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Esta es la lista completa de los escándalos de Uber

10 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Uber se ha visto sacudido últimamente por una constante oleada de escándalos y publicidad negativa, incluyendo revelaciones de programas de espionaje, una demanda por tecnología de alto riesgo, reclamaciones de acoso sexual y discriminación, y vergonzosas filtraciones sobre la conducta de sus ejecutivos.

Los desastres de relaciones públicas culminaron con su director ejecutivo Travis Kalanick cogiendo una baja indefinida la semana pasada, y con las promesas de una reforma audaz que ignoraba en gran medida la relación tensa de la compañía con los conductores. Finalmente,  Kalanick ha dimitido por las presiones de los accionistas.

Por si te habías perdido algún capítulo del culebrón Uber, aquí va una lista cronológica con algunos de los escándalos más importantes.

Sexismo”boob-er” (febrero de 2014)

El ya ex director general de Uber, Travis Kalanick, habló en una entrevista sobre su creciente atractivo desde que es dueño de la empresa, y le dijo a un reportero de Esquire que debió llamarla “Boob-er” [‘boob’ se llama coloquialmente a los pechos de la mujer y ‘boober’ se puede significar pene]. 

Selección de competidores (agosto de 2014)

Uber se enfrentó a acusaciones porque reservó miles de paseos falsos de su competidor Lyft, en un intento de reducir sus beneficios y servicios. Los reclutadores de Uber también enviaron supuestamente spam a los pilotos de Lyft.

El escándalo “Vista de Dios” (noviembre de 2014)

El ejecutivo de Uber, Emil Michael, sugirió ensuciar la reputación de periodistas y difundir información personal de una periodista que criticaba a la compañía. Luego se disculpó. También reveló que Uber tiene una tecnología llamada “Vista de Dios” que permite a la compañía rastrear las ubicaciones de los usuarios, aumentando los problemas de privacidad. Además, un gerente accedió al perfil de una periodista sin su permiso.

Espiando a Beyoncé (diciembre de 2016)

Un exinvestigador de Uber reconoció que los empleados regularmente espiaban a políticos, ex y actuales personalidades, incluyendo a la cantante Beyoncé.

El fracaso del piloto automático

Los reguladores en California ordenaron a Uber que retirara vehículos automáticos de la carretera después de que la compañía hiciera pruebas sin permiso con coches sin conductor. El primer día del programa, los vehículos fueron pillados saltándose semáforos en rojo, y usuarios de  bicicletas de San Francisco plantearon dudas sobre los peligros que pueden suponer esos vehículos para los carriles bici. La compañía definió como “error humano” a los problemas de los semáforos en rojo, pero el New York Times afirmó más tarde que las declaraciones de la empresa eran falsas y que la tecnología automática fallaba.

Publicidad engañosa (enero de 2017)

Uber se vio obligado a pagar 20 millones de dólares (18 millones de euros aproximadamente) para resolver las acusaciones de haber engañado a los conductores prometiéndoles falsas ganancias. La Comisión Federal de Comercio alegó que la mayoría de los conductores de Uber ganaban mucho menos que las tarifas publicadas por Uber en Internet en 18 ciudades importantes de los Estados Unidos.

DeleteUber se hace viral (enero de 2017)

La campaña #DeleteUber se hizo viral después de que la compañía aumentara los precios durante la protesta de taxistas de Nueva York contra el veto migratorio de Donald Trump. Aproximadamente 500.000 usuarios borraron supuestamente sus cuentas tras el escándalo.

Lazos con Trump (febrero de 2017)

El director ejecutivo Travis Kalanick dimitió del consejo asesor de Trump después de que los usuarios amenazaran con un boicot. Kalanick dijo: “Unirse al grupo de asesores no significaba respaldar al presidente o sus políticas, pero desafortunadamente se ha interpretado mal”.

Escándalo de acoso sexual (febrero de 2017)

La exingeniera de Uber, Susan Fowler, se hizo pública con denuncias de acoso sexual y discriminación, lo que llevó a la compañía a contratar al exfiscal general Eric Holder para investigar sus acusaciones. Esta historia generó un amplio debate sobre el sexismo y la mala conducta en las empresas de Silicon Valley.

La demanda de Google (febrero de 2017)

Waymo, la compañía de coches automáticos de la sociedad matriz de Google Alphabet, presentó una demanda contra Uber, acusando a la empresa de robar su tecnología. La demanda, que podría ser un revés fatal para las ambiciones de coches autónomos de Uber, sostiene que un exempleado de Waymo, Anthony Levandowski, robó secretos comerciales para Uber. El ingenirero  Levandowski fue despedido más tarde por Uber.

Google dice que sus coches sin conductor han tenido 11 accidentes en 6 años
Google dice que sus coches sin conductor han tenido 11 accidentes en 6 años EFE

Aplicación para esquivar la ley (marzo de 2017)

El New York Times informó que Uber durante años utilizó una herramienta llamada Greyball para engañar sistemáticamente la aplicación de la ley en ciudades donde la compañía violaba las leyes locales. La compañía utilizó Greyball para identificar a las personas que se cree que están trabajando para agencias de la ciudad, llevando a cabo operaciones muy importantes, según informó el Times. Las revelaciones llevaron al lanzamiento de una  investigación federal.

El director grita a un conductor (marzo de 2017)

Kalanick fue grabado por una cámara discutiendo con un conductor de su propia empresa, que se quejaba sobre la dificultades de conseguir unos ingresos razonables con las malas tarifas de la compañía. El director ejecutivo gritó al conductor: “A algunas personas no les gusta asumir la responsabilidad de su propia mierda. … Culpan a alguien de todo lo que les ocurre en su vida. ¡Buena suerte!”. Más tarde emitió una disculpa y dijo que tenía la intención de obtener ayuda para “mejorar su liderazgo”.

Prostitutas en Seúl (marzo de 2017)

Según el periódico de información tecnológica the Information, un grupo de empleados de alto nivel, incluyendo a Kalanick, visitaron un bar “escort” y de karaoke en Seúl en 2014. Esto provocó una queja a Recursos Humanos de una gerente de marketing de Uber. Los clientes en este tipo de bares suelen seleccionar mujeres para cantar karaoke antes de llevárselas a casa.

Espiando a la competencia (abril de 2017)

Un programa secreto que Uber denominaba Hell (infierno) permitía a la compañía espiar a su rival Lyft para descubrir a los conductores que trabajaban para la competencia.

Conductores mal pagados (mayo de 2017)

Uber  aceptó pagar decenas de millones de dólares a los conductores de  Nueva York después de admitir que les pagó menos durante dos años, al hacer un descuento en las tarifas más alto del que tenía derecho a realizar. El promedio de desembolso por conductor se espera que sea alrededor de 900 dólares (807 euros, aproximadamente).

20 empleados despedidos (junio de 2017)

Uber confirmó que ha despedido a más de 20 empleados después de una investigación sobre las demandas de acoso sexual y una cultura sexista y agresiva en el lugar de trabajo.

Culpar a una víctima de violación

Los informes revelaron que un alto ejecutivo de Uber había obtenido el historial médico de una mujer que fue violada por un conductor de Uber en India, supuestamente para poner en duda el testimonio de la víctima. Según la web de tecnología Recode y el New York Times, el ejecutivo, Eric Alexander, fue despedido después de que los periodistas se enteraran del incidente. La mujer más tarde demandó a la compañía por violar sus derechos de privacidad y difamarla.

Kalanick de coge una baja indefinida (junio de 2017)

Kalanick anunció que se cogía una baja indefinida tras el informe sobre la cultura empresarial y el clima de trabajo, cuyas conclusiones recomendaban a Uber “revisar y reasignar” las responsabilidades del director ejecutivo.

Comentario machista en el consejo de administración (junio de 2017)

David Bonderman dimitía de la junta de Uber después de hacer un comentario machista a su compañera de la junta directiva, Ariana Huffington, durante una reunión pensada para mejorar la situación de acoso y sexismo en la empresa. El inversor bromeó con un comentario en el que insinuaba que las mujeres no hacen más que hablar. Se disculpó y dimitió horas después.

Traducido por Alicia Stein

La alcaldesa Ada Colau lleva razón en su conflicto con Airbnb: los pisos turísticos están destruyendo los barrios

2 agosto, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 11 de abril de 2017.

Este artículo aborda la destrucción de los barrios en las ciudades con atractivo turístico por la expansión de los pisos turísticos, los cuales provocan la sustitución de una población estable por una población transeúnte, poco comprometida con el bienestar de la ciudadanía. El artículo detalla los elevados costes que tal expansión significa para la calidad de vida de la ciudadanía, y cómo varias ciudades turísticas de EEUU están respondiendo a esa amenaza. El artículo también defiende a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, por haberse enfrentado con empresas como Airbnb, que están promoviendo tal actividad mercantil.

Uno de los hechos económicos más extendidos en las grandes urbes de atractivo turístico ha sido el enorme desarrollo de los pisos turísticos, que se presentan como un ejemplo de lo que se conoce como economía colaborativa, en la que la relación entre el comprador de servicios (el turista que busca hospedarse por tiempos cortos) y la persona que los ofrece (el dueño del piso) se hace directamente a través de una agencia que los pone en contacto, y no a través de la industria hotelera, a la cual sustituye. En teoría parecería una relación razonable, e incluso progresista (y así se ha presentado incluso en algunos medios de información de tal orientación política). Por un lado, tenemos las personas que tienen habitaciones o pisos disponibles que quieren aumentar sus ingresos alquilando tales espacios a turistas, y por el otro lado, el turista que busca un espacio más económico que el hotel y/o residencia. En esta relación, la institución necesaria es una compañía que ponga en contacto a las dos partes –al turista y al propietario de la casa o habitación-, compañías que se han extendido enormemente, y de las cuales Airbnb es la más conocida.

Hasta aquí la descripción de lo que debería pasar en teoría. Y, ¿quién se puede oponer a que una familia pueda conseguir unos ingresos extra a base de alquilar un espacio de su propia casa o de su propiedad? Se presenta así una alternativa a las grandes corporaciones hoteleras, que hasta ahora habían controlado la distribución de los espacios de hospedaje de tales ciudades turísticas.

La rebelión ciudadana en contra de los pisos turísticos

Como en el caso de otros ejemplos de “economía colaborativa” (como la compañía de transportes UBER, entre otros), nos encontramos que la distancia entre la teoría y la realidad es enorme, hasta tal punto que ha surgido una gran protesta ciudadana en todas las ciudades en las que los pisos turísticos se han expandido. Y muchas de estas ciudades están considerando no solo regularlos intensamente, sino incluso prohibirlos. ¿Por qué?

La respuesta es fácil de ver. En primer lugar, la existencia de tales pisos significa una gran molestia para las fincas y para los barrios donde existen estos pisos turísticos, pues es una población transeúnte, no ligada o conectada con el bario o fincas cuya movilidad y/o comportamiento y rompe con la cohesión y espíritu comunitario del lugar. La evidencia de ello es abrumadora. Hay barrios enteros en Barcelona, por ejemplo, que corren el peligro de diluir su carácter vecinal debido al elevado número de tales pisos.

Y para complicar todavía más esta situación, gran parte de estos pisos turísticos no están ni identificados, operan sin ningún tipo de regulación o protección del usuario y de los vecinos, y no ofrecen ninguna garantía ni de seguridad ni de calidad. En general no hay protección frente a dicha actividad mercantil, que contribuye muy poco al erario público, pues un gran número de estos pisos actúan ilegalmente, y no contribuyen, a través del pago de impuestos, a cubrir los gastos extras que su existencia implica. No es de extrañar, por lo tanto, que haya constantemente protestas ciudadanas en lugares donde existen estos pisos turísticos.

Y por si ello no fuera poco, la utilización de pisos turísticos disminuye la oferta de pisos de alquiler para gente normal y corriente, disparándose los precios de los alquileres. En Barcelona, desde 2015, estos alquileres han experimentado un crecimiento muy acentuado (un 15% anual), que es insostenible para la mayoría de la población, cuyos ingresos crecen mucho más lentamente. Hay una relación directa entre el número de pisos turísticos en un barrio, el crecimiento del precio de los alquileres, y el éxodo de vecinos a otros barrios con menos pisos turísticos.

Una protesta internacional. ¿Qué puede hacerse?

El equipo del profesor John Whitlow, de la City University of New York (también profesor visitante del JHU-UPF Public Policy Center), acaba de publicar un interesante estudio sobre cómo ciudades turísticas en EEUU (como Nueva York, San Francisco, Nueva Orleans, Seattle, Los Ángeles y Miami) están respondiendo a esta amenaza a la calidad de vida de los vecinos y a la identidad de los barrios. Entre tales intervenciones municipales están:

1. Limitaciones del número de días al año que una persona propietaria puede poner su piso o habitación a disposición de alquileres cortos. El número varía de 30 a 90 días. Todas las ciudades citadas, excepto Miami, aplican esta norma.

2. Provisión de permisos para establecer pisos turísticos solo en ciertos barrios de la ciudad, tal como exigen Miami y Nueva Orleans.

3. Exigencia de licencia y registro. Todas las ciudades exigen que tanto la agencia Airbnb (y otras agencias similares), así como las personas que alquilan sus espacios, estén licenciadas y registradas, exigiéndoles, además, que garanticen el cumplimiento de la normativa de seguridad e higiene.

4. Deben pagar impuestos, exigencia presente en todas las ciudades, como condición para ejercer tal tipo de actividad comercial.

5. Notificación al ayuntamiento de las personas que alquilan estos espacios y de los inquilinos que ocupan tales espacios.

6. Aprobación por parte del ayuntamiento del tipo de vivienda que puede ponerse al mercado como piso turístico, estableciendo normas de espacio. Solo Nueva Orleans excluye este requerimiento. Todas las demás lo tienen.

7. Todas las personas que ofrecen pisos turísticos tienen que ser residentes de la ciudad. Las personas no residentes no pueden comercializar su vivienda para pisos turísticos. Esta regulación tiene como objetivo dificultar que empresas de capital-riesgo compren propiedad inmobiliaria para transformarla en pisos turísticos.

Y el informe termina indicando que el nivel de requerimientos está expandiéndose rápidamente, a medida que la ciudadanía se está quejando más y más por las molestias que tales pisos turísticos están creando. En realidad, una ley muy popular que se está expandiendo es que los vecinos de una finca puedan votar sobre permitir o no que hayan pisos turísticos en aquella finca. Cuando tal ley se aplica tiene un impacto muy inmediato, parando y revirtiendo dicha expansión. En realidad, el enfado ciudadano está alcanzando tal nivel, que el tipo de sanciones por violaciones de las normas definidas anteriormente está aumentado. Entre ellas, en todas las ciudades citadas (excepto en Los Ángeles) se multa a los propietarios de pisos y a Airbnb con entre 500 y 2.000 dólares por día en casos de violación de las normas municipales. Y el propietario puede ser llevado a los tribunales en caso de que los vecinos de quejen de las molestias originadas por los pisos turísticos. El informe (puesto en mi web http://www.vnavarro.org) detalla, ciudad por ciudad, las normas y regulaciones. Todo ello parece indicar que no es descartable, en un futuro próximo, que tal enfado alcance niveles de indignación y que pasen a aprobarse leyes de prohibición de la existencia de tales pisos turísticos, pues no hay duda que su existencia está deteriorando el bienestar y la calidad de vida de los barrios en las ciudades. Su existencia es una prueba más del impacto sumamente negativo de las políticas neoliberales aplicadas en el diseño del desarrollo urbano. La mercantilización de todas las dimensiones de la actividad humana está llevando a un deterioro muy notable de la calidad de vida de la ciudadanía. Y lo que es sorprendente es que a este desarrollo algunas voces que se definen como progresistas lo llamen “progreso”.

La debilidad de los ayuntamientos en Catalunya y en el resto de España

Una de las mayores diferencias entre el poder municipal en Catalunya y España, y el poder municipal en EEUU, es la enorme debilidad de los ayuntamientos catalanes y españoles, debilidad que caracteriza a los Estados del sur de Europa, donde las fuerzas conservadoras han dominado tales Estados por periodos más largos de tiempo en los siglos XX y XXI. Es precisamente donde las izquierdas han gobernado durante más tiempo (como en los países escandinavos) donde los ayuntamientos tienen mayor poder, mientras que es en el sur de Europa, donde las derechas han sido más poderosas, donde los ayuntamientos son más débiles. Esta falta de poder en el nivel del Estado más próximo a la ciudadanía limita enormemente la incidencia de la ciudadanía en el desarrollo de las políticas públicas que afectan con mayor intensidad a su calidad de vida y bienestar.

Considerando la debilidad de los ayuntamientos en España, es de aplaudir que el Ayuntamiento de Barcelona haya ofrecido un liderazgo, reconocido internacionalmente, para limitar el daño creado por los pisos turísticos a la calidad de vida de los vecinos en Barcelona. Predeciblemente las fuerzas conservadoras y neoliberales, que continúan teniendo un enorme poder político y mediático en España (incluyendo Catalunya), y Airbnb han intentado demonizar al ayuntamiento, manipulando y mintiendo, presentando las acciones de este como excesivamente radicales, motivadas por razones ideológicas anticuadas, ocultando que en otras ciudades tales medidas ya se han desarrollado y han probado ser altamente populares. El mérito del Ayuntamiento de Barcelona es el de haberse enfrentado a tales intereses, con el coraje que caracteriza a la alcaldesa Ada Colau, que ha sido aplaudido en muchas otras ciudades, las cuales se han inspirado en ella. Este aplauso debe ir acompañado de la denuncia a la Generalitat de Catalunya, controlada por las fuerzas conservadoras y neoliberales (y cuyos medios públicos de información y persuasión promueven Airbnb), que predeciblemente ha dificultado los pasos que el ayuntamiento deseaba tomar y que la ciudad se merecía. ¿Hasta cuándo continuará ignorando un clamor popular frente a esta situación que se está convirtiendo en una pesadilla para miles y miles de ciudadanos?

La ideología que reproducen las “ciencias económicas”

12 marzo, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 9 de enero de 2014

Este artículo critica el área de conocimiento que se llama “ciencias económicas”, mostrando el carácter ideológico de muchos de sus postulados. El artículo también denuncia la excesiva influencia que la banca y las grandes empresas tienen en la financiación de la investigación y de los centros de estudios económicos, incluyendo instituciones académicas.

No hay plena consciencia de que el lenguaje que se utiliza hoy en las ciencias económicas (donde el pensamiento neoliberal es dominante), y que aparece en el discurso hegemónico en los medios de información de mayor difusión, reproduce unos valores que quedan ocultos en la narrativa de esta área de conocimiento. Por ejemplo, es frecuente que se escriba en fórums políticos y económicos que las derechas (fuerzas conservadoras y liberales) priorizan a los mercados como los determinantes del comportamiento económico y financiero, mientras que las izquierdas enfatizan más las intervenciones públicas del Estado para la configuración de las prioridades en los espacios financieros y económicos. En esta dicotomía se ocultan o ignoran varios hechos esenciales.

Uno es que la palabra “mercados” quiere decir, en realidad, los propietarios y gestores del capital, es decir, las grandes empresas que dominan las distintas áreas de la actividad económica, dentro de las cuales las financieras han adquirido un gran protagonismo. Cuando las derechas acentúan que tienen que ser los mercados los que definan las prioridades sociales, están en realidad diciendo que son los propietarios y gestores de las grandes empresas los que tiene que tener la primera y última palabra en las decisiones que afectan a la gobernanza del país. Esta versión aparece con toda crudeza en la famosa expresión que “lo que es mejor para Citibank (en España, el Banco de Santander o Repsol) es también lo mejor para el país”.

Este punto de vista, sin embargo, se presenta por lo general en una terminología menos directa y más sutil. Se dice que es a los “mercados” (sin utilizar el término capitalistas) a los que se debe obedecer. Los brutales ataques al Estado del Bienestar en los países periféricos de la Eurozona (que tienen el gasto público social por habitante más bajo de la UE-15), con reducción del gasto público, se presentan como necesarios para seguir la disciplina fiscal dictada por los “mercados”. Y la bajada de salarios (que están entre los más bajos de la UE-15) se presenta como necesaria para responder a los “mercados”, haciendo a España más competitiva. Si usted, lector, se lee los documentos del gobierno español, de la Comisión Europea, del Banco Central Europeo y del Banco de España, verá estas expresiones utilizadas constantemente. El mensaje es que hay que responder a los mercados. En realidad, lo que quieren decir (pero no se atreven a decirlo) es que hay que hacer lo que los propietarios y gestores de las grandes empresas y muy en especial las financieras digan que tiene que hacerse.

A algunas voces, sin embargo, se les escapa lo que piensan y lo dicen sin tapujos. Así, uno de los arquitectos de las políticas desarrolladas por el gobierno Thatcher, en una entrevista en 1991 (“Former Thatcher adviser Alan Budd spills the beans on the use of unemployment to weaken the working class – sound familiar?” entrevista de Adam Curtis, junio de 1991), indicó que era necesario utilizar este tipo de terminología para ocultar los objetivos reales. Decía este personaje, Alan Budd, que es muy, pero que muy necesario, que crezca el desempleo, pues este es un objetivo muy deseado a fin de debilitar a la clase trabajadora y así favorecer a los propietarios del capital. “Lo que hicimos, utilizando la terminología marxista, fue crear una crisis del capitalismo, recreando un gran ejército de reserva –la población desempleada– lo que permitió ampliar beneficios a los grandes empresarios a partir de entonces”. Les aseguro que los economistas neoliberales del gobierno actual, así como un gran número de gurús económicos y financieros de gran visibilidad mediática, sin o con chaquetas llamativas, piensan igual, aunque lo dicen de una manera más elaborada y más sutil. Lo definen como requerimientos de los mercados.

La educación económica en nuestro país

Esta narrativa en la cultura económica es dominante (con notables excepciones) en la cultura académica española. En realidad, gran parte de la enseñanza económica se basa en este entendimiento. El énfasis es en los mercados, dando prominencia a la necesidad de que sean estos los que determinen las prioridades de la sociedad. Con ello se da prioridad a reproducir la distribución de poder, basada en la propiedad y gestión del capital. Como bien ha dicho Paul Krugman, hoy, en la mayoría de Departamentos de Economía de las universidades de EEUU, la economía que se enseña es “lo que el 1% de renta superior del país desea que se haga”. Una situación idéntica ocurre en España (de nuevo, con notables excepciones).

Esta situación se ha incluso acentuado más en los últimos treinta años, durante los cuales la influencia del capital, y muy en especial del capital financiero, en el desarrollo de las “ciencias económicas” ha sido muy acentuado. De la misma manera que la industria farmacéutica tiene una enorme influencia en la cultura académica de las ciencias médicas, a través del patrocinio de congresos, de revista científicas, de financiación de centros de investigación, de cátedras en la universidad, de pagos y donaciones a médicos, vemos que la banca y las grandes empresas tienen una enorme influencia en los centros académicos de economía, a través de idénticos procesos.

Más recientemente este intervencionismo es incluso más directo, como es el caso de Fedea, o el caso de sus cátedras, financiadas por las grandes empresas financieras e industriales. En todas ellas se promueve la doctrina neoliberal, sin ningún disimulo, gozando de grandes cajas de resonancia ofrecidas por los medios de información, altamente dependientes de la banca para su propia supervivencia. Ni que decir tiene que dichos medios, muy de vez en cuando, permiten voces críticas a fin de presentarse como abiertos y plurales. Pero su mayor misión, que cumplen exitosamente, es propagar la doctrina económica del 1%, que es el neoliberalismo.

En realidad, los gurús económicos neoliberales de gran visibilidad mediática gozan de una inmunidad que no tiene ninguna otra profesión. Ejemplos hay muchos. Supóngase que un famoso  profesor de medicina se hubiera hecho famoso a base de promocionar un producto farmacéutico y que, después de ser ampliamente promocionado, se descubriera que los informes científicos que ese médico había presentado eran falsos, llenos de errores y manipulaciones. Les aseguro que lo más probable es que este médico, además de perder su credibilidad, quedara marginado, expulsándoselo de los comités científicos, y podría incluso perder su cátedra.

Pues bien, esto ha pasado recientemente con unos famosos economistas de prestigiosos centros académicos (Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff). Su famoso “hallazgo” era que un país, en el caso de que fuera indisciplinado en sus cuentas públicas y alcanzara una deuda pública de más del 90% del PIB, entraría en un declive muy acentuado. Este “hallazgo” fue ampliamente utilizado por todas las instituciones, altamente influenciadas por la banca, desde el BCE hasta la Comisión Europea, asimismo como el Banco de España y el gobierno español, para imponer políticas de austeridad a las clases populares. Pues bien, un Departamento (marginado por su heterodoxia en el mundo académico de EEUU) de Economía de la Universidad de Massachusetts mostró que había muchos errores y/o manipulaciones en el trabajo que había producido ese hallazgo. Pues bien, los dos autores continúan teniendo la misma visibilidad mediática, tanto en EEUU como en España, mientras que los economistas que mostraron dichos errores no están ni se les espera en ninguno de los fórums o medios donde la sabiduría convencional se reproduce.

Consecuencias del dominio de los mal llamados mercados

Otro error que se presenta en esta dicotomía mercados versus Estado es asumir que las derechas favorecen a los mercados y desfavorecen al Estado, mientras que las izquierdas favorecen al Estado a costa de los mercados. Ya he escrito críticamente sobre esta falsa dicotomía en un artículo reciente (ver “El contexto político del crecimiento de las desigualdades”, en Público 02.01.14), pero la importancia del error me obliga a enfatizarlo de nuevo.

La evidencia empírica de que las derechas son tan favorables a las intervenciones públicas, o incluso más, que las izquierdas, es abrumadora. Y los datos hablan por sí solos. Los “mercados”, es decir, los propietarios y gestores del capital son los mayores beneficiarios de las intervenciones de los Estados. Andy Haldane, Director Ejecutivo de Estabilidad Financiera del Banco de Inglaterra, ha calculado que el subsidio público (pagado con fondos del Estado) a los bancos más importantes del mundo fue equivalente a 70.000 millones de dólares de media cada año (durante el periodo 2002-2007), cantidad multiplicada varias veces a partir del 2007, inicio de la crisis (citado en “How High Inequality Plus Neoliberal Governance Weakens Democracy”, por Robert Wade en Challenge, Nov-Dic 2013). Y en España, el apoyo público pagado por el Estado a la banca y otras instituciones financieras alcanzó la abrumadora cantidad de cerca de 220.000 millones de euros desde 2007. Ninguna otra institución ha sido tan subvencionada como la banca, cuyos comportamientos especulativos fueron ampliamente responsables de la crisis actual, de la cual fueron rescatados, de nuevo, con fondos públicos, sin que su salvación haya resuelto el problema de falta de crédito que las pequeñas y medianas empresas están sufriendo. En realidad, y tal como ha indicado Joseph Stiglitz, con los fondos que se han gastado los Estados para salvar a los propietarios y gestores del capital financiero, se podrían haber creado bancos públicos que habrían garantizado la accesibilidad al crédito. El hecho de que ello no haya ocurrido es consecuencia de la enorme instrumentalización de los Estados por la banca, lo cual ha alcanzado  niveles hiperbólicos en el gobierno actual de España, uno de los que ha impuesto políticas de mayor austeridad a las clases populares en la UE-15.

Las desigualdades, tema desconocido en las teorías económicas

Consecuencia de lo dicho en la sección anterior es el hecho de que los Estados, instrumentalizados por el capital, han sido los responsables de las enormes desigualdades que han estado ocurriendo  desde los años ochenta, crecimiento que apenas ha aparecido en la literatura de las “ciencias económicas”. En realidad, algunos no solo las ignoraron y desconocieron, sino que las ocultaron deliberadamente por considerarlas perniciosas. Así, Robert Lucas, Profesor de Economía de la Universidad de Chicago, conocido como uno de los fundadores del neoliberalismo económico y Premio Nobel de Economía en 1995, indicó que “una de las tendencias perniciosas y dañinas en el conocimiento económico…. en realidad, venenosa para tal conocimiento, es el estudio de temas de distribución…” (Robert Lucas, “The Industrial Revolution: Past and Future”. Annual Report 2003 Federal Reserve Bank of Minneapolis, May 2004). El estudio de las desigualdades de renta y propiedad no es un tema frecuente o bien conocido en los análisis que se centran en la eficiencia y eficacia de los llamados “mercados”. Y ello es consecuencia de que los propietarios y gestores del capital, máximos beneficiarios de estos conocimientos, no quieren que se conozcan las causas y consecuencias de su riqueza. Durante el periodo 2009-2012, el periodo de mayor crisis en EEUU, la renta del 1% más rico de EEUU absorbió el 95% del crecimiento total de la renta, y los ingresos de los propietarios y gestores de las 500 compañías más grandes de EEUU pasaron a representar 324 veces más que el salario promedio.

A lo máximo que el conocimiento económico llega es al análisis de la pobreza, centrándose más en los pobres que en las causas de la pobreza. Es común oír o ver la expresión de que “no me importan las desigualdades o que la gente sea tan rica como pueda. Lo único que me importa es la pobreza”. El problema con este dicho, muy común entre economistas liberales, es que las desigualdades y la pobreza están íntimamente relacionadas. La enorme concentración de las rentas se hace a costa de las rentas de los demás sectores de la población. La distribución de las rentas de un país no responde a causas económicas, sino políticas. En estos años de crisis, mientras que las rentas del 1% de la población han crecido desmesuradamente, la renta media de las familias estadounidenses ha descendido un 4%. Y ello, como consecuencia de las políticas públicas realizadas por el Estado. Ha habido lo que se llama un impacto Robin Hood, “Robin de los bosques”, al revés, es decir, una redistribución de las rentas de la mayoría a la minoría, debido a la enorme influencia de esta minoría sobre el Estado, y que se traduce tanto en las políticas fiscales como en otros tipos de intervenciones públicas (como los subsidios a la banca) que sistemáticamente favorecen a los sectores más pudientes de la población.

El factor más importante para explicar el nivel de las desigualdades existentes en un país es el grado de influencia que los instrumentos del capital tienen sobre el Estado (tanto central como autonómico o local). En los países como EEUU y España, donde esta influencia es muy marcada, las desigualdades y la pobreza son mayores que en los países, como en el norte de Europa, donde tal influencia ha sido menor (donde, hasta hace poco, el mundo del trabajo tenía mayor influencia en Europa). No es por casualidad tampoco que los países más desiguales sean también los países con menos calidad democrática (como EEUU y España), donde el grado de insatisfacción de la mayoría de la población hacia las llamadas instituciones representativas es mayor. La concentración de las rentas y de las riquezas aumenta la influencia política y mediática de los grupos más pudientes de la sociedad, causa del deterioro de las instituciones democráticas. EEUU y España son un claro ejemplo de ello. Es precisamente la instrumentalización de los Estados por el capital lo que está generando una de la rebeliones pro democracia existente hoy en el mundo (ver mi artículo “La revolución democrática a nivel mundial”. Público, 30.12.13).

Por qué los medios están perdiendo credibilidad, tanto en EEUU como en España

25 noviembre, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 17 de noviembre de 2016.

Este artículo señala la poca sensibilidad hacia la diversidad que hay en los medios, incluyendo “El País”.

Este artículo fue enviado a El País en respuesta al artículo de su periodista Milagros Pérez Oliva titulado “La verdad y el periodismo”. Lamento que no respondieran o publicaran el artículo adjunto, y agradezco a Público que sí lo publique ahora y aquí en Dominio Público.

Milagros Pérez Oliva, periodista de El País en Catalunya y en su día defensora del lector de este periódico, escribió recientemente un interesante artículo, “La verdad y el periodismo” (13.11.16), en el que señala que “el triunfo de Donald Trump puede considerarse un fracaso del periodismo”, indicando que los medios llamados de información no han mostrado sistemáticamente las mentiras y falsedades provistas por tal señor durante la campaña que le ha conducido a la presidencia de los Estados Unidos. Pero el problema, según Pérez Oliva, es que en las ocasiones en que los medios así lo hicieron, no tuvieron el impacto que hubiera sido deseable que hubieran tenido debido a su falta de credibilidad, al ser percibidos estos medios por la población en general como instrumentos del establishment político-mediático, el mismo establishment que quería eliminar a Trump, y cuyos votantes aborrecían dichos medios. Encuentro tal observación muy acertada, y coincide con mi lectura de lo que ha estado ocurriendo en EEUU antes y durante la campaña electoral. Existe hoy un amplio sector entre las clases populares estadounidenses (y muy en particular entre la mayoría de la clase trabajadora, que es de raza blanca) que percibe a la mayoría de los medios como parte del establishment al cual rechazan, por considerarlo responsable del deterioro de su calidad de vida y bienestar. La autora podría añadir otra crítica a los medios, y es la de frivolizar la información periodística intentando presentar al candidato Trump como un payaso, sin entender que el problema era mucho más amplio y más grande que la atípica personalidad política del candidato. Los medios apenas tocaron la principal causa del éxito de este “supuesto” payaso, que era ni más ni menos que el enorme enfado de grandes sectores de las clases populares debido al gran deterioro de su bienestar y calidad de vida, resultado de las políticas públicas impuestas a la población por aquel mismo establishment político-mediático.

¿Están los medios mezclando opinión e información?

Pérez Oliva acentúa que la percepción sobre las causas de la pérdida de credibilidad de los periodistas se debe, en gran parte, a la mezcla en los escritos de dichos periodistas de opinión con información, utilizando la segunda para promover la primera, práctica realizada por los periodistas que está dañando la credibilidad de los medios. Supongo que la mayoría de la población (e incluso de la profesión periodística) estaría de acuerdo en que gran parte de la falta de credibilidad de los medios (y por lo tanto de la profesión) se debe a que los periodistas utilizan estos medios para promover su punto de vista particular, sesgando las noticias para promover (consciente o inconscientemente) su ideario personal. Y cuando no es su ideario personal, lo es el de su empresario, propietarios de los medios, situación que adquiere especial importancia en la situación actual que, como bien señala Milagros Pérez Oliva, se caracteriza por una falta de estabilidad y elevada precariedad entre los profesionales de los medios. La autocensura, después de todo, es la forma más extensa de censura. Ahora bien, fuera la causa que fuera, el hecho es que el sesgo de la información periodística provista por la gran mayoría de los medios en las últimas elecciones apareció claramente en sus reportajes de los candidatos. Y este sesgo apareció incluso con mayor intensidad en las últimas elecciones de 2015 y 2016 en España, cuando la mayoría de los medios de información, incluyendo El País, se transformaron más en medios de persuasión que de información. El sesgo anti-Podemos, por ejemplo, tanto en los editoriales como en la mayoría de las informaciones y en las páginas de opinión, fue claro.

La violación de un derecho constitucional

Este sesgo viola el derecho a la información que retóricamente aparece en la Constitución Española, y que es sistemáticamente ignorado por la gran mayoría de los medios. Hay que subrayar que la violación de tal derecho debilita la propia razón de ser de dichos medios, pues reciben toda una serie de privilegios (incluidos fiscales) por parte del Estado (sea a nivel central, autonómico o local) como contrapartida al compromiso de garantizar tal derecho, compromiso que no respetan.

Pérez Oliva subraya, con razón, la obligación que tienen los periodistas de encontrar “la verdad de los hechos y datos comprobables”, declaración hecha a periodistas en un congreso de tales profesionales. Pero es difícil que ello ocurra a no ser que haya una mayor diversidad dentro del periodismo, de manera que el que falte a la verdad pueda ser cuestionado por otro periodista con otra versión de la verdad, lo cual es de difícil realización cuando (incluso en las páginas de opinión El País, por ejemplo) sistemáticamente se excluye a ciertos autores y puntos de vista, a costa de promover a otros. En El País, las páginas de Opinión han tenido muchos más artículos críticos con Podemos (antes los tuvo con Izquierda Unida), con la visión plurinacional de España, con el derecho a decidir en Catalunya, con los méritos y deméritos del independentismo, con las políticas económicas y sociales de las izquierdas (a la izquierda del PSOE), que favorables a ellos (que han sido limitadísimos, y me consta que no es por falta de artículos que hayan recibido con visiones distintas).

Y ahí está el problema, que el buen artículo de Pérez Oliva no toca y que es de gran importancia en una sociedad como la de España, donde la diversidad de los medios es enormemente limitada. También lo es, pero en menor grado, en EEUU. Hoy España es uno de los países de la OCDE (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo económico al español) con menor diversidad y mayor sesgo en sus medios, siendo también uno de los países donde la población desconfía más de la información provista por los mayores medios de información, que son percibidos mayoritariamente como medios de persuasión (ver mi artículo “El ‘New York Times’ lleva razón: no existe pluralidad en los medios”, Público, 19.11.15). Espero que Pérez Oliva esté de acuerdo.

¿Qué se entiende por modernizar a las izquierdas?

13 septiembre, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 11 de abril de 2014

Este artículo critica el reciente libro de Juan Moscoso del Prado “Ser hoy de izquierdas. Por una izquierda moderna y ejemplar”, en el que se enfatiza, una vez más, la necesidad de que las izquierdas se modernizen, haciendo precisamente lo que han estado haciendo durante todos estos años. Este libro refleja la versión española de la Tercera Vía, cuyas políticas públicas han dañado a las clases trabajadoras y han sido la causa del enorme desprestigio y descenso electoral de los partidos socialdemócratas.

He vivido en EEUU por más de cuarenta años, habiendo participado extensamente en la vida académica y política estadounidense, y creo conocer bien aquel país. He estado impartiendo docencia en Políticas Públicas en la Johns Hopkins University, y asesoré al candidato demócrata Jesse Jackson en las elecciones de 1984 y 1988, conociendo bien al Partido Demócrata. Y tengo que decir que me sorprende enormemente la atracción que este partido ha ejercido en algunos sectores de la socialdemocracia europea, incluyendo la española. Así, una persona muy influyente en el gobierno socialista presidido por el Sr. Zapatero, el Sr. Miguel Sebastián (que fue el coordinador del programa electoral económico del PSOE en 2004), escribió varias veces en El País (14.05.03 y 21.09.03) que entre otras propuestas -tales como bajar impuestos- el PSOE debería hacer como hacía el Partido Demócrata, es decir, abandonar el intervencionismo público que Miguel Sebastián asumía caracterizaba la política económica del PSOE. El Sr. Miguel Sebastián acentuaba, en su lugar, que el PSOE “debería defenderse esta idea de los demócratas estadounidenses, que hablan del Estado dinamizador frente a un Estado del Bienestar”. Ello implicaba que prefería más, por ejemplo, un sistema de salud como el estadounidense, financiado y gestionado privadamente (con los incentivos y apoyo público del Estado), que no un sistema nacional de salud, financiado públicamente por fondos del Estado, que garantizara la accesibilidad a la sanidad, como ocurre en España y en la mayoría de países de la Unión Europea. Miguel Sebastián también desenfatizaba las políticas redistributivas y el incremento del gasto público.

Esta visión del Estado coincidía con la de otros pensadores próximos también al Presidente Zapatero, como el economista Jordi Sevilla, que había también indicado que estaba en contra de las políticas fiscales redistributivas, poniendo énfasis en el impacto redistributivo del gasto (ver los capítulos “El debate sobre la estrategia socialista: el nuevo socialismo” y “El modelo del Partido Demócrata como propuesta para las izquierdas españolas: debate con Miguel Sebastián” en mi libro El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias, Anagrama, 2006).

Ambos autores también criticaban a la socialdemocracia tradicional (la manera amable de llamarla anticuada) por su énfasis en las políticas redistributivas del Estado, así como por su objetivo de conseguir que el Estado garantizara los derechos sociales mediante la intervención pública en los espacios sociales y económicos del país. Y también criticaban lo que consideraban una excesiva atención e identificación que la socialdemocracia “tradicional” había dado a la clase trabajadora, considerando esa clase social como desaparecida o en vías de extinción, sustituida por la clase media. Había sido una característica de la socialdemocracia (que históricamente había sido el proyecto socialista, con el deseo de ser alcanzado a través de la vía democrática) el conseguir una alianza de clases entre la clase trabajadora y las clases medias, consiguiendo un bloque político definido como “clases populares”.

En esta versión “modernizadora” desaparecía la primera clase que, sin embargo, era sustituida por la segunda. Estos economistas tuvieron gran influencia en el candidato, y después presidente, Zapatero. En su discurso de candidatura, en el Congreso del PSOE, donde fue elegido candidato, el Sr. Zapatero utilizó el término de clases medias doce veces. Ni una vez se refirió a la clase trabajadora. Y durante los años de gobierno socialista, el discurso de clase desapareció completamente. Esta fue precisamente la postura que tipificó la llamada “modernización del socialismo”. Eran este y los otros cambios citados lo que precisamente caracterizó a la Tercera Vía, iniciada por el gobierno Blair. En España, muchos cambios se realizaron en el primer gobierno del Sr. Zapatero que claramente tenían una marca socialdemócrata. Ahora bien, en las áreas económicas y fiscales el socialismo no era la característica que las definió. ¿Por qué?

La necesidad de modernizar, una vez más, a la socialdemocracia española

La última voz atraída por el Partido Demócrata en esta tradición es la del Sr. Juan Moscoso del Prado, que en su libro Ser hoy de izquierdas. Por una izquierda moderna y ejemplar (prologado por el Secretario General del PSOE, el Sr. Rubalcaba, y con un epílogo del Sr. Felipe González) toma al Presidente Obama y, por lo tanto, al Partido Demócrata, del cual el Presidente Obama es su máximo exponente, como el modelo que la socialdemocracia española y europea debería tomar como punto de referencia e inspiración.

Esta postura se presenta en el contexto, también subrayado por los autores citados anteriormente (Miguel Sebastián y Jordi Sevilla), de que la izquierda debe reducir el peso de la “conciencia de clase”, puesto que “la clase ha dejado de tener importancia en nuestras sociedades, consecuencia de que los ciudadanos ya no se definen por su situación en el mundo del trabajo”. De ahí su conclusión de que “las clases, tal y como un día las entendimos, desaparecieron”.

Estas posturas (e incluso la narrativa que utiliza para describirlas) son prácticamente idénticas a las utilizadas por el Sr. Blair, por el Sr. Jordi Sevilla, por el Sr. Miguel Sebastián, por el Sr. Zapatero, por el Sr. Valls (nuevo Primer Ministro de Francia) y por el Sr. Renzi (nuevo Primer Ministro de Italia). Es interesante señalar que, naturalmente, hay diferencias entre estos autores. Y, por lo tanto, también entre el Sr. Juan Moscoso del Prado y, por ejemplo, Jordi Sevilla y Miguel Sebastián, pues el primero acentúa que uno de los errores de la socialdemocracia fue adoptar acríticamente gran parte del paradigma liberal (con énfasis en la desregulación y en los mercados), distinguiéndose y distanciándose así de las tendencias liberales de Sevilla y Sebastián. Pero, por lo demás, Juan Moscoso del Prado continúa en la línea del blairismo, siendo Matt Browne, asesor de Tony Blair, uno de los colaboradores del libro (para una reseña favorable de este libro, ver a Gutiérrez Calvo en “La izquierda debe olvidar el discurso de clase”, El País, 07.04.14).

Otra característica de su postura (común con los otros autores citados) es la justificación que el autor utiliza para hacer estas propuestas (como enfatizar la desaparición de clases sociales). Su objetivo es “modernizar” a los partidos políticos socialistas a fin de ganar las elecciones. El autor señala (lo cual debería ser una obviedad) que los socialistas deben tener el deseo de gobernar (con lo cual parece asumir que hay partidos de izquierda que no quieren gobernar, lo que no deja de ser sorprendente).

El fracaso político de la Tercera Vía

Pero el gran supuesto que hace esta afirmación es el de asumir que aquellos partidos que han seguido sus recetas han sido los más exitosos en su contienda electoral, cuando la evidencia, fácilmente accesible, muestra precisamente lo contrario. Como he mostrado con datos y números, el gobierno Blair perdió muy rápidamente su apoyo electoral (ver mi artículo “Tony Blair y el declive de la Tercera Vía”, Sistema, 16.11.12). Y así ha ocurrido en toda la Unión Europea con todos los partidos socialdemócratas que han seguido su línea. En realidad, hace diez años la socialdemocracia era la fuerza dominante en la Unión Europea. Hoy es una minoría. Y también, y de una manera muy clara, ha descendido el apoyo popular tanto al Presidente Obama (uno de los más impopulares de los últimos cinco habidos) como al Partido Demócrata (que es más que probable que pierda el control del Senado). Pero, además del descenso electoral, las recetas de la Tercera Vía han diezmado a los partidos socialdemócratas y, en el caso de EEUU, al Partido Demócrata.

Y hoy, el PSOE en España no está remontando y su gran esperanza es que al PP le vaya peor. Y el que esté bajando no se debe a que se esté presentando como “el partido de la clase trabajadora en España, envuelto en una lucha de clases frente a la clase capitalista”. En la España que conozco, el PSOE dejó de utilizar dicha narrativa y postura hace ya muchísimo tiempo. Es extraordinario, pues, que los modernizadores continúen subrayando el peligro de este enfoque, que no se ha aplicado desde hace ya décadas. Lo que proponen los modernizadores ha sido la norma.

Adiós a la clase trabajadora

Pero, independientemente de la narrativa que se utiliza, el hecho es que todos estos partidos se han distanciado más y más de la clase trabajadora, que, en contra de lo que suponen, continúa existiendo. Cuando a la ciudadanía española o estadounidense se le pide, en encuestas, a qué clase social pertenecen –ofreciéndoles como alternativas “clase alta”, “clase media” y “clase trabajadora”– la mayoría se define como clase trabajadora. Por cierto, si la pregunta se hace utilizando los términos “burguesía”, “pequeña burguesía”, “clase media” o “clase trabajadora”, el porcentaje es incluso mayor. Este distanciamiento hacia la clase trabajadora se acompaña con un acercamiento a la clase media, la cual, suponen, está sustituyendo a la primera. El Presidente Obama nunca utiliza el término clase trabajadora, término que sustituye por el de clase media (paradójicamente, el Tea Party, la ultraderecha, es la que utiliza el término clase trabajadora, como también ocurre en Europa, donde la ultraderecha se está presentando como la defensora de la clase trabajadora).

Dar prioridad a la clase media (como su base social y electoral) ha significado el creciente abstencionismo de la clase trabajadora, que ha dañado enormemente el apoyo electoral a los partidos socialdemócratas. En EEUU, el Partido Demócrata gana o pierde según el grado de abstención de la clase trabajadora. Y una situación semejante ocurre en España y en la UE. Esta abstención y pérdida de apoyo explica el porqué de la derechización de la política. En EEUU, la participación más alta que se conoce tiene lugar en las elecciones presidenciales (54%) y, puesto que hay un gradiente entre nivel de ingresos y participación en el proceso electoral (a más renta, mayor participación), se ve que la mayoría de la clase trabajadora (el 52% de la población) no vota. El Partido Demócrata compite, pues, por la misma base electoral que el Partido Republicano –las clases medias–, lo cual explica su derechización. Y un tanto igual ocurre en la UE. El “blairismo” es el abandono de la clase trabajadora, siendo sustituida por la clase media.

¿Por qué la derechización?

Por varias razones. Una es que para movilizar el voto abstencionista (que, en general, está más a la izquierda que el que vota) el Partido Demócrata debería moverse a la izquierda, con políticas redistributivas que (a fin de no antagonizar a la clase media) deberían antagonizar al 1% más pudiente de la población (como lo llama el Occupy Wall Street Movement), que es la manera de definir a la clase capitalista. Y a esto no se atreve debido al enorme poder que esta clase tiene en los medios de comunicación y en la vida política. Ahí está el meollo de la cuestión. El maridaje de la corriente blairista con el mundo financiero y de las grandes corporaciones empresariales se facilita por la extracción social de los aparatos de los partidos socialdemócratas, predominantemente entre los economistas y otros analistas sociales, próximos al mundo del capital y distantes del mundo del trabajo, lo que los hace mucho más vulnerables a la influencia del 1% que no a la de la clase trabajadora. Blair simboliza claramente este tipo de personajes. Se ha hecho de oro debido a su proximidad con el mundo empresarial. Y, como es predecible, es uno de los políticos menos populares en los barrios obreros del Reino Unido.

La alianza de clases

El gran éxito de la socialdemocracia fue establecer una alianza entre la clase trabajadora y la clase media, transformándose en los componentes de las clases populares. Y ello lo consiguió no abandonando a la clase trabajadora, sino desarrollando políticas universales, es decir, con el desarrollo de derechos sociales, laborales y políticos como características de la ciudadanía, financiándose con políticas fiscales progresivas que redistribuían los recursos del capital al mundo del trabajo, con un gran protagonismo del Estado (tanto a nivel central como autonómico y local) para alcanzar dicha redistribución, en un proyecto que tenía como objetivo el establecimiento de una sociedad en la que los recursos se produjeran y distribuyesen según las necesidades definidas democráticamente, mediante formas de participación indirecta (democracia representativa) y directa (lo que se llama derecho a decidir o referéndums), con plena diversidad de medios de información, rompiendo con el control de estos medios, tan abusivo en España.

Naturalmente que tanto la estructura de clases como su expresión política ha ido variando constantemente, y hoy la concentración del capital ha alcanzado tales niveles que hay grandes posibilidades de alianzas políticas entre las distintas clases sociales, alianzas que no deben suponer la dilución de las clases y la defensa de sus intereses de clases, sino la búsqueda de puntos en común y, entre ellos está la universalización de los derechos sociales, laborales y políticos a costa de la redistribución basada en la necesaria y urgente reducción de las rentas del capital, e incluso su socialización, por el mundo del trabajo. Intervención que puede o no ser estatal, pero debiera ser pública, es decir, de formas de control democrático de lo que se llamabas y continúan siendo los medios de producción y distribución, así como de los medios de información y persuasión. Las encuestas muestran claramente que tanto en EEUU como en Europa es lo que la ciudadanía desea. Sería aconsejable que las izquierdas actuaran en consecuencia y se atrevieran a enfrentarse al mundo del capital, incluyendo el capital financiero, que hoy domina los Estados. De ahí el gran descrédito de los partidos, y muy en especial de aquellos que son percibidos como excesivamente próximos a tal capital.

¿Existe la clase trabajadora?

8 agosto, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 28 de julio de 2016.

Este artículo enfatiza le enorme importancia que continúa teniendo el concepto de clase trabajadora, tanto su existencia como su utilización, para entender la realidad del capitalismo desarrollado. También se hace una crítica del pensamiento y la cultura dominantes que han diluido, cuando no eliminado, cualquier referencia a la existencia de clases sociales y los posibles conflictos que existen entre ellas. El artículo señala, a su vez, que los fenómenos políticos más importantes que están ocurriendo tanto en EEUU como en Europa tienen que ver con la aparición de la clase trabajadora como principal actor de los movimientos sociales y políticos que cuestionan el orden capitalista.

Uno de los libros escritos en el Reino Unido que sería de desear que fuera ampliamente leído en España (al ser especialmente relevante para este país) es el excelente libro de Owen Jones Chavs. La demonización de la clase obrera. En este libro, el autor detalla cómo en la sociedad británica, caracterizada por una estratificación muy acentuada por clase social, la clase dominante que controla los mayores medios de información ha configurado una cultura que ensalza a tal clase, mientras que menosprecia y discrimina a la clase trabajadora, utilizando en su lenguaje expresiones ofensivas para definir a dicha clase. Un ejemplo es la utilización del término “chavs” para definir a miembros de tal clase, la palabra utilizada en el título del libro, que en la cultura española (incluyendo la catalana) equivaldría a definir a miembros de la clase trabajadora como miembros de la “clase baja”.

En cierta manera, la situación es incluso peor en España, pues aquí ni siquiera aparece el término de clase trabajadora. En realidad, la clase trabajadora ha desaparecido prácticamente en el discurso político, literario y mediático del país, y raramente aparece en los medios. Las series televisivas tienen como protagonistas profesionales de la clase media de renta alta (frecuentemente de la clase media profesional), que reflejan esta visión (errónea) de que la mayoría de la población es y se siente de clase media. En España el término de clase trabajadora definitivamente ha dejado de existir, de manera que en la estratificación social más utilizada en los medios (incluyendo los académicos) se distinguen tres clases: la clase alta, la clase media y la clase baja, utilizándose este último término para definir a la clase trabajadora, la cual se considera que está desapareciendo, encontrándose próxima a su extinción. Hoy incluso dirigentes de izquierdas son reacios a utilizar el término de clase trabajadora por considerarlo anticuado, y en su lugar utilizan el término clase media (o en ocasiones clase baja) para definirla.

El origen de la desaparición del discurso de clases: la Guerra Fría continúa viva en la cultura del país

El país donde se hizo este cambio de definiciones fue EEUU, en el cual, ya en los años cincuenta, se dejaron de utilizar los términos de clase capitalista, clase media y clase trabajadora, siendo sustituidos por los de clase alta, media y baja. Este cambio en la utilización del lenguaje ocurrió en los años cincuenta en plena efervescencia de la Guerra Fría, cuando se intentó barrer en toda la sociedad estadounidense cualquier elemento que sonara a socialismo o a comunismo. Lo último que quería la estructura de poder era que se conservara una conciencia de clase por parte de la clase trabajadora.

Fue en aquel periodo cuando en los centros intelectuales del país, universidades y fundaciones, y en los mayores medios, se redefinió el concepto de clase, definiéndolo por el nivel de renta del individuo, independientemente del origen de tal renta. El objetivo era evitar por todos los medios que se estableciera una conciencia de clase, ocultando o intentando evitar cualquier percepción que significara el reconocimiento de la existencia de clases sociales que pudieran estar en conflicto. En su lugar, se enfatizó el rol de los individuos en busca del “sueño americano”, según el cual todo individuo podría subir por la escala social en base al mérito y a la oportunidad. De esta manera, el lenguaje de conflicto colectivo, incluido el conflicto de clases, desaparecería, desapareciendo con ello incluso el concepto de clases.

Lo que era permisible en la narrativa y en el lenguaje dominante era agrupar a los individuos según la jerarquía social, tomando el nivel de ingresos como indicador del lugar que dichos individuos ocupaban en aquella escala. De ahí la redefinición de las clases en clase alta, clase media y clase baja, que sustituían los términos de clase capitalista, clase media y clase trabajadora, un cambio de gran importancia para enmascarar la dinámica de poder del orden capitalista. La sociedad de clases se presentaba como la sociedad de niveles de renta, siendo el más bajo el que correspondería a la que objetivamente continuaba siendo la clase trabajadora, la clase que adquiere sus rentas a base del trabajo, en una relación subordinada con la clase capitalista, mediada esta relación por la clase media, que objetivamente no era la mayoría de la población, siendo ésta la clase trabajadora.

Últimamente esta clase capitalista, que en EEUU se le llama la clase corporativa (The Corporate Class) y que incluye los propietarios y gestores del gran capital (las mayores corporaciones financieras y económicas de los distintos sectores económicos del país), ha pasado a definirse como el 1% (señalando con ello el grado de concentración tan elevado de la propiedad del capital), situándose frente a todos los demás, el 99% de la población. Esta visión del capitalismo, que movimientos sociales contestatarios, como el Occupy Wall Street, han hecho suya, tiene algo de verdad, pero no de toda la verdad, pues este 1% necesita para el sostenimiento de su dominio un sector de la población que tiene como función garantizar dicho dominio. Este sector juega un papel clave en la reproducción del sistema y está constituido por la clase media de renta alta (incluyendo la clase media profesional), que tiene intereses distintos a los de la mayoría de la población, pues su poder depende de su relación con el 1% superior. El 1% no estaría donde está sin la existencia y apoyo de este sector cuyo tamaño va del 15% al 20% de la población. Se incluyen en esta población todos los gerentes y profesionales de dirección, por ejemplo, de los medios de información, comunicación y persuasión. De ahí que el conflicto no sea solo del 1% frente al 99% restante, sino del (1+19)% frente al 80% restante.

¿Existe conciencia de clase?

Parece una paradoja que, aun cuando los medios de información casi nunca utilizan los términos y conceptos de clases sociales, estas persistan en la conciencia de la población. Así, si a la población en EEUU (y lo mismo en España) se le pide su identificación social presentando como alternativas clase alta, clase media o clase baja, la gran mayoría de la población contesta que clase media, de lo cual se deduce erróneamente que la mayoría de la población se considera clase media. Ahora bien, si la elección es entre clase alta, clase media o clase trabajadora, hay más personas en EEUU (y en España) que se definen de clase trabajadora que de clase media. En EEUU, por ejemplo, la gran mayoría (56%) de personas entre los 18 y 35 años se definen como de clase trabajadora (porcentaje que ha ido subiendo durante los años de crisis). Solo un 33% se sienten de clase media.

La gran mayoría de los que se definen como clase trabajadora apoyaron la candidatura del socialista Bernie Sanders, el candidato del Partido Demócrata que explícitamente se refirió a la clase trabajadora, utilizando dicho término para definirla. El otro candidato, este del Partido Republicano, Donald Trump, también habla de la clase trabajadora, y el gran empuje de estos dos candidatos en las primarias de ambos partidos ha cogido al establishment (el 20% de la población con renta superior) por sorpresa, pues ignoraba o quería ignorar que existía tal clase social y desconocía o quería desconocer la gran reducción de los estándares de vida de tal clase que ha ido ocurriendo desde que se inició la revolución (o mejor dicho, contrarrevolución) neoliberal en los años ochenta.

La proletarización de la clase media

Las nuevas generaciones, que en EEUU siempre creyeron que la educación, incluyendo la universitaria, les garantizaría un futuro mejor que el de sus padres, han visto que ello no era cierto, pues, después de haber realizado sus estudios y endeudarse hasta la médula para poder alcanzar el título y los conocimientos que creían que les garantizarían el futuro mejor, no lo han alcanzado. En realidad, los salarios para los puestos de trabajo a los que aspiran son mucho más bajos que hace treinta años. Y en muchas ocasiones ni siquiera encuentran tales trabajos, teniendo que aceptar otros trabajos muy por debajo de lo que aspiran. Esta situación ha sido incluso más marcada durante la Gran Recesión (2008-2016). Esta es la causa de su gran enfado y su radicalidad, que explica, de nuevo, el éxito de las candidaturas de Bernie Sanders (que cogió por sorpresa al establishment del Partido Demócrata, representado por Hillary Clinton) y de Donald Trump (que también cogió por sorpresa al establishment del Partido Republicano). Hoy la estructura de poder está altamente cuestionada, pues las instituciones mal llamadas representativas han perdido su credibilidad y su legitimidad para la gran mayoría de la clase trabajadora, cuyo tamaño, objetiva y subjetivamente, ha ido aumentando.

Y esto es también lo que está ocurriendo en Francia (donde el partido con mayor apoyo electoral entre la clase trabajadora es el partido de Marine Le Pen), en el Reino Unido (donde la mayoría de la clase trabajadora apoyó el Brexit), en España (donde la mayoría de los jóvenes apoyan a Unidos Podemos), y así un largo etcétera. Créanme que la clase trabajadora, aunque no aparece en los medios, continúa existiendo. Y si no se lo creen, esperen la evolución de los acontecimientos políticos en Europa y lo verán.

¿Ha fracasado el socialismo?

18 junio, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista LE MONDE DIPLOMATIQUE, septiembre de 2014, y en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 22 de septiembre de 2014.

Este artículo hace una revisión de los indicadores de calidad de vida durante el siglo XX en los países gobernados por partidos de sensibilidad socialista, mostrando la notable mejora de dicha calidad de vida en las poblaciones de tales países.

El enorme dominio de las fuerzas conservadoras y neoliberales en el mundo intelectual, mediático y político explica la percepción, ampliamente promovida durante los últimos treinta años, de que el capitalismo, a pesar de sus obvias deficiencias, es un sistema económico mejor que su alternativa, el socialismo. El colapso de la Unión Soviética, presentada como la máxima expresión del socialismo real, dio pie a que esta percepción se generalizara. Desde Francis Fukuyama al Papa Juan Pablo II, se presentó el capitalismo como el único sistema válido para permitir el desarrollo humano. Este Papa preguntaba en su encíclica Centesimus Annus “¿Debería el capitalismo ser el sistema económico preferido para construir la economía y la sociedad? ¿Es este el modelo que los países del Tercer Mundo deberían escoger en su camino hacia el progreso económico y social?… Si por capitalismo se entiende un sistema económico que reconoce el rol positivo que tienen el mundo de los negocios, el mercado, la propiedad privada de los medios de producción que permitan que se desarrolle la creatividad humana en el sector económico, entonces, la respuesta a esas preguntas es definitivamente afirmativa”.

Ante las múltiples afirmaciones de que el capitalismo es el mejor de los sistemas, las izquierdas han respondido, por regla general, de una manera defensiva (acentuada después de la desaparición de la Unión Soviética), subrayando que lo que existía en la URSS no era socialismo, observación que se ha extendido a muchos otros países, como Cuba, indicando que, en realidad, tales países no tenían ni tienen socialismo. Es interesante aclarar que estas declaraciones se hacen mientras un niño muere de hambre en el mundo capitalista cada diez segundos, con 3,1 millones de niños muertos cada año como consecuencia de la malnutrición.

Ahora bien, para poder analizar la superioridad de un sistema económico sobre otro hay que definir primero el significado de los términos Capitalismo y Socialismo. Capitalismo es la producción privada de bienes y servicios para el beneficio y ganancia de aquellos que poseen y controlan tales medios de producción. Socialismo es el sistema de producción y distribución en el que los principales medios con los que se realiza la producción son públicos, con las instituciones estatales (sean centrales, regionales o locales) jugando un papel clave en la producción y distribución de aquellos bienes, siguiendo el principio de “a cada ciudadano según su necesidad, de cada ciudadano según su capacidad”.

Naturalmente que las sociedades actuales, dentro de su complejidad, tienen diferentes formas de propiedad. De ahí que, para evaluar la mayor o menor capacidad de resolver las necesidades humanas de un sistema capitalista versus un sistema socialista, se pueden comparar países con sistemas económicos capitalistas con otros con sistemas económicos socialistas, pero también pueden compararse países capitalistas que hayan tenido partidos gobernantes de sensibilidad socialista, con otros donde tales partidos y/o movimientos no hayan existido o su fuerza haya sido menor.

Y antes de comenzar estas comparaciones, valga subrayar que uno de los indicadores más importantes del bienestar en un país es su salud, que depende, no tanto de los servicios sanitarios existentes en el país, sino de determinantes económicos, sociales y políticos que la configuran, entre los cuales la distribución de recursos juega un papel clave.

Veamos ahora los datos, continente por continente, en un mundo en el que, como he indicado, un niño muere cada diez segundos debido a malnutrición en el mundo –predominantemente capitalista- donde no hay, a nivel mundial, ninguna escasez de alimentos. En realidad, en los países desarrollados los Estados pagan a los agricultores para que no produzcan más alimentos.

AMÉRICA

Cuba ha sido uno de los países más vilipendiados de América Latina, despertando una enorme hostilidad entre los establishments estadounidenses, latinoamericanos y europeos, hostilidad que se ha extendido a aquellos países que han intentado una transformación profunda de los sistemas de propiedad de aquel continente, conocido como uno de los más desiguales del mundo.

Si miramos los indicadores de salud, sin embargo, los indicadores de mortalidad en Cuba están entre los mejores de Latinoamérica. Ningún otro país en aquel continente ha visto una mejora tan grande de sus tasas de mortalidad (en cada uno de sus grupos etarios), siendo hoy el país con menor mortalidad en aquel continente. Cuba tiene el nivel de malnutrición más bajo de América Latina, siendo el país que ha disminuido el nivel de malnutrición de una manera más notable desde 1960. Algo parecido ocurre en cuanto a su situación ambiental. El 75% de las viviendas están conectadas a la red de agua potable, uno de los porcentajes más altos de América Latina, siendo uno de los países con menos disentería. Tiene también el nivel de educación más alto de América Latina.

En base a esta experiencia, parecería que la propuesta de Juan Pablo II estaría equivocada. Si el resto de América Latina tuviera la mortalidad infantil de Cuba, se salvarían dos millones de niños al año. Ni que decir tiene que el sistema político, carente de democracia representativa, no lo hace atrayente para personas con sensibilidad democrática. Pero la evaluación de Cuba tiene que hacerse con países de semejante desarrollo cuando tuvo lugar la revolución cubana. Y es ahí donde la capacidad de resolución de problemas básicos de los seres humanos del sistema socialista (con sus muchas limitaciones) es claramente superior a la del sistema capitalista. Y es también justo subrayar que, en la mayoría de países de Latinoamérica que han sido gobernados por partidos socialistas, se han conseguido mejoras más sustanciales para las clases populares (como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, Uruguay o Nicaragua, entre otros) que en aquellos gobernados por partidos de sensibilidad liberal y conservadora.

ASIA

Una comparación entre los indicadores de salud de China (durante muchos años con un régimen socialista) y la India (economía capitalista) muestra también la superioridad del sistema socialista. En 1942, los indicadores de China eran mucho peores que los de la India. En los años 1990, la mortalidad infantil era mucho mejor que en la India (cuando había sido mucho peor). Algo parecido en cuanto a la mortalidad de niños de 1 a 4 años. En los años 1990, la altura promedio era ya mayor en China que en la India. Es interesante subrayar que estas mejoras se debieron más a la redistribución de recursos que al crecimiento del PIB. Sin embargo, tales indicadores se han deteriorado en China a raíz de las reformas liberales introducidas por el gobierno comunista en los últimos 30 años. Los grandes descensos en la mejora de la mortalidad se han producido a partir de la introducción del capitalismo en China en los años 1980. Una evolución semejante ha tenido lugar en los niveles de educación y nutrición infantil, con una mejora más notable de la que ha tenido lugar en la India (incluso con niveles de riqueza económica semejantes).

Es interesante que, incluso dentro de la India, aquellos Estados gobernados por partidos con un compromiso socialista, como Kerala, han tenido (desde 1957) una evolución de los indicadores de salud, educación, nutrición y vivienda mejor que la del promedio de la India. La mejora ha sido particularmente acentuada entre las mujeres.

Otra experiencia interesante ha sido en los países asiáticos pertenecientes a la Unión Soviética. La comparación de los indicadores de salud de esas repúblicas (Kazakstán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán) muestra que evolucionaron más rápidamente que los de los países comparables y limítrofes en Asia.

En África, la experiencia socialista no ha existido o no ha sido notable.

EUROPA

En Europa, las Repúblicas Soviéticas no tuvieron indicadores mejores que los de los países con economías capitalistas. En 1975, la URSS tenía una esperanza de vida de 70,4 años, solo 8 meses más corta que la de EEUU. Ahora bien, era más larga que la de Finlandia y Portugal, y solo ligeramente inferior a la del Reino Unido, Japón, o la República Federal de Alemania. Esta comparación actual olvida, sin embargo, que históricamente la evolución en la Unión Soviética comenzó desde unos niveles mucho más bajos. En realidad, en los primeros treinta años (1917-1947), su evolución, no solo social, sino también económica, fue un gran éxito, como lo demuestra que fuera capaz de derrotar a Alemania en la II Guerra Mundial. Incluso Winston Churchill reconoció que la que derrotó a la Alemania Nazi fue la Unión Soviética. El sistema socialista de producción mostró claramente su superioridad. Fue la evolución posterior la que disminuyó el gran potencial de aquella revolución, como escribí en mi libro Social Security and Medicine in the USSR, cuya distribución fue prohibida en la Unión Soviética.

Hay pocas dudas, pues, de que, en el contexto del mundo subdesarrollado, donde todavía hoy vive la mayoría de la humanidad, el socialismo es un sistema económico mejor que el capitalismo.

Los países desarrollados se han mantenido dentro de la esfera de las economías capitalistas y ninguno la ha abandonado. Pero esta situación no puede presentarse como un indicador de la supremacía del sistema capitalista. En realidad, los países donde han gobernado por más tiempo partidos políticos comprometidos con el socialismo (partidos socialdemócratas aliados a partidos comunistas o progresistas) tienen mejores indicadores de salud y bienestar que aquellos gobernados por partidos conservadores y liberales. El establecimiento del Estado del Bienestar es una conquista de la socialdemocracia europea. Y tal conquista se desarrolló como un avance hacia el socialismo. En el país donde esta estrategia avanzó más, Suecia, los avances del Estado del Bienestar, en lugar de coaptar a la clase trabajadora al sistema capitalista (como algunas voces izquierdosas sostienen), sirvieron para empoderarla, exigiendo cambios en la propiedad del sistema productivo a través de las reformas Meidner. Estas reformas consistían en que los trabajadores adquirían, con la plusvalía generada, acciones en las empresas, alcanzando así a tener la propiedad de la entidad anónima. La enorme resistencia del empresariado impidió el cambio.

El gran cambio de la socialdemocracia fue el rechazo y abandono de sus estrategias políticas, eliminando, desde Blair y Schröder antes, a Renzi y Valls ahora, cualquier atisbo de compromiso con el socialismo, habiendo desaparecido cualquier intención de alcanzar este sistema. Pero su existencia ha sido responsable de que Suecia y Noruega sean los países con mayor calidad de vida (diluida recientemente en Suecia por las reformas pro-capitalistas de las derechas), resultado de ser los únicos países que desde 1945 han sido gobernados más años por partidos pro socialistas que por partidos pro capitalistas.

En base a esta experiencia, es difícil estar de acuerdo con el Papa Juan Pablo II. En realidad, la fuerza de los hechos parece haber cambiado la postura del Vaticano cuando, bajo el Papa Francisco, este ha reconocido recientemente que el capitalismo no es el mejor sistema, admitiendo, a su vez, que las fuerzas socialistas, con sus distintas sensibilidades, han hecho más para mejorar el bienestar de las poblaciones que las fuerzas pro capitalistas.

*Este artículo es un resumen en castellano de un informe publicado en inglés, escrito por el Profesor Vicenç Navarro, “Has socialism failed? An analysis of health indicators under socialism”, publicado en la revista International Journal of Health Services (Primavera, 1993), en donde aparece expandida la evidencia empírica mostrada en este artículo.

La explotación social como principal causa del crecimiento de las desigualdades

3 junio, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 1 de mayo de 2014

Este artículo muestra que la principal causa del crecimiento de las desigualdades se debe a la influencia que el mundo del capital ejerce sobre los Estados, mayor que la influencia que tiene el mundo del trabajo, lo que determina que los beneficios del primero se realicen a costa de los salarios de los segundos, con una enorme concentración de las rentas del capital.

El enorme crecimiento de las desigualdades de renta y riqueza que está ocurriendo en gran parte de los países a los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y Europa Occidental) desde los años ochenta del siglo pasado (cuando la era neoliberal se inició con el Presidente Reagan en EEUU y la Sra. Thatcher en la Gran Bretaña) explica que estas desigualdades hayan alcanzado unos niveles nunca vistos desde principios del siglo XX. Esta situación ha creado cierta preocupación, incluso en el centro de reflexión neoliberal conocido como Foro de Davos, donde representantes de los poderes financieros (que crearon la crisis) y económicos se reúnen con políticos así como economistas y académicos afines y serviles a sus intereses para discutir los principales acontecimientos del mundo y ver cómo responder a ellos para garantizar la continuidad de sus intereses. Pero no solo en Davos existe este interés. El tema de las desigualdades se ha convertido en un tema central de frecuente análisis e información en el mundo occidental. España, cuyo clima intelectual y político es muy conservador, va siempre retrasada en la visibilidad mediática de los grandes temas que absorben la atención mundial. Siendo este país uno de los que tienen mayores desigualdades en la UE-15, es posible que comiencen a aparecer algunos artículos sobre estos temas, poco a poco y con cuentagotas, en los mayores medios de información y persuasión.

En los estudios de estas desigualdades que están apareciendo en Norteamérica y en la Unión Europea (entre los cuales cabe destacar Capital in the XXI Century de Thomas Piketty) se documenta su evolución, y en muchos de ellos se acentúa, con razón, la importancia que las políticas neoliberales han tenido en el desarrollo de tales desigualdades. Ahora bien, pocos profundizan para señalar que el origen de esas desigualdades es precisamente la explotación del mundo del trabajo por parte del mundo del capital. Es decir, lo que solía llamarse “la lucha de clases”, término que ahora no se utiliza por ser considerado anticuado en el lenguaje moderno, el cual ha excluido incluso la categoría de “clases sociales” (y no hablemos ya de la de “explotación de clase”) del lenguaje permitido por la sabiduría convencional (es decir la sabiduría permitida y promovida por la estructura de poder en los medios y centros académicos, tales como en España Fedea, financiados por el gran capital, y que presentan tales términos y conceptos como ideologías dignas de ser marginadas, o mejor, ignoradas).

Veamos ahora los datos. Y comencemos por definir los términos, y muy en especial explotación. Explotación de clase es cuando una clase social vive mejor a costa de que otra clase viva peor. Y esto es lo que ha estado ocurriendo y ha ido creciendo desde los años ochenta. Y los datos están ahí para el que quiera verlos y que no utiliza ojeras ideológicas que le impidan ver la realidad como es y no como desearía que se leyera. Todos los datos que han analizado el crecimiento de la productividad (una variable clave para determinar el crecimiento de la riqueza de un país) muestran que esta ha aumentado en los últimos cuarenta años en Norteamérica y en la Europa Occidental. Y ello se refiere tanto a la productividad total como a la productividad per capita y por trabajador. Esto quiere decir que la riqueza de los países a los dos lados del Atlántico Norte ha crecido muy significativamente. Pero esta riqueza, resultado del crecimiento de la productividad, ha ido más a enriquecer al mundo del capital, es decir, a los propietarios y gestores de las grandes  empresas (donde creció la productividad), a través del enorme crecimiento de los beneficios empresariales y de las retribuciones a los dirigentes y delegados de estas empresas, a costa del escaso crecimiento de los salarios que reciben los trabajadores. Así, en EEUU, Lawrence Mishel y Kar-Fai Gee han calculado (y publicado en la revista International Productivity Monitor, Spring 2012) cómo ha ido creciendo la productividad y quién se ha beneficiado más de ello. Así “desde 1973 a 2011, la productividad por trabajador creció nada menos que un 80.4%. El salario horario promedio, sin embargo, creció solo un 4.0%. En realidad, si los salarios hubieran crecido como creció la productividad laboral, el salario horario promedio hubiera sido de 27.89 dólares (en dólares del 2011), en lugar de 16.07 dólares”. Casi todo el producto generado por el crecimiento de la productividad fue a enriquecer los beneficios de las grandes empresas y las compensaciones de sus dirigentes. Es esta la principal causa del enorme crecimiento de la concentración de las riquezas y de las rentas en nuestras sociedades, concentración ayudada por las intervenciones del Estado, más favorables al mundo del capital que al mundo del trabajo.

Una situación semejante ha ocurrido en la Gran Bretaña, Francia, Italia, Japón, Alemania, Grecia, Portugal, España e Irlanda. En todos estos países las rentas del capital han crecido mucho más rápidamente que las rentas del trabajo durante el periodo que va de 1980 a 2011. En Alemania, el descenso de los salarios fue muy marcado a partir de las reformas Schröder, también conocidas como Agenda 2010, cuyas políticas fiscales beneficiaron a las rentas del capital, a la vez que sus reformas laborales determinaron el descenso de los salarios (descendiendo un 0.5% por año), con lo cual paralizaron la demanda doméstica, estimulando las exportaciones. Durante este periodo, la productividad laboral creció un 1.3% por año, muy por encima del crecimiento de las rentas del trabajo. (Para una extensión de este tema ver “Wages, Profits and Productivity” de Pete Dolak en Counter Punch, March 28-30, 2014).

Las políticas públicas neoliberales facilitaron el enorme descenso de los salarios. En EEUU, los salarios hoy son más bajos que en 1968. Y el salario mínimo interprofesional es un 23% más bajo que en el año 1968, cuando Martin Luther King lideró la marcha de Washington, exigiendo un salario mínimo de 2 dólares por hora, lo cual, en dólares de hoy, serían 15.35 dólares, mucho más elevado que el establecido hoy, de 7.25 dólares. El presidente Obama está proponiendo un salario mínimo de 10.10 dólares por hora (¡que son 2/3 partes de lo que King pedía en 1968, en dólares de hoy!). Un tanto parecido ocurre en los otros países citados anteriormente.

Esta información, por cierto, muestra también el desacierto de la solución propuesta por el neoliberalismo para corregir dicho descenso salarial, que se centra en la educación. Tal propuesta ignora que el descenso salarial, generalizado en todos los sectores, ha ocurrido a la vez que el nivel educativo ha aumentado. La evidencia es clara y contundente. A partir de los años ochenta, el mundo del capital ha estado incrementando su poder y sus beneficios, con la ayuda de los estados a costa del mundo del trabajo. De ahí que los primeros han ido viviendo mejor a costa de que otros (la mayoría de la ciudadanía que obtiene sus rentas del trabajo) vivan peor. Esto es lo que se llamaba y debería continuar llamándose explotación.

La caza de brujas macartista de los años cuarenta en EEUU y ahora en España

19 mayo, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 18 de mayo de 2016.

Este artículo es una denuncia del anticomunismo enormemente represivo en los años cuarenta en EEUU durante el macartismo, y del existente todavía hoy en España. Es un tema, por desgracia, de gran actualidad que se está acentuando en estos momentos cuando las izquierdas tienen posibilidades de ganar las próximas elecciones.

El pasado domingo 8 de mayo, día lluvioso, fuimos mi esposa y yo al cine a ver la película Trumbo, que es la historia de la caza de brujas en Hollywood (centro de la industria cinematográfica de EEUU), centrándose en la figura de unos de los afectados más directamente por aquella página oscura de la historia de EEUU, cuando, bajo la dirección del comité del Congreso llamado House Un-American Activities Committee y del Permanent Subcommittee on Investigations del Government Operations Committee del Senado presidido por el tristemente famoso Joseph McCarthy, se intentó éxitosamente suprimir las voces críticas con el capitalismo estadounidense, presentándolas como agentes de la Unión Soviética, país que había pasado de ser aliado de EEUU en la lucha contra el nazismo a ser su enemigo número 1 con la aparición de la Guerra Fría a mediados de los años cuarenta. En todo el país, incluyendo en Hollywood, personas de militancia o simpatías comunistas (como fueron la mayoría de voluntarios en las Brigadas Internacionales que lucharon en España defendiendo la democracia española frente al fascismo) fueron encarceladas y expulsadas de su trabajo, pasando a ser brutalmente silenciadas y marginadas en su propia sociedad.

La película narra la vida de una de ellas, el guionista Dalton Trumbo, que de ser uno de los guionistas más conocidos y mejor pagados en Hollywood, pasó a perderlo todo, a ser encarcelado y a tener que trabajar de manera clandestina, bajo otro nombre. Es probable que al espectador español la película basada en este personaje le diga poco. Pero es importante que se sepa lo que fue el macartismo y lo que supuso la Guerra Fría, que algunos están intentando reavivar ahora, tanto en EEUU como en España.

Trumbo es una buena película y aconsejo al lector que vaya a verla. Pero es una lástima que no cubra el período en el que Dalton Trumbo (que nació el 9 de diciembre de 1905 y murió el 10 de septiembre de 1976) vivió exiliado en México, porque allí trabajó también con Luis Buñuel en sus películas “The Young One” y “Robinson Crusoe”, y fue allí también donde conoció, además de a Buñuel, a Bertolt Brecht, Miguel Covarrubias, B. Traven, Marilyn Monroe, Frida Kahlo, Diego Rivera y Nieves Orozco, además de interactuar con republicanos españoles exilados en México. Esta dimensión habría hecho más interesante para el público español la vida de Trumbo.

La represión contra los miembros de las Brigadas Internacionales que lucharon en contra del fascismo en España

Que la película se centre en un personaje famoso tiene la desventaja de que no informa sobre la represión masiva que sufrieron miles de personas desconocidas, es decir, la represión de gente normal y corriente, que no tenían la prominencia de los directores y guionistas de Hollywood. Entre estas personas la represión fue brutal. Yo lo pude ver en EEUU el año 1965, cuando, invitado por la Johns Hopkins University, llegué a aquel país para integrarme a aquel centro académico. Me explicaré.

Mi padre, que luchó para defender la República Española y perdió la guerra, nos había pedido a nosotros, sus hijos, que si a lo largo de nuestra vida y viajes encontrábamos a alguien que hubiera luchado en las Brigadas Internacionales, le invitáramos siempre a nuestra casa, ofreciéndole siempre el agradecimiento por su lucha contra el fascismo y en defensa de la República democrática. De ahí que, cuando llegué a EEUU en 1965, intenté ver y saludar a alguien que hubiera sido miembro de las Brigadas Internacionales. Y no fue nada fácil. En realidad me costó muchísimo. Y cuando, por fin, encontré a uno, un hombre que distribuía la leche a las siete de la mañana cada día a los hogares de un barrio de Baltimore, este desconfió mucho de mí. ¿Por qué quería yo verle? Cuando le expliqué que para mí él era un héroe, que quería saludarle y agradecerle su defensa de la República Española, comenzó a relajarse y a contarme su vida. Y así pude saber de una represión horrible. Un indicador de ello es que todavía entonces no quería que diera a conocer su nombre.

Había sido miembro del Partido Comunista, y como miles de ellos, fue a ayudar a la República Española en las Brigadas Internacionales. Más tarde, al volver a EEUU, los miembros de la Brigadas Internacionales fueron marginados y más tarde, perseguidos, en una represión que incluyó la cárcel en muchos casos, y la imposibilidad de encontrar trabajo. Fueron personas vetadas, además de marginadas, y muchas de ellas cambiaron su nombre. La Guerra Fría, que más que fría fue caliente dentro de EEUU, supuso una persecución brutal hacia cualquier voz crítica con un sistema capitalista sin guantes, de una dureza que en muchas dimensiones, por cierto, continúa ahora. El capitalismo de EEUU continúa sin guantes. Un dato poco conocido es que en aquel país, el 42% de las personas con enfermedades terminales están preocupadas, además de tener que enfrentarse a la muerte, por cómo ellos o sus familiares pagarán sus facturas médicas.

Los miembros de las Brigadas Internacionales fueron prematuros antinazis

Fue a partir de este contacto que fui conociendo a miembros del Partido Comunista de EEUU, personas que mostraban un extraordinario compromiso político y que, en condiciones de casi clandestinidad, estaban siempre participando en cualquier lucha por los derechos laborales, sociales y civiles en aquel país. Los reconocí cuando estuve asesorando al reverendo Jesse Jackson (discípulo predilecto de Martin Luther King) en los años ochenta, cuando este estableció el movimiento Rainbow Coalition (la Coalición Arcoíris), que reunió en un movimiento a todas las fuerzas progresistas del país, desde los sindicatos hasta los movimientos pro derechos civiles de las minorías, incluyendo también el movimiento feminista Now y el movimiento ecologista. Tuve así la oportunidad de conocer a la persona que pensé era la más discriminada en EEUU, la Sra. Meredith Mercer, discriminada por ser negra, por ser mujer, por ser anciana (tenía 78 años), por vivir en Mississippi (el sur conservador y racista profundo) y por ser miembro del Partido Comunista. Era difícil reunir más condiciones discriminatorias. Fueron personas como ella, gente de gran compromiso y de gran dedicación a mejorar su país, las que consiguieron, con otras fuerzas políticas, conquistar un gran número de derechos laborales y sociales en EEUU. De ahí que, aun cuando fui crítico con la dirección de tal partido (sobre todo por su gran apoyo acrítico a la Unión Soviética -donde mis libros críticos con aquel régimen fueron prohibidos-), siempre saludé el nivel de compromiso y dedicación al bienestar de la clase trabajadora de su país que sus miembros expresaron, compromiso digno de elogio. Fue precisamente Martin Luther King quien, una semana antes de ser asesinado, les homenajeó indirectamente, indicando que la lucha central en EEUU era la lucha de clases, rindiendo tributo a todos aquellos que en este conflicto estaban al lado del mundo del trabajo frente al mundo del capital, siendo los comunistas estadounidenses los que se distinguieron en esta lucha. Y fue en la inauguración de la Presidencia del Sr. Obama, un afroamericano, cuando por primera vez, y en su presencia, Pete Seeger (que había sido miembro del Partido Comunista) y Bruce Springsteen (que fue su alumno) cantaron por primera vez la canción completa, incluidas las partes que en su momento habían sido prohibidas del himno de las izquierdas estadounidenses, This Land is Your Land, escrito por Woody Guthrie de puño y letra, el cantante del Partido Comunista de los años treinta. La película Trumbo es un homenaje a todos ellos.

El nuevo macartismo ahora en España

Lo cual me lleva a hablar de España, donde hay una avalancha en contra de la alianza de Podemos con IU, presentando a IU como comunistas peligrosos y/o anticuados, siempre utilizando el término comunista como un insulto, intentando reavivar la narrativa utilizada por la dictadura fascista que asfixió España durante casi cuarenta años. No deja de ser paradójico que las derechas en este país, herederas en su mayoría de las derechas que establecieron una dictadura, apoyada por Hitler y Mussolini, tengan la desfachatez, hoy, en el año 2016, de utilizar el término “comunista” como un término derogatorio, pues tal partido lideró la resistencia antifascista en contra de la dictadura. Es más, siempre que ha habido una movilización en defensa de la gente que se gana el pan con el sudor de su frente, he visto que había comunistas entre los que organizaban y ayudaban a estas movilizaciones, acciones que cualquier demócrata debería aplaudir. En cambio, en sentido opuesto, siempre veo que detrás de las políticas neoliberales que han hecho tanto daño hay los mismos grupos e intereses fácticos que también en su día trajeron la dictadura, y que más tarde han ido defendiendo políticas que han hecho un daño tremendo a las clases populares. Independientemente del mérito o demérito de la ideología que sustentan, los comunistas merecen un agradecimiento, pues no hay duda de que sin ellos y ellas España estaría hoy peor, una observación que lamento no poder hacer sobre las derechas con escasísima conciencia democrática en este país, tanto en el pasado como hoy. Los que deben avergonzarse de su pasado e historia son las derechas, no las izquierdas, incluyendo las enraizadas en la tradición comunista. Ni que decir tiene que tal tradición hizo errores que deben criticarse, labor a la que he contribuido. Pero los elementos positivos son mucho mayores que los negativos, lo cual es precisamente opuesto en el caso de las derechas. Y si no se lo creen, lean la historia real de España (incluyendo Cataluña) y lo verán.

España, uno de los países más desiguales en el mundo desarrollado

2 abril, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 8 de enero de 2015.

Este artículo señala que España no es solo uno de los países más desiguales del mundo capitalista desarrollado, sino que es uno de los que ha visto sus desigualdades crecer más rápidamente.

España es uno de los países con mayores desigualdades de renta y de riqueza en el mundo capitalista desarrollado. Y de ello raramente se habla en este país. Excepto un número escaso de artículos que tratan de este tema, las desigualdades apenas tienen visibilidad mediática. ¿Por qué? Antes de explicar y dar respuesta a esta pregunta, permítanme que analice cómo han ido evolucionando las desigualdades en el mundo. Comencemos por describir cómo se mide esta desigualdad, tanto en cada país como entre países de semejante nivel de desarrollo. Y empecemos por analizar la evolución de las desigualdades en los países capitalistas desarrollados, entre los cuales se incluye España.

Una manera de medir estas desigualdades es ver la distancia que hay entre el nivel de renta promedio de la gente más rica (el 10% de la población con una renta más elevada) y la gente más pobre (el 10% de la población con una renta más baja). Pues bien, cuando se utiliza este indicador vemos que en la mayoría de países más ricos de la Unión Europea (UE), así como en EEUU y Canadá, las desigualdades han crecido de una manera muy notable durante los últimos veinte años, siendo España el país que, además de ser el más desigual, ha sido también donde las desigualdades han crecido más notablemente. Solo EEUU es más desigual que España. Y las desigualdades han crecido en aquel país incluso más rápidamente que en España. En este último país, los más ricos han pasado de tener 10 veces más ingresos que los más pobres, a tener 14 veces más (en EEUU han pasado de 12 a 16 veces). En comparación, en Noruega han pasado de 4,5 a 6,2 veces, y en Suecia de 4 a 6 veces. Si en lugar de los ricos consideramos a los súper ricos (el 1% de renta superior de la población), vemos que estos tienen en España unos ingresos 120 veces más grandes que el salario promedio, una ratio que es incluso más alta que en EEUU (1/80).

¿Por qué este crecimiento de las desigualdades?

Una de las causas (y a la vez una de las consecuencias) de estas enormes desigualdades es que en EEUU y en España los establishments financieros y económicos tienen un enorme poder e influencia sobre sus instituciones políticas y mediáticas. Y el que las desigualdades sean incluso mayores en España que en EEUU (cuando se analizan los súper ricos versus los demás) se debe al exagerado tamaño que el sector financiero tiene en la economía española (tres veces proporcionalmente mayor que en EEUU), siendo este sector donde se encuentra la concentración de las rentas con especial intensidad, tanto entre los accionistas como entre los gestores del capital financiero. Los banqueros en España están entre los mejor pagados en Europa.

Cuando miramos las desigualdades entre los países de menor desarrollo económico, vemos que en estos países las desigualdades son mucho mayores, siendo muy acentuadas en los países de América Latina, que fueron en su día parte de los imperios portugués y español. Brasil es uno de los países con mayores desigualdades. Los ricos (el 10% de renta superior del país) al inicio del siglo XXI tenían unos niveles de renta 80 veces superiores a los de los pobres (el 10% de renta inferior del país). Los ricos en estos países (y todavía más los súper ricos) tienen unos niveles de renta comprables, e inclusos superiores en algunos casos, a los de sus homólogos en los países capitalistas desarrollados. Los súper ricos del Brasil, por ejemplo, son tan ricos como los súper ricos de Francia. En realidad, algunas de las personas más ricas del mundo viven en países llamados pobres.

Es posible reducir las desigualdades a través de políticas públicas redistributivas

Es importante señalar que en la mayoría de países de América Latina, que alcanzaron el máximo de sus desigualdades a finales del siglo XX (durante el apogeo y aplicación de las políticas neoliberales) se han visto descender, en algunos casos notablemente, estas desigualdades a principios de este siglo, el siglo XXI, consecuencia del cambio de signo político de los gobiernos, la mayoría en manos de partidos de izquierda y/o centroizquierda. Brasil es un claro ejemplo, bajando de 80 a 52 veces (desde 1995 a 2010) la diferencia entre la renta del 10% más rico y la del 10% más pobre.

Es importante señalar que este descenso de las desigualdades en estos países es acompañado por un fuerte crecimiento económico, mayor que el que tuvieron los países capitalistas desarrollados, con lo cual las diferencias de desarrollo económico se han ido recortando. El PIB per capita del Brasil pasó de ser el 26% del PIB per capita de EEUU (en el año 1994) al 28% (en 2013), lo cual ocurrió también en la mayoría de países emergentes (India, Rusia y China). El caso del Brasil ha mostrado que pueden reducirse las desigualdades y a la vez crecer en nivel de riqueza más rápidamente que en las épocas neoliberales, y ello debido, en parte, a que el motor de su economía se ha basado en el crecimiento de la demanda doméstica, conseguido en parte como resultado de políticas redistributivas en lugar de políticas para favorecer las exportaciones, el estímulo preferido por los neoliberales. En realidad, las medias redistributivas han sido una condición para el despegue económico de esos países. En España, por el contrario, se han estado siguiendo políticas de austeridad y de presionar (mediante reformas laborales) para la bajada de salarios. Y así nos va. Es el austericidio. (Fuentes de datos: Arthur MacEwan, Inequality in the World; Branko Milanovic, Worlds Apart: Measuring International and Global Inequality; The World Bank, Development Research Group, Poverty and Inequality, Dec 2013; Christoph Lakner y Branko Milanovic, Global Income Distribution: From the Fall of the Berlin Wall to the Great Recession)