se van implementando para determinados desmanes de las entidades financieras. Un bello intento. Pero cuando se aplican con entidades como las nuestras generan una presión tremenda.

¿Un ejemplo?

Las famosas normativas relacionadas con el capital suficiente para conceder financiación. Una entidad puede conceder crédito de determinado riesgo. Hay ciertos cálculos y ciertas fórmulas, en función del capital que tienes, de los fondos propios. Esto, que en principio tiene toda la lógica del mundo, requiere una estructura interna de control. Y supone el mismo coste para alguien con 200 trabajadores que para una entidad con 20.000. Es un problema de proporcionalidad. Pero además trata de proteger frente a algunas operativas que ciertas entidades como las nuestras no hacen nunca, con lo que se reconocería que los requisitos de capital podrían ser diferentes. Por ejemplo, no hacemos inversiones especulativas. Tampoco trabajamos con paraísos fiscales. Esto es una desventaja evidente en la cuenta de resultados y en el balance. Somos perdedores desde el punto de vista económico porque somos tan tontos que no utilizamos estrategias de elusión fiscal ni ingeniería financiera.

Eso debería prohibirse directamente…

Pero no existe. Hay un vacío legal. En nuestros pequeños éxitos hemos conseguido que se entienda que hay un fenómeno que se llama banca ética, que nos gustaría que tuviese reflejo y reconocimiento normativo, incluso fiscal, lo mismo que se reconoce la economía social o las empresas de inserción. Lo ha habido con las cajas de ahorros. Y en Italia ya ha ocurrido. La normativa bancaria oficial ha incorporado un artículo en donde reconocen las entidades de banca ética, las que tienen determinada característica, relacionadas con cómo nos gobernamos, con la horquilla de salarios, con el crédito, la transparencia y la participación. Se ha concretado económicamente en muy poca cosa, pero por lo menos existe el reconocimiento.

¿Cómo los ve la Unión Europea?

Se está avanzando. La UE recibe informes de organismos europeos, muchos de ellos consultivos, en los que se reconoce como valor la biodiversidad en el ecosistema financiero. En noviembre tenemos una sesión en el Parlamento Europeo en donde europarlamentarios presentarán la experiencia italiana para ver si otros países cogen la bandera y llevan a cabo cambios normativos similares. Hay avances. Hoy se ha promulgado por fin en Italia la ley que prohíbe el financiamiento de determinados circuitos de comercio de armas, algo en lo que  llevábamos insistiendo hace siete años.

En todo caso, hoy por hoy ser éticos tiene sus desventajas…

Vamos a contracorriente culturalmente desde todos los puntos de vista. Cuando dicen “vosotros no reunís el capital”, lo dicen como si fuésemos ineficaces. No tiene nada que ver. También está el asunto de la gobernanza. Hay muchas cooperativas que quedan en manos de la tecnoestructura y la socioestructura se gestiona en asambleas, en consejos. Nosotros nos rebelamos contra eso. En la normativa bancaria, al procurador lo que le interesa es apuntar a un responsable. Nosotros le decimos que no. Nuestra base social participa y para la normativa eso puede ser conflictivo.

¿Qué opina de estas nuevas formas de financiación vía crowdfunding ?

No la descarto de antemano, pero hay que hacerla muy bien. Y, como siempre, el punto de partida tiene que ser el contar con circuitos de base social lo suficientemente sólidos. Es decir, Fiare Banca Ética funciona bien porque hay miles de personas —no clientes, sino personas— no que consumen banca ética, sino que construyen banca ética. Esa es la clave. Luego deberás tener gente que consume banca ética, y que te genera ese retorno.

¿Qué relación puede tener la banca ética con la banca pública? 

Mucha. Estamos estudiando ese asunto. Y hay que marcar muy bien los términos. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de banca pública? ¿Es una entidad financiera en la que trabajan funcionarios públicos y hace lo que hacen todas las demás entidades? Porque las cajas de ahorros hasta ahora eran entidades sometidas a control público. El Instituto de Crédito Oficial es un instituto con dinero oficial… Cuando la banca pública funciona permite a las organizaciones capear mejor las crisis. En el momento en que se debilita alguno de los eslabones del circuito de intermediación financiera —ya sea vías suficientes para el ahorro, vías de financiación exentas de corrupción, nichos de crédito no bien entendidos—, la administración pública debe asumir y garantizar la financiación. Si estamos hablando de eso cuando hablamos de banca pública, es muy complementaria con la banca ética.

¿Ustedes trabajan en ello?

Fiare tiene acuerdos con muchas administraciones en las que la administración da instrumentos de garantía y Fiare genera dinámicas de microfinanciación para el desarrollo y emprendimiento local. Es evidente que la generación de unas condiciones para que se produzcan desarrollos económicos que merezcan la pena también es una responsabilidad pública. El crédito ya lo daremos los demás con dinero de la ciudadanía. El ahorro a nosotros nos viene espontáneamente. No tenemos que regalar bicicletas, ni calendarios, ni cuberterías. Nos llega. Tenemos que trabajar para conceder buen crédito donde queremos concederlo.

En una empresa tradicional un inversor se arriesgaría, pero querría mandar. Al no contar con esta posibilidad, las cooperativas tienen más dificultades de crecer sin el riesgo que les comportaría una deuda. ¿Qué alternativas existen?

La clave para asegurar un cierto colchón financiero que te permita crecer es tener una base social fuerte que aguante de sobras la actividad económica y las exigencias, el balance y la cuenta de resultados. O que la actividad sea tan exitosa que los propios beneficios se puedan reinvertir y generar más crecimiento. Si no, el círculo es vicioso. Porque la siguiente alternativa es que vengan inversores externos, que querrán estar informados y decidir.

Lo cual es lógico si ponen dinero…

Pero a veces vienen de culturas que no son la tuya… Para eso sales al mercado y te cotizas. Hay otra posibilidad para crecer que es formar parte de grupos, la experiencia de Mondragón tiene que ver con eso… Nosotros dentro del grupo Banca Ética tenemos el banco, una fundación, una serie de cosas, y una revista. El pertenecer a un grupo es un elemento de cohesión interesante. Caminar solos es difícil en estos tiempos.

[Esta entrevista ha sido publicada en el número de noviembre de la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]